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Full text of "Cuba primitiva. Origen, lenguas, tradiciones e historia de los indios de las Antillas Mayores y las Lucayas"

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CUBA PRIMITIVA 



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BA PRIMITIVA 



ORIG-EN", 



LENGUAS, TRADICIONES E HISTORIA 



ÜO: 



INUIUS BE LAS ANTILLAS MAYORES Y LAS LUCAYAS. 



1POZ3 



Don Antonio Bachiller y Morales, 



Individuo de Mérito de la Academia Keal de Anticuarios del Norte, de búa 

Sociedades Históricas Americanas de Nueva York y de la de 

Pensil vania, Delegado en Cuba del Congreso de 

Americanistas de Madrid, etc., etc. ^a\® ^i_T^* C 



-*-*-* 



EDICIO^COUREGIDAY/ÜMENTADA 




HABANA: 

i. RÍA DE yVllC.lM I DE )lLLA. 

CALLE DEL OBISPO, 581 00. 

1 í '■: 



Es propiedad del autor. 




Imprenta "La Corresfondencia DE CUBA»" callo de Obrapla núm. 2é. 



; l;i:ni IESEliAL CONGRESO INTERNACIONAL OE AMERICANISTAS. 

Oesáreo Feruaudez Duro. 
No. 

Todas las comunicaciones relativas 
¡ii Congreso, se ulriglráu al Secretarlo 
General, 



§ aeáit/, p Ve (¡J'e/uáíe t/e /;'//. 



m. f.<m* 



neo V 'jnr/¿M/ci te ^//¿oia/ed. 



Jíuy v. ////r y é& hm distinguida consideración: 

terminadas satisfactoriamente las Sesiones del Congreso, 
tengo el gusto de noticiar d 'f<(. que fué leida su intere- 
sante Jíemoria acerca del libro {{< Wuba FrimitivaP siendo 
recibida con el aprecio que merece y acordándose qué si 
imprima con las actas. 

Próximamente le dirigiré un volúm&n de RELACIONES 
Geográficas y el catalogo de /<< exposición primeras 
publicaciones del Congreso, y d su tiempo las actas y m< 
morías que compondrán dos tomos con ilustraciones. 

Sr repite d sus órdenes atento seguro servidor 



MEMORIA A QUE SE REFIERE LA CARTA ANTERIOR. 



Üüh/v Ihímitíva, 



El objeto de este libro, es la conservación de iodos 
los recuerdos, antigüedades y las voces de los indios 
fainos que poblaron la grande Antilla. El autor se 
ocupa de este asunto y lo estudia desde 1838, en cuyo 
año, en que recorrió la Isla de Cuba, notó él gran 
número de voces indias que se mezclaban en la lengua 
vulgar del pueblo. ■ 

Creyó que debía comenzar su trabajo extractando 
en Estudios preliminares cuanto se había escrito, á 
su alcance, sobre el origen de indios, sus lenguas; y las 
relaciones entre los dos mundos. Así lo ha verificado 
en les catorce capítulos de la primera parte. Al 
iniciar sus trabajos tuvo que combatir una creencia 
seguida entonces por iodos: suponían que era, maya 
la lengua de Cuba, y sobre esto punió la opinión 
después varió hasta para los antiguos sostenedores dé 

ese error, ('orno es de suponerse, no lia olvidado la 

polémica, ni los esludios propios y ajenos en Cuba, 



— 8 — 

La base de los trabajos de los americanistas sobre 
las lenguas antillanas, tiene que ser la Relación sobre 
las antigüedades de los indios, hecha por Román Pane, 
lego que acompañó á Colon, de cuya orden escribió 
sus tradiciones. Le ha parecido al autor que esa 
relación debia ser la 1? Sección de la 2f parte de la 
obra, y como venerable monumento de las antigüeda- 
des de los tainos, que comprende multitud de nombres 
que tienen que figurar en los diccionarios ó listas 
alfabéticas, que se proponía escribir: al efecto, ha tra- 
ducido de nuevo y confrontado la relación, cuyo original 
castellano se ha perdido, con otras traducciones y sus 
comentarios, que acepta ó impugna en los lugares 
respectivos. 

La segunda parte contiene las Secciones y apéndi- 
ces siguientes: 

Sección 1? Relación de R, Pane. — Antigüedades 
de los Indios. 

Sección 2? Lista enciclopédica-alfabética de los 
nombres históricos, las tradiciones y el idioma de los 
indios tainos ó pacíficos. 

Sección 3? Palabras usuales en Cuba de origen 
indio, sus diversas acepciones en los departamentos; 
vegetales, rios, animales, pueblos y lugares. 

Termina con una Sección 4? de apéndices, señala- 
dos con letras: 

A. Lista de palabras indígenas de Cuba (C), las 
Lucayas (L) de Jamaica (T), recogidas por Raünes- 
que de cronistas y viajeros: se rectifican errores. 

B. Algunas ligeras analogías de la lengua tupídel 
Brasil, con las Antillas Mayores. 

C. Etimologías de varias palabras que no son de 



— O — 

oifgen español, traídas de regiones americanas y do las 
( Sanarías. 

IK Discurso pronunciado en las fiestas de inau- 
guración de la Audiencia Pretorial de la Habana en 
1839, en cuya época se creia que la lengua maya fué 
la de Cuba; y se reimprime el original español, que 
únicamente se publicó. 

Tal es el plan del libro que presento al Congreso 
de Americanistas, como una muestra de mi afición á 
los estudios que forman el objeto de su institución. 

Habana y Agosto de 1881, 



CUBA PRIMITIVA, 



PRIMERi PARTE. 

ESTUDIOS PREL11YIINARES Y COMPARATIVOS. 

( ¡APÍTULO I. 

Del orifica de los Indios Occidentales, 



Apenas descubierto el Nuevo Mundo, debieron los 
escritores europeos ocuparse del origen de los ameri- 
canos, con mayor razón cuando era preciso salvar las 
tradiciones religiosas que sostienen la uni'dad de la 
especie humana: y es singular que en los siglos XVI y 
XVII se iniciasen todas las opiniones que han sido 
repetidas, 6 impugnadas ó robustecidas con estudios 
más ó menos completos, hasta nuestros dias. 

La obra más extensa, más científica y mejor con- 
cebida, la escribió enlatin Jorge Horn y iud publicada 
con el siguiente título: Georgi /Ion/i de originibas 
Americanis, libri quatuor. — (Hemipoli — 1669*) El 
autor de esta obra comienza por hacer una descripción 
de la America, después de expresar los motivos que le 
impulsaban á publicar sus antiguos trabajos sobré la 
materia: toma por punto de partida el examen de los 
caracteres físicos de los Indios, para, emprender uw 
trabajo de exclusión, separando todos los pueblos 



— 12 — 

conocidos, desde los más contrarios á su color, formas 
y costumbres, y recapitula los sistemas basta aquella 
fecha indicados para determinar el origen de los Indios, 
desde la opinión que se debatió en los primeros años: 
utrum indi oh adamo oriundi an vero media qwoedam 
specie inter simios et homines essent, basta todas y cada 
una de las demás opiniones que enumera (1). 

Es evidente que los textos que antes se referían á 
las tierras desconocidas, que se tenían por fabulosas, 
debieron aceptarse bajo distinto criterio por los que 
veian realizada la existencia de aquellas mismas . co- 
marcas. Los libros de Platón, de Aristóteles y de 
otros antiguos, son, pues, testimonio de que nunca 
llegaron á ser completamente extrañas las relaciones 
del antiguo y del nuevo continente. Las suposiciones 
etimológicas, fundadas sobre bases poco seguras, tales 
como las que se referían á la antiquísima ciudad de 
Yuktan, cuando el nombre de esa península como el 
de cabo Catoche son dos errores históricos demostra- 
dos, debidos á la falta de conocimientos de aquellos 
idiomas en los descubridores, han tenido que ceder á 
la realidad, esa realidad que, si bien tiene que inducir, 
no puede ni debe imaginar. 

La opinión de Acosta es que los americanos vinie- 
ron del Asia LL cx Assia ortos", porque es región tan cer- 
cana cuanto que la separa de America un exiguo estre- 
cho; y que solo por tempestades pudieron ser arrojados 
de otro modo, lo que se prueba con los animales cono- 
cidos; esta opinión es de un hombre versadísimo en la 
observación de las cosas de Indias. Copia Hora esta, 
como todas las demás opiniones, y concluye: "difícil 
nos parece la cuestión, pero no inexplicable. La 
dificultad, además, consiste en que por muchos siglos 
no se ha tenido acceso á esas partes: por la antigüedad 
y la incuria de las gentes en las certidumbres de sus 



(i) ¿Acuso los indios descienden ¿le Adan t ó son una especie entre 

los monos y el Innnbrc? 



— 13 — 
orígenes, sin el uso de la escritura; en continuas gue- 
rras, vagando, de lodo lo cual resulta la esclavitud, los 
destierros y las mezclas: eran bárbaros en su mayor 
parte, con infinita variedad de lenguas á que ha de 
agregarle la negligencia humana." El aator compren- 
de que es más fácil destruir las suposiciones hechas, 
que inquirir el origen de los americanos, pero que no 
es temerario el intentarlo. 

Lo primero que inquiere es si los hombres vinieron 
á America antes 6 después del Diluvio, y decide por 
muchas razones que es de creerse "que después del 
Diluvio, en diferentes tiempos, ora por casualidad, ora 
voluntariamente y por mar vinieron á, las ludias los 
hombres y los animales. " Las comunicaciones tuvie- 
ron (pie ser por los estrechos, que suelen estar helados 
por la corta distancia: así advierte que no hay fieras 
ni cuadrúpedos de cierta alzada en las islas lejanas de 
los continentes como la Española y Cuba. Siendo las 
navegaciones dilatadas, lio es extraño qué no se encon- 
trasen los animales domésticos de Europa. 

En cuanto á las gentes que vinieron en diversas 
ocasiones, son muchas; pero hay (pie distinguir entre 
lo que es probable y lo que es evidente. Es probable 
y verosímil (pie vinieron de varias partes de Europa, 
Asia y África; pero es evidente que fueron Fenicios. 
Escitas y otros de (pie se ocupa llorn en los libros 
de su obra. 

¿Que gentes no vinieron á America? No vinieron 
los negros etiopes, porque no se encuentran los cabellos 
crespos á manera de lana; no los celtas, ni los norue- 
gos, ni los suecos, ni los ingleses, porque no se hallan 
los colores rubios ó rojos característicos en los hom- 
bres de esa raza. Agregase á esto la falta de espesas 
barbas, lo que excluye á otras muchas variedades. 
Respecto del lenguaje, apenas hay alguna palabra (pie 
otra, no bastante para suponer pobladoras á las nacio- 
nes (pie las usan. En cuanto á los judíos, sobre no 
existir un tipo nacional, no se encuentra huella de la 



— 14 — 
circuncisión, qüci es rito indispensable de esos religio- 
narios. Apesar de oslo, ha encontrado después Mr. d<> 
Bourbourg algunos recuerdos de costumbres judías, 
que acaso se expliquen por relaciones internacionales. 
También se ha querido encontrar el elemento Hegro 
en los Caribes y en los Cliurrúas; pero esta observa- 
ción es moderna. Mr. Bonté lia pretendido sostenerla 
con autoridades que no son satisfactorias porque se an- 
ticipó Horn á contestarlas. Efectivamente, Herrera, y 
otros historiadores hablan de negros; mas ¿eran los ne- 
gros de cabello lanudo? ¿No había razas más ó menos 
oscuras, hasta asegurar Oviedo que conoció india que 
no era más trigueña que las castellanas? Pedro Mártir 
de Angleria y Gomara observaron que los negros, ó 
llamados negros teñían el cabello lacio de los demás 
indios. Los sacerdotes pintados de negro, los antillanos 
con bija y jenipa, (jagua) explican que hasta por cau- 
sas artificiales no fué extraño que se hallasen diferen- 
tes tintes entre los habitantes. 

Horn cree que las emigraciones de América par- 
lían del Istmo de Panamá, cuya lengua era común en 
las islas mayores y cuyos nombres se encuentran usa- 
dos en gran número en el resto de las Indias Occiden- 
tales. Expresa esos nombres en algunas páginas, de lo 
cual deduce: "Que todos los indicios son de que por el 
Istmo de Panamá se hallan los orígenes de la pobla- 
ción que se extendió al uno y otro lado." 

De esto deduce que el número ele habitantes cre- 
ció desde dicho punto en dos direcciones, y que la 
América Septentrional se civilizó primero, habiendo 
recibido comunicaciones por tres puntos: los Fenicios 
del Occidente, los Escitas del Setentrion, los Chinos 
del Oriente; y por intervalos también otras gentes. 

Va antes se ha dicho que Horn acepta como expli- 
cación de los orígenes á las lenguas, pero no por pala- 
bras aisladas, cuando siendo uno el origen pueden ser 
diversos los idiomas, y más atendiendo á la diferente 
pronunciación de las letras y aun palabras, en pueblos 



~ 15 — 

distintos entre los cuales se carece á kcvc* del Sonido 
de algunos signos. Las mismas variaciones se verifican 
en las costumbres y en la religión: por todas esas con- 
sideraciones creyó Acosta que debía prescindirse de la 

autoridad y usar en el caso de solo la razón: solírationi 
continendum. 

No es posible, sin traducir literalmente al escritor 
que vamos siguiendo, copiar todas las razones en que 
Tunda su teoría; pero es indispensable recordar lo que 
dice de los Fenicios: "entre los antiquísimos civilizado- 
res de la America, es preciso dar quizá el primer lu- 
gar ¿i los Fenicios, peritísimos en la navegación, que 
viajaron por todo el orbe" y que los puntos lejanos á 
([lie fueron tienen que ser las Indias Occidentales, lo 
funda en varios textos sagrados y profanos. 

No olvida indicar que los Griegos confundían á los 
- Judíos con los Fenicios y que se mezcló á los Amo- 
rróos con los Moros. Las colonias de Fenicios existie- 
ron por toda Furopa y África, en donde dice que de- 
generaron. "Los Fenicios, desde España y África na- 
\egaron con frecuencia á America. Strabon, Eudoxio 
y otros hablan de esas navegaciones — u exUrmsmaré\ — 
y no son los únicos que cita. 

