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Full text of "Historia antigua y de la conquista de México"

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'Vía; 






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FBOX THB BBIQHT LEaAOT. 

Received ÜLC.x9.L\ 



Desccndante of Hcnry Bríght. jr., who died 
at Walcilown, Mass., ¡n i636,lrc entítietl to 
hold scholarships in Harvard CoUcífe, cstab- 
lished In íSSo^udder Ihe will of 

JONATH-AN BROWN BRIGHT 
of Waltham; Ma8s..withone half the income 
of this Legacy. Such descendants faiÜng, 
othcr persons are eligible to the scholarships. 
The will rcquires that this announcenient 
shall be madc in cvery book added to the 
■^ Library under its provisions. 



^ i»i 



HISTORU ANTIGUA 



TDEIA 



CONQUISTA DE MÉXICO 

POBSL 

Lie. MANUEL OROZCO Y BERRA, 

Vittb-pmiáetáb áb la SooiedAd de Qeografiay Eftadktk», Sodode número de 1a Academia Mexicana 

]iidiTidii9 ooRCspondiente de laa Bealea Academlaa Bapa&ola y de la Historia» de Madrid; 

Honorario de la Sociedad Arqneológifla de Cteiiiago de Ohile, Sociedad Geográfica 

de Roma, Sociedad Arqueológica de Paria y Congreao internacional de 

Americaniatae; Sodo de número de la Sociedad de Hietoria 

Katnral, y Honorario de laa Soci e dad e a Minera, 

Hmnboldty Andrea del Blo, Ice, ftc 



n nrftQU istímu i misis i roa ma m sopino mnm ti u repcblicí ieucixi. 



Saeilbo bajo el influjo de lo qne he viato, 
leído ó calculado, y aiempre buscando la yer- 
dad y la Justicia. Bespeto la religión, y sigo 
oonñadoporel camino del progreso que es la 
ley impuesta 4 la humanidad. Subordino mis 
Ideas A estos principios: Dios, la patria y la fa- 
milia. 



Tomo S^;nndo. 



^ MÉXICO. 

TmXS&AIfíX DE GONZALO A. ESTETA, 
Btm Juan de Letran nim«r« 6 

1880. 



SA33H\.aír 



\ •-•' -- '.t 



/ xX* 



x^ 






lílC 19 








Está asegurada la propiedad literaria de la obra conforme á 
la ley. 



Al décimo Congreso Constitucional de los Estados- 
Unidos Mexicanos^ en testimonio de 7'econocimiento, 
dedica este segundo volumen 



El Autor. 



LIBRO IV- 



CAPÍTULO L 

CALEKDABIO PRIlOTiyO. 

Gaímdario aapotew, ---Periodos. --Jl}i8trilnicüm.---Laé Coeij.Ss el eal&ndario pri- 
mUieo, 

SIGÚESE la cuenta ó Calendario de los días, meses y año» 
que tenían los indios en su antigüedad. 
''Cuanto á lo primero» es de notar que el círculo del año que 
tenían los indios zapotecas era de 260 dias, los cuales acabados, 
tomaban á comenzar á contar hasta otros 260. Y así parece que 
no tenían término situado donde comenzar el año como nosotros 
tenemos» Este año tenía repartido entre si cuatro signos ó pía-' 
netas principales, en que cada uno tenía para sí 65 dias. Estos 
eaatro planetas cerrían por los dias del año, consecutivamente. 

Y acabados los 65 dias en que el uno reinaba, entraba el otro. 

Y pasados aquellos el tercero y el cuarto. Y luego tornaba á en- 
trar el primero. Y desta manera se acababa, y comenzaba el 9&Of 
feneciendo, como está dicho, en 260 dias. Llamaban así á todo 
el año junto, como á cada 65 dias, pije ó piye, esto es, tiempo ó 
dnracion de tiempo. 

'ítem, cada planeta destos tenía divididos sus 65 dias en cinco 
partes: cada parte trece dias, á la cual llamaban cocij, tobicocij^ 
oomo decimos nosotros un mes ó un tiempo. Estos dias así te- 
nían cada uno su nombre propio. Y decían los indios que estos 
planetas causaban todas las cosas en la tierra; y así teníanlos 



6 

por dioses j llamábanlos cocijos 6 piídos, que quiere decir, gran- 
deSy y á estos ofrecían sus sacrificios y su sangre, sacándosela de 
diversas partes de su cuerpo, como de las orejas, del pico de la 
lengua, de los muslos y de otras partes. Y el orden que tenían 
era que mientras corrían los 66 del un planeta, sacrificaban á 
aquel, y cumplidos, al otro que entraba por aquel modo, y así 
por su orden hasta que tornaba á entrar el primero, &c. Y á es- 
tos les pedían todo lo que habían menester para su sustento. 

"A cada dia de los trece, y á todos los 260, como hemos dicho, 

' tenían puesto su nombrej. como parece abajo. Y destos dias y 

signos, á unos tenían por buenos y á otros por aciagos y m'alos. 

^'Estos dias y nombres servían para muchas cosas tocantes á 
la vida del hombre. Los primeros servían para los nacimientos, 
porque como tenia el nombre el dia, así llamaban al niño ó niña, 
que en el nacía. Y este era su principal nombre, aunque también 
tenían otro como adelante diremos. Servían también para los 
casamientos, porque cuando se habían de casar, habíase de ver 
8Í eran para en uno. Porque para ello había de cuadrar el dia 
del nacimiento del uno con el del otro, conforme á la cuenta que 
ellos tenían. Lo cual averiguaban los letrados ó hechiceros, 
echando sus suertes. 

'^Servían también para los agüeros, porque si encontraban con 
alguna cosa, de las que ellos tenían por agüeros, iban á ver el 
dia que era, para saber lo que les había de subceder. Servían 
también para los sueños, porque por allí sacaban lo que les ha* 
bía de subceder. 

^'Servían también para las enfermedades, porque si caía enfer- 
mo niño ó adulto, iban á saber el dia que era, y si había de sanar 
ó no. Y esta ciencia no estaba en todos, sino en los que lo tenían 
por oficio, á los cuales llamaban colanij, esto es, echador de las 
fiestas, ó docto en ellas. Finalmente, por este camino, se regían 
y enderezaban sus actos y operaciones. 

''Estos 260 dias que dijimos, dividíanlos los indios en veinte 
partes, ó tiempos, ó meses, que salen á 1<3 cada mes. Y para cada 
13 dias destos, tepían aplicada una figura de animal, és á saber, 
^^ila, mono, culebra, lagarto, venado, liebre, &c., los cuales 
pintaban todos metidos en todas las partes ó miembros de un 
venado, á donde pintaban las cabezas de cada uno de aquellos 
animales,. de manera que aquella figura del venado contenía en sí 



todos estotros yeinte sigilos. Y oada uno de aquellos animales, 
que eran veinte, tenían trece nombres, y aunque todos estos tre- 
ce nombres eran en sí como una cosa, diferenciábanlos con . les 
añadir ó quitar letras, y con mudarles los números como parece 
adelante. Como si dijéramos: Pedro cuatro, y Perico cinco, y Pe* 
riquillo seis, y Perote- siete, y Pedrochote ocho; que todos signi- 
fican este nombre, Pedro, aunque en diferentes maneras; y esto 
por les mudar letras y números como aquí parece. 

'Tios cuatro cocijos ó pitaos que arriba dijimos principales, se 
llftin^n por sus nombres propios desta manera: el primero quta 
ckitta; el segundo quía lana; el tercercT (^uta gdoo^ y el cuarto quía 
guüloo. En cada pueblo, conforme á su modo de hablar, añadían 
7 quitaban algunas letras, asi á estos cuatro como á todos los 
demás. Los que tenían cuenta con estos signos, años, meses y' 
dias, eran los cdanijs^ sortílegos, ó hechiceros, al modo que nos- 
otros tenemos nuestro calendario, como todo consta por el ca- 
lendario siguiente. 

"Sígnense los días del Cocijo quíachüla que son 66 dias. 



Qviáchillay chága 


1 


Nelaba, xono 


8 


Paiáa^cáto 


2 


P<Qaqué9ay caá 


9 


Pélaala, cájo 


3 


Píllatela, chi j 


10 


Nelachi, taa 


4 


Neloo, chijblt<5bi 


11 


PedgQij, caayo ó gaayo 


5 


Pifiopija, Chijbicáto 


12 


Qaelána, xópa 


6 


Picigujj, Chijño 


13 


PillAchina, caache 


7 








KTi SEGUNDO COaJ. 




Qniagneche; Chaga 


1 


Nichijlla, Xiiio 


S 


Palannaa, Cato 


2 


Peoláa. Caá o gaa * 


9 


Peoloo, Cayo 


3 


Pillaala. Chij 


10 


Calaxóo, Táaótápa 


4 


Lachi. Chijbitóbi 


11 


Peí lópa, Caayo ó gaayo 


5 


Pifiaze. Chijbitúpa 


12 


Qnalappe, Xópa 


6 


Pecelapa. Chij fio 


13 


PillA]a<5, Ca ache 


7 








EL TERCERO 


COCIJ. 




Qníachina, Chaga 


1 


Lache, Xono 


8 


Telápa, Gato 


2 


Pelanna, Caá ó gaa 


9 


Peolaque9ay Cayo 


3 


Peloo, Chij 


10 


Galatél la, Taa 6 tapa 


4 


Niioo, Chijbitóbi 


11 


Peí too, Caayo 6 gaayo 


5 


Pifiopa, Chijbitópa 


12 


Cualapija, Xopa 


6 


Pizaape, Chij fio 


13 


Pillaa, Caache 


7 







8 



Eii ocASTo aoaa. 



Qoíalao, Chaga 


1 


NiehinAy Xono 


S 


Pichi jUa, Cato 6 topa 


2 


Peolápa, Caá 6 gaa 


9 


Peolao, Cayo 


3 


Pmami9a, Chij 


10 


Laala, Tapa ó táa 


4 


Ketolla, Cfaijbitdbi 


11 


Peolache, Caayo ó gaayo 


5 


Pdfialoo, Chijbitópa 


18 


Qualazé Xopa 


6 


Pizopija, Chijfio 


13 


Pülalaima, Caache 


7 








ETi Quurro ooou. 




Qoíaguis, Chága 


1 


Ndloo, Xono 


; 8 


Pelache, Cato 6 topa 


2 


Piohijlla, Caá 6 gaa 


9 


Pelaana, Cayo 


3 


Pilla Chij 


10 


Calaloo, Taa ó tapa 


4 


Laala, Chijbitdbi 


11 


Pexoo, Caayo 6 gaayo 


5 


Pinijohi, Ghijbitópa 


12 


Qualúpa, Xopa 


6 


Picio!, Chijfio 


13 


Pil lape, Caache 


7 







''Sígacnse los sesenta (sio) (1) días del segundo Cocijo quialdna 



Qnelana, Chága 


1 


Keláa, Xóno 


8 


Pechina, Cato ó topa 


2 


Pilláche, Cáa 6 gaa 


9 


Pelápa, Cayo 


3 


Pillannáa, Chij 


10 


Cálequd9a, Taa 6 topa 


4 


Keloo, Chijbitobi 


11 


PeUfl la, Cayo ó gaayo 


5 


Pifiax(>o, Chijbito'pa 


12 


Qualoo, Xopa 


6 


Pizopa^ Chijno 


13 


Pillapija, Caache 


7 







EL SSaüNDO GOCIJ. 



Qaegappe, Chaga 
Peoloo, Cato ó topa 
Peochijlla, f ayo o chóna 
Caláa, Taa ó tapa 
Pelaala, Cayo ó gaayo 
Qualiíache, Xopa 
Pillazí, Caache 



Quicuija, Chága 
Peláa, Cato 6 t<5pa 
Peí lache, Cayo ó chuna 
Calannaa, Taa ó tapa 
Peí loo, Caayo 6 gaayo 
Qualaxoo, Xópa 
Pilopa, Caache 



1 Neláana, Xono 


8 


2 Pichina, Caá ó gaa 


9 


3 Qualápa, Chij 


10 


4 P!11am9a, Chijbito'bi 


li 


5 Pi&atola, Chijbitdpa 


12 


6 Fecelóo, Chijfio 

7 


13 


EL TEROEBO COGIJ. 




1 Lape, Xóno 


8 


2 Peí loo, Caá 6 gaa 


9 


8 PillachiUa, Chij 


10 


4 Laa, Chijbitobi 


11 


5 Pifiela, Chijbitópa 


12 


C Piciquíchi, Chijfio 


13 


7 





(1) Debe decir ^ sesenta y cinco. 



SL GUABTO coca. 



Quúoée, Chága 


1 


Calapija, Xdno 


8 


Patalazmaa, Cato ó topa 


2 


Qoaláa, Caá 6 gaa 


9 


Veochmh, Cayo 


8 


Pillache, Chij 


10 


Cala Upa, Taa 6 tapa 


4 


Pifiannáa, Chijbitóbi 


11 


Pelaqne^a, Caayo 


5 


Pifíaloo, ChijbifaSpa 


12 


Coatétta, Zopa 


6 


Picixóo, Chijfio 


13 


PiUaloo, Caache 


7 








SL QUINTO GOOU. 




Qníegoppa, Chága 


1 


Caladj, Xóno 


8 


PeolápOy Cato ó topa 


2 


Pillalana, Caá ó gaa 


9 


Caloo, Cayo ó chona 


3 


PiUaohina, Chij 


10 


CalachillA. Taa ó tapa 


4 


Cálalápa, Chijbitóbi 


11 


Pél láa, Caayo ó gaayo 


6 


Piftaqae9a, Chijbitópa 


12 




6 


Picitol la. Chij&o 


13 


Pilláchi, Caache 


7 







"Sígnense los sesenta y cinco días del Oocijo quiagoloo. 



Qníagoloo, Chága 1 

Peolapija, Cato 2 

Peolaa. Cayo 3 

Laáche. Taa ó tapa. 4 
Qualauná. Caayo ó gaayo 5 

PiUalao. Xópa 6 

Kizoo. Caache 7 



Keloppa. Xóno 
Pelápa. Gaa ó gaa 
PiUaloo. Chij 
Nichilla Chijbitóbi 
Pinij Chijbitópa 
Pizeela Chizfio 



8 
O 
10 
11 
13 
13 



EL SEGUNDO GOGU. 



Quíagneche Chaga 1 

Pasee. Cato ó tó^a 2 

Peolanna. Gayo ó chóna, 3 

Galachina. Taa 6 tapa 4 

Pelápa. Gaayo ó gaayo 5 

QtialanÍ9a. Xópa 6 

Píllatela. Caache 7 



Neloo. Xóno 8 

Pelapija. Gaa ó gaa 9 

Pillaa. Ghij 10 

Fillaache Chijbitóbi 11 

Pifiofia Chijbicato ó topa 12 

Peceloo Chijfio 18 



EL TEBOER GOGU. 



Quíazóo, Ghaga ó tobi 
Peí opa, Gato ó topa 
Peolape, Cayo ó ohóna 
Caloo, Tapa ó taa 
PechizUa, Caayo ó gaayo 
Piliaá, Xopa 
Pillaala, Gaache 



1 
2 
3 

4 
5 
6 
7 



Naláche, xópa 
Pecee, caá ó gaa 
Pillalana, Chiz ' 
Pillachina, Ghizbitóbi 
Calalála Chizbitopa 
Piniqueca, Chizfio 



8 

9 
10 
11 
12 
13 



10 



EL CCABTO coca. 



Qoíatella. Chága 


1 


Nixóo, xóno 


8 


Peoláa, Gato/ 


2 


Pelóppa, Oaa ó gaa 


9 


Peolapija, Gayo 6 chón^ 


3 


Láppe, Chij 


10 


Caláa, Taa 6 tapa 


4 


Pifioloo, Ghijbitohi 


11 


Pelaáche, Caayo 6 gaayo 


5 


Pifiochijlla Chijbitópa 


12 


Qualannaa, xúpa 


6 


Quiciquij, Chijfio 


13 


Pillaloo, Caache 


7 








EL QUINTO COCIJ. 




Quíagaéla, Ghaga 6 iShi 


1 


Netilla, xóno 


8 


Pdlaohe, Cato 6 t<5pa 


2 


Peí loo, Caá 


9 


Peorij, Gayo ó chóna 


3 


Pillapija, Chij 


10 


Calalana, Taa 6 tapa 


4 


Nél Ida Chijbitóbi 


11 


Pechina, Caayo ó gaayo 


5 


Pecceche Ghijfío 


12 


Qoalapa, Xópa 


6 


Pecennaa Cbijfio 


13 


Piniquefa, Caache 


7 







Sígnese el cuarto Cocijo principsl, á saber quía guillo. 



Qníagnilloo, Chaga ó tobi 


1 


Nelála, Xóno 


8 


Pexóo Cato ó topa 


2 


Qualachi, Caá ó gaa 


9 


Pelópa, Cayo ó chóna 


3 


Pillazee, Chij 


10 


Láppe, Taa ó tapa 


4 


Naalapa Chizbitóbi 


11 


Peí loo, Gayo, 6 gaayo 


5 


Pifio, chijfla Chijbitópa 


12 


QnachijUa, xópu 


6 


Peelaba, Chijfio 


13 


Pilláa, Caache 


7 








KTi SEGUNDO COCIJ. 




Qaíaniya, Ghaga 


1 


Neloo, xóno 


8 


Petóla, Cato 


2 


Pelaxoo, Caá. 


9 


Peoloo Cayo 


3 


Pillopa, Chij 


10 


Calapija, Taa 6 tapa 


4 


Tiáppe Chijbitóbi 


11 


Peí laa, Caayo d gaayo 


r> 


Pinoloo Chijbitópa 


12 


Qnaláohe, xupa 


G 


PechijUa Chijfio 


13 


Pillannaa, Caache 


7 

• 






• 


KTi TEBOERO COCIJ. 




Qaíagoij, Chaga 


1 


Caeqne^a, xóno 


8 


Pelaala. Cato 


2 


Coatela, Caá ó gaa 


9 


Pillache Cayo 


3 


Pillalao, Chij 


10 


Calacij, Ta ó tapa 


4 


Calapija, Chijbitóbi 


11 


Pelána, Caayo 


5 


Pinij Chijbitópa 


12 


Qnallacoina, xópa 


6 


Pinieche Chijfio 


13 


PiUalápa Caache 


7 







11 



KL CUARTO COCU. 



Qníaqoifiaa, Chaga 


1 


Láa, xóno 


8 


Peoloo Cato 


2 


Peoláala, jCaa 6 gaa 


9 


Paolaxoo Cayo 


8 


PiUacfai, Chij 


10 


Galopa, Taa 6 tipa 


4 


Calazije Ohijbitóbi 


U 


Felappe, Caayo 


5 


Pifiolána, Chijbitópa 


12 


Pnialáo, xópa 


6 


Pecehijna Chijflo 


13 


Kichilla, Caache 


7 








RTi QUUTLO 


coou. 




Qoiúiq^Mt, Cfaága 


1 


Pifionaa, xóno 


•8 


Palaque^a, Cato 


2 


Peloo, Caá 





Calatélla, Cayo 


3 


PiUaxoo, Chij 


10 


Peí loo, Taa ó tapa 


4 


Lóppa, Chijbitóbi 


11 


Pelapija, Caayo 


5 


Piñappe Chijbitópa 


12 


Püláa, xupa 


6 


Quícilóo, Chijfto 


13 


PiUaadie, Caache 


7 







"Conforme dios nombres sobredichos se llamaban los que na- 
cían, cada uno del nombre deldia. Y contábase el dia del medio 
hasta otro medio dia." (1) 

Hemos copiado lo antecedente al pié de la letra, á fin de no 
quitarle su originalidad. La forma de este cómputo aparece bien 
sencilla. Cuatro divisiones principales consagradas á un numen 
6 planeta, y dividida cada*una en cinco períodos de trece dias. 
lios factores son 4, 5 y 13, cuyo producto es doscientos sesenta, 
igual al que resulta de los 20 períodos de trece dias. Termina- 
do un período de 260 dias, sígnense sin intermisión otros perío- 
dos idénticos. 

¿De cuál observación astronómica resultaba esta combinación? 
Nuestro ilustrado Gama, dice: (2) "Estas trecenas representa- 
ban los movimientos diarios de la luna, de Oriente á Poniente, 
desde que aparecía después de la conjunción, hasta pocos dias 
después del plenilunio; á cuyo intervalo de tiempo, en que se 
veía de noche sobre el horizonte, llamaban IxtozoUztU, ó desvelo, 
y desde que comenzaba á desaparecer de noche hasta cerca de 
la conjunción, en que se veía de dia en el cielo, nombraban (7o- 
chüizlHy ó sueño, por suponer que entonces dormía de noche." 

(1) Arte en lengua Zapoteca, compuesto por el M! R. P. Fr. luán de Córdoba, de 
la orden de los Predicadores desta Nueva España. En México, en casa de Pedro Ba 

'li. Afio de 1578. — Me facilitó ti original el Sr. García Icazbalceta. 

(2) Descripción de las dos piedras, primera parte, pág. 27. 



12 

En efecto, los moyirnientos de la luna dieron nacimiento á es- 
te sistema. De los dos factores que componen el período, deter- 
minó el 20 la numeración usada por aquellos pueblos; el 13 pro- 
vino de la mitad del tiempo que la luna es visible á la vista des- 
nuda, abstracción hecha de los dias en que desaparece poco 
antes y poco después de la conjunción. £1 producto 260 no re- 
presentaba exactamente diez lunaciones. El 26 se acerca más al 
valor de la revolución sideral de la luna, igual ahora á 27 dias j 
un tercio; pero el 13 es igual al número de las revoluciones side- 
rales contenidas en el año, no teniendo en cuenta el exceso que 
estas presentan. Los 260 dias representarían 9 y muy poco más 
de media revoluciones siderales; pero se comprende, que 28 pe- 
ríodos de 13 dias arrojan el producto 364, igual próximamente 
por la una parte á 13 revoluciones, y por la otra al año solar. 
Las diferencias, si les eran conocidas, debían estar sujetas á co- 
rrecciones después de transcurridos algunos períodos. 

El calendario zapoteco aparece ser ritual, adivinatorio y civil. 
Sin duda alguna es la forma primitiva del cómputo del tiempo 
usada por los pueblos de Anáhuac. Los tzapoteca, de filiaciones 
etnográfica distinta de los nahoa y anteriores á éstos en las co- 
marcas australes, conservaron tenazmente su cuenta antigua, no 
obstante que los pueblos que los rodeaban y ^on los cuales es- 
taban en contacto, habían adoptado y se servían de las reformas 
introducidas por los tolteca. 



CAPÍTULO n. 

BL TONALAMATL. 

TTnuUamatL— 'Origen.— 8iffna8,^Tabla de ¡os dia$ treeenalei.—Los veinte planetae ó 
dioeee prxTícipatee.—Loe símbolos de ¡a trecena.— Los señores 6 acompañados de la 
noeíifi, — Tablas.— Segundos acompañados.— Las afees nocturneu. — La adivinaeion, 
— Los hjeehiceros. — Primar periodo del Tonalamatl.— Cálculo de los periodos luna" 
res.— Bl planeta Venus.— El TonalamaÜ -encierra el cálculo de los movimientos de 
¡a luna y de Venus. 

CONSEBYABAN los méxica el calendario primitivo de qne 
acabamos de hablar, fá bien con algnnas corrrecoiones. In- 
Tentado no sabemos por cuál pueblo, sus distintas formas acu- 
san que sufrió varios retoques, ya para perfeccionar los cálculos, 
ja para adaptarlos á diversos intentos. Los nahoa llanmban á 
este cómputo Metztlapohualli, cuenta de la luna; Gemilhuitla- 
pohualliztli, cuenta de las fiestas ó dias rituales, j Tonalamatl, 
papel de los dias ó del sol. (1) En cuanto á origen, decían los 
méxica, que los inventores fueron Cipactonal j su mujer Oxo- 
moco, razón por la cual les ponían en medio de los libros en que 
las figuras estaban escritas. (2) Conforme áotra versión: ^'Dicen 
''que como sus dioses vieron haber ya hombre criado en el mun- 
'do, y no tener libro por donde se rigiese, estando en tierra de 
''Cuernavaca, en cierta cueva dos personajes, marido y mujer, del 
número de los dioses, llamados por nombre él Oxomoco y ella 
Cipactonal, consultaron ambos á dos sobre ésto. Y pareció á la 
vieja sería bien tomar consejo con su nieto Quetzalcoatl, que 



4t 



(1) Gama» primera parte, pág. 25 y 45. 

(2) Sahagtm, tom. 1; pág. 285. 



14 

''era el ídolo de Cholula, dándole parte de su propósito. Pare* 
''cióle bien su deseo, y la causa justa y razonable: de manera que 
"altercaron los tres sobre quien pondría la primera letra ó signo 
"del tal calendario. Y en fin, teniendo respeto á la vieja, acorda- 
"ron de le dar la mano en lo dicho. La cual andando buscando 
"qué pondría al principio del dicho calendario, topó en cierta 
"cosa llamada CipdciU, que la pintan á manera de sierpe, y dicen 
"andar en el agua, y que le hizo relación de su intento, rogindo- 
"le tuviese por bien ser puesta y asentada por primera letra ó 
"signo del tal calendario; y consintiendo en ello, pintáronla y 
"pusieron Ce CepacfUy que quiere decir "una sierpe." (1) Siguió- 
se el marido de la vieja, luego Quetzalcoatl, y así alternando 
prosiguieron hasta rematar la cuenta. 

Como se advierte, por la dualidad que ya hemos notado en las 
divinidades mexica, se confunden los sexos de ambos esposos: 
en cuanto á lo demás, indudablemente que la primera leyenda se 
refiere á la invención del cómputo primitivo por Cipaetonal y su 
mujer Oxomoco, mientras la segunda tradición se contrae á la 
corrección que de este calendario inicial vino á hacer andando 
el tiempo Quetzalcoatl, con lo cual el trabajo quedó obra de los 
tres. 

Constaba el Tonalamatl de un período de 260 dias. Veinte fi- 
guras repetidas se distribuían en igual número de trecenas, y de 
ambos factores 20x13 resultaba el producto 260. 

Los* veinte signos son estos: 1, Cipactli, Aparece en las pintu- 
ras bajo diversas formas, según hemos visto en la palabra cipac^ 
y siempre como un ser fantástico, semejante si se quiere á un 
pez ó á un monstruo marino: en el Tonalamatl, primera trecenni 
sale de entre las aguas en figura parecida á la del cocodrilo. En 
cuanto á significado, le llaman espadarte ó peje espada, serpien- 
te, serpiente armada de arpones, el padre mi'perior á todos como 
dice Boturini, &c. En realidad es este un símbolo que se refiere 
á las tradiciones cosmogónicas, que trae consigo la idea de co- 
mienzo, principio, origen. Cipactli entra eu la formación de la 
palabra Cipactonal, compuesto que propiamente significa el prin- 
cipio de los dias, del sol ó de la luz. Cipactli recuerda el primer 
instante de la creación, ó según el sím]bolo del Tonalamieitl, el 

(1) Mendieta, lib. II, cap. XIV. 



fc 

cf 



15 

pnnto en que las tierras salieron de las aguas, la formación de 
los continentes. 

2. EhecaÜ, vienta El P. Yalades, (1) Clavigero y otros, ponen 
en lugar de este signo un rostro humano en actitud de soplar; 
HO es este un signo genuino. — 3. Cciliy casa. — 1. Ctteizpalin, la- 
gartija. — 5. CocUl ó Cohuatly culebra. — 6. Miquiztli, muerte. — 7. 
MaeaÜj YenvÁo. — 8. IbcAtíf, coneja— 9. ^íZ, agua.— 10. ItzcuinÜi, 
perro. — 11. Ozomottiy mono. — 12. Malinaüi. Ck>nocemos repetida- 
mente el símbolo, el cual significa, según Ixtlilxochitl, la planta 
conocida por zacate dd carbonero, dura, áspera, fibrosa, que fresca 
sirre para formar las sacas del carbón, y para las sogas que las 
aseguran. — 13. ^cotí, caña. — 14 Oce/ofZ, tigre. — 15. CWm/í/K, águi- 
la. — ^16. CozcacuauhiU, quiere decir, águila de collar ó con collar. 
Es una ave, de la cual dice Clavigero: (2) ''La especie de cozca- 
cuauMi es escasa y propia de los países calientes; tiene la ca- 
beza y los pies rojos, y el pico, blanco en su extremidad, y en 
él resto de color de sangre. 8u plumaje es pardo, excepto en el 
^'cuello, y en las inmediaciones del pecho, donde es de un negro 
''rojizo. Las alas son cenicientas en la parte inferior, y en la su- 
''perior manchadas de negro y de leonado.'' Llámasele en México 
rey de los zopilotes. En lugar de este signo Boturini pone, ^'Teme- 
ÜatL Piedra usada en Indias para moler." (3) Como ya obserró 
Gama, no está autorizada por nadie semejante sustitución. — 
17. Ollin, ú OUin Tonoiiuhy (4) movimiento del sol. — 18. Tecpatl^ 
pedernal. — 19. Qiiiahuííl, lluvia. Malamente expresada en el P. 
Yalades y en Clavigero, por ufia nub» de la cual se desprenden 
gotas de agua: la verdadera escritura gráfica del signo es la ima- 
gen de Tlaloc, según se observa en las pinturas. — 20. Xóchitl, 
flor. Nuestra lámina 16 presenta del núm. 1 al 20 los signos cual 
se encuentran en el Tonalamatl, (5) del 21 al 40 las variantes to- 

(1) Khetórica Ghristiana, 1570, lám. en la pág. 100. 

(2) Hiut. antigua, tom. 1, pág. 44. 

(3) Idea de una nneya bist. pág. 45. 

(4) Advertiremos á loe lectores que, por un error de imprenta, el día Ollin Mtá 
fnerñ de su lugar eu la lista de Gama, pág. 26. 

(5) "EX Tonalamatl que á la vista tenemos es copia del mencionado por Boturini 6& 
el S XXX, niím. 2 de su Catálogo; el original pas¿ después á poder de Oama, j en 
segoida al de Mr. Aubin, quien lo hizo litografiar en París. <'Lith de J. Desportes 
i Flnst. Imp. desBourds Muets.'* . 



16 

madas de otra copia de Tonalamatl que posetmos, j el 41 es la 

figura diversa de Cipactli de este segundo MS. 

Sobre estos veinte signos, en el orden invariable que les he- 
mos fijado, se deslizaban las triadecatérídas ó períodos trecena- 
les. Siendo ellos veinte, la primera trecena terminará en el signo 
décimo tercero Acatl; la segunda trecena empieza, pues, por 
Ocelotl, toma los siete signos sobrantes de los 20, vuelve de nue- 
vo al inicial Oipactli, y concluye en el sexto signo Miquiztli; la 
tercera trecena cemenzará entonces por Mazatl, y así sucesiva- 
mente hasta la última trecena, que vendrá exactamente á termi- 
nar con Xóchitl, dando fin al período entero. 

TABLA DE LOS DÍAS TBEGENALES. 

t n. zn. 17. 7. VI. 7ZL TUL xz. X ZL Z2X. zm 

1. Oipactli. 1 8 2 9 3 10 4 11 5 12 6 13 7 

2. Ehecatl. 2 9 3 10 4 11 5 12 6 13 7 1 8 

3. Oalli. 3 10 4 11 6 12 6 13 7 1 8 2 9 

4. Cuetzpalin. 4 11 5 12 6 13 7 1 8 2 9 3 10 

5. Cohuatl: 5 12 6 13 7 1 8 2 9 3 10 4 11 

6. Miquiztli 6 13 7 1 8 2 9 3 10 4 11 6 12 

7. Mazatl. 7 1 8 2 9 3 10 4 11 5 12 6 13 

8. Tochtli. 8 2 9 3 10 4 11 5 12 6 13 7 1 

9. Atl. 9 3 10 4 11 5 12 6 13 7 1 8 2. 

10. ItzcuintU. 10 4 11 5 12 6 13 7 1 8 2 9 3 

11. Ozomatli. 11 5 10 6 13 7 1 8 2 9 3 10 4 

12. Malinalli. 12 6 13 7 1 8 2 9 3 10 4 11 6 

13. Acatl. 13 7 1 8 2 9 3 10 4 11 5 12 6 
14 Ocelotl. 1 8 2 9 3 10 4 11 5 12 6 13 7 

15. Cuauhtli. 2 9 3 10 4 11. 5 12 6 13 7 1 8 

16. Oozcacuauhtli. 3 10 4 11 5 12 6 13 7 1 8 2 9 

17. Ollin. 4 11 5 12 6 13 7 1 8 2 9 3 10 

18. Tecpatl. 5 12 6 13 7 1 8 2 9 3 10 4 11 

19. Quiahuitl. 6 13 7 1 8 2 9 3 10 4 11 5 12 

20. Xóchitl. 7 1 8 2 9 3 10 4 11 5 12 6 13 



La adjanta tabla de loa dias trecenales nos presenta á prime- 
ra vista la combinación entera. Escritos á la izquierda los vein- 
te símbolos diurnos, las triadecatéridas se desarrollan sobre 



11 

ellos, bMia el ñá de lA Mlmáüíi Xm en que se eemplétik el pe- 
ifodo deSGO días. Se invierte q^e las yeinte trece&as oomienzan 
en aste orden: 



1. CiiMeOL 


G. Miquietii. 


11. Oadffiatli. 


16. CozbMmavhtlS. 


2. OeelofL 


• 7. Qoifthaitt. 


IZ, Cutizpatiii. 


17. AÜ. i 


8. IfoaatL 


•6. Malinalli . 


Id.OUin. 


16. EhacfttL 


4. Xnchiti. 


9. Cohaatl. 


14. ItscuintU. 


19, Otui«ktU. 


5. AeatL 


10. TecpetL 


15. Oalli. 


20. Tochtli. 



lia última trecena, qne comenzó por Tochtli, termina naturalv 
mente en Xóchitl; de esta manera se forma el período armónico 
de 260 dias/producto de Ips 20 símbolos diamos por los 13 pe** 
riodos tre cénales. Si tomamos los números de orden que sn^esi- 
Tamente afectim á cada símbolo, resultará la serie: 

La 2. 9. 3. 10. 4 11. 5. 12. 6. 18. 7. V 



cayo primar termino es la uniclad, formándose -los términos si* 
gnientes por la adición de siete unidades, adoptando la diféren-^ 
m á trece, si la sama es major qne este numero. 

!E^te carioso^ artificio conduce de In&goá luego á estas conclu- 
siones: 1* £b el período de 260 dias« ning^in signo está afecto 
dos veces can el mismo número de orden. 2* Dado un signo oon^ 
sn número trecenal, se determina inmediatamente la triadecá-' 
iárida á que corresponde y el lugar qtré otíupa en la serie ente- 
ra. 3' Dado un término aislado de la sárie, se completa toda ella 
hasta integrar los trece términos. 

El periodo de 260 días es el propí6 del Tonalamatl; terminado 
imo se desarrolla otro en el espacio dé los tiempos' y otro y ottó" 
indefinidamente.' ^ 

El Tonalamail se? compone de yeinte pinturas. Oada nna de 
eUas llera, en la parte superior de la izcjuierda, nn cuádrete en 
<p» están pintadas nnasfigurasdeformes, con arreos ysímboloi^* 
fantásticos: "Estas representaban á los diiodes qxre adoraban los 
mexicanos, y les daban lugar preferente entre sus planetas y 
signos celestes, atribuyéndoles mayor y más extenso dominüo 
que Á los demás, poír no Hmitárselo á sólo nn dia, ó una noch^e, 

sino á toda la trecena que respectiyamente les correspondía; 6 

8 



t4 



U. 



á« 



'^sol^ 6 aooiapañadoB con otros do ]oñ misnloB pknetaA, figván^ 
^'doles tambieB todog aquellos atoibutod.qoe les auponian*^ (1) i 
Estos señores principales ó planetas, según el orden que guairr 
dan en el Tonalamatl, son los siguientes: — L Ce Cipactli, y Ehe- 
catl ó Quetzalcoatl, acompañados de Atl 6 Clalchiuheueje. -í— 
IL Titlacahuan ó Tezcatlipoca. — III. Tescatlípoca con Tlatocao- 
celotl, 7 sej^n Cristóbal del Castillo, con Teotlamacazqui Iztla- 
catini — IV Macuilxocliitl ó MacailxochiquetzalU. — ^V Atl óChal- 
chiiihcueye. — VI. Piltzintecutli y Tezauhteotl. — VII. Hueitlaloc 
y Xopancallehueitlaloc. — VTIL Ometochtli con Meichpochtli y 
XocbimeipoclitH. — IX. Quetzalcoatl y Quetzalmalin. — ^Xi Mitlan- 
tecutli y Teotlamacazqui. — XL Tonatiuli con Tlatocaocelotl j 
Tlatocaxolotl. — ^XH, Teonexquimilli, Tlazolteotl con TlaltecutlL 
— ^XIIL La<) estrellas Teoiztactlaclipanqui y Qnetzalhuexolo- 
OuaiihtlL — ^XIV. Nahui Ollin Toüatiuh, Chicaeí Malinalli y Pilt- 
sinteculitli, y según Castillo, Piltzintecahtli y Quetzalcoatl. — XV. 
Teoyaotlatohua Huítzilopocbtli, con Teoyaomiqui. — XVL Oílin 
Tonatiub Tlaloc, con Citlalinicue ó Citlalcueye — XVII. Abuilteotl 
oon Quetzal huexoloouaubtlL — ^XVIII. Piltzintecuhtli y Tlazol* 
teotl. — ^XIX. Tlatocaocelotl y Xo<^iquetzalli.-*~XX. Tezauhteotl 
Huitzilopochtli oon el signo Teotecpatl. (2) No nos son oonoei-' 
dos todos los planetas representadoe por estos dioses; sabemos 
que Tezcatlipoca es la luna, Tooatiuh el sol, Quetzalcoatl el pía* 
neta Venus, Citlalinicue la Vía láctea, Teoiztactlacbpanqui la» 
oonstelaoion del eseorpion, Qcelotl la Osa Mayor. 
.. £1 resto de la pintura, por líneas borizontaleB y Tortioales, esÜ' 
diTidido en 62 partes» igual á 19x4 Xjae cuatro primeras oási*' 
Has verticales y las nueve inferiores están oeopadas por los sig- 
nos que ya tenemos explicados, ootrespondientes á la irecenai 
com^nzai^do la primera por Cipaotli, y las restantes en el orden 
que les tenemos asignado. Cada signo dominaba ó reÍAabá sobre 
ej día que ocupaba ex^ el periodo. Su influjo era admerso, fausto 
ó indi{¡erente,.segiip su propia significación» la trecena en que se 
le consultaba, el número de ^den de que iba afecto, la reunkai 
6 enlace con loa otros signos. 

(1) Owila, laa doB piedrtik p^. 88ie4, 

(2) BofcoriBii OatOdiBo, pág. 66, ta« artM yliiwiM^ am^ m «a óltámt$r^ 



19 

Ijos trece compartímieiitoB inmediatos están oenpados potlos 
nneTe Dnéfiod, Señores 6 Acompañados de la noche, los cnálefl' 
ejerdian inütijo deoisivo darante la noche, si bien teniendo en 
caenta el símbolo diurno; se les suponía en mayor categoría que 
á áfitoa, distiDgméndolos con diTÍsasque expresaban su alta dig- 
nidad. "HacíaA los indios tanto ^precio da los nueve acompa- 
"nados» que les dajban, por autonon^asia, el título de QuecJtoUi, 
^nombre de un pájaro de rica j hermosa pluma, que era entra 
''¿lloB de mucha estimación, y tenían dedicado un mes enteró i 
''gn non^re; era símbolo de los amantes, y lo in vopaban en ' los 
'^casamientos con epitalamios, como los antiguos romanos á Hi- 
•*meneo."(I) 

Iios nueve acompañados son. — 1. XiuhtecuUli Tletly compuesto 
de tieüf fuego; xihtdil, año ó yerba y tecuJiili, señor: el fue^o señor . 
del año ó de la yerba. — 2. Tecpadlf pedernal. — 3. Xpchitl, flor. — 
4. Cmteoil, diosa de los maizales.— ^5. Jiñqúiztli^ muerte.— 6. Atl^ " 
agua, simbolizada por la diosa Chalchiuhcueye. — 7. Tlazotteoíl, 
la Venus deshonesta. — 8. Tepeyollo&iy corazón del monte, porque 
le creían habitador del centro de las montañas. — 9. Quiahuitl^ 
lluvia, expresada por el dios.Tlaloc. 

Así los encontramos en el Tonalamatl y les escribe Gama; Bo- 
turini (2) les cambia, sin fundanlento, en esta forma: — '1. XiuTi" 
ieucyohtux. Señor del año. — 2. Itztetícyóhva, Señor del fuego. — 
3. PütztrUeucyohuaj señor de los niños. — á. Cinteticyohua, señor del 
maíz. — 5. Midardeucyoh'iia^ señor del infierno. — 6. ChnlckihuiM^^ 
cueyohva^ señor del agua. — 7. Tlazól/góhvxZy señor del amor des- 
honesto. — 8. T^peyóloyohua, señor de las entrañas de los montes. 
— 9. ^íattíifetícyoÁMa, señor de las lluvias. — ^Xiuhteucyohua, pri- 
mer símbolo nocturno se compone de Xiuhteuctlí, y del vocablo 
yohiut, que quiere decir noche, derivado de tlayohua, anochecer, y 
quiere decir, "Noche en que domina el Señor del Año.** Véanse 
los acompañados en la lámina 16, número 42 á 49, y lámina 17, 
n&nero 50. 

Ijos acompañados á^ la noche no llevan número de orden; en 
la secuela que les hemos asignado, corren por petlodos sucési- 
TOB á la par de las trecenas, comenzando por que en principio de 

(1) Oasna, primó» paita, pig. "80. 
(8) Idea da una nuava tdat, ptfg. 58. 



•) 



20 

los primeros 260 días, ZioliteioahtU Tletl aoompana á Cipactli 
Para duróos cnenta.ezac^d^ la dÍ8tribQCÍQD,,oonsideremos la si- 
guiente tabla^ d0 los señores de la noche, respecto de las trecenas: 

• ■ . 

. 123á567e910ni2. 13U Ig 16 17 18 19 20 . 

I...... 1 6 9 4 8 3 7 2 6 15 9 á 8 3 7 2 6 15 

n 2 616 9483 7 2 ¡5 15948 3. 726 

m.... 372616948 3 7 2 6 1 6 948 3 1 

TV. i.. 4 8 3 7 2 6 15 9 4 83 7 2 6 1 5' 9 4 8 

V..... 5 9 4 8 3 72 6 1 5 9 4. 8 3T 26 159 

71.... 6 1 5 9 4 8 3 7 2 6 15 9 4 8 3 7 2 6.1 

Vn... 7 2 6 1 5 9 4 8 3 726159483 7 2 

Yin.. 8 á 7 2 6 1 5 9 4 8 3 7 2 6 16 9 4 8 3 

li.... 9 4 8 3 7 2 6 16 9 4 8 3 7 2.6 1 5 9 ,4' 

X.. ... 1 5 .9 4 8 3 7 2 6 1 6 9 4 8 3 7 2 6 1 5 
XI.... 2616 9 4 8372 61 6 9 4 8 3 7 2 6 

Xn... 3 7 2 6 1 6 9'4 8 3 726169483 7 

Xin.. 4 8 3 7*2 61 6 9 48372615948 



Estos acompañados, que en el calendario civil se suceden in- 
variablemente en su ord^n,. sucesivo» en el Tonalamatl .están 4 
veces cambiados de lugar^ porqu^ los sacerdotes así lo disponían 
piar^t concertarles con ans ritos j fiestas movibles. Bespecto (io; . 
oacda . aoomp^adoy unos e;itran.9Ólo una vez en la trecena, los 
oJiTOii dos veces. La serie. que forman es 1,..5^ 9, 4, 8, 3, 7, 2, 6, 
compuesta de nueve termino^^ ,diQ los cuales el prinierp es la uni- 
dad, j lo« siguientes se forman pojr la adición oonstante. de cua- 
tro unidades, quiti^udo nney^O, puando la su^ta^ es mayor» ijna 
8<¿rie completa se desai:ri9lla en 9 .trepf^nas 6 sean, 117 dias. Dos , 
series completas se obtendrán á cabo d^ la décima octava treoe- . 
na, ó sean otros. 117 dias. ^^ las dos últimas trecenas los acom-- 
panados caben dos veces exactas y ocho fif^uras más. No. hay 
completa simetría. en el período die 260, y. la simetría es . el dis- 
tintivo de estos cálculos. Primero teníamos §6lo los factores 20 
y,13;introducicl,o el nuevo factor 9> esto quiere decir qiie el pe-, 
ríodo completo es nueve veces 260 6 2,340 dias. La demostración 
es decisiva; en el Tonalamatl, el último acompañado .Tepeyplojtli 
va junto con Quiabuitl, (lám. 17, núm. 61) dando .á enj^ender que 



81 

en el Bigideif ée periodo "de 960, ei aoompafiado' lie Cipaetli üo 
era Xiierliteoabtli Tletl como ni prínéipio, sino el indicikl^ Qiliá- 
hváÚ. (í) Todos los fiueVe períodos de 260 tenían por iníeial ti 
signo Cipaetli; pero 0ns ^acompañados cambiarían en ésta forma: 



( : 



1. ZiulvIáosMi Ttoa 4. TlazoÜMtt 7. Onitoól 

8. Quiahiiitt . M. AÜ $. Xoobltl 

8. TepeyoUotU 6, lifiqaútii 9. T^cpaÜ 

Entonces la disbrU)Qc|on de.todp^ los signos es armónica. El 
período 2,340 dias resníta jlgnaíinente dé dx 13x20, ó de. 20 pe- 
riodos completos d^ 117 dias* Hasto la conclusión de este pro- 
dncto/la combinación enteta no vólveiía á jler idéntica* 

Todos los acompañados se 'expr^si^n eii 1^ pintara por caberas 
humanas/ con los a(ribiítos j arreos especiales de cada divini- 
dad, mas cambian de poíitínao los tcoloreó, con alguna frecuencia 
Ips atributos^ segtln lo. e:^ijé el slgni^c^p o inflaéncia que. seO(e8 
atribuía. 

Hemos !estu(}iado 'el orden de los acqmpáñadds sobre las tre- 
cenas, padei^oQ á 'examinarle respecto de los* 20 kignos. La tabla 
nos dice, que los acompañados caben dos vécéd 'sobre los 20 sig- 
nos, 7 doí^ dé efld^ entran tres veces en el período. La serie tp^e 
forman es tambie!n de nueve tenfiino&r, 1, 3, 6, 7, 9, 2, 4, 6^ 8,, és 
Aecir, los números impares y en'ségtiidaiotí pared: la serie se 
repite después indefinidamente jén la misí&a'fdriíja. Tomada la 
serie en xín término cualquiera, I3e lá domiiietá ttcilmente hasta 
sus nueve términos. Al terminar la notena' veintena concluye 
el período de loác acompañados^ és deóit, á Ids 180 dias; los SO 
restantes, para.lok 260, acal>abeñ la décima téx^céra veintena, por 
el signo Tepeyolotli como ántes^ ém{>ezandb la siguiente veinte- 
na ó segundó períoao de 260 por Quiahuitl; Sb tiene una nueta 
demostración de que el período del Tonalaioiatl es de 2,340 dias. 
La armonía d$ esté período mátimola dicen claramente tos 'nú- 
meros. Es el producto dé las cantidades eiguieñtesr260xd;'lí:7 
X20; 180x13. El 260 igual á 13x20? el IfiO^igiíal á 20x9; el 117 
iguala 9x13: * \ 

Las trece casas siguientes est£ú ocupadas por otra séiie de 
acompañados, los cuales servían para las adivináéiones y pífo- 

(1) Gama, primera porte, pág. 33. v^'- 



2i6$ticos. Gama, (1) síb ezpresarloe» dice qns tombiw eraii nue- 
TB;pero nosotros sobre la pin tux» hemos creído reoo&Qoer }í^ 
S%9i^nte6>— 1* Xinhteeuhtlí 171etL— 2. AtL — 3. Miqtdztli^ — i^[ To- 
natíah, el cual oeapa eonetaniemeate la.oaarta casa de la (^eoe* 
na. — 5. TlazolteoÜ. — 6. Teotlamacazqui. — ^7. Xóchil. — 8. Tlaloo. 
— ^9. BheoatLn-lO. Centeoti* Yau colocados sobre las láminas, con 
frecnentee irastomoa en su ói^den sucesivo. 

TABUk GENERAL DE LOS SEfiOBES DE Ul NOCHE. 

I n III lY V VI vil vin ix x xi m <iii xiv xv xvi xwt xviii 

1. Cipactli ...... 13679246dl 3 .5 7 92 4 6 Ú 

2. Ehecatl 2 4 6 él 3 5 7 9 2 4-6 8 1 3 6 7 9 

3. Callí ,,...3 5 7 924681 36 79246 8 1 

4. Cuetzpallm..i'4 6 81 3 5 7 9 2 4 6 8 1 3' 6 7 9 2 
r. Cobuatl...!.. 5 t 9 2 4 6 8 1 3 6 7 9 2 4 6 8 13 
e: Miqaiztli . .'. , 6 8 i 3 67 9 2^ 6 8 1. 3 6 7 9 2 4 
7. Mazatl. ...... 79246 81367924 68 136 

a TochtlL 8136792463136 79 2 4 6 

9. MI....' 9 2 4 6 8 1 3 6 7 9 2468 13 6 7 

10. Itecuintli 1... 1 3 6 7 9 2 4 6 8 1 3 5 7 9 2 4 6 á 
IL OzamatlL.,.. 2468 1357 9 246, 8 13 6 79 

12. Míalinftlll .... 35 7 92468 13579 24681 

13. AcatK.....:. 4 6 8 13 5 7 9 2 4 6 8 13 6 7 9 2 

14 Óc^iotl 6792468135 792 46813 

16. Cuaahtli ».,, 6 8 1 3 5, 7 9 2 4 6 é 1 3 6 7 9 .2 4 

16. Coacacuauhtli. 792 4 6 81367924 68135 

17. Ollin. ,. 8 13579246 8 135 79 2 4« 

la Tecpatl 9 24 6 81367924681 36 7 

19. Quiahuitl . . . . 135 7 9 2468135792 4 68 

20. Xochia 246813579246813 6 79 

Las lütimas trece casasestin llenas por diez ^^^^ noctiirnaai 
llevando en el pieo abierto una divinidad: no atinamos á dar el 
Áombre de estos pá^aro^ agoreros. . Beconóoenae ademas dos íe- 
coLM^ tecolote, buho, con el pico abierto en la forma de un rombo 
T vacío; representan á Cipaetonal y á Oxomoco, inventores de 
esta cueiQta, 4^ la astrologia y senoreí^ de ella. Por último^ en el 

(1) Gama, loco dt, pág. 81. 



cui m iAoi e debajo del sol se non una marípoia noctarná, teniendo 
entre lee anteneeid dsoa Yohoalteaetli, señor de la neohe;nnmeá 
de los mmáaalsa que kan menester las tíofieblas, oomo los ladro^ 
ftes; merecía lef ereetcia especial á los hechiceros, y los astrólogos 
le safionían partiéiilar inflaenoia^n los pronósticos: reinaba por 
la noehe ^n eampafiía de loe seiores de loe^ioi^y dando á óstos la 
]parta q«e éel «domíaio kt tocaba, por cuya raM& le pintaban á 
wees con doatrostroe: goeaba fiesta patticnlar con sacrificios li 
noche q«e se eontaba el signo Nahni Ollin, y todos los días del 
aftov al anodbeoer, le invocaban é inoensaban los sacerdotes del 
templo del sol. 

Este; calendario era ritaal, astrológico j adivinatorio. Sólo le 
entendían los sacerdotes y los agoreros. Los tlamacazqni, dee- 
poes de arreglar, las fiestas, las. aaimciaban al pneblo para sn 
caropIimieiitOy al principio de cada trefcena, á semejanza de lo qne 
los sacerdotes romi^K>e practicaban en las calendas. Las persoaaa 
dedicadas á su estadio j práciioa se llamaban ionalpouhquif sor- 
tílego á hombre qtie dide4a>liaena'fentqra# El modo de proceder 
-era casi idéntico al de los astrólogos jndiciarios; con la hora dsl 
idia del nacimiento de vna persona acudían al libro adivinatorio; 
y conealtado el signo reinante, él estado que gaardabaa los pla^ 
netae y sn reciproco imfinjo, levantaban la-fignra> dedncían el 
horóscopo, prediciendo las virtudes y vicios deHndividuo, los 
sucesos que le estabam reservados en lo futuro. Daban este pro* 
BÓetioo escrito álos padres del infante, quienes les conservaban 
diligentemente, y después le entregaban á éste para qué le llevan 
Ja siempre consigo. El hado, sin embargo» no era inAesible oomo 
entre loe griegos, para quienes un heeho debía cumplirse aunque 
ne pusieran loe medios de evitarle; la mala predicción sólo ser* 
^ á los móxioa de aviso saltidalile^ siQkuestoi que el sino podía 
ser contrarrestado, pov una educación acertada, por ofrendas y 
sacrificios i los dioses. De esta mabera^ el infeliz nacido en con^ 
dicicfneai aciiagas no debía ser de ptecision malo; la soledad ne 
le tenía como enemigo indefectible, 'mir&odole sólo como á un 
enfermo i quien se debiera atender y curar, (brande opinión go« 
naban entre el pueblO'los tona¡f(^hqmj (xa^o que se les tenía eil 
concepto de saber el porvenir. 

Tras la ciencia adivinatoria venía el obligado cortejo ¡le nigrp» 
mantee, hechiceros, brujos, ¿c Loa heehieheros indios, de todos 



9á 

dMptdcia^Qfl j ptmidgfBádcm, 9Ía /abiríga to las G«utti*6 euirb las 
IfuaUifis, míftu.aialikdóay Qsooudidos ea oonátante pngui eoikU 
oomumdad; ae Yeiiga)>iui dd. aquel daspegOi l^aoMiidó malaficioa 
aegun m particular .éútQuo^ó jsolioitfdoa poír paraooa < esfcraáa 
Qoatsa eniemigo pai:t¿o«l«u:..iSegaii.dl vttlgo^ podían tranaíoiapaaraé 
en todo géaarq do luúmalaa; ooaoeiaii ton conjaroB. j fiakbraik 
tp^icaa. HacíiA nsk eaoadtaimaatM por oaaároiiLo«kea«6gQÍi}a% 
Mi.qoe Trinaran ñigtxotí iaCftOütoai pw^euraudoá -todo trance .luseih 
tiirae á la eaud^ quieu debía $»r malaficiada ElagcedÁdo» |>ara 
Aefenderae» ponía oardcMi en puertaa y ventanas, y ai era aiUmoao 
daba contra el hechicero, le arrancaba los cabelloa dé la coróme 
Ua de la cabaaa y le d:ejaba líbre,.paea era indeleiliábla que aon 
aquello perecería: para esto era indispensable qne el hechicero 
no hubiera tomado algún objeto de la eaaai pues en semejanto 
(Saso $e aaJlYaba doila muerte. .. 

> £1 sig^M) inicial^ £heQatl de lad^aiaocta^a txeoena, el Chi- 
enhnauhitaGuintli,. el Chiciihnauhialdiiialli y todaaJaaolu»as o4r 
t^ de los bignoa» eran.propiciaa : piara lo^rhechieei'os. Algunoa 
Ae éstoa, jnejor bandoleros, llamados temacpaJíMiqn^ tfptipmcQUOr 
huiique ó Mmistommey robaban .de ujta manena quei revela jel -gti^ 
fundo terror que infundían, ya pqr loa exceaoa que perpetraban, 
ya po)r la estúpida snperaticipn ¿ qud el pueblo estaba eiatr^ar 
d<t , Sei^njdoa iquinca q veinte» fotmaban la imigen.de Gecoatí 6 
Quetaalcoatltáttes: ae habían pto:viato del brazo izquierdo^ d^ 
oodo ó la mano; daiuna jmuíec muerta enfel primer aliHubrantiienr 
koi tomado á hurto: cantanrto y bailando isadirijíaná la casaj^ile 
iban á asaltar^ Uevanda por delante uno dé ellos . con la taaágQtt, 
oiro eon elb^asso muerto puesto al-hombiro. Ijlegados, golpeaban 
0Dn el brsflo mágico el anelo del patío y el umbral de la puerta de 
entripe bastabaaquallo^ para^qné loa halntanies fingieran dormir 
Tondandó, ó ae quedaran inmóvilea ooaK> aan^i^tecidost LoaJadror 
n»a>Qtteendiaa teas, reunían loa- víveres y ae- • ponían . á -cíemerloe 
mk-ütp despacio; se entregaban á exeeaoa oon las mujeoes} apana^ 
ban los objetos de sa gusto,. hacíanlos lios, y sedaban á huir. Solo 
antonces< sabían despertarlos durmientes, á llorar y dar vocea. 
OestumJhrei extraña, que juáa parece conaeintida .qué impuesta. (1) 

r 

(1) Bespeotp del arte adivinatorio y de este caíendai^o, Táase pnnóipiúmente Sá- 
Itágtin, libilV, toto. t, {Míg. 282 hasta el Ihi. 'tVjYqüemaáa, Ub. % tspl XXX'VII. 



36 



- Entre los indígenas 7 dsses mrfaó» edncadas de los campos, 
consérranse alganas de estas ideas absurdas, de origen azteca 6 
•de fnente española. El nahual es un indio viejo, de ojos enoendi- 
dos; sabe transformarse en perro lanudo^ negro j feo. La bruja 
convertida en una bola de fuego, vuela durante la noche, y pe- 
netra en las casas á ckupar la sangre de los niños pequenitos. 
lios bechicefos, forman figuras de trapo ó barro, les ponen una ' 
púa de maguey y las colocan en lugares ocultos ó en las grutas 
de los montes; de seguito, que la peraoiv contra quien el conjuro 
se prepara, sufrirá dolores agudos en el lugar señalado por la 
espina. Todavía algunos curanderos, como en los tiempos de los 
dioses, tratan al enfermo haciendo contorsiones extrañas, invo* 
can á los espíritus, poronuncian conjuros mágicos, soplan sobre 
el cuerpo, chupan la parte dolorida y de ella hacen que sacan 
espinas, gusanos ó piedrecillas. Los que dan bebedizos enferman 
é quien quieren, y si otros los curan, los pacientes arrojan obje- 
tos particulares, marañas de eabelkw, trozos de trenzas de mujer 
j muñecos de trapo. Las que hacen mal de ojo, con solo la vis- 
ta causan males á los niños, quítanles hermosura, salud y los 
hacen morir. Si de todo ello se separa lo que pica en sobrena- 
tural, por ser conocidamente falso y risible, queda en el fondo 
Alguna cosa que debía ser estudiada con atención. Conservanse 
«ntre herbolarios y curanderos noticias de las virtudes de las 
yerbas observadas por las antiguas tribus, y saben de ciertos 
venenos vegetales, capaces de producir fenómenos no bien estu- 
diados por la ciencia médica; yerbas y tosigps se dan á b/eber di- 
simuladamente, producen trastornos con cuya causa no se atina, 
síntomas fuera de las clá^fLcaciones admitidas, y éstos para el 
vulgo casos de maleficio, en verdad lo son dé emponzoñamiento. 
Tornemos al Tonalamati. Para darnos cuenta de ^^l formación, 
sigamos el desarrollo del primer período de 260 dia& Tendremos: 



PBQfSIbi TBBCCSrA* 



1. CipactU, XiahtoecüiÜi TletL 

2. Bbeofta, TeopstL 

3. CaUi, XMbiO. 

5. Cohuatl. Mk|aÍBtti. 

6. MiquiztH, A.^. ;. 

7. láAKail, TUuEolteotL 



8. Tochttt, Tepeyolotti. 

9. AÜ, Qujahutt. 

10. Itzcniíilli,; XIbíL 

11. Ozomatli, Tecpfttt. . 

12. MalttuBi, XoolütL 

13. Aoati, OeatootL 



BEOrablá. TBaCSBNA. 



-1/ 



1. OoeloU, Híqttiztli, . 

i. CoAahtli, Atl. 

8. CozoacoáubÜl, nazolteotL 

4. OlMn, TépeyoléUi > 

& -^Teopat^ Qnílihmti . 

6. QoiahuiU, TietU 

7. Xóchitl, TeopatL 



6. CipMU, XoohitL 
9. Ehecatl, CeateotL 

10. Calli, MiquizUL 

11. CttetspaUiíi, AtL 
13. CtJáaaU, TbHBok^oll 
13. M^nisOi, TepvoloUx. 



CTBGBftá. TBCBOBNA. 



1. Mázatl, QoiaboitL 

2. TocEtli, Heü. 

3. Atl, Tdcpatf. 

4. lUsoniBtli, Xoehid. 

5. Of^matti, Oent0o41. 

6. Kalizuült, MiqoktU. 

7. Aoatl, AtL 



8. Ooalotl, TlAzoUootL 

9. GuanhÜi Tepeyolotli. 

10. OózoacuaohtlS, QttiahtiitL 

11. Onin, TML 

12. TeopOl, Teeptti.. 
18. Qulalmiü, XodbiÜ. 



CüáXtk TBXCKNA* 



1. Xóchitl, CenteoÜ. 

2. Cipactliy MiquizÜi. 
Sé ShtcaÜ, Xa 

4. CíOU, TlamlteotL 

5. CuAtJspalliii, XepejEolotli.. 

6. Oohiiatl, QuiahnitL 

7. Miquiítli, Tlell. 



8. liftzaü, TecpatL 

9. Tochtli, Xóchitl. 

10. Atl, Cenieotl. 

11. Itcouintii, Jüquiítii. 

12. OzoiüaÜi, AÜ. 

18. HalinaUi, TlazoUeoti. 



QVIHtA SBSOBMA. 



1. Aoatl, Tepeyolotli. 

2. OceloÜ, QuiahQiU. 
8. Cuaahtli, Tleil. 

4. OozcaooAuhtU. TéopftiL 

5. OlUn^Xc^yO. 

6. TecpaÜl CenteotL 

7. Qmaliuití, Miqtii;^. 



8. Xóchitl, AtL 

9. Cipactli, TlazolteotL 

10. BheoAtl, Tspeyolotli. 

11. QaQí, Qtti«hiütl« 
12w CuetjspiOUxv TlQtL 
18. Coboatl, Tecpatl. 



€SXTA TKJMtStÁ» 



1. Miqaistü/ XDohUL 

2. Mozatl, OenteotL 

3. ToohtU,.UiqaistU. 

4. Atl, AÜ. 

5. Itzcuintli» TkzoiteetL 

6. Oxonutli, TepejóhXli. 

7. MalinaUi, QuahaitL 



S. Aoatl, TIdtL 

9. Ocelotl, TecpatL* 

10. Coaahtli, Xóchitl 

11. Coácaoaatihtli, Otnteotl. 

12. OUin/HiqUBtU. 
18. Tecpatl, AtL 



V 



^ftrpCA aSECBKA 



1« QdMiiiHI, TIuiUmU. 
2. Xqc^U,. TeíffjóUtíJá. 
8. Cipactlíf Q¡i;yiabiritL 

4. Ehecatlj Tlf^ 

5. CáOi, Teq^ma., 

6. Cm^p^Uíiii XochitL 

7. Cohoaü, CenteotL 



8. MiaiiisUL HíoviaUL 

9. Mazad, AU. . r 

10. Tochüi, Ttofolí«otJ.. ; : . 

11. Atl, TepejroioOt- . ■"■' » 
13. ItzcuiaU»,;<í«iah]iitL. 
18. Ozomadi,.ll9t)k : , . 



OCTAVA TB3M9U* 



1. HaUnalU, TeopaO. 

2. Acatl, XoolutL 

8. Ooeiotl, Canteoú. 

4. Coanhüi^ Miqmzdí. 

5. Cozcaeoaahdi. AtL 

6. Olliii, TUsoUeqOi 

7. Tecpatly Tepeyoloüi. 



8. QniahiiiA Qoiahiiill,. 

9. XoclMÜ» TWtL 

10. Cipacüi, Teep^V 

11. EheMÚ,Xo0faítLt. 

12. Cd)i, Centeotl. 

13. Cuem«lUii|.JÍiqf9MÍ; 



fiOTBNA TUBGEHA. 



1. Cohuatl, AtL . 

2. Mi<|ai^U, TlnKoltootL 
8. l^sad, Tüpayoloüi. 

4. ToohtlS» <íanliiatL 

5. Atl, Tletl. 

6. Itzcain^, Taep^ 

7. Ozomatli, Xocbid. 



8. MilíliaUi, OemeotL 

9. AcaÜ, Mi^^ÜS. 

10. Ocelod, Ad. 

11. Caaahdi, Tlaaotteod. 

12. Cozcacoanbtli^ Tép^rolodL 

13. OUin, Qsiabttid. 



BftCXMUL TBBGXK A. 



1. Teqpad^TIéU. 

2. Qmahaid, TecpirtL 
a Xoohid, Xoobid. 
4. Cipactli.CMiteod. 
6. EhecaÜ, Ifiqvizaib 

6. CaUi, Atl. 

7. Cuetzpallin, Tlazokaotl. 



8. Cohuatl, Tepeyólotü. 

9. MkpáitSá, Qviahidd, 

10. Mazad, Tletl 

11. Tochdi, TMpaú. 

12. Ad, Xoolófl. 

13. lUBOtiindii. Centeofl. 



UKSÉOQQCA ISEOBKA. 



1« Qzomatli, MiqíiíztlL 
2. Kalinalli» Ati 
8. Aea^ TlaaolefK>ti 

4. Ooaloa» Tepeyolodi. 

5. Caaohdc, QniahmtL 

6. Oozoaenaiilidi, Tlotl» 

7. OUin, Tacpad. 



8. Te^padi Xo^iú. 

9. Qmahlitd, Oanieod» 

10. Xochiii Miqoizdi. 

11. Cipaotli, AtL 

12. Eh6oad# TlaaolteoO. 

13. OaDi, T4|p«f olodL 



de 



BÜÓDÍOIHA TIEtEOEHA. 



1. Cnetep*11iii, QoüOraia 

2. Cohoatl, Tleil. 

8. Mlqu- ztli, T6ct>ftti. 

4. ICAsatl.Xooliití.. 

5. To Mtli. Cttítaótt. 
e. Atl, Ifiiq^itíL 

7« ItioaÍA¿ii| AÜ 



8. OzóttstU, TlssoHeotl; 

9. Malinalfi, IlijWTMotil 

10. Acaü, QtúabultL.' 

11. OoeloÜ, lletL 

12. Cuanhtli, ^eéptiiL 

18. CofldftealRilitiü, XóehKl. 



DÉOnfATBRCERA TRECENA. 



1. OUin, CoQteotiL 

2. Tecpat\ Ifiqíüaffi. 
8. Qniahv t , AtL 

4. Xoobit Tlasolfcdotl. 

5. Cipaotíi,T«peyolotli. 

6. Ehaoatl, Quahiiitt. 

7. CaUi-Tleti. 



8. CnetzpálUn, Tcepáik 

9. Cohnatl, Xoeliill 

10. Miqnizili, CenteóÜ. 

11. Mazatt, Kiqtiiztü 

12. Tochtli, AtY. 

18. Atl, TbjBolieotl • 



BÉOÍlCACnjARTA TBEÓENA. 



1. Itzcaintli/ Tepeyolcítit 

2. Ozomatli. Qoiahaitt. 
8. MaünaUi Tleti. 

4. Acatl, Teopaftl. 

5. Oeaioü, XoehifcL 

6. OaanhÜi/OentoOlL 

7. Ck>zcacTiauhtli, MiquizÜi. 



8. OUin.Atl. 

9. Teopatl, TlazolteoilL 

10. Qnahuiá, Tfi^piJyoldai. 

11. Xochiii; QuiabmO. 

12. OipactU, TleU. 
18. Eheoaü, TeopatL 



DÍOnCAQin»TA TBBOENA 



1. CaBi, XoohUl. 

2. CaaispalUa, Genteotí. 
8. Cohuatl, Miqniztli 

4. Miquizlli, AÜ. 

5. Mazatl, Tlaeott^oAl.. .j 

6. Toch^ TepeyolotU» 

7. AÜ, QuiahuiÜ. 



8. Itzouintli, TíéÚ^ 

9. OzomáÜi, T«cpatL 

10. MalinalU, XocbitL 

11. AcaO, CenteoÜ.. ! 

12. Ooeloil, MiqnizOi 
18. CoanhÜi, Atil ' 



dAoMASEXTA nÍBCTNA. 



1« Cozcacuanüi, TlaaolteotiL 
2. OUin, TaprfolotU. 
8. TecpaÜ, Qoiálniitt. 

4. Qaiahtdll, tlaÚ. 

5. Xookítl, TaepatL 

6. CipaoOi, Xooliia 

7. EhecaÜ, Canteott. 



8. CáUi, Miquizüi. 

9. CaetzpaUin, AÜ. ^ 

10. Cohaatl, Tlasoltéotl. 

11. Miqútetli, TepejtííiMÍ 

12. MazaÜ, QüiahtiHL 
18. Tooiftfi^ TleÜ. 



a» 



DÍCaUSÍSJMA TB9GEILL 



1. Atí, Tecpatl 

9. ItxciiÍBtIi,:XoehitL 

a. OmumÚí, Ce&tootL 

4. MaUkiAni, MiqoiitlL 

5. AoaÜ, Atl. 

6. Ocelotl, Tlázolteotl, 
T. Cnauhtíi, TcpeyolotU. 



81 Cozeacnatibtii, Quiahititl. 
9. Omii,Tleil. 

10. TMpail» TaqpaU, 

11. Qm«hiútl,XoehiftL 

12. Xóchitl, Centeoa 

13. Cipactliy Miquiztli. 



BécnaOCTAYA XBECENA. 



1. 


ShecaÜ, AtL 


8. 


Atl, Centébtl. 


s. 


CaSi, TlazolteotL 


9. 


Itzcnintli, Idiqmztli. 


& 


CoetiiMilUn, Tepeyolotti. 


10. 


OzenmtU, AtL 


4. 


Cohnatl, QuiaboitiL 


11. 


MaUnalli, TlazolteotL 


5. 


Miquijitü, TleÜ. 


12. 


Acatl, Tepeyolotli. 


6. 


MazAtl, Tecpatl. 


13. 


OceloÜ^ Quiahuitl. 



7. TochtK, XochitL 



DÉCIHANOTEHA TBECENA. 



1. Cuautli, Tlell. 

Sl Gozcacaanhtiliy Tdcpafl. 

8. OUin^Xodáa 

4. Tecpatl, Cenieotl. 

5. Quiahuitl^ Miquiztli, 

6. Xóchitl, AtL 

7. Cipactli, Hazolteótl. 



8. Ehecatl, TepeyolotlL 
R.'CalU, Qniahaití. 

10. Cnetepallin, Tl«li,. 

11. .Cohua'L Tecpatl. 

12. Miquiztli, XochitL 

13. Mazatl^ CenteotL 



YIGÉaiKA TBEGENA. 



1. Tochtli, Míquiztlí. 

8. Atl, AÜ, 

S. ItiaDoinÚi, TlazoIteoU. . 

4. Ozomatli, .Tepeyolotli. 

5. MaUnalli, QuiahuitL • 

6. Acatl, TletL 

7. Oodbil, Teepail. 



8. Cuauhfli, XochitL 

9. CosoaoaaohÜi, -Caniéotl. 
10. OUia« MiquiztU, . 

.11. Tecpatl, AtL 

12. Quiahuiil, Tlazolte'ofl, 

13. XbchitL Tepeyolotli. 



!EiL el calendaría lanar prímitiyoy dos trecenas se dieron poi?. 
yalor dO: una revolución sideral; pequeña esta cantidad para su.. 
obj^to^ j mucho más respecto de la revolución sinódica, parece 
que se intentó como corrección dar cinco trecenas Ó 65 diasádoa 
lunaciones, cantidad que vino á separarse mucho del primer in- 
tento^ y á ser mayor de lo que se buscaba. En el Tonalamatl,. 
que conservaba supersticiosamente los antigu9s.nnaiBros misti-;^ 



eos, se introdujo el naéVo térmmo nueTé, <)0n el caal el cálenlo 
Be aproximaba á la yerdad. En efecto, no se operaba sobre el 
período 260, sino fiíobre niieye veces su valor ó sean fiJiiO días. 
La combinación numérica trago de precisión los perSodosde nue- 
ve trecenas ó 117 días, los cuáles sólo difieren uá dia é^ euátro 
lunaciones calculadas á 29,''£i dias cada una ó s.eai)[ 118. ¿Sería 
que aquellos astrónomos calculaban la revolución sinódica de la 
luna en 29/25, ó que se vieron urgidos á aceptar los resultados 
de la combinación de sus números sagrados? Esto segundo nos 
parece más seguro, quedando obligados á aplicar ciertas correc- 
ciones. 

Los métodos qtie nos ^^curren para salir á la exactitud del 
cálculo, son éstos: 1/ Tomando 29 veces y media el período 117 
resultan 3,451,5 dias, los cuales son iguales á 117 lunaciones. 
.2.* Multiplicando entre sí las cantidades 117 por 118,61 produc- 
to 13,806 es igual á 468 lunaciones ó sea 117x4: la cuarta parte 
de 13,806, es decir, 3,461,5. igual á 117 lunaciones. 3.' Y que va 
más conforme con sus números. El producto 2,340 de los factores 
13x20 igual con 260, multiplicado por nueve, es igual á 117x20; 
y como cada período de 117 dias quiere representar cuatro luna- 
ciones, todo el producto querrá equivaler á ochenta lunaciones. 
Si al fin del período del Tonalamatl 2,340 Se intercalan 20 dias, 
cantidad igual á la de sus símbolos diurnos, resultan 2,360, igual 
á 80 lunaciones: 80 igual con 20x4 en consonancia con sus fac- 
tores constantes. Lo probable nos parece, que los períodos luna- 
res estaban arreglados por el valor de 80 lunaciopes. 

El Tonalamatl no sólo era cuenta de la luna, sino también del 
planeta Yénus« Tomamos la autoridad del P. Motolinia, (1) co- 
piándola al pié de la letra, para no desfigurarla en un extracto. 
"Esta tabla que aquí se pone se puede llamar calendario de los 
indios de la Nueva España, el cual contaban por una estrella que 
en el otoño comienza á aparecer á las tardes al occidente, con 
muy clara y resplandeciente luz, puesto que el que tiene bueiía 
vista y la sabe buscar, la verá de medio dia adelante; llámase es- 
ta estrella Lucifer , y por otro nombre sé dice Sper, y deste notti- 

CO Hist de Io8 Indios de Kaera España: predoso códice MS. en poder del Sr. V, 
Joaquín García Icazbalceta; mucho más copiosa qué él que \ió la lu2 piíblioa por los 
ooidados del mismo Sr. Gaiefa. 



SI 

bre y esfarella nnestra SpuJíaen ti^ tiempo tre U&inó Speria. Cómo 
ei sol ya abajando y haciendo los diás mam peqnenoB parece qne 
elb TaambiendO) á esta eansa «ada dia ya apáteeiendo tm poeo 
más alta, hasta tanto que la torna el éól 4, la alcanzar, j paear en 
el yeraao y estío y se viene á poner oon el sol» en • cuya claridad 
se deja de ver, y este tíempo y dias qae apar«oe y sale la primera - 
T€z, y subo en alto, y se toma á perder y encubrir, énesta tierra 
son doscientos y sesenta dias, loe cuales están figurados y asen- 
tados en' calendario á tabla, y para que mejor se entienda pusi- 
mos esta figura ó tabla, en qudí hay doecieütas y sesenta casas, ' 
contadas de trece en trece y en veinte líneas que son veinte tre- 
ce, como si en una plana escribiésemos veinte renglones de trece 
letras, serían doscientas y sesenta letras; bien ansí van estas 
casas puestas y asentados los diaé en ellas, por orden, comen- 
xando el primero que es Cipactli y dice ce cipacíM^ un espadarte; ' 
dos viento%, orne éhecúü y ansí va discurriendo hasta acabar la ' 
primera línea en qne está trece casas; luego en la segunda línea 
se asienta, en catorce no dicen el nombre propio, y ansí va pro- 
cediendo y llegando al veinteno y -áltimo dia que es xnchitl,jio 
se dice veinte rosas cempual xuókifl sino siete rosas, chicóme xu- 
dUtfy porque es setena casa en la segunda linea trecenaria por ^ 
diyo respetp se dice siete flores, y no por respeto del numero 
veintenario de los nombres propios de los dias, como algo está 
dicho; yes de saber que aquestos doscientos y sesenta dias están 
tasados ansí en este número, porque tantos son los signos ó ha- 
doSy disposición de los planetas en que nacían los cuerpos hu- 
manos, según los filósofos 6 astrólogos de Anahuac, y no és nueva 
opinión entre estos de Anahuac, pues silbemos que en muchas 
naciones hay filósofos 6 sus escritos que la tienen^ . . . « 

'H3umplidos estos doscientos y sesenta diás y los signos y pía-' 
netas de ellos, hemos de comentsdr á contar del principio que es'^ 
Cipsietli, é ir discurriendo de la misma manera hasta el fin, y an- * 
ai aoabada la tabla como está dicho, no hemos por respeto de 
esta cuenta de mirar en quá meií se acaba y cumple, é para sa- 
ber el oómputo del ano y curso del sol, que no es su cuenta, ni 
por su respeto se nombra y son los signoSi sino por contempla- 
ron de la estrella, ni nos admiremos. -A esta cuenta la llaman 
TimalpókuaUi^ que quiere decir, ouenla dei soly porque la inter- 
pretación é inteligencia de «ate vocaUe ea largo modo quiexe 



32. 

decir, cueota de planetas ó criaturas del cielo qae atimbran y' 
dan lass^ y no se entiende de sólo él planeta llamado sol, qué 
cuando bace luna decimos frte^^iona, esto es» qae da las y alambra 
la luna; de la estrella también dicen dUaUcmaf la estrella da cla- 
ridad, empero porqne da Inz y alambra, es más propio del sol qae 
de los otros planetas, caando lo bay dicen absolutamente tena. 
^'Después del sol á esta estrella adoraban é bacían más sacri* 
ficios, qoA á otra criatura ningnna celestial ni terrenal. Después 
que se perdía en occidente, los astrólogos sabían él dia que pri- 
mero babía de volver á aparecer el oriental, (1) y para aquel 
primer dia aparejaban guerra, fiesta y sacrifiicsiosi y el señor da* 
ba un indio que sacrificaban luego por la mañana, como salía y. 
aparecía la es^trelia» y también bacían otras -muchas ceremonias, 
y sacrificios, y desde allí adelante, cada dia en saliendo, le ofre*»- 
cían incienso los ministros de los ídolos, y estaban levantados: 
esperando cuando saldría para le bacer reverencia y sacrificio dé 
sangre, é otros mucbos indios por su devoción hacíanlo mismo. . 
El más general sacrificio de todos era cuando, babía eclipsé de 
soV.ca entonces con gran temor todos, botnbres y mujeres, chi- 
cos y grandes y . se sacrificaban de las orejas ó de los braeos, y 
echaban la sangre con los dedos hacia el sol. Tomando á nues- 
tra estrella, en esta tíerrai tarda y se ve salir en el oriente otros > 
tantos dias como en el occidente, conviene á saber, otros doscien- 
tos y sesenta dias, otroS; dicen que trece dias más, que es una se- 
mana, que son .por todos doscientos y sesenta y tres dias. - Tam- ' 
bien taníaU' (2) con todos los dias que no parecía, oomo buenos 
astrólogos, y esto todo teníanlo en mucho los señores y la otra: 
ge^^. La causa y ra2^n porque contaban los dias por esta estre- • 
lia que se hacia reverencia y sacrificio, era porque estos natura- 
les engañados pensabais ó creían^ que Uno de los principales de 
sos dioses illamado TopU<¿n» y ^or otro nombre Quetzalcoatl^ 
cuando murió y deste mmido partió, se tomó en aquella resplan- 
d^iente estrella." 

_ Hasta aquí el P« MotoUnia, cuyas noticias so^n inápreeiables, ^> 
siapuesto que qqs conservan él' sentir de los astrónomos metical; 
jxQfi. No puede x^aber duda, jenoerrábaMC en el Tonalamaél los • 

(1) Xfeb0 dfdr, «1 piaoate (ftMmta]; d, si lado oriMitaL 
<^) Fiata a^'la fidjd)ril<eiioiito); tí ote eqvi^^ 



33 

« 

oilcalos combinados de los moTÍmientos de la lana y del planeta 
Yénns. Obligados los calculadores méxica por los números de sa 
aritmética, retenidos, en sus períodos cabalísticos, no hacían otra 
cosa que combinar los mismos términos, para salir' en períodos 
más ó menos largos á resultados precisos. Segnn los datos pun* 
tualizados por el docto franciscano, fijaban las diversas aparicio- 
nes de Yénus en 633 dias, es decir, en dos períodos de 260 más 
trece dias, ó sean 41 períodos trecenales. El término medio de 
dos conjunciones de Yénus está colocado en 584 dias; aquel nú- 
mero pecaba por demasiado corto. Pero ocurre esta observación; 
los nueve períodos del Tonalamatl arrojan la cifra 2,340; cuatro 
períodos medios de 584 son iguales á 2,336; á cabo de ese tiempo 
sólo resultaban para los méxica cuatro dias por más de diferen- 
cia. Ellos que conocían las variaciones del período, que obser- 
vaban el planeta j sabían predecir su aparecimiento como estrella 
matutina 6 vespertina, debían llevar sus tablas y saber hacer las 
correcciones convenientes en su Tonalamatl. Este cálculo, al pa-« 
recer inaólito, revela profundas nociones astronómicas. 



CAPITULO ni. 

GALENDABIO SOLAR. 

El áia,'^Hora».'-Lo$ mé$e9,-' NemonUmL--'El año,-~Perio<h» treewialet.'^Lai »e- 
ñoreé 6 aaompatíadoé de ¡a noche.^Ciolas menores y ma^cr, — ItiimtaXMsUm,, — 06- 
wnacUmM, — Gorreepondenda entre ¡os añae—DUcusian. — Orden de loe meeee, — 
Ckmoordanda entre ¡o» ame aeUeay juliano. — Intereaiaeion, — El súUmade Oama. 
— Dieeusion, — Fwma einguiar del calendario de Gama» — Interealaeion, — Fieeta 
eiolica' ^Principio del dia, — Conóordaneia. ^Nuestro eietema, 

CONTÁBASE el dia civil mexicano, de an orto del sol al orta 
sigaiente; práctica común á los persas, judíos, romanos, mu- 
chos pueblos de Oriente y conocido en el antiguo estilo babiló- 
nico. Ese espacio de tiempo se distinguía en dia propiamente 
dicho, llamado Tonatiuh^ sol; tonalli^ calor del sol, y era el inter- 
valo en que estaba el sol sobre el l^orizonte: había las voces Üa- 
coüij dia, cemihuiÜ^ espacio de un dia, poco usadas en las anota- 
ciones cronológicas. Al tiempo que el luminar permanecía de- 
bajo del horizonte, se decía yocdli ó yohtiaJli, noche. Llamábase 
al. orto del sol Iquiza Tonatiuh; al medio dia NepanÜa Tonatiuh; 
al ocaso Onaqui Tonatiuh; á la media noche YohuálnqparUla. Re- 
sultaban cuatro grandes divisiones en los dias iguales á las no- 
ches, de seis horas cada una; cada una de ellas se subdividía en 
do3 partes iguales, correspondientes á las nueve de la mañana, 
tres de la tarde, nueve de la noche, tres de la madrugada: en to- 



r 



35 

do ocho diyisioii69. Como durante el afio.mada el Talor del día 
y de la noche» se infiere que aquellas divisiones no siempre po- 
dían ser iguales, y que las horas á que aludimos eran horas des- 
iguales, ^^oramos si usaban de aparato para sustituir el relox 
ó la clepsidra; durante la luz marcaban el tiempo por el sol, se- 
ñalando el lugar del cielo en que el astro se encontraba y dicien- 
do iz teoU, aquí el dios; por la noche calculaban y se regían por 
las estrellas. (1) 

Veinte diaa civiles componían un mes» nombrado metzüij luna; 
tal vez porque tres períodos de éstos eran iguales á dos lunacio- 
nes más un dia. Los veinte dias se expresaban con los mismos 
signos diumoB del ToiiiJ*matl y en el mismo orden. 



L Cipaotii. 


G. Miquista. 


11. Osomatli. 


16. CozcacnaolitlL 


2, EheoatL 


7. Mazatl. 


13. Malinalli. 


17. Ollin. 


3. Gálli. 


8. Tocbtii. 


18. Aeafl. 


18. Teopatl. 


4. Cnetzpalin. 


9. AÜ. 


li. Ooelotl. 


19. QniRhniti. 


5. CohnatL 


10. Itaouintii. 


16. Owmhtli. 


20. Xóchitl. 



Los veinte dias de cada mes, cualquiera que fuera el signo 
inicial, se dividían en cuatro períodos de cinco dias, que servían 
para señalar el tumo á los tianquuáli 6 mercados. No debe dár- 
seles el nombre de semanas, pues no en todas partearse verifica- 
ba el mercado el misma día. 

£1 Señor Núfien de la Yega» obispo de Chiapas, nos informa 
que entre los chiapanecas existía el recuerdo de la semana pro- 
piamente dicha. — "§ XXyiÜ. En muchos pueblos de las pro* 
'«YÍncias de esté obispado» dice, tienen pintados exi sus reporto- 
"rios 6 calendarios, siete negritos para hacer divinaciones y pro- 
^'nósticoe, correspondientes á los siete dias de la semana comen- 
''sándola por el viernes á contajr, como por los siete planetas los 
'^gentiles, y al que llaman üodahtmtox (que es el demonio, según 
"los indios dicen con].trece potestades), le tienen pintado en silla 
"y con astas en la cabeza como de carnero." (2) 

Diez j ocho meses componían un aña Sus nombres cambiaban 
en diversos pueblos, introduciendo alguna confusión, que des- 
aparece con poner juntos los sinónimos. La escritura jeroglífica 

(1) Gama, las dos piedma, pág. 18-14. 

(2) Couititiicionaa dioeManaa^ ptfg. 9, eoL I. 



•36 

presenta también multitud de variantes, dimanadas de que los 
símbolos se refieren unas veoea á los* dioses, otras á las prácti- 
cas rituales ó á las costumbres. 

L ItzcaUi, XochilhuitL Tenía lugar la fiesta á Xiuhtecuhtli Tletl, 
y una solemne al fuego de cuatro en cuatro años. Itzcalli lo tra- 
duce Yeytia por retoñar la yerba: Torquemada por resucitado 
6 el de la resurrección. El interprete del Oódice Telleriano-Be- 
mense asegura que se hacía ''la fiesta del fuego, porque en tal 
^'tiempo se calentaban los árboles para brotar. Fiesta de Fil- 
"quixtiu, la naturaleza humana que nunca se perdió en las veces que 
**se perdió el mundo" Nace de aquí, que el símbolo ^religioso es el 
dios del fuego; el civil un templo y junto un árbol retoñando. 
Glavigero traduce á Itzcalli, he aquí la casa^ y por eso en su ca- 
lendario pone una casa con la cabeza de un animal emima; in- 
terpretación y símbolo no van ajustados á la verdad. Itzcalli, 
para los intérpretes de los Códices Vaticano y Telleriano, quiere 
decir viveza y Imbilidad: en aquellos pueblos había costumbre 
que en principio de año tomaban las madres á sus hijos por la 
cabeza, les suspendían en alto y gritaban repetidas veces, itzcalli, 
itzcáüi, ''como si dijeran, aviva, aviva:" pretendían con ello que 
los dioses desataran y avivaran la inteligencia de los niños, y no 
como entiende Glavigero, que por este medio se procuraba dar- 
les grande estatura. En memoria de ésto se encuentra represen- 
tado el mes, por una figura mujeril teniendo un niño suspendido 
entre las manos. Xochilhuitl, de xochitl é UhuUl, fiasta ó un dia 
de la semana: fiesta de las flores. 

n. Xilcnnanaliztli, AÜacahualoo, CuaJinülehuaf CihuaHhuitL Xilo- 
manaliztli, ofrenda de xiloít 6 jilotes; nombre usado por los de 
Tlaxcalla. Cuáhuitlehuay quemazón de los árboles: nombí^ perte- 
neciente á lugares fuera de México. Atlcahualco ó Atlacahualoo, 
nombre admitido por los mexicanos; según el P. León, detención 
de las aguas, y es la interpretación de todas que más nos satisfa- 
ce. Cihuailhuitl, fiesta de la mujer. El símbolo religioso es la 
imagen de Tlaloc y un árbol reverdeciendo, con el agua entre 
las raíces. 

m. TlacaxipehualtzÜi, CohuaühuiÜ, Significa el primer nom- 
bre, desoUamiento de gentes, aludiendo á la fiesta celebrada en 
aquel mes. Gohuailhuitl, fiesta de la culebra. Símbolo religioso. 
Toteo armado en son de guerra, llevando vestida la piel de un 



37 

hombre^ cuyas manos amarillas le cuelgan á la espalda. En otra 
pintura hemos visto, una piel humana y sobre ella nn macuá- 
huitl, un chimalli y una bandera. 

rV. Tozozíontlu De tozoztli, síncopa de tozolizüi, derivado del 
verbo tozoa^ velar; con la terminación tcnüi de diminutivo, Tozoz- 
tontli, vela ó vigilia pequeña, porque en aquel mes velaba y ayu- 
naba la gente popular. Símbolo religioso, Centeotl llevando en 
las manos mazorcas de maíz tierno. En algún calendario se en- 
cuentra un pájaro herido por una púa de maguey; el ave es la 
tozoztli, pasagera en el Valle y que llegaba por aquel tiempo. 

V. HueitozoztlL ConlapalabraAt^e/, grande; vela ó vigilia gran- 
de, por que entonces velaban y ayunaban el rey y los nobles. 
En el símbolo religioso se ve á Centeotl sobre una especie de 
andas, signiñcando que entonces tenía lugar su fiesta particular; 
en la otra pintura, ave y púa de mayores dimensiones. 

VI. ToxccUiy Tepopochiiiliztlu De todas las interpretaciones 
dadas á la palabra toxcaU, la más genuina, á nuestro entender, es 
la dada por Gama, tomada del P. Acosta: ''una soga gruesa tor- 
cida de sartales de maíz tostado." Tepopochuiliztli, sahumerio. 
En el símbolo religioso se ve á Tezcatlipoca armado de escudo, 
saliéndole de los pies una serpiente; lleva los atributos como 
causador de males, de disturbios y de la guerra. Clavigero re- 
presenta el mes con una cabeza coronada con una guirnalda, y 
el sartal de maíces tostados. En otra parte vimos, el sartal de 
maíces y una hacha, recuerdo del sacrificio. 

Vil. Utzálcucdizílu Comida de etzaUi; el etzall% conforme al P. 
Sahagun, era una especie de puches ó poleadas, que todos co- 
mían en su casa durante esta fiesta. ^1 intérprete del Cód. Vati- 
cano asegura, que en los templos cocían maíz en solo agua y lo 
repartían al pueblo; aumenta, que la fiesta se hacía en memoria 
de cuando la tierra fué destruida por el diluvio. En el símbolo 
religioso se descubre á Tlaloc, llevando en una mano una caña 
lograda de maíz, en la otra mano la olla en que se condimentaba 
el etzalli; grandes gotas de agua rodean la figura, expresando que 
en esta época está en su plenitud la estación de lluvias. 

VIIL TecuilhuitzintU, Sahagun, Torquemada, el P. León, es- 
criben Tecuilhuitontli, sinónimo de Tecuilhuitzintli, que signi- 
fica, fiesta menor de los niños y caballeros. En el símbolo reji* 



38 • 

gioso se descubre á Hnixtocihnatl, diosa de la sal, con sus atri- 
butos; en otros calendarios se encuentra nn signo particular del 
mes de pequeñas dimensiones, 6 un niño con los arreos de la 
nobleza. 

IX. Htíeitecuühuitl Fiesta mayor de caballeros y señores; la 
principal del año, en que los nobles daban de comer álos pobres, 
haciendo fiesta á Xilonen, diosa de los jilotes (xilotl). En el ri- 
tual represéntase con la figura de un noble, teniendo en la mano 
el signo del mes. En los calendarios, éste y el anterior mes se 
escriben del mismo modo, con solo la diferencia de ser aquel de 
menores dimensiones. 

X. MiccatthuttzMi, Tlaxochimaco. El primero era nombre 
usado por los de Tlaxcalla, y quiere decir, fiesta ó conmemora- 
ción pequeña de los difuntos. El nombre mexicano es Tlaxochi- 
maco, palabra que Torquemada interpreta, cuando son dadas y 
repartidas las flores; mientras Veytia dice, estera de flores. En 
la fiesta principal del mes, consagrada á Huitzilopochtli, la esta- 
tua de éste y de los demás dioses eran adornadas profusamente 
con flores. El símbolo religioso es la imagen de Huitzilopoobtli, 
sobre unas andas. En otros calendarios se advierte, bien un ca- 
dáver de niño, bien un copilli de pequeñas dimensiones. 

XI. Hudmiccaühuiti, Xocohuetzi. La primera denominación era- 
la usads^ por los de Tlaxcalla, significando, fiesta mayor de los 
difuntos. Los méxica empleaban Xocohuetzi, que dice, cuando 
cae del árbol la fruta, cuando madura la fruta. El símbolo reli- 
gioso la figura de Huitzilopoohtli, oon el medio cuerpo inferior 
envuelto y ligado como un cadáver. En los otros calendarios los 
signos son iguales á los d^ mes anterior, aunque de mayores di- 
mensiones. 

XIL OchpaniztUy TenaJitiatüiztlu Oohpaniztli, barredura, y por 
metáfora, escoba, porque entonces se barrían y limpiaban los 
templos, se aseaban los ornamentos de los dioses: se componían 
también calzadas y caminos, de lo cual venía la voz Tenahuati- 
liztli. El símbolo del mes es la diosa Toci ó Teotinan: en los 
otros calendarios es una escoba ó manojo de popotes, (popoü). 

Xni. Fachtli, Teotleco. Pachtli, la parásita llamada vulgarmen- 
te heno (Fillandia usneoides). Teotleco, vuelta ó bajada de los 
dioses, porque suponían que durante el mes anterior habían es- 



^ 



• 39 

todo faera de la ciudad. Llegaba el primero Tezcatlipoca, repre-- 
sentado por Tlamatzmcatl ó Titlacahnan, el penitente qne enga- 
ñó á Quetzalcoatl. El símbolo religioso es Tezcatlipoca, dejando 
tras sí las aguas 7, animoiando las calamidades del jelo: se es^ 
cribe «B otros calendarios con la fígnra del heno. 

XIY. HueipachÜi^ Tepeükuitt Hueipachtli, pachtli grande. Te- 
peiUmitly fiesta de los montes. El símbolo religioso, un cerro 
con la imagen de Tlaloc y de las nnbes. 

XY. Quechoílú Yejtia dice de esta ave ser el payo real; Tor- 
quemada, qne es el francolín ó flamenco; esto es la verdad, según 
lo confirma ClaTigero, 7 es cierto que por este tiempo llega á 
nuestros lagod. Símbolo religioso, el dios Mixcoatl : en otros ca- 
lendarios, el quecholli ó un manojo de plumas. 

XYL Panquetzalixñi. Torquemada traduce, enarbolamiento de 
pendones ó banderas; Yeytia, banderas ó pendones de plumas. 
Hacíase fiesta á Huitzilopochtli como dios de la guerra; sobre 
cada casa ponían una banderita de papel, izaban la suya capita- 
nes y soldados, y se enarbolaba sobre el templo el gran están* 
darte del dios. Huitzilopochtli es el símbolo religioso; en otros 
calendarios, una bandera. 

XVJUL. Aiemoztli* Torquemada interpreta, bajada del agua: Bo- 
tarini, ara de los dioses; Ixtlilxochitl, piedra ó ara del sacrificio; 
' Teytia se decide por, diminución de las aguas. Los intérpretes 
de los Códices Telleriano y Yaticano dicen: "En este mes cele- 
''braban la fiesta del abajamiento de las aguas del diluvio, y por 
''esto le hacían fiesta; digo, cuando se descubrióla tierra ó cuan- 
"do ya estaba fuera del peligro del diluvio. Atemoztli quiere 
''decir, abajamiento de las aguas, porque en este mes por mara- 
"villa llueve." Esto en realidad quiere decir, pues hacia esta 
época bajaba sensiblemente el nivel en las aguas de los lagos. 
£1 símbolo religioso, el agua descendiendo, con la imagen de 
Tlaloc, y análoga figura en otros calendarios. 

XYIIL TitiÜ. Torquemada traduce, tiempo apretado; Boturi- 
ni, vientre ó nuestro vientre. Gama rechaza como falsa la inter- 
pretación de Boturini, y saca la suya del verbo titixia, rebuscar 
después de la cosecha. Yiene la palabra de la fiesta á Tlamate- 
cuhtli, señora vieja llamada también Tona, nuestra madre, y Coz- 
camiauh. El símbolo religioso, Mixcoatl, y Xochiquetzal inven- 
tora del tejido y del bordado, á quienes las obreras hacían fiesta 



particular. En algunos calendarios se ve una mano^ reteniendo 
un objeto por medio de una cuerda. Ello lo explica el P. Saha- 
gun. *'E1 dia siguiente, dice, todos los populares hacían unas ta- 
''legas como bolsas con unos cordeles atadi^, tan largas como 
''un brazo: henchían aquellas talegas de cosas blandas, como !&- 
''na, y llevábanlas escondidas debajo de las mantas, y á todas las 
''mujeres que encontraban por la calle dábanlas de talegazos." 

Año se dice xihuiü, yerba nueva, nombre que parece referirse 
á las observaciones rurales. Componíase, pues, de diez y ocho 
meses de á 20 dias, ó sean 360 dias útiles. Decimos útiles, por- 
que después del último mes se añadían cinco dias complemen- 
tarios llamados Nemontemi, aciagos, vanos, inútiles: á quienes en 
en ellos nacían se tenían por desdichados, diciendo al varón ne- 
moquichüiy á la hembra nencihuaüy hombre ó mujer infeliz. En es- 
tos cinco dias permanecía la gente ociosa; mas aunque no se con- 
taban para los trabajos particulares ni públicos, formaban parte 
de la distribución del año y entraban en los cálculos cronológi- 
cos. Se puede asegurar que había dos años, el civil y el astro- 
nómico. 

TABLA GENERAL DE LOS DUS TBEOEI^ALES. 

■w •• S> ^V ^M *? ■■•' ^^ yC ^^ !^ '^^ ¡S ^£ ^^ ^M ÜI •• 

— *^^>»^**><xx><SS8 

1. CipacÜi. 1 8 2 9 3 10 4 11 6 12 6 13 7 1 8 2 9 8 10 

2. Ehecatl. 2 9 3 10 4 11 5 12 6 13 7 1 8 2 9 3 10 4 11 

3. Calli 3 10 4 11 5 12 6 13 7 1 8 2 9 8 10 4 11 5 12 

4. Óaetzpalin. 4 11 5 12 6 18 7 1 8 2 9 8 10 4 11 6 12 6 13 

5. Cohaati, 5 12 6 13 7 1 8 2 9 8 10 4 11 5 12 6 13 7 1 

6. Miquiztli. 6 13 7 1 8 2 9 3 10 4 11 5 12 6 13 7 1 8 2 

7. Mazatl. 718298 10 4 11 5 12 6 13 718293 

8. Tocbtli. 8 2 9 3 10 4 11 5 12 6 13 7 1 8 2 9 3 10 4 

9. AÜ. 9 8 10 4 11 5 12 6 18 7 1 8 2 9 8 10 4 11 .5 

10. ItzcoinÜi. 10 4 11 5 12 6 13 7 1 8 2 9 8 10 4 11 5 12 6 

11. Ozomaüi. 11 5 12 6 13 7 1 8 2 9 3 10 4 11 5 12 G 13 7 

12. Malinalli. 12 6 13 7 1 8 2 9 3 10 4 11 5 12 6 13 7 1 8 

13. Acatl. 13 718298 10 4 11 6 12 6 13 71829 

14. Ooelotl. 1 8 2 9 8 10 4 11 6 12 6 13 7 1 8 2 9 3 10 

15. GoauhUi. 2 9 3 10 4 11 5 12 6 13 7 1 8 2 9 3 10 4 11 

16. Cozoaouauhtli. 3 10 4 11 5 12 G 13 7 1 8 2 9 3 10 4 11 5 12 

17. Onin. 4 11 6 12 6 13 7 1 8 2 9 3 10 4 11 5 12 6 13 

18. Tecpatl. 5 12 6 13 7 1 8 2 9 8 10 4 11 5 12 6 13 7 1 

19. QoiahmtL 6 13 7 1 8 2 9 3 10 4 11 5 12 6 13 7 1 8 2 

20. Xóchitl. 718293 10 4 11 5 12 6 13 718293 



r 



41 

Los períodos trecenales se deslizan por todos los días del año 
en forma idéntica que en el Tonalamatl. Gomo cada mes se com- 
pone de los yeinte símbolos diurnos, se infiere que todos los me- 
ses comienzan y acaban por los mismos signos; es decir, si el 
primer mes empieza por Cipactii, como en la tabla general, los 
diez y ocho meses tendrán por inicial á Oipactli, y por terminal 
á Xóchitl; mas si comienza por Itzcuintli, v. g., todos tendrán 
por inicial á Itzcuintli, y por terminal á Atl. Conocido un mes, 
todos son conocidos. Los cinco nemontemi tienen por inicial el 
mismo signo del mes y cuentan la cuarta parte de los símbolos 
diurnos. Para entenderse en medio de esta igualdad, que daría 
motivo á confusión, y para señalar y conocer un dia determinado 
del año, servían las triadecatéridas, porque de esta manera cada 
simbolo diurno iría afecto de distinto número de orden. En el 
Tonalamatl la serie de las trecenas combinadas con los días, cons- 
ta de trece términos; en la forma del año ó combinación de los 
meses con las triadecatéridas, la tabla arroja una nueva serie de 
diez y nueve términos, diez y ocho de los meses y uno de los 
nemontemi, en esta forma: 

1. 8. 2. 9. 3. 10. 4. 11. 5. 12. 6. 13. 7. 1. 8. 2. 9. 3. 10; 

en la cual se advierte que los trece primeros términos, serie del 
Tonalamatl, se completan con otros seis iguales á los primeros. 
Esta serie es constante: si se comienza por un término cualquie- 
ra, se le integra á los diez y nueve, siguiendo su forma inflexi- 
ble, V. g. 

11. 5. 12. 6. 13. 7. 1. 8. 2. 9. 3. 10. 4. 11. 5. 12. 6. 13. 7. 

Observando estos números se advierte que, trece son los ver- 
daderos términos de la serie, no siendo los seis restantes 'más de 
repetición de los primeros. En efecto, la serie entera termina al 
fin del décimo tercero mes en que lo piden 13 x 20=260, es decir, 
los períodos del Tonalamatl. Los cien dias siguientes para com- 
pletar loH 360 dias útiles del año, ó mejor dicho ciento cinco, in- 
cluyendo los nemontemi, estarán idénticamente distribuidos á 
los 105 primeros dias del año, así en signos como en números 

de orden. De esta igualdad resulta gran confusión. 

6 



42 

Para evitarla, se entrelazan los Acompañados 6 Señores de la 
noche. La serié perfecta, como yimos en la tabla del capítulo 
anterior, es: 

1. 3. 6. 7. 9. 2. 4. 6. 8, 

y se completa en 20x9=180 dias, en decir, en nueve meses, 20 X 
9=180; en los siguientes nueve meses, se repetirán otra vez los 
acompañados en el mismo orden, formando dos periodos simétri- 
cos 2x180=360. Tres principios importantes resultan de aquí: 
I** Que los nemontemi carecen de acompañados; los signos diur- 
nos que les componen van sueltos sin interrumpir la simetría" 
del año. 2"* Los señores de la noche son invariables para todos 
los años; cada uno de éstos comienza por Xiuhtecuhtli Tletl, ter- 
' minando al fin del noveno mes con Quiahuitl; comienza otra vez 
el décimo mes por Xiuhtecuhtli, para finalizar con Quiahuitl al 
fin de los 360 dias. 3"* Que las dos series de los dias trecenales y 
de los acompañados, combinadas entre sí, determinan que los 
cien dias últimos de la cuenta no puedan confundirse con los 
cien primeros, porque 'si llevan el mismo número de orden, no 
tienen el mismo acompañado. En efecto, el orden que guardaran 
en el año que comienza con Cipactli, será: 

Primeros mués. ÚUimoH meteé, 

» 

1. Cipactli, Xiuhtdcuhtli. 1. CipacÜi, Quiahuitl. 
6. CipaoÜi, XochitL 8. Cipactli» Tecpatl. 

2. CipaotU, Miquiztli. 2. Cipactli, Centeotl. 
9. Cipactli, Tlazolteoü. 9. Cipactli, AtL 

8. Cipactli, Quiahuitl. 3. Cipactli, TepeyoloÜi. 

El período trecenal no se amolda perfectamente sobre el año 
como el de los señores de la noche; tomados los 360 dias, se com- 
ponen de 27 trecenas y 9 números; tomados como se deben los 
365 cabrán 28 períodos trecenales más una unidad. Resulta de 
aquí que todo año común acaba por el mismo número trecenal 
en que comienza. 

De la falta de perfecta simetría en los meses, signos, diurnos 
y períodos trecenales; de advertir que los factores introducidos 
carecen de la armonía que en el Tonalamatl se nota, inferimos á 
priori, no ser exacta la forma que los autores atribuyeron al ca- 
lendario, mas dejando esto para la discusión, prosigamos nues- 
tro estudio. 



48 

Cincuenta j dos añoB componen un ciclo menor, nombrado 
Toxiuhmolpia, Xiuhmolpia, ^ Xiuhmolpilli, Xiohtlalpillii que 
quieren decir, atadura ó manojo de años. Dos ciclos menores 
componen uno mayor de ciento cuatro años llamado Cehuehne- 
tílixtli, una edad, nna vejez. 

Para anotar y distinguir los años del cielo menor fueron to- 
mados los cuatro símbolos diurnos Tecpatl, Calli, Tochtli, AcatL 
Se les escogió de preferencia á otros, porque estaban enlazados 
con diferentes ideas. 

L Recordaban los cuatro pasados soles cosmogónicos. 

IL Representaban los cuatro elementos, fuego, tierra, aire y 
agua La doctrina de los cuatro elementos fué admitida en Eu- 
ropa y profesada en las escuelas hasta mediados del pasado siglo; 
antiquísima en los conocimientos humanos, Pitágoras la enseñó 
á sus discípulos tomándola de los sacerdotes de Baco, quienes á 
8U tumo la sabían desde tiempos bien remotos. Los mexicanos 
admitían la teoría, y aun parece que aceptaban conclusiones se- 
mejantes á las de Diógenes Laercio: "De los puntos proceden 
'^ líneas, de las líneas las figuras planas; de éstas salen los 
^sólidos; de los sólidos los cuerpos que tienen los cuatro ele- 
amentos, tierm^ ftgtia, aire y fuego. De estos cuatro elementos, 
"de su agitación y de sus cambios en todas las partes del uni- 
'Verso, resulta el mundo animado, intelectual y esfórico." Los 
autores no están conformes en el símbolo de cada elemento, en- 
contrando estas opiniones: 

Fusgo, Agua, Aire, Tierra. 



Gemelli Careri Calli AoaÜ Tecpatl ToehÜi. 

Botoxini (1) Tecpatl Acatl Tochtli ' CaUi 

Ve7tíA(2) Tecpatl Acatl TochtH Calli 

Aceptamos la versión de Veytia y de BoturinL 
m. Marcaban las cuatro estaciones. En esto igualmente en- 
contramos diferencias: helas aquí: 

Gemelli da á la primavera elsímbolo Tochtli; al estío, Acatl; al 
otoño, Tecpatl; al invierno, Calli. Botarine dice que esto es ver- 

(1) Idea de una una nueva hist. pág. 55. 

(2) Veytía, Hist. antig. tom. 1, pág. 42. 



u 

dad para el año Toohtli; más que cambian en los demás años de 
esta manera. — Año de Aoatl. Acatl, primavera; Tecpatl, estío; 
Oalli, otoño; Toohtli, invierno. — ^Año de Tecpatl. Tecpatl, pri- 
mavera; CaUi, estío, Toohtli otoño; Acatl, invierno. — Año de Oa* 
Ui. CaUi, primavera; Tochtli, estío; Acatl, otoño; Tecpatl, in- 
vierno. 
ly. Indicaban los cuatro puntos cardinales. 





HOBTZ. 

Mietlampa, 


6ÜB. 

Httitsítlampa. 


Tlapéopeopa 


ponhente. 
OihuaUcmpa 


Gemelli TeopaU 
Boturíni TochÜi 
Sahagun (1) Tecpatl 
Torquemada (2) Tecpatl 


TochtU 
Tecpatl 
TochtU 
ToohtU 


Aoatl 
CaUi 
Acatl 
Acatl 


CaUi 
AcaÜ. 
CalU 
OalU 



Preferimos la opinión de Sahagun. 

No todos los pueblos de Anáhuac comenzaban sus cómputos 
por el mismo signo inicial: empezaban los toltecas por Tecpatl, 
los de Teotihuacan por CaUi, los texcocanos por Acatl, los médi- 
ca por Tochtli: este último sistema es el que estudiamos. Los 
cuatro símbolos tenían este orden invariable; tochtli, acatl, tec- 
patl, oalli. Bepetidos sucesivamente recibían el período trece- 
nal, formando cuatro períodos de trece, de lo cual resulta 13x4 
=52: cada período menor se nombraba tlcdpiüi, nudo ó atadura. 
Los cuatro tlal{)iUi, llevando también el número de orden en el 
cielo, quedarán así dispuestos: 

Primer UalpiUi. Segundo tlaípOU Tercer ÜaXpüU Cuarto taípUU 



1. ItoohtU 

2. n aoatl 

8. in tecpatl 

4. IVcaUi 

5. V tochtli 

6. VI acatl 

7. Vn tecpatl 

8. YlIIoaUi 

9. IXtochtU 

10. X acaü 

11. XI tMjpaÜ 

12. Xn oaUi 

13. Xm tochtU 



14. I acaü 

15. nteopatl 

16. IHoaUi 

17. IV tochtU 

18. V acatl 

19. VI tecpatl 

ao. vn^aUi 
21. vm toohtli 

22. IX acatl 

23. X tecpatl 

24. XloaJU 
25 XII tochtU 
26. XII acaü 



27. I tecpatl 

28. noáUi 

29. m toohtU 

80. IVacatt 

81. V tecpat 
82.- VI oaUi 
88. vn tochtU 
84. vm acatl 
35. IXteopaÜ 
86. X oaUi 

37. XI toohtU 

88. xn aoatl 

89. XlIItecpaÜ 



40. IcaUi 
4l'. n toohtli 

42. m acatl 

43. IV tecpatl 

44. y caUi 

45. VI toohtU 

46. vn aoatl 

47. Vin tecpatl. 

48. IX caUi 

49. X toohtU 

50. XI acatl 

51. Xntocpaü 

52. XIII oaUi 



(1) Tomo 2, pág. 266. 

(2) Monarq. indiana, lib. X, cap. XXXVI. 



45 

Este es el orden satnral en el cielo. El artifioio en esta com- 
binación consiste en formar períodos iguales en qne cada sím* 
bolo yaya afecto de los números de la trecena, sin qne por ello 
puodan confundirse. Pongámoslos en esta otra forma: 



1 tochtU 


2acati 


8 tecpaü 


4oa]U 


5 tochtU 


6acfttl 


Ttdopati 


Scalli 


9 tochüi 


lOacaÜ 


11 tecpatl 


12calli 


18 toclitU 


1 acatl 


2 tecpatl 


8 calli 


4 tochtli 


5 acaÜ 


6 tecpaü 


rcalli 


Stodhtíi 


9acaÜ 


10 teopatl 


llcani 


12toehUi 


ISacftÜ 


Iteopaü 


SoaUi 


3 tochtU 


4acaÜ 


6 tecpatl 


GcaUi 


7 tochüi 


8 acatl 


9 tecpaü 


10 calli 


11 tochüi 


12 acatl 


13 tecpatl 


IcaUi^ 


2 tochüi 


S acatl 


4 tecpatl 


6 calli 


6 toehtiü 


r-aoaü 


8 tecpaü 


OofúU 


10 tochüi 


11 acatl 


13 tecpaü 


13 calli 



En las líneas horizontales se sigue la lectura de los años suce- 
8ÍTOS del ciclo; las verticales arrojan la serie de trece térnví|ps 
por el orden que afecta á cada signo, serie idéntica en los cuatro 
periodos, aunque en cada uno comienza por distinto número. 
Leyendo en estas listas, encontramos: I"" Cada tlalpilli comienza 
7 acaba por el mismo signo. 2"" En el período de 52 años, ningún 
signo Ya afecto dos veoes eon el mismo número trecenaL S"" In* 
dioado un año, se conoce á aual tlalpilli pertenece, j qaé núme- 
ro le toca en el orden de los 52 años. 

El oido máximo de 104 años se compone de dos períodos si- 
métricos de 52. 

La fiesta Recular del fuego nueyo se verificaba al terminar el 
ciclo menor, á la media noche del último nemontemi del año ma" 
ÜacUiomei Acatl, Esto fué en el estilo antiguo; pero en tiempos 
posteriores la atadura dé los años se hacía al fin del ce Tochtli, 
con lo cual propiamente la cuenta del ciclo empezaba por el ome 
Acatl, quedando por año postrero el ce Tochtli. Esta es la razón 
de que én las pinturas según son antiguas ó modernas, se en- 
cuentra el símbolo de la fiesta cíclica, unas veces junto al ce To- 
chÜi, otras unido al ome Acatl. 

¿En cuál época fué trasladado el principio del ciclo del uno al 
otro signo? — ^El intérprete del Códice Telleriano-Kemense dice: 



46 

''En este año (Ce Tochtli 1506) asaeteó Moimtezama á un hom- 
''bre de esta manera: dicen los viejos que fué por aplacar á los 
"dioses, porque había doscientos años que siempre tenían ham- 
''bre en el año de un conejo. En este año se solían atar los años, 
''según su cuenta, j'porque les era año trabajoso, lo mudó Moun-- 
"tezuma á dos cañas. (1)" Sigue esta opinión el Sr. D. José Fer- 
nando Bamirez, describiendo el monumento cíclico y cronológico 
existente en el Museo Nacional (2). 

No nos conformamos con la opinión del intérprete. Ocurre de 
luego á luego, si fuera cierta, que supuesto que Motecuhzoma 
n ordenó la corrección, hacienda trasladar la ftesta secular del 
ce Tochtli 1506 al ome Acatl 1507, única j exclusiyamente se ob- 
servaría el signo cíclico junto al ome Acatl 1507 acompañando en 
todos los demás casos al ce Tochtli. Mas ello no ocurre así: en la 
misma pintura del Códice Telleriano Ilemense, en el.Codex Vati- 
cano en la Historia sincrónica de Tepechpan, en la pintura Aubin, 
Aa, el signo crónico de la fiesta secualr acompaña al ome Acatl, 
prueba irrefragable de que la corrección tuvo lugar en tiempo an- 
tel4pr al asignado por el intérprete. Desde la primera lámina del 
Códice Mendocino se ve unido el mamalhuaetli al signo ome Acatl. 
Confrontando los Códices Telleriano-Bemense y Vaticano, ve- 
mos que el Xiutlalpilli acompaña al ce Tochitl 1246; falta en el 
siguiente ce Tochtli 1298, apareciendo por primera |vez junto al 
ome Acatl 1299. La autoridad de la pintura, por cierto bien 
resi>etable, contradice los dichos del intérprete, y establece que 
la repetida corrección se verificó el ome Acatl 1299. 

Tenemos esta otra opinión de Gama. — "Aunque los mexicanos 
"comenzaban su ciclo por el símbolo ce Tochtli, no lo ataban en 
"él, sino hasta el siguiente año ome Acatl, en el cuál hacían la 
"gran fiesta del fuego, que celebraban en honor de los dioses se« 
"culares, y duraban trece dias, como se dirá adelanta En todas 
"sus pinturas se ve el geroglífico de la atadura del ciclo sobre 
"el símbolo ome Acatl; y en todos sus anales y relaciones ma- 
"nuscritas expresamente refieren que este año lo ataban y saca* 
"ban el fuego nuevo. Mucho tiempo pasó sin que yo pudiera 

(1) Explicación del Codex Telleriano Bemonais, lám. XXXV, Lord Eingaborong, 

Tol. V. píg, 163. 

(2) Deacripcion de cuatro láminaa monumentales, én la HistoriA de la Oonquisia 
de México por Prescott, edic. de Cimiplido, tom. II, pág. lOd-115; al fin del rol. 



47 

'^encontrar la razón de esta, mntacios, hasta que llegó á mis 
"manos la Orónica Mexicana, escrita por D. Hernando Alvarado 
'*Tezozomoc:'por ella se riene en conocimiento de la cansa que 
'^toyieron para variar el orden de la cnenta que aprendieron de 
''sus mayores los tnltecas (quienes comenzaban el ciclo por el 
''símbolo ce Tecpatl) y de haber transferido la celebración de la 
"fiesta secular al año orne Aca^tL La época de los'mexicanos íné 
"la salida que hicieron de Aztlan, su patria, para venir á poblar 
'las tierras de Anáhuac; y esta fué el año ce Tecpatl, correspon- 
"diente al 1064 de la era cristiana; mas como había corrido ya 
"la mayor parte de este año, y los subsecuentes gastaron en su 
"peregrinación sin hacer asiento hasta el año II Acatl 1087, que 
"llegaron á Tlalixco, por otro nombre Acahualtzinco, donde es- 
"tuVieron nueve años, en los cuales se incluyó el ce Tochtli, que 
"era principio de indicción, corrigieren el tiempo y comenzaron 
"á contar desde él su ciclo, por orden de Ohalchiuhtlatonac, que 
"era entonces su conductor; pero por respeto á su principal <^au- 
"dillo Huitssilopochtli, que después adoraron por dios de la gue- 
'^rra, transfirieron la fiesta del faego y la atadura de los años ó 
"xiuhmolpia, al siguiente ome Acatl, que era en el que había na- 
"ddo Huitzilopochtli, en el dia ce tecpatl de él, como asienta el 
"repetido autor (1). T en este lugar de Tlalixco ó Acahualtzinco 
'iné d¿nde ataron de nuevo y por la primera vez la cuenta de 
"sus años, como lo expresa también Chimalpan y otros: (2) y en 
'los subsecuentes ciclos y lugares donde los completaron, se 
"figura en sus pinturas el geroglífico de la atadura de ellos, que 
"es un manojo de yerbas atado, con los caracteres numéricos que 
"demuestran los que habían corrido, ó las fiestas del fuego nue- 
"vo que habían celebrado desde la que hicieron en Acahualtzin- 
"co 6 Tlalixco, el año ome Acatl, correspondiente al 1091 de la 
"era cristiana: de la misma manera lo asientan los autores indios 
"en sus manuscritos." (3) 

(1) In oncan Cohoatepeo oncan quilpique, inin XiuhÜapoual ome Acatl; auoh oe 
Tecpatl in tonalli, ipan tlacatl in Huitzilopochtii Crónica mexicana citada por Bo- 
torini en el § 8, ntimero 2 de su Museo, que atribuye equivocadamente á Chimal- 
pain. 

(2) Ome aoatl xihuitl, 1091 afios ipan in yancuican iccepa oncan quilpillico inin 
xinchtlaIi>ohual huehuetque Méxica, Azteca, Teochichimeda oncan in Tlalixco. Ci- 
tados por Boturini en los números 6 y 12 del mismo § 8. 

(8) Gkuna, las dos piedras, primera parte, pág. 19. 



48 

Si á nuestro turno no nos engañamos, la resolución del i>ro- 
blema se encuentra en una pintura mexicana bien conocida. (1) 
El nombre puesto al núm. 13 es Ilhuicatepec, interpretación á 
nuestro entender equivocada. Gompónese el grupo geroglífico 
(lámina 17 núm. 53), del símbolo de la noche, yoaUi ó yohuaUi, que 
puede también tomarse en la acepción de ciüallinf estrella ó es- 
trellas, ó de citlallo, estrellado; más no se debe leer ühuicatlf cie- 
lo, porque no es este su símbolo. Con el mímico tepeÜ que ahí se^ 
advierte, la lectura propia es Citlaltepec. Examinado el dibujo, 
sobre el nombre Citlaltepec se alza un cuerpo redondo, abulta- 
do hacia el medio, adelgazado en la parte superior simétrico j 
rematando en un copado manojo de yerbas; es el símbolo del 
cehuehuetiliztli ó período máximo de 104 años, compuesto de 
dos xiumolpilli, 6 ciclos menores de 52 años. Se le vé atravesa- 
do por una flecha por el medio con objeto de dividirle en sus 
dos componentes iguales. Al un extrema de la flecha se vé una 
yerba, xihuitl, símbolo del auo^ mientras en el extremo opuesto 
se observa el símbolo acafl, caña. Todo ello quiere decir, que es- 
tando en' Citlaltepec, la noche en que se cumplió un cehuehue* 
tiliztli, el principio del primer año de la xiuhmolpia fué trasla- 
dado al si^o Acatl, que desde entonces quedó por inicial del 
ciclo. Del cómputo cronológico que la estampa arroja, como eu 
otra parte veremos, resulta que el cambio tuvo lugar el orne 
acatl 1143. 

Entre la época adoptada por Gama, 1091 y la adoptada por 
nosotros, 1143, existe la diferencia de un solo ciclo. Aquel res- 
petable autor y nosotros deberíamos salir acordes, supuesto que 
ambos nos referimos indudablemente á»la misma pintura; la dis- 
cordancia no puede provenir sino de la manera de concordar los 
signos cronográflcos, y juzgar en definitiva le dejaremos al juicio 
de los lectores. Con la autoridad de la pintura, á nuestro pare- 
cer irrecusable, fijamos el principio de la corrección en el año 
ome Acatl 1143. 

Con ciclos colocados unos tras otros indefinidamente, pueden 
formarse tablas cronológicas de la extensión que se guste. No 

(1) Cuadro histórica- jeroglífico de la peregrinación de las tribus aztecas que po- 
blaron el valle de M(íxico (Núm. 1). Acompañado ' de algunas explicaciones para su 
inteligencia, por D. José' Femando Bamirez, Conservador del Museo Nacional. £n 
el Atlas de García Cubas. 



49 

ecmsiate la dificultad en estoy sino en que siendo iguales todos 
los ciclos, enunciando un año aislado no se puede acertar á re- 
ferirle al ciclo que corresponde. Ya fué hecha la observación por 
GlayijerOy y respondiéndole Gama dice» que en una pintura que 
dta^ están anotados los ciclos corridos entre dos acontecimien- 
tos correlatiyoSy y añade que los autores indios en sus pinturas 
históricas tenían cuidado de anotar los períodos completos tras- 
onrridos entre dos sucesos. Por nuestra parte podemos asegurar 
que tal anotación no hemos encontrado, y ni en la pintura á que 
86 refiere Qama, que es la mencionada arriba de la peregrinación 
azteca: tampoco hemos logrado ver alguna señal por la cual se 
distinga un ciclo de otro, lo cual no prueba que en Terdad no la 
hubiera, cuando por el contrario creemos en la existencia de al- 
gan método expedito para allanar este embarazo. Lo cierto de 
toda certeza ed, que en las pinturas históricas y cronológicas i 
un tiempo, como que lleyan escritos de principio á fin todos los 
anos que la relación abarca, no hay necesidad de distinguir el uno 
del otro ciclo, ni existe motivo alguno para confundir un año con 
otro de su mismo nombre. La dificultad subsiste en las fechas 
aisladas de años, en las pinturas de imperfecta cronología. 



CAPITULO IV. 



DISCUSIÓN. 



Los 1716869,— Forma del Calendario»— Diaa inici(iUes.—Intmv(üaeum»^^ComparaeÍon» 

HASTA aquí hemos bosqü^ado el conjunto del BÍstema, ha- 
ciendo casi punto omiso de las dificultades; tiempo es ya 
de abordar ciertos problemas, procurando salir á resultados sa- 
tisfactorios. Sea el primero el relativo á los meses. Los autores 
están conformes en que son diez y ocho y en su orden sucosíto; 
pero varían al señalar el mes inicial del año. El interprete del 
Códice Vaticano, Sahagun, (1) Torquemada, (2) Vetancourt, (3) 
Fr. Martin de León (4) y Clavijero (5) se deciden por Atlacahual- 
co: el P. Duran, MS. admite á Cuauhtlitehua, que parece ser el 
mismo que el '.Cuahuitleloa de Sahagun. Gomara, (6) Gemelli 
Careri (7) y el P. Diego Valadés (8) colocan en primer lugar á 
TlacaxipehualiztlL Veytia (9) y los comentadores de las Cartas 

(1) Ilist general toxn. 1, pág. 49 y sig. 

(2) Monazq. Indiana, lib. X, oap. XXXIV. 
(8) Teatro mex. 2. * parto, trat 2, oap. VI. 

(4) Camino del délo, foj. 96, vuelta. 

(5) Hist antigua, tom. 1, pág. 267. 

(6) Crónica, cap. CLXXXXI. 

(7) Giro del Mondo, tom. 6, pág. 67. 

(8) Bhetorica Christiana. 

(9) Hist. antigua, tom. 1, pág. 121. 



61 

de OorteSy (1) opiuan por Atemoztli. Gama, (2) pone á Tititl Itz- 
«allL De este problema se hÍ2o cargo Gama (3) resolviéndole de 
esta manera; las ruedas en que están pintados los diez y ocho 
meses, no tienen señal por donde pueda distinguirse el oomien« 
zo: ^'tomaron aquellos primeros historiadores el quemas lesaco- 
^'modaba para dar principio al año, según la idea que tenían f or- 
"mada para comenzarlo." Nada definitivo sacamos de aqui; ade- 
lante daremos nuestra solución. 

Segunda cuestión: ¿por cuál ó cuáles signos diurnos comenza- 
ban los diferentes años del ciclo? Esta se relaciona inmediata- 
mente con esta tercera tesis: ¿la forma del calendario azteca era 
una sola y constante, ó múltiple y variable? En efecto, si la for- 
ma era constante, fuese cual fuese el año del ciclo, comenzaría 
siempre por un signo del mismo nombre y terminaría igualmen- 
te por un símbolo constante; más si la forma era yariable, de ab- 
soluta necesidad todo debía cambiar en cada año. Partidarios de 
la unidad, aunque claramente no lo manifiestan, aparecen Saha- 
gon, Torquemada, Yetancourt, casi todos los escritores antiguos. 
Gama, el primero que discutió científicamente este sistema sos- 
tiene la forma única. ''Era, pues, dice, invariable, constante el 
"dia del carácter Ce CipactU para comenzar generalmente el 
"año de cualquier símbolo y número que fuese:" los cinco ne- 
''montemi acababan siempre por el signo ce Cohuatl. (4) Sírvele 
de fundamento para su doctrina, lo siguiente: "Pero ahora añadi- 
éremos la autoridad de los mismos indios, que no dejan duda en 
"que todos los años indistintamente se empezaban á contar por 
"Cipactli. Cristóbal del Castillo, después de haber asentado las 
"20 trecenas, que llama semanas, dice, que acabadas de contar 
"éstas, que componen solamente 260 dias, para completar el año 
"de 365 dias, se añaden los otros 105, comenzando otra vez á 
"contar por Ce Cipactli: (5) de que se deduce, que éste era siem- 

<1) En Lorenzana, lázn. de la pág. '¿. 

(2) Las dos piedras, pág. 62. 

(8) Las dos piedras, primeTa parte, pág. 46 y sig. 

(i) Las dos piedras, pág. 28 á 80. 

(5) Ca inieaao omaoio inio ceppa tezonqniza iz cempohualli semana maüactliomey 

tonatiuli iz ceoen semana no cuel ooceppa itech pohoa iz oe Oipaoüi zan huel 

ipan tami matlacpopualli ihuan ye pohualli tonatiuh. Auoh in oo iacica mochihna 
oc maenüpobualli ipan maoaiUi tonatiuh inie huel macice zilinit] in caztolpohTUÜli 
ipan yepohnaUi on maciorilli tonatiuh. Cap. 70 de su obra citada. 



52 

^'pre el primer día de cada año." (1) La (^onsecaenoia es inexac- 
ta y nos parece sacada muy á la lijera; lo que se infiere, porque 
eso dijo Oastillo, es, que acabado un período de 260 días, el pe- 
ríodo del Tonalamatl, inmediatnmente le sigue otro que también 
comienza por Oipaotli; mas como los años no contienen períodos 
completos de 260 dias, no todos |)ueden comenzar por el repe- 
tido signo Cipactli. 

Ademas de quedar destruido el fundamento, ocurren aún estas 
observaciones. Todo sistema compuesto de diversos factores ó 
períodos, tiene por objeto alcanzar ciertos resultados por la com- 
binación y enlace de esos elementos, dentro de términos, fijados 
en general por el producto de los números admitidos, ó por un 
cálculo más ó menos artificioso. Inventar diversos períodos, re- 
lacionarlos y entretejerlos para salir á una sola forma y trunca, 
seria un contrasentido sin disculpa, ya que el objeto pudo alean» 
zarse de una manera más sencilla. Ifil calendario solar se deriva 
del Tonalamatl, simétrico y perfecto en su desarrollo; no es puea 
posible admitir, que los períodos de 260 días queden truncos, 
que las trecenas se mutilen, que ningún lugar tengan los diez y 
ocho meses, ni hagan papel alguno los cuatro símbolos anuales 
y los 62 años del ciclo. El calendario gregoriano, tipo de senci- 
llez, por la combinación de los dias de la semana, los bisiestos y 
la Pascua movible, da origen á 35 calendarios. (2) Nos decidi- 
mos por la forma múltiple, no inventando la teoría, ni sostenién- 
dola por peregrina supuesto que no es nueva, sino alentados por 
el ejemplo de respetables personas, que también estudiaron pro- 
fundizando en la materia. 

A causa del influjo aciago que se suponía al signo Ce Tochtli, 
el principio del ciclo quedó trasladado al orne Acatl; este era, 
pues,' el año inicial del período cíclico, mientras el Ce Tochtli se 
convirtió en año final. Siendo el primer año orne Acatl, comen- 
zaba por ce Cipactli primer símbolo de los diurnos y principio 
de todo período de 260 dias; conforme á las reglas ya estableci- 
das, todos los meses empezarían por Cipactli y terminarían con 
Xochtli; los nemontemi tendrían también por inicial á Cipactli» 
contándose en seguida Echecatl, Calli, Cuetzpalin y Cohuatl; y 

(1). Las dos piedras, pág. 69. 

(2) Manuels-Boret. Théorie da Calendríer. 



63 



^mo ignalmente por regla general, todo año comienza y acaba 
por el mismo numero trecenal, el último nemontemi se contaría 
<!e Cohuad, 

El siguiente año yei Tecpatl no vuelTe al inicial Cipactli como 
pretende Gama, sino que, siguiendo el desarrollo de los elemen- 
tos constitutiyos, empezará por el dia siguiente al en que termi- 
nó el ano anterior, con el número trecenal que le corresponde, 
es decir, por orne MiquiztlL Todos los meses comenzarán por Mi- 
quiztli y terminarán por Cobuatl, siendo los nemontemi Miquiz* 
tli, Mazatl, Tochtii, Atl, é Itzcuintli afecto con el trecenal dos. 

El tercer año nahui Calli tendrá por inicial tres Ozomatli; co- 
rren los meses de Ozomatli á Itzcuintli, y serán los nemontemi 
Ozomatli,. Malinalli, Acatl, Ocelotl y Cuauhtli con el trecenal 
tres. En el cuarto año macuilli Tochtii, que empieza por cuatro 
Gozoacuaulitli, los meses se encierran entre Cozcaeuauhtli y 
Gaauhtli, contándose los nemontemi Cozcaeuauhtli, OUin, Tec- 
patl, Quiahuitl y Xochtli con el trecenal cuatro. 

Como los dias del mes son veinte, y cinco se toman para los 
nemontemi, se infiere, que el quinto año chicuace Acatl vuelve á 
tener por dia inicial á Cipactli; el sexto año chicóme Tecpatl á 
Miquiztli; el sétimo año chicuei calli á Ozomatli; el octavo año 
chiconahui Tochtii á Cozcaeuauhtli, y asi hasta el fin del ciclo, 
aunque afecto con los números trecenales 5, 6, 7 hasta trece, pa- 
ra volver, en seguida al desarrollo de la trecena y terminar el 
ciclo con el ce Tochtii que tiene por inicial el dia trece Cozca- 
enaubtli. El ciclo entero asumirá esta forma, en el orden de los 
años y sus dias iniciales. 

Primer tlalpilU,. Segundo tlalpiUí. 



H AcatJ, 1 Cipactli. 
ni Tecpatl, 2 Miquiztli. 
rV Calli, 3 Ozomatli. 
y Tochtii, 4 Cozcacuaohtli. 
VI Acatl, 5 Cipactli. 
Vn Tecpatl, 6 Miquiztli. 
Vm CaUi, 7 Ozomatli. 

IX Tochtii, 8 Cozcaeuauhtli. 

X Acail, 9 Cipactli. 

XI TecpatL 10 Miquiztli. 

XII CaUi, 11 OzomatU. 

XIII Tochtii, 12 CozcacuauhtU. 
I ActkÜ, 18 Cipactli. 



II Tecpatl, 1 Miquiztli 
UI Calli, 2 OzomatU. 

IV Tochtii, 3 Cozcaeuauhtli. 

V Acatl, 4 Cipactli. 

VI Tecpatl; 3 MiquiztU. 
vn Calli, 6 Ozomatli. 

VIII Tochtii, 7 Cozcaeuauhtli, 

IX Acatl, 8 Cipactli. 

X Tecpatl, O MiquiztU. 

XI CaUi, 10 OzomatU. 

XII TochtU, 11 CozcacuauhtU. 
Xin Acatl, 12 CipactU. 

I Tecpatl, 13 MiquiztU. 



I 



54 



Tercer tíaipW. 

II Calli, 1 Ozomatli. 

in Tochtli, 2 Gozcacuauhtli. 

rV AcaÜ, 3 Cipactli. 

V Tecpatl, 4 Miqniztli. 

VI Calli, 5 Ozomatli 

Vn Tochtli*6 Gozcacuauhtli, 

VIII Acati, 7 Cipaclli. 

IX Tecpatl, 8 Miquiztli. 

X Calli, 9 Ozomaüi. 

XI TochÜi, 10 Cozcaoauauhtii. 

XII AcaÜ, 11 Cipactli. 
Xin Tecpatl, 12 MiquizÜi. 
I Calli, 13 Ozomatli. 



Cuarto tlalpOU, 



II Tochtli, 1 Gozcacuauhtli. 
in Acatl, 2 Cipactli. 

IV Tocpatl, 3 MiquizÜi. 

V Calli, 4 Ozomatli. 

VI Tochüi, 5 Gozcacnahtli. 
vn Acatl, 6 Cipactli. 

VIII Tecpaü, 7 MiquizÜi. 

IX Calli, 8 Ozomaili. 

X TochÜi, 9 GozcacaauhÜi. 

XI Acatl, 10 Cipactli. 

XII Tecpail, 11 Miquiztli. 

XIII Calli, 12 OzomaHi. 

I TochÜi, 13 Gozcacuauhtli. 



Del estudio de la tabla se desprenden las siguientes reglas ge* 
nerales: 1* Todo año Acatl tiene por dia inicial á Cipactli, Tec- 
patl á Miquiztli; Calli á Ozomatli; Tochtli á Cozcacuauhtli. 2* El 
número trecenal que afecta el dia inicial, es una unidad menor 
del número de orden que lleva el año en el ciclo; al año con or- 
dinal uno, corresponde el trecenal trece. 3* Los cuatro signos 
inciales de año, no presentan dos veces dentro del oiclo el mis- 
mo número trecenal. 4* Enunciado un año cualquiera se conoce 
inmediatamente cual es su dia inicial, con el número trecenal que 
le acompaña. 5' No existe el más liviano motivo de confusión. 
6* Cada año tiene su calendario propio; son 52 las formas del 
calendario en el ciclo. Extraordinaria sencillez, en donde apa- 
recía una confusión inextricable. 

Indicamos que esta idea no era nueva. Sigüenza (quien cons- 
ta hizo en la materia profundos estudios) á quien siguen Geme- 
Ui y Clavijero, (1) establece que el año Toobtli empieza por Ci- 
pactli, Acatl por Miquiztli; Tecpatl por Ozomatli, Calli por Coz- 
cacuauhtli; **dando siempre al signo del dia el mismo número 
del año." La regla sería completamente exacta cuando el ciclo 
comenzaba por Tochtli, y debe admitirse para todo el tiempo 
primitivo antes de la correcclou; mas pasado el principio del ci- 
clo al dos Acatl, la cuenta es. la que establecemos. Boturini (2), 



(1) Hist. antig. tomo 1, pág. 268. 

(2) Idea de una nueva hist. pág. 56. 



56 

quiere que loa cuatro años Tochtli, Acatl, Teopatl, Oalli, tengan 
por iniciales los signos diamos del mismo nombre . Para esto sería 
preciso variar el orden admitido en los yeinte símbolos diurnos 
aceptando qne comenzaban, no por Cipactli como es la realidad, 
sino por Toohtli qne ocupa el octayo lugar. Yeytia sigue las doc- 
trinas de Boturiniy modificándolas y complicándolas con la aña- 
didura de los dias intercalares en los bisiestos. Gomo natural- 
mente se advierte, estos dos últimos sistemas carecen de funda- 
mento. Nuestro distinguido Gama, contradice estas opiniones; (1) 
mas aduce razones que militan contra su propio sistema. 

Hemos establecido á priorí, que el calendario mexicano es de 
íormas múltiples. Admitiendo este sistema» todos los elementos 
numéricos, todos los factores que entran en los cálculos, se des- 
arrollan de una manera constante y simétrica. Los ^52 años del 
ciclo por los 360 dias útiles del año, componen 18,720 dias: cifra 
igual al período de 260 multiplicado por 72, número que á su 
Y6Z se compone de ocho veces la serie de los Señores de la no- 
che; igual al período trecenal repetido 1,440 veces igual con 936 
veces el período de los símbolos diurnos; igual con 1040 veces los 
diez y ocho meses; igual con lOá de los períodos simétricos de 180 
dias. Los 360 dias del año, igual á los 20 dias por los diez y ocho 
meses; igual á dos períodos de 180 dias, que son nueve meses ó la 
mitad del año. Los diez y ocho meses son dos veces los acompa- 
ñados de la noche. El ciclo de 52 años se compone de cuatro 
veees el período trecenal; los cuatro tlalpilli en que se divide 
son idénticos. Los trece años de 360 dias componen un total de 
4,680; igual con el período de 260 dias multiplicado por los diez 
7 ocho meses; igual -con 234 veces el período de I6s 20 símbolos 
diurnos. El calendario primitivo es el período de 260 dias; el 
período del Tonalamatl, multiplicado por nueve ó sean 2,340 
dias, que caben exactamente dos veces en cada tlalpilli y ocho 
veces en el ciclo. Los nemontemi forman en cada tlalpilli el pe- 
ríodo primitivo de 65 dias y el de 260 en el ciclo entero. Hay 
completa armonía en la mezcla de estos elementos, que son los 
componentes del calendario primitivo y del Tonalamatl, relacio- 
nados de una manera ingeniosa para reunir en una sola cuenta 
los movimientos de la luna, de Venus y del sol. 

(1) Las dos piedxaS; nota en la pág. 28. 



56 



Los dos tipos más autorizados de calendarios fijos, que encon- 
tramos» son los siguientes : 



GAMA. * 

1 TitiÜ Itzoalli, 9 de Enero. 

2 Itzcalli Xoohilhmtl; 29 de Eneío. 
8 XüomanalizÜiy 18 de Febrero. 

4 TlacazipehnBliztli, 10 de Marzo. 
6 Tozoztontii, 80 de Marzo. 

6 Haeytozoztli, 19 de AbrU. 

7 Tozcatl, 9 de Mayo. 

8 Etzacualiztli, 29 de Mayo. 

9 Tecoilhuitontli, 18 de Jonio. 

10 HueyteouilhiiiÜ, 8 de Julio. 

11 MiocaiUiiiitx)ntli| 28 de Julio. 

12 HueymiocaiUiuitl, 17 de Agosto. 

13 OchpaniztU, G de Setiembre. 

14 Paohtli, 26 de Setiembre. 
16 HueypachÜi, 16 de Octubre. 

16 Quecholli, 5 de KoTiembre. 

17 PanquetzáUztli, 25 de Noriembre. 

18 AtemozÜi, 15 de Diciembre. 

NemanUmi. 
4, 5, 6, 7, 8.de Enero. 



SAHAGÜN. 

1 AÜacahualco, 2 de Febrero. 

2 Tlacaxipehualiztli, 22 de Febrero. 
8 Tozoztontli, 14 de Marzo. 

4 HueylozozÜi, 3 de AbrU. 

5 Toxoaü, 23 de AbxiL 

6 Etzacualiztli, 13 de Mayo. 

7 Tecuilhuitontli, 2 de Junio. 

8 Hueytecuilhnitl, 22 de Junio. 

9 Tlazoohimaco, 12 de Julio. 

10 Xooohuetzi, 1 de Agosto. 

11 Ochpaniztli, 21 de Agosto. 

12 Teotleoo, 10 de Setiembre. 

13 Tepeilhoitl, 30 de Setiembre. 

14 QueohoUi, 20 de Octubre. 

15 PanquetzaliztU, 9 de Noviembre. 

16 AtemozÜi, 29 de Noviembre. 

17 Tititl, 19 de Diciembre. 

18 Itzcalli, 8 de Enero. 

Nemontemi. 
28, 29, 30, 81 de Enero y 1 de Febrero. 



El sistema de nuestro sabio anticuario Gama es el admitido 
actualmente en América y en Europa. Fundado en sagaces des- 
quisiciones; en el estudio comparado de los trabajos de los es- 
pañoles 7 de los indíjenas; con vista de las pinturas mexicanas; 
sostenido por buenos cálculos astronómicos, forma un cuerpo de 
doctrina respetable, ante el cual no se sostiene ninguno de los 
otros sistemas: sin embargo, Gama no tuvo conocimiento de Sa- 
hagun: Sahagun, el muy sabio y diligente investigador de nues- 
tras antigüedades, el trabajador docto é incansable, el que con- 
ferenció en Tlatelolco con los ancianos y entendidos acerca de 
la formación del calendario. Miramos los libros de Sahagnn y de 
Gama con profundo respeto; miedo, verdadero miedo nos embar- 
ga al tener que decir alguna cosa en contradicción con ellos, y 
si en la empresa de hacerlo nos metemos, es porque así lo te- 
nemos en la conciencia y en nombre del juez inflexible que se 
llama la ciencia. Acertando, quedaremos satisfechos solamente; 



67 

8i nos engañamos, serrirános la derrota de oorrectivo y de en- 
señanza. 

Antes de expresar nuestras objeciones consideremos todavía 
otros problemas. ¿El año mexicano se componía constantemente 
de 365 dias, ó variaba alguna vez para ajustarse al movimiento 
del sol? En este capítulo, como en todos, las opiniones son va- 
rias. La mayor parte de los autores hacen de ello punto omiso. 
Motolinia dice: (1) ''Los indios naturales de esta Nueva España, 
''al tiempo que esta tierra se ganó y entraron en ella los españo- 
'les, comenzaban su año en principios de Marzo; mas por no al- 
"canzar bisiesto van variando su año por todos los meses." En 
efecto^ según esta opinión, como se consideraba el año de 365 
dias únicamente, y el año trópico sea un poco mayor, de donde 
yiene el año de 366 dias cada cuatro años, resultaría que el año 
mexicano era vago y comenzaba sucesivamente por todos los dias 
de los meses, hasta tornar 4 su principio en un lapso muy consi- 
derable de tiempo. — "No alcanzaron estas gentes el bisiesto, di- 
"ce Torquemada, (2) y no es maravilla, pues Aristóteles ni Pla- 
ntón lo supieron, hasta que Julio Oesar atinó con éU • • • Y por- 
"qae las seis horas que sobran á estos 365 dias no las conocie- 
"ron, por edto qo tenía fijeza el año, y no comenzaba con pun- 
"taalidad, como el nuestro, y así era en un dia ú otro, pero 
''siempre casi á un tiempo." Yetancourt (3) profesa una opinión 
ambigua: "aunque no alcanzaron el bisiesto, dice, con todo en 
trece dias que gastaban en aliñar las casas, y en disponer la fies- 
ta del fuego nuevo, corrían trece bisiestos que hay en 52 años." 
Conforme á Sahagun, (4) á 10 del mes Itzcalli se hacía una 
fiesta al fuego bajo la imagen de Xiuhtecuhtli: "En esta fiesta 
'ios años comunes no mataban á nadie; pero el año bisiesto, que 
"era de cuatro en cuatro años, mataban en esta fiesta cautivos y 
"esclavos." Adelante insiste diciendo: (5) "Otra fiesta hacían de 
"cuatro en cuatro años á honra del fuego, en la que ahujeraban , 
'las orejas á todos los niños, y la llamaban Pillahuanaliztli, y en 
"esta fiesta es verosímil y hay conjeturas que hacían su bisiesto 

(1) Hist. de los indiosp pág. 36. 

(2) Monarquía indiana, lib. X, cap. XXXVI. 

(3) Teatro mex. trat. 2, cap. V. 

(4) Hist. general, tom. I. pág. 75. 
\J>) Tom. I, pág. 847-48. 

8 



58 

''contando seis dias de nemontemi." — ^Escnohemos ahora al P. 
Dnrán^ MS: ''A todos es notorio, escribe, tener el año 365 dias» 
"los cuales dias j número repartido por 20 son 18 veintes y es- 
"tos eran los meses del año; pero los cinco dias que sobraban, 
''teníanlos esta nación por dias aciagos, sin cuenta ni provecho; 
"así los dejaban en blanco sin ponerles figura ni cuenta, y asilos 
"llamaban nemontemi, que quiere decir, dias demasiados y sin 
"provecho, y estos venían á caer en fin de Febrero, á veinte y 
"cuatro de él, el dia del glorioso San Matías, cuando celebramos 
"el bisiesto, en el cual dia también ellos le celebraban." — ^El P. 
Fr. Martin de León admite que el bisiesto era de cuatro en cua- 
tro años. (1) — ^Boturini (2) escribe: "determinaron cada cuatro 
"años añadir un dia más, que recogiese las horas que se desper- 
"diciaban, lo que supongo ejecutaron contando dos veces uno de 
"los símbolos del último mes del año, á la manera de los roma- 
"nos, que uno y otro dia 24 y 25 de Febrero se llamaban bix seX" 
"io kalendas Martias" — ^Veytia (3) sigue la doctrina de Boturini 
y agrega: "La mayor parte (de los autores), y los de mejor nota 
"asientan que se hacía (la intercalación), en el año del cuarto ca- 
"rácter caña, y ésto es lo más regular y conforme á so sistema." 
Sin duda que D. Garlos de Sigüenza y Góngora profesaba la 
doctrina de que la intercalación se hacía al fin del ciclo de 62 
años, aumentando trece dias, supuesto que así lo afirma Gemelli 
Oareri y lo indica Yetancourt. A la misma escuela pertenece 
Clavigero: (4) "Pero lo más maravilloso de su computo, escribe, 
"y lo que ciertamente no parecerá verosímil á los lectores poco 
"iniciados en las antigüedades mexicanas es, que conociendo 
"ellos el exceso de algunas horas que había del año solar, con 
"respecto al civil, se sirvieron de dias intercalares para igualar- 
"los; pero con esta diferencia del método de Julio César en el 
"calendario romano, que no intercalaban un dia de cuatro en 
^"cuatro años, sino trece dias, para no descuidar su número pri- 
"vilegiado, de 52 en 52 años, lo que vale lo mismo para el arre- 
"glo del tiempo." — Carli escribe de los mexicanos: '^Su gran 

(1) Camino del cielo, fol. 100. 

(2) Idea de una nueya hist. pág. 137. 
(8) Hist. antigua, tom. I, pág. 110-20. 
(4) Hist. antigua, tom. 1, pág. 269. 



59 

"siglo ó ciclo era de 52 anos, divididos en cuatro indicciones de 
'13 años cada una: al £n del ciclo añadían trece dias." (1) — Pedro 
de los Bios^ comentador del Códice Vaticano^ nos enseña: ''ítem, 
%i ha da notare, che il loro bisesto andaya solo in qnattro let- 
'*tere, anni ó segni che sonó Canna, Pietra, Casa, e Coniglio, per- 
''che come hanno bisesto delli giorni a fare di quattro in qnattro 
''anni nn mese di qaelli cinqne giorni mor ti che aranzayano di 
"(dascnn anno, cosi ayeyano bisesto di anni, perche di cinquan- 
"tadae ^n cinqnantaane anni, che é una loro Et^, aggiungeyano 
"un anno, il qnale sempre yeniya in una di qaeste lettere o segni 
"perche come ognilettera o segno di questi yiginti habbia tredice 
"del sue genere che le seryano, verhi gratia^ (2) 

León y Gama asegura que la intercalación era de doce dias 
7 medio al fin de cada ciclo de 52 años, ó sean 23 dias al £n del 
ciclo mayor. (3) Más adelanto lo repite en estos términos: "Dije 
"aquellos doce ó trece dias, porque efectiyamente un año inter- 
"calaban 12, y otro 13 dias; ó lo que es lo mismo, doce y medio 
"días en cada uno, ó 25 en el doble período nombrado Cehue- 

"hnetiliztli, que constaba de 104 años de manera, que to- 

"dos los dias del primer ciclo, se contaban desde la media no- 
"che, y todos los del segundo, desde el medio dia." (4) Hum- 
boldt (5) sigue y explaya el sistema de Gama. "Arrojando una 
"mirada en general, dice, sobre las intercalaciones usadas por 
'los diyersos pueblos, encontramos que los unos dejan acumu- 
"lar las horas hasta formar un dia entero, mientras que otros no 
"proceden á la intercalación hasta que las horas excedentes for- 
"man un período igual á una de las grandes diyisiones de su año. 
'^I primer método es el del año juliano; el segundo el de los 
"antiguos persas, quienes cada ciento yeinte años añadían á un 
"aoo de doce meses, un mes entero de treinta dias, de manera 
"que el mes intercalar recorría todo el año en 12 x 120 ó en 1,440 
"años. Los mexicanos siguieron eyidentemente el sistema de los 
"persas; conseryaban el año yago hasta que las horas excedentes 
"formaban una semilunacion, y por consecuencia intercalaban 

(1) LettareB américaines, tom. 2, pág. 158-59. 

(2) KiiigEA)oroTigh, tom. 5, pág. 174-75. 

(3) Las dos piedras, pig. 28. 
(i) Las dos piedras, pág. 52-58. 

(5) Yues des OordiUéres, tom. n, pág. 59-60. 



60 

*'trec6 dias en todas las ligaluras ó ciclos de 62-años. Besultaba 
''de aquí, como antes tenemos observado, que cada ligaiura con- 

"tenía -Ja-- ó 1,461 períodos pequeños de 13 dias." 

Basta de autoridades; menos nos hubiéramos querido encon- 
trar 7 las apeteceríamos más conformes. Orientémonos en tanta 
confasion. ¿Era ó no conocido de los mexicanos el sistema de 
intercalación? Sí lo era; quienes lo niegan no estudiaron 6 no en- 
tendieron bien el problema. Entonces, ¿la intercalación se veri- 
ficaba de cuatro en cuatro años ó hasta el fin del ciclo'menor? 
Bespondemos, que de entrambas maneras. Los mexicanos lleva- 
ban dos especies de calendario; el astronómico, y el religioso, 
civil ó ritual. (1) En el calendario astronómico, para atender al 
movimiento de los astros, la intercalación se hacía de cuatro en 
cuatro años, añadiendo un dia, según lo más probable al fin de 
los cinco nemontemi. A esta practicase refieren Sabagun y quie- 
nes le siguen, si bien se advierte que confunden y mezclan la * 
forma peculiar de esta cuenta astronómica con la del calendario 
civil. Este cómputo científico debía de tener forma particular, y 
por eso se pretende que el calendario civil era uno y fijo: confe- 
samos no conocer suficientemente las reglas que en su estructu- 
ra presidían. Tenía lugar la intercalación de 13 dias al fin del 
ciclo de 52 años, en el calendario civil. Este es el explicado por 
Gama, si bien le confunde á veces con el calendario astronómi- 
co; de esta mezcla resulta que alguna de sus proposiciones no 
sea verdadera. 

Debemos ahora fijar bien la mente en que, la intercalación al 
fin del ciclo pasó por diversas correcciones. La primera de todas 
y más antigua es la que establece añadir 13 dias al fin del ciclo 
menor. Intercalar un dia cada cuatro años es lo mismo, en el re- 
sultado, que intercalar 13 dias cada 52 años. Por medio de esta 
corrección los méxica estaban al nivel del cómputo juliano, dan- 
do al año el valor medio de 365,'' 25. Iba esto conforme con sus 
elementos numéricos; en efecto, si se multiplican los 13 dias por 
las 24 horas de que se compone, obtendremos 312 horas, que di- 
vididas por los 52 años del ciclo, darán seis horas para cada año, 
ó un dia cada cuatro años. En esta cuenta el gran ciclo de 1,040 
años, igual á 20 ciclos menores, está en consonancia con el ca- 

(1) Olavigero, tom. 1, pág. 266, nota segunda. —Gama; pág. 62, &c. 



