(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "Historia antigua de Megico : sacada de los mejores historiadores españoles, y de los manuscritos, y de las pinturas de los indios ; dividida en diez libros : adornada con mapas y estampas, e ilustrada con disertaciones sobre la tierra, los animales, y los habitantes de Megico"

/í^ 







Ȓf>' 



'A 



*f 



Digitized by the Internet Archive 

in 2011 with funding from 
Universidad Francisco IVIarroquín 



http://www.archive.org/details/historiaantigua02saveguat 



r 



HISTORIA ANTIGUA 



/S'á"' 



DR 



MEGICO: 



MACADA DB 

LOS MFJORRS HISTORIADORES ESPAÑOLES, V DE LOS MANUSCRITOS, 

V DE 

LAS PINTURAS ANTIGUAS DE LOS INDIOS} 

DIVIDIDA EN DIEZ LIBROS: 

ADORNADA CON MAPAS Y ESTAMPAS, 

E Ilustrada con 

DISERTACIONES SOBlft LA TIERRA, LOS ANIMALES, Y LOS HABITANTES 

DE MEGICO. 

MCRITA POR 

D. FRANCISCO SAVERIO CLAVIGERO ; 

POR JOSÉ JOAQUÍN DE MORA. 
TOMO II. 




LONDRES: 
LO PUBLICA R. ACKERMANN, STRAND, 

T BN SO MTABLSCIMIBNTO BN MBAICO: 
A9IMUMO 

COLOMBIA. EN BUENOS AYREB. CHILE, PERÚ. Y GUATEMALA. 

1826. 



LONDRES: 

IMPRESO POR CARLOS WOOD, 
Poppin'8 Court, Fleet Street. 



índice. 



LIBRO OCTAVO. 

Pagina 
iJfsrada de lot Espanoift n las cmtiu dn Anahuac. Itufuií'tudet, rmbnj'tdas, y 
rcgaloi del rei Afofritczoma. Confederación de lot Españoles con ¡os Tofo- 
naques ; su guerra, y alianza con los Ttascaleses ; su severidad con los Cho- 
Meses, jr tu solemne entrada en Megico. Noticia de la célebre India Doña 
Marina. Fundación de la f^era Crtif, primera colonia de los Españoles I 



, LIBRO NONO. 

Cot^erenciat de Moteuetoma con Cortés. Prisión de Moteuctoma, del rei de 
Acolhuacan, y de otros -señores. Suplicio atroe de Quauhpopoca. Tentativas 
del gobernador de Cuba contra Hernán Cortés, y derrota de Panfilo de Nar- 
vaet. Muerte de muchos nobles, y sublevación del pueblo de Megico contra 
los Españole*. Muerte del rei Moteuczoma. Combates, peligros, y der- 
rota de lot EtpaMes. Batalla de Otompan, y retirada de ¡os Españoles a 
Tl mcgAi. Bleonoñ del rei Cuitlahuattin. yitoria de ¡os Españoles en T^- 
ya^¡'WtmmB¿S^pmc:::M ^, \.,,.,mw t -^J r;^:^^ i^ isJ^J^. . -^^fragos 
hechos por los virueUu. Muerte del rei Cuitlahuattin, y de tos principes 
Magiaeatmn, y Cuicmtgeattim. Elección en Megico del rei Quauhtemotrin. 63 



LIBRO DÉCIMO. 

Marcha de tos Españoles a Tetcuco .- sus negociaciones con lot Megicanot ; 
sus correrías, y batallas en tas cercanías de los lagos ¡ sut espedidomet 
contra Yacapichtlan, Quauhnahuac, y otras ciudadet. Construcción de loe 
bergantines. Conjuración de algunos Españoles contra Cortés. Resema, di/i- 
<<M, y puestos del egercito Español. Asedio de Megico; prieiom del rei 
QuemhtemotKin, y ruina del imperio Megicano 128 

Decendeneia del rei Moteuctoma 186 

Decemiencia de Herma» Cortés m, 187 



IV índice. 

DISERTACIONES 

SOBRE LA TIERRA, LOS ANIMALES Y LOS HABITANTES DE MEGICO. 

Pagina 
Al Lector 193 

DISERTACIÓN I. 

Sobre el Origen de la Población de y4merica, y particularmente de la de 
Megico 197 

DISERTACIÓN II. 
Principales Épocas de la Historia de Megico 224 

• DISERTACIÓN III. 

Sobre el Terreno de Megico 240 

DISERTACIÓN IV. 

De los Animales de Megico 270 

DISERTACIÓN V. 

c 

Constitución Física y Moral de los Megicanos 313 

DISERTACIÓN VI. 

Cultura de los Megicanos 347 

DISERTACIÓN VII. 

Confines y Población de los Reinos de Acolhuacan ^ 400 

^^ „ -J — ^=— iJlsjjiKrAClON Tlíí. — -^ — "^ 

Religión de los Megicanos 418 

DISERTACIÓN IX. 

Origen del Mal Venéreo 431 



HISTORIA ANTIGUA 



DB 



MEGICO. 



LIBRO OCTAVO. 

Llegada de loi Españoles a lat costas de Anahuac. Inquietudes, embicadas, y rega- 
los del rei Motettczoma. Confederación de los Españoles con los Totonaques; 
su guerra, y alianza con los Tlascaleset ; su severidad con los Choluleses, y su 
solemne entrada en Afegico. Noticia de la célebre india Doña Marina. Funda- 
ción déla y era Cruz, primera colonia de los Españoles. 

Primeros Viages de los EspaTioles a las costas de Anahuac. 
Los Españoles, que en el año de 1492 habían descubierto el Nuevo 
Mundo, guiados por el famoso Genoves Cristoval Colon, y sometido 
en poc~ r^l^^^l^ rgrona^de Castilla 1^ principales islas Antillas, 
salían de ellas con frecuencia para descubrir nuevoTpáises;' y para 
cambiar las bugerías de Europa por el oro Americano. Entre otros 
zarpó el afio de 1517 del puerto de Ajaruco (hoí Havana) Francisco 
Hernández de Córdoba, con ciento y diez soldados, y dirigiéndose 
acia Poniente, por consejo de Antonio de Alaminos, uno de los mas 
espertes, y famosos pilotos de aquel tiempo, y doblando después acia 
el Sur, descubrió a principios de Marzo el cabo oriental de la penínsu- 
la de Yucatán, que llamó cabo Cotoche. Costearon los Españoles 
una parte de aquel pais, admirando los bellos edificios, y altas torres 
que descubrían desde el mar*, y los trages de diversos colores que nsa- 

* Robertson dice que los Ecpafioles " pusieron pie en tierra, e intemandose en 
el pais de Yucatán, obser^-aron con admiración grandes cana de piedra.'* Asi 
habla del Tiage de Hemandes, pero pocas paginas antas, liablaiido del de Gryal- 
▼a, dice asi : ** Habia muchos pueblos esparcidos por hi costa, en la que Tieroa 
los Etpafioles casas de piedra, que a cierta distancia parecían blancas, y sober- 

TOMO II. B 



2 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

ban los Indios : obgetos que hasta entonces no habían visto en el Nue- 
vo Mundo. No menos se maravillaban los Yucataneses de la forma, 
del tamaño, y del aparato de sus buques. En dos puntos en que de- 
sembarcaron los Españoles, tubieron dos encuentros con los Indios ; y 
en ellos, y en otras desgracias que les sobrevinieron, perdieron la mitad 
de sus soldados, y el mismo capitán recibió doce heridas, que en pocos 
días le ocasionaron la muerte. Regresaron apresuradamente a Cuba, 
y encendieron, con su relación, y con algún oro que trageron por 
muestra, robado en un templo de Yucatán, la codicia de Diego Velas- 
quez, uno de los conquistadores, y a la sazón gobernador de aquella 
isla : de modo que al año siguiente, envió a su pariente Juan de Gri- 
jalva, con cuatro buques, y doscientos cuarenta soldados. Este co- 
mandante, después de haber reconocido la isla de Cozumel, distante 
pocas millas de la costa oriental de Yucatán, costeó todo el pais que 
media hasta el rio Panuco, cambiando cuentas de vidrio, y otras baga- 
telas, con el oro que tanto ansiaba, y con los víveres de que tenia gran 
necesidad. 

Cuando llegaron a la islilla que llamaron San Juan de ülua*, dis- 
tante poco mas de una milla de la costa de Cha\chiuhcuecan, los go- 

bias. En el calor de la imaginación se figuraron que eran ciudades adornadas con 
torres, y cúpulas." Entre todos los historiadores de Megico que he leido, no he 
hallado uno que diga que loá Españoles se imaginaron ver cúpulas en Yucatán. 
Esto ha salido de la cabeza de Robertson, y no de la de los Españoles. Estos, 
creyeron ver torres, y casas grandes, como en efecto las vieron, por que los tem- 
plos de Yucat án, como lo s df An ahuac. estaban fabric»dcka_o m^^"" ■' Xrres, y 
algunos eralTmui altos Bemal Diaz, escritor sincerisimo, y testigo ocular de 
cuanto ociurio a los Españoles en los primeros viages a Yucatán, cuando habla 
del desembarco que hicieron en la costa de Campeche, dice asi : " nos conduge- 
ron los Indios a ciertas casas mui grandes, y bien edificadas de piedra y cal." Asi 
que no solo vieron de lejos los edificios, si no tan de cerca como que entraron en 
ellos. Siendo tan común en aquellos pueblos el uso de la cal, no es estraño que 
se sirviesen de ella para blanquear las casas. Véase lo que digo acerca de esto 
en el libro vii de mi historia. Lo que yo no puedo entender es que una casa que 
no está blanqueada pueda parecer blanca desde lejos. 

* Dieron a la isla el nombre de San Juan, por que la descubrieron el dia de 
aquel santo, y por que este era el nombre de su comandante, y el de Ulun, porque 
habiendo encontrado en ella dos victimas humanas recien sacrificadas, y pregun- 
tando por señas la causa de aquella inhumanidad, respondieron los Indios Jcolhua, 
Acolhua, dando a entender que lo hacian por orden de los Megicanos, que como 
todos los pueblos del valle, eran llamados Acolhuis por los Indios remotos de 
la capital. En esta islilla hai actualmente una buena fortaleza que defiende la 
entrada del puerto de Vera Cruz. 



LLBOADA DB LOS RSPAfiOLBS. g 

bomadoret Megioaiios, atónitos ni ver buques (an grande*», y hombres 
de tan ettraffa figura y trage, consultaron entre si lo (jue debian hacer. 
j decidieron ir en persona a la corte, para dar cuenta al reí de una 
novedad tan estrnordinaría : y a fin de darle ideas mas exactas, hicie- 
ron representar por sus pintores los buques, la artilleria, las armas, la 
ropa, y el aspecto de aquella nueva gente, y sin tardanza partieron a 
la capital, y espu.sieron verbalmente al rei lo ocurrido, presentándole 
las pinturas, y algunas cuentas de vidrio que los Españoles les habían 
dado. Turbóse Moteuczoma al oir aquellas nuevas, y para no preci- 
pitar su resolución en negocio tan grave, consultó con Cacamatzin, rei 
de Acoibuacan, su sobrino, con Cuitlahuatzin, señor de Iztapalapan, 
su hermano, y con otros doce personages, sus consegeros ordinarios. 
Despees de unalai^ conferencia, fue opinión de todos que el que se 
habia presentado en aquellas playas con tanto aparato, no podia ser 
otro que el dios del aire Quetzalcoatl, a quien ya desde muchos años 
aguardaban: pues era antigua tradición de aquellas naciones, como ya 
en otra parte he dicho, que el dios del aire, después de haberse gran- 
geado la veneración de los pueblos de Tollan, Cholnla, y Onohualco, 
con su inocente vida, y singular benefícencia, habia desaparecido de 
entre ellos, prometiéndoles antes volver al cabo de algún tiempo, para 
regirlos en paz, y hacerlos felices. Los reyes se creian vicarios de 
aquel numen, y depositarios de la corona, que deberían cederle cuan- 
do te presentase. Aquella tradición inmemoríal ; algunas circunstan- 
cias que observaron en los Españoles, conformes con las que su mito- 
logía r^hq^^^uetzalcoatl ; las estraordinarías dimensiones de los 
buques, comparadas con las de sus barcas, y canoas'; el estrepito, y 
violencia de la artillería, tan semejantes a las de las nubes, los indu- 
geron a creer que no podia ser otro que el dios del aire, el que se 
aparecia en las costas con el torríble aparato de relámpagos, rayos, y 
truenos. Lleno de esta creencia, mandó Moteuczoma a cinco per- 
aonages de su corte, que pasasen inmediatamente a Chalchiuhcnecan, 
a felicitar a la supuesta divinidad por su feliz llegada, en su nombre, y 
en el de todo el reino, y a llevarle al mismo tiempo como horoenage nn 
ríco presente : mas antes de enviarlos, dio orden a los gobernadores de 
las costas que pusiesen centinelas en los montes de Nauhtlan, Quaoh- 
tla, Mictlan, y Tochtian, para observar los movimientos de la eflctiadrm, 
y diesen pronto aviso a la corto de todo lo que ocurriete. Los emba- 
jadores MegioMKM no pudieron, a pesar de su diligencia, tjiemúmr a los 
Españoles, los cíales, habiendo hecho sus negocios en aquellas playas, 
siguieron costeando hasta el río Panuco, de donde volvieron a Cuba, 

b3 



4 HISTORIA ANTIGUA DE ME6IC0. 

con diez mil pesos en oro, adquiridos en parte con la venta de las 
bugerias, y en parte con un gran regalo que habia hecho al comandante 
un señor de Onohualco. 

Carácter de los principales Conquistadores de Megico. 

Mucho pesó al gobernador de Cuba que Grijalva no hubiese esta- 
blecido una colonia en aquel nuevo pais, que todas pintaban como el 
mas rico, y dichoso del mundo : por lo que a toda prisa mandó alistar 
otro armamento mas considerable, cuyo mando pidieron a porfía muchos 
colonos de los principales de aquella isla : mas el gobernador, por con- 
sejo de dos de sus confidentes, lo encargó a Hernán o Fernando 
Cortés, hombre de noble estraccion, y bastante rico para poder sopor- 
tar con su capital, y con el ausilio de sus amigos, una buena parte de 
los gastos de la empresa. 

Nació Cortés en Medellin, pequeña ciudad de Estremadura, el año 
de 1485. Por parte de padre era Cortés, y Monroi, y por el lado ma- 
terno, Pizarro, y Altamirano, habiéndose reunido en él la sangre de 
los cuatro linages mas ilustres, y antiguos de aquella ciudad. Enviá- 
ronlo sus padres a la edad de catorce años a ^Salamanca, para que 
aprendiendo en aquella famosa universidad la latinidad, y la jurispru- 
dencia, pudiera ser útil a su casa, que se hallaba mui decaída de su 
antigua riqueza : pero apenas estubo alli algunos dias, cuando su genio 
emprendedor, y belicoso lo apartó del estudio, y lo llevó al Nuevo 
Mundo, en pos de muchos ilustres jóvenes de su nación. Acompañó 
a Diego Velasquez en la conquista de la isla de Cuba, donde -y^quirio 
bienes, y se gfFSfl^fiíi Hlucha autórícfad. Era hombre de gran talento, 
y destreza, valeroso, hábil en el egercicio de las armas, fecundo en me- 
dios y recursos para llegar al fin que se proponía, sumamente ingenioso 
en hacerse respetar, y obedecer aun de sus iguales, magnánimo en sus 
designios, y en sus acciones, cauto en obrar, modesto en la conversa- 
ción, constante en las empresas, y paciente en la mala fortuna. Su 
celo por la religión no fue inferior a su constante e inviolable fidelidad 
a su soberano ; pero el esplendor de estas, y otras buenas calidades, 
que lo elevaron a la clase de los héroes, fue eclipsado por otras accio- 
nes, indignas de la grandeza de su animo. Su desordenado amor a 
las mugeres, ocasionó algún desarreglo en sus costumbres, y ya en 
tiempos anteriores le habia acarreado graves disgustos y peligros. Su 
demasiada ostinacion y ahinco en las empresas, y el temor de menos- 
cabar sus bienes, lo hicieron a veces faltar a la justicia, a la gratitud, y 
a la humanidad : pero ¿ donde se vio jamas un caudillo conquistador 



0ONQUI8TADORBS DB MBOICO. 5 

fomuido «O k «Muela del mando, en quien no te equilibrasen Im vir- 
todet con loe Tidof ? Cortés era de buena estatura, de cuer|)o bien pro> 
porcionado, robusto, y ágil. Tenia el pecho algo elevado, la barba 
negra, y ios ojos vivos, y amorosos. Tal es el retrato que del famoso 
conquistador de Meg^co nos han dejado los escritores que lo cono- 
cieron. 

Cuando se vio honrado con el cargo de general de la armada, se 
aplicó con la mayor diligencia a preparar su viage, y empezó a tni* 
tarse como gran señor, tanto en su porte como en su servicio, conven- 
cido de que estas estcríorídadcs son eficaces para deslumhrar al vulgo, 
y dar autoridad al que las emplea. Tremoló inmediatamente el estan- 
darte real a la puerta de su casa, y mandó publicar un bando en toda 
la isla para alistar soldados. Concurrieron a porfía a ponerse bajo so 
mando los hombres principales de aquel pais, tanto por su nacimiento, 
como por sus empleos, de cuyo numero fueron Alfonso Hernández de 
Portocarrero, primo del conde de Medellin, Juan Velasquez de León, 
pariente inmediato del gobernador, Diego Ordaz, Francisco de Mon- 
tejo, Francisco de Lugo, y otros cuyos nombres se verán en el curso 
de esta historia : mas entre todos merecen particular mención Pedro 
de Alvarado, de Badajoz, Cristoval de Olid, de Baeza en Andalucia, y 
Gonzalo de Sandoval, de Medellin, por haber sido los primeros coman- 
dantes de las tropas empleadas en aquella conquista, y los que mas 
papel hicieron en ella : los tres eran guerreros distinguidos, animosos, 
duros en los trabajos de la guerra, peritos en el arte militar, pero de 
harto -'^•C^^rente carácter. Alvarado era un joven bien formado, y 
agilisimo, rubiorgnicioso, festivo, popular^ dado ai lUJo, y a los pasa- 
tiempos, sediento del oro que necesitaba para mantener su ostentación, 
y, segiin afirman los primeros historiadores, poco escrupuloso en el 
modo de adquirirlo; inhumano ademas, y violento en su conducta. 
Olid era mcnbmdo, torvo, y de dobles intenciones. Uno y otro 
hicieron grandes servicios a Cortés en su conquista: mas despoea le 
fueron ingratos, y tubieron un trágico fin. Alvarado murió en la Noera 
Galicia, bajo el peso de un caballo que se precipitó de un monte. 
Olid fue decapitado por sus enemigos en la plaza de Naco, en la 
provincia de Honduras. Sandoval, joven de baena cuna, apenas tenia 
veinte y dos años cuando se enganchó en la espedicion de su compa- 
triota Cortés. Era de proporcionada estatura, de complexión robusta, 
de cabello castaño y rizado, de voz fuerte y gruesa, de pocas palabras, 
y de grandes acciones. A él fue a quien Cortés encargó las opera- 
ciones mas arduas y peligrosas, y de todas salió con honor. En la 



6 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

guerra contra los Megicanos mandó una parte del egercito Español, y 
en el asedio de la capital tubo bajo sus ordenes mas de treinta mil 
hombres, mereciendo siempre con su buena conducta la amistad de su 
general, el respeto de los soldados, y el afecto de sus mismos enemigos. 
Fundó la colonia de Medellin en la costa de Chalchiuhcuecan, y la del 
Espíritu Santo en las orillas del rio de Coatzacualco. Fue coman- 
dante del presidio de la Vera Cruz, y por algún tiempo gobernador 
de Megico, y en todos sus empleos dio repetidos testimonios de su 
equidad. Fue constante y asiduo en el trabajo, obediente y fiel a su 
general, benigno para con los soldados, humano para con sus enemi- 
gos* y enteramente libre del común contagio de la avaricia. Para 
dech-lo en pocas palabras, no hallo en toda la serie de los conquista- 
dores un hombre mas perfecto, ni mas digno de elogio, pues ninguno 
hubo entre ellos que supiese mejor que él reunir el ardor juvenil con 
la prudencia, el valor y la intrepidez con la humanidad, el comedi- 
miento con el mérito, y la modestia con la fortuna. Murió en la flor 
de la edad, en un pueblo de Andalucía, cuando se dirigía a la corte 
en compañía de Cortés : hombre ciertamente digno de mejor suerte, 
y de vida mas larga. **' 

* Robertson echa la culpa a Sandoval del espantoso egemplo de severidad 
hecho en los Panuqueses, cuando los Españoles quemaron sesenta señores, y 
cuatrocientos nobles, a vista de sus hijos y parientes ; y en favor de esta opinión, 
cita el testimonio de Cortés, y de Gomara : pero Cortés no afirma que Sandoval 
egecutase aquel castigo, y ni aun lo nombra. Bemal Diaz, cuya autoridad en 
ésto punto vale mas que la de Gomara, dice que habiendo Sandoval ""- *y,j a los 
Panuqueses, y hecho prisioneros vefnte señores, y algunas otras personas nota- 
bles, escribió a Cortés preguntándole lo que habia de hacer con ellos, y Cortés, 
para justificar su castigo, cometió el proceso a Diego de Ocampo, juez de aquella 
provincia, el cual, oida la confesión de los reos, los condenó al suplicio del fuego, 
que en efecto fue egecutado. Bernal Diaz no cita el numero de los reos. Cortés 
dice que fueron quemados cuatro cientos, entre señores, y gente principal. Este 
castigo fue sin duda exesivo y cruel : pero Robertson que tan amargamente se 
lo echa en cara a los Españoles, deberla para proceder con imparcialidad, de- 
clarar los motivos que estos tubieron para obrar con tanto rigor. Los Panu- 
queses, después de haberse sometido a la corona de España, sacudieron el yugo, 
tomaron las armas, y alborotaron toda la provincia; mataron cuatrocientos Espa- 
ñoles, de los cuales cuarenta fueron quemados vivos en una casa, y comieron los 
cadáveres de los demás. Estas atrocidades no justifican a los Españoles ; pero 
hacen menos odiosa su severidad. Robertson leyó en Gomara los atentados de 
los Panuqueses y la venganza de los Españoles : pero exagera esta, y omite 
aquella. 



VICTORIA UR TABA8GO. 7 

Armada y viage de Corth. 
Ya estaban hechos casi todos los preparativos del viage, canndo 
el gobernador de Cuba, cediendo u las sugestiones, y manejos de los 
enemigos de Cortés, revoc/) la comisión que le había dado, y mandó 
prenderlo : pero los que fueron encargados de esta orden, no se atre< 
vieron a ponerla en egecacion, viendo tantos hombres respetables, y 
animosos empeñados en sostener el partido del nuevo general: asi 
que Cortés, que no solo habia gastado en los preparativos todo sa 
capital, si no que habia contraído grandes deudas, retubo el mando a 
despecho de sus enemigos, y teniendo ya ordenada su espedicion, zarpó 
del puerto de Ajaruco a 10 de Febrero del año de 1519. Compo- 
níase su armada de once vageles, de cincuenta y ocho soldados, dis- 
tribuidos en once compafíias, de ciento nueve mariueros, de diez y 
seis caballos, de diez cañones, y de cuatro falconetes. Navegaron 
bajo la dirección del piloto Alaminos, hasta la isla de Cozumel, donde 
recobraron al diácono Español Gerónimo de Aguilar, que viajando 
algunos años antes del Daríen a la isla de Santo Domingo, hizo nau- 
fragio en las costat de Yucatán, fue hecho esclavo de los Indios, y 
noticioso de la llegada de los Españoles, obtubo de su amo la libertad, 
y se agregó a la espedicion. Con el largo trato de los Yucataneses» 
habia aprendido la lengua Maya, que era la que se hablaba en aquellos 
países, por lo que Cortés lo hizo su interprete. 

Victoria de los Españoles en Tahasco. 
De C^M^procedicron costeando la península de Yucatán, hasta 
el rio de Chiapa, en la provincia de Tabasco, por el cual se intemaroo 
en el pais, con los botes, y buques mas pequeños, hasta llegar a ni i 
palmar, donde desembarcaron, con el pretesto de buscar agua, y 
víveres. De alli se dirigieron acia una gran villa, que distaba apenas 
dos millas de la costa, combatiendo a cada paso con una multitud de 
Indios, que con flechas, dardos, y otras armas les cerraban el paso, y 
superando las estacadas que habían formado para su defensa. Duefioa 
finalmente los Españoles de la villa, salían de ella con frecueacM, 
pam hacer correrías en los lugares vecinos, en loA ooalet tubianNi 
algunos encuentros peligrosos, hasta que el 25 de Mano ie empeñó 
una batalla campal, y decisiva. Diose esta en las llanuras de Centla, 
villa poco distante de la ya mencionada. £1 egcrcito de los Tabas- 
qaeses era moi superior en numero ; pero apesar de sa machedumbre, 
fueron completamente vencidos, por la mejor disciplina de loa Eqia- 



8 HISTORIA ANTIGUA D£ MEGICO. 

fióles, la superioridad de sus armas, y el terror que inspiraron a los 
Indios la grandeza, y la fogosidad de sus caballos. Ochocientos 
Tabasqueses quedaron muertos en el campo de batalla; los Españoles, 
tubieron un muerto, y mas de sesenta heridos. Esta victoria fue el 
principio de la felicidad de los Españoles, y en su memoria fundaron 
después alli una pequeña ciudad, con el nombre de la Virgen de la 
Victoria^, que por mucho tiempo fue la capital de la provincia. 
Procuraron justificar su hostilidad con las reiteradas protestas, que 
antes de venir a las manos, hicieron a los Tabasqueses, de no haber 
venido a aquel pais como enemigos, ni con intenciones de hacer daño, 
sino como navegantes que deseaban adquirir con el cambio de sus 
mercancías, todo lo que necesitaban para continuar su viage ; a cuyas 
protestas respondieron los Indios con una lluvia de flechas, y dardos. 
Tomó Cortés solemne posesión del pais, en nombre de su soberano, 
con una estraña ceremonia, conforme a los usos, y las ideas caba- 
llerescas de aquel siglo. Embrazó la rodela, desenvainó la espada, y 
dio con ella tres golpes en el tronco de un árbol que estaba en la villa 
principal, protestando que si alguno osaba oponerse a aquella posesión, 
él estaba pronto a defenderla con su acero. t 

Para consolidar el dominio de su rei, convocó a los señores de 
aquella provincia, y los persuadió a tributarle obediencia, y a recono- 
cerlo como su legitimo señor ; y para darles mas alta idea del poder 
de aquel monarca, mandó disparar un cañón, y les hizo creer que los 
relinchos de los caballos eran muestras de su enojo contra los enemigos 
de los Españoles. Todos se mostraran dóciles a las proposiciones del 
vencedor, y escucharon con admiración, y agradecimilK^ . l^o primeras 
verdades de la religión Cristiana, que les declaró, por medio del in- 
terprete Aguilar, el P. Bartolomé de Olmedo, religioso docto, y 
egemplar de la orden de la IVÍerced, y capellán de la armada. Pre- 
sentaron después a Cortés, en señal de su sumisión, algunas frioleras 
de oro, tragos de tela gruesa, que era la única que se usaba en aquella 
provincia, y veinte esclavas que fueron distribuidas entre los oficiales 
de la espedicion. 

* La ciudad de la Victoria se despobló enteramente acia la mitad del siglo 
pasado, de resultas de las frecuentes invasiones de los Ingleses. Fundóse después 
a mayor distancia del mar otra pequeña ciudad, que llamaron Villa Hermosa ; 
pero la capital de aquella provincia, y la residencia del gobernador, es Tlacot- 
lalpan. 



DOfiA MARINA. 9 

Noticia de la famosa India Doña Marina. 
ellas hubia una donrclln noble, hermosa, de mucho ingenio, y 
do gnm espíritu, natural do Painaia, pueblo de la provincia Megicana 
de Coatzacualco*. Su padre habia sido feudatario de la corona de 
Megico, y señor de muchos pueblos. Habiendo quedado viuda su 
madre, se casó con otro noble, do quien tubo un hijo. £1 amor que 
los dos esposos profesaban a este fruto de su unión, les sugirió el 
inicuo designio de^ngir la muerte de la primogénita, a fin de que 
toda la herencia pasase al hijo. Para dar color a su mentira, habiendo 
muerto a la sazón la hija de una de sus esclavas, hicieron el duelo 
como si la muerta fuese su propia hija, y entregaron esta clandestina- 
mente a unos mercaderes de Gicalanco, ciudad situada en los con- 
fines de Tabasco. Los Gicalanqueses la dieron o la vendieron a los 
Tabasqueses sus vecinos, y estos la presentaron a Cortés, estando muí 
lejos de pensar que aquella joven debia contribuir tan eficazmente a 
la conquista de aquellos paises. Sabia, ademas de la lengua Megi- 
cana, que era la suya, la Maya que se hablaba en Yucatán, y en 
Tabasco, y en breV^ aprendió también la Española. Instruida en 
poco tiempo en los dogmas de la religión Cristiana, fue bautizada 
solemnemente con las otras esclavas, y recibió el nombre de Marina f. 
Fue constantemente fiel a los Españoles, y no se pueden encomiar 
bastantemente los servicios que les hizo ; pues no solo sirvió de inter- 
prete, y de instrumento en sus negociaciones con los Tlascaleses, con 
los Megicanos, y con las otras naciones de Anahuac : sino que les 
salvó muclRP'l%ces la vida, anunciándoles los peligros que los amena- 
zaban, e indicándoles los medios de eludirlos. Acompañó a Cortés 
en todas sus espediciones, sirviéndole siempre de interprete, muchas 

• En una historia MS, que se conservaba en el colegio de San Pedro y San 
Pablo de JcsMitas de Megico, 'se leia que Doña Marina era natural de Huilotla, 
pueblo de Coatzacualco. Gomara, a quien siguieron Herrera, y Toniuemada, 
dice que nació en Jalijco, y que de alli la llevaron los mercaderes a Gicalanco : 
mas esto es falso, pues Jalijco dista de Gicalanco mas de novecientas millas, y 
no se sabe, ni es verosímil que haya habido comercio entre provincias tan ám- 
tanter. Bcmal Diaz, que vivió largo tiempo en CoaUacualco, y cvnodo a 1» 
madre y al hermano de Doña Marina, confirma la verdad de mi noticia» y dice 
que lo «upo de su misma boca. A esto se añade la tradición cona«nrad« hast» 
ahora en Coatzacualco, conforme a lo que be dicho. 

t Los Megicanos, adaptando a su idioma el nombre de Doña Marina, la llaman 
MaiintziH, de donde vicuc el nombre de Malinchc, coa que es coMcid* por lo» 
Españoles de Megico. 



10 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

veces de consegero, y por su desventura, de dama. El hijo que de 
ella tubo aquel conquistador, se llamó D. Martin Cortés, caballero de la 
orden de Santiago, el cual, por infundadas sospechas de rebelión, fue 
puesto en el tormento, en Megico, el año de 1568, olvidando aquellos 
inicuos y barbaros jueces los incomparables servicios que los padres 
del ilustre reo hablan hecho al rei Católico, y a toda la nación Espa- 
ñola*. 

Después de la conquista se casó Doña Marina con un Español lla^ 
mado Juan de Jaramillo. En el largo, y penoso viage que hizo en 
compañía de Cortés a la provincia de Honduras, en 1524, tubo oca- 
sión al pasar por su patria, de ver a su madre, y hermano, los 
cuales se le presentaron cubiertos de lagrimas, y de consternación, 
temerosos de que viéndose en tanta prosperidad, con el apoyo de los 
Españoles, quisiese vengar el agravio que le hablan hecho en su 
niñez : mas ella los acogió con mucha amabilidad, mostrando de este 
modo que su piedad y grandeza de animo no eran inferiores a las 
otras prendas con que el cielo la habia dotado. No me ha parecido 
justo omitir estos datos acerca de una muger que fue la primera Cris- 
tiana del imperio Megicano, que hace un papel^tan importante en la 
historia de la conquista, y cuyo nombre es tan célebre entre los Megi- 
canos, y los Españoles. 

Llegada de los Españoles a Chalchiuhcuecan. 

Asegurada la tranquilidad de los Tlascaleses, y conociendo Cortés 
que no podia sacar mucho oro de aquel pais, resolvió contimiar su 
viage para buscar otro mas rico : pero acercándose" a üoñaingo de 
Ramos, quiso dar a los Tlascaleses, antes de separarse de ellos, al- 
guna idea de la santidad de la religión Cristiana. Celebróse aquel 
dia la santa Misa con el mayor aparato que se pudo, se bendigeron los 
ramos, y se hizo una solemne procesión con la música militar, a la 
que asistieron atónitos, y edificados aquellos gentiles, quedando desde 
entonces en sus corazones las semillas de la gracia, que iban a germi- 
nar, y fructificar en época mas conveniente. 

Terminada la función, y dada la despedida a los señores de Ta- 
basco, se puso en camino la armada, y dirigiéndose acia Poniente, 

* Los que dieron tortura a D. Martin Cortés, y pusieron preso al marques del 
Valle su hermano, fueron dos formidables jueces enviados a Megico por Fe- 
lipe II. El principal, llamado Muñoz, hizo tales estragos, que movido el rei por 
las quejas de los Megicanos, lo llamó a la Corte, y le dio tan severa reprensión, 
que al dia siguiente se le encontró muerto en una silla. 



LLBOADA A CHALOHIUHOUROAN. U 

deipoet de haber costeado la provincia de Coatzacnalco, y atravesado 
la boca del rio Papaloapan, entró en el puerto de San Joan de Ulaa, 
el Jueves Santo, 21 de Abril. Apenits bnbian echado el ancla, cuan- 
do vieron venir do la costa de Chaichiuhcuecan acia la capitana, dos 
canoas, con muchos Megicanot, enviados por el gobernador, para 
saber qué gente era aquella, qué negocio traían, y para ofrecerle 
todos los ausilios que les fuesen necesarios n la continuación de sn 
viage: lo que hizo ver la vigilancia de aquel caudillo, y la hospitalidad 
de aquella nación. Admitidos a bordo de la capitana, y presentados 
a Cortés, con modales civiles, le espusieron su embajada, por medio 
de Dofia Marina, y de Aguilar, pues por no saber este todavia el Me- 
gicano, ni aquella el Español, fue necesario en aquellos primeros 
tratos, emplear tres lenguas, y dos interpetes. Doña Marina esponia a 
Aguilar en lengua Maya, lo que los Megicanos decian en la suya, y 
Aguilar lo esplicaba a Cortés en Español. Este general acogió 
cortesmente a los Megicanos, y sabiendo cuanto hablan gustado el 
año anterior de las bugerias de Europa, les respondió que solo habia 
venido a aquellas tierras para comerciar con sus habitantes, y para 
tratar con su rei c]% asuntos de la mayor importancia : y para mas 
complacerlos les dio a probar el vino de España, y les regaló algunas 
frioleras que creyó les serian agradables*. 

El primer dia de Pascua, después que los Españoles habieron 
puesto pie en tierra, y desembarcado sus caballos, y artillería, y des- 
pués que con la ayuda de los Megicanos se hubieron construido con 
ramas alirunas barracas, en aquella playa arenosa en qae está actual- 



* Torquemada dice que pre?eDÍdo Moteuezoma de la llef^a de la nuera cs- 
pcdicion, por las centinelas de Iw montes, despachó inmediatamente a sus em- 
bajadores para rcrcrenciar al supuesto Dios Quetzalcoatl, los cuales diríincndase 
con gnn cclcrídad a Chaichiuhcuecan, pasaron inmediatamente a bordo de la 
capitana, el mismo dia en que aparecieron alli los Españoles ; que Cortés, riendo 
el error que padecian, y queriendo apror echarse de él, los recibió sentado en un 
alto trono, que hizo disponer a toda prisa, donde se dejó adorar, vestido con el 
traffc sacerdotal de Quetzalcoatl, y adornado el cuello con un collar de piednu, 
y la cabeza con una celada de oro, salpicada de joyas, &c. ; pero todo esto es 
falso. El ejercito nalio del río de Tabasco el Lunes Santo, y llegó el Juercs 
al puerto de Ulua. Los montes de Tochtlan, y de Mictlan, de donde s« p«4s 
rer la espedidon, no distan de la capital menos de 300 millas, ni esta de Uhm 
menos de 2S0 : asi que aunque se hubiese visto la espedlcion el mjsao fUa en 
que sarpó deTkbasco, era imposible que lo« embajadores llegasen el Joeres a Ulna. 
No luü escritor que hagamendon de esta circunstanria : antes bien de la rekdsa 
de Berna] Díaz se infiere que todo es invendon, y que los Megicanos habiaa ya 
conocido el error que ocasionó lo primera armada. 



TSl ^ HISTORIA ANTIGUA DK MEGICO. 

mente la ciudad de la nueva Vera Cruz, llegaron dos gobernadores 
de aquella costa, llamados Teuhtlile, y Cuitlalpitoc*, con un gran 
séquito de criados ; y hechas por una y otra parte las ceremonias con- 
venientes de urbanidad, y respeto, antes de entablar la conversación 
quiso Cortés, no menos para empezar bajo buenos auspicios su em- 
presa, que para dar a aquellos idolatras alguna idea de nuestra reli- 
gión, que se celebrase en su presencia el santo sacrificio de la Misa. 
Cantóse con la mayor solemnidad posible, y esta fue la primera que 
se celebró en los dominios Megicanosf . 

Convidó en seguida a los embajadores a comer en su compañía, 
y en la de sus capitanes, procurando atraerse su benevolencia con 
grandes obsequios. Dijoles que era subdito de D. Carlos de Austria, 
el mayor monarca de Oriente, cuya bondad, grandeza, y poder enca- 
reció con las mas magnificas espresiones, añadiendo que su soberano, 
habiendo tenido noticia de aquellas tierras, y del señor que en ellas 
'binaba, lo enviaba a visitarlo en su nombre, y a comunicarle verbal- 
mente algunas cosas de suma importancia, por lo que deseaba saber 
donde le convendría recibir la embajada. " Apenas, respondió 
Teuhtlile, habéis llegado a este pais, ¡ y ya querílis ver a nuestro rei ! 
He escuchado con satisfacción lo que habéis dicho acerca de la gran- 
deza, y bondad de vuestro soberano ; pero sabed que el nuestro no le 
cede en una ni en otra calidad : antes bien me maravillo que pueda 
haber en el mundo otro que le exeda en poder : pero pues vos lo 
afirmáis, lo haré saher al rei, de cuya bonídad confio, que no solo oirá 
con placer las nuevas de tan gran principe, sino que honrará a su 
embajador. Aceptad entretanto este regalo que eí'au'nombre os 
presento," y sacando de un petlacalli, o caja hecha de cañas, algunas 
exelentes alajas de oro, se las presentó al caudillo Español, junta- 

* Berna! Díaz escribe Tendile en lugar de Teuhtlilfi, y Pitalpitoque en lugar 
de Cuitlalpitoc. Herrera lo llama Pitalpitoe, y Solis y Robertson, que quisieron 
enmendarlo, Pilpatoe. 

t Solis reconviene a Bemal Diaz, y a Herrera, por haber afirmado, según él 
creía, que se había celebrado la misa en Viernes Santo. El autor del prefacio de 
la edición de Herrara de 1730, emplea una erudición importuna, y fastidiosa, 
para justificar la supuesta celebración de la misa en aquel día : pero con licencia 
de este escritor, y de" Solis, diré que no entendieron el testo. Bernal Díaz dice 
en el capitulo 38 que el Viernes Santo desembarcaron los caballos, y la artillería, 
y " hicimos, añade, un altar en que muí en breve se dijo misa." No dice que 
en aquel mismo día se hizo el altar, antes bien dice claramente que se hizo en 
Domingo, después de la llegada de Teuhtlile. 



LLBQADA A OHALOHIUHCUBOAN. 

monte coD algunas obraa curiosas de plumas, dicat cargas de 
finos de algodón, y nna gran provisión de viveres*. 

Aceptó Corté.H el regalo, con singulares demostraciones de gratitud, 
y correspondió con otro do obgetos de poco valor, pero mui aprecia- 
dos por aquellos naturales, o por sor para ellos enteramente nuevos, o 
por su aparente brillo. Hahia traido consigo Tenhtlilo vanos pin- 
tores, a fin de que dividiéndose entre si los diferentes obgetos de que 
se componia la espedicion, pudiesen en breve representarla en su 
totalidad, y ofrecer al rei la imagen de lo que iba a referirle verbal- 
mente. Conocido por Cortés su intento, mandó, para dar a los pin- 
tores un asunto capaz de hacer mayor impresión en el animo del rei, 
que su caballería corriese por la playa, haciendo algunas evoluciones 
militares, y que se disparase a un mismo tiempo toda la artillería : lo 
que fue observado con el asombro que puede imaginarse el lector, por 
los dos gobernadores, y por su numerosa comitiva, que, según Go- 
mara, no bajaba de cuatro mil hombres. Entre las armas de los Es- 
pañoles observo Teuhtiile una celada dorada, la cual, por ser mui 
semejante a otra que tenia uno do los principales Ídolos de Megico, 
pidió a Cortés, a fi* de haceria ver a Moteuczoma. Cortés la conce> 
dio, con la obligación de devolvérsela llena de oro en polvo, bajo el 
pretesto de ver si el oro que se sacaba de las minas de Megico era 
igual al de su patria f. 

Terminadas las pinturas, se despidió cariñosamente Teuhtiile de 
Cortés, ofreciéndose a volver dentro de pocos dias con la respuesta 
de su so bera no, y dejando en su lugar a Cuitlalpitoc, para que pro- 
veyese a loffii|f(añoles de cuanto podrian necesitar, pasó a Cuetlachtlan, 
lugar do su residencia ordinaria, de donde llevó en persona a la corte 
la embajada, las pinturas, y el regalo, como afirman Bemal Díaz, y 
Torquemada, o bien, como dice Solis, envió todo por las postas, que 
estaban siempre dispuestas a marchar en los caminos principales. 

• Solía y RobcrUon dicen que Teuhtiile era general, y lo príran del gobierno 
poItUco de aquella costa. Bemal Diaz, Gomara, y otros autores antiguos dicen 
que era gobernador de Caetlochtlan. Los dos primeros añaden que Teuhtiile ae 
opuKo desde luego al viage de Cortés a la capital : pero consta por mejores auto> 
rídades que no manifestó esta oposición hasta haber tenjdo orden po«itÍTa del 
rei. 

t Algunos historiadores dicen que Cortés para exigir U celada llena de oro se 
valió del pretexto de cierto mal de corazón que padedan él, j sus compafieroa, j 
que solo se curaba con aquel precioso metal : mas esto poco importa a la verdad 
histórica. 



14^^ HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

Inquietud de Moteuczoma. Su primera embajada, y regato a 

Cortés. 
Fácil es de imaginarse la gran inquietud y perplegidad en que pon- 
drían a Moteuczoma aquellas noticias, y los pormenores que supo 
acerca del carácter de aquellos estrangeros, del Ímpetu de sus caba- 
llos, y de la violencia destructora de sus armas. Como dado a la 
superstición mandó consultar inmediatamente a sus dioses, sobre la 
pretensión de los estrangeros, y la respuesta fue, según dicen, que 
no los admitiese jamas en su capital. Proviniese este oráculo del 
demonio, como algunos autores creen,< el cual procuraba cerrar la 
entrada al Evangelio, o de los sacerdotes, como yo pienso, en su 
ínteres propio, y en el de toda la nación, lo cierto es que Moteuczoma 
se decidió desde entonces a no recibir a los Españoles: mas para 
proceder con acierto, y de un modo conforme a su carácter, les mandó 
una embajada, con un regalo ciertamente digno de su regia magnifi- 
cencia. El embajador fue un gran personage de su corte, muí seme- 
jante, tanto en la estatura como en las facciones al general Español, 
según lo asegura un testigo ocular*. Apenas ÍSabian pasado siete 
dias de la despedida de Teuhtlile, cuando volvió acompañado de este 
sugeto, y de mas de cien hombres de carga, que traían el regalo f. 
Cuando se halló el embajador en presencia de Cortés, tocó con la 
mano el suelo, y después la llevó a la boca, según el uso de aquellas 
gentes, incensó al general J y a los otros oficiales, que estaban a su 

* Bemal Diaz del Castillo. ♦• _ --^ 

f Berna] Diaz llama a este embajador Quintalbor: mas este nombre no es ni 
pudo ser Megicano. Robertson dice que los mismos oficiales que hasta entonces 
hablan tratado con Cortés, fueron los encargados de la respuesta del rei, sin 
hacer mención del embajador : pero tanto Bemal Diaz del Castillo, como otros 
historiadores Españoles, afirman lo que refiero. Solis, en vista del corto inter- 
valo de siete dias, y de la distancia de setenta leguas entre aquel puerto y la capi- 
tal, no quiso creer que fuese entonces un embajador a ver a Cortés : pero 
habiendo dicho poco antes que las postas Megicanas eran mas diligentes que las 
de Europa, no es de estrañar que llevasen en poco mas de un dia la noticia de la 
llegada de los Españoles, y que en cuatro o cinco dias hiciese el viage el embaja- 
dor, en litera, y a hombros de los mismos correos, como muchas veces se hacia. 
Pues el hecho no es inverosímil, debemos creer a Bemal Diaz, testigo ocular, y 
sincero. 

X Este acto de incensar a los Españoles, aunque no fuese mas que un obsequio 
puramente civil, y el nombre de teteuctin (señores) con que los llamaban, y que 
es el algo semejante al de teten (Dios) les hicieron creer que los Megicanos los 
creían seres superiores a la humanidad. 



INQUIETUD DB MOTRUOZOMA. Ift 

lado» lo taludó res))otuosaiiiente, y sentándose en un asiento qae le 
presentó Cortés, pronnnció su arenga, que se redigo a felicitarlo por 
su llegada, en nombre del reí, a manifestar el placer que Su Magostad 
habia tenido al sal)cr que habían llegado a sus dominios hombres tan 
valientes, y al oír las noticias que le traian de tan gran monarca; 
mostrándole al mismo tiempo su agradecimento por el regalo qne le 
habia hecho ; y en prueba de su aprecio le enviaba otro. Dicho esto 
mandó estender por el suelo unas esteras finas de palma, y telas de 
algodón, sobre las cuales se colocó en buen orden y simetría todo el 
presente. Este consistía en mochos obgetos de oro, y plata, aun mas 
preciosos por so maravilloso artificio, que por el valor de su matería, 
entre los cuales habia algunos con piedras preciosas, y otros represen- 
taban figuras de leones, tigres, monos, y otros animales ; en treinta 
cargas do telas finísimas de algodón, de varios colores, y en parte tegi- 
das de hermosas plumas ; en muchos exelentes trabajos de plumas, 
con adornos de oro, y en la celada llena de este metal en polvo, como 
la habia pedido Cortés, la cual importaba mil y quinientos pesos : 
pero lo mas admirable de todo eran dos grandes laminas, hechas en 
figura de ruedas, uua de oro, y otra de plata. La de oro representaba 
el siglo Megicano, y en medio tenia la imagen del sol, y en rededor 
otras de bajo relieve. Su circunferencia era de treinta palmos Tole- 
danos, y su valor de diez mil pesos*. La de plata, en que estaba 
figurado el año Megicano, era aun de mayores dimensiones, y tenia 
en medio la imagen de la luna, y otras al rededor, también de bajo 
relieve. Los Españoles quedaron no menos maravillados que conten- 
tos al ver nIMFríqueza. " Este regalo, añadió el embajador, hablando 
con Cortés, es el que mi soberano envía para vos, y para vuestros 
compañeros, pues para vuestro reí os dirigirá en breve ciertas joyas de 
inestimable valor. Entre tanto podréis deteneros todo el tiempo que 
gustéis en estas playas, para reposaros de las fatigas de vuestro liage, 
y "para proveeros de cuanto necesitéis antes de regresar a vuestra 
patria. Sí alguna otra cosa queréis de esta tierra para vuestro mo- 
narca, 'pronto os sera franqueada : pero por lo que respeta a vuestra 
solicitud de pasar a la corte, estoi encargado de disuadiros de tan 
dificU y ■ peligroso viage, pues seria necesario caminar por asperoa 
desiertos, y por países de enemigos." Cortés recibió el presenta otm 
las mayores espresiones de gratitud a la real beneficencia, y eoRW- 

* Varíao considerablemente loa autores acerca del valor de estas alijas, pero 
yo doi mayor crédito a Bemal Díaz, que lo sabia bien como que debió toiar parte 
en el re^u. 



16 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

pondio a ella como pudo: pero lejos de desistir de su pretensión, 
suplicó al embajador que hiciese ver al rei los males, y peligros que 
habia padecido en tan larga navegación, y el disgusto que tendría su 
soberano al ver frustradas sus esperanzas ; que por lo demás, los Es- 
pañoles eran de tal condición, que ni las fatigas, ni los peligros eran 
capaces de apartarlos de sus empresas. El embajador prometió decir 
al rei lo que Cortés le encargaba, y se despidió cortesmente con Teuht- 
lile, quedando Cuitlalpitoc con gran numero de Megicanos, en un 
caserío, que hablan formado de cabanas, poco distante del campo de 
los Españoles. 

Bien conocía Cortés en medio de tanta prosperidad, que no podía 
subsistir largo tiempo en aquel sitio ; pues ademas de la incomodidad 
del calor, y de la importunidad de los mosquitos, que abundan en 
demasia en toda aquella playa, temia que ocasionase algún daño a 
sus naves la violencia del Norte, a que está mui espuesto aquel 
puerto : por lo que despachó dos buques, al mando del capitán Mon- 
tejo, a fin de que costeando acia Panuco, buscase un puerto mas 
seguro. Volvió aquella espedicion al cabo de pocos dias, con la 
noticia de haber hallado a treinta y seis millas ée Ulua un puerto, 
próximo a una ciudad edificada en una posición fuerte. 

Regalo de Moteuczoma para el rei Católico. 

Entretanto volvió Teuhtlile al campo de los Españoles, y llamando 
a parte a Cortés con los interpretes, le dijo que su señor Moteuczoma 
habia agradecido los regalos que le habia enviado ; que el que aquel 
soberano le remitía entonces era para el gran rei de Rpaxia ; que le 
deseaba muchas felicidades ; pero que no le enviase nuevos mensages, 
ni se tratase mas del viage a la capital/ El presente para el rei Cató- 
lico se componía de muchas alajas de oro, que importaban mil y qui- 
nientos pesos, de diez cargas de trabajos curiosísimos de pluma, y 
de cuatro joyas tan estimadas por los Megicanos, que según afirmó 
el mismo Teuhtlile cada una de ellas valia cuatro cargas de oro. 
Pensaba aquel mal aconsejado rei que con su liberalidad obligaría 
a los Españoles a dejar aquellos países, sin echar de ver que el amor 
del oro es un fuego que tanto mas se inflama, cuanto mas abundante 
es el alimento que se le echa. Mucho sintió Cortés la repulsa de 
Moteuczoma, pero no desistió de su pensamiento, pues el aliciente de 
la riqueza exitaba mas y mas la natural constancia de su animo. 

Observó Teuhtlile antes de despedirse, que los Españoles al oír los 
toques de la campana del Ave Maria, se arrodillaban delante de una 



BMBAJAUA DB OBMPOALA. 17 

oras, y lleno de admiración preguntó por qué adoraban aqoel leAo. 
Do allí tomó ocasión el P. Olmedo para declararle los príncipalen 

Artículos de la fe Cristiana, y para echarle en cara el culto abominable 
de sus Ídolos, y la inhumanidad de sus sacrificios : mas este discurso 
era de un todo inútil, pues aun no babia llegado para aquelloi pueblos 
el tiempo de la santificación. 

Al dia siguiente se hallaron los Españoles tan abandonados por lot 
Megicanos, que ni uno solo se dejaba ver en toda aqaclla playa: 
efecto de la orden dada por el rei de retirar del campo de aquellos 
estrangeros la gente destinada a su servicio, y las provisiones, ti per- 
sbtian en su temeraria resolución. Esta inesperada novedad ocasionó 
gran consternación entre los Españoles, porque a cada momento 
temían que se desplomaste sobre su miserable campamento todo el 
poder de aquel vasto im{)erio : por lo que Cortés mandó asegurar los 
víveres en los barcos, y poner la tropa sobre las armas. No hai duda 
que tanto en esta como en otras machas ocasiones, que aparecerán en 
el curso de esta historia, pudo fácilmente Moteuczoroa desbaratar 
aquellos pocos estrangeros, que después debían hacerle tanto daño : 
pero Dios los consjrvaba a fin de que fuesen instrumentos de su 
justicia, sirviéndose de sus armas para castigar la superstición, la 
crueldad, y otros delitos con que aquellas naciones habían provo- 
cado su ira. No trato de justificar el intento, ni la conducta de 
los conquistadores, pero tampoco puedo dejar de conocer en la serie 
de la conquista, y en despecho de la incredulidad, la mano de Dios, 
que iba preparando la ruina de aquel imperio, y se valia de los 
mismos dSftlRtos de los hombres para los altos designios de to 
Providencia. 

Embcyada del Señor de Cempoala y su* conaecuencia*. 
En este mismo dia, de tanta consternación para los Españoles, 
tttbíeron sin embargo un testimonio de la protección Divina. Dos 
soldados que hacían la guardia fuera del campo, vieron venir ada 
ellos cinco hombres, algo diferentes de los Megicanos en sus trages, 
y adornos, los cuales, conducidos a presencia del general Etpañol, 
digeroQ en Megicano (por no haber allí quien entendiese su idioiiui) 
que eran de la nación Totonaca, y enviados por el señor de Can- 
poala, ciudad distante veinte y cuatro millas de aquel punto, ptra 
saludar a aquellos estrangeros, y para rogarles pataseo a aquel pueblo. 
donde serían bien recibidos, añadiendo que no habían venido antes 

TOMO II. O 



18 HISTORIA ANTIGUA DE MÁGICO. 

por miedo de los Megicanos. Era el señor de Cempoala uno de 
aquellos feudatarios que vivian impacientes del yugo de Moteuczoma. 
Informado de la victoria obtenida por los Españoles en Tabasco, y de 
su llegada al puerto en que entonces residian, le pareció aquella una 
ocasión favorable de recobrar su independencia, con el ausilio de tan 
animosos guerreros. Cortés, que nada deseaba tanto como una alianza 
de aquella especie para aumentar sus fuerzas, después de haber tomado 
menudos informes acerca del estado y de la condición de los Totona- 
ques, y de los daños que sufrían por la prepotencia de los Megicanos, 
respondió dando gracias al Cempoales por su cortesía, y prometiéndole 
hacerle una visita sin tardanza. 

En efecto, inmediatamente publicó su salida para Cempoala : mas 
antes le fue preciso vencer los ostaculos que halló en sus mismas tro- 
pas. Algunos parciales del gobernador de Cuba, cansados de las in- 
comodidades que habian sufrido, atemorizados por los peligros que 
presagiaban, y deseosos del descanso, y de las holguras de sus casas, 
rogaron enérgicamente al general que volviese a Cuba, exagerando la 
escasez de viveros, la temeridad de tamaña empresa, como era la de 
oponer tan pequeño numero de soldados a todastlas fuerzas del rei de 
Megico, especialmente después de haber perdido en aquellos arenales 
treinta y cinco hombres, parte de resultas de las herídas recibidas en 
la batalla de Tabasco, parte por el aire insalubre de la playa. Cortés, 
ya con dones, ya con promesas, ya con un poco de rigor oportuna- 
mente aplicado, y con otros medios inventados por su raro ingenio, 
manejó tan bien los ánimos, que no solo aquietó a los descontentos, si 
no que logró que se decidiesen gustosos a permanecé^cH aquel deli- 
cioso pais ; y adelantándose ademas en sus negociaciones, obtubo que 
el egercito, en nombre del rei, y con entera independencia del gober- 
nador de Cuba, lo confirmase en el mando supremo tanto politice 
como militar, y que para los gastos que habia hecho, y que después 
hiciese en la espedicion, se le adjudicase desde entonces en adelante 
el quinto del oro que se adquiriese, sacada antes la parte que al 
rei pertenecía. Después creó las magistraturas, y los otros cargos 
públicos necesarios para una colonia que intentaba establecer en aque- 
llas costas. 

Habiendo superado estos ostaculos, y tomado las medidas conve- 
nientes para la egecucion de sus vastos designios, se puso en camino 
con sus tropas. Su intento no era tan solo buscar aliados, y propor- 
cionar a su gente algún alivio a los males que habian sufrido, sino 



kmBajada üb okmpuala. 19 

también eaeoger un buen sitio para lu fundación de la colonia, por 
«star Cempoala en el camino de Quiahuitztla*, en cuyo distrito 
estaba el puerto descubierto por el capitán Montejo. El egercito, 
con nnn parte de la artilleria, marchó en buen orden acia Cempoala, 
y apercibido a la defensa, en caso de ser atacado por los Totonaques, 
de cuya buena fe no estaban segaros, o por los Megicanos, a qnienet 
fluponiau ofendidos por su resolución : disposiciones que ningiin buen 
genenü juzgará inútiles, y que nunca descuidó Cortés, ni aun en loa 
tiempos de su mayor prosperidad, pues siempre son útiles para man- 
tener la diciplina militar, j casi siempre necesarias a la seguridad 
propia. Los buques se dirígieroo por la costa al puerto de Quia- 
huitatla. 

Tres millas antea de llegar a Cempoala, salieron al encuentro de 
Cortés veinte Sugetos de distinción de Cempoala, le presentaron un 
refiresco de pinas, y de otras frutas del pais, lo saludaron* a nombre de 
üH señor, y lo escusaron de no haber venido en persona, por impe- 
dírselo sus dolencia». Entraron en la ciudad e.n orden de batalla, 
temiendo alguna traición de los habitantes. Un soldado de caballeria 
que se adelantó hasta la plaza mayor, habiendo visto un bastión del 
palacio, que por estar recien-blanqneado, y bruñido, resplandecía a 
los rayos del sol, creyó que aquel edificio era de plata, y volvió a toda 
brida, a dar tan buena noticia al general. Semejantes engaños son 
demasiado frecuentes en aquellos que tienen la mente ofuscada por la 
pasión. Marcharon los Españoles por las calles, no menos alegres 
que marav*^^^ al ver aquella ciudad, la mayor que hasta entoocaa 
hablan visto en el Nuevo Mundo, tanto numero de gente, y tan hermo- 
•os huertos, y jardines. Algunos, por su tamaño, la llamaron Sevilla, 
y otros, por su ameúidad. Villa Viciosa f. 

Cuando llegaron al templo mayor, salió a recibirlos a la puerta del 
atrio, el señor de aquel estado, que aunque casi incapaz de movimien- 
to, a causa de so desmesurada gordura, era hombre hábil, y do buen 

* Solis y RobcrtMn dan a este paerte el nombre de QmiaóitlaM que ni es oi 
puede aer Megicano. 

t No puede dudarse de la antigua grandexa de Cempoala, si se atiende al tea* 
timonio de los que la vieron, y a la estension de sus ruinas : mas no debe hacena 
caso del computo de Torquemada, que unas veces le da 25,000 habitantes, otras 
50,00(), y kasU 160,000 ea el índice del primer tomo. A Cempoala socciBo lo 
mismo que a otras ciudades del Nuevo Mundo ; a saber que r«»ii las 
dades, y los otros desastres del siglo xvi, fue disminuyéndose hasta 
de un todo. 

c2 



20 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

ingenio. Después de haber saludado e incensado a Cortés según e4 
uso del país, pidió venia para retirarse, prometiendo volver cuando 
todos hubiesen descansado de las fatigas del viage. Alojó a toda la 
tropa en unos grandes, y hermosos edificios que habia en lo interior 
del templo, que quizas serian la residencia habitual de los sacerdotes, 
o estarian destinados para albergue de los forasteros, como los habia 
en el recinto del templo mayor de Megico. Alli fueron bien tratados, 
y provistos de cuanto necesitaban, a espensas de aquel caudillo, el 
cual volvió a verlos después de comer, en una silla portátil o litera, y 
acompañado de muchos nobles. En la conferencia secreta que tubo 
con Cortes, ponderó este general por medio de sus interpretes, la 
grandeza y poder de su soberano, que lo habia enviado a aquellos 
paises, encargándole muchas ¿omisiones importantes, y entre ellas la 
de dar ausilio a la inocencia oprimida.- " Por tanto, afíadio, si puedo 
«erviros en algo con mi persona, o con mis tropas, decidmelo, y lo 
haré de buena voluntad." Al oir el Cempoales esta oferta, introdu- 
cida con mucha destreza en la conversación, lanzó un profundo sus- 
piro, al que siguió una lamentación amarga sobre las desventuras de 
su. pueblo. Dijo que habiendo sido libres Tos Totonaques, desde 
tiempo inmemorial, y regidos por señores de su propia nación, hacia 
pocos años que se hallaban oprimidos por el yugo de los Megicanos ; 
que estos, por el contrario, de humildes principios, se habian alzado a 
tanta grandeza, por su estrecha, y constante alianza con los reyes de 
Acolhuacan, y de Tlacopan, que se habian hecho señores de toda 
aquella tierra ; que su poder era desmesurado, y su tirar^. igual a su 
poder ; que el rei de Megico se apoderaba del oro de sus subditos, y 
los recaudadores de los tributos requerían sus hijas para violarlas, 
y sus hijos para sacrificarlos; ademas de otras inauditas vejaciones. 
Cortés mostró compadecerse de sus desgracias, y se ofreció a darle 
ausilios, dejando para otra ocasión el tratar sobre el modo de verifi- 
carlo, porque por entonces le urgia pasar a Quiahuitztla, para infor- 
marse del estado de sus buques. En esta visita le hizo el Cempoales 
un regalo de alajas de oro, que importó según dicen algunos autores, 
cerca de mil pesos. 

Al dia siguiente se presentaron a Cortés cuatrocientos hombres de 
carga, que le enviaba aquel señor para transportar su bagage,'y en- 
tonces supo por Doña Marina el uso de aquellas naciones, de suminis- 
trar espontáneamente, y sin interés aquel modo de conducción, a las 
personas de consideración que transitaban por sus pueblos. 



PRI8IUN 1)K CINCO MINI8TRUM. 21 

Prisión de cinco Minintros. 

De CempoaUi pasaron los Españoles a Qniahuit/lla, pequeña ciu> 
dad colocada sobro un monto áspero, y peñascoso, a poco mas de doc<< 
millas de Cempoala, acia ol Norte, y a tres del nuevo puerto. Allí 
tubo Cortés otra conferencia con el señor do aquel estado, y con el do 
Cempoala, que con este obgeto se hizo llevara aquel puntoi En tanto 
que discurrían sobre los negocios de la independencia, llegaron con 
gran séquito cinco nobles Megicaoos, recaudadores de los tributos 
regios, mostrándose estruordinariamente coléricos contra los Totonaques 
por babor osado admitir aquellos cstrangeros, sin aguardar el beneplá- 
cito del monarca, y exigiendo victimas humanas, para sacrífícarlas a 
los dioses en espiacion de tanto delito. Turlx)se toda la ciudad con 
aquella nueva, y especialmente los dos señores, que se reconocian mas 
culpables. Cortés, informado por Doña Marina de la causa de su 
eonstemaciou, imaginó un modo estraordinarío de salir de aquel aprieto. 
Sugirió pues a los dos señores el atrevido consejo de apoderarse de los 
recaudadores, y ponerlos en la cárcel, y aunque al principio se nega. 
ron a hacerlo, parecielidoles un atentado tan temerario como peligroso, 
cedieron finalmente a sus instancias. Fueron pues encarcelados en 
las jaulas aquellos cinco personages que habian entrado tan orgullosos 
en la ciudad, y con tanto desprecio de los Españoles, que ni siquiera 
se dignaron mirarlos cuando pasaron por delante de ellos. 

Apenas dieron aquel primer paso los Totonaques, cuando reanima- 
do su valoi^eadelantaron hasta el exeso de querer sacrificar aquella 
misma noche á los Megicanos : pero los disuadió Cortés, el cual ha- 
biéndose conciliado con aquella medida el amor, y el respeto de los 
Totonaques, quiso captarse el agradecimiento de los Megicanos, con 
la libertad de sus compatriotas. Esta conducta artificiosa y doble, 
daba sin duda muestras de su gran ingenio : mas solo podran alabarla 
aquellos cortesanos, cuya politica se reduce al arte de engañar a los 
hombres, y que, no haciendo caso de lo justo, solo buscan lo útil eo 
sus operaciones. Cortés pues dio orden a sus guardias de sacar por 
la noche de las jaulas a dos de los Megicanos, y de conducirlos caate- 
losumente a su presencia, sin que lo echasen de ver los Totonaques. 
Asi se egecató, y los Megicanos quedaron tan reconocidos al 
Rspañol, que le hicieron mil demostraciones de gratitud, y le 
jaron que uo se fiase de sus barbaros, y pérfidos huespedes. Cortés 
les encargó que manifestasen a su soberano cuanto lo habia afligido el. 



22 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

atentado cometido por aquellos montañeses contra sus ministros, ase- 
gurándole al mismo tiempo que pondría a los otros tres en libertad, 
como con ellos habia hecho. Ellos marcharon inmediatamente para 
su capital, conducidos por los Españoles en una barca, hasta mas allá 
de los limites de aquella provincia, y Cortés al dia siguiente se mos- 
tró mui encolerizado contra sus guardias, por el descuido que habiao 
tenido de dejar escapar a aquellos prisioneros. Añadió que para que 
no sucediese lo mismo con los otros, quena ponerlos en prisión mas 
estrecha, y para hacerlo creer asi, los mandó conducir encadenados a 
sus buques : y de alli a poco los poso en libertad, como a los dos pri- 
meros. 

Confederación de los Totonaques con los Españoles» 
Hizo inmediatamente correr la voz por todas aquellas montañas, 
que los habitantes eran libres del tributo que pagaban al rei de Megi- 
co, y que si llegaban otros recaudadores, se lo hiciesen saber, para 
apoderarse de ellos. Con esta noticia se despertó en toda la nación 
la dulce esperanza de la libertad, y empezaron a venir a Quiahuitztla 
otros muchos señores, no menos para dar graeiaí a su pretendido liber- 
tador, que para deliberar sobre los medios de asegurar su independen- 
cia. Algunos, que aun no habian arrojado de sus ánimos el miedo de 
los Megicanos, eran de dictamen que se pidiese perdón al rei por e! 
atentado cometido con sus ministros : mas prevaleció, por sugestión de 
Cortés, y de los dos señores de Cempoala, y Quiahuitztla, la opinión 
opuesta, de sustraerse al tiránico dominio de Moteuczoma, con el ausi- 
lio de aquellos valientes estrangeros, ofreciéndose a poner un egercito 
formidable bajo las ordenes del general Español. 

Cortés, después de haberse asegurado suficientemente de la since- 
ridad de los Totonaques, e informadose de sus fuerzas, se valió de 
aquel momento favorable, para inducir aquella numerosa nación a pres- 
tar obediencia al rei Católico. Celebróse este acto con intervención 
del notario del egercito, y con todas las otras formalidades legales. 

Fundación de la Vera Cruz. 
Concluido felizmente aquel gran negocio, se despidió Cortés de 
aquellos señores para ir a poner en egecucion un proyecto de suma 
importancia que habia formado poco antes, y era el de fundar en aque- 
lla costa una colonia fuerte, que pudiera servir a los Españoles de re- 
fugio en sus desgracias, de punto de apoyo para mantener a los Toto- 



NUBVA KMBAJADA DR MUTBUOZOMA. 9» 

naqnr.s rn In fídclidnd jurndn, de escala pam tan niievaü tropM qws 
viniesen do Eüpafia o de las islas Antillas, y de almacén y deposito de 
los efectos que les enviasen los naturales de aquellos países, o que 
pudieran recibir de Europa. Fundóse en efecto la colonia en el pnis 
mismo de los Totonaques, en una llanura situada al pie del monte 
Quiahuitztla, a doce milloA al Norte de Cempoala, y cerca del nuevo 
puerto ♦. Llamáronla Villa rica de la Vera Cruz, por las muestras 
de riquezas que babian visto, y por haber desembarcado en Viernes 
Santo, y aquella fue la primera colonia de los Españoles en el conti- 
nente de la America Septentrional. Cortés fue el primero que echó 
mano a la obra para estimular a los otros con su egemplo, y con el 
ausilio de los Totonaques se construyó en breve un numero suficiente 
de casas, y una pequeña fortaleza capaz de b&cer alguna resistencia a 
los Megicanos. 

Nueva e$Hb<yada y regalo de Moteuczoma. 
Entretanto babian llegado a Megico aquellos dos recaudadores, que 
Cortés puso en libertad, y dado noticia a Moteuczoma de todo lo que 
había ocurrido, elogiando altamente al general Español. Moteuczo- 
ma, que yo estaba decidido a enviar un egercito, para castigar la inso- 
lente temeridad de los estrangeros, y arrojarlos de sus dominios, so 
detubo con aquella noticia, y ogradecido a los servicios que aquel gene- 
ral habia hecho a sus ministros, le envió dos príncipes sobrinos suyos 
(hijos quizas de su hermano Cuitlahuatzin) acompañados de muchos 
nobles, y .servid umbre, y con un regalo de alajas de oro que importa- 
ban mas dedos mil pesos. Dieron gracias a Cortés en nombre del rei, 
y juntamente se le quejaron de haber hecho amistad con los rebeldes 
Totonaques : por lo que esta nación habia tenido la insolencia de negar 
el tributo que debia a su soberano. Añadieron que solo por respeto a 

* Casi todos loj hititoriadores se engañan acerca de la fundación de la Verm 
Cruz, pues flicen que la primera colonia de loe Españoles fue la Antigua, fiwdada 
sobre el rio del mismo nombre, y creen que no ha habido mas que dos ciuda- 
des con el nombre de Vera Cruz, esto es, la antigua, y la moderna edificada en el 
mismo arenal en que desembarcó Cortés : pero no hai duda que ha habido tres 
con el mismo nombre. La primera fundada en 1619 cerca del puerto de Quia- 
huiutla, que conservó después el nombre de Villa Rica; la segunda, la antigua 
Vera Cruz, fundada en 1523, o 1524, y la tercera, la nueva Vera Cniz, que hoi 
conserva este segundo nombre, y fue fundada por orden del conde de Monte- 
rey, virrri de .Megico, a fines del siglo xvi o principios del xvii, y recibió de 
Felipe III, el titulo de ciudad en 1615. 



24 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

tales huespedes no habia venido ya un egercito a castigar la rebelión» 
de aquellos pueblos ; pero que al fin no quedarían impunes. Cortés, 
después de haber significado con las espresiones mas convenientes su 
gratitud, procuró defenderse de la acusación sobre la amistad de los 
Totonaques, alegando la necesidad en que se habia visto de buscar 
víveres para sus tropas, por haber sido abandonado por los Megicauos. 
Dijo ademas que por lo que respetaba al tributo, no era posible que 
aquella nación sirviese juntamente a dos señores ; que él esperaba 
pasar en breve a la corte para satisfacer mas completamente al rei, y 
hacerle ver la sinceridad de su conducta. Los dos principes, después 
de haber visto con gran placer y admiración el egercicio militar de la 
caballería Española, regresaron a la capital. 



Destrucción de los Ídolos de Cempoala. 

El señor de Cempoala, a quien habia desagradado mucho la ultima 
embajada de los Megicanos, para estrechar mas y mas su alianza con 
los Españoles, presentó a Cortés ocho doncellas bien vestidas, a fin de 
que se casasen con los capitanes, y entre ellas hatia una sobrína suya 
que destinaba al mismo general. Cortés, que habia hablado muchas 
veces con él sobre la religión, le respondió que no podia aceptarlas, si 
antes no renunciaban a la idolatría, y abrazaban el Cristianismo ; y de 
aquí tomó ocasión para esplicarle de nuevo las puras, y santas verda- 
des de nuestra religión, y declamó con la mayor energia contra el 
culto de aquellos falsos númenes, y especialmente contra la horrenda 
crueldad de sus sacrificios. A tan fervorosa exortacion respondió el 
Cempoales, que aunque apreciaba altamente su amistad, no podia com- 
placerlo en abandonar el culto de sus dioses, de cuyas manos recibían 
aquellos pueblos la salud, la abundancia, y todos los bienes que po- 
seían, y de cuya colera, provocada por su ingratitud, debían temer los 
mas severos castigos. Inflamóse mas' con esta respuesta el celo de 
Cortés, y volviéndose a sus soldados, les dijo : ** Vamos, Españoles : 
¿ qué aguardamos ? ¿ Como podemos sufrir que estos, que se jactan 
de ser nuestros amigos, den a los estatuas e imágenes abominables del 
demonio el culto qi^ie se debe a nuestro único, y verdadero Dios? 
j, Como, permitimos que diariamente, y a nuestra vista les sacrifiquen 
víctimas humanas ? Animo, soldados : ahora es ocasión de manifestar 
que somos Españoles, y que hemos heredado de nuestros abuelos el 
celo ardiente en favor de nuestra religión. Destrocemos sus ídolos, y 



DESTRUCCIÓN l)R LOS ÍDOLOS UB CBMPOALA. 30 

quitomos de la TÍsta do estos infieles eso perverso fomento de su su- 
perstición. Si asi lo conseguimos haremos un gran servicio a l>ios. 
Si morímos en la empresa, el nos recompensará con la gloría eterna el 
sacríficio que le haremos de nuestras vidas." 

£1 Cempoales, que en el semblante de Cortés, y en los movimien- 
tos de los soldados descubría claramente su intento, hizo señal a su 
gente que se apercibiese a la defensa de sus dioses. Empezaban ya 
los Espafioles a subir por las escaleras del templo, cuando los Compoa- 
leses, atónitos e indignados, gritaron que se guardasen de cometer 
aquella tropelía, si no querían que se desplomase sobre ellos toda la 
colera de los númenes. No siendo Cortés capaz de intimidarse con 
sus amenazas, les respondió que ya muchas veces los habia amonesta- 
do que dejasen aquella infame superstición : que pues no habian que- 
rído tomar un consejo tan provechoso, tampoco quería él conservar 
por mas tiempo su amistad ; que si los mismos Totonaques no se deci- 
dían a quitar de enmedio aquellos abominables simulacros, él con su 
gente los baria pedazos ; y por ultimo que se guardasen de cometer 
la menor hostilidad contra los Españoles, por que inmediatamente los 
atacarían ellos con ^nto furor que ni uno solo dejarían con vida. 
A estas amenazas añadió Doña Marina otra mus eficaz : a saber, que 
si querían oponerse al intento de aquellos estrangeros, en vez de 
aliarse con los Totonaques contra los Megicanos, se unirían con los 
Megicanos contra los Totonaques, y en este caso sería inevitable su 
ruina. Esta razón cntibfo el primer ardor del celo del gefe Cempoa* 
les, y sien do ma s poderoso en su animo el miedo de los Megicanos 
que el de subieses, dijo a Cortés que hiciese lo que le agradase pues 
él no tenia bastante valor para poner sacrílegamente las manos en los 
simulacros de sus divinidades. Apenas tubieron el permiso los Espa- 
ñoles, cuando cincuenta soldados, subiendo upresuradomente a la parto 
superior del templo, arrebataron los Ídolos de los altares, y los arroja- 
ron por las escaleras. Los Totonaques entretanto, llorando a lagríma 
viva, y cubriéndose los ojos por no ver aquella profanación, rogaban 
con voz doliente a sus dioses que no castigasen en la nación la teme- 
ridad de aquellos estrangeros ; pues ellos no podian im|>edirla, sin ser 
sacrificados al furor de los Megicanos. Sin embaigo, algunos, o me- 
nos cobardes, o mas celosos del honor de sus númenes, se disponían a 
tomar venganza de los Españoles, y hubienm venido a las manos, si 
estos no se hubieran apoderado del señor Cempoales, y de cinco de 
los principales sacerdotes, y amenazándoles con la muerte, no los hu- 
bieran obligado a comprimir el impeto de sus compatriotas. 



26 HISTORIA ANTIGUA DK MKGICO. 

Después de una acción tan osada, en la que no tubo parte la pru- 
dencia, mandó Cortés a los sacerdotes que quitasen de su vista, y 
arrojasen al fuego los fragmentos de los Ídolos. Fué prontamente 
obedecido, y lleno entonces de jubilo, como si al aniquilar los ídolos, 
hubiera destruido la idolatría, y estírpado en aquellos pueblos la supers- 
tición, dijo al señor de Cempoala que aceptaba de buena voluntad las 
ocho doncellas que le ofrecía ; que de entonces en adelante miraría a 
los Totonaques como sus amigos, y hermanos, y que en todas sus 
necesidades los ayudaría contra sus enemigos ; que pues ya no debían 
ser adoradas aquellas detestables imágenes del demonio, quería colocar 
en el mismo templo la de la madre del verdadero Dios, afin de que la 
reverenciasen, e implorasen su protección. Entró en seguida en un 
largo razonamiento sobre la santidad de la Religión Cristiana, y 
cuando lo hubo concluido, mandó a los albafiiles Cempoaleses quitasen 
de las paredes del templo aquellas horrorosas manchas de sangre 
humana que se conservaban como trofeos de su inhumano culto, y que 
las puliesen, y blanqueasen. Después mandó construir un altar, al 
uso de los Cristianos, y colocó sobre ól la imagen de María Santísima. 
Cometió al cuidado de cuatro sacerdotes Cáinpoaleses el nuevo 
santuario, encargándoles que estubiesen siempre aseados, y vestidos de 
blanco, en lugar del triste ropage negro de que usaban, por causa de 
su ministerio. A fin de que nunca faltasen luces delante de aquella 
sagrada imagen, les enseñó el uso de la cera que las abejas trabajaban 
en sus montañas, y para que en el tiempo de su ausencia no fuesen 
repuestos los ídolos, ni profanado de ningún modo el santuario, dejó 
en él a uno de sus soldados, llamado Juan Torres, que por su avan- 
zada edad era poco útil en la guerra, y que hizo a Dios el sacrificio 
de permanecer entre aquellos infieles, para promover su culto. Las 
ocho doncellas, después de haber sido suficientemente instruidas, 
recibieron el santo bautismo, tomando el nombre de Doña Catalina, 
la sobrina del señor de Cempoala, y el de Doña Francisca, la hija 
de Cuejco, uno de los principales señores de aquella nación. 

De Cempoala volvió Cortés a la nueva colonia de la Vera Cruz, 
donde tubo el consuelo de reforzar su pequeño egercito con dos capi- 
tanes, y diez soldados que llegaron de Cuba, a los que se agregaron, 
de alli a poco, otros seis hombres, que fueron tomados por engaño de 
un buque de la Jamaica. 

Cartas de Cortés y del egercito al rei Católico. 
Antes de emprender el viage a Megico, quiso Cortés dar cuenta a 



ACCIÓN FAMOSA DK CORTÍtS. 

•a fobenso de todo lo que hasta entonces le había ocorrído, y • 
que nit BOtieiaa fueran mejor recibidas, envió todo el oro qae se 
reunido, cediendo su parte, por sugestión del mismo general, cada uno 
do los oficiales, y soldados de la e8{>edic¡on. Cortés en aquella carta 
prevenía al rei contra las tentativas del gobernador de Cuba. Otras 
dos so le escribieron, una firmada por los magistrados de la DiieTa 
colonia, y otra por los principales oficiales de las tropas, y en ellat le 
rogaban que aprobase cuanto habían hecho, y que confírmase los cargos 
de capitán general, y de primer juez, conferidos por los votos de toda 
la armada a Cortés, a quien recomendaban con los mas magníficos 
elogios. Estas cartas, juntamente con el regalo do oro, fueron enviadas 
a Espafia por los dos capitanes Alonso Hernández de Portocarrero, y 
Francisco de Montejo, que se hicieron a la vela el 16 de Julio 
de 1519. 

Acción famosa de Cortés. 
Apenas habían salido aquellos procuradores, coando Cortés, qoe 
siempre tenia ocupada la mente en altos designios, llevó a cabo una 
empresa, que por t^ sola bastaría a dar a conocer su magnanimidad, y 
a inmortalizar su nombre. Para quitar a sus soldados toda esperanza 
de volver a Cuba, y para reforzar su egercito con los marineros de la 
escuadra, después de haber castigado con el ultimo suplicio a dos de 
sus soldados, que maquinaban traición y fuga en uno de los buques, 
y con otras menores penas corporales a tres de sus cómplices, indujo a 
fuenia de razones y ruegos a dos de sus confidentes, y a uno de loe 
pilotos et^firiencs mas se fiaba, a barrenar en secreto uno o doe de 
los buques, y a persuadir a todos que se habían perdido por estar 
agugereados por la broma, manifestándole a él, de un modo públioo, 
que los otros no podían servir por la misma causa, lo que no debia 
parecer estraño, habiendo estado parados tres meses en el puerto. 
Valioso de este engafio para que no se conjurase contra él la gente, 
halliuidose reducida a la necesidad de vencer o morir. Todo se hizo 
como la había dispuesto, y con el oonaeiitiaiieiito de todo el egercito, 
después de haber sacado de los vagues las velas, las cuerdas, la ola- 
vaxon, y todo cuanto pedia ser de alguna utiUdad. " Asi fue, diee 
Kobertson, como por un esfuerzo de magnanimidad, que no tiene 
egoroplo en la historia, quinientos hombres convinieron volnntari*> 
mente en encerrarse en un país enemigo, lleno de naciones poderosas, 
y desconocidas, cerrados todos los caminos a la faga, y sin otro recorso 
que su valor y su perseverancia." Yo no dudo que la atrevida ea- 



98^ HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

presa que Cortés meditaba hubiera sido del todo imposible a no habes 
tomado aquella resolución, pues los soldados, a vista de los grandes 
ostaculos que a cada paso encontraban, hubieran esquivado el peligro 
con la fuga, y el mismo general se hubiera visto obligado a seguirlos. 

Viage de los Españoles al pais de los Tlascaleses. 

Libre de estas inquietudes, ratificada la alianza con los Totonaques, 
y dadas las ordenes convenientes para el adelanto, y la seguridad de 
la nueva colonia, pensó Cortés en hacer su viage a Megico. Dejó en 
la Vera Cruz cincuenta hombres, al mando del capitán Juan de 
Escalante, uno de los mejores oficiales del egercito, encargó a los 
Cempoaleses que ayudasen a los Españoles a concluir la fortaleza, y 
que les suministrasen los viveres necesarios, y se puso en camino el 
16 de Agosto, con cuatrocientos quince peones Españoles, diez y seis 
caballos, doscientos Tlamama, u hombres de carga, para el trans- 
porte de los bagages, y de la artillería, y con algunas tropas Totonaques, 
entre las cuales iban cuarenta nobles, que Cortés tomó consigo, o como 
ausiliares para la guerra, o como rehenes de aquella nación. Los 
tres principales se llamaban, según algunos autores, Teuch, Mamegh 
y Tamalli. 

Encaminóse por Talapan y Tejotla, y después de haber atravesado 
con suma fatiga algunas montañas desiertas, y donde el aire era en 
estremo rígido, llegó a Jocotla*, ciudad considerable, y con buenos 
edificios, entre los cuales se alzaban trece templos, y el palacio del 
señor, construido de cal, y canto, compuesto de un gran numero do 
buenas salas y cámaras, y que era la fabrica mas completa que los 
Españoles hablan visto hasta entonces en el Nuevo Mundo. Tenia 
el rei de Megico en aquel pueblo, y en los caseríos que de él depen- 
dían, veinte mil vasallos, y cinco mil Megicanos de guarnición. 
Olintetl (que asi se llamaba el señor de Jocotla) salió a recibir a los 
Españoles, y los alojó cómodamente en la ciudad : pero en el sumi- 
nistro de viveres se mostró al principio algún tanto escaso, hasta que 
por los informes de los Totonaques, adquirió una idea mas ventajosa 
de su valor, y de la fuerza de sus armas, y de sus caballos. En la 
conferencia que tubo con el general Español, uno y otro ponderaron a 
porfía la grandeza, y el poder de sus respectivos soberanos. Cortés 
exigía inconsideradamente que aquel señor prestase obediencia al rei 

* Bernal Diaz y Solis llaman a esta ciudad Zocollan, lo que puede inducir a 
error a los lectores, pues seria fácil confundirla con la de Zacatlan, situada a 
distancia de treinta millas de Tlascala, acia el Norte. 



VIAOR A TLASCALA. W 

Cntolico, y diese nl^nna cantidad do oro, en reconocimiento de vniw- 
\\agt\ " Tengo mucho oro, respondió Oüntotl, pero no quiero darlo 
sin consentimiento espreso de roí reí." " Yo haré dentro de poco, 
respondió Cortés, que os mando darme el oro, y cuanto poseéis." 
•* Si asi lo manda, rcjinso Olintetl, no solo os daré el oro, y todo 
cuanto posí'o, si no también mi persona." Pero lo que no pudo 
obtener Cortés de aquel señor con sus amenazas, lo consiguió de la 
liberalidad de dos personages de aquel valle, que fueron a visitarlo a 
Jocotla, y le presentaron algunos collares de oro, y siete u ocho 
esclavas. Hallóse perplejo Cortés sobre el camino que debia tomar 
paní llegar a Megico. El señor de Jocotla, y los comandantes de la 
guarnición Megicana, le aconsejaban que se encaminase por Cholula : 
pero él creyé mas seguro el dictamen de losTotonaqaes, que preferíaii 
pasar por Tlaacala : y en efecto hubiera perecido en Cholula con toda 
su tropa, si hubiese ido allí en derechura, como se inferím de lo que 
después diré. Para obtener de los Tlascaleses el permiso de pasar 
por su pais, envié al senado cuatro mensageros, de los mismos Cem- 
poaleses que lo acompañaban : mas estos como luego veremos, no 
hicieron la propuesta en nombre de los Españoles, si no en el de los 
Totonaques, o porque asi se lo mandó el general Español, o por que 
a ellos les pareció mas conveniente. 

De Jocotla pasó el egercito a Iztacmajtitlan, cuya población se 
estendia por diez o dice millas, en dos filas no interrumpidas de casas 
edificadas sobre las dos margenes de un riachuelo, que corre por 
m(>dio d^ouel largo, y estrecho valle. La ciudad, que propiamente 
tenia aqueinombre, y que se componía de bellos edificios, y de una 
población de cerca de seis mil almas, ocupaba la cima de un monte 
alto, y escabroso, cuyo señor fue uno de aquellos dos personages que 
visitaron y regalaron a Cortés en Jocotla. A la natural aspereza del 
sitio, habia añadido el arte buenas murallas, con sus barbacanas, y 
fosos*, pues siendo aquella plaza fronteriza de los Tlascaleses, estaba 
mas espuesta a sus invasiones. Allí fueron mui bien acogidos, y 
regalados los Españoles. 

Alteraciones de io$ TlascaUse». 
Entre tanto se ventikba en el senado de Tlascala su solicitud. Toda 
aquella gran ciudad se habia alterado con la noticia de la llegada de 
los estrangeros, y especialmente con los pormenores qae dieron los 

* Cortés en sus cartas compara «quelU fortdesa » las mejores de España. 



90 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

mensageros Cempoaleses, de su aspecto, y de su valor, del tamaño de 
sus buques, de la agilidad, y violencia de sus caballos, y del espantoso 
tronido, y fuerza destructora de su artillería. Regian a la sazón 
aquella república Gicotencatl, señor del cuartel deTizatlan, Magijcatzin, 
señor de Ocotelolco, general de las armas de la república, Tlehuejo- 
lotzin, señor de Tepeticpac, y Citlalpopocatzin, señor de Quiahuiztlan. 
Los Cempoaleses fueron cortesmente recibidos, y alojados en la casa 
destinada para morada de los. embajadores*, y después que reposaron y 
comieron se les introdujo en la sala del senado, para esponer su 
mensage. Alli, después de haber hecho una profunda inclinación, y 
todas las otras ceremonias acostumbradas en semejantes casos, uno de 
ellos tomó la palabra, y dijo : " Mui grandes, y valientes señores, los 
dioses os den prosperidad, y victoria contra todos vuestros enemigos. 
El señor de Cempoala, y con él toda la nación de los Totonaques os 
saludan, y os hacen saber que de parte de Levante han llegado a 
nuestro pais en unos grandisimos barcos, ciertos héroes fuertes, y 
sumamente valerosos, con cuyo ausilio venimos a libertaros del tirá- 
nico dominio del rei de Megico. Ellos dicen que son subditos de un 
poderoso monarca, en cuyo nombre quieren visitaros, ofreciéndose a 
daros noticia del verdadero Dios, y a prestaros ayuda contra vuestro 
antiguo, y capital enemigo. Nuestra nación, por la estrecha amistad 
con vuestra república, que constantemente ha cultivado, os aconseja 
que recibáis como amigos a estos héroes, los cuales, aunque pocos, 
valen por muchos." Magijcatzin les respondió en nombre del senado, 
que daban gracias a los señores Totonaques por la noticif»^ y por el 
consejo, y a los valientes estrangeros por el socorro que se ofrecian a 
prestarles : mas que se necesitaba algún tiempo para deliberar sobre 
un punto de tanta importancia; que entre tanto se restituyesen a su 
alojamiento, donde serian tratados con la distinción que correspondía 
a su nacimiento, y a su carácter. Retiráronse los mensageros, y el 
senado quedó en deliberación. 

Magijcatzin, que gozaba del aprecio general, por su benignidad, y 
por su prudencia, dijo que no se debia desechar aquel consejo, pues 

* Bemal Diaz del Castillo dice que los mensageros fueron dos, y que inmedia- 
tamente después de su llegada a Tlascala fueron puestos en la cárcel : pero el 
mismo Cortés que los envió afirma que eran cuatro, y del contesto de su relación 
se infiere que Bernal Diaz no tubo buenos informes acerca de lo que ocurrió en 
Tlascala. La narración de este escritor, contraria a la de los otros historiadores 
Españoles e Indios, ha inducido en error a muchos escritores modernoá, y entre 
ellos a Robertson. 



ALTERACIÓN BR OB LOS TLASGALRSRS. 

lo datMO unos amigos tan fióles, y tan contrarios al gran ei 
la repobiica; que aquellos estraogeros, seguo lo que de ellos 
los Cempouleses, parecian ser los héroes, que según su tradición, 
dcbian llegar a aquellos países ; que los terremotos que poco antes 
80 hahian sentido, el cometa que a la sazón se dejaba ver en el cielo, 
y otros semejantes sucesos de aquellos últimos años, eran indicios de 
acercarse el cumplimiento de la referida tradición ; que si los estran- 
geros eran inmortales, en vano seria hacerles resistencia, y oponerse 
a su entrada : " nuestra oposición, dice, podría ocasionar daños gra- 
vísimos, y para el reí de Megico seria motivo de maligno placer, el 
ver introducidos por fuerza en la república a los que no queremos 
aceptar de buena voluntjid, por todo lo cual es mí opinión que se 
deban recibir amigablemente." £lsta opinión fue acogida con aplauso, 
pero la contradijo inmediatamente Gicotencatl*, anciano de gran au- 
toridad por su larga practica en los negocios civiles, y militares. 
" Nuestras leyes, dijo, nos mandan dar acogida a los estrangeros : 
mas no a los enemigos que puedan ser perjudiciales al estado. Estos 
hombres, que pretenden entrar en nuestra ciudad, mas parecen mon- 
struos arrojados por ti mar, no pudiendo ya sufrirlos en su seno, que 
dioses bajados del cielo como neciamente se imaginan algunos. ; £s 
posible que sean dioses los que buscan con tanta avidez el oro y los 
placeres I \ Y qué no debemos temer de ellos, en un país tan pobre 
como el nuestro, que hasta de sal carece para el condimento de nnea* 
tros manjares! Agravio hace al valor de la nación quien la cree 
capaz de ser vencida por unos pocos estrongetos. Sí son mortales, 
las armas d^ros Tlascaleses lo harán ver al mundo ; y sí son inmor- 
tales, tiempo tendremos de aplacar con obsequios su enojo, y de im- 
plorar con el arrepentimiento su perdón. Rechacemos pues su de- 
manda, y sí quieren entrar por fuerza, sea reprimida con las armas 
su temeridad." Esta contrariedad de opiniones entre dos persooi^pes 
de tanto respeto, dividió los ánimos de los otros senadores. Los que 
eran inclinados al comercio, y estaban acostumbrados a la vida paci- 
fica, se agregaron al parecer de Magijcatzin, y los militares abrazaron 
el de Gicotencatl. Temiloltecatl, uno de los senadores* sugirió un 

* SoBs «tribuye al joven Gicotencatl el nsanamisnto de tu anctaao padre, 
pero yo doi mas crédito a los autores aatigoos que estubkron informados por los 
roidmos Tlascaleses. 

t Herrera y Torquemada dicen que Temiloltecatl era uno de los cuatro sefio> 
res de Tlascala : pero de Us memorias de Camargo, y de otms Thscalsscs, j 
aun de lo que dice el mismo Torquemada se infiere claramente que los cuatro 



82 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

arbitrio para conciliar ambos dictámenes. Propuso que se enviase 
al gefe de aquellos estrangeros una respuesta cortés y amigable, con- 
cediéndole el permiso de entrar en el territorio de la república : pero 
que al mismo tiempo se diese orden a Gicotencatl el joven, de salir 
con las tropas Otomites de la república, a cerrarles el paso, y a probar 
sus fuerzas. , *' Si quedamos vencedores, dijo, sera inmortal la gloria 
de nuestras armas : si somos vencidos, echaremos la culpa a los Oto- 
mites, y daremos a entender que emprendieron la guerra sin nuestra 
orden*':" artificio politico, que se practica mui frecuentemente en el 
mundo, y especialmente por las naciones cultas, pero no menos con- 
trario a la buena fe que se deben entre si los hombres. Acepto el 
senado el consejo de Temiloltecatl : pero antes de despedir a los 
mensageros con la respuesta, dio a Gicotencatl las ordenes conve- 
nientes. Este era un joven intrépido, enemigo del reposo, y aficio- 
nado en demasía a la gloria militar : por lo que aceptó con gusto 
un encargo que le daba ocasión de lucir su esfuerzo, y su arrojo. 

Cortés, después de haber aguardado ocho dias la respuesta del 
senado, creyendo que aquella tardanza seria efecto de la lentitud que 
suele afectar la magestad de los potentados, y ^o dudando por esto 
lo que los Cempoaleses le decian, que sería bien recibido por los 
Tlascaleses, salió de Iztacmajtitlan con todo su egercito, que ademas 
de los Totonaques, y de los Españoles, se componía de un compe- 
tente numero de tropas Megicanas de la guarnición de Jocotla, y 
marchó en buen orden como solia, hasta la muralla, que por aquella 
parte separaba los estados de Megico y Tlascala. E sta j rran forta- 
leza, cuya descripción, y medidas he dado, hablando del arte militar 
de aquellos pueblos, habia sido construida por los Tlascaleses, para 
defenderse de sus antiguos enemigos por la parte de Levante f, y 
con el mismo obgeto habían hecho fosos y trincheras por la de Po- 
niente. La salida del muro, que siempre estaba guardada por tropas 

señores eran los que he nombrado en el testo. Quizas podría concillarse esta 
anomalía suponiendo que Tlehuejolotzin se llamaba ademas Temiloltecatl, como 
también tenia el nombre de Tezcacalteuctli, pues sabemos que muchos personas 
tenían dos y tres nombres. 

* Ya he dicho que muchos Otomites se habían refugiado a Tlascala para sus- 
traerse al dominio de los Megícanos, y que hacían servicios importantes a la re- 
pública. 

t De lo que dígeron los Megícanos a Cortés acerca de la muralla podría infe- 
rirse que fueron ellos los que la fabricaron : pero no tiene duda que fueron los 
Tlascaleses. 



\ 



AI.TICKAí-IOM.S i)K l.OH TLAÍ|0ALB8Bf(. 88 

OtomitcH, «O ball6, no té por qné, enteramente abandonada en aquella 
importante ocasión, de modo que las tropas Españolas entraron sin 
inconveniente en el territorio de la república, lo que de otro modo no 
hubieran podido hacer, sin derramar mucha snngrc. 

Aquel mismo dia, que fuo el 31 de Agosto, se dejaron ver al- 
gunos Indios armados, y queriendo alcanzarlos la caballería de des- 
cubierta, para tener por ellos algunos datos de la resolución del se- 
nado, fueron muertos dos caballos, y heridos otros tres, y dos hom- 
bres : perdida ciertamente grande para una caballería tan reducida. 
Presentóse en seguida una fuerza, que parecia como de cuatro mil 
hombres, contra los cuales se avanzaron los Españoles, y los aliados, 
y mui en breve los pusieron en derrota, quedando muertos ochenta 
Otomites. Do alli a poco llegaron dos de los mensageros Cem- 
poaleses, con algunos Tlascalcscs*. los cuales cumplimentaron a 
Cortés en nombre del senado, y le hicieron saber el permiso que se 
le concedía de ir con su egercito a Tlascala, manifíestandolc al mismo 
tiempo que los hostilidades cometidas hasta entonces habian sido culpa 
de los Otomites, y ofreciéndose a pagarle los caballos muertos. Cortés 
fingió dar crédito a ^u mensage, y manifestó su gratitud al senado. 
Los Tlascaleses se despidieron, y retiraron del campo sus muertos 
para quemarlos. Cortés mandó enterrar los dos caballos, para evitar 
que con su vista se animasen los enemigos a cometer nuevas hos- 
tilidades. 

Al diu siguiente marchó el egercito hasta la proximidad de unas 
montañas, entre las cuales había unos borrancos. Alli lo alcanzaron 
los otros ¿^^pensageros Cempoaleses, que habían quedado en Tlas- 
cala, bañados de sudor, y de lagrimas, y maldiciendo la perfidia y la 
crueldad de los Tlascaleses, pues violando el derecho de gentes, los 
habian maltratado, y aprisionado, destinándolos pora el sacrificio, del 
que se habian libertado, habiendo tenido la fortuna de poderte 
desatar uno a otro. Esta relación era ciertamente falsa, pues era 
imposible que se libertasen por si las victimas, tanto por la estreches 
de las jaulas en que las tenían, cuanto por la vigilancia de las guar- 

* Bemal Díaz dice que los príroeroa metuageros CcmpoalcMs rolricroD • 
Cort^ antes de haber entrado este en el pus de Tlascala : pero Cortos afirma lo 
contrario. En cuanto a la relación de los otros dos que quedaron rn Tlascala, 
aunque casi todos los h¡j«toríadores Españoles le han dado fe, es enteramente in- 
creíble por las razones dadas en el testo. Robertson hace algunas coofetoras 
para darle rerosimilitud ; pero no convencen. 

TOMO 11. O 



34 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

(lias que las custodiaban ; ademas que no habia egemplo de haber 
faltado los Tlascaleses al respeto debido al carácter de los embaja- 
dores, y mucho menos siendo estos de una nación tan estrechamente 
unida con ellos por los vinculos de la amistad. Lo que parece mas 
verosimil es que el senado, después de haber despedido los primeros 
mensageros, entretubo a los otros dos, para despacharlos cuando 
hubiesen sido probadas las fuerzas de los Españoles, y que ellos im- 
pacientes de volver al egercito, se fugaron ocultamente, y procuraron 
justificar su resolución con aquel pretesto. 

Guerra de Tlascala. 
Apenas habian terminado los Cempoaleses su relación, cuando se 
dejó ver una hueste de cerca de mil Tlascaleses, los cuales, luego que 
descubrieron a los Españoles, empezaron a tirarles, flechas, piedras, 
y dardos. Cortés, después de haberles protestado delante del notario 
regio del egercito, y por medio de tres prisioneros, que no venia con 
intenciones hostiles, rogándoles al mismo tiempo que no lo tratasen 
como a enemigo, viendo que sus reconvenciones eran inútiles, dio 
orden de rechazarlos. Los Tlascaleses se retiraron, atrayendo a los 
Españoles a los barrancos de que he hecho mención, donde no 
podían manejar sus caballos, y donde los esperaba un gran egercito*. 
Alli se dio un encuentro terrible, en que los Españoles se creyeron 
perdidos: pero reunidos en el mejor orden que pudieron, y animados 
por las exortaciones, y el egemplo de su general, se desembarazaron 
de aquel peligro, y entrando en la llanura, hicieron tan gran estrago 
en los enemigos con la artillería, y con los caballos, qi^p¿<, obligaron 
a retirarse. De los Tlascaleses hubo un gran numero de heridos, y 
no poco de muertos. De los Españoles, aunque hubo quince grave- 
mente heridos, solo uno murió al dia siguiente. En esta ocasión 
hubo un famoso duelo entre un capitán Tlascales, y un noble Cem- 
poales, de los que habian ido con el mensage a Tlascala. Los dos 
pelearon bravamente largo rato a vista de arabos egercitos : mas al fin 
venció el Cempoales, que habiendo arrojado al suelo a su contrario, 
le cortó la cabeza, y la llevó en triunfo a los suyos. Celebróse la 

* Bernal Diaz dice que el egercito Tlascales era de cuarenta mil hombres j 
Cortés creyó que pasaba de cien mil : otros escritores dicen treinta mil. Es 
dificil conocer a ojo el numero de hombres de un egercito, sobre todo no obser- 
vando esté el orden de la milicia Europea. Por no esponerme a errar me con- 
tento con decir que el egercito era grande. 



nUKRRA DR TLASOALA. W 

victoria con aclamaciones, y con musica militar. El hIiIo eo ^pt9 
se dio afta batalla le llamaba Tcoatzinco, es decir lugar del agw 
divina. 

Aquella noche acampó el egercito Español en ana colina* en que 
habin nnn torre, a distancia de cerca do diez y ocho millas de In capi- 
tal do Tloscala. Construyéronse barracas para comodidad do las 
tropas, y se hicieron trincheras para su defensa. AUi estubo el campo 
de los Españoles hasta la paz con aquella república. 

Cortés para obligar con sus hostilidades a los Tiascaleses a recibir 
la paz, y la amistad que les ofrocia, salió el tres de Septiembre con 
su caballería, cien peones Españoles, cuatrocientos Cempoulescs, y 
trescientos Mcg^canos de la guarnición de Iztacmajtitlan, quemó cinco 
o sois caseríos vecinos, o hizo cuatrocientos prisioneros, los cuales, 
después de haberlos obsequiado, y regalado, puso en libertad, encar- 
gando a los principales de entre ellos que fueran de su parte a 
ofrecer la paz a los caudillos de su nación. Estos ñieron en dere- 
chura a Oicotencatl el joven, el cual estaba acampado con un gran 
egcrcito, a seis millas de distancia de aquella colina. El orgulloso 
Tlascales respondicaque, si los Españoles querían tratar de paz, se 
encaminasen a la capital, donde serían victimas consagradas a sus 
dioses, y sus carnes, manjar de los Tiascaleses ; que por su parte, al 
día siguiente les enviaría una persona con la respuesta decisiva. Esta 
resolacion notificada a los Españoles, por los mismos mensageros, los 
puso en tanta consternación, que pasaron la noche preparándose a la 
muerte con U confesión sacramental, sin descuidar por esto las pre* 
cauciones^^sarías a su defensa. 

Al dia siguiente, 5 de Septiembre, se presentó el egorcito Tlas- 
cales, no menos terríble a la vista por su innumerable muchedumbre*, 
que hermoso por In varíedad de penachos, y otros adornos militares 
que ostentaban los guerreros. Dividiase en cinco huestes de diez 
mil hombres cada una ; llevaban estas sus respectivos estandartes, y a 
retaguardia, según el uso de aquellas naciones, venia la insignia coman 

* Cortés dice que el egercito Tlascales era de mas de 149,000 hombre* { Bemal 
Diax asegura, como cosa areri^iada, y sabida, <|ue coostaba de 50,000, «to e» 
10,000 de Magijcatzin, 10,000 de Oicotencatl, 10.000 de Tlehuejolotzin, 10,000 
de Chichimeca-tcuctli, uno de lo:t señores principales de aquella república, y 
10,(XX) de TeqMuiecat], sc6or de Topojanco, ciudad cotuiderablc de la misma. 
Estos nombres fueron sin embargo muí alterados por aquel escritor. Su calculo 
parece véhmmil: el que se lee en las cartas de Cortés pudo ser error de im- 
prenta. 

d2 



36 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

y principal de la república, que como ya he dicho, era un águila de 
oro, con las alas estendidas. El arrogante Gicotencatl, para dar a 
entender el poco caso que hacia de los Españoles, y que no quería 
vencerlos por hambre, sino con las armas, y con el valor, les envió un 
regalo de trescientos pabos, y doscientas canastas de tamalli, exor- 
tandolos a restaurar sus fuerzas para la batalla. De alli a poco des- 
tacó dos mil hombres animosos, para que asaltasen el campamento de 
los Españoles. Este asalto fue tan violento, que forzando las trin- 
cheras, entraron en el campo, y combatieron cuerpo a cuerpo con los 
Españoles. Los Tlascaleses hubieran conseguido la victoria en aquella 
ocasión, tanto por el numero superior de sus tropas, cuanto por su 
valor, y la cualidad de sus armas, que eran picas, espadas, y dardos 
de dos, y tres puntas, si la discordia sucitada entre ellos, no hubiera 
facilitado el triunfo a sus enemigos. El hijo de Chichimeca-teuctli, 
que mandaba el cuerpo de tropas de su padre*, habiendo sido inju- 
riado de palabras por el arrogante Gicotencatl, se indignó de tal modo, 
que lo desafió a combate singular, que decidiese de su valor, y de 
su suerte, y no pudiendo obtener de él aquella satisfacción, para ven- 
garse de algún modo, retiró del campo las tropas que estaban bajo 
sus ordenes, e indujo a TIehuejolotzin a que hiciera lo mismo. Apesar 
de tan gran disminución del egercito, la batalla fue ostinada, y san- 
grienta. Los Españoles, después de haber rechazado valerosamente 
las tropas que hablan asaltado su campamento, marcharon en orden 
de batalla contra el cuerpo del egercito Tlascales. Los estragos que 
hacia en su agolpada muchedumbre la artillería, no bastaban a hacer- 
les volver la espalda, ni impedían que se llenasen prí!?r5inente los 
vacies que los muertos dejaban; antes bien con su firmeza e intrepidez 
hablan puesto en confusión, y derrota a los Españoles, no ostante los 
gritos, y reconvenciones de Cortés, y de sus capitanes. Finalmente 
después de cuatro horas de combates volvieron victoriosos los Espa- 
ñoles a su campo, aunque no cesaron los Tlascaleses de molestarlos 
en el curso de aquel mismo dia. De los Españoles faltó un solo 
hombre, y fueron heridos sesenta, y todos los caballos. Los Tlasca- 
leses tubieron muchos muertos, pero no se vio un solo cadáver, por la 
suma diligencia, y prontitud con que los retiraban del campo de 
batalla. 

Disgustado Gicotencatl de aquella espedicion, hizo consultar a los 

* Solis dice que Chichimeca-teuctli era aliado de la república ; pero se engaña, 
pues sabemos por todos los historiadores que era uno de los principales señores 
de ella. 



b 



NURVA BMBAJAOA DB MOTBUOZUMA. 87 

iuliv¡no8 de Tlascala, y estos respondieron que aquellos estran^eroi 
como hijos quo eran del sol, no podian sor vencidos durante el dia ; 
pero cuando llegaba la noche, y les faltaba el calor de aquel planeta, 
les faltaban también las fuerzas para defenderse. £n virtud de aquel 
oráculo, resolvió el general dar de noche un asalto al campamento de 
los Españoles. Entretanto Cortés salió de nuevo para hacer hostili- 
dades en los pueblos inmediatos, de los cuales quemó diez, y entre 
ellos uno do tres mil vecinos, y se volvió con algunos prisioneros. 

Gicotencatl, para no errar el golpe que meditaba, quiso informarse 
de las disposiciones, y de las fuerzas del campamento de los enemigos. 
Envió para esto cincuenta hombres a Cortés, con un regalo, y con 
espresiones de benevolencia, y de urbanidad, encargándoles al mismo 
tiempo que observasen atentamente la disposición interior de aquel 
sitio ; mas no pudieron hacerlo con tanto disimulo, que no lo echase 
de ver Teuch, uno de los tres principales Cempoaleses, el cual dio 
parte inmediatamente a Cortés de sus sospechas. Este general, 
habiendo llamado aparte a algunos de los mensageros, los obligó con 
amenazas a declarar que Gicotencatl pensaba dar el asalto la noche 
siguiente, y que ellos habian sido enviados para averiguar el punto 
por donde seria mas fácil la entrada. Cortés, óida su confesión, les 
hizo cortar las manos a todos cincuenta, y los mandó a su gefe, encar- 
gándoles hacerles saber, que viniese de dia o de noche a su campo, les 
haría conocer que eran Españoles ; y pareciendole aquella ocasión 
favorable para lar batalla, antes que los enemigos estubiesen aperci- 
bidos al f.!i^^, salió al anochecer con un buen numero de tropas, y 
con sus caballos, a los que hizo poner campanillas en los pretales, y 
marchó al encuentro de los enemigos, que ya se encaminaban acia el 
campamento. La vista del castigo egecutado en los espías, y el ruido 
de las campanillas en el silencio, y en la oscuridad do la noche, inspi- 
raron tanto miedo a los Tlascaleses, que inmediatamente echaron a 
huir, y el mismo Gicotencatl volvió lleno de confusión, y vergveoza a 
la capital. Tomó de alli ocasión Magijcatzin para inculcar su primer 
sentimiento, añadiendo a las razones que ya habia espuesto la esperi- 
encia fanesta de tontas acciones perdidas : lo que bastó a mover el 
animo de todo el senado a la paz. 

Nueva ewht^ada y regalo* de Motéuczoaut. 
Mientras se ventilaba este negocio , en Tlascala, se consultaba en 
Megico sobre lo que debía hacerse con aqoeOos estraogeros. Mo- 
teucxoma, noticioso de las victorías de los ^spalíoles, y tcmieado mi 



38 HISTORIA ANTIGUA Dfi MEGICO. 

confederación con los Tlascaleses, llamó al rei de Tezcuco, su sobrino, 
al principe Cuitlahuatzin, y a otros consegeros, les espuso el estado 
de las cosas, les descubrió sus temores, y les pidió su parecer, sobre 
el partido que le convendría tomar en tan arduas circunstancias. El 
rei de Tezcuco se mantubo en su primer parecer ; esto es, que los 
estrangeros fuesen magnificamente tratados por donde quiera que 
pasasen ; que fuesen benignamente admitidos en la capital, y se diese 
oidos a sus proposiciones, como a las de cualquier vasallo, mostrando 
siempre el rei su superioridad, y guardando aquel decoro que convenia 
a la magestad del trono ; que si llegaban a maquinar contra la per- 
sona del rei, o contra la seguridad del estado, se empleasen contra 
ellos la fuerza, y la severidad. El principe Cuitlahuatzin repitió lo 
que habia dicho en la otra conferencia : que no era conveniente ad- 
mitir a los estrangeros en la capital; que se enviase a su gefe un buen 
regalo, y que se le preguntase qué era lo que deseaba de aquel pais 
para el gran señor en cuyo nombre venia, y se le ofreciese la amistad, 
y la buena correspondencia de los Megicanos ; pero que al mismo 
tiempo se le hiciesen nuevas instancias para que regresase a su patria. 
De loe consegeros, unos abrazaron el dictamen del rei de Tezcuco, y 
otros el del señor de Iztapalapan, al que se mostró mas inclinado 
Moteuczoma. E&te desventurado rei no hallaba por todas partes si 
no obgetos, y motivos de temor. La inminente confederación de los 
Tlascaleses con los Españoles, lo ponia en suma inquietud. Por otra 
parte recelaba de la alianza de Cortés, con el principe Ijtliljochitl, su 
sobrino, y su enemigo jurado, el cual desde que conspir^|ji«f.jtra el rei 
de Tezcuco, su hermano, no habia dejado las armas, y a la sazón se 
hallaba eu Otompan, a la cabeza de un egercito formidable. Aumen- 
taba sus temores la rebelión de algunas provincias, que habían seguido 
el egemplo de los Totonaques. 

Envió pues seis embajadores a Cortés con mil trages curiosos de 
algodón, y una buena cantidad de oro, y hermosas plumas, encargán- 
doles que le diesen la enhorabuena por sus victorias, y le ofreciesen 
mayores regalos si desistia del viage a Megico, representándole las 
dificultades del camino, y otros ostaculos que no podian ser superados 
fácilmente. Partieron los embajadores con un séquito de mas de 
doscientos hombres, y llegados al campo de los Españoles egecutaron 
puntualmente lo que se les habia mandado. Cortés los recibió con 
los honores debidos a su carácter, y les manifestó cuan agradecido 
estaba a la bondad de tan gran monarca; pero los entretub o con varios 
pretestos, esperando que se empeñase algún encuentro con los Tías- 



PAZ CON L08 TLA8CALB8B8. 89 

caloors, que acrediüiso a los MegicaDos el valor de sus tropa«, y la 
flupcriorídad de las iirmaa Europeas, o que hecha la pax con la rop«- 
biica, fuesen testigos de la seTorídad con que pensaba reconvenir a los 
Tluscaleses por su ostinacion. En efecto, no tardó en presentarse la 
ocasión que tonto deseaba. Tres batallones enemigos atacaron el 
campamento Español con ahuUidos espantosos, y con una tempestad 
de dardos, y flechas. Cortés, apesar de haber tomado aquel día un 
purgante, montó a caballo, y salió intrépidamente contra lo» Tlasca- 
leses, a los que derrotó, sin mucho esfuerzo, a vista de los embaja> 
dores. 

Paz y confederación con lo» Tíascaleses. 

Persuadidos al fin los partidarios del viejo Gicotencatl que no con- 
venia a la república la guerra con los Españoles, y temiendo ademas 
que estos se aliasen con los Megicanos, resolvieron de común acuerdo 
hacer la paz, y tomaron por mediador de ella al mismo que había sido 
general en la guerra. Gicotencatl, aunque al principio reusó aquel 
encargo, por la vergüenza que tenia del éxito infausto de la campaña, 
se vio obigado al fíi» a aceptar la comisión. Pasó pues al campo de 
los Españoles, con una noble y numerosa comitiva, saludó a Cortés 
en nombre de toda la república, se escnsó de las hostilidades, con el 
pretesto de haberlo creido aliado de los Megicanos, tanto por causa 
de los soberbios regalos que se le hablan enviado de Megico, como 
por el gran numero de gente de aquella nación que traia consigo, pro- 
metió una paz firme, y una alianza eterna entre Tlascaleses, y Espa- 
ñoles, y i^^rcsentó un poco do oro, y algunas cargas de ropas de 
algodón, escusando la pequenez del regalo con la pobreza de su país, 
efecto de la guerra perpetua con los Megicanos, que impedian su 
comercio con las otras provincias. Cortés no omitió ninguna demos- 
tración de respeto para con Gicotencatl ; fingió quedar satisfecho de 
sus escusas ; pero exigió que la paz fuese sincera y durable, pues si 
llegaban a romperla, tomarla de ellos tan terrible venganza, que ser- 
viría de egemplo a las otras naciones. 

Hecha la paz, y despedido Gicotencatl, hizo Cortés cel^nrar el 
siuito sacrificio de la misa, en acción de gracias al Altísimo. Fácil ea 
de imaginarse el disgusto cOn que verían los embajadores Megicanos 
aquel convenio. Quejáronse a Cortés, y le echaron en cara s« 
demanada facilidad en dar crédito a las promesas de n» 
tan pérfidos como los Tlascaleses. Decianle qoe aquetlii 
de paz no tenian otro obgeto qoe inspiraríe confianaa para atraerlo a 



40 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

SU capital, y hacer alli sin peligro lo que no habian podido conseguir 
con las armas en el campo ; que comparase la conducta del senado 
con la del re¡ de Megico. Los Tlascaleses, después de haberles con- 
cedido pacificamente el permiso de entrar en su pais, no habian cesado 
de hacerles la guerra, hasta que conocieron que sus esfuerzos eran 
inútiles. Los Megicanos, por el contrario, no les habian hecho la 
menor hostilidad, antes bien les habian prodigado los obsequios, y los 
servicios, en todos los pueblos de su territorio a donde habian llegado, 
y su soberano les habia dado las pruebas mas relevantes de amistad, 
y benevolencia. Cortés respondió que no creia hacer daño con aquel 
tratado a la corte de Megico, a la cual se manifestaba sumamente 
reconocido, pues su intención era tener paz con todos ; que, por lo 
demás, no temía a los Tlascaleses en caso de que quisieran ser sus 
enemigos ; que para él, y para los otros Españoles tanto valia ser 
atacados en los muros de una ciudad, como en medio del campo; 
tanto de dia como de noche ; que antes bien, por lo mismo que de los 
Tlascaleses le decian, queria ir a su ciudad, para tomar en ella una 
estrepitosa venganza de su perfidia. 

Muí lejos estaban los Tlascaleses de aquella^ deslealtad que les 
imputaban los Megicanos, por que desde el momento en que el senado 
decretó la paz, fueron siempre los mas fieles aliados de los Españoles, 
como se vera en el discurso de esta historia. Deseaba el senado 
tener a Cortés con todo su egercito en Tlascala, para estrechar la 
mutua amistad de ambas naciones, y para tratar seriamente de la 
confederación contra los Megicanos, y ya los senadores habia enviado 
mensageros a Cortés, convidándolo a tomar alojamiento^S^sus casas, 
pues no podian sufrir que tan ilustres amigos de la república padeciesen 
la menor incomodidad. 

Nuevas embajadas. 
No fue la alianza de los Tlascaleses el único fruto que los Espa- 
ñoles sacaron de sus victorias. En el mismo campo en que habian 
oido a sus embajadores, recibió Cortés a los de la república de 
Huejotzinco, y a los del principe Ijtliljochitl. Los Huejotzinques, 
que habian sido vasallos de la corona de Megico, y enemigos de los 
Tlascaleses, se habian sustraído al dominio de aquella, y confederado 
con estos, que eran sus vecinos, y por esto siguieron su egemplo, 
uniéndose con los Españoles. El principe Ijtliljochitl envió embaja- 
dores a Cortés, para felicitarlo por sus victorias, y para convidarlo a 
seguir su viage por Teotlalpan, donde queria unir sus fuerzas con las 



SUMISIÓN DB TLAflCALA. 41 

de los Etpafiolet, para hacer la guerra ni reí de Megico. Cortés, 
después de haberse informado de la cnlidad, de las pretensiones, y de 
las fueraas de nquel príncipe, aceptó de buena voluntad »u alianza, y 
so ofreció a colocarlo en el trono de Acolhuacan. 

Al mismo tiempo volrio de la capital el embajador Megicano, que 
se esperaba, con un presente de joyas de oro, que importaban una 
soma considerable, y de doscientos preciosos traf^s de plumas, y con 
nuevas instancias de Moteuczoma, para disuadirlo de su viagc a 
Megicp, y de la alianza con los Tlascaleses : inútiles esfuerzos de la 
pusilanimidad do aquel monarca, pues el oro que prodigaba en sus 
regalos a aquellos estrangeros no era otra cosa que el precio con que 
compraba las cadenas que en breve debían esclavizarlo. 

Sumisión de Tlascala al rei Católico. 

Seis dias hablan pasado después de la paz hecha con los Tlascaleses» 
cuando los cuatro gefes de aquella república, para obligar a Cortés a ir 
a su capital, se hicieron llevar en sillas portátiles a su campo, con gran 
acompañamiento. Las demostraciones de jubilo, y respeto fueron 
estraordinarías, por ufka, y otra parte. Aquel ilustre senado, no con- 
tento con ratificar su alianza, prestó obediencia espontáneamente al 
rei Católico ; lo que fue tanto mas agradable a los Españoles, cuanto 
mas cara era a los Tlascaleses la libertad que de tiempo inmemorial 
habian gozado. Quejáronse en términos amistosos de la desconfianza 
del caudillo Español, y con sus ruegos lo indugeron a ponerse en 
camino al dia siguiente paro Tlascala. 

Faltaban ^(cuenta y cinco Españoles de los que se habian alistado ' 
en Cuba, y la mayor parte de los que quedaban, estaban heridos, o 
maltratados, y esto causó tanto desaliento en los soldados, que no solo 
murmuraban del general, sino que le rogaron volviese a la Vera Croa: 
pero Cortés los reconvino, y con eficaces razones de honor, y con so 
propio egemplo de brío, y de constancia en los peligros, enardeció sos 
ánimos, y los dispuso a seguir en la empresa empezada. Contribuyó 
en gran manera a restablecer sus esperansas, la alianza que acababa 
de celebrarse. 

Entrada de lot Españoles en TJascala. 
Los embajadores Megicanos, que Cortés tenia aun consigo, mosaron 
acompañarlo a Tlascala : pero él los persuadió a acompañarlo, prome- 
tiéndoles que a su lado estarían seguros. Superado este oatacolo, 
marchó el egcrcito, con buen orden, y proparado para coalquier 



42 HISTORIA. ANTIGUA DE ME6ICO. 

novedad. En las ciudades de Tecompantzinco, y de Atlihuetzian, 
fue recibido con toda la magnificencia posible, aunque no comparable 
a la de la capital, de la que salieron al encuentro de los Españoles los 
cuatro señores de la república con una bella y numerosa danza de la 
nobleza, y con tan gran muchedumbre de pueblo, que de algunos fue 
estimada en cien mil personas ; numero verosímil, atendida la pobla- 
ción de Tlascala, la novedad que produgeron aquellos hombres estran- 
geros, y la curiosidad que exitaron en los pueblos circunvecinos. En 
todas las calles de la ciudad se hablan formado, según el uso de 
aquellas naciones, arcos de flores y ramas de arboles, y por todas 
partes sonaba una música confusa de instrumentos, y aclamaciones, 
con tan grandes demostraciones de jubilo, que mas parecían celebrar 
el triunfo de la república, que el de sus enemigos. Este dia, tan 
memorable en los anales de Tlascala, fue el 26 de Septiembre de 
1519. 

Era entonces aquella ciudad una de las mas considerables del pais 
de Anahuac. Cortés, en sus cartas a Carlos V, afirma, que en el 
tamaño, en la población, en la calidad de los edificios, y en la abun- 
dancia de las cosas necesarias a la vida, era^superior a Granada, 
cuando fue conquistada a los Moros, y que en su mercado, cuya descrip- 
ción hace, concurrían diariamente hasta treinta mil traficantes. El 
mismo conquistador asegura, que habiendo obtenido del senado un 
censo de la población de la república, en las ciudades, villas, y 
caseríos, resultaron ciento y cincuenta mil casas, y mas de quinientos 
mil habitantes. ,^ 

Habían preparado los Tlascaleses, para los Españolesfy para todos 
sus aliados, un bello, y cómodo alojamiento. Cortés quiso que los 
embajadores Megicanos se alojasen en una habitación próxima a la 
suya, tanto para hacerles honor, cuanto para quitar de sus ánimos 
todo recelo de los Tlascaleses. Los gefes de la república, para dar a 
los Españoles un nuevo testimonio de su sincera amistad, presentaron 
a Cortés, según el uso de aquellos pueblos, trescientas bellas jóvenes. 
Cortés las reusó al principio, alegando que la leí Cristiana condenaba 
la poligamia : mas después aceptó algunas, por no disgustarlos, para 
que sirviesen, y acompañasen a Doña Marma. Apesar de su repulsa, 
volvieron muí en breve a regalarle cinco de la primera nobleza, que 
aceptó para estrechar mas y mas los vínculos de su amistad con la 
república. Estas doncellas, y las otras, fueron prontamente instruidas, 
y renunciando a la superstición de sus padres, recibieron solemne- 
mente el bautismo, en un templo que Cortés mando asear, y com- 



LOS BHPAlVoLBt BN TLASOALA. Ü 

poner, pnraoel«(^ar «o él los sacrosaDtos misterios de imestni Rdifnon. 
Una (le los cinco señonu cm hija drl príncipe Magijcatzin : tomó ea 
el bautismo el nombre de Doña Elvira, y fue dada al capitán Juan 
Velaiiqnes de León. Otra, hija del viejo Giootenoatl, se llamó Doña 
Luisa Techquihuatcin, y se dio al capitán Pedro de Alvarado*, y las 
otras tres se dieron a los capitanes Crístoval de Olid, Oonsalo de 
Sandoval, y Alonso de Avila. 

Estimulado por tan felices principios, quiso Cortés persuadir a los 
gefes de la República y de la nobleza, a detestar su superstición, y 
reconocer al verdadero Dios : mas ellos, aunque convencidos por sus 
razones, confesaron la bondad, y el poder del Dios que adoraban loa 
Españoles, no quisieron rennnriar a sus supuestas divinidades, por- 
que las creían necesarias a la felicidad humana. " Nuestro dios 
Camajtle, decian, nos concede la victoria sobre nuestros enemigos; 
nuestra diosa Matlalcueye envia la lluvia necesaria a nuestros campos, 
y nos de6ende de las inundaciones del rio Zahuapan. A cada uno de 
nuestros dioses debemos ima parte de la felicidad de nuestra vida, y so 
colera, provocada por nuestra ing^titud, podría atraernos los mas 
terríbles castigos." Cortés, animado de un celo demasiado ardiente, y 
violento, quería hacer con los Ídolos de Tlascala, lo mismo que había 
hecho con los de Cerapoalan, pero el padre Olmedo, y otras peraonas 
pnidentes lo disuadieron de tan temerarío atentado, haciéndole ver 
que aquella violencia, ademas de no ser conveniente a la pacifica pro- 
mulgación del Evangelio, podría ocasionar la total mina de los Espa- 
ñoles, en n^^iudad tan populosa, y tan odicta al culto superstioÍM» 
que profesaba. No cesó sin embargo, en los dias que allí se detnbo, 
de reconvenir a los Tlascaleses la abominable crueldad de sus sacri- 
ficios, inculcándoles la pureza, y la santidad de la Religión Crístiana, 
la falsedad de aquellos númenes que adoraban, y la existencia de oa 
Ser Supremo, que ríg^ tbdas las causas naturales, y vela con ad- 
mirable Providencia, sobre la conservación de sus criaturas. Estaa 
exortaciones, hechas por un hombre de tanta autoridad, y de quien 
habian formado los Tlascaleses tan sublime concepto, aunque no pn>- 
Uugeroii todo el fruto que se deseaba, fueron mni útiles, pues movido 
por ellos «1 senado, mandó que se rompiesen las jaulas, y que ae 
pusiesen en libertad los prisioneros, y loe esclavos que se gnardafano 

* Tubo Alnurado de Doña Luisa do« hgos, Don Pedro j Doña Leonor. Esta 
se casó con Don Franciáco de la Cueva, caballero del orden de Santia^, gober- 
nador de Guatemala, y primo del duque de Alburquerqne. De este i 
nacieron muchos hijo*. 



44 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

para ser sacrificados a sus dioses en las fiestas solemnes, o en las 
necesidades públicas del estado. 

Asi se establecía cada dia mas, con nuevas demostraciones, la alian- 
za de los Tlascaleses, en despecho de las continuas sugestiones que 
los embajadores Megicanos hacian para romperla. Cortés, aunque 
bien persuadido de la sinceridad de los Tlascaleses, habia dado orden 
a sus tropas para que estubiesen siempre armadas, por lo que pudiera 
sobrevenir. Ofendióse de esto el senado, y se quejó amargamente de 
la desconfianza de Cortés, después de tantas y tan incontestables prue- 
bas de buena fe como los Tlascaleses le habiau dado : pero Cortés se 
escusó protestando que aquello no se hacia por desconfianza, sino por 
ser costumbre establecida entre los Españoles. Con esta respuesta 
quedaron satisfechos,' y tanto les gustó aquella diciplina, que Magijcat- 
zin quiso introducirla en las tropas de la república. 

Finalmente, Cortés, después de haber adquirido en el tiempo de su 
mansión en Tlascala, una noticia mas exacta de la situación de la ciu- 
dad de Megico, de las fuerzas de aquel reino, y de todo lo que podia 
coadyuvar al éxito de sus designios, determinó continuar su viage ; mas 
antes de partir regaló a los Tlascaleses un gran numero de los trages 
mas hermosos que le habia enviado Moteuczoma. Estaba dudoso 
sobre el camino que debia tomar para dirigirse a la capital del imperio. 
Los embajadores Megicanos querían que fuese por Cholula, donde se 
habia preparado un gran alojamiento para toda su gente. Los Tlas- 
caleses lo disuadieron de aquel plan, manifestándole la perfidia de los 
Choluleses, y aconsejándole que se encaminase por Hueje>^zinco, esta- 
do confederado con los Tlascaleses, y con los Españoles : mas Cortés 
se resolvió a ir por Cholula, tanto por complacer a los embajadores, 
como por acreditar a los Tlascaleses el poco caso que hacia de los es- 
fuerzos de sus enemigos. 

Los Choluleses hablan sido aliados de Tlascala : pero a la llegada 
de los Españoles se hablan confederado con los Megicanos, y eran ene- 
migos jurados de la república. La causa de esta gran enemistad habia 
sido la perfidia de los mismos Choluleses. Estos en una batalla que, 
como aliados de Tlascala, hablan dado a las tropas de Megico, estando 
en la vanguardia del egercito, se pusieron, por una repentina evolu- 
ción, a retaguardia, y atacando a los Tlascaleses por la espalda, mien- 
tras los Megicanos peleaban de frente, hicieron en ellos grandes estra- 
gos. El odio que encendió en los Tlascaleses esta detestable traición, 
solo buscaba ocasiones de venganza, y ninguna les pareció mas opor- 
tuna que la de aquella alianza con los Españoles. Para inspirar el 



L08 KSI'Afit)I.K8 KN TI.ASCAI.A. 45 

mismo odio a Cortés, y moverlo a declarar la guerra a Cholula, le hi- 
cieron ver qae la conducta de aqaellot pueblos para con él era mai sos- 
pechosa, pues no le hnbian envindo mcnsagerot para cumplimentarlo, 
romo lo hicieron los Huojotzinqups, no obstante la distancia a que •• 
hallaban. Referíanle ademas el mensage que dccian haber recibido 
de ellos, reconviniéndolos por su alianza con los Rspafíolcs, llamando- 
los cobardes, y viles, y omenazandolos que morírian todos anegados, 
en el punto y hora en que emprendiesen algún ataque contra aquella 
santa ciudad, pues, entre otros errores de su creencia, se figuraban 
que siempre que quisieran, podian, solo con echar abajo los muros del 
templo de Quetzalcoatl, hacer brotar ríos caudalosos, que en un mo- 
mento inundarían la ciudad ; y aunque los Tlascaleses no dejaban de 
temer aquel infortunio, el deseo de la venganza era mas poderoso que 
el miedo en sus corazones. 

Convencido Cortés por aquellas sugestiones, enviA cuatro nobles 
Tlascaleses a Cholula, para saber de los señores de aquella ciudad el 
motivo de no haber tenido con él la consideración de que habian usado 
los Huejotzinques. Los Choluleses se escusaron con la enemistad de 
los Tlascaleses, de lo% cuales no podian fiarse *. Esta respuesta fue 
enviada por cuatro plebeyos, lo que era una manifiesta demostración 
de desprecio. Aconsejado Cortés por los Tlascaleses, mandó a decir 
aquellos señores, por medio de cuatro Cempoaleses, que la embajada 
de un monarca tan grande como el rei de España, no debia confiarse 
a tan viles mensageros, cuando ni aun ellos mismos eran dignos de re- 
cibirla ; que supiesen que el rei Católico era el verdadero dueño de 
aquellos pai^ll^ y que él venia en su nombre a exigir homenage de sus 
pueblos ; que los que se sometiesen serían honrados, y los rebeldes 
castigados como merecían ; que por tanto compareciesen en el termino 
de tres dias a tríbutar obediencia a su verdadero soberano, y que si 
asi no lo hacian, serían tnitados como enemigos. Los Choluleses, 
aunque se burlaron interíormente, como es probable, de tan arrogante 

* Torquemada añade que lo« Choluleses r^tubieron al principal de los mensage- 
ros Tlascaleses, llamado PatiaktiatMim, f que con inandita cmeldad le desollaron d 
m«tro, y los bnutos, y le. cortaron la narís : mas esto es falso, por que aquella 
rrueldad no podia ser ignorada por los Españoles, y ni Bemal Días, ni Cortés, ai 
ninj(uno de los historiadores antiguos hace mención de ella. Corfés no la hobis* 
ra oiuHido en su cmrU a Carlos V, en justificación del castigo que impuso a los 
Choluleses, ni es verosímil qae después de tamaño atentado cometido cootrs lUM 
de sus mensageros, hubiese aguardado otros indicios de la mala fe de aquena 
gente. 



46 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

embajada, para disimular su maligno intento, se presentaron al sigui- 
ente dia a Cortés, rogándole que escusase su falta, ocasionada por la 
enemistad de los Tlascaleses, y reconociéndose no solo amigos de los 
Españoles, sino vasallos de su rei. 

Entrada de los Españoles en Cholula. 

Resuelto pues el viage por Cholula, salió Cortés de Tlascala con 
toda su gente, y con un gran numero de tropas de aquella república* 
que muí en breve licenció, conservando solo seis mil hombres. Poco 
antes de llegar a Cholula, salieron a su encuentro los principales seño- 
res, y sacerdotes, con incensarios en las manos, y después de las 
acostumbradas ceremonias de respeto, digeron al general que entrase 
con todos sus Españoles, y con los Totonaques, pero que no permitiese 
lo acompañasen los Tlascaleses, a quienes miraban como enemigos. 
Consintió en ello Cortés por complacerlos, y los Tlascaleses quedaron 
acampados fuera de la ciudad, imitando en la disposición del campo, 
en el orden de las centinelas, y en todo lo demás, la disciplina militar 
de los Españoles. A la entrada del egercito Español, hubo la misma 
concurrencia, y las mismas ceremonias, aclamaciones, y obsequios que 
en 'Tlascala, mas no con la misma sinceridad. 

Era entonces Cholula una ciudad populosa, distante diez y ocho 
millas de Tlascala, y cerca de sesenta de Megico, y no menos célebre 
por el comercio de sus habitantes, que por su religión. Su situación, 
como en la actualidad, era una bella llanura, a poca distancia de aquel 
grupo de altas montañas que circundan el valle de Megico, por la parte 
de Levante. Su población en aquel tiempo según afip^J^á Cortés era 
de cerca de cuarenta mil casas, y casi habia otras tantas en los lugares 
vecinos que le servian como de arrabales. Su comercio consistia en 
manufacturas de algodón, joyas, y vasigeria de barro, siendo mui famo- 
sos sus joyistas y alfahareíos. Por lo que respeta a la Religión puede 
decirse que Cholula era la Roma de Anahuac. Como el célebre 
Quetzalcoatl ^e habia detenido tanto tiempo en aquella ciudad, y habia 
favorecido tanto a sus habitantes, después de su apoteosis se Je consa- 
gró alli un culto especial. La estraordinaria muchedumbre de templos 
que alli habia, y especialmente el mayor, erigido sobre un monte arti- 
ficial, que hasta ahora subiste, atraían a aquel pueblo, que se reputaba 

* Cortés dice que los Tlascaleses que lo acompañaron hasta seis millas antes de 
llegar a Cholula, eran cien mil guerreros poco mas o menos. Bernal Díaz cuenta 
tan solo dos mil de los diez mil que ofreció el senado j mas esta seguramente es 
una distracción de aquel escritor. 



u)ff khpaRoliíh kn cholvla. 

íianto, un numero infinito de peregríoot, no solo de los ciudades 
sino tiimbien de ios provincias mas remotas. 