La facilidad con que puede irse de las Canarias ó 
Afortunadas con vientos casi siempre favorables, hacia 
la, America, y las guerras que experimentaban las ciu- 
dades fenicias, (pie, como dice Erathósthenes, obliga- 
ban á la expatriación, hacen creer que atravesaban el 
Atlántico para residir en otros climas. Así lo dice 
Diodoro expresamente de los Cartagineses: los espa- 
ñoles (enicios, durante las guerras púnicas, es proba- 
ble que llegasen al Nuevo Mundo, como lo piensa La- 
lio, aunque no nos queden noticias de sus naves ni de 
las tierras á donde aportaron en el Atlántico. Para 
Hora es indudable (pie hay tres viajes históricos de Ion 
Fenicios á estas partes occidentales. 

¿Los Atlantes eran Fenicios? Asilo cree Horn, 
fundado en la Mitología y en la llisjoria. — Gadir era 



_1í; _ 

hermano deNeptuno, y este nombre es Fenicio, y (ra- 
dio, voz fenicia también. La Atlántida 6 isla Atlán- 
tica de que conserva memoria Platón, como un hecho 
histórico y no ana fábula, tuvo ese nombre, coma todo 
el mar de los Fenicios: Non sefábulam sed veram tasto- 
riam narrare. En comprobación cita á Prócnlo, Mar- 
celo, Crantor y otros, entre los cuales figura Serrano. 
Así la Atlántida es la América (1). 

La segunda navegación de los Fenicios la deduce 
de Diodoro, ya sin lugar á dudas ni mezcla de tabulas: 
en tiempos antiquísimos, navegando los Fenicios fuera 
délas Columnas de Hércules, fueron arrojados por los 
vientos á una isla del Atlántico, que describe: de esto 
tuvieron noticias los Cartagineses y después las visita- 
ron desde Gades (Cádiz) y condujeron colonias á ellas: 
se atribuye á los Cartagineses el descubrimiento como 
isla diferente. Además de estas navegaciones se ha- 
bla de otra salida de la misma Fenicia. 

El hecho que sirve de fundamento al escrito, con- 
siste en los viajes que se atribuyen á los Fenicios des- 
de el tiempo de Salomón, por paises lejanos, de los 
cuales traian oro, marfil, monos y papagayos. Cree 
que el oro y los demás objetos, excepto el marfil, pro- 
venían de la América; las cuevas ó minas que encon- 
tró Colon en Santo Domingo ó Haití son para él un 
indicio vehemente, pues los Indios no sabian elaborar 
los metales de esta manera. Se esfuerza en demostrar 
que las navegaciones de Tharsis y de Ophir tienen 
relaciones con la América, pues aunque no había allí 
marfil, éste podian tomarlo de otras partes, como se 
lleva ahora de Europa á Indias. . 

Después de recordar las tradiciones históricas de los 
viajes y esas relaciones entre el Antiguo y Nuevo Mun- 
do, hace constar las colonizaciones. Las Canarias, las 



(1) Mr. Despreaux hace observaciones sobre la identidad de la América 

con parte de la isla sumergida, las que se leerán en el capítulo IV de 
esta obra. - 



— 17 — 
Hespérides y las Cassitérides son nombres quetestiliean 
la navegación fenicia extra-Hades. El nombré de Ca- 
narias no debe derivarse de (7¿m, como se pretende por 
algunos, con referencia á, los grandes perros (pío en 
ollas se hallaron, sino de (Jananens, con veri ida la. ?/ en 
r — Canareus, Canarias; como en Nébmlvadnesar y Ne- 
hacailrr.iar, Nisbon y Nisbor; mucho más no habiendo 
tales perros, como lo expresa Gomara -(1). Es tam- 
bién conforme con ün texto (pie cita, que los Fenicios 
"fuera de las Columnas de Hércules llegaron á, Cer- 
nem, y de ahí navegaban al opuesto continente." La 
designación de este punto es tanto más determinada 
por Strabon contra Erathóst henos, (pie no puede ser 
otro que las Afortunadas, con mayor razón cuando se 
dice que no podia continuarse más allá la navegación, 
porque lo impedían las yerbas marinas, supematantJs 
copiam. Voy eso le llamaron los portugueses Mar de 
Sargaso. De todas las islas á, ninguna conviene la de- 
nominación con más justicia, pues debe conjeturarse 
que el nombre de Cananas se corrompió en Ccrnem 
por los Griegos. 

Así como de Canarem salió Canaria, del mismo 
modo de Amorco nació Gomera. Gomara observa que 
Gomera, Telde y Ayatirma son palabras que provie- 
nen de Mauritania. De los restos de la, lengua de los 
Guanches deduce que los Canarios son oriundos de 
África, afines de los moros de Berbería. Minio, Juba 
y hasta Píndaro le sirven de autoridades: Latió croe 
(pie las ruinas que se encontraban en aquellas islas. 
desiertas en la época de Plínio, pertenecían á, los isle- 
ños, acaso venidos de América: 'forte tu Anicneam^ 

Poro las navegaciones de los Fenicios á las Afor- 
tunadas y Cassitérides, que eran frecuentes, tuvieron 
íiue darles á, conocer la América: así se deduce de un 



(l) Viera Clavijo, que luego oitare* sobre la A.tlantida, cree randadamen- 
te l<> contrario. 

• > 



— 18 — 
texto de Platón u ex Atlántica Ínsula perpenire al alias 
próximas: Mnc ad oppositimi continentew" De la At- 
lántica pasaron á las otras islas, y luego al continente. 
Encuéntranse las huellas de esto en la lengua, por las 
palabras de origen fenicio, en las islas Yucayas, y en 
otras partes se confirma lo que acaba de decirse: gua- 
cana, madanina se derivan de Canaan, con el artículo 
(jua, así como de madian la otra palabra, Caonao, Ca- 
nabacoa, que se encuentran en Haití, se hallan en el 
mismo caso. Haití, que significa áspero y terrífico, 
acaso venga de chittei (quitei). Esos y otros nombres 
y las descripciones de Plutarco, Theopompo y iEliano 
que colocan esas regiones á muchos dias de navega- 
ción del estrecho de Hércules, con las demás circuns- 
tancias que comprenden, lo acreditan para Horn de 
un modo cierto. De la palabra Pamis se derivan Pa- 
namá, Panuco, Puna, porque era indiferente decir IV- 
nis ó Pañis. Prescindiendo de otras muchas palabras 
que trae el autor en comprobación de su sistema, no 
es posible que echemos en olvido lo que dice de nues- 
tra Isla, aunque no sea ciertamente decisivo. Ñola 
que la que llama celebérrima ciudad de la Abana 
(así lo escribe) en la Isla de Cuba y el nombre de 
Obaliana de una de las isletas del Jardín del Rey, son 
procedentes de la ciudad de la Ilavana, que es fenicia. 
La palabra caníbal puede deducirse de la lengua 
púnica rafa, raplia, significa hombre tremendo. Carel 
significa ó fuerte ó campo militar, de donde caribe sig- 
nifica pueblo belicoso ó áspero y fuerte. El nombre 
Annibal era patronímico, y según Herrera, Canib sig- 
nificaba hombre fuerte y se descompone en bal, hom- 
bre; hanun, fuerte. Entre los haitianos son más con- 
cluyentes esos recuerdos: sinato, significa lo mismo en 
ambas lenguas; la ira, el celo; cjuaibba, vé; macabuca, 
qué quiere ! ; mayaní, nada; slba, piedra; copel, bálsa- 
mo ó betún; canoa, nave; guasábara, rnotin; boa, casa: 
cu, templo; macana, espada do madera; cjua, artículo 
demostrativo. Estas son las palabras que conserva 



— 19 — 
Mártir, á lasque pueden agregarse tetoca, estáte quieto; 
techeta sinato guamechina (pronunciase la ch como g,) 
señor muy irascible. Elorn pretende demostrar que 
todas esas voces ó son íntegramente fenicias, 6 con 
corta variación. 

Guaca, región ó vecina; tarima, parte posterior 
(podexjj de las cuales sale Guaca/tarima, nombre de 
una provincia; atábeira, madre de Dios,- y según otra 
etimología, el Creador; areito, caución; anacaona, flor 
de oro; amaca, lecho colgado. Hay más semejanza 
que la casual entre estas voces y las fenicias con que 
las compara el escritor, así como respecto de las de 
cas¡ que, quebi, liba, señores; taino, iara, nobles; hasta 
conviene con la observación de Pedro Mártir de que 
los haitianos expresaban las aspiraciones délos hebreos 
y árabes. 

En cuanto á la etimología de los nombres de las 
Afortunadas, se han ilustrado cuanto ilustrarse pueden, 
en la magnífica obra de los Sres. Barker-Vebb y 
Berthelot, publicada bajo los auspicios del ministro 
trances Guizot (1). 

En investigación de antigüedades poco adelanta á 
Viera y Clavijo, pero por su mayor extensión y com- 
prensión contiene más pormenores, y hace justicia á 
la imparcialidad de aquel sacerdote español (pie hasta 
se burlara de las preocupaciones populares. Viera cita 
á menudo á Horn, ¿i quien españoliza llamándole llor- 
ido, y lo acepta ó lo combate según lo cree 6 no fun- 
dado, en sus estudios sobre Canarias. Volvamos á lo 
que deduce t'ste respecto de las Americas. 

También considera como huellas dejadas por los 
Fenicios los siguientes nombres propios: Aberíatnago, 
fírnomia, Benberoica, Avetiberoica Bogotá, Anakius: la 
primer palabra significa hijo de Magon; la, segunda, 
hijo de Omnian, familias fenicias y árabes. De estos 



( 1 ) Bufaire NaturélU ñes lies Canariea, i veis, fol.— 1839, 



— 20 — 

hombres hay varios derivados en otras regiones' de 
Indias. Las palabras Ben, Abenbéroica (de Jamaica) 
pertenecientes á los últimos reyes, expresan esa filia- 
ción; y Bogotá, rey de Nueva Granada, es semejante á 
Bogud, rey de Mauritania. 

Eso mismo se observa en Vocear, Boccm, Borus 
y Bocud: Analc es voz derivada de los Anaqueos, que 
predomina en los reyes como Anahius, Anaxarat y 
Anacaona. 

Por lo que hace á las costumbres y religión de los 
Fenicios, poco pudo conservarse ante la irrupción es- 
cita "cuya inmensurable multitud inundó á los Feni- 
cios como un bárbaro diluvio y los absorvió." Se mu- 
daron y olvidaron las costumbres, dejando pocos re- 
cuerdos la existencia de sus ritos. 

Desapareció de las colonias de los fenicios de Amé- 
rica, el uso de las letras, así como del África, de las 
Baleares, y otras del antiguo mundo que indudable- 
mente poseyeron: no es, pues, de extrañarse. No obs- 
tante, todavía se pueden, según él rastrear algunos orí- 
genes, que tienen que referirse á esos antiquísimos 
tiempos. 

El culto de Cam lo encuentra indicado en varios 
puntos y principalmente en las Antillas. Los Cernís 
son para él corrupción de la palabra Cam, que se en- 
cuentra en Carnes, voz del Japón; pero desde luego, 
si no hubiera más que este dato, habría que abandonar 
un propósito sin fundamento; el autor todavía halla en 
la unión de la palabra Cam y Belo, escrita la primera 
con cli en su forma latina, semejanzas con Chile y 
Chamba!; esas ligeras apariencias las procura apoyar en 
algunas otras señales más decisivas y ritos religiosos. 
Es cosa para él histórica, indudable, la colonización 
de la América por los Fenicios. 

Y ya se ha dicho que no fueron los únicos que la 
visitaron y colonizaron de antiquísimos tiempos. Los 
Españoles, tanto en la época Fenicia como con poste- 
rioridad, la visitaron también; los Guaráicos ofrecen 



— Si- 
esos recuerdos en la provincia de Santa Cruz, confor- 
me lo diceAcosta. Si es extraño que el erudito Mas- 
den echase de menos en sus tiempos el que no se hu- 
biesen estudiado los orígenes del lenguaje, demos- 
trando el tránsito y colonización fenicias, porque ya 
se había publicado el trabajo de Horn. El sabio cata- 
lán (1) demuestra con mayor número de autoridades, 
si cabe, "la existencia de comunicaciones de los Feni- 
cios y Cartagineses con la América, y que los Gadita- 
nos tuvieron relaciones con aquella"; fija en el siglo 
décimo cuarto antes de la venida de Jesús esos pri- 
meros viajes. — El abate Domenech (2) lia confirmado 
recientemente esas relaciones, y aunque que tal vez 
desconoció el trabajo de Masdeu, agrega á las autori- 
dades por éste citadas europeas y arábigas, las orien- 
tales de otro origen: tomare de este trabajo algunos 
datos. 

La invasión de los Escitas en América fué comba- 
tida por algunos que creyeron que no podia ser cierta 
por no encontrarse caballos en América; pero Horn 
asegura que no siempre los usaron y que las tribus de 
ellos que vinieron á América, pertenecían á los hunos, 
kitlios y chicas, lo cual procura demostrar; sin perjuicio 
de continuar en el otro capítulo los estudios iniciados, 
por decirlo así, por Horn, no podemos concluir éste sin 
hablar de algunos que le precedieron y de otros que 
aun suponen más antigua que la fenicia la colonización 
de las Américas. 

Teodoro de Bry, en su célebre obra sobre la Geo- 
grafía de su época (o), se ocupó antes que Horn del 
origen de los Indios, haciéndose cargo de los diferen- 
tes sistemas que se habían propuesto y objecionándo 
los, para convenir en que había gran oscuridad en la 



íl) Historia Critica de España, vol. lil. Lib. <>. 
c¿) Bevue Oriéntale et Amerioaine, vol. IV, pag, 85 y otras. 
(:*) America Nona et postrema par 8 Francfort, ir.n.v Gap. S IV j 
siguiente. 



22 

materia, y que no la sacaban de ella, por cierto, las tra- 
diciones de los naturales. El término de su trabajo 
fué, por lo tanto, la incertidumbre causada por el esta- 
do de barbarie primitiva en que supone á los primeros 
pobladores; no siendo extraño para él ese estado, por- 
que según los viajeros se encontraban en España y en 
Italia en aquella época hombres tan fieros y agrestes, 
que fuera de la cara y formas exteriores, lí humani 
niJiil omnino hahent" 

Juan de Laet, que también describió la América, 
adoptó la obra especial de Grocio sobre los orígenes 
de los Americanos, y ya tué más extenso en sus obser- 
vaciones, bien qne no con gran provecho positivo: su 
libro comprende la disertación de Grocio y le triplican 
las anotaciones y apéndices (1). 