61 

lendario primitivo de períodos de 260, pues tenemos 260x4= 
1,040; los dias intercalares en este gran espacio de tiempo eran 
también 260=13x20. Siguiendo un sistema invariable el 1,040 
era el gran ciclo simétrico; dividíase en cuatro períodos menores 
de 260, con 66 dias intercalares en cada uno, 13x5, 6 sean los 
períodos de 65 dias del jcalendario primitivo. A su vez los perío- 
dos de 260 se dividían en cinco ciclos menores 52x5, á cada uno 
de los cuales corresponden por fin 13 dias intercalares. Multi- 
plicando el valor del ano trópico 365,** 242,264 por 1,040, obten- 
dremos 379,85 V 954,560; multiplicándolos 365 dias del año az- 
teca por 1,040 7 uniendo al producto los 260 dias intercalares, 
tendremos 379,860^: restando una de otra las dos cifras, los 
8,''045,440 expresarán la diferencia en más, que los mézica con- 
taban en su cómputo sobre el tiempo verdadero. 

La siegunda coreccion es la aprendida por Gama de Cristóbal 
del Castillo: consiste en intercalar no 260 dias en el gran ciclo 
de 1,040 años, sino solo 250 dias; es decir, 25 dias en lugar de 26 
en cada oehuehuetiliztli, ó sean trece días al fin de un ciclo me- 
nor, doce dias al fin del siguiente ciclo. Los períodos de 260 
quedaban respecto de los dias intercalares en esta forma: 



13 


12 


13 


12 


12 


13 


12 


13 


13 


12 


13 


12 


12 


13 


12 


13 


13 


12 


13 


12 



De los cuatro períodos resultan iguales, el primero con el ter- 
cero, el segundo con el cuarto: en aquelos 63 dias en cada uno, 
en éstos solo 62. El número de dias en los 1,040 años, más los 
250 intercalares, producen la suma 379,850; comparada con el 
tiempo verdadero 379,851,' 954,560^ la diferencia 1," 954,560, ó sean 
casi dos dias, sería el tiempo que de menos contaban los aztecas. 
Por este medio, el valor medio 365,250, se había disminuido á 
365,240. 

Nada tenemos que objetar á Gama porque sostenga este segun- 
do género de intercalación; vamos á exponer algunas observa- 
ciones acerca de ciertos principios, á nuestro entender, inexactos. 



I 



ce 



62 

Le vemos asentar, que se intercalaban doce y medio dias al fin 
de cada ciclo menor, procediendo de manera, ''que todos los dias 
''del primer ciclo se contaban desde la media noche, y todos los 
*'del segundo desde el medio dia; pero lo terminaban & la media 
''noche del dia 26 de Diciembre como antes." (1) Funda esta 
teoría en que la fiesta secular del fuego nuevo tenía lugar unas 
veces de dia, otras de noche; para prueba de lo primero invoca 
á Torquemada; para fundar que la solemnidad tenía también lu- 
gar de dia, recurre al P. Acosta de quien copia este párrafo: "Al 
"cabo de los cincuenta y dos años que se cerraba la rueda, usa- 
"ban de una ceremonia donosa, y era, que la última noche que- 
"braban caantas vasijas tenían, y apagaban cuantas luces tenían, 
diciendo, que en una de las ruedas había de fenecer el mundo, 
y que por ventura sería aquella en que se hallaban; y que pues 
"se había de acabar el mundo, no habían de guisar ni comer: que 
"para qué eran vasijas ni lumbre; y así se estaban toda la noche, 
"diciendo, que quizá no amanecería más, velando con gran aten- 
"cion todos, para ver si amanecía. En viendo que venía el dia, 
'"'tocaban muchos atambores y bocinas, y fiautas, y otros instru- 
"mentos de regocijo y alegría, diciendo que ya dios les alargaba 
"otro siglo, que eran 52 años, y comenzaban otra rueda. Sacaban 
"el dia que amanecía para principio de otro siglo, lumbre nue- 
"va, y compraban vasos de nuevo,~ollas, y todo lo necesario pa- 
"ra guisar de comer: y iban todos por lumbre nueva donde la 
"sacaba el sumo sacerdote, precediendo una solemnísima proce- 
"sion, en hacimiento de gracias.porque les había amanecido y 
"prorogádoles otro siglo (2)." 

De las palabras, "sacaban el dia que amanecía para principio 
"de otro siglo, lumbre nueva," pudo tomar Gama la inducción 
que á su intento cuadraba; pero confunde que persona tan ver- 
sada en nuestras antigüedades, haya admitido una autoridad tan 
en abierta contradicción con todos los autores. Acosta da moti- 
vo á engañarse por descuido en la redacción; su párrafo mismo, 
sobre todo en la frase, "porque les había amanecido," manifies- 
ta que también él creía en que el fuego se sacaba de noche. Era 
creencia religiosa que el mundo debía acabarse al terminar uno 

(1) Las dos piedras, pág. 58. 

(2) Hist nat. y moral, lib. 6, cap. 2. 



r 



63 

de los ciólos menores; si al finalizar la noche del último nemon- 
temi la tierra quedaba en tinieblas, hombres y animales y todo 
perecería; mas si el sol radioso emprendía como siempre su car- 
so acostnmbraáo, señal era de qne el mnndo estaba salvado y go- 
aria de existencia por otros 52 años. Por esta creencia, el faego 
nneyo se sacaba sin excepción de noche: los fieles esperaban con 
ansiedad febril la salida del sol, y la ceremonia carecía de razón 
de ser practicada á la luz del medio dia, estando ya como esta* 
ba resuelto el problema de existencia. Era una innovación im- 
posible de ser consentida por el dogma religioso. Becuerdo dia- 
rio de la creencia era la alegre fiesta con que los sacerdotes cele- 
braban la salida del Tonatiuh, y en la misma se fundaba en 
contar el dia desde el orto del sol. En ninguna parte encontra- 
mosjiudioado que los dias se contasen, unos desde el medio dia, 
otros desde la media noche, cosa que resultaría contra el ritual 
7 las costumbres: todos los dias civiles, sin excepción, principia- 
ban á la salida del astro luminoso. 

La intercalación de 26 diasen el cehuehuetiliztli revela un gran 
paso dado hacia el verdadero conocimiento del tiempo, fundado 
nn duda alguna en muy atentas observaciones. Profundo pasmo 
produce en nosotros la tercera corrección, atestiguada de un mo- 
do irrecusable por una antigua pintura. ^'Examinando en Boma 
el Codex Borgiano de Yeletri, dice Humboldt, (1) he reconocido 
el curioso pasaje del cual infiere Fabrega, (*) que los mexicanos 
"conocieron la verdadera duración del año trópico. Escritos en 
"cuatro páginas se ven 20 ciclos de 62 años, ó sean 1040 años; al 
'^ de este gran periodo se observa el signo tocMi preceder in- 
"mediatamente en los geroglificos de los dias al cozcaciiauhili^ de 
'lanera que están suprimidos los siete signos del agua, perro, 
"mono, malinalli, caña, tigre y águila. Supone el P. Fábrega en 
"su comentario MS., que esa omisión se refiere á una reforma 
"periódica de la intercalación juliana, supuesto qne la supresión 
"de ocho dias al fin de un periodo de 1040 años, por un método 
"ingenioso convierte un año de 365**, 250 en otro de 365^ 243, que 
"sólo es mayor que el verdadero, según las tablas de Mr. Delam- 
'l>re, en 0^,0010 ó sean V 26.'' Guando se ha tenido la oportuni- 

(1) Vues des Oordilléres, tom. 2, pág. 81. 

{*) CkKL Borg. foL 48^63. Fábrega, MS. fol. k, p. 7. 



6á 

*'dad de examinar gran número de pintaras geroglíficas de los 
''mexicanos, y se ve el extremo cuidado con que están ejecuta- 
''daSy hasta en los más pequeños pormenores^ no se puede admi- 
''tir que la omisión de ocho términos en una serie periódica, se 
''deba á la simple casualidad. La observación del P. Fábrega 
"merece ser consignada aquí, no porque sea probable que una 
"nación emplee efectivamente una reforma á su calendario des- 
"pues de los largos periodos de 1040 años, sino porque elMS. de 
"Yeletri parece probar que su autor tuvo conocimiento de la ver- 
"dadera durac:on del año. Si cuando los españoles llegaron á 
"México existía una intercalación de 25 días en 101 años, es de 
"suponer que esta intercalación más perfecta, había sido prece- 
"dida por la de 13 días en 52 años; la memoria de este método 
"antiguo se ha de haber conservado, y puede ser que el sacerdo- 
"te mexicano que compuso el ritual del Museo Borgiano, haya 
"querido indicar en su libro, un artificio de cálculo propio para 
"rectificar el antiguo calendario, sustrayendo siete diaa del gran 
"período de 20 ciclos. No se podrá juzgar de la verdad de esta 
"opinión, sino cuando hayan sido consultadas mayor número de 
"pinturas, así en América como en Europa; porque, no me can* 
"saré de repetirlo, cuanto hasta hoy sabemos del estado antiguo 
"del nuevo continente, nada es en comparación de lo que un dia 
"se descubrirá, si se llegan á reunir los materiales exparcidos 
"por ambos mundos, que han sobrevido á siglos de ignorancia y 
"de barbarie." 

Humboldt desconfiar de sus propios ojos; prefiere dudará con- 
ceder superioridad á los bárbaros sobre los civilizados, en un 
punto difícil de observación astronómica. 

El Códice Borgiatto expresa el tipo perfecto de la intercalación 
azteca. Los dias intercalares en el gran período simétrico no fue- 
ron 260, ni 250, sino 252. Los cuatro períodos quedaron igi}ales 
en esta forma: 



13 


13 


13 


13 


12 


12 


12 


12 


13 


13 


13 


13 


12 


12 


12 


12 


13 


13 


13 


13 



65 

ó sean 63 dias en cada uno. Los dias en el ' gran oiclo de 1040 
años, más los 252 intercalares, suman 379852; el tiempo verda- 
dero cnenta 379851', 954560; la resta O", 045440 6 V 5'» 2*, 6016, 
expresa la diferencia que al fin de 1040 años existía, entre el ver- 
dadero valor del año trópico y el adoptado por los sacerdotes 
astrónomos aztecas. Deberían transcorrir mny más de 23000 años 
para componer nn día. Maravilla tan grande perfección, que ha- 
bla mny alto en favor de los pueblos de Máxico. Descubierto 
por ellos, aprendido si se quiere de pueblos más antiguos, de to- 
das maneras este cálculo astronómico era muy más perfecto en 
el Nuevo que en el Antiguo Mundo. 

La corrección no se hacia, como parece indicarlo Humboldt, 
al fin del gran ciclo de 1040 años; tenía lugar al fin de cada ciclo 
de 52, como consta en todos los autores, bastando para ello te- 
ner á la vista las tablas para saber, si debian intercalarse trece 

6 doce dias. Al fin de cada ciclo se concordaban los calendarios 
astronómico y civil, á fin de hacerlos caminar concordes. 

ün calendario de 365 dias con un dia intercalar cada cuatro 
aSos, sea cual fuere el número de los meses, se parece más en 
realidad al calendario juliano, que lo que pudiera semejarse al 
calendario egipcio, en el cual no existe intercalación alguna. De 
aquí el intento de concordar ambos cómputos, formulando el 
problema en estos términos, ¿el dia inicial del calendario nahoa 
á cual dia corresponde en el calendario juliano? En esta mate- 
ria, como en todas, luchamos contra la discordancia de los auto- 
res. En un antiguo MS. que parece pertenecer al P. Olmos, se 
dice que el calendario mexicano comenzaba á primero de Enero. 
Qama fija el nueve de Enero, en lo cual le sigue Humboldt. Tor* 
quemada el uno ó el dos de Febrero. "En el Tktelolco juntó 
''muchos viejos dice Sahagun, (1) los más discretos que yo pude 
"haber y juntamente con los más hábiles de los colegiales se al- 
*'tercó esta materia por muchos dias, y todos ellos concluyeron 
**dxciendo que comentaha el afio d segundo dia de Febrero,'* Siguen 
el parecer del docto franciscano Yetancourt, Fr. Martin de León 

7 Yeytia Los Códices Vaticano y Telleríano Bemense señalan 
el veinte y cuatro de Febrero. Acosta, á quien sigue Clavigero, 
el veinte y seis de Febrero. El P. Duran y el P. Yalades, el pri- 

(1) Sahagvn, tomo 2 pág. 265. 

9 



66 

• 

mero de Marzo. Motolinia, en principio de Marzo. Ixtlilxochitl, 
el veinte de Marzo. Gemelli Careri el diez de Abril. Esta cues- 
tión y la del orden de los meses son correlativas. Tomando cada 
quien diverso mes para comenzar el año, fuerza era hacer cambiar 
la fecha inicial. No es esta la áuica causa de error; consideraban 
el calendario azteca como de forma invariable; sin atender á que 
el problema era complexo y sin examinarle bajo todas sus fases, 
partían de un principio aislado, verdadero si se quiere, pero que 
aplicado como regla general debía salir á consecuencias ab- 
surdas. 

Por otra parte, el objeto comparado tampo(*o tenía formas fijas. 
Refresquemos la memoria en cuanto al cómputo europeo. El ca- 
lendario romano, dejado á cargo de los pontífices, había llegado 
á la mayor confusión; para arreglarle, Julio César hizo venir de 
Alejandría al astrónomo Sosígenes, quien dando al año trópico 
el valor medio de 365,^25, dispuso que todos los años fuesen igua- 
les de 365 dias, y que para recoger las seis horas sobrantes, ca- 
da cuatro años se contasen 366 dias: este dia complementario se 
debía añadir al mes de Febrero, intercalándolo entre el 24 y el 
25: el 24 en aquella cuenta se denominaba sexto-calendas, y á fin 
de no interrumpir el orden, al nuevo dia intercalar se dijo bis- 
sexto-caieíidas, de donde se deriva el nombre de bisiesto dado á 
todos los años de 366 dias. Llámase á esta reforma ji/Ztana, y ca- 
lendario juliano al dimanado de ella: comenzó á regir el año 44 
antes de J. G. 

El concilio de Nicea, celebrado el año 325 de la Era cristiana, 
fijó la Pascua por medio de una regla que consideraba que el 
equinoccio de primavera, tendría siempre lugar el 21 de Marzo. 
Pero como el valor dado al año juliano era de 365** 25 mientras 
el verdadero es 365*^242264, resultaba que el primero era mayor 
que el segundo 14" 8'; así es que transcurridos cuatro años, el 
equinoccio no ? erificaba á la misma hora, sino mucho más 
temprano 0,*'Ú30944 ó 44" 34 . Acumulada esta diferencia en los 
años, fué haciendo retrogradar el equinoccio del 21 de Marzo al 
20y luego el 19, &c., de manera que en 1582, en que eran pasados 
1257 desde el concilio de l!}icea, la diferencia se elevaba á 9"* 724, 
cayendo el equinoccio á 11 de Marzo, en lugar del 21. Para ob- 
viar este inconveniente, el pontífice Gregorio XIII» hizo nueva 




67 



reforma al calendario, conocida por réfori)ia gregoríana: quitó de 
pronto la diferencia de dias, determinando que el dia siguiente 
al 4 de Octubre 1582, no se contara cinco, sino quince de Octu- 
bre, y para prevenir el antiguo trastorno, se dieran reglas mas 
ajustadas para la cuenta de los años bisiestos. Según esto nues- 
tros cálculos solo tienen quj ver con el calendario juliano. 

Esto supuesto comenzamos por relacionar los años. Esta em- 
presa es sencilla, supuesto que somos dueños de esta verdad his- 
tórica: El año 1519 en que D. Hemarído Cortés llegó d las playas de 
México contaban los naturales el ce Acatl de su cid^. Conforme 
con ello están los autores de nota, como Sahagan, Ixtlilxochitl, 
Acosta, Torquemada, Sigúenza, Boturini, Clavijero, Yeytia, Ga- 
ma &Q.: confírmanlo plenamente los Códices ^elleriano Remen- 
ee 7 Vaticano, la pintura sincrónica de Tepechpai/. y de México, 
la pintura publicada por Aubin, así como varios escritos de au- 
tores indios. Aceptando este punto de partida, todo el trabajo 
consiste en colocar el 1519 junto al ce acatl, y desarrollar para- 
lelamente la serie de los anos hacia arriba y abajo cuanto se 
quiera. 

Para determinar el principio del ciclo tenemos esta autoridad. 
'*La última fiesta solemne que hicieron de este fuego nuevo, fué 
^'el año 1507; hiciéronle con toda solemnidad porque no habian 
''venido los españoles á esta tierra. El año de 1559 acabó la otra 
gavilla de años, que ellos llaman toxiuhmolpia: en esta no hicie- 
ron solemnidad pública, porque ya los españoles y religiosos 
estaban en esta tierra, de manera que este año de 1566, anda 
en quince años de la gavilla que corre." (1) Confirman las pin- 
turas este aserto contándose entre ellos el Códice Mendocino. 

« 

Veamos si salen acordes estos datos. 



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« 



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<( 



Pfitner UalpUU. 



Segundo tíalpiUi 



UmcuÜ, 1507. 
in iMjpati, 150S. 
IV oaUi, 1509. 
VtochÜi, 1510. 
VI acAtl, 1511. 
VntMspatl, 1512. 
Tmealli, 151S. 



IX toohtli. 1514. II tocpati, 1520. 

X a/caü, 1515. m caUi, 1521. 

XI tMspaÜ, 1516. IV toohtU, 1522. 

XII oaUi, 1517. V acatl, 1523. 
Xni tochtli, 1518. VI tecpatl, 1524. 
I acatl, 1519. VII «allí, 1525. 

Vni tochtU, 1526. 



IX acatl 1527. 

X tecpatl, 1528. 
XIcalli, 1529. 
Xn toohtli, 1530. 
Xm acatl, 1581. 
I tecpatl 1582. 



(1) Sahagun, tom. I, pág. 847. 



68 

Tercer UalpiUi Cuarto talpOU 



II calli, 1533. IX teepati. 1640. II toehtU, 1546. IX calH, 1553. 

m tochtli, 1534. X caUi, 1541. Jll aoaÜ, 1547. X tochtl, 1554. 

IV aoatl, 1535, XI tochtli, 1542. .IV teopaU, 1548. XI aoaü, 1555. 

V teopatl, 1536. XH aoatl, 1543. Y edli, 1549. XH toopail, 1556. 

VI caUi, 1537. XIII tecpati, 1544. VI tocEtli, 1550. XIII ealU, 1557. 

VII tochUi, 1538. I calli, 1545. VII aoaü, 1551. I tochtli, 1558. 
Vniacatí, 1539. ^ VIII tecpati, 1552. 

La correspondencia, paes, es exacta. Adyertíremos una con- 
cordancia importante; los bisiestos julianos concurren constan- 
temente con los ai)t>s del símbolo Tecpatl 

Para la relación entre los dias, admitamos solo las dos fechas 
más autorizadas; el 2 de Febrero de Sahagun, y el 9 de Enero 
de Gama. En ninguno de los dos sistemas la fecha del primer 
año inicial de ciclo podía quedar siempre la misma. Tomemos el 
caso más propicio, el del calendario astronómico, con la interca- 
lación cada cuatro años. En un primer ciclo, todos los años co- 
menzarían en efecto por 9 de Enero y terminarían el 8 de Enero 
supuesto que había trece dias intercalares como en el calendario 
juliano; en el segundo ciclo tendría igualmente la misma forma; 
pero como entonces el calendario azteca solo intercalaba doce 
dias, mientras el juliano conservaba los trece dias, resultaría un 
dia de diferencia, y el siguiente cehuehuetiliztli no comenzaría 
otra vez por nueve de Enero, sino por ocho. Se aumentaría la 
diferencia de un dia en cada ciclo en que se intercalaran sola- 
mente doce dias: por consecuencia, no es posible que los días 
iniciales de todos los ciclos sean de la misma fecha. 

En el calendario civil resulta lo mismo, aunque en otra for- 
ma. "El año mexicano, dice Humboldt, (1) comenzaba en el pri- 
mer del año oduhmolpilli, por el dia que en el calendario grego- 
riano corresponde al 9¡de Enero. El quinto, el noveno y el dácimo 
''tercero año del ciclo, empezaban respectivamente por el 8, 7 y 
'^6 de Enero; en cada año del signo tochüi perdían un dia los 
"mexicanos, y por efecto de esta retrogradacion, el año oalli de 

(1) Vnee dee CordUléree, tom. 2, pág. 60. Resume lo que dice Gama, parte pri- 
mera, pág. 52 j 76. 






. 



69 

"^ia cuarta indicción, comenzaba el 27 de Diciembre, j finalizaba 
''en el solsticio dé Inyierno, el 21 de Diciembre, no teniendo en 
''cuenta Ibs cinco dias inútiles ó complementarios. Besnlta de 
"aqni que el último de los Tiemontemi llamado cohuatl, culebra, y 
''considerado como el dia más desgraciado, porque no pertenecia 
"á periodo alguno de trece dias, cajese al fin del ciclo en 26 de 
"Diciembre, y que los trece dias intercalares trajesen de nueyo 
"el principio del año al 9 de Enero." 

Admitimos por bueno el cálculo y le tenemos por perfecto, en 
el supuesto de ser trece los dias intercalarios;^pero ¿podía suce- 
der lo mismo en el ciclo en que tocaba intercalar doce dias? En 
este se suprimía un dia; y el último dia del ciclo, con todo e in- 
tercalación, no podía volver al 8 de Enero, para que el siguiente 
ci<do comenzase á 9, sino que concurría con el 7 de Enero, y el 
ano siguiente tendría por inicial el 8 de Enero del calendario ju« 
liano. Otra observación: la pérdida del dia no tenía lugar en el 
signo tocftüi^ sino en el tecpatí, que es el que concurre con los 
años bisiestos, y la diferencia en el dia inicial del año se haría 
sentir en los años del símbolo cálli inmediato. 

Establecido el sistema en la forma que hemos visto, nos dice 
Chima: (1) "Pero para concordar los datos de los españoles con 
los de los indios, en los tiempos anteriores á la corrección gre- 
goriana, es necesario tener cuenta, no solamente con los dias 
que habían retrocedido los indios, sino también con el error que 
tenía entonces el calendario de los españoles, y sumando am- 
"bas diferencias, se sabrá con precisión, el dia que corresponde." 
De esta regla fundamental parte para examinar algunas fechas, 
que asegura se resuelven en su cómputo, siendo imposibles en los 
demás. "Sea, por ejemplo, asegura en el lugar citado, .el dia 8 
"de Noviembre de 1519, en que entró en México la armada es- 
pañola, que los mexicanos dicen haber sido en el mes nombra- 
do QnechoUi del año ce Acatl, primero de la segunda indicción 
"de su ciclo, en el cual habían omitido ya tres bisiestos, suman- 
"do pues, estos tres dias con la diferencia que hay entre 8 y 17 
"de Noviembre que debían contar los españoles (por llevar co- 
^'rridos entonces 9 dias completos, que componen los 4A minutos 
"que intercalaban de mías en cada bisexto, desde el año 325, en 

(1) Las dos piedras, primera parte, § 45, pág. 76. 



u 






\ 



tí 



70 

<'qae se celebró el sagrado concilio Niceno, hasta el 1600), la sa- 
"ma doce añadida al dia ocho concurrirá con el dia 20 del pro- 
pio mes; al cnal corresponde precisamente en los calendarios 
mexicanos el dia 16 del mes QaechoUi, nombrado 4 Cozca- 
"caauhtli. Pero aquel año ce Acatl habla empezado tres dias 
'^ántes del 9 de Enero: aunque el dia 16 del mes QuechoUi y 4 
"Cozcacuauhtli coinciden con el 20 de Noviembre, se deben re- 
''trotraer á 17 del mismo, que es el dia exacto que debían contar 
"los españoles, supuesta ya hecha la corrección que necesitaba 
"el calendario juliano de que entonces usaban.*' 

Pasa á considerar la fecha de la prisión de Oaauhtemoc, fijada 
por los mexicanos en el año Yei Calli, mes Tlaxochimaco, dia ce 
Cohuatl, acompañado Atl, y relacionada con el 12 de Agosto 
1521. Examina cómo no cuadra en ninguno de los ajenos siste- 
mas; y como lo mismo suceda en el suyo, entra en largas expli- 
caciones, divaga, y por último declara que la fecha no debe to- 
marse al pié de la letra. (1) "Hablando, pues, el primero, (Cris- 
"tóbal del Castillo) metafóricamente, dice, que se acabó la guerra: 
"perdió su dignidad é impetio GuauhtemotziD, y so destruyeron 
"los mexicanos y tlatilolcas, en aquel dia, que por sus efectos 
"debía contarse una culebra, cuyo acompañado fué el agua; en 
"el cual dijo el gran Tlalloc, qué cesaría de una y otra parte la 
"ominosa revolución de la guerra y que este fatal suceso fué en 
"el año, que en la cuenta de sus ciclos se enumeraba Yei Oalli, 
"tres casas. Esta es la genuina intrerpretacion que debe darse 
"al sentido metafórico que contienen las palabras que abajo van ' 
"asentadas. '' (2) 

Este punto de la correspondencia es para nosotros el capital 
de la cuestión. Estamos absolutamente conformes en que deben 
llevarse en cuenta los bisiestos intercalados en el calendario ju- 
liano de cuatro en cuatro años, para añadirles en el calendario 
mexicano al fin de cada ciclo; pero nos parece complicado á la 

(1) Las dos piedras, primera parte 1 48 al 5 1, pág. 79 á 83. 

(2) Ca iniquao tzonquiz in necaliliztli. in noman in chimalli; izoeuli in teoatl tta- 
ebinolli inio poliohqae in Tenoohca, Tlatiloloa. Auch ca huel iqoao in on oalao T(k 
natioh, yehuatl ixcemilhtiitanalpohaalli: ca yehaaÜ iz ce Cohoatl iniqnecbol atl on> 
can tlatoa in Hoey Tlalloc moncahui (yaomalinaltezahuitl. Auch impan initla po- 
hnalli in xiutlalpohuatli, ca yei Calli in zihaitl. En el citado MS. cap. 50. 



71 

pAT de inútil andar bascando el tiempo verdadero que los espa- 
ñoles debían contar, haciendo la corrección de lo que el ano ci- 
TÍ1 juliano excedía al trópico. Existia en realidad nna diferencia 
en tiempo; el eqninoccio había retrogradado y no se verificaba 
el 21 de Marzo; pero esto, que debía apreciarse en los cálenlos 
astronómicos, nada tenía que ver con las fechas civiles. Cuando 
los castellanos contaban 8 de Noviembre, este dia y no otro nin- 
gano era en sus cómputos; no se le debe corregir como no se 
corrigen las fechas de aquella ópooa, permaneciendo siempre 8 
de Noviembre: el viejo j el nuevo estilo solo han sobrevenido 
después de la corrección gregoriana, á fin de llevar la relación 
entre las datas comunes de los pueblos cristianos j de los que, 
como los Busos, conservan la antigua cuenta. 

Has sea cual fuere la corrección que deba efectuarse, es ab- 
solutamente innegable^ queda fuera de toda controversia, que si 
se encuentra una fecha cierta del calendario azteca, que concuer- 
de con otra también cierta del calendario juliano seguido por los 
castellanos, ambas concurrirán en un solo j mismo dia. Si to- 
mado este punto de partida ambos calendarios se desarrollan 
paralelamente no cabrá la menor duda en que su relación será 
auténtica y verdadera, al menos en el año en que se ejecuta la 
confrontación. Este procedimiento vamos á emplear sin desalen- 
tarnos porque Gama diga, que el camino fué ya recorrido sin 
obtener resultado satisfactorio. La fecha escogida es precisa- 
mente la desechada por Gama. Yei CaU^ TlaxocMmaco, ce Co^ 
haüf acompañado AÜ, concuerda con eí 12 de Agostó 1521, Si de la 
comparación que emprendemos resulta un absurdo, la andamia- 
da vendrá al suelo por su propia gravedad; si sale conforme con 
los principios ya establecidos, el problema quedará resuelto y 
la verdadera estructura del calendario azteca quedará conocida. 



CAPÍTULO V. 



NUBSTRO SISTEMA. 



Diicuiion deldta ttcúgido.—CaientUmo comparado para lú^l.-^Regku para la for- 
mación de un calendario cualquiera. —liafiegta dcUca. — Culminación de las pUya- 
da». — La intercalación. 

ESTAMOS obligados á no dar nn paso sin entrar en nueva 
disensión: la fecha adoptada no está llana como parece. D. 
Hernando Cortés relata la prisión de Gaanhtemoc, así como la 
subsecuente entrevista, aumentando: '*E yo le animé, y le dije, 
''que no tuviese temor ninguno; y así preso este señor, luego en 
''ese punto cesó la guerra, á la cual plugo á Dios Nuestro Señor, 
"dar conclusión martes, dia de Santo Hipólito, que fueron trece 
"de Agosto de mil, y quinientos, y veinte y un años." (1) Bemal 
Díaz escribe: "Prendióse Guatemizy sus capitanes en 18 de Agos- 
"to, á hora de vísperas, dia de señor San Hipólito, año de 1521." (2) 
Por 3U parte. Gomara nos dice: "De la manera que dicho queda 
"ganó. Fernando Cortés á México Tenuchitlan, martes a trece de 
"Agosto, dia de San Hipólito, año de mil y quinientos y veinte 
"y uno: en remembranza de tan gran hecho y victoria, hacen ca- 
"da año semejante dia los de la ciudad, fiesta y procesión, en que 
"llevan el peudon con que se ganó." (3) En efecto esta costum- 
bre de sacar el pendón por la ciudad el dia de San Hipólito, tre- 



(1) Cartas en Lorenzana, pág. 300. 

(2) HÍ8t. Tordadera, cap. OLVI. 

(8) Gomara, Crón. cap. CXXXXIII. 



78 

ce dd Agosto, tuyo lugar por primera vez en Mexioo, el año 1528 
segon ooDsta por q1 cabildo del mismo mes. (1) 

Torquemada (2) acepta qne la victoria fué á 13 de Agosto, auD- 
que despaes expresa: ''algunos dicen, que se ganó la ciudad el 
''dia de Santa Clara; pero que por no estar entonces esta santa 
"en el calendario y tabla general del rezado, no la hallaron en 
"ella cuando quisieron notar el dia, j asi pasaron al inmediato 
"que se le sigue, donde están los benditos Santos Hipólito y Ca- 
"siano.'* (3) Yetancourt sigue opinión semejante escribiendo» 
"Vné esta victoria martes 13 de Agosto, dia de San Hipólito: 
^'aunque hay quien diga, qué la prisión fué á doce sobre tarde y 
"la publicación de las paces á trece año de 1621." (4) 

"Otra razón hubo, dice Gama, (5) para que se confundieran 
"más los españoles, y no llegaran á conocer la correspondencia 
"de los dias y meses de nuestro calendario con los de los indios 
"y es el dia que señalaron éstos de la toma de la ciudad. En to- 
adas las historias escritas por ellos, así de los autores conocidos 
'como de los anónimos, se refiere esta data con el símbolo y.ca- 
'^ráctev numérico ce OohuatL Unos hacen también mención del 
"mes Tlaxochimaco." El mismo Gama, quien parece haber he- 
cho especial estudio acerca de este punto, menciona la historia 
de uno de los guerreros mexicanos que se hallaron en el cerco 
de México, y le sirve de guía la autoridad de Cristóbal del Cas- 
tillo, quien ''dice haber sido la prisión de Cuauhtemozin por la 
"tarde al ponerse el sol. Auh c% huel iquac in onccdac Tona- 
tiuhr (6) 

"Rindiéronse los mexicanos, dice Sahagun (7) y departióse la 
guerra en la cuenta de los años que se dice ires casas, y eu la 
cuenta de los dias en el signo que se llama ce Ooatl'\ 

Perplejos nos dejaron estas encontradas versiones, fundadas co- 
mo estañen respetables autoridades. Meditando uu poco creemos 

(1) Libros de Cabildo, 14 da Agosto 1528. 

(2) MoQsrq. indiaoA, lib. IV, cftp. Gilí. 

(3) Las dos piedras, pág. 80| nota. 

(4) Teatro mexicano, trat. 2. cap. X. 
\Cy) Las dos piedras, pág. 79. 

(6) Las dos piedras, pág. 81, nota. 

(7) Hist. general, lib. XII, cap. XL, primera edición. 

10 



ce 
u 



74 

haber encontrado la soinoion del. problema. A hora de vísperas 
íaé en realidad la prisión de Oaauhtemoc, tras la caal tuyo lugar 
la entrevista con D. Hernando, de donde se siguió la rendición 
de los guerreros mexicanos; pero acercándose la noche y presen- 
tando el cielo aparatos de lluvia, los castellanos se retiraron á 
sus cuarteles, llevándose los prisioneros. ''Luego el dia siguien- 
^te de mañana se pregonó la paz, y mandaron á los que estaban 
^'acorralados que saliesen seguramente á sus casas á reposar y 
''consolar.'* Este mismo dia se verificó segunda entrevista, en el 
mismo sitio en donde la del dia anterior, entre Oortós y los tres 
reyes vencidos, Cuauhtemoc de México, Goanacoch de Texcocó 
y Tetlepanquetzalin de Tlacopan, para concertar el rendimiento 
y la §(ujecion, con la entrega del oro que en la ciudad había, 
dándose orden en el modo que los señoríos quedaban y manera 
de recojer los tributos. (1) Las entrevistas fueron dos y no una 
sola. Cortés, de quien tomó Gomara, y andando, el tiempo Ber- 
nal Díaz, no menciona másTdel dia de la captura del rey; por un 
olvido, que nada tiene de extraño, omitió la segunda conferencia, 
ya por parecerle cosa de^poco momento, ya por no hacer más 
abultada su relación; cuenta su conversación con Cuauhtemoc, y 
sin percibir que algo se le quedaba por decir, fijó la fecha d«l 
13 de Agosto en que se publicó la paz, sin advertir en que recaía 
sobre el dia de la prisión: era una inadvertencia y nada más. 
Mucho más puntuales los historiadores mexicanos, como que se 
trataba de hechos muy capitales en su historia, consignaron en 
sus anales los sucesos verdaderos, distinguiendo acertadamente 
los dos dias, con sus propias fechas, el de la cautividad del mo- 
narca, y el de la publicación de las paces: el primero fue lunes 
12 de Agosto 1521, el segundo el martes 13 de Agosto, solemni- 
zado como dia verdadero del rendimiento de la ciudad y princi- 
pio de la dominación española en México. 

Si al lector parecen livianas nuestras razones, vamos á darle 
nna demostración matemática. He aquí el calendario formado 
1»ajo la base de que, lunes 12 "de Agosto 1521 era al mismo tiem- 
po ce Cohuatl acompañado Atl, del mes Tlaxochimaco. Coloca- 
das ambas fechas una delante de otra, desarrollamos simultánea- 

(1) Sáhagan, lib. XII, oap. XLI de la segunda edic. oap. XL y XLI de la primera 
TofqQemada, lib. lY, oap. CII. 



75 

mente hacia arriba y háoia abajo los dos calendarios juliano y 
mexicano, y veamos á donde nos condncen. 



ÁÉO YEI CALLI (tres CASAS). 1521. 



Añ&jtUianc 




J/oai p dia$ trtoena¡e$, 
I. ITZCAT.TJ. 


« 


fcwo. Hiéraole« 


30 


2 O'^omatli. 


Xiuhtecuhtli Tktl 


Jueyes . 


31 


3 Malinalli. 


Tecpatl. 


VébMTO. Viernes 


1 


4 Acatl. 


Xóchitl. 


Sábado 


2 


f) Ocelotl. 


Centeotl. 


Domingo 


3 


n Cuauhtli. 


!^iquiz'lí. 


Liínes 


4 


7 Cozcacuauhtlí. 


Atl. 


Martes 


5 


8 Ollin. 


Tlazolteotl. 


Miércoles 


6 


9 Tecpatl. 


Tepeyollotli. 


Juayes 


7 


10 Quiahuitl. 


Quiahuitl. 


ternes 


S 


11 Xóchitl. 


Tletl. 


Sábado 


9 


12 Cipactl). 


Tecpatl. 


Domingo 


10 


13 Ehecatl. 


Xóchitl. 


lüínes 


11 


1 Calli. 


Centeotl. 


Máries 


12 


2 Cuetzpallin. 


Miquiztli. 


Miércoles 


13 


3 Cohnatl. 


Atl. 


JnéTes 


U 


4 Miquiztli. 


Tlazolteotl. 


Viernes 


15 


5 Mazatl. 


Tepeyollotli. 


Sábado 


16 


6 Tochtli. 


Quiahuitl. 


Domingo 


17 


7 Atl. 


Tletl. 


Liines 


18 


8 Itzcointli. 


Tecpatl. 



II. ATLAOAHÜALOO. 



Martes 


19 


9 Ozomatli. 


Xóchitl. 


Miércoles 


20 


10 Malinalli. 


Centeotl. 


Jueves 


21 


11 Acatl. 


Miquiztli. 


Viernes 


22 


12 Ocelotl. 


Atl. 


Sábado 


23 


13 Cuauhtli. 


Tlazolteotl. 


Domingo 


24 


1 Cozcacuauhtli. 


Tepeyollotli. 


Lunes 


25 


2 Ollin. 


Quiahuitl. 


M&rtes 


26 


3 Tecpatl. 


Tetll. 


Miércoles 


27 


4 Quiahuitl. 


Tecpatl 



76 



Ifino. 



Juérea • 


28 


5 Xochtli 


Xóchitl. 


Víérne» 


1 


Cipactli. 


Cenleotl. 


Sábado 


2 


7 Ehecatl. 


Miquiztli. 


Domingo 


3 


8 Calli. 


Atl. 


Lunes 


4 


9 Cuetzpalin. 


Tlazolteot!. 


Mirtes 


5 


10 Cohuatl. 


TepftyoUotlí 


Miércoles 


6 


11 Miquiztli. 


Quiahuitl. 


Juéres 


7 


12 Mazatl. 


Tletl. 


Viérneri 


S 


13 Tochitl. 


Tecpatl. 


SU>ado 


9 


1 Atl. 


Xóchitl. 


Domingo 


10 


2 Itzcuintli. 


Centeotl. 



m. TLAOAXIPEHÜALIZTLI. 



Lunes 


11 


3 Ozomatlí. 


Miquiztli. 


Martes 


12 


4 Mallinallí. 


Atl. 


Miércoles 


13 


5 Acall. 


TUzolteoÜ. 


Jueves 


14 


6 Ocelotl. 


TepeyollotU 


Viernes 


15 


7 CuauhUi. 


Quiahuitl. 


Sábado 


16 


8 Cozcacuauhtlí. 


Tletl. 


Domingo 


17 


9 Ollin. 


Tecpatl. 


Lunes 


18 


10 Tecpatl. 


Xóchitl. 


Martes 


19 


11 Quiahuitl. 


Centeoti. 


Miércoles 


20 


12 Xóchitl. 


Miquiztli. 


Jueves 


21 


13 Cipactli. 


Atl. 


Viernes 


22 


1 Ehecatl. 


Tlazolteotl. 


Sábado 


23 


2 Calli. 


TepeyollotU 


Domingo 


24 


3 Cuetzpalin. 


Quiahuitl. 


Lunes 


25 


4 Cohuatl. 


Tletl. 


Martes 


26 


5 Miquiztli. 


Tecpatl. 


Miércoles 


27 


6 Mazatl. 


Xochtli. 


'Jueves 


28 


7 Tochtli. 


Centeotl. 


Viernes 


29 


8 Atl. 


Miqniztli. 


Sábado 


30 


9 Itzcuintli. 


Atl. 



IV. TOZOSTONTU. 



Abril. 



Domingo 


31 


10 Ozomatii. 


Tlazolteotl. 


Lunes 


1 


11 Malinallí. 


TepeyollotU 


Martes 


2 


12 Acatl. 


Quauhuitl. 


Miércoles 


3 


13 Ocelotl. 


Tletl. 


Jueves 


4 


1 Cuauhtli. 


Tecpatl. 


Viernes 


5 


2 Cozcacuauhli. 


Xóchitl. 



77 



Sábado 


6 


3 Ollin. 


Centeotl. 


Domiogo 


7 


4 Tecpatl. 


Míqaiztli. 


Lúnés 


8 


5 Quiahnitl. 


All. 


Martes 


9 


ñ Xóchitl. 


Tlazolteotl. 


Miércoles 


10 


7 Cipactli. 


Tepeyollotli. 


Jueves 


11 


8 Ehecatl. 


Quiahaitl. 


Viernes 


13 


9 Calli. 


Tlctl. 


S&bado 


13 


10 Cuetzpalin. 


Tecpatl. 


Domingo 


14 


11 Cohuatl. 


Xóchitl. 


Lunes 


15 


12 Miquiztli. 


Centeotl. 


Martes 


16 


13 Mazatl. 


Miquiztli. 


Miércoles 


17 


1 Tochtli. 


Atl 


Jaénes 


IS 


2 Atl. 


Tlazolteotl 


Viernes 


19 


3 Itzcuintli. 


Tepeyollotli. 



y. HT7EIT0Z0ZTLI. 



I 



Majo. 



Sábado 


20 


4 Ozomatli. 


Quahuitl. 


Domingo 


21 


5 Malinalli. 


Tletl. 


L6nes 


22 


6 Acatl. 


Tecpatl. 


Martes 


23 


7 Ocelotl. 


Xóchitl. 


Miércoles 


24 


8 Cuauhtii. 


Centeotl. 


Jueves 


25 


9 Cozcacuauhtli. 


Miquiztli. 


Viernes 


3C 


10 Olliu. 


Atl. 


Sábado 


27 


11 Tecpatl. 


Tlazolteotl. 


Domingo 


28 


12 Quiahuitl. 


Tepeyollotli 


Lunes 


29 


13 Xóchitl. 


Quiahuitl. 


Martes 


30 


1 Cipactli. 


Tletl. 


Miércoles 


1 


2 Ehecatl. 


Tecpatl. 


Jueves 


2 


3 Calli. 


Xóchitl. 


Viernes 


3 


4 Cuetzpalin. 


Centeotl. 


Sábado 


4 


5 Cohuatl. 


Miquiztli. 


Domingo 


5 


6 Miquiztli. 


Atl. 


Lunes 


6 


7 Mazatl. 


Tlazolteotl. 


Martes 


7 


8 Tochtli. 


Tepeyollotli 


Miércoles 


8 


9 Atl. 


Quiahuitl. 


Joéves 


9 


10 Itzcuintli. 


Tletl. 



TL TOXGATL. 



Viernes ¡O 
Sábado 11 
Domingo 12 



11 Ozomatil. 

12 MalinalU. 
'13 Acatl. 



Tecpatl. 
XrcbiU. 
Centeotl. 



78 



Lunes 


13 


1 Ocelotl. 


Miquiztli. 


Martes 


14 


2 Ouauhtli. 


Atl. 


Miércoles 


15 


3 Oozcacuaubtli. 


Tlazolteotl. 


Jueces 


16 


4 Ollin. 


TepeyoUotli. 


Viéroes 


17 


5 Tecpatl. 


Quiahuitl. 


Sábado 


18 


6 Qaiahuitl. 


Tletl. 


Domingo 


19 


7 Xóchitl. 


Tecpatl. 


L&nes 


20 


SCipactli. 


Xóchitl. 


Martes 


21 


9 Khecatl 


Genteotl 


Miércoles 


22 


10 Calli. 


Miquiztli. 


Juéres 


23 


11 Cuetzpalín. 


Atl. 


Viernes 


24 


12 Cohuatl. 


Tlazolteotl. 


Sábado 


25 


13 Miquiztli. 


TepeyoUotli. 


Domingo 


26 


1 Mazatl. 


Qaiahuitl. 


Lunes 


27 


2 Tochtli. 


Tleil. 


Martes 


23 


3 Atl. 


Tecpatl. 


Miércoles 


29 


4 Itzcuintli. 


Xóchitl 



TIL ETZACUALIZTLI. 



Junio. 



Juéres 


30 


5 Ozomatlí. 


Centeotl. 


Viernes 


31 


6 Malinalli. 


Miquiztli. 


Sábado 


1 


7 Acatl. 


Atl. 


Domingo 


2 


8 Ocelotl. 


Tlazolteotl. 


Lunes 


3 


9 Cuauhtli. 


TepeyoUotli 


Martes 


4 


li Cozcacuahtli. 


Quiahuitl. 


Miércoles 


5 


U Ollin. 


TleÜ, 


Juéres 


6 


12 Tecpatl. 


Tecpatl- 


Viernes 


7 


13 Quiahuitl. 


Xóchitl. 


Sábado 


8 


1 Xóchitl. 


Centeotí: 


Domingo 


9 


2 Cipactli. 


Miquiztli. 


Lunes 


10 


3 Ehecatl. 


AU. 


Martes 


11 


4 Calli. 


TlazalteoU. 


Miércoles 


12 


5 Cuetzpalin. 


TepeyoUotU. 


Jué?es 


13 


6 Cohuatl. 


Quiahuitl. 


Viernes 


14 


7 Miquiztli. 


Tletl. 


Sábado 


15 


H Mazatl. 


TecpaU. 


Domingo 


16 


9 Tochtli, 


Xóchitl. 


Lunes 


17 


10 Atl. 


Centeotl. 


MártM 


18 


11 Itzcuiatli. 


Miquiztli. 



TUL TE0üD:iHU1T01ITLI. 



Miércoles 19 
JuéTes 20 



12 Ozomatli. 

13 MalinalU. 



Atl. 
Tlazolteotl. 



79 



Jalio. 



ViérDef 


31 


1 Acatl. 


Tepeyollotli. 


Sábado 


23 


2 Ocelotl. 


Quiabuitl. 


Domingo 


23 


3 Cuanhtli. 


Tletl. 


Lunes 


34 


4 Cozcacuauhtli. 


Tecpatl. 


Mkrtei 


25 


5 Ollin. 


Xóchitl. 


MiércoUs 


36 


6 Tecpatl. 


Cnteotl.e 


Jué?es 


27 


7 Qaiahuitl. 


Miquiztli. 


Viernes 


28 


8 Xóchitl. 


Atl. 


Sábado 


29 


9 Cipactll 


Tlazol teotl. 


Domingo 


30 


10 Ehecatl. 


Tepeyollotli. 


Lunes 


1 


n Calli. . 


Quiahuitl. 


Martes 


2 


12 Cuetzpalin. 


Tletl. 


Miércoles 


3 


13 Cohuatl. 


Tecpall. 


Jueyes 


4 


1 Miquiztli. 


Xóchitl. 


Viernes 


5 


2 Mazatl. 


Centeotl. 


Sábado 


6 


3 Tochtli. 


Miquiztli. 


Domingo 


7 


4 Atl. 


Atl. 


Lunes 


S 


5 Itzcuintli. 


TiazoUeotl. 



IX. HUEITJBCUILHUITL. 



Martes 


9 


6 Ozomatli, 


t^epeyollotli. 


Miércoles 


10 


7 Malinalli. 


Quiahuitl. 


Jueyes 


11 


8 Acatl. 


Tletl 


Viernes 


13 


9 Ocelotl. 


Tecpatl. 


Sábftdo 


13 


10 Cuauhtli. 


Xóchitl. 


Domingo 


14 


11 Cozcacua^ihtli. 


Centeotl. 


úLnes 


15 


12 Ollin. 


Miquiztli. 


Martes 


16 


13 Tecpatl. 


Atl. 


Miércoles 


17 


1 QuiahuitL 


TiazoUeotl. 


Jaéves 


18 


3 Xóchitl. 


Tepeyollotli. 


Viernes 


19 


3 Cipatli. 


Quahuitl. 


Sábado 


M 


4 Ehecatl. 


Tletl. 


Domingo 


21 


5 Calll 


Tecpatl. 


Lunes 


22 


6 Cuespalia. 


Xóchitl. 


Martes 


23 


7 CohaaU. 


Centeotl. 


Miércoles 


24 


8 Miqaístli. 


Miquiztli. 


Jueyes 


25 


9 Mavatl. 


Atl 


Viernes 


26 


10 Tochtli. 


Tlazolteotl. 


Sábado 


27 


11 Atl. 


Tepeyollotli. 


Domingo 


38 


12 Itzcuintli. 


Quiabttítl. 



Z. TLAXOOHIMÁOO. 



Lunes 
Martes 



29 
30 



13 Ozomatli. 
1 Malinalli. 



Tletl. 
Tecpatl. 



m 



Ajáoste. 



Miércoles 


31 


2 Acatl. 


Xóchitl. 


Juéreé 


1 


3 Ocelotl. 


Centeotl. 


Viernes 


2 


4 Cuauhtlt. 


Miquiztli. 


Sábado 


3 


5 Cozcacuauhtli. 


Atl. , 


Domingo 


4 


6 Ollin. 


Tlazolteotl. 


Lunes 


6 


7 Tecpatl. 


Tepelloyotli. 


Martes 


6 


8 Qulahuitl. 


Qui^huitl. 


Miércoles 


7 


9 Xóchitl. 


Tletl. 


Jueves 


8 


10 Cipactli. 


Tecpatl. 


Viernes 


9 


11 Ehecatl. 


Xóchitl. 


Sábado 


JO 


12Callí. 


Centeotl. 


Domingo 


11 


13 Cuetzpalin. 


Miquiztli. 


Lunes 


13 


1 Cohuaa. 


AU. 


Martes 


13 


2 Miquiztli. 


Tlazolteotl. 


Miéccoles 


14 


3 Mazatl. 


Tepoyollotli. 


Jueves 


15 


4 Tochllí. 


Quiahuitl. 


Viernes 


16 


5 Atl. 


Tletl. 


tSábado 


17 


6 Izcuintli. 


Tecpatl, 



XI. XOGOHÜBTZI. 



Setbre. 



Domingo 


18 


7 Ozomatli. 


Xóchitl. 


Lunes 


19 


8 Malinalli. 


Centeotl. 


Martes 


20 


9 Acatl. 


Miquiztli. 


Miércoles 


21 


10 Ocelotl. 


Atl. 


Jueves 


22 


11 Cnauhtli. 


Tlazolteotl. 


Viernes 


23 


12 Cozcacuauhtli. 


TepeyoUotli. 


Sábado 


24 


13 Ollin. 


Quiahuitl. 


Domingo 


25 


1 Tecpatl. 


Tletl. 


Lunes 


26 


2 Quiahuitl. 


Tecpatl. 


Martes 


27 


3 Xóchitl. 


Xóchitl. 


Miércoles 


28 


4 Cipactli. 


Centeotl. 


Jueves 


29 


5 Ehecatl. 


Miquiztli. 


Viernes 


30 


6 Calli. 


Atl. 


Sábado 


31 


7 Cuetzpalin. 


Tlazolteotl. 


Domingo 


1 


8 Cohuatl. 


Tepeyollotli. 


Lónes 


2 


9 Miquiztli. 


Qaiah*iltl. 


Martes 


3 


10 Mazatl. 


Tletl. 


Miércoles 


4 


11 Tochtíí. 


Tecpatl. 


Jueves 


5 


12 Atl. 


Xóchitl. 


Viernes 


6 


13 Itzcuintli. 


Centeotl. 



Xn. OOHPAKIZTLL 



Sábado 7 

Domingo 8 



1 Ozomatli. 

2 MallioaUi. 



Miquiztli. 
Atl. 



81 



Lúnef 


9 


3 AcaU. 


Tlszolteot]. 


If&rtef 


10 


4 Ocelotl. 


TepeyoUotli. 


Miércoles 


11 


5 CuauhÜt. 


Qaiahuitl. 


Joé?M 


U 


6 Coxcacttatthtli. 


Tletl. 


Viéraei 


13 


7 OUin. 


TecpatL * 


S&bado 


14 


8 Tecpatl. 


Xóchitl. 


Domingo 


15 


9 Quiahuitl. 


CenteotL 


Lunes 


16 


10 Xóchitl. 


Miquiztli. 


M&rtes 


17 


11 Cipactli. 


AU. 


Miércoles 


18 


12 Ehecaa. 


Tlazolteotl. 


Jné^es 


19 


13 Calli. 


TepeyoUotli. 


Viernes 


9a 


1 Caetzpaliii. 


Qniabuitl. 


Sábado 


91 


3 Cohuatl. 


Tletl. 


Domingo 


23 


3 Miquiztli. 


TecpaU. 


Lánes 


33 


4 Mazatl. 


XechitL 


Mirtos 


H4 


5 Tochtli. 


CenteofL 


Miércoles 


25 


6Atl. 


Miquiztli. 


Joéres 


26 


7 Itzcuintli. 

zn. tboujeoo. 


Atl. 


Viernes 


27 


8 Ozomatli. 


Tlazolteotl. 


.S&bado 


^ 


9 Malinalli. 


TepeyoUotli. 


Domingo 


29 


10 Acatl. 


QuiauhuitL 


Lunes* 


30 


11 Ocelotl; 


Tíetl. ' 


Octakre. Martes 


• 

1 


12 Cuauhtlí. 


Tecpatl. 


Miércoles 


3 


13 Cozcacuauhli. 


Xóchitl. 


JuéVes 


3 


1 OUin. 


Centeotl^ 


Viernes 


4 


2 Tecpatl. 


Miq,uiztli. 


Sábado 


5 


3Quiahüífl/ 


Atl. 


Domingo 


6 


4Xochiü. '• ' ' 


TfaiolteoÜ. 


Lunes * 


7 


5 CipactH. 


TepeyoUotli. 


Martes 


« 1 


CEhecatl. .* * 


Quiahuitl. 


Miércoles 


9 


7 Calli. 


Tíetl. ' * 


Jueves 


10'^ 

• * 


8 Cuetzpalio. ' 


Tecjpatl. 


Viernes 


11 


9 Cohuatl^ 


Xóchitl:-" ■ 


Sábado ' 


12 ' 


10 Miquíltli. 


Centeotl. 


Domingo 


13 


11 Mazatl. 


Miguiztn. ' 


Lunes 


14 ' 


12Tochüi.' ■" . ; . 


Atl.'^ • 


Martes 


15 . 


ISAtl. . ' . 


Tláíolteótl; •' • ' 


Miércoles 


1 16 


1 Itzcumtli; 


TepfeyoUofli.' ' 






•!siyr*iu£i^PitiiHk/i4'L •' 


L. 


Jueves 


17 > 


2 Ozomatli* ' 


Qushuitl. ' ^ 


Viernes 


■W'^ 


dMalinalH.. > ; : 


TletU c :i *; 
11 



88. 



Sábado 


19. 


4 Acatl. 


T«»cpatl. 


DoifMAgO 


2Q 


5 Ocelotl. 


Xóchitl. 


Lunes 


2L 


6 Cuauhtli. 


CfiteotU . 


M&rtes 


2? 


7 QoKcacuauhtli.. 


Miquiztli») 


Miércol^ 


.23. 


! 8 OÍliii. 


Atl 


Jueves 


24, 


9 TecpatL . 


Tl»^Iteo(l« 


Viernes 


25 ) 


10 QuiahuitL 


TepeyQllQtli« 


Sábado 


26.. 


11 Xóchitl. 


Qvifthuitl. 


Domingo 


27 


12 Cipactli, 


T^etl. 


Lunes 


23i 


13 EhecatU 


Tecpatl»: 


Manes . 


29 


1 Calli. : 


Xocrhitl. 


Miércoles 


30 


2Cuetspalin* . 


CenteotL 


Jueves 


31 


3 Cohuatl» 


Miquiztli. 


N^vbre. Viernes . 


1 


4 Miquiztli. 


Atl 


Sábado, 


3 


5 Mazatl. 


TlacoUeod. 


Domingo 


3 


6 Tochtli.} 


T^eyolletli. 


Lunes 


4 ' 


7 Atl. 


Quiahuitt . 


• Martes 


^ 


8 ItzcuiatU. 


Tletl. 




• 


4 

X7. oracflot.TiT. 




Miércolet 


1 6 


9 OzomatU. 


Tecpatl. 


JuévjQs 


7 


lOMalinaUi. 


Xoohitl. 


Viernes 


8 


11 Acatl. 


CenteotL 


Sábado 


9i: 


12 Ocelotl. 


Miquiztli. 


Domingo 


10 


13 CuauhtU, 


Att. 


Lunes 


11 


1 Cozoac^auhtli.) 


TlazoUeotU 


Martes 


12 


2 0llin. 


TepeyollotU^ 


Miércoles 


13 


3 Tecpatl. 


QiiiafauitL 


Jueves 


14 


4 Quialmitl. 


Tleü. 


Viernes 


w 


S XochiÜ. 


TecpatU 


Sábado 


xo 


6 Cipactli. 


Xóchitl. 


Domingo 


17 


7Ehecatl. 


Centeotl. 


Lunes 


18 


S Calli. 


MiquiztlL 


Martes 


19 


9 CuetzpeUii« 


Atl. 


Miércolai 


20 


10 Cohuatl, 


Tlasolteotl. 


Jueves 


n 


11 Miquiztli. 


Tepeyollotll. 


Viémee 


22 


12 Mazatl. 


Qui^uitL 


Sábado 


23 


13 Tochüi. 


Tletl. 


Dorainfo 


24 


lAtL 


Tecpatl. 


Lunes 


2$ 


2 ItzcutlkÜl. 


Xóchitl. 



XYL MjfflfflKDIIUSni 



Martes. 26 
Miércoles .97. 



3 OzomatU. 

4 Malinalli. 



Cenfeotl. 
Miquiztli. 



8S 



Juayes 


S8 


5 AcatL 


Atl. 


Viernes 


9f ' 


6 Ocelotl. 


TlazoUeotL 


Sábado 


90 


7 Cuauhai. 


Tepeyollotli 


Diebre* Domingo 


1 


8 CoTOMOMSilIfi. 


QoJahuiU, 


Lüxuts 


S 


9 OUin. 


TlétlJ 


Martes 


» 


10 Tecpatl. 


Tecpatl 


Miércoles 


4 


11 Qu¡fth«i«L 


Xóchitl. 


Juévvs 


d 


12 XocbiU. 


Genteotl» 


Viernes 


e 


13 Cipacaí. 


Miquictli» 


S«b&ao 


7 


1 Ehecatl. • 


Atl. 


Domingo 


8 


2 Calli. 


Tlazoltaotl. 


Lunes 


9 


3 Cuetz^in. 


TepeyolloUL 


M&rtes 


10 


4 CohuaU. 


QoiabaUl* 


Miércoles 


11 


5 MiquisllL 


Tletl. 


Jnéres 


12 


6 MazatL 


rDscpatl. 


Viernes 


18 


7 Tochllú 


Xóchil 


[Sábado 


14 


8 Atl. 


CénteotU 


Domingo 


15 


9 Itzcttintlí/ 


MiquizUL 



XVn. ÁTSliOBXVL 



Lunes 


18 


10 Ozomatli. 


Atl. 


M&rtes 


17 


11 Malinalli. 


Tlazolteotl. 


Miércoles 


18 


12 AcatL 


TtpeyoUotli, 


Jueves 


19 


13 OcelotL 


QniahaitL 


Viernes 


20 


I Caauhtli. 


Tletl. 


Sábado 


21 


2 Cozcacuaahtli. 


Tecpatl. 


Domingo 


22 


3 OUin. 


Xóchitl. 


Lunes 


23 


4 Tecpatl. 


Ceoteotl. 


Martes 


24 


5 QiiiahuRL 


MiqvistU. 


Miércoles 


2& 


eXochitl. 


AtL 


JuéTCS 


26 


7 OipactU. 


TlnolteoU. 


Viernes 


27 


8 KhecatL 


Tepejollotli. 


Sábado 


28 


Oalli. 


Ctniahuitl. 


Domingo 


20 


10 Oaetzpaliii. 


Tletl. 


LCines 


80 


11 OoIraatL 


Teepad. 


Ifáitoi 


81 


12 MiqaiatlL 


XochM. 


Miércoles 


1 


la Mazatl. 


Oenteotl. 


Jué?es 


3 


1 Tochtií. 


Miquiztli. 


ViérnM 


3 


2 Atl. 


AtL 


Sibudt 


4 


a ItzeaiDtlL 
XVm. TITITL. 


TbaoItMlL 


Domingo 


5 


4 OanmattL 


Tepeyottotll^ 


Lunes 


8 


SMaÜBallL 


amMtl. 



u 



Ukttm 


7 


6 Acatt. 


Tletl. 


Miércolef 


8 


7 OceloÜ. 


Tecpatl. 


Jttéref 





8 Cuanhtlí. 


Xóchitl 


Tiérnet 


10 


9 Coscseuahtti* 


CeoteotL 


Sábftdo 

• 


11 


10 Ollin. 


Miquiztli. 


Domingo 


13 


11 TecpatU 


Atl. 


L6n«f 


13 


13 QuiahuitL 


Tlazolteotl. 


Martas 


14 


13 Xóchitl. 


TepeyollotlL 


Miércoles 


15 


1 Cipactli. 


Quiahuitl. 


Jueves 


15 


3 EhecatL 


Xiuhtecuhtli Tlett. 


Viérnet 


17 


3 CallL 


Tecpatl. 


Sábado 


IS 


4 Cuetzpalin. 


Xóchitl. 


Domingo 


19 


5 Cohuatl. 


Centeotl. 


Lunes 


90 


6 Miq^li. 

7 Mazatl. 


Miquiztli, 


M&rtes 


al 


Atl. 


Miércoles. 


92 


8 Tochtli. 


TlazalteoU. 


Juérea 


23 


9 Atl. 


TepeyoUotlí 


Viernes 


24 


10 ItzcQÍntli, 
MlBKOKTEaa. 


Cuauhtli. 




S&bado 


25 11 Ozomatli. 






Domingo 


26 12 Malinalli. 




• 


Lunes 


27 13 AcaÜ. 






M&rtes 


28 1 Ocelotl. 






Miércoles 


29 2 QuiahuitL 





Examin6mo3.^El año tres Calli comienza con el dia inicial dos* 
Ozomatli. Todos los meses empiezan por Ozomatliy llevando el 
número trece nal de la serie respectiva: también los nemontemi 
tienen por principio el Ozomatli. El año comienza y acaba por 
el mismo número trecenal. Los acompañados se desarrollan for- 
mando dos series i ignales, qne terminan al fin del noveno y del 
decimoctavo mes. Todo resulta Begnn lo venimos indicando. T 
esto no puede ser una simple casualidad; porque es iínposibler 
admitir, que mezclados, relacionadoá j confundidos loa dias, los 
meses, los años, las trecenas, los acompañado^ salgan de una 
manera fortuita á un resultado claro, ordenado, bien dispuesto 
7 entendible. Con esta pru6.1;)a irrecusable demostramos h, pos* 
teriori, cuanto habiamos avanzáclo á priori. Si así es exacto, que- 
da resuelto definitivamente el piroblpma, de cuál es el mes inicial 
del año, que tanto ha preocupado á los autores. 



85 

Besnmamos ahora las bases segtiras de naestro sistema^ no 
ma inoarrir en la falta de recaer eu repeticiones. Los dias del 
mes son Teinte en esta forma: 



1 GipaotU. 


6 HiqniztlL 


11 OxomatU. 


16 Co«oaoa«iblli« 


8 EheoaÜ. 


7 MazaÜ. 


12 ICalinaUi. 


17 0UÍ1U 


S CaUi 


a Tochtíi 


13 AcatL 


18 TecpatL 


4 Oaetzpalin. 


9 AÜ. 


14 OoéloÜ. 


19 QulahuitL 


5 €k>hnatí. 


lo ItKoointíi. 


15 OoMihtii. 


20XoehitL 



En el orden en que les hemos colocado, cada grupo Ueya al 
frente los días por los cuales eomienaan ios'^anoHy é indican Um 
nemontemi correspondientes á los años del día inicial Oipi^ctlif 
Miqniztli^ Ozomatli j Oozcaooanhtli. 

Los meses son diez j ocho; su nombre y la manera verdadam 
en que se suceden, es éste: 



lltzcaDi 

2 Atlaoaliaaleo. 

3 TlBcaxipehaAliztli. 

4 TozoztonÜi. 

5 HaeytozozÜi 
S TozoatL 



7 EtsamudizUi 

8 Teotiilhiutoiiti. 

9 HaeyteeailhmU. 

10 Tlaxochimaoo. 

11 Xoeohnei2á. 

12 Oohpaoiztii. 



13 Teotleco. 

14 Tepoilhnití. 

15 Qaeoh^m. 

16 PanqnetsaÜBtlL 

17 AtomosÜ!. 

18 TitiU. 



Como comprobación de que el año comenzaba por Itzoalli, te« 
nemos los dichos de los intérpretes de los Códices Vaticano j 
Telleriano-Bemenae, al referir la costumbre de tomar por la ca- 
beza á los niños y levantarles en alto gritando, itzcáUif üzcaUt^ 
aviva^ aviva. Otra congruencia señalaremos. "El Tlanquechol de 
^os aztecas, que es la espátula color de rosa (Flatalea aiaia de 
''Lineo), pasa todos los años, por el mes de Noviembre, de loa 
países setentrionales al Valle de México» por cuya causa los 
antiguos mexicanos dieron á su mes catorceno el nombxld de 
QuechoUi." (1) De paso haremos i^oiar, que la observación cabe 
en nuestro sistema mejor que en ningún otro, supuesto que nues- 
tro mes Quooholli, al que asignamos el decimoquinto lugar, oae 
integro dentro del mes de Noviembre. 

Los signos para denotar los años son Tochtli, Acatl, Teepatl, 
CaUi, repetidos sucesivamente; marcados con los nunieros treoe- 



át 



u. 



L D. J60M SKBehez, «I^Kijfcnraleca," toxn. 2, pág. 250. 



86 



'UáleB 7 repaFtidosen ebatiro Üalpilií, fosman el cido de S2 a&os^ 
como tenemos xlidia Guando el oido comebzaba por Toehtlí«.el 
día inicial de los años de este nombre .era GipactU; de loa de 
Acatl, Miqniztli, de los de Tecpatl, Ozematli, y de los de Oalli, 
Oozcacuaahtii; dando siempre al signo del dia el mismo número 
del auó. Mas después que el comienzo del ciclo fué trasladado 
al oipe AcaÜ, cambió la correspondencia en esta manera: al año 
Acatl pertenece Cipactli; al Tecpatl» Miqniztli; al Calli, Qzoma- 
Üi; al Tochtli, Cozcacanhtli; pero el número trecenal del dia ini- 
«iaty es una unidad menor qtie el número que afecta al año: áltño 
«^n 9I treoenal uno, corresponde el dia inicial oodl el núioeroire* 
cM. > Después de adoptada esta última oorrecoion» el orden de lo» 
años del ciclo, con sus dias .iniciales, quedó organizado en Mli^ 
'inanera: ' 



Primer tlcOpCOi. 



n AoatJ, 1 Cjpaotli. 
m Teopatl, 2 Miqniztli 
rV Csdii, 3 OzomiitlL 
y ToobtM, 4 Gozeacoauhtli. 
TI Aqi^I, ¿ C^ftoüi. 
Vn TecpaO, 6 lüqmztli. 
Vin Calli, 7 Ozomatíi 

IX Tochtli, 8 GozcacaaiüitlL 

X Acafl, 9 Opaetlt 

na Teé^aü. 10 >f iqviztfi. 
Xli CíOli, 11 OfeomAtli, 
XIU Xoohdi, U CozcacojiTibai* 
I Acatl, 13 Cipftcüi. 

H Calli, í Ozomafli. 

tBí Tochtír, 3 OonyMiiá«üil2i.'' 

2¥ AfiaU, Sí Cipaotíi 

Y TocpaO, 4 MÁq^afztU. 

VI Calli, 6 Ozomatii. 

vn Tochtli, 6 Cozcfcctiftulitl^ 

Vm Acatl, rClpWlü. 

IX Tecpaü, 8 MiqoiztlL 

X Qüli, 9 Ozomatii. 

XE Tochtli, 10 CoBcacuauhtjli 
XH Acatl, 11 Cipactli. '' 

Zni Tecpaü, 12 Miquiztlí. 
I Calli, 13 OzomatlL 



Séffunio tia^pOU, 

U Tecpatl, 1 MiquizÜi. 
m Calli, 2 Ozomatii. 

IV Tochtli, 3 CozcacuaohtlL 

V Acatl, 4 Cipactli. 

VX Tecpaü, 5 MiquiztU. 
vn Calli, 6 Ozomatii. 

VIII Tochtli, 7 Cozcaouauhtli. 

IX Acatl, 8 Cipactli 

X Tecpatl, O Miqtii2ti!i. 
Xt CdUi, 10 OBomatiL 

Xn Tdc^tli, 11 CozcaovanhOL 
XUI Acaü, 12 CipactU. 
I Tecpaü, 13 MiquizÜi. 

OuQrto Uálpim. 



n Tochtli, 1 Cozcácttfttthüi. 
m AcaÜ, 2 GipacÜJ. 

IV Xqopail,d Miqniztli. 

V Calli» 4 Ozomaüi 

VI Tochüi, 6 Cozcacuahüi. 
vn Aoatí, C fcípactli. 
Vni Tecpatl, 7 MiquizOi 

IX Calli, 6 Ozomatii 

X ToohtU, 9 Cozoacnaohtli 

XI Acatl, io Cipactli. 
Xn Tecpaü, 11 MiquizÜi. 
XTTT Calli, 12 Ozomatii 

I TofdtfU» 18 .CoMMOMlitli 



m 

Ijo8 peziodos treoen&lM óittiAdáotiiiéridas ñe deslizan póf'^to- 
ébB los dias de los meses, de 'I os ññoñ^-j del ciclo, formando Icta 
periodos de 260 drae igtralee á 13x20. Oada nno de estos {rérío- 
dos eomie&aa ini^riablemente por nno Cípactli y termina' pót 
trece Xóchitl, Tepitiéndoee en la misma f briba haeta la dóndlM- 
moík del ciclo. Dentro d^ ¿ada periodo, cada signo de los días ^ 
afecto con nn ndmero treeénal, qne em sti tompleto desotróUo 
forma esta tíétié de trece términos: 

L 8. 2. 9. 3. 10. 4 IL 6. 12. 6. la 7. 

* 

De donde se infiere, que dentro de estos períodos ftatodamen- 
tales, ningún signo diurno ya afecto dos yeces con el mismo nú- 
mero de orden. 

Tomada la s^rie por un término Cualquiera, ae la completa íook 
loa términos anteriores^ ▼• (P*-- 

4 11. 5. 12, 6. 13. 7. 1. 8. 2. 9. a 10. , ' 

Lia cual dará en todos los casos, los números trecenales que 
aifectan un signo diurno cualquiera. 

lios meses constan de 20 dias; todos, en uu año determinado^ 
comienzan y acaban por los mismas dias, aunque no con los tjdis- 
mos números trecenales. En loa años Aoatl, empiezan por Oi- 
pactli 7 acaban por Xóchitl; en los años Tecpatí, el dia inicial 
68 Miqui¿tli j el final Cobuatl; 6n los Calli 3on^ reispectíyamenté 
03K>matli é Itzcuintli, y por último en losToclitli, Oozcácuáuht|¡ 
y Oaaubtli. £1 dia inicial de los meses, afecto por los números 
trecenales, presentará ia serie conocida dé trece términos; mas 
eotno los meses son diez y ocho, l¿v' serié det año constará del 
mismo número d^ términoíi, ó mejor dicho, dé .diez y nueyé, té- 
Hiendo en cuenla que los nemontemi comienzan también por él 
dia inicial de los meses. La serie pot el signo diurno inicial de 
los meses de un año será: 

1. 8. 2. 9.;3..i0. 4 11. ». 12. 6.13. 7. 1. & i 91 a 10. 

No importa comenzar por un téñnino ctulqüietay tx»^^^ ^ 
BÓñe quedará Mei^a aiguienflo el orden inflexible/ y. gr.: 

13. 7. 1. 8. 2. 9. 3. 10. 4 IL 6. 12. 6. 13. 7. 1 8. 1 9. 



88 

. JPa.aqní se infiere que los fcreqe primidros meaeiEi, que forman 
un período completo de 260 dias, no se pueden confundir entre 
fii; pero que I09. últimos cineo meses son la* repetición euoesivm 
de loe cinco primeros: el decimocuarto igual al primero^ el dá- 
oimqquinto igual al segundo^ ei décioioeexto igual al tercero, «1 
déciipaosétimo igual al cuaar fco, el décimOctaro igual al quinta 
Para evitar la poa»f aaio^ que de aquí resultaría» sirven los due- 
ños señores ó acompañados de la nochei que son nueve: 



1 }(liilitecithtH TletL 


^CésAeoÚ. 


7 TlazolteoÜ. 


2 TecpatL 


5 Miquiztli 


8 TepeyolloilL 


3X90^L 


6Atl 


S^QaSahuid. 



Aunque en el calendario no llevan número de orden, nosotros 
«elo;hépftoS'pueeto para poder distinguirlos Mcilmeñte, supues- 
to que el número indicará el signo de que se trata. Los acom- 
pañados durante los trescientos sesenta días del año forman con 
los meses dos períodos completos de 180 días, 20x9. De aquí 
se sigu,e^ que los acompañados de los nueve primeras meses, son 
erectamente iguales á los de los nueve meses últimos; pero 00- 
mo los dias trecenales son diversos^ se seguirá, que durante el 
anó^ ningún signo diarno esté afecto con el mismo número d^ 
orden é idéntico acompañado. La forma de los señores de la no- 
¿he es igual para todos los años; el primer dia, inicial va acom- 
pañado en el prim6r mes por Xiuhtepuitl Tletl, terminando' él 
noveno mes con Qaiabuitl; el décimo mes comenzará otra vez por 
!üiulitecuitl Tletl, finalizando el decimoctavo mes por Quiahuitl: 
los nemontemi no tienen acompañados. .Pe esta forma inflexible 
pe' saca cual es el acompañado por el cual e^omienza cada n;ies4e 
los diez j ocho del año: la serie qne arrojan copeta solo de nueve 
términos, repetidos los cuales darán el año entero. Los . signos 
Djocturnos inicíales de los diez 7 ocho meses, en todos los añoe 
sin excepción, serán: , , . . 

1. a 5. 7* 9. 2. 4 6. a;s=l. 8. 5. 7. 9. 2-4. 6. 8. 

. . En me^io de tantos períodos eomo se mezclai)^; sé relacionan 
y conjuntamente ee diesatrollan, presentando una inextricabto 
eonfasion, reina una sencillez admirable, una claridad cerdada- 



89 

nmente asombrosa: más &cil os formar un calendario azteca de 
un año onalqaiera que se pida, qne responder á la misma pre» 
gnnta respecto de un calendario de la misma fecha ya sea jaliaao 
6 gregoriano. Las reglas apuntadas hasta aqní, sobran para nues- 
tro intento. Supongamos que se nos pide el calendario del uno 
AeatL Ocurriendo á la tabla del ciclo, el ce Acatl es el año déd- 
moteroero del primer tlalpilli; su dia inicial en el primer mes 
trece Cipactli; todos los meses comenzarán por Cipactli j termi- 
narán por Xóchitl; los números trecenales qoe afectaran á Ci- 
pactli en principio de cada uno de los meses y de los nemonte- 
mi, según la serie de los dias: 

13. 7. 1. 8. 2. 9. 3. 10. 4 11. 5. 12. 6. 13. 7. 1. 8. 2. 9- 

De principio á fia de cada mes, se seguirá el orden de los nú- 
meros trecenales, sobre los yeinte dias del mes. Los nemoatemi 
serán: 9 Cipactli, 10 Ehecatl, 11, CUli, 12 Cuetzpalin, 13 Oohuatl: 
el año habrá terminado por el mismo número trecenal coa que 
comentó. Los .acompañados son invariables para todos los años* 

Supongamos todavía, que se nos pide un mea determinado de 
cierto año, v. gr., el catcrceno mes del año dos Tecpatl. Dos Tec- 
patl, primer año del segando tlalpilli; catorceno del ciclo de 52 
años; tiene por inicial uno Miquiztli, todos los años comenzarán 
porMiqaiztli y terminarán por Cohuatl; la serie de los dias tre- 
cenales es: 

1. 8. 2. 9. 3. 10. 4. 11. 5. 12. 6. 13. 7. 1. 8. 2. 9. 3. 10. 

Si de esta serie tomamos el catorceno término, y el mismo de 
la serie de los acompañados, tendremos: 

XrV. TEPEILHUXTXi. 



1 Miqmztii, QuiahuiO. 

2 MazaÜf XiahtecahÜi. 

3 Tochtü, TdCjpatL 

4 AÜ, Xóchitl. 

6 ItzoaintU, Ceatdofcl, 

6 Ozomatii, MiqaizUi. 

7 Malinalli, Atl. 

8 Acatl, Tlazoltéotl. 

9 Oeelotl, TapeyollotlL 
XOCuavhtU, QaUliiiitL 



11 Cozoaotiatihtii, XinhtecnhtlL 

12 Ollin, Tecpatl. 

13 Ttocpatl, Xoohiti. 

1 Qai^ultl, Centeotí. 
2XoehUl, Miquiatü. . 

3 OipaotU, Ati. 

4 Ehtfoatl, TlazoltaoÜ. 

6 Calli, TepeyoÜotll. 

e Caetrpalia, QuiahuiÜ. 

7 Cohnaill, Xiahtacmti. 

12 



90 

De molde viene este ejemplo para patentizar cierta. di&reneia 
■que tenemos estableíoida. El mes decimocuarto ee igaal al pri- 
nu^r mes, en cuanto al orden de los jüas y los números treoena- 
•l63 cambiando en los acampanados de la noche; en efecto, el pri- 
mer tármino de la Bérie de los dueños de la noche, no es el mis- 
mo que el decimocuarto y el termino nos confirma la regla general; 
el primer dia dpi ano coincide con Xiuhtecuitl TlétL Tendremos 
bajo estos conceptos: 

1. rrzCALLL 

1 MiquizÜi, Xiohtecahtli TletL 11 GozcacuauhÜi, Tecpatl. 

2 Mazatl, TeopaÜ. 12 Ollin, Xóchitl. 

8 Tocbtli, Xóchitl 13 Tecpatl, Centeotl. 

4 Atl, Centeotl 1 QtdahoiÜ, MiqnizÜi. 

I Itzoointii, Miquixtli. 2 Xóchitl, AtL 

e OzomaÜi, xa 3 Gipaetli, Tlazolteotl. 

7 Malinalli, TlazolteotL 4 Ehecatl, TepeyoUoÜi 

é Acatl, Tepeyollotli. 5 ^alli, Quiahuitl. 

9 Ooelotl, QuiahnitL 6 Cuetzpalln, XiuhtecuhtU. 
10 Oaa«htli» Xinhtéeuhtli. 7 Cohuaü» Tecpatl. 

Los dias de un mismo año no pueden, pues, confundirse; por* 
que aunque lleven el mismo número trecena!, les distingue el 
diverso , acompañado. 

De la manera que se puede formar un mes determinado, se 
puede obtener un dia de un mes, ó encontrado el número trece- 
nal de un signo diurno, señalar los trecenales que le afectan to- 
do el año. . . 

La fiesta secular ó cíclica en que se sacaba el fuego nuevo; te- 
nía lugar en los tiempos primitivos al fin del año XIII Oalli, úl- 
timo del cuarto tlalpilli y por eso el signo cronográfico acompa- 
ñaba al I Tochtli, indicando ser el primer año del ciclo. Después 
de hecha lá corrección, el símbolo del fuego nuevo fué traslada- 
do el II Acatl» verific^dpse la ceremonia al fin del I Tochtli, 
que del primer lugar del ciclo fué llevado al último. Terminado 
el año final del ciólo, entrados los cinco neñiontemi- los mexica- 
nos apagaban el fuego y rompían sus trastos y útelnsilios, pues 
8Í el mundo había de acabarse, inútil era todo ello. La ceremo- 
nia de encender .el fuego sagrado, se hacía á la media noche del 
último nemontemi. Torquemada hablando de esta ceremonia, di* 



81 

ee: ''Llegados^ pneSj al IngBj; lurriba dicho, si no era el pnoto de 
'teedia noche, aguardaban á que lo fuese, lo cual conocían en 
^que las Pléyadas, que son las que noi^otroa llamamos Cabriliaa» 
''«Ataban encumbradas enmedio d^l cielo; porque era el tiempo 
'^e este jubileo, cuando, en el año salen estas estrellas, coa el 
''principio, de, la noche (1)." Adelante aumentad ^'y para la certi- 
"ficacipn^ de ésto, tomaban por señal el moTimienio de las Oabri- 
'ülas,ó PléyadaSy la. noche de esta fiesta, que ellos llamaban 
"Toxiuhmolpim 1^ cji^l, (como decimos en otra parte) caía de tal 
"manera, qu^ la^, dichas Fleyadas ó Cabrillas, estaban enmedio 
"del cielo á la nyedia noches en respecto del horizonte mexicano, 
"que comunme^nte, es el mes dé Diciembre. Y en esta misma no^ 
"ehe sacaban el fuego. nue^o. (2)" 

Estos asertos 4^1 escritor franciscano, no son, ni pueden ser 
yerdaderos. Si conforme á. su autoridad, el año comenzaba á uno 
6 dos de Febrero, imposible resulta que finalizara en Diciembre. 
Ignalfiftente inexacta es la observación astronómica. Según loa 
cálenlos de mi buen amigo D. Francisco Jiméi^ez, en 1607, últi- 
mo ano en que tuvo lugar la fiesta solemne del fuego nuevo, la 
estrella Aldebaran (a. del Toro), tenía el 24 de Noviembre la 
ascención recta media de é^ 8^ j una declinación de 15^ 29' N.; 
en consecuencia, aquella noche pasó por el meridiano de México 
i las 12'' 2" de tiempo medio, con una distancia zenital de 3^ 51' 
& Así es que en Diciembre j mucho monos en Febrero, las Ca- 
brillas no podían estar "encumbradas enmedio del cielo," ni sa* 
lír al principio do la noche. Ya había hecho la observación Ga- 
ma» (3) quien fija el orto aorónico de las Pleyadas, en el horizonte 
de México, á las &" 25"* de la tarde del primero de Noviembre, j 
escribe: "pero una hora poco más ó menos, antes de la verdade- 
"ra media noche en que saca];>an el fuego j hacían el sacrificio 
^'del cautivo, no era diferencia notable, mayormente cuando ellos 
"no observaban con insjtrumento alguno el tiempo en que llega* 
''ban puntualmente al meridiano, ni «necesitaban de esta exacti- 
"tud para cumplir con su rito j ceremonia secular; bastándoles 
"tener el m/>vimiento de las Pleyadas» como una señal, qj^e á po- 
"eo más; o ^n^nos les* diese á conocer la media noche." En efecto^ 

(1) Monarq. indijana, IJb. X, cap. XXXIIL 

(2) Loco cif.'cap, X,' <^«P. XXXVX 

(3) Imb dos pUdntt, pág; SO^ uot* Mgttncbu 



.92 

las Pléyades servían, así como otras estrellas, para determinar 
la hora apetecida; pero ni el orto ni la culminación verdaderos 
entraban como elementos én la composición del calendario. La 
práctica, sin embargo, hace presumir, que la ceremonia de encen- 
der el fuego nuevo tuvo principio en una ¿poca en que las Pin- 
jadas se encontraban precisamente en el zenit á la media noche. 
Nacido el sol del siguiente ciclo, con la certeza deque el mun- 
do lograría de vida 62 anos más, los mexicanos empleaban los 
doce 6 trece dias intercalares en fiestas j regocijos, y en reponer 
sus muebles j utensilios. Esta intercalación tenía lugar al fin de 
cada ciclo, desarrollándose en el periodo de 260 años, igual con 
62x5. Tenía lugar de esta manera. El valor del año trópica 
365\ 242264, en los 62 años del ciclo, se convierte en 18992% 
597728; los 365 dias del año azteca, eii los mismos 52 años, aña- 
didós los trece dias intercalares (rebordemos que la intercalación 
en el período de 260 años era, 13, 12, 13, 12, 13), suben á 18993'; 
Testando entre sí ambas cantidades, la diferencia 0^402272 ex- 
presará la fracción de dia que por más contaban en sus cálcalos 
los astrónomos aztecas. Al fin del segundo ciclo, el valor del 
tiempo verdadero quedaba siempre 18992''. 697728, pero para los 
aztecas, que sólo intercalaban doce dias, j que ademas óontaban 
con la fracción antedicha por más, el tiempo quedaba expresado 
por 18992*, 402272; por consiguiente la diferencia O*, 195456 ex- 
plica la fracción de dia que los mexicanos contaban de manos al 
fin de los 104 años. Al terminar el tercer ciclo, el tiempo verda- 
dero estaba expresado por la cifra 18992\ 597728, más la diferen - 
cia acabada de encontrar, es decir, 18992*, 793181; se intercalaban 
trece dias, en todo, 18993; la diferencia por más de 0^206816 es 
la sola subsistente al fin de los 156 años. En el cuarto ciclo el 
tiempo verdadero volvía á ser 18992^697728; los dias intercalares 
eran doce más la fracción acabada de encontrar, es decir, 18992% 
206816; la diferencia en menos 0\ 390912 es la subsistente á los 
208 años. Por último, en el quinto ciclo el tiempo verdadero es- 
tá representado por 18992^988640; se intercalaban trece dias, lo 
cual produce 18993% la diferencia por más 0^ 011360, es finalmen- 
te el tiempo en que los aztecas diferían de los verdaderos cálcu- 
los astronómicos, al fin del ciclo sagrado de 269 años. Al termi* 
nar cada uno de estos periodos se acumularía la misma diferencia 
hasta completar un dia en muchos millares de «nos. 



CAPÍTULO TL , < 

XL CALEKDABIO AfiTBONÓMICÓ. 

I^utUo de partCd<i,^JB!l toütído de Infnemo.-^Oorreipondeneia enire lo» áku.^La 
ecrreeeion gregcriana. — Táblaepmta loe afío$,—Bignoe y Hmbolae.-^ Tabla generad 
de earreípandeneia. 

PARA terminar^ abordemos las últimas caestiones^ y princi- 
palmente la estrnctnra del calendario azteca en sí y en su 
relación con el calendario juliano. ¿Cuál era el punto astronómi- 
co que determinaba el ano? Según las mejores autoridades res- 
pendemos, que el solsticio de InTÍerno. Torquemada (1) nos in- 
forma: ''De tres fiestas que estos indios celebraban á los dioses 
'*de las lluvias, llamados Tlaloques; era la última ésta, que les 
''hacfan en este mes sexto décimo, el cual corresponde á nuestro 
''Diciembre, cuyo primer dia era el segundo del dicho Diciem- 
"bre. La razón de ordenarles esta fiesta era, kaber llegado el sol 
'*á lo más alto de su curso y carrera, que (como iodos saben), á 
"los veintiuno de este mes hace cursó, y vuelve á desandar lo an*» 
''dado." Befiérese el cronista al mes AtemoztIi;ms^s debemos ad- 
yertir^ que admitiéndole que el año comienza á primero de Fe^ 
brero, el decimosexto mes empezará á.28 de Noviembre para 
terminaren 17 de' Diciembre, números que excluyen aquella 
conclusión. 

No siempre se detuvo Torquemada á cpncprdar las contrAdic- 
ciones en que incurría, no obstante lo cual establece ¿Da verdad 
aseverando, que el mes Atemoztli comenzaba á dos y acababa á 

(1) Monavq. indiana, lib^ X/ c(ip. XSLYHl, 



9á 

t 

veintiuno de Diciembre solsticio de Invierno. Esta buena auto- 
ridad, apoyada en las doctrinas de Cristóbal del Castillo, sirvió 
de base á Gama para la formación de su calendario. Toma por 
primer mes á Itzcalli, dándole por día inicial el 9 de Enero; for- 
ma el cómputo d^ los años llevando en cuenta el cambio intro- 
ducido por los dias intercalares, — "hasta el último del ciclo, que 
"venía á coincidir su principio con el dia 27 (1) de Diciembre, y á 
"finalizar el último de los cinco dias nemontemi ene] 26 del mis- 
"mo Diciembre. Despreciados como iniítiles, en sentir de los in-. 
"dios, estos cinco dias, daban fin al ciclo ó último año de ól de 
"365 dias útiles, el 21 del mismo mbs/ qhe es el dia del solsticio 
"hiemal (2)." Pero á pesar de la doctrina, el año invariable de Ga- 
ma termina á 8 de lionero; comienza como debía por el mes Itz- 
calli, auAque en realidad adopta el Tititl, que para nosotros ea 
el último mes. 

Admitimos como exacta la base del solsticio de Invierno, j 
que el mes Atemoztli tenía como términos el 2 y el 21 de Di- 
ciembre; pero discrepamos en que esta relación se dejase por es<- 
tableoer hasta el fin del ciólo. Nos fundamos, fuera de otros da« 
tos, esL que pT&nto tan cardinal se dejase de un^ manetra va^a, sU'- 
jeta á cambios. Eq cuanto á que^ mes. Atemoztli fuera el último 
del año, iito hay.razon para adoptarlo, estando ya demostrado lo 
contrario en lugar anterior. Esto supuesto, la verdadera forma 
del calendA^io y bu oorrespondeucia con el calendario juliano es 
esta: 



I lizoalH, comienza á 16 de Enero; 

n AÜAcahnaloo, 6 de Peinero. 

m TUottzipehiialisIli, 25 de Febrero. 

IV Toeo^lfOiitiú. 17 de Mano. 

V HaeytozozÜi, ñ de AbriL 

VI Toxcall, Q6 de Abril 

Vn EtseeuallzUi, 16 de Majo, 
ym Teenilbvitontli, 5 de Junio. 
IX HniQjteoniUiaiti, 95> de JuniOh 



X Tlazóchimaco, 15 de Julio. 

XI Xooohueizi, 4 de Agosto. 

XII Oehpanñtii, 94 de Agocto. 
Xin Teotieco, 13 de aetiembre. 

XIV Tepeilhuid, 3 de Octubre. 

XV QaechoUi, 23 de Octubre. 

XVI Panquetsaliztli, V¿ de Koriembie. 
XVn Atemoztli, 2 de IMoiembre. 
XVm Tititl, 22 de Ploiembra. 



Tititl terminaba á 10 de Enero; contábanse los nemontemi en 
:X1, 12, 13, 14 y 15; el inmediato 16 de Enerq principiaba el nue- 
^Yo a5o« 



(1) En lugar de 27 debe leerse, Teintiono. 

(3) Las dos piedras, Téanse los párrafos 84, 35 j principalmente el 37. 



96 

Tal es la forma j correspondencia que nos resulta», así para. el 
calendario aptronómico como para el ritual; más eon esta defe- 
rencia. £1 calendario astronómico se desarrolla en la formar que 
tesemos establecida; pero como la intercalación se Teriñcaba de 
caatro en cuatro aiios, la correspondencia no se trastornaría res- 
pecto del calendario juliano» con el cual iría acorde. Esto, ^n 
embargo, solo tenía lugar durante lob ciclos en que se intercala- 
ban trece dias, pues en los ciclos en que esa misma intercalaéion 
consistía en doce dias, sobreviene un dia de diferencia, lo cual 
interrumpía la relación primera. En el período de 260 anos ^e 
intercalaban 63 dias en el sistema azteca^ mientras en el juliano 
esa misma cifra subía á 65; luego durante cada uno de los perio- 
dos místicos de 260 años, se introducía una diferencia constante 
de dos dias, la cual iría acumulándose indefinidamente. Aunque 
en el calendario ritual se hacía la intercalación al fin del ciclo, 
resultaría que éste j el astronómico yolvian á coincidir al termi- 
nar el ciclo, y ambos volvían á principiar en la misma fecha,' 
desapareciendo todas las desigualdades introducidas. En el ca- 
lendario astronómico todos los años del ciclo comenzarían en la 
misma fecha, la cual no cambiaría sino en los cidos en que la in* 
tercalacion fuese de doce dias, mientras en el calendario ritual 
se trastornaría un dia al cabo d,Q cada cuatro años. 

La coxrespondencia verdadera ent;re los ealendaríos azteca y 
juliano, estaJblecida arriba, es á nuestro entender la exacta, te- 
niendo que llevar en cuenta los diaa de referencia introducidoif 
en el período de 260 años. De aquí resulta una deducción sin 
réplica; mientras que el cómputo de los mexicanos, por medio 
de sus correcciones, marcaba siempre el tiempo ^tronómico ver- 
daderoy el juliano se alejaba más y más del equinoccio de prima* . 
vera; había, pues, entre ambos una diferencia en tiempo. 

¿Cuál era entonces esta diferencia? Si nuestro sistema es ciar* 
to, todos los puntos que imnoa estableciendo deben estas w. 
perfeoFtii armonía; la diferencia la^rrojacá c<;m evidencia la muea* 
tra dal calendario «uloptadik áote?, ^n U lOD^l el año yei Oalli oo^ 
menzó á 30 de Enero de 152L Para damoa oompleta cuenta íor«i 
mwpip9 el eido entero, indicMtdo la correspondesLoia de los «ños 
coi^ocine )ia tenesmos ya enccmlm^e f<m ejípreeioci del día inicial 
dece^^afio. Te^E^einos: 



96 



n Acatl 1S07, 3 de Febrero. 
in Tecpfttl 1508, 3 de Febrero. 
IV OaUi 1509, 3 de Febrero. 
▼ ToohtU 1510, 2 de Febrero. 
VI Aoatl Iftl 1, 2 de Febrero. 
Vn Tecpatl 1512, 2 de Febrero. 
Vm CalU 1613, 1 de Febrero. 

IX Tocfatli 1514, 1 de Febrero. 

X AeaÜ 1615, 1 de Febrero. 

XI Tecpatl J516, 1 de Febrero. 
Xn Calli J517, 81 de Enero. 
TTH TochtU 1518, 81 de Enera 
I Acatl 1519, 81 de Enero. 

n Tecpatl J520| 81 de Enero, 
m CaUi 1521, 80 de Enero. 
IV Tochtli 1522, 80 de Enero. 
y AcaÜ 1523, 80 de Enero. 
VI TecpaÜ 1524, 80 de Enero. 
Vn Calli 1525. 29 de £^ero. 
YIII Tochtli 1526, 29 de £^ero. 

IX Acatl, 1627, 29 de Enero. 

X Tecpatl. 1528, 29 de Enero. 

XI Calli 1529, 28 de Enero. 
Xn'Tochüi 1530, 28 de Enero. 
XIU Acatl 1531, 28 de Enero. 
I Tecpatl 1532, 28 de Enero. 



n CalU 1588, 27 de Enero, 
m Tochtli 1534, 27 de Enera 

IV AcaÜ, 1585, 27 de Enero. 

V Tecpaa 1586, 27 de Enero. 

VI Calli 1587, 26 de Enero. 

VII Tochtli 158S, 26 de Enero, 
vm Acatl 1539, 26 de Enero. 

IX Tecpatl l.'^40, 26 de Enero. 

X CalH 1541, 25 de Enero. 

XI TochtU 1542, 25 de Enero. 

XII Acatl 1548, 25 de Enero. 
Xm Tecpatl 1544, 25 de Enero. 

I CaUi 1545, 24 de Enero. 

II TochiU 1546, 24 de Enera 

III Acatl 1547, 24 de Enero. 

IV Tecpatl 1548, 24 de Enero. 

V CaUi 1549, 23 de Enero. 

VI TochtU 1550, 23 de Enero. 

VII AcaÜ 1551 28 de Enoo. 

VIII Tecpatl 1552, 28 de Enero. 

IX CaUi 1553, 22 de Enero. 

X TochtU 1554, 22 de Enero. 

XI AcaÜ 1555. 22 de Enero. 

XII TecpaÜ, 1556, 22 de Enero. 
Xi II CaUi 15h7, 21 de Enero. 

I TochtU 1558, 21 de Ebero. 



Observando la tabla se desprenden estas conclusiones. Cuatro 
aSos consecutivos Calli, Tochtli, Acatl, Tecpatl llevan el mismo 
dia inicial; coiicurriendó con Tecpatl los bisiestos julianos, aun- 
que Tecpatl comienza por la misma fecha de los años anteriores, 
contando tin dia menos qtie el bisiesto, termina polr consecfuen- 
cia un día antes que éste, determinando que el Calli siguiente 
empiece un dia antes que el anterior de su nombre. * Lb, corres- 
pondencia entre el principio de los años cambia' un áia por cada 
bisiesto,' 6 séán trece variaciones en tinos ciclos, doce solamente 
enotro^. • • 

'Supóttienído unoiclode trece * bisiestos, tendréiiicfsríll Acatl, 
inicial delecte, empezó -j^or ttes de Febreroj él áltimo año I 
Todhtli 1^58 comenzó por 21 de Enero, terminando el último de 
stts nemónteiíai en 20 de Enero de 1550; en la; noche de este dia 
debió tener lugar 1a>fi^stft'> cíclica del fdego nu^vo; siguiéndose 
Inegó lÉi4nt^^atAeÍdnide4é^ trece diai^; que B6 oMtaton del 21 
de Enero al 2 de Febrero, de manera qué el intíiedib.to H Acatl 



97 

1£S9 empeló otra yez por tf«8 de Feto^ro. En uño de estos ci- 
ados no exietía difereiMÚa alifuna. No aconteoia lo mismo en los 
ciclos caja interoalacion ooostaba de doce días. Comenzando el 
n AcaÜ 6 3 de Febrero, el I Tochtli correría del 21 de Enero 
1658 al 20 de Enero 1659; mas cottio se intercalaban solo doce 
dias, que se contarían del 21 de Enero al primero de Febrero, el 
siguiente 11 Acatl 1559 comens^aría, no á tres sino á dos de Fe- 
brero. 

Be nos presenta esta dificultad; ¿el ciclo que Tangos examinan- 
do recibió trece ó doce dias intercalares? Besnelve el problema 
la autoridad que tanto nos preocupo del P. Sabagun^ quien ase- 
gura que consultado el caso por muchos dias en Tlatelolco, a8| 
cou los ancianos como con los estudiantes, todos concluyeron di- 
ciendo: que Comenzaba d ano d segundo dia de Fdyrero, Este dicho 
de muy grave peso, por dimanar en esta materia del P. Sahagnn 
j que cobra todavía mayor firmeza como resolución tomada en. 
una asamblea caracterizada, confirma plenamente nuestros aser- 
tos. En efecto, la concordancia del dos de Febrero se referia al 
ciclo en que tenía lugar la consulta, es decir al 11 Aeatl 1669. 
Ahora bien, el II Acatl 1607 concurrió con el tres de Febrero; 
solo recibió doce dias intercalares, porque si hubiera admitido 
trece, el siguiente ciclo habría empezado también á tres de Fe- 
brero; comei^zó por dos, no .queda duda alguna en que fueron so- 
lo doce los dias oompiementarios. Definitivamente podemos ase- 
gurar, que la intercalación en los cinco ciclos del periodo de 260 
años fué esta: 

n Acatl 1351, trece dias intercalares, principió á 4 de Febrero. 
H Acatl, 1403, doce dias intercalares, 4 de Febrero. 
H Acatl, 1465, trece dias intercalares, 3 de Febrero. 
n Acatl 1507, doce dias intercalares, 3 de Febrero. 
U Acatl 1559, trece dias intercalares, 2 de Febrero. 

Todos Iqs períodos anteriores j posteriores guardarán el mis-r 

mo orden, teniendo en cuenta, que como al principio y al fin de 

cada período se reúnen dos ciclos de trece dias intercalares, tres 

ciclos consecutivos tendrán el mismo dia inicial. Desde que el 

principio del ciclo fué trasladado al II Acatl, siguiendo la co- 

13 



96 



necoion deQaetzalooatly hastfl el oídlo en qne^ tnro lugar la eo- 
rieeoion gregoriana» el pcinoipTo de eadaeieló M:- 

3 

n Acatil 1091« treoe diae» 6 de Pebr^rp. . . 

II Acatl 1143» doce dias» 6 da üebr^ro. 
II Acatl, 1195, trece días, 5 de febrero, 
II Acatl 1247, doce días. 5 de Febrero. 
II Acatl 1299, trece días, 4 de Febrero. 
II Acatl 1351, trece días, 4 de Febrero. 
It Acatl 1403, doce dias, 4 de Febrero. 
II Acatl 1455, trece días, 3 de Febrero. 
II Acatl 1507, doce dias, 3 de Febrero. 
' II Acatl 1559, trece dias, 2 de Febrero. 

« YéamoB esta otra demostración. Si nuestros cálenlos yan aoer* 
tedos, supuesto que el calendario azteca estaba ajustado al tiem* 
po astronómico, mientras el cómputo juliano se alejaba más y 
más de la exactitud, ambos deberán de coincidir en el mismo 
punto al verificarse la corrección gregoriana. Para ello seguire- 
nios la corresponde Dcia de los años astecas, acompañados de los 
anos de la Era vulgar j de su día iuicial. Tendremos: 



n Aoatl ir>59, 2 de Febrero. 

III TecpaÜ 1560, 2 de Febrero. 

IV OaUi 1561, 1 de Febrero. 
Y ToohftU 1562, 1 de Febroro. 
VI Aoatl 1563, 1 de Febrero. 
Vn Tecpatl 1564, 1 de Febrero. 
ym CaUi 1565, SI de Enero. 

IX ToohÜi 1566, 81 de Enero. 

X Aoatl 1667, 3 1 de Enero. : 

XI Teq^atl 1668, 81 de Enero. 
Xn Calli 1569, 80 de Enero. 
•gm TochÜi 1570, 80 de Enero. 



I Acatl 1571, 30 de Enero. 

II Tecpatl 1572, 30 de Enero. 

III Calli 1573. 29 de Enero. 

IV Toohtli 1574, 20 de Enero. 
Y Acaü 1575, 29 de Enero. 
YI Tecpatl 1576, 29 de Enero. 
VII OaUi 1577, 28 de Enero. 
YIII TochÜi 1578, 28 de Enero. 

IX Aoatl, 1579, 28 de Enero. 

X Tecpatl 1580, 28 de Enero. 

XI CalH 1581 , 27 de Enero. 
xn ToohtU 1582, 27 de Enero. 



Con el año XII Toobtli, decimoprimero del segundo Tlalpillí, 
en el sexto ciclo de la Era de México, coincidió el 1582 de la Era 
cristiana^ en que tuvo lugar la última corrección del calendario 
de las naciones civilizadas de Europa. En el ano 1582 aconteció 
el equinoccio de primavera á once de Marzo, diez dias antes de 
lo que debía, ya que el concilio de Nicea, celebrado en 325 tenía 
dispuesto que aquel fenómeno celeste concurriera siempre con 
el 21 de Marzo. Para quitar el error dispuso el papa Gregorio 



XTTT, que el dia siguiente al juevefl 4 de Octubre, no se eontara 
ebcoi sino viernes quinos de Octubre. 

Formemos ahora nuestro calendario azteca XII Toobtli, dán- 
dole la eorrespendenoia con el calendaiio juliano^ SI XI{ Toch- 
tlí llera por dia inicial el 11 OoseacuauhtlL La^s^ria de* loejsi* 
meros trecenales que afectan á Oosoaouauhtll al principio de los^ 
meses y de los nemontemit será: 

IL 5. 12. 6. 13. 7. L a 2- 9. 3. 10. 4 11. 5, 12. 6. 13. 7. 



El 11 Oozcacuauhtli, coincidió con el 27 de Enero, pero como 
Tamos á hacer la corrección verdadera^ teniendo en cuenta que 
habían pasado once dias intercalados de más en el calendario 
jolianoy que no lo habían sido en el azteca, j que se suprimía* 
ron diez dias mái en la corrección gregoriana, quedando redu- 
cido aquel año á 355 dias, á fin de no mutilar también nuestra 
euenta tenemos que Ueyar el principio del año al 6 de Enero. En 
este supuesto, tendremos: 



I ItzoáUí, 6 de Enero. 

n AÜacahualeo, 26 de Enero. 

m TlaoaxipehoftKatli, 15 de Febrero. 

IV Tozozt<xita, 7 de Manso. 

V Hueyftozoztli, 27 de Marzo. 
YI Tozoatl, 10 de Abril 

YU Etzaciudiztli, 6 de Majo. 



Vm TeonilhiiitontU, 26 de Mayo. 
IZ HaejteeiiUhaítl( 15 de Junio. 

X Tlazoobimaco, .5 de Jalio. 

XI Xocobnetzi, 25 de JttUo 

XII Ochpaniztli, 14 de Agosto. 

XIII Teoüeoo, 8 de Setiembre. 







XIT. TEFEILIIUITL. 




Setbre^ Domingo 


23 


11 Cozcacuaubtii. 


Quiahuitl. 


Lún^s 


24 


12 OlUn. 


XinhteonbtU Tletl . 


Mártee 


25 


13 Tecpatl. 


Tecpatl 


Miércolef 


26 


1 Qniahuitl. 


Xóchitl. 


Juérree 


27 


a XochiÜ. 


CenteoU, 


Tiéroea 


28 


3 CipactlL 


Miquizrlí. 


Sábado 


29 


4 Ehecatl. 


Atl. 


Domingo 


30 


5 Calli. 


-TlazolteotU 


Octubre. Lunes 


I 


6 Cuetzpalin. 


TcpeyoUotH. 


Martes 


2 


7 Cohvatl. 


Quiahuili. 


Miércoles 


3 


8 MiqnizÜi. 


Xiqbtecuhtii Tletl. 


Jueves 


4 


9 MazatL 


Tecpatl. 


Vtéma 


15 


lOToehtIi, 


Xoe/uU 


Sábado 


16 


11 Atl. 


Centeoil. 


Domingo 


17 


12 Itzcuintli. 


Miqoiztli. 



•I 



lift 

LiiMS' 18 . 13 OtoMtlL Ari. 

M&rtet 19 1 Malifaa}lí^ , , . TUzolteotl. 

MiércoUs ;20 2 ÁcatL Tepcyollotli. 

Ju^vea 21' ' 3 OceiJtl. ' ' ' QrtUÍióitr; 

' rk/ñtií'^ ft ' «^CttittbHi. * i HuliteMihlliíTiiea! 

%t QttMfiottil*28tde Oolnbre.* . . XVII -^ntozUi, 3.^ Qicd^^O^yf^., 

XVn Pnq<yfttorti«tli, If 4»' NoTÍaio^»,, . XyiI(Tiiitl> 22. de Dicitmbre. 



nemonteM:' 



<« 



E^ero. M&rté« 


11 


7 'Cozfeactrthtlí. 


Miércoles 


12 


8 Ollin. 


Jüéire» * 


18 


> 9 TecpaU. 


ViérDef. 


H . 


í 10 Q.u¡ahu¡tl. . 


Sábíftip . 


15 . 


11 Xóchitl. 



El siguiente afio XIH Acatl, con su dia inicial doce Cipactli^ 
<K>inenzó por el domingo 16 de Enero 1583, fecha & lá cnal refe- 
rimos el verdadero comienzo del año azteca. De entonces acá, el 
calendario astronómico va igual y üo discrepa del gregoriano,, 
supuesto hacerse la intercalación de cuatro en cuatro años, res- 
pecto del calendario ritual babr4 <i^^ tener en cuenta los dias no 
intercalados para ajustar la correspondencia exacta. La supre- 
sión de los dias cayó en el XIY toes mexicano Tepeilboitl, y el 
Tiéraes 15 de Qctubre concurrió con'el dia diez Tochtli, acom- 
pañado de Xóchitl. Por úHimo todo año azteca ocupa Ias fech0.s' 
de un año gregoriano, desde el 16 de Enero hasta el 31 de Di- 
ciembre, y más los primeros quince dias del año siguiente; así 
un año mexicano podrá presentar, en ciertas fechas concordan- 
cias con dos años distintos, aunque sucesivos de nuestra cuenta 
cronológica. 

Ponemos en seguida dos tablas de correspondencia entre los 
dias, ya para -los años comunes, ya para los bisiestos. Qrdena- 
das por los 20 dias del mes azteca, en la cabeza de las columnas 
se indican la relación con los meses del calendario juliano ó gre- 
goriano; sígnenselos nemontemi, y al fin una columna suple- 
mentaria para los casos en que fuere menester. Sabido un dia 
del año mexica, á primera vístase presentará la correspondencia 
entera. En ésta, cómo en las demás tablas, toda relación que se 
busque se lallará fácil y completamente, aplicando junto á la 
columna de la izqi^ierda listas móviles con los nombres de aque- 
llo que se desee confrontar. 



» 101 

En cnaAtoá los timbólos- pan -ex p re sar los freinie días del 
nes, los números del 1 al 20 de nuestra lámina 16 les represen- 
tan, tomados del Tonalamatl; repetición de los mismos j sus 
Tañantes son los dibajos del 21 al 40, copiados de nn códice BiS*: 
de otra tercera pintara obtarimos el máméro 41,qae representa 
otra de las f orinas del CipacÜL Oorrett:del núm. 42 al 50 de la 
lám. 17, los sefiores 6 áoompañados de ia noáie, segnii les pie- 
ssnta el repetido Tonalamatl: el 61 indion la . manera de «lotar 
el fin de un periodo de 260 diaa y el principio del aiguiente. En 
eeantoal námero 52 as la maestra de on ciclo completo, segnn 
el sistema ántigno, teniadode la pintnra Aubin. 

COBBESMHDXNCtá BB LOS BUS. AftO BISÚBSTO. 






,-: B t>.' . .M- e S M" . M- s K c •►^ >.t>. t^ 




a 



1 21 10 1 21 10 30 20 9 29 l9 8 28 17 7 27 16 6 26 16 

2 22 11 2 22 11 1 21 10 30 20 9 29 18 8 28 17 7 27 16 

3 23 12 3 23 12 2 22 11 1 21 10 30 19 9 29 18 8 28 17 

4 24 13 4 24 13 3 23 12 2 22 11 31 20 10 30 19 9 29 18 

5 25 14 5 25 14 4 24 13 3 23 12 1 21 11 31 20 10' 30 19 

6 26 15 6 26 15 5 25 14 4 24 13 2 22 12 1 21 11 31 20 

7 27 16 7 27 16 6 26 15 5 25 14 3 23 13 2 22' 12 1 21 

8 28 17 8 28 17 7 27 16 6 26 15 4 24 14 3 23 13 2 22 

9 29 18 9 29 18 8 28 17 7 27 16 5 25 15 4 24 14 3 23 

10 30 19 10 30 19 9 29 18 8 28 17 6 26 16 ^ 25 15 4 24 

11 31 20 11 31 20 10 30 1^ 9 29 18 7 27 17 ^ 2ñ .16 5 25 

1 21 11 31 20 10 80 19 8 28 18 7 27 17 6 26 

2 22 12 1 21 11 31 20 9 29 19 8 28 18 7 2T 

3 23 13 2 22 12 1 21 10 30 20 9 29 19 8 28 

4 24 14 3 23 13 2 22 11 1 21 10 30 20 9 29 

5 25 15 4 24 14 3 2S 12 2 22 11 1 21 10 30 

6 26 16 5 25 16 4 24 13 3 23 J2 2 22 11 31 

7 27 17 6 26 16 5 25 14 4 24 13 3 23 12 1 

8 28 18 7 27 17 6 26 15 5 25 14 4 24 13 2 

9 29 19 8 28 18 7 27 16 6 26 15 5 25 14 3 



12 


1 21 12 


13 


2 22 13 


14 


3 23 14 


15 


4 24 15 


16 


5 25 16 


17 


6 26 17 


18 


T 27 18 


19 


8 28 19 


20 


9 29 20 



102 
00BBB9vdMiMrau.'»rcBB um bu». áSo cowm. 




1 31 10 


'2 82. 11 


1 '21 10 80 20 


9 2CI 18 8 28 17 


727 1« 


i2.£3 11 


3 &Í 12 


2 22 11 


1 21 


10' 30 19 9 29 18 


• 8:2«'.iir, 


t £3 IS 


4^ 24 laí 


3!28 12 


2 22iLLSV20 10.30 19 


:.B.3ÍI,»S. 


4 24 13 


i 5 25l:U 


4M 13 


^ a 23.13! 


i-aiu 


31 20, 


10 SQ le 


5 25 14 


6 26 15 


5 25 14 


4 24 


13 


2 22 12 


1 21 


11 


31 20 


6 26 15 


% 274^ 


. 6; 26 15 


5 26; 


M 


l( 23 23 


2 ?2 


12 


1 21 


7 27 16 


8 28 17 


7 27 16 


6 26 


15 


4 24 14 


3 23 


13 


2 22 


8 28:17 


9 29 18 


8 28 17 


7 27 


16 


5 25 15 


4 24 


14 


3 23 


9 29 18 10 30 19 


9 29 18 


8 28 


17 


6 26 16 


5 25 


15 


4 24 


10 ÍO 19 11 81 20 10 00 19 


9 29 


18- 


7 27 17 


6 26 


16 


5 25 


11 31420 42 1 21. 


11 Jl 20 


10 80 


19 


8' 28 18 


7 27 


17 


6 26 


12 1 21 


13 2 22 


12 1 21 


11 31 20 


:.9.^.19 


8 28 


18 


7 27 


13* 2 122 14 3 23 


13 2 22 12 1 


21 10 30 20 


9 29 


Í9 


8^ 


..14 ,.3..23. 


15 4.24 


14 3 23 


13 2.22, 


11 1.21.M> 30.^0 


9¡29 


.45.:4;24, 


16 :ó 25. 


-15 .,4 24 


14 3 23 


12 . 2 22 U 1 


?1. 


10-30 

* 


.16 «5 25. 


17 6.26, 


16. 5. ?5: 


15 4.24 13 3 iZ 


12, 2.22. Jl 31 



I7i .6.26 18,. 7.27 17 6 26 16 5 25 U 4 24 13 3 23 12. 1 

4;18. 7 27. 19 8i28:18. 7v27 17 6 26 15 5.25.14 4 24 13 2 

ii9' 8 28 20. 9,29 19 8 28 .18 7.27 16 6 26,15 5.25 14^. 3 

20. 9 121.10,80 20 9 29.19. 8.28 17. 7.. 27 16 & ?6 15; 4 



»i 



' Tenían también dignos para' expresar las divisiones' del tiem- 
f)0. Dift, en geneT*al, quedaba escrito jíor meSlo' dé nn cítcuUlIo 
con nn puntó' central y dividido en las cuatro fracbiones. que le 
distiuguían, núm. 54. El nies^ semejante úl dia. Helaba tas cua- 
tro divisiones que se le consideraban, núin. 55. El áño^ núm. '66, 
lomado de Ctavigero. !En cuanto, al ciclo, se escribía de diversas 
nia^eri^. Co^aideradq cómo' at4do o ipanojo. de yerbas, se le en- 
ene^tra bajo la forma del nupi. 57 4^^ ^^^^ Clavigero, ó bajo el 
númi 58 tomado de la peregrinación azteca. tJna pintura anti- 
gua nos da la representación granea de la manera de obtener el 
fuego frotandp los .maderos, núm. 59, de ][q goal viene á ser oomo 



108 

vn compendio el signo oronográfico, núm, 6Qs qae. se enouentra 
en los Códices Meudocino, TeUerii^io*BemM^ y Vaticano» El 
mismo ciclo se represanU.á Teces por la imigen del £aego, núnt 
61, caal le tri^ Granados^ en bjib Tardes afaericaoss, 6 bi^ 
por su símbolo, num. 62, copi<ylo de V piedra descifrada por J)^ ' 
Alfredp Cha^ero. Todavía qaeda la variante num. 63, cual M 
a Hist. sinerónica de Tepechpan j de México, con au 
correlativa nu^. 61, de la paitara . A ubin,, en qn^ ^aparece con)0 
un nndo o un ha^ de canas* £1 diüm^ 66, con el día en la par te n/a^ 
perior, la noch^ en la infe.rior,. significa el oscurecer ó'diando.sf 
tocfui Qn éLKorizoute la luz y.las tinieblits, según el^nalamail; 
los signos en sentido inverso darían idea del amanecer. El num. 
66, copiado de\ Cod^ efe Mendoza, ^oi^ da no^ic^a da la ocupación 
astronómica de los sacerdotes, presentando uno áe ellos expian- 
do atentamente las estrellas durante la noche y siguiendo el cur- 
so de una determinada, para conocer el tiempo que servía á las 
prácticas religiosas. Del num., 67 al 84, lám. 18, representan los 
meses, según un antiguo MS. publicado en Paris; por último, el 
num. 85 presenta los nemontemi (1). 

Tamos, i i^xffáuat este capítulo con una tabla de correspon- 
dencia entre- lo» añps mexicanos y ^e If ^ra vulgar, propia pajia 
coníront^ las épocas de nuestra historia antigua. £1 intento 90 
es nuevo. £n al tom., III MS. del ramo de historia, en el AxcM^o 
general, se encuentra un artículo intitulado: "Cómputo cronológi- 
co de los iudio^ m,exicanos/' que se atribuye á D. Carlos de. 9i^ 
gúenza y Gón|;ora. - Le acompanauna tabla comprendiendo-d(BÍ 
ano 1186 al 1711« bien formad/^; se imprimió en la tercera serie 
de documei^tps paraja Historia iie México, pag. 227-24J3. .« f t 

!Ea el mismo volumen MS. se encuentra: — "Calendario indiano 
^tnlteco, principiando desde la creación 4el mundo hasta el año 
''de 1821, enfrontado con el europeo.". Comprende 4,160 años, 

(1) Yéase relatiYAmente al calendario, Saliagan, tom. 1, pág. 49— I9d, 279—3^9; 
iom. 2, pág. 269-^265. Motolioia, teat. 1, eap. V. Tórquemada, lib. X, eap. XXXIU 
7 cig. Acottá, Ub. Vi, Cflp. II. Gomara, pig. 429. Ijorenzana, pág. 2L GUtri^ofo, 
tom. 1, pág. 2(^— {&S8, 8U9— 415. Fr. Ififirtiñ ato León, fol. 95—100. Véyt&i, iom^'I, 
cap. y al XL Boturíni. pág. 44—59. GeipelU C^ren» tom. 6, cap. 5. León j Gaipa, 
Descripción de, las (los piedras, Ac. Granados, Tardes americanas, pág. 52y sig. p. 
jDozán, MS. E^ifemio Hendoea y Manuel A. Komoj Nociones de Cronología ünirer- 
mal, pág. 209-:-EVa. Yelancouri, trat. 2, pM. 2. Hamboldt, Vues des OordíB^NS, 
tmn. 1, pág. 832, tom. 2, (pág. 1, dtc, J^i, ^ « 



♦ • 



lOé 



y aunqae obra da Botarini no está ajustado á lo qti6 habevto* 
JogteiMster. Imprimióse en el TQlámen dicho de docamentos, p4g. 
846-284 Antes de ásto, cuando en 1826 publicaba D. Carlos Biis- 
lamante su Chimalpaín, copiaba el "Calendario ttilteoó,** totn. 1| 
páf(. 193, trunco y ^slooado. En: Clavigero, tom. 1, pág. 400-3 s0 
encuentra: — "Años mexicanos. Desde la fundación hasta la con- 
"quista de México, con la correspondencia de los dé 'nuestro ca- 
*lendario." Tabla bien formada, abraza el periodo de 1,325 ¿ 
1621. Finalmente en la obra de Veytia, tom. 1, p¿g. 305-18 se ha* 
Ban las 'fTablas cronológicas," que son exactas. Las que noso- 
tros ponemos abrazan el período de la era cristiana hasta 1582. 



TABLA CBOKOLOalCA GEKEBAL: 



AHos de Jtnusrinlo. 



4 Calli 1 

6 Tochtli 2 
6aoatl 3 

7 tecpatl 4 
8oalU 6 

9 tochtli 6 
10 acatl 7 
il tecpatl 8 

12 ealH 9 

13 tochtli 10 
1 Acatl 11 
a tecpatl 12 

8 calli 13 

4 tochtli 14 
6 acatl 15 

6 tecpatl 16 

7 calli 17 

8 tochtli 18 

9 acatl 19 

10 tecpatl 20 

11 calli 21 



12 tochtU 22 

13 acatl 23 

1 Tecpatl 24 

2 calli 2ó 

3 tochtli 26 

4 acatl 27 
6 tecpatl 28 

6 calli 29 

7 tochtli 30 

8 acatl 31 

9 tecpatl 32 

10 calli 33 

11 tochtli 84 

12 acatl 35 

13 tecpatl 36 

1 Calli 37 

2 tochtU 38 

3 acatl 39 

4 tecpatl 40 

5 calli 41 

6 tochtli 42 



7 acatl 48 

8 tecpatl 44 

9 calli 45 

10 tochtli 46 

11 acatl 47 

12 tecpatl 48 
18 calli 49 

1 Tochtli 60 

2 acatl 61 
3teepatl 62 
4 calli 53 

6 tochtli 84 

6 acatl 56 

7 tecpatl 66 

8 calli 57 

9 tochtli 58 

10 acatl 69 

11 tecpatl 60 

12 calli 61 

13 tochtli 62 
1 Acatl 63 



105 



2 tecpatl 61 
3caUi65 
4toofatIi 06 
5MaÜ67 

6 tecpatl 68 
7calli 69 

8 toohtli 70 

9 aeatl 71 

10 tecpatl 72 

11 calli 73 

12 toohtli 74 

13 aoatl 76 

1 Tecpatl 76 

2 calli 77 

3 toohtli ?a 
4acatl 79 

5 tecpatl 80 
€ caUi 81 

7 tochtU 82 

8 aoatl 8S 

9 tecpatl Bí 

10 calli 85 

11 toohtli 86 

12 aoatl 87 

13 tecpatl 88 

1 Calli 89 

2 tochtli 90 

3 acatl 91 

i tecpatl ^2 

5 calli 93 

6 tochtli 94 

7 acatl 95 

8 tecpatl 96 

9 calli 97 

10 tochtli 98 

11 acatl 99 

12 tecpatl 100 

13 calli 101 

1 Tochtli 102 



2 acatl 103 

3 tecpatl 104 

4 calli 105 

6 tochtU 106 

6 acatl 107 

7 tecpatl 108 

8 calli 10» 

9 toohtli 110 

10 acatl 111 

11 tecpatl 112 

12 calli 113 

13 tochtli 114 

1 Acatl 115 

2 tecpatl 116 

3 calli 117 

4 toohtli 118 

5 acatl 119 

6 tecpatl 120 

7 oalli 121 

8 tochtli 122 

9 acatl 123 

10 tecpatl 124 

11 calli 125 

12 toohtli }126 

13 aoatl 127 

1 Tecpatl 128 

2 oalli 129 

3 tochtli 130 

4 acatl 131 

5 tecpatl 132 

6 calli 138 

7 toohtli 134 

8 acatl 185 

9 tecpatl 136 

10 calli 1S7 

11 toohtli 136 

12 acatl 189 

13 tecpatl 140 
1 Calli 141 



2 toehüi 142 

3 acatl 143 

4 tecpatl 144 

5 oalli 146 

6 tochtli 146 

7 aoatl Í47 

8 tecpatl 148 

9 oalli 149 

10 tochtli 150 

11 acatl 151 

12 tecpatl 152 

13 calli 163 

1 Toohtli 154 

2 acatl 156 

3 tecpatl 156 

4 oalli 157 

5 tochtli 158 

6 aoatl 169 

7 tecpatl 160 

8 calli 161 

9 tochtli 162 

10 aoatl 163 

11 tecpatl 164 

12 calli 165 
18 tochtii 166 

1 Aoatl 167 

2 tecpatl 168 

3 calli 169 

4 toohtli 170 

5 acatl 171 

6 tecpatl 172 

7 oalli 173 

8 tochtli 174 

9 acatl 175 

10 teopatl 116 

11 calli 177 

12 toohtli 178 

13 aoatl 179 

1 Tecpatl 180 
14 



106 



2 calli 161 : . 


2 tecpatl 209 


2 acatl 259 


3 ioclitli ]i8S . 


3 calli 221 


3 tecpatl 260 . . 


é aoatl 183 


4 tochtii 282 


4 0alliSSl 


6 tecpntl Wá '. 


6 acatl 223 


. 6 tochtii 262 


6 calli 186 : * 


6 tecpatl 224. 


6 acatl 263 


7 tochtii 186 


. 7 calli 225 


7 tecpatl 264 


8 aoatl 187 


8 tochtii ^26 : 


8 calli 205 


9 tecpatl 188 


• 9 acatl 227 :. 


9 tochtii 266 


10 calli 180 ' 


10 tecpatV S)28- 


< . 10 aoatl '267*. ■ 


11 tochtii 1ÍK>* i 


11 calli; 229 


: íll tecpatl 268 


12acatl.l91 . 


< .12 tochtii. -290 


, • '12 calli ^ . 


13tecpatl.l92: 


13 acatl :2ai: 


,13 tochtii 270 : 


1 Calli .103 


1 Tecpajbl ^32 


lAcatl.27l • 


2tochtlll04 ■ 


2 calli 2313 .. , 


I < 2 tecpatl Vf% . . 


3acatll95< 


3 tochüi 934 


.. .• 3calli27»: :.. 


4 tecpatl ,196. ' 


' 4acatt935;- 


4 tochtii 2X4- 


6callild7 


. 5 tecpstV,236 i 


6 acatl 079. 


6 tochtii 108 


. 6 calli .23?:. 


• :• 6 tecpatl 276.!.. 


7acatV199'. 


7 tochtii fl38 ; 


7 calli 2517: ■• . 


8 tecpatl :2(K) 


8 acatl!J939. : . 


. •• 8 tochtii 2^. 


9 calli «01, 


9 tecpatlidlO 


9 acatl 279! 


10 tochtii a02! 


;. 10 calli 241; . 


10 tecpatl 280 


llacatU03 . 


. : 11 tochtii 242 . 


. .11 calli 281 :. 


12 tecpatl.íXH, , 


12 acatl 243 


: 12 tochtii 282 


13 calli 205 


13 tecpatl, 244' . 


13 acatl 283 


1 TochtU 206 


1 calli 245 . 


- 1 Tecpatl 284 


2 acatV 207 


2 tochtii 046 


. 2calIi2B5 


3tec{iatl206 


3 acatl 247 . 


3 tochtii 286 


4 calli 209 


4 tecpatl ,2^1 . 


4 acatl 287 


6 tochtii 210 , 


5 calli 249 . 


5 tecpatl 288 


6 acatl 211 


6 tochtii 250 . 


6 calli 289 


7 tecpatl 212 


7acatl-251 


7 tochtii 290 


8 calli 213 . 


8 tecpatl 252 


8 acatl 201 


9 tochtii 214 


9 calli 253 . 


9 tecpatl 292 


10 acatl 215 r 


4 10 tochtii 254 


10 calli 283 


11 tecpatl 1216 . 


11 acatl-2d5 


11 tochtii 2ft4 


12 calli 217 . 


12 tecpatl .256 


12 acaÜ 295 


13 tochtii 21» 


13 calli 257 


' 13 tecpatl ;296 


lAcaU219. 


1 Tochtii, 258 


lCamQ97 



lorr 



2 io«btli.98B 
8seatl-fif9 

4 tecpatT 800 

5 ealli mt 

6 toohtlí Hftí 
7«acatl8e3 

8 ieopfttl sel 

9 ealli 305 

10 tochtli 306i 
llacatl607 

12 teepatl 308 

13 calUt809: . 
1 Tochttt 810 
SacattSll.'.'. 

3 teepatl 313 

4 ealli 813 .. 
6 toohtUrj8M 

6 acatl 815 

7 tecpatt 316 

8 ealli: 317: • 

9 toehtli atl8 
10acatlt819<j 

11 teepatl. S20 
12calll331 . 
13 toehtli .9^. 

1 Acatl d2a 

2 tecpatl^é- 

3 eaia925 

4 toohtli 326 

5 acatl 327. 

6 teepati<828 

7 ealli ^ 

8 tochtli 330. 

9 aoatl, 331 . 

10 teepatl 332< 

11 calU 833 

12 toehtli^ 334 

13 acatl 835 

1 Teepatl 836 



r t 



> í 



I" 



I • 



. f 



2 «allí 887 . 
8 toehtli 888 

4 aeatl 889 

5 teepatl .940 

6 ealli ««1.: 

7 toehtU 842 

8 aoaU 843 

9 teepatl 344 

10 ealli:346 

11 «oehtU;346 
12aeat)847' • 
18 teepatl 848 

1 Calti'649 

2 toehtli 8SQ 
8aoaa;S61 . 
4 teepatl .8(2 : 
6 ealli 893 • 
6 toehtU 864 . 
7aca(d355> 

8 teepatl 9i6 -. 

9 ealli >»»7. 

10 toehtU 868 N 

11 acaU 869 

12 teepatl ,360 

13 ealliSQl: 

1 ToehtU 862 

2 acatl aeS. 

3 teepatl- 344 

4 ealli.8^ 

5 tochtU 369- 

6 acatl 867 

7 teepatl 848 
8ealUd69 . 
9 tochtU ^70 

10 acati 871 

11 teepatl 372 

12 ealli d7a 

13 tochtU 374 
1 Acatl 376 



2 teepatl 876 
8 ealli 377 

4 toehtU 378 

6 aeatV 379 

' 6 teepatl 880 

7 caUi 881 

8 toehtli 282 

9 acatl 883 
10 teepatl'884 

■ 11 ealli- 886 
12 toehtU 886 

. 13 aeatl 367 . 
1 TeepiOá 888 
2eall>889 

3 tochtlüSSO 
4acatli881 

6 teepatl '892i 
6calU883 

7 toohtli 894 

8 acatl 305: 

9 teepatl 896;. 

10 ealli 897 

11 toehtli-t98 

12 acatl 899 

13 teepatl,400 

1 CaUi 401 

2 tochtU !4(I2 

3 acatl ém 

4 teopatíl i404 . 
6 ealli 406 : 

6 toehtU -406- : 

7 acatl 407 

8 teepatl ;408 
9caUi409 . 

10 tochtU 410, 

11 acatl 411 

12 teepatl 412 
13ealU413 . 

1 TochUi 414 



106 



Sacad 415 
3 tecpatl418 
4ca1U417 ' 

5 toohtll 418 

6 acad 419 

7 tecpatl42a 
8oaIli421 

9 tocbtlt 423 
10acatl4S3' 

11 teopatl 484 

12 calU 425 ' 

13 tochtli 426 

1 Aoail 427 

2 teq>atl 438 

3 oalli 439 

4 toohtU <aO 
6 acatl 481 

6 teopatl 483 

7 caUi 483 

8 toohtli 4S4 

9 aoaiíl 435 

10 tecpatl 436 

11 calli 487 
13 tochtii 438 
13 acatl 439 

1 Teopatl 440 
2caUi441 

3 toéhtli 443 

4 acatl 448 

6 tecpatl 444 
6 oalli 445 
T toobtli 446 

8 acatl 44V 

9 tecpatl 448 

10 calli 449 

11 tochtii 460 
13 acail 451 
13 tecpatl 453 

1 Calli- 453 



2 tochtii '454 
3aoatI46d . 

4 teopatl 456 : 

5 calli 467! - 

6 tochtii 468 > 

7 acatl 4S9 

8 tecpatl «60 

9 oalli 461 

10 tochtii 462 

11 acatl 463 

12 tecpatl 464 

13 calli 466 

1 Tochtii 466 

2 acatl 467 

8 tecpatl 468 
4 oalli 469 
6 tochtii 470 
6 acatl 471 
7^teopatl 473 

8 calli 473 

9 tochtii 474 

10 acatl 476 

11 tecpalA 476 

12 calli 477 

13 tochtii 478 

1 Acatl 479 

2 tecpatl 486 

3 oalli 4ítl 

4 tochtii 483 

5 acatl 483 

6 tecpatl 484 

7 calli 485 

8 tochtii 486 

9 acatl 487 

10 tecpatl 488 

11 calli 489 

12 toohtli 490 

13 acatl 491 

1 Tecpatl 492 



2caUii98 

3 tochtii 494 

4 aoatl 405 ' ri 

5 teopatl' 496 

6 oalli 497 

7 tochtii 498 
8aoatI499' 
9 tecpatl' 500 

10 oalli 601 

11 tochtii 503 
13 soatl 603 
13 teopatl 504 

1 Calli 606 
3 tochtii 606 

3 acatl 607 

4 tecpatl 606 
6 oalli 600 

6 tochÜi 610 

7 acatl 511 

8 teopatl 612 

9 calli 613 

10 toohtli 614 

11 acatl 516 
12teopaa516 
18 calli 517 

1 Tochili 618 

2 aoatl 619 

3 tecpatl 690 

4 calli 521 

6 toohtli 523 

6 acatl 533 

7 tecpatl' 534 

8 oalU 636 

9 toohtli 636 

10 aoatl 537 

11 tecpatl 533 
13 oalli 5-29 
13 tochtii 630 

1 Acatl 631 



190. 



Sieepail643 


2 a?atl 671 


. 2 tochtli 610 


SoaUiSaa 


3 terpatl 672 


3 acatl 611> 


átocbtliSSl. 


4 calli 578 


4 tecpatl 6ia 


5 aeatl 6t5 


6 tochtli 674 


6 calli 618' 


6 tecpatl 586 


6 acatl 575 


6 tochtli 614 


7 oalli 537 


7 tecpatl 676' 


7 acatl 616 


8 iochtli 688. 


8 calli 677 . . . 


8 tecpatl 616 


9acatl589; 


9 tochtli STB 


9 calli 617- 


10 tecpatl 510 


10 acatl 67» 


10 tochtli 618 • 


11 calli 641 


11 tecpatl 680 > 


11 acatl 619 


12 tochtli 512 . 


12 calli 68i . • 


12 tecpatl 620 


13 acatl 54? 


13 tochtli 582 


13 calli 621 


1 Tecpatl 54á 


1 Acatl 588 


■ 1 Tochtli 632 


2 calli 546 


2 t«cpatl 684 


2 acatl 628 


8 tochtli 5á6 


3 calli 686 


3 tecpatl 624 


4 acatl 547 


4 tochtli 586 


4 calli 626 


5 tecpatl 548 


. 6 acatl 587 


6 tochtli 626 


6 calli 640 


6 tecpatl 688. 


. . 6 acatl 627> 


7 tochtli 650 


7 calli 689 . 


7 tecpatl 628 


8 acatl 551 


8 tochtli 690 


8 calli 629 


9 tecpatl 552 


9 acatl 691 


9 tochtli 680 


10 calli 563 


10 tecpatl 692 


10 acutí 681 


11 tochtli 664 


11 calli 593 


11 tecpatl 682 


12 noatl 558 


12 tochtli 694 


12 calli 633 


13 tecpatl 556 


13 aeaU 695 


13 tochtli 684 


1 Calli 6S7 


1 Tecpatl 696 


■ 1 Acatl 636 


2 tochtli 568 


. .2 calli 697 ' • 


2 tecpatl 636 


3 acatl 589 


3 tochtli 698 


3 calli 637 


4 tecpatl 560 


4 acatl 699 


4 tochtU 638 


5 calli 561 


•; 6 tecpatl 600 


6 acatl 6S8> 


6 tochtli 662 . 


6 calli 601. 


6 tecpatl 640. 


7 acatl 563 


7 tochtli 602 


7 calli 641 


8 tecpatl 664 


8 acatl 603 


8 tochtli 642 


9 calli 565 


9 tecpatl 604 


9 acatl 643 


10 tochtli 666 


10 calli 695 


10 tecpatl 644 


11 acatl 567 


11 tochtli 606 


11 calli 646 


12 tecpatl 568 


12 acatl 607 


12 tochtli 646 


13 calli 569 


13 tecpatl 608 


13 acatl 647 


1 Tochtli 570 


1 Calli C09 


1 Tecpatl 648 



106 



2aeatl£l5 
3 tecpatI416 
4oa1U^7 
5tocbtU.4Z8 . 

6 acatl 419 

7 tecpatl-48a 
8oal1í4ai 

9 tochtli 433 

10 acatl 423- 

11 teopatl 4M 

12 calU 425 

13 tochtli 426 

1 Acatl 427 

2 tecpati 428 

3 calli 429 

4 tochtl! <aO 
6 acatl 481 

6 tecpati 482 
7oalli483 

8 tochtli 484 

9 acati 435 

10 tecpati 486 

11 calli 4S7 

12 tochtli 438 

13 acatl 439 

1 Tecpati 440 

2 calli 441 

8 toóhtU 442 
4 acatl 448 
6 tecpati 444 
6 calii 445 
T tochtli 446 

8 acatl 447 

9 tecpati 448 

10 calli 449 

11 tochtli 460 

12 acatl 461 

13 tecpati 462 
1 Calli 453 



2 tochtli 154 

3 acatl 465 

4 tecpati 456 ■ 
6calli45r- ■ 

6 tochtli 458' 

7 acatl 459 

8 tecpati «eO 

9 calli 461 

10 tochtli 462 

11 acatl 463 

12 tecpati 464 

13 calli 466 

1 Tochtli 460 

2 acatl 467 

3 tecpaU 468 

4 calli 409' . 

5 tochtli 470 

6 acatl 471 
7„tecpatl472 

8 calli 473 

9 tochtli 474 

10 acatl 475 

11 tecpati 476 

12 calli 477 

13 tochtli 478 

1 Acatl 479 

2 tecpati 486 

3 calli 4^1 

4 tochtli 482 
6 acatl 483 

6 tecpati 484 

7 calli 485 

8 tochtli 486 

9 acatl 487 

10 tecpati 488 

11 calli 489 

12 tochtli 490 

13 acatl 491 

1 Tecpati 492 



2 calli 488 

3 tochtli 494 

4 acatl 405 '' 

5 tecpati 496 

6 calli '497 

7 tochüi 498 

8 acatl 499 

9 tecpati' 500 

10 calli 601 

11 tochtli 502 

12 acatl 503 

13 tecpati S04 

1 Calli 505 

2 tochtlit 506 

3 acati 6D7 

4 tecpati 506 
6 calli 600 

6 tochüi 610 

7 acatl 511 

8 tecpati 512 

9 calli 513 

10 tochtli 514 

11 acatl 515 
12tecpaÜ516 
13 calli 617 

1 Tochili 518 

2 acatl 519 

3 tecpati 620 

4 calli 521 

5 tochtli 622 

6 acatl 523 

7 tecpati 524 

8 calli 626 

9 tochtli 626 

10 acatl 527 

11 tecpati 523 

12 calli 629 

13 tochtli 530 
lAcátl531 



IW. 



S teepatí 643 
ScalUSSa 
é tocbtli SSá. 

5 acatl liS5 

6 tocpatl 586 

7 calli 537 

8 tochtli 688. 

9 acatl 589 i 

10 tecpatl 610 

11 calli 6a 

12 tochtli Stí . 

13 acatl 5á3 

1 Tecpatl 644 

2 calU 546 

3 tochtli 546 

4 acatl 547 

5 tecpatl 548 

6 calli 649: 

7 tochtli 650 

8 acatl 551 

9 tecpatl 552 

10 calli 668 

11 tochtli 664 

12 acatl 55S 

13 tecpatl 656 

1 Calli 657 

2 tochtli 568 

3 acatl 559 

4 tecpatl 560 

5 calli 561 

6 tochtli 562 , 

7 acatl 663 

8 tecpatl 664 

9 caUi 665 

10 tochtli 666 

11 acatl 567 

12 tecpatl 568 

13 calli 569 

1 ToohfcU 670 



2 acatl 671 

3 terpatl 6TS 

4 calU 578 
6toohUi6T4 

6 acatl 575 

7 tecpatl 676 ■ 

8 calli 677 > . 

9 tochtli 578 
10 acatl 579 . 

iU tecpatl 580 > 

12 calU 58i ' 

13 tochtli 582 

1 Acatl 583 

2 tecpatl 584 

3 calli 566 

4 tocbtli 586 

5 acatl 587 

6 tecpatl 588. 
. 7 calli 689 . 

8 tocbtli 590 

9 acatl 591 

10 tecpatl 592 

11 calli 593 

12 tochtli 594 

13 acatl 695 

1 Tecpatl 596 
. . 2 calli 597 / 
- 3 tochtli 69& 

4 acatl 699 
•'. 6 tecpatl 600 

6 calli 601 

7 tochtli 602 

8 acatl 603 

9 tecpatl 604 

10 calli 605 

11 tochtli 606 

12 acatl 607 

13 tecpatl 608 
1 Calli C09 



. 2 tochtli 610 
3 acatl 611' 

- 4 tecpatl 612 
6 calli 613 < 

6 tochtli 614 

7 acatl 515 

8 tecpatl 616 

9 calli 617 

10 tochtli 618 < 

11 acatl 619' 

' 12 tecpatl 620 
13 calli 621 

- 1 Tocbtli 632 

2 acatl 628 

3 tecpatl 624 

4 calli 626 

6 tochtli 626 

6 acatl 627' 

7 tecpatl 628 

8 calli 629 

9 tocbtli 630 

10 acatl 631 

11 tecpatl 632 
•12 calli 633 

13 tocbtli 684 

1 Acatl 635 

2 tecpatl 636 

3 calli 637 

4 tochtli 638 

6 acatl ^9> 

. . 6 tecpatl 640. 

7 calli 641 

8 tochtli 642 

9 acatl 643 
10 tecpatl 644 
n calli 645 

12 tochtli 646 

13 acatl 647 

. 1 Tecpatl 648 



112 



2aoatl888 
3 teopatl 88á 
é calli 885 
6 toehtli 886 

6 acatl 887 

7 teopatl 888 

8 calUí 889 

9 toohtli 890 

10 acatl 891 

11 tecpatl 892 
12oalli893 . 
13 toobtli 89é 

1 aoatl 895 

2 tecpatl 896 

3 calli 897 

4 toehtli 898 
6 acatl 899 

6 tecpatl 900 

7 calli 901 

8 toehtli 902 

9 acatl 903 

10 tecpatl 90é 

11 calli 905 

12 toehtli 906 

13 acatl 907 

1 teopatl 908 

2 calli 909 

3 toehtli 910 

4 acatl 911 

6 tecpatl 912 

6 calli 913 

7 toehtli 9U 

8 aoatl 915 

9 tecpatl 916 

10 calli 917 

11 toehtli 918 

12 acatl 919 

13 teopatl 920 
1 calli 921 



2 toehtli ^2 

3 aoatl 923 

4 tecpatl 924 

5 calli 925 . 

6 toehtli 926 

7 aoatl 927 

8 teopatl 928 

9 calli 92» 

10 toehtli 980 

11 acatl 931 

12 tecpatl 932 

13 calli 933 

1 Toehtli 934 

2 acatl 935 

3 tecpatl 938 

4 calli 937 

6 toehtli 938 

6 acatl 939 

7 tecpatl 940 

8 calli 941 

9 toehtli 942 

10 acatl 943 

11 tecpatl 944 
12caUi945 
13 toehtli 946 

1 Acatl 947 

2 tecpatl 948 

3 calli 949 

4 toehtli 960 

5 aoatl 951 

6 tecpatl 952 

7 calli 953 

8 toehtli 954 

9 acatl 955 

10 tecpatl 956 

11 calli 957 

12 toohüi 958 

13 acatl 959 

1 Tecpatl 960 



2 calli 961 

3 toehtli 962 

4 aoatl 968 

6 tecpatl 964 

6 calli 965 

7 toehtli 966 

8 aoatl 967 

9 teopatl 968 

10 calli 969 

11 toohtli 970 

12 aoatl 971 

13 teopatl 972 

1 Calli 973 

2 toehtli 974 

3 acatl 975 

4 teopatl 976 

5 oalli 977 

6 toehtli 978 

7 acatl 979 

8 teopatl 980 

9 oalli 981 

10 toehtli 982 

11 acatl 983 

12 tecpatl 984 

13 calli 985 

1 Toehtli 986 

2 acatl 967 

3 tecpatl 988 

4 oalli 969 

' 5 toehtli 990 

6 acatl 991 
. 7 tecpatl 992 

8 calli 993 

9 toohtli 994 

10 aoatl 995 

11 tecpatl 996 

12 calli 997 

13 toehtli 998 
1 Acatl 999 



i:8 



2 tecpatl 1000 

3 ealli 1001 

é tochtii 1002 

5 acstl 1003 

6 tecpatl 1004 

7 oálli 1005 

8 tochtii 1006 

9 acatl 1007 

10 tecpatl 1008 

11 calli 1009 

12 tochtii 1010 

13 acatl 1011 

1 Tecpatl 1012 

2 calU 1013 

3 tochtii 1014 

4 acatl 1015 

5 tecpatl 1016 

6 calli 1017 

7 tochtii 1018 

8 acatl 1019 

9 tecpatl 1020 

10 calli 1021 

11 tochtii 1022 

12 acatl 1023 

13 tecpatl 1024 

1 Calli 1025 

2 tochtii 1026 

3 acatl 1027 

4 tecpatl 1028 

5 calli 1029 

6 tochtii 1080 

7 acatl 1031 

8 tecpatl 1032 

9 calli 1033 

10 tochtii 1034 

11 acatl 1035 

12 tecpatl 1036 

13 calli 1037 

1 TochtU 1038 



2 acall 1039 

3 tecpatl 1040 

4 calli 1041 

5 toohtli 1042 

6 acatl 1043 

7 tecpatl 1044 

8 calli 1015 

9 toohtli 1016 

10 aoHÜ 1017 

11 tecpatl 1048 

12 calli 1049 

13 toohtli 1050 

1 Acatl 1051 

2 t«cpatl 1052 

3 calli 1053 

4 toohtli 1054 

5 acatl 1055 

6 tecpatl 1066 

7 calli 1067 

8 toohtli 1058 

9 acatl 1059 

10 tecpatl 1060 

11 calli 1061 

12 tochtii 1062 

13 acntl 1063 

1 Tecpatl 1064 

2 calli 1065 

3 tochtii 1066 

4 acatl 1067 

5 tecpatl 1068 

6 calli 1069. 

7 tochtii 1070 

8 acatl 1071 

9 teuspaÜ 1072 

10 calli 1073 

11 toohtU 1074 

12 acatl 1075 

13 tecpatl 1076 
1 OaUi 1077 



2 tochtU 1078 

3 acatl 1079 

4 teopatl 1080 
6 oallt 1081 

6 tochtii 1082 

7 acatl 1083 

8 tecpatl 1084 

9 calli 1085 

10 tochtii 1086 

11 acatl 1087 

12 teopatl 1088 

13 calli 1089 

1 Toohtli 1090 

2 acatl 1091 

3 teopatl 1092 

4 calli 1093 

6 tochtii 1(J94 

6 acatl 1095 

7 tecpatl 1096 

8 calli 1097 

9 toohtli 1098 

10 acatl 1099 

11 tecpatl 1100 

12 calli 1101 

13 toohtli 1102 

1 Acatl 1103 

2 teopatl 1104 

3 calli 1105 

4 toohtU 1106 
6 acatl 1107 

6 tecpatl 1108 

7 oalli 1109 

8 toohtli 1110 

9 acatl 1111 

10 teopatl 1112 

11 oalli 1113 

12 toohtli 1114 

13 aoatl 1116 

1 Tecpatl 1116 
15 



114 



2 calli 1117 

3 tochtli 111» 

4 acail 1119 

6 tecpatl 1120 

6 callí 1121 

7 tocLtli 1122 

8 acaU 1123 

9 tecpatl 1124 

10 calli 1125 

11 tochtli 1126 

12 acatl 1127 

13 tecpatl 1128 

1 Galli 112d 

2 tochtli 1130 

3 acail 1131 

4 tecpatl 1183 

5 calli 1133 

6 tochtii 1134 

7 acatl 1135 

8 tecpatl 1186 

9 calli llb7 

10 tochtli 1138 

11 acatl 1139 

12 tecpatl 1140 

13 calli 1141 

1 Tochtli 1142 

2 acatl 1143 

3 teopati 1144 

4 calli 1145 

5 tochtli 1146 

6 acatl 1147 

7 tecpatl 1148 

8 calli 1149 

9 tochtli 1150 

10 acatl 1151 

11 tecpatl 1152 

12 calli 1153 

13 tochtli 1154 
1 acatl 1155 



2 tecpatl 1156 

3 calli 1157 

4 tochtli 1158 

5 acatl 1159 

6 tecpatl 1160 

7 calli 1161 

8 tochtli 1162 

9 acatl 1163 

' 10 tecpatl 1164 

11 calli 1165 

12 tochtli 1166 

13 acatl 1167 

1 Tecpatl 1168 

2 calli 1169 

3 tochtli 1170 

4 acatl 1171 

6 tecpatl 1172 

6 calli 1173 

7 tochtli 1174 

8 acatl 1175 

9 tecpatl 1176 

10 calli 1177 

11 tochtli 1178 

12 acatl 1179 

13 tecpatl 1180 

1 Calli 1181 

2 tochth 1182 

3 acatl 1183 

4 tecpatl 1184 

5 calli 1185 

6 tochtli 1186 

7 acatl 1187 

8 tecpatl 1188 

9 calli 1189 

10 tochtli 1190 

11 acatl 1191 

12 tecpatl 1192 

13 calli 1193 

1 Tochtli 1194 



2 acatl 1195 

3 tecpatl 1196 

4 calli 1197 

5 tochtli 1198 

6 acatl 1199 

7 tecpatl 1200 

8 calli 1201 

9 tochtli 1202 

10 acatl 1203 

11 tecpatl 1204 

12 calli 1205 

13 tochtli 1206 

1 Acatl 1207 

2 tecpatl 1208 

3 ovil i 1209 

4 tochtli 1210 
6 acatl 1211 

6 tecp itl 1212 

7 calli 1213 

8 tochtli 1214 

9 acatl 1215 

10 tecpatl 1216 

11 calli 1217 

12 tochtli 1218 

13 acatl 1219 

1 Tecpatl 1220 

2 calli 1221 

3 tochtli 1222 

4 acatl 1223 

5 tecpatl 1224 

6 calli 1225 

7 tochtli 1226 

8 acatl 1227 

9 tecpatl 1228 

10 calli 1229 

11 tochtli 1230 

12 acatl 1231 

13 tecpatl 1232 
1 Calli 1233 



116 



5IioolitU1284 

3 acakl 1235 

4 tecpatl 1236 
6 calli 1237 • 

6 tochtli 1288 

7 acaü 1239 

8 tecpatl 1240 

9 calli 1241 

10 tocbtli 12é2 

11 acatl 1243 

12 tecpatl 1244 

13 calli 1M5 

1 Tochldi 1246 

2 acj.tl 1247 

3 tecpatl 1248 . 

4 calli 1249 . 

5 toclitlí 1260 . 

6 acatl 1251 

7 tecpatl 1252 

8 calU 1253 

9 toclitli 1254 

10 acatl 1255 * 

11 tecpatl 1256 

12 caUi 1257 

13 tochtli 1268 

1 Ao itl 1259 

2 tecpatl 1260 

3 calli 1261 

4 tochtli 1262 

5 acatl 1263 

6 tecpatl 1264 

7 calli 1265 

8 tochtli 1266 

9 acatl 1267 

10 tecpatl 1268 

11 calli 1269 

12 tochtli 1270 

13 acatl 1271 

1 tecpatl 1272 



«• 



2 calli 1273 

3 tochtli 1274 

4 acatí 1276. 

6 tecpaü 1276 

6 calli 1277 . 

7 tocbtlil278 

8 acatl 1279 

9 tecpatl 1280 
. 10 calli 1281 

: 11 tochtli 1282 
1 12 acatl 1286 
13 tecpatl 1264 
lcaim283 

2 tochtli 1286 . 

3 acatl 1287 

4 tecpatl 1288 

5 calli 1289 

6 tocbtK 1290 

7 acatl 1291 

8 tecpatl 1292 

9 calli 1293 

10 tochtli 1294 

11 acatl 1296 

12 tecpatl 1296 

13 calli 1297 

1 tochtli' 1298 

2 acatl 1299 

3 tecpatl 1300 

4 calli 13101 

6 tochtli 1302 

6 acatl 1303 

7 tecpail 1304 

8 calli 1306 

9 tochtli 1806 

10 acatl 1807 

11 tecpatl 1308 

12 calU 1809' 

. 13 tochtli 1310 
1 acatl 1311 



.- 2 tecpatl 1312 '. 

3cami8l3 . ■ 

4 tochtli 1314 
.. 6 acatl 1316 
.• 6 tecpatl 1316 . 

7 calü 1317 , 

. 8 tochtli 1318 . 
• 9 acatl 1310 

10 tecpatl 1320 . 
' 11 calli 1S21 
' 12 tochtli 1322 . i 

13 acatl 1328 

1 tecpntl 1324 • 

2 calli 1825 

3 tochtli 1826 

4 acatl 1327 

6 tecpatl 1328 
6 calli 1329 
- 7 tochtli 1380 

8 acatl 1331 

9 tecpatl 1332 

10 calli 1333 

11 tochtli 1334 
> 12 acatl 1335 

13 tecpatl 1836 

1 calU 1387 

2 tochtli 1338 

3 acatl 1339 

4 tecpatl 1340 
6 calli 1841 

6 tochtli 1342 

7 acatl 1843 

8 tecpatl 1844 

9 calli 1345 

10 tochtli 1346 

11 acatl 1347 

12 tecpatl 1348 
18 calli 1349 

1 tochtli 1360 . 