Fue alojado Cortés con todas sus tropas en aoas casas grandes, 
donde ios dos primeros dias fueron abundantemente provistos de vive- 
res : pero mui en breve cmi)ezaron a escaseárselos hasta que llegó el 
caso de que solo les suministrasen agua y leña. Ni fue este el único 
indicio que dieron de sus torcidas intenciones, pnes a cada momento se 
ofrecian nuevos anuncios do la traición que meditaban. Los aliados 
Cempoaleses babian observado que en las callos de la ciudad s« ba- 
bbn construido uno.s grandes agugero.s, en que se hablan plantado 
eetacas agudas, cubriéndolas después con tierra, lo cual no podia 
tener otro obgeto que el de inhabilitar los caballos. Ocho hom- 
bres, venidos del campo Tlascales le avisaron que babian visto salir 
de la ciudad gran muchedumbre de mugeres, y niños, señal inda- 
dable en aquellas naciones de una guerra inminente. Ademas de esto se 
sabia que en algunas calles se formaban trincheras, y que habla grandes 
montones de guijarros en las azoteas de las casas. Finalmente una 
señora Chololesa, que se habia prendado de la hermosura, del ingenio, 
y de la discreción de {)oña Marina, la rogó que se salvase en su casa 
del peligro que amenazaba a los Españoles : con lo que esta tubo oca- 
sión de informarse de toda la trama, y de ella dio cuenta inmediata- 
mente a Cortés. Este supo, de boca de la misma señora Cholulesa, 
qae sus compatriotas hablan concertado el esterminio de todos los Es- 
pañoles, con el ansilio de veinte mil M egicanos, acampados cerca de la 
ciudad •. No satisfecho con todos estos datos encargó a Doña Mari- 
na qae emj^ue todas sus artes en hacer venir a su alojamiento 
áo§ taoerdotes, los cuales confirmaron todo lo que la señora habia 
deeeobierto. 

Yiendose Cortés en tan grave peligro, determinó emplear todos los 
medios oportunos para salvarse. Mandó llamar a su presencia a l« 
personas de mas alto carácter de la ciudad, y les dijo que si tenias 
alguna qaeja contra los Españoles, la espusiesen claramente, como 
convenia a hombres de honor, y se les daría la competente satisfacción. 
Elloi respondieron que estaban satisfechos de su conducta, y prontos 
a servirlo ; que cuando resolviese marchar, seña abundantemente pro- 
visto de todo cuanto necesitase para el viage, y qae aan se le darían 
fuerzas pan ta segorídad. Aceptó Cortés la oferta, y señaló el dk 

* Benwl Diu dice que el egercito Megicaoo, según w supo, erm de vdnia mil 
hombres. Cortés dke que los mismos sefiores de Cbobda le eamítmnm qa» ao 
b^aba de dncueata mil. 



48 HISTRIA ANTIGUA DE MEGICO. 

siguiente para su marcha. Los Choluleses se fueron contentos, por- 
que les parecía que todo se preparaba felizmente para el éxito de sus 
designios, y para asegurarlo mas, sacrificaron a sus dioses, según dicen, 
diez niños, cinco de cada sexo. Cortés reunió a sus. capitanes, les 
descubrió las intenciones malvadas de aquellos hombres, y les mandó 
que le digesen su dictamen, sobre lo que debia hacerse en tanto 
aprieto. Algunos querian que se evitase el peligro, retirándose a la 
ciudad de Huejotzinco, distante apenas nueve millas de Cholula, o 
bien a Tlascala : pero la mayor parte se sometieron a lo que decidiese 
el general. Cortés dio las ordenes que le parecieron mas conducentes 
a su intento, protestando que no se creería seguro en Megico, sino 
dejaba bien castigada aquella pérfida ciudad. Mandó a las tropas 
ausiliares de Tlascala que al dia siguiente, al despuntar el sol, cayesen 
de pronto sobre ella, destruyendo cuanto encontrasen, y respetando 
tan solo las mugeres, y los niños. 

Catástrofe de Cholula. 
Llegó finalmente aquel dia que debia ser tan infausto para los 
Choluleses. Aparejaron los Españoles sus ca^^allos, apercibieron la 
artillería, y las armas, y se formaron en un gran patio de su aloja- 
miento, que debia ser el teatro príncipal de aquella tragedia. Llega- 
ron los Choluleses al rayar el dia. Los señores^ con unos cuarenta 
nobles, y los hombres de carga, entraron en las salas, y en las cama- 
ras, para tomar el equipage, mas en breve se les pusieron guardias para 
que no pudieran salir. Las tropas Cholulesas, a lo menos una gran 
parte de ellas, entraron en el patio, con otros nobles, «í^peticion, sin 
duda del mismo Cortés, el cual, montando a caballo, les habló en estos 
términos : *' Yo, señores, me he esmerado en grangearme vuestra 
amistad ; entré pacificamente en esta ciudad, y ni yo, ni ninguno de 
los mios os hemos hecho el menor perjuicio : antes bien, para que no 
tubierais queja, no quise permitir que entrasen conmigo las tropas 
Tlascalesas. Ademas, os he rogado que me digáis claramente si ha- 
béis recibido de nosotros algún agravio, para daros la debida satisfac- 
ción : pero vosotros, con detestable perfidia, habéis urdido, bajo sem- 
blante de amistad, la mas cruel traición, para que yo peresca con toda 
mi gente. Nada ignoro de vuestros malignos proyectos." Y llamando 
aparte a cuatro o cinco Choluleses, les preguntó qué razón hablan te- 
nido para maquinar tan execrable atentado. Ellos respondieron que 
los embajadores Megicanos, para complacer a su soberano, los habían 
inducido a estermínar a los Españoles. Cortés entonces, con el rostro 



DB8TRU0C1ON DB LOS OHOLULBSBS. 40 

fmcendido en colera, hah16 iisi n los emhajadnrcR (|uc mi hnliuhan pre- 
sentes : " Estos malvados, para oscusar su delito, acusan de traición a 
vosotros, y a vuestro reí : pero ni yo os creo capaces de tanta maldad, 
ni puedo ))er8uadirme que el ^p^n monarca Motenczoma quiera ser 
tan cniel enemigo mió, al mismo tiempo que me concede las pruebas 
mas relevantes de amistad, ni que ptidiendo abiertamente oponerse a 
mis pretensiones, se valga de la traición para frustrarlas. Yo haré 
respetar vuestras personas en el escarmiento que voi a dar a estos 
perversos. Hoi perecerán, y su ciudad sera destruida. IJamo al 
cielo, y a la tierra por testigos, que su perfidia es la que arma nuestros 
brazos, para una venganza tan opuesta a nuestra índole." 

I>icho esto, y dada la señal del ataque, que era un tiro de mosquete, 
partieron tan furiosamente los Españoles contra aquellas miserables 
victimas, que de todos los que se hallaban en el patio, que eran mu- 
chos, no quedó uno solo con vida. Los arroyos de sangre que corrían 
por el patio, y los tristes lamentos de los moribundos, hubieran bastado 
a mover a piedad todo corazón que no estubiese animado por el furor 
de la venganza. No quedando ya nada que hacer en aquel recinto, 
salieron por las calle!, ensangrentando con el mismo furor las espadas 
en cuantos Cboluleses se les presentaban. Los Tlascaicses entre tanto 
vinieron a la ciudad como leones sangrientos, aguijoneada su fero- 
ddad por el odio a sus enemigos, y por el deseo de complacer a sus 
nuevos aliados. Tan horrendo e inesperado golpe puso en el mayor 
desorden a los habitantes : pero habiéndose reunido en muchas hues- 
tes, hicieronpor algún tiempo una vigorosa resistencia, hasta que no- 
tando los esmigos que en ellos hacia la artillería, y reconociendo la 
supcríorídad de las armas Europeas, de nuevo se desordenaron, reti- 
rándose confusos, y despavoridos. La mayor parte procuró salvarse 
con la fuga : otros recurríeron a la superstición do arrasar los muros 
del templo para inundar la ciudad ; pero viendo que aquella diligencia 
era inútil, procurnroinfortifícarse t^los templos, y en las casas. Nada 
de esto les sirvió, po|||^e sus eneVgos empezaron a pegar fuego a 
todos los edificios ea que hallaron alguna resistencia. Arden \m 
«asas, y las torres de los santuaríos ; por las calles no se ve mas qae 
cadáveres ensangrentados, o a medio devorar por las llamas, y solo te 
oyen los clamores insultantes y amenazadores de los confederados, kw 
débiles suspiros de los moribundos, las imprecaciones de tos veneidoa 
contra los vencedores, y los lamentos que dirigen a sus dioses, por 
haberíos abandonado en tan gran calamidad. De los muchos que se 
refugiaron a las torres de los templos, no hubo mas que uno solo que 

TOMO II. B 



50 HISTORIA ANTIGUA DE MEtílCO. 

se rindiese a sus verdugos: todos los otros perecieron en las llamas, 
o buscaron una muerte menos dolorosa, arrojándose desde aquella 
altura. 

Con este horrible estrago* en que perecieron mas de seis mil Cho- 
luleses, quedó por entonces despoblada la ciudad. Los templos, y las 
casas fueron saqueadas, apoderándose los Españoles de las joyas, del 
oro, y de la plata, y los Tlascaleses de las ropas, de las plumas, y de 
la provisión (Je sal. Terminada apenas la catástrofe, se presentó un 
egercito de veinte mil hombres, enviados por la república de Tlascala, 
bajo el mando del general Gicotencatl. Probablemente sería efecto 
de algún aviso despachado la noche antes al senado, por los gefes de 
las tropas Tlascalesas, que acamparon fuera de la ciudad. Cortés 
agradeció el socorro, regaló a Gicotencatl, y a sus capitanes una parte 
del botin, y le rogó que se volviese con su egercito a Tlascala, puesto 
que no lo necesitaba : sin embargo, conservó consigo los seis mil hom- 
bres que lo hablan ayudado en el castigo de Cholula, a fin de que lo 
acompañasen en su viage a Megico. De este modo quedó mas con- 
solidada la alianza de Españoles, y Tlascaleses. 

Sumisión de los Choluleses, y de los Tepeyaqueses a la corona de 

España. 
Vuelto Cortés a su alojamiento, en que hablan quedado como pri- 
sioneros cuarenta Choluses de la primera nobleza, estos le rogaron 

* En los escritos de Las Casas se lee mui desfigurado este suceso de Cholula. 
Es cierto que fue demasiado rigorosa la venganza, y horrible el ^gfCi ozo ; mas no 
carecieron los Españoles, para castigar a los Choluleses, de las razones que he 
indicado en el testo, y sin embargo ninguna mención hace de ellas aquel prelado. 
Tampoco es cierto que interviniesen aquellas odiosas circunstancias que él cita, y 
que no se hallan en ningún historiador antiguo. Para hacernos creer que los 
Españoles hicieron aquel escarmiento por mero capricho, y que mientras los sol- 
dados derramaban torrentes de sangre, el general cantaba alegremente unas 
coplas, seria necesario a lo menos que el mismo prelado lo refiriese como testigo 
ocular, o que alegase algunos documentos que bastasen a borrar la idea que nos 
dan de Cortés los que lo conocieron. De este modo seria algún tanto verosimil, 
lo que 06 enteramente increíble. Pero ni Las Casas se halló presente, ni cita 
prueba alguna digna de nuestra fé. Sin duda se valió ligeramente de alguna 
noticia dada por uno de los muchos enemigoa del Conquistador. Yo no soi su 
panegirista, ni escuso sus yerros : pero soi historiador, hombre, y Cristiano, y 
bajo ninguno de estos aspectos puedo afirmar lo que no creo, ni creer de un indi- 
viduo de mi especie tanta maldad, sin graves fundamentos. Describo el hecho de 
Cholula como lo hallo en los historiadores sinceros que se hallaron presentes, o, 
que se informaron tanto de los antiguos Españoles como de los Indios. 



OTRA BMBA4ADA DR MOTBUCZOMA. 61 

quo dicoe lugar entre Unto rigor a la clemencia, y qae permitiese • 
uno o dos do ellos, ir a llamar a la« mageres, niños, y otros fugitivos, 
que andaban aterrados, y llenos de espanto por los montes. Movido 
Cortés a compasión, mandó cesar el furor de las armas, y publicó nn 
indulto general. Promulgado este bando, se vieron de repente alzarse 
de entre los muertos, algunos que habian fingido estarlo, para pre- 
servar la vida, y acudir a la ciudad bandadas de fugitivos, deplorando 
quien la muerte del esposo, quien la del hijo, quien la del hermano. 
Mandó Cortes quitar de los templos, y de las calles los cadáveres que 
empezaban a corromperse, y poner en libertad a los nobles prisioneros, 
y dentro de pocos dias quedó aquella ciudad tan bien poblada, que no 
parecia faltar ninguno de sus habitantes. £n seguida recibió las en- 
horabuenas de los Huejotzinques, y de los Tlascaicses, y el juramento 
de fidelidad a la corona de Elspaña, de los mismos Choiuleses, y de \o» 
Tepeyaqueses ; ajustó los disturbios que reinaban entre las dos repnbli- 
cas de Tlascala, y Cholula, y restableció su antigua amistad, y alianza, 
que se mantubo firme desde entonces en adelante. Finalmente para 
cumplir con las obli^ciones de la religión, y de la caridad, mandó rom- 
per las jaulas, y poner en libertad a todos los prisioneros, y esclavos 
destinados a los sacrificios. Hizo ademas limpiar el templo mayor, y 
enarboló en él el estandarte de la cruz, después de haber dado a los 
Choiuleses, como a todos los otros pueblos entre los cuales se detenia, 
algunas ideas de la Religión Cristiana. 

^^)tra ewtbqjada, y regalo* de Moteuczoma, 
Orgulloso el gieneral Espafiol por tan felices sucesos, y deseoso de 
amedrentar a Moteuczoma, encargó a los embajadores Megicanos 
digi'son a sn señor, que si hasta entonces se habia propuesto entrar 
pacificamente en Megico, después de lo ocurrido en Cholula, se habia 
determinado a entrar como enemigo, y haciéndole cuanto daño pudiese. 
Los embajadores respondieron que antes de tomar aquella resolución, 
hiciese mas diligentes investigaciones sobre los sucesos últimamente 
ocurridos, para asegurarse de las buenas intenciones de su soberano, 
y que si le parecia bien, ugo de ellos pasaría a la corte a representar 
al rei las quejas que de él tenia Cortés. Consintió este en aqaeOa 
medida, y al cabo de seis dias volvió el embajador, trayendo un gran 
regalo, que consistía en diez platos de oro, de valor de muchos nüescle 
pesos, mil y quinientos vestidos, y una gran provisión de conattibles, 
dando gracias al general Español, en nombre del monarea, por cl 
castigo que habia dado a los CholnlesM, y asegurando que el egercito 

b2 



52 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

que se había alistado, para sorprender a los Españoles en el camino',^ 
era de Acatzinqueses, y de Itzocaneses, aliados de Cholula, los; 
cuales, aunque subditos de la corona, habían tomado las armas sin 
orden de su soberano. Los embajadores aseguraron esto mismo con 
su juramento, y Cortés fingió darles crédito. 

No es fácil descubrir la verdad en este negocio, ni puedo menos 
de censurar la ligereza con que los autores aseguran tan francamente 
lo que de un todo ignoraban. ¿ Por qué se ha de dar asenso a los 
Choluleses, hombres dobles, y falsos, como todos confiesan, y no a los 
Megicanos, y al mismo Moteuczoma, que por la eminencia de su 
carácter es mas digno de confianza ? La conducta constantemente 
pacifica de aquel monarca para con los Españoles, a quienes no hizo 
el menor daño, en tantos y tan oportunas ocasiones como tubo de es- 
terminarlos, y la moderación con que siempre habló de ellos, como 
confiesan los mismos historiadores, hacen increíble la escusa de los 
Choluleses : por otro lado, le dan alguna apariencia de verdad, ciertos 
indicios, aunque oscuros de la indignación de Moteuczoma, y sobre 
todo las hostilidades cometidas en aquella misma f poca contra la guar- 
nición de Vera Cruz por un poderoso feudatario de la corona de 
Megico. 

Revolución de Totonacapan, 
Quauhpopoca* señor de Nauhtian, ciudad llamada por los Espa- 
ñoles Almena, situada en la costa del seno Megicano, a treinta y seis 
millas al Norte de Vera Cruz, y cerca de los confinei^'el imperio, 
tubo orden de Moteuczoma de reducir a los Totonaques a la debida 
obediencia, inmediatamente después que Cortés se retirase de 
aquellas costas. Para cumplir este mandato aquel caudillo, requirió 
con amenazas de los pueblos desobedientes el tributo que debian pagar 
a su soberano. Los Totonaques, insolentados con el favor de sus 
nuevos amigos, respondieron con arrogancia que no debian homenage 
alguno a quien ya no era su rei. Viendo entonces Quauhpopoca que 
de nada servian sus amonestaciones, y que no conseguía reducir 
aquellos hombres, demasiado fiados en la protección de los Españoles, 
y ya resueltos a no respetar a su monarca, poniéndose a la cabeza de 
las tropas Megicanas de la frontera, empezó a hacer correrías en los 
pueblos de Totonacapan, castigando con las armas su rebelión. Los 
Totonaques se quejaron a Juan de Escalante, gobernador de la Vera 

* Bernal Díaz lo llama Quetzalpopoca, que también es nombre Megicano. 



RKVOLUÜION Ütí. TOTONACAPAN. 60 

Crux, y le rogaron que so opuiieso a la crueldad do los Megicaoos, 
ofreciéndose a poner a sus ordenes un buen numero de tropiís. Esca- 
lante env¡6 ni gefe de los Mogicanos una cortés embajada |>ara disua- 
dirlo do aquella empresa, que, según creía, no podia ser agradable al 
rei de Megico, a quien tantas pruebas de favor debían los Españoles, 
amigos de los Totonaques. Quaubpopooa respondió quo él sabía 
mejor que los Españoles si era o no grato a su rei el castigo do los 
reincides ; que si los Españoles querían favorecerlos, él con sus tropas 
los aguardaría en las llanuras de Nauhtian, afín de que las armas deci- 
diesen de su suerte. No pudo sufrír esta respuesta el gobernador, y 
sin penlida de tiempo marchó al punto señalado con dos caballos, dos 
pequeños cañones, cincuenta peones Españolesi y cerca de diez mil 
Totonaques. Estos se desbarataron al prímer ataque de los Megi- 
canos, y la mayor parte do ellos so pusieron en fuga ; pero, con verr 
güenza suya, los Españoles continuaron valientemente el empeño, ha- 
ciendo no poco daño a los Megicanos, los cuales, no habiendo esperí- 
mentado la violencia de la artillería, ni el modo de combatir de los 
Españoles, se retiraron despavoridos a la próxima ciudad de Nauhtian. 
Los Españoles los (^rsiguieron furiosamente, y pegaron fuego a algu>- 
nos edificios : mas esta victoria costó la vida al gobernador, el cual 
murío al cabo de tres días de sus herídas, a seis o siete soldados, y a 
muchos Totonaques. Uno de aquellos soldados, que tenia la cabeza 
gruesa, y el aspecto feroz, fue hecho prísionero, y enviado a Me- 
gico : pero habiendo muerto en el camino, *de sus herídas, solo lleva- 
ron a Moteuczoma la cabeza, cuya vista lo horrorízó en tales tér- 
minos, que no permitió que se ofreciese a sus dioses en ningún 
templo de la capital. 

Tubo Cortés noticia de estas revoluciones antes de salir de Cho- 
lula*, pero no quiso decir nada, ni descubrír sus inquietudes, por oo 
desanimar a sus soldados. 

Viage de los Españoles a Tlalmanalco. 
No teniendo ya nada quo hacer en Cholula, continuó Cortés su 
viage acia Megico, con sus Españoles, con seis mil Tlascalesesi, y coo 
algunas tropas Huejotzinques, y Choluleses. En Izcalpan, pueblo de 
Huejotzinco, a quince millas de Cholula, salieron de nui>vo a cumpli- 
mentarlo los señores de aquel estado, y a prevenirle que dexde aquel 
punto habia dos caminos para Megico ; uno abierto, y cómodo, que 
pasaba por unos barrancos, donde podia temerse alguna emboscada 

* Todos o cmí todos los historíadom dicen qae Gortrs redbio esta noticia 
hallandcfle en Megico : pero el mismo Cort^ M^íura que k tobo en Cholula. 



54 HISTORIA ANTIGUA Dtí MEGICO. 

de los enemigos ; otro embarazado con arboles cortados a proposito, y 
que sin embargo era el mas corto y seguro. Cortés se aprovechó del 
aviso, y en despecho de los Megicanos, hizo desembarazar el camino 
de los ostaculos que lo ostruian, alegando que la dificultad era mayor 
aliciente para el valor de los Españoles. Siguió caminando por 
aquellos grandes pinares y encinales, hasta llegar hasta la cima de un 
alto monte llamado Ithualco, entre los dos volcanes Popocatepec, y 
Iztaccihuatl, donde encontraron unas casas grandes, destinadas al 
alojamiento de los mercaderes Megicanos. Alli tubieron noticia de 
la atrevida empresa del capitán Diego de Ordaz, el cual pocos dias 
antes, para dar a conocer a aquellos pueblos el valor de su nación, 
subió, con otros nueve soldados, a la altísima cumbre del Popocatepec, 
aunque no pudo observar la boca o cráter de aquel gran volcan, por 
causa de la alta nieve que en él habia, y de las nubes de humo, y 
ceniza que lanzaba de sus entrañas*. 

De la cima de Ithualco observaron los Españoles el bellisimo valle 
de Megico, pero con bien diversos sentiraientos, pues unos se delei- 
taron con la perspectiva que ofrecían sus lagos, sus amenas llanuras, 
sus verdes montañas, y las muchas y hermosas ciudades que lo cu- 
brían ; en otros se reanimó la esperanza de enriquecerse con la presa 
de tan prósperos paises ; pero algunos, mas prudentes y cautos, se 
estremecieron al contemplar la temeridad de arrostrar tan graves 
peligros, y de tal modo se amedrentaron, que hubieran regresada 
desde alli a la Vera Cruz, a no haberlos estimulado Cortés a seguir 
en la empresa comenzada, valiéndose de su autoridad, y dg, las razones 
que le sugirió su buen ingenio. 

Entretanto Moteuczoma, consternado por el suceso de Cholula, se 
retiró al palacio tlitlancalmecatl, destinado para tiempos de duelo, y 
alli estubo ocho dias ayunando, y egercitandose en las acostumbradas 
austeridades, para grangearse la protección de' los dioses. Desde 
aquel mismo retiro envió a Cortés cuatro personages de su corte, con 
un regalo, y nuevos ruegos, y pretestos para disuadirlo de su viage, 
ofreciéndose a pagar anualmente un tributo al rei de España, y a dar 

* Bernal Diaz, y casi todos los historiadores, dicen, que Ordaz subió a la cima 
del Popocatepec, y observó la boca de aquel famoso monte : pero Cortés, que lo 
sabia mejor, dice lo contrario. Sin embargo, Ordaz obtubo del rei Católico, el 
permiso de poner un volcan en su escudo de armas. Esta gran empresa estaba 
reservada para Montano, y otros Españoles, que después de la conquista de Me- 
gico, no solo observai'on el espantoso cráter, sino que entraron en él, con ey- 
dente peligro de la vida, y de alli sacaron una gran cantidad de azufre para hacer 
la pólvora de que necesitaban. 



RRCRI.08 l)U MOTKUf'ZOMA. 5ft> 

al genonü oaatro cargas de oro, y una a cada uoo de ra» oActaloc, y 
soldados*, si volvian atrás desde aquel ponto eo que se hallaban. 
¡ Tan grande era el recelo que inspiraban los Españolea a aquel snpers- 
ticioso principo ! No hubiera hecho mas urgentes diligeiicias para 
evitar su presencia, aun habiendo previsto los males que debiao 
hacerle. Los embajadores alcanzaron a Cortés en Iiithualco : el 
regalo que traían era de muchas alajas de oro, que im|iortaban una 
crecida suma. Cortés les hizo ios mayores obsequios, y respoo» 
dio dundo gracias al rei por su generosidad, y por sus magnificas 
promesas, a las cuales esperaba corresponder con buenos servicios: 
mas protestando al mismo tiempo que no podia volver atrás sin ser 
culpable de desobediencia para con su soberano, y que procuraría no 
hacer el menor peijuicio con su venida al estado ; que si después de 
haber manifestado verbalmente a Su Magestad la embajada que traía, 
y que no podia confiar a otru persona, juzgaba aquel monarca no 
convenir al bien de su reino la permanencia de los Españoles en la 
corte, sin tardanza volvería a ponerse en camino para restituirse a su 
patría. 

Aumentaban la inquietud de Moteuczoma las sugestiones de los 
sacerdotes, y especialmente lo que le digeron de ciertos oráculos de 
sus falsos númenes, y de unas visiones que referían habérsele apare- 
cido aquellos ultimes días. Estos artificios lo consternaron en tales 
términos, que sin esperar el exiio de la ultima embajada, celebró otro 
consejo con el rei de Tezcuco, con su hermano Cuitlahuatzin, y con 
los otros poj^nages que solia consultar, los cuales se mantubieron eo 
sos primeras opiniones : Cuitlahuatzin en la de no permitir a los Es- 
pañoles la entrada en la corte, y de hacerlos salir del reino por fuerza 
si era necesario, y Cacamatzin en la de recibirlos como embajadores, 
puesto que no faltaban recursos al rei de Megico para reprimirins, en 
caso de que maquinasen algo contra su real persona, o contra el 
estado. Moteuczoma, que siempre había seguido el parecer do su 
hermano, abrazó en aquella ocasión el del rei de Tezcuco, pero en- 
cargó a este que fuese al encuentro de los estrangeros, y procurase 
dbuadir al general de su viage. Entonces Cuitlahuatzin, vuelto al 
rei su hermano le dijo : " los dioses quieran, Señor, que no admitáis 
en vuestra casa al que de ella os arroge, y que cuando qucrraís poner 
remedio al daño, tengáis medios, y ocasión de hacerio." " ¿ Qué 

* Siendo la carga urdinaría de un Megicano de cincuenU libras Españolas o 
ochocientas onxas, podcuio« congeturar, en tísU del numero de EspaóoUrs» q[U* 
la coQtríbucioQ que ofrecía Motcucsoma valía mas de seis millooc* de pesos. 



¿6 HISTORIA ANTIGUA UK MEGICO. 

bemos de hacer í respondió el monarca. Nuestros amigos, y, lo que 
es mas, nuestros dioses mismos, en vez de favorecernos, amparan a 
nuestros contrarios. Estoi resuelto, y quisiera que todos se resol- 
viesen a no huir, ni mostrar la menor cobardia, suceda lo que suce- 
diere : pero me compadece la suerte de los viejos, y de los niños,, que 
no pueden oponerse a la violencia que nos amenaza." 

Cortés, despedidos los embajadores, se dirigió con sus tropas a 
Ithualco, encaminándose por Amaquemecan, y Tlalmanalco, ciudades 
que distaban entre si cerca de nueve millas, y que estaban situadas 
en la pendiente de aquellas grandes montañas. Amaquemecan, con 
los caseríos inmediatos, contenia una población de veinte mil habi- 
tantes*. En estos pueblos faeron bien recibidos los Españoles, y 
muchos señores de aquella provincia visitaron a Cortés, y le presen- 
taron cierta cantidad de oro, y algunas esclavas. Estos personages 
se quejaron amargamente de las vejaciones que sufrían del rei de 
Megico, y de sus ministros, en los mismos términos que lo habian 
hecho los de Cempoala, y de Quiauitztla, y por sugestión de los 
Cempoaleses, y de los Tlascaleses, que acompañaban a Cortés, so 
confederaron con los Españoles, para mantener su independencia. 
Asi que mientras mas se internaban aquellos estrangeros en aquel 
pais, mas aumentaban sus fuerzas, a guisa de un arroyo, que con las 
aguas que recibe en su curso, crece hasta llegar a ser un gran rio. 

De Tlamanalco marchó el egercito acia Ajotzinco, pueblo situado 
a la orilla meridional del lago de Chalcoi-, donde estaba el puerto, 
para los barcos que hacen el comercio con los paises situa^«s a Medio- 
dia de Megico. La curiosidad de observar el campo de los Espa- 
ñoles costó cara a muchos Megicanos, pues las centinelas, creyén- 
dolos espias, por el miedo que siempre tenian de alguna traición, 
mataron quince aquella noche. 

* Amaquemecan, que los Españoles llaman Mecameca, es ahora un puel)lo, 
conocido por haber nacido en él la celebre monja Inés de la Cruz, rauger de 
prodigioso ingenio, y de no vulgar literatura. 

f Solis confunde Amaquemecan con Ajot/inco. Amaquemecan no ha estado 
nunca, como él dice en las orillas del lago, si no distante de él mas de 12 millas, 
a la falda de un monte. La visita del rei de Tezcuco fue sin duda en Ajotzinco, 
como afirman los historiadores bien informados, y como se infiere de la relación 
de Cortés. Bernal Diaz dice que la visita se verificó en Iztapalatenco : mas este 
es un error, hijo de poca memoria. 



VISITA OBI< RKI i)K TKZCUCO. 07 

Visita del rei de Tezcuco a Corih. 

Al dia siguiente, cuando estaban los R^pnñoles prontos n marchar, 
llegaron cuatro nohlos Megicanos con lu noticia que el rei de TeTcuco 
venia o visitar al general Español, en nombro del rei de Megico. No 
tardó en llegar aquel pcrsonage, en una litera adornada con hermosas 
plumas, llevada por cuatro domésticos, y seguida do una numerosa 
y brillante comitiva de nobleza Megicana, y Tczcucana. Cuando 
llegó u vista de Cortés, bajó de la litera, y empezó a andar, prece- 
dido por algunos do sus servidores, que iban quitando del camino 
todo cuanto podia ofender sus pies o su vista. Los Rspafíoles queda- 
ron maravillados de tanta grandeza, y por ella congeturaron cuanta 
seria la del rei de Megico. Cortés sallo a recibirlo a la puerta de su 
alojamiento, y le hizo una profunda reverencia, a la que respondió el 
rei, tocando la tierra con la mano derecha, y llevándola a la boca. 
Entró con aire noble y magestuoso en una de las salas, y habiendo 
tomado asiento, dio la enhorabuena al general, y a sus capitanes por 
su feliz llegada, y aseguró los grandes deseos que tenia su tio el rei 
de Megico de estribar amistad, y vivir en buena correspondencia 
con el gran monarca de Levante, que los habia enviado a aquellos 
paises : pero al mismo tiempo exageró las grandes dificultades que 
evA necesario superar antes de llegar a la capital, y rogó a Cortés 
que mudase de proposito, si quería complacer al rei. Cortés respon- 
dió que si volvía atrás sin desempeñar su embajada, faltaría a su obli- 
gación, y^ria gran disgusto a su soberano, especialmente hallándose 
tuu cerca oc la corto, y habiendo vencido tantos ostaculos y peligros, 
en tan largo viage. " Si asi es, dijo entonces el reí, en la corte nos 
veremos," y despidiéndose cortesmeutc, después de haber recibido 
algunas frioleras de Europa, dejó allí una parte de la nobleza afín de 
que acompañase a Cortes en su viage. 

De Ajotzinco marcharon los Españoles a Cuitlabaac, ciudad fun- 
dada en una isla del lago de Chalco, y aunque pequeña, la roas her- 
mosa, según dice Cortés, que habían visto hasta entonces. Comu- 
nicaba con tierra firme por medio de dos anchos, y cómodos caminos, 
construidos sobre el logo ; el uno a Mediodía, que tenía dos millas 
de largo, y el otro que tenía algo mas, y estaba al Norte. Marcha- 
ban los Españoles niegrísimos al ver la muchedumbre, y berBOtora 
de los pueblos que se veian en el lago ; los templo», y las tocres qno 
so erguían sobre los otros edificios ; las arboledas que 
los sitios habitados; los huertos y jurdint» flotantes; los ii 



58 HISTORIA ANTIGUA DE MB6IC0. 

bles barcos que navegaban en todos sentidos ; pero na menos se ame- 
drentaban al verse rodeados de la inmensa multitud de gente, que de 
todas partes acudia a verlos, por lo que mandó Cortés que marchasen 
en buen orden, y apercibidos, y previno a los Indios que no les em- 
barazasen el paso, ni se acercasen a las filas, si no querían ser trata- 
dos como enemigos. En Cuitlahuac fueron bien alojados, y obse- 
quiados. El señor de aquella ciudad se quejó secretamente a Cortés 
de la tiranía del rei de Megico, se confederó con él, y le hizo saber 
cuan cómodo era el camino para la capital, la consternación en que 
habian puesto a Moteuczoma los oráculos de sus dioses, los fenóme- 
nos del cielo, y la felicidad de las armas Españolas. 

Visita de los principes de Tezcuco, y entrada de los Españoles en 
en aquella Capital. 

De Cuitlahuac se dirigieron por el otro camino a Iztapalapan, y 
en él aguardaban a Cortés nuevas prosperidades. El principe Ijtliljo- 
chitl, viendo que Cortés no habia querido hacer el viage por Calpo- 
lalpan, donde lo aguardaba, resolvió salirle al encuentro en el camino 
de Iztapalapan. Marchó con este obgeto, a la ' cabeza de un gran 
numero de tropas, y pasó por junto a Tezcuco. Noticioso de esta 
novedad el principe Coanacotzin su hermano, que desde los disgustos 
que con él habia tenido tres años antes, y de que he hecho mención, 
no lo trataba, ni tenia la menor comunicación con él, o movido por 
el amor fraterno, o seducido por la esperanza de mayores ventajas, 
que con su unión podría grangearse, salió a encontrarlo en ^1 camino, 
donde los dos hermanos tubieron una esplicacion, se reconciliaron, y 
se pusieron de acuerdo en unirse con los Españoles. Caminaron 
juntos hasta Iztapalatenco y alli los alcanzaron. Cortés, viendo venir 
tanta gente armada, tubo alguna inquietud: pero informado de la 
calidad de aquellos personages, y del motivo de su venida, salió a re- 
cibirlos, y hechos mutuamente los debidos cumplimientos, convidaron 
los dos principes a Cortés a ir a Tezcuco, y él se dejó fácilmente 
persuadir, por la gran utilidad que pensaba sacar de Ijtliljochitl, cuyo 
afecto a los Españoles era ya bastantemente conocido. 

Era entonces Tezcuco, aunque algo inferior a Megico en la magni- 
ficencia, y en el esplendor, la ciudad mas vasta, y populosa de todo 
el pais de Anahuac. Su población, comprendida la de Huejotla, 
Coatlichan, y Ateneo (que por estar contiguas a ella se consideraban 
como sus arrabales) era, según dice Torquemada, de ciento cuarenta 
mil casas. A los Españoles pareció de doble ostensión que Sevilla. 



LOÜ KHPARohftH KN IZTAPAI.APAN. flü 

1^ gnindosa de los tomplot, y pulados reales, la hermosiini do Im 
caWvn, do las fuentes, y de los jardines erao a sus ojos otros tantea 
ubgutos de ndmirncion. 

Entró Cortés en aquella gran ciudad* acompañado por los don 
princiys, y por mucha nobleza Aoolliua, en medio de uo concurso in- 
menso de espectadores. Fue alojado con todo su egercito en el 
palacio principal del rei, donde el trato de su persona correspondió a 
la dignidad def alojamiento. Alli le ospnso el principo Ijtliljocbitl, 
sus pretendidos derechos al reino de Acolhuacan, y sus quejas cootrm 
su hermano Cacamatzin, y contra al rci do Megico su tío. Cortés 
le prometió ponerlo en posesión de la coroua, inmediatamente después 
de haber terminado sus negociaciones con Moteuczoma, y sin dete- 
nerse en aquella cortei marchó a l2tapala}4ibt. 

Entrada de los EapaíioleM en Izíapalapan, 
Era aquella una grande y hermosa ciudad, situada acia la punta de 
la pcqucñu península que media entre los dos lagos, el de Chalco a 
Mediodia, y el de Tezcuco al Norte. Ibase de esta península a la 
isla de Megico, por «n camino empedrado, de siete millas de largo, y 
construido sobre las aguas, muchos años antes. La población de 
Iztapalapan era de mas de doce mil casas, fabricadas por la mayor 
parte en muchas isletas, }>roximas unas a otras, junto a las cuales 
habia innumerables huertos y jardines flotantes. Mandaba a la sazón 
eu la ciudad el príncipe Cuitiuhuatzin, hermano de Moteuczoma, 
y su inmediato sucesor en la corona de Megico. Aquel personage* 
y su hermm» Matlatsincatzin, señor de Coyohoacan, acogieron al 

• Cortes Bo hsce nMDcion de la estrada de los Espsfioles en Texcaco. Tam- 
poco hablan de cUa Ikmal Díaz, Acosta, Gomara, ni Torquemada, pero se in- 
fiere clarainfDte de un ¡uuui^e de la carta csctrita por Cort¿« a Carlos V en 1522. 
Herrera y Solía hacen mención de aquel suceso, pero con circunstancias opuestas 
a la verdad. Dicen que antes fueron los Españoles a Tezcuco, y después a Cuit- 
lahuac, en lo que roaniñestan ignorar la situación de aquellos lugares. .Vfirman 
que Cacamatzin acompañó a Cortés a Tezcuco, pero lo contrarío consta por la 
relacii»u del misnao Cortés, y por los MS anti^Kw citados por D. Fernando de 
Alba l^tmochitL Nada dicen de la reconciliación de loe dos príncipes, ni del 
motivo ^ue tubo Cortés para ir a Tezcuco, separándose del camino que conducís 
a Megico. Yo sigo en esta parte a QBtancotirt, que escribió con el ausilio de las 
memorias de Alba, y de Sigüenza. 

f Vn historiador Indio, citado por Alba, dice que es esta ocasión se bsatizó 
Ijtliljnchitl, con otros doecientos nobles de 9U corte : mas esta es una lUnüa tsn 
infcrosimil, que no necesita tsB|Mignacion. 



60 HISTORIA ANTIGUA DE MEGIGO. 

caudillo Español con las mismas demostraciones que habían hecha 
los otros señores de los pueblos por donde habia pasado. Cumpli- 
mentólo Cuitlahuatzin con una elegante arenga, y lo alojó, con las 
tropas que lo acompañaban, en su mismo palacio. Era este un vas- 
tísimo edificio de cal y canto, recien construido, y aun no completa- 
mente amueblado. Ademas de las muchas salas y estancias comor 
das, cuyo techo era de cedro, y cuyas paredes estaban cubiertas de 
telas finas de algodón; ademas de los grandes patios, en que se 
acuartelaron las tropas aliadas de los Españoles, tenia un jardín de 
estraordinario tamaño y amenidad, de que ya he hablado, cuando 
traté de la agricultura de los Megicanos. Después de comer, con- 
dujo el principe a sus huespedes al jardín, donde se recrearon mucho, 
formando una gran idea (Hl*la magnificencia de aquellos pueblos. En 
esta ciudad observaron los Españoles, que en lugar de las quejas, y 
murmuraciones que en otras partes habían oído, solo resonaban enco- 
mios del gobierno, porque la proximidad de la corte hacia mas cautos, 
y prudentes a los habitantes. 

Al día siguiente, raui temprano, marcharon los Españoles por 
aquel gran camino, que, como he dicho, uníii a Iztapalapan con 
Megico. Estaba cortado por siete pequeños canales, para el paso de 
los barcos, y sobre ellos habia otros tantos puentes de madera, 
para la comodidad de los pasageros. Estos puentes se alzaban con 
facilidad, cuando querían impedir el paso a los enemigos. Después 
de haber pasado por Megicaltzinco, y visto las ciudades de Colhua- 
can, Huitzilopochco, Coyohuacan, y Mijcoac, fundadas en la orilla del 
lago, llegaron, en medio de una muchedumbre increíble de gente, a 
un lugar llamado Joloc, en que se unía aquel camino con el de 
Coyohuacan. En el ángulo que formaban los dos, y que solo distaba 
media legua de la capital, habia un buen baluarte, con dos torrecillas, 
circundado por un muro de diez pies de alto, con parapeto y almenas, 
dos salidas, y un puente levadizo : sitio memorable en la historia de 
Megico, por haber sido el campo del general Español en el asedio de 
aquella capital. Allí hizo alto el egercíto, para recibir el parabién de 
mas de mil nobles Megicanos, que venían todos uniformemente vestí- 
dos, y que al pasar por delante del general Español, le hacían el 
acostumbrado cumplimifento de tocar la tierra, y besarse la mano. 

Entrada de los Españoles en Megico. 
Terminada aquella etiqueta, que duró mas de una hora, continuaron 
los Españoles su viage, tan bien ordenados, como si fuesen a dar una 



KNTRADA PR LOS KHI* vRol.KK KN MKniCO. (il 

bntnlln. Poco antes de llegar a la ciudad, tubo Cortos aviso do que 
salia a recibirlo el rei de Medico, j de alli a poco nc dej6 ver con un 
numeroso, y lucido acompañamiento. Precedían tres nobles que 
al/Jiban Ins manos, y llevaban en ellas unas varas de oro, insignias de 
la Magestad, con Ins cuales se anunciaba al pueblo la presencia del 
soberano. Venia Moteuczoma ricamente vestido, sobre una litera 
cubierta do planchas de oro, que llevaban en hombros cuatro nobles, 
y bajo un parasol de plumas verdes, salpicadas de alajas del mismo 
metal. Llevaba pendiente de los hombros un manto adornado con 
riquísimas joyas; en la cabeza una corona ligera de oro, y en los pies 
unas suela.s, también de oro, atadas con cordones de cuero, cubiertas 
de oro, y piedras preciosas. Acompafi^Éinlo doscientos señores, 
mejor vestidos que los otros nobles, pero todos descalzos, dos a dos 
y mui arrimados a los muros de una y otra parte de la calle, para 
manifestar su respeto ni monarca. Ctuindo llegaron a verse, el rei, y 
el general Español, desmontaron aquel de su litera, y este do su 
caballo, y Moteupzoma echó a andar, apoyado en los brazos del rei do 
Tezcuco, y del señor de Iztapalapan. Cortés, después de haberse 
inclinado profundamente, se acercó al rei para ponerle al cuello un 
cordón de oro con cuentas de vidrio, que parecían piedras preciosas, 
y el rei inclinó la cabeza para recibirlo, pero queriendo Cortés abra- 
zarlo, no se lo permitieron los dos señores que apoyaban al monarca*. 
Declaróle el general, en una breve arenga, como lo requerían las cir- 
cunstancias, su afecto, su veneración, y el placer que esperimentaba 
al conoceriH^ rei tan grande, y tan poderoso. Moteuczoma respon- 
dió en pocas palabras, y hecha la ceremonia de estilo, 1» recompensó 
el presente de las cuentas de vidrío, con dos collares de hermoso 
nácar, de que pendian algunos cangrejos gnindes de oro, hechos al 
natural. Encargó al príncipe Cuitlahuatzin que condugese a Cortés 
a su alojamiento, y se volvió con el rei de Tezcuco. 

Tanto la nobleza, como el pueblo inmenso que desde las azoteas, 
puertas, y ventanas observaba aquella escena, estaban maravillados, y 
aturdidos, no menos por la novedad de tantos obgetos estraordinaríos, 
que por la inaudita dignación de su rei, U cual contribuyó mui e6cas- 
mente a engrandecer la reputación de los R<ipañoles. Estos marcha- 
ban, también llenos de admiraciopí al ver la grandeza de la ciudad, la 

* Solis al referir este encnentro comete cuatro errores. Dice qae el ngtdo 
de Coné* em uaa banda ; que loa do« señores qae acompid&aban a Moccacsoina, 
no permitieron que se la pusiese al cuello ; que hirieron esto con moeatnu de 
enojo, y que el monarca loe reprendió, y contubo. Todo esto e» falso, y opuesto 
a la relación del mismo Cortas. 



fM HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

magnificencia de los edificios, y el numero de habitantes, y siguieron 
andando por aquel grande, y ancho camino, que sin separarse de la 
linea recta, servia de continuación, sobre las aguas del lago, al de 
Iztapalapan, hasta la puerta meridional del templo mayor, alternando 
en sus ánimos, con la admiración, el temor de su suerte, viéndose 
solos en medio de un reino estraño. Asi procedieron, por espacio de 
milla y media, dentro de la ciudad, hasta el palacio que habia sido del 
rei Ajayacatl, destinado nara servirles de alojamiento, y que estaba 
cerca del mencionado templo. AUi los esperaba Moteuczoma, que 
con este obgeto los habia precedido. Cuando llegó Cortés a la 
puerta del palacio, lo tomó el rei por la mano, y lo introdujo en una 
gran sala; hizolo sentar^ un reclinatorio semejante a los que se 
usan en nuestras iglesias, cubierto de un hermoso tapete de algodón, 
y cerca de un muro cubierto también de una colgadura adornada de 
oro, y piedras, y despidiéndose cortesmente, le dijo : " vos, y vues- 
tros compañeros, estáis ahora en vuestra propia casa; comed, y des- 
cansad, que yo volveré en breve." 

Retiróse el rei a su palacio, y Cortés mandó inmediatamente ha- 
cer una salva de artillería, para amedrentar con su estrepito a los Me- 
gicahos. En seguida pasó a examinar todas las estancias del palacio, 
para distribuir los alojamientos de su tropa. Era tan grande aquel 
edificio, que se alojaron en él cómodamente los Españoles, y sus alia- 
dos, los cuales, con las mugeres, y servidumbre que los acompañaban, 
pasaban de siete mil personas. Reinaba por do quiera un aseo 
esquisito; casi todas las piezas tenian camas de esteras^', junco y de 
palma, según el uso de aquellos paises, con rollos de lo mismo para 
servir de almohadas, cortinas de algodón, y bancos hechos de una sola 
pieza. Algunas tenian el piso esterado, y los muros cubiertos de 
tapetes de algodón de varios colores. Los muros eran gruesos, y te- 
nian torres de distancia en distancia, asi que los Españoles encontra- 
ron alli cuanto podian apetecer para su seguridad. El diligente, y 
cauto general distribuyó inmediatamente las guardias, formó con sus 
cañones una batería, enfrente de la puerta del palacio, y empleó todo 
su esmero en fortificarse, como si aguardase ser atacado aquel mismo 
dia por sus enemigos. No tardó en presentarse a Cortés, y a sus 
capitanes un magnifico banquete, servido por la nobleza, mientras se 
distribuían al egercito diversos, y copiosos viveros, aunque de inferior 
calidad. Este dia, tan memorable para Españoles, y Megicanos, fue 
el 8 de Noviembre de 1519, siete meses después de la llegada de 
aquellos al pais de Anahuac. 



LIBRO NONO. 



Confrrencia* dr Motrucsoma coh Cortt't. Priiinn r/r Motruezoma, del rci de 
Acolhuacitn, y dr otrot ié^oMt. Suplicio atrwt de Quauhpopoea. TenMhtaM del 
gvhrniador de Cufm contra Himan Corté*, y derrota de Panfilo de Narrae%. 
Muerte dr muchos noblct, y fublevachn del pueblo de Afeffico contra loa Espa- 
íiolet. Muerte del rri Moteucsoma. Combatrt, peligro», y derrota de loe 
Eepañole». fíatalla de OtomjHtn, y retirada de loe Etpañolrg a Tlaicala. Elec- 
ción del rri Cuitlahuatzin. /Itoria de loe EepaTioiet en Trpryacac, en Jalatzineo, 
en Tecamacbalco, y en Quauhqucr holán. Eitragot hecho$ por Uu rirmetas. 
Muerte del rei Cuitlahuatzin, y de los principe» Magigcattti», p Cuicmtgcatti». 
Elección en Megico del rei Quauhtemotsin. 

Primera conferencia y nuevos regalos de Moteuczoma. 
Dbspubs de haber%;omido los EspaHoIes, y dispuesto cuanto con- 
venia a su senilidad, volvió a visitarlos el rei, con gran acompaiía- 
miento de nobleza. Cortés salió a recibirlo oon sus capitanes, y los 
dos juntos entraron en la sala principal, donde inmediatamente se 
colocó otro reclinatorio al lado del general Español. £1 rei le pre- 
sentó muclias alajas curiosas de oro, plata, y plumas, y mas de cinco 
mil vestidos fínisimos de algodón. Habiendo Moteuczoma tomado 
asiento, hiz^K^ntar a Cortés, y todos los circunstantes permanecieron 
en pie. Cortés le manifestó su gpratitud con espresiones elocuentes, y 
queriendo contbiuar su discurso, lo interrumpió Moteuczoma con 
estas palabras. 

'* Valiente general, y vosotros sus compañeros, todos mis cortesa- 
nos, y domésticos son testigos de la satisfacción que me ha causado 
vuestra feliz llegada a c^ta capital, y si basta ahora he aptirentado mi- 
rarla con repugnancia, ha sido únicamente para condescender con mis 
subditos. Vuestra fama ha engrandecido los obgetos, y turbado \oé 
ánimos. Decian que erais dioses inmortales, que veniaLs moni 
sobre fieras de portentosa grandeza, y ferocidad, y que 
rayos, oon los cuales hacíais estremecer la tierra. Otros creías que 
erais monstruos arrojados del seno del mar ; que la sed del oto os 
habia obligado a dejar Tnestra patria ; que os dominaba d amor de 
los deleites, y qnc tal era vuestra gula, que ano de vosotros oomia 



64 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

tanto como diez de mis subditos. Pero todos estos errores se han 
disipado con el trato, que ellos mismos han tenido con vosotros. Ya 
se sabe que sois hombres mortales como todos, aunque algo diferentes 
de los demás en el color, y en la barba. Hemos visto por nosotros 
mismos que esas fieras tan famosas no son mas que ciervos mas con- 
pulentos que los nuestros, y que vuestros supuestos rayos son unas 
cervatanas mejor construidas que las comunes, y cuyas bolas se des- 
piden con mas estrepito, y hacen mas daño que las de aquellas. En 
cuanto a vuestras prendas personales, estamos bien informados por 
los que os conocen de cerca, que sois humanos, y generosos, que 
toleráis con paciencia los males, y que no usáis de rigor si no con los 
que exitan vuestro enojo con su enemistad, y que no os servís de las 
armas, si no para la justa defensa de vuestra persona. No dudo que 
vosotros igualmente habréis desechado, o desechareis las falsas ideas que 
de mi os habrá dado la adulación de vuestros vasallos, o la malevo- 
lencia de mis enemigos. Os habrán dicho que soi uno de los dioses 
que se adoran en esta tierra, y que tomo cuando quiero la forma de 
león, de tigre, o de otro cualquier animal : pero ya veis (y al decir 
esto se tocó un brazo como para hacer ver q*ae estaba formado a 
guisa de los otros hombres) que soi de carne y hueso como los demás 
mortales, aunque mas noble que ellos por mi nacimiento, y mas pode- 
roso por la elevación de mi dignidad. Los Cempoaleses, que con 
vuestra protección se han sustraído a mi obediencia, aunque no que- 
dará impune su rebelión, os habrán hecho creer, que los muros, y los 
techos de mi palacio son de oro, pero vuestros ojos pueden desmen- 
tirlos. Este es uno de mis palacios, y ya veis que los muros son de 
cal y canto, y los techos de madera. No niego que son grandes mis 
riquezas, pero las aumenta la exageración de mis subditos. Algunos 
se os habrán quejado de mi crueldad, y de mi tiranía, pero ellos llaman 
tiranía el uso legitimo de mi autoridad, y crueldad la necesaria 
severidad de la justicia. Depuesto asi por una y otra parte todo 
concepto desventajoso ocasionado por falsas noticias, acepto la emba- 
jada del gran monarca que os envía, aprecio su amistad, y ofresco a 
su obediencia todo mi reino, pues en vista de las señales que hemos 
observado en los cielos, y de lo que vemos en vosotros, nos parece 
llegado el tiempo de que se cumplan los oráculos de nuestros antepa- 
sados, en los cuales se anunciaba que debían venir de la parte de Le- 
vante ciertos hombres diferentes de nosotros en trages, y costumbres, y 
que al fin serian señores de estos países. Nosotros no somos originarios 
de ellos: hace muchos años que nuestros progenitores vinieron de las 



Tflm,M. fz-^fió. 




r 






VI8ITA DR CORTfcS Al. RKt. <Í5 

regiones Septentríonnlos, y nuestro dominio no bn «ido hasta abora, 
si no como lugar-tententes de Quetzaicoatl, nuestro dios, y legitimo 
sefior." 

Cortés respondió dándole f^cias por los singulares beneficios que 
de su mano hnbia rrribido, y por el concepto ventnjo^o qne de los 
Españoles había formado. Dijole que era enviado por el mayor 
monarca de Europa, c\ cual aunque podía aspirar a algo mas, cono 
decendíente de Quetr.alcoatl, se contentaba con establecer una confe- 
deración, y amistad p<Tpetua con Su Magestad, y con sus sucesores; 
que el 6n de su embajada no era quitar a nadie lo que poseía, si no 
anunciarle la verdadera Religión, y darle algunos rons€«jo8 impor- 
tantes para mejorar su gobierno, y hacer felices a sus vasallos : lo que 
haría en otra ocasión si Su Magestad se dignaba concedérselo. 
Aceptólo el reí, y habiéndose informado del grado, y condición de 
cada uno de los Españoles, se despidió, y de allí a poco les envió un 
gran regalo, qne consistía en ciertas alajas de oro y tres cargas de 
preciosos trages de pluma, para cada uno de los capitanes, y dos de 
trages de algodón para cada soldado. Tan felices principios hubieran 
podido asegurar a los^Españoles la pacifica posesión de aquella vasta 
monarquía, sí se hubiesen dejado conducir mas bien por la prudencia, 
que por el valor*. 

Visita de Cortés al Rei. 
Al dia siguiente, queriendo Cortés pag^r la visita al rei, le mandó 
a |)edir audiencia, y la obtnbo tan prontamente que los mismos que le 
llevaban la m^puesta, eran los introductores de embajadores que 
debían condurirlo, e instruirlo en el ceremonial de la corto. Vistióse 
Cortés de las mas vistosas galas que tenía, y condujo en su compañía 
a los capitanes Alvurado, Sandoval, Velasquez de T^on, y Ordaz, v 
cinco soldados de su egercito. Llegaron al real palacio, por en medio 
(le un gentío innumerable, y al entrar por la primera puerta, los que 
lo acompañaban se ordenaron en dos filas, pues el entrar de tropel se 

* El docto y juicioso P. Acusta hablando de esta primera confcrruria de 
Mutcuczoma dice : " Muchos sod de opinión «|ue atenido el estado de laa cosas 
en aquel primer dia, hubiera sido fácil a los I'lspañoles hacer lo que bubieraa 
querido del rei, y del núoo, y comnaicarles la Ici '<•' ' '* «*or»-fran paz, y coa« 
tentó de todos: pero los juicios de Dios son pr muchos em loa 

pecados de ambas naciones, por lo que no sucedit> I- ,... ..^ ...jl esperarse, Mnqoe 
al fin cumplió Dios sos dedfnios de hacer misericordia a aqaellas gentes, 
después de haber juzj^ado y castigado a los que lo merevian." 

TOMO II. P 



6d HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

creia falta de respeto a la magestad. Después de haber pasado por 
tres patios, y por algunas salas a la ultima antecámara, para llegar 
a la sala de audiencia, fueron cortesmente recibidos por algunos 
señores, que estaban de guardia, y obligados a descalzarse, y a 
cubrirse las galas con ropas groseras. Cuando entraron a presencia 
del rei, este dio algunos pasos acia Cortés, lo tomó por la mano, y 
mirando a todos los demás con semblante agradable, les hizo tomar 
asiento. La conversación fue larga, y sobre diversos asuntos. El 
rei hizo muchas preguntas, tanto sobre el gobierno político, como 
sobre las producciones naturales de España, y Cortés, después de 
haberlo satisfecho en todo, se introdujo a hablar de religión. Espusole 
la unidad de Dios, la Encarnación del Verbo, la creación del mundo, 
la severidad del juicio de Dios, la gloria con que premia a los justos, 
y las penas eternas a que condena a los pecadores. Después racio- 
cinó sobre los ritos del Cristianismo, y particularmente sobre el in- 
cruento sacrificio de la misa, comparándolo con los inhumanos que 
practicaban los Megicanos, y declamando fuertemente contra la bar- 
bara crueldad de inmolar victimas humanas, y de alimentarse de su 
carne. Monteuczoma respondió que en cualito a la creación del 
mundo estaban de acuerdo ; pues lo mismo que Cortés referia, hablan 
oido de boca de sus antepasados ; que por lo demás sus embajadores 
lo hablan informado de la religión que los Españoles profesaban. 
" Yo no dudo, dijo, de la bondad del Dios que adoráis : pero si él es 
bueno para España, nuestros dioses son también buenos para los 
Megicanos, como lo ha hecho ver la esperiencia de tantos siglos. 
Escusad pues el trabajo de quererme inducir a dejar f.a culto. En 
cuanto a los sacrificios, no sé por que se ha de censurar el que se 
sacrificen a los dioses los hombres que o por sus delitos, o por la 
suerte que han esperimentado en la guerra, están destinados a sufrir 
la muerte." Aunque Cortés no logró persuadir a Moteuczoma la 
verdad de la Religión Cristiana, obtubo sin embargo, según dicen, 
que no se volviese a servir a su mesa carne humana, o por que con 
las razones de Cortés se despertase en su animo el natural horror que 
debe inspirar, o porque quisiese complacer a lo menos en aquella con- 
decendencia a los Españoles. Dio ademas en aquella ocasión nuevos 
testimonios de su magnificencia, regalando a Cortés, y a los cuatro 
capitanes algunas alajas de oro, y diez cargas de trages finos de 
algodón, y a cada soldado un collar de oro. 

Habiendo regresado Cortés a sus cuarteles (que asi llamaremos 
de ahora en adelante al palacio del rei Ajayacatl, en que se alojaron 



Ion Kitpafioles) empezó n reflexionar lohre el peligro en que nc hallaba, 
en el rontro de una ciudad tan fuerte, y popnlora, y resolvió con- 
cillarse el afecto de los nobles, con una buena conducta, y coa modales 
obiirquiosn.s, y amables, y mandó u su gente que se comporteaeo de 
raanora, que no pudieran quejorae de ellos los Megicanos : pero 
mientras parecía esmerarse en la conservación de la paz, agitaba en 
su mente pensamientos temerarios, nada favorables a eJla, y como 
para madurarlos era necesario, antes de todo, informarse por si mismo 
del estado de las fortificaciones de la capital, y de las fuerzas militares 
del imperio, pidió permiso al reí do ver los palacios reales, el templo 
mayor, y la plaza del mercado. C'oncediolo benignamente Moteuc- 
soma, no teniendo la menor sospecha del astuto general, ni previendo 
los resultados do su demasiado fácil indulgencia. Vieron pues los 
Espafioles cuanto quisieron, hallando en todas partes grandes motivos 
de estrañeza, y de admiración. 

Descripción de la ciudad de Megico. 

Estaba entonces la ciudad de Megico situada, como hemos dicho, 
en una isla pequeña dll lago de Tezcuco, a quince millas a Poniente 
de esta capital, y a cuatro de Tlacopan, por la parte opuesta*. Se 
pasaba del continente a la isla por tres grandes calzadas de tierra, y 
piedra, construidas a proposito sobro el lago : la de Iztapalapan, a 
Mediodía, de siete millas de largo, la de Tlacopan, a Poniente, de 
cerca de dos millas, y la de Tepeyacacf, al Norte, de tres. Todas 
eran tan ano^. que podian ir por ellas diez hombres a caballo, de 
frente. 

Ademas habia otra algo mas estrecha, pura los dos acueductos de 
Chapoltepec. £1 circuito de la ciudad, no comprendidos los arrabales, 
ero de mas de nueve millas, y el numero de las casas, sesenta mil, a 
lo menos X' Estaba dividida en cuatro cuarteles, y cada cuartel en 

* En el mapa Qeografico se representan equivocadamente mas próximas cutre 
8( estas ciodtdes. 

t Robertson pone en lugar del camino de Tepeyacac, el de Tezcuco, el cual, 
cuaudo describe a Mof^icn, lo sitúa al Nordeste, y cuando habla de la distríbu* 
cion el cgerctto Español, durante el asedio, a Lerante, habiendo ya dicho que 
acia Levante no habia camino sobre el lago : pero lo derto es que no hubo ni 
pudo haber nunca camino alguno, sobre el lago de M^eo a Texcuco, por la 
gran profundidad de su lecho en aquella |)artc, y en raso que hubiese alguno, no 
seria de tres millas, si no de quince, que es la distancia entre ambos puntos. 

X Torqucmada afirma, que U población de U capital era de 120,000 casas: 
pero el conquistador anónimo, Gomara, Herrera, y otros escritorejí convienen en 

F 2 



\ 



68 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

muchos barrios, cuyos nombres Megicanos se conservan aun entre los 
Indios. Las lineas divisorias de los cuatro cuarteles, eran cuatro 
calles principales, correspondientes a las cuatro puertas del atrio del 
templo mayor. El primer cuartel, llamado Tecpan, y hoi S. Pablo, 
comprendia toda la parte de la población que estaba entre las dos 
calles correspondientes a las puertas Meridional y Oriental. El 
segundo, Moyotla, hoi S. Juan, la comprendida entre las calles 
Meridional y Occidental. El tercero, Tlaquechiuhcan, hoi Santa 
Maria, la comprendida entre las calles Occidental, y Septentrional. 
El cuarto, Atzacualco, hoi S. Sebastian, la comprendida entre las 
calles Septentrional, y Oriental. A estas cuatro partes, en que fue 
dividida la ciudad desde su fundación, se agregó después, como 
quinta parte, la ciudad de Tlatelolco, quedando, por las conquistas 
del rei Ajayacatl, unida a la de Tenochtitlan, y compuesta de todas 
ellas la capital del imperio Megicano. 

Habia al rededor de la ciudad muchos diques, y esclusas para 
contener las aguas en caso necesario, y dentro de ella tantos canales, 
que apenas habia barrio por el cual no se pudiese transitar en barco ; 
lo que no menos contribuia a hermosear la población, que a facilitar 
el transporte de los víveres, y de todos los renglones de comercio, 
asegurando de este modo a los ciudadanos contra las tentativas de 
sus enemigos. Las calles principales eran anchas, y derechas. De 
las otras, habia algunas que no eran mas que canales ; muchas em- 
pedradas, y sin agua, y no pocas que tenian en medio una azequia 
entre dos terraplenes, que servían a la comodidad de los pasageros, y 
a descargar las mercancías ; o en su lugar, plantíos ^e arboles, y 
flores. 

Entre los edificios^ ademas de los muchos templos, y palacios de 

el numero de 60,000 casas, y no de 60,000 habitantes como dice Robertson, pues 
no hai autor antiffuo que la estime tan pequeña. Es cierto que en la traducción 
Italiana del conquistador anónimo se traduce 60,000 habitantes por 60,000 
vecinos, debiendo decir fuegos, pues de otro modo se diría que Cholula, 
Joquimilco, Iztapalapan, y otras ciudades eran mas populosas que Megico. 
Pero en el referido numero no se comprendían los arrabales. Nos consta por 
el testimonio de Herrera, y de Bernal Díaz del Castillo que acia Poniente con- 
tinuaban las casas, por una y otra parte del camino de Tlacopan, hasta tierra 
■firme, lo que forma un espacio de dos millas. Los otros arrabales eran Azta- 
calco, Acatlan, Malcuitlapílco, Ateneo, Iztacalco, Zancopínca, Huítznahuac, 
Jocotitlan, Coltonco, y otros. Probablemente Torquemada incluyó en su 
calculo los arrabales, pero aun de este modo me parece exesivo el numero de 
120,000 casas. 



ORLO DR CORT6h POR LA RBLIOION. 69 

que le ha hablado, había otros palacios, o casas grandes, constraidas por 
los scfiores feudatarios para su habitación, en el tiempo en que se les 
obligaba a residir en la corte. Sobre todas las casas, exepto sobre las 
de los pobres, habia azoteas con sus parapetos, y eo algunas, almenas, 
y torres, aunque roas pequeñas que las de los templos ; asi que los 
templos, las calles, y las casas eran otros tantos medios de defensa 
para los habitantes. 

Ademas de la grande, y famosa plaza de Tlatelolco, donde se hacia 
el mercado principal, habia otras menores, distribuidas por toda la 
ciudad donde se vendian las provisiones de boca mas comunes. En 
otros puntos habia fuentes, y estanques, especialmente en las cercanias 
de los templos, y muchos jardines, plantados los unos al nivel de la 
tierra, y otros en altos terrados. Jja» muchos y bellos edificios 
primorosamente blanqueados, y bruñidos, las altas torres de los 
templos esparcidos por los cuarteles de la ciudad, los canales, los 
vergeles, y los jardines, formaban tan hermoso conjunto, que los 
Españoles no se cansaban de admirarlo, especialmente cuando lo 
contemplaban desde el atrio superior del templo mayor, el cual no 
solo dominaba la pobülicion de la corte, si no los lagos, y las bellas, y 
grandes ciudades de sus bordes. No menos maravillados quedaron al 
ver los palacios reales, y la variedad infinita de plantas, y animales 
que en ellos se criaban : mas nada los dejó tan atónitos como la gran 
plaza del mercado. No hubo Español que no la celebrase con sin- 
gulares encomios, y algunos de ellos, que habian viajado por casi toda 
la Europa, ^eguraron, como dice Bernal Diaz, no haber visto jamas 
en ninguna ^za del mundo ni tan gran numero de traficantes, ni tanta 
variedad de mercancias, ni tanta regularidad y orden en el conjunto. 

Desahogos del celo de Cortés por la Religión. 
Cuando los Españoles subieron al templo mayor, encontraron allí 
al reí, que se les habia anticipado, para evitar con su presencia que 
cometiesen algún atentado contra sus Ídolos. Después de haber 
observado desde aquella altura la ciudad, que el mismo rei le indicaba. 
Cortes le pidió permiso de ver los santuarios, y él lo concedió, 
habiendo antes consultado a los sacerdotes. Entraron en ellos los 
Españoles, y contemplaron, no sin compaaioii ni horror, la ceguedad 
de aquellos pueblos, y el horrendo estrago qne en ellos hada h 
crueldad de sus sacrificios. Cortés, volviéndose entonces a Motenc- 
soma, le dijo : '* Me maravillo, Sefior, que un monarca tan sabio 



68 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

muchos barrios, cuyos nombres Megicanos se conservan aun entre los 
Indios. Las lineas divisorias de los cuatro cuarteles, eran cuatro 
calles principales, correspondientes a las cuatro puertas del atrio del 
templo mayor. El primer cuartel, llamado Tecpan, y hoi S. Pablo, 
comprendia toda la parte de la población que estaba entre las dos 
calles correspondientes a las puertas Meridional y Oriental. El 
segundo, Moyotla, hoi S. Juan, la comprendida entre las calles 
Meridional y Occidental. El tercero, Tlaquechiuhcan, hoi Santa 
Maria, la comprendida entre las calles Occidental, y Septentrional. 
El cuarto, Atzacualco, hoi S. Sebastian, la comprendida entre las 
calles Septentrional, y Oriental. A estas cuatro partes, en que fue 
dividida la ciudad desde su fundación, se agregó después, como 
quinta parte, la ciudad de Tlatelolco, quedando, por las conquistas 
del rei Ajayacatl, unida a la de Tenochtitlan, y compuesta de todas 
ellas la capital del imperio Megicano. 

Habia al rededor de la ciudad muchos diques, y esclusas para 
contener las aguas en caso necesario, y dentro de ella tantos canales, 
que apenas habia barrio por el cual no se pudiese transitar en barco ; 
lo que no menos contribuía a hermosear la pobfacion, que a facilitar 
el transporte de los víveres, y de todos los renglones de comercio, 
asegurando de este modo a los ciudadanos contra las tentativas de 
sus enemigos. Las calles principales eran anchas, y derechas. De 
las otras, habia algunas que no eran mas que canales ; muchas em- 
pedradas, y sin agua, y no pocas que tenían en medio una azequia 
entre dos terraplenes, que servían a la comodidad de los pasageros, y 
a descargar las mercancías ; o en su lugar, plantíos uíb arboles, y 
flores. 

Entre los edificios^ ademas de los muchos templos, y palacios de 

el numero de 60,000 casas, y no de 60,000 habitantes como dice Robertson, pues 
no hai autor antijfuo que la estime tan pequeña. Es cierto que en la traducción 
Italiana del conquistador anónimo se traduce 60,000 habitantes por 60,000 
vecinos, debiendo decir fuegos, pues de otro modo se diría que Cholula, 
Joquimilco, Iztapalapan, y otras ciudades eran mas populosas que Megico. 
Pero en el referido numero no se comprendian los arrabales. Nos consta por 
el testimonio de Herrera, y de Bernal Diaz del Castillo que acia Poniente con- 
tinuaban las casas, por una y otra parte del camino de Tlacopan, hasta tierra 
■firme, lo que forma un espacio de dos millas. Los otros arrabales eran Azta- 
calco, Acatlan, Malcuitlapilco, Ateneo, Iztacalco, Zancopinca, Huitznahuac, 
Jocotitlan, Coltonco, y otros. Probablemente Torquemada incluyó en su 
calculo los arrabales, pero aun de este modo me parece exesivo el numero de 
120,000 casas. 



CRLO DR CORTftH POR LA RBLIOION. (¡^ 

que 80 ha hablado, habia otros palaciof , o casas grandes, construidas por 
tos señores fendataríos para su habitación, en el tiempo en que se les 
obligaba a residir en la corte. Sobre todas las casas, exepto sobro las 
de los pobres, habia aaoteas con sus parapetos, y en algunas, almenas, 
y torres, aunque roas pequeñas que las de los templos ; asi que los 
templo», las calles, y las casas eran otros tantos medios de defensa 
para los habitantes. 

Ademas de la grande, y famosa plaza de Tlatelolco, donde se hacia 
el mercado principal, habia otras menores, distribuidas por toda la 
ciudad donde se vendían lai provisiones de boca mas comunes. Eo 
otros puntos habia fuentes, y estanques, especialmente en las cercanías 
de los templos, y muchos jardines, plantados los unos al nivel de la 
tierra, y otros en altos terrados. íxm muchos y bellos edificio* 
primorosamente blanqueados, y bruñidos, las altas torres de los 
templos esparcidos por los cuarteles de la ciudad, los canales, los 
vergeles, y los jardines, formaban tan hermoso conjunto, que los 
Españoles no se cansaban de admirarlo, especialmente cuando lo 
contemplaban desde el atrio superior del templo mayor, el cual no 
solo dominaba la pob%cion de la corte, si no los lagos, y las bellas, y 
gprandes ciudades de sus bordes. No menos maravillados quedaron aJ 
ver los palacios reales, y la variedad infinita de plantas, y animales 
que en ellos se criaban : mas nada los dej6 tan atónitos como la gran 
plaza del mercado. No hubo Español que no la celebrase con sin- 
gulares encomios, y algunos de ellos, que habian viajado por casi toda 
la Europa, aseguraron, como dice Bemal Diaz, no haber visto jamas 
en ninguna ^sa del mundo ni tan gran numero de traficantes, ni tanta 
variedad de mercancias, ni tanta regularidad y orden en el conjunto. 

Desahogos del celo de Cortés por la Religión. 
Cuando los Españoles subieron al templo mayor, encontraron allí 
al reí, que se les habia anticipado, para evitar con su presencia que 
cometiesen algún atentado contra sus Ídolos. Después de haber 
observado desde aquella altura la ciudad, que el mismo reí le indicaba. 
Cortes le pidió permiso de ver los santuarios, y él lo concedió, 
habiendo antes consultado a los sacerdotes. Entraron en ellos loa 
Españoles, y contemplaron, no sin compasión ni horror, la ceguedad 
de aqudlos pueblos, y el horrendo estrago que en ellos hacia b 
crueldad de sos sacrificios. Cortés, volviéndose entonces a Moteoe- 
loma, le dijo : ** Me maravillo. Señor, que un monarca tan sabio 



TCf HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

como vos, adore como dioses esas figuras abominables del demoiiio." 
" Si yo hubiese sabido, respondió, que debiais hablar con tanto 
desprecio de nuestros númenes, no hubiera cedido jamás a vuestras 
instancias." Cortés, viéndolo tan enojado, se escusó como pudo, y se 
despidió para retirarse a sus cuarteles. ** Id en buen hora, respondió 
el monarca, que yo me quedo aquí para aplacar a los dioses, irritados 
con vuestras blasfemias." 

Apesar de este disgusto obtubo Cortes del rei no solo el permiso de 
construir dentro del recinto de sus cuarteles una capilla en honor del 
verdadero Dios, si no también los materiales y operarios para la 
fabrica, en la cual se celebró el santo sacrificio de la Misa, mientras 
duró la provisión de vino, y diariamente concurrían a ella los soldado», 
a encomendarse a Dios. Plantó ademas en el patio principal una 
cruz, a fin de que los Megicanos viesen la suma veneración en que los 
Españoles tenian aquel santo instrumento de la redención del linage 
humano. Quiso después consagrar al culto del verdadero Dios el 
templo mismo de Huitzilopochtli, pero lo detubo el miedo del rei, y 
de los sacerdotes, aunque lo consiguió mas tarde, habiendo aumentado 
su autoridad de resultas de la prisión del rei, 5^ de otras acciones no 
menos temerarias, que referiré mui en breve. Despedazó los Ídolos 
que alli se veneraban, hizo limpiar el santuario, colocó en él un 
Crucifijo, y una imagen de la Madre de Dios*, y arrodillado delante 
de aquellos simulacros, dio gracias al Altísimo por haberle concedido 
la gracia de adorarlo en aquel lugar, que por tanto tiempo habia sido 
consagrado a la mas abominable, y cruel idolatría. Est^ mismo celo 
lo indujo a repetir muchas veces a Moteuczoma sus razonamientos 
sobre las santas verdades de nuestra fe, y aunque aquel monarca no 
estaba dispuesto a abrazarlas, sin embargo movido por sus argu- 
mentos mandó que no se sacrificasen mas victimas humanas, y aunque 
no complaciese al general Español en renunciar a su creencia, siguió 
tratándolo con cariño, y no pasaba dia en que no hiciese nuevas 
finezas, y regalos a los Españoles. La orden que dio a los sacerdotes 

* La imagen de la Virgen que colocó Cortés en aquel santuario, se cree ser la 
misma que en la actualidad se venera con el titulo de los Remedios, o del Socorro, 
en un magnifico templo, a ocho millas de la capital acia Poniente. Se dice que 
la llevó consigo a Megico un soldado de Cortés llamado Villafuerte, y que el dia 
después de la terrible noche en que fueron derrotados los Españoles, la escondió 
en el sitio en que se encontró algunos años después, que es el mismo en que hoi 
se venera. 



PRISIÓN UH MOTKUOZOMA. 71 

uT.erra do \o» sacrifícioH no fue observada con rigoroM puntuiílidad, 
y la gran arroonia que reinaba entre Corté» y Motcucxoma Aio turbada 
por el inaudito atentado que voi a referir. 

Prisión de MoUuczoma. 
No bubian pasado mas de seis dias después de la entrada de los Es- 
pañoles en Megioo, cuando viéndose Cortés aislado en medio de un 
pueblo inmenso, y conociendo el peligro en que se hallaban su vida* y 
la de loa suyos, si mudaba de sentimientos el rci, como podia suceder, 
llegó a persuadirse que no podia adoptar otro mc<iioparasu seguridad, 
que el de apoderarse de la persona de aquel soberano ; pero siendo 
esta una medida tan opuesta a la raxon, como al reipeto, y al agrade- 
cimiento qoe le debia, buscó pretestos para aquietar su conciencia, y 
poner a cubierto su bonor*. y no bailó otro que pudiera convenirle ñ 
no la revolución de Vera Cruz, cuya noticia, qoe recibió en Cbolula, 
habia tenido basta entonces reservada en su pecbo. Pero queriendo 
en fin sacar partido de ella, la comunicó a sus capitanes, para qae 
seriamente pensasen en los medios que podrían libertarlos de tantos 
peligros ; y para jnlUfícar la temeridad que pensaba, y obligar a los 
Españoles a prestarse a ella, mandó llamar a mucbas personas princi- 
pales de los aliados (cuyo testimonio debia ser sospecboso, a causa de 

* Que el inteato de Cortés era apodcrane de cualquier modo de Ja pe nona de 
Motcuczoms, y que la rcvoluciun de Vera Cruz do era mas que un pretesto 
para cubrir su dctl^io, te inBere rlaramcoto de tu rarte a Carlos V, de dO de 
Ortuhre de^|^. " nwados, inrlrtissimo Príncipe, teU días después qoe en la 
gran dudad dr Temittitan entr^ (debia decir Tenocktittmm) y habiendo vbto alfa- 
nas eosai de ella, aunque pocas, seinin lo que hai que ver, j nomr. por aquellas 
HM pareció, y aun por lo que de la tierra habia visto, que conrenia al Real acrvi. 
do, y a nuestra segulUad, que aquel señor (Moteturoa) eatnbiera en mi poder, y 
no ca toda su libertad : por que no modauc cl proposito que mostraba en servir 
a V. Alteta, mayormente que los Españoles somos algo incomporubles, r impor- 
tunos, e porque enojándose nos podía hacer mucho dafio, y tanto que no bohlesse 
memoria de nosotros, según su gran poder ; e también porque tenicndole conml- 
fCO, todas las otras tierras que a él eran subditas, vendrían mas alna al coood- 
■dsBtD, y servido de V. M. como después sucedió.** Todavía descubre con mayor 
claridad su btento en otro pasage de U misma carta, dtaado otra que habia «•- 
críto al mUmo Carlos V desde Vera Cruz. " Certifiqué a V. A. que lo hahria 
(a Motesaaa) o preso, o muerto, o subdito a la coroaarsal de V. M., y con este 
proposito y demanda roe partí de la ciadad de CeospeaL* Ahora Mea, casado 
Cortés saBo de Cempc^a, no hablan ocurrido los sucesos de Vera Cras, al habla 
redbido agravio alguno del rei. si no roa» bien finetas dagnkrei. y 
K<*«ntes. 



*ll 



72 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

SU enemistad con los Megicanos,) y les preguntó si habian observado 
alguna novedad en la conducta de los habitantes de aquella corte. 
Ellos respondieron que la plebe estaba divertida en los regocijos pú- 
blicos, que el rei habia dispuesto para solemnizar la llegada de tan no- 
bles estrangeros ; pero que en la nobleza se notaba cierto aspecto sos- 
pechoso, y entre otras cosas, habian oido decir a sus individuos que 
seria fácil levantar los puentes de los canales, lo que indicaba alguna 
conspiración secreta contra los Españoles. 

Tan grande era la inquietud de Cortés que no pudo dormir aquella 
noche, y la pasó dando vueltas, pensativo, y agitado, por sus cuarteles. 
Una centinela le notició entonces que en una de las cámaras habia una 
salida tapada con una pared que pareeia recien-hecha. Cortés la hizo 
abrir, y halló muchas piezas en que estaba depositado el tesoro del rei 
Ajayacatl. Vio alli muchos Ídolos, una gran cantidad de alajas de oro, 
plata, y piedras preciosas, ricos tegidos de pluma, y algodón, y otros 
obgetos que pagaban a lo corona los pueblos tributarios, o que regala- 
ban los señores feudatarios a su soberano. Después de haber exami- 
nado atónito tantas riquezas, mandó hacer de nuevo el muro, dejan- 
dolo, todo en el mismo estado en que se hallaba. • 

En la mañana siguiente reunió a sus capitanes, les representó las 
h ostilidades cometidas por el señor de Nauhtlan contraía guarnición de 
la Vera Cruz, y contra los Totonaques sus aliados ; exesos que, según 
decian estos, no se hubieran llevado a efecto sin la orden, o el permiso 
del rei Moteuczbma. Espusoles con la mayor energía el gravísimo 
peligro en que se hallaban, y les declaró su designio, exagerando las 
ventajas que debian aguardarse de su egecucion, y dismmuyendo los 
funestos resultados que podia tener. Hubo variedad en los dictá- 
menes de los otros gefes. Los unos desaprobaban el proyecto, como 
impracticable, y temerario, diciendo que seria mejor pedir licencia al 
rei para retirarse de la corte, pues el que con tantas instancias, y 
regalos habia procurado disuadir a Cortés de su resolución de ir a 
Megico, fácilmente les daría permiso de salir de alli. Los otros 
creian necesaria la salida, pero opinaban que debia hacerse de pronto 
y en secreto, para no dar ocasión a que los Megicanos pusiesen por 
obra alguna perfidia: pero la mayor parte de ellos, inducidos de ante- 
mano, como es de creerse, por el mismo general, adhirieron a su voto, 
oponiéndose a los otros, como vergonzosos, y mas arriesgados. 
" ¿ Qué se dirá de nosotros, preguntaban, viéndonos salir intempesti- 
vamente de una corte, donde con tantas honras hemos sido acogidos I 
¿ Habrá quien no crea que el miedo es el que nos pone espuelas ? Y 



PRISIÓN DB MOTBtlOSOMA. 78 

ti pordcmoi la reputación de Talientet, i qné iegnrídad podcmoii pro- 
mrtrrnoii ? ¿ Qué no harán con nosotros, en lo» piintox del tcrríto* 
rio Megicano, o del de nuestros aliados, por donde tengamos qaa 
transitar cuando ya no los detenga el respeto de nuestras armas ? ** 
Tomóse finalmente la resolución de apoderarse de Moteucaoma en sn 
palacio, y de llevarlo preso a los cuarteles : proyecto bárbaro, y estra- 
vagante, sugerido por el temor de los males que podrían sobrevenirles, 
o por la esperíencia de su propia felicidad, que, mas que ninguna otra 
consideración, estimula a los hombres a acometer las mas arduas em- 
presas, y frecuentemente los arroja a los mas hondos precipicios. 

Para la egecucion de tan peligroso atentado puso Cortés en arma a 
toda su tropa, y la distribuyó en los puntos convenientes. Mandó a 
oinoo de sus capitanes, y a veinte y cinco de sus soldados, en quienes 
mas confianza tenia, que se dirigiesen de dos en dos a palacio, pero 
de tal modo, que acudiesen todos a un tiempo, y como si fuese por 
casualidad, y él se encaminó al mismo punto, con su interprete Dofía 
Marina, obtenido antes el beneplácito del rei, a la hora en que solia 
visitarlo. Fue introducido con los otros Españoles en la sala de la 
audiencia, donde Motiuczoma, lejos de pensar en lo que iba a suceder, 
los recibió con la misma amabilidad que siempre. Mandóles tomar 
asiento, les reg^ó algunos efectos de oro, y ademas presentó a Cortés 
una de sus hijas. Cortés, después de haberle significado con las mas 
urbanas espresiones su gratitud, se escusó de aceptarla, alegando que 
estaba casado en Cuba, y que según la lei divina de los Crístianos, no 
le era licito leper dos mugeres : pero al cabo la admitió en sn compa- 
ñia, por no disgustarlo, y con el obgeto de reducirla al Cristianismo, 
como lo verificó en efecto. A los otros capitanes dio también algu- 
nas hijas de los señores Megicanos, que tenia en su serrallo. Ha- 
blaron después algún rato sobre vanos asuntos ; pero viendo Cortés 
que la conversación lo distraía de su intento, dijo al rei que aquella 
visita tenia por obgeto darle parte de la conducta del señor de Nauht- 
lan, su vasallo ; quejóse de las hostilidades que había cometido contra 
los Totonaques, solo por su amistad con los Bspaffoles ; de la guerra 
que había hecho a la guarnición de Vera Croa, y de la muerte del go- 
bernador Escalante, y de seis soldados de aquella plaza. " Yo, dijo, 
debo dar cuenta a mi soberano de la muerte de estos hombres, y para 
poder satiifiíoerlo dignamente, he hecho varias indagaciones acerca de 
un procedimiento tan irregular. Todos os inctüpan, como al 
autor de aquellos sucesos : mas yo estoi lejos de creer tamafii 
en lao grau monarca, cual sería la dé tratar como enemigo es aqveUa 



fá HISTORIA ANTIGUA DE MBGICO. 

provincia, al que al mismo tiempo colmáis de favores en la corte." 
** No dudo, respondió Moteuczoma, que los que me atribuyen la 
guerra de Nauhtlan sean los Tlascaleses, mis eternos enemigos : pero 
yo os protesto que no he tenido en ella el menor influjo. Quauhpopoca 
ha obrado sin orden mia : antes bien contra mis intenciones : y a fin de 
que os conste la verdad, lo haré venir inmediatamente a la corte, y lo 
pondré en vuestras manos." Llamó en seguida a dos de sus corte- 
sanos, y entregándoles una joya, en que estaba esculpida la imagen 
del dios de la guerra, que siempre llevaba pendiente del brazo, y ser- 
via en vez de sello para la egecucion de sus mandatos, les mandó que 
se dirigiesen con la mayor celeridad posible a Nauhtlan, y de alli con- 
dugesen a la corte a Quauhpopoca, y a las otras personas principales, 
que habiau contribuido a la muerte de los Españoles, autorizándolos a 
alistar tropas, y apoderarse de ellos por fuerza, en caso de negarse a 
obedecer sus ordenes. 

Los dos cortesanos partieron sin tardanza para poner en cumpli- 
miento su comisión, y el rei dijo a Cortés : " ¿ Qué mas puedo hacer 
parar aseguraros de mi sinceridad .í* " " No dudo de ella, respondió 
Cortés ; mas para disipar el error en que están vuestros mismos vasa- 
llos, de que el atentado de Nauhtlan se ha egecutado por orden vuestra, 
necesito una demostración estraordinaria, que haga manifiesta la bene- 
volencia con que nos miráis. Ninguna me parece mas conveniente a 
este fin, que la de que os digneis venir a vivir con nosotros, hasta que 
lleguen los reos, y por su confesión se aclare vuestra inocencia. Esto 
servirá para satisfacer a nuestro soberano, para justificar, vuestra con- 
ducta, para honrarnos, y para ponernos a cubierto, bajo la sombra de 
vuestra magestad." Apesar de las palabras artificiosas con que pro- 
curó Cortés dorar su atrevida e injuriosa pretensión, el rei la penetró 
inmediatamente, y se turbó. " ¿ Donde se ha visto, dijo, que un sobe- 
rano se dege llevar preso? Y aunque yo consintiese en evilecer de 
ese modo mi persona, y mi dignidad ¿no tomarían las armas al ins- 
tante todos mis vasallos para libertarme ? No soi yo hombre de los que 
pueden esconderse, y huir a los montes. Sin someterme a tal infamia, 
aqui estoi, pronto a satisfacer vuestras quejas." " Lacasa, Señor, a que 
os convidamos, dijo entonces Cortés, es uno de vuestros palacios, y 
vuestros subditos, acostumbrados a veros mudar de residencia, no podran 
estrañar que paséis a la de vuestro difunto padre Ajayacatl, bajo el 
pretesto de darnos este nuevo testimonio de amistad. En caso de que 
intenten algo contra vuestra persona, o contra nosotros, tenemos valor, 
brazos fuertes, y armas poderosas para reprimir su temeridad. Por lo 



PRIHION DR MOTSUCXOMA. 7ft 

derons. yo empeño mi palabra qae «erGiii honrado por nototrot, y «ei^ 
vido, como por vuestron Hubditos." £1 reí por^everó en lO repagnan- 
oin» y Cortas en tu pretensión, hasta que uno de los capitanes Espa- 
ñoles, demasiado atrevido e inconsidorado, llevando a mal qoo se re- 
tardase la egecacion de aquel designio, dijo en tono colérico, que se 
dejasen las palabras, y que sería mejor llevarse al reí por fucrui, o 
quitarle la vida. Moteuczoma, que en el semblante del Español, co- 
noció su intento, preguntó a Doña Marina qué decia aquel furioso 
estrangero. " Yo, señor, respondió ella con discreción, como subdita 
vuestra, deseo vuestra ventura, y como confidenta de estos hombres, 
poseo sus secretos, y conozco su Índole. Si os dignáis hacer lo que soli- 
citan, seréis tratado por ellos con todo el honor, y distinción que se 
debe a Tuestra real persona : mas si persistís en vuestra determinación, 
corre peligro vuestra vida." Aquel infeliis monarca, que desde la 
primera llegada de los Españoles so babia dejado dominar por un terror 
supersticioso, y cuya pusilanimidad aumentaba de diaen dia, viéndose 
en tanto apuro, y creyendo que antes que llegasen sus guardias, po- 
dría haber perecido a manos de aquellos hombres tan osados, y resuel- 
tos, cedió Bnalment^a sus instancias. " Quiero, dijo, fíarme de vos ; 
vamos, vamos, pues que los dioses lo quieren asi," y dando orden de 
que se le preparase la litera, se puso en ella para ir a los cuarteles de 
los Españoles. 

No dudo que los lectores seotirao al leer, y al considerar las circuns- 
tancias de este estraordinario laceto, el mismo disgusto que yo espe- 
rímento al^ferirlo : mas eo este, no menos que en otros acaecimien- 
tos de nuesva historia, es necesario levantar la mente al cielo, y revo- 
renciar con el mas profundo respeto los altísimos consejos de hi Divi- 
na Providencia, que se valió de los Españoles como de instrumentos 
de su justicia, y de su misericordia, castigando en algunos la supertti- 
cion, y la omeldad, e iluminando a los otros con la luz del Evangelio. 
No cesaremos de inculcar este principio, ni de dar a conocer, ano eo 
las aocioDes mas irregulares de las criaturas, la bondad, la sabidoria, y 
la omnipotencia del Criador. 

Salió finalmente Moteucxoma de so palacio, para no volver a ealnr 
maa ea sos muros, protestando al mismo tiempo a toa oorteeMiot, qae 
por ciertoi motivos que habia consultado ya con los dioeea, ae iba por 
iu gusto a vivir alguoot diu con aquellos estfwigwoa, y iiaiid««dolei 
que lo pablioaaeo asi por toda la ciudad. Iba OM todo el tnm jamg' 
oificenoia qae ioKa llevar consigo, cuando se dejaba ver ea paUieo» y 
los Eapafiolee marobaban a so lado guardándolo, y coa prdetto de 



76 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

honrarlo. Divulgóse inmediatamente por la ciudad la noticia de tas 
estraordinario suceso, y concurrió en tropel el pueblo a presenciarlo : 
los unos lloraban enternecidos, y los otros se arrojaban al suelo como 
desesperados. El rei procuraba aquietarlos, significándoles el placer 
con que iba a residir entre sus amigos : pero temiendo algún alboroto, 
dio orden a sus ministros de despejar el camino de la plebe, e impuso 
pena de muerte al que ocasionase la menor inquietud. Llegado a los 
cuarteles, acogió con suma benignidad a los Españoles que salieron a 
su encuentro, y tomó por su alojamiento la habitación que mas le aco- 
modó, y que fue mui en breve amueblada por su servidumbre con finos 
tapetes de algodón, y de plumas, y con los mejores muebles del real 
palacio. Cortés puso guardia a la puerta de aquella habitación, y do- 
bló la ordinaria de los cuarteles. . Intimó a todos los Españoles, y 
aliados que tratasen, y sirviesen al rei con el respeto debido a su alto 
carácter, y permitió que entrasen a visitarlo cuantos Megicanos quisie- 
sen, con tal de que fuesen pocos a la vez: asi que Moteuczoma no 
carecía de nada de lo que tema en su palacio, sino de libertad. 

Vida del rei en la prisión.* 
Daba Moteuczoma libremente audiencia a sus vasallos, oia sus pre* 
guntas, pronunciaba sentencias, y gobernaba el reino con la ayuda de 
sus ministros, y consegeros. Servianlo sus criados con la diligencia, y 
puntualidad acostumbradas. Asistíanlo a la mesa una muchedumbre 
de nobles, distribuidos de cuatro en cuatro, llevando en alto los platos> 
para mayor ostentación. Después de haber escogido lo eme le gusta- 
ba, distribuía lo demás entre los Españoles que lo guardaban y los Me- 
gicanos de su servidumbre. No satisfecho con esta su generosidad 
hacia frecuentes y magníficos regalos a los Españoles. Cortés, por su 
parte, mostraba tanto celo en que sus soldados lo respetasen como de- 
bían, que mandó dar de palos a uno de ellos por haberle respondido con 
aspereza, y lo habría mandado ahorcar, según afirman los historiadores, 
si el mismo rei no hubiera intercedido en favor del reo. Mas si este 
era digno de tan severo castigo, por haber faltado con su respuesta al 
respeto debido a la magestad del monarca ¿ qué pena merecía él 
que lo habla privado enteramente de su libertad? Cada vez que Cortés 
iba a visitarlo le hacia los mismos acatamientos y ceremonias, que 
cuando estaba en su palacio. Para distraerlo en su prisión mandaba a 
sus soldados hacer egercicios de armas, o jugar en su presencia, y él 
mismo rei se dignaba también jugar con él, o con el capitán Alvarado, 
a un juego que los Españoles llamaban bodoque, y mostraba placer en 



VIDA l>KI. RRl RM LA PRISIÓN. 77 

perder, )>ara tener ducvos motivos de egerccr su liberalidad. Dea- 
purs de comer perdió ca ana ocasión, coarcnta padios de oro «o br«* 
to, que formabiin, según congetaro, ciento y i wept » ooia» a lo ■»- 
MM. Asi dÍM|Nui fácilmente sus ríqaeaas los qae Im has ad q a ir ido tim 
naga. 

Viendo Cortés la liberalidad, o por mejor decir, la prodigalidad del 
ivi. le dijo un día que algunos soldadoa atreridot habían tomado del 
tesoro de su defnnto padre Ajayar4itl unot pedaxos de oro, ma<« que 
ya habia ronndado reponerlos donde estabaa. ".Con tal que no toquen, 
dijo el reí, a las imágenes de los dioses, ni a lo que «ata Jaat ÍD ado a 
su culto, tomen cuanto quieran." Con este peraÍM, loa BlpaÜolea 
sacaroo de aquel deposito ims de mil Testados de algodón. Cortés 
mandó restituirlos : pero Moteucxoma se opuso diciendo que janiM 
volvía a tomar lo que había dado. Quiso adeflMM el general Español 
qae se an es t ascn otros soldados que del mismo tesoro habían tomado 
ciarta cantidad de liquidamhar : mas a petición del reí fueron puestos 
en libertad. No contento con prodigar sos riquexas a los estrangeros, 
presentó a Cortés otra de sos hijas, que él aceptó para casarla con 
Cristoval de Olid, nftiestre de campo de las tropas Españolas. Esta 
como la otra que habia Moteocsoma dado antes, fue pronta- 
instmida y bautizada, sin que su padre hiciese la menor 



No dudando ya Cortés de la buena voluntad del reí, descubierta, 
no solo en tan estraordinarias demostraciones de liberalidad, sino tam* 
bien en «I plnoer qna tenia de tratar con los Espaftoleik le 
ilMpaii dMIgnnoa 4mm de prisión, licencia pan taUr de 
y lo «lottó n qna Amm, ennntM vncaa gaíiiMii, a divertirse en la can, 
a g a ni Bio n qno en aficionndimMo. No naió el envilecido monafca 
aqael ano ainnble de su libertad ; salía anchn Tecea, e iba o a Im 
i<n|ilM,n p n c tion m defociones. o al lago a ennr ana aenatieai» j 
•I boaqne de Ch a po he pec, n otro «tío de neno» aenpre gnart^ in 
toldados Eipefteln. Cuando ¡be al ligo lo 
y dos bmg n ü n w qae mandó hacer Cartea, 
de n entrada en aquella capital*. Cuando iha a In 
lo acompañaban dos mil Haacnlaan, adann de la nnonn 
comitin de Megicanot, que lo senriai eoatfnentBle: wm nenn p^ 
•aba la nacha Inan de n aloJMÍiiln 

• PWrm sspMMr de aaa v«t la vida de Motnennmñ lapririn ciiaa%nss 
sácese* pe sla riore» a los qae voi s referir. 




78 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

Suplicio del Señor de NauJitlan, y nuevo insulto a la Magestad 
del Rei. 

Mas de quince días habían pasado después que Moteuczoma mudó 
de residencia, cuando volvieron los dos sugetos que habia enviado a 
Nauhtlan, trayendo consigo a Quauhpopoca, a un hijo suyo, y a 
quince nobles cómplices de la muerte de Escalante. Quauhpopoca 
venia ricamente vestido sobre una litera. Cuando llegó a los cuarteles 
se descalzó, según el ceremonial de palacio, y se cubrió de un ropage 
tosco. Introducido a presencia del rei, y hechas las acostumbradas 
reverencias, le dijo : " Ved aqui, mui grande y poderoso Señor, a 
vuestro siervo, obediente a vuestras ordenes, y pronto a cumplir en 
todo vuestra voluntad." " Harto mal os habéis conducido en esta 
ocasión, le respondió indignado el rei, tratando como enemigos a unos 
estrangeros que yo recibo amigablemente en mi corte, y grande ha sido 
vuestra temeridad en inculparme tamaño atentado: seréis por tanto 
castigado como traidor a vuestro soberano," y queriendo Quauhpopoca 
escusarse, no quiso darle oidos, y mandó entregarlo a Cortés con sus 
cómplices, a fin de que, examinado el delito, lo cLstigase con la mere- 
cida pena. Cortés les hizo varios interrogatorios, y ellos, confesaron 
claramente el hecho, sin inculpar al principio al rei, hasta que vién- 
dose amenazados del tormento, y creyendo inevitable el suplicio, de- 
clararon que cuanto hablan hecho les habia sido mandado por el rei, 
sin cuyas ordenes no hubieran osado intentar la menor cosa contra los 
Españoles. 

Oida la confesión por Cortés, y fingiendo no dar credita a sus escu- 
sas, mandó que fuesen quemados vivos delante del real palacio, como 
reos de lesa magestad. Pasó inmediatamente a la estancia del mo- 
narca, con tres o cuatro capitanes, y un soldado que llevaba unos 
grillos, y sin detenerse en las acostumbradas ceremonias, y cumpli- 
mientos, le dijo : " Ya, Señor, han sido examinados los reos, y todos 
han confesado su delito, inculpándoos a vos, como autor de la muerte 
de mis Españoles, Yo los he condenado al suplicio que merecen, y 
que merecéis vos mismo, en virtud de su confesión : pero consideran- 
do, por otra parte, los grandes beneficios que nos habéis hecho, y el 
afecto que habéis manifestado a mi soberano, y a mi nación, quiero 
concederos la gracia de la vida : pero no puedo evitar que sufráis una 
parte de la pena a que os habéis hecho acreedor por vuestro delito." 
Dicho esto, mandó airadamente al soldado que le pusiese los grillos 



NUKVO INSULTO A i< RRI. 79 

pn los pies, y sin querer oírlo, lo f olvio la eipalda, y fe retirA. Poe 
tan grande el asombro del monarca, viendo sometida a tanto iiltm;^ 
sn |H>rsona, que no hizo la menor resistencia, ni prorrumpió en una 
pitlabra que denotaM) su dolor. Mantabose algnn rato privado de 
sentido, fios criados que lo asistian declararon con mudas lagrimas 
sa dolor, y echándose a sus pi(>s le aliviaban con sus manos el pt^io de 
los grillos, y con montones de algodón le evitaban su contacto. Pasa- 
da aquella primera sorpres^i, prorrumpió en ademan«>A de impaciencia, 
pero 8en>nose mui en breve, atribuyendo su desventura a la soberaos 
disposición de los dioses. 

Terminada apenas aquella atrevida acción, acometió Cortés otra 
empresa no menos temeraria. Después de haber prohibido la entrada 
en los cuarteles, a los Megicanos que venian a visitar al rei, mand/> 
conducir al suplicio a Quauhpopoca, a su hijo, y a los otros cómplices. 
Escoltáronlos los mis;nos Espafioles armados, y en orden de batalla, 
para contener al pueblo, si intentaba oponerse a la egecucion : pero 
} qu^> podría hacer aquel iiequefio numero de cstrangeros, contra la 
muchedumbre inmensa de Megicanos, que debian ser espectadores de 
aquel grao suceso, si» Dios, que lo disponía todo para la egecacioo de 
■US altos designios, no hubiese impedido los efectos de tan inaudito 
atentado? Encendióse la hoguera delante del palacio principal del 
rei, y la leña consistía en una gran cantidad de arcos, flechas, dardos, 
lanzas, espadas, y escudos, que estaban en ana armería, porque asi 
lo exigió Cortés del rei, para libertarse de la inquietud que le ocasio- 
naba la vista de taotas armas. Quauhpopoca, atado de pies, y niaoot, 
y puesto s(fl^ la hoguera en que iba a perecer, protesta de ooevo m 
inocencia, y repitió que cnanto había h<M:ho, había sido por etprato 
m a nda t o de tn rei ; después biso oración a sus dioses, y exortó a sos 
compafieros a que muríesen con valor. Encendióse el fuego, y «■ 
pocos minutos fueron consumidos*, a vista de un pueblo innumerable, 
qoe te mantubo quieto, porque se persuadió, como es de creerse, qoe 



* SolU, cuando hal>Ia de U •entencU de Cortés contra Quauhpopoca, dice : 
** Jus{(oie militanncote la caoMi, y se les dio teateBcia de muerte, coa la fin aas 
taada de que fuesen quemadot publicamente tus coeqxM," coa lo que, sia 
espUcar fkraaiente el saplido de los reos, da a entender qoe no faeroa guroM 
dos Tiros : este modo de hablar no conriene a la sincerklad que ■« requiere de «a 
historiador. Procura disimular lo que no cuadraba con el panegírico de sa karoe: 
pero de poco drve su artilido, cuando no lolo los otros Urtoriadons» dao Q 
mismo Oortés lo aima poshivaBeale en n carta a OMos V. Vcmt aicmai k 
Decada 2, Obro viil, cap. 9, dd Cronku Herrera. 



80 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

aquella sentencia se egecutaba por orden del rei : y es verosimil que 
se publicaría en su nombre. 

No puede justificarse de modo alguno la conducta de Cortés, por- 
que ademas de haberse arrogado una autoridad que no le competía, si 
creia en efecto que el rei era el verdadero autor de las revoluciones 
de Vera Cruz ¿por qué condenar a muerte, y a una muerte tan 
acerba a los que no tenian otro delito que haber egecutado puntual- 
mente las ordenes de su soberano 1 Si no creia culpable al rei ¿ por 
qué someterlo a tanta ignominia, dejando a parte el respeto debido a 
su carácter, la gratitud que requería su generosidad, y la segurídad 
a que es acreedora la inocencia? Yo congeturo que Quauhpopoca 
tubo orden del rei de someter a los Totonaques a la obediencia de su 
corona, y no pudiendo obedecer este mandato sin indisponerse con 
los Españoles, como protectores de los rebeldes, llevó las cosas al 
estremo que dejo referido. 

Terminada la egecucion, pasó Cortés a la habitación de Moteuc- 
zoma, y saludándolo afectuosamente, y ponderando la gracia que le 
hacia concediéndole la vida, mandó quitarle los hierros. El jubilo que 
esperimentó en aquella ocasión Moteuczoma, futí proporcionado a la 
aflicción que había sentido cuando se los pusieron. Disipóse entera- 
mente el temor que habia tenido de perder la vida, y recibió la liber- 
tad como un beneficio incomparable. ¡ Tanto se habia envilecido su 
animo !^ Abrazó con suma ternura a Cortés, manifestóle con singula- 
res espresiones su gratitud, y aquel dia hizo grandes finezas a los Es- 
pañoles, y a sus vasallos. Cortés mandó retirar la guardia que le 
habia puesto, y le dijo que podia restituirse cuando quisi^a a su pala- 
cio ; pero estaba seguro que no lo haría, pues repetidas veces le habia 
oido decir que no le convenia volver a su antigua habitación Ínterin 
estubiesen en la capital los Españoles. En efecto, no quiso dejar los 
cuarteles, alegando el riesgo que corrían Cortés, y los suyos si los 
abandonaba : mas también puede creerse que contribuyó a esta deter- 
minación su propio peligro, no ignorando cuanto desaprobaban sus 
vasallos el envilecimiento a que se habia reducido, y su demasiada 
condecendencia con los estrangeros. 

Tentativas del rei de Acolhuacan contra los Españoles. 

Es verosimil que el suplicio de Qauhpopoca ocasionase alguna 

fermentación en la nobleza, pues de allí a pocos días Cacamatzin, 

rei de Acolhuacan, no pudiendo sufrir la preponderancia que iban 

adquiriendo los Españoles en la corte de Megico, y avergonzándose 



TENTATIVAS DKI. RKI DB ACOLItUATAN. 81 

do ver a Motenczoma so tío en tan miserable estado, le mand/i a 
decir qne le acordase de su alta dignidad, j qae no qtitsiese ser m- 
clavo de aquellos desconocidos : pero viendo qae no hacia caso de nos 
consejos, resolvió hacer la gtiorra por si mismo a los Espafioles. ím 
rainu de estoü hubiera «ido inevitable, si el concepto que tenian 
aquellos pueblos de Cacamatxin hubiera correspondido a su intre- 
pides, y resolución : pero los Megioanos sospediaban que bajo color 
de celo por el honor de su tio, ocultaba miras ambiciosas, y el desig- 
nio de usurparle la corona, y los Totonaques no lo amaban, por su 
orgullo, y por el mal qne habia hecho a su hermano Cuicuitzcatzin, el 
cual, para huir de su persecución, se habia refugiado en Megico, y era 
generalmente estimado por su gallardía, y popularidad. 

Pasó paes Cacamatsin a Tezcuco, y habiendo convocado m ioa 
eoaaege r oi, y a los principales personages do m corte, les rc prc a ent ó 
el deplorable estado en que se hallaba la corto de Megioo, por el 
soberbio arrojo de los Españoles, y por la pusilanimidad del rei sn tio ; 
la autoridad que aquellos pocos estrangeros se iban arrogando; las 
gravisimas injiuias que hobion hecho a la persona del monarca, 
aprisionándolo como •si fuera un vil esclavo, y aun a los dioses mis- 
mos, introduciendo en aquel reino el culto de númenes estraños ; exa- 
geró las funestas consecuencias que de aquellos principios podian 
resultar contra la corte, y el reino de Acolhuocon. " Es tiempo, 
decia, de combatir por nuestra religión, por nuestra patria, por nues- 
tra libertad, y por nuestro honor, antes que se aumente el poder de 
eatoi bombrat, o eoo noeiroa wfu e n w a qne Teiigu de ta ptia, o eos 



libremente su opinión. La mayor parte do los consegf^ 
nM M ptonODciaron por la guerra, o para complacer al rei, o por qne 
60. afecto enn del mismo dictamen ; pero algunos aneianoa, a qniesea 
todos miraban con veneración, digeron al rei sin empacho qne m» ae 
deJMe tan ñMsilmente llevar por el ardor de la juventud ; qne aatet de 
toranr una resolución, considerase qne los Españoles eran bombra s 
belicosos, y resueltos, y peleaban coa armas snp e i i u tes; qne no 
tanto su parentesco con M oteneaoma, como \m aHaasa y 
de este oon los Españoles; qne esta amislad, de qne 
pmebas tan positivas, lo indndria • miiñcar • k — Wninii de 
todos los irterases de bt uagn, y de b patria. 
I estas fcpiesentnoíouei se nbnab el pertido de la 
y empeearoo a hacerse inmediatameate, y eoB al mayar isswta las 
TOMO U. Q 



82 HISTORIA ANTIGUA DB MEGICO. 

preparativos : pero no dejaron de saberlo Moteuczoma, y Cortés. 
Este entró en graviáma inquietud, mas considerando por otra parte 
que salia bien en todas las empresas temerarias, pensó en evitar el 
golpe, marchando con sus tropas a dar asalto a Tezcuco. Moteuc- 
zoma lo disuadió de tan osado proyecto, informándolo de las fuerzas 
de aquella corte, y de la inmensa muchedumbre de sus habitantes. 
Determinó pues Cortés e»viar una embajada a aquel monarca, recor- 
dándole la amistad que mutuamente se hablan prometido en Ajot- 
zinco, cuando fue a verlo de parte de su tio, y diciendole que re- 
flexionase cuan fácil es emprender la guerra, y cuan difícil termi- 
narla ventajosamente ; por fin, que mas le convendría mantenerse en 
buena correspondencia con el rei de Castilla, y con la nación Espa- 
ñola. Cacamatzin respondió que no podia tener por amigos a los que 
le quitaban el honor, a los que oprimían la patria, a los que ultraja- 
ban a su familia, y despreciaban su religión ; que no sabia, ni le impor- 
taba saber quien era el rei de Castilla ; que si quería evitar el golpe 
que lo amenazaba, saliese inmediatamente de Megico, y regresase a 
su país. 

Apesar de ser tan violenta la respuesta, Cortés le envió otro 
mensage, pero habiéndole contestado en el mismo tono que la vez 
primera, se quejó amargamente a Moteuczoma, y para mas empe- 
ñarlo, fingió sospechar de él que tenia algún influjo en los designios 
hostiles de su sobrino. Moteuczoma se justificó de aquel agravio con 
las protestas mas sinceras, y se ofreció a interponer su autoridad. En- 
vió pues a decir a Cacamatzin que viniese a visitarlo a su corte, y que 
él hallaría modo de ajustar aquella disensión. Cacamafeín, indignado 
al ver a Moteuczoma mas empeñado en favor de los que oprimían su 
libertad, que en el de quien se esforzaba en restituírsela, le respondió 
que si desj5ues de tanta infamia hubiera quedado en su alma el menor 
sentimiento de honor, se avergonzaría de verse hecho esclavo de cua- 
tro aventureros, que mientras lo alagaban con palabras, lo ultrajaban 
con sus hechos ; que pues no bastaba a moverlo ni el celo de la reli- 
gión, y de los dieses Acolhuis, despreciados por aquellos hombres, ni 
la gloría de sus abuelos, eclipsada, y envilecida por su cobardía, él 
quería defender su religión, vengar a los dioses, conservar su reino, y 
recobrar el honor, y libertad de la nación Megicana, y de su mo- 
narca; que iría en efecto a la corte, como se lo rogaba, pero no con 
las manos en el seno, sino empuñando la espada, para borrar el opro- 
brío de los Megicanos con la sangre de los Españoles. 



PHlRiON nKI. RBI DB AOOLHUAOAN. 8V 

Prisión del Bti (U Acolhuacan, y de otros ttñaru, y •xatiaciom dei 
principa CuicuitxcfUtiñ, 
CoMternose Moteurxoma ni oír esta respuesta, temÍMido Mr vie- 
tíma, en aquella tempesüid, o de la Yeoganza do \o% K^ipafíolr», o dM 
fnror de Cacamatziii : por lo qae te decidió a tomar un partido iMlfu 
mo para impedirla, y salvar su vida por medio de ana üraieioii. Dio 
instrucciones secretas a «nos oficiales M egicaoos, qoe i un i— •• Iü 
guardia del reí hu sobrino, para q«e coo k nayor diKfeneia, j astaeto 
se apodcniMU do él, y lo condugesen cautelosamente a Me^^co, por- 
que asi conTcnia al bien público del estado. Sugirióles el modo de 
egeontarlo, y quisas les baria algún regalo, o les ofrecería alguna r»* 
compensa para estimularlos a llerar a eaiio so desigMO. Ellos se 
confabularon con otros oficiales, y domettieot dd rei Ckeamatxin, que 
reconocieron dispuestos a ayudarlos, y con su itocorro obtubieron todo 
lo que Moteuczoma deseaba. Uno de los palacios del rei de Acol- 
hoacan estaba construido a orillas del lago, de tal manera, que por un 
canal que corría por debajo, podían entrar, y salir barcos. Alli resi- 
día entonces Cacamiltzin, y los conjurados dispusieron un buen nu- 
mero de barcos, con gente armada, y en la oscuridad de la nocbe, que 
tantos delitos cubre, y favorece, atacaron de improviso al rei, con 
tanta prontitud, que antes que viniesen los suyos a su socorro, lo pa- 
sieroD eo un barco, y lo llevaron sin perder tiempo a Megioo. Mo- 
tescsoBUk, sin respeto alguno al carácter de soberano, man paran- 
taeoo ooB «1 principe Canamatyin, lo entregó inaediataBanta • Carté&» 
Este ge n en l fci ae iugw apnieBu en toda su ooodocta, no tenia la señor 
idea del respeto que se ánibm a la magaeted real, aun en la periona de 
on bárbaro, mandó eneadenario, y encerrarlo bajo b custodin do «na 
bnena guardia. Las raflexioDM a que dan logar ^ate, y olroa Oflinor- 
dinaños sucesos de esta historia, son tan triviales, que no jnigo noeo- 
sario interrumpir con ellas el curso do mi narración. 

Cacomatzin, que babia empezado su infausto reinado, oon las 
disensiones de su hermano Ijtliljochitl, y con la división de sns doon- 
nios, lo acabó con la perdida de la corona, de la libertad, y de hi vida. 
Determinó Moteocaoma, con aprobaeion de Cortea, qno te corona de 
Acolhaaoan se diese al principe Coicnitaratain, qno tedna «do koip^ 
dado en al polaeio de sa tío, desde qoe por huir de la p e r s a ca cien de 
Caramatiin, te refugió a Megioo, e imploró su protección *. Bi aote 

• Cortés ea sa carta a Gbrloc V dic« qoe Cukahvcatite «rs ^Qo ds Oms. 
mst^, BMS eito es «rror del copbla o del mismo Cortés, pees csasla qae eiaa 

c 8 



84 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

elección se hizo agravio a los principes Coanacotzin, e Ijtliljochitl, 
que por haber nacido de la reina Jocotzio, tenian mas derecho a la 
corona. No se puede saber el motivo que tubo el rei de Megico 
para desechar a Coanacotzin : y por lo que hace a Ijtliljochitl, parece 
que no quiso aumentar el poder de un enemigo tan formidable. 
Como quiera que sea, Moteuczoma hizo proclamar rei a Cuicuitzcat- 
zin, y lo acompañó con Cortés hasta el barco en que debia pasar el 
lago, recomendándole la amistad de los Megícanos, y de los Espa- 
ñoles, pues a unos, y a otros era deudor de la corona. 

Pasó Cuicuitzcatzin a Tezcuco, acompañado de muchos nobles de 
una, y otra corte, y alli fue recibido con aclamaciones, con bailes, y 
arcos de triunfo, llevándolo la nobleza en una litera desde el barco 
hasta su palacio, donde el noble mas anciano lo felicitó en un largo 
discurso, a nombre de toda la nación, exortandolo a amar a sus vasa- 
llos, y prometiendo que ellos lo amarían como padre, y lo respetarían 
como señor. No es posible espresar el dolor que estas nuevas ocasio- 
naron a Cacamatzin, viéndose en la flor de la juventud (pues no tenia 
mas de veinte y cinco años), privado de la corona, que tres años antes 
habia heredado de su padre, y reducido a la elLirechez, y soledad de 
nna cárcel, por el mismo rei a quien deseaba libertar, y por los mismos 
estrangeros que habia pensado arrojar de aquellos estados. 

Tenia ya Cortés en su poder a los dos mas poderosos soberanos de 
Anahuac, y no tardó mucho en apoderarse también del rei de Tlaco- 
pan, de los señores de Iztapalapan, y Coyohuacan, hermanos los dos 
de Moteuczoma, de dos hijos de este mismo rei, de Itzquauhtzin, 
señor de Tlatelolco, de uno de los sumos sacerdotes de íáegico, y de 
muchos otros personages de la mas alta gerarquia. Ignoranse las 
circunstancias de todos estos arrestos, mas es de presumir que los 
prendería uno a uno, cuando iban a visitar a Moteuczoma. 

Sumisión del rei Moteuczoma y de la Nobleza Megicana al rei de 
España. 
Animado el general Español con tan prósperos sucesos, y viendo al 
rei de Megico enteramente sometido a su voluntad, le dijo que era ya 
tiempo de que él y sus subditos reconociesen al rei de España por 
legitimo soberano, como decendiente del rei y dios Quetzalcoatl. 

hermanos de padre : ademas Cortés dice que Cacamatzin era un joven de veinte 
y cinco años, y representa a Cuicuitzcatzin en edad de poder ya gobernar. Fi- 
nalmente en otra carta de 15 de Mayo de 1522 afirma que estos dos principes- 
eran hermanos. 



SUMISIÓN t)R MOTRVCZOMA. 85 

Mo(ctic/oma, qae ya no tenia mlor pnra contradecirlo, contocA a la 
principnl noblesa de la corte, y dn \m ciudades círcanfecioaji. Aca- 
dioron todos prontamente a recibir sos ordenes, y reunidos en ana 
gran sala del cuartel, rn presencia de Cortés, y de otros EspaAoles, 
las dirijo el rei un largo discurso, en que les manifesté) el amor que a 
todos tenia como padre, de quien no debian temer que les propusiese 
lo que no fuera justo y ventajoso. Les recordó la antigua tradicíoo 
sobre In dcTolocion del imperio Mogicnno a los decondicnles de 
Quctzalcoatl, de quien habian sido lugar-tenientes él y todos sus pre- 
decesores, y los fenómenos observndoH un Ion olementos, quo significa- 
ban, según la interpretación de los sacerdotes, y de los adivinos, ser 
llegado el tiempo de que se cumpliesen aquellos oráculos. Yo no 
dudo que también baria mención del memorable suceso, y vaticinio de 
su hermana Papantzin. «juc ya be referido, el cual habría sido en gran 
parte la causa do su apocamiento. Siguió comparando las circunstan- 
cias de los Españoles con las de la tradición, y concluyó diciendo que el 
rei de España era en realidad el legitimo decendiente de Quetzalcoatl, 
y que por tanto le cedía el reino y lo prestaba obediencia, mandando 
a todos hacer lo misino*. Al confesarse subdito de otro soberano, 

* Lm drcutMtftncias de este suceso se refieren en laa historias con taat» varíe- 
dad, que no hai dos de ellas que estén perfectamente de acuerdo. En mi narra- 
clon he procurado seguir a Cortés, y a Bcrnal Díaz, que fueron testigos oculares. 
.*v>H* afirma que el reconocimiento de Moteiiczoma fue un mero artificio ; que 
no tubo jamas intención de cumplir lo que-promctia; que su intento era dcsem- 
baraxarse de loa Españoles, y contemporíxar, para dar ríenda dcapues a so ara bi- 
cioD, fin cúrala de su palabra. Pero si el acto de Motcncsoma fue un mero 
artificio, «i no pensaba cumplir su promesa, i por qué al confesarse vasallo de 
otro monarca, simio tanto dolor, que se le turbó la voz, y derramó lagrimas, 
romo r1 mismo escritor afirma*^ No necesitaba dr tanta ficción para quitarse de 
encima a los Espafioles ; Cuantas veces podo, con hacer una seña a sns subditos, 
o sacrificar los Españoles a sus dioses, o, dejándoles la vida, hacerlos conducir 
atados al puerto, para que alli pasasen a Cuba I Toda la conducta de Afoteoc- 
7oma está en contradicción con los sentimientos que Solis le atribuye : pero aada 
«lesroiente tanto su arusacion, como el claro testimonio dado por el gobierno 
I>pa6ol,cl cual en muchos documentos, espediddl enfarorde la real dcccndeada 
«Ir aquel monarca, concediéndole esendones, y pririleglos estraordinarios, de* 
clara qna «stoa privilegios ao pueden senrlr de egemplo a ninguna otra casa, 
pues ** aiagaaa, aSade, ha be^o a la Eapafia tan graa scrririo, como d ^aa la 
hlso d emperador Moteucxoma, incorporando a aqudU coroaa, con su rolonlaria 
ceaion, un rdao tan rico, j tan grande como d dr Megieo." SI la 
prestada por Moteacsoma al rd Católico, hubiera sido roño la i 
se diria que la corte de España cfda incorporado d reino de Megieo a b eoTuaa 
de Cartilla, en rirtod de una cesión fingida y eagañosa, y de ua mero artiBdo de 



86 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

sintió tan gran pena, que no pudo seguir hablando, y las lagrimas 
sustituyeron las palabras. Al llanto del rei siguieron tan amargos 
sollozos de los concurrentes, que enternecieron, y movieron a piedad 
a los Españoles. Cesaron aquellas demostraciones de dolor, y que- 
daron todos sumergidos en un melancólico silencio, que interrumpió 
uno de los mas distinguidos señores Megicanos diciendo : " Pues es 
llegado el tiempo de que se cumplan los oráculos antiguos, y los dioWs 
quieren, y vos mandáis que seamos subditos de otro señor ¿ qué hemos 
de hacer nosotros sino someternos a las soberanas disposiciones del 
cielo, intimadas por vuestra boca?" 

Cortés entonces dio gracias al rei, y a todos los señores, que esta- 
ban presentes, por su pronta,, y sincera sumisión, y declaró que su 
soberano no pretendía quitar la corona al rei de Megico, sino hacer 
reconocer su alto dominio en aquellos estados ; que Moteuczoma no 
solo seguiría mandando a sus subditos, sino que egerceria la misma 
autoridad sobre todos los otros pueblos que se sometiesen al rei de 
España. Disuelta la asamblea, mandó hacer Cortés un instrumento 
publico de aquel acto, con todas las solemnidades que juzgó conve- 
nientes, para enviarlo a su corte. ^ 

Primer hornenage de los Megicanos a la corona de Castilla. 
Dado con tanta felicidad este primer paso. Cortés representó a 
Moteuczoma que pues había ya reconocido al rei de España como 
soberano de aquellos paises, era necesario manifestar su subordinación, 
por medio de alguna contribución de oro o plata, alegando para esto 
el derecho que los soberanos tenian de exigir este homenage de sus 
vasallos para mantener el esplendor de su corona, para pagar a 
sus ministros, para soportar los gastos de la guerra, y para las otras 
necesidades del estado. Moteuczoma con regia magnificencia le dio 
el tesoro de su padre Ajayacatl, que se conservaba, como hemos dicho, 
en aquel mismo palacio, y del cual nada habia tomado aun Cortés, 
aunque el rei le habia dado el permiso espreso de tomar cuanto qui- 
siese. Todo aquel gran deposito de riquezas pasó a manos de los 
Españoles, juntamente con todo lo que contribuían los vasallos feuda- 
tarios de la corona, lo que componía tan considerable suma, que, des- 
pués de haber separado la quinta parte para el rei de España, tubo 

Moteuczoma, lo que seria gravemente injtirioso a la rectitud de los reyes Cató- 
licos. Betancourt eñ la 2 parte, tratado 1, de su Teatro Megicano cita los refe- 
ridos documentos, los cuales se conservarán sin duda originales en los archivos 
(le los Condes de Motezuma, y Tula. 



\ 



NUKVOtt TBMOHBS l)K MOTBUCXOMA. 87 

Cortés lo bástente para pagar las deudas que había contraído en Coba 
Olí oi armamento do su espedicioo, y remunerar a su.h oficialcn, y sol- 
dadojí, quedándole una provisión suficiente para los gastos qoo podría 
hacer en el porvenir. Para el reí se destinaron, ademas del quinto 
del oro, y In plata, varios obgetos que parecieron dignos de conser- 
varse enteros por su maravilloso artificio, y que, según el compoto del 
■mamo general, importaban mas de cien mil ducados : roas la mayor 
parte de estas riqueaas te perdieron, como después veremos. 

inquietud^ de la nobleza de Megico y nuevoi tetnoret de Moteuc- 

towia. 
Triunfaban los Españoles al verse dueños a tan poca costa de tantas 
riquezas, y por haber sometido a su reí, sin esfuerzo, un estado tan 
vasto, y opulento : roas esta felicidad los habiá envanecido, y era ne- 
cesario, según la condición de la especie humana, que alternasen los 
sucesos prósperos con los adversos. La nobleza M egicana, que hasta 
entonces se habia mantenido en un respetuoso silencio, por su gran 
deferencia al soberano, viéndolo ya reducido a tanta humillación, 
aherrojados el reí desAcolhuacan, y otros altos personajes, y sometida 
la nación a un principe cstrangero, a quien no conocía, empezó desde 
luego a murmurar, y después a esplicarse con mas franqueza, a formar 
juntas y reuniones, a censurar su propia tolerancia, y por ultimo, según 
parece, a levantar tropas para sacudir la opresión que el reí, y el 
pueblo padecían. Hablaron a Moteuczoma algunos de sus favoritos, 
y le representaron la pena que esperimentaban sus vasallos al verlo en 
aquella co^icion, disminuido su poder, y oscurecido el esplendor de 
su corona, y la fermentación que empezaba a notarse, tanto en la 
nobleza, como en la plebe, impacientes del yugo estrangero que se les 
imponia, y ofendidas de verse condenadas a sacrificar a un reí desco- 
nocido el fruto de sus sudores. Exortaronlo a disipar el temor que se 
habia apoderado de su alma, y a recobrar su autoridad primera, pues 
ai no lo hacia, lo harían por él sus vasallos, loit cuales estaban decidi- 
dos a echar de la capital, y del reino aquellos hues{)edes tan insolentes, 
y perniciosos. Por otra parte los sacerdotes le exageraban el detri- 
mento que sofría la religión, y lo amedreatabaa coa las amenazas que 
atribuían a sus dioses irritados, de negar la lluvia a los campos, y sa 
protección a lot Megicanot, si no arrojaba aquellos hombres taa con- 
trarios a m onlto. Álgidos escritores, demasiado fáciles eip creer 
sucesos maraviUoMS, ¿íeea que el demonio •• apvrecio al reí, ameaa- 
■aadolo con los males qoe baria a su persona, y a su reino, si sufría 



88 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

mas tiempo a los Españoles, y prometiéndole, si los arrojaba, perpe- 
tuar en su familia la corona de Medico, y prodigar las venturas a sus 
subditos. 

Movido Moteuczoma por tantas representaciones, y amenazas, 
avergonzado de la cobardia que se le echaba en cara, y enternecido 
al ver la desgracia de su sobrino Cacamatzin, a quien siempre habia 
amado con la mayor ternura, la de su hermano Cuitlahuatzin, y la de 
otros personages de la primera nobleza, aunque no consintió en sacri- 
ficar la vida de los Españoles, como algunos le aconsejaban, se re- 
solvió a decirles claramente que saliesen de sus estados. Mandó 
pues llamar a Cortés, el cual noticioso de las conferencias secretas 
que habia tenido el rei, los dias anteriores, con sus ministros, con los 
nobles, y con los sacerdotes, sintió gran turbación en su animo al re- 
cibir aquel mensage: pero disimulando cuanto pudo su inquietud, se' 
presentó a Moteuczoma acompañado por doce Españoles. El rei lo 
recibió con menos agrado que el que acostumbraba mostrarle, y le 
descubrió claramente su resolución. ** No podéis dudar, le dijo, del 
grande amor de que os de dado tantos, y tan repetidos testimonios. 
Hasta ahora no solo os he visto con placer en nti corte, sino que he 
querido venir a residir en vuestra compañía, por la singular satisfac- 
ción que he esperimentado en vuestra familiaridad y trato. Por mi 
parte, no tengo el menor inconveniente en dejaros permanecer aqui, 
dándoos cada dia mayores pruebas de mi benevolencia, pero no puede 
ser, pues ni los dioses lo permiten, ni lo consienten mis vasallos. Me 
hallo amenazado con los mas terribles castigos del cielo, si os consiento 
mas tiempo en mis estados, y ya se ha empezado a nClar tanta in- 
quietud en mis subditos, que si no estirpe prontamente la causa, me 
sera después imposible contenerla. Es necesario, pues, tanto por mi 
bien, y el vuestro, como por el de estos países, que os apercibáis a 
regresar prontamente a vuestra patria." Cortés, aunque penetrado 
del mas acerbo dolor, afectando una gran serenidad, le dijo que su 
animo era obedecerlo, pero que careciendo absolutamente de barcos 
para su vuelta, por haberse destruido los que lo trageron de Cuba, 
necesitaba tiempo, operarios, y materiales para construir otros. Mo- 
teuczoma, lleno entonces de jubilo, al ver la prontitud con que el 
general Español se disponía a complacerlo, lo abrazó, y le dijo que 
no corría tanta prisa su viage ; que construyese los buques, y que él 
le suministraría la madera necesaria, y gente que la cortase, y la 
llevase al puerto. En efecto mandó que se dispusiese un buen numero 
de trabajadores, y que se cortase la madera de un pinar, poco dis- 



ARMAflA t)R VRI.AAQUBX CONTRA OORTBH. H9 

tanto dol poerto de Chiairaitstiao, y Ckrrtés, por tu p«1«, eqrió ai- 
gnnot BapaSolet que dtrigietao al aorta, aapanndo qaa «otra 
modaria el aspecto da lai oomm ao Mágico, o qna la llegasen i 
•ooorroa da las ialat o da Eapafta*. 

Ocho días daapvat da looMda aquella raaolocioD, nunidó Motaoo- 
aoma llamar otra vas a Cortés, lo que poso a asta an mayor sobiwaliu. 
fil reí le dijo qoa no nccenitaba construir los baqa«vi, pues acababa» 
da llegar al pa«rto de Cbalcbiabcaacao dios y ocbo semejantes a lea 
sayos destnridoa, ao los cuales podía aabaiaarse con so gente ; qaa 
aligerase por tanto su salida, pues asi ooaraoia al bien dp| reino. 
Cort6s, disimulando el jubilo que le o c a ai ooaba aquella noticia, y 
dando gnirtM interiormente a Dios, por hnborle enriado tan oportuno 
socorro, re^ipondio que si aquellos barcos debían baccr viage a Coba, 
esuba prooto a partir, pero qoe do otro modo le ara piveiso cootinoar 
hi obra ampeaada. Vio y examinó las pinturas de aquella 
q«e eairiaba»al rei los gobernadores do la costa, y no dad6 que 

poro lejos de pensar que se com|)onin de enemi^^os suyos, 
io que habian vuelto los procuradores enviados por él nn 
aAo antea a la eortmde España, y que traían consigo loa 
raalas, y nn buen námoro de tropas para la conquista. 




Arwtada del gobernador de Cuba contra Cortés. 
Bsle gran consuelo le dur/> basta que le llegaron las cartas de CJoo- 
«do de Saadoral, gobernador de la colonia de la Vera Croa, en que 
le noti eí abnjne agna l a eapedioion, oompnaala de oooe naYíoa, y aieCe 
y flinco e a b a ll oa, ocnomeotoa nuantaa, y maa de 
oon doce pienM de artillería, y ahamlantiia 
de gnem, al mando del general Panfilo NamMi, en 
eofindi por Diego Velnaqnes, gobanmdor de Cnbe, contra el ouhm 
Oortéa, ooom nMollo lebelde, y trakor n s« aobenmo. Bedbio eole 
Anrle golpe Gortéa en p i eiat ín de Molenenqmn: pero aín dejar ver 
«• tn aemblante la menor torbadon, le dio a entender que loa qne 

* Alfuaos UatoriadoTM dicta que casado Maisneaama Uamó a Cortés pan 
latíoMTle la oidea de «a partida, babia preparado «a «gardto, coa d ia ds ha- 
cerw obadecar por Aiem^ ú los Espalóles tasiitlaa : pero bablaa ds mm can 
fnuí Tmrfodad, pues onoidkaaqaeel Cferdto preparado era de 100,000 bamfen^ 
otro* redacea este notnero a la mhad, y otros Inslmeatii lo ladacta a 6,0001 
Yo erro qoe babo slfuoM prepantivos bostUes, bms ao par oriea del tal^ si na 
por b de signaos aobiss da tes qne bsbisataemdntiaii smaiinensli 



08 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

habían aportado a Chalchiubcuecan, eran nuevos compañeros que 
venían de Cuba. Del mismo disimulo usó para con sus Españoles, 
hasta que tubo bien preparados sus ánimos. 

No hai duda que esta fue una de aquellas ocasiones en que Cortés 
hijo alarde de su invicta constancia y magnanimidad. Hallábase, de 
un lado, amenazado por todo el poder de los Megicanos, si perma- 
necía en la corte ; por otro, veia contra si, un egercito de sus mismos 
compatriotas, muí superior al suyo : pero su penetración, su singular 
destreza, y su maravilloso brío, hicieron mui en breve mudar de 
aspecto al mal que lo amenazaba. Procuró, tanto por cartas, como 
por el ministeriü de algunos mediadores, de quienes mas se fíaba, 
conciliarse el animo de Narvaez, haciéndole varios partidos, y repre- 
sentándole las ventajas que resultarían a los Españoles, si se unían, y 
obraban de acuerdo los dos egercítos, y por el contrario los males que 
acarrearía a unos, y a otros la discordia. Narvaez, por consejo de 
tres desertores de Cortés, había ya desembarcado toda su tropa, en 
la costa de Cempoala, y so habia acuartelado en aquella ciudad, cuyo 
señor, conociendo que aquellos estrangeros eran Españoles, y, cre- 
yendo que venían a unirse con su amigo Cortíés, o temeroso de su 
poder, los acogió con grandes honores, y los proveyó de todo cuanto 
necesitaban. Moteuczoma, creyendo lo mismo al principio, envió a 
Narvaez ricos presentes, y dio orden a sus gobernadores que le hi- 
ciesen los mismos obsequios que a Cortés; pero de allí a poco, 
conoció la discordia que entre ellos existia, apesar del gran disimulo 
de este, y de los esfuerzos con que procuraba impedir que llegase 
aquella noticia a oídos del reí, y de sus subditos. * 

Tubo entonces Moteuczoma la mejor ocasión que podía apetecer 
para destruir los dos egercítos Españoles, si hubiese abrigado en su 
corazón los sangrientos designios que muchos historiadores le imputan. 
Narvaez procuró indisponerlo con Cortés, y con su partido, acusan^ 
dolo de traidor, prometiendo castigar la inaudita temeridad de apri- 
sionar al mismo reí, y ofreciéndose a libertarlo a él, y a toda la nación 
de la opresión en que gemían : pero Moteuczoma, lejos de ceder a 
estas sugestiones, y de proceder de modo alguno contra Cortés, cuando 
este le dio parte de la espedicion que proyectaba contra Narvaez, se 
mostró apesadumbrado por el riesgo que iba a correr, peleando 
contra fuerzas tan superiores, y ofreciéndole un gran egercito en 
su ausilio. 

Ya habia agotado Cortés todos los recursos de que podía echar 



SALIDA l>K CORTto llB MSniCO. 91 



nano, para proporcionar qd convenio paoifioo, y veaUjoto a 
egercitof, sin otro resaltado que naeTOi despredot» y «■»• 
nasas del arrogante, y fiero Nanraez. Viéndose pues obligado a 
hacer la guerra a sus compatriotas, y no atreviéndose a fiarse del 
soeorro que le ofrecia Moteuczoma, rogó al senado de Tlascala que 
•percibiese cuatro mil soldados, para llevarlos consigo, y envió a Chi- 
nuntla uno do los suyos, llamado Tobilla, hombre práctico «i la 
guerra, a fin de que pidiese dos mil hombres a aquella beUooMi 
nación, y se proveyese de trescientas picas de las que usaban los 
mismos Chinantcques, que por ser mas fuertes, y lai^s que las de 
los Españoles, le parecian cxelentes para resistir a la caballería con- 
traría. Dejó en Megico ciento, y cuarenta Rnpañoles, con todos suh 
aliados, bajo el mando del capitán Pedro de Al varado*, recomendán- 
doles que guardasen, y tratasen bien al reí, y procurasen mantenefae 
en buena armenia con los Megicanos, especialmente con la familia 
real, y con la nobleza. Al despedirse de Motooczoma, le dijo que 
dejaba en su lugar al capitán Tonatiuh (con este nombre del sol 
apellidaban a Alvarado, por que era rubio) encargándole que com- 
placiese en todo a aSu Magostad ; que le rogaba continuase prote- 
giendo a los Españoles ; que él salia al encuentro de aquel capitán 
recien venido, y a poner por obra cuanto estubiese a sus alcances 
para poner en egecucion las ordenes de su monarca. Moteuczoma, 
después de haberle hecho nuevas protestas de su benevolencia, lo mondó 
proveer abundantemente de viveros, y de hombres de carga, para la 
condnr4:ion del bagage, y lo despidió con la mayor amabilidad. 