Grocio presenta varios sistemas de colonización, ya 
de Escitia, ya de Noruega, y aun de la China: discute 
sus fundamentos, acepta unos y no se conforma con 
otros. Su comentador es más severo, se extiende en 
conjeturas y se fija en las navegaciones de los europeos 
por Islandia y Groelandia, impugnando los orígenes 
germánicos que en las lenguas quiso ver Grocio. Para 
completar su trabajo, hace una revista crítica muy inte- 
resante sobre las opiniones de los demás: las de Acos- 
ta, á quien dedica muchas páginas, las de Lescarbot, 
y de Berewood, que se ocupa de las lenguas y religio- 
nes. Expuestos los sistemas de tres "doctísimos varo- 
nes, uno español, otro francés y otro inglés" que deja 
anotados, se propone agregar sus observaciones propias 
para que se pueda formar un juicio más aproximado á 
la verdad. 

No extractaremos las dos observaciones y un cu- 
rioso apéndice. sobre la lengua del Brasil porque hemos 
de hacerlo de estudios mas recientes, pero sí diremos 



(i) Joarmis dé Laet Antuerpiani. — lS T otao ad disertátionem U~ 
Orotti. — De origine goiitimji aniericanuin. — Parisiis. — 1643. 



que Laet prefiere los elementos geográficos y étnicos 
para exclarecer el asunto. Recuerda las navegaciones 
fenicias, y tiene en cuenta la mayor proximidad de las 
Azores, las Canarias y Cabo Verde, deduciendo que 
no hay dificultad de que del Cabo Verde se pasase al 
Brasil — "y favorecen estas conjeturas las costumbres 
de los autololos, con los cuales tienen afinidad los bra- 
sileros; y fueron los autololos, gétulos y no etiópicos, 
esto es, que su color tampoco desdecia del de los 
brasileros." — Expresa que hay otros puntos por donde 
hay tradiciones de trasmigraciones, y del estudio de 
las lenguas cámbricas é hibérnicas, deduce que no hay 
semejanza entre ellas y las americanas. Sostiene con- 
1 ni ({rocío que no hay motivos para negar que los 
Escitas poblaron parte de la América, por la identidad 
de sus costumbres con las que cita de los indios, y se 
ocupa mas de los irlandeses y, groenlandeses, de su go- 
bierno y costumbres. Pasando á la parte oriental 
examina los mismos problemas que respecto á la occi- 
dental y busca los puntos más cercanos. 

Comparando las lenguas americanas entre sí (el 
hurón y el mejicano) deduce la variedad mas completa 
de esos dos idiomas y lo mismo resulta con el brasile- 
ro y el jao de la América Meridional. En cuanto á 
las Antillas, hace pocas referencias á Pedro Mártir: y 
como luego recorre Laet los usos, costumbres, estatura 
y demás circunstancias parece olvidado de su objeto y 
nada concluye fijamente dejando libre al lector en el 
campo de. las conjeturas. 

Hay quien crea que se encuentran algunas palabras 
egipcias escritas en las ruinas de América. Es indis- 
putable que existe semejanza entre los restos de 
Egipto y los de Méjico, Chiapas y Yucatán; el misio- 
► ñero español que ha conservado los signos de esas 
composiciones semi-hieráticas, acaso proporcione un 
nuevo Champollion á los geroglíficos americanos (l)j 



(J.) irrisín dmei'icana i I-.ükIi. 



— 24 — 

pero desde que se ha hecho esa indicación he procu- 
rado estudiar los restos de la lengua púnica en la in- 
terpretación de las inscripciones egipcias, conservadas 
en caracteres y no en jeroglíficos, valiéndome de los 
estudios hechos sobre ellos. 

He examinado los dos tomos publicados por Gustavo 
Seyffarth — ^JDclhujua et litteris veterum JEffyptiorwm" 
— (Leipsic, 1825.) Contiene todos los ensayos de I. 
A. G. Spolm para reconstruir la gramática y el glosa- 
rio de los Egipcios. El trabajo del sabio alemán, com- 
parando los mudos caracteres demóticos con las pala- 
bras griegas y copias y aprovechando todas las analogías, 
aun no está terminado; pero llegó á fijar hasta diez y 
siete leyes á la escritura deniótica ó alfabética de los 
Egipcios: sus formas son tan varias que lia contado 
hasta ochocientas: dedujo que era cóptica la lengua, 
por lo general; que entre las formas elípticas que adop- 
taba en la escritura era una la supresión, muchas ve- 
ces, de las vocales en medio de las palabras captas y 
griegas que se hallaban en las inscripciones. 

De la misma manera lie estudiado la obra ^Agius: 
Bella Imgua púnica" que también comprende una gra- 
mática y un diccionario de lo que de ella resta; la úni- 
ca analogía que encuentro en ambas lenguas es la 
supresión de las vocales en la escritura. Sin embargo, 
en las formas del verbo es notable su semejanza con 
el mejicano. 

En el maltes ó púnico se expresan las personas del 
modo siguiente: 

Singular. Plural. 

Primera pers: en-in-n. Primera pers: en-ni-no-n. 

Segunda pers: t-tu-te. Segunda per: ía-t. 

Tercera pers: i- Tercera pers: í. 

Véase en el capítulo 12 de esta obra que para 
conjugar el verbo indiano iccihim se ponen las siguieu- 



tes iniciales para expresar las personas u-t-y-an-ca y 
qu¡ (1). 

Antes se habló de las relaciones de los españoles 
antiguos con la América: Mr. Baudrimond (Histoire 
des Basques Jutscaiddunais primitifs — París 1854) ha 
publicado sobre los restos de la lengua euskaraó vasca 
primitiva lo siguiente: — "Se encuentran muchos nom- 
bres del origen vasco en la América meridional, desde 
el Amazonas hasta el rio de la Plata, asi como en las 
Cordilleras hacia el Norte hasta la Luisiana. ,, 

Andes Andiac, altos, era imposible poner i\\\ nom- 
bre más característico á esta cadena de montañas. 
Uruguay, de Ura, aguaya, agua que mana constante- 
mente de fuentes; en quichua, ara; significa llanura ó 
lugar bajo. Paraguay; para, quiere decir lluvia en qui- 
chua y paraguay, agua constantemente alimentada pol- 
las lluvias. El Orinoco recorre una comarca poblada 
de ciervos; y oren, es ciervo en vascuence; abai, buena 
agua, rio ancho del Perú que sale del lago que forma 
el rio Parapiti; abai es tanto mas vasco cuanto que se 
desconoce la b en la lengua quichua que se habla en 
el Perú. Pilachiquir, montaña de Colombia; pila, sig- 
nifica reunión en vasco; significa corona en quichua. 
Picacho (2), montaña de Colombia y en vasco significa 
montaña ó pico de piedra. Cayambóuro, montaña en 
los Andes junto al Ecuador, las tres cuartas partes de 
i'sic nombre son vascos, y la última, bouro, quiere de- 
cir cabeza." 

u Arinos, — Ariha, en vasco, rápido; salü 
rio, es el nombre de un rio del Brasil." 



os de un 



(1) En la obra titulada — lt L Irlanda" — por MM. de Chavannes y lint 
Ilard-Breholes Be copian con referenoia aMr. Capo do Feuillidé que se ocu- 
pé fie la lengua y literatura irlandesa (pag. 'M7), dos versos de Planto, que 
éste conserva en púnico, y atribuye al cartaginés Uannon: en seguida pono 
la tradueion en lengua irlandesa y casi son idénticos, líeconooo que si aOUll 
da en letras la lengua irlandesa, que BÍ se pronunciasen, la hariau áspera J 
dura, se eliden: ollamte fodhla se pronuncia, ola f ola y "el formidable uom 
bre TigernacBe prenuncia Tierna." 

[2) Esta palabra es española y un india, como supone el .tutor. 



26 — 



Capítulo II. 

Continua la materia del anterior y se fija la atención en 
los caracteres físicos de la raza. — Sifué antidiluvia- 
na la población que construyó el Palenque y otros 
monumentos. 



Aunque Bochart escribió extensamente de propó- 
sito sobre la lengua púnica y fenicia (1), tampoco en- 
contramos las numerosas semejanzas de las palabras 
que halla nuestro Horn: todo el libro segundo de su 
Geografía se ocupa de la afinidad del fenicio y púnico 
con el hebreo; de lo que se encuentra en Sanchonia- 
tori, scriptore vetustissimo, en Herodoto, Josefo, Plan- 
to y otros. Es muy curioso su trabajo sobre los ver- 
sos conservados por el último escritor y acerca de sus 
diversas interpretaciones; pero nada nos parece deci- 
sivo sobre el objeto que se investiga: sus analogías 
casi siempre aventuradas ya se expresan en el trabajo 
de Horn. \ 

Que la mayor parte délos americanos proceden de 
razas asiáticas ó éstas de América, lo que no es posible 
demostrar históricamente, lo prueba el examen de los 
habitantes de ambos paises respecto de las familias tri- 
gueñas, amarillas ó las pieles rojas. No puede confun- 
dirse con un habitante de origen europeo ó africano 
con ningún indio desde el patagón á los hurones; es 
uno su aire de familia, como ha observado el Pr. Mar- 
tin de Moussi (2); su tinte varía desde la caoba oscu- 



(1) GeograplwcB Sacres pars prior; — Phaleg &. Pars se cunda. De 
Zingua Phcnicia et púnica. Cadomi 1646, in Col. 

(2) Unitée de la Rase Americaine $n l&Jfóvue Oriental otJn/íf'rainr 



ra, presentando lodos los matices intermedios; cabellos 
siempre negros parecidos á veces á la crin del caballo, 
ojos estrechos á ocasiones ligeramente oblicuos, papila 
muy oseara, esclerótica amarillosa; nariz tan pronto 
aguileña como chata á veces; barba jamás espesa; pies 
y manos pequeños y talla variable. 

Ha observado el mismo Doctor que en primer gra- 
do los proventos del hombre caucásico enteramente 
blanco y una india, tienen cualquiera rpie sea la raza 
de esta, los mismos caracteres; que al segundo grado 
la barba es igual á la del padre, y al tercero no quedan 
mas caracteres que los caucásicos; lo que no sucede en 
las mezclas con negros cuyos frutos conservan el color 
mate por mucha que sea su blancura por muy largo 
tiempo, dándose fenómenos de atavismo 6 sallo airas 
con más frecuencia en ésta que en las mezclas 
indianas. 

Hay sin embargo diferencias entre los indios que 
Orvigny ha querido clasificar, pero que no están com- 
pletamente justificadas y que no son mayores que las 
que distinguen á los alemanes, franceses, ingleses, ita- 
lianos, portugueses ó españoles entre los europeos. 

Cualquiera que vea á un chino, á un cochinchino 
de nuestros colonos de labor, le hallará mas semejanza 
con los mejicanos y yucatecos que con casi todos los 
demás hombres que conoce. El mismo Dr. Moussi 
nos conserva un hecho histórico reciente que confirma 
las doctrinas de Horn, que se anticipó á todos en esta 
materia. El habla de su propia observación y como 
testigo, después de haber estudiado en América el ca- 
rácter americano. 

"Agregaremos ahora, dice, que entre los tipos indo- 
americanos hay uno que tiene extremada semejanza 
con el mogol, la mayor parte de los Annanitos que aca- 
ban de \cv>r en París (1862) serian lomados inmedia- 
tamente en la Plata por guaremis del Brasil y de Para- 
guay si llevasen su trage. — Humboldt cuenta (pie 
vi en do los mejicanos indígenas á, los Chinos, decían; 



"He ahí nuestros padres y tíos": lo mismo pueden de- 
cir de los annianitas los guarnáis" — y quién sabe si 
hasta el nombre es un recuerdo: gua es el artículo, 
arani ¿no podría ser una corrupción de Aniari? 

El etnólogo citado termina así: ''Sabemos que las 
diversas comarcas de alguna civilización hacen venir 
del Norte sus primeros habitantes; ¿porqué rechazar 
ese hecho histórico? con mayor razón cuando si consi- 
deramos la constitución física nordeste que ocupan los 
rusos, la cadena de islas Aleucianas y lo poco extenso 
del estrecho de Bering ¿qué habría de extraordinario. 
ahora muchos siglos, en una inmigración de tribus mo- 
go las y su diseminación en todo lo que llamamos nue- 
vo continente, que probablemente será tan antiguo co- 
mo los demás como lo demuestra la geología?" 

Si bastara el examen recíproco de las lenguas y el 
recuerdo de ciertas costumbres, no pueden dejar de 
producir mayor convencimiento. El antes citado 
Horn demuestra que la Escitia, que comprendía 
una vastísima extensión de terrenos y de tribus 
diversas hasta el Océano glacial: mogoles, ma- 
giares, abaros &c, hizo irrupciones numerosas en di- 
ferentes épocas. En este se halla conforme el abate 
Domenech que desempeñó su trabajo bajo un plan aná- 
logo, y que no lo cita á no ser el que llama un autor, 
al hablar de las Canarias, cuya opinión ya hemos visto 
El abate Domenech extracta las tres divisiones 
consignadas en una crónica escrita en dialecto escita, 
fenicio según O-Connor (crónicas de Ealo), que autén- 
tica ó nó, encierra noticias acerca de las grandes emi- 
graciones antiquísimas de los escitas: pero la verdad 
es que el escritor Horn desempeña mas cumplidamen- 
te su propósito bajo el mismo orden que aplicó á la de- 
mostración de la colonización fenicia. Las tribus lu- 
do-escitas y los Celta-escitas dominaron el mundo y 
todavía en el Génesis (1) se habla de las tribus que 



(1) Capítulo 2 9 



— 2í> — 
se repartieron por las "islas de las naciones y sus fami- 
lias fueron el principio de pueblos que cada uno tenia su 
lengua (1)." Los mismos fenicios eran una tribu de 
escitas del Asia Occidental. 

Los motivos de la emigración en masa de los pue- 
blos fueron las guerras, la abundancia de hombres; y 
eran causas permanentes de cpie se realizasen en el 
vasto territorio del Asia. Solo los himnos contaban en 
su patria 120 tribus. La invasión fue posterior á la 
colonización fenicia. La historia ofrece sin embargo 
huellas de que hubo inmigraciones ¿i intervalos, algu- 
na como la de los cMcMmecas después de la época cris- 
tiana Vinieron aquellos por Oriente y por Occidente 
si bien los huimos se allegaron en su mayor parte por 
Oriente, y también los alanos, avaros, talaros, mogo- 
les &c. Para demostrarlo, cita palabras de esos pue- 
blos y por lo mismo cree que fueron muchos los tala- 
ros entre ellos. — Esos vestigios son las siguientes vo- 
ces: TamogaM, Mogoles, Mayolies, Cotan, Baida, Tan- 
fiar, Coto, Cotón, Paila, Tangora, Tangarola y otros 
muchos que puede ver el curioso (2). 