116 



2 aoafl 10&1 

8 teopaül -laS2 
4 ealU 1B63 
6tochtli':^54 
6aoatíI355 

7 teopatl 3d5& 

8oaim:i35!r 

9 toohtli ildSB 

10 acatllS^ 

11 tecpatl 11360 

12 oalli 1861 

13 tochtU 1368 
1 acatl 1393 

a tecpatl 13Í64 

3 oalli 1365 
4tochtlil386 
6 acatl 1867 

6 teopatM368 

7 oalli 1369 

8 tocbtli 1*70 

9 acatl 1371 

10 teopatl 1372 

11 calli 1373 

12 tocbtli 1374 

13 aoatl 1375 

1 tecpatl 1376 

2 oalli 1377 

3 tochtli 1378 

4 aoatl 1379 

6 tecpatl 1380 

6 oalli 1381 

7 toohtli 1382 

8 acatl 1883 

9 teopatl 1384 

10 calli 1385 

11 tochtli 1386 

12 aoatl 1337 

13 teopatl 1388 
1 oalli 1389 



2 toohtlilSdO 

3 aoatl 1361 

4 teopafl:i$9B 

5 oalli 1393 

6 tocbtli 1394 

7 acatnSidS 

8 teopatí'13916 
9oami397 

10 tochtli 1398 
llacatM3t99 

12 tecpatl 1400 

13 calli 1401 

1 Tochtli 1402 

2 aoatl 1408 

3 tecpatl 1404 

4 oalli 1405 

6 tochtli 1406 

6 acatl 1407 

7 tecpatl 14018 

8 calli 1409 

9 tocbtli 1410 
•10 acatl 1411 

11 tecpatl 1412 

12 calli 1413' 

13 tochtli 1414 

1 Acatl 1415 

2 tecpatl 1416 

3 calli 1417 

4 tochtli 1418 

5 acatl 1419 

6 tecpatl Í4SÍ0 

7 oalli 1421 

8 tochtU 1422 

9 acatl 1423 

' 10 tecpatl 1424 

11 oalli 1425 

12 toohtli 1426 ' 

13 acatl 1427 

1 Tecpaitl 1428 



2 oalli Hm 

3 toohtfííl430 

4 acaÜ 1431 

5 teopatl 1432 

6 calli 1483 

7 tochtli 1434 

8 acatl 1435 

9 teopatl 143S 

10 oalli 1487 

11 tochtU 143& 

12 aoatl 1439 

13 tecpatl 1440* 

1 CaUi 1441 

2 tochtli 1442 

3 acatl 1413 

4 tecpatl 1444 

5 oalli 1445 

6 tochtU 1446 

7 acatl 1447 

8 tecpatl 1448 

9 calli 1449 

10 toclttli 1450 

11 acatl 1451 

12 teopatl 14^ 

13 calli 1453 

1 Tochtli 1464 

2 acatl 1455 

3 teopatl 1456 

4 calli 1467 

5 tochtU 1458 

6 aoatl 1459 

7 tecpatl 1460 

8 calli 1461 

9 tochtli 1462 

10 acatl 1463 

11 teopatl 1464 

12 calU 1465 

13 toohtti 1466 
1 Aoatl 1467 



117 



2 teepaü Í468 

3 caUi 1469 
4toohtli 1470 

5 auaÜ 1471 

6 teepatl 1472 
Toalli 1473 

8 tochtli 1474 

9 acatl 1475 

10 teepaü 1476 
U eaUi 1477 

12 toohtU 1478 

13 aoatl 1479 

1 Teepatl 1480 
a calli 1481 

3 toohtli 1482 

4 acatl 1483 

5 teepatl 1484 

6 calli 1486 

7 toobtti 1486 

8 aeatl 1487 

9 teopati 1488 
IDcaUi 1489 

11 toohtU 1490 

12 aoatl 1491 
la teepatl 1492 

1 Calli 14&Z 
a toohtU 1494 

3 aoatl 1495 

4 teepatl 1496) 
6 oalU 1497 

6 tpeUtK 1498 
7- acaÜ 1499 

8 teqpatl 1500 

9 callt, 1501 

10tQchtU1502 

11 acaÜ 1603 

12 teepatk 1504* 

13 calU 1505 

1 Tochtli 160d 



2 aeatl 1507 

3 teepatl 1508 

4 caUi 1509 

6 tochtii 1510 

6 aeatl 1511 

7 teepatl 1512 

8 ealU 1513 

9 tocbtli 1514 

10 aeatl 1515 

11 teepatl 1516 

12 oalli 1517 

13 toohtli 1518 

1 Aeatl 1519 

2 teepatl 1620 

3ii»ini.l¿ai 
4 toehüi 1522 

5.aía»tL1523 
6 teepatl 1524 
7ealU1525 
a toohtU 1526. 
9 aeati 1627 

10 teopail 1628 

11 ealU 1629 

12 tochtU 1530 
13aeaU1531 

1 Teepatl 1532 

2 oalli 1533 

3 toehtU 1534 
4acatiil585 

& teepatl 153^ 

6 oalli 1537 

7 toohjüá 1538i 
a aoatl 1539 
9teepaai54a 

10 «aUi 151^1 
U t9ohUi 1549 
l2aoaf;L1543 
)3 teop»t^ im 
\ OiaU154& 



2 toehtU 1546 

3 aoatl 1547 

4 teepatl 1548 

5 calli 1549 

6 tochtli 1550 

7 aeatl 1551 

8 teepatl 1552 

9 oalli 1553 

10 tochtli 1554 

11 acatl 1555 

12 teepatl 1556 

13 oaUi 1557 

1 TochtU 1558 

2 acatl 1559 

3 teepatl 1560 

4 oalli 1561 

6 tochtU 1562 

6 acatl 1563 

7 taopatl: 1564 
8.oalU ld6& 

9 toohUi 166fr. 

10 acatl 1587 

11 teepatl 16«ft 

12 oalli 1569 

13 tochtü 1670^ 

1 Aoatl. 1571 

2 teepatl 15721 

3 «alU 1673 

4 tochtU 1574 
^ aeatl 1575 

8 teejpatl 1576 

7 oaUi 1577 

8 tochtU 1578 

9 acatl 1579 
io teepatl 1580 
n «aUi 1581 
;2 to<;htU 1582 



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I • I 






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> 4 

1 -• 



/ 



CAPÍTULO 






<^^ • CALENDAHIO' MATA. 



. •: ' 



' — Xm ^n«» d&u <¿y^ ti^ni^^. —PeriáÍM iréoenmim,^^Cielo de 52 añ^i; kaiun. — FW- 
mad/mM añc—InUwaíaeCon.'-Láe Bacáb.^JSéttcian de lee únoa.cífnioeiákt 
era vulgar. -^Loe AJkaU J[aiun,--€bmsfioind9neia ^re ¡m anas mojfdy ^téteea^^ 



Tabldr'óponológieek' 



[I 






I 



! 



•í 



NTES de entrar al examen del Calendario maya, ramos A co- 
piar 'ciertas' nociones, qW^or i9stkr'contenidaB*en nn lib]K> 
raro, contentarán •licnriosidad:'''' '' •' '• r . ! . - ' 

'TTeníablibi^o^ dé cortesas de* árboles 6on nn bettin en blrtnto 
y perpetuo de 10 y 12 varas de larpfo, (Jné se cogfa!n doblándolos 
como un^' palmo, y 'én éstos piotabáh eon colores laquentade 
BUS añtís,l:i!? guerras, pestes, hUratíánes, inundaciones, hambtejy 
otros sucesos, y "óór uno de¿foB líbtóár'' que quité ¿t nnbs idóla- 
tras, VI y lBup!á¿ i^tíe^" á una parte llámáTbn MayaciirHl,'y á otra 
Ocua KttcKíll que quiere decir ibueiJtéísTepentinas, y'tíémííos en 
que loci' cúefVo^ se' entraron á^tictiaét Tos 'cadáveres *ek ías Casa&r. 
y la inunda cíóri'^fl ntiracan ffáiAdróí l2Íimveci7, anejijkbíoiide ár- 
boles. ^-TÚviertln noticia que el toWdfto* S6 afía dfe acafcar,- y qué 
avia gloria é infierno. Contntlb^^ í^ ^¿¿'¿or Lunad dé '3^5 dikft 
como nosotros también. Xíoiftáyoii' Araño solsl^ p¿r' meseii de 



U9 

Ttinte dias, con fiéis dias de oamcnlaces oorrespondiendo á mnw- 
iros mefies por este^órden: 

4 
f 

"A 12 de ISüero Ilamaxon Ytax Vtuo Kin Ytobol Kin, por «ais Mm 

A 1 de Febrero Qac que eAn sos 



A *!2 de Febrero Ceh ' A 17 de Julio Poop 

A )8 de Mar^ Mac ' A 6 de Agosto Voo 

A 2 de Abril Kan Kin A 26 de Agoaro Qip 

A 22 de Abril Muan A Id de Setiembre Qeo 

A 12 de Mayo Paaz A 23 de Octubre Xul 

A 1 de Junio Kayab A 14 de KoTÍembre Taax Ein 

A 21 de Junio Gum Ku A 4 de Bieiembre Mobl 

A 11 de Julio Vayeab, por otro nombra A 23 de Diciexábre Cbeen. 

'^Esta qnenta de dif^z y cebo meses y los seis diás de canicu- 
lares son los mismos 365 de nuestro año solar; serTÍanles de mu* 
ebos útiles, y particularmente para saber los tiempos en que 
avían de rozar pus montes, y abrazarlos, y esperar las agnas^ j 
sembrar su trigo, maÍ2^ y las otras legumbres, que.siembrsun en 
diferentes tiempos. Y oomo nueR^tros labrAdoK:e0 en España ob- 
si^ryan tales y talos d.ias,y dizen Otubre hecha pan^ y cuhre^ y otros 
refrancilIoQ. Así ni más, ni menos usav^n, y usan estos Indios 
sos refr/incillos en etitos 18 meses, y seis dias (}e caniculares pa* 
ra sembrar, y mirar por su salud, y curarse como nosotros eft 
Verano, Entío, Otoño y Invierno. T aunque los primerps religie- 
sos, Santos y verdaderos Viñadores de lesu Cbristo, proeuraroB 
desterrar esta quenta, entendiendo que era supersticiosa p^ra 
usar de su ge^itilidad, no aprovecL,á, porque los m^a ^0 9abw 
por tradición de sus mayores. Y i;abiendo yo ¿sto; bi£e grai^dM 
diligencias por Faber la verdad, comunicando e^ta m^^;^ ria eóft 
Tin gran Religioso varón Apostólico, llamado Fr. Alonso Solana 
7 con otro uo menos Ibimado Fr. Gaspar Nágera, grandes Minis- 
tros, y pr»*(licadores destos ludios: á los cuales se^uf, y sigo enf 
afirmar; que no és perjudicial esta quenta pnia la Chfistiandad 
destos In^lioR, antes útil como osla referido, para que sepan los 
tiempos. Otras muchas cosas de su gentilidad supiéramos, los 
Curas y Ministros, y por ellas como por símiles, ó refutándolas*» 
les predicáramos en su lenguaje propio, y natural. Pero los pri- 
meros Kííligiosos recogieron y quemaron estos libros inadverti- 
damente. Habla van" con el demonio, á quien llamavan Xíbilba, 
que quiere, decir el que se desaparece ó desvanece. 



120 

^'Deinai desto eont&van ras eras, y las assentaban eü I0» librar 
de veinte en veinte años, j por lustros dé quatro en qtiatro. -& 
primer año fijavan en el Oriente, llamánilole CvMiáb; el segando 
éá'el Ponieilie, el tercero en el Sur, el quarto en el Korte, ^y^es- 
to les servía de letr^ Dominical; y llegando estos lustros a cfnco 
que hazen veinte, años, Ilamavan Katun y ponían una piedra la- 
brada sobre otra piedra labrada fixada con cal y arena en las 
paredes de stts'teib|3flbs, 6 casas de los Sacerdotes; y ésto sé v¿ 
el dia de hoy eüios edifecios que tengo referido, y^ se poátó'i^r 
en las paredes* sobre, que edificaron las seldas los Heligiosos en 
el Convento desta Ciudad, que caen al Sur, qne son paredes y 
bobedas de los antiguos; y ésto hazían para memoria perpetua. 
En un pueblo que es de la Encomienda de mi madre, llamado 
Tiaíuatahtim^ que quiere decir, lugar donde se poiie una piedra' 
bbtada sobre otra: dé suerte qué este pueblo era como entre no- 
C>troB el arcbivo de Simancas; y el común lenguaje del ios paní 
decir tengo sesenta años, era oxppelnahil, tengo tres eras de años^ 
idest, tres piedrats, idest, sesenta años; y para dezir setenta, di^* 
ten Tanoochtu Campd, idest, tres eras y media, ó quatro eras mé^ 
líos media; y este-lenguaje y quenta aprendí para en mis sermo- 
nes hablarles con propiedad y á su gusto, (doctrina es de Beto- 
fieos adequarse con la capacidad del auditorio). Lo qual refiero 
etí prueva, que no eran tan bárbiaros ¿stos de Tucatan, como loÍ 
Caribes, Chichimeobs ó Choortales de otras Provincias." (1) 

EDasta aquí la copia. El sistema que vamos á seguir y á eia* 
fiñiiar eá el del Sr. D. Pió l^erez, reputado actualmente como et 
Más exacto. (2) Le extractaremos, pondremos entre comillas leí 
^e tomemos al pié de la letra. 

r 

~ . (1) Infom« contra Idolomm Cultores del Obúpo de Yucatán, por el Dr. D. Té^ 
fso Sanchep de Aguilar. Impreeo en lEedxid 1639, 4. ® FoJivb S7-89. Cogottodo, 
^Qsknria de Tneftthaa, lib. IV, cap. V, copia la relación de Sánchez de Aguilar, 
aunque introduciendo algunas Tariantes. 

(2) Para el calendario maya, Tiíase: Belacion de las cosas de Yucatán sacada de lo 
^tie escribid el Padre Fr. Oiego de Jjanda de la drden de San Francisco. Paris, 1864. 
Texto espaftol jr traducción francesa, pág. 202 á 822. B. Pió Pérez formó un primer 
aitíoulo, cujatraduooion inglesa aparece en los Incidente of trarel in Yucatán, h^ 
^Obn L. Stephens, New York, 1847, tom. I, pág. 434-458. unos cuatro aAos das- 
pnea apareció segundo artículo en el Begistro Yucateco, tom. 3, pág. 281-89, S23-82| 
&ás abundante en doctrina que el anterior, si bien con falta de algunas tablas y deí 
afananaque para 1841 y 1842. Brasseur de Bourbourg. tomándole según afirma ñá. 



"i 

<f 



MI' 

Xa estruotnra; del calendario maya es idéntieameiiie la rntema 
que la del méxíca; cambia como eii liataral en loa Boit)fb)-^s» j dJb' 
QDA maceraeBéuekil en la interoajAcien j eti loa períodos crono^ 
l<^icoa Coméiieémos por las8eiKM'j^ntMSt--''Al 4iallamfA>an Kití,* 
es decir, sol, j en esto se parecen á otras naciones qae Oiientaír' 
los días por sdlesí lo diridían en dos pattes naturales; á sabér,^ 
la noche y el tiempo eli qne aquel asbo está* sobre el boríflOn-'' 
'*te. £n éste distinguían 1& parte ^ncT antecede al nacimiento del' 
aol,; expresándola' mn las palalnras haeh JuUsícab, mny de mananA»' 
ó con lú de nujiihrckoó kin\ ant^ qae salga el sol» 6 eon la d#' 
^yoi ahdhqjxe señala la madmgadiw Con la palabra Aoázoai desiji^ 
^aban el tiempo que corre de la salida del sol al medio día; é* 
''éste le llamaban chnn kih^ qne es eootraocion de ckumuo kini 
''centro del dia ó medio dia, annqne en la actualidad désignatt 
''con esta palabra las bo^as qtie se acercan al medio dia. Txdqp' 
kin llamaban la bora en que el sol dedina en el arco dinmo' 
aparentemente, esto es, á las tres de la tarde. OcnaMn es la en<-' 
"trada de la noche ó pnesta del sol. Para significar la tarde, di<- 
cen qne cuando refresca el sol y lo. expresan diciendo cu zítícl 
"¿tn. La noche es akub, su mitad ó media es ohumuk ahab^ y para 
"señalar el tanto del dia ó de la noche iiftermedio á los puntos* 
"dichos, señalan en el arco diamo del sol lo qne ^te ha corrido- 
ó correrá, y por la noche la salida ó estado de alguna estrella 6 
planeta conocida" 
Veinte eran los dias, diyididos de cinco en cinco,, en esta for-* 






4t 



4* 
■St 



Kan 


Mnlac 


Gix ó hix 


Canao 


Chiecban 


Oo 


Mftn 


Ajan ó aban 


Quimi ó cimi 


Cbuen 


Quibócib 


Imix 


Bfauik 


£b 


Caban 


Ik 


Ijamat 


Beta 


Eda-Nab ó 


eznab Akbal 



BegÍHtro Yncateco, indtiyó el artículo en eíUbro del P. Landa, con traduockm frin- 
ceaa, pág. 366.418. No obsiaxite decine copia, pneenta el testo solablea rariaatea» 
por adidon ú omisión, lo cual no atinamoa á explicar. Acompafian la traducción id^ 
ganas notas del Sr. Brassemr, enderezadas prindpalmente á combatir el sistema da 
los katum, ó rectificar el sentído de algunas palabras: no deja de haber en ellas inez- 
actitudes y aun fabos testimoniofi. Del Begiistro Tucateco copió igualmente el Dfo* 
/'iozurio UmTezflal d« Híat. y da Geog . «1 árt istíttlado CronoJogía líUBataaa. 

16 



ií 



122 

^Es necesario advertír qne la traánccion de estos nombres no 
'^8 tan íá¿i\ como pbdía considerarse, porqne la significación de 
''algunos se lia perdido, ja porqne se hananticnado aya porque 
'*]as palabras se tomaron de nna lengaa ' erkra'ñft, 6 finalmente, 
''porqne como no están en uso j sn escritura no está bien arre- 
''glada á la pronunciación, tienen Tarios significados sin poderse 
"atinar el que tenían yerdaderstnente. — 1. JTon, en la actualidad 
'Isignifica el mecate 'ó hilo de henequén torcido. — ^2. Chicehan^ si 
"fuera cAicAoTt se entendería pequeño, mas del modo escrito nó 
"es conocida su significación.^-^. QuintLt ó dmi, asi es el preterí-' 
*H¡o del verbo quimil, morirse; pero como es nombre, qni¿á signi- 
'%ca cosa distinta. — 4. Maidk: es perdida su verdaderji acepción, 
"pero si se divide la expri>sion man-£¿, viento que pasa, quizá se 
'entendería lo que faé.-^5. Larfiai: éste se ignorü'ló que -'debe 
"significar: entre los nombres de los dias que Boturii^i halló en 
'^OazMoa, se halla escrito Lamhát. — 6. Midx\c:9^ halla igualmente 
"entre los del referido Chiapás; aunque si es raíz del Yerbal mu- 

íuebát, pudiera entenderse por reunión 6 amontoriattiieuto. — 7. 

Oc: es lo que cabe en el hueco, de la mano encojida, formando 
'Vjoncha, — 8. C/¿t/«7í.* antiguamente ^ed<scía para significar tabla 
'^huefické: líambien hay un árbol llamado zaotíhvsnché ó chuenche 
'*blanco. — ^9. '-B6, Se dióe perla escalera.— ^10. Been: también es 
"nombre ofaiapaneco* como los dichos anteriormente, y solo se 
"halla en el idioma maya el verbo beenfah, gastar con ecónomfa. 
"-^11. Oix ó Hix: etítá entre los de Cbiapas, en el uso actual se 
"encuentra el verbo hiixtah^ bajar toda la fruta de un árbol, qui- 
"tar todas las hojas de una rama, y el nombre iixcay, como an- 
"tiguamente se escribía, quesignifíca leviza ó dija, cuero de un 
"pez; y la palabra hihixí, áspero. — 12, Meíi, artífice. — 13. Quih 6 
*'Cib, cera, iffela ó copA!é-»-^14. C^ban, de significación descbnoci- 
"da. — 15. Edznab 6 -E'znoJ, del mismo modo desconocida. — ^16. 

Gav/oLCf iáem!— 4.7* Akau ó ájau, ^l rey ó el* período de 24 anos. — 

18. Imix: desconocido; solo por trasposición de alj^una letra po- 
"día entenderse ipaíz ímjn, — 19. Ik, viento, aire.— 20. AkbaJ: des- 
"cónocido: también se halla entre los dias ehiapandcos escrito 
"Agfi-nal.*' • 

De estos veinte dias se formaban los meses. Mes se dice U, 
que también significa lupa: "en los manuscritos, antiguos se le 
"da el nombre de Uinoden singalar j üinahb en plural, á los diez 



i€ 
it 



123 

''y ocho meses del año/hftoiendose extensiva esta denommacion 
''ó palabriiy á la aérie y á cada uno de los nombres particaiares 
''que señalan los Teinte dias que componen el mes. La voz Ui- 
'Stoi me parece derivativa, y así, cuando procede de ü luna, en 
''su primera significación, entonces indica ser lunación ó mes, y 
"enando se deriva de ÍTmes, significará las partes que de é\ di- 
"manan ó los dias que lo fovtnsu-'* 

lios meses son diez y »oclio; el inicial se llama Pop; su orden 
aneesivó y su relación con el calendario juliano son los siguientes: 



1 Pop prinoipüiba á 16 dé Julio 



10 Yaax principiaba ¿ 12 de Enero 



S Uo 


tt 


á 5 de Agosto 


11 Zac 


n 


á 1 de Febrero 


S23p 


»9 


á 25 de Agosto^ 


12 Qoek 


ff 


i. 21 da Febrero 


4 Zodz 


9» 


¿ 14 de Setiembre 


18 Mao 


99 


á 13 de Marzo ' 


5 Zeoo 


fi 


á 4 de Octubre 


14 Kankin 


tf 


á 2 de Abrü 


e Xul 


ff 


á 24 de Octubre 


15 Moan 


»> 


á 22 de Abril 


7 Dzejazkin,, 


á 13 de HoTiembre' 


• 16 Pax 


99 


á 12 de Mayo 


a Mol 


f» 


á 8 de Diciembre . 


, 17 Kayab 


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¿ 1 de Junio 


9 Deben 


f» 


ft 23 deBic^embre 


18 Cum)(ií 


fl 


á 21 de Junio 



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'En la trádui^cion de estos nombres resultará lo mismo que en 
la de los dias, pues por ser alj^nnos t«n autignos ó tomadoade 
extraño idioma, no se sabe lo que significan, y los otros, tenien- 
do á veces dos aofipcion<»s, se ignora la cierta. — 1. Pfyp, estera ó 
««petate. — 2. Üo, rana, — ^3. Zip, soló hay un árbol linmado Zipché. 
*' — L Zodz ó Ztyo, murciélagn.— 5v Zec, se ignora. — 6. Xtd, t^rmi- 
««no. — "^ Dzeyaxkin 6 ¡yeyaxkiif, se ignora. — 8. Mof, reunir, reeo- 
*^r, y mool significa garra do animal. — ft Dchen 6 ók&it, pozo.— 
**10. Yaax, verdeó fezul, o de t/^^/íT/ primero, resultando sol de 
primavera. — 11. Zgc^ blanco.— 12, Quek 6 6'cA,Vfínado.-*-18. 
Macy tapa; cerrar. — 14 Kccfikin,f>o\ amftriHo: quizá porque en 
"este mes por las quemas de los montes rozados para séttibmr, el 
**8ol tf su luz éá amarilla por el humo de' la atmós^fera:— 15. Moan, 
•dignifica el dia nublado dií^pue.si?o á lloviísnar a ratoa.— 16>Í*ax', 
•instrumento de música. -¿-17. Cayah^ cauto. — ^^18. Cnmkú, la fuí^r- 
^t/& explosión como la de uñ cañonazo lejano que se oye y al 
•^prineipio de laS aguas, producido qni^ por los pantanos que 
'■»« hienden al secarán, ó por lá explosión de un royo en*turho- 
'^adas distantes. También llámanse jun ku sonido ó ruido de 
^•üios." . . .' 



M 



*€ 



4t 



124 

Enooniramo» en el P. Landa (1) esta intetBsaitte noticia:-^ 
''Tienen BU año perfecto cUs COO y LXV días y VI botas. Bhíi 
''denlo en dos mameraa de meaes, loa unos de i-XXX días qne^ 
ae llaman. U^ que. qoínre decir Itma, la cual contaban desde qne* 
solía nnevar haetaqiie no parecía.'! — ''Otra;manera de mesaa te*' 
"láam de á XX días, á \o,^ cuales llamaban- üincd»Un''Ekek; dea^- 
''tos tenía el año entero XYUI^ y más los cinco días y seis ho*' 
"refs^ DestaBseis horas ae haeían cada cuatro años un dia, y así 
"tenían de cuatro en cuatro anoa el año de CCOItXYI dias;'* 
Notaremos solamente por ahora, que de los meses de treinta dias 
no encontramos noticia alguna en los otros calendarios. 

El año hadb ae componía de los diez y ocho meses de á yeinte 
dias cada ano, los cuales formaban 360 diüs; para integrar cIti^ 
lor del año que contenía 365, se añadían cinco dias complemen* 
tarios llamados xtna haba kin, sin nombre. "También los llama- 
"ron tiayab 6 nayeebjaab] mas esta denominación tiene dos íq- 
"terpretaeiones^ porque la palabra iiayab puede derivarse del 
"nombre uay que significa cama, celda ó aposento, presumiendo 
"que los indios creyesen que en ellos descansase el año, ó salie- 
se el siguiente como de un depósito, conjetura que tiene en sa 
apoyo, el que en algunos manuscritoa se llamase u ndjaab ma- 
"dre del año^ ó uayab dchab. cama ó aposento de la creacioii. 
"También pueden derivarse del verbo uay que significa corroer 
con leches eáustioas de las plantas ú otras materias^ corrosivas 
y en apoyo de esta opinión algunos los llamaban u yail kiiv ó u 
ycLÜ haabf que se traduce lo doloroso ó trabajoso de los^ diaa 6 
del año, porque creiaa que en ellos sobrevenían muertes repea« 
tinas, pestes; el que faesea mordidos por animales ponzoñosos 
"ó devorados por las fierae, temiendo que si saltan al campo á 
"sus laborea ae les estacase un palo ó les sucediese cualqnáev 
''otro género de desgracia." 

Dase el nombre de semana ¿ los períodos trecenal^s; ¿stoa so 
deslizaban sobre todos lr>s dias de los meses y los eomplemen* 
tarios, como en el calendario azteca. Al día inicial del año se 
decía cueh hoab^ cargador del año. Como en su lugar vimos, ja 
que los dias eran v^nte» y trece loa números del periodo^ cada 
mes contendría una trecena ó triadecatérida más siete nrumeros; 

(1) Belacion dé las cosas de Tacatas, pág. 202. 






ét 



1 Hna m wms 


de 1 á $ 


Süaxaeibn 


de 8 á 9 


8 Ca in bolón 


de 2 á 9 


9 BoloDté ox 


da 9 á 8 


'8 Oxte lahum 


de 8 á 10 


10 Lahnnte caD 


de 10 á 4 


4 Can in bnlao 


de 4 á 11 


11 Bulucté hó 


de 11 á 5 


5Homlahcá 


de 5 á 19 



126 

«ito determinaba que, como todos los meses comenzaban j con- 
elafan por los miamos signos diurnos, se distinguían los nnos de 
los otros por el numero ordinal qne les acompañaba. Los mayas 
cooocían esta caenta de su calendario á la cual llamaban buhcoc^ 
disponiéndola en esta forma. 



ISLaheámoae de 12 á 6 

6 üao te oxlahun de 6 á 13 
18 Oslaban te nao de 13 á 7 

7 Uno in han de 7 á 1 
1 Han in Taxac de 1 á ^ 

8 Vazac in ca de 8 á 2 

9 Ca in bolón de 2 á 9 
9 Bolonté ox de 9 á 8 
8 Oxté lahun de 8 i 10 



Esta cuenta arroja la serie que habíamos encontrado en nnes- 
ira tabla de los días trecenales; 1, 8, 2, 9, 3, 10, 4, 11, 5, 12, 6, 13, 
7, 1, 8, 2, 9, 3, 10, la cual se compone de solo trece términos pro- 
longándose á diez y nueve para que abrace los diez y ocbo me- 
ses y los dias sin nombre. Dado el día inicial del año con su 
número trecenal^ ó el inicial de un mes cualesquiera, la serio 
presenta inmediatamente los números trecenales que acompañan 
los dias iniciales de los demás meses y el principio de los cinco 
complementarios, en un año pretérito 6 futuro. 

£1 Sr. Pérez, asi como Gama, tiene el número trece como sa- 
grado y dice: ''Es muy probable que los indios, antes de la co- 
''rreccion de su cómpato usasen de neomenias para arreglar c^ 
''carso natural del sol, señalando li cada neomenia veinte y seis 
"dias, que es poco más ó menos el tiempo en qne la luna se deja 
'Ver sobre el horizonte en cada una de sus revoluciones. Dividie- 
'^ron este tiempo en dos trindecatéridas que les sirvieron de se- 
'^manaB señalando á la primera los trece primeros dias en que la 
"lana nueva se deja ver hasta la llena, y la segunda los otros 
"trece en qne decreciendo se ocultaba á la simple vista." 

El ciclo de 52 años, katun, es el azteca. Los años se distin- 
guían por los nombres Kan, MnluCy Hix^ CattaCy que acompaña- 
dos del periodo trecena!, producían estas cuatro indicciones. 



I Kan 


I Muluo 


IHix 


ICaoao 


CMnluc 


nHix 


II Canao 


IIKan 


iUHix 


mCanoo 


TU Kan 


in líolao 



126 



lY Caoao 


IV Kan 


IV Muluc 1 


IV Hix 


VKan 


V MuluQ 


VHix 


V Cauao 


VI Muluc 


VI Hix ' 


VI Cauao 


VI Kan 


VII Hix 


VII Oiuao 


VII Kin 


VIIMuhic 


VIII Oauae 


VIII Kan 


VIII Mnluo 


VIII Hix 


IXKau 


IX Muluo 


IXXix 


IX Catiae 


X Mnltic 


XHix 


X Cauac 


XKftn 


XI Hix 


XlOaaao 


XI Kan 


XIMnlmo 


XII 'Caoac 


XTTKon 


XII Molao 


XUHi» 


XIII Kan 


XIII Maluo 


Xn Hixl 


XIII Ganao 



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tt 



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fC 



**Las cuatro incliccíones 6 semanas de años que resultan de la 
revolución particular de los dias iniciales desde el número 1 
hasta el 13, cuyo conjuuto da la suma de 52 años, era lo que 
''llamaban los indios un Katun, porque al fin de este período ce- 
lebraban grandes fiestas, y .levantaban un monumento eu el 
que colocaban una piedra atravesada, corao lo indica la palabra 
**^//-¿2í?i, para memoria y cuenta de los siglos ó katunes que pa- 
usaban. Debiendo notarse que hasta no completarse este perío- 
"do no yol vían á caer los dias iniciales eu los mismos números, 
"por lo cual con solo citarlos sabian á qué tantos del siglo esta- 
'*ban, ayudando á ésto la rueda ó cuadro en que los grababan 
"por medio de geroglíficos, y les servía para señalar sus dias 
"fastos y nefastos, las fiestas de sus templos, sus asuntos sacer- 
"dótales, y prediccioues sobre las temperaturas y fenómenos es- 
"tacionales." 

En efecto, el año se componía de 28 períodos trecenales más 
un día, es decir terminaba con el mismo número trecenal que 
empezaba. El primer año del katun era I Kan, el cuál tenía por 
inicial el día Kan con el número 1; pasa los los meses, los dias 
complementarios serían Kan, Chichan, Quimi» Manit, Lamat el 
cual llevaría también el número trecenal uno. El siguiente año II 
Muluc comenzaría por el dos Muluc, sus dias complementarios 
son Muluc, Oc, Chuen, Eb, Been que a abando con el número 
dos, determina que el año III Hix empiece por el día Hix con 
el trecenal tres. Como las consideraciones son idénticas para 
todos los años, resulta esta regla general absoluta, todo año del 
katun lleva por inicial un dia de su mismo nombre, con un nú- 
mero trecenal del mismo valor que al año corresponde en el ci- 
clo. Así, esta forma variable, que viene á poner fuera de duda 
nuestro sistema de calendario azteca, es de la mayor sencillez» 






127 

Basta en realidad enoaciar un ano para formar inmediatamente 
el calendario qae le pertenece. Pronqnoíemos v. gr. III Mulao. 
I>iremo8 inmediatamente qne es el tercero de. la cuarta indio- 
eion, caadragéaimo segundo en A Jcatun; aa dia inicial es tres 
Mnlac; todos los meses comien;i¿iu cou Mnlue con loft dias trece- 
nales 3, 10, 4, 11, 6, 12. 6, 13^ 7, 1, 8, 2, 9, 3. 10, 4, 11, 5; los oomr 
plemantarios serán 12 iMulttc, 18 0(5, 1 Obuen, 2 Eb, 3 Been, lo 
que determina que el siguiente IV Hix empiece por el dia cua- 
tro Xix. 

No celebraban los mayas la fiesta del fuego nueto. Cada ano^ 
en los dias complementarios, considerado."^ aciagos, hacían la fies- 
ta al dios Mam, abuelo. ''A este le traían y festejaban cou gran 
pompa y magnificencia el primer dia; en el segando se dismi- 

lioia la solemnidad; el tercero lo bajaban del alt^r y le coloca- 
''ban en medio del templo; el cuarto le ponían á los. umbrales ó 
"puertas del mismo; y el quinto liacían la ceremonia de echarle 
"y despedirlt» para que se iuese y pudiese principiar el año une- 
''to en el siguiente que es el primer dia del mes Pop á 16 de 
"Julio." 

Respecto de la intercalación asegura el Sr. Pérez, que los ma- 
ya conocían el bisiesto y ''sin duda alguna hacían la intercalar 

cion, aunque del modo de verificarla no hayan dejado noticia 

aJ/^una.*' Consultando después las opiniones de Yeytia y de Bo- 
turini se resuelve por la de este último, si bien no expresa si 
adopta la intercalación de cuatro en cuatro años, ó la de trece 
dias al fin del ciclo. La solución del problema la suministra el 
P. Xianda. Arriba copiamos el pasage en que dice qu^, de cuatro 
en cuatro años tenían él año de 366 dias. £n cuanto á la manera 
la deducimos de estas palabras, tornadas de la p¿g. 234. — ''Con 
''estos retruécanos y embarazosa cuenta es cosa de ver la libera- 
'lidad con que los que saben cuentan y se entienden, y mucho 
''de notar que salga siempre la letra que es dominical en el pri- 
^'mero dia de su año, sin errar ni faltar, ni salir otra de las XX 
''allí. Usaban también des te modo de contar para sacar des tas 
"letras cierto modo de contar que tenían para las edades y otras 
"cosas que aunque son para ellos curiosas, no nos hace^ aquí 
"macho al proposito; y por eso se quedarán sin decir que el ca- 
"rácter ó letra de que se cdmenzaba su cuenta de los dias ó ca- 
"lendario, se Uama Him-Imix, el cual no tiene día cierto ni seña- 



4< 



\ 



128 

^lado ea que oaigs» Pbrqae omU uno le muda la propia onenta 
"y ooQ todo eso no falta el salir la letra que viene pordomÍDical 
^'el primero del año qae se sigue.'* 

El P. Lauda se confunde un poco. Los dias iniciales del año 
son Kan, Muluc, Hix 7 Cauaa Imiz es el décimo octavo de los 
dias, 7 por consecuencia el Hnm-Imix nunca podía dar principio 
á la cuenta del calendario* El Hun-Imix solo puede presentarse 
euando al signo Imix toque el número uno {htm^ uno) en la serie 
trecena!; de aquí que este dia fuera variable ^n los meses, se- 
gún el inicial que tenía el año. La intercalación, pues, se hacía 
de cuatro en cuatro años, 7 tenía lugar en el díaHan-Imix; 7 co- 
mo había dos dias del mismo nombre en el año, los sacerdotes 
sin duda tenían la facultad de añadir el dia intercalar al Imix 
que mejor cuadrara á las fiestas 7 ritualidades. El intercalar se 
repetía Hun-Imix« no recibiendo numero diverso trecenal, pues 
de otra manera se interrumpiría el orden estableckio, trastor- 
nándose los dias iniciales de los años. Calculamos que el año en 
que tenía lugar la intercalación era en el signo Oauac, porque es 
el cuarto de los signos del ciclo; como dia encabeza la cuarta 
quintena de que Imix forma parte; principalmente, porque el 
inicial de Kan principio del ciclo se trastornaría, si no se elimi- 
naría el dia que se ajustaba cada cuatro años por la aglomera*^ 
cion de las seis horas. 

La identidad de los calendarios mézioa 7 ma7a no puede po- 
nerse en duda. La historia viene á comprobarlo: este cómputo 
fué el enseñado á los tolteca por Quetzalcoatl; cuando este legis- 
lador fué arrojado de Tollan, se refugió en Yucatán, en donde 
bajo el nombre de Kukulcan vino á predicar sus nuevas doctri- 
nas: á la destrucción del reino tolteca, los emigrados se dirigie- 
ron al Sur en busca de asilo, que encontraron en la península: el 
taumaturgo 7 sus discípulos llevaron allá su cómputp de los años. 
Los maTa conservaron invariable el conocimiento que recibie- 
ron. Dieron por valor al año trópico 366,*^ 25, 7 á fin de reoojer 
las seis horas sobrantes intercalaban un dia cada cuatro años: el 
calendario juliano al pié de la letra, con el cual iba en perfecta 
relación, alejándose ambos el mismo número de dias del verda- 
dero movimiento del sol. Los méxiea cambiaron; de los interca- 
lares cada cuatro años, 13 en el ciclo* pasaron á 25 en el ciclo 
máximoi 7 en seguida á la corrección del período de 260 años. 



1» 

''Entre 1* mneliediii&bM 46 4io998 qva artí gente adoKaba^ di- 
ce al P. Landaí, pág. 206^ adoraban auatoo Uanadoa Baeab oada 
nao de aUoa* Setos decían éran^caairo JiamancM^ á ka enalea 
^aso Dios «nando crió al mando á lae onalaro partos de ^1» aqa- 
tpatando el cielo no se eagreae. DeciaÁ también de estos Baoabes 
4ne escaparon oaando el mando jaé del diluvio destrmdo. Ponan 
i eada \mo deatos otros nombres y senálanse oon elloÉ á la parte 
del mnndo que Dios le tenia puesto temendo el dalo, j apnS- 
pianle una de laa cuatro letras dominicales á Aj ÍIb paree en 
que está; y tienen saniJ^das las miseriaa 6 faUoea sucesos que 
decían habían de suceder en el año de cada uno deátosi y de las 
lateas con ellos." — 'Xa primera» puea» de las letras dominicales 
dioe adelante pág. 208, es Kan» £1 ano qne esta latra servia ora 
-al mgúj&ro á^l JSFacoi que por otros nombres llaman Bobnü, Kandl, 
Baoab, Kan-^tioJitum, KanrxAcikab. A ésto señalaban la parto del 
medio día. Ija segunda letra es Mdve^ señalábanle al oriento, su 
año era agüero el Baoah que llaman OcmeieMif Chacoiy BaocA, 
Chac pauahUnn, Cha<HDÍlhchac La torcera letra es Ix. Su ano era 
agüero el Baoah que llaman Zaxs3Ani''Zacal"Bacab^ Zac-fiauoMun, 
Zao-mbchaCi señalábanle i la parto del Korto. La cuarto letra 
ea Cauac: su año era agüero el B&eab que llaman Momuekf Ehdr 
JSaoab, Sk-pauahiuñf Skxdíehc^ á esto señalaban á la parto del 
Paniento." 

▲demás del ciclo de 52 años, hcditm, usaban de otro gran ciclo 

de 312 años llamado ajau Icatun^ compuesto de trece períodos de 

24 años. — ''Cada período 6 ajau katun se dÍTÍdía en dos partos; 

"ana de 20 años que era incluida en la rueda 6 cuadro, por lo 

''que lo llamaban Amfmutnn Lamaitun 6 Lamaité; y la otra de oui^ 

''iro anos 4a significaban como pedestoldela antorior, y la tiio- 

'laban Ghdt oc fcaiun, 6 Laíh oc iatun, que todo quiere decir pe^ 

''deatal' A estos cuatro años los consideraban como intor<3alares 

'^j como no esiatonies, «(snayépidolos aciagos por esto, y 4J modo 

''de loa cinco dias complementarios del año, los llamaban tomr 

''bien n yaü hoab 6 años trabajosos." Esto ciclo era desconocido 

á loa azteca; pero sin duda estaba relacionado con el cido de 62 

años, supuesto que si el 312 resulto de 24x13, tam|)ien es igual 

á6x52: el período initoroaiardelesmáiieadei^0afioa,8eirans* 

ionio entra los ma^a en 312. 

"Nadie duda que eatos períodosí époasa 6 edades, como las 

17 



180 



^llamaron los esaritores €i0pafiolesrb>iiiiiTdii sn íiOBibre de' ajau 
'^iaBífuny porque «omenttbftá oontarse^desdé él dia c^aú ségruido, 
^^^deios «áo8 que ptiñeipiabá» en Gaiutey señalándolod-óon 'elréáí^ 
'^eotí^o numeFO de la semana en que daiañ; mas eoioio tetmiña^ 
^^am dé 24 en 24- años dichos periodos, jamás podían tener n^ 
t'^ieros coivelatiyoB y según an orden aritmético, sino con el si- 
''gttienie: 13, 11, 9, 7, ^ 3, 1, 12, 10, 8, 6, 4, 2. Es probable que 
'principió 'en> el número Í8 por haber acontecido en él algnn su*- 
^oeso notable^ pnes después se contaban por el 8; y acabada la 
Moonqnisia de eata-penimnla propuso un escritor indio se co- 
^^enzaseníá contar por el 11 sjau, porqüe^en él se verificó aque- 
'11a. Habiéndose dicho que el 13 ajau katun debió comenzat por 
''un dia segundo del afio, precisamente fué éste el de 12 Gattác, 
t'^duodébimo de la primera indicción, cuyo segundo dia fué trece; 
•''él 11 ajau katUn en el 10 Oauac; y asi sucedí vamente en los de- 
'^mas períodos, siendo de notar que la secuela de los demás niá- 
^'meros de ellos solo se encuentra de 24 en 24 años, lo ^ue acaba 
''de cojQfirmar que este era su período y no el dé 20, como sigú- 
enos creyeron." 

El punto de partida adoptado por el Sr. Pérez para relacionar 
los ajau 6 ahau katun con Jos afios de la era rulgaf , es que según 
las autoridades más respetables, el año 1392 concurrió con el 7 
Cauac, cuyo segundó dia 8 Ahau dio principio á la serie. De aquí 
la formación de los dos ajau siguientes: 



B Ahau Katun. 1494 VI Cauao 



1392 VH Cauao 
1893 vm' Kan ' 
ISMIXMtato 
131 6.x Bix . . . 
Vmjl Oaoao 
1897.Xn K^n 
1898 'Xm MiüUó 
189éIHÍi: . 
14Q0JI.Cmo . 

^i«oi m Kul 

4402 lY Muluo 
1103 V Hix • 



1405 Vn Kan 

1406 ym Mñiao 
lK>7IX:Hk 
14P8.XQ»ium. - 

1410 XÍI ÚjÜvifi 

1411 xm xix 

14191 CüM 
14l8pK»n 

1414 m Molae 

1415 IV Hix . 



1416 y Cauao 
Í417, VI Kan ' 
1418 ríl Malho' 

ui9VniHix 

liao. IX Cvmt 
im X Kan 

1422 XI Molao 

1423 Xn BQx 
1434 zm Ootiao 
1425 ISén 
^426 n Moloo . 
1427 m ^iz 



1429 V Kan 

1430 VI Mulno 

1431 Vn Hü 
1483 Vm Cámó 
im Tí Kan 
1434 X Mi4ao 
1435XI3ÍX 
1436 xn Cáüae 
l487XIIIEa& 

1438 I HiüiM 

1439 HHix 



6 Ahau Kaiun 1428 IV Ciniap 



'^SumameDübe iti:ipbrtánte y ventroso era él uso. de esté oiólo^ 
*^ues cuando en las historias se citat^a: el B/ajau^tpor' ejemplo, y 
^^deepiies de trascurridas dtrf» época» oón dif^eliiés aconieoi- 



V I 



131 

««mientes, s^wolxia» á miar OMop presente el,T(Bte^áí^^mai:m]fmr 
"ponían pMM^os }o8 619 «notai que compoi;ií«Q ' el . qjglio > ó/wmiufk 
^kaíun como, decíap* Im cü»8 se hacían de. yazáos ouq^o^í 7I^!11b- 
'^éndose al principio^ medio, 6 fin de la |á|)iQca, ó y^titanAofó 
"señalando loa anoa que de «lia habían paaado euaAdo el hedko 
"aconteció; peto la cita más^exacta que podían hacev/ eia dojig- 
"nando el ajam katmi, I99 a:^a que habían pasado, el . n(anBta 7 
'fnombre del que se oootabay el mes, día 7 ae^iana en que se tB- 
"rificó el suceso." 

El carléndario maya era arürid'yreligioBO; daba los tiempde pa- 
» siembras 7 ooscf chas; señalaba las fiestad; ayunos y péniteh- 
eias pedidos por el culto; también era adÍTÍnatório y astrológico, 
los días según su signo se dividían en felices, aciagos ó indlfe- 
Tentes, é influían buena 6 mala coiidicion, próspera 6 adVéMa 
fortuna en los nacidos en ellos. 

Tratemos ahora de relacíonattacrcnolo^ maya con la azte- 
ca. P^ra lograrlo ÍPormaremos un katun ma;fa, comenzando por 
el inicial I Kan correspondiente A 1425 según la tabla antéri^, 
colocando á su lado el año méxioa que le cortespoínde ségun 
nuestras tablas geiierales. Tendíamos: 

1^ I Ean 11 Oalli. 1449 YI Hix 3 Acatl. 

1426 n Mnlao 12 1¿ehm. 1444 YQ Cauao 4 TeopatL 

1427 m Hiz 13 AcatL 1446 Yin Ean 5 CallL 

1428 lY Oanao 1 TecpatL 1446 H MÍilac 6 TochUL 

1429 Y Kw^ iOaUí. • 1447X2:ix7Ao«tL 

1430 YI Mttlvo a.ToohtíL 1448 XI Oatwo 8 Toepail , 

1431 Yn Hix 4. AoAtt. 1449 XHKaa 9 OaUL 

1432 Yin OitoiM 6 TkMpaAL 1460 Xm Maluo 10 TooktlL 



1433 IX Kittii6 CWti: . ,: 1461 IHizllAfiatL 
1434 X Slnlne 7 TedbtUí 1462 H Oamao 12 Teopfttl. 



1436 XI H» 9 AoatL 1463 IH Kan 12 OaUL 

1436 Xn CftiUM 9;Tdop«a 1464IY.MiÜaol ToehtlL 

1437 XmEaa lOOaUt 1466 Y Xiv2 AcatL ■ 
1438 1-tfAlmo. 1} TMhUa. . 1466 YI Oaoao 3 Teo^. . 

1439 U 9iz 12 A«atL , , ; • 1467 YH Ean 4 OaUL 

1440 m.ÓaTiAc 13 TffCpAtL 1468 YIH'Mtllno 6 TochtlL 

1441 lY ÍKan 1 Calli- / 1469 IX Hix 6 AeatL 

1442 Y Mi^ ^ I««))^ . 1460 X Omm-? Xeoitttl : 



m 



MWVIKtoSCiím. 
a^O Vtí Mirktc é'Toólrtfi. 
1471 ^mi Xit 6 Aéittl. 
M79 IX Ofttxaé « TéopatL 
KTSXEanTCallL 
1474 XI Mtttao B TfcclitH. 
1476 Xlt Bix 9 Ac^tr 
147B lEin Oftiiftc 10 Teqiaffl. 



14ffll Sí ÍKáñ 8 €&11i. 
%4SSÍ 2^ !ÉCtilnto dTodíQi. 
1463 3DI «ix 39 ^cfttl. 
1484 ÍCnuM 11 TPéopfttl. 
1436 ÍI Eiin 12 OáHL 
.l4eé m Muhio 18 todifilL 
Is^xVdixlAoáitl. 
24S8 y CáüBe 2 Tecpi^il. 



Pe-aqn^ se (deipK0B4Att3M'«igiuaii4es ^oiiielwiobed. P^íM ca- 
nuoteres propios de ion años, Kah; cDnre0|)Onde áOaUii Mitku»^ 
ÜWhtIii JSkLá Acadj. OauAc ^ Té<spatl. £1 katun comii^tiz» pot el 
inigf^mo tercero año:del oiclo rueacioiwe qae empieaaea II Aoaif, 
6 lo^qae eg lo mieino, el pxúicij^io del eido ¡a9teoa ooi&oide oon 
el trigésimo primero del maya. I>iOB aaos 4^. BÍf^o Oauae eoinci- 
4eH egcaetameBjte etm los lHBÍestos:}<eliaíio0i y es^l básieeio -dé su 
^n^y^ta La tabla general 4b o^rre^pondeadia reenltará de pro- 
Mgaivla en les ^olos antevioiíes y poeteri<^ee* 

Para determinar los stioeeo&4e la historia de yiiioa(4MaL:p<N»e- 
mos la siguiente tabla gen^MÚ auponológlaa: pMra compendiar es- 
cogemos el período de los Aban katun^ «dividiendo los años en 
antes y despnes de iraestru era. Yán señaladosoon rxm, * :l9iBI.|>e- 
liodoB de 912 anos, ^eonensaado en el 13 AJiav. 

Í^Oa ANTES DB JESUCBISTO. 



793 yn CttoM s É^ 

769 T Omiiuif 6 AJAti 
745]irC!MtstBé'á}ati 
931 1 Caioao a JLJao 
*697 XnOftMollS A}aa 

649 YlD;<C&«Aor»^JMi 
62&'VII Ciábalo ^ÍAtjiui 
601 IV GátiaaVSuAijM ' 
677lIC!a«mfl-3áij«tt • 
653 XHE Oliaao lI&JAa 
6a9ZlCaaa6l3'AJM 
605IXOMMelOÍija« 
481 ^VSiClMtac 8 ajan 



467 y Oa«lio 6 ^}«a 
433 WíÉOitaikí^á'Áym 
409I(;ktt»4SÍJl^' 
*3dl^ l^iCmiMJXa Ajim 
361 X 0*iia«( ^iiAjaa 
337 yUt <3¿iiÑuiiÜ áj«« 
313 yi (Stuam 9 4^' 
289 IV'€$í;tím«-J^' - 
265 It leíMAé 8 iija» < 
241 £]2i'0a«ád lAjaii 
217 XIOmmo IS Aj«a 
198 IX CftBao m Ajaa 
169 yn -Oáfofte 8 Ajan 
146 T^GJ^MMio^^iA^ • 



183 



121 m Caoao 4 Ajan 
97 1 CauM 2 Ajau 
^3 Xn Cauao 19 Ajau 



49 X Caoao 11 Ajaa 
26 Yin Oanac 9 Ajan 
1 YI Caaac 7 Ajau 



AfiOS DE JX8ÜCBI8T0. 



(L Vn Kan). 
84 lY Caaao 6 Ajau 
48 n Cauac 3 Ajau 
72 Xn[ Oauao 1 Ajau 
96 XI Oauac 12 Ajau 
120 IX Oauac 10 Ajau 
144 Yn Cauac 8 Ajau 
168 Y Cauac 6 Ajau 
192 m Cauac 4 Ajau 
216 1 Cauac 2 Ajau 
«1S40 xn Cauac 13 Ajau 
264 X Cauac 11 Ajau. 
288 Ym Cauac 9 Ajau 
312 YI CafiAo 7' A^ 
Sie lY €iauao 5 Ajtt« 
Ml^ II CiMae 9 Ajau 
884 XZn Cauao 1 Ajau 
40» XI Oattae 12 Ajau 
432 r^ CauAC 10 Ajau 
466 YH Catíac 8 Ajau 
480 T Oauac t) Ajau 
504 mCáli&cÉ' Ajau 
628 I Oauac 2 Ajau 
«662 XP CJifiac 13 Ajau 
676 X Ci^uito 11 Ajau 
600 Yin Ofbuao 9 Ajau 
624YI(>ffkc7Ajan 
648 lY iQauao 6 Ájau : 
672 n Oauac 3 Ajau 
ÍMXm«Ma0lAJM 
7aOrXICMM»UAÍM 
74419CaiM0.^ftAJMü 
788 YS GéJmo ar# 



792 Y Oauac 6 Ajau 
816 m Oauac 4 Ajau 
840 1 Cauac 2 Ajau 
«864 xn Oauac 13 Ajau 
888 X Oauac 11 Ajau 
912 Ym Oauac 9 Ajau 
936 YI Cauac 7 Ajau 
960 lY Oauac 6 Ajau 
984 n Oauac 3 Ajau 
1P08 Xni Oauac 1 Ajau 
1032 XI Catiac 12 Ajau 
100$ IX Oauac 10 Ajau 
1080 Yn Oauao 8 Ajau 
11»4 ¥ OÉKtac 6 Ajati 
1128ineaQae4Ajatt 
116t I Oauac 9 Ajau 
niT» xn Oauac 1» Ajau 
ttO»X Oauac tlAjott 
1224 Ym Oauac 9 Ajau 
1248 Xt Oáuác 7 Ajau 
1272 lY Oauac B A}ai« 
1296 n C^uac 8 Ajau 
1320 XTTT Oauac 1 AJatf ^ 
1344 XI <3mM 12 Ajau 
1368 Tfi Cauai^ 10 Ajau 
1399 YIX OauM 8 Ajau 

i-íaayqaiwf Ajan 

1440mOanaci4Ajau 
1464 1 Oauac 2 Ajau 

"01488 xa C WM lA Ai«1l 

mÍSJS'X Qam0;U AjW: 



]£6A YI OaMcií^Aiia 



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OWmtfurfo d^ JUff^YftwK-^i!» <;i|CliM»»t.-~i?g jy¿»ii|0^-sP0 i^iií^^ 

ABA co^p^pl^tar cia^iijl^noa/Bea¡posib;©,(J^e^^^ ^^ f^aí^p- 
dariojyT^p9is„¿ :f§iy4r,cB^as noticias p]^fr^«jQites p^s.^n 
llegado á l%jipaiK)v,<JfiB^epp^ por Mets}^^^!^ ^jf^gs ^ififi^ i^l 
mes eraftjji^^ ^^í^^.^j^^ ,;^ -^ ¿ ,.,^^,^^ , , ...^. 

AcaÜ ' *''"^*'Tó<Jpa<l&'^ OalU' "•^^ "' '"^ó»o4ftí ^' '• 

Ooelotl ■ ■ '-'^afctkifl^ '^ Xilotl ' " 'f-AÍI' ' 

OnixtU " ' • ^' Oiiie i<ídfitblúÜ Coatí - 

Teoti ytonal' ' '' tété'éttí tóicAtó TzontetííSÁíttf =>^ <jáiAi( * '^ ' ' 

NahnioUi " ''■ ' 'TWiflatí * ' ' '*^ - ' Mazatl '" '•' '• ' ISfeA ' ' *'í^'' 

CopiiAiib» «ft<Wttbáit>é«f8 ^^é de la ki(i4 ád liSl T^ %ÜÍ. 
soltamos: «i ¡éa. tigtMai W é^ake oTidentoMéxM 4<WAMltX4!áltíi- 
peada la%l^¿lrttfitt^ffe<¿xtts^ier iiitrodMi^btliii^Ml*^^^ 
eoBStaa eiill^dBi^nii íabiiMMÍÍ8 y el órdwí.4tM wteA 4b!btiye 
á las inieiales de las qnintenas. L&s meses eran diez y oeho, s|en» 



i'. 



las 

do iambifi^ dÍTevao el dxdea de oaloaaoMiL y desoonóeidA alguui. 
de las Apelaoioiies* 



Pimqnetasáliztli 
AtetnoEztli " 



' Xf V'*' i*p^^TtV 



¡Tz^hjo 
Qaeehtilí 



Tzincohu PaditU 

' MlMBfMMSlhliiii 



« ' - * I 



'; 



Dos veces está repetido Qaecíiuli: el inicial es 1?ant<i^aezali^- 
Üi. Xios signos'^dé loft anos, son Tochtli^ Acatl, Tecpatt^ Calli: ^a' 
el ano dé 360' dias^ m¿s los cinco eoinplemeátarios Jimnontéifii^ 
(iiemontemi)i desgraciados ó inútiles, ^ada dice acerca de la in-^ 
tercalacion. (1).' ' . ' '. 

.Sespéctp del calendario usado en el reino $,& Acolh^acaa te- 
nemos pocas noticias. Sabemos qap el año inicial de su ciclp Q'ft 
Acatl, de manera qtie el período de 62 años guardaba esta, forma: 



lAcátl' 
UTebpail ' 
m Calíi' 
IVTooliíM 
V Acatl- '• 
VITecpatl 
Vn Cálii • 
YHI To«hiH 
IX Aéail' 
XTecpvtL' 
XlOfelll ' 
XnToohtíi 
XTTT Aeátl ' 



T Tcfepht! 
•H-Oallí' • 
In TD«litli 
IV'Adrtí • 
VTfecpatl' 
'^Oíflli 
Vil íooKtíi 
^VHI'Aoátl 
IX Técpati 
XOálli • 
Xl'Tooli«i 
XHAcatl 
Xni^cpatt 



lOaHi 

nTóOMH > 

THAeM 

iVTftepirti" 

VCftlíi ' 

VI'ToohUi 

TTI Aibatl-' ' 

YSn TMptM^' TUS CalU . 

IX CalK ' ' 'IX TóChfli 

X'ToeimH • • XAcatt 

•XI Acatl ' ■• H 'Técpatl 

TH'TlMJpatl XnOiffi 

XinealK XHETochtli 



IToehtS 

nAtwti 

miPecpatl 
itGalli 
T^feehtli 
VlAyáitl 
' VH Teepfttl 



< ( 



••;.-* i 



• I 



. El iiño iniokl 4«iioiiilo ttexoooaaoMetft él.<áSoÍB0k3t: cnmritoi áeL 
laáui» coa^ícKesfai «aipéaaba^poar ;To(ofaUi^ á -el «^otnio iéroNW) 
contMdo ddlll Aoati. I{Q9;diMimpiiiesdo:hikqiHbtM^ 
en el calendario de Meiztitlan^ se eontabaa pofr^JíBiaMi'liBcpBÜil 
fi>IMiiT3Q<&tlté' dé^mpdofl^jtt joada iééa tenía pa|rÍBÍ6JiaL«n dift^'e 

Bémiamo iwim]>t0 yoMaieltntiiaeni iveee&tfl ignalvalíiqve^dl^anoi 

'I ' ■ • 



(1> DesoipdondAkPnnriiidadaMeztitUApof Q^biielda QhaTM. 1. ^ de Oe- 
tabre de 1579. IfS. en poder M.(3v« P* iomípk^Qtva^ Iiwheliietii. 



H99 

ibft dal mdo. Bi el simeM» da ios meiesr é^m^eúm^amatám*- 
rios 7 manera de hacer la interpalaoion, el oómpato^de Texo^OD' 
se basaba sobre el de México. Bespeoto de la comparación con 
el calendario joJi^nOi admitimos* la fecha sena,1.a4a por L^ilÜxcH 
chitl; el pimev año del oido-eomensaba poVíSO de^ Marzo, b«H 
cando sin dada aqiieikAi astoínotnos el eq«teo«do de primaifwai 
En cnanto á los años no había diferencia algtma; correspondfsit 
igualmente i los años de. nnestra era^ snpnesto ane la diferencia 
soló óons^iía en el ^rcten corYelaiÍTO' de los oiclocr. 
: Co vamcb adaráiído: A cada uno de los autores que han salido 
á diverso sistema, les podemos señalar li^ razoh que les sirvió da 
fundamento; su error estriba en dos hechos principales, en nó 
haber estudiado el problema bajo todos sus aspectos, conten- 
t^dose con adoptar por únicos los pocos elementos qué á la 
vista tenían; achacar id calendario azteca ló que era precio de 
otros pueblos. 

Aunqp^ ooui algunas varíi«ites( supuesto- ^aq* tenemos aán qf^e 
advertir goa los de Teotibu^mi comenzabas jBC ciclo por CaHí^ 
todo» loa pnebiqB de rafa naheansabaa cm Sfi Sf lendario lor miH 
moa nombce^ da los díaselos indios de Kico^agaa, segui|i Ovis-f 
do, (L) llam»hn\ á las 21 flestas/que al aft^. tintan Ayat, : Oedot^ 
Oate, C<moqif0afei OUin; Tufiei»^ QuiahuU^ SoóMt^ Cipat, Maé, Ca- 
li, QwM^foíy Ckmti Mmde, Miusqi^ iTo^fe, .^^ J|;féi|K, OpofMte,, JIfipkr 
Zina2, ^cnftx liafveiintepñufirBf palabras, atmyíe estr^opeadm^ 
no dejan duda a^rca de su Qr%en y en^pleo^ orifican IfM di|0 
del mes, %iiora^o lo que AofitcT quiere decir, ni por qn^ oei|pp 
aquel lugar. .Breguntados Iqs indios por Fr. . Brsncisco Bc^adi' 
lia, — *^n aüo {guanta tieoqpoi tiene entre vasoIrvB? — Bespondi^. 
'"ron: Tiene diev cempuales, é qada eemrpual m veynte dias^ j efk» 
''ta es nuestra cuenta 7 no por lunas." A este respecto el año 
dsibía éSBfln 20ft fcBis,. eosa que no •enteDAémósi • átvibayendó^ la 
oaeoridad en qkb jaste pasaje 'qoedpK jQS^áíqM al le^gsoso móAm^ 

vo iiiteiioío»d0>inqiiürir«8tapunto^7a4^e.^lpt^ 
bf^iíimo' qtiécíai' contestas^ M > 

Bes|»ecto da loBfHDebloa da «tivém JHaoicwetéogtáfieá^ asKa^ 

0raadb:loBimicteaa;-^^*9ayaiitraQstosi iadk>S[ ad^jues aalfoii4- 

micos de grande conocimiento de estrellas, 7 por ellas del c6m- 

(1) HJgt. nat. y gwwil 4é Uc Ii^mt ■ M»^ 4» mspi 4 



137 

p«to de mm mñosé qoa apraiiáia deade nuamtm ea algimos liaa|é8, 
7 iiommLÍB^w^0manM loñ nomhtúB da iedoa loa dkúi dal m», 411» 
8M oan iantaidifarmcia^qva 40ft.iiiLgigfidiMDlioalávlotfaaaákui». 
BeparlBtt iui»^dai| peófeota de lar -vida en !<»iwart» y ddaí afioé». 
dando izíBoaF de eUoa» ¿ fada «na^de.Iaa cnatvo. paakaa deA muidb^ 
Otienie» Aquilón, Poiuente 7 Mediodía» 7 ooníonae á la^ pairfoi 
que aplican aqueHob- toaba: áñoa aei pxDmeteaipkaBftad jiet&pota- 
lea; i loa afioa dai Oriamke deaaaban pw fSsUloa 7 aalnéaUas; Á 
lea del N<Hrta ieiiÍbB'pcritturiaB;.áilaadíri Poaiente toanioa: paara 
la ge]tenciaii^7 maUaplieaeioii: de k»lwmbiwi, 7 feankoa pasa 
loa frnéea;«l Sur tenian pot nocivo de escaakros 7 aeeo» catorea, 
7 obaarvaoi qaa deada aa geoiOídad ea loa teeee aSoii del Snr lea 
habim Taaidaiodoa gas tkalugoa de kaaelNreSr pestes 7 gaenras, 
7 la piaUbaar eomo la boea da mi draf^oi» eehaado Usmas; y pa^ 
sadca leatwoaañeadd Snreoqpeaában'daaaeTola'edadpor et 
Orieatet 7 tlaaiorárdoee de Maráo 7 dáa del glorioso doetof Saü 
<3rq[ori<K dávaida dtaa 7 bobor.ineaaa daáTeiatofdiaa, 7otio máa 
de etaoo^ 7.á8te át eabadb onatonraaos oobui naastuo bisiesto lo 
Taiiakaa i seis díaa» por las seia hoiáaifae sobnuí eada «ao^ qaa 
nurili^sadaa por eeaiso aoos baoeit SA boraa que eansia día ea»' 
bal qoe aobrai kla d65^diaadeli aia aaaal 7 eatonoea UarnaAiatt 
en sa leagaa* Á aqpelloa aeia dias^ Mea aseagoado^ enátioo, y 
en esteinua babfaa de sembrar algaoas aásasutetas ¿para ^r por 
eHaa, oobio aoá aaestsaa eabañiselM la f erüíidad dsl ano, 7 oier<' 
io qne tienea algtfaoa taa, regalado eaie ooaociinieiiio qoe laa 
mam TOcea proveen la abmidaBoiade agaaa 6 aeqaedad de viea^ 
ioB^pas bft» de a^gniíeae.*' <1) 

iioa de Deeaabtopeo oeMarabaa :1a fleftade ana difantoa, ^ea 
A meano mea de Kcfnaabte^ qae asiol Aaod^imo de an eómpa*» 
io de dieK>7 oeko meaes qae dan al ano, eaqMoaxido de dooa 
de Marzo, en qae dieron panto á an eqniaáoccio 7 estaéien del 
8(^ianniriaWee&rB»diadala 6clSplftQ%.7ocA asa» páatoaqllie 
aaadSaa iloa días» dagalsaa an méaeíaiáüeo 7:Taiiable del eín*' 
ooydándole ácada eaaftiD aaós cómo á naeaho btssoato^ otm> 
día máa qne lo bacía de seis 7 era el último de sa año, 7 por es- 
ta Tsariedad le Uaaiabaa nMa peqaeao» deaooneertado 7 aobra de 
los demás, 7 no lo contabaií entre los diee 7 ocbo." (B) 

O) Bnigoe, OéegrtESe» émdti^OáÉt lí, FáM, «ip.-'XXnn; fbf. )86 t. 
í%) BMgat» flflojntfflb diaari^flai^ U p«sK<sp»' WJI^t^ SOS y 

18 



188: 

. l^tQg oalendarioe pxMeniáa la misma distríbuoion que el 
xioa» m^artátidose en el 8ietoma>d0vinte»»Uoton><delicaal'£ovmttii 
una ieroera olaae; loe días intesealaM^ aa ee afiadelí' <al c&n del 
wAo^ ni ee reoogenesloe méfle&ideLaio, ekio <|«é Mjantan á loe 
diáa c complenteniaff kw^ temando ^un' gfeapd de i éeie ^eii/ loe^ anoe 
bieieiftoÉ. - .*- * =..j \'\ ■^^\>.\ . . ^.. .u*- 

• Al míeme iSm]e&íperteneee«eledenda]áa.d^ Petan. Iia¿ • w; .-é>\ 
*%\.mfíAá de conia^áe lo antigBo.qmei nskia^ aeí dé días, méaes y 
anoei como: de edadee j eeaer:qáé'edid^era^a.pz88ente (quapa* 
laeUos ana edad, solo iOQftfitaí de i«jivtalenbe)# j.qmi^profeoía 
ania sobre diebo ano y edad;'qáe:todoxonata de imbe tibuos de 
á qneoria dé lax^o 7: 'oomc' oinob^dedoe de aneko, de > cesteeaa'de 

árboles hecluiB>4ol^^l<^d<M^^ lu^i^ 9Mindaí7'át>oi¡iáyá»anecade 
biombos^ ooib el .grosor eada.Uo}adel oastó de mi real de £ odia 
mexicano/ Estos ^rtán< piniadoe por^ una párie y^otra can;Tarie« 
dad de figárse y eáractéreáíi(de loe qnelesTsá^an también en sne 
aaitignallas los. indios iiiesdeaBOs)'qne indican no solo laqnenta 
de loa di^o8«diaa>i meses y a&es^ sino ]as edades y las pxopke-* 
sia^iqueenB Idoloá y.jBsmnlfldyreé le» ancmciaron, ó - por/mejer ' 
deeic el Pemenioi mediante el <)nltoqxié' en umi» piedras lep.iri*- 
boAnban. . Son laa.EdaQes en nráiáero treze: cada Edad tiene tu 
Xdolo distinto y su sacerdote con distinta propkeaía^de sncesos* 
Estas Edaiiee 4zeBe están repartidaa en ttesMí partes qtm diaiden 
á este Sejmo de Taioáian y cada JBdad.con- su ídolo, «aoerdqte y 
prdpheBÍa^ reyna en yna destas tvcM partesdnsia tien»,' según, 
la tienen repartido. Ko.pasga losaeiabree dé los idqpios^ sacarr> 
dotes, ni partes de la tierra» por no.áicleaiaí^^BKDqfneitengo.lie*' 
chor Tin tratado :deatÍMsu qnentÍMi antí)|[ttás,> oMi{tddas «ná di&veii- 
oias:y «xplieacioñes, fxú <fUd á^todoeieoBsie y -el.onrioso lo 
aprenda, qne sinmaeiiáa asedpiro'qpe'CaiPaiá cara nos pueden; 
'^eñderi les indios." (1) . ) • * w. ^ . r;.r , . ^ . 

Zja» pifin|eras3U)tícias^nede(eLdalendarib da Ohiapae nonoos-t 
nnis pártenédam al 6r« ObáspaD^íSV. Fteáeiebo N^mesdé la Yega; 

(^)jfamosáeopiariaeint€gms:áfcideconségyarlea todo sninter^ 

' ... . , 

(1) . IMlacáae d# kf 4p$ eatiadá OÍA liifft á:l% oofiTow 
Cehaches Fr. vln^r^ de Ksea^fAo y J^pla^.^f^^ de ^yvmj 13 dd Djddxnb^ do^ 
1695, ál 6 de Abril de 1696. MS. 

(2) ConBt»faeipnee> dyq^ pHBín dal Oi|íqpa4q ^.Oángifí^xm^ nita. 3d, § %SYfIL 
al numero 35/ ^XIXL D^áqtí tnosMa^ Bolmiai, Mea de o» a^eTAfaMi» pág. 



189 

'^línu 89 I XXYEIC En srachos pu^loB dé las protineias de 
este Obispado iiétete "pmtedob en etuí reportoriós, 6 oaléndairióet^ 
siete negrjfoff -pita hacer dÍTÍáaeioxiee, y pronóétiocHi correspóií* 
dientes 'é9da ildle'^diáe déltt beftiúa eoMenz&ndala p6r el vierHee 
áeónfar/ tóttó 'ptft'rlok firíMé planetaa loe gentiles, y ftl que llá-^' 
iñaii Ooslabttíiiox (qtie ^ él' demánio; ctegnh lee itídide dicen eoit - 
treee poieÉrtridéü) le iienen piniadó en silla y eon astas eñ la ea- 
béza oomc^ iéí téáímfík): Tienen los indios ^an ' miéd<y al negro; 
porqne léis chm lá mléindtía de tino de rae piiniit^os ascendient- 
es de color éiSépitó¡ qne'ftté'gráñ gneiteador/y orüeUsimo; se^ 
gmi consta por un cuadernillo historiad antíqbísiinoy que én sti' 
idioma escrito para en nuestro poder. Los de Oschno, j de ottros 
pnebloa de los llatiod ipénéran hinofao al cfue llaman c Yálahau, 
tpie qniere decir ii^gro 'principal/ 6 sefior de négtoá: lo cnal pa- 
rece, qtte alude, at étdtodeOhns primogénito dé üham, de qnien 
afirman grarísinios doctores, qne por castígo de Dios se toltió^ 
negro, y túé con sns délácendfetttes poblador, y fundador de la ' 
Etiopía- Oriental, y Occidental También Teñeran como señor, y 
goarda del pueblo al ikdio, qíté basta boy llaman ' en • algctnas 
pfOTtncias Oómcáriiufny alndieádo al parecer al cnalrl^ faijo de 
Ghatn, y en algtüiod pueblos' de Soi^Onueco se lia* asado, y usa 
este apellidd de Oham, y Ganan,' y por él conocen ál^ntíaé» fami-* 
lias de los'indioé, y al qnef llaman licour del pveblo, y guarda de 
él aígnificah- con el noidbre de CSíam. Dé cnyos descendientes 
prüuitiToe tienen pties^ en sae calendarios les liomlires, y pin- 
tadoe en pc^lSüs figuras; con^diferéneiade los^^qtie fuieron total- 
mente geiiddlee'cóucariacterés raros, 'y de los 4né sé volvieron 
cristíanos:iienentÉÍmbieñ escrito- en sn idioma el animal, avé, 6. 
astro, 6 elemento, en- qnien cada uno adoraba' al demonio, y dis^"" 
trilrai^oS p<^diae aqnlftlloB prlmitivóÉi gentiles para señalarles 
con sn animtf por ángeles, qne dicen ser de ^arda á los chiqni*-' 
Ilo0qnenábeiL'''-'f'i' •" '•'' » ' f i . • • - 

"Nihn. 83'glXSIE. Por cábesa del calendario está presto ett 
mío primitiva ifikiu e»lengnfe lattáa^'qüeiii^hífédfe Belo, nieto' 

114-1»; té)4ift;iHkt aatigtt<taim. 1, p£g. tKyamfigeé>4 Uuíi Antigua; :tom. 1, 
péig. 5na^ 9. Pie ^f^r^,: ^>lea#nP Yn^íte^o. ^ifS ]|«(f ednpvUtiui notioias, 7 Ion 
aomivM de l<f» die^ y oeho m^s^n, . antes igaoná$8,'D. Em^terio J^jÁed», De^cnpr 
éUm geográfica del Departáis ento de CldapaB j Soooniuoo^ pablioada en libro laelto 
y en «I Bolétin de la' Bbo. dtf Gíéogr/. • = ' ' 'i 



derKdmirobt bimieto da Olma» y cwir^^' A|qtp49 Obm^^l 9Q«1 
roboró la idolatríi^ entra iDsbabüoAkMi'y e^ld^^ 71 l^ig^.W 4ift. 
en loa cele])clM:ipe.t»M v^odé^xm» eet(.epvrai»toeVl^emkM^ Utíno 
de NuK> en Imo^ pera eoloeado úem^re en ifununér Ingv» j ml 
adoraeiQii al«d^ á.la ceiba, qae es sn-ácbolt q«a.ti(^iiw en ko^' 
laa plazav de aw'pnebloa ¿TÍeia^Jolaí eaea 4^ oelbi^^j deíhqp 
de ella baoea bw el^ccHone^ de ak^<#>.7 tee; eeAQMfa eo» bsa» 
oeroe» y tiexiea por mn^ .^^f^mia^o^ x^a^'^en laa^.vfl^^en dA^^^fHU,. 
ceiba soa por ¿biK^ viene oa linaje y^HíMift ffiwtiv W7 ^M^ 
gna la tíanea pintada^ 7 alganoa mae«tiaa negnakiataa grandes^ 
€jp/d se han ecmTevtído ha& espUaadp \o lóleiádQ^ 7 ^M ifmebw 



»i 



"Ndm. 31 § XSX Yotaa ep el lieireem gentUí qu^ aa<4 pmsto 
en el calendario^ y en* el coadernUb» bk^jee^eeeprjto eú idioma . 
de indioa va nombrando todos los parajes^, 7. paablos», donde esi- 
tATo, 7 hasta estes tieanpos en el de Teopisa ha beMdo g(»neri^ 
eion» qnei llaman de VoUinfsc dice apás» ^e ee el Sañor del PcJa 
hieoa, (que lU^nan TepanagMate),.«Kiie fiú la paiad grande (qna 
ea la Ibrre de Babel>t qme por mendatio de Koe sm abuelo se hi^ 
w desde la. tierra hasta el cielo, 7 qne él ea el priiner . boniÍNí% 
qne envió Pm>s á dividir, 7 repartir eatl^ tierra de Iss Indias, 7 
qne: allí donde vio .la"*, pared grande ee.le dip ^ <^^ pueblo an 
diferente idioma: dice qne en Hnehtieta^ (qn^es pneblode Sdoo-« 
noaeo) esinvoi 7 qne aUípnso dantas, 7 nn tesoro chande en nna 
Gasa lóbrega, qne fabriíeó á soplosi 7 nom(bi^.seniHr% ooz^ tapia» 
ñas qne le gnardesen. Esta t^soto era de anas tinajas tapadaa 
con el misma bapro, 7. de nna pieaa doad^ estaban grabadas aja 
piedra l^safigniiss da los indina gentiles aiitÍ0cipStrqi|eesiian «o». 
eL calendario con obslnhihnitesi (qne son nnaa piedreeüas tarden 
macizas)» 7 otras i^ras snpers^ioiosaa» qne. iodo]jie sacó de nna 
cnevaí 7 lo entinig^ls misma india senpr% 7last«i|fí«ne0, ó guar- 
das de ella, 7 en la plaza de Hnehnetan se qnemaron pnbliesr 
mente enendo hicimos la visita de diahe proñ^i^ por el año de 
USl^lyá este Voten h> veners^^ mnobo todos los indi^ 7. en al*. 

guna provincia le tienen por el corazón de los pneblos." 

'^nm. 36 § XXXL Been,; es el tercie dMmo gentil del eden-f 
dario, en cnyo cnademiHa hi&ióiico escrito éa idioma infia ttae» 

qne dejó escrito sn nombre en la piedra parada, qne es nn tíítló. 
que está en el pueblo de Comitlan, 7 en dicho cuadernillo va. 



141 

poiii€fiido STMci&tftmente, por geoerftcionM los xioml>res de los 
Hfíñoies prhnüivoB, j Mcendkiites antignos, las guerras <iite unos 
con otros tnvieroD, j. los soldados de cada parcialidad, 7 dice 
que Ghinax fa¿ gran guerrero, 7 así en todos los calendarios, 7 
cnadernillos de figuras le pintan, con bandera en la mano, 7 re- 
mata B« historia diciendo, que murió ahorcado, 7 quemado por 
el nagual de otro gentil. También hace memoria de Lambat, que 
es el octaTOf;entil del calendario. De estos cuatro que son Yo- 
tan^ Lambaif Been 7 Chinax, se hace la cuenta por meses, 7 dias 
en los más de los calendarios, porque estos referidos debieron 
de ser los que más propagaron en estas provincias, 7 asi son los 
más celebrados, 7 venerados como santos para señalar los na* 
Eludes; 7 porque no se pierda entre los padres curas la memoria 
de los gentiles para predicar contra ellos, 7 sus supersticiones, 
se ponen aqui por el orden que están en sus calendarios corres- 
pondientes á las veinte generaciones de señores, según 7 como 
están en el orden siguiente: Hoz, (alias Ninus) Igh, Votan, Gha- 
nan, Abagh, Tox, Moxio, Lambáis Molo, (en otros Mulu), Elab, 
Batz, Euob, Been, Hix» Tzíquin, Chabiu, Chic, Chinax, Gahogh, 
Aghual.'* 

Déjase entender^ que no estamos conformes con todas las apre- 
ciaciones en loa anteriores párrafos contenidas. Llámanos mu- 
cho la atención el período de siete dias empleado en los pronós- 
ticos^ adivinaciones, igual al de la semana, que se comenzaba á 
contar por el viernes. Ese pequeño período, foé conocido por la 
ma7or parte de los pueblos de} antiguo continente, j le tuvieron 
los egipcios, los asirios, los chinos 7 Ips hinducí desde la más -re- 
mota antigüedad. Esta reminiscencia curiosa no deb^ dejarse en 
olvido, pues junta á la de los meses de treinta dias de los ma7a, 
pudiera servir un tanto para fijar el origen del calendario. 

Enseña el Sr. Yega^ que la cuenta de los meses 7 dias se' ha- 
cía por los cuatro signos Yptan, Lambat, Beén 7 Chinax; en 
efecto, eran los nombres de los años, 7 en la lista de los dias de- 
ben ser los iniciales de ios cuirtro quintiduos en que el me^ se 
dividía, según lo demuestra <el orden en que están escritos. Sin 
embargo, asegura que el principio de la cuenta está ocupada por 
MinttB, nombre transformado en Irnos, escrito ensu nómina Mox, 
lo caal no va conforme con el principio anterior. En nuestro 
eoncepto, Imoü es el dia intercalari haciettdo el mismo papel que 



el Han Imix del calendario ma^a, por lo Qual va ají b^nii^ de Ifk 
liat^ siu ser por eso el inicial^ Segim ésto el orden d^ los Telóte 
días del mes es el siguiente: 



Votan 


Lambat 


Been 


€liimax 


Ghanan 


Molo ó Mulu 


Hix 


Oahogb 


Abagh 


Elab 


Tzíquin 


Anhual 


Tox 


Bata 


Ohábin 


Mox ó Imox. 


Moxic 


Bnob 


Ohio 


Igh • 



Según observa él Sr. Pineda varios de estos nombres pertene- 
cen á la lengua zotzil, significando toj\ pino ú ocote; chij, came- 
ro; aghualy hijo ó hija. El Sr. Pió Pere? dice: — "¿Quién no vé en 
el segundo dia del mes cliiapeño .Ohanáti, si sé reduce á la escri- 
tura y á la pronunciación yucateca, (pues la gÜ equivale á la k 
cuando se pronuncia), es lo mismo que Kanan ó Kan, que todo 
significa una misma cosa, á saber, lo amarillo 6 este color? ¿Mu- 
luc én todo igual á Muluc, Aghual á Akbal ó Ak-ual como suele 
escribirse, Igb á Ik, Lambat lo mismo que á Lamat, Been j Hix 
iguales á Been 7 Hix^ con solo la trasposición de su orden? Todos 
estos datos y él que algunos nombres de los dias yucatecos no tie- 
nen significación conocida, inducen á creer que ambos calendarios 
tuvieron tm origen coioiun, solamente con la iñutacion qué los sa- 
cerdotes por sucesos particulares ú opiniones propias hicieron en 
ellos, y eL uso de nuestros peninsulares sancionó; dejando los 
otros por costumbre,. ó ^orqtíe les era conocida su significación, 
que al presente se ha olvidado/' 

Los nomblres dé I03 meses, según el Sr. Pjineda: 



Tzun 


Olalti 


Nichcum • 

1 


Poin 


Batzul ) 

Sisac 

Huciasac 

• 

Moo 


Tlol 

Oqninajual 
Veh . 
. Elech ' 


Sbanvinquil 
Xchíbalyiuquil 
Toxibalvinquil 
Xcl^anibalvinquil . 


Max 
Yaxquin 



"AJgujQioq de estos nombres están eip^lepgua ¿s^tzili y los dsmi^ 

.se ignpra en.qqe lepgua 0^ haUap. Este <>alefi^¡darip..e^ religi^Bo, 

pues arregla laa/^esta^ ostensibles y no; ostensibles de l<^aindi« 



143 



genas; y agríepla por indicar los tiempos en que deben hacerse 
las sementeras j las eosechas." 

*Moc es el mes en que deben componerse las cercas, y OlaUi 
en el que se han de hacer las siembrast sea cual fuere el eatodo 
de la atmósfera; de manera que si se pierde por falta, ó pot ex- 
ceso de lluvias, 7^ no se haee en ningún otro mes, aun cuando 
el temperamento ó los riegos lo permüíaiu Veh: en este mes ao- 
brevienen las enfei^medades de las plantas, en particular un i»- 
secto que como el pulgpn las debilita y destruye; y en el de 
JElech los Tientos saludables que deben curarlas. Mas en el easo 
da no ser favorables, la pétdida ed segura en muchas plantas, 
como en la patata, que ya no florece ni da cosecha. Nichcum in- 
dica lá inflorecencia. Sbanvinquü la fecundación, y XcMbatvin- 
qtnl ToxibcdviTiquü y Yoxtbaivinquü los tres tiempos de la forma- 
ción del grano el de perla, el de leche, y el farináceo. Poin: en este 
xnes deben castrarse las colmenas, y levantarse las cosechas. Mux 
indica la proximidad del frío, y Yaxquin el tiempo de Pascua.'* — 
No llamaran la atención estas' reglas al saber que, esté antiguo 
<»Jendario, está hoy en uso entre los indios de Ohíapas. . 

Ijos diez y ocho lúeses; á 2D.dia8 cada uno, componen 360; pa- 
ra completar el ano aumentan después del ultimó mes los cinco 
días complementarios.' Oadá cuatro a&os aumentan el dia inteis 
calar á los dias iniciales, de manera que entonces son. seis: este 
método de intercaladion coloca esté cálendátib en la tercera de 
las especies que venimos observando, i . 

Ck>nocían el ciclo de cincuenta y dos afios, disponiéndole en 
eata forma: 



ITütan 
n Lambst 
mBeen 
IV Ohinax 
Y Votan . 
VI Lambat 
VHBeen 
VniChinax 

IX Votan 

X Lambat 
XIBeen 



I Lambat 
IIBeen 
m Chinax 

IV Votan 

V Lambat 
Vlfl^en 
VIÍ Ohinax 
Vm Votan 
TX Lambat 

• 

X Been 

XI Ohinax 



I Been 
n Ohinax 
m Votan 

IV Lambat 

V Been 

VI Ohinax 
Vn Votan 
VniLam^t 

IX Been ; 

X Ohinax 

XI Votan 



I Ohinax 

n Votan 

• • 

m £iambat . 
IV Been 
y Chinax 
VI Votan 
Vni^ambat 
Vin Been 
IZCUnax 

X Votan 

XI Lambat 



XUjOhinaz XIIYotan XÜLambat XIIBeen 
Xm Votan XniLambat XHIBeea XHI Cbiiu» 

Nada encontramos respecto del período treoenal; pero el Verle 
-i^lieado á la distiíibtidion del ciólo nos hace entender, qvte si- 
guiendo la segla f^eneral, se aplicaba también á los días de los 
-meses, como en los calendarios azteca y maya. Entonces seria 
-cierto, qne todos los anos tenían por inicial nn día de su mis- 
mo nombre, y con tm xiúmero treoenal idéntico «1 de orden qne 
aquel tenía en el cido. A nuestro entender, las expresiones del 
*Sr« Vega en que se refiere al demoniq Oozlahuntos con sns trece 
potestades, hacen alusión al período trecenal; representaría la 
pintura el número simbólico, encabezado por su signo principal. 

Del calendario dé Michoacan alcanzamos noticias truncas. Te- 
semos en nuestro poder el MS. original de letra.de Boturini, qiie 
sinió á Yeytia para sus estudios (1) por desdicha no está com- 
pleto, comienza en 22 de Marzo y termina en 31 de Diciembre, 
faltándole el tiempo intermedio de V de Enero á 21 de MarsK). 
Apunta los nombres de catorce meses, el de los dias complemen- 
tarios, y pone la correspondencia con los dias de nuestro cóm- 
puto, añadiendo los dias de la semana señalados por las letras 
•dominicales. Según se advierte el dia inicial corresponde al 6 de 
Abril, y de cuando en cuando van anotadas algunas festivida- 
des cristianas entidioma latino, lengua en la4nial están escritos 
los meses deJ[nuestro calendaria Vamos á copiar tan curioso 
MS, hasta ahora inádito, dándole la Terdadera forma que debe 
tener y completándole en cuanto sea posible: conservamos al pió 
de la letr a la ortografía del original 

L Inihacani. 18 yñ tzonyabi 

Abril. 6ynxichari 14yntzimbi 

7ytichini 16 yn'ihihui 

•8 yn rini 16 ynixotzini 

'9ynpari ITyrichini 

IfiynChon Í8ynyabi 

lltyn'thahuí 19 yníjhanííii 

I2yntzini WynoDon 

(1) ^EEWi wtigiis, toní. l,qptfir^^7* 



m 



21ya.y^lW .. 

23 ./Q beori 
M ysi tbaáti . 

29 y» JSani ; 
IL Jfn Dehtiwu 

26 yíi xicJIíiHvi ■ 

27 yiL chi»i, . 

28 yn ripí . 
2Qycpw 

30 yn Chon, . 
Hayo. 1 y^ tbahvi 

2jfttpijii 

3 yp tj^noyabi 

4 yn tzimbi 

6 yjai ;xot%ÍQÍ 

7 ypi cbim. 

8 y» y ftbÍH 

9 yn thanini. 

10 yno JípH 

11 yuyalbi 

;10yiieUuui ;. 
• 13:ypV<^i : 
14 yja thaati • 

IIL fñij^fanifmi. 
36 yp p(icbari 

ISyATiui : 
19 7?i'p«Lri. 

21 Ji^ iliaJb)!! 

22yA taÍPi :. 

23 3|n teo»ya^ 

24 yn izinbji ^ 

25 nutMh^ "I 
26yjBͻ4^t0Uii: 

27 ynwWíí . 



<-. 



'I 



: ' 



28 ya. jaVja*. 
2B.yii Üamú 

31 yn yalbí ; 
Jnnia l.yA eUtii^i- 
2 ya«bori ; 
' 3 yni^biw^i. i 

4 yn bani ' 
IV. \fytíuriwí\iu 
S.ypaticláíwi, 
6yxi.cVini 
7 yp oriui . .\ , 

9 j/tt Í7/>Q» 

10 y<i tl^aJ^^ í 

11 y^ teipí ,,r 

12 y» traopjrabi 
l|,yi>tsiiiiij^i. .. 
14 y^ tiii¡\ui 
jl6 yiMXol^infi ; 
16iy^i<íl^V^i . j 

17 y» yí|bi¿ . 1 

18 5PiitfeaiPÍri;:¿ 

19 jrw.Z)(^^; .: 

20 ja. yaJbi .'1' 
2Xj;upttppi.,:' 

22 yín^^rí .- 

23jym^baati '; 

24 y«:,fiflWJtí. ; ¿ 

25j:íi.3íic}iaif 
26 y;i ,<Aipj, - 

;í7..yarÍMÍ W* 
29j|ip.i^ri. t. 

29sB^;i7/iW C 
80 yi» JAfaikái) 

Julio. lyrttew Y 
2 y».*3oy^l?í 

" 19 






U6 



f^ jnixotzlni 

6 Tni^hini 

7 yn yabiü ' 

8 yn thaniri 

9 yno Don 
lO^yn yalbi 
11 yaettani 
lá yta beorí 

18 yoitliHati 

14 yn Bani 

VI. In iectUkolókuL 

15 y ti xichari 

16 yn chini 

17 yn riui . 
IB fn parf 

19 yn Ckon 

20 yn thafaui 

21 yn tsíni 

22 yn tzonyabi 
23^t2rinbi ' 

24 yn thihui 

25 yuixoteitii 

26 yniehinl 

27 yn yabin 

28 yn thaniri 

29 yno Den 

80 y n yelbin 

81 ynettnni 
Agpñlc 1 yn beori 

8 yn thaati 
8 yn Bani 
f^II Imatúiohuk 
é yn xichari 

6 yn ohini - 
6^5[n ribi . 

7 j^ parí ■ 
8'yñ' Ühén '- 
9^yÉ[ f&ahtal 



Setbre. 



lOyntdni 

11 yn tsoyabi 

12 yn tasinbi 

13 yn ihikui 

14 ynixoteini 
Í5 yniohini 

16 yn ybbin 

17 ^n thaniri 

18 yno Don 

19 yn yulbin 

20 ynetfeuni 

21 yn baori 

22 ynithaati 

23 yn bani 
VIH Ittbaókaa. 
24b yn xichari. 
2Í5 yn ohini 

26 yn rini 

27 yn pari 

28 yn Ohon 

29 yn thahni 

30 yn tzini 

31 yn t2onyabi 

1 yn tzinbi 

2 yn ththui 

3 ynixotzini 

4 ynichini 
6 yn yabin 

6 yn thaniri 

7 yno Don 

8 yn yelb 

9 ynettnni 

10 yn beorí 

11 ynithaati 

12 yn *>---• 




{hoKtqui, 

13 yn xichá 

14 yn chini ' 
16 fe rini 






i 



16 yn paii 

17 yn Cho/H 

18 711 thfthui 
19yiiidQÍ 

20 jn t2on7iabi 

21 yo tzinbi 
2ft yn ihihui 

23 ynizotzini 

24 ynichini 

25 yo yabin 

26 yn thaniri 
Vt ynaDan 
28yiiyelbÍ9 
2ft ynettriiii 
30 yn beori 

Ootubre. 1 ynitbaati 
líyn Bani 
X In thaxiqui 

3 yn xiohftrC ' 

4 yn «hini 

5 yn riui 

6 yn parí 

7 yn Ghon 

8 yn tbahni 

9 yn tzini 

10 yn tzoyabi 

11 yn tzinbi 

12 yn tíiihui 

13 ynixotxini 

14 ynidbini 

15 yn yabin 

16 yn tbaniri 

17 yiu> Don - 

18 yn yelbim 

19 yttdttnni 
20'jm baori 
21yiiiihaiti 
ÍÜynJSani 



. 23 yn xicbítfi 

24 yn obini 

25 yn rini • 

26 yn pari 

27 In Chan 

28 yn tbahoi 

29 yn tsíni 

30 yn tzonyabi 

31 yn tzinbin 
Noybre. 1 yn ihihui 

2 ynizotzini 

3 ynichini ' 

4 yn yabi 

5 yn than 
ñyno Don 

7 yn yelbi 

8 ynettnni 

9 yn beori 

10 yn thaati 

11 yn hani 

XIL In fhec\otahuu 

12 yn xiehari 

13 yn chini 

14 yn rini 

16 yn parí 
lid yn Chon 

17 yn thahni 

18 yn tzini 

19 yn tzonyabi 

20 yn tzinbi 

21 yn thihui 

22 ynixotzizu 
98 yn cbini 
24 yn yabin 
25yntlumiri 
ÜBynóDon 

27 ya yelbin 

28 ynettnni • 
89 yn beorí 



w 



tílataAi . 
Dicbre. 1 yú bani : 

XIIL In teyvhihiízifL 

2 yn xiohati: 

3 jn chipi . 
éynrini' 

6 jn parí 

7 yn thahnl 

8 yn teini ' 

9 yn («onyabi 

10 yn tdubitl 

11 yn thihm 

12 ynixoteini 

13 yni^hini 
14lyn ynbia'^ 

15 yn tiíaAÍri 

16 'yvjQ Don 

17 ya yanbin 

18 ynittuni 
; 19 yü beorí 

20 ynithaatl 

21 ynbam - 
XIV. In tho^Joitúhuu 

22 yn ziohati 

23 yn ehíni 

24 y n riüi 
25yoj)jftri' 
•26 yn Choñf * 
27 yn thahui 
28'yn tzini . 
2fl:)rn t«onbftjí 

30 yá tzurbise 

31 ^7t tíiihin' 
Eneto. 3k yjaitotBirili- 

2 yjaichiní : 

S yn yabinTíl 



7 yAéttim T ^ 

B yn beon r- • 

9 yniibaati ' 

lO^jynifiTd' i\' 

11 yn tichad.<: 

12 yn c^ini ' 
13yntitti 
lárydrpaii. ;.* 

15 y» €ho^ •' 

16 3m (ha^ntL 
liyiítzinir '.. 

18 ^ynteonyaAli 

19 yn tziikbi 
20yniMkmt . 

21 ymtotsint 
S2yni^ini .. 
23{rtiyabin; 

24 yn tbaaíii 

25 ypú Dorh 

26 yn yalbi » 

27 yn ettunr; 

28 yto beQví -^^ 

29 jTfiHbMtr 
SOTyn é^ní • ' 

31 yl» ^úol^áiei! 
Febrero, liyn.cbini . * 
^ yn riui 

S^yilpayri <[ 
ét'yipOhon (i, 
6 jra thft^jrut i 

6 ytt teiú : \ 

7 ^ teonyttlf i 
ftyir.tziiibíír' 

10 Jmítotffíiit 



.U gteiAini ;, 



\ 



1 1.- 



UA 



18 jn thániri 
14 yno Don 

ÍS*fé et^ni • 
17 yn beori 
IdyuithÍMát 

fil yn «hipt 
.'Sfiyii riai 
118 yi^ parí 
íáffnOhM : 
^ yp tiíaliiii 
"96 791 tnni 

2ypttotrini 
Syniekslá 
4 jn jMú 
¿yniihuiki . 

Ty^Tolbi 
.8 ytt éttimi 
9 ya beof i - 
10 yuTtfaaati 



I ' 



«AbriL 



11 y» Bani 

XVIIL 

IS yn xichari 
13 yn ohSni 
14yfkríÉi 
15 yn pari 

17 yn tliaiiQi 

18 ya isnni 

. 19 yn iBonyAbi 
dD^jm ieiiibi 
^ yn ¿AtAtt¿ 
22 yttixofadai. 
33 yniohini 
S4yA7afai 
SSytttbaiim 

ÍH^yfko Den 
97 yn yelbi 
98ynattani 
!39'yn baori 
30yniihaali 
>&! yn iami 

in ttLayabvte. - 

4 




6Ü 



«4Éa**É 



El ofiigiiiaVpfeadalii^«ÍKaiM« yUnfcnOT tarkaéeade esaritlix% 
qoe lMBMM.dejado.an siUMapéethtoa lagafaa:* dos Taceii as ab^ 
mMifcift brtofpáfiada la palabra yoa i^onieni^ata lonaá ya dUiai 
Pa eátár aaetitoi» ióa notnhwa Jíio Den^ Jk kmmir Indum^ ik.tíá* 
ÜMÍJO^á: lataa oofexa4a y 4 iraoBs autjiaeabH y di'rídir asaoiaaMn^ 
te loa diaa an cuatro quintidaos^ ialsríaAa aoa loa ioifOuQaÉi a¿ 
ómlué r a | ia i id<Ja aKaa^etanaa aiHoorde ioa aoo6:.e«éoao8a -ai Ar- 
dan wsdádavo da attoa eaaiaJüoiéaAes 



160 

Lio Boa laBani InOhon :Eii ThilK«|i 

In yelbi . . . Id xicdi^i In thahoi luixpteini 

Inneitimi In ebiiii In t2áni I^ichin^ . 

In beorí lo.xioi Intasonjabi . Iny^io^ 

In thaaU I|\ pwr) . In tzíubin . :,{9 tbiiM 



< i 



No Be puede ftacttr sil usaban ó no del periodo i. trtoa&aL Los 
einoo oomplem«itartosno llevan nombre de dia»dis(in|g;lii¿ndos6 
por sn apelaoion.coleotira In taayabiri, y por.una.figurá del sol, 
aigno genArioo. del dia: Inferimos de esto qne jsolo los S60 días 
látiles, formadas >del producto de los 18 meses. por los 20 días de 
eada uno, eran nominados, y que los cambios que dejbáan sobre* 
Teñir por loa bisiestos debían verificarse sobre Ips ineaes mis* 
jaos. En efecto^ notamos que debiendo ser /tkx i}^/» eMtticial del 
año, el calendario que tibiemos á la vista cocníensaipof In ¿cicia- 
rif sétimo en el áeden de los dias. Debe habeñiproiienido esto de 
que, al sobrevenir el bisiesto cada cuatro! aBM,ia «lelite de loa 
860 dias no cae ezactaínente sobre los meses^ pues siendo enton- 
ces 361 tomará: los 969 nombres más el inicial* es deeir, n ^oñ* 
menso por /no •i>bn,«nnLfinalizará /ntfamniV. el .última' dia, sino 
que tomará 'también «1 inmediato Ino Dcn^ déáerminendo que el 
año siguiente émpieeeípor In ydbi. Por cadaifaiéíesto retrograda- 
rá un dia, y como aqití comienza el ano poriélaátimode los del 
mes, sacamos que el calendario .pertenece á un «ño que dista 24 
. años, al manos, del inkial. La intercalación, ipnes, : debía tener 
lugar por el métoda azteca, aumentando al fln 4el wU^ los dias 
intercalares, trece sí ^ ciclo era de 62 años. jJ^n , pst^ i «upuesto, 
el dift inicial del ciclo no coincidía con el 6 dp..Al^il^^^|io con el 
81 de Marza 

Los autores que de este calendario hablan^ le llaman de Mi- 
éhoacan. Según las observaciones manuscritas del Sr. D. Fer- 
niROdo'&Mnives, qn» á la<-visto|tef nwcw»; janjpalflbii^s;acr oorliés- 
poifdea al idioma tamaqp^i mno al -maklátfliaoa/) jiq . obstante. ^Iqr. 
esál ^te cámputo era iri nttado en aquel; vámb^ i A^neo. . los , nsart* 
jlataiBea» cuando {nerón/ á.estkbLtVseffse aliará iAsisneiaa ^elrejr 
CBunaoo^ i llevaron esta cuenta ;del táemjiO| jqna^n* seguí d^iiitf 

adoptada por los micboaMnesés^ V ;• ij. ;> fd • . > i,,i ^¿ íj r.^i ^i 

Uslo «8* lo que heao» sabido mMomioBBthomtí^ áA. js^mücMío*'^) 
Stt estudio nos convence deMtáiffiadíids de^ todos los^elMMnkMT. 



qte cpyípoaeA lAr.^^üiMoion 4e los mtift«o»t|^Ml¿p% ^Jmíh% 
huñc, BÍBg9n9 Qin> babUU^ftad» á nu^yor pf^rlftcpton, { njyniiqBft 
xttTttU ffiejor el «stedo dn fidelaotp que a^oaMtiQns que f« MmOkt 
Uo «Éfti&to ezaeto- ^íofn^ds^ año: en -<4I<^ Bobif^p^iyMotí i im 
bmíquob aaierieaMfv* «« kiMroa AuperiorM i lus «íiátí^Mr j fpnr 
lopeaa ApAaibnado jiiieio paiMeri ««Ito e]i,D«e«fcra bpoi^ f^m^ 
iMto i^os iMHlifilM6iLUt MSM daaiM<íra pMiia^ paní q«9 .noi 
sltf» de dÍMulpa,- dopiaoKNl }a eigiiíii^teawtorMad, qfi&T^r ciexu 
io no M teebará de ipateÍAl.r^"Bl .eeUdo de aae. 4X>0!QdJOÍentot 
aatroaómieoe» diee ÍCr. Mjchel Cbéi^er habiendo 4« loe iWPlíb 
eaaoé, ^l) pareoe deooiary ó müj noteblee medipa d^ iohft0r^aíDÍQik 
iSiiiia atingencia Inaudita en sus áTaIuaoi6ne8;iiel^aa eleaih 
ledo el talor del^b, no «elo n^dc^ae loll is^nimieflfdel tienipo 
da OÓBar,; sino muobo mejor .<)Ué la; SfUfoiie- ofiísvikl bi^Q. loe reirt 
nadoe de Franeiecol y de Chirlo^ Y» S« nétodo: 4^ interqali^ 
eioB, Uetando en cuenta la fraocíon de dia^ua entra ^údm dusaí 
eton exacta del ano-tBo^eo, equivalía eo^ !eofia*diíieireniÁ^.|i.'<p*r 
tableddo por la reforma gregoriana; eeguné^ta ee intercalaban 
S4 día»- en <tien áfioei (2) loe aitéca interealaba^ 86 en :l% 
aSoer la diferencia ea .muy pequenab £1 ralor del aM ti»$picei M 
de 365 m^8 lafmcoion«repteeentadA por .6^ 48" 46.t eBt%firi^ceHM| 
de cerca de un cuarto de din por afio^ que^obliga 4rie4ef^*r iu| 
dia euéero 6 mupoílioetdieil desfnleftde cierto /petíodo» ifle- nnimeo 
wél ciüendario lntfodutÁdo.poiLJttI¡o.Géeardenn'^aartp#9c;M)iMl 
de dia» de mafnera-quei en loe tíempoe del Pap^ GHif^xiQ lUXk 
m faabÍA adelantado el: tiem))e dte^ dilMu Ja jeforma gir#^oi:ian# 
decretada en 1589^' por la oual ee.inieveala^ un dia cn4^. euatvft 
ante, ealyo Iob añdeeecuUurea en <|ue • lia* ^M^p^on tÍMe l^ 
gar tsee veeee en cadií^^^uatro^ >anpone que. )a'freecípn\iee'.4<^'(f 
48r 12*: el «fio medio.del .oabuBdaiHa|pQegoriaao.re0ultap<»^«v»^ 
Bii>7or en 23f ó sea un dia e» onMioml.4iPoli:ipaTe( \m ft^xiteMt 
él^ano m^dio aleaba tomiamalmQaten áfí"- é&r (^^ dA»tiifX)ic4«» 
en e£b medio )eatiiba4K)n{ottte'loedUonl0fte¿leb*4# derlo«'MÍ«6r 
nettee-del'Califíi.Alamon**'» • ff/f -^ . i-.i i * ..\:>.^ •. . í. .t\ 

tio que be taos'diclM acética de lo9i2¿no¿kek9itMMtTüÉiduáeei(. 
d# kÉr náhoa, no ee '\o i^ue en reblidad^abíanf eino Ib ' q«e • pmki 

(t)'tieifexi4|«ñiéiiiO'ft«ttgd«m«r9iriaj'1864^t^ i-. , \< ^. /Jo 



» f m n n ii »i n i , ^T«at»7ffate4Íii4nil0.éiQa ■'!■•' ^r .-^ ■ ' 



Ui 

étoiilliik.^ Eltos; <6éliid tódM lo» ^«i^M^^lbMiSilá ««t«t», ]»Má.tfofi' dé 
láP«flNle»^adillxi'dé'4M'éiLei^d6 ^déilé¿té«i íftó^ÉBM» aas MToltéibiíM 
é^é Mt*ttiiftwdtíWití)iá»aétoii pai» niédj^i el M^mpa. i^atodidb 
¡Mf t^^^fiMÍ tth^ra bál]«tt;ób',*])áMtf6 ^«^lall t>#ffilí«it«ft ^M^AtfUi dst^ 
MVSfft^M^qíeíááT^báMd^ éHt Iw^Kothírtéiilim de te Ihbw: sm 
lipiirié^iil»ii0oloiMttf,^'^i^tb )^ destt reTolttdi<»;' la r«¿ 

l^kkridad ^ 4ÍIIISÍ fá;<^»>pétidttiMoií form&t dedneoloMB dite^ 

dhrMO^iaftJ producto ide Idi tectbí^eé^ 90 ftindiiaiéiik) cU m éí^ 
m6il^, 19-el iitám«^<«ttgMM3&4é( iM ptiá^páie^ dhrinii^MM y 

<> {Bstef prit)i^r'p«rfi9d0<iMi(lkiitil^ eonsatvó ieoAcMMte^ en te 
lÉélnoiia déUán %tíbii0« Lód piieblw ti¿hMr le a|dieavon.«i í¿6^ 
^ atíéüto de Veátitfi pof* Medí<í det tiaéM fiíctor mteire; hix¿€T0 de 
jM^eeabrea que píeisKlea á9a»!rehe,>delo9pktBetM ^ae ifiAujrea 
éCAiAlokm'eih eJ bedibre, el 'perfod]» qoed^ teamfomade <e» obb 
HtÁ^o de ftñUXdíM. 'Obtioordiir las .«pari0ii<sía9 celéatep de Metei 
M ^ l^c6Í!lu&tee¿itl ^n Ide del Httcleitlafiti dOíttalpnl, dieron íkU)^ 
i^tf á loé eaeerdcAeír 'pÉra^]^r<$fétfda(i aeditaeieitec, y ül .paeU« 
fita a^Mt fae oreéñdae tielígiMae del aategoniscáa y dé lab 
Mfbhae efttÉe IbiMtíLt&pttea y Qaetaakbatll 
^^ E^de'ttiay aiitigtio/loa urieindoi en la éienda de loe aetraé, 
Ik^biaiii 'ftéf^ide aténliatoehte el <»ri^ del Toaattah pórlaesfen^ 
"ÍÍÁBÍh y Aja la iiéna eA i\ eediMdel mundos loa efok» y lostébexí* 
fée ftupeliorei» giMbaá 8cA)fe elta y la rodeaban. Bl mo^niteiitia 
flet*ip4dró 4e lÁXvtt etñk}^ ibtptaMA& en la ee«rt(Áira elmbólioii 
IRAt élé()^)Ktth«ri01fiiT. SstOB eftÉft^o motimienios adirartldoi 
j^f^kaas^flé'erafeádaa'qne eü»lervfl «di ^aMto, no «mnoiMi qpü 
déet2iMi|i(>néaapbrm«etf eni^ fijos al N. y ar& diél 

•raedbl', 4 en^ kivgu^e aeiMo^iMeo to de^tevmraacion de loe soi»i 
Mlbiiyito4eá'eÍ^itl¿o6iO&( lía^nB^emelen edde laanttfaábViM 
3J4ftr4áií>^nii ai(ii«ít^pt^ao'debe*pMee¿tereéd Ibe oM^ein^doteet 
basta fijar sobre el horizonte pnntos aparenta dé •eoi]l|ite.M0hm, 
pe9ar(date7tnisiai}á|iíntél;aolriM>*fodos'loS}dt^^ nÍ4S( pone $or 
lifejif ia«|»8dJigateS(al'2l 7 ni O»; nótMtt Ja deaviftcinn hastaí lA 
Ingar fijo hacia al N., sn retrogradacion hasta otro pnnto fijo ha- 
cia el S., el camino eeoáániid de ^ y ven, y por áltímo Mt dnta- 
oiondeesas evolacione8.«nLdnBiáBÍtea) ««^gno^el te«Éninnlb;4e 



t6» 

Chima, (ly <6*fttn ttrtfeafla^'lliléáfir éobre las rodsk íé Clmpült&peo, 
Aterminando íós solstibios y 'idqüitioecioa, él éc^ddr'por cotísé^ 
eiteneia, y la álibeecióú "tfó la metídiana: Qa© coboóían el Vetda-^ 
dero meridiano consta de las obserTaciooes dé'^n^b6tdt y de 
úfpíñOfiá^ trtéÉt^o^ <wto^atrfbta6; también 'fea tíékó^q^^ 
minaban poi* la somlrríí el paso del sol sobré el '-n^ístiio meridia- 
no, 7 sns dos trátísHós por él ¿ebit de la ciudad de lléxico. 

Del eolfifticiódé estío ál;de invierno, pasan la estación de estío 
eon la dntttcióií dé 9Bfi Áias y lá dé otofio de 89,7, for tiíando nn 
total de 183,3 días; tenemos del solsticio de rñtiéfnó kt de estío, 
el invierno qne dnía^ 69 días, y la primaveTa dé ^,9, es dfecir, 
181,9 dias. En teoría, ambas duraciones 'dé tíeúipo' debían ser 
ignales, y como el sol permanece como estacionario tinos pocos 
de dias en los puiító.^ solsticiales, los piimitívos observadores 
qne este cómputo compusieron, íiéñalaron éomo verdadero valot 
de aquel tiémp'o eú 180'dia8, númetos redondos. El período te- 
nía por iiftctorés, el fnhdametital' 20, élutimeró sagrado de los 
nneve pAauettis dérTonálamatl. iSbaflo kótar se compuso de dos 
veces el período de 180, ó sean 360 dtt^s: ijnedó dividido em dos 
fraeeibiieér ísifñétridas; t^nnpnéstk cüda xtítá de nneve partes de 
SDdias, en qné los acotbpañados 6 áéfiói^éád^i la noche dos vBces 
podían desarrollarse idénticamente: ¿obre 6siü tiniéi^n á aco- 
modarse loa trece námeros principales dé la ciencia adivinatoria, 
é introdncido el ntievo factor prodttjo los cnt^ésos'resnltados qnn 
nos son conocidos. Si afló solar qnedó' apoyado sobre él solsti- 
tíode invierno. . .,, . 

'Bet^nerda el'BOO la división enfados del' círcnlo, conocida pcfr 
los antiguos ptieblos civilizados, y la del' afio devanas ^acióneSi 
oon sus tnésés de treinta días, correspondiente á ññ zodiaco de 
doce constelaciones. En la ciencianahoa, los* nneve signofs celes- 
tes parece que corresponden al arco del horizonte recorrido por 
él sol entre lórtrdpíbos, nda Vez de ida', oti^a de Vuelta: la' ¿is- 
íha divísioü'^ existía en el cfarsó diurno del astro, nné Ve signos 
para el día, otros nueve para la noche; nacía de aquí tln zodiaco 
de 18 signos, cada uno dé tos cuáles ocupaba un espacio de 20^ 
en él círculo níáximo: estos- é1rank>s diez y óciho 'meses dé W 
áiñSi. VhtA ajustar él afié al tíiovimiento verdadero del sol, fue- 



% ajustar él añé al tíiovimiento verdadei 



20 



ellos el auo ^e ^lu^o de SGS^dia^, qaedaiidq Ipe siixiliarea opma^ 
pe|$adizoB, sin cabida ea ípajiemdoa,! 9Ín ^l i^4^ip benéfico, da 
IcMB ftignos eele9ie8« , , . . , ., . ,. ... 

Ii<')s calcoladoxes naboa (qoiaiero^ concordar Ifm cómputoB de Uv 
Inniki de Y^nnAj del Tox)8tiu|[t.; eadecin relaoíoxiav loe calendar 
ríos de. 260 j de 36Q díaa* Np^da má^ liat^ral ijue bu^oar^ . por Uk 
mnltípUcacipn de los factores, el prodacjÜp de>)tro del cnal $e er- 
xDQnizaran; p^oeiélronee en preeeocia el StM j; el X3 primitiiroe, cqa 
el 9. ó más biea^jci dai>lQ 18. dandi^ lugar á. estos .períodos. (A) 
a0xX9=26á»(B|*2qxÍ3xa=^2a40, (O 2Qxl3xia-i690. (P).36a. 
x'260=9d60Ór (A) :eala novena parte 4e (^X. (C) v?xactttinent& 
igual con 4oa;yeiie|i. (B)v(D} .contiene .veint^ Y<»c§e,exac^a ^ (C) 
7 cuarenta á (A). (0]¡, dividido por 360 da ppr cociente 13; diyir 
dido 260 produce 18; í^íi jí^cir, 13 p^riqdos ^piares,. .igeal. con.lS 
lona^res. Bajorestos elementcMi se desarroña^.f^ltiempoi .. 

Presenta el añp^n^ anpn^álín qne no d^1»e8e^p^ee^en olyi-. 
do; respecto] del pj^rio¡dp 4ff^2^ dia8^.,f^lQ, eufnrta 360; p^ra el 
cómputo astronppoicoy.pa^a el arxegla 4^1, ano, trópico, tiei^e.365; 
cok un^casp ía diÍBíCgiQJ^jea iOO, ,en el.ptrp 105 :dias,- JEJ tla^lli 
contiene l3 anqs ^^p^etos ó jea^fi 36^ |iei:íodos .trec^^le^^, fu. 
decir, 47^ dias; igual coi|l IS^p^jíodos de 860» igual tcpn 18^ pe-, 
ríodos de 260;^ igua^^con (G), ru^ j65 j$ seA ^n cusirto dí^i ¡^60. 'En^ 
el ciclo nienor .compuesto d^;lf]ie;c^trotl^pilUytepenios 
=d8Q80;. iguaü oo^.52 peripj^os.de, 860 ^áspipo de260;de losi p^r 
ríodos trecenales 1460;' cuatro períodos completos de 4680, máa) 
un residuoi.de 260. J^i lp,a.£actor^e y, su^ pro^fitos ,8ie,i^l,a^san»^ 
mjdZclaAi p.7Pj4^^A (;oi3pbinapíope6 pieI:^S| r<:8ull^.9^dos fíjof^;. cons- 
tantei99epte reapare(«e.;e^.loia cájcnlos, j no:M; land^vi^enAo al-, 
gunp,paT^atri];)qir¡todo enO;á^U]:v.con9Íiert9 d,eWdo ala siinple. 

c^sual¡d/v3., ,;••. * r.l. ....'. ■ . ••; -o' . -• I :,. ,i 

JBjl, cf^en^darío ^ssí^ ^;e|i)iiQaelenven,tp^; aparece snl^if^ndo 

diversas niodifíca^.ionpa ^ ^ímbplp iniciaJ cb los sic^os^ en J^ 

cie})oia cQsp^ogQiMea^ fué el^tf^ppaijl; tecpatl^ el. símbolo 4^1rfaeg9. 

arrojado del cíe lo» el, producto v de.Io&dipses.y de las di^a^jS^?'^ 

bre 1^ tiefrshr el qn^i^ dio/princijpip á, las ciencias ; Á ^^^ár^e^ el 

Teoteqpatl^ el ^liofiaileXf ,ocupa^^ l^ar preferente ^ el Tpna|i|f^ 

matL Eu el dia ce Tecpatl fué criado el universo: aquel símbolo 

sagrado quedó en abandono al terminar el cu^t9 4^ loa .soles 



166 

ODWK^nioos» yélpriiKñpio áelos oiolos oottenaá. á contain» per 
toohtli; «a ^deUntor 0I toohtUira hko de mal-afi^ro, j laiitedar 
n da los añoa 7 k fiMta aialica fiKirim taraaladada* al inmedíatQ 
oiii^aQati. í í . ' .; 

JÜs^ cambios imtrodi4e?o]i profandasTariaeioDes en lareabrue*^ 
tora del ciólo. Los aaos teaiaQ al principio por signos técpail; 
callit iQohtii, acailt e^toa místeos signos^- presidiendo tecpaü^ 
disiiribQian los Yeint» dias del mes en U>8 cuatro qniniidnos^ loa 
sfsibolos anaos corriespondian i Iqs! diurnos, dá, manara gne et 
sño t^pall tañía por inicial el día teícpatU caUi á calli 4ca Cuan- 
do al aímbi^ iiiicíal del ciólo pasd de ieopatl á, tocbtli, el míticío 
CSipaotli QcxiípÁ el ppimer lug^ de loa dias, trastortiándoecf el ór.-* 
den p^miti^p; taopatl» caUi, iochtli 7 lacatí dejaron de ser iniciar 
le% pediendo su lugar á abroa diversos. CipacUi vino ¿.predomí* 
nar an el calendario sola^i como predominaba en el Tonalatnatl^ 
En el úlUmo oambío de ce tochtli al orne aCfkt]^ los sigBOfi inicia* 
les de, año no sufrieron trastorno; pero el períodp trecenal yincí 
i influir en el número de orden de que. estaban acompasados, at 
principio d^ los anos. ,>- . 

Ht'chando una ojeada sobre Ipp pueblos civilizados al Sur del 
em,tipf(Dte americano, vemos que los astrónomos peruanos á se* 
mejaoza de )pf, azteca» seguían iQs.monrimieBtos. del sol, de 1$ 
lana 7 de. Venus. Aunque nq se. daban cuenta exaota del orden 
da:Ia.e3fera, servíanles los astros para computar el tiempo. Ll^ 
maban^ ^1 so) Inii; á la. luna, Qut7Za, diciendo á su coujunoioiimí^^r^ 
U, de. Icf^ ¡una; Y énuB er|i Cha^oa^eu decir crínit^ ó crespa, por la 
la? ^ue arr<^ja; entre ]as estrellas llamábanles la. atención las C^«. 
bf itlsA. l&n cuanto Á los mf dios prácticos de pbser^acion , es qur« 
ripso oír al.Inca.Qaroilaza — "Cop .todaísu rusticidad alcaLZfin>m 
loa Incpusique el mpvim lento del sol se acaba en un.^ño, al cual 
llan^ar/op ^y^^f^mj ^ misma palabra^ sin mutación alguna, es y#r-. 
bp 7 signi^pS; atar, Jj^a. gente oomun contaba, por cosechas. — .11-; 
cfomaron también loa solsticios, los . cuales dejaron escritos cou 
ij^ñales grandes 7 nptoriu que fueron ocbp torres que- labraron 
al O^enta 7 otrus pcho>f I Pppiente de Qoa^, j puestas <de cua^rpr 
«ft cuatro, do^ pequeñas de á tres estad9Si poco más ó menos di^ 
i4tQ^^a ine<3yi^da otri^ doA grai)def;.li^ik poqueñ|ks ataban de. 18, 
á20.piiso^ la un^de U otr^;:á loslfl4os ^tro tantp; espacio, estat, 
hfoí ka. pitrafi dof >ones grsn^esi qn^ eran xnupho n^7pres qup 



156 

lasque en Espa&i^'servíaii dé atalayas, j eatas^ gtandes sef^iaii* 
de jgiuur lar y dw ari»o patla qtiede66tibríekéii m^jor las tortas pe^ 
quedas^ el especio iqde eniflre Ituí peqbeftae babíá, par áéríáé él e^l 
pasaba al salir y al ponerse, era el panto de los solstieidH. lana' 
nsiM tovres d«l Oriente ooi^eepoudíatt i'k« etras del Ptmiédte 
dfarl eoletieio Ternal fS htemal.^^Pam Wipifiearel solstioiose ponte 
ñ Ipca en oievta pvnto al salir ^\^\ j tA ponerse, y mitaba4' 
tet fe salíay se ponía por entibe las áee totireé peqneñksqM ésl»* 
ban al Oriente y al Poniente, laeónaAesycrdejé enpiá elañó Í660.* 

^Contafon los meses por Innaey no porcina y aunque dieron 
al aflo dooé Innae, como el afto séltrkiteeda al lañaren once diae,- 
no sabiendo ajtistareimn6 eon el étro, tenían onenta^Km el te^^ 
TÍiniento del sol por los sdletieios, para ajastar el afló jr eónlafló' 
y no con les lunas. Dh ¿staníanera diticlían él uno del oir^; ri- 
giéndose por sna sembrados por el solar y no por el lunar; y 
aunque haya quien di^qne ajustaban el afioeoliar con el lunar, 
le engañaron en la relación; penqué si supieran ajustatlos fijaran 
los solsticios en los dias de k)S meses que sdn y no turieran ne- 
cesidad de estar mirando cada dia las torres para Yer el salir y. 
poneré el sol por derecho dellas." 

'^También alcanzaron los equinoccios y los celebraban muelle. 
En el de Mar^^o cegaban los maizales del Otfzeo, con gran fiMM/ 
priocipahnente el de Ocdlcampafa, qué era como jardín del eoL 
En el de -Setiembre hacían una de las cuatro fiestas principales 
del sol, que llamaban Oitua Paymi. Para verificar el equiaoCoio- 
tenían, collimnas de piedra, riquísimamente labradas, puestas x 
en los patios 6 plazas que había en los templos del sol; cuya 
sombra obserraban cuidadosamente los sacerdotes. Tenían laa 
eortimnas piiestas en el céntimo de uu cerco rédoVidó muy grande 
qife tomaba todo el ancho de la plaza 6 patio; por medib del 
cerco echaban por hilo de Oriente á Poniente, una Hfh que pov 
larga experiencia sabían dónde habían de poner el un punto y 
el dtro. Por la sombra^quek columna hacía sóbrela raya, veían 
que el equinoccio se iba acércaiido; y cuándo la sombra toncaba 
>á raya de medió' á- me^, desde ^ué salía el fi6l háistá que se 
ponía, y que á medicí dla^bañaba la luz del sol toda la oolnuma 
en derredor', fidn hacer soáibrá á parte alguna, decien ^e> siqtiel 
dÜBi era él 'edtíin^flll.' EéfoiÉces'fl^ddraabsn laM^ eotumnito' éwai 
Ifoses y yéAfKñ' tñotfmtk y paulan ebbr* ellas la silla del sol jr 



m 

deoían qq^ fíqvifil día tfé a^c^taba elsol^tiii toda an lius datleno 
anilaao aobra 4%«6l)aa:Co)u«ia^& Porlo c^alaA particolaü adó?*. 
laban al aol aqoal dia eoa ikiajr'Orea oateniaoiotiaside^fieskas y la 
pi^seiUabaii ricas olraitdaaf' (1) 

Segua el xaibmo ajator» aoataban Um atiaaes por lunas, Uamanr 
doáaiaboa Quüla; dividíatdea . ea dos mitades eojütadaa por la 
cvaeianke j lá mapgüiaijte .dtíi a4tro, y arrc^glaban. las semaiiafl 
por Jos cuatiias del aúsmo^ 2^ jfcsiúe«4o loadlas oqmbra parlácn*! 
Isr. lioames^a» .aa .«1^70 .4rdea ao vaín Asoaformea tgdoa los imiío* 
lasy aaUuoabail Baja^i, Pura Qpi«q«i« ó Caaiay^ Hátqja puony^ 
Ingalamo PacfaiqMictiyi ArÍKaa(|QÍt,>A.tmiQu^i]i Áydáprai^ Aacaj^ 
Ca^qoi^ Chagaagilar4PÍ9,.yapaq^lz, Coya J^'cbi» Orna Rajiai 
Pachai(|uiz, Aya .Mavea JBayiai; esto' fiQmaa4latiü:a . es la.. de 

Balboa. , . ' . . 

Loa chibcbasi dÍTÍdiaii el dia Sua- y la noche Za, en cuatro par- 

•«,1 >.•■ "» • 

tes; St*a .mena de la salida del sol al medio dia; Sua meca del 
medio dia^al ^oca^so; Zasca del ooaao á la media noj^be; Cag^ii de 
lá media noche al orto del sol. Tres áias formaban xina sen^ana, 
al c;ab9 de la cual babia un gran mercado en Tmimequ^. Diez 
semanas . cofnponlan ^Imes ó i^na.luna» llamado Suna, gran ca- 
mino» puf(jue .en la. lupa Uena tenía ji^ai; uq gran sacrificio en 
la plaza pública,, á la ci^ul iba desde cacla.pjiieblo un ca,miuo sina; 
fp^ arrancaba de la casa del tithüa ó jefe^de la tribu. El JSu9ia, 
sin embargo, no cojpeneaba Á contarse, de^^ela llena de Ja. luna» 
si^p desde el dia siguiente^ Los treinta dias de i;na lunación se 
contaban por los números At^, Bosa, Mica^ Moiyluca, iBisca,.Tai 
Gubupqua, 3^^bpza> Aca,ybchica, repetidos^ tf es veces: á CuU«p- 
gua de la prirpera §érie toca.ba el iJiltimt^ pua^to;á Hisca.de la 
segunda, lá coníuneion;¡á Mica, de la tercbra, el primer cuajrtQ j 
i Vbcbiliigka la ,luna llena-. Tres pequeños cicloateníai) paraaíre* 
¿í»x el tieqapo; el añp.xúral de doce lunas ,ó .^uniacorrq^ondjfm* 
te de una estación, de lluyias 4 la inmediata; e\,zocarw6 ano .civil, 
compuesto de veinte sum; el ciclo astronán^ico ó., añp délos sa- 
joer.dc>ie?J, cuya duja<?ipfv.er¿íi de,.treii\tay siete au/ia. Estando dir 
.yidido^el apq.ru^al eif doce lunas, ^os xcques anadian al fin del 
;terce^ anp, ,un tcjreex Jueía análogo .al jtm da los chinp^. . , 

(1) €húr«%ÍKe; OétoenHurióédél' 9étú, íib.' 2; t«p, d?.28; Ub. 3; éap. 22f, libi k, 
/9^. .2P. yé^^ tiimbúa Moaiespcp» SAemoÁfis «^bre al Poní»» p49. 6S y 101, . Acoco- 
ta, Üb. 6/ cap. 8^ Femández, HÍ8t. delí^ení, 2. " parto, lib. 3, cap. 10. Balboa, 
Bóst. del P«rti, cap. 9. Herrera» déo. 5, lib. 4, cap.^!»* . '' i- '^* • 



'^e igual manera qne^ enbé Im pueblos de rasa tártara, ¿1 
eiolo de seaeota anoa, presidido po# doce ania&al^a, estaba divi- 
dido en cinco partes, así el ciólo de los Mayséas de veinte años 
de treinta j siete auna estaba dÍTÍdído én onatro pequemos cidoK 
de los cnales el primero cerraba en Aia<», elMgnndben ti&(Af/rfca, 
el tercero en ^MiíAtcAa Aúea j el cnabrto éingueta: representaban 
las cuatro estaciones del granda iib. Oada uno de estos ence^ 
rraba 187 lunas, correspondientes á qnince aSos ebinos j tibé« 
taños, y por consecuencia iguates á las verdaderas indiccionta 
usadas en tiempo de Constantino. Po:^ esta división d^ 00 j dé 
15, se aproxima mucho más el calendario de los Muyscas al dé 
los pueblos del Asia oriental, que no el de los mexicanos qué 
contaba cíelos de cuatro veses trece ó ^2 años» Como cada afió 
rural de 12 y de 13 suna^ se distinguía por uno de los dies jero<» 
glíficos representados en la fig. 4, y las series de 10 y de 15 tér- 
minos tienen un divisor común, se sigue que las indicciones ter* 
minaban constantemente por los dos signos de la conjunción y 
de la oposición.'* • ' 

''Al priacipio de cada indicción tenía Ingar un sacrificio, cuyas 
ceremonias bárbaras, según lo que sabemos, parece que tienen 
relación con las ideas astrológicas. La víctima humana se lla- 
maba guesa, errante, sin casa, y quihica, puerta, porque bu muer- 
te anunciaba, digamos asi, la entrada de otro nuevo ciclo de 185 
lunas: sem^autes nombres recuerdan el Janua de los rotnános 
colocado en las puertas del ciclo, y al cual dedicó Numa el pri- 
mer mes del año, tanquam bioifites dei menaeni. (1) El gueaa ere un 
niño arrancado á la casa paterna, precisamente de un pueblo si- 
tuado en las llanuras llamadas Llanos de San Juan, que se es- 
tienden desde las laderas orientales de las Cordilleras hasta las 
márgenes del Guaviare: de este mismo país de Oriente había sa- 
lido Bochica, símbolo del sol, cuando por primera vez apareció 
entre los Muyscas. El gueaa era cuidado con mucho esmero en 
el templo del sol en Sogamozo, hasta los diess años de edad; en- 
tonces se le llevaba á pasear por los caminos hechos célebres 
por los milagros de Bochica, cuando ¿st« les recorría instruyen- 
do al pueblo. A la edad de quince años; cuando la víctima tenía 
un número de auna igual al de la indijocion del ciclo muyaca» se 
le inmolaba en una de agüellas plazas circulares, cuyo centró 

(1) Macróbios, Hb. I, osp. IS. . 



169 

oenpÁba titfa elevada oolamna. Iios peruanos óonociaa la obr 
serviioiaú gnnmónica: tenían gran Teneraoion por laá Columnas 
erigidas en la eindAd de Quito, porgue el sol, seguq su dicho, so 
eblocaba inmediatamente sobre la parte superior, y las sombras 
del gnomon eran más cortas* que eu el restó del imperio úe los 
Incas. Lo^ puntales y las columnas de los muyscits, representar 
das en muchas de sus esculturas, ¿no serrirían para observar la 
amplHúd de las sombras equinocciales -y solsticiales? El supues- 
to es tanto más verosímil, cuanto qtíe entre Ips diez signos de 
los meses encontramos dos vece^, en las ciír^^ tu y suhuza; u;na 
cuerda añadida á uo puntal, y que los mexicanos conocían el uso 
del gnomon de hilos.'* (1) 

Comparando 'estos sistemas croüológicos con los del Norte, se 
advierte que soU diversos, presentando no obstante algunos pun- 
tos de sermejanza. Los peruanos y los azteca pretendían concor- 
dar las revoluciones de la luna, de Venus y del sol. La cuenta 
de los pueblos australes se buscaba en la luna, como en los tiem^ 
pos primitivos de los nahoa; contaban por meses lanares de 
treinta dias, de los cuales conservaban t(eminiscex)|pia los mayas. 
Los- chibchas al fin de su ciclo niáximo tenían su sacrificio hu- 
mano, parecido al de los méxica en su fiesta secular; el de éstos 
recuerda la fiesta del fuego que los hindus hacían en honra de 
Darma-Bajafa, aunque allá los devotos pasaban cantando y bai- 
lando sobre la lumbre que les quemaba los pies. (2) La víctima 
guesa eu su tiombre presenta la niisma idea de los nemontemi y 
de los dias complementarios de la península yucateca. Los días 
se suceden por series y los cómputos se desarrollan por el en- 
lace de los diversos términos* Se comprende que, en tiempos 
remotos, debieron ser mucho mayores los puntos de contacto. 

Los pueblos civilizados, de México y Michoacan hasta Nica- 
ragua, patece que bebieron en la misma fuente. Cada uno puso 
nombre á lós meses y á los dias en su propio idioma; con peque- 
ñas variaciones es la misma la división del año, y se apartan en 
la intercalación parA ajustarlo á la marcha del sol. Los zapoteoa 

(1) Humboldt, Vnes des Cordillires, tóm. U, pág. 2^-67. Eceqniel Vricoechea, 
llémwia iite» ]M«tisfM«aes NM^gndbd^ 
tora. IV, pág. 138. 

(t) Xonno CeUda, HUk daiciip. f lUwttes ds las HUgtorfic^ iovL I, p^^. Mf« 



m 

89 Bey aran de t^dps, cotnsi^^Tafidq mt^oto el priwtiyp, pal^p^dfttíQ 
lunar; ei^ esto pi^n^o e^táu á la aíti^-a de 1qsi johilpchaf^ pf^^OQ 
<jue 5obr^ ell^^ no |j;vieroDi ií?flpio ÍHftdoeti[ipjaajde^Qiíjetzalcoat^ 
Jjos matlatzínci, üptrpducto^eB, a.epfifi. pre3upÍ5^f>,9,,,(ilel cajeníjía-; 
ríy en Micthua^í^^ 4e&ponocen ,el Rerípdo ^^exí^ií^J.^ (jp^^^ai^iX^ dfi 
f andamento al, có^pu^oj^^^^^ S¡n,d^t^^^^J^^^ toJf 

teca lleTa.ron la i^l^ijppjft.9prreccÍQi^ de^eu (50JDpLputo^.c^Qnpló|gicQ ái 
Yucatán; p^ro los iiia^a^^pu9bJ,o m.Tf/antJ^iio^.tieuíf yp» a\^ ci^leii- 
dario conocido C5?p.pflS.;po;p|^re»^n^<?io»^J/58: de.ellqoj, ftíi^ .epí^baj?* 
go, algunos .sqn d^^^pngpfdqs en la lep^^uft^.lo^ -otirq?. pQrti^^c^ii 
á la de^Cliiap^s.^ Loí^ phippappp^^ flu<^ tap)bie?i.lia(Qe|q ala;rfJie de 
muy grande antigüedad, ofrecen eñ la^ denpipj^n^i^f^e3 fia IpA 
dias.yidfi lo^ »ií^9^ sonf^op^e.Jíil^Qpi^apa^ria.y^ 
tomados del zotzil: ellos consejry^ron, para s^us adivinaciones «el 
periodo de fíiete dias, ignorado^ epja^ co^tun^bje^^jiíí ,1a* ^en;ip,f 
• naciones., De esto¿ cortos datos nq pocjemos tonxar,ftui,damiento 
para de^ucir^ cual de iaq.uell<^9 pu^l^Joa fuá ^ el iuveníto.ir 4e\,pr^ 
naitivo sistema: la bís^oria uqs autpriea par» ^segu^ftr^ iq[ue .lo# 
tolteca son los autores ^e la fornia^noder^^a* ', i .; 

* Entrando en lacuestipp de Q?:ígen, HuinboUU^(l) emijfe r^zot- 
nes concíiiy.ente,9 par^^asignar el Asia., Spm93^b^9lutaments.d/^ 
la misma opinión, tr^tái)dpse 4© la ^P^.oft iPFi^útivA», PP^,^ .par^ 
la moderna, pretendíaos tener expli^juqioi^. dj,iíersa: sia ejQibairi' 
go, el ilusfire sabio no^ prestará susfelqcu^ntes.palabr.^s^ JA^^^ 
madas en extraqto, ya.jyl pié de la letra, j ^ eíl^ yi^ijíeino^ la^ 
humildes nuestras. :i . 

lios nahoa contaban ^eldia desde^e^ .prto d^l ^pl,,, ctpnqo loa 
persas, los egipcios j babilonios, y lí^^^ayor party^ dja ÍQ^^pu^* 
blos asiáticos,, exceptuando ,,log .chinos. ,1,1^ dÍT^isi(jp^.del .día -^f^ 
ocho partes es propia de, los hindu^ j .de.l9p¡rfli|a%nofi ,J^e.la ee- 
mana de sietQ dias conservaban el recuerdo las tribus de Cbiapa 
y Xoconocnco. En el calendario l^ndu la^ fieslf^p^js^ij. Ip^igy^^ei^; 
los doce meses de treinta dias pe ^iv^den e,p dos (}i^nce:|^a^,^¿i4T 
miñosa j 08Gura/qxi9 comiénzala re^peipjjily^jgpip^Qte.^gprf la? lv>P9;f 
nueva' y llena. (2) * . 

El medio de distinguir con signos los años del ciclo, es idén- 

<!)• Vk6B4M.Coiüll¿iMj évUbleM la dbotiliM y% «vÉbndtf éA ^uHÁÚtoAo é» loft 

mexioanos, ya del de log muyaoas. > ' . 



161 

tico ftl empleado por hw ki&duB, tibetánoa, obinósv japobeset^ 
•iros poftbtoft aaiáticoa de raza tártara, quienes distisgueB loa 
BK869J los anee por aéríés periódicas con distintos térmiQok; 
kw yéinie aigooa nahoa recuerdan los yogas del almanaque aa- 
trologico de lioa bíndva/ añadidos á loe 28 dias de, los mokes liá« 
Bares. "Dal^n iírter^s particular los mexicanos i, los aeimteei- 
ffikhfcos Éucedídos en los Cuatro dias de los símbolos del cíelo; 
la misma superstieion se encuentra entre los persas, quienes 
para dar na aigikp á oada dia del mes Y^^^f^^'^^' anadian A loa 
4ooe espíritus celeste» de los meses, 18 ministros de orden in^ferioT. 
Los mexicanos, tenían for feliz él dia que Ueyaba el signo del 
Afio, los persas distinguían los días presididos por el mismo án- 
gel que presidia el mes/' 

Losnuére slpñoresó acompañados de la noche recuerdan los 
aneve ^rq.s astrológicos de los pueblos de Asia, quifffiea unían 
á los siete planetas visibles, dos dragones inVisibles que erati 
causa de loe edipses. Los oíaeo días complementarios del año 
persa se llamaban pendjeMdauxditieh, furtivos. 

"Yamos á probar, como antes ofrecimos, que la analogía se 
muestra principalmente en la división del tiempo, en el empleo 
de series periódicas y en el ingenioso método, aunque embara- 
J9D8C) y complicado, de no designar por cifraslos diasdel aSo, si- 
no por signos astitológieos. Los tolteoas, piztecas, chiapanecas y 
otros puebloscde raaa' mexicana, contaban por ciclos de SÍ años, 
divididos en cuatro «períodos de trece; los chinos» japoneses, cal- 
Buicos, iBongdles, mantcbo^ y otras hordas tártaras, tieiren ci- 
elos dé 60 anos di^vididosén eipoo pequeños periodos de 12 años. 
Los paeblos da Asía,. así eomo los de América, tíeneü nombrtsfs 
pafletíonlares pava losados encerrados eh un ciclo; todaívía se di- 
esen Lassa y en NáDgasa<£ki, oomootto iifempo eü México, que 
éste ó: aquel acoro técimieato' tuvieron logar' en año del • conejo, 
del tígré ó del perso. ' ]Ringuno de esos pueblos tenía uu nombre 
partíijalar para cada uno .dé los años del ciclo, phr lo'cual dg- 
bfanda recuarrir al artificio de la oorrespoindisnoiá de las serias 
periodieásJ Estas entre los mexicanos eiraa trece números y {cua- 
tro signos jeroglíficos; en los pueblos del Asia arriba nombrados, 
las series no eran de números, sino de signos correspondientes 
á las doce constelaciones del aodiapo y* por los nombres de' los 

elementos, que considerados eomo macho y hembra ofrecen diez 

21 



162 

Mminof. Bl espíritu de estos métodos es el mismo en 1» oró- 
nblc^ia de loe pueblos amerioanos y asiáticos, quedando la Ten- 
taja de la simplicidad de parte de los primeros. Para designar 
un japonés la época en qae un Daiaí subió al trono» no dice que 
faé el año cuma (caballo), del segundo período de doce afios, si- 
no que nombra el décimo noTeno año del cielo agua mncko^ oot- 
haJlo^ colocado entre los años metal hembra^ serpiente. Para darse 
idea olara de las seríes periódicas del calendario japonés, es pre- 
ciso recordar qne aquel pneblo» á semejanza del tibetano, caen- 
ta cinco elementos, á saber, la madera jfceao, el fnego yíno, la tie- 
rra toií^no, el metal ó plomo hcaañuo^ j el v^a midamo: cada ele- 
mento es macho 6 hembra, según se les señkden las salabas je 6 
to, distincioií qne también se acostumbraba entre los egipcioa. 
Para distinguir los 60 años del cido, combinan los diez elenien- 
tos <5 principios terrestres, con los doce signos del zodiaco lla- 
mados signos celestes." (1) 

"£1 uso de las series periódicas se encnentra también en Chi- 
na, en donde 10 kan combinados con 12 tcki sirven para designiir 
los dias 6 los años de los periodos de 60 dias ó de 60 años. En- 
tre los japoneses, los chinos y los meucano?, solo sirven las se- 
ries periódicas para distinguir 52 ó 60 años; por el contrario, los 
tibetanos han complicado de tal manera el artificio de las series, 
que tieuf n nombres para 192 y aun para 252 años. Al designar 
Y. g. la época memorable en que el gran Lhama Ean-ka-gnimb6, 
con el consentimiento del emperador- de la China, reunió los po- 
deres eclesiástico y secular, los habitiintes de lihassa citan el 
tAo fuego mascudinOf pdgaro, (me po ciaX del décimo cuarto eiolo 
transcurrido después del diluvio. Cuentan quince elementos; 
cinco del género masculino, cinco del femenino y cinco neutros; 
combinéndoles con los doce signos del zodiaco, dejando de nom- 
brar los primeros doce años del ciclo hastadespues de los signos 
celestes, sin unirles ningún elemento, obtienen denominaciones 
para 12xl6+12»192 años. Añadiendo 60 años designados por 
la combinación de los diez elementos masculinos y femeninos 
oon los doce signos del zodiaco, forman su gran cielo de 262 
años.** (2) 

(1) Taw dtt eotdiaMrefl, Wm. I, {Kg. 8S4. 

CS) YnMim CoéáSBktkn; tom. I, pág. 990. ' 






'^zaminemos ahora, la a^if^ogía qae ofr^can las denoiQJnacip- 
nea de loa dias mexicanos con las de los signos del zodiapn tibj^ 
tanoy cíiino^ tártaro y mongol, la caal es palpable ep los ocho je- 
roglíficos aíl^ ctpacílif ocdoüy tochili^ oohuaÜ^ cuahutli ozomaili é ^- 

"Atl^ >^gna, est^ frecuentemente designado por nn jeroglificó, 
cujas Hneaii paralelas 7 onduladas recuerdan el signo qtre ahora 
empleamos para designar el Acnario; eí primer Ue ó eatasterüi- 
mo del zodiaco chino, la ratacAov, también se encuentra frecuen- 
temente exprefrado bajo figura de agua. Aconteció un gran dilu- 
vio en tiempo del emperador Tchohueii-hia, j el signo celeste 
hiuen-hiao, que por su posición corresponde á Acuario, es el sím- 
bolo de aquel reinado. Así es qae, como lo observa el P. Souciet 
en bus indagaciones acerca de los ciclos Jf de los zodinoofr, la 
China y la Europa están de acuerdo en representar con nombres 
distintos, el signo que llanuimos amphora 6 aquaritis. Entre los 
pueblos occidentales, el agua que sale* del vaso del aquarius for- 
maba también una constelación particular, á la que pertenecen 
laa hermosas estrellas Fomahnvd y Deneh hxxtos, como lo prue- 
ban muchos pasajes de Aratus, de Geminus y del escoliasta de 
Germínicus." 

*^Oipactli es un animal marino: este jeroglífico ofrece grande 
analogía con el Oapricornio, llamado por los hindus y otros pue- 
blos del Asia monstruo marino. El signo mexicano indica un ani- 
mal fabuloso, un cetáceo con la frente armada con nn cuerno: 
Gomara y Torquemada le dicen espadarte^ nombre con el que 
los españoles designan al narval, cuyo gran diente es c(»noe:do 
por cuerno de unicornio. Boturini toma este cuerno por un arpón 
y traduce la palabra cij)actli por serpiente armada de arjconesm 
<Sonio el signo no representa un animal real, natural es que su 
iorma vatié más que la de los otros signos: alguna ves el cuerno 
aparece como una • prolongación del ocico, como en el famoeo 
pezcflcyona^iie, T^presentadoen lugar del pe:s austral Va o el 
Centre del Caprieomio en algunos planisferios indios; algunas 
Teces falta enteramente el eaemo. Observando las pinturas 7 
los relieves antigaos se descubre lo mal que hicieron Taladla, 
Boturini y Cl'avigero» representáudo el pifitóer jeroglifico de los 
-dia» mexicanos como tiburón ó lagarto: M el C¿d. Borgianola 
4>abesa del oipactli et semejante á la de un cocodrilo, y Soníimit 



\ 



164 

'At^ éste nombre al diecimo signó del zodiaco indío^ que 63 núes-- 
tte Capricornio.** , 

• *^Ocdotl, tif^re^ el jaguar (felis onza) de las regiones cálida? de 

México; tochtli, conejo; ozomaUi, el mono hembra; üzcuintli perro;. 

jqohvatl^ sier píente; p ttau/¿¿7í^ pájaro; soi| ^^tastoriamo que bajo lo? 

.«i,i«mo3 nombres se pncuentran en el zodiaco tártaro y tibetano. ]^n 
.^^trpnomia china» ]a liebre no soio designa el cuarto («íe ó signo ' 
. ^^^^iacOjí sino que %& le mirii en la lunja^q^e d^sáe.la ópqca re* 
. 4fto,t^ jdel fe^n2(do4e ^ao .e^atabaffigu^a^aconiQ up di;$co,. dentro del 

.cualJiubía una liebre. senjkada sobre. las patas traceras, dando 
..TiieH{is á mi palo dentro de nn baso cual si es^taviera ocupada 
■: ^ haoer nxai^tequillA; idea pueril que puede haíi^er nacido en las 
. estepas de la ^artari^y habita^a^ por pueblos paatores y en don- 
. der abundan las Uebres. El pigno ozqnwfli d^Xos n^exicanos co^ 
^ ^e^ppnde. al lieau de los chinos, ^.petcl^i de los^j^antchous y al 
^.prehotí de lp9 tibe taños; los tres npnibrpsde^gnan el mismo ani- 
.mal. Pracion parece 3er el signo /¿an?/ani.tan conocido en la mi- 
. biología d^Í03 indiis;.y la posición, del astro» 9olocadoen la mis- 

.m^línea de los Oemelos y el, polo de la eclíptica, corresponde 

exactamente al lugar que ocupa el signo en el zodii^'Q tártaro, 
^l^ntre. Cájioe^ j: Toro. En el ciclo de los ^abes.se encuentran 
. .también mo^po; son las estrellas de la .constelaoion.delpan ma- 

jyor,llamad,os.j^Z curúd §n elcatálpgp de Kazwiní^ JEnlroen eartos 
.^jioi;{^^Píce^, r^Bspecto del signo (?iw7í^q¿?í,.pp^ de la 
.^zquft tórrúú, .colocado entre las cpn^telacioAe^ dp los, pueblps 
, ip^i^go\es, ii^ftulichoas, ^tec^ay.toltecas, es pjjnto miiy impor- 
, ^ntie J}p EÓlq.pi^rfi I^ historia de la astronomía, sino también pa- 
[ ía U Í(;le ]^3 ^emigraciones de los pueblo^;;. .,._., 

V "iPfi 9igí^ iéf|fi^i'i^t^h pBrro^ nesppnde .aLadftepQPxUtii|KK signo del 
, . f^di^csp, tárti^Pk al %< ^ Ips tibati^np»; al ñobc\i á^ io» mant<^ous 
cy wlM d^,}os j^piipsQs.: I^Meaaiel^k.Gattlpil^iieeljjperri^ delzp- 

z^¡HiPi\ÚQ;mtf^ñ l^'ifí^WlAq^ ¡i^ÁVík^ dtoirád;«i%^q'tío»9C^«; Áa 
(^nám ]d^. ^P%if ig4P^. im^ c^QmjieA^ieoíi. la;r4itft».i4^i»iiMi üsáces .Mtá 
.Ktí^iM^^W^^ Jkf^^ porrUA pexrp ci^ítarcQu» £ifitarA;k>»/xá^canDs^ 
•^^Uzí^ivMh^^f^fS^^c^W^^ vnofk feli4M|iiÓ9A(d(vsa> íUamiuba. 

jií^AM^f <l^^u3(l^^.^n^^^ ^ otroitiempoi oiertod eaaidr'úpe* 
t4QHii^^9^í<^^W9<4^o <^il^ yBzpairtioip^laM (kl.pearro y di^Llobo, y 



196 

que Hernández nos ha hecl^o conocer imperfectamente^ la rasa 
4e asios animales conocidos bajo el noijibxa de xoloitzcuintli^ íUit 
cmtipozoíli, tepeitzcuinüi, yerosímilmen^ no ha sido ,destraida del 
todo, siendo probable, se haya ir^tírado á.loa ^opgi^ea xnás 99^^^ - 
nos y apartados, porque en la parte del^aís qae he recorrido 
nunca he oidq hablar da un perro salvaje, Ijo Gentil y Baill j co* 
metieron un error al decir, que ¡apalabra mecA/r, que clesigna 
nuestro camero, significa perro salvaje; esa palabra, de la leu- ' 
^a sanskcrita, es el nombra válgar del cordero, encontrándose 
empleada mar poéticamente por un autor indio,, al describir el 
combate de los guerreros, diciendo^ *'qae sus cabezas erai^ do^ 
mecha (carneros), porsus brazos dos elefantes j por sus píeseos . 
nobles corceles." r • i 

'^La tabla aig}lielft^ contiene los ^ig;aoiddl zodiaco tártaro, j; 
los dias del calendario mexicano/* . / 



/, 



ZodU«Q d^ los tártiuroi ^Bunto^^ip. gpdyep á» lo» muTÍftapoe, 

■*" • • ' i . . . »"^ -. ». 

Pm#, tigrp. (. Ooe^/ílr tigrew 

Ta^uifú, Jtiebre. , . TochUi, Jtiebce, ooofóck 

Ifognit aerpiw^- . .OoAuajH.Hftriíieiite» • ; . 

Nohaíf perjco. ... ; . , J/spu^Vrí/tV {mrra 

• JTfJtfa, p.ájar9>,gaHi{ia.v . . í?íK<í*Wtí| páJAtfQ» ríguiíU^. 



^t 



j •»'•• 



**Sili inoluir Ib» jerolífloos agua,- «tí, y el mnñsítruo tM'riuAúí^'' 
pcuHU, qxMQ iam paFpabl&atit^lbgia'^ofrefceíi éoti'los c&taftteri^méS' 
de Aettai^io j C!apricomi(i, los seis fApfñn^ del' zodiaco tátiiáro qiMÍ '' 
86 enooe&ttfan em él eatondari^ ifi(íthMvñd;'ík)nsQfic)eM^9pÜraRa*^^ 
eer extrettadaiUéftle probe^bW/^ué los puebles dé'ló9 Víoií conÜ-* t 
nente» tomancm «m ideá« asIrMágieaü Y^i^^k 'mid¿áA ftíénte;' tater ' 
razgos de semejnn^, "sbbi-e los 'ctiates<ii!r»T8fit¿b», 'úó ésfán toméir' 
doS'd« pinturas infórmete 6'Hleg¿ric&<r; qué Bé^ptetíbéná 9ér iuMr*'^ 
preiadaa «ártaú ehhAt^ú }M hipótésis'<](ae^e pretenda ^étabfó** ' 
eer. CoaisiritándD las obraa Mittpue9tei<i4éi^é'él prlübipló de lü 
confpitsla) j« potdfcJs autoras indh><»,7Vi^poi< Ic^ e^áftafés/todos'^ 
los cuales ignoraban hasta la existencia de un zodiaco tártaro, 
se descubre que en México, desdp el pi|^o«étim9 de naestrar-Qr^ 



166 

se Damaban los dias tigre, perro, mono, conejo, como ahora en to- 
dala Asia oriental se dan lo^ mismok nombres d loa a3(fs,'e a tibe- 
taño, tártaro, mantchon, mongol, 'baltñ^co, chinó, japonés, cores, 
y tín Itó lénfífütás Be Tonquíh' y de Coóhinchina.^ (1) 

Hasta aqai la copiál ,Ño la proseguimos porf^iu'é sería preciso- 
tomar entero el precioso trabajo del sabio barón; bastÁ lo expues- 
to para adoptar la conclusión .de qué, el calendario meücanó tie- 
ne origen asiático. 'l>ébemo3 hacer estas salvasila semejans^a de 
]o^ condisimientos cronológicos no establece para nosotros igual- 
dAl.dé raza, ni descendencia próxima de los americanos de los 
pnebliís asiáticos; significa solamente relaciones casuales, ó bus- 
cadas eutre ambos continentes. Éstas relaciones son muj auti- 
gna^t; pertenecen á la época remota dél calendarlo azteca, á su- 
form ioíon ptimitira, á la ementa de la luna, j tal vez a\iñ á la de^ 
Venus. .... 

Sespecto de la época moderna, nuestra opinión es diferente*- 
La ultima-forma del balenáario es lá tolteca, introducida por el 
gran reformador Quetzalcoatl. Para nosotros, el hombre blanco 
7 barbado es un misionero islandés. De este hecho, que nos pa* 
rece deonostrado, inlerimos que la estructura, el h^tento y el re- 
sultado del teléndario azteca, son idénticamente los mismos que 
los del calendario juliano: los mismos 365 dias en un i^o, con su 
día intercalar cada cuatro * años, como genuinatnente se ha con- 
servado en el calendario yucateco. Se pregnútaifá, si tal origen 
suponemos á la corrección de Quetzalcoatl, ¿por qué no se en-* 
eaapjU*a ^l periodo de siete dias de la semana, ni la división en 
doce n^eses, ni la duración de éstos? La respuesta nos parece ob- 
via» los tolteca tenían ya su almanaque propio, fundado en sas pe<- 
ríodos detenaiiiados, con sus facttores simbólicos consagrado» 
por las oostuDibret^ xeligipsas; no admitieron eómputo nuevo, si- 
np solo el cálculo que arreglaba al ano el movimiento del soL 
No podían convenirles los meaea desiguales de origen romano, 
ni las denominaciones, ni los miamos extranjeros^ para ellos sin 
sigaificado; sobre el mc4de que les era conocido fundieron los 
nuevos cálculos, que les parecieron más exactos que Ids suyos, y' 
da aquí sos ingeniosos esfuerzos para ooaoordar las stfraa astro- 

O) T«M4i«OoráiIIM«, Um* IX, pág. 13 7 fig. 