Salió Cmtet de Megico, a príncipios de Mayo de 1¿20, después 
de haber estado seis metes en aquella corte, con setenta Españolea, 
y alguna nobleza Megicana, que quiso acompañarlo por una parte 
del camino. Algunos historíadores dicen que estos Megicanos iban a 
espiar lo que ocurríese, y dar cuenta de ello al rei : mas Cortés no lo 
creyó asi, aunque tampoco se fiaba mucho de ellos. Hizo su viage 
por Cholula, donde se unió con el capitán Velasquez, que volvia de 
Coatzacualco, a donde lo había enviado Cortés con alguna tropa, 
pen buscar un puerto cómodo. Alli recibió nuevas provisiones de 
nteres que lo enviaba el senado de Tlascala, pero no los cuatro mil 

• Benul Días dice qoe los Bspaftole» qae qaedvtm «■ M^gko Hmm ochcau 
y tres. £a las ediciones modernas de ks cartas de OorKs sé «Boe qae AMne 
600, pero en una edición antigua se halla 140, lo que aw párete cterlo» ataAJo 
el nomero total de bs tropas B^aialas. El namero de 600 es líslio» y eoatrario 
a la rcUdoa del misBio Cort^ 



92 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

hombres que liabia pedido, o por que los Tlascaleses no osasen venir 
otra vez a las manos, como dice Bernal Diaz, o porque no quisiesen 
alejarse tanto de su patria, como congeturan otros historiadores, o 
porque viendo a Cortés con fuerza tan desproporcionadamente infe- 
riores a las de su enemigo, temiesen quedar vencidos en aquella espe- 
dicion. Algunas jornadas antes de llegar a Cempoala, se le unió el 
soldado Tobilla con las trecientas picas de Chinantla, y en Tapana- 
cuetla, pueblo distante cerca de treinta millas de aquella ciudad, se 
encontró con el famoso Capitán Sandoval, que venia con sesenta sol- 
dados de la guarnición de la Vera Cruz. 

Victoria de Cortés contra Narvaez. ¿ú'am 

Finalmente, después de haber hecho nuevas proposiciones a Nar- 
vaez, y distribuido algún oro entre los partidarios de aquel arrogante 
General, entró Cortés en Cempoala a media noche, con doscientos 
cincuenta hombres * sin caballos, ni otras armas que picas, espadas, 
rodelas, y puñales, y encaminándose cautelosamente, y sin hacer ruido 
al templo mayor de aquella ciudad, donde se hablan acuartelado sus 
enemigos, les dio tan furioso asalto, que anteí^de venir el dia, se 
habia hecho amo del puesto, de toda la tropa contraria, de la artille- 
ría, de las armas, y de los caballos, quedando muertos solo cuatro de 
sus soldados, y quince de los de Narvaez, y muchos heridos de una, 
y otra parte f. Hizose reconocer por todos Capitán General, y su- 
premo magistrado, mandó encadenar en la fortaleza de la Vera Cruz 
a Narvaez, y a Salvatierra, hombre distinguido, y enemigo jurado 
suyo, y dispuso que se quitasen, de los buques, las velas. Tas brújulas, 
y los timones. Apenas empezó a rayar el dia, que era el domingo 
de Pentecostés, 27 de Mayo, llegaron los Chinan tequesj, en buen 
orden, y bien armados, los cuales vinieron a ser testigos del triunfo de 
Cortés, y de la vergüenza de los partidarios de Narvaez, que hablan 

* Bernal Diaz dice que Cortés fue a Cempoala con 206 hombres. Torque- 
mada cuenta 266, y 6 capitanes; pero Cortés, que lo sabia mejor que ellos 
afirma que eran 250. 

t Hai variedad en los autores acerca del numero de los muertos en el asalto : 
yo pongo el que me parece mas verosímil, atendidos los datos de diversos histo- 
riadores. 

1 Algunos escritores dicen que los Chinanteques tomaron parte en el asalto : 
pero Bernal Diaz estubo presente, y afirma lo contrario. Cortés no hace mención 
de esta circunstancia. Quien desee informarse de todos los pormenores de 
aquella gloriosa espedicion de Cortés, podra consultar a los historiadores de la 
conquista : yo los omito por no pertenecer esencialmente a mi asunto. 



SURblVAOlON DKL PVIBLO DB MBOiro. 19 

•ido vencidot por tan pocos coiitrariot, y oo tan bien annado* cono 
ello*. La felicidad de etita espedicion m^ debió en gran parte al in- 
comparable valor de Sandoval, el cual .nubio al templo, con ochenta 
hombres, en medio de una lluvia de «actas, y balas, asaltó el san- 
tuario, dondo so Labia fortificado Narvaoz, y so apoderó de su 
persona. 

Uullandosc entonces Cortés con diez, y ocho buques, cérea de 
dos rail hombres de tropa Española, y de cien caballos, y suficiento 
numero de provisiones de guerra, pensó en hacer nuevas espedicionet 
en la costa del golfo, y habia ya nombrado los gcfes que debían man- 
darlas, y la gente que debia componerlas, cuando lo llegaron noticias 
infaustas de Megieo, que trastornaron sus planes, y lo obligaron a 
Volver precipitadamente a aquella capital. 

Sublevticion del pueblo de Megieo contra los Expañolet. 
Durante la ausencia de Cortés, ocurrió en Megieo la fiesta de la 
incensación do Huitzilopochtli, que se hacia en el mes Tojcatl, el 
cual empezó aquel año a 13 de Mayo. Esta función, la mas solemne 
del año, se celebró (%n baile del rei, de la nobleza, de los sacerdotes, 
y del pueblo. Rogaron los nobles al capitán Alvarado que permitiese 
que el rei pasase al templo, a cumplir con los deberes que la religión 
le impooia ; pero Alvarado no quiso ceder a sus instancias, o porque 
asi se lo habia mandado Cortés, o por que temiese que los Megi- 
canos maquinasen alguna tropelía, viéndose con el rei en su poder, 
y sabiendo cuan fácilmente se vuelven en tumulto los regocijos públi- 
cos. Tomóle por tanto el partido de hacer el baile en el patio de 
palacio, que servia de cuartel a los Españoles*, o por disposición de 
aquel capitán, o por orden del mismo rei, que quiso de aquel modo 
tomar parte en las ceremonias del dia. Llegada la hora, concurrieron 
al patio muchos sugetos de la primera nobleza (cuyo numero no 
consta, pues los autores varian de seiscientos a dos mil) cubiertos 

* Los historiadores de U conquistm dicen que el baile se hixo en el atrio del 
templo mayor : pero no^cs Tcroaimil que la iomensa coacurreorb que allí asbtia 
permitiese hacer tan horrendo cstraj^o eh la nobleza, especialmente estando un 
cerca las «merias, donde podían tomar armas para oponerse a la temeridad de 
aqueUos poeos estran^ros, ni es creíble que los Bspafioles se esposirsen a tan 
inminente pdlfro. Cort^ j Berna! Días no hacen mención del laipu- en que s| 
hito el biüle. El P. Acoeta dice que fue el palacio, mu no puede ser otro qnt 
el que habitaba el rti. La inverosimilitud que se nota en la relacioa de los 
historiadores, y el juicio, y aatifjfOedad dd P. Acosta, me obli|can a preferir su 
autoridad a la de aqueUoe. 



94 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

todos de adornos de oro, piedras, y plumas. Empezaron a cantar, y 
a bailar al son de los instrumentos, y entre tanto mandó Alvarado 
que algunos soldados ocupasen las puertas, y cuando vio a los Megi- 
canos mas distraidos, y quizas fatigados del baile, hizo señal a su 
tropa que los atacase, lo que verificó con furia contra aquellos des- 
venturados, que por estar desarmados, y rendidos de cansancio, no 
pudieron hacer resistencia, ni huir hallándose bien guardadas las 
puertas. Fueron terribles los estragos, lamentables los gritos, que 
exalaban al cielo los moribundos, y copiosa la sangre que se derramó. 
Este golpe fatal fue en estremo sensible a los Megicanos, por que en 
él perdieron la flor de su nobleza, y para perpetuar su memoria, com- 
pusieron sobre aquel argumento, tristes elogias, ^^ue se conservaron 
muchos años después de la conquista. Terminada aquella trágica, y 
horrenda escena, los Españoles despojaron a los cadáveres, de toda la 
riqueza que los cubría. 

Ignorase el motivo que pudo inducir al capitán Alvarado a un 
hecho tan temerario, y cruel. Algunos dicen que no tubo otro que la 
maldita sed de oro *. Otros afirman, y parece mas verosimil, que 
habiendo tenido noticia de que los Megicanol^ querían en aquella 
fiesta dar un golpe a los Españoles, para sustraerse a su opresión, y 
poner en libertad al rei que tenian aprísionado, el gefe Español quiso 
anticiparse, siguiendo el dicho vulgar que el que ataca vence f. Como 
quiera que sea, no se puede negar que su conducta fue tan barbara 
como imprudente. 

Irritada la plebe con tan sensible golpe, trató desde entonces a los 
Españoles como enemigos capitales de la patria. Atacaron algunas 
tropas Megicanas el cuartel con tanto Ímpetu, que arruinaron una 

* Los historiadores Megicanos, el P. Sahagun, en su historia MS, Las Casas ea 
su formidable escrito sobre la destrucción de los Indios, y Gomara en su Crónica 
de la Nueva España, atribuyen el arrojo de Alvarado a su codicia : mas yo no 
puedo creerlo sin pruebas convincentes. Gomara y Las Casas siguieron a 
Sahagun, y este a los informes de los Megicanos, que, como enemigos de los 
Españoles, no son dignos de fe en este caso. 

t Es enteramente increíble que los Megicanos quisieran aprovecharse de la 
ocasión del baile para maquinar una traición contra los Españoles como muchos 
historiadores suponen ; y absurdo lo que dice Torquemada que tenian ya prepa- 
radas las ollas para cocer sus cadáveres. Estos son fábulas inventadas para 
justificar a Alvarado. Lo que me parece mas verosimil es, que los Tlascaleses, 
por el gran odio que tenian a los Megicanos, hicieron creer a este capitán la 
supuesta traición. En la historia de la conquista tenemos muchos egemplos de 
esta clase de sugestiones inventadas por las Tlascaleses. 



ENTRADA DE CORTÉS BN MEGICO. 95 

parte del maro, minaron en diversas partes el palacio, y quemaron 
las municiones : pero fueron rechazados por el fuego de la artillería y 
de los mosquetes, con lo que los Españoles tubieron tiempo de 
reedificar el muro destruido. Aquella noche descansaron de las 
fatigas del dia, pero al siguiente fue tan terrible el asalto, que los 
Españoles se creyeron perdidos, y en efecto no hubiera quedado uno 
solo con vida, como sucedió a seis a seite, a no haberse mostrado el 
rei al tropel de combatientes, y refrenado con su autoridad el furor 
que los animaba. El respeto a la persona del monarca contubo al 
pueblo, y desde entonces no atacó con armas el cuartel; mas no dejó 
de cometer otras hostilidades, pues quemó los cuatro bergantines, que 
Cortés habia mandado construir, para escaparse en ellos, caso de no 
poder hacerlo por las calzadas, y resolvió sitiar por hambre a los 
Españoles, negándoles los viveros, e impidiendo que se introdugesen 
en el cuartel, con cuyo obgeto abrió un foso en rededor. 

En esta situación se hallaban los Españoles en Megico, cuando 
Alvarado avisó a Cortés, por dos mensageros Tlascaleses, rogándole 
que apresurase su vuelta, si no quena hallarlos muertos a todos. Lo 
mismo le envió a defcir Moteuczoma, haciéndole saber cuan sensible 
le habia sido la sublevación de sus vasallos, ocasionada por el san- 
griento y temerario atentado del Capitán Tonatiuh. 

Cortés, después de haber dado las ordenes convenientes, para 
transferir la colonia de la Vera Cruz, a un sitio mas próximo a 
Chachiuhcuecan, lo que no pudo egecutarse por entonces, marchó con 
su gente, a grandes jornadas, acia la capital. En Tlascala fue magni- 
ficaraente hospedado en el palacio del principe Magijcatzin. Alfi 
hizo lo reseña de sus tropas, y halló noventa y seis caballos, y mil y 
trescientos peones Españoles, a los que se unieron dos mil Tlascaleses, 
que le dio la república. Con este egercito entró en Megico el 21 de 
Junio, sin hallar oposición alguna en la entrada, pero mui en breve 
echó de vez síntomas de la fermentación popular, tanto por la poca 
gente que vio en las calles, cuanto por algunos puentes de los canales, 
que se hablan levantado. Cuando llegó a los cuarteles, con grandes 
demostraciones , de jubilo de una, y otra parte, Moteuczoma salió al 
patio a recibirlo con las mas obsequiosas demostraciones de amistad ; 
pero Cortés, o insolentado por la victoria que habia conseguido contra 
Narvaez, o por las fuerzas respetables que traia a sus ordenes, o 
persuadido que le convenia fingirse enfadado con el rei, como creyén- 
dolo culpable del alboroto de sus subditos, pasó de largo, sin fijar en 
él la atención. El rei atravesado del mas vivo dolor al verse tratadf 



96 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

tan indignamente, se fue a su estancia, donde se le aumentó la pesa- 
dumbre, con la noticia que inmediatamente le trageron sus servidores, 
de las palabras injuriosas que habia proferido contra Su Magestad el 
general Español*. 

Reprendió Cortés severisimamente al capitán Alvarado, y le 
hubiera impuesto el castigo que merecia, si lo hubiesen permitido las 
circunstancias del tiempo, y del culpable. Previa la borrasca que 
iba a estallar sobre su egercito, y no le pareció prudente en aquella 
ocasión tener por enemigo a uno de los mas valientes capitanes de sus 
tropas. 

Con los refuerzos que trajo Cortés a Megico, tenia un egercito de 
nueve mil hombres, y no pudiendo caber todos en el alojamiento, 
ocuparon algunos de los edificios del recinto del templo mayor, en la 
parte mas próxima a los cuarteles. Con la muchedumbre creció la 
penuria de viveres, ocasionada por la falta del mercado. Mandó 
Cortés entonces a decir a Moteuczoma, con grandes amenazas, que 
diese orden de que se celebrase el mercado, a fin de que ellos se 
proveyesen de cuanto necesitaban. Moteuczoma ^respondió que los 
personages de mas autoridad de que podia fiar#3, para la egecucion 
de aquella orden, se hallaban como él privados de libertad ; que 
soltase, algunos de ellos, para que se le complaciese en lo que pedia. 
Cortés sacó de la prisión al principe Cuitlahuaízin, hermano de 
Moteuczoma, estando mui lejos de pensar que la libertad de aquel 
personage ocasionaría la ruina de los Españoles, pues no solo no 
regresó al cuartel, ni restableció el mercado, o por que no quisiese 
favorecer a los estrangeros, o por que no consistiesen en ello los 
Megicanos, si no que estos lo obligaron a egercer su empleo de 
general, y él fue quien desde entonces mandó las tropas, y dirigió las 
hostilidades, hasta que por muerte de su hermano fue elegido rei de 
Megico. 

* Solis no da crédito al desprecio que Cortés hizo de Moteuczoma, y por 
defender a su héroe, agravia a Berna! Diaz que lo afirma, cómo testigo ocular, 
y al Cronista Herrera que lo asegura, fundado en buenos documentos. Acusa 
injustamente a Diaz de parcialidad contra Cortés, y de Herrera dice que quizas 
adoptarla aquella versión, para aplicarle una sentencia de Tácito, " arabicionj 
añade, peligrosa en el historiador," pero en ninguna tanto como en el mismo 
Solis, pues todo hombre imparcial que lea su obra, vera que este autor, en lugar de 
ajustar las sentencias a la narración, ajusta la narración a las sentencias. Por 
fin si no alega mejores razones que las que usa contra Bernal Diaz, debemos 
creer a este, que presenció el lance. 



COMBATES EN LA CAPITAL. 97 

Combates entre Megicanos y Elspañoles en la Capital. 
El dia en que Cortés entró en Megico, no hicieron ningún movi- 
miento sus habitantes, pero al siguiente, empezaron a hacer uso de las 
hondas, y dispararon tantas piedras a los Españoles, que parecía, 
según dice Cortés, una tempestad. Siguieron las flechas en tanto 
numero, que cubrieron todo el patio, siendo tan exesivo el de los 
combatientes, que no se veia el suelo de las calles. No pareció bien 
a Cortés mantenerse en la defensiva, porque no se atribuyese a 
cobardia, y cobrasen mas animo sus enemigos. Hizo por tanto, una 
salida con cuatrocientos hombres, parte Españoles, y parte Tlasca- 
leses. Los Megicanos se fueron retirando con poca perdida, y Cortés, 
después de haber pegado fuego a algunas casas, volvió a sus cuarteles ; 
pero viendo que los enemigos continuaban sus hostilidades, mandó 
salir al capitán Ordaz con doscientos soldados. Los Megicanos 
fingieron huir, y desordenarse, para alejarlos de su alojamiento, como 
en efecto lo obtubieron: pero de repente se vieron los Españoles 
rodeados de enemigos, y atacados por frente, y retaguardia, aunque 
tan tumultuariamente, que los Megicanos se embarazaban unos a 
otros. Al mismo tiempo se dejó ver sobre las azoteas una gran 
muchedumbre, que no cesaba de tirar piedras, y flechas. Halláronse 
entonces los Españoles en gran peligro, y aquella ocasión fue una de 
las muchas en que dio pruebas de su arrojo el valiente Ordaz. El 
combate fue mui sangriento, aunque sin gran daño de los Españoles, 
los cuales cm los mosquetes, y las ballestas, limpiaron las azoteas, y 
con las picas, y espadas rechazaron a la turba que inundaba la calle, y 
asi pudieron finalmente retirarse, dejando muertos muchos Megicanos, 
y de los suyos no mas de ocho ; pero todos salieron heridos, incluso 
el animoso gefe. Uno de los daños que hicieron aquel dia los Megi- 
canos a los Españoles, fue el pegar fuego al cuartel en varios puntos, 
y en uno de ellos fue tal el incendio, que los sitiados tubieron que 
echar abajo el muro, y defender la brecha con la artillería, y con 
la mucha gente que en ella pusieron, hasta que llegó la noche, y los 
sitiadores les dejaron tiempo de reedificar el muro, y curar los heridos. 
El siguiente dia, 26 de Junio, fue mas terrible el empeño, y mayor 
la furia de los Megicanos. Los Españoles se defendieron con doce 
piezas de artillería, que hacian grandes estragos en ól tropel de 
enemigos, pero como estos eran tantos, mui en breve acudian otros a 
llenar los vacios que dejaban los muertos. Cortés viendo su obstina- 
ción, salió con la mayor parte de sus tropas, y se encaminó, peleando 

TOMO II. H 



98 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

siempre, por una de las tres calles principales de la ciudad: se 
apoderó de algunos puentes, pegó fuego a muchas casas, y después de 
haber combatido casi todo el dia, se retiró a sus cuarteles, con mas 
de cincuenta Españoles heridos, dejando muertos innumerables 
Megicanos. 

La esperiencia hizo conocer a Cortés que el mayor daño que reci- 
bían sus tropas, procedia de las azoteas, y para evitarlo, mandó 
construir tres maquinas de guerra, llamadas mantas por los Españoles, 
tan grandes, que cada una podia llevar veinte hombres armados, 
cubiertas de fuertes tablados, para defenderlos de los tiros de las 
azoteas, provistas de ruedas para facilitar su movimiento, y de troneras, 
o ventanillas para poder disparar las armas de fuego. 

Mientras se construían estos amaños, ocurrieron grandes novedades 
en la capital. Moteuczoma habia observado uno de los combates 
desde la torre de palacio, y distinguido entre la muchedumbre a su 
hermano Cuitlahuatzin, mandando las tropas Megicanas. A vista de 
tantos obgetos lamentables, asaltaron su espíritu un tropel de tristes 
pensamientos. Consideraba por una parte el peligro que corria de 
perder la corona y la vida, y por otra se le presentaba la destrucción 
de los edificios de la capital, la muerte de sus vasallos, y el triunfo de 
sus enemigos, no hallando otro remedio a tantos males, que la pronta 
salida de los Españoles. Pasó la noche agitado por aquellas ideas, y 
al dia siguiente mui temprano llamó a Cortés, y le habló sobre el 
asunto, rogándole encarecidamente que no difiriese su viage. No 
necesitaba Cortés de tantos ruegos ; pues se hallaba tg-^ escaso de 
viveros, que ya se daban por medida a los soldados, y en tan corta 
cantidad, que bastaban a mantener la vida, pero no a dar la fuerza 
necesaria para oponerse a tantos enemigos como continuamente los 
molestaban. Finalmente conocía que lejos de serle posible hacerse 
dueño de la ciudad, ni aun podria lograr sostenerse en ella. Por 
otra parte lo afligía la idea de tener que abandonar la empresa comen- 
zada, perdiendo en un momento con su salida, todas las ventajas que 
se habia proporcionado con su valor, con su destreza, y con su felici- 
dad: pero cediendo a tan imperiosas circunstancias, le dijo que estaba 
pronto a partir, por la paz del reino, con tal que depusieran las armas 
sus vasallos. ^^ 

Discurso del rei al pueblo y sus efectos. ■ 
Apenas terminada aquella conferencia, gritaron a las armas en el 
cuartel, por venir los Megicanos resueltos a dar un asalto general. 



DISCURSO DE MOTEUCZOMA. 99 

En efecto por todas partes procuraban subir a los muros, mientras 
otras huestes, colocadas en puntos ventajosos, disparaban un numero 
iucreible de flechas para superar la resistencia de los sitiados, y otros 
se arrojaban, a pesar del fuego de la artillería, y de los mosquetes, 
hasta poner el pie en el recinto de los cuarteles, y combatir cuerpo a 
cuerpo con los Españoles. Estos, creyéndose ya vencidos por la 
superioridad del numero, peleaban como desesperados. Moteuczoma, 
viendo su conflicto, y el riesgo en que él mismo se hallaba, resolvió 
mostrarse a sus vasallos, para reprimir con su presencia, y con su voz 
el furor que los animaba. Púsose las insignias reales, y escoltado 
por algunos de sus ministros, y por doscientos Españoles, subió a la 
azotea, y se presentó al pueblo, mientras sus ministros le imponían 
silencio para que se oyese la voz del soberano. Cesó al verlo el 
ataque, enmudecieron todos, y aun algunos, penetrados de respeto se 
arrodillaron. Alzó entonces la voz, y les hizo en sustancia este breve 
discurso : ** Si el motivo que os induce a tomar las armas contra estos 
estrangeros, es el deseo de mi libertad, yo os agradesco el amor, y la 
fidelidad que me mostráis: pero os engañáis creyéndome su prisio- 
nero, pues en mi mano está dejar este palacio de mi difunto padre, y 
trasladarme al mió, cuando quiera. Si vuestra colera nace de su 
permanencia en esta corte, os hago saber que me han dado palabra de 
salir de ella, y yo os aseguro que lo harán, inmediatamente que 
depongáis las armas. Cese pues vuestra inquietud ; mostradme en 
esto vuestra fidelidad, si queréis desmentir las voces que han llegado 
a mis oidos-acerca de haber vosotros jurado a otro señor la obediencia 
que solo a mi debéis tributar, lo que yo no he podido creer, ni 
vosotros podréis egecutar, sin acarrearos toda la colera de los dioses.'' 
Quedó todo en silencio por algún rato, hasta que un hombre mas 
atrevido que los otros * alzo la voz, llamando al rei cobarde, y afemi- 
nado, y mas digno de manejar el huso, y la rueca, que de gobernar 
una nación tan valerosa como la Megicana, y echándole en cara que 
por su pusilanimidad se habia constituido vilmente prisionero de 
sus enemigos. No satisfecho con estas injurias, el mismo que las 
habia proferido, tomó el arco, y disparó una flecha al monarca. La 
plebe, tan fácil a seguir el impulso que se le da, siguió su egemplo, 
y por todas partes empezaron a oirse improperios, y a llover piedras, 
y flecháis acia el punto en que el rei se hallaba. Los historiadores 

* El P. Acosta dice que el Megicano que dirigió aquellas injurias al rei fue 
Quauhtemotzin su sobrino, y después ultimo rei de Megico : pero yo no 
lo creo. 

H 2 



100 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

Españoles dicen que aunque la persona de Moteuczoma estaba cubierta 
con dos rodelas, fue herido de una pedrada en la cabeza, de otra en 
una pierna, y de una flecha en el brazo. De alli fue llevado por sus 
ministros a su habitación, mas atormentado por la indignación, y por 
la rabia que por las heridas. 

Entretanto persistían los Megicanos en el asalto, y los Españoles en 
la defensa, hasta que algunos nobles llamaron a Cortés al mismo sitio 
en que habia sido herido el rei, y discurrieron con él acerca de ciertas 
condiciones que los historiadores no declaran. Cortés les preguntó 
por qué lo trataban como enemigo, no habiéndoles hecho él daño 
alguno. " Si queréis, le respondieron, evitar nuestras hostilidades, 
salid pronto de esta ciudad : si no, estamos resueltos a morir, o a 
daros muerte a todos." Cortés añadió que no se quejaba de ellos 
por que les temiese, sino por que ellos mismos lo obligaban a ester- 
minarlos, y a destruir tan hermosa ciudad. Los nobles se fueron 
repitiendo sus amenazas. 

Concluidas finalmente las tres maquinas de guerra, salió con ellas 
Cortés el día 28 o 29 de Junio, mui temprano*, por una de las tres 
calles principales de la ciudad, a la cabeza de tres mil Tlascaleses, y 
de otras fuerzas ausiliares, con la mayor parte de los Españoles, y con 
doce piezas de artillería. Llegados que fueron al puente del primer 
canal, acercaron a las casas las maquinas, y las escalas, para arrojar 
la turba que cubría las azoteas ; pero fueron tantas, y tan gruesas las 
piedras que les arrojaron, que las maquinas fueron mui en breve des- 
trozadas. Los Españoles combatieron animosamente hastp medio día, 
sin poder pasar el puente : por lo que volvieron avergonzados a los 
cuarteles, dejando uno de ellos muerto, y. conduciendo con ellos 
muchos heridos. 

Combate terrible en el templo. 
Envanecidos con estas ventajas los Megicanos, se fortificaron qui- 
nientos nobles en el atrio superior del templo mayor, bien provistos 
de armas, y provisiones, y de alli empezaron a hacer gran daño a los 
Españoles con piedras, y flechas, mientras otra? tropas los atacaban 
por la calle. Mandó Corles un capitán con cien soldados a rechazar 
a los nobles de aquel punto, que por estar mui alto, y próximo a los 
cuarteles, los dominaba enteramente ; pero habiendo emprendido la 
subida, fueron vigorosamente rechazados. Determinóse por tanto el 

* Es increíble la variedad de los autores sobre el orden y las circunstancias de 
aquellos combates. Yo sigo la relación de Cortas, que me parece la mas segura. 



COMBATE EN BL TEMPLO. 101 

general a dar él ■. mismo el asalto, a pesar de tener, desde el primer 
ataque, una grave herida en la mano izquierda. Atóse la rodela al 
brazo, y habiendo circundado el templo de un numero competente de 
Españoles, y Tlascaleses, empezó a subir por las escaleras con una 
gran parte de su tropa. Los nobles sitiados defendían briosamente la 
subida, y echaron por tierra algunos Españoles, mientras otras fuerzas 
Megicanas, que hablan entrado en el atrio inferior, luchaban furiosa- 
mente con los que lo rodeaban. Cortés, aunque con mucha fatiga, y 
dificultad logró poner el pie con los suyos en el atrio superior. AUi 
fue el mayor peligro, y el mas arduo empeño del conflicto, el cual 
duró tres horas. De los Megicanos, unos murieron a los filos de la 
espada, otros se arrojaron a los atrios inferiores, donde siguieron pele- 
ando, hasta perder todos la vida. Cortés mandó pegar fuego a los 
santuarios, y se retiró en buen orden a sus cuarteles. La acción costó 
la vida a cuarenta y seis Españoles, y todos los otros salieron heridos 
y cubiertos de sangre. Este famoso combate fue uno de los mas 
terribles y encarnizados de aquella guerra : por esto lo representaron 
después de la conqu^ta, tanto los Megicanos, como los Tlascaleses 
en sus pinturas. 

Algunos historiadores añaden a esto el gran peligro en que dicen 
que se halló Cortés de ser precipitado por dos Megicanos, los cuales, 
resueltos a sacrificar la vida en bien de la patria, lo agarraron en el 
borde del atrio superior, para dejarse caer con él a los atrios bajos, 
creyendo poner fin a la guerra con la muerte del general : pero este 
hecho de q^ no hacen mención Cortés, Bernal Diaz, Gomara, ni 
ninguno de los historiadores antiguos, se ha hecho todavía mas invero- 
símil por las circunstancias que le añaden algunos escritores modernos*. 

Regresado Cortés a los cuarteles, se abocó de nuevo con unos 
Megicanos de alta clase, representándoles el daño que recibían los 

* Solis dice que los dos Megicanos se acercaron de rodillas a Cortés, en actitud 
de implorar su clemencia, y sin tardanza se lanzaron sobre él, y lo arrojaron al 
suelo, aumentando la violencia del impulso, con la fuerza natural de sus cuerpos ; 
que Cortés se desembarazó de ellos, y los rechazó, aunque no sin dificultad. Yo 
la tengo muí grande en creer una fuerza tan estraordinaria en Cortés. Los 
humanísimos Rainal y Robertson, movidos a compasión, según parece, de la 
situación de Cortés, lo socorren, aquel con unas almenas, y este con unas rejas, 
en que pudo apoyarse para deshacerse de los Megicanos ; pero ni estos usaron 
jamas de rejas, ni el templo mayor tenia almenas en el atrio superior. Es estraño 
que estos autores, tan incrédulos con lo que dicen los historiadores Españoles e 
Indios, crean lo que no se halla en ningún escritor antiguo, siendo ademas un 
hecho tan inverosimil. 



102 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

habitantes, de las armas Españolas. Ellos respondieron que nada les 
importaba con tal que todos los Españoles pereciesen, lo cual habría 
de verificarse, si no a manos de los Megicanos, de resultas del hambre 
que padecerían encerrados en aquel edificio. Cortés habiendo obser- 
vado aquella noche algún descuido en los ciudadanos, salió con 
algunas compañias, y encaminándose por una de las tres calles prin- 
cipales, incendió mas de trescientas casas *. 

Al dia siguiente, después de reparadas las maquinas, salió con ellas, 
y con la mayor parte de sus tropas, y marchó por el gran camino de 
Tztapalapan, con mejor éxito que la primera vez : porque a despecho 
de la vigorosa resistencia que hacían los enemigos, en las trincheras 
que habían construido para defenderse del fuego de los Españoles, 
ganó los cuatro primeros puentes, y quemó algunas casas, aprove- 
chándose do los materiales para llenar los fosos, afin de que no hubiese 
dificultad en el paso, si los enemigos llegaban a levantar los puentes. 
Dejó en aquellos puestos suficiente guarnición, y volvió al cuartel con 
muchos soldados heridos, dejando diez o doce muertos. 

A otro dia continuó sus ataques por el mismo,oamino, ganó los tres 
puentes que le faltaban, y persiguiendo a los que los defendían, llegó 
por fin a tierra firme. Mientras se empleaba en llenar los fosos, 
para verificar, como es de creerse, su retirada de la corte, por el 
mismo camino por donde había entrado en ella siete meses antes, se 
le dijo que los Megicanos querían capitular, y deseoso de oír sus pro- 
posiciones, volvió apresuradamente con la caballería, dejando a la 
infantería de guardia en los puentes. Los Megicanos lef .igeron que 
estaban prontos a suspender las hostilidades, mas que para efectuar la 
capitulación necesitaban tener la persona de un sumo sacerdote, que 
había sido hecho prisionero en el ataque del templo mayor. Cortés 
mandó ponerlo en libertad, y en seguida quedó ajustado el armisticio. 
Esta parece haber sido una estratagema de los electores, para recobrar 
al gefe de su religión, de cuya presencia necesitaban, para la unción 
del nuevo reí que habían elegido, o iban a elegir, porque apenas tubo 
Cortés la satisfacción de haber concluido aquel convenio, cuando 
llegaron algunos Tlascaleses, con la nueva de que los Megicanos 
habían vuelto a tomar los puentes, y dado muerte a algunos Españoles, 

* Cortés dice que quemaba las casas ; mas esto no quiere decir que ardían 
todas, quedando reducidas a cenizas, si no que les pegaba fuego, el cual en algunas 
hacia mucho daño, en otras poco, y en otras ninguno. Bernal Díaz dice que 
costaba trabajo hacerlas arder, porque todas tenían azoteas, y estaban separadas 
¿mas de otras. 



MUERTE DE MOTEUCZOMA II. 103 

y que se aproximaba una multitud de guerreros acia los cuarteles. 
Cortés salió a su encuentro con la caballeria, y recobró los puentes, 
rompiendo por medio de los contrarios, con gran peligro, y fatiga : 
pero cuando estaba ganando los últimos, ya los Megicanos habían 
vuelto a tomar a los Españoles los cuatro primeros, quitando también 
los materiales con que estos habian llenado los fosos. Cortés volvió a 
recobrarlos, y se retiró a los cuarteles con toda su gente cansada, mal 
parada, y herida. 

En su carta a Carlos V, Cortés le habla del gran peligro que corrió 
aquel dia, de perder la vida, y atribuye a una particular providencia 
de Dios, el haber podido preservarla, en medio de tan gran muche- 
dumbre de enemigos. Es cierto que desde el momento en que los 
Megicanos se sublevaron contra los Españoles, hubieran podido en 
poco tiempo esterminarlos a ellos, y a sus aliados, si hubieran obser- 
vado mejor orden en los ataques, y si hubiera reinado mayor con- 
cordia entre los gefes subalternos que los dirigian : mas estos no 
estaban de acuerdo, como diré después, y el populacho se dejaba 
llevar tan solo por el Ímpetu de su desordenado furor. Por otra 
parte los Españoles tparecian hechos de hierro, pues ni cedían al rigor 
del hambre, ni a la necesidad del sueño, ni a las heridas, ni a la 
fatiga incesante. Después de haber empleado todo el dia peleando, 
pasaban la noche enterrando a los muertos, curando a los heridos, y 
reparando los males que los Megicanos habian hecho en el edificio 
que ocupaban, y aun durante el poco tiempo que dedicaban al reposo 
necesario, no dejaban jamas las armas de la mano, hallándose siempre 
dispuestos a presentarse a sus enemigos. Pero aun mas se conocerá 
la dureza de aquellos hombres en los terribles combates que referiré 
muí en breve. 

Muerte de Moteuczoma II y de otros personages. 

En uno de aquellos dias, que probablemente seria el 30 de Junio, 
murió, dentro del alojamiento de los Españoles, el rei Moteuczoma, 
a los cincuenta y cuatro años de edad, y diez y ocho de reinado, y en 
el séptimo mes de su encarcelamiento. Acerca de la causa, y de las 
circunstancias de este acaecimiento, reina tanta variedad entre los 
historiadores, que parece imposible averiguar la verdad. Los his- 
toriadores Megicanos atribuyen su muerte a los Españoles, y los 
Españoles a los Megicanos. Yo no puedo creer que los Españoles 
se decidiesen a quitar la vida a un rei a quien debían tantos bienes, y 
de cuya muerte solo podían aguardar grandes males. Según Bernal 



104 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

Diaz, autor sincerisimo, y testigo ocular, su pérdida fue llorada na 
menos por Cortés, que por todos los capitanes, y soldados, como si 
todos hubieran perdido en él un padre. En efecto, Moteuczoma los 
favoreció estraordinariamente, sea por inclinación, sea por miedo : 
siempre se les mostró benévolo, y sincero : a lo menos no hai razón 
para creer lo contrario, ni se sabe que recibiesen de él un solo dis- 
gusto, como ellos mismos lo confesaron *. 

Sus buenas, y malas calidades pueden inferirse de la relación de sus 
hechos. Fue circunspecto, magnifico, liberal, celoso defensor de la 
justicia, agradecido a los beneficios de sus subditos : pero su altanera 
circunspección hacia inaccesible el trono a los lamentos de los oprimi- 
dos ; su magnificencia, y su liberalidad, se egercian a espensas de la 
sustancia de los pueblos, y su justicia degeneraba a veces en crueldad. 
Fue exacto, y puntual en los deberes de la religión, y mui adicto al 
culto de sus dioses, y a la observancia de los ritos f. En su juventud 
fue animoso, y dado a la guerra, habiendo quedado victorioso, según 
dicen, en nueve batallas : pero en los últimos años de su reinado, los 
placeres domésticos, la fama de las primeras victorias de los Españo- 
les, y, sobre todo, los errores de la superstición l^bian degradado de 
tal manera su ánimo, que parecía haber mudado de sexo, como decían 
sus subditos. Deleitábase en la música, y en la caza, y era tan diestro 
en el egercicio del arco, como en el de la cerbatana. Era de alta esta- 
tura, y buena complexión, y tenia el rostro largo, y los ojos vivos. 

Dejó muchos hijos, tres de los cuales perecieron en la infausta 
noche de la derrota de los Españoles, o a manos de estos, como dicen 
los Megicanos, o a manos de los Megicanos, como aquellos^aseguran. 
De los que sobrevivieron, el mayor era Tohnalicahuatzin, que en el 

* Cortés y Gomara aseguran que Moteuczoma murió de la pedrada que 
recibió de sus vasallos. Solis dice que la muerte fue efecto de no haber querido 
curarse la herida. Bernal Diaz añade a esta omisión la voluntaria inedia. 
Herrera dice que la herida no era mortal, sino que murió de pesadumbre, y des- 
pecho. Sahagun, y los historiadores Megicanos, y Tezcucanos afirman que los 
Españoles lo mataron, y uno de ellos refiere que un soldado lo atravesó por una 
ingle. Entre estos historiadores, unos dicen que la muerte ocurrió la noche de 
la derrota de los Españoles, otros que fue antes. Acosta, Torquemada, y Be- 
tancourt se refieren al juicio divino. 

f Solis dice que aquel monarca apenas doblaba la cerviz a sus dioses, que tenia 
mas alta idea de sí mismo que de ellos, &c. Pero esta, y otras especies que 
afirma aquel escritor son contrarias a la verdad, y al testimonio de los autores 
Indios, y Españoles que conocieron a Moteuczoma, El mismo Solis añade que 
el demonio lo favorecía con frecuentes visitas : credulidad estraña en un Cronista 
mayor de las Indias. 



DESCENDIENTES DK MOTEÜCZOMA II. 105 

bautismo se llamó D. Pedro Motezumá, y de quien decienden los 
Condes de Motezumá, y Tula. Tubo Moteuczoma este hijo de Mia- 
huajochitl*, hija de Ijtlilcuechahuac, señor de Tula, o ToUan. De 
otra muger tubo a Tecuichpotzin, hermosa princesa, de quien decien- 
den las dos nobles casas de Cano Motezumá, y Andrada Motezumá. 
Ademas de estos, se sabe que tubo otro hijo, señor de Tenajocan, el 
cual habiéndose escapado, y refugiadose en Tepozotlan, cuando los 
Españoles salieron derrotados de Megico, fue después solemnemente 
bautizado, próximo ya a morir, a fines del año 1524, o a principios del 
siguiente f. Los reyes Católicos concedieron singulares privilegios a 
la posteridad de Moteuczoma, en atención al inapreciable servicio, 
que les hizo aquel monarca, incorporando a la corona de Castilla, por 
su cesión voluntaria, un reino tan grande, y rico como el de Megico. 
¡ Dichoso si después de haber cedido a la España su reino, hubiera 
sabido grangearse el del cielo ! Pero ni las reiteradas instancias que 
le hizo Cortés, durante el tiempo de su encarcelamiento, ni las con- 
tinuas exortaciones que empleó el P. Olmedo, especialmente en los 
últimos dias de su vida, pudieron inducirlo a abrazar la fe de Jesu 
Cristo :|: que después adoptaron tan fácilmente sus vasallos. ¡ Con- 
sejos altísimos de la predestinación, que no pueden indagar los 
mortales ! 

Cortés notició la muerte del reí al principe Cuitlahuatzin, por medio 
de dos ilustres prisioneros, que hablan sido testigos de aquel suceso, 
y de allí a poco, envió el real cadáver, con seis nobles Megicanos, 

* Solis, adr-Uerando como suele el nombre de esta reina, la llama Niagua 
Súchil. Sobrevivió a la conquista, y tomó en el bautismo el nombre de Doña 
Maria Miahuajochitl. 

t Este principe tomó en el bautismo el nombre de su padrino Rodrigo de Paz, 
primo del conquistador Cortés. Asistieron ala solemnidad los magistrados Espa- 
ñoles de aquella Corte, y su cadáver fue enterrado, con la pompa correspondiente, 
en la iglesia de S. José, de Padres Franciscanos, primera parroquia de Megico. 

X Diego Muñoz Camargo, noble Tlascalés, dice en sus MS que Moteuczoma 
recibió el bautismo poco antes de morir, y aun nombra sus padrinos, que fueron 
Cortés, Alvarado, y Olid : mas todo esto es falso, pues no puede creerse que 
aquel general, en su carta a Carlos V, omitiese un hecho tan importante, y que 
tanto conducia a su justificación. Bernal Diaz, testigo ocular, cita la pesadumbre: 
del P. Olmedo por no haber podido reducir aquel monarca al Cristianismo. 
Gomara dice que Moteuczoma pidió el bautismo en el carnaval de aquel año ; 
que se difirió hasta Pascua, para hacerlo con mas solemnidad, y que entonces 
todo se trastornó con la llegada de Panfilo Narvaez : pero no tiene duda que la 
noticia de la espedicion de este gefe llegó a Megico después de Pascua. 



106 HISTORIA ANTIGUA Dli MEGICO. 

acompañados de muchos sacerdotes, que estaban en su poder*. Su 
vista exitó un gran llanto en el pueblo (ultimo homenage que le tribu- 
taban) y ya encomiaban con magnificas espresiones sus virtudes, los 
mismos que poco antes no hallaban en él sino vicios e infamia. La 
nobleza, después de haber derramado copiosas lagrimas sobre los frios 
restos de su desventurado rei, llevó el cadáver a un sitio de la ciudad, 
llamado Copalcof donde fue quemado con las ceremonias de estilo, y 
enterradas con suma reverencia las cenizas, aunque no faltaron hom- 
bres indignos, que las insultaron con denuestos. 

En aquella misma ocasión, si es cierto lo que refieren algunos his- 
toriadores, mandó Cortés arrojar a un sitio llamado Tehuayoc los 
cadáveres de Itzquauhtzin, señor de Tlatelolco, y de otros señores 
prisioneros, muertos todos, según afirman, por orden del mismo Cortés, 
aunque ninguno espresa el motivo de aquella resolución, que, en caso 
de ser justa, nunca pudo ser prudente, pues la vista de aquellos estra- 
gos debia necesariamente irritar la colera de los Megicanos, e indu- 
cirlos a la sospecha de haber sido también aquellos estrangeros autores 
de la muerte de su monarca J. Los Tlatelolques llevaron en un barco 
el cadáver de su señor, y celebraron con grandes demostraciones de 
pQsar sus exequias. 

Entre tanto continuaban los Megicanos con mayor ardor sus ataques. 
Cortés, aunque hacia gran daño a los enemigos, y casi siempre salia 
vencedor, consideraba que las ventajas de sus triunfos no compensaba 
la sangre que costaban a sus compatriotas, y que al fin la falta de 
viveros, y de municiones, y la superioridad de fuerzas contrarias, de- 

* Torquemada, y otros dicen que el cadáver de Moteuczoma fue arrojado con 
los otros al Tehuayoc : pero Cortés, y Bernal Diaz dicen que fue enviado fuera 
del cuartel en los hombros de cuatro nobles. 

t Herrera congetura que las cenizas de Moteuczoma fueron depositadas en 
Chapoltepec, y se funda en el llanto que los Españoles oyeron acia aquella parte. 
Solis afirma lo mismo, y añade que en Chapoltepec estaba el sepulcro de los 
reyes : mas todo esto es contrario a la verdad, pues Chapoltepec no distaba menos 
de tres millas de los cuarteles, y no era fácil oir el llanto a tanta distancia, espe- 
cialmente en una ciudad tan populosa, y tan agitada,' y turbulenta a la sazón. 
Los reyes no tenian sepultura determinada, y consta ademas por la deposición de 
los Megicanos que las cenizas de Moteuczoma se enterraron en Copalco. 

X De la muerte de aquellos Señores no hablan Cortés, Bernal Diaz, Gomara, 
Herrera, ni Solis, pero la dan por cierta Sahagun, Torquemada, Betancourt, y los 
historiadores Megicanos. Yo cedo al respeto de estos nombres, y al del público, 
pero con alguna desconfianza acerca del suceso, en que hallo mucha inverosi- 
militud. 



DERROTA DE LOS ESPAÑOLES. 107 

bian prevalecer sobre el valor de sus tropas, y la exelencia de sus 
armas. Creyendo pues absolutamente necesaria la pronta salida de su 
egercito, llamó a consejo a sus capitanes, para deliberar sobre el 
tiempo, y el modo de egecutarla. Fueron diversos los dictámenes. 
Unos opinaban que debia hacerse de dia, haciéndose camino con las 
armas, si los Megicanos se les oponían. Otros preferían la noche, y 
esta fue la opinión de un soldado llamado Botello, que la echaba de 
Astrólogo, y en quien Cortés confiaba mas de lo que debia, seducido 
por haber visto algunas de sus predicciones casualmente realizadas. 
Resolvió pues, prefiriendo los consejos de aquel ignorante a la luz de 
la prudencia militar, verificar su salida de noche, y con el mayor silen- 
cio posible, como si pudiesen bastar todas sus precauciones, para 
ocultar a la vigilancia de tan gran numero de enemigos la marcha de 
nueve mil hombres, con sus armas, caballos, artillería, y bagage. 
Señalóse la noche de 1 de Julio *, tan infausta y memorable para los 
Españoles, por los grandes males que en ella sufrieron, que le dieron 
el nombre de noche triste, con el cual es conocida en la historia. 
Mandó Cortés hacer un puente de madera, que pudiesen llevar cua- 
renta hombres, para servirse de él en el paso de los fosos. Después 
sacó todas las riquezas de oro, plata, y joyas que tenia en su poder ; 
separó la quinta parte, que pertenecía al rei, y la consignó a los 
oficiales de S, M., protestando la imposibilidad en que se hallaba de 
sacarla. Dejó todo lo demás a disposición de sus oficiales y soldados, 
para que cada uno tomase lo que quisiese, aunque les hizo ver cuanto 
mejor seria i^ejarlo todo a los enemigos, pues libres de aquel peso, 
podrian mas fácilmente salvar sus vidas. Muchos, no queriendo pri- 
varse del principal obgeto de sus deseos, y del único fruto de sus fati- 
gas, cargaron con aquellas preciosidades, Ijajo cuyo peso perecie- 
ron, victimas no menos de su codicia, que de la venganza de sus 
enemigos. 

Terrible derrota de los Españoles en su retirada. 

Ordenó Cortés su marcha en el mayor silencio de la noche, que 

oscurecían las nubes, y que una lluvia pequeña, pero incesante hacia 

mas peligrosa, y molesta. Confió el mando de la vanguardia al invicto 

Sandoval, con otros capitanes, y con doscientos infantes, y veinte ca- 

* Bernal Diaz dice que la derrota de los Españoles, ocurrió en la noche de 20 
de Julio : pero es yerro de imprenta. Cortés dice que llegó a Tlascala el 10, y 
del diario de su marcha se infiere que la derrota debió ser en la noche del 
primero. 



108 HISTORIA ANTIGUA DE MBGICO. 

ballos, y la retaguardia a Pedro Alvarado con la mayor parte de las 
tropas Españolas. En el cuerpo del egercito se conduelan los prisio- 
neros, la gente de servicio, el bagage, a las ordenes de Cortés, con 
cinco caballos, y cien infantes, para llevar pronto ausilio a donde fuese 
mas necesario. Las tropas ausiliares de Tlascala, Cholula, y Cem- 
poala, que componían mas de siete mil hombres, se dividieron en los 
tres cuerpos del egercito. Implorada antes de todo la protección del 
cielo se rompió la marcha por el camino de Tlacopan. La mayor 
parte de las tropas pasaron felizmente el primer foso o canal, por el 
puente que consigo llevaban, sin encontrar otra resistencia que la 
poca que hicieron las centinelas que guardaban aquel punto, pero 
habiendo notado aquella novedad los sacerdotes que velaban en el 
templo, gritaron a las armas, y con las cornetas despertaron a los 
habitantes. En un momento se vieron los Españoles atacados por 
agua y por tierra por un numero infinito de enemigos, los cuales con 
su misma muchedumbre se estorvaban e impedían en el ataque. Fue 
mui terrible y sangriento el combate en el segundo foso, estremo el 
peligro, y estraordinarios los esfuerzos para sobrepujarlo. La oscuri- 
dad de la noche, el estrepito de las armas, los clamores amenazantes 
de los combatientes, los lamentos, y sollozos de los heridos, y los lángui- 
dos suspiros de los moribundos formaban un conjunto no menos lasti- 
moso que horrible. Aqui se oian las voces de un soldado que pedia 
ausilio a sus compañeros ; alli la de otro que clamaba a Dios miseri- 
cordia. Todo era confusión, clamores, heridas, y muerte. Cortés, 
como buen general, acudia intrépidamente a todas par/)s, pasando 
muchas veces los fosos a nado, animando a los unos, ayudando a los 
otros, y poniendo en los restos de su egercito el orden que podia, no 
sin gran riesgo de morir, o de caer en manos de sus contrarios. El 
segundo foso se llenó de tal modo de cadáveres, que la retaguardia 
pudo pasar cómodamente sobre ellos. Alvarado, que la mandaba, se 
halló en el tercer foso tan furiosamente embestido por los enemigos, 
que no pudiendo hacerles frente, ni pasar a nado, sin evidente peligro 
de morir a sus manos, fijó la lanza en el fondo del canal, y aferrando 
la otra estremidad con los brazos, y dando un estraordinario impulso a 
su cuerpo, se lanzó de un salto a la orilla opuesta. Este prodigio de 
agilidad dio a aquel sitio el nombre que hasta hoi conserva del salto de 
Alvarado*. 

* Bemal Diaz se burla de los que creían en el salto de Alvarado, y dice que era 
absolutamente imposible atendida la anchura, y profundidad del poso : pero los 
otros autores lo citan por cierto, y la constante tradición lo confirma. 



DERROTA DE LOS ESPAÑOLES. 109 

Grande fue la perdida de los Megicanos en aquella noche. De la 
de los Españoles, hablan con variedad los historiadores, como sucede 
en otros muchos computos de aquella época*. Yo doi crédito al cal- 
culo de Gomara, que hizo diligentes observaciones, y se informó del 
mismo Cortés, y de otros conquistadores. Aquel escritor dice que 
perecieron cuatrocientos, y cincuenta Españoles, y mas de cuatro mil 
hombres de las tropas ausiliares, entre ellos, según el mismo Cortés, 
todos los Choluleses. Fueron también muertos todos, o casi todos los 
prisioneros f, todos los hombres y mugeres de servicio de los Españo- 
les, y cuarenta, y seis caballos, y se perdieron todas las riquezas que 
habían recogido, toda la artillería, y todos los manuscritos de Cortés, 
que contenían la relación de cuanto habia ocurrido hasta entonces a 
los Españoles. Entre los que faltaron de esta nación, los mas nota- 
bles fueron los capitanes Juan Velasquez de León, intimo amigo de 
Cortés, Amador de Lariz, Francisco Moría, y Francisco de Saucedo, 
hombres dé gran mérito, y valor, y entre los prisioneros perecieron el 
desventurado rei Cacamatzin, y un hermano, un hijo, y dos hijas de 
Moteuczoma;!:. La misma suerte tubo Doña Elvira, hija del principe 
Tlascales Magijcatzin.* 

No pudo Cortés, a pesar de la grandeza de su corazón, refrenar las 
lagrimas a vista de tanta calamidad. En Popotla, aldea próxima a 
Tlacopan, se sentó sobre una piedra, no ya a descansar de sus fatigas, 
sino a llorar la perdida de sus amigos, y compañeros. En medio de 
tantos desastres tubo el consuelo de saber que se hablan salvado sus 
mas valientes capitanes, Sandoval, Alvarado, Olid, Ordaz, Avila, y 

* Cortés dice que perecieron 160 Españoles, pero o disminuyó el numero, por 
miras particulares, o fue yerro de los copistas, o del primer impresor de sus 
cartas. Bernal Diaz cuenta 870 Españoles muertos : pero en este numero com- 
prende, como él mismo dice, no solo los que perecieron en aquella infausta noche, 
sino los que murieron en los dias siguientes hasta la llegada a Tlascala. Solis 
no cuenta mas que 200, y Torquemada 290. En el numero de las tropas ausilia- 
res que perecieron están de acuerdo Gomara, Herrera, Torquemada, y Betan- 
court. Solis dice tan solo que faltaron mas de 1000 Tlascaleses, mas esto no está 
de acuerdo con la relación de Cortés, ni con la de los otros autores. 

t Cortés afirma que murieron todos los prisioneros, pero se debe exceptuar a 
Cuicuitzcatzin, a quien Cortés habia dado el trono de Acolhuacan. Sabemos por 
el mismo Cortés que este principe era prisionero, aunque ignoramos la causa^ y 
por otra parte consta que murió en Tezcuco, como después veremos. 

X Torquemada afirma, como cosa segura, que pocos dias después de haberse 
apoderado Cortés de Cacamatzin, le mandó dar garrote en la prisión. Cortés, 
Bernal Diaz, Betancourt, y otros dicen que murió, como los otros prisioneros, en 
aquella terrible itoche. 



lio HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

Lugo, sus interpretes Aguilar, y Doña Marina, y su ingeniero Martin 
López, en quienes cifraba principalmente su confianza de reparar su 
honor, y conquistar a Megico. 

Marcha penosa de los Españoles. 

Halláronse los Españoles tan débiles, y malparados por el cansancio, 
y las heridas, qui si los Megicanos los hubiesen seguido, no hubiera 
quedado uno solo con vida ; pero apenas llegaron al ultimo foso del 
camino, regresaron a la ciudad, o porque se contentaron con los estra- 
gos que habian hecho, o porque habiendo encontrado los cadáveres 
del rei de Acolhuacan, de los principes reales de Megico, y de otros 
personages, solo pensaron por entonces en llorar su muerte, y en cele- 
brar sus exequias. Lo mismo hicieron con sus amigos, y parientes 
muertos, dejando aquel dia limpios los fosos, y caminos, y quemando 
los cadáveres, antes que inficionaran el aire con su corrupción. 

Al rayar el dia, se encontraron los Españoles en Popotla, esparci- 
dos, cansados, penetrados de dolor, y habiéndolos reunido, y ordenado 
Cortés, se pusieron en marcha para Tlacopan, perseguidos sin cesar 
por algunas tropas de aquella ciudad, y por las *Je Azcapozalco, hasta 
Qtoncálpolco, templo situado en la cima de un pequeño monte, a nueve 
millas a Poniente de la capital, donde hoi está el célebre santuario y 
magnifico templo de nuestra Señora de los Remedios, o sea del So- 
corro. AUi se fortificaron, según sus pocos recursos, para defenderse, 
con menos fatiga, de las tropas contrarias que los molestaron todo el 
dia. Descansaron algún tanto por la noche, y tubieron algún refresco 
que les suministraron los Otomites de dos caseríos próximos, que vivian 
impacientes bajo el yugo de los Megicanos. Desde aquel punto em- 
pezaron a encaminarse acia Tlascala, su único refugio en aquel desas- 
tre, por Quauhtitlan, Citlaltepec, Joloc, y Zacamolco, perseguidos en 
toda la marcha, por algunos cuerpos volantes enemigos. En Zacamolco 
se hallaron tan hambrientos, y reducidos a tanta miseria que cenaron 
la carne de un caballo, que murió en una acción de aquel dia, y el 
general participó como todos de aquel alimento. Los Tlascaleses se 
echaban al suelo para comer yerba, implorando a gritos el socorro de 
sus dioses. 

Batalla de Otompan. x 

El dia siguiente, apenas se pusieron en camino por el monte de 
Aztaquemecan, vieron de lejos en la llanura de Tonanpoco, poco dis- 
tante de Otompan, un numeroso, y brillante egercito, o de Megica- 



BATALLA DE OTOMPAN. 111 

nos, como dicen comunmente los historiadores, o, como yo creo, de las 
tropas de Otompan, Calpolalpan, y Teotihuacan, y de otros pueblos 
vecinos, exitados por los Megicanos a tomar las armas contra los Es- 
pañoles. Algunos autores dicen que aquel egercito se componia de 
doscientos mil hombres, numero que los Españoles calcularon a ojo, y 
que engrandeció sin duda el miedo. En efecto, todos ellos se persua- 
dieron que aquel dia debia ser el ultimo de su vida. Ordenó el gene- 
ral sus abatidas tropas, estendiendo cuanto pudo el frente de su mez- 
quino egercito, a fin de que quedasen de algún modo cubiertos sus 
flancos con el pequeño numero de caballos que aun conservaba, y con 
el rostro enardecido, dijo a sus soldados: " en tal estrecho nos halla- 
mos que solo debemos pensar en vencer o morir. Valor, Castellanos, 
y confiad en que quien nos ha librado hasta ahora de tantos peligros, 
nos preservará del que nos amenaza." Diose la batalla, que fue mui 
sangrienta, y duró mas de cuatro horas. Cortés viendo sus tropas 
disiminudas, y en gran parte desanimadas, mientras los enemigos se 
mostraban cada vez mas orgullosos, a pesar del daño que recibían, 
tomó una resolución tan atrevida como peligrosa, con la cual obtubo el 
triunfo, y puso en sal /o aquellos pobres restos de su egercito. Acor- 
dóse de haber oido decir muchas veces que los Megicanos se desorde- 
naban, y huian, siempre que en la acción perdian el general, o el estan- 
darte. Cihuacatzin, general de aquel egercito iba en una litera, lleva- 
da en hombros de algunos soldados, vestido con un rico trage militar, 
cubierta la cabeza con un hermoso penacho, y con un escudo dorado 
«n el brazo. El estandarte, que, según el uso de aquellas gentes, 
llevaba él mismo, era una red de oro, puesta en la punta de una lanza, 
que se habia atado fuertemente al cuerpo, y que se alzaba cerca de 
diez palmos sobre su cabeza*. Observólo Cortés, en el centro de 
aquella multitud de combatientes, y resuelto a dar un golpe decisivo, 
mandó a sus valientes capitanes Sandoval, Alvarado, Olid, y Avila, 
que le guardasen las espaldas, y con otros que lo acompañaron, se 
adelantó, por donde le parecía mas fácil la empresa, con tanto Ímpetu, 
que arrojó al suelo a cuantos halló al paso. Asi fue internándose por 
las huestes contrarias, hasta llegar al general, a quien echó al suelo de 
un lanzazo, no estante la escolta de oficiales que lo defendía. Juan de 
Salamanca, valiente soldado, de los que acompañaban a Cortés, des- 
montó con gran prontitud, quitó la vida al gefe enemigo, y arrancan- 

* Los Megicanos llamaban a estos estandartes Tlahuizmatlajopili. . 



112 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

dolé el penacho, lo presentó inmediatamente al caudillo Español*. 
El egercito contrario, viendo a su general muerto, y perdido su estan- 
darte, se desordenó, y huyó en tropel. Los Españoles, estimulados 
por tan gloriosa hazaña, le siguieron el alcance, y le hicieron grandes 
estragos. 

Esta victoria fue una de las mas famosas que tubieron los Es- 
pañoles en el Nuevo Mundo. Señalóse en ella sobre todos el general 
Español, de quien decian sus capitanes, y soldados, que no hablan visto 
jamas tanta actividad, ni tanto valor, como el que habia mostrado en 
aquella jornada : pero recibió una gran herida en la cabeza, que fue 
empeorándose de dia en dia, y puso su vida en gran riesgo. Bernal 
Diaz alaba justamente el denuedo de Sandoval, y hace ver la parte 
que tubo este famoso oficial en la victoria, inspirando valor a todos con 
su egemplo, y con sus exortaciones. También elogian los historiadores 
a María de Estrada, muger de un soldado Español, la cual armada 
de lanza, y rodela, corría tras las huestes enemigas, hiriendo, y matan- 
do con un arrojo estraño en su sexo. De los Tlascaleses dice Bernal 
Diaz que pelearon como leones, distinguiéndose entre ellos Calraeca- 
hua, capitán de las tropas de Magijcatzin. Aq*uel valiente gefe tomó 
en el bautismo el nombre de D. Antonio, y fue célebre, mas que por 
su valor, por su larga vida de ciento, y treinta años. 

La perdida de los enemigos fue considerable, aunque no tanto como 
lo dicen algunos escritores, que la calculan en veinte mil hombres : 
numero increíble si se considera el miserable estado a que hablan que- 
dado reducidos los Españoles, y la falta de artillería, y o^as armas de 
fuego. La de estos no fue tan pequeña como pretende Solis, pues 
perecieron casi todos los Tlascaleses, y muchos Españoles, a propor- 
ción de su numero, y todos salieron heridosf. 'H 

* Carlos V concedió algunos privilegios a Juan de Salamanca, y entre otros el 
de un escudo de armas para su casa con un penacho, para recuerdo del que había 
quitado al general Cihuacatzin, cuando le dio muerte. 

t Solis para exagerar la victoria de Otompan dice que en los Españoles hubo 
algunos heridos, de los que murieron dos o tres en Tlascala : mas este autor, 
atento únicamente a la cultura del lenguage, a los elogios, y a las sentencias no 
se cura de la exactitud de los números. Dice que Cortés condujo consigo a Me- 
gico, después de la derrota de Narvaez, 1 100 hombres, los cuales, con los 80 que, 
según él dice, quedaron con Alvarado, forman 1180. En los combates prece- 
dentes a la derrota de Megico, apenas hace mención de algún muerto. En la 
salida, cuenta 200, y en el viage a Tlascala, los dos o tres heridos en Otompan 
¿Qué se hicieron los 500 o mas que faltan para componer 1180? Diversa es la 



RETIRADA DE LOS KSPANOLES. 113 

Cansados de seguir a los fugitivos, volvieron a tomar el camino de 
Tlascala, por la parte oriental de aquella llanura. AUi pasaron la noche 
a descubierto, y el mismo general, a pesar de su cansancio, y de su 
herida, hizo personalmente la guardia, para mayor seguridad. Los 
Españoles no eran ya mas que cuatrocientos cuarenta. Ademas de 
los muertos en los combates precedentes a la noche infausta de su 
retirada, perecieron en ella, y en los seis días siguientes, ochocientos 
sesenta, como asegura Bernal Diaz, muchos de los cuales, habiendo 
sido hechos prisioneros por los Megicanos, fueron inhumanamente sa- 
crificados en el templo mayor de la capital 

Retirada de los Españoles a Tlascala, 
El dia siguiente, 8 de Julio de 1520 *, entraron, alzando las manos al 
cielo, y dando gracias al Altísimo, en los dominios delosTIascaleses, y 
llegaron a Huejotlipan, pueblo considerable de aquella república. Te- 
mían hallar alguna novedad en la fidelidad de los Tlascaleses, sabiendo 
cuan común es que los hombres se vean abandonados en sus infortu- 
nios, aun por sus mejores amigos : pero mui en breve se desengaña- 
ron, viendo sus sinceras demostraciones de aprecio, y compasión por 
las desgracias que hablan sufrido. Apenas tubieron la noticia de su 
llegada los cuatro gefes de la república, cuando pasaron a Huejotlipan 
a cumplimentarlos, aQorapañados por uno de los principales señores de 
Huejotzinco, y por un gran numero de nobles. El principe Magijcat- 
íiin, aunque afligido por la muerte de su querida hija Doña Elvira, pro- 
curó consol?]^ a Cortés, con la esperanza de nuevos triunfos, asegu- 
rándole que llegarla el dia de la venganza, y que para tomarla, basta- 
ban el valor de los Españoles, y las fuerzas de la república, que desde 
entonces le prometía. Lo mismo ofrecieron muchos señores. Cortés 
les dio gracias por su singular benevolencia, y tomando el estandarte 
clel general Megicano, lo regaló a Magijcatzin, y a los demás señores 
presentó otros despojos. Las mugeres Tlascalesas rogaron a Cortés 

Wca que nos dan de aquella acción los que en ella se hallaron, como puede verse 
en las cartas de Cortés, y en la historia de Bernal Diaz. " i O cuanto era furio- 
sa, y espantosa de verse aquella batalla ! dice este ultimo, i Como combatian 
cuerpo a cuerpo, y con qué furia se lanzaban los perros! (Asi llama a los Megi- 
canos ! ) i Qué heridas y matanza haciau en nosotros con sus lanzas y espa- 
das ! " y luego añade : " vuelvo a decir que nos hirieron y mataron muchos aol- 



* Bernal Diaz dice que la batalla deOtorapan fue el 14 de Julio, mas este es una 
distracción, pues Cortés asegura que entraron en los dominios de Tlascala el 8, 
^n dia después de la acción. 

TOMO II. I 



114 HISTORIA ANTIGUA DE MKGICO. 

que vengase la muerte de sus hijos y parientes, y desfogaron su dolor 
en imprecaciones contra la perfidia de los Megicanos. 

Después de haber descansado tres días en aquel pueblo, pasaron a 
la capital de la república, distante de alli quince millas, para curar sus 
heridas, de las que murieron ocho soldados. El concurso que asistió 
a su regreso en Tlascala, fue igual, y quizas mayor que el que salió a 
recibirlos en su primera entrada. La acogida que les hizo Magijeat- 
zin, y el cuidado que tubo de ellos, fueron dignos de su animo gene- 
roso, y de su sincera amistad. Los Españoles se mostraban cada dia 
mas reconocidos a aquella nación, cuya amistad constantemente culti- 
vada fue el medio mas eficaz que emplearon no solo para la conquista 
del imperio Megicano, sino también para la de todas las provincias 
que se opusieron a los progresos de sus armas, y para la sumisión de 
los barbaros Chichimecos, y Otomites, que tanto los molestaron. 

Elección y medidas del rei Cuitlahuatzin en Megico. 

Mientras los Españoles descansaban en Tlascala de sus fatigas, y 
curaban sus males, los Megicanos se empleaban en remediar los que 
babian sufrido la capital, y el reino. En el espacio de un año habian 
esperimentado grandes desventuras, pues ademas de las considerables 
sumas de oro, plata, piedras, y otras preciosidades que habian gastado, 
parte en regalos a los Españoles, y parte en hpmenage al rei de Es- 
paña, de las cuales recobraron sin embargo algunos restos, se habia 
oscurecido la fama de sus armas, y disminuido el esplendor de la co- 
rona; habianse sustraido a su obediencia los Totonamies, y otros 
pueblos, e insolentado en demasía sus enemigos ; hallábanse mal 
¡parados los templos, y arruinadas muchas casas de la capital, y sobre 
todo faltaban el rei, muchas personas reales, y una gran parte de la 
nobleza. A estos daños que habian recibido de los Españoles, se 
anadian los que ellos mismos se ocasionaban con la guerra civil, cuya 
noticia debemos a los escritos de un historiador Megicano, que se 
hallaba a la sazón en aquella corte, y que sobrevivió algunos años a la 
ruina del imperio. 

Cuando los Españoles se hallaban en la capital, molestados por el 
hambre, y por las hostilidades del pueblo, algunos señores de la pri- 
mera nobleza, o por favorecer el partido de los estrangeros, o, lo que 
parece mas verosímil, para socorrer a su rei, que hallándose entre los 
sitiados, debia participar de sus penurias, los proveían secretamente 
de viveros, y fiados eu la autoridad que les daba su nacimiento, se 
declararon abiertamente en favor de Cortés. De aqui resultó tan 



ELECCIÓN DEL REÍ CUITLAHUATZIN. 115 

funesta disensión entre los Megicanos, que solo pudo estinguirse con 
la muerte de muchos ilustres personages, y entre ellos, Cihuacoatl, 
Tzihuacpopoca, Cipocatli, y Tencuecuenotzin, hijos los unos, y lo» 
otros hermanos del rei Moteuczoma. 

Necesitaba la nación un gefe capaz de restablecer su honor, y de 
reparar las perdidas sufridas en los últimos tiempos del reinado de 
aquel monarca. Fue elegido rei Cuitlahuatzin, poco antes, o poco 
después de la derrota de los Españoles, y era, como ya he dicho, se- 
ñor de Iztapalapan, consegero intimo de su hermano Moteuczoma, y 
Tlachcocalcatl, o sea general de las tropas. Era hombre sabio, y de 
gran talento, como asegura su enemigo Cortés, y tan liberal, y magni- 
fico como su hermano. Gustaba de la arquitectura, y de la jardi- 
nería, como se vio en el magnifico palacio que edificó en Iztapalapan 
y en el célebre jardín que en él plantó, y de que hacen grandes elo- 
gios casi todos los historiadores antiguos. Su valor, y su pericia 
militar le adquirieron la estimación de sus pueblos, y algunos Espa- 
ñoles bien informados de su carácter aseguran que si la muerte no 
hubiera abreviado su carrera, no habría sido posible apoderarse de la 
capital*. Es probable que los sacrificios que se hicieron en la época 
de su coronación, fueron de los Españoles que él mismo hizo prisione- 
ros la noche de la retirada. 

Terminada aquella solemnidad, se aplicó el nuevo soberano a reme- 
diar los males de la capital, y del imperio. Mandó reparar los tem- 
plos, y reedificar las casas arruinadas ; aumentó, y mejoró las fortifi- 
caciones ; Pjjvió socorros a las provincias, exitandolas a la defensa 
común del estado, contra aquellos nuevos enemigos, y prometió absol- 
ver de todo tributo a los que tomasen las armas en defensa de la 
corona. Mandó ademas embajadores a la república de Tlascala, con 
un buen regalo de plumas, ropas, y sal, los cuales fueron recibidos 
con honor, según los usos establecidos en aquellas naciones. El ob- 

* Solis da a este rei el nombre de Quetlahaca, y dice que vivió pocos dias en el 
trono, y que estos bastaron a borrar su memoria : mas lo contrario aseguran 
- Cortés, Bernal Díaz, Gomara, yTorquemada. i Como podian olvidar su nombre 
los Megicanos, cuando los Españoles la conservaban indeleble, considerándolo 
autor de los desastres de su retirada? Cortés se acordaba tanto de Cuitla- 
huatzin, y conservaba tal indignación contra él, que cuando se halló con fuerzas 
suficientes para emprender el asedio de Megico, queriendo vengarse del rei, y no 
pudiendo hacerlo en su persona, por haber ya muerto, se vengó en su ciudad 
favorita ; y no fue otro el motivo de su espedicion contra Iztapalapan, como él 
mismo con^sa. 

I 2 



116 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

geto de esta embajada era representar al senado que aunque basta 
entonces habian sido enemigos capitales los Megieanos, y los Tlasca- 
leses, era ya tiempo de unirse, como originarios del mismo pais, coma 
pueblos de una misma lengua, y como adoradores de unos mismos 
númenes, contra los enemigos comunes de la patria, y de la religión ; 
que ya tenian noticia de los sangrientos estragos que habian hecho en 
Megico, y en otros pueblos aquellos hombres orgullosos e inhumanos; 
sus sacrilegos atentados contra los santuarios, y contra las venerables 
imágenes de sus dioses ; su ingratitud, y perfidia contra su hermano, 
y predecesor, y contra los mas respetables personages del reino, y su 
insaciable sed de oro, que los inducía a violar las santas leyes de la 
amistad ; que si la república continuaba apoyando los perversos desig- 
nios de aquellos monstruos, tendría el mismo galardón que Moteuc- 
zoma, en cambio de la humanidad con que los acogió en su corte, y 
de la liberalidad con que los favoreció en todo tiempo ; que los Tlas- 
caleses serian detestados generalmente, por haber dado ausilio a tan 
inicuos usurpadores, y los dioses descargarían sobre la república todo 
el furor de su colera, por haberse confederado con los enemigos de su 
culto ; que si por el contrario, se declaraban, como el reí se lo pedia, 
enemigos de aquellos hombres odiados del cielo, y de la tierra, la 
corte de Megico haría perpetua alianza, y tendría comercio libre con 
la república, con lo que esta podría evitar la miseria a que hasta en- 
tonces había estado reducida ; todas las naciones de Auahuac le agra- 
decerían tan importante servicio, y los dioses, aplacados con la san- 
are de las victimas, enviarían a sus campos la lluvia necearla, darían 
felicidad a sus armas, y harían célebre en toda la tierra el nombre 
Tlascales. ! ^ 

El senado después de haber oído el mensage, y despedido los em- 
bajadores de la sala de audiencia, según costumbre, quedó reunido 
para deliberar sobre aquel gran negocio. No faltaron miembros a 
quienes parecieron sensatas las proposiciones de los Megieanos, y con- 
venientes a la felicidad de la república, exagerando las ventajas que se 
les ofrecían, el éxito Infausto de la espedlclon de los Españoles a Me- 
gico, y la perdida de las tropas Tlascalesas que hablan estado bajo 
sus ordenes. Alzó la voz entre ellos el joven Gícotencatl, que siempre 
habla sido enemigo capital de los Españoles, y procuró apoyar, con 
cuantas razones pudo, la alianza con los Megieanos, añadiendo que 
serla mucho mejor conservar las antiguas costumbres de su nación, 
que someterse a las nuevas, y estravagantes usanzas de aquella gente 



EMBAJADA A LA REPÚBLICA DE TLASCALA. 117 

indómita, e imperiosa : que no podia ofrecerse una ocasión mas opor- 
tuna para desembarazarse enteramente de los Españoles, que aquella 
en que estaban tan cansados, débiles, y abatidos. Magijcatzin, por 
el contrario, que les era sinceramente afecto, y que tenia mas 
luces para conocer el derecho de gentes, y mejor voluntad de obser- 
varlo, rechazó el voto de Gicotencatl, censurando como abominable 
perfidia el designio de sacrificar a los Megicanos aquellos hombre» 
perseguidos por la fortuna, y que habian buscado un asilo en Tlascala, 
fiados en las protestas, y en las demostraciones del senado, y de la 
nación. Anadio que si los lisongeaban las ventajas que los Megica- 
nos ofrecian, mayores las esperaba él del valor de los Españoles, y 
que si no convenia fiarse en estos, menos confianza debian inspirar 
aquellos, de cuya falsia tenian tantas pruebas ; finalmente que ninguo 
delito seria capaz de irritar tanto la colera de los dioses, ni de oscu- 
recer tanto las glorias de la nación, como la horrible maldad que se 
proponia contra aquellos huespedes inocentes. Gicotencatl inculcaba 
su primer dictamen, presentando a los senadores un odioso retrato de 
la Índole, y de las costumbres de los Españoles. La altercación fue 
tan animada, y exitó % tal punto los ánimos, que Magijcatzin, arreba- 
tado de colera, dio un golpe a Gicotencatl, y lo precipitó por las 
gradas de la sala de audiencia, llamándolo sedicioso, y traidor a la 
patria. Esta demostración, hecha por un hombre tan circunspecto, y 
tan respetado, y amado por la nación, obligó al senado a mandar 
prender a Gicotencatl. 

La resolución en que convinieron los senadores fue la de respon- 
der a la embajada, que la república estaba pronta a aceptar la paz, 
y la amistad de la corte de Megico, con tal que no se le exigiese una 
acción tan indigna, y un delito tan enorme, como era el de sacrificar a 
sus huespedes, y amigos ; pero cuando se envió a buscar a los emba- 
jadores para intimarles la respuesta, se echó de ver que habian salido 
ocultamente de Tlascala, porque habiendo observado en la plebe al- 
guna inquietud de resultas de su llegada, temieron que cometiesen 
algún atentado contra el respeto debido a su carácter. Es probable 
que el senado enviarla embajadores Tlascaleses para llevar su contes- 
tación. Los senadores procuraron ocultar a los Españoles todo lo 
que había ocurrido, pero a pesar de sus precauciones, lo supo Cortés, 
el cual dio gracias, como debia, a Magijcatzin, por sus buenos oficios» 
y ofreció corresponder a la idea ventajosa que tenia del valor, y de La 
amistad de sus compatriotas. 



118 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

Bautismo de cuatro señores Tlascaleses. 
No satisfecho el senado con estas pruebas de su cordialidad, prestó 
de nuevo obediencia al rei Católico, y, lo que es mas, movidos los 
cuatro gefes de la república, por la gracia del Espíritu Santo, renun- 
ciaron a la idolatría, y después de haber sido instruidos competente- 
mente, fueron bautizados por el P. Juan Diaz, capellán del egercito 
Español, siendo sus padrinos Cortés, y sus principales capitanes. 
Celebróse esta función con grandes demostraciones de júbilo, tanto de 
los Españoles, como de los Tlascaleses. Llamóse Magijcatzhi en el 
bautismo D. Lorenzo, Gicotencatl el viejo D. Vicente, Tlehuejolotzin 
D. Gonzalo, y Citlalpopoca D. Bartolomé*. Siguieron su egemplo 
algunos Tlascaleses, pero de estos no todos perseveraron en la fe, por 
no estar intimamente persuadidos de la verdad del Cristianismo. 

Abatimiento de algunos Españoles. 
Ya estaba Cortés fuera del peligro a que habia espuesto su vida el 
golpe que habia recibido en la ultima acción, y algunos Españoles 
hablan curado de sus heridas, con la ayuda Sd los cirujanos Tlasca- 
leses. Durante su enfermedad. Cortés no habia pensado sino en los 
medios de conseguir la grande empresa de la conquista de Megico, y 
para esto habia mandado cortar una gran cantidad de madera, con el 
obgeto de construir trece bergantines : pero mientras formaba estos 
vastos proyectos, muchos de sus soldados trazaban designios harto 
diferentes. Veíanse disminuidos, pobres, estropeados, y jdesprovistos 
de armas, y caballos. No podian olvidar el terrible conflicto de la 
trágica noche del 1 de Julio, ni querían esponerse a semejantes calami- 
dades. Comunicábanse mutuaraente'sus temores, y censuraban la obs- 
tinación de su general en una empresa tan temeraria. De las mur- 
muraciones prívadas pasaron a presentarle una suplica legal, querien- 
do obligarlo con muchas razones a volver a la Vera Cruz, donde po- 

* Ni Cortés ni Bernal Diaz hablan de este bautismo. Herrera hace mención 
del de Magijcatzin, y Solis añade el de Gicotencatl. Unos autores dicen que fue 
administrado por el P. Olmedo, y otros que Magijcatzin lo recibió en su ultima 
enfermedad. Pero lo cierto es que los cuatro gefes fueron bautizados, aunque 
Torquemada, y Betancourt no convienen en el tiempo. También se sabe que 
Magijcatzin no aguardó a la ultima enfermedad, y que los cuatro fueron bautiza- 
dos por el P. Diaz. Todo esto consta, ademas de otras pruebas, por las pinturas 
antiguas Tlascalesas, que estaban en muchos conventos de Franciscanos, y que 
tío el historiador Torquemada. 



GU£RUA DK TKPEYACAC. 119 

dñai) tener gocorros de tropas, y municiones, para emprender con 
mayores fuerzas la conquista, que entonces juzgaban imposible. Tur- 
bóse Cortés con esta novedad que frustraba totahnente sus designios, 
pero valiéndose del talento que poseia de persuadir cuanto quería a 
sus soldados, les habló con tanta energia, que los indujo a desistir de 
su pretensión. Echóles en cara su miedo ; despertó en sus almas los 
sentimientos de honor ; hizoles un cuadro lisongero de sus hechos glo- 
riosos, y de las protestas llenas de ardor, y de intrepidez que tantas 
veces le habian hecho ellos mismos ; manifestóles cuanto mas peligroso 
era el regreso a la Vera Gruz que la permanencia en Tlascala ; asegu- 
róles la fidelidad de aquella república, de la cual dudaban ; finalmente 
les rogó que suspendiesen su resolución hasta ver el éxito de la guerra 
que pensaba hacer contra la provincia de Tepeyacac, en la que espe- 
raba tener nuevos testimonios de la sinceridad de los Tlascaleses. 

Guerras de Tepeyacac, de Quauhquechollan, de Itzocan, de Talat- 
zinco, de Tecamachalco, y de Tochtepec. 
Los señores de la provincia de Tepeyacac, confinante con la>epu- 
blica de Tlascala, st# habian declarado amigos de Cortés, y subditos 
del rei de España, desde el horrendo destrozo que los Españoles hicie- 
ron en Cholula : pero viéndolos después abatidos, y victoriosos a los 
Megicanos, volvieron a someterse a estos, y para grangearse la volun- 
tad de su rei, dieron muerte a algunos Españoles, que, ignorando la 
tragedia de sus compatriotas, iban de la Vera Cruz a la capital ; ad- 
mitieron guarniciones Megicanas en sus pueblos ; ocuparon el camino 
de la Vera Cruz a Tlascala, y entraron varias veces de mano armada 
en las tierras de aquella república. Decidió Cortés hacerles la guerra, 
no menos para castigar su perfidia, que para asegurar aquel camino, 
por el cual debian llegarle los socorros que aguardaba. Incitábalo 
también a aquella espedicion el joven Gicotencatl, que por mediación 
del mismo general Español habia sido puesto en libertad, y que, para 
borrar todas las sospechas que podia inspirar su conducta, después de 
lo ocurrido en el senado, ofreció ayudarlo en aquella guerra con un 
egercito numeroso. Cortés aceptó la oferta ; mas antes de tomar las 
armas, exigió amigablemente alguna satisfacción de los Tepeyaqueses, 
y los exortó a dejar el partido de los Megicanos, prometiendo perdo- 
narles el asesinato de los Españoles: pero habiendo sido rechazadas 
sus proposiciones, marchó contra aquella provincia con cuatrocientos 
veinte Españoles, y con seis mil flecheros Tlascaleses, en tauto que 
Gicotencatl reunia un egercito de cincuenta mil hombres. En Tzim- 



r 



120 HISTORIA ANTIGUA DH MEGICO. 

pantzinco, ciudad de Tlascala, se le agregaron tantas fuerzas de aque- 
lla república, de Huejotzinco, y de Cholula, que se cree no bajaban do 
ciento y cincuenta mil hombres. 

La primera espedicion fue contra Zacatepec, pueblo de la confede- 
ración de los Tepeyaqueses. Sus habitantes hicieron una emboscada 
contra los Españoles ; el combate fue sostenido con tenacidad por 
una y otra parte, pero fueron vencidos los Zacatepequeses, quedando 
muchos de ellos muertos en el campo*. De alli marchó el egercito 
contra Acatzinco, ciudad distante diez millas de Tepeyacac, acia 
Levante, y en ella entraron triunfantes los Españoles, después de 
haber ganado otra acción, poco menos ardua que la de Zacatepec. 
De Acatzinco mandó Cortés muchos destacamentos a quemar unos 
pueblos de los alrededores, y someter otros a su obediencia, y cuando 
le pareció ser tiempo de atacar la ciudad principal, se encaminó con 
todo su egercito a Tepeyacac, donde entró sin ninguna resistencia de 
los habitantes. Alli declaró esclavos a muchos prisioneros, hechos en 
aquella provincia, y los hizo marcar con un hierro ardiendo, según la 
barbara costumbre de aquel siglo, aplicando la quinta parte al rei de 
España, como se hacia con todo lo que tomaban,' y dividiendo el resto 
entre los Españoles, y los aliados. Alli fundó, según el modo de hablar 
de aquel tiempo, una ciudad que llamó Segura de la Frontera, cuyo 
acto se redujo a establecer magistrados Españoles, y erigir una pequeña 
fortificación f. 

Las tropas Megicanas, que estaban de guarnición en aquella pro- 
vincia, se retiraron de ella, por no tener bastantes fuerzas para resistir 
a sus enemigos ; pero al mismo tiempo se dejó ver, sobre la ciudad de 
Quauhquecholan;!:, distante de la de Tepeyacac mas de cuarenta 
millas, un egercito Megicano, mandado por el rei Cuitlahuatzin, para 
impedir a los Españoles el paso a la capital por aquella parte, en caso 
de que lo intentasen. Era Quauhquecholan una ciudad considerable, 

* Muchos historiadores dicen que la noche siguiente a la batalla de Zacatepec 
tubieron los aliados de los Españoles una gran cena de carne humana, parte asada 
en un numero increible de piquetes de madera, parte cocida en cincuenta mil 
ollas : pero esto me parece una fábula. No es probable que pasasen por alto 
aquel suceso ni Cortés, ni Bernal Diaz, el cnal es demasiado prolijo, y enojoso 
en este genero de atrocidades. 

t Aun subsiste la ciudad de Tepeyacac, o Tepeaca, pero el nombre de Segura 
de la Frontera fue mui en breve puesto en olvido. Carlos V le dio el titulo y 
honores de ciudad, en 1545. Hoi pertenece al marquesado del Valle. 

\ Los Españoles llaman a Quauhquecholan, Guaquechula, o Huacachula. Hoi '■ 
es un amenísimo pueblo de Indios, abundante en exelente fruta. 



GUERRA DE QU AÜHQUECHüLAN. 1:21« 

cuya población subia de cinco a seis mil familias, mui amena, y no 
menos fortificada por la naturaleza que por el arte. Defen diaula por 
un lado, un monte alto, y escabroso, y por otro, dos rios poco distantes 
entre sí. Toda la ciudad estaba circundada de un fuerte muro de 
cal, y canto, de veinte pies de alto, y de doce de grueso, con un buen 
parapeto que la coronaba en toda su estension, y que tenia cerca de 
tres pies de altura. No se podia entrar en ella sino por cuatro puertas, 
situadas en los puntos en que se doblaban las estremidades del muro, 
formando dos semicírculos concéntricos, como se ha representado en 
la estampa del libro vil. Aumentaba la dificultad del ingreso la 
elevación del piso de lo interior, que era tanta cuanta la altura del 
muro, de modo que para entrar era forzoso subir algunos escalones 
bastante altos. 

El señor de aquella ciudad, que era parcial de los Españoles, envió 
una embajada a Cortés, declarándose vasallo del rei de España, reco- 
nocido ya señor de aquella tierra, en la solemne reunión que celebró 
el rei Moteuczoma con la nobleza Megicana en presencia de Cortés ; 
que él deseaba dar pruebas de su fidelidad, pero que no se lo per- 
mitían los Megicanosf que a la sazón habia en aquella ciudad, y en 
los pueblos circunvecinos, gran numero de oficiales de aquella nación, 
y hasta treinta mil soldados, para impedir toda confederación con los 
Españoles : que por tanto le rogaba viniese a socorrerlo, y a libertarlo 
de las vejaciones que de aquellas tropas sufría. Agradeció Cortés el 
aviso, y envió inmediatamente con los mensageros un socorro de trece 
caballos, de doscientes peones Españoles, y de treinta mil hombres de 
las huestes ausiliares, al mando del capitán Olid. Los mensageros, 
por orden de su señor, se ofrecieron a conducir el egercito por un 
camino poco frecuentado, y avisaron al comandante Olid que cuando 
se acercase a la ciudad, los habitantes atacarían de mano armada los 
alojamientos de los oficiales Megicanos, y procurarían tomarlos o ma- 
tarlos,* a fin de que entrando después los Españoles, fuese mas fácil 
vencer a los enemigos, prívados ya de sus gefes. Pero doce millas 
antes de llegar a Quauhquechollan, el comandante Español entró en 
sospechas de que los Huejotzinques se hubiesen confederado secreta- 
mente con los Quauhquecholeses, y con los Megicanos para destruir a 
los Españoles. Estos recelos fundados en siniestros informes, y que des- 
pués se hicieron mas verosimiles, por el gran numero de Huejotzinques 
que se agregaron espontáneamente al egercito, lo obligaron a volver a 
Cholulu, donde mandó prender a los Huejotzinques de mas autoridad. 



122 HlSTORIíl ANTIGUA DE MEGICO. 

y a los roensageros de Quauhquecholan, y los mandó con buena escolta 
a Cortés, para que hiciese las averiguaciones necesarias. 

Mucho desaprobó Cortés aquella conducta contra unos amigos tan 
fieles como los Huejotzinques : sin embargo los examinó diligente- 
mente, descubrió la inocencia, y la buena fe de unos, y otros, y cono- 
ció que las desgracias pasadas habian hecho medrosos a los Espa- 
ñoles, y el miedo, como suele, los inducía a formar sospechas injustas, 
y precipitadas. Acarició, y regaló cuanto pudo a los Huejotzinques, 
y los Quauhquecholeses, y acompañado por ellos marchó inmediata- 
mente para Cholula, con cien peones Españoles, y diez caballos, de- 
terminado a dirigir personalmente aquella empresa*. Halló a las 
tropas de Olid amedrentadas ; les inspiró valor, y siguió la marcha a 
Quauhquecholan, con todo el egercito, que a la sazón constaba de 
mas de trescientos Españoles, y de mas de cien mil aliados : tanta 
era la prontitud de aquellos pueblos en armarse contra los Megi- 
canos, para sustraerse a su dominio. Antes de llegar a Quauhque- 
cholan le avisó aquel señor que ya estaban tomadas todas las medi- 
das ; que los Megicanos confiaban en las centinelas que habian puesto 
en los caminos, y en las torres, pero que los *l;iudadanos se habian 
apoderado en secreto de ellas. 

Apenas vieron los de la ciudad el egercito que venia a su socorro, 
asaltaron con tanta violencia los alojamientos de los Megicanos, que 
antes de entrar Cortés, le presentaron cuarenta prisioneros. Cuando 
entró aquel general, atacaban tres mil ciudadanos el cuartel principal 
de aquellos oficiales, que aunque mui inferiores en numero, se defen- 
dieron con tanto brio, que los Quauhquecholeses no pudieron entrar 
en la casa, apesar de haberse hecho dueños de las azoteas. Cortés 
la tomó al asalto, pero en despecho de sus conatos para hacer algún 
prisionero que lo informase del estado actual de la corte, no lo pudo 
conseguir, pues ellos pelearon con tanto tezon, que todos murieron, y 
solo de un oficial moribundo se pudieron sacar algunas noticias. Los 
otros Megicanos esparcidos por la ciudad huyeron precipitadamente 
a incorporarse con el grueso del egercito, acampado en una elevación 

* Bernal Díaz niega que Cortés se hallase en persona en estas espediciones : 
pero él mismo Cortés lo asegura, y habla de tal modo de las dos ciudades, que 
aunque no lo digese deberíamos inferir que intervino en la guerra. Bernal Diaz 
escribió cuarenta años después del suceso, y pudo padecer alguna falta de me- 
moria. Cortés escribió su segunda carta a Carlos V, en la que habla de aquella 
campaña, pocos dias después de ella. 



GUERRA DE FTZOCAN. 128 

que dominaba todos los contornos, . el cual se puso en un momento 
en orden de batalla, y entró en la ciudad, pegando fuego a las casas. 
Cortés afirma que no habia visto jamas tropa do mas bello aspecto, 
por las alajas de oro, y los penachos que en ella lucían. Los Espa- 
ñoles corrieron a la defensa con su caballería, y con muchos millares 
de aliados, y obligaron a los enemigos a huir a una posición alta, y esca- 
brosa, pero viéndose todavía perseguidos en ella, se recobraron en un 
monte elevadisimo, dejando muchos muertos en el campo. Los ven- 
cedores, después de haber saqueado el de los enemigos, volvieron a 
la ciudad, llenos de gloria, y cargados de despojos. 

Tres dias descansó el egercito, y al cuarto pasó a Itzocan, llamada 
por los Españoles Izucar, ciudad de tres a cuatro mil familias, situada 
a la falda de un monte, a cerca de diez millas de Quauhquecholan, 
y rodeada de un rio profundo, y de una pequeña muralla. Sus calles 
eran bien ordenadas, y tantos sus templos, que entre grandes, y pe- 
queños contó Cortés hasta ciento: su clima es calido por estar en 
un. valle profundo, encerrado entre altas montañas, y el terreno, como 
el de Quauhquecholan, fértilísimo, y sombreado por arboles de her- 
mosas flores, y exel^tes frutos. Mandaba en aquel pais un perso- 
nage de la sangre real de Megico, a quien Moteuczoma lo habia dado 
en feudo, después de haber mandado dar muerte, no sé por qué 
motivo, al legitimo señor que lo poseia. A la sazón tenia una guar- 
nición de cinco o seis mil hombres de tropas Megicanas. Todos estos 
datos, comunicados por el señor de Quauhquecholan a Cortés, lo 
movieron a emprender aquella espedicion. Hallándose con un eger- 
cito, según él mismo afirma de cerca de ciento veinte mil hombres, 
dio el asalto a la ciudad, por la parte que le pareció menos dificil. 
Los Iztocaneses, ayudados por las tropas reales, hicieron al principio 
alguna resistencia ; pero vencidos por fuerzas tan superiores, se des- 
barataron, y huyeron por la parte opuesta a la del ataque, pasando 
el rio, y alzando los puentes, afin de no ser perseguidos por sus con- 
trarios. Los Españoles, y los aliados, en despecho de las dificultades 
que hallaron para vadear el rio, los siguieron por mas de cuatro 
millas, matando a unos, haciendo prisioneros a otros, y aterrando a 
todos con su furor, y violencia. Vuelto Cortés a la ciudad, mandó 
pegar fuego a todos los santuarios, y por medio de algunos prisione- 
ros llamó a los habitantes, que estaban esparcidos en los montes, dán- 
doles salvo conducto, para que volviesen sin temor a sus casas. 

El Señor de Itzocan se habia ausentado de la ciudad, y puesto en 
camino para Megico, cuando se descubrió el egercito contrario. Esto 



124 HISTORIA ANTIGUA DK MEGICO. 

bastó a la nobleza, que quizas no le era mui afecta, para declarar el 
estado vacante : por lo que, con aprobación, y bajo el amparo de 
Cortés, convinieron en darlo a un principe, hijo del señor de Quauh- 
quecholan, y de una señora hija del antiguo poseedor, condenado a 
muerte por Moteuczoma, y por ser de tierna edad, se le nombraron 
por tutores a su padre, a su tio, y a dos nobles. Aquel mancebo 
fue mui en breve instruido en la religión Cristiana, y bautizado. 

La fama de las victorias de los Españoles voló inmediatamente por 
aquellos países, y atrajo muchos pueblos a la obediencia del reí de 
España. Ademas de Quauhquecholan, Itzocan, y Ocopetlayocan, 
gran ciudad, poco distante de aquellas dos*, vinieron a tributar 
homenage a la corona de Castilla, los señores de ocho pueblos de 
Coaijtlahuacanf, parte de la vasta provincia de Mijtecapan, distante 
mas de ciento veinte millas de Quauhquecholan, solicitando todos a 
porfía la amistad de aquellos hombres invencibles. 

Cortés volvió a Tepeyacac, y por medio de sus capitanes hizo la 
guerra a varias ciudades, que hablan cometido hostilidades contra los 
Españoles. Los habitantes de Jalatzinco, ciudad poco distante del 
camino de Vera Cruz, fueron vencidos por el fífeaoso Sandoval, y los 
principales de entre ellos conducidos prisioneros a Cortés, el cual 
viéndolos arrepentidos, y humillados, los puso en libertad. Los de 
Tecamachalco, ciudad considerable de la nación Popoloca, hicieron 
una vigorosa resistencia : mas al fin se rindieron, y dos mil de ellos 
fueron hechos esclavos. Contra Tochtepec, ciudad grande a orillas 
del rio de Papaloapan, donde habia guarnición Megicana, envió al 
capitán Salcedo, con ochenta Españoles, de los cuales no quedó uno 
vivo, para traer la noticia a Cortés. Mucho sintió esta perdida, que 
en efecto era mui grande, atendido el pequeño numero de gente 
propia que le quedaba. Para vengarla envió a los dos valientes capi- 

* Ocopetlayocan es llamado por Cortés Ocupatuyo, por causa de la ignorancia 
de la lengua, y el autor de las notas a sus cartas, creyó que fuese Ocuituco ; mas 
este pueblo no estaba tan cerca de Quauhquecholan, como, según Cortés, estaba 
Ocupatuyo. Torquemada, aunque exacto en los nombres, lo llama Acapetlayocan 
y jécapetlahuacan. 

t Coaijtlahuacan es llamada por Cortés Coastoaca, y dice que está cerca de Ta- 
mazola, a donde pocos jneses antes habia enviado unos Españoles a buscar minas. 
El autor de dichas notas dice que Tamazola está en Cinaloa, mas este es uno de 
los grandes despropósitos que se hallan en aquella obra. El mismo Cortés asegu- 
ra que Tamazola distaba 40 leguas de Itzocan, y Cinaloa dista mas de 400. Tam- 
poco habla Cortés de Huajyacac, u Oajaca, donde dice Coastoaca, como pretende 
aquel escritor, si no de Coaijtlahuaca, llamada por los Españoles Justlahuaca. 



ESTRAGOS DK l-AS VIRUELAS. 12á 

tañes Ordaz, y Avila, con algunos caballos, y veinte mil aliados, los 
cuales, a pesar del valor con que los Megicanos se defendieron, toma- 
ron la ciudad, y mataron muchos enemigos. 

No fue la perdida de aquellos soldados la que mas amargó a 
Cortés. Los mismos que poco antes le habian suplicado que re- 
gresase a Vera Cruz, persistieron tan obstinadamente en su demanda, 
que se vio obligado a concederles permiso de volver, no ya a Vera 
Cruz, para aguardar alli nuevos refuerzos, si no a Cuba, para estar 
mas lejos de los peligros de la guerra, pareciendole menos malo dis- 
minuir sus tropas, que tener consigo malcontentos, que con su dis- 
gusto enfriasen el valor de los otros : pero esta perdida fue pronta, y 
ventajosamente reparada, con un buen numero de soldados, que coa 
caballos, armas, y municiones llegaron al puerto de la Vera Cruz, 
enviados los unos por el gobernador de Cuba, en socorro de Narvaez, 
y los otros por el gobernador de la Jamaica, para la espedicion de 
Panuco. Todos se agregaron gustosos al partido de Cortés, mudán- 
dose en instrumentos de felicidad los mismos recursos que sus 



gos empleaban para su ruma. 

Estragos de las viruelas. Sucesos en Megico. 

Las victorias de los Españoles, y la muchedumbre de sus aliados 
engrandecieron de tal modo su nombre, y grangearon tanta prepon- 
derancia a Cortés, que era el arbitro de los disturbios de aquellos 
pueblos, y a él, como a supremo señor de aquella tierra, se dirigían 
para obtener la confirmación de la investidura de los estados vacantes, 
como sucedió con los de Cholula, y de Ocotelolco en Tlascala, que 
vacaron de resultas de las muertes ocasionadas por las viruelas. 
Este azote del genero humano, desconocido enteramente hasta en- 
tonces en el Nuevo Mundo, fue llevado a él por un negro esclavo de 
Narvaez. Este lo comunicó a los Cempoaleses, y de estos se pro- 
pagó el contagio por todo el imperio Megicauo, con indecible daño de 
aquellas naciones. Los que por ser dotados de una fuerte con- 
plexion, resistieron a la violencia del mal, quedaron tan desfigurados 
por las profundas trazas de la erupción, que hacian horror a cuantos 
los miraban. Entre los otros males ocasionados por tan terrible en- 
fermedad, fue mui sensible a los Megicanos la muerte de su reí 
Cuitlahuatzin, después de tres o cuatro meses de reinado, y a los 
Tlascaleses y Españoles la del principe Magijcatzin. 

Los Megicanos dieron la corona a Quauhtemotzin, sobrino de 
Cuitlahuatzin, por no quedar ya ningún hermano de los dos últimos 



126 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

reyes. Era joven de veinte y cinco años, y de animo intrépido, y 
aunque por su corta edad, no mui practico en la guerra, continuó las 
disposiciones militares de su predecesor. Casóse con su prima 
Tecuichpotzin, hija de Moteuczoma, y viuda de sn tio Cuitlahuatzin. 

Cortés lloró la perdida de Magijcatzin, tanto por la amistad que 
con él habia estrechado, cuanto por haber sido aquel personage el que 
mas habia influido en la armonia que hasta entonces habia reinado 
entre Españoles, y Tlascaleses. Por tanto, después de haber asegu- 
rado el camino de Vera Cruz, y de haber mandado a la corte de 
España al capitán Ordaz, con una relación exacta, dirigida al empe- 
rador Carlos V, de cuanto hasta entonces le habia ocurrido, y al 
capitán Avila a la isla de Santo Domingo, solicitando nuevos socorros 
para la conquista de Megico, salió de Tepeyacac para Tlascala, y 
entró alli vestido de luto, y haciendo grandes demostraciones de 
dolor, por la muerte del principe su amigo. Confirió, a petición de 
los lAismos Tlascaleses, y a nombre del rei Católico, el estado vacante 
de Ocotelolco, uno de los cuatro principales de aquella república, a 
un hijo del difunto principe, mancebo de doce, años, que en el bautismo 
tomó el nombre de D. Juan Magijcatzin* sienao desde entonces el 
nombre del padre, apellido del hijo, y de toda su ilustre decendencia, 
y para honrarlo de un modo particular, en atención a los méritos de 
su padre, lo armó caballero al uso de Castilla. 

Exaltación del principe Coanacotzin y muerte de Cuicuitzcatzin. 
En aquel mismo tiempo, aunque por mui distinta causa, ocurrió la 
muerte del principe Cuicuitzcatzin, a quien Moteuczoma y Cortés 
habian puesto en el trono de Acolhuacan, en lugar de su desventu- 
rado hermano Cacamatzin. No le fue dado gozar largo tiempo de su 
postiza dignidad, pues mui en breve lo privó de la libertad el mismo 
que le habia dado la corona. Salió de Megico, con los otros prisio- 
neros, en la noche de la derrota de los Españoles ; mas entonces tubo 
la fortuna, o mas bien la desgracia de salvar la vida, que debia perder 
después de un modo ignominioso. Acompañó a los Españoles hasta 
Tlascala, donde permaneció hasta que, o impaciente de la opresión, o 
deseoso de recobrar el trono, se huyo secretamente a Tezcueo. 
Reinaba a la sazón en aquella corte su hermano Coanacotzin, a quien, 
por muerte de Cacamatzin, tocaba por lei del reino la corona. Apenas 

* Solis dice que se llamaba Lorenzo : mas este fue el nombre del padre : el 
hijo se llamó Juan, como dice Torquemada, que lo supo por los mismos 
Tlascaleses. 



MUERTE DE CUICUITZCATZIN. 127 

se presentó Cuicuitzcatziu, cuando fue preso por los ministros reales, 
que dieron cuenta inmediatamente al rei, el cual se hallaba en Me- 
gico. Este lo hizo saber a su primo Quanhtemotzin, el cual cre- 
yendo que el principe fugitivo era espia de los Españoles, fue de 
opinión de darle muerte. Coanacotzin, o por complacer a aquel 
monarca, o mas bien por deshacerse de un rival peligroso, mandó 
egecutar sin tardanza aquel designio. Asi terminó su vida aquel 
desventurado, cuya elevación solo sirvió para hacer mas estrepitosa 
su caida*. 

* No hai un historiador Español, exepto Cortés, que haga mención de la 
fuga, de la prisión, y de la muerte de Cuicuitzcatzin. Gomara solo habla de su 
muerte, y lo llama Cocuzca ; Herrera Quisquizca, y Cortés Cucazcasin. Añade 
que se llamaba también IpalsuchU, estos es Icpaljochitl. 



kií-fiU 



LIBRO DÉCIMO. 



Marcha de los Españoles a Tezcuco : sus negociaciones con los Megicanos ¡ sus 
correrías, y batallas en las cercanias de los lagos; sus espediciones contra 
Yacapichtlan,, Quauhnahuac, y otras ciudades. Construcción de los bergantines. 
Conjuración de algunos Españoles contra Cortés. Reseña, división, y puestos del 
egercito Español. Asedio de Megico ; prisión del rei Quauhtemotzin, y ruina 
del imperio Megicano. 

Marcha de los Españoles a Tezcuco. 
Cortés, que no apartaba nunca de su espirita la idea de la conquista 
de Megico, se empleaba en Tiascala con suma diligencia en la cons- 
trucción de los bergantines, y en la disciplina de sus tropas. Obtubo 
de aquel senado algunos centenares de hombresMe carga para la con- 
ducción de las velas, jarcias, clavazón, y otros materiales de los navios 
que habia mandado desbaratar el año anterior. De ellos pensaba 
servirse para los bergantines, y con el mismo obgeto hizo sacar una 
gran cantidad de resina de los pinos del monte de Matlatcueye *. 
Avisó a los Huejotzinques, a los Choluleses, a los Tepeyaqueses, y a 
otros aliados, a fin de que alistasen sus tropas, y hizo reunir una gran 
provisión de municiones de guerra, y de boca, para el numeroso 
egercito que pensaba emplear en el asedio de Megico. Cuando le 
pareció oportuno ponerse en marcha, pasó reseña a su tropa, que se 
componía de cuarenta caballos, y de quinientos cincuenta peones. 
Dividió aquella poca caballería en cuatro partes, y la infantería en 
nueve compañías, armadas la una de mosquetes, la otra de ballestas, 
la tercera de espada y rodela, y la cuarta de picas. Puesto a caballo 
enfrente de su pequeño egercito, después de ordenarlo, habló de este 

* Solis dice que en aquella ocasión sacaaon azufre los Españoles del volcan de 
Popocatepec para hacer pólvora ; que el que lo sacó se llamaba Montano, y para 
confirmarlo alega el testimonio de Laet ; pero lo cierto es que no se sacó azufre 
de aquel volcan antes de la conquista de Megico, y que quien lo sacó en 1522 se 
llamaba Montano. Para probar la verdad de estos datos no es necesario ir a 
buscar el apoyo de un escritor Holandés, pues constan por el testimonio de 
muchos autores Españoles, y por los privilegios que concedió el rei Católico a la 
posteridad de Montano. 



MARCHA A TEZCUCO. 129 

modo a sus guerreros : " Amigos, y compañeros, todo lo que yo 
pudiera deciros para exitar vuestro valor seria enteramente inútil, pues 
todos nos reconocemos obligados a reparar el honor de nuestras armas, 
y a vengar la muerte de nuestros compatriotas, y de nuestros aliados. 
Vamos a la conquista de Megico, empresa la mas gloriosa de cuantas 
se nos pueden ofrecer en el discurso de nuestra vida ; vamos a castigar 
de un golpe la perfidia, el orgullo, y la crueldad de nuestros ene- 
migos ; a ensanchar los dominios de nuestro soberano, agregándoles 
«n reino tan grande, y tan rico ; a facilitar los progresos del Evangelio, 
abriendo las puertas del cielo a tantos millones de almas ; a asegurar 
con pocos dias de trabajo el bien estar de nuestras familias, y a inmor- 
talizar nuestros nombres : estímulos todos capaces de aguijonear a los 
mas cobardes, cuanto mas a corazones tan nobles, y generosos como 
los vuestros. Yo no veo dificultad alguna que no pueda sobrepujar 
vuestro brío. Son muchos nuestros contrarios, pero les somos supe- 
riores en el valor, en la diciplina, y en las armas. Tenemos ademas 
a nuestras ordenes un numero tan crecido de tropas ausiliares, que, 
ayudados por ellas, podremos conquistar no una, si no muchas 
ciudades como MegiA). No hai duda que es fuerte, pero no tanto 
que pueda resistir a los ataques que vamos a darle por agua, y por 
tierra. Finalmente, Dios, por cuya gloria peleamos, se ha declarado 
favorable a nuestros designios. Su providencia nos ha conservado en 
medio de tantos desastres, y peligros ; nos ha enviado nuevos compa- 
ñeros en lugar de los que hemos perdido, y ha convertido en nuestro 
bien los mismos instrumentos que nuestros enemigos habían empleado 
en nuestro daño. ¿Qué no debemos esperar en el porvenir de su 
misericordia ? El es nuestro conductor en esta grande empresa ; 
merezcamos pues su protección, y no nos hagamos indignos de ella 
con nuestra pusilanimidad, y desconfianza." 

Los Tlascaleses, que procuraban imitar la disciplina de los Espa- 
ñoles, quisieron hacer también reseña de sus tropas en presencia de 
Cortés. Rompía la marcha la música militar de cornetas, caracoles, y 
otros instrumentos de viento, y detras venían los cuatro gefes de la re- 
publica, armados de escudo, y espada, y adornados con hermosísimos 
penachos de dos pies de alto. Llevaban los cabellos atados con cor- 
dones de oro, pendientes de joyas en los labios, y en las orejas, y en 
los pies, calzados de gran valor. Seguíanles cuatro escuderos, arma- 
dos de arco, y flechas, y en pos los cuatro estandartes principales de 
la república, cada cual con su insignia propia, hecha de plumas. 
Después empezaron a pasar en filas bien ordenadas las tropas de 

TOMO II. K 



130 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

flecheros de veinte en veinte, dejando ver de trecho en trecho los 
estandartes particulares de sus compafiias, compuesta cada una de 
trescientos o cuatrocientos hombres, y seguian las tropas armadas de 
espada, y rodela, y al fin las armadas de pica. Herrera, y Torque- 
mada afirman que los flecheros eran sesenta mil, los piqueros diez mil, 
y los de espada, y escudo cuarenta mil*. 

Gicotencatl el joven hizo también una arenga, a egemplo de Cortés, 
en la que dijo a sus tropas, que al dia siguiente, como ellos sabian, 
debian marchar con los valientes Españoles contra Megico, enemiga 
eterna de la república ; que aunque el nombre solo de los Tlascaleses 
bastaba para amedrentar a todas las naciones de. la tierra, debian aper- 
cibirse a ganar nueva gloria con sus acciones. 

Cortés por su parte convocó a los principales señores de los egerci-. 
tos aliados, y los exortó a una fidelidad constante para con los Espa- 
ñoles, ponderándoles las ventajas que debian esperar de la ruina de 
los Megicanos, y los males que los amenazaban, si por sugestión 
de estos, o por miedo de la guerra, o por inconstancia de animo, falta- 
ban a la fe que habian empeñado. Después publicó un bando, para 
gobierno de sus tropas, que contenia los articulo^' siguientes : 

1^ Nadie blasfeme de Dios, de la Santa Virgen, ni de sus santos. 

2. Ninguno riña con otro, ni ponga mano a la espada, ni otra 
arma para herirlo. 

3. Nadie juegue las armas, ni el caballo, ni otra prenda del servicio. 

4. Nadie fuerce a muger alguna, so pena de muerte. 

5. Ninguno se apodere de los bienes o prendas que no le pertene- 
cen, ni castigue a ningún Indio, si no es su esclavo. 

6. Ninguno haga correrias sin permiso del general. 

7. Ninguno prenda a los Indios, ni saquee sus casas, sin permiso 
del general. 

8. Ninguno trate mal a los aliados, antes bien procuren todos 
conservar su amistad. 

* Solis siguiendo, como él dice a Bemal Diaz, no cuenta en la reseña de los 
Tlascaleses mas de 10,000 hombres, y critica a Herrera por que dice que habia 
80,000 : pero en este como en otros muchos puntos se nota el descuido de Solis 
en consultar los autores. Bernal Diaz no hace mención de la reseña de los 
Tlascaleses, solo dice que Cortés pidió al senado 10,000 hombres, y el senado 
respondió que estaba pronto a darle mayor numero de tropas. Herrera no 
cuenta 80,000 hombres, como dice Solis, si no 1 1 0,000, y en este computo lo han 
seguido Toríjtiemada, y Betancourt. Ogeda, que estubo presente, y mandaba 
las tropas aliadas, dice que eran 150,000, pero incluye a los Huegotzinques, a los 
Choluleses, y a los Tepeyaqueses. 



MARCHA A TEZCUCO. 181 

Y por que de nada sirven las leyes cuando no se cela su observan- 
cia, y no se castigan los delincuentes, mandó ahorcar dos negros 
esclavos suyos, por que habian robado un pabo, y dos capas de 
algodón. Con estos, y otros egemplos hizo respetar aquellas disposi- 
ciones, tan necesarias para la conservación de sus pequeñas fuerzas. 

Después que hubo tomado las medidas que le parecieron condu- 
centes al buen éxito de su empresa, marchó finalmente con todos sus 
Españoles, y con un buen numero de aliados, el dia 28 de Diciembre 
de 1520, después de haber oido misa, e invocado el Santo Espíritu. 
No quiso desde luego llevar consigo todo el egercito aliado que habia 
pasado reseña el dia antes, tanto por la dificultad de mantener tan 
gran numero de gente en Tezcuco, como porque creyó mas oportuno 
dejar la mayor parte en Tlascala, para seguridad de los bergantines, 
cuando llegase el tiempo de transportarlos*. De los tres caminos que 
habia para ir a Tezcuco, tomó Cortés el mas difícil, creyendo pruden- 
temente que no debiendo aguardarlo por alli los Megicanos, seria mas 
segura su marcha. Pasó por Tetzmelocan, pueblo perteneciente al 
estado de Huejotzinco. El 30 contemplaron, desde la cima mas alta 
de aquellos montes, 6> hermoso valle de Megico, parte con jubilo, por 
ser aquel el termino de sus deseos, parte con disgusto, por el recuerdo 
de sus desastres. Al comenzar a bajar acia el llano, hallaron el camino 
embarazado con troncos, y ramas de arboles, atravesadas a proposito, 
y tubieron que emplear mil Tlascaleses en remover aquel obstáculo. 
Cuando llegaron al valle los atacaron algunas tropas volantes de ene- 
migos ; pero habiendo los Españoles dado muerte a algunos de ellos, 
los demás se pusieron en fuga. Aquella noche se alojaron en Coate- 
pec, lugar distante ocho millas de Tezcuco, y al dia siguiente, cuando 
se encaminaban a aquella capital, inciertos de la disposición de los 
Tezcucanos, pero resueltos a no volver atrás, sin haber tomado ven- 
ganza de sus enemigos, vieron venir acia ellos cuatro personages sin 
armas, con una bandera de oro, y conociendo Cortés que esta era 
señal de paz, se adelantó para abocarse con ellos. Eran en efecto 
mensageros enviados por el rei Coanacotzin, para cumplimentar al 
general Español ; para convidarlo a ir a su corte, y para rogarle que 
no cometiese hostilidad alguna en sus estados. Al mismo tiempo le 
presentaron la bandera, que pensaba treinta y dos onzas. Cortés, a 
pesar de estos indicios de amistad, les echó en cara la muerte dada 

* "No hai duda, dice Solis, que Cortés salió de Tlascala con mas de 60,000 
hombres." Lo cierto es que no se sabe positivamente su numero, pues ni Cortés 
ni Bernal Diaz lo mencionan. Gomara dice que eran mas de 80,000- 

k2 



k 



132 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

pocos meses antes, por los habitantes del pueblo de Zoltepec, a cua- 
renta y cinco Españoles, cinco caballos, y trecientos Tlascaleses, que 
los acompañaban cargados de oro, plata, y armas, para los Españoles 
que estaban entonces en Megico, con tanta inhumanidad, que habian 
colgado como trofeos, en el templo de Tezcuco, los pellejos de los 
Españoles, con sus armas y tragos, y los de los caballos, con sus 
arneses. Añadió que ya que no era posible compensar la perdida de 
aquella gente, debian al menos pagarle el oro, y la plata que habian 
robado ; que si no le daban la debida satisfacción, por cada Español 
muerto, haría él morir mil Tezcucanos. Los mensageros respondieron, 
que su nación no era la culpable de aquel exeso, si no los Megicanos, 
por cuya orden obraron los Zoltepequeses ; que sin embargo ellos se 
ofrecian a emplear toda la diligencia posible, en que se restituyese 
todo lo que se habia quitado, y despidiéndose cortesmente del general, 
volvieron a toda prisa a Tezcuco, con la noticia del pronto arrivo de 
los Españoles. 

Llegada de los Españoles a Tezcuco, y revoluciones en 
aquella corte. ^ 

Jlntró Cortés con su egercito en Tezcuco, el ultimo dia de aquel 
año. Salierop a su encuentro algunos nobles, y lo condugeron a uno 
de los palacios del difunto rei Nezahualpilli, el cual era tan grande, 
que no solo se alojaron en el los seiscientos Españoles, si no que aun 
cabían cómodamente otros seiscientos. Mui en breve notó el general 
que el concurso de las calles habia disminuido considerablemente, pa- 
reciendole que no habia la tercera parte de la población que viera en 
otras ocasiones, y sobre todo observó que faltaban las mugeres, y los 
niños, indicio manifiesto de alguna mala disposición de aquella corte. 
Para no aumentar la desconfianza de los ciudadanos, y para no esponer 
su gente a nuevos infortunios, publicó un bando en que prohibió a los 
soldados la salida de los cuarteles, so pena de la vida. Después de 
comer observaron desde las azoteas de palacio que salia mucha gente 
de la ciudad, encaminándose los unos a los bosques vecinos, y los 
otros a los diversos pueblos del lago. La noche siguiente se ausentó 
el rei Coanacotzin, pasando a Megico en una barca, en despecho de 
Cortés, que deseaba apoderarse de él, como habia hecho de sus tres 
hermanos Cacamatzin, Cuicuitzcatzin, e Ijtliljochitl. En verdad Coa- 
nacotzin no podia tomar otro partido, porque ¿ como era posible que 
se creyese seguro entre los Españoles, después de lo que habian hecho 
con sus hermanos, con Moteuczoma su tío, y temiendo que muchos de 



REVOLUCIONIiS EN TEZCUCO. 133 

SUS subditos se aprovechasen de aquella ocasión, para declarársele en 
contra, los unos por miedo de los Españoles, y por los intereses parti- 
culares de sus familias ; los otros por vengar la muerte de Cuicuitzcat- 
zin, y muchos para poner en el trono a Ijtliljochitl? 

Las revoluciones que inmediatamente ocurrieron en aquella capital 
justificaron su fuga. Apenas habia estado alli tres dias Cortés, cuando 
se le presentaron los señores de Huejotla, de Coatlichan, y de A.tenco, 
tres ciudades tan inmediatas a Tezcuco, según hemos dicho, que po- 
dían considerarse como sus arrabales. El obgeto de su venida era 
ofrecer su amistad, y alianza a Cortés, y este, que nada deseaba tanto 
como aumentar su partido, los acogió benignamente, y les ofreció su 
protección. Informada de esta novedad la corte de Megico, envió 
una severa repreension a aquellos señores, mandándoles decir, que si 
la causa de haber abrazado tan vil partido era el miedo que tenian del 
poder de aquellos enemigos, supiesen que los Megicanos se hallaban 
con fuerzas superiores, y que con ellas esterminarian mui en breve a 
los Españoles, juntamente con sus aliados favoritos los Tlascaleses ; 
que si se hablan reducido a tanta estremidad por conservar los estados, 
y dominios que tenia* en Tezcuco, pasasen a Megico, en cuyo territo- 
rio se les darian mejores posesiones : mas aquellos señores, en lugar 
de amedrentarse con las amenazas, y de ceder a las promesas, se 
apoderaron de los mensageros, y los enviaron a Cortés., Este les 
preguntó el motivo de su embajada, y ellos respondieron que sabiendo 
que aquellos señores estaban en su gracia, venian a interponer su me- 
diación, a fin de negociar la paz entre los Españoles, y Megicanos. 
Cortés, fingiendo dar crédito a lo que decian, los puso en libertad, y 
les encargó digesen a su soberano, que él no quería la guerra, ni la 
baria jamas, si los Megicanos no lo obligaban a ello con sus hostilida- 
des ; que por tanto viviese apercibido, y se guardase de hacer el menor 
daño a los suyos, o a sus aliados, pues en este caso serian sus enemi- 
gos, y darian lugar a la total ruina de su ciudad. 

Mucho importaba en efecto a Cortés la alianza de aquellas tres 
ciudades, mas antes de todo era necesario ganarse la corte misma de 
Tezcuco, tanto por la gran nobleza que en ella habia, cuanto por su 
influjo en las otras ciudades del reino. Desde su entrada procuró 
grangearse los ánimos con su afabilidad, y buenas modales, y lo mismo 
habia recomendado a los suyos, prohibiendo severisimamente toda clase 
de hostilidad contra los habitantes. Conoció desde luego entre los 
nobles un partido favorable a Ijtliljochitl, a quien tenia detenido» no sé 
por qué razón en Tiascala. Hizolo conducir a la corte, por un buen 



134 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

numero de Españoles, y Tlascaleses, presentólo a la nobleza, y obtubo 
que fuese aclamado rei, y coronado con las mismas ceremonias, y re- 
gocijos que se solian hacer con los soberanos legítimos''*'. Promovió 
Cortés la exaltación de aquel principe, tanto por vengarse de Coana- 
cotzin, como por tener a la nación dependiente de su voluntad. El 
pueblo lo aceptó sin dificultad, o por que no osase oponerse a los Es- 
pañoles, o por que estaba cansado de su antiguo gefe. 

Era Ijtliljochitl joven de cerca de veinte y tres años. Desde la 
primera entrada de Cortés en Tiascala se habia declarado abierta- 
mente en su favor ; se le habia ofrecido con su egercito, y convida- 
dolo a hacer su viage a Megico por Otompan, donde a la sazón se 
hallaba : pero en despecho de su buena voluntad, y de sus obsequios, 
fue prisionero de los Españoles, cuando estos salieron derrotados de 
Megico, y detenido en Tiascala hasta el suceso de que voi hablando. 
Todas estas circunstancias me hacen creer que su cautiverio no fue 
mas que una decorosa privación de su libertad, dorada con alguno de 
aquellos protestos que suele inventar la politica de los hombres, cuando 

* Solis en la relación de este suceso, ademas de las imaginarias arengas que 
pone en boca de Cortés, y de los Tezcucanos, incurre en siete errores sustancia- 
les. . 1. Supone vivo en aquel tiempo a Cacamatzin, siendo asi que, por testimo- 
nio de Cortés, y de otros historiadores, consta que fue muerto en la noche de la 
derrota de los Españoles, o poco antes. 2. Duda al principio, y luego afirma 
positivamente que en el mismo tiempo reinaba en Tezcuco Cacamatzin, siendo 
indudable que el principe reinante era Coanacotzin. 3. Hace a Cacamatzin her- 
mano de Nezahualpilli (a quien llama Nezabal) de quien era hijo, como saben los 
que han saludado la historia de aquellos pueblos. 4. Supone quf Cacamatzin 
mató a Nezahualpilli, fábula jamas oída en la historia de Tezcuco. 5. Cree 
muerto a Nezahualpilli cuando reinaba el antecesor de Moteuczoma. Ahora 
bien, el antecesor de Moteuczoma murió en 1502 : luego Nezahualpilli fue 
muerto aqiiel mismo año, cuando mas tarde, por Cacamatzin. Cuando tubo el 
arrojo de matar a su rei, se debe creer que tendría a lo menos 16 años : luego en 
1519, cuando el mismo Cacamatzin visitó a Cortés en Ajotzinco, tenia a lo menos 
32 años, y sin embargo el mismo Solis en otra parte solo le da 25. Pero la ver- 
dad es que Nezahualpilli murió en 1516. 6. Supone a Cacamatzin usurpador de 
la corona, cuando consta de la historia que era el sucesor legitimo. 7. Finge que 
el nuevo rei se hallaba en Tezcuco cuando llegó Cortés ; que este no lo habia 
visto antes ; que la primera vez que se le presentó, quedó el caudillo Español tan 
prendado de su elocuencia, y gentileza, que lo abrazó sin poderse contener : todo 
lo cual es un tegido de fábulas, pues por las cartas del mismo Cortés, y por mu- 
chos historiadores consta, que aquel principe (cuyo nombre ignoró Solis). habia 
sido conocido por Cortés un año antes de su elevación ; que habia sido seis meses 
su prisionero, y que lo hizo venir de Tiascala para coronarlo, como se refiere en 
el testo de esta historia. 



ESPBDICION CONTRA IZTAPALAPAN. 135 

los guia la desconfianza, o el deseo de la propia seguridad. Con la 
larga practica de los Españoles, se acostumbró a sus usos, y modales. 
Fue instruido en la Religión Cristiana, y tomó en el bautismo el 
nombre de D. Fernando Cortés Ijtliljochitl, por respeto al general 
Español que fue su padrino. No gozó si no de la apariencia de la 
magestad, pues mas que señor de sus subditos fue ministro de la 
voluntad de los Españoles, a quienes hizo grandes servicios, no solo 
en la conquista de Megico, en que sirvió con su persona, y con sus 
tropas, sino en la reedificación de aquella capital, para la cual sumi- 
nistró millares de arquitectos, albañiles, y operarios. Murió todavia 
joven en 1523, y le sucedió en el señorío de Tezcuco su hermano 
D. Carlos, de quien haré honrosa mención después. Con la exalta- 
ción de Ijtliljochitl, y con los obsequios que Cortés le hacia se aumentó 
considerablemente el partido de los Españoles, y todas las familias 
Tezcucanas que se habian ausentado de la corte, por miedo de sus 
hostilidades, volvieron seguras, y alegres a sus casas. 

Cortés habia resuelto fijar su cuartel general en Tezcuco, por lo 
que dispuso fortificar el palacio que servia de alojamiento a sus tro- 
pas. No podia abrazar un partido mas conducente a sus miras. 
Tezcuco, como capital del reino de Acolhuacan, y ciudad tan grande, 
y populosa, abundaba en toda clase de víveres, para el mantenimiento 
de sus tropas ; tenia buenos edificios para su habitación ; buenas forti- 
ficaciones para su defensa, y gran numero de artífices de toda clase, 
para los trabajos de qué podria necesitar el egercito. Los dominios 
de aquel estado confinaban con los de Tlascala, y de este modo esta- 
ban seguAs las comunicaciones con la república ; la proximidad del 
lago era de suma importancia para la conducción de los bergantines, y 
la ventajosa situación de la ciudad proporcionaba a los Españoles la 
noticia de todos los movimientos de sus enemigos, sin esponerlos a sus 
hostilidades. 

Espedicion contra Iztapalapan. 
Después de haber arreglado los negocios de Tezcuco, resolvió 
Cortés atacar la ciudad de Iztapalapan, para vengar en ella, y en sus 
ciudadanos, las ofensas que habia recibido de su señor Cuitlahuatzin, 
a quien atribuia la causa de las desgracias de la noche memorable de 
la retirada. Dejó en Tezcuco una guarnición de mas de trescientos 
Españoles, y muchos aliados, al mando de Sandoval, y el marchó 
con mas de doscientos de los suyos, mas de tres mil Tlascaleses, y 
muchos nobles de Tezcuco. Antes de llegar a Iztapalapan, salieron 



136 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

al encuentro algunas tropas, y fingiendo oponerse a su entrada, y 
peleando parte en tierra, y parte en agua, se iban retirando acia el 
pueblo, como si no pudieran resistir a los invasores. Empeñados 
Españoles, y Tlascaleses en alcanzarlos, entraron en la ciudad, cuyas 
calles hallaron en gran parte desiertas, pues los ciudadanos se habian 
retirado con sus mugeres, e hijos, y la mayor parte de sus bienes, a 
unas casas que tenian en las islas del lago : pero aun alli fueron per- 
seguidos por los enemigos, que peleaban igualmente por agua, y 
tierra. Era ya mui entrada la noche, cuando los Españoles, alegres 
por la victoria que creian haber conseguido, se ocupaban en saquear las 
casas, y los Tlascaleses en pegarles fuego, cuando en pocos instantes 
se convirtió sn jubilo en espanto, pues a la luz del incendio observa- 
ron que salia el agua de los canales, y empezaba a cundir en la ciu- 
dad. Conocido el peligro, se dio el toque de retirada, y se abandonó 
precipitadamente el pueblo, tomando el camino de Tezcuco : mas a 
pesar de la diligencia de las tropas, llegaron a un punto donde se 
habian acumulado de tal modo las aguas, que los Españoles pasaron 
con gran trabajo, y de los Tlascaleses se ahogaron algunos, y se per- 
dio la mayor parte del botin. No hubiera quedado uno solo vivo, si 
se hubieran detenido tres horas en la ciudad, como el mismo Cortés 
asegura, porque los ciudadanos, queriendo deshacerse de aquel modo 
de sus enemigos, rompieron los diques del lago, y anegaron la ciudad. 
Al dia siguiente continuaron su marcha por las orillas del lago, con- 
tinuamente perseguidos e insultados por los enemigos. Esta espedi- 
cion disgustó mucho a los Españoles, pero aunque perdieron los des- 
pojos, y muchos fueron heridos, solo murieron dos de ellos,< y un ca- 
ballo. La perdida de los Iztapalapaneses fue mucho mas considera- 
ble, pues ademas del menoscabo que sus casas sufrieron, quedaron, 
según Cortés, mas de seis mil muertos. 

Confederación de Otompan, y de otras ciudades con los Españoles. 
La pesadumbre que produjo a Cortés aquel suceso, fue mui en 
breve compensada por la satisfacción de recibir la sumisión, que le 
enviaron por medio de sus embajadores, las ciudades de Mizquic, 
Otompan, y otras de aquellos contornos, alegando, para obtener su 
gracia, que habiéndolos exitado los Megicanos a tomar las armas en 
su favor, ellos no habian querido jamas ceder a sus deseos. Cortés, 
cuya autoridad se estendia tan rápidamente como se aumentaba su 
partido, les exigió, como condición necesaria para conseguir su 
alianza, que se apoderasen de cuantos mensageros les fuesen enviados 



CONFEDERACIÓN DE OTOMPAN. 137 

de Megico, y de cuantos Megicanos llegasen a su ciudad. Ellos lo pro- 
metieron asi, aunque no sin grandes dificultades, y desde entonces 
fueron constantemente aliados fieles de los Españoles. 

A esta confederación siguió mui en breve la de Chalco, ciudad, y 
estado considerable de la orilla oriental del lago dulce : pues sabiendo 
Cortés que sus habitantes deseaban unirse a su partido, pero no osa- 
ban declararse, por miedo de las guarniciones Megicanas que estaban 
en sus plazas, les envió a Sandoval con veinte caballos, doscientos 
peones Españoles, y un buen numero de aliados, dándole orden de 
acompañar a unos Tlascaleses que deseaban llevar a su patria la 
parte que hablan salvado] del botin de Iztapalapan, y volver sobre 
Chalco para arrojar a los Megicanos. Dio Sandoval la vanguardia a 
los Tlascaleses: algunas tropas enemigas que se hablan puesto en 
acecho, los atacaron de improviso, los desordenaron, les mataron mu- 
cha gente, y les quitaron el botin, pero sobrevinieron los Españoles, y 
vengaron aquel triunfo, derrotando a los Megicanos, y quitándoles los 
despojos. Los Tlascaleses continuaron sin peligro su viage, y Sando- 
val marchó a Chalco, pero antes de llegar a la ciudad, salió al en- 
cuentro la guarnición Megicana, compuesta, según algunos autores, de 
doce mil combatientes. Se dio la batalla, que duró dos horas, y ter- 
minó con la muerte de muchos enemigos, y con la fuga de los otros. 
Los Chalqueses, noticiosos de la victoria, salieron con gran jubilo a 
recibir a los Españoles, y los acompañaron triunfantes a la ciudad*. 
El señor de aquel estado, que habia muerto de viruelas pocos dias 
antes, habia recomendado eficazmente, en los últimos momentos de su 
vida, a los dos hijos que dejaba, que se confederasen con los Espa- 
ñoles, que cultivasen su amistad, y que tubiesen a Cortés por padre. 
Por respeto a su ultima voluntad, pasaron aquellos dos jóvenes a 
Tezcuco, acompañados del egercito Español, y de muchos nobles 
Chalqueses ; presentaron a Cortés una suma considerable de oro, y 
establecieron la alianza, en que se mantubieron constantemente fieles. 
La causa de rebelarse tan fácilmente aquellos pueblos contra el impe- 
rio, era en unos el miedo de las armas Españolas, y del poder de sus 
aliados, y en otros el odio de la dominación Megicana. No es posible 

* Solis en la relación de este suceso incurre en dos errores g^eograficos. 1. 
Supone que Chalco estaba contigua a Otompan, no sabiendo que entre ellas esta- 
ban la corte de Tezcuco, y otras ciudades importantes de Acolhuacan. 2. Dice 
que los estados d^ Chalco, y de Tlascala eran confinantes, cuando habia entre 
ellos un bosque vastísimo, y una parte de los dominios de Huejotzinco, y por 
otro lado mediaban los distritos mas poblados de Acolhuacan. 



138 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

que sea constante la fidelidad de los pueblos, cuando en la subordina- 
ción influye mas el terror que la beneficencia, ni hai trono mas vaci- 
lante que el que se sostiene mas bien en la fuerza de las armas, que 
en el amor de los pueblos. Cortés, después de haber obsequiado a 
los dos principes, dividió entre ellos el estado, o por que asi lo pidie- 
ron ellos mismos, o por que le sugirieron este plan los nobles. 
Dio al mayor la investidura de la ciudad principal, con otros 
pueblos, y al menor, la de Tlalmanalco, Chimalhuacan, Ajotzinco, 
y otros. 

No cesaban entretanto los Megicanos de hacer correrías en los 
estados que se hablan unido con los Españoles, pero la diligencia de 
Cortés en enviar socorros a donde eran necesarios, inutilizaba com- 
pletamente sus esfuerzos. Entre otros, vinieron los Chalqueses a 
Tezcuco, a pedir socorro a los Españoles, pues hablan sabido que los 
Megicanos se apercibían a darles un golpe en castigo de su rebelión. 
No pudo condecender el general Español con sus deseos, pues ha- 
biéndose concluido el corte de la madera que debia servir en los ber- 
gantines, necesitaba de toda su gente para transportarla con seguridad 
de Tlascala a Tezcuco, pero les aconsejó que íe confederasen con los 
Huejotzinques, con los Choluleses, y con los Quauhquecholeses. 
Ellos reusaron este partido, por la enemistad que siempre hablan te- 
nido con aquellos pueblos, pero al fin lo aceptaron, movidos por las 
instancias de Cortés, y obligados por la necesidad. Apenas se hablan 
despedido los Chalqueses, cuando llegaron oportunamente a Tezcuco 
tres mensageros de Huejotzinco, y de Quauhquecholan, enviados por 
aquellos señores a Cortés, para darle parte de su inquietud de resultas 
de unas humaradas, que sus centinelas hablan descubierto, desde las 
cimas de los moutes, y que eran indicios manifiestos de próximas hos- 
tilidades : al mismo tiempo le ofrecían sus tropas, que estaban aperci- 
bidas a ponerse bajo sus ordenes cuando necesitase de ellas. Apro- 
vechóse Cortés de tan favorable ocasión para confederar aquellos es- 
tados con el de Chalco, obligándolos a renunciar, por el bien común, 
a sus particulares resentimientos. Fue tan solida aquella alianza, que 
desde entonces se ayudaron mutuamente sus miembros contra los 
Megicanos. 