Hay que tener en cuenta que la terminación an es 
tatárica: Alzotlan, Mechonean, Teut'itlan, TI zapan, de. 
Se encuentra confirmado ese pensamiento en el nso de 
esa terminación en todo el Oriente, que ha sido im- 
puesta por los Tátaros. No se hallan sino en Balman 
y Maguan en Haití. De la misma manera quedan 
nombres propios escitas: Ax, axan se aplica á reyes y 
cosas reales por los tátaros turcos: en Paria se encuen- 
t ra Mcrcbax-, en Florida NaquaMoc-, en Méjico Axaguea: 
en Virginia Saquen .y así otros muchos. 

Y es muy notable el paralelo que verifica entro las 
costumbres de los Indios y los Feríanos ó Fonos de 
que habla Tácito, los escitas septentrionales. Sin ar- 



en Gen. Cap. X, y .",. 

(2) Págs. 343y siguiente. De origiuibuB Ac 



— 30- 
mas de hierro usaban Hechas con huesos de pescado 
los dos pueblos: il Sencscimt imberbes" — envejecen sin 
barbas; no construían edificios sino chozas humildes 
de paja. Así es, que después de transcribir las cos- 
tumbres de los himnos dice Horn: ''y están pintadas 
las costumbres de los nómades y antropófagos lan 
gráficamente que parecen descriptos los Chichi mecas 
y Brasileros mudado el nombre." Y sin embargo de 
esas semejanzas no encontramos tampoco la huella de 
un mismo origen en lo poco que se' conserva de las 
lenguas de Escitia. liemos tenido á la vista un traba- 
jo reciente de Van Thielen (1) y no se encuentra nada 
que recuerde la América, que no sea una prueba aun- 
que remota de la descendencia común de la lengua 
sánscrita: notable y frecuente indicación de la unidad 
primitiva de la especie humana. Van Thielen ha re- 
cogido con escrupulosidad todas las palabras que se 
conservan comentadas por los antiguos escritores, so- 
bre los Escitas con el ánimo de averiguar si eran los 
ascendientes de los eslavos de nuestros días y les ha 
hallado relaciones con las raices iranianas del Sánscri- 
to. Solo alguna palabra se asemeja á las americanas; 
por ejemplo: Papayos, nombre de Júpiter entre los 
Escitas, y papaya, una fruta y el vegetal que la pro- 
duce en las Antillas; colax, lugar montañoso, cerca del 
mar y halan, montaña; KulaJcsan en sánscrito, cuyas 
formas se encuentran en palabras mejicanas» 

No obstante la semejanza de las costumbres bélicas 
es tanta que no puede ser mayor en el estado de los 
monumentos que nos quedan. Entre las civiles y eco- 
nómicas es singular que el maiz ó sea el trigo turco, 
fuera la base de alimentación en América y que en 
ninguna parte crezca mejor que en Asia y Escitia; que 
la chicha que se conocía en toda la América formada 
del fermento de su grano, la usaban los persas^ turcos, 



^1) Aúnales de Arqueoloyíc de V Belgiquc, t. 1 ( ? pág. 40. 



— cí- 
clanos y japoneses con el nombre de ciá aunque la be- 
ben caliente. 

De la China y el Japón quedan otros recuerdos que 
deben tener su origen en antiguas comunicaciones por 
el mar Pacífico, los nombres chinos y japoneses y 

oíros recuerdos históricos. Paravey (1) se ha ocupa- 
do de demostrarlos después con otro propósito, que el 
que les señala Hora: Chiapancc, CMapa, Totoma cltia- 
piuti, Chiapóli, Chiopa, Kar, Japan, Tampa, Guarnan- 
goxin, Tumba* Taniby y Guarnan fia. En el Japón Tonas 
es el sol, la luna y astros; en Méjico se llama al sol 
Ton nicas, á la luna Tona y en Haití ai noble Taino. 

De la misma forma se encuentran palabras «de otra 
procedencia asiática y de puntos que seria muy largo 
enumerar. El instruido filólogo George Hora á quien 
no cita, hasta la tercera edición de la Biblioteca, Bru- 
net, no solo escribió esa obra que nos ha servido de 
guia, con ligeras excursiones, sino que escribió otra 
muy curiosa titulada "Orbis Imperans" y es un trata- 
do de geografía muy apreciable: en é\ coloca á las Ca- 
narias en el Imperio de América y condensa su opinión 
sobre los orígenes americanos del siguiente modo, que 
s< 1 proponía demostrar y demostró (2). "Se pregunta 
|por que puntos se pobló la America? Ño debe 
dudarse que lo fué por varios lugares y en di- 
ferentes tiempos. Si el Asia está unida á la Ame- 
rica por algún punto (o) estará determinada la 
vía terrestre: si las divide un estrecho, la trave- 
sía se ha hecho por naves y barcos. Otros vinie- 
ron por Occidente por la Nueva Zembla y Groenlandia; 
aunque no de Suecia como pretende (¡rocío; otros por 
el Oriente.de la China, del Japón por las tierras nue- 
vamente descubiertas. Pero todos los isleños v muchas 



(1) Memoire sur Vorigine Japonalse, arabo ei basque fie !<t civilization 
des peuples du platean de oogotá.^Pañs I 

(2) Pág. :«7. 

(:?) Se imprimió la obra eo l»¡7<>. 



gentes del Continente de América se puede demostrar 
que proceden, según el citado escritor, de los fenicios 
y de sus colonos los Cartagineses. La muchedumbre 
es proveniente de origen escita ó tártaro principalmen- 
te los Mejicanos, Peruanos y Brasileros, y no es dudoso 
que de Bretaña cuando los destruyeron los Sajones fue- 
ran muchos prófugos al Nuevo Mundo y de España 
cuando la tempestad Serracénica. Degeneraron de sus 
primeros orígenes y es difícil descubrirlos después de 
mezcladas la lengua y las razas. 

En las Memoires de la Societée Ethnologique tomo 2? 
pág. 172, se encuentra un artículo sobre la historia 
primitiva de las razas oceánicas y americanas que es 
adición ala Historia y origen délos Fulahes. Hay 
entre las diez disertaciones que contiene, cinco refe- 
rentes á los americanos. Desde la VI á la X discurre 
— sobre las relaciones de la Polinesia y la América, — 
semejanza de sus sepulturas, — de las relaciones de las 
lenguas Caribe y Polinesia, — de algunas lenguas ame- 
ricanas y el Copto, — de la Caribe con el (OuhfeJ Yo- 
Mil.) 

El mejicano D. Manuel Náxera, en una disertación 
latina que publicó no ha mucho (2J, ha dado una idea 
completa de la lengua de los Othomies demostrando 
que sus verbos solo constan de una sílaba y á lo más 
de dos, formándose el imperativo uniéndole la segunda 
persona. Que todas sus palabras son verbos, pues ca- 
leciendo del sustantivo tienen que formarlas por ese 
medio. Si quieren decir ego snm bomis al nombre nhean 
bueno le agregan Di nhean ó Dn a nhean. Los ver- 
bos hechos de nombres con dos sílabas envuelven un 
doble* significado. Compara muchas palabras de la 
lengua China con los Otomies encontrándoles gran se- 
mejanza, así como en las reglas gramaticales según la 



(1) Biblioteca Americana, pag. 399 (por Leclere) Pari.s 1867. 

(2) De lingua ottomitorum discertatio auctore EnmanueU Xáxcra. iiip- 
xicani academice litherariee Zacatecaitim. — Philadelphice 1835. 



— 33 — 
obra de Remusai Por áltimo, tradujo mía de fas poe- 
sías de Anacreonte que inserta antes en griego y en la- 
tín, y analiza y comenta detenidamente. Sostiene que 
es lengua monosilábica sin parentesco con la Mejicana, 
Cora, Huasteca, Tarahumura; es un ramo de la len- 
gua de Coníucio é hijos de los Chinos ó sus huéspedes 
cuando la aprendieron. 

No solo Brasseur de Bourboug y los escritores nacio- 
nales, de quienes luego se hablará, supusieron orígenes 
hebraicos en los indios de América; pero observa el 
Obispo Gregoire (1) al citar á algunos, que esas seme- 
janzas no constituyen una prueba de común origen, 
principalmente respecto de ciertas purificaciones lega- 
les en que hay prácticas análogas en sectas cristianas 
y no solo en los salvages del Nuevo Mundo. 

La observación del dicho Obispo se comprueba 
fácilmente estudiando las relaciones de los viajeros: 
cuando Gumilla describe la circuncisión que dicen 
practican las naciones de Cuiloto y Uru y de otros 
puntos, comprendemos que ni ese nombre merece por 
analogía: los indios ahí como en Yucatán se labraban 
ó hendian el cuerpo para grabarse figuras, y lo que 
llaman circuncisión, era una carnicería que tenía que 
hacerse á los diez ó doce años, para que no muriera 
en el acto el paciente, que era cruel. El mismo dice 
que en 1721 encontró en el bosque á un niño mori- 
bundo. Era más bien como observa Mr. Paw, una 
costumbre nó rito religioso, y que más que circunci- 
sión era escisión ó cortadura; tan contrario á la ver- 
dad fuera suponer que los botoeudos han adoptado la 
irregular costumbre á que deben el nombre por haber 
recibido de los judios de Boma el Judeum pondus 6 
estuche de cobre de que habla Marcial (2). 



(1) Histoirie de8 Motes reUgieuses eto, tom. '-'•" p4g. 987. 

(2) Sobre esta materia, réase & Paw, Becherches pkilosophiques sur les 

Amcricaim. Sect. IV lil>. IV pág. 95. 

:* 



— M — 

Efectivamente Perrin (1) entre los misioneros y 
el rabí Meñasech-Ben-Israel (portugués de proceden- 
cia), han hecho mérito de esas semejanzas, sostenien- 
do el rabino que ios americanos descendían de las diez 
tribus (2). De los Caribes, dice, el mismo Grregoire 
se cree que descienden de los Judios, porque se casan 
con sus parientas y no comen carne de cerdo. Tam- 
bién Cook creyó hallar en las islas de la Sociedad tra- 
zas de judaismo. 

Esas semejanzas pueden tener un aparente funda- 
mento en que sea cierto el hecho de no comer carne 
de cerdo los Caribes: ¿pero cómo habían de comerla 
cuando no existian esos animales en las islas ni en los 
alrededores! Lo que es en los tiempos posteriores á 
la invasión europea aun suponiendo que no la coman 
¿de qué manera conservaron el recuerdo de la prohibi- 
ción y la respetaran los que apenas lo conservaban de 
la Divinidad y aun se les supone con razón ó sin ella 
antropófagos? 

Si se ha discutido mucho por lo visto sobre el orí- 
gen de los americanos en los tiempos históricos, no ha 
faltado quien los suponga antidiluvianos, por lo menos 
en lo referente á las naciones á que pertenecen las 
ruinas del Palenque y demás descubiertas: y aunque 
hemos de volver á ocuparnos del célebre Votan, anti- 
cipamos que de él se dice que provino de Cuba y se 
quieren enlazar con ésta, no solo las leyendas, sino los 
hechos de los semi-dioses del Paganismo. En el Mu- 
seo Mexicano se han publicado artículos interesantes 
en este particular, que es preciso extractar para com- 
plemento de estas indicaciones. 

La publicación de las Antigüedades mexicanas hizo 
decir al "Correo de la Europa" de 22 de Abril de 
1843 (3) que se había descubierto una ' 'América An- 



(1) Hist. des Sedes religieuses. 

(2) Perrin Voyage dansl'Indostan etc. Tom. 2? pág, 31. 

(3) Museo Mejicano tom. 2? pág 35. 



— 36 — 
ligua." — u Si llaman Nuevo Mando á la América de 
Colon, deberá, decían, llamarse Viejo Mundo ala 
América de Saint Priest y sus sabios colaboradores, 
que nos han hecho conocer una Vieja América, donde 
los monumentos contemporáneos de las primeras eda- 
des del mundo testifican una civilización más avanza- 
da que la que existia o. 000 años ha en nuestro triple 
( Jontinente." 

Prescindiendo de varias reflexiones sobre los pri- 
meros pobladores, que en parte repetirían lo que lie- 
mos dicho, se encuentran las que se refieren al concepto 
antidiluviano de la población de América y de la espe- 
cialidad de su raza: son las siguientes. 

"La opinión de un hombre como el barón de Hum- 
boldt que ha explorado la América tan largamente, es 
una opinión solemne y suficiente para dar entero cré- 
dito á Betancourt y Torquemada, dos profundos ob- 
servadores que estuvieran convencidos de que la Amé- 
rica fué poblada antes del diluvio " 

"Mr. de Saint Priest nos dá á conocer la opinión 
de Bernardo Romans quien en su historia natural de 
la Florida, cree firmemente que Dios ha creado una 
raza de hombres originarios de América." Ese pensa- 
miento está contradicho por casi todos los estudios pos- 
teriores }ue se han indicado en esta obra y se comple- 
tarán en los siguientes capítulos: la procedencia se 
suponía Asiática» El autor de las Antigüedades agrega: 
"Se pretende que los monumentos de Mitla y sobre todo 
los del Palenque, son antidiluvianos. Esta opinión se 
apoya en el testimonio de Humboldt quien establece 
que las montañas de la América no son menos anti- 
guas que los Alpes y de otras partes de Europa. Ella 
se apoya igualmente en los escritos de Betancourt y 
Torquemada y otros autores que han sostenido que la 
América está poblada antes del Diluvio. Evidente- 
mente no fueron los mejicanos, pues á la llegada de 
los españoles ignoraban completamente la existencia 
del Palenque. En cuanto á los tultecas, que por al- 



— 36 — 

gunos siglos ocuparon las llanuras de Méjico, es tam- 
bién muy verosímil que ignoraran la existencia de los 
monumentos del Palenque. Se conjetura que los tul- 
tecas pudieron haber construido la gran pirámide de 
Cholula sobre el modelo de las pirámides de Teo- 
tihuacan, infinitamente más antiguas; pero aun sobre 
esto hay alguna duda, porque su famoso libro divino 
(el Teo-amoxtli) compuesto en el octavo siglo por el 
astrólogo Huematin y que contenia la historia de la 
mitología, el Calendario y las leyes de la nación, no 
mencionan fundación alguna monumental. Está ave 
riguado, además, que los tultecas que habitaron el 
nordeste por un crecido número de siglos no dejaron 
allí traza alguna de monumentos." 