167 

lógícaii 20» 13, 9 7 el período de 260 dias, con los nuevos perio« 
dos de 360 y de 365, para salir á la combinación de los ciclos de 
52 años: aprovechadas aquellas nociones por los astrónomos mé- 
xiea, resultaron las diversas intercalaciones que llevaron' el 
dilcnlo á tan sorprendente exactitud. En las dos épocas que nos- 
otros distinguimos en el calendario, en la remota vemos una 
oomnoicacion con Asia, en la moderna una comunicación con 
Enropf : el Mundo nuevo ha tenido relaciones con el Antiguo. 



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1 . 



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LIBRO V. 



CAPITULO L 

Geoqbafia. — ^Imperio mexicano. 

SiUnmn y limiteñ.-^DUüiones poUUcas.Suaíitecapan.'-'Otomiei.'-'ToUmaca. — 
JiíatlatziTioa,^ OeuatMa,^Provtnoía ds ln TeotldlpaTh. "ZotvUoUan.'-CíutlaUoa, 
— TlahiUea.^Cohttixea,—' Topi ó tlapaneea, •^Jfuehco.—M'ísBteca.^ TradicUmeB» 
— ChaUno», — Oh-uehones y popolocos, — Cuicateca --Mazateoa, — Oh£nanteoa, — TVa-' 
poUoa, Leyendoi, — Chántales, — Triqui». — ffuavss, — if ¿c». — Zoques. — CJdapa- 
neca.-'Xooonochoo.— Ouetlaeht¡an.--CoaU<ieoíUco. — Provincias centrales.-^ VaUe 
áe México.-^ TlaxcáUa.-'O/ioloüan.'-fftíexoUinco. 



CUANDO las haestes castellanas derrocaron los tronos de I09 
soberanos del país de Anáhuac.el imperio de México era el 
mayor, principal y mis poderoso. Se extendía próximamente en 
tre los 20* 30' y 15^ de latitud Norte. Al N. los límites no estaban 
bien definidor, confinando por aquel rumbo con tribus broncas, 
sin domicilio fijo. Oünfinaba al O. con el reino de Tlacopan, y 
con el reino de Michhuacan en lindes que en su lu^ar señalare- 
mos y venían á terminar en la desembocadura del rio ZacatoUan. 
Al SO. y al S. eran suyas las costas del Pacífico hasta la remota 
provincia del Xoconoshco, cerca de Iqs 7* longitud E. Al NE. y 
B. le correspondían las playas del Golfo, desde una fracción del 
Huastecapan hasta la desembocadura del Coatzacoalco. Al E. ñ,^ 



169 

nilmetíte le sertfá de linde el mismo Coad^aeoftlcfo, y abruando 
la provincia de Ghiapan iba á terminar en el Xoconochco. 

Dentro dééstfi |iérímetrb'lrrf guiar estaban cóoféñídnéi los rei- 
nos coligadhB de Tlaco'pan f ÁcoIlniíicaTr, el independiente festa- 
do de Metztittan, la llamada república de Tlaiteala y los'territo^ - 
ríos libres de Cholotlan'y dé' Saexotzihco. El resto estaba ocu- 
pado por variedad de tribus, en diverso estado de j^delanto so- 
cial anas de filiación nalioa,' otfas de diferentes troncos etnográ- 
ficoa Fuera* de los Itndes, al NE. vagaban tribus 'sdWajes; al NO. 
había algiiñós pequefio.4 señoríos, que decrecían en civilización á 
medida que se adelantaban á latitudes más boreales, é iban & 
terminar en'éofúoi'a t California. 'AI E. ee encontraba el eenoríó ' 
■ de Tabasco, y adélahtá la península dé Mayápan con sus seño- 
res independiéis tes: estos ^í^es, cas! de^sconbtídos &' los m^xli- 
ca, retíibíail el' nombre de Oóíolidalcd. ' ■ 

Enumeremos laiifhúbus sometidas. EtHiixtecapan o'Cúexteca- 
pan se extendífi sobre la^ costas del tí-olCo, ocupando 'la parte S. . 
delEstado deTamauUpas, la N/de Veracru'z y la oriental de S. ' 
Luis Potosí; al Ni tenía los olives ¿alvaje3, al E. el xnar y aí 0# 
y S. tocaba con el señorío de MetztUían y, el reino de Aculhuá-. 
can. iPropíaménteaquoIlá tribu era libré;' inYadida'frecüeutemenf- . 
te por mexioa y acolliua, alguiíos de sus pueblos pagal)au el tri- 
buto, mientras 16^ áema^ Vivían exentos ele pacho.' Sej^up latra- 
' diciou aquella gente llegíj ¿ la tierra viniendo eq'barcos por la* 
mar, razón por lo que a. lá provincia dé PSnuco llamaban Pau- 
tlan, í^anotlan, Pauóayan, lugar por dónde' pasan; decíante tam-.' 
bien Tnuacaj^líilpan, tíeri-a de bastimentos, y Xocbítlalp'an, tie- 
rra de ílorési. Üaciendo abusión & su tertilidad. .Üenían la cabeza 
ancha'y cliaba; los cabellos teñidos de 'coIorW <?omo amarillo ó 
colorado, íargos y tendidos á la espalda; lo3 dieuteáal^ugoíádos, * 
artificialmente acabados óii punta y teñidos dé ilerfro: vestían ¿a- 
lanamente; adornándose con plumas. Jpyas de oro y sus. piedras 
preciosas. Eran lapidarios, plateros y buenos teje(ior.es; de* su 
tierra venían los tejidos llámkdbs c&o?i/¿7/>iaíZí ó cefzó^cúácJUli/, 
mantas de múolios colo^re/j. Se liacían notables porque* andaban 
con BUS vergüenzas descubiertas,^ y s^ liQradab/in la nariz, en- 
sanchaban el abujero con líojas de palma, y ponían en el Horado' 

un canutillo de oro dentro del cual atravesaban un plumaje co- 

11»» * * . 



170 

Iprado* (1) lia leo^oaPmaxteM ó ouexteoa perjkeneod á la familia 

Los oiomie^f en mc^xioano otpncaj, son antiqaísimoB en Aqálmats. 
Actualmente están derramadas por JdS E^^tadoa^de México, de 
Hidalgo j d^ San Lnis^ QQapan Qae^4^^^ 7 ^^ m;iyor parte de 
GofiDajoatOy 7 ae les^nouentratambiem Qn.üP.laxcaUf^j'Veraornz; 
en los tiempQs antiguos oonparon mayor extensión, supne$jbo ha- 
llarles mezclados con los totonaca y los tepeaua, cercanos í, los: 
h^a^^eca^ 7 que cie|4¡o9 pueblos de las llc^i^ras» oeap^d(»s por 
gentes de ot^a? ramas^ etnográficas, conservan i^uu nombres oto* 
míes: penetraron enel.mismf) Yalle .de Mexipo, viv^encjo todayía , 
en las ásperas montan^, que lo limitan há^ii> ^l !(• J^» Anterio- 
res, en nuestro cqnceptpi á las iuTasiqnea de las tribus naiboa, lo 
'sonsin disputa á la.tplteca; cuando estos llegaron á establecer su 
monarqnía, pusieron su capital lo^a^'.qn lapo^lfhcipn pton^í de 
Mamenhi. De acuella épopa sin jdnda data, que Jos otonca lla- 
neros quedaran ¿dispersos ei^tre las nuevas tribus invasoras, ó 
fueran arrojados hacia las ipontanas, donde pudieron mante- 
nerse libres á favor de la fragosidad del terreno. . . 

tios situados míis al K. conservaron siempre sn primitiva rus- 
tiquez; vagueaban por la tierra manteniéndose de la caza 7 de Tos 
frutos expon tan eos del suelo; los más australes al contacto de la 
civilización nahoa, se domesticaron un tanto 7 levantaron pué- . 
blos de cierta importancia, á los cuales fneron á perseguirles las 
armas de los m^xica. Aj¿ pertenecían al imperio los más hábiles 
7 cercanos, mieutras los más distantes 7 broncos jamas receno- 
cieron 7ugo. Los mansos, como pueblos cazadores 7 montañe- 
ses, 8i bien se regían en cierta policía, estaban divididos en pe- 
queños señoríos; obedecían á unos mandones semejantes á los 
calpixque^ habiendo otros de ma7or categoría nombrados otonüa- 
macaojue: las palabras 'son mexicanas 7 pudieran corresponder 
á las autoridades puestas por los conquistadores. Sus dioses 
eran Yocipa, con t<)mpIo de paja, en el que oficiaba uñ sacerdo- 
te mft7or dicho Tecutlato, asistido por ministros inferiores, 7 por 
jóvenes educados como en monasterio; hacían penitencias, sacá- 
banse sangre con puntas de mague7, ▼elAlt>an 7 tacaban los ins- 
trumentos sagrados: adoraban también á Otoutecutli su primer 

|1) Sthagan, tom« 8, pág. 182. 



m 

conductor, & Xoxíppa y á Atetein. Decían Ünduhque & sus adi- 
TÍnbs. consültaado ct)n ellos bus lances de guerra j cosas del 
porrenir. ^ - ■ . ^ • 

Annqae sn priDcipat ocilpacfioñ eiftlá casa, caltiyaban la lie- 
n%^ si bfet) no aptoTechában cn^l debíérali las cosechas, pnes 
laegb qné los 'íratos comenzaban i preiien tarso los consnmfan 
con poca previsioD. - Sns ó^áS' eran litndiláes y de paja. YeStían 
los bomf)res páHdamente ,aañqne sé les echaba ^ cara sobrecar- 
garse de'áigeiFi íf adornos en manera ridítínia; nsaban bezotes y 
orejeras, dktingniéhdoso por el Talor y ftnnra de las piedtas los 
señores, fl^uerretos y gente commi:edrtábaíiso el cabellóla media 
cabnza de atriís muy Cortó, dej&iidólo én la ^arte delanteta cre- 
cido, á'Io cual llamaban pibcheqt». Las mujeres, de liinas á^e ra- 
paban la cabeza; de 'm62á«r, dejaban cirecer los cabellos sin pei- 
narlos, y solo citando ya habían sido madres se los componían; 
ridiculas en el Teistír Como los hiomhres eran apodadas por com- 
puestas; tibian zarcillos ú orejeras; se pintaban pecho y brazos 
de labores azules, haciéndolas permanentes juntando las carnes 
con lancetas; se emplumaban con plumas coloradas pies, piernas 
y brazos; afeitábanse el rostro '«ón el betutt amarillo llamado te^ 
ctnaAuiff; sobre el cual ipon^Eih rojo en las mejillas; teníanse los 
dientes de negro: laii viejas se cortaban un poto de pelo sobre la 
frente, atildándose cual si fueran mozas. BiiiTOs y valientes te- 
nían marcada propensión á la holganza. Lo^méxica tratándoles 
oomo eselávM les despreciaban, teniéndoles por toscos, torpes é 
inhíbiles: cuando los míézica reñían entre sí 6 apodivban á los ni- 
ños por poca capacidad les decían otomf. Bu su prístina exten- 
sión debían confinar al N. con las tribus bárbaras de los cuachi- 
chiles; al £. los ouexteca y totonaca; al S, los mazahua; al O. 
Ifíchhuacan (1) Hablaban lengua particular. 

Los totonaca, en los Estados de Yerscmz y Puebla, sobre la 
costa del Golfo, confinaban antiguamente por el N. con los cuex- 
teca, por el O. y S. con los nahoa; antes debieron lindar con los 
otorafes, que todáTÍa se encuentran por ahí. El país es cálido y 
fárti!; dábanse bien los mantenimientos, produciéndose el liqui* 

(1) Sahagnn, ton. 8; pÁg, .1S2«28* Clarigexo, ten». 1, pág. 4/ 96, MotolinU, epüM 
toUpiOTenioAl, pág. 9. TorqueioaclB, Ub. I, oap. XII, lilk til, oap. X y XXL Ala- 
gr», Hiflt de la CompaiUa de Jasas, tom. 2, pág. 168. Sspinosa, Ohronioa apoatóU- 
aa/Mrtffioa, pág. I^. 



dámbar llamado xoohhcozoü j el algodón arbóreo dicho cuaüicaU. 
Yivíau loa ,habit u)tA3 ejü| polkia^-bajo eljio^^do de distintos ^^f 
ñores, sieado el priaoipal el de Cempoalla» cerca de la oosbf:.T08F, 
tíaq cp4 deceacia asi ]iQip^res,Q<xmaan):yere^y d^ coloras pied#- 
minantes aK)il 7 blanco:. er,a4 .blf ocpfw.de baenoa roatroa; a^veAta*- 
jados ofíQJi^leü de artea q^ef^aicas» '^iaüngnidoa ep el ^ntp j 
buenpü l^ailadpr^a con gracia, j liadqs m^n^M. .. ' , . .• . 

Siguiendo sus tradicoionesj aaUeroade OUicomoztQc, ju^tpopu 

lo^ xalpaneca^ divididos eif T^AP^i^ P^^ f!Í^lid^^'4fKir deJAndo ú Ipa 
chiolúmaca to^av^eun.^a^^eij^cjidxa^^^adoif eraadd4 lf¡ 9)iaQUi| . 
leik;<iaa».y vimeroniii pajr^j: ^ lao^uacan, de cuyas. piramidciif se 
dicen <}0^sf^aG^r.es,JSr9.fc^i;Qs.^oriqr^9q[i,(is ^sfo, últimp . porque . 
Jai pir,ámld«^ c.opyr^pq.pd^M.qiviUziciotí diatinjtajiaou mii^más: 
anti||U£^i. Pifigiiat^clpa del h^^v q uri;idqs ,pqr. fvlguA^ .c^iusa d»- « 

jaron i^ TeotihQ^a9,.diiiÍ£(iandps^ á.A^R^itiptX^P^'^^^i^^r "^ . 
catlan, ^ el B^fcftdo de ,£i^i^bla)f p§s.i]:p(v}0 \iv^O ^^í^tfo lejg^uas 
adelaivte & unasaítasy ásperas. aiex^A^ pxte|nd^i\4a^e dei ahí 
hasta las cp^faas 4^ la mar. .... % r . . i 

Iloa avecindados, en Mis^aibU^ao^p, jíaej^Q^i goberuadqa . por . 
nmeve^nofesy ^^a.ui\Ot,dj» ^<}s (^al^,fffi'}í^^o^-^^\ viír i^ miá^K)^ v 
de ochenta anos, Esto^ grades, arefo^dp^i.qo^cinppnti^mosad^ , 
mas ep Ips chichin^(^ ji ei^ lof» toli^ca. J^pi^ in4^<^A*á cr^i^r qiarey \ 
en aqa^^QSjtipi^poa^oontajpi^ul^S'r^i í|Usperriq4osiM;o- ' 

nológ^p^sv y ^q^e bie^n qife el a^uq f|i^;raxlf^ ift^por número de di^g. 
que 3,6$^ óqfie tjuviQrala mis^nc^ ó ja^QT.or 4urafúqni aimmerahaa 
bago 1% nji^ínft ^in^stía^á. todo^;!^» ^^^iF^ W®- cfbÍHi^. ^^ el pi^i^o- . 
do. Jil.pcifn^ jey^sefí^ipp Yin^acat}, qi|ÍM i9?u4ejitó á.Bu^ aub- 
ditps,en,pa? yji^Ji^q?^, l^iV}i«*^W ,PPPg??®Wí?iá:Jo^ vei^rte mos, 
de su,re\nfd)0 8q}>r^YÍnp»urc^;eri^<4 l^pbra^ued^^ oniafiqo anas^í 
y en seguida una pe8tiyi^j^i^v,p^ qa?í^.>s,p|^uartaR qued^kb^wx ; por 
los caizipoSj£{^iv. Bfp^li^ifra., ¥#é^{^i(l|no..9ix^;i^,a^ te^*mimiir at|s 

ooheíxta.aíipft;, niEe^p^e.,en vn,jlf^#a5?9f^lí,,de§aFP^í'«ció|y i^o se fcur 
vomás.potjq^^py^^j. I . ... ^iy^;-,,i,^ ..-,-:. ' : •: 
Sucedióle su . hijo X^poii^^ji, en f^^uyp i(i^nu>p: l^s chl<»himacja ^ . 
pm4ieiítMQP^..W*?¥to Wo»fcft,eiv.9i^.lii^ ^^t^^t» de. la cwbe^??-'^. 
ra seis leguas, llamado Nepoalco. Los totonaca quisieron domes- 
tiear álos btoníbob cfaichimecasiuconftepfUirlo^ y 'faraute esto 
infi'ucltóso- trabajd'Mttrió-XíitóiftAtt.''l)^j5 prjrif sUceSftr & su hijo* 
Tenizfcli,'^quíen teniiento dos líérñaádos', dio á IcJiQacziatecutitli ' 



1*73 

el señorío de MiahuatlaD, y á Itecnpiíiqm el de Tianqnizoltió ó 
Qai:ihnii7tlAii. Teni¿tli goberiró en paz Bvcediéndore tm hijo Pa- 
iiiD, y sin hacer cosa qtte de contar soá, aigtiiíroiise Nahtaacatl, 
Ithiialt^nnfeecahtlí qne 8ó«tnvo utia pp[ierra contra sus vecinos los 
de Tzanhtta é Iztacmaztitlai), y despnes Tlaixéhuateniztli y Ca- 
toxcan. Los dos hijos de este Nahuacatl é Ixeahnitl reinaron al 
principio juntos en el mayor concierto, mas habiéndose hecho 
traición doraé.^tica se pusieron en guerra, la nación se dividió en 
bandos, que después de recio pelear di6 por -resultado que loH 
príncipes se Iré tiraran á distintiía provincias y parte del pueblo 
86 dispersara. 

Aprovechando los disturbios los chíclrfttíeca se apoderaron del 
Totonacapan, tednjeron al pueblo á servidumbre y coronóse por 
rey Xihiíitfpopoca. Este, segiiii «firman, á los* tres años era va- 
ron perfecto; mago y encantador tomaba las formas qtie quería, 
comía corazones de hombres que sus H^übditos le daban en tri- 
buto; pronosticó la venida de los españoles, y por temor de ver- 
les desapareció y nunca más se supo de* él. Sucedióle Mótecuh- 
zoma, y á éste Ciíaiihtlachunna, en cuyo peinado te conquistaron 
los máxica, teniendo fin aquella mo^narqu^ De entonces queda- 
ron divididos en pequeños señoríos, sujetos al tíibut'o y á las 
exacciones del imperio. (1) 

La lengua totonacá es particular, itaezclada de mexicano y ma- 
ya, principalráente con la primera (2). Esto para nosotros indica 
m contaoto dé mucho tiempo con los nahoa y con los cuxteca, ' 
vecinos ambos de la tribu: éste hecho y que su'tnonárquía con- 
taba unos Vni siglos 'dé duración, nos hace admitir que los to- 
tonacá eran muy antiguos en Anáhuac, anterioí^és no sólo á los 
clnchiniecá, sinóá sus antecesores los'tolteca. * 

Los matíatjiziilca; reducidos hoy á Cbííró y tres pueblos más 
en Míchoacan, formabAn én ío anliggo un efetrfdo considerable, 
8a priTrcIpal '.asiento era el valle de Tolocan; confinaban al Ñ, 
con los otomíes y los mazahua; ai E. con los otomíes; al g. con 
los cuitlateca, y al O. se internaban en Michhuacan hasta Inda- 
partipeo y Tiripitio.^Lá ciudad más importante era Tolocan, 

(1) Aihiagtm, tomos, pág. I3l. 'Torquemada, líb. III, cap. ' iViii. ClavigerOy 
tom. I, pág: 6. . ' 

(2) Pimentel, Cuadro comparativo y déscríptívo de las lenguaa de Me'xico, tom» 
í, pág. 845. 



174 

contáBdose piros señoríos. entre. loa oaales se i^umpraba el de 
Tenantzínco^ con los paeblos sijijetos de Atlatlauboo» Tenaagp, 
Calimajft, Tepemaxalco, Malinalco 7 Ocuilla. (1) Eucoutrában- 
se también matlatziaoa en Xalatlaco, Cua^htepec» Atlapnlco, 
Caaulnac, Ocoyoacae^ Tepehnexojocan, Cuaubpauoaja, Teote- 
nan o, Zoquitzinco, Xocbiacan Xiuhtepec, Cepajauhtla/ Tex- 
caltitlau, Tejapilcoy Temazcaltepec. (2) Aunque, agrie altores, 
los matlatzinca no estaban muj adelantados; cultivaban maíz» 
frijoles y huauhtU^ careciendo de la sal; vestíanse de hilo de ma* 
guey. Bioos, fuertes y valientes; eran grandes trabajadores 7 ca- 
mina a I mucho llevando cargas pesadas. [El dios principal de 

_ « 

los de Tolocan se llamaba coltzin; hacían sacriccios humanos po. 
niendo la victima dentro de ui^a red, la cual r^torcían hasta qpe 
los huesos salían por las mayas; rociaban la 8anp;re delante del 
ídoloo He su historia poco se sabe. Cuando los mé:^ica empren- 
dieron su peregrinación los matlatziqca se les unieron en las> 
primeras joruadas, siendo una de las tribus despedidas por or- 
den de Huitzilopochtli. Tomaron entonces hdcia el S., encou- 
trándoles luego establecidos en el fértil valle d^ Tolocan: como 
ya dijimos antes, al mencionar los diversos nombre porque eran 
conocidos; solicitados como auxiliares en la guerra contra los 
tecos, penetraron en Michhuacan, donde se avecindaron en tie- 
rras regaladas por el rey Characu. No obstante su fiereza, fue- 
ron conquist dos por Af ayacatl y pagaban tributo . al imperio. 
Hablaban lengua particular, llamada Matlatzinca ó prinda. (3) 
Aunque bajo la autoridad antes citada hemos puesto á Ocuilla 
entre los pueblos matlatzinca sujetos á Teuatzineo, los de aque- 
lla población pertenecían á linaje diferente y hablaban lengua 
particular. '^Estos que se llaman ocuilteca viven en el distrijto 
''de Toluca^ en tierras y térmixtbs suyos, son de la misma vida y 
''costumbre de los de Toluca^ aunque su lenguaje es diferente: 
"usaban también, y muy mucho de los maleficios y hechizos." (4) 
En la Geografía de las lenguas de México consideramos el oooil- 

(1) BeUcion de AtUtlaaoa, por elocnregildor Gsepar áé Solis: 1380. MS. «a po4«r 
del Sr. García leazbalceta. 

(2) Eelacion del Arzobispado de Méxioo: MS. del Sr. García leazbalceta» 

(3) Sahagan, tom. 8, pág. 128. Torquemada, lib. II. cap. 1. Clarigero, pág. 5 y 
98. Baaalenqae, Crónica, lib. I, cap. XV. Beamnont, HS. lib. 1, cap. X. 

(4) Sahagan, tom. 3, pág. 130. 



175 

ieoa oomo de 1a familia matlatzinca; sía dada noa equivocamos j 
asi nos lo hace oompreudeír el 8r. Pimeatel (1), qaien ademas 
asegara que, eegao !o qae ha podido aineci<;aar el idioma queda 
«xtiugoido. Ita, clasiñcaciou la liicimoaaígaiendo gn^ves autori- 
dades. Esistáó en realidad la ien;:i;aa oouílkeca. Pues Fr. Juan 
Grijalva, enumerando las lenguas en que los religiosos predica- 
baoy dice: *'Ocouilteo.% que es lengua singular de aquel pueVilo, 
*y de solo echo yisitas que tenía sujetas á sí, j así somos solos 
'Uos que la sabemoa" (2) Parece ser reaio de una de las tantas 
iribu<3 anteriores á h\H ic.vaci^nes nahoa^ 

Al N. del valle de México y al O. de los otomías^ se extendsa 
la provincia deaomiuada Teotlalpan ó tierra de los diose»^ por- 
que aquellas tierra'» estaban destinadas al sustento d^l culto: las 
principales cabeceras eran Tiz;iyocaú, Totcuahjooc;m« Sapotlao, 
Nauoalpa, Temazculapau, Taquixquiao, Apasio, Tetlapanalo- 
yau Hucipotla, Xilotziaco y Tezcatepeo, habitados por lo4 me- 
xicanos y otomíes mezclados. (3) 

Tomando ahora la costa del Pacifico, la provincia mii distan- 
te en aquella direcciou era la de Zacatolan, encerrada entre líV co- 
rriente del rio del mismo nombre» las playaa del mar, y hacia el 
O. poco más ó menos el rio Iztapa. No nos atreveremos á ne.o^ar 
que al N. del ZacatoUan no hubiera alguna población sujeta á los 
méxica; pero evidentemente el reino de Coliman era indepeu- 
diente» y no tributaba al imperio como pretende Clavigero, eaga- 
ñado por la poblacioil de Coliman nombrada en la matricula de 
tributos. En la demarcación que vamos aeñalaudo &e habla ac- 
tualmente el mexicano por los indígenas; todavía en el último 
tercio del si^lo XYI existían pueblos con lenguas diferentes, hoy 
desaparecidaSé En los pueblos de Poehutla, Chepilla, Toliman 
y Xoohitlan se hablaba ix>limeco: en Iztapa y Pantla el parUeco; 
en Xiuhtla, AxAlo^ Ihuitlan, Huitalatlan Coahuayutlan y Coyu- 
quilla el ehumbía. (4) No podremos decir de estas hab*a) á qué 
funUia etnográfica pertenecían, aunque se puede asegurar que 

(1) Cuadro desorip. y oompantiro de las lengiiat da Méxioo» tom. 8, pág, 94. 

(2) Hiai. da la <Szden da Saa Agnatm, edad n, capí YIXI. 

(8) Belaoion del arzobispado por D. Alcmao da Montufar: IdLS. del Sr. Jcazbal- 
cata. 

{i) Belaeion de ZacatulA por al alcalde mayor fiamando de Vasconas: 1680. M8. 
aa poder del Sr. D. Joaquín García loasbalcete. 



176 

a 

8ti8 poseedores representaban lí Icmsi pneblos qaé oeupaban el 

• paÍ8« antes de presentarae las invasiones de ias tribos nahoas^ de 
terminadas háoia el NO. por el litoral del Pacífico. 

Los • cnitlabeoa confinaban al Nj con los matlatzinoa, al O. con 
. los tarascos y ZacatoUan; al S. con -el Pacífica; al E. con l'íis jx>- 
pi 7 cohnizoa. Maxaaltepecj sobre la costanera sa capital; (1) es* 
'te pneble deBapareeió, fundándose más al N. la qne actnalmente 
ekiste. En 1580, segan el MS. da Hernando deVascones, se con- 
taban 28 pneblos én donde se hablaba la lengna cuitlateca: (2) 
hoy, segUD noticias fidedignas únicamente subsisten Ajachitían, 
S. Cristóbal y Polintla de la municipalidad de Ajnchitlan, dis- 
trito del mismonombí^, y Atojko, distrito y municipalidad de 
Teopan, Estado de Onerrero. El repetido Vaseotíes refiere que 
existían los idiomas tiatzihniskcoy tuzteco^ tlaeoiepekíía y ouyutuma^ 
teco, de los cuales nó qneda memoria, extinguidos por la fuerza 
expansiva del mexicano y del español. En cuanto á la etimolo- 
gía de la palabra cuitlatecatl, dice el Sr. Pimental: (3) **Oui(lafl 
•"significa exoremenio^ y asi está reconocido por todos los que lia- 
^'blan mexicano, y poír Molina en su Yoeabulario; th.n es pospo- 
**flicion que equivale á lugar efe, así que OuiÜHtlan significa "lu- 
"gal? de excremento." De Ouitlatlan se deriva OuUIcUeonfiJ, (ecatl 
"es una variedad eufónica, 6 una alteración por cualquier otra 
"causa, de Üacail, persona ó gente, con que se marcan los nom- 
"bres nacionales/' Aunque la etimología aparece bien sacada, no 
nos atrevemos á admitirla confiadameat¿, antes de ver el nom- 
bre géroglífico. En verdad qa^cuitUM significa excremento; pe- 

• lo también es ejfiá&n^, que 'hay muchas palabras, en el mismo 
Tócabulariokie]ldDolina; llevando •la radical eziiffa,' que se apartan 

' de aquel. significado: *^céiüücuiiey fnitamny mádiu».:" ^^cuitlamiz^ 
ÍUy león graiide y pardo:^' *^ Ouitiapan muladaT .ú hombre penezo- 

-fio y negligente," ^to., etc. Ko adinitimos qu^íUmsigúiñ^ue lu^ 
f($r defis, prepdsici<ki'ió posposición íZan significa, ''junto, entre, 

' debajOj jüxta, apud, ad^ spb, subter, ínter:"; (4) com^expresaZz^ar: 
Cuitlatlan dice, junto al excremento, si su radical se refiere en 

(1) Clavijero, tom. Iv'pií^.'lfl' • ' '/ . ■ . i . . 

(2) Vide Geogr. de las lenguas, pág. 2S2. ' 
(8)Oaadrodeflcrip. .yoomparaÜTO^iom.. 1, pág, 89, . , 
{i) Arte de la lengua mexioaxia por Aldama y Guevara, § 388. 



177 

realidad á esta acepción. Menos admitimos la siguiente etimolo- 
gía dada por el Sr. Pímentel: (1) ^^MaíkUzinco es nna palabra mexi- 
eana qne significa "lugarcito de las redes/' pues se compone de 
maSaUf red, y la particala tzinco '^qne expresa diminución." Tzin- 
00 es reverencial y no diminutivo: (2) matlatzincatl, matlatzinca 
es un gentilicio formado de Matlatzinco; ya hemos dicho lo que 
significa tziTico en los nombres propios de lugar. El Sr. Pimen- 
tel incluyó la lengua cuiüateca eu la familia azteca, con el carác- 
ter de dudoso. 

Los tlahuica formaban una pequeña provincia, cuya capital 
era Cuauhnahuac (Cuernavaca, Estado de Morelos); tenia al N. 
las montañas que cierran el Valle de México; al O. los matlatzin- 
ca; al S. los cohuixca; los lindes al E. indeterminados. Llamaban 
á la provincia Tlalnahuao, junto de la tierra; le correspondía 
ademas del territorio de Cuauhnahuac, Ayacapitztla llamada en 
lo antiguo Xihuitza capitzalanf "porque los señores que la gober- 
naban traían unos chalchihuites atravesados en las narices," y 
sns pueblos sujetos, (con la ortografía del MS. que consultamos), 
Epazulco, Atlahuimulco, Ecatepec, Zacatepec, Calalpa, Tetlicuy- 
Incan, Tecocuzpan, Tecaxeque, Ilucan, Zahuatlan, Suohitlan, 
Atlitec, Texcalcán, Zoquiapan, Achichipico y Apango. Los ha- 
bitantes hablaban nahoa; se les apodaba de inhábiles y toscos: 
el país producía algodón y abundancia de bastimentos. (3) 

Los cohuixca confinaban al N. con los tlahuica y los matlat- 
rinca; al O. con los cuitlateca; al S. con el Pacifico; al E. con los 
tlapaneca y mixteca. Los pueblos principales de la provincia 
Guiaxa, según los encontramos ortografiados, son: Yohuala, Co- 
cula, Tlazmalaca,Mayanala, Oapa, Huitziltepec, Nuchtepec, Pil- 
eaya, Teticpac, Goatlan, Acuitlapan, Zacualpa, * Xahualcingo, 
Cttitlapilco, Coatepec, Tasco, Hueyiztucan, Atzialan, Tenango, 
Acamixtlahuacan, Tlamacaxapan, Tepecuacuilco, Techichilco, 
Teloloapan, Ichcateopan, Tetoltepeque, Oztunca, Capetlahua- 
yan, Alahuiztlan y Zicapuzalco. Los cohuixca hablaban mexica- 
no, mas en sus pueblos del N. se usaba también el matlatzinca, 

(1) Cuadro descrip. y comparatÍTO, tom. 3, pág, 64. 

(2) Vide la gramática de Aldama y Guevara, §§. 36, 42, 368. 

(3) Sahagan, tom. 3, pág. 134. Eelacion de Acapiztla por el alcalde ii^yor Joan 
Gutiérrez de Liebana, 1580: MS. en poder ^ del Sr. D. Joaquín García Icazbaloeta. 
Clarigero, tom. 1, pág. 5. 

23 



te 
tt 



ce 

U 



178 

y en los del E. el choutali mencionándose igualmente el maUame, 
tuzteco, (exorne, mazateco e izcuco qu# ya desaparecieron. '*Estos 
coJiuixcas y tlapanecas, son unos que á uno solo llaman cohuix^ 
catl y tlapanecatl, y están poblados en Tepecuaouilco y Tlach-» 
('malaca, y en la provincia de Chilapan, los cuales hablan len- 
"gua mexicana y son ricos." Se dividía en varios estados parti- 
culares como los de Tzompanco, Chílapan, y Teoitztla lioy Tis- 
tla. (1) 

Los yope, yopi ó yopime, se extendían en lo antiguo á mayor 
extensión que la que ocupan actualmente: confinaban al N. y al 
O. qpn los cohuixca: al S. con la mar, y el E. con los mixteca: 
Acapulco caía dentro de su demarcación, así como Tepesuohe, 
Zalzapotla, Acatempa y Xiqaipila. (2) Actualmente se les en- 
cuentra reducidos á unos pueblos del distrito de Tlapa, Estado 
de Guerrero, mezclados con los mixteca y nahoa, bajo el nombre 
de Tlapaneca. — "Estos yopimes y tlapanecas, son de los de la 
comarca de Topitzinoo, y Uámanles yopes porque su tierra se 
llama Yopitzinco, y llámanlos también tlapanecas que quiere 
*'decir hombres almagrados, porque se embijaban con color, y su 
"ídolo se llamaba Totectlatlauhquitezcatlipuca, quiere decir ido- 
"lo colorado, porque su ropa era deste color, y lo mesmo vestían 
"sus sacerdotes, y todos los de aquella comarca se embijaban 
"con color. Estos tales son ricos, hablan lengua diferente de la 
"de México, y son los que llaman propiamente tenimes, pínome, 
"chinquinie, choclionte, y á uno solo llaman pinotl-cTiochon. A estos 
"tales en general llaman tenime que quiere decir gente bárbara, y 
"son muy inhábiles, incapaces y toscos, y eran peores que los 
"otomíes, y vivían en tierras estériles y pobres, con grandes ne- 
"cesidades y en tierratj fragosas y ásperas; pero conocen las pie- 
"dras ricas y sus virtudes." (3) 

Esta misma tribu es conocida bajo la denominación de chochos 
ó chucJiones en Oaxaca y Veracruz; popolocos en Puebla; tecos en 
Michoacan; tecoxines en ^bIíxco; pupulucas en Guatemala: do la 

(1) Sahaguu, tom. S, pág. 135. GlaTigero, tom. 1, pág. 5. Belacion del Arzobis- 
pado, por D. Alonso do Montufar, MS. en poder del Sr. D. Joaquín García loaz- 
balceta. Belacion de Iguala por el corregidor Femando Alfonso de Estrada, 1579: 
MS. perteneciente al Sr. García loazbalceta. 

/2) Belacion del arzobispado, porD. Alonso de Montufar, 1579. MS. 

(3) Sahagun, tom. 3, pág. 135. 



179 

fEanilia mixteca, debe haber penetrado al Anáhaao desde tiem- 
pos muy remotos, notándose los pedazos esparcidos agrandes 
distancias^ arrojados por las invaciones de la raza nahoa. El Sr. 
Fimentel, en su mnj importante trabajo, coloca el chnchon oon 
dos dialectos y el popoloco en la familia de lenguas mixteco-za- 
poteca. (1) 

Bodeados por los mixtéeos y teniendo al S. el Pacífico se ha- 
llan los amácheos ó amusgos: en un MS. hemos encontrado que 
en Guatemala existen pueblos del mismo nombre. Corresponden 
al Estado de Guerrero, encontrándoles repartidos en 28 pobla- 
ciones. El Sr. Pimentel coloca elamuchco en la familia mixteco- 
zapoteca. 

Confinaba el Mixtecapan^ al O. con los cohuixca y los tlapane- 
ca; al N. con los popoloea y los méxica; al E. con los cuicateca, 
tzapoteca y chatinos; al S. con el mar: ocupaban fracciones de 
los actuales Estados de Guerrero, Puebla y Oaxaca. Toda la 
tierra por ellos ocupada tomaba el nombre de Mixtecapan; lla- 
mábase Xicayan la parte comprendida entre Guerrero y Puebla. 
En los tiempos del imperio, y desde muy antigao, el país estaba 
diyidido en diversos señoríos más ó menos poderosos, de los 
coalas, los de Xicayan sufrían el yago de México, mientras los 
domas quedaban independientes. 

Hablando Sahagun de la provincia y de la ocupada por los 
tzapoteoa, dice ser tierra fértil, amena y rica; dábase cacao, la 
rosa aromática teonacaztli, la iploxuchitl y la goma elástica ú ólli, 
i lo que deberá agregarse la nocheztU, grana; criábanse aves de 
rica pluma como el quetzaltofoü y muchos pájaros grandes y chi- 
cos; había cantidad de oro y plata, con piedras preciosas como 
turquesas y cTicdchihintl Como ademas abundasen los manteni- 
mientos, los méxica apellidaban al país Tlalocan, "que quiere 
decir, tierra de riquezas, y paraíso ierrenoiy "El trage de ellos 
era de diversas maneras, unos traían mantas, otros como unas 
laquetillas, y otros los maxtles con que cubrían sus vergüenzas: 
sus mujeres son grandes tejedoras y muy pulidas en hacer la- 
bores en la tela, y con razón lo son, pues son de tan buena y 
rica tierra. Traen imán, axorcas muy anchas de oro, y sartales 
de piedra á las muñecas, y joyeles de éstas y de qro al cuello: 

(1) Ooadro compazativo y descriptíTO da las lenguas de México, pág. 468. 



180 

traen también cotaras como los hombres; pero las de éñioB son 
más pulidas: usaban también cataras hechas de vUi, De éstos 
porque eran ricos y no les faltaba nada de lo neoesario, se decía 
que. eran hijos de Quetzalcoatl." (1) A propósito de esto último 
encontramos la tradición, de que al venir á establecerse Que- 
tzalcoatlá Cholollau, después de despedido de ToUan, envió á 
varios de sus sectarios & las provincias mixteca y tzapoteca^ loa 
cuales las civilizaron, construyendo allá los célebres palacios de 
Mietlan. (2) 

Los tzapoteca estaban sin duda más adelantados que sus ve- 
cinos los mixteca, y por ello les apodaban con el nombre de 
mizfoguijxi, gatos salvajes, aludiendo á sus costumbres broncas 
y lo áspero de sus montañas. 

Antes hemos puesto las ideas de estos pueblos acerca del 
principio del mundo y del hombre; no obstante ellas, la mayor 
parte de los mixteca creían, que sus projenitores tuvieron co* 
mienzo en dos árboles frondosos, crecidos á la orilla del arroyo 
junto al pueblo de Apuala; del uno salió un hombre, del otro la 
mujer, y de su consorcio la nación: (3) era un pueblo autócton 
que no sabía darse cuenta de su origen. Apuala en mixteco se 
dice yuiatnoho, rio donde salieron los señores, y yuta tnuhUy rio 
de los linajes. Los hijos de los hijos de los árboles se derrama- 
ron por la tierra dividiéndosela en cuatro partes: á la Mixteca 
alta dijeron nt^r/zn vui ñuhu '^que es cosa como divina y estimada^ 
''del verbo yehe ñuhú, que es ser tenido y estimado. A la parte 
*'de los chuchones, llamaron, tocuijñuhu^ por la misma razón, y 
"tocuij mvdzavuiy que es chuchen mixteca, por la participación y 
'^comunicación que tienen con los mixtéeos y mucho parentesco. 
"A la parte que cae hacia Oaxaca tocuisi ñuhu, por ser también 
"tierra estimada; á la Mixttdca] baja pusieron nombre de ñuniñe^ 
"por ser tierra cálida, y toda aquella cordillera hasta Puctla que 
"es principio de la costa llamaron ñuñumay por las muchas nie- 
"blas que allí se ven ordinariamente, y por su espesura parece 
"humo, que en la lengua mixteca se llama ñuma. A la costa del 
"mar del Sur que se sigue á Puctla llamaron ñundaa, por ser tie- 

(1) Sahagun, tom. 3, pág. 136. Clavigero, tom. 1, pág. 5 y 98. 

(2) Torquemada, lib. III, cap. VII. 

(3) Bargoa, Geográfica c^escripcion, segunda parte, cap. XXIIL 



181 

^'rra llana, y ñuñama^ que es la caña del maíz, y ñundeui, porque 
''se parece mejor en aquella tierra el horizonte que llaman sdha- 
**andeoui que quiere decir el pié del cielo." (1) 

A la llegada de los mixteca, el pais estaba ocupado por los 
chuchones. D¿dase cuál^sea el primer asiento de los conquista- 
dores, asegurando unos que Sosola, los otros la áspera llanura 
entre Achiutla y Tilantongo; á todos rumbos levantaron fortale* 
zas cual si estuvieran amenazados de graves peligros. (2) Dicen 
las leyendas primitivas, que una de las partidas de los descen- 
dientes de los árboles, discurría por la tierra mandada por un 
valeroso capitán; penetrando en lo que después fué la Mixteca, 
no encontró enemigos á quien combatir; mas como el sol le mo- 
lestara con sus rayos luminosos, se figuró que el astro le defen- 
día el país, y enojado, embrazó el escudo, requirió el arco, y dis- 
parando sus saetas le dejó muerto. El bravo gorrero fué el pri- 
mer rey de Tilantongo, muy temido siempre y tenido en mucho 
por los señores comarcanos. (3) Tal vez sea este un mito que re- 
cuerda el culto del sol practicado por los antiguos moradores de 
la comarca, extinguido por los invasores mixteca. 

Erigieron dos santuarios principales. El de Yanguitlan tenía 
un patriarca asistido de ministros inferiores; abajo de unos ce- 
rrillos había una capacísima gruta donde estaba el ídolo, al cual 
venían á hacer sacrificios y traer ofrendas lo.s habitantes de las 
llanuras. El primero en categoría era el construido sobre la as- 
perísima montaña de Achiuhtla. El pontífice que allí tenía su 
residencia era un verdadero oráculo; de los países más lejanos 
iban á consultarle acerca de sus negocios, á pedirle remedio y 
favor en. sus trabajos. Los sacerdotes para ser admitidos sufrían 
un año de áspero noviciado; jóvenes que nunca hubieran perdi- 
do BU pureza, pasaban el año velandc*, haciendo penitencia, en 
continuos oración y ayuno, ayudando en las cosas del culto á los 
ministros: su vida austera, limpia y ejemplar, llamaba la aten- 
ción de todos. La fama de los santos anacoretas llegaba hasta 
el mismo Motecuhzoma IL Cuando los castellanos desembar- 
carón sobre la costa, aquel suceso conmovió hondamente el Aná- 

(1) Arte en lengua mixteca, por Fr. Antonio de ios Reyes: prólogo. 

* 

(2) Bnrgoa, geográfica descripción, cap. XXIII. 

< 

(3) Burgoa, geográfica deBcripcion, cap. XXXIII. 



182 

hnac; preocupado aun más el monarca mexicano, envió comisa- 
rios á pedir la explicación del caso al pontífice de Achiuhtla; 
éste previno grandes rogativas, dispuso sacrificio solemne, y 
vestido con su trage sacerdotal, rodeado por el humo del incien- 
so, penetró solo al santuario: quienes fuera se quedaron oyeron 
voces 4ue decían repetidas veces, "que se acabó ya su señorío." 
Triste y ^acongojado salió el pontífice, dando aquella fatal nueva 
á los comisarios, (i) 

Entre los dioses adorados en el santuario teníase por princi- 
pal el llamado Corazón del pueblo: "era una esmeralda tan grande 
"como un grueso pimiento de esta tierra, tenía labrado encima 
"una avecita ó pajarillo con grandísimo primor, y de arriba á 
"abajo enroscada una culebrilla^con el mismo arte, la piedra era 
"tan trasparente, que brillaba desde el fondo, donde parecía co- 
"mo la llama de una vela ardiendo; era antiquísima alhaja, que 
"no había memoria del principio de su culto y adoración." (2) 
La joya fué destruida por los religiosos dominicos, á fin de ata- 
jar la idolatría. Conceptuamos que pájaro y culebra no repre- 
sentaban otra cosa que el nombre de Quetzalcoatl, estando la- 
brada la piedra en su recuerdo. 

De los pontífices de Achiutla quedó la fama de uno de los más 
principales. Grande y austero penitente era Dzahuidanda, sus 
virtudes le habían alcanzado la protección visible del dios. Cuan- 
do tenia necesidad de un ejercito, subíase á unas alturas vecinas 
á la montaña del santuario, llevando consigo un talego; recogido 
en santa oración sacudía después el talego del cual salían solda- 
dos en gran número, prevenidos con todas armas: disciplinados 
ahí salían en silencio para caer de improviso sobre la provincia 
que había de ser invadida. Uno de estos milagrosos ejércitos 
desbarató las tropas de los méxica, les persiguió hasta cerca de 
8U capital, taló campos y sembrados, y en tanto aprieto puso á 
Motecuhzoma lE, que el altivo monarca pidió treguas, mandan- 
do en adelante embajadores y presentes al pontífice, pidiéndole 
consultase al corazón del pueblo. (3) 

El pueblo de Teotzacualco, en los tiempos que roconocía por 
fleñor á Ocañana, veinte leones, traídos de Tilantongo, quedó su- 



(1) Bnrgoa, g«ogr¿ficft descripoion, cap. XXm. 

(2) Burgoa, geográfica descrípoion, cap. XXVIII. 
($) Bnrgoa, geogrifíoa descripción, cap. XXVI. 



183 # 

jeto á Motecnhzoma II, recibió guarnición mexicana y pagaba el 
tributo: estaba asentado en los montes de Yucanduza, sierra pin- 
tada. Los pueblos del Mixtecapan llevan comunmente dos nom- 
bres; mixteca el uno que le viene de la tribu que le habitaba, 
méxica el otr6 en recuerdo de la conquista. Amoltex>ec, cerro de 
amolUf era Yucumana, cerro de jabón; estaba sujeto al señor de 
Tututepec y le tributaba. "Hacia la parte del Sur, diez leguas del, 
'/tiene una muy gran sierra, en la coronilla de la cual está una 
"peña muy grande, y en ella hay una concavidad del tamaño de 
"una gran portada, y en lo alto de ella están tres manos esculpi- 
das coloradas, y así mismo cuatro ó cinco letras que parocen 
"griegas; dicen los naturales que antiguamente pasó por allí un 
"hombre y les predicó, y dejó allí aquellas señales; no saben dar 
"razón de lo que les dijo, y del pie de la peña mana ap^ua, á doü- 
"de hay una fuentecita de ella, la cual es muy buena." (1) 

Los de Cuilapa, Coyolapan de la matrícula de tributos, com- 
batieron á los de Teotzapotlan, les vencieron exigiéndoles tribu- 
to, que le pagaban Mictla y Teticpac. (2) 

De los pueblos llamados Peñoles, los deitzcuíntepec, Eztleta, 
Cnauhxolotecpac y Huictepec, son mixtéeos, Totomachapa y Eo- 
tepec chatinos: todos reconocían el señorío de México, y comba- 
tían al independiente señor de Tututepec. La cueva que está 
junto á Totomachapa, "tiene la boca de gran altara, que habrá 
diez estados á la cuiabre,'' mira al S. y corre hacia el N. andado 
como un cuarto de legua en el interior, no se le encontró tórmi- 
no. En tiempo de aguas sale por la boca un considerable arroyo. 
Los mixteca hacían allí sus sacrificios y de partes lejanas venían 
en multitud los peregrinos, á consultar á los dioses y pedirles 
agua para los sembrados (3). 

Los Chatinos tienen al N. y O. á los mixteca, al E. los tzapote- 
ca, y al S. el Pacifico. Nada sabemos de ellos, sino que habitan 
en los departamentos del Centro y de Jamiltepec, Estado de 

(1) Belacion de Teotzacualco y Amoltepeo, por el corregidor Hernando de Ger- 
Tintes: 15S0. MS. del Sr. García Icazbaloeta. 

(2) Belaoion del Vicario de Chilapa, AgoBtin de Salazar: 1580. M. en poder del 
Sr. D. Joaqnin García Icazbalceta. 

(3) Belacion del oorregidor Joan Lópea: 1579: MS. de la colección del Sr. García 
leasbaloeta. 



• 184 

Oaxaca. Entre ésta tribu encontramos á los papabucos reduci- 
dos al pueblo de Elotepec, á los soltecos en el de Sola. 

Los chochos ó chuchones, antiguos moradores del país, antes 
de la invasión de los mixteca, están hoy reducidos á diez y seis 
pueblos en el Estado do Oaxaca, encerrados á todos rumbos por 
BUS vencedores. De la misma filiación etnográfica son los cho- 
chos ó popolocos, que todavía subsisten en el Estado de Puebla 
mezclados en parte con mexicanos, que les rodean al O. N. y E., 
en parte con los puctecos que tienen al S. En lo antigut> forma- 
ban una de las provincias interiores del imperio, siendo sus 
principales ciudades Tecamaohalco y Quecholac; extendíanse 
hasta Coxcatlan y todavía en el siglo XYI se les veía en Tlaco- 
tepec, y en S. Salvador unidos con otomíes (1). 

Sujetos también á México estaban los cuicateca: lindaban al 
N. con los mazateca, al O. y al S., con los mixteca, al E.* con los 
chimanteca y tzapoteca. La provincia de Cuicatlan tomaba su 
nombre de cidcatl, canto, ó de cuicani, cantor. La provincia de 
Mazatlan quedaba al N. de la anterior: su nombre debe derivar- 
se de mazatl, venado. La Chinahtla, con su capital del mismo 
nombre tenía al N. á los mexicanos, al O. los mazateca y cuica- 
teca al S. y al E. los tzapoteca. Los habitantes eran feroces y 
guerreros, combatían con lanzas de desmesurado tamaño, de las 
cuales usaban con destreza y seguridad; su idioma era gutural y 
áspero. Los chinanteca llamados también tenez, se mostraron 
desde muy temprano amigos de los castellanos. Estas tres frac- 
ciones corresponden actualmente al departamento de Teotitlan, 
Estado de Oaxaca. ' 

Los tzapoteca ó zapoteca confinaban al O. con los cuicateca, 
mixteca y cliatinqs; al N. con los chinanteca y los nalioa; al ,E. 
con los mixe, los zoques y los huave; al S. con el Pacífico. Este 
pueblo como su hermano el míxteco, era también autócton; ig- 
norando su origen, decía haber venido ya de animales bravos co- 
mo el león y el tigre, ya de los árboles, ya de escollos y peñas- 
cos. No conservaban memoria alguna del tiempo en que en el país 
se estallecieron, sabiéndose únicamente que allí eran antiquísi- 
mos. Nr se descubren ruinas antiguas, mirándose solo algunas 

(1) Bclacion de Cuzcatlan por el corregidor Juan de Castafieda: 1580 MS. en po- 
der del Sr. Oiiivia Izcazbáloeta. Olarigero, tom. 1 pág. 6. 



185 

obras de tierra ó piedras que parecen ser primitivas (1). Teotza- 
potlan teníase por capital siendo ésta el granero principal pa- 
ra el ejército, por lo cual se llamaba Loobvanna, lagar de man- 
tenimientos (2). 

Mictlan, en mexicano infierm^ en tzapoteco Ljobaa, el centro 
del descanso» era un santuario celebre y panteón de los reyes de 
Teotzapotlan; sus primorosas ruinas duran todavía atestiguan- 
do el alto grado de civilización á que sus constructores llegaron. 
El edificio estaba situado en el centro de un valle sombrío ro- 
deado de montañas; en los tiempos de su mayor explendor com- 
poníase de cuatro compartimientos superiores, labrados curio- 
samente, á los cuales correspoiidían otros cuatro compartimien- 
tos inferiores escavados en la roca. De los , primeros uno servía 
de aposento al pontífice, otro á los sacerdotes, él tercero estaba 
destinado para el rey cuando venía, el cuarto para los señores 
que al santuario concurrían; la vivienda del pontífice estaba ade- 
rezada con más esmero que las demás, habiendo allí un trono le- 
Tantado compuesto de un alto cojín con espaldar de pieles de 
tigre, relleno de plumas menudas y yerba blanda, superior á to- 
dos los demás asientos de la cuadra, sin exceptuar el que al rey 
correspondía: los demás adornos en las cuatro cámaras consis- 
tían en esteras finas y pintadas, pieles curtidas, lienzos para 
abrigarse durante el sueño. De las inferiores, la cuadra del fren- 
te servía de santuario, estando los dioses colocados sobre una 
gran loza destinada á altar; la segunda la tenían consagrada pa- 
ra panteón de los pontífices, así como la tercera para los reyes: 
la cuarta, de la cual dicen ser muy espaciosa, escavada en la ro- 
ca por mucha distancia, sostenido el techo por hileras de colum- 
nas monolíticas, como los de la sala lo estaban, tenía de conti- 
nuo tapada la entrada con una gruesa loza. En aquel lóbrego 
espacio eran arrojados los cadáveres de las víctimas y do los ca- 
pitanes muertos en la guerra, á cuyo efecto eran traídos del lu- 
gar en que sucumbían, aun cuando fuese de muy lejos: devotos y 
penitentes había que demandaban morir allí, y una vez admitido 
el empeño, los sacerdotes tomaban la víctima, con particulares 
ceremonias la conducían á la entrada, quitaban la losa y despí- 



(1) Burgoa, geográfica desoripoion, oap. XXXIX. 

(2) Bnrgoa, geográfica descripciou, cap. XXXX. 



24 



186 

diéndose del mártir, volvían á cerrar la puerta dejándole ente- 
rrado vivo (1). 

No tenemos datos^para formar juicio aoerca de su religión, 
pensamos que debía ser mezclada como la de los demás pueblos 
de Anáhuac, que estaba compuesta de doctrinas disímbolas per- 
tenecientes á épocas diversas. Füao significa dios: Voqui Cillaj 
XeetaOy Piyeexao, Chülatao, quiere decir, el señor increado, el que 
no tiene principio mJ^n'^Piíao-Cozaana, criador de los seres; Co- 
quiza-Chibatiya, Cozaanatao, el señor que sostiene y gobierna las 
cosas: al lado de estas '-palabras pertenecientes sin duda al más 
puro monoteismo, encontramos á Coqtii La(^ numen de las galli- 
nas; Pitao Xoo de los terremotos; ¿Co^aana de la pesca y de la 
caza; Gocobi de las mieses; Cociyo de las lluvias, etc., (2) mues- 
tra ya de un grosero politeismo. La religión de los méxica se ha- 
bía infiltrado entre ellos; conservaba los niimenes de su antigua 
creencia nacional; uniendo las prácticas del nuevo culto; sacában- 
se sangre de la lengua'y de otros lugares del cuerpo, y si bien 
oon mucha*menor frecuencia que sus maestros, en ocasiones so- 
lemnes sacrificaban víctimas humanas. Estas eran colocadas so- 
bre una gran losa,, descubríanles el pecho que les rompían para 
sacar palpitante el corazón, que tomado por el gran sacerdote le 
llevaba á la boca,"para ofrecerlo luego á los ídolos. 

El pontífice llevaba el nombre de Huijatoo, grande atalaya 6 
el que lo ve todo; decíanse los sacerdotes Copavitoo guarda de los 
dioses. (3) Estos ministros, dé más de una vida austera, guardaban 
castidad ejemplar: para evitar que cayesen en pecado, mutilaban 
desde niños á los consagrados al ministerio, los cuales servían 
en el templo en cortos años, hasta llegar á la categoría de sacer- 
dotes: estos niños se decían Bijana, dedicados á los dioses. (4) 
Era absoluto el pontífice, superior al rey y por él temido y res- 
petado; los pleveyos no le podían ver á la cara sin caer muertos 
por su atrevimiento; único medianero entre los hombres y los 
dioses, era el solo dispensador de gracias y beneficios: este per- 
sonaje trae el recuerdo del gran Lhama del Tibel, dios para los 

(1) Burgo», geográfica decripcion, cap. UIL 

(2) Vocabulario de la lengua zapoteca, hecho y recopilado por el M. B. padre fray 
Jvan de GórdoTa. México, 167S. 

(3) Borgoa, geográfica descripción, cap. LXXIL 

(4) Burgoa, gregráflca'defloripcion, eap. LYIII 



187 

hombres, espíritu y oráoalo superior á todo. El pontífice no es- 
taba mutilado; nunca se unía á mujer; pero en ciertas fiestas le 
era permitido embriagarse, y entonces le llevaban solteras dis- 
tinguidas, que 6i salían madres eran cuidadas con esmero: si el 
fruto era varón, este sucedia al pontífice y nunca por elección, 
cual si quisiera seguirse la encarnación directa del primado. 

iEln las ocasiones solemnes vestía una ropa blanca de algodón 
semejante á una alba, encima una como dialmática ó casulla la- 
brada con figuras de pájaros y fieras, en la cabeza una mitra de 
plumas, el calzado tejido con hilos de colores; el conjunto pre- 
senta cierto sabor oriental. Ceñudo y mesurado penetraba en el 
santuario: hacía acatamiento á los dioses y les sahumaba con el 
incienso; encarándose luego á ellos comenzaba á hablar entre 
dientes, y á medida que la oración seguía ó la inspiración llega- 
ba, se le veía estremecerse, temblar con sacudidas nerviosas, ha- 
cer visages, prorrumpir en palabras incoherentes y bramidos; los 
circunstantes le miraban con temor y asombro, hasta que vol- 
viendo del rapto decía á los fieles la voluntad de los dioses, bien 
pidiendo sacrificios, bien dando respuesta á las consultas que le 
hacían. (1) Era el espíritu de los dioses que hacía hablar á los. 
oráculos antiguos. 

£1 enterramiento de los reyes tenía lugar con grande aparato. 
El cadáver estaba vestido de sus mejores ropas, adornado de 
plumas, joyas, collares de oro y piedras preciosa», en la mano 
izquierda el escudo, en la derecha un venablo; los acompañantes 
iban llorando; prorrunpiendo en lamentos y sollozos, y al com- 
pás de fúnebres instrumentos cantaban la vida y hazañas del ma- 
logrado señor; así conducían los despojos hasta la pira, recogían 
las cenizas poniéndolas en una urna, que colocaban en la cáma- 
ra del panteón. (2) Guando los méxica tomaron á Mictlan, desa- 
pareció el Httijatoo; sacerdotes y habitantes fueron traídos á Mé- 
xico para piorir en las aras de Huitzilopochtli. 

El segundo santuario era el situado junto á Teotitlan, en la 
cumbre de la montaña coronada por la alta paña de Xaquija. El 
templo era antiquísimo y del ídolo allí reverenciado fingían 
''su origen haber venido del cielo, en figura de ave, en una lu&ii- 

(1) BurgoA geográfica de89ripcion, cap. Luí. 

(2) Bnrgoa, loco oit. 



i 



188 

nosa constelación.'' ¿Referíase esto á la caída de algún aeréoli- 
to, presenciada por las tribus primitivas, recogido como el cuer- 
po de un dios precipitado de los cielos? El origen del culto per- 
díase en la noche de los tiempos; acudían los peregrinos de muy 
lejanas tierras á pedir remedio á sus necesidades, y el mismo 
ídolo daba las respuestas en acento formidable, desentonado y 
confuso, que no entendidas nunca por los fieles, eran explicadas 
por los sacerdotes como interpretes de la divinidad. (1) 

El pueblo de Teticpao, llamado en zapoteco Zeetoba, otro se- 
pulcro, porque allí había un templo en donde se enterraba á 
los señores que de sangre real no tenían cabida en Mictlan; de 
más antiguo le decían Qaehuiquíjezaa, palacio de piedra, por el 
que levantaron sobre una gran losa para vivienda de los sacer- 
dotes. La vida futura la comprendía aquella nación á semejanza 
de griegos y romanos; eran los campos Elíseos, con sus jardines, 
aguas bullidoras, praderas fértiles, contento y satisfacción, con 
ferias y contrataciones, junto á una vida de juventud que no tur- 
baban los achaques de la vejez. (2) Esta pintura, por material 
^ue sea, reposaba en la creencia de la inmortalidad del alma. En 
Consonancia con ella, el doceno mes de su calendario celebraban 
cada año la fiesta á sus difuntos; disponían en platos y jicaras 
gran cantidad de alimentos condimentados, que al cerrar la noche 
colocaban en mesas ó cañizos á la luz de las teas; las personas 
provectas de la familia se sentaban en cuclillas, con los ojos ba- 
jos sin mirar á las viandas por temor de que con su vístase ahu- 
yentaran las ánimas, rogando toda la noche á los huéspedes noc- 
turnos porque les alcanzasen de los dioses en cuya compañía vi- 
vían en el otro mundo, salud, buenos temporales y abundantes 
cosechas: estaban creídos en que las almas venían á gustar los 
manjares, que si bien permanecían era ya consumida la sustan- 
cia y esencia. Al siguiente día, sin probar lo más mínimo de la 
ofrenda, salían á repartirla á pobres ó forasteros, y si no les en- 
contraban la derramaban en lugares apartados; para ellos la co- 
mida aquella era bendita y sagrada, siendo gran pecado volver á 
tomarla una vez ofrecida á los difuntos. (3) También son estas 
costumbres aztecas. 

(1) Burgoa, ibid. « 

(2) Burgoa, geográfica descripción, oap. XXXYIII. 
(8) Burgoa, geográfica descripción, oap. LXXIV. 



189 

Oaentan sus historias que un poderoso ejército méxica, enyia* ' 
do por Motecuhzoma II, atravezó el país, se apoderó de las tie* 
rras de los huares en Tecuantepec, conquisto á Xoconochco, in- 
ternándose triunfante en Cuaubtemallan. Reinaba á la sazón en 
Teotzapotlan el renombrado rey Cocijoesa, quien celoso del po- 
derío de su rival intentó atajarle los pasos; coligóse al efecto con 
el señor del Mixtecapan, del cual logró le diese veinte y «cuatro 
capitanías mandadas por otros tantos' esforzados guerreros, y 
reunido un poderoso ejercito marchó en busca de los contrarios. 
Se apoderó de los pueblos sometidos á México, dominó á los fe- 
roces mixes, desbarató las guarniciones del país de lo^ huave, 
entrando triunfante en Tecuantepec A la nueva de aquel descala- 
bro, el orgulloso monarca de los colhna envió á la venganza nu- 
merosísimas tropas, dando la orden á su general para no dar 
muerte al rebelde, sino traerle vivo á la capital para ser ejem- 
plarmente escarmentado. Supo Cocijoesa la tempestad que le 
amenazaba, y no pudiendo combatir en campo raso, se encasti- 
lló al otro lado del rio en la montaña que corre de Xalapa hasta 
una legua de Tecuantepec, construyendo muro y contramuro de 
lajas y peñas, abasteciéndose con víveres para un año; agua te- 
nía de algunos manantiales, ademas de lo cuál hizo construir ca- 
paces algibes* El ejercito de los mexica liego al pie de la forta- 
leza; mas no considerándose suficiente para dar el asalto, sentó 
sus reales al pió de la montaña, con intento de asediar el fuerte 
rindiéndolo por hambre. Durante la noche por senderos que les 
eran conocidos, los sitiados hacían salidas siempre costosas pa- 
ra los sitiadores; estos, escasos de vituallas, fatigados del servi- 
cios, maltratados porel clima, hacían esfuerzos inauditos por al- 
canzar algunas ventajas: en valde recibieron dos ó tres refuerzos, 
su brio quedó siempre quebrantado por la constancia y el arro- 
jo de los bárbaros. Los mexica estaban mermados en más de la 
mitad; con sus cráneos y huesos, los zapotecos habían construido* 
una especie de baluarte en la montaña, y perdida toda esperan- 
za, después de siete meses de asedio levantaron el campo, vi- 
niéndose á México á ocultar su derrota. 

Temeroso Motscuhzoma del triunfante caudillo, ya que no pu- 
do vencerle, quizo atraerle por amistad; pactaron paces y alian- 
za, á condición que los zapoteca dí> jaran píiso frjinco por su te- 
nitorio á las tropas del imperio, y para sellarla, Cocijoesa casa- 



190 

ría con una hija de Motecuhzoma^Uamada Copo de algodón^ her- 
mosa doncella muy amrada de su padre. Aceptado el consorcio^ 
estaba perplejo el tzapoteco ignorando cu&les serían las prendas 
de su prometida, ya que eraprobervial la astucia y mala ié del 
monarca culhua. Una tarde, estando bañándose Oocijoesa en el 
sitio que después se llamó el Charco de la marquesa, solo y reti- 
rados los sirvientes, vio aparecer delante de sí una moza de ra- 
ra belleza, de garbo y gentileza; turbado á su vista preguntóle: 
¿qué quieres? ¿Quien eres? "To soy, respondió, hija del empera- 
dor Motecuhzoma, con quien trata de casarte, y aficionada de ta 
fama, pedí á mis dioses me trajeran á verte." Sacó en seguida ja- 
bón y jicara á usanza de su tierra, labó el cuerpo del prometido, 
platicaron de las bodas, con las prevenciones para ejecutarlas, y 
ella al despedirse mostró en la mano un gracioso lunar con 
bello, señal por la que los embajadores pudieran reconocerla ca- 
so de que su padre no quisiera entregarla, desapareció en se- 
guida. 

Grandes y suntuosos fueron los regalos prevenidos, nobles y 
muchos los embajadores que á México vinieron de parte de Cdcijoe- 
za. Becibidos los presentes, oída la pretensión, Motecuhzoma 
presentó algunas de sus hijas á los embajadores, pidiéndoles es- 
cogieran entre ellas la que mejor les pareciese, mas no estaba en- 
tre ellas Copo de algodón; esta alzó disimuladamente la mano á 
componerse el pelo, descubrió el lunar, á cuya señal pidieron á 
aquella por su reina y señora; entregándola muy á su pesar el 
falaz rey. Conducida Copo de algodón en hombros de sus vasa- 
yos, festejada suntuosamente de posada en posada por todo el 
camino, llegó á Teotzapotlan, donde se verificaron los desposo- 
rio3. con variedad de regocijos y «araos, deslumbradores final los 
que pintan los cuentos de hadas. Leyendas infantiles de los pue- 
blos cemicivilizados, que hacen sonreír por candidas y bien sen- 
tidas. 

Pasado algún tiempo, llegaron emisarios del emperador pi- 
diendo á su hija le descubriese los lugares donde tenía sus fuer- 
zas y depósitos de armas el rey zapoteca, pues & la sombra de la 
paz pensaba entrar con poderoso ejército en la tierra, á fin de 
vengar el reciente descalabro; Copo de algodón ofreció hacerlo, 
mas ayisó de ello á su esposo, y Cocijoesa tomó en seguida tales 
precauciones de defensa, que Motecuhzoma se vio obligado á 



191 

desistir de su empeño. Mucho se amaron los desposaos siendo 
fruto Cocijopij, rayo del aire, quien siendo mancebo fue nombra- 
do rey de Tecuantepec. Cuando comenzaba á gobernar, poco 
tiempo antes de la venida de los castellanos, sus vasallos le pi- 
dieron inquiriese el significado de una pintura que en sus tie- 
rras había. ''Está en distancia de cuatro leguas de este sitio de 
"Tehuantepec, otro que llamaron Guixipecocha en su lengua, y 
"hoy es pueblo de la Magdalena, en el campo cerca de un arro- 
"yo, un peñasco de hasta quince o veinte ee^tados de alto, y oer- 
"ca de la cumbre una prodigiosa figura de tiempo inmemorable 
"de su antigüedad, y entre las peñas á distancia de doscientos pa- 
uses, se ve una estatua de un religioso, con hábito blanco como 
"el nuestro, sentado en una silla de espaldar, la capilla, puesta, 
*la mano en la mejilla, vuelto el rostro al lado derecho, y al 
"izquierdo una india con el traje y vestido que hoy usan de co- 
**bija ó manto blanco, cubierta hasta la cabeza, hincada de rodi- 
*llas como cuando en este tiempo se confiesan." Cocicopij acce- 
dió á la súplica, dirigiéndose al santuario que entonces había en 
la laguna llamada hoy de San Dionisio, donde se'adoraba al C07 
razón dd reyno; revistióse las insignias sacerdotales, consultó al 
dioi, y después de mucho tiempo que el sacrificio duró, tornó á 
la muchedumbre que le esperaba diciendole con semblante tris- 
te y acongojado: "Hijos mios, lo que me ha respondido el gran 
"dios es, que se ha llegado ya el tiempo en que lo han de echar 
"de esta tierra, porque presto vendrán sus enemigos de donde 
"nace el sol, y serán unos hombres blancos, á cuyas fuerzas y 
"armas no han de poder resistir todos los reyes desta tierra." (1) 
Esta creencia, común á todos los pueblos de Anáhuac, determinó 
á los zapotecas á entregarse sin combatir á los castellanos. 

Los zapoteca eran más civilizados que los mixteca. Usaban 
'del calendario primitivo y no les era desconocida la escritura je- 
roglífica. Oonocían las virtudes medicinales y las aplicaciones 
útiles de las plantas, de las gomas y de los bálsamos; ^eran pri- 
morosos en el arte da fundir los metales, sobresaliendo en la 
construcción de dijes y adornos de oro y plata; sabían curtir con 
perfección las pieles, aplicándolas á sus pinturas, vestidos y usos 
domésticos: como arquitectos quedan todavía las ruinas de sus 

(1) Burgoa, geográfica descripción, cap. LXXn. 



192 

fortificaciones, palacios j templos. Llevaban por traje una á ma- 
nera de turca sin maiigas ni cuello, de algodón, pintada á su usan- 
za, que les llegaba á las rodillas, y á los principales hasta los 
pies; la gente menuda solo jtraía un maxtlatl para tapar sus ver- 
güenzas; dejaban crecer el pelo, se lo trenzaban y dejaban colgar 
á la espalda. 

Bodeados por los zapoteca y confinando al S. con el Océano 
Pacifico, se encuentra una fracción de chontales (Estado de 
Oaxaca); era un pueblo bárbaro y feroz, rudo de costumbres, sin 
vestidos para cubrirse, sin habitaciones, muy atrazados en civi- 
lización. Al E. tenían á los triquis, tribu también salvaje, redu- 
cida hoy á cuatro pueblos. 

Los huaves ocupan al presente las lagunas australes del iztmo 
de Tecpantepea Tienen al O. á los zapoteca; al N. á los zapoteca 
y á los zoques; al¿E. al Xoconochco;al S. el Pacífico, quedan redu- 
cidos á xsinco pueblos. Los indios de San Dionisio Tepehuazotlan 
llaman en su lengua Duicquialoi, mar superior, á la laguna más bo- 
real y Duicquialiai, mar inferior, á la más austral; dividen ésta en 
dos partes por una línea que juntaría]el canal de Santa Teresa con 
la boca barra, y nombran JDuicnamnlet, mar de Poniente, á la del 
O. y Duicnahiianot, mar de Oriente, á la del E.: dicen al Pacífico 
Nadamduic, mar grande, y las islas se conocen por Monapoatiac 
y NcUartiac. (1). 

Los huaves ó huavi son originarios, según parece de Nicara- 
gua; sin saberse la causa, dejaron su país, fiando su vida á sud 
frágiles embarcaciones, costearon la mar rumbo al N., desem- 
barcando en las playas del iztmo. Aquel país estaba ocupado 
por los tnixes, quienes de buen grado cedieron las llanuras por 
estar acostumbrados á vivir en las montañas, ó bien fueron ven- 
cidos y rechazados á las alturas. Los huave se extendieron has- 
ta Tecuantepec y Xalapa, ocupando una gran extensión de tie- 
rras fértiles, donde vivían contentos y felices-, cultivando el sue- 
lo y haciendo de su nueva patria un vergel. Los méxica en el 
reinado de Motecuhzoma 11, conquistaron el país imponiéndole 
tributo; siguióse inmediatamente la invasión de los zapoteca al 

■ 

(1) Beoonocimiento del iztmo de Tehuantepeo mandado practicar porD. José 
Qaray en los afioa 1842 y 1843. México, 1844. Pág. 7. 



193 

mando de Oooijoesa, con cuyo motivo perdieron casi todo su te- 
rritorio, quedando reducidos á las islas de las lagunas. 

En la isla donde boy se encuentra el pueblo de S. Dionisio del 
mar, hay un montecillo conteniendo una extensa gruta: era éste 
un santuario venerado de los zapoteca, consagrado á la divinidad 
que tenia por nombre, Alma y Corazón del reyno. Las paredes 
de la gruta estaban labradas, teniendo altares para los ídolos. 
Pensaban del Alma y Corazón del reyno que, cual otro gigante 
Atlas, sustentaba el mundo sobre sus hombros, y para que la 
comparación sea ' completa, decían que cuando vacilaba ó se 
meneaba, la tierra se extremecía con terremotos: de su poder 
dependían los buenos temporales, las victorias contra los ene- 
migos. (1) 

Lindan los mixes al N. con los nahoa y los zapoteca; al O. en 
parte del S. con los mismos zapoteca; al S. y al E. con los zoques. 
Pueblo bárbaro, parece anterior á los zapoteca; en lo antiguo 
ocupó la tribu más amplio terreno, de parte del cual fué despo- 
seida, ya por los huave, ya por sus sempiternos enemigos los 
zapoteca. Cazadores valientes y atrevidos lidiaban contra las fie* 
ras de su montañoso país, ''de su naturaleza son arrogantes, al- 
"tivos de condición y cuerpo, y todo lo dice el tono de la voz 
"con que hablan siempre á gritos, y aunque los más atribuyen 
''esta ruidosa articulación á su natural desmedido y enojoso, he 
"advertido que lo intratable de las sierras les ha hecho de cos- 
"tumbre natural la vocería> porque siendo los montes seguidos 
"nnos tras otros tenían en barrancas profundas sus habitaciones, 
"entre selvas que sacude el viento, y entre arroyos que se preci- 
"pitan en raudales, y de todo resulta tan confuso murmullo, que 
"era menester para entenderse hablar en sobreagudas con des- 
"entonado estruendo." (2) Estos intrépidos montañeses defen- 
dieron palmo á palmo su suelo contra sus más adelantados ve- 
cinos, y más de una vez triunfaron de los invasores blancos. 

En cierto tiempo no determinado, los mixes estuvieron man- 
dados por un poderoso señor llamado Cóndoy, cuya residencia 
estaba en la serranía del Cempoaltepec, sobre unaeminencia ha- 
da el S. cerca del pueblo de Atitlan, en una gran gruta escondi- 

(1) Bargoa, geográfica descripción, cap. 71, 72 j 75. 

(2) Bnrgoa, Geográfica descripción, cap. LVI. 

26 



194 

da entre los riscos de la montaña. Condoy era on bravo guerra* 
roy miedo de sus enemigos y ante el cual los peñascos más alti- 
vos se humillaban inclinándose en señal de obediencia; salía de 
su madriguera al frente de sus mejores soldados^ llevando el ex* 
terminio y el saqueo á sus comarcanos. Oansados de sus depre- 
daciones aliáronse zapoteca y mixteca, desbarataron á los mero- 
deadoreSy logrando encerrar al jefe en la gruta de Atitlan, á cu- 
ya boca pusieron leña encendida, sofocando con el humo al ven- 
cido Oondoy. Si ésta es la versión de los vencedores, en contrario 
aseguran los mixes, que el Oondoy no tuvo padres, salía en edad 
perfecta de la gruta á gobernarlos y defenderlos, y no le mató 
el rey de Teotzapotlan, sino que cuando se hubo cansado de la 
guerra, acompañado de gran número de soldados llevando mu- 
cho oro y los despojos de sus enemigos, se entró por la cueva» 
tapó la puerta y se fué á provincias lejanas. Después tenían allí 
los mixes el sepulcro de sus señores y distinguidos capitanes (1). 

La crónica dominicana que seguimos, refiere haciendo el elo- 
gio de Fr. Juan de Ojedo, visitador de los mixes, que subió á la 
cumbre de la montaña Oempoaltepec, '^y vido aquella cima que 
^'descuella sobre las nubes, y tocó con sus manos la tierra me- 
''morable de un peñasco con lo raso de una mesa que hace, y en 
''él esculpidas dos plantas como si las esculpieran á cincel, con 
''todos los músculos y forma de los dedos como si se imprimie- 
"ran en cera, y la tradición de los indios desde su gentilidad es, 
"que la tuvieron de sus mayores, y dejaron escritos en sus pieles 
"y caracteres, que un hombre blanco y anciano que vino de la 
"mar del Sur, con el hábito que pintan á los apóstoles, había Ue* 
"gado á estos mixes, y predicádoles en su lengua algunas cosas 
"del Dios verdadero que habían de adorar, y los naturales de es- 
"ta nación lo quisieron matar, y que subiéndose á aquella peña 
"dejó estampadas las huellas, y po le vieron más (2)*' 

La tradición de la venida de hombres blancos y barbados la 
vemos derramada hasta los pueblos más australes; pero entre 
las naciones cercanas á la costa del Pacífico, el aparecimiento de 
la raza extrai^era fué por aquel Océano en contraposición á los 
méxica que la señalan por el Atlántico: en todos los casos, los 

(1) Burgoa; geográfica desotipoioii, cap. LX. 7 LXI 

(2) Bargoa, geográfica descripoioiiii oap. IX 



195 

extranjeros Tienen ensañando nuevas doctrinas religiosas. Acaso 
ambas tradiciones, reunidas malamente en una sola por los es- 
critores, se refieran á la venida de distintos predicadores, perte* 
necientes los unos á Europa, los otros al Asia. La cruz de Hua- 
tulco también la trajo un hombre extranjero. Según los mixto- 
ca 'Meron venir por la mar, como si viniese del Perú, un hom- 
^re anciano, blanco, con el traje que pintan á los apóstoles de 
^túnica larga, ceñido y con manto, el cabello y barba larga, abra- 
^sado con aquella cruz, y espantados del prodigio acudieron mu* 
'^chos á la playa á verle, y él los saludo muy benévolo y manso 
''en su misma lengua natural, que es mixteca y algunos dias es- 
'^vo con ellos enseñándoles muchas cosas que no pudieron en- 
'tender, que lo más de los dias y las noches se estaba hincado 
''de rodillas, que comía muy poco, y cuando se quiso ir les dijo, 
"que les dejaba allí la señal de todo su remedio, y que la tuvíe- 
"sen con mucha veneración y respeto, que tiempo vendría en que 
"^es diese á entender el verdadero Dios y Señor del cielo." (1) 

Oosa singular son las señales en las rocas de pies y manoSi es- 
tampadas de un modo milagroso. Las plantas impresas en el 
Oempoaltepec traen á la memoria las huellas de los pies de Bud- 
ha, en la parte superior de una elevada roca, llamada Pico Adán 
por cristianos y musulmanes, Samanhda por los cingaleses, en 
la isla de Seylan. "Esta señal pedrestre ó aripada^ data del ter- 
"cer viaje de Budha á Ceylan, snbió á las nubes elevándose so* 
'^re la montaña, la cual se levantó de su base, recibió en el aire 
'la impresión del pié sagrado, y en seguida cayó en el lugar que 
"hoy ocupa." (2) • 

Los zoques se extienden por los actuales estados de Oaxaca, 
Ghiapas y Tabasco, lindan al N. con los mexicanos y los chonta- 
íes; al E. con los tzendales, zotziles y chiapanecos, al S. con Xo- 
conochco; al O. con los huaves, mixes y tzapoteca. "Los zoques 
"(en la actualidad) habitan la región montañosa del E. del itsmo 
"de Tehuantepec, desde el valle de Chicapa al S. hasta el rio del 
"Corte al N.: ocuparon primitivamente una provincia chica, si- 
"tuada en los confines de Tabasco, y fueron sometidos por la ex- 
"pedidon que llevó á Ghiapas Luis Marin. Se parecen en algu- 

s 

(1) Bnrsoa, geográfica desoripoion, cap. LXIX. * 

(2) darel, histoire pütoreoque dM reUgions, tom. 1, pág. 382. 






s 



196 

''nos de sus rasgos á los mizes; pero son de formas más atlétioas» 
**j se les distingue fácilmente por lo marcadas que tienen las fac* 
"ciones, y la rara costumbre de afeitarse la corona de la cabeza. 
"Gustan desenfrenadamente de licores, son ordinarios y yulga- 
"res en sus modales pero son pacientes, sufridos é industriosos. 
"Cultivan grandes cantidades de naranjas deliciosas, maíz y ta* 
'l)aco en los trechos de tierra abierta en la sierra, y tienen en to 
"do el itsmo una celebridad merecida los efectos que fabrican de 
^'ixtle y de pita. Mentalmente son de una ignorancia lamentable^ 
"pues las ideas de la Divinidad y la religión son vagas é indefi- 
"nidas." (1) 

Los chiapaneca tienen al N. los zoques y zotziles; al O. los zot- 
ziles; al S. el Xoconochco; al O. los zoques. Varias veces hemos 
mencionado esta tribu, sin disputa una de las más antiguas en 
Anáhuac; ellos en sus tradiciones se decían los primeros pobla- 
dores del Nuevo Mundo. De los autores, unos los hacen origi- 
narios de Nicaragua, diciendo que se situaron sobre el peñón ás* 
pero que está en la orilla del rio de Chi apa, manteniéndose siem- 
pre en guerra contra la guarnición mexicana de Zinacantlan. (2) 
Otros les hacen descender de los toltecas y de la familia de los 
kicheés. (3) Decían también que los primeros pobladores habían 
venido de la parte del Norte, y que, cuando llegaron á Soconus* 
co, se separaron, yendo los unos á habitar el país de Nicaragua^ 
y permaneciendo los otros en eT de Chiapan. Esta nación, según 
dicen los historiadores, no estaba gobernada por un rey, sino 
por dos jefes militares, nombrados por los sacerdotes. Así se 
mantuvieron hasta que los últimos reyes mexicanos les sometie- 
ron á aquella corona. Hacían el mismo uso de las pinturas que 
los mexicanos, y tenían el mismo modo de computar el tiempo; 
pero empleaban diferentes figuras que aquellos para represen- 
tar los años, los meses y los dias.*' (4) Sus principales ciudades 
eran Teochiapan, Tochtla, OliamuUa y Tzinacantlan; vivían con 
los quelenes cuya población principal se decía Teopixca. 

La última provincia á este rumbo es la de Xoconochco, perte- 

(1) El itsmo de Tehaantepec. Besultado del reconocimiento por el mayor J. B. 
Bamaxd; México, 1852. Fág. 285. 

(2) Bemesal. Hist. de la provincia de Chiapa y Guatemala, lib. V, cap, XIIL 

(3) Juarrofl, tom. II, p¿g. 64. 

(4) ClaTÍgero, hist. antigua, tom. 1, pág. 99. 



197 

neciente hoy al Estado de Ohiapas. En lo antiguo, el reino de 
ios mames se extendía por el partido de Guegüetenango, ana frac- 
oion del de Qaetzaltenango, y el Xoconochco, con su capital del 
mismo nombre. (1) Los mames era un pueblo antócton, que ha- 
bitó la provincia desde tiempos muy remotos; los olmeca llega- 
dos de la parte de México les redujeron á servidumbre; emigran- 
do una fracción de los vencidos á Guatemala. Quienes en Xoco- 
nochco quedaron fueron invadidos aún por los tolteca, empuñan- 
do el cetro del reino mame, uno de los hermanos de Nímaquiché. 
Este nuevo señorío sostuvo porfiadas guerras contra sus vecinos 
los kicheés, hasta que el rey de éstos, Kikab II, les derrotó, obli- 
gándales á ocultarse en los bosques. Ahuitzotl, octavo empera- 
dor de México, se apoderó del Xoconochco, quedando desde en- 
tonces sujeto al tributo. (2) 

Yolviendo ahora á las costas del Golfo, hemos visto que por 
allí se encontraban los cuexteca y los totonacos. Entre éstos al 
O. y terminando en el actual rio de Alvarado, al E. se extendía 
la provincia de Cuetlachtlan: con su capital del mismo nombre 
(hoy Cotasta): la parte de la costa en donde desembarcaron los 

castellanos y en donde actualmente está el puerto de Yeracruz, 

• 

se llamaba Chalchiuhcuecan. Entre la anterior y el rio Coatza- 
coalco corría la provincia de la misma denominación, última por 
aquel rumbo perteneciente al imperio. 

En las dos anteriores provincias se hablaba lengua nahoa, co 
mo igualmente en otros pequeños señoríos que ocupaban la par- 
te central del país, de los. cuales eran los principales del otrQ la- 
do de las faldas del Popocatepec, Tepostlan, Yautepec, Huazte- 
pec, Chictla, Ytzocan, Acapetlayocan, Cuauhquechotlan, Tehua- 
can, Atlixco, etc., correspondientes hoy, unos al Estado de Pue- 
bla^ otros al de Merelos. 

Todo el país estaba lleno de abundante población, cuidadosa- 
mente cultivado, con ricas ciudades y multiplicados villorrios. 
Bajo todos esos aspectos era superior el Yalle de México, centro 
de la civilización azteca, en donde no solo se alzaban las capi- 
tales de las principales monarquías, sino otras muchas ciudades 
de importancia. México Tenochtitlan, .capital del imperio, oou- 

(1) Jaarros, tom. 2, pág, 9. 

(2) Torqnemada, lib. III, cap. YTi. JoanoB, loeo oit 



198 

paba el lugar que ahora; pero como las aguas del lago inradían 
una gran extensión^ la cindad estaba construida sobre una isla. 
Fuera de Tlacopan y de Texcoco, capitales de sus respectivos 
reinos, se contaban las ciudades florecientes de Chalco, Xochi- 
milco, Mizquic, Ouitlalluac, Itztapalapan y Ouaubtitlan, cabece- 
ras de otras tantas provincias conquistadas; Culhuacan, capital 
del extinguido reino de los colhua; Atzcapotzalco, que lo fué del 
reino tepaneca; Xaltocan, de una provincia otom!. Se veían ade- 
mas Otompa, Mexicatzinco^ Huitzilopccbco, Coyoliuacan, Aten- 
eo, Coatlichan, Huexotla, Chiauhtla, Acolma, Teotíbuacan, Izta- 
palocan, Tepetlaoztoc, Tepepolco, Tizayocan, Citlaltepec, Ooyo- 
tepec, Tzompanco, Tultitlan, Tetepanco, Ehecatepec, Tequix- 
quiac, &C. (1) Al N. ToUan, capital que fué de los tulteca, y más 
allá las ciudades de los otomíes, de IsCs cuales eran principales 
Xilotepec y Nopalla. 

Dentro del imperio existían tres estados independientes. La 
llamada república de Tlaxcalla confinaba al O. con el reino de 
Acolbuacan; al S. con CboloUan y Huexotzinco, y el señorío de 
Tepeyacac, sujeto á México; al E. con provincias del imperio; al 
N. con los totonacos por la provincia de Zacatlan: su capital, 
Tlaxcalla. Sus límites corresponden casi exactamente á los del 
actual Estado de su nombre, pues por privilegios antiguos fue 
conservada la demarcación. Sus fronteras estaban guardadas por 
broncos otomies, atraídos á su territorio por la señoría. 

CfholoUan, ciudad teocrática y libre, gozaba de corto terreno, 
perteneciéndole el sitio llamado Cuetlaxcoapan donde los espa- 
ñoles fundaron Puebla de los ángeles: es antiquísima, sin acer- 
tarse á saber quiénes fueron sus fundadores. La construcción de 
su gran pirámide se atribuye por la tradición al gigante Xelhua, 
lo que quiere decir, que pertenece á las naciones primitivas des- 
conocidas á los pueblos modelrnos. En la estampa de la peregri- 
nación azteca consta, que los chololteca se lea unieron; mas des- 
pedidos con las demás tribus, caminaron al S. viniendo á esta- 
blecerse en Cholollan, ya de muy antiguo fandada, de la cual 
tomaron nombre, en lugar de comunicarlo á la ciudad. Desde 
ñu tiempo primitivo aparece como un santuario venerado, Se 
dioses que no dejaron nombre; residencia por algún tiempo de 

(1) OlATigero, tnm. 1, pág. i. 



199 

Qaetzalcoatl, al maroharse el tanmatargo los sacerdotes le to- 
maron por patrono, adorándole como á dios del fáre: los cholol- 
teca eran de la familia nahoa» y bien por esta cansa, bien por el 
contacto de los méxica, adoptaron el cnlto general, con profasion 
de penitencias j sacrifióios. En los tiempos modernos se llama- 
ba Santuario de todos los dioses, acudiendo turbas de romeros 
de las provincias más remotas á pedir remedio á sus penas. La 
ciudad santa contaba tantos templos como dias el año, cada uno 
con dos ó tres altas torres, lo que bacía subir el número de ellas 
á cuatrocientas, descoyando entre todas las del templo mayor, 
lia afluencia de peregrinos y la aplicación de los sacerdotes de- 
terminaba que el número de sacrificios fuera grande; según afir- 
man, solo de niños perecían seis mil en cada ano. 

Contaba la ciudad veinte mil casas de cal y canto, sin otras 
tantas repartidas por estancias y aldeas: las calles anchas y bue- 
nas; los templos blanqueados con cal ó yeso. Los habitantes 
andaban vestidos de algodoií, labrado con plumas y pelos de co- 
nejo, aunque por las leyes suntuarias los pobres solo usaban te- 
las de nequen; eran de buen tamaño y parecer; las mujeres tra- 
bajadoras y entendidas 6n sus haciendas; los hombres buenos 
mercadares, oficiales de todas ^rtes, sobresaliendo en la alfare- 
ría, que al dicho de los castellanos^ ''fué la loza tan hermosa y 
''delicada, como la de Florencia en Italia." El gobierno era teo- 
crático, ejecutándose las cosas de la guerra por un capitán asis- 
tido por el consejo de seis nobles. Los españoles encontraron 
pobres mendicantes, que no eran permitidos en ningún otro lu- 
gar, y allí se toleraban por ser penitentes que venían en ro- 
mería. (1) 

Huexotzinco estaba situado en las quebradas del Popocatepec, 
y fue trasladado al lugar que ahora ocupa por los religiosos 
franciscanos: (2) fue ciudad populosa, á la que se atribuyen cua- 
renta mil vecinos. 

Tlaxcalla, OholoUan y Huexotzinco no debían su independen- 
cia al número ni al valor de- sus guerreros, sino al pacto de la 
guerra florida ó sagrada, según en su lugar veremos. 



(1) Torqnemada, lib. m, oap. XIX. 

(2) Toiqaemada, lib. m, cap. XX. 



CAPITULO n. 

TLA.COPAN. — TEXCOCO.— SEÑORÍOS INDEPENDIENTES. 
JSeino dé T¡acapan,^Mazahiui.—Beino de Texeoco.^MttstiUcm.'-Reino de Mick- 

■ 

huacan. — Bdno de Colima,— Reirio de XaUxeo y pequeños eehorioe independientee^ 
— Otamies. — Iztacchiehimecá. —Ooras. -^Tepecanfis, — Huióliolee. — CoJoUanee. — 
Caacanee. — Tepehua 7ies. —Aeaxeeé, —SabcUbos, —Xixmee, — Tebaca. Siruríoajf nu 
diferentes tribus,— CaMtae,^Pimae y sus divisiones.— SérCs.-^OpíUas y sus <tfine9. 
^'California y sus gentes. • 

EL reino de Tlacopan, el más pequeño y de menor importan- 
cia de los coligados, se componía de algunas poblaciones 
tepaneca y de la provincia de los mazaliua; su capital Tlacopan, 
(hoy Tacuba), en la margen occidental del lago. Comunicábase 
con México por medio de una amplia calzada construida sobre 
las aguas. Los mazahua ó ma^ahui tienen al N. á los tarascos y 
otomíes; al E. los otomíes; al S. los otomíes y matlatzinca; al O. 
los tarascos: su lengua es de la familia otomí. La posición geo- 
gráfica de la tribu indica, que es contemporánea, ^\ no más an- 
tigua que su congénere. 

Confinaba el reino de Texcoco al N. con el Huaxtecapan; al 
E« con Tlaxcallá, al S. con el Imperio de México; al O. con el la- 
go y con el imperio. Los lindes no estaban bien definidos en los 
dias de la conquista española, pues los reyes de México que pa- 
ra entonces se habían sobrepuesto á sus colegas, tomaban para 



201 

sí lo que les conyenáa ooa desprecio de los tratados. Su exten- 
sión por otra parte yarió oon los tieo^pos, según fué imperio chi- 
ohimeca, proYÍncia sujeta á los tepaneca, reino de Acolhuacan. 

Para darnos cuenta de lo que era en su último período, vamos 
i copiar dos documentos auténticos. El primero es una nómina 
de las poblaciones sujetas á Texcoco en los tiempos de Neza- 
hualoojotl y de Nezahualpilli, tomada de un antiguo MS. mexi- 
eanoy traducido del original por el Sr. P. José Fernando Bamí- 
re^i quien me franqueó una copia. Dice así: 

"Las cabeceras que pertenecían al reino de Tetzcoco, eran: 



Huexotlan 

Coatlichan 

Ghimalhuacan 

Otompa 

Teotihuacan 



Tepetlaoztoc 
Ouauholiinanco 
Acolman 
Tepechpan 



Chiauhtlan 
Chiulinauhtlan 
Tollantzinco 
Xicotepec 



Tezojocan Tetzcoco Pantlan 



"Pueblos que solo iban á servir á Tetzcoco: 



Ooatepec 

Iztlapalocan 

Papalotlan 

Xal tocan 

Ahuate pee 

Oztototicpac 

Axapoclico 

Aztaquemecan 

Tizajocan 

Tlallanapan 

Tepepolco 

Coyohuac 

Oztotlatlauyan 

Aohichilacachyocan 



Tetliztacan 

Tliltzapoapan 

Tecpanmolanco 

Tenchol 

Xococapan 

Tamazollan 

Teocuauhtla 

CbamoUan 

Chicontepec 

Teonochtlan 

Teccizapan 

Xocotitlan 

Xocliimilco 

Ahuatlan 



Cozcat^cotlan 

Ayacaclitepec 

Tecatlan 

Xicallanco 

Patzoquitlan 

Cauchicol 

Tonallan 

Temoac 

Cozoquentla 

Tlapalícbcatlan 

Cihuatlan 

Tlacotepec 

Tziuhcoac 

Macneztlan. 



El segundo MS. que también debí á mi muy sentido amigo el 
Sr. Bamírez, es éste: 

^*, y para que á Y, mag le conste que era la provincia de 

'Tezcuco al tiempo que el dicho vro. capitán (Hernán Cortés) vi- 

"no á esta nueva españa estaban debajo del dominio é señorío 

26 



i 



202 

''del dicho mi tio (Oacainaizin) 6 de la cibdad de Tezcnco los 
"pueblos y proyincias siguientes: 

''Otúmba (Otompa) con su snbjeto qnestá en inra real ooroíÚL 

'^Teipeapnlco Qon su snbjeto, &. 

"Ahnatepeo Guanhtlantzinco Tiánqnilncan Tepetlaoztoc 

• ''A^apnchclio Coatepec Iztapalnca 

''Todos los sobredichos pneblos estaban señalados 6 dedica- 
''dosr para el servicio^de la casa de dicho señor. 

''Los pneblos que mis pasados ganaron por gnerra donde te- 
"nían renteros 6 tierras son los siguientes: 

"T.ulancingo (Tollantzinco). En Ohaloo, cierta parte del que 
"está en yr. real corona. 

*'Acoac. Tuchpa. En Ouauhnahuac, cierta parte del ques del 
"marques del Valle- 

"Tlatlauhtepec. Tuchtepec. Toluca, cierta parte del <fuestá 
"encomendado al marques del Valle. 

"Tlalcotzauhtitlan. 

"Los pueblos donde tenían caballerías ganadas por sus per- 
"sonas: 

* "En Azcaputzalco En Ouauhtitlan En Tepo^otlan 
"En Suchimilco En Taouba En Ecatepec 
"En Cnauhtiapa En Aticpac EnTaltiÜan 
"En Huacalco . En Ouyuacan En Ohicoloapa 

"Los pueblos que partían los tributos entre México y Tezouco 
"y Tacuba son los siguientes: 

"Goayxtlayuacan (Coaixtlahuacan). Ayli^apan (Ahuilitzapan). 
"Cuauhtuchco. Tepeaca (Tepeyacac). Ootlaxtlan (Cuetlachtlan). 

"Los pueblos queran comarcanos & la dha cibdad de Tescuco 
"aubjetos que tributaban á la dha cibdad son los siguientes: 

"Huexutla Tepechpa Papalotlan Xicotepeo 

"Coatlichan Chiconauhtla Oempoallan Pahuatlan 

"Chimalhuaoan Te^ayuca Oztoticpao Tlaoulultepeo 

"Aeulma Tlalanapan Teutivuacan Papalotiopao. 

"Todos estos dichos pueblos arriba contenidos solían ser sub- 
^etds desta dha dbdad^de Tescuco é tenían en ella sus casas é 




203 

''tributaban é obedecían al señor de Tescuco 7 no á otro alguna 
**6 como vino Tro capitán don hemando cortes nos quitó é des- 
"poseyó de todos los dichos pueblos 7 nos dexó tan solamente 
'% cabecera ques la cibdad de Tescuco con qiuitro subjetos que 
''se llaman Yuexutla (Huexotla), Coatlicban, Chiauhtla, Te^ayu- 
''ca é no más, &o. (1) 

El re7no se decía de Acolhuacan, ''que es tanto como dbcir. 
"tierra 7 provincia de los bombres hombrudos» 7 por la misma 
"razón al lenguaje que generalmente en toda esta provincia ha- 
"blan llamaron AcolhuatlatolL" El cronista de quien tomamos 
estas palabras asegura, que en los tiempos de su gentilidad el 
reino, "corría prolongado desde el mar del Norte á la del Sur, 
"con todo lo que se comprende á la banda del Poniente hasta el 
"puerto de la Yeracruz, salvo la ciudad de Tlachcala 7 Huexo- 
"tzinco 7 de presente la tiene tan corta 7 estrecha que |no pasa 
"de diez leguas por lo más largo, 7 de travesía apenas tiene 
dos." (2) Evidentemente que la demarcación se refiere á los tiem- 
pos de los señores chichimeca, 7 ni para entonces abarcaba to- 
da la extensión indicada; mermáronse mucho los términos des- 
pués, 7 en la época de la conquista ocupaba el lugar que le se- 
ñalamos, correspondiente á una fracción del actual Estado de 
México 7 á una parte del de Hidalgo. Texcoco, la capital, esta- 
ba situada en la ribera del lago, tan importante como México, 
era ma7or que ésta en extensión, supuesto que Huexotla, Coa- 
tlichan 7 Ateneo estaban á ella tan unidas que eran como sus 
arrabales. (3) Le correspondían como pueblos importantes Otom- 
pan, Tepepolco, Ohiauhtla, Tetzo70can 7 Tepetlaostoc' La gru- 
ta de Cnauh7acac distante como una legua de Texcoco, en la 



(1) "Sacado de xm memorial dirigido al rey por^"I>on hemando pimentel nex* 
'^aTvaloayittl, (Kezahoalooyotl) oaciqae y gobernador de la proyinoia de Tez- 

"caco... .i. hijo legítimo de Cuanacotzi y nieto de Ne^avalpitzintli, sefiorea qae fae- 
"ron de la provincia de Tezouoo, &c., &c." — El original no tiene fecha ni firma, 
''mas es antiguo j, aegan parece, el Borrador del autor. Pertenece á los fragmen- 
**tos del mnaeo de Botorini, eonservados en el Museo, y se encuentra listado en él 
"Inyentario 2. ^ ntím. 26, del que formó D. Patricio Antonio López en 15 de Juli» 
''de 1745, y cuyo original existe en el Archivo."- -Kota del Sr. D. José Femando 
Bamírez. • 

(2) Belaoion de Tezoooo escrita por Juan Bautista Pomar, descendiente de sus 
antiguos reyes 1582. MS. en poder de nuestro amigo el Sr. García Icazbalceta. 

(8) dayigero, tom. 1, p¿g. 2. 



« 



204 

montaña, es tan capaz qne puede albergar oómodamente dos- 
cientos hombres, célebre por haber servido de habitación á los . 
chichimeca, así como otras varias que se encuentran en la co- 
marca (1). 
Pertenecían á Acolhuan 

Gempoalla Tlaquilpa Tzacuala Tecpilpa 

Huitznahuac Atlican Acxotla Tlalnexpa 

Tecpa Coatepec Mexotxoc Tetzahuapan 

Qaijahuac Nopalapan Tlatecomulco Necuametepeo 

Ahuacuauhtitlan Hueytepec Tzapotlan 

Pero Cempoalla, Tlaquüpa y Tecpilpa con los pueblos de su 
jurisdicción, pasaron á ser parte del imperio de México, acudién- 
dole con navajas para las macanas, j una canoa que en señal de • 
tributo llevaban á la capital: Ahuitzotl les impuso la carga de 
tributar mantas, gallinas y todo género de volatería (2) 

Epatzoyocan con sus barrios Tezcacohuac, Ouachalcac, Tza^ 
potla, Tepa, Oztotlatlauhco, Oztoyuca, Xala y Tochatlauhco, 
pertenecieron á Acolhuacan, y en el reinado de Itzcoatl queda- 
ron por mitad para México y Tezcoco, á fin de que tuvieran los 
imperiales navajas para sus macanas que en su ciudad no te- 
nían. En la época de Itzcoatl quedaron bajo el dominio de Mé* 
xico, Pachuea, Tzontepec y Temazcalapa, quedando para Texco- 
co los pueblos de Tetliztacan Tepechichilco, Tianquizmanalco y 
Cihuayuca (3). 

Lastres monarquías coligadas, México, Texcoco, Tlacopan, 
dominaban sobre las provincias enumeradas; su territorio cons- 
tituía el Anáhuac propiamente dicho; representaban la civiliza- 
ción nahoa. Por medio de la conquista habían sujetado á su do- 
minio las tribus de diversa filiación etnográfica, entre las cuales 
habían infiltrado sus costumbres, &u saber y su culto; sus cono- 
cimientos eran la herencia recibida de los tolteca, y las tres na- 
ciones que fundaron los reinos, méxica, acolhua y tepaneca, que 

(1) Juan B. Pomar, MS.. 

(2) Relación de Sempuhuala del corregidor Luis Obregon: 1580: MS. en poder 
del Sr. D. Joaquín Gharcía Icazbalceta. 

(3) Belacion de Epazoynoa por el corregidor Luis Obregon: 158). Belacion de 
Teiliztaca por el corregidor Luis Obregon: 1580. MdS.. en poder del Sr. D. Joaquín 
Oardá loazbaloeta. 



206 

de la misma cepa Tenían, no hicieron otra cosa que extenderlo»* 

y mejorarlos. 

A esta misma civilización correspondían algunos estados inde- 
pendientes. El señorío de Metztitlan (en el Estado actual de ]^i- 
dalgo) comprendía las provincias de Molanco, Malila, Tlanohinol- 
ticpac, Yamatlan, Atlihuetzian Xochicoatlan, Tianquiztenco> Hua- 
zalinco j Yahualica. Yahualica al E. era presidio j frontera contra 
los cuexteca, Xilitla al O. confinaba con los bárbaros chicbime- 
ca; terminaba al S. en Zacualtipan, al N. tenía las tribus salva- 
jes: era por este rumbo el término de los pueblos civilizados. 

Pronterizo con Acolhuacan, entrambos se!,liicieron guerra casi 
continua. 

''El nombre de Metztitlan proviene dicen los naturales, de qu& 
los primeros moradores desta provincia, cuando tuvieron guerras 
con las provincias circunvecinas, tenían costumbre de dar asal- 
tos en los enemigos las noches que hacía luna, 7 pQr maravilla 
daban batalla de dia, 7 así les llamaban los metztlitlaneca, que 
quiere decir, los de la luna. Otros dicen que el nombre de Metz- 
titlan tuvo origen de una luna pintada, que está en un cerro al- 
tísimo 7 agudo, 7 por la parte del Norte está de peña tajada, 7 
en la misma pena está pintada una luna '7 un escudo con cinco 
pintas, á manera de d&dos, que parece cosa imposible que hom- 
bre humano ni con ningún artificio pudiera hacer aquella pintu- 
ra; 7 ansí los habitadores desta provincia en su principio llamar 
ron este lugar de Metztitlan, que quiere decir junto á la luna.'* (1) 

Los habitantes hablaban el azteca, algo corrompido. La reli- 
gión era la mexicana, teniendo por dioses principales á Tezcatli- 
poca, Ometochtli 7 Hue7tonantzin: como dioses propios nom- 
braban las dos mujeres Aochitlachpan 7 Tecpaxoch 7 los cua- 
tro varones Ytzcuin, Hue7tecpatl, Tentemic, 7Nanacatltzatzi. Los- 
a7unos, penitencias 7 sacrificios eran los del derictual de Mé- 
xico. Dos grandes sacerdotes tenían en su templo principal, nom- 
brado Chicuei Aochitonal 7 Ghionei Ocelotl, los cuales caso de 
muerte eran electos por el señor. Estaban regidos por un jefe ó 
soberano, asistidos de dos ancianos para administrar justicias. 
Los nobles casaban con cuantas mujeres querían, la gente baja 

(1) BeUcion da la proyincia de Metztitlan por el alcalde mayor Gabriel de ChATez: 
1579. MS. del Sr. García Icazbalceta. 



206 

solo podía tener una; mas á todos era permitido el rupedio por 
voluntad ó enojo. Las leyes, sin embargo, castigaban el adulte- 
rio, así como el homicidio, la delación y el falso testimonio: los 
prisioneros eran irremisiblemente' sacrificados. "Las armas de 
que usaban eran arcos y flechas de gran fuerza y certesisima 
puntería, varas tostadas, de braza y media de largo, con puntas 
de pedernal; tirábanse con unos sarmientos ó correderas, que lle- 
vaban más fuerza que una jara de una ballesta; espadas de palo 
con filo de navajas. Las armas defensivas eran rodelas de ca- 
nas macizas, que llaman otlatl, endidas y menudas, de medio de- 
do de ancho, atadas unas con otras muy fuertemente, un lienzo 
ó cañizo de largo á largo y otro atravesado; y por ser esta made- 
ra tan dura como hueso y llevar tortísima contestura, es bastan- 
te á reparar el tiro de una saeta de ballesta castellana. Oou es- 
tas rodelas se escudaban y defendían de las piedras, que con 
hondas se tiraban, que es una de las más dañosas armas ofensi- 
vas que usaban." (1) 

Pasando ahora al !N0< encontramos el reino floreciente de Mi- 
chhuacan. Dejando para su lugar lo correspondiente á su histo- 
ria, fijaremos sus límites copiando lo que ya hemos dicho en otra 
parte. El P. Beaumont, que escribió en vista de los planos y de 
los documentos de les tarascos, asegura que: "Guando se descu- 
"brió por los cuatro españoles mencionados, Oaltzonzin rey de 
"Michoacan, era también señor y soberano de la provincia da 
"Xalisoo. Partía sus confines con los de México en Yxtlahuacan, 
"distrito de Tula, y de allí hasta la mar del Sur, exündiéndose 
"160 leguas, y desde la provincia de ÍSacatula atravesando hacia 
"el Norte hasta Zichu, más de 160 leguas, en 'cuyos términos se 
"incluían grandes poblaciones, como la ciudad y provincia de Mi- 
*'choacan^ y las de Zaoatula, la de Taximaroa, y los pueblos di- 
"chos de Avalos, é infinidad de otros abundantes de gente belico- 
"sa." (2) Da á estas posiciones cien leguas de E. á O. ciento cin- 
cuenta de N. á S., con 350 de circunferencia, entre los 17^ hasta 
cerca de los 22^ lat. N. Adelante pone como fronteras del reino 
y fortalezas, "Yuririapúndaro, Taximaroa ó Tlaximaloyan, Mará- 

{!) BdBoion de Metztitlan. MS. 

(2) CnSnioa de la proyincia de S. Pedzo y S. Pablo de Miohoaoan, por el B. P. 
Fr. Pablo de la Potísima Conoepoion Beanmo&i. MS. ea nuestro poder. Cap. 9. 



"^ratío, Tflitáouaro, Aoámbaxo y Tzüiapéouaro. La capital era 
'^Izintzontzan ó Ghincila, dicha por los mexicanos Haiteiüdlla.*' 

Ea el plano que á la obra acompaña está marcada la línea de 
ciróiinscripcion. Marcarían las fronteras Atoyac, Sapotan, Tete- 
la, Xochitlanj Outzamala, y hasta cerca de Tepecuacoillo 6 Ygna- 
la en el Estado de Guerrero; pasaría junto á Temasscaltepeo y el 
valle de Tolueai dejando dentro del perímetro á Tlalpujahua^ y 
Oontepec; comprende á Querétaro, Chamacuero, Toliman, Toli- 
manejoy Q. Miguel el Grande y Zichú; dejaría fuera el terreno 
ocupado por los chichimecas blancos; tomaría por Apaceo el curso 
del rio Tololotlan, y desviándose al N. tocaría en territorio del 
Estado de Durango, para concluir en la mar del Sur con el cur- 
so del rio Chiametla. Mucho de ésto es evidentemente falso, pues 
consta por el testimonio dé la historia que no todo aquello co- 
rrespondía al Michhuacan. 

Boturini (1) copia la demarcación dada por Beaumont, sin otra 
diferencia que poner distrito de Tdnca, donde éste escribe distri" 
ío de Tula. 

Beaumo^t y Boturini copiaron del siguiente documento, que 
nos proporcionó el Sr. D. José Fernando Bamirez. (2) 

^Ttem si saben, que Don Francisco Tangajuan Padre de D. 
"Antonio Huitzimengari y Abuelo de dicho D. Constantino hi- 
'^o del dicho D. Antonio, se extendía y tenía á los términos con 
"la provincia de México nueve leguas de ella, ha^ta Yxtlahuacan, 
"que cae en el distrito de Toluca^ donde llegaron la gente de 
"guarnición de dicho D. Francisco Tangajuan, gran Cazontzin,y 
"desde dicho pueblo de Yxtlahuacan hasta la mar del Sur cien- 
"to y cincuenta leguas, y desde la provincia de Zacatula atrave- 
"sando acia el Norte hasta Sichú, que son másjde ciento y sesen- 
"ta leguas, en lo cual entran y se incluien muchos, y muy gran- 



(1) Ide* de una nuera hiftom, pág 26 del Catálogo. 

(2) **Notidas saoadae de una informaoion judicial, practicada en 1594; á pedimen- 
to de D. Conatantino Hnitaimengari, nieto de Caltarntzin, ifltimo rey de Miehoa- 
oea, oon el objeto de probar la extensión de ena dominios. La determinación genén- 
cade loa límitea, se encuentra en la siguiente pregunta del interrogatorio, absuelta 
de conformidad por los testigos. El documento que aquí se extracta es copia, no 
mwf eorreota, que sacó D. Ifariano VcTtia de la de Boturini, quien menciona su ori- 
ginal en el § XIY vúm. 8 del Catálogo de aa Mu$to Tndian4f\ Nota del 8r. Ba- 



ao8 

''des pueblos, qne hasta agora están poblados de mnobo núme- 
''ro de gente como son la oindad y provincia de Michhuacan y 
''la de Culima, y Zacatula, pueblos de Avalos, y todos los demás 
^'pueblos contenidos en el Memorial firmado de dicho D. Oons- 
''tantino, qne pide se maestra á los testigos para que digan lo 
"qne saben.'* 

''Los pueblos de la corona real qne caen en el Obispado de Mi- 
chhnacan son los siguientes: 

''Jlfichhuacan y sus barrios de la Laguna, Arimao, Ouiseo, Ca- 
^'pula, Ginagua, Ghocándiro, Ouaníqueo, Guanajo, Xaso, Necotlan, 
''Teremendo, Tiripitio, Tinguindin, Tlapalcatepec, Taimeo, Jn- 
cato, Zinapécuaro, Maravatío." 



Vcareo 

Tuzantla 

Asuchitlan 

Oirándaro 

Ouayamco 

Ghilchotla 

Xacona 

Tazazalca 

Xilotlan 

Xiquilpa 

Liitlan 

Tancítaro 

Orirapúndaro 

Águila 

Estopila 

Huitlan 

Alima 

Acauhtlan 

Atliacapan 

Gaxitlan 

Ouzoatlan 

Zacalpan 

Escayamoca 

Ecatlan 

Quacoman 

Guepantitlan 



ümaíacatlan 

Mitlan 

Macuillititzaquala- 

Pistlan (yan 

Goscaouauhtlan 

Motin 

Maronta 

Papatlan 

Pomaro 

Pasmona 

Gomayahua 

Petlazoneca 

Tezoacan 

Tlacoabayan 

Tecolalpa 

Tlaohinatla 

Tamatla 

Tepetitango 

Tecoman 

Tlacatipa 

Tecoxhuaca 

Tecociapan 

Xolotlan 

Xecotlapa 

Xuluapa 

L^tlahuacan 



Yescatlan 

Alimanxi 

Alcozahuimitlanexo 

Almoloya 

Ghiapa 

Epantlan 

Guacatitlan 

Nahualapa 

Ocotlan 

Tecocitlan el Tiejo 

Xicotlan 

Oztutla 

Auatla 

Ensaputlanexo 

Gohuatlan ^ 

Gontlan 

Goyre 

Gihuitla 

Otro Gihuitla 

Ahuatlan 

Ghacala 

Cihucatlan 

Ghipila 

Mescalohu&can 

Miquia 

Pantla 



909 



FoohotlA 


Ilinitlan 


Chápala 


Pnttlan 


Ixtapa 


Zazola 


Quetzalapan 


Aoliihnilí 


Tzacnloo 


Atlan 


Haitlalotlaii 


Cooula 


Qnahqnatla 


' Hnixtlan 


Teoauztlatlan 


Tohtotla 


Lanava 


Tepeqne 


Tepolohico 


ToIimaB 


Tecohnatotla 


Tecpan 


Zozotlan 


. Ooqtdxnatlan 


Taloaoan 


• Azutla 


Xocoiepeo 


Tecomatlan 


Atechoneala 


Tozpa 


Texoapan 


Axalo 


• 

Tzapotlan 


Tepetina 


Qnixtlan 


Tamazula 


Ximalcota 


Axmiqne 


Pungarabato 


Ihuitlan 


Amaqueca 


Cachan." 


Yanstepeo 


Atoyao 





Si buscamos en nnestra carta general los pueblos que ann du- 
ran de la nómina acabada de copiar, no darán ni con mucho, la 
extensión asignada por Huitzimengari y por los dos autores que 
le copiaron, al reino de Miohhuacan. 

Para irnos acercando á la verdad, hé aquí otro documento, de- 
bido igualmente al sabio D. Fernando Ramírez. — ''Kómina es- 
tractada del ** Cuaderno de tasaciones fecho de ciertos Pueblos 
f'de la Provincia de Miphoacan por el Br. Ortega, Alcalde Ma- 

"jor en ella. á pedimento del Lie. Benavente, Fiscal de Su 

"Mi^estad de la Beal Audiencia." — Bn miércoles 31 de^ Abril de 
1528. 



Golantia 

Oolatla ó Coyuca 
Pungaravato* (a) Ta- 
•^ (zantla 
Dequ» (a) Asuchitlan 
Guaymeo 
Cuhseo 
Zinagua 
Guaviquaran 
Animaro 
Sicactan 



Tepacatepeo 

Amula 

Tamazula 

Tuehpa 

Zapotlan 

Avalos 

• 

Sindonguaro 

Ohaudan 

Quaraquio 

Zirándaro 

Tacándaro 



Tucatl 

Mazamitla 

Xiquilpan 

Guarachan 

Cauayo 

Tarecuato 

Chilchotla 

Artlaga 

Tazazalca 6 Yragato 

Tlatzan 

Zacapo 

27 



sao 



Farándero 

Comanja 

Vcareo 

Tanoitaro 

Vrbaya 

Taimeo 

Acámbaro 

Gaaniqaéo 

Guraandiro 

Catzan 

Capula 

Mazamila 

Tatzazalbo 

Cavigaran 

Lacacaguana 



Iztapa 

Vruapa 

Canicaaran 

Tepehuaoan 

Oinagua 

Tacambaro 

Yorirapnanduro 

Guaoana 

Turicato 

Cuiseo 

Ohuíoáüdiro 

Xaoona 

Yuriragnadn^o 

Chararo 

Maravatio 



Taximaróa 

Indaparapeo 

Tanchitaro 

Teremendo 

Jaso 

Tíripitio 

Nara&jau 

Tamazalapaa- 

Zaynla 

Atoyao 

Tancitata 

Ohilnatia 

Tzacoalpci 

Cooula 

Colima 

Motín 



''Sacado de la copia d». Yeytia j MSS. d^Bobtrimi, eitadoa en 
la nota de la nómina anterior." 

El Sr. Lejarza asegara que el reino de MiokoMan^ "ecoUlnaba 
''hacia al Oriente y medio dia eon loa dominios de toa mexieanos, 
''y BapubHoa de Mablaleingo; por el Norte oon las tierras de Ips 
"obiüMmecas y por el Koroeeie oon otroe diyereoB eetados inde- 
''pendientes.. Ixtlahuaoatt» Zicb4 OhapaUae» y el mar Fiacífi^o 
■^eran como ka frontaBas» deeiereudo fieu limites por todos k^ 
"dos." (1) 

"El reino de Miohuacan, dice Olavigero^ (2) que era el más eo- 
cidental de todos, confinaba por Levante y Mediodía con los do- 
minios ^e los Mexicanos; por el Norte con el país de loiiOhicki- 
mecos y otras naciones bárbaras, y hacia el Oeeidente» con b1 
lago de Ghapallaín y con algunos estados independi^itee« La ca- 
pital Tzintzantzan, llamada por loa MexioaAOS Haiisitzillai es- 
taba situada á la orilla oriental del hermoso lago de F^acuaro. 
Había ademae otras ciudades importantes como las de Tirlfífeio, 
Zacapu y Tarecnato." 
. De estas autoridades comparadM y de la lectura atentado bus 

(1) AnáÜBÍfl eitftcUstioo de la proTÍnoia de lÜohotean, por D. Jaan Joié Miurtllaes 
de Lejarza, México: 1^24. 

(2) Hist. antigtta» lom; 1, pág. 1. 



9U 

atómaaa aseamos, qad el reino d» MMihiiao»Q confisáfa» al H 
ooa al reino de Tlacopan é imperio de México; ál N. £. ee e&te»- 
día kaata Zichú» al N. su líinile natural era el lago ^e Olu^aUo^ 
y al N. O. ieaía eatodos independientes; al S. oontaba algunos 
paebloe wi la provincia mexicana de ZaoatoUan, aunque el liada 
natnral &ra el rio Megcalta; al O. con el reúio de Oolimfe^ fooán* 
dolé de la costa del Pacifico la intermedia entre las fronteraa ét 
Colima j el rio Zaeatollan. Abarcaba el actual Estado da Mi^ 
cboacan, con fracciones de Qaerétaro j de Xalisco* La majot 
parte del territorio estaba ocupada por los tarascos, que hablan 
\ma lengua par|ieular; la parte N. E. estaba habitada por oto 
flftíes y por tribus ebichimeoas, en el centro y al E. vivinii los 
matlateinoa 

El reino de Oolima confinaba al N. coa señoríos indepeúdiatt- 
tea; al E. y S. con el reino de Michiiuacan; al O. con el mar Pa^ 
(ttfieo. Tenía como subordinados en los tiempos de la conquista 
cuatro jefes; Zoma, rey de Xicotlán^ Gapaya» rey de Autlan; Mi- 
Bottaooya, rey de Tzapoizlan, y el señor de Zauyan ó Zayulaqulaa 
tMÍa capitanes de armas en PisicÜan, Tuxpam, Tamasula, Tsar 
potlan» Cocuis^ Teculutlan, Tzuohimiloo». Tuito^ Ohaoidan, Xi*- 
quilpan, Acatlaa, Ameca, Tzacnaloo, Tchaluta, y Amacueca (1). 
En toda aquella demarcación se hablaba la lengua nahoa» y todo 
d rráio comprendía el actual Estado de Oolima^ máa una frac- 
ción de Xalisoo. 

Sasta aquí llegaba propiaiaente la oireunscripcion de los pua^ 
blos de civilisacion nahoa; en este espacio florecían las ciencias 
y Ita artes de los tolteca. Fijándonos ahorft en el amplio terri- 
torio que id N. se extiende, enoontraxemos dos divisiones bien 
abarcadas; la del N« O*, banda respectiyamenie estrecha á lo lar- 
goda las costas del Pacifico, ocupada por tribus qne sino eran 
dviUiaadas habían dado los primeros pasos en el camino del ade^ 
Unto, fijándose en la tierra de una manera permanente; la di- 
lision del N. £. ocupada por tribus broncas y vi^abundlb& 

Al N. Oi la lengua nahoa se encuentra en Xalisco y hasta Si- 
aalba. Queda todaTÍa patente que las emigraciones de la inmen- 
áafaraiUaí nahuaü no solo pasaron por aquí, sino^e dejaron es- 

(1) EOflUnia de la conqniíta de la Kaera Galioia esoríta por el Lie. D. liatíaa de 
la Mota Padilla. MévMO, 167D. Cap. XIL 



» \ 



212 

tableoimientos fijos; las relaciones qae la familia tiene oon los 
pvebloff del N. demuestran plenamente qne sti cuna quedaba ei» 
a^tiel rumbo. La conquista de aquellas rejones es anterior á la 
peregrinación de los mexica. De su biatoría no queda otra cosa 
que la tradición conservada por Pantecatl, hijo de Xonacatl, se<- 
ñor de Aoaponeta, recogida por .el P. Tello j copiada por Beau*- 
mont (1). Según ella los invasores eran oriundos del N.; estre- 
chados por las montanas penetraron en Sinaloa por Petlatan,. 
Cluliacan 7 Chiainetla, adelantando hasta Xalisoo, en cuyo terri- 
torio se extendieron hasta el lago de Ohapallan. Diez anos des- 
pués hubo una segunda invasión procedente también del remoto 
Chieonostoc que siguió la marcha por Oohuátlicamao, Matlaca- 
hualan, Panuco á los llanos de Chimf^lco ''que son los valles de 
*'la Puana, Xuchill, Nombre de Dios, donde están los pueblos 7 
^'IugareB'de Pipiolconic, Chimalcoi Matlacahualan, Cohuatlica- 
''mac;" tomaron por Sain, Fresnillo, Truxillo, Yalparaiso, Zaca- 
tecas, Xerez 7 en el valle de Tuitlan fundaron la celebre ciudad 
«i^as ruinas ee conocen 1107 por de la Quemada: de ahí salieran 
á conquistar los valles de Tlaltenango, Teul, Xuchipila 7 TetE>- 
oaltiche. Ajsi, la invasión se había operado, no solo sobre los üs- 
tadoB de 8inaloa 7 Xalisco, sino sobre los de Durango 7 Zaca- 
tecas. 

W país estaba ocupado pbr diversas tribus en estado salvaje, 
á las cuales dan los nombres de cazcanes 7 tepehuanes en Zaqb^ 
tecas 7 Durango, 7 para Xalisco cocas, tecuexes, choras, jecual- 
mes, gojoles,.tejoquines^ apócanecos, tza7ahueco3 ¿c, los cuales 
eran, cazadores, andamian desnudos 7 carecían de domicilio fijo. 
De los invadidos, los unos se mezclaron oon los vencedores, dan- 
do origen con sua diversas lenguas á la corrupción de la nahoa; 
los otros se retiraron, encastillaron 7 defendieron conservando 
su natural independencia. Los eoras ó choras se encerraron en 
las montañas del Na7arit, otros se refugiaron en' las serranías 
Tepic, Xora 7 Ahuacatlan. Donde los nahoa fundaron Teocalti- 
ohe vivían los teouixis, á quienes pertenecía la comarca en que ee 
fundaron Alitic, Xalostotitlan, Mexticatan, Yahualica, OJaootlan^ 
Teocaltitlan, Ixtlahuaean, Guacuala, Ocotic 7 Aoatie: "eatoa te* 
cueces llaman á los indios cocas de toda la provincia de Tonalan^ 

(1) Or($xdoa de Miehoaean. MS. Cap. 23. Mota Padült, cap. 1. 



ai3 



N 



qae no eran de bu lengua tlaxomnlteoas." (1) Esioe tlaxomultecae 
hablaban lengtia partionlar y habitaban en Tlajomnlco. En la pro- 
TÍnoia de Zentíspac vivíanlos torames, y en la de Acaponeia, al N. 
los iepehuanes, al E. los ooras, y al S. confinando con los torames, 
los tzayahnecos ó ¿ayahuecos. De Jalostotitlan para Comanja 
vadeaban los chichimeca» probablemente de la familia de los ohi- 
diimeoas blancos ú otomíes. LosTecoxines» tecojines, tecoqninesi 
tenían bu principal asiento en el valle de Caotlan, donde aho* 
ra se encuentra Tepic, (2) y se extendían á la Magdalena, Anal- 
co» Hostotipaquillo y barrancas de Moehitiltic/ Estos .tecoxines 
eran los tecos de Michhuacan, de la familia popolocaí que juntos 
con los cazcanes habían penetrado hasta Ameca. (3) En sus re- 
laciones aseguran los religiosos franciscanos, que los ..conventos 
que fundaron en Oolotlan, Nostic y Chimaltitan/ le fueron en 
tierras pertenecientes á la familia de los teules chichimecas, que 
usaban el idioma propio llamado tepecano. Por último, existían 
los gojolea y los acaponecas, á los cuales nd sabemos dar colo- 
cación. 

El nombre del actual Estado de Jalisco lo tomó del antiguo 
reino de Jalisco, cuya capital estaba asentada en un rincón de la 
ot^a parte del rio Seco, en el camino para Compostela, donde se 
notan aún algunps cimientos; en la actualidad es una corta po- 
blación, una y media legua al Sw O. de Tepic. Los. límites del rei- 
no, según el plano MS. de Beaumont, comenzarían en el rio Chi- 
la, dejarían dentro de sí Compostela y Tetitlan, avanzarían al E. 
hasta cerca de Xuohipila y Tlaltenaugo en Zacatecas, volve- 
rían al N. O. hasta alcanzar á Feyoton. en el Nayarit, y dejando 
fuera á Guazamota, terminaría en el rio de las Gañas, incluyen- 
do la provincia de Acaponeta. Semejante demarcación nos pa- 
rece exagerada; el señorío comprendía los pueblos de Túxpam, 
Guaynamota, Pochotitlan, Tepic, Huhichichila, Mecatan, Gua- 
ristemba, y Talcocotlan. 

Cuando los castellanos invadieron la comarca fueron muy bien 
recibidos por la reina que entonces imperaba en Xalisco; con- 
iormándose con la dominación extranjera en virtud de la tradi- 

(1) Beaumoni, Crónica de Miohoacan, oap. 21, al fin. 

(2) Mota PadUla, cap. 23. 

(3) Bflacion de Ameca por Antonio de Lejya: 1579. MS. del Sr. García IcasbaU 
4oeto. 



214 

tioñ entre ellos etistente de la venida de los hombres biaiMOS j 
b&rbados. En el centro del pueblo había un aUisiino ieoealli, al 
qué se snbía por sesenta gradas, de planta cuadrangular, encala* 
do y bruñido, con un bracero en cada ángulo, dispuestos los cua- 
tro de tal manera, que el incienso en ellos quemado cubría como 
con una nube el santuario superior. La reina condujo á los cas- 
tellanos al templo, en lo alto del cual estaban los sacerdotes ofi- 
ciando, asombrando % los TÍsitantes que un hermoso papagayo 
descendiera del templo y viniera á posarse manaamente en el 
liombro de la soberana. (1) • 

Ademas del reino de Xalisco existían algunos señoríos inde- 
pendientes. Tales eran los de Coynan, Zula y el de Ponzitlan con 
sus pueblos sujetos de Atotonilco el alto, Zapotlan, Tolotlan, Ayo, 
Aguacatlan, Ocotlan, Otatan, Jamay y Tolotlan. Seguían al E« 
Juanaoatlan, Zapotlanejo, Oolimilla, Tepatitlan, Teocualtitan, 
AfCatic, Matatlan, Ázcatlan, Teocuatitan, Mesquiquí, Tecualti^ 
tan, Jalostotitlan, Alitiqui. Al N. de Cüolima, estaba Tonalan con 
sus pueblos Tololotlan, Tlaquepaque, Cuescomatitlan, Coyula, 
Tetlan, Atemajac, Zalatitlan, Tetlan, Atemajac, Mesquitan, Oo- 
yutlan, Analco, Tateposco, Flajonralco. Quedaba adelante Zapo- 
pan con sus pueblos Cópala, Nestipac, Tepetitlan, Zoquipa, Oco- 
tilan, Tacotlan, Huentitlan, Tesistnn, Zcatan. En las cercanías 
del lago de Ohapalla se veían Tlayacapan, Cósala, Zapotitlan, 
Oyastan, Mexcalla, Tlalohichilco, Yxtlahuacan, Eczican, Tocóte- 
pee, Cajititlan, Axixia, Chapalla, Tizapan, Tala y Teuchitlan, Al 
O. quedaba Etzatlan con sus pueblos: al N. Juchitepec, y ade- 
lante Camotlan, Amatlan, Amatlan de Jora, Atenamica y otros va- 
rios. 

Incuestionablemente que aquellos pueblos, aunque de filiación 
nahoá, estaban muy menos adelantados que los méxica; ademas, 
quedan pocas noticias suyas, pues no dejaron pinturas jeroglíñ- 
cas. Su religión era confusa y mezclada. Adoraban & Piltzintli; 
el dios niño, el cual se apareció á Cuanameti en las llanuras de 
Yxtlahuacan Nepantlatli; tenía la figura de niño, enseñando á 
sus devotos que había en el cielo un Dios creador de todas las 
cosas; el cielo era de plata, había muchos plumajes y piedras pre- 
ciosas, viviendo una señora que jamas envejecía, de la cual ha- 

(1) Hoto Padilla, oap. XII Beanmont, cap 93. 



216 

bfam tomado éarne los hombres; á ese mismo niSo debían los m« 
eos y laefleelias para defenderse de bus enemigos. Piltzintli parece 
ser idéntSoo al Piltzinteeuhtli, dios de los nmos de los méxioa; 
era námen ptiooípal de los de Aoaponeta, cuya proyincia se dio 
de buen: grado á los españoles» por haberle oamplido la predio^ 
oion de qoe llegarían de donde nace el sol loa hombres blancos j 
barbados. (1) • 

PUtBÍntii ó Teopilt&antli era dioe de los temporales. Demás de 
él reeo&Odían aquellos pneblos á Herí, numen de la ciencia, el 
cual había pronosticado la llegada de los ccmqnisiadores blan** 
eos, y Nayarit representado con arco y flecha en las manos, dios 
de las batallas. (2) No quedan rastros de grandes teocalli que 
pudieran atestiguar la^grandeza de su culto; se menciona que te- 
nían sacerdotes, practicando los sacrificios humanos aunque en 
much^ menor escala que los méxica. 

Sus armas ofensivas el arco, la flecha, la honda y macuahuitl: 
las defensiyas el chimalli: los señores y jefes entraban sin armas 
á la batalla, Ueyando solo un bastón en la mano con el que sa- 
cudían á los cobardes é inobedientes. Sus habitaciones eran de 
adobes: sus artes poco adelantadas consistían en tejidos grose- 
ros» curtir pieles, fabricar trastos de barro: el traje correspondía 
á su rusticidad y solo las mqjeres iban cubiertas honestamente. 
Cultiyabanmaíz, frijoles y calabazas. 

En el pueblo de Tetlan, del señorío de Tonalá, había un numen 
llamado Tetlan, al cual representaban en ñgura de hombre, te- 
niendo una piedra en la mano; abogado era de los del pueblo, por 
cuya causa los moradores usaban como arma principal la honda 
y la piedra. En nuestro concepto, el nombré del uno y del otro 
tuvieron origen en un fenómeno natural, pues Tetlan, de fc^Z pie- 
dra, y con la preposición Han quiere decir, junto á la piedra. "A 
"la orilla del pueblo, en la parte oriental por donde pasa el arro- 
*llo existía un grande y grueso peñasco de cerca de tres varas de 
"elevación y dos y media de diámetro, sobre otros de menos mo- 
"le, apoyados en puntos diamantinos y en tan fiel paralelo y en 
"tal proporción y equilibrio, que tocada la piedra con un dedo 
"se movía, y aplicada la potencia de tres caballos permanecía 

(1) Beanmant, Cixm. de Midiuaoan, cap. 23. M8. 

(2) Moto Padilla, cap. l. 



216 

'Inmóvil, no excluyendo esta potencia la de diez ó más/* El pue- 
blo de Tetlan, poco después de la conquista, fué trasladado á 
San José de Analco; la piedra quedó movible en su sitio, respe* 
tada por los dueños del predio, hasta que habiendo pasado á 
manos de un bárbaro propietario, por evitar el tráilisito • de los 
curiosos, la destruyó en 1853 por medio de la pólvora. (1) 

La» tribus nahoas, como antes hemos indicado, se extendieron 
también sobre los actuales estados de i^aacalientes y Zacate- 
cas, fundando los principales señoríos de Teul, Teocaltiche, Ilal- 
tenaiígo y Xuchipila, con otros de menor importancia como 



Tenancingo 

Mecatabasco 

Apotzol 

Moyahua 

Nochistlan 

Yahualica 

Teocualtitan 

Guacuala 

Teponahuasco 

Tuchitlan 

Manalisco 



Huejotitlan 

Teooaltitanejo 

Teocaltitan 

Huejucar 

Nostio 

Xalpa 

Jayagua , 

Metzquituta 

Guixpalau * 

Mesticatan 

Tlacotlan 



Ytztiahuacan 

Ocotic 

Contla 

Suisquilco 

Tepec 

Meohoacanejo 

Acasico 

Tlahusagua 

Mexquitio 

Tenzonpa (2) 



Siguiendo siempre la costa, el nahoa avanzaba hasta Sinaloa: 
subsiste ahí la población de Ouliacan ó sea Gulhuacan, cuyo nom* 
bre ha dado lugar á extraviadas conjeturas. Aquí terminaba la 
lengua propiamente dicha, debiendo advertirse, que el número 
de gente y su civilización iban]menguando á proporción que ocu- 
paban más altas latitudes. 

Al E. de los pueblos que acabamos de enumerar, había otros 
que servían como de transición á las tirbús salvajes. Los prime- 
ros que se presentan son los otomíes, ya nombrados en el impe- 
rio de México; éstos también iban siendo más y más broncos á 
proporción que al N. avanzaban. Los no sujetos álos emperado- 
res de México ocupaban los actuales Estados de Qaerétaro y 
Ouanajuato, con una fracción de'S. Luis Potosí Confinaban al 



(1) Mota Padilla, oap, VL En la nota pág. 42. 

(2) Hilarión Bomero Gil, Memoria sobre loa deaoabrimientoa que loa eapafiolaa 
hicieron; ¿m^ Boletín déla Soo. de Geogr. tom. 8, pág. 493. 



217 

N. con los pames j onaehiolifles; al O. oon los uahoa^ al S. com 
los. táraseos. En aquellas comarcas la triba estaba en nn estado 
incipiente de adelanto* Según sus creencias, los nacidos proce- 
dían de los dioses llamados Padre viejo j Madre viejai "y que 
''éstos habían procedido de nnas oueyas questán en un pueblo 
"que 80 dice Ckiapa^ que agora tiene en encomienda Antonio de 
'la Mota, hijo de conquistador, questá dos leguas del de Xilo* 
''tepeo háeia el medio dia." (1) Llámase ahora el pueblo Ohiapa 
de Mota, en el Estado de México. ¿Será éste el célebre Ohico- 
moztoc de las tradiciones aztecas? 

Las tribus bárbaras merodeaban sobre aquellos terrenos; aun- 
que de procedencia cuachiohíl las relaciones, les llaman ¿etaccAi- 
thimeca 6 chichimeca blancos. La denominación chichimeca pro<- 
piamente se refiere solo á la nación bárbara, de lengua particu- 
lar, que*del NO. vino á destruir el reino tolteca y con su unión 
con los acolhua dio nacimiento á la monarquía de Aculhnacan; 
en seguida el nombre de singular pasó á colectivo, pues los es- 
critores llamaron indiferentemente chichimeca á toda tribu sal- 
vaje, sin atender á su filiación etnográfica, ni al lugar de pro- 
cedencia. 

Hemos visto que los choras ó coras quedaron encerrados en 
la sierra del Nayarit por la invasión nahoa; ésta misma redujo á 
los huioholas y á los oolotlanes ¿ estrechos límites al E. de los 
coras. Los tepecanos, al E. de los huicholas y de los coras, con- 
finaban al N. con los zacatecas y al S. oon loa cazcanos. Los teules 
ohichimecas 6 cazcanes lindaban al S. con los cocas y*tecuexes, 
al N. con los tepecanos y zacatecas; sus principales pueblos des- 
de el valle de Tlacotlan eran Xuchipila, valle y rio de Nochistlan, 
Tlalfbnango, Teocaltiche, Tenancingo, Talpa, Mecatabasco, Ja* 
yahuo, Hezquitituta^ Moyagua, Ouíxpalan, Apulco, Tenaynca, 
y otros. (2) £ki el pueblo de Tiuxl ó Teul, corrupción de teotl^ 
dios, tenían su principal adoratorio y fortaleza, ''nombrado en 
"todo el reino por estar en él el templo grande de los ídolos y 
''casa de adoración, á donde todos los indios de diversas partes 
"ocurrían á éstos á cumplir sus votos y adorar sus dioses; esta- 

(1) Beladon de Qnerétaio por el alcalde ¡xoftyor Hernando de Vargas: 1852. UB. 
del Sr. D, Joaquín García loazbalceta. 

(2) Beauaont, cap. 22. Mota Padilla, oap. IX. 

!28 



218 

''ba este pueblo delfTenli en 1& mesa que baoe una peca tajada 
"en la oiroanferenoiai con solo nna entrada por la que ae ñvibÍA 
''por nmos esoiáenes grandes: sa población j asiento forkíaimo» 
"j en medio de la mesa,Ien una plaza bies, capas,* manaba una 
''fuente de agua dulce^ la que se recogía en una alberca fabriea- 
''da de pulidas piedras, j la circunferencia de la plaza ocupaban 
''las casas de seis mil indios moradores." (1) 

Los tepehuanes partían términos al N. con los taradiuauBuaes y 
condios; al £. con los irritílas y zacatecas^ al S. con los zacatecaa 
7 los coras; ai^O. con los nahoa^ los xiximBSf acaxee y tebaoa» y 
otra Tez los nahoa: asi la tribu se «xtendia desde Ohihuabua, 
por Durango y Zacatecas, hasta conftnar con Xalixco. De (éstos ao 
dice que tenían las mismas costombres de los de Sinaloa, aumeCi*- 
tando en particular el P. Fonte lo siguiente acerca de los del piur^ 
tido de Ocotlau. "Estos ge&tiles guardan la ley natural con gran* 
"de exactitud. £1 hurto, la mentira» desonestidad est& muy lejos 
"de ellos. La§más ligera falta de recato ó muestra de liviaüdad 
"en las mujeres, será bastante para que abandoné el marido A 
"las casadas y para jamas casarse las doncellas. La embriaguea 
"no es tan común encestas gentes como en otras más ladinas, no 
"se ha encontrado entre ellos culto de algún dios, y aunque con- 
"servan de sus antepasados algunos ídolos, más es por curiosi- 
"dad ó por capricho, que^por motiro de religión. El más famo* 
'%o de estos ídolos era uno á quien llamaban Yamari, y había 
"dado el nombre á la principal de sus poblaciones. Era una pie* 
'*dra de cíhco palmosgde alto, la cabeza humana, el resto como 
"una columna, situada en lo más alto de un montecillo sobre que 
"está fundado el pueblo. Ofrecíanle los antiguos, flechas, olías 
"de barro, huesos de animales, flores y frutos." (2) Contradice* 
se el buen religioso, supuesto tener dioses que adoraban. 

Las emigraciones nahoa dejajron huellas en aquella comarca. 
Cerca del Zape, "en la sima de la roca, nace una fuente, y al de* 
"rredor hallaron los padres muchos ídolos y fragmentos de oo- 
"lumnas al modo de las que usaban los mexicanos. En el ralle 
"observaron también algunas ruinas de edifídios, que les hicieron 
"creer que habían hecho allí asiento los mexicanos, en aquella fa- 

(1) MoiB Padilla, cap. X. 

(2) Alegre, Hisi de la Compaflía de Jesús, tom« 1, pág. 452. 



219 ' 

*teo8&]ornatTa desde las regiones septentrionales que están cons* 

"tantes en aits historias^*' (1) Nota el antor que los nombres de * 

"Atotonilco/Ocotlan, y otros, son mexicanos y dice: "Cabando de- 

'%mte de la iglesia que ahora se fabrica, se hallaron á cada paso 

'•ollas bien tapadas con cenizps y huesos humanos, piedras de va- 

**rios colores con que se embijan, metales y otras cosas, y lo que ; 

'*lea causaba más admiración eran las estatuas y figuras que des- 

''cubrían de varios animales. A mi me la causó ver una que pa- 

**recía vivamente un religioso con su hábito, cerquillo y corona 

"niiiy al propio. Y lo que he podido entender de indios muy vie- 

'^09, es que pararon aquí los antiguos mexicanos que salieron ' 

**del Norte á poblar ese reino de Máxico, y no debieron de ser 1 

''pocos, pues una media legua está llena de estos como sepul- j 

"oros y ruinas de edificios y templos." (0) 

liOfl'acaxees pertenecían á los actuales Estados de Durango y 
de Sinaloa; tenían al jI7. y al E. á los tepehuanes; al O. los teba- 
oa y los sabaibos; al S. los xiximes. Ocupaban la sierra llamada 
Topia, cuyo nombre se deriva de que una india vieja se convir- 
tió en piedra, en forma de jicara que ellos en su lengua llaman 
iopiaf y era adorada en el valle más ancho y bien poblado de 
aquella región. La palabra acaxee parece ser la mexicana acaxitl^ 
alberca, y topia corrupeion de ioptl% ídolo ó efigie de una divini- 
dad. 

"Vivían los acaxees junto á los ojos y charcos de agua, en pe- 
quenas fracciones y sobre los picachos y mogotes difíciles de 
trepar, pues aunque eran de una misma nación y lengua, las ran- 
cherías se hacían entre sí continuada guerra; era la causa que 
por pequeño que fuera el agravio que alguno recibía, luego reco- 
gía á sus parientes y con ellos tomaba cumplida venganza; y á 
su turno este segundo obraba de la misma manera, y así nunca 
terminaba la querella. Iban á la guerra con todas ísus riquezas 
de tilmas, chalchihuites, plumería y armas. Estas consistían en 
arcos, flechas, carcaxes de pellejos de leones, lanzas de brazil 
colorado, y se adornaban con "una cola hecha de gamuzas teñi- 
"das negras, y sacadas unas tiras largas que salen de un espejo 
"redondo, puesta en una rodaja de palo tan grande, como un 

(1) Alegre, Hist. déla Comp. tom. 1, pág. 415. * 

■ 

(2) Loco cit., tom. 2, pág. 54. 



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' 220 

^'plato pequeño^ y esa asentada en el fin del espinazo, baja la- oo- 
^'la hasta las corbas en un cordel con que van ceñidos." La mar 
cana llevaban atravesada como daga, la tilma atravesada por el 
pecho 7 la cara, las piernas y los brazos pintados ó embijadoei 
de amarillo ó de negro de ollin del comal con ceniza; el chimalli 
guarnecido de plumería, ''los cuales son como las vaseras de vi* 
drios y cálices con los cuales se revuelven y adargan metido 
todo el cuerpo debajo de ellos.'* En la mano izquierda tenían el 
arco y la lanza, con la derecha flechan^ y en cayendo hn enemi* 
gO| con una hacha pequeña le cortan la cabeza, y ésta se llevan 
si no pueden todo el cuerpo. En volviendo á sus tierrasi ''si traen 
algún cuerpo, media legua antes de llegar al puebloi para que 
las mujeres que ayunaban mientras iban á la guerra y las da- 
mas que Qstán en el pueblo les salgan á recibir; ellos esperan 
en un puesto que para ello tienen señalado, donde hay muchas 
^'piedras lachas á manera.de canal, largas, de más de cuatro piéa 
j cubierta como albañal, por las cuales van metiendo los cuer- 
pos que traen, y dan á la£i mujeres las manos para que las lle- 
ven colgadas al cuello como nóminas." Llegados á sus casas que 
son de terrado y con puertas muy estrechas, junto al árbol de 
zapote que tienen en el patio (y al pié del cual dejaron una fle- 
cha ó un hueso de hombre muerto para que su ídolo les diese 
victoria) sobre una piedra lisa dejan la carne mientras la ponen 
á cocer; luego desmenuzan el cuerpo, cortándole por las coyon- 
turas y le ponen en dos ollas, teniendo cuidado del fuego dos vie- 
jos destinados al intento, durante toda la noche que los demás 
gastan en baile y regocijo con la cabeza del muerto en las ma- 
nos. A la mañana sacan los huesos mondos, que guardan en sus 
casas fuertes con las cabezas ó los cráneos en señal de sus victo- 
rias. La carne deshecha ya, la reyuelven con maiz ó frijolea co- 
cidos, y á cada uno de los que asistieron al baile dan su percipa 
en un cajete; la primera ración pertenece al ídolo y al guerrera 
vencedor, á quien hacen un agujero en el labio inferior en medio 
de la barba que pasa de un lado á otro, por el cual meten un 
hueso con un botón por dentro que sale de fuera como tres dedos» 
se hacen tantos agujeros cuantos hombres han matado. 

Ayunan rigurosamente, y mientras dura, ni comen cosa oon sal, 
ni tocan persona, ni hacen nada, solo comen un poco de maís 
tostado ó pinole, que beben en una calabacilla que traen oolga- 



281 

* ■ 

dft en señal del aynno: éste gnardan cuando ran i la guerra, 6 si 
Ten algnn xixime que son sus enemigos; cuando siembran, cose* 
ohan, pezcan 6 tienen devoción. Llaman á sus ídolos Tesaba y al 
principal Nejnncame, ^1 qne todo lo hace: elnémen protector de 
las sementeras era de forma de ponejo 6 venado, á fin de qne és- 
tos animales no las talaran; el qne onidaba de la caza de los sier* 
TOS, nnas grandes astas del mismo cuadrúpedo; una águila muer- 
ta era el dios de la volatería y un navajon de pedernal cuidaba 
de que las flechas no se descompusieran. Otros ídolos había eu 
figuras humanas ó solo las cabezas, entre las cuales había una 
^ue ''era la cabeza de un hombre bien hecha, con un cucurucha 
"como de capilla de un fraile capuchino." Cuidaban de los dio- 
ses unos sacerdotes, que finjen tener el poder de sanar las en- 
fermedades por medio de cpnjuros, hablar con los ídolos y reme- 
diar las necesidades de la comunidad, por el imperio que tienen 
sobre los elementos. 

''Tienen estos ídolos unos altares muy fijos, hechos de figura 
"circular, comenzando con un círculo muy pequeño, dp compás 
"de dos palmos, y sube una vara en alto, hecho de piedras Ua- 
"nas con barro y luego otro mayor que cerca aquel del mismo 
"altar, y luego otro y otro hasta ^[ue viene á ser un compás de 
"dos varas. lEn este altar tenían los ídolos y ofrecían las ofren- 
"das, y cuando no había otra cosa, ofrecían y ofrecen todavía 
"una hoja de árbol puesta una piedrecita encima; otras veces un 
"manojo de zacate, y encima la piedra para que no se vaya. En 
"las juntas de los caminos suelen tener un montón de piedra, en 
"el cual ponen un manojito de zacate y una piedra encima para 
no cansarse en el camino." 

Comunmente andan desnudos; en la cintura llevan ceñida 
un cordel delgado, con flecos y borlas de un geme de largo y 
cuatro ó seis dedos de ancho en la parte delantera; cúbrense al- 
gunos con tilmas de algodón o pita sacada del maguey, teñidas 
algunas veces de azul, 6 de pieles adobadas. Se sientan sobre la 
planta del pié derecho, doblando la rodilla y poniendo el empei- 
ne del pié contra el suelo, causa por la cual tienen allí muchos 
callos. Conservan largo el cabello, cuidándolo con esmero y se 
lo trenzan con cintas blancas de algodón. Traen al cuello gran- 
des sartas de caracoles y conchas de algunos mariscos, j lo mis- 
mo en las muñecas de las manos: se agujeran la ternilla de la na- 



222 

riz, 7 se oüelg^a con an oordo& una piedra verde de las que Ua- 
man ohalohihuites; llevan en* laa orejas muchos zarcilloa negvo0» 
cada uno con una cuenta blanca, ó arillos de plata, ó de oobxe 
"tan grandes como manillas, j en grandísima afrenta entraii ellos 
''cuando alguna vez, estando borraclioa, íes desgarran las orejas." 
Traen algunos ligas en las píernasi hechas de las piernas de los 
venados que han muerto, y lo mismo en la garganta del pié, pov> 
que dicen que así trepan por las montanas con facilidad: cansán- 
dose se sangran de las piernas con una flecha aguda» practican- 
do lo mismo en Ih frente cerca de las cienes cuando les duele La 
cabeza. 

Yendo de camino las mujeres llevan la carga en un cooostíe, 
que tiene la forma de un huacal angosto en lo bajo 7 ancho por acri- 
ba; en éstos va el bastimento, que es el maíz blanco en masorea, 
encima los utensilios para guisar 7 comer, 7 arriba de todo el 
niño ó niños envueltos en una tilma, que allí van durmiendo», á 
los lados van los papaga70s 7 las guacama7a8, que crian j cui- 
dan para tomarles las plumas 7 adornarse con ellas, 7 adamas 
pandjsn las pesuñas de los venados matados por el marido, en- 
sartadas en unos cañutos de caña, que con los huesos de los mis- 
mos cuadrúpedos van haciendo ruido como cascabeles: el hom* 
bre carga á la espalda los muchachos grandeciUoSi 7 en esta 
forma la pareja lleva toda su hacienda. Comen en los saminos. 7 
en la guerra iln poco de maíz tostado, 7 como alguno derramas, 
si van muchos juntos les siguen los cuervos para comer el des- 
perdicio, 7 ésta era señal para descubriif que se acercaban 

Es gente mediana de cuerpo, bien agestada 7 proporcioo^dtti 
de color no mu7 oscuro, 7 no se ra7an el rostro sino los de Uk 
provincia de Baimoa; son alegres 7 conversan con afabilidad 7 
risa; ni son huraños, ni esquivos, * ni melancólicos, ni retirados, 
ni temerosos, sino atrevidos 7 mu7 liberales, que acostumbran 
poner á la puerta de su casa una olla de pinole, 7 de ella bebe 
todo el que pasa, sea propio ó extrañó. Qozan de buen eQtMuU- 
miento, prosiguen con tezon lo comenzado, 7 no les eran ágenos 
algunos rasgos caballerosos. Jugaban i la pelota i la manera de 
los méxica, 7 les era familiar el patoUi. (1) Nos hemos detenido 



Aots«6flea«ll>io. Unrr. cUhút. jdogoogr. 



283 

un tanto en la^desuspoion de eéte pndMo aa4ropó&gO| porque 
tÍMdo de filiaoíoii ihahoa^ sirva para comparar con los pueblos 
cmüzadoB de la misma raea. 

De la misma familia aoaxee Mam los papudóé j los iecayos qae 
▼ivian háeia al miiieral de Topia; (1) y loa baimoa» qne yiTÍan há- 
. da el N. Les coTrespondian también los 9(¿baibo8^ situados entre 
k» tebaea al ^. j los xiximes al Sur. (3) 

Los xiximes tenían al N. á los aoaxeea al K y S. los tepekua- 
nes, al E. á los nahoa, al 8. los qaboa-y tepebuanes. Yiyían 
en el corazón de la sierra, en los puntos más escabrosos ¿intran- 
sitables.' Era sin comparación la tribu más bárbara y brutal; ene- 
miga jurada de los acaxees con quienes estaba en continua gue- 
rra. Más que ningunos otros salvajes, tenían la repugnante y 
atroi; costumbre de comer carne humana; y no solo era la de los 
prisioneros que en sus raanos caían, sino que, para proreer de 
'sustento á su familia, salían á las montañas en busca de un aoa- 
xee como á cassa del renado: los huesos y Ins calaveras los colga- 
ban como trofeos en las paredes y puertas de sus habitaciones y 
en los árboles cercanos. En el traje y en las costumbres eran se- 
mejantes á sus vecinos: traían largo el cabello, trenzado con cin- 
tas de ^versos colores, usaban de las mbmas armas que aque- 
Bos, y hablaban lengua propia, aunque hermana de la acaxee. 