Transporte de los materiales de los Bergantines. 
Siendo ya tiempo de llevar a Tezcuco el maderage, las velas, la 
jarcia, y la clavazón de los bergantines, dio Cortés esta comisión a 
Sandoval, con doscientos infantes Españoles, y quince caballos, en- 



CONSTRUCCIÓN DK LOS BERGANTINES. 139 

cargándole que fuese antes a Zoltepec a castigar rigorosamente a sus 
habitantes, por la muerte de los cuarenta, y cinco soldados Españoles, 
y trescientos Tlascaleses, de que ya he hablado. Los Zoltepeques, 
cuando vieron acercarse la borrasca, abandonaron sus casas, para 
salvar la vida con la fuga, pero, habiéndolos alcanzado los Españoles, 
muchos de ellos fueron pasados a cuchillo, y otros hechos esclavos. 
De allí marchó Sandoval a Tlascala, donde halló todo dispuesto para 
la conducción de los materiales. El primer bergantín fue construido 
por Martin López, soldado Español, que hacia de ingeniero en el 
egercito de Cortés, y se echó al agua, para prueba, en el rio de Za- 
huapan. Por aquel modelo hicieron los Tlascaleses los otros doce. 
Hizose la conducción con el mayor aparato, y jubilo de los Tlas- 
caleses, pareciendole ligera aquella carga que debia contribuir a la 
ruina de sus enemigos. Ocho mil Tlascaleses llevaban a hombro la 
madera, las velas, y todos los demás obgetos necesarios a la construc- 
ción ; dos mil llevaban los víveres, y treinta mil marchaban armados 
para la defensa del convoi, mandados por tres caudillos principales, 
que eran Chichimecatl, o sea Chichimeca Teuctli*, Ajotecatl, y Teo- 
tepil, o Teotlipil. Este acompañamiento ocupaba, según Berna! 
Diaz, una estension de mas de seis millas. Cuando salieron de Tlas- 
cala mandaba la vanguardia Chichimecatl ; mas al poner el pie fuera 
de los confines de la república, Sandoval lo puso a retaguardia, por- 
que temia alguna sorpresa de los enemigos. Esta disposición oca- 
sionó un grave disgusto a los Tlascaleses, pues se jactaban de va- 
lientes, y dician que en todas las acciones en que hasta entonces se 
habian hallado, hablan ocupado, a egemplo de sus mayores, el puesto 
mas peligroso, de modo que Sandoval tubo que emplear razones y 
ruegos para contentarlos. Cortés, vestído de brillantes galas, y acom- 
pañado de todos sus oficiales, salió a recibir el convoi, y abrazó, y dio 
gracias a los señores Tlascaleses por sus buenos oficios. Su entrada 
en Tezcuco, que se hizo con el mejor orden, duró tres horas. Las 

* Este Chichimecatl, que hace tanto papel ea nuestra historia, no parece que 
fuese el padre, que ya era mui viejo, sino el hijo, que tenia el mismo nombre, y 
que en la guerra de Españoles, y Tlascaleses tubo el grave disgusto de que he 
hablado. Ajotecatl es llamado asi por Torquemada en la historia, pero en el 
Índice lo llama Ajutecatl. Al otro gefe da en la historia el nombre de Teotepil, 
y en el Índice el de Teotlypil. Yo sospecho que aquel noble Tlascalés fuese 
Ajotecatl, padre inhumano, que en odio de la fe Cristiana mató después a dos 
hijos suyos. Cortés llama a estos gefes Tutecatl, y Tmpitl. 



140 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

tropas de una y otra nación gritaban Castilla, Castilla, Tlascala, 
Tlascala, en medio del estrepito de la música militar. 

Espediciones contra las ciudades de Jaltocan y Tlacopan. 

Apenas llegó Chichimecatl, cuando, sin descansar del viage, rogó 
a Cortés que lo emplease a él, y a su tropa en alguna espedicion 
contra los enemigos. Corles, que solo aguardaba la llegada de las 
tropas ausiliares de Tlascala para egecutar un designio que desde 
largo tiempo meditaba, dejando en Tezcuco una buena guarnición, y 
dadas las ordenes oportunas acerca de la obra de los bergantines, 
se puso en marcha, al principio de la primavera de 1521 con veinte y 
cinco caballos, seis pequeños cañones, trescientos cincuenta infantes 
Españoles, treinta mil Tlascaleses, y una parte de la nobleza Tezcu- ' 
cana ; y porque temia que los Tezcucanos, de quienes no se fiaba, 
diesen aviso secreto a los enemigos, y trastornasen sus proyectos, salió 
de aquella ciudad sin descubrir a nadie el termino de su viage. 
Caminó el egercito doce millas acia el Norte, y pasó la primera noche 
a descubierto. El dia siguiente se dirigió a Jalcocan, ciudad fuerte 
situada en medio de un pequeño lago, con una calzada que a ella 
conduela, y que, como la de Megico estaba cortada con fosos. La 
infanteria Española, sostenida por un buen numero de aliados, los 
pasó entre una densa lluvia de dardos, y flechas, que hirieron a 
muchos ; mas no pudiendo los habitantes sufrir los estragos que en 
ellos hacian las armas Españolas, abandonaron la ciudad, y huyeron. 
Los vencedores saquearon las casas y quemaron algunas. ^ 

Terminada esta epedicion, se encaminó el egercito a Quauhtitlan, 
grande y hermosa ciudad, como Cortés la llama con razón ; pero la 
hallaron despoblada : pues los habitantes, amedrentados con lo que 
hablan oido de Jaltocan, procuraron ponerse en seguro. 

De alli pasaron a Tenayocan, y a Azcapozalco, donde no hicieron 
daño por no haber hallado resistencia. Finalmente llegaron a la 
corte de Tlacopan, termino que se habia propuesto Cortés, con el 
obgeto de negociar algún convenio con Megico, y si no lo lograba, 
para proporcionarse algunas noticias sobre los designios que alli se 
trazaban. Los habitantes se manifestaron dispuestos a oponerse a los 
invasores. Atacaron en efecto con su acostumbrado Ímpetu a los 
Españoles, y pelearon valerosamente largo rato : mas al fin no pu- 
diendo resistir los estragos de las armas de fuego, ni el impulso de los 
caballos, se retiraron a la ciudad. Los Españoles, por ser ya entrada 



ESPEDICION CONTRA JALTOCAN. 141 

la noche, se alojaron en una gran casa de los arrabales. Al dia 
siguiente, los Tlascaleses pegaron fuego a una parte de la población, 
y en los seis dias que permanecieron alli los Españoles, tubieron con- 
tinuos encuentros, y hubo algunos duelos famosos entre Tlascaleses, 
y Tlacopaneses. Unos y otros combatieron con estraordinario valor 
y desfogaron en oprobrios el odio que mutuamente se profesaban. 
Los Tlacopaneses llamaban a los Tlascaleses damas de los Españoles, 
sin cuya protección nunca se hubieran atrevido a llegar hasta los 
muros de aquella ciudad. Los Tlascaleses respondían que a los 
Megicanos, y a todos sus partidarios se debia mas bien el titulo de 
mugeres, pues siendo tan superiores en numero a ellos no habia 
podido dominarlos en ningún tiempo. También prodigaron los ene- 
migos insultos y denuestos a los Españoles, convidándolos por burla 
a entrar en Megico, para mandar alli como señores, y gozar de todos 
los placeres de la vida. " ¿Te parece. Cristiano, decian a Cortés que 
irán ahora las cosas como antes ? ¿ Piensas que reina en Megico un 
Moteuczoma sacrificado a tus caprichos ? Entra en la corte, y seras 
en breve inmolado con todos los tuyos a los dioses." En las acciones 
que sostubieron aquellos dias los Españoles, entraron en aquel fatal 
camino, y se acercaron a los memorables fosos en que hablan sufrido 
tan sangrienta derrota. Hallaron en ellos una terrible resistencia, y 
todos estubieron próximos a perecer, porque empeñados en perseguir 
a unas tropas Megicanas, que hablan salido a insultarlos para atraerlos 
al peligro, se hallaron de pronto atacados, de una y otra parte del 
camino, por tan gran numero de contrarios, que no pudieron retirarse 
sin suma dil&cultad, combatiendo furiosamente hasta llegar a tierra 
firme. En este conflicto, tubieron cinco Españoles muertos, y muchos 
heridos. Cortés, disgustado del mal éxito de su espedicion, volvió, 
con su egercito por el mismo camino a Tezcuco, recibiendo en la 
marcha nuevos insultos de los enemigos, que atribulan su retirada a 
cobardía, y desaliento*. Los Tlascaleses, que acompañaron a los 
* Solis, queriendo desmentir a Bernal Diaz, dice : " por mas que diga nuestro 
historiador de esta espedicion, fue tan importante al fin principal, que apenas 
regresado Cortés a Tezcuco, vinieron suplicantes a prestarle obediencia los 
caciques de Tucapan, Mascalzingo, y Auhtlan (asi llama a Tuzapan, Mejcaltzinco, 
y Nauhtlan) y otros pueblos de la orilla septentrional : lo que da a conocer que 
los Españoles volvieron con reputación, &c." Pero, dejando aparte la espresion 
ambigua orilla septentrional, que algunos lectores aplicarán quizas a la orilla del 
lago, debiendo entenderse de la del m£|,r, y el error que comete en decir que 
vinieron los señores de aquellos estados, cuando consta por el mismo Cortés que 
«nviaron sus embajadores, lo cierto es que no pudieron decidirse a enviar esta 



142 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

Españoles, habiendo tomado muchos y ricos despojos, pidieron per- 
miso a Cortés de llevarlos a su país, y él lo concedió sin dificultad *. 

Espediciones de Sandoval contra Huajtepec y Jacapichtla. 

Sandoval, que durante la ausencia de Cortes, habia quedado man- 
dando en Tezcuco, salió de alli, dos días después de la llegada de 
aquel general, con veinte caballos, trescientos infantes Españoles, y 
un gran numero de aliados, para socorrer a los Chalqueses, que temían 
un gran ataque de los Megicanos : pero habiendo hallado en Chalco 
muchas tropas de Huejotzinco, y de Quauhquecholan, que hablan ido 
alli con el mismo objeto, y sabiendo que el mayor peligro estaba en la 
guarnición Megicana de Huajtepec, se dirigió a este pueblo, situado 
en los montes, a quince millas a Mediodía de Chalco. En su marcha 
fue atacado por dos gruesos cuerpos enemigos, pero los derrotó sin 
gran esfuerzo, lo que se debió en gran parte al inmenso numero de 
aliados que llevaba consigo. Entraron los Españoles en Huajtepec, 
y se alojaron en unas casas grandes, para descansar, y curar los 
heridos : pero inmediatamente fueron atacados de nuevo por los 
Megicanos, a quienes rechazaron, y persiguieitju por mas de tres 
millas, dejándolos de un todo derrotados. Volvieron al pueblo, y 
descansaron dos dias. Era entonces Huajtepec ciudad célebre, no 
menos por sus exelentes manufacturas de algodón, que por su hermoso 
jardin, de que ya he hablado. 

Sandoval envió desde alli mensageros a ofrecer la paz a los habi- 
tantes de Jacapichtla, lugar fortisimo, a seis millas de distancia de 
Huajtepec, situado en la cima de un monte casi inaccesible a la 
caballeria, y defendido por una numerosa guarnición Megicana ; pero 
habiendo sido rechazadas sus proposiciones, marchó acia aquella 
ciudad, con intención de dar un golpe que castigase su orgullo, y 

embajada de resultas de lo ocurrido en Tlacopan, porque los embajadores 
llegaron a Tezcuco cuatro dias después de la espedicion, y sus ciudades distaban 
de aquella corte mas de 200 millas. 

* Herrera, y Torquemada dicen que Cortés mandó despojar violentamente a 
los Tlascaleses de los adornos de oro con que se adornaron después de la espe- 
dicion de Tlacopan, y que ellos se resintieron tanto de este agravio, que en dos 
dias desertaron mas de veinte mil. Si esto fuera cierto. Cortés hubiera sido el 
mas insensato de los hombres, y la misma avaricia que hizo perecer tantos 
Españoles en su retirada de Megico, hubiera frustrado la gran empresa de la 
conquista : mas la noticia de aquellos historiadores está en contradicción con lo 
que refieren Cortés, Bernal Díaz, y Gomara, que cuentan el hecho como se halla 
en el testo de mi historia. 



KSPEDICIONES DK SANDOVAL. 143 

libertase para siempre a los Chalqueses, del mal que por aquella parte 
podian temer. Los Tlascaleses, y los otros aliados se amedrentaron a 
vista de tanto peligro : pero Sandoval, animado por el heroico valor 
que lucia en todas sus acciones, se resolvió a vencer o morir. Empezó 
a subir con su infanteria, superando al mismo tiempo la aspereza del 
monte, y el gran numero de enemigos que lo defendían, con flechas, 
dardos, guijarros, y aun con piedras desmesuradas, las cuales, aunque 
se rompían al chocar con las rocas interpuestas, herían con sus frag- 
mentos a los Españoles : pero nada fue capaz de contener su ímpetu. 
Entraron en la ciudad bañados de sangre, y de sudor, y seguidos por 
sus aliados. El cansancio, y las heridas inflamaron de tal modo su 
colera, y con tanta furia se avalanzaron a sus enemigos, que muchos 
de ellos, huyendo de las espadas, se precipitaron por los tajos del 
monte. Tanta fue la sangre derramada, que tifió un arroyo que por 
alli corría, en términos que en mas de una hora no pudieron hacer 
uso los vencedores de sus aguas, para apagar la gran sed que los 
aquejaba*. " Fue esta, dice Cortés, una de las mas señaladas 
victorias, en la cual los Españoles dieron las mayores pruebas de su 
valor, y de su constancia." La jornada costó la vida a Gonzalo 
Domínguez, uno de los mas valientes soldados de Cortés, cuya 
perdida fue mui sensible a todo el egercito. 

Irritados los Megicanos con la derrota de Jacapichtla, armaron pron- 
tamente veinte mil hombres, y los enviaron en dos mil barcas contra 
Chalco. Los Chalqueses imploraron, como otras veces, el socorro de 
los Españoles, y sus mensageros llegaron cuando volvía de Jacapichtla 
Sandoval con sus tropas, cansado, mal parado, y herido. Cortés, atri- 
buyendo, con demasiada ligereza, las repetidas hostilidades de los Me- 
gicanos contra Chalco, a descuido de aquel inapreciable caudillo, sin 
querer informarse de su conducta, ni oírlo, ni permitirle un momento 
de reposo, lo mandó ponerse en marcha, con los soldados mas capaces 

* Bemal Diaz se burla de Gomara por esta narración de las aguas teñidas de 
sangre, y añade que no necesitaban beber de aquella, habiendo alli muchos 
manantiales : pero si estas se hallaban en el campo de batalla es probable que 
también quedasen teñidas de sangre, y si distaban de aquel punto, no estaban los 
Españoles en estado de ir a buscarlas. Bernal Diaz no se halló en aquella espe- 
dicion, y yo doi mas crédito a la relación de Cortés. " Fue tan grande, dice, la 
matanza que nuestros Españoles hicieron en los enemigos, y tales los estragos 
que estos se hicieron entre sí, que todos los presentes afirman que un arroyo que 
circundaba casi todo aquel sitio quedó teñido de sangre por mas de una hora, de 
modo que no pudieron beber de sus aguas." 



144 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

de seguirlo, para sostener aquellos aliados. Mucho sintió Sandoval 
esta ofensa que el general le hacia, cuando esperaba recibir de él los 
elogios a que era acreedor ; pero fue tanta su prudencia en disimular su 
pesar y tan pronta su obediencia, cuanto habia sido su arrojo en la 
espedicion ultima. Partió sin tardanza a Chalco, y cuando llegó, ya 
estaba concluida la batalla, de la que salieron victoriosos los Chalque- 
ses, con los ausilios de sus nuevos aliados los Huejotzinques, y los 
Quauhquecholeses, y si bien tubieron una perdida considerable, en 
cambio mataron muchos enemigos, y cogieron cuarenta prisioneros, 
entre ellos un general, y dos personages de la primera nobleza, los 
cuales fueron entregados por los Chalqueses a Sandoval, y por este a 
Cortés. Este conoció su error, y bien informado de la irreprensible 
conducta de Sandoval, procuró aplacar su justo resentimiento, con sin- 
gulares demostraciones de estimación y honor. 

Negociación infructuosa de Cortés con los Megicanos. -^ . 

Queriendo enfin hacer algún convenio con los Megicanos, tanto paía 
evitar las fatigas, y los males de la guerra, como para apoderarse de su 
hermosa ciudad sin arruinarla, resolvió enviar Ü ella aquellos dos per- 
sonages prisioneros, con una carta al rei Quauhtemotzin, la cual, aun- 
que no podia ser entendida en aquella corte, servia de credenciales, y 
de señal autentica de la embajada. Espuso su contenido a los mensa- 
geros, y les encargó manifestasen a su soberano, que él no aspiraba a 
otro obgeto, si no a que el rei de España fuese reconocido señor de 
aquella tierra, ya que asi lo habia resuelto la nobleza en la respetable 
asamblea que se reunió en presencia de Moteuczoma ; que se acordase 
del homenage que entonces tributaron todos los señores Megicanos al 
gran monarca de Oriente ; que deseaba establecer con Megico una paz 
duradera, y una eterna alianza; que no habia emprendido aquella 
guerra, si no obligado por sus hostilidades; que le pesaba tener que 
derramar tanta sangre Megicana, y destruir ciudades tan grandes, y 
hermosas ; que ellos mismos eran testigos del valor de los Españoles, 
de la superioridad de sus armas, de la muchedumbre de sus aliados, y 
de la felicidad de sus empresas ; en fin que reflexionase bien en lo que 
hacia, y no lo obligase con su ostinacion a continuar una guerra, que 
terminaría con la ruina total de la corte, y del imperio. '^ 

El fruto de esta embajada se conoció mui en breve en los lamentos 
de los Chalqueses, los cuales informados de las grandes fuerzas que 
contra ellos se apercibían, vinieron a implorar el socorro de los Espa- 



MARCHA DEL EGERCITO ESFAí50L. 145 

ñoles, presentando a Cortés, pintadas en una tela, las ciudades que se 
armaban contra Chalco, y el camino que tomaban sus tropas. Entan- 
to que Cortés disponía sus tropas para aquella espedicion, llegaron a 
Tezcuco los mensageros de Tuzapan, Mecaltzinco, y Nauhtlan, ciu- 
dades de la costa del seno Megicano, situadas mas allá, de la colonia 
de la Vera Cruz, a prestar obediencia, en nombre de sus señores, al 
rei de España. 

Marcha del egercito Español por los montes meridionales. 
En 5 de Abril salió Cortés de Tezcuco, con treinta caballos, tres- 
cientos peones Españoles, y veinte mil aliados, dejando a Sandoval el 
mando de aquella plaza, y el cuidado de los bergantines. Marchó en 
derechura a Tlalmanalco, y de allí a Chiraalhuacan *, donde se engro- 
só su egercito con mas de veinte mil hombres f, que o por vengarse 
de los Megicanos, o por el interés del botin, o, como yo creo, por uno, 
y por otro, venian de diferentes puntos, a servir en aquella guerra. 
Siguiendo después, como es de creerse, el camino representado por 
los Chalqueses en sus pinturas, se dirigieron por los montes del Medio- 
día acia Huajtepec, y*vieron cerca del camino una elevación mui es- 
cabrosa, cuya cima estaba ocupada por mugeres, y niños, y las faldas, 
por un gran numero de guerreros, que confiando en la fuerza natural 
del sitio, se burlaban con gritos, y silvidos de los Españoles. Cortés, 
no pudiendo sobrellevar aquella mofa, mandó atacar por tres partes el 
monte: pero apenas habían empezado a subir con gran trabajo, entre 
una tempestad de dardos, y piedras, dio orden de que se retirasen, 
pues ademas de ver que la empresa era temeraria, y mas difícil que 
útil, se dejó ver otro egercito de enemigos que marchaba por aquella 
parte, con intento de atacar por la espalda al egercito aliado, cuando 
mas empeñado estubiese en la acción. Cortés les salió al encuentro 
con sus tropas bien ordenadas. La batalla duró poco, pues los enemi- 
gos, reconociéndose inferiores en fuerzas, abandonaron prontamente 
el campo. Los Españoles los siguieron por mas de hora, y media, hasta 
derrotarlos completamente. La perdida de Ips Españoles en la bata- 

* Había, y hai ahora dos pueblos de aquel nombre, el uno a orillas del lago de 
Tezcuco, al pripcipio de la península de Iztapalapan, y llamado simplemente 
Chtmalhuacan ; el otro en los montea al mediodía del valle, y se llama Chimalhua- 
!:<an-Chalco. Se trata de este ultimo. 

t Cortes dice que en Chimalhuacan se le agregaron 40,000 hombres, y Bernal 
Diaz dice que eran mas de 20,000 : mas este habla de los recien-llegados, y aquel 
de la suma total de aliados, inclusos los Tlacaleses, que sacó de Tezcuco, y los 
que se reunieron en Chimalhuacan. 

TOMO II. jL 



XWS HISTORIA ANTIGUA ÜE MEGICO. 

lia fue casi ninguna; pero en la subida del monte, tubieronocho muer- 
tos, y muchos heridos *. 

La sed que molestaba al egercito, y el aviso que tubo Cortés de 
otro monte, distante de aUi tres millas, y ocupado también por enemi- 
gos, lo obligaron a marchar acia aquella parte. Observó en uno de 
los costados del monte, dos rocas prominentes, defendidas por muchos 
guerreros, mas estos creyendo que los Españoles intentaban la subida 
por el lado opuesto, abandonaron la posición, y corrieron adonde les 
parecía mayor el peligro. Cortés, diestro en aprovecharse de todas 
las coyunturas que le presentaba la suerte, o la inadvertencia de los 
enemigos, mandó a uno de sus capitanes que procurase ocupar, con 
un numero competente de tropas, aquellos dos peñascos, mientras él 
entretenía a los Megicanos por la parte opuesta. Empezó pues a su- 
bir con suma dificultad, y cuando llegó a un punto tan alto como el 
que ocupaban los enemigos, vio enarbolada la bandera Española en 
una de las prominencias. Los enemigos, se rindieron, viéndose rodea- 
dos por todas partes, y habiendo ya empezado a conocer el daño que 
le hacian las armas de fuego. Cortés los acogió con mucha benigni- 
dad, pero exigió de ellos, como condición necíiíaria del perdón, que 
indugesen también a rendirse a los que ocupaban el primer monte : lo 
que se verificó en efecto. 

Conquista de Quauhnahuac. 
Libre de aquellos estorvos, se encaminó Cortés, por Huajtepec, 
Jauhtepec, y Giuhtepec a la grande, y amena ciudad de Quauh- 
nahuac t, capital de la nación Tlahuica, distante mas de treinta millas 
de Megico, acia Mediodía. Era mui fuerte por su situación, pues de 
UQ. lado estaba rodeada por montes escabrosos, y de otro, por un 
barranco, de cerca de siete toesas de profundidad, por el cual corria 
un arroyo. No podia entrar la caballería si no es por dos caminos 
que los Españoles ignoraban entonces, o por los puentes, si no hubieran 
estado levantados cuando llegaron. Mientras buscaban un lugar 
oportuno para el asalto, los Quauhnahuaqueses les tiraban una in- 

* Cortés en sus cartas no habla mas que de dos Españoles muertos en aquel 
monte; pero Bernal Diaz cuenta ocho, y da sus nombres. 

t Este nombre es uno de los que mas han alterado los Españoles. Cortés dice 
Coadnahaced ; Bernal -Díaz Coadalbaca ; Solis Quatlabaca. Ha prevalecido el de 
Cuernabaca, que es el que se conserva, aunque los Indios usan el antiguo de 
Quauhnahuac. Este pueblo es uno de los 30 que Carlos V dio a Cortés, y después 
fue parte de los estados del duque de Monteleon, como marques del valle de 
Oajaca. 



CONQUISTA DE JOQUIMILCO. 147 

creíble cantidad de dardos, flechas, y piedras. Pero habiendo obser- 
vado un animoso Tlascales, que dos arboles grandes, colocados en las 
dos orillas opuestas del barranco, habían cruzado mutuamente sus 
ramas, se sirvió de ellas como de un puente, y pasó a la margen 
opuesta, egemplo que fue mui en breve imitado, aunque con gran 
esfuerzo, y peligro, por seis soldados Españoles, y después por otros 
muchos, tanto Españoles, como Tlascaleses *. Este rasgo de intre- 
pidez amedrentó de tal modo a los que por allí defendían la entrada 
de la ciudad, que se retiraron, y fueron a unirse con los que, por la 
parte opuesta, resistían a las tropas mandadas por Cortés: mas 
cuando estaban mas acalorados en la acción, se vieron atacados de 
pronto, por las que, siguiendo los pasos del valiente Tlascales, habían 
entrado por la parte indefensa de la ciudad. Entonces se espantaron, 
y huyeron a los montes, de modo que los aliados quemaron sin oposi- 
ción una buena parte de la ciudad. El señor de ella, que había huido 
con todos, temiendo que lo alcanzasen los Españoles, tomó el partido 
de rendirse, asegurando que no lo había hecho antes, por jque esperaba 
que la colera de los Españoles se desfogase en la ciudad, y satisfecha 
con aquellas primeraJ hostilidades, se abstendrían de vengarse en su 
persona. 

Conquista de Joquimilco. 
Después de haber descansado el egercito, partió, cargado de des- 
pojos, acia el Norte, por un pinar donde sufrió una gran sed, y al día 
siguiente se halló cerca de la ciudad de Joquimilco. Esta hermosa 
población, la mayor, después de la corte, de todas las del valle Megi- 
cano, estaba a orillas del lago de Chalco, y distaba poco mas de doce 
millas de Megíco. Su vecindario era mui numeroso, muchos sus 
templos, magníficos sus edificios, y singularmente bellos sus jardines 
flotantes en el lago, de donde tomó el nombre de Jochimilco, o Joqui- 
milco, que significa jardín, o campo de flores. Tenia, como la capital, 
muchos canales o fosos, y a la sazón, por miedo de los Españoles, se 

* Solití, sin hacer mención de aquel Tlascales, atribuye toda la gloria de la 
acción a Bernal Díaz, en lo que contradice a Cortés, y a todos los historiadores. 
El mismo Bernal Díaz, que en la narración de este suceso, se hace a sí mismo 
cuanto honor puede, se jacta de haber sido uno de los que despreciando el peligro 
pasaron sobre los arboles del barranco : pero no se alza con la gloria de haber 
sido el primero, ni de hal^er sugerido la idea. Véase lo que dicen Cortés, Gomara, 
Herrera, &c. 

l2 



148 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICÜ. 

habían construido algunas trincheras. Cuando vieron venir al egercíto, ' 
alzaron los puentes de los canales, para que fuese mas difícil la entrada. 
Los Españoles dividieron el egercito en tres cuerpos, para atacar la 
ciudad por otros tantos puntos : pero en todos ellos hallaron gran 
resistencia, y no pudieron ganar el primer foso, si no después de un 
terrible combate de mas de media hora, en que fueron muertos dos 
Españoles, y muchos heridos : pero superados enfin estos ostaculos, 
entraron en la ciudad, persiguiendo a los que la defendían. Estos se 
refugiaron a los barcos, y desde ellos perseveraron combatiendo hasta 
morir. Oíanse al mismo tiempo entre ellos algunas voces que pedían 
la paz, pero conociendo los Españoles que su obgeto era tan solo ganar 
tiempo para poner en seguro sus familias y sus bienes, y para recibir 
el socorro de los Megicanos que aguardaban, apretaron mas el ataque, 
hasta que cesó la resistencia, y pudieron entrar tranquilos en el pueblo 
para descansar, y curar sus heridos : mas a penas empezaban a 
respirar, cuando se vieron rodeados por un gran numero de enemigos, 
que venian formados en orden de batalla, por el mismo camino que 
habían seguido los Españoles en su entrada. Estos se vieron redu- 
cidos entonces al mayor estremo, y el mismo Ctrtés corrió gran peli- 
gro de caer en manos de los contrarios, pues habiéndose echado al 
suelo su caballo, o de cansancio, como el dice, o abatido por los 
Joquimílqueses, según otros historiadores, continuó peleando a pie 
con la lanza, mas el numero de enemigos era tan considerable, que no 
hubiera podido evitar su perdida, a no haber llegado oportunamente 
a su socorro, un valiente Tlascalés, y con él dos criados del mismo 
Cortés, y algunos soldados Españoles*. Vencidos finalmente los 
Joquimílqueses, tubieron los Españoles tiempo de descansar algún 
tanto de las fatigas de la jornada, en la que murieron algunos de los 
suyos, y casi todos fueron heridos, incluso el mismo general, y los 
principales capitanes Alvarado, y Olid. Cuatro Españoles, que cayeron 
prisioneros, fueron conducidos a la capital, y sin tardanza sacrificados, 
y sus brazos y piernas enviadas a varios pueblos, para exitar el valor 
de los habitantes. No hai duda que en esta, y otras ocasiones pudo 

♦ Herrera, y Torquemada dicen que el dia siguiente al del riesgo que habia 
corrido Cprtés, habiendo buscado al Tlascalés que lo socorrió, no pudo ser habido 
vivo, ni muerto, y por la devoción que aquel general tenia a San Pedro, se 
persuadió que este santo Apóstol era el que lo habia salvado. No sé de donde 
sacaron aquellos autores tan esíraña anécdota. Bernal Diaz, Gomara, y el mismo 
Cortés hablan de un Tlascalés, sin hacer mención de su desaparición, ni de San 
Pedro. 



MARCHA A COYOHUACAN. ■ ■-. 149 

Cortés fácilmente morir a manos de sus enemigos, si no hubieran 
tenido estos la insensata presunción de cogerlo vivo para sacrificarlo a 
los dioses. 

La nueva de la toma de Joquimilco puso en gran consternación a 
la corte de Megico. El rei Quauhtemotzin convocó algunos gefes 
militares, y les representó el daño, y el peligro que ocasionaba a la 
capital la perdida de una plaza tan importante : el servicio que harían 
a los dioses, y a la nación si podian recobrarla, y el valor, y la fuerza de 
que necesitaban para vencer aquellos atrevidos, y perniciosos estran- 
geros. Dio inmediatamente la orden de armar un egercito de doce 
mil hombres, para pelear por tierra, y otro numeroso para sos- 
tener las hostilidades en el lago, y se egecutó con tanta prontitud, que 
apenas hablan descansado los Españoles del dia anterior, cuando las 
centinelas avisaron a Cortés la marcha de los enemigos acia aquella 
ciudad. Dividió el general todas sus tropas en tres huestes, y dio a 
sus capitanes las ordenes mas oportunas ; dejó alguna tropa de guar- 
nición en los cuarteles, y mandó que veinte caballos con quinientos 
Tlascaleses pasasen gL través los enemigos, a ocupar una colina inme- 
diata, y alli aguardasen sus ordenes ulteriores para el ataque. Los 
comandantes Megicanos venian llenos de orgullo, y ostentando las 
espadas Europeas que hablan cogido a los Españoles en la derrota del 
1 de Julio. La batalla se dio fuera de la ciudad, y cuando Cortés 
juzgó conveniente, dio orden a las tropas de la colina que atacasen a 
los Megicanos por la espalda. Estos, viéndose cercados por todas 
partes, se -desordenaron, y abandonaron el campo, dejando en él 
quinientos muertos. Los Españoles, de vuelta al cuartel, supieron 
que la tropa que habia quedado en él, habia estado en gran peligro, 
por la muchedumbre de Joquimilqueses que la hablan atacado. 
Cortés, después de haberse detenido alli tres dias, combatiendo fre- 
cuentemente con los enemigos, mandó pegar fuego a los templos, y a 
las casas, y reunió toda su gente en la plaza del mercado, que estaba 
fuera de la ciudad, para ordenarla, y ponerse en marcha. Los 
Joquimilqueses, creyendo que su salida fuese efecto de miedo, atacaron 
con grandes clamores la retaguardia, pero se retiraron vencidos, y no 
osaron presentarse de nuevo. 

Marcha de los Españoles en torno de los lagos. 
Adelantóse Cortés con su egercito hasta Qoyohuacan, ciudad 
grande, situada en la orilla del lago, distante seis millas de Megico 
acia Mediodía, con intención de observar todos aquellos puestos, para 



160 HISTORIA ANTIGUA DK MEGICO. 

disponer mas acertadamente el asedio de la capital. Halló la ciudad 
despoblada, y al dia siguiente salió de ella, para reconocer el camino 
que desde alli iba a unirse con el de Iztapalapan. Encontró una 
trinchera defendida por Megicanos ; mandó atacarla, y apesar de la 
terrible resistencia de los enemigos, la infantería se apoderó de ella, 
quedando heridos diez Españoles, y muertos muchos Megicanos. 
Cortés subió a la trinchera, y desde ella vio el camino de Iztapalapan 
cubierto de una muchedumbre innumerable de enemigos, y el lago, 
de muchos millares de barcas, y después de haber observado lo que 
convenia a sus designios, volvió a la ciudad, cuyos templos, y casas 
mandó entregar a las llamas. 

De Coyohuacan marchó el egercito a Tlacopan, molestado en el 
camino por algunas tropas volantes Megicanas, que atacaron el 
bagage. En uno de estos encuentros, en que el mismo general corrió 
gran peligro, le hicieron prisioneros dos de sus servidores, que fueron 
conducidos a Megico, e immediatamente sacrificados. Llegó a Tla- 
copan afligido por aquella desgracia, y se le aumentó el disgusto, 
cuando desde el atrio del templo mayor de aquella ciudad, contempló 
con otros Españoles el fatal camino, en que habia perdido algunos 
meses antes tantos amigos, y soldados, considerando al mismo tiempo 
las grandes dificultades que tenia que vencer antes de hacerse dueño 
de la capital. A-lgnnos le sugerían que enviase tropas por aquel ca- 
mino, para cometer algunas hostilidades, pero no queriendo esponer- 
las a tanto peligro, ni detenerse mas tiempo en aquella ciudad, volvió 
por Tenayocan, Quauhtitlan, Citlaltepec, y Acolucan a Tfzcnco, des- 
pués de haber recorrido en aquel viage las orillas de los lagos, y 
observado cuantos pormenores necesitaba para el éxito de su gran 
empresa. 

Conjuración contra Cortés. 
En Tezcuco siguió Cortés activando todos los preparativos de su 
marcha. Estaban ya acabados los bergantines, y un canal de milla 
y media, bastante profundo, y con cortaduras por una y otra parte, 
para recibir el agua del lago. También estaba hecha la maquina para 
botarlos *. Las tropas que Cortés tenia a sus ordenes eran innume- 

* Gomara dice que en el canal trabajaron 400,000 Tezcucanos, pues en los 
50 dias que duró la obra, cada dia entraban 8000 operarios nuevos. Añade que 
el canal tenia media legua de largo, 12 pies de ancho, y donde menos, 4 brazaa 
de profundidad : mas yo creo que hai error en la medida del ancho, y que era de 
"mas de 12 pies. 



niKPARATlVOíS UFiL ASEDIO DE MEGICO. 161 

rabies, y aun el numero de Españoles se habia aumentado considera- 
blemente, con los que poco antes habían venido de España, en un 
navio que habia aportado a la Vera Cruz, cargado de caballos, armas, 
y municiones de guerra. Todo prometía los resultados mas felices, 
cuando ocurrió un suceso que puso toda la empresa en gran peligro de 
frustrarse. Unos soldados Españoles, partidarios del gobernador de 
Cuba, exítados por el odio que tenían a Cortés, o por la envidia de su 
gloria, o, lo que es mas verosímil, por el miedo de los peligros que 
los amenazaban en el asedio de la capital, convinieron secretamente 
en quitar la vida al general, a sus capitaties Alvarado, Sandoval, y 
Tapia, y a todos aquellos que parecían mas adictos al partido del 
gefe. No solo estaba ya señalado el tiempo, y el modo de dar el 
golpe coo seguridad, sino elegidas también las personas a quienes 
debían darse los cargos de general, juez, y capitanes: pero uno de 
los cómplices, arrepentido de su culpa, rebeló oportunamente a Cortés, 
todo el plan de la conjuración. Mandó prender sin perdida de 
tiempo a Antonio de Villafaña, cabeza de toda aquella maquinación, 
cometió a un juez el examen del reo, y habiendo confesado este su 
delito, fue ahorcado* a una de las ventanas del cuartel. Cortés no 
quiso mostrarse tan severo con los cómplices, fingiendo no creerlos 
culpables, y atribuyendo a la malignidad de Villafaña la infamia que 
de su confesión resultaba contra ellos : pero afin de que en el por- 
venir no estubiese tan espuesta su persona, creó para su custodia una 
guardia compuesta de soldados fieles, valerosos, y seguros, que lo 
acompañaban de día, y de noche. 

Últimos preparativos del asedio de Megico. 
Evitados con el castigo del reo principal los efectos de aquella 
perniciosa trama, se aplicó Cortés con mayor actividad a dar la ultima 
mano a su grande empresa. El 28 de Abril, después de celebrada la 
misa de Espíritu Santo, en que comulgaron todos los Españoles, y 
después de haber dado un sacerdote la bendición a los bergantines, 
con las ceremonias acostumbradas, fueron botados al agua, y desple- 
gando inmediatamente las velas, empezaron a surcar por el lago, al 
estruendo de la artilleria y de los mosquetes, a que siguió el Te Deum, 
acompañado por la música de los instrumentos militares. Todas estas 
eran demostraciones de la confianza que tenia Cortés en los bergan- 
tines, para la felicidad de su empresa, y en efecto quizas sin ellos no 
hubiera podido llevarla a buen fin. Hizo después la reseña de su 
egercito, y contó ochenta y seis caballos, y mas de ochocientos peones^ 



152 HISTORIA ANTIGUA DK MEGICü. 

Españoles, tres grandes cañones de hierro, quince menores de cobre, 
mil libras castellanas de pólvora de fusil, y una gran cantidad de 
balas, y de saetas, aumentos que se debian a los socorros venidos 
aquel año de España, y de las Antillas. Reanimó el valor de sus 
tropas con un discurso semejante al que les habia dirigido en su 
salida de Tlascala. Envió mensageros a esta república, y a Cholula, a 
Huejotzinco, y a otros ciudades, dándoles parte de estar ya terminada 
la obra de los bergantines, y rogándoles que enviasen dentro de diez 
dias cuantas tropas escogidas pudiesen, por ser ya llegada la ocasión 
de poner asedio a la soberbia ciudad que por tanto tiempo los habia 
esclavizado. Cinco dias antes de la fiesta de Pentecostés, llegó a 
Tezcuco el egercito Tlascaies, que constaba, según afirma el mismo 
Cortés, de mas de cincuenta mil hombres, bajo el mando de muchos 
gefes famosos, entre los cuales venian Gicotencatl el joven, y el 
valiente Chichimecatl, a cuyo encuentro salió Cortés con toda su 
tropa. Las de Huejotzinco, y Cholula pasaron por el otro lado de 
los montes, según la orden que se les habia dado. En los dos dias 
siguientes acudieron nuevos refuerzos de Tlascala, y de otros pueblos 
circunvecinos, los cuales con las huestes ya mencionadas formaban un 
total'de mas de doscientos rail hombres, como testifica su gefe Alfonso 
de Ogeda. 

Distribución del egercito en el asedio de la capital. 
El lunes de Pentecostés, 20 de Mayo, reunió Cortés su gente en 
la plaza mayor, para dividir su egercito, nombrar los comandantes, 
señalar su puesto a cada uno, y las tropas de su mando, y para reiterar 
las ordenes que habia dado en Tlascala. Mandó a Pedro de Alvarado 
que campase en Tlacopan, para impedir que entrasen por alli socorros 
a los Megicanos, y le dio treinta caballos, ciento sesenta peones 
Españoles, distribuidos en tres compañías, con otros tantos capitanes, 
y veinte y cinco mil Tlascaleses, con dos cañones. Cristoval de Olid 
fue creado maestre de campo, y gefe de la división destinada a 
Coyohuacan, teniendo a sus ordenes treinta y tres caballos, ciento 
sesenta y ocho peones Españoles, con tres capitanes, dos cañones, y 
veinte y cinco mil aliados. A Gonzalo de Sandoval fueron dados 
veinte y cuatro caballos, ciento sesenta y tres peones Españoles, con 
dos capitanes, y dos cañones, y los aliados de Chalco, Huejotzinco, y 
Cholula, que eran mas de treinta mil hombres, y le mandó Cortés 
que fuese a destruir la ciudad de Iztapalapan, y que campase en 
aquellas inmediaciones, desde las cuales creyó que le seria mas fácil 



SUPLICIO DK GlüOTENCATL. IQ^' 

apretar mas y mas a los Megicanos. Cortés, a pesar de las instancias 
que le hicieron sus capitanes, y soldados, tomó el mando de los ber- 
gantines, por que opinaba que en ellos era mas necesaria su presencia. 
Dividió entre los trece bergantines trescientos veinte y cinco Espa- 
ñoles, y trece falconetes, señalando a cada bergantín un capitán, doce 
soldados, y otros tantos remeros : asi que todo el egercito destinado a 
empezar el asedio constaba de novecientos diez y siete Españoles, y 
mas de setenta y cinco mil hombres de tropas ausiliares *, cuyo 
numero se aumentó, como después veremos, hasta doscientos mil y 
mas. Todas las otras tropas que hablan venido a Tezcuco, o perma- 
necieron alli para acudir donde fuese necesario, o volvieron a sus 
pueblos, que por estar próximos a la capital, les proporcionaban la 
facilidad de hallarse prontas al primer llamamiento. 

Suplicio de Gicotencatl. 
Partieron juntos de Tezcuco Alvarado y Olid con sus tropas, para 
ocupar los puestos que les habia señalado el general. Entre los 
principales Tlascaleses que acompañaban a Alvarado, se hallaban 
Gicotencatl el joven, y su primo Pilteuctli. Este, en una disputa 
que sobrevino, fue herido por un Español, el cual, no haciendo caso 
de las ordenes de Cortés, ni del respeto debido a aquel personage, 
pudo con su imprudencia ocasionar la desersion de los Tlascaleses. 
Estos se resintieron amargamente de aquel ultrage, y hicieron algunas 
demostraciones de enojo. Procuró apaciguarlos Ogeda, y permitió a 
Pilteuctli que^fuese a curarse a su patria. Gicotencatl, a quien tanto 
por su dignidad como por su parentesco, era mas sensible que a ningún 
otro aquella injuria, no hallando entonces otro modo de vengarla, 
abandonó ocultamente, y con otros compatriotas el egercito, y tomó el 
camino de Tlascala. Alvarado dio parte de este suceso a Cortés, y 

* Herrera y Solís cuentan 100,000 aliados, distribuidos en tres campamentos : 
W> Bernal Diaz no cuenta mas de 24,000, en tres campamentos de 8,000 cada uno. 
K Yo doi mas crédito a Cortés, que debía estar mejor informado en estos porme- 
^fe^ ñores, Solis dice que Bernal Diaz se queja muchas veces de que los aliados les " 
^^vdaban mas estorvo que ayuda : es falso, antes bien elogia su valor, y habla de las 
U^Ventajas que sacaron de ellos los Españoles. " Los Tlascaleses nuestros amigos, 
dice en el cap. 161, nos ayudardn bastante bien en aquella guerra como hombres 
animosos." Toda su historia está llena de semejantes espresiones, como lo están 
las cartas de Cortés, y las narraciones de los otros historiadores. Lo que única- 
mente dice Bernal Diaz es que en la retirada de Tlacopan los aliados estorvarou 
a los Españoles, mas esto sucede siempre que un egercito se retira por un camino 
estrecho. 



154 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

este mandó a Ogeda, que alcanzase, y prendiese al fugitivo. Cuando 
lo tubo en su poder, mandó ahorcarlo publicamente, o en la misma 
ciudad de Tezcuco ^, según dicen Herrera y Torquemada, o en un 
sitio inmediato, como afirma Bernal Diaz, habiéndose pregonado antes 
el motivo de su sentencia, que era el haber desertado, y procurado 
sublevar a los Tlascaleses contra los Españoles. Es probable que 
Cortés no se aventuraría a tan peligrosa acción, sin haber antes 
obtenido el consentimiento del senado, como asegura claramente 
Herrera ; lo que no era difícil, en vista de la severidad con que 
castigaban los delitos aun en las personas mas ilustres, y el odio par- 
ticular con que miraban a aquel principe, cuyo orgullo les era insu- 
frible. Tan ruidoso escarmiento, que hubiera debido naturalmente 
exitar los ánimos de los Tlascaleses contra los Españoles, los ame- 
drentó en tales términos, y a los otros aliados, que desde entonces 
observaron mas puntualmente las leyes de la milicia, y se mantubieron 
mas subordinados a aquellos gefes estrangeros. Asi es como estos 
sacaban fruto de sus mismos errores. Sin embargo, los Tlascaleses 
hicieron muchas demostraciones de la estima, y veneración que tenian 
a. su principe ; lloraron su muerte, distribtfyeron entre si, como 
preciosas reliquias, sus vestidos, y es de creer que celebrasen con la 
debida magnificencia sus exequias. La familia, y los bienes de 
Giqotencatl, se adjudicaron al rei de España; y fueron enviados a 
Tezcuco ; en la familia habia treinta mugeres, y en los bienes una 
gran cantidad de oro. 

* Cortés no hace mención del suplicio de Gicotencatl: quiras tendría sus 
razones para pasarlo por alto. Bernal Diaz afirma que aquel gefe marchó a 
Tlascala, para apoderarse del estado de Chichimecatl, mientras este se hallaba en 
la guerra : mas esto es inverosimil. Hai autores que atribuyen su fuga al amor. 
Yo sigo en la relación de este suceso a Torquemada, y a Herrera, por que 
se guiaron por los MS de Ogeda, y Camargo, que tenian datos seguros. Solis 
cree imposible que Gicotencatl fuese ajusticiado en Tezcuco " por que hubiera 
sido demasiado arriesgarse el resolverse Cortés a tan violenta egecucion, a vista 
de tan gran numero de Tlascaleses, a quienes debía necesariamente ser muí 
sensible tan ignominioso castigo de uno de los principales hombres de su nación." 
Pero mucho mas se espuso Cortés aprisionando al reí Moteuczoma en su misma 
capital, y en presencia de un numero incomparablemente mayor de Megicanos, 
que tan mal debían llevar aquella injuria hecha a su monarca. Si en la conquista 
de Megico no se vieran otros hechos igualmente temerarios, quizas sería fundada 
la congetura de Solis : ademas de que, según Herrera, Cortés procedió con el 
beneplácito del senado, y yo no dudo que la sentencia se publicaría a nombre de 



ASEDIO DE MEGICO. 156 

Principio del asedio de Megico. 

Alvarado y Olid continuaron su marcha acia Tlacopan, de donde 
pasaron a romper el acueducto de Chapoltepec, para cortar el agua 
a los Megicanos : mas no pudieron egecutar tan importante empresa, 
sin gran resistencia de los enemigos, los cuales previendo aquel golpe, 
habian hecho por agua y por tierra, muchos preparativos de defensa. 
Fueron sin embargo vencidos, y los Tlascaleses, que los persiguieron, 
les mataron veinte hombres, y les hicieron siete u ocho prisioneros. 
Dado felizmente este primer paso, resolvieron aquellos caudillos ir 
por el camino de Tlacopan, y apoderarse de algún foso: pero fue tan 
grande la multitud de Megicanos que se les opuso, y tan formidable 
la nube de dardos, flechas, y piedras que les tiraron, que mataron 
ocho Españoles, e hirieron mas de cincuenta, y estos no pudieron sin 
gran dificultad retirarse a Tlacopan, adonde llegaron avergonzados, y 
donde Alvarado fijó su campo, según las ordenes de Cortés. Olid 
marchó a Coyohuacan el 30 de Mayo, que en aquel año fue dia del 
Corpus, y en él empezó, según el computo de Cortés, el asedio. 

Mientras Alvarado, y Olid se empleaban en rellenar algunos fosos 
de las orillas del lago, y en allanar algunos pasos, para comodidad de 
la caballería, Sandoval, con el numero de Españoles que ya hemos 
dicho* y con mas de treinta y cinco mil aliados, salió de Tezcuco el 
31 de Mayo, con el designio de tomar por asalto la ciudad de Iztapala- 
pan, en cuya operación estaba fuertemente empeñado Cortés. Entró 
en ella haciendo terrible estrago, con el fuego en las casas, y con las 
armas en los habitantes, los cuales despavoridos, procuraron salvarse 
en las barcas. Cortés, para atacar al mismo tiempo la parte de la 
ciudad que estaba sobre el agua, después de haber sondeado todo el 
lago, se embarcó con toda su gente en los bergantines, y navegó a 
vela y remo acia Iztapalapan. Dio fondo cerca de uñ montecillo ais- 
lado, poco distante de aquella ciudad, cuya cima estaba coronada por 
muchos enemigos resueltos a defenderse, y a ofender a los Españoles 
cuanto les fuese posible f. Desembarcó el general Español, y supe- 
rando con ciento y cincuenta hombres la aspereza de la subida, y la 

* Solis dice que Sandoval y Olid salieron juntos de Tezcuco, pero confundió 
a Sandoval con Alvarado. 

t En la cima de aquel montecillo fabricó Solis nnsí fortaleza mui capaz : digo 
que la fabricó por que semejante dato no se halla en ningún historiador. El mis- 
mo Cortés, que pondera su victoria, solo habla de unas trincheras. 



156 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

resistencia de los contrarios, se apoderó del monte, dando muerte a 
cuantos lo defendían *. Pero . apenas hubo logrado este triunfo vio 
venir contra su escuadra, una numerosísima de barcas f que acudieron 
a las humaradas hechas tanto en el monte, como en algunos templos 
de las cercanías, cuando vieron aproximarse los bergantines. Embar- 
cáronse inmediatamente los Españoles, y se mantubieron inmóviles, 
hasta que ayudados por un viento fresco, que se levantó oportuna- 
mente, y aumentando la velocidad de los bergantines con el impulso 
de los remos, pasaron por entre las barcas, rompiendo algunas, y echan- 
do otras a pique. De los enemigos murieron muchos heridos por los 
remos, o ahogados. Todas las otras barcas huyeron perseguidas de 
los bergantines, por espacio de mas de ocho millas, hasta guarecerse 
en la capitaL 

Inmediatamente que vio Olid, desde un templo de Coyohuacan, la 
refriega de la escuadra, marchó con sus tropas en orden de batalla, 
por el camino de Megico, tomó algunos fosos, y trincheras, y mató 
muchos enemigos. Cortés por su parte recogió aquella noche los 
bergantines, y se dirigió con ellos a atacar el baluarte situado en el 
ángulo que formaba el camino de Coyohuacan, con el de Iztapalapan. 
Atacólo en efecto por agua, y tierra, y a pesar de la intrepidez con 
que lo defendió la guarnición Megicana, se hizo dueño del punto, y 
con sus dos grandes cañones de hierro, causó horrendo estrago en la 
muchedumbre que ocupaba el lago, y el camino. Aquel sitio, llama- 
do por los Megícanos Joloc%, pareció a Cortes muí ventajoso para 
fijar sus reales, y en efecto no era fácil hallar uno mas fav<orabIe a sus 
designios, pues desde él dominaba el camino principal, y aquella parte 

* Solis dice que Cortés concedió la vida a la mayor parte de los que defendian 
el montecillo, pero Cortés asegura que ni uno solo de ellos escapó. Este monte 
se llamó desde entonces el peñón del Marques, en memoria de aquella acción. 

f Bernal Diaz dice que la escuadra que atacó a Cortés se componía de todas 
las barcas que habia en Megico, y en todos los pueblos del lago, mas e«ta es una 
hipérbole descabellada. Solis afirma que constaba de cuatro mil canoas : pero 
Cortés que tenia mas interés que Solis y Bernal Diaz en exagerar el numero de 
las barcas, para dar mas realce a su victoria, solo cuenta quinientas. 

I El P. Sahagun dice que Cortés, por medio de ciertos personages prisioneros, 
convocó al rei, y a la nobleza de Megico, a un sitio del lago llamado Acachi- 
nanco, y copia la arenga que les hizo, esponiendole los motivos de la guerra : 
mas esta reunión ni es verdadera, ni verosímil. Cortés no hubiera omitido un 
hexiho tan notable, siendo minucioso en referir todas sus comunicaciones con los 
Megicanos. 



ASEDIO DE MIÍGICO. 157 

del lago, por donde podían entrar ma3íores socorros a los sitiados, y 
ademas el camino de Coyohuacan, que era su comunicación con Olid. 
La poca distancia que mediaba entre aquel punto, y los campamentos 
de Coyohuacan y Tlacopan, facilitaba la comunicación de sus ordenes, 
y lo ponia en estado de acudir a donde fuese mas necesario su socorro. 
Finalmente la proximidad a Megico contribuía a multiplicar los ata- 
ques*. 

Alli reunió Cortés los bergantines, y abandonando la espedicion 
contra Iztapalapan, formó el designio de dirigir todas sus hostilidades , 
a la capital. Para esto llamó a su campo a la mitad de las tropas de 
Coyohuacan, y a cincuenta infantes escogidos de las de Sandoval. 
Aquella noche se oyó venir acia el campamento una gran multitud de 
enemigos. Los Españoles, sabiendo que los Megicanos no peleaban 
de noche, si no cuando estaban seguros de la victoria, se amedrenta- 
ron al principio : pero aunque recibieron algún daño de los contrarios, 
los obligaron enfin con los armas de fuego a retirarse. El día si- 
guiente se vieron atacados por una prodigiosa multitud de guerreros, 
que con sus espantosos gritos, aumentaban el peligro a la imaginación 
de los Españoles. CiA-tés, que ya habia recibido el socorro de Coyo- 
huacan, hizo una salida con su gente, puesta en orden de batalla. El 
empeño se sostubo con gran valor, y tenacidad por una, y otra parte ; 
pero los Españoles, y sus aliados se apoderaron de un foso, y de una 
trinchera, y con la artillería y los caballos hicieron tanto daño a los 
Megicanos, que los obligaron a refugiarse en la ciudad ; y porque en 
la parte del lago que estaba a Occidente del camino, empezaban a 
molestar a Cortés las barcas enemigas, mandó ensanchar uno de los 
fosos, a fin de dar paso a los bergantines, los cuales se dirigieron tan 
impetuosamente a ellas, que las persiguieron hasta la ciudad, y pega- 
ron fuego a muchas casas de los arrabales. 

Entre tanto Sandoval, terminada felizmente, aunque no sin gran 
riesgo, la espedicion de Iztapalapan, marchó acia Coyohuacan con sus 
huestes. En el camino lo atacaron las tropas de Megicaltzinco ; pero 
las derrotó, y quemó su ciudad. Cortés, noticioso de su marcha, y 
de un gran foso abierto nuevamente en el camino, le mandó dos 
bergantines para facilitarle el paso. La división de Sandoval se diri- 
gió a Coyohuacan, y él en persona pasó con diez caballos al campo 

* Betancourt da a entender que Cortés acampó dentro de la ciudad, lo que 
está en contradicción con el mismo general, el cual dice que su campamento 
distaba media legua de Megico. 



158 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

de Cortés. Cuando llegó, estaban los Españoles peleando con los 
Megicanos. El cansancio del viage, y de la acción de Megicaltzinco 
no fueron parte a impedirle tomar parte en el encuentro. Combatió 
con su acostumbrado valor, y recibió un dardo que le atravesó una 
pierna. Otros muchos Españoles quedaron heridos ; mas estas ven- 
tajas de los Megicanos no eran comparables a la perdida que sufrie- 
ron aquel dia, ni al miedo que cobraron al fuego de los cañones. En 
muchos dias no osaron acercarse al campamento, no obstante lo cual 
los Españoles pasaron seis en continuos encuentros, pues los bergan- 
tines no cesaban de girar en torno de la ciudad, pegando fuego a 
muchas casas. En sus correrías, descubrieron un canal grande, y 
profundo, por el cual podian entrar fácilmente en la ciudad : circuns- 
tancia de que sacaron después ventajas importantes. 

Alvarado por su parte apretaba cuanto podia a los Megicanos, 
apoderándose en frecuentes refriegas de algunas trincheras y fosos del 
camino de Tlacopan. Tubo en estas peleas algunos hombres muertos, 
y muchos heridos. Observó que por el camino de Tepeyacac, situado 
acia el Norte, se introducían continuamente socorros en la ciudad, y 
conoció que por alli podrían escapar facümea'.e los sitiados, cuando 
se hallasen en estado de no poder resistir mas a los sitiadores. Co- 
municó sus observaciones a Cortés, y este mandó a Sandoval que 
fuese con ciento y diez ocho peones Españoles, y con grandisimo 
numero de aliados, a ocupar aquél punto, y cortar toda comunicación 
con los enemigos. Obedeció Sandoval aunque molestado por la herida, 
y habiéndose apoderado sin oposición del camino, quedó desde entonces 
impedida toda comunicación entre Megico, y la tierra firííie*. 

Primer entrada de los sitiadores en Megico. 
Egecutada felizmente aquella medida, determinó Cortés hacer al dia 
siguiente una entrada en la ciudad, con mas de quinientos Españoles, 
y mas de ochenta mil aliados, dejando diez mil de estos, con alguna 

* Robertson dice que Cortés quiso atacar la ciudad por tres puntos diferentes : 
por Tezcuco al lado oriental del lago, por Tacuba a Poniente, y por Cuyocan 
(esto es Coyohuacan) a Mediodía. "Estas ciudades, añade, estaban colocadas 
sobre las calzadas principales que conducen a la ciudad, y que estaban hechas 
para su defensa." Lo cierto es que por la parte de Levante no podia haber 
calzada alguna, siendo mui profundas alli las aguas. Sandoval se acampó no ya 
en Tezcuco de donde era imposible atacar a Megico, sino en Tepeyacac acia el 
Norte. 



I 



PRIMER ENTRADA EN MEGICO. 159 

caballería, en el campamento. Sandoval y Alvarado debían entrar 
al mismo tiempo, cada uno por su camino, con las tropas de su 
mando, que no bajaban de ochenta mil hombres. Marchó Cortés en 
su dirección con su numeroso egercito, bien ordenado, y flanqueado 
por los bergantines, y a poca distancia halló un foso ancho, y pro- 
fundo, y una trinchera de diez pies de alto. Opusiéronse valerosa- 
mente los Megicanos a su paso : mas rechazados por los bergantines, 
se adelantaron los Españoles, alcanzando a los enemigos hasta la ciu- 
dad, donde los detubieron otro foso, y otra trinchera. El Ímpetu del 
agua que entraba por el foso, el tropel de enemigos que concurrieron 
a su defensa, sus gritos espantosos, y la multitud de flechas, dardos, y 
piedras que arrojaban, suspendieron algún tanto la resolución de los 
Españoles : pero habiendo finalmente echado de la trinchera a los que 
la ocupaban con las repetidas descargas de todas las armas de fuego, 
pasó el egercito, y continuó su marcha, tomando otros fosos, y trin- 
cheras, hasta una plaza principal de la ciudad que estaba llena de 
gente. Apesar de los estragos que en ella hacia un cañón que se fijó 
en la entrada, no se atrevian los Españoles a acometerla, hasta que el 
mismo general, echándoles en cara su ignominiosa cobardia, los im- 
pulsó, y les dio ánimo. Los Megicanos amedrentados al ver tanta 
intrepidez, huyeron al recinto del templo, donde también fueron per- 
seguidos, y atacados : pero de improviso lo fueron los Españoles en 
su retaguardia por otras tropas Megicanas, y puestos en tal aprieto, 
que no pudiendo sostener su empuge, ni dentro del templo, ni en la 
plaza inmediata, se retiraron al camino por el cual hablan entrado, 
dejando el cañón en poder de los contrarios. De alli a poco entraron 
oportunamente en la plaza tres o cuatro caballos, y persuadiéndose 
los Megicanos que iba contra ellos toda la caballería, se desordenaron 
por el miedo que tenían a aquellos grandes, y fogosos animales, y 
abandonaron ignominiosamente el templo y la plaza, que fueron ocu- 
pados sin perdida de tiempo por los Españoles. Diez o doce nobles 
se hablan fortificado en el atrio superior del templo mayor, mas a 
pesar de su tenaz resistencia fueron vencidos, y muertos. El egercito 
Español en su retirada pegó fuego a las mayores, y mas hermosas 
casas del camino de Iztapalapan, aunque no sin gravísimo peligro, 
por el Ímpetu con que los atacaban los enemigos a retaguardia, y por 
el daño que les hacían desde las azoteas. Alvarado y Sandoval 
hicieron grandísimos estragos con sus divisiones, y los aliados mere- 
cieron aquel día los elogios del general Español. 



160 HISTORIA ANTIGUA DK MEGICO. 

Aumento de las tropas ausiliares de los Españoles. 

Crecían diariamente, y de tal modo las fuerzas ausiliares de los 
Españoles con nuevos socorros, y alianzas de ciudades, y de provin- 
cias enteras, que no habiendo al principio en sus campamentos mas 
de noventa mil hombres, en pocos dias llegaron a doscientos cuarenta 
mil. El nuevo rei de Tezcuco, para manifestar a Cortés su gratitud, 
procuraba concillarle el afecto de toda su nobleza, y armó ademas 
un egercito de cincuenta mil hombres, que envió en socorro de los 
Españoles bajo las ordenes de un hermano suyo. Este principe, que 
se llamó en el bautismo D. Carlos Ijtliljochitl*, era un joven de cuyo 
valor dan testimonio todos los historiadores antiguos, y especialmente 
el mismo Cortés, ponderando la oportunidad, y la importancia de su 
ausiiio. Cortés lo tubo en su campo con treinta mil hombres, y los 
otros veinte mil se dividieron entre Sandoval, y Alvarado. A este 
refuerzo de los Tezcucanos siguió muí en breve la confederación de 
los Toquimilqueses, y de los Otomites de los montes con los Espa- 
ñoles, de cuyas resultas se agregaron veinte mil hombres mas al 
egercito. ♦- 

Solo faltaba a Cortés para completar su plan de asedio, impedir 
los socorros que entraban por agua en la ciudad. Para llevar a cabo 
este designio, retubo consigo siete bergantines, y envió los otros seis 
a la parte del lago que estaba entre Tlacopan, y Tepeyacac, a fin de 
que pudieran socorrer fácilmente a Sandoval, y Alvarado, cuando 
estos lo necesitasen, y entretanto surcasen en diferentes direcciones 
el lago, tomando todas las barcas que llevasen socorros, y tropas a la 
ciudad. 

Hallándose ya Cortés con tan numerosas huestes a su mando, de- 
terminó hacer dentro de tres dias una entrada en Megico. Dio de 

* Cortés lo llama Istrisuchil ; Solis y Bernal Diaz corrompen mas el nombre, 
y escriben Súchil. Torquemada, en contradicción consigo mismo» dice que este 
joven era Coanacotzin, hermano mayor de D.Fernando Ijtliljochitl, ypocas paginas 
después hace a este mismo Coanacotzin, consegero principal del rei de Megico, 
durante el asedio. Lo cierto es que el joven caudillo del egercito Tezcucano fue 
D. Carlos Ijtliljochitl, al cual, muerto su hermano D. Fernando Cortés Ijtliljo- 
chitl, después de la conquista, dio Cortés la investidura del estado de Tezcuco. 
Coanacotzin se mantubo en la corte de Megico desde el principio de aquel año 
hasta la conquista. Fue hecho prisionero con el rei Quauhtemotzin, y con él 
ajusticiado tres años después en Izancauac, cuando los dos viajaban con el gene- 
ral Español acia Coraayahua. 



NUEVAS ENTRADAS EN LA CAPITAL. 161 

antemano las ordenes necesarias, y el dia señalado marchó con la 
mayor parte de su caballería, trescientos peones Españoles, siete ber- 
gantines, y una multitud innumerable de aliados. Hallaron los fosos 
abiertos, las trincheras reparadas, y los enemigos bien apercibidos a 
la defensa : con todo, ausiliados por los bergantines, los sitiadores 
consiguieron hacerse dueños de todos los fosos, y trincheras que habia 
hasta la plaza mayor de Tenochtitlan. AUi hizo alto el egercito, no 
permitiendo Cortés que se adelantase, sin dejar allanados todos los 
pasos difíciles que estaban en su poder : pero mientras diez mil alia- 
dos se empleaban en llenar los fosos, los otros quemaron algunos 
templos, casas, y palacios, entre ellos el del rei Ajayacatl, donde ya 
habian tenido los Españoles sus cuarteles, y la célebre casa de pájaros 
de Moteuczoma. Hechas estas hostilidades a duras penas, y con gran 
peligro, por los esfuerzos que hacian los sitiados para estorvarlas, 
mandó Cortés tocar la retirada, que se egecutó felizmente aunque los 
enemigos no cesaron de molestar la retaguardia. Lo mismo hicieron 
por sus lados respectivos Alvarado, y Sandoval. Esta jornada fue 
mui fatigosa para los Españoles, y sus aliados, pero de indecible 
aflicción para los Me^4canos, no solo por la pérdida de tantos bellos 
edificios, si no también por la befa con que los insultaban sus mismos 
vasallos confederados de los Españoles, y los Tlascaleses, sus mor- 
tales enemigos, los cuales les enseñaban los brazos, y las piernas de 
los Megicanos que habian matado, dándoles a entender que las cena- 
rían aquella noche, como en efecto lo hicieron. 

Nuevas entradas en la capital. 

Al dia siguiente, mui temprano, para no dar tiempo a que los ene- 
migos reparasen el daño del anterior, salió Cortés de su campo, con 
el designio de continuar las operaciones : pero apesar de su diligen- 
cia, los Megicanos habian erigido de nuevo las fortificaciones arruina- 
das, y las defendieron con tal obstinación, que no pudieron tomarlas 
los sitiadores, si no después de combatir furiosamente por espacio de 
cinco horas. Adelantóse el egercito, y ganó dos fosos del camino de 
Tlacopan : pero aproximándose la noche, se retiró al campamento, sin 
cesar de pelear con las tropas que le seguían el alcance. Sandoval, 
y Alvarado sostenían otros combates, debiendo los sitiados hacer frente 
al mismo tiempo a tres egercitos numerosos, que tenían en su favor 
las ventajas de las armas, de los caballos, de los bergarítines, y de la 
disciplina militar. Alvarado por su parte habia ya arruinado todas 

TOMO II. M 



4. 



102 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICÓ. 

las casas que estaban a uno y otro lado del camino de Tlacopan*, 
pues la población de la capital continuaba por aquella parte hasta 
el continente, como aseguran Cortés, y Bernal Diaz. 

Cortés hubiera querido evitar a sus tropas la gran fatiga de repetir 
diariamente los combates, para apoderarse de los mismos fosos, y 
trincheras ; pero no podia guarnecer los que tomaba, sin esponerse a 
sacrificar las guarniciones al furor de los enemigos, ni queria acampar 
dentro de la ciudad, como se lo aconsejaban algunos de sus capitanes, 
pues ademas de los continuos ataques que podrían darle de noche, 
no le era fácil desde alli impedir los socorros que se dirigiesen a la 
ciudad, como podia hacerlo en la posición de Joioc. 

Confederación de algunas ciudades del lago con los Españoles. 

Mientras iban careciendo los sitiados de los ausilios de tierra ñrme, 
se aumentaban los de los sitiadores, los cuales recibieron a la sazón 
uno que les era tan ventajoso como perjudicial a sus enemigos. Los 
habitantes de las ciudades situadas en las orillas, y en las islas del 
lago de Chalco, habian sido hasta entonces opuestos a los Españoles, 
y 'hubieran podido hacer mucho daño al campo<^de Cortés, atacándolo 
por una parte del camino, mientras los Megicanos lo hacian por la 
otra : mas se habian abstenido de toda hostilidad, reservándose quizas 
para ocasión mas oportuna. Los Chalqueses, y otros aliados a quienes 
no convenia la proximidad de tantos enemigos, procuraron atraerlos 
a su partido, ya con promesas, ya con amenazas, y con vejaciones, y 
tanto pudo su importunidad, y el temor de la venganza de los Espa- 
ñoles, que al fin se presentaron en el campamento de Cortés, ofre- 
ciendo confederación, y alianza, los nobles de Iztapalapan, Megicalt- 
zinco, Colhuacan, Huitzilopochco, Mizquic, y Cuitlahuac, ciudades 
que ocupaban una parte considerable del valle. Alegróse estraordi- 
nariamente Cortés de este suceso, y pidió a sus nuevos aliados, no 
solo que lo ayudasen con tropas, y con barcos, si no que transpor- 
tasen materiales para fabricar chozas en el camino, pues siendo 
aquella la estación de las lluvias, padecía mucho su gente por falta 
de abrigo. 

* Estas casas no estaban construidas en el mismo camino, si no cerca de él, 
en unas isletas, que liabia por una, y otra parte. No sabemos que hubiese en el 
camino otro edificio que un templo, situado en una de las placetas que for- 
maba. Alvarado lo tomó, y mantubo en él una guarnición casi todo el tiempo 
del asedio. 



OPERACIONES DE ALVARADO. 163 

Todo esto se egecutó con tanta puntualidad, que inmediatamente 
pusieron a las ordenes de Cortés un cuerpo considerable de tropas, 
cuyo numero no se dice, y tres mil barcas para ayudar a los bergan- 
tines en sus correrías. En estas barcas llevaron los materiales nece- 
sarios para las chozas, en que pudieron alojarse cómodamente todos 
los Españoles, y dos mil Indios empleados en su servicio, pues el 
grueso de las tropas aliadas estaba acampado en Coyohuacan, a cuatro 
millas de Joloc. No contentos con tan importantes servicios, lleva- 
ron al campamento muchos viveres, y especialmente pescado, y cere- 
zas en gran cantidad. 

Cortés, a quien daban mayor estimulo estas nuevas fuerzas que se 
le hablan agregado, entró con ellas dos dias seguidos en la capital, 
haciendo un estrago considerable en los habitantes. Persuadíase que 
estos cederían al exesivo numero de enemigos que los rodeaban, y 
esperimentando los perniciosos efectos de su tenaz resistencia; pero 
se engañó en su esperanza, pues los Megicanos estaban resueltos a 
perder la vida antes que la libertad. Determinó pues continuar sus 
entradas, para obligarlos con incesantes hostilidades a pedir la paz 
que habian reusado hasta entonces. Dividió su marina en dos escua- 
dras, compuesta cada una de tres bergantines, y mil y quinientas 
barcas, mandándoles que se aproximasen a la ciudad, pegasen fuego 
a las casas, e hiciesen a los sitiados todo el daño posible. Dio orden 
a Sandoval, y Alvarado que egecutasen lo mismo por los puntos que 
ocupaban, y él, con todos sus Españoles, y con ochen]ta mil aliados, 
segnii parec^*, marchó como solia, por el camino de Iztapalapan, acia 
Megico, sin poder conseguir en esta, y en las otras entradas de 
aquellos dias, mas ventajas, que ir disminuyendo poco a poco el 
numero de enemigos, arruinar algunos templos, e internarse algo 
mas, para ponerse en comunicación con Alvarado, si bien no le fue 
posible obtenerlo por entonces. 

Operaciones de Alvarado, y proezas de Tzilacatzin. 
Alvarado, con sus tropas ayudadas por los bergantines, habia tomado 
un templo que estaba en una placeta del camino de Tlacopan, en el 
que mantubo guarnición desde entonces, a pesar de los violentos asal- 
tos de los Megicanos. También se habia apoderado de algunos fosos, 

* Congeturo que las tropas aliadas, que acompañaron a Cortés en esta en- 
trada, eran 80,000 hombres, por que él mismo afirma que aquel dia tenia 
100,000 en su campamento, de los cuales 20,000 a 22,000 se emplearían proba- 
blemente en loa barcos. 

m2 



164 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

y trincheras, y sabiendo que la mayor fuerza contraria estaba en Tlate- 
lolco, donde residía el rei Quauhtemotzin, y donde se habia recobrado 
infinita gente de Tenochtitlan, enderezó acia aquella parte sus opera- 
ciones : mas aunque peleó con todas sus fuerzas, por tierra y por agua, 
no pudo llegar hasta donde quiso, por la intrépida resistencia de los 
sitiados. En estos combates pereció mucha gente de una, y otra 
parte. En uno de los primeros encuentros, se dejó ver un membrudo, 
y animoso Tlatelolques, disfrazado de Otomite, con un Ichcahuepilli, 
o coraza de algodón, y sin mas armas que un escudo, y tres piedras, 
y corriendo velocisimamente acia los sitiadores, arrojó sucesivamente 
las tres piedras con tanta destreza, y vigor, que abatió un Español 
con cada una, causando no menos indignación a los Españoles, que 

' miedo, y admiración a los aliados. Se emplearon muchos arbitrios 
para haberlo a las roanos, pero no fue posible, por que en cada com- 
bate se presentaba con un vestido diferente, y en todos hacia gran 
daño a los sitiadores, teniendo ademas tanta velocidad en los pies para 
huir, como fuerza en los brazos para ofender. El nombre de este 
célebre Tlatelolques era Tzilacatzin. ^'"t 

"Ensoberbecido Alvarado por algunas ventajas que habia conseguido 
sobre los Megicanos, quiso un dia internarse hasta la plaza del mer- 
cado. Ya habia tomado algunos fosos, y trincheras, uno entre 
aquellos, que tenia cincuenta pies de ancho, y siete de profundidad, y 
olvidado de mandarlo llenar, como lo habia mandado Cortés, siguió 
adelante con cuarenta o cincuenta Españoles, y algunos aliados. 
Los Megicanos, conociendo su descuido, cayeron sobre ^Uos, los der- 
rotaron, y obligaron a huir, y al pasar el foso mataron muchos aliados, 
y cogieron cuatro Españoles, que inmediatamente fueron sacrificados, 

, a vista de Alvarado, y los suyos, en el templo mayor de Tlatelolco. 
Mucho sintió Cortés esta desgracia, que debia aumentar el vigor, y el 
orgullo de los enemigos, y sin perder tiempo pasó a Tlacopan, con 
intención de reprender severamente a Alvarado por su temeridad, y 
desobediencia : pero informado del valor con que se habia conducido 
en aquella jornada, y de que habia tomado los puestos mas difíciles, 
se contentó con una benigna admonición, repitiendo sus ordenes, sobre 
el modo en que deberían hacerse las entradas. 

Traición de los Joquimilqueses, y de otros pueblos. 
Las tropas dfe Joquimilco, de Cuitlahuac, y de otras ciudades del 
lago, que estaban en el campamento de Cortés, queriendo aprove- 
charse de la ocasión que le ofrecían las continuas entradas de los Espa- 



VICTORIA DE LOS MEGICANOS, 166 

fióles, para saquear las casas de Megico, se sirvieron de una abomina- 
ble perfidia. Enviaron una secreta embajada al rei Quauhtemotzin, 
protestándoles su invariable fidelidad, y quejándose de los Españoles 
por que los forzaban a tomar las armas contra su señor natural, y 
añadiendo que en su primera entrada querían unirse a los Megicanos 
contra aquellos enemigos de su patria, para darles muerte a todos, y 
preservarse de una vez de tanta calamidad. - Alabó el rei su intento, 
y les señaló los puestos que debian ocupar, preguntándoles al mismo 
tiempo la recompensa que querían por su lealtad, y afecto. Entraron 
aquellos traidores, como solian en la ciudad, y fingiendo al principio 
volverse contra los Españoles, empezaron a saquear las casas de los 
Megicanos, matando a cuantos se les oponían, y haciendo prisioneros a 
las mugeres, y a los niños. Conocieron su perfidia los Megicanos, y 
los atacaron con tanta furia, que casi todos los culpados pagaron su 
maldad con la vida. Los que no murieron en el conflicto, fueron in- 
mediatamente sacrificados por orden del rei. Esta traición parece no 
haber sido planteada ni puesta en egecucion, si no por una parte del 
populacho de aquella ciudad, gente mal nacida, y dispuesta siempre a 
cometer toda clase q% delitos. 

Victoria de los Megicanos. 
Durante veinte dias no hablan cesado los Españoles de hacer en- 
tradas en la ciudad, de cuyas resultas, algunos capitanes, y soldados, 
cansados de tantos combates infructuosos, se quejaron al general, y le 
rogaron que aventurase todas las grandes fuerzas, que a sus ordenes 
tenia, y diese un golpe decisivo, que los sacase de una vez de tanto pe- 
ligro, y cansancio. El designio de estos era internarse hasta el centro 
de Tlatelolco, donde hablan reunido sus fuerzas los Megicanos, para 
arruinarlos en una acción, o al menos inducirlos a rendirse. Cortés, 
que conocía cuan arriesgada era aquella empresa, procuraba disuadirlos 
de ella, con las razones mas eficaces : mas no pudiendo conseguirlo, 
ni pudiendo ya oponerse a una opinión que habia llegado a ser general 
en el egército, tubo que ceder a sus importunas instancias. Ordenó 
al comandante Sandoval que con ciento y quince peones, y diez ca- 
ballos, fuese a unirse con Alvarado ; que emboscase su caballeria, y 
levantase el campo, fingiendo retirarse, y abandonar el asedio de la 
ciudad, a fin de que, empeñados los Megicanos en seguirlo, pudiera 
él atacarlos con la caballeria, por retaguardia ; que con seis bergan- 
tines procurase tomar el gran foso en que fue vencido Alvarado, 



166 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

haciéndolo llenar, y apisonar; que no diese un paso adelante, sin 
dejar bien preparado el camino para la retirada, y que hiciese todos 
los esfuerzos posibles, para entrar de mano armada en la plaza del 
mercado. 

El dia señalado para el ataque general, marchó Cortés con veinte y 
cinco caballos, toda su infantería, y mas de cien mil aliados. Flan- 
queaban su egercito, por una, y otra parte del camino, los bergantines, 
y mas de tres mil barcas ausiliares. Entró sin oposición en el pueblo, y 
dividió su egercito en tres trozos, para que por otros tantos caminos lle- 
gasen al mismo tiempo a la plaza del mercado. El mando de la primera 
división se dio a Julián de Alderete, tesorero del rei, que era el que 
con mayor empeño habia importunado a Cortés para emprender aquella 
espedicion, y este le mandó encaminarse por la calle principal y mas 
ancha, con sesenta peones Españoles, siete caballos, y veinte mil 
abados. De las otras dos calles que conduelan desde el camino de 
Tlacopan a la plaza del mercado, la menos estrecha se señaló a los 
capitanes Andrés de Tapia, y Jorge de Alvarado, hermano de Pedro, 
con ochenta peones Españoles, y mas de diez mil aliados ; y de la 
mas estrecha, y difícil se encargó el mismo Cdítés, con cien peones 
Españoles, y con el grueso de las tropas ausiliares, dejando a la en- 
trada de cada calle, el resto de la caballería, y los cañones. Entraron 
todos a un tiempo, peleando con valor. Los Megicanos hicieron al 
principio alguna resistencia, pero fingiendo después acobardarse, se 
retiraron, y abandonaron los fosos a los Españoles, a fin de que estos, 
atraídos por la esperanza de la victoria, se aventurasen a los peligros 
que los aguardaban. Algunos Españoles llegaron a las calles mas 
próximas a la plaza, dejando incautamente detras un ancho foso abierto, 
y cuando con mas ardor procuraban entrar a porfía en la misma plaza, 
oyeron el formidable sonido de la corneta del dios Painalton, que solo 
se tocaba por los sacerdotes en caso de urgencia publica, para exitar 
al pueblo a tomar las armas. Acudieron inmediatamente tan nume- 
rosas tropas Megicanas, y embistieron con tanta furia a los Españoles, 
y aliados, que los desordenaron, y obligaron a volver atrás hasta el 
foso. Este parecía fácil de pasar, por estar lleno de ramazón, y otros 
obgetos de poco peso, y al poner el pie en aquella engañosa superfície, 
se hundieron todos los que lo intentaron, agravando el mal la violencia 
del tropel qr.e se agolpaba*. Alli fue el mayor apuro de los fugitivos, 

* Solis dice que este foso estaba fuera de la ciudad, y que al salir de él los 
Españoles, fueron atacados por los Meg-icanos, mas este es un error manifiesto. 



VICTORIA DE LOS MEGICANOS. 167 

pues no pudieodo pasar a nado, y defenderse al mismo tiempo, morían 
a manos de los Megicanos, o quedaban en su poder. Cortés, que con 
ia diligencia propia de un general, habia acudido al peligro, cuando vio 
llegar las tropas aterradas, procuró detenerlas con sus gritos, y exor- 
taciones, a fin de que su desorden no facilitase los estragos que esta- 
ban haciendo los enemigos. Pero ¿ qué voces bastan a contener la 
fuga de una multitud desbaratada, especialmente cuando el terror la 
aguijonea? Atravesado del mas vivo dolor por la perdida de los 
suyos, y no haciendo caso de su propio peligro, el general se acercó al 
foso, para salvar a los que pudiera. Algunos salían desarmados, otros 
heridos, y otros casi ahogados. Procuró ponerlos en orden, y enca- 
minarlos al campo, quedando él detras con doce o veinte hombres, 
para guardarles las espaldas ; pero apenas empezó la marcha, cuando 
él mismo se halló en un paso estrecho, rodeado de enemigos. Aquel 
dia hubiera sido el ultimo de su vida, a pesar del estraordinario brio 
con que se defendió, y con su vida se hubiera perdido la esperanza de 
la conquista de Megico, si los Megicanos, en vez de darle la muerte, 
como pudieron hacerlo fácilmente, no se hubieran empeñado en cogerlo 
vivo, para honrar con tan ilustre victima a sus dioses. Ya estaba en 
su poder, y ya lo conducían al sacrificio, cuando noticiosa su gente de 
aquel suceso, acudió con la mayor prontitud a libertarlo. Debió 
Cortés principalmente la vida, y la libertad a un soldado de su guardia, 
llamado Cristoval de Olea, hombre de gran valor, y de singular 
destreza en las armas*, el cual en otra ocasión lo habia preservado de 
un peligro jsemej ante, y en aquella lo salvó a costa de su propia vida, 
cortando de un tajo el brazo al Megicano que lo llevaba consigo. 
También contribuyeron a su preservación el principe D. Carlos 
Ijtliljochitl, y un valiente Tlascales llamado Temacatzin. 

Llegaron por fin los Españoles, aunque con indecible dificultad, y 
con no poca gente herida, al gran camino de Tlacopan, donde Cortés 
pudo ordenarlos, quedando siempre a retaguardia con la caballería : 
pero el arrojo, y el furor con que los perseguían los Megicanos eran 
tales, que parecía imposible que uno solo escapase vivo. Los que 
habían entrado por los otros caminos, habían sostenido también reñi- 
dísimos combates, pero habiendo sido mas diligentes en llenar los 

pues nos consta por el dicho de Cortés, y de otros historiadores, que estaba entre 
el camino principal de Tlacopan, y la plaza del mercado, y que para regresar 
los Españoles a su campo tubieron que atravesar la mayor parte de la ciudad. 

* Bemal Díaz alaba en muchos lugares de su historia el valor de Olea, cuya 
muerte fue mui sentida por el general, y por los soldados. 



168 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

fosos, les fue menos difícil la retirada, cuando, por orden de Cortés, 
la efectuaron acia la plaza mayor de Tenochtitlan, donde se reunieron. 
Desde alli vieron con gravisimo dolor elevarse, de los hogares del 
templo mayor, el humo del copal que los Megicanos quemaban a sus 
dioses, en acción de gracias por la victoria : pero creció su pena, 
cuando los vencedores, para desanimarlos, les arrojaron las cabezas de 
algunos Españoles, y cuando oyeron decir que hablan perecido Alva- 
rado, y Sandoval. De la plaza se encaminaron por el camino de 
Iztapalapan, a su campamento, hostigados sin cesar por una gran 
muchedumbre de enemigos. 

Alvarado, y Sandoval habian procurado entrar en la plaza del mer- 
cado por un camino que iba desde el de Tlacopan a Tlatelolco, y avan- 
zaron felizmente sus operaciones, hasta un sitio poco distante de la 
plaza : pero habiendo visto los sacrificios de algunos Españoles, y oido 
decir a los Megicanos que Cortés, y sus capitanes habian perecido, se 
retiraron con gran dificultad, habiéndose agregado a los enemigos que 
antes los atacaban, los que habian derrotado las tropas de Cortés. 

La pérdida que tubieron en aquella jornada los sitiadores fue d© 
siete caballos, muchas armas, y barcas, un cañón, mas de mil aliados, 
y mas de sesenta Españoles, de los cuales unos murieron en la batalla, 
y los otros, que cayeron prisioneros, fueron inmediatamente sacrifica- 
dos en el templo mayor de Tlatelolco, a vista de la división de Alvara- 
do. También murió el capitán de un bergantín. Cortés fue herido 
en una pierna, y apenas hubo entre los sitiadores quien no quedase 
herido, o mal parado*. c rv v^ííju .1 

Celebraron los Megicanos por espacio de ocho dias continuos la vic- 
toria que acababan de conseguir, con iluminaciones, y música en los 
templos ; propagaron la noticia por todo el reino, y enviaron a las pro- 
vincias los cabezas de los Españoles que habian perecido, para ame- 
drentar a los pueblos que se habian rebelado contra la corona, y volver- 
los a traer a su obediencia, como lo consiguieron de algunos. Esca- 
varon de nuevo los fosos, repararon las trincheras, y volvieron a poner 
la ciudad, exepto los templos, y las casas arruinadas, en el mismo esta- 
do en que se hallaba antes del asedio. 

* Cortés no cuenta mas que 35, o 40 Españoles muertos, y 20 heridos, pero, 
como otros muchos generales, disminuye sus perdidas, y asi lo hizo con la que 
esperimentó en la derrota del 1 de Julio. Mas digno de crédito es Bernal Diaz, 
que parece tener particular esmero en llevar cuenta de los Españoles que iban 
faltando. 



COMBATES DK LOS BERGANTINES. 169 

Combates de los Bergantines, y estratagemas de los Megicanos. 

Entretanto los Españoles estaban a la defensiva, curando a los 
heridos, y restableciéndose para los combates futuros ; mas a fin de 
que no se aprovechasen de su descuido los Megicanos, e introdugesen 
viveres en la ciudad, mandó Cortés que los bergantines no cesasen de 
costear el lago, dos a dos. Los Megicanos, reconociendo la superio- 
ridad de los buques, y de las armas de sus enemigos, y no pudiendo 
servirse de los mismos recursos, quisieron a lo menos rivalizar en cierto 
modo con los bergantines. Con este obgeto hablan fabricado treinta 
barcas grandes, llamadas por los Españoles piraguas, bien provistas 
de todo lo necesario, y cubiertas de gruesos tablados, para poder com- 
batir en ellas, sin tanto riesgo de irse a pique. Determinaron hacer 
con ellas una emboscada a los bergantines en los cañaverales que habia 
entre los huertos flotantes, y clavaron en los mismos sitios gruesas es- 
tacas, ocultas por las aguas, para que chocando en ellas, se rompiesen 
los buques contrarios, o a lo menos se hallasen embarazados en la de- 
fensa. Dispuesto este amaño, hicieron salir de los canales tres o cua- 
tro barcas pequeñas, a provocar a los bergantines, que alli cruzaban, y 
a empeñarlos, con una disimulada fuga al punto de la emboscada. Los 
Españoles, al ver las barcas, hicieron vela acia ellas, y cuando estaban 
mas empeñados en darles caza, chocaron los bergantines con las esta- 
cas, saliendo al mismo tiempo las treinta barcas grandes, y atacándolos 
por todos lados. Corrieron los Españoles gran riesgo de perder los 
buques, y If j vidas, pero mientras que con el fuego de los mosquetes 
entretenían a los enemigos, tubieron tiempo algunos diestros nadadores 
de arrancar las estacas, con lo que libres de todo empacho, pudieron 
servirse de la artillería para poner en fuga a los contrarios. Los ber- 
gantines recibieron mucho daño, los Españoles quedaron heridos, y de 
los dos capitanes que los mandaban, uno murió en la acción, y otro 
algunos dias después. Los Megicanos repararon sus piraguas para 
repetir la estratagema, pero avisado secretamente Cortés del sitio en 
que se ponian en acecho, dispuso otra emboscada con seis bergantines, 
y aprovechándose del egemplo de los enemigos, mandó que uno solo 
se acercase al sitio en que estos se ocultaban, y que cuando lo descu- 
briesen, huyese acia la emboscada Española. Todo se hizo conforme a 
su plan : porque los Megicanos, al ver al bergantín, salieron pronta- 
mente, y cuando se creian mas seguros de su presa, los atacaron de 
pronto los otros cinco bergantines, y empezaron a servirse de la arti- 
llería, con cuya primera descarga echaron a pique unas barcas, y hicie- 



170 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

ron pedazos otras. La mayor parte de los Megicanos perecieron ; 
muchos fueron prisioneros, y entre ellos algunos nobles de quienes se 
sirvió Cortés para proponer un convenio con la corte de Megico. 



Mensage infructuoso al rei de Megico. 

Mandó pues a decir al rei, por medio de aquellos personages, que 
considerase cuanto se iba disminuyendo la población de su reino, al 
mismo tiempo que se aumentaban las fuerzas de los Españoles ; que al 
fin debian ceder al mayor numero ; que aunque el egercito sitiador no 
entrase en la ciudad a cometer hostilidades, bastaba impedir la entra- 
da a toda especie de socorro, para que el hambre hiciese lo que no ha- 
bian hecho las armas ; que aun estaba a tiempo de evitar los desas- 
tres que lo amenazaban ; que si admitía las condiciones pacificas que 
le ofrecía, cesarían inmediatamente todas las operaciones del asedio, 
quedando el rei en tranquila posesión del poder, y de la autoridad de 
que hasta entonces habia gozado, y sus subditos, libres, y dueños ab- 
solutos de sus bienes ; que lo que solo se exigi^ de Su Magostad, y de 
sud pueblos, era que tributasen el homenage debido al rei de España, 
como supremo señor de aquel imperio, cuyos derechos hablan sido ya 
reconocidos por los mismos Megicanos, y se fundaban en la antigua 
tradición de sus mayores ; que si, por el contrario, se obstinaba en la 
guerra, se vería privado de su corona, la mayor parte de sus subditos 
perderían la vida, y aquella grande, y hermosa ciudad quedaría redu- 
cida a cenizas, y escombro. El rei consultó con sus miuittros, con los 
generales de sus egercitos, y con los gefes de la religión ; les espuso 
las proposiciones que el caudillo Español le hacia, la escasez de víveres, 
la aflicción del pueblo, y los males aun mayores que los amenazaban, y 
les mandó que digesen libremente su parecer. Algunos previendo el 
éxito de la guerra, se inclinaban a la paz ; otros, movidos por odio 
a los Españoles, y por el estimulo del honor, insistían en la continua- 
ción de la guerra. Los sacerdotes, cuya autoridad era de tanto peso 
en aquel asunto, como en todos los graves, se opusieron fuertemente a 
la paz, alegando los supuestos oráculos de sus dioses, cuya colera de- 
bía temerse, si cedían los Megicacanos a las pretensiones de aquellos 
crueles enemigos de su culto, y cuya protección debia ser implorada 
con oraciones, y sacrificios. Prevaleció este dictamen, por el temor 
supersticioso que se habia apoderado de aquellos espíritus, y en su vir- 
tud se respondió al general Español que continuase la guerra, pues 
ellos estaban resueltos a defenderse hasta el ultimo aliento. Si los 



ESPEDICION CONTRA LOS MALINAQUESES. 171 

hubiesen inducido a esta resolución, no ya el miedo de sus falsas divi- 
nidades, si no el honor, el amor de la patria, y el deseo de vivir libres, 
no hubiera sido tan culpable su tezon, pues aunque su ruina parecía 
inevitable continuando la guerra, no podian tener esperanza de que la 
paz mejorase su condición. Por otra parte, la esperiencia de los suce- 
sos pasados, no les permitia fiarse a las promesas de aquellos estrange- 
ros : asi que debia parecerles mas confirme a las ideas de honor la reso- 
cion de morir con las armas en la mano, en defensa de la patria, y de 
la independencia, que abandonar la misma patria a unos invasores co- 
diciosos, y quedar reducidos, por su humillación, a una triste, y mise- 
rable esclavitud. 

Espediciones contra los Malinaqueses y los Matlatzinqueses. 

Dos dias después de la derrota de los Españoles, llegaron al campo 
de Cortés algunos mensageros enviados por la ciudad de Quauhna- 
huac, a quejarse de los grandes males que les hacian los Malinal- 
queses, sus vecinos, los cuales, según parecia, querían confederarse 
con los Cohuizques, nación mui numerosa, para destruir a Quauhna- 
huac, por que se habia aliado con los Españoles, y pasar después los 
montes, dirigiéndose con un gran egercito al campamento de Cortés. 
Este general, aunque se hallaba mas bien en estado de pedir socorro 
que de darlo, por la reputación de las armas Españolas, y para evitar el 
golpe que lo amenazaba, envió al capitán Andrés de Tapia con los 
mismos mensageros, y con doscientos peones Españoles, diez caballos, y 
un buen nurjero de aliados, encargándole que se uniese con las tropas 
Quauhnahuaqueses, e hiciese cuanto pudiese convenir al servicio de 
su rei, y a la seguridad de sus compatriotas. Tapia egecutó cuanto 
se le habia mandado, y en un pueblecillo situado entre Quauhnahuac, 
y Malinalco, tubo una gran batalla con los enemigos, los destruyó, y 
los persiguió hasta la falda del alto monte en que esta segunda ciudad 
estaba situada. No pudo atacarla, como hubiera querido, por ser el 
monte inaccesible a la caballería, pero asoló la campiña, y siendo ya 
cumplido el termino de diez dias que el general lo habia señalado, 
volvió a reunirse con el grueso del egercito. 

Dos dias después llegaron los mensageros de los Otomites del valle 
de Tolocan, pidiendo ayuda contra los Matlatzinques, nación guerrera, 
y poderosa del mismo valle, los cuales les hacian guerra, quemándoles 
sus pueblos, y cogiéndoles muchos prisioneros, y ademas se hablan 
puesto de acuerdo con los Megicanos, para atacar con todas sus fuer- 



17^ HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

zas el egercito de Cortés, por parte de tierra, mientras ellos hacían 
una salida general. En efecto, en las diferentes entradas de los Espa- 
ñoles en Megico, los habitantes los habian amenazado con el poder de 
los Matlatzinques ; por lo que Cortés, oido el mensage de los Otomi- 
tes, conoció el grave riesgo que corria si daba tiempo a que los ene- 
migos egecutasen su designio. No quiso confiar aquella importante 
empresa si no al ilustre, y nunca vencido Sandoval. Este hombre in- 
fatigable, aunque habia recibido una herida el dia de la derrota de 
Cortés, en los siguientes habia estado egerciendo las funciones de 
general, recorriendo incesantemente los tres campamentos, y dando 
las ordenes mas oportunas para su seguridad. Pasados apenas catorce 
dias después de aquel desastre, marchó al valle de Tolocan, con diez 
y ocho caballos, cien peones Españoles, y sesenta mil aliados. En el 
camino vieron indicios de los estragos hechos por los Matlatzinques, y 
cuando entraron en el valle hallaron un pueblo recien-destruido, y des- 
cubrieron las tropas enemigas, que marchaban cargadas de despojos, 
los cuales abandonaron, al divisar a los Españoles, queriendo pelear 
sin aquel embarazo. Pasaron un rio, que atraviesa el valle, y perma- 
necieron en la orilla, aguardando de pie firme a los Españoles. San- 
doval lo vadeó intrépidamente con su egercito, atacó a los contrarios, 
los obligó a ponerse en fuga, y los siguió por espacio de nueve millas, 
hasta una ciudad, donde se refugiaron los Matlatzinques, dejando 
muertos mas de mil de los suyos en el campo. Sitio Sandoval el 
pueblo, y forzó a los enemigos a dejarlo, y a guarecerse en una forta- 
leza, construida en la cima de una escabrosa elevaciop. Entró el 
egercito victorioso en la ciudad, y, después de haberla saqueado, 
pegó fuego a los edificios. Era tarde, y la tropa estaba fatigadisima, 
por lo que Sandoval resolvió dejarla descansar alli aquella noche, re- 
servando para el dia siguiente el asalto de la fortaleza : mas cuando 
quiso emprenderlo, la halló abandonada. En su regreso, pasó por 
algunos pueblos que se habian declarado enemigos ; mas no necesitó 
emplear las armas contra ellos, porque amedrentados a la vista de tan 
formidable egercito, aumentado con numerosos refuerzos de Otomites, 
se rindieron espontáneamente al gefe Español. Este los acogió con 
suma benignidad, y exigió de ellos que indugesen a los Matlatzinques 
a ser amigos de los Españoles, representándoles las ventajas que de 
ellos podian aguardar, y los males que podría acarrearles su enemis- 
tad. Estas espediciones fueron de grandísima importancia, pues 
cuatro dias después de la vuelta de Sandoval, llegaron al campamento 



HECHO DEL GENERAL CHICHIMECATL. 173 

de Cortés muchos señores Matlatzinques, Malinalqueses, y Cohuijques* 
a escusarse por las hostilidades cometidas, y a establecer una con- 
federación que fue tan útil a los Españoles, como perjudicial a los 
Megicanos. 

Ya no tenian los Españoles, enemigos que temer por la parte de 
tierra firme, y Cortés se hallaba con tan exesivo numero de tropas, 
que hubiera podido emplear en el asedio de Megico mas gente que la 
que Gerges envió contra Grecia, si por causa de la situación de 
aquella capital, no hubiese servido de empacho mas bien que de pro- 
vecho tan gran muchedumbre de sitiadores. Los Megicanos por el 
contrario se hallaban abandonados por sus confederados, y por sus 
subditos, rodeados de enemigos, y afligidos por el hambre. Tenia 
aquella desventurada corte contra si, los Españoles, el reino de Acol- 
huacan; las repúblicas de Tlascala, de Huejotzinco, y de Cholula; 
casi todas las ciudades del valle de Megico ; las numerosas naciones 
de Totonaques, Mijteques, Otomites, Tlahuiques, Cohuijques, Mat- 
latzinques, y otras : de modo que ademas de los enemigos estrangeros, 
mas de la mitad del imperio conspiraba contra su ruina, y la otra mitad 
la miraba con indifer^«?ncia. 

Hecho memorable del general Chichimecatl. 
Mientras Sandoval empleaba su acero, y su pericia militar contra 
los Matlatzinques, el Tlascales Chichimecatl dio una nueva prueba de 
su arrojo. Este famoso general, viendo que después de la derrota, 
los Españoles se mantenían en la defensiva, determinó hacCT una entrada 
en Megico, solo con sus Tlascaleses. Salió pues del compamento de 
Alvarado, donde habia permanecido desde el principio del asedio, 
acompañando a los Españoles en todos los combates, y ostentando en 
todas ocasiones su intrepidez. Pasó, en aquella espedicion, muchos 
fosos, y dejando en el mas importante, y arriesgado, una guarnición 
de cuatrocientos flecheros, para que le asegurasen la retirada, entró 
con el grueso de las tropas en el capital, donde tubo un terrible en- 
cuentro con los Megicanos, en que fueron muertos, y heridos muchos 
de una, y otra parte. Lisongeabanse los enemigos con la esperanza 
de dar un golpe terrible a los Tlascaleses, en ej paso del foso, por lo 
que les siguieron el alcance cuando vieron que se retiraban, pero con 

* Cortés escribe Cuisco, en vez de Cohuijeo. El autor de las notas a las cartas 
de aquel conquistador pensó que hablaba de Huisuco, por que no sabia que habia 
una gran provincia llamada Cohuijco. Huisuco, en Megicano Huitzoco, era y 
es un lugar oscuro, y no una gran provincia como Cortés dice que era Cuisco. 



174 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

el ausilio de los flecheros, pudo Chichimecatl burlarse de sus esfuerzos, 
y volver lleno de gloria a su campo*. 

Los Megicanos, para vengarse del arrojo de los Tlascaleses, ataca- 
ron una noche el campo de Alvarado : pero habiéndolos oido oportu- 
namente las centinelas, corrieron a las armas Españoles, y aliados. 
Duró el combate tres horas, durante las cuales, oyendo Cortés el 
cañoneo desde su campo, y sospechando lo que seria, creyó que aquella 
era una exelente ocasión de entrar en la ciudad con su gente, que ya 
estaba curada de sus heridas. Los Megicanos que hablan ido a Tla- 
copan, no habiendo podido superar la resistencia de los Españoles, 
volvieron al pueblo, donde hallaron el egercito de Cortés. Ambas 
huestes pelearon con valor, pero sin ventajas notables de una ni otra 
parte. 

En este mismo tiempo, y cuando mas necesidad habia de armas, y 
municiones, llegó un buque con socorros a la Vera Cruz, y con ellos 
pudieron los Españoles continuar las operaciones del sitio. El prin- 
cipe D. Carlos Ijtliljochitl habia aconsejado al general Español que 
no se empeñase en nuevos ataques, que debian ser funestos a su eger- 
cit9, haciéndole ver que sin esponerse a nuevas* perdidas, y sin arrui- 
nar los edificios de aquella hermosa ciudad, podria apoderarse de ella 
solo con impedir la entrada de viveres, pues cuanto mayor fuese el 
numero de los sitiados, tanto mas pronto consumirían las pocas pro- 
visiones que les quedaban. Este sabio consejo, que no debia espe- 
rarse de un principe tan joven, y que solo deseaba ocasiones de seña- 
lar su intrepidez, fue tan del gusto del caudillo Español, que, sin 

* Bernal Diaz dice que después de la derrota de Cortés en Megico, los Espa- 
ñoles se vieron abandonados por sus aliados, y que estos, por miedo de las ame- 
nazas que los sitiados les hacían en nombre de los dioses, se retiraron todos a sus 
casas ; que en el campo de Cortés solo quedo el principe D. Carlos con 40 Tez- 
cucanos ; en el de Sandoval, ün señor de Huejotzinco con 50 hombres, y en el 
de Alvarado el general Chichimecatl con 80 Tlascaleses. Mas esto no pudo ser, 
pues dos días después de la retirada, salió el capitán Tapia a combatir a los Mali- 
nalqueses, y llevó consigo muchos aliados, como lo refiere el mismo Bernal Diaz. 
Doce dias después de Tapia, partió del mismo campo Sandoval con 60,000 aliados, 
según Cortés, y mientras Sandoval hacia la guerra a los Matlatzinques, esto es 
diez y seis, o diez y ocho dias después de la derrota, hizo su famosa entrada 
Chichimecatl, y no pudo verificarla sin muchos millares de Tlascaleses. Lo cierto 
es que no se fueron todos los aliados, y que si se fueron algunos, pronto volvie- 
ron, pues de alli a pocos dias, habia en los tres campamentos, y especialmente en 
el de Cortés, mayor numero de aliados, que antes de su ultima, y desastrosa espe- 
dicion. Cortés no habla de aquella deserción, y no es probable que la echase en 
olvido en la relación que hace al rei de sus desventuras. 



ESTRAGOS DE MEGICO. 175 

poder contenerse, corrió a darle un abrazo, significándole con las mas 
vivas espresiones su gratitud. Observó en efecto aquel plan algunos 
dias : mas después, cansado de la inacción, volvió a las antiguas hos- 
tilidades, aunque no sin ofrecer antes la paz a los Megicanos, espo- 
niendoles las razones con que antes babia procurado convencerlos. 
Los Megicanos respondieron que no dejarian jamas las armas, Ínterin 
los Españoles permaneciesen en aquel pais. 

Estragos de Megico, y valor de algunas mugeres. 
Informado de esta resolución, viendo que llevaba ya cuarenta, y 
cinco dias de asedio, y que cnanto mas convidaba con la paz a los 
sitiados, tanto mas se obstinaban en la guerra, determinó Cortés no 
dar un paso en la ciudad sin destruir todos los edificios de una, y otra 
parte de la calle, tanto por evitar el daño que recibían sus tropas de 
las azoteas, como para obligar a los enemigos, con tan rigorosas hosti- 
lidades a ceder a sus proposiciones. Pidió para esto, y obtubo de los 
aliados algunos millares de gastadores, provistos de las armas necesa- 
rias, para echar abajo las casas, y rellenar los fosos. Hizo en los dias 
siguientes nuevas entradas en el pueblo, con sus Españoles, con los 
bergantines, y con mas de cincuenta mil aliados, arruinando los edifi- 
cios, llenando los fosos, y disminuyendo el numero de los cííatrarios, 
aunque no sin grave riesgo de su persona, y de su gente, pues hubiera 
caido él mismo prisionero, a no haber llegado oportunamente, a socor- 
rerlo sus soldados, y el grueso de sus tropas tubo que huir varias 
veces, para sustraerse al furor de los Megicanos. Perecieron en 
aquellas jorcadas algunos Españoles, y aliados, y dos bergantines estu- 
bieron ya casi vencidos por una escuadra de canoas ; mas otro bergan- 
tín los sacó de aquel apuro. 

Hicieronse célebres en estas entradas algunas mugeres Españoles, 
que acompañaron voluntariamente a sus maridos a la guerra, y que 
con los continuos males que sufrían, y con los egemplos de valor que 
tenían siempre a la vista, habían llegado a ser buenos soldados. 
Hacían la guardia, marchaban con sus maridos, armadas de corazas 
de algodón, espada, y rodela, y se arrojaban intrépidamente a los 
enemigos, aumentando, no obstante su sexo, el número de los 
sitiadores*. 

El 24 de Julio se hizo otra entrada en la ciudad, con un numero de 

* Estas mugeres se llamaban Maria de Estrada, de cuyo valor he hablado 
antes ; Beatriz Bermudez de Vela^co, Juana Martin, Isabel Rodríguez, y Beatriz 
Palacios. 



176 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

tropas, superior al de las ultimas*. Los Españoles, combatiendo 
vigorosamente, se apoderaron del camino por el cual se unia el grande 
de Iztapalapan, con el de TJacopan, operación que Cortés deseaba 
con ansia, para tener libres sus comunicaciones con el campamento de 
Alvarado. Tomaron, y llenaron varios fosos, y quemaron, y arruina- 
ron muchos edificios, y entre otros uno de los palacios del rei Quauhte- 
motzin, que era vastísimo, solido, y bien fortificado. De las cuatro 
partes de la ciudad, tres quedaron aquel dia en poder de los Espa- 
ñoles, y los sitiados se aislaron en Tlatelolco, que por tener alli mas 
agua. el lago, era la mas fuerte, y segura. 

Por una señora Megicana, que fue hecha prisionera en el ultimo 
asalto, supo Cortés el miserable estado de la ciudad, por la penuria 
de víveres, y la discordia que reinaba entre los habitantes ; pues el 
rei, sus parientes, y una parte de la nobleza estaban decididos a morir 
antes que ceder, pero el pueblo estaba desanimado, y cansado del asedio. 
Confirmaron estas noticias algunos fugitivos, que, estrechados por el 
hambre, vinieron al campamento de Cortés. Ellos lo decidieron a no 
dejar pasar un dia, sin hacer una entrada, hasta reducir la ciudad, o 
destruirla. «, 

Volvió en efecto el 25 con su egercito, y se apoderó de una larga 
calle, en que habia un foso tan ancho, que para llenarlo fue necesario 
pasar todo el dia. Entre tanto, las tropas demolían todas las casas 
de una, y otra acera, a pesar de la resistencia de los Megicanos. 
Estos, viendo a los aliados tan afanados en aquella destrucción, les 
gritaban: ** Arruinad esas casas, traidores, que pronto tendréis el tra- 
bajo de reedificailas." A lo que los aliados respondían : " Asi lo 
haremos, si salis vencedores, pero mas probable es que vosotros las 
alcéis de nuevo, para que se alogen en ellas vuestros enimigos." No 
pudiendo los Megicanos reparar tanto daño, hicieron en las calles 
uuas pequeñas fortificaciones de madera, para reemplazar las azoteas, 
y llenaron la plaza de guijarros, para estorvar el juego de la caballe- 
ría: pero los aliados sacaron gran partido de esta estratagema, pues 
se sirvieron de los guijarros para llenar con ellos los fosos. 

En la entrada del 26 se ganaron dos de estos, recien-hechos por 
los Megicanos, y de considerable anchura. Alvarado por su parte se 
adelantaba cada vez mas en la ciudad, y tantos progresos hizo, que 
llegó a ganar dos torres próximas al palacio en que residía el rei 
Quauhtemotzin : pero pudo avanzar, como deseaba, por la suma 

* Dice Cortés que cuando vieron los aliados la fortuna de las armas Españolas, 
acudieron en tan gran numero a servir en el asedio, que era imposible contarlos. 



ESTADO DEPLORABLE DE LOS MEGICANOS. 177 

diñcultad que halló en los fosos, y por la tenaz resistencia de los enemi- 
gos, los cuales lo obligaron a retroceder, y lo atacaron furiosamente por 
retaguardia. Cortés, habiendo observado una humarada estraordinaria 
que se alzaba de aquella torre, y sospechando lo que en efecto suce- 
dia, entró como solia en la ciudad, y empleó todo el dia en reparar los 
pasos difíciles. Solo le faltaban un canal, y una trinchera para entrar 
en la plaza del mercado. Resolvió' hacerse dueño de aquellos 
puntos, y lo consiguió, y entonces fue cuando por primera vez, des- 
pués de empezado el asedio, se reunieron sus tropas a las de Alva- 
rado, con indecible jubilo de unos, y otros. Entró Cortés con alguna 
caballería en aquella gran plaza, y vio en ella innumerable gente, 
alojada en los pórticos, por no haber quedado casas en pie en todo el 
barrio. Subió al templo, desde el cual observó la ciudad, y vio que 
solo le quedaba por tomar una octava parte de ella. Mandó pegar 
fuego a las altas, y hermosas torres de aquel edificio, en el cual, asi 
como en el templo mayor de Tenochtitlan, se adoraba el idolo del dios 
de la guerra. La plebe Megicana, viendo aquel gran incendio, qué 
parecia subir hasta las nubes, prorrumpió en las mas amargas demos- 
traciones de dolor. Mbvido a piedad, al ver el triste estado a que se 
hallaban reducidos tantos miserables, mandó suspender por todo el 
dia las hostilidades, y envió nuevas proposiciones a los sitiados : mas 
ellos respondieron que Ínterin quedase un Megicano con vida, defen- 
dería la patría hasta morir. 

Estado deplorable de los Megicanos. 

Pasados cuatro dias sin combates, entró de nuevo Cortés en Me- 
gico, y encontró una gran multitud de hombres, mugeres, y niños, 
débiles, macilentos, y casi moribundos de hambre, la cual habia 
llegado a tal punto, que muchos vivían de yerbas, de raices, de insec- 
tos, y aun de las cortezas de los arboles. Compadecido a vista de 
tantas desventuras, mandó a sus tropas que no hiciesen daño a nadie; 
pasó a la plaza del mercado, y vio los pórticos llenos de gente de- 
sarmada, indicio seguro del desaliento del pueblo, y del disgusto con 
que sufría la obstinación del reí, y de la nobleza. La mayor parte 
de aquel dia se empleó en negociaciones de paz : pero viendo Cortés 
que nada conseguía, dio orden al capitán Alvarado que entrase de 
mano armada por una gran calle en que habia mas de mil casas, y él, 
con todo su egercito, renovó los ataques por otro punto. Fue tan 
grande el destrozo que hicieron aquel dia en los sitiados, que entre 
muertos, y prisioneros se contaron mas de doce mil. Los aliados se 

TOMO II. N 



178 HISTORIA ANTIGUA DE MKGICO, 

cebaban de tal modo en aquellas infelices victimas, que ni perdonaban 
edad ni sexo, no bastando a refrenar su crueldad las ordenes severas 
del general Español. 

Al dia siguiente volvió este a la ciudad, después de haber' pro- 
hibido toda especie de hostilidad, tanto por la compasión que le 
inspiraba la vista de aquellas miserias, como por la esperanza que 
tenia de que cediese al fin la resistencia. Los Megicanos, viendo 
venir tan gran numero de tropas, y entre ellas a los subditos que 
antes los servian, y que ya los amenazaban con la muerte ; hallándose 
reducidos a tan penosa situación, y teniendo a la vista tantos, y tan 
deplorables obgetos, pues no podian poner el pie en tierra, sin pisar 
los cadáveres de sus conciudadanos, desfogaron su rabia en horrendos 
clamores, y pedian la muerte como el único termino que podian tener 
sus males. Rogaron a Cortés algunos de la plebe que se abocase 
con los nobles que defendían una trinchera, para tratar de convenio. 
Eran justamente de aquellos que ya no podian sobrellevar los males 
del sitio. Cortés quiso hablarles, aunque sin esperanzas de con- 
seguir lo que deseaba. Cuando lo vieron venir los nobles, le digeron 
desesperados: "si eres hijo del sol, como al^^unos creen, ¿por qué 
siendo tu padre tan veloz, que en el breve espacio de un dia termina 
su carrera, tardas tanto en poner fin a nuestros males con la muerte ? 
Queremos morir para ir al cielo, donde nos aguarda nuestro dios 
Huitzilopochtli, para darnos el reposo de nuestras fatigas, y el premio 
de nuestros afanes." Cortés les propuso varias razones, para reducirlos 
a la paz, mas habiendo ellos respondido que ni tenian autoridad para 
aceptarla, ni esperanza de convencer al rei, envió a este con el mismo 
fin un ilustre personage, que tres dias antes habia sido hecho pri- 
sionero, y era tio del rei de Tezcuco. Aunque estaba herido, pasó 
inmediatamente a Tlatelolco a comunicar su mensage, pero no se vio 
otro resultado que el continuo clamor con que el pueblo pedia la 
muerte*. Algunas tropas Megicanas embestian desesperadas a los 
Españoles, pero estaban tan debilitadas por el hambre, que era poco 
«1 daño que hacian, y demasiado el que recibían de sus enemigos. 

Volvió Cortés al dia siguiente a la ciudad, esperando a cada mo- 
mento que se rindiesen los Megicanos, y sin permitir que se les 
hiciese la menor ofensa, se dirigió a ciertos personages que guarda- 

* Se dijo según dice Cortés, que cuando aquel personage se presentó a 
Quauhtemotzin, para hablarle de paz, fue sacrificado por su orden; mas no 
teniendo este hecho mas fundamento (Jue un rumor vago, no me parece digno de 
crédito. 



TERRIBLE CONFLICTO. 179 

ban una trinchera, y a quienes conocía desde su primera venida a 
Megico. Preguntóles por qué se empeñaban tan obstinadamente en 
defenderse, no siéndoles ya posible resistir, y hallándose en tal estado, 
que con un solo golpe podría esterminarlos a todos. Ellos respon- 
dieron que velan ser inevitable su ruina, y que hubieran deseado 
evitarla : pero no podían, pues solo les tocaba obedecer. Sin embargo, 
ofrecieron suplicar al rei que aceptase la paz que se le proponía. En 
efecto, fueron a palacio, y de allí a poco volvieron con la respuesta de 
que por ser ya tarde no podia venir el reí, pero que al dia siguiente 
hablaría con Cortés en aquel mismo sitio. Era este el centro de un 
gran terraplén cuadrado, en que los Megicanos hacían sus representa- 
ciones teatrales, como en otra parte he dicho. Mandó Cortés adornar 
aquel teatro con tapetes, y poner bancos, para celebrar la deseada 
conferencia, disponiendo al mismo tiempo una buena comida para el 
rei, y para los nobles que debían acompañarlo. Llegado el día, envió 
a decir al reí que lo estaba aguardando : mas Quauhtemotzín respon- 
dió, por medio de cinco personages de su corte, que no podía asistir 
a la entrevista, por hallarse indispuesto, y por que no se fiaba de los 
Españoles. Cortés los' acogió con estraordin arias muestras de ama- 
bilidad, comió con ellos, y los volvió a enviar al rei, para suplicarle en 
su nombre que viniese sin recelo, pues él empeñaba su palabra que 
la real persona sería tratada con el respeto debido ; que su presencia 
era absolutamente necesaría, y que sin ella nada se podía concluir ; y 
acompañó el mensage con un regalo de víveres, que era lo mas pre- 
cioso que podia enviarle. Los nobles, después de haber hablado 
largamente de las grandes necesidades que padecían, marcharon a 
desempeñar su encargo, y de alli a dos horas volvieron con la misma 
respuesta que antes, y con otro regalo de trages finísimos, que el rei 
enviaba a Cortés. Tres días se emplearon en estas negociaciones, 
sin sacar de ellas ningún fruto. 

Terrible conflicto, y horrendos estragos de los Megicanos. 
Cortés había dado orden a los aliados de permanecer fuera de la 
ciudad por haberle rogado los Megicanos que no les permitiese entrar 
en ella, durante la conferencia con el monarca : pero viendo ya per- 
dida toda esperanza de negociación, llamó todas las tropas de su 
campo, en que había ciento cincuenta mil hombres, y las del campo de 
Alvarado, y con todas estas fuerzas juntas atacó unos fosos, y trin- 
cheras, que eran las mayores fortificaciones qne habían quedado a los 
Megicanos, mientras Sandoval con su egercito atacaba la ciudad por 

n2 



180 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

la parte del Norte. Aquel dia fue el mas infausto para aquella 
desventurada población, y en el que mas copiosamente se derramó la 
sangre Megicana, no teniendo ya aquellos infelices ni armas para recha- 
zar la muchedumbre, y el furor de sus enemigos, ni fuerzas para defen- 
derse, ni tierra para combatir. Las calles de la ciudad estaban 
cubiertas de cadáveres, y el agua de los fosos y canales teñida de 
sangre. No se veia mas que ruina, y desolación, y solo se oian 
llantos, gritos de desesperación, y lamentos. Los aliados se encarni- 
zaron de tal modo contra aquella gente miserable, que los Españoles 
se fatigaron mas en refrenar su crueldad, que en combatir con sus 
enemigos. El estrago que se hizo aquel dia en los Megicanos, fue 
tan grande, que, según Cortés, pasó de cuarenta mil personas, entre 
muertos, y prisioneros. 

Ultimo ataque, y toma de la ciudad. 
La intolerable fetidez de tantos cadáveres insepultos obligó entonces 
a los sitiadores a retirarse de la ciudad : pero el dia siguiente, 13 de 
Agosto, volvieron a ella, para dar el ultimo asalto a la parte de 
Tlatelolco, que aun conservaban los MegicaAos. Llevó Cortés con- 
sigo tres cañones, y todas sus tropas. Señaló a cada capitah su puesto, 
y les mandó que empleasen todos sus esfuerzos en obligar a los 
sitiados a echarse al agua acia el punto a que debia acudir Sandoval 
con todos los bergantines, que era una especie de puerto, circundado 
por todas partes de casas, y al cual aportaban por lo común las barcas 
dé los traficantes que asistian al mercado de Tlateloco. Encargóles, 
sobre todo, que procurasen apoderarse del rei Quauhtemotzin, pues 
esto solo bastaba para hacerse dueños de la ciudad, y poner termino a 
la guerra : mas antes de emprender aquel golpe decisivo, hizo nuevas 
tentativas de negociación. Indujolo a esto, no solo la compasión de 
tantas miserias, sino también el deseo de apoderarse de los tesoros del 
rei, y de la nobleza, pues tomando por asalto aquella ultima parte 
de la ciudad, los Megicanos, privados de toda esperanza de conservar 
sus bienes, podrian echarlos al lago, para que no cayesen en manos de 
sus enemigos, o en caso de no hacerlo asi, los aliados, que eran innu- 
merables, y mas prácticos en el conocimiento de las casas, y de los 
usos del país, se aprovecharían de la confusión del asalto, y poco o 
nada dejarían a los Españoles. Volvió pues a hablar desde im sitio 
eminente a unos Megicanos de distinción, que le eran conocidos, 
a-epresentandoles el es trem o . peligro en que se hallaban, y rogándoles 
hiciesen nuevas instancias al rei para que se prestase a la conferencia 



ULTIMO ATAQUE. '. 181 

tantas veces propuesta, y de la cual solo podría resultar su bien, y el 
de todos sus subditos : pues si persistía en su designio de defenderse, 
él estaba resuelto a no dejar aquel dia un solo Megicano vivo. Dos 
d« aquellos nobles partieron a desempeñar su encargo, y a poco rato 
volvieron, acompañando al Cihuacoatl, o supremo magistrado de la 
corte. El general Español lo recibió con estraordinarias demostraciones 
de honor, y amistad ; mas él, con aire magestuoso en que parecía 
querer manifestar cuan superior era a todas las calamidades humanas^ 
*' ahorraos, le dijo, el trabajo de solicitar una entrevista con mi rei y 
señor Quauhtemotzín, el cual está resuelto a morir antes que ponerse 
en vuestra presencia. No puedo esplicaros cuan dolorosa me es esta re- 
solución : pero no hai remedio. Adoptad las medidas que mas os con- 
vengan, y poned en egecuciou vuestros designios." Cortés le res- 
pondió que fuese a preparar los ánimos de sus compatriotas, a la 
muerte que mui en breve debían sufrir. Entretanto habían venido 
a rendirse a Cortés numerosos tropeles de mugeres, y niños, que 
procuraban a porfía salvarse de tan estremo peligro, muchos de los 
cuales, por estar tan débiles, se ahogaban al pasar los fosos. Cortés 
mandó que no se hiciese mal a los que se entregasen ; y no satisfecho 
con dar la orden, distribuyó varios puestos de Españoles, para que 
con su autoridad refrenasen la inhumana furia de los aliados : mas a 
pesar de estas precauciones, murieron a manos de aquellas tropas 
crueles y sangrientas mas de quince mil personas, entre hombres, 
niños, y mugeres. 

Los noblis, y los militares, que habían abrazado el partido de defen- 
derse hasta el ultimo aliento, ocuparon las azoteas de las casas, y 
algunas calzadas. Cortés viendo que era tarde, y que no cedían, 
empleó contra ellos los cañones, y no bastando esto, hizo con un tiro 
de arcabuz la señal del asalto. En un momento subieron todos los 
sitiadores, y de tal modo estrecharon a los débiles, y afligidos ciuda- 
danos, que no quedando en la ciudad un solo punto en que pudieran 
guarecerse de tan innumerable muchedumbre, muchos se arrojaron al 
agua, y otros se entregaban a los vencedores. La gente principal 
había preparado barcas para huir en aquel ultimo trance ; Cortés, que 
había previsto este designio, dio orden a Sandoval de apoderarse con 
los bergantines del puerto de Tlatelolco, y evitar la salida de todas las 
barcas que la intentasen. Apesar de la diligencia de Sandoval, 
muchas escaparon, y entre ellas, la que llevaba las personas' reales. 
Sabida esta novedad por aquel hábil caudillo, mandó a García de 
Holguín, capitán del bergantín mas veloz, que les diese caza, y asi lo 



182 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

hizo, con tanta oportunidad que en breve las alcanzó, y cuando ios 
Españoles se disponían a hacer fuego contra los fugitivos, estos alzaron 
los remos, y echaron las armas en señal de rendirse. En la mayor de 
las piraguas estaban el rei de Megico Quauhtemotzin, la reina 
Tecuichpotzin su esposa, el rei de Alcolhuacan Coanacotzin, el de 
Tlacopan Tetlepanquetzaltzin, y otros personages. Abordó el ber- 
gantín, y el rei de Megico, adelantándose acia los Españoles, dijo al 
capitán : "Soi vuestro prisionero, y no os pido otra gracia, sino la de 
que tratéis a la reina mi esposa, y a sus damas, con el respeto que se 
debe a su sexo, y a su coniJicion," y presentando la mano a la reina, 
pasó con ella al bergantín. Observando después que Holguin miraba 
con inquietud las otras barcas, le dijo que se tranquilizase, pues todos 
los Megicanos,^ al saber que su rei estaba prisionero, vendrían gustosos 
a morir a su lado. 

Condujo Holguin aquellos ilustres prisioneros a Cortés, que se 
hallaba a la sazón en la azotea de una casa de Tlatelolco. Cortés los 
recibió con tanto decoro como humanidad, y les hizo tomar asiento. 
Quauhtemotzin le dijo con dignidad : " Valiente general, he hecho en 
nii defensa, y en la de mis subditos, cuanto exigian de mi el honor de 
mi corona, y el amor de mis pueblos : pero los dioses han sido contra- 
rios a mi resolución, y ahora me veo sin corona, y sin libertad. Soi 
vuestro prisionero : disponed como gustéis de mi persona -" y poniendo 
la mano en un puñal que Cortés llevaba en la cintura: ** quitadme, 
añadió, la vida con este puñal, ya que no he sabido perderla en 
defensa de mi reino." Cortés procuró consolarlo, asegurándole que no 
lo consideraba como prisionero suyo, si no del mayor monarca de 
Europa, en cuya clemencia debia confiar, que no solo le restituiría la 
libertad que desgraciadamente había perdido, si no también el trono de 
sus ilustres abuelos, que tan dignamente habia defendido, y ocupado. 
Pero ¿ qué consuelo podían proporcionarle estas protestas, ni qué fe 
podía dar a las palabras de Cortés el que habia sido siempre su ene- 
migo, habiendo visto que no bastó a Moteuczoma haberse declarado 
su amigo y protector para preservar la libertad, y la corona ? Pidió al 
general Español que no se hiciese mas daño a sus subditos, y este le 
rogó diese las ordenes necesarias para que todos se rindiesen. Uno y 
otro fueron prontamente obedecidos. También se dispuso que todos 
los Megícanos saliesen de la ciudad, sin armas, y sin carga, y según 
afirma un testigo ocular, y sincerisimo*, durante tres dias, y tres 
noches, fe vieron las calles llenas de hombres, mugeres, y niños, 
* Bcrnal Diaz del Castillo, 



TOMA DE LA CIUDAD. 183 

débiles, escuálidos, macilentos, que se restituian a sus pueblos. La 
fetidez que exalaban tantos cadáveres era tan intolerable, que causó 
alguna indisposición al general de los conquistadores. Las casas, las 
calles, y los canales estaban cubiertos de aquellos objetos espantosos*; 
el piso de la ciudad se halló en algunas partes escavado, por los 
infelices que buscaban raices para alimentarse con ellas, y muchos 
arboles estaban sin corteza, que habia servido para lo mismo. Cortés 
mandó sepultar los cadáveres, y quemar una inmensa cantidad de 
leña, tanto para purificar el aire, como para celebrar su victoria. 

Esparcida por todo aquel pais la noticia de la toma de la capital, 
prestaron obediencia a Cortés las provincias del imperio, aunque no 
faltaron algunas, que por espacio de dos años hicieron guerra a los 
Españoles. Los aliados volvieron a sus casas, satisfechos con la parte 
que les habia tocado, y con haber destruido una corte cuyo dominio no 
podian sufrir, y cuyas armas los tenian en perpetua inquietud. No 
sabian que ellos mismos forjaban las cadenas que debian aprisionarlos, 
ni conocian que, arruinado aquel imperio, solo debian aguardar las 
otras naciones, esclavitud y envilecimiento. 

El botin no fue taáto como esperaban los vencedores. Las ropas 
se dividieron entre los aliados. Las piezas de oro, plata, y plumas 
que por su singular artificio se conservaron enteras, fueron enviadas al 
emperador Carlos V. Todo el resto del oro que se mandó fundir, 
apenas llegó a diez, y nueve mil y doscientas onzas f tanto porque los 

* " Es verdad, y juro amen que toda la laguna, y casas, y barbacoas estaban 
llenas de cu^pos, y cabezas de hombres muertos, que yo no sé de que manera lo 
escriba : pues en las calles, y en los mismos patios de Tlatelolco no habia otra» 
cosas, y no podíamos andar, si no entre cuerpos, y cabezas de Indios muertos. 
Yo he leido la destrucción de Jerusalen, mas si en ella hubo tanta mortandad 
como esta, yo no lo sé, Síc."" Bernal Diaz, cap. 156. Estas espresiones de un 
testigo ocular, sincero, y que nunca exagera sus relaciones, dan alguna idea de 
aquel horrendo estrago. Yo sospecho que los Megicanos dejaron sin sepultar 
muchos cadáveres, para incomodar con su fetor a los sitiadores : ni puedo per- 
suadirme otra cosa, sabiendo la suma premura de aquellas naciones en celebrar 
las exequias de sus difuntos. 

t Cortés dice que el oro que se fundió pesaba 130,000 castellanos, que hacen 
19,000 onzas. Bernal Diaz dice que importó 380,000 pesos, que forman mayor 
cantidad. Entre los despojos que se enviaron a Carlos V habia perlas de enorme 
tamaño, joyas preciosísimas, y alajas maravillosas de oro. La nave en que se 
enviaban cayó en manos de Juan Florín, célebre corsario Francés, y el tesoro 
pasó a la Corte de Francia, que autorizaba estos robos, bajo el famoso y frivolo 
prestesto de ser el rei Cristianísimo hijo de Adán, como el rei Católico. 



184 HISTORIA ANTIGUA ÜE MEGICO. 

Megicanos echaron una gran parte al lago *, como por que los 
Españoles, y los aliados procuraron, en el saqueo de la ciudad, indem- 
nizarse secretamente de sus fatigas. 

Fue la conquista de aquella ciudad en 13 de Agosto de 1521, 
ciento, y noventa y seis años después de fundada por los Azteques, y 
ciento sesenta y nueve después de erigida en monarquía, cuyo trono 
ocuparon sucesivamente once soberanos. El sitio de Megico, com- 
parable al de Jerusalen en desgracias, y estragos, duró setenta y cinco 
días, en cuyo tiempo murieron algunos millares de los doscientos mil 
aliados que se hallaban presentes, y de novecientos Españoles, mas 
de ciento. Se ignora el numero de Megicanos muertos, pero según 
los datos de Cortés, de Bernal Díaz, y de otros historiadores, pasaron 
de cien mil, sin contar los que murieron de hambre, o de enfermedad 
ocasionada por el mal agua qjue bebian, o de la infección del aire, 
que, según el mismo Cortés, fueron mas de cincuenta mil. El rei 
de Megico, apesar de las magnificas promesas del general Español, 
fue, después de algunos dias, puesto ignominiosamente en la tortura, 
que soportó con invicta constancia, para obligarlo a declarar donde 
estaban ocultas las inmensas riquezas de la cortfe, y de los templos f, 
y de alli a tres años, murió ahorcado por ciertas sospechas, junta- 
mente con los reyes de Tezcuco, y de Tlacopan %. Los Megicanos 

' * Bernal Díaz dice que vio sacar del lago algunas cosas de oro, y entre otras 
un sol semejante al que envió Moteuczoma a Cortés, cuando este se hallaba en la 
costa. 

f El tormento que se dio a Quauhtemotzin, fue el de quemarle ^oco a poco 
los pies, después de habérselos untado con aceite. Acompañólo, y muño en el 
tormento uno de sus privados. Bernal Diaz dice que también se dio la tortura 
al rei de Tlacopan. Cortés, a pesar suyo, abrazó aquel indigno, y bárbaro par- 
tido, por condecender con algunos perversos Españoles, que lo sospechaban de 
quererse ap^oderar del tesoro del rei. 

X Quauhtemotzin rei de Megico, Coanacotzin rei de Acolhuacan, y Tetlepan- 
quetzaltzin rei de Tlacopan fueron ahorcados de un árbol, por sentencia de 
Cortés, en Izancanac, ciudad principal de la provincia de Acallan, en uno de los 
tres dias de carnaval del año de 1525. La causa de su muerte fue cierta conver- 
sación que tubieron entre sí sobre sus desgracias, insinuando cuan fácil les seria, 
si quisieran, matar a Cortés, ya todos los Españoles, y recobrar sus tronos, y su 
libertad. Un traidor Megicauo, para grangearse la gracia de Cortés, le dio 
cuenta de todo, alterando el sentido de las palabras, y representando como con- 
juración tramada, lo que no era mas que im desahogo de la justa pesadumbre de 
aquellos monarcas. Cortés, que viajaba entonces acia la provincia de Comayahuai, 
con pocosi Españoles cansados, y con mas de 3,000 Megicanos, creyó que no le 



FIN DEL IMPERIO MKGICANO. 185 

con todas las naciones que contribuyeron a su ruina, quedaron, a pesar 
de las cristianas, y humanisimas disposiciones de los reyes Católicos, 
abandonados a la miseria, a la opresión, y al desprecio, no solo de los 
Españoles, si no también de los mas viles esclavos Africanos, y de 
sus infames decendientes, castigando Dios, en la miserable posteridad 
de aquellos pueblos, la injusticia, la crueldad, y la superstición de sus 
antepasados : horrible egemplo de la justicia divina, y de la instabilidad 
de los reinos de la tierra. 

quedaba otro arbitrio para evitar el peligro de que se creia amenazado, que el 
de dar muerte a los tres reyes. " Esta egecucion, dice Berna! Diaz, fue de- 
masiado injusta, y censurada por todos los que Íbamos en aquella jornada." 
Ocasionó a Cortés una gran melancolia, y muchos desvelos. El mismo autor 
añade que el P. Juan de Varillas, religioso Mercenario, los confesó, y exortó en 
el patíbulo ; que eran buenos Cristianos, y murieron bien dispuestos : pero no 
hai un solo autor que haga mención de un suceso tan notable, y tan glorioso 
como el bautismo de aquellos tres reyes, llenando al mismo tiempo tantas paginas 
de trivialidades, y frioleras. Torquemada, que trabajó 20 años en la historia de 
Megico, y que llenó tres enormes volúmenes con pormenores sobre el descubri- 
miento de las islas de Salojnon, las revoluciones de las Filipinas, las persecuciones 
del Japón, y otras mil especies fuera de proposito, no hace siquiera mención de 
la conversión de aquellos monarcas. 






DECENDENCIA DEL REÍ MOTEUCZOMA. 



MOTEÜCZOMA, IX reí deMegico, casado conMiAHUAJOCHiTi, su sobrina. 



D. Pedro Johualicahuatzhi Motezuma, casado con Doña Catalina Quauhjo- 
chitl, su sobrina. 



D. Diego Luis Ihuitemotzin Motezuma, casada en España con Doña Fran- 
cisca de la Cueva. 



D. Pedro Tesifou Motezuma de la Cueva, I Conde de Motezuma, y de Tula, 
y Vizconde de lluca, casado con Doña Geronima Porras. 



D. Diego Luis Motezuma y Porras, II 
Conde de Motezuma, &c. casado con 
Doña Luisa Jofre Loaisa y Carrillo, hija 
del Conde del Arco. 



Doña Maria Geronima Motezuma Jofre de 
íioaisa, III Condesa de Motezumn, &c. 
casada con D. José Sarmiento de Va- 
lladares, que fue virrei de Megico, y 
I Duque de Atrisco. 



I 

Doña Fausta Domin- 
ga Sarmiento y Mo- 
tezuu)a, IV Conde- 
sa de Motezuma, 
muerta en tierna 
edad en Megico en 
1697. 



Doña Melchora Sar- 
miento Motezuma, 
V Condesa de Mo- 
tezuma, murió sin 
sucesión en 1717? 
por lo que recaye- 
ron los estados de 
Motezuma en Do- 
ña Teresa Nieto, 
&c. hija del I Mar- 
ques deTenebron. 



Doña Teresa Francisca Mo- 
tezuma y Porras, casada 
con D. Diego Cisneros de 
Guzman. 



Doña Geronima de Cisneros 
Motezuma, casada con D. 
Feliz Nieto de Silva, I Mar- 
ques de Tenebron. 



Doña Teresa Nieto de Silva y 
Motezuma, II Marquesa de 
Tenebron, y YJL Condesa de 
Motezuma, &c. casada con 
D. Gaspar de Oca Sar- 
miento y Zuñiga. 



D. Gerónimo de Oca y Mote- 
zuma, III Marques de Te- 
nebron, y VII Conde de 
Motezuma, casado conDoña 
Maria Josefa de Mendoza. 



D. Joaquín de Oca Motezuma 
y Mendoza, Vlll Conde de 
Motezuma, &c. IV Mar- 
ques de Tenebron, y grande 
de España. (Vivia cuan- 
do Clavigero escribió esta 
obra.) 



tíai en IVIegico y cu España algunas rumas laterales de esta ilustre estirpe. 



DECENDENCIA^ DE HERNÁN CORTES. 



D. FERNANDO, o HERNÁN CORTES, Conquistador, Gobernador, y Ca- 
pitán General de Megico, I Marques del Valle de Oajaca, casado en segun- 
das nupcias con Doña Juana Ramírez de Arellano y Zuñiga, hija de D. Car- 
los Ramírez de Arellano, II Conde de Aguilar, y de Doña Juana de Zuñiga, 
hija del Conde de Bañares, primogénito de D. Alvaro de Zuñiga, I Duque 
de Bejar. Fue su hijo * 

I. 

D. Martín Cortés Ramírez de Arellano, II Marques del Valle, casado con 
su sobrina Doña Ana Ramírez de Arellano. Fueron sus hijos 

II. 