4 'Entre las naciones que han precedido á los tulte- 
cas. .. comprendiéndose Votan, ninguno echó raices 
en Yucatán para fundar allí una ciudad en un ra- 
dio de tres ó cuatro leguas de extensión é ilustrada con 
porción de monumentos que atestiguan un poder colo- 
sal y una civilización de las más adelantadas. Algunos 
solos monumentos secundarios esparcidos pueden atri- 
buirse á Votan y á otros pueblos; mas cierto es que se 
llega á más de mil años antes de Jesucristo, sin haber 
encontrado á una nación que haya estado en situación 
de poder construir una ciudad como el Palenque y que 
solo la casualidad hizo que la descubrieran los españo- 
les al cabo de tres siglos que ocupaban á Méjico — " 
''Parece pues evidente que los pueblos del Palenque 
han debido ser envueltos en una gran catástrofe uni- 
versal, como el Diluvio, que haya destruido á la espe- 
cie humana sin cambiar absolutamente la faz de la 
tierra." 

En comprobación de ese pensamiento copia las si- 
guientes palabras de Mr. Lenoir: 'Yo no terminaré 
sin expresar el asombro y admiración que deban cau- 
sar los vestigios de una civilización tan magnífica en el 
centro de un hemisferio considerado por el espacio de 
tres siglos como apenas salido del estado salvaje. Una 



— &7 - 

ciudad de ocho leguas de extensión. .. construida en 
un clima fértil y en una de las situaciones mas favora- 
bles, adornada con edificios que conservan todavía ade- 
más de su aspecto original un carácter muy notable de 
grandeza y de sencillez, una ciudad semejante olvida- 
da, ignorada por muchos siglos, completando en la so- 
ledad una destrucción comenzada por una inmensa ca- 
tástrofe cuya memoria se ha perdido, tiene derecho de 
excitar un grande inferes, prueba elocuente aunque 
muda para nosotros, de una civilización tan adelantada 
como la del Asia y del Egipto." 

El escritor concluye con algunas otras reflexiones 
de poca importancia, é indicando la conveniencia de 
que las naciones europeas envíen una comisión cientí- 
fica que explore esas riquezas. 

En el propio Museo Mexicano (1) se impugnó la 
teoría de esa población antidiluviana, pretendiendo de- 
mostrar: l 9 que no hay prueba de que haya habido se- 
mejante población; 2 9 que las que hubo después no 
eran de raza asiática; 3 9 que su extinción ó disminu- 
ción fué por la erupción volcánica en que todos convie- 
nen; 4 9 que la mesa central por lo menos estuvo pobla- 
da por mucho tiempo hasta la llegada de los asiáticos." 
Clavijero se ocupó de este asunto aun antes, y de ello 
se tratará en el siguiente capítulo. 



(1) Pág.205. 



38 



Capítulo III. 



Escritores españoles que se han ocupado del origen de 
los indios. — Indios de los Estados Unidos. — Investi- 
gaciones recientes en la América Española. 



Solórzano, Calancha y García se esforzaron en en- 
contrar la explicación del origen délos americanos para 
salvar una dificultad religiosa, antes que histórica: 
después escribió en Indias el oidor Rocha su curiosísi- 
ma obra titulada: ' ' Tratado único y singular del origen 
de los Indios Occidentales del Perú, Méjico, Santa Fé y 
Chile. — Lima 1631." En este laborioso escrito juzgó 
los cinco sistemas que le habian precedido ó para apo- 
yarlos ó para combatirlos. La obra tiene setenta y 
tres hojas en cuarto español pero numeradas en solo 
una de sus paginas, sin las entradas ni los índices: la 
imprimió Contreras, con un apéndice sobre cometas, 
digno del atraso de la época. 

Rocha quiere demostrar que fueron españoles los 
pobladores del Nuevo Mundo, que eran vizcaínos, como 
lo pretende comprobar con palabras y semejanzas vas- 
cuences. Comparando planos y nomenclaturas geográ- 
íicas, presenta una lista de mas de setenta nombres de 
pueblos y lugares, sin advertir que casi todos pertene- 
cen al Asia: hasta descubre parentesco en que se llama 
Chile á la antigua Gotia. Esto lo explica para suponer 
en seguida otras emigraciones de pueblos que comer- 
ciaban con los españoles. Cree que los Toltecas des- 
pienden de las diez tribus dispersas de Israel 



— 39 — 

Juan Buxtorfio (1661) censuró, aunque mucho 
después, esta suposición: "non sine stupore video in 
his judeorum deliriis sinon penitus credere, saltem illis 
íidem derogare, sed hesitabundos quasi animi dubios 
ad illa obherere. El libro que contiene este párrafo se 
titula: Thcopliiíi Spezüii elevaüo relationis Montezinia- 
rae de repertis in America tribubus Israeliticis — &. Ba- 
silae 1661." — Buxtorfio no tuvo conocimiento de la 
obra de Rocha. 

Nuestro oidor no pudo concebir que su sistema 
careciera de impugnadores, por la diferencia física de 
los ludios á los españoles y la falta de barbas en la 
mayoría de aquellos; pero se anticipa á todos los argu- 
mentos atribuyendo al largo transcurso del tiempo esa 
diversidad: y como escribía en 1631 supuso que ya 
los criollos no eran completos Indios, porque habia 
poco tiempo que existían en el país, y no dudaba que 
seguirían perdiendo los caracteres europeos, caucási- 
cos. El tiempo ha demostrado ya lo que siempre fué 
un error. 

En épocas posteriores se ha escrito accidentalmen- 
te ó de propósito sobre la población de América: nues- 
tro gran Feijóo, ha indicado una hipótesis que carece 
de fundamento; el sabio mejicano Clavijero se atuvo á 
los caracteres físicos existentes para presentar sus 
ideas en un sistema menos ingenioso, pero más ra- 
cional. 

"Los Americanos, dice, descienden de diversas na- 
ciones, ó de diversas familias, dispersas después de la 
confusión de las lenguas. No podrá dudar de esta ver- 
dad el que tenga idea de la muchedumbre, y de la ex- 
traña diversidad de las lenguas americanas. En Méji- 
co he contado 35 de las conocidas hasta ahora; mas 
numerosas son las de la América Meridional. A prin- 
cipio del siglo pasado contaban los portugueses 150 en 
el Marañen. Es cierto que entre algunos de estos 
idiomas se descubre tanta, afinidad, que muy en breve 
se echa de ver el origen común do que emanan; tales 



— 40 — 
son la Eudeve, la Opata y la Famhamara en la Améri- 
ca Setentrional y la Macobi, la Toba y la Abipona en 
la del Mediodía: pero también hay otras muchas que 
difieren mucho entre sí mas que la Hebrea y la Iliri- 
ca. (1) Puedo asegurar sin riesgo de engañarme, 
que entre los idiomas vivos y muertos de Europa no se 
hallan dos mas diferentes entre sí, que lo son las len- 
guas Mejicana, Otomita, la Tarasca, la Maya y laMeji- 
teca, que son las dominantes en diversas provincias de 
Méjico. Así que seria un despropósito decir que las 
lenguas americanas no son mas que dialectos, y tan 
diferentes que no conserven muchas voces comunes, ó 
á lo menos alguna afinidad ó traza de su origen. 

' '¿Quién creerá lo que dice el P. Acosta, atribu- 
yendo la especie á los mejicanos, aunque sin impug- 
narla! Esto es, que habiendo llegado los aztecas ó 
mejicanos, después de su larga peregrinación al reino 
de Michoacan, quisieron establecerse en aquel país, 
atraidos por su amenidad; pero no pudiendo caber en 
él todo el cuerpo de la nación, consintió el Dios Huit- 
zilopochtli en que algunos permaneciesen, y para ello 
sugirió á los otros, que mientras aquellos se bañaban, 
les robasen sus vestidos y continuasen su marcha; que 
los que se bañaban, viéndose privados de ropa, y bur- 
lados por sus compañeros, se enojaron en tales térmi- 
nos, que no solo resolvieron quedarse, sino que adop- 
taron otro idioma, y de aquí proviene la lengua Taras- 
ca. Aún más increible es la historia adoptada por Go- 
mara y otros escritores, á saber: que de un viejo llama- 
do Istac Mejicoalt y de su mujer Itancueilt, nacieron 
seis hijos, cada uno de los cuales hablaba una lengua 
distinta. Llamábanse Tolhuac, Tenoch, Olmecatl, Gica- 
llancatl, Mijiecal y Otomilt y fueron los progenitores de 
otras tantas naciones, que poblaron la tierra de Anahuac. 



(1) Historia antigua de Méjico, edición de Londres, tomo segando, 
rtacion primera y página 206. 



disertación primera y página 206. 



— 41 — 
Esta era una alegoría con que los mejicanos quedan 
significar que todas aquellas naciones tenían un origen 
común, pero los escritores citados la transformaron en 
historia por no haberla entendido." 

lí Los americanos no traen su origen de ninguno de 
los pueblos que existen actualmente en el antiguo mundo: 
á lo menos no hay razones para creerlo así. Esta con- 
clusión se funda en las mismas razones que acabo de 
exponer, pues si los americanos descendiesen de algu- 
no de aquellos pueblos, se hallaría alguna traza de 
estos en sus lenguas, por muy antigua que fuese su 
separación; pero semejante traza no se ha podido des- 
cubrir, aunque muchos autores la han buscado con 
mucho empeño, como puede verse en la obra del domi- 
nicano García. He confrontado prolijamente la lengua 
mejicana, y otras americanas con muchas vivas y muer- 
tas del antiguo continente, y no he podido hallar entre 
ellas la menor afinidad. La semejanza del Teolt me- 
xicano con el Theos griego, me indujo á comparar estas 
lenguas; pero las he hallado diferentísimas. Este 
argumento es mas eficaz con respecto á los america- 
nos, por su constancia en conservar los idiomas que 
hablan. Los mejicanos conservan la suya á pesar del 
dominio de los españoles; y la de los otomites, que es 
dificilísima, ha resistido al de los españoles y mejicanos, 
por espacio de dos siglos y medio." 

"Si los americanos provienen, como yo creo, de 
diversas familias esparcidas después de la confusión de 
las lenguas, y separadas desde entonces de las otras 
que poblaron el antiguo continente, en vano se fatiga- 
rán los escritores en buscar su origen en las lenguas y 
usos de los pueblos asiáticos. No dudo que, en virtud 
de lo que dicen los libros santos, habiéndose multipli- 
cado suficientemente la posteridad de Noé, mándase 
Dios expresamente que se separasen las familias, y que 
cada ana fuese á poblar el país que se le babia seña- 
lado: Moisés en su cántico habla así al pueblo de 
Israel: "Acuérdate de los tiempos antiguos, consi- 



— 42 — 
dera de una en una las generaciones: pregunta á tu pa- 
dre y te lo declarará, á tus mayores y te lo dirán. 
Cuando el altísimo dividía las gentes, cuando separaba 
los hijos de Adam, fijó los límites de los pueblos, se- 
gún el número de los hijos de Israel," en lo cual se 
representa al Señor en acto de dividir las familias, y 
de prescribir límites á los paises que debían ocupar. 
Los hombres que emprendieron la construcción de la 
torre de Babel, se decian unos á otros: "Venid, edifi- 
quemos una ciudad y una torre, cuya cumbre llegue 
hasta el cielo, y hagamos célebre nuestro nombre, an- 
tes de esparcirnos por todas las tierras." Sabían, pues, 
que debía llegar la época de esta dispersión, y Dios, 
porque con aquella temeraria empresa se oponían á 
sus designios acerca de la población de la tierra, con- 
fundió su lenguaje, y así les fué necesario separarse y 
dividirse. Es verosímil que Noé, anciano venerable, . 
y reverenciado por todos como padre, habiendo sobre- 
vivido 350 años al diluvio, señalase á cada familia su 
distrito, según las instrucciones que habia recibido de 
Dios, porque de otro modo no hubiera podido verifi- 
carse la división sin guerras sangrientas, queriendo 
cada cual permanecer en su pais nativo, sin exponerse 
á los peligros y desastres que debían temer en regiones 
desconocidas. Esta opinión mia se apoya eu la tradi- 
ción de los chiapianeses, acerca de Votan, primer po- 
blador de Anahuac, de quien ya he hablado. No se 
debe creer, sin embargo, que la primera población de 
América se debe á las primeras .familias que se sepa- 
raron en Babel, sino á sus descendientes, pues ellas 
iríanse encaminando poco á poco hacia aquella parte, y 
multiplicándose en su larga peregrinación." 

Uno de los escritores más notables del siglo XVIII, 
el P. Pedro Murillo Velarde, después de referirse á 
las opiniones de Solórzano, quien cita á otros, á Acos- 
ta, á Maluenda, á Pineda y á Oviedo entre los españo- 
les, recordando de los extranjeros á Genebrardo, dice: 
"Lo mas verosímil es que los hombres y animales pa- 



— 43 — 
saron á la América por alguno de los polos ártico ó 
antartico, ó porque por ahí es tierra continente con el 
mundo antiguo, ó porque siendo pequeña la travesía 
del mar, fue fácil pasasen en pequeñas embarcaciones, 
y los animales pudieron pasar por alguna parte donde 
el mar está en tiempo helado ó nadando en pequeñas 
travesías; y así no es menester decir, que fueron cria- 
dos allí después del diluvio, ni que fueron llevados por 
•ministerio de ángeles, como dice García que escribió 
un libro entero del origen de los Indios, y salimos de 
la dificultad que tanto fatigó á San Agustin, de cómo 
pasaron los leones, tigres, panteras, lobos, zorras y 
otros animales ñeros y nocivos, que no es creíble que 
los hombres los pasasen en embarcación es." 

El Congreso de los Estados Unidos dispuso en 3 
de Marzo de 1847 que recojiese el Ministerio de guer- 
ra datos déla historia y condición de las tribus indias 
de la república. Se nombró una comisión de personas 
competentes y de jefe á Mr. Scoolcraft. Los cinco 
magníficos volúmenes, que honrarían las oficinas de 
cualquier país del mundo, que ha publicado la Comi- 
sión, trabajo de varios años, ofrecen respecto de las 
lenguas, noticias apreciables y muchos vocabularios. 
Hay 150 tribus con sus dialectos, que pueden redu- 
cirse á siete lenguas, de que parece proceden: son la 
Apalache, Achalaca, Chicorea, Iroquesa, Dacotah, 
Sclwhona y AJgonquina. 