Xios Tebojca^ de la familia d» las tribus acabadas de nombrar, 
q^aedaba al O. de los acaxee.* 

En el actual Estado de Sinalóa, hacia el término del náhoa, 
siguen al N. muchas pequeñas tribus con nombres diferentes. 
Sobre el rio llamado hoy del Fuerte, comenzando por su origen 
en las montañas, se veían los einaloas que dieron nombre á la co- 
marca, y siguiendo al O. los tehnecos 6 tegtiecos, luego los zuaqves, 
y hasta tocar con el mar los ahornes. Los vacoregties 6 guazcwes 
vivían en las playas del Pacifico, sustentándose de la pesca; se 
decían venidos del N. en cuyo suelo colocaban el paraíso y la ha- 
bitación de las almas de los muertos, en cuya memoria, por un 
año entero, daban grandes gritos y sollosos, una hora antes de 

(1) Alegre^ Hist. da U Oom. iom. 1. pág.879« 

OD A1«SM^ Hírt» de U Oomp. t«mo 1, pá^ 43S. Viilt» d«l Obispado de Dozin- 
gr p«r «1 Ufano» S?. D. Pedio XamaMMi, Obupo do sa "DiáonéM, HS< ei^ podor del 
8r. D. /ooé Fernando 



224 

salir 7 de ponerse el sol. Los hatucarts^ qve eran cazadores; los 
comoporÍ8, también pescadores, ocupaban una península á siete 
leguas de Abóme; de carácter feroz 7 Valientes. Los zoes, tzoea ó 
iroe$, venidos del'N. junta con los abomeSTecinosdelossinaloas. 
Los huites brocoSy 7 desnudos vagabundos. Las pequeñas tribus 
de los (xxyrcftíiy nios^ ohveras^ gente bosal, oaJiuimetos resavidos 7 
serranos, chicoratos 7 hasopoHy chicaras vecinos de los chícoratos» 
etc. 

Según los autores que nos han servido de guía, (1) habitan es- 
ios bastos países muchas diferentes, aunque pocas numerosas 
naciones. Causan la diversidad el idioma, ó solo la situación de 
la ranchería, 7 frecuentemente solo la eiiemistad entre pueblos 
del mismo origen. Las chozas son de bejucos ó de carrizos en- 
tretejidos, sostenidos por horcones, con los techados de madera 
revocada con barro; en los pueblos de la Sierra, 7 en algún otro, 
había ademas dos grandes casas de piedra, en la una de las cua- 
les se recogían de noche los hombres 7 en la otra las mujeres, 
para estar espeditos ^os guerreros caso de una sorpresa. Para 
defenderse' de las inundaciones, formaban sobre los árboles más 
juntos una especie de tablados, con tierra encima, para poder 
eneender fuego. Las puertas de las casas eran mu7 bajas, 7* de- 
lante desellas había un cobertizo ó portal á cu7a sombra pasa- 
ban los calores del sol, '7 eu cu7a parte superipr ponían á secar 
los frutos. Cultivaban maíz, frijol «7 otras semillas groseras, sem- 
brándolas á corta distancia do sus chozas, recogiendo la cosecha 
á los tres meses: conocían la tuna, la pitahalla, 7 Tas frutas sil- 
vestresj^de éstas 7 del mague7 sacaban bebidas embriagantes 
para sus fiestas. La embriaguez no era vicio particular 7 vepr- 
gonzoso, sino público 7 autorizado; se ponía principalmente en 
ejercicio en las juntas en que se deliberaba la guerra 7 al salir á 
campaña. Al tomar de la guerra, plantaban en una lanza la ca- 
beza, brazo ó pié de los enemigos muertos, bailando al rededor 
al son de roncos atambores 7 descompasados gritos, añadiqndo 
cantos que tenían por asunto alabar á la nación 7 afrentar á los 

Ci) Historia d« los trivmphos de nuestra Santa Fee entre gentes las más bárbaras 
j fieras del nuevo Orre; Conseguido por los soldados de la milicia de la Compañía de 
/esus en las Misiones de la prorincia de Nueya Espafia. Escrita por el P. Andrea 
Ferez de Bivas, Prorincial de la Nueva Espafia, natural de Oórdova. Madrid, 1<M5. 
—Alegre, Hist. ¿e la Comp. tom, 1, pág. 239-S5. 



Tencidoa. Ooncorr^n a1 b^ile las jnsjereft y I^s.jóyenes; ieroiÜM^ 
4o, Bolo lofinguerrdro&iomaban parte en las lib^oÍGiies y en- tor 
mar tabaco en ca£as delgadas ,y faraeoaB: famado el tabaop ,en 
compañía de nación diferente, nacía nna aliaoiza solemne;» caya 
transgresión se Tengaba craelmente. Sns armas el areo» la fler 
cha con ponzoña qne siendo fresca no coraba antídoto alganOi 
porras pesadas de madera, picas 6 chnzos de brazil; las defensi* 
Tas consistían en esendos ó adargas de cuero de caimán: pintá- 
banse rostro y cuerpo de colores brillantes» adornándose con 
plumas de guacamaya. 

Gozaba particular estimación la TÍrginidad. En algunos pne* 
blos, las doncellas traían al cuello una concha^jciácar primorosa* 
mente labrada» señal de su condición, siendo muy grande afren- 
ta perderla antes del matrimonia Este se contraía solo con. el 
expreso consentimiento de los padres; á su presencia y á la 
de los parientes, quita el marido á la desposada la concha de las 
vírgenes. Se repudia á la mnjer por pretextos libianos, y solo 
los jefes pueden tener varias esposas: las doncellas caminan por 
los campos, de i|na en otra nación, sin temer el menor insulto. 
Hombres de trato infame había en Culiacan y en ChiameÜa, ca- 
sos se daban en Sinaloa, mas todos eran mirados con desprecio 
y. horror. 

No reconocían gobierno ni ley; el poder de los jefes consistía 
en ciertas distinciones concedidas á su nobleza, y en la faealtad 
de couTopar á la tribu, para emprender guerra 6 concertar 
aliai^zA- La ancianidad gozaba de las prerrogativas de los no- 
bles; la edad y la sangre eran superiores al valor y la glpria mi- 
litar. Las mujeres se cubrían de la cintura abajo con lienzos de 
algodón; los hombres andaban de común del todo desnudos. Ja- 
neas reñían con los de su pueblo, ni con sus aliados; practicaban 
generosa hospitalidad con. propios y extraños, manos con los 
enemigos. El homicidio, el hurto, el engaño, el trato inicuo casi 
UQ tenía ejemplar entre: ellos; la carne humana la comían solo los 
pueblos 4e. la sierra». No t^ían altares ni ídolos, ni culto de 
ninguQa.claae^ y ^oio tenían : iniedo á, ciertos ándanos, especie 
de.paédieos, que gozaban reputación de heefaioeros. Su única oe^ 
remonia consiistiaienencender.una gran hogaeraen la plaza del 
pueblo, á cuyo rededor se áentabaa los guerreros y los ancianoSi 

29 



220 

famando cañas con tabaco; en medio de ttn profando silencio 
se levantaba el de mayor autoridad, pronunciando nn discurso 
conforme al objeto á que se habían reunido: el orador decía al 
principio 6on voz mesurada, dando lentamente vuelta & la pía- 
ssa; á medida que la importancia del asunto crecía, la voz era 
más fuerte, mayor la aceleración del paso, y en el silencio de la 
noche llegaba á oírse en todo el pueblo. Media hora 6 más du- 
raba la peroración, y terminada tomaba asiento el orador en 
medio de inumerables aplausos, convidándole con la pipa: otro 
ocupaba la estensa tribuna, y después otros, pasando así gran 
parte de la noche. Aquellas aremgas llenas de figuras y desaho- 
gos, que á los pue]^los civilizados parecerÍAu groseros, tenían la 
fuerza bastante para oonmorer el corazón de los salvajes, encen- 
diendo en su pecho el amor de la patria y la venganza contra el 
enemigo. 

La mayor parte de estas naciones vivía á la orilla de los ríos^ 
para gozai; de agua y terrenos cultivables, en pequeños pueblos 
ó aldeas, apartados más ó menos según las comodidades de la 
tierra. Los habitadores de las montañas y de las marismas se 
sustentaban de caza, raíces, frutas silvestres, y bebían de las 
aguas estancadas; los de la costa gozaban del pescado, sirvién- 
doles de pan para comer el fresco, el que preparaban seco: no 
era este obstáculo para que alcanzaran salud y lai^a vida. Los 
Sinaloas eran de gran estatura, mayores que los americanos y 
aun los europeos, muy sueltos y líjeros. "Cuando llueve, si quie- 
'^ren defenderse' del agua, el remedio es coger- una macolla -ó ma- 
"nojo de paja larga del oanipo. Este atan por lo alto, y sentándose 
'^el indio lo abre y pone sobre la ot^beza, de suerte que le cubra 
'^el cuerpo al rededor, y ese le sirve de capa aguadera, de techo, y 
''casa 6 tienda de campo, anunqu 3 este lloviendo toda una noche. 
''Esta es la defensa de la lluvia, y para la dé los soles fortísimos 
"desta tierra no La tienen mejor. Porque todo el reparo es incar 
"unos ramos de árboles en la arena, y sentarse, vivir y dormir á 
"esta sombra." El viento resisten en el cuerpo desnudo, y el abri- 
go coxitra los f rios del invierno consiste en encender candeladas, 
entre láa onales se acuestan sobre la arena. Para caminar en 1m 
noches destempladas. usan llevar en la mano un tizón, el cual 
aplican cerca del estómago para recibir el calor, Uerando todo 



22T 

el cnérpo i la inclemencia. ^'Esie^an pérégtinó g^eW de gente 
"es mnobo menor en número qne las labradoras, j con ial'modoí 
^de TÍvit están inia contentos- que sí tiiTierán lósi haberes y pa- 
blados -Ael mnndo." (1)' Sas tradiciones están oolistaniefs éñ ase» 
gnrar su origen dé los países boreales j sus relaciones con loa 
naboa* • 

En^ritndo ya en Sonora, sobre la costa del mar rojo ó. de Cdr** 
tas, la primera na^^ion qué encontramos al S. del ' Bstado de lia 
cahito; di^dese en yaquis que viven orillas del rio Yaqni, Hiaqní, 
Taqnimi, y mayoe qne tienen sns pueblos sobi^e el rio Mayo. 

Siguen al N. los pimas^ cuya lengua se llama pirma, oorat ^tjBtw^ 
me: en su lengua se llaman otama en singular, ohatoma en plural^ 
Divídensd en pimas altos y pimas bajos; los primeros vanear tei^ 
minar en la frontera con los Bstadoa-Unidos. De ía misma íá¿ 
milia son las tribus que llevan por 'nombres eobaipuria, 8cbaé, pó^ 
Üapiguas^ pioUos^ y los pápagos, pnpcAolria 6 papalotes: otras variase 
se enumerau, que hoy corresponden al vecino territorio. 

Los sériSi á lo largo de la costa, están limitados al N. por los 
pimas, al O. por los pimas bajos y los ópatas, al S. por los ya* 
quis. £s la más pequeña de aquellas naciones, mas también ]m 
más cruel, la más falas y salvaje: b& preferido ser, exterminada 
á reducirse á vida política. Perezosos, indolentes, se entregan 
con [tanta pasioQ á laeníbriagueai,; que las madres dan con la boí» 
ca el aguardiente á los. niños más pequeños.- Son altos, biea for>- 
mados y las mujeres no carecen de belleza* Es proverbial lá 
ponzoña con que envenenan aus fleohaa, por su efecto moitíia- 
ro: componen el. jago venenoso con multitod de ingredientes, 
añadiendo al confeccionarlo fracturas supersticiosas. Perteneodn 
á esta tribu los salineros, tepocaSj guaymas y npdnguaymas* 

Los ¿patas confinan al N. con los pimas altos y los apaches: 
al E. con la Taraumara; al S. con los pimas b^jps, al O. con los 
pimas y los séris. La lengua ópata se dice también ure, ore, te* 
güima, sonora. Se subdividen en ópatas tegüis, ópatas tegXlmasi j 
en ópatas cogüimaohis: (2) Pertenecen también á la misma &mi* 
lia los co7i¿Za, baiuct^s, sahvaHpas^Jdmens y gitasaves; les corres- 
ponden igualmente los endeves^ hegnes, hequis^ hebes, eudevas y ba^ 

(1) Pérez de Bívbb, tiempos de la fé, pág. 8t 

(^^ Hotious estadürticafl de Sonora, por D. Franciaoo Yelasoo. 



S28L 

4^Ti^Ui>i tmidl>]^8iíom«0irT4))m i9l xwmrio ckJas iñl>i¥i a$I^»i 

JbsÁgPja a]ga^f^mt6ÍODeiro9 <M^ por 6u fnrógemtprJ MotMAb^ 
|tetn% i;q!iiw'«9 ra l^ngf^a U«axui]>an tamo mM^ nuestro primea 
prinoipio, esperándole aún que Tolviera entre ellos cual i tenía 
o&ejBi|p;(m48 esto es solp nn« rejninisoepPbQJa de loi9( tiempqs mo- 
d^rníps» 4ii^. WliV^;s m> ,eAtepdier<^ bien los bim^os eatequisjM. 
Np :VQ9On0cjim dipsea j|i t^ian ídolos, lú altares» ni culto; algu-r 
nos ,aneijuios.<||Le,nni^ al ofieío de curanderos el de doctores y 
i9ágic9iB» e.mifi quienes, enseñaban algimas doctrinas» con supers- 
tf)9icru^s para dpmiuar los elementos y obligar á la naturaleza les 
c(íersl;ca^nto habían menester. Creían en la inmiortaUdad del al- 

» * 

miQk y en un juicio particular de }a$.ac«U)nes en la otara vida: sacfr- 
i^^ aguaros de los anipaales j de. los fenómenoa.naturales. Según 
e^t^ lUtímo no había ía}ta da religión que nunca falta por comple- 
to. sino .qp9 laa cteenoiaa se encontraban en estado incipiente. 

No usaban tanto la embri^uoz como otras naciones» sacando 
sus bebidas fermentadas delonaíe, inezcal, tpna» y del sanco cuyo 
afecto duraba por rarios di^. Les eran comunes las reuniones 
jú>cturnas de las demás tribus» con, sus prolongadas arengas. Pi^ac- 
ticí banse los matrimonios de una manera singular. Puestos en hí- 
•lera los y las jóvenes qua se habían de desposar» en presencia de 
toda la tribu y á una señal echaban á huir las mujeres; á cierto 
iiempo.despi^es» preña otra señal, partían á, la carrera los hombres 
^pazando una persecución que terminaba cuando cada cual se ha- 
biáapóderado de una^jóvenagarrándolapor la tetñla izquierda» es- 
ia:era su noria» bastando aquel acto para que ambos quedaran 
casados. 

Becieh nacidos los tíiñós, con una espina les pican ^al rededor 
de los párpados, dejándoles impresos con tizne dos arcos de pun- 
iíos-negros, repitiendo la operación por el rostro y cuerpo con- 
forme "^ikn entrando en edad: los pimas tienen estas pintas como 
iñedio para realzar su hermosura. Oada niño 6 niña tienen su 
péH^ és decir ún hombre ó mujer respectiyamente de los p^ríen- 
-tes 6 extraños que á ello se ofrecen; dScen id infante cuáles son 

(1) B^laoiones de SonorO; en loe ASS. del Aiehiro generáL 



8118 óbligacionési tentándole el cuerpo y tlfándóTésf 3e bHzos 7 
piernas, tros lo cual el jpérí queda identificado con el'xiino. 

Enterraban á los muertos poniéndoles en ta sepultura sus ^^^^^^ 
tidós, ^inas; una porción de pinole 7 una olía de agua. Las mv 
^rés por algunos diíUcontíbiióSy* recogían en una jicara la teclíé 
de sus pecbós, para irla^á verter 'sóBre él sépulóro de su bijo. . 

Ecftfe los opáta {jírmci^álmenfe, ^ara que ún'mbzo fuera. pro- 
móVidó^át grado de guerrero, era ménestéVqúe hiciera* su noví* 
ciado' saliendo algunas Veces cóiitfa él enemigo; portándose cóh 
falor, él capitáb délpuel^^b probedla á darle el ^ádó. 'Reunidos 
los guerreros, sé escogía tm padrino quien ponía las xdanós so* 
bre los hombros del candidato; en ésta forma, el' capitán le di* 
zigla una plática acerca de* sus deberes, 7 sacando del óarcifi 
una jgarrá seca de águila, le arañaba basta bacér brotar sangtéf 
desdé él boinbro blasta ta muñeca de la mano, ño siguiendo lí« 
néás rectas sino ondoladás; laego sobre él péclio 7 después éh 
muslos 7 piernas: la prueba debía sufrirse sin dar la más míni- 
ma prueba de debilidad. Incorporado á los guerreros no ternu* 
ñabán sus trabajos; mientras ténfa el lugar manos antiguo lé tb« 
caba Velar de continuo, no se acercaba ala lumbre por 'más fría 
que fuera la ndcbe, 7 si sé dormía 6 intentaba acercarse i^l fué* 
go, le echaban agua, le denostaban '7 hacían que sufriera la ü¿- 
temperie sin murmurar. ^ 

Para salir á campaña se preparaban la noche anterior cóh una 
junta en que el, capitán recordaba á todos su deber 7 sus proe* 
US. Astutos 7 cautelosos cómo todos los salVajes, su principal 
intento era dar una sorpresa ó albazo; 7 logrado, en Tez de per- 
seguir al enemigo hasta destruirle, se contentaban ooneldespo* 
jo tomado, cortaban la cabellera á los muertos 7 con ellas baila- 
ban sobre él campo de batalla. Si derrotados,* vólTÍan á su pU/v- 
blo de noche 7 en silencio: si vencedores, salían las mujeres pre- 
cedidas de una yieja 7 de la esposa del capitán, saludaban á Jos 
guerreros, 7 mientras éstos colgando las armics á las j)uertas de 
sus casas se quedaban de espectadores, ellas tomaban la cabelle* 
ra, la pisaban, le echaban agua caliente 7 ceniza, bailando a>Is6ñ 
de las canciones que tienen compuestas al intento: á los prisio- 
neros, cualesquiera que fuera su sexo 7 edad, las viejas les que* 
xnaban el cuerpo con tizones, principalmente los muslos, hacién- 
doles bailar é impidiéndoles el dormir hasta que cafan ezténúiBk* 



sao 

dos. Lq0 ópatas acostumbraban traer la. mano de nnode sus 
enemigos, para revolver cou ella el pinole rq^één aquella cere- 
monia se ofrece á los danzantes (1). 

. ^as i^ribus dé X)aIiforniá no tuvieron otra entrada ^ue por . el 
Korte, la forma de' la península las precisaba adelantar Üácia el 
B.,^de:mánéra' que las pás australes al llegar al término de la 
tierta debían perecer como prensadas por las demás; esto acpn* 
ie'ciocoñ \oA pérícues. quienes vinieron á peiderse en i3. José del 
Cabo. La parte media la ocuparon los guaicmaSy Gubdivididos 
en core», coñchá8¡ nchitas.y artjpa^. Vivieron en la parte boreallos 
cocfiimi¿% con.sua subtribus los cdués ^ñlos didués. 

:- Aquellos pueblos sé encontraban en un estado lamentable da 
¿trazo. Subdivididos en familias, no reconocían gobierno ni ley, 
pues el mando de sus jefes era precario y. solo para la guerra 6 
la caza. No- tenían casas, ni trastos de barro, ni lienzos con que 
yestirse; abrigábanse como las fieras debajo de los árboles ó en 
las grutas; los bombres iban desnudos, las mujeres medio cu- 
biertas con bilos sacado» de las hojas de la palma, ó cañutos en- 
cartados de carrizo. Pesconocian la agricultura, manteniéndose 
con los frutos expontáneos de la tierra, animales, inmundas sa* 
bandijas y pieles secas^ sin embargo no comían carne humana, 
ni eltejoñ porque decían que se parecía al hombre. La escasez 
(de mantenimientos les hacia adoptar algunas prácticas asquero- 
sas: hartos de pitahayas cuaiMo era su tiempo, recojían después 
las pepitas arrojadas y no digeridas, para lavarlas con esmero, 
jtostarlas y comerlas de nuevo. Los del K. atan á .un cordel del- 
gado un pedazo de carne y en esta forma le tragan, después de 
dos 6 tres minutos*la extraen del estómago, tirando del cordel 
que ha quedado ''pendiente, y vuelven á mascar, tragar y sacar 
repetidas veces hasta que la carne se consume: algunas veces se 
juntan varias personas, y á Ia/:edonda va corriendo el bocado de 
uno en otro. 

* .. Sus armas eran el arco de*cínco pies de largo, y la flecha con 
punta de {>edernal para lá guerra; dé madera dura para la caza: 
combatían' á sus enemigos de una manera desordenada, con gran- 
des alaridos, más^furia que valor; en lá batalla empleaban una 

(1) Véanse pan las tiibua^^e Sonora los «scritos coatenidos en la Tercer sdiie d» 
dpptunvi^ pasa la historia de México: México 1859. ^ 



231 

espeeie de dardo y la poi^ra. Aunque en ciertas creencias reli* 
gíosas, no tenían ni ídolo ni al tai; ni culto externo, no obstante 
loenal tenían ideas confusas de algunas divinidades. No falta- 
han tampoco charlatanes que curaban las enfermedades con más 
empiritismo que ciencia, haciéndose pasar por magos que dispon 
BÍan de los elementos y conocían la suerte futura de los hom- 
be& Casábanse con una sola mujer, á excepción de los pericués 
gne eran polígamos; el marido tenía absoluta autoridad sobre su 
esposa. No amaban tanto á sus hijos que no mataran á los que 
00 podían mantener, y las mujeres primerizas procuraban el 
ftborto, porque aquel niño no fuera débil y enfermizo. 
Antes de aquellos pueblos bárbaros vivieron en la California 
gentes más adelantadas. Entre los 27^ y 28^ lat se ven grutas 
en cuyas paredes se distinguen figuras de hombres con trages y 
adornos, y animales de aquella localidad y de otros que allí son 
desconocidos. En las cuevas y rocas lisas se distinguen pinturas 
de hombres, pescados, arcos, flechas, y ciertas rayas que seme- 
jan caracteres de escritura; los colores son amarillo, colorado. 
Tarde y negro. Estas pinturas se encuentran en los lugares más 
altos, por lo que los naturales juzgan ser obra do jigantes. En 
nn peñón altísimo hay una serie de manos estampadas de colo« 
rado: hacia Puzmo una cantidad de trazos remedando una ins* 
crípcion. *'Por más que se ha preguntado á los indios califor- i. 

''nianos, qué significan las figuras, rayas y caracteres, no se ha 
''podido conseguir razón alguna que satisfaga. Lo más que se || 

''ha averiguado por sus noticias, es que son de sus antepasados, i 

^'y que los de hoy ignoran absolutamente la significación." (1) 

« 



. (1) Hístoda de la antigua 6 baja Oalifomia; obza p<$slama del P. IVanciseo Javier 
daTÍgero, de la Oompafiía de Jesos. Traducida del italiano por el Presbítero D. Ni- 
colás María de San Vioente. Méxioo: 1652L Coarta aéríe de dooomentos para la^biff- 
ioria de Máxioo, toxn. Y. 



*»_»,■. 



CAPEtÜLO rti. 

f 

Begion del l^. — ^BsaioN áxjbtbml. — ^Idioiüls. 

rof.^ Tarahumarei."^ C<m^i08,—Apaoh€i,-^PieonM ó Jatumibm.-^ TamauUp^oot» 
JBáffian <MMtraL^Ah%uMboi,'-(JhantalM,--'lM^ 

mu tubtribwL^KiMi y 9U$ r^es.^TMottílea.-^TBenáaies.-^Mayai.'^ TtgaaapiUi 
mtbtribu9,^El noffuaUsmo.—Lenguat de M¿xieo»^Orden hUtórioo.—Famüia OtO' 
mi.—'FamiUamayayiUB ramaa.-^Fa/ifíiUa MixtóGO.'-Zapoteca.'-Farnüia mátí" 
ama y ius aflnei,— OhUMfnica.^Lenguai perdidat. 

PASAMOS ahora á las regiones central j del NE. El primer 
pueblo que nombraremos será el pame: linda al N. con los pi« 
sones y janambres; al E. con los mismos y con los Iiuaxteca; al 
B. con los otomíes, al O. con los cuachichiles. Tribu salvaje, sus 
restos quedan aún en el Estado de San Luis Potosí. (1) 

A la misma demarcación correspondieron los cuachichües, hoy 
extinguidos, que se extendían entre los irritilas y coahuiltecas 
al N.; los tamaulipecos, pisones y pames al E.; los otomíes al S.¡ 
los zacatecas al O. Los cuachichiles Tagueaban ademas por los 

estados de Zacatecas y Goahuila, (2) bajo los nombres de guachis 
chües 6 guachichiles. 

(1) sesiones da Bio Verde, iom. XXX de los HSS. del ArchÍTO general. 

(2) Infonnaoion de los oonrentos, doefcrinsa j conTersiones que se han fnndado 
«n laprorincla de Zacatecas. Afio de 1602. MS. en el tom. XXXI de la oolecoioadel 
AxobiTO generaL 



> 



'2813 

• 

' Ii08 saoftteoas lindaban alN. con los itritílasi al E. con loa im- 
illas y los enacliíchilss; al S. y al O. oon los pueblos de Xaliseo 
jlos tepéhnanes. Se extendían por Zacatecas, á cuyo ^ Estada 
-comunicaron su nombre, hasta Dnrango. Bl conista de la pfch 
▼iñcia sacaiecana comprende en sn descrípción, no solo las tri- 
bm de la localidad, sino tainbién á todas lús barbaras qne esta- 
ban derramadas al N. y al E. Píntalas como absóintámeñté bíf- 
-baras, Tajp^mtindas, sin casas, abrígíndose durante el invierno 
en' las quebraduras de los montas y en las grutas; diestrísimoe 
tiradores de arco, viten de la casa y de los productos naturales 
de la tierra, comiendo las sabandijas más repugnantes. Gubdi- 
vididos en pequeñas parcialidades, se ha^n entre si guerra cons- 
tante; feroces y craeles, dan muerte á cuanto encuentran, infrin- 
giendo á sus victimas crueles tormentos; se complacen en comer 
la carne humana. A ios que se distinguen por valot ó agilidad, en 
muriendo, aunque sea de enfermedad asquerosa, se lo comen pa- 
ra adquirir por comunicación de la carne las cualidades del di- 
funto. Abandonfiox á los enfermos bajo un árbol, dejándole á la 
cabecera un poco de agua y algunas frutas silvestres, sin que 
vuelvan á acordarse de él padres ni parientes. 'Empleaban fie- 
chas con ponzoña. 

No reconocen otra autoridad que la de sus capitanes, que son 
los más valientes. Son polígamos; en algunas tribus las mujeres 
son comunes, en otras no se reconoce parentezco y puede tomar- 
se á la madre, á la hermana ó á la hija: no hay ceremonia para el 
matrimonio, y la separación se ejecuta á voluntada Al nacer el 
primero de los hijos de una mujer, se reúnen los parientes y mu- 
chos convidados, dan á beber al padre una bebida compuesta 
con la raíz del peyot, que no solo embriaga sino que adormécela 
sensibilidad, le ponen sobre la piel de ún venado, y en seguida 
los circunstantes le sajan todo el cuerpo, con huesos afilados 6 
dientes de animales, hasta dejarle hecho una lástima: ésto espa- 
ra que el niño herede el valor de su padre. Divertíanse con bai- 
les grotescos, cantos desacordes, instrumentos músicos compues- 
tos de troncos huecos; su goce principal es la embriaguez, sa- 
biendo confeccionar bebidas fermentadas. Salen á la guerra pin- 
tados los cuerpos, con dibujos de animales y sabandijas, adorna- 
da la cabeza con plumas de colores. 

Suponen ciertas divinidades tutelares álos rios,fuentes, borá- 

' 80 



• 
les y pUntaa; Ust yerbas tienen virtud para dar ciertas cualida- 
des, 6 certeros tiros en la* caza ó victoria en la gnerra. Hay al- 
guna materialisiia, qne piensa que el hombre perece al morir: al- 
guqas adoran á los astros^ otras forman ídolos y les labran oasn- 
.<)bas pajizas en que abrigarlos; no ¿alta alguna que adora el fue- 
go, teniendo un sacerdote de8tinad6 á conservarle perpetuo. Fuer- 
tes, robustos, ágiles, gosan de un oído fino/de una vista perspi- 
caz, sabiendo seguir el rastro á sus enemi|^^por los campos cu- 
biertos de yerba, y sobre las piedras. Astutos, Cautelosos, des- 
confiados, lo muestran todo en sus tratos y relaciones; tienen 
g^an ingenio en proporoioaarse caza y pesca, por medio de pro- 
'Cedimientos cariosos. (1) 

Las tribus de lengua irrifAla se extendían entre los tobosos al 
N., los coaliuiltecos al E., los cuachichiles y zacatéeos al S., al 
O. los tepehuanes. Al N. quedaban los tóbo8¿8f con los conchos 
al O. y los coahuilteoos al E. Finalmente los coahuiltecos se ex- 
tendían hasta las fronteras actuales, con los E. ü., y aun más 
allá. Estas naciones estaban fraccionadas en multitud dé subtri- 
bus, y tanto que hemos encontrado hasta 148 nombres diversos. 
Los tobosos formaban un pueblo bárbaro y guerrero, que nunca 
dejo las armas de la mano, prefiriendo morir que reducirse á las 
misiones. 

Extendíanse por los estados de Ooahuila y Nuevo León. Los 
menos broncos vivían junto á la lagaña de Tlahuclila. Eran há- 
biles, más bien hechos de talle y más dóciles que sus circunve- 
cinos; en exfremo tímidos y por eso muy dados á lá superstición. 
£1 fondo de su creencia la componía el miedo á los malos espí- 
ritus, llamados en su lengua CacJiinipnisAyer el polvo levantado 
en remolino por el viento, se arrojaban á tierra invocando, prac- 
ticando lo mismo por la noche cuando veían pasar por el cielo 
las exhalaciones; creían en los sueños; y para precaver de la 
IQuerte al padre ó á la madre enfermos, ahogaban al más peque- 
"ño de los hijos como víctima expiatoria. Pariendo la mujer, el ma- 
rido se metía á la cama, se abstenía por cinco 6 seis dias de car- 
ne y peces, por teinor de' que los animales no se dejaraii cojer en 

(1) Chronica de la provincia de N. S. P. S. Francisco de Zacatecas: compuesta 
por el M. B. P, Fr. Joscph Arlegin. México, 1737. Tercera pa^te, cap. III al IX. 



i 



235 

Ja caza y la pesca: al terminar el tiempo Tenía un sacerdote^ y 
aac^dolet de la casa por la mano, conclnia el ayuno. Las cabe- 
xas de lo8¡ venados muertos guardaban para que les fuesen propi* 
jaÍAmBí el dueño de ellas moría, al cabo de^l ano los parientes las 
/^acaban de la casa al ^nocheceri con canto triste y lloroso, yendo ! 

al último de todos una anciana con la cabe^ del venado que se te- i 

nía por principal, la cual. iban á colocar en una pira, sobre a]gur 
ABs flecbas; al derredor, papaban lanpcbe, la anciana llorando, 
cantando y bailando loa asistentes, hasta el amanecer que encen- 
dida la hoguera, la cabes^ quedaba reducida á cenizas, y sepul- 
tada 1^ memoria del difunto. Caohinipa era el autor de la muer- 
te, y estaban persuadidos de que si veían morir á sus parientes, 
ellos al punto morirían; por epo enterraban á sus enfermos an- 
tes que acabasen de morir. No guardaban ni recelaban sus don- 
4)ellas, ni procuraban casar intactas sus mujeres, dejábanlas pues 
á su albeldrío, por lo que muchos años vivían en libertad, y des- 
pués de casadas, á su gusto dejaban un varón para tomar otro. 
A los muertos lloraban los parientes por algunos dias, cantando 
y bailando, en la mapana y en la tarde al deredor de la sepultu- 
ra dando grandes voces y alaridos, refiriendo las hazañas y bra- 
vezas del finado: pintábanse entonces el rostro como una cala- 
vera con Jágrimas en las mejillas, sin duda para tener estas fin- 
gidas, si en sus ojos no las encontraban verdaderas. (1) 

Oefraremos hacia este rumbo^ elN. O., con la mención de los 
iarakumares con apaches al N., los conchos al E., los tepehuanes 
al S., al O. los pimas y otras pequeñas tribus. Los conchos con 
los tarahumares al O., al S. los tepehuanes; al E. los ooahuilte- 
cos; al N. nuestras fronteras actuales con los E. U. Por los ¿zpo- 
óhes tribu eubdividida, vagabunda y feroz. Los tres pueblos caían 
en términos del Estado de Coahuila. (2) 

(1) P. Andrés Pérez de RÍTas, lib. X, ''de las misiones de Parras." Alegre Hist. 
de la Crnnp. tom. 1. Cuarta aáie de Docnmeotoa para la hiat. de México, tCHn. III j 
IV. Boeumentos para la historia de Coahuila, tom. XXIX de los MSS. del ArchiTO 
general Mota Padilla, cap. LXIX. Artículo * 'Misiones/* en el Diccionario üniTer- 
sal de Hist. y de Geogr. Tercera serie de documentos para la hist. de México, tom. 
1, pág. 4S1 y sig. 

(B) Cuarta sáriede doomnentoi, tom. IH, pág. 833 y sig. Tomo IV, pág. 02 y 
Mg. Visita del obispado de Dunmgo por el Sr. Tamaron. MS. en podjsr del Sr. I>« 
Joflé Femando Bamirez. V. Apaches en la Geogr, de las lenguas de México. 



2ád 

En Tamanlipas, sobte la costa del Golf o, nos testa meáciobár 

los pisones 6 janarnbreSf j tamanlipeóos, de los cuales sabemofs t>o« 
co que decir. SabdiTididos en peqaenas'ffábeiónés/cónttbmbrw 

diferentes, mu j atracados eh oiTilisacioñ, A|>étiaí¡i áéinbrabah ál* 
gtinas semillas, 7 yiYÜAí en choísas de paltxs 7 zaéáte. ]^éstós slh 
embargo éiisten de haber idVido p6r álií i>néUós m&a cítíÍízIbI* 
dos. En el valle de Sania Bárbara, "sé Vén Ibnbbds vestigios dé 
''pueblos anti(^os de indios qué éziáteh/habfi^ndáée éhcóntnído 
''eütérrados dentro de las ruinas íclolos db'diférentes figuras 7 
''taíñáños, 7 hornos con cantidad dé céniíías de éüs sacrificios j 
"muchas ofrendas, qué había con sus ídolos coikio sálén ho7 en 
"el pafaje desta misicn, 7 otros á corta distancié, coligiéndole 
"haber dominado esta tierra otras Uácioíiea bárbaras, qtte las 
''que se hallaron en la 'pacificación.'* (1) 

Arrojando una mirada lijera sobre la región boreal que acaben 
mds de recorrer, encontramos que aquella 2óiia estaba ocupadk 
por tribus de la misma filiación 7 de divei'sos trohcos, en todos 
los estados sociales, desdé el próximo á la civilización nahoá» 
hasta la condición más primitiva 7 Salvaje. Al NE. los pueblos 
van dtsminn7endo en ntimero 7 en saber en proporción constan* 
te de S. á N., hasta terminar en los degradados californios 7 en 
los feroces apaches. La religión méxica, aparenté todavía en Xar- 
lisco, va cambiando hasta hallarse con tribus que no tienen cul- 
to aparente, ídolos ni altares, ni sacerdotes; sin embargo, no son 
ateos, supuesto que tiehen ideas acerca de ciertas divinidades 
que en el cielo moran, teniendo cuidado más 6 «nénos eeímerado 
de los hombres. Hacia el centro 7 én la región N]PS. viven tribus 
bárbaras 7 errantes: los pueblos que se fijaron á la tierra como 
agricultores ocupan menor cantidad de terreno, sé rénnen 7 agru- 
pan como bnscando las relaciones sociales, mientras los vaga- 
bundos que sacan su sustento de la caza 7 de los frutos del sue- 
lo, necesitan grandes espacios en que moverse, ocupando exten- 
sas comarcas á donde llevan la desolación sobx^ todos los sáres 
vivientes. 



(1) Descripción general de la nuera colonia de Santander, 7 reladonea iadiyidoa- 
les en orden al reconocimiento é inspección de todoaa teirenoypneblOi y del' dé «na 
parte de la Sierra Qorda, por el teniente coronel de ingenieros 1). Agostin López de 
la Cámara alta, 1557. MS. en el Archivo generaL 



Sobre la región central ee descubren ra^ae» den^ovtrandp I^ 
existencia de naciones civilizadas. '0a8a$ grandes en Ghihnana,, 
el Zape en Dnrango, la Quemada en Zacatecas» la ciudad de Ba- 
ñas en QiierétarOy parecen marcar una corriente de ciyilizacioqi 
anterior á la irrupción de las tribus broncas qup ocupaban aque* 
Has coscareas. Pero obserrando atentamente» se descubre» que 
todos esos monumentos no tienen caracteres idénticos» pertene* 
eiendo á distintas épocas y á diversos constmctores; no son obra 
de un solo pueblo» sino que marcan distintos centros de adelan*- 
ia Los arquitectos no dejaron historia» ni siquiera su nombre. 

PasaxKios ya í la región austral Hemos dicho que el limite del 
imperio de México» sobre las costas del Golfo» estaba marcado 
por el rio Coatzacoalco. Entre éste y los chontales al Oriente se 
extendían los ahucdidoos, pueblo de filiación nahoa» brusco y aun- 
que agricultor poco entendido. 

Los choiücdes moraban en el actual Estado de Tabasco. Los 
hemos encontrado esparcidos desde Guerrero y Oaxaca» y se 
adelantan hasta Guatemala. En Tabasco estaban encerrados en- 
tre los ahualulcos al R» el mar al N.» los mayas al E.» los zoques 
al S. Kada se sabe de ellos fuera de ser fuertes» guerreros, des- 
confiados» poco amigos de decir la^verdad» tenaces para guardar 
un secreto, y poco sociables. En mexicano chontdlli significa ex- 
tranjero ó forastero» dando á entender qne los nahoa les tenían 
como pueblo advenedizo. Hácese mension en Tabasco de nnos 
indios oUribes, qne venían de Guatemala» de los cuales solo sabe- 
mos que eran bárbaros. 

En el vecino Estado de Cbiapas las tribus están agrupadas en 
pequeños espacios. Fuera de los pueblos mencionados al hablar 
del imperio de México, contenia otros» entonces independientes. 
Los laeanáonea, con su sub tribu los xoquinoes, vivían empeñola- 
dos en las montañas en la parte oriental de Ohiapas, corriendo 
hasta 1% Yerapaz en Guatemala. Los chañoháles, hablando una 
lengua mezclada de zotzil, cazdal» maya y trokek. 

Los chotes, tribu avecindada de tiempos remotos en Guatema- 
la, que dividida tal vez por las irrupciones de los maya, la nna 
fracción mora al E. de Chiapas» la otra en Yerapaz. Son de ja 
misma familia los mapanea 6 ^yccdeSy quienes tenían al S. á los 
Choles, al E. y N. los itzáes-petenes» y a^ O. loa lacan^ones y xo- 



238 

qninoes: (1) también eran 4^ su estirpe los manches ajoyas 6 
axcyes y los chotes uchines. (2) 

De \oH puntune se dice que se encontraban en los. alrededores 
del Palenque. / 

' El Jcichéy quicTiéó^uÜateca es tronco de una familia numerosa do. 
lenguas, en su mayor parte derramda en Guatemala: en Cbiapas. 
podemos decir que tenía su límite oriental. Aunque la nación de 
los quicbées no nos pertenecía eñ la actualidad, no será fuera de 
camino decir pocSs palabras acerca de su historia antigua. 

Siguiendo al pié de la letra la autoridad de su. cronista el P. 
Ximenez, (3) los ki<sbée8 se gobernaron al principio por tres per- 
sonas nombradas Conachi, Beleheb-queh y Gvlel-ahau: habiendo 
adoptado después el sistema monárquico, ésta fué la genealogía 
de sus reyes. 

I. Balam-quitzé, "tigre de risa dulce, ó de mucha risa mortífe^' 
ra como veneno. ''Este parece que fué el que inventó sacrificar 
"hombres al ídolo Tohil, según se dice en bus historias, y éste 
"hurtaba los hombres, y ésto es de los indios extraños que apre** 
"hendía, no de los propios, que fué el estilo general de todos 
"los indios." Beinó en Izmachi, "barbas de la cara," en donde 
comenzaron á labrar edificios. Tuvo por hijo á 

II. Cocavib, "adorno fuerte ó que mpcho se adorna/* Hizo un 
viaje hacia Oriente, para recibir su reino del señor dé Hacxit. • 

IIL Balam-Conaché, "tigre de palo." 

IV. Cotuha-ztayub, "cera de águila que oprime." Quedó divi- 
dida la tierra en veinte y cuatro señoríos; estos jefes eran como 
consejeros para disponer de la paz y de la guerra. 

y. Cucumatz-Cotuha, "culebra fuerte, cara de águila." En su 
tiempo se revela.ron los de. Ilocab, marchó contra ellos^ les ven- 
ció y sacrificó los prisioneros. La^apital Izmachi fué trasladada 
á Cumarcacha, "casa vieja ó rancho apolillado," donde se fabri- 
có templo para los dioses. "Este mismo rey fuá el que. levantó 
"gente de guerra, y empezó á poner fronteras contra los enemi- 
gos, haciendo en aquestas fuertes, para defensa y refugio do 
los que estaban en fronteras," 



41 



"' (1) Vniagatiérre, el Peten.itzá, pág. 278. 
• (2)* Vülagutíerre, pág. 160. 
fS) Lm historias del origen de los indios, p<g. 162 y sig. 



2S» V 

VI. Tepepnl-Ztayñl, "magestuoso, fuerte y delesnable como 
palo aKsado:" 

VIL Qaicab-Cavizimah, "de mnchos brazos, y qne se adorna 
de puntas como dé lanzas ó zaetas." Le tenían por hechicero 
como & Cncnmatz. 

Vm. Tepepnl-Ztaynl. En su reinado se insurreccionaron los 
cachíquiFés, levantando rey propio. "Comprendía todo aqueste 
"reino del Quiche, según se colige de las historias de ellos, des- . 
"de Soconusco, San Antonio, todo lo que hoy tienen los padres 
"franciscanos desde Quetzaltenango, Solóla, Totomicapan y Ati- 
"tan, que es la nación Sutuhil, todo el Cachiqüil que comprende 
"todos estos Sacatepeques, lo que tocaba al cacique de Zacapu- 
"Jas, y sin duda tocaba también la provincia de Verapaz, y por 
'la similitud de las lenguas no hay duda que tocaban los zoziles 
"y tzendales de las Chiapas; porque aun estando divididos los 
"cachiquilei, fué mucha, cuando entraron los españolea. Ingente 
"que juntó el rey del Quichá, y no podía juntar tanta gente y 
"quedar todo tan poblado, después de tantos como murieron." 

IX. Tecum-Tep^pul, "grandeza y magestad amontonada." 

X. Vaxaquicaam y Quicab, "ocho mecates, brazo de luna ó de 
chile." En su reinado aconteció el Quiché-vinac. "Dicen que un 
indio del reino Tepan Guatemala, y aun dicen que era su hijo, 
era ^an brujo. Este se venía de noche á los edificios del Qnichó 
donde dormía el rey, y daba grandes aullidos y voces, diciéndale 
muchos baldones y oprobios al rey, llamándole mamacaixouj vie- 
jo agrio y amargo; aunque «naden que le decía Cutuha debía de 
ser por baldón, porque Cotuha fué mucho antes que so levanta- 
sen los de Ouatemala; y viéndose baldonado el rey y molestado 
'de aquel brujo, llamó á los brujos que tenía y prometió grandes 
premios. Y ofreciéndose uno que había de crédito en este arte, 
salió en su busca, y topado con él y queriéndolo' coger, de nn 
salto se iba á otro cerro; pero lo mismo hacía el quiche, y si- 
guiéndolo de aqueste modo mucha distancia, lo hubo de apre- 
hender con mucho cuidado, porque los cordeles con que io ataba ; 
los quebraba. Y llegando á la presencia del rey, le hizo su aca- 
tamiento, y le dijo el rey, qne si él era el que daba gritos de no-, 
che, y díchole que sí, dijole; pues ahora rerás qué fiesta hace- 
mos contigo: y juntándose los señores, sé formó nn baile para;' 
celebrar la presa de aquel brujo, y tránísformándose en águilas,- 



240 

leonea y tigreSi bailaban iodos arañando al pobre indio. Y es* 
tando ya para sacrifioarlo les dijo á todos y al rey: '^agnaírdad un 
"pocO) y oíd lo que os quiero deoir; sabed que ha de yenir tiem- 
"po en que desesperéis por las calamidades que os bao da so- 
'^breyenir y aqueste mama-caiason también ha de morir» y; sabed, 
''niK)s hombres vestidos, no desnudos como vosotros, de pies á 
''cabeza y armados, éstos han de ser unos hombres terribles y 
'dueles, hijos de la Teja; quizás será esto mañana 6 pasado ma- 
''ñaña, y destruirán todos estos edificios, y quedarán hechos ha- 
''bitacion de lechuzas .y de gatos del monte, y cesará toda gran- 
''deza de aquesta corte;" ''y habiendo dicho esto lo sacrificaron»" 
— Obsérvese que no es esta otra que la tradición de los hom^ 
bres blancos, que vendrían á destruir los reinos indígeiías. 

XI. Yucub-noh-cuyatepech, '^siote signos, porque este Noh 
''significa un signo como los nuestros del zodiaco, adornado de 
''argollas, porque este rey solía usar de aqueste adorno.'* 

XIL Oxib-queh-beleheb-tzi, "tres venados y nueve perros." — 
"Este era el que reinaba cuando vinieron los españoles, y quien 
'les dio la guerra, y siendo cogido en la traición de que quería 
"matar á los españoles, fué quemado y puesto en su lugar el 
"hijo." 

XTIL Tecun-Tepepul, último rey, bajo la dominación caste- 
Uaná* 

El P. Jiménez, suponiendo cuarenta años de reynado á cada 
rey, coloca al principio á la monarquía hacia el año de 1054 de 
nuestra era, tiempo en que declinaba la opulencia de los mayas 
é iba á extinguirse en Anáhuao la monarquía tolteca. 

Al E. de los zoques quedaban los tzotziles y los tzendales del 
Estado de Chiapas* Pueblos de la misma filiación etnográfica, 
son descendientes de los quelenes, pueblo antiguo que hace tiem* 
po desapareció.. 

La península de Yucatán estaba enteramente ocupada por los 
mayas. Daremos ^n sn lugai; lo que sabemos de su historia. Por 
ahora splo importa saber, que un señor supremo gobernaba el 
MayapAn, h&cía el. sigl^ XY, teniendo por capital la ciudad taw- 
bij^n de Mayapan; una revuelta i*edujo laiamilia , importante : da 
los Xim al señorio.de. Maní,, quedando subdivida el país en más 
do. cuarenta señoríos. Aquel fraccionamiento uq privó de toda sa 
premacía al rey de 'übsá^ coniiiderado siempre como el . prim^r^ 



241 

ni rompió la unidad nacional, pues legislación, costumbres y len- 
guaje continnaron sin mutación alguna. 

Para aquella época, 6 poco después, una colonia maya fué & es- 
tablecerse á Yerapa^ sobre la laguna de Peten; los colonos to- 
maron el nombre de üzoex^ de petenes, y conforme se faeron es- 
parciendo á lo lejos tomaron distintos apellidos. Oasi junto al la- 
go habitaban los chatan itzctex, al N. y al N.E. los cóbooces; (1) los 
chañes más retirados al N., y sin poderles asignar un lugar fijo 
• los chataes, pnqves, tutes, los chinamitas enemigos de los lac^ndo- 
nes> los tulunqvies 6 tirampies y los qtteaches 6 cheaques. Otras tri- 
bus hay de la misma familia, que ya quedan fuera de nuestro in- 
tento. 

En aquellos pueblos había una creencia á la que los autores 
dan el nombre de nagiiálismo. En la inteligencia vulgar de las 
gentes de nuestros campos, el nagual es un indio viejo, desaliña- 
do, feo, de ojos redondos y colorados, que sabe transformarse en 
perro lanudo y sucio, para correr los campos haciendo daños y 
maleficios. El nagualismo deOhiapas era diverso. ''Los naguolis^ 
*'tas propagan su doctrina por medio de almanaques, en los cua- 
tíes están insertos los nombres propios de todos los naguales, 
"de las estrellas, de los elementos, de los pájaros, de bestias, 
"de peces y de reptiles, con observaciones aplicables á los me- 
ases 7 á los dias, á ñn de que los niños recien nacidos queden 
"dedicados al signo del calendario correspondiente al dia de su 
"nacimiento: precede á esta consagración una ceremonia, en que 
"los padres dan su consentimiento expreso, y se forma un pacto 
"explícito por medio del cual el niño se entrega á los naguales, 
'^tos designan la müpa 6 lugar donde deberá presentarse ala 
"edad de siete años, para ratificar su compromiso en presencia 
"de los naguales. Entonces le hacen renegar de Dios y de la Yír- 
"ei^^$ 7 advirtiéndole que no se espante ni haga la señal de la 
"cruz, abraza afectuosamente al nagual, quien por arte diabóli- 
"ca toma instantáneamente una figura espantosa y parece á 6 
"encadenado. Aunque con frecuencia se presenta bajo el aspeo- 
"to de una bestia feroz, como león, tigre, etc., queda persuadido 
"el niño por una malicia infem al, que el nagual es un ángel en 

(1) ViUagatiezre Soto-Mayor, Hist. de la oonqtdsta de la proTinoia Itzá. Primem 
parte, pág. 494. 

81 



242 

• 

"viado por Dios para velar por el, protegerle, y que debe inro- 
"carle en todas las ocasiones que tenga necesidad de su ampa- 
í'ro."(l) 

Se comprende de luego á luego que el almanaque á que se ha- 
ce referencia, es el adivinatorio ó Tonalamatl» usado entre los . 
pueblos civilizados mahoas para formar el horóscopo de los ni- 
ños j predecir su suerte futura, el signo del dia del nacimiento 
y el de los planetas reinantes, acompañaban por toda la vida, y 
su influjo, siendo maligno, solo podía contrastarse por medio 
de buenas obras. Suprimiendo la parte mentirosa y absurda do 
las transformaciones diabólicas, se comprende igualmente,, que 
los naguales no eran otros que los indios persistentes en sus 
antiguas idolatrías y costumbres, que buscaban y hacían oculta- 
. mente prosélitos, haciéndoles apostatar de las nuevas creencias. 
Lo ejecutaban bajo la sombra del artificio y del misterio, huyen- 
do del castigo de las autoridades cristianas. El nagualismo no 
era secta nueva, sino la; prosecución del culto primitivo y na- 
cionaL 

Con algunas excepcioDes, los pueblos de la reglón austral co- 
rresponden á los civilizados: el estado social adelantada, se pro- 
longa hacia el E. por las naciones de filiación maya. Mas en es- 
ta comarca se observan dos fases absolutamente diversas. Los 
monumentos esparciados del Palenque á Quirigua y por la pe- 
nínsula áe Yucatán, atestiguan una civilización mucho más anti- 
gua, adelantada y perfecta, que la que ostentaban aquellos pue- 
blos en la época de la invasión de los hombres blancos. La se- 
gunda y última civilización tenía puntos de semejanza con la de 
los nahoa, resultado de comunicaciones en los tiempos moder- 
nos. La primera se podía considerar como extinguida, la segun- 
da, híbrida y mezclada, crecía en su desarrollo progresivo, aun- 
que menos artídtica que la anterior. 

Pasando á otro orden de ideas, creemos que la verdadera fi- 
liación de los pueblos debe de preferencipk sacarse de los idio- 
mas que hablan y no de su religión y sus costumbres. Nosotros 
nos declaramos monogenistas; por consecuencia, aceptamos una 
lengua primitiva, la hablada por el primer par, padres del géne- 
ro humano. Entendemos la formación de los idiomas de una ma- 

(1) El doctor Faul, Félix Cabrera. Antiquites americaiixes, pág. 208. 



243 

ñera sencilla. Separada una familia en dos ó más fracciones, aun- 
qne todas ellas llevan el mismo lenga^ge, cada una deberá irlo 
modificando bajo la influencia de multitud de causas, físicas las 
unas, intelectuales las otras. Obraban el clima, el aspecto de la 
tienra^ los productos del suelo, ios animales amigos ó contrarios 
del hombre, las ocupaciones á que se entregue, y por último, fue- 
ra de otras yárias, la organización social, la perfección del cul* 
to, el estado de desarrollo intelectual que alcance en las artes j 
las ciencias. Se concibe que las hablas deben ser más broncas 
en sonidos bajo los yelos del polo que en el calor de los climas 
templados; los pueblos montañeses deben. tener un lenguaje más 
pobre en palabras que los habitantes de las llanuras; las tribus 
cazadoras y vagabundas no tienen un lenguaja tan elaborado co- 
mo los moradores de las ciudades: una es la lengua del bárbaro, 
otra la del hombre civilizado. Los cambios sobre viQuen de una 
manera lenta, gradual; se aceleran 6 retardan por causas al pa- 
recer imprevistas; se hacen unas veces en sentidos casi parale- 
los, ó más ó menos divergentes; pero siempre como elemento in- 
dispensable entra el tiempo, mayor ó menor según circunstancias 
que no siempre puede apreciar la observación. 

Para los tiempos en que las familias estaban esparcidas por el 
globo, una de ellas se multiplica, crece; se extiende sobre una 
gran comarca, absorbiendo las pequeñas tribus que encuentra, 
ya porque las destruye ó porque se las asimila: se hace podero- 
sa y se establece borrando lo que no es de su especie; predomi- 
na durante una época más ó menos dilatada; mas luego se debi- 
lita, se fracciona, desaparece al fin cediendo el lugar á una nue- 
va evolución de la humanidad. Al subdividirse perdió la unidad 
nacional; las fracciones cambiaron por otro su nombre primitivo; 
al contacto de sus vecinos ó por voluntad propia cambian de 
dioses y de costumbres; pero sa idioma no le abandonan, y por 
grandes transformaciones que haya sufrido, avisa siempre el 
tronco de que procede, expresa de una manera terminante su fi« 
liacion. 

Se deduce que las lengaas deben tener un orden rigoroso de 
sucesión; como el hombre tiene un ¡árbol genealógico no inte- 
rrumpido, como las naciones una cuenta cronológica sin laguna. 
Pero, la ciencia no conoce completo nada de esto. Faltan en lo 
absoluto datos para los tiempos antehistóricos; se procede á 



244 

tientas j por conjeturas p^ra restablecer lo perdido en la noboe 
de los tiempos; se concibe que la cadena estuvo íntegra y perfee^ 
ta; pero ahora la encontramos rota en mil pedazos, que no sabe- 
mos colocar en sus respectivos lugares; faltan muchos eslabones 
que jamás atinaremos con cuántos sean, j que si les supiéramos 
reconstruir no sabríamos acomodar. 

Nosotros personalmente ignoramos cuál es el orden sucesivo 
que guardan las lenguas de México; tendríamos por atrevimien- 
to imperdonable decir, ésta es la más antigua, aquella le siguió, 
ésta otra es la más moderna. Los esfuerzos de la ciencia logra- 
ron clasificarlas, agrupándolas por familias, y esto incuestiona- 
blemente admitimos y aceptamos. A falta de cosa, mejor, noso- 
tros vamos á colocarlas por orden histórico. Sin que se entienda 
que pretendemos prejuzgar cuestión alguna, los datos de nuestra 
historia antigua nos servirán de guía; los pueblos que primero se 
presentan serán por lo mismo los más antiguos, siguiéndoles en 
su orden los que aparezcan sucesivamente. Seguimos al pié de 
la letra la clasificación general hecha por el Sr. D. Francisco 
Pimentel. (1) El * indica que la clasificación es dudosa. Antes una 
salvedad. En mi geografía de las lenguas incluí un ensayo de 
clasificación de las mismas lenguas. Comencé por confesar que 
era del todo ignorante en la materia y añadí: *'Así pues, nada 
''entiendo de sus sistemas gramaticales, ni de sus diccionarios; 
''ni menos las he analizado y comparado. Las clasifiqué, siguien- 
''do única y exclusivamente la autoridetd; es decir, adopté como 
"verdades demostradas las opiniones que los autores de las gra- 
"máticas asientan acerca del parentesco ó afinidad de las len- 
"guas; totúé por buenos, en la misma línea, los dichos de los mi- 
"sioneros, como versados que estuvieron y peritos que fueron 
"en los idiomas de los indígenas; creí en las respuestas que á 
"mis consultas dieron las personas que gozan reputación de ser 
"sabedoras en la materia." El Sr. Pimentel encontró que rectifi- 
'ear en la sobre dicha clasificación, dirigiendo la censura contra 
mi Gomo se advierte, no tengo en ello la menor responsabili- 

(1) Cmadro descriptÍTO y oomparaÜTO de las lengiUB indígenaade México, 6 tra- 
tado da filología mexicana por Fnmciaco PimenteL H ádco, 1874, 1875. Tom. 8. 
Capitulo cincnanta y ocho y dldmo. CatÜogo general y olaaiflceoion de las lengtiM 
indígenas de México. 



246 

dad; respondan quienes aparezcan cnlpableSi que yo lo boj úni- 
camente por ignorancia, al admitir opiniones ajenas que no su- 
pe ayalorar. 

Según nuestros conocimientos actuales, los ótomíes aparecen 
como los más antiguos en Anáhuac. Se eútreyee que la familia 
ocupó al N. un gran terreno; las inyasiones de otros pueblos les 
arrojaron de las llanuras para dejarles confinados en las mon- 
tañas, en donde yiyieron encastillados, mirando tranquilos pasar 
i sus pies la emigración de las tribus. Esta familia forma el 
cuarto orden del Sr. Pimentel, en esta forma: 

"Lenguas cuusi-^nuynosildbicaa. 

m 

"XSX. Familia OthomL 
'lOá El Othomíe ó Hiflahai. 
'105 El Serrano. 
"lOe El Mazahua. 
"107 El Pame con sus dialectos. 

"108 El Jonaz ó Meco. (Acaso restos del antiguo Chiohime- 
*'eo, aegaa explico en el capítulo correspondiente.)" 

Por datos feacie&tes históricos sigue la familia Maja, tercer 
orden del ^r. Pimentel, 

"Lenguas patilosüábicaa stnUtíais. 

"XV. Famüia Maya. 

'W El Yncateco ó Maja 

"81 El Punctuno 

"88 El Lacandon ó Xoquinel 

"OS El Peten ó Itzae 

"34 El Ghañabal, Oomiteoo, Joeolabal 

"85ElCholóMopan 

"86 SI Ohorti 6 Chorte 

"87 El Cakohi, Oaichi, Cachi, Cakgi 

«88 El Ixil, Izü 

"89 El Ooioh 

"90 El Quiche, Ytlateoo 

"91 El Zntnhil, Zatu£^, Atiteca, Zacapnla 



246 

"92 El Cachiquel, Cachiqml 
"93 El Tzotzil, Zotzil, Tzimanteco, Cinanteco 
«94 El Tzendal, Zendal 
"95 El Mame, Mem, Zaklohpakab 
"96 El Poconchi, Pocoman 
•'97 El Atche, Atchi 
"98 El Huaxteco con sns dialectos 

*99 El Haitiano, Quizqneja ó Itis con sns afines el Cubano^ 
Boriqna y Jamaica." 

"XVI. Familiu Ohontal. 
*100 El Chontal (Dudoso en sn carácter morfológico) 

"XYII. Idiomas oriundos de Nicaragua. 

^101 Huave, Huazonteca. (Dudoso respecto á la familia de 
lenguas de Nicaragua á que realmente pertenece). 

^lOS El Ghiapaneco, afín del Nagrandan^ (dudoso en su carác* 
ter morfológico). 

"XYIII. Familia Apache, rama de las lenguas Athapasca^ 

"103 El Apache fie que se conocen ocho dialectos (c. 56) 

"a Apache N. Americano 

"b Apache mexicano 

"c Mimbreño (Coppermine) 

"d Pinaleño 

"e Navajo 

"f Xicarilla ó Faraón 

"g Lipan 

"h Mescalero." 

Corresponden á esta familia los pueblos de nuestra region^ 
austral, los de la América Central y los de las islas. AI N. deja- 
ron sobre la costa del Golfo á los Cuixteca; hacia nuestras fron- 
teras con los E. U., de la misma formación etnográfica, se pre- 
sentan los apaches. De esta procedencia, unas ramas son las 
constructoras del Palenque, de Uxmal y de Quirigua, ya extin- 
guidas, mientras las otras viven todavía la vida salvaje. 

En nuestra enumeración toca su Ingar al segundo orden del 
Sr. PimenteL 



247 

^'Lengwis polisilábicas, polisintéticas de justa posición. 

9 

''Xm. Familia Mixteoo-Zapoteca. . 

'*68 El Mixteoo dividido en once dialectos 

''69 El Zapoteco con bub dialectos de que he citado ocho (c 37) 

"70 El Chuchon, dos dialectos 

"71 El Popoloco 

"72 El Cuitlateco 

"73 ÍEl Chatino 

"74 El Papabnco 

"75 El Ajnnsgo 

"76 El Mazateco, dos dialectos 

♦77 El Solteco 

*78 El Chinanteco 

"XIV. Familia Pirinda ó Matlatzinca. 
"79 El Pirinda ó Matlatzinca con sus dialectos." 

Pertenecen á los pueblos civilizados de la región central, for- 
mando grupos separados por los nahoa. 

Históricamente hablando, la familia más moderna la constitu- 
ye el primer orden del Sr. Pimentel. 

"Lenguas polisilábicas polisintéticas de svb-flexion. 

Grupo mexicano ópata. 

"I. Familia mexicana. 

"1 El mexicano ó náhuatl. Sus dialectos sod: ^ 

"a El Conchos 

'Tt) El Sinaloense 

♦c El Mazapil 

"d El Jalisciense 

"e El Ahualulco 

"fía Pipil 

"g El Niquiran 

"*2 El Cuitlateco 

"ü. Familia sonorense ú ópata-pima. 

"3 El Opata, teguima ó tequima^ sonorense 

"4 El Eudebe, heve ó hengue, dohme ó dohema, batuco 



248 

"6 El Jova, joval, ova 

'^6 El Pima, nevóme,, ohotama ú otama, con sas dialeotos, 
siendo los más conocidos 

"a El Teooripa 

"b El Sabagui . 

«7 El Tepehnan con sus dialectos 

*'8 El Pápago ó papabicotan 
^'9 á 12 El Yuma comprendiendo el Cachan, el Cocomaricopa 
ú opa, el Mojave ó mahao> el digneño ó Goñeili el Yavipaii ya- 
mipai, yampaio. 

''*13 El Oajnenchei encapa ó jallicaamay 

"U El Sobaipure 

"15 El Julime 

^16 El Tarahumar, con sns dialectos, entre ellos: 

^'a El Yárogio ó Ohinipa 

"b^El Guazápare 

"c El Pachera 

''17 El Oabita ó Sinaloa. Sns dialectos más conocidos: 
. "aElYaqni 

*% El Mayo 

"c El Tebneco ó znaqne 
"18 El Gnazave ó Yacoregne 

"19 El Chora, Ohota, Oora del Nayaril ó Nayarita. También 
al Pima suelen llamar Cora, y este mismo nombre tiene nn idio- 
ma en la Baja California. El Nayarita cuenta tres dialectos: 

"a El Mnntzicat 

"b El Teacncitzin 

""o El Ateanaca 
"20 El colotlan 
"21 El Tabar y sus dialectos 
"22 El Huichola 
*23 El Zacateco 

"24 El Acaxee ó Topia, comprendiendo el Sabaibo, el Tebaca 
y el Xixime, este último de clasificación dudosa 

m. Familia Comanche-Shoshone. 

^'25 El Comanche con sus dialectos, llamado también Na uní, 
Paduca, Hietan ó Jetan 
"26 El Caigna 6 Kioway 



2^(9 

''27 El Shoshone ó Ohochone 
^^28 El Wihinasht 
. *'29 El Vtah, Tutah ó yuta 
''30 El Fah-ntah ó paynta 
"8l El Ohemegne 6 Oheme-huevi 
^'3Í El Oahuillo 6 Oawio 
"38 El Kechi 
"34 El Nótela 
"35 El Eiflh ó Eij 
"36 El Femandeño 
"37 El Moquí 

'OPerteneoen á la familia Shoslione otros varios idiomas qae 
se hablan en los Estados-ünidosi enya ennmeracion completa 
no corresponde al plan de mi obra, limitada á las lenguas ¿e 
México y á presentar algnnos ejemplos de las limítrofes que apa- 
rezcan i^es de aquellas. En otras obras se irán sucesivamente 
s^uiendo las analogías^^hasta su término en un tratado general. 

"lY Familia Tejana ó Ooahuilteoa" 
"38 El Tejano ó Ooahuilteeo con sus dialectos 

*V Familia KereS'Zuñi 

'^39 El Keres ó Quera dividido en'tres dialectos 
Eiwomi ó Eioamcy Oochitemi ó Quime» Acoma y Acuco. 
^'40 El Tesuque ó Tegua 
"41 El Taos, Piro, Suma, Picón 
"42 El Jemez, Taño, Peco 
"43 El Zuñi ó Cíbola 

"YI FamiUa Mutzun 
"44 El Mutsun 
^'45. El Rumsen. 
"46 El Achastli 
"47 El Soledad 
"48 El Costeño ó Costanos 

"A la familia Mutsnn ó Bumsen pertenecen otros varios idio- 
mas de California, según Taylor, lo que es preciso tener presen- 
te cuando se trate de una clasificación general de las lenguas 

32 ...vaül 



250 

amorioanas. Para mi objeto basta con lo que lie explicado sobre 
el Mutsnn en los capitnlos 22, 23 y 24." 

"Vn Familia Quaicura 

"49 El Gnaioara, Yaionra ó Monqni 

"50 El Aripa 

"61 El Vchita 

"62 El Cora 

"53 El Concho 6 Lanretano 

" Vlll Familia Cochiní Laimon 

''54 á 57 El cochiní dividido en cuatro dialectos, ó más bien 
lengaas hermanas, á saber, el Cadegonio y los idiomas usados 
en las piisiones de a Javier, S. Joaquín, y Santa María.' 

"68 El Laimon ó Lajamon .^ 

"IX Familia Seri 

"69 El Seri ó Ceri 

"60 El Guaima ó Gayama 

"61 El Vpanguaima 

Familias independientes entre si y dd grupo mexicano-ópata, 

"X Familia Tarasca 

"62 El Tarasco 

^63 El Chorotega de Nicaragua (muy dudosa su analogía con 
el Tarasco.) 

"XI Familia Zoque-miie 

"64 El Mixe con sus dialectos 
"66 El Zoque 
"66 El Tapijulapa 

"Xn Familia Totonaca (idioma mezclado.) 
."67 El Totonaco dividido en cuatro dialectos" 

A estas familias corresponden los pueblos de tas regiones cen- 
tral 7 boreal; á los depositarios de la civilización tolteca; á tri- 
bus bárbaras y errantes aún no salidas del estado salvaje. Ex- 



261 

iiándense hacia el N, hasta muy altas latitudes, comprendiendo 
multitud de tribus en los E. ü. En América, como en Europa, el 
N. ha sido el almacigo del género humano. De allá han bajado, 
como impetuosos torrentes, esas emigraciones sucesiyas, que 
empujando hacia el S. á las tribus anteriores, han acabado por 
tomar su lugar después de largas series de choques y desasjbres. 
Béstanos mencionar á los chichimeca, que siguieron inmedia- 
tamente á los tolteca y fueron fundadores del reino de Acolhua 
can. De los autores, unos les hacen de procedencia nahoa, y 
otros de estirpe de los otomies: ambas opiniones resultan falsas^ 
pues los chichimeca hablaban lengua particular, que parece ha- 
berse extinguido. .Conforme á la autoridad de uno de nuestros 
principales cronistas. "De estos chichime^as unos había que se 
áecísk nahuü'^ichimecas, XíarnÁadose de nahoa y de chichimecas, 
porque hablaban algo de la lengua de los nahoa ó mexicanos y 
la suya propia chichimeca. Otros había que se decían otonchichime' 
eos, los cuales tenían este nombre de otomies y chichimecas, por- 
que haHában la lengua suya y la otoml Otros había que se llama- 
ban cvextecaohichimecas^ porque habUthan la lengua chichimeca y 
guaxteoa." (1) 

uno de los cronistas de la nación dice: "De suerte que Tetz- 
cotl puede ser yerbo chichimeca. No se ha podido saber su ver- 
dadero significado, porque los chichimecas que primero le pusie- 
ron el nombre, no solo se han acabado, pero no hay memoria de 
su lengua, ni quien sepa interpretar los nombres de muchas co- 
sas que hasta ahora en aquella lengua se nombran, etc." (2) 

Otro de los escritores nacionales escribe: '^Entró en la sucesión 
del imperio Techotlalatzin, aunque el menor de los hijos de Qui- 
natzin, por sus virtudes y haber estado siempre sujeto á la vo- 
luntad y gusto de su padre; y por haber sido el ama que le crió 
señora de la nación tulteca, natural de la ciudad que en aquel 
tiempo era de Culhuacan, llamada Fapaloxochitl, fué el primero 
que ti8Ó hablar la lengua náhuatl que ahora se llama mexicana, por-- 
que sus pasados nunca la usaron, y así mandó que todos los de la 
nación chichimeca la hablasen; en especial todos los que tuvie- 
sen oficios y cargos de república." (3) Torquemada sirve tam- 

(1^ P. Bahagan, tom. 3, pág. 130. 

(2) Bdlacion de Texcoco por Jaan B. Pomar. MS. 

(S) IztlflxochiiU Hift« Chichimeca, cap. 18. MS. 



253 
bien de fandamento á nuestro propósito, (1)- así oomo el Sr. 

> 

menteL (2) 

En nuestros estadios hamos encontrado los nombres de mu- 
chas lenguas perdidas, ademas- de la chiohimeca» de las amales 
no sabremos afirmar si eran iguales ó diversas de las conocidas. 
El catálogo es éste: 

En Ohiápas el ccadcHf tróktk^ zotdem y qttden. 

En Oaxaca el chantalenOf hitatiquemane, Ixcateco. 

En Guerrero el ÜatzihuÍ8téco¡tmsteco, tiaootqpehua, cuyiUumateeOf ¿s- 
cuoo, maüame, texome^ tolimeca, chumbia, tiateoo, texcateco, camotecOf 
panleca^ tepuzleoo. 

En México el macoaqxte. 

En Guanajuato el guaxabana. 

En Miohoacan el teoa, y dudosos di caeunioa j tequijana. 

En Xalisco el ÜaacomvUeca^ tecueoce^ cocoj tepecano. 

En Zacatecas el odotUm^ oaxcariy cuachichiL 

Eñ Tamaulipas el óLive^ asanambre^ tantítulipeco. 

En Nuevo León el hucdahuiaes. 

9 

En Coahuila el codhmUecd^ tobazo, irrüüa. 

En Durango el cdcaru 

En Sinaloa el huite^ mediotagndf táhuecat paccLéa^ zoe, baimena, 
vooronifTiiOf oahuimdOf ohuera, bOsopUf chicorato. 

En Chihuahua eljuKm/e. 

En Sonora el macoyahuy^ vayema, pvtima^ baiuroque^ tepararUO' 
na, tepáhtie. 

En California el pericL 



<!) Monnaiq. Indiana, lib, 1, oap. XIX. 

<3) Cnadro deaoriptiTO y oomparaüTOy primen edidon, tom. 1, pág. 155. 



SEGUNDA PARTE 



y 



EL HOMBRE PREHISTÓRICO 



EN MÉXICO. 



LIBRO I. 

CAPITULO L 

LA FAUNA Y EL HOMBRE PRIMITIVOS. 

La paiótnUologia humana,^3u olffeto,—Pt^mifiarei,'^TabladéclaiiJUcMo^,--An' 
tígü0dad del eanUnenU amerkanc—Periodo gladai.'-La fauna jigante$ca.''Ma^ 
todott,-^ S¡dpha$. « — Tapiru9.^»Eqwu, ^BM.-^OMon.'^CameHa» Uama, — 8ui 
serofa. — JBguui aaimu$.'-Ca9^&ridei OJtíemei^^Cmfnu AíM/rieanu^.'—FeUz atrox, 
-^Mtgatherium, ~* líploáon,^ 3£tga¡anw.—0¡ifptodan. — ItgetUnUpotMoiU. — T^- 
9eiiKftíntlü'-JS:o¡MitmdntU,'-Ttoluchi»^Iíu0ara prófaian de fé. — SI hombre 
Urdttirío de Oa¡Ufomia,-^Sl hombre de líatehee.—JSeito» en Ocueonade Ccúnty,^ 
Un la América del Sur.-^En la isla de Ouba.—En el Valle de Méxiee.-^En Jf#- 
Uae. — En Sanara. — Dedueeiane$. — La AÜánUda terciaria — Ináuedonee. 

HAY una ciencia de reciente data, importante por sus trascen- 
dentales aplicaciones, y llena de inte'teB á la par que de curio- 
sidad. Llámase la Paleontología humana^ que según la definición 
de ELamj (1) es, la historia de ícw razas humanas cuyos despojos ó re- 
iquias perteneceii á los depósitos anteriores á' los dd período actual 
Bu ol>jeto naturalmente es, rastrear el principio del hombre 
sobre la tierra, y por medio de las obras de sus manos, recons- 
truir la historia, de la humanidad y^ su desarrollo intelectual, 
desde su i^paricion en nuestro planeta hasta los tiempos conoci- 
dos por la historia. De aquí los otros nombres aplicados á la 

(l) Préoif á% Paleontologie hnmaine por le DooUur E. T. H«my. Farif 1870. 



256 

ciencia de prehistórica ó antehistórica, y también paleoarqneclogía 
6 sea arqueología antigua ó primitiva: Quatrefagues quisiera que 
se adoptara la denominación de Paleoantrqpólogía, abarcando las 
ideas del estudio del hombre fósil y de sus obras. 
Apóyase sobre variadas ciencias, prestándole fundamento prin- 
. oipal la geología, y si en general sigue un método análogo al de 
ósta, de ella se diferencia, en que la paleontología humana es 
propiamente la historia particular del hombre, mientras la geo- 
logía lo es de ]fi, tierra por aquel habitada: ofrecen muchos pun- 
tos de contacto, mas no son la misma cosa. 

Procede en sus indagaciones por un medio eficaz cuanto cien- 
tífico. Conocido un terreno, determinadas su fauna y su flora, si 
allí se encuentran rastros del hombre, se infiere que el sor inte- 
igente es contemporáneo de los animales y de (las plantas allí 
existentes, y que la antigüedad de todos debe medirse por la de 
la capa geológica quedes contiene. 

De aquí nace que en las determinaciones de esta ciencia debe 
atenderse á tres caracteres principales. Carácter geológico ó de ' 
yacimiento, que consÍ8te,^no propiamente en la parte mineraló- 
gica, sino en la estratigráfica, ó sea la disposición afectada . por 
las capas, bancos ó estratos en su natural supersposicion. En 
esta materia juzga la^eología, los terrenos se sujetan á las cla- 
sificaciones por ella^ admitidas, y sus fallos no son apelables en 
lo que atañe á las edades respectivas^de las distintas formaeio- 
nes. Se subentiende, que la clasificación reposa sobre la integri- 
dad del yacimiento. 

Carácter paleontológico. Según Vilanova (1),. — *'se funda en la 
naturaleza de esos seres orgánicos, animales y plantas, que aca- 
rreados por las aguas ó habiendo perecido en su seno y deposi- 
tados en el fondo denlos mares ó lagos, después de sufrir un cam- 
bio á veces completo en su naturaleza primitiva, se presentan 
hoy como el elemento indispensable para determinar las sucesi- 
vas evoluciones que ha experiméntelo la tierra en su largí^ y pe- 
regrina historia. Cada terreno ofrece un conjunto de fósiles ve- 
getales y animales, ó en otros términos, una fauna y una flora, 
distinta de las anteriores ó posteriores."— Ayudan en esta sec- 

« 

(1) Origen, natoraleza j antigüedad del hombre, por el Doctor D. Juan Vilanova 
7 Piara. Madrid, 1872. 



f 



257 

cion los ramos relativos de la historia uatural, botánica, zoología 
¿a, auxiliados poderosamente por la anatomía comparada. Ani- 
males y plantas se clasifican bajo las categorías de extinguidos, 
emigrados ó existentes. 

Ca.rácter arqueológico, referido exclusivamente al hombre. 
Este puede manifestarse por su esqueleto ó por alguno de sus 
fragmentos. La antropología determina las diferentes razas, la 
capacidad moral dé los individuos, 7 la distribución del hombre 
en el globo terrestre. Los cráneos se clasifican por el índice ce- 
fálico, — "ó sea la relación del diámetro transversal máximo^ con 
el diámetro antero-posterior, que se supone igual á 100. En su 
virtud, se llaman, siguiendo la clasificación de Broca, DóUcocefa" 
loa puros, ó propiamente dichos, aquellos en que la relación del- 
diámetro transversal respecto del antero-posterior no llega á 75; 
Subdolicocé/alos aquellos en que el índice oscila entre 75 y 77; 
Mesocé falos ú Ortocé/cdos aquellos en qué el índice marca de 77 á 
80; de esta cifra á 85 Subtraquicé/alos, y por último, más allá de ^ 
85 Braquicéfcdos puros." (1) t 

Si no por sus despojos, el hombre se manifiesta por sus obras 
como armas, utensilios, productos de la industria, cerámica, di<« 
bnjo, escultura y construcciones que se refieren á la arquitectu- 
ra, como sepulcros, monumentos y ciudades. La arqueología so- 
brevigila esta sección, reúne los objetos, los ordena, los clasifica 
é infiere, después de maduras reflexiones, la cultura de los artí- 
fices, y el grado á que llegaron en la escala de la civilización. 

Una tercera clase de manifestación la suministran, las huellas 
dejadas por el hombre lEíobre los huesos fósiles, ya rompiéndolos 
para aprovechar la médula, ya dejando sobre ellos señales de sus 
armas ál tiempo de dar la muerte á los animales, ó al separar de 
los despojos la carne y los tendones, £c. Prueba es esta suficien- 
te en su caso, si bien no se le tiene por tan satisfactoria como 
las otras. 

La arqueología dividió al principio lasobras del hombre en dos 
grandes secciones, la una caracterizada por los metales, la otra 
por la falta de éstos. A medida que los descubrimientos fueron 
mayores se hizo indispensable otra clasificación; en consecuen- 



(1) YiUmoTa, pág. 174. 

33 



268 

cia, la edad primitiva ixxé subdividida en época de la piedra bru- 
ta ó del sílex, j en época de la piedra pulimentada, siguiendo la 
época del bronce, y la del hierro. Hasta entonces la presencia 
del hombre sólo había sido notada en los terrenos cuaternarios; 
descubierto después en los terciarios, ha tomado nueya forma la 
clasi&cacion, que, según Yilanova, (1) es ahora la.siguiente: 



(1) F4g. 15S. 



350 




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860 

Terminados estos pequeños preliminares, la primera cuestión 
qae naturalmente se presenta es la que atañe á la antigüedad 
del continente americano. Incompetentes nosotros para formu* 
lar un juicio acertado en la materia, ocurrimos á los peritos en 
lá ciencia, copiándoles sus doctrinas. En el presente caso pedi-^ 
remos sus acertados conocimientos & nuestro buen amigo el Sr. 
Barcena (1) . 

''El conjunto de hechos que he referido en los capítulos ante* 
rieres, dice, y en uaa parte de éste, nos conducen á algunas hi* 
pótesis sobre el aspecto que presentaría durante el tiempq me- 
sozoico, y en una parle del que se siguió á éste, el lugar que hoy 
ocupa el territorio mexicano. 

''En efecto, las rocas correspondientes al tiempo mesozoico se 
presentan en casi todos los Estados del país; y como están for-^ 
mados de sedimentos marinos, es claro que en el lugar que hoy 
se encuentran existieron las aguas del mar, cubriendo muy gran- 
des extensiones, y sólo habría entonces algunos islotes esparci- 
dos correspondientes en su mayor parte á las ramificaciones de 
las montañas rocallosas que, apoyándose en el N., se extendían 
hacia el S. E. formando el núcleo principal del continente ame- 
ricano. 

"En la excelente obra de geología del profesor J. Dana se ver 
un mapa en que están señalados la tierra firme de este continen- 
te y el espacio ocupado por las aguas en el perív)do cretáceo.^ 
Los mares se extienden desde el Golfo mexicano y para el inte- 
rior del continente, en una dirección N. O.— S. E., pasando por 
el lugar que hoy ocupan nuestros Estados fronterizos. La hipó^ 
tesis hecha por aquel sabio profesor sobre la posición de los ma- 
res cretáceos en nuestro territorio, se confirma plenamente cou 
las obserraciones que he citado; y aun pueden extenderse los 
límites asignados á esos mares, prolongándoles del E. al O.^ 
uniendo las aguas del golfo con las del Pacífico, pues ademas de 
la evidencia que tenemos de que existen rocas mesozoicas en los 
Estados de Téracruz, Hidalgo, México, Morelos y Guerrero, ten-- 
go noticia de que.se encuentran también en Jalisco y Michoacan, 
principalmente en las montañas que forman las costas del Fací- 

« 

(1) Datos para el estudio de las rocas mesozoicas de México y sus fósiles caraote- 
xísticos por Mariano Barcena: Mázico, 1875. Fág. 33 y sig. 



261 

fioo; 7 aun he Visto algunas muestras de rocas cretáceas proce- 
dentes del último de los Estados mencionados. Mi maestro el 
Sr. D. Antonio del Castillo me ha informado también de que en 
las lozas que usan en Colima para las construcciones se ven nu- 
merosas impresiones de amonitas. • 

*'La figura adjunta es una copia del mapa del profesor Dana (Y. 
nuestra lám. núm. ) j en el cual he añadido la continuación del 
mar cretáceo en México, encerrando con puntos el espacio mar- 
todo por mi, y que las observaciones posteriores lo extenderán 
probablemente hacia el N.' del limite que hoy le señalo. 

''En vista de estos hechos, deducimos fácilmente que al termi- 
nar el tiempo mesozoico había pocas tierras emergidas en esta 
parte del continente americano, y que las aguas marinas lo ocu- 
paban casi por completo, á lo menos en su parte central. 

''Llegados á estas conclusiones, nos queda por determinar la 
época y el modo de formación de las montañas, que hoy vemos 
constituidas por los sedimentos de aquellos mares. La natura- 
leza de los fósiles que contienen y la de las rocas principales que 
sirvieron de agentes de levantamiento, nos marcan con mucha 
aproximación la época en que se formó una gran parte del terri- 
torio mexicano. Algunos de los fósiles citados nos demuestran 
que aquellos mares, en los cuales vivían, existieron al fin del pe- 
ríodo cretáceo; pero debemos creer que el levantamiento de las 
montañas que hoy forman los sedimentos de aquellos, se verificó 
ya en el período terciario, puesto que en esos agentes del levan- 
tamiento vemos á las rocas traquíticas que corresponden al tiem- 
po cenozoico. Al fin del cretáceo debieron ser los mares poco 
profundos en muchas partes, como lo indican algunos de los fó- 
siles referidos, y cuyos géneros se encuentran en los sedimentos 
de las aguas someras. Esos mares poco profundos serían muy 
cenagosos y estarían abundantemente provistos de animales, 
pues la caliza que depositaron sus aguas, es notoriamente fétida 
y debe contener muchas sustancias orgánicas. 

''El primer fenómeno ígneo que ocasionó el levantamiento de 
los lechos de aquellos mares, debe haber sido terrible y simul- 
táneo, como puede deducirse por la magnitud y uniformidad de 
«US efectos. La dirección N. O. — S. E. casi constante que presen- 
tan los planos de estratificación de esas rocas mesozoicas, indica 
que la dirección del movimiento fué igualmente en ese sentido* 



262 

circunstancia que también índica la dirección más general de las 
VBtas y galerías que se hallan en las mpn tañas en que me ocu-^ 
po. Las plegaduras y otros accidentes de contracción que pre- 
sentan los planos de estratificación, íaanifiestan que el impulso 
que sufrieron no fue solamente de abajo hacia arriba y en !a 
dirección referidia, sino también en sentido lateral, en el que fue- 
ron comprimidas fuertemente las rocas hasta que se doblaron,, 
formando las estratificaciones onduladas y en zig-zag de que hi- 
ce mención. 

'^Buscando la dirección y causa de esas presiones, podemos-, 
supoiier, atendida la naturaleza de los agentes del leyantamiento, 
que el gran foco de morimiento existió en el lugar que hoy ocu- 
pa la cordillera de los Andes, y que las enormes masas traquíti- 
cas que allí se levantaron, invadieron .con sus ramificaciones una- 
gran extensión hacia el N. O., levantando y metamorfizando en- 
tonces los lechos marinos formados por las aguas cretáceas. Co- 
pio el centro de movimiento estaba hacia el S. E., y las masas 
que allí aparecieron eran de mayor importancia que sus ramifi- 
caciones, es de creerse que todo su impulso se dirigía en el mis^ 
mo sentido que hoy guarda la cordillera de los Andes, y hacia 
el N. O. del continente dónde la resistencia que ofrecían las gran- 
des masas paleozoicas que allí se encontraban, detenía aquel im« 
pulso, y de esto resultó esa compresión que los extremos del 
mismo continente ejercían sobre su parte media. La figura ge- 
neral del territorio de la America y la dirección del esqueleto 
montañoso que parte delN., atraviesa nuestra República y sigua 
hasta los Andes, pudieran apoyar las hipótesis anteriores. A 
esos mismos fenómenos se debe probablemente la constancia en 
la dirección de las resquebrajaduras que después ocuparon las 
sustancias metalíferas que formaron las vetas en las rocas sedi- 
mentarias, así como en la^ mismas masas porfídicas, que, encon- 
trándose en la parte media del continente, ^participaron de las 
presiones de los extremos, pues en muchas de las montañas de 
pórfido se encuentran criaderos metalíferos en nuestro país. 

''Pasado ese primero y más importante cataclismo, siguieron 
otros que produjeron rocas pirogénicas y las sustancias que lle- 
naron las resquebrajaduras existentes en las masas levantadas 
al principio. 

"En tan terribles cataclismos acabó la fauna antes existente r 



' 263 

7 al lado de las montañas quedaron grandes cayidades, en las 
que se depositaron las pocas agaas aisladas que quedaron de I09 
mares 7 las que deben kaber formado algunos sedimentos ter- 
ciarios que se descubrirán probablemente en muchas partes de 
nuestro territorio. 

'^Aunque tengo intención de hacer un estudio especial de las 
rocas cuaternarias, que también ocupan mu7 grandes extensio- 
nes en nuestro país, creo oportuno hacer aqui algunas obserra- 
ciones sobre su origen^ para dar una idea del tiempo 7 de la ma- 
nera en que se acabó de formar una gran parte del territorio de 
México, tal cual se observa actualmente. 

^Si examinamos las grandes llanuras 7 la ma7or parte de los 
Talles que están encerrados en la inmensa red que forman las 
montañas mesozoicas 7 las terciarias de pórfido 7 basalto, vemos 
que los lechos que se hallan en aquellos están formados de de- 
tritus de las rocas de las edades citadas 7 también de materiales 
volcánicos de los correspondientes al tiempo cenozoico, 7 mu7 
especialmente á su último período. Los sedimentos en que se 
hallan esos materiales son de origen lacustre, 7 por tanto pueden 
entreverse otroá dos grandes fenómenos verificados después de 
las escenas antes citadas, uno de ellos fué también plutóníco 7 el 
otro diluvial; el primero proporcionó muchos elementos con que 
terraplenarlos grandes huecos formados entre las montañas me- 
sozoicas 7 terciarias, 7 las aguas pluviales distribu7erpn esos ele- 
mentos, así como los que arrancaban de todas las rpcas de las cor- 
dilleras 7a formadas. Las a^as se depositaron enlas partes ba- 
jas, 7 nuestro territorio no presentaría entonces más que sus re- 
des montañosas 7 numerosos lagos entre los huecos que dejaban 
aquellas. Llegado este período de reposo, 7a fue posible la exis- 
tencia de los seres en esta parte de la América, 7 se^pobló por 
r|i:;as de animales, que, á juzgar por sus restos, que ho7 desente- 
rramos de los sedimentos posterciarios, serían de origen asiáti- 
co, aunque en el estado actual de nuestros conocimientos no . es 
posible determinar con exactitud su procedencia 7 si existieron 
puentes de comunicación entre el antiguo mundo 7 el moderno. 

''Lo cierto es que en el período posterciario existió en México 
una fauna compuesta de animales colosales, 7 sus restos son 
análogos á los que se encuentran en los terrenos posterciarios 
de otras partes del mundo, que esa fauna se extngiuió por com- 



961 ' 

ploto y SU8 despojos están depositados en los terrenos lacustres 
que son tan comunes en nuestro país." 

El cuadro anterior, diseñado con mano maestra por el Sr. Bar* 
cena, aunque pequeño, basta para.nuestro intento: de él se dedu- 
ce una verdad coaquistada ya por la ciencia: el Nuevo Mundo, 
geológicamente hablando, es tan antiguo como el llamado Yiejo 
Mundo. En efecto, hacia el periodo medio terciario la parte bo- 
real del continente americano tenía casi la forma actual, con la 
flora y fauna propias de la época. (1) • 

En el período terciario se produjo un fenómeno curioso. La 
depresión de la temperatura determinó que los hielos boreales 
avanzaran de^ una manera permanente hasta los 42^ lat. N., pro- 
duciendo el período glacial Los efectos de los hielos se notan 
en América unos 10^ más al Sur que en Europa, de manara que 
los efectos fueron en nuestro continente más intensos: el frió al- 
canzó su máximum al fin del período terciario, prolongándose su 
acción por una gran parte del post-flioceno. (2) La extensión del 
fenómeno en América llama la atención, supuesto no existir mon- 
tañas cubiertas de nieve, como los Alpes, ni aun siquiera colinas 
de altura mayor que la media. En 1852 y en compañía del profe- 
sor M. James Hall,'examÍDÓ Sir Charles Lyell el terreno de tras- 
porte glacial y de las rocas erráticas del] Berkshire en Maosa- 
chussets, así como la comarca cercana á Nueva York á cerca de 
210 kilómetros de la costa del Atlántico, en una latitud N. 42^ 
35'. El terreno se ve atravesado por regueros de fragmentos de 
rocas desprenclidas, dispuestos en Ifieas rectas j paralelas, co- 
rriendo en esta forma á través de valles y colinas, en distancia 
de 8, 16, 32 kilómetros ymás'á veces. (3) 

Dos fueron las épocas glaciales, ó al menos, durante aquel pro- 
longado período los hielos alcanzaron su mayor desarrollo, en 
seguida estrecharon sus límites sin desaparecer, avanzaron de 
nuevo, y disminuyeron por último hasta extinguirse. En el espa- 
cio invadido la vida se hizo imposible, perecieron las plantas, y 

(1) Manoftl of Geologj, by James D. Dana. New Tork: 1875. Pag. 521. 

(2) L' ancienneté de l'homme prouvee par la giologié et remarques sor lea theo- 
ries relatives á V origine des espéoes por Tariation, par Sir Charles Lyéll. París, 1870. 
Pag. 889. 

(S) Lyell, r ancienneté de V homme, pág 393. 



266 

los animales inTieron que emigrar al S. en busca de nn clima be- 
nigno. 

Formado el continente^ la vida apareció representada por fau- 
na j flora totalmente desconocidas en nuestros tiempos. Bevela 
la ciencia que allá en el período posterciario, vivían en nuestro 
suelo mamíferos jigantescos de los cuales no tenemos idea al- 
guna, porque desaparecieron también en época lejana. Vamos á 
dar ligera idea de ellos, para noticia dé nuestros lectores, mejor 
en forma de relaciones históricas y arqueológicas, que afectan- 
do la científica. 

Mastodon, Los indios de N. America, que vieron los huesos á 
orillas del Lago Salado, le llamaban Padre de ha bisontes; dijeron- 
le los naturalistas Animal del Ohio^ Elefante dd OhiOy j Mam" 
mootUh dd Ohio; Ourier le puso Mastodonte por la forma de los 
dientes. Este mamífero tenía próximamente la forma j la talla 
del elefante actual, aunque el cuerpo debía ser más alongado y 
los miembros más gruesos; estaba provisto de cuatro defensas, 
las dos menores en la mandíbula inferior, las dos mayores, muy 
prolongadas, en la superior. Es diverso del Mammouth ó Ele" 
^has prímigenius. (2) 

Los restos del Mastodon Americanus se encuentran esparcidos 
hacia la parte boreal de los E. U., y en la Carolina, Mississippi, 
Arkansas, Texas, en Ganada y Nova Scotia. (3) 

En México quedan señales de su existencia en muchos luga- 
res. ''Se encuentran osamentas de mastodontes principalmente 
cerca de la hacienda de la Labor, aunque no hemos tenido la di- 
cha de recogerlas en estado que pudieran servir para clasificar 
la especie á que pertenecen. D. Manuel Olasagarre, persona ins- 
truida y de profundos conocimientos, propietario de la hacienda, 
posee un molar sacado de aquel terreno, y Mr. Bitchió, antes do 
marchar á Inglaterra, depositó en una casa de comercio dos es- 
queletos, el uno mayor, el otro de un individuo pequeño, los cua- 
les no pudimos ver por estar ausente el propietario. Propon- 
dríamos, sin embargo, llamar la especie cuyos numerosos restos 
encontramos en la Labor, Mastodon Ohapalensis, porque el ani- 
mal parece haber vivido y muerto en los lugares en donde se en- 
euentran sus despojos." 

(2) La terre aTsnt le d^tige par Lotiia Fgmix, PariB, 1866. Pág. 81S y ñg. 

(3) Dana, Oeology, pág. 567. 



266 

"La diversidad de lugares de México en que se hallan osamen- 
tas de elefante, mastodonte y tapir (Estados de Jalisco, Guana* 
juato, México, Puebla, etc.,) su posición en los terrenos de alu- 
viones lacustres, generalmente poco lejanos del gran lago de Cha" 
pala, bacen creer que alguna gran invasión de las aguas hizo pe- 
recer aquellos animales. En efecto, todo el valle de México; las 
montanas de Fachuca hasta la mitad de su altura (515 metros so~ 
bre México) de depósitos arcillosos análogos á los formados por 
las aguas de los lagos de Texcoco, Chalco y S. Cristóbal; los va* 
lies de Actópan y de Ixmiquílpan; las pendientes del puerto de 
Zimapan: todo el Bajío, las llatiuras de León y do Lagos, las de 
Guadalajara y á un de Tepic (200 leguas al O. de México), {nre- 
sentan pruebas inequívocas de la antigua ocupación de las aguap, 
en las eflorescencias salinas de los llanos y de la ciudad do Gua- 
dalajara, del Bajío, del valle de Santiago, de las llanuras de Mé- 
xico (Iztapalapa, Texcoco, villa de Guadalupe, etc): pruebas son 
también, la superficie plana y los depósitos de aluvión que for- 
man el sue]p de aquellos valles; los numerosos lagos que ocupan 
aún algunas fracciones de los inmensos llanos extendidos entre 
las Cordilleras, todo lo cual da testimonio de una antigua y po-. 
derosa ocupación de las aguas. Las erupciones y la emisión de 
lavas cerraron grandes valles en donde se formaron estanques'á 
los cuales afluyeron las aguas, rotos después por causas análo- 
gas, por el levantamiento del terreno ó la fractura de las barre- 
ras/' (1) 

^'Los aluviones cuaternarios texanos han suministrado muchos 
dientes y osamentas de Mastodon, Elephaa y Equm, y el difunto 
doctor Berlandier, (2) quien ejecutó una exploración muy com- 
pleta de la parte N. E. de México, tenía en su poder una colec- 
ción de muchos dientes[fósiles de elefante, que fueron comprados 
por un oficial del ejército de los E. U. Es pues muy probable 
que los exploradores descubran en los aluviones antiguos de los 
estados de Tamaulipas, Nr León, Coahuila y Yeracruz, restos de 
esas generaciones perdidas de animales jigantescos, que pobla- 
ron los dos hemisferios antes de la época actual." (3). 

(1) Coup d' oeil Bur la Laguna de Chápala, par H. Galcotti, 

(2) y. Diario de -viaje de la Comisión de Límites. México, 1850. 

(8) Notes geológiques bus les frontieres entre le Mézique et les Etats-Ünis^ par 
■M« J. Marcon. Arcbiyes de la Comission Scientífíque da Méxique. Tom. 2, pág. 75- 



267 

''El Nuevo Mundo estuvo un tiempo habitado por dos especies 
de masiiodonte, y Cal vez por mayor número de esos enormes pro- 
boscidianos. Una de las especies, llamada Madodon Ohiotlcus ó 
Jtf. giganieti8y era propia de la América Se tentrional, donde se en- 
coentran sus reliquias desde el Oregon y Arkansas hasta el Ca- 
nadá. La.6egunda especie, distinguida de la precedente por al- 
gunas particularidades en la conformación de los dientes mola- 
res, ha sido descubierta en varias partes de la América del Sur, 
y recibió el nombre de Maatodon Andium. En fin, la mayor par- 
te de los paleontologistas piensan, que la mayor parte de las osa- 
mentas recogidas en las misitaas regiones, deben pertenecer á 
una tercera especie del mismo género designada bajo el nombre 
de Mastodon Humbcidtü. El fósil encontrado en Temazcaltepec no 
pertenece al M. Ohiaticus, y debe atribuirse á una de las dos es- 
pecies de la América meridional, probablemente al M. Andium; 
pero el fragmento de diente representado en el dibujo del coro- 
nel Dontrelaine es muy incompleto, y muy inciertos los caracte- 
res 'en que reposa la distinción entre el M. Andium y el M, Hum- 
icidiü para poder decidir acerca de este punto. Sea lo que fue- 
re, el descubrimiento de estas reliquias en los alrededores de 
México suministra nueva prueba de la extensión de la antigua 
fauna de la América meridional, hasta mucho más allá del N. del 
istmo de Panamá, y de la separación existente en otro tiempo 
entre la fauna de México y la propia de la América setentrio- 

nal. (1) 

Mtphas. En los E. ü. existieron dos especies de elefantes, el 
E. Americany^ Dekay tan grande como el europeo, y en latitudes 
más boreales el elefante asiático B, primigenius. De S. á N. se 
extendían desde Georgia y Texas á México, mientras al O. se en- 
contraban en el Canadá, Oregon y California. Aparece que las 
especies fueron mas abundantes hacia el S. en el valle del Missi- 
ssippi, prefiriendo un clima más benigno que el E. primige- 

bíus. (2) 
"La familia zoológica de la cual forman parte los elefantes, 

está representada en la época actual por dos especies, propia la*^ 
una de África, habitadora la otra de la India y grandes islas ad- 
yacentes; pero durante los períodos geológicos precedentes esos 

(1) Milne-Edwnrdg, Archives de la Commission Sientiflqne, tom. 2, pág. 218. 

(2) Dana, Oeology, pág 566. 



268 

jigantesoos mamíferos eran más namerosos y ocupaban una su- 
perñoie mucho más considerable del globo, eonstitujendo dos 
géneros muy distintos; el de los mastodontes, reconocibles en 
las gruesas taberosidades cónicas de que está erizada la super- 
ficie triturante de los dientes molares, y el de los elefantes en 
los cuales esos mismos dientes están guarnecidos de pequeñas 
crestas transversales formadas en las láminas de esmalte. Los 
mastodontes habitaron en Francia y otras partes de Europa; vi- 
TÍan también en gran número en la América del Norte; encon- 
trándose las osamentas en estado fósil desde la bahía del Eschs- 
oholtz hasta Texas. Hacia la mismlt época alimentaba la India 
muchas especies de elefante, y otro animal del mismo género 
organizado para resistir el frió de las regiones polares, el Mam^ 
motUh ó Elephas primigenius Ouyier que ocupaba la parte seten- 
trional de los dos hemisferios. 

''ün descubrimiento debido al célebre viajero Alejandro de 
HumboÚlt, nos enseñó que en aquella época antediluviana los ele- 
fantes, propiamente dichos, se extendían más al Sur y habitaban 
en México. En efecto, Humboldt encontró cerca de la ciudad de 
México, en Huehuetoca, uu fragmento de diente molar^ que su 
amigo Cuvier reconoció haber pertenecido á un animal de aquel 
género, considerándolo el gran naturalista como proveniente del 
mammouth. Cierto número de reliquias análogas fueron encon- 
tradas recientemente en aquella parte central de América, en 
Texas y aun en Georgia, y el estudio atento de los fósiles hizo 
reconocer que pertenecían á una especie particular de elefante, 
muy distinta no sólo del mastodonte y del mammouth; sino 
también de todos los otros proboscidianos, sea de la época ao« 
tual, sea del período geológico anterior. M. Owen dio nombre á 
aquel mamífero fósil de Elepliaa Texiantisr-pQro otro hábil paleen* 
tologista, el difunto Mr. Falconer, le había hecho conocer pre* 
cedentemente bajo la denominación de ElephoLB Cólurnbi; y esta 
denominación debe prevalecer, supuesto que en cuestiones de es- 
ta clase decide el derecho de prioridad. 

'^Así, el Nuevo Mundo, que en nuestro tiempo no posee nin- 
guna especie de la familia de los elefantes, contaba antiguamen- 
te al menos con tres representantes de éste tipo zoológico; el 
mastodonte, el mammouth ó E. primigenias y el elefante mexi- 
cano ó E. CólumbL Los dos primeros han sido objeto de profan- 



289 

dos estadios; pero el Elepha9 Cdumbi está aún imperfectamente 
conocido, pues tenemos muy pocos datos acerca de su distribu* 
cion geográfica, y casi nada sabemos del conjunto de la fauna 
antediluviana de México, de la cual formaba parte este animal, 
El mastodonte y el mammouth de las regiones setentrionales. 
¿Yiyían en la parte tropical de América al lado del E. Columbi 
6 tenían dominios diferentes como sucede con los elefantes asiá- 
ticos? En un período más ó menos remoto en la historia del 
globo, ¿serían Máxico y la India los dos puntos extremos de una 
región zoológica, cuya porción media ha bajado al fondo del Océa- 
no Pacífico, á consecuencia de una oscilación de la costra terres- 
tre, como más tarde parece que se separaron las partes seten- 
trionales de América y de la Asia en que vivía el mammo- 
uth? (1) 

Después de la publicación de la monografía del Dr. Falconer, 
otras dos especies de elefantes E. mirifuus y E. imperator^ Jban 
sido extraídas de las formaciones pliocenas del valle de Niobra- 
ra en Nebraska; pero podría muy bien suceder que una de ellas 
sea reconocida más tarde como idéntica al E. ColunibC" (2) 

Nuestro suelo presenta multiplicadas reminiscencias acerca 
de la existencia de los elefantes. Según las doctrinas del S. 
Milne-Edwadrs, se encuentran despojos del elefante mexicano ó 
E. Cduníbi^ ademas de en Huehueloca, en la barranca de Begla 
cerca del Beal del Monte, hacienda de Salcedo en el valle de 
Toluca, en las orillas del lago de Chalco, en las colinas vecinas 
á Ghapultepec y en los alrededores de Puebla. El Dr. Weber (3) 
asegura que los restos se observan en gran abundancia en el es- 
tanque geográfico del Bio Bravo; en los Estados de Tamaulipas 
y de Nuevo León, siendo los puntos principales el rancho del 
Beparo cerca de Guajuco, la cantera de Guadalupe no lejos de 
Pesquería Chica, las cercanías de las aguas sulfurosas del Topo; 
al S. de Nuevo León entre Montemorelos y Linares, en el mis- 
mo Linares y en Monterrey. Nota el Sr. Weber que el pueblo 
menudo conoce aquellos fósiles por Tiuesos de jigaiites, empleán- 
doles en usos medicinales. Desde tiempos antiguos se enc^ntra- 

(1) Milne-Edwardfl, ArohivdB de U Commisdcm Soientiflqae. 

(2) LjeU, randennete de Thonune, pág. 483. 

(S) Axohivei de la oommisBioa Soientifiqne, tom. 8, pág. 58. 



' 



270 

ron huesos jigantescos en Aclangatepec, cercanías de Tlaxcala, 
Texcoco, Toluca, Cnajimalpa, &c. Conocido es que se descubren 
en California en una colina inmediata á Kada-kaaman. 

"Señalé en el terreno cretáceo del distrito de Sahuaripa, So- 
nora, en las vertientes de la Sierra Madre, numerosas grutas de 
las cuales sirvieron algunas de sepulcro á las antiguas poblacio- 
nes indias; es muy probable que aquellas cavernas encierren in- 
dicaciones de los tiempos prehistóricos: en las cercanías se en- 
cuentran osamentas fósiles de grandes animales, cq. las cuales 
las poblaciones locales ven todavía la prueba de. la existencia 
de una raza de jigantes. La Sierra Madre, en la vertiente ocupa- 
da por las poblaciones tarahumares, ofreco igualmente cavernas 
notables, habitadas algunas por las fracciones de aquella tribu 
que viv«ín en estado salvaje. En los aluviones de los alrededo- 
res de Chihuahua se han recogido dientbs de elefante, con indi- 
caciones de la presencia del hombro. Al S. O. de aquella ciudad, 
antes de llegar al Bolsón de Mapimí, se ven en el aluvión osa- 
mentas jigantescas, por lo cual aquella parte del territorio se 
llama llano de los Jigantes, A lo largo de la gran cadena es donde 
abundan principalmente los restos fósiles y las cavernas con osa- 
mentas y objetos humanos; recordaré las de Sestin, del Zape, y 
los aluviones auríferos. El oro, con restos de grandes elefantes. 
Más al S., en los alrededores de Durango, los resto? están mez- 
clados con Vestigios do hachas do hermosas dimensiones. Al pió 
do la Serranía de Zacatecas, en términos do la Cieneguilla, se 
encontró la cabeza entera con las defensas, de un elefante; en las 
cercanías se vieron accidentalmente instrumentas de piedra. La 
Sierra de Guanajuato ofrece interesantes indicios, primero en la 
cumbre del Cubilete, en sepulcros de carácter completamente 
primitivo; segundo en el lecho de los arroyos, que de las cañadas 
superiores salen á la de Mar£l, en donde se hallan numerosas 
hachas de diversos tamaños y algunas osamentas fósiles^ entre 
las cuales citaré el diente de un individuo del género hos. El va- 
lle de México fué también un acantonamiento primitivo; los al- 
rededores de Texcoco en particular ofrecen restos fósiles y ha- 
chas de silex muy notables." (1) 

(1) E. GoilleminTanire, Arobiyesde la Commiaion Soientífique, tom. 8, pág. 408 



271 

El capitán Nicolás (1) señala un yacimiento fosilífefo impor- 
tante en el cerro del Tecolote, y cercanías de Zacoalco, Estado 
de Jalisco. El coronel Doutrelaine (2) marca bajo el mismo pun- 
to de vista la hacienda de Canaleja, 14 k al N.E. de Toluca, Te- 
mazcaltepec, y el cerro de Juquila, distrito de Jamiltepec, Esta- 
do de Oaxaca, no Jejos de las costas del Pacífico. 
^ Según las noticias que nos ha suministrado nuestro amigo el 
Sr. D. Mariano Barcena, son muy comunes en nuestro país los 
terrenos posterclarios de aluvión, compuestos principalmente de 
tobas, margas, Ac: su presencia repetida demuestra la unifor- 
midad y aun regularidad de los fenómenos que los produjeron. 
En esos depósitos posterciarios abundan los restos del masto- 
donte y principalmente los de elefante. Son notables en esta lí- 
nea, el rallo de Ameca, Estado de Jalisco, y los valles de S. Mar- 
tin, Cocula y Zacoalco con aquel relacionados; del primero saca- 
ron huesos muy bien conservados, remitidos á Europa pocos 
años há. Despojos semejantes ofrecen el valla de Aguascalientes 
y el llano del Tecuán i que estií relacionado. 

TapWus. Llamáronle los españoles anta, danta, gran bestia; en 
las lenguas americanas le nombran tapiiy tapiíra, beorí, tlacaxo- 
lotl, Jiuaríarx, sacTia-vaccr, d'c. (3) En Auvernia, Francia, se en- 
cuentra el Tapirus élegans formando parte de la fauna pliocena 
de Europa; se halla fósil igualmente otro muy parecido al Ta- 
pirus ameñcainis, (4) Dana lo menciona fósil en los E. U., y Ga- 
leotti le encontró junto con el mastodonte y el elefante en los 
Estados do Jalisco, Guanajuato, México y Puebla. Una especie 
de tapir vivo todavía en Tehuantepec conocida por danta ó anta- 
burro, Tapirus terrestris. "Ocupa en gran numero el curso supe- 
"rior de les rios Ohicapa y Ostuta, no menos que todos los gun- 
"tos selváticos de la sierra en donde existen buenos pastos y 
"aguas abundantes. Las carnes de este animal son de un gusto 
"bastante agradable.*' (5) — "Según los informes que recibí, dice 

(1) ATchiTes de la Commision Scientíñque, tom. 2, pág. 215. 

(2) Archiyes de la Commision Scientífiqne, tom. 3, pág. 410. 
(^3) ClaTigero, Hist. antigua, tom. 2, pág. 807. 

(4) Precia de paleontología Humaine par le Docteur E. T. Hamy. Paría, 1870. 
Pág. 71 y 86. 

(5) Reconocimiento del istmo de Tehuantepec en 1842 y 43. Londres, 1844 
P»g. 102. 



« 

^'D. Antonio Peñafiel j Barranco, en la Cañada existe el tapiro, 
"Tapiriis americanus; aquí (Oaxaca) es conocido con el mismo 
''nombre vulgar de anteburro como en Yeracruz; habita, según se 
"dice, los lugares pantanosos de este último Estado j los rios 
''solitarios de las Mixtecas, en lugares pocas veces señalados por 
"la planta del hombre." (1) 

Equus. "Los caballos, así como los bueyes, eran cosmopolitas, 
dice Hamj (2), en los primeros momentos del período posplio* 
ceno. Se les encuentra por todas partes con razas ó yariedades 
que algunas yeces recibieron nombres especialea {equtis adamüi" 
cus, piscenensis, Lasteti, (¿c,) entre los cuales hay uno muy nota- 
ble, nombrado plicidens por Mr. Owen, á causa de las complica- 
ciones que presenta su esmalte dental Casi ignoramos las rela- 
ciones que pueden existir entre los equídeos cuaternarios y nues- 
tros caballos domésticos, por lo cual es por ahora imposible 
fijarles su límite en el tiempo. En cuanto al límite en el espacio, 
sabemos, después de publicada la memoria de Mr. Bayle^ sobre 
la fauna de Monsourah, (3) que un caballo fósil títíó en Argelia. 
Dientes de estos solípedos se encuentran en España, Italia, Fran- 
cia, Bélgica, Alemania y aun el Norte. América poseyó muchas 
especies, que sensiblemente difieren de los caballos cuaternarios 
y recientes del Mundo antiguo. (4) 

"Entre los fósiles traídos de Niobrara en 1858 por M. Hayden, 
describe el Dr. Leidy un rinoceronte tan parecido á la especie 
asiática, B. IndicuSy que le refirió á éste; pero nota, y es cosa muy 
singular, que la fauna pliocena de esta parte de la América del 
Norte, se aproxima mucho más á la fauna pospliocena y recien- 
te de Europa, que á la que ahora puebla el continente america- 
no." — "Eesulta en verdad más y más evidente, que cuando que- 
ramos estudiar la geneaología de los cuadrúpedos extinguidos 
abundantes en el terreno de acarreo de las cavernas de Europa, 
será preciso buscar la principal fuente de indicaciones en las 
Américas del Norte y del Sur. Treinta años hace, si se hubieran 
buscado tipos fósiles para llenar una laguüa entre dos especies 

(1) La IfaturaUzay penódico de la Sociedad de Historia Natural. Tozn. n, pág. 
2S9. 
(2> Paleontología humaine, pág. 16S. 
(8) BoU. Soc. Géol, de Fr., 2». serie, i. XI, p. MS, 185é. 
(4) Cf . Ljell, Ane. 2. >* ed. pag. 485. - 



^S78 



odo8 géneros d^ la MhU de ios. oaballoB, (es áfiéitj de Ih giran fa- 



milia dé los SQlípedos)^ so ¿uláera emtdo aofidMite reunir, eñ 
oaanfco posible fiierai los nkateruües'saminifiikrados {)or los contif 
nenies ;de Europa Amia j áírica.. ProbaUementé se pensaría; 
qne confo.itl detfcubvitQÍMtQ de Amárl/», ni al Norte ni el Sixt 
presentaron an represestiante títo deresta familia^ caballo, asno, 
cebra ó conaf^a» erít inálíMmácar más allá úel Ocámo la presen» 
cía de sus especia ^f<$sUes« (Cuánto ba dambiado ahora el pttn<* 
to de vista bajo el enal tomamos esta coestion! Mr Darwin 
desc^riiiel primevo los «restos de un caballo iÓsil en.su yiaje á 
la Amárioa del Sur/ y deépoes foercrir halladas -otims dos espe^ 
dea en ^1 mismo continente. Lo mismo aconteció en la América 
del Norte, en el solo valle de Nebraska, donde ál decir del Sré 
Leidy, babís redoijffido M. Hayden ana especie del caballo domés- 
tico, imposible de selr distinguida, sé encontraron despnes otros 
cinco géneros fÓ3Íles da solipedotí llamados Hip/^arioai, Froto* 
bippns, MQrycbippns, Hippochipns j Paralxppns. Es nn total 
de doce especies de cabállost perteneeientei á siete g&ieros (oom« 
prendido el Ancldlorium mismo de Nebraska), el descubierto en 
las fomacion«es terciarias j posterciarias de lote E. XJ." (1) 

En las escavaciones del Teqttixqniac, con motivo de las obras 
del desugne, se eácontrarótooin cráneo^ mandíbalae inferiores y 
muelas áe caballo. •;Bxiste 'en di Mnseo 'Nacional nn diente , del 
efiMS ^fíHkñgenius, procedente iambien del Talle. El Sr. Barcena 
posiee HA mdlar mnyjbien conservado de 6fut», tomado en el Olí* 
var del Conde, cerca de Tacnbaya. Dana hJace meiMñon para los 
E.U. de i^baUoü mucho mayores qne los xmo3ernos¿ 

Bo8. '*Segan las observaqjiones y los hechos reóojidos^ dice «3 
Dr. Bekfyt del^m^^^iolerir <qne en ojkrotíúsmpoexiatieiñni^nlos 
límites acta9les4f toa E.'U^ cmtroj áiuLoi^co especies del géne^- 
Tobo^f distas CDDlqsfKibreviveiel^af oTTiénca/iw, bisonte/' '^EliSbi 
ca^fibifrúnfiy .vistp rfósU en Big-Bdné^ ^k, difiere par 1» forma del 
m^inep y li^ disposición de los cuernos delbidlálo j^.del bisante 
de los E. U." "El Bo9 lairi/ona Harlam^se háUdeaKsnitniol^; si 
parece al anroeh, JBes wus^ Cnvier , recójido á d¿illas del Bhím<^ El 
Boapayasii Dekaj, se halló en las ostilJae del MÍ8m«áppl'>(2):) 



ti 
tí 



T If. 



(1) Syell, L'aaoi«mi«td de L'homme, ptfg. 48^ 
(3) Antiquítíes Amesicaines, pág. 92 

85 



I 



S7« 

Sftcáronse del tajo de TóqQixqaiab < (Dráneoe en disperso» estar 
dos^ defenBaa, miiedaa, inaodíbnlaB inleriores y hjámeros de buey, 
BosprisGus. OuilIenmi.FaraiTe aéfiála nn diente- del génbtt) beéi 
recogido p<»r él ea Oiiaiiajtiaíto./D.' Mariano' Báirwna indiea feth 
toa del mismo animálfen'^epaidtlah; Bstiulc^de Jaliaeo. Noeetla 
extraño^ en coneepto'deiifiebtroBAiatMaKetae^ delermiiiarlapre^ 
seneia del anroelí leátre.loa despojo» fóéileé de Tequixqtíiac. OQáS 
cabezas jde bo8 extraídma de aquél logar, -pai^ecen pertenecer 
á distiátas' espeóiea. Existen en el Mtieeo Daeional dos ekceleii*' 
tes ejemplares de esos «ranees, nnoMe -itís Males mide oerea de 
Taray níedia entre los extrranbs de loir lejes Imesosos de loa 
onémos, y mayor sería la Idngitiid si exiistieran los casqnillés 
oóroíeosqne'faLtan* t. .. ! . . r . 

^ CHotoru lilamsdo Caroiífu en el OtaflrI»ir'l>arbita las regiones 
frías en ApaáDiea, Bnsia^ Bnecia, Nornegá; ImlUndosele en est»- 
(do fósil en la Alemania central y* basta Bélgióa» ■ 

CameUns Uama. En el Teqoixqniaei vertebrad oornioales, mtie» 
las y reato8/,de mandíbulas. El líaoia; 6 mo/oraucíímiáp camera 
del Pera, aotnalmente solo se encaenibra en Snr AmáricaL Nnes^ 
tro amigó .el Sr.;Lio. D. Alfredo Oharero* posee ¿Una -mandíbnla 
sacada de las lomas de Taonbay a. 

8m*8or(^a. Cráneo y mixebis en eLTeqnlxqniac; Diee Ratime^ 
yer^ qne en la última parte del plé^íodo de piedüja» -habla -en En^ 
ropa dos.razaa^ del pnéroo domá^ico; la^ una, grande^ derivada 
del jabalí; lá otra, más pequeña, llamadn pueproo de 'ios pantanos. 
¿W-éor^a j9iaitis¿nA {1} 

Equua aaimta. JUandibiilas inferiores y famelasen^ el repetido 
Teqnixquiad * ^ - ' ' 'V. ^ - ' » 

. MetndonálrémoB ta8^kn,>ootn<>'enlK»nti'a(lM tosSi -^.^ A 
^ashoraidm Bhi^mis Fbster, gra» «diedor) \{uii tlélie' áfiñid«íd' éon 
el Oas^ €kmadein$Í8 Eúhl, y medía ><sasi ¿Itrco '{^tft. ^I31''0bnn» 
¡^bienmnt«[ Haarlan,' cj[U0 igualaba si no 'eíee^d'^éfi' tamaño, al 
dervo irlandés lEU léoii jFVN» ^•^(xr \L. casi tan grande 6omo él 
lxritáÉdo6: osos dé dátersas' especies, &0. {^ -'- 
[ /JhgtUháAm' M:Anék^ propio de solo kmétí^ 

cm córrespénde.al ¿rdeá de los >JPereE0S08¡ ffira 'mucho, mayor 



fl) LyeUi L'aiuñennete de rhoxmne, pág, SI. 
(2) l>W|t Oeology, pág.„567. 



qtie todpfl loSs destentados actnalm^n^e existeAtesy snpnesto qnp 
uno de aus esqueletos mide 18 pies delfurgo, y su altara era dé 
dos 7 medio metros. Sus piernas .ofrecen, reunidoi^ I98 caraeto; 
res á» Igs pormigu^ros^/de. loaJ^^tons^y de los Chlamj fóxos, 7 
gruesas 7 xoacizcs^ ix|áfi eran oolumnas para soportar el gran peso 
delindÍTiduo^que (5rganos de. locomoción; terminaban en gnin4e$ 
manoa, :axmik4aB de lai^fas garras* La cola, gruesa 7 dura, le serr 
TÍa da defensa^ 7 también de apoyo junto con las patas traseras, 
para ouanda levantaba y esgrimía las patas delanteras q las ocur 
paba eai Taacai^-H tierra. Manteníase de yerbas y de raíces, deaf- 
cubiriendo la estructura de sus diente9 molares que no era carní- 
voro. ''La orgaiiizapioA. auatomica de sus miembros denota una 
'^locomoción pesada, lenta y difícil, pero ofrecen el más solido 
''sosten y mis admirablemente combinado para el peso de un 
"animal enorme. y sediantario, especie de. máquina viva para ora* 
"dar, casüiJfnóyil y de incalculable potencia," No es sólo parti- 
cular de Sur América} ya que el Megatherium mirábile L. ha sido 
encontrado en Georgifa, Skinddaway Island y Carolina del Sur. 
"£n los g;abínet€»9 de historia nati^ral de Madrid, y otra ciudad 
da España, se ven ires. esqueletos de Megi^tberium, llevados d^ 
1& América del 8^ iin^o el ano 1789, de. las orillas del Luxan, á 
tres leguas de Bue^^oa Aires; oXx^ de Lemia en 1795, y el terce- 
ro del Paraguf^y, el .cual fué descrito por Bru: se dice que la ca- 
beza del fémur tii^ne 98 pplgadc^ de circunferencia." (1) 

Myhdon. Perteneciente también 4 la familia de los perezosos. 
Han sido descritas tres especies, dos del Sur y una de N... Ame^ 
rica. Elxsquele^o deji ifíj^íoc^on ro&u^.t^ O.Tr^, mi4^ once pies de 
kurgo,. de man^a qiie^ el animal fué mucbp mayor qué el búfa- 
lo del .O. 1^1 norte ame];;ci^no,Jlfj(2oc2an Jarlaníf se encontró al 
Eb y al <X[ delrMiasissippi y ,en ^Ir QrQgou. (2) "Más pequeño 
quealM€fg4ib^^|n{,SQ diÍQren,c.iai de, éste, en la forma de lof 
dient(»s, que |io ^^ai^^^jmilare^^ni pree^epta^an xpolares de super- 
ficie ^gast^da-y plf n%,indicand)Ooqua el añimM se alimentaba de 
veigetale?» probablfeawnte da. b^jas y xQtoñ ^prnos. Como pre- 
fi0&t& ai i^SBiio j^^n^|q;pezu^as;y jgarrae' en cada pié| se ba creí- 

(1) Figuer, Lá Feíre avant le ÜAog^ -pág.' 877 j é^ Daii% Q^ogJtúP^' t^9- 
AntíqmUiB amerioainea, ptfg. 91. 
(S) Dana, Gaologjr, pig. ses. 



. .. ». 



é76 

do qx^e formaba el paso entre los animales ongnicnlados á los 
ungulados. Se conocen tres especie?, las cnales rÍTÍañ én las 
Pampas de !Eíaenos Aires." (1) 

Mégcücnix. **A indicación del' ílnstre Wasbington, ntío dé los 
primeros j niás distinguidos presidentes de la Bepifblica de Io9 
E. IL, reconoció Mr. Jeflferson los restos de nn Perezoso jigan- 
tescOy encontrado en una caverna del Estado de Yirginia, del 
cual se vio después un esqueleto entero en el Mississippi, con 
los cartílagos adheridos todavía á los huesos, en buen estado 
de conservácronrJefferson llamó á esta esrpecie Megaloñix; Tie- 
ne grandes analogías con el Perezoso; excede su talla ú la de 
los bueyes más corpulentos; el hocico aguzado; las mandíbulas 
armadas dé dientes cilindricos; los remos anteriores mucho rñ&a 
largos que los posteriores; la articulación del ptó oblicua so- 
bre la pierna: dos dedos gruesos, cortos, armados dé uñas largas 
muy fuertes, el índice más débil, con una menos poderosa; la co- 
la fuerte y sólida. Tales son los rasgos principales del Megalo- 
¿IX, de forma níínos pesada que el Megaterium." (2). Fuera de 
los lugares en N. América, que dan testimonio de este animal en 
Virginia, Greenbrier Óoíinty, y Big-Bone Ltnct sus restos se 
encuentran derramados en Sud América, desde xas Pampas has- 
ta el extremo de Magallanes. Becibió' el notnbre dé Megalonix 
por alusión á sus grades garras, tln cuarto género á fin de es- 
ta tribu, es el Scdidotherium^ del cual'se han obtenido siete esr- 
pecies en Sud América,. uns^ de ellas mayor que el Megalo- 

w^A^) ^- ^ : * 

, Glyptodon. 'u)el jgrpipo del ArmadiOo 6 DasyptcSy el género 
(j^lyptodon contiene muchas especies jiganteséáis.'- Estola anima- 
les tienen una concha semejante á la dé una tortuga; en el ^Olypt(^ 
don cfavipeSf Qwen, la longitud de la coi^óha, medida á lo largo de 
la curvatura; cuenta cinco p)ésr y la toial ^longitud haÉtá Iéí 
eitr^idad de íá cola;, ílueve pies." SI género VhímydfjtKerium 
contiene otras esü^cies acorazadas, tma ' de laS ¿nales és tan 
grande como un ^nocei^putCf y el génef&'PáShytJterímnóifoBáel 
tainaño dé tin tuey:"— (4) "Bl Glyptódon e<e paréód mticho'ií loé 



(1) .9 ifiniOTr Ia Tem avanl le DáKuge, pág. 361. vi - . U 

(2) Figuier, La terr© avant le Déluge, pág. 881. . ,. ^ , . .. .. ^j, ^ ^ . 
(8) Dana, Geology, 559. . , . " ./ 

(4) Dana, Geology, pág. 570. 



?77 

J)a8¡/pu8 6 1a,to^B. Contaba diez y seis dientes en cada mandí- 
Dola» cavadoa lateralmente eix dos atareos larg9s y prof andos qiie 
diyidían l^ superficie molar en tr^s porciones; de aqlií el nom- 
bre Gljptodon^. El. pié posterior- era macizo^ presen táxido dó8 
falanges ungueales, ,cort^ y deprimidas; el animal estaba cu- 
bierto y protegido por una coraza, ó carapacho sólido, compues- 
to de placas^ qne vistas por la parte inferior parecen exagonales 
y están unidas por suturas dentadas, mientras en la cara supe- 
rior una especie de dobles rosetas." — **El Cflyplodoñ davtpes vi- 
TÍa en las Papapas de Buenos Aires, y no media menos de dos 
metros de Ipi^itud.*' — ''El Scfdatopleuron no se diferencia tanto 
del Glyptodon que pueda formarse con él género aparte, y es sin 
dudí^ especie de aquel. La diferencia entre ambos reposa en la 
estructura de la cola; en el primero es maciza, en el segundo es- 
tá compuesta de doce anillos. Por lo demas,jDrganízacion y há- 
bitos son los mismos: el Schistqpleuron como el Glyptodon, ét¿ 
herviboro, alimentándose de raíces y fragmentos vegetales.*' (1) 
Se había creido que el animal era propio de Sud América; aho- 
ra se hape preciso reformar esta opinión. De las escavaciones 
del Tequixquiac se han extraido los despojos del Cllyptodón^ 
clasificados y descritos por nuestros inteligentes ingenieros T). 
J'uan Nepomuceno Cuatáparó y D. Santiago Bamírez., Casi aí 
fin de su notable trabajo, dicen: ^Qoinparando esta especió 
con las estudiabas hasta ahora, á la que más se asemeja eS & I¿ 
' descrita por Owen, encontrada en el piso sub-apepiño de 1&& 
Pampas de Buenps Aires, de la cual difiere por las dimensiones, 
la forma de la coi^cha^ los huesos de la cabeza y otros caracté» 
res; y en estas diferencias nos heiños fundado para considerarla 
como nuéya: y mientras no se averigüe estar ya conocida, pro- 
ponemos lo sea con el nombre de piexicand''' (2) Los restos vis- 
tos en Tequixqúiác parecen pertenecer á'dos ó más individuoi. 
. Nos ha comunicado él Sr. Barcena, que seguñ informes qué 
recibió^ hace algunos años sacaron á ínme():iácionéd die Mascota, 
Estado de Jalisco» una ^an concha fó^il, <|ue juagaban ser úp 

(I) Figoier, La Terre aran l6 D<Üage; pág. dt5. '^ ' ^ > 

(Sr) Desoripcion de tm iiDaxní^ero fósil de especie desconocida, perteneciente al ^ 

'-"■'• • ': • ■ ,' I O, í • - 

ñero Qlyptodon, encontrado entre luá capas posi-tereiarias dé Teqmxqniacrdn el di 

tñto de Znmpango: Mtfzko 1S75. 



278 

tortuga, 7 la cual se había separado en machas "piezas esquina-^ 
das. Mascota queda cercana á las costas del Pacífidó, en* donde 
ae encuentran grandes llanuras abundantes en resliós 'de paqoi** 
de^mos fósiles, y aunque de noticias tan Vagas nada se púedé 
dedacir, acaso sería esto una indicación de la antigua' existencia 
del Glyptodon en aquellas comarca^, 

^o hemos visto mencionado el p.érro; el más fiel y antiguo 
compañero del hombre. |Durante lá edad 4^ piedra exi&rtió en 
£uropa una raza de talla mediana, y en la edad de bronce vivía 
el gran perro de caza. Los mexicanos distinguieron tres cuadra^ 
pedos domésticos con'el nombre de üzcuinÜi; palalbra traducida 
perro por los castellanos por la semejanza de aquellos oón este 
aiiimal. Abandonados unos por el hoiiíbté actual, extinguidos 
otros casi por completo, bien merece hacerse de ellos una ligera 
inencion. • 

ItzcuiniepotzoÜú De üzcuinÜi y tepalzotti, jorobado.-^^'Era del 
iltmano da un perro maltes y tenía la piel manchada de blanco^ 
leonado y negra La cabeza era pequeña con respecto ál cuerpo 
j parecía unida íntimamente á éste, por ser el pescuezo grueso 
7 corto. Tenía la mirada suave, las orejas largas, la nari? con una 
promiiiencia considerable encima, y la cola tan pequeña, que 
apenas le llegaba á media pierna; pero lo más $ÍDgular en él era- 
pna joroba que le cogía desde el cúelld hasta el cuarto tracero. 
XSl pjaís en que más abundaba este cuadrúpedo era el reino d^ 
^ilighoacan donde se llamaba JJiora.'* (1) ' 

T^f)eitzcu{ntlL "Ttaj en los cantones de Córdoba y Oirizaba, di- 
ce B. Antonio Peñafiel y Barranco, nn animal conocido con el 
Qombre de Tepeitzcuintli, que en mexicano significa perro del 
monte, designado con el de Tuza real en la Cemada dé Tlaoólula^ 
j en el Cayahual del Estado de Hidalgo; es él Ccdogeñus paca, j 
pertenece á la tribu de los Ca víanos del P. GervaiSs." — ''Entre lofií 
cuadrúpedos peculiares de la tierra de Anáhuac,' cuya especie no 
8C encuentra en la América meridional, ni en otros países» «apa* 
noles del Norte ^del Nuevo SÍundó, él célebre historiador Olavi- 
gero señala el Tepeitzcuintli, que ''es una fiera tan pequeña que 
''no excede 4^1 tamaño«de un cachorro; pero tan atrevida que 
^'aaom^te á los ciervos y tal vez los mata. Tiene el pelo largo^ 



(1) CS»TÍgero, hist antígiii, tom. I^ pág. 40. 



079 

"IaxK% taimbiett lá oolá» el cuerpo nagro, j la eabesa^ el oaello y 
''fil. pecho blaneiM."— Esta ligera deacripoioii dEal sabio luBtoxia4 
dpr mexicaBo so. co^^reapon^e de ningnaoi modo á lo qiie.se oono* 
ce en el Sstado de^Yera^iiz^xxael nombre de TepeiiscmnilL-** 
D..!FranoÍ8co Ciordero y Hojob hace del anixaal la sigaieBte clat 
aificaciojx: — i*'La PacOf conocida Tulgarmente en algunos pontos 
de la BepubUca.con el nombre de TepeitzcuinÜi y en otros .con 
d de Ouahutvza, es nn cuadrúpedo que pertenece á la sétima fa* 
milÍ4ide los Boedores.(GaTÍdeoe)» á la primera tribu {Casianos) 
y ál género Co^Iegenus de Fr. Cnvier, el cual tiene por tipo el 
animal descrito antiguamente bajo el nombre de Cavia paea^ de* 
bicudo agregársele también el gén^o Oateopera de Haslon." (1) 
Xoloitíxsuinili "Es mayor que los dos precedentes, pues en al- 
gunos individuos, el cuerpo inide cuatro pies de largo. Tiene las 
orejas dere chas» el cuello grueso y la cola larga. Lo más singu* 
lar de este animal es estar privado enteramente de pelo; pues 
sólo tiene sobre el hocico algunas cerdas largas y retorcidas. 
-Todo su cuerpo está cubierto de una piel lisa, blanda, de color 
de ceniza, pero manchada en parte de negro y leonado. Estas 
tres e0p6cie8.de cuadrúpedos están extinguidas, ó cuando más 
sólo se conservan de ellas algunos individuos." (2) 

Téchieki. ^El teckichi que también se llamaba aleo, era un cua- 
drápedo de México y de ot^os países de América que por ser de 
la figura de perro fué llamado así por los españoles. Era de ún 
' aspecto melancólico, y enteramente mudo, de que tomó origen 
la iábulA de que los petrósdel mundo antiguo enmudecían, cuan- 
do eran trasportados al nuevo. Los mejicanos comían la oñmé 
del teehichi,y si hemos de dar fé á los españoles, que también la 
comieron, era gustosa y nutritiva^ Los españoles, después de la 
conquista de México, no teniendo todavía rebaños de ninguna 
especie, hacían la provisión para sus buques con ^Bxhe de estos 
enadrupedosi y asi extinguieron muy en breve la raza, aunque 
«ca muy numerosa." (8) 

Algunos animjiles pudiéramos nombrar aun como osos jigan- 
tesoos, lobos, bestias semcgniites á la paartem que Mupaban las 



(I) La KftIonleaBa, tom. II, pag.' 259. 

P) ClftVigalo, likt Átigti% totn. 1, ptfg. 41. 



cavernas del Srasil, y poces más. Así, la América ha visto apa- 
recer, multiplicarse y extmgnirse loa grandes mamíferos antidi- 
loTÍanos: de los aaímalas.iTÍT08 aún, cosmopolitas y svjetos al 
homhre, poseyó por lo ménoa el 4sabalIo^ el asno^ el boey ^y el 
puerco, desaparecidos en tiempos remotos, vueltos á traer por loa 
oastellaoos en el siglo XVX Las altas crestas de las montanas 
porfídicas y traquí ticas; los grandes lagos qne ocupaban las 
ouencas de los valles; la exhnberante y crecida flora distinta en 
parte de la actual; loa mamíferos jigantescos que se eitendían 
con tan extrañas figuras sobre el suelo, debían dar á loe paisajes 
de nuestro país una fisonomía grandiosa ei^trana» en totalidad 
diversa de la que en nuestros dias miramos. Én cierta época, el 
hombre, e} último ser salido de la creación y el más importante, 
presenciaba ya aquellas grandiosas esqenasieu el valle de Méxi- 
oo era contemporáneo de los animales que vivieron en el periodo 
po8t-teifciario« 

Antes de exponer las noticias que hemos recogido acerca de 
la antigüedad del hombre en el Nuevo Mundo, necesitamos ha- 
cer nuestra profesión ds fe, en lo tocante á la cuestión del orí'» 
gen del hombre* Muchas hipótesis se han formulado acercada 
ella, y su pluralidad nos parece la prueba más patente de que 
la ciencia ignora por completo Jo que pretende resolver» ya que 
inventa sistemas contradictorios,, embrollados, conocidamente 
absurdos. Abrumada nds dejaron la cabeza Lamark y Darwin 
con las leyes de la j^erexicia y de la variabilidad; la cpArelaoion ' 
^1 crecimiento con su reguladora la compensación; la competen- 
cia ó concurrencia por la vidla y la selección natural, Nps .hab 
maravillado las cj^istalizaciones rudimentarias de Mad« BoyCré. 
Nos asombramos de las cpnclusiones materialistas y ateas de 
Burm^ter. En ninguno de esos sistemas, y én otros más enconr 
traiuos )a verdad que de buena fe buscamos. Pareciérónnios los 
raciocinios, tan;ÍQge;iiiosos, ^omo faltos de fundamento para ser 
tomados por una demostración; lograron .divertir, cautivar á:TQr 
.oes la mente, sin que la rMon se rindi&ra, aunqoe.no estaba en- 
«QttstUlada en idea preconcebida ninguna: nos Iparéce que ae^baa 
gastado esfuerzos inauditos de ingenio, pretendiendo oscurecer 
la luz que á raudales brota de la verdad eterna. Ya .que sonaos 
incapaces para discutir, diremos sólo cuál es la abandera, en que 
nos hemos filiado como partidarios^' QrsíeiisoB, y rabitMal é intuí- 



28i 

tivameilto preferirnos^ (criquielFatiéa por orgullo, aunque ia razón 
no fea eientfóea)<'toaer nneetro origen 4e la pareja creada por 
Koe, á deaoen^r eli üiiea reeta ai tranareveal del orangotab, 
del eliitopanoeo*6'4ergorllla; preferimos poseer nna alma deste- 
llo de laDití^idad, á hombrear libretitente con la materifli sin sa^ 
ber qoé baoer dé nosotros* eh asta vida' 7 en la fatura. En suma: 
la Santa ProTÍdenoia creótÁi' hombre y traa mujer, de quíetiea 
desciende' el géneiy) baik^ano. 

Entrando en la enameracion. de los heehos recogidos por la 
ciencia, oomenaaremos por lá California. Én el Congreso inter- 
nacional de 1867, M. Wiliam B. Blake, profesor de mineralogía 
j geología, llamó la atención acerca de las riqaezaj3j>rehistóríca8 
de aqneUa comarca, en. qne^ los instrumentos de piedra se en* 
cuentrau reunidos con osamentas de mammonth y de mastodonte, 
en grandes aluviones cubiertos por una papa endurecidí^ d^ ce* 
nizas volcánicas, de doude se deducía la« existencia del hombre 
ánies de la época de actividad volcánica en aquel paía Tiempo 
después, cavando nn pozo cerca del campo de los Angeles, con- 
dado de Calaveras, fué encontrado un cráneo humano á 153 
pies de profundidad, bajo un suelo cubierto por cinco ó seis c%- 
pas de. la cenizt^ endurecida llamada lava en California, alterusf- 
das con gravaa. M. Whitney, director del Geciogical Survey es- 
tablece que si ''la irrapcion derla gran masa de materiales vol- 
^'cánicos en la vertiente. podidental déla SierraNevada, comenzó 
^'en la época pUocena, continuó durante el post-pUoceno y tal 
"vez hasta en los tiempos moderiios/' (1) el cváneo del campo 
de loa Angela m^a antiguo • qua aquellos diversos fenomenpfi 
eruptivos, «pertenecía á nuestra époc^ pliooena.** (2) . * 

Según JBEamjF» ^^ carta que el profesor Whitney dirigía á M. 
Desor acerca de aquel desóubrimi^to, confirmaba la exiatenoia 
del hombre en lae costas del Pacífico^ '^en un tiempp en qua la 
vida vegekaly animal era enteramente diversa de la actual, y en 
una época en que se produjo una erocioA vertical de cerca dé doe 
ó tres mil pies (600 4 100 metros) én las rocas duras y oristaUr 

(1) Bibl. Unir. Arch. So. Phyi. et Nat. Porrier 1867. 

(2) Hamy» Paleontologie húmame, pág. 68. — Origen, naturaleza y antigüedad del 

« 

hombre por el Dootar D. Joan Yilanora y Piera. Madrid, 1872.' Pág. 163, üana, 
Geology, pág. 678. - ^ . 

36 



sadfts." (1) De eftte hecho 4^njd^ot^ Humy y Yilanova la exUi«* 
teiusia del homl^re i^rpimp; más ocmo ead^asmito enonentea da 
preQÍaion,.co&taraneda^Qfi»fa^teii ditdM:ae han anfioitedoicpntira 
el descahriiQientOy pot nQ^eéiar autetíHeado pc^algim obflerra^ 
dor cieptífíoo: el , profesor J[e>ffiries •\yiiAa& aBegiina;qiievel:<$ráiueo 
Be parece mucho al de u^n ÍQdÍQ!modeiaio»yH»e objeta por á^timo 
que la edad de la la^a .no eatá bien ídetenQUiad&' (2) . ' i . 

En 1857 fué presentado un fragmento di^'dráneo por O: R» Wkiií*^ 
low, encontrado en condiciones análoga» al anterldr; lo que pa* 
rocería confirmar la existencia del hombre terciai^io. Dana samí- 
aiafara la noticia. . . i , : ! , 

Para época posterior el liombre se revela de manera más cía- 
ra. Vilanova, toniando losdaton de Lyell, (8)' escribe: "Después 
de lo dicho parece oportuno decir alg^o acefrcá de algunos restos 
humanos encontrados en la' gran cuenca del Mississippi, en el lu* 
gar llamado Natchez, taüto más famosos, cnanto que han servi- 
do de dato para hacer valuaciones más ó menos aproximadas 
acerca del tiempo que se ha necesitado para formar el actual del- 
ta del Mississippi, cálculo- que se ele Va, según el Dr. Dówer, á 
90,000 anos, y algunos siglos toas por Lyell. En Vicksbutgo exis- 
te una meseta formada de cieno diluvial, cubriendo el terreno 
terciario, observándose entre los desuna capa 6 depósito que al- 
canza á 44 metros de eispesor en Natchéz, formkda de grava com- 
puesta de grandes fragmentos de zoófitos silíceos y de pedazos de 
rocas paleozoicas, formación que pudiera pertenecer al período 
glacial. A 128 kilómetros al Sur de' Yicksburgó y en la misma 
orilla izquierda del rio, está situado J^atchez, continuándose has- 
ta allí y más arriba él cien6 superior que ocupa los 18 metrod de 
la parte alta de la costa. En ambos puntos se parece mucho di- 
cha formación al Loes del Bhin; 'así por los caractóres minera- 
lógicos, cuanto por la alternativa de capas estériles y ricas en 
fósiles. Entré éstos se cuentan gran nfimero de conchas terres- 
tres, pasando insensiblemente los horizontes que las contienen, 
á otros con moluscos fluviátiles. Figuran entre los primeros mu- 

, Q) BaU. Seo. AnthTop., 1869, 2 s«r. t. IV 
(2) Duna, Oeology, pig. 578. 
(8) I/ttociexmete de rhomme, pág. 22Ó y 8¡g. 



tíisa espeéies de Hétü:, EkliíjkíaSf PupaSy OydoatoTfuzs^ ¿e., y entre 
las 8ef{niidM Tarias' LinM!í6cí9,.PlafwrbUiJ^altuíinMy Fhytas y Cy^ 
éta»}niímBy otn» 'actaalmente viras en aquena.o<>marca." 

"M etced á la ttcil desagregaoion da estei depósito dílnvial y á 
las cónVulsioned más 6 menos violentas' qne allí experimentó el 
terreno, efecto de los terremotos, se* han Carinado en dicha mese-* 
ta mnchos valles de erócion. En nno de estos barrancos, llamado 
dial HCammoüth, dónde snele alcanzarhasta 18 metros de profun- 
didad, se observa ttna capa- arcillosa inferior al cieno amarillo, 
eonténiendo hnesos de Masiodon hiotieusy una especie de Megah' 
ntxy algunas de bueyes y caballos, extiiogaidas unas, tivas según 
se cree otras, y asociado á estos «estos, el Sr. Didceson, del mis- 
mo Katchez, encontró un hueso humano de la p^vis, cuya tinta 
flegra y estado de conservación' parece ser igual al de los otros 
fósiles, procedentes todos de una capa que está á^ 9 metro» de 
profundidad.'' 

'después de hecha ésta descripción-, el mismo de quien la to- 
mamos dice, qtie mi^tras no se posean más datos relativos al 
verdadero yacimiento de dichos restos, y hasta que algún geólo- 
go experimentado lo atestigüe encontrando en su propio yaci- 
miento el resto humano, debe aplazarse toda opinión definitiva 
acerca de su antigüedad, y haciendo después la comparación en- 
tre el valle del Misiáissippi y el del 8omma, en Frapcia, se inclina 
"á creer que éste es más antiguo, futidát^dose principalmente en 
que mientras en América todas las conchas que contiene dicho 
depósito, aunque acompañiuido al mastodonte y Megalonix viven 
aán, en Abbeville se encuentra la drena flumincdi^^ que no hi^ 
Iñta ya en ningún rio de Europa. Por último, dibe el mismo, que 
siendo el antiguo Loeeíde Natchezanteriorá.latotalidiMil del del- 
ta moderno del Mississippi, el cual empezó sin dndaá formarse 
después ó durante el levantamiento que experimentó la cuenca 
puesta hoy á 69 metros sobre el nivel primitivo, si el huesa hu- 
mano de Natchez es realmente contemporáneo del Mastodonte 
y Megalonix, habiendo calculado él mismo eB 50,000 años el tiem- 
I>o transcurrido para que el delta se formara, fácil es compren- 
der que aquellos restos debían ser mucho más antiguos. Besul- 
tando de todo ello que si ulteriores descubrimientos vienen á 
confirmar el de que se trata, podrá considerarse el 4elta del Mi- 



284 

88Ís8Ípi como un cr(H[i6metro mucho mis segaro j ezactOi q^jfe 
los que se han tenido hasta ahora presentes en Borppa." (1) . . 
Notioia«i del hombre prehistórico ó de sns obisas encoatrapi<M» 
en las reláciorea de IwurquQÓlogos . J. D^snojer, />E6m d'efe- 
pJiaTit et cCindustrie humaine 4an3 íes olwviorM de Ick LuUmm (Yer-j 
milion Bay), ParS8/1867, Kock, Transact o/ the Acad, Science o/ 
Saint Zuia, 1857 (Oasconade-County): Wiliam P> SUke, Instnim 
merds en pierrede Ja CoHfofme, 1867 <TuolíüDane); y el repetido 
Ch. LyeU anministra précioeos datos acerca de lofst depósitos dq 
Nueva Orleans^ de los arrecifes coralinos de la Florida, en loa 
cuales ^'algunos fósiles humemos fueron encontrados por el con- 
''de PonrtaliSf en un conglomerado calcáreo que hace parte de la 
*<fiérie de loa arrecilea: Agassijs 1 ^ supon^ 10^00 años de edad, 
^^adoptaodo. su niodo de estimación a^rca de la Tclpcidad 4^ 
aor^eekutamieiltto de aq^ellM formacipnes.'' (2) 

Befiere el Dr. Koch haber encontrado carbonea, reunidos 6 
huesos de mastodonte 0n el valle de Osage en Missouri^ y tam- 
bién en el rio Pommede-ter)re, diea^ millas de su unión con el Os»*- 
ge. (3) '*Una de estas observaciones .^B la descripción hecha pojr 
el Dr. A C. Koch (4) del nmstodonte encontrado en Gasconada 
Ociunty {Misaouri), que parecía muerto á pedradas por los indion 
y queikiado después en parte/' El fuego^' dice, no fué ciertamen- 
te accidental; parece por el cdntrária haber sido encendido p<9 
el hombre, y según las apariencias, con objeto de matar al mis«- 
mo animal, que no podía moveráe hundido en un lodazal. . • • •" 

*S.. .Todos los huesos no consumidos por el f aego conservá#- 
ban su posición original, estaban rectos en el barro, y no pare- 
cía estuviesen descompuestos. Las porciones exteriores, por el 
contrario, habían sido en parte insumidas. •' • •" ' 

*^.. ;.En medio dé las cenizas y de los huesos había un gran 
número dé pedazos de roca, traídos ciertamente de las orillas del 
rio 'Bonrbense^ para ser lanzadas al animal, porque la capa de 
barro de que acabo dé' hablar no contiene el canto más pequenez 



i:: 



(1) Vilanova, antigüedad del hombre, pág. 230. 

(2) L'ancieiüíete de Thomme, pág. 50. . 

. (35 Daña,. Geology, píig. 078. . * ^ ^• 

(4) Trans. óf the Academy oí soienoe of Si. libáis, 1857. I^ág. $1« 



- f 



II 



986 , 

7 en la orilla del rio encontré rocas parecidas á los trozos, j es 
etidente qtie las fneron á toiáar de a^uel logar. • . ." 

^. • . .Encontré iambien en medio, de Jas oeniz^bfi huesos y pie- 
dras, m^ettas r puntas de flsGha, una lanea de piedra y liachas 
también de piedra/' .^ 

^'^Afinna el mismo antor, qne eninn segundo 'easo eneontró mu- 
eiías flechas de piedra mezeladas álaosantenta de nnmasitodon* 
te/* una de las puntas de flechase encontraba bajo éí hueso del 
muslo del esqueleto, reposando 'éste sóbrcjr el arma, de manera 
que tío ptrdo ser coioeada después del-lmeísoy cosa que. observé 
^pn mu(£o cuidado.. (1) . 

- 6i del Norte pasamos al Suri — '*En diversas^ par te& del litoral 
de Chile j- del tPeiúf sa distinguen capas eontemépdo abundan- 
tes conchas, todas específicaalente id^ticas á las que pululan to- 
davía en el'Paoíflco; En una capa de esta .especie^ en la isla de 
fian Lorenzo, cerca de Luúna^ encontró -Hr^ Parwin/:á nna altitud 
de 16 metros sobre.él mar, pedaaos de hilo de algodón, trénziM^ 
de junco y una mazorca de maíz, evidentemente depositados allí 
eon las conchas. A la misma altura, cm la vecina tierra ^rme,en- 
eontiró otros hechos caraotarísticoa para, comprobar su opinión, 
qoñ el antiguo leelú^ delmar había subido, tatnbiet en aquel lu- 
f|PY 26 metros^ después deKestabfocimiento de.la^ razi^p perua- 
nas. Esas.capaa de conchas se eneilésvtranigti^meiite en innu*" 
merables puntos i grandes alturas, .entiré los And^a de Chile^ el 
Perú y la costa, y hasta ahora.uo ise h4n obsc^rvado restos huma*- 
Bos. La ^conservación durante un tiempo . inde^uida dQ materiafi 
tan altersfblesi como él hilo, se.jsxptiéa par JlAifalta {Completa de 
lluvias ep el Perú; si las mismas materias ¡(lubieraA estado con- 
tenidas en las ai^naa pérmeabhts eip^rgidJis d^ un ñ? de Suro*- 
pát ó de otro ptflds eB que 11^ va. auoique sesi .4qrani$t ijn^. peque- 
ña parte del año, hubieran psobablebiente desaparecido deí to- 

•da/'-(2). :.-... ,; . . .;\.. /; 

- ..Yilanova dice:-r-"podemos añadir . que en. el dfcpartame;Q:to de 
-<3hiriqui, íal Nofte.del Estado.de Pan^4i ^^ encuentran sepul- 

ems llamados Ouaca$t perten^entsp á .una ^aza ya extinguida, 
pafo muy sica y. poderwa» i i^efix, ff>x los objetos en oro y co- 

(1) L'Homme ayant V hisioíre, par Sir. Jonli Labbook. Paria, 1867. Pág. 286. 
(3) LjaD, raneienenta de rbenuno, pág. 62. , . 



Í88 

m 

éstas, se han descQl>ierto en nnevas escavaciou^ y se }r& re qo^ 
nocido aquel carácter en la testara reciente. 
. "Sobrepuesta á la marga .se encuentra la toh^q^ne^ ,s$^an lo 
liemos hecho ya notar, cubre el suelo del Distrito en casi toda 
su extensión. "-^"£n los taludes qu^ coi^^titu^ren los* limites de 
anchura de esté tajo, en.las regiones,^ y Ó.» s^, ej:tieiíde la to- 
ba en capas horizontales» formando n^a estrAtificaci^n p^fecta* 
mente determinada." — "Al través de dichas cap^s:y con inclina- 
ciones variables, se extienden unas grutas qou^ad^ por la cali' 
za cretácea, que suele extenderse entre las caras de la estratifi- 
c icion." — "Estacr mazas, en.au superficie, presentan efloresi^en- 
cias y ampollas^ que dan al copj.uiito el aspecto globoso y esta-* 
lactífero de los depósitos marino^» y en las partes que no han 
estado á la acción de U iut^mperiei está en cpnpreciones más ó 
menos endurecidas." (1) 

La formación pertenece al post-terciario: la marga contÍQn^ 
los fo^siles, que no han sido encontrados en la caliza, y esto for- 
ma el carácter geológico del yacimiento, 

El carácter paleontológico lo auininistrai^ los restos allí eur 
contradosi pertenecientes en su ntiayor Qarte á ,loa órdenes de 
los desdentados, paquidermos y rumiante^;, (^lyptcdon^ Eleplias^ 
Equue, Equua aaimy^f Bos^ MachratKJienia, (JervuSi Su^-scrpfá, ¿c« 

"Sedimentos modernos. ComprendeiQos ibpjp Qste^ título, gr$in- 
des depósitos d^ tierra arcillosa^ de i^^oolQr' bastante oscuro, 
debido probableinentQ .á la descomposipjon d^numqrosos res- 
tos da .plantas q^ie ánn bq, d^cúbren ^n ellas, cu^do^se.exa^ii- 
x^an con atejc^ciop,: e^ta form^c^oi^ Uegfi á ^ espesor ^asta de.,3(>^ 
metros^.está.earacterizada'por^na;inf^Qn^djad ^de cpuphasiósi- 
les, pertemeciqxxte^ á los j^c^cíosj Qast^^p*)¡j¿ifi^ í)el prinie^. óz;- 
iden sólo he^^ e;ic^ntradQ,un gónje^o^ Cido^ W^ eapecies^.oo- 
mo se sabe, son fluviátiles. Del segando órde^ son los, cuatro 
géneros resj^ante^ ^119 apareooví en ,lf^ CQlecQipn: u^no. terrestre/ 
^M^ice, y los otros tres J^cjustoes Plavbrlns^^f^hf/eáey ÍAm^i^''— 
''t>e estos ultimpp laii eonchas sen ^umerpsísim^i do^miinaAda 
^gun^ rocas do tal manera, que c^l eolor osouro^^l terrena. se 



>i 



(1) Me^aoria pm la Carts ^eolégioa dal Diafcriio do Zviopan^^ la hugfm^ ten* 
inada por loa ingemarM dtmtnaB Joan K. OiuU|wi^ Toluca^ 



transforma en blanco." — 'Tanto p^r esta circunstancia cnanto 
porque los G. Cyclas y Hélice se hallan hasta cierto punto lor 
ealizados en esta formación, debe deducirse que ésta fue lacus- 
tre, y que aquellos fueron trasportados mecínicamente por el 
Agua de los rios." (1) 

Según el informe del ingeniero D. José Manzano, (2) cuatro 
'especies de conchas de agua dulce han sido allí encontradas; dos 
unÍTalTas, Planorbía j UrnTieá; dos Tivalvas, Anoponta signa j 
Cydas, . ' 

Suministran el caarácter arqueológico. 'OBntre las conchas ma- 
rinas, dos especies, una univalva Strombus, la otra vivalva, pare- 
ce pertenecer á las myairas 6 i las solandceas; no es posible estu- 
diarla por estar cortada y agujerada, como para servir de ador- 
no.^ — En cuanto á obras del hombre, — ^'lo más notable que se 
ha encontrado es una jarra pequeña en forn^a elegante, una pi- 
pa, un jarro, un molcajete ó E^alero, un plato, una esfera de toba 
arenosa dura, ídolos pequeños y pedazos de loza." (3) 

Por desgracia, no se indica en cuál de las capas fueron encon- 
trados estos objetos, para poderles asignar siquiera una edad 
xselativa. 