1. D. Fernando Cortés Ramírez de Arellano, III Marques del Valle, 
casado con Doña Mencfa Fernandez de Cabrera y Mendoza, hija de D. Pe- 
dro Fernandez Cabrera y Bobadilla, II Conde de Chinchón, y de Doña Maria 
de Mendoza y de la Cerda, hermana del Principe de Melito. Tubo D. Fer- 
nando un hijo que murió niño. Sucedióle su hermano 

2. D. Pedro Cortés Ramírez de Arellano, IV Marques del Valle, casado 
con Doña Ana Pacheco de la Cerda, hermana del II Conde de Montalban. 
Murió sin hijos, y le sucedió su hermana 

3. Doña f uaná Cortés Ramírez de Arellano, V Marquesa del Valle, casada 
con D. Pedro Carrillo de Mendoza, IX Conde de Priego, Asistente, y Capi- 
tán general de Sevilla, y Mayordomo mayor de la Reina Doña Margarita de 
Austria. Fue su hija 

III. 

Doña Estefanía Carrillo de Mendoza, y Cortés, VI Marquesa del Valle, 
casada con D.Diego de Aragón, IV Du(iue de Terranova, Principe de Castel 

* Ademas del heredero del marquesado tubo el conquistador muchos hijos 
legítimos, y bastardos. Los primeros fueron, 1. Doña Maria Cortés, casada con 
D. Luis de Quiñones, V Conde de Luna. 2. Doña Catalina, que murió en Se- 
villa. 3. Doña Juana, muger de D. Fernando Enriquez de Ribera, II Duque de 
Alcalá, &c. 4. Doña Eleonora, casada en Megico con Juan Tolosa, Biscaino. 
Los bastardos fueron, 1. D. Martin Cortés, Caballero de la orden de Santiago, 
hijo de la famosa Doña Marina. 2, Don Luis, hijo de una señora llamada Her- 
raosilla, y otras tres hijas de tres Indias nobles. 



188 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

Vetrano, y del S. R. I. Marques de Avola, y de la Favara, Condestable y 
Almirante de Sicilia, Comendador de Villafranca, Virrei de Cerdeña, Caba- 
llero del ipsigne Orden del Toisón de Oro. Fue su hija única 

IV. 

Doña Juana de Aragón, Carrillo de Mendoza y Cortés, V Duquesa de 
Terranova, y VII Marquesa del Valle, Camarera mayor de la Reina Doña 
Luisa de Orleans, y después de la Reina Doña Mariana de Austria, casada 
con D. Héctor Piñateli, V Duque de Monteleone, Principe de Noya, Mar- 
ques de Cerchiara, Conde de Borelo, Virrei de Cataluña, Grande de Es- 
paña, &c. Fue su hijo único 



D. Andrés Fabricio Piñateli de Aragón, Carrillo de Mendoza y Cortés, 
VI Duque de Monteleone, VI Duque de Terranova, VIII Marques del Valle, 
Grande de España, Gran Camarlengo de Ñapóles, Caballero del Toisón de 
Oro, &c., casado con Doña Teresa Pimentel y Benavides, hija de D. An- 
tonio Alfonso Pimentel de Quiñones, XI Conde de Benavente, de Luda, de 
Mayorga, Grande de España, Bcc, y de Doña Isabel Francisca de Benayides, 
m Marquesa de Javalquinto, y de Villareal. Fue sfc hija 

VI. 

Doña Juana Piñateli de Aragón, Pimentel, Carrillo de Mendoza, y 
Cortés, VII Duquesa de Monteleone, VII Duquesa de Terranova, IX Mar- 
quesa del Valle, Grande de España, &c., muger de D. Nicolás Piñateli, dé 
los principes de Noya, y Cerchiara, Principe del S. R. I. Virrei de Cerdeña, 
y de Sicilia, Caballero del Toisón de Oro, &c. Fue su hijo *' 

VII. 

D. Diego Piñateli de Aragón, &c., VIII Duque de Monteleone, y de Ter- 
ranova, X Marques del Valle, Gran Almirante, y Condestable de Sicilia, 
Grande de España, &c., casado con Doña Margarita Piñateli, de los Duques 
de Bellosguardo. Fue su hijo 

VIH. 

D. Fabricio Piñateli de Aragón, IX Duque de Monteleone, y de Terranova, 
XI Marques del Valle, Grande de España, &c., casado con Doña Constanza 
Medici, de los Principes de Ortajano. Fue su hijo 

IX. 

D. Héctor Piñateli de Aragón, &c. X Duque de Monteleone y de Tei- 



DECENDENCIA DK HERNÁN CORTÉS. 18í) 

ranova, XII Marques del Valle de Oajaca. Vivía cuando Clavijero escribió 
su historia, y se casó en Ñapóles con Doña N. Piccolomini de los Duques de 
Amalfi. 



De Doña Juana Piñateli, y D. Nicolás Piñateli, No. VI, nacieron cuatro 
hijos, Diego, Fernando, Antonio, y Fabricio, y cuatro hijas, Rosa, Maria 
Teresa, Estefanía y Catalina. 1. D. Diego fue el heredero del Marque- 
sado del Valle, y de los Ducados de Terranova y Monteleone. 2. D. Fer- 
nando se casó con Doña Lucrecia Piñateli, Princesa de Strongoli, y su hijo 
D. Salvador con Doña Julia Mastrígli de los Duques de Marigliano. 
3. D. Antonio se casó en España con la hija única del Conde de Fuentes, y 
fue su hijo D. Joaquín Piñateli de Aragón, Moncayo, &c. Conde de Fuentes, 
Grande de España, &c. Embajador de España en las Cortes de Inglaterra, y 
Francia, y Presidente del Consejo de Ordenes, cuyo hijo D. Luis se casó con 
la hija única y heredera de Casimiro Piñateli, Conde de Egmont, Teniente 
General de los egercitos Franceses. 4. D. Fabricio se casó con Doña Vir- 
ginia Piñateli, hermana de la princesa de Strongoli, cuyo hijo D. Miguel fue 
Marques de Salice y Guagnano. 5. Doña Rosa se casó con el Principe de 
Scalea. 6. Doña Mar^ Teresa con el Marques de Westerlo, Señor Bohemio. 
7. Doña Estefanía con el Principe de Bisiñano. 8. Doña Catalina con el 
Conde de Acerra. 



^>^ -«í» mipjjd / ,■.;.' v-^.A -í- í:-";:^ < „.i..,|! (| 



DISERTACIONES 



LA TIERRA, LOS ANIMALES, Y LOS HABITANTES 



DE 



MEGICO. 



* :*>* 



,^„ 



DISERTACIONES 



LA TIERRA, LOS ANIMALES, Y LOS HABITANTES 



MEGICO; 

EN QUE 

Se confirma en parte la Historia Antigua de aquel pais, se ilustran muchos artí- 
culos de Historia Natural, y se confutan muchos errores publicados sobre 
America por algunos célebres Escritores modernos. 



AL LECTOR. 



Las disertaciones que ofrezco al público son necesarias, no solamente 
útiles, para ilustrar la Historia Antigua de Megico, y para confirmar 
la verdad de muchas especies contenidas en ella. La primera tiene 
por obgeto suplir la falta de noticias sobre la primera población del 
Nuevo Mundo. La segunda, aunque parecerá fastidiosa, no d«ja de 

tíer útil, para conocer los fundamentos de nuestra Cronología, y ayudar 
a los que emprendan escribir la Historia de los países de Anahuac. 
Todas las otras podran servir a disipar en los lectores incautos los 
errores a qué los habrán inducido los escritores modernos, que des- 
provistos de conocimientos solidos, se han puesto a escribir sobre la 
tierra, los animales, y los hombres de America. 

¡ Cuantos, al leer, por egemplo, las investigaciones de Mr. Paw no 
se llenarán la cabeza de ideas disparatadas, y contrarias a lo que yo 
digo en mi Historia ! Aquel escritor es un filosofo a la moda ; hom- 
bre erudito, en ciertas materias en que mas le convendría ser igno- 
rante, o callar a lo menos ; realza sus discursos con bufonadas, y 
maledicencia, ridiculizando todo lo mas sagrado que se venera en la 
iglesia de Dios, y mordiendo a cuantos se le presentan, sin ningún 
respeto a la inocencia, y a la verdad ; decide francamente, y en tono 
magistral, citando a cada paso a los escritores Americanos, y protes- 
TOMO II. O 



194 ' AL LECTOR. 

tando que sa obra es fruto de diez años de sudores. Todo esto hace 
mui recomendable a un escritor, para con cierta clase de lectores, en 
el siglo filosófico en qué vivimos. Su mordacidad, el desprecio con 
que habla de los mas respetables Padres de la Iglesia, la mofa que 
hace de los sumos Pontífices, de los Soberanos, y de las ordenes Re- 
ligiosas, y la poca estima en que tiene a los libros Santos, en vez de 
disminuir su autoridad, podra aumentarla, en esta edad, en que se 
han publicado mas errores que en todas las precedentes, y en que 
tantos literatos tienen a honra escribir con desenfreno, y mentir con 
descaro ; en que no se aprecia al que no es filosofo, y en que no es 
filosofo quien no se burla de la Religión, y quien no adopta el lenguage 
de la impiedad. 

El obgeto de la obra de Mr. de Paw es persuadir al mundo que en 
America la naturaleza ha degenerado enteramente en los elementos, 
en las plantas, en los animales, y en los hombres. La tierra, cubierta 
de ásperos montes, y peñascos, y en las llanuras, bañada de aguas 
muertas, y podridas, o sombreada por bosques tan espesos que no 
pueden penetrar en ellos los rayos solares, es, según aquel autor, 
sumamente estéril, y mas abundante en plantas venenosas que todo 
el resto del mundo ; el aire mal sano, y mucho mas frió que el del 
otro continente ; el clima contrario a la generación de los animales. 
Todos los propios de aquellos paisas eran mas pequeños, mas diformes, 
mas débiles, nías cobardes, mas estupidos, que los del mundo antíguo, 
y los que se han trasportado alli de otras partes, inmediatamente han 
degenerado, como ha sucedido con los vegetales transplantados de 
Europa. Los hombres apenas se diferenciaban de las bestias si no en 
la figura, y aun en esta se echaban de ver muchas trazas de degenera- 
ción ; el color aceitunado, la cabeza dura, y con pocos, y gruesos ca- 
bellos, y todo el cuerpo privado enteramente de pelo. Son feos, 
débiles, y sugetos a muchas enfermedades estravagantes, ocasio- 
nadas por la insalubridad del clima. Pero por imperfectos que 
sean sus cuerpos, aun lo son mucho mas sus almas. Son tan faltos 
de memoria, que no se acuerdan hoi, de lo que hicieron ayer. No 
reflexionan, ni coordinan sus ideas, ni son capaces de mejorarlas, ni 
de pensar, por que los humores de sus cerebros son gruesos, y vis- 
cosos. Su voluntad es insensible a los estímulos del amor, y a los 
de las demás pasiones. Su pereza los tíene sumergidos en la imbeci- 
lidad de la vida salvage. Su cobardía se hizo ver claramente en la 
época de la conquista. Sus vicios morales corresponden a sus de- 



/ 

AL LECTOR. 196 

fectos físicos. La embriaguez, la mentira, la pederastía eran comunes 
en las islas, en Megico, en el Peni, y en todas las regiones del nuevo 
continente. Vivian sin leyes, y las pocas artes que conocian eran 
groserisimas. La agricultura estaba en el mayor abandono ; su arqui- 
tectura era mezquinisima, y mas imperfectos aun sus instrumentos, y 
utensilios. En todo el Nuevo Mundo no habia mas que dos ciudades. 
Cuzco en la America Meridional, y Megico en la Septentrional, y 
estas no eran mas que miserables aldeas. 

He aqui un ligero bosquejo del monstruoso retrato que Mr. de Paw 
hace de la America. No lo copio enteramente, ni cito lo que sobre 
el mismo asunto han dicho otros autores mal informados, o mal preve- 
nidos, porque me falta la paciencia para repetir tantos despropósitos. 
No es mi intento escribir la apologia de America, y de los Americanos, 
por que este asunto exigiría una obra voluminosa. Para escribir un 
error, o una falsedad, basta un renglón : para impugnarlo no basta un 
pliego, y ni aun suele bastar un tomo. ¿ Qué no se necesitaría pues 
para refutar tantos centenares de falsedades, y de errores? Solo 
atacaré los que se oponen a la verdad de mi historia. He escogido 
la obra de Mr. de Paw, por que en ella, -como en un muladar, se han 
recogido las inmundicias, esto es, los errores de los otros. Si parecen 
fuertes mis espresiones, ha sido por que no he creido conveniente em- 
plear la dulzura con un hombre que se pone de hecho pensado a in- 
juriar al Nuevo Mundo, y a las personas mas respectables del An- 
tiguo. 

Pero aunfjue la obra de Mr. de Paw sera el principal baluarte a 
qué dirigiré mis tiros, tendré que habérmelas con otros autores, y 
entre ellos con el Conde de Buffon. Tengo en gran estima a 
este ilustro Francés, y lo creo el mas diligente, el mas elocuente, 
y el mas exacto de todos los naturalistas de nuestro siglo : no pienso 
que ningún otro lo haya exedido en el arte difícil de describir los 
animales; pero siendo tan vasto el argumento de su obra, no es 
estraño que a veces se engañase, o pusiese en olvido lo que habia 
dicho antes, especialmente sobre America, donde es tan varia la natu- 
raleza : por lo que ni sus descuidos, ni las razones con que los ataco 
podran de ningún modo perjudicar a la gran reputación de que goza 
en el mundo literario. 

En la comparación que hago entre un continente y otro, no es mi 
designio elogiar la America a espensas de las otras partes del mundo, 
si no indicar las consecuencias que se deducen naturalmente de los 

o2 



196 AL LECTOR. 

principios establecidos por los autores que impugno. Estos paralelos 
son demasiado odiosos, y el que pondera apasionadamente su pais, 
colocándolo sobre todos los otros, se parece mas a un muchacho que 
pelea, que a un literato que disputa. 

En las citas de la Historia de los cuadrúpedos del conde de Buffon, 
me he valido de la edición hecha en Paris en la imprenta Real, en 
treinta y un tomos, y concluida el año de 1768. En las de las In- 
vestigaciones de Mr. de Paw, me he servido de la edición de Londres 
de 1771, en tres tomos, con las impugnaciones de Peraetty, y la 
respuesta del autor. 



DISERTACIÓN I. T , 



SOBRE EL ORIGEN DE LA POBLACIÓN DE AMERICA, Y PARTI- 
CULARMENTE DE LA DE MEGICO. 

Apenas se hallará en la historia un problema de mas difícil resolución, 
que el del origen de la población del Nuevo Mundo, ni sobre el cual reine 
mayor variedad de opiniones. Puede decirse que estas son tantas, 
cuantas las de los filósofos antiguos sobre la esencia del sumo bien. 
Ni trato de examinarlas todas, por que seria un trabajo inútil, ni de 
establecer un sistema nuevo, por que carezco de fundamentos en qué 
apoyarlo. Quiero tan solo esponer, y someter al juicio de los hom- 
bres doctos mis congeturas, por que me parece que no serán de un 
todo infructuosas : mas para proceder con aquella claridad, y preci- 
sión que el asunto exige, dividiré el punto general en varios artículos, 
y declararé en diversas conclusiones mis ideas. 

¿ En qué tiempo empezó a poblarse la America ? 
Betancourt y otros autores creyeron que el Nuevo Mundo empezó 
a poblarse §ntes del diluvio. Pudo ciertamente verificarse asi, por 
que el espacio de 1656 años transcurridos entre la creación de los 
primeros hombres, y aquella gran catástrofe, según la Cronología del 
testo Hebreo del Génesis, y mucho mas el de 2242, o 2262 años, 
según el computo de los Setenta, fue suficiente para poblar toda la 
tierra, como algunos escritores han demostrado. A lo menos, des- 
pués de diez o doce siglos, pudieron algunas familias de las que se 
esparcieron en las partes mas Orientales del Asia, pasar al continente 
Occidental, que llamamos America, sea, como yo creo, por estar 
unida a ellas, sea por estar separada tan solo por un pequeño estrecho. 
Pero ¿como se probará que en efecto la America se pobló antes del 
diluvio? Por que en America, dicen algunos de los que sostienen 
aquella opinión, habia gigantes, y la época de estos fue ante-dilu- 
viana*. Por que Dios, dicen otros, no creó la tierra si no para que 

* Gigantes erant super terram in diebus iilis. — Gen. vi. 



198 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

fuese habitada*, y no es verosímil q«e habiendo creado la America 
con este obgeto, quisiese dejarla tanto tiempo sin habitantes, especial- 
mente habiendo mandado a los primeros hombres, que se multiplicasen, 
y cubriesen la tierra f. Pero aun concediendo que el sagrado testo 
en que se hace mención de los gigantes deba entenderse en el sentido 
vulgar, esto es, en el de hombres de estraordinaria altura y corpulen- 
cia, y aunque no dudo que hubiese de estos hombres en America, no 
obstante lo que dicen Mr. Sloane:|:, Mr. de Paw, y otros que solo 
creen lo que ven, de ningún modo confirma esto la opinión de la 
población ante-diluviana: pues los mismos libros Santos hablan de 
algunos gigantes posteriores al diluvio, como fueron Og, rei de 
Bazan§, y los cinco de que hacen mención los libros de los Reyes. 
Podemos congeturar que habria otros muchos, tanto en Palestina, 
como en otros paises, de que no hablan los historiadores Sagrados, 
por que no importaba a su proposito. El testo de Isaias nada prueba 
en favor de aquella opinión : pues aunque Dios formó la tierra para 
que fuese habitada, nadie puede adivinar el tiempo que fijó para la 
egecuciou de sus altos designios. 

* Ipse Deus formam terram, et faciens eam .... non in vanum creavit eam, ut 
habitaretur formavit eam. — Isa. xlv. . 

t Crescite et mtiltiplicamini et replete terram.— Gen., ii. 

X El escrito del Ingles Sloane, en que trata de probar que los grandes huesos 
encontrados en America son de elefantes, y otros animales, y no de gigantes se 
halla en las Memorias de la Academia de Ciencias de París, de 1727- Ademas de 
lo que he dicho en el libro 1 sobre esta opinión, tiene en contra el dicho del Dr. 
Hernández, testigo ocular, inteligente, y sincero. Per multa gigáMm non vul- 
garts magnitudinis ossa, per hosce dies inventa sunt, cum apud Tescocanos, tum 
apud Tollocenses. Heec autum notiora sunt, quam ut fides queat itlis ab aliquo 
denegari, et tamen non me latet a multis judicari multa fieri nonposse, ante quam 
facta sunt. Adeo verum est, atque indubttatum quod Plinius noster dixit : naturee 
vim atque majestatem ómnibus momentis Jidei carere. Si en las escavaciones hechas 
en Ameriía solo se hubieran hallado huesos sueltos y separados, podría creerse 
que pertenecían a grandes cuadrúpedos ; pero habiéndose hallado cráneos, y 
esqueletos enteros humanos, no hai lugar a las congeturas de Sloane. Véase lo 
que cuenta Acosta acerca del esqueleto gigantesco desenterrado en 1556 en Jesús 
del Monte, casa de campo de los Jesuítas de Megico, hallándose aquel escritor 
en ella. Véase lo que dice Zarate, hombre docto y respetable, sobre los huesos y 
cráneos humanos descubiertos en Puerto Viejo, en la provincia de Guayaquil. 
Véase lo que refiere el sincerisimo Bernal Diaz de los huesos presentados a 
Cortés por los Tlascaleses. 

§ Torrubia en su Aparato a la Historia Natural de España incurre tres veces 
en el error de que Og fue ante-diluviano, y afirma espresamente que se ahogó en 
el diluvio. 



SO«RE LA POBLACIÓN DK AMERICA. 199 

El viagero Gemelli dice, alegando ciertas pinturas Megicanas, que 
la ciudad de Megico fue fundada en el año li Calli, correspondiente, 
según él mismo, al 1325 de la creación del mundo : esto es, mas de 
trescientos años antes del diluvio : pero este enorme desproposito no 
fue error de su mente, si no un descuido de su pluma, como clara- 
mente se infiere de todo el contesto de su narración: asi que, injusta- 
mente se lo echa en cara el maldiciente investigador, el cual achaca 
también el mismo dislate al ilustre Sigüenza, que fue de opinión con- 
traria. Es cierto que la ciudad de Megico fue fundada el año 
II Calli, y que este fue el de 1325; pero no de la creación del mundo, 
si no de la era Cristiana. Gemelli en lugar de escribir lo uno, escri- 
bió lo otro. 

Por otra parte, es inútil averiguar si la población ^e America em- 
pezó antes del diluvio : pues por una parte, es imposible descubrir la 
verdad en un punto tan oscuro, y por otra, siendo indudable que en 
el diluvio perecieron todos los hombres, es necesario volver a buscar 
pobladores después de aquella gran calamidad. Sé que algunos au- 
tores circunscriben el diluvio a los confines de una parte del Asia : 
pero también sé qu^ esta opinión no está de acuerdo ni con el testo 
espreso de la Santa Escritura*, ni con la tradición de los mismos 
Americanos -f-, ni con las observaciones fisicas. 

* Operti sunt omnes montes excelsi sub universo ocelo. Quindicim cubitis altior 
fuit aqua super montes quos operuerat. — Gen.vii. Parece que Dios inspiró estas 
palabras para desmentir a los incrédulos, pues no es fácil espresar con mas cla- 
ridad la un'j^ersalidad del diluvio. Pero aunque solo se entendiese el testo de los 
montes de Palestina, y de otros países inmediatos, como algunos opinan, no en- 
tiendo como pueda el agua, con arreglo a las leyes naturales, alzarse quince 
codos sobre los montes de aquella tierra, sin anegar todo el mundo antiguo, y 
aun el nuevo. Y si el diluvio no fue universal ¿ a qué fin mandar construir el 
arca, cuando tan fácilmente podia la familia de Noe sustraerse a la inundación, 
pasando a otros países que estaban esentos de aquella calamidad ? ¿ Por qué 
encerrar en el arca individuos de toda especie de cuadrúpedos, aves*y reptiles, a 
fin de conservar sus espedes, en la superficie de la tierra, como tan terminante- 
mente se lee en el Génesis ? Quedando las especies de anímales esparcidas en 
otras regiones a qué no llegaron las aguas, aquella precaución era del todo in- 
fructuosa, y ridicula, especialmente con respecto a las aves. Por estas y otras 
razones no menos poderosas, debemos concluir que los que creyendo divina la 
autoridad de los libros sagrados, niegan sin embargo la universalidad del diluvio, 
tienen alguna desorganización o vicio en el cerebro. 

t Queriendo Dios hacer respetar su justicia por la posteridad de Noe, y con- 
fundir la incredulidad de los mortales, dispuso que ademas de la autoridad de la 
Biblia, y de los cuerpos marinos que en gran cantidad se hallan en los montes. 



200 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

El Dr. Sigüenza creyó que la población de America empezó poco 
después de la dispersión de las gentes. Como carezco de los MS de 
aquel ilustre Megicano, ignoro los fundamentos en que apoya su opi- 
nión, la cual es conforme a la tradición de los Chiapaneses, de que 
luego haré mención. Otros autores, por el contrario, la creen de- 
masiado moderna, por que los historiadores de Megico, y Perú no 
hallaron en aquellas naciones memoria alguna de sucesos anteriores a 
ocho siglos. Pero confunden la población de Megico hecha por los 
Chichimecos, y por los otros Azteques, con la que sus antepasados 
fundaron muchos siglos antes en los paises Septentrionales, ni saben 
distinguir a los Megicanos, de otras naciones que antes que ellos 
habitaron aquel país. ¿ Quien sabe, por egemplo, cuando entraron en 
el pais de Anahuac, los Otomites, los Olmeques, los Cuitlateques, y 
los Michuacaneses ? No es de estrañar que no se hallasen en Me- 
gico memorias de sucesos anteriores a ocho siglos, pues, ademas de 
la perdida de innumerables monumentos históricos de aquellas na- 
ciones, no sabiendo la mayor parte de los escritores la relación entre 
los años Megicanos, y los nuestros, debieron incurrir, y en efecto 
incurrieron en un gran numero de anacronismos í pero los que adqui- 
rieron mayor abundancia de pinturas antiguas, y escogidas, y tubieron 
mayor sagacidad para indagar la cronología, hallaron ciertamente 
memorias de tiempos mas remotos, como hicieron Sigüenza e Ijtliljo- 
chitl, sirviéndose de ellas en sus apreciables escritos. 

Yo no dudo que la población Americana sea antiquísima, y mucho 
mas de lo que creen los autores Europeos. 1. Porque los Ameri- 
canos carecían de ciertas artes o inventos, como la aplicación de la 
cera, y del aceite al alumbrado, que, por una parte, son muí antiguos 

como otros tantos monumentos irrefragables del diluvio, se eonservase la memo- 
ria de aquel espantoso, y general castigo entre las naciones Americanas. Estas, 
sin tener noticia del Génesis, ni comunicación con los pueblos antiguos, conser- 
vaban la memoria del diluvio, como lo testifican Gomara, Acosta, Herrera, y 
otros muchos escritores, que investigaron cuidadosamente aquel punto. Los 
Tolteques, los Acolhuis, los Tarasques, o Michuacaneses, los Megicanos, los 
Mijteques, los Tlascaleses, los Chiapaneses, y otros muchos pueblos seguían 
aquella tradición, y la representaron en sus pinturas. Todos ellos creian que la 
inundación liabia sido universal, y que todos los hombres se hablan ahogado, 
exepto un hombre, y una muger, o una familia. Este en un hecho de que no 
puede dudar quien proceda de buena fe. Véase lo que he dicho acerca de esto 
en la Historia, y lo que diré después. El P. Acosta dice que todos los Indios 
tenian noticia del diluvio : pero esto debe entenderse de los que vivian en so- 
ciedad. 



SOBRE LA POBLACIÓN DE AMERICA. 201 

en Asia, y en Europa, y por otra, tan necesarios, que una vez apren- 
didos no se olvidan jamas. Luego los que pasaron del antiguo al 
nuevo continente, y propagaron en este la especie humana, verificaron 
su emigración, antes de aquellos descubrimientos. 2. Porque las 
naciones del Nuevo Mundo que vivian en sociedad, y especialmente 
las de Megico, conservaban en sus pinturas, y tradiciones la memoria 
de la creación del mundo, del diluvio, de la torre de Babel, de la 
confusión de las lenguas, y de la dispersión de las gentes, aunque 
alterada con algunas fábulas, y no tenian noticia de los sucesos 
ocurridos después en Asia, África, y Europa, habiendo algunos tan 
grandes e importantes, que no era fácil echarlos en olvido. 3. Porque 
ni los Americanos tenian la menor idea de los pueblos del Mundo 
Antiguo, ni estos de aquellos, ni en unos, ni en otros se halla el menor 
recuerdo del transito de los hombres a America. Estos razones hacen 
si no cierta, verosimil al menos mi opinión *. 

I Quienes fueron los pobladores de America ? 
Los que no reconocen en los libros Santos el sello de la verdad 
divina, o reconociendo!» no hacen caso de lo que su autoridad sanciona, 
dicen que los Americanos no decienden de Adán y de Noe, creyendo, 
o fingiendo creer que como Dios creó al primero, para que fuese el 
padre de los Asiáticos, asi formó antes o después otros hombres para 
que fuesen padres de los Africanos, de los Europeos, y de los Ameri- 
canos. Esto no se opone, según un autor moderno, a la verdad de 
la Biblia, porque si bien Moisés no hace mención de otro primer 
patriarca que Adán, fue por que no escribía la historia de todos los 
pueblos, sino solo la de los Israelitas. Pero ademas de que este 
rancio sistema contradice abiertamente la venerable tradición, la 
sagrada Escritura i-, y la creencia común de la iglesia "Católica (cosas 

* Cierto autor moderno afirma que la población de America es anterior al uso 
del hierro, porque no se encontr^l este uso entre los Americanos. Esta opinión 
carece de fundamento, pues la inrticion del hierro es anterior al diluvio. De 
Tubalcain, sesto nieto de Adán, ^i dice en la Escritura Santa que trabajó en 
todas las obras de cobre, y de hierro^. Sella genuit Tubalcain, qui fuit malleator, 
et faber in cuneta opera cerls et ferñ. Gen. iv. ¿ Se dirá acaso que la America 
se pobló antes de la época de Tubalcain ? Los Americanos no usaron del hierro, 
quizas por que en los paises Septentrionales donde se establecieron al principio 
no hallaron aquel metal, y poco a poco se fue perdiendo su memoria. 

f Tres isti filii sunt Noe : ab his dissemtnatum est omne genus hominum super 
universam terram. Gen. ix. Fecit ex uno omne hominum genus inhabitare super 
faciem universee terree, Ac. xvii- No se puede espresar de un modo mas claro el 
origen común de todos los hombres, de Adán, y de Noe. 



aOSS HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

en verdad poco importantes a los ojos de aquella clase de ülosofos), 
se halla desmentido por la tradición de los mismos Americanos, los 
cuales en sus pinturas, y en sus cánticos se reconocen decendientes 
de los hombres que se preservaron de la inundación universal. Los 
Tolteques, los Acolhuis, los Megicanos, los Tlascaleses, los Tarasques, 
los Mijteques, los Chiapaneses, y otros pueblos están de acuerdo en 
este punto ; todos decian que sus abuelos habian venido de otros 
paises ; indicaban el camino que habian seguido, y aun conservaban 
los nombres verdaderos o falsos de aquellos primeros progenitores, 
que después de la confusión de las lenguas se separaron de los demás 
hombres. 

El Sr. Nufiez de la Vega, obispo de Chiapa, dice en el proemio de 
sus Constituciones Sinodales, que en la visita que él mismo hizo de 
su diócesis a fines del siglo pasado, halló muchos calendarios antiguos 
de los Chiapaneses, y un antiguo MS, en la lengua de aquel pais, 
hecho por los mismos Indios, en que se decia, según su tradición, que 
un cierto Votan * tubo parte en la construcción de aquel gran edificio, 
que se alzó para subir al cielo, por orden de uno de sus antepasados ; 
que alli tomó cada pueblo su idioma respectivo^ y que el mismo Votan 
fue destinado por Dios, para hacer la división de la tierra de Anahuac. 
Añade que en su tiem[)o habia en Teopijca, pueblo grande de aquella 
diócesis, una familia del nombre de Votan, que se creia decendiente 
de aquel personage. No pretendo yo dar tanta antigüedad a los 
Americanos, si no solo demostrar que se creian decendientes de 
Noe. 

De los antiguos habitantes de Cuba cuentan muchos historiadores, 
que preguntados por los Españoles sobre su origen, respondieron 
haber oido decir a sus progenitores que Dios creó el cielo, la tierra, 
y todas las cosas; que habiendo vaticinado un viejo cierta gran inun- 
dación, con la cual Dios queria castigar los pecados de los hombres, 
fabricó una gran canoa, y se embarcó en ella con su familia, y con 
muchos animales ; que pasada la inundación, soltó un cuervo, el cual 
habiendo hallado cadáveres con que alimentarse, no volvió mas a la 
canoa ; que después soltó una paloma, la cual volvió de alli a poco, 
trayerklo en el pico una rama de Hoba, que es un árbol frutal de 
America; que cuando el viejo vio enjuta la tierra, desembarcó, y 
habiendo hecho vino con ubas silvestres, bebió de él, y se embriagó ; 
que entonces uno de sus hijos se burló de su desnudez, y otro mas 
respetuoso lo cubrió ; que cuando salió de su letargo, bendijo a este, 

* P^otan era el principal de aquellos veinte hombres ilustres (jue dieron sus 
nombres a los veinte dias del año Chiapanes. 



SOBRE LA POBLACIÓN DE AMERICA. 203 

y maldijo a aquel ; finalmente que ellos decendian del hijo maldito, y 
por eso andaban desnudos, y que los Españoles, que estaban vestidos, 
decenderian quizas del otro. 

Los Megicanos llamaban a Noe, Cojcoj, y Teocipactli, y los 
Michuacaneses Tezpi. Estos decian que hubo un gran diluvio, y 
que Tezpi, para no ahogarse, se embarcó en una nave, hecha a guisa 
de arca, o caja, con su muger, sus hijos, muchas especies de animales, 
y una provisión de granos, y semillas ; y que viendo que las aguas 
disminuian, dio libertad a un pajaro de los que alli se llaman Aura, el 
cual se quedó fuera para comer cuerpos muertos, y después soltó 
otros pájaros que tampoco volvieron, exepto uno (el chupa-mirto), tan 
apreciado en aquellos paises por el hermoso color de sus plumas ; y 
este le trajo una rama de árbol *, y que de aquella familia decendian 
todos los habitantes de Michuacan. Luego ora nos apoyemos en la 

. ' Biblia, ora en las tradiciones Americanas, debemos buscar en la 

I- posteridad de Noe los pobladores del Nuevo Mundo. 

Pero ¿ quienes fueron estos ? ¿ Cual de los hijos de Noe fue el 
tronco de aquellas naciones ? El Dr. Sigüenza, y la ingeniosa Megi- 
cana Sor Juana Inés *de la Cruz, creyeron, o conge turaron que los 
Megicanos, y las otras naciones de Anahuac decendian de Nephtuim, 
hijo de Mesraim, y nieto de Cham. Boturini fue de opinión que no 
solo provenían de Nephtuim, sino de sus otros cinco hermanos. El 
docto Español Arias Montano se persuadió que los Americanos, y 
especialmente los del Perú, pertenecían a la posteridad de Ofir, cuarto 

L nieto de Sem. Sus razones son tan débiles que no merecen refuta- 

\ cion. De las de Sigüenza hablare después. 

Los otros autores que no han querido penetrar con sus indagaciones 
hasta una antigüedad tan remota, han buscado en diversos paises del 

I mundo el origen de los Americanos. Sus opiniones son tantas, y tan 
diversas que no es casi posible numerarlas. Unos creen descubrir 
sus progenitores en Asia, otros en África, otros en Europa. Entre 
los que abrazan esta ultima opinión, unos dicen que eran Griegos, 
otros que eran Romanos; otros los hacen Españoles, Irlandeses, 

* Herrera Dec. 3, lib. iii, cap. 10. Véase lo que el mismo dice en la Dec. 4, 
lib. i, cap. 2 ; acerca de lo que referían los Indios de Tierra firme, sobre su 
origen. Véanse también el mismo Herrera, Torquemada, y otros sobre la tra- 
dición de los Haitianos. De la de los Megicanos, Aeolhuis, y Tlascaleses, he 
hablado en el libro ii de mi Historia. De la de los Tolteques hacen mención 
Boturini, Torquemada, y otros. Garcia habla de la de los Mijtcqucs en su 
erudito Tratado sobre el Origen de los Indios. 



204 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

Curlandeses, y aun Rusos. De los que prefieren el origen Africano, 
unos lo atribuyen a los Egipcios, otros a los Cartagineses, otros a los 
Numidas. Pero aun es mayor la variedad entre los partidarios del 
origen Asiático. Los Israelitas, los Caldeos, los Asirlos, los Fenicios, 
los Persas, los Tártaros, los Indios Orientales, los Chinos, los Japo- 
neses, todos tienen sus abogados entre los historiadores, y los filósofos 
de estos dos últimos siglos. Otros hai que no hallando lo que busca- 
ban en los paises conocidos, sacan de las aguas la famosa Atlantida, 
para enviar de alli colonos al continente Occidental ; y aun esto es 
poco, pues ha habido escritores, que para quedar bien con todos, 
afirman que los Americanos provienen de todas las naciones de la 
tierra. 

La causa de tantas, y tan estravagantes opiniones ha sido el error 
común de que para creer a una nación originaria de otra, solo basta 
hallar alguna afinidad en las voces de sus lenguas, o alguna semejanza 
en sus ritos, «sos, y costumbres. Tales son ios fundamentos de casi 
todos aquellos sistemas, que recogió e ilustró con gran erudición el 
Dominicano Garcia, y que aumentaron los doctos Españoles que 
reimprimieron su obra con adiciones considerítbles. En ella podra 
veí-los el curioso lector, pues yo creeria perder el tiempo en refu- 
tarlos. 

Pero no puedo omitir la opinión del Dr. Sigüenza, adoptada por el 
ilustre obispo Francés Pedro Daniel Huet, y que me parece la mas 
solida y racional. Según estos escritores, las naciones que poblaron 
el imperio Megicano pertenecían a la decendencia de Nephtuim, de 
la cual algunas familias, saliendo del Egipto, poco después de la 
confusión de las lenguas, se dirigieron acia el continente que nosotros 
llamamos Nuevo Mundo. Las razones en que Sigüenza fundó su 
sistema, solo se hallan indicadas en la Biblioteca Megicana. Quisié- 
ramos verlas espuestas con aquella fuerza, y erudición que su sabio 
autor emplearía en la obra original : mas privados de sus apreciables 
MS, nos contentaremos con referirnos a Eguiara en su ya citada 
Biblioteca. 

Reducense pues sus fundamentas a la conformidad que se observa 
entre las naciones Americanas, y los Egipcios, en el uso de las pira- 
mides, y de los geroglificos, en el modo de computar el tiempo, en el 
trage, y en algunos usos, a que se añadirá quizas la semejanza del Teotl 
de los Megicanos, con el Theuth de los Egipcios, que fue lo que indu- 
jo a Huet a seguir la opinión de Sigüenza, aunque por diverso cami- 
no. He dicho que estos argumentos son solidos, y bien fundados ; 



SOBRE LA POBLACIÓN DE AMERICA. 205 

mas solo para formar congeturas, no para asegurar una verdad, pues 
bajo este aspecto los creo sugetos a varias obgeciones. 

Sigüenza quiere que los hijos de Nephtuim saliesen de Egipto para 
America, poco tiempo después de la confusión de las lenguas : y para 
sacar de aquí alguna probabilidad, debería comparar las costumbres 
de los Americanos, con las de los primeros Egipcios, no con las de sus 
decendientes, que muchos años después se establecieron en Egipto, y 
de los cuales no creen provenir los pueblos de America. Ahora bien 
¿ quien creerá que los Egipcios, inmediatamente después de la disper- 
sión de las gentes, empezaron a erigir pirámides, y a servirse de gero- 
glificos, y que desde entonces arreglaron sus años, y meses, en la mis- 
ma forma en que después los tubieron ? Todo esto fue sin duda pos- 
terior a la época de que se trata. Ni necesitaban los Americanos 
ver las pirámides de Egipto para construir otras del mismo genero, 
pues para esto bastaban los montes, verdaderos modelos de aque- 
llas obras colosales. La forma piramidal es la que naturalmente se 
presenta al que quiere perpetuar su memoria en un edificio, pues no 
hai otra que ofresca tanta elevación con menos dispendio, disminuyén- 
dose la cantidad de Í5s materiales a medida que sube la obra. Ade- 
mas que las construcciones Megicanas eran totalmente diversas de las 
de los Egipcios. Estas eran verdaderas pirámides ; aquellas se com- 
ponían de tres cuatro, o mas cuerpos cuadrados, o cuadrilongos, de 
los cuales los inferiores tenian mas amplitud que los superiores. Las 
Egipcias eran huecas ; las Megicanas macizas ; estas servían de base 
a los santuarios ; aquellas de sepulcro a los reyes. Los templos de los 
Megícanos, y de los otros pueblos de Anahuac eran de un dibujo tan 
singular, que no creo que los haya habido semejantes en ninguna otra 
nación: así que deben considerarse como invención original de los 
Tolteques, o de otros pobladores mas antiguos. 

Mayor analogía se halla en el modo de computar el tiempo, que 
tenian aquellas dos naciones, aunque no debemos olvidar que se trata 
de los Egipcios posteriores, no ya de los primeros, de quienes nada se 
sabe. El año Egipcio era solar, y de 365 días como el de los Megica- 
nos : los unos, y los otros contaban 360 días en sus meses, añadiendo 
5 días los Egipcios a su mes Mesori, y 5 los Megícanos a su mes Iz- 
calli, en'Io que convenían también con los Persas: pero por lo demás 
había gran variedad entre unos y otros. El año Egipcio constaba de 
12 meses, y cada mes de 30 días : el año Megicano religioso, pues del 
civil, y astronómico nada se sabe, se componía del 18 meses, y cada 
mes de 20 días. Los Egipcios, como otras muchas naciones del anti- 



206 HISTORIA ANTIGUA DK MEGICO. . 

guo continente, contaban por semanas : los Megicanos por periodos 
de 5 dias en el orden civil, y de 13 en el religioso. 

Los geroglificos eran comunes a los dos pueblos: pero ¡cuantas 
otras naciones no se han servido de ellos para significar de un modo 
misterioso los dogmas de su creencia ! Y si los Megicanos aprendie- 
ron de los Egipcios los geroglificos ¿ por que no les tomaron también 
el uso de las letras? Se dirá que por que estas se inventaron después 
de su separación ; pero ¿ quien sabe si los geroglificos se inventaron 
antes ? 

El trage de los primeros Egipcios habrá sido probablemente el mis- 
mo de los otros hijos, y nietos de Noe : a lo menos, no hai motivo para 
creer lo contrario. En cuanto a las instituciones politicas de aquellos 
primeros hombres nada sabemos. Los mas antiguos Egipcios de que 
hai memoria, son los que vivian en tiempo del patriarca Josef, y si que- 
remos parangonar sus usos con los de los Megicanas, hallaremos en 
lugar de semejanza, la mayor diversidad. Nada de esto se dirige a 
probar la falsedad de la opinión de Sigüenza : únicamente a manifes- 
tar que no es una verdad indudable. 

El estravagante autor de las Investigaciones* 'dice que los Megica- 
nos traen su origen de los Apalachites Meridionales ; pero ni alega, ni 
puede alegar una razón que dé verosimilitud a su paradoja; y aunque 
fuese cierta, quedaba todavía en pie la dificultad del origen de los mis- 
mos Apalachites. Es cierto que para aquel escritor no hai dificultades, 
pues a veces da a entender que no le desagrada el descabellado siste- 
ma del Francés La Peyrere. ^ 

Por lo que hace a mi opinión, me parece conveniente reducirla a 
las siguientes conclusiones.^ 

1. Los Americanos decienden de diversas naciones, o de diversas 
familias, dispersas después de la confusión de las lenguas. No 
podra dudar de esta verdad el que tenga alguna idea de la muche- 
dumbre, y de la estraña diversidad de las lenguas Americanas. En 
Megico he contado 35 de las conocidas hasta ahora ; mas numerosas 
^ son las de la America Meridional. Al principio del siglo pasado con- 
taban los Portugueses L50 en el Marañen. Es cierto que entre algu- 
nos de estos idiomas se descubre tanta afinidad, que niui en breve se 
echa de ver el origen común de que emanan : tales son la Eudeve, la 
Opata, y la Tarahumara en la America Septentrional, y la Mocobi, la 
Toba, y la Abipona en la del Mediodía : pero también hai otras muchas 
que difieren entre si mas que la Hebrea, y la Ilirica. Puedo asegu- 
rar sin riesgo de engañarme que entre los idiomas vivos, y muertos de 



SOBRE LA POBLACIÓN DE AMERICA. 207 

Europa no se hallan dos mas diferentes entre si, que lo son la Megi- 
cana, la Otomita, la Tarasca, la Maya, y la Mijteca, que son las do- 
minantes en diversas provincias de Megico. Asi que seria un despro- 
posito decir que las lenguas Americanas no son mas que dialectos de 
una misma. ¿ Como es posible que una nación altere de tal modo su 
idioma, o lo multiplique en tantos dialectos, y tan diferentes que no 
conserven muchas voces comunes, o a lo menos alguna afinidad o traza 
de su origen ? 

¿ Quien creerá lo que dice el P. Acosta, atribuyendo la especie a los 
Megicanos, aun que sin impugnarla ? Esto es, que habiendo llegado 
los Azteques o Megicanos, después de su larga peregrinación al reino 
de Michuacan, quisieron establecerse en aquel pais, atraidos por su 
amenidad ; pero no pudiendo caber en él todo el cuerpo de la nación, 
consintió el dios Huitzilopochtli en que algunos permaneciesen, y para 
i ello sugirió a los otros, que mientras aquellos se bañaban, les robasen 
sus vestidos, y continuasen su marcha ; que los que se bañaban, vién- 
dose privados de ropa, y burlados por sus compañeros, se enojaron en 
tales términos, que no solo resolvieron quedarse, si no que adoptaron 
otro idioma, y que de áqui proviene la lengua Tarasca. Aun mas in- 
creible es la historia adoptada por Gomara, y otros escritores : a saber, 
que de un viejo llamado Ijtac Mijcoatl, y de su muger Itancueitl, 
nacieron seis hijos, cada uno de los cuales hablaba una lengua distinta. 
Llamábanse Tollina, Tenoch, Olmecatl, Gicallancatl, Mijtecal y 
Olomitl, y fueron los progenitores de otras tantas naciones, que po- 
blaron la tierra de Anahuac. Esta era una alegoría con que los Me- 
gicanos querían significar que todas aquellas naciones tenian un ori- 
gen común : pero los escritores citados la transformaron en historia, 
por no haberla entendido. 

2. Los Americanos no traen su origen de ninguno de los pueblos 
que existen actualmente en el Antiguo Mundo: a lómenos no hai 
razones para creerlo asi. Esta conclusión se funda en las mismas 
razones que acabo de esponer, pues si los Americanos decendiesen de 
alguno de aquellos pueblos, se hallarla alguna traza de estos en sus 
lenguas, por mui antigua que fuese su separación : pero semejante 
traza no se ha podido descubrir, aunque muchos autores la han busca- j 
do con empeño, como puede verse en la obra del Dominicano Gar- < 
cia. He confrontado prolijamente la lengua Megicana, y otras Ame- 
ricanas con muchas vivas, y muertas del antiguo continente, y no he 
podido hallar entre ellas la menor afinidad. La semejanza del Teotl 
Megicano, con el Theos Griego, me indujo a comparar estas lenguas ; 



208 HISTORIA ANTIGUA DE MRGICO. 

pero las he hallado diferentisimas. Este argumento es mas eficaz con 
respecto a los Americanos, por su constancia en conservar los idiomas 
que hablan. Los Megicanos conservan la suya a pesar del dominio 
de los Españoles, y la de los Otomites, que es difícilisima, ha resistido 
al de los Españoles, y Megicanos, por espacio de dos siglos, y medio. 

Si los Americanos provienen, como yo creo, de diversas familias 
esparcidas después de la confusión de las lenguas, y separadas desde 
entonces de las otras que poblaron el antiguo continente, en vano se 
fatigarán los escritores en buscar su origen en las lenguas, y usos de 
los pueblos Asiáticos. No dudo que, en virtud de lo que dicen los 
libros Santos, habiéndose multiplicado suficientemente la posteridad 
de Noe, mandase Dios espresamente que se separasen las familias, y 
que cada una fuese a poblar el pais que se le habia señalado. Moisés 
-en su cántico habla asi al pueblo de Israel : " acuérdate de los tiem- 
pos antiguos, considera de una en una las generaciones : pregunta a 
tu padre, y te lo declarará; a tus mayores, y te lo dirán. Cuando el 
Altísimo dividía las gentes ; cuando separaba los hijos de Adam, fijó 
los limites de los pueblos, según el número de los hijos de Israel," en 
lo cual se representa al Señor en acto de dlVidir las familias, y de 
prescribir limites a los paises que debian ocupar. Los hombres que 
emprendieron la construcción de la torre de Babel, se decian unos a 
otros : *' venid : edifiquemos una ciudad, y una torre, cuya cumbre 
llegue hasta el cielo, y hagamos célebre nuestro nombre, antes de 
esparcirnos por todas las tierras." Sabian pues que debia llegar la 
época de esta dispersión, y Dios, por que con aquella temeraria 
empresa se oponían a sus designios acerca de la población de la 
tierra, confundió su len^uage, y asi les fue necesario separarse, y 
dividirse. Es verosmil que Noe, anciano venerable, y reverenciado 
por todos como padre, habiendo sobrevivido trescientos cincuenta 
años al diluvio, señalase a cada familia su distrito, según las instruc- 
ciones que habria recibido de Dios, por que de otro modo no hubiera 
podido verificarse la división sin guerras sangrientas, queriendo cada 
cual permanecer en su pais nativo, sin esponerse a los peligros, y 
desastres que debian temer en regiones desconocidas. Esta opinión 
mia se apoya en la tradición de los Chiapaneses, acerca de Votan, 
primer poblador de Anahuac, de quien ya he hablado. No se debe 
creer sin embargo que la primera población de America se debe a las 
primeras familias que se separaron en Babel, sino a sus decendientes, 
pues ellas irian encaminándose poco a poco acia aquella parte, y mul- 
tiplicándose en su larga peregrinación. 



SOBRE LA POBLACIÓN DE AMERICA. 209 

¿ De donde, y como pasaron los pobladores y los animales al Nuevo 
Mundo ? 

Este es el punto mas difícil de nuestro poblema, y, como en el otro, 
reina en él gran variedad de opiniones. Algunos atribuyen la pobla- 
ción de America a ciertos traficantes Fenicios, que llegaron alli, nave- 
gando por el Océano. Otros se imaginan que los mismos pueblos 
que suponen haber pasado del continente antiguo a la isla Atlantida, 
pasaron de esta fácilmente a la Florida, y de aquel vasto pais se 
fueron esparciendo por toda la America. Otros enfin dicen que 
pasaron del Asia, por el estrecho de Anian, y otros, que el tránsito 
se hizo de las regiones Septentrionales de Europa, por no sé que 
brazo del mar Glacial. 

El Benedictino Feijoo se ofreció a proponer al mundo un nuevo 
sistema. ¿ Y cual era este ? Que la America estubo unida por el 
Norte al continente antiguo, y que por aquella unión pasaron los 
hombres, y los animales. Pero esta opinión es tan antigua como el 
P. Acosta, el cual la publicó 144 años antes que Feijoo, en su Histo- 
ria Natural y Moral de las Indias : ademas de que no basta a res- 
ponder a las dificultades que ofrece ej paso de los animales, como 
veremos después. 

El Conde de Buffon, a pesar de su gran ingenio, y de su prolija 
exactitud, se contradice abiertamente en este punto. Supone unidos 
los dos continentes por la parte de la Tartaria Oriental, y afirma que 
por alli pasaron a America los primeros pobladores, y todas las bestias 
comunes a uno, y otro mundo, como los bisontes, llamados en Megi- 
cano cíbolos, los lobos, los zorros, los ciervos, y otros cuadrúpedos 
que soportan los climas firios. Añade que no podía haber en Ame- 
rica leones, tigres, camellos, elefantes, ni ninguna de las diez y siete 
especies de monos del antiguo continente ; en una palabra, que 
ningún cuadrúpedo propio de los climas calientes podia ser común 
a ambos mundos, por servirles de barrera el frió de los paises Septen- 
trionales, que debían atravesar al pasar de uno a otro. Repite sin 
cesar esto mismo en toda su Historia Natural, y con tal seguridad, 
que por esta sola razón destierra de America las gazelas, las cabras, 
y los conejos. No llama cuadrúpedos propiamente Americanos, 
sino a los que viven en los paises calidos del Nuevo Mundo, y coloca 
entre ellos trece o catorce especies de monos Americanos, divididas 
por él en las dos clases de Sapajous, y Sagouins, De estas dice 
que no había ninguna en el antiguo continente, como ninguna de 

TOMO II. p 



210 HISTORIA ANTIGUA üK MEGICO. 

las diez y siete de este se hallaba en aquel. ¿ Cual fue pues el 
origen de estos, y otros cuadrúpedos propiamente Americanos ? Esta 
duda, que se presenta muchas veces en la obra de aquel gran Fi- 
losofo, queda irresuelta hasta el penúltimo tomo de la Historia de 
los Cuadrúpedos, en que hablando como buen Católico raciocina asi : 
** no pudiendo dudarse que todos los animales fueron creados en el 
antiguo continente, es preciso admitir el transito de este al nuevo, y 
suponer al mismo tiempo que muchos animales, en lugar de dege- 
nerar, como otros, en el nuevo, se perfeccionaron, y superaron su 
propia naturaleza, por la conveniencia del clima. El haberse hallado 
en el Nuevo Mundo tantos animales que no se encuentran en el 
Antiguo, prueba que su origen no debe atribuirse a la simple dege- 
neración. Por grandes, y eficaces que sean sus efectos, nunca se 
podra creer que estas especies hayan sido originalmente las mismas 
que las del Mundo Antiguo. Debe creerse pues que los dos conti- 
nentes estaban unidos o contiguos, y que las especies que se habian 
retirado a las regiones de America, por haber encontrado en ellas, 
clima y producciones mas convenientes a su naturaleza, se aislaron, 
y 'separaron de las otras por las irrupciones del mar, que dividieron 
la America del África*." De. esto se infiere, 1. Que no hai animal 
propiamente Americano, pues todos pasaron del continente en que 
fueron creados. 2. Que el argumento fundado en la naturaleza de 
los animales repugnante al frió nada prueba en contra de su transito 
al nuevo continente, pues aquellos que no podian sufi-ir el frió del 
Norte, pudieron pasar por la parte de Afnca. 3. Qi\o por donde 
pasaron los monos Sapajou y Sagouin, pudieron también pasar los 
elefantes, y los camellos. 

Dejando aparte otras opiniones que no merecen citarse, espondré 
en algunas conclusiones la mia, no ya para establecer como he dicho, 
un sistema, sino para suministrar materiales a otros ingenios supe- 
riores, y para ilustrar algunos puntos de mi obra. 

1. Los hombres y los animales pasaron del antiguo continente al 

* Ruego a los lectores que confronten lo que dice aqui el Conde de Bufifon 
sobre la antigua unión de America, y África, con lo que escribe en el tomo xviii 
hablando del león. " El león Americano no puede decender del león del antiguo 
continente, pues no habitando este sino entre los trópicos, y habiéndole cerrado 
la naturaleza, según parece, todos los caminos acia el Norte, no pudo pasar de I 
las partes meridionales del Asia, y del África a la America, estando separados ' 
estos continentes por mares inmensos : de donde se infiere que el león Ameri- 
cano es un animal propio del Nuevo Mimdo." 






SOBRE LA POBLACIÓN DE AMERICA. 211 

nuevo. Esta verdad se funda en los libros Sagrados. El mismo 
Moisés, que declara a Noe origen común de todos los hombres des- 
pués del diluvio, dice espresamente que en aquella inundación general 
de la tierra perecieron todos los cuadrúpedos, todas las aves, y todos 
los reptiles, exepto algunos pocos individuos, que se salvaron en el 
arca para restablecer la especie. Las repetidas espresiones de que se 
vale el historiador Sagrado para significar la universalidad, no per- 
miten poner en duda que todos los cuadrúpedos, reptiles, y aves que 
hoi existen en el mundo, decienden de aquellos que se preservaron del 
esterminio general ; de otro modo, como ya he dicho, hubiera sido tan 
infructuosa como ridicula la diligencia de encerrar aquellos anima- 
les, y especialmente las aves, en el arca, y desproposito semejante al 
de las hijas de Lot, que cuando vieron arder las ciudades de Sodoma, 
y Gomorra, se persuadieron que hablan perecido todos los hombres, 
y que ellas quedaban en la tierra para perpetuar la especie humana. 

2. Los primeros pobladores de America pudieron pasar por mar 
en barcos, o a pie, por tierra, o sobre el hielo. 1. Pudieron pasar 
en barcos, o con esprgso designio, o impulsados por el viento, supo- 
niendo la existencia de un estrecho que separase un continente de 
otro. Asi sucedió muchos siglos después con el marinero o piloto, 
que, según algunos escritores, dio a Colon las primeras noticias que 
lo movieron a emprender sus grandes, y memorables descubrimien- 
tos*. 2. Pudieron pasar a pie por tierra, sí existia la comunicación 
que hemos mencionado entre el Antiguo, y el Nuevo Mundo. 3. Pu- 
dieron pas.lr por un estrecho helado. Nadie ignora cuan grandes, y 
durables sean los hielos de los mares del Norte : no es pues imposi- 
ble que los hombres pasasen por alguna de aquellas masas solidas, ora 
persiguiendo alguna fiera, ora en busca de nuevas tierras. Aqui no 
hablo de lo que sucedió, sino de lo que pudo suceder. 

3. Los progenitores de las naciones que poblaron el pais de 
Anahuac {de que principalmente nos ocupamos) pasaron de los 
paises Septentrionales de Europa a los Septentrionales de America, 
o mas bien, de los mas Orientales del Asia, a los mas Occidentales 
de America. Esta conclusión se funda en la tradición constante, 

* Algunos autores afirman que el marinero que dio noticia a Colon de aquellos 
nuevos paises de Poniente, era Andaluz : otros lo hacen Bizcaino, y otros Por- 
tugués. Otros niegan totalmente el hecho. Como quiera que sea, la historia nos 
presenta egemplos de buques arrebatados por los vientos a m.uchos grados de 
distancia del derrotero <iue seguían. Plinio cita algunos de estos casos en el 
lib. ii, cap. 57, y eu el lib. vi, cap. 22 de su Historia Natural. 

p2 



S12 HISTORIA ANTIGUA DE MKGICO. 

y general de aquellos pueblos, que unánimemente decian haber venido 
sus abuelos a Anahuac, de los países situados al Norte, y al Nor- 
dueste. Confirman esta tradición los restos de algunos edificios 
antiquisimos, construidos por aquellas naciones en su peregrinación, 
de que ya he hablado, y la creencia común de los pueblos Septen- 
trionales. Ademas de lo que he dicho sobre este punto en el libro ii 
de la Historia, tenemos en Torquemada, y Betancourt otra prueba 
en apoyo de aquella opinión. En un viage que hicieron los Espa- 
ñoles, el año de 1606, desde el Nuevo Megico hasta el rio que ellos 
llamaron Tizón, distante 600 millas de aquella provincia, acia Nor- 
dueste, encontraron algunos grandes edificios, y vieron muchos Indios, 
que hablaban la lengua Megicana, de los que supieron que a cierta 
distancia de aquel rio, acia el Norte, estaba el reino de Tollan, o 
Tolan, y gran numero de poblaciones grandes, de las que salieron los 
que poblaron el imperio Megicano, atribuyendo a estas gentes la 
construcción de aquellos edificios. En efecto todos los pueblos de 
Anahuac creían que en las regiones situadas acia el Norte, y el Nor- 
dueste, estaban los reinos y provincias de 'J'olan, Teoacolhuacan, 
Aínaquemecan, Aztlan, Tehuayo, Cópala, &c. : nombres todos Megi- 
canos. Si llegasen a descubrirse estos países darían grandes luces 
■sobre la historia antigua de Megico. Boturini asegura que en las pin- 
turas antiguas de los Tolteques se representaba la peregrinación de sus 
abuelos por el Asia, y por los países Septentrionales de America, hasta 
su establecimiento en Tolan, y aun «e ofreció a señalaren su Historia 
General el camino que siguieron : mas como no tubo tiempo de es- 
cribir aquella obra, no puedo decir mas acerca de su sistema. 

Ahora bien : estando los países en que aquellas gentes se estable- 
cieron en la parte de la costa Occidental de America que mas se 
aproxima a la costa mas Oriental del Asía, es probable que por allí 
mismo pasasen de uno a otro continente, o en barcas si entonces 
existía el estrecho que hoi existe, según parece por los descubri- 
mientos de los Rusos, o a píe, si no había separación, como después 
veremos. Las trazas que fueron dejando aquellas naciones nos con- 
ducen hasta aquel estrecho, que es probablemente el mismo que des- 
cubrieron los viageros del siglo xvi, ya qué dieron el nombre de 
estrecho de Anian*. 

* En los mapas Geográficos de America, publicados el siglo pasado, se señala 
el estrecho de Anian, aunque con mucha diversidad. Después se omitió por que 
se creia fabuloso, pero después de los descubrimientos de los Rusos, algunos 
Geógrafos han empezado a señalarlo de nuevo. 



SORBE LA POBLACIÓN DE AMERICA. 213 

En cuanto a las otras naciones de America, no hallándose en ellas 
ninguna tradición acerca de la parte por donde pasaron sus fundadores, 
nada podemos decir. Quizas el transito general se hizo por donde 
pasaron los progenitores de los Megicanos, o quizas por otro punto 
niui distinto. Yo congeturo que los que poblaron el Mediodia, toma- 
ron la misma dirección, que los animales propios de los paises calien- 
tes, y que las naciones que habitan la parte situada entre las Floridas, 
y lo mas Septentrional de America deben su origen a gentes que 
pasaron del Septentrional de Europa. La diversidad de caracteres 
que se descubren entre aquellas tres clases de Americanos, y la situa- 
ción de los paises que ocuparon, me inclinan a creer que no son del 
mismo origen, y que no pasaron por los mismos puntos sus fundado- 
res : mas esto no pasa de congetura. 

Hai otros escritores que resuelven el problema valiéndose de la 
Atlantida, cuya existencia, combatida por el P. Acosta, ha sido soste- 
nida por Sigüenza, según Gemelli, y posteriormente, con mucha eru- 
dición, por el autor de las Cartas Americanas. Si en la descripción 
que Platón hace de aquella isla en su Timeo, no se hallaran tantas 
fábulas increibles, seriS de gran peso la autoridad de aquel filosofo. 
Dejando pues a otros esta disputa vengamos al punto mas difícil del 
problema. 

4. Los cuadrúpedos, y reptiles del Nuevo Mundo pasaron por 
tierra. Esta verdad se acredita manifestando la improbalilidad, o la 
inverosimilitud de las opiniones contrarías. El gran doctor de la 
Iglesia S. Agustín creyó que las fieras, y los animales dañinos que 
están en las islas pudieron ser llevados a ellas por el ministerio de los 
angeles, como puede creerse que por estos agentes de la voluntad 
divina se hizo la reunión de los animales en el sitio en que se cons- 
truyó el arca de Noe, no siendo posible que los hombres congregasen 
las fieras errantes en los bosques, y los pájaros que volaban por regio- 
nes tan diversas. Pero esta solución, que corta la dificultad del tran- 
sito de los animales al Nuevo Mundo, no sera bien recibida en el 
siglo presente, ni debemos hacer uso de ella, sino después de haber 
reconocido la inutilidad de todas las demás esplicaciones que se em- 
pleen en salvar la verdad de los libros Santos. 

El mismo Santo Doctor sugiere otras tres soluciones de la dificul- 
tad. Pudieron las fieras, dice, pasar a nado a las islas ; pudieron ser 
transportadas por los hombres, para tener caza con que divertirse ; pu- 
dieron en fin ser formadas de la tierra, como lo fueron al principio del 



214 HISTORIA ANTIGUA DE MEGIGO. 

mundo. Pero ninguna de estas esplicaciones conviene al transito de 
las fieras al nuevo continente. En cuanto a la primera, por estrecho 
que se suponga el bra^zo de mar que separaba los dos mundos, no es 
creible que se aventurasen a pasarlo a nado tantos animales, poco 
acostumbrados al agua. Es cierto que los javalies pasan nadando de 
Corsega a Francia : pero ¿ quien puede creer lo mismo del mono, que 
nada con tanta dificultad, y del perico-ligero cuyos movimientos son 
tan penosos, y pausados? Ademas ¿qué causa pudo inducir a los 
animales a dejar la tierra, y abandonarse a los peligros de otro 
elemento ? 

No es menos increíble que los hombres los llevasen en buques, 
especialmente si se supone que su arrivo a las costas de America fue 
imprevisto, y casual. Si el viage hubiera sido efecto de un designio 
premeditado, hubieran podido transportar animales útiles o curiosos, 
para multiplicar sus especies, y emplearlas en sus necesidades, y 
placeres. Pero ¿ de qué podian servirles los lobos, los zorros, las 
fuinas, los coyotes y otras bestias que en lugar de utilidad solo dan 
molestia, y daño ? ¿ Para la caza ? Pero ¿ no podrían gozar de la 
misma recreación, sacando de ella productos utfies, con las liebres, los 
conejos, las cabras monteses, los venados, los ciervos, y otros cuadrú- 
pedos menos feroces ? Supongamos en fin que los primeros poblado- 
res de America fueron tan insensatos que quisieron transportar fieras 
para divertirse en cazarlas. ¿ Seria tanta su insensatez que se toma- 
sen el trabajo de conducir innumerables especies de culebras para 
tener después el gusto de destruirlas ? 

La tercera solución, esto es, que Dios creó animales en America 
como los habia creado en Asia, seria sin duda una respuesta perento- 
ria si no se opusiese directamente a los libros Sagrados. Si Dios 
habia resuelto hacer esta segunda creación ¿ por qué mandó a Noe 
que guardase en el arca cierto numero de individuos de cuadrúpedos, 
reptiles, y pájaros, para que no pereciesen sus especies ? Ut salvetur 
semen supeí' faciem universce ierra. Si este testo solo se entiende 
de los animales del antiguo continente, y no de los del nuevo, lo 
mismo podra aplicarse al otro en que se dice que de los tres hijos de 
Noe se propagó todo el genero humano. Ab his disseminatum est 
omne genus hominum super. universam terram. Yo a lo menos no 
encuentro distinción entre el super faciem universa terree del prime- 
ro, y el super universam terram del segundo. 

Queda otra obgecion al transito de las bestias, que es la misma que 



SOBRE LA POBLACIÓN DE AMERICA. 215 

hemos indicado hablando del de los hombres. Es fácil imaginarse 
que aquellas pasaron sobre el hielo : pero ¿ quien puede persuadirse 
que muchas especies de animales voracísimos se dirigiesen a unas 
regiones privadas de todo lo que podría servirles de sustento, y que 
otros, a cuya naturaleza es repugnante el frío, emprendiesen en medio 
del invierno su marcha por los países en que este egerce con mas seve- 
ridad sus rigores 1 

No siendo pues probable que los animales del Nuevo Mundo pasa- 
sen a nado, ni por hielo, ni que fuesen transportados por los hombres, 
ni por los angeles, ni creados nuevamente por Dios, debemos creer 
que tanto los cuadrúpedos, como los reptiles que se hallaron en 
America pasaron por tierra, y que los dos continentes estaban unidos. 
Tal ha sido la opinión de Acosta, de Boffon, de Grocio, y de otros 
grandes hombres. Estoi lejos de adoptar el sistema del Conde de 
Buífon en toda su ostensión. Nunca podra persuadirme este filosofo 
con toda su elocuencia, y erudición que todo lo que es ahora tierra ha 
sido en otro tiempo lecho de mar. Jamas creeré que el antiguo con- 
tinente, y lo mismo digo del nuevo, padeciese una inundación general, 
distinta del diluvio, y mas durable que él. Todos los argumentos de 
aquel naturalista no bastan a sostener una opinión que parece poco 
conforme a los libros Santos, en los cuales se da a entender que una 
parte del Asia, a lo menos, estubo poblada desde la creación de los 
primeros hombres hasta el diluvio universal, y desde que la tierra se 
enjugó hasta algunos años después de la muerte del Redentor. En 
la serie de^ cuarenta siglos, o mas, comprendidos en la relación de los 
libros Bíblicos, no se halla un hueco, digámoslo asi, en qué poder 
colocar la supuesta catástrofe. Contrayendome al nuevo continente, 
no hallo razón alguna para creer que lo sumergiese una inundación 
distinta de la del tiempo de Noe, como espero demostralo en la tercera 
disertación. 

Pero no hai duda que después del diluvio nuestro planeta ha espe- 
rimentado grandísimas vicisitudes. Las historias antiguas, y moder- 
nas confirman esta verdad, que Ovidio cantó en nombre del filosofo 
Pitagoras : — 

Vidi ego quod fuerat quondam solidissima telus, 
Esse fretum : vidi factas ex oequore térras. 

Hoi se aran tierras sobre las cuales se navegaba antes, y por el con- 
trario, se navega por donde antes se araba. Los terremotos han hun- 
dido las unas, y las otras han salido del seno del mar, a impulso de los 



216 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

fuegos subterráneos*. El fango de los rios ha dado origen a nuevos 
terrenos; el mar, retirándose de algunas costas, ha ensanchado por 
aquella parte los continentes, mientras por otras ha usurpado sus domi- 
nios, separando en otras su unión, y formando nuevos estrechos, y 
senos. Los siglos pasados ofrecen egemplos de estas revoluciones. 
La Sicilia estaba unida al continente de Italia, como la Eubea (hoi 
Negroponto) lo estaba a la Beocia. Diodoro, Estrabon, y otros auto- 
res antiguos dicen lo mismo de España, y África, y afirman que de re- 
sultas de una violenta irrupción del Océano, se rompió la comunica- 
ción entre los montes Abila, y Calpe, y se formó el Mediterráneo. 
Los habitantes de Ceilan creen, en virtud de una tradición antigua, 
que aquella isla fue separada, por una convulsión semejante de la 
península Indica. Otro tanto creen algunos pueblos orientales de las 
Maldivas, y de Sumatra. " Es cierto, dice el Conde de Buffon, que 
en Ceilan la tieíra ha perdido treinta o cuarenta leguas que le ha 
usurpado el mar, mientras en Tongres, pueblo de los Paises Bajos, el 
mar ha cedido casi otro tanto a la tierra. La parte Septentrional de 
Egipto debe su existencia al Nilof. La tierra que este rio trae de 
los paises Mediterráneos del África, y ha depositado en sus inunda- 
ciones, ha formado un suelo de mas de veinte y cinco brazas de pro- 
fundidad. Del mismo modo la provincia del Rio Amarillo en la 
China, y la de la Luisiana no se han formado sino con fango de los 
rios." Plinio, Séneca, Diodoro, y Estrabon citan innumerables egem- 
plos de estas revoluciones :|:, que omito por evitar la proligidad, como 
también otras muchas de los tiempos modernos, de qu^ hablan el 

* Nascuntur et alio modo terree, et repente in aliquo mare emergunt, veluti parta 
secum faciente natura quisque hauserit hiatus, alio loco reddente. Plin. Hist. Nat. 
lib. ii, cap. 26. 

t Faro o Farion, isla de Egipto, que segua Homero, en la Odisea, distaba un 
dia, y una noche de navegación del continente, apenas en tiempo de Cleopatra 
distaba siete estadios, longitud del puente que por orden de aquella reina hicieron 
los Rodios. Herodoto, Aristóteles, Séneca, Plinio, y otros escritores, hablan de 
esta importante revolución del terreno de Egipto. 

X Véase lo que dicen Plinio, en el lib. ii, de su Historia, y Séneca en el vi de 
sus Questiones. Plinio cuenta nueve islas formadas por la elevación del fondo 
del mar, que eran Rodas, Délos, Anafe, Nea, Alona, Jera, Tera, Terasia, y en sus 
tiempos, Tia. Entre las otras formadas por terremotos cita a Sicilia, que dista 
12 millas de Italia; a Chipre separada de la Siria; a Eubea de la Beocia; a Ata- 
lanta, y Nacris de la Eubea ; a Berbisco de la Bitinia ; a Leucosia del promonto- 
rio de las Sirenas. Entre las tierras sumergidas hace mención de la isla Cea, en 
que se anegaron 30 millas de terreno, con inmenso estrago de habitantes. 



SOBRE LA POBLACIÓN DE AMERICA. 217 

mismo Buftbn en su Teoría de la Tierra, y otros escritores. En 
America, todos los que hayan observado con ojos filosóficos la penin- 
sula de Yucatán, no dudarán que su terreno ha sido lecho de mar en 
otro tiempo; y por el contrario en el canal de Bahama se descubren 
indicios de haber estado unida la isla de Cuba al continente de la 
Florida. En el estrecho que separa la America del Asia se ven 
muchas islas, que probablemente serian las cimas de las montañas de 
algún espacio de tierra, sumergido por la violencia de un terremoto : 
lo que hace mas verosímil la multitud de volcanes de la península de 
Kamschatka. Es por consiguiente probable que la separación de los 
dos continentes haya sido efecto de aquellos espantosos terremotos de 
que hacen mención los historiadores Americanos, y que en aquellos 
pueblos forman una época casi tan memorable como la del diluvio. 
Los Tolteques los colocan en el año i Tecpatl, pero ignorando el 
siglo de que se trata, no nos es dado referirlo a nuestra Cronología. 
Si se hundiese el istmo de Suez, por efecto de algún gran transtomo 
fisico, y ocurriese esto en una época en que hubiese tanta escasez de 
historiadores como en los primeros siglos después del diluvio, al cabo 
de 300 años se dudai'la si el Asia estubo unida por aquella parte con 
el África, y no faltarían personas que lo negasen redondamente. 

5. Los cuadrúpedos y reptiles de America pasaron por diversas 
partes de un continente a otro. Entre los animales Americanas hai 
algunos que no pueden soportar el frió, como los cocodrilos, y los 
monos. Hai otros por el contrario naturalmente inclinados a vivir en 
el hielo, como las marmotas, los rengíferos, los glotones. Ni estos 
pudieron pasar al continente Americano por la zona tórrida, ni aquellos 
por la fria, pues seria necesario violentar su Índole, y morirían indu- 
dablemente en el camino. Los monos que se ven en las provincias 
Megicanas provienen de la America Meridional *. El centro de su 
población está situado bajo la Linea Equinoxial, y entre esta y los 
14° y 15° de latitud : a proporción que se alejan del Ecuador, se va 
disminuyendo su numero, y mas alia de los Trópicos solo se encuen- 

* D. Fernando de Alba Ijtliljochitl, Indio mui instruido en las antigüedades de 
su nación, dice en la Historia Universal de la Nueva España, que no había monos 
en la tierra de Anahuac, y que los primeros que alli se vieron, vinieron del 
Mediodía, después de la época de los grandes vientos. Los Tlascaleses, desfigu- 
rando con fábulas aquel suceso, decían que la especie humana fue destruida por 
el viento, y que los pocos hombres que sobrevivieron fueron transformados en 
monos. 



218 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

tran en algunos países en que las circunstancias locales producen un 
calor igual al que se esperimenta bajo la Linea : ¿ Quien puede creer 
que estos animales se encaminasen al Nuevo Mundo por el áspero 
clima del Norte 1 Se dirá que no es inverosímil que los hombres los 
llevasen consigo, para divertirse con sus ridiculos ademanes, y remedos : 
pero ademas de que lo que decimos de los monos se puede aplicar a 
otros muchos animales que no tienen la menor calidad apreciable, si 
no muchas temibles, y odiosas, ¿ es creíble que los hombres se tomasen 
el trabajo de llevar individuos de cada una de las numerosas especies 
de monos que se ven en America, entre las cuales hai algunas que 
lejos de ser graciosas, son de un aspecto diforme, y de una índole 
feroz, como los llamados zambos ? Y en caso de que se hubiesen 
resuelto a llevar dos individuos a lo menos de cada especie, estos 
ciertamente no hubieran podido pasar ni por los mares, ni por las 
tierras del Norte, por muchas precauciones que se hubiesen adoptado 
para preservarlos del frío. Era pues necesario transportarlos de los 
países calidos del antiguo continente, a los países calidos del nuevo, 
por unos marejs cuya temperatura fuese análoga al país natural de 
aquellos cuadrúpedos : esto es, o del Mediodía* del Asia, al Mediodia 
de 'America, por los mares !(pdico o Pacifico, o del Occidente de 
África al Oriente de America por el océano Atlántico. £1 transporte 
de los animales no pudo hacerse sí no por alguno de aquellos mares. 
Pero esta navegación ¿ fue casual o intentada a proposito ? Si 
casual i a qué fin llevaban consigo los hombres aquel estraño carga- 
mento ? Si tenían el proyecto de pasar a aquellos países, que les 
eran desconocidos, ¿ quien les dio noticias de ellos 1 ¿ Quien les indicó 
su situación ? ¿ quien les enseñó el camino ? ¿ como se arriesgaron a 
surcar sin el ausilio de la brújula aquellos mares vastísimos? ¿de qué 
buques se sirvieron para tan larga, y arriesgada navegación ? Sí 
estos buques llegaron felizmente ¿ es posible que no haya quedado 
entre los Americanos el menor recuerdo de su construcción ? 

Añádase a lo dicho la abundancia de cocodrilos en la zona tórrida 
del Nuevo Mundo, animales que exigen un clima caliente o templado, 
y que viven alternativamente en la tierra, y en el agua dulce. ¿ Por 
donde pasaron estos ? No por el Norte, cuyo frío es contrario a su 
naturaleza ; ni transportados por los hombres, que seguramente no 
podían tener el absurdo capricho de introducir en las tierras que iban 
a poblar, unas bestias tan perjudiciales, y destructoras. Tampoco 
puede decirse que hicieron el viage a nado, alejándose por las aguas 



SOBRE LA POBLACIÓN DE AMERICA. 219 

saladas del océano a cerca de dos mil millas de los rios o lagos en 
que nacieron, y en que gozaban de la compañía de los otros individuos 
de su especie. 

No queda otro arbitrio si no el de admitir la antigua unión de los 
paises equinoxiales de America con los de África, y la continuación 
de los paises Septentrionales de America basta los de Europa, y Asia : 
esta para el transito de las bestias propias de los paises frios, y aquella 
para el de los cuadrúpedos, y reptiles de los calidos. Por todo lo 
que he dicho hasta ahora, me persuado que hubo en épocas remotas 
una gran estension de tierra, que unia la parte mas Oriental del 
Brazil, con la mas Occidental de África, la cual desapareció quizas, 
de resultas de algún gran terremoto, quedando solo algunos restos en 
las islas de Cabo Verde, de Fernando de Noroña, de la Asension, de 
San Mateo, y otras, y en los muchos bancos reconocidos por los 
navegantes, y particularmente por Mr. Buache, que sondeó todos 
aquellos parages con la mayor diligencia*. Estas islas y bancos 
habrán sido verosímilmente la parte mas alta de aquel continente 
hundido. Del mismo modo creo que la parte mas Occidental de 
America estubo unid% con la mas Oriental de Tartaria, y quizas no 
seria imposible que existiese otra unión, por la Groenlandia, entre 
America, y el Norte de Europa. 

El sumo respeto que se debe a los libros Santos me obliga a creer 
que los cuadrúpedos, y reptiles del Nuevo Mundo decienden de 
aquellos individuos que se salvaron del diluvio universal en el arca de 
Noe, y las razones alegadas hasta ahora, y otras que omito por evitar 
fastidio a mis lectores me persuaden que su transito se hizo por tierra, 
y por diversas partes del nuevo Continente. Todos los otros sistemas 
están sugetos a gravisimas dificultades : en el que propongo hai 
algunas: pero no son insuperables. La principal consiste en la 
aparente inverosimilitud de un terremoto capaz de sumergir un espacio 
de tierra de mas de 1500 millas, que era el que, en mi hipótesis, unia 
el África con la America, sepultándolo hasta la profundidad que se 
observa en algunos puntos de aquellos mares. Pero ademas de que 
yo no atribuyo tan estupenda revolución a un solo terremoto, habiendo 
en las entrañas de la tierra tantas masas de materias combustibles, la 
inflamación de las unas podría comunicarse rápidamente a las otras, 

* Mr, Buache presentó el año de 1737 a la Academia Real de Ciencias de Paris 
el mapa hidrográfico de aquellos mares hecho según sus observaciones. La 
Academia lo examinó y aprobó. El autor de las Cartas Americanas copia en 
pequeño aquel mapa, en el tomo ii de su obra. 



220 HISTORIA ANTIGUA DE MKGICO. 

del mismo modo que Gasendi esplica la formación del rayo, y la 
violenta rarefacción del aire contenido en aquellas minas naturales 
podria en un momento sacudir, agitar, y precipitar al seno del océano 
un continente de dos o tres mil millas de estension. Esto no es im- 
posible, ni inverosímil, ni carece de egemplos en la historia. El 
terremoto que se sintió en Canadá en 1663 aniquiló una cadena de 
montes de roca, que tenia 300 millas de largo, quedando convertido 
todo aquel espacio en una vasta llanura. ¿ Cuan terrible no habrá 
sido la convulsión ocasionada por aquellos estraordinarios, y memo- 
rables temblores de tierra, de que hacen mención las historias antiguas 
Americanas, y con los cuales creian aquellos pueblos que se habia 
destruido el mundo ? 

También puede oponerse a mi sistema que si los animales pasaron 
por tierra de uno a otro continente, no es fácil adivinar por qué razón 
pasaron algunas especies, sin quedar un solo individuo de ellas en el 
continente antiguo, y por el contrario quedaron en este especies 
enteras, sin que pasase al otro un solo individuo de ellas. Por 
egemplo ¿ por qué pasaron las 14 especies de monos que hoi se en- 
cuentran en America, y no las 17 que el Conde de BuíFon cuenta e» 
Asia, y en África, siendo todas de un mismo clima, y teniendo la 
misma facilidad de hacer el viage ? ¿ Por qué pasó el lentísimo 
perico-ligero, y no la veloz gazela? Si de la Armenia, donde se 
detubo el arca de Noe, se encaminaron los animales acia la America, 
debieron hacer un viage de 6,000 millas las especies destinadas a los 
paises equinoxiales de aquella parte del mundo, pasando de Armenia 
a Egipto, por la Siria, y la Mesopotamia ; de Egipto, por el Asia 
central, al supuesto espacio de tierra que unia los dos continentes, y 
finalmente al Brasil. Con respecto a muchos cuadrúpedos, este viage 
no ofrece dificultad, concediéndoles un espacio de 10, 20, ó 40 años : 
pero del perico-ligero no se puede concebir que lo egecutase en 
6 siglos, caminando sin cesar. Si damos fe al Conde de Bufibn, aquel 
animal no puede andar en una hora mas que una toesa, o 6 pies 
reales de Paris : de modo que para 6,000 millas necesitaba 680 años : 
y mucho mas si creemos lo que dicen Mafi(ei, Herrera, y Pisón, a 
saber : que aquel infeliz cuadrúpedo apenas puede andar en 15 dias 
un tiro de piedra. 

Estas son las obgeciones que presenta mi opinión ; y algunas de 
ellas tienen todavia mayor fuerza contra todos los sistemas que he 
citado, exepto el que echa mano de los angeles para cortar la dificultad. 
Si los hombres fueron los que transportaron las bestias ; ¡ por qué en 



SOBRE LA POBLACIÓN UE AMKRICA. 221 

lugar de lobos, y zorros no llevaron caballos, toros, ovejas, y cabras { 
I Por qué no dejaron un solo individuo de muchas especies en el 
continente antiguo ? Si los animales pasaron a nado, a la dificultad 
del viage marítimo se añade la del terrestre. Si todos, aun los de la 
America Meridional, pasaron por el Norte, en lugar de 6,000 millas, 
tendremos 15,000, que el perico-ligero no pudo atravesar en menos de 
1740 afíos. 

Respondiendo pues a las mencionadas obgeciones, diré: 1. Que 
no siendo hasta ahora conocidos todos los cuadrúpedos de la tierra, no 
podemos saber cuales son los que faltan en uno y en otro continente. 
El Conde de Buffon cuenta 200 especies ; Mr. Valmont de Bomare, 
que escribió algún tiempo después, cuenta 205 : pero lo cierto es que 
nadie es capaz de numerarlas todas, pues nada se sabe de las de al- 
gunas regiones interiores del África, de una gran parte de la Tartaria, 
del pais de los Amazonas, de la Luisiana Septentrional, de los paises 
situados al Norte del rio Colorado, del pais de los Apaches, de las 
islas de Salomón, de la Nueva Holanda, &c., regiones que ocupan 
una vasta porción de Ij superficie de nuestro globo. Ni es de estrafiar 
que no se tenga noticia de los animales que habitan los paises desco- 
nocidos, cuando de los que residen en paises conocidos y habitados 
260 años por los Europeos, no tienen los zoologistas los datos nece- 
sarios para escribir su historia. El Conde de Bufíbn, con poseer tan 
vastos conocimientos sobre esta parte importante de las Ciencias Na- 
turales, omite algunos cuadrúpedos de Megico, y hablando de otros 
comete los graves errores de que hablaré en otra disertación. 

Contrayendome a los animales de que ciertamente carecían las 
tierras de America, como el elefante, el camello, y el caballo, no 
faltan razones para esplicar su falta. Puede ser que en efecto pasa- 
sen al Nuevo Mundo, y que pereciesen estermínados por las fieras, o 
por alguna epidemia peculiar a sus especies ; también puede ser que 
nunca pasasen. Algunos, como el elefante, y el rinoceronte, cuya 
multiplicación es lenta, permanecieron quizas en los paises Meridio- 
nales de Asia, y África, hallando un clima conveniente a su natura- 
leza, buenos pastos, y un grande espacio de tierra en que poder vivir 
con holgura : por lo que no necesitarían salir de sus regiones primi- 
tivas para vivir según sus inclinaciones, y apetitos. Es cierto que, 
según algunos autores, los grandes huesos que se han encontrado en 
las margenes del Ohio, y en otros puntos de America, pertenecen a 
elefantes, de lo que se inferiria su antigua existencia en aquel conti- 
nente : pero en general los zoologistas no están de acuerdo sobre este 



222 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

punto, y por consigiuente no se puede deducir ningún argumento 
solido contra mi hipótesis*. Por fin, pudo ser también que muchas 
bestias no pasasen al Nuevo Mundo por habérselo impedido los hom- 
bres. Yo no dudo que después de haber salido del arca la familia de 
Noe, retubo en su poder las vacas, las ovejas, y las cabras, formando 
rebaños para satisfacer sus necesidades, como habian hecho sus ante- 
pasados, en virtud del permiso que Dios había concedido después del 
diluvio. A medida que se fueron propagando los hombres, se fueron 
igualmente aumentando sus posesiones en Armenia, Caldea, Siria, 
Persia, y Egipto, a cuyas regiones quedaron verosímilmente confina- 
dos en aquellos primeros tiempos los rebaños, bajo el cuidado de los 
primogénitos de las familias. Entre tanto, los cuadrúpedos que habian 
conservado su libertad, huyeron de los hombres, y se dirigieron a los 
países despoblados, y algunos de ellos, buscando el clima, y el pasto 
convenientes a su naturaleza, pudieron encaminarse acia el Nuevo 
Mundo. Después, algunas familias destinadas a poblar otros paises, 
previendo su separación, y queriendo dejar a la posteridad un monu- 
mento de su magnificencia, emprendieron la construcción de la ciudad, 
y l,a torre que se llamó de Babel. Dios confundió sus idiomas, para 
obligarlos a ir a sus destinos, y ellas, cediendo a la voluntad del 
Eterno, y al castigo que las amenazaba, se pusieron en marcha por 
diversos caminos. Los progenitores de los que debían poblar la Ame- 
rica, o no condugeron consigo rebaños, por que no pudieron adquirirlos, 
o habiéndolos sacado de Caldea, los consumieron en su larga peregri- 
nación. Lo cierto es que ninguno de los animales que esí^ubieron, en 
los primeros siglos, bajo el cuidado especial de los hombres del Mundo 
Antiguo, se encontró en el Nuevo : lo que parece ser claro indicio de 
que los que pasaron lo hicieron por su propio instinto, y no por minis- 
terio de los hombres. Lo que digo de las vacas, de las ovejas, y de 
las cabras, se puede aplicar a los asnos, y a los caballos, animales que 
sin duda alguna fueron reducidos a esclavitud inmediatamente después 
del diluvio. Como quiera que sea, el argumento sacado del transito 
de unas bestias, y no de otras, nada prueba contra mi sistema. 

En cuanto al cálculo indicado del tiempo que necesitaba el perico- 

* Muller dice que los huesos de que se trata eran de unos grandísimos cuadrú- 
pedos llamados manmut. El Conde de BuflFon, fiándose quizas demasiado en los 
datos de aquel escritor, calculó que el manmut era seis veces mayor que el ele- 
fante. Otros dicen q\ie son huesos de hipopótamo, otros de bestias marinas, 
otros finalmente de animales desconocidos, y cuyas especies se han estinguido de 
un todo. 



SüBRE LA POBLACIÓN DE AMERICA. 223 

ligero para pasar de la Armenia al Brasil, no hallo en él ningún in- 
conveniente. Aunque necesitase 1000 años, pudo enfin llegar si los 
dos continentes estubieron unidos todo aquel tiempo : suposición que 
no repugna ni a la razón, ni a la historia. Pero tampoco se debe ad- 
mitir ciegamente el cálculo en que la obgecion se funda. El mismo 
Conde de BuíFon dice que los escritores han exagerado la lentitud de 
aquel animal, y Mr. Daubenton asegura que no es tan lento como la 
tortuga. Ademas de que no siendo un animal dañoso, si no antes 
bien digno de compasión, pudieron ayudarlo los hombres, llevándolo 
de un pais a otro. 

Tal es mi opinión acerca de la población de America. Sometola 
al juicio de los hombres sabios, y Cristianos: no empero al de los 
filósofos incrédulos, y caprichosos, que ni respetan la autoridad divina, 
ni se curan de las tradiciones humanas, ni hacen caso de los dictados 
de la razón. 



DISERTACIÓN II. 



PRINCIPALES ÉPOCAS DE LA HISTORIA DE MEGICO. 

La estraña variedad que se nota en los autores acerca de la Crono- 
logía de la Historia de Megico, me obliga a examinar prolijamente las 
épocas de sus principales sucesos. Para hacerlo en el cuerpo de la 
Historia, hubiera sido necesario interrumpir el hilo de la narración con 
disputas espinosas. En las notas no podia hacerse sin darles dema- 
siada estension. La variedad de las opiniones de los escritores, nace 
de no haber podido ajustar los años Megicanos a los nuestros. Yo 
he trabajado con gran esmero en averiguar la verdad, y en parte me 
parece haberlo conseguido, como haré ver en la presente disertación, 
que sin duda parecerá enojosa a los que miran con poco interés la 
ilustración de las cuestiones cronológicas. 

Sobre la época de la llegada de' los Tolieques y otras naciones al 
pais de Anahuac. 

No hablamos ahora de los primeros pobladores, si no de las naciones 
que figuran en mi Historia, sobre las cuales están discor^des los Au- 
tores, acerca del orden de su llegada, Los Chichimecos, por egem- 
plo, que según Acosta, Gomara, y Sigüenza, fueron los primeros, 
según Torquemada fueron los terceros, y según Boturini los cuartos. 
No es menor su discordancia acerca del tiempo de la llegada de cada 
nación, como haré ver después. 

Nadie duda que los Tolteques fueron antiquísimos. De las mismas 
historias de los Chichimecos se infiere que estos no llegaron al pais de 
Anahuac, si no después de la ruina de aquellos, cuyos edificios vieron 
en su viage, y cuyos restos encontraron en las orillas del lago Megi- 
cano, y en otros puntos. En esto convienen Torquemada, Betan- 
court, y Boturini. Herrera, Acosta, y Gomara no hacen mención 
de los Tolteques, quizas por qué los autores antiguos de que se 
sirvieron, omitieron las noticias de aquella nación, siendo en su tiempo 
oscuras, y escasas. 

Acerca del tiempo de su llegada, Torquemada dice en el libro iii de 
su Historia que ocurrió en el año 700 de la era vulgar, pero de lo que 



KPOCAS DE LA HISTORIA UK MEGICO. 225 

escribe en el libro i se deduce que debió ser en el 648. Boturini 
«ree que fue un siglo antes, pues dice que Ijtlalcuechajiuac, reí 
segundo de Tula, reinaba por los años de 660. Por sus pinturas 
sabemos que salieron de Huehuetlapatlan el año i Tecpatl; que des- 
pués de haber peregrinado 104 años, se establecieron primero en 
Tolantzinco, y luego en Tula, y que su monarquía, que empezó el 
año VII Acatl, duró 384 años. Después de haber confrontado estas 
épocas de los Tolteques con las de los Chichimecos sus sucesores, me 
he convencido que su salida de Huehuetlapatlan ocurrió el año 544, 
y su monarquia empezó en el de 667. El que quiera continuar, re- 
trocediendo hasta aquel tiempo, por la serie de años Megicanos com- 
parados con los de la era Cristiana, como la he espuesto al fin del 
tomo i, hallará que el año 544 de esta, correspondía al I Tecpatl, y el 
año 667 al vii Acatl. No hai motivo para anticipar estas épocas, ni 
pueden posponerse sin trastornar algunas de las naciones posteriores. 
Ahora bien, si la monarquia empezó en 667, y duro 384 años, debe 
fijarse su fin, y la destrucción de los Tolteques en el año 1051 de 
nuestra era. ' 

Entre la ruina de Its Tolteques, y la llegada de los Chichimecos no 
pone Torquemada mas de 9 años: mas esto no puede ser, por que, 
según el mismo autor, los segundos encontraron arruinados los edificios 
de los primeros, lo que no pudo verificarse en tan poco tiempo. 
Ademas, no puede fijarse en aquel siglo el principio de la monarquia 
-Chichimeca sin aumentar el numero de sus reyes, o sin prolongar 
exesivamente su vida, como hace Torquemada. ¿ Quien sera capaz 
de creer que Jolotl reinase 113 años, y viviese 200? ¿ que Nopaltzin, 
su hijo, viviese 170, Techotlala, su tercer nieto, reinase 104, y Tezo- 
zomoc su decendiente ocupase el trono de Azcapozalco 160, o 180 
años t Es cierto que un hombre de complexión robusta^ ayudado por 
la sobriedad, y por el influjo de un clima benigno, como el de Megico, 
podia llegar a tan avazada edad, y no son raros, en la historia de 
aquellos paises, los egemplos de hombres que han prolongado su exis- 
tencia mas allá del termino ordinario. Calmecahua, uno de los capi- 
tanes Tlascaleses que ayudaron a los Españoles en la conquista de 
Megico, vivió 130 años. El Jesuita Pedro Nieto murió en 1630, 
a la edad de 132. Diego Ordoñez, Franciscano, murió en Som- 
brerete de 117 años, predicando hasta el ultimo mes de su vida*. 

* Diego Ordoñez vivió en su orden 104 años, y en el sacerdocio 95. En su 
ultimo sermón se despidió del pueblo de Som])rerete con aquellas palabras de 
». Pablo : Bonum certamen certavi, cursum consumavi. ' 

TOMO 11. O 



5¿26 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

Pudiera hacerse un largo catalogo de aquellos que, tanto en los dos 
siglos pasados como en nuestros dias, han pasado en aquellos paises 
la edad centenaria. Entre los Indios particularmente no son raros los 
que llegan a 90, y a 100 años, conservando hasta la estrema vegez los 
cabellos negros, la dentadura entera, y la vista firme : pero habiendo 
sido tan pocos los que desde el siglo XXIII del mundo han pro- 
longado la vida hasta los 150 anos, que se miran como otros tantos 
fenómenos, no podemos convenir con la estravagante Cronología de 
Torquemada, que quizas se apoyarla en alguna pintura o escrito de 
los Tezcucanos, especialmente cuando él mismo confiesa que aquellas 
naciones no fueron mui exactas en el computo de los años. Por tanto 
no dudo que la llegada de los Chichimecos a Anahuac se verificó en 
el siglo XII, y probablemente acia el año de 1170. 

Apenas habían pasado ocho años, desde que Jolotl, primer rei Chi- 
chimeco, se habia establecido en Tenayuca, cuando llegaron nuevas 
gentes, conducidas, como he dicho en la historia, por seis caudillos. 
Estas eran, en mi opinión, las seis tribus de Joquimilques, Tepaneques, 
Colhuis, Chalqueses, Tlahuiques, y Tlascaleses, que se separaron de los 
Megicanos en Chicomoztoc, y que llegaron unas dcnpues de otras al valle, 
en él mismo orden en que acabo de nombrarlas. Lo cierto es que cuando 
llegaron, pocos años después los Acolhuis, hallaron fundada por los Te- 
paneques la ciudad de Azcapozalco, y por los Colhuis la de Colhuacan. 
Ademas se sabe que aquellas tribus llegaron después de los Chichimecos, 
de que se infiere que su llegada fue en el intervalo que medió entre la de 
estos, y la de los Acolhuis. Ahora bien ; no hai memoria de otras gentes 
venidas por aquel tiempo al Anahuac, si no las conductas por los 
mencionados seis gefes : luego estas fueron las seis tribus de Nahuat- 
laques, que he citado con sus respectivos nombres. El P. Acosta las 
coloca tres siglos antes, pues dice que llegaron a orillas del lago el año 
de 902, después de una peregrinación de ochenta años: mas este 
calculo no está de acuerdo con 4a historia, de la que consta que 
cuando Jolotl vino al valle con su colonia de Chichimecos, halló 
despobladas las orillas del lago, y la llegada de esta colonia no pudo 
verificarse antes de la mitad del siglo xii como he dicho mas arriba. 

Ignorase la época de la llegada de los Acolhnis, pero yo no dudo 
que fuese acia fines del mismo siglo, por que aquellos pueblos llegaron 
pocos años después de las seis tribus, y por otra parte consta de la 
historia que Jolotl sobrevivió algunos al establecimiento de estas. 

La ultima nación o tribu que se dejó ver en Anahuac fue la de los 
Megicanos. En todos los autores que he consultado no he hallado 



ÉPOCAS DE LA HISTORIA DE MEGICO. ' 227 

ano que sea de opinión contraria sino Betantfourt, el cual da el ultimo 
lugar a los Otomites, El P. Acosta fija la llegada de los Megicanos 
a las orillas del lago en el año de 1208, por que coloca aquel suceso 
306 años antes de la llegada de las seis tribus Nahuatlaques, que, 
según su computo, se verificó en 902. Torquemada, según el calculo 
hecho por Betancourt sobre los datos en que se funda, pone la llegada 
de los Megicanos a Chapultepec en el año 1260. Una historia 
Megicana anonimg, citada por Boturini, pone la venida de aquella 
tribu a Tula en 1196, y en esta época parece que están de acuerdo 
algunos historiadores Indios. Esta Cronología ademas concuerda 
perfectamente con todas las otras épocas : por lo que yo la adopto, 
como la mas probable, y casi cierta. Supuestos estos principios, digo 
que los Megicanos llegaron a Tzompanco el año de 1216, y a Chapul- 
tepec el de 1245, por que se sabe que se detubieron en Tula nueve 
años; en Tepegic, y en otros puntos antes de llegar a Tzompanco, 
once ; en Tzompanco, siete, y en otros lugares antes de Chapultepec, 
veinte y dos. Después de haber estado alli diez y siete años, pasaron 
a Acúleo en 1262 ; detubieronse cincuenta y dos años, y fueron con- 
ducidos esclavos a Cilhuacan en 1314. 

En cuanto a los Otomites, también hai gran variedad de opiniones. 
Unos los confunden con los Chichimecos, como Acosta, Gomara, y la 
mayor parte de los escritores Españoles. Torquemada en unas partes 
hace lo mismo, y en otras los separa. Betancourt, después de haber 
copiado la narración de Torquemada, en todo lo relativo a los Tol- 
teques, a los Chichimecos, y a las otras naciones, dice, hablando del 
reinado de Quimalpopoca, tercer reí de Megico, que en su tiempo 
llegaron los Otomites al Anahuac, y se establecieron principalmente 
en Jaltocan. No debe echarse en olvido esta anécdota de Betancourt, 
que sin duda tomaria de los escritos de Sigüenza, pues no suele 
separarse de Torquemada, si no cuando abraza las opiniones de aquel 
docto Megicano : pero se engaña en la Cronología, pues fija la llegada 
de los Otomites en el año vi Tecpatl, que creyó correspondiente al 
1381 : no es asi, pues como se ve en mi tabla Cronológica, el año de 
1381 fue el vi Calli, ni reinaba entonces Quimalpopoca, sino Aca- 
mapichtzin, como haré ver después. Si la llegada de los Otomites al 
valle Megicano (no al pais de Anahuac en que estaban establecidos 
muchos siglos antes) occurrio en el año vi Tecpatl, y bajo el reinado 
de Quimalpopoca, debió ser en 1420. El no hacerse mención de los 
Otomites antes de esta época, y el ser menos civilizados que las otras 
naciones, cuando llegaron los Españoles, los cuales los encontraron 

q2 



228 HISTüRÍA ANTIGUA DE MEGICO. 

esparcidos en varias provincias, aislados, y rodeados de pueblos de 
diferente idioma, nos hace creer que en la época que hemos indi- 
cado empezaron a vivir en sociedad bajo el dominio de los Tepa- 
neques y después bajo el de los Megicanos, y Tiascaleses. Yo con- 
geturo que habiendo encontrado el pais ocupado por las otras naciones, 
no pudieron establecerse en uno solo, aunque la gran masa del puebla 
Otomite pobló el terreno que está al Norte, y al Nordueste de la 
capital, como mas próximo a los montes en que antes vivian espar- 
cidos a guisa de fieras. 

La causa de haber sido los Otomites confundidos por muchos Espa- 
ñoles con los Chicbimecos, se halla en la misma historia. Cuando los 
antiguos Chichimecos fueron civilizados por los Tolteques, y los 
Nahuatlaques, muchas familias de aquella nación se abandonaron a la 
vida salvage en el pais de los Otomites, prefiriendo el egercicio de la 
caza, a los trabajos de la agricultura. Estos fueron los que conser- 
varon el nombre de Chichimecos, y los otros empezaron a llamarse 
Acolhuis, honrándose con el nombre de la nación que se estimaba la 
primera en el orden de la civilización. De los Otomites, los que se 
civilizaron, conservaron su antiguo nombre, con*'el cual son conocidos 
en la historia ; pero los otros, que esparcidos en los bosques, y mez- 
clados con los Chichimecos, no quisieron renunciar a su barbara 
libertad, fueron llamados Chichimecos, por muchos que adoptaron 
para las dos naciones el nombre de la que tenia mas celebridad. Por 
esto algunos escritores hablando de aquellos barbaros, -que por mas de 
un siglo después de la conquista molestaron a los Españoles, dis- 
tinguen los Chichimecos Megicanos, de los Chichimecos Otomites, 
porque los unos hablaban la lengua Otomita, y los otros la Megicana, 
según la nación a que debian su origen. 

De todo lo que llevo dicho se puede inferir con mucha verosimilitud, 
en cuanto lo permiten cuestiones tan oscuras, que el orden, y el tiempo 
de la llegada de aquellas naciones al pais de Anahuac, fue el siguiente: 

Los Tolteques el año de 648 

Los Chichimecos acia el de 1170 

Los primeros Nahuatlaques, acia el de 1178 

Los Acolhuis afines del siglo xii. 

Los Megicanos llegaron a Tula en 1196 

A Tzompanco en 1216 

A Chapoltepec en \. 1245 

Los Otomites llegaron al valle de Megico, y em- 
pezaron a civilizarse en — 1420.. 



* • 

ÉPOCAS DH LA HISTORIA DE MEGICO. 229 

Sé que los Tepaneques ponderan tanto la antigüedad de Azcapo- 
zalco, que, según Torquemada, contaban 1561 años desde su funda- 
ción basta el principio del siglo xvii : es decir que la creian fundada 
inmediatamente después de la muerte de nuestro Redentor ; pero 
consta lo contrario de la historia de las otras naciones, las cuales 
bacen a los Tepaneques poco mas antiguos que los Megicanos en 
Anabuac. Acredita lo mismo la serie de los señores de Azcapozalco, • 
cuyos retratos se ban conservado basta tiempos mui modernos en un 
antiguo edificio de aquella ciudad. Ellos no contaban mas de diez 
señores, desde la fundación del estado basta su memorable ruina, 
ocasionada por los egercitos unidos de los Megicanos, y de los Acol- 
buis en 1425 : de modo que seria necesario dar a cada señor ciento y 
cuarenta años de gobierno para llenar aquella suma. 

Los Totonaques por su parte se creian mas antiguos que los Cbi- 
cbimecos, pues la jactancia de un origen remoto es flaqueza común 
a todas las naciones. Contaban pues que habiéndose establecido por 
algún tiempo a las orillas del lago de Tezcuco, pasaron de alli a 
poblar las montañas, a qué dieron el nombre de Totonacapan ; que 
alli fueron regidos ¡for diez señores, cada uno de los cuales gobernó 
ochenta años, ni mas, ni menos, hasta que habiendo llegado los Chi- 
chimecos al Anabuac, en el reinado de Jatoncan, señor de la nación 
Totonaque, la sometieron a su dominio, y después los Megicanos al 
suyo. Torquemada, que refiere esta tradición en el libro lii de su 
Monarquía Indiana, dice que es cierta, y comprobada por historias 
autenticas, y dignas de fe : pero por mas que diga no se sabe, ni se 
puede saber el tiempo de la llegada de aquella nación al Anahuac, 
y en cuanto a los diez señores, que reinaron cada uno ochenta años 
exactos, es un cuento bueno para divertir a niños. 

Mayor oscuridad reina sobre la llegada de los Olmeques, y Gica- 
lanques. Boturini dice que no pudo hallar memorias ni pinturas 
concernientes a aquellos dos pueblos : con todo, los cree anteriores a 
los Tolteques, y no puede dudarse que fueron antiquisimos. 

No hago aqui mención de las otras naciones, por que se ignora 
absolutamente su antigüedad: pero estoi convencido de que los Chia- 
paneses fueron de los mas antiguos, y quizas la primera de las 
naciones que poblaron la tierra de Anahuac. 

Correspondencia de los años Megicanos con los nuestros. Época 
de la fundación de Megico, 
Todos los escritores tanto Megicanos como Españoles que hacen 



230 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

mención de la Cronología Megicana, están de acuerdo acerca del 
método que tenían aquellas gentes de contar los siglos, y los años : 
método que he esplícado en el libro vi de la Historia, y en las tablas 
puestas al fin del tomo i. Siempre pues que se halle la correspon- 
dencia de un año Megicano con uno de la era Cristiana, se sabrá la 
correspondencia de todos los otros. Sí sé, por egemplo, que el año 
de 1780 es el II Tecpatl, estoí seguro que el 1781 es el iii Calli, y 
que el 1782 es el iv Tochtii, &c. Toda la dificultad consiste en 
hallar un año Megicano, cuya correspondencia con uno de los nues- 
tros sea cierta e indudable : mas esta dificultad está ya vencida,, 
puesto que tanto por las pinturas de los Indios, como por el testi- 
monio de Acosta, Torquemada, Sigüenza, Betancourt, y Boturini, 
consta que el año 1519, en que los Españoles entraron en Megico, 
fue el i Acatl, y por consiguiente el 1518 fue el xiii Tochtii ; el 
1517, el XII Calli, &c. Asi que no puede dudarse de la exactitud de 
mí tabla del I tomo, por lo que hace a la correspondencia de los dos 
calendarios. Los autores que no están de acuerdo con ella erraron 
el calculo, y se contradigeron a sí mismos. Betancourt para esplícar 
el método Megicano de computar los años, nos presenta su tabla, 
comparándola con la de los Cristianos, desde 1663, hasta 1688 : mas 
este trabajo es un tegido de errores, pues el autor hace corresponder 
el año de 1663 con el i Tochtii, lo cual se demuestra falso si se con- 
tinúa mi tabla hasta aquel año. Afirma que el de 1507 fue secular, 
y admitido este error no puede menos de fallar en toda su Crono- 
logía. Sí el año de 1519 fue i Acatl, como él supone co^j;^ otros es- 
critores, hallaremos retrocediendo en nuestra tabla que no fue secular 
el de 1507, si no el de 1506. Para confirmar su sistema, alega el 
testimonio de su amigo y compatriota el Dr. Sigüenza, del vcual dice 
que habia descubierto que el 1684 había sido ix Acatl. Sí esto 
fuese cierto, su calculo seria acertado : pero aunque no dudo de su 
veracidad en la cita de Sigüenza, tengo algunas razones para creer 
que este docto Megicano corrigio su Cronología, ni podía hacer otra 
cosa, sabiendo, como en efecto sabia, que el año 1519 habia sido 
i Acatl, principio cierto sobre el cual debe apoyarse toda Cronología 
Megicana, y del cual se deduce claramente que el 1684 no fue 
IX Acatl, sino x Tecpatl. Torquemada hablando de los Totonaques 
en el libro lii, dice de un noble de aquella nación que habia nacido el 
año II Acatl, y que el año antes, 1519, en que llegaron a aquel pais 
los Españoles, era para los Megicanos el I Acatl. Cuando Torque- 
mada escribió esto, o estaba agoviado del sueño, o distraído con otras 



ÉPOCAS DE LA HISTORIA DE MEGICO. 231 

ideas, pues sabia, como todos saben que el año que en el Calendario 
Megicano sigue al i Acatl, no es el II Acatl, si no el II Tecpatl, y tal 
fue el 1520 de que habla. 

Supuesto pues que el año 1519 fue el i Acatl, y sabida la relación 
entre los años Megicanos, y los Cristianos, no es difícil encontrar la 
época de la fundación de Megico. Todos los historiadores que han 
consultado las pinturas Megicanas, o han recogido datos verbales de 
aquellos pueblos, están de acuerdo en que aquella célebre ciudad fue 
fundada por los Azteques en el siglo xiv del Cristianismo; pero 
difieren en el año. El interprete de la colección de Mendoza señala 
el de 1324 ; Gemelli, calculando sobre las noticias de Sigiienza, el de 
1325. Sigiienza, citado por Betancourt, y un Megicano anónimo, 
citado por Boturini, el de 1327*; Torquemada, apoyándose en el 
calculo hecho por Betancourt sobre sus propios datos, el de 1341, y 
y Enrique Martínez el de 1357. Los Megicanos dicen que su ciudad 
se fundó en el año ii Calli, como se ve en la primera pintura de la 
colección de Mendoza, y en otras citadas por Sigiienza. Siendo pues 
cierto que el siglo de la fundación fue el XI v, y el año el ii Calli, no 
pudo ser el 1324, ni IL1327, ni el 1341, ni el 1357, por q^ue ninguno 
de estos fue li Calli. Si retrocedemos del 1519, hasta el siglo xiv, 
hallaremos en él dos años ii Calli, esto es, el 1325, y 1377. En este 
ultimo no pudo ser la fundación, pues seria abreviar demasiado los 
reinados de los monarcas Megicanos, contradiciendo la Cronología de 
las pinturas antiguas. No queda pues otro arbitrio si no convenir en 
que aquel1|i capital fue fundada el año de 1325 de la era vulgar ; y 
este fue sin duda el sentimiento del Dr. Sigiienza, por que Gemelli, 
que no tubo sobre este asunto otra instrucción que la que le comunicó 
aquel literato, pone la fundación en el mismo año 1325, añadiendo 
que fue ii Callif . Si antes fue de otra opinión, la reformó posterior- 
mente echando de ver que era incompatible con el principio indudable 
de que el año de 1519 fue i Acatl. 

Cronología de los Reyes ^egicanos. 
Es difícil ilustrar la Cronología de los reyes Megicanos, estando tan 
discordes entre si los escritores sobre este punto. Algunos datos 
ciertos pueden servir sin embargo para conocer los dudosos. Para 

* El testimonio de este anónimo ae halla en una copia de una pintura antigua 
descubierta en 1631. 

t En otra parte he notado la equivocación de Gemelli en escribir año 1326 de 
la creación del mundo, en vez de 1325 de la era vulgar. 



232 HISTORIA ANTIGUA DE MKGICO. 

dar a los lectores alguna idea de la diversidad de opiniones acerca de 
esta parte de la historia, basta presentar la tabla siguiente, en que se 
ven los anos en que empezó cada reinado, según Acosta, el interprete 
de la colección de Mendoza, y Sigüeuza*. 

ACOSTA. EL INTERPRETE. SIGUENZA, 

Acamapichtzin...l384 1375 3 de Mayo de 1361. 

Huitzilihuitl 1424 1396 19 de Abril de 1403. 

Quimalpopoca ... 1427 1417 24 de Febrero de 1414, 

Itzcoatl 1437 1427 1427. 

Motenczomal ... 1449 1440 13xle Agosto de 1440. 

Ajayacatl 1481 1469 21 de Noviembre de 1468. 

Tízoc , 1477 1482 30 de Octubre de 1481. 

Ahuitzotl 1492 1486 13 de Abril de 1486. 

Moteuczoma II . . 1503 1502 15 de Septiembre de 1502. 

Acosta, y con él, Enrique Martinez, y Herrera no solo discordan de 
los otros autores en la Cronología, si no también en el orden de los 
reyes, poniendo a Tízoc antes de Ajayacatl, ¿onstando lo contrario 
no solo por el testimonio de los Megicanos, sino también por el de 
los autores Españoles. Gomara confunde los reinados de los se- 
ñores de Tula, con los de los reyes de Colhuacan y de Megico. Tor- 
quemada indica los años de los unos, y de los otros, y su Cronología 
difiere de la de todos los historiadores. Solis dice que Moteuczoma 
II fue el XI de los reyes Megicanos, y por cierto que no adivino de 
donde sacó tan estraña y curiosa anécdota. Mr. de Paw, para 
manifestar aun en esto su estravagancia, solo cuenta ocho reyes de 
Megico : siendo indudable que hubo once, a saber, los nueve del 
catalogo precedente, y después de ellos Cuitlahuatzin, y Quauhtemot- 
zin. Algunos autores omiten a estos dos últimos, por que reinaron 
poco tiempo ; pero habiendo sido legítimamente elegidos, y pacifica- 
mente aceptados por la nación, tanto derecho tienen al titulo de 
reyes, como todos sus precesores. Acosta dice que no los nombra por 
que solo tubieron de reyes el titulo, hallándose en sus tiempos domi- 
nado casi todo el reino por los Españoles : mas esto es absolutamente 
falso, por que cuando subió al trono Cuitlahuatzin, los Españoles solo 
ocupaban la provincia de los Totonaques, y estos eran mas bien sus 

* Los años que se leen en la tabla, según el interprete de la colección de Men- 
doza, son los que se hallan en la edición de Thevenot, no en la de Purchas, que 
no he podido haber a las mano?. 



líPOCAS DK LA HISTORIA J)E MIÍGICO. 233 

aliados que sus subditos. Al principio del reinado de Quauhtemot- 
zin, habian agregado a la referida provincia los estados de Quauh- 
quecholan, Itzocan, Tepeyacac, Tecamachalco, y algunos otros de 
aquellos contornos, pero todos estos dominios comparados con el resto 
del imperio Megicano, eran menos que Bolonia con respecto a todo el 
estado Pontificio. 

Para ilustrar la Cronología de estos once reyes es necesario adop- 
tar otro método, empezando por los últimos, y retrogradando hasta los 
principios de la monarquia. 

QUAUHTEMOTZIN. Este monarca terminó su reinado en 13 de 
Agosto de 1521, habiendo sido hecho prisionero de los Españoles, y 
conquistada la capital de su imperio. El dia de su elección no se 
sabe : pero de la relación de Cortés se infiere que debió ser por 
Octubre o Noviembre del año anterior : de modo que no pudo reinar 
mas de nueve o diez meses. 

CuiTLAHUATZiN. Este rei, sucesor de su hermano Moteuczoma, 
subió al trono en los primeros dias de Julio de 1520, como se deduce, 
de la relación de Cortés. Algunos autores Españoles dicen que no 
reinó mas de cuarenta dias : otros afirman que reinó sesenta ; pero de 
lo que Cortés oyó decir a un oficial Megicano en la guerra de Quauh- 
quecholan, se viene en conocimiento de que vivia por Octubre. Yo 
no dudo que su reino fuese a lo menos de tres meses. 

Moteuczoma II. Se sabe que reinó diez y siete años, y poco 
mas de nueve meses, y que empezó a reinar en Septiembre de 1502, 
y murió en jos últimos dias de Junio de 1520. La razón de haber 
puesto algunos autores el principio de su reinado en 1503, fue por 
que sabian que habia reinado diez, y siete años, y no hicieron 
cuenta de los otros nueve meses. 

Ahuitzotl. Acosta le da once años de reinado, Martínez doce, 
Sigüenza diez y seis, y Torquemada diez y ocho. Creo que se pue- 
den averiguar los años de su reinado, y el tiempo de su exaltación, 
guiándose por la época de la dedicación del templo mayor. Esta se 
hizo sin duda en 1486, en lo que están de acuerdo muchos autores. 
Por otra parte consta que el rei Tízoc empezó apenas aquella fabrica, 
y que Ahuitzotl la concluyó, y llevó a cabo; y esto no pudo ser en el 
mismo año en que empezó a reinar, ni en los dos ni tres primeros 
años, pues la obra ora vastísima, y dificil. Tampoco pudo en tan breve 
tiempo hacer las guerras que hizo en países tan remotos entre si, ni 
adquirir el inmenso numero de prisioneros que se sacrificaron en 
aquella ocasión. Creo por tanto que no se puede fijar el principio de 



234 HISTORIA ANTIGUA DE MEGJCO. 

SU reinado después del año de 1482, ni anticiparse, sin trastornar las 
épocas de sus antecesores como después veremos. Habiendo pues 
empezado a reinar en 1482, y acabado en 1502, debemos darle diez y 
nueve años, y algunos meses, o casi veinte años de reinado. 

Tízoc. Nadie duda que el reinado de este monarca fue mui 
breve, y no hai autor que le dé mas de cuatro años, y medio de vida 
en _ el trono. Podemos deducir el tiempo de su reinado, y del de su 
antecesor, por el de Nezahualpilli, rei de Acolhuacan, pues habiendo 
sido este tan célebre, y tenido tantos historiadores en su corte, abun- 
dan las noticias ciertas acerca del tiempo de su gobierno. Neza- 
hualpilli murió en 1516, después de haber reinado en Acolhuacan 
cuarenta y cinco años, y algunos meses : por lo que debe fijarse el 
principio de su reinado en 1470. Se sabe ademas que el octavo año 
de Nezahualpilli fue el primero de Tízoc : asi que este debió empe- 
zar a reinar en 1477, y reinar cuatro años y medio como dicen mu- 
chos historiadores. Torquemada le da menos de tres, pero se contra- 
dice en este, como en otros puntos de su Cronologia : por que adop- 
tando el calculo que acabo de hacer sobre el reinado de Nezahualpilli, 
y dando menos de tres años al reinado de Tízoc, debia fijar su muerte 
én 1480, y dar por consiguiente a Ahuitzotl, no diez y ocho, si no 
veinte años de reinado. 

Ajayacatl. Se sabe que este reí empezó a reinar seis años 
antes de Nezahualpilli, esto es, en 1464, y que acabó, como he dicho 
en 1477, en que subió al trono Tizoc. De aqui se deduce que reinó 
trece años, como dicen Sigüenza, y otros historiadores. , 4.costa le da 
once años, y doce el interprete de la colección de Mendoza. Lo 
mas probable es que los trece años no fueron cumplidos. 

MoTEUCZOMA I. La opinión general es que este famoso rei 
cumplió veinte y ocho años en el trono : pero algunos le dan un año 
mas : por que cuentan como año cumplido los meses que pasaron de 
los veinte y ocho años. Comenzó pues a reinar en 1436, y acabó en 
1464. En su tiempo se celebró el togiuhmolpia, o año secular, no 
ya en el décimo sesto año de su reinado, como dice Torquemda, si no 
el décimo séptimo, que fue el de 1454. j^i 

Itzcoatl. Casi todos los historiadores dan trece años de rei- 
nado a este gran rei : solo Acosta, y Martínez cuentan doce. La 
causa de esta diversidad sera la misma que he mencionado, a saber : 
que no habiendo cumplido los trece años en el trono, los unos conta- 
ron como año entero, y los otros no los meses que pasaron de los 
doce años. Empezó a reinar en 1423 : no pudo ser antes ni después : 



ÉPOCAS DK LA HISTORIA DE MEGICO. 235 

por que subió al trono un año después que Majtlaton usurpó la corona 
de Acolhuacan. Majtlaton reinó tres años, y acabó con el reinado de 
los Tepaneques. El año siguiente, esto es, tres años después que 
Itzcoatl empezó a reinar, fue restablecido Nezahualcoyotl en el reino 
de Acolhuacan, que los Tepaneques le habian usurpado. Se sabe 
ademas que este monarca reinó cuarenta y tres años, y algunos meses, 
y habiendo acabado en 1470, parece que debe fijarse el principio de 
su reinado en 1426, la ruina de los Tepaneques en 1425, el principio 
del reinado de Iztcoatl en 1423, y el de la usurpación de Majtlaton 
en 1422. 

QuiMALPOPOCA. Este infeliz monarca ha sido confundido por 
Acosta, Martinez, y Herrera con su sobrino Acolnahuacatl, hijo de 
Huitzilihuitl ; por lo cual lo colocan en el trono a la edad de diez 
años, y lo hacen morir mui en breve a manos de los Tepaneques. Lo 
contrario consta de las pinturas, y relaciones de los Indios, citadas 
por Torquemada, y de las cuales he visto yo algunas. Sigüenza in- 
curre por inadvertencia en una contradicción : pues dice que Quimal- 
popoca fue hermano menor de Huitzilihuitl, como lo fue en efecto : de 
este afirma que empezó a reinar a los diez y ocho años, y que reinó 
poco menos de once : asi que debió morir antes de cumplir los veinte 
y nueve de edad, y Quimalpopoca , que inmediatamente le sucedió, 
debia haber tenido a lo mas veinte y ocho años cuando empezó a rei- 
nar. Sin embargo Sigüenza le da mas de cuarenta años cuando su- 
bió al trono. En la colección de Mendoza no se dan a este rei mas 
que diez añof de reinado. Torquemada y Sigüenza le dan trece, y 
esto es lo mas probable, atendida la serie de sus acciones, y sucesos : 
pero Betancourt, siguiendo a Torquemada, comete en este punto al- 
gunos notables anacronismos. Pone la elección de Quimalpopoca en 
el tiempo de Techotlalla, rei de Acolhuacan : supongamos que fuese 
en el ultimo año de este rei. A Techotlalla sucedió Ijtliljochitl, que 
reinó siete años: a Ijtliljochitl, Tezozomoc, que tiranizó aquel impe- 
rio nueve años, y a Tezozomoc, Majtlaton, en cuyo tiempo murió 
Quimalpopoca. Según estos principios, adoptados por Torquema- 
da, y Betancourt, es necesario dar a Quimalpopoca diez y seis 
años a lo menos de reinado, que resultan de los siete de Ijtliljochitl, y 
de los nueve de Tezozomoc, lo que se opone a la Cronologia de aque- 
llos dos autores, y a la de otros muchos. Si queremos combinar la 
Cronologia de los reyes de Megico con la de los reyes de Tlatelolco, 
según el calculo de los mismos Betancourt y Torquemada, apenas nos 

■ á 



236 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

quedarán diez y nueve años para dividirlos entre Quimalpopoca e f tz- 
coatl, como después veremos. Debiendo pues contar trece años en el 
reinado de Quimalpopoca, según el parecer de la mayor parte de los 
historiadores, debemos poner el principio de su reinado en 1410. 
Majtlaton sucedió a Tezozomoc su padre, un año antes de la muerte 
de Quimalpopoca, esto es, en 1422. Tezozomoc poseyó nueve años 
la corona de Acolhuacan: habiendo pues muerto en 1422, empezó su 
tiranía en 1413. Por lo que hace a Ijtliljochitl, reí legitimo de Acol- 
huacan, sabemos que reinó siete años, hasta que en 14].3 perdió la 
corona y la vida a manos de Tezozomoc : luego empezó a reinar 
en 1406. 

HuiTZiLiHUiTL. Son mui diversos los dictámenes de los historia- 
dores acerca del numero de años que reinó este monarca. Sigüenza 
dice que fueron diez años, y diez meses. Acosta, y Martinez le dan 
trece ; el interprete de la colección de Mendoza veinte y uno. " Tor- 
■quemada atestigua que entre los historiadores Megicanos que vio, unos 
le dan veinte y dos años, y otros veinte y seis. Pero yo no dudo que 
el verdadero numero es el del interprete, pues sabemos por las pinturas 
Mstoricas de los Megicanos que el año deciino tercio de este rei fue 
secular, el cual según mi tabla cronológica del fin del tomo i, no pudo 
ser otro que el 1402 ; empezó pues a reinar en 1389. Habiendo muerto 
en 1410, como se infiere de lo que hemos dicho hablando de Quimal- 
popoca, debemos contar en el reinado de Huitzilihuitl veinte y un años. 
AcAMAPiCHTZiN. Supuesta la verdad de los computos preceden- 
tes, y establecida la época de la fundación de Megico, poco tenemos 
que hacer por lo que respecta a este rei. Torquemada afirma que 
las pinturas y las historias manuscritas de los Megicanos fijan la elec- 
ción de Acamapichtzin en el vigésimo séptimo año de la fundación de 
Megico. Fue pues elegido en 1352, o al principio de 1353, y su 
reinado habrá sido de treinta y siete años, o poco menos. El inter- 
regno que hubo después de su muerte, fue, según Sigüenza, de cua- 
tro meses : todos los otros historiadores lo hacen de pocos dias. 

Sobre las épocas de los sucesos de la conquista. 
No es mui dificil señalar las épocas de los sucesos de la conquista, 
hallando la mayor parte de ellas indicadas por el conquistador Cortés 
en sus cartas a Carlos V : pero habiendo muchos anacronismos en los 
escritores Españoles, o por que no consultaron aquellas cartas, o por 
que no se curaron de saber en qué dias cayeron las fiestas movibles de 



HPOCAS DE L\ HISTORIA ÜE MKGICO. 237 

aquellos años, de las cuales suele servirse Cortés, es necesario fijar 
algunos puntos Cronológicos, dejando otros de menor importancia, 
para evitar fastidio a los lectores. 

La llegada de la espedicion de aquel caudillo a la costa de Calchi- 
cuecan, ocurrió, como todos saben el Jueves Santo de 1519, que fue 
el 21 de Abril, habiendo caido en 24 la Pascua. 

La entrada de los Españoles en Tlascala, fue, no ya en 23 de Se- 
tiembre, como dicen Herrera, y Gomara, si no en 18, como afirman 
Bernal Diaz, Betancourt, y Solis ; lo que puede demostrarse calculan- 
do, en virtud de los datos de Cortés, los dias que los Españoles estu- 
bieron en Tlascala, y en Cholula, y los que emplearon en su viage 
hasta Megico. Bernal Diaz dice que antes de entrar en Tlascala, estu- 
bieron veinte y cuatro dias en las tierras de aquella república, y des- 
pués veinte en la ciudad, como lo confirman también las cartas de 
Cortés. En Cholula entraron a 14 de Octubre, y en Megico a 8 de 
Noviembre. Seis dias después fue aprisionado Moteuczoma, según 
Cortés lo refiere. Este general se mantubo en aquella capital hasta 
principios de Mayo del año siguiente, en cuyo tiempo fue a Cempoala, 
para oponerse a Narvaoz. Dio el asalto, y ganó la victoria contra 
aquel enemigo el Domingo de Pentecostés, que en aquel año de 
1520, cayó en 27 de Mayo. La sublevación de los Megicanos, oca- 
sionada por la violencia de Alvarado, fue en la gran fiesta del meÁ 
Tajcatl, que empezó aquel año en 13 de Mayo. Cortés volvió a la 
capital, después de su victoria, el 24 de Junio. En la relación de los 
sucesos ocurridos en los últimos dias de este mes, y en los primeros 
del siguiente* hallo confusión, y anacronismos entre los escritores. Yo 
he seguido las cartas de aquel caudillo, que contienen los datos mas 
seguros sobre su empresa. 

Parece que la muerte de Moteuczoma acaeció en 30 de Junio, 
pues murió, según Cortés, tres dias después de haber recibido la pe- 
drada. Este suceso se verificó mientras se construían las dos maqui- 
nas de guerra, de que hablo en la Historia, las cuales se hicieron en 
la noche del 20 de Junio, y en el dia siguiente. No puede colocarse 
la muerte de aquel reí ni antes ni después del 30 de Junio, sin trastor- 
nar la serie de los sucesos. 

Fijo en 1 de Julio la noche triste, esto es, aquella en que los Es- 
pañoles salieron derrotados de Megico, por que Cortés pone siete dias 
|j en su viage a ks tierras de Tlascala, donde entró el 8 de Julio. Ber- 
nal Diaz, y Betancourt dicen que los Españoles saheron de Medica 



238 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

el 10, y entraron el 16 en los dominios desaquella república : pero en 
esto se debe dar mas crédito a Cortés. Los sucesos ocurridos desde 
el 24 de Junio, basta el 1 de Julio parecerán muchos para tan corto 
tiempo : pero no es de estrañar que en circunstancias tan criticas, y 
peligrosas, se multiplicasen las operaciones de los que hacian los últi- 
mos esfuerzos para salvar la vida. 

La guerra de los Españoles en Quauhquecholan fue en el mes de 
Octubre, según la relación de Cortés. Esta época importa para de- 
terminar el tiempo del reinado de Cuitlahuatzin, pues un capitán Me- 
^cano de quien Cortés se informó acerca del estado de la capital, le 
dio cuenta de las diligencias practicadas por aquel rei contra los Espa- 
ñoles. Los que suponen que Cuitlahuatzin solo reinó cuarenta dias, 
rechazan como falsa aquella noticia, pero sin fundamento que pueda 
destruir su certeza. 

Acerca del dia en que empezó el asedio de Megico, y del tiempo 
de su duración, se engañan comunmente los historiadores. Dicen estos 
que el asedio duró noventa y tres dias : pero no hicieron exactamente 
su calculo, pues Cortés hizo la reseña de sus tropas en la gran plaza de 
Tezcuco, y señaló los puntos que debian ocup^ir las tres divisiones de 
sti egercito, el lunes de Pentecostés del año de 1521. Aun suponien- 
do, contra la verdad de la historia, que aquel mismo dia de la revis- 
ta se empezaron las operaciones militares que propiamente pertenecen 
al sitio,^ no serian noventa y tres dias, sino ochenta y cinco ; por que 
aquel lunes cayó a 20 de Mayo, y el asedio terminó el 13 de Agosto 
con la toma de la ciudad. Si dan el nombre de asedio a las hostilidades 
hechas por los Españoles en las ciudades del lago, debiaá' fijar el prin- 
cipio del asedio en los primeros dias de Enero, y contar, no ya noventa 
y tres dias, sino siete meses. Cortés que en este punto merece mas 
crédito que ningún otro historiador, dice espresamente que el asedio 
empezó el 30 de Mayo, y duró setenta y cinco dias. Es cierto que la 
misma carta puede inducir a error, pues en ella se da a entender que 
el 14 de Mayo estaban las divisiones de Alvarado y Olid en Tacuba, 
donde empezó el sitio : pero esta es una manifiesta equivocación en 
los números, pues no es probable que aquellos dos gefes se separasen 
del egercito antes de la revista, y sabemos por Cortés, y por todos los 
otros historiadores que esta se verificó el lunes de Pentecostés 20 de 
Mayo. 

Torquemada dice en el lib. iv, cap 46, que los Españoles entraron 
por primera vez en Megico en 8 de Noviembre : pero en el capitulo iv. 



ÉPOCAS DE LA HISTORIA DE MEGICO. 239 

del mismo libro afirma que esta entrada fue el 22 de Julio ; que se 
mantubieron ciento y cincuenta dias, los noventa y cinco en amistad 
con los Mejicanos, y los cuarenta en las hostilidades ocasionadas por 
los estragos que hizo Alvarado en la fiesta del mes Tajcatl, que, según 
el mismo autor, corresponde a nuestro Abril, &c. El conjunto de 
errores, anacronismos, y contradicciones que contiene este capitulo 
basta para dar una idea de su descabellada Cronologia. Creo que el 
esmero con que me he aplicado a la ilustración de estos puntos me 
habrá hecho evitar, si no todas, a lo menos muchas de las equivoca- 
ciones en que otros han caido. 



DISERTACIÓN III. 



SOBRE EL TERRENO DE MEGICO. 

ÍIl qué lea la horrible descripción que hacen de America algunos 
Europeos, u oiga el injurioso desprecio con que hablan de su terreno, 
de su clima, de sus plantas, de sus animales, y de sus habitantes, se 
persuadirá que el furor, y la rabia han animado sus plumas, o sus 
lenguas, o bien que el Nuevo Mundo es una tierra maldita, y des- 
tinada por el Cielo a ser suplicio de malhechores. Si hemos de 
dar fe al Conde de Bujffon, America es un pais enteramente nuevo, 
apenas salido del fondo de las aguas que lo hablan anegado ; un con- 
tinuo pantano en las llanuras ; una tierra inculta, y cubierta de bos- 
ques, aun después de poblada por los Europ^s, mas industriosos que 
.los Americanos, o interceptada por montes inaccessibles, que solo 
dejan pequeñísimos espacios para el cultivo, y para la habitación de 
los hombres : tierra infeliz bajo un cielo avaro, en que todos los ani- 
males del antiguo continente han degenerado, y en que los propios de 
su clima son pequeños, diformes, enfermizos, y privados de armas 
para su defensa. Si damos oidos a Mr. de Paw (que en parte copia 
los sentimientos de BuíFon, y cuando no los copia mutaplica, y au- 
menta sus errores) "America ha sido y es un pais estéril, en que 
todas las plantas de Europa se debilitan, exepto las acuáticas, y jugo- 
sas ; su terreno fétido cria mayor numero de plantas venenosas que 
el- de todas las otras partes del mundo ; su estension está cubierta de 
montes, o de bosques, y pantanos, que solo ofrecen a la vista un in- 
menso, y estéril desierto ; su clima, contrario en alto grado a la mayor 
parte de los cuadrúpedos, es sobre todo pernicioso a los hombres, en 
términos que los naturales están embrutecidos, débiles, viciados de 
un modo estraño en todas las partes de su organización." 

El cronista Herrera, aunque generalmente moderado, y juicioso, 
cuando compara el cielo, y el terreno de America con los de Europa, 
se muestra tan ignorante de los primeros elementos de la Geografía, 
y prorrumpe en tales despropósitos, que ni aun en un niño serian 
tolerables. ** Nuestro hemisferio, dice, es mejor que el nuevo con 



SOBRE EL TERRENO DE MEGICO. 241 

respecto al cielo. Nuestro polo está mas hermoseado con estrellas, 
por que tiene el Septentrión a los 31°, con muchas estrellas resplande- 
cientes." En lo que supone, 1, que el hemisferio Austral es nuevo, 
siendo conocido, hace tantos siglos en Asia, y África. 2. Que toda 
la America pertenece al hemisferio Austral, y que la America del 
Norte no mira al mismo polo, ni tiene las mismas estrellas que la Eu- 
ropa. " Tenemos, añade, otra preeminencia, y es que el sol se de- 
tiene siete dias mas acia el Trópico de Cáncer que acia el de Capri- 
cornio," como si el exeso de la permanencia del sol en el hemisferio 
Boreal no fuera el mismo en el antiguo que en el nuevo continente. 
Parece que nuestro buen cronista se persuadió que el amor que tiene 
el planeta a la bella Europa sea la pausa de su mayor estancia entre 
la Linea, y el Trópico de Cáncer. ¡ Pensamiento galante, y digno de 
un poeta Francés ! " Y de aqui proviene, continúa, que la parte 
Ártica es mas fria que la Antartica, por que goza menos del sol." 
Pero ¿ como puede gozarse del sol en la parte Ártica, cuando este 
planeta se detiene siete dias mas en el hemisferio Boreal ? " Nuestro 
continente se estiende nms de Poniente a Levante, y por tanto es mas 
cómodo para la vida humana que el otro, el cual, estrechándose en la 
misma dirección, se alarga demasiado acia los polos : pues la tierra 
que se ensancha mas de Poniente a Levante, está a igual distancia 
del frió del Septentrión, y del calor del Austro." Pero si el Septen- 
trión es la región del frió, y el Austro del calor, como este escritor da 
a entender, los paises equinoxiales serán, según sus principios, los 
mas comodosipara la vida humana, por que ellos son los que están 
realmente a igual distancia de ambos estremos. " En el otro hemis- 
ferio, concluye nuestro autor, no habia perros, asnos, ovejas, cabras, &c. 
ni naranjas, higos, melocotones, &c." 