El origen de los Indios de los Estados Unidos os 
tan oscuro como el de todos los demás: la comisión lo 
reconoce así y conviene en que solo hay en todas las 
absurdas relaciones de los naturales una cosa común. 
y es la creencia de una emigración primitiva: cítase la 
tradición de los Osages. El hombre vivia de peces, 
el castor lo enseñó á construir las casas y le dio por 
compañera á su hija, de la que descendía la nación. 
rilase el origen de los Chichiryecas al principio ence- 
rrados en cavernas de donde salieron, por las grietas 
que (Jieron pptrada»] Sol, para embarcarse: [qegO ñau- 



— 44 — 
fragaron y fueron salvados por halcones. Confírmase 
con el descubrimiento que hizo Boturini de una carta 
iteneraria en que se describe la emigración acaecida 
en 1038 años de nuestra era, que duró 186 años ha- 
cia las riberas del Mississipí, que habitan otras razas. 
De esto se deduce, que los Indios Americanos lian ve- 
nido de las orillas del Indo. Además de la semejanza 
físico-moral de las razas americanas y asiáticas, se 
recomiendan hasta las observaciones microscópicas de 
la Sociedad de Filadelfia, que ha demostrado hasta la 
identidad de la forma de los poros de los cabellos y 
de la barba, ovalados en aquellos, redondos en los 
otros hombres. 

De las Antillas no se encuentra otra cosa que una 
referencia á la reina Anacaona y la letra y música de 
una canción que dice así: 

Aya bomba ya bombai (Bis). 
La massana Anacaona (Bis). 
Van van tavana dogai (Bis). 
Aya bomba ya bombai (Bis). 
La massana Anacaona (Bis). 



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- 45 — 

En estos versos ni las v 1 v 
dé ya/2 van ni la de forana pa- 
recen propias de la ortología 
que se conserva del haitiano, 
Se supone ser un areito de 
"Haití. Véase el capítulo XII 
de este libro. 

De la raza que ocupaba la 
América antes que los indios, 
se han escrito varias Memo- 
rias. La más notable por el 
número de observaciones que 
contiene, es la que publicó 
el doctor Cristiano Augusto 
Adolfo Zesterman y que tra- 
dujo Mr. Turner al inglés, que 
imprimió la Sociedad Etnoló- 
gica Americana con notas de 
Squier y tradujo al castellano 
la Redacción de las Memorias 
de la Beal Sociedad Económica 
de la Habana. 

La semejanza dé los obje- 
tos y construcciones hechas 
con tierra, las tradiciones de 
una colonizacion-irlando-celta 
anterior á Colon, aunque va- 
ga, le hacen sostener que hu- 
bo una emigración muy anti- 
gua del Noroeste de Europa, 
cualesquiera que fuese el pue- 
blo que la llevó á cabo. La 
íorma dé las construcciones 
descubiertas, las de los uten- 
silios de cobro, no de htoi/cc, 

de barro y piedra, todo lo confirma en la identidad de 
origen de los pueblos de que son únicos restos. Las 



tí 



— 40 — 
láminas de Squier copiadas de las antigüedades de 
América, hacen creer al escritor alemán que era cau- 
cásica la gente que construyó esos magníficos monu- 
mentos: y se apoya en una observación análoga de 
Humboldt; pero el sabio arqueólogo americano Squier 
le ha contradicho. De los estudios más recientes no 
pueden olvidarse los de Gustavo Eichtal sobre los res- 
tos bádhicos de la civilización americana (1). Comien- 
za los estudios por un examen geográfico de las rela- 
ciones entre el Norte de Asia y el Noroeste de la Amé- 
rica, analizando la Memoria de Mr. Guignes sobre la 
navegación de los Chinos por la América (1761) expli- 
cando varias particularidades del boudhismo, y am- 
pliando las indicaciones de Humboldt: demuestra la 
existencia de esa religión éntrelos Pieles Bojas; y con- 
sidera existen en las ruinas del Palenque restos de ese 
culto. Para ilustrar el texto copia varias de las lámi- 
nas de las ruinas y las coloca en paralelo con las co- 
rrespondientes del Asia, pareciéndose tanto, que la se- 
mejanza raya en identidad: así sucede con las figuras 
acurrucadas de los nichos del frente del edificio llama- 
do en Yucatán la casa de las monjas y un budha escul- 
pido en las paredes del templo Indra-Saba en Ellora. 
Igual demostración gráfica hace comparando los asien- 
tos de Boudha con los animales acolados de las colum- 
nas americanas. Los ensayos y pruebas terribles de la 
suspensión por garfios, el culto de la tortuga y las hue- 
llas del diluvio le parecen cosas inexplicables en Amé- 
rica sin una propaganda budhica. 

Mi apreciable é inteligente amigo Brasseur de 
Bourbong en 1864 ha publicado una disertación sobre 
los orígenes americanos en la que se confirman mis 
ideas sobre los pobladores de las Antillas mayores, 
que desde que leí los trabajos de Codazzi me parecie- 



(1) Etuñe sur les origines boudliiques de la civilisation amcricaine. Pa- 
s. 1865. 



— 47 — 

ron los más exactos ó menos aventurados. (1)- — Des- 
pués de examinar el estado de la ciencia al descubrir- 
se el Nuevo Mundo y consagrarse un glorioso recuer- 
do á Colon, hace notar la coincidencia unánime de los 
pueblos antiguos en la existencia de un cataclismo que 
trastornó al globo. — Los libros religiosos que llama ri- 
tuales le ofrece datos para los estudios tradicionales, y 
recorre así todas las leyendas, desde la Caniyar, Vira- 
cocha hasta la del P. Román sobre las Antillas y prin- 
cipalmente en la obras referentes á Guatemala y Yu- 
catán, en donde encuentra las huellas egipcias. 

Pero sin decidir sobre cuestiones que siempre que- 
darán siu resolver, es cosa singular que se hable de 
los cares como el pueblo mas análogo á los de este 
nombre en América á punto de sostenerse qué ó de 
aquí fueron para allá ó de allá vinieron á las Indias 
Occidentales: se verá mas adelante que tienen que sel- 
los caribes del continente á que se refiere el artículo 
que publiqué en Marzo de 1842 (2) y no lo es menos 
que en las tradiciones haytianas haya encontrado el 
sabio abate las mayores semejanzas. 

Los cares (3) tenian grandes relaciones y poder en 
Asia, África y Europa: según D'Eckstein designó á 
los cares con la palabra B arlar opliojioi (que habla 
la lengua de los Bárbaros.) Los Griegos y Romanos 
fueron los que generalizaron esc nombre: eran los 
vecinos mas considerables de los griegos en el Asia, 
célebres por su antigua dominación en los mares. 
Eckstein se apoya en Herodoto y observa que aún hay 
la palabra Bárbaro se aplica á los pueblos de Nubia y 
Libia: que las huellas de esas familias se encuentran 
en una gran parte del África y aún en Europa con el 



(1) Des soitrccs de $ Hittoire du M&xique étdeV dmerique ('éntrale 
dan* le monumento egypUens et de l' histotre primitive de r Egypte éfans 
les monumento amerioatns. 

(2) Véase el capítulo IX de esta, obra. 

(;{) Los cares, digo, y no twrps, porque se forma el plural de "care" j 
86 oonserva más la semejanza, como se dice -emihc"-- y no caribo." 



— 48 — 
nombre de Bárbara 6 Berbere. Barth nos pinta la 
familia Varvar como una de las grandes divisiones de 
la Libia moderna. Var significa hombre en la lengua 
de los Turejes. Observa el abate Brasseur que la 
repetición de la palabra var significa hombre por exce- 
lencia-, y efectivamente, la duplicación de las palabras 
aumenta su significación en haitiano, como se verá en 
los diccionarios de la segunda parte y siguientes de 
esta obra. 

El mismo abate observa que los cares ocupaban 
una grande extensión en la América: cita á Caras ó 
Carlari en Honduras, Caribe, Caracora, Carabacos, Ca- 
racas, Carlos etc. Cree que los Cares han dejado 
huellas en las Canarias como estas en las Antillas. 
Que el nombre Brbr dado á una de las pirámides de 
Ejipto y las consideraciones que acompaña prueban la 
procedencia primitiva de esos pobladores. Habla lue- 
go de la semejanza de costumbres con los Iberos y 
Vizcaínos. Según las demostraciones de Echstein, á 
quien sigue al célebre americanista por lo que hace al 
antiguo mundo, los cares lo dominaron antes que los 
Arlas, y los predecesores de los Fenicios: sentado esto 
se pregunta el segundo: "Debemos admirarnos de que 
los encontremos igualmente en toda la América," y 
comienza la demostración: — En América, dice, vemos 
reproducirse lo que en Asia. — "Dimlban caracol y sus 
tres hermanos se presentan como una de las causas de 
la inundación que destrozó el continente y produjo la 
mar. De su espalda sale la tortuga como la primera 
tierra á que llegaron y cultivaron con sus manos; con 
su ayuda los hombres encontrarán mujeres á quienes 
unirse. Una tradición antigua conserva entre los 
Guaranis el origen de la gran familia de los dos her- 
manos Tupi y Guaraní que después de la gran inunda- 
ción abordaron á las costas del Brasil con sus mujeres 
é hijos. (1) En consecuencia de graves disensiones se 

(1) Es curioso el texto, porquo al descubrimiento de América los 
Guarauis aun no habian construido ciudades. 



— 40 — 
separaron estos hermanos diseminándose en la osten- 
sión de las vastas regiones cu que se les conocía con 
los nombres de Tupi, de Giiar, (Jar 6 Car que se en- 
cuentran en gran número de naciones. Las tradicio- 
nes antiguas de Quito muestran los Cares desembar- 
cando por el Océano Pacífico desde donde se extienden 
al interior en que sus jefes tundan mas tarde la dinas- 
tía de los Scyris A un Cara salido del valle de 

Coquimbo se ligan los recuerdos antiguos del lago de 
Titicaca que hablan de la matanza de hombres blancos 
de Qhucmjto. Los innumerables estados de origen core 
ó caraibe que existían en la época de la conquista ó en 
el interior de la América ó sobre las costas que bañan 
los dos mares, atestiguan el antiguo poder de esta pro- 
digiosa raza/' Las investigaciones de Eckstein sobre 
el culto de los Dioses Macares ó Macarios le parecen 
al abate aplicables á los cares de América: y si bien 
ambos derraman profundísima erudición en el particu- 
lar, no son decisivos en la cuestión del mismo origen. 
Convenido que hubo un gran pueblo en América, cuyos 
rasgos se encuentran en toda la Meridional, en las Islas 
Occidentales y aún en alguna sección Septentrional. 
Los escritores españoles lo han demostrado y en otra 
parte referiremos cuanto parece histórico ó tradicional, 
no hipotético y fantástico, pero, las aplicaciones á Mé- 
jico y á las naciones ^emicivilizadas del Perú no parecen 
exactas. Unos indican ser esos Indios de todas par- 
tes, como es uno el blanco del Norte y del Mediodía; 
pero si hay diferencia entre un anglo- sajón y un ita- 
liano, aún mayor la hay entre el yucateco, el mejicano, 
el floridano y el que nos pintan en las Antillas; respec- 
to de esa misma palabra Macare y los Dioses que de- 
nominaba son exageradas las etimologías: Machar sig- 
nifica en quiche el abrazo de una prostituta, ¿qué rela- 
ción puede haber entre los dos nombres? y aun va 
mas lejos el abate citado: mi entusiasta amigo se fun- 
da en una licencia poética del prosaico Castellanos en 
sus Varones Tlmtres de Indias, y dice que Maracaibo 



— oí) — 

debe ser Macaraibo, y aun cree que este nombre sea 
una inversión de Macaraibo (1). Oree que el Melcarl. 
el Hércules fenicio, representado en Cádiz por dos 
peces como á los gemelos Bnnaphude Guatemala, son 
lo propio que Macare. Las etimologías de Semi que 
ya indicó Horn y que amplió Kafinesque, le ofrecen ;'t 
nuestro escritor motivos para confirmar su creencia. 
"Pan, dice en los monumentos ejipcios se llama 
Ivlien, dios de los Chemmis, bajo la forma fálica en- 
vuelto en pañales: por eso se llama Khem el encerra- 
do. Así se encuentran Chcnmis, Chemes, Senies ó 
Cernís y esos genios protectores en Haiti ya figurando 
un hueso ó un bastón envueltos en algodones, como el 
Flaquimilotli ó paquete sagrado de los Mejicanos, ó 
Dios Priapo de los Mándanos; y discurriendo sobre las 
otras formas de Pan, agrega: "el verdadero Zamna, el 
que se debe á sí mismo, era Itzen-Maycal, Itzen Caan 
la sustancia de las nubes, el rocío del cielo buscando 
más pruebas mitológicas observa que el can ó con-op ó 
con-ub, el poder que sopla ó vaso superior es el mismo 
nombre que se encuentra en las campas ó vasos egip- 
cios ó dioses penates del Peni. Pero esos recuerdos 
referentes á otros paises no son tan contraidos á las 
Antillas, en estas desaparecen las huellas egipcias para 
encontrarnos con los sencillos Tainos, á los descendien- 
tes de esa raza caribe buena que dominó la América 
meridional en casi toda la que no dominaron los pe- 
ruanos. Si los cares fueron los progenitores de los ca- 
ribes ¿cómo las doctrinas de Eckstein se pueden apli- 
car con preferencia á las tradiciones antillanas; 

"En estas islas (las de Occidente) dice, en que los 
Cares aparecen en el origen de la historia encontramos 
el mito de Gala que da nacimiento ;i Urano en la no- 



(1) La cita de Castellaaos ; pág. 533 ton i. II canto 3 no corresponde: 
cada Elegía se divide en cantos y debe haberse cometido alguna errata por 
el editor de las obras de Mr.Brassenr de Bourbong. El canto á que se refiere 
comienza en la pág. 332. "Maearona es un jefe de Bonda: 

"Al ''naonda'' de Bonda "Maearona " 



— 51 — 
che. Yaíú ó Giaia, el Ser poderoso de la Mitología 

haitiana, el padre de (.¡¡(tía, el que encierra en el seno 
de la tierra figurado por una calabaza, en la cual se 
convierten los huesos en peces (1) de donde salen pa- 
ra sumergirse en el Océano, que encerraba una partí» 
del mundo. Prosigue comparando esta tradición con 
la del viejo mundo: hay en las leyendas haitianas una 
víctima, que es Dimiban caracol, que desata la calaba- 
za en que estaba encerrada la mar y los peces y de su 
espalda uace la tortuga sobre la cual los Caras cons- 
truyen su habitación y comienzan el cultivo de sus tie- 



rras." 