Para el carácter antropológico tenemos: — "Bestos orgánico^ 
humanos: de éstos hemos encontrado diferentes partes del es* 
qneleto; pero creo que sólo puede considerarse como íÓsil una 
mandíbula, éncontrada.en barro á seis'metros de profundidad; 
parece ser de uü individuo como de siete años, pues los dientes 
y muelas que deberían habet sustituido á los que están fuera de 
la mandíbula, están todos dentro de los alveolos." (4) 

6egun los informes que hemos reoc^do de alguno de los in- 
genieros de las obras del Tequixquiao, la mandíbula humana fui 
encontrada en un lecho lacustre de formación reciente, y .no 
pmepba para el hombre del Yalle de México, una edad consi- 
derable. 

Afortunadamente para la ciencia existe una prueba urecitsa- 
ble, auténticaí de la antigüedad del hombre en esta comarca. 

r ^ • 

. ^1) |Cemoria;parft la óarta geol<$gica, pág. 21. 
^8) Memoris dtl Biiaisteiiode Fomento, liédoo, 1670. Pág. 807. 

(3) ItortoariH de Fomeiito, looo ét 

(4) Memoria 4e Fonenlo, ibid ^^ 

w 



^* 



290 



En la formación post-teroiaria, en la capa de marga, de entre 
los restos fósiles que clan al yacimiento su carácter paleontoló» 
gico^ tomó uno de los ingenieros encargados de las obras, el hae- 
so sacro de un caballo, de talla 'superior á la de los caballos ac- 
tuales, en el misma e^tado fósil de los demás restos. Aprove*- 
cLandala figura natural, se le dio artificialmente, por medio de- 
un instrumento cortante, la forma de una cabeza de cuadrúpe- 
do, las orejas paradas y puntiagudas, hocico prolongado, la nariz 
con dos aberturas, Jos ojos redondos: el conjunto toma el* as- 
pecto análogo ai de un carnicero. ]Sste valioso despojo perte- 
nece; á la colección de nuestro amigo el.Sr .D. Alfredo Chavera, 
y ahor^ está en nuestro pod^er. Atora bien, la obra no puede 
ser, ni es producida por lá QasualiduJ; revela la presencia del 
hombre, armado de útiles duros que pudieran atacar el hueso, 
yx^ón pret^isiones de escultor intentando reproducir alguno de 
los animales que á la vista teuiji; la época del hueso y déla 
obra^ debe referirse al del yacimiento geológico y paleoñtológí- 
fiOp en donde fue recogido; resulta, pues, fuera de duda, que el 
hombre existía en el Yalle de Mésico Áuranie la época post- 
^tj^rciaria, j eja contemporáneo d^ la fauna cuyos despojos árro- 
jan Ahora las escavacipñ'ós del Téquiiquiaa 

Por lo g^ue valgan, aumentados las siguientes noticias. Ga- 
fando & ínmeoiáciones dq la fábrica de papel llamada de Pena 
Pobre, pepetradás dos*capis':de'lava divididas por una' delgada 
i^termQdiá. de tierra, fue encontrada la cabeza de un pequeño 
ídolo de t)pro copidó,. semejante por el dibujo í las obras de ce- 
rámica ajDtigua,|. y el cual estaba reunido á algunos huesos que 
los obreros dispersaron. ^ A nuestro entender,^ la presencia del 
hombre en aquel lugar fué anterior á^ las erupciones badálti<^áa 
del Pedregal de San J^i^gel eix el ,y alie, y sea cual fuere la edad 
que á éstas conceda la 'ciencia, siempre quedará por cierto qaé 
q1 hombre vivía, con ciejrtOg^radq de adelanto, en los tíempoB 
prehistóricos. / ' 

' ^Al ejecutad los rebajes en la barranca de Metlac, para el tra-» 
zo del camino de fierro, salieron dos cabe citas de barro cocido. 
Según la clasificación de nuestro entendido amigo el Sr. I>1 Ma* 
riano Barcena, yacían len toba caliza de la' época aibtttal, y eatc^ 
ban acompañadas de impresiones de 'hojas de una dicbtil^oñia, 
(¿qv^fffi?) Tenían las cabe citas la p'articÍEifairidad de ténat/ol 



:costro teñido da negro, AmbAs pertenecen á la colecten del Si:;' 
ChaTero. 

. "Ke siendo lq^ pequeños depósitos, s^ime^tarios .qne. poder 
mos llamar contemporáneos, 7 en la. mayor parte de los, cuales 
fie encuentra 019, la formación. (]^a se debe C9nsiderar como i|ir 
mediatamente anterior. á la volcánica^ es. la. au^ternari^ cif7Q.tif 
po, en Sonox^ ser encuentraren eLyaUe die;! Quiri^Oj. circuz^yala^ 
do todo ^1 por cadenas. de montañas independientes. .Es. uno d^ 
los más extensps.7<fkme;Q]Ct;3 de esta parte de. Sonora^ y eat^Mti^ 
do 18 leguas al ÑK de Alamos. £1 arroyo que lo .atraviesa Ixa 
arrastrado en sus diversas corrientes la^ capas, soperiore^i for- 
madas por los.de^tritus de las. montañas, y en los apoa de. 1847 ó 
1848, época en que hubo una gran corriente, cavó más profun- 
damente dejando descubiertas papaa notables por sus restos fó- 
siles: siendo los que másll^aman la atención, colmillos. y costilla^ 
de elefantes jigantescos, y sobre todo, el mascar inferior, el for 
mur y la tibia de un individuo, de la especievbumana.- Dichos 
restos, que se conservaban en Alamos cómo objetos curiosos, so 
perdieron cuando en 1868 una creciente arrastró más de la ter- 
cera parte de aquella población. Según quien^Ios tenía, que era 
un médico francés D. Pedro Perron, el jigante de quien formaron 
parte debió téil6r'una estatura dos veces más grande que la' me- 
dia' actual; sietído mayor proporcionalmente la del elefante que 
ta de los dé la fauna actual. No son. esos los únicos fósiles que 
se han encontrado en ese valle y que se han perdido por falta de 
aprecio en las personas qvie los han encontrado; hay restos de 
otros animales que enriquecerían, no lo dudo, la geología del 

país." (1) , . " , ■ 

^Despueé de la ískxiñá jigantesca, la ciencia geológica ños pre- 
iStuteL al liombre. 8é asigna ia época terciaria; y aquel se mani- 
fiesta en él'Nilevo Qontinénte por los cráneos de California; .en 
él an'tigtíopdrW huellas encontradas en Saint .Prest, Thenaj» 
Ponanee, &el' Así^ pbdéüios admitir Ia indicción de Hamyy Yi? 
lánova;^^l litombré-es tan- aobiguo eñ América como en Europa^ 
En elYalld dO'M^oo'el ser inteligente se. rebela]|efi lá época 

- .. . i . i ,"- '-í'. /i j. > ' ''1 - • *' * ■ # . . :. ^ : ' ' 

(1) Stunario estadístico del ramo de nfínería en el Distrito de HeunosillO; en el 

períó¿a<50 intitoládb **^ Brót>a|;adór Indust^ial,*^ periódico ¿e Ú Sociedad znliieía 



\ 



■< *' 



post-ieroiaiJa; es ebntemporánéo de los mamíferos colosales de 
la fauna extinguida. En el Mando Ñnero, como en el viejo, sé 
ItanienmpUdo las diversas eTolnciónes geológicas 7 paleonto- 
lógicas qne forman la hiéttoria de unestro planeta; aquí, como 
álUy el hombte se esparce por el ierreno lial)itable9 mirando cam* 
biar 4as condiciones climatológicas, trasformárse la ffóra y la 
fanna. Nuestro mundo sólo tiene de rmevOj el nombre. Es un 
nombre impropio qtie le impuso en el siglo XYal ser descubier^ 
lo poT'Oistobal Oolon, quien restableció la comunicación cons» 
tante, ique en los ^mpos remotos babfa sido interrumpida por 
álgun olTÍdado cataclismo. 

Haciendo deducciones de lo que llévameos referido, el bombee 
prébistórico de la ¿poca del mastodonte, usaba de laa armas de 
piedra; conocidas le eran el hacba j la lanza, babía adelantada 
basta emplear la flecba. Combatía á los jigantes mamíferos de 
la fauna extinguida, aprovecbando según aparece, el estado pre« 
cario en que el monstruo quedaba indefenso; si no es que, des- 
confiando de sus fuerzas, conducía & su terrible enemigo & tram- 
pas, de antemano preparadas. Es ya evidente qne sabía traspor- 
tar el fuego, baciéndolo servir á sus intentos. 

En el Yalle, el bombfe post-terciario contemporáneo del gljp* 
. todon, sabe labrar el bueso, dándole forma determinada. Tiene 
el instinto de la escultura, sea cual fuere la perfección que á la 
obra se conceda» posee un instrumento cortante, .un cucbillo de 
piedra, el cual aplica á las mil cosas que nosotros no podelnoa 
señalar; pero que podremos deducir del valor de un útil de esta 
clase én nuestras costumbres actuales. - . 

Antea de la época productora de laa sxiateriaa eruptivas que 
d^^rpn forma al pedregal de Qsok Aiaijgelj/el hombre^ 4x>ni)cía la pQr 
i:¿n4ca; el fragmento allí encongado pisesupo&e aJ^uBt adelanto 
e^ el art^ del alfaitpro. Se piiodo suponer q^e es4s figur^UiMs. ^4íei 
Itíguetea pura ninas; pero b\ s^ admite que «epr^ie^i^t^bop Ifl^ji 
6 penaiies» debía existir ^ una t^€fgpnía 7 iun t^ 0úiOé^ Tgid* 
iÜQ repreienta los primer os. alb^ores desuna dñl^gfu^W* ; ., ^.. 

Presentase naturalmente el problema de la presencia del bom- 
bre en América, Fácil solución presenta en los sistemas que ^- 
ñuten, ^a los diversos eentros de creación, ja la proauc<uoa es? 
pontánea. Para nosotroSi que nos hamos. déoWadQ moAOgenisbu^ 






8^ erbra; tozul^iaa de pooa dififwltad» admitielidcí i páon h^/d/íti 
tUtnkiiuáoa eftiie q1 antiguo j el awto mondo. 

£ü Isa fenna ao^nal de loe «oirntetea^ el Mimeho de B^hmg^ 
qiie separa al N. el Asía de le 4ijiiéi:iee».k6lado dwteie m» |MN 
^ qoii8i4Biable del aoo^ noft basieriplMni e^pUioarelpeeo delliíMe* 
Ipife de acuella part« 4M »mdo á la iMéiefcrai Y eñib jm es ui 
BnpiMatoi4bsii»)rd0« pi^ee^itt teíbms UfiesbpiiMAdteAtoári^ eüá: 
Mnesoeido e^^ufNittoe 4fiae qi«* Ae» d^'oeíeMKeiiéBaa g< a^ 
^»ii#flAe 4e e(Mimtíftoirp% 4^ libeedtdaak^iieBtaciilb jnaUdU^ 

Pe?» qI wteeelMi d^ BeliJWBg no albaoMái éspliaafa. el patods 
iM aoipialee ieckw. ^r e«il mUitro s«iadfavii«l» eLMA«Mird«í 

^ mav^ferós ]»abitadoytede hbifoamUfitnUi jáAmmm Jk.yidB 
al i^rieo Ugectv eitadidüe ew «edáAs'dAJooeoiyaaMki ^^ata: tme 
dteJoe eebteMma'de lefpMLfp&nJkf ioilatéa daetir-famarderiif!!: 
gen? Habernos menester ofehMrnKCpMa.ife deBbBfeáeio¿.iÉdte 
4íreofoa y aptoQpiadtls* • ^ í ; .1 

^ Adioitírloa eakáiaDdftdaeaila l^gfasa^MlikjQieiieiawiima) Iio«( 
hechos que nos liirten/da.ti'^te ^ jiartida «eoA.' iab^gal^leai Jotf 
oi6Mirftoe.atttídilaKÍeBíea. timenoi en aiaaflhro bantÍMnie« jaidíen* 
dfe Idih iDHanu» especies que loe:de Asia^^ .fitm^ 1 Emmüí ív>«^. 
eém parie laii^ología^ q^oela lotmkde íaetiehr^ MofAéJlmmi^ 
ana en isa disfinjliaa épeeafei paleoMoléKWífts^ • aMftbtaAwv MvnfcMnT 
jeambi^áii'GlAtÍBinkmeiitéi anpqoejio ádTirtamoa laa diSwcénh 
dea stnorpoi^iiétfpds senmlááreai OranihacBáaolisnÁsplaéffiiMii 
¿ BeptosiiMMMüIuvi díslóeado hi delitadaioestra^aali ghibc^ dejáibi 
dolé ñáp^MñJúiSármlbdB. latfi fobeectaoionai da laa safaíos¿.lÉiipi 
podido tener logar en los terrenos ermegidos: ¿sabemtóaialga dá 
lodifliíitieiipdoey da lasnravéladpitsaqifbieLleBdoidé Ifií aiares^aoa 
]iaiim.'aLpsi4>Btersav ai^nUadtí?' • ; k.:» 

:fiaíaarded«ocÍBaes:tiaaa áleoaámuai^ hi tíémm^^lésfáktñfAtm 
casi á hi ¿aéegorf^d»dnÉM>frtnlOMiiie8^ fiéwdmiatia^bMmqpbiMail 
BfedBdvMB^ean;Bietfir(^/dekar efefsÉlea^'indfcftlsr naíteiaiitra 
UMBiM'iiá Aiq^rioB;. Bl dS^^páio ^l^ogd Mamisi4diehaafto 
atttMi]Ukié«ifci«^bnÉBeaaAmánriaddri^ 
JUkraeakE^'kiaatsAeaéíÉ cUiá AtUbtidaMMÍaraL 4)oitaaaM>aiW 
UidaMsé^faiÁlMmlda Uk Jlbra¿pid»a|i>Saá|n|D#a ¿i lisa la 
Atlántída de Platón. Beñere este sabio en el diálogo titulada 
Tííneo, haber sido informado pov i< tif». jlalai^mi» WjSW fc for 



S9Í 

S^pio teoiki^ kfl insfanioeíoiies de los 'tíí^ceiéoteBA^ %bíb, habéis 
le contado uno de loff'«tiekQlM qtte étt49Íglos -iteiootos eudti^ 
eftvn'gtÁneontttiente etf el Atlántíeo; tnjck 'habitantét habfan 
bbiAa MnquistoB en^Eoro^ai Bm tíetm iiérHnñdá, Éi?te á^conr 
8MaeiÍeia'>de gráasNlea oaidN^lÍBinoB, desapareéis tragada por él 
Mttr en «n dia y lina noc&ei BbU tiefr» kaíbía sido meneiMadai 
isées flor elliiaforMidov atto!pe<rMa«oeU^i 4i«ftdo pdr Frocl^ - 
1 .ForfiBdav>dÍKpQtaB né bm «rigfaiad^ 4e tal ^relMiotL ' !Ki^Bla 
ChágéBM^ ^orlbricvt^imblfioo^AmbiUe^ Matto-^Bran, Wíímkk/tík 
admftaolá Peridoitto^ Aawttifwo i]>ltaffoéÜno>' Tegtaliiaio, Engelj, 
' SberéKr'^l^oaí^^'or'V'Bvdb^ Ba pveJnJeíeido^r úl^ 

iibb lá opinipn üe per la'Uktiántida vaa líbttla ii^igjQa de crédito: 
' 0dn máiiOB ioadavitaló» páflu pW verdadee : kÍ8ti5rica¿ algunos 
asertos d|e fiUradoto^ sin haterse aperetÜido^e^ette los erCtieoií^ 
Baora nosotvds^fkxelatoidp lossaiserdotos deSais, es el leraerdo 
jtaMioicnialdeiisflboí^erto^ypfattÍTOi • ■'" "•' : 

La geología viene demostrando ahora la'ésiBt^iioiar de lür 
'^ gran oontuMnie e]rel|AtMtiti«oj puente de- oóaranieacioniéiftre 

la>EtDK>pa 7 la As^^rica. Cagamos* á/Qainy ^)¿^: r^ 
ii'^^baexitteMia de eoxMíiiisaaiones teinstres entre el Antigvo 
; e) Maevo ACss^, eti 4p<>cas muy yem(»tas^ ha sido aranta de 
gfindM debatas^ desde el siglo XY» El:l?imeo y el Oritias ¡nos 
lia¿teaidgíelreM«rdpdé3inaiáe^ de eielo puro^ 

dnloe tiirug suelo fárül^ mayor que el' Asiay el AMca» y que se^ 
gimiFlatoy^ ludbía ooupadb^n otro tiempa el Ml^típo: los erC*» 
Bnínes de iúm iiidfgenas'lsrf attajercb 'la oóleñ i oeleste^ y en sen 
gaüaoiii^espantosl) düu▼io^.ldse ^ desapaiedeor la AUántida bajo 
lifa agfaaSiV 'i '- '' >..»us.i s ^(A ¡i ■ • i .v, 

hsr defada^fMlla algp^ap : por ílos iBUtnerosos ü^bstáonlos 
i la nsTegacion se presentan 'etiiial|{»nss'^para^idel,igra]| 
^afastíguair mtiL laí submersian de QBa'tievn^ .e«r^ = jneiíGiria 
bufido :saWs¿a)dél*ahddd|>er»Aartaidi^ i T i > * 

o-ifSiOMCmaBmÍMi ttsi Asetes^* Ib AiaiMe%' &enn^sncaairsÉasi^ 
einrfidewlnsrjeomo tos tMltos del f^diíj fibosósque^ UiUaidkdd 
iíotiiro j^tair.gteánHesáii »e1so!onts.. IiofcfdeÍM|acsefct¿ét;l¿iaBfe 
Ubf ssearar ele Já texistenoá día lá Ajtlántídaí^ éroiwséntns ea áí* 
^rdeliiio«og8|iisma|*las 



9Mk 

gado él cóntíneiBte amerieáno pot oaadio íb aqnelfla tienrrA» boy 
* desaparecida. Préíiíaióripa al -prij^oipio, merced i laa ideas in-; 
glesaa acerca del hmtdimetito y -leTaniaimeft^ pa r oialeB> l^ 
Atlájktida se traaformó en na ecmtíDMte euateni^rio; .pero jio* 
es éste del qae se trata: los trabajos recientes de los .pal^qn^olor. 
gistas, y de los geologoa americanos y franceses,- IwireTelad^ una 
Atíántida terciana^ basando su ei^is^noia en^ dntos precipsoSi; 
suministrados por ambaa cíeneíasran estos últimos tiem|K>a»" 

^or imperfectos que se so^ngau» ImcdDoÉBia&tosr.pc^aaRt&n 
lógicos habían arrojado alguna, lus, sobra taa* osonra aaaatíoa» 
Así| el estudio de las coniAm tenñarias 3aloa& D«»í había: da* 
mostrado á M. Conrad» la identidad espeéífioa da ouMb námera' 
de eHas, como rénn», üeoeaidbs^ petoiietes, ▼«Aufeaa; faáiotorias^i 
Aé., con las conchas eorrespondieates cleria oapaa ífanosaaia ^1). 
Así también probó el examen oomparativo de los iasanlos^ quiSt 
gran número de especies yítcu todavía üoy, en ambas playaa dai 
OcéancaA.tlántico^ piresentando ligeins tariantea antiia .lag^Lsta^) 
rra ^ Alabama.'^ '(?)'' •-'•/• i 

*^or otra parte, VM. Pbnel, Aymard, ¿¿ó.y descubrían los vei^ 
tebrados, cuyos afines fósiles ó ritos, no se -éniu^ntran sino én^ 
la contracosta deY Atlántico; eran los iJkdgdre&i enyda* eéngéife*^ 
res perj^enecen á'la Amóricá del Norte; los DtáUpkÍ9, qbe'aóníiai- 
contras tableinente los «ariaiíe^, ahora eiclusly¿^ én la^-Amérióa^ 
del Sur; los Oeofrypes, que ligan nuestros tbpbs á los (hnélylww 
de lofli E. 17.; los Archaorriya y los PáSaníemay que recuerdan laa 
formáis más características de la fáun« áníérícaifa; nh ta|>fr qaft^ 
es casi el Ameríoanué; un oso muy padecido al ' dé las ' Oordilt^ 
xas; un ine^qníherfon poco direrso del de Brasif, Acl (9) ' "^ ■' 

^^f^les analogías que j^rpsiguen, en los goneroá y aun énlaé es-. 

¡ C94^^* ji^utoriziEUi á I9S &oólogos^' á considerar como fitcités las no- 

I municaciones; entre los dos continentes teclaños. Bl estudio da 

las ^oras fósiles^ pern^ite descubrir las müsinas jiémejansas, ehtra 

¡ los TCgetales del Aittiguo y del KuéTO Hu4do. ;T!SSL TTñger, (4) 

I (9) ch. i^ín, ibi¿. i< «día: pág. 4ft. ' - ; i ri f 

(S) Panel, op. oU. ptfffk 45, d4, S8, USftig, I - '~ :; 



296 

7 Pswald Heer (1) guiados por Ift botiniea, defiesáen la ekisten^ 
éia de im oontmente attántico tert^iarío. Snmiiñstrando la aoUL 
^^exjdieaoionpIáQsibk que se puede iinaginar, 4é la analogía de la 
**ñ9tA ndóceáá de la Exiropa oeafead y la fl(ira aetaal de la Aní^ 
rica órfttrtaL" <5fy' ^ 

Bor eiítinétiteii aatorálHetaa, HM. O^^tlottib.y de YerBénil, ataa^- 
ban de produoír'ett apojo 4ñ ésta teoría vmá áéiñ6«bt¿ci¡xm gdOf^. 
lógica dérigtau peso. Si se isiimBk el btaoiMo laapa 4d Espafia^pu^ 
bUcMMhoi pOF ettoü el afloaníterior, (8) sedisifaigiieQ en aqiiella,pe- 
BÍiiáttla'ireadiuaaiiaoi depósitos teseíaBos ÍM»itrM« Se . utieo^ 
dtiel-miatD^xididaal sobre ¡gran; aparte de Oástttla la Niiera, Á% 
Twil asi la^Mlansriía» i Pixiliaen GiufdaUjára, y d^ .Calera, al a 
lauita»4A.lAeal^iLel rewí^de Y«lejieia;ioiid^ ^Si0i3l¡5^ kiléiae^ 
troB e& la mayor íongüíiiii * y íüíi de^ adiiolmra máxima» represen» 
tslidaiilia'aapeEflciédelúr m^nos QO^OOOkilódietfos cn^dra^QB;, 
Ál^N* ooápaalasgimdolagdieivrfario «o* p^te, oc^iiside^ra^le 4a 
flatri^iifc, átíJürwffyn y OasiiHa U Yieja» d^ade jiaa eercasj(a^ 4e) 
Manresa en Cataluña» hasta Salamanca y Zaiftpra .^fi c|l re^n^ dé, 
Jj0Qn, efíii^aaLocifiptnd de más dar 600 kil^n^ettoa, y,.un^ ami)litüad 
mddia de e^í .lÜjMÍL fiLteiceex lago intj^rmedio eptre los anterjio- 
t^ efttiaópos.eonsidBrsble y ^psti ^ situada eiv las px:oYÍQCÍas der 
T^rwLy f^^laltayod,' oq^ I80^196]dlómetix>^.de largo, y cerojai, 
da 20. de ancl^ Si á UnI 80,000 kilómetrQS cuadrado^ del lago de~ 
Castilla la Nqfta, se unen loa 60,000 ¿el catalan-castellai^p y loa 
^^ 4p^d^' TevQel, seobtieM Ift knportante suma ^e.l454¡[)p^(^ 
iM^roff fiv4^!^ 9<oiij^qa, eu la península ibérica ^or eí ter* 
cifori^ laoof ^:#df ip^:el esD^Ejor dd este vAsto deposito lleg^y 
pasa de 3pí> pies ei|fl¡«qtosl^g^ v . . ^, -^rz 

, *^9^ jpf^jí^TBMB^ de sedimentos de agua dulce» .d^t^ósUa^^a^ 
lejitament¿ en bapas bonaEomaies áe calcáreas arcillosas án^o-. 
gas ^ la^ de f&a^tHQwen, barros^ gypi^os,. pugin^ae cantos TOaa-^ 

i>gU4p.fal*6sis)i^i^ide uunenso^-nosi que nan t€&r<^do dus a^tiaB, 

(1) o. Heer, Dio. Insekten Fai3iiader,t9rtiM||;eVpd|^ K^ivi^púmeii «a|;fr9atifS. 
Leipiig, 1847-5$, in. 4 o - no» tertiaria Mi^^, pOfX ^W^^m \9fi^Pk ^%T) 
P) Ch. Lydl, 2« edío. teano, pá^^M^ -i: , .» .i ' -■:. ^. .. ... . ; /, ' :., 

(3) E. de VemevUSMerCMtomMM«,-g|riitBÍ«>oMA^ 
S "? edio. ParU» 1868, in-f oBo. 



á9t 

en aquellos gírandes estanqueB, durante an lapsa considerable 
de tiempo. 

. '^ales rios snpotien por sí mismos grandes conlinentes, qtié 
énla reconstrucción de nuestro hemisferio en el pasado, no pne-* 
den ser colocados sino hacia el IfO. Las rocas antiguas de I09 
Pirineos álN*.; los granitos y los genios de los montes Carpen'^ 
fánicbs; las masas . silnrianás de la Sierra Morena; los 'móñtétf 
Imcitanos^ de Sakmanca 7 Tiltafráirca, impedían el paso á las 
agnaa dnlbes. Af S.' j al Ú. fas depóritos téraarids marinod efe 
Andalacía y de Mnrcia, dé falencia y dtí Clatalnfia, formabail los( 
bordes de' un mediterráneo en qtre se precipitaban las agnas ié 
los lagos. Queda el KO; á dohde los geólogos irán á buscar las^ 
fuentes de los rios terciarios; el NO. en qne sin dtida se encon*' 
ttuba el Continente Atlántico; entre España, Irtanda' j los Es- 
tados Unidos,, sirrfendó de puente á las emigraciones niás <5^mé<>>' 
nos IdhtiEks Jla las pl^ntasi dé lúa ttnÜxiflles y del hombre, eá la* 
apoca terdflfcL^' '^ '• f • -"• : ■• 

'*QtLé hayáú seguido está ^a, ^egtm piensan MM. E. de Tér^' 
neüti y Collo'mb; qae sé prbdt^raii por medió de uña comnni*^ 
cación terrestre^^^utrela AméñiM yel'Asia Oriental, eomo qaie-^ 
retí MM. Asa Gray y Dlivier; (1^) que ta general timesen Itgar, 
4S6tnó cree |1. Charles Dttrwin^ i^Yvot las partes setentrionáles 
del Antiguo y del Iffnevo Mnndó, ^reunidos casi cpntimiacnénter 
''^or iiértas' qtte entonces podían servir de puentes, y ahora son 
''yitransitáblés por el frio',^' poco iái{>orta ú la sotnoion dd pro*' 

hi^iÁá.^ • : ' *' /' '.*?'* ' '■' '■ '• • ■ ' • 

Sai^tá áqní l|k dopiáíf fagamos AlgtMU reÜdxioiies. Démostra* 
dá: U etistenbiqi del^Iiómbre én áti6sfr<y éÁ^tiüenté ^áde fa-épo^* 
oá téréíaríá, lo enlatad &ace tídíitémpordñeo «c^él del Ti^jo ]ftm« 
^; con* certeza ^e las ]^ríhiitíyas coiminieacfonés db^Amárite ooú 
E^dt^'á pói él ' E., con el A^ jlc^t él O., cambian cplñpletettien<í 
1^ dé aspeci^ ias cneltioneB tantsi^go ifecfa^o oontrotéitidás, 
^célréa déi'orí¿en délós'Ümericáiííos. En efeót», hújñ pasado i&* 
féci^tnenté de Asltt, Ifá^a dado lá Vaélta por ÍEÍfirdpá, sié)úiprd 
¿íaíésk i^(^i^veiiká¿ú ^é'la; lk¿ft amdríóAiía Vielié dejos hútú:^ 






(^ dhl ÍHxim, Í^^QHg^e des .esp^ par sclfiótíóik natiírétfi^ d; «; édÍA:^£^&L 
íaili, Í66S, ín a>, piíg. 4*J.-0f. SdíSmper, ©¿L 6l pag. 98.' ' 

88 



N. 



39» 

brea cercanos ^ la creación. Esta raza antiquísima es la propia 
del «meló, con au lenguaje, con su oiyilizacion peculiares. 3pa 
ociosas, ppr consecuencias las porfiadas ,di^pu);a9 acerca de ú los 
primitivoa pobladores fueron griegos,. jcarta^peaes« españoles ó 
iaraélitas: es aJbsurdoderivarlps pueblos- antiguos de I09 ipodelr^ 
nos. Las comparaciones de costumbres 7 lenguas, tomadas cqh* 
Dao argumentos para establecer los orígenes, son .igualmente ^u- 
pericas: ni se puede Babe;r cuál fué aquel idioma primitivo 911 
BU prístina rudeza, ni sq atinará á descifrar el estado incipiente 
j rudimentaario de la primera ^nilia: no cab,e comparación en* 
tre lo.conocidp 7 lo ignorado. De entonces para abora transen* 
rrieion mndios siglos, en que. mil cambios se verificaron, perdis 
dps en la^pche de los tie^ipos. 

.La c^estipA actjiual <)on8Íste, en ras^^ear;, cu^to , posible fuera, 
de cuál nianera vivió en I06 siglos repotos el ser inteligente; 
cómo se eztesulió sobre el oontinepite, por niedip de. las emi^a- 
dones, de las diferentes tribus; cuáles fueron los ^(P^os esf¡a'*. 
dos'de su civiUsaciojí dudante el tiempo,, ^^ducldos de íasi obras 
que á nuestro poder llegaron, juz^ndolas, ja bajo el aspecto do 
la aptitud prppia, ya bajo el influjo q^e l^ayau ejercido la imita- 
ción Q el enseñamiento, . La comparación 4e idiomas 7 oostum- . 
pres^será (^e inmenso proveclip, apliega á j(fi determinación de 
las Qomnnicaciones que los amerf^^os ha^an podidp tener cpi^ 
los pueblos, dj^l antiguo Mundo, deducieDdo si tuvieron lugas 
ái^tj^ 16 después de. rbtoí^ los puentes de comunicación. : 

También la cuestión respecto de los animales cambia total* 
mefite, No se.^eguAtará abpra la causa de qu^ ^cíei^ta. clase de 
Ipa útiles no(Jhieriui:encp];itcadQ8. ^nAjpiérioa; mejor deberá in-r 
quirirselos Kiotivos que tr^ijeron suextermi|iu>...Éneatp cj^pítu- 
lo, ^ pu^de» .ap^tar fápilioenl^ laa. resp^si^cú Se comprenda 

* que Jpaiprand^ mami&rpa ^ufflvib^eroi^ cuando te^n^ina^p.^ 
perípdp geoi^l^co á qw eorresiKÍpd^, 1^ faltaron Up cpndicio- 
Aefi jlfiológica^ /f que. les tenia f^sgetpa.^giSuprjdmp OÉÍlajBedor 4^1 
ig^iiyeriip; 6 jn^J^ieQ^segjo^l^rc^eo,^^^^ á^sayarepjierp^ á. 

<;maeenenqa deiUiÁW^ ^taeliamo díl^Tiat* ^BiL^Qnfmto 4 h^ 
cuadrúpedos cosmopolitas, propios de la Spoca actual, dismmu- 
yeron en los grandes trastornos eniptivpjEt, y upsi^^lPi^^^ll^^W^ 
^^ft^P'^PP^^^i^^^^^^^T^^ y sacarles provecho, quedando 

, abandonados al estado' si^^aje. pprécioron bajo las^gaixas de loi| 






299 

earniceros ó á los golpes de las tribas cazadoras. Los soles oos- 
mogónioos de los méxica son los recuerdos de las grandes catás- 
trofes: el Atonatinh de la invasión poderosa de las aguas; el He- 
tonatinh de la época de los inmensos trastornos Tolcánicos; el 
Tlaltonatinh de los moTÍmientos seismoldgicos producidos en la 
costra, terrestre por los embates del fuego central. 



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CAPITULO n. 



XL HOKBBK PBBHXSldBiaO. 



♦ 



no9.-~OonehaM y {ea/raiocki.-'Oobre.-~KUaoenmod^ troghdUoi.^Bkl' 

don» 9o6ialM,'^Dt¥mn3^ ¡etUo da la humanidcuL 



EL hombre es superior al bruto, en cuimtó se diferencia la in- 
teligencia del instinto. Llamamos instinto á 1¿ suma do 
conocimientos que del Creador recibió el animal, parasuoonser- 
yacion, defensa» reproducción, j para desempeñar el papel que 
tiene asignado en la creación. En todos los casos el instinto es 
completo; si parece, por ejemplo, inferior en el gusano que en el 
elefante, esto proviene de las diversas funiñones que tiene que 
^cutar, mas no porque el gusano no esté dotado de los medios 
perfectos de atender á su emplSa El instinto es constante; ni 
cambia» ni se perfecciona. El gorrión actual fabrica su nido en 
la misma forma j de los mismos materiales que el primitiro; él 
peiTO ladra aun cuando se le críe apartado de sus iguales; la 
araña tejedora no inventa todavía diversa urdidumbre para su 
tela: todo el reino animal ha permanecido estacionario. El ani- 
mal sabe, no aprende. 
I>e la inteligencia forman parte el instinto y la facultad de la 



abstracción. La inteligencia no pennanece estacionaria; cambia, 
06 pnlimentay se desarrolla, se transforma de mil maneras dife- 
rentes. ^1 hombre sabe, aprende, é inventa. Las manifestacio- 
nes de la perfección física j moral del aér inteligente constitn- 
fBik sn cÍYÍlizacion. La perfecciones la le j impuesta por el Crea- 
dor á la humanidad. 

La historia comienza enando los hombres adquieren- los me- 
dios adecuados para perpetuar los acontecimientos: antes, sólo 
puede existir la tradiei(^. Llamamos nosotros hombre prehistó- 
rico, al que existió antes de la historia, nuestra definición no 
preocupa ninguna idea religiosa. Para rastrear algo de los suce- 
sos pasados, á falta de los documentos escritos y de la tradición, 
quedan los monumentos grandes ó pequeños, obra del hombre, y 
en áltimo término las rcTelaciones de la ciencia. 

Dice la relacícm bíblica, que el hombre vivía exento de pSna 
en un lugar delicioso; se hizo reo gustando la fruta del árbol 
prohibido 7«4b allí fué arrojado quedando sujetó i, comer el pan 
son el sudor de su rostro. Llámase á esto la maldición de Dios. 
Vué fina maldición digi^a de la Divinidad; supuesto que al colo- 
car al hombre en la alternativa de alimentarse ó morir, puso en 
la cabesa 7 en el corazón de éste la necesidad del trabajo, fuente 
de todo adelanto, germen de las obras útiles j grandes. Consi- 
deradlo bien; suprimid ^n et hombre ese móvil siempre rena- 
oíente, y será menos que la ftera- que impelida por el hámbVe 
tíme que ocuparse en poner acechanzas á su presa; menos que 
la planta sujeta á la tierra para sacar la savia: la inteligencia hu- 
biera quedado encasquillada en una roca. 

8e infiere de la constitución humana, que buscar los produo- 
tos espontáneos del suelo fué su primera indeclinable ocupación. 
Kb sabemos salir de este dilema: ó^lOreador colocasu hechura 
ea época y lugar que hicieran iiñposible el perecimiettto del ser 
ndmade, antes que pudiera convertirse én Efedentario agricultor; 
dios primeros padree- de los pueblos, al encontrarse en el pi^ 
que fué üi cuna, eran ya poseedores de varios conocimientos. 
Bajo el primer aspecto, ^1 paraíso biblico resulta s6 sólo un 
pensamiento verdadero, élbo prelimdamente filosófico. 

lias primaras reYeSadones de la paleontología huteana versan 
Morea del fuego y de las armas. Si se niega «er iaturtito, el usé 
áA fuego fué el msyof de los deseubiteieirtos Aél hoi&bre ptl^ 



mitíiYo. A nuestro entender, ni el inoendio de xm árbol por el rajo, 
ni la combustión producida por una reacción quiinica^ pudieron 
eneeñar á los rústicos de entonces, el aprovechar un elemento 
que devora ó daña cuanto toca; ha de haber sido indispensable 
la vida en una comarca atormentada por el fuego subterráneo^ 
en época de corta actividad. Tiempo mucho ha de haber tras- 
currido^ entre tomar la llama, saberla trasladar á otro sitio, con- 
servarla, 7 hacer el último supremo esfuerzo,, renovarla cuando 
por casualidad se extinguiera. Dueño el hoai^bre del fuego, había 
dado un paso jigantesco: era la modificadLon de los alimentos, el 
prinpipio de lac^ cpmodidades; calor p^ra defenderse de la intem- 
perie, luz para disipar las tinieblas; nacían lasartesf que produ- 
jeron los sólidos utensilios de barro, el ladrillo j la canoa. Cuan- 
do al pié del árbol copado, ó de la gruta nfbtural, ó en la informe 
chaza de ramas, que eran el abrigo de los descubridores, se puso 
el f uegQ^ contínuam'ente alimentado con leños qiie se retorcían 
chisporroteando, y al rededor, hombres, mujeres y^ niños se sen- 
taron á contemplar admirados, se hizo fijo y a]^otoao el hogav 
doméstico, se constituyó definitivamente la familia y en ^la^l 
elemento primero, de la swiedad. .' ^ 

Las armas significan li^ propia defensa, eo^^fara los animales 
epormes y bravos de las faunas antiguas. De, la ra^úr informe 
desgajada' del árbol^de los cantos arrojados pon lam^au), se. po- 
sa á la. hacha de ¡liedra, á la lanza ajrmada de un hueso penetran- 
te,, y n^^s tarde á la flecha, que ya presupone un madero clásico 
labrado» una cuerda retorcida de fibras vegetaiesi la correa saoa-^ 
da de una piel, ó los ten4oneB arranpados á un cuadrúpedo. £1 
más inocente de los empleos dados alas armas. fué» el.de la.pro- 
jteccíon á la familia; siguióse la caza, matansa de los anímales por 
necesidad ó por codicia; sobrevinieron las <sontiendas en que se 
vertióla fiangiie humana^ cuando separadas las tribus se combatía^ 
ron para disputar qna parte deligua limpiai^iun c^mpoil^o dei^- 
tofkr 17odayía duran hoy» la cacaí empico' ^p los desocupados» '1a 
guerra de derecho iiq'usto de las na(Hones fuertes^ » ^ ^ "^ ■ : •> 
^,;jS^gi9Íéi;^se los i|tíies' aplvsa^l^ á i^,.ai;t^9^ los pn»4aeÍiQ0 de 
las diversa industrias^ más 4r^no8(#)S00S|!^d6 materi^Bs Daáaó 
menos <^Iicadp8>:<»^lormejfdgnHlQ. de adalan^a ^l^sai^íadp por 
iQft fttí$0i9A« Xras,^..necf|s^ÍD^seprespptarqnlo^¿tily.lo agca^ 
4^^^: afilio: otifíl »e]Ci^i4atf 4igW 7 «49^990 PA^a ei£«Janaq|0b 






pues el arte de bien parecer no era desconocido de las razas pt^- 
históricas, y la moda hizo las delicias de la mnjér desde los tiem- 
pos primitivos. . , 

De las obras del hombre, en México, no estamos aún en esta- 
do de dar cumplidas noticias* Si bajo el punto de vista artístico 
han sido juzgada^ con tino y se las conoceen su aspecto arqueo- 
lógico, fáltanles los caracteres esenciales geológico y |>aleontólo- 
gico para poderlas distribuir en series de clasificación. Este es- 
tudio, ahora incipiente, sólo podrá cumplirse en él porvenir pot 
los hombres científicos. Qarémos por nuestra parte cuanto nos 
sea posible; examinaremos aquéllas obras por sus diversas con^ 
diciones, y guiados por los ensañamientos de la historia podré- 
' mos señalar /algunas diferenci&is. Descúbrese en general cuando 
pertenecen á distingos pueblos; se distingue por ellas ciertos gra- 
dos de adelanto, si bien (^frecen un tipo que puede llamarse naF- 
cioual. Los materiales empleados pueden dar cierta medida acer- 
ca de su antigüedad. 

En Europa se distinguen dos grandes épocas: 1& I^eriodo de 
la piedra; 2* período de los metales. Subdivídese aquella, en pe- 
ríodo de la piedra bruta, y período de la piedra pulinientada. Sé 
divide ésta ejx los períodos del bronce y del hierro. En México 
no se puede aplicar está clasificación. Sin duda alguna existió 
una época dé la piedra, bri^ta, á la cual siguió la de la piedra pu- 
lÍQientada; pqro lá .verdadera separación entre ambas no nos es 
conocida. De los mett^es^fué aésconocidoelhie)rro; existieron ^el 
cobre j ,el bronce. El. tiso de los metales, sin embargó, no extin- 
guió elídela piedrín; cuando aparecieron» en tiempo de una civi- 
lización adelantada, ^tuViérón sus aplicaciones prácticas, no obs- 
tante lo cual^subsistie^pn las. armas y los utensilios de piedra^ 
hasta jque fué extinguida la civilizacipn mexicaiía. De aquí nace, 
por ahora, está división: I"" Época de la piedra bruta, < ó primiti- 
va: 2*? Época ae'la piedra pulíiUentada, indefinida, mezolada con 
la presencia del cobre. Respecto de los materiales se presentáis 
tres divisiones bien margadas: 1^ El silex 6 pedernal, (ecpaü; íf' 
L^ obsidiana, ^itzíli; ^ Lfts ¿iedrscs' pulidas, teÜ. ' 

lElefiriéndose Hatiiy á los instrumentos de jiiedra; en el Yi^ó 
Mundo, en la edad del Mammón th, asigna como materiales de qué 
están formados, "la cuarcita, traquita, pholonita, ágata, obsidia- 
na^ tomadas casi siempre de las variedadea'del 'úl&x^ siendo los 



usados más frecuentemente los bíUx pirámacos^ córneos j pas- 
poides." ^'Empezando por los instrumentos de piedra, dice Yila- 
nova, debemos notar la circunstancia de que la materia más co- 
munmente empleada por el hombre en todas las comarcas del 
mundo, en que hasta el presente se han encontrado, es el cuar- 
zo ámorjo ó pedernal, la cuarcita y la obsidiana; en tiempos pos- 
teriores echa mano de otras sustancias. ¿Habrá alguna razón 
que explique este hecho singular? Nosotros la encontramos: 1"* 
en ser estas rocas muy abundantes, en particular el pedernal: 
y 2"* en la propia estructura y fractura concoidea que las carac- 
..teriza, en virtud de las cuales no debió ser difícil al hombre prí- 
miÜTO, apreciar el resultado de un golpe seco, <;on lo que' hoy 
se llama percutor, contra un pedazo cualquiera de dichas rocas/^ 

Adnñtida la presencia del hombre en el terreno terciario su- 
perior, en la época paleolítica, los restos de sus obras encon* 
tradas, se reducen á. útiles bruscos de pedernal, como cascos 
irregulares, flechas toscas, perforadores, &c (1) Entre nosotros 
nada existe de este período; si algo relativo ha sido visto, los 
curiosos no han sabido distinguirles, y como objetos de formas 
no bien definidas, fiíeron desechados <somo inservibles, cual pie- 
dras brutas sin significado alguno. 

Nuestras observaciones nos dicen, que el silex fué empleado 
en México, desde los tiempos más remotos; pero como su uso 
fie prolongó hasta la época moderna, im|!>brta conocer los carao; 
iéres distintivos de las piezas antiguas. El silex, toma el color 
del depósito en que permaneció sepultado, presentando tintes 
amarillos de ocre, rojizo oscuro, gris, gris negruzco» blanco 6 
blanco azulado; proviene de que la superficie ha sido descom!- 
jpuesta, en un espesor variable de 4 ^ 6 milímetros, formando la 
jpatinoj 6 sea la película, superficial de «Uíeato de cal. A veces se 
notan las dendritcLS, cristalizaciones superficiales, generalmente 
de óxidos mezclados de fierro, y de manganeso, de un gtis negruz- 
¡QOf en figuras muy n^etnudafi arborecéntes, semejantes & ciertas 
plantas marinas. 

Correspondientes á la época arqueolitica, en que el hombre 
ge manifiesta en el Yalle, tenemos bien definidas las hachas, los 
QUfChiUos y las flechas. 

O) Aaftigaadid dtí liombM, p<g. 170* 



\ 



306 

Gaiándonos por las formas ^más acentuadas, distinguiremos 
las hachas de sílex en primer Ingar, en las que llamaremos de 
corte. Presentan al un extremo pnnta más ó menos agnda, mien- 
tras al opuesto, terminan en filo en línea recta. A este tipo per- 
tenecen dos, "encontradas en Texcoco por M. J. Bowring, hace 
más de quince años; son de silex gris y casi de la misma forma. 
Mide la mayor 18 centímetros de longitud^ con un espesor má- 
ximo de sólo 8 milímetros;, están, hábilmente talladas por frac- 
turas concoidalos, con los bordes bastante cortantes, sobre to- 
do, hacia la punta, habiéndose obtenido el filo á golpes, y no 
por medio de raspaduras. Es la arma en su simplicidad pri- 
mitiva, labrada con la franca destreza de una mano ruda, pe- 
culiar de la edad primera; las análogas á esta arma, han sido 
encontradas en Europa, en los aluviones más antiguos, con los 
restos del hombre revelando su existencia en la jépoca cuater- 
naria (1)" 

Las hachas de punta, presentan una aguda al un lado, termi- 
. nando en el contrapuesto en un'fílo más ó menos curvo. Le di- 
cen agesta forma ovalada, laceolada ó amigdaloidea, si bien las 
distinguen por laceolada larga si la punta es prolongada; laceola- 
da corta si la punta es menor; amigdaloidea si ambos extremos 
son curvos. (2) El primer tipo es común en Francia, Liglat^inpf, 
Bélgica, España, Tebas, Babilonia, Palestina y ^n el Hindostán; 
el segundo en Inglaterra, y el tercero en Inglaterra, Francia, 
España 6 Hindostán. Una hacha del tipo lanceolada larga, 
se sacó de la isla de Cozumel, Yucatán; está labrada á golpe 
y la patina de que está revestida, le dan carácter de grande 
antigüedad. 

Estas armas son semejantes á las tj^adas actualmente por al* 
gunos salvajes de la Oceania. Indican cierto estado de adelanto, 
y sin duda fueron empleadas no sólo en la caza y en la guerra, 
sino también en cortar madera, para alimentar e^I fuego, ó para 
idgi^nos usos industriales. 

Las láminas de silex para puntas de lanzas se pueden cl£i.sifi- 
car en tres formas principales. La lanceolada propiamente di-;, 

(1) Ezpioration mináralogiqtie des regions mégicainos, par H. E. Qaülomin Ta- 
layne. París, 1869. Pág. 239. 

(2) Hamy, pág. 184. Vilanova, pág. 219. 

89 



S06 

cha, terminando en punta más ó menos aguda, mientras el ex« 
tremo opuesto es curvilíneo: el tipo es muy común en Europa. 
La triangular, en cuya parte inferior se nota un apéndice desti- 
nado á quedar fijo sobre el asta: la forma no es de las más co- 
munes. Las de doble punta, ó terminando en punta por ambos 
extremos: este tipo es el encontrado por Lartet y Christy en 
Langerie-Hante, y por H. de Fezry en Solutre. (1) Dos ejem- 
plares notables tenemos á la vista: el uno sacado del cerro de 
Texcotzinco cerca de Texcoco, mide 0,°^2i de largo, O,"* 070 
en su mayor anchura, con O,™ 010 grueso; la figura fué obtenida 
por percucion así como los filos, siendo de regularidad per- 
fecta. El segundo fue hallado en la isla de Cozumel, hacién- 
dole importante la patina amarilla de ^cre de que está reves- 
tida. 

Las armas no presentan dimensiones constantes, y aun la fi- 
gura cambia un tanto. Debe observarse, que las lanzas de doble 
punta sirvieron también como cuchillos, en cuyo caso se les acó- 
S.odabaun mango, que permitía manejarle ynsarla segunda 
punta cuando la primera estaba embotada. 

Las flechas afectan comunmente la forma triangular más 6 
menos prolongada, teniendo un apéndice para ser fijadas en el 
a^B. Las cortas son comunes en todos los países; las prolon- 
gadas son idénticas á las de Monte Govio y de Molia en la Li- 
guria. (2) 

En su lugar respectivo dimos cuenta del uso que los mexicanos 
hacían de la obsidiana, itztli. La obsidiana de Pénjamo, segon 
nos dice el Sr. Barcena, parece que fué mtiy apreciada por los 
hombres prehistóricos, si ha de juzgarse por los objetos fabrica- 
dos de esta roca, vistos á largas distancias del yacimiento. En 
el valle de Ameca, Jalisco, en el lugar nombrado Lomas del tio 
Ayala, cerca de la hacienda del Cabezón, se encuentran restos 
humanos y con ellos unos pequeños objetos denominados botones, 
son discos casi circulares, con un horado que no corresponde al 
centro, pulidos por ambas caras, formados los bordes por perca- 
oion: servían para collares, pulseras y adornos. 

De la manera en que Idñ méxica labraban la obsidiana, sacan 

(1) Hamy, pág, 887. 

(2) Hamy, pág. 18. 



307 

lo8 esquimales sus trozos de sílex. '^Parece, dice Lubbock, (1) 
qae los fragmentos de obsidiana no se sacaban por percucion, 
sino por una fuerte presión; según Sir E. Belcher, (2) los esqui- 
nales emplean el mismo procedimiento en la fábrica de sus ins- 
trumentos de petrosilex. "Escogen, dice, una pieza de madera, 
^'en la que labran una cavidad en forma de cuchara y colocan so» 
"bre ella el trozo de piedra que van á trabajar, luego oprimen 
"verticalmente sobre el borde, ahora de un lado, ahora del otro, 
''hasta que á fuerza de arrancar pequeñas astillas dan á la piedra 
'la figura de una lanza ó de una flecha, con los filos dentellados." 
El teniente Beckwith asegura, que tos indios de la América del 
N. emplean casi el mismo artificio," 

Los fragmentos de obsidiana se encuentran derramados por 
todo el país, indicando un uso general de la roca vitrea. En las 
comarcas remotas se hallan con frecuencia los núcleos, cosa que 
indica que los trozos eran llevados á lugares distantes para ser 
labrados, constituyendo un comercio de cierta importancia. En 
la isla de Cozumel, junto con las armas de silex, fué desenterra- 
do un núcleo, y en la península de Yucatán se encuentran flechas 
y figuras del mismo mineral. En Casas grandes del Oila, con 
tiestos de loza lindamente pintada de blanco, rojo y a2ul, se ven 
numerosos pedazos de flechas y lanzas, así como los fragmentos 
saltados al labrar los trozos. Tratándose de regiones mucho más 
lejanas, refiere Wilson, (3) según el informe dirigido á la Ame' 
rican Ethmologiccd Society por el Dr. Gerad Troost, que en los re- 
conocimientos por éste practicados en muchos sepulcros del 
Tennessee, fueron hallados lares, adornos y utensilios de ruda 
construcción íotmados de productos naturales, fuera de metales, 
abundando los objetos de obsidiana: esto, y descubrir conchas 
de los mares australes hizo inferir al observador, que la raza 
constructora era oriunda de alguna comarca tropical — "MM. 
Squier y Davia aseguran, que en los túmulos del Mississippi se 
encuentran lado á lado, en el mismo lugar, cobre nativo del La- 
go superior, mica de los Alleghanies, conchas del Golfo y obsi- 

(I) li'Homme avant lliistoiro, pág. Se. 

f2j Trans. oí the Ethnologieal Sodetj. New. Ser. Yol. 1, ptf . 188. 
(8) Pxelúfltorio man, reaearohea ídU> ftba oiigtai ot tMÚMMÜmk m the oíd aad the 
New WoxkL Londoii, 1888. Pág. 141. 



308 

diana de México." (1) Todavía hoy los Habitantes de la tierra del 
fuego usan flechas con punta de obsidiana. (2) 

No hemos visto hachas de este material vitreo, sin duda por 
ser quebradizo; se le empleaba principalmente, como ya sabe- 
ZQOS^ en las navajas para el maxiuahuiüy las láminas en cuchillos, 
los fragmentos menores en lancetas, y era' común en las puntas 
de flecha de diversas figuras. 

El período de la piedra pulimentada, llamado también neolí- 
tico, se distingue de los anteriores, en que armas y objetos no 
están formados á golpe sobre tnateriales de fractura franca, sino 
que son de rocas duras y vistosas, de formas elegantes, de su- 
perficie liflft y pulida, sin ser para ello obstáculo la textura del 
fósil. Generalmente recibieron empleos la diorita, piroxenita, 
anábolita; serpentina, el jade, la nefrita, el grupo de piedras de 
los pórfidos magnesianos, y de los feldespáticos y petrosilex. En 
México se dan ejemplares de estas materias primas, aunque lo- 
mas frecuente es el jade, el granito, la diorita, el jaspe, la piedra 
lidia, no siendo muy raro encontrar la serpentina. 

Dividiremos las hachas de piedra pulida en dos secciones, de- 
corte, y de punta. Las hachas de corte, por regla general, pre- 
sentan un^Slo formado por dos caras, ya planas, ya más 6 menos 
curvas, inclinadas una sobre otra en un ángulo á veces de 45*^: 
el extremo opuesto, á veces plano, cambia mnch4,s veces en una 
superficie redondeada, más ó menos convexa. Por la punta tenía 
el uso de la íi¿rma, por el lado opuesto el de precutor ó martillo. 
El instrumento presenta doá variedades; en la primera, las caras- 
terminales son planas; en la segunda desapar3cen las aristas, y 
la figura' es curva sin llegar á cilindrica. A veces presentan una 
ranura destinada á recibir '^1 mangó. Hacha de corte de caras 
planas es el número 13, en diorita, de procedencia dudosa, aun- 
que mexicana. Hacha de corte curvo el námeró 14, en pórfido 
dorítico, sacado de la isla de Oozumel. ' ' 

Hacha coh ranura es el arma del numero 15, '^'figttada de pla- 
no y de perfil, procedente de la Oañada de Santa Ana,' cerca de* 
Guanajuato, que me fue regalada por el Dr. Vidal. Es un canto 
de diorita, destinado por su forma-para el empleo que se le' dio: 

iX) Imbbook, L'Homme av«Dt rUstoira, {><{;. IS».' 

<2) Lubbock, loco cit, pág. 442. .r ' . i . 



809 

tina ranura para recibir el mango fué practicada en un lado de 
la hacha, y se obtuvo el corte por dos planos en bicel, encon- 
trándose en un ángulo de 65^. La arista es correcta, y los dos 
planos presentan tan hermoso pulimento que permiten ver la 
estractura cristalina de la roca." — "En el número 16 copié una 
hacha sacada en el valle del Teul; es una arma de pórfido dor!- 
tico, más acabada y de forma más elegante que la de Guanajua- 
to. El lugar del mango está señalado por sólo un lado como en 
la precedente, el cual es uno de los caracteres de las armas pri- 
mitivas. No se distingue en ella parte alguna pulida." — "El ar- 
ma enorme figurada por ambos lados en el número 17, mide 30 
centímetros de largo. Todas sus caras están cortadas con per*- 
fecta regularidad; la ranura de encima pasa á los costados, el 
■corte es agudo, y la arista muy rectilínea, fué obtenida por fric- 
ción en las dos caras. Esta masa, casi cilíndrico-cónica, es de 
diorita; fué sacada de los terrenos de la Cañada de Santa Ana, 
por el Dr. Dugues, quien tuvo la bondad de^regalármela." (1) 

Colocamos en esta sección las hachas alongadas, que son de 
poco grueso, afectando la forma del fruto llamado mango de ma^ 
nila. Ejemplo cumplido de este tipo es el Hache azteque, copiada 
en las Vue^ dea CordíUéres, lámina XXVIII, y de la cual dice 
Humboldt: — "Esta hacha de feldespato compacto, que pasa al 
verdadero jade de Saussure, está llena de jeroglíficos; la debo á 
la benevolencia del Sr. D. Manuel Andrés del Rio, profesor de 
mineralogía en el Colegio de Minería, y autor de un excelente 
tratado de oritognosia; la deposité en el gabinete del rey de 
Prusia en Berlin. El jade, el feldespato compacto (dichter fel- 
dspath), la piedra lidia y algunas variedades de basalto, son las 
sustancias minerales que así en los continentes como en las is- 
las de la mar del Sur, sirvieron á los pueblos salvajes y á los 
semicivilizados, de materiales primeros para sus hachas y oteas 
diversas armas defensivas. I)el mismo ínodo que griegos y ro- 
manos conservaron el uso del bronce mucho después de la in- 
troducción del hierro, aztecas y peruanos siguieron sirviéndose 
de las hachas de piedra, aun cuando el cobre y el bronce fuera 
entre ellos muy común. Nunca, en nuestras largas y frecuentes 
esGursiones por las Cordilleras de las dos Américas, pudimos des* 

(1) Guillemin, Ezploration minenaógiqae, pág. 240 y sig. 



810 

cubrir el jade en btl yacimiento, y cnanto más rara nos parece 
esta roca, tanto más nos admira la gran cantidad de hachas de 
jade que se encuentran en casi todos los lugares, otro tiempo 
habitados, en que se hacen excavaciones, desde el Ohio hasta 
las montañas de Chile." — ^Wilson reproduce el dibujo de Hum- 
boldt bajo el titulo Engraved Aztec Hatched. 

Las hachas de punta, son generalmente anligdaloides, ó se- 
mejantes á una almendra. Se encuentran en México dé primoro- 
so trabajo, siendo las más acabadas la de Palenque, Yucatán y 
Centro América. En formas más ó menos prolongadas, son idén- 
ticas á las de basalto en Francia, ó de dorita en Inglaterra, pu- 
blicadas en las BelíqidruB Aquitanice, por MM. Ed, Lartet y el H. 
Oristy, pág. 15; á las de diorita de la América del Sur, de las in- 
dias inglesas y de Francia, &a La igualdad es tan palpable, que 
había llamado la atención mucho antes de que á este estudio se 
consagrara particular empeño. ''Jussien, que reconoció algunas 
armas americanas, hachas, cuñas y flechas del Canadá, y de las 
islas caribes, estableció un notable paralelo entre estos instru- 
mentos, y los del Antiguo Mundo, cuando todavía gran número 
de personas instruidas, las tomaban á principio del siglo XYIIIy 
por piedras de rayo. En una Memoria leida en la Academia de 
las Ciencias, (1) año 1723, demostró que las piedras labradas con 
tanta paciencia por los americanos, y á falta de fierro, por ellos 
empleadas en armar sus flechas, y labrar la madera, son semejan- 
tes á las recogidas en nuestras comarcas; de donde inñere: "que 
^'nuestro continente estuvo antiguamente habitado por salvajes, 
^á quienes las mismas necesidades, y la carencia del hierro, im- 
^'pusieron la misma industria." Hechos inútiles sus instrumen- 
tos, fueron sepultados en grandes cantidades, allí se conserva- 
ron, y hé aquí las piedras caldas con los rayos." (2) 

•La idea de Jussien, ha sido plenamente confirmada por el es- 
tudio, quedando reconocido que, bajo el aspecto de forma, de 
materiales y de empleo, las armas americanas son idénticas 
á las en gran número encontradas en Scandinavia, y muchas re- 
giones del Viejo Mundo. I^Puede explicarse esta semejanza, por- 

(1) De Josfdeo, De Torigliie et de Fasage de pleires de foudre. (Mem. Acad. So. 
1723, in4<?:, pág. 6.) 

(2) Hamy, píg. 22. . 



r 



WLl 

que dadas las mismas condiciones, el hombre procede de la mis- 
ma manera en casos iguales. Ahora la respuesta no puede satis* 
facer, porque fuera de las semejanzas ya demostradas, es de no* 
iar, que las materias primas ó no se encuentran, 6 al menos no 
son comunes en los diversos países que presentan aquellas ar- 
mas, lo cuál prueba evidentemente comunicación entre los pue- 
blos, relaciones inmediatas y frecuentes. De este capítulo se 
toma argumento para deducir la unión de la América con Eu- 
ropa. 

Según aparece en nuestras antiguas pinturas, las hachas de 
piedra recibían un mango de madera algo corvo, más grueso en 
la parte superior, que hacia la empuñadura, iguales en todo á 
las hachas célticas. (1) Evidentemente que en tiempos antiguos 
sirvió de arma en la caza y en la guerra; pero también es cierto, 
que en los tiempos históricos, pierde aquel empleo; y entre los 
pueblos de México, queda solamente aplicada á usos industria* 
les. Nuestro Museo Nacional guarda hachas de piedra con ranu- 
ra, de tales peso y dimenciones, que un hombre forzudo podría 
manejar con esfuerzo; pero las hachas modernas son cortas, al- 
gunas muy pequeñas é impropias por lo mismo para drenar, y 
algunas hay de una y dos pulgadas de largo. Estas ya no son 
hachas, eran cinceles empleados en labrar las piedras duras, 
obrando como perentores para el silex y la obsidiana. Muy ra- 
ras son las lanzas y flechas de piedra pulimentada; las. primeras 
easi siempre fueron de silex; las segundas de pedernal ó de ob" 
sídiana. 

I/as rocas duras fueron empleadas para formar adornos. De 
los más primitivos son las cuentas, que ensartadas en hilos de 
plantas ó en tendones de animales servían de gargantillas, pulse- 
ras, pendientes, &e. Las más antiguas parecen ser pequeños 
cantos rodados, tomados de los rios, de cuarzo, diorita, feldes- 
pato, espato cklizo, &c,; así se infiere de la falta de unidad en la 
materia prima: de la figura globulosa é irregular al mismo tiem- 
po; de las quebraduras que las afean, estando en partes bien y 
en otras mal pulidas; en la desigualdad del tamaño: se buscaba 
en los cantos una forma adecuada, y el artífice no sabía labrar- 
los oon perfección. Hacia eljcentro de las caras más planas, Ue- 

(1) V. Lnbbodc, looo. di. pág. 7a 



813 

yan un horado, hecho oon un perforador cónico, supuesto serlo 
el taladro, j además la piessa era atacada por ambos lados con- 
trapuestos, porque el agujero tiene la forma de dos conos tocan* 
dose por el yértioe. Si se juzga por las impresiones que las pie- 
dras presentan; pudiera ser que se aplicaran sucesiyamente per- 
foradores de distintos gruesos, á los cuales se hacía obrar á gol- 
pes, moyiéndoles circularmente con la mano en cada esfuerzo, 
ayudándolo con agua y arena fria resistente. Las cuentas finas, 
eyidentemente más modernas, son de esmaragdita, feldesfato, 
rocas yerdes, y minerales reputados nobles en todos los países, 
teniéndose en mayor precio el chalchihuUl; la figura regular, lo 
acabado del bruñido y la bondad del material, las distingue dé 
las anteriores. El distintivo principal consiste, en ser oilíndrioo 
el taladro. 

De las cuentas de barro cocido, las unas son lisas, pintadas de 
colores brillantes. Las finas son de mejor barro, y Ueyan en re- 
lieve labores y figuras, las cuales son á veces del mejor gusto. 
En su lugar dejamos ya dicho lo que los médica alcanzaron en 
las artes del alfarero y del jojista. 

Los* hombres antiguos se adornaban también con bayas de al- 
gunas plantas, dientes y huesos de animales, conchas y caraco- 
les. Hemos visto que en las esoavaciones del Tequizquiac se en- 
contraron conchas de agua dulce y marinas, perforadas para 
servir de adornos. Caracoles marinos nos ha regalado el Sr. Bar- 
cena sacados de un túmulo en el Estado de Jalisco, y el mismo 
Sr. encontró ostras en los túmulos de la Sierra Gorda. Servían 
como collares ensartados en hilos, y según la forma que se lea 
daba en ciertos casos, suspendidos á cuerdas pequeñas al chocar 
lobunos contra los otros, debían hacer el ruido como de oasoabef- 
les. Los caracoles marinos que tenemos á la vista, núm. 19, están 
cortados por la voluta en una sección perpendicular al eje; en la 
parte superior llevan una ranura formada con un*raspador, por 
la cual se hacía la suspensión. Esto es en los alongados; en los 
. redondos ae ha buscado para el hilo una comunicación interior, 
raspando contra una piedra dura hasta formar dos agujeros. 
Llama la atención el núm. 20; es una rebanada. sacada por sec- 
ciones perpendiculares al eje, de un caracol marino; la limpieza 
del corte y lo pálido de las superficies, la hacen una pieza difí- 
cil para artistas que no usaban instrumentos de fierro. Conchi^ 



r 



W8 • 

• 

tas y earacolitoB marinos hemos visto procedentes del Palenque 
y de Yucatán, tallados de nna manera primorosa, en líneas suti- 
les, cual si fueran beckas con útiles de acero, con dibujos repre- 
sentando flores, frutos, dioses, figuras fantásticas y tal vez ins- 
cripciones. 

No acertamos á determinar cuál sea el primer metal que atra- 
jo la atención del homlbre primitivo; sin nociones de comercio, 
exento aun de codi(»a, los metales llamados ahora preciosos ca- 
recían de valor estimativo. Su atractivo no debía consistir en 
esto, sino en el brillo ó apariencia exterior, y condición indis* 
pensable debió ser en cada comarca, la abundancia de metal de- 
terminado y la resistencia que opusiera á dejarse trasformar por 
la mano del hombre. Oro y cobre se pusieron en primera línea. 
Aquel se recoge en forma de pepitas en los ríos y placeres, y 
debe haber sido visto desde muy temprano; más la pequenez de 
los granos, su dureza, la alta temperatura á que se funde, le han 
de haber hecho casi inútil en los primeros dias. Qaedó entonces 
el cobre, frecuentemente encontrado en estado nativo, en trozos 
considerables; maleable para recibir ciertas formas á golpes de 
martillo; que se presta con facilidad relativa á ser separado de 
su matriz; no se liquida á grandes temperaturas y es dócil para 
ser empleado en la industria. De tales condiciones es fácil en- 
tender, por qué el hombre prehistórico, en América y en Europa, 
dio la preferencia á este metal Nuestros pueblos primitivos 
consideraban el cobre como una variedad de piedra; al menos 
así lo da á entender, el nombre mexicano fepuxíli^ compuesto de 
la radical tetU piedra, y de ptiztecüi, cosa que se quiebra como pa- 
lo. En la lengua chippewa se dice ozahwabUc de ozah amarillo y 
taalíbik piedra. 

La indicación mis antigua en América, respecto del laboreo 
del cobre, la suministran las minas del Lago Saperior en los E. 
XJ. — "Siguiendo una depresión continua del suelo, dice Lu- 
bbock, (1) llegó al fin á una caverna, en la cual habían tomado 
cuarteles de invierno muchos puerco-espin* Apercibiendo las hue- 
llas de escavaciones artificiales, levantó las tierras acumuladas y 
descubrió no sólo una Veta de cobre, sino también gran cantidad 
de mazos y martillos de piedra pertenecientes á los aatigitos 

CD liooo Qit, pég. S05: 

40 



y 



• 3U 

obreros. Las observaciones subsecaentes hicieron descubrir es- 
oa raciones antiguas de gran extensión, de 25 & 30 pies de pro- 
fundidad, derramadas en una superficie de muchas millas. Las 
tierras de ahí extraídas están arrojadas á los lados; los fosos se 
han azolvado gradualmente con materias vegetales, acumuladas 
en los siglos trascurridos desde que las minas fueron abandona- 
das, y sobre ellas brotaron los jigantes del bosque, vivieron y 
acabaron para convertirse en polvo. M. Kuapp, agente de las mi- 
nas de Minnesota, encontró 395 anillos en el tronco de un sabino 
crecido en un montón de tierra extraída de una mina antigua: 
M. Foster menciona el gran grueso y la edad de uu pino, crecido 
^ \ y muerto después de^haber sido abandonadas aquellas obras; M. 

O. Whitterley cita no sólo los árboles vivos ahora en los desier- 
tos foso?, algunos de los cuales cuentan más de trescientos años, 
y aumenta: — "Se distinguen en el mismo lugar los troncos po- 
"dridos de una ó de varias generaciones precedentes, que fueron 
''árboles llegados á total crecimiento, muertos luego de vejez." 
Asegura el mismo escritor en comunicación dirigida á la Asocia- 
ción Americana, para la junta de Montreal en 1857, que aquellas 
antiguas minas se extienden por 100 á 160 millas sobre el borde 
meridional del lago." 

"En otra excavación se ei?contró una maza de cobre nativo, de 
más de seis toneladas de peso; reposaba sobre un sosten artifi- 
cial de encina negra, conservada en parte por la inmercion en 
el agua; al lado se encontraron muchos instrumentos y útiles de 
cobre, siendo los más comunes mazos y martillos de piedra, sa- 
cándose de un solo lugar diez carretadas. Ahí mismo existían ha- 
chas muy'grandes de^dioríta, propias para recibir el mango res- 
pectivo, y gruesas^mazas redondas de diorita como para servir 
de rodillos: en el interior tenían horados de algunas pulgadas de 
profundidad, sin[duda para recibir un trozo de madera, que mane- 
jadas por muchos hombres á la vez sirvieran de martinete para 
romper las rocas y las mazas de cobre. Algunas había rotas, y 
quedan sobre las piedras las señales de los golpes aplicados con 
ellas." '\ 

Los mineros del Lago Superior pertenecen á una raza desco- 
nocida. Se advierte que su industria estaba montada en grande 
escala: de hallarse los instrumentos y los artefactos en los mo- 
numentos al Sur d^ aquella localidad, se infiere que el uso del 






816 

metal faélidoptadQ por varias naciones adelantadas en civiliza- 
ción, con las ciiale's mantenían los mineros frecuentes relaciones 
comerciales. 

Dado el primer paso« conocer el metal y labrarle con instru- 
mentos de piedra, siguióse sujetarle al fuego, fundirle, vaciarle 
en moldes construidos al intento: vendría después tratar por el 
fuego el mineral, para separarle de la matriz, cuando no estaba 
en estado nativo, Ta dijimos lo (Jüe los mexica sabían hacer en 
esta materia, y cuan adelantadas estaban las artes del fundidor 
y del platero. 

Es sentir común de los anticuarios, no haber precedido & la 
del bronce un^ época marcada del cobre; lo contrario aparece en 
América, hubo una época de cobre^^puro, á la cual siguió la liga. 

Las antiguas razas americanas procedían de una manera aná- 
loga á las de Europa. Llámanse en Dinamarca kiokenmodingos 
(Kjokkeqmodingo) á ciertos montículos compuestos de millares 
de conchas de ostras, cardium y otros moluscos que sirvieron de 
alimento al hombre, mezclados con huesos de cuadrúpedos, aves 
y peces: colocados esos depósitos á lo largo de la costa de casi 
todas las islas danesas, se les tiene como monumentos de muy 
alta antigüedad. Lyell encontró y registró idénticos restos en 
Massachusetts y Georgia de los Estados Unidos. J. Wyman pu- 
blico una obra interesante acerca de estos mismos objetos intitu- 
lada Ají Account of some of the kjókkenrnoddtng or sJiell-heaps in Mai- 
ne and Massachusetts, Salem 1867. Existen también en la penín- 
sula de la Nueva Escocia á 29 leguas de Halifaz; en la Florida 
oriental. "En Fernandina y en los Bluffs de San Juan, dice Yi- 
'lanova^ existen numerosos altozanos llamados en el país Shell- 
''Heaps, muy análogos á los kiokenmodingos de Dinamarca, los 
"cuales, á juzgar por los instrumentos de piedra y hueso, por lo 
tosco de la cerámica y por otros indicios, deben ser obra de ra- 
zas muy antiguas y completamente extinguidas." — Coutinho los 
ha descubierto en el Brasil y Mr. Darwin ha hecho la descrip- 
oion de los de la Tierra del fuego. 

Tenemos indioaciones precisas de que en México, así como en 
Europa, hubo tiempo en que el.hombre prehistórico vivió en 
las cavernas, era troglodita. Si ciertas de nuestras grutas fueran 
exploradas» revelarían secretos arqueológioos no imaginados. 



J 



816 

Los pueblos primitivos montañeses, abrigados en las grandes 
cadenas de montanas, no tuvieron otro refugio, y allí han de ha- 
ber dejado Us señales de su existencia. La costumbre de vivir 
en las cuevas se prolonga hasta los tiempos históricos; los chi- 
chimecas la practicaron cuando hicieron su irrupción en el valle. 
La vida del troglodita fue general en America. Así lo dicen las 
cavernas íosilíferas exploradas en los E. U,, presentando aspec- 
to idéntico á las de Europa; así lo prueban las del Brasil, en don- 
de el Dr. Lund y Mr. Claussen encontraron los despojos del 
Scelidojherium, del Glyptodon y del Ghlamydotherium con otros 
carniceros extinguidos, con los restos de animales existentes aún 
en el continente, conchas del buHmus, molusco terrestre común á 
Sud América, y los esqueletos de una tribu contemporánea de 
aquella remota fauna. 

Bajo el adelanto social la vidí> de los pueblos se ha dividido 
en cuatro categorías: 1' El estado salvaje, el cazador. 2* El pas- 
tor con su rebaño trashumante, la vida patriarcal. 3* EU agricul- 
tor, ó el hombre fijo á la tierra para demandarle el alimento. 4;* 
Las naciones constituidas ó el hombre de las ciudades. Esta cla- 
sificación no es adaptable á México; falta aquí el segundo termi- 
no ó la vida del pastor, pues no se encuentra rastro de que el 
hombre supiera sacar provecho de los animales útiles, sin duda 
por haberles extinguido. 

Los objetos que hemos presentado, los monumentos que pa- 
samos á examinar, dicen claramente que el hombre americano 
se fué perfeccionando, pasando por todos los grados de civiliza- 
ción. De cuál manera tuvo lugar ese desarrollo gradual, no po- 
demos decirlo; las diversas fases de la civilización mexicana, por 
un fenómeno que como otros muchos le es peculiar, saltan de sú- 
bito á los ojos enteras y armadas, cual salió Minerva del cerebro 
de Júpiter. No podemos darnos cuenta cumplida de su cuna, de 
las causas que influyeron en su perfección, cómo ni cuándo cum- 
plieron sus ya pasadas evoluciones. Aquí están las obras, allí 
los monumentos; pero sin historia, sin siquiera el nombre del 
pueblo consti-uctor: es un cementerio en que las lápidas carecen 
de inscripciones, borradas por la corriente de los siglos. 

Al afirmar la .mejora del^ombre. primitivo, no pretendemos 
decir' que todas las familias habitadoras del continente alcansa- 
ron la misma perfección. El desarrollo de la Üamauidad dépen- 



317 

de, no sólo de su aptitud intelectual, sino de los objetos que la 
rodean, de mil condiciones que no siempre pueden ser bien apre- 
ciadas: La configuración de un país, sus accidentes climatológi- 
cos, determinan la vida y las costumbres de sus moradores. Aun 
en idénticas circunstaneias dos pueblos no progresan uniforme- 
mente; el carácter predonfinante en la familia, las necesidades á 
que consagra mayor cuidado, imprimen diverso rumbo á sus es- 
peculaciones: á veces, el nimio apego á las costumbres y el ho- 
rror al cambio, dan un sello de inmutabilidad & las naciones. En 
los tiempos de la conquista no todos los pueblos habían llegado 
al mismo grado de cultura. Hoy mismo, cnando casi toda la faz 
de la América está trasformada, en ciertas comarcas, se escu- 
chan los alaridos de los bárbaros, atacando al blanco con el mis- 
mo encarnizamiento que al mastodonte á al mammouth de los 
tiempos post-terciarios. El Viejo Mundo presenta el mismo fe- 
nómeno; mientras admira la cultura alcanzada por los pueblos 
europeos y algunos asiáticos, entristece contemplar el estado sal- 
vaje de las tribus de la África central, produciendo el mismo des- 
aliento la Oc^anía. Parece que, en materia de adelantos, el ge- 
nero humano está condenado al suplicio de Sísifo; llevar un pe- 
ñasco por la empinada ladera de una montaña, sin alcanzar ja- 
mas la cumbre. 

Tras millares de anos, los actuales habitantes del globo pre- 
sentan marcadas semejanzas con los hombres prehistóricos. Ha- 
my equipara á los bárbaros del tiempo del mammouth con algu- 
nas tribus oceánicas, y estíiblece que las costumbres de los tro- 
gloditas son las mismas que las de los puebloá hiperbóreos ac- 
tuales, que tienen un reno congenere al que vivió en Francia, 
Suiza, &c. Siguiendo sus inducciones, tomadas alguna vez al pie 
de la letra, (1) el empleo de la piedra ha sido general y bajo las 
mismas formas, encontrándose por fbdas partes, entre los salva- 
jes de nuestros dias el percutor, cuchillos, punzones y flechas de 
sílex. De los útiles de hueso, el punzón de Eyzies está modifica- 
do apénp,s en la. O.ceanía; el hueso fusiforme déla misma esta-* 
cion, coloc0,3o oblicuamente en un astil, forma lá flecha del po- 
linesio; el arpón de cjieiites recurrentes en uno ó en ambos la- 



(1} Pág. S5f fiiá^' 



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• * ^ h 

' ./**.' 



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318 

dos, existe entre los pescadores de la Ooeanía, de la América del 
Norte, de la Tierra del fuego, <&c. Los lapones, los esquimales, los 
tchoutcliis usan aún las armas y los útiles de las grutas y de loa 
abrigos de Yézere y de la Lesse; el cuchillo-sierra se fabrica en 
Laponia y en Groenlandia, como antes en Langerie-Hante ó en 
Saint'Martin ó Excidenil; el raspador de los esquimales es idén- 
tico á los de Eyzies y de la Magdalena; la punta de hueso del ti- 
po, de Aurignac, arma el hiderd del groenlandés. El arpón y el 
alisador del mismo Aurignac, son semejantes á los de los esqui- 
males; el arpón del tipo Eyzies tiene sus análogos en la indus- 
tria hiperbórea, y aun sustituido el hierro al hueso, conservan 
los instrumentos de pesca su forma primitiva. 

'Tasando al estudip de los usos y de las costumbres de los 
pueblos del Norte, hallaremos las mismas analogías. Las princi- 
pales huellas dejadas por los trogloditas desde Aurignac hasta 
Chaleux, consisten en la gran cantidad de huesos fracturados pa- 
ra extraerles la médula; Morlot recuerda á este propósito, que 
''entre los lapones y los groenlandeses la médula, caliente aún 
por el calor animal, es .para ellos cosa muy apetitosa, y bocado 
de distinción ofrecido á los extranjeros y á los empleados del go« 
bierno." 

"Como los habitantes de nuestras grutas, los samoyedos rom- 
pen los cráneos para comer los sesos crudos, todavía humeantes; 
de esa materia cerebral forman los indios de América una legía 
para preparar as pieles.*' 

"Ciertos esquimales hacen hervir sus líquidos con piedras ca- 
lentadas; hay fundamento para creer, como ya dijimos, que el 
mismo empleo tenían lo.s muchos cantos llevados de muy léjoa 
á las grutas, por los indígenas de la Europa occidental.'' 

"Según Kane, Parry y Boss, esos mismos esquimales produ- 
cen el fuego, ya por fricción como en Eyzies, ya por percucion 
con la pirita de hierro como en Chaleux. 

"A las grutas cuaternarias en que sucesivamente fue ron acu- 
mulados tantos restos orgánicos, en mayor ó menor grado de 
descomposición, corresponden las habitaciones de invierno des- 
critas por Hans Egedes, verdaderos osarios donde están amon- 
tonadas las carnes crudas, la grasa de los mamíferos y de los pe- 
ces, y residuos de todas clas^ derramando un hedor insoporta- 
ble. En el NortSi como un tiempo en Franoiai colocan los sidvajes 






r 



319 

cerca del difunto sus utensilios, y también trozos de animales; 
pero cuando las zorras y los perros desentierran el cadáver, los 
naturales miran aquella profanación con la más amplia indiferen- 
cia. En las estaciones del Perigord frecuentemente andan dis- 
persos los huesos humanos; también los esquimales dejan con- 
fundidos cerca de sus cabanas los huesos del reno, del caballo, 
¿c, con los de sus difuntos y los restos de los animales que les 
sirvieron de alimento." 

"Así por los usos y las costumbres, como por el material in- 
dustrial y artístico, los hiperbóreos actuales son semejantes á los 
trogloditas cuaternarios de nuestro país, y ya establecimos que 
no se diferencian mucho entre si por sus caracteres anatómicos." 







^ 



CAPITULO in. 

LOS MONUMENTOS. — (REGIÓN BOREAL). 

OoAOA grandes de Ghihtiahua.—Deacripeion.^ Carácter principal, los túmulos, — 
Oléelos ericontrados. — Examen, — Los túmulos. — Su generalidad, — Antigüedad en 
Europa. — En América. — Posición del cadáver. — Olletas enterrados en los túmu- 
los. — Signijicacion. — En los túmulos de Casas grandes. — Brazaletes de Conchas. — 
Cerámica. — Un aerolito. — Metate [metlatQ.—Matt.^Alffodon.'^Coneideraeiones, 
— BacMmba. —Babicora. —Jfazatlan. —Ruinas del Zape. — Ciudad agrícola, — Cñat- 
ehihuites.—Teul. — Lago de Cliapala. — Ciudades de canoas y de RanoA en la Sierra 
Oorda.—Aztalan en el Wisconsin. — I'ío son los mexicanos los constructores de las 
ciudades.-' Cuatro manifestaciones de la dviUzadon del Thombre prehistórico en 
México. • 

EL rio llamado de Casas Grandes, en Chihuahua, corre en di- 
rección general S. á N., y recibiendo pequeños afluentes va 
á perderse en la salobre laguna de Guzman. A corta distancia 
de la orilla izquierda de la corriente se alzan algunas alturas 
irregulares, y á ellas paralelas, en el lado opuesto, se dilata la 
Sierra de la Escondida; dejan entre ambas un yalle, con anchu- 
ra media de 12 á 15 kilómetros. . Allí, en lat. N. 30° 20' 13", y 
long. O. de México 8^ 47' 7", se hallan las ruinas denominadas 
también de Casas Grandes. 

Las construcciones principales están sobre la izquierda del 
rio, y consisten en el Vigía, (palabra que no debe preocupar el 



821 

■ 

ánimo del lector» por ser de aplicación vnlgar y moderna), coló* 
cada en la altara más próxima á la corriente, iro2&o piramidal de 
tres pisos, de Im 25 de espesor cada uno, diatninujendo de aba- 
jo para arriba, con una escalera para subir á la plataforma su- 
perior, teniendo el conjunto un pensamiento semejante al domi- 
nante en los teocaUi mexicanos: es de piedra seca. Al pie de es- 
ta misma altura, en dirección OE. para el jio, sigue el llamado 
templo, edificio cuadrado de 100 metros, flanqueado el lado 
oriental por otros dos cuadrados de 60 metros: en el interior del 
primero se perciben paredes formando un laberinto, bastante 
complicado para detener el paso á los poco observadores. 

'^Entre estas ruinas, dice Di Pedro García Conde, (1) se en- 
cuentrsin dos especies de habitaciones muy distintas: la primera 
consiste en un grupo de piedras construidas de tapia y exacta- 
mente orientadas, según los puntos cardinales: las masas de tie- 
rra son áh un tamaño desigual, pero colocadas con simetría, y 
descubren mucha habilidad en el arte de construirlas, por ha- 
ber durado un tiepapo que excede de trescientos años. Se reco- 
noce que este edificio ha tenido tres altos y una azotea, oon es- 
caleras exteriores y probablemente de madera. Este mismo gé- 
nero de construcciones se encuentra todavía en todos los pueblos 
de los indios independientes del Moqui al NO. del Estado. Las 
más de las piezas son muy estrechas, cbn las puertas tan pequ0- 
ñas y angostas, que parecen calabozos. Todavía existe en mu« 
chas partes el enjarre de las paredes^ cuya finura é igualdad de- 
tnueatran la inteligencia de los arquitectos. Éste edificio está cix;- 
cundadb á varias distancias de, montones de piedra sin ningunf^ 
regularidad, y varían en tamaño de cinco á die;z varas cuadra- 
das; jHay también vestigios de un canal que servía sin dada pa« 
ra conducir el agua de un ojo á las inmediaciones de, Im casas." 

Aunque no conformes con las opinioees del Sr. PiaccíaC/ondei 
¿cpiamós sus palabras para formar idea aproximada ^9, :|kquellaa 
ruinas. La construcción en los 'edificios es uniforme; las pase- 
deis, de cosa de un metro de 'espesor, están compuestas de trozos 
regulares 4e tierra 6 sean grandes adobes paralelepípedos, uni- 
dos con tm chñiéhto en que entra la arena; interior, y 'exterior- 
mente están reYOcadad oón^'tm estuco blanco, de grano finó, per- 

(1) Edmjo «sUidbtfoo Mbi^ «1 Estado de Cháuáütia, Chfinahiu, 1B4% pto. f i« 

41 



822 

fectamente pnlido. Las piezas llevan las puertas en uno de los 
ángulos, recibiendo mayor claridad y ventilación por medio de 
ventanas, má» 1}ien tragaluces, circulares de O, ^ 25 de diámetro, 
abiertas y labtadas en piedras talladas, empotradas en los ma-* 
ros, únicas que recuerdan el arte del cantero: los aposentos es- 
tuvieron techados sobre vigas en azotea, y los suelos superior é 
inferior eran del estuco bruñido de las paredes. 

Los materiales de. construcción, pueden servir en la clasifica- 
ción de los monumentos; pero en casas grandes, el ,tipo caracte- 
rístico está suministrado por los túmulos. Son éstos, montones 
artificiales de tierra, de piedra, ó de ambas cosas, de alturas 
diversas y forma conoide, conteniendo nn sepulcro, bien con 
uño ó varios esqueletos, según su caso, bien con cenizas suel- 
tas ó en una urna: dánles á estas obras diferentes nombres 
vulgares, llamándose en mexicano tlcdtetetli^ monton.de tierra. 
Para la descripción de los túmulos del lugar que estudiamos, 
oigamos á Guillemin Tarayne. (1) "En las tumbas, principal* 
mente, ban sido hallados los reatos de la industria antigua» 
Según el gran número de túmulos descubiertos por la erocion de 
las corrientes del rio, parece que era la costumbre depositar los 
muertos en la cercanía del agua, uso muy común en otros pue- 
blok Las tutn1}as ofirecén lá forma de cubas de piedra secti^ la 
séceíon horizontal de una elipse de 1°^ 50 en el diámetro mayor, 
nn metro en el menor, y lo mismo de altnra: . el cadáver está 
' seíit&dó en cuclillas, envuelto en un lienzo tejido apretadamentei 
con fibras de un vegetal que recuerda el agave; al rededor de los 
despojos ñé encuentran vasos ú objetos de lá' predilección de) 
difunto, /cólü6 collares, brazaletes, alfarería^ &c. La t9rtuga y la 
lagartija, fueron sacadastámbien de las tunabas.*^ Siguiendo los 
aciertos de García Oonde, los.túínulos son muy numerosos, * por 
las orillas' dé' lós tíos dS Üásas gandes y Janos, en la extensión 
de'máé de veinte leguas de. largo y diez de ancho. 

'Los objetos recogidos en aquella lopali4^d, so|i: hiMsliaiB d|| 
piedra pulida, metates, lienzo, idoUllps de barro,. ipasig^ cofan* 
ñes y finas^ collares de cpnchas, bra^al^t^ de hnaaq; Jf . jbpyc^^gi^ 
y la lagartija áe ooore,. y se n^enpi^^ un aerolito. 



; I 

i 



323 

''Las minas, dice Gaillemin, (1) no parecen sujetas á nn plaa 
regalar en sn disposición general; las construcciones están 
espaciadas á considerables distancias entre' sí^ constitajendo 
centros aislados, extendidos. á los lados del rio y sobre las 
mejores tierras, ocupando una superficie de 60 kilómetros caa« 
drados. Esa gran extensión indica el pensamiento de un pueblo 
agrícola, atendiendo mejor á estar próximos á sus sembradoSi 
que $ aglomerarse en un centro compacto, para oponer resisten- 
cia mayor á una invasión Parece que Ias habitaciones fueron 
construidas, para proteger á a:us habitantes contra sorpresas 6 
ataques exteriores, pues son verdaderos puntos bastionados por 
la disposición de los edificios fianqueándose entre sí, y teniendo 
para fuera muy corto numero de aberturas. Esta ciudad, apa- 
rece antes que todo, haber sido i;n establecimiento agrícola^ 
habilitado de medios preventivos de defensa," 

Nos ponemos por primera vez frente & frente, ante las ruinas de 
una de nuestras ciudades antiguas, ihonton de escombros sin nom- 
bre, sin historia, formando las páginas confusas de una crónica 
presente sólo en la mente de Dios. Pero esas mismas suministran 
un testimonio irrecusable, del adelanto del hombre prehistóri- 
co. Salió del estado salvaje, pasó por la condición del cazador^ 
y fijado á la tierra para pedirle el pan cuotidiano por medio de 
la agricultura, se hizo ciudadano: la* familia fué primqro tribu^ 
y ahora se convierte en pueblo, tal vea en pación. Siempre la 
reunión de edificios formando una ciudad, presupone precisa- 
mente un pueblo más ó menos poderoso, uiii4o por las mismas 
necesidades, por idénticas cost]xmb]res, por creencias -«omunesj^ 
un gobierno máfi ó menos rudimental, categorías sociales, reglas 
ó leyes .á que se ajustan las acciones públicas; la arquitectura en 
cierto adelanto; artes correspondientes á las exigencias ó capri- 
cho^ de los moradores, ui^ gran desarrollo en la agricultura, con 
el donocimiento del gran cultivo para proveer al mantenipiiei^to 
de la multitud, en ot^ps qúeha.ceres ocupada; en fin, demuestra 
la traslorn^acion completa de aquella fracción del genero hu- 
mano, I^vaptada.de la condición salvaje, á la culta y civilizadaí^ 
Para formar una idea aproximada de lo que las ruinas de C^ 
sas grandes significan, vamos á ocuparnos en cada uno de los 

Cl) Looo di., ptfg. 178. 






324 

objetos allí encontrados; si nn tanto nos divagamos, será por 
una sola vez, j para servir de explicación en todos los casos 
análogos. Comenzamos por los túmulos. 

"En Inglaterra, dice Lubbock, (1) se les puede ver sobre casi 
todas las colinas. Sólo en las Oreadas se estiman en más de dos 
mil los existentes; en Dinamarca son aún más abundantes; se les 
encuentra en toda Europa, desde las costas del Atlántico, basta 
las montañas del Owral, cubren las grandes estepas del Ásia^ 
desde las fronteras de Busia, hasta el Océano Pacífico, j de las 
llanuras de la Siberia, hasta, las del Indostan, en América se 
cuentan por millares y por decenas de millar; también se en* 
cuentran en África, donde las pirámides representan el desarro* 
Uo más admirable de la misma idea: así^ el mundo entero está 
sembrado de estas tumbas*" 

"Tocante á la época á que pertenecen estos monumentos fu- 
nerarios, dice Yilanova,, (2) que siempre suponen un grado más 
de cultura, relativamente á la época del Beño, en la cual el hom- 
bre limita todas i^s construQoiones y enterramientos, á una gru- 
ta 6 caverna cerrada por medio de una loza puesta de canto; se 
£á disintido mucho^ así como respecto á la raza que levantó el 
Menhir, el Dolmen ó el Túmulo. Según el Sr. de Bosteten, hay 
motivos para creer que en las costas del Malabar, en el Indos- 
tan, hay que buscar el origen del Dólme, que fué levantado por 
pritnera vez por un pueblo, cuyas huellas . 6 vestigios, pueden 
todavía observarse,' deisde la Crimea hacia las regiones áel Nor- 
te, por la Silicia, el cual, desde SuiBcia y Dinamarca sígijiió las 
costas del mar del Norte y del Océano, extendiéndose hasta la 
Bretaña, donde debió haqer un gran alto, pasando por las 'islas 
ánglo-normandas, á Inglaterra, y bajando hasta los Pirineos y 
más acá, donde tantos restos dejó de su gran poder.'* 
' "Algunos quieren vei^ en el vasco, el representante actual de 
¿qttelia raza braquicéfalá ó de cabeza reaondead^y qae tantas 
analogías conserva con la de la época del iteno, opinión cdnfir- 
ñiada hasta cierto pui\to, por el idioma extrañp que ha conser- 
taido puro á través de los siglos, sin una sola raíz de las lenguas 



(1) Pá«. ae. 

)2} Oxígen, naturaleza j ántigfiedad del hombre, pág. 298. 



926. 

"Sea de esto lo que se quiera, lo cierto es que la manera da 
colocar los cadáveres en este nuevo modo de enterramiento, es 
decir, puestos en cuclillas ó doblados sobre sí mismos, es muy 
distinto del que usaba el hombre del Reno, y miiy análogo, por 
otra parte, al que se usaba en Oriente, de modo que lo más pro- 
bable es que una nueva raza procedente del Asia, introdujo en 
Europa esta costumbre. ¿Pero cuándo ocurrió esto? O en otros 
términos, ¿á qué época puede remontarse este acontecimiento, 
de los tiempos anteriores á la historia? Para responder á esta 
pregunta, debe consignarse, en primer lugar, que aquella raza 
no conocía el uso de los metales, porque de otro modo lo hubie- 
ra introducido en Europa, donde al menos los primitivos monu- 
mentos megalí ticos, no encierran sino instrumentos de la segun- 
da edad, de piedra." 

"Ahora bien: el metal se usaba en Babilbnia y Nínive, y el 
hierro lo cita ya Moisés en el Deuteronomio y en el libro de los 
Jueces; y como quiera que las ciudades citadas remontan á dos 
mil años antes de nuestra Era, resulta que el pueblo de los Dól- 
menes debió invadir nuestro continente hace cinco ó seis mil 
años, época en la cual sin duda alguna no era conocido el metal 
en Oriente." 

En América, la costumbre dé depositar los cadávores en los 
túmulos aparece como muy general, duró por un tiempo muy 
considerable, y marcó uno de los tipos de la civilización prehis- 
tórica. En los E. U., según Squier, los túmulos son innumerables» 
'Tíecir que son innumerables, no es exageración en el sentido or- 
dinario de la palabra; se les puede bontar por millares, y por 
decenas de millar." En México, no obstante haber sido destrui- 
' dos por centenares, ya para satisfacer una ociosa curiosidad, ya 
por instigaciones de la codicia, pues se supone haber en ellos 
tesoros ocultos, abundan en todas las regiones planas y montar 
ñosas. Se extienden á Centro América por el istmo de Panamá» 
pasan al Brasil y al Perú, continuando para regiones más aus- 
trales. 

Evidentemente los túmulos de los E. U. tienen alguna reía- 
cion con los de Casan grandes. Describiendo Lyell aquellos, es- 
cribe: (1)— "Nadie sospechaba antes de las indagaciones cientí- 

m Pág. 46. 



326 

ficas de Squier y de Dayis, acerca de "los antiguos mouamentos 
del Valle del Mississippi," (1) que las llanuras de aquel rio, mu- 
elios siglos antes de que allí se esiablecieran los colonos f ranee- 
Bes é ingleses, hubieran estado ocupadas por una nación muy 
más avanzada eü las artes y mucho más antigua que los indios 
dé piel roja encontrados por los europeos. Existen en la cuenca 
del Missíssippi, y particularmente en ^1 valle del Ohio y de sus 
afluentes, centenares de túmulos qlie fueron los unos templos, 
estos puntos de observación ó de defensa, aquellos sepulcros; el 
pijeblo constructor desconocido, juzgando por los muchos crá- 
neos sacados de las 3epulturas; pertenec3 á la raza mexicana ó 
^olteca. Algunas de esas obras de tierra son bastaatemente gran- 
des para contener en sn recinto de 20 á 40 hectáreas, y el volu- 
men dé uno de esos montículos fué apreciado en 550,000 metros 
cúbicos, de manera que cuatro de ellos compondrían nn volumen 
mayor que el de la gran pirámide de Egipto, que cuenta 2.000,000 
de metros cúbicos. De muchos de ellos se han sacado vasijas, 
adornos esculpidos, diversos objetos de plata ó cobre, armas de 
piedra; siendo muchas de silex no pulido, de forma muy análoga 
á los antiguos instrumentos de silex encontrados cerca de Amiens 
y de otros puntos de Europa." 

'*Claro es que los constructores de los túmulos del Ohio jbenían 
jrelaciones comerciales con los habitantes de regiones remotas, 
porque entre les objetos sepultados hay cobre nativo del Lago 
Superior, mica de los Allegliany8> conchas marinas del Golfo de 
México, y anfibolita de las montañas de aquel país." 

"El número extraordinario de los túmulos prueba la larga 
duración de un período, durante el cual una población agrícola- 
y sedentaria hizo progresos considerables en la civilización, has- 
ta el punto de necesitar grandes templos para celebrar su culto, 
y extensas fortificaciones para defendjsrse de sus enemigos. Casi 
todos, los túmulos están circunscritos á los valles fértiles y lla- 
nuras de aluvión, y algunos al menos son tan antiguos, que los 
rios Avieron tiempo para corroer los terraplenes que los sostie- 
nen, y retirarse luego & más de un kilómetro. Cuando los prime- 
ros colonos penetraron en el valle del Ohio, encontraron aquella 
región ocupada por nn bosque espeso y allí los cazadores 'de piel 

(!) Smithfloman Contribution, vol. I, 1847. 



• 

roja, que lo recorrían sin tenet residencia fija, y sin conserYar 
el menor recuerdo de sus más civilizados predecesores. El úná*> 
eo dato que se puede obtener para calcular el tiempo mínimum 
trascurrido desde que los túmulos fueron abandonados, se to* 
IDA de la edad y de la especie de los 4i'boles que crecen sobre 
algunas de aquellas obras de tierra; cuando en 18á2 visite á Ma* 
xietta, el Dr. Hildreth me llevó á uno de aquellos montículos y 
me enseñó el lugar donde había crecido un árbol, cuyo tronco al 
Ber cortado presentó 800 círculos de crecimiento anuaL El di- 
fimto general Harrison, presidente en 1841, versado en la cien- 
da, notó en una Memoria acerca de esta materia, que muchas 
generaciones de árboles deben haber vivido y perecido, antes de 
que los túmulos se cubrieran de la variedad de especies que os- 
tentaban cuando el hombre blanco los vio por la primera vez, y 
eran las mismas de las del bosque de las Cercanías. ''Podencos 
estar ciertos, dice Harrison, que mientras aquellirs obras de tie- 
rra sirvieron para algo, no se dejó crecer los árboles; pero cuan- 
do fueron abandonadas, como en toda tierra abierta nuevamente 
en el Ohio, debieron durante tiempo dar exclusivamente naci- 
miento á una ó dos especies de plantas, como la acacia amarilla, 
y el nogal blanco ó negro; cuando estos primeros ocupantes del 
suelo perecieron uno tras otro, probablemente debieron ser 
reemplazados por otras esencias, en virtud de la ley de agricul- 
tura que establece la sucesión periódica ^n las cosechas, y en 
seguida, después de gran número de siglos (tal vez millares de 
años), se pudo establecer la diversiclad notable de esencias que 
caracteriza el Norte de América, y es superior con mucho á lo 
que presentan bajo este aspecto los bosques europeos." 

Acerca de la manera con que los esqueletos están colocados 
en los túmulos del Yiejo Mundo, dice Lubbock: (1) — ''No puede 
dudarse, que durante el período neolítico de la edad de piedra, 
s e enterraba el cuerpo en posición sentado. En resumen, parece 
probable, aunque nada podemos afirmar positivamente, que en 
la Europa occidental, aquella posición del cadáver caracteriza la 
edad de piedra; la incineración la edadde bronce; mientras que, 
cuando el esqueleto está extendido, sin mucho titubear se- puede 
atribuir la tumba á la edad de fierro. Es preciso admitir tam- 

ÍI) Pág.107 



828 

bien, que las pruebas no son decisivas, recordando que dorante 
el período anglo-sajon, unas tríbns quemaban sus muertos, 
mientras otras los enterraban." — ^No nos es posible pata México 
asignar una regla general, porque los autores se contradicen con 
frecuencia, y las esoavaciones de los túmulos no han sido ejecu- 
tadas con el cuidado apetecible. Aparece sí, como evidente, que 
la posición del difanto dentado en cuclillas, envuelto en un su- 
dario y ligado con cuerdas formando vueltas cpn cierta simetría 
es la más remota; recuerda la costumbre asiática, y las antiguas 
pinturas colocan así el cadáver en memoria de aquel hechct pri« 
mitivo.' Esta clase de enterramiento la podremos llamar por 
inhumación. 

Ls^s naciones históricas procedían por medio de la incinera* 
cíon; es decir, quemaban sus muertos, y sepultaban las cenizas . 
en sepulcros; aunque no abandonaron por completo su antigua 
costumbre, de'Ho cual resulta que ea los tiempos modernos, se 
encuentran en las tumbas ya esqueletos, ya urnas cinerarias. 

Existe otro uso que parece corresponder á una época interme- 
dia entre las anteriores; era quemado el cuerpo, y se conservaba 
el cráneo entre dos vasijas de barro. Este género mixto se en- 
cuentra practicado por el pueblo prehistórico que vivió en las 
orillas del lago de Chápala, y que, como veremos, habitó tam- 
bién en Teotihuacan y tal vez en otros lugares. El cuerpo, ten- 
dido horizontalmente, corresponde á la época de la dominación 
española. 

Casi en todos los túmulos se encuentran diversos objetos co- 
locados al rededor de los ;despojos. Alguien pretende, que la ma- 
yor significación que á ello paede darse es, el hoj^ror profesado 
por las antigaas tribus á las cosas pertenecientes á su difunto, 
razón por la cual las sepultaban con su dueño; unos conceden 
ser una prueba de amor por ei muerto, 'y en algunos casos señal 
de distinción, sin importancia moral. Otros opinan, por fin, que 
debe referirse á un sentimiento religioso, á una creencia en la 
inmortalidad del alma, en una vida futura semejante á la aban- 
donada, en la cual eran menester los vestidos, las armas, los úti- 
les, y aún algunos alimentos para emprender el ignoto camino. 
Nos arrimamos á esta última opinión, juzgando de lo conocido á 
lo desconocido. Los pueblos históricos, que ya no levantaban 
túmulos, ponían, sin embargo, en los sepulcros joyas de valor. 



» 



qnemaban el cadáver oon bus más ricos trajes, le ponían en el 
labio una esmeralda par» servirle de corazón, sacrificaban escla- 
TQpy sirvientes, y le daban por indispensable compañero nn te- 
¿kichi para sacarle á salvo de los tortuosos senderos del camino 
del otro mundo: todo ello reposaba en el dogma de la inmortali*- 
'dad del espiritn, en la idea del castigo ó de la recompensa, se- 
gún el mérito de las acciones. Para nosotros, esta misma creen- 
ciia ú otra muj análoga entraba ja en las convicciones de los des- 
•conocidos constructores de los túmulos, de manera que les conr 
-cedemos una religión, nn culto, el sentimiento del alma impere» 
oedera, la distinción entre el espíritu y la materia, cosas & la 
verdad que hablan muy alto en favor de la cultura de aquella 
parte de la humanidad. A veces los objetos de oro colocados, en 
ios túmulos eran de gran valor: "yo ayudé, dice el conquistador 
anónimo, á sacar de una sepultura cosa de tres mil castella- 
nos." (1) Semejante testimonio apoya la codicia vulgar por los 
tesoros escondidos, y marca por quiénes y cuándo comenzaron 
á ser profanados los s^pnlcros actiguos. 

Los objetos de los túmulos de Gasas grandes son: brazelete 
de hueso de búfalo, con un apéndice ancho agujerado para reci- 
bir un adorno colgante; collar de conchas marinas del golfo de 
California, ensartadas en un hilo de color oscuro, del mismo ori- 
gen que el tejido de las tumbas; brazelete para niño, compuesto 
de fedondelás formadas de conchas, retenidas por dos piedras 
la una roja y la otra azul, ésta parece artificial, recordando por 
el tinte y por el aspecto las piedras eacontradas en las tumbas 
de Egipto. (2) En cnanto á la cerámica, se sacan ollas de barró 
negro, con cuatro agujeros cerca del borde, contrapuestos de dos 
en dos para recibir una cuerda en forma de asa, colgar el traste 
6 llevarlo á la mano. La cerámica fina es de un estilo correcto y 
elegante, pintada de negro, rojo y amarillo; los dibujos recuer- 
dan el carácter ciriaco. El arte del alfarero está representado de 
nn modo muy ventajoso, superior sin comparación al de tiempos 
mí& modernos. 

Hicimos mención de la tortuga y de la lagartija de cobre, úni- 
ca indicación hasta ahora de los metales. — "M. MüUer, director 



(1) Colee, de docnm. para la Hist. de México. Tom. I, pág. 398. 

(2) Guillemin Tañare, p<g. 178. 



42 



830 

de la .casa de moneda de Ghihnahna, hizo un descúbrinueuto 
muy importante en el gran templo. En una escavacion praotica- 
da.en una det las cámaras .del labeñnifOyápoca.profondidadyiipfi^ 
xedó una maza lenticular de hierro meteórico, de 60 centímeti^og 
de diámetro, cuidadosamente envuelta en una estofa .semejante 
á la empleada en enyolver los^cadáveres de las tumbas de aque- 
lla localidad. Este aerolito, ¿fué encontrado én aquel sitio ó traí- 
do de fuera? ¿los antiguos le verían dber? Cierto es que lo mira- 
ban como objeto extraordinario, y celebrarían .tal vea su caida 
como la muerte de un dios desconocido, al cual sepultaron en su 
templo. En todos tiempos han de haber sido asuntos de ideas 
supersticiosas, las mazas de hierro meteórico. tan abundantes en 
Chihuahua. Probablemente el uso del hierro hubiera comenza- 
domucho antes de la conquista de D. HJernando Cortés, así co- 
ma el del oro, de la plata, y del cobre nativo de los filones, si 
aquellos trazos no fueran objeto de superstición." (1) 

Metate es voz de nuestro idioma, tomada de la palabra me- 
xicana metlaiL Es una piedra dura, labrada en íorma. de un pa- 
ralelógramo, la cara superior más ó menos cóncava, y sostenida 
por tres pi^, uno en la parte anterior, dos en la posterior; por 
medio de un rodillo de piedra, dura también, sirve para triturar 
el grano y formar la pasta destinada á la confección de las torti- 
llas ó pan de maíz. Este útil se encuentra por todas partes; pla- 
no las más veces y liso, muy cóncavo en Matlaltoyuca y en otros 
sitios; delgado, medio curvo y con labores en Centro América: (2) 
en Jalisco diferencia, pues lleva por tres lados, fuera del delan- 
tero, un reborde que sirve para que el moledor no salga más 
allá y la masa no se derrame por los costados. El metate encon- 
trado en Casas grandes nos llama la atención por ser de la mis- 
ma especie que los de Jalisco. Presenta la forma de un cajón, 
sin uno de los lados menores, sostenido por dos pies delanteros 
de menor altura que los dos pies traseros, quedando por conse- 
euencia incluido hacia adelante, en el sentido en que la pasta se 
desprende. (3) 

(1) GKdllemin Tarayre, pág. 170. 

(2) Nioaragua, his people, soenery, monomonts, &o. by E. G. Squier. New Torx, 
1856. Vol. I, pág. 272. 

(8) Bartlet'8 Fers. Kar., tom. 11, pág. 847 y sigs. Year Banoroft, The KaitveSía- 
MS, tom. lY, pág. 613» 



331 

En nna escavacion practieada en las lomas de Tacubaya, á cna- 
iro metros de profundidad, ftieron sacados trastos groseros de 
barro, y tiná piedra oblonga, un tanto curva, sostenida por tres rn- 
"dimebtarios; eyidentemente era un metate primitivo, útil, inven- 
tado quién sabe- ctlantos siglos há, y que aún dtira en nuestras 
costnníibres, resistiendo los embates de la actual cÍTÍlÍ2acion 
Era casi idéntico al descrito por Zimmermann (1) bajo el nom- 
bre de molino primitivo, y del cual dice: — ^*'M. Menard publicó 
én 1869 una Memoria para describir una piedra encontrada en 
Penchesteau, cerca de Nantes, en una tumba de la época de qne 
tratamos (edad de piedra): tenía sesenta centímetros de ancbu- 
ta, estaba ahuecada por un lado, y reconocíase claramente que 
fie usaba para trkurar los granos con una piedra redonda á pro** 
pósito para el objeta Eh la figura 132 (núm 21), representamos 
el molino primitivo de Penchasteau, según el modelo depositado 
en el'Museo de San Germán." 

''Se comprende que uña piedra semejante bastase para la ope- 
ración, porque en la actualidad existen algunos pueblos salva- 
jes que emplean el mismo {Procedimiento." 

"VéasQ ahora Jo que dice Livingstone en sus Exploraciones dd 
Zambese y de sus cruentes. (África Central). 

"El molino de algunas tribus, como los Mcmgajns y los Maha-^ 
Jólos, se compone de una gran piedra de granito ó de sienita, de 
quince á diez y ocho piflgadas i^uadradas^ por cinco ó seis de 
gi'ueso, y de un pedazo de cuarzo 6 de otra roca igualmente duta 
del tamaño de medio ladrillo; uno de los lados de esa especie de 
muela es convexo, de modo que se adapta á un hueco practicado 
ta la piedra inmóvil. ^ 

"Guando la mujer tiene que moler, se arrodilla, coge con las 
dos manos la piedra convexa, la introduce en el hueco, hacÍ3ndo 
luego un movimiento análogo al del tahonero que amasa, y car-» 
ga sobre aquella con todo el peso de sm cuerpo para producir 
mayor presión. La piedra está inclinada por un lado para que 
Taya cayendo la harina en un paño dispuesto al efecto." 

La descripción de Livingtone se puede aplicar á nuestras mo- 
lenderas actuales, así como á las primitivas de Penchasteau y de 



(1) Origen del hatahn. Problemas y niaiaTillas de la natanleza. México, 1871« 
1^. 901. 



332 

las tribns americanas. Por poeo qae llame la atención esa pie-, 
dra labrada, viene á descubrir con solo sn presencia mil y mil 
cosas de la pasada edad. En efecto, revela el conocimiento del 
maíz, su cnltivo de ana manera constante, su empleo én la con* 
feccion del pan, 7 todos los pormenores de la vida sedentaria 
del agricultor. Gomo se advierte, esta gramínea formaba desde 
aquellos tiempos remotos. el fondo de la alimentación de los 
pueblos, que con el pimiento, los frijoles y el cacao, también 
muy antiguos en México, se conservaron hasta los tiempos bis* 
toricos. « 

El uso del algodón es antiquísimo en América. Darwin, como 
dijimos, lo encontró jnnto con el maíz en la América del Sur, en 
un yacimiento de remota formación. Oomun es encontrar en tú- 
mulos y en escavaciones una especie de media esfera de barro 
cocido ó de piedra, lisa ó con adornos, con un taladro en sentí- ' 
do vertical; todos saben ser el pezón del huso (malaccUl), el cual 
recibía una varilla de madera dura pasada por el horado. Este 
invento servía para hilar el algodón, y demuestra evidentemente 
un nuevo y precioso ramo de industria. 

El algodón era usado en la India desde la más remota anti- 
güedad. Herodoto menciona la planta con referencia á aquel país 
asegurando que los babilonios y los egipcios se vestían de lana, 
de lino y de cáñamo, de manera que no conocían el algodón* 
Según las noticias que consultamos, hasta poco antes de la era 
cristiana no se encuentra huella de la fábrica de telas de este 
textil en Persia, en Egipto, y en las riberas del Mediterráneo; 
el uso pasó á' Grecia y á Boma mucho tiempo después. La plan- 
ta fué aclimatada el siglo X en España, y hasta 1250 comenzó 
la industria algodonera en Barcelona. Es evidente que el hom- 
bre prehistórico europeo no tuvo conocimiento de esta materia 
prima. 

Es muy digno de nota, qne los agricultores de Europa apren- 
dieron desde muy temprano el aprovechamiento del trigo, del 
centeno y del mijo, granos desconocidos en los alimentos de 
América; los americanos no tenían más] gramínea que el maíz, á 
su vez no sabida en Europa. De la misma forma y del tamaño 
de nuestro mcdacatl se hallan allá y principalmente en las pobla- 
dones lacustres de Suiza, los husos destinados también para hi- 



833 

Iar;pero en aquellas estaciones se tejían la lana, el lino, el cá- 
namo, mientras aqní se sacaban los hilos del algodón, del agave 
y del pelo del conejo, cosas desconocidas de los europeos. El 
contraste es muy palpable, y se verifica precisamente en lo re- 
lativo al alimento y al vestido, asuntos de vital importancia para 
el hombre, y en conocimientos de interés propio que una vez 
aprendidos no se dan al olvido. La Atlántida terciaria, demos- 
trada por la ciencia, nos dio pié para admitir la comunicación 
entre América y Europa, la corroboramos con la identidad de 
las armas de piedra: atendiendo ahora á que los utensilios de 
cobre sólo guardan pocas semejanzas, y á las desemejanzas ab- 
solutas acabadas de notar, se puede aventurar con algún funda* 
mentó, que el puente de comunión se rompió antes de la época 
én que los hombres prehistóricos americanos y europeos pasa- 
ran del estado salvaje al del cultivador. Las comunicaciones con 
Asia, quedaron existentes todavía; de allí vino el cultivo del maís, 
del pimiento, del frijol, y del algodón; de allí son oriundos los 
túmulos y la inhumación del cadáver sentado en cuclillas; de 
allá proviene li varias costumbres y muchas ci'eenoias: las relacio- 
i^es con los pueblos asiáticos se prolongaran por tiempo ipdefi- 
nido, según iremos mirando, aunque el puente directo de comu- 
nicación desapareció, ''antes que el trigo se cultirase en el llano 
eentral del Asia." 

Resumiendo las nociones esparcidas, podremos formular nues- 
tro juicio acerca de las ruinas de Gasas grandes. Corresponden 
los edificios á la edad remota de arquiteetnra d* las obras, de 
tierra amasada, y no er^ .desconocida por kis constructores la 
piedra tallada^ Tenía la ciudad por cenito principal el señalado 
per el Yigia y el Templo, y había otros lugares d^ población, 
como fórm»:ido un sistema de pequeñas alquerías sujetas á una 
cabecera. La ciudad existió por mucho tiempo; el necesario pa- 
ra que los túmulos cubrieran en tan considerable número el sue- 
lo, estando destinados como lo estaban á sólo los jefes, los sa- 
cerdotes principales y las gentes distinguidas. Dicen el templó 
y los idolillos, que había una religión politeista; creían en la in- 
mortalidad del alma y en la vida fui^i^ra, al colocar en. los túmu- 
los los nienttUos indiapensables en el .otro suindo. Bevelan los 
metates el cultivo del mtfLs; y é! empleo del gnmo an hacer pan. 
Hilaban y tejían las fibras dé nn textQ semq'añte al agave; ¿nó 



3M 

coDoeerían el algodón? resolverá este problema el encontrar 6 
no el malacatl. Propiresaba el arte del alfarero y había vasijas de 
barro coman, para los quehaceres domésticos, otras finas, pinta- 
das y barnizadas de colorea brillantes y formas, airosas, con di- 
bujos de un género recordando el tzapoteco. Si es cierto, cual lo 
enuncia García Conde, el estar orientados los edificios, debemos 
conceder á aquel pueblo desconocido algunas nociones en la 
ciencia astronómica. Las armas de piedra, y los pocos objetos de 
cobre como de lujo, allí encontrados, señalan el principio» si se 
quiere, de la edad de los metales. Empleaban el hueso del bison- 
te, y fabricaban adoraos de conchas marinas: ¿indicarán estas la 
procedencia de^la nación de las costas de Calüornia, ^ serán so- 
lo la prueba del comercio mantenido por ella con los pueblos 
pescadores de Occidente? En suma, los moradores de Gasas 
grandes eran sedentarias y agrícolas^ muy adelantados en el ca^ 
mino de la civilización: ya aparecen extinguidos los animales 
compañeros del hombre, ó al menos no habían sabido domestir 
Carlos; se aprovechaban sí, de los despojos del búfalo. (1) 

Coutinuamos nuestro xelato, por tanto tiempo interrumpido* 
En las inmediaciones del canon de Baehimba existe un cerro có- 
nico, con un parapeto de piedra, subiendo en espiral del pié á la 
cumbre. En Babinoora hay una serie de edificios bien conserva* 
dos, á lo largo de una corriente. Dícese haber muchas ruinasen 
la parte de la' Sierra Madre frecuentada por los eassadores tara- 
humares. Las cortas noticiad llegadas á nneiltro conooimientOi 
no nos permiten formar juicio acerca de aquéllod jnonumentoa 

"En las inmediaciones de Matotlan, á corta profundidad en el 
aluvión, y en las orillas de láis lagunas que se extienden al Sur 
de la ciudad, se encn'enttan arihas de piedra como hachas y fle- 
chas, morteros (3) y reliquias de cuernos de oierv'os y de pira* 
guas. • 

(1) Véase luüntlM Cmü grandes de Cliih«áli«a» vadenas de loe AatOEta eitodos, 
JkjSíBgai, (D^BÍoAdtiilaJPfOiHiioia'delf. S« P. 5, Ftspciaoo de Zacatecas, parte se* 
gnadm oap. VI, . Qilm. 37.— Escudero, Notíoias estadis^. ^éí Estado de Cl^lia&luiaff 
pág. 234.~-AÍbum Mexicano, tom. I, pág. 37.4. — ^Tom. V. del Bol. de la Soc. de 
Oe9grafía y Estadíistioa, Ensayo de Ckffcía Conde, pág. 106 y tágl 

(B) XMÍoe maKioi<m(niortíérif9 áiben de sev k» MUluscOi; iaoktiHm, buAapuBamto 
cdnosTVdftft píed9^ ávrm éd^J^i^^io/ w)ff|^piaoipox te^i>t^.y ^enfcr^a pa^ n^ 
lai sálai^ de 0^- ea 9on^íj?o^eo ^ pj^t^. . , 



836 

^*£n el distrito de Sahuar^pa, Sonora, entre el Beal Viejo y 

Ariyechi, encierran las cavernas restoa antiguos* £n el mismo 
distrito, cerca de Trinidrid, se encudnti^aQ momias indias ninj: 

bien conservadas. Otras cavernas están revestidas por el inte* 
rior, de pintaras, acerca de las enales no conservan tradición al- 
guna los indios actuales;. se distiiignen délas pintaras modernas 
en tener los perfiles negroa» mientras ^tas están dil^ujadas com 
el ocre rojo de que acostumbran pintarse la cara las tribus del 
Norte." (1) 

ílefieTe el P. Alegre (2) que en la misión del Zape, (Dnrangc^, 
encontraron los misioneros en la cima de una' roca domde brota 
una fuente, muchos ídolos y fragmentos de columnas, piedras de 
varios colores para embijarse, y en el valle ruinas de edificios. 
En otro higar añade (3) que. cavando el terreno para fabricar la 
iglesia, '^se hallaban á cada paso ollas bien tapadas con cenizas 
7 huesos humanos, piedras de varios colorea con que se embijan, 
metates y otras cosas, y lo que les cansaba más: admiración eraa 
las estatuas y figuras que descubuian de varios animales:" una 
media legua está ocupada por aquellos vestigios. Siguiendo la 
relación de Gúillemin Tarayre: — ''Oerca de Sestiu, conocido pot 
sus placeres de oro y situado hacia los 26'' lai, vi cavernas con 
vasos y otros objetos, denotando una civilización avanaada. Más. 
al Sur, en el valle del Zape y bajo los SS'^'lat., encontré los ^resh 
tos de lina extensa ciudad, ocupando toda la paorte desoubierii^ 
la anchura del mismo valle» La margen izquierda del xio que och 
rre hacia Sestin la determina una serie de colinas de pocá.aljbS'^ 
ra, prolongándose por la una parfe hasta la Sierra de Gmauace- 
vi, y por la otra hasta la ¡Kerra de Esoobat( la cumbre.de oada 
colina fué un centro de habitaeion^ mientras, se extienden al pié 
los terrenos cultivados: muy largo hubiera sido proceder al te- 
eonocimiento de aqúelloi^Jtenraplenee cae! iguales, y por eso mi 
limité á formar el pUano ^caotó da los- qué están á 700 metros al 
N. del raadho M Saáta Ana, á Blh^metros 4^1 Zape^"^ 

''Es tma sieriede terraipleBes xélamonados, formando terrados 
ezactamenie drientados, ycnyos boudes smlpeKioires los ienninaii 



(i) ArdhivM, Ion. m, pife. «**. ^ ' 

(9) CM. de la Oomp. d6 JesoalTom. I, pág. 415. 

(8) Loco eit, Tom. ü, pág. 54.— Bivaii, pág, 589. 



336 

hileras de piedras fijas al saelo; cuatro de estos terrados limitan 
un patio cuadrado, en medio del cnal se indica nna pequeña 
construcción por piedras puestas en figura cuadrada; al E. de 
este primer patio hay dos terraplenes abarcando un espacio rec- 
tangular, cerrado por sólo tres lados. Becuerda esta disposición 
la de la antigua ciudad de Teotihuacan, en la que los terrados 
distribuidos en . el mismo orden, sirven de base á habitaciones 
construidas con materiales sólidos, mientras en el Zape parece 
qpesólo sustentaron casas de materiales lijeros, como los jacales 
^ los indios de la Sierra. Por cada lado del edificio principal 
baja una rampla de dulce pendiente hasta el pié de la .colina, á 
los campos en que se cultiva como en otros tiempos el maíz. Las 
tierras están limitadas á 600 metros por un arroyo permanente 
de cierta importancia, que desciende de las altura^ de la Ciéne- 
ga de Escobar, y desagua en el rio del Zape. Las otras colinas 
del valle presentan grupos de terraplenes á veces mas extensos, 
dispuestos bajo la misma forma, pudiéndose avaluar -en 50 kilo-' 
metros cuadrados el espacio ocupado por aquellas construccio- 
nes. De otro género son los vestigios sobre la roca tubular que 
domina el pueblo del Zape, pues son restos de obras estableci- 
das sin orden, compuestas de piedras superpuestas, recordando 
las cabanas que en los terrenos pedregosos levantan los pastores 
del antiguo mundo: débense estos trabajos bárbaros á los indios 
oocoyomes; tribu salvaje ya extinguida, haciendo 8<$lo dos anos 
que una anciana,; último resto de aqtiella horda; murió en el 
Zape." 

^^Alguuas cavernas, que sirvieron de refugio á esos pueblos» 
yacen en las orillad del rio^' al N. del Zape: se encuentran en ellas 
osamentas, cerámica grosera^ y flechas de silex"^ (1). 

Meditando acerca de estos .d«to9¿ y descartando po?, modernas 
Ias obras barbaras de los cocoybmBS, descubrimos que a<lueUo« 
restos pertenecen ^ dos éprioas diversas*. Jliró columnbd viatá6 
por los mísioperos jesuítas»: los idólijilofií. y las: reprasento&ibnes 
áe^ animales, y principalmente laa oeniflaar y loa hüeftoa humanos 
conservados en lab ollas,^ aénsan una raza diversa de la de CasM 
grandes, ó al menos costumbres profundamente modificadas, ya 
que á la inhumación en. el túmulo sigua la incin^acion y los des- 

(1) Explorátion mi&6nilo{;iqQi»,' pág,a88» ,. . .: •; 



337 

pojes coDserTados ea urnas fuueran^- Xios habitantes del Zape- 
estaban muy más adelantados que los de Casas grandes, y rela- 
tivamente eran más modernos. Los terraplenes descritos por 
Guillemin recuerdan bajo todos aspectos las construcciones de 
la misma clase {moundsj de los E. U.; r.l simple examen, dan la 
misma forma, idéntico sistema, igual destino: no parece sino que 
una fracción de la raza boreal se desprendió de su asiento pri- 
mitivo, para venir á dar muestras de su saber a las regiones aus- 
trales. A cálculo, basado en ciertas consideraciones, creemos que 
estos terraplenes son anteriores á las colinas. 

Correspondiente al mismo Estado de Durango encontramos 
que el P. Arlegui vio con sus ojos huesos de jigantes, y entre 
Durango y San Juan del Bio una muela de muy grandes dimen- 
siones: (1) más adelaute repite la noticia de los jigantes. (2) En 
el terreno llamado la Breña, cerca d^ la ciudad de Durango, se 
encuentran muchas grutas subterráneas, formadas por las ampo- 
lladuras de aquella antigua formación volcánica; de aquellas ca- 
vernas sacó el Sr» D.. Fernando Eamírez algunos objetos de an- 
tigüedades, entre ellos una tortuguita, de media pulgadíi de diá- 
metro, de piedra dura perfectamente labrada. Notó el observador ' 
tres nombres dados á ciertos, lugares, que revelan tres lenguas 
borradas en aquella comarca, y que la niano de Dios ha espar- 
cido á largas distancias. (3) 

Descúbrense ruinas desde las montañas de Chalchihuites has- 
ta el valle del Súchil. El pueblo que allí vivió sin dejar la menor 
seña .de su fisonomía, fue sin duda el descubridor y explotador 
de la veta de gemona llamada en mexicano cholchihuüL 

■ Cerca del pueblo de San Juan del Teul (Zacatecas), quedan 
vestigios de una ciudad antigua, y á poca distancia una colina en 
cuya cumbre existió el templo de una divinidad muy reveren- 
ciada por los nayaritas. Aquellas ruinas pertenecen á un tiem- 
po remoto, cual lo atestiguan los restos allí encontrados^ sobre 
todo una hacha de piedra lidya, número 23, que no puede ser 
obra de los bárbaros cascanes y nayaritas. ''Sus- l^uenas propor- 

(1) Chzonioa de Zacatecas, pág. 6. ^ 

(8) Opna ót. , pág. .67. « 

(3}.NoUcia8 hifltárioas de Donogo, pág. 6— BoL de la Sao. de Geografía y Ettad., 
iom. V, pág. 10. j 

43 



338 

clones, lo fino del trabajo, la elegancia de la forma, denotan en 
el fabricante nn estado artístico avanzado, no alcanzado jamas 
por los teules ni los cascanes. £1 dibujo de esta arma notable, 
presenta nn filo cortante y curvilíneo, rematandt) en pnnta en la 
parte superior; lleva hacia el medio una ranura á la cual se adap- 
taba el mango; otra segunda aislaba la cabeza del arma á gaisa 
de masa, herizada de pitones, dos de los. cuales figuran los ojos, 
mientras un apéndice, en forma de hccico, completa la represen- 
tación de una cabeza de aiiimal." (1) Las tribus bárbaras mo- ' 
dernas ocuparon aquellas ruinas, las trasformaron al apropiár- 
selas, y es preciso separar lo que á entrambas épocas corres- 
ponde. (2) 

Las ruinas principales de esta región son las llamadas de la 
Quemada, por estar situadas en tierras de la hacienda de este 
nombre, en el Estado de Zacatecafi: el Cerro de loa edificios que 
las contiene dista de la casa de aquella cinco kilómetros al N.E- 
En la cumbre de esta eminencia se destacan grandes construc- 
ciones consistentes en patios espaciosos, viviendas de diferentes 
clases, amplios pasadizos, y aquí y allá pirámides de diversos . 
tamaños, el todo en armonía con el plan atribuido ahora á loi8 
constructores; en efecto, á juzgar por el conjunto, aquello parece 
ser el palacio del jefe de la comarca, con viviendas para sus ser- 
vidores iumejJiatos, un templo, varios altares piramidales y cá- 
maras para los sacerdotes, vigías ó atalayas sobre las mismas 
pirámides. Para resguardo de aquellos objetos privilegiados, una 
parte de la falda del cerro está revestida de mampostería, y lo 
demás defendido por una gruesa muralla, con su cindadela: esta 
circunstancia la hacía una 'plaza fuerte, prevenida contra toda 
acechanza, y capaz de cónteneruna gran multitud, ya para la ce- 
lebi^bion'de^ab fiestas religiosas p poiíticas, ya pata resistir un 
asalto <í Tin acédio. 

'Buitíinistró la localidad los matelriálés de construcción: consis- 
ten en lajaá, ó sean lozas cortadas en superficie plana por el fren- ' 
te, colocadas en hiladas regulares, y unidas con un batro rojo 

ft) GuiUemin Tarayre, pág. 221. 

(2) Fragmentos del P. l^o; García Icazbaloeta, Doo., tom. 11^ pág. 363-8.— Los 

copia Bdanmónt eñ isu cróhioa áe ifiidMackn, y loó sigae ¿omero Gil, Bd. de^Ia Soou 

de G«og., tom. YIII, pág. 497. 




339 

mezolado con zacate; *'hí argamasa tiene tal consistencia, dice en 
el articulo relativo el Diccionario Universal de Historia y de 
(Geografía, j los edificios están tan bien construidos, que sin du« 
da estarían casi intactos cuando los descubrieron los espauoles, 
y ha sido necesaria la barbarie de los primeros que colcmizaron 
aquellas comarcas para destruir de propósito tan graneles mo- 
namentos, á fin de encerrar bestias entre sus edificios y fo'mar 
cercas ó potreros con los materialt^s que de los mismos mona- 
pientos extraían." Derribados los techos no se sabe desde cuan* 
do, la intemperie há descamado las paredes, revocadas en un 
tiempo con un oompuef^to semejante al de Oasas grandes. 

A la derecha, ocupando la eítrenaidad austral de la plataforma, 
atrae la atención «u monumento notable: es un patio riictangu- 
lar, de 60 sobre 74 metros, limitado al S. y al O., por muros rec- 
tilíneos en talud de piedras secas, y al que se baja* por tres es- 
calones, prolongados en toda Ja longitud del lado N.; el cuarto 
lado al E., parece haber servido de peristilo á un monumento 
macizo. Una columna, todavía en pie, la basa de la que se alzaba 

en la extremidad boreal, y una ó dos allf derribadas, permiten 
completar la serie de siete, tal vez ocho, que formaban la colum- 
nata exterior de aquel edificio, cayo destino parece hab ^r sido, 
el de uii teopan. La palabra temph es la más propia que pueda 
ocarrir para. darse cuenta de la impresión producida por aquel 
monumento: mide por dentro, 30 sobre 39^Qietros. Once co i.m- 
nas, todavía enhiestas, forman un rectángulo, que en los ejes 
mide 15 sobre. 26 metros, es eldiámetre de las columnas 1'" 80; 
8on:GÍUn.drioá8;iainba5«B ni capiteles, y de altura, de 6^ 30:1a 
hileraopuesr^^áilaeAtra^, otieatk una coluteüa máis, cinco en 
Tes xle< cuatro. Esta disposición, quis pudiera c&ocar en el pla- 
no, nada tieob'de disparatado fiara el observador, que pene- 
trando al recinto, se colocara en el eje de entrada, en el lugar 
dond^ falta la oimétrica de la columiía décima primera; en efec- 
to, los intercolummios ÍMtonde tal tnanera calculadoH,^ que de^ 
aqhel pauto sé vieran las columnas de la segunda hilera, colo- 
cadas sÓBtenléndó de eje en eje, el mismo ángulo visual. Los 
muros, deigual'aléura alas pilasivasj tienen un espesor de 2 m 70p 
presentan una fiola^ entrada de diés( metros de ancho, pues la brcr' 
cha del ángulo N^K, es obra de un derrumbe." (1) 

(1) GaiUexnin Taxayxe, pág. 192. 



340 

Pe la pirámide sitnada á la entrada de la fortaleza, arranoau 
diversos camiDQS, visibles dojade no fueron destripados .en las 
tierras cultivadas^ entreQorta(k>s por vías trasversales^ dirigién- 
dose á las diversas alturas del valle, en las cuales se registran 
monumentos de menor importancia, casi del todo destruidos- 
Aquellos restos se extienden desde el Oerro de los Ediñcios, pa- 
T^ el Sur hasta Yillanuevay en distancia de 15 kilómetros, lle- 
nando el valle en toda su a,mplitud, de 12 jkilómetros. 

^0 se descubren pinturas» geroglíficos, ni esculturas, luera de 
cinco culebras grabadas en hueco sobre una roca; alli, menos que 
en las otras ruinas, se encuentran objetos de arte, tal vez por es- 
tai: ocultos por los escombros. Se hallan poca cerámica, barros» 
metales, y hachas de piedra pulida. El núm. 24 '^es "de piedra 
dura^ cuarzosa, cortada en bisel por un lado, mientras por el otro 
presenta una cabeza que sirvió de martillo, á juzgar por lo gas- 
tado 7 las fracturas; tiene la ranura para recibir el mango. Fuó 
recogida también, una cuña de piedra lidja. Las flechas de silex 
son los objetos más comunes. Busque mucho tiempo en vano 1& 
obsidiana; recordando la predilección de las hormigas, en uno 
d^ los barrios del antiguo Teotihuacan, de cubrir sus hormi- 
gueros de fragmentos de obsidiana, no tardó en encontrar so-> 
bre ellos, trozos pequeños de la. roca vitrea." (1) En el Museo 
nacional, existen dos preciosos ejemplares en diorita, de hachas 
de. este .tipo: parece que son peculiares de esta región, no apa» 
recie^do las amigdaloideas sino en la regíqn austral. D. Luis de 
la Bosa, vio en la argamasa los olotes daljaaaíz." Solamente se ha 
hallado, pala!br^s del Dio* Univ., una tortuga de piedra, que pro- 
bablemente ^s serpentina; no hemos logrado verla; pero se nos 
asegura, que en la parte inferior de éUa, está esculpida una ca- 
ña, que como se sabe, es el símbolo Acatlf del calendario me- 
xicano." 

•Inferimos de estos datos, que aquella comarca estaba ocupada 
por un mismo pueblo, disemíjiado en., el valle, ahupado en diver- 
sos ceptros, siendo el principal, llamémosle capital, el Oe^o de 
loe Edificios, re^dencia del jefe y,santaario del dios. Oolonia agrí- 
cola 7 sedentaria cultivaba» el maiz; temía, sin embargo, los ata*^ 
ques de tribus bárbaras ó naciones rivales enemigas, ya que la- 

(1) Gaillemin Tarayre, pág. 216. 



K 



yantaba fortifioaciones.poderosas para hacer intespügnables sus 
GÍtidades. Adelantado en arqnitectúra sabe alzar la? columnas cttja 
réminitmeneia se enonentra por primera Tez en él Zape, annque 
el estilo es seco» severo, falto de ornamentación. Consagra parti- 
cular esmero á los caminos, por los cuales liga & la capiiÁl las 
poblaciones, dando á entender relaciones estrechas por mottro cte 
obedeekniento ó de comercia Aquella organización social estaba 
muy adelantada, se hacía sentir entre los subditos de un a^ mane- 
ta éScaz, j debía ser ün cnanto* despótica. No se puede juzgar 
éé las artes por ser póéas las reliquias encontradas; la tortuga 
debe de tener relación con las de Gasas grandes y de lá Huaxteca^ 
ya como símbolo religioso, ya como notación crónica; si se pudie- 
ra demostrar que el acatt era signo cronológico, se dedociría/el 
que eran ya poseedores de la ciencia del calendario. Es notable 
que en p1 Xorte hagan papel este mismo ahrmal y la lagartija. 
*'La colección mis notable de lagartijas y de tortugas, dice M. 
Laphan, descubierta hasta ahora, está á milla y media £il 6. O. 
del pueblo de Pewaukee. Consiste este grupo en siete tortugas, 
ddá lagartijas, cuatro terraplenes oblongos, y una de las escava- 
ciones notables á las cuales hemos aludido." (1) Pueden multi- 
plicarse las citas á este propósito. El templo, cerrado, aléjala 
comparación entre aquel culto y el de los pueblos históricos; el 
santuario desierto, la falta de esculturas, privan al observador de 
poder diístingtíír la figura de los dioses. El altar piramidal, visto 
por la primera vez en Casas grandes, y que s^ descubre también en 
el Norte, reaparece aquí, tomará mayores proporciones en la 
región central, y será el teocalH de los pueblos civilizados.' Líts so- 
las culebras aisladas grabadas en la roca, nada dicen todavía. 
¿Serán una inscripción, una fecha, una divinidad? No lo sabembs; 
aquella anotación epigráfica recuerda qne la serpiente es un sig- 
no místico, común y muy frecuente entre los pueblos de Amórica 
y de Asia. 

**E1 género de construcción empleado en la Quemada, dio 
Ouillemin, (2) suministra algunos datos interesantes acetca 'de 
los pu'eíblosqué aHí'hsbltatoñ. Aplicando las sabías' indicaciones 
aplicadas por íí. Violet-Ie-Ihió á la*j antigüedades fotografiadas 

(1) liubbocfc, p*g. Í22fl. 

(2) Exploration míiMtalosi^niei ptfg. Sil. 



3i2 

por M. Chamay, se enonentra en el coDJanto de constraociones 
recorridas, la prueba de lat existencia de una casta organüsadora 
7 la indicaoíau da la sangre blanca como elemento dominador en 
ella, y también la presencia de una numerosa multitud servil, que 
baja podido emprender j.remataa: trabajos tan inmensos, ejecu- 
tados de una sola yez. La perfección en la albanileria» lod muros, 
las columnas, y más aún, la argamasa empleada. (sin cal, es ver- 
dad, porque faltaba en los alrededores) indican los caracteres tí- 
picos de las razas turanianas y finnicas; es decir, de los pueblos 
amarillos, como los obreros de aquellos grandes trabajos. La cas- 
ta directora pertenecía evidentemente á. la raza blaoca; el ariano 
Afinca su presencia en laforma del coUt, representando lá cabana 
de madera del berve blanco, en las construcciones en talud, todas 
de piedra seca, y en la sabia disposición de los edificios, concu- 
rriendo á la vez á las exigencias de la vida política y religiosa, y 
á las ingeniosas combinaciones* realizadas para la defensa." (1) 

£1 extenso y hermoso lago de Chápala debe haber atraído á 
sus orillas á los hombres primitivos; lo prueban las restos que 
las olas depositan en las márgenes -de tipos «ntiguos y de seme- 
jantes á los de filiación nahoa- Allí ^e encuentrat) las cenizas de 
los difuntos con los cráneos conservados y enteros, género de 
enterramiento muy peculiar, pues reúne juntas la ialiumacion y 
la incineración. JSl estudio que ha de practicarse debe ser inte- 
^gente, para distinguir la época remota de la histórica, pues en 
ambas vivieron ahí las tribus. 

La Sierra Gorda de Querétaro contiene preciosas ruinas de 
eiudades fortifioidas. Poco tiempo hace fueron descubiertas, y 
las primeras noticias descriptivas las- debo manuscritas al Sr. 
D« Mariano Barcena. Dicen así: 

''En las investigaciones que han hecho los paleontologistas 
para determinar con precisión la época en que apareció el hom-^ 
bre sobre la tierra, se han visto obligados á recurrir á la arqueo* 
logia á fin de caminar -con más seguridad en un problema de tan 
difícil resolución. En las montañas de la Sierra-Gorda existen 
numerosas ruinas de poblaciones, que fueron habitadas por loa 
antiguos moradores del país, y las cuales nos dedicamos á estu» 

(l) YéaBd para las rninaa el art dd Dio. unir, de HisL j d« Qeogr., Quemad» 
ptuinaa de>-*Moaaioo Mixioano, iom. I, pég. 185 7 aíg.. Seo., fta, ¿ce. 



343 

para ver si podíamos proporcionamos algan dato acerca de 
tan importante cuestión." 

''A 4 leguas de £1 Doctor, se encuentra el Oerro de Canoas, 
masa calcárea de difícil acceso, bastante elevada y dirigida K. E. 
á S. O. La parte superior está terminada por una meseta espa- 
ciosa, donde se ven las ruinas de una serie de baluartes y forti- 
ficaciones, colocadas con una habilidad admirable, revelando la 
inteligencia guerrera de sus autores. Por el lado N. E. como á 
12'" del principio de la meseta, se encuentran, las ruinas do la 
primera fortificación, de base cuadrada y s^uida de otras tres 
colocadas en serie á distancias muy cortas. A éstas siguen otras 
en la misma dirección, protegidas lateralmente por dos grandes 
fortines que ocupan una gran parte^ del perímetro de la. qaesetai 
y se terminan en Is^ direcciosi de un baluarte principal, que aun- 
que muy arruinado en la actualidad tiene cercado 12'° de altura. 
Siguiendo la línea de la meseta hacia el S. O., se presenta una 
gran plati^rma rectangular de 500 metros cuadrados de super- 
ficie.. Parece que este lugar es el que más^e cuidaba de* defender, 
porque ademas de estar resguardado por dos grandes fortines de 
3 de altura, se notan á 3us lados las ruinas de una serie de ba- 
luartes pequeños y muy aproximados. Después de la plataforma 

. siguen diversos grupos de fortificaciones de diversas altaras, si- 
tuadas de tal manera, que al mismo tiempo que protegen los ba- 
luartes del centro, se aproximan á los bordes de la meseta para 
defender los puntos más accesibles. Al entrar á la explanada del 
4»rro, donde termina una rampa, ^stá colocado oblicuamente un 

^gran fortín que domina todo el camino. El número de fortifica- 
ciones que puede cont^nse asciende á 45, y algunas de ellas con- 

. servan en parte su figura. Uno de los baluartes, situado en el 
extremo S. O., se compone de un zócalo de 2"'50 de altura, que 

.sostiene un muro en talud, coronado por. una saliente sobre §1 cual 
86 apoya un torreón ya* arruinado; los demás baluartes que están 
menos conservados^ parecían tener formas aemejaQtes á la an- 
terior." 

« 

'^odas las fortificaciones están construidas con lajas calizas 
paralelipípedas, unidas por cimientos calcáreos y arcillosos. So- 
hKe las ruinas de dichas fortificaciones había crecido un hermosa 
bosque de encinas, que la mano de la ignorancia destruyó últi- 
mamente por medio del fuego. En uno de los baluartes princi- 



su 

pales se conserva nn tallo carbonizado, cuya sección horizontal 
tiene cerca de 1" de diámetro, que por el numero de zonas que 
es posible contatle puede asegurarse que tuvo más de trescien- 
tos anos de existencia. Las observaciones p^eológicas del terreno 
y la naturaleza del cimento con que están unidas las lajas cali- 
zas, demuestran claramente que estos constructores militares son 
relativamente recientes, pues el cimento está en pjran parte for- 
mado por una arcilla rojiza, idéntica á la que depositan actual- 
mente las aguas pluviales, y que provienen de la alteración de 
las ma^as de pórfido, así conio de las pizarras margosas." 

"A tres leguas NO. de Canoas, están situados algunos cerfós; 
rodeando el pequeño valle está la ranchería de Ranas. En la ma- 
yor parte de estos cerros existen numerosas ruinas de poblacio- 
nes indígenas, que testifican la civilización y el gusto arquitectó- 
nico de sus habitantes. Sobre una eminencia, al N. del valle, Be 
ven los restos de una pirámide cuadrada, cuya base tiene 20 me- 
tros de lado. Se subía á ella por cuatro escaleras perfectamente 
orientadas, que conducían á la plataforma superior. Cer^a de la 
pirámide existen los vestigios de un gran sepulcro ó coesillo, que 
sólo guardaba un cadáver; tal vez de un personaje distinguido, 
como lo demuestran la magnitud del túmulo, ¿sí cómo la varie- 
dad de los accesorios encontrados junto á la osamenta, y consis- 
tían en conchas marinas, utensilios de barro, cuentas de espato 
calizo, &c. Al pié de e'sta colina está una encina frondosa, que 
los habitantes del lugar llaman el Árbol bendito, porque según la 
• tradición, bajo su sombrk decía misa y explicaba la doctrina cris- 
tiana á los indígenas el P. Soriano, religioso dominico. El a!tai§ 
era tma roca calcárea, que domina grande espacia de terreno. 
•Próxibo á ella óstátin manantial circular de'Z metros de diáme- 
tro; sus aguas síon diáfanas y de sabor calcáreo : en ellas fueron 
bautizados los nuevos cristianos.'* 

**Cerca de Ranas y por el rumbo de El Doctor; se ven numero- 
sos coesillos en los cuáles se* encuentran algunas cotíchas marintkB, 
que serían tal vez guardadas por los indígenas en memoria de 
sus peregrinaciones por las costas. A intnédiaciotíes de San Juan 
tíélBio, y ptiíJcípííM^t'e en las rhinis'fl.fe /S^n Selmétían, hay 
iiuchós cóeéktos ¿eáíéjáütfefe^ A 16^ aütéríoreá; ' Sóáteriiendo ídolos 
de esmarydiía y ótrBs objetos curiosos. Estos monumentos, que 
acreditaií la civilización 'de nuestros antepasados y sutnínistran 



V 



$45 

á la historia preciosos datos, debían estar bajo el cuidado de 
nuestras sociedades, científicas, y en especial de U de Geogri^fia, 
Estadista é Historia, la c^nal debería (Solicitar del GVibierno (Su- 
premo una ley que garantizase su oonservaciob, é impusiese pe- 
nas á los que tratasen de destruirlos, cóitíO haoei) algunos de los 
habitantes de las inmediaciones de Canoas, qu^ han removido el 
terreno para semblar maíz, destruyendo gran pslrte de las mag- 
nificas fortificaciones que he mencionado." 

El Estado de Guanajaato no presenta vestigios algnnog de im- 
portancia, respecto de grandes ciudades. ÉncaáiitrAuse en los 
carros de San Gregorio, en lá hacienda de Tupataro, alganas gru- 
tas que parecen ensanchadas por las manos del hombre. En las 
llanuras del Bajío suelen encontrarse alganos tumuloíí, qne bajo 
una espesa capa de cenifejí presentan esqueletos con la cabeza cu- 
bierta con un cajete ó braseriHo de barro, teniendo al lado Sé- 
chas, cuchillos, armas, collares de huesos de aves y piedrecillas 
lisas de calcedonia. (1) Beaumont menciona algunos objetos de 
MiohoacHm, que no aparecen de gran importancia, y L^jarza in- 
^ca algunas ydcutm 6 sepulcros, una pirámide y un crimino. (2) 
En la sierra cerca de Deremendo, se descubrieron el año 1712 
inmensas grutas deliiempo de la gentilidad, con recientes ofren- 
das de los serranos de aquellas comarcas. (9) Dícese que en las 
montañas de Santa María Jiquilpau se presentan ln§ ruinas de 
una ciudad, entre cuyos escombros se hallan ópalos y ventuti- 
nas muy bien labrados. (4) 

En el Informe que D. Manuel Gutiérrez rindió al intendente 
de Gnadalajara á 19 de Abril de 1805, habla de vestigio» encon- 
trados á cada pasó en los montes, con figuras de piedra ó barro 
que parecen ídolos), hachas de ptédra, dardos de pedernal, mór- 
tdrillos'-para moler el maíz y algunos utensilios. Aparecen eñTo- 
ñalá las ruinas de una ciudad. Menciónanse las ruinas de larQn)e- 
mada, y se^ refiere con relación al P. Florencia, en su historia ¿tel 
santuario de Zapópan, que los .indios del valle de Baíid^n^as de- 
cían que, en. tiempos antiguos había llegado por la nlat ui^ vaf^on 

' '(1) BOL «lela Soc. «« Geo^., tiiím;&,-pág, 7.- 

(2) Análisis estadístico, pág. 166. 

(3) YiUAsefiOr 7 Sancbes^ TlMirtio Bmarioasó, «egunda paité, pag. 70. 

(4) Bol. de Im Boó. dd OeDgT.> segunda ^^a. iom. IT, pág. 569; 

44 



346 

llamado Matías ó Mateo, que había predicado la religión cristia- 
. na: como oomprobaoion del hecho, se veían algunas cruces en la 
sierra de Ohaoala, y cerca de. este lugar una crua bien labrada, 
teniendo esculpidas en la peaña ci )rtas letras desconocidas con 
puntillos que parecían hebreas ó ciriacas. (1) - 

No obstante esta pobreza relativa, el Estado de Jalisco ha su- 
ministrado uno de. los objetos más curiosos en materia da arqueo- 
logía. E>9 un disco delgado, de cobre, de 0,"^28 de diámetro. Sacado 
de junto á un arroyo y de debajo de una roca cerca de Zapotlan, 
el tiempo ha destruido toda la parte central y aun una fracción 
de la circunferencia. A lo que se puede juzgar por lo que queda, 
es una imagen del sol, según lo indican las cuatro figuras seme- 
jantes á una A peculiares de estas representaciones, los cuatro 
. hacAS qne indican los manojos de ray(>e luminosos, y los ocho 
pfuntos numerales que anotan las divisiones diurnas. Dentro de 
tres circunferencias concéntricas se observan plumas, follajes, 
adornos caprichosos y dibujos-que por estar trancos no pueden 
.ser interpretados. Lo verdaderamente curioso del objeto e», que 
según se distingue por el reverso, fué atacado por med'o de un 
cincel golpeado con un martillo, lo cual indica muy gran te ade- 
lanto en el artífice constructor. Este disco y la medalla encon- 
trada por el capitán Dupaiz en el Palenque, son las dos únicas 
muestras de este género encontradas en México. Pieza tan im- 
portante fué donada al Museo Nacional, por el Sr. D. Mariano 
Barcena, quien me permitió sacar un dibujo. (2) 
. No tenemos otros datos parajussgar de las ruinas; por ellos apa* 
recerque Lis pueblos Gonstructoi*es corresponden á la época del 
túmulo y de la inhumación. Situados en la montana, rodeados 
sin duda de tribus broncas y belicosas, apuraron la ciencia de la 
castramentación en hacer inespugnables sus ciudades. Las con- 
chas marinas pueden indicar un comercio con los pueblos de la 
costa; su cerámica y los denias objetos revelan un buen adelanto 
en la civilización. No se podrá pronunciarla última. palabra has- 
ta adquirir mayores pormenores. 

Edhaudo una ojeada general sobre esta región, encontramos 
en ella las ruinas de varias ciudades populosas, capitales tal vez 

^i; BoL de la Soo. do Oeogr. iegunda époen, tom. m, pág. 277*80L 
(3) Véue AnslMjM Mnseo Nacranal, ^enu Sánobes, tom. i, pág. 895. 



847 

de naciones de cierta importancia. Laa huellas de estas civiliza- 
ciones extinguidas comienzan báciael N., en el territorio de los 
E. U. Allá los terraplenes {mounds), son jmuy numerosos en la 
parte central, disminuyen hacia el Atlántico, y«son rarcs en la 
América inglesa y al O. de las mpntañas Hocallosas* Los anti- 
cuarios americapoB dividen aquellas obras en recintos defensi- 
TOs ó fortificaciones» setos sagrados destinados al culto ó á otros 
objetos análogos, túmulos, terrados para los sacrificios, terra- 
plenes-templos, y tertaplenes-animales, por que las construccio- 
nes llevan la figura del hombre, de aves, de cuadrúpedos, &c. 
Bvidentemente aquellas construcciones estuvieroup habitadas, y 
dicen que la población era crecida; pero los edificios debían ser 
de materiales poco solidos, supuesto no registrarse las rtiiinas de 
los palacios, ú otras que semejaran aquellas reliquias á las de 
una ciudad. Las más importantes bajo este aspecto son las rui- 
nas de Aztalan. (1)' Este nombre, que debe corregirse por AzÜan^ 
fué dado al lugar por su descubridor Mr. Hyer, fundado en que 
Humboldt asienta ser los a^steca^ oriundos del Norte y haber sa- 
lido del sitio llamado Asilan: como se advierte, es bien liviano 
fundamento. 