Estos, y otros despropósitos de muchos escritores son efectos de 
un ciego, y exesivo patriotismo, que les hace creer en ciertas ima- 
ginarias preeminencias de sus respectivos paises sobre todos los de 
la tierra. No seria difícil oponer a sus invectivas contra la America 
los grandes elogios que le han, tributado muchos ilustres autores, algo 
mejor instruidos que ellos : peroíademas de que esto seria ageno de 
mi proposito, no podría menos de causar fastidio al lector : por lo que 
me limitaré a examinar lo que se ha escrito contra el terreno de 
America, y contra el de Megico en particular. v 

Sobre la supuesta inundación de America. 
Casi todo lo que el Conde de Buffon, y Mr. de Paw han escrito contra 

TOMO II. R 



242 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

el terreno de America, acerca de sus plantas, aoimales, y habitantes, se 
apoya en la suposición de una inundación general, diferente de la que 
sobrevino en los tiempos de Noe, y mucho mas reciente, de cuyas re- 
sultas quedó todo aquel pais, por espacio de mucho tiempo, debajo délas 
aguas. De esta moderna catástrofe nace, según el Conde de BuíFon, 
la malignidad del clima de America, la esterilidad de su terreno, la 
imperfección de sus animales, y la frialdad de los Americanos. " La 
naturaleza no habia tenido tiempo de poner en egecucion sus designios 
ni de desarrollar toda su amplitud.'' De los lagos, y de los pantanos 
que han quedado de aquella inundación, proviene, según Mr. de 
Paw, la exesiva humedad del aire, y la humedad produce la infección 
del ambiente, la estraordinaria multiplicación de los insectos, la irre- 
gularidad, y la pequenez de los cuadrúpedos, la esterilidad, y la 
fetidez de la tierra, la infecundidad de las mugeres, la abundancia de 
leche en los pechos de los hombres, la estupidez de los Americanos, y 
otros muchos fenómenos, que él observó desde su gabinete de Berlin, 
mucho mejor que todos los que hemos estado en America. Estos dos 
autores están de acuerdo en la inundación, pe^o no en el tiempo, pues 
'Mr. de Paw la cree mas antigua que el Conde de Buffon. 

Sin embargo toda esta suposición es aerea, y la inundación de que 
hablan debe colocarse en la clase de las quimeras. Mr. de Paw la 
apoya en el testimonio del P. Acosía, en el numero casi infinito de 
lagos, y pantanos, en las venas de metales graves que se encuentran 
casi en la superficie de la tierra, en los cuerpos marinos amontonados 
«n los puntos mas bajos dé los sitios mediterráneos, en'la destrucción 
de los grandes cuadrúpedos, y finalmente en la unánime tradición de 
los Megicanos, de los Peruanos, y de todos los salvages que habitan 
desde la tierra Magallanica hasta el rio de San Lorenzo, todos los 
cuales están de acuerdo en creer que sus abuelos residieron en los 
montes, mientras se mantubieron anegados los valles. 

Es verdad que el P. Acosta en el libro i, capitulo 25, de su His- 
toria, duda si lo que los Americanos decían del diluvio debia enten- 
derse del de Noe, o de algún otro particular, ocurrido en aquellos 
paises, como el de Deucalion, y Ogiges en Grecia : y aun parece que 
se declara por esta opinión, que dice haber sido adoptada por hombres 
inteligentes : pero hablando después en el libro v, capitulo 19, de las 
conquistas de los primeros Incas, da a entender que la segunda inun- 
dación no fue otra que el diluvio de Noe. " El protesto, dice, que 
tubieron los Incas, para apoderarse de toda aquella tierra, fue el fingir 
que después del diluvio universal (de que tenían noticia todos aque- 



SOBRE EL TERRENO DE MEGICO. 94^ 

líos Indios) ellos eran los que habían poblado el mundo, habiendo 
salido siete de la cueva de Pacaritambo, y que por consiguiente todos 
los hombres debian tributarles homenage, como a sus progenitores." 
Luego reconoció que las tradiciones de los Indios se referían al di- 
luvio universal, y que las fábulas con que se desfiguró después eran 
protestos inventados por los Incas para establecer su imperio. ¿ Que 
diria aquel autor si hubiera tenido en favor de aquella tradición 
general los documentos que nosotros poseemos? Los Megicanos, 
según afirman sus propios historiadores, como ya he dicho en otra 
parte, no hablaban del diluvio sin hacer mención al mismo tiempo de 
la confusión de las lenguas, y de la dispersión de las gentes : estos 
tres sucesos se representaban en la misma pintura, como se ve en la 
que tubo el Dr. Sigüenza de D. Fernando de Alba Ijtliljochitl, y 
este de sus ilustres antepasados, cuya copia he dado en el primer 
tomo de esta historia. La misma tradición se halló en los Chiapa- 
neses, en los Tlascaleses, en los Michuacaneses, en los Cubanos, y en 
los Indios de Tierra-firme, con la espresion de haberse salvado del dilu- 
vio algunos hombres, 3» animales en una barca, y de haber antes dado 
libertad a un pajaro, que no volvió por haber encontrado cadáveres en 
que cebarse, y después a otro, que volvió con un ramo verde en el 
pico ; todo lo cual manifiesta claramente que no hablaban de otro di- 
luvio si no del que inundó la tierra en tiempo del patriarca Noe. 
Todas las circunstancias con que se halla alterada en algunas naciones 
Americanas esta universal, y antiquísima creencia, í) son alegorías, 
como la de As siete cavernas de los Megicanos, para significar las 
siete naciones principales que poblaron el pais de Anahuac, o fic- 
ciones de la ignorancia o de la ambición. Ninguno de aquellos pue- 
blos creia que los hombres se hubiesen salvado en las cimas de los 
montes, si no en una barca, y si hubo alguno que no lo creyese asi, 
fue por que la tradición del diluvio, después de tantos siglos, debió 
padecer algunas alteraciones. Es pues absolutamente falsa la tradi- 
ción universal de una inundación particular de la America, y que esta 
especie fuese admitida por todos los que residían desde la Tierra 
Magallanica hasta el rio de San Lorenzo. 

. Los lagos, y los pantanos, que, según aquellos dos escritores, son 
trazas indudables de la soñada inundación, son efectos necesarios de 
los grandes rios, de las innumerables fuentes, y de las abundantísimas 
lluvias de America. Si aquellos lagos proviniesen de una inundación, 
y no de las causas que acabamos de indicar, se hubieran secado, al 
1 cabo de tantos siglos, por la continua evaporación que provocan los 

r2 



244 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

rayos del sol, especialmente en la zona tórrida, o a lo menos se 
hubieran disminuido en gran parte: pero esta disminución no se 
observa, si no en aquellos lagos, de que la industria humana ha sepa- 
rado los rios, y torrentes que descargaban en ellos, como sucede en 
los del valle Megieano. Yo he visto, y observado los cinco lagos 
principales de aquel pais, que son los de Tezcuco, Chalco, Cuiseo, 
Pazcuaro, y Chápala, y estoi seguro de que no se han formado, ni se 
conservan si no por las copiosas lluvias, por los rios, y por las fuentes. 
Todo el mundo sabe que no hai lluvias mas abundantes, ni rios mas 
caudalosos que los de America. Si tenemos a la mano las causas 
naturales, y conocidas ¿ por qué hemos de acudir a las supuestas e 
improbables ? Si los lagos indican inundación, mas bien debemos 
creerla en el antiguo continente, que en el moderno, pues todos los 
lagos de America, aun comprendidos los del Canadá, que son los 
mayores, no pueden compararse con los mares Negro, Blanco, Báltico, 
y Caspio, los cuales, aunque tienen el nombre de mares, son, según 
el mismo Conde de Buffon, verdaderos lagos, formados por los rios 
que en ellos desembocan. Si a estos se afíriden los lagos Leman, 
Onega, Pleskow, y otros muchos, y grandes de la Rusia, de la Tar- 
taria, y de otros países *, pronto se echará de ver cuanto se olvidan 
de su propio continente los que tanto exageran las peculiaridades del 
otro. El lago de Chápala, que en algunos mapas Geográficos se halla 
condecorado con el magnifico titulo de Mar Chapalico, y que yo he 
visto, y costeado tres veces, apenas tiene 100 millas de circunferencia. 
Ahora bien, si los rios Don, Wolga, Boristenes, Danubio, Odor, y 
otros del mundo antiguo, aunque no tan caudalosos como el Marañon, 
La Plata, Magdalena, San Lorenzo, Orinoco, Misisipi, y otros del 
nuevo, bastan, según el Conde de Buffon, a formar aquellos inmensos 
lagos, que han merecido el nombre de mares, ¿ qué estraño es que los 
magnificos raudales de America, formen otros menos estendidos? 
Mr. de Paw dice: " estos lagos parecen receptáculos de aguas, que 
no han podido salir todavía de aquellos lugares anegados por una 
violenta agitación impresa a todo el globo de la tierra. Los nu- 
merosos volcanes de las Cordilleras, o Alpes Americanos y de las 
rocas de Megico, y los terremotos que incesantemente agitan una 
u otra parte de aquellas elevaciones, dan a entender que todavia no 
está aquella tierra en reposo." Pero si aquella violenta agitación fue 

* Mr. Valmont de Bomare cuenta 38 lagos en los cantones Suizos, y dice que 
en el de Harlem pueden entrar navios de alto bordo. El de Aral, en Tartaria, 
según el mismo, tiene 100 leguas de largo, y 60 de ancho. 



SOBRE EL TERRENO DE MEGICO. 245 

general a todo el globo de la tierra, ¿ por qué razón se inundaron Perú, 
y Megico, siendo, como confiesan el mismo Mr. de Paw, y el Conde 
de Buffon, sumamente elevados sobre la superficie del mar, y no se 
inundaron las tierras de Europa, que son mucho mas bajas? Quien 
haya observado la estupenda elevación del suelo de America, no podra 
persuadirse jamas que el agua suba a cubrirlo, sin haber anegado antes 
toda la Europa. Por lo demás, también podremos decir que el Vesubio, 
el Etna, el Hecla, y los innumerables volcanes de las islas Molucas, y 
Filipinas, y de Japón, y los frecuentes terremotos que alli se esperi- 
mentan, como igualmente en China, Persia, Siria, y Turquia, dan a 
entender que el Mundo Antiguo no está todavía en reposo *. 

" Las venas de metales, añade Mr. de Paw, que en algunos puntos 
se hallan en la superficie de la tierra, parecen indicar que aquel suelo 
fue anegado, y que los torrentes arrebataron la superficie." Pero ¿ no 
seria mas sensato decir que algunas erupciones violentas de fuegos 
subterráneos, bastante claras en los numerosos volcanes de las Cor- 
dilleras, arruinando la superficie de algunos terrenos dejaron casi 
descubiertos aquellos depósitos metálicos ? 

Los cuerpos marinos amontonados en algunos lugares mediterráneos 
de America, si prueban la pretendida inundación, probarán mas bien 
una inundación mayor del Mundo Antiguo : pues si en America son 
pocos los sitios en que se hallan masas enteras de conchas, y cuerpos 
marinos en estado de petrificación, la Europa está llena de ellos, de- 
mostrando haber estado en otro tiempo bañada por las aguas del marf . 
Sabidos soi»los espavientos, y los cálculos que han hecho algunos fisi- 
cos Franceses de la inmensa cantidad de conchas que hai en la Ture- 
na, y nadie ignora que esta clase de cuerpos marinos se hallan también 
en los Alpes. ¿ Por qué pues se inferirá de algunas de estas sustan- 
cias que hai en America, la inundación de aquellos paises, y no se su- 
pondrá la inundación en Europa, donde son mas comunes, y donde se 
encuentran en mayores masas ? Si la colocación de estos cuerpos en los 

* El mismo Mr. de Paw después de haber hecho mención del Vesubio, del Etna, 
del Hecla, y del volcan de Lipari, dice asi : " entre los grandes volcanes se cuen- 
tan el Paramucan, en la isla de Java, el Camapis, en la de Banda, el Balaluan en 
la de Sumatra. En Témate hai otro cuyas erupciones no ceden a las del Etna. 
De todas las islas grandes, y pequeñas que componen el imperio del Japón, no 
hai una que no tenga su volcan mas o menos considerable : lo mismo sucede en las 
Malinas (quiere decir Filipinas), en las Azores, en las Canarias. — Recherches phi- 
losophiques, Lettre iii, sur les vicissitudes de notre globe. 

t Mr. de Bourguet en su Tratado de las petrificaciones, y el P. Torrubia en su 
aparato de la Historia Natural de España presentan grandes catálogos de los sitios 
de Europa, y Asia donde se hallan cuerpos marinos petrificados. 



Í246 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

pantos mediterráneos de Europa se atribuye al diluvio universal ¿por 
qué no se atribuyen a la misma causa los efectos que se notan en 
America*? iPor el contrario, si no fueron las aguas del diluvio las 
que transportaron los cuerpos marinos a lo interior de las tierras de 
Europa, si no las de otra inundación posterior ; si la Europa es, en 
general, como dice el Conde de Buffon, un pais nuevo ; si no hace 
mucho tiempo que estaba cubierta de bosques, y pantanos ¿ por qué 
no se ven en ella, ni se veian hace dos mil años, esos estupendos efectos 
de la innudacion que ven aquellos dos autores en America ? ¿ Por qué 
no se han degradado los animales Europeos, como los Americanos ? 
I Por qué los habitantes de un continente no son tan frios como los del 
otro ? ¿ Por qué las mugeres de una y otra parte del mundo no son, 
o a lo menos, no han sido igualmente infecundas ? ¿ Por qué habiendo 
estado la Europa anegada como la' America, y mas tiempo aquella que 
esta, como se infiere claramente de las razones del Conde de Buffon, 
el terreno de Europa quedó fecundo, y el de America estéril ; el cielo 
de Europa es tan benigno, y el de America tan avaro ; a Europa se 
concedieron todos los bienes, y a America se destinaron todos los 
males ? El que quiera conocer toda la fuerza de estas dificultades, lea lo 
que dice Buffon acerca de la inundación de Europa. 

El ultimo argumento de Mr. de Paw se toma de la estincion o ester- 
minio de los grandes cuadrúpedos en America, los cuales, dice, son los 
primeros que perecen en las aguas. Este autor cíee que antigua- 
mente habia en America, elefantes, camellos, hipopótamos, y otros 
grandes cuadrúpedos, y que todos perecieron en la supi^íísta inunda- 
ción. Pero ¿ no es cosa maravillosa que pereciesen los camellos, y los 
elefantes, siendo tan veloces, y se salvase el perico ligero con toda su 
lentitud, y pereza ? ;, Como no se refugiaron los elefantes en las cimas 
de los montes, a imitación del hombre, huyendo a nado, en lo que son 
diestrisimos, o valiéndose de la velocidad de sus pies, la cual es tal 

* Uno de los montes mas altos de America es el Descabezado, situado en los 
Alpes Chilenos, a mas de 150 millas del mar. Su altura perpendicular sobre la 
superficie del mar, es, según el diligente y erudito Molina, de mas de tres millas 
En la cima de este coloso se han hallado graudes cantidades de cuerpos marinos 
petrificados, los cuales no pudieron subir a tan estupenda altura por efecto de una 
inundación particular, distinta de la del diluvio. Tampoco puede decirse que 
habiendo sido aquella cima lecho del mar, se fue elevando poco a poco, y con ella 
los cuerpos marinos : por que aunque esto no sea inverosímil en algunos sitios, 
poco elevados sobre el nivel del mar, a tan estraordinaria altura es absolutamente 
increíble : asi que la existencia de aquellos restos debe considerarse como una 
prueba cierta e indudable del diluvio. 



SOBRE EL TERRENO DE MEGICO. 247 

que, según el Coqde de Bufibn, andan en nn dia ciento, y cincuenta 
millas, y pudo refugiarse el perico-ligero, que, según el mismo autor, 
necesita una hora para andar una toesa? Aun suponiendo que hayan 
existido en America aquellos grandes cuadrúpedos, no hai motivo para 
atribuir su esterminio a la inundación posterior al diluvio: pudie- 
ron haberla producido otras muchas causas. El mismo Mr. de Paw 
afirma, que si se transportasen los elefantes a America, como lo han 
procurado hacer los Portugueses, " tendrían la misma suerte que los 
camellos en el Perú, que no se propagarían, aunque se dejasen en los 
bosques abandonados a su propio instinto, por que la mudanza de 
clima, y de alimento es mucho mas sensible a los elefantes, que a 
todos los otros cuadrúpedos de primera magnitud." En otra parte 
dice, que " la causa de la destrucción de los grandes cuadrúpedos del 
Mundo Nuevo es una de las mayores dificultades, y uno de los 
puntos mas curíosos e interesantes • de la fisica del globo." ¿Como 
pues decide tan osadamente en cuestión tan espinosa, señalando por 
causa una inundación tan problemática ? 

El Conde de Bufíbn trata de probar la reciente inundación de 
America, con algunos argumentos, a que responderemos en pocas 
palabras. ** Si este continente es tan antiguo como el otro, ¿ por 
qué se encuentran en él tan pocos hombres ? " Los hombres que se 
encontraron en America no eran pocos, si no es con respecto al 
vastisimo continente que habitaban. Los que vivían en sociedad, 
como los Megicanos, los Michuacaneses, los Acolhuis, y otros que 
ocupaban ^odo el espacio de tierra que se estiende desde 9' hasta 
23° de latitud, y desde 271» hasta 294" de longitud, formaban pueblos 
tan numerosos como los de Europa, y ^si lo haré ver en otra diserta- 
ción*. Los que vivían dispersos formaban pequeñas naciones o tribus, 
por que la vida salvage no favorece la multiplicación de la especie 
humana, ni alli, ni en ningún otro pais del mundo. " Si los salvages 
son pastores, dice Montesquieu, necesitan de un gran terreno para 
mantener un reducido numero de individuos. Si son cazadores, como 

* Estos argumentos del Conde de Buflfon contra la antigüedad de America se 
hallan en el tomo vi de su Historia Natural, pero poco antes en el mismo tomo 
dice : " Halláronse en Megico, y en Perú hombres civilizados, y pueblos cultos, 
sometidos a leyes, y gobernados por monarcas : no carecían de industria, de 
artes, de ideas religiosas. Habitaban en ciudades, en que reinaba el orden, y en 
que los reyes egercian su autoridad. Estos pueblos, bastante numerosos no pue- 
den llamarse nuevos." 



2ifi 



HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 



eran los salvages de America, aun existen en menor numero, y 
componen una nación mas pequeña." 

" ¿ Porqué, vuelve a preguntar el Conde de BufFon, eran todos 
salvages, y vivian dispersos?" No hai tal cosa. ¿ Habrá quien dude 
que los Megicanos, los Peruanos, y todas las naciones sometidas a 
ellos vivian en sociedad ? Estas, como el mismo BufFon confiesa, 
eran harto numerosas, y no pueden llamarse nuevas. Los otros 
pueblos permanecieron salvages por demasiado amor a la libertad, o 
por otras causas que ignoramos. En Asia, aun siendo un pais tan 
antiguo, hai todavia tribus salvages, y dispersas. " ¿ Porqué, añade, 
los pueblos Americanos que vivian en sociedad contaban apenas dos- 
cientos o trescientos años después de su reunión?" Otro error. Los 
Megicanos contaban apenas doscientos años desde la fundación de su 
capital, y los Tlascaleses algo mas desde el establecimiento de su 
república, pero tanto estas naciones, como las que les estaban some- 
tidas, y los Tolteques, los Acolhuis, y los Michuacaneses, vivian en 
sociedad desde tiempo inmemorial. Ni el Conde de Buffon, ni 
Mr. de Paw, ni el Dr. Robertson, ni otros muchos escritores Europeos 
sajDen distinguir el establecimiento de aquellas naciones en Anahuac, 
del que muchos siglos antes habian tenido en los paises Septentrionales 
del Nuevo Mundo. 

" ¿ Porqué, sigue el Conde de Buffon, aun las naciones que vivian 
en sociedad ignoraban el arte de trasmitir a la posteridad la memoria 
de los hechos, por medio de figuras durables, puesto que habian 
descubierto el modo de comunicarse de lejos, y de escribir^ por medio 
de los nudos ? " Y qué eran las pinturas, y los caracteres de los 
Megicanos, y de las otras naciones civilizadas de Anahuac, si no 
signos durables, destinados, como nuestros caracteres, a perpetuar la 
memoria de los sucesos ? Véase lo que dice Acosta en el lib. vi, 
cap. vii, de su historia, y lo que yo digo en mi disertación sobre la 
cultura de los Megicanos. 

** ¿ Por qué no domesticaban animales, ni se servían de otros que 
del llama* y del paco, los cuales no eran, como nuestros animales 
domésticos, estables, fieles, y dóciles?" Por qué carecian de animales 
que pudiesen ser domesticados. ¿Queria el Conde de Buffon que 

* Llama era, según dice el P. Acosta, el nombre genérico de las cuatro especies 
de cuadrúpedos de aquel genero : pero hoi se emplea para significar la que los 
Españoles designan eon el nombre de carnero del Pera. Las otras tres especies 
son el paco, el guanaco, o huanaco, y la vicuña. 



SOBRE EL TERRENO DE MEGIGO. 249 

domasen tigres, lobos, y otras fieras de esta especie 1 Mr. de Paw 
echa en cara a los Americanos el no haberse servido de los rengíferos 
como los Laponeses : pero estos animales no se hallan sino en paises 
demasiado remotos de Megico, y los salvages que los habitaban no 
quisieron servirse de aquellos cuadrúpedos, por que no los necesitaban. 
Ademas de que las palabras de Buífon, tomadas en su generalidad, 
encierran un error, pues él mismo confiesa que los Indios domesti- 
caron el aleo, o techiche, animal semejante al perro, y común a ambas 
Americas. Los Megicanos ademas habian domesticado los conejos, 
los patos, los pabos, y otros animales. 

Finalmente, " sus artes, concluye el Conde de Buffon, eran tan 
nuevas como su sociedad ; su talento imperfecto ; sus ideas no estaban 
desarrolladas ; sus órganos eran toscos, y barbaras sus lenguas." Los 
errores contenidos en estas palabras serán refutados en las siguientes 
disertaciones. 

La nueva inundación de America debe pues considerarse como una 
de aquellas quimeras filosóficas, inventadas por los ingenios de nuestro 
siglo : puesto que los Americanos no conservaban memoria de otra 
inundación, que de la universal referida en los libros Santos. Antes 
bien se puede asegurar que si el diluvio de Noe no anegó toda la 
tierra, ningún otro pais se pudo con mayor probabilidad sustraer de 
aquella catástrofe que el territorio de Megico, pues ademas de su gran 
elevación sobre el nivel del mar, no hai pais mediterráneo en que 
sean mas raros los cuerpos marinos petrificados. 

Del clima de Megico. 

Si quisiera empeñarme en rebatir todos los despropósitos que Mr. de 
Paw escribe contra el clima de America, seria necesario emplear en 
lugar de una disertación, un volumen. Basta decir que ha recogido 
todo lo que se ha dicho, y escrito, con razón o sin ella, contra diversos 
paises particulares de America, para representar a sus lectores un 
conjunto monstruoso, y horrible ; sin echar de ver que si quisiéramos 
imitar su egemplo, y adoptar su sistema a los diversos paises de que 
se compone el antiguo continente, lo que no seria dificil, resultaría un 
retrato no menos espantoso. Pero degemos esto, como ageno de 
nuestro proposito, y limitémosnos a hablar sobre el clima de M^co. 

Siendo este pais tan vasto, y hallándose dividido en tantas provin- 
cias, tan diversamente situadas, no es estraño que reinen en ellas 
diferentes climas. Algunas tierras, como las inmediatas a las costas, 
son calidas, y por lo común, húmedas, y malsanas : otras, como casi 



S^ HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

todas las interiores, son templadas, secas, y sanas. £stas son de- 
fliasiado alias, y aquellas demasiado bajas. En unas reinan los 
vientos del Sur, en otras el Levante, en otras el Norte. El mayor 
j&io de todos los puntos habitados no llega al de Francia, ni aun al 
de Castilla, ni el mayor calor puede compararse con el de África, ni 
con el de la canícula en algunos pueblos de Europa. La diferencia 
entre el verauo, y el invierno es generalmente tan pequeña, que 
muchas personas usan la misma ropa en Agosto, y en Enero. Todo 
esto, y lo que he dicho en otra parte, acerca de la benignidad, y 
suavidad de aquel clima, es tan notorio, que no necesitamos de citas, 
iú de argumentos para probarlo. 

Mr. de Paw, para demostrar la malignidad del clima de America, 
ale^a, 1. La pequenez, y la irregularidad de los animales. 2. La cor- 
pulencia, y la enorme multiplicación de los insectos. 3. Las enferme- 
dades de los Americanos, y especialmente el mal venéreo. 4. Los 
defectos de ^u constitución física. 5. El exeso del frío en algunos 
|)aises de America, con respecto a los del antiguo continente, situados 
a igual distancia de la Linea Equinoxial. 

Ahora bien, la supuesta pequenez, y I9 ^enor ferocidad de los 
animales Americanos, de que hablaré después, lejos de demostrar 
la malignidad del clima, manifiestan su suavidad, si damos crédito al 
Conde de Bufion, de €uyo testimonio se ba valido el mismo Mr. de 
Paw, en todo lo que dice contra Pernetty. Buffon, que en muchos 
pasages de la Historia Natural alega la pequenez de los animales 
Americanos, como una prueba cierta de la malignidad del clima, dice 
en el tomo xi, hablando de los animales selváticos. " Como todas 
las cosas, y aun las criaturas mas libres, están sugetas a las leyes 
fisicas, y como los animales, igualmente que los hombres, están some- 
tidos al influjo del cielo, y de la tierra, parece que las mismas causas 
que han civilizado, y suavizado la especie humana en nuestros climas, 
iban debido producir los mismos efectos en las otras especies. El lobo, 
que es quizas el cuadrúpedo mas feroz de la Zona Templada, es, por 
otra parte, incomparablemente menos terrible que el tigre, el león, y 
la pantera de la Zona Tórrida, y que el os^o blanco., el lobo cerval, y la 
fhiena de la Zona Fria. En America, donde el aire, y la tierra son 
mas blandos que en África, el tigre, el león, y la pantera solo tienen 
de terrible el nombre. Si la ferocidad unida a la crueldad, formaba 
parte de su naturaleza, no hai duda que han degenerado, o por mejor 
decir, han sufrido el influjo del clima : bajo un cielo mas suave, su 
Índole se^ha amansado. De los climas estremosos salen las. drogas. 



SOBRfi EL TERRiiNO DB MEGICO. 2fil 

los perfumes, los venenos, y todas las plantas cuyas cualidades son 
fuertes, y vehementes. Por el contrario, una tierra templada no da 
sino productos templados : a ella pertenecen las yerbas mas dulces, 
las legumbres mas sanas, los frutos mas suaves, los animales mas 
pacíficos, y los hombres mas tranquilos : por que la tierra influye en 
jas plantas ; la tierra, y las plantas, en los animales ; la tierra, las 
plantas, y los animales, en el hombre. Las cualidades físicas del 
hombre, y de otros animales que se alimentan de animales, dependen, 
aunque mas remotamente, de aquellas mismas causas que influyen en 
su Índole, y en sus costumbres. La mayor prueba que puede darse 
de que en los climas templados todo se templa, y de que todo es 
exesivo en los estremosos, es que el tamaño, y la forma, que parecen 
cualidades fijas, y determinadas, dependen, como las cualidades rela- 
tivas, de la acción que el clima egerce. El tamaño de nuestros 
cuadrúpedos no puede compararse con el del elefante, el rinoceronte, 
y el hipopótamo ; las mayores de nuestras aves son harto pequeñas 
comparadas al avestruz, al cóndor, y al casoar." Hasta aqui el Conde 
de Buffon, cuyo testo he copiado, por que me ha parecido importante 
a mi proposito, y contiWo a lo que Mr. de Paw dice contra el clima 
de America, y a lo que el mismo Buffon escribe en otras partes. 

Si pues los animales grandes, y feroces son propios de los climas 
exesivos, y los pequeños, y iimnsos, de los templados, como dice el 
Conde de BuíFon ; si la suavidad del clima influye en la idole, y en 
las costumbres de los animales, mal deduce Mr. de Paw la malignidad 
del clima de America, del menor tamaño, y de la menor ferocidad de 
sus animales, antes bien de esto mismo debería inferir la suavidad de 
«u clima. Si por el contrario, el menor tamaño, y la menor ferocidad 
de los animales Americanos, con respeto a los del antiguo continente, 
prueban su degeneración por la malignidad del clima, como dice 
Mr. de Paw, deberemos del mismo modo deducir la malignidad del 
clima de Europa, del menor tamaño, y de la menor ferocidad de sus 
animales, comparados con los de África. Si algún filosofo de Guinea 
emprendiese una obra por el estilo de la de Mr. de Paw, con el titulo 
de Recherches Philosophiques sur les Européens, podria valerse del 
mismo argumento, para censurar el clima de Europa, y las ventajas 
del de África. " El clima de Europa, podria decir con las mismas 
palabras de su modelo, es demasiado opuesto a la generación de los 
cuadrúpedos, que alli son incomparablemente menores, y mas co- 
bardes que en el nuestro. ¿ Qué son el caballo, y el buei, los mayores 
de sus animales, comparados con nuestros elefantes, con nuestros 



262 HISTORIA ANTIGUA DE ME6IC0. 

rinocerontes, con nuestros hipopótamos, con nuestros camellos, y 
nuestras girafas? ¿ Qué son sus lagartos, comparados en intrepidez, 
y tamaño, con nuestros cocodrilos? Los lobos, y los osos, las mas 
temidas de sus fieras, parecen ovejas al lado de nuestros leones, y 
tigres. Sus águilas, y sus buitres son gallinas en comparación de 
nuestros avestruces." Omito otras bellas cosas que podrían decirse 
contra Europa, valiéndose de los mismos materiales, y casi de las 
mismas espresiones de Mr. de Paw, por no hacer fastidiosa esta diser- 
tación. Lo que aquellos dos escritores responderían al filosofo Afri- 
cano,' respondo yo a cuanto ellos dicen: pues sus argumentos o no 
prueban que es malo el clima de Ameríca, o demuestran que es malo 
el de Europa, o a lo menos inferior al de África. 

De la escasez, y pequenez de los cuadrúpedos pasa Mr. de Paw al 
enorme tamaño, y prodigiosa multiplicación de los insectos, y otros ani- 
malillos dañosos. " La superficie de la tierra, dice, inficionada por la 
putrefacción, estaba inundada de lagartijas, de culebras, de reptiles e 
insectos monstruosos por su tamaño, y por la actividad de su veneno, 
los cuales sacaban jugos abundantes de aquel suelo inculto, viciado, y 
abandonado a si mismo, en qué el jugo nutritivo se agriaba, como la 
leche en el seno de los animales que no egercen la virtud propagativa. 
Las orugas, las garrapatas, las mariposas, los escarabajos, las arañas, las 
ranas, y los sapos eran de una corpulencia gigantesca en su especie, y 
se hablan multiplicado mas de lo que puede imaginarse. Panamá está 
infestada de culebras ; Cartagena, de nubes espesas de enormes mur- 
ciélagos; Porto Belo, de sapos: Suríñan de kakerlaqui^ o cucara- 
chas ; Guadalupe, y otras colonias de las islas, de escarabajos ; Quito, 
de piques, o niguas, y Lima de piojos, y chinches. Los antiguos reyes 
de Megico, y los emperadores del Perú, no hallaban otro medio de 
libertar a sus subditos, de estos insectos que los devoraban, que el de 
imponerles el tributo de cierta cantidad de piojos que debian pagarles 
cada año. Hernán Cortés encontró sacos llenos dé ellos en el palacio 
de Moteuczoma." Pero este argumento, lleno de falsedades, y exa- 
geraciones, nada prueba contra el clima de America en general, ni en 
particular contra el de Megico. El haber algunas tierras en America, 
en que por ser calidas húmedas, e inhabitadas, se hallan insectos 
grandes, y que se multiplican exesivamente, probará, cuanto mas, que 
en aquella vasta parte del mundo hai algunos puntos inficionados por 
la putrefacción : pero no que el terreno de Megico, y el de toda 
America, son fétidos, incultos, viciados, y abandonados a si mismos, 
como pretende desacertadamente Mr, de Paw. Si esta consecuencia 



SOBRB EL TERRENO DB MB6ICO. 253 

fuera exacta, podríamos decir que el terreno del antiguo continente es 
igualmente fétido, y podrido, pues en muchos paises de los que lo com- 
ponen hai una prodigiosa multitud de insectos monstruosos, de reptiles 
dañinos, y de viles animalillos, como en las islas Filipinas, en las del 
océano Indico, en muchas partes del Asia Meridional, y de África, y aun 
en no pocos de Europa. Las islas Filipinas están infestadas de hormigas 
enormes, y de murciélagos monstruosos ; el Japón, de escorpiones ; el 
Asia Menor, y el África, de serpientes ; el Egipto, de áspides ; la 
Guinea, y la Etiopia, de egercitos de hormigas ; la Holanda, de ra- 
tones ; la Ukrania, de sapos, como el mismo Mr. de Paw asegura." 
En Italia, la campaña Romana, cuya población es tan antigua, abunda 
en viveras ; la Calabria, en tarántulas ; las costas del mar Adriático, 
en nubes de mosquitos ; y aun en la misma Francia, cuya población 
es tan antigua, y tan grande, cuyas tierras están tan cultivadas, y cuyo 
clima alaban tanto los Franceses, apareció hace años, según el mismo 
Conde de Buffon, una nueva especie de rata campestre, mayor que 
la común, y que él llama surmulot, cuya especie se propagó exesiva- 
mente, con gran daño de los campos. Mr. Bazin, en el Compendio 
de la Historia de los insectos, cuenta setenta y siete especies de chin- 
ches en Paris, y en sus contornos. Aquella gran capital, según Mr. 
de Bomare, hormiguea de tan enojosos bichos. Es mui cierto que hai 
puntos en America, en que la muchedumbre de insectos, y reptiles 
hace incomoda la vida: pero no sabemos que de resultas de su exesiva 
multiplicación se haya despoplado la mas miserable aldea ; a lo menos 
no podran jcitarse tantos egemplos de despoblación por aquel motivo, 
como los que del antiguo continente refieren Teofrasto, Varron, Plinio, 
y otros autores. Las ranas despoblaron un lugar de las Gallas, y otro 
en África las langostas. La isla de Giaro, una de las Cicladas, quedó 
despoblada por las ratas ; Amidas, cerca de Terracina, por las cule- 
bras ; otro pueblo próximo a Etiopia, por los escorpiones, y por las 
hormigas venenosas, y otro por las escolopendras ; y mas cerca de 
nuestros tiempos, los habitantes de la isla Mauricio estubieron 
próximos a abandonarla, de resultas de la estraordinaria- multipli- 
cación de los ratones, según me acuerdo de haber leido en un autor 
Francés. 

En cuanto al tamaño de los insectos, y de los reptiles, Mr. de Paw 
se vale del testimonio de Mr. Dumont, el cual en sus Memorias sobre 
la Luisiana, dice que las ranas de aquel pais son tan grandes, que 
pesan 37 libras Francesas, y que su horrendo clamor es mui semejante 
al de las vacas. Pero ¿ quien podra fiarse de aquel autor, sabiendo 



254 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

lo que dice el mismo Mr. de Paw, que todos los que han escrito sobre 
la Luisiana, desde Kenepin, Le Clerc, y el Caballero Tonti, hasta 
Dumont, se han contradicho unos a otros ? Yo ademas me maravillo 
que Mr. de Paw, haya osado decir que no existen semejantes mons- 
truos en el resto del mundo. Sé que ni en el antiguo continente, ni 
en el nuevo existen ranas de 37 libras : pero existen en Asia, y África 
serpientes, murciélagos, hormigas, y otros animales de esta especie, 
de tan estupendo tamaño, que superan a cuantos se han descubierto 
hasta ahora en el Nuevo Mundo. ¿ En qué parte de America se ha 
visto una serpiente de 50 codos Romanos, como la que enseñó Au- 
gusto al pueblo en los espectáculos, según afirma Suetonio*, o tan 
gruesa, como la que se mató en el Vaticano, en tiempo del emperador 
Claudio, de la que asegura Plinio, autor casi contemporáneo, que se 
le encontró un niño entero en el vientre ? Sobre todo, ¿ cuando se ha 
visto, aun en los bosques mag solitarios de America, una serpiente 
que se pueda comparar, bajo niügun aspecto, con la enorme, y prodi- 
giosa, de 120 pies, vista en África en tiempo de la primera guerra 
Púnica, destruida con maquinas de guerra por el egercito de Atilio 
Regulo, y cuya piel y quijadas se conservaron en un templo de Roma, 
hasta la guerra de Numancia, como testifican Livio, Plinio, y otros 
historiadores ? Sé que algún escritor ha dicho que en los bosques de 
America se hallan unas culebras gigantescas, que con su aliento atraen 
a los hombres, y los ahogan : pero también sé que lo mismo, y algo 
mas cuentan algunos historiadores antiguos y modernos de las serpien- 
tes de Asia. Megastenes, citado por Plinio, dice que e-n aquellas 
regiones se hallan serpientes que tragan ciervos, y toros enteros f. 
Metrodoro, citado por el mismo escritor, afirma que en el Ponto habia 
unas culebras, que atraían con su aliento a los pájaros, por altos que 
estubiesen, y por rápido que fuera su vuelo. Gemelli, en el tomo v, 
de s« Vuelta al Mundo, hablando de los animales de las islas Filipinas, 
dice asi : " hai serpientes en aquellas islas de desmesurado tamaño. 

* In Octaviano Ccesare. 

t Meg'asthenes scribit, in India serpentea in tantam magnitudinem adoles- 
cere, ut solidos hauriant cervos, taurosque. Metrodorus, circa Rhyndacum am- 
nem in Ponto, ut supervolantes quamvis alte, perniciterque alites haustu raptas 
absorbeant. Nota est in Punicis bellis ad flumen Bagradam a Regulo Imper. ba- 
listis, tormentisque, ut oppidum aliquod, expugnata serpens cxx pedum longi- 
tudinis. Pellis ejus maxillse que usque ad bellum Numantinum duravere Romee 
in templo. Faciunt his lidem in Italia appellatse bose in tantam araplitudinem 
exeuntes, ut Divo Claudio principe, occisíe in Vaticano, solidus in alvo spectatus 
sit infans." Plin Hist. Nat. lib. viii, cap. 14. 



SOaRE EL TERRENO DE MEGICO. 255 

Hai «na, llamada Ibitin, que se cuelga por la cola del tronco de un 
árbol, espera que pasen ciervos, javalies, y aun hombres, para atraerlos 
a si violentamente con el aliento, y devorarlos enteros." Bien se ve 
por todo esto que aquella antiquísima fábula ha sido común a uno y 
otro continente. 

Mr. de Paw querrá quizas responder que aquellos monstruosos ani- 
males se veian etí el antiguo continente, cuando aun no se habia per- 
feccionado su clima. Pero, si se compara lo que escribieron los anti- 
guos, con lo que ahora sabemos del Asia, y del África, ¿ quien negará 
que el clima de aquellos paises es el mismo que era hace 2,000 años, 
con el mismo calor, la misma humedad, y las mismas producciones 
animales, y vegetales? Ademas que aun en nuestros tiempos se ven 
álli varias suertes de animales de estraordin arias dimensiones, que 
superan a los de la misma especie en el nuevo continente. ¿ En qué 
pais de America encontrará Mr. de Paw hormigas que puedan com- 
pararse con las llamadas sulum en las islas Filipinas, de las cuales 
afirma el Dr. Hernández que tienen seis dedos de largo, y uno de 
ancho ? ¿ Quien ha ^sto en America murciélagos, tan gruesos como 
los de las islas Borbon, Témate, Filipinas, y los de todo el archipié- 
lago Indico? El mayor murciélago de America, propio de ciertas 
tierras calidas, y sombrías, que es el que el Conde de Buffon llama 
vampiro, es, según él mismo, del tamaño de un pichón : la rougette, 
una de las especies de Asia, es tan grande como un cuervo, y la 
roussete, otra especie de Asia, como una gallina. Sus alas tienen de 
punta a f«inta tres pies de Paris, y según Gemelli, que las midió en 
Filipinas, seis palmos. El Conde de Buffon confiesa el exeso de 
tamaño en los murciélagos Asiáticos, pero les niega el del numero. 
<?emelli, testigo ocular, dice que los de la isla de Luzon eran tantos 
que cubrían el aire, y que el rumor que hacian con los dientes, al 
comer las frutas de los bosques, se oia a distancia de tres millas. Lo 
mismo confirman muchas personas fidedignas que han residido largos 
años en aquellas islas. El mismo Mr. de Paw dice, hablando de las 
serpientes, que " no se puede afirmar que en el Nuevo Mundo se 
hayan encontr^ido tan grandes como las que vio Adanson en los de- 
siertos de Afríca." La mayor serpiente hallada en Megico, después 
de las mas diligentes investigaciones hechas por el Dr. Hernández, 
tenia 18 pies de largo : mas esta no es comparable con la de las Mo- 
lucas, de la que dice Mr. de Bomare, que tiene 32 pies de largo, ni 
con la Anacandaya de Ceilan, que, según él mismo, tiene 33 pies, ni 
con otras de Asia y Afríca, citadas por el mismo autor. Finalmente, 



266 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

el argumento sacado de la muchedumbre, y tamaño de los insectos 
Americanos es casi tan débil como el que se deduce de la pequenez, 
y escasez de los cuadrúpedos, y en uno, y otro se nuestra la misma 
ignorancia, y el mismo voluntario olvido de las cosas del Antiguo 
Mundo. / 

En cuanto a lo que dice Mr. de Paw acerca del tributo de piojos 
que se pagaba en Megico, descubre su mala fe, como en otras muchas 
cosas. Es cierto que Cortés halló sacos de piojos en los almacenes 
del palacio del rei Ajayacatl. También es cierto que Moteuczoma 
impuso aquel tributo : pero no a todos sus subditos, sino a los mendi- 
gos, y no por que la exesiva multitud de aquellos insectos los devo- 
raba, como dice Mr. de Paw, si no por que Moteuczoma, que no 
podia soportar el ocio en sus vasallos, quizo que hasta aquella gente 
miserable, que no podia trabajar, se ocupase en quitarse de encima 
aquella asquerosa molestia. No influiría poco en aquella medida 
la gran .afición de aquel monarca al orden, y al aseo. Tales eran los 
motivos de aquel estravagante tributo, como afirman Torquemada, 
Betancourt, y otros historiadores, y a nadie se le há ocurrido hasta 
ahora la interpretación de Mr. de Paw, con la cual creia sin duda dar 
mayor peso a sus opiniones. Por lo demás, aquellos inmundos insec- 
tos abundan en los cabellos, y en la ropa de los mendigos Americanos, 
como en los de la gente miserable de todos los paises del mundo, y no 
hai duda que si algún soberano de Europa exigiese aquella contribu- 
ción de los pobres de sus dominios, podría llenar fácilmente, no digo 
yo sacos, sino fragatas enteras. e 

Finalmente, reservando para otra disertación el examen de las 
pruebas del mal clima de America, fundadas en las dolencias y en los 
defectos de la constitución física de los Americanos, en la cual demos- 
traremos los errores, y las preocupaciones pueriles de aquel escritor, 
vengamos a lo que dice sobre el exeso del frío en los paises del Nuevo 
Mundo, con respecto a los del Antiguo, situados a igual distancia de 
la Linea Equinoxial. " Comparando, dice, las esperiencias hechas 
con los termómetros en el Perú, por los Señores de la Coudamine, y 
D. Juan de Ulloa (no se llamaba Juan, sino Antonio) con las del in- 
fatigable Adanson en el Senegal, se puede fácilmente inferir que el 
aire es menos calido en el Nuevo Mundo que en el Antiguo. Calcu- 
lando con la mayor exactitud posible la diferencia de temperatura, 
creo que sera de 12 grados de latitud : esto es, que hace tanto calor 
en Afríca a 30° del Ecuador, como a 18° de la misma Linea en Ame- 
rica. El licor no ha subido a tanta altura en el termómetro, ni en el 



SOBRE f-l, TERRENO DE MEGICO, 257 

Perú, ni en el centro de la Zona Tórrida, como en Francia en el mayor 
calor del verano. Quebec, con estar a la misma altura polar que 
Paris, tiene incomparablemente un clima mas áspero, y mas frió que 
esta capital. La misma diferencia se nota entre la bahia de Hudsoui 
y el Tamesis que están a la misma latitud." 

Aun cuando concediésemos todo esto, nada se inferiria en contra 
del clima de America. ¿ Por qué se ha de deducir la perversidad de • 
aquel clima del exeso del frió en America, y no se deducirá mas bien 
la perversidad del clima del antiguo continente del exeso del calor en 
los paises situados a igual distancia de la linea? No se podra sacar 
ningún argumento contra America, que los Americanos no puedan em- 
plear contra Europa, y África. Pero lo principal es que las observa- 
ciones hechas hasta ahora no bastan a establecer, como principio gene- 
ral, que los paises del Nuevo Mundo son mas frios que los del 
Antiguo, situados a la misma latitud, y mucho menos para creer, 
como cree Mr. de Paw, que haya tanto calor en el Antiguo, a 30° de 
latitud polar, como a los 18° en el Nuevo. Si esto fuera 'verdad, 
seria en America tan intenso el frió a los 67° de latitud como ^ los 
80° en el continente -yitiguo. Ahora bien, Mr. de Paw dice que el 
frió del antiguo continente en Noviembre, mas alia de los 80°, es tan 
perjudicial al hombre, que destruye la vida : ¡ y no la destruiría en 
America mas allá de los 60° ! ¿ Como pues afirma él mismo que en 
el pais de los Esquimales se hallan habitantes mas alia del 75° ? Y si 
los débiles Americanos pueden subsistir en aquella latitud, debemos 
creer que los fortisimos Europeos serian capaces de resistir al frió de 
los 80°. Aflemas, si aquel principio fuera cierto, haría tanto calor en 
Jerusalen, situada a poco n\enos de 32°, como en la Vera Cruz que 
está a poco menos de 20°, lo que nadie, si no es Mr. de Paw, es 
capaz de pensar. Igualmente podrían inferirse otros despropósitos, 
especialmente si se adoptase el calculo del Dr. Mitchell, el cual, según 
dice el Dr. Robertson, concluyó después de treinta años de observa- 
ciones, qué la diferencia entre el clima del Nuevo Mundo, y el del 
Antiguo, es de 14 a 15 grados, esto es, que hace tanto calor en los 
paises del antiguo continente, que están a los 29 o a los 30°, como en 
los del nuevo que están a los 15. Es cierto que asi como hai muchos 
paises en America mas frios que otros del Mundo Antiguo, igualmente 
distantes de la Linea Equinoxial, asi hai otros mucho mas calidos. 
Agrá, capital del Mogol, y el puerto de Loreto en las Californias, se 
hallan en la misma latitud, y sin embargo no es comparable el calor de 
aquella ciudad Asiática, con el de este puerto Americano. Hue, ca- 

TOMO II. s 



258 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

pital de la Cochinchina, y Acapulco, están a igual distancia de la 
Linea, y el aire de Hue es fresco, comparado con el de Acapulco. 
Mas falsa es aun, y mas improbable la otra proposición de Mr. de 
Paw, a saber, que en el centro de la Zona Tórrida no sube a tanta 
altura el termómetro, como en Paris, en lo mas fuerte del verano. Si 
esto fuera cierto, la diferencia entre el clima Europeo, y el Americano, 
no seria solo de 12 grados, como dice Mr. de Paw, si no de 49, cuanta 
es la diferencia de latitud entre el centro de la Zona Tórrida, y Paris. 
Es cierto que en virtud de las observaciones hechas en Quito, y com- 
paradas con las hechas en Paris, el calor de aquella ciudad equinoxial 
no llega nunca al de Paris en el verano : pero también es cierto, según 
las observaciones hechas pernios mismos académicos con los mismos 
termómetros en la ciudad de Cartagena, que no es el centro de la 
Zona Tórrida, si no a 10° de la Linea, que el calor ordinario de esta 
ciudad es igual al mayor de Paris, como lo asegura D. Antonio de 
Ulloa, uno de los observadores*. 

Son muchas las causas, que ademas de la proximidad o distancia de 
la linea, influyen en el calor y en el frió. La elevación del terreno, la 
proximidad de alguna alta montaña cubierta áe nieve, la abundancia 
dé lluvias, &c. contribuyen a aumentar la frialdad del ambiente : y por 
el contrario, la depresión del terreno, la escasez de agua, los arenales, 
&c., aumentan el calor. Ciudad Real, capital de la diócesis de Chiapa, 
por estar situada en un punto alto, es fría, y Chiapa de los Indios, poco 
distante de aili, es calidísima, por estar en un punto bajo. Chachico- 
mula, villa grande, al pie de la altísima montaña de Orizaba, es fría, y 
Vera Cruz, en la misma latitud, es sumamente calorosa ; y, lo que es 
mas, siendo frío el aire de Ciudad Real, en la latitud de 16i°, es ca- 
liente el de Loreto, en Californias, a 25|°. 

Las mismas observaciones de Mr. de Paw convencen que el clima 
de America no es tan vario como el de Europa, y que los habitantes 
del Nuevo Mundo no pasan, como la mayor parte de los del Antiguo, 
de un frió exesivo, a un calor intolerable. Cuanto mas uniforme es 
el clima, tanto mas se acostumbran a él los hombres, y tanto mas 
fácilmente evitan los perniciosos efectos que ocasiona la mudanza de 
temperatura. En Quito no sube el termómetro tanto como en Paris 
en verano ; pero tampoco baja tanto como en los paises mas templados 
de Europa, en invierno. ¿ Qué se puede desear mas en un clima que 

* En el año de 1 735 se mantubo el termómetro de Mr. Reaumur en Cartagena 
a 1025J°, sin otra*^ variación que el de bajar tal cual vez a 1024, o subir a 1026. 
En París el mismo año no subió a mas de 1025i en el mayor calor del verano. 



SOBRE EL TERRENO DE MEGICO, 26& 

un temple en el aire, igualmente distante de uno y otro estremo, como 
el de Quito, y el de la mayor parte del territorio Megicano? ¿ Qué 
clima puede haber mas benigno, y mas favorable a la vida, que aquel 
en que se goza todo el año de los deleites del campo ; en que la tierra 
se ve siempre adornada de yerbas, y flores, los campos cubiertos de 
grano, y los arboles cargados de fruta ; en que los rebaños, sin nece- 
sitar del trabajo del hombre, tienen bastante con lo que les da la Pro- 
videncia, sirviéndoles el cielo de techo, para resistir a la inclemencia de 
las estaciones ? Ni la nieve, ni el hielo obligan al hombre a vivir entu- 
mido al lado del fuego ; ni el ardiente calor del estio lo arroja de las 
ciudades, si no que esperimentando siempre la acción benigna de la 
naturaleza, goza indiferentemente en todas las estaciones de la socie- 
dad en las poblaciones, y de las delicias de la naturaleza en el campo. 
Esta es la idea que tienen los hombres de un buen clima, y por esto 
los poetas, queriendo ensalzar en sus versos algunos paises, decian 
que reinaba en ellos una perpetua primavera, como Virgilio hablando 
de Italia : — 

Hic ver assiduum, atque alienis mensibus astas. 
Bis gravidae pecudes, bis pomis utilis arbos. 

Y Horacio de las islas Fortunadas : — 

Ver ubi longum, tepidasque praebet 
Júpiter brumas. 

Asi representaban los antiguos los Campos Elíseos, y aun en los Libros 
Santos, par^ darnos alguna idea de la Jerusalem celeste, se dice que 
no se siente en ella frió, ni calor. 

El P. Acosta, a cuya historia da Mr. de Paw el titulo de obra exe ■■ 
lente, que era practico en los climas de ambos continentes, y que por 
no ser mui parcial de America, no debia tener gran interés en exage- 
rar sus preeminencias, dice, hablando de su clima: ** Viendo yo la 
dulzura del aire, y la suavidad del clima de muchos paises de America, 
donde no se sabe que cosa es invierno que moleste, ni verano que an- 
gustie ; donde una estera basta para preservarse de la intemperie de 
las estaciones ; donde apenas se necesita mudar de ropa en todo el 
liño ; considerando yo todo esto, me ha parecido muchas veces, y lo 
mismo pienso hoi, que si los hombres quisieran desembarazarse de los 
lazos que les tiende la codicia, y dejar ciertas pretensiones inútiles, y 
enojosas, podrían llevar en America una vida tranquila, y agradable : 
por que lo qne los poetas cantaron de los Campos Eliseos, y del 
famoso valle de Tempe, y lo que Platón referia, o fingia de su isla 

s2 



260 HISTORIA ANTIGUA DK MEGICO. 

Atlantida, se halla reunido en aquellas tierras." Lo mismo que Acosta, 
dicen de America algunos historiadores, y particularmente de Megico, 
y de las provincias circunvecinas, cuyos paises mediterráneos, casi 
desde el istmo de Panamá hasta los 40° de latitud (pues los de mas 
alia no se han descubierto) gozan de un aire benigno, y de clima favo- 
rable a la vida, exepto algunos puntos, que o por su depresión son 
calidos, y húmedos, o por su demasiada elevación son de un clima 
áspero. Pero ¡ cuantos no hai en el Mundo Antiguo ásperos, y 
dañosos ! 

De las calidades del terreno de Megico. 
" Lo cierto es, dice Mr. de Paw, que la America en general ha 
sido, y es hoi dia un pais demasiado estéril." Lo que si es cierto es 
que esta proposición general es una falsedad insigne, y si quiere con- 
vencerse de ello, infórmese de los muchos Alemanes que han estado 
recientemente en America, y residido alli algunos años, y ahora se 
hallan en Austria, en Bohemia, en el Palatinado del Rin, y aun en la 
misma Prusia ; o si no, lea de nuevo la exelente obra del P. Acosta, 
y, encontrará en el libro ii, cap. 14, que si hai alguna tierra a que con- 
venga el nombre de Paraiso es la de America. Esto dice un Europeo 
docto, juicioso, imparcial, nacido en España, uno de los mejores paises 
de Europa ; y hablando en el libro iii, de los del imperio Megicano 
dice " que la Nueva España es uno de los mejores paises de todos 
cuantos alumbra el sol." Ciertamente no hablarla asi de America en 
general, ni en particular de la Nueva España, bajo cuyo nombre com- 
prende toda la America Septentrional dominada por los Españoles, si 
la America fuera un pais estéril. No hablan de otro modo de aque- 
llas regiones, y con especialidad de Megico, otros muchos Europeos, 
«uyos testimonios omito, por no dar fastidio a los lectores*. Por la 
misma razón dejo aparte lo que el mismo Mr. de Paw escribe contra 
otros paises del Nuevo Mundo, pues seria imposible examinar las 
-razones que alega sobre cada uno de ellos, sin escribir un gran volu- 
men, y me limitaré a lo que pertenece esclusivamente a Megico. 

* Tomas Gages, oráculo de los Ingleses, y de los Franceses, en cuanto es rela- 
-tivo a la America, hablando de Megico, dice: "En Megico no falta nada de lo 
que puede constituir la felicidad de un pueblo, y si los escritores que han em- 
pleado sus plumas en alabar las provincias de Granada en España, y de Lombar- 
dia, y Toscana en Italia, que convierten en paraísos terrestres, hubieran visto este 
Nuevo Mundo, y la ciudad de Megico, pronto se retractárian de todo lo que han 
dicho acerca de aquellos paises." Esto dice de Megico, aquel autor que no sabe 
hablar bien de nada. 



SOBRE EL TERRENO DE MEGICO. 261 

El Conde de BuíFon, y Mr. de Paw parecen convencidos de que 
todo el terreno de America se reduce a montes inaccesibles, y bosques 
impenetrables, y a llanuras anegadas, y pantanosas.- Leyeron sin 
duda en las descripciones de aquel pais que los famosos Andes, o 
Alpes Americanos formaban dos larguísimas cadenas de montes altos, 
y cubiertos en gran parte de nieves; que el vasto desierto de las 
Amazonas se compone de bosques espesos ; que Guayaquil, y tal cual 
otro pueblo son húmedos, y pantanosos, y esto bastó para que no 
viesen en todo aquel continente sino pantanos, sierras, y espesuras. 
Leyó Mr. de Paw en la Historia de Gumilla lo que dice aquel autor 
acerca del modo que tenian los Indios del Orinoco de preparar el ter- 
rible veneno de sus flechas, y en la Historia de Herrera, y en otros 
autores que los Cannibales, y otras naciones barbaras usaban de fle- 
chas envenenadas, y de aqui sacó que " el nuevo continente produce 
mayor numero de yerbas venenosas que todo el resto del mundo." 
Leyó que en las tierras demasiado calientes no nace trigo, ni pros- 
peran las frutas de Europa, y no necesitó de mas para decir que " los 
alberchigos y albaricoques solo han fructificado en la isla de Juan 
Fernandez*," y que ''el trigo, y la cebada no han granado si no en 
algunos paises del Norte." , 

Nada es cierto, con respecto a Megico, de todo lo que dice contra 
el terreno de America. Hai ciertamente en aquel pais montañas 
elevadisimas, y cubiertas de nieves eternas ; hai grandes bosques, y 
algunos puntos pantanosos: pero es sin comparación mas vasto el 
terreno fer^^l, y cultivado, como lo saben cuantos lo han visto. En 
todo aquel inmenso espacio en que ahora *«e siembra trigo, cebada, 
maiz, y otras especies de plantas cereales, y leguminosas, de que 
abunda infinitamente aquel pais, se sembraba antes mai^ pimiento, 
judias, cacao, chia, algodón, y otras plantas que servian a las necesi- 
dades, y placeres de aquellos pueblos, los cuales, siendo tan numero- 
sos como he dicho en la Historia, y demostraré en otra parte, no hu- 
bieran podido tener con qué subsistir si la tierra hubiera sido una 

* Afin de mostrar cuanto se aparta de la verdad Mr. de Paw, es necesario 
saber que en la miserable isla de Juau Fernandez, donde dice que se crian 
tan bien los alberchigos, hai mui pocos, y estos malos, como lo he oido 
decir al presbítero Dr. José Garcia, Valenciano, que estubo alli siete meses, y en 
la estación de las frutas. Por el contrario, en casi todos los paises templados, y 
frios de America, donde cree Mr. de Paw que no hai alberchigos, se dan exelentes, 
y en algunas partes, como en Chile, y en varios pueblos de Megico, mejores que 
en Europa. 



262 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

continuación de montes, bosques, y pantanos* El Conde de Buífon 
que en su tomo i dice que la America no es mas que un pantano con- 
tinuo, y en el tomo v afirma que las montañas inaccesibles apenas 
dejan allí pequeños espacios para la agricultura, y para la habitación 
de los hombres, en el mismo tomo confiesa que los pueblos de Me- 
gico, y del Perú eran bastante numerosos. Pero si estos pueblos, 
que ocupaban una grandisima parte de la America, eran bastante nume- 
rosos, y vivian, como él dice, en sociedad, y bajo la dirección de las 
leyes, no es posible que el pais que los alimentaba, fuese un vasto 
pantano; si estos pueblos tan numerosos se sustentaban, como es 
cierto, de los granos, y firutos que cultivaban, no pueden ser peque- 
ños los espacios que los montes inaccesibles dejan a la agricultura, y 
a la habitación de los hombres. 

La muchedumbre, la variedad, y la bondad de las plantas de Me- 
gico no dejan la menor duda acerca de la prodigiosa fertilidad de su 
sudo. " En los pastos, dice el P. Acosta, es exelente el terreno de 
Megico, y es increible la multitud de caballos, vacas, ovejas, y otros 
cuadrúpedos que alli se crian. También es abundante tanto en fru- 
tas, como en toda clase de granos." En efecto, no hai grano, legum- 
bre, hortaliza, o fruta que no prospere en aquella tierra venturosa. 
El trigo, que apenas concede Mr. de Pavi^ a pocos distritos del Sep- 
tentrión, no nace generalmente en las tierras demasiado calidas de 
Megico, como tampoco en la mayor parte de África, y en otros mu- 
chos paises del antiguo continente : pero las tierras frías, y templadas 
de las provincias Megicanas, lo dan de exelente calidad, ;' mas abun- 
dante que en Europa. Baste decir que el que se coge en la diócesis 
de la Puebla de los Angeles es tanto, que del que sobraba, después 
de provistos sus innumerables habitantes, se proveían las islas Antillas, 
y la escuadra que habia en la Habana con el nombre de armada de 
Barlovento. En Europa no hai mas que una siembra, y una cosecha : 
en Megico hai muchas. Torquemada, autor Europeo, que estubo 
muchos años en aquellos paises, y los recorrió en todos sentidos, dice : 
" En las tierras en que se cultiva el trigo, se ve en cada estación del 
año un trigo que se está segando, otro que empieza a madurar, otro que 
aun está verde, y otro que se siembra ; y ahora, que es el mes de Noviem- 
bre, se verifica asi, pues vemos la siega del trigo temporal, el de riego*, 

* El trigo llamado de riego se siembra en Octubre, en Noviembre, o en 
Diciembre, y la cosecha se hace en Mayo o en Junio. El temporal se siembra 
en Junio, y se siega en Octubre, y el aventurero se siembra en Noviembre, y la 
cosecha no tiene época fija. 



SOBRB £L TERRENO DE ME6IG0. 263 

que va creciendo en Atrisco, y en otros lugares, mientras se está haciendo 
en otros la siembra : lo que demuestra la maravillosa fertilidad de la 
tierra *." El mismo autor hace mención de muchas tierras que daban 60, 
80, y 100 por uno, y en nuestros dias se ha visto aquella estraordinaria 
multiplicación de trigo en muchos campos f, siendo generalmente 
cierto que dando mas productos que los de Europa, exigen menos 
cultivo, como es notorio a los Europeos inteligentes que han viajado 
por aquellas regiones. Lo que decimos del trigo, se puede aplicar a 
la cebada, aunque de esta no se siembra si no lo necesario para man- 
tener los caballos, las muías, y los puercos. Mucho mas podria decir 
del maiz, que es el grano propio de aquella parte de America. 

Mr. de Paw dice que todas las plantas de Europa han degenerado 
en America, exepto las acuáticas, y jugosas, y para apoyar este des- 
proposito, añade que " los alberchigos, y los albaricoques solo han 
fructificado en la isla de Juan Fernandez." Aunque le concediésemos 
que ningún país de America da aquellas dos clases de frutas, no por 
jBsto habría probado su aserción ; pero el hecho en que se funda es 
enteramente falso. El P. Acosta, hablando de aquellas frutas en 
particular, dice: "Prosperan alli los alberchigos, los melocotones, y 
los albaricoques J, pero mejor que en ninguna parte, en Mágico." En 
todo aquel pais, exepto en las tierras mui calientes, han prosperado 
aquellas frutas, y todas las otras que se han llevado de Europa, y 
nacen en gran abundancia, como atestiguan todos los viageros§. 

* Tor quemada lib. i, de la Monarquía Indiana, cap. 4. Véase también loque 
dice acerca Cía la abundancia de frutas en todas las estaciones, y Herrera en mu- 
chas partes de su obra. 

t Yo he estado en países en que la tierra solía dar 50 por uno, y he sabido de 
otros en que daba hasta 100. En Analoa, aunque es país caliente, la tierra suele 
dar 200 por uno, según me ha informado una persona digna de fe que estubo 
alli muchos años. Mí erudito amigo el Pro. D. Juan Ignacio Molina, dice en su 
Historia Compendiosa de Chile, publicada en Bolonia, que en aquellos países el 
trigo da comunmente 150 por uno. La fanega se vende a precio ínfimo, y cada 
año van al Perú 30 buques cargados de trigo, quedando mucho en el país. 

X Acosta lib. iv, cap. 31. Es tanta la abundancia de alberchigos en Megíco, 
que se suelen dar dos, tres, y aun cuatro veintenas por la moneda mas pequeña 
del pais. En Chile se cuentan hasta 12 especies de alberchigos, y los hai tan 
grandes que algunos pesan una libra Española. Asi lo asegura Molina. Véase 
lo que dice el P. La Feuillée acerca de su delicadísimo sabor. 

§ Las peras se venden \tambien por veintenas en Megico, y hai mas de 50 es- 
pecies. Gemellí habla de la cuantiosa renta que sacaban de las frutas Europeas 
de su jardín, los Carmelitas de S. Ángel, pueblo distante 7 millas de la capital. 



264 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

" Finalmente, dice Acosta, hablando de la America en general ; casi 
todo lo bueno que produce España, lo hai allí, en parte mejor, y en 
parte no: trigo, cebada, ensaladas, hortalizas, legumbres, &c." Si 
hubiera hablado solo de Megico, hubiera podido omitir el casi. 

** Hai otra ventaja, añade el mismo; y es que en America se dan 
mejor los productos de Europa, que en Europa los de America." 
¿Y parecerá pequeña esta ventaja a Mr. de Paw? Esto solo bastaría 
para demostrar que si hai algún exeso, está en favor de America. En 
Megico prosperan admirablemente, como dicen muchos escritores, y 
como saben todos los que han estado alli, el trigo, la cebada, el arroz, 
y todos los otros granos de Euro{>a; las judias, los guisantes, las ha- 
bas, y todas las legumbres ; las lechugas, las coles, los nabos, los es- 
párragos, y otras ensaladas, y raices, y en general, toda especie de hor- 
taliza ; los alberchigos, las manzanas, las peras, y las otras frutas ; las 
rosas, los claveles, las violetas, los jazmines, la albahaca, la yerba 
buena, la mejorana, el torongil, y otras flores, y plantas Europeas: 
pero en Europa no prosperan, ni pueden prosperar las plantas Ameri^ 
canas. El maiz se cultiva en Europa, pero es mucho mas pequeño, 
y 4e inferior calidad que el de America. De las muchas, y sabrosas 
frutas del Nuevo Mundo, algunas, como el plátano, y la pina, han 
fructificado en los jardines Europeos, gracias a las estufas, y a un 
grandísimo esmero : pero ni tan bien sazonadas, ni con tanta abundan- 
cia como en su propio pais. Otras mas apreciadas, como la chiri- 
moya, el mamei, y el chicozapote, no sabemos que se hayan podido 
aclimatar, apesar de la industria, y del saber que en ello se^ ha emplea- 
do. La causa de esta gran diversidad entre Europa, y America, es 
la que señala el mismo Acosta : esto es, " por que en America hai 
mayor variedad de temperaturas que en Europa, y asi es mas fácil dar 
a cada planta el temple que le conviene." Y como no es prueba de 
la esterilidad de Europa que no se den en ella las plantas propias de 
America, tampoco podra inferirse la esterilidad de algunas partes de 
America, de que no se den alli algunas plantas de Europa. 

Non oinnis fert omnia tellus ; 
Hic segetes, ibi provenient felicins uvoe. 

Antes bien puede asegurarse que los paises calidos, que se niegan 
a la producción del trigo, y de las frutas Europeas, son mas fecundos y 
amenos bajo otros aspectos, como saben los que en ellos han residido. 

y del producto de la hortaliza que cultivaban en su pequeño huerto los Dominica- 
nos de S. Jacinto, en un arrabal de la misma. 



SOBRE KL TERRENO DE MEGICO. 265 

Yo sin embargo no dudo que si se quiere hacer un parangón entre 
los dos continentes, se hallarán casi iguales en sus producciones, por 
que en Asia, y África hai tierras, y climas proporcionados a todas las 
plantas de America, las cuales, por causa de la diversidad de aquellos 
dos elementos esenciales, no pueden prosperar en Europa. Pero ¿qué 
ventaja sacan los Europeos de lo que produce el Asia ? Por el contra- 
rio, los Megicanos rodeados de paises en que reinan toda clase de cli- 
mas, gozan de todos los frutos que estos favorecen. La plaza de Megi- 
co (asi como las de otras muchas ciudades de America) es el centro de 
todos los dones de la naturaleza. Alli se ven la manzana, el alber- 
chigo, el albaricoque, la pera, la uva, la cereza, el camote, el gicame, 
la nuez, y otras innumerables frutas, raices, y yerbas sabrosas, que se 
crian en los paises frios, y templados ; la pina, el plátano, el coco, la 
anona, la chirimoya, el mamei, el chicozapote, el zapote negro, y otros 
muchisimos de las tierras calidas ; el melón, la sandia, la naranja, la 
granada, el ahuacate, el zapote blanco, y otros, comunes a paises ca- 
lientes, y frios. En todas las estaciones del año se ve aquel mercado 
abundantemente provisto de varias frutas esquisitas, y aun en la época 
en que los Europeos no tienen mas que castañas, y cuando mas las 
uvas, y manzanas que su industria sabe conservar. Todo el año, sin 
exeptuar el invierno, entran en aquella plaza, por uno de los canales, 
innumerables barcas, cargadas de frutas, flores, y hortalizas, de modo 
que parece que todas las estaciones, y todos los paises son tributarios 
a las necesidades y placeres de aquellos habitantes : díganlo los Euro- 
peos que hah tenido la satisfacción de verlo. 

No es menor la abundancia de aquella tierra en plantas medicinales. 
Basta para esto ver la obra del célebre naturalista Hernández, en la 
cual se describen, y dibujan mas de 900 plantas (la mayor parte de 
ellas nacidas en los alrededores de la capital) cuyas virtudes ha dado 
a conocer la esperiencia, ademas de otras 300 cuyo uso no es conocido. 
No hai duda que en este largo catalogo faltan otras innumerables. 
Mr.de Paw, por el contrario, dice que America produce mayor nume- 
ro de plantas venenosas que todo el resto del mundo. Pero ¿qué 
sabe él de las que se crian en lo interior del Asia, y del África I Sien- 
do tan grande la fertilidad de aquel suelo no es estraño que abunden 
en él toda clase de vegetales. Pero a la verdad yo no sé que hasta 
ahora se hayan descubierto en Megico ni la vigésima parte de las plan- 
tas ponzoñosas del continente antiguo, de que hacen mención en sus 
libros los naturalistas, y los médicos Europeos. 

En cuanto a las gomas, resinas, aceites, y otros jugos que despiden 



266 HISTORIA ANTIGUA DE ME6ICO. 

los arboles, o espontáneamente, o ayudados por la industria humana, 
es admirable, como dice el P. Acosta, el terreno de Megico, por la 
abundancia de esta clase de productos. Hai bosques enteros de aca- 
cias, que son las que dan la verdadera goma arábiga, la cual, por ser 
tan común, no tiene valor en aquel pais. Hai balsamo, incienso, co- 
pal de muchas especies, liquidambar, tecamaca, aceite de abeto, y otros 
muchos jugos apreciables por su suavisimo olor, y por sus virtudes 
medicinales. 

Aun esos mismos bosques, que cubren el suelo de America, según 
afirman el Conde de Buffon, y Mr. de Paw, acreditan su fecundidad. 
Siempre ha habido, y en la actualidad hai en aquellas vastas regiones, 
bosques espesos, y estendidos : pero no son tantos que no se pueda ha- 
cer un viage de 500, o de 600 millas sin encontrar uno solo. ¿Y 
qué clases de bosques son esos que tanto disgustan a aquellos dos es- 
critores? Por lo común, o de arboles frutales, como de plátanos, 
maméis, chicozapotes, naranjos, y limoneros, cuales son los de Coatza- 
coalco, Mijteca, y Michuacan ; o de arboles preciosos por sus made- 
ras, y por sus resinas, como los que separan el valle de Megico de la 
diócesis de la Puebla de los Angeles, y los de Chiapa, Zapoteques, y 
otros. Ademas de los pinos, robles, frenos, nogales, abetos, y otros 
muchísimos comunes a los dos continentes, hai mayor numero de los 
propios de aquella tierra, que son los mas apreciados. Encuentranse 
bosques enteros de cedro, como en otra parte he dicho. El conquista- 
dor Cortés fue acusado por sus émulos, ante el emperador Carlos V, 
de haber empleado en el palacio que hizo construir en Mágico, 7,000 
bigas de cedro, y se escusó diciendo que el cedro era una madera co- 
mún del pais. Lo es en efecto tanto, que con él se hacen las estacas 
para los . cimientos de las casas, en el suelo pantanoso de la capital. 
Del justamente celebrado ébano, hai también bosques en Chiapa, Yu- 
catán, y Cozumel ; del Brazil, en las tierras calientes, y en otras partes, 
del oloroso aloe. El tapinceran, el granadillo o ébano rojo, el ca- 
mote, y los otros de que he hablado en la historia suministran mate- 
ras harto mejores que las que se emplean en Europa. Finalmente 
para no detenerme en una larga, y enojosa enumeración, me refiero al 
P. Acosta, al Dr. Herpandez, a Ximenez, y a otros autores Españo- 
les que han estado en Megico, sin embargo de que todo lo que dicen no 
basta a formar una idea de la fertilidad de aquella tierra. El P. Acos- 
ta afirma que en cuanto al numero, y la variedad de arboles incultos, 
es mui superior la America al África, al Asia, y a la Europa. 

Este ultimo dato es decisivo, pues la naturaleza y propiedades de 



SOBRE EL TERRENO DE MEGICO. 267 

un terreno se dan a conocer mucho mas por sus producciones espon- 
taneas, que por las que nacen con el ausilio del arte. Comparemos 
pues las de Europa, no ya con las de America, si no tan solamente con 
las de Megico. ** La causa, dice Montesquieu, de haber tantos sal- 
vages en America, es la abundancia de frutas que da por si misma la 
tierra, y que les suministra un fácil alimento. Creo que no se goza- 
rían de estas ventajas en Europa si se dejase la tierra sin cultivo, y que 
solo produciría encinas, y otros arboles inútiles." " Examinando, dice 
Mr. de Paw, la historia, y el origen de nuestras legumbres, de nues- 
tras hortalizas, de nuestros arboles frutales, y aun de nuestros granos, 
se conoce que todos son estrangeros, y que han sido transportados de 
otros climas al nuestro. Fácilmente puede concebirse cuan grande 
habrá sido la miseria de los antiguos Galos, y aun de los Germanos, 
cuya tierra no producia en los tiempos de Tácito, ningún árbol frutal. 
Si la Alemania debiera restituir todos los vegetales que no pertenecen 
originalmente a su terreno, ni a su clima, casi nada le quedarla, ni 
conservaria otros granos que la amapola, y la avena silvestre." Lo 
que Mr. de Paw confiesa claramente de las Gallas, y de la Germania, 
podria decirse de los otros paises de Europa, sin escluir la Grecia, y la 
Italia, que han sido los almacenes de los demás. Si se quitasen al suelo de 
Italia las adquisiciones con que lo ha enriquecido la industria del hom- 
bre ¿ qué otra cosa le quedarla si no sus antiguas bellotas ? Los nombres 
de Malum Persicum, Malum Medicum, Malum Assyrium, Malum 
Punicum, Malum Cidonium, Malum Armeniacum, Nux Pontica, ¿ye. 
sirven a rec9rdar el origen Asiático, y Africano de las frutas qué desig- 
nan. " Se sabe, dice Mr. Busching, que las frutas mejores, y mas 
hermosas, pasaron de Italia a los paises que actualmente las producen. 
Italia las recibió de Grecia, de Asia, y de África. La manzana viene de 
Siria, de Egipto, y de Grecia ; el albaricoque, de Egipto ; la pera, de 
Alejandría, de Siria, de Numidia, y de Grecia; el limón, y la naran- 
ja, de Media, de Asiría, y de Persia ; el higo, de Asia ; la granada, de 
Cartago ; la castaña, de Castania en Magnesia, provincia de Mace- 
donia ; la cereza, de Cerezunlo en el Ponto ; la almendra, de Asia a 
Grecia, y de aqui a Italia ; la nuez, de Persia ; la avellana, del 
Ponto ; la aceituna, de Chipre ; el alberclúgo, de Persia ; el meloco- 
tón, de Cidonia en Candia." 

Plinio dice que los hombres no se alimentaban al principio de 
otra cosa que de bellotas. Aunque esto es falso con respecto al 
común de los hombres, parece cierto con respecto a los primeros 
pobladores de Italia : al menos tal era la opinión de los antiguos. 



268 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

según se lee en sus escritos. Plinio añade que aun en su tiempo 
muchos pueblos que carecían de granos, se estimaban ricos a propor- 
ción de las bellotas que poseían, y con cuya harina hacían pan, como 
en los tiempos modernos los Noruegos lo hacen con corteza de pino, 
y otros pueblos con huesos de pescado. Mr. de Bomare asegura que 
todos los primores de los jardines de Europa son estrangeros, y que 
las principales flores que los hermosean vienen de Levante. El 
mismo Mr. de Paw hace una confesión mas franca de la antigua 
miseria de los Europeos, cuando asegura que las plantas útiles que 
ahora poseen, vinieron del Asia Meridional a Egipto, de Egipto a 
Grecia, de Grecia a Italia, de Italia a las Gallas, y de las Galias a 
Germania : asi que el terreno de Europa, en cuanto a sus produc- 
ciones originales es de los mas pobres, y estériles del mundo. Por 
el contrario ¡ cuan feraz, y abundante no es el suelo Americano, y 
especialmente el de Megico, en plantas propias, y útiles a la manu- 
tención, al vestido, y a los otros usos sociales ! Para convencerse de 
esta verdad basta leer las obras de los autores Europeos que han 
escrito sobre la Historia Natural de aquel Nuevo Mundo. 

.Véase pues como podrían responder los Americanos al ridiculo 
parangón que hace el Cronista Herrera en su primera Decada, y de 
<jue hemos hecho mención al principio de este discurso. " En Ame- 
rica, dice, no habla como en Europa limones, naranjas, granadas, 
higos, melocotones, melones, uvas, olivas, azúcar, arroz, ni trigo." 
Los Americanas dirán, 1. Tampoco habia en Europa ninguno de esos 
frutos, antes que se tragesen de Asia, y África. 2. Ac^ialmente se 
hallan en America, y generalmente son mejores, y mas abundantes, 
especialmente la caña de azúcar, la naranja, el limón, y el melón. 
3. Si la America no tenia trigo, tampoco tenia maiz la Europa, grano 
que no cede al trigo, ni en utilidad, ni en buenas cualidades ; si la 
America no tenia naranjas ni limones, en el dia los tiene ; y la 
•Europa no tiene, ni ha podido tener chirimoyas, plátanos, ahuacates, 
chicozapotes, &c. 

Finalmente, los dos escritores a quienes he combatido en esta 
disertación, y otros historiadores, y filósofos Europeos, que tanto 
ponderan la esterilidad, los bosques, los pantanos, y los desiertos de 
America, podrían acordarse de que los miserables países de Laponia, 
Noruega, Islandia, Nueva-Zembla, ^Spitzberg; y los vastos y hor- 
rendos desiertos de Siberia, Tartaria, Arabia, África, y otros, perte- 
necen al antiguo continente, y forman una cuarta parte de su esten- 
sion. Y ¡ qué países ! Véase a lo menos la elocuente descripción 



SOBRE EL TERRENO DE MEGICO. 269 

que hace el Conde de Buffou de los desiertos de Arabia. " Un pais 
sin verdor, y sin agua, un sol abrasador, un cielo constantemente 
seco, llanuras arenosas, montes aun mas áridos que las llanuras, sobre 
las cuales se estiende la vista hasta donde puede alcanzar, sin encon- 
trar un obgeto animado ; una tierra, por decirlo asi, muerta, y de- 
sollada por los vientos, en cuya superficie solo se ven huesos, y gui- 
jarros esparcidos, rocas erguidas, o destrozadas ; un desierto desnudo, 
en qué el caminante no respira jamas bajo la sombra, en qué nada la 
acompaña, ni le recuerda la naturaleza viva ; soledad absoluta, algo 
mas espantosa que la de los bosques, pues al menos los arboles son 
criaturas vivas, que dan algún alivio al hombre, el cual se halla solo, 
aislado, mas desnudo, y mas abatido en estos lugares vacíos, y sin 
termino. Todo el terreno que lo rodea, se le presenta como una 
vasta sepultura; la luz del dia, mas melancólica que las sombras de 
la noche, no renace si no para hacerle vez su desnudez, y su impo- 
tencia, y para presentarle a los ojos su horrenda situación, alejando 
de ellos los limites del vacio, y ensanchando en tomo el abismo de 
la inmensidad que lo separa de la tierra habitada ; inmensidad que 
en vano procurarla atravesar, pues el hambre, la sed, y el calor 
sufocante le abrevian los, instantes que median entre la desesperación, 
y la muerte." 



DISERTACIÓN IV. 



DE LOS ANIMALES DE MEGICO. 

Una de las especies que mas inculcan el Conde de BufFon, y Mr. de 
Paw, para probar la mezquindad del suelo Americano, y la malig- 
nidad de aquel clima, es la supuesta degradación de los animales, tanto 
de los propios de aquella tierra, como de los que han sido transportados 
del antiguo continente. En esta disertación examinaré sus razones, y 
demostraré algunos de sus errores, y contradicciones. 

Animales propios de Megicé. 
Todos los animales que se hallan en el Nue^o Mundo, pasaron del 
AYitiguo, como he dicho, y esto lo confiesa el mismo Buffon en el 
tomo xxix de la Historia Natural, y deben confesarlo todos los que 
miran con respeto los libros Sai^tos. Cuando hablo pues de animales 
propios de Megico, entiendo los que encontraron alli los Españoles, 
no por que traigan su origen primitivo de aquel pais, como han dado 
a entender Mr. de Paw, y el Conde de Buffon en los primeros 
veinte y ocho tomos de su obra, si no para distinguir los que desde 
tiempo inmemorial se han criado alli, de los que fueron transpor- 
tados de Europa: llamaré pues a estos Europeos, y Americanos a 
los otros. 

La primera acusación contra America, según Buffon, es el pequeño 
numero de sus cuadrúpedos comparados con los del antiguo conti- 
nente. Cuenta 200 especies de cuadrúpedos descubiertos hasta 
ahora en la tierra, de las cuales 130 pertenecen al antiguo continente, 
y solo 70 al nuevo. Si de estas se quitan las que son comunes a 
ambos, apenas tendremos, dice, 40 especies de cuadrúpedos propia- 
mente Americanos. De este antecedente deduce que en America ha 
escaseado prodigiosamente la materia. 

Pero ¿ por qué quitar a la America, de las 70 especies de cuadrú- 
pedos que posee, las 30 que son comunes a ambos continentes, cuando 
por su antiquisin^a residencia en el nuevo merecen tan propiamente el 



DE LOS ANIMALES DE MEGICO. 3^1" 

nombre de Americanas como las otras ? Ademas, si las bestias que 
llama propiamente Americanas, fueron creadas desde el principio en 
America, podría con menos verosimilitud alegar la pretendida escasez 
de la materia, en aquella parte del mundo ; pero siendo Asiático en 
su origen todo el reino animal, como confiesa él mismo, no sé en que 
puede fundar su atrevida consecuencia. " Todo animal, dice, aban- 
donado a su instinto, busca la zona, y la región proporcionada a su 
naturaleza." He aqui pues la verdadera causa del menor numero de 
las especies de cuadrúpedos en America : por que abandonados a su 
instinto, desde que salieron del arca de Noe, buscaron, y encontraron 
en su mismo continente la zona, y la región que les acomodaban, y no 
necesitaron de hacer un largo viage para buscar lo que ya tenian. Si 
el arca de Noe, en lugar de detenerse en los montes de Armenia, se 
hubiese detenido en la Cordillera de los Andes, por la misma razón 
hubiera sido menor el numero de las especies de cuadrúpedos en Asia, 
África, y Europa, y seria digno de censura el filosofo Americano que 
de alli sacase la consecuencia de la prodigiosa escasez de materia, y el 
cielo avaro de aquellas tres partes del mundo. 

Pero aunque todos -^aquellos cuadrúpedos fueran verdaderamente 
originarios de America, no debia deducirse de aqui la supuesta escasez 
de la materia : pues no debe decirse que escasea la materia en un pais 
que tiene un numero de especies de cuadrúpedos proporcionado a su 
estension. La de America es igual a la de la tercera parte de toda la 
tierra : teniendo pues de 200 especies, 70 propiamente suyas, que son 
algo mas de la tercera parte de aquel numero, no hai motivo para que- 
jarse de su pobreza. 

Hasta ahora he raciocinado sobre la suposición de ser cierto cuanto 
dice el Conde de Buffon acerca del numero de las especies de cua- 
drúpedos. Pero i quien lo sabe, cuando a la hora esta no se ha des- 
cubierto el verdadero carácter distintivo de la especie ? Tanto el Conde 
de Buífon como otros muchos naturalistas, que han escrito después, 
creen que la única señal indudable de la diversidad especifica de dos 
animales semejantes en muchos accidentes, y propiedades, es la de no 
poder el macho cubrir la hembra, y producir, por la generación, un in- 
dividuo fecundo, y semejante a ellos. Pero este carácter de diversi- 
dad falla en algunos animales, y en otros es mui difícil de determinar. 
Para conocer su incertidumbre, comparemos la unión del asno, y la 
yegua, con la del mastin, y la galga, que son dos razas diferentes de 
perros. De esta segunda unión nace un perro, o perra, que participa 
del mastin, y de la galga ; de aquella una mala, o mulo, qne participa 



272 HISTORIA ANTIGUA DE MKGICO. 

de la yegua, y del caballo. Ahora quisiera yo saber, por que el asno, 
y la yegua son dos especies de cuadrúpedos, y el mastin, y la galga 
dos razas de la misma especie. " Porque de esta pareja, dice el 
Conde de BuíFon, nace un individuo fecundo, y de aquella no." Pero 
¿ como ? El mismo, en el tomo xxix de la Historia Natural, afirma 
positivamente que el no concebir generalmente las muías, no nace de 
absoluta impotencia, si no del calor exesivo, y de las estraordinarias 
convulsiones que padecen en el acto del coito. Aristóteles, en su 
Historia de los animales, cuenta que en su tiempo, los mulos de 
Siria, hijos de caballo, y asno, engendraban sus semejantes. Mr. de 
Bomare, después de haber citado esta autoridad, añade : " Este hecho, 
apoyado por el testimonio de un filosofo tan digno de fe, prueba que 
las muías son animales específicamente fecundos en sí mismos, y en su 
posteridad." Semejantes hechos que demuestran la fecundidad de las 
muías se ven atestiguados por muchos autores de crédito, antiguos, y 
modernos, y algunos se han verificado en mis dias en Megico*. La 
única diferencia entre los dos egemplos que he comparado es que los 
partos de la galga cubierta por el mastin, son mas comunes que los de 
la yegua cubierta por el asno. ^ 

■ ¿ De donde ha sacado, ademas, el Conde de Buffon, que el gibon, 
el magote, el mammón, y el pappion (cuatro diferencias de monos) 
no se cubren reciprocamente, ni engendran individuos fecundos ? Ni 
averigua el hecho con esperiencias propias, ni cita otro naturalista que 
las haya emprendido, y sin embargo d^ide que aquellos cuadrúpedos 
son otras tantas especies diversas. Luego es mui dudosa, e inconse- 
cuente la división que hace de las especies, y no es podCble saber si 
pertenecen a una misma las que aquel autor separa, o si son específi- 
camente diversas las que reúne. 

Pero sin hacer uso de este argumento, para desconfiar de la clasifi- 
cación que el Conde de Buffon hace de las especies, basta notar las 
contradicciones en qué incurre, tanto en este como en otros délos 
puntos que agita en su Historia, por otra parte tan apreciable. 
Cuando habla en el tomo xxix de la degeneración de los animales, 
afirma que si se quiere hacer la enumeración de los cuadrúpedos 
propios del nuevo continente hallaremos 50 especies diferentes, y en 

* Entre otros egemplos es digno de particular mención el parto repetido de 
muía, engendrado por asno, y yegua, que se vio en la gran hacienda llamada 
Salto de Zurita, junto a la ciudad de Lagos, perteneciente a D. Fulgencio Gonzá- 
lez Rubalcaba. Esta muía concibió de un asno, y parió un muleto en 1762, y 
otro en 1763. 



DE LOS ANIMALES DE MEGICO. 



éfi 



la enumeración que hace de los cuadrúpedos de ambos continentes, 
apenas concede 40 especies a la America. En este mismo cálculo, 
cuenta, como especies diferentes, la cabra domestica, la gamuza, y 
la cabra montes, y en el tomo xxiv, hablando de los mismos ani- 
males, dice que estos tres, y las otras seis o siete especies de cabras, 
que los nomencladores distinguen, son todas una sola: asi que de 
las 130 que atribuye al continente antiguo, tenemos que disminuir 
ocho o nueve. En la misma enumeración cuenta al perro, a la rata, y 
a la marmota, y añade que ninguno de estos cuadrúpedos existia en 
America ; y después, cuando trata de los comunes a ambos mundos, 
dice que la marmota, y la rata son de esta clase, aunque es difícil 
conocer si los que se designan con aquellos nombres en America son 
de la misma especie que los de las otras partes : a lo que añade en el 
tomo xvi que las ratas fueron llevadas a America en buques Euro- 
peos. En cuanto a los perros, se los niega al continente Americano 
en la enumeración citada, y luego se los concede en el tomo xxx, 
donde dice que el toloitzcuintli, el itzcuintepotzoli, y el techicJii 
eran tres razas diferentes de la misma especie de perros del continente 
antiguo. Basta lo dicht>para manifestar que aquel sabio naturalista, 
apesar de su gran ingenio, y diligencia, se olvida a veces de lo que 
habia escrito. 

En las 130 especies de cuadrúpedos del Mundo Antiguo, cuenta 
7 especies de murciélagos comunes a la Francia, y a otros países de 
Europa, 5 de las cuales, desconocidas, o confundidas antes, fueron 
descubiertas o clasificadas por Mr. Daubenton, como el mismo BuíFon 
asegura en eí tomo xvi de su Historia Natural. Y si en la docta 
Francia, donde tantos años hace que se estudia la historia de la 
Naturaleza, han sido hasta ahora ignoradas cinco especies de murcie- 
lagos ; qué estraño sera que en las vastas regiones de America, donde 
no son tan comunes los buenos naturalistas, y donde no hace mucho 
que se aprecia aquel estudio, sean igualmente desconocidas muchas 
especies de cuadrúpedos! Yo no dudo que si fueran alli algunos 
hombres como BufFon, y Daubenton, se hallaría mayor numero de 
especies, que las que se pueden contar desde París, donde no es 
regular que haya tantos datos sobre los animales Americanos, como 
sobre los Europeos. En efecto, da lastima ver que un filosofo tan 
célebre, tan ingenioso, tan erudito, tan elocuente ; que describe todos 
los cuadrúpedos del mundo ; que distingue sus especies, familias, y 
razas ; que pinta su carácter, su Índole, y sus costumbres ; que cuenta 
sus dientes, y aun mide sus colas, se muestre tan ignorante del reino 

TOMO II. T 



274 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

animal de un pais tan interesante como Megico. ¡ Qné animal mas 
común, y mas conocido alli que el coyote? Nombranlo todos los 
historiadores de aquel reino, y lo describe exacta, y menudamente el 
Dr. Hernández, cuya Historia cita frecuentisimamente el mismo 
BuíFon : y sin embargo, no hace la menor mención de él, ni bajo 
aquel, ni bajo ningún otro nombre*. ¿Quien no sabe que el conejo 
era un cuadrúpedo comunisimo en los paises del imperio Megicano, 
donde se conocía con el nombre de tochtli ; que su figura era uno de 
los caracteres del año Megicano, y que de su pelo se hacian ropas 
para la gente rica ? Sin embargo, el Conde de Buífon quiere que 
este sea uno de los cuadrúpedos transportados de Europa : pero de 
todos los historiadores Europeos de Megico no hai uno solo que lo 
diga; todos suponen que el ratón habita desde tiempo inmemorial 
aquellos paises, y yo no duelo que los Megicanos se reirán al leer tan 
singular anécdota. 

El Di;. Hernández cuenta en la historia de los cuadrúpedos cuatro 
animales Megicanos de la especie de los perros, que son los que yo he 
nombrado en el libro i de esta obra, a saber : eljoloitzcuintli, o perro 
pelado ; el iizcuintepotzotli, o perro jorobada ; el techichi, o perro 
comestible, y el tepeitzcuintli, o perro montes. Estas cuatro diver- 
sísimas especies de cuadrúpedos han sido reducidas por el Conde de 
Buffon a una sola. Dice que el Dr. Hernández se engañó en lo que 
'escribió del joloitzcuintli, por que ningún otro autor lo nombra, y 
por consiguiente es de creer que aquel animal fue transportado de 
Europa; mayormente asegurando el mismo Hernández haberlo visto 
en España, y que no tenia nombre en Megico. Añade*' BuíFon que 
joloitzcuintli es el nombre propio del lobo impuesto por Hernández 
a aquel cuadrúpedo, y que todos los perros se conocían en Megico con 
el nombre genérico de aleo. ¡ Qué conjunto de errores en pocas 
palabras ! El nombre aleo, o allco no es Megicano, ni jamas se ha 
usado en Megico, si no en la America Meridional. El de joloitz- 
cuintli no se ha aplicado jamas al lobo, ni ningún Megicano lo ha 
usado en este sentido. El nombre Megicano de lobo es ' cuetlachtli, 
y en algunos pueblos, donde no se habla con mucha pureza, se le 

* Los animales del antiguo continente que mas se parecen al coyote, son el 
chacal, el adive, y el isatis, pero con grandes diferencias. El chacal es del 
tamaño de un zorro, y el coyote es doble mayor. El coyote va solo, y el chacal 
en cuadrillas de 30, o 40. El adive es mas chico y mas débil que el chacal. El 
isatis es propio de las zonas frias, y huye de los bosques ; el coyote gusta de 
los bosques, y habita los paises calidos, o templados. 



I 



ÜE LOS ANIMALES DB MEGICO, 27*3 

llama tecuani, que es el nombre genérico de las fieras. Consta 
ademas por el mismo testo de Hernández, copiado en la nota *, que ni 
e\ joloiizcuintli fue transportado de Europa al Nuevo Mundo, ni fue 
Hernández quien le dio aquel nombre, que era propio del idioma 
del pais para designar el animal de que se trata. Hernández lo habia 
visto en España, adonde habia sido transportado de Megico, como él 
mismo dice, y también habia visto muchas plantas Megicanas en los 
jardines de Felipe II. Pero ¿ por qué no hablan del joloitzcuintli los 
otros autores? por que no ha habido ninguno antes ni después de 
Hernández que haya emprendido escribir la historia de los cuadrú- 
pedos Megicanos, y los historiadores de aquel pais solo hacen mención 
de los mas comunes. Por lo demás, todo hombre sensato, e iraparcial 
deberá dar mayor crédito al Dr. Hernández, en todo lo relativo a la 
historia natural de Megico, por haber sido tantos años empleado en 
aquellos paises de orden de Felipe II, observando por si mismo los 
animales que describe, o tomando noticias verbales de los Indios, cuya 
lengua aprendió, que al Conde de Buífon, el cual, aunque mas 
ingenioso, y elocuente, no tubo otras noticias de los animales Megicanos, 
que las que tomó del hAsmo Hernández, o en las relaciones de otros 
autores, no tan dignos de fe cuanto aquel docto, y practico naturalista. 
Quiere Buífon que el tepeitzcuintli de Hernández no sea otro 
que el glotón, cuadrúpedo común en los paises mas Septentrionales 
de ambos continentes; pero quien quiera confrontar la descripción 
que da de este animal con la que Hernández da de aquel, pronto 
echará de ver que reina entre ellos una gran diferencia. El glotón 
es, según Buífon, propio de los paises frios del Norte ; el tepeitz- 
cuintli, de la Zona Tórrida; el primero, de doble tamaño que el 
tejón ; el segundo, como dice Hernández, parvi canis magnitudine. 
El glotón ha merecido este nombre, por su inaudita, y estupenda vora- 
cidad, que lo obliga a desenterrar los cadáveres para devorarlos : nada 
de esto se cuenta del tepeitzcuintli, y no lo hubiera omitido Her- 
nández, siendo el principal carácter del glotón, antes bien asegura 
que aquel se domestica, y se alimenta con huevos, y pan deshecho en 
agua caliente, lo que no bastaría a una fiera tan ávida como esta. 
Finalmente, omitiendo otras pruebas de su diversidad, la piel del 

* " Praeter canes notos nostro orbi, qui omnes pene ab Hispanis translati ab 
Indis in his plagis hodie educantur, tria alia ofFendas genera, quorum primum^, 
ante quara huc me conferrem, vidi in patria : caeteros vero ñeque conspexeram, 
ñeque adhuc eí) delatos puto. . Vúmus, joloitzcuintli vocatus alios corporis vincit 
magnitudine, &c." — Hernández Hist. Quadrup. Novae Hisp. cap. 20. 

T 2 



276 HISTORIA ANTIGUA Dli MEGICO. 

glotón, es, según el escritor Francés tan preciosa como la de la marta 
cibelina, y no sabemos que la del cuadrúpedo Megicano goce del 
mismo favor. 

Siendo pues e\ joloitzcuintli distinto del lobo, y el tepeitzcuintli 
del glotón, y siendo aquellos cuatro cuadrúpedos Americanos de la 
clase de los perros, y diversos entre si en tamaño, Índole, y otros 
accidentes notables, y no constando que puedan unirse unos a otros, ni 
producir un tercer individuo fecundo, debemos concluir que son cuatro 
especies diferentes, y por consiguiente restituir a la America las tres 
que se le han arrebatado injustamente. 

No acabaña si quisiera notar todos los errores de este autor en 
cuanto dice sobre el asunto presente; pero para demostrar que el 
numero de 70 especies que señala al nuevo continente no es exacto, 
si no mui inferior a la verdad, y contrario a lo que él mismo dice en 
el curso de su historia, daré al fin de esta disertación una lista de los 
cuadrúpedos Americanos, sacada de su Historia Natural, a que aña- 
diré los que ha confundido con otros diversos, y los que ha omitido 
enteramente, demostrando cuanto se ha alejado de la verdad, al decir 
que en America ha escaseado prodigiosamenh^ la materia. Ademas 
, db que para inferir esta prodigiosa escasez, no basta probar que es 
reducido el número de especies : seria necesario demostrar que son 
pocos los individuos de cada una de ellas ; pues si los individuos de 
aquellas 70 son mas que los de las 130 del continente antiguo, podra 
decirse que la naturaleza no ha sido tan varia en America, pero no 
que la materia era escasa. Seria preciso igualmente examinar si son 
pocas, o poco numerosas las especies de reptiles, y de pájaros, pues 
estas pertenecen también a la materia: pero ¿quien habrá tan igno- 
rante de las cosas de America que no tenga noticia de la increíble 
variedad, y estraordinaria muchedumbre de los pájaros Americanos ? 
; Y sera posible que la naturaleza, tan prodiga en aquellos paises, 
para esta clase de vivientes, se haya manifestado tan avara con los 
cuadrúpedos, como quieren decir los dos ^escritores a quienes estoi 
respondiendo ? 

No contento uno, ni otro con disminuir el numero de las especies, 
se esfuerzan también en abreviar su estatura. " Todos los animales 
de America, dice el Conde de Buffon, no menos los que fueron 
transportados por los hombres, como el caballo, el toro, el asno, la 
oveja, la cabra, el puerbo, el perro, &.c. que los que pasaron por sí 
mismos, como el lobo, el zorro, el ciervo, el alce, &c. son considera- 
blemente mas pequeños alli que en el mundo antiguo, y esto, sin nin- 



DE LOS ANIMALES DK MEGICO. 277 

guna exepcion;" cuyo estupendo efecto atribuye al cielo avaro de 
America, y a la combinación de los elementos, y de otras causas 
físicas. " No habia, dice Mr. de Paw, bajo la zona tórrida del nuevo 
continente ningún gran cuadrúpedo. El mayor, de los propios de 
aquel pais, existente en el dia entre los trópicos, es el tapir, que es 
del tamaño de un ternero." " La bestia mas corpulenta del nuevo 
continente, dice el Conde de Buffon, es el tapir, que no es mayor que 
una muía pequeña, y después el cabiai, semejante en las dimensiones 
a un puerco mediano." 

Ya he demostrado en la precedente disertación que aun concediendo 
a estos filósofos la supuesta pequenez de los cuadnipedos Americanos, 
nada se inferirla contra el terreno, y contra el clima de America : 
pues, según los principios del Conde de Buffon, los animales mayores 
son propios de los climas exesivos, y los menores de los templados, y 
suaves. Si el gran tamaño de los cuadrúpedos fuera indicio de las 
ventajas del clima, confesaremos que el de África, y el de Asia 
Meridional son mucho mejores que el de Europa. Pero si en 
America, cuando fue descubierta por los Europeos, no habia elefantes, 
rinocerontes, hipopótamos, camellos, ni girafas, al menos, en otro 
tiempo los hubo, si hemos de dar crédito a Mr. de Paw, a Sloane, a 
Pratz, a Lignery, y a otros escritores, los cuales afirman la antigua 
existencia de aquellos grandes cuadrúpedos en America, fundándose 
en el descubrimiento de huesos fósiles, y de esqueletos enteros de 
desmesurado tamaño, en diversos puntos de aquel continente. Y aun 
mas : pues 3i creemos lo que dice el Conde de Buffon, en el tomo 
xviii de su historia, hubo en America un cuadrúpedo, seis veces 
mayor que el elefante, llamado mammout por Mr. Muller* : pero en 
Europa no ha habido, ni podido haber jamas cuadrúpedos de primera 
magnitud. En America no habia caballos, asnos, ni toros f antes que 

* En vista de lo que dice Mr. MuUer de su mammout, este cuadrúpedo tenia 
133 pies de largo, y 105 de alto. El Conde de Buffon dice : " El prodigioso 
mammout, cuyos enormes huesos lie considerado muchos veces, y que juzgo, a lo 
menos, seis veces mayor que el mas grueso elefante, no existe ya." En otra 
parte dice que está seguro que aquellos huesos desmesurados eran de un elefante, 
siete u ocho veces mayor que aquel cuyo esqueleto habia observado en el gabi- 
nete real de Paris : pero en las Épocas de la Naturaleza, obra posterior a la 
Historia Natural, vuelve a asegurar la antigua existencia de aquel cuadrúpede 
gigantesco en America. 

t Cuando digo que no habia toros en America, aludo a la raza común que se 
emplea en la Agricultura : pues habia bisontes, que el Conde de Buffon coloca 
unas veces en la especie del toro, y otras no. 



278 HISTORIA ANTIGUA DE MliGlCO. 

los llevasen los Europeos ; pero tampoco los había en Europa antes 
que pasasen alli del Asia. Todos los animales traen su origen de 
esta parte del mundo ; de ella se esparcieron por las otras. La 
proximidad de Europa, y el comercio de los pueblos Asiáticos con los 
Europeos, facilitaron el paso de los cuadrúpedos, y con ellos pasaron 
también muchos usos, e inventos útiles a la vida, de que estubieron 
privados los Americanos, por causa de la lejanía, y de la falta de 
trafico. 

Cuando el Conde de Buffon afirmó que el mayor cuadrúpedo del 
Nuevo Mundo era el tapir, y después el cabiai, se olvidó enteramente 
^ de la morsa, de la foca, del bisonte, del rengífero, del alce, del oso, y 
del huanaco. El mismo confi:esa que la foca vista en America por 
Lord Anson, y por Rogers, y a la cual dieron el nombre de león 
marino, era incomparablemente mayor que todas las del Mundo 
Antiguo. ¿ Quien osará comparar el cabiai, que no es mayor que un 
puerco mediano, con el bisonte, y con el alce ? El bisonte es comun- 
mente igual, y muchas veces mayor que el toro. Véase la descripción 
que hace Mr. de Bomare*, de uno de aquellos cuadrúpedos, trans- 
portado de la Luisiana a Francia, y medido con gran exactitud en 
París, el año de 1769, ^or el mismo naturalista. Hai una cantidad 
innumerable de aquellos animales en la zona templada de la America 
Septentrional. Los alces del Nuevo Megico son del tamaño de un 
caballo grande. En Zacatecas hubo un sugeto que se sirvió de ellos 
para tirar de su coche en lugar de caballos, como atestigua Betan- 
courtf , y a veces se han enviado de regalo al rei de España. 

La proposición universal en que afirma el Conde de Buflbn que 
todos los cuadrúpedos comunes a ambos continentes son mas pequeños 
en America, y esto sin exepcion alguna, ha sido desmentida por 
muchos escritores Europeos, que por sí mismos observaron los ani- 
males de que se trata, y aun por el mismo Conde de BuíTon en otras 
partes de su Historia. Del miztli, o león Americano, dice el 
Dr. Hernández, que es mayor que el león de la misma especie del 

* Mr. de Bomare llama al bison cuadrúpedo colosal; dice que su longitud, 
desde la estremidad del hocico hasta la raiz de la cola, medida por los costados, 
era de 9 pies y 2 pulgadas ; su altura desde la cima, de la corcoba hasta las uñas, 
5 pies, y 4 pulgadas ; su grueso, midiendo la corcoba, 10 pies de circunferencia. 
Añade que el dueño del bisonte que vio, y a que se refieren estas medidas, decia 
que las hembras eran aun mayores. 

t Muí grandes debían ser aquellos alces para poder tirar de un coche de los 
que se usaban en aquel país el siglo pasado. 



DE LOS ANIMALES DE MEGICO. 279 

antiguo continente*. Del tigre Megicano afirma lo mismo f. Ni el 
Conde de Buffon, ni Mr. de Paw tubieron ideas exactas de aquella 
fiera. Entre otras muchas, vi una que habia muerto pocas horas antes 
de nueve escopetazos, y era mucho mayor que lo que dice Buffon. 
Estos dos autores, ya que no tubieron a bien fiarse del testimonio de 
los Españoles, hubieran debido dar crédito a Mr. de la Condamine, 
Francés docto, y sincero, el que dice que los tigres que vio en los 
paises calientes del Nuevo Mundo, no le parecieron diversos de los 
Africanos, ni en la hermosura de los colores, ni en el tamaño, ni en 
ninguna otra propiedad. Del lobo Megicano, dice el mismo Dr. Her- 
nández, que tanto en el color, como en la figura, en las inclinaciones, 
y en el tamaño, es semejante al Europeo, exepto que aquel tiene la 
cabeza mas voluminosa:};. Lo mismo dice del ciervo, y Oviedo, del 
ciervo, y del gamo. El mismo Conde de Buffon, a pesar de la 
generalidad del principio que establece, sin alguna exepcion, sobre el 
menor tamaño de los cuadrúpedos Americanos, raciocinando después 
en el tomo xxix sobre la degeneración de los animales, dice que el 
gamo, y el corzo son, de los cuadrúpedos comunes a los dos conti- 
nentes, los solos mayores y mas fuertes en el nuevo que en el antiguo ; 
y en el tomo xxvii, hablando de la nutria del Canadá, confiesa que es 
mayor que la de Europa, y lo mismo dice del castor Americano ; asi 
que, después de no admitir ninguna exepcion a su principio, la reco- 
noce en el gamo, en el corzo, en la nutria, en el castor, y en la foca. 
Si a estos se añaden el tigre, el león sin melena, y el ciervo, según el 
testimonie^ de Hernández, y de Oviedo, tendremos a lo menos ocho 
especies de cuadrúpedos, comunes a los dos Mundos, y que son 
mayores en el nuevo que en el antiguo. Igualmente debemos incluir 
en este catalogo los cuadrúpedos que son del mismo tamaño en todas 
las partes del mundo, pues también estos demuestran la falsedad de 
aquel principio general. El Dr. Hernández dice que el lobo Megi- 
cano es del mismo tamaño que el Europeo ; Buffon asegura que entre 
uno y otro no hai mas diferencia, si no que el Megicano tiene mas her- 
mosa la piel, y cinco dedos en los pies delanteros, y cuatro en los 

* " Leoni nostrati minime jubato aut idem est miztli, aut congener, in infantia 
fuscus, et fulvus in juventa, interdumque rubeus, aut subalbidus, in majorem 
tamen assurgens raolem, quod ob regionis diversitatem potest evenire." — Hist. 
Quadrup. Novae Hisp. cap. xi. 

t " Vulgaris est liuic orbi tygris, sed nostrate major." — Ib. cap. x. 

X Forma, colore, moribus, ac mole corporis lupo nostrati similis est ctíetlachtli, 
at(iue adeo ejus, ut mihi videtur, speciei, sed ampliore capite.— Ib. cap. xxiii. 



28Q HISTORIA ANTIGUA DK MEGIOO. 

traseros. Por lo que hace a los osos, no faltan sugetos en Europa 
que han visto los de Megico, y los de los Alpes, y no creo haya uno 
solo que no reconosca la superioridad de aquellos en el tamaño. Yo a 
lo menos declaro sinceramente que todos los que he visto en Megico 
me han parecido mayores que los de Italia *. 

Es pues falso que todos los animales del Nuevo Mundo son mas pe- 
queños que los del Antiguo, sin ninguna exepcion ; es también fal- 
sisimo que todos son mucho mas pequeños, y que la Naturaleza se ha 
servido en America de diferente escala de dimensiones, como en otra 
parte asegura el mismo Conde de Buffon. Del misjtno modo se 
puede demostrar el error de Mr. de Paw cuando dice que todos los 
cuadrúpedos Americanos son una sesta parte mas pequeños que 
sus análogos en las otras partes del mundo. La tuza Megicana es 
análoga al topo Europeo, y mayor que este, según BuíFon. El 
cuadrúpedo Megicano que el mismo naturalista llama cocualino, y 
nosotros tlalmototli, es análogo a la ardilla de Europa, y, según el 
mismo, de doble tamaño. La musaraña del Brasil, análoga a la Eu- 
ropea, el coyote, que lo es al chacal, y la llama, que lo es al carnero, 
son de mayores dimensiones que estos aninfales antiguos. Pero 
aquellos filósofos, empeñados en desacreditar la America, y sus ani- 
males, hallan también defectos en sus colas, en sus pies, y en sus 
dientes. " No solo, dice el Conde de Buffon, escaseó la materia en 
el nuevo continente, si no que parece que se descuidó en las formas 
imperfectas de los animales. Los de la America Meridional, que son 
los que realmente pertenecen al Nuevo Mundo, están cas^ general- 
mente privados de bastas, y cola : su figura es estravagante ; sus 
miembros desproporcionados, y mal distribuidos, y algunos, como el 
hormiguero, y el perico-ligero, de tan miserable constitución que 
apenas tienen las facultades de comer, y andar." " Los animales 
propios del Nuevo Mundo, dice Mr. de Paw, son por la mayor parte 
de una forma desairada, y en algunos, tan mal dispuesta, que los 
primeros dibujantes no pudieron sin grandes dificultades, diseñarlos 
exactamente. Se ha observado que la mayor parte de las especies 
carecen de cola, y tienen una irregularidad en los pies ; lo cual es 
notable en el tapir, en el hormiguero, en el glama de Margraf, en el 
perico-ligero, y en el cabial. El avestruz, que en nuestro continente 

* Buflfon distingue la especie de los osos negros de la de los pardos, y afirma 
que aquellos no son tan feroces : pero los Megicanos, que son enteramente 
negros, son ferocísimos, como yo lo he visto, y como es notorio en aquellos 
paises. 



DE LOS ANIMALES DK MIÍGICO. 281 

tiene dos dedos unidos con una membrana, tiene cuatro dedos separa- 
dos en America." 

Estas objeciones, en verdad son mas bien dirigidas contra la con- 
ducta del Criador, que contra el clima de America : por el estilo de 
la blasfemia que se atribuye al rei D. Alfonso el Sabio, sobre la dis- 
posición de los cuerpos celestes. Si los primeros individuos de 
aquellas especies de animales no salieron de las manos del Criador 
con esas imperfecciones que se les atribuyen, si no que soft efecto 
del clima de America, no hai duda que transportados a Europa, desa- 
parecerían aquellos defectos, y mejorarían de forma, de Índole, y de 
instinto : a lo menos, después de diez o doce generaciones, aquellas in- 
felices bestias que el clima ha despojado de cola, y de bastas, las 
recobrarían bajo un cielo menos avaro. No : dirán los dos filósofos : 
porque no es tan fácil recobrar de la Naturaleza lo que se pierde, 
como perder lo que se tiene : de modo que aunque el clima de Eu- 
ropa no les restituyese lo que han perdido, podria todavia decirse que 
el clima de America era la verdadera causa de aquella privación. 
Sea en buen hora, y por consiguiente no hablemos de las irregulari- 
dades que consisten en algún defecto, si no de las que son tales por 
exeso de materia. Hablemos del avestruz, que, según Mr. de Paw, 
tiene por vicio de la Naturaleza dos dedos mas en cada pie * : o mas 
bien, para no salir de los cuadrúpedos, hablemos del unau, especie de 
perico-ligero, que, entre otras irregularidades, tiene cuarenta y seis 
costillas. " El numero de cuarenta y seis costillas, en un animal de 
tan pequeño^ cuerpo, dice el Conde de Buffon, es una especie de 
error, o de exeso de la Naturaleza : pues ningún animal, tiene 
tantas, ni aun los mas voluminosos, o los que tienen el cuerpo mas 
largo, a proporción de su grueso. El elefante tiene cuarenta, el ca- 
ballo treinta y seis, el tejón treinta, el perro veinte y seis, y el hombre 
veinte y cuatro." Si el primer unau que hubo en el mundo recibió 
de la mano de Dios el mismo numero de costillas que tienen los indi- 
viduos actuales, la observación del Conde de Buffon es uoa censura 
del Hacedor Supremo ; y decir que aquel exesivo numero de cos- 
tillas ha sido un error de la Naturaleza, es decir que ha sido un error 
de Dios, que es el autor de la Naturaleza, y el que sacó el mundo de 
la nada. Estoi seguro que esta blasfemia es mui agena de la mente 

* IVIr. de Paw se engañó en el numero de los dedos del touyou, o avestruz 
Americano, pues no tiene mas que tres ; pero en la parte posterior de los pies 
tiene un tubérculo redondo, y calloso que le sirve de talón, y a qué el vulgo ha 
dado el nombre de dedo. 



k 



288 HISTORIA ANTIGUA DÜ MEGICO. 

sublime, y del corazón Cristiano del Conde de Buffon : pero el 
espíritu filosófico que reina en sus obras lo indujo tal vez a hacer uso 
de aquellas espresiones, que, bien examinadas, no concuerdan con la 
fe que profesamos *. Si, por el contrario, creen aquellos escritores 
que el unau, en su primer origen, tubo un numero de costillas pro- 
porcionado a su tamaño, y que el maligno clima de America se las 
fue aumentando poco a poco, debemos creer que, transportada 
aquella especie al continente antiguo, y sometida al influjo de un clima 
mas favorable, retrocedería finalmente a su antigua perfección. Há- 
gase pues la esperiencia ; tráiganse a Europa dos o tres machos de 
aquella desgraciada especie, y otras tantas hembras, y si después de 
veinte, o mas generaciones, se reconoce que en efecto empieza a dis- 
minuir el numero de costillas, confesaremos que la tierra de America 
es la mas infeliz, y su clima el mas perverso del globo. Si asi no su- 
cede, diremos, como decimos ahora, que la lógica de aquellos señores 
es mas miserable que el cuadrúpedo, asunto de sus observaciones, y que 
sus argumentos son verdaderos paralogismos. Por otra parte, es cosa 
estraña que en un pais en que tanto ha escaseado la materia, la Na- 
turaleza haya pecado por exeso en los dedos de un ave, y en las cos- 
tillas de un cuadrúpedo. 

Mas para demostrar que estos filósofos tan empeñados en desacre- 
ditar el clima de America se han olvidado enteramente de las miserias 
del continente que habitan, preguntémosles ¿ cual es el animal mas 
imperfecto y miserable de todos los Americanos ? El perico-ligero, 
responderán, por que es el de mas débil organización, el ¿uenos capaz 
de movimiento, el mas desprovisto de armas para su defensa, y sobre 
todo el que parece menos suceptible de sensaciones : animal verda- 
deramente infeliz, condenado por la Naturaleza a la inercia, al ham- 
bre, y al llanto, con el cual inspira horror y compasión a toaos los 
otros. Pero este cuadrúpedo, tan famoso por sus miserias, es común 
a los dos continentes. El Conde de Buffon no quiere creerlo, por 
que no le acomoda, y dice que si se halla algún individuo en Asia, ha 
sido transportado de America : pero por mas que diga, lo cierto es 
que el unau, que es de la misma especie, es animal Asiático, según 
la opinión de Klein, Linneo, Brisson, del publicador del gabinete de 

* Queriendo esplicar por qué el hombre resiste mas que los animales al in- 
flujo del clima, dice asi en el tomo xviii. " El hombre es en todo obra del cielo ; 
los animales no son, bajo muchos aspectos, si no producciones de la tierra." 
Esta proposición parece algo dura : pero otras harto mas duras se hallan en las 
Épocas de la Naturaleza. 



DE LOS ANIMALES DE MEGICO. 283 

Seba, y sobro todo de Vosmaer, docto e inteligente naturalista Holan- 
dés. El unau de Bengala, visto, criado, y exactamente descrito por 
este autor, no ha podido proceder de America, por que jamas ha ha- 
bido comercio entre la America Meridional, y el Asia. Ademas el 
unau de Bengala es diverso del perico-ligero Americano. Este tieno 
dos dedos, y aquel cinco. Si el Conde de Buflfon se persuade que el 
clima de Asia puede aumentar los dedos de este cuadrúpedo, seria 
natural que el clima del antiguo continente restituyese la cola y las 
bastas a los animales que las han perdido a efecto del clima maléfico 
del Nuevo Mundo. Últimamente cualquiera que compare la elo- 
cuente descripción que el Conde de BuíFon hace del perico-ligero 
Americano, con la que Mr. Vosmaer hace del pentadattilo de Ben- 
gala, conocerá que este es tan desventurado como aquel. 

Pero examinemos filosóficamente lo que dicen estos autores acerca 
de la supuesta irregularidad de aquellos cuadrúpedos. La verdadera 
irregularidad en los animales es la desproporción de los miembros, o 
la inconveniencia de la forma, o de la Índole de algunos individuos, 
con respecto a la masa común de la especie ; y no ya la diferencia que 
se observa entre una especie nueva, y otra conocida. Seria una nece- 
dad decir que el techichi es irregular, por que no ladra. Este cuadrú- 
pedo Americano fue llamado perro ipor los Españoles, en virtud de su 
semejanza con el perro de Europa, no por que pertenecet^ a la misma 
especie : y de aqui nació la fábula de que los perros de America son 
mudos. También el lobo se asemeja al perro, y no ladra, si no 
abulia. Síj los primeros Españoles que fueron a Megico no hubieran 
visto lobos en Europa, al ver los de Megico hubieran dicho que eran 
perros grandes, incapaces de domesticarse, y que ahuUaban en vez de 
ladrar , y de este argumento se hubieran valido el Conde de BufFon, 
y Mr. de Paw, para probar la degradación y la irregularidad de los 
cuadrúpedos Americanos. 

En efecto no es de otro calibre la obgecion de Mr. de Paw sobre el 
avestruz Americano. El tuyú* es un ave especificamente diversa del 
avestruz : pero le han dado este nombre, por parecerse al avestruz, y 
por ser mui corpulento. Esto basta a Mr. de Paw para declarar que 
hai irregularidades en aquel ave de America : pero aun concediéndole 
que el tuyú es un verdadero avestruz, jamas podra sacar la consecuen- 
cia con que quiere apoyar su opinión. Dice que el avestruz del 

* El avestruz es conocido en el Perú con el nombre de suri, pero adopto el de 
tuf/u, para condecender con los naturalistas. 



284 HISTORIA ANTIGUA DE MKGICO. 

Nuevo Mundo es irregular, por que en lugar de dos dedos unidos 
con una membrana, como el del antiguo, tiene cuatro separados. 
Pero un Americano podra decir que el avestruz Africano es el que 
verdaderamente merece el nombre de irregular, pues en lugar de 
tener cuatro dedos separados, tiene dos unidos por una membrana. 
" No, responderá enfadado Mr. de Paw ; no es asi : la irregularidad 
está en vuestro pajaro, por que no se conforma con el del Mundo An- 
tiguo, que es el modelo de su especie, ni con el retrato que de este 
animal nos han hecho los primeros naturalistas de Europa." " Nues- 
tro mundo, dirá el Americano, que vos llamáis nuevo, por que hace 
tres siglos que lo empezasteis a conocer, es tan antiguo como el 
vuestro, y nuestros animales son coetáneos a los que poseéis. No 
están ellos obligados a conformarse con los vuestros, ni nosotros tene- 
mos la culpa de que vuestros naturalistas tengan tan escasas luces 
acerca de lo que pasa en America. Asi que, o es irregular vuestro 
avestruz, por que no se conforma con el nuestro, o a lo menos, este 
no debe llamarse irregular por que no se conforma con aquel. ínterin 
no probéis con documentos auténticos que el primer avestruz salió de 
las manos del Autor de la Naturaleza con dos dedos, unidos por una 
membrana, no puedo creer en la irregularidad del tuyú." Este mis- 
mo eficaz raciocinio sirve para disipar otras observaciones de nuestros 
filósofos, que nacen de la imperfección de sus ideas, o de sus pre- 
venciones contra el nuevo continente. 

No son mas acertados en lo que dicen acerca de las colas de los 
animales. Declaran francamente, y sin ningún respeto a<Ja verdad, 
que la mayor parte de los cuadrúpedos Americanos carecen entera- 
mente de cola : lo cual, como todos los demás efectos observados por 
ellos en aquellos desventurados paises, atribuyen a la avaricia del 
cielo Americano, a la infancia de la Naturaleza en aquella parte del 
mundo, a la perversidad del clima, y a no sé que combinación de los 
elementos. Asi raciocinan aquellos célebres filósofos del siglo de 
las luces. Pero siendo, según Buffbn, 70 las especies de cuadrúpe- 
dos Americanos, seria necesario a lo menos que 40 estubiesen priva- 
das de cola, para que fuese cierto que la mayor parte carece de aquel 
miembro, como dice Mr. de Paw, o que casi todos esperimentasen esta 
privación, como el mismo BuíFon opina. Ahora bien, los cuadrúpe- 
dos Americanos que se hallan en este caso, son seis, como después 
veremos : con que aquella proposición es una desmesurada hipérbole, 
por no decir, una gran mentira. 



i 



^'i*^- 



DE LOS ANIMALES DE MEGICO. 286 

Parece que en tiempo de Plinio no coDocian los naturalistas otros 
animales sin cola que el hombre, y el mono*. Si desde entonces no 
se hubiesen descubierto en el antiguo continente otros muchos cua- 
drúpedos desprovistos de aquel miembro, tendrian razón el Conde de 
Buffon, y Mr. de Paw; pero de la misma Historia Natural del 
primero consta que las especies Europeas, defectuosas en esta parte, 
componen mayor numero que las Americanas. He aqui la lista de 
unas, y otras sacadas de la citada obra. 

Cuadrúpedos sin cola del Continente Antiguo, 

1. El Pongo, orang-utan, sátiro, u hombre salvage. 

2. El Piteco, o mono. 

3. El Gibon, especie de mono. 

4. El Cinocéfalo, o magoto. 

5. El Perro Turco. 

6. El Tanrec de Madagascar. 

7. El Loris de Ceilan. 

8. El Cochinillo de Indias. 

9. La Ruseta 1 ,* . , . , , , . . 

1 n T I? I especies de murciélagos grandes de Asia. 

11. El Topo dorado de Siberia. 

12. El Perico-ligero pentadattilo de Bengala, descrito por Mr.Vos- 

maér. 

13. La Klipda, o marmota bastarda del Cabo de Buena Esperanza, 

descrita por el mismo. 

14. El Capiverd, o Capivard del Cabo de Buena Esperanza, 

descrito por Mr. de Valmont. 

Cuadrúpedos sin cola del Nuevo Continente. 

1. El ünau, especie de perico-ligero. 

2. El Cabiai, e puerco anfibio. 

3. La Aperea del Brasil. 

4. El Cochinillo de Indias. 

5. El Saino, pecar, o coy ame ti. 

6. El Tapeto. 

Vemos pues que en el Antiguo Mundo hai, a lo menos catorce 

* " Caudae praeter hominein ac simias ómnibus fere animalibus et ova g'ig- 
nentibus pro desiderio corporum." Plin. Hist. Nat. lib. xi, cap. 50. 



¡286 HISTORIA ANTIGUA DE MEGÍCO. 

especies de cuadrúpedos desprovistos de cola*, y en America solo 
seis, de las que debemos quitar las dos ultimas, por ser inciertas f. 
En todos los treinta tomos de la Historia Natural de Buífon no he 
hallado otro animal Americano sin cola que los ya dichos. ¡ Y no 
obstante osó decir que casi todos carecen de ella ! En lo que se echa 
de ver que- esas proposiciones generales son tan fáciles de proferir, 
como difíciles de probar. 

Si el clima de America es tan pernicioso a las colas de los animales, 
¿ por qué estando privados de este miembro cuatro especies de monos 
del antiguo continente, a saber, el pongo, el piteco, el gibon, y el 
cinocéfalo, lo tienen todas las especies de monos del nuevo, y algunas, 
como el saki, seis veces mas larga que el cuerpo del animal I ¿ Por 
qué abundan tanto en America las ardillas, los cocualines, los hormi- 
gueros, y otros cuadrúpedos semejantes, de enorme cola con respecto 
a sus cuerpos ? ¿ Por qué la marmota del Canadá,' con ser de la 
misma especie que la de los Alpes, tiene la cola mucho mas larga que 
esta, como dice Buífon ? . ¿ Pj^r qué el ciervo, y el corzo de America, 
aunque mas pequeños que los del Mundo Antiguo, se hallan en el 
mismo caso ? Si hubiese en America algún pif.icipio destructor de las 
colas de las animales, los que llevó Colon de Europa, y de las islas 
Canarias, por los años de 1493, carecerían ahora de aquel miembro, 
especialmente los puercos, en que es tan corto, o a lo menos se hu- 
biera disminuido notablemente al cabo de 288 años : pero de tantos 
Europeos como han visto caballos, bueyes, ovejas, &c., nacidos en 
America, y los nacidos en Europa, no se encontrará uno solo que 
haya notado la menor diferencia entre las colas de unos, y otros. 

Con las mismas razones podemos responder a lo que dice el Conde 

* A las 14 especies mencionadas podríamos añadir el unau didáctilo de Ceilan, 
de que hablan muchos autores, y el porta-almizcle, descrito por Daubenton, y por 
Bomare : pero degemos el primero, por que no estoi seguro que sea diferente 
del loris de Buffon : degemos el segundo, por que quizas tendrá una cola pe- 
queña, aunque no pudo encontrarla el diligente Daubenton : también debemos 
dejar aparte como inciertas las dos ultimas especies de cuadrúpedos Americanos 
del catalogo. 

t Oviedo, Hernández, y Acosta describen el pecar con los nombres de saino, y 
coyametl, y nada dicen de la falta de cola. Yo me he informado de personas in- 
teligentes, y sinceras, que han visto muchos sainos, y me han dicho que la tienen 
aunque pequeña. En cuanto al tapeto, Buflfou cree que es el citli de Hernández, 
y todos los Megicanos saben que el citli es la liebre de Megico, la cual tiene cola, 
como la Europea. 



DK LOS ANIMALES DE MEGICO. 28T 

de Buffon sobre la falta de bastas, y de otras partes en el mayor nu- 
mero do los cuadrúpedos Americanos, pues el buei, el carnero, y la 
cabra conservan alli invariablemente sus bastas, el perro, y el puerco 
sus dientes, y los gatos sus uñas, como saben cuantos ban estado en 
aquellos paises. Si el clima Americano es tan contrario a los dientes, 
y a las bastas de los animales, babrian perdido a lo menos una buena 
parte de ellas los decendientes de los cuadrúpedos que fueron trans- 
portados al Nuevo Mundo, tres siglos hace, y especialmente la poste- 
ridad de los lobos, de los osos, y otros, que quizas pasaron de Asia a 
principios del primer siglo después del diluvio universal. Si, por el 
contrario', la zona templada de Europa es mas propicia a, los dientes 
que la tórrida de América, ¿ por qué la Naturaleza dio a esta, y no 
a aquella, el tapir, y el cocodrilo, los cuales en el numero, en el tamaño, 
y en la atrocidad de los dientes exeden a todos los cuadrúpedos, y 
reptiles Europeos? 

Finalmente, si hai en America algunos animales sin bastas, sin dien- 
tes*, y sin cola, no es por causa de la perversidad del clima, ni de la 
avaricia del cielo, ni por aquella imaginaria combinación de elementos, 
si no por que Dios, cuyJs obras son perfectas, y cuyos consejosL debe- 
mos reverenciar humildemente, quiso hacerlo asi, para que esa misma 
variedad sirviese a hermosear el universo, y a ostentar su infinita 
sabiduría, y poder. Lo que en unos animales es perfección, en otros 
seria diformidad. En el caballo es perfección tener la cola larga, en 
el ciervo tenerla pequeña, y en el pongo no tener ninguna. 

En cuanto a lo que dicen nuestros filósofos acerca de la fealdad de 
los animales Americanos, es cierto que entre tantos hai algunos cuya 
forma no corresponde a la idea que nos hemos formado de la belleza 
de las bestias. Pero ¿ quien nos ha dicho que esta idea es exacta ? 
I Y por qué no sera imperfecta, y producto de la limitación de nues- 
tros conocimientos ? ¡ Y cuantos otros animales no podremos hallar 
en el antiguo continente, aun peor formados que todos los del nuevo, 
hablando en el sentido de aquellos escritores, y reverenciando la mano 
de Dios en todas sus obras! ¿Que cuadrúpedo hai en America, que 
pueda compararse en la diformidad, y desproporción de los miembros 

* Los solos cuadrúpedos Americanos privados de dientes son los hormigueros, 
como en el continente antiguo lo son el pangolino, y él/atagino, cuadrúpedos de 
la India Oriental, cubiertos de escamas en lugar de pelo. Todos estos carecen 
de dientes, por que no los necesitan, manteniéndose solo de hormigas. El Criador 
los ha provisto de una lengua larguísima, con la que cogen las hormigas, para 
tragarlas. 



28^ HISTORIA ANTIGUA DE MEGICU. 

al elefante, llamado monstruo de materia por el mismo Conde de 
BuíFon*? Aquella vasta mole de carne, mas alta que larga; aquella 
piel áspera, desnuda, y surcada de arrugas ; aquella enorme trompa 
en lugar de nariz ; aquellos largos dientes que salen de una feisima 
boca, y que se vuelven acia arriba, al revés de lo que se nota en los 
demás animales; aquellas orejas vastas, y polígonas; aquellos piernas, 
gruesas, torcidas, y desproporcionadamente pequeñas ; aquellos pies in- 
formes, y con los dedos apenas bosquejados, y finalmente aquellos peque- 
ñisimos ojos, y aquella ridicula cola en un cuerpo tan desmesurado ; no 
hacen del elefante un verdadero monstruo, según las reglas que go- 
biernan la creación animal ? Busquen nuestros dos filósofos un egemplo 
de esta clase entre las especies Americanas. Las mismas reflexiones 
podrían aplicarse al camello, a la girafa, al macaco, del cual dice el 
Conde de Buflbn que es de una diformidad espantosa : y no por esto 
debemos acusar al clima en que nacen, iii a la mano que los formó. 

Lo que dicen aquellos dos escritores acerca de la menor ferocidad 
de las fieras Americanas, en lugar de probar la malignidad del clima, 
no prueba si no su blandura, y bondad. " En America, dice el Conde 
de Buffbn, donde el aire, y la tierra son ma#blandos que en África, 
el tigre, el león, y la pantera no son terribles sino en el nombre. 
Han degenerado sin duda, si es cierto que la ferocidad, y la crueldad 
eran propiedades de su Índole ; o por mejor decir, no han hecho mas 
que sufrir el influjo del clima. Bajo un cielo apacible, se ha apaci- 
guado su naturaleza." ¿ Qué mas se puede desear en favor del clima 
de America 1 ¿ Como hai pues quien alegue la menor ferocidad de 
las bestias Americanas como prueba de su degeneración, ocasionada 
por la malignidad del clima I Si el clima del antiguo continente debe 
reputarse mejor que el del nuevo, por que bajo aquel nacen las fieras 
mas terribles, por la misma razón el de África sera incomparablemente 
mejor que el de Europa. Esta obgecion, de que ya he hecho uso, 
debe ser inculcada para mayor confusión de nuestros dos filósofos. 

Pero estos escritores no tienen ideas exactas de las fieras Ameri- 
canas. Es cierto que el miztli, o león Megicano no es comparable 
con los célebres leones de África. Esta especie o no pasó al Nuevo 

t " Considerando este animal, dice Boraare, con relación a la idea que nos 
hemos formado de las proporciones, lo hallaremos mal proporcionado, por tener 
■el cuerpo grueso, y corto, las piernas inflexibles, y mal formadas, los pies re- 
dondos, y torcidos, la cabeza gruesa, los ojos pequeños, y las orejas grandes. 
Puede decirse también que su ropage contribuye a su fealdad. Tan estraordinario 
es por su estatura, como por sus pies, síi trompa, y sus colmillos." 



DB LOS ANIMALES DE MEGlCO. 289 

Mundo, o fue estinguida por los hombres : pero en nada cede la fiera 
de America a las demás de su especie, o leones sin melena del 
continente antiguo, como dice Hernández, que couocia bien a unas, y 
a otras. El tigre Megicano, sea o no sea de la misma especie que el 
tigre real de África, pues esto no importa a. la cuestión, es de una 
fuerza, y ferocidad estraordinarias. No hai cuadrúpedo Europeo, ni 
Americano que pueda resistirle. Ataca intrépidamente, y destroza 
los hombres, los ciervos, los toros, y aun los mas horrendos cocodrilos, 
como testifica Acosta. Este docto escritor habla con admiración de 
su arrojo, y velocidad. Gonzalo de Oviedo, que habia viajado por 
muchos paises de Europa, y no ignoraba la historia natural, hablando " 
de los tigres Americanos, dice: " Son animales mui fuertes de piernas, 
bien armados de garras, y tan terribles, que en mi juicio no hai león 
real que pueda competir con ellos en fuerza, ni ferocidad." El tigre 
es el terror de los bosques de America; cuando es adulto ni es posi- 
ble amansarlo, ni cogerlo ; solo se cogen los pequeños, y no pueden 
guardarse sin peligro, si no es en fuertisimas jaulas de hierro, o de 
madera. Tal es la Índole de aquellas bestias, llamadas cobardes por 
Mr. de Paw, y por otros autores, que ño supieron discernir las espe- 
cies de cuadrúpedos de piel manchada. 

Por otra parte, aquellos escritores se mostraron tan fáciles en creer 
todo lo que hallaron escrito acerca del tamaño, de la fuerza, y de la 
fiereza de los tigres reales, como obstinados en negar fe a lo que dicen 
de los Americanos muchos testigos oculares. El Conde de BujQPon 
cree, por qye lo refiere no se quien, que el tigre real tiene trece o 
catorce pies de largo, y cinco de alto ; que hace frente a tres ele- 
fantes ; que mata a un búfalo, y lo arrastra a una gran distancia, y 
otras maravillas, a qué no se puede dar crédito si no en virtud de una 
fuerte prevención en favor del antiguo continente. Si algunos au- 
tores fidedignos contasen del tigre Americano una pequeña parte de tan 
estraordinarias proezas, su autoridad seria desechada como si refiriesen 
fábulas ridiculas*. Lo que se lee en Plinio de la industria de los 
cazadores en quitar a la hembra del tigre sus hijos, y de la paciencia 
con que ella los va recobrando uno a uno, y^lo que dice Mr. de Bomare 
del combate que se vio el año de 1764 en el bosque de Windsor en 
Inglaterra, entre un ciervo, y un tigre traido del Asia para el duque 

* Basta saber el caso que hacen los dos citados filósofos del testimonio de Mr¿> 
de la Condamine sobre los tigres Americanos, apesar de la estimación general A^ 
que goza aquel sabio Matemático. 

TOMO II. U 



ÜP9 HISTORIA ANTIGUA DE MEGIOO. 

de Cumberland, y del cual salió vencedor el ciervo, hacen ver que la 
ferocidad de aquel cuadrúpedo Asiático no es tanta cuanta la repre- 
sentan el Conde de BuíFon, y Mr. de Paw. 