La leyenda habla de la enfermedad que padecía 
Caracaracol, y que del tumor de la espalda le sacaron 
una tortuga hembra, pero antes habían estado en casa 
de Basa manaco, y dice el texto que cuidaron de la 
tortuga. Es verdad que no está claro el pasaje porque 
dice: "y de esta manera fabricaron su casa y cuidaron 
de la tortuga," pero de esto no se deduce que la tortu- 
ga haitiana fué lo que era en la Mitología de la India 
Oriental. Lo más que puede decirse como presun- 
ción es que tienen parentesco. La Mitología Oriental 
hace figurar Ja tortuga como la base de los tres mun- 
dos, no como tierra cultivada, ni como simple manifes- 
tación de la creación de la tierra. En ese primer tér- 
mino tres elefantes sobre la inmensa tortuga: luego el 
hemisferio de la tierra como el domo de una catedral, 
y encima sobre un círculo de muchos elefantes las nu- 
bes, y los siete compartimentos celestes que terminan 
en una aureola de gloria con el símbolo de la Divini- 
dad. (2) Todo esto queda encerrado por un ofidiano 
ó inmenso culebro). Tal vez al notarse que era hem- 
bra la tortuga que se extrajo de Caracol, hacia alusión 
á que era la comida favorita de los indios é iba á ser 



(i) En el diccionario en la segunda parle do rota Obi» 86 colocara la 
versión de esta leyenda tradicional. 

(8) Cesar Cantú. Taróla. Storia Universale nnin. i). 



base del sustento: la tradición refiere ese hecho en mo- 
mentos en que buscaba casabe el indio y lo pedia á 
Basamanaco y que allí se hizo uso del saco de cojoba. 
el que originó la enfermedad. 

Dá por supuesto nuestro abate que los cares lubri- 
caron y cultivaron inmediatamente sobre la tortuga y 
esto no se expresa en las tradiciones haitianas. De 
los hermanos gemelos solo se conserva el nombre de 
Caracaracoel, y por lo visto era denominación indivi- 
dual y no de raza ó nación: explica la tradición que se 
llamaron caracoles los que tenían las manos ásperas 
como con sarna ó lepra. Las dos primeras sílabas de 
las palabras á lo más: "Salió Caracaracoel, escribió el 
P. Román, que quiere decir sarnoso" (1) era un califi- 
cativo que determinaba una enfermedad, como nom- 
bre individual el de Dimiban. — Los hombres Camina 
e Hiaima aún recuerdan los Cauunianos de Asia, los 
Hadrubaba y los Kadru, los hombres brunos de Gre- 
drosia. Observa que esa semejanza de nombres tiene 
relaciones con los usos y costumbres: ladrón de muje- 
res es el haitiano Gua-Ha-Hiona, el jefe de los hijos 
de Hiona, que se lleva de la cueva del Sol las mujeres 
á Matinino, donde fundó un reino de mujeres, como 
los Cares y luego los Fenicios, y encuentra á Cobo en 
el mar y una bella que lo seduce y le comunica un 
mal que fácilmente se conoce: es la sífilis. (2) 

De todo lo cual se deduce que hay en la América 
la reproducción y el reflejo de la región de los Bárba- 
ros (Varvara, Gárcara, Caracara) en que los hombres 
serán esclavos voluptuosos de la Diosa de los placeres, 
en que como dice Ariano las mujeres reinan sobre el 
otro sexo. También reaparece aquella isla de la cos- 
ta de Gedrosia en que una ninfa del mar exigia el tri- 
buto de amor á los marinos. No es imposible que 
todo esto fuese casual, mucho más cuando la aventura 



[1] Hos nomines ipsi caracaracoles se appellant. Mártir. D. 1? lib. IX 
(2) En otro lugar de esta obra, en las palabras "l&wináras, Jupas y 
Fainas" se expresarán las opiniones sobre el origen de este mal. 



— .)o — 

deljeffe haitiano no termina como la de los marinos de 
la isla del Antiguo Mundo: y esta observación no se 
le oculta á mi ilustrado amigo. Las Indias eran poco 
adoradas por sus rudos compañeros, pues las enco- 
mendaban de preferencia los trabajos del campo, re- 
servándose ellos la pesca y en algunos países la guerra. 

Otra referencia hay en Nava, lugar á donde fué 
á curarse Gua-Ha-Hiona del mal que le trasmitió la 
encantadora marina: le recuerda á Nar Nara Nairits 
de las leyendas de la India y en América el rio Nara, 
afluente de las Amazonas. Y también descubre en 
las pocas tradiciones haitianas la memoria de un pue- 
blo (pie no era ya el que encontraron los españoles. 
En la relación del P. Román halla conservada la noticia 
de que aprendieron del excelente Gua-bonito á labrar 
el oro y las piedras, los Giianinos y Sibas. Bartolomé 
( !olon encontró escavaciones formadas por explotacio- 
nes de metal abandonadas hacia siglos. Pedro Mártir 
y Saint-Rémy hablan de objetos de arte elaborados en 
las Antillas, y se encuentran según cree, cuevas arre- 
gladas artificialmente con estatuas y figuras grabadas 
en la piedra. En cuanto á los edificios ciclópeos y 
<pic se han querido hallar en Cuba, es una verdadera 
ilusión. Las ruinas encontradas en Morón, ni merecen 
ese nombre; el ídolo de piedra que existe en la Universi- 
dad de la Habana, con varias Semis de barro cocido es 
lo poco que en ella queda. (1) 

Las semejanzas de nombres y de ritos entre los 
dos mundos la quiere buscar Brasseur de Bourboug 
en la apariencia física. Refiriéndose á la narración de 
Eckstein y describiendo el mar de las Antillas y las. 
costas vecinas, dice: "Esa es donde el autor debiera 
colocar ese lugar. . . así como el asiento de los verda- 
deros Etiopes de Occidente." Después de hablar de la 



(l) Véanse en la segunda parte bis palabras CiboneyeSy €\iba y //</'" 
aunque creo <|iio debe escribirse Sibotyi con 8, que es como se pronuncia; 

la escribí antes como fue" costumbre b&corlo, 



— 54 — 



falta de comunicaciones posteriores, observa que los 
más antiguos navegantes y aun los principales de ellos, 
aparecen en la raza de Cham y principalmente en los 
Cares: y de estos pasó la superioridad á los Fenicios y 
á los Etruscos. 

Sin negar el primitivo origen de todas las razas se 
inclina á creer el escritor francas que las poblaciones 
de que hace mención vinieron de América: así los 
Caldeos, los amos de Babilonia, esta raza de sacerdo- 
tes extranjeros, eran de origen Lidio y Occidental, y, 
lo que es más significativo, salieron del Atlántico, co- 
mo lo indica el nombre de Neptuno. De estas curio- 
sas investigaciones históricas resulta mucho conjetural: 
los pueblos de África, los Etiopes de Occidente, los 
(Uires, los Carlos, los Caribes y demás pueblos que se 
citan, no pueden borrar las variedades de la especie 
americana; no es posible que un hijo de América con- 
tunda á un yucateco con un floridano, ni á un caribe 
con el primero. Hay en el yucateco más de Asia que 
de otra parte, hasta en su mirada. No queda duda 
que al descubrir los españoles la América, no encon- 
traron las razas que construyeron los edificios cuyas 
ruinas casi egipcias se encontraron mucho después. No 
queda duda que ni los mexicanos ni los peruanos eran 
tampoco la familia que desde las vertientes del Orinoco 
hasta las islas de su Archipiélago constituian la raza 
caribe. Sea ó no la radical car, procedente de los Ca- 
res, es sin disputa un indicio innegable de unidad, la 
huella de los nombres y las demás semejanzas de que 
hemos de ocuparnos respecto de América." No se de- 
be dar importancia, sin embargo, á débiles pruebas 
mitológicas: en la misma palabra Caracas encuentra un 
origen hebreo el filólogo Azais (1).— "Caracas, dice. 
pais de la América Meridional (preparación de la 
mentira); Cara preparación, hebreo; Carsh, mentira, 
hebreo" y cita á Carasca antigua ciudad española; Cará- 



(1) Dieu et Vhomme el Ja parole, pág, 153, 



— Oü — 



cas. ciudad de America, Venezuela, y por último los 
CaracuSj especie de moros en Bezieres, que hablan ca- 
talán, y pasan una vida errante, vienen al mercado dia- 
riamente, y son embusteros, disimulados y hambrientos: 
Azais no ve en ellos á los Caracoles de Haití, no obstan- 
te lo expuesto. 

"Los egipcios recibieron á pesar de su pretendida 
antigüedad, dice César Canto, de otra parte sus colo- 
nias y habitantes. Los egipcios acojieron á sus Dio- 
ses, esto es, su civilización, de los Etiopes, los cuales 
se consideraban tan anteriores á ellos como estos á 
los indios. Y aún hoy en la Etiopía los Bar abra se 
peinan como se ven las pinturas egipcias, y tejen san- 
dalias de palma como se encuentran en los sepulcros" 
y usí continúa Cantú expresando otras semejanzas. (1) 
El Coronel Galindo escribió desde el año 1832, 
una serie de observaciones, describiendo las ruinas de 
Copan v otras dirijidas á demostrar que fué la Amé- 
rica la cuna de la civilización y del género humano. [2] 



(2) Slorit Umversale, Cap. X 17 Época II pág. 272 a 273. (Bdioioij 
octai 

(:t) Véanse los artículos titulado,- antiguos poseedores del <'<ntii>t< nt( 
iinericano, en l->< CQlnwia, periódico español publicado en Londres, 



— 56 — 



Capítulo IV. 



Comunicaciones entre la América y el Mando Antiguo, 
después de la venida de Jesu-Cristo. 



Después de la venida del Salvador se conservó por 
mucho tiempo la noticia de las comunicaciones con ei 
mundo trasatlántico: pero como observa el sabio Mas- 
deu, la refutación que hizo de la creencia de los antí- 
podas el venerado San Agustín, cuya reputación de 
sabiduría era igual á la de su santidad, debió in- 
fluir en que se creyesen fábulas las relaciones, históri- 
cas que han debido recobrar su fuerza con el descu- 
brimiento de las Américas. 

Los restos del cristianismo que han solido encon- 
trar los viajeros, aparte de los artificios humanos de 
que hace mención el P. Ximenez en sus Escolios, y 
de que hablaré más adelante, demuestran que después 
de la predicación del Cristianismo vinieron sus cre- 
yentes á estas regiones. El célebre P. Mier, que to- 
mó una gran parte en el movimiento político y litera- 
rio de su país (1) escribió un discurso refiriéndose al 
sermón que predicó sobre la aparición de nuestra seño- 
ra de Guadalupe, en que probó que el Evangelio habia 
sido predicado en México antes de la llegada de los 
españoles: que Guazalcahualt era Santo Tomás, y la 
Virgen alguna imagen escondida por la persecución que 
sufrieran los cristianos de Huemac, rey de Tula. No 



(1) Historia de la Revolución de Nueva España, tomo 2?, pág. 77d 
apéndice. Lleva el nombro del Sr. D. José Guerra, pero es el mismo Dr, 
1). Servando Mier y Noriega. 



— ,)l 

(la como historia el hecho, sino como cosa probable y 
cita cu su apoyo la misma creencia deD. Carlos de Si- 
mienza y Góngora; de un jesuíta mexicano que escribió 
en Manila, de Becerra Tanco y de otros. Digna es de 
leerse la disertación por curiosa; y autorizada con mu- 
chos párrafos que demuestran la existencia de nociones 
de la revelación á los indios entre los indígenas. De 
paso asienta que hasta el siglo V del cristianismo hubo 
comercio continuo entre la China y México. Cree 
Micr que el Santo Tomás á que se refiere la predicación 
del cristianismo, no es el apóstol, sino un célebre obis- 
po que floreció en el siglo V ó VI y también fué santo 
predicador, y trajo discípulos. 

Del estudio de los manuscritos mexicanos dedujo 
Micr (1) que la población de América tiene dos oríge- 
nes, como lo ha sostenido Hervás por el examen de las 
lenguas: uno de los pueblos que vinieron de la* Tartaria 
China, otros por las Antillas, de gentes que eran de la 
Atlántida, cuya inmigración no es un pasaje oscuro de 
¡a historia mexicana: en estas se habla hasta del núme- 
ro de los que se salvaron, y se designan los montes, cu 
donde llaman todavía al agua Atl y Attáhuey al mar. 

Ks preciso convenir, sin embargo, en que muchas de 
las reminiscencias que parecen cristianas, pueden tener 
orígenes orientales, como en la Trimurti asiática hay 
una cosa parecida á nuestra Trinidad. Las comuni- 
caciones con las gentes asiáticas se comprueban con 
el aspecto físico de los indios. Las crónicas chinas, 
los trabajos del Dr. Müller y las etimologías de Vater, 
han hecho reconocer á Donlenech que la trimurti 
indiana tiene analogía con lio, Ifuitzilopochtli y llaloc. 
y la trinidad peruana Con, Pachacamal y ffüiracocha. 
Las demás creencias se explican por las religiones de 
Bhuda y Brama, los cultos de Fó de China, de Bonzo 
en Japón, QuezalcoaU y Manco ('((¡tac en México y el 



(I ) Historiada le licvolucion <i< Nuevn España, pág. X X X \ noto**, 



— 5$ — 
Perú, y cu creencias de los Mogoles y Calmucos. Hay 
que reducir á cortas nociones las del cristianismo. 

El padre Lozano. (1) cronista de las misiones ame- 
ricanas, conviene en que Santo Tomás predicó el 
Evangelio en la America Meridional hasta en los pun- 
tos mas lejanos: entre los veinte pueblos que visitaron 
los jesuítas en las márgenes < le Parwiapani, encontra- 
ron la tradición del Diluvio Universal, nuestros primó- 
los padres, Noé, el Arca y otros recuerdos bíblicos — 
"que antiguamente oyeron sus mayores al Pay-Zumy", 
que así llamaron al apóstol Santo Tomé, que evangelizó 
estos países. El padre Lozano escribió antes que 
Micr, y creia que el Apóstol fue el predicador y no el 
otro obispo que vivió cinco siglos después. 