Siguiendo la descripción del Sr. Lapham, es un cuadrilátero 
irregular, cerrado por tres lados con una pared de tierra, no de 
ladrillos como algunos dicen, formando el cuarto lado el rio Bock, 
el muro del N. mide 631 pies, él del O. 1.419, y el del S. 700, dan- 
do un perímetro de 2.750 pies, con una superficie de diez y siete 
y medio acres cuadrados. "La pared de tierra se ensancha á la 
parte exterior, casi á distancias regulares, por túmulos (mounds) 
del mismo material; se les dice estribos ó bastiones, no obstanjbe 
ser evidente que nunca pudieron servir para ninguno de estos- 
objetos. La distancia de uno á otro, varía de 61 á95 pies, siendo 
escasamente mayor la distancia, que por térnxino medio es de 
82 pies. Tienen cerca de 40 pies de diámetro, y de dos á cinco de 
altura. En la pared del N., y en mucha parte de la occidental, 
tienen la misma altura del muro inmediato; en la austral, y en la 
porción S. de la pared occidental, Ison más altos que el muro, y 
á cierta distancia aparecen como un arco de túmulos." En la 

'1) The antíqnites oí ViTisconsíii, as snrreyed and deacribed by L A. Lapham, ci- 
vil engineer, WaahingtoD, 1865. Pág. 41. 



8á8 

parte interior, se oontieBen restos de paredes con apéndices co- 
mo las principales, y dos pirámides de dos pisos semejantes á las 
obras de este género. 

Nada existe allí para juzgar aquellu ruinas, con el. mismo ca- 
rácter arquitectónico que el de las ciudades del Sur; nada f aera 
de las pequeñas pirámides, que asemeje aquello á las obras del 
atte aztecíu Lc#8 terraplenes nos parecen una modificación que 
no comprendemos, del empleo de los túmulos, y mejor diríamos 
que era- una especie de necrópolis, y no las murallas de una ciu- 
dad fortificada. Ignoramos si el uso de los túmulos vino de N. á 
S., ó fué el movimiento en sentido contrario; de todas maneras, 
nos atrereríamos á afirmar^ que la civilización allá manifesta- 
da, fué más rudimental, no llegó á la altura dé las estaciones 
australes. 

Las ciudades, propiamente dichas, comienzan con las Casas 
grandes de las orillas del Oila» háola los 83^ lat. Ellas dan el tipo 
característico de las ruinas, acusando pueblos sedentarios muy 
más adelantados en el camino del progreso; construían de una ma- 
nera más sólida y perfecta, fortificaban como verdaderos ingenie- 
ros militares, levantaban grandes obras con reconocidos objetos 

sociales. 

G. de Berghes, levantó el plaiio de la . Quemada, el año 1833, 
dando á las ruinas el nombre de C'oatlicamac. Desde que Clavi- 

gero publicó su obra, explicó el viaje de los mexicanos, señalando 

como lugares de tránsito, en la peregrinación, el rio Colorado 

hacia los 35^ lat.. Casas grandes del Gila, Casas grandes de Chi^ - 

huahua; atravesando la Tarahumara, llegaron á Haeieolhuacan, 
el actual Caliacan de Sinaloa; Cbicomoztoc, que identiñpa con 

las ruinas de la Quemada; del país do los zacatecas por Ameca, . 
Cucula, y Sayuía en Jalisco, á las provincias marítimas de Coli- 
ma y de Zacatula, para salir á Malinalco y por fin, á Tula: (1) 
Como se ve, se ÍBibarcaban en el itinerario todas las ruinas de im- 
portancia entonces conocidas. La razón de ello era clara: teni- 
do -por inconcuso, como lo es en realidad, que los mexicanos 
eran prigmafio's del Norte; presentes aquellas ruinas en la men- 
te del esarítor, relacionó ambas ideas, y asento que aquellas ciu- 
dades eran obra de los mexi, quienes durante su azaroso viaje, las 

alzaron ó dejaron colonos que las fabricasen; la explicación era 

•' ' * • ' 

(1) Olayigero, tom. I, pág. 1C5 y siga. 



ingeniosa cuanto plausible, y satisfizo por completo á los estu- 
diosos. de loa presentes tiempos. No sabemos si la idea es origi. 
nal de Clavigero; la hallamos igualmente en el P. Alegrey en otros 
autores, y aun se encuentran; de ella rastros en las creencias po- 
pulares, aun bajo la forma más absurda. "Es un hecho singular, . 
dice S^uier, (1) que el nombre y la fama del último emperador 
azteca, son queridos por los indios actuales, desde las orillas del 
Gila, hasta las del lago de Nicaragua; los pecos del Nuevo Méxi- 
co, y los indios de Nicaragua, abrigan aun la creencia de que 
Montezuma retornará algún dia, y restablecerá su antiguo impe- 
rio." Bien mirado, era más defendible que los, toltecas fueran 
los constructores de k>s edificios. 

De entonces acá, la ciencia arqueológica, recibió nuevo en- 
sanche, se han logrado diversos e importantes descubrimientos, 
y aquel sistema, pulverizado pot la evidencia, no puede ser aho- 
ra sostenido. Las construcciones, en efecto, presentan puntos de 
semejanza con las aztecas; más ofrecen tales desemejanzas, que 
se aventura macho, fallando acerca de su identidad. Bazoixes 
por otra parte perentorias, alejan e^ta conclusión. Las emi- 
graciones de la gran familia nahoa, toltecas, colhuas, tepaue- 
cas, mexicanos, dejaron bien trazado su camino sobre la costa 
occidental, desde Sonora y Sinaloa, ppr Jalisco, hasta Guerrero; 
sus colonias abarcaron todo aquel aspacio, viniendo á plantar 
BUS principales establecimientos en el Valle, y extendiendo su 
lenguaje á los Estadq^ de México, Hidalgo, Puebla, Tlaxcala y 
Yeracruz, llevando sus armas victoriosas más al Sur. Si algún 
grueso de eqiigrantes de esta filiación, vino por la parte central 
del país ó la región N.E., ninguna señal permanente dejó de su 
paso. ConsuU&ndo las pinturas jeroglíficas, es decir, los docu- 
mentos históricos auténticos de aquellos pueblos, colocan los lu- 
gares del itinerario en sitios conocidft, y si algunos están perdi. 
dos, los siguientes marcan el derrotero, sin autorizar en manera 
alguna el camino, por el rumbo de las ciudades arruinadas. En 
toda la superficie recorrida, no se encuentran ruinas de impor- 
tancia, que les puedan ser atribuidas á los emigrantes nahoas; 
ni podía ser, porque no se alzan grandes obras en el poco tiem-> 
po, contado en cada mansión» ni se atina la razón de emprender-- 

(1) Nioaeagoa, tom. H, pág. 85* 



850 

las con el propósito firme de abandonarlas: labraron sus gran* 
des edificios, en los sitios elegidos para su final asiento. La his« 
toria admite á los tolteoas, como los más civilizados; los mexica* 
nos, aparecen en sus principios un tanto salvajes; progresaron 
después de establecidos en las islas de la laguna al contacto del 
eaber de sus vecinos. Aun cuando los mexicanos hubieran trai«- 
do el rumbo marcado por Clavigeru, carecían casi en lo absolu- 
to, de los medios de fabricar tan grandes monumentos como los 
de Casas grandes y la Quemada. Por último, correspondiendo 
aquellas colonias á los pueblos históricos, adelantados hasta po* 
seer una escritura, hubieran durado hasta padecer la conquista 
española como tepanecas, colhuas y mexicanos, ó hubieran deja- 
do memoria suya como los toltecas. Al N. de las fronteras del 
imperio de México, los conquistadores blancos sólo encontraron 
tribus broncas y bárbaras, con las cuales ninguna relación te- 
nían las ruinas: los colonos europeos hallaron aquellos edificios 
cual ahora existen, sin tradición, sin pueblo á quien poder atri- 
buirlos. 

Consideradas bajo todos sus aspectos aquellas ciudades, corres- 
ponden a la época prehistórica. No atinaremos á decir cuántos 
años precisos cuenta cada una; pero por sus tipos peculiares se 
les puede atribuir una antigüedad relativa. Clasifícanlas los tú- 
mulos, los terraplenes, las columnas y las fortificaciones; par- 
tiendo de esta base, existió primero Casas Grandes; después la 
ciudad aerícola del Zape; en seguida el mismo Zape en su se- 
gunda época, conjuntamente con la Quemada; al uttinio las ciu- 
dades de Canoas y de Ranas en Querétaro; tal vez reminiscen- 
cia de la misma Quemada. Nos fijamos de preferencia en estos 
caracteres, y no en los suministrados por los materiales de cons- 
trucción, porque éstos los determina la naturaleza de la coinarca. 
en que se alzan las obras; así, en Chihuahua no abunda la pie- 
dra, y por eso los edificios fueron fabricados principalmente dé 
tierra; contribuyó la laja para las paredes de los templos y de los 
palacios de la Quemada, y ese material impidió que allí tíe re- 
gistren estatuas ni bajo relieves. Admitidas cuatro épocas dis- 
tintas*, viene la necesidfeíd de admitir cuatro pueblos diversos, 6 
uno mismo con las costumbres profundamente modificadas por el 
tiempo; de todas maneras, son cuatro manifestaciones muy mar- 
cadas de la civilización del hombre prehistórico en Mágico. Ca- 



.361 

da una de ellas da testimonio de un señorío poderoso, constitui- 
do, adelantado en las ciencias y en las artes, diversos bajo to- 
dos aspectos de los pueblos broncos no domesticados, posee dores 
después del país. No queda la menor razón suya; no haberse 
conservado siquiera la tradición, autoriza á pensar que á seme- 
jantes épocas de adelantos siguieron sucesivamente invaciones de 
pueblos salvajes, que destruyeron á I03 moradores ó los empu- 
jaron hacia otras comarcas, sin que los vencedores supieran ó 
quisieran sacar provecho de sus conquistas. Sería aventurado 
afirmar ser estos los únicos testimonios de la mejora del hombre 
en México; para llegar á esta altura debe haber pasado por multi- 
tud de tanteos, perdidos en los muchos siglos trascurridos, des- 
de su aparecimiento en América hasta los tientos históricos. 

Advertiremos de nuevo, que poBsdenar el sistema de Clavigero, 
no nace de desatinada pjresuncion; a ello nos precisa la evidencia 
de los hechos» no conformes con las opiniones de aquel sabio es- 
critor. Nuestra historia adelanta sustituyendo á supuestos gra- 
tuitos, los acontecimientos verdaderos sostenidos por los docu- 
mentos. Se notará que en ciertos puntos hemos cambiado de pa- 
recer respecto de lo que hemos asentado en otros lugares; así es 
indispetisablé cuando el estudio perfecciona el saber, y nada ex- 
traño encontraremos, ser combatido á nuestrq turno por persona 
entendida y mejor informada. 



CAPITULO IV. 

I 

LOS MONUMENTOS.— (BEGION CENTRAL). 

Pueblos anteriores á la ^poca históriea.—Cmlieaaon Uapoteca.^ToUan.-^Teotihua- 
can.— Pirámides. ^Túmulos, -^Ciudadela.—Eazas.—CoTíítideraciímes.— Pirámide 
de C7iolollan.—Túmitlos de XiqtUpUoo.^CJula,— Monte Altan,— Zaac/iila.'-Bqio 
relieve singular..— Pirámide de PapanÜa —Pirfímide de Xochiealco.—Fartijicacio^ 
nes anttgips en el Estado de Veracrm.—T€oeáUi de Cuauhtochto.—Chalchiamula. 
^Otras fartiJu<ieiones.--TeoGaUi de Teopant^pec.—'Los teocalUde Tehuantepec.— 
tuinas tzapoteoaa de Mietlan.— Instrumento músico de una costilla fósil de elefan- 
te.— La pipa.— Tabaco.—Su etimologia,—La pipa es anterior en el v(üle á los 
tiempos históricos,— Obseroaeian y conclusiones. 



DAMOS el nombre de región central, al país comprendido 
entie los 21^ lat. y parte de los actuales Estados de Chia- 
pas 7 de Tabacco. Fuera de éste,Jio.sometido toc^TÍa al imperio, 
el resto de aquella comarca había caído bajo el poderío de loa 
señores de México, formando una porción de su patrimonio; a 
llevar hasta allá sus armas, llevaron sus costumbres, sus dioses, 
BU culto sangriento y los caracteres principales de su civilización* 
Los castellanos, que la encontraron enseñoreada de todos los pue- 
blos, la llamaron civilización mexicana, imponiendo una denomi- 
nación hasta cierto punto inexacta, porque quienes la trajeron 
al valle fueron los toltecas; de ellos aprendieron los acolhua> y de 



_ 868 

• • 

estos los ínexi: éstos últimos la perfeceionaKon j la proplagaron, 
si se quiere, mas no faerou. los inventores. 

A la llegada de los tolteca á Tullan, es decir, al comenzar .pro*> 
piaz&ente I03 tiempos historiaos, el país estaba habitado por tri- 
bus anteriores^ que siu duda no eran las primitivas. Se encon- 
traban ya viviendo en las montañas que ahora todavía habi- 
tan á los broncos ótomíes, de lengua partionhtr, oon sus her- 
manas los mazahua; . los totonacos hablando un. idioma afín del 
mexicano; los huaxtecos de la faniilia etnográfica maya; los ul- 
mecas y xicu%lancas francamante nahoas; los mixtéeos y los tzapo- 
tecos de lengua extraña. Los tzapoteca tenían civilización propia; 
comparada con la t^>Ueca, parecen dimanar de la misma proce- 
denqia^ siendo muy semejante por la escritura, por el sistema de 
calendario, por el adelanto en la arquitectura y por la cerámica; 
pero atentamente examinadas se advierte presentar grandes de- 
semejanzas, provenidas de ciertos rasgos característicos, que pu- 
dieran llamarse nacionales. Fundada la escritura geroglífica ba- 
jo idénticos principios, la tzapoteca ofrece diverso dibujo, los 
objetos asumen otr^s formas convencionales, los colores son más 
chillantes, la distribución de los sucesos sigue otra marcha: á 
poco estudio no, es posible confundir un manuscrito mixteco con 
otiro tolteca, acolhua ó mexicano. Dieron á sus edificios cierta 
fisonomía particular, modificaron los signos de la anotación cro- 
nológica, y por lo qué atante á sus obras de cerámica, les hicie- 
ron tan ú^nicas qu labores y composición, que á priinera vista son 
reconocibles sus ídolos, sus adornos y sus umak funerarias. Los 
tzapotecas deben haber modificado sus conocimientos al contacto 
de los pueblos históricos; pero siempre es cierto que su civiliza-* 
cion precedió en el valle á la de los toltecas. 

Al' fundar óstos su sesorío, en el Valle y en lugares muy ám* 
tantes al Sur, existían ya populosas éiudades, siendo las principa.^ 
les Chplloilan, Teotihuacan, y ToUantzinco. El mismo ToUan 
llftbia;sido ya fundado por los otomíes bajo el nombrada Mamen" 
ii,, (1) eoft el signifi<^ad6 déipudíh de múchagente, j los tolteeaa ser 
apoderaron del lu^ar, lo embellecieron, y lo hiciere»! capital 
de su reino. 

Teotihuacan es nombre de la lengua mexicana» aí^ificandOi 

*•'*•■ 

(1) Betanoovxt, Teatro meaduaio, 4. p. t 2^ aiítt* 148. . j 



S54 _ 

• 

36gan Betancourt, (i) lugar donde se adoran los dioses; Yeyti* (2) 
tracluce liabitacion de los dioses; nos atreTemos á deoir que íh pa- 
labra está formada de teoti, dios, la ligatura ti^ kua partioola de- 
notativa de posesión, y del afijo o^íh^ lugar: lugar de los poseédorcB 
de dioses] lugar de los que adoran dioses. Be todas maneras la eti« 
mologia confirma el aserto de ser aquella ciudad un reverenciado 
sautuarioy condición que puede explicar su existencia antehistó- 
rica, 7 su conservación durante las vicisitudes subsecuentes. 

Los monumentos principales allí existentes, se dividen en lag 
pirámides, los túmulos, y la fortaleza. Las primeras llaman paiv 
ticuiarmente la atención. Consultando los autores de más nota^ 
parecec convenir en que la fabrica de esos monumentos se debe 
á los toltecas; Torquemada (3) se separa de la opinión común, y 
la atribuye á los totonacos. Lo.s toltecas no ievautaron obras do 
esta clase, y sabemos estar ya construidas cuando llegaron á Ta- 
llan. Dos pensamientos constantes bMlIuraos en nuestros escrito- 
res de historia antigua; amoldar á f aerza de ingenio la cronología 
mexicana en la biblica; desechar toda tribu anterior á las nacio- 
nes históricfiís, atribuyendo, por consecuencia, todas las ruinas de 
origen dudoso á los toltecas. De aquí la mayor parte de esas con- 
clusiones aventuradas, con que se extravian y dqslucen las gran, 
des prendas de hombres tan distinguidos como Torquemada^ 
Veytia y Clavigero. 

Sirviendo de punto de partida la pirámide de la luna, 3íestU 
Itzacual^ 800 metros al Sur, se levanta la pirámide del sol, Tona^ 
tíuh lizacualf y 1,150 metros á ik parte austral de éste, se ven laa 
ruinas denominadas Ciudadola: numerosos túmulos rodean la pti- 
merá pirámide, formando una calle ó avenida llamada Miooaft; 
camino de los muertos; arrancaen el frente boreal del Meztli^pasa 
por delante d^lTonatiuh, y termina cer<^dela pequefia corriente 
?ras la cqal se ialza la Cindadela. (4). 

£1 Me2^1i Itzacual es ima pirán^ide cuadi^angular, en la base 
130 na de N. á S., y 42ib de alturd» Con u^ pequeño errói^ los W 
dos están orientados signiendo los verdaderos: meridiano y parÁ» 
lelo^ , Estavo/íormada de cuatro pisos, de los caíales se distinga€^ 

' \2y Yfist. asitíguk de México, Metíteo, 18S6, Tom. I, pág. 247. 

(3) MonaTq. Indiana, lib. III, cap. XVm. 

(4) Yuea des oordiUereB,.téA)»i, pág. lOCL - ^ 



<•• 



ahora tres, presentando el aspeeto general de 'una colína, 
jada por los derrnmbes producidos por la intemperie^ y los cao»' 
tas j magueyes crecidos alli desde moclio tiempo há. La fábrica- 
es en capas sobrepuestas- de piedra y Iodo, toba volcánica (lepO' 
icUt)^ mezclada con tierra, y de basalto escorioso (tezantli), reraelto 
igualmente con lodo: la cara exterior lleva un revocado de cal y 
arena fina, bruñido con esmero. Conviene lo acabado de leer al 
Tonat'iuh Itzacnal, pirámide igualmente cuadrangular, 232^' de 
N. á 8., 224m de K á O., y 62^ de altura. (1) 

"El grupo de las pirámides de TeotibuMcan, dice Humboldt (2) 
está en el valle de México, ocho leguas al N. O. dé la capital, en 
una llanura nombrada Micoail ó camino de los muertos. Obsér* 
vanse allí dos grandes pirámides (3) dedicadas al sol {T(ynatiuh) 
y á la \yín9í(MeüU)y rodeadas de muchos centenares de pequeñas 
pirámides, foriñando calles dirigidas exactamente de N. á S. y de' 
E. á O. De los dos grandes teocaUt, mide el uno 55 y el otro 44 
metros de elevación perpendicular; la base del primero tiene 
208°^ de largo, de donde resulta que elTonatiuh Itzacaal, según 
las medidas practic^idas por el 8r. Oteiza en 1803, es más alto 
que el Micerino 6 la tercera de las tres grandes pirámides de 
Diyzeh en Egipto, y la longitud de la base casi igual á la de Ce-* 
phrén. Las pir^ímides menores que rodean las casas del sol y de 
la lana, cuentan sólo de 9 á 10 m de elevación, y según la tradi*^ 
cion indígena, sirvieron de sepulcro á los jefes de las tribus. Al- 
rededor de Cho^s y de Micerino en Egipto, se distinguen tam- 
bién ocho pequeñas pirámides colocadas simétricamente, paralelas 
á las faces de las mayores. Los dos teocaHi de Teotihuacan tenían 
cuatro pisos principales, subdivididos cada una en escalones cu- 
yas aristas son todavía visibles: el núcleo es de barro revuelto 
con piedreoillas, y está revestido de una capa de f§zontli 6 amig- 
daloideá porosa. Esta construcción recuerda una de las pirámi- 
des egipcias de Sakhara, de seis pisos, y segan la relación de 

m 

(1) l>iílerbu ettea medidas de las BeftUadas por Hatnboldt en su Ensayo polítfb^^ 
tOBL'I; pi^. 167.' 
<2> Memoria de ios teab^jós ejeoatados por la oomisidn Ciqatifloa de !^chiic8J 

J«8ikfí*aéft5: R<g/3«. . ' ' : . ;. 

[3] Esclaircissemeus de 11 Langlés aa Voyage de Norden, tom. III, pág. 827, 



336 

Poeocke (1) es un montón de cantos y de argamasa, revestido ez^ 
teriormente de piedras brotas. En U cnmbre de ios grandes ieo^ 
ai2K> mexicanos había dos estatuas cólosaleb del sol y de la Inna^ 
de piedra y con Mminas de oro, quitadas por los soldados de Oor- 
tés. Cuando el obispo Zumárraci^a, religioso franciscano, empren- 
dió dostruir lo relativo al culfco, á la historia y á las anbigñedades 
de los pueblos indígenas de America, hizo romper los ídolos de 
la'llanura de Micoátl. Se descubren aún lo3 restos de la escale- 
ra construida de grandes piedras talladas, que antiguamente 
conducía á la plataforma del teocaUi.^* 

Es dudoso si las pirámides de Teotihuacan contienen alguna 
construcción central, pues aunque emprendidas en diversos tiem- 
pos algunas horadaciones, ninguna logró atravesar los mouumen- 
tas de manera conveniente: hace pensar -prir ia afirmativa el pozo 
vertical del Meztli Itzacual, cuadrado, de V^G por lado, revei3tidis^ 
las paredes de toba volcánica. Si de sepulcro no sirvieron, está pro* 
bado que fueron templos, consagrados en lo antiguo á divinida- 
des desconocidas, derribadas de sus altares por el sol y la luua, 
ya en los tiempos en que los toltecas establecieron su monarquía 
en Tollan. Consta de aquella época que los pueblos estaban muy 
adelantados en la astronomía, y como lugares eminentes, los tem* 
píos servían de observatorios astronómicos. En el Códice Men* 
docino se consigna ser nna de las ocupaciones de los sacerdotes 
observar los astros, ya para informarse de los fenómenos celes- 
tes, ya par i señalar las horas del culto. Servían también de for- 
talezas en los tiempos modernos, y Cortés relata la heroica de- 
fensa hecha por los mexicanos de su gran teocalli. 

Así como en el N. son comunes los túmulos, se hallan también 
pirámides si bien de forma diversa de las mexicanas. Tales son 
*Oaíi construcciones de Nowark, el túmulo cerca de Florencia en 
Alabama, de 45 pies de altura, 440 de circunferencia en la base 
y 150 en la cara superior; el montículo todavía mayor sobre el 
rió Eotowan, también en Alabama, con circunferencia de 1,200 
pies en la base, 140 en la cima, y más de 75 de altura; las obras 
de la embocadura del rio Scioto con más de 20 millas de longitud; el 
gran montículo de Selserstown (Mississippi) ocupando seis acres 
de tierra; la pirámide truncada de Cahókia de que yft hablamos* 

(1) Toyage de Pooooke, edie. de Keucháta, 1752« Tom. I, ptfg- 147 



m 

Todos eatos farabajpcr. 7 otros ji^ichos qne pudieran pier cUadoí^ 
Indican una población numerosa á la vez que sedentaria, pobla- 
ción á la cual no hubiera dado la caza loa el^meptoe necesarios, 
teniendo que sacar la mayor parte de sus recursos de la agricul- 
inr^, pjies se U^ calculado en un ^paía cubierto 4^ bosques^ que 
un cazador há menester .oO»000 acres á su disposición para proveer 
á sus necesidades." No existien, dicen los Sres. Squier 7 Daíría, 
ni existía §1 siglo XVI una sola tribu india entre el Atlántico 7 
el Pacifico, fuera de las naciones semiciyilizadas del Sur, que tu- 
vieran los medios de subíiiste^cia necesarios para aplicarse á 
obras de trabajo improductivo, 7 ni una sola que hubiera llegado 
iLtalesIf^do social, en. que se pudiera obligar al pueblo & em- 
prenderlas." (1) .... . 

Los montones de tierra np parepen corresponder .todos á la 
misma época, ni estar aplicados & los mismos destinos. En los 
tumulps propiamente dichos sé hallan á veoes cajas de piedra 
labrada enperrando un cráneo: cuentas y adornos curiosos de 
berilo, serpentina, heliotropo 7 pbsidiana; pplyo de oro, anillos 
priniorosos 7 J07HS del mismo metal, va&ios 7 diversos objetos 
valiosos,, Otrp contenido es el de los túmulos del Camino de los 
muertos, pues son yerdaderos edifioios», cubiertos no se sabe 
cuándo, tal vez para preservarlos del tiempo ó de la profanaciou. 
Según relata el Sr. Alxnaraz, gefe de la Comisión de Pachuca, viíS 
en uno de ellos, "cuatro paredes cortándose «en ángulos rectos 7 
iormando un cuadrado; están inclinada^, 7 dentro se encuentran 
unos escalone^ que le son paralelos; en la parte superior de és- 
tos nacen otras ciiatro p;irede9»igfi.almente inclinadas, contenien- 
. do un peqi^eno cuarto; creí que era un túmufo, aunque dudo 
jflioerca de su yerda<)ero objeto." El destino de estas construccio- 
nes no está averiguado, s} bie;i se advierte, desde (^ue fueron re- 
jconocidi^i^ por la Comisión fr^ancess^ que son obras superpues- 
tas correspondientes á.tres épopas.di^KersfS, dando testimonio de 
rina reimota antigiiedad, durante la cual se sucedieron diíerex^teb 
xazas con distintas pirilizaeipnes- , . 

El moi^umeAtp conpcidp con el nombre de Cindadela, es de una 
x»)nstruc^ipn p/gqticulan, Cuai|rp m^rosf qué se cortan en áni^uIÓB 
xectos» -cierra^ por decirlo así, unouadrado casi perfecto. El es* 

n, LabboclL'pág. 1'3 >. 



AnaQ 

uoo 

pesor deles muros es de 80" y fat altura media de 10", con exeep- 
dqn del occideBtal que tiene 6"; los caras son como en la' i^inehe- 
fa de la pirámide anterior, con talad, dejando en la parte sope* 
rior nn plano horizontal. Sobre la ^muralla hay U tlaUeles coló* 
cados simétrieatnente, conforme se Te ^n el plano; 4 en él «lado 
Bar, 4 en el del N., 3 en el del K y. 3 en el del O. En el centra 
del monamento se encuentra ana peqneña pirámide de base caa- 
drangülar, dominando todo el edificio como lo haría actualmente 
en nuestras fortiñcaciones el caba]lero>alto:atinqae deteriorada, 
parece tuyo un piso ó escalón, conservando aún los Testigibs de 
la rampa que conducía á la parte superior, por el lado oriental. 
Tiene adherido en la cara occidental un tlaltel/ y se encuentra 
otro algo más distante hacia el mismo rumbo." (1) . ' 

Humboldt no menciona la Giüdadela. Sin duda algalia, este 
e^ un nombre vulgar impropio para designar el objeta Maroa 
ele 80** de ancho y 10" de altura constituyen una aberración tñ 
él arfe militar de aquellos días, y f aera preciso suponer que el 
Terdadero parapeto no existe, y se alzaba* sobre la cara exterior 
de semejantes macizos. Supongo no haber sido examinado el mo-^ 
númentó con la merecida atencioh; acasGr* esos sólidos de tierra 
contengan encerrados edificios como los del caiñino de los muer* 
ios: en todo casó no lo creemos una fortificación. • ' 

t > * 

El tipo principal de Teotihuacan son los túniulos asociados á 
las grandes pir4mides. Ambas coicas sé refieren á una ¿poca pre* 
histórica remota. La primiera manifestación en nuestro país se 
encuentra en Casafa' grandes; allí estáki juntos él túmulo y la pe- 
queña pirámide,, montones de tierra alzados plira distinguir los 
dos pensamientos predominantes' en aquellk sociedad, el altar y • 
el sepulcro, la divinidad adoi^da, el ^y 6 el jefe respetado. "Se 
aómpfende queásí debió Béi al principió, porque altar y sepulcro 
¿e cor tatí dimehsioties no exigían el dotíctrrso de gran úútneto de 
personas, y acusan la'^ivilíSQEkCion iií ci^^iénté. /^ 

Predominó' indisputabléiiiente la ide«refigio«^,ysiendo éjem- 

ÍIo e\ pequeño altar, plegó á tomar desíñedidás proporciones en 
k.gráu pirámide, ya ^ai'á satisfacer él orgullo de'iih tuoülirdi, & 
contentar el gusto dé Üq píieblo ptDderpso. Está'ttttsfortnslcioh 
supone una nación grande, rica, agrícola; ñdoy adelantada en ci^ 

(1) Men. de PMhtioft, pág. 868. 



TÍlizacioD^ constituida, mandada más 6 menos despótieamento^ 
Mn lina multitud resignada, trabajando en proyecho de sus amos, 
lo cnal nos induce & creer q^e ayquellos hombres estaban dividi- 
doe en castaa £>1 túmulo se extendió á todas p^i^tes; la pirámide 
06* halla en pocos lugares, porque sólo corresponde á ciejpto gra- 
do de dÍYÍIizacion« 

Llanyi la a^^cion que en las c^jas cinerarias apalre^Q^ splo el 
eráneo; le acompañan objetos precipsQp para declarar el perte- 
necer á personas prominentes. El beoho pudiera explicar por 
qué en aquellas ruinas se encuentran <;on profusión unas cabeoi- 
tas de barroi terminadas en un apéndice, destinadas á ser embur 
üdas sobre algún objeto; acaso el cuerpo de los difuntos s^ entria* 
gaba á las llamas, conservando únicamente la cabeza como parte 
principal d^l IlqjíA)^, y én ^as fosaasQ ponían las cabecitas para 
conmemorar la raza de cada quien. En. efecto, examinadas, verá- 
se que no están formadas ad libitum; á poco que se les pompare 
80 da con ejemplares id^énticos, demostrandoque los artífices co- 
piaban de personas existenites. y. determinabas. Buscando en ya- 
rías eolecciones^en primer logar encontramos ciertos tipos primi- 
tiyos, acusados.por la cli^e del ^arro, por el dibujo y la ejhcucioiv 
Sin asignarle, órr^on oréi^ico, que solo p^ede. darle el terr&uo d9 
donde se sacan^ sigqe.un tipo distingiiible pqr las dos protube- 
rancia? da la frente, y la |alta de pelo,, como si aquellos- indivi- 
duos acostumbraran rapa^rse- Con< la cabeza también U^, aun- 
que, con la frente anjcba^ ofrecen otrps una fo.rma redonda y bi^n 
proporcflonada» . Ticnefi estos ^guvii^es ¿lecciones semejante», la 
nariz abultada j* cbats>«lo8 labjo^ salient^Si los ojqs medio cerra- 
dos copio si se r^^r^B- personas, muertas; por eso* forma con- 
traste un tipo remedo de un individuo vivo expresando alegría: 
guéd;uile euja boca: y siqbrQ un 9J0 restps del cplorgrojo. ^on que 
astaba pintadq, Taialúen. rapados .i^parecei^^^gtinos;' pero llevan 
tres adornos al. medio y á.lps lados de la fraiite. IJuos llevan el 
pelo en una e8pjecíe,d<^ bandas, ^n f6«pa.pij;amidal, recogido en 
lar parte superior por ua larzo Qplg^nte á la izquierda; del mismo 
género sop aquellos. ^.qmd la n^pda. apsü^^co más exagerada. 0^- 
sérvase á yeces dispuesto el pelo en figura de tejado, con un ador- 
no sobrepuesto alrededor; tiene de muy singular el adorno so- 
t>fe los ojos, que si de fiempos^ modernos foera^ lo compararia- 
mos á grandes gafaa, 7 no pu^de ser odtrar ooaa que distintivo de 



dignidad 6 de raza. El mismo distiutiVo ú& observa^ si bien el 
ejempIaV parece haber formado pftfrtede nna pipa, pues el ta%ó 
que tierii adherido no i^iiede ser confundido con et del pito o 
silbato.' Tipo egipfeió parece el' de unos con .la bandft,' sobré fá 
frente y las dos especies dé alas laterales; están bien niarcadas 
las orejas redondas, comunes á varias de éstas fippirits. Diátlíigue 
á no pocos la especie de turbante que lesCifie la' cabeza, y los 
lienzos que bajando por la mejilla cierrah debajo de la barba!, 
remedatído e! tocado del pueblo judío en ciéttá 'éjpóca,' ó el de 
algunas de las naciones asiáticas: casttalidád será ésta, pero coad- 
yuva il los indicios que hemos idd encontrando. Diverso " tipo 
ofre^ce cortado el pelo entre las sienes, en una moda muy cono- 
cida en los tiempos históricos, iisada t<^davfá por algunas razas. 
Varios adornos recuerdan él tipo egipcio, si bien fee hace precisó 
observar, que son fragmentos de diostsis. A" ^'oco' reflexionad sé 
hará patente, que los modelos exanliñados pertenecían unos á 
tipos conocidos, iníSntras los otros son complétAiufente extraños, 
Sd apartan totalmente de !<> registrado en los tiempos históricos. 
Poco importa hayamos dicho que son semejantes á lós'judios, á 
los asiáticos, ó á los egipcios; no áérán ellos bn verdad; perosiiem- 
pre queda plenamente demostrado, qué fhér'a ¿el período de las 
crónicas relatadas por las pinturas geroglífícas^ hubb pueblos cbii 
trages desconocidos, razas diversas de' las de los tiempos nboder* 
nos, civilizaciones manifestadas por obras no puestas en ^rádtU 
ca de tólteca, acólhua ó mexicanos. Teotihuacan es ntá ciudad 
singular; fundada en uii tiempo remoto, fuá teatro de tina civilt 
zacion muy adelantada; presto ablfigo á diféfénítes pueblos, pai4i 
los cuales fu¿ siempre un santtilltrio; N^iÓla^'étfngraciónesYeniditi 
del Norte, y se , rHóflificó bajo su influjo; subsistió dttrknte el pe- 
ríodo liislofico pasando poí diversas Vicisitudes, ^ queila íc&á 
en pié, perdida ¿ir i^rlmlliv|> hñportaucia, pflffá dat testinionio ¿té 
los siglos, qi;e. coUTo* tiü soplo 'jasaron* Sobre sus' venerable's y 
derruidos inOnuinéntóíBi; 'El tietbpd y Ibá hombres arralando los 
edíficip's, nb "han Jlodido toAavíá ¿o'ntals ptriíiiiáes;éláttar de/Hib 
'divinidades sefá el^ujtimo qúó péVéÍc¿ én" lk'rtílnu*j(^enerat '(I).. ' 



'I » . í I ». f i - 

«4 ' ' . I • .' . »* I . t >J • 



escrito aócrca.de las Firámides do Teotihuacan^ quién quiera ten^r ^ la Viflia. él catá- 
logo, conAtde^lí BáUroft; the^lTatíyé Báee«; i^itf/V/iN^; m, nota ír. 



861 

Toca meuQitinar ahora la pirámide coQgénertade Chalollan, Ea^'» 
iado: de Puebla. "El teoaáli de Gholala» dios Haiaboldi, (1) oonar 
ia de^^íQQaibró'pifkDS de igual. alinra; pareee ^ue estuvo perfecta*" 
mente -orieotado i los caatoo ; puntos cardinales, .aunque <soibo 
las ariataa de los, pisos no están Visiblea, es difiéil reconocer la 
dirección primitiTa. fS^te. monumento piramidal mide una base 
mayor que la de todos los edificios del mismo género eneontrii^ 
dos en el antigua mundo: lo.medieoil ciiidí>do, asegurándome quA 
su altura perpendicular es de 51 metix>s» j la longitud de. los la* 
dos de la base 439 metros, Torquemad^vlé da 77^ BetancourtfiS, 
Glavigero £il; Béri^al Díaz, soldado de la expedición de Cortés, 
se entretuvo en oobtar los escalrxnea da las eacaleras jle loa teoca^ 
Ui, j encontró 114 en- el gran templo de Tenochtitlan» 117 en el 
de Tezonco, j 120 en el de Oholula. La base de ésta es dos ver 
ees mayor -que la de Oheops, y su aliura.escede muy poco ¿ lá 
de Micerino. Comparando laadimensioues.de la easadel sol dé 
Teotihuacan^ con las de la pirámide de Cholula» se advierte que 
el pueblo jBonsiructor de estos* notables monumento» tuvo úiteu«> 
cion de darles la misma altura, con las basasen relación de 1 á9L 
£n cuanto 4 la proporcion^ntre la bie^se y la altura, es diversa 
en los moDunientos^ En las tres grandes pirámides de Pjyzeh las 
alturas son á las bases oomo>. 1 á 1 7; la pirámide de Papiiñtia.de 
1 á 1, 4; en la gran pSrámida de Teotihuacan como 1 á 3, 7; eñ la 
de Cholula eomo 1 á 7, 8. Este último monumento está eonstrui*- 
do de adobes ixúmWi)^ akarnado» coa4;apa8 de barro. Me asegu* 
varón los indios cholultecos estar 'hueco el interior de> la pinámU 
de, y qué, cuando Cortés, estuvo eá la ciudad, sus antepasados 
ocultaron alli ^graik ünmero^ de ! guerreros para eaer dé improviso 
sobre I6s españoles; lqs> ihateriales de que está eonbtr nido el kó^ 
caüifjei sifeneío de ll>a histmdikloareB oontemporánebaí,' (3) bo^ 
ce¡n muy'.poed probable semé- jan te iasért^.*^ * i^ 

'•Siil embargo, no puedie. pónér&é en duda (inehab&i en el^iar- 
ierior de la piráibicb^asL ¡cómo en otros ¿aoca&Voavidadea'Conbi- 
derables para servir de sepulcroa á los ijadfgenas; una cirdüos- 
ihncia particular «lo puaío en olarcu fiiete* ú ociho años há que fué 
cambiado el camino deíPobblá á Métiod, ^ué antes pasaba al 17^ 



(1) Tnes des cordillárefl, iom. 1, pág. lO-l. 

(2) Cartas da Hernán CJQrtés» pág. SS ea Lorensana. 



46 



102 

de la pirámide: para alinear la vía se cortó el primer piso, de ma- 
nera' qae cosa de un octavo quedó aislado semejante á nn mon- 
ton de adobeá Ejeontando la obra se encontró en<|l interior nna 
oasa cuadrada, constraida de piedras, sostenida por vigas de ci** 
pros cHpresstis dvdicha: contenía dos cadáveres, ídolos en basalto* 
Y gran número de vasos barnizados y pintados artísticamente. Ko 
se dieron la pena de conservar los objetos; pero se asegura ha* 
ber visto con cuidado, qne la eaSa enbierta de adobes y de capas 
de barro, no tenía ninguna- sidida. . ; . Becooocimcslos restos de 
Ift casa subterránea, observando nua disposición particular en los 
adobes, que tendía á disminuir la presión sufrida por el techo: 
eomo los indígenas no sabían* construir bóvedas, colocaban hori- 
eontalmente f^randes' adobes de mbdo qne Ins superiores adelan* 
taban sobre los inferiores, resultando un ensáfidblado por gra- 
das, supliendo en cierta manera el arco gf^ticb, del cual se han 
hallado vestigios' en muchos edificios egipcios. Interesante sería 
oavar nna galería á través del teooalli de Oholula, para examinar 
la oonstrucoion interior; y admira no lo haya intentado el deseo 
de encontrar tesoros ocnltoe. ' 

Exiite aun 'Ctltre los indibs'cholultecos, diceHntnboldt en otro 
lugar, (I)' otra tradición muynotnble, éonformeá la cnai, la gran 
pirámide ño estuvo destinada ^riihitivamente al culto de Qne- 
t2alcoátl. A mi vuelta á Earopst, examinando en Boma los HS3' 
mexicanos de la Biblioteca del Yatieimo, ví que la misma tradi- 
ۇcm se eiicnentra consignadav en el MS. de Pedro de los Bios, 
religioso Üomínicoi.qne en 1566, copió cuantas pinturas pudo ha- 
ber á las manos. '^Antes de la gran inúndadoÁ - (apackikftüiztiijf 
^que ttiLvó Itigar ouiatro mil anos después de la\¿rQacibn del mnn* 
'^do, el páds.de Anáhnac estaba habitado*' pbr jigántes (2Vocnífl¿- 
**iaseque\ quienea no perecieron, quedaron traeformados en peces» 
**á exoepcioii de siete refugiados enj las eaveriías* Escurridas las 
'agitas, ebjigante Xelhulk, apellidado el arquitecto, fuó á Gholo- 
'Oían y eh ioieiDoria de la montaña* TlaloSi qute había servido de 
''asilo á sus seis hermanos, constmyó^qna oclnmn» artificial en for» 
'tea de pirámide: hiso fidnriear loa jtdobes en íla plrovineia de 
'TUtlmáoalcD, al pió de la BieMrá de Oobotl; y p&ra tHtsportarlos 

"á OholoUan, colocó una fila de hombres que se los pasaban de 

* • » • 

{1) Ibid. pág. m. 



*^ 



'teano en mana Yiaron Iob dioses eon encga un edificio que debía 
''alcanzar las nubes, é irritados contra la audacia de Xelhua, lahr 
''saron fuego sobfie la. pirámide, peredberoa mncbos obreros^ no 
''se prosigilio.la obra» y después faá consagrada á QastzalooatL" 

"Esta histoiia, reeuerda las antiguas tradioi&Bes orientales» 
eonsignadasr por los hebreos en loe libros santos. <Eax tiempo de 
Oortés, los oholul tecos conservaban una piedra, que enyuelta en 
un globo de fn^^o, kabía caido.de las nubes en la oima de la -pi- 
rámide: éste aeroUto tenia la forma de sapo. Pava proban el P- 
Bios la alta antigüedad de la fábula de Xelbuat, observa estar 
contenida en un éantar entoDado por los Oholultecas en sus fias- 
tasy danzando alrededor del teocaUi, j que comenzaba por las pa- 
labras: Tálamo» Judulaez^ que no sqn de ninguna .de las lenguas 
actuales de M&LÍoo« En todas las partea del globo, en las Cor- 
dilleras, eoiáo en la isla de Sámobracia en ei, mar Egeo, se con*- 
sewan en los ritos religiosos, fragmentos de las lengaas primi*- 
tívas." 

Según el Itf S. del corregidor Gtabriel de Bojas» . (1581), (1) la 
ciudad se llamaba Tullan C&olollan Tlaobiuhaltapec, signifiean* 
do esta última palabra; ''cerro hecho. á mano." Por lo iocante á 
qnísnes son los constructores de la pirámide, tarían los parece^ 
zes. Acabamos de Ter el del P. Bios, atribuyéndola á los jigan- 
tes, en imitación de la torre de Babel. Boturini, (2) asegura ser 
obra de los tulteoas, 7 que se llamaba antiguamente, segnn una 
pintura en su .poder, ^^^TkiUcati ChaJchihuaÜ onazia JEcaipetl^ que 
significa: Monumeanto^ ó piedra Preciosa deia NcMon' Ihtlteoa^ qm 
anda can sa serviz. buscando á la región dü AyreJ' Yejtia (8) la 
pone á caenta de los ulmecas, quienes, confoorme á su cronolo- 
gía, fundaron la eiudad.de OholoUany el< año* 8^979 ded . mxuidq, 
19l7'de la Era Cristiana. Estálvacilacito dejunestra^ nosaberáe á 
dencift cierta, el' origen déla pir^imide, si biefa inethitÍYameoite 
ae«le supone muy ániigub». anterior áio$ tiempos historióos. A 
naestro entebder, el.pníeblo consiructor del monumento, poseía 
la misma oíiríilisacioa que la de los artífices de Teotihuacan^>i;al 
^asfaerpn ambos 49CMiiasmp6ráDeÓ3: tombiah Ckolollan fué iin 



Cl) Dica üñiV, ári. Ck^lolii. MB, en poder del 8r. JK Joaquín 'Qfttéía Ic«BSbah»ta. 
(2) IdM de «Qá ttMevá UsMiá géñetál IfMrfd, 1746. Bág. ItS^ 
m Hkt áalág. d0M4ís^oo/t6Í& I, IH^- 1<^. 



sahtiíaTio ¥en6rado, aQi igualmente prédoxninaba la idea reli- 
giosa. 

JBn su estado 'actual, la pirámide: presei^ta. el aspecto de una 
colina cabieirta de yerbas y de arbustos.' Destinada siempre 
al caito» fué temiplo de divinidades desconocidas en la época re* 
xnota^ en la liist^iea antigua tné t'^ocalli de Qnetzalcoatl; los mi* 
sioneros cristianos pusieron allí una cruz, derribada dos veces 
por el rayo; ahora sostiene una capilla consagrada á Nuestra Se* 
ñora de los Remedios. Olridábamos decir, que bácia^ el O.» freft* 
te á los cerros de Tecaxete, y Zapoteca, existen dos obras pris^ 
máticaí deiiominadas Aloozac ó Ixienenetly y Cerro de la Cru^ 
de 16^1^ de altara. 

Los túmulos, en la región que vamos examinando, presentan 
dos marcadas diferencias. Los unos,- idénticos ¿ los de Casas 
Grandes, son de pequeñas proporciones, sirviendo de sepulcro á 
un solo cadáver. Los otros, de tipo, arqui^ectónibo notable, son 
mucho mayores, contienen una verdadera cámara sepulcral des- 
tinada á una familia, tal vez á nna dinastía; criptas que debieron 
servir para su objeto, durante varias generacnones. 

Ejemplo de loe primeros, son ios túmulos de Xiquipileó, Es- 
tado de Méxica En Mayo 1873, fueron enriados á la Sociedad de 
Geografía y Estádistic», los objetos hallados en uno de ellos- 
Conservado del esqueleto sólo él cráneo, preseáta el aspecto . fó- 
sil, la frente es estrecha, la parte posterior.abultada, teniendo 1a 
forma redondeada de la raza braquicéfiila/ que en Eiiropa presen..^ 
ta tanta analogía, con la de la época del reno. Junto á losdespb- 
jos,.yaeían las mandíbulas fósiles de un carnicero, techiehi 6 cfígtsü^ 
y una vasija labrada en arenisca blanda, de la foi-ma más tosca j 
.primitíva. TbdK^ ello indica muy alta antigüedad. 

Treá coartos der legua al K. de Cbila, (Mixieea/ Estado de Pás- 
bla), en el '«ferro de la Tortuga, hay una construcción piramidal 
de 20 varas de-altura,;(|e piedras labradas unidas con lodo^ y^re* 
vasti^a^e u«a capa de argamasa de cal, «I pió y en ei-^bgulO'NK* 
^'pepmaneoe'un ^sepulcro subterráneo en forma de cruz^ revostír- 
«'do iiiteriórmente de piedi-zis labradas» unidas oon cal, y enlncr- 
''das con mezcla blanca. La entrada está á la superficie del te- 
*'rreno, se baja en ól por seis escalones de vara y media de p]a- 
"no, que daúentradaá.runa plazuela cuadrUonga de unas dos 
''varas de longitud, y vara y media de latitud, y de aitura fotr;as 



365 

^dos vara»; diobaplazaela tiene en sns tres earás otros tantos ca- 
^one^de vara y media de pibfundidad horizontal, y nna vara en 
''¿nadro de cavidad. Ann se registran nnas osamentas linmanas. 
''El cielo qne cobre esos sepulcros 'ó «añones es d^ nua mezida 
^*mnj sólida de eal batida, del grne«o. algo menos de una cuarta. 
*^ÍM altura total de su profundidad sobre el nivel del terreno He* 
''ga hasta tres varas y tres onartiú»." (1) 

Este ejemplo de la seguyda clase difiere esencialmente del pri« 
mero. La eonstraecion en de piedras talladas, unidas con un 
mortero de ca); el monumento entero está resguardado con la 
misma argamasa; la cámara sepulcral no consta de piedras bru- 
tas, y se descubre el intento de formar los cielos á manera de 
bóveda: ya.es la obra pulida de ud arquitecto. Se diría al verlos 
que son los túmulos daneses, (2) aunque sin temor de errar, se 

paede asegurar que, estos americanos revelan mayores gasto y 
adelanto. 

Para nuestro objeto es inútil dar la descripciou completa de 
oada monumento, y basta con enunciar los caracteres principa- 
les; si el lector desea los pormenores, puede ocurrir á los libros 
especiales. Dos leguas al O. de Oaxaca^ sobre unas aUuras, se 
encuentran las fortificaciones de Monte Alvan; obra de los izo,- 
potecos.para defenderse de los mexicanoj»: encierran ciertos mo- 
numentos de feeha anterior. Por ejemplo, la. losa conmemorati- 
va allí existent % (3) grabada en bajo relieve, al parecer con sig- 
nos gráficos, es de un género de escritura completamente espe- 
cial, no tiene seme}anza con las figuras geroglíficas de las nacio- 
nes históricas; la forma, el dibujo, la distribución son absoluta- 
mente nuevos para nosotros, y. sólo le. encontramos referencia 
con las esculturas del Xochicalco. Allí mismo, sobre el punto 
más dominante^ se alza un túmulo de figura cónica, y 20 varas de 
altura; está atravesada por una galería recta de S. A N., de 26 
varas de largo, 2 de ancho, y 2 y media do. elevación^ cerrado el 
eielo por una bóveda elíptica. A la izquierda.de la entrada, so- 
bre losas de una piedra dura pulida, hay esculpidas cinco figú- 

(1) Amiquitíes Mezíeame& P*ri% 1834. Begittida «zpedidoa daL ofipituí Daptiz, 
lám. XVín, niÜD. 58 y 64. 

(2) liabbodc, pág. S6. 

(ft) Seguida «xpedickni da Dupaix, Um. XXI, niím. 54. 



366 

ras humanas. De las cuatro primeras, tres están éiy pié, y la otHi 
sentada; compL^tamente desnudas, llevan en la cabeza uniiooaálo 
semejante al egipcio, que podrá ser distintivo de dignidad ó da 
raza, obesos j de fisonomía particular, no son nipueden ser me- 
xicanos como asegura Mr. Lenoir, siendo absolutamente falsa en 
teoría, suponiendo fueran allí enterrados los rejes de México* 
El quinto personaje está sentado; cábrele la cabeza una especie 
de casquete, del cual pende un cordón ,& la parte posterior, y se 
distingue sobre el rostro una especie de máscara: á la izquierda 
y encima de la figura, se ve un grupo geroglifico, que podrá ser 
un nombre ó una fecha. Bepetimos qne estos signos nos son com- 
pletamente extraños, y bí la preocupación no nos extravía, deben 
ser tomados como muestras de una escritura antiquísima, ante-* 
rior á las tros de que dan testimonio los monumentos de nuestro 
país. (1) . ^ 

Cerca de allí hay otro túmulo, atravesado por una galería en 
dirección ^. S. revestida de piedras artísticamente labradas, ce- 
rrada por losas en ángulo ó caballete á la manera de las bóve- 
das del Palenque. (2) ''Otra construi^cion se halla, y es la prin- 
"cipal en volumen, complicación, orden y proporción geometri- 
^'ca. Consiste en una mole, túmulo ó cerro, fabricado artificial* 
"mente de piedra, arena, tierra y caL El plano exterior, ó la cir* 
^'cunferencia, denota la base de un cono, y el de su interior ern- 
"cífero, ocupa en la mayor parte esta fábrica central,- lo interior 
ó el sólido total que debemos suponer vacío. En el centro se 
halla una vivienda, habitación, morada» ó capacidad de plano 
"cuadrilátero; de cada lado nace un brazo ó galeiiaque se dirige 
'*á los cuatro vientos cardinales. Esta habitación sepulcral, que 
"por tal la contemplo, está terminada ó coronada por un cielo 
"semiesférico ó cónico. La interior está revestido de piedras es- 
"cuadradas. «.Su altura vertical, desde el centro del plano hasta Is 
"cúspide del cdnOi diez varas, la plazuela seis varas en cuadra 
"cada Itiraza tiene de largo diez varaa, su altura dos varas y má** 
"dia, de aiicho vara y media. Los cielos son semicirculares y %n 
''todo vestido de piedras escuadradas." (3) Estas obras, y otras 
pocas qne ajamos de mencionar, si* no. nos engañamos, dan tes- 

(1) Seg. Exped. de Dupaix, lám. XXU á XXIY, niím. 56 a 71, 

(2) ídem. lám. XXV, ntím. 72. 

(8) Loco. dt. lam. XXVIIl, úiíin. 77. 






967 

tímonio de un pneblo diverso del tzapoteco y del mixteeo, mnj 
ad<=^lautado en ciyilizAcion, con nocipnes a^trondmioas, y una es* 
eritnra primf^a, ahora desoonoeidA. 

Cerca de Zaachil% antigua capital de los reyes iBapoteoos, hay 
mnliltad de taamloa oouicos, conteniendo osamentas humanas^ 
ídolos^ restos de oevámiea, y cosa muy digna de notar, ladrillos 
cocidos de garandes dimensiones: en la falda de uno de los moun^ 
mentos, sobre un peiíasoO) está grabada en hueco la planta de ua 
pié enorme. En nuestro concepto, el principal descubrimiento 
alli.Terifíoado consiste en una lámina conmemorativa, de piedra 
pesada y dura, tres cuartas de largo, una tercia dé ancho y tres 
pulgadas de grueso. Ocupa el centro una especie de altar, com- 
puesto de una barra sosteniendo una figura en líneas rectas, for* 
mando dibujos que recaerían las ventanas en forma de cruz del 
Palenque; encima hay un símbolo remedando el oe acaü de las 
anotaciones cronológicas de los mexicanos, y padece confirmarlo 
el circulo de arriba, que debe ser el numeral uno. A ambos lados 
del altar se hallau dos personajes; los cuatro tienen vuelto- el 
rostro al punto central, esb;tn desnudos, y sentados con las pier- 
nas cruzadas á la manera oriental; el tocado es diverso al usado 
por las'*nacioues de Anáhuae, notándose que la primera figura á 
la izquierda presenta una especie de turbante rematando en los 
hojas de una planta, diversa sí, pero tal vez en relación con la 
representada en el altar: la barba y el bigote del personaje acu- 
san |ina .costumbre totalmente diversa á la de las naciones ame- 
ricanas. El ave posada sobre la cabeza de la segunda figura, se. 
me ja más i ana paloma quezal cohbii reverenciado por los^me^ 
xi. £1 segnndo individuo á la derecha paipeée- empuñar una^espi*^ 
ga, que pudiera se?: la masoTca del maíz, ó bieii> el minhuaÜ te^ 
minal de' la planta; (1) Abstirdo sería lanzarse á los «spacios imar 
ginarioSipara desoifrarv ki Iápid«; creeinos,!BÍn embargo, que en lo 
absoluto es iáscripéion taapoteoa^ó mejicana; es de una civiliza* 
eion totalmente diversa, coa semejanzas' ala délos pueblos orien- 
tales. . ■'■•.. í '*' •■ • » ^ ' . - í 

£n la parroquia dd^l mÍHm»>!Zaaebila exísteotre^ fosas con ba- 
jos relieves; la mayor, simplemente ornamental, ofrece entre sus 
dibujos la especie de adormidera con qucrloa^piudbÑlos dé Qrién- 



(0 Se^rmáa ezpcd. lánuA niíxxL 98. 



ji 



3fl8 

te. representan el loto sagrado: bu las otras dos descabrimoa el 
género de escritura de M.oQtp Al van. (1) 

De los objetos hallados en a<)>iielloa túmulos^ los unosson iza- 
potemos, los otros esencialmente diyersos. Llaman la atención 
estas palabras de Dopaíx: (2) — '^Eu el mismo p;rupo dé* cerros le~ 
▼antadüS ^^mano, se encontró en nn subterráneo ó -sepalcro y á 
poca profundidad, una hilera de calaveras puestas cada una en 
un plato de un tamaño regular, el que hará ver sui dibujo; tenien- 
do este plato otra cabecitp. artificial sin adornos ni orejas que ha* 
ce cuerpo (xni él: el cabello suelto ^tendido horizontalmente }iá- 
oia dtras/' Xta costumbre de conservar el cráneo la observi^mos 
ya en Chápala y en Teotihuacan. £1 pueblo de Za^ichila, ante-t 
rior sin duda á los tzapotecos» ¿sería de la misma raza, ó pro£e« 
saría las mismas costumbres de aquellos? ¿La& cabecitas de bai- 
rro tendrán el mismo objeto de distinguir las razas en Zaachila 
y en Teotihuacan? 

Las pirámides no fueron sólo de tierra, existiendo dos ejem- 
plos notables délas de piedra labrada. La de Papan tía, 2 ie- 
gu&s al O. de la población del mismo nombre. Estado de Yera. 
cruz, fué descubierta por D. Diego Buiz en el paraje dicho en to« 
tonaco Tajin, rayo ó trueno. — ''La pirámide de Papantla, dice 
Humboldt, (3) no. está, construida de adobes ó de barro mezclado 
con piedras y revestida de una capa de amigdaloidea, como laa 
pirámides de Cholula y d^ Teotihuacan; los materiales emplea- 
dor en ella consisteü de inmensas piedras porfiriticas talladas, 
uni^HS por medio de mezola. Menos noéable es el edificio por su 
tamaño que por su disposición, el sumo . pulimento de las pie- 
dras, y la regularidad del corte; la base es cuiadrada de 25 me- 
tros por lado, la aHura< perpendicular sólo llega á 16 ó 20 metros* 
Elimonumenbo, Qomo. todo^ ios teocalli mexicanos, se compone 
de varios pisos; se le distinguen seis y se oree; que el sétimo es- 
tá oculto por la vegetación jSK^un^nUda en la base. Una gran es-, 
olleta de 67 gradto conduce á la cima iruncada,; l«gar donde áo 
practicaban los sacrificios de víctimas humanas; á cada lado de 
la principal boy otra pequeña escáleray estando los revestimien- 

(OlUd. lám. III, aiím. 101. 

(2) Idam. lám. LIX, niíin. 113. 

(8) Eani PoUtíque, pág. 274. . - . , . 



869 

toB llenos de geroglifiooSi e^tre lus cuales eon reconocibles ser* 
pientea y cocodrilos esculpidos en relieve Cada piso presenta 
gran número da nichos cuadrados, distribuidos sistemáticamen- 
te; en el primero ^se cuentan.^ á cada lado, en el segundo 20, en 
el tercero 16; el total sube á 366 en el cuerpo de la pirámide, y 
á 12 en la escalera del E. El P. Márqpez supone que jdl número 
378 se refiere al sistema de calendario de los mexicanos, y cree 
que en cada nicho estaba repetida una de las 20 figuras, que en 
el lenguaje geroglifico de los toltecas servían de símbolos para 
designar los dias del año común, y los intercalares al fin de los 
ciclos: en efecto, el año se componía de 18 meses de 20 dias, re- 
sultando 360, á los que, según el modo egipcio, se añadían los 
cinco intercalares ó nemontemi; la intercalación tenia lugar cada 

52 años, aumentando al ciclo .13 dias, de donde resulta. . -. 

360+6+13 = 378, signos simples ó compuestos de los dias del ca- 
lendario civil llamado cempohiiaUhuitl ó tonalpohtuíüi, para distin- 
guirlo del cemWiuiÜapohiiálizUi 6 calendario ritual, usado por los 
sacerdotes para indicar los tiempos de los sacrificios.'' — ^Esta pi- 
rámide, que se dice obra de los totonacos, corresponde á los tiem- 
pos Históricos. (1) / 

Seis leguas al 3. del antiguo Cuanhuahuac (Cuemavaca, Esta- 
do de Morelos), se encuentra una colina aislada, según las medi- 
das barométricas de Álzate, de 101 varas de altura sobre la super- 
ficie del suelo; la circunferencia inferior está rodeada de un pro- 
fundo y ancho ioso, y la falda dividida en aneo terraplenes de 
alturas desiguales, sost^iidós por cortinas de mamposteria, in- 
clinadas al KE., á fin de proporcionar escuxrimiento á las aguas 
pluvialea Sobre la caora superior se extiende un espacio cua- 
dxangular, según las medidas de Dupaix 89 varas de N. á S. y 
102 de E. á O., señalado por un muro de 2 varas de alto y una 
da ancho, de grandes poedrM labradas á escuadra. Sn el centro 
se alzan loe restos de una pitámide cnadra&gular, 26 varas en la 
oanwdel K. y 22 en- la del E.: lo ahora existente es el primer 
cuerpo, compuesto de una basa en declive 6 tiilud, encima el fri- 
so yertical, terminando por una corniza saliente, construido el 
todo de piedras paralepípedas, de uno á cerca de dos metros de 



(1) I>iic aotíolii Monimienti di aiohitettax» meancanai illiuteti da D. Sietro Mir- 

qoaz, Soma, Presso fl Salomom, 180^. 

47 



370 

largo, cortadas á escuadra, j tan finamehte pulidas que para unir- 
las no ha sido menester en muchas partes argamasa ni betún; so- 
bre las caras, donde no se hacen muy notables las junturas de 
las piedras, se distioguen grandes bajos relieves de hombres, ani- 
males, símbolos y dibujos ejecutados con primor, y según toda 
apariencia cuando los muros estaban terminados. (1) Diversos 
túmulos de piedra y tierra se observan al rededor del monumen- 
to, el cual parece haber estado pintado de bermellón. 

En los dibujos de Castañeda se notan los^ restos de un segun- 
do cuerpo: refiere Álzate que cuando' visito las ruinas en 1777, se 
le informó, que pocos años antes aún todo el monumento estaba 
en pié, y había sido destruido porque los bárbaros dueños ó ad- 
ministradores de las haciendas de azúcar inmediatas, necesitan- 
do piedras, para sus hornillas, emprendieron una bandálica mu- 
tilación. Álzate restaura la pirámide, dando un dibujo en la lám. 
in, núm. 2; pero lo hizo á nuestro entender con tan poco tino, 
que sólo sirve para desorientar á los poco precavidos. El vulgo 
llama al lugar Xochicalco, de xochitl, flor; calli, casa, y el afijo 
de nombres geográficos oo, en; en la casa de floi^s: dícenle igual- 
mente Castillo de Xochicalco. 

Eq la parte boreal de la colína, debajo del primer terrado, se 
halla la entrada á un subterráneo escavado en la roca viva,, con 
los pisos de mezcla pintados de almagre, las paredes reforzadas 
con mampostería y' encaladas, y los cielos sostenidos por bóve- 
das. Las galerías menores miden de anchó 0,"838 y de altura 
Im 666; la entrada franquea el paso á un pasadizo recto en di- 
rección N. S.; terminado por un espacio cilíndrieo, ahora des- 
truido, que servía de respiradero 6 ventilador á unos 4 metros 
de la entrada, corriendo de E. á O., arranca otra galería, en cu- 
yo teriúino se presentan á ella perpendiculares dos pasillos pe- 
queños, dando entrada á una. sala cuadrangular de unos 12 me- 
tros de largo por 10 de ancho, sostenida la bóveda por dos sie- 
sos pilares dejados aislados en la éBcavacion: en el angula iz- 
quierdo de la casa hay otro ventilador, de bóveda cónica en pie- 
dras talladas regular y científicamente. 

* '. 

(1) Vues des Cordilléres, tom. I, pág. 129 y sigs.— Primera expedición de Dupaix 
am. XXXI y XXXn, ndm, 83 á 86.— Deseripoion de las a&tígüedadss de Xoehioal- 
00, por D. José Antonio Álzate. México, 1791. 



/ 

i 



371 

Álzate j Dnpaix dicen ser dé mexicanos esta obra. Hnmboldt 
refiere la opinión de quienes la atribuyen á los toltecas; i>ero, co- 
mo juiciosamente observa, ''esta nación es para los anticuarios 
mexicanos, lo que los colonos pelasgos fueron por mucho tiem- 
po para los anticuarios de Italia; todo lo que se pierde en la no* 
che de los tiempos se atribuye á aquel pueblo, en el cual se cree 
encontrar los primeros gérmenes de la civilización.*' Véanse las 
láminas sin ideas preconcebidas; y fácilmente se notará que ni 
los relieves ni los geroglífícos, ni la arquitectura, ni los materia- 
les, ni la ornamentación, ni nada se parece á sus congéneres en- 
tre mexicanos y tzapotecos. En la parte subsistente del monu- 
mento se notan proporciones calculadas, formas correctas, con- 
junto grandioso. Las figuras humanas están sentadas con las 
piernas cruzadas á la manera oriental, mientras en las pinturas 
mexicanas están siempre en cuclillas. A lo que de pronto puede 
ocurrir, las dos figuras inferiores por el tocado, la posición y los . 
signos simbólicos que las acompañan parecen ser dioses; los dos 
cocodrilos de los extremos pudieran muy bien ser dragones fan- 
tásticos, arrojando fuego ó humo por las fauces: allí se ve tam- 
bién el terrible símbolo de la serpiente; común á pueblos ameri- 
cano y asiáticos. Los relieves del friso parecen referirse á una 
dinastía 6 serie de reyes 6 señores, con sus nombres geroglífícos; 
el del penúltimo hacia la derecha está compuesto de un peque- 
ño círculo dividido en cuatro partes iguales por un diámetro, y 
la mitad de un exágono; los mismos dos signos van repetidos en 
los otros nombres, acompañados* de caracteres ya iguales, ya di- 
versos. Salta á la rísta el intento de una éí^critura, vulgar ó mí« 
tica, sin punto alguno de contactó con las escrituras gráficas dé 
los pueblos históricos: si alguna relación existe, es con las escul- 
turas de Monte Alvan y de Zaachila, con las' cuales forma tipo 
particular. 

Aquel era un templo consagrado á deidades desconocidas; en 
el subterráneo tenían lugar las iniciaciones ó la parte del culto 
prohibido á los profanos; los túmulos servían dé sepulcro á je- 
fes y sacerdotes, los terrados y murallas lo convertían en pode- 
rosa cindadela: era, pues, un santuario reverenciado, cuyos se- 
ñores temían los ataques de un pueblo pujante. Templo, sepul- 
cro, fortaleiza, tal vez observatorio astronómico, cumplía con sus 
múltiples oficios, á la manera del monumento de Beal Berith en 



372 

ijenas de Canaam. Alrededor de la colina debió alzarse tina 
dudad populosa, metrópoli de una grau colonia. El pueblo ea- 
tuyo muy adelantado en ciyilizacioni á juzgar por lo ejecutado en 
en- la arquitectura y en las artes de ornato; la piedra de que es- 
tá cpnstruido el edificio no se encuentra en nftichas leguas á la 
redonda; las rocas labradas son de dimensiones colosales; mucho 
se sabía en materia de mecánica para trasportar esas moles de 
lugares distantes, subirlas a la cumbre de la colina, y colocarlas 
en el sitio requerido. En las pinturas egipcias se ve la muche- 
dumbre arrastrando sobre rodillos las grandes estatuas de Mem- 
mon, subiéndolas á las alturas donde han de colocarse por me- 
dio de rampas; aquí el procedimiento debió en parte ser idénti- 
co, y en lo demás venció la ciencia las dificultades que no es da- 
ble allanar á la sola fuerza bruta. Admira que sin instrumentos 
de hierro se puedan escavar galerías en la roca viva, y más aún 
revestir de mampostería las partes fiacas de la obra, formar co- 
lumnas para sostener la techumbre, hacer verdaderas bóvedas 
desconocidas á los mexics;nos, tallar piedras para dar á los res- 
piradores la forma cónica: aquellos arquiteotos en lo absoluto 
fueron aztecas, no pertenecieron á ninguna de las naciones his« 
tóricas. Entonces, ¿cuál es su nombre? ¿En qué época existió? 
¿Por cuáles vicisitudes atravesó para perderse en la noche del 
olvido? A nada sabemos responder; presumimos que esa (¿vili- 
zacion procedía del Oriente, que existió en tiempos muy remo- 
tos; que desde entonces muchas hojas del libro de la vida se lle- 
naron con las evoluciones cumplidas por la humanidad; que una 
invasión bárbara derribó al dios del santuario, arrojó á los gue- 
rreros de la fortaleza, expulsó al rey del palacio, al pueblo de su 
metrópoH, cayendo todos bajo los golpes del conquistador ó hu- 
yendo delante de su empuje para incógnitas comarcas. 

Quedan rastros de pirámides, teooallis y túmulos eü el jpaía 
montañoso del Estado de Yeracruz, entre el Cofre de Ferote y el 
Pico de Drizaba, encerrados en fortificaciones inaccesibles, den- 
tro de campo cercado por las márgenes acantiladas de los ríos y 
de las barrancas. Obras son^ generalmente hablando, de los pue- 
blos históricos; pero junto á los modernos hay otros edificios que 
por su carácter revelan pertenecer á distintas civilizaciones, que 
las tribus modernas encontraron ya fabricadas, y dejaron en pié 
por respeto á su antigüedad. Aqui y acullá asoman los túmulos» 



873 

conteniendo \ok nnos esqueletos, trastos de loza, pnntas de fle- 
chas en obsidiana, j huesos que pai^ecen del huajolote (huexóloU) 
señalando una primera época, más moderna, sin embargo, que la 
de Casas grandes, y en que se encuentran vestigios de los anima- 
les domésticos; y los otros túmulos presentan urnas funerarias» 
con cenizas y huesos humanos calcinados. 

"Hemos visitado, dice D. Carlos Sastorius, (1) algunas de estas 
fortificaciones antiguas en los cantones de Córdoba, Huatusco y 
Coatepec; algunas son casi inaccesibles, y su entrada se consigue 
sólo con escaleras y sogas. Tienen el carácter común, que á más 
de servir para la defensa, encierran un número de edificios des- 
tinados para el culto, teocallis y vestigios de edificios de mucha 
extensión, como viviendas, cuarteles, y tal vez palacios de los 
sacerdotes ó caciques. En algunas se encuentran manantiales y 
restos de estanques grandes, artificiales; en otras, cañeriiis de cal 
y canto^ para introducir el agua de manantiales distantes." 

"En la cordillera de Matlaquahuitl ó del Gallego, sierra cal- 
cárea que corre de N. á S. desde el rio de Jamapa hasta San Joan 
de la Punta, existen varias, según el testimonio de cazadores que 
penetraron el monte espeso de la sierra, hallando grandes ruinas 
de piedra labrada, esculturas, &c., &0." 

''En la falda oriental del volcan de Drizaba, en los espinazos 

que bajan hacia los pueblos de Calcahualco y Apatlahua, hay dos 
castillos antiguos de que tengo noticia hace doce años, sin haber' 

tenido oportunidad de visitarlos. Últimamente se. dio noticia en 
un diario de Jalapa, sobre el fortín de Calcahualco, que contiene, 
á más de fortificaciones, varias pirámides y un depósito de cadá- 
veres momificados." 

"A tres leguas de Huatusco, en un despeñadero espantoso, en- 
tre dos barrancas, hay un castillo muy interesante, con torres y 
teocallis, parecidos á uno de aquellos de la Edad Media de 
Eurcpa." 

Hasta aqui el Sr. Sartorius. Ignoramos cuál sea lá semejanza 
que pueda caber entre una fortificación azteca y las de la Edad 
Media europea. En el lugar del antiguo Cuauhtocheo (Huatusco), 

(1) Fortifieaoiones antiguas, (Estado de VencnuB}. Boletín de la Soc. de Geog. j 
Estad. Segunda época. Tom. I, pág. 820. 



374 

existía una pirámide de tres oaerpos, en piedra lábradaí con ana 
escalera hasta la plataforma superior, en la cual se alAha un 
santuario cerrado, sostenida la techumbre por tres pilastras; la 
forma recuerda las estructuras del Palenque, y las columnas ale- 
jan el monumento del carácter mexicano que pretende fijársele, 
una de las esculturas allí descubiertas, por la limpieza de eje- 
cución, el tipo del rostro, la regularidad de los ador úos, y lo ori • 
ginal del objeto, vienen á confirmar el anterior aserto. Si en otro 
sitio hubiera sido encontrada la escultura, se le tomaría por una 
divinidad fecunda de la teogonia'egipcia, ó por uno de los mitos 
nebulosos del culto de Budha. (1). En tierras de la hacienda de 
San Antonio, cerca de Chalchicomula, hay una pirámide del gé- 
nero de la anterior, sólo que, cuando Dupaix la vi6, tenía de me- 
nos el santuario. (2) 

De la fortaleza de Centla, orillas de la barranca de Chavastla, 
al N. de Huatusco, casi nada^queda en pié de sus pirámides, gran- 
des edificios de piedra labrada y prolongadas fortificaciones; ta- 
lado el terreno para formar sembrados de tabaco, fueron derri- 
badas las obras para formar las chozas de los plantadores y los 
corrales para las béstias.f Al N. de Centla, y en las reuniones de 
las barrancas de Xicuintla, Chistla y otras, hay varias fortifica- 
ciones sin faltarles pirámides y túmulos. ~ Plaza muy importante 
fué la de Tlacotepec, pues sus murallas, trabajadas con arte, se 
extienden por gran trecho cubriendo una ciudad populosa. En las 
dos fortificaciones llamadas de Palmillas, fuera de los restos de 
pirámides y viviendas, se noto un acueducto de cal y canto de más 
de una legua de extensión. Las ocho ó diez leguas cuadradas re- 
gadas por los arroyos que nacen entre los puel3los de Pozojapa y 
Jolutla, están cubiertas de ruinas; allí están las ile Calcahualco, 
y como á una legua al SE., en el fondo de una barranca, un gran 
monumento de piedra labrada, del que á la orilla del agua queda 
un fuerte muro sosteniendo una línea de columnas monolíticas á 
nueve pies de distancia una de otra. En el potrero de Cozoquitla 
abundan las pirámides y los túmulos; de uno de los menores, exa- 
minado por el Sr. Sartorius,*dice: — "La construcción era bien ra- 
ra. El núcleo formaba una caja de dos varas de largo y una da 



(1) Fjímera exped. de Dupaix, lám. IX y X, núm, 9 y 10. 

(2) ídem. lÁxú, Xn, niim. 13. 



875 

anchoy qae contenía nn esqueleto hnmano muy deBcompuesto, 
7 onos trastos de barro (cajetes) como hoy los labran todavía loa 
indígenas de Talcomnlco. El contenido de estos eran puntas d& 
flechas de obsidiana y nnos huesos crurales de ave (huajolote)r 
La situación del esqueleto era de S. á N. La tapa de la caja era 
de lajas grandes, y todo el exterior tenía su revoque de mezcla 
fina. Sobre este núcleo se formó la pirámide toda de mezcla y 
piedra, pero en diferentes capas; así que cada una tenía su revo- 
que separado, y estos cuerpos correspondían á los escalones de 
la pirámide. Al Poniente no}faltó la escalera para subir á la pla- 
taforma." (1) — En la hacienda de Tuzamapan, había ruinas im- 
ponentes por su belleza, según los antiguos refieren, y fueron 
arrazadas para tomar la piedra y construir el Puente del Bey, 
ahora Puente Nacional. 

La zona de que acabamos de hablar, recuerda las fortificaciones 
esparcidas por las afluentes del Mississippi, si bien las de nues- 
tro país pertenecen á época de mayores adelantos, así en el arte 
de la guerra como en el de la cástrame litación. Parece que desde 
tiempos remotos aquellas montañas sirvieron de abrigo á ciertas 
tribus emigrantes, que en seguida tuvieron que defenderse con- 
tra las irrupciones de los pueblos, impulsados de N. á S. por el 
movimiento general 

El tipo del teocalli es invariable, constando de diversos pisos 
superpuestos en diminución de abajo á arriba, rematando en una 
cara plana, á la que se sube poruña «'v^i-vr'rt; la re^^cla pí**""""' 
presenta excepciones dignas de notar. Cerca del pueblo de Teo- 
pantepec. Estado de Puebla, sobre una cumbre, se alza una pi- 
rámide de cuatro pisos, de piedras labradas á escuadra, unidas 
con cal; mide 18 varas de largo en la base y 24 de altura. La es- 
•alera corre por las caras laterales, dividida en cuatro fraccio- 
nes. (2) Poco más ó menos eu esta forma describe Clavigero el 
templo mayor de México, alejándose de la verdad por f andarse en 
la estampa de fantasía de la relación italiana del Conquistador 
anónimo. 

Tres leguas al O. de Tehuantepec yacen las minas de una ciu- 
dad. Queda bien conservada una pirámide de cuatro cuerpos, 

(1) Loco dt. 

(2) Primen ezped. de Dupaiz. Lám. lü, mím. S. 



Í76 

orientada, de cal y canto, revestida por nna capa de mezda de 
cal, arena y almagre: tres escaleras lleran á la plataforma, la prin- 
cipal al O. y dos laterales al N. y al S. Sobre el segundo cuerpo 
fueron empotradas losas, dejando una cabeza saliente, formando 
cuatro hileras regulares, de cinco en cinco. Dupaix opina tenían 
el objeto '^de sostener teas encendidas, 6 cabezas humanas de los 
sacrificios;" paréoenos colegido por el número 20 de las losas en 

, oada compartimiento, igual al de los días del mes, que más bien 
ae trata de perpetuar alguna cuenta del calendario como en la 
pirámide de Papantla, cosa que podía ponerse en claro sabiendo 
el total de losas en todas las caras. (1) Allí mismo hay otro teo- 
calli de forma semejante á un casco esférico, sosteniendo un se- 
gundo cuerpo paralepípedo; la escalera principal mira al Orien- 
te, y la acompañan dos laterales al N. y al S. Los materiales son 
idénticos á los del anterior, observando Dupaix que — "El aspec- 
to que presenta el segundo alto es digno de nuestra admiración; 
vemos dos frisos paralelos con sus molduras cuadradas, las que 
encierran unas losas grandes de mármol blanco escuadradas, en- 
riquecidos de geroglíficos- en relieves, pero ya muy deteriora- 
dos/' Si los dibujos al pie de la estampa son copia de aquellos 
geroglíficos, sin temor de equivocarnos, se puedo asegurar, que 
fuera de los puntos, que pueden ser anotaciones numéricas, les 
signos son diversos de los mexicanos, tzapotecas jr palencanos,.y 

. corresponden á los de Xochicalco. Parécenos también, que este 
teocalli es correlativo y complementario del anterior, estando 
destinados ambos á perpetuar el conocimiento del calendario usa- 
do por el pueblo constructor. Una tercera pirámide es do forma 
cónica, con ocho pisos, y por último, hay una cuarta construcción 
asumiendo la forma de un trozo de cilindro. (2) 

Las ruinas de Mictlan están situadas en un país desolado y 
árido, 10 leguas al S. E. de Oaxaca, camino para Teliuantepec. 
Mictlan, en mexicano, contracción de midlanti^ significa infierno 
y también mansión de los muertos; la palabra tzapoteca que le 
corresponde es Yoopaa, que quiere decir tierra de sepiú^cros. Se- 
gún consta por las mejores autoridades, en aquel lugar se con- 

(1) Tercera exped. Lám. III, niím. 6. 

(2) Loco cit. Lám. V, niím. 8 y 9. 



377 

servaban los restos de los principales teapotecos; los soberanos 
de aqnel país^ en ciertos tiempos presói^itos por la religión ó á la 
muerte de alf^nno de sns próximos parientes, se retiraban á este 
Ingar para entregarse á prácticas devotas y desahogar el dolor 
qne les atormentaba: una Orden de sacerdotes estaba encargada 
de los fúnebres aposentos, teniendo en ellos constante morada. 
Los palacios de Mictlan méreeeii este nombre en la parte qne 
tienen de habitacionies; en general son más bien templos, bajo 
nn tipo absolntamente diverso al de loa teocalli. La constrnc- 
don de las paredes consta de nn núcleo de tierra, al cna'l están 
pegadas peqneñas piedras cuadradas en forma de mosaico, lle- 
vando esculpidos adornos complicados y primorosos, en labores 
llamadas por los arquitectos grecas, meandros, laberintos y ara- 
béseos. Estas decoraciones de lineas armónicas y correctas se 
parecen- á las usadas en la Oran Grecia y entre los romanos, aun- 
que, como observa Humboldt, '^semejantes analogias nada prue- 
ban acerca de antiguas comunicaciones de los pueblos, pues en 
todas las zonas el hombre ha producido una repetición rítmica 
de las mismas formas, repetición constitutiva de lo que vaga* 
mente llamamos grecas, meandros y arabescos." Llama la aten- 
ción que en los grandes salones de los templos, quedan todavía 
enhiestas columnas de pórfido monolíticas, sin basa ni capitel, 
redondeadas en la parte superior, destinadas á sostener la te- 
chumbre. "LaS columnas, dice el repetido Humboldt, anuncian 
laánfancia del arte, y j^on las únicas que se hayan encontrado 
hasta ahora en América." Verdad era esta en los tiempos del 
sabio barón; ahora las columnas han sido vistas en otros monu- 
mentos. 

Befíere la historia que Ahuitzotl, antecesor de Montecuhzoma 
I n, se apoderó dos veces de Mictlan; los sacerdotes de Yoopaa 
quedaron muertos en la batalla ó fueron conducidos á México 
para ser sacrificados en las aras de Huitzilopochtli; el hdyatao 6 
pontífice desapareció con toda su familia, y los guerreros vence- 
dores quemaron y destruyeron los santuarios, según costumbre. 
De entonces data la ruina de templos y palacios, después no re- 
parados completamente por los tzapotecos. La destrucción, pues, 
corresponde á los tiempos históricos, y he aquí la razón de no 
conceder t aquellos monumentoe una gran antigüedad. 

Sin embaído, nos ocurren algunas reflexiones contra menasje- 

48 



378 

te conclusión. El templo cerrado, gin más las qne la recibida por 
las pnertos formadas 'sobre pilastras macizas de piedra, parece 
ser un reflejo de las construcciones palenoanas, conjfirmando la 
semejanza el terrado que sostiene el templo y las escaleras que 
lo franquean. Las excavaciones subterráneas recuerdan á Xochi- 
calco, y la forma cruciforme, de aquellas criptas no pertenece 
en lo absoluto á la civilización azteca. La columna monolítica es 
propia del Zape de la Quemada, de algunos lugares en Yeracruz, 
y aquí viene á tener su mayor desarrollo. Falta el teocalli, y 
subsiste el túmulo en su mayor perfección. Todo ello nos hace 
congeturar que, como aconteció^ en Teotihuacan y en ChoIoUan, 
en Yoopaa existió un venerado santuario de los tiempos prehis- 
tóricos, del cual se apoderaron los tzapotecas al establecerse en 
la comarca, lo apropiaron á su culto dejando tal vez los antiguos 
dioses, reparando y embelleciendo las obras sin alterar el plan 
primitivo (1). 

Procedente de Oaxaca hemos visto un objeto curioso. Es una 
costilla fósil de elefante; en el un extremo está bien esculpida la 
cabeza, ál parecer de una víbora, si bien hacen dudar las dos 
grandes orejas que la acompañan, y las dos manos terminadas en 
cuatro dedos, insertas inmediatamente sobre el cuello: el extre- 
mo opuesto lleva labores formando la cola del animal. La parte 
exterior convexa, esta dividida simétricamente por ranuras ver- 
ticales, dejando salientes redondos, mientras en el interior las 
incisiones son planas y en menor número. £1 fósil es antiquísi- 
mo; la obra moderna, y correspondiente á los tzapotecas históri- 
cos. Según las señales de fricción allí observadas, sirvió á no 
dudarlo de instrumento músico, raspando con palo ó hueso so- 
bre el saliente de las ranuras, ala manera practicada todavía hoy 
por los negros. La clasificación del reptil nos parece difícil, y 
no resolvemos decir sea del todo mítico ó fantástico. Álzate (2) 
menciona la culebra bimana traída de Tanoítaro, remitida por él 
al conde Buffon, y colocada por éste como intermedio entre la 



(1) Margoía, Bol. de la Soo. de Qeogr., tom. VIL pág. 170.-— Mendieta, Hist 
eeles.^ pág. 89¿. — Borgoa, Descripción geográfica, tom. ü, pág. 259. — Humboldt, 
Vues des CordiUéres, tom. II, pág. 278. Essai politique, pág. 263.— Dapaíx, segun- 
da expedición.— La Ilnsteaeion meiioana, tom. n, pag. 493, Ae., &o., ftc 

(2) Gaceta de literatura de 21 de Setiembre de 179a Kiim. 2, pág.. 18. 



379 

culebra y la lagartija: hemos visto ejemplares de la misma espe- 
cie hallados en el Estado de Paebla, conservados en n^a botica 
de la ciudad: no sería extraño que vista por los tzapotecas aque- 
lla rareza, la quisieran perpetuar en su escultura. La culebra 
bimana, sin embargo, carece de orejas tan pronunciadas. Otra 
notable particularidad es, que la espina dorsal y las costillas van 
señaladas cual si el ahimal estuviera despojado de piel y de car- 
ne para enseñar el esqueleto desnudo: en el Museo nacional exis- 
ten un coyote y una vibora en piedra; aquel con los remos cual 
si fuera vivo y el cuerpo descarnado; ésta con los huesos desnu- 
dos de la espina, siguiendo ambos el mismo pensamiento. Na 
alcanzamos la significación de ello. Vimos también otro ejemplar 
idéntico, quebrado por el medio en costilla fósil de elefante, los 
dos ex^ la colección del Sr. Chavero. 

Vamos á terminar lo relativo á esta región central, dando al- 
gunas noticias acerca de la pipa. Lubbock (1), refiriéndose á los 
E. U., asienta: — "Las pipas son tal vez las muestras más carac- 
terísticas dé la antigua cerámica americana. Algunas constan de 
sólo la chimenea, semejantes á las pipas comunes, de las cuales 
difieren en carecer del tubo; aparentemente se aplicaban los la- 
bios directamente á la chimenea. Otras hay muy adornadas, y 
muchas representan monstruos ó animales como el castor, la 
nutria, el gato salvaje, el ciervo, el oso, el lobo, la pantera; el 
ratón, el opossum, la ardilla, la morsa, el águila, la lechuza, el 
cuervo, la golondrina, el perico, la zorra, el gallo salvaje y mu- 
chos otros. Lo más interesante es la copia de la morsa, de la cual 
se han encoQtrado siete en los terraplenes del Ohio, y no son es- 
culturas groseras acerca de las cuales pueda caber fácil engailo» 
''la cabeza truncada, el hocico grueso semicircular, las narices 
singulares, el labio superior saliente y arrugado, los pies ó ale- 
tas propias, los bigotes notables, todo está claramente indicado 
y hace reconocer inmediatamente al animal." (2) La morsa se 
encjientra en nuestros dias más allá de las costas de la Florida, 
es decir, á mil millas de distancia." 

No obstante no corresponder á los pueblos históricos del Va- 
lle, las pipas se encuentran con frecuencia en túmulos y escava- 

(1) Pág. 208. 

^2; Sqnier and IHitú, loeo di. pág. 262. 



380 

ciones, asumiendo diferentes formas. De las que á la vista tene- 
mos, una, provenida de Oaxaca, de barro color de ocre oscuro, es 
casi idéntica á las modernas; la chimenea de gran tamaño y las 
dimensiones del tubo, indican que el tabaco se colocaba picado, 
y se aspiraba el humo chupando entre los labios. La sacada en 

las obras del desagüe de Tequixquiac, es de barro negro con 
barniz rojo; el corto diámetro de la chimenea demuestra, que las 

hojas de la planta se colocaban enrolladas como en el acayeü. La 
encontrada en Teotihuacan, parece corresponder á la misma cla- 
se. De procedencia desconocida son dos en pizarra; perfecta- 
mente trabajadas, formando grupos de hombrea y pájaros fan- 
tásticosi tienen un tipo especial que no creemos pertenezca al de 
ninguna de las naciones históricas: la chimenea es estrecha, dd 
manera que podría recibir más del extremo del rollo de las ho- 
jas; la parte del tubo termina en una cara plana, extensa, para no 
poderla meter en la boca, indicando que la punta de los labios se 
ponia en el agujero, y se aspiraba con fuerza el humo. La chi- 
menea de una de ellas, no es cilindrica, sino oval. £1 conoci- 
miento y el uso del tabaco en la región central, corresponden á 
los tiempos prehistóricos remotos; la pipa es anterior, con mu- 
cho, al establecimiento en el Valle, de las naciones de raza na- 
hoa, y las diverjas formas de las pipas acusan diferentes mane- 
ras de fumar; según las hojas de la planta, se colocaban enteras y 
enrolladas, ó deshechas: modas sacadas por diversos pueblos, 6 
en tiempos apartados. 

En el Museo Nacional se cbnservan diferentes tipos de pi- 
pas. Sacadas del rumbo de Aztcapotzalco, hay dos; la primera, de 
barro negro y barniz del mismo color, ofrece la chimenea en for- 
ma cilindrica muy prolongada, mientras la seguhda, de material 
idéntico á la del desagüe, es ancha en la parte media y más an- 
gosta á los extremos. Otras, pertenecientes al Valle, llevan la chi- 
menea casi esférica, aunque con ciertas variaciones en los ejem- 
plares. En general presentan pocos adornos, si bien se notan*al- 
gunos fragmentos de barro blanco y fino, con decoraciones de 
rostros y dibujos de buen gusto. 

Terminamos el capítulo segundo, deduciendo por las armas, 
y los instrumentos de piedra y de hueso de los pueblos salvajes 
actuales, cuáles debían ser las costumbres de las tribus prehis- 
tóricas colocadas en idénticas condiciones. El método allá adop- 



381 

todO| faé.proeeder de lo oonooido ¿ lo desconocido^ de lo menos á 
lo mia remoto. Aplicando alupra el mismo principio, trataremos 
de encontrar cnáles erap las ideas doxplnantes del hombre an- 
tehistórico en nuestro. yaSs, .manifestadas por las obras de su 
mano. 

Nos parece evidente qne la humanidad entera, sobre todo 
en tiempos de poca cultura industrial, dirige el esfuerzo de su 
trabajo, á las cosas que le parecen útiles, y de las cuales saca 
ciertos provechos en consonancia con su modo de ser. La repe- 
tición constante de la misma obra, demuestra que corresponde á 
una idea dominante en el constructor, á una preocupación del 
entendimiento del pueblo, á quien pertenece, siguiendo un rum- 
bo constante. Así las armas primeras y primitivas, muestras de 
la existencia del hombre sobre el globo, nos revelan el estado 
salvaje de las familias, su idea predominante de reduplicar sus 
fuerzas, su necesidad de combatir contra los grandes mamíferos 
de la época cuaternaria y contra el hombre mismo, y proveer á 
su subsistencia, dando muerte á los animales. De aquí en último 
análisis, la significación dada á las armas de piedra bruta, de si- 
les no pulido, de las ideas de la guerra y de la caza. Este es el 
primer punto de partida conocido» que podemos señalar á los 
habitantes de México. 

Pasando á los monumentos, repetidos por todas partes, guar- 
dando el mismo intento á tranrés de ciertas modificaciones, como 
elementos indispensables en todas las comarcas, aparecen las pi-* 
rámides y los túmulos. La pirámide consagrada á la diviifidad, 
y por consiguiente expresión de la idea religiosa; el túmulo des- 
tinado á venerar los despojos mortales del jef^ manifestación del 
estado social, del principio de autoridad. Ambas ideas corres- 
ponden á pueblos adelantados en civilización, enteramente age- 
ñas bajo esta forma á las tribus salvajes. Entre el punto de par- 
tida y éste de comparación, debe mediar un abismo; abismo de 
tiempo, abismo de vicisitudes sufridas por la humanidad y de 
tanteos desgraciados emprendidos por la inteligencia. 

Para los tiempos del silex no podemos conceder otra organi- 
zación que la de la familia, y esta sí conocía el fuego. Su abrigo 
era el bosque, porque la tierra llana dejaba indefenso al hombre 
á la intemperie; [el bosque era la guarida de los animales, y de 
aquí el estado constante de peligro y de temor del ser humano* 



t* 



882 

Yiviendo de los frutos espontáneos de la tierra, cada familia ha- 
bía menester un gran espacio de terreno para subsistir; así, pues, 
no podía ser numerosa, y á medida que aumentaba tenía que 
fraccionarse, marchando el excedente en busca de localidad pro- 
pia. El mando residía en el padre de la familia, como un embrión 
del principio de autoridad: el sentimiento religioso sólo era ru- 
dimentario, consistiendo en vagas aprehensiones, en la admira- 
ción 6 el miedo dimanados de la vista de los fenómenos meteo- 
rológicos 7 naturales, en el presentimiento de lo desconocido: la 
guerra no pasaba los límites del duelo personal. 

De las segregaciones consecutivas nacieron dos órdenes de 
hechos. Consistió el primero en esparcirse el género humano; 
irradiando del centro primitivo y de los contros subsecuentes. 
Cada grupo se apartaba definitivamente dé la familia primordial, 
sin grandes lazos que romper al tiempo de la emigración, pronto 
se perdía la memoria de los unos para los otros; con el tiempo 
llegaban á ser completamente extraños, sin liga de ninguna es- 
pecie; entregado cada uno á la contemplación de diversos obje- 
tos, sujetos á distinta alimentación, á otro género de vida, adqui- 
rían diversas costumbres, se formaban distintas creencias, y 
acababan por diferenciarse cual si- nunca hubieran tenido punto 
alguno de contacto. El segando orden de hechos tuvo lugar en 
la lengua, cuyas trasfdrmácíones debieron aún ser muyeres. "El 
lenguaje de cada familia, dice Bagehot, (1) debió cambiar del de 
la faipilia de origen, á cabo de una 6 dos generaciones. Como no 
había literatur'a escrita, ni comunioaciones verbales, la lengua 
de cada una debía trasformarse, (la lengua de las comunidades 
de este género está siempre en trasformacion), siguiendo dírec^ 
clones diferentes. La una estaba sometida auna serie de causas, 
de acontecimientos, de relaciones diversas de la otra. Bien pron- 
to se produjeron diferencias importantes, y cuando se trata de 
hablar, lo qué los filólogos llaman diferencia de dialecto, fre- 
cuentemente equivale á una diíPerencia real y completa de idio- 
ma: todo'cambio seguido de pensamiento se hace imposible." — 
En aquella época embrionaria, los idiomas no estaban sujetos 
aún á la gramática, y el diccionario era muy mezquino; se conci- 

(1/ Lpis scienti^qnesduddveloppementdes nations parW. Bagehot. París, 1873. 
Pág. 156. 



868 

be que Iob oambios podieron ser tales, que lenguas salidas del 
mismo ironeo no llegaran á oonyenir en las palabras primitiyas, 
ni en la gramátiea, ni en el diccionario. 

Donde obraron cansas excepcionales y los medios de alimen- 
tación fnenm abundantes y permanentes, la familia pndo crecer 
en cierto Hmite. Los indiiidnos formaron nuevas familias que 
permanecieron unidas, y del conjunto resultó la tribu. La mayor 
reunión de hombres debió traer una gran modificación en las 
ideas; el lenguaje era común; la creencia religiosa se participaba 
en común, acrecida con las observaciones individuales comuni- 
cadas á la comunidad; la autoridad se extendía á más amplia es- 
fera de acción; la guerra, de personal, se hacía más ó menos co- 
lectiva. De entonces debe datar el pacto entre la religión y la 
autoridad, para prestarse mutuo auxilio. £1 jefe obligaba á los 
subordinados á acatar la creencia; esta defendía al jefe con todo 
su poder. La íaerza se rechaza con la fuerza, y en aquellas tri- 
bus todavía salvajes, el poder del jefe podía ser contestado; pero 
si el mando se ejercía á nombre de la religión, ya estuviera fun- 
dada en el reconocimiento de uno ó de muchos dioses, ya sólo 
en preocupaciones ó augurios, la- obediencia seria tranquila y el 
principió de autoridad {mdría fácilmente perpe.tuarse. Siempre 
que sobreviniera la colisión de dos tribus,^ vencería la más nu- 
merosa; en igualdad de número triunfaría la mejor armada en 
condiciones iguales, la más instruida, la mejor constituida social- 
mente. Dedos tribus disputándose la mistna comarca, ia una 
' debía ser exterminada, supuesto que el isuelo no pudiera pro- 
veer á la subsistencia de entrambas. Se concibe cuan dilatado 
tiempo debió trascurrir para dar estos primeros pasos, siempre 
los más diñciles, y cuánta sangre debió derramarse, desapare- 
ciendo una tras otra multitud de tribus, sin dejar l'\ menor hue- 
lla sobre la hasr de la tierra. 

El orden de progreso que vamos señalando para el hombre 
primitivo no es de pura imaginación; le fundamos en el estado 
que guardaban los pueblos de Anáhuac al tiempo de la conquis- 
ta española; en la organización encontrada por los misioneros en 
las distintas tribus salvajes. La secuela del progreso, como la 
vamos señalando, tampoco debe entenderse como cosa absoluta- 
mente fija; tomamos de la civilización los puntos más aparentes 
en el orden de su natural desarrollo, sin pretender por ello es- 



88é 

iablecer que los variados eleme^a conptitatívos da los pooblos 
no puedan combinaraa de n^l majoaras^ dando eu cada combina- 
ción resultados diferentes. La hnpianidad no. parece haber ca- 
minado á la perfección en línea ^ecia; ejecuta su marcha como 
en zig-zag, y no pocas veces eyidantemente retrocede. 

La primera tribu cultivadora allanó la tierra á lo largo de al- 
gún raudal permanente. Sacando de la agricultura la parte prin- 
cipal de su subsistencia, se hizo sedentaria, y sólo una fracción 
de los individuos prosiguiió el ejercicio de la caza: esta nueva 
organización debilitó de pronto el espíritu gaerrero, y muchas 
tribus debieron sucumbir ante los salvajes al dar este paso im^ 
portante. Las que salieron airosas de la prueba cobraron sin du- 
da mayor vigor, y uniendo la perfección en las armas á los cono* 
cimientos alcanzados, se sobrepusieron á sus enemigos. Concu- 
rrieron á la guerra un mayor número de hombres al mando de 
un solo jefe; lan tribus vencidas no eran exterminadas, pues con* 
tando con alimentos suficientes, bastaba dar muerte á los guerre- 
ros, conservando á las mujeres y á los niños para incorporarlos 
á la colonia y acrecerla. Naturalmente se afirmaba y extendía el 
principio de autoridad. Junio al hogar doméstico y al amor de 
la lumbre se vivificábanlas oreaciones fantásticas, tenían cuerpo 
las relaciones maravillosas» y tomaba forma la creencia íntin^: 
del seno de la familia se ha de haber elevado la primera oracjUm 
& la Divinidad* Entonces principiaron l^s arteS; útiles; las ajvmaa 
de piedra^ pulimentada^ la cerámica tosca^ el metate la arquiteo* 
tura sólo podía producir chosas de ramas, de piedras amontonar 
das, de tierra mal compTiesta», obras insegura y endebles que no 
pudieron dejar huellas á su destrucción. Imperfecto como era 
aquel estado^ anunciaba la trasfori^acion 4^ la tribu en pueblp. 

Tras una serie de generaciones» el pueblo se convierte^ eu na- 
ción. Esta nueva faz se manifiesta en el N. de nuestro país en 
Casas grandes. Allí están palpables, materializados, digamos así, 
los tres principios C9nstitutivos que vei^ipos persiguiendo. El 
altar de forma regular, de materiales escogidos, con un tipo par- 
ticular y propio que ya no desaparecerá. Encima había uha dei- 
dad imitativa ó simbólica,, en piedra, en madera ó en barro, re- 
presentando la imagen* de la idea concebida; y alguien cuida de 
aquel dios, y se encaxga de presentar las ofrendas, dirijir las pre- 
ces comunes, presidir al culto^ enseñar las doctrinas: junto al al- 



.iar^y al nánufoi (NrtárAtél*«tóetdóteO fH íuijltilb'iio'édtfavó iiuií¿a 
•deféiñada á ^Morfftp lors dei»i^q}o9 d^ ift géiité cdmuñ; pí))cá,H ¿li- 
gíendo el ooBOanto-dd lia diOfiftmidád, dólb Hél levatitftti dé f]!Vadb o 
por f aerea pamobjeiM T«V«»6DcÍA;doé'pbt ^á íntrltifúd^ '^ iúálóáli 
ima M>nvieddü armitf¡;ad& í5%l hábito^ del óbédeelaíietiCó á'tih po- 
der firme y sin contrftdíecion. Btidenfeibéirté aquálTá idea relí- 
gfidiai eno^rraba ia«l<)ho de stipet^eídsb/ hi7¿fattá^ él ptlnbip^ 
de antoftiááé era ^ar^^^déspótieo - y >irtí¿/l: StitAá ^ \6úí^i{¡6á dh 
ix»jf(hñ éstati láe artüaáí/ y tiparéééií también eh Iá3'ef^cá.rat^ibn68; 
la ^nerra diira,*t9l$h>'ei q^d ee^la'iñódíftéaid^l ^'!Láb aiWas 'sbn' de 
piedra pálida, a^ emplcia la obsidiana, t^' níota ulgttta co^a de 
iortifiéaeidtieü^ et láodKÍd6'bá<5ét la ^derra'é^pei^éMót)a)al con^ 
tacto de laft ideas '^ae^berío^anafl: aqtiélla pláía ee defiende íc^e 
-upa aanma entable, y qneda^^égnra etiaúdó él ^jár^itd se aleja 'á 
-incm'8i<me« extraluti: La hiistoriá dicé'qñe éndémejantés éírcnñs- 
tancias ¡a8 tribafl bárbara» veriéida» qti^dán reducidíis á U feá- 
'da^ritnd; el pa^blo máe ^elaniado tstf dé i^ü fuerza para domes- 
üoar al koiñkre oóisfc á laís bestias salvajeíii iinpbniáüdole ^el ytl- 
fp le fijaá la tierra, le alecciona, t^rfa en el 'él ']iíf>ito''del trabajo 
y de ia'discipifaiay ledonTÍet*teen hbmbret asf/las dós taáydres 
ñnrazoneircbl'g^Deto^hQi^atio, )áfjgaet¥á ylá esclaíViind, dírvie- 
toü ea 4os deeignios de la PtdVidendfa para Ih peVfebción y él 
. deeartoUo de la htóiiatódád. • ^ .. .< 

Del eüeerdefei del guerrero, <Íel eBeffaro, tomaron origen las 
eft«ia9:-idi^er crntédo iuétitaíble; él pérfdctb pá'fa eñt6nóéa.--«^na 
nación de ^eairtias ee'Vari^dá'yeompttesta; obtiene de ana 'manera 
praetieabte eir las «^edades primitivas lá cóópéráóibti cóástaüte 
de personas de o{niestos eara<st^é^/ cooperación qtié ^úÚb 4)pS^ 
eáaMbsedttMMs'^éstiiio de los ittáyBred hifañfod^dé la cí^lizit- 
Moa.^ 'JSti'lü^ idpoéa pñtnffiiVa es'patticalármenté^ téátUjoaa la di* 
• ?i8ioiiL'e»tire'la ¡tosíaidélbd ^éj^t^ofr^ de^'lby'sáceíaotes; por 
-poco p#ptilai%s 4ae seá^f ho¡f'lá8}ei?ák][áíaá's^¿erdol!alé^,' 'es inii^ 
' probabfe' «tlte'étaf én néikó ebiheítá^^Hi '^^léiícíia'pará trasmitirse á 
través de los siglos. En aqnella épooa no podía étistlifuna clá- 
-ae éntrela % ItM traba^óé de )si iírtelf^éncia^ BÍ no' ¡£ ' Condición 
-€le'éBthi ^r^éfgida ^flá ^eencia dé'qné qtiieh 4tiiera que ofen- 
diera á nno de sns miembros, sería indefectiblemente castigado 
por el cielo. En esta clase aparte los descnbti&ietftós se tiacían 

eon lentitud, t con la misma se operaban cieñen progresos da 

49 



886 

disciplina inteleotaaL Un» eomamdad' de eate gáieso/ .d^gmé^ 
riameate es impx'opia parai la g^e^cra» y la oreeneia que impide 
á los. ciudadanos dar muerta i lo&^eerddtes» no e».de prdveolio 
en ana guerra con el eztraiiKero; poeas naciones temen matar á 
los sacerdotes^e sus enemigos y m«olia8 oiviliaaoiones saeerdio- 
tales parecieron; sin dejar sus bmellasi ánte3 de haber* m^darado. 
Uni^ eivilizacion.de .esta das^ no se eftíngttiffá, .si ub* casta de 
guerreros le presta -su {«erza^y está obligada il defeid^rla; entóm* 
ees. aquella combinación tend^ muchas probabilidades de evife- 
iencia. La cabeza del salólo, dirigirá e}rbr,azo del soldado/' (1) 

A la sombra de las ideas fundam^atidas, .ae mejorarán las an- 
.tiguas obrMJ^ de las mafioe y se inv^^ntarán otsrato i^tueyas. Por eso 
la ceráo^ic^ de las ruinas de Oasas Grandes Bs vistosa, sus obras 
en piedra» artiaticaSy apai;ecefi utenMli'^s antes descottoeidoíii y 
arrojan las primeras muestrits de los objetos de cobre como pa- 
ra referirse á la edad» de los metales. 

"Ahora podemos darnos cuenta de en que» se em?pleaba el man- 
do antes de la historia, si así puede decirse^ Se empleaba, diga- 
mos asii en esAablecer su O0n^¿ei?0£a iotelectoal, costiUnbres con- 
tinuas y coherentes, en la preferencia deloisgoé^s unilotmes.á 
los violentos, en la facultad 4wab]e,de preferir coando era nece- 
sario el porvenir aj .presente, en .ecitableeer las condiciones preli- 
minares sin las cuales no puede com6n2ará existiría cívilisaeidn» 
y cuya falta acarrearía sm^jtárdida aun cuando habiera, principia- 
do. Carecía el hpmbre primitivo, así coi^o el sal¥aJ0actaaI,.dalM 
cuali4^^es.prelimi;n^res.ó z^ijecesa^ias; peTo aquel se- diferenciaba 
de éste,.^n qjacera capaz dqadqu^rir]ia3 y ^dueatse en C^lás, por- 
que suruati^ipalezi^-era a(Ln tiema y flexible^ y ítal vez, por ex<^afio 
que parezca^ las ci|t»nsi^nciaa exteriores {)e eran más favomibleB 
que lo so^.par^ el salvj^ ,de ^oy pi^f» ajkwizar la Oi^vjlizaoUiii. 
iSn fin» loi^.tiempQS jpE^14stó];icqs sefCmplesarc^ jen . haccQ eá^z 
al^hqinbre ^.^scribir 1^ lMf(torii^,,;e]iejaa]^T.algWiKir eosaque po- 
^néV en ella, ciando -la ea9riJ9Íairf^r y podencos vev conv> todo.^Ub 

" .Ajplic^'n^o laf mBf»¡i^\ ^iifvi^ dJ?dA^cil;^^)í(?||,Jque en la.edo- 
M^,^&^h4^M ÉW^ ^nbsiftí9,JÍagívVía'^ÍTO«r4^^ pri»- 

:AKi '^^^'V^íffí^ "V f. -oí ',;. . " . ^^f.vu j) -. . ; .. > ■., 't . r 



^ioade irntefída^.y uM^pOBo, ftabo^dtoadM etuA á 1m fltonoio* 
nes 'GÓDoedida^ al^ndtito de la tierra Pbv el oontrario, en IsQ^ia-^ 
X0ada,Cau<Huiy'BuiM» laafcves ideas ^redosmiaiitee resaUaai de 
nBa Btaneva acentuada. SI templo y el palaoio están protegidos 
por ¿lertoi» maraUas; loa tres objetos oonstrnidos bajo un - plan 
meditado ycientíáuso, ret^laá nñ piieblü mny snperíor i todo lo 
ántes.exíetente. La Qoemada es ana TetdadenfantetiPÓpoli, que 
por medió dé eaminoe se nMe 4^ lo lejos oon; las eiadadea subóf- 
dinada^, llevaoido pov medios «xpeditoa 4 todas ellas la volnn- 
tad de nii jefe dáspo^ia» ayudado por km sacerdotes y obedecido 
-ciegamente per U'^ente mennda. 

En la rejipon boreal encoaf^amos cuatro fases principales, de 
la civilizaoioB prehistórica; en esta oentrat, que vümos estudian- 
do, oreemos hallar otras tres manifestaéiones diversas. La pri- 
mera está representada por Xochiealoo, Monte Álvan y 2a^<^i- 
la, pareciendo ser la más antigua en e^te rumbo. El templo'y el 
palacio están, defendidos por fortificaciones como en la Quema- 
da; pero aquíy de piedras labradas á escuadra, esculpidas oon 
primor, revelan mayores adelantos; la arquitectura es eomplicni- 
da y científica, presentando, la bóveda desconocida á las demás 
naciones^ 'denlas obras de huí sacadas tía rostro y un adorno 
prismático ^nesalaragdita, existentes eu el Museo Nacional, son 
de ejacncion respéci»! de las lineas y del pulimento casi inimita- 
bles. Todo indica una nación civilisadá, superior bajo muchos 
aspectoa á^ los pMblos cuyos* nombres^asaron á la historia. He- 
mos Vieio^ ademas, juzgando por oomgwaeion, que aquella na« 
eion <teniaya<uiia csiA'itiira, y si bien ntf puede asegurarse i si eia 
aimbólicafó'íoiiáéica,''el selO'heióho deinuedi^a estar en aquel puá- 
^fe bien significativo, on qde el hombi^ pi^tende fijar sus pensa- 
mientoa de unatmanei^a data y pénttanente/ 
.' Los túmulos 4e¥tamadosen^ todas 4iíréocí<^e8'aiesti}yiian bf- 
bessoidlí leraátado pequeños Tillorrios» de cabanas endebles, des- 
'apaaréoidoa ain^dejat nonibré^ él' Maulero: del jefe fuá como^ísl 
' sepulcro' de lá ti^ibu. fi^idetítemeute que los-tóinulosno dDrreé- 
pfNMteb á I4 misma ápéctt} ni á idántiioo desarrollo intelédiéúl] su- 
puesto que^ isbmohton de tieiíra íbárbaíro^db Siq^pilcOy^emejo- 
xa en el labraábiidé4osca pilBKfra,lpá^a^petfé«i(rik>»arié cif'Wiiafip- 
ia de cantería con galerías, bóvedas y bajo relieves. Llama muy 
mucho laüteáciOn'ol réeiodel oandsévo éaoontrikdp en 1* t^m- 



^faj6.:pfMrUQii]Ai. cexflo'fltii^ia-de lod pueblMi abtifiiioft delrYáeja 

<Miiftdo.-P;aira. loa ^{MÁop^fdl^.pésso íQ6l^9teíeilikli(&ifinil&-coiuiiff- 

4ai$ipa de3úrio, yiUkaitcá^arla^ioimdácioÉas per- 

ífias?twJan^e0Q&idb.la:ga«2da d^ losiMferos áiSink>;<la8t giiíe|$Q^ 

.dncttrgadrci&.al^OcyrTiQraeLéttidado da sq in^anao^ié-adQtfabah »en 

Sici\il^ igual. cattO ieaían kn japimaaai^iJ^ «-elra rreo.dé nmanfe 

^uim mataVa uu.|^QrM..£iiiira k>£km»:(Í9aBM(fim iiidiipwBBaWp 

jfi» laa 9xeM)iuaaataru)iaii»er4aal'eiibll9k49ufaftoá¿»U7^ 

]p:co9a el difiuitd» pmea a4t^.'a8Í sb fM^dií^ui^aic eaBl otro.-xdim- 

do el caudaloso Chicahnaliuapaa(Qj»n0T«iía||Qaii,!3r ^allaciMiii^e* 

.jfo aeg^ro.en las. dífi^^nU^es do aquel. p^Ugraéo^fi^gec al fierro 

.ara el guiada la pt^aYida^.: . : .» .ii :.:>.:. - i 

. La seganda faz, d^ t^aDaioioa digAmoe. mí, «poci^Bpoiidieiita en 

-ati principio ík )oa (iaaipos pjre}|iatáj'iaQf^:^aM.&a4^^'^^^¿*^^ 
vamelite kiatóricoa» la repipe^eutaa laagtaadtlsipkáteidéade Teo- 
Jáhuacan y de CholaU4#i>. Co^^fprqiáiidpiiotk él iiBaigalaaral Uamii* 
jooa pirámides á ^taa leoo^t^nDbfliQO^BraiaKi^e rigorpaamatt^ha- 
.blwdo no mareaoan tal n^mhvñ., puea loa<piapai dil^entea aoi qua 
m divideti y Ja superficie pUú^ aUpárM?! laadfiQ eLaapeeto de 
(tro2S08, afectando una :forma.{>ira|i^idaIi Beqia la^pcimeraobaaor- 
vacion sobre ser ctatio laaaec^toa e«^ qiip.esiáaMUiádidiiiíatt*-^^ 
Bámero cuatro dio^. Cbarel, (1) taí^fícei lar di?iak>0 de^aj^ko d]> 
ouatro estacioaea; l»del día au caateoiparteat haianatrQtfaaaade 
la luna; loa cual(rQpunto^<oardíaalea; l^acto^farq ialé]tia»boa;ílfta 
cuatro calidades .del<waspo» el ír«o» el oeX^f io aa&a yioi faéma- 
.'do; el'ouadxado ó |[>rímerá aup^<fieíe.»tariu¿nadar||v>rJí]iéaaipaíré8« 
£n:su sentido más lato^.el ouafldrQax;io;reprfl0eiMa:^Lainndd«ma- 
•ierial; de aquí laa.ouatrp eabeeaa d^ Bi^lutta, laa>oüatro arejasde 
Júpiter, los cuatro dioses tganii|las»kia<QiiatooudÍQflafibde«tinadas 
• fkór loa. siamesas. y por ios giiiegoa paita yaW^n Icfaicaatraarin- 
oonea del mundo, los cu^trO.ingelea del mande^laareniittadadd- 
Idea del mando, las. cuatc0 fpantsB del .Qaoge^ loamiatisario«(jle 
4aaba que vnaoea de lastetaa.da.lajYa^ilAdamla^ Ids iOuatií»qÍQs 
'deUia&ertiQ» ¿cw — ^L^a^neiusanos t^tlía»>vafteralÚQn pótaidáflM|- 
^9p opi^trp) ^tffibuyündpla li^at pr^teanto aii;;}oa:ctt<iiilp9^'«i li(3 
-^MoitoiaroAQlQgiifiaaiy.a^ < . ir. i 

•11109 iliBtrirtt^«iwiaft4af nHatovavBvEbfd^ oil'/wm 



^Íi£iñHitíM«ílá ¿btliis'dMeiimíeíi a^OUtis'efrafi^s, toma ida*^^ 

nfeh^yaé laTortMéz^ nól^t^obe pálf lictñáW^ 

na» í)0¥«éYlícy; díi^i^fttétiaer á^ó el yñiidípio réir^ósD eri 'eli)i:«-'- 
doAlttkirW/ 4'e^¿ á'^ ¿iftiibán müVeiü'aCloíf fós dlfos^db^ erfent)]!- : 
tás,'y;4flé'6Ó'fi^íiMW'e^e¿ád' él ^aó^ftote airi¿fa a«{-lád áeci<v 

^AétaSMé í<¿it>if3J%b^'^0Ínaá£P;lá4éycUda misada que ásnap!'^ 

pi^ l9^¥é^s^da'«á¿DlaS yo^fo f^»Wfi!ca(9on; Pdéás'amaa^^^ 
liáli tiiÉíl'<¿y álTI? y^^^ YáKIé'^i^búaéalA pafeéióMal pHnci{^e, "«'un 
iBó«ú^a^ó'aiMIÍbgfttia(^,''^{ibé?fcña^'^ki£Sr' <!l6á^o$6^: todo Tó^'^alP' 
s6¥bil9¿l'i^ait)^Migtodb: íik liirfliMH ^nfitdiá eiitós áseWoi^ 
<%<aM)W«i1'a'>í&^0á«ii¿tfcf/'üMii^}ttd&a't^ 
no sacerdotal Así, aparece que las granÍ3^'|AMftiidés 'aótt bÜrb^ 
•de nn caito antiguo, común & naciones poderosas, arraigado pro* 
fundamente en la multitud. 

La tercera faz de estas ciWlizaciones, se encuentra en las for- 
talezas del Estado de Yeracruz. Aparecen el túmulo y el pala- 
cio, es decir, doR aspectos de la misma idea, juntamente con la 
pirámide de diversos cuerpos: lo principal son las obras milita- 
res, haciendo inespugiiables lugares, fuertes de por sí, encerra- 
dos dentro de las márgenes acantiladas de profundas barrancas. 
Xia idea de la guerra, preocuponsasí exclusivamente á aquellos 
pueblos; poseedores de una organización social, y de un princi- 
pio religioso, es su afán defenderse de sus enemigos, poner tal 
irez un valladar á las irrupciones de las tribus, en su movimiento 
ae N. á a 

En la somera relación antecedente, se descubre á los hom- 
bres prehistóricos, en todos los grados de su primitivo adelanto, 
desde el más rudimentario, hasta ser tal vez más perfecto que 
en los tiempos subsecuentes. Sin duda semejante progreso no 
Be cumplió sin contradicción. La barbarie de las tribus salvajes, 
los celos de los pueblos, igualmente adelantados, pusieron sórioa 
obstáculos al progreso, y no poeaa veces acarrearían la extinción 



890 * 

da ras98 entesas. Ija hq;imi¥i<iad oompf á precio de «nogre j de 
lagrimóla distancia qne ,av/^iaa en el cainina de la oiyiliwéiaiu 
. . Aqngne no ccfiiirepqpQndaii, á uipa señe ^rowAágM > exacta, jUs 
nii|uw..cojU>oada8 del septentrión jj. mediodi^ i^parecei tofnadas j 
OQi^ipnilisdas en co;ijanto(, 4^?f^ oiyilisBa^íon an,,geii4|nJr s^t^ia-. 
peid^ccionadp, signien¿^» el mnibo de las mis ^taa i las ip^A.ba*-' 
jas If^itudec^lOeogr^cas. 8ea;queinfliiyali^{drtilida4dal tenre<-\ 
no, lo Jbenigoo delclim% loiibandante de;las agi^ks, lo traap^r^nt^ , 
7 iiennoBO'dar la. átiaósfera, el )ipmbrp parecer qae.ffii arrimf^ i^* 
£<(Qa4or, bi]Acando los rayos. directos del s<d4,pai» calentara. sul 
lonibre»^ |aa obras de sn mano j ^as cpncepeioneade s« intelqfea- 
eia. Eln el Viejo Mundo, las primitivas civilizaciones, se alsu^vQn « 
efi los paisca calientes, á las mirgenes da I9B g|!an4e8 rios, jcomo 
di Nilo y elJpliifrates, eí ^ESgrisy e) Indo 7 lel Q^istgi^ . I^ Améri- 
ea, 1^ dvilizaciones. históricas, madtirarqfq en Jasr cprnarfispr in> 
ier|rQpÍQades, á.](as oríUáade.lps gse^des Jajgos qiie . cubrieron ^1 
s^elo, en la época cuaternaria. To^as ellas estaban besaidan so* 
bre los elementos primitivos^ Ja guerra» 4 prinei|^ relwiwo# T 
el príi^pio.de av^Hridiud .\ 



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Chiekm Ita(á.^M4mvnífiíUoe, AmIUí^^ QaMé^lmM99^n$, ¡a lifmUh dCkmmL 
Ohiohameked ó (km colorada, XM— PiÍAteraiL— J72 CMüh.-^ KfMi-^JOí t k p A 
^üjnnaL-^Oata dd Ch>bemador,--La FU9fa.'r-€^ d$ l^ Toriufi9$,^Jja úma 
dakuJlíat^iu,''^amd^.^ÍP^áif^ d^ 'JSí¥m^^44 A.dMno.-^Gma de 

fae Paiamae^^Ofteade la Vifla,'T-Wy^wa$.'--/3fiumnJ3^ 
^Pirámide de KtüMaa^.-r'Sl CáraeoL-^Trfe fam de Jfik .e mK^ 9 ie h,^I$eámal^ ' 

COMPIl£NJ)E]yfOSe^,e/ltadil^;pp,d^^^ GhUpa^álA 

frontera con G(iatemalii,ÍQolii7e94p;47^lW^ T 3opQni|Aeo* 
Pore^Ui' relaoj^ouados ^n loa áfi eater jr^giol^.taadrá9lailff>otíToa 
para tjiabla):; de Um mpiijmiwtperxl^ CS^ntro A^^ri^ 0:(tendiéi^^ 
non ht»^ Q9P!^p 7 Q^ii^lg^a, que ai ea^ liieri^ A^ gp!kUiti^ üla 
nneatra Bepúblioa, caen nataralmente en el dominio de nuestraa 
indagaoionea arqneológicaa. 

Bntre los aotiooarioa enropéoa Heva el nombró dé Menbif nba 
piedra monoíftíea, tallada m&A 6 m&ios ifuatieanientei én 'posición 
Tertícal id lado de nn sepulcro: ai áite está compuesto también 



r • 



392 

de grandes piedras, se deaomina Dolmen» y se llama Cromlech 
el sepulcro megalitico rodeado por una ó más hileras de piedras 
enhiestas ó Menhir. No tenemos idea de que en nnestro paía 
haya existido el Dolmen propiamente dicho, pareciéodonos en- 
denté la presencia del Menhir é igaalmente del Cromlech. Hó 
aquí nuestras pruebas. 

Dupaiz (1) menciona una piedra asentada en la roca, una legua 
al O. de Palenque, prismática, de cuyo verdadero primitivo ta- 
maño no puede darse cuenta por estar quebrada. Conforme á la 
tradición de los chiapaneca, Been fué uno de los veinte hombres 
ilustres, cuyrs nombres quedaron consignados en los dias de su 
calendario. — "Been viajó por todo el Departamento, dice Pine- 
da (2), dejó señales diferentes en los puntos ó pueblos principa- 
les por donde pasaba, loé tuíááéWlbh^ qae existe hasta el dia, 
es una piedra parada, en figura de lengua ó de lanza, de dos y 
media ó tres vf^Mjd»;fa»rf^yvdofr4€QNñiWiieiui«h(S^n la cual es- 
cribió su nombre. Como á seis leguas, hicia el Poniente de la 
ojadadide Comiian^ «cette éel eiitopOiDoiikbrado ijúttté, se encuen-' 
t]tf^.unaique.«oaffMe'de*'iim«ripeÍ0ái sin itiida t^^t el^tráscuT^o del 
tiempo. Los JlidígeDM le iriMitéín flp¿teii¿bión,'qmMndo'se el sdm* 
bréro«y^el pafiuelo'de la cat9»M^y pty>stérttándosé'délánte^de éllá; 
le aAan' y ríegiín'eoü'<p{ttntás^y4oVei» «torosas, en t^mino^ de^en- 
cctaiMriie á^é«^ié Qhnioátoftdetferrii -^getáty-á tímkh de la des- 
conapoUieioii' de Vu^ellasr- toman tete ya Séca^, sé fmtán las sieáes 
odD^Ilas^ y húi Nevan ^eéíiié' twa reH<}tífá: Ún l«é 1)aciéiiSa& dé- 
Bm«ffi6«3r^BMnáVi8te,''en "¿tvallirdé^S^ otfad dos de 

láwislka ágttfá: tto^lels tril^iH^Vadorácidl^, y sé ófmérva & su con- 
toiM^>n^ehoViftWt^xte^Mtetóttés ai^]%^ había 

otra cerca del pueblo extinguido de Jíltepec, en el partido de 
Téí^iMiiéi l^ffÁ '(k^e^kíOÁ^^noM^ ^'dfa sá^vé dej 

télW{tto>ft^s'i^nt(M'4«ill{yft*':^ MfeVeVédiós 4[ déte^li-^ 

Mirv^^ ééatfi á€í¿m pé S i Í iX^^^ eálbar aidtHiViÍé¿to» éír los f^asadbs^ 
tidtf^árfyé^d ^i«á^Mft^fúáeifáriá«''^bt9ii«(» dé'k^ ilúr ftie-' 

i^ ««ittfáóS^ek^itf fadl'^d^^^ 



39% 



(» 



tos de Copan, si bien aún más extraordinarios é inoomprppsibles¿ 

de,]iftj»iii^j«4ai%tfx>,bab^,idwa#r«id¡^^ U.pió^ 4e : 

alteí»tíy W¿ífriftiB»a^ iW^^tiSf |]|í^.d«t»oalip«>Wi9 y.wediO' 4e : 
gl»fW<VidetftF;3f«íWda.q.i*ft^^^ «i^:»cai%4e q«<^ el tape/ 

74iipV^(pplif)«^ <^iM^LilÁ>bttb^^ l¡»i|djdf> ?jt l^p^oiAOJ J^ifo^va^ 
d^^^ ^ttT^^^A.iSííúg^n^'irTr^^i^ í^^pfwblpqíi^ Usia* 

y^s^Á ^ hff^iftffk|í5pí4ji<i^í»i<>^ e^Cfog^i: laajHeáiww mar . 

y9«P PJiMtígiii^^}¿l^^^cflRjWrif^f si jERW Gciitosó l^rgas,^ gnie^ 
8«í9 4 fW8»<fc&#HÍ^¿»<ÍH¿»j«.^^4«*^ PWiW qpe»l»^ra»,i?andes; 

--7f*^«s4ft e#^:«l^í<^t«^Up ¡ri »W»oat€ípbens.».VM*ios;por pri- . 

Píur^ciffpii l9^ fiíftitwcip. /«^á^. ^ikWe# y,f«ánaB. ia^ligiWea.4^ 
ci3i^fi^^ ,tf^íS(]|í^qf.)^l)(^nipra49^; ,^. aizabp-.e^. billas: d^.^res» • 

pié^¿ ,9fleftfcw tLWfn^WPWf OT^iía^á *wafc¿oai>t^^iá4do^e^.de var- \ 
rip,j]ii^s^.^f9jryvdAíi(:f()«M^.^^ > 

d^4;^ba4«í^»,3f,í€|<|#}^afl j^ l^a^ a»idp;l4^tUil^fM;e«tMiia«eA 
l%^i&pa4i^^9fí^QA^^qf)Alis4 9^;^b^ , 

En íilgu^iai^ jji^^q, ^/^tii^])4^,,)(^tai-A%.ba^^.4^ OM^ gModM , 
tí^fp^lqf^ fin^lop Ql^^lf)P,se)Yell.ír^^pa.4a^co^frtr^ílfiol>Ba y 
to»j,(;M^s%leBi4e¡fi4c;aÍtiiTfri wi^^w^ei^ ojor^jS/pfkttQKM iutenpiiiar* 
p^|df ^!^.^9f <^ .T^B^^>A<>« ;c^t4r^80|,ii^ij^iyipi.i^s^;pp^uchaa' i^ia^^ 
Rfl9!ÍrftfttfwÍ.^>. W»Sf^*í?«^ Jio^A.ir»ii^}%itfi^ .Spq *aii . 

R?fllpefl^8^WMr<?pb»p?^aas,,fl\i^#o.p^edaf^^^ ff^atenidf t^i 0di^. 

ta&y New Tork. 1884. — Ineidente of trarel in Central Amerie*, ChUpas and Tuoa- 
ttfL New Yotk: 1846. A eatas edioionaa rag ttf eda|«.to. <iÉÉi^i«je 4> # i4i*aa » :|> 



aefcoal á U de TueaUBp iom. L pág. 201. .' r M , .,..>.: -. / 

50 



^« 



3^ 

fioio en que un' hombre ' pudiera morerAe; y atm^i^ se presenta 
la idea, hubieran servido para soportar tina 'eálaáda, no se'en-' 
eoéntran en ellas el menor vesiÍYf^o . « . . Eneietrán una Süperfieie 
de '409 pi¿s enadrados, é incomprensibles, ciómo kéü «a ttsb y ob^^ 
jeto» añaden mnoho al interés y á lalulmitácidn üin^irado por ias 
minas;" (1) • - • •' • •'• ■ • •' •' ••'•"•■ ' ••' •'»''■ 

Otro monnm^ntO'dela m1smaí<^asé énlas raiiMU d¿ AüeiS. — '4já 
lámina opuesta^ habla iodarf a Stepfaenár, <S) re{>reseiita «1 iáiiin- 
lo qnti ée Mza frcmte 4 frente de' la poerta de láhadendá, lláitía^ 
doel í^alamo. La subida; por el faido Sor, sé compone 'de uña 
amfplía eséalera- de ÍÍ7 ' püé dé Ittti^' k> qit» le d*- «n a8pe<^ de 
roda ^ndeza, igttd á las dé sn' especie qne-se^ en^t^entran en el 
pafe. Oada escalón mide enatrd pMs cilico pnlgadas de- larp^o j 
nn piá oinoo pnlf^as de alto. Laí platafelf toa- superior ésde 23S 
pies de laigo y'60 de anoho, y sobre ella se leyantaa'36 ^instes 6 
columnas, en tfes líneas paralelas "de í tres, & disiatíéia cada tmá 
de 10 pies de N. á S. y 15 de R á Oi; tienen dé lé á 16 {fiéis de 
alto, y están formadaé de piedras diferentes de tinó á dos -piás de 
espesor: pocas *haii sido derribadas, aunqoo mnchais eareoen ya 
de la piedra superior. No existen tos ti gios de construcción 6 de 
techo, y si algtino exAstié deMa ser de madeta, aunque sería esto 
fuera de lugar ^ impropio, tratándóéé de tan fuerte estrñctura 
de piedras/' — Stephens quedó maravillado de aquella obra cuyo 
objeto nó pudo comprender. TSó pretendenios{>esetrar el miste- 
rio; pero piedras rústicas, oolumnas de pie2as como las miliarias, 
columnas en alineamientos^ recntárdaniois CroraIeb&' europeos; y 
no estando destinados -á'éostefte^ ub edificio, podemos apdmitír, 
siquiera «da como- hipótesis, que eran recintos sagrados, en los 
cuales se practicaban los Titos dcúna^religión desconocida. 

Las tuinfts de Quírigua en la Ameritía Oentral se componen de 
a^nas pirámides 'de tierra, c^ya lorma no ha sido bien ezami* 
nada todavía; le dan el principal carácter grandes piédtes talla- 
das monolíticas, con figuras y grupos gerdp^fieós^fi semejanza de 
tea de Oopan» — ^^'Iios monumento^ éoti^miliyoreV qtíe los de Go* 
pan, pero están esculpidos en bajo relieve, son manos ricos en 
ctibnío y mis borradoa y carcooudos, pvobablettteate porpert«« 

41) 1bi}6 á Ymatent ton. H, ]Mís, S17. ' ' 

(2> YUje á Tuofttttn, tom. II, pág. 441. ' ! 



806' 

ivMmépoekmiB Bntígatí. Una cosa es incladable, m9iñ6 
sai grao smáBá;'f$itéiAó el sombre» deeoónoeída sti hk* 

Oopan^ orillas del rib da su nombí^ *era tiaa gran dudad amu- 
rallada; ias M i n ia s en la mátg^i» datagna abnseirtaD' aéii de se* 
senta á noventa pies de altura. Dentro del recinto se alsan pi- 
ráiMdas7 tttmolos^ Mstoa dé ediAmoa llamados peíais y tem- 
pkMy j fnigméiitóa ooloisaleaide eacaltora. El ti^o prineípal .de 
las vainaataé deiif a da ios ídolos 7 de loa altaras. Ooasisten los 
féoloa en piedfas'priamilioas moa^ítioaade' kasfe 19 'pies de 
ritavai éde frante yS da lada; «1 frente pnraseataertt altó relieve 
xmBf haágaii da Tsron aw pié; aLroetip^ yáÜAtt del anciano al jÓTSn^ 
oon<el pelo lanutada-yt oiqreMh) en guedejas lateMAei, ii bien 
cionbian á faeés, óttMeoí antaramente, teniendo encima adornos 
ooarpHeadoB da «a*tooado aompoteto de .plumajes, animalea j 
figuras sválbóUioas. UsTan éoUares, y en el • busto un tariado 
TÓsiido, á^Tseea eonmedallones. Lasimaaods eslán- asentadas so-- 
breiel peaho>, ana las palaaa hacia afuera^ dejando Ids 'pulgiires 
á la vistan Una eapecia de táaica^con borlas cubre baata el mus^ 
le^ colgando por delaoie una banda eentral baata k>s piiís, recor- 
dando el maaeüañ deltragé meaiaano. Se nos antoja; ver un cal- 
son ajuatado' basta la rodlUa» mas si no es Terdad/«aU$ ^e notan 
adocnóa-oomodacncntasL Finalmeate, lospii^ están calsiEidoa 
con saadatiaa, muy samejantas á las da las esttMmas romanase 
la adad alámca. Una mujer se ' distíngua en* lea ídolos, dif eren-^ 
te da loa demss e* las enaguas^* basta las espiattlas, ' cnbieirtaa 
caaí u»a red. toinada' sacb maya «on una aueniaí' Ix^s cMtadoa 
yipavta poétorlor de < los «atmnlitos oiÉeceií Mbufjos eapricl^é-'* 
sos, figávas^ faumanaa en diyersas actitudes, baciéndity tai ves re^'^ 
IsfsUmá pasajes bistótioos 6 mitológicos, ó- bien ' taifas ide 
geroglíficos/deatinadas sin dada á deéir los nétnbres'ó atributos- 
de^- léti dioses '6 ide los béhles^ AquelloB'trbaia de 'oacuHura ba^ 
esn buen 'éllM9*0{''sa' les 'podría «/bjetat estÉfr 'aobrecargados da 
aldóniea|i i^ to'dekaS'lteT^en elfos guM^;armonía^ y en los^^^ 
en qUe^l eseilltbr fué sobrio^, üegifin á sef cle^áinteÉ.' Los coa»- 
tfuctoVes-Bé'^levafbn bíaMa artistas, y nada se puede pedir más 
deffoado á obreros que no disponían de instrumentos de bierro. 



(1) Siepheos, Onteil Améric% tom. H, HS- ^^ 



;•• 



396^ > 

Go^dOrprg^aoto; A^ lIi^eiirUiBapioft r«T6láiiiiiit|)tt€Ído aiBy.adelaBL*- - 
taióyf^{e».Ja|^jl^lu»AK|0s^i4típ0rk>iriá 0^ éák.^ 

Valle: si con semejantes x^aestrasde saber se insiste enllIaMSBti 
hág\í0^^/^ la^UQUafl^YMat^; r^^oU^úñi 9fílbwh diabela támbín páM 
apdli4f»rrJ94rblttw<4 loai^lMritoSjy^^^^ fos Igriegoftw^sAi^t^ote' 

..^or io re$pci(^^ya^i(ra;lAiftiM(f^t'Cbim¿4el panto: Jb, Aioá Ifaut 
Sif()kí«qp^;<li)jse ^llMnoifétto^M el^dqeto más ^ * 

n^>4%ajUlCMÍiojd^e«Mtlaii ^niOepuá 46 ukbwbáaé/i^^ Iio^alteies» 
lo^AiQi^mp 4tejli9ftídQÍQs»fíO$itltoft.4e;iuiitéto«lta|^ roca; tioBaá: 

n^^^,#4i)ri»Q^iW«mM|&V/4iier^l«QS»* «ttAi aoi^^'^^^^'^^^' 7 ^^* 
cQpii4^cf iPcpn}^iwt<>8!de!WtsflciM%*iL()^^ on^ 

t«iélM^(}% jr'49iOtopaH«^0^ p^eda ^dá^yiiy^irse: Ig ioniía:^ diflerm 
e»,tr^.síl/plipi.a${)t!^tQi>j.$JA; duda aadaimiQ itiMa^ peiaoioii imii, el 
í4pW»A^<ito (k^tQiiiú^ 8etél:«f¡^.,fia^wetieiiri»ft 0d4»i ohatrb ^6bM, 
corito^ QA.la.pia«i4'rQi)a, ^Jbi)04uitiimafcfen.bA]oi4UMYe» uiii^^ 
cQ.ajeiiApik^!ai^;Q^%9saPr9MA lo.d^ El ^. 

tar.'d^Jíq|«^fla[t]^ito tatdQ^sa¿lipi¿s;{ib«i kdo^ ómttra de altom»: 
e4tii]id<)^4ii)^i4ld«il9f^ai?d^«|>arftof^'€iB;4rala (P^poa gen>-\ 

gHfi9CH^,,rdl)^l4#]>daiSÍ^.4iidaftIf(ttaJaocmtfi^ la Hiato* 

riikidQr^v^ pifdblQ flM9t#riQS€W;)»0hHadg^r^ 
; r jt0^a^Mid.0.)^ -oaatro oama la^átis »MGítidaa ^adtro-perao^ 
Diiíj^xlaa ¿tos'deUKdo^aocidMiailiaMi las^prÍMMipalisjjafeftó jgno«. 
ris«rMjrmf^^l,^}Q86rf^ Yiii^t<9i.toLnb<) al^oAfto^imaltt.asjkiitiatiaa en^, 
pQmdM^ea^lii^^tó'negi^ifMi^»»: lasiOtrM 4!«^tl>rQa>jfigtirali Tan' 
diii^idM'P^r. iffMim) püirtea; .aj^j^iÍMida. eadft ^<UMk ¿ atf oaadilkv i 
IifMiPMiK>im]pepkfi>lM Qfité4iism^clM itocb la*> yÁtcnas 4}r«ffadMh 

safepif^9it^¡ríi|it|te^i€|l<is .w»^^itfl»f^9i«drQglS&taa' ^i^a* .aQiif»d^vftd0%! 
rg<{Hff4tNttdc^. fa»f^Ma É ft*fl íelj»aft»^ x&em», 

b«^ ^rkM je0jr^>7^'}w sMrosB i^n, 4^111^ k(m]fa4iü» Aonetrniai» lof^ 

Ga4o; jll#t%p) ^d|(iíifmmw]imíi^ §mk<h^jum» 4ar>lQ« -iainMiiifil^fc 



'pi^esent^a en Oftpfírñ/ ^ri otros Fugares; íósf ásütítb^ "pírítiM'jpal^s 
d^ qué 1» ésóíuWifri sé enearfjá'B^ülks feitállafl, loé '^feYrfefr^Wy 
las ármaér la fálih' éJiahlútd de tóflóeÜleí fnaiatíé fi c^e*';llttó'ábti^l 
pwblo tío étk bafalUaor diiío éírtre^do S la-pas?; y-fkcrt^afe'sér 
■dominaío.-* -" ' ' '■'• ^•- '* - • '" '• ^ "^i •'"-»' i- ''-v >x'>'iM'>!ai 

'Observaremos quQ'loá grandes' muros dé' la ciudad^ le' nacen 
tina plaza fuerte/ dispuesta parala*^ guerra. 'Áumériláreípo^ i la 
aescripcion del altar, ser aquellas figiitas áe íípó orieníát en to- 
ÍQ él conjuntó, üb sólo* por la mañera de ostár'sentadasi sino táni- 
Dien por el tocado en el cual sin esiuetzo se ye una especie ae 
turbante, ea los trages y adornos, en la oreja noraaaua por nxx 
Cuerpo cilindrico, en la fisonomía y fin toáoslos JDormenoresi'po- 
eos "monumentos del Nuevo Mundo lletáu lanacentuadoet sello 



'M' '-'^l .'. í iii • •- ; jr • . ■;. i 



de su origen' asiático. * 

Las piedras rústicas j las^oolumjaas áptey ji^encip,u9.dnfl ,jpa)r^- 
oe que procedieron, á los moijplitq^ ^filpidos.de .jl^u^r¡jgi;a,y do 
Copan. Sin duda que estas obras no son hechur;a, de ,Í,of» ifi^odf- 
dores de las ciudades ar|rj;iina4a8 en .l¡!;uoi^t^%^:^iptj^i;q^ ¿p.pás . 
antiguo y fueron coaservadas por .J^^pp^to^. t^ppcpjPftjrrg^p^fli- 
den á la misma epooa^ y su grado de perfecoipu ^j^st^l>|e^e J^f ^if- 
cesión cronológica. Los «lonume^itop n^ono}ítÍQpai de.Ó^^jjRi^aajr 
de Copan son anterioras al Palenque, á Chioben ][tz^ y, ¡i^ U^np^^. 

Los edificios en que'vaipos ¿ oouparpos^ipii^^f^V^tk^qJi^^Oftiit^- 
gQa p§culiare8„:qaq 1^ i^op comi;m^fri;Dos.pftrí«i3.i?fi¿^ifií4ea.tes 
constituyen. La un^ as la,pir4n^idp t^un^^a^^^s miQióídfiiYftUiiós 
pipos,.caadrai3[guJar u qblQ^ga^r6ve»tí4^de'p^ídrM^(^^►l>líi4»ftó de 
una oapa.de mezfila ó Qstuco, ^.vqeas pi^tf^4a 4^ IX>ift..4^.d^L8W)a- 
Bio^e^ va^iarble^; lina e^cali^ra de.g]7^4a&*d^ «4>Ql»m¿ Wp rPi9^ 
^f^ ímplUj con p^^mwifx p fiin él,.ooBd^fie^¿U.pftTft s^o^gr^rde 
,U pirámide, tefjpimuda.^n mja superficie ,pUM^ >'Bi3^3i^. .^t0i j^e 
^alza el edi^cip) #^u^da parte; >?cwplefm«iu(^ri&.j^ la ^i^itm^t- 
<?iqn^ P»9Í invftripbleip^utp la pl^ áfi l^,«m.p9 .AH.pi^rl^lieló* 
gr^ijiQ..diyidi4o[ eu jdof <;<Mp.partimi^utoa pp]5 i»Ba^«ce¡d iiitecMo- 
j¿^la^arlap^á loa Jí¿9?f pjrjbcipipalef: 1q« m^taryj^ai píp4r^ ÍAhroda 
lI9'^íf]^AÍ^A yWei^arTÍ'^^iP^tra^^^.pl^^ftli^e ^fm (^94rüát4' 

:.?^% fer¡n^^^p0j:¡)ii^ci^o3 de,,^J^^9»¡.fm'^mi^ iogmám 



.998 

» 

se, correspondientes 6 en posiciones diversas^ se» abren en la p%- 
red intermedia, quedando dividido el interior en cierto numero 
de cámaras» de una sola entrada cada w^ J Wfn Tentaaas ni tra- 
galuces. £n el exterior, los muros se lerantan vertiealmeate, 
mientras por el interior suben i, ploma hasta cierta altorf^, indi- 
nándose luego por. medio de hiladas sucesivas, avanzando una 
sobre otra, hasta aproximarse á distancia de. algunas pulgadas» 
cerrándose este espacio por losas que vienen á tener el oficio de 
una clave. Por este procedimiento quedaU formadas bóvedas con- 
la sección de un trapecio, aunque en algunos casos . arcos y b^ 
vedas asumen la forma triangular, pues los muros se tocan por 
la parte superior en un ángulo próximamente d^ 45^,^ esto deter- 
mina la forma* del terrado superior á dos aguas, con los laterales 
igualmente inclinados. Lo que cambia por completo, casi en ca- 
da caso, es la parte decorativa; la fachada,. siempre de piedra ta- 
llada ó de estuco, ofrece diversas labores, distintos objetos, cual 
si en cada, una se llevara la intención de relacionarla con el des- 
tino del edificio. 

Las obras de este género resultan un tanto pesadas, aunque se 
les construiría así para resistir el empuje de los terremotos; os- 
curas, expuestas á la intemperie, á no admitirse que las puertas 
se cubrieran con cortinas durante la noche jen tiempos de vien- 
tos ó lluvias: las dimensiones les prestan, empero, un carácter de 
grandeea, y la decoración las hace aparecer artísticas y hermo- 
sas. Los <^jeitos allí encontrados, la distribución de las cámaras, 
determinan á creer que son templos; quedaba el santuario etí' él 
éentro del loiido, loa compartimientos inmediatos esfctfban des- 
tinados para las ofrendas, y el ccírredor contenía á los* fieles, tal 
vee sólo á los sacerdotes jr'á los iniciados, pues siendo-estrefchos 
no podían abrígar una muehedtimbre: sin dudü' el ¡iuebló a^is- 
tía-á'las' deremoéiais del culto desde el ^ió de las pirámides,^ ihi- 
• raudo de lejos* lo qué se le permitía de los •misterios; La poca 
luffáquelüSBntráAas'del frente daban pá30,elést^r bilocado el 
altar y el áids éh él fondo raás sombrío, ^ós hace p^néár qtie 
•M* aquélla i^i^^imí^ había muóhti'de ¿tecretottárias prát^icá^dfii- 
bíM^de pá^Mr á)a claridad^ déla' luz ^t!fid!al7 y 'í^aralle¿án> al 
ndoéft había ^akdültades q¿e tenóerj fiüiSBbá'ptírTás^c^ 
ÍEidispemblératraí^SafH bé^^és^^ {eiíi^lb8;^!ós "^t^uéSds 'par^ 
^OM déstí¿aé(oi^'ét«)1iísiyaméiitJ^'ti[ íd(ifó'í^á los dbjétos de Sú ¿ffi- 



r. 



to; se concibe que envíos mayores teui&a h&bifcacion los sacerdo- 
tes, viviendo en una especie de x^munidad. '' 

Esta clase dé edificios üon los más f recnente%; pero se ven otros, 
bigo las bases comunes de construcción, abj^rcan^o una gran su- 
per^cie y conl^eniendp p%tios interiores^, corredores, pasadizos, 
tonres, escaleras, ^c.: la distribución general no deja duda acer- 
ca de qup se trata :de pfilacios, de liabitaciones destinadas & los 
jefes supremos» á sus familias y, servidunxb3*e. Pocas constrac- 
clones difieren de las enunciadas^ calificiidas como afectas á reu- 
niones públicas, aunque no se comprende su objeto verdadero. 
, Sepultados, bajo la vectación tropical de Chiapas y de Yuca- 
tan» yse^u las pirámides sosteniendo las reliquias de templos y 
de, palacios; la superficie por ellas ocupada marca la exjbension 
de la ciudad primitiva|f»en la cual sólo se distinguen montopes de 
escombros ó tronos ojiutilados de estatuas inconrpletas. No se 
perciben las calles, pocas veces las plazas; no tropieza el pié con 
las casas de la gente menuda que debieron ocupar la llanura, 
pues de materiales poco sólidos, sus restos hau de estar confun- 
didos en el suelo de la actual pradera Observanse algunas ve- 
ces murallas de circunvalación, con apéndices (^ue hacen pensar 
en reductos^ y puertas de socorro. En un país como la penínsu- 
la yucateca donde escasean rios perennes y no abundan los ma- 
nantiales, la fa^ta de agua potable es el mayor estorbo á la reu- 
nión de un gr^ número d^ individuos; para obviar el ^nconve- 
nient^, los antiguos constructores approvachaban los pozos natu- 
rales, constrtií^^u reprei)aa ó aguadfis» y labraban en la rqca de- 
pósitos subterráneos para recoger las aguas pluviales y gua^/d^' 
lasjpa^a loatie^fppqa secos. Estas obr^ no las menos admira- 
bles^. de aqieeUa ^poca, áflff. un .tipo pecujliar á las ciudades» 
maravillas dpi arite^^bajp jQu^enqi^ier i^ipeptoi q^e> se lea considere* 

Maprcadcia los puntos cofiunjes 4e semejanza», pasjE^mpf á denir 
pofc^ palsJbirasj ^a/^c^ 4)? cadaTuonumentpién parjticalar. .Exjyji- 
tísJ^^e^ las cm4« consistoi^ialfis df^ Ocppingq do§ lápidas. en. pie- 
dra, sacsd^^ de,3jQmlf^.rpn^lp,.dojiJeg^ cnyo nombire 
Qn lepgUA^wdal^Sfgi^i¿9a.^^^ (l);;Il^rese]ata ^.ij^ia 
un prisionero desnndo, los ojos cerrados, y sujetos los brazos á 
la espalda por cordeles: cúbtele la cintura una faja con las pun- 

-► . . y .,'«■•■■ -^ • , 

/ 

<1) DnpaSx, tercera ezped. lám. VIII, ^i(m.,ld y ;I4. . . >;^ ^^ ., . .^ 



tocado es una especie áe gorro cóti'tmplumajer, y Ik^'^Arté infe- 
rior délas orejas esíí íiítrátteSáda |)or ana éintá, rbdfeitódrt el ¿ue- 
*!Io. La éegulida lápida coíitWne dbs' figurasí'seíitadtt la iiñá ééa 
•lai pierna» cruzadas; páraídála otra, y ¿uaí sí ésttíViéran en^cbn- 
versacion; cascos guerreros coA pitimas'y pi¿í)s'^de kVe,' ábfígáb 
las cai)fizas; ctíWtt su de^iÁdéi coú la ftijá de puiítfts bdlga^tes, 
•y hay en la orla dibujos (jué'ptídfe^n tonsairse ptír*^^eró^fficog. 
Las^ estatuas mutiladas dé Ofe6cnigo (ChiapaáV cát^deu de'^la 
cabeza, por lacual no 6é fes ptiédé juagar ccnreiáctltud^ atttí^tíe 
puede asegurarse ser del todo difélrientea 3e^ laá de Gbpáín.''(l) 
Los templos guardan el tipo general (2) síu éiaíWt^ó -áéi ^^qt/é^la 
puerta termina en el arcó'itriangülar y la factáflíf éu éatá'60 carece 
de adornos; Dupaix observa cótrio ibuy sfa^tilár/ éiibóiitrárÉíe allí 
las dos úiicas pirámides éotnplefcas acabadaá eti Ci5í=í^íae', Supues- 
to el ser las demás trúnbadias. Steplien^ '(9) visitó támbieln flkj[^i- 
Uas ruinas, creyendo ver sbbí'e la puerta del santuario el globo 
alado de los tfeiliplbs egipcios. Observando felíáibujoí^'ni'paireáe 
'bieh expresado el globo, estarían las alas en sentido inversb, y 
faltan las serpientes, símbolo del *trerftipby'*de lá^éferntdad. A 
nuestro viáta es una especie de trofeo compuesfo dé uif''e'sfcudo 
central, de un arco con su ctierda'y alguno de los ádóríioa da 
' glumas para la cabeza; los puütos d¿Fmedio "podrían dbrrespoh- 
der^á tina fecha. Para bosót^^ÓH/ las rtinaaf 'de Oébtíngo' sólo oñ*e- 
«etí una reminiscencia dél^Bídéilque/'perlfenecefrá'eRáté tipo, añu- 
squé degenerado iá imperfecto, y son déíiémpós^muy pdstefibrés 
•almodélo. •■ "'''' '-^'-■■•' •.^•: --^íi-'ii'-r ^-^ ' *'/ 

Las ruinas ^del¿Páleñque toinán stí nombíe- del* piléHo^'Stimé- 
diato; ¿e ignora lá vérdádeita'défébaiíniEioion, 'peMi¿ÜI en la tíótÜe 
de los tiempoa con la dél pié\ñb}i¿húÍtUGtír''&tíñ^^ 
villas. LlámiímíodfiMS asf, porque en déápécHó'def'áefííáán^'d'e'per- 
fionas poco ifatítruidas^haVi "atraidb la át^enótoüi^el mundo cfe^- 
'tiflcb, cantÍTando lá tadtote 7 dánSo momo á^-pKffttndits ia-v^Mi- 

~ §6 (aserrarla t>«éf¿¿ta!^e& de dettiaVAiíeiÓB' ^kti tsl pKif Aéity 7 él 

i; »-.>■ 1 •• ■! • • '•■ . 7 '. 'i ••'. .': R L > ' •■> .•'' ■ ■ ■ ■■• •■ ■'■ «''iíf.lí ; '.r 

(r) Dupaix, IcxSo oit. lam. IX, niíms. 15 y 16. 

{7¡) DniMdZp ibid, lám. X, ntím. 17. 

(3) Centoa América, tom.'n,<píg;Wft^^' ' "** '^^ " '''** ''''•''^ '^ 



M 

templo. El palacio, IjxetA de los patíos interioresi las viviendas 
7 los corredpreSi contiexie dos cosas peculiares: una, la torre cua- 
drada de cua^o pisos» con escaleras interiores, y servia parado- 
minar con la vista la llanura; la otra, las ventanas de diversas 
formas en las paredes intermedias, llamando la atención las de 
figu^ de cruz griega, de brazos iguales, y las deT ían, recordan- 
do la cruz con asa de las pinturas egipcias. 