Los lobos Americanos no son menos fuertes, ni menos atrevidos 
que los del Mundo Antiguo. Aun los ciervos, que, según Plinio, 
son los mas tímidos de todos los animales, en Megico tienen tanta 
audacia, que muchas veces atacan a los viageros, como dice el D. 
Hernández, y es notorio en aquel reino. Yo mismo he visto los 
estragos que hizo en mi casa un ciervo casi domesticado, en una pobre 
Americana. 

Pero sean pequeños, informes, y pusilánimes los cuadrúpedos de 
America. Concedamos también que de este principio se deba inferir 
la bondad del clima del antiguo continente : no por esto se me per- 
suadirá jamas que aquel mismo principio forma una prueba completa 
de la malignidad del nuevo. Seria necesario manifestar en los rep- 
tiles, y en las aves la misma degradación que en los cuadrúpedos*. 
Mr. de Paw dice, hablando de los cocodrilos Americanos, cuya fero- 
cidad es tan notoria, que " parece, por las observaciones de Mr. du 
Piatz y otros viageros, que no tienen el furoV, y la impetuosidad de 
los de África," pero el Dr. Hernández, que conocía unos, y otros, no 
encontró la menor diferencia entre ellos. Acosta dice que el Ameri- 
cano es ferocísimo, pero lento : mas esta lentitud no se entiende del 
movimiento progresivo en linea recta, si no de las vueltas de un lado 
a otro, pues en el primero es estraordinaria su velocidad, y en el 
segundo es torpe, y pesado, como el Africano, por causa de la inflexi- 
bilidad de las vertebras. El Dr. Hernández afirma que el acuetzpa- 
lin, o cocodrilo Megicano huye de los que lo persiguen, y persigue a 
los que huyen, aunque esto sucede mas frecuentemente que aquello. 
Plinio cuenta lo mismo del cocodrilo Africano f. Finalmente si se 
«omparan los datos que reunieron estos dos naturalistas sobre aquel 

* El Conde de Buffon dice que cuando se habla de aves no se debe hacer caso 
del clima, pues "pudiendo pasar fácilmente de un continente a otro, es imposible 
distinguir los que a cada uno pertenecen." Pero como la causa de los viages que 
hacen es el frió o el calor del clima, que procuran evitar, no es estraño que las 
aves Americanas permanescan en su pais, donde pueden huir de todos los exesos 
de temperatura, hallando por do quiera el alimento de que necesitan. Lo cierto es 
que las aves Megicanas no transmigran al continente antiguo. 

t "Terribilis haec contra fugaces bellua est, fugaz contra insequentes." — 
Lib. viii, cnp. 26. 



DE LOS ANIMALES D£ MEGICO. 39t 

gran anfibio, se vera que no hai la menor diferencia, ni aun de ta- 
maño, entre los que producen los dos continentes*. 

En cuanto a los pájaros, Mr. de Paw solo habla del avestruz, y esto 
tan de ligero como hemos visto. Tomó sin duda el partido de callar, 
por que en esta parte vio su causa perdida, pues ora se considere el 
numero, y la variedad de las especies, ora la intrepidez, ora la her- 
mosura del plumage, ora la exelencia del canto, no hai duda que las 
aves Americanas son superiores a las de todos los paises de la tierra. 
He hablado en otra parte de su inmensa muchedumbre. Son innu- 
merables las especies que se ven en los campos, en los bosques, en 
los ríos, en los lagos, y aun en los pueblos. Gemelli, que habia dado 
la vuelta al mundo, y habia estado en los mejores paises de Asia, 
África, y Europa, dice que no hai región en el universo que pueda 
compararse con Megico en la hermosura, y variedad de sus aves. 
Véase lo que dicen los historiadores de la Nueva Francia, de la 
Luisiana, del Brasil, y de otros paises del Nuevo Mundo. 

De la fuerza y animosidad que los distinguen dan testimonio muchos 
escritores fidedignos. El Dr. Hernández, que tanta esperiencia tenia 
en las aves de rapiña, por haber estado muchos años en la corte de 
Felipe II, cuando la halconería era la caza favorita de los nobles, 
dice, hablando del quauhtotli, o sacre Megicano, que todos los pájaros 
de esta clase son mejores y mas animosos en Megico, que en el anti- 
guo continente -f-. Tan conocida fue desde el principio la exelencia 
de los halcones de aquel pais, que Carlos V mandaba llevar cada año 
cincuenta a» su corte, y otros tantos de la isla de Santo Domingo, 
como cuenta Herrera. Acosta dice que se regalaban a los magnates 
de España halcones de Megico, y del Perú, por ser niui apreciados. 
El mismo historiador refiere " que el cóndor o buitre Americano es de 
un tamaño enorme, y de tan estraordinaria fuerza, que no solo des- 
troza una oveja, si no también un ternero," y D. Antonio Ulloa ase- 
gura que de un aletazo echa al suelo a un hombre;}:. El Dr. Her- 

* Plinio dice que el cocodrilo Africano suele tener 18 codos de largo. El D. 
Hernández dice que el Americano llega comunmente a la longitud de 7 pisos. 
Si se calculan estas medidas se vera que es poquísima la diferencia, y que si hai 
algún exeso está en favor del Americano. 

t "Fateor accipitrum omne genus apud hanc Novam Hispauiam Jucatani- 
camve provinciam repertum praestantius esse atque animosius, vetere in orbe 
natis." — Deavibus Novee Hisp. cap. 92. 

X El cóndor es tan grande que tiene de 14 a 16 pies de una a otra estremidad 
de las alas esteudidas. Mr.de Bomare dice que es común a los dos continentes, 

ü 2 



292 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

nandez d,ice que el itzcuauhtli, o águila real de Megico ataca a lo 
hombres, y aun a los mas feroces cuadrúpedos. Si el clima de America 
hubiera privado a los cuadrúpedos de la fuerza, y del valor, sin duda 
hubiera producido el mismo efecto en las aves: pero por el testimonio 
de los mencionados autores, y de otros, todos Europeos, y dignos de 
fe, consta que lejos de ser débiles, y pusilánimes, exeden en intrepi- 
dez, y fuerza a las de todas las regiones conocidas. 

En cuanto a su belleza, no niegan esta ventaja a la America los. 
autores que 'tanto se han empeñado en vilipendiarla. En vano lo . 
harían, cuando tantos testimonios respetables confirman la hermosura 
de los pájaros que alli se crian. Quien quiera formarse alguna idea 
de ella, consulte los' escritos de Oviedo, Herrera, Acosta, Ulloa, y 
otros autores Europeos que hablan de lo que ellos mismos han visto. 
** En Megico, dice Acosta, hai gran abundancia de pájaros, adorna-' 
dos de tan exelentes plumas, y tan finas, que no se hallan semejantes 
en Europa." 

Es verdad, dicen algunos, que los pájaros Americanos exeden a los 
nuestros en la belleza de las plumas ; pero no en la exelencia del canto, 
en \o que los nuestros son superiores. Asi hablan dos escritores Italia- 
nos*, tan doctos en ciertas materias especulativas, como ignorantes 
en las cosas de America. Bastaría a confundirlos el testimonio del 
Dr. Hernández que copio en la notaf . Aquel exelente observador, 
después de haber oído los mejores ruiseñores en la corte de Felipe II, 
oyó muchos años al centzontli, o poligloto, al cardenal, al tigrillo, al 
cuitlaccochi, y otras aves canoras, comunes en Megico, y no conocí- 
cídas en Europa, ademas del ruiseñor, el gilguero, la calandria, y 
otras comunes a los dos continentes. Entre todos los pájaros apre- 
ciados en Europa, el ruiseñor es el generalmente preferido, y sin em- 

y que los Suizos lo llaman Laemmer-geyer. Como quiera que sea, hasta ahora 
no se ha visto en el mundo antiguo un ave de rapiña que pueda compararse en 
tamaño, y fuerza con el cóndor Americano. 

* El autor de cierta disertación metafisico-politica sobre la proporción de los 
talentos y sobre su uso, en la que* dice tales despropósitos sobre America, y se 
mostró tan ignorante de todo lo relativo a aquella parte del mundo, -como el niño 
mas idiota. El otro es el autor de unas fabulillas Italianas en que finge una con- 
versación entre un pajaro Americano, y un ruiseñor. 

f *' In cavéis, quibus detinetur, suavissime cantat ; nec est avis uUa, animalve 
cujus vocem non reddat luculentissime, et exquisitissime semuletur. Quid ? 
Philomelam nostram longo superat intervallo, cujus suavissimum concentum, tan- 
topere laudant celebrant que vetustí auctores, et quidquid avicularum apud 
í)rb*»m nostrura cantu auditur suavissimum." — De Avibus Novee Hisp. cap. xxx. 



DE LOS ANIMALES DB MEGICO. 293 

bargo el de America es mejor, como dice Mr. de Bomare. " Él rui- 
señor de la Luisiana, dice, es el mismo de Europa, pero aquel es mas 
familiar, canta todo el año, y tiene mas variedad de sones." He aquí 
tres grandes ventajas del pajaro Americano, soore el Europeo. Pero 
aunque no hubiese en America ruiseñores, gilgueros^ ni ningún otro 
de los que se estiman en Europa por su canto, bastarla el centzontli, 
o poligloto para no tener nada que envidiar a ningún pais del globo*. 
Puedo asegurar a nuestros filósofos anti- Americanos que cuanto dice 
el Dr. Hernández acerca de la superioridad de aquel pajaro con res- 
pecto al ruiseñor es la pura verdad, y tan conforme a la opinión 
de los Europeos que han estado en Megico, como a la de los Megica- 
nos que han estado en Europa. Ademas de la singular dulzura de su 
canto, de la prodigiosa variedad de sus sones, y de la donosa propiedad 
de remedar las diferentes voces de animales que oye-f, lleva al rui- 
señor la ventaja de ser pincho mas común, y de condición mas apacible. 
Su especie es una de las mas numerosas de aquellos países. Si yo 
quisiese discurrir a la manera de Mr. de Paw, podría añadir, para 
probar la bondad del clima de America, que algunas aves que no se 
aprecian en Europa por su canto, allí lo tienen bastante agradable. 
" El gorrión, dice Valdecebro, autor Europeo, no canta en España, 
y en Megico canta mejor que el gilguero j. 

Lo que digo de los pájaros cantores se aplica a los que imitan 
el habla del hombre, pues las especies de papagallos Americanos son 
mucho mas numerosas que las de los Africanos, y Asiáticos §. 

Pero p^es estoi hablando de pájaros, quiero, antes de dejar este 
asunto, hacer una reflexión que no me parece inoportuna. No hai 
animal Americano sobre el cual hagan mas espavientos nuestros filó- 
sofos que el perico-ligero, a cauía de su estraordinaria lentitud, e 
incapacidad de movimiento. ¿Qué diríamos si hallásemos un ave 
semejante ? Este seria sin duda el animal mas irregular de 'todos, 

* Linneo llama al centzontli Orfeo ; otros mocqueur, o burlón. 

t Mr. Barrington, Vice Presidente de la Real Sociedad de Londres, dice en 
una obra mui curiosa sobre el canto de las aves, presentada por él a aquella 
docta asamblea, que oyó á un poligloto .el cual en, el espacio de un solo minuto 
remedó las voces de cinco aves diferentes. 

X Valdecebro en su obra Gobierno de las Aves, lib. v, cap. 29. El gorrión 
Americano, aunque semejante al de Europa, es de diversa especie. 

§ " Hai en America una gran variedad de papagallos, especialmente en los 
Andes del Perú, y en las islas de Puerto Rico, y Santo Domingo." — Acosta 
lib. iv, cap. 35. En las costas Megicanas del mar Pacifico son mas numerosos quo 
en las islas. 



294 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

pues la pereza, y la inercia desdicen mas del ave que del cuadrúpedo. 
I Y donde se encuentra este pajaro ? En el antiguo continente, según 
el Conde de BuíFon, el cual dice que el dronte de las Indias Orien- 
tales es entre las aves, lo que entre los cuadrúpedos el perico-ligero. 
" Parece, añade, una tortuga vestida con los despojos de un ave, y 
la Naturaleza, concediéndole los inútiles adornos de las alas, y la cola, 
parece haber querido aumentar con nuevos estorvos la irregularidad 
de sus movimientos, y la inercia de su cuerpo, y hacerle mas enojoso 
su pesado volumen, recordándole que es pajaro." 

De todo lo que llevo dicho se infiere claramente que ni el cielo de 
America es avaro, ni su clima contrario a la generación de los ani- 
males ; ni la materia escasea, ni la Naturaleza ha empleado una es- 
cala de dimensiones diferente de las del Mundo Antiguo; por fin, 
que es un error, o por mejor decir un conjunto de errores cuanto el 
Conde de Biifíbn, y Mr.de Paw dicen sobre la pequenez, la irregu- 
laridad, y los defectos de los cuadrúpedos Americanos, lo cual, aun 
siendo cierto, de nada servirla para probar la malignidad del clima de 
aquel vasto continente. Veamos ahora si han hablado con mas acierto 
en lo que dicen sobre la imaginaria degradación de los cuadrúpedos 
transportados de Europa. 

Animales transportados al Nuevo Mundo. 
*' Todos los animales transportados al Nuevo Mundo, dice el 
Conde de BuíFon, como el caballo, el asno, el toro, el carnero, la 
cabra, el perro, y el puerco, son considerablemente mast pequeños 
alli que en Europa ; y esto sin exepcion." Si buscamos la prueba 
de una regla tan general, no hallaremos otra en toda la Historia 
Natural de aquel filosofo, sino que algunos de los cuadrúpedos del 
Mundo Antiguo transportados al Canadá, son mas pequeños en 
aquella parte de America que en Francia. " Los animales Euro- 
peos, y Asiáticos, dice Mr. de Paw, que se han llevado a America, 
inmediatamente después de su descubrimiento, han degenerado ; su 
corpulencia ha disminuido, y han perdido una parte de su instinto, y 
de su Índole ; los cartílagos, y las fibras de sus carnes se han vuelto 
mas gruesas, y rígidas." Tal es la conclusión general de aquel 
autor ; veamos ahora sus pruebas. "1. La carne de buei es tan 
fibrosa, que apenas se puede comer en la isla Española. 2. Los 
puercos de la isla de*Cubagua mudaron en breve de forma, en tales 
términos que era imposible reconocerlos: las uñas les crecieron hasta 
tener un palmo de largo. 3. Las ovejas sufrieron una gran altera- 



DB LOS ANIMALES D£ MEGICO. 295 

cioD en la Barbada. 4. Los perros transportados de nuestros países 
perdieron la voz, y cesaron de ladrar en la mayor parte del nuevo 
continente. 5. El frió del Perú desconcertó, en los camellos que se 
llevaron de África, los órganos de la generación." Tales son los 
argumentos de que se valen nuestros filósofos para pronunciar la de- 
gradación de los animales introducidos en America, después de su 
descubrimiento ; argumentos que, aunque fuesen verdaderos, no bas- 
tarían a establecer una opinión tan general : porque ¿ qué importa 
que la carne de buei sea tan fibrosa en Santo Domingo, si en casi 
todos los otros países de America es buena, y en algunos, como en 
todos los de Megíco situados en la costa del mar Pacifico, tan 
exelente cuanto la mejor de Europa, y quizas superior 1 i Qué im- 
porta que las ovejas hayan sufrido alguna alteración en la Barbada, y 
en algunos países demasiado calientes, si en los templados de Megico, 
y de la America Meridional se conservan como fueron de España? 
I Qué importa que los puercos se hayan desfigurado en Cubagua, 
isla miserable, privada de agua, y de todo lo necesario a la vida, si 
en el resto de la America han adquirido, según Mr. de Paw, una 
corpulencia estraorditiaria, y su carne se ha perfeccionado en tales 
términos, que los médicos la prescriben a sus enfermos, como la mas 
sana que puedan comer í Ahora pues : si el haberse desfigurado los 
puercos en Cubagua no prueba que el clima de America les sea con- 
trario ¿por qué el detrimento de las ovejas en la- Barbada, la fibrosi- 
dad de la carne de buei en Santo Domingo, y la disminución de 
algunos cuadrúpedos en Canadá han de probar que el clima de Ame- 
rica es en general contrario a la generación de los animales, a su cor- 
pulencia, y a su instinto ? 

Sí esta lógica fuese admisible, mas fuertes serian los argumentos 
de que yo podría echar mano contra el clima del antiguo continente, 
sin servirme de otras armas que las que me suministra el Conde de 
Buffon en su Historia Natural. Los camellos no han podido mul- 
tiplicarse en España, como dice el mismo autor, aunque aquel clima 
sea, de todos los de Europa, el menos contrario a su naturaleza. Los 
toros han degenerado en Berbería, y en Islandia han perdido las 
bastas. " Las ovejas, dice Buflx)n, se han alejado de su ser primi- 
tivo en nuestros países," y en todos los calientes del Mundo Antiguo 
han mudado la lana en pelo. Las cabras han disminuido de volu- 
men en Guinea, y en otras partes. Los perros en Laponia son 
pequeñisimos, y diformes, y los de los climas templados, sí pasan a 



296 ' HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

los fríos, dejan de ladrar, y después de la primera generación nacen 
con las orejas derechas. Por las relaciones de los viageros consta 
que los mastines, y galgos, y las otras razas de perros Europeos, 
llevados a Madagascar, a Calicut, a Madure, y a Malabar, degeneran 
después de la segunda o tercera generación, y que en los paises 
exesivamente calientes, como la Guinea, y el Senegal, esta degrada- 
ción es mucho mas pronta, pues apenas pasan tres o cuatro años, 
pierden el pelo, y la voz. Los ciervos han perdido la** mitad de su 
corpulencia en los paises montuosos, calidos, y secos, como en 
Corsega, y Cerdeña. Si a estas, y otras noticias que nos da el 
Conde de Buífon, queremos añadir las que suministran otros autores, 
¡ cuantos argumentos no opondríamos a nuestros filósofos algo mas 
solidos, y decisivos que los suyos ! ¡ cuantas pruebas de que la dege- 
neración animal ha sido mayor en el continente antiguo que en el 
nuevo ! Pero, para que se vea la exageración, y la falsedad de sus 
egemplos, examinemos una a una todas las especies de animales 
Asiáticos, y Europeos transportados al Nuevo Mundo, y que han 
degenerado alli, según aseguran aquellos dos escritores. .x^h-^-^ 

Camellos. 
" De todos los cuadrúpedos llevados a America, dice Mr. de Paw, 
los que menos han prosperado han sido los camellos. A principios 
del siglo XVI pasaron algunos de África al Perú, donde el frío les 
desconcertó los ojganos destinados a la reproducción, y no dejaron 
posteridad." Pero, disimulando el error Crpnologico en que incurre, 
por que no hace al caso, si el frió fue la causa de la destrucción de 
los camellos en America, lo mismo sucedería en Europa, especial- 
mente en los paises del Norte, en los que el frió es sin comparación 
mucho mayor que en cualquiera parte del Perú. Acuse Mr. de Paw 
a los que quisieron aclimatar aquellos animales en regiones poco ana- 
logas a su naturaleza, y no acuse a la America, en cuya estension 
hai tierras calidas, y secas, como las que necesita el camello para 
subsistir. La misma esperiencia se hizo en España, y no tubo buen 
éxito, y no habrá quien niegue que el clima de esta peninsula es de 
los mas templados, y benignos de Europa. El Conde de Buffon 
opina que aquellos útiles cuadrúpedos podrían fácilmente propagarse 
en America, y en España, si se tomasen las precauciones conve- 
nientes, jr yo no dudo que prosperarían en la Nueva Galicia. Por lo 
demás, es falso que los camellos transportados al Perú no dejasen 



DE LOS ANIMALES DB ME6IG0. 29r 

posteridad : el P. Acosta que estubo alli pocos años después, asegura 
haberlos visto multiplicados, aunque nc tanto como era de desear. 

Toros. 
Esta es una de las especies de animales que nuestros filósofos creen 
degradadas en America, y a las que suponen ser contrario aquel 
clima. Pero si el ganado vacuno ha perdido una parte de su corpu- 
lencia en el Canadá, como afirma el Conde de Buffon, y si en Santo 
Domingo, se ha hecho fibrosa su carne, según la opinión de Mr. de 
Paw, al menos no ha sucedido asi en la mayor parte de los países 
del Nuevo Mundo, en los cuales la muchedumbre, y gran tamaño de 
aquellos animales, y la bondad de su carne, manifiestan cuan favora- 
bles sean aquellos climas a su generación. Su prodigiosa multiplica- 
ción en America se halla atestiguada por muchos autores Europeos, 
antiguos y modernos. El P. Acosta cuenta que en la flota en que él 
volvió a Europa el año de 1587, esto es, sesenta años, poco mas o 
menos, después de introducidos en Megico los primeros toros, y 
vacas, se enviaron a España 64,360 cueros de aquel pais, y 35,444 
de Santo Domingo, cu;^o clima parece a Mr. de Paw tan opuesto a 
su prosperidad. Yo no dudo que si se comparase el numero de toros, 
y vacas llevadas del antiguo continente al nuevo, con el de cueros que 
America ha enviado a Europa, se hallarían mas de 5,000,000 de 
cueros por cada uno de aquellos animales. Valdecebro, escritor Es- 
pañol de la orden de Santo Domingo, que vivió muchos años efn 
Megico a mediados del siglo pasado, refiere, como un hecho notorio, 
que las vacas de D.Juan Orduña, caballero Megicano, dieron en 
un año 36,000 terneros, lo pue supone un rebaño de 200,000 entre 
toros, y vacas. En el día hai sugetos que poseen 50,000 cabezas de 
este ganado. Pero nada prueba tanto la estupenda multiplicación 
de estos animales, como el precio a que se venden en aquellos países, 
en que son necesarios para el sustento del hombre, y los trabajos del 
campo, y donde en razón de la abundancia de los metales preciosos, 
todo se vende caro*. Para decirlo en pocas palabras, los toros se 
han multiplicado en Megico, en Paraguai, y en algunas otras regiones 

* En los contornos de la capital de Megico apesar de estar mui poblados, se 
vende un buen par de bueyes para el arado, por 20 pesos : en los de Guadalajara, 
capital de la Nueva Galicia, por 12, o 14. Aun son mas ínfimos los precios en : 
otros puntos del territorio Megicano. En el rio de la Plata es aun mas numeroso 
este ganado. Según persona fidedigna, hai en aquellas provincias 6,000,000 de 
toros y vacas, en rebaños, y cerca de, 2,000,000 salvages. 



296 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

del Nuevo Mundo, mucho mas que en Italia, que mereció de los es- 
critores latinos el epiteto de armentosa*. 

Por lo que hace al tamaño de los toros, y vacas de aquel pais, fácil 
es averiguar la verdad, viniendo tantos buques cargados - de cueros a 
los puertos de Europa f. Mande Mr. de Paw, o algún otro de los 
que siguen su opinión, medir cincuenta o sesenta de aquellos cueros, 
y si resultan mas pequeños que los comunes de Europa, confesaremos 
que el clima de America ha reducido la corpulencia del ganado vacu- 
no, y que la materia ha escaseado en el Nuevo Mundo. De lo contra- 
rio, tendrán ellos que confesar que son falsas sus noticias, mal funda- 
das sus observaciones, y fantástico su sistema ; y para demostrar que 
no debemos tener mucha confianza en sus datos, citaremos a Gonzalo 
de Oviedo, uno de los antiguos pobladores de Santo Domingo, donde 
residió muchos años. Hablando de los bueyes de aquella isla, cuya 
carne no puede comerse, según Mr. de Paw, dice aquel escritor: " Los 
ganados son.aqui mayores y mas hermosos que todos los de España, y 
como el aire es tan suave, y nunca hace frió, jamas enflaquecen los 
bueyes, y nunca adquiere mal sabor su carne." El Conde de Buffon 
afirma que los paises frios son mas favorables a estos animales que 
los calientes ; lo contrario se verifica en Megico. La carne de vaca 
de las tierras marítimas, que son generalmente calidas, es tan delicada, 
que se suele enviar de regalo a la capital, aunque la distancia es de 
250 a 300 millas. 

Ovejas. 

r 
El Conde de Bufifon confiesa que el ganado lanar ha prosperado 

en los paises calientes, y frios del nuevo continente : pero añade que 

esta prosperidad consista solo en la multiplicación, pues los individuos 

son mas flacos, y su carne menos jugosa, y tierna que en Europa. En 

todo esto manifiesta que sus informes son mui errados. En los paises 

calidos de America no prosperan comunmente las ovejas, y la carne de 

los castrados es mala : de lo que no debemos maravillarnos, pues todo 

* Timeo, autor Griego, y Varron, citados por Aulo Gellio (Noct. Attic. lib. xi, 
cap. 1), dicen que Italia fue llamada asi por la abundancia de bueyes, siendo el 
nombre de este animal en Griego íraXo», por lo que dice Gellio, que Italia quiere 
decir arfnentosissima. 

f Todos saben que el mayor comercio de cueros se hacia en Paraguai, y yo sé 
por persona practica, y fidedigna que los que se enviaban de aquel pais a España 
tienen por lo común 3 varas de largo, cuando menos, y muchos llegan a cuatro. 
No creo que haya tres paises en Europa en que los bueyes adquieran tan desme- 
surada dimensión. 



DE LOS ANIMALES DE MEGICO. 299 

clima caliente es tan opuesto a estos animales, que, según Buífon, les 
hace mudar la lana en pelo. En los climas frios, y templados de Me- 
gico se han multiplicado en proporción mas que los toros, y vacas ; su 
lana es en algunas partes tan fína como la mejor de España, y su carne 
tan gustosa como la mejor de Europa. La propagación de las ovejas 
en America es casi increible. El P. Acosta asegura que antes de su 
viage el Nuevo Mundo había alli hacendados que poseian de 60, a 
100,000 cabezas, y hoi se ven en Megico sugetos que tienen 400,000 
y aun 500,000 y 600,000. Los Europeos que no han visto aquellos 
países podran dudar de estos datos, pero yo no osaría presentarlos al 
publico, a no estar seguro de que es imposible desmentirlos. Valde- 
cebro dice que D. Diego Muñoz Camargo, noble Tlascales, de quien 
he hecho mención en otra parte, tubo en diez años, 40,000 cabezas de 
ganado, de solas diez ovejas. ¿ Como podría verificarse esta exesiva 
multiplicación bajo un clima contrario ? En cuanto al tamaño, aseguro 
que no he visto en ningún país del mundo carneros mayores que los de 
Megico. 

* Cabras. 

El Conde de BuíFon, aunque tan empeñado en proscribir los aní- 
males de America, confiesa que las cabras se han aclimatado bastante 
bien en algunos de aquellos países, y que se multiplican mas que en 
Europa, pues aquí dan en un parto uno o dos cabritos, y alli suelen 
dar tres, cuatro, y a veces cinco. Mr. de Paw que da tan justamente 
a Buffbn el Stulo de Plinio de la Francia, y quiere que en tratando 
de animales se respete su autoridad, como la de quien ha pasado revis- 
ta a todos los de la tierra, debería haber considerado esta, y otras noti- 
cias de aquel sabio naturalista, antes de ponwse a escribir sobre los 
animales Americanos. 

/ Puercos. 

No están de acuerdo en este punto aquellos dos escritores, pues el 
Conde de Buffon coloca al puerco entre los animales que han degenera- 
do en America, y Mr. de Paw asegura al contrarío que adquiere en el 
Nuevo Mundo una corpulencia estraordinaria, y que su carne se per- 
fecciona. Esta contradicion nace de no distinguir los países. Puede 
ser, aunque yo lo ignoro, que haya algunos en que el puerco ha per- 
dido parte de su volumen : pero lo cierto es que en Megico, en las 
islas Antillas, en Tierra Firme, y en otras partes de America, los 
puercos son tan grandes como en Europa, y que en la isla de Cuba 



300 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

hai una raza de mucho mayor corpulencia, como consta a todos los 
que han estado en aquellas regiones. Nuestros filósofos pueden, si 
gustan, informarse de muchos escritores Europeos que han visto los puer- 
cos de Toluca, de la Puebla de los Angeles, de Cartagena, de Cuba, 
.&c. y tendrán datos acerca de su exesiva multiplicación, y de la exe- 
lencia de su carne *. 

Caballos, y Muías. ^ 

En nada de cuanto dicen el Conde de Buffon, y Mr. dePaw acerca de 
los animales Americanos, ofenden tanto a la verdad, como en suponer 
la degradación de los caballos en aquellos paises. De estos dice el 
P. Acosta " que en muchas partes de America han prosperado, y pros- 
peran, y hai razas tan buenas como las mejores de España, no menos 
para la carrera, y el lucimiento, que para el viage, y la fatiga." Este 
testimonio de un Europeo tan critico, tan imparcial, y tan practico en 
las cosas de America, y de Europa, vale mas que todas las declama- 
ciones de aquellos filósofos contra el Nuevo Mundo. El teniente ge- 
neral D. Antonio Ulloa, docto matemático Español, habla con admira- 
ción de los caballos que vio en Chile, ,y en el Perú, y celebra con es- 
pecialidad los llamados en Chile aguilillas, por su estraordinaria veloci- 
dad, y las parameros, que en la caza de ciervos, corren agilisimamente, 
con el ginete encima, por los puntos- mas ásperos, y difíciles de los montes. 
El mismo asegura haber montado muchas veces uno de los aguilillas, 
el cual no era de los mejores de su raza, y andaba mas de quince 
millas en 57, o 58 minutos. En Megico hai una indecibj^ cantidad de 
caballos, y muías. Su gran numero puede inferirse de su precio. En 
tiempo de la conquista valia un caballo ordinario mil pesos, y hoi se 
compra uno bueno por diez o docef . Su tamaño es el del caballo 
común de Europa : raras veces se ve en Megico un caballo tan peque- 
ño como los esclavones de Italia, o como los de Islandia, y la Gran 

* " Es cierto dice el P. Acosta, que los puercos se han multiplicado considera- 
blemente en toda la America. En Cartagena, y en otros muchos paises se come 
su carne fresca, reputándola tan sana como la del carnero castrado. En otros se 
ceban con maiz, y engordan estraordinariamente. En Toluca, en Paria, y en 
otras partes se preparan mui bien el tocino, y los jamones." El Conde de BuíFon 
después de haber colocado al puerco en el numero de los animales degenerados 
de America, dice que han prosperado bien en aquel pais. 

t En la Nueva Galicia se compra un caballo mediano por 4 pesos, una muía 
por 6, y una yeguada de 24 cabezas, con el padre, por 50. En Chile se tiene por 
un peso uno de los caballos que van al trote, los cuales son los que mas aprecia 
la gente del campo, por su fuerza, y estraordinaria agilidad. 



DE LOS ANIMALES DE MEGICO. , 801 

India, si es cierto lo que de estos dicen Anderson, Tavernier, y otros 
autores. Su fuerza es tal, que es mui común en los habitantes de 
aquellos paises hacer un viage de 70, 80, y aun mas millas, sin mudar 
de caballo, ni parar, andando siempre a buen paso, y por caminos mui 
difíciles. Los de silla, aunque comunmente capones, son mui fogosos. 
Las muías, que en casi todo el territorio de Megico, sirven al tiro, y 
a la carga, son también, en cuanto al tamaño, semejantes a las Euro- 
peas. Las de carga, que van en recuas, suelen llevar cerca de 500 
libra de peso : su jornada ordinaria no pasa de 12 a 14 millas, por ser 
este el uso de los arrieros, pero de este modo hacen viages de 
800, 1,000, y aun de 1,500 millas. Las de coche van al paso común 
de la posta de Europa, aunque el carruage lleva un peso mui conside- 
rable, que es el equipage de los viageros, sin embargo de lo cual ha- 
cen viages mui largos, caminando 30 mullas diarias a lo menos. Las 
de silla sirven para los viages mas largos. Es común ir en muía de 
Megico a Guatemala, que distan cerca de 1,000 millas, por un caraino,^ 
en gran parte montuoso, y áspero, y andando cada dia mas de 30 
millas. Todo esto, que demuestra el error de nuestros filósofos, acer- 
ca de la degradación Je aquellos cuadrúpedos, es público, y notorio 
en America, y conforme a lo que escriben muchos autores Europeos. 
Concluiré con una observación que me parece probar de un modo irre- 
batible la multitud, y exelencia de los caballos Americanos. Entre 
tantas cosas como los Europeos establecidos en America hacen venir 
de su pais, a efecto del amor que le conservan, no sé que de 200 años 
a esta parte hayan enviado a pedir caballos de España ; a lo menos, 
puedo asegurarlo de Megico : por el contrario es sabido que muchas 
veces se envian caballos Americanos a España, para regalo de los mag- 
nates, y aun del mismo rei Católico. 

Perros. 
Es grande el desproposito, que entre otros muchos, dice Mr. de Paw 
acerca de los perros Americanos. " Los perros, que se llevan de 
nuestros paises, pierden en breve la voz, y dejan de ladrar en la mayor 
parte de las regiones del nuevo continente." Los Americanos se reirán 
de muchos errores de Mr. de Paw ; pero al llegar a este que acabo 
de citar, soltarán la carcajada. Aunque concediésemos la degrada- 
ción de los perros en el Nuevo Mundo, nada se inferiría contrario a su 
clima, que no pudiera aplicarse al del Antiguo : pues, según Mr. de 
Buffon, los perros llevados de los climas templados a los fríos de Euro- 



«WK HISTORIA ANTIGUA DK MEGICO. 

pa, pierden la voz, y en los muí calidos, pierden también el pelo. Esta 
aserción se apoya en la esperiencia hecha con los perros Europeos lle- 
vados a varias partes de Asia, y África ; cuya degradación, dice aqael 
filosofo, ha sido tan rápida en Guinea, y en otros paises calientes, que 
al cabo de tres o cuatro años, quedan enteramente pelados, y mudos. 
No se atreve Mr. de Paw a decir otro tanto de America : pero aim lo 
que dice es falsísimo. ¿ Donde están esos paises Americanos en que 
pierden la facultad de ladrar los perros llevados de Europa ? ¿ Cual es 
el autor en cuyo crédito se funda tan absurda fábula ? La mayor parte 
del territorio de America, en que hai perros Europeos, es el que los 
Españoles conquistaron, y yo no he oído decir que se haya observado 
en ninguna de sus partes semejante fenómeno. Ni entre los autores 
Europeos que han notado las particularidades de America, ni entre 
los muchos Americanos que se hallan actualmente en Europa, y que 
proceden de todas las regiones de aquella parte del mundo, he halla- 
do uno solo que confirme la anécdota de Mr. de Paw. Lo que sabe- 
mos por los escritores Americanos, y por muchas personas que cono- 
cen prácticamente aquellos paises, es que los perros no padecen nunca 
de rabia en el Perú, en Quito, en Chile, y en'otras muchas partes del 
Nuevo Mundo. Si en los dóminos Americanos de Francia, y de 
Inglaterra, hai alguno (que no lo creo) en que los perros hayan 
perdido la voz ¿ podra decirse por esto que lo mismo Sucede " en 
la mayor parte de las regiones del nuevo continente?" Mr. de Paw 
leería acaso que en algunos paises de America hai perros que no ladran, 
y esto le bastó para generalizar el hecho. Por la misma ijazon podría 
decirse que el higo transportado de Europa al Nuevo Mundo se hace 
inmediatamente espinoso, por las espinas que tiene el fruto del nochtli 
o nopal ; a que los Españoles dieron, no sé por qué, el nombre de higo 
de las Indias f como llamaron perro de Megico al techichi, fundados en 
la semejanza que se nota entre los dos animales. Pero ni este cuadrú- 
pedo es perro, ni aquel fruto es higo. Fácil es caer en semejantes erro- 
res, cuando no se moderan las pasiones, y no se rectifican las ideas. 
El Conde de Bufíbn, por el contrario, asegura que los perros Euro- 
peos han prosperado tanto en los paises calidos, como en los fríos del 
Nuevo Mundo : en lo cual concede gran ventaja a la America, con 
respecto al continente antiguo. '" oL:m¡íi , 

Gatos. 
Nada dicen nuestros filósofos sobre la degeneración de los gatos en 



DE LÜS ANIMALES DE MBGIGO. SOS 

1 

America : pero debeD entenderse comprendidos en su sentencia gene- 
ral. Sin embargo, el Conde de Buífon, que en el pasage citado no 
admite exepcion en la degeneración de los animales Europeos en el 
Nuevo Mundo, hablando en particular de los gatos, después de haber 
elogiado los de España, como los mejores, afirma que " estos gatos 
Españoles transportados a America, han conservado sus bellos colores, 
y en nada han degenerado*." 

Estos son los cuadrúpedos con que el Mundo Antiguo ha enrique- 
cido al Nuevo, y todos ellos, con exepcion del camello, se han multi- 
plicado profusamente, y han conservado sin alteración su corpulencia, 
su figura, y todas las perfecciones de sus progenitores. Asi consta, 
en parte, por la confesión de los mismos filósofos, en parte por el 
dicho de autores Europeos, imparciales, juiciosos, y prácticos en aque- 
llos paises, y finalmente por la notoriedad que alego, sin temor de ser 
desmentido. No dudo que los lectores de buena fe, echarán de ver, 
por lo que he espuesto con la mayor sinceridad, los errores y contra- 
dicciones de nuestros filósofos, dictadas por el ridiculo empeño de in- 
famar al Nuevo Mundo ; la falsedad de sus observaciones, la inconse- 
cuencia de sus raciocinioSt, y la temeridad de su censura. 



CATALOGO DE LOS CUAPRUPEDOS AMERICANOS. 

Especies conocidas y admitidas por el Conde de Buffon. 

Acutí, pequeño cuadrúpedo del Paraguai, y del Brasil, semejante al 
conejo. El nombre acuti es de las lenguas Guaraní, y Para- 
guayesa. 

Ai, especie de perico-ligero con cola. 

Akuchi, pequeño cuadrúpedo de la Guayana. 

Alce, vulgarmente llamado gran-bestia, por los Franceses elan, y 
por los Canarios oriñac. En America dan el nombre de gran- 
bestia al tapir. 

Aleo, llamado por los Peruanos allco, por los Megicanos techichi. 
Cuadrúpedo mudo, y bueno de comer, semejante al perro. 

* A los cuadrúpedos de que he hablado, añade el Conde de Buffon el congo, 
y el puerco de Guinea, y afirma que estas especies han prosperado bien en Ame- 
rica. En cuanto a las ratas seria un gran bien para aquellos paises que no pudie- 
ran vivir en ellos, 



304 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

Apar, especie de tatú, o armadillo, armado de tres fajas mobiles. 
Aperea, en Guaraní ; cuadrúpedo semejante al conejo, pero sin cola. 
Bisonte, o toro jorobado, llamado en Megico cibolo. Cuadrúpedo 
grande de la America Septentrional. 

Cabassu, especie de tatú, cubierto de dos placas, o conchas, y de 
doce bandas mobiles. 

Cabiai, o capibara, cuadrúpedo anfibio, semejante al puerco. Los 
Tucumaneses lo llaman capibara, o capiguara; los Guaraníes 
capiira, o capibara, los Tamanaques cappivá, los Chiquitos oquis, 
y en otras naciones chiaco, ciguiri, y irabubi. 

CacJiimaco, especie de tatú, cubierto con dos laminas, y nueve fajas 
mobiles. 

Castor. 

Chinche, aunque puede ser que el Conde de Bufíbn haya alterado el 
nombre chingue, que dan en Chile a otro insecto. 

Ciervo. 

Coaita, especie de cercopiteco, o mono con cola. 

Coaso. Véase lo que he dicho en el libro i de la Historia acerca de 
este cuadrúpedo. *- 

Coati, o cuati, pequeño, y curioso cuadrúpedo de la America Meri- 
dional. 

Cochinillo de Indias, pequeño cuadrúpedo de America Meridional, 
semejante al puerco y al conejo, pero sin cola. 

Coendú, o mas bien cuandú, de la Guayana, y del Paraguai. Lla- 
mase en el Orinoco arura. ^ 

Conepata, en Megicano conepatl. 

Coqualino. Asi llama el Conde c^e Buffon al cozocotecuillin de los 
Megicanos, cuadrúpedo semejante a la ardilla, pero diverso. 

Corzo. 

Couguar, fiera manchada como el tigre. 

Coyopolin, y no cayopolin, como escribe BuíFon. Pequeño cuadrú- 
pedo de Megico. 

Encobertado, tatú cubierto de dos laminas, o conchas, y de seis 
fajas. 

Exquima, especie de cercopiteco. 

Falanger, nombre dado a un pequeño cuadrúpedo semejante a la rata. 

Filandro de Suriñan, cuadrúpedo semejante a la marmosa, y al tla- 
cuatzin, pero diverso. 

Gamo. 

Gamuza. 



DB LOS ANIMALES DB ME6IC0. 



m 



Hormiguero, cuadrúpedo de los países calientes de America. Los 
Españoles lo llaman oso hormiguero, aunque es mas diferente del 
oso, que el perro del gato. El Conde de BuíFon distingue tres 
especies en America. La primera el hormiguero. La 2, el tam- 
manoir, y la 3, el tamanduá. Los Peruanos lo llaman Tiucumari, los 
Quiteses huauniri, y cucJiichi, los Tamanaques del Orinoco varaca. 
En el Brasil llaman al hormiguero grande tamanduá- guazu, y al 
pequeño irara, y gudtimonde. 

Glotón, llamado en Canadá carcaju, fiera de los países Septen- 
trionales. 

Jaguar, o tigre Americano. Jagua, en lengua Guaraní, es nombre 
común al tigre, a la puma, y al perro. Los Peruanos llaman al 
tigre uturuncu, y los Megicanos ocelotl. 

Jaguareté, o mas bien jaguareté, fiera del genero de los tigres. 
Jaguar-eté es en Guaraní el nombre genérico de los tigres. 

Isatis, fiera de los países fríos. 

León marino ; asi llama Lord Anson a la foca mayor, que en Chile 
se llama lame. 

Liebre común. * 

Lince, o gato cerval. 

Llama, no lama, como dice el Conde de Buñbn, ni glama, como 
escribe Mr. de Paw : npmbre del carnero Peruano. 

Lobo común, llamado por los Megicanos cuetlachtli. 

Lobo marino, o foca menor. 

Lobo negrOf^mm diverso del común. 

Manati, llamado por los Franceses lamentin, gran animal marino, de 
los lagos, y de los ríos, colocado por el Conde de Buffon entre los 
cuadrúpedos, aunque apenas pueda llamarse bípedo o bímano. 

Mapach, cuadrúpedo curioso de Megico. 

Margai, o gato-tigre, fiera. Puede ser que este nombre se derive 
del mharacayá de los Paraguayeses. 

Marikina, o mona leonina, especie de cercopiteco. 

Marmosa, pequeño, y curioso cuadrúpedo de los países calidos, y tem- 
plados de America. 

Marmota, llamada muar de los Canadeses. 

Mico, la especie mas pequeña de los cercopítecos. En Español es 
nombre genérico de todos ellos. 

Morso, gran anfibio marino. 

Musaraña. 

TOMO II. V 



¿íMb HlSíT^HIA ANTIpUA DE RiiíGICQ. 

Nutria, llí^i^ada miquilo en el Peni. 

Ocelofi, o g^to-pardo de Megico. Ocelptl en Megicano es el nombre 
4el %re, pero ei Gonde de iPuífon lo da al gato-pardo. 

Ondatra {rat musqué du Canadá), cuadrúpedo semejante a la rata. 

Oso negro, específicamente diverso del pardo. 

Oso pardo. 

l^aca, cuadrúpedo s^ejante al puerco en el pelo, y en el gruñido ; y 
en la forma de la cabeza al conejo. En ^Brasil se llama paca, en 
Paraguai pag, en Quito picuru, y en el Orinoco accuri. 

Paco, cuadrúpedo de la America Meridional del mismo genero, pero 
no de la misma especie que el llama. El nombre Indio es alpaca. 

Pécari, cuadrúpedo que tiene en la espajda una glándula, que muchos 
han creido ser el ombligo, y por el cual exala un humor fétido. 
Los verdaderos nombres de este animal en diferentes paises de 
America son saino, coyametl, tatabro, y pachira. De este ultimo 
se deriva quizas el de pécari, que le da el Conde de Buffon. Tam- 
bién lo llama tajazú, nombre común en Guarani a todas las especies 
de puercos. 

Pelean, o marta Americana. « 

Pequeño gris {petit gris). Asi llama el Conde de BuíFon a uii pe- 
queño cuadrúpedo de los paises fríos, semejante a la ardilla. 

Pilori {rat musqué desAntilles), pequeño cuadrúpedo semejante a la 
rata, y diferente de la ondatra. 

Pinchis, llamado por el Conde de Buffon pinche, especie de pequeño 
cercopiteco. 

Polatuca, cuadrúpedo, semejante en parte a la ardilla ; llamado por los 
Españoles quimichpatlan, o ratón volante. 

Puma, o león Americano, llamado por los Megicanos miztli, y por 
los Chilenos pagi. 

Quirquincho, especie de tatú cubierto de una concha, y de diez, y 
ocho fagas. Quirquincho, nombre Peruano, ayotochtli Megicano, 
tatú Paraguayes, y armadillo Español, son genéricos de estas espe- 
cies de cuadrúpedos. El Conde de Buffon limita el nombre de 
quirquincho a una sola especie, como hace con el ayotochtli. 

Ratón de agua. 

Rengífero, llamado en Canadá caríbu. 

Sai, especie de cercopiteco. Cai en lengua Guaraní, es el nombre 
genérico de los cercopitecos : |>ero el Coqde de Buffon lo limita a 
una sola especie. 



DE LOS ANIMAliES DE MEOICO. 307 

Saimirí f flsas bien caimiri, especie curiosa de cercopiteco. 

Saki, especie de cercopiteco, con cola larga. 

Saricovienna, nutria particular del Paraguai, del Brasil, de la 
Guayana, y del Orinoco. En el Paraguai se llama Mjá, y en el 
Orinoco cairo, o nevi. 

Sayú, o cayú, especie de cercopiteco. 

Suizo, llamado por los Megicanos tlalmototli, cúaidrüpedo ^eiü^éjatlte 
en la forma a la ardilla, pero diverso en muchas cualidades, y casi 
de doble tamaño. 

Suricate, cuadrúpedo de la America Meridional que tiene, como la 
hiena, cuatro dedos en cada uno de los cuatro pies. 

Taira, de la Guayana. 

Tamanduá, o mas bien tamanduá, la especie ihedia de los hormi" 
güeros. 

Tamannoir, la mayor especie de los hormigueros. 

Tamarino, especie de pequeño cercopiteco. . 

Tapet, o tapetó, cuadrúpedo de la America Meridional, séíñejatite eit 
algo a la liebre, y al conejo. Su verdadero nombre en lengua 
Guaraní es tapiti. » 

Tapir, cuadrúpedo grande de America, llamado por los Españoles, 
arttú, danta, o ^ran bestia, y en diversas lenguas Americanas, 
íapili'i fapiíra, heori, tlacajolotl, huariari, sacha-vaca, &c. Yo 
adopto el nombre de tapir, por que ya lo usan los zoologistas, y 
ademas por que no es equívoco. El de gran bestia es propio del 
alce; el de anta, o danta se da también al zebú, cuadrúpedo del 
África mui diverso del tapir. 

Tarsiere, cuadrúpedo algo semejante a la marmosa, y al tla- 
cuatzin. 

Tatuelo, nombre dado por el Conde de Buffon a una espéiííTe de tatú 
que está cubierto de dos conchas, y de ocho fajas. 

Tlacuatzin, cuadrúpedo curioso, cuya hembra lleva los cachorros 
después del parto, en una bolsa 6 membrana que tiene debajo del 
vientre. En diversos paises de Arfterica tiene los nombres siguientes : 
charcha, chucha, mucamuca, jariqué, fara, auare. Los Espa- 
ñoles de Megico lo llaman tlacuache. Algunos naturalistas 
le dan el nombre de filandro, y otros el de didelfo, que le con- 
viente' con mas razón. El Conde de Buffon lo llama sarígue, o 
cariguei, alterando el nombre jariqué, que es el que le dan en el 
Brasil. 

•^ x2 



308 HISTORIA ANTIGUA DE MKGICO. 

Tuza (no tucán, como dice el Conde de Buífon), en Megicano tozan, 
cuadrúpedo de Megico, del genero del topo, pero mayor, y de ber- 

f moso aspecto. No sé si este animal es el mismo que los Peruanos 
llaman tupu-tupu. 

Vampiro, gran murciélago de America. 

Varina, llamado por el Conde de BuíFon ouarine, gran cercopiteco 
barbudo, llamado en Quito omeco. Buffon duda si es la misma 
especie que el aluata, otro cercopiteco grande. Yo convengo en 
que sea asi, y por esto no pongo al aluata, en el catalogo. 

Yison, o fuina Americana. 

Unistiti, cercopiteco pequeño. 

Unau, especie de perico-ligero sin cola. El Conde de Buffon 
distingue con razón dos especies de perico-ligero ; una con cola, y 
otra sin ella, pues ademas de este tienen otros caracteres dis- 
tintos. El perico-ligero se llama en Quito quillac, y en el Orinoco 
proto. 

Urson, cuadrúpedo de los paises frios semejante al castor, pero 
diverso. 

Zorra común. t . 

Zorrillo; los Megicanos lo llaman epatl ; en Chile chingue, y en 
otros paises de la America Meridional mapurita, aguatuja, &c. 

Asi que el Conde de Buffon, que no ha hallado en toda la America 

mas de 70 especies de cuadrúpedos, cuenta y distingue 94 a lo menos 

en su Historia Natural. Digo a lo menos, pues a las precedentes 

deben añadirse el puerco común, el armiño, y otras que en unas 

partes concede a la America, y en otras se las niega. 

Especies confundidas por el Conde de Buffon. 

El guanaco, con la llama. Ademas de otras diferencias entre el 
llama, el guanaco, la vicuña, y el paco, se observa que los in- 
dividuos de cada una de estas especies no procrean con los de 

c .las otras, aunque vivan juntos. Si esto basta para distinguir la 
.especie del perro de la del lobo, siendo animales tan semejantes 
jentre si ¡ cuanto mas no servirá para los cuatro mencionados que no 
tienen tan tasemejanza ! 

La vicuña con el paco. 

El citli con el tapete. Las mismas descripciones del Conde de 
Buffon, y las del Dr. Hernández no dejan duda acerca de la 
diferencia de estas dos especies. 



D£ LOS ANIMALES DE MBGIGO. 300 

El huitztlacuatzin, con el cuandú de la Guayana. 

El tlacocelotl, con el ocelotl. El Conde de BufFon dice que este es 
el macho, y aquel la hembra de la misma especie, y que el segundo 
nombre es la sincope del primero. Por esto mismo podríamos decir 
que el canis latino es lo mismo que el semicanis, y el tygris, lo 
mismo que el semitygris ; pues el ocelotl Megicano significa tigre, 
y el tlacocelotl, no quiere decir otra cosa que medio-tigre. No es 
estraño que aquel naturalista ignorase el Megicano, pero si lo es que 
afirme lo que no sabe. El Dr. Hernández, que vio por si mismo, 
y observó aquellas especies como hombre sabio, merece mas 
crédito. 

El tepeitzcuintli, o perro montañés de Megico, con el glotón. 

E\ joloitzcuintli, o perro pelado, con el lobo. 

El itzcuintepozotli, o perro jorobado, con el aleo o techichi. Añá- 
danse estas ocho especies, confundidas con otras, a las 94 del 
catalogo anterior, y harán 102. 

Especies ignoradas q negadas sin fundamento por el Conde de 
Buffon. 

Achuni, cercopiteco de Quito, con gran hocico, fuertisimos dientes, 

y pelo grueso como cerdas. MS que poseo. 
Ahuitzotl, pequeño cuadrúpedo anfibio de Megico, que he descrito 

en el libro i de la Historia. 
Amiztli, cuadrúpedo descrito en el libro i. Dige alli que me parecía 

el mismo que el Conde de BufFon llama saricovienne, pero después 

he hallado diferencias especificas entre ambos. 
Cacomiztle, cuadrúpedo Megicano semejante a la fuina, pero diverso 

en la forma ; descrito por mi en el libro i de mi Historia. 
Chinchico, cercopiteco de Quito, tan pequeño, que puede tenerse en 

el puño. Suele hallarse de diversos colores. MS. 
Chillihueque, cuadrúpedo grande de Chile semejante al huanaco, pero 

de diversa especie. Historia de Chile por Molina. 
Chinchilla, especie de ratón campestre lanudo. Hablan de él muchos 

autores de la America Meridional. 
Chinchimen, o gato marino, cuadrúpedo anfibio del mar de Chile. 

Historia de Chile. 
Cinocéfalo cercopiteco, cxxdiATw^Qáo de Megico, deque hacen men- 
ción Hernández, Brisson, y otros. 
Coyote (en Megicano coyotl), fiera descrita en el libro i. 



310 HISTOHIA ANTIGUA DE MEGICO. 

Conejo comuD, llamado por los Meglcanos tochtli. 

Cui, o conejo Peruano, pequeño cuadrúpedo mui semejante al cocbt'- 
njllo de Indias. Lo describen muchos historiadores del Perú. 

Culpen, especie particular de zorra grande de Chile. Historia de 
Chile. 

Degu, o güiro de Chile. Historia de Chile* 

Foca porcuna, o puerco marino anfibio de Chile, especie particular 
(Je foca. Historia de Chile. 

Qato melero. Asi llaman loa ^Españoles a un cuadrúpedo de la 
provincia del Chaco en la America Meridional. Es semejante en 
la forma al gato ; caza los pájaros en los arboles, y gusta mucho de 
la miel de abejas. MS. 

Guanque. Especie de rato» campestre azul de Chile» Historia de 
Chile. 

Horro, cercopiteoo grande de Quito, y de Megico ; negro en todo 
el cuerpo, exepto el cuello, que es blanco. Grita mucho en los> 
bosques, y puesto en pie, tiene la altura de un hombre. MS que 
poseo. I 

Huemul, o caballo bifulco de Chile. Historia de Chile. 

Hurón de Chile, y del Paraguai, llamado en Guarani jaguarobape. 
Historia de Chile, y MS. 

Jaguaron, en Guaraní jagua rú, fiera anfibia del Paraguai, llamada 
por algunos tigre acuático. 

KiJci, cuadrúpedo de Chile. Historia de Chile. 

Mayan, cuadrúpedo semejante al puerco. Tiene el cuerpo redondo, 
las cerdas encrespadas, y habita en el Paraguai. MS que poseo. 

Perro de Cihola, o de carga, cuadrúpedo del pais de Cibola, seme- 
jante en la forma a un mastin. Se sirven de él los Indios para 
llevar cargas. Hacen mención de este robusto animal muchos 
historiadores de Megico. 

Pisco- Cushillo, esto es, cercopiteco pajaro, cercopiteco de Quito. 
Tiene casi todo el cuerpo cubierto de una especie de pluma. MS 
que poseo. 

Rata blanca rustica, común en Megico. 

Rata común rustica, común en Megico, y en otros países de Ame- 
rica. 

Rata de Mauie, cuadrúpedo de aquella provincia de Chile mui seme- 
jante a la marmota, pero doble mayor. Hist. de Chile. 

Ratón comunísimo en Anikevica antes de la llegada de los Españoles, 



DE LOS ANIMALES DE MEGICO. 3ll 

lláhiado por iba Mejicanos qütiiiichin, y descrllb en el hlfrb i de 

esta Historia. 
Éaton rustico, común en Megico, y en otros países de Ahilericá. 
Richo, coüiun fen el Pat-aguai. MS tjue poseo. 
Tayé, büadru^édo de la California, de que áe hace mehcion tanlb én 

la Historia impresa, cuanto en las relafciones MS de aqiitel jpais. 

El tayé es sin duda él ibex de Plinio, descrito por el CoHdfe de 

BuíFon con el nombre de houquetin. 
Taitetú, cuadrúpedo del Paraguai del genero del puerco. La hembira 

pare siempre dos individuos, que nacen unidos pot el cordón um- 
bilical. MS que poseo. 
Tejón blanco de Nueva York, descrito por Mr. Brisson. 
Thopel-Lame, cuadrúpedo anfibio del mar de Chile, espébie de íoca 

mucho mas semejante al león que la que vio Lord Ansbn. Hist. 

Nat. de Chile. 
Tlalcoyote, en Megicano Tlalcoyotl, cuadrúpedo común en Megico 

descrito en el lib. i de esta Historia. 
Trébol, o trifolio, cuadrúpedo grande de la America Septentrional, 

descrito por Mr. de Bomare. 
Viscacha rustica, cuadrúpedo semejante al conejo, pero con una 

gran cola empinada. Acosta, y otros historiadores de la America 

Meridional. 
Viscacha montaraz, hermoso cuadrúpedo del mismo genero que el 

precedente, pero de diversa especie. MS que poseo. 
UsnaguOff o ccrcopiteco nocturno. MS. 

Unidas estas 40 especies a las 102 mencionadas arriba tenemos 142 
especies de cuadrúpedos Americanos. Si se añaden las del caballo, 
el asno, el toro, la oveja, la cabra, el puerco común, el puerco de 
Guinea, el perro, el gato, y la rata domestica, transportados después 
de la conquista, contaremos en America hasta 152 especies. El 
Conde de Buffon, que en toda su Historia Natural no cuenta mas de 
200 especies de cuadrúpedos en los países del Mundo Antigxio descu- 
biertos hasta ahora, en su obra posterior, intitulada las Épocas de la 
Naturaleza halla 300. ¡ Tanto se aumentó su numero en pocos'años ! 
Pero dando por cierto este calculo, la America, que no es mas que la 
tercera partede nuestro globo, tiene la mitad a lo menos de las 
especies de cuadrúpedos.. Vuelvo a decir a lo menos, por que he 
omitido algunas que dudo si son las mismas o no que las descritas por 



312 HISTORIA ANTIGUA DE ME6IGO. 

él Conde de Buffon. El fin principal que me he propuesto en la for- 
mación de este catalogo no ha sido el de demostrar el error del Conde 
de Buffon en la enumeración de los cuadrúpedos Americanos, ni ,1a 
falsedad de su opinión sobre la escasez de la materia en el Nuevo 
Mundo : si no el de servir a los naturalistas Europeos, indicándoles 
algunos cuadrúpedos desconocidos hasta ahora, y allanándoles las 
dificultades que ha podido sucitar una mal-entendida nomenclatura. 
De buena gana hubiera añadido a los nombres de los cuadrúpedos una 
exacta descripción de cada uno de ellos : mas esta empresa no 
entra en el cuadro de mi trabajo. Para la formación de el cata- 
logo, ademas del gran estudio que he necesitado hacer, he tomado 
informes por escrito de personas doctas, sinceras, y practicas en los 
diversos paises de America, a las que doi gracias por la bondad con 
que roe han complacido. 



DISERTACIÓN V. 



CONSTITUCIÓN FÍSICA Y MORAL DE LOS MEGICANOS. 

Cuatro clases de hombres pueden distinguirse en Megico, y eii 
otros paises de America. 1. Los propiamente Americanos, vulgar- 
mente llamados Indios, esto es, los decendientes de los antiguos 
habitantes del Nuevo Mundo, cuya sangre no se ha mezclado con 
la de los pueblos del Antiguo. 2. Los Europeos, los Asiáticos, y los 
Africanos, establecidos en aquellos paises. 3. Los hijos, y decen- 
dientes de estos, llamados Criollos por los Españoles, nombre que se 
da principalmente a los hijos o decendientes de Europeos, cuya sangre 
no se ha mezclado con la de los Americanos, Africanos, ni Asiáticos. 
4. Las razas, llamadas castas por los Españoles, los hijos o decen- 
dientes de Europeo, y Americana, o de Europeo, y Africana, o de 
Africano, y Americana, &c. A todas estas clases de hombres com- 
prenden los denuestos de Mr. de Paw. Supone o finge tan maligno 
al clima de America, que hace degenerar no solo a los Criollos, y a los 
Americanos^ si no también a los habitantes Europeos de aquellos 
paises, a pesar de haber nacido bajo un cielo mas blando, y en un 
clima mas favorable, como él dice, a todos los animales. Si aquel 
escritor hubiera compuesto sus Investigaciones Filosofeas en Ame- 
rica, podriamos con razón sospechar la degeneración de la especie 
humana en el Nuevo Mundo : pero como vemos que aquella obra, y 
-otras del mismo jaez se han escrito en Europa, tenemos un nuevo tes- 
timonio de la verdad del refrán Español, imitado del Griego : todo el 
mundo es Popayan. Pero dejando aparte los despropósitos de aqual 
.filosofo, y de sus partidarios contra las otras clases de hombres, 
hablaré solo de lo que escribe contra los propiamente Americanos, que 
son los mas injuriados, y los mas indefensos. Si a esta tarea me in- 
dugese alguna pasión o interés, me hubiera encargado mas bien de la 
causa de los Criollos, que ademas de ser la mas fácil, es la que mas 
de cerca me toca. He nacido de padres Españoles, y no he tenido la 
menor afinidad, ni consangtiinidad con Indios, ni espero el menor 



k 



314 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

galardón de su miseria. Asi que solo el amor a la verdad, y el zelo 
eo favor de la especie humana, me hacen abandonar la causa propia, y 
abrazar la agena, con menos peligro de errar. 

Cualidades fisicas de los Megicanos. 

Mr. de Paw, que critica la estatura, la forma, y las supuestas irre- 
gularidades de los animales Americanos, no se ha mostrado mas indul- 
gente para con los hombres de aquel pais. Si los animales le pare- 
cieron una sesta parte mas pequeños que los de Europa, los hombres 
son también, en su opinión, mas pequeños que los Castellanos. Si en 
los animales notó la falta de cola, en los hombres censuró la falta de 
pelo. Si en los animales halló notables diformidades, en los hombres 
vitupera el color, y las facciones. Si creyó que los animales eran 
menos fuertes que los del continente antiguo, también afirma de los 
hombres que son débilísimos, y que están espuestos a mil dolencias, 
ocasionadas por la corrupción de aquel aire, y por las exalaciones 
pestilentes de aquel terreno. 

En cuanto a la estatura de los Americajios dice en general que 
aunque no sea igual a la de los Castellanos, hai poca diferencia, entre 
la de unos, y otros. Pero yo estoi seguro, y es notorio en todo 
Megico, que los Indios que habitan aquellos paises, esto es, los que 
están desde el 9° hasta el 40' de latitud Septentrional, hasta donde han 
llegado los descubrimientos de los Españoles, tienen mas de cinco pies 
de Paris de alto, y que los que no pasan de aquella estatura son mas 
raros entre los Indios que entre los Españoles. TambieL estoi cierto 
de que muchas de aquellas naciones, como los Apaches, los Hiaqueses, 
los Pimeses, y los Coquimes * son, a lo menos, tan altos, cuanto los 
mas altos Europeos, y no sé que en toda la vasta estension del Nuevo 
Mundo se halle un pueblo, cxepto los Esquimales, cuya estatura sea 
tan reducida como la de los Lapones, Samoyedos, y Tártaros Septen- 
trionales del Antiguo Continente. Asi que bajo este aspecto no ceden 
los Megicanos a los habitantes de las otras partes del mundo. 
« En cuanto a la regularidad, y proporción de los ñrieníbros, »o es 
necesario añadir nada a lo que he dicho en el libro i de mi historia. 
Estoi persuadido de que no habrá una sola persona de las que lean 
esta obra en America que contradiga la descripción que allí hago de 
las formas, y del carácter de los Indios, a menos de tener nubes en los 
ojos, y trastornado el cerebro. Es cierto que D. Antonio Ulloa dice, 

* Lo que digo de las naciones de la America Septentrional se puede aplicar a 
íoa Chilenos, a los Patagones, y a los otros pueblos de la Meridioúal. 



CONSTITUCIÓN FÍSICA Y MORAL DE LOS MBGICANüS. 315 

hablando de los Indios de Quito, haber observado " que entre ellos 
abundan los imperfectos, o por que tienen los cuerpos irregulares, y 
jnonstruosos a causa de su pequenez, o por que pierden la razón, el 
habla o la vista, o por que les falta algún miembro ;" pero habiendo yo 
hecho grandes investigaciones acerca de esta singularidad de aquellos 
pueblos, he sabido, por personas dignas de fe, y prácticas en el cono- 
cimiento del pais, que estos defectos no nacen de los malos humores, ni 
del influjo del clima, si no de la mal entendida, y cruel humanidad de 
los padres, los cuales, para sustraer a sus hijos de los gravámenes, y 
fatigas que los Españoles exigen de los Indios sanos, los inutilizan en 
la niñez, y los ponen imperfectos, e irregulares : lo que no sucede en 
los otros paises de America, ni tampoco en los otros pueblos de Quito 
en que los Indios están esentos de aquellas penalidades. Mr. de Paw, 
y el Dr. Robertson dicen que entre los salvages de America no se 
hallan personas irregulares, y monstruosas, por que, como los Lace- 
demonios, dan muerte a los niños que nacen ciegos, jorobados, o pri- 
vados de algún miembro, pero que en ios paises en que están reunidos 
en sociedad, y en que Ja vigilancia de los que los rigen no permiten 
egercer aquella cruel previsión, el numero de los individuos defectu- 
osos es mayor que en cualquier parte de Europa. Este seria un 
exelente modo de eludir la dificultad, si se fundara en hechos posi- 
tivos ; pero si ha habido en America alguna tribu salvage que haya 
imitado el egemplo de los tan celebrados Lacedemonios *, no se infiere 
de aqui que deba imputarse la misma barbarie a los otros pueblos de 
aquel contiJiente ; pues es innegable que la mayor parte de las 
naciones Americanas desconocen aquel uso, como puede demostrarse 
por el testimonio de los escritores mejor instruidos en sus costumbres. 
Ademas de esto, en todos los paises de Megico, los cuales forman a 
lo menos una cuarta parte del Nuevo Mundo, los Indios viven en 
sociedad, y congregados en ciudades, villas, o aldeas, bajo la vigi- 
lancia de magistrados, y de párrocos Españoles, o Criollos. Allí no se 
tiene noticia de la inhumana precaución que alegan en su defensa los 
dos mencionados escritores, y sin embargo de esto, todos los Españoles 
y Criollos que vinieron de Megico a Italia en 1768, fueron entonces, 
y están hoi dia maravillados de observar en los pueblos de esta 
cultísima península tan gran numero de ciegos, cojos, tullidos, y 
estropeados. Es pues harto diversa de la que imaginan aquellos 

* La inhumanidad de matar a los niños (jue nacían diformes, no solo era per- 
mitida en Roma, si no prescrita por las leyes de las xii tablas : pater insignem 
nd (lefonmtatem puerum cito necato. 



316 HISTORIA ANTIGUA HE MEGK'O. 

autores la causa de aquel fenómeno observado por tantos escritores en 
America. 

Del color de aquellos pueblos no se puede sacar ninguna obgecion 
contra el Nuevo Mundo, pues aquel color es menos distante del 
blanco de los Europeos, que del negro de los Africanos, y de una 
gran parte de los Asiáticos. El cabello de los Megicanos, y de los 
otros Indios, como ya he dicho en otra parte, es espeso, y tupido, su 
barba escasa, y, por lo común *, carecen de vello en las piernas, y en 
los brazos : pero es un error decir, como dice Mr. de Paw, que están 
enteramente privados de pelo en todas las otras partes del cuerpo. 
Este es uno de los muchos pasages de las Investigaciones Filosóficas, 
en que no podran contener la risa los Megicanos, y otros pueblos de 
America, viendo el tenaz empeño de un filosofo Europeo en privarlos 
de lo que la naturaleza les ha concedido. Leyó sin duda aquel 
autor la ignominiosa descripción que Ulloa hace de algunos pueblos 
Americanos del Mediodía, y de este solo dato, dedujo con su acos- 
tumbrada lógica una conclusión universal f. 

El aspecto solo de un Angolano, Mandinga, o Congo hubiera de- 
bi4o espantar a Mr. de Paw, y disuadirlo de mr mal-humorada cen- 
sura contra el color, las facciones, y el pelo de los Americanos. 
; Puede imaginarse un conjunto mas opuesto a la idea general que 
tenemos de la belleza, y de la perfección del cuerpo humano, que un 
hombre fétido, cuya piel es negra como la tinta, la cabeza cubierta de 
lana negra en lugar de cabello, los ojos amarillentos o rojos, los labios 
gruesos, y negruzcos, y la nariz aplastada ? Tales son las habitantes 
de una gran parte del África, y de muchas islas del Asia. ¿ Qué 
hombres mas imperfectos que los que tienen apenas cuatro pies de 
estatura, el rostro largo, y chato, la nariz respingada, los ojos de un 
amarillo oscuro, los parpados estirados acia las sienes, las megillas 
desproporcionadamente elevadas, la boca grandísima, los labios 
gruesos, y prominentes, y estrechísima la parte inferior de la cara ? 
Tales son, según el Conde de Buffbn, los Lapones, los Zembleses, 
los Borandianos, los Samoyedos, y los Tártaros Orientales. ¿Qué 

* Digo por lo común por que hai en Medico pueblos barbudos, y que tienen 
vello en los brazos, y en las piernas. 

t Ulloa en la descripción que hace de los Indios de Quito dice que ni a los 
hombres, ni a las mugeres les nace pelo, cuando llegan a la edad de pubertad. 
Sea lo que fuere de esta singularidad, y de su causa, lo cierto es <iue en el resto 
de America la pubertad tiene los mismos sintomas que en las otras partes del 
mundo. 



CONSTITUCIÓN FÍSICA Y MORAL DE LOS MEGICANOS. 317 

obgeto mas cliforme que un hombre con el rostro largo, y arrugado 
aun en la juventud, la nariz gruesa, los ojos pequeños, y hundidos, 
las megillas altas, la parte superior de las mandíbulas encorvada, los 
dientes largos, y desunidos, las cejas tan peludas que cubren los ojos, 
los parpados carnudos, los muslos grandes, las piernas pequeñas, y 
cubierta una parte del rostro de cerdas en lugar de barba ? Tal es el 
retrato que el mismo naturalista hace de los Tártaros, pueblos que, 
según dice, habitan una porción del Asia, que tiene mas de 1,200 
leguas de largo, y mas de 750 de ancho. Entre ellos, los Calmucos 
son los mas notables por su diformidad, la cual les ha merecido el 
titulo de los hombres mas feos del Universo, como los llama el viagero 
Tavernier. Su rostro es tan ancho, que, si hemos de dar crédito a 
BuíFon, tienen entre los dos ojos un espacio de cinco a seis dedos. 
En Calicut, en Ceilan, y en otros paises de la India, hai, según Py- 
rard, y otros escritores, una raza de hombres con una de las piernas, 
y aun con ambas, cada una tan gruesa como el cuerpo de un hombre 
regular, imperfección hereditaria entre ellos. Los Hotentotes tienen, 
entre otros defectos, aquella monstruosidad de un apéndice calloso, 
que se estiende desde ej hueso pubis acia abajo, como atestiguan 
todos los que han descrito los paises inmediatos al Cabo de Buena 
Esperanza. Marco Polo, Struys, Gemelli, y otros viageros afirman, 
que en el reino de Lambry, en la isla Formosa, y en la de Mindoro, 
se hallan hombres con cola. Mr. de Boraare dice que esta en los 
hombres no es mas que una prolongación del hueso sacro, o raba- 
dilla: ¿qué otra cosa es la cola en los otros animales, si no una pro- 
longación del mismo hueso, aunque dividida en muchas articulaciones? 
Llámese como se quiera, un hombre con rabo no deja de ser un con- 
junto harto irregular, y monstruoso. 

Si nos pusiéramos a recorrer las otras naciones Africanas, y Asia- 
ticas, apenas hallaríamos una pequeña parte de ellas que no se dis- 
tinga o por la oscuridad del color, o por alguna irregularidad mas 
enorme, o por algún defecto mas notable que cuantos Mr. de Paw 
censura en los Americanos. El color de estos es mucho mas claro 
que el de casi todos los habitantes de África, y del Asia Meridional. 
La escasez de barba es común a los Filipinos, a los pueblos del Ar- 
chipiélago Indico, a los famosos Chinos, a los Japoneses, a los Tár- 
taros, y a otras muchas naciones del antiguo continente, como saben 
todos los que tienen alguna idea de la variedad de la especie hu- 
mana en los diversos paises del globo. Las imperfecciones de los 



818 HISTORIA ANTIGUA DE MKGICO. 

Amerieanos, por miicho que se exageren^ no pueden compararse eon 
los defectos de aquellos pueblos inmensos cuyo dibujo he bosquejado, 
y con los de otros que omito. Véase lo que dicen el Conde de 
BufiFon en el tomo vi, de su Historia Natural, y todos los viageros de 
Asia, y África. Estas consideraciones hubieran debido refrenar la 
pluma de Mr. de Paw, pero o las echó en olvido, o maliciosamente las 
disimuló. 

Mr. de Paw representa a los Americanos débiles, y enfermizos ; 
Ulloa afirma, por el contrario, que son sanos, robustos, y fuertes. 
¿Cual d€ estos dos escritores merece mas crédito, Mr. de Paw que 
se puso a filosofar en Berlin sobre los Americanos, sin conocerlos, o 
D. Antonio de Ulloa, que por muchos años los vio, y trató en di- 
versos paises de la America Meridional ? ¿ Mr. de Paw que se pro- 
puso vilipendiarlos, y envilecerlos, para establecer su desatinado 
sistema de la degeneración, o D. Antonio de Ulloa, que, aunque poco 
favorable a los Indios, no trató de formar un sistema, si no de escribir 
lo que creyó verdadero? Decidan esta cuestión los lectores impar- 
ciales. 

Para demostrar la debilidad, y el desconfíierto de la constitución 
ññca de los Americanos, alega Mr. de Paw otras razones, de que 
debo hacerme cargo, y son las siguientes. 1. Que los primeros Ame- 
ricanos traídos a Europa, rabiaron en el viage, y que la rabia les duró 
hasta la muerte. 2. Que los hombres adultos, en muchos paises de 
America, tienen leche en los pechos. 3. Que las Americanas paren 
con demasiada facilidad, tienen una estraordinaria abundancia de 
leche, y mui escasa e irregular la periódica evacuncioñ de sangrie. 
4. Que el menos vigoroso Europeo vencia en la lucha a cualquier 
Americano. 5. Que los Americanos no pueden sobrellevar un peso 
ligero. 6. Que padecian el mal venéreo, y otras enfermedades en- 
démicas. 

En cuanto a la primera prueba, la niego como absolutamente falsa, 
y destituida de fundamento. Mr. de Paw, fiado en la autoridad del 
Flamenco Dappers, dice que los primeros Americanos que trajo con- 
sigo Cristoval Colon el año de 1493, quisieron darse muerte en la 
navegación, pero que habiéndolos atado, para evitar la egecucion de 
aquel designio, se pusieron rabiosos, y continuaran en el mismo 
estado hasta su muerte ; que cuando entraron en Barcelona, espan- 
taron de tal modo a los habitantes, con sus gritos, contorsiones, y 
movimientos convulsivos, que todos los creian frenéticos. Yo no he 



CONSTITUCIÓN FISÍCA Y MORAL UE LOS MEGICANOS. 319 

visto la obru de Duppers, pero no dudo que toda esta relación es un 
conjunto de fábulas absurdas, pues no hallo quien haga mención de 
tal suceso, ni entre los autores contemporáneos, ni entre los que 
escribieron en los años siguientes : antes bien de lo que atestiguan 
estos se puede demostrar la falsedad de toda la historia. 

Gonzalo Fernandez de Oviedo, que se hallaba en Barcelona, 
cuando llegó Cristoval Colon, y vio y conoció aquellos Americanos, y 
fue testigo ocular de su conducta, nada dice de su rabia, de sus ahu- 
llidos, de sus contorsiones, y no lo hubiera omitido, si fuera cierto, 
por no ser mui partidario de los Indios, como después veremos, y por 
que, hablando de los que trajo Colon, describe individualmente su 
entrada en Bar<5elona, su bautismo, sus nombres, y, en parte, el fin 
que tubieron. Ddoe que Cristoval Colon condujo de la isla Espa- 
ñola, después llamada Santo Domingo, diez Americanos, de los 
cuales uno murió en el viage, tres quedaron enfermos en Palos, 
puerto de Andalucia, donde murieron de alli a poco, según congetura; 
y los otro3 seis llegaron a Barcelona, donde se hallaba la Corte a la 
sazón ; que fueron bien instruidos en la Religión Cristiana, y sotemne- 
mente bautizados, siendo sus padrinos los reyes Católicos, y el prin- 
cipe D. Juan ; que el principal de ellos, pariente del reí Guacanagarí,. 
tomó en el bautismo el nombre del rei Católico, y se llamó D. Fer- 
nando de Aragón ; que al segundo se dio el nombre del principe, y 
desde entonces se llamó D. Juan de Castilla ; que el principe alojó' 
a este ea su palacio, y cuidó de su enseñanza ; que aprendió mui bien 
la lengua Española, y murió de alli a dos años. Pedro Mártir de 
Angleria, que se hallaba en España, en la época de la llegada de 
Colon, hace mención de los Indios que trajo aquel famoso almirante, 
y no die^ una palabra de su rabia; antes bien cuenta que cuando 
Colon regresó a la Española, lo acompañaron tres de aquellos Indios, 
habiendo muerto los otros, a efecto de la mudanza de clima, y de 
alimentos ; y que se valió de uno de ellos para informarse del estado 
de los Españoles que habia dejado en aquella isla*. Fernando 

* A las causas de la muerte de aquellos Indios, citadas por Pedro Mártir de 
Angleria, deben añadirse los males estraordinarios que sufrieron en aquella hor^ 
rible navegación, cuya descripción puede verse en las cartas del almirante, co- 
piadas por su hijo D. Fernando. Del numero de muertos que Pedro Mártir 
refiere, debe disminuirse el que conservó el principe D. Juan, pues murió dos años 
después, como dice Oviedo. Pero aunque todos hubiesen muerto en el viage, 
o se hubiesen vuelto frenéticos, nada tendría de estraño, si se compara con lo 
q^ue el mismo Mr. de Pawdice en la 3 parte, sec. 6, de sus Investigaciones. "Los 
Académicos Franceses tomaron mas alia de Torneo dos Lapones, que molestados. 



320 HISTORIA ANTIGUA DK MEGICO. 

Colon, docto, y diligente biógrafo de su padre D. Cristoval, y que a 
la sazón se bailaba en España, hace una relación menuda de las 
acciones, y viages de aquel ilustre navegante, habla de los Indios que 
él mismo vio, y nada añade a los pormenores de Pedro Mártir de 
Angleria. Son pues falsas las noticias de Dappers, o si no, diremos 
que los reyes Católicos consintieron en ser padrinos de Bautismo de 
unos hombres rabiosos ; que el principe quiso tener consigo a un 
rabioso, para divertirse con sus espantables ahuUidos ; que un rabioso 
aprendió bastante bien la lengua Española, y finalmente que el pru- 
dente Colon se sirvió de un rabioso, para informarse de todo lo que 
habia ocurrido en una vasta posesión, durante su ausencia. 

La anécdota de la leche en los pechos de los Americanos es una 
de las mas curiosas de cuantas contienen las Investigaciones Filoso- 
feas, y de las mas dignas de celebrarse con la risa general de los habi- 
tantes del Nuevo Mundo : pero es necesario confesar que el Investi- 
gador filosófico se mostró mas moderado en esto que otros autores 
que él mismo cita. El célebre naturalista Johnston, afirma en su 
Thaumatografia, con la autoridad de no sé qué viagero, que en el 
Nuevo Mundo casi todos los hombres tienen cabundancia de leche en 
los pechos. " En todo el Brasil, dice el autor de las Investigaciones 
Históricas, los hombres son los que dan de mamar a los niños, pues las 
mugeres tienen poquisima leche." ¡ Qué exelentes materiales para 
una Thaumatografia ! Yo no sé ciertamente lo que mas deba ad- 
mirar, si la temeridad, y la desfachatez de los viageros que propagan 
semejantes fábulas, o la sencillez de los que les dan crédito. Si se hubiese 
observado aquel fenómeno en algún pueblo del Nuevo Mundo (lo 
que jamas probará Mr. de Paw), ciertamente no bastaria esto para decir 
que en muchas partes de America abunda la leche en los pechos de 
los hombres, y mucho menos para afirmarlo, como afirma Johnston, 
de casi todos los hombres del nuevo continente. 

Las singularidades que observa Mr. de Paw en las Americanas, 
serian sumamente agradables si fuesen ciertas : porque ¿ qué mas 
podrían apetecer que verse libres de los grandes dolores del parto, 
tener en abundancia el licor con que alimentan a sus hijos, y ahor- 
rarse en gran parte las incomodidades que trae consigo la evacuación 

y martirizados por aquellos filósofos, murieron de desesperación en el viage." 
Ahora bien ni el pais que dejaban los Lapones, ni el viage que hicieron pueden 
compararse, con el pais y el viage de los Indios de Colon, ni yo puedo creer tan 
humanos a los marinos Españoles del siglo xv, como a los académicos Franceses 
del siglo XVIII. 



CONSTITUCIÓN FÍSICA Y MORAL DE LOS MEGICANOS. 321 

periódica ? Pero lo que ellas tendrían a gran dicha, es en sentir de 
Mr. de Paw un sintoma cierto de degeneración. La facilidad del 
parto demuestra, según dice, la espansion del conducto vaginal, y la 
relajación de los músculos de la matriz por causa de la profusión de 
los fluidos ; la abundancia de leche no puede provenir sino de la 
humedad de la complexión, y por lo demás, las Americanas no se 
conforman con las mugeres del antiguo continente, el cual debe ser, 
según la legislación de Mr. de Paw, el modelo de todo el mundo. 
Pero ¿ no es cosa admirable que el autor de las Investigaciones His- 
tóricas declare a las Americanas tan escasas de leche, que los hom- 
bres tienen que criar a los hijos, mientras el autor de las Investiga- 
dones Filosóficas, atribuye a la complexión húmeda de las Aníeri- 
canas la abundancia exesiva que tienen de aquel licor 1 ¿Y quien no 
echará de ver, al notar estas y otras contradicciones y disparates, pu- 
blicados en Europa de pocos años a esta parte, que los viageros, los 
naturalistas, los historiadores, y los filósofos Europeos, han hecho de 
la America el almacén general de sus fábulas, y de sus delirios, para 
dar mas amenidad a sus obras, con la novedad de las observaciones, 
atribuyendo a todos los Americanos lo que se ha notado en algunos 
individuos, o quizas en ninguno * ? 

Las Americanas, sometidas a la sentencia común de su sexo, no 
paren sin dolor: pero tampoco echan mano del aparato de las damas 
Europeas, por que son menos delicadas, y no temen tanto la molestia, 
ni el sufrimiento. Tevenot dice que las mugeres del Mogol paren con 
suma facilidad, y que en el dia siguiente al del parto, se las ve andar 
por las calles; sin dudar por esto de su fecundidad, ni hallar nada que 
decir en su complexión. 

La cantidad y la cualidad de la leche de las Americanas son bien 
conocidas en Megico a las señoras Europeas, y Criollas, que ordina- 
riamente les confian la crianza de sus hijos, y saben que son sanas, 
robustas^ y diligentes en el desempeño de aquel ministerio. No basta 
decir que se habla de las Americanas antiguas, y no de las mo- 
dernas, como tal vez responde Mr. de Paw a su adversario Pernety ; 
pues ademas de que sus proposiciones contra ellas están en tiempo 
presente, como sabe todo el que ha leido su obra, aquella distinción 
no puede aplicarse á muchos paises de America, y especialmente a 
Megico. Los Megicanos usan generalmente la misma clase do ali- 

* Lo que digo de los escritores Europeos de las cosas de America, no se en- 
tiende con todos, pues entre ellos hai hombres verdaderairiente sabios, y amantes 
de la verdad. 

TOMO II. Y 



323 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

mentó que usaban sus progenitores antes de la conquista. Habrá 
mudado quizas el clima en otras partes por la destrucción de los 
bosques, y de las aguas estancadas : mas en Megico no se ha notado 
la menor alteración. Los que han comparado, como yo lo he hecho, 
las relaciones de los primeros Españoles con el estado presente del pais, 
saben del modo mas positivo, que existen los mismos' lagos, los mismos 
rios, y casi los mismos bosques que en otros tiempos. 

En cuanto a la evacuación periódica de las Americanas, ni yo puedo 
dar cuenta de ella, ni creo que haya muchos que puedan darla. Mr. 
de Paw, que desde Berlin ha visto en America tantas cosas ignoradas 
por los mismos Americanos, habrá encontrado quizas en algún autor 
francés, el modo de saber lo que yo no puedo, ni quiero averiguar. 
Pero suponiendo que esta evacuación sea escasa, e irregular en las 
mugeres de America, como pretende Mr. de Paw, nada se inferiria de 
aquel hecho, en contra de su complexión, porque " la cantidad de 
aquella evacuación depende, como dice muí bien el Conde de Buffon, 
de la cantidad del alimento, y de la transpiración insensible. Las 
mugeres que comen demasiado, y hacen poco egercicio, tienen los 
meses abundantisimos. En los paises calidoíí, en que la transpiración 
es' mas copiosa que en los frios, la evacuación es mas escasa." Luego 
si esta escasez puede provenir de la sobriedad, del calor del clima, y 
del egercicio, ¿ porqué se ha de atribuir a la mala complexión í 
Ademas que yo no sé como ajustar esta escasez de menstruos con 
aquella superabundancia de fluidos, que Mr. de Paw supone en las 
Americanas, como efecto del desconcierto de su constitución física. 

No son mas eficaces las otras pruebas de la debilidad de los Ame- 
ricanos. Dice Mr. de Paw que eran vencidos en la lucha por los 
Europeos ; que no podian llevar un peso mediano, y que se ha calcu- 
lado haber perecido en un año 200,000 Americanos, empleados en el 
transporte de bagages. En cuanto a lo primero, seria necesario que 
la esperiencia de la lucha se hubiese hecho con muchos individuos de 
uno, y otro continente, y que el resultado se hallase apoyado en 
el testimonio de los Americanos, y de los Europeos. Sea como 
fuere, yo no pretendo que aquellos sean mas fuertes que estos. Los 
Americanos pueden serlo menos, sin que esto baste a decir que son 
positivamente débiles, y que en ellos ha degenerado la especie humana. 
Los Suizos son mas fuertes que los Italianos, y no por esto creeremos 
que los Italianos han degenerado, ni acusaremos el clima de aquella 
península. El egemplo de 200,000 hombres, muertos en un año, bajo 
el peso de los bagages, si fuese cierto, no probaria tanto la debilidad 



CONSTITUCIÓN FÍSICA Y MORAL DE LOS MEGICANOS. 328 

■de los Americanos, como la inhumanidad de los Europeos. Como 
perecieron aquellos 200,000 Americanos, hubieran perecido 200,000 
Prusianos, si se les hubiese obligado a hacer un viage de 300, 400, o 
mas millas, con 100 libras de peso en los hombros de cada uno ; si 
hubieran llevado al cuello gruesas argollas, sugetas con cadenas de 
hierro, obligándolos a caminar por montes, y asperezas, cortando la 
cabeza a los que se cansaban, o a los que se les rompían las piernas, 
para que no detubiesen a los otros, y dando a todos un mezquinisimo 
alimento, para sobrellevar tan enorme fatiga. El Señor Las Casas 
de cuyas obras sacó Mr. de Paw el hecho principal de la muerte de 
aquellos 200,000 hombres, refiere también todas las circunstancias que 
acabo de indicar ; con que si lo cree en lo uno, también deberá darle 
fe en lo otro. Pero un filosofo que tanto pondera las cualidades fisicas 
y morales de los Europeos a espensas de los Americanos, debería 
abstenerse de citar unos hechos tan poco favorables a los obgetos de su 
admiración. Es cierto que no pueden inculparse a la Europa, ni a 
ninguna de las naciones que la componen, los exesos en qué incurren 
algunos de sus individuos, especialmente en paises tan remotos de la 
. capital, y contra la voluntad espresa, y las ordenes repetidas de los 
soberanos : pero si los Americanos quisieran servirse de la lógica 
de Mr. de Paw, podrian de muchos de estos antecedentes parti- 
culares, deducir consecuencias universales contra todo el antiguo 
continente, pues aquel escritor forma a cada tres palabras argumentos 
contra todo el Nuevo Mundo, de lo que solo se ha observado en un pue- 
blo, o en un individuo, como puede ver todo el que lea sus obras. 

Concede a los Americanos una gran ligereza, y velocidad en la 
carrera : por que desde la infancia se acostumbran a este egercicio. 
Por la misma razón no deberla negarles la fuerza, pues desde niños se 
acostumbraban, como consta por sus pinturas, a llevar grandes pesos, 
en cuyo egercicio debian emplearse durante toda su vida ; antes bien, 
según los principios de aquel autor, ninguna otra nación debería serles 
superior en esta parte, pues ninguna se egercitaba, como los America- 
nos hacian, en el transporte de grandes pesos, careciendo de bestias de 
carga* de que otras se sirven. Si Mr. de Paw hubiera visto como yo 
los enormes pesos que llevan a hombro los Americanos, no hubiera 
osado echarles en cara su debilidad. 

* Aunque los Peruanos tenian animales de carga, no podían servir para la con- 
ducción de aquellas grandes piedras que se hallan en algunos de sus edificios, 
como en los de Megico : con que no teniendo maquinas para facilitar la operación, 
solo debian emplearse en ella las fuerzas del hombre. « 

y2 



324 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

Nada prueba la robustez y fuerza de aquellos pueblos, como las 
grandes fatigas en que están continuamente empleados. Mr. de Paw 
dice que cuando se descubrió el Nuevo Mundo no se veia mas en su 
terreno que espesisimos bosques ; que en el dia hai algunas tierras 
cultivadas, mas no por los Americanos, si no por los Africanos, y Eu- 
ropeos ; que el terreno cultivado con respecto al inculto está en pro- 
porción de 2,000 a 2,000,000*. Estas tres especies son otros tantos 
errores : pero dejando para otra disertación lo relativo a los trabajos 
de los antiguos Megicanos, y hablando solo de los tiempos modernos, 
no hai duda que desde los de la conquista, los Americanos solos han 
sobrellevado las fatigas de la agricultura, en todos los vastos paises 
de la America Septentrional, y en la mayor parte de los de la Meri- 
dional, conquistados por los Españoles. AUi no se ven Europeos 
empleados en las labores del campo. Los negros, que en el inmenso 
territorio Megicano son poquisimos en comparación de los naturales, 
se emplean en la cultura del tabaco, y de la caña, y en las elabora- 
ciones de la azúcar: pero el terreno destinado al cultivo de estas 
plantas, no está, con respecto a toda la tierra cultivada, ni en la pro- 
porción de 1 a 2,000. Los Americanos ion los verdaderos labra^ 
dores: ellos son los que aran, siembran, escardan, y siegan el 
trigo, el maiz, el arroz, las habas, las habichuelas, y todos los otros 
granos, y legumbres ; ellos los que cultivan el cacao, la vainilla, el 
algodón, el añil, y todas las otras plantas útiles al sustento, al vestido, 
y al comercio de aquellas provincias. Sin su ministerio no se hace 
nada, en términos que el año de 1762 se abandonó en ijiuchas partes 
la cosecha del trigo, de resultas de las enfermedades que atacaron a 
los Indios, y que no les permitieron hacer la siega. Mas aun puedo 
decir algo mas : ellos son los que cortan, y transportan de los bosques 
toda la lefia, y madera que se consume ; ellos los que cortan, trans- 
portan, y elaboran la piedra ; ellos los que hacen la cal, el yeso, y los 
ladrillos. Ellos son los que construyen todos los edificios de aquellos 
pueblos, exepto en los que no habitan ; ellos los que abren, y compo- 
nen los caminos ; los que limpian las ciudades ; los que trabajan en 
las innumerables minas de plata, oro, cobre, y otros metales. Ellos 
son los pastores, los gañanes, los tegedores, los alfahareros, los pana- 
deros, los horneros, los correos, los mozos de cordel ; en una palabra 
ellos son los que llevan todo el peso de los trabajos públicos, como es 
notorio a cuantos han estado en aquellas regiones. Esto hacen los 

* Hubiera sido mejor decir "en la proporción de 1 a 1,000," por que significa 
lo mismo, con números mas simples. 



CONSTITUCIÓN FÍSICA Y MORAL DE LOS MEGICANOS. 325 

débiles, flojos, e inútiles Americanos, mientras el vigoroso Mr. de Paw, 
y otros infatigables Europeos se ocupan en escribir contra ellos amar- 
gas invectivas. 

Estos trabajos, en que se emplean centinuamente los Indios, de- 
muestran su salud, y robustez, pues seria imposible que resistiesen 
a tan arduas fatigas, si fueran de una constitución enfermiza, y si por 
sus venas corriese una sangre corrompida, como pretende Mr. de Paw. 
Para hacer creer viciosa su complexión, alega todo lo verdadero, y 
falso que recogió de los escritores de America, acerca de las enferme- 
dades que reinan en alguiíos paises particulares de aquel vasto conti- 
nente, y sobre todo, acerca del mal venéreo, que cree natural de 
America. De este ultimo punto hablaré largamente en otra diserta- 
ción : por lo que hace a otras dolencias, yo le concedo que en la 
inmensa superficie de America, hai paises en' que los hombres están 
mas espuestos que en otras partes a ciertas enfermedades ocasionadas 
o por la intemperie del aire, o por la mala calidad de los alimentos : 
pero lo cierto es, conforme a la autoridad de muchos graves escritores, 
prácticos en las cosas del Nuevo Mundo¿ que la mayor parte de aque- 
llos paises son sanos, y*que si los Americanos quisieran pagar en la 
misma moneda a Mr. de Paw, y a otros Europeos que escriben como 
él, tendrían una buena colección de materiales para desacreditar el 
clima del antiguo continente, y la complexión de sus habitantes, en las 
muchas enfermedades endémicas que les son propias ; en la elefan- 
tiasis, y la lepra de Egipto, y Siria*; en el verhen del Asia Meri- 
dional ; en^ el dragoncillo, o gusano de Medina ; en el pircal del 
Malabar ; en el Yaws, o mal de Guinea ; en la tiriasis, o dolencia 
pedicular de la pequeña Tartaria; en el escorbuto, o disenteria Boreal 
de los paises del Norte ; en la plica de Polonia ; en las paperas del 
Tirol, y de muchos paises Alpinos ; en la sarna, la raquitis, la viruela f, 

* La elefantiasis, enfermedad endémica de Egipto, y enteramente desconocida 
en America, fue tan común en Europa en el siglo xii, que, según Mateo de Paris, 
escritor exacto de aquel tiempo, habia 19,000 hospitales para los contagiados. 

t La viruela fue llevada al Nuevo Mundo por los Europeos, como saben todos, 
y lia hecho mas estragos alli, que el mal venéreo en Europa. La raquitis no es 
conocida en America, y esta es, en mi entender, la causa de no verse alli tantas 
personas imperfectas como en el continente antiguo. La sarna, o no existe, o es 
tan rara, que habiendo yo estado muchos años en aquellos paises, ni vi, ni tube 
noticia de ningún sarnoso. El vomito prieto, o negro, que también parece enfer- 
medad endémica, es bastante moderno, y solo se padece en algunos puertos de la 
zona tórrida, frecuentados por los Europeos. Los primeros que lo espierimenta- 
ron fueron unos marineros de buques Europeos, que después de los malos ífli- 



026 Historia antigua de megico. 

y sobre todo, en la peste, que tantas veces ha despoblado ciudades, y 
provincias enteras del antiguo continente, y que tantos estragos hace 
annualmente en las regiones Orientales ; terrible azote de que hasta 
ahora se ha preservado el Nuevo Mundo. 

Finalmente es algo difícil combinar la supuesta flaqueza, y viciosa 
constitución de los Americanos, con el largo termino de su vida. De 
aquellos a quienes no anticipan la muerte las grandes fatigas, los 
exesivos trabajos, y las enfermedades epidémicas, hai muchos que 
llegan a 80, 90, y 100 años, y lo mas admirable es no observarse eti 
ellos los estragos que hace comunmente la edad en los cabellos, en los 
dientes, en la piel, y en los músculos del cuerpo humano. Este fenó- 
meno, tan admirado por los Españoles residentes en Megico, puede 
atribuirse a la sanidad de su complexión, a la sobriedad de su régimen, 
y a las exelentes calidades de su clima. Lo mismo refieren de los 
otros paisas del Nuevo Mundo los historiadores, y otras personas que 
han permanecido en ellos muchos años. Mas si acaso hai en aquel 
continente alguna región en que no se prolongue tanto la vida, no se 
hallará una en que se abrevie tanto como en la Guinea, en Sierra 
Leona, en el Cabo de Buena Esperanza, y erf otras partes de África, 
donde la vegez empieza a los 40 años, y donde el que llega a 50 se mira 
como entre nosotros un octogenario. De estos si podría decirse cou ra- 
zón que tienen la sangre corrompida, y desconcertada la constitución *, 

Cualidades mentales de los Megicanos. 
Hasta ahora solo hemos examinado lo que dice Mr. de Paw, acerca 
de las cualidades físicas de los Americanos. Veamos sus despropósi- 
tos acerca de la parte espiritual de aquellos pueblos. En ellos ha en- 

mentos de la navegación, comían en aquellos puertos con exeso las frutas del 
pais, y bebían aguardiente. D. Antonio Ulloa asegura que en Cartagena, uno de 
los puntos mas insalubres de America, no se conoció el vomito antes del año de 
1729, y empezó en la marinería Europea de la escuadra que aportó allí, mandada 
por D, Domingo Justlnlani. 

* Los Otentotes, dice al Conde de Bufifon, viven poco, pues apenas pasan de 40 
años. Drack asegura que unos pueblos que habitan en las fronteras de los desier- 
tos de Etiopia, son tan escasos de víveres, que su principal alimento consiste en 
langostas saladas, lo que produce un terrible efecto, pues cuando se acercan a los 
40 años, se engendran en sus cuerpos unos Insectos volantes, que les acarrean la 
muerte, devorándoles el vientre, el pecho, y aun los huesos algunos veces. Estos 
insectos, como los que afligen a los habitantes de la pequeña Tartaria, según dice 
Mr. de Paw, bastan a los Americanos para contrapesar los gusanos ascárides, que 
dice haber descubierto en no sé qué nación de America. 



CONSTITUCIÓN FÍSICA Y MORAL DE LOS MBGICANOS. 327 

contrado una memoria tan débil que no se acuerdan boi de lo que hi- 
cieron ayer ; un ingenio tan obtuso, que no son capaces de pensar, ni 
de poner en orden sus ideas ; una voluntad tan fría, que no sienten los 
estímulos del amor ; un animo apocado, y un entendimiento indolente, 
y estupido. En fin tales son los colores que emplea en el retrato de 
los Americanos, y de tal modo envilece sus almas, que aunque a veces 
se enfada contra los que pusieron en duda su racionalidad, no dudo 
que si entonces hubiera dicho francamente su opinión, hubiera decla- 
rado ser partidario del mismo sistema. Sé que otros muchos Euro- 
peos, y, lo que es mas estrafio, algunos hijos, y decendientes de íJuro- 
peos, nacidos en la misma America, piensan en esta parte como Mr. de 
Paw, los unos por ignorancia, los otros por falta de reflexión, y otros 
en fin por cierta pasión, o preocupación hereditaria. Pero todo esto, 
y aunque hubiese mucho mas, no bastaría a desmentir mi propia espe- 
riencia, y el testimonio de muchos Europeos, cuya autoridad es de gran 
peso, por ser hombres de juicio, de doctrina, y de esperiencia en aque- 
llos paises, y por que hablan en favor de estrangeros, y en contra de 
sus compatríotas. Son tantos los argumentos, y las razones que po- 
dríamos alegar en favorjde la parte mental de los Americanos, que con 
ellas nos sería fácil componer un grueso volumen : pero dejando aparte 
el mayor número de estas pruebas, por no hacer difusa, y enojosa esta 
disertación, nos limitaremos a algunas pocas autoridades, que valen 
por muchas. 

Juan de Zumarraga, primer obispo de Megico, prelado de gran re- 
putación, y sumamente estimado de los reyes Católicos, por su doc- 
trina, por la pureza de su vida, por su celo pastoral, y por sus fa- 
tigas apostólicas, en su carta escrita el año de 1531 al capitulo gene- 
ral de Franciscanos, reunido en Tolosa, dice, hablando de los Indios : 
" son castos, y bastante ingeniosos, especialmente en la pintura. Sus 
almas son buenas. Dios sea alabado por todo." 

Si Mr. de Paw no aprecia el testimonio de aquel venerabilísimo 
prelado, a quien llama Sumarica y bárbaro, en virtud de la autoridad 
que se arroga de injuriar a los que no están de acuerdo con su desba- 
rajustado sistema de la degeneración, lea lo que dice el famoso Barto- 
lomé de Las Casas, primer obispo de Chiapa, que conocía bien a los 
Indios, como que tanto los trató en muchos paises de America. Asi 
se esplica aquel prelado en uno de los memoriales que presentó a 
Felipe II : " soü (los Americanos) de ingenio vivo, y despejado ; 
bastante dóciles, y capaces de admitir toda buena doctrina ; aptísimos 
a recibirnuestra santa fé, y las costumbres virtuosas, y los que tie- 



328 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

nen menos obstáculos para ello, entre todos los pueblos del mundo." 
Casi los mismos términos emplea en su impugnación de la respuesta 
del Dr. Sepulveda : "Tienen, dice, tan buen entendimiento, tan agudo 
ingenio, tanta docilidad, y capacidad para las ciencias morales y espe- 
culativas, y son generalmente tan racionales en su gobierno político, 
como se echa de ver en muchas de sus justísimas leyes, y han hecho 
tantos progresos en el conocimiento de nuestra santa fe, y religión, 
y en las buenas costumbres, cuando han tenido religiosos, y personas 
de buena vida que los enseñen, y tan adelantados están hoi dia, como 
ha podido estarlo cualquier otra nación, desde los tiempos apostólicos 
hasta los nuestros." Ahora bien, puesto que Mr. de Paw cree todo lo 
que aquel docto, egemplar, e infatigable obispo escribió contra los 
Españoles, aunque no estubo presente a la mayor parte de los sucesos 
que refiere, mucho mas crédito deberá darle en lo que él mismo de- 
pone en favor de los Indios, cobio testigo ocular, y tan practico en el 
conocimiento de aquellas gentes, especialmente siendo necesario menor 
esfuerzo del entendimiento para creer que los Americanos son de buen 
ingenio, y de buena Índole, que para admitir como ciertos aquellos 
horrendos, e inauditos atentados de los conquirtadores. 

!Pero si nuestro investigador recusa la autoridad de Las Casas, como 
de un hombre preocupado, y ambicioso, en lo que seguramente se en- 
gañaría, lea lo que dice Julián Garcés, primer obispo de Tlascala, 
hombre doctísimo, y con razón apreciado, y alabado por su famoso 
maestro Antonio de Nebrija, restaurador de las letras en España. 
Este insigne prelado, en su exelente carta latina al Papa Paulo III, 
escrita en 1536, después de diez años de continua práctica, y de ob- 
servaciones oculares de los Indios, entre las muchas espresíones con 
que celebra su buena Índole, y las prendas de su alma, alaba su inge- 
nio, y en cierto modo lo hace superior al de los Españoles, como 
puede verse en el fragmento de su carta que copio en la nota*. 

* " Nunc vero de horum sigillatim liominum ingenio, quos vidimus ab hiñe 
decennio, quo ego in patria conversatus eorura potui perspicere mores, ac inge- 
nia perscrutari, testificans corana te, Beatissime Pater, qui Christi in terris vica- 
rium agís, quod vidi, quod audivi, et manus nostrae contrectavenint, de his pro- 
genitis ab Ecclesia, per qualecumque ministerium meum in verbo vitae, quod sin- 
gula singulis referendo, id est, paribus paria, rationis optimae compotes sunt, et 
integri sensus ac capitis, sed insuper nostratibus pueri istorum et vigore spiritus 
et sensuum vivacitate, dexteriore in omne agibili, et intelligibili preestantiores re- 
periuntur.'* Esta carta se halla en latin en el primer tomo de los Concilios Me- 
gicanos, publicados en Megico el año de 1769, y en Francés, en la misma Histo- 
ria e America del P. Touron, que Mr. de Paw alega contra los Americanos. 



CONSTITUCIÓN FÍSICA Y MORAL DE LOS MEGICANOS. 329 

¿ Quien habrá que no dé mayor crédito a estos tres venerables obispos, 
que, ademas de su probidad, doctrina, y carácter, tubieron la ventaja 
de un largo trato con los Indios, que a tantos otros escritores, los 
cuales o no vieron a los Americanos, o los vieron sin reflexión, o se 
fiaron mas de lo que convenia en los informes de hombres ignorantes, 
prevenidos, o interesados? 

Pero si finalmente Mr. de Paw reusa el dicho de aquellos tres testi- 
gos, por grande que sea su autoridad, fundado en que eran religiosos, 
de quienes cree inseparable la imbecilidad mental, no podra resistir al 
juicio del famoso obispo Palafox, cuya obra sobre las Virtudes del In- 
dio ha sido muchas veces impresa, y a quien el mismo escritor, aunque 
Prusiano, y filosofo, llama venerable siervo de Dios, Si da tanta fe 
a este venerable siervo de Dios, en lo que escribe contra los Jesuitas, 
cuando hablaba en su propia causa, ¿ por qué no ha de dar asenso a 
lo que dice en favor de los Americanos ? Lea pues la obra escrita por 
aquel prelado, con el solo obgeto de demostrar las buenas prendas que 
adornan al Indio. 

A pesar del odio implacable que Mr. de Paw profesa a los eclesiás- 
ticos 5e la comunión Rctaana, y sobre todo a los Jesuitas, alaba con 
justa razón la Historia Natural, y Moral del P. Acosta, llamándola 
obra exelente. Este juicioso, imparcial, y doctísimo Español, que 
vio, y observó por si mismo a los Americanos, tanto en el Perú como 
en Megico, emplea todo el libro vi, de aquella exelente obra en probar 
la sana razón de aquellas gentes, alegando por pruebas su gobierno 
' antiguo, sus leyes, sus historias en pinturas, y cordones, su calenda- 
rio, &c. Basta para informarse de su opinión en esta materia, leer el 
primer capitulo del citado libro. Ruego tanto a Mr. de Paw, como a 
mis lectores que lo lean atentamente, porque hai cosas dignas de sa- 
berse. Alli encontrará nuestro filosofo el origen de los errores en que 
él, y otros muchos Europeos han caido, y notará la gran diferencia que 
hai entre ver las cosas con ojos oscurecidos por la pasión, y examinar- 
las con imparcialidad, y juicio. Mr. de Paw llama a los Americanos 
bestias ; Acosta llama locos, y presuntuosos a los que abrigan aquella 
opinión. Mr. de Paw dice que el mas diestro de los Americanos era 
inferior en industria y sagacidad al habitante mas limitado del antiguo 
continente ; Acosta encomia el gobierno politice de los Megicanos, y 
lo cree mejor que el de muchos estados de Europa. Mr. de Paw no 
halla en la conducta moral, y politica de • los Americanos si no barba- 
rie, estra vagancia, y brutalidad ; Acosta encuentra en aquellas na- 



880 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

Clones, leyes admirables, y dignas de ser imitadas por los pueblos Cris- 
tianos. ¿ Cual de estos dos testimonios tan opuestos debemos preferir ? 
Decídalo la imparcialidad de los lectores. 

Yo entretanto no puedo menos de copiar aqui un pasage de las 
Investigaciones Filosóficas, en que el autor se muestra no menos mal- 
diciente que enemigo de la verdad. " Al principio, dice, no se creyó 
que los Americanos eran hombres, si no sátiros, o monos grandes, que 
era licito matar sin escrúpulo, ni remordimiento. Al fin, para que no 
faltase la ridiculez a todas las calamidades del tiempo, hubo un papa 
que promulgó cierta donosa bula, en que declaró que, deseando fundar 
obispados en los paises mas ricos de America, era de su agrado, y 
del Espíritu Santo reconocer por hombres a los Americanos : de modo 
que, sin esta decisión de un Italiano, los habitantes del Nuevo Mundo 
serian hoi, a los ojos de los fieles, una raza de hombres equívocos. 
No hai egemplo de una decisión semejante desde que los monos, y 
los hombres habitan el globo terráqueo." ¡ Ojala no hubiese en el 
mundo otro egemplo de semejantes calumnias, e insolencias como las 
que emplea Mr. de Paw ! Mas afín de dejar mas a descubierto su ma- 
lignidad, daremos una copia de aquella detision papal, después de 
haber espuesto su motivo. 

Algunos de los primeros Europeos que se establecieron en America, 
no menos poderosos que avaros, queriendo aumentar sus riquezas a 
espensas de los Indios, los tenian continuamente ocupados, y se 
servían de ellos como de esclavos ; y para evitar las amonestaciones 
que les hacian los obispos, y los misioneros, afin de que los tratasen 
humanamente, y les dejasen algún tiempo libre, a lo menos, para 
instruirse, y para desempeñar sus obligaciones Cristianas, y domes- 
ticas, aquellos hombres codiciosos e injustos propagaban que los 
Indios estaban destinados por la naturaleza a la esclavitud, que eran 
incapaces de instrucción, y otros semejantes despropósitos de que hace 
mención el Cronista Herrera. No pudiendo aquellos celosos ecle- 
siásticos, ni con su autoridad, ni con sus exortaciones, sustraer los 
pobres neófitos al yugo de sus opresores, acudieron a los reyes Cató- 
licos, y finalmente obtubieron de su equidad, y clemencia aquellas 
leyes tan favorables a los Indios, y tan honrosas a la corte de España, 
que se leen en la Nueva Recopilación de las leyes de Indias, las 
cuales se debieron principalmente al celo infatigable del obispo Las 
Casas. Por otra parte, D. Julián Garcés, primer obispo de Tlascala, 
sabiendo que los Españoles, apesar de su perversidad, miraban con 



CONSTITUCIÓN FÍSICA Y MORAL DE LOS MEGICANOS. 331 

gran respeto las decisiones del vicario de J. C, recurrió el año de 
1536 al papa Paulo III, con la famosa carta, que he mencionado, 
representándole los males que de aquellos malos Cristianos sufrían 
los Indios, y rogándole que interpusiese su autoridad. Movido el 
pontífice por tan poderosas razones, espidió el año siguiente aquella 
donosa bula, cuya copia doi en la nota*; la cual no tiene por obgeto 
declarar que los Americanos son realmente hombres, pues esto seria 
una insensatez agena de aquel, y de cualquier otro sumo pontífice : si 
no sostener los derechos naturales de los Americanos, contra las 
tentativas de sus perseguidores, y condenar la injusticia, y la inhuma- 
nidad de aquellos que, bajo pretesto de ser los Indios idolatras, e in- 
capaces de instrucción, les quitaban los bienes, y la libertad, y los 
empleaban a guisa de animales. Los Españoles en verdad hubieran 
sido mas estupidos que los mas incultos salvages del Nuevo Mundo, 
si, para reconocer por hombres a los Americanos, hubieran necesitado 
aguardar la decisión de Roma. Mucho antes que el papa espidiese 

* " Paulus Papa III universis Christi Fidelibus preesentes Litteras inspecturis 
Salutem et Apostolicam benedictionem. Veritas ipsa, quse nec falli, nec fallere 
potest, cum prsedicatores fidei, ad officium praedicationis destinaret, dixisse 
dignoscitur : Euntes docete omnes gentes -. omnes dixit, absque omni delectu, 
cum omnes fidei disciplinee capaces existant. Quod videns et invidens ipsius 
humani generis aemulus, qui bonis operibus, ut pereant, semper adversatur, 
modum excogitavit hactenus inauditum, quo impediret ne Verbum Dei gentibus, 
ut salvse fierent, praedicaretur ; ac quosdam suos satellites conmovit, qui suam 
cupiditatem adimplere cupientes. Occidentales, et Meridionales Indos, et alias 
gentes, quae $emporibus' istis at nostram notitiam pervenerunt, sub prsetextu 
quod Fidei Catholicse expertes existant, uti bruta animalia, ad nostra obsequia 
redigendos esse, passim asserere prsesumant, et eos in servitutem redigunti 
tantis aíBictionibus illos urgentes, quantis vix bruta animalia illis servientia 
urgeant. Nos igitur, qui ejusdem Domini nostri vices, licet indigni, gerimus in 
terris, et oves gregis sui nobis commissas, quse extra ejus ovile sunt, ad ipsum 
ovile toto nixu exquirimus, attendentes Indos ipsos, utpote veros homines, non 
solum Christianae Fidei capaces existere, sed, ut nobis innotuit, ad Fidem ipsam 
promptissime currere, ac volentes super his congruia remediis providere, prse- 
dictos Indos, et omnes alias gentes ad notitiam Christianorum in posterum 
deventuras, licet extra Fidem Christi existant, sua libértate et dominio hujus- 
modi uti, et potiri, et gaudere libere et licite posse, nec in servitutem redigi 
deberé, ac quidquid secus fieri contigerit irritum et inane, ipsosque Indos, et 
alias gentes Verbi Dei praedicatione, et exemplo bouae vitae, ad dictara Fidem 
Christi in vitandos fore, Auctoritate Apostólica per praesentes litteras decernimus, 
et declaramus, non obstantibus praemissis, caeterisque contrariis quibuscumque. 
Datum Romae anno 1537, iv. Non. Jun. Pontificatus nostri anno m." Esta, y 
no otra es la famosa bula, que tanto ruido ha hecho. 



332 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

aquella bula, los reyes Católicos habían recomendado eficazmente la 
instrucción de los Americanos, dando las ordenes mas urgentes para 
que fuesen bien tratados; y no se les hiciese el menor perjuicio en sus 
bienes, ni en su libertad. Asi lo acredita Herrera en sus Decadas, y 
lo demuestran las leyes de la Recopilación. Enviáronse al Nuevo 
Mundo muchos obispos, y algunos centenares de misioneros, a es- 
pensas del real erario, para que predicasen a aquellos sátiros, y 
grandes monos las verdades del Evangelio, y los adoctrinasen en la 
vida Cristiana. En 1531, seis años antes de la promulgación de la 
bula, solo los misioneros Franciscanos habian bautizado mas de un 
millón de Indios, como asegura Zumarraga, y en 1534 se habia fun- 
dado en Tlatelolco el seminario de Santa Cruz, para la instrucción de 
los jóvenes del pais, los cuales aprendían alli la lengua Latina, la 
Retorica, la Filosofía, y la Medicina. Si desde el principio se creyó 
que los Americanos eran sátiros, nadie podia decirlo mejor que 
Cristoval Colon su descubridor. Véase pues como habla aquel 
célebre navegante, en su relación a los reyes Católicos Fernando e 
Isabel, de los primeros sátiros que vio en la isla de Haiti, o Española. 
" Juro, dice, a V V. AA. que no hai en el toundo mejor gente que 
esta, ni tan amorosa, afable, y mansa. Aman a sus progimos como a 
si mismos : su idioma es el mas suave^ el mas dulce, el mas alegre, 
pues siempre hablan sonriendo, y aunque van desnudos, créanme 
W. AA. que tienen costumbres loables, y que su rei es servido con 
gran magestad, el cual tiene modales tan amables, qvie da gusto verlo, 
asi como el considerar la gran retentiva de aquel pueblo, y el.deseo de 
saber todo, lo que los impulsa a preguntar las causas, y los efectos 
de las cosas." ¡ Cuanto mejor seria que el mundo estubiera habitado 
por sátiros de esta especie que por hombres embusteros y calumnia- 
dores! Por lo demás, puesto que Mr. de Pavr empleó diez años 
continuos en indagar las cosas de America debería saber que en los 
paises del Nuevo Mundo conquistados por los Españoles, no se han 
fundado otros obispados que los que han querido los reyes Católicos. 
A ellos tocan el patronato que egercen en las iglesias Americanas, y 
el derecho, reconocido el año de 1508, por el papa Julio II, de fundar 
obispados, y de presentar los obispos. Luego el afirmar que Paulo III 
quiso reconocer por hombres a los Americanos, para fundar obispados 
en los paises mas ricos del Nuevo Mundo, es una temeraria calumnia 
de un enemigo de la iglesia Romana, el cual, a no tener la mente tan 
obcecada por el odio, debería mas bien alabar el celo, y la humanidad 
que respira toda aquella bula. 



CONSTITUCIÓN FÍSICA Y MORAL DE LOS MEGICANOS. 338 

El Dr. Robertson, que en parte adopta las estravagantes opiniones 
del Investigador, habla asi de los Americanos en el libro viii de su 
Historia de America : " Algunos misioneros, atónitos al ver la len- 
titud de su compí-eension, y su insensibilidad, creyeron que eran una 
raza de hombres tan degenerada, que eran incapaces de entender los 
primeros rudimentos de la religión." Pero quienes sean estos misio- 
neros, y de cuanto peso su opinión, nadie podra saberlo mejor que el 
obispo Garcés, el cual lo esplica en la citada carta al papa Paulo III. 
Léase el pasage de ella que copio*, y se vera que las causas de aquel 
error han sido la ignorancia, y la desidia de algunos misioneros, y yo 
añado las falsas ideas que se han inspirado a los Indios en su primera 
edad. Casi lo mismo que Garcés, dicen Las Casas, Acosta, y otros 
graves escritores. 

" Un concilio celebrado en Lima, continúa el Dr. Robertson, de- 
cretó que en virtud de esta su natural imbecilidad, fuesen escluidos del 
sacramento de la Eucaristía, y aunque Paulo III en su bula de 1537 
los declarase criaturas racionales, y capaces de todos los privilegios 
de Cristianos, sus progresos han sido tan lentos en el curso de dos 
siglos, que pocos posee.) bastante dicemimiento espiritual para que se 
les crea dignos de acercarse a la sagrada mesa. Después de la mas 
asidua instrucción, su fe ha parecido débil, y dudosa, y aunque algu- 
nos han llegado a conocer las lenguas sabias, y han recorrido con 
aplauso la educación académica, tan sospechosa es la solidez de su 

* " Quis tan impudenti animo ac perfricata fronte incapaces fidei asserere 
audet, quos» mechanicarum artium capacissimos intuemur, ac quos etiam ad 
ministerium nostrum redactos, bonse indolis, fideles, et solertes experimur ? Et 
si quando, Beatissime Pater, Tua Sanctitas .aliquem religiosum virum in hanc 
declinare sententiam audierit, etsi eximia integritate vitae, vel dignitate fulgere 
videatur, is, non ideo quicquam illi hac in re preestet auctoritatis,^ed eumdem 
parum aut nihil insudasse in illorum conversione certo certius arbitretur, ac in 
eorum addiscenda lingna, aut investigandis ingeniis parum studuisse perpendat ; 
ndm qui in his caritate christiana laborarunt, non frustra in eos jactare retia 
caritatis aíBrmant : illi vero qui solitudini dediti, aut ignavia prsepediti nerainem 
ad Christi cultura sua industria reduxerunt ne inculpar! possint quod inútiles 
fuerint, quod propriae negligentiae vitium est, id infidellum imbecillitati ads- 
cribunt, veramque suam desidiara falsee 'incapacitatis impositione defendunt, 
ac non minorem culpara in excusatione commitunt, quam erat illa, a qua liberari 
conantur. Líedit namque summe istud hominum genus talia'asserentiura, hanc 
Indorum miserriraam turbara: nam aliquos religiosos viros retrahunt, ne ad 
eosdem in fide instruendos proficiscantur, quaraobrem nonnuUi Hispanorura qui 
ad illos debellandos accedunt, horum freti judicio, illos negligere, perderé, ac 
mactare opinan solent non esse flagitium." 



934 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

juicio, que a ninguno de ellos se confiere el orden del sacerdocio, y 
ninguno es admitido fácilmente en las casas religiosas." He aqui en 
pocas palabras cuatro errores a lo menos. 1. Que un concilio de 
Lima haya escluido a los Indios del Sacramento de la Eucaristía, por 
cansa de su imbecilidad. 2. Que Paulo III declaró a los Indios 
criaturas racionales. 3. Que pocos son los que poseen bastante dicer- 
nimiento espiritual para que se les juzgue dignos de acercarse a la sa- 
grada mesa. 4. Que a ningún Indio se confiere el orden sacerdotal. 
En cuanto a lo 1, es cierto que en una congregación de eclesiás- 
ticos reunida en Lima el año de 1552, la cual se llamó primer concilio 
de Lima, aunque no fue concilio, ni tubo fuerza de tal, se mandó que 
no se administrase el Sacramento de la Eucaristía a los Indios, hasta 
que se hallasen perfectamente instruidos, y convencidos de las ver- 
dades de la fé Cristiana; pues aquel Pan Divino es alimento de 
perfectos, no ya porque se creyesen idiotas aquellas gentes. Asi 
consta por el testimonio del primer concilio provincial, vulgarmente 
llamado ii, celebrado en Lima el año de 1567, el cual mandó a los 
párrocos que administrasen la Eucaristía a todos los Indios que halla- 
sen bien dispuestos*. Y no bastando aqueéla disposición para que 
algunos eclesiásticos la obedeciesen, de lo que se quejaba con razón 
el P. Acosta, el segundo concilio de Lima del año de 1583, presidido 
por Santo Toribío de Mogrobejo, procuró remediar el daño, con otros 
decretos que copio f, en los cuales se ve, que por los mismos motivos 

* " Quamquam omues Christiani adulti utriusque sexus teneantur Sanctissimuin 
Eucharistiae Sacramentum accipere singulis annis saltem in Par;hate, hujus 
tamen provinciae antistites, cum animadverterent gentem hanc Indorum et recen- 
tem esse, et infantilem in fide, atque id illorum salute expediré judicarent, sta- 
tuerunt ut usque dum fidern perfecte tenerent, hoc divino Sacramento, quod est 
perfectorum cibus, non communicarentur, excepto si quis ei percipiendo satis 
idoneus videretur. Placuit huic Sanctse Synodo monere, prout serio monet, 
omnes Indorum Parochos, ut quos audita jam confessione perspexerint, huuc 
coelestem cibum a reliquo corporali discernere, atque eumdem devote cupere et 
poseeré, quoniam sine causa nerainem divino alimento privare possunius, quo 
tempere caeteris Christianis solent. Indis ómnibus administrent." Conc. Lim. i, 
vulgo ii, cap. 58. 

t " Coeleste viaticum, quod uuili ex hac vita migranti negat Mater Ecclesia, 
multis abhinc annis. Indis atque ^thiopibus, cseterisque personis miserabilibus 
prseberi deberé, Concilium Límense constituit. Sed tamen Sacerdotum plurium 
vel negligentia, vel zelo quodam prsepostero, atque intempestivo illis nihilo magis 
hodie praebetur. Quo fit ut imbecilles animas tanto bono, tamque necessario 
priventur. Volens igitur SanctaSynodus ad executionem perducere, quíe Christo 
duce, ad salutem Indorum ordinata sunt, severe prsecipit, ómnibus Parochis, ut 



CONSTITUCIÓN FÍSICA Y MORAL DE LOS MEGICANOS. 335 

se negaba también la Eucaristía a los negros traídos de África ; que 
las verdaderas causas de negarla eran, a juicio del concilio, la negli- 
gencia o desidia, o el celo indiscreto, y mal entendido de los párrocos, 
y que el concilio se creyó obligado a remediar tan grave desorden, con 
nuevos decretos, y con severos castigos. No ignoro que estas respe- 
tables providencias fueron también desobedecidas, y que fue preciso 
inculcarlas de nuevo en los sinodos diocesanos de Lima, de La Plata, 
de la Paz, de Arequipa, y del Paraguai : pero todo esto prueba mas 
la obstinación de algunos párrocos que la incapacidad de los Indios. 

Por lo que hace a la bula de Paulo III, ya he demostrado que no 
tubo por obgeto declarar hombres a los Americanos, de que solo po- 
drían dudar las bestias, si fueran capaces de duda ; si no, supuesta su 
racionalidad, condenar la injusticia de sus opresores. 

En cuanto al tercer error de Robertson, dejando aparte los otros 
paises de America, porque no hacen al caso, es cierto, y notorio que 
en todas las provincias de Megico, los Indios están tan obligados 
como los Españoles a recibir la Eucaristía por Pascua, exepto los 
neófitos de los paises remotos, los cuales son admitidos o no a la parti- 
cipación del Sacramento.! según el juicio de los misioneros. " En las 
tres audiencias en que está dividido el territorio de Megico, dice 
Robertson, hai en la actualidad a lo menos dos millones de Indios." 
Estoi seguro que este número es inferior a la verdad : pero conven- 
gamos por un momento en su exactitud. Luego no son poquísimos 
los Indios que poseen bastante dicernimiento espiritual para que se 
les juzgue dignos de ser admitidos a la sagrada mesa, a menos que 
Robertson crea que dos millones de hombres son poquísimos hombres, 
o que atribuya a los obispos, y párrocos la temeridad no solo de ad- 
mitir, si no de obligar a participar del sacramento, a los Indios que no 
están dignamente preparados. ¡ Cuanta mayor fuerza no tiene este 
argumento si se añaden a aquel numero los Indios de las provincias 
Meridionales que están sometidos a la misma obligación ! 

extreme laborantibus Indis atque ^thiopibus, viaticum administrare non prae- 
termittant, dummodo in eis debitam dispositiojpem agnoscant, nempe fidem in 
Christum, et poenitentiam in Deum suo modo . . . Porro Parochos qui a prima 
hujus decreti promulgatione negligentes fuerint, noverint se, praeter divinse 
ultionis judicium, etiam poenas arbitrio ordinariorum, in quo conscientiae one- 
rantur, dataros : atque in visitationibus in illos de hujus statuti observatione 
specialiter inquirendum." Cono. Lim. ii, vulgo iii, act ii, cap. 19. " In Paschate 
saltem Eucharistiam ministrare Parochus non praetermittat iis, quos et satis ins- 
tructos et correctione vitae idóneos judicaverit : ne et ipse alioqui ecclesiastici 
praecepti violati reus sit." Ib. cap. 20. 



CiSb HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

No es menos estraño el otro error sobre que ningún Indio recibe 
el orden sacerdotal. ¡ Es posible que en este, y otros puntos se 
muestre tan mal informado un escritor que reunió tan vasta libreria 
de escritores de America, y que recibió de Madrid tantas noticias 
sobre el Nuevo Mundo ! Sepa el Dr. Robertson que aunque el pri- 
mer concilio provincial celebrado en Megico el año de 1555 prohibiese 
que se ordenasen los Indios, no ya por su incapacidad, si no por que 
se creia que del envilecimiento de su condición redundase alguna 
infamia al estado eclesiástico, el tercer concilio provincial de 1585, 
que fue el mas célebre de todos, y cuyas disposiciones están en vigor, 
permitió que se les confiriese el orden sacerdotal, con las precauciones 
debidas. Pero conviene saber que los decretos de uno y otro con- 
cilio comprenden igualmente, y bajo los mismos términos, a los Indios, 
y a los Mulatos, esto es, los hijos o decendientes de sangre Europea, 
y Africana, y sin embargo nadie duda del gran talento, y de la capa- 
cidad de los Mulatos para toda clase de ciencias. Torquemada, que 
escribió su Historia en los primeros años del siglo XVII, dice que no 
era común admitir Indios a las ordenes religiosas, ni al sacerdocio, 
por su violenta inclinación a la embriaguezif pero al mismo tiempo 
asegura que en su tiempo habia sacerdotes Indios, sobrios, y egem- 
plares : asi que hace a lo menos 170 años que empezaron a recibir el 
sacerdocio. Desde entonces ha habido tantos sacerdotes Americanos 
en Megico, que podrían contarse por millares ; entre ellos algunos 
centenares de párrocos, muchos canónigos, y doctores*, y, según con- 
geturas, un obispos doctisimof . Actualmente hai un gran numero de 
sacerdotes, no pocos párrocos, y entre ellos tres o cuatro dicipulos 
mios. Si en hechos tan positivos erró tan groseramente el historiador 

* Entre estos doctores es digno de particular mención D. Sebastian Grijalva, 
uatural de Ocozoquaulitla, pueblo grande de la diócesis de Chiapa. Habiendo 
venido a España, recibió el grado de Doctor en Teologia, en la universidad de 
Salamanca, donde adquirió una gran reputación por su saber. Regresado a 
America, fue nombrado Párroco de su pais, y alli hizo tan sabios reglamentos 
para la conducta civil, y Cristiana de sus compatriotas, que su Parroquia hubiera 
debido ser el modelo de todas las de America. Hasta nuestros dias se han con- 
servado alli los efectos de sus prudentes disposiciones. Escribió una docta 
obra teológica sobre la Inmaculada Concepción de la Virgen, cuyo original se 
hallaba en la libreria del colegio de Jesuítas de Ciudad Real, Capital de aquella 
Diócesis. 

t D. Juan de Merlo, Obispo de Honduras, y antes vicario general del Obispo 
Palafox. No he podido hallar ningún autor que hable de su patria, pero en 
la opinión general pasa por Indio. 



CONSTITUCIÓN FÍSICA Y MORAL DE LOS MEGICANOS.^ 337 

Ingles ¡ qué sera en aquellos puntos que no pudo averiguar tan fácil- 
mente, escribiendo desde tan lejos, y de paises que nunca vio ! 

Yo al contrario traté intimamente a los Americanos ; vivi algunos 
años en un seminario destinado a su educación ; vi la erección, y los 
progresos del colegio de Guadalupe, fundado en Megico por un 
Jesuíta Megicano, para la instrucción de las jóvenes Indias; tube 
muchos Indios entre mis dicipulos ; traté con muchos párrocos Ame- 
ricanos, con muchos nobles, y con un grandísimo numero de artesa- 
nos ; observé atentamente su carácter, su genio, sus inclinaciones, y 
su modo de pensar; he examinado con suma diligencia su historia 
antigua, su religión, su gobierno, sus leyes, y sus costumbres. Des- 
pués de tan gran practica, y de tan prolijo estudio, por lo que me 
creo en estado de poder decidir sin mucho peligro de engañarme, 
aseguro a Mr. de Paw, y a toda Europa que las almas de los Ameri- 
canos no son en nada inferiores a las de los Europeos: que son capaces 
de todas las ciencias, aun de las mas abstractas, y que si seriamente se 
cuidase de su educación ; si desde niños se instruyesen en seminarios, 
bajo la dirección de buenys maestros, y si fuesen protegidos, y esti- 
mulados con premios, se verían entre ellos filósofos, matemáticos, y 
teólogos que podrian rivalizar con los mas famosos de Europa. Pero 
es harto difícil, por no decir imposible hacer grandes progresos en las 
ciencias, enmedio de una vida miserable, y servil, y bajo el peso de 
continuos males. Quien contemple el estado presente de la Grecia, 
dudaría que aquel pais haya sido la cuna de tantos hombres grandes, 
si no constastí>por sus inmortales obras, y por el consentimiento gene- 
ral de los siglos. Y sin embargo los obstáculos que los Griegos mo- 
dernos tienen que vencer para llegar a las fuentes de la ciencia, no 
son comparables con los que siempre se han opuesto a la ilustración 
de los Americanos. Apesar de todo, yo quisiera que Mr. de Paw, y 
todos los que piensan como él, se hallasen presentes, sin ser vistos, 
a los consejos, y reuniones que celebran en ciertos dias para tratar de 
sus negocios, los Indios que egercen mas autoridad e influjo en sus 
pueblos, y oyesen como arengan, y discurren aquellos sátiros del 
Nuevo Mundo. 

Finalmente toda la historia antigua de los Megicanos, y de los 
Peruanos manifiesta que saben pensar, y ordenar sus ideas ; que son 
suceptibles de las pasiones de la humanidad ; y que la única ventaja 
que les llevan los Europeos, es la de haber recibido mayor dosis de 
instrucción. El gobierno politice de los antiguos Americanos, sus 
leyes, y sus artes demuestran evidentemente su buen ingenio. Sus 

TOMO II. L 

< 



ÍÜW HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

guerras hacen ver que sus almas no son insensibles a los estímulos del 
amor, como piensan el Conde de Bufifon, y Mr. de Paw, pues hubo 
ocasiones en que el amor les puso las armas en la mano. 

He hablado de su valor, esponiendo sinceramente, cuando traté de 
su carácter en general, lo que he observado en los Americanos 
actuales, y mi opinión sobre los antiguos. Pero pues Mr. de Paw 
alega la conquista de Megico, como una prueba convincente de su 
cobardia, conviene ilustrar su ignorancia, o hacer patente su mala fe. 

** Cortés, dice, conquistó el imperio de los Megicanos con 460 
vagabundos, mal-armados, y con 15 caballos ; su miserable artillería 
constaba de 6 falconetes, que hoi no serian capaces de amedrentar 
a un castillejo defendido por inválidos. Durante su ausencia se man- 
tubo dueño de la capital con la mitad de aquella fuerza. ¡ Qué hom- 
bres ! ¡ Qué sucesos ! " 

" Es constante, dice en otra parte, por la deposición de todos los 
historiadores, que los Españoles entraron por primera vez en la capi- 
tal de Megico sin disparar una vez la artillería. Si el titulo de héroe 
conviene al que tiene la desgracia de da% muerte a un gran numero 
de animales racionales, Hernán Cortés puede aspirar a conseguirlo : 
por lo demás no creo que haya adquirido verdadera gloria, trastor- 
nando una monarquía vacilante, que del mismo modo hubiera podido 
trastornar cualquier bandido de nuestro continente." Estos pasages 
de las Investigaciones filosóficas demuestran que su autor ignoraba 
la historia de la conquista de Megico, o, lo que es mas verosímil, que 
calló maliciosamente lo que se oponia a su sistema:* pues todos los 
que la han leido saben que la conquista de Megico no se hizo con 
450 hombres, si no con mas de 200,000. El mismo Cortés, a quien 
mas que a Mr. de Paw convenia disminuir el número de los conquis- 
tadores para dar mas realce a su valor, y mas gloria a su empresa, 
declara que era exesivo el numero de aliados que estaban a sus 
ordenes en el asedio de la capital, y que combatían contra los Megi- 
canos mas furiosamente que los mismos Españoles. Consta por la 
relación de Hernán Cortés enviada a Carlos V, que el asedio de Me- 
gico empezó con 87 caballos, 848 peones Españoles, armados de 
mosquetes, ballestas, espadas, y lanzas, y mas de 75,000 aliados 
Tlascaleses, Huejotzinques, Choluleses, y Chalqueses, y provistos de 
diferentes especies de armas ; con tres grande cañones de hierro, 15 
pequeños de bronce, y 13 bergantines. Durante el sitio se agregaron 
a los Españoles las numerosas naciones de Otomites, Cohuijques, y 
Matlazinques, y las tropas de las populosas ciudades de los lagos ; de 



CONSTITUCIÓN FÍSICA Y MORAL DE LOS MEGICANOS. 339 

modo que el egercito de los aliados no solo pasó de 200,000 hombres, 
sino que llegó a 240,000 hombres, según parece por la misma carta 
del general, sin contar 3,000 barcas o canoas que acudieron a su 
ayuda. Ahora pregunto yo a M. de Paw si le parece cobardia haber 
sostenido por 75 dias el asedio de una ciudad abierta, combatiendo 
diariamente con un egercito tan numeroso, y en parte provisto de 
armas superiores, y luchando sobre todo al mismo tiempo con la sed, 
y con el hambre ? ¿ Merecen el nombre de cobardes los que, después 
de haber perdido siete de las ocho partes de la ciudad, y 150,000 
conciudadanos, parte en acciones de guerra, parte esterminados por 
las privaciones, y por las enfermedades, continuaron defendiéndose hasta 
verse furiosamente atacados, y oprimidos por el número, en el único 
rincón que les quedaba? Pues todo esto consta por las cartas del 
mismo caudillo de las tropas del sitio. 