Palenque es la ciudad de los bajos, relieves y de las inscripcio- 
nes. En el palaciojí ya en los macizos al lado de las entradas, ya 
juiíto á las escaleras y en las capearas interiores, se presentan 
imágenes de hombres ó de mujeres, en estuco pintado ua tiempo 
de rojo ó sobre piedra; parecen cuadros alegóricos, acompañados 
de caractáres geroglíficos explicativos! Los templos muestran 
aún en, el santuario los objetos del culto, entallados en piedras 
duras, cpnlosjsacerdotes ó iniciadps, y en las paredes líneas ver- 
ticales de signos de i|na escritura curiosa» relatand!o, á no dudar- 
lo, los preceptos religiosos^ la leyenda mitológica, ó algún suceso 
histórico digiio de memoria- 

Las figuras monstiniosaa egipcias ó hmdus, mexicanas ó tza- 
poteicas,, declaran inmediatamente su intento mítico y mitológi- 
co; pero la r^r^sentacion jiatural de objetos animados ó inani- 
mados iiecho^^jj^or los ¡decoradores de todos los países, Von re- 
trato de las persopise ^..de las cosas que les rodean, é impropio 
faera s^po^er qi^e copespondieran á ideales de tipos descono- 
cidos. Por esta rifi^on debemos admitir^ que las facciones y los 
bragas di^nj[ado9 ej^los relie ves^ son trages y facciones da la po- 
blación Jhal^dora de los monumentos. Dos rasgos distintivos 
pr0S9ntl^n^^^e^as cabezas; la prolongación posterior del crá- 
neo^ «elíjante á la practicada por algunos pueblos antiguos de 
Am4riea»jc!0Qp los peruanos, it^c.; la forma de' la nariz, q^uépor 
oon^rast^ in%ye eii hacer más aparante aq^lla prolongación. 
Esto 0egun^.l9 había notado ya DupaiiTj (1) diciendo en sú jen- 
8PW* ijigénuof-T-''^ jaecesario advertir,., que sin embargo de la 
c^K'^^^9tj§/^ dibujo que en general , observamos en los dichos 
relieves^ no podx;eWs m^nos'^dé exU*anár eíper$l amanerado de 
loa JiqattffBp ime% deij^^ia oima do la cabeza hasta la extremiaaa 
i/^WW9V^^ ivV^W^ l^V^^. 9 cuaotanie dedrculo,.c^ntra él 

•• . !^^í•» • ''■*'.. ' ■■!•••* I ■' • ■ ' ' ■" '[•..■*'' 

(1) L«DO«.iMí«««iSTTríS.' 'i<í 



'«ja 

• ■ ■ 

Orden perenne ele la figura original; 7 para hacer más risible es- 
te fenomejiOy afectan dé presentarnos £iá vista unas^ narices des- 
medidas y perfiladas.' E^Vefd^d:'qné el perfil de ifna figura ütial- 
quie];a es más fáqjilde sflc^f qusW fiüénte; Coíño qtrieta ^úe sea, 
está porfía nos dá muchb^ qWp^nsar/ de manehí! ique las caras y 
laá vestiduras* aüuiiciaÍA ^na casta dé liotabvés' ^e8Con<iyicida de 
los historiadoras anti'gttóisf y íQbddTÍíoé/lá^qtie existía en áquélláís 
tiempos remotísimos d©. nuestras' eta^."* * 

Notamos en las formad del óiíierpode¿hcrd0,'armonía'yWle2Á 
'la ¿souótnía fuera hermosa'áin lá boca' abultada; dista mucho b1 
cbnjuíito del tipo. apaéticaTiCt; y bielí* pudiera tolnati3é*í)qr el déla 
raza ártaña^* Pdr'Io^toóknlé á lanáriz/podisto éxpiica- 

'cion. Cuándo él l4liil&teiti6^e/Pomenió Cóto'j^tó el Mtisre» y^rfcii- 
tecó délos padres*OAmáóhó¿; tupimos bcaáion díé estudiar -los 
olijelos eitr£^dos ti^ll^¿ble^qtie. Ojb^rvadas his'figtkfi^aflr hUmattas, 
sólo aíguna»^ osi^éntÁÁ I^ Cü^vii á&tattá isn'lbsTTelieVés; presentan 
las demás un órgano 'n'atfural. A4^ellás/al prrriiev eximen; ad- 
vierten (]^ue la partc^ saliente está sobrep'áeátai' éicpresándold in- 
teiicionalmente' las línéá^, desd^ lá^fi^üte'Ha^áSserca'' d^l ^lAre- 
~mo de la nam, no dejando la^&etíóT'dtlda* iiiC€fñ!la'd6'su' ólSjfeto. 
í^ruebá és .ésta conclúy^ntd d& np^átarke ddooiá natural, s&o 
de un distintivQ, un ájSomo cciivéncib^ál psnrá táa¥cftfTÍtLa tribu, 
una r^?a ó tipa condjféip'u eá áqu^Uá sc/cfeá&ífc" '•' ^ • ' '• ^ " 

!En lo relativo, al tragé, sé.^r^áén^iñ/al aiériim/dúii 
^'cádos. ; Eí tuio .'párfecé' ^érténfeoet.'^'^^lafr dlteetí supéirioreit, y 
consiste en un 'lóca¿(á^ ¿ompifedlo ^ de uá jgóHrÓ^ 'éti¿^ tiintás', pFá- 
¿áfi^: y adornos;* peildiéiiiré^''¿^' t^B'dr^áfe^, éólhiré^-íÉÍás é'^^m^- 
nos aíichos, y uñ sartal: 4eci^^^ 




"cuentas y^b^r^ádos;; i^^W ei^ftií^'xlé'l/^ V]k(ltt«'iMmáé;^7 
' Ziui'4a1^á8 8eme]aate^á;'Í^'^¿'1i& ba1iatTriJC8<^órsÜ»é-.''fB{yQ«b'Ui8 






oillo es el traje de la gente' menada; tocado ligero, collar, pulse- 
ras 7 el paño, enredado á la cintura, d or'pnwtwir onlgiWiliOOi ^ 



. CHertos .p»4!^loii6f m estofo par^oen representar dio9e8rvA.ta- 
\íb4ó^ de Tin ja^^9ffpiifi49^Q^ e^áix 9ei^iiadpa á ría maBera. orió^- 
tal ^bre .uu l}^npo ternunadp p^r doa oabesa&de Tin animai bx;ayo 
icpíf 9US[Cf^l(rq^y y aatriban^o; solure }m p^aa con gaitas, Paf;eeiHi 
diopf^8»porq\i^. abajo del rQlie¥drl^77sie^aa,<^e piedra» dasji¡^na4&Sf 
en niiestrp^i^qipüpeptP» ár^eibir las otr^ndas.. En lod temptos. ^xia- 
tf n dos olDJetQS notables, copaagradqaievi4enteinei)te, al ,Qultp« E}1 
psincipaly iná.9.cQnoaidQ| por jl^abjir Us^madpSQbradame.nt^;|a a^en- 
ciop, es, el nombrado 2>p]r d«^lar,C!raZ| (l)*á cauaad^ que en el een- 
tro;del ];eííe^eaa distingue ^ji^nz^ latina fpn vario^ adorno^, á 
cada lado xtua fispir^^ en :pié e]»a<^ifarid de ofrendar, con. 1q9 trages 
quB ppdiera^ H^x.deXpH t^G^.4ot^g.AiÍa'Íqa^Wados,.7:oe^rr^4o 
elcuadrovgrandea ^|al^^aa■d^ gerogUi^pos. El ae^^dp réUeTei 
mencionado -8($lp por Stepbefns,. {9). difiere. d^l anterior Qn 99ten- 
¿ar.en.el .ce(ntro la imágep d^aol, ^steinida 9o,bre,una.ie9ipecj)9 de 
andas por YJiejos aacerdoteg^ .se^^doa.á^on: Ijis piernas. cruzadp6| 
la?, cab^zaa reclinadas j, la^^.m^ojsfirn^e^.qn tierra,' onal siles 
agobiara eil^peso; los personajes rlafaerales^^ncU^ 
|aBftá8ticf¿,:?0jnj»i4vi de. escritura ge- 

liogUfica... -..„. r ... . -f:" ,^ ;r; .1 ' , •, . . .:"..... 5? í 

1^ ,p;wrtef decorativa,, jí^ ^u la? Raw.¿les# ja spbre laa ptiertoiS del 
subtemiieQ^bajo: d palí^c^o, ion; ^^rltí^ii^^^ : elegantes^' de If^eas 
gracipsá?^ con.pájaros^y cn^ri^qfií^Ht^sticpft Ja sei^flipnte ir^- 
pfi^^^ffi^rBj^ inga^"^, Joreay íl|?i^t9s,;p9ef tas^y l?bo;r^9 unidas, 
' .Á?:m?mW#%W9oipa».(3;^Sic9^^^ ponías 

??*»(» W<>ifyi,^f ?PÍtWf*vd?r los\p^ebJos -^ientftl^^^ :..,.., ; '. ; ' 
Qcüp^ij^nOs yaí!en..J^psppn3p^^ de Yucatán, ,co. 

. menfaíi$mp§*fWl^ P^Í*^ll»4.#**«»Í!4»MHM«íte^wW^ JEn 4qs tipjíi- 

pos dpi P;.J[4aíid«^íI« juxáinídea y>íi»Ai6w#;ieían^.í^ ó 

flftOei afe«%- a^fdwfc^Jlg»i|a^ W^^ 

gcsa^^fo^lf^B de »#dBAtP^ca9a%^^ft PÍI*^ftiwÍ!icj|?4 J¿ ci^i^á. 

primitiya era un santuario reverenciado, al que acudí antpeij^i- 
^RQg-de JQ9. .JftgaKps.í(#íd^iíi}4«ff.: ftí|»ÍW^ ,eí> 9PBWft9>ffi[tres 
-«Ff »^ldtSg«^<M.destíié4<»|4:fli^^ dfiíPÍ^JRdel 

(1) Dnpaiz, tercerA ezped. lám. XXXYI.— Stephens, Central América, tom. II, 

(2^ Loco dfc. fr<Mitiflpieio. ' . ' * '^ ", " ' * 

^8)I>upaix,Uniiiia8XXVyXXVIl. ., .. - . , .'f .i 



4éí 



legisladot y taimiatürgo ZamtkíL ' fii-^del Tado xitifitral de lá plaza^ 
tí¿ denomÍDaba ítzfttxiatttl, gnardaVá él eorazoñ y las oettiüalr^de 
Zamná, y sobre él está cohstrnMia'Ia parroqnia y 'el oonrento que 
'fáé de religiosos írancis'cailos, fundado, segttn el P.- Lkndá, <1) el 
año 1545. La pirámide delN/llevaba et) lo antígnó el nóhibre de- 
kiáich'kakmó ó 861 con rostro^ por dépositaifse allí él rostro. Es 
el montiinento mayor de str clase en Itzamalyen todo Yucatán. El 
P. Landa, (2) qne lo rió pocos aSosdespnes de la conqnista, lo dea- 

,' cribe de esta manera:— ^"Hay aqaf en Itúmal nn edificio entré 
los otros de tanta altura, qne espanta, el cnal i^e verá en esta figu- 
ra y en esta razón dé ella. Tiene 20 gradas de á mis de dós-biie- ' 
nos palinos de alto y ancho cada trno, y tenía más de den pi^ de 

' largo. Son estas gradas de tíiñy grandes piedras labradas, aun- 
qne con el mncho tiempo 'y estar al agua, están ya feas y maltra- 
tadas. Tiéné déspnes labrado en turno como señala esta raya, (d 
te) redonda'labrada de cantería tina muy fnérte pared, á la cnal^ 

' coino estado y medio en alto sale nna caja de hermosas piedras 
todo á la redonda y desde ellas se torna despiíes á «égair la obr& 
Hasta igualar con la altnra de lá plaza qne se^ha($e después de la 
primera escalera. Después de la cual plaza> se hace otra buena 

' placeta, y eñ ellit algo pegado á la pared, está hecho un* cerra biex^ 
alto con su escalera ál tnediodía, donde caen las escaleras gran- 
des y encima está una hermosa 'capilla de cantería bien labrada. 
Yo subí en lo alto de ésta capilla, y coino Yucatán ertierra lla- 
na, sé ye desde ella tierra cuanto puede 1» tista déánzar á xnara- 
▼illa y se ve el mar." Sté^hené, (8)lá describe éít bretéíií palabras: 
^os ó tres cuadras distante^ dé la plaza; 'dice, visible en todas 

' sus grandes proporciones; -Ée alzaba tá más estbpendá dé las pi- 
ráíííides qué hü'biéralnos "fisto en el país, teñíendb q^izá de seis- 
dentóíEí ifsét&dénttik i>i^tf;de^)aigo^ póf Sesenta déüHttra, y en la 

' ctiái créemoe, fuera de: diida, *se énciénMMüt com^trucciones in- 

tenores. '•••;»•'*" ^- 

'El templó del O.; éira él ooiiocido por Kab-íul; ^ano obradímjt. 

^ «79ene unos^óscieátos pies dé kÍEi;o,í^trei]ltaáé alto, {lampar- 
te que caía al corral, (de la casa de la Sra. Méndez), estaba com- 



(1) Loco eit pég. sao. 

(2) Ibid. pág. 828. 
(8) YiBie á TQoataa, tom. n, ]pág. 435 









1 



406. 

I^letemente arruinada; pero la que daba á la casa aparecía de xm 
-oabo Á otroy cubierta de colosales adornos en eaineo, maolios de 
los onales habían caído, y entre cuyos fragmentos se descubría 
una cabera gigantesca de siete pies; ocho pulgadas de altura, 
por siete pies de ancho. El fundamento de la oiv^ son piedras 
ealiéntes cubiertas de estuco; de la barba se prolonga una pie* 
dra de^fm pié seis pulgadas de largo, destinada tal vez para que- 
mar copal, como en una especie de altar. Era la vez primera que 
mirlamos: un adorno de esta dase en la parte exterior de estos 
monumentos. La severidad y la fiereza en la expresión, nos re- 
^sósfdaban á los ídolos de Copan, y sus dimensiones colosales rela- 
eíonadas -con las de la gran pirámide, producían una impresión 
extraordinaria de grandeza,, (1) Stephens Uegá á Itzamal duran- 
te las'fiestas ^de^la Santa Oruz, y enmedio de aquella alegre ea- 
odna; no podía meaos dé volver los ojos ¿I los grandes túmulos, 
querdesooUaban sobre los techos de las casas/ y «qu cuyos ma^ 
texialés ha pido construida la ciudad entera, sin aparpeer ^ne 
ellos disndnuyan en sus colosales proporciones, estando desti- 
nados apareQtemente á subsistir, miéotoas las débiles. estructu* 
sÉs de 8Uf( más civilizados conquistadores, se reducirán á polvo. 
LcM pQ^ai noticias, hastiar ioas que' da Xucatau tenemos, colo- 
nial' la Sudación de la ciudad de Itaamal en los tiempos más an- 
tigupB^ aquellos monumentps, en rigor hablando, pertenecen á 
la 4%K>oa histórica; mas eomo las reladonés no saben decir el 
lombre'de los pueblos constructores,^ y corresponden propia- 
mente á los' tiempos oscuros, caben dentro del estudio que va- 
mos {nraeticando. Itzamal materializa la primitiva civilización 
delofa mfíijMt aparece ya formada, en cierto grado de robustez, 
ignorándose ^l camino seguido para llegar á semejante altura. 
SiULicaraciéres principales los suministran las obras piramidales; 
túmulos pa2ra encerrar los despojos de Zamná, se trasformaron 
por último en templos. Las pirámides allí asumen una construc- 
««bu l^eouliar: nd son de tierra ni por pisos sucesivos como las de 
Teotükuaóan y QholoUan; de piedra y mésela^ presentan mayo-' 
feaanafegiaa con las pirámides de S^pto, si bien se apartan en 

'"-'"■■ ¡ ' • ■ •. .. ... 

<^ SteplMBi ^ufi^itax, tOQL 11/ pág. tói. Otro dibujo de la mianu oabei» se ea- 

entütni en la obn intiinlada: Viewa oí anoitfntinoiiitiiiontiin Central Am^rioa» Ohiá- 
¿pta and Tooatan hj Jt, CaÜMnrood. Azoh. Kaw Tock. 1SÍ4. 



.' 



406' 

róV ÉiHinéádás^ llevando en la parle superior uña cáiá ^lana^para: 
sosteWf 'los edificios.' OübioTtaá de esítiicó las faak;'k>« ^ádi^rndS:' 
siguen ei ^tipo cclbsal de lá ¿ónslíucoion enleifá/ Oón ííiertdtt* 
ptmtos dé con'tacjó^oon las obras^ posterioréé, en nadA Híe ^tefijev 
Ébx éfntíargo, ala arqúiléctárá de OKíhén ó dé Utínil; descubrién- 
dose qii^ aquel era un pnéblo dé cRrérso grado de ¿iviHzéteión. 
Tatiibi'éá éía áverso de lo^ de Gbóiollatí y de Teotihtiícttb, sí 
bien tiene con éstos lá coinñn fiísónomfa de levantar grandes' mo- 
les, etígir sus templos, y fórtnar'ébn ellos los sanlttáltios mto»- 
vereñciadós. Lá áriiuíteditn'a era c/e vera y'toóihitae^^^ ctíttlc<J*' 
frespóndíá á pueblos emqiíienés'dóiüiinaba' *el 'sentimiento i^eti- 

¿foso,:. •; y'";; ' •'''^- ;''"'•' '• -•' • •^- • '• 

tÜtíchen, Fe forma Aé'cTci^'hocáyyckehí, pozo} Ghiohén Ití», 
quíere^ééir, el poiso-áe^lós ítiabS- <Eas tuinas esttfci itfine&faKÍa»' 
á Ib' BAbiendá de aquel notnbre, ¿ivididas^or él oíamiiio' real- de 
TaYladblid'; ocu'pstn'dnás' dos millas dé extensión, si bien fnera 




blas.'^^Nó éstá^codslfirfdd sobre titi'térifsiaó^rtifld8l^,'«kió (ri^l^ 
fierra fuá^éscayáda iA redtidbr pará^'daiíé- cierta *elé(Va<íd«5' el 
frente carece ' dé ádo^ñoV'mii^á m Év^itiidé 149ptéíí^pdl? 46/0^ 
¿k¿há\Coñdñcóá1U''pkrte superior 4$ piéltde 

Aáciro, toiiiplétaáiónté arruinada, y el' niSiüe^o'cfoios -dtf|Mrta- 
liíentóy ió t)ie2as,*es ffó díei foihb. '^ el extremo aüstáral hay itn» 
pt^rtá de\entrada i^krá' nna^ cStáurb^ én'la' ónal réi^n el- mém 
grande y m&s impenetrable íftisterio; ' tiene diez y ntievé pQ^0 de 
lar¿o, por ochó ¿íes seis pt!gíid!í¿3 dé' a^feho, y etif la piftved Sel 
fólidó/'ke ve otra ba3a;y eSÍréSíral puerta, cOB4¿irf<Jandü doo -otra 
pfé¿& dé las misthás'diiSien\^óÚés',' anuiré con ei^'iso "atiplémia 
¿ílo*qú4 él antéñor/^El dintel 'á8'fc*ta pueítá'-es de píiedm, 7 mí 
la parte snpérior/^feátá escxflpido - éü' lftij¿ réliisVé ^duf dtbtijcv 9^^ 
por la t)Osiclóh'<itió guftlrdfc;h%.'aad«131ifoníb¥e=al'««^ 
los indios ilam'aü': AcáK»ilb7stgtíyfié^d(>i'«^6^4t8^ tn:*imiMBB/f 
porqué ^o péúefti^ándó la loW^ibo ^ ^á 'i«<|«49a".>evteirib/i«ftt 
tan oscnra la.cfimara, que es muy dificil tomar la copia del di* 
bnjo. £stia. fué lá prláíéríi ve¿'qtie eñ^^údáktin én^cfnti^Mñttd ^e- 

(1) 8tq>hfliw, TttOfttaa, tom. n, pág. 290. 



407 

roglíficoB A&iciilpidps en piedra, inouestionablemente del mismo 
tipo qne I09 de Cópaa^y, Palenque.- I/á fijara sentada parece es- - 
tár practicanáó algún ^tctó de^éncatítfei¿íe¿to'6 de culto* réligio- ' 
SO, o idolátrico, que^ pód^r ^eeíltí^ ^tfdefóct^Méménte'éipllca^ía• 
*'eI que escrifcé en las tínie't)ía¿*' '¿H^ íAerza 'fímóa puede atear 
aquellos monumentos y dejar patentes los secretos que enoie- 
rran, aunque jamás podrá desentrañar 1o¿ misterios contenidos 
en aquella escultura. (1) El Acaboiib, está sentado á la manera 
orientaí, -recordando' por ét trage, los medallones de Palenque; 
la nariz está prolongada, eü la pübta; cual eü éste fuera el dtstin- ^ 
tivó de la raza, alza la mano sobre ttña' Vasija, -conteniendo al*' 
parecer un alimento, y' su acción no deja'tráslutíír el intento d^l * 
escullóf. La escritura, *^yid^nteme!ntó es* calctiliforme; la ñtiftiU ' 
tectura coq la fachada sip| adornos; tddo dicel qde a(][üel inonú^ ^ 
mentó es cóngeiiere' con los del Paletl^ue, y por la éscíítura eá * 
también afin con Oopan. Así esta faz de la* civilización maíyá ^ 
parece iniciarse Con loa cQnocimietotM^dbsfmndidcs det^hiapás 
y de.Gnatemala; t • ' -^ * * • í lí .. 

Xa Gcáatkláé Étonjás ^'es noiéibl^i* pl»r db hai^k ¿stado de c(m« 
servaeioD, la bello y ri^o de stia adórtib^J iVeíáU y Sos ^diís tiene 
de altura lé fftcháda, é6(á -treinta y aiib^^attttho'«l<ediBéio7preh 
secta dos t^e^izás- de ^ibvrjo ' delicadki y de bfMm¿{|ptt8tó. Se ven ' 
sobre -lá puerta Veinte peqneSes paquetee gero^Moos, eai cuatro ' 
hileras de cinco cada unaV arriba de lob cuales 9^ alza' la corniza ^ 
superior; sobre ellos se proyecta «nft'Knéá de íseis adornos re- 
cairros,"séme}antbs a los de la Ofiosadel Gkibeisado^ en üxmal, 
pareciéos ala toompa de nn jdlefuirte, y «n.el beatro del' espacio > 
superior, enbima de la p«ierla>*ettun molía pblooga hay los res* 
tos de lina fif^úr^ Bei^tAda^ adkyrnada la icabeaa. eoi) plumajes. Ei 
resto de los adomos'es de ese tipo p^cailiar,daraeterÍBtico.de las 
antipas ciiidades amerioañas, absotaiasaente^direrso delde nin- 
gnn otro pueblo con el cual pneda-eslítr el lector &iáiliarizbdo. 
Las plantas- tiopieales y las:enredade?^fhs;^|i^.i9n.l% pa^^ta supe- 
* rior;eréB9ea y í%úe eiáao sobi» la oorüissajeii £8|ito^, a^uimentaban ; 
ectraordm^riamente elefeüto pintQr/9GWH>d0 U.|i^legi^n);p ffcl^a- 
da." (2) Las Monjas sonde un carácter distinto del Acaboiib, 

<1) Btephene, loco dt. pág 291. 
(2) Ibid, pág. 292. 



4.'. * ' 



.'» . • : .^> r^ 



I 



408 

corresponden ya al tipo de lo que llamaremos la edad de oro de 
aquellas constrncoiones armoniosas, artísticas, revelando qne 
los constraotores supieron alzarse hasta hábiles arquitectos y 
exquisitos decoradores: aquella fachada es de efecto agradable, 
de gusto acribado. (1) Estas diferencias dan razón á Btephens 
para asentar (2) que las ruinas de Chichen son magníficas. "Los 
edificios son amplios^ algunos en buen estado de conservación» 
aunque las fachadas en general no estaban tan prolijamente 
adornadas como las qne habíamos visto, parecían más antiguas 
y de escultura más ruda, si bien las cámaras contenían decora- 
ciones y objeto? nunca vistos por nosotros, extraordinariamente 
interesantes." £n efecto, los edificios no parecen corresponder á 
la misma data, y estudiados pueden dar idesi de la t^asformacion 
q^e la civilización palencana sufrió allí, para tomar el carácter 
propio de los itsaea 

Las Monjas no están aíftlodM, oorresppndieAdo á un grupo, de 
edificios, ocupando una gran extensión. "Bajando de nuevo al 
piso inferior, al fin de la ala'de aquellas oonstrocciones, se en- 
cuentra él edificio llamado la Iglesia^ de 26 pies de frente, 11 de 
ancho y 81 de : altura, la coal por ser conxparativamente grande; 
aumenta el buen aspecto. Dividen la fachada tres carnizas, coa 
los espacios intermedios ornumentados ricamente, siendo la es- 
'^ cultura ruda aunque grandiosa. La decoración principal se en- 
cuentra sobre la puerta teniendo á ^^ada lado figuras sentadas, 
aunque desgraciadamente muy mutiladas. La porción encima 
de la segunda comiza, es sólo una pared ornamental, como laa 
qne üabíamos visto en Zayí y en Labná. ]Ql conjunto está bien 
conservado, y consiste el interior eft una sola piídza, un tiempo 
estucada, presentando en la parte superior de las paredes deba- 
jo del arco, huellas de una línea de medallones de estuco, conte- 
niendo nn tiempo geroglíficos." (3) 

' ^'Dejando aquella aglomeración de construcciones^ tomando 
hacia el N. de las Monjas á distancia de cuatrocientos pies, ae 
alza el edificio más importante de Chichen por su (úntoresoa 

(2) Oathenrood, lám. 21. Véanse 1m fotografías de Ohamaj. 

(3) Ynoatan, tom. IL pág. 284. .... 
(1). Looo dt pág. SM. 



409 

apariencia, único en su género de los qiie habíamos yisto, excep- 
tuando el de Mayapan, aun más arruinado. Su forma circular lo 
hace conocer por el Caracol 6 escalera espiral, por su distribu- 
ción interior. Yace encima de dos terrados, el inferior de los 
cuales mide de K á S. 223 pies, y de E. á O. 150, todo bien pre- 
servado. Una escalera de 45 pies de ancho, con 20 escalones, su- 
be hasta la plataforma; á cada lado, formando como una balaus- 
trada, se ven los ouerpos enlazados de dos gigantescas serpien- 
tes, de tres pies de ancho, existentes todavía en varias porciones; 
entre las ruinas de la escalera vimos una de las cabezas gigan- 
tescas, terminando en lo bajo de los escalones.** *'La platt^^prma 
del segundo terrado, mide 80 pies de frente j. 55 de ancho, y 
tiene otra escalera de 42 pies de amplitud, con 16 escalones. £n 
el centro de ésto9, y contra la pared del terrado, permanecen los 
testos de un pedestal de seis pies de altura, el cual.probablemen- 
te sostuvo algún ídolo. En la plataforma, y á quince pies del 
último escalón, se alza el edificio, de 22 pies de diámetro, con 
cuatro pequeñas puertas hacia los lados cardinales. Gran por- 
ción de las partes. superior y laterales, han venido al suelo; so- 
bre la coruiza se eleva el techo, disminuyendo hasta acabar en 
punta; la altura, inclusos los terrados, es de unos 60 pies, y 
cuando estuvo completo, debía presentar una grandiosa aparien- 
da» aún en medio de los grandes edificios que lo rodean. Las 
puertas dan entrada á un corredor circular, de cinco pies de an- 
cho;.la pared interior tiene también cuatro puertas, en los puntos 
intermedios cardinales correspondientes al N. E., N. O., S.E. y S* 
O. Estas puertas dan entrada á un segundo corredor circular, de 
cuatro pies de ancho, y en el centro hay una masa circalívr, apa* 
rentemente de piedra sólida, de siete pies seis pulgadas de diá- 
metro, y én cierto lugar, á la altura de ocho pies del piso, hay 
una abertura cuadrangular, tapiada con piedras, que procuré 
destapar, suspendiendo la operación por ser ' peligrosa, á causa 
de que las ,piedra3 caían en el estrecho corredor: el techo vaci- 
laba adem&s, y uo pude averiguar á dónde conducía aquéllu aber- 
tura, suficiente para contener el rostro dé un hombre en pié, y 
ver el exterior desde lo alto. Las paredes de los corredores es* 
taban estucadas y adornadas con pinturas, cerradas con el arco 
triangular. Nuevo era el plano de este edificio, que en lugar áe 

52 



esolareoer los seoretps hoy ignorados, arroja mayor oscuridad 
solare estas toísfGrióyiá'extrilctiiras/*''(^^ * ''/;.*.'' 

Á 420:piéá al'Sf. 'Ó: dóí Ckta&ol, sé'V¿ la Casa'Ooioradá, flam^^ 
da Phicháncliób, p'or los mayas. "Éí terrado 'sa1}r¿,(}ué descansTa,- 
es de 62 pí¿s de largo y 55.d'e anclíó; mide la estíaíera 20 pies' dé 
ancíAira: eredificío'cuentáíá'tííls de fícente; V 23 alfeostadb. *^ 
parte superior dé la córiii2£í; éstíí. ticamente" ¿domada* &aiiq[ite 
los' adornos se eñcuefatran mtíy^ésti'opéadó'3.''Sti3 ttes' puertafir* 
dan aun coríedol: del tdmáñó del edificio, y á Ib latgo déla pa- 
red iuteriót'derfondo/hay una piedtálabráda óbn tlia Hiera de 
geroglíficos.** (2) La esóri'tura es del generó 'de* lá Uttiúáda rál- 
culiforme. . \ * /' . ;; * / • • ' /' 

Jjos noml)res á^ignad^s á Ids édífíciQs son dé ' lá éb^e'tíliá Vulgar, 
no debiendo próoctípár^eláliímó del leciof; por^eso Stephéiifei lla^ 
mó Gipnació ala cbnstrüociott de qüb Vamos 'á'Iíablar: 'HJónsis- 
t^ en dos inmensos muróá parálelos de 261 ptí^ de Urgb, iiteiufá 
de grueso, y á'di¿tan,óia''de l^O. 'A'cíenpiés delaettremidád^bo-; 
real, úiirando al espacio abierto entré' jod iuxtros, se alza sobre 
una' elevación 'ui^ édiábib de 33 pies de l^rgó óbíi una sola; pfe^a^ 
caido ei frente, y leyaiítadas de eútre Ids éscdíábro^ los restos de 
dos columpas cuida^osanlente llenas de esculturas; g^ctédá él* itr- 
terior descubierto, lleno desde el piso hasta el pido del atcój coii 
figuras en .bajo relieve, carpomidieU y borradas, En eíotfd értté^ 
mo,'y & cien píes áp df&táucia d^l tnismo. espado;* sb ve 'óitó 
edificio de J50 pi¿s dé largó, arruinado también, bfrefcién&oí'íoÉr' 
vestigios de otr^s dos.columna^ laicamente adprn^cts' con figuras 
esculpidas.en bajo relieve."— **En. el oentro'délós grandes ifauros ' 
de piedra, exactamente en ftr.ente una de otra 5^ á la jEtltura dct26 
pi& del suelo, .están dos anillos macizos dé piedra^ dé oüatrb 
piéá de diáuxetro y un pie'iina pulgada 4e grueso; el diámetro del 
daro es de un pié siete pulgá^áé. En el borde de cada anillo es- ' 
tan esculpidas d9s serpientes entrelazadas/^ (3) St'¿p1iéns qhiere; 
ver en esta eg^tructurá un juego de pelota m.éiióanó. .' - • • • »> 

Eu núeatro' 
chen. es 







(O nád. pág. 298. 
,(2) Ipemphg. 800. .rv. , , 

(8) Pág. 808. 



41L 

m 

S. áé\ muro órfental' del Gipnaoio, ' compueslo deudos eaenpcs ei 
unVsobré el piso^ et otro á 25 piás sobre el anteirirH': la obrnüsa 
de éste rei)rés6iita tina serie de tigres en bajo ve! ie ve. El oaerpo 
inferior ha perdido el frente, dejando al descñMeifo 'los rpítos* 
dé dos columnas ' llenas d;e figuras éséalpidas; la«ip.tredos dé. 
aqnella pieza están cubiertas enteramente -de figuras en bá.jó ce* 
liste, talíAdas con priiftor. (í) Los indina :llaman & aquello iika 
dánm de los antigme, y 'Stephens, no obsta^lei la» diferencias 'qa^ 
nota, las cotnpárfa'y encuentra Bemejitniesrá lais ¿guras de 'la pie- 
dra llamada en Méxix^de los'sacrifioi&s; sigiiiettdoenellolaiideci'. 
cobstante de sacar idénticos I09 trabajos^ maj^s y akteoas: 3u^ 
gando por el dibnjo dado^r el^nismo Stepfaestycd b^jo relie W: 
repfés'eáta algún ioonvénio ó fp^aieto entre guerrefós; por sraofao' 
<^ué la imagitiádon-se preocu^e^á trates de ksiertas.seisejsiizas' 
aparentes, qtte sí eíhtfam, á ip()í¿p estadio se- oónvehcerá el ánimo! 
dé ijüé liik a¥biádilrás, Ids ({aseos yplumajfeSylas avmas mismas ton.> 
diVeWasr de las iaiQÍiMtít&, dettaparaeiéndKy toda duda al ebntem* 
plát 'el' dibujen corree to^as propbreimies del cíierpo, y los ador-, 
nos Kmpios del ba^o reli^vb d<d Xfto!; • 

Sa ^sai^arécríio Ia*ésdiLlera pata átlbir al 'segundo cuerpo;' EL 
frente de ^te,édtii fl¿ste&ldo por'pil*aÁres -maGiisos, algnnod de- los* 
ouáles 'subsidien ^cttidadosamen^d ¿seuipídes. ''El dintel deja 
piiéria éJb'nna tIj^ de zapote ricamente labraba; las jambas eatin 
sentadas' en k^ ^escóiAbros^ presentando lá parte descubierta 
^guras esculpidSfd oon rioós plumajes. Por aquí entramos á-unil' 
pieza interior, cctyas paTedesytecbumb re,: desdé él piso hasta 
et picó del át<^, ^stán * cubiertas de pinturas, reprssentandó en 
vivos y btilki^t&s colores, figuras humanas, batallas,- oasás, arbo- 
les y escenas AeiÉk Vidadom^tica, y muy .propia' en una de las. 
paredes una gran eanoa* El sentimiento de^ sorpred» ^ «aatisfae*». 
cibn probado á la vista de aquellos objetos, fué seguido, de úh; 
graá desagrado, potqtke todo está mutilado y deságcnrado: eb c(lr 
guñas "piíñee éPeslu^do está rotó, ev otras bay hendidut^as en 
los tnuroií; y aunque alguna^' fíguiias -e^n 'enteran, se ro|nt>e ^á 
ve^s la conexión y el enlaoá Por mucho tíemípojestunfiíosi tita-i 
beando con W ff agmeotes! det j)kiinris qve .KabíflttiM«toMiUri^^ 
dojíquenos hacífqytlafdarte inipiíeñoa de f)eMar qud, en 0ite 



(1) Pág.306. 



c 



a2 

arte tan perecedero, los constraotoree oborígenea habían adelan* 
tado aún más que en la eseultára, y abora encontrábamos la 
pmeba de ser exacto nuestro pensamiento. Los colores son el 
iPBrde, amarillo, fojo, azul y un rojizo oscuro empleado invaria- 
blemente en las carnes." (1) Vuelve Stephens al tema de ser aque- 
llos dibujos mexicanos. 

Oatherwood, quien hizo la copia de algunos de aquellos diba* 
jos, los ju^a de esta manera: '^Eu otro ramo de las artes indi- 
can mayor grado de cÍTÍIÍ2¡aéion que el que demuestran en la 
construcción de las pirámides y de los templos; me refiero al arte 
de pintar, á la preparación, mezcla y uso de los colores. En yer- 
dad que su pintara es muy superior á su escultura y á su arqui- 
tectura, y la aplicaban como los egipcios á la deooracion arqui- 
feotónica; en el contraste de los colores habían avanzado sobre 
lo que practicaban los mismos egipcios, aproximándose más al 
estilo manos severo de los fréseos de Pom.peya y de Hercula- 
no* • • «Mencionaré, siu' embargo^ que en una de las piezas de las 
oonrftrucoiones deXlIhichen Itzá, hay pinturas cubriendo todas las 
paredes del piso á la techumbre; tendrá la pieza (hablo por re- 
cuerdos) 25 piás de largo, 10 de ancho y 16 de alto. Las figuras 
miden de seis á ocho pulgadas, representando los asuntos más 
interesantes, relativos á la vida, á la animacitm y á la naturaleza: 
aquí se ven guerreros preparándose para el dombáte, aUá el ca- 
lor de la pelea» castillos atacados, defendidos y tomados; segui- 
dos de varios castigos militares, éstos forman una sección en la 
pared; más adelante las labores de la agricultura, plantando, se- 
gando y cosechando, con* el cultivo de flores y fritos; continúan 
escenas domesticas, y otras aparentemente de especie mitológi* 
ca, y en verdad que cada una de ellas suministra el conocimien- 
to íntimo de la vida de los indios allí pintados. Son tan multi- 
plicados los asuntos que no puede hacerse mención de todos, y 
tal el número de figuras y objetos, que* ni en un mes se pudieraa 
copiar; y ine dieron una muy alta opinión de la civilización de 
aquel pueblo, muy superior á la de los indios con quienes había 
tratado. Desdichadamente aquellas hermosas muestras del arte, 
se están destmyelido, y cada dia la irá aiimen,taiido.T 

Tanto ó más que }as vistas de; las ruinas importaría la 0opi#. 

(1) Pág. 31C. 






«ompleta yáBsousta de aquellas pintatM; ncks eote^arían ^eli^yir 
da 7 costombres de un pueblo desaparecido, Hog/^Af^^i tax^ alto 
{(xádo dé editara. Dapaix mamona ootx eatiin^on laa putnras 
ú» Palenque; A kfque podemos vec w 1% l^AÍM ppblio^da por 
St^pbens, creemos que la paite superior represei^t^ '4 xm músi- 
oo> tocando nn inaiaramanta oompnéatQ de noi aro cari(X) coa tres 
cnerdas en lo alto, kerido por medio de xvx palo recuryo; la figu- 
ra lleya delante de la. boca el símbolo delca^to^da los geroglifi- 
eos meadcanos, el mismo que' se adrierte en la última figura á la 
derecha: es^ pues, nn músico a/oompaSado de personas can^dp 
en coro. En la segunda línea se ye una anciana metiendo 6. sa- 
cando dé una olla unas bolas de aUmento, que recuerdan los t^ 
males: la olla descansa sobre las piedras que entre los. aztecas 
formal>an elÚJecudlU ú hogar. Sigue otra vieja ocupada en moler; 
és '¿▼identeraénte él meÜaU el qué tiene deliúa?te, lo que indica, q1 
«altivo del' máíz^ 7 el empleo del grano en los.alime^tos que fue- 
roi^ comunes á laa razas americanas del Sur. Las dps.figui^ si- 
gtiidntes conveman, aunque noa» compréndela intencfoB. £n el 
principio de. la tercera linea se trata/de la i|onsulta á:ima divini- 
^•daá^'él aÁp^etó d^ ésta és.defortnei de un ani^o^l^ de maneifi que 
áqifél puebk) tenía símbolos terriblea, it^oos, se. ha^bía lanzado 
á la idolatiía, perdiendo la dóc^riba e^idtpfiAistaprediQí^f por 
Zamná. Signen ima guarreros combatiendo; sus armas' so^^lan- 
fias, qneíá la manera, ea qué están iomadaa podi^raajer. ^dos 
>óaeafía7ae, iiótándqsé qiBe:el del medio empw^nn^ especie de 
clafa armada dé púas, recordando. q1 fMowífíuitíí ó espada n^xi- 
"Cana dé tiempos más modernos. Las dos p^rim^r^ .figura^ de la 
-éuarta f faiea, hombre 7 mujéáí, son nsoánidcencia 4^ núa .costum- 
bre íntima practicada aún en algunas tribus d^. S^itnoi;^: Siigue 
un signo idáatico'al qué en la escritura m#zimna B^lw^.f^fichi' 
máCUy significa fi^erra ó batalla. Se rafier^ eyí4«A^ní/Bn|^ al 
'cnadro siguiente; es nba gran canoa propia, de un pUf^)>)9 b^í- 
timo, los tripulantes acomodan en ella á im;a.tmijeri mientras xm 
hombre va precipitado de cabeza al mar, casas per canas áia cos- 
ta, 7 más distantes se perciben reocrridaaporalgsnos guerreros; 
es una espedicion pir&tíca, una irrupción en país enMaigo, )r el 
botin es trasportado á la canoa. Signifique un agravio bpcho á 
tierra lejana, ó un desembarco en la costa 7ucateca de. geiites 
desconocidas, la embarcación da idea de ciertas aven^raa marí- 



Ué 

tímas, 7 dé' ^e'en aq«^taí4$p(>4i Mtabfia adolantftáaB.iiuí 

86 .encti^6<« nuil W la ^ra . queisirvq da .c)a.Yrf.al«nio;>e« Mr 
Tiosá, iSé Í9dl¿Fteé büíUaliitdt «ttire' los :<)ae predomiiuio ei r^o; jr<6l 
verde. ''Bl^eáent^iiiiá rtkda^figa*alituHBnar> rodeada, de /g^oo- 
glfddofe' qu^ i'Bfdadíablétnettte 'oHMitaiir sni fa¿Bioriá> tidWiSiO. pvig^- 
das d6 '4arga '|)0r' IS'de-'aiíehwa, Tenltaiiido Tel toSoi iBoioC* (L) 
PhitúrMy j;éÍH^lí¿d08 réftérén i Eíiifbá.la'^pbca d0:CfaMie&, A 
dos le|^aflí<4é'XtiI víó tattibi^iii; Stepbe&sidibiijesiqueh ie: jréoordj»- 
ron las pró<3Ssiotíés dd las: totubas dei^ebaap^) qü lUrbideipis- 
liáras' semejatíteá í }a^ áé £mie, (3) tai oaiaQr.ea Saj8i^a1[,.^é)/jí7 
■Talbota/{5)' ••' * - •'• ■ -«f ■^' • -n' •:- .• ,. 'c .. i I'.' t.l : t)í..ia* 

El édifii^^ láás a^aréBto de .CUriokotí es al Oiatillo.. 8a. fliaUa\á 
'distarla dé' 500 pies al- 90. del^i^oio, midktndoielteiímdQ^e 
S. á K 196 )s^^'lO ]^Igadas, yidé E.i^O. ilO^ jr^&diiííalÁumji^ 
lado oriental yr&áeútA^ÚQBi sscalsva 4e 81^ pías ¡dé smofaiara^ ji . fil 
N; otra de 45 ^bn '90 éséAlóQaeí^'aitpiái^ei^llaB.ae» Yfiii>dos «cim- 
asas colosales áe sé)^ietité oón b& bott^ábieütery^la lebgttad^llie-. 
TK €ja i^UtatoriM' supetlst de K. i B. ^tídnia J61/piés Jiiá áfi: & á 
Ó.; éledrfiléié, «u las^iaismaa üise^^dioheéi á8 y:^ (£(ó'j)tf44Íf!llo 
dé nótásófílátlKIi^Hértal^'lé^'dii^éB'de gx^ 

^eséiiV^dáél/ tttt b¿jo;t¿lié^é cJfifpiediniysps^^jd¡tfcndo^4a.^Sft$yqLa 
en]r&^ Vástído ^"¿dt^iíO^rééabrdaavelí]^^^ y<íU«íai¡t jj^^saúq^me 
ofreté ^o^*^ikÍÉéi'4«adt»dta3¡dé fep¿B 4;^p61gflidae ,díé/«l^«r#;.7 
l^^él^'I^tflgatlaá {Kn* ladd;>oiúft ñWtio 

'caráfl/iófj^feáiido- MMtísas vi^as^da 'iMpote, taUjkdMiprlft<MEfiS!f^ 
teenté oon ctikoSbd^ítí(á4iíoadoadüiajaís/aiiiú^^ 
cotóidotfp^''él-'lieiiíj^:'* (6)íjí^^ííó a » "í/- /-i ., 1; >;í , ; j j r. .»7(f 
dtephi^s ref#Éritié'-stitjaid6ii;0erai da ki|. íuímís «te ChÍAli9%i^n 

* eata§^ltó»M7^'Y^iá'íteebinttrtiob'>uoaío^ t^egse^I: 

est^ iglt(d«ídeá^iiO'lQ^r(av<a(ni8lmidar^eniÍA mis»na;¿{»p(oa, pcffflf e 
se^senl^m'^ffeMigbNf ¿eí iiamposíAivBxaosi aanqa^ iQ^iidieAii^- 

"• ' .'h prMnj" \¡ r r't*') ... ai 1«, :• .so./.i -i t J/j-.ii;? *HTír .*;/*'»ru/ií xi 



a iÉ é j«r <eofts»wadiMqna^ii¿hfca?ite^^ íma^ el' aspeóte de 

tmé^gran^áitft^ífjídad; ÍBAaAiAdeHMi»to^qtie4A-«ns ••^fieios. upoB 
eé&>¿M inejM^ad otM»;<{^J*%Mí]iÍ9fy«l0S'li«n^deilMbertara8- 
'WniAú 4Biftr«.4M tí^ttpM^ ^m ^oénstmeoifotí/^ (1)'S& «leeto.t •éa 
<9fb0é^i^Jeta €tt»tfthen< qué^fer^léoíitUnc^ üen.üDs'ediicios eg.notfs 
Vee^ cMMv^' ieverii/MfMHooiiQfAiMd^ artl4ete)M^Jd|rtt|I08de8- 
«ündiMi 0ollr€M^ siilriitdi^iiiiéatrMP Ibr demiifll <Mnipíai4aiií iatUoraa de 
'MV«adM^MMtmt4o6'4#iIyl•dtM;'lacáC^^ uiBtaa^no'.M: en 

feéAdB tM MálMÍda 7 fWft«lf»:'¿o«irel^4iatoral admttirviÓBrobve- 
MTcte lae#l^«illiea»d€^*«OitMl|fij€Már<4^^ Id i^eqoeriáiir áais 

'OÍJM)a**tartiW!as*j v-'i. ..:!.. ».M r uí -..-i -í^íí' .. ;., . ii , . • . ..-^ ., 

BeanM tlito* <|íie 'Ohklieii pireeeDÉá marcadi» analogías oón 
Btdctt^qiie: ^^ehsMSiiiiioi.óaeo «a >h|klla Eidwh. I^aataíMAdeieate 
nMAMT^se eiieti0ii;liríitt«ii 'ka tietiÍAi^deoiMkunidadidBl paefailode 

^iflteAe^Qafito^úpiilkíká'éladadi iJesoaMai^lw^eídA&éíoaíisolM^ 

"DiiméDtaoiim «bilit>tt«UQhi y ftkáeéoia^t<oii fa^paiqtdwiwidadiqiie 
eliff8iito:<ll^Ub¿de'^e»]M^'ípMÉeiita4cfe adohMM^tédci»6¿iUaaBo 
d64áJ^ptttt3fl^4él^iKb jdtMbeí)>^) it^ ifit.pitfade 

freAté|< jr^al' ^Ifi^úlimiUmaA iw^Mso^/i^ la. itaiiaíoii la láxtiiaovdi* 
'riariii^i*yi€tt»>áé^iÉdoitw<a#4ftfli^ 
laií<M«urtinMÉÍMcwdaiOMi]iUr'4e&flilaiparte ttrfiHbr haatá' hí loto- 

ittiaa^qbeMéi^f^isgfct^ite^'t^ 

e^iiÁaüMÍiiiifíifAá(4M^^ •««( lei4M^4# laroemn;" 

pllóatfí»«i44abMí^éiiftMM^óK^«6 4M0tta^n¿ei^ 

'etíé9íí^íá&>é^titpT^^ 4á 'Jpft»te'itil^rioivMp'«linMbiiaba> d» ila 
"^oÉÉtiiflá, áí Jiift^«btifií¿ltfá»4e4ic(b«r ptidaeiMadd tnik «ttetaftáAgfaáft^, 
-«iip«riw A4a'^teftte4tteibií«ie'T]hifltta.i>tAoo^^ eóiww- 

.'bio laiitípítéHM» jittí^a i^oi4m )N^iMi»áe dovesi^d^ a^toíadml* 

tidoffwiáwéototK^'lii^ 

liMa^Tri6lá>de«tea>coaoéidasí jCix^iiQedila ImUDárie, 

Mde^imáMPf^0eB<fiMk«diaá^ iN^ «aaieépaeie^ae^ofreii- 

'TdáxpraisMMbi|>ar Iloa:«Mb6i4oi^ ;rier 



f 






(1) Pág. 828. '"*' -^ • '" ' ' 

I ' (2) 9tepheii0, Tnofttan, tom. I^ oap. XVII, pág. 888: ' V { : 






Los dinteles da las pooriM sea ide f^esM<¥Ígw de MCbdUra de 
zapote» lÜl.qae SteUpeofli arv«M¿ de miO de loK M^&sip», '"lepre- 
•senta una fignmíCa pié sobre «nii^espieiijbe; el yosteo'iestíL abona- 
do y caMomido; el tocado lo for«ia ftn^grfoi plumlkje» y el oarée- 
ter general áé la figuva y de ios adornos es al aniamoi^ue :e^ 
da las p«raoiiaíS representadas e& las pav^ Aqnel 

jEaá el priíaier.t^bjeto por : nosotros daa^nbjerto, 0Qn ian notable 
semejansa en los detalle^ >y lelafiíoña&dQ tan edtareebamante^tlQs 
constructores de aquellas dístantoa eiudades." (l)í£k>brelas jafii<- 
baa de una^^pnerta existen ^io^ ipapoa tallados en piedra» (9) Re- 
presenta la primera un guerrero en pié, delante del:eiiial,ae.MrQ- 
dula una persona ornsando los braaos sobre el tpeobó^ Xiaaegun- 
da presenta un personaje ex^pié/y la.igMMarrodiUada delunle 
lexsfreoe úñaArma^ Iíios tocados y lob.vestidM son. idáiitioos 4 
los palfineanás» y no deja dudí^ acerca de la iNunejanmla línea ^e 
eseritusahcalcmUforin^ colocada enlafaajad^l irelieve« Llaimwla 
ateneipn queí losr^üostros ostenten una naiía re^ta icaipinelongada 
a| iutfiaonto^ igual i la ya notada en 0]iijolm^en4a eai^a del.^'que 
escnbe en IsSiittmeUafr." ^4^ explicamos que ániXM^ifque la ña- 
fia aírqAéádá en pMtÜBa, sigttificÉndo. categoría <^ Ms4irpor w3ití9- 
cion/.podemosí ásegaran qua eato^potesoa |»i9o]m¿aciotir.toQÍaapti- 
caeion semcyanto; si se admitoe lacgumento^Mpftdi^ea anedkt que 
elpaeblo.de Obicüensel de^SabykstilTielxwnetaeímfa^c^^ ^1 
palencanoi y aanq^del JBU4nio otigenf s^dif^^nciabw^eAi^piviQl^re 
ya que se dlstins^iian. por el aiomo^r> Ai(ffM $ ^ 6tpBiímrj:ym4^ 

• PdLenque^ tomo h^mo^ repodo,' usau/el massOatl -mmw^JÍ^- 
mado por los jniigrasea;^ cpi»o otn> pnnto^ei Min^*an«H ^klcéMos 
que/ el 9ixm9k4jafm^ mencionada se ocokipoteite i^lmo ariiMf^ de 
punáw latei^Sitjr torminado ein nnlt cvOM^aar.redoAdiG^ .también 
«rnada de,pMtae(en.ia.Mina>ints«iáiMl^ae*ti^ 
ataa.de:€!lij(Cbe»i y el ^m ^wn í M ia «otecsi ali^bien .niodíficado: és^» 

, supuesto; qmej^Mtre»oeam<rfH de J^es tn«H>a4e;ohsidiaqsc ' í 
fScteéiinadíir iMitecradea se ^ levan tsi.^un are»,?) ffdftlá.püama 

• iorma^fle^los^demas^iBoi ja9a.ábertwa^d«Í]A)Mí<s^psaa^^ 

i da |i>nBtiQ;f<^ion»4M#kme ien au .0tond«m*>lLse^^JaáebWéocp]í^ 
su historia; pero en su de8oladÍMí3''lQled|identflelairt]üju^ 

(1) Locod*. pág. 40«. .. .^ 

(2) Ibid. pég. 412. » 



417 

■ 

lo rodean, «e alza oomó la orgiillosa memoria de algnn triunfo 
Tcmáfío; aeaso como el arco de Tito en la vía sagrada de Boma^ 
foé erigido para conmemorar algona viotoria so^re los enemi- 
gos/' (1) 

Antes de terminat con lo relativo á estas minas, mencionaré* 
moe nn hecho notable. Sobre nüo de los grandes terraplenes con 
los escombros de dos edificios armiñados á la derecha yá la iz- 
qnierda, en el centro ''hay un cercado de piedra de 27 pies cua- 
drados de superficie y 7 de altura, como el que rodea la Picota 
en üxmal, y al examinarla encontramos que la base de las pie- 
dras estaba esculpida y llena de geroglíficos.'' El mismo objeto 
llamado Picota en Uzmal (2) fué visto sobre otra piTámide, y se 
encuentran otros semejantes, derramados en los patios ó en las 
caras superiores de los terrados. Según infiere 8 te phens y 'nos 
informan algunas personas, esas piedras cilindricas . enhiestas, 
tienen atingencia con el culto del phallus, reconocido por los pue- 
blos de Oriente. Los habitantes de Palenque practicaban el mis- 
mo culto, y pruebas evidentes tenemos encontradas en los figu- 
rines de barro y de piedra de aquella procedencia. 

Xlabpak contiene un buen ejemplo de lo que en aquellos edi- 
ficios se llama camscen^adas, es decir, grandes macizos de piedra 
y mezcla, cuyo objeto aun no ha podido ser explicado. Dofs fren- 
tes opuestos ofrecen bajos relieves. '*£n estos lugares habia ba- 
jos relieves esculpidos, y exceptuando Palenque, era el sólo lugar 
en que durante nuestros viajes' los hubiéramos encontrado. Oa- 
minibamos en dirección del Palenque, aunque á gran distancia 
de él; era menos pedregoso el aspecto del país, y la vista deaque* 
líos relieves y el tamaño y la profusión de los adornos de estu- 
co nos hacían pensar que más allá de la superficie de la piedra 
calcárea, los consltuctores habían sujetado sus obras á los mate- 
riales que á la mario tenían, y por eso en Palenque en lugar de 
fabricar las fachadas de piedras labradas las decoraron con es- 
tuco, en los que 'pusieron más esmero por no tener los relie- 
ves;" (8) Sin duda por estar maltratados y confusos aquellos di- 
bujos, juzga Stephens ser inferiores á los del Palenque. Notamos 

(1) Loco dt, pág. 899. 

(2) Ibid. página» 887 y 89T: 

(8) Stephens, Yacatan, tom. ü, cap. IX. 

63 



^8 

en UQQ de loa cuadros, qiae la figltira no 6ólo tiene prolangada ia 
n^i^iz sinoreccurya haoia arciba; 01 ladíetinoion en aquellos pue- 
blos consiatia en estos adíanos, donosos debían de estar los no-* 
bles de aquella población. De todas maneras Chiclieny Kabah 7 
Xlabpak parecen correepondec á la misma época en Yucatán/ y 
traer directamente bu civilización 4^ los moradores del Palenque. 
A pesar de la prevención con que un norte-americano mira las . 
cosas propias de los pieles rojas» Stephen^^n Yucatán marcha- 
ba de sorpresa en sorpresa» y tal vez» á pesar suyoi exclama re* 
petidas veces, que aquello.no lo imagiuaba, que nunca había yisto 
cosa semejante. La admiración, creció de punto en Uxmaly á fe 
con sobrada jitsticia. Aquella gran ciudad es una verdadera ma- 
ravilla, ya tío tome por la extensión de los terrados, y de los edi- 
ficios, ya se atienda al primor y á la limpieza de los adornos. De 
éstos nos dice el apreciable viajero: "£1 estilo y carácter de aque- 
llos adornos son absolutamente diversos de cuantos habiamog 
visto antes, ya en éste ya- en cualquier otro país; no tienen seme- 
janza alguna con los de Copan ó Palenque, pudiando tenerse co- 
mo únicos y peculiares. Entre los objetos inteligibles hay cua- 
drados y diamantea, con bustoe y seres humanos, cabezas de 
leppardo, y compuestos de hojas y ^ores, y de los dibujos cono- 
cidos en todas partes por ^reco^. Todos los adornos, sucediéndose 
unos á otros son diferentes, formando un conjunto extraordina- 
rio, rico y complexo; de efecto á la par grandioso y bello. La 
ejecución no es menos sorprendente y peculiar que el efecto ge- 
neral. No son superficies ó simples piedras representando cada 
ui>a por. separado un objeto entero, sino que cada adorno ó com- 
binación está formada sobre una piedra.separada, en la cual está 
entallada la parte que le corresponde y colocada después en su 
sitio sobre la pared. Cada piedra por sí es una ^queña fracdoiiy 
que colocada al lado de las otras, contribuye al todo, que sin ella 
quedaría incompleto. Tal vez debería llamarse con más propie- 
dad, mosaico esculpido." (1) 

.•<<La casa del Gobernador es una de las más extensas 6 impor- 
tantes construcciones de Uxmal; está fabricada enteramente de 
piedra labrada, midiendo el frente 320 pies con 40 de ancho, la 
altura cerca de 26. La fachada tiene olice puertas y una en cada 

(1) ptepheiis,10entral Amárioa, tomo II, pág. 421» 



tí» 

lado final; las piezas son estrechas, no excediendo en lo gefiexal 
de 12 pies, precisamente el espacio para colocar nna hamapa» Jo 
que. constituyó j constituye los lechos del país; algunos midan 
60 pies de largo y 23 de altura: no aparecen en ellos decoraeio* 
nes interiores y carecen.de ventanas. La parte inferior del.edi'^ 
ficio es de piedra labrada plana, siendo la superior singularmen- 
te rica en • adornos. Comprendiendo el frente, los costados y la 
parte posterior, cuenta 752 pies de acabados dibujos, en los cua- 
les quedan aún visibles las huellas del color. En todas las piezas 
se empleó el arco peculiar del país; los dinteles de la puerta son 
de madera; material más' costoso que la piedra, aunque manos 
duradero; desdichadamente se han destruido, y las obras que 
sustentaban han caido en algunos lugares, perdiéndose mucho de 
la belleza del edificio. El adorno sobre la puerta principal con- 
siste en una figura, sentada, de la cu^ quedan vestigios; el toca- 
do de plumajes está más entero, siendo desproporcionado pava 
el tamaño de la figura; á cada lado se ven barras paralóla» de pie- 
dra, entre las cuales se notan muy bien esculpidos geroglífioos. 
Tal vez 'fié quisieron; representar en la cornisa los repliegues de 
una serpiente, dando la vuelta y envolviendo todo el edificio. La 
Oasa del Gobernador se alza sobre tres terrados, el más bajo de 
3 pies de altura, 250 de ancho y 575 de largo; el segundo de 20 
pies de altura, 250 de ancho y 545 de largo;' el tercero de 19 pies 
de altura, 30 de ancho y 360 de largo: todos son de piedra y en 
regular estado de preservación." (1) 

''Cerca del centro de la plataforma, á 80 pies del pié de la efl* > 
calera, hay un recinto cuadrado, compuesto de dos capas de pie- 
dra, en el que se alza en posición oblicua, cual si se estuviera 
cayendo ó hubiera ^ido trastornada por algún esfuerzo, una gran 
piedra cilindrica de ocho piésde altura sobre la tierra y cinco de 
diámetro; llama fuertemente la atención por sus extrañas é irre- 
gulares proporciones, sin relación con la regularidad y simetría 
de los objetos alrededor. Por su {flpcion aparente, indudable- . 
mente estaba destinada á algún uso importante, y relacionada 
con otros monumentos allí vistos, induce á creer que tiene atin- 
gencias con las ceremonias y ritos de aquel antiguo culto, que / 
existió entre las naciones orientales. Los indios llaman á la pie- / 



(V) Oatherwood, pág. IS.^Stepheiui, Yucatán, tom I, cap. vm^ ptfg. 163 y aig. 



I 



/.» 



•^%' 
^ ^ 



< 



dÍM^'^La Pio6ta.*' (1) Ya Timos arriba presentar Kabah la misma 
vMiiiiisoeiieia. 

A sesenta pies de la Picota había un túmulo circular de uno» 
seis pies de altura; esoaTado7por Siephens (2) á instancias del Sr. 
Otiira Carrillo, se eneontró dentro, á unos cuatro piás, un sólo tro- 
nzo de piedra esculpida, de tres pi^ dos pulgadas de largo j dos 
de altura. 'Tareoe que se quiso representar una doble cabeza 
de gato 6 de lince, y está entera, á eiccepcion de tener un poco 
quebrada una pata: la escultura es ruda." La figura á que el en- 
tendido viajero se refiere es idéntica al asiento ocupado por al- 
guna de las divinidades del Palenque (Y. Dupaix), y sin duda 
existió sobre el loino del animal bicéfalo algún dios de la estirpe 
de<los de aquella ciudad, üxmal con su picota, sus geroglífícos 
7 esta piedra, se refiere también al Palenque, aunque indudable- 
mente de más lejos que Ohichen. 

Sobre la gran plataforma del segundo terrado, en el ángulo 
N. O: existe la casa de las Tortugas, llamada así por una hilera 
de ellas entra los adornos de la cornisa. "Este edificio mide 94 
pies de frente y 34 de ancho, contrastando fuertemente con la 
Oasa del Gobernador en dimensiones y adornos. No tiene las 
rioas y primorosas decoraciones de aquel; pero se distingue por 
la belleza y proporción de sus dimensiones, lo simple y severo 
de los adornos; nada tiene que raye en lo ininteligible ó grotesco, 
nada que choque al gusto más puro arquitectónico, aunque des- 
graciadamente se está delatruyendo." (3) Todos los edificios in- 
dicados y pocos más ya en ruinas, ocupan los terrados que sus- 
tentan la Oasa del Gk>bernadcr. 

^ Lia Oasa de las Monjas se-leívanta también sobre tres terrados; 
eL inferior de 3 píos de altura y 20 de ancho; el segundo de 11 
pMs por 45, y el tercero de 4 piás de alto y 5 de ancho á lodo el 
largo del edificio. El frente de óste mide 279 pies, de forma cua- . 
drangular y con un patio interior, al que da entrada una puerta 
6- más bien xm arco. El pat|^resenta cuatro inmensas fachadas 
adornadas condpletamenti^e los más ricos y primorosos ador- 
noS) superiores á todos los de üxmal; mide 214 piós de ancho y 



\^ 



(1) Siephens, Yacatan, tom. i; pág. ISl. 

(2) Loco cit. pág. 18Z 
(S) {bid. pág. 186. 



m 

258 de largo. Ija -fachada más importauie es la de la • is5qoi^fda< 
"Tiene 173 pies de largo, j se dijtiugue por dos serpientesvoloaft- 
les entrelazadas, que se extienden por todo el edificio, conteniendo 
los adornos/' (1) Jja cola de las serpientes termina como las -de 
los terribles animales llamados víboras de cascabel; la cabeza es 
la de nn dragón, con las fauces abiertas, asomando entre ella» 
un rostro humano. Sin duda alguna representan la Oihuacoatl 

6 mujer culebra de los mexicanos, pintada de la misma manera 
en los geroglíficos aztecas, j tenida por iSstos como la- Eva ó pri- 
mera madre del género humano: curioso 6 importante es' encon- 
trar este mito en pueblos tan diversos y distantes» La facha- 
da á la derecha de la puerta es la más entera. "Es la más pura 

7 fiíobria en dibujos, y descansa la vista con esta agradable com- 
binación de los complicados diseños de los otros frentes. El 
adorno sobre el centro de la puerta de entrada es el más impor- 
tante, complicado y peculiar al estilo empleado por los construc- 
tores, revelando sus mayores esfuerzos artísticos. Los adornos 
sobre las otras- puertas son menos sorprendentes, más simples y 
agradables. En el centro de ellos se ve una máspara con la len- 
^a de fuera de la boca, y encima un complicado plumaje;, entre 
las barras horizontales hay una hilera de adornos de punta de dia- 
mante, visibles en ellos los restos de una pintura roja, y enjel 
término de cada barra una cabeza de serpiente con la boca abier- 
ta" (2) 

En el centro de la Casa de las Monjas, se ve otra picota. Más 
bajos se alzap varios edificios muy arruinados, á una porción de 
Jos cuales dio Stephens el nombre de Casa de los Pájaros, por- 
que el adorno exterior se componía de plumas y pájaros ruda- 
mente esculpidos. 'fLa porción restante consiste en piezas muy 
anchas, dos de las cuales miden 63 pies de largo, 14 de ancho, j 
cerca de 20 de altura, siendo los más.anchos en üxmaL En.uno 
de ellos se ven los vestigios de ana pintura bien conservada,^ j 
en el otro hay un arpo qtíe es el que nías se aproximaá los prÍ9« 
cipios de ia estructura de clave en todas las ruinas. Esipuy sa« 
mej^te á los arcos primitivos, si así pu^dep llamarse, de Ipa 

(1) StephtBi, TvMtan, Ioib. X, «ipu XIV, páf. dOt» , 

(S) Loeo elt. pág. SOS. \' , 



éttnscos y griegos, eomó seven en Arpiño, del reino de Ñapóles, 
y en TirjuB de Grecia.*' (1) 

De estas construcciones se pasa á la casa del TJnano 6 del Adi- 
vino, colocada áobre el mayor terrado de los tJxmal, y desde cu- 
ya cima se descubre la ciudad entera; tiene 235 pies de largo, 155 
de ancLo, su altura 88, é incluyendo el edificio 105: los extremos 
están redondeados, de manera que propiamente aquella no és 
una pirámide sino un trozo conoide. Se encuentran allí adornos 
primorosos, superiores á todos los detnas, "y aparecen sobre una 
pared en contraposición los emblemas de la vida y de la muerte, 
confirmando la creencia de existir allí el culto practicado por los 
egipcios y por todas las naciones orientales, que como hemos di- 
clío, prevalecía entre los de üxmal*' (2). Sobre el patio de aquel 
edificio se alza aún otra picota. ' 

De esta altura y pasando por la Oasa del Gobernador, se va ¿ 
la Casa de las Palomas. ''Mide 240*piés de largo el frente, y está 
muy arruinado; las piezas llenas de {escombros, y á lo largo del 
techo corre longitudinalmente ana oonstruccion de figuras pira- 
midales, semejantes i los frentes de algunas antiguas casas ho- 
landesas, de las cuales alguna queda entre nosotros, aunque ma- 
yores y más macizas. Son nueve construidas de piedra, d^ cerca 
de tres pies de grueso y con pequeñas aberturas oblongas, de las 
cuales toma el nombre el edificio, por semejar un palomar. To- 
das estuvieron cubiertas de figuras y adornos en estuco^ pexjna- 
' meciendo todavía álgdiios fragmentos. En el centro hay un aroo 
de diez pies de ancho, y se pasa á un patio dé 180 pies de largo 

7150 dé ancho, en cuyo centro, arrancada de su lugar, se ve la 
' gran piedra tan frecuentemente mencionada, A derecha ¿izquier- 
da se distinguen dos hileras de edificios arruinados, así como en 
«1 fondo del patio, con otra puerta en él centro. Atravesando él 
'bat^ó y entrando, por esté último. arco, ¿é laítibe por una escalera, 
ahora ai'ruinada, á btiro. patio de 100 pies de largo por 85 de an- 
'Í6hd, con hilera^ de rumoES á los' lados,' y al éxtreaió tiii gran teó- 
' ¿áili de 200 pies de largo,^ 120 de aúóho y cerca de 50 de altura. 
' XTxiá aúchá éscalelra cóíidaoé' á ^á parte superior, en la que 'se éii- 

d) Ibid. pág. 31S. • ^ 



ft) Id«m páf . 814. 



c'« . •<.-•«. 



^03 

cmeatra un largo y estrecho edificio de lÓO pies por 90; drvldiab 
en tres compartimientos*' (1) 

^^Ademas de esto existía 1^ Casa de la Vieja, completamente 
arroinadaé Soplando nna vez un viento fnette vimos los réstols 
de la pared del frente caer á sn empnje. Está á 400 6 600 pies dé 
la Casa del Gobernador, y toma el nombre de la estatua mutila* 
da de una vieja allí colocada." (2) ' - 

No* son- estos los únicos vestigios en ütmnl; otros 'mnehqs 
existen en espera de otro inteligente observador. La ciudad se 
extendía por nna distancia mny considerable, y ai se atiende á 
qne por todas partes hay restos de obras hidráulicas, de excava- 
ciones en la roca para recoger el agua, se puede inferir sin des- 
confianza que allí habitó por muchos a£os una población inmen- 
sa^ gastando ({ran parte de sus f aerzas en la coinstrucción <3e 
templos y palacios. 

Los arquitectos de XJxmal conocieron el - uso de la coluxrma, 
que también se encnentra en otras partes dé la península. En 
Kabah, por ejemplo, '^en dos de las puertas del edificio princi- 
pal vimos pilares, y fué la vez primera que los encontramos em- 
pleados en su uso legítimo, conforme á las reglas conocidas de 
arquitectura, es decir,' como soportes, lo cuál anadió gran iiite- 
■res á laH novedades allí eta^contradas. E¡9os pilares no tenían úias 
de seis píes de altura, rudos y sin pulir, con trozos de piedras 
cuadradas por basas y capiteles, carecían de inagestad arquitec- 
tónica y de la grandeza que én' otros estilos acompaña la presen - 
' eia de las columnas, porque carecían de justas proporciones; y 
«n efecto, estaban adaptadas á lá parte inferior del edificio. ' Los 
dinteleede las puertas eirán de piedra."^) En uno de lo^ edl- 
ficioe de Zayí, las columnas forman la enti^da princi{)ál, son re- 
dondas, esbeltas, adaptadas á su intento y con capiteles cuadra- 
dos en una forma casi perfecto; sobre la misma fachada se ven 
oolumnillas empotradas, con adornos terminales, y en el centro 
apareadas y de muy buen efecto. En otra de las construcciones, 
la fachada está compaeste de columnillas ocupando toda la al- 
tura del primer piso. (4) Del mismo género son las de las ruinas 

. < » .p • • • ■ 

(1) Pág. 818. •*>' í- 'í ' 

(2) Ibld. pág. 820. • ' •' 
'3) StepheiM, Yacftten, iom. I, ]H^.1iéS. -^ ' • •' • *' ' : ^' " ■ 
(4) Stephens, TnoAtan, tom. n, pág. 20 7 27. '• .:.:!• : *>> 



del randia de Saonioté; (1) Iw de Sabaoché, (2) y Lal^ná. (3) Ea 
Kiaio ai columnaa cilindricas Ueyan^loa adornos teismitialeB y 
oentral^y est^n ínter cala,dab. oon bellos ador noa romboidales, 
dando á la fachada mu j b^o, aspecto. {4) . Mn Obunhuhu apara- 
oen solo I )s fastes cilindricos, sin basas ni capiteles, haciendo 
un efecto magnifico; (5) de esta espacie son los de Bolonohen {6!) 
y Sa ?akal. (7) Las hay también en Ghichen y en Tuluom. 

Según puede inferirse de las nociones que nos restan acerca 
de las pirámides de Itzamal, aquellas .construcciones no todas 
deben de ser macizas. Así lo prueba al menos el Satun-Sat^ pecr 
dddero 6 Laberinto de Mazcanú, el cual es un terraplén conte- 
niendo en el. interior ana serie de habitaaionesi construidas de 
cal y canto, y cerradas por la bóveda peculiar del paLs. Ste- 
phens (8) le visitó detenidamentei.y en 18á7 formó plano eftaoio 
de la localidad D. Salvador Maria Bodrígueas. 

No aparece hasta ahora que el tómalo propiamente dicho sea 
tan común en Yucatán como en las regiones can^tral y boreal de 
nuestro territorio. Sin embargo, encontramos esta curiosa men- 
ción en Stephens» (9) En la hacienda de San Franciscoi cerca cb 
Ticuly se escavó un túmulo compuesto *'de una estructura oua« 
drada, de piedra, de cuatro pies de altura, llena la parte supe- 
rior con tierra.y piedras unidas. Yacía en una milpa, á la mitad 
de la distancia de dos altas pirámides que evidentemente sostor 
vieron obras importantes, con las cuales parecía tener aquel in- 
mediata relación. Distinta de las construcciones qae la rodeaban, 
permanecía intaQta, sin que aparentemente hubiera sido removí- * 
da, desde qfie encima se pusieron las^píedras y la tierra.'* De»- 
tro fue hallado un cadáver, sin envoltura de ningo^na clase*, '^sie»* 
tado, con el rostro vuelto al oriente, las rodillas pegadas al estó- 
mago, los br^os doblados por loa cpdosi y las manos en el ouello. 



(1) tooo oit pág. 86. ■ ' , 
f í) Ibid. >í¿: 42. ' 

<«) PigB. 64 y fl«. 
.Í4> F<g. 73. 

(5) Pag. 181. 

(6) Pág. 14a 

(7) Píg. 28S. 

(8) 8tep1iMi% TuMlftB, tom. I, pág 8>S j tff^, 
0) Looo oit pág. 2767 aig. 



4K>Hio SQsieiiieiido la cabesuL" Fa¿ recogido tiii mstrttmeriio de 
jMtft de citttro, de dos pulf^as de largo, eon puatá^en tiu estre« 
-flio y Qu horado en el otri>, j íúé recoAo&ído por los indios ptír 
tma agnja. Bec igióse también na jarro ó cántaro ¿e barro bür- 
dOy tapado con nna piedra plana, vacío del todo. La posición del 
eadáver refiere aqael tnmnlo á los tiempos más antignoa, así co- 
mo los yasos desenterrados en aqnelta localidad la relaciónMi 
con Palenque. (!) 

'*^Eú la baciénda de Eantnnll, á diez y 8ei¡^ leguas distante de 
la costa, existían Tarios túmulos, en nno dé los cuales, excavando 
para sacar piedras para construir, encontraron los indios un se- 
'pnlcro con tres esqueletos, de los cuales, segün el cura, uno era 
de hombre, el sejuñdo de mujer j el otro de un niño, aunque 
desgraciadamente en tal estado de decadencia, que al recoñócef- 
los se hicieron polvo. A la cabecera de los esqueletos había dos 
grandes vasos de tierra cota, con tapaderas de lu mismo, y en 
nno de ellos una gran cilescion de adornos indígenas como cuen- 
tas, piedras y dos conchas esculpidas en bajo relieve, y muypei> 
fectas; el objeto representado en ambas es el mismo, y aunque 
diversos en los pormenores, son del mismo tipo que las figuras 
del vaso de Tical y de los esculpidos en las paredes de Ghichen. 
El otro vaso eitnbi completamente lleno con puntas de flecha no 
de silex.síno de obsidiana, y como no hay eú Yucatán volcanes 
de dónde ésta pudiera' tomarse, aquel descubrimiento prueba 
relaciones con las regiones volcánicas de Máxico. Fuera de ello, 
y de más interés é importancia que todo ello, encima de las fle- 
chas se encontraba un cortapluma con su cacha de cuerno:" (2) 
fKn duda que ese ^cortapluma no fué fabricado en el país, su- 
puesto que allí no era conocido el fierro; indica una relación con 
d antiguo mundo, y el tiempo más. cercano á que puede perte- 
necer es, al descubrimiento de las costas por los castellanoa. 
Tal vez éstos iroc'iron la navaja por oro, y como objeto cnri«>80 
fné sepultada en la tumba con el cadáver del jefe poseedor. 

Las ruinas de Mayapan existen en el rancho de San Joaquin» 
eorrespondieñte á la hacienda de Xcatiehacan, diez^eguas al SL 

../-"••. . ' . ■ • . ¡ '. . ' ■<■ 

(1) Pág. S75. 

(I) Stopbaiik TvMliii, tom. IX. pág. Sil. 

64 



I 



436 

de Herida. Ocapaunna eiremiferaiicia de trea : millaa, yeaUbi 
contenidas, dentro una cerca^ la aatigaa muralla ^que eñ uiLtieBa^ 
po rodeaba la oindad. Los edificios no quedan enteroSi» y se hth 
ce .mención de sólo dos, como mejor oonser vados. ^'A corta diatas- 
cia de^ la hacienda, aunque invisible por tos árboles, se alza la 
gran pirámide que habiamos visto desde la Iglesia de Teeóh, á 
tres legnas de distancia; tiene 60 piás de altara y 100 piás ' cua- 
drados de base, y como los terrados de Palenque y.Uxmal, es una 
obra artificial construida sólidamente sobre lar Usaxura. Aunque 
tís^ de gran distancia sobre la copa de los árboles, estaba, t^n 
boscoso el campo que apenas se distinguía estando ya al pió, y 
la misma pirámide, aunque presentando sus pirimitiv^, propor- 
ciones^ estaba tan cubierta que más parecía una colina^' ¿notable 
0Í' por su forma regular. Cuatro, grandes escaleras, cada una d^ 
25 piós de anchura, dabau paso á una esplanada á seis piós de la 
cima:,e9ta esplanada, mide seis pies de ancho, y á cada lado una 
escalera para llegará la cima. Las escaleras estañen ruinas, han 
desaparecido los escalones, y trepamos apoyáiidpnos en las pie^ 
dras y en las ramas. La parte superior es una plataforma de pie- 
dra plana, sin ninguna estructura ni vestigios de .ella. Probable- 
mente era la gran pirámide de los sacrificios, donde el sacerdote, 
en presencia del pueblo reupido, arrancaba el coraron á las vic- 
timas humanas." (1) Según la tri^dicion, esta pirámide estaba coif* 
sagrada á Kukuloan, y aunque lá creemos un templo, pudiera ser 
que allí no tuvieron siempre lugar los sacrificios hunuinos. * 

El segundo edificio se encuentra sobre una pirámide arruina- 
da de 30 pies de altura. "Es dificil decir cuál fuá la forma de la 
pirámide, aunque el edificio era circular. El exterior es de pie- 
dra plana, de 10 piós de altara hasta la cornisa inferior, y ,14 
hasta la parte superior; la puer.^ mira al O. y ti(»n^,el dintel de 
piedra, l^a pa'red. exterior mide coinco pi^ de ,gr<;^9o¿ la p.uei;(fi 
.condacé á xin pasadizo .cii;cplar.de,,jtf/es piós de Hnphp, y.h^yiflP 
el centro una niasar sólida jciUj^dj;if^de.pi^dr%'MQ puerco ab^ 



tura de ningún ^&ero. ; E|, diámetro tot^l del ^di^pi^o es .de 25 
'pies, así^ deduciendo el doble ancho de la 



...... ... .,.:.. !»l?«íedydetR*8i,4iw, 

el macizó interior es de nueve pies de espesor. Las paredes pre* 

aentan cuatro ó cinco capas de estuco, con restos de pinturas, de 

(1) BtmjMM^ Yucatán, lom. I, pág. Ui. ''i •*' ' » ^ ' •**' ' " ^^ 

iv- 



J 



y 



487 

1m c«ftle8 quedan visiUefi el rojo, amArillo, azul y blanco. (1) Es- 
to edificio es semejante, annqne no idéntico^ al Caracol de Ohi- 
cben Ittái 

Entre Ibá escombros se hallan piedras escnipidas; (2) algunas 
évidentetneDte son del tipo del Palenque y presentan semejanzas 
con Cliiclieh y Uxmal; pero otras, fuera de toda duda, son abso- 
Intame'áte de'nn género diverso y no pertenecen á la misma ci- 
TÜi^acion. Cierto es que sobre Mayapan se desataron los íiirores 
de la^aerra, siendo ésta la causa de que sus construcciones fue- 
ran demolidas: mus también es evidente, que otros lugares aso- 
lados también dejaron vestigios de 'mayor importancia, dejando 
en sus veBtigios'Ias señales de su pasada grandeza. Nada de esto 
último hay en Mayapán; fuera de ciertas obras' pertenecientes á 
una época antigua, artíértícas y bíeti formadas, lo demás es tela- 
tivamente mucho más atrasado, bien lejano por cierto d^I gusto 
primero: Evidentemente se distinguen íillf dos épocas distintas; 
lá segunda de atraso y decadencia. Los terraplenes son de me- 
nores dimensiones; los edificios menos sólidos; menos frecuentes 
'la bóveda y el ar66, peculiares de aquella i^egion: la pirámide de 
Kukulcan difiere de sus congéneres, no sustenta templo ni pala- 
cio. 'Mr. BrasSeur(3) encontró dos piedras labradas, con trazas 
evidentes de corresponder á la civilización palencana. 

. Acerca de la antigüedad de los monumentos. de que acabamos 
de hablar, los autores le suponen una muy remota, adelantándo- 
se Dnpaix hasta admitir que pertenecen á los tiempos antedilu- 

' víanos/ Sólo BtepHenSí que había confundido la^scritura calcu- 

.liformecotí la mexicana, y uñó de los r^ljeves del Palenque cpn 
la piedra ttamada Calendario, opina de manera contraria, expre- 
sándose de este modo: — ^*Me inclino á creer, que no existen 

'soJ^cIeiftés pruebas para ádmiiir lá. gran. antigüedad asignada á 
estas ruinas; que 'no son obra ¿e un pueblo ^desaparecido, cuva 
nistoria no haya llegado a.nosptros^^sipo que, por el contrario, 

'fundado e¿ las VeHexioii^sya hechas, infiero que fueron construi- 
das póir las razas habitadoras del país en los tiempos de la con- 

^ (1) Loee eift. pág. lae. 

(2) Pág. 184. .t íf .i. ... - . / ;• • 

(8) Ax«hivM de 1a Oonunlñon SdiuitfílqQe du M^ n éfti». .Tgüi %i9kk^r ' ' 



4S8 

quista españolo, ó por algono da svs no muy remotos pr<3tt^ 
nitores/' (1) 

El juez que debe dirimir esta ouestion, no son las opf^iQffCia 
particulares, sino. los documentos- históricos. Conforma al en que 
su lugar veremos, los f updadores de Itzamal llegaron á la penín- 
sula yucateca el primer año del 13 ajan, 697 antes de la Era Cris- 
tiana. Entre ^9 y 386 antes de Jesucristo, entraron los segw* 
dos pobladores, no haciéndose mención del reiiK>, de Chiohen 
Itzá, hasta el ajan corrido entre los años 73 y 50. Se hape refe- 
rencia i Uxmal, en el dos ajan, que comprende . á los añoa 528 á 
651 de la Era Cristiana. Chiohen quedó destruido ¿ principios 
del siglo XL Estas fechas establecen la antigüedad relatira ,áfi 
las diversas ciudades, diciendo que Chiohen Itzá llevaba cinco 
siglos de abandonada antes del XVI. w que tuvo lugar la cojii- 
quista española. 

Evidentemente los mayas, domeñados por Iqs castellanos» no 
construían de la misma manera que sus progeiiiitores. Bepresem* 
taban la civilización de Kukulcan, la que llevaron los tpltecas á 
su país, modiñcada por ¡último en sus relacioii^es eon los meixica. 
Nayapan, Maní, Tibolon, ofrecen reminiscencias de bellos edifi- 
cios^ aunque muy inferiores á los de Chiohen y Uxmal. En esta 
edad se notaba verdadera decadencia. 

Para los mayas, los monumentos de los itzaes eri^i ruin^ 6 
ignoraban la historia y aun el nombre de los arquitectos. El his- 
toriador de Yucatán nos dice: — "Quienes fuesen (loa artífices) se 
ignora, ni los indios tienen tradición de ello.** (2^ En efecto, loe 
indios conocen aquellas obras bajo el nombre Xlab-pak; paredes 
de piedra, y preguntados acerca del origen, responden ToU^h 
uc/ien uincoob, son las casas de loa homb,res antiguos. En balde 
se fatiga Mr. Stephéns en hallar semíejanza ' entre los edificios 
vistos por Hernández de Córdova, Oríjalva, Hernán. Cortés y 
Bernal Díaz, con los de üxmal y Kabah; los que aquellos desea- 
bridores vieron llamaron . fuertemente su atención, porque er^ 
los mejores y más grandes de los que. hasta entonces .encontra- 
ban, mas no por ser comparables á los primeros restos que ban 
puesto admiración, aun en hombres que contra ellos abrigan las 

(1) C«aURil AmeiiM, lom. II, pág. 449. 
(S) (MeoiMOk Ukw IV, 



J 



43» 

mayores prevenciones. Nos hemos detenido á rectificar ^sta opi- 
nión, porque al hacer Mr. Stephens el inapreciable servicio de 
dar á conocer al mnndo sabio las riquezas arqueológicas de la 
América Central, Cbiapas j Yucatán, divulgó sus conclusion^v 
que con el peso de su autoridad pueden ser admitidas siu pouer^ . 
les correctivo alguno. 

Hemos visto qué la región en que nos ocupamos, es absoluta- ^ 
mente diversa bajo todos aspectos de las otras dos. En ella cree* 
mos descubrir tres faces diferentes de civilizacioQ. La primera, 
por más remota, comenzó con los primeros pobladores de Yuca- 
tan. Dístínguense por sus grandes - pirámides de carácter colo- 
sal j rudo; una religión espiritualista, mezclada con el culto de 
los astros y del fuego. A ella pertenece el primitivo reino de It- 
zamal. Nada se sabe del origen del pueblo, poco de sus institu- 
ciones sociales: tiene un pié en la historia, otro en las tinieblas 
de lo pasado. 

Cbichen Itzá representa la segunda faz. Es la edad de oro de 
los itzaes, la que indica mayor poderío y e3plendor: á ella co* 
rresponden las ciudades arruinadas de la península del mismo ti- 
po. Esta civilización es la más adelantada en America, sin que 
tema entrar en comparación con las primitivas etrusca, griega ó 
romana. Aquel pueblo era gran arquitecto, é inventó el ¡arco y la 
bóveda americanas; llegó á la escritura fonética, al conocimiento 
del calendario. Por mucho que sea el rigor con que se juzguen 
sus bellas artes, habrá de convenirse en que pueden servir de 
modelo á los demás pueblos del continente; originales, sin remi- 
niscencias marcadas de ajeno estilo, se hacen noiables en sus re- 
lieves de estuco, inimitables en sus piedras duras talladas, te- 
niendo en cuenta que carecían de instrumentos de hierro. La 
ánica muestra de estatua encontrada en Palenque (1) no corres- 
ponde á los relieves allí vistos; pesada, burda, con manos y pies 
casi rudimentarios, aprieta sobre el pecho un objeto que recuer- 
da los albogues romanos: viste un pantalón exótico, remedando 
el tocado al de las figuras egipcias. No es el trage ni la fisono- 
mía de la nación palencana, y acaso sea obra de pueblo diverso 
7 más antiguó. Pintaban con más primor que esculpían* (2) 

(1) stephens, Central America, tom. II, pág. Zi9, 
(i) Dapaiz, teioexa expedición, pág. 27. 



4a> 

Procedentes del' Museo de los padres Oainaolxos, liemos con.- 
templado variados objetos que dan idea de las costumbres, y muy 
alta del grado de perfección á que había llegado la cerámica. Una. 
figura de muy fino barro blanco, desnuda con un modelado' dig- 
no de un escultor; rodéale la cintura el ex maya, cubriéndole la 
j^ cabeza una especie de sombrero de copa alt \. y ala angosta ple- 
gada como un fafalá: una semejante presciitan las pinturas de 
Chichen. Altarcillos de barro idénticos á los de Copan, con una 
pirámide en que se destacan tres cabezas simbólicas, que pare- 
cen representar la trinidad maya, ó el trimurti de los hindus. 
Figuras sentadas con las piernas cruzadas á la manera oriental, 
cubierta la espalda con una capa corta, diversa á la luenga ame- 
ricana, entregadas. al parecer á una tranquila contemplación, ala 
manera de los santones ó penitentes, tan comunes en la India» 
Tipos que recuerdan el culto del phallus. Preciosas hachas de 
roca verde de la edad de la piedra pulimentada; cuentas maci- 
zas con horados cónicos de los tiempos remotos, ó de bairo con 
labores complicadas. Vasos de tierra gris, ya cilindricos, ya de 
Variadas formas elegantes, llevando en relieve personajes, ins- 
cripciones geroglíficas, adornos del mejor gusto. Conchas y ca- 
racoles pequeños dibujados tan delicadamente cuíil si estuvie- 
ran entallados con el más delgado buril. 

No abundan las arma<$; aquel pueblo cuidaba poco de conquifK 
tas, no alindaba con tribus enemigas, vivía entregado á las dul- 
zuras de la paz. La cruz y el sol son los objetos aparentes de sa 
culto, si bien aparecen testimonios de un variado politeismo. Sé 
ven ofrendas hechas de niños, sin entreverse que Sean para uso 
sangriento, sino sólo para ponerlas bajo la protección del numen; 
nc encontramos datos para admitir en esta época los sacrificios 
humanos, ni nos hacen variar de opinión las reflexiones de Ste- 
phens acerca de los altares de Copan. Al considerar los pala- 
cios de los reyes y los templos de los dioses sustentados á tanta 
altura, mientras las chozas de la multitud cubrían la llanura al 
pié de las pirámides, no se puede menos de pensar que aquel 
. pueblo vivía en la más espantosa servidumbre; sacerdotes y no- 
bles se imponían á los plebeyos de una manera absoluta» distin- 
guiéndose hasta por ese adorno pegadizo á la nariz, que tan par- 
ticular hacía su fisonomía. Así se' comprende esa inmensa y ru- 



J 



áSl 

da labor de los terrados, emprendida á costa de los pecheros, sin 
más proyecho que la ostentación de los señores* 

La tercera faz de la civilización la representa Mayapán. Ma- 
japan, que aparece fundada en la época de Uxmal, siendo una 
ciudad antigua, como lo atestiguan algunos de sus moDumentos. 
Kukulcan no fué su f andador; cuando el profeta llegó á la penín- 
sula, tiempo había que los reyes de Mayapan estaban confedera- 
dos con los de Chidien y de Uxmal. Destruidos estos reinos ha- 
cia el siglo XI, Kukulkan estableció en Mayapan la sede de un 
gobierno teocrático, de cuya época datan las construcciones mo- 
dernas. Destruida la antigua civilización, la nueva introdacida 
por Kukulkan, la llegada de los emigrados tolteca, las invasiones 
de tribus bárbaras, el trato con las guarniciones de los m¿xica 
atraidos por los Cocom, determinaron el estado en que aquellos 
pueblos se encontraban en la época de la conquista española. 
Mayapan marca, pues, la decadencia del arte arquitectónico de 
los itzaes; allí se introdujeron el culto politeísta, los sacrificios 
humanos, las costumbres nahoas; las semejanzas entre las civili- 
zaciones central y austral que antes no existían. 



1 » 



LIBRO II. 

CAPITULO L 

Comunicaciones con el Antiguo Mundo.. 

Canfigurcusíon actual de los amUnerUes.-^Oorríentss marinas. --Unidad de la raza 
americana. — L09 patagones. — Basa hiperbórea: los esguimdUs. — Comunieaciones con 
el Asia. — Negros en America.— Comunicaeúm con las islas. — Idiomas.— Unidad y 
pluralidad de las lenguas americanas.-^ Lsn^ua nahoa.— Lenguas de la Polinesia. 
— Civilieaeiml—Ofiolairia. — El phaU'us.—El budohismo en América.— Bl Foü' 
Sang. 

LA ciencia admite que hubo puentes de comunicación entre 
el Antiguo y el Nuevo Mundo; esos puentes se rompieron 
en época remota é ignorada, quedando separados los continentes, 
perdida la memoria de su antiguo trato. Busquemos si queda 
algún rastro ó recuerdo de comunicaciones posteriores, algunas 
de las cuales hayan podido influir en la civilización americana. 
Poniendo los ojos en un Mapamundi, advertiremos que lo lla- 
mado Yiejo Mundo es una reunión de tierras en que se encnen- 
. tran Europa^ África y Asia; la América queda sola, separada del 
otro continente por inmensos mares. El Nuevo Mundo se en- 
sancha hacia el N., y en sus más altas latitudes se aproxima á 
Europa por la costa oriental, al Asia por la occidental, corre des- 
pués prolongándose al Sur, se estrecha en Panamá, aumenta de 
nuevo asumiendo una forma triangular cuyo vértice inferior es el 



j 



cabo de Hornos Es el aspecto nohial: no podemos afincar qiie 
siempre idéntico en el pasado, cyae será el mismoen lo íatató. :>.% 
'^América se aproxima al antiguo continente á ménos^e 6(XI^< 
leguas marinas de 20 al grado eenatorial, por tres punios: eiiisé' 
Escocia ó Noruega y la Groenlandia oriental; entre el cabo NO., 
de Islanda y las costas del Labrador; entre el África y el Brasik 
La pnmera distancia es casi la mitad de las otras dbs. Bl cánaL 
del Atlántico entre cabo Wrath en Escocia y Kniglitonbay (lat. 
69^ 15') al S. de Scoresby Soand en la Groenlandia oriental,- tie» 
ne sólo 270 leguas de amplitud, encontrándose la Islanda intex*. 
media en esta travesía: es la distancia del Havre á Yarsovia». 
De Stadtland (62^ 7') en Noruega, el mismo punto de la Ghx^n>. 
landia oriental, se cuentan 280- leguas marinas. La llanura lon^' 
gítudinal del Atlántico que separa las dos grandes masas conti* 
nentales, al presentar' ángulos entrantes y salientes eorrespon- 
dientes, al menos entre 76^ N. y 30^ S., se ensancha ^ácia el pa- 
ralelo de España ó d»l cabo Finisterre en Terra Nova, donde mi* 
de 617 leguaa marinas. Se estrecha ^seguuda vez cerca del Ecua* 
dor, ei^tre África (costa de cabo Bozo .cerca del banco de Bissar» 
gos y Sierra Leona) y el cabo de §an Boque, La distancifi de? 
continente, á continente en direCQÍQn N£!'SO.« .sobre la cual se 
encuentran los islotes y los escollos de las Boseas, Fernando No- 
ronha, Pinedo de San Pedro y French Shoal, es de 510 leguas, 
suponiendo el cabo d^ Sierra Leona con el editan Sa^bine i^a 
Ipng. 15° 39' 24", y el cabo de San. Boque €«i long. 37o 37',26" se- 
gún él almirante Boussin y el hábil observador M. Giry. 1&. 
Plinto más próximif d^ África es probabletn#)it0 Ih punta Toiro, 
ocirca del pueblo d'd Bom- Jesús (lat. S. &^ 7-) mientras el saJlen-, 
^te más oriental de América es da 2^ ó;3°.máa al 9.»entre.Bio JPa- 
raby lado Norte, y latadade'Peirnambuco. La ao<$hiia'a.deL4t<UÚQff. 
tico entre Sierra Leona y el Brasil, es como la distancia entre el 
Havre y Moscou, 6 mejor á Tenoslau en Busia. Las travesías tan 
conocidas del Mediterráneo nos suministran comparaciones más 
fáciles de ser entendidas: hay de Eseociaiá lá Groenlandia orien* 
tal (minimum de distancia), como de Gibraltar al eabo Bou; de 
África al Brasil, como de Gibraltar á Bengasi y á las eostfts dd 
la Cirenaica.'' (1) 

(1) Hamboldt, Hiat. 4» la 'géogiKiitía Ha KMtmri C^nOáaH. Trát. S. «to. M* 

56 



Determina la posioion de las tierras, que las costas o^ientalea 
de América, den frente á las occidentüles de Europa, y Afric^, 
entre las cuales se extiende el Océano Atlántico; las costas occi- 
dentales de América, miran á las orientales de Asia^ quedando 
intermedio entre ambas, el Oceaao Pacífico. ''La extensión del 
Nuevo Continente, es inmensa en la parte boreal, dice Hum* 
boldt, (1) sobre todo más allá de los 60^ lat, en que el máxi- 
mum de amplitud continental de £. á O., del cabo del Principe 
de Galles á la tierra de Edam, ó si se prefiere un punto defcer- 
Biinado con mayor precisión astronómica, por el capitán Sabi- 
na, á Boseneath-Inlet en la Groenlandia oriental, es de 251<^¿ ó 
de 148^ 20^ En aquella altura los dos mundos se aproximan 
tanto hacia el lü de Asia, que sólo los separa un estrecho de 17^ 
leguas marinas de amplitud, (2) y los Tchoukches de Asíp« no 
obtante* su odio inveterado contra los esquimales del golfo de 
Eotzebue, pasan algunas veces á las coatas americanas." 

"Cuando se considera atentamente la configuración extraor- 
dinaria del Asía, y esa cadena de islas que, casi sin interrupr 
cion, se prolonga de la península de Eamtchatka por las Kouri- 
les, Teso, el Japón, las Lieou-Kieon (Loo Chob), Formóse, laa 
Bachis y las Babuyanes á las Filipinas, de los 20^ á los 52^ lát., 
se concibe cómo ese largo reguero de islas, de tamaños diversos, 
que forman con el litoral del continente diversamente articula- 
do, cuatro Mediterráneos de much/is salidas, (los mares de Okhotak, 
déTaraikaí, del Japón y de la China,) debió excitar á los pueblos 
del continente, á formar relaciones comerciales, d-e colonización 
y de propaganda religiosa, con los habitan tel^ de ias islas con- 
trapuestas). Los profundos estudios en estos áítimos tiempos d^ 
Abel Bemusat, Klaproth y Siebold, acerca de la historia del 
Japón, de la China y de Corea, prueban la ínflueneía que sus re. 



(1) Loco cU. pág. 58. 

(2). Según las obseryacionea practicadas durante la expedición del Blossom (Bee- 
eliey, tom: 11. pág. 678,^ la amplitud del estrecho' de Behring está determinada por 
la í)08SDioo:del oajbo listen Aú, lat. 6#* S' te,'' longitud de Paría, 17tih 4* U'^j por 
la jdel oabo átü Príncipe dü Galles en América, lat 65* 33' 30/' long. 180» 19' 84.'' La 
¿ífftftT>ftia entre ambos babos, es por oonsAcuencia, calculando ei^ el supuesto da seTi 
la tierra ssférica, de 52' 9/' 2, solamente. Oook creía que la amplitud del estrecho era 
de sólo cuarenta y cuatro millas. Casi al medio del oanal, se encuentran las islas da 
S»a XHofiotM (islaB.4# Kaasenteivii, JjMamkoM^ Fainri^ BoA) 



• 

laciones ejercieron en los progresos de la oiyilizacion» y en la 
extensión del budliismo/' (1) 

Para nuestro objeto, deben tenerse en cuenta las corrientes 
máximas. Una de ellas, atravesando el Océano Indico, dobla el 
cabo de Buena Esperanza, sigue las costas occidentales de Áfri- 
ca; del litoral de Angola toma al N. £L, á través del Atántico*, 
hasta el cabo de San Boque en América, donde «e bifurca en 
dos ramales: el septentrional entra en el Golfo de México, s« 
tranforma en corriente oáiida, pasa cerca de la ]flori4a, sigue 
hasta las costas de Groenlandia, j al litoral de Europa. Inder 
pendientemeute del viento, que siendo propicio, puede acelerar 
la marcha en proporción á su ímpetu, se calcula que sola la co- 
rriente ecuatorial, hace caminar una embarcación á razón de 
quince leguas diarias, mientras la del Golfo arrastra con doble 
velocidad. "La corriente del Golfo, llevó una vez hasta la costa 
^'de Escocia, los despojos de un buque de guerra, inglés, que f u4 
"destruido por un incendio en las cercanías de Francia. Cerca 
«'del cabo López, en la costa occidental de África, naufragó otro 
"buque inglés, y la corriente ecuatorial llevó hacia el E., al Gol* 
"fo de México, y luego la del Golfo hacia Escocia, unos barrilea 
"de aceite, que formaban parte del cargamento. Las aguas, do 
«'Groenlandia, llevaron cierto dia.á las costas de Tenerife, ana 
^'botella arrojada al mar, á algunas leguas de distancia de .la pun«> 
"ta meridional de, Groenlandia." Las corrientes combinadas coii 
los vientos constantes pueden traer embarcaciones de la Ocea? 
nía, á las costas del Ber u y de la California: nuestros abuelos:^ 
para ene ntrar, como decían, la vu^UaddFomeidej traer el g^ 
león d^ F^ipinas^ tenían que entnar.en la región de los vientos 
constantes, lo que indefectiblemente los condupía ^ las costas de 
California. 

Ocupémonos primero de la raza americana, Sería un erxov 
adoptar las palabras de UUoa: "quien ha visto á nn indio, los hn 
Visto á todos." Humboldt (2) dice á este propósito: "Los. indios 
de Nt^va España, ^n general, se parecen á los del Canadá y la 
Florida, el Feru y el Br<asil, en el^eolor pscuro y pobrizo, los oa« 
bellos lacios y lisos, ^oca barba, cuerpo cargado, ojo prolongar. 






r 

I 



'436 

do con «1 extremo inclinado á las sienes, pómulos salientes, la- 
bios gruesos, y la dulce expresión de la boca; contrastando con 
la toitada sombría y severa. Fuera de la hiperbórea, la raza 
americana eá lam'etios nuraerosaV auuijtte ocupando el mayor es- 
pacio en el globo. En millón y medio de leguas- quadriulas, des- 
de las islas de la Tierra del fuego, el^io dé San Lorenzo .y el es- 
trecbo de Behring, sorprende á pvimera vista la semejanza de 
las facciones de lóS habitantes, se cree reconocer que toJos'des- 
ciohden dermistoo tronco, á pesar 'de la inmensa diferencia que 
los separa por lo^ idiomas. Sin"émbargo, rqñexionando atenta- 
mente en aquel aite' de íamiliA., se desctibre, al vivir mucho tiem- 
po entre los indígenas de América, qué los viajeros celebres ob- 
servando sólo á algunos individuos* en las costáíí, exagoraron sin- 
gularmente la' analogía de formas de las razas aaiericañas.^ 
'*' **El cültivó'intelectual, contribuye mucho á diversificar la fiso- 
lioinía propia de los pueblos bXrbaros, en la tribu y en la hor- 
da, más no en los individuos. Lo mismo se observa, fcomparando 
iÓÁ animalos donaesticos coh lok que viven en los bosques". Al 
Juzf^at los europeos acferca de la seniejáuzade las ra2:\s de piel 
inuy oácuta, están sujetos también á una ilusión particular: se 
pT*eocupnn con el tinte'tau diverso del liuestro, y 'la semejanza 
del colorido, hace desaparecer' á* sus .'ojos la diferencia' de tas 
facciones' iüdividualest él nuevo colono^ tiene dípc'itltácl en recó- 
ñocer & Ids' indígenas, porque se fija* manos en la expresión dulcé^ 
ifaélati cólica ó feroz del rostro, icjue en el color rojo cobrizp, y 6n 
Jí» cabellos negros, lustrosos, gruesos y, de tar manera lacios, 
que só les creería constantemente mojados/''' '. , ' ' ^ 

''•Eú el retrato trazado por el excelente observador M.'.Volhéy,' 
'¿te los indios del Canadá, sé reconoce" Indudablemente & los pue- 
blos esparcidos por las praderas de los rios .Apure y .Carohy. 
Erifeteel mismb tifio en amb&s Amáricasj pero los europeos que- 
Han nkVegádd'dn los grandes tíos Orinoctf y Amatónás, y quié-. 
fies han' tenido motivo de ver mi gran námero de tribus someti- 
das al gobierno monástico dé lais misiones, habrán observado que 
lá raiza átnericaná presenta algunos pueblos táu esencialmente 
diversos entre s! por las facciones^ como las numerosas vacieda- 
des de la raza del Caucase^ los circasianos, moros y persas. La 
forma elevada de los paAiigones* habitentes del ettremo aosteal 
del nuevo continente, se encuentra^ pcff deóuílo lusíj en Im "Cáñ* 



48^7 

bea habladores de las lUo^irAs desde el Delta del Orinoco liaQtc^ 
las fuentes del rio Blanco; pero que enorme difexencia en la,tat, 
Uí^la fisonomía j la constitución, físiepk de los caribes, (pueblos 
sin duda á<d los más robustos d^ Ja tierra» que ^o debeA cpafun-. 
dirse con los degenerados zamh)% llamados un tiempo oaribes en 
la isla de San Vicente,) y los cuerpos pecados dolo» indios chay- 
maa de la provincia de GomaBá: cnanto no difieren entreí^ sí los 
indios de Tlaxcala j los lipanes y chichimecos.de la parte septen- 
trional de Mexica"- 

El mismo Humboldt nos dice en otro lugar. (1) — "Las nacio- 
nes de América, excepto las veoinas al círculo polar, forman una 
Bola raza caracterizada por la confirmación del cráneo, el polor 
de la piel, rareza extremada de barbas y los cabellos lacios y li- 
sos. La raza americana tiane relaciones muy sensibles con los 
pu^ebloB mongoles en que se cuentan los descendientes > de los 
Hiong«nu, conocidos un tiempo Y^ojo el nombre de hunos, loa 
kalkas, los kalmukos'y los burattes. Prueban las observaciones 
recientes, que n» sólo los habitantes de Unalaska, sino tambiea 
ma<;;hos puoblos de la America meridional, indicau por los carac- 
teres osteológicos de la cabeza, uu paso déla raza americana á la 
mongola. Cuando hayan sido mejor estudiados los hombrea ozu- 
«TOS; del Africa,.y el enjambre de los pueblos habitado;res del inr 
torlqr. y del N. E. de Asia, designados vagamente por viajeros, 
sistemáticos bajo los nombres de tártaros y tschudes, aparece- 
rán menos aisladas las razas caucásica, mongola» americana, ma- 
laya y negra^ y se reconocerá en esto gran familia del género hu- 
mano, lun. sólo tipo orgánico, modificado por circunstancias, que. 
tal vez quedarán por siempre desconocidas." 

''Aunque los pueblos indígeuas del n^avo continente estén uni- 
dos ppr relaciones íntimaa, ofrecen en sus facciones móviles, ei^ 
tinte más 6 m^ÓQOS oscuro y la altura del cuerpo, diferencias tan. 
notables .com9 Iqs árabes, los persas y los slavps, todos ellos de 
la.c^za caucásica. Las hordas que recorréis las ardientes llanu- 
ras de las regiones equÍQocoiales no tienen, sin embargo, la pi^L 
máp Primeara. qi|6 ^os mont^iñeses o los barritantes de las zonas tép- 
plada.Sy,pM porque, ^n 1^ especie humana^ asi como en. los. ani-r 
]X^ail^;h|i>yff,cii^rta ép9¿.a de la Ti4a orgá^úcf^ más allá d& 1^ ouaX 



438 

.68 casi nula la inflaencia del clima j del alimento, sea porque lit 
desviación del tipo primitivo no se hace sentir sino despnes de 
nna larga serie de siglos. También es verdad, qne todo concurro 
á probar que los americanos, lo mismo que los pueblos de raza 
mongola, tienen menor flexibilidad de organización que las de- 
mas naciones de Asia y Europa/* 

Por último, el doctor americano Morton, en su Orania asienta: 
— "A pesar de estas analogías, no se puede desconocer que exis- 
ten entre ellos diferencias tan marcadas como inexplicables, sien- 
do una de ellas el tinte de la piel, que por la influencia del aire 
j de la luz varía de una manera singular desde el color ordina* 
rio hasta el pardo osciiío, sin poder atribxrirse semejante varia- 
ción tan solo al clima. Sin embargo, estas son excepciones á las 
reglas generales, que en nada alteran la conformación física es* 
pecial de estos hombres. El americano nunca deja de serlo, j el 
caribe de formas atléticas, el raquítico chayma, el bronceado ha- 
bitante de California y el borroa de blanca tez, siempre pertene- 
cfen áia misma raza, & pesar de sus diferencias.** 

La unidad de la raza americana no debe tomarse en un senti- 
do absoluto. Ahora tiene establecido la ciencia, que si es una 
verdad este principio, quiebran la regla general algunas notables 
modificaciones, provenidas por el clima, la alimentación, el gane- 
ro de vida, las costumbres &c., así como también, aunque en 
escala menor, los contactos que pueda haber habido con pueblos 
extraños por medio de comunicaciones casuales. La más impor- 
tante de las diferencias consiste en dos formas de cráneos reve- 
lando dos razas distintas, una más inteligente que otra, distin- 
guiéndose una muy antigua, tal vez primitiva, pasi idéntica por 
las condiciones osteológicas dé la óabeza ala raza habitadora de 
Europa en los tiempos prehistóricos. La observación tiene en 
cuenta las diformaeiones artificiales que algunos ptíeblos ameri- 
canos hacían sufrir & la cabeza de los niños, coíáó la que se ob- 
serva en los cráneos de las antiguas momias del Perú, con tantad 
analogías de forma con los relieves del Palenque. 

La unidad de la raza americana es consecuencia forzosa de los 
hechos. Mientras existieron los puentes de comunicación entre 
los continentes, los pueblos pudieron mezclarse 7 modificarse; 
pero rotas las comunicaciones, la raza americana quedó aislada, 
tomó en todas sus ramas el mismo aire dé familia, 7 las éBféréb- 



cías sólo pudieron 3er obra del tiempo y de las condiciones bio- 
lógicas. 

La raza americana, conocida bajo el nombre genérico de in- 
dios, en la clasificación humana recibe la denominación de Baza 
roja. Tal denominación es defectuosa bajo el pnnto de vista et- 
nográfico, snpnesto que muchos de los pueblos colocados en es- 
te grupo nada tienen de rojo en el color. ''Los indios de Amóvi- 
ca se aproximan & la raza amarilla, propia de Asia, por los cabe- 
llos, generalmente negros, gruesos y lacios, la poca barba y el 
tinte que varía del amarillo al rojo cobrizo. Parte de ellos, por 
la pariz saliente y los ojos grandes y rasgados recuerdan lá raza 
blanca. La frente es may deprimida; pero ninguna otra raza tie- 
ne la parte posterior del cráneo irnís voluminosa, ni las órbitas 
mayores." (1) 

Diremos ahora algunas palabras respecto de dertos pueblos 
de America. Los antiguos creían en los gigantes, y por contrapo- 
sición los griegos inventaron los pigmeos, entretenidos en pelear 
contra las grullas. Durante el siglo XYI'los gigantes volvieron 
á estar de moda, y entonces se suponía que de ellos había una 
nación entera en el nuevo contii^ente. He aquí el origen de aque- 
lla creencia. Relatando Pigaffetta, compañero de Magallanes, el 
descubrimiento del estrecho de este nombre, asegura que un ha- 
bitante de aquella costa pasó & bordo, y ''que su corpulencia y 
''estatura eran tales, que sin violencia le apropiaban el distinti- 
vo de gigante: la cabeza de uno de nuestros medianos hombres 
''no le llegaba más que á la cintura, y era grueso á proporción." 
Tbomas Caveudi íaX0Í)86) i > •■' los naturales de lejos y juzgando 
per la huella del pió, 18 pulgadas de largo, atribuyó á los hom^ 
bres 8| codos de altura; por esto puso al país Patagonia y á los 
indígenas paiagones. El almirante Yan Noort (1598) por relación 
de un muchacho, asegura que el país estaba habitado por cuatro 
naciones, tres do talla común, la otra do 10 á 12 piós de altura. 
El capitán holandés Sebaído de Weert (1598) vio en el estrechó 
siete canoas, coi^ salvajeisi de 10 á 11 piós de alto. El almiratttd 
Spilbergen (1614) guiado por la vista de un individuo observado 
en la costs» jv^ga que eira inayor que los naturales mencionados 
por PigjrfFetia. El capitán Shelvóck (1719) asegura— "Que lama- 

-. ' ; - , • ' . 

a) LesBacafllnmudnes, par Ixmis Flgnier. Paris, iST?. iNg. 465. 



4áú 

"jot parte de la gente es áe ^statura ordinaria; pero q^ue» segnu 
'*Mr. Frezier, en la parte interior del continente hay una casta 
"de talla extraordinaria^ j qae probablemente fue informado por ' 
"testigos de ¥Íata de que algunos de ellos tenían de 9 á 10 pies 
de alto." £1 comandante Byron (1764:) refiriéndole al mismo ob- 
jeto escribe: — ''Sa estatura era» tan extraordinaria, que adu sen* 
^^tádos» así venían á ser. casi tan altos como el comandante en 
"pié." (1) 

Nunca convino mejor el adagio, á luengos viajea, luengas ipen- 
tiras. La extraordinaria talla de los patagones ha ido disminu- 
yendo poco á poco ante la verdadera observación, no obstante 
cuanto asegura el P. Torrubia en su Gigantología impresa en 
1756« D. Fernando Ibañez dé Bcheverría, quien en 1762 acompa- 
ñó á Buenos Aires al marqués de Yaldelirios, describiendo Jias 
regiones meridionales de América, dice: — "¿Qué indios las habi- 
litan? No ciertamente los fabulosos patacones que, según se pre* 
''tende, ocupan este distrito. Algunos testigos oculares que han 
'^vivido y comerciado con ellos, me han dado su exacta descrip* 
."cion. Son de La misma talla que los españoles, y nunca he visto 
^'alguno que tuviese más de dos varas y dos ó tres pulgadas/' £1 
misionero Mr. Falker relata: — ''Los paJiagones ó pueleches son 
''un pueblo de gran talla; pero numia he oido hablar de esta ra- 
*'zá de gigantesi de que han hecho mención algunos viajeros, aun- 
''que he visto los individuos, de diferentes hordas de loa indios 
meridionales." Loi^ capitanes Wallis y Oarteret (1766), les. midie- 
ron realmente y les dan seis. pies y de cinco á siete pulgadas de 
altara. Boagainville (1767) los midió igui^ente, coníormanidd 
con Wallis. (2) Según D. Antonio de Alcedo (3) los patagone» ó 
tirumenos, "nación bái:barade indios, que vive en los montes 6 
"s^lvlbs de las tierras, Magallánicas al N. del Estrecho, y al Le- 
/'vánte del Beino de Chile, en la provincia llamada Chica, por 
'*la opinión más genei^almente recibidaí, son de más talla que la 
"¿om^, pero no gigantas." — ''Los viajeros modernos, afirma Fi- 
ggiier, (4:) heun redjicido á:ju|kas proporoton^a los dichos délos 

r - • - • * * , • 'i - ' ; < ' . ' ' ■ 

(1) VUjerdelComáDdiiilWB/rob« J^^a¿^d,[17¡lf^« Ii^.:i^ . i 

¿2) Hist • de AsQérica por BX]¡bé^i¡poúf;e^niáem,íA2r. Tom. II, p^g. 7ft. 
($) Diooionario geográfico-históiico de las Indios OcádenUlefl. Madrid 1788. 
(4) Les Baees JimiuitnM^ pág. 2& .:'- 



J 



antiguos nategan tes; b1 nataralista francas Alcides d'Orbignj, hsk 
niedido f^ran número de patagoDes, y enoaentpa su talla media. 
de 1*» 73. Tul es el límite extremo de altura á que puede llegar 
la especie humana. En cuanto al limite de lo pequeño, lo sumi* 
nistta el pueblo de los boschímanes» habitantes del Sur de Áfri- 
ca; el viajero inglés BarroD, midió á todos los individuos de una 
ttibut j halló ser su talla de I°^31. Así, pues, la talla humana 
varia O™ 32, es decir, la diferencia entre tin patn^u y la de un. 
boschiman." — J^n América, los dos extremos están representados 
por lo.4 patagones y los cbaymas*. 

Pasemos ahora del Sur al Norte. ~-*''La rama hiperbórea, dice 
Figuier, (1) se compone de los diversos pueblos vecinos al círcu- 
lo polar ártico, ;tenieudo en genenil la talla pequeña y los carac* 
teres principales de lu raza angarilla. Denramados sobre una su* 
perfície inmensa, aunque poco numerosos, los pueblos de la raza 
hiperbórea, son nómades, y sólo tienen por animales domésticos 
perros y renos; se .üimentan cou los productos de la caza y de la 
pesca; aman apasionadamente los licores fuortos, y gozan de una 
civilización rudimental. Alguno de aquellos pueblos debería tal 
vez ser coloo<ido entre los de la rama mongólica, así como otros 
en la raza blanca, supuesto haber perdido, bajo la- influencia del 
clima y d« su modo de existencia, los caracteres de la raza ania" 
rilla. Como sea difícil crear una clasiñcacion adecuada, conser- 
Taramos los grupos admitidos por M. de Homalins de Haloy, 
quien establece siete familias entre los pueblos hiperbóreos, to- 
inando por base las afinidades del lenguaje, nombrándolas lapO" 
na, samoyedaf kamiadiudala^ esquimal^ ienisseiima, inkaghira y ko- 
riakaj' 

Estos pueblos, sin duda alguna de origen común, se extienden 
' por las regiones boreales de Europa, Asia y América. La familia 
ile los esquimales se encuentra en el Nuevo Mundo, desde la Groen* 
landia hasta el estrecho de Behring, siendo por el tipo absolut|i« 
mente diversa de la rama americana, pareciéndose loaocho á los 
pueblos de la Asia septentrional y á los mongoles. '^Eatre los as* 
qniiualea, la parte oseosa de la cabeza tosía una forma pirami-* 
dal más pronunciada que entre los mongoles de la parte superior 
de Asia» lo cual depende del estrechamiento li^teral del cráneo; 

(1) Lm BaeeB homainet, pág. 238. 

66' 



m 

tal signo de degradación, revela la inferioridad moral y sooial de 
aquellas pobres gentes. Tienen los ojos negros peqneños y sai* 
vajes sin yivacidad alguna, y entre los esquimales de Groenlan- 
dia la nariz es poco saliente, chica la boca, el labio inferior más 
grnesos qne el superior. Se ha visto en algunos barba muy abun- 
dante. Ordinariamente los cabellos son negros, algunas reces ru- 
bios, y siempre largos, gruesos y en desorden; el color claro, la 
talla no pasa de cinco piás, son pesados y con ^cierta propensíott 
á la obesidad." (1) 

Zímmermann (2) coloca en la rama mongólica 6 turáuica, ''no 
•*8Ólo los mongoles propiamente dichos, ffis tártaros y los kal- 
"mukos, sino también los magyares en Europa; los chinos, los 
"japoneses y los habitantes de Kamlschatka, en el extremo orien- 
"tal de Asía; y en el Norte de América hasta Groenlandia, los 
"esquimales." 

"Los esquimales de raza tártara se extienden desde Kolyma, 
al O. de Asia, en las costas del continente y en las islas hasta el 
golfo de Anady; en las islas del estrecho de Behring, las Aleu-- 
tianas, desde el promontorio de Aliaska, eu la costa setentrional 
á lo largo del mar, en las costas y en la bahía de Hudson y de 
Baffin hasta el estrecho deDavis. Se habla la misma lengaa des- 
de el cabo NE. de Asia, hasta la punta meridional de la antigua 
Groenlandia. El interpreto esquimal del capitán Pranklin, saca- 
do de las orillas de la desembocadura del Ohesfcerfield, compren- 
día los vocabularios compuestos por los misioneros de Labra- 
dor. (3) 

"Los tschutschi habitan el país situado entre Kolyma y el es- 
trecho de Behring al N. de los kosiaks, se tienen por de origen 
americano eu razón de sus formas físicas, sus costumbres y su 
lenguaje semejante al de los indios de Norte America, mientras 
tienen poca afinidad con las tribus asiáticas sus veoiuas. Según 
el Capitán Cochra^e, "los tschutschi son de gran estatura, bien 
"hechos y vivos, de facciones fuertemente acentuadas y el color 
*Vle la piel algo oscuro. Se rapan la cabeza, se pintan algunas 
"partea del cuerpo, llevan gtandes pendientes en las otéjisj tíé 



'Xí] Figuier, Haces hamaines, pág. 234^ 
(2) Bazafl humanas, México 1871. Pág. 409. 
(S) Ai^tíamttfs amérioaines, pág. 160. . . Oi .*. 



I * I 



;;o 



448 

'Pristen como los indios. Aquel pueblo es salvaje y grosero; nada 
''sabe aoeroa de su origen, del tíempo en que se estableció 
''en el país, ni de las diversas naciones tártaras sujetas á Rusia, 
''de las cuales no entiende la lengua. Su manera de expresarse, 
'aunque eomprendida por los kosiaks, no tiene afinidad alguna 
oon los idiomas de Asia." (1) 

No puede caber duda ninguna; entre Asia y América ha habi- 
do frecuentes comunicaciones, verificadas por el estrecho de 
Behring, paso todavía existente entre ambos continentes. ' Han 
tenido lugar verdaderas emigraciones, las de los pueblos borea- 
les asiáticos que bajo el nombre de esquimales vinieron á esta* 
Mecerse en nuestras regiones árticas. La emigración ha tenido 
también lugar de América para Asia. Los tschutsohi de filiación 
americana se encuentran sobre aquella costa, siendo tal vez cir- 
cunstancia no casual el habitar un lugar llamado Kolyma, idén- 
tico al Colima de nuestras costas occidentales, y palabra que no 
parece pertenecer á la lengua mexicana pura. Las emigraciones 
de los esquimales, sin embargo, deben pertenecer á una época 
comparativamente reciente, á aqaella en que asiáticos y ameri- 
canos tenían formado su tipo peculiar, que ya no cambiaron. Por ; 
otra parte, las tribus hiperbóreas han permanecido en las regio- 
nes frias sin mezclarse ni confandirse, conservando su carácter 
nacional, lo .que indica quo poco ó nada han influido en la for- 
mación de la raza americana. Esta existía de por si muchos si- 
glos antes sin duda, y los puntos de contacto que la ligan con 
las razas asiáticas estaban ya formados t>or relaciones mucho 
más antigaas. 

Del paso que pre3enta el estrecho de Behring, tomaron fun- 
damento varios autores para resolver el debatido problema del 
ori^ea d3 la población americana. (2) Insuficiente, como hemoa 
apuntado par» explicar la presencia de los animales actuales y 
mucho menos de los extinguidos, se hace inútil también para 
señalar el origen deL hombre, que por la ciencia corresponde al 
período ieroisurio. Sirve sólo el sistema, para sostener las rela«> 

(9) Bólodon del gran )^t<A»leihá BAtítóBk de Ift población de las Áni^^ricBs, é^., por 
«IF. Franeiaoo. Xavier Alexode Orno, ^.^^En México, Al&o de 1768.— Véanse las 
aiMctaáonea de OlaTigero, Ao. ^ . 



ciones que en rdalidad liau etkktíilo eat/ve.lod'oontineAtea aaiáti^* 
oo y americano/ 

Sin ap^r taraos todavía de las razas, uod'har^mo.s esta pregun- 
ta: ¿existían negros en Améáoa? Algo dijicHoa.ya al habUr>del 
dios IxtUlton 7 de los soles cosmogónicos; aumentemos ahora 
algunas palabras.-^^'M. Eafiíiesque (1) es de parecer absoluto 
que Juiy nacióles negras pi^imiliiHis de Améiidcu Ha1>iendo ofrecido 
la Sociedad de Geografía de Paris, dice» nn premio para la me^ 
jor Memoria dobre' el origen de los negros de Asia, la remití el 
ano anterior dos trabajos; el uno trataba de los negros de Ada, 
donde demostrá la añnidad de sus lengua^» con las de los negros 
africanos j polinesios, así como con las do los bindus y de loa* 
chinos: el otro, relativo á las naciones negras establecidas antes 
del descabrimíeutd de Colon, en el cual me propuser probar, así 
su aKistenoia como la^s semejauz&s de leugaaje con los negros de 
África y d) Polinesia. « 

'Tara machas personas es un hecho completamente nuevo la 
existencia de poblaciones negras americanas; para dar de oUaa 
alguna idea, voy á enumerar brevemente las tribus que han de*- 
.jado rastros evidentes en las dos Américas. 

^'1* Los antiguos Garaolee de Haití, repi^esentados eomo una 
nación de bastías en los cantos históricos. -Y. Boman y Martur. 

'*2* Los Gaiifui^iapis de las islas Caribes, llamados también 
caribes, negros ó guauinis, raza negra de la familia, caribe. Y^ 
Bochefort y Herrera. 

''3^ Los Árguahys'Ast Catara, mencionados como casi negros, 
por García, en su obra sobre las Indias occidentales/ ' . 

''4*^ Los Atoras^ negros de Baleigh ó yarur<is de los españoles, 
de color negrnsco ó pardo subido» existentes aún en las omllas 
del Orinoco: siis vedtos les. llaman monas» 

^'5" Chaymas de laGuaynna, negros oscuposcomo los hotento* 
tea V* M. de HumboldL 

''6^ Los Manjipas y Poi^cigis de Nierhoff, Ids Motayas Kuivet^ 
¿ücí, ori(](inariós del Brasil» negros p4xdos e<>ii los cabrios, qr^^^r 
pos. y. Tespucio y Pigaffeta. 

^'7^ Los Nigritas de P. Martyr en el istmo delDarien, ^xiifte^- 
tea aún en la provincia de Chpn, con el nomine de c^itfOinaSt^^ih 



(1) Antiquités «mérieaínes, pág. iCS. 



■«•♦ \> 



446 

na» 6 cMno^i' V. Mollien. Negros de tinte desagradable ó negros 
eolKrizos. 

"8* Los de Popayan nombrados Manabi% con la piel negrnzoa, 
las fKccíones y el pelo de los negros. V. Stevenson. 

"9*^LoH 6^twí6a5ye7ara9deTagn35galpa, cercado Honduras, lla- 
mados hoyZambos. V. Jnarroe, &c. 

' "10. Los Bnulen ó Esteros de la Nueva Oalifornia, negros de 
«olor desagradable. V. Venegas, Langsdorf, &c. 

**ll. Los indios negros encontrados por los españoles en la 
Lnisiana. V. la invasión de Soto. 

"12. Los negros de ojos de luna, (raoón-eyed) y Muios, unos 
descubiertos en Panamá, los otros destruidos por los iroqueses. 
T. Bardon, Ac. 

"Entre estas naciones, la lengua Yarura tiene cincuenta por 
(rientó de afinidad con la Gcinna, cuarenta por ciento con el A- 
flliantl ó el Pjinty de Guinea, y casi treinta y tres por ciento con 
las lenguas de Palah, Bornou y Congo en Africi. En Asia tiene 
una relación de treinta y nueve por ciento con los negros Sa- 
inang, y cnare'nta por ciento con los de Andamau, así como con 
lós de Au 4tralia y de la Nueva Holanda." 

Pudiera objíít.vrse contra alguno de los ejemplos antes- eriun^ 
ciados; ser de origen reciente la formación de esas tribus, d-^bí- 
áa á la mezcla de sangre africana en el tiempo de la trata de es- 
clavos, como se nota en México con pnrte de la población en las 
costas de Veracruzy tierras del interior; paro esto nada tiene 
■ que ver con las fracciones existentes antes de la conquista es- 
j pañola. ' • 

i Herrera (1) escribe estas palabrasf relatando el viaje de Colon 

en 1493: — **Dixo iambien que por aquel camino pensaba expe- 
rimentar lo qué'deoían los indios de la Española, que habían ido 
á ella de'la parte del S. y del SE., gente nt^g^a que traía los'hie- 
iTOs dé las azagayas de un metal que llamaban guanin\ del cual 
había enviado á los reyes, hecho el ensaye á donde se halló, que 
de treinta y dos partes, las diez y ocho eran de oro, y las seis de 
plata y las ocho de cobre." 

^' E?rta gente* negra era diversa de los caribes de Jas Antillas me- 
. ñores llamados Canibales por Colon. — 'Torma notable, dice 

(1^ IMc. I, üb. m^eap. IX. 



•'^ 



r 446 



■ÍV 



Hamboldt, (1) de los voces Calina j CqlUnago; nombres qne se 
daban los caribes, de las cuales los eruditos (propter rabiem o%- 
BÍnam anthropophagorum gentis) formarou caaíbales para la- 
tinizarlas. G¿i.rcia, en sus sueños semíticos (Origen de los ameri- 
canos, piíg. 68) -deriva la palabra caníbal de Annibal y del fe- 
nicio. (Belat List, t 11, pág. 503; tom. III, pág. 537). 

Eefíriendo Gomara (2) el descubrimiento de la mar del Sur, 
dice: ''Eotró Balboa en Quareca, no halló pan, ni oro, que lo 
habíau alzado antes de pelear; empero halló algunos esclayos 
negros del señor. Preguntó de donde los habían, y no le supie- 
ron decir ó entender, más de que había hombres de aquel cplor 
cerca de allí, con quienes tenían guerra muy ordinaria. Estos 
fueron los primeros negros que se vieron en Indias, y aun pien- 
so que no se han visto más." 

De la presencia de los negros en América se infiere, para nosr 
otros, que han existido algunas comunicacioues en el África» 
La gran anchura que el Atlántico toma en aquellas latitudes, el 
atraso en la navegación de los habitantes de ambas costas con* 
trapuestas, excluye el supuesto de que semejantes comunicacip* 
.nes hayan sido meditadas, .teniéndose que admitir que fueron 
obra de. la casualidad, ayudada por los vientos y por las corrien- 
tes marinas. Consta de una manera evidente, que Pedro Alvares 
Cabral, con destinoá la ludia oriental, salió con: una armada di^ 
Lisboa á 9 de Marzo 1500; tocó en las islas de Cabo Verde, y to^ 
mando luego al O. para huir de las calmas de los mares de Gui- 
nea, fue arrebatado por los vientos hasta las costas del Brasil, 
descubriendo el continente americano a 22 de Abril, ^in pensar* 
lo, sin ser aquel su designio. 

Salta á la vista esta observación* Cabral salió salvo de la bo* 
rrasca en buques bien construidos, provistos de bastimentos; la^ 
malas embarcaciones de los negros hubieran zozobrado, y supOt 
niendoque resistieran á las olas no llevábanlas vituallas sufi- 
cientes para la travesía. Concedemos; mas entre muchos naa« 
fragios se pudo presentar un caao feliz por circunstancias excep* 
clónales, y estos casos raros trajeron los negros á la América. 

Todavía respecto de la raza, hemos visto que la presencia del 

(i; Hiütoire de la géographie, tom. n, pág. 79. 

(2) Hüit. de Indias, oap« ISJL « . 



Ikombre en Cuba se refiere á una época muy autigua. Las comu- 
mcacioues entre las islas del Atlániáco y oon el. continente, son 
¡imegables. Hablando Beaumont (1) de las costumbres de los 
indlQi de la Española, dice: — ''No sacaban fuego con piedra de 
lumbre, habiéndolas^ muy buenas, en sus tierras, sino que cogían 
dos palos uno muy poroso y otro más duro; encajaban este den- 
tro del otro, y con suma presteza y violencia lo volteaban como 
quien hace chocolate, y con esta fuerte colisión sacaban fuegp» 
que se pegaba al palo poroso, como si fuera auna yesca. Con el 
fuego labraban sus canoas, y lo mismo hacen, como veréma^^i los 
naturales de las ludias Occidentales, que en esto, como c^si en 
todo, tienen las mismas costumbres que los de las islas. Quita- 
ban lo quemado oon una especie de piedra verde muy dura en 
forma de hacha, y enhuecaban el madero escogido para el efec- 
to. Se discurre mucho sobre esa pleára^ porque no se pudo en- 
contrar en toda la isla cantera donde se diese, y la opinión de 
algunos es, que venía del rio de las Amazonas, cuyo fango, ex- 
puesto al aire, se endurece y toma este color; pero la dificultad 
es asentar el como pudo llegar á las manos de estos naturales^ 
que no comercilEkban con nación alguna; y cómo podía venir tan- 
ta porción y tan de lejos ^ara el usp de esos pueblos. Como no 
ten:í^n hierro, no usaban otras armas que piedras, macanas y fle- 
chas. £1 modo de hablar en aquel país no era uniforme, csada 
provincia tenía su dialecto particular; pero la lengua que se ha- 
blaba en el centro de la isla era la cortesana y la más estimada^ 
que se entendía en las demás provincias. Estas lenguací no teníaK 
nada de bárbaro, pues por la dulzura de algunas de sus voces^ 
como canoa, hamaca, sabana,. <&c., que hemos adoptado en nues- 
tra lengua, se coiLoce. Se aprendían con facilidad, excepto uno ú, 
otro dialecto que costaba algún más trabajo saber su pronun^ 
ciaoion." ; . . • 

A lo que alcanzamos acerca de la constitución geológica de la^ 
islas, parece que en algún tiempo formaron parte del continen^^ 
te. Los productos del suelo sí eran iguales, y Ip^ antiguos isld^ 
ños usaban de^sbaoo, del maíz, del maguey, de la tuna, &o\ pa^ 
ra los mismos objetos que los continentaleiS. La raza era la i]úb-> 

(1) Crónica de Michoacan. Escrita por el B. P. Fr. Pablo Beaumont. Tom. 1, 
eap. 19. MS, 



ma, laB costumbres muy detnejantes. Bi^n se advierte ser nn 
Cuento Valgar lo del fango del río Amazonas, si bíe» queda por 
cierto que aquellas rocas verdee, que en la isla no se encueiitraii> 
y que tan comunes eran en el continente empleadas en forma-de 
hachas, demuestran relaciones estrechas mójs ó menos antipraas* 
Bespecto de la lengua, la de fklgiinas islas al menos pertenecía á 
la familia maya, como el* haitiano, el quizqueja 6 itis, el cnbanOy 
el boriqua y el jamaica. (1) A la misma ¿Emilia etnográfica per*- 
f enecen los huasteca, los cuales, según la tradición, llegaron por 
la mar á nuestras costas orientales; tal vez en cierta época los 
pueblos de esta filiación hicieran algunos adelantos en el arte 
de navegar, por medio de los cuales pudieron invadir las islas, 
tocar en la costa de México é ir después á establecerse en la pe- 
nínsula de^ Yucatán. Los indios de la Española consei'vaban igual- 
mente la tradición, de que vendrían por Oriente loa hombres 
blancos y barbados* 

Pasando ahora de las razas á las lenguas, pensamos que ellen** 
guaje es uno de los'priñcipales atributos del hombre. Algunos 
filósofos aventuran que los animales hablan. Lo aceptamos bajo 
el aspecto de expresar con gritos,- gruñidos , silbos, ¿c, las neoer 
sidades que los acosan ó Ias pasiones que los mueven; pero ¿esos 
sonidos están ajustados á las verdaderas condiciones de un len- 
guaje? ¿servirán en efecto para formar juicios acerca de las co- 
sas abstractas? A esto sólo pueden contestar los animales, y con 
ellos aun no nos ponemos en relaciones suficientes por medio de 
la lengua. Establécese por algunos pensadores una diferencia de? 
eísi va; eP hombre aprende á hablar, el bruto sabe hablar. Este 
tiene un idioma propio á cada especie, sin cainbio, sin modifioa- 
eior, siempre el mismo desde las primitivas geúet^áciones; aquel 
trasformasu habla, .la varíay perfecciona, la attmenta confor- 
me lo ha menester. El uno se expresa por instinto, el otro por 
estudio y aprendizaje. Én todos los paíf^es, una misma especie 
d^ perro ladra 4& tin^ manera idéntica; sea aislado de sus con- 
géneres desde el nacer, sea llevado de tino á otro continente, sea 
qü^ se le críe entre animales de especie diversa: él zéntzontle de 
cuatrocientas voces dará al viento sus cantos melodiosos, aún 
cuando esté empollado por una gallina. El hombre recien nacido^ 



(1) Pimentel, CnaAco descriptivo y comparatiro, tom. S, pág. 556« 



jȒ 



é4d 

trasportado á ¡otra comarca, no hablará la lengua de bus padres 
ni la usada en el país de su nacimiento» si^io que aprenderá la 
que oiga, la que se le ensene; aislado y. solo invjentará la nífLnei:a 
de ponerse en comunicación con sus semejantes, conforme á lo 
que Tea ó escuche. Los niños, durante suj» primeros anos, inven- 
tan un lenguaje convencional tan sólo entendido por las madres. 
Sirve la palabra para expresar las ideas. El poder inventivo 
de la inteligencia humana es hasta ciarto punto indefinido; el ór-* 
gano de la articulación está construido de una manera maravi- 
llosa para producir sonidos; el hombre forma juicios distintos, 
aún al examinar las cosas bajo el mismo aspecto; la parte física 
7 aún la moral se modifican con las condiciones biológicas: óstas, 
y otras más, entre las cuales no es la menos importante la del 
tiempo, son Jas causas determinantes, forzosas, de . la variación 
del lenguaje. Para permanecer cuenta como principales apoyos 
con la costumbre y la necesidad de darse á entender en la. fami- 
lia, en la tribu, en la nación. Si las lenguas progresan y se mejo- 
ran, también por causas que no siempre podemos comprender, 
las vemos ir en decaimiento y aún á veces perecer.' Si una fami- 
lia civilizada fuera llevada ai desierto,, olvidaría en más ó m^noa 
generaciones su saber, su lengua se haría pobre en cuanto tuvie« 
ra relación con las ideas perdidas y los objetos ausentes, varian-^ 
do en lo relativo á la nueva manera de ser. 

Aproximativamente se cuentan* en Suropa seiscitotás, entre 
lenguas y dialectos; en América se hace subir las unas y los pttoa 
á mil ciento sesenta. En este total se contienen muchas hablas 
de origen coinun, que puedan ier agrupadas en familias. Sinem* 
bérgo^ existen lenguas tan disimboliÉt como el othomi y el nihoa^ 
incapaces de ser admitidos bajo la: misma clasificación, 
hay ricos, expresivos» con el sello de unscuidadosA 
pudiendo sostener paralelo con el latín y el gñego, llamadas por 
antonomasia lenjguas sijbias, maa tan^ien sé ven ottos pobres» 
biDUcos, dando testimónid de un' estado casi salvsje. A pesar de 
tales diferencias, los filólogos convienen eA qne todas las Jengoaa 
americanas preseijttan un tipo oornup^ ^ cmal «a eonsécuenfiia ío^ 
sosa de lá unidad de la rasa» . 

I>ela pWaKcíadde lenguas, derivada sin duda ^ una «&!« 
dad primitiva» se infice que la^poblaéioaiMneivean» tivi6'<9iÉi 

W 



m. 

« 

constantemente fraccionada, sabdividida en tribus aisladas ó con 
pocas relaciones, en estado social cercano ál del salvaje. Elsas 
fraccionen nómades, subsistiendo de la caza' o^ de la peséá/éb&fi^ 
nadas á cotnárcas éú diversas condiciones geográficas y eiiiñatd^ 
lógicas, formaban las diversad hablas, tendiendo á sep^irafsénúíll ' 
y más del tronco comun^basfa hacerse completamente' extrañas.' 
entre sí. Las lenguas bien formadas pertenecen á los puoblos ci- 
vilizados; las brancas y radas corresponden á las ' tribus f^alvá- 
jes\ Si alguna presenta un idioma perfecto en contraste con su 
desarrollo intelectual, prueba que esa tribuun tiempo ffjrmópat- 
te de una nación adelantada, de la cual so separó^ para recaer éh 
el estado primitivo déla naturaleza. Para lo;5 idiamíis' absoluta- 
meíif e siií relación, es precisa admitir que por el tiempo, por la 
guerra constante que entre sí ínaütiénén las tribus, porla pes- • 
te, la emigración, &c., perecieron las familias que conservaban las 
trasfbrmaciones intermedias. Sujijógá-'-fe élsistema^quo so quie- 
ra acerca de las lenguas, siempre qtíedará por evidente, que eh 
la actualidad no concusemos su géiVealogía'cornrpleta, faltando eá 
esa inmensa cadena mtíltitud de e^álábonesj que habcn imposibíe* 
la clasificación. Estos eslabonéis fiíltos, son !ásíéTi<^as perdSdaá, 
dé las cuales ofrece México- "no pócbsfejemjílóé.' -: • 

"Respecto de ios idioiiás, deberiiós "nÁtht a^gtinas' particuíárf- 
dades."Bii las costas >é'n las isla&'fle la llueva' California, ¿sí 
como más al N. desde lofs 43^'dé lát:,?iTistá la entrada ¿Jél ftfíh- 
cipeíOuiiletrtñ&en t30^ lat'i'dondQ' ¿^^ las ranbh^rías ée 

loa6áqBÍiÍQaleaj'estáb>pbbláda¿ d«>s ttusas que ;difiet6iíí e'^endiivt- ' 
mealtó '^axa el lenpfUAje f '«1 cáráoter r Hadases' la una YiícnaÜ^ > 
nembié del ptíet té ttAm¿do:iaKptcrpiMÉ¿itté J^o^tka7¿á tA otra >le- ^ 
di«en.'kÉu«U9M'(4í(MtíkAi;>'Am^ ^bcmentrfiín áí lo :l¿rf^ d^l >^ 
Miírfáfaaficoi^iáaiiM)drs6titi««í^l«lloi:fid^ 

lo^iilxttaodbcb^ i«t'^d8^i87', lir róstaesUí Maipáéait>or, i^s «qm^ J 
nad^s^&eranÁe.&^nQklti^eB ócupadolb ^ov-q^i» Alud^nis^'lb^ , 

lacStfiíia 4^BeIiting,' Ift-otrá^ mUA' biih(á'fde':ílti'tiiGfaiibfe:-estáii * 
8e|iflri^M'pót4tnaí ri&abherla 'd^ ^68^«ii»ii¿Ie;s; dlcka-lsehi^HBakJ 
IitmJí^úgaMA^''e¡s^iaai''(Mki^^ Siga** 

Uachmutzi y Kinaitzí, se parecen, é indtoKü^^rah ¿fibidoid^ícdn la*; 



^1. 

señalado primeramente por M. Haijxiboldti ^y en 8#gai4ft pot; 
Vater." 

''Esa terminación de las palabras» ea tan^comun á las lengua* 
de los Eoluschi j de los ügaliacbmQtzíi ^que en 200 ypces presan* 
iadaa por M. Besanoff, un dozavo acab^ en Ü, Üi o tte.** 

"M. Yater, (1) comparando los bocabúlariosi de las dos lepgUM 
con el mexicano, encontró en 200 palabras, qjie designan los. nuiik 
mos objetos, 26 polisílabos de la lexigua mesicanai teniend<^ tan. 
grande añnidad» que parecen derÍTados de. las .mismas raí<* 
ees.". (2) .. . • . 

Ahí, esa gran familia de lenguas afines del naboa, arrancan 
desde altas latitudes» se extiende en i;n ; gran < espacio bácia el; 
ITorté, invade en uQa muy gran extensipn nuestrp pais» alejando^ 
se al S., t asta Nicaragua. 

Barton, aseguraba ein l/llt que los indios Mobawks, tienen ni»: 
dialecto casi enteramente tártaro. (3) ' 

Si por la forma actual díe tierras y aguas^ quisiéramos- datnoi 
cuenta exacta de la manera en^xjue hfinsido pobladas las.ínnuilier 
rabies i^las del Océano P|Eicífiao,.tal>Tez no «e^icontrariaviQs 'Ul^a 
hipótesis satisfactoria, pues tropezamos : con. la incipiente cultura 
de muchos de aquellos pueblos, y su ignorane|a de ;|a navegar 
cion; sin ,émbargo,.se ti^ne á la vi^taCiS^ he^bo evidente, , las ifnv 
las están habí tadívs. Verdadero compteí^ eJi.^tTPUK) actual ^d^» lotf) 
isleñps, en el gru^Q de la .sociefiad existen l^,i^rai8, ^^omparar 
l)les á los túmulos i^u^ropeos. y.ain^ic4«i/(^;,;!GL oapitan iCo<Ai( 
describe las estatuas colosales de.p^r^nde.la isla de* Pa^o^iaa^, 
seinejanties bajo algicvnos aspectos, 4 1^ d^;4Z.apaterp ex| Clentrpí 
Am.éripa, y que no ^OA 9^^^ de los habi^Qiesd^ jipy.^ Des^ábreter 
sgien Ujüf^ Yiíí# grÉa\^,s,piedrasique.reoiwfida« los^nxeJUi^íir^'Tp- 



aáelarita^*,^^ i lo^.'^iv^a^ \)i0biÜftttt««idt; 

la Oceania. <*\ ' .; . . 

(2) Antiqnités américainati, pág. M, 

(3) Antiqaidto amérieaines, pág. 46, .tlCT. : } ../ .'r«.'> ."• í^n*? 4*\-^' í 



452 

cion asiática, nota Zimermmann c[ue '^Lob habitantes de Améri- 
ca, se distinguen apenas de los polinesios, en cnanto al color, la 
estatura y el cabello, 7 -ofrecen entre sí tan poca diferencia, que 
desde los primeros descubrimientos hasta nuestros dias, casi 
nunca so ha dudado* qii€ pertenecen todos á una raza única." (1) 
Esa comunidad de raza, se comprueba por medio del lenguaje. 
GkUatin, había obaerrado jala analogía de estructura, entre las 
lenguas americanas y las de la Polinesia, principalmente con las 
del Oi^on 7 el Gheroquee; la analogía existe- también respecto 
- de los idiomas de Sud América. ''A este propósito, nota el Bev. 
Bichara Gkirnett, que machas de las lenguas del continente ame* 
rioano, presentan uña analogía general, así con la familia poli- 
nesia como con las lenguas del Déccasn, en el método d^ distin- 
guir las varias modificaciones del tiempo, y añade: 'Todemos 
«^asegurar en términos generales, que el verbo sud^americano, se 
''forma precisamente bajo los mismos principios que el del Ta- 
«'muí y de otras lenguas déla India austral, y consiste en una 
'^aie verbal, en un segundo elemento que define el modo de ac- 
''don y de un tercero denotativo del sugeto 6 persona.'* Estos 
datos acerca de las relaciones filológicas entre las islas del ar- 
chipiélago de la Polinesia con él eontiñente americano y la Asia 
austral, se corroboran teniendo en cuenta las notables reliquias 
de escultura megalíiica, y de antiguas construcciones de piedra 
en las islas del Pacífico, notadas hace mucho tiempo por el ca- 
pitán Beechey, en algunas de las islas más cercanas á las costas 
dé- Ofailé* y del Perii, observadas recientemente en Bonabe y 
otrta i^las próximas á las costas asiáticas. Algunas de ellas se 
referían por stls caracteres generales á una emigración o<;eáni- 
ea, probablemente en una era de civilieacioñ insular, durante la 
OQat se. venflcarota empresas marftimas en una escala muy su- 
IMrier i'hMT emprendías por los modernos naTegantes mala-' 

yo»." (2) ^ . 

.- f«El ' profesor *H« &^ Wilson, en su edición Rig Veda Sarihita, 
aflM»ta cómo eoüa .especial, digna dé ser sabida, que en la época 
remota del más moderno de los Vedas, consta que los arias asíá- 
tiooe fueron un tiempo marineros y comeroiaiites: eon la péiíée* 



(1) Bmh huuuuM, tup, y., ptfg. 896. 

<!t) PlBéhiitorio man, by Dtaid^Waine^ LflMiM^ISes. "Pdg, 5M. 



m 

cion de ambos empleo^» aqtiellos ayentoz^rioq im^ítíiivps pudie^ 
ron pasar prontamente á los grapog más cercanos de' islaa; 4e 
allí á los más remotos el paso bxé tan fácil como aUora puede s^r^ 
lo, y basta ecluar una ojeada sobre una oafta bidrpgráfíca del P^ 
eífico, para demostrar que« un bote, arrastrado algunos gradoaal 
S. de Pitcairn ó de las islas australes, puederser llevado por it^ 
fuerza de las corrientes, tomando el camino directo á las oostaa 
de Chile y del Perú» Pebe tenerse presento, que en las más prxen- 
tales de las islas polinesii^s, encontró el capitán ;Beechey las ea« 
tatúas colosales y los túmulos de piedras talladas, miicbas deellaa 
caídas y mutiladas; esas eatátuas eri^; sólo objeto de raga admi-^ 
ración, y no recibían culto de los naturales^ incapaces de 'haber 
fabrieado obras semejantes. Esculturas idénticas se yieion en, 
otras islas, ahora desiertas, indicando con otros rastros una an* 
tigua historia del todo diversa de la de las razas -actuales. Loa 
ayentureros, por el camino de la mar, pueden haber poblado el 
Sur del Nuevo, Mundo n^ucho tiempo antea que la0 latitudes al 
N. E. de Asia recibieran en sus inhospitelarias estepas los pri-^ 
meros nómades, y se abrieran paso por el estrecho al N. del Pa- 
cífico;" (1) ' . . 

Bespecto de eemejanz^ en las lenguas, oigamoa finalmente á 
Humboldt: "Se prueba, .dice, por estudios hechos con minucioso 
cuidado, y por mótodos no seguidos antes en las etimologías, que 
existe un pequeño numero de palabras comunes á los dos conti- 
nentes. En 83 lenguas examinadas por MM. Barton y Yater, m 
han encontrado 170 voces, cuyas raíces parecen ser las mismas^ 
siendo fácil de convencerse que semejante analogía no es aeci- 
dental, porque no se funda únicamente, en la armonía, imitativa 
ó en la igualdad de conformacioiL de los tSrgaiiog que Ipiaae cfifi 
idénticos lo^ primeros sonidos articulados ppr los niños, i En 17Q 
palabras relacionadas entre si, tres quintosrecuerdan el mantchoii 
el tunguse> el mongol y el samoyeda, y loa otros dos quintos el 
celta, y el techude, el l^oo, elcofto y el congo: esas palabras fuer 
ron halladas comparando la totalidad de las, lenguas americana^ 
con las del antiguo .mundo, pues tpdavía no conloemos unidio» 
ma americano» que de preferencisiá otro, SfB refiera á un grupo d9 
lenguas asiáticas, alrioanaa ó europeas. Lp.qo^ han «vaiuqfidp ñ^r 

(1) Pr«h¡8toxienyüi, pi(8> ^1. 



tos sabios, signienSo teorías abstractas, acerca ele lá pretendida 
pobreza de todas láS letrgttas americanas j 3e la extremada iin* 
perfección de sn sistema ntiÉnáríco, es tan aventurado como los 
ftsertos acerca de la' debilidad y de la estupidez de la especio lia- 
iJKiaña en el nuevo cobtinente, la pequeñ'ez dé la naturaleza viva 
y la degeneración de Itis. animales llevados del- uno' al otro con- 
tinente:" ^ " .<•.•.:■•... 

En lo relativo á la civiHaíacion, lieinosbedhó notaren los luga- 
res respectivos, las grandes áualógfás que eristetí entre la'níexi- 
cáíía y \tíñ asiáticas; 'preseíttandó támbteiíi ÍA religión puntos muy 
4ltaTcados do áetírejáñ^a'^ñtre Ta de los mejicanos y la Cristiana. 
Recordemos eii^cttatitó í* lái priiSierálo* qúípoá, la'escríttlra, el 
calendario prinritóvb, Ibs relieves^las creencias, Ac, Ad/tí^niendo 
que indicar algo más. Es aparente en ¿uestro país la ofiolatría. 
Laserpíente'figura bu las creencias teogónicas y cosmogónicas 
de los hindus, yes titi ínito eutre las naciones aibericanas del 
Norte al Sur, desde* los tiénlpds más temotos. Se le ve en Copan 
y 'en muchas de las ciudades arrc^iñadas, y es muy común én Mé- 
xico. La mujer serpiente figura entré las^ tradiciones asiáticas; 
en el buddhaismo Niuoua 6 Nsti-va, hermana y esposa de Po-hir 
tenía cuerpo de serpiente, cabeza dé buey y el cabello suelto; se 
la llamaba Niu-hi, y Niu-honng^ soberana de las vírgenes; Hoang-^ 
móü, madre soberana; y Pht-ming, la luz pacífica. (1) Eí mismo 
símbolo, aunque con rostro humanó, se ve esculpido en UxmaT. 
Sabemos que la Cfhuacoatl ^Eva de los méxicá, no era otra cosa 
que el mismo mito. • ^ - : 

• Antiguo entre los pueblos asiáticos era él culto del lingan y el 
yóiii, del phallus y del cteis. **El mundo animado del hombre, 
dice M. Creuzei*, xeiábiá de él ambois sexos, representados por el 
cielo xla tiertá; él cielo, principio fecundante; la tierra, fecun- 
dada,' mtijeril-y fuente dé humedad: todas las cosas salieroii ¿tela 
áliaiíza de estos principios. Las fuerzas vivificantes del cielo se 
concenti*an &a el sol, y la tiérta,' fija eternamente en el lugar qué 
¿dipa; recibe las emanaciones del astro poderoso por medío'^é 
Ik'htn^/qtie derrama sdbre la tierra los gérmenes depositados 
por el sol én'stt'fécúhdó senó.'EI lingan es conjuntamente el í^ítn- 
lüolo y el iñistetió do éste pensamiento religioso. Los doce lin- 

(1) ClATel, HiitoiM piitoiMqiid án nUgioni, tom. í^ p^gf. iU. *' ' 



m 
9- w 

gám déla C^dia» divididos ea zuasculínos y femeninos, en pLatlus 
7 en cteis.nos dan Ibs doce dioses y las doce diosas de la Gre- 
ciíky es decir, al sol recorrieiido sns doée casas, y la luna sus fa- 
^es análogas á través del zodiaco. ' / i • 

, ,'*É1 mismo símbolo^ con él misrbo mentido, se encuentra en*^íó- 
das las. religiones antiguas. En los.bajos relieves del templo prin- 
cipal de Tebas, en Egipto, ^e veía á Osiris desnudo, teniendo el 
phallus en la riianp derecíia, del qiie sé lanzaban los planetas y 
los iastrós representados por figuras humanas, dispuestas en el 
orden ^ue las esferas ocupan en el cielo. Xiamisma idea está ex- 
pir^saídja por el poeta Hesiodo, al atribuir al amor la creación d^l 
universo.. El plialliVs representa un papel importante en lá leyen- 
da de Osiris; est^ dios,' tomado frecuentemente por el sol, pereció 
víctima de laníalignidacl y de la ambición de su hermano Typhon, 
las tinieblas, la humedad y el frió, quien le tendió emboscadas 
y le asesinoL; fué su cuerpo despedazado, y dispersados los trozos. 
Isis, .esposa idé Osiris, es dec¡r,'la Itina, recogió los fragmentos á 
excapcion.del phallus arrojado por Typhon en el Nilo, con lo oiial 
el rio había sido fecundado, y éste, & su turno, derramaba la fd- 
cündidad en lá tierra por medio.de inundacigues periódicas/' (1) 
Estas preencias. absurdas parecen de la inventiva de pueblos 
ígnqrai^tes y desnudos. Como expresión de la fuerza fertilezante 
dérsol,, aquel símbolo se encuentra en láíj naciones americanas, 
y aun entre las salvajes. "En 1790 deiscubrió el médico Artha