" Lo cierto es, dice Mr. de Paw, y en ello convienen todos los his- 
toriadores, que los Españoles entraron la primera vez en Megico, sin 
disparar una sola vez su artillería." ¡ Qué argumento tan solido, y 
cuan digno de la lógica del investigador ! Si los Megicanos fueron 
cobardes por que los Españoles entraron la primera vez en su capital 
sin disparar su artillería, podremos también decir que son cobardes 
los Prusianos, por que los embajadores de muchas cortes de Europa 
entran en Berlin, sin disparar siquiera una pistola. ¿ Quien ignora 
que los Españoles fueron entonces admitidos como embajadores del 
gran monarca de Levanté*? Véase lo que dicen los historiadores, y el 
mismo Coríés, que en aquella ocasión se fingió embajador del rei 
Católico. Si los Megicanos hubieran querido entonces oponerse a 
su entrada, como se opusieron la segunda vez ¿ cuando hubieran po- 
dido entrar con 6,000 hombres, habiéndoles sido tan difícil después 
hacerlo con 200,000*? 

Mr. de Paw censura a Cortés, y yo ni quiero hacer la apologia 
de este conquistador, ni puedo sufrir el panegirice que en lugar de 
historia escribió Solis: pero todo hombre instruido en la de sus 

* " No es menos cierto, dice Acosta, que en la Nueva España, el ausilio de 
los Tlascaleses fue el que dio a Cortés, y los suyos la victoria, y la conquista 
de Megico, y sin ellos hubiera sido imposible no ya apoderarse de la ciudad, 
si no mantenerse mas tiempo en ella. Los que hacen' poco caso de los Indios, 
y se persuaden que los Españoles podían conquistar solos aquellos paises, gracias 
a las ventajas de sus personas, de sus caballos, y de sus armas, se engañan nota- 
blemente." 

I 2 



340 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

acciones militares, deberá confesar que en la constancia, en el valor, 
y en la prudencia n ilitar, rivaliza con los generales mas famosos de 
los tiempos antiguos, y modernos, y que tubo aquella especie de 
beroismo que reconocemos en Alejandro, y en Cesar, a cuya mag- 
nanimidad se tributan los elogios que merece, sin embargo de los 
vicios que la oscurecieron. 

Las causas de la rapidez con que los Españoles se apoderaron de 
America, han sido en parte indicadas por Mr. de Paw. " Confieso, 
dice, que la artillería era un instrumento destructor, y poderosísimo, 
al cual debian ceder al cabo los Americanos." Si a la artillería se 
añaden las otras armas superiores, los caballos, y la mejor diciplina 
militar de los conquistadores ; si se agrega, sobre todo, la discordia 
que dividía a los conquistados, se vera que no ha¡ motivo para censurar 
la cobardía de aquellos pueblos, ni para maravillarse del violento 
trastorno que sufrió el Nuevo Mundo. Imagínese Mr. de Paw que 
en los tiempos de las estrepitosas y crueles facciones de Sila, y de 
Mario, hubiesen los Atenienses inventado la artillería, y las otras 
armas de fuego, y que 6,000 hombres, reunidos, no a todo el egercito 
de Mario, si no a una pequeña parte de sus tropas, hubiesen empren- 
dido la conquista de Italia. ¿ Cree que no la hubieran logrado a des- 
pecho del poder de Sila, del valor, y de la disciplina de las legiones 
Romanas, del numero de estas, y de su caballería, de la multitud de 
sus armas, y de sus maquinas, y de las fortificaciones de las ciudades ? 
¡ Cuanto terror no hubieran inspirado en los ánimos de los mas intrépidos 
centuriones el horrendo estrepito de la artillería, la violeifjcia destruc- 
tora de las balas, a cuyo irresistible impulso hubieran visto desaparecer 
filas enteras ! ¡ Y qué no habrá sido en las naciones del Nuevo 
Mundo, que no tenían ni las armas, ni la caballería, ni la disciplina, 
ni las maquinas, ni las fortificaciones de los Romanos! Por el con- 
trarío, lo que es realmente digno de admiración es que los valientes 
Españoles, con toda su disciplina, con su artillería, con sus armas de 
fuego, no hayan podido en mas de dos siglos subyugar en la America 
Meridional los guerreros Araucanos, armados solo de lanzas, y de 
mazas ; en la America Septentrional, los Apaches, que solo tienen 
arcos, y flechas, y sobre todo, lo que parece increíble, y es sin em- 
bargo cierto, que 500 hombres de la nación de los Seris, hayan sido 
por muchos años el azote de los Españoles de Sonora, y Cinaloa. 

Finalmente omitiendo otros muchos despropósitos de Mr. de Paw 
contra los Americanos, no puedo disimular la atroz injuria que les 



CONSTITUCIÓN FÍSICA Y MORAL DE LOS MEGICANOS. 341 

hace, hablando de sus costumbres. Cuatro son los principales vicios 
con que infama a todos los Americanos, a saber, la glotonería, la em- 
briaguez, la ingratitud, y la pederastia, o sodomia. 

Yo ciertamente no habia oido hablar de la glotonería de los Ame- 
rícanos, hasta que tropecé con el pasage de Mr. de la Condamine, 
citado, y adoptado por Mr. de Paw : por el contrario no he leido 
autor algo instruido en las cosas de America, que no celebre la 
sobriedad de aquellos pueblos. Consúltense las obras de Las Casas, 
Garcés, el conquistador anónimo, Oviedo, Gomara, Acosta, Herrera, 
Torquemada, Betancourt&c* Casi todos los historiadores cuentan la 
admiración que causó a los Españoles la parsimonia de los Indios, y 
por el contrario, la estrañeza de estos al ver que aquellos comian en 
un dia mas que ellos en una semana, y para decirlo en pocas palabras, 
la sobriedad de los Americanos es tan notoria, que seria necedad 
defenderlos del vicio contrario. Mr. de la Condamine vio quizas 
comer a algunos Indios hambrientos, en su viage por el rio Marañon, 
y de alli infirió, como tantas veces sucede a los viageros, que todos 
ellos eran glotones. D^ntonio UUoa, que estubo en America con 
Mr. de la Condamine, que se detubo alli mas tiempo, y tomó mas 
menudos informes acerca de las costumbres de los Indios, dice todo 
lo contrario que el matemático Francés. 

La embriaguez es el vicio dominante de aquellas naciones. Asi lo 
confieso ingenuamente en el libro i de esta Historia, esponiendo sus 
exesos, y señalando sus causas: pero añado que no era asi en los 
paises de iínahuac antes que los ocupasen los Españoles, por el 
gran rigor con que se castigaba aquel vicio, el cual queda impune 
en la mayor parte de los paises del antiguo continente, o mas bien 
sirve de escusa a otros delitos mas graves. Los escritoras que inves- 
tigaron el gobierno politico de los Megicanos citan las leyes severas 
que habia contra la embriaguez tanto en Megico, como en Tezcuco, 
Tlascala, y otros estados, según lo representan sus pinturas. La 

* Las Casas en su memorial a Felipe II, intitulado Destrucción de los Indios, 
afirma que el comer de los Indios es tal, que el de los antiguos Padres de la 
Tebaida no podía ser ni menos sabroso, ni mas escaso, ni mas miserable. Garcés 
en su carta a Paulo III dice, que no es posible dar una idea exacta de su sobrie- 
dad. El conquistador anónimo dice que no liai pueblo que se mantenga con 
menos que el Americano. Asi hablan todos los testigos oculares de sus costum- 
bres. Por Torquemada sabemos que los primeros abstinentísimos relijjiosos que 
anunciaron el Evangelio a los Megicanos tubieron mucho que aprender, y no 
poco que admirar de su moderación en comer. 



342 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

LXIII de la colección de Mendoza representa dos jóvenes de ambos 
sexos, condenados a muerte por haberse embriagado, y un anciano 
septuagenario, a quien la lei, en consideración a su edad, permitía 
beber cuanto apetecía. Pocos estados se hallarán en el mundo en 
qué haya sido mayor el celo de los soberanos en la corrección de esta 
clase de exesos. 

También he refutado, en dicho libro i de mi historia, el error 
común acerca de la ingratitud de los Americanos : mas, como todo 
lo que alli he dicho no bastará a convencer a los que están prevenidos 
contra ellos, quiero citar aqui un singular egemplo de gratitud, que 
bastará a disipar la opinión contraria. El año de 1556 murió en 
Uruapa, pueblo considerable de Michuacan, visitando su diócesis a la 
edad de 95 años, el célebre Vasco de Quiroga, fundador, y primer 
obispo de aquella iglesia, el cual, a egemplo de S. Ambrosio, pasó de 
la judicatura civil a la dignidad episcopal. Este insigne prelado, 
digno de compararse a los primeros padres del Cristianismo, trabajó 
infinito en favor de los Michuacaneses, instruyéndolos como apóstol, 
y amándolos como padre; construyó temólos; fundó hospitales, y 
señaló a cada lugar de Indios un ramo principal de comercio, a fin 
de que su reciproca dependencia los tubiese unidos con los vincules 
de la caridad, y de este modo se perfeccionasen en las artes, y a 
nadie faltasen recursos para vivir. La memoria de tantos beneficios 
se conserva tan viva en aquellos naturales, después de pasados dos 
siglos, como si todavia viviese su bienhechor. El primer cuidado que 
tienen las Indias, cuando sus hijos empiezan a hacer usí^de la razón, 
es el de hablarles de Tata Don Vasco (asi lo llaman todavia por el 
amor filial que le conservan), declarándoles lo que hizo en favor de su 
nación, enseñándoles su retrato, y acostumbrándolos a no pasar nunca 
delante de él, sin arrodillarse. Ademas de esto fundó aquel gran 
prelado por los años de 1540, un seminario en la ciudad de Pazcuaro, 
para la instrucción de la juventud, y encargó a los Indios de Santa 
Fé (pueblo fundado por él mismo en las orillas del lago de Pazcuaro) 
que enviasen cada semana un hombre a servir a los seminaristas. 
Fue puntualmente obedecido, y hasta hoi, después de mas de 230 
años, y mas, no ha faltado nunca el Indio a quien toca desempeñar 
aquellas funciones, sin haber sido jamas necesario llamarlos, ni cons- 
treñirlos, pues tienen empeño en corresponder de este modo a los 
grandes bienes que les hizo aquel pastor incomparable. Poseen en la 
ciudad de Pazcuaro sus huesos, con tal veneración, que una vez que 
pensó en transferirlos a Valladolid el cabildo de aquella catedral, se 



CONSTITUCIÓN FÍSICA Y MORAL DK LOS MEGICANOS. 343 

inquietaron los Indios, y se disponian a impedirlo con la fuerza, como 
hubiera sucedido, a no haber renunciado el cabildo a su proyecto, por 
evitar los desordenes que se apercibian. ¿ Puede darse una prueba 
mas positiva de la gratitud de una nación? Semejantes demostra- 
ciones han hecho los Indios en muchos pueblos de aquellos paises, a 
fin de retener en ellos a los misioneros que los habian adoctrinado en 
la fe. Las ocurrencias de esta clase que sucedieron en los dos siglos 
pasados pueden verse en el tomo iii de Torquemada, y en el Teatro 
Megicano de Betancourt. De las de nuestros tiempos, aun viven 
muchos testigos oculares, y yo soi uno de ellos. Si a veces no se 
muestran agradecidos los Indios a sus bienhechores, es por que los 
continuos males que padecen les hacen sospechosos los beneficios : pero 
cuando están seguros de la sincera benevolencia del que los favorece, 
son capaces de sacrificar cuanto poseen a la gratitud, como saben to- 
dos los que han vivido entre ellos, y los han observado sin preocu- 
pación. 

Pero la mayor injuria que Mr. de Paw hace a los Americanos es la 
de afirmar que " la pederastía estaba en gran uso en aquellas islas, en 
el Perú, en Megico, y eíi todo el continente. No sé como, después 
de haber estampado tan atroz calumnia, se atrevió a decir, como dice 
en su respuesta a Pernety, que toda su obra de las Investigaciones 
respira humanidad. ¿Es humanidad infamar a todas las naciones del 
Nuevo Mundo, echándoles en cara un vicio tan vil, y tan vergon- 
zoso ? ¿Es humanidad su colera contra Garcilaso por que defiende a 
los Peruanips de aquella imputación? Aunque hubiese graves autores 
que atribuyesen tan torpe delito a todos los pueblos Americanos, > 
siendo, como en efecto, son muchos los autores graves que aseguran 
todo lo contrario, debia Mr. de Paw, según las leyes de la humanidad, 
abstenerse de una acusación de tan graves consecuencias, especial- 
mente cuando no hai un solo autor digno de crédito en cuya autoridad 
pueda fundarse la generalidad de su proposición. Hallará quizas al- 
gunos escritores, como el conquistador anónimo. Gomara, y Herrera 
que han achacado aquel vicio a algunos Americanos, o cuando mas a 
algún pueblo de America : pero ¿donde hallará un escritor de nota 
que haya osado decir " que la pederastía estaba en gran uso en las 
islas, en el Perú, en Megico, y en todo el Nuevo Mundo ?" Antes 
bien todos los historiadores de Megico declaran a una voz que las 
naciones Megicanas detestaban aquel vicio, y citan las penas terribles 
con que lo castigaban las leyes, como puede verse en las obras de 
Gomara, Torquemada, Betancourt, y otros. Las Casas asegura, en 



344 HISTORIA ANTIGUA DE MEGKJO. 

SU escrito presentado a Carlos V, en 1542, que habiendo hecho dili- 
gentes averiguaciones en las islas Española, Cuba, Jamaica, Puerto 
Rico, y Lucayas, halló que no habia memoria de semejante delito en 
aquellas naciones. Lo mismo afirma del Perú, de Yucatán, de todos 
los paises de America en general, exeptuando tan solo tal cual pue- 
blo, según sus espresiones, en que hai algunos culpables ; " mas no 
por esto, añade, debe inculparse todo aquel Mundo *." ¿ Quien pues 
ha autorizado a Mr. de Paw para vilipendiar en asunto tan grave a 
todo un continente? Aunque los Americanos fuesen, como él su- 
pone, hombres sin honor, y sin vergüenza, las leyes de la humanidad 
exigen, a lo menos, que no se los calumnie. A tamaños exesos lo 
conduce aquel ridiculo empeño de envilecer a la America, y tales son 
las consecuencias de su perversa lógica, con la que deduce muchas 
veces, según hemos demostrado, proposiciones generales, de premisas 
particulares, y de hechos aislados. Si por que los Panuqueses, u 
otros pueblos Americanos, estaban infestados de aquel vicio, es licito 
decir que era común a toda la America, también podran los Americanos 
infamar con igual imputación a todo el antiguo continente, sabiendo 
que la pederastia estaba mui en uso en algiHios pueblos antiguos del 
Asia, y mucho mas entre los Griegos, y los Romanos. Ademas de 
que no se sabe que en America haya en la actualidad pueblo alguno 
contaminado con aquella peste moral : y por el contrario sabemos por 
deposición de muchos autores, que algunos pueblos del Asia no han 
renunciado a ella, y que aun en la Europa misma, si es cierto lo que 

dicen Locke, y Mr. de Paw, es común entre los Turcos Santones, 

. . . ^ 

otro vicio mas execrable del mismo genero, y que en lugar de ser 

castigados los que lo practican, son reputados generalmente por 

santos, y todos los Turcos les prodigan las mayores demonstracioues 

de respecto, y veneración. 

El suicidio es otra de las enormidades que Mr. de Paw achaca a 

* " Los Españoles (dice Las Casas hablando de algunos, y no de todos) han 
infamado a los Indios con los mayores delitos, no por otra razón que por sus in- 
tereses personales. Desde que echaron de ver cuan fácil era enriquecerse a costa 
de los bienes, y de las personas de los Indios, los han acusados mil veces de estar 
jnfestados con el vicio de sodomía : pero esta acusación es una gran maldad, y 
perversidad de los acusadores : pues en todas las grandes islas Española, Cuba, 
San Juan, Jamaica, y en 60 islas Lucayas, en que habia pueblos numerosos, no 
hai memoria de semejante vicio, como yo puedo atestiguar habiendo hecho desde 
el principio grandes investigaciones sobre el asunto. Ni tampoco se halló este 
vicio en Perú, ni en Yucatán, y asi generalmente en ninguna parte, exepto en 
algiuios lugares, en que dicen que habia algunos que 1q practicaban." 



CONSTITUCIÓN FÍSICA Y MORAL DK LOS MEGICANOS. 345 

los obgetos de su encarnizado odio. Es cierto que en tiempo de la 
conquista hubo muchos que se ahorcaron, se precipitaron, o por medio 
de un hambre voluntaria pusieron fin a su amarga existencia: pero 
¿ qué estrafio es que unos hombres privados de las luces de la religión, 
y desesperados por las intolerables vejaciones que les hacian sufrir los 
conquistadores, hiciesen lo que tan frecuentemente hacian los Griegos, 
los Romanos, y los Españoles antiguos, y lo que hacen los Ingle- 
ses, los Franceses, y los Japoneses modernos, por el mas leve motivo, 
por un capricho, o por una idea ridicula de honor*? ¿Cual es el 
Europeo que puede echar en cara el suicidio a los Americanos, en un 
siglo en que se ha hecho moda en Inglaterra, y en Francia f, y en 
que, borrando de la mente las ideas mas justas que recibimos de la 
Naturaleza, y de la Religión, se inventan razones, y se publican libros 
para justificarlo ? ¡ Tan grande es el empeño de ultrajar a la Ameri- 
ca, y a los Americanos ! 

El mismo ahinco tubo sin duda el Español, cualquiera que sea, 
que ordenó el Índice general de las Decadas del Cronista Herrera, 
imputando inconsideradamente a todos los Americanos lo que Her- 
rera dice de algunos individuos, con varias exepciones. Quiero co- 
piar aqui lo que se lee en aquel Índice para que se averguencen los 
hombres de escribir tales despropósitos. " Los Indios, dice, son 
harto perezosos, viciosísimos, grandes borrachos por genio, estafa- 
dores, débiles, embusteros, enredadores, novadores, inconstantes, 
ligeros, cobardes, inmundos, sediciosos, ladrones, ingratos, incorregi- 
bles, vengeáivos mas que ninguna otra nación; de tan grosera masa 
que se duda si son racionales; barbaros, bestiales, gobernados por 
sus apetitos como los brutos, &c." Este mismo es el lenguage de 
Mr. de Paw, y de otros muchos humanísimos Europeos : de modo 
que parece que estos hombres no se creen obligados, para con el 
Nuevo Mundo, a respetar la verdad, ni a observar las leyes de la 
caridad fraterna, publicadas por el Hijo de Dios en el Mundo 
Antiguo. 

Pero sí un Americano dotado de mediano ingenio, y de alguna 
erudición, quisiera pagar en la misma moneda a los mencionados es 

* Entre las muchas, y memorables estravagancias de los que en estos últimos 
tiempos se han suicidado en Inglaterra, sé por persona que se hallaba a la sazón 
en Londres, que uno que se mató en aquella capital, dejó escrito no tener otro 
motivo para dejar la vida que el deseo de ahorrarse la molestia de vestirse y des- 
nudarse diariamente. 

t Consta que en Paris ha habido año de 150 suicidios. 



346 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

critores (como hemos dicho del filosofo Guineo) le seria fácil com- 
poner una obra con el titulo de Investigaciones Filosóficas sobre los 
habitantes del antiguo continente. Observando el mismo método de 
su predecesor, recogería cuanto hallase escrito sobre los paisas este- 
riles del Mundo Antiguo, sus montes inaccesibles, sus llanuras panta- 
nosas, sus bosques impenetrables, sus desiertos arenosos, y sus malé- 
ficos climas ; de los reptiles asquerosos, y malignos, de las culebras, 
de los sapos, de los escorpiones, de las hormigas, de las arañas, de 
los ciento-pies, de los escarabajos, de las chinches, y de los piojos ; de 
los cuadrúpedos irregulares, chicos, rabones, defectuosos, y pusilá- 
nimes ; de los hombres degenerados, descoloridos, despropocionados 
en la estatura, diformes en las facciones, débiles de complexión, apo- 
cados de animo, obtusos de ingenio, y crueles de Índole. Cuando 
llegase al capitulo de los vicios ¡ qué inmensa copia de materiales no 
podria reunir ! ¡ Cuantos egemplos de bageza, de perfidia, de cruel- 
dad, de superstición, de disolución, de hipocresía ! La Historia del 
pueblo Romano, la nación mas célebre del Mundo Antiguo, le su- 
ministraría por si sola una cantidad increíble de las mas horrendas 
maldades. Bien echaría de ver que aquellos defectos, y estos vicios 
no eran comunes a todos los países, ni a todos los habitantes de 
aquella parte del globo : pero no importa, si había de seguir por 
modelo a Mr. de Paw, y servirse de su lógica. Esta obra seria 
mucho mas apreciable, y mas digna de crédito que la de Mr. de Paw, 
pues si este filosofo no cita contra la America, y contra los Americanos 
si no autores Europeos, nuestro investigador Americancí no echaría 
mano si no de autores nacidos en el mismo continente contra el cual 
dirígiria sus ataques. 



DISERTACIÓN VI, 



CULTURA DE LOS MEGICANOS. 

Siempre enfurecido contra el Nuevo Mundo, Mr. de Paw llama 
barbaros y salvages a todos los Americanos, y los juzga inferiores en 
sagacidad e industria a los pueblos mas toscos, y groseros del antiguo 
continente. Si se hubiese satisfecho con decir que las naciones Ame- 
ricanas eran en gran parte incultas, barbaras, y brutales en sus cos- 
tumbres, como fueron antiguamente muchas naciones de las que ahora 
son las mas cultas de Europa, y como son en la actualidad muchos 
pueblos de Asia, de África, y de la Europa misma ; que sus artes no 
estaban tan perfeccionadas, ni sus leyes eran tan buenas, ni tan bien 
ordenadas ; que sus sacrificios eran inhumanos, y algunos de sus usos 
estravagantes, no podríamos ciertamente contradecirlo. Pero tratar 
a los Megicanos, y a los Peruanos, como a los Caribes, y a los Iro- 
queses ; colocar en la misma linea su industria, desacreditar sus leyes, 
despreciar sus artes, y poner aquellas activas, y laboriosas naciones en 
el mismo pie que los pueblos mas toscos del antiguo continente ¿ no 
es esto obs^tinarse en el empeño de envilecer al Nuevo Mundo, y a sus 
habitantes, en lugar de buscar la verdad, como parece prometerlo el 
titulo de Investigaciones filosóficas? 

Llamamos hoi barbaros, y salvages a los hombres, que, conducidos 
mas bien por el Ímpetu de los apetitos naturales, que por los dictados 
de la razón, ni viven congregados en sociedad, ni tienen leyes para su 
gobierno, ni jueces que decidan sus derechos, ni superiores que velen 
su conducta ; ni egercitan las artes necesarias para remediar las mise- 
rias de la vida : en fin los que no tienen idea de la Divinidad, o a lo 
menos carecen de un culto establecido para honrarla. Los Megicanos, 
todas las naciones de Anahuac, y los Peruanos reconocían un Ser Su- 
premo, y omnipotente, aunque su creencia era, como la de otros muchos 
pueblos idólatras, un tegido de errores, y supersticiones. Tenían sin 
embargo un sistema fijo de religión ; sacerdotes, templos, y sacrificios ; 
ritos encaminados al culto uniforme de la Divinidad. Tenían reyes, 
gobernadores, y magistrados ; ciudades, y poblaciones tan grandes, y 



348 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

tan bien ordenadas, como bare ver en otra disertación. Tenian leyes 
y costumbres, de cuya observancia cuidaban las autoridades públicas. 
Egercian el comercio, y se esmeraban en hacer respetar la equidad, y 
la justicia en sus tratos. Sus tierras estaban distribuidas, y asegura- 
das a cada uno la propiedad, y la posesión de su terreno. Practicaban 
la agricultura, y las otras artes, no solo las necesarias a la vida, si no 
también las de deleite, y lujo. ¿ Qué mas se requiere para sacar a 
una nación del catalogo de las barbaras, y salvages ? " La moneda, 
responde Mr, de Paw ; el uso del hierro, el arte de escribir, el de 
construir navios, y puentes de piedra, y el de hacer cal. Sus artes 
eran imperfectas, y toscas ; sus lenguas escasisimas de voces numerales, 
y de termines capaces de espresar las ideas universales ; se puede 
decir que casi no tenian leyes, por que no puede haberlas donde reinan 
la anarquía, y el despotismo." Cada uno de estos artículos exige un 
examen particular. 

Moneda. 
Mr. de Paw decide que ninguna nación de America era culta, y 
civilizada, por que ninguna usaba de moneda, y para probar la exac- 
titud de su consecuencia, alega un pasage de Montesquieu. " Ha- 
biendo naufragado Aristipo, dice este escritor, se salvó a nado en una 
playa, y al ver delineadas en la arena unas figuras de geometría, se 
llenó de jubilo, conociendo que habia llegado a un pueblo Griego, y 
no a una borde barbara. Imaginaos que llegáis por acaso a un pais des- 
conocido ; si encontráis alguna moneda, no dudéis que «.tais en un 
pais culto." Pero si Montesquieu infirió sensatamente la cultura de un 
pueblo del uso de la moneda, Mr. de Paw infiere mui insensatamente 
de la falta de moneda, la falta de cultura. Si por moneda se entiende 
un pedazo de metal acuñado con el busto del rei, o con un sello o 
signo publico, es cierto que su falta no supone barbarie en una nación. 
** Los Atenienses, dice el mismo Montesquieu, por que no hacian uso 
de los metales, se servían de bueyes en lugar de moneda, como los 
Romanos de ovejas :" de donde viene el nombre de pecunia, pues en 
la primera moneda acuñada de los Romanos, se puso la imagen de la 
oveja, en recuerdo del obgeto que habia servido antes para sus contra- 
tos. Los Griegos eran sin duda una nación bastante culta en tiempo de 
Homero, pues no era posible que en un pueblo inculto se alzase un hom- 
bre capaz de componer la Iliada, y la Odisea, poemas inmortales, que 
después de veinte y siete siglos, no cesan de ser admirados, aunque 
nadie ha sido parte a imitarlos todavía. Y sin embargo los Griegos 



CULTURA DE LOS MEGICANOS. Q4S$^ 

de aquellos tiempos no conocían la moneda acuñada, como se echa de 
ver en las obras mismas de aquel poeta, el cual cuando quiere signifi- 
car el valor de alguna cosa, no lo espresa de otro modo que por el 
numero de bueyes, o de ovejas que valia. Asi es como en el lib. vii 
de la liiada dice que Glauco dio sus armas de oro, que valian 100 
bueyes, por las de Diomedes, que eran de cobre, y no valian mas que 
nueve. Donde quiera que habla de algún obgeto adquirido por con- 
trato, se espresa en términos de cambio o permuta. Por esto en la 
antigua controversia sucitada entre las dos sectas de jurisconsultos, 
Sabiuianos, y Proculianos, los primeros sostenian que podia haber ver- 
dadera compra, y venta, sin precio, y en su apoyo citaban ciertos ver- 
sos de Homero, en que se llama compra, y venta, lo que no era real- 
mente mas que el cambio de una cosa por otra. Los Lacedemonios 
eran un pueblo civilizado de Grecia, sin embargo de carecer de mone- 
da, pues una de las leyes fundamentales de Licurgo era que no se 
comerciase de otro modo que por permutas *. Los Romanos no tu- 
bieron moneda acuñada hasta los tiempos de Servio Tulio ; ni los 
Persas, hasta el reinado de Dario Histaspes, y nadie habrá que llame 
barbaros a unos, y a otri^ en los tiempos que precedieron a aquellas 
dos épocas. Los Hebreos estaban civilizados, a lo menos desde el 
tiempo de sus jueces, y no sabemos que conociesen la moneda hasta 
los de los Macabeos. Luego la falta de moneda acuñada no es prueba 
de barbarie. 

Si por moneda se entiende un signo representativo del valor de 
todas las c^sas, como la define el mismo Montesquieu, es cierto e indu- 
dable que los Megicanos, y todas las naciones de Anahuac, exepto los 
barbaros Chichimecos, y Otomites, se servían de moneda en su trafico. 
¿ Qué otra cosa era el cacao, que constantemente empleaban en el mer- 
cado, para adquirir lo que necesitaban, si no un signo representativo de 
todas las cosas que se adq^uirian por su medio ? El cacao tenia su valor 
fijo; se daba por numero, y para ahorrarse el trabajo de contar, cuan- 
do la mercancía importaba un gran numero de almendras, ya se sabia 
que cada saco de cierto tamaño, contenia tres giquipillis, o 24,000 
almendras. ¿Y quien no confesará que el cacao es mucho mas conve- 
niente para signo representativo que los bueyes, y las ovejas de que 
se servían los Griegos, y los Romanos, y la sal que en la actuahdad 
tiene el mismo uso entre los Abisinios ? Con un buei, o con una oveja 
no se puede adquirir un obgeto de poco valor, y cualquiera enferme- 
dad, o accidente que les sobreviniese, podia empobrecer fácilmente al 

* " Emi singula, non pecunia, sed compensatione mercium jussit." 

JUSTIN, lib. iü. 



350 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

que no tenia otro capital. " Emplease el metal en la moneda, dice 
Montesquieu, a fin de que el signo sea mas durable. La sal de que 
se sirven los Abisinios tiene el inconveniente de una diminución pro- 
gresiva ;" el cacao por el contrario podia servir para toda especie de 
valores, se transportaba, y custodiaba mas fácilmente, y se conserva- 
ba, con menos peligro, y sin necesidad de tantas precauciones. 

El uso del cacao en el trafico de aquellos naciones, podra parecer 
a algunos un verdadero cambio : mas no era asi ; pues habiendo varias 
especies de cacao, no usaban como moneda el llamado tlalcacahuatl, o 
cacao menudo, con que hacian sus bebidas ordinarias, sino mas bien otras 
especies mas comunes, y menos aptas para servir de alimento, las 
cuales corrían de mano en mano, y casi no se aplicaban a otro fin que 
a las transacciones mercantiles. De esta especie de moneda hacen 
mención todos los historiadores de Megico, tanto Españoles como In- 
dios. De las otras cuatro especies, mencionadas en el libro vii de esta 
Historia, hablan Cortés, y Torquemada. Cortés afirma en su ultima 
carta al emperador Carlos V, que habiendo hecho muchas indagaciones, 
acerca del comercio de aquellas gentes, halló que en Tlachco, y en 
otras provincias se servían de moneda. Si fto hubiese oido hablar de 
moneda acuñada, no habría limitado su uso a Tlachco, y a otras pro- 
vincias: pues bien sabia, sin necesidad de hacer nuevas investigaciones, 
que en los mercados de Megico, y de Tlascala, a los que muchas veces 
habia concurrido, se servían, como de moneda, del cacao, de unos pe- 
dazos de tela de algodón, que llamaban Patolquachtli, y del oro en 
polvo, puesto en plumas de añade. Yo sospecho, sin en^bargo de lo 
que he dicho en aquella parte de mi historia, que habia verdadera mo- 
neda acuñada, y que tanto aquellas piezas delgadas de estaño, de que 
habla Cortés, como las de-cobre, hechas en forma de T, que menciona 
Torquemada* tenian algún sello o señal, autorizada por el rei, o por 
los señores feudatarios. 

Para evitar toda fraude en el comercio, nada podia venderse fuera 
del mercado, si no es los comestibles ordinarios, y en aquel sitio 
como ya he dicho, y como consta por testigos oculares, reinaba el 
mejor orden que puede imaginarse. Habia medidas prescritas por 
ios magistrados ; comisaríos que giraban por todas partes observando 
cuanto ocurría, y jueces de comercio, encargados en conocer en todos 
los pleitos que su sucitaban entre los comerciantes, y en castigar los 
delitos que se cometian en el mercado. ¡ Y en vista de todos estos 

* En la misma capital de Megico, en que se acuñan hoi 18, o 20,000,000 de 
pesos al año, en oro, y plata, emplea todavía la gente pobre el cacao para com- 
prar algunas frioleras en el mercado. 



CULTURA DE LOS MEGICANOS. 351 

datos babra quien diga que los Megicanos eran inferiores en industria 
a los pueblos mas groseros del antiguo continente, entre los cuales hai 
algunos tan embrutecidos, y obstinados eii su barbarie, que no ha 
bastado en tantos siglos el egemplo de las otras naciones para darles a 
conocer las ventajas de la moneda ! 

Uso del Hierrch 

El uso del hierro es una de aquellas circunstancias que Mr. de Paw 
exige para llamar culta a una nación ; y por falta de ella cree bar- 
baros a todos los Americanos. Asi que, si Dios no hubiese formado 
aquel metal en las entrañas de la tierra, todo el genero humano 
merecería el titulo de bárbaro, según el modo de raciocinar de aquel 
filosofo. Pero en la misma parte de su obra, en que echa mano de 
este argumento contra los Americanos, nos suministra todos los ma- 
teriales que se podían apetecer para rebatirlo. Afirma " que en todo 
el territorio de America se hallan pocas minas de hierro, y el que hai 
es de tan inferior calidad al del antiguo continente, que apenas se 
puede emplear en hacer clavos ; que los Americanos poseían el 
secreto, perdido en el antiguo continente de dar al cobre un temple 
igual al del acero ; que Mr. Godin mandó en 1727 (quiere decir en 
1747, pues en 1727 aun no habia ido Mr. Godin al Perú) al Conde 
de Maurepas una segur vieja de cobre peruano, endurecido, y que 
habiéndola observado el Conde de Caylus, declaró que casi era igual 
en dureza a las armas antiguas de cobre, de que se servían los 
Griegos, j^los Romanos, los cuales no empleaban el hierro en muchos 
usos a qué nosotros lo aplicamos en la actualidad, o por que entonces 
era mas escaso, o por que sabian templar mejor el cobre, que el 
acero." Finalmente añade que el Conde de Caylus admirado de la 
perfección de aquel trabajo, se persuadió (engañado por el mismo 
Mr. de Paw) que la segur no era obra de aquellos Peruanos embru- 
tecidos, que los Españoles encontraron en tiempo de la conquista, si 
no de otra nación mas antigua, y mas industriosa. 

De todo esto que dice el investigador, saco yo cuatro consecuencias 
importantes : 1. Que los Americanos tubieron el honor de imitar en 
el temple del cobre a las dos naciones mas célebres del antiguo conti- 
nente. 2. Que obraron sensatamente en no hacer uso del hierro, 
siendo el que tenían tan inferior, que ni aun podía servir para hacer 
clavos, y sirviéndose en su lugar de un cobre al que sabian dar el 
temple del acero. 3. Que si ignoraron el arte comunísimo de elaborar 
el hierro, poseían el singularísimo de templar el cobre como el acero, 



352 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

que tjo haa sido parte a restaurar los filósofos Europeos del siglo 
ilustrado. 4. Que tanto se engañó el Conde de Caylus en el juicio 
que formó de los Peruanos, cuanto Mr. de Paw en el que ha hecho 
de todos los pueblos de America. Tales son las consecuencias legiti- 
mas que deben deducirse de la doctrina de nuestro filosofo sobre el 
uso del hierro, y no la falta de industria que es la que él infiere. 
Quisiera preguntarle si se necesita mayor industria para trabajar el 
hierro como lo trabajan los Europeos, que para trabajar sin hierro toda 
clase de piedras, y maderas, fabricar muchas especies de armas, y 
hacer como ellos hacian los mas curiosos trabajos de oro, plata, y 
piedras preciosas. El uso determinado del hierro no prueba un alto 
grado de industria en las naciones Europeas. Inventado por los pri- 
meros hombres, fácilmente pasó a sus decendientes, y como los Ame- 
ricanos modernos lo recibieron de los Europeos, asi estos lo recibieron 
de los Asiáticos. Los primeros pobladores conocieron sin duda el uso 
del hierro ; pues su invención es casi coetánea al principio del genero 
humano : pero yo no dudo de la probabilidad de la congetura que 
espuse en mi 1 Disertación, a saber, que no habiendo hallado desde 
luego las minas de aquel metal en los paises dái Norte, donde entonces 
se establecieron, se fue poco a poco estinguiondo su memoria, en las 
generaciones sucesivas. 

Pero finalmente, si son barbaros los que no conocen el uso del 
hierro ¿ que serán los que desconocen el del fuego ? Ahora bien, en 
toda la estension de la America no se ha encontrado un solo pueblo, 
ni una sola tribu, por barbara que fuese, que no conocieija, el modo 
de hacer fuego, y el de aplicarlo a los usos comunes de la vida : pero 
en el Mundo Antiguo se han visto gentes tan estupidas que no tenian 
la menor idea de la aplicación de aquel elemento. Tales eran los 
habitantes de las islas Marianas, a los cuales era enteramente estrafio 
antes de la llegada de los Españoles, como lo testifican los historia- 
dores de aquellos paises. Y con todo eso ¡ querrá hacernos creer 
Mr. de Paw que los pueblos Americanos son mas salvages que los 
mas toscos del Mundo Antiguo ! 

Por lo demás, tanto se engaña nuestro investigador en lo que dice 
del hierro Americano, como en lo que piensa del cobre. En Megico, 
en Chile, y en otros muchos paises de America se han descubierto 
innumerables minas de hierro, de buena calidad : y si no hubiera 
estado prohibida su elaboración, para no perjudicar al comercio de 
España, podria la America suministrar a Europa todo el hierro de 
que necesita, como hace con el oro, y con la plata. Si Mr. de Paw 



CULTURA DR LOS MEGICANOS. 353 

hubiese sabido investigar filosóficamente las cosas de America, hubiera 
hallado en el Cronista Herrera que aun en la isla Española habia 
hierro mejor que el de Biscaya. También habria visto en el mismo 
autor, que en Zacatula, provincia marítima de Megico, conocian dos 
especies de cobre : uno duro, de que se servian en lugar de hierro, 
para hacer segures, hachas, y otros instrumentos militares, y agrícolas, 
y otro ordinario, y flexible, que empleaban en ollas, pucheros, y otros 
vasos, para los usos domésticos : asi que no necesitaban del ponderado 
secreto de los pueblos antiguos. El amor a la verdad me obliga a 
defender los progresos reales de la industria Americana, y a rechazítr 
las invenciones imaginarias que se atribuyen a las naciones del Nuevo 
Mundo. El secreto que verdaderamente poseían era el que men- 
ciona Oviedo, testigo ocular, y mui practico, e inteligente en metales. 
" Los Indios, dice, saben dorar bastante bien los vasos de cobre, o 
de oro bajo, y les dan un color tan exelente, y tan encendido, que 
parece oro de 22 quilates, y mas. Lo hacen con ciertas yerbas. Este 
trabajo tiene tan buen efecto, que si algún platero de España, o de 
Italia poseyese el secreto, no necesitaba mas para enriquecerse." 

Arte de construir buques^ y puentes, y de hacer cal. 
Si a otras naciones puede echarse en cara la ignorancia de las 
construcciones navales, esta reconvención seria injusta dirigida a los 
Megicanos, por que no habiéndose hecho dueños de las costas del 
mar, si no en los últimos tiempos de su monarquía, no tubieron 
necesidad, r»^ ocasión de pensar en aquel adelanto. ^ los pueblos 
que ocupaban las playas de ambos mares, antes que llegasen a ellas 
los Megicanos, bastaban aquellas barcas de que se servian para la 
pesca, y para su comercio con las provincias vecinas, por que esentos 
de codicia, y de ambición, que son por lo común las causas de las 
navegaciones largas, no aspiraban a usurpar a otras naciones lo que 
legitimamente poseían, ni querían transportar de paises remotos los 
metales que no les hacian falta. Los Romanos, apesar de haber 
fundado su metrópoli, tan próxima al mar, estubieron 500 años* sin 
construir buques, hasta que la ambición de ensanchar sus dominios, y 

* " Appio habia empleado toda la diligencia posible en acudir al socorro de 
los Mamertinos. Para conseguirlo era necesario pasar el estrecho de Mesina, y 
la empresa era no solo temeraria, si no peligrosa, y, según todas las apariencias, 
imposible. No tenían los Romanos armada naval, si no barcas groseramente 
construidas, por el estilo de las canoas de los Indios." — RoUin, Hist. Rom. 
lib. xi. 

TOMO II. 2 A 



854 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

de apoderarse de la Sicilia, los impulsó a proporcionarse los medios de 
pasar el estrecho. ¡ Qué estraño es pues que las naciones America- 
nas, que no sentían aquellos estímulos para abandonar su patria, no 
inventasen buques, en que poder trasladarse a paises remotos! Lo 
cierto es que la falta de construcciones navales no arguye falta de in- 
dustria en los pueblos que no las necesitaban. 

No puede decirse lo mismo de la invención de los puentes. Mr. de 
Paw afirma que ** no habia un solo puente de piedra en toda la Ame- 
rica cuando fue descubierta," por que los Americanos no sabian fabri- 
car arcos, y que " el arte de hacer cal fue enteramente desconocido 
en aquellos pueblos :" tres proposiciones que son otros tantos errores 
clasicos. Los Megicanos sabian hacer puentes de piedra, y entre los 
restos de su antigua arquitectura, se ven hoi dia en el rio Tula los 
grandes, y fuertes pilares del puente que alli habia. Los restos de 
los antiguos palacios de Tezcuco, y, aun mucho mas, los temazcalli, 
o hipocaustos, descubren el uso antíguo de los arcos, y de las bóvedas 
en las naciones de Anahuac. Diego Valadés, que permaneció 30 años 
en Megico, adonde fue poco tiempo después de la conquista, nos 
muestra en su Retorica Cristiana la imagen de un templo pequeño, 
que él mismo vio, y que no deja duda sobre esta materia. 

Sobre el uso de la cal, es necesario todo el arrojo de Mr. de Paw, 
para asegurar, como asegura, que el secreto de hacerla era descono- 
cido en toda la America : pues consta, no menos por la deposición de 
los conquistadores Españoles, que por la de los primeros misioneros, 
que no solo usaban cal las naciones de Megico, sino quQs blanqueaban 
mui bien las casas, y los templos, y pulian primorosamente los muros. 
En las obras de Bernal Diaz, de Gomara, de Herrera, de Torque- 
mada, y de otros, se ve que los primeros Españoles que entraron en 
la ciudad de Cempoala, creyeron que eran de plata los muros del pa- 
lacio principal, error a que dio lugar el bruñido resplandeciente de 
sus paredes. Últimamente de las pinturas de tributos que están entre 
las de la colección de Mendoza, se infiere, que las ciudades de Tepe- 
yacac, Tecamachalco, Quecholac, &c. pagaban annualmente al rei 
4,000 sacos de cal. Pero aunque no existiera ninguno de estos docu- 
mentos, bastarían a demostrar el conocimiento que los Megícanos 
tenían de la cal, y a confundir la temeridad de Mr. de Paw, las ruinas 
de los edificios antiguos que se ven en Tezcuco, en Mictlan, en Gua- 
tusco, y en otros muchos puntos de aquel territorio. 

Con respecto al Perú, aunque el P. Acosta confiesa, que aquellos 
pueblos no conocían el arte de hacer cal, ni sabian construir arcos, ni 



CULTURA DR LOS MEGICANOS. ^56 

puentes de piedra, y aunque este solo dato bastase a Mr. de Paw, 
para decir, según su execrable lógica, que el uso de la cal era igno- 
rado en toda la America, con todo, el mismo Acosta, que no era hom- 
bre vulgar, ni exagerador, ni parcial de los Americanos, alaba la ma- 
ravillosa industria de los Peruanos en sus puentes de totora, o sea 
junco, en la embocadura del lago de Titicaca, y en otros puntos, donde 
la gran profundidad del agua no permite la construcción de obras de 
mamposteria, y donde la rapidez de la corriente hace peligroso el uso 
de los barcos. Asegura haber pasado por aquellos puentes, y enca- 
rece la seguridad, y facilidad del paso. Mr. de Paw se aventura a 
decir que los Peruanos no conocían ni aun los rudimentos de la nave- 
gación ; que no sabian hacer ventanas en los edificios, y aun sospecha 
que no tenian techos en los casas : despropósitos de los mas ridiculos 
que pueden ofrecerse a la imaginación de un escritor de cosas de 
America. Da a entender que no sabe lo que son bejucos, y que no 
ha formado idea exacta de los rios de la America Meridional. Mucho 
podría decirse acerca de esta estraña confesión : pero tenemos asuntos 

mas importantes que discutir. 
■■> 

Falta de Letras. 
Ninguna nación Americana conocía el arte de escribir, si por arte 
de escribir se entiende el de espresar en papel, pergamino, tela, u otra 
materia semejante, cualquiera especie de palabras, con la diferente 
combinación de algunos caracteres : pero si el arte de escribir es el de 
significar, representar, o dar a entender las cosas, o las ideas a los 
ausentes, y a la posteridad, con figuras, geroglificos, o caracteres, no 
hai duda que este arte era conocido, y estaba en gran uso entre los 
Megicanos, los Acolhuis, los Tlascaleses, y todas las naciones de Ana- 
huac, que hablan salido del estado de barbarie. El Conde de Bufíbn, 
para demostrar que la America era una tierra enteramente nueva, y 
nuevos también los pueblos que la habitaban, alega como he dicho en 
otra parte, que ** aun aquellas naciones que vivian en sociedad, igno- 
raban el arte de transmitir los hechos a la posteridad, por medio de 
signos durables, apesar de haber descubierto el de comunicarse de 
lejos, y de escribirse unos a otros, por medio de nudos." Pero el 
arte que empleaban para hablar a los ausentes ¿ no podia también 
servir para hablar a la posteridad ? ¿ Qué eran las pinturas históricas 
de los Megicanos, si no signos durables que transmitían la memoria 
de los sucesos, a los lugares, y a los tiempos remotos ? El Conde de 
Buflfon se muestra tan ignorante en la historia de Megico, como sabio 

2 a2 



356 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

en la historia natural. Mr. de Paw, aunque concede a los Megicanos 
el arte que tan injustamente les niega el Conde de BufFon, sin embar- 
go, para desacreditarlos, alega innumerables desatinos, algunos de los 
cuales no puedo pasar por alto. 

Dice pues " que los Megicanos no usaban de g^roglificos; que sus 
pinturas no eran otra cosa que representaciones toscas de los obgetos ; 
que para figurar un árbol, pintaban un árbol ; que en sus pinturas no 
se descubre la menor traza de claro oscuro ; ni la menor idea de pers- 
pectiva, ni de imitación de la naturaleza ; que no habian hecho el me- 
nor progreso en el arte que empleaban en perpetuar la memoria de los 
sucesos ; que la única copia de pinturas históricas Megicanas sustraí- 
das al incendio que hicieron los primeros misioneros, fue la que el 
primer virrei de Megico envió a Carlos V, la cual publicaron después 
Purchas en Inglaterra, y Thevenot en Francia ; que esta pintura es 
^tan grosera, y tan mal egecutada, que no se puede dicern^- si trata, 
como dice el intérprete, de ocho reyes de Megico, o de ocho concubi- 
nas de Moteuczoma," &c. 

En todo esto se muestra la ignorancia del investigador, y de su 
ignorancia nace su temeridad. Pero ¿ deberá darse mayor crédito a 
un filosofo Prusiano, que solo ha visto los malos dibujos de Purchas, 
que a los que han visto, y estudiado diligentemente muchas pinturas 
originales de los Megicanos ? Mr. de Paw no quiere que los Megica- 
nos se sirviesen de geroglificos, por que no se piense que les concede 
alguna semejanza con los antiguos Egipcios. El P. Kirker, célebre 
investigador, y encomiador de las antigüedades de aquel pMeblo, en su 
obra intitulada (Edipus JEgyptiacus, y Adriano Walton, en los prolego- 
menos de la Biblia Poliglota, opinan del mismo modo que Mr. de Paw, 
y su opinión no tiene otro apoyo que las estampas del mismo Purchas : 
pero Motolinia*, Sahagun, Valadés, Torquemada, Enrique Martínez, 
Sigüenza, y Boturini, que supieron la lengua Megicana, que consulta- 
ron a los Indios, que vieron, y estudiaron con esmero im numero con- 
siderable de sus pinturas antiguas, dicen que uno de los medios que 

* Toribio de Motolinia en sus MSS, especialmente en la esposicion del calen- 
dario Megicano. Bernardino Sahagun en su Diccionario Megicano. Diego Valadés 
en su Retorica Cristiana. Enrique Martinez en su Historia de la Nueva España. 
Sigüenza en su Ciclografia Megicana, y en su Teatro de virtudes políticas. Tor- 
quemada en su Monarqxáa Indiana. Valadés trató a los Megicanos 30 años ; Tor- 
quemada mas de 40 ; Motolinia 45, y Sahagun 60. Este fue el hombre mas ins- 
truido en los secretos de aquella nación. Se necesita gran orgullo para fiarse 
mas a sus propias luces, y estas escasas, que a las de tantos hombres dociisimos. 



CULTURA DE LOS MEGICANOS. 357 

los Megicanos empleaban para representar los obgetos, eran los gero- 
glificos, y las pinturas simbólicas. Lo mismo testifican Acosta, y Go- 
mara en sus Historias ; el Dr. Eguiara en su erudito prefacio de la 
Biblioteca Megicana, y los doctos Españoles que publicaron con grandes 
adiciones la obra de Gregorio Garcia sohre el origen de los Indios. 
El Dr. Sigüenza impugnó victoriosamente al P. Kirker, en su Teatro 
de virtudes políticas. Lo cierto es que Kirker se contradice mani- 
fiestamente : pues en el primer tomo de la citada obra CEdipus JEgyp- 
iiacus, confrontando la religión de los Egipcios con la de los Megicanos, 
confiesa claramente que las partes de que se componía la imagen del 
dios Huitzilopochtli, tenian muchas significaciones, que eran otros 
tantos arcanos, y misterios. Acosta, cuya Historia alaba tan justa- 
mente Mr. de Paw, en la descripción que hace de aquella imageD,dice : 
" Todos estos ornatos que hemos dicho, y lo demás, que era bastante, 
tenian sus significaciones particulares, según declaraban los Megi- 
canos ;" y en la descripción del idolo de Tezcatlipoca se espresa en 
estos términos : " Sus cabellos estaban atados con una cuerdecilla de 
oro, de cuyas estremidades pendia una oreja del mismo metal, con 
ciertos vapores de huri/o pintados en ella, los cuales significaban los 
ruegos de los atribulados, y de los pecadores que aquel dios escuchaba, 
cuando se encomendaban a él. En la mano izquierda tenia un abanico 
de oro, adornado con hermosas plumas verdes, azules, y amarillas, tan 
relucientes que parecian un espejo : en lo que daban a entender que 
en aquel se veia todo lo que pasaba en el mundo. En la mano 
derecha tejfíia cuatro saetas para significar el castigo que daba a los 
delincuentes por sus atentados, &c." ¿Qué son estas, y otras seme- 
jantes insignias de los dioses Megicanos, de que hablo en el libro vi de 
la historia, si no geroglificos, y signos no mui diferentes de los que 
usaban los antiguos Egipcios ? 

Mr. de Paw dice que para significar un árbol, pintaban un árbol. 
Hágame el favor de decirme qué es lo que pintaban para representar 
el dia, la noche, el mes, el año, el siglo, los nombres de las personas, 
y otras mil cosas qué no tienen tipos fijos en la naturaleza? ¿ Como 
podian representar el tiempo, si no es por medio de un geroglifico o 
emblema? *' Tenian los Megicanos, dice Acosta, figuras, y gerogli- 
ficos, con que representaban las cosas de este modo : esto es, las cosas 
que tenian figura las significaban con sus figuras ; para las que no 
tienen imágenes propias, se servían de otros caracteres, significativos 
de aquellas ; asi espresaban cuanto querian, y para determinar el 



358 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

tiempo en que ocurría algún suceso, empleaban aquellas ruedas pin- 
tadas : cada una de las cuales comprendía un siglo de 52 años." 
> Pero he aqui otra piedra de escándalo para la ignorancia del 
Prusiano. Burlase de las ruedas de los Megicanos, " cuya esposicion 
se atrevió a dar Carreri, fiándose a un profesor Castellano, llamado 
Congara, el cual no osó publicar la obra que habia prometido sobre 
este asunto, porque sus parientes, y amigos le aseguraron que con- 
tenia muchos errores." Parece que Mr. de Paw no sabe escribir sin 
disparatar. Aquel profesor en quien se fió Carreri, o sea Gemelli, 
no era Castellano, sino Criollo, nacido en la misma ciudad de Megico ; 
no se llamaba Congara, sino Sigüenza y Gongora; no dejó de estam- 
par su Ciclografia Megicana, que fue la obra de que se sirvió 
Gemelli, por temor de la censura del público, si no por los crecidos 
gastos de la impresión en aquellos países, que es lo que también ha 
estorvado la publicación de otras exelentes producciones, tanto del 
mismo escritor, como de otros hombres doctísimos. Decir que los 
parientes, y los amigos de Sigüenza lo disuadieron de publicar la 
obra, por que contenia muchos errores, no es un error, o equivocación 
cometida por descuido, si no una mentira manifiesta, inventada con el 
premeditado designio de alucinar al publico. ¿ Quien puede haberle 
comunicado tan estrafia anécdota, enteramente ignorada en Megico, 
donde es tan cara la memoria, y tan célebre la fama de aquel grande 
hombre, y donde los literatos no cesan de deplorar la perdida de 
aquellas, y de otras preciosas obras de su mano 1 ; Qué podia temer 
Sigüenza de la publicación de las ruedas Megicanas, publ^f^adas ya un 
siglo antes por Valadés en Italia, y descritas por Motolinia, Sahagun, 
Gomara, Acosta, Herrera, Torquemada, y Martínez, todos Europeos, y 
por los historiadores Megicanos, Acolhuís, y Tlascaleses, Ijtlíljochítl, 
Chimalpain, Tezozomoc, Niza, Ayala, y otros 1 Todos estos escritores 
están de acuerdo con Sigüenza en las esplicaciones de las ruedas Megi- 
canas del siglo, del año, del mes, y solo difieren de él acerca de los 
principios del año, y de los nombres de algunos meses, por las 
razpnes que he indicado en el libro vi de mi Historia. Todos loa que 
haíi escrito en esta materia, tanto Españoles, como Americanos, que 
son en gran numero, dicen a una voz que los Megicanos, y las otras 
naciones de aquellos países se valían de las ruedas para representar su 
siglo, su año, y su mes ; que su siglo constaba de 52 años, su año de 
365 días, distribuidos en 18 meses de 20 dias cada uno, con 5 días 
mas que llamaban Nemontemi ; que en su siglo contaban 4 periodos 



CULTURA DE LOS MEGICANOS. 359 

de 13 años ; que los nombres, y caracteres de los años eran solamente 
cuatro, a saber : el Conejo, la Caña, el Pedernal, y la Casa, los 
cuales alternaban sin interrupción mudando los números, &c. 

" No puede ser, dice el investigador Prusiano ; por que estos usos 
supondrían una larga serie de observaciones astronómicas, y de cono- 
cimientos exactos sobre el arreglo del año solar, lo cual no puede 
combinarse con la prodigiosa ignorancia en que estaban envueltos 
aquellos pueblos. ¿ Como podian perfeccionar su Cronologia los que 
no tenian voces para contar mas alia de diez V Está bien. Luego si 
los Megicanos tubieron en efecto aquel modo de coordinar el tiempo, 
no deberán llamarse barbaros, y salvages, sino cultos, y cultisimos ; 
pues no merece otro epíteto la nación que tiene una larga serie de 
observaciones, y de conocimientos exactos en Astronomía. Ahora 
bien, la certeza del arreglo del tiempo entre los Megicanos, es una 
cosa que no admite duda : por que si el unánime consentimiento de 
los escritores Españoles acerca de la comunión de los Megicanos * no 
permite dudar de aquella solemnidad religiosa ¿no existe el mismo 
consentimiento unánime, añadido al de los escritores Megicanos, 
Acolhuis, y Tlascalese:^, en favor del método que tenian aquellas 
naciones para el computo de los siglos, de los meses, y de los años, y 
de la conformidad de este computo con el curso solar ? Ademas de 
que la deposición de los Españoles en esta materia es de gran peso, 
pues se empeñaron, como dice Mr. de Paw en desacreditar a los 
Americanos hasta el estremo de poner en duda su racionalidad. 
Cedamos pues al peso de tantas autoridades ; creamos lo que dicen 
los historiadores acerca de las ruedas, y confesemos que los Megi- 
canos no estaban sumergidos en la prodigiosa ignorancia que finge 
Mr. de Paw. Por lo que hace a la escasez de voces numerales, en 
otra disertación haré ver su error, y su ignorancia. 

** No puede saberse, dice Mr.de Paw, la significación de las pinturas 
Megicanas, por que los Españoles no podian entenderlas sin que se las 
declarasen los Megicanos, y ninguno de ellos ha sabido lo bastante para 
traducir un libro." \ Cuantos dislates en pocos renglones ! Para que los 
Españoles entendiesen el sentido de las pinturas Megicanas, no era ne- 
cesario que los Megicanos supiesen la lengua Española, pues bastaba que 

* " Confieso que el consentimiento de todos los historiadores Españoles no 
permite dudar que estos dos pueblos (Megicano, y Peruano) en la masa enorme 
de sus supersticiones, tenian algunos usos que no se diferenciaban mucho de lo 
que nosotros llamamos comunión." Investigaciones Filosóficas, tom. ü. Carta a 
Mr. * * * sobre la religión de los Americanos. 



2&) HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

los conquistadores supiesen la del pais ; ni para esplicar una pintura 
se necesita tanto saber como para traducir un libro. Mr.de Paw dice 
que la aspereza de la lengua Megicana ha impedido hasta ahora que 
los Españoles la pronuncien, y que la estolidez de los Megicanos les 
ha impedido aprender el Español : una y otra especie son opuestas 
a la verdad. De la lengua Megicana hablaré en otra parte. La 
Castellana ha sido siempre comunisima entre los habitantes de 
Megico, y hai muchos que la hablan tan correcta y fluidamente como 
los mismos Españoles. Muchos de ellos escribieron en Castellano su 
historia antigua, y la de la conquista, como puede verse en el catalogo 
que se halla al principio de esta obra. Otros tradugeron libros Latinos 
en Castellano ; Castellanos en Megicano, y Megicanos en Castellano ; 
entre los cuales son dignos dé particular mención D. Fernando Alba 
Ijtliljochitl, de quien tantas veces he hablado ; D. Antonio Valeriano 
de Azcapozalco, maestro de lengua Megicana del historiador Torque- 
mada, que habla de él con grandes elogios, D. Juan Berardo de 
Huejotzinco, D. Francisco Bautista Contreras de Quauhnahuac, Fer- 
nando Ribas, y Estevan Bravo de Tezcuco, Pedro de Gante, Diego 
Adrián, y Agustín de la Fuente de Tlatelolfo*. Sabemos por la 
histo^-ia de la conquista que la célebre India Doña Marina aprendió 
con estraordinaria prontitud y facilidad la lengua Castellana, y que 
hablaba mui bien la Megicana, y la Maya, mas diferentes entre si que 
el Francés, el Hebreo, y el Ilirico. Habiendo pues habido en todos 
tiempos muchos Españoles que han hablado el Megicano, y muchos Me- 
gicanos que han hablado el Español ¿ qué tiene de imposible que los 
Megicanos hayan esplicado a los Españoles el sentido de sus pinturas ? 
Es cierto que en las copias de las pinturas Megicanas publicadas 
por Purchas, y por Thevenot no se ven observadas las proporciones ni 
las leyes de la perspectiva: pero es necesario tener presente que 
aquellos toscos dibujos están grabados en madera, lo que verosímil- 
mente aumentaría los defectos del original. Ni es de estrañar que 
las referidas estampas fuesen copias imperfectisimas de las pinturas, si 
se observan los descuidos de toda la publicación, pues en ella se 
omiten enteramente las pinturas xxi y xxii ; en la mayor parte de 
las otras faltan las imágenes de las ciudades, y ademas están transtor- 
nadas las de los años correspondientes a los reinados de Ahuitzotl, y 
Moteuczoma II, como yo lo he manifestado hablando de las diversas 

* Véase sobre este asunto la Monarquía Indiana de Torquemada, el epitome de 
\^ Biblioteca Occidental de Pinelo, la Biblioteca Megicana del Dr. Eguira, y el' 
Teatro Megicano de Betancourt. 



í 



CULTURA DE LOS MEGICANOS. 361 

colecciones de pinturas Megicanas que existen en la actualidad. 
Boturini, que vio en Megico las pinturas originales de aquellos anales, 
y las de la matricula de tributos, copiadas en las obras de Purchas, y 
de Thevenot, se lamenta de los grafades defectos que se notan en 
estas ediciones. En efecto, basta comparar las publicadas en Megico 
el año de 1770 por Lorenzana, con las publicadas en Londres por 
Purchas, y en Paris por Thevenot, para conocer la gran diferencia que 
reina entre unas, y otras. Yo no me empeño sin embargo en defender 
la perfeccioií de las pinturas originales copiadas por Purchas: antes 
bien soi de opinión que eran imperfectas como todas las históricas de 
.aquellos pueblos, pues los pintores solo se limitaban a los contornos, 
y al colorido de los obgetos, sin curarse de la perspectiva, de las 
proporciones, ni del claro-oscuro. Ni era posible que observasen 
escrupulosamente las reglas del arte, si se atiende a la estraordinaria 
prontitud con que pintaban, de lo que dan fe Cortés, y Bernal Diaz, 
como testigos oculares. Pero veamos las consecuencias que de todo 
esto deduce Mr. de Paw. Los Megicanos no observaban en sus pin- 
turas las reglas de la perspectiva : luego no podían por medio de ellas 
perpetuar la memoria de los sucesos. Los Megicanos eran malos 
pintores : luego no podian ser buenos historiadores. Pero si se quiere 
adoptar esta lógica deberemos también decir que los que no tienen 
buena letra no pueden ser buenos historiadores, pues las letras son 
para los nuestros lo que las pinturas para los Megicanos ; y asi como 
pueden escribirse buenas historias con mala letra, asi también pueden 
representarsíj bien los hechos historíeos con imágenes toscas : lo esencial 
es que se entienda lo que se ha querido espresar. 

Mas esto es justamente lo que Mr. de Paw no encuentra en las co- 
pias de Purchas. Declara que habiendo confrontado de diversos modos 
las figuras con la esplicacion, no halla la menor relación entre aquellas, 
y esta, y que asi como en una de ellas se interpretan ocho reyes de 
Megico, podrían entenderse del mismo modo ocho concubinas de 
Moteuczoma. Esto mismo podría sucpderle si se le presentase el 
libro Chun-yum del filosofo Confucio escrito en caracteres Chinos, con 
la interpretación al lado en lengua Francesa. Confrontaría de varios 
modos los caracteres Chinos con la interpretación, y no hallando la 
menor relación entre ellos, diría que como se interpretan allí las nueve 
condiciones que debe tener un buen emperador, asi podrían interpre- 
tarse las nueve concubinas, o los nueve eunucos que tubo un empe- 
rador antiguo; pues tanto entiende de figuras Megicanas como de 
caracteres Chinos. Si yo pudiera abocarme con Mr. de Paw le 



^2 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

demostraría la relación que hai entre las ideas, y las imágenes de que 
se valian los Megicanos para representarlas ; mas pues lo ignora, de- 
beria remitirse al juicio de los inteligentes. 

Cree o quiere hacemos creer que las pinturas copiadas por Purchas 
son las únicas que escaparon al incendio dispuesto por los primeros 
misioneros: mas esto es falsisimo, como lo hice ver en el tomo i, 
rebatiendo la opinión de Robertson. Las pinturas que se preser- 
varon del incendio fueron tantas que ellas suministraron la mayor 
parte de los materiales para la historia antigua de Megico, no solo a 
los escritores Megicanos, si no a los Españoles. No se fundaban en 
otros apoyos, ni documentos las obras de D. Fernando Alba Ijtlil- 
jochitl, de D. Domingo Chimalpain, de D. Fernando Alvarado Tezo- 
zomoc, de D. Tadeo de Niza, de D. Gabriel de Ayala, y de los otros 
que he nombrado en mi catalogo. El infatigable Sahagun se valió 
de muchas pinturas para su Historia de la Nueva España. Torque- 
mada cita con frequencia las que consultó para su obra. Sigüenza 
heredó los MSS, y las pinturas de Ijtliljochitl, y adquirió otras 
muchas a sus espensas, y después de haberse servido de ellas, las 
dejó por su muerte, con su preciosa librería* al Colegio de S. Pedro, 
y S. Pablo de Jesuítas de Megico, donde yo vi, y estudié muchas de 
ellas. En los dos últimos siglos se presentaban muchas veces por los 
Indios, en los tribunales de Megico, pinturas antiguas, como títulos 
de propiedad, o de posesión de las tierras, y para esto habia inter- 
pretes instruidos en su significación. Gonzalo de Oviedo hace men- 
ción de este uso, en tiempo de D. Sebastian Ramírez fie Fuenleal, 
Presidente de la Audiencia de Megico, y por que era de mucha 
importancia la inteligencia de aquellos títulos para la decisión de los 
pleitos, habia en la universidad de Megico un profesor encargado de 
enseñar la ciencia de las pinturas, de los geroglificos, y de los carac- 
teres. Las muchas pinturas recogidas por Boturíni, e indicadas en el 
catalogo de su museo, impreso en Madrid el año de 1746, como las 
que yo he citado en muchas partes de esta obra, prueban que no son 
pocas, como pensaron Mr. de Paw, y el Dr. Robertson las que 
escaparon del incendio de los misioneros. 

Finalmente, para mayor confirmación de lo que llevo dicho, y para 
manifestar a Mr. de Paw la variedad de las pinturas Megicanas, estrac- 
taré lo que dejó escrito el Dr. Eguiara * en el erudito prefacio de su 

* El Dr.E^iara digno de perpetua memoria por su índole amabilísima, por su 
incomparable modestia, por su vasta literatura, y por el celo con que trabajó 
liasta su muerte en servicio de su patria, nació en Megico a fines del siglo pasa- 



CULTURA DE LOS MEGICANOS. 363 

Biblioteca Megicana. " Habia, dice, pinturas lunares, llamadas 
Tonalamatl, en que publicaban sus pronósticos acerca de las mudan- 
zas del tiempo. De una de ellas se sirvió el Dr. Sigüenza en su 
Ciclografia Megicana, como él mismo asegura en la obra que intitu- 
ló Libra Astronómica. Otras contenian los horóscopos de los niños, 
en que se representaban sus nombres, los signos de su nacimiento, y 
su hado, o estrella; de esta clase son las que menciona Gerónimo 
Román, en su República del Mundo. Otras eran dogmáticas, que 
contenian el sistema religioso de aquellos pueblos ; otras hiátoricas, 
otras geográficas. Es cierto que las que se hacian para el uso común, 
y familiar eran tan claras, que todos las entendían : pero las que con- 
tenian los arcanos de la religión, estaban llenas de geroglificos, que no 
estaban al alcance del vulgo. Habia ademas gran diversidad entre 
ellas, tanto con respecto a los pintores, como por lo que hace a su 
egecucion, a su fin, y a su uso. Las que se destinaban al ornato de 
los palacios eran perfectas : pero en las que contenian algún sentido 
misterioso, se veian ciertos caracteres, y figuras horribles. Los pinto- 
res eran muchos, pero el escribir los caracteres, el componer los 
anales, y el tratar de los asuntos relativos a la religión, eran funciones 
propias de los sacerdotes." Hasta aqui el Dr. Eguiara. 

Sepa pues Mr. de Paw que de las pinturas Megicanas, algunas eran 
imágenes simples de los obgetos ; otras, caracteres que no espresaban 
palabras, como los de nuestra escritura, si no cosas, como las de los 
astrónomos, y algebristas. Algunas pinturas estaban destinadas a 
espresar solamente las cosas, o las ideas, o por decirlo asi, a escri- 
bir ; y en estas no se curaban de las proporciones, ni de la belleza, 
por que se hacian de prisa, para instruir la mente, y no para recrear 
los ojos: pero en las que procuraban imitar la Naturaleza, y que so 
egecutaban con la lentitud que requieren obras de esta especie, se 
observaban las proporciones, las distancias, las actitudes, y las reglas 

(lo. Fue muchos años profesor de Teología en aquella universidad, y publicó en un 
tomo en folio, algunos tratados teológicos mui apreciados. Fue rector, y luego 
canciller de aquel cuerpo literario, y dignidad de aquella iglesia metropolitana, 
amado siempre, y reverenciado por toda clase de personas, por la pureza de su 
vida, y la solidez de su doctrina. Después de haber renunciado el obispado de 
Yucatán a que lo destinó el rei Católico en atención a sus relevantes méritos, 
publicó en Megico un tomo en folio de su Biblioteca Megicana, para la cual, ade- 
mas de la inmensa fatiga de recoger, ordenar, y perfeccionar los materiales, man- 
dó llevar de Paris una gran imprenta, provista de caracteres Romanos, Griegos, 
y Hebreos. Su muerte, ocurrida en 1 763, no nos permitió ver terminada aquella 
obra, que hubiera hecho mucho honor a su patria. 



364 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

del arte, aunque no con tanta perfección como las que admiramos en 
los buenos artistas de Europa. Como quiera que sea, yo quisiera que 
Mr. de Paw me indicase en el antiguo continente un pueblo bárbaro, o 
serai-barbaro que haya empleado tanta industria, y diligencia como los 
Megicanos, en eternizar la memoria de sus sucesos. 

El Dr. Robertson, hablando de la cultura de los Megicanos en el 
libro vii de su Historia, espone los progresos que hace la industria 
humana para llegar a la invención de las letras, con cuya combinación 
puedan espresarse todas las modificaciones del habla. Estos progre- 
sos sucesivos son, según aquel escritor, de la pintura actual al simple 
geroglifico ; de este al símbolo alegórico ; del símbolo alegórico al 
carácter arbitrario, y últimamente al alfabeto. Si alguno busca en 
aquella obra a qué grado llegáronlos Megicanos, no podra ciertamente 
adivinarlo, pues el autor habla con tanta ambigüedad que a veces pa- 
rece creer que llegaron apenas al simple geroglifico, otras al carácter 
arbitrario. Diga lo que quiera, lo cierto es que todos los modos que 
cita de representar las ideas, exepto el alfabeto, estaban en uso entre 
los Megicanos. Sus caracteres numerales, los significativos de la 
noche, del dia, del año, del siglo, del cielo, tle la tierra, del agua, de 
la voz, del canto, &c. ¿ no eran acaso verdaderos caracteres arbitrarios, 
y convencionales? Llegaron pues al mismo grado que los famosos 
Chinos después de tantos siglos de cultura. No hai otra diferencia 
entre los unos, y los otros si no que los caracteres Chinos se han mul- 
tiplicado con tanto exeso, que no basta la vida de un hombre para 
aprenderlos. ^ 

El mismo Dr. Robertson, lejos de negar, como hace temerariamente 
Mr. de Paw, la existencia de las ruedas seculares de los Megicanos, 
reconoce su método en el computo de los tiempos, y confiesa que ha- 
biendo ellos observado que en 18 meses de 20 dias cada uno, no se 
abrazaba el curso completo del sol, añadieron los cinco dias Nemonte- 
mi. " Esta gran proximidad, añade, a la exactitud filosófica, muestra 
claramente que los Megicanos hablan prestado a las investigaciones 
especulativas, la atención que los hombres en estado de salvages no 
suelen emplear en semejantes obgetos." ¿ Qué hubiera dicho al saber, 
como sabemos, no solo por el gravísimo testimonio del Dr. Sigüenza, 
si no por observaciones propias sobre la Cronología Megicana, que 
ademas de contar aquellas gentes 365 dias en el año, reconociendo el 
exeso de casi seis horas del año solar con respecto al civil, remediaron 
esta irregularidad por medio de los 13 dias intercalares, que anadian a 
su siglo de 52 años ? 



CULTURA DE LOS MEGICANOS. 96& 

Artes de los Megicanos. 

Después de haber hecho Mr. de Paw una ignominiosa descripción 
del Peni, y de la barbarie de sus habitantes, habla de Megico, " de 
cuyo imperio, dice, se han contado tantas maravillas, y falsedades como 
las del Perú : pero lo cierto es, añade, que aquellas dos na- 
ciones eran casi iguales, ora se considere su gobierno, ora sus 
instrumentos, y sus artes. La agricultura estaba en ellas abando- 
nada ; la arquitectura era mezquina ; sus pinturas toscas ; sus artes 
imperfectas : sus fortificaciones, sus palacios, sus templos, puras 
ficciones de los Españoles. Si los Megicanos hubieran tenido fortifi- 
caciones, hubieran podido guarecerse de los efectos de las armas de 
fiíego, y aquellos seis mezquinos cañones de hierro que llevó consigo 
Cortés, no hubieran destruido en un momento tantos baluartes, y trin- 
cheras. Los muros de sus edificios no eran otra cosa que grandes 
piedras, puestas unas sobre otras. El ponderado palacio, en que resi- 
dían los reyes de Megico, era una cabana : por lo que Cortés, no ha- 
llando habitación proporcionada en toda la capital de aquel estado que 
acababa de someter, se vio en la precisión de mandar construir un pa- 
lacio, que todavia subsiste." No es fácil llevar cuenta de los desati- 
nos que amontona Mr. de Paw en este pasage : pero dejando aparte 
los relativos al Perú, hablemos tan solo de lo que escribe sobre las 
artes de los Megicanos. 

De su agricultura he hablado lo bastante para hacer ver que no solo 
cultivaban vion gran esmero todas las tierras cultivables del imperio, 
si no que formaban con maravillosa industria nuevos terrenos, constru- 
yendo en la superficie del agua aquellos huertos, y jardines flotantes, 
tan celebrados por Españoles, y estrangeros, y que aun admiran los 
que navegan en los lagos. También he probado, con la autoridad de 
muchos testigos oculares, que no solo cultivaban las plantas útiles al 
mantenimiento, y al vestido del hombre, y al alivio de sus males, si no 
también las flores, y las otros vegetales, que solo sirven a los placeres 
de la vida. Cortés en sus cartas a Carlos V, y Bemal Diaz en su 
Historia, hablan con admiración de los famosos huertos de Iztapala- 
pan, y de Huajtepec, que uno y otro vieron, y de los que habla tam- 
bién el Dr. Hernández, que los vio 40 años después do la conquista. 
El mismo Cortés, en su carta al emperador, fecha de 30 de Octubre de 
1520, dice: " es cosa grande la muchedumbre de habitantes en estos 
paises, que no hai un palmo de tierra que no esté cultivado. ** Es 



366 HISTORIA ANTIGUA DE MKGICO. 

necesario tener una dosis nada vulgar de testarudez para negar cré- 
dito a esta clase de testimonios. 

Con los mismos apoyos he hablado de la gran diligencia de los Me- 
gicanos en la cria de toda especie de animales ; en cuyo genero de 
magnificencia exedio Moteuczoma a todos los reyes del mundo. Era 
imposible que aquellas gentes mantubiesen tan estupenda variedad de 
cuadrúpedos, aves, y reptiles, sin tener grandes conocimientos acerca 
de su naturaleza, de su instinto, de su modo de vivir, &c. 

Su arquitectura no era ciertamente comparable con la de los Euro- 
peos ; mas era mui superior a la de la mayor parte de los pueblos de 
Asia, y África. ¿ Quien osará comparar a las casas, a los palacios, a los 
templos, a los baluartes, a los acueductos, a los caminos de los antiguos 
Megicanos, no ya las miserables cabanas de los Tártaros, de los Sibe- 
rianos, de los Árabes, y de aquellas mezquinas naciones que viven 
entre el Cabo Verde, y el de Buena Esperanza, si no los edificios de 
Etiopia, de una gran parte de la India, de las islas del Asia, y del 
África, y entre ellas el Japón? Basta confrontar lo que han escrito 
acerca de la arquitectura de todos estos paises los viageros que los 
han recorrido, y examinado, para desmentir a Mr. de Paw, el cual osa 
asegurar que todas las naciones Americanas eran inferiores en indus- 
tria y sagacidad a los pueblos mas groseros del antiguo continente. 

Dice que el ponderado palacio de Moteuczoma no era mas que una 
cabana : pero Cortés, Bemal Diaz, y el conquistador anónimo, que 
tantas veces lo vieron, dicen todo lo contrario. " Tenia, dice Cortés, 
hablando de Moteuczoma, en esta ciudad (de Megico) crsas para su 
habitación, tales, y tan maravillosas, que no creo poder espresar su exe- 
lencia, y grandeza, por lo que diré tan solamente que no las hai iguales 
en España." Asi escribe este conquistador a su rei, sin miedo de que 
lo desmientan sus capitanes, y soldados, los cuales tenian a la vista 
los obgetos de que se habla. El conquistador anónimo, en su curiosa, 
y sincera relación, tratando de los edificios de Megico, se esplica en 
estos términos : " había hermosas casas de señores, tan grandes, y 
con tantas cuadras, y jardines altos, y bosques, que nos dejaban ató- 
nitos. Yo entré cuatro veces por curiosidad en un palacio de Mote- 
zuma, y habiendo girado en lo interior, hasta cansarme, no lo vi todo. 
Acostumbraban tener al rededor de un gran patio cámaras, y salas 
grandísimas, pero sobre todo habia una tan vasta, que dentro de ella 
podian estar tres mil hombres sin incomodarse : era tal, que el corredor 
que habia encima formaba uoa plazeta, en quie podian correr cañas 



CULTURA DE LOS MEGICANOS. dm- 

treinta hombres a caballo." De semejantes espresiones usa Bemal 
Díaz en su Historia. Todos los historiadores de Megico convienen 
en que el egercito de Cortés, compuesto de mas de 6400 hombres, 
entre Españoles, Tlascaleses, y Cempoaleses, se alojó todo en el 
palacio, que habia sido del rei Ajayacatl, y quedó bastante para la 
habitación del rei Moteuczoma, y de su servidumbre, ademas de los 
almacenes en que estaba guardado el tesoro del primero de aquellos 
dos monarcas. Por los mismos escritores consta la magnificencia, y 
bellisima disposición del palacio de los pájaros, y Cortés añade que en 
las piezas de aquel edificio podian alojarse cómodamente dos grandes 
principes, con todas sus cortes, y describe menudamente sus pórticos, 
sus cuartos, y jardines. El mismo Cortés dice a Carlos V que en el 
palacio del rei Nezahualpilli en Tezcuco se alojó él con 600 Espa- 
ñoles, y 40 caballos, y que era tan grande, que cabian eh él 600 hom- 
bres mas. También habla del palacio del señor de Iztapalapan, y de 
muchas ciudades alabando su estructura, su hermosura, y su magni- 
fíencia. Tales eran las cabanas de los reyes, y señores de Megico. 

Decir, como dice Mr. de Paw, que Cortes mandó construir a toda 
prisa un palacio, por qhe no hallaba habitación proporcionada en 
aquella capital, es un error, que, hablando con mayor propiedad, de- 
berá llamarse una mentira. La verdad es que Cortés, durante el ase- 
dio de Megico, quemó, y arruinó la mayor parte de su caserío, como él 
mismo refiere, con cuyo obgeto, pidió, y obtubo de sus aliados algunos 
millares de hombres, que únicamente se empleaban en echar abajo 
los edificio^a medida que los Españoles adelantaban, a fin de no dejar 
a retaguardia ninguna casa en que pudieran parapetarse los enemigos. 
No era pues estraño que el caudillo Español careciese de alojamiento 
proporcionado, en una ciudad que él mismo habia destruido : pero esta 
destrucción no fue tan general, que no quedasen en pie muchas buenas 
casas en el cuartel de Tlatelolco, en que hubieran podido acomodarse 
mui bien los Españoles, y todos sus aliados. " Desde que dispuso 
nuestro Señor, dice Cortés, que esta gran ciudad de Temijtitan 
(Megico) fuese conquistada, no me pareció bien residir en ella, por 
causa de muchos inconvenientes : asi que me fui con toda mi gente a 
vivir a Cuyoacan." Si fuese cierto lo. que dice Mr. de Paw, Cortés 
hubiera dado por motivo de su salida de la capital, la falta de edificios 
para su residencia, y la de sus tropas. El palacio de Cortés se cons- 
truyó en el mismo sitio en que habia estado el de Moteuczoma. Si 
Cortés no hubiese arruinado este, hubiera podido habitar cómodamente 
en él, como habitaba Moteuczoma con toda su corte. Ademas es 



308 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

falso que exista actualmente el palacio de aquel conquistador, pues se 
quemó el año de 1692, en una sedición popular. Pero sobre todo es 
falsisimo que los muros de los edificios Megicanos no fuesen mas que 
grandes piedras, puestas unas sobre otras, sin ninguna unión : lo con- 
'trario demuestran todas los historiadores, y los restos de los edificios 
antiguos, de que después hablaré. Asi que no hai en todo el pasage 
de Mr. de Paw una sola proposición que no sea un error. 

No contento con echar al suelo las casas de los Megicanos, también 
se pone a destruir sus templos, y enfadado con Solis por que afirma 
que los de Megico eran 2,000 entre grandes, y pequeños, dice: 
" Jamas ha habido tan gran numero de edificios públicos en ninguna 
ciudad desde Roma a Pekin, por lo que Gomara, menos temerario, o 
mas sensato que Solis, dice que, contando siete capillas, no se ha- 
llaron en Megico mas de ocho lugares destinados al culto de los Ídolos." 
Para que se vea la fidelidad de las citas de Mr. de Paw, copiaré el 
pasage de Gomara a que se refiere. " Habia, dice en el capitulo xl, 
muchos templos en la ciudad de Megico, esparcidos por las parro- 
quias o barrios, con sus torres, y en ellos habia capillas, y altares en 
que se ponian los ídolos. Casi todos eran''de la misma forma ; asi 
que lo que voi a decir del templo principal, bastará para dar a conocer 
todos los otros :" y después de una menuda descripción de aquel gran 
templo, ponderando su altura, su amplitud, y su belleza, añade : 
" Ademas de estas torres, que se formaban sobre las pirámides, con 
sus capillas correspondientes, habia otras cuarenta, y mas, entre gran- 
des, y pequeñas, en otros Teocallis * menores que habigj dentro del 
recinto de aquel templo principal, los cuales eran todos de la misma 
forma que este .... otros Teocallis, o Cues habia en otros puntos de la 
ciudad . . . todos estos templos tenían sus casas propias, y sus sacer- 
dotes, y sus dioses, con todo lo necesario a su culto, y servicio." 
Vemos pues que el mismo Gomara, que según Mr. de Paw, solo 
halló en Megico ocho lugares destinados al culto de los ídolos, com- 
prendiendo siete capillas, cuenta claramente mas de 40 templos, dentro 
del recinto del templo principal, ademas de otros muchos esparcidos 
por las parroquias, y barrios. ¿ Quien podra fiarse de ^r, de Paw, 
después de tan manifiesta falsedad ? 

* TeocalU (casa de Dios) era el nombre que daban los Megicanos a sus tem- 
plos. Entre los Españoles, los unos los llamaban Templos, los otros Adoratorios, 
los otros, acostumbrados al lenguage de los Sarracenos, Mezquitas, y otros en 
ím Cues, palabra tomada de la lengua Haitiana. Los templos pequeños solían 
llamarse Humilladeros, o Sacrificaderos. 



CULTURA DE LOS MEGICANOS. 369 

Es verdad que Solis mostró poca critica en dar por cierto el numero 
de templos que los primeros historiadores espresaron solo por un 
calculo congetural; pero también se muestra poco juicioso Mr.de 
Paw, en comprender en el número de los edificios públicos las capillas 
que los Españoles llamaron templos. De estas habia innumerables. 
Todos los que vieron aquel pais antes de la conquista, declaran que 
tanto en los pueblos, cuanto en los caminos, y en las montañas, se 
veian por todas partes edificios de esta clase, los cuales, aunque pe- 
queños, y diferentes en un todo de nuestras iglesias, fueron sin em- 
bargo llamados templos por estar consagrados al culto de los ídolos. 
Asi en las cartas de Cortés, como en la Historia de Bernal Díaz se 
ve que apenas daban un paso los conquistadores en sus espediciones, 
sin encontrar un templo o capilla. Cortés dice que contó mas de 
400 templos en la ciudad de Cholula. Pero habia una gran diferencia 
en las dimensiones de estos edificios. Algunos no eran mas que un 
pequeño terraplén, de poca elevación, sobre el cual estaba la capilla 
del Ídolo titular. Otros eran realmente estupendos en su altura y 
amplitud. Cortés, hablando del templo mayor de Megico, asegura a 
Carlos V que no era í^cil describir sus partes, su grandeza, y las 
cosas que en él se contenían ; que era tan grande, que dentro del 
recinto de la fuerte muralla que lo circundaba, cabía un pueblo de 
500 casas. No hablan de otro modo de aquel, y de los otros templos 
de Megico, Tezcuco, Cholula, y otras ciudades, Bernal Díaz, el con- 
quistador anónimo, Sahagun, y Tobar, que los vieron, y los historia- 
dores Megyjanos, y Españoles que escribieron después, y con buenos 
informes, y datos seguros, como son Acosta, Gomara, Herrera, Tor- 
quemada, Sígiienza, Betancourt, y otros muchos. Hernández des- 
cribe una a una las 78 partes de que se componía el templo mayor. 
Cortés asegura que entre las altas torres que hermoseaban aquella 
gran capital, habia cuarenta tan elevadas, que la menor de ellas no 
era inferior en altura a la famosa Giralda de Sevilla. D. Fernando de 
Alba Ijtiiljochitl habla en sus MSS de aquella (orre de nueve pisos, 
que su célebre abuelo Nezahualcoyotl dedicó al Criador del cielo : 
edificio que probablemente es el mismo famoso templo de Tezcutzinco, 
que tanto encomia Valadés en su Retorica Cristiana. 

Toda esta nube de autoridades depone contra Mr. de Paw : apesar 
de las cuales no tiene a bien creer aquella gran multitud de templos 
en Megico, " porque Moteuczoma J fue el que dio a aquella villa la 
forma de ciudad ; desde el reinado de aquel monarca hasta la llegada 

TOMO II. 2 P ' 



370 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

de los Españoles no habian trascurrido mas de 42 años; espacio que 
no basta a construir 2,000 templos." 

En primer lugar es falso que Moteuczoma I fue el que dio a Me- 
gico la forma de ciudad, pues sabemos por la historia que aquella 
capital tenia forma de ciudad desde los tiempos de Acamapichtzin, 
primer rei de aquel estado. En segundo lugar es falso que desde el 
reinado de Moteuczoma I basta la conquista de los Españoles no tras- 
currieron mas qtie 42 años. Moteuczoma empezó a reinar, según he 
probado en mi segunda disertación, el año de 1436, y murió en 1464, 
y los Españoles no llegaron a Megico antes de 1519 : luego desde el 
principio del reinado de aquel principe hasta la llegada de los Espa- 
ñoles hubo 83 años, y 55 desde la muerte de Moteuczoma. En tercer 
lugar Mr. de Paw se muestra enteramente ignorante de la estructura 
de los templos Megicanos, ni sabe cuan grande era el numero de ope- 
rarios que concurrían a la construcción de los edificios públicos, y 
cuanta su prontitud en llevarlos a cabo. Tal vez se ha visto en Me- 
gico construir en una sola noche un pueblo entero (aunque en verdad 
solo se componía de cabanas de madera cubiertas de heno) y conducir 
a él los nuevos colonos sus familias, sus animales, y sus bienes. 

lEfl. cuanto a fortificaciones, es cierto e indudable por el dicho de 
Cortés, y de todos cuantos vieron las antiguas ciudades de aquel 
imperio*, que los Megicanos, y todas las otras naciones que vivían 
en sociedad, usaban murallas, baluartes, estacadas, fosos, y trincheras. 
Pero aunque no hiciesen fe tantos testigos oculares, bastarían las 
fortificaciones antiguas que aun subsisten en Quauhtochco, ^ Guatusco, 
y en Mohajac, de que ya he hablado en otra parte, para demostrar el 
error de Mr. de Paw. Es cierto que no eran comparables con las 
de Europa, por que ni la arquitectura militar de aquellos pueblos se 
habla perfeccionado tanto, ni tenían necesidad de ponerse a cubierto 
de la artillería, cuyo uso les era desconocido : pero bastante dieron a 
entender su industria, inventando tantas especies de reparos para 
defenderse de sus enemigos ordinarios. Quien lea las unánimes 
deposiciones de los conquistadores, no dudará de los grandes esfuerzos 
que tubieron que emplear para combatir los fosos, y las trincheras de 
los Megicanos en el asedio de la capital, apesar de ser exesivo el 

* Hablan con mucha frecuencia de las antiguas fortificaciones Cortés en sus 
cartas a Carlos V, Pedro Alvarado, y Diego Godoy en sus cartas a Cortés, 
Bernal Diaz en su Historia, el conquistador anónimo en su relación, Alfonso 
de Ogeda en sus Memorias, y Sahagun en su Historia, todos testigos oculares. 



CULTURA DE LOS MEGICANOS. 371 

numero de los aliados, y de tener tantas ventajas los sitiadores en las 
armas de fuego, y en los bergantines. La terrible derrota que su- 
frieron los Españoles, cuando se retiraron de Megico, no deja lugar a 
que se dude de las fortificaciones de aquella capital. No estaba 
circundada de murallas, porque tenia bastante para su seguridad con 
los grandes fosos que cortaban las calzadas que la unian con tierra 
firme, y que eran los únicos puntos por los cuales se podia entrar en 
su recinto: mas otras ciudades, cuya situación no era tan ventajosa, 
tenian murallas, y otros reparos para su defensa. El mismo Cortés 
describe menudamente las fortificaciones de la ciudad de Quauhque- 
cholan. 

Mas i para qué perder el tiempo en acumular testimonios, y otras 
pruebas de la arquitectura de los Megicanos, cuando ellos mismos nos 
las han dejado irrecusables en las tres calzadas que construyeron sobre 
el lago, y en el antiquisimo acueducto de Chapoltepec un monumento 
inmortal de su industria? 

Los mismos autores que testifican el estado a qué llegó la arqui- 
tectura en aquellos pueblos, acreditan la exelencia de sus plateros, de 
sus tegedores, de sus lapidarios, y de los que se empleaban en los 
mosaicos, y otras obras de plumas. Fueron muchos los Europeos que 
vieron, y examinaron estos trabajos, y se maravillaron de la destreza 
de sus artífices. Sus obras fundidas exitaron la admiración de los 
plateros de Europa, como afirman muchos * escritores que entonces 
vivian, y entre otros el historiador Gomara, que tubo muchas de 
aquellas ^ezas en sus manos, y oyó decir a los plateros de Sevilla 
que no se creian capaces de imitarlas. ¿ Es tan común el arte de 
construir aquellas alajas de que habla en el libro vii de esta historia, y 
que celebran unánimemente tantos escritores ? ¿ Hai muchos artífices 
en Europa que sepan fundir un pez, con escamas de oro, y plata, 
dispuestas alternativamente ? Cortés dice que las imágenes de oro, y 
de pluma que vio en Megico eran de tan esquisita labor que no le 
parecía posible se hiciesen mejores en Europa ; que en cuanto a las 
joyas no se podía entender de qué instrumentos se valían para darles 
tanta perfección, y que los trabajos de pluma eran tales, que ni en 
cera, ni seda se podían imitar. En su tercera carta a Carlos V^ 
hablando del botin que cayó en manos de los conquistadores, después 
de la toma de Megico, dice que se hallaron unas rodelas de oro, y 
plumas, y otras preciosidades de la misma materia, tan maravillosas, 
que no siéndole posible dar una exacta idea de su mérito por escrito, 
las enviaba a S. M. para que por sus propios ojos se asegurase de su 

2 B 2 



372 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

exelencia, y perfección. Estoi seguro que no hubiera hablado en 
aquellos términos de unos obgetos que enviaba, si no hubieran mere- 
cido estos los elogios que de ellos hacia. Casi en los mismos términos 
que Cortés, se espresan sobre el mismo asunto, los autores, que 
vieron aquellas obras, como Bernal Diaz, el conquistador anónimo. 
Gomara, Hernández, Acosta, y otros, de cuyos datos me he valido 
para todo lo que he escrito sobre este asunto en mi Historia. 

El Dr. Robertson reconoce el unánime testimonio de los antiguos 
escritores Españoles, y cree que no tubieron intención de engañar a 
los que leyeran sus escritos : pero asegura que todos fueron in- 
ducidos a exagerar, por las ilusiones que el calor de su imaginación 
les sugería. Con esta bella solución no hai cosa mas fácil que echar 
por tierra todo lo que en si contienen las historias. Todos, todos se 
engañaron ; sin exeptuar al ilustre Acosta, ni al docto Hernández, ni 
a los artífices Sevillanos, ni al rei Felipe II, ni al sumo pontífice 
Sisto V, admiradores todos, y encomiadores de aquellas obras maestras 
de la industria de los pueblos del Nuevo Mundo. Todos tubieron 
caliente la imaginación, y aun aquellos mismos que escribieron pocos 
años después de la conquista. Tan solamente*el Escoces Robertson, 
y el Prusiano Paw han tenido, después de dos siglos y medio, aquel 
temple de fantasía que es necesario para juzgar exactamente de las 
cosas ; sin duda por que el frío de los paises en que nacieron habrá 
moderado los Ímpetus fogosos de su imaginación. 

" Estas descripciones, añade Robertson, no bastan para que for- 
memos juicio del mérito de los trabajos de los Megicanos f es nece- 
sario considerar los productos de sus artes, como todavía se conser- 
van. Muchos de sus adornos de oro, y de plata, como también, 
muchos utensilios domésticos están depositados en el magnifico gabi- 
nete de curiosidades naturales, y artificiales, que acaba de abrir el rei 
Católico : y algunas personas, en cuyo gusto, y juicio debo fiarme, me 
han asegurado que estos ponderados esfuerzos del arte de los Megi- 
canos, son torpes representaciones de obgetos comunes, o imágenes 
de figuras humanas, y de animales, privadas enteramente de gracia, y 
propiedad." Y en la nota de este pasage añade : " En la armería 
del palacio Real de Madrid se muestran unas armaduras que dicen 
ser de Moteuczoma. Componense de unas placas de cobre mui 
bruñidas. Los inteligentes las creen Orientales. La forma de los 
adornos de plata de que están cubiertas, son figuras de dragones, y 
pueden considerarse como apoyos de aquella opinión. En punto a 
trabajo, son infinitamente superiores a todos los otros esfuerzos de la 



CULTURA DK LOS MEGICANüS. 373 

industria Americana, vistos basta ahora. La sola muestra indudable 
que yo he visto del arte de los Megicanos en Inglaterra, es una copa 
de oro finísimo, que aseguran haber pertenecido a Moteuczoma. En 
esta copa se representa un rostro humano. Por una parte se ve el 
rostro de frente ; por otro de perfil, y por otro la parte posterior de 
la cabeza. Las facciones son gruesas, pero tolerables, y demasiado 
tosco el trabajo para que se pueda atribuir a mano Española. Esta 
copa fue comprada por Odoardo, Conde de Oxford, cuando se hallaba 
en el puerto de Cádiz." Hasta aqui Robertson, a cuyas observaciones 
respondo, 1. Que no tubo motivo para creer que aquel tosco trabajo 
fuese realmente Megicano. 2. Que tampoco sabemos si las personas 
a cuyo juicio creyó deber fiarse Robertson, merecian también nuestra 
confianza, pues vemos que aquel escritor se fia con mucha frecuencia 
del testimonio de Gages, de Corral, de Ibañez, y de otros autores mui 
poco dignos de crédito. También pudo ser que aquellas personas 
tubiesen caliente la imaginación, pues según la Índole de la corrom- 
pida especie humana, es mas común calentarse la imaginación en 
contra, que en favor de una nación. 3. Que es bastante probable 
fuesen realmente Megicanas las armas que aquellos inteligentes 
creyeron Orientales: pues estamos seguros por el testimonio de todos 
los escritores de Megico, que aquellas naciones usaban armaduras de 
placas u hojuelas de cobre, y que con ellas se cubrían el pecho, los 
brazos, y los muslos, para defenderse de las flechas, y no sabemos que 
hayan tenido el mismo uso los habitantes de las islas Filipinas, ni 
algún otro,(j)ueblo de los que con ellos teniaíi trafico, y comunicación. 
Los dragones representados en aquellas armas, lejos de confirmar, 
como cree Robertson, la opinión de los que las tienen por Orientales, 
confirman mas bien la mia, pues no ha habido pueblo en el mundo 
que haya usado en sus armas las figuras de animales terribles tan 
comunmente, como hacían los Megicanos. Ni es de estrañar que 
estos tubiesen idea de los dragones, pues también la tenían de los 
grifones, como asegura Gomara, el cual dice que algunos áeñores 
tenían en sus armas la figura de un grifón, con un ciervo en las 
garras. 5. Que aunque sean toscas las imágenes formadas en aquellas 
labores de oro, y plata, bajo otro aspecto podrían ser exelentes, mara- 
villosas, e inimitables, pues en ellas deben considerarse dos clases de 
trabajo que no tienen entre si la menor conexión, a saber : la fundi- 
ción, y el dibujo. El famoso pez de que ya he hablado tendría quizas 
una forma incorrecta, y desproporcionada, sin que esto disminuya el 



374 HISTbRIA ANTIGUA DE MEGICO. 

mérito de aquella admirable alternativa de escamas de oro y plata, 
hechas en la fundición. 6. Finalmente, el juicio de algunas personas 
desconocidas al público, sobre aquellos pocos obgetos de dudoso 
origen que están en el gabinete de Madrid, no puede contrapesar la 
unánime decisión de todos los historiadores antiguos, que vieron, y 
describieron muchos trabajos de aquella especie, indudablemente 
Megicanos. 

De todo lo que llevo dicho hasta ahora se infiere el gran agravio 
que hace Mr. de Paw a los Megicanos, creyéndolos inferiores en in- 
dustria, y sagacidad a los pueblos mas incultos del antigux) continente. 
El P. Acosta, hablando de los Peruanos, dice : " Si estos hombres 
son bestias digalo quien quiera: yo estoi seguro que en aquello a que 
se aplican, nos son mui superiores." Esta ingenua confesión de un 
Europeo de tan sana critica, y tan imparcial en sus opiniones, vale 
algo mas que todas las invectivas de un filosofo Prusiano, y de un 
historiador Escocés, mal instruidos uno y otro en las cosas del Nuevo 
Mundo, y estrafiamente prevenidos contra los pueblos que lo habitan. 

Pero aun concediendo a Mr. de Paw que la industria de los Ameri- 
canos en sus artes sea inferior a la de los otros pueblos del mundo, 
nada debe inferirse de aqui contra las calidades mentales de aquellos 
pueblos, ni contra el clima de sus regiones, siendo cierto e indudable 
que la mayor parte de los inventos, y progresos de la industria, se de- 
ben mas que al ingenio, a la suerte, a la necesidad, y a la codicia. 
Los hombres mas diestros en las artes no son siempre los mas inge- 
niosos, si no los que mas necesidades padecen, y los qu^ mas viva- 
mente sienten los deseos de adquirir. *' La esterilidad de la tierra, 
dice Montesquieu, hace industriosos a los hombres, por que se ven 
precisados a proporcionarse de un modo o de otro lo que la tierra les 
reusa. La fertilidad de la tierra trae consigo la facilidad de mante- 
nerse, y al mismo tiempo la desidia." " La necesidad, dice el mismo 
Robertson, es el estimulo, y el conductor del genero humano en el 
camino de los inventos." Los Chinos no serian ciertamente tan in- 
dustriosos como son, si la exesiva población del pais no hiciese tan 
difícil la subsistencia ; ni en Europa se hubieran hecho tantos pro- 
gresos en las artes, si hubiese faltado el aliciente de los premios, y la 
esperanza de mejorar fortuna en los que las cultivan. Sin embargo 
de todo, los Megicanos pueden alegar en su favor muchos inventos 
capaces de inmortalizar sus nombres, como son, ademas de sus fa- 
mosas fundiciones de metales finos, y sus inimitables mosaicos de 



1 



CULTURA DK LOS MEGICANOS. 375 

plomas, y de conchas, el papel que haciati con algodón, maguei, seda, 
y palma de monte* ; sus tintes de colores indelebles: sus hilados, y 
tegidos del pelo mas sutil del conejo, y de la liebre ; sus navajas de 
afeitar de obsidiana o piedra ¿¿zí/é,- la industriosisima cria de la co- 
chinilla, para sacar de este insecto tan preciosos colores ; el esmalte 
de los pavimentos de las casas, y otros muchos no menos dignos de 
admiración, cuyos pormenores pueden verse en esta obra, y en las de 
todos los historiadores de Megico, asi como de los inventos, y pro- 
gresos industriales de los Peruanos, dan suficiente idea las obras del 
Inca Garcilaso, y del P. Acosta, y las Cartas Americanas de Carli. 
Pero ¿qué estrafio es que las naciones civilizadas del nuevo con- 
tinente poseyesen aquellas invenciones, y conocimientos, cuando entre 
los pueblos barbaros del mismo se han encontrado artes singularísi- 
mas, y nunca vistas en Europa. ¿ Qué invento por egemplo mas es- 
traordinario que el de domesticar los peces del mar, y servirse de ellos 
para pescar otros mas grandes, como hacian los habitantes de las 
Antillas? Esta sola prueba de ingenio, y destreza, de que hacen 
mención Oviedo -f-. Gomara, y otros autores bastaria para desmentir 
las invectivas de Mr. de Paw contra la industria de los Americanos. 

Lengua Megicana. 
" Las lenguas de America, dice Mr. de Paw, son tan limitadas, y 
tan escasas de palabras, que no es posible espresar en ellas ningún 
concepto metafisico. En ninguna de ellas se puede contar mas all^ 
de tres (eio otra parte dice que los Megicanos contaban hasta diez). 
No es posible traducir un libro, no ya en las lenguas de los Algonqui- 
nes, y de los Guaranis o Paraguayeses, pero ni aun en las de Megico, 
y Perú, por no haber en ellas suficiente cantidad de voces para es- 
presar nociones generales." El que lea estas decisiones magistrales 
del filosofo Prusiano, se persuadirá sin duda que pronuncia su fallo, 
después de haber viajado por toda la America, y de haber examinado 
todas las lenguas que se hablan en aquel continente : pero no es asi. 
Sin salir de su gabinete de Berlin, sabe mejor todo lo que pasa en 

* Véase lo que digo sobre el papel en el libro vii. La iavencion del papel es 
sin duda mas antigua en America que en Egipto, de donde pasó a Europa. Es 
cierto que el papel Megicano no es comparable en finura al Europeo, pero debe 
tenerse presente cjue no lo hacian para escribir, si no para pintar. 

f El pez de que los Indios se servían para dar caza a otros mayores como en 
Europa se usan los halcones para cazar otras aves, es el llamado en aquellas islas 
Guaicán, y por los Españoles Reverso. Oviedo describe el modo con que hacian 
esta pesca. 



376 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

America, que los mismos Americanos, y en el conocimiento de las 
lenguas es superior a ios que las hablan. Yo aprendí la Megicana, 
y la oí hablar a los Megicanos, por espacio de muchos años, y no 
sabia que fuese tan escasa de voces numerales, y de términos signifi- 
ficativos de ideas universales, hasta que me descubrió este gran se- 
creto Mr. de Paw. Sabia que los Megicanos habiau dado el nombre 
de Centzontli (esto es 400) o mas bien el de Centzontlatale (esto es, 
el que tiene 400 voces) a aquel pajaro tan célebre por su singular dul- 
zura, y por la incomparable variedad de su canto. También sabia 
que los antiguos Megicanos contaban por giquipili las almendras de 
cacao, que empleaban en el comercio, y sus tropas en la guerra ; asi 
que para decir, por egemplo, que un egercito se componía de 40,000 
hombres, decian que tenia 5 giquipilis. Sabia yo en fin que los 
Megicanos tenian voces numerales para espresar cuantos millares, y 
millones querían : pero Mr. de Paw sabe todo lo contrario, y no hai 
duda que lo sabrá mejor que yo ; por que yo tube la desgracia de 
uacer en un clima menos favorable que el de Prusia, a las opera- 
ciones intelectuales. Sin embargo, para satisfacer la curiosidad de 
mis lectores quiero ponerles a la vista la serie de nombres numerales 
de que se han servido siempre las naciones de Anahuac. 

VOCES NUMERALES DE LOS MEGICANOS. 

1 Ce. 

2 One. 

3 Jei.> 

4 Nañui. 

5 Macuilli. 

6 Chicuace. 

7 Chicóme. 

8 Chicuei. 

9 Chiucnahui. 

10 Matlactli. 

15 Chajtolli. 

Con estas voces diversamente combinadas entre si, y con los tres 
nombres de Pohualli, o Poalli 20, Tzontli 400, y Giquipilli 8,000, 
espresan cualquiera cantidad, como 

20 Cempoalli. 

40 Ompoalli. 

60 Epoalli. 

80 Nauhpoalli. 



CULTURA DE LOS MEGICANOS. 377 > 

100 Macuilpoalli. 

120 Chicuacempoalli. 

200, 10 veces 20 Matlacpoalli. 

300, 15 veces 20 Caltolpoalli. 

De este mismo modo cuentan hasta llegar a 400 

400 Centzontli. 

800 Onzontli. 

1200 Etzontli. 

1,600 Nauhtzontli. 

2,000 Macuiltzontli. 

2,400 ChicuacentzonilL 

4,000, 10 veces 400 Matlactzontli. 

6,000, 15 veces 400 Caltoltzontli. 

Este modo de numerar sigue hasta 8,000. 

8,000 Cegiquipilli. 

16,000 Ongiquipilli. 

24,000 ^ Egiquipilli. 

32,000 Nauhgiquipilli. 

40,000 Macuilgiquipilli. 

48,000 Chicuacengiquipilli. 

80,000, 10 veces 8,000 Matlacgiquipilli. 

120,000, 15 veces 8,000 Cajtolgiquipilli, 

160,000, 20 veces 8,000 Cempoalgiquipilli. 

320,0db, 40 veces 8,000 Ompoalgiquipilli. 

3,200,000, 400 veces 8,000 Centzontgiquipilli. 

6,400,000, 800 veces 8,000 Ontzongiquipilli. 

32,000,000, 4,000 veces 8,000 Matlactzongiquipilli. 

48,000,000, 6,000 veces 8,000 Caltoltzongiquipilli* . 

En este catalogo de voces numerales Megicanas se echa de ver qué 
los que, según Mr. de Paw, no tenian palabras para contar mas alia 
de tres, podian contar, a lo menos, hasta 48,000,000. Del mismo 
modo me seria fácil rebatir el error do Mr. de La Condamine, y del 
mismo Mr. de Paw, alegando el egemplo de otras muchas lenguas de 
America, aun de las que se usaban por pueblos que se creían general- 
mente barbaros. Actualmente se hallan en Italia personas mui practicas 

* Dige que podian contar hasta 48,000,000 cuando menos, por que pueden 
contar mayores cantidades, pero necesitan emplear palabras mas largas, y lo 
dicho basta para desmentir a Mr. de Paw. »!:«■ 



tS7ñ HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

en las cosas del Nuevo Mundo, y que pueden dar razón de mas de 60 
lenguas Americanas : pero todo esto serviría tan solo para cansar la 
paciencia de los lectores. Entre los materiales que he recogido para 
esta obra, tengo los nombres numerales de la lengua Araucana, que 
con ser de una nación mas guerrera que culta, tenia voces para contar 
millones*. 

No es menor la equivocación de Mr.de Paw en afirmar que las 
lenguas Americanas no pueden espresar conceptos metafisicos; no- 
ticia que ha sacado de la obra dé Mr.de la Condamine. *• Tiempo, 
dice este filosofo, hablando de las lenguas Americanas, duración, 
espacio, ser, sustancia, materia, cuerpo, todas estas palabras, y otras 
muchas carecen de equivalente en aquellos idiomas. No solo los 
nombres de los seres metafisicos, si no también los de las ideas morales 
carecen de voces propias, y solo pueden espresarse aquellos concep- 
tos, mui imperfectamente y con largas circumlocuciones." Pero 
Mr. de la Condamine sabia tanto de lenguas Americanas como Mr. 
de Paw, y sin duda se informó de algún hombre ignorante, como 
sucede tantas veces a los viageros. Yo estoi intimamente convencido 
de que muchas lenguas Americanas no tienen esa escasez de voces 
def que hablan aquellos escritores : pero dejando esto por ahora, hable- 
mos solo de la Megicana, que es el principal obgeto de la disputa. 

Es cierto que los Megicanos no tenian voces para espresar los con- 
ceptos de la materia, de la sustancia, del accidente, y otros seme- 
jantes: pero también es cierto que ninguna lengua de Asia, y de 
Europa las tenia, hasta que los Griegos empezaron a «^ormar ideas 
abstractas, y a inventar voces para espresarlas. El gran Cicerón, que 
tan bien sabia su lengua Latina, y que floreció en tiempo de su mayor 
perfección, aunque la creia mas abundante que la Griega, trabajó 
mucho en sus obras filosóficas en hallar voces correspondientes a las 
ideas metafisicas de los Griegos. ¡ Cuantas veces no se vio obli- 
gado a crear términos nuevos, equivalentes en algún modo a los 
Griegos, por que no los hallaba en su idioma nativo ! Y aun en la 
actualidad, después que aquella lengua se ha enriquecido con muchas 
palabras inventadas por Cicerón, y por otros doctos Romanos, que a 
su egemplo se dieron al estudio de la filosofia, le faltan espresiones 

* Mari, en lengua Araucana vale 10; Pataca 100; Huaranca 1,000, Pata- 
chuaranca 100,000; Maripatacahnrancu, 1,000,000. Después de escrita esta diser- 
tación he adquirido la serie de voces numerales de la lengua Otomite, que aunque 
se cree una de las mas imperfectas de America puede espresar todo numero de 
millares. 



CULTURA DE LOS MB6IGANOS. 379 

correspondientes a muchos conceptos metafisicos, y para darlos a 
entender, tiene que echar mano del bárbaro lenguage de las escuelas. 
Ninguna de las lenguas que hablan los filósofos de Europa tenia voces 
significativas de la sustancia, del accidente, y de otros conceptos 
semejantes, por lo que fue necesario emplear las Griegas, y Latinas. 
Los Megicanos antiguos, que no se aplicaron al estudio de la Meta- 
física, merecen alguna disculpa por no haber inventado el lenguage 
propio de aquella ciencia : no es sin embargo tan escasa su lengua de 
voces significativas de ideas generales como Mr. de la Condamine 
asegura que lo son las de los pueblos de la America Meridional: 
antes bien afirmo que hai pocas lenguas mas capaces de espresar las 
ideas metafisicas, que la Megicana, por que es difícil hallar otra en 
que tanto abunden los nombres abstractos. Pocos son los verbos que 
tiene de que no puedan formarse nombres verbales correspondientes 
a los Latinos en io, y pocos los nombres sustantivos, y adgetivos, de 
que no se formen nombres abstractos, que espresan el ser, o la quidi- 
tas de las escuelas. No encuentro la misma facilidad en el Hebreo, 
en el Griego, en el Latin, en el Francés, en el Ingles, en el Italiano, 
en el Español, y en el Portugués, de cuyos idiomas me parece tener 
el conocimiento necesario para hacer la comparación. Para ilustrar 
mas este asunto, y satisfacer la curiosidad de los lectores, daré aqui 
algunas de aquellas voces, que suelen oirse en boca de los Indios mas 
groseros. 

CATALOGO DE VOCES MEGICANOS 

QUE SIGNIFICAN IDEAS METAFÍSICAS Y MORALES. 

Cosa Tlamantli. 

Esencia Geliztli. 

Bondad Qualloti. 

Verdad Neltiliztli. 

Unidad Cetiliztli. 

Dualidad Ometiliztli. 

Trinidad Geitiliztli. 

Dios Teotl 

Divinidad Teojotl. 

Reflexión Nejolnonotzaliztli. 

Previsión TlachtopaitlaliztlL 

Duda Nejoltzotzonaliztli. 

Recuerdo Tlalnamiquiliztli. 

Olvido Tlalcahualiztli. 

Amor Tlazo tlalizt li . 



HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

Odio Tlacocoliztli. 

Temor TlamauJitiliztli. 

Esperanza Netemachiliztli. 

El que tiene todas cosas { ^%"^- 

Nahuaque. 

Aquel por quien se vive Ipalnemoani. 

Incomprensible Amacicacaconi. 

Eterno Cemicacgeni. 

Eternidad Cenmancangeliztli. 

Tiempo Cahuitl. 

Creador de todo Cenjocojani. 

Omnipotente Oenhuelitini. 

Omnipotencia Cenhueliciliztli. 

Persona TlacatL 

Personalidad Tlacajotl. 

Paternidad Tajotl. 

Maternidad Nanjotl. 

Humanidad Tlacticpactlacajotl. 

Alma Tejolia. 

Mente Teijtlamatia. 

Sabiduría Tlamatiliztli. 

Razón Ijtlamachiliztli. 

Compreension Ijagiliztli. 

Conocimiento Tlaigimatiliztli. 

Pensamiento Tlanemiliztli. ,, 

Dolor Necocoliztli. 

Arrepentimiento Nejoltequipacholiztli. 

Deseo Ellehutliztli. > 

y-^ T /• Qualtihuani. 

X Jectihuani. 

Malicia Aquallotl. 

Fortaleza Tolchicahualiztli. 

Templanza Tlaijjejecoliztli. 

Prudencia Jollomachiliztli. 

Justicia Tlamelahicacachicahualiztli. 

Magnanimidad Jolhueliztli. 

Paciencia Tlapaccaihijohuiliztli. 

Liberalidad Tlanemactiliztli. 

Mansedumbre Paccanemiliztli. 

Benignidad Tlatlacojotl. 

Humildad Necnomatiliztli. 



CULTURA DE LOS MEGICANOS. 381 

Gratitud Tlazocamatiliztli. 

Soberbia Nepohualiztli. 

Avaricia Teogehuacatiliztli. 

Envidia Negicoliztli. 

Pereza Tlatzihuiliztli. 

Por la exesiva cantidad de estas voces que forman el caudal de la 
lengua Megicana ha sido mui fácil espresar en ella los misterios de 
nuestra Religión, y traducir algunos libros de la sagrada Escritura, 
entre otros los Proverbios de Salomón, y los Evangelios, los cuales, 
como la Imitación de Cristo de Tomas Kempis, y otros semejantes, 
que se leen hoi en aquel idioma, contienen un vasto caudal de voces 
significativas de ideas metafísicas, y morales. Son tantos los libros pu- 
blicados en lengua Megicana sobre la Religión, y la Moral Cristiana, 
que con ellos solos podria formarse una buena librería. Al fin de esta 
disertación daré un catalogo de los principales autores de que me 
acuerdo, no menos para confirmar cuanto llevo dicho, que en testimo- 
nio de gratitud a sus desvelos. Algunos de ellos han publicado un 
gran numero de obras, que yo mismo he visto. Otros, para facilitar a 
los Españoles la inteligencia de la lengua Megicana, han compuesto 
Gramáticas, y Diccionarios de esta. 

Lo que digo del Megicano, se puede afirmar igualmente de las 
otras lenguas que se hablaban en aquellos dominios, como la Otomita, 
la Matlazinca, la Mijteca, la Zapoteca, la Totonaca, y la Popoluca, 
pues tambiera se han compuesto Gramáticas, y Diccionarios dé todas 
ellas, y en todas se han publicado tratados de Religión, como se vera 
en dicho catalogo. 

Los Europeos que han aprendido el Megicano, entre los cuales hai 
Italianos, Franceses, Flamencos, Alemanes, y Españoles, le han tri- 
butado grandes elogios, y algunos la han encomiado hasta creerla 
superior a la Griega, y a la Latina como en otra parte he dicho. 
Boturini afima que "en la urbanidad, en la cultura, y en la subli- 
midad de las espresiones, no hai lengua alguna que pueda serle 
comparada." Este escritor no era Español, si no Milanes; no era 
un hombre vulgar, si no critico, y erudito ; sabia mui bien a lo menos 
el Latin, el Italiano, el Francés, el Español, y del Megicano lo sufi* 
cíente para formar un juicio comparativo. Reconosca pues su error 
Mr. de Paw, y aprenda a no pronunciar en las materias que ignora. 

Una de las pruebas de que el Conde de Buffon echa mano en apoyo 
de la reciente organización de la materia en el Nuevo Mundo, es que 



9&2 HlSTttRIA ANTIGUA DK MEGICO. 

los órganos de los A.mericanos son ásperos, y sus idiomas barbaros. 
" Véase, dice, la lista de sus animales, cuyos nombres son de tan difí- 
cil pronunciación, que parece increíble haya habido Europeos que se 
hayan tomado el trabajo de escribirlos." Yo no rae maravillo tanto de 
su trabajo en escribirlos, como de su descuido en copiarlos. Entre 
los autores Europeos que han escrito la historia natural, y civil de 
Megico, en Europa, no he hallado uno solo que no haya alterado con- 
siderablemente los nombres de las personas, de los animales, y de las 
ciudades, desfigurandolos de tal manera, que a veces es enteramente 
imposible adivinar lo que querian decir. La Historia de los animales 
de Megico pasó de los manos de su autor el Dr. Hernández, a las de 
Nardo Antonio Recchi, que no sabia una palabra del Megicano ; de 
las de Recchi a las de los Académicos Linceos de Roma, que la pu- 
blicaron con notas, y disertaciones, y esta fue la obra de que se valió 
el Conde de BuíFon. Era imposible que se conservasen los verdade- 
ros nombres de los animales, pasando por tantos Europeos que igno- 
raban la lengua del pais. Para convencerse de las alteraciones que el 
mismo Conde de Buffon introdujo en aquellos nombres, basta compa- 
rar los que escribe en su Historia Natural, con los que se leen en la 
edición Romana de Hernández. Generalmente hablando, es cierto 
que la dificultad que hallamos en pronunciar una lengua, a la cual no 
estamos acostumbrados, especialmente si sus articulaciones no son 
semejantes a las mas frecuentes en nuestro propio idioma, no prueba 
de ningún modo que aquella sea barbara. Esa misma dificultad -que 
el Conde de Buffon encuentra en la pronunciación de lai'engua Megi- 
cana, hallan los Megicanos en la pronunciación de la Francesa. Los 
que están acostumbrados a la Española, esperimentan gran trabajo en 
pronunciar la Polaca, y la Alemana, y las tienen por las mas ásperas, 
V duras de todas. La lengua Megicana no fue la de mis padres, ni yo 
la aprendí en la infancia : sin embargo todos los nombres Megicanos 
de animales que el Conde de Buffon copia en su obra, como prueba 
de la barbarie de aquella lengua, me parecen, sin comparación, de 
mucho mas fácil pronunciación, que otros de lenguas Europeas de que 
también hace uso*. Lo mismo dirán los Europeos que no están aeos- 

* Véanse los nombres siguientes que el Conde de Buffon usa, y compárense 
con los Megicanos aun alterados por él : — 

Baurdmannetjes. Miszorzechowa. Niedzuñedz. 

Brandhirts. Stachelschwein. Przawiaska. 

Chemikskarzecsek. Sceheuschlafer . Meerschwein. 

Ildgiersdktr. Sterzeczleck. Sczurcz. 



CULTURA DE LOS MUGICANOS. 9tt 

tiimbrados a los idiomas de que los saca, y no faltará quien se mara- 
ville de que aquel naturalista se haya tomado el trabajo de copiar 
aquellas voces, capaces de arredrar al escritor mas animoso. Como 
quiera que sea, cuando se trata de lenguas estrangeras, debemos 
referirnos al juicio de los que las saben, y no a la opinión de los que 
las ignoran. 

Leyes de los Megicanos. 

Queriendo Mr. de Paw desmentir la antigüedad que Gemelli atri- 
buyó por equivocación a la capital de Megico, alega la anarquía de 
su gobierno, y la escasez de sus leyes, y tratando del gobierno de los 
Peruanos, dice " que no puede haber leyes en un estado despótico, y 
que aunque las haya habido en algún tiempo, es imposible analisarlas 
en el dia, por que no las conocemos, ni podemos conocerlas, por que 
nunca fueron escritas, y su memoria debia perecer con la muerte de los 
que las sabian." 

Hasta ahora nadie habia hecho mención de la anarquía de Megico: 
para este gran descubrimiento ha sido necesario que venga al mundo 
Mr. de Paw, cuyo cerebro parece singularmente organizado para en- 
tender las cosas al revés que todos las entienden. Todos los que han 
leido algo saben que los pueblos Megicanos vivian bajo la autoridad de 
ciertos señores, y todo el estado bajo la de un gefe supremo que era 
el rei de Megico. Todos los autores hablan del gran poder de que 
gozaba aquel soberano en los negocios públicos, y del sumo respeto con 
que lo acata^n sus vasallos. Si esto es anarquia serán sin duda anár- 
quicos todos los Estados del mundo. 

El despotismo no se coüocio en Megico hasta los últimos años de la 
monarquía. En los tiempos anteriores, siempre hablan los reyes ob- 
servado las leyes promulgadas por sus predecesores, y cuidaban con 
gran celo de su egecucion. Aun en los tiempos de Moteuczoma II, 
que fue el único rei verdaderamente despótico, los magistrados juzga- 
ban según las leyes del reino, y el mismo Moteuczoma castigaba seve- 
ramente a los transgresores, abusando tan solo de su poder en lo que 
podia contribuir al aumento de su opulencia, y de su autoridad. 

Estas leyes no eran escritas : pero se perpetuaban en la memoria de 
los hombres por la tradición, y por las pinturas. No habia subdito 
alguno que las ignorase : por que los padres de familia no cesaban de 
instruir en ellas a sus hijos, a fin de que huyendo de la transgresión, 
evitasen el castigo que le estaba señalado. Eran infinitas las copias 
de las pinturas Megicanas en que se espresaban las disposiciones de 



384 HISTORIA ANTIGUA DE MEGIGO. 

las leyes vigentes, pues aun han quedado muchas que yo he visto, no 
obstante haber sido tan furiosamente perseguidas por los Españoles. Su 
inteligencia no es difícil para los que conocen los signos, y figuras de 
que los Megicanos se vallan para representar las cosas, y saben su 
lengua, y la significación de sus caracteres : mas para Mr. de Paw, 
deben ser tan oscuras como las leyes de los Chinoá, escritas en carac- 
teres de aquella nación. Ademan de que, después de la conquista, 
muchos Megicanos escribieron las leyes de Megico, Acolhuacan, Tlas- 
cala, Michuacan, &c., en los caracteres de nuestra escritura. Entre 
otros D. Fernando de Alba Ijtliljochitl escribió en lengua Española 
las 80 leyes promulgadas por su célebre abuelo el rei Nezahualcoyotl, 
como he dicho en la Historia. Los Españoles indagaron las leyes, y 
usos antiguos de aquellas naciones con mas diligencia que las otras 
partes de su organización social, por que su conocimiento importaba 
mucho al gobierno Cristiano, civil, y eclesiástico, especialmente con 
respeto a los matrimonios, a las prerrogativas de la nobleza, a la cua- 
lidad del vasallage, y a la condición de los esclavos. Se informaron 
verbalmente de los Indios mas instruidos, y estudiaron sus pinturas. 
Ademas de los primeros misioneros, que trabajaron con gran fruto en 
esta empresa, D. Alfonso Zurita, uno de los principales jueces de Me- 
gico, docto en la legislación, y práctico en aquellos paises, hizo esme- 
radas indagaciones, por orden de los reyes Católicos, y compuso la 
útilísima obra de que hice mención en el catalogo de los escritores de 
las cosas antiguas de Megico. Asi es como pueden saberse las leyes 
de los antiguos Megicanos sin necesidad de que ellos ¿las hubiesen 
dejado por escrito. 

Pero ¿ qué leyes? " Dignas muchas de ellas, dice Acosta, de nues- 
tra admiración, y que podian servir de modelo a los pueblos Cristia- 
nos." En primer lugar, era mui sabia y prudente la constitución del 
estado en lo relativo a la sucesión de la corona, pues al mismo tiempo 
que evitaba los inconvenientes inseparables de la sucesión hereditaria 
escluia los que siempre se han esperimentado en la electiva. Debia 
ser elegido un individuo de la familia real, para conservar el esplendor 
del trono, y alejar de tan alta situación a todo hombre de bajo naci- 
miento. No sucediendo el hijo, si no el hermano, no habia peligro que 
tan eminente e importante dignidad estubiese espuesta a la indiscreción 
de un joven inesperto, ni a la malignidad de un regente ambicioso. 

Si los hermanos hubieran debido suceder según el orden de su naci- 
miento, tal vez hubiera tocado la corona a un hombre inepto, incapaz 
de gobernar, esponiendose también al riesgo de que el heredero pre- 



CUIiTURA I)K LOS MKOICANOS. 385 

snntivo maquinase contra la vida del soberano para anticipar la suce- 
sión. La elección evita uno y otro inconveniente. Los electores 
escogian entre los hermanos del rei muerto, y si no había hermanos, 
entre los hijos de los reyes predecesores, el mas digno de ponerse a la 
cabeza de la nación. Si hubiera pertenecido al rei el nombramiento 
de los electores, hubiera designado los mas favorables a sus designios, 
procurando cautivar sus sufragios en favor del hermano preferido, y 
quizas también en favor de su hijo, hollando las leyes fundamentales 
del estado ; pero no era asi, pues el cuerpo de la nobleza nombraba 
los electores, y ella representaba la opinión, y los votos de toda la 
nación. Si el empleo de elector hubiera sido perpetuo, no hubieran 
hallado dificultad los electores, abusando de su autoridad, en apode- 
rarse de la monarquía ; pero como el voto electoral terminaba en la 
primera elección, y entonces se nombraban otros electores para la 
siguiente, no era tan fácil que la ambición se abandonase a la egecu- 
cion de sus proyectos. Finalmente, para evitar otros inconvenientes, 
los verdaderos electores no eran mas de cuatro, hombres de la primera 
nobleza, de acreditada prudencia, y de notoria probidad. Es cierto 
que aun con todas estas precauciones no siempre se conseguía evitar 
desordenes, y sobornos : pero i hai alguna clase de gobierno entre los 
hombres que no esté espuesto a mayores males ? 

La nación Megicana era guerrera, y necesitaba por tanto de un 
gefe experto en el arte de la guerra. ¿ Qué arbitrio podía inventarse 
mas eficaz para conseguir aquel fin, que el de no conferir la corona, 
si no al que por sus méritos hubiese obtenido antes el cargo de general 
de egercito, y de no coronar si no al que después de la elección hu- 
biese tomado en la guerra las victimas que, según su sistema de reli- 
gión, debían sacrificarse en las fiestas de aquella solemnidad? 

La prontitud con que loS Megicanos sacudieron el yugo de los 
Tepaneques, y la gloría que adquirieron con sus armas en la conquista 
de Azcapozalco, debían exítar naturalmente la rivalidad, y la descon- 
fianza de sus vecinos, y especialmente del rei de Acolhuacan, que 
había sido, y era el mayor potentado de aquellas regiones ; a lo que 
se añadía que estando aun vacilante el trono de Megico, necesitaba 
de fuertes apoyos que lo sostubiesen. El rei de Acolhuacan, que 
acababa de recobrar, con el ausilío de los Megicanos, la corona de 
qué lo había despojado el tirano Tezozomoc, debía temer que algún 
subdito poderoso, siguiendo las huellas de aquel usurpador, exitase a 
la rebelión una parte de sus pueblos, y lo privase, como sucedió a su 
padre, de la corona, y de la vida. Mas graves debían ser los temores 

TOMO II. 2 c 



386 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

del rei de Tlacopan, que ocupaba un trono recien erigido, y cuyo 
poder no era considerable. Cada uno de estos dos monarcas, por si 
solo, no gozaba de mucha seguridad, y debia desconfiar de los otros 
dos : pero unidos los tres formaban un poder invencible. ¿ Cual fué 
pues el partido que tomaron ? El de formar una triple alianza que 
aseguraba a cada uno, contra la ambición de los otros dos, y a los tres 
contra la rebeldía de sus subditos. A este pacto se deben la consoli- 
dación de los tronos de Acolhuacan, y de Tlacopan, y las conquistas 
que hicieron los Megicanos ; y la unión de los tres estados fue tan 
firme, y estubo tan bien ordenada, que no se deshizo, ni vaciló jamas, 
hasta la llegada de los Españoles. Este solo rasgo de política, de- 
muestra suficientemente el dicernimiento, y la sagacidad de aquellos 
pueblos : pero aun hai otros muchos, de que no podría hacer mención, 
sin repetir una gran parte de lo que he dicho en mi Historia. 

El orden judicial de los Megicanos, y de los Tezcucanos, nos ofrece 
también útiles lecciones de arregloy de justicia. La diversidad de grados 
en los jueces contribuía al buen orden, y a la subordinación de la ma- 
gistratura ; su asidua frecuencia a los tribunales, desde el rayar del día 
h^sta la noche, abreviaba los procesos, y apartaba a los jueces de mu- 
chas practicas clandestinas, que hubieran podido prevenirlos en favor 
de algunas de las partes. La pena de muerte prescrita contra un 
gran numero de prevaricadores ; la puntualidad de su egecucion, y la 
vigilancia de los soberanos retenían a los magistrados en los limites 
de su obligación, y los suministros que se les hacían, por cuenta del 
monarca, de todo lo que bastaba a satisfacer sus necesída#'es, los hacia 
inescusables, y los ponía al abrigo de la corrupción. Las reuniones 
que se celebraban de veinte en veinte días, presididas por el rei, y 
particularmente la asamblea general de la magistratura, que se veri- 
ficaba de ochenta en ochenta días, para terminar las causas pen- 
dientes, ademas de evitar los grandes males que acarrea la lentitud de 
los juicios, ofrecía a los jueces una ocasión oportuna de comunicarse 
reciprocamente sus luces, y sus observaciones. De este modo el rei 
conocía a fondo a las personas a quienes ha^ia encargado aquellas 
elevadas funciones ; la inocencia tenia mas recursos, y el aparato del 
juicio daba mayor influjo, y acarreaba mas respeto a los tribunales. 
Aquella leí que permitía la apelación del tribunal Tlacatecatl, al 
Cihuacoatl en las causas criminales, y no en las civiles, manifiesta 
que los Megicanos, respetando las leyes de la humanidad, conocían 
que se necesitaba mayor numero de pruebas para creer a un hombre 
culpable, que para declararlo deudor. En los juicios crimínales no se 



CULTURA DE LOS MEGICANOS. 387 

admitía otra prueba contra el reo que la deposición de los testigos. 
Jamas emplearon la tortura para arrancar al inocente, a fuerza de 
dolor, la confesión del crimen que no había cometido ; jamas se valie- 
ron de aquellas barbaras pruebas del duelo, del fuego, del agua hir- 
viendo, y otras semejantes, que fueron la legislación dominante de los 
pueblos Europeos, y que hoi no podemos leer sin horror en las histo- 
rias. " No habrá quien no se maraville, dice sobre este asunto Mon- 
tesquieu, que nuestros abuelos hiciesen depender el honor, el bienestar, 
y la propiedad de las ciudadanos de ciertas practicas que no entraban 
en la jurisdicción de la razón, si no que pertenecían esclusivamente a 
la suerte ; y que empleasen continuamente pruebas que nada proba- 
ban, y que no tenían la menor conexión con la inocencia ni con el 
delito." Lo que decimos ahora de este genero de pruebas, dirá la 
posteridad de la tortura, y las generaciones futuras no cesaran de ad- 
mirar que este bárbaro arbitrio haya sido tanto tiempo un uso general 
de la parte mas civilizada del mundo. El juramento era prueba de 
mucho peso en los juicios de los Megicanos, como ya he dicho, pues 
no creían que pudiese habej- perjuros, estando persuadidos de los terri- 
bles castigos que los dioses imponían infaliblemente a este crimen : 
pero no sabemos que esta prueba se admitiese al actor contra el reo, 
si no solamente al reo para su justificación. 

Castigaban severamente todos aquellos delitos que repugnan parti- 
cularmente a la razón, y que son perjudiciales al estado, como el de 
lesa-magestad, el homicidio, el hurto, el adulterio, el incesto, y los 
otros exesos Je esta clase contra la naturaleza ; el sacrilegio, la em- 
briaguez, y la mentira. Obraron sin duda sabiamente en no dejar 
impunes estos atentados : pero traspasaron los limites en la imposición 
de las penas, pues estas eran exesivas, y crueles. No pretendo escu- 
sar las faltas de aquella nación : mas tampoco puedo disimular que de 
todo lo que se halla reprensible en su legislación, se encontrarán 
egemplos en los pueblos mas famosos del antiguo continente, y egera- 
plos que si se comparan con las instituciones de los Megicanos harán 
parecer a estas suaves, y conformes a la razón. " Las célebres leyes 
de las doce tablas, dice Montesquíeu, están llenas de disposiciones 
cruelísimas ... en ellas se ve el suplicio del fuego, y las penas son 
siempre capitales." Y sin embargo esta es la celebradísima compila- 
ción que hicieron los Romanos de lo mejor que habían encontrado en 
los pueblos Griegos. Y si esto era lo mejor de la cultísima Grecia 
i qué seria lo que no era tan bueno ? ¿ Qué habrá sido la legislación 

2c2 



388 HISTORIA ANTIGUA DE MEGICO. 

de aquellos pueblos que ellos llamaban barbaros? ¿ Cual lei mas in- 
humana y cruel que aquella de las doce tablas que permitía a los 
acreedores descuartizar al deudor que no pagaba, llevándose cada 
cual una parte de su cuerpo en satisfacción de la deuda*? Y esta lei 
no se promulgó en Roma en los groseros principios de aquella famosa 
ciudad, si no 300 años después de su fundación. Y por el contrario 
I qué disposición mas inicua que aquella del famoso legislador Licurgo 
que permitia el hurto a los Lacedemonios ? Los Megicanos castigaban 
este delito tan pernicioso a la sociedad : pero no le imponian la pena 
capital, si no cuando el ladrón no estaba en estado de satisfacer, y 
pagar la ofensa con su libertad, o con sus bienes. No era asi con los 
robos cometidos en los sembrados, por que estando estos por su situa- 
ción mas espuestos a la rapiña, tenian mas necesidad de la custodia de 
las leyes : pero esa misma lei que imponía la pena de muerte al que 
robaba una cierta cantidad de frutas, o de granos, permitia a los cami- 
nantes necesitados tomar de ellos lo que necesitaban, para socorrer la 
urgencia presente ¡ Cuanto mas racional no era esta disposición que 
la de las doce tablas, que condenaba sin distinción a la pejia de horca 
a' todo el que tomaba algo en los sembrados agenos'f'! 

La mentira, aquel pecado tan pernicioso a la sociedad, se deja 
comunmente impune en la mayor parte de los paises del antiguo con- 
tinente, y al mismo tiempo se castiga en el Japón con pena capital. 
Los Megicanos se alejaron prudentemente de uno, y otro estremo. 
Sus legisladores, bien instruidos en el genio, y en las inclinaciones de 
la nación, conocieron que si no se prescribían penas grtves contra la 
mentira, y contra la embriaguez, carecerían los hombres de juicio para 
satisfacer sus respectivas obligaciones, y faltaría siempre la verdad en 
los tribunales, y la fidelidad en los contratos. La experiencia ha hecho 
conocer, cuan perjudicial sea a los mismos pueblos Megicanos, la im- 
punidad de estos dos delitos. 

Pero en medio de su severidad, los Megicanos cuidaron de no con- 
fundir al inocente con el culpado en la aplicación de las penas. 
Muchas leyes de Europa, y de Asia prescribieron el mismo castigo al 
reo de alta traición, y a toda su familia. Los Megicanos castigaban 
aquel crimen con pena capital : pero no privaban de la vida a Ips 

* " Si plures forent, quibus reus esse judicatus, secare si vellent, aeque partiti 
Corpus addicti sibi hominís permiserunt." 

t " Qui fru^em aratro qu^esitam furtim nox pavit secuit ve suspensus cereri 
necator." 



I 



CULTURA DE LOS MEGICANOS. 389 

parientes del traidor, si no solo de la libertad, y no ya a todos,