Pero los estudios de la Peal Academia de anticua- 
rios del Norte en Copenhague, de que tengo la honra 
de ser miembro, son obras que demuestran la comuni- 
cación y colonización del mundo americano mucho 
antes de Cristóbal Colon, por los escandinavos. Las 
inscripciones islandesas encontradas después de aque- 
llas investigaciones hechas en los sagas del Norte, han 
contribuido á probar la exactitud de las relaciones. 
Carlos Eafn, secretario de la Real Academia, ha publi- 
cado una Memoria en que se han incluido los principa- 
les viajes de los islandeses por Groenlandia hasta Flo- 
rida; ha publicado un plano que los explica: yo he ver- 
tido esa obra al español (2) adicionándola contrabajos 
posteriores, y los que les precedieron hechos por los 
españoles y otros europeos, que le sirven de comple- 
mento. 

¿Pero existirán esos tipos entre los indígenas, en 
la población actual? Han desaparecido confundidos 
con los que hoy caracterizan la mayoría de la raza 
india que aún se conserva: habían desaparecido al des- 



(1 ) Historia de la Compañía de Jesús de la -provincia del Paraguay, 
dos tomos en folio. 

(2) Antigüedades Americanas.— Noticias que tuvieron Jos europeos de 
América antes del descubrimiento de Cristóbal Colon, — Habana 1845. 



— 50 — 

cubrirlos españoles el Nuevo Mundo, aunque encontra- 
ron algunas huellas entre los naturales. 

Las sociedades y las academias, los etnólogos actua- 
les en lo general convienen en las teorías que publicó en 
el siglo XVII el sabio Hora por solo el aspecto físico 
y su inmensa erudición, principalmente filológica. 

Lakey ha escrito (1) sobre esos trabajos y deduci- 
do el origen mogólico ó escita de los pueblos america- 
nos salvajes, y en cuanto á los civilizados encuentra 
que provienen del Sur de Asia y de Egipto: esto se 
funda 1? en la filología; 2? en la anatomía; 3 9 en la 
mitología; 4 o en los geroglíficos; 5 9 en los conocimien- 
tos astronómicos; 6 9 en la forma de la arquitectura y 
ornamentación; y 7? en los hábitos y costumbres. 

Antes de terminar esta exposición de las curiosas 
investigaciones generales sobre el difícil problema, 
pero no temerario, como dijo el siglo pasado un escri- 
tor varias veces citado, es preciso no olvidar los estu- 
dios especiales del Gobierno de la República de los 
Estados-Unidos y de algún etnólogo notable.- 

Todavía en la cuestión general se levanta una duda: 
¡ vinieron del Asia los pobladores de América, ó fueron 
de América al Asia! ¿Las ruinas del Palenque y de 
la América de aspecto egipcio son anteriores ó poste- 
riores á sus pirámides? La existencia de las pocas 
palabras egipcias que se conservan ¿se debe á que las 
lia tomado la lengua maya ó fué maya la lengua de los 
egipcios y de América recibieron su civilización? Mi 
respetable amigo Brasseur de Bourbourg se ocupa con 
aplicación en descifrar los manuscritos mexicanos ó 
(•entro-americanos con la clave que ha publicado él 
mismo del religioso español Fr. Diego Lauda: y duda 
y vacila sobre estos oscuros problemas,, que solo po- 
drían resolver las traducciones ó las lenguas usuales de 
los gcroglííicow y caracteres ahora hallados en las mag- 
níficas ruinas americanas. 



(1) dn inquirer foto the orlgin ofthe áiitiq. o/ imérica, p íg. 21 



— GO — 

Pero si la mayor parte de los escritores se han 
ocupado de traer á los habitantes de América del an- 
tiguo continente y alguno en llevar de América la ci- 
vilización á Egipto, otros han creido que no hay nece- 
sidad de esos esfuerzos, por que antes del Hundimiento 
de la Atlántida estaban únidns el África y la America, 
fundándose en las formaciones geológicas y la dirección 
de los cabos, islas y promontorios. — Mr. Despreaux 
escribia en México en 1843, que todos los datos acre- 
ditan que las Canarias estaban unidas á las costas de 
África y esta con la América por las Azores, Madera. 
Canarias, Lucayas, San Martin, Santa Lucía hasta Ja- 
maica. Es curioso entre otras observaciones la si- 
guiente: "Durante mi residencia en Canarias pude 
proporcionarme tres momias, un hombre y dos muje- 
res conservadas según el antiguo sistema egipcio. El 
hombre es de una estatura gigantesca, lo que se con- 
forma con las tradiciones sobre los antiguos atlantes. 
Las mujeres tienen los cabellos largos, negros, áspe- 
ros y trenzados con tiras de cuero teñidas de encarna- 
do 6 verde; el vestido está plegado por delante y una 
especie de zarape corto les cubre el pecho. El calza- 
do se compone de una suela fijada al pié con correas 
teñidas de encarnado, y guarnecida de piedrecitas de 
obsidiana muy bien trabajadas. El hombre tiene por 
vestido una túnica y un manto fijado sobre el pecho 
por un nudo que llaman ellos tamarco. ¡Cuál sería 
mi placer, cuando llegando al interior de los Andes, 
encontré allí á las mujeres vestidas del mismo modo, y 
(pie su peinado era idéntico al de mis momias!" 

Mr. Despreaux observa que las armas eran idén- 
ticas entre los indios y las que se encuentran en las 
ruinas de esos otros puntos. — : Sus monumentos son 
también piramidales. 

El sabio D. José Viera y Clavijo, á quien aludimos 
en nota anterior (1), cree (pie el nombre de Camrim 



l) ídem pég. 51 tomo 1, 



— 61 — 

procede de los grandes canes que tenían, siendo histó- 
rico que regalaron dos ;i Juba; y el nombre no era 
indígena, sino que lo daban los que llamaban can al 
perro, pues fué Plinio el primero (1) por la multitud 
de perros de cstraña grandeza} de Jos cuales sr le ¡levaran 
das á Juba. 

En cuanto á si Rieron ó no parte de la Atlántida, 
deduce el mismo escritor lo siguiente: "1? que quizás 
las Canarias fueron en otro tiempo una península de 
África; 2 ( ? por efecto del diluvio de Noé se formé de 
esta Península lamosa la Atlántida de Platón; 3? que 
destruida después la Atlántida solo quedaron las emi- 
nencias de sus montes mas elevados, que son nneslras 
islas; 4 9 que el renombre de la Atlántida que tuvo la 
isla platónica y de Atlánticas las Afortunadas, con toda 
esta parte del mar Océano, se derivó del monte Atlan- 
te, de la Mauritania, que dio crédito á sus contornos." 

También dice Viera que es probable que hubiera 
algún punto de unión con la América, de todo lo cual 
resulta que nuestro compatriota se anticipó al viajero 
francés. 

Aunque hay cierto aire de familia entre algunas 
palabras de los dialectos de Canarias y los de las Anti- 
llas, no hay identidad. En esas islas africanas se ha- 
blaban distintas lenguas en los lugares habitados. El 
célebre Viera recojió algunas de Canarias, de la lengua 
(íuanchinesa, de Palma, déla Isla de Hierro y de la 
(lomera. El mismo escritor decia de esas diversas 
lenguas, que le parecian dialectos de otra: — "El aire 
de los términos, agregaba, y el genio de las voces es 
semejante. La mayor parte de sus dicciones comien- 
za con Te ó con che 6 con (lúa, según se puede obser- 
var fácilmente en los nombres de muchas poblaciones 
y campos que conservan los (pie les pusieron los natu- 
rales. ( 2) 



(I) ídem lomo 1 pág. '1<». 

e¿> Noticias sóbrela Historia General da Canarias, tomo I pág. i '•'' 



— 02 — 
Guairo, Guadaya, Guadayeque, Guadamojete, 
Guayonja, etc., etc., son ejemplos de ese aire indiano 
;i que se hizo antes referencia. — En Cuba predominan 
los nombres indígenas en las plantas; y es notable que 
en Canarias apenas se conozcan con otros nombres 
que los vulgares por sus aplicaciones ó efectos. 



63 



( 'A)'ÍTt T LO V. 

Se procura demostrar que los indios de Yucatán no po- 
blaron á Cuba. — Lengua maya y quiche comparadas 
con la délas Antillas. — Autoridades que corroboran 
la demostración. 

Cont rayéndome á la población eu especial délas 

Antillas, en que *se han reproducido las mismas opi- 
niones, las hay aún más contraidas. Alejo de Vene- 
gas, citado por Torquemada, cree que los fenicios ó 
cartagineses poblaron las islas que descubrió Colon. 
que eran conocidas antes por más de 2.000 años, y 
cita á Aristóteles: ''y no será, dice, fundamento temera- 
rio afirmar que los cartagineses las poblaron; y luego 
de los moradores de dichas islas se poblasen todas las 
provincias de Tierra Firme que aquellos carta- 
gineses que poblaron la isla [barruntamos por firmes 
señales que es la Española] se multiplicaron los hom- 
bres y cundiesen basta Cuba [1]." El autor explica 
así la población por toda la America hasta las islas de 
Javi que están al Oriente. 

Esta opinión no era singular, pues le parecía tan 
bien al P. Lizana que explica que el clima y la falla 
de posteriores comunicaciones con Cartago los hizo 
bárbaros y toscos [2]; pero dejemos la cuestión de 
origen y estudiemos lo existente al llegar los espa- 
ñoles. 



(1) Monarquía Indiana, lib. E, cap. X.. pá^r. *- s - 

(2) Del Principio y Fundación, I'. :'.. (Publicados por ol abato Bra 
<Mir de Bourbourg. 



— G4 — 

Una preocupación muy general ha enlazado á los 
aborígenes de Cuba con Yucatán: la lengua de esa pe- 
nínsula se ha querido que fuera la de Cuba; y no hay 
para ello más razón que el estar Cabo Catoche cerca 
del de San Antonio. Otros recientemente han queri- 
do que los antiguos cubanos fueran á Centro América 
y dejaran allí esas magníficas ruinas que admira el 
mundo y han hecho estudiar una civilización que ha 
desaparecido, dejando expandidas huellas. Antes se 
supusieron transmigraciones de los habitantes de Cu- 
ba hacia Florida, en demanda de la fuente de la ju- 
ventud, cuyas aguas rejuvenecen. Los primeros espa- 
ñoles de tan buena fé creyeron esto i'iltimo, que se 
bañaban en cuantas aguas iban encontrando sin hallar- 
se rejuvenecidos: así lo experimentó Juan Ponce de 
León, que recorrió todas las islas Blmini durante seis 
meses, sin topar con la prodigiosa fuente. 

En medio de tantas contradicciones no faltó alguno 
que buscase la relación etnológica de las Antillas con 
el continente por el otro lado: quien más atinado á mi 
juicio encontró enlace entre las formaciones del 
continente meridional, indicándose en la cadena del 
archipiélago las cimas de las antiquísimas montañas 
que coronaban los terrenos que yacen bajo el mar ca- 
ribe y la entrada del golfo mejicano. Si la geología, 
si la historia no pueden hoy resolver la cuestión solas, 
los restos de la lengua que tienen analogía y parentes- 
co meridional, separan por abismos la procedencia sep- 
tentrional, por más que sea una la variedad del indio 
americano en la noche impenetrable de la creación, en 
el misterioso génesis de la Humanidad. 

El profundo Duponceau ha encontrado en el arti- 
ficio gramatical de las lenguas americanas un carácter 
general que ha llamado polisintético: aunque su traba- 
jo ha sido sobre las lenguas septentrionales, los idio- 
mas caribes, el galibí y sus pariente ó afines, ofrecen 
la misma particularidad. En galibí la, adición de una 
letra indica, por ejemplo, las personas de los tiempos 



— 65 — 
si se anteponen ó posponen: con pocas palabras expre- 
san así muchas ideas. 

Las teogonias y tradiciones religiosas pueden ser- 
vir para distinguir las familias; estudiando lo que nos 
ha conservado el P. Román, el laborioso P. Ximenez 
y* los pocos restos de tradiciones indias; veremos que 
deben buscarse los orígenes de Cuba en la parte con- 
traria á la creencia más general. Lástima es que hu- 
biera escritores, por otra parte muy recomendables, 
como Remesa], que creyeran inútil, vano y estéril em- 
peño el de conservar las leyendas de los indios de 
Centro América. Parecíale al humano escritor que 
era cosa harto inconveniente conservar unos recuerdos 
desconcertados y absurdos, y que por otra parte eran 
ocasión de que los indígenas no fueran sinceros cris- 
tianos. Remesal, como el venerable Obispo Las Ca- 
sas, quería que las conversaciones fueran verdaderas y 
bien preparadas: el célebre P. Motolinia, conservador 
de las tradiciones aztecas, condenaba la escrupulosi- 
dad de esas exigencias: pero la piedad exagerada reli- 
giosa hizo desaparecer los anales de esas gentes, y lo 
que nos queda no es suficiente para rastrear los oríge- 
nes de ellos, solo en cuanto son apreciables para dis- 
tinguir las familias americanas. 

¿Y en dónde se halla alguna referencia á las tradi- 
ciones de las Antillas? No se encuentra ninguna en 
el continente septentrional: la palabra huracán solo y 
enjdiferente sentido, acaso alguna otra que se haya es- 
capado á mi observación. 

Tradujo el Rev. P. Francisco Ximenez. La histo- 
ria del origen de los indios de la provincia de Guatema- 
la, de la lengua quiche que ha dado á luz en Yiena el 
Dr. Scherzer (1857); pero por su lectura se conoce 
que ha sido escrita después de la conquista: en ella se 
habla de ¡os cristianos y délos que poseían la tierra al 
ocuparla los españoles, aunque antes de los sucesos de 
los primeros hombres creados por sus divinidades. La 
crítica juiciosa escrita sobre la apreciación de ciertas 



— 66 — 
semejanzas al caos, al espíritu de Dios vagando sobre 
las aguas, al diluvio y al infierno no podrán determinar 
si esas son tradiciones ó interpolaciones de los mismos 
indígenas ó de la piedad de los misioneros con religio- 
sos fines. 

Sin embargo, no hay un solo dato que se refiera á 
los indios de las Antillas en. esa teogonia; ya se ha di- 
cho que se lé*e la palabra huracán, nombre de un dios 
que significa pierna y otras veces corazón del cielo. La 
lectura de ese libro causaba al buen padre Remesal fa- 
tiga, cansancio y eso mismo tienen que experimentar 
cuantos lo lean: ''porque esa materia está tan llena de 
cosas sin concierto y que tan lejos están de ser del 
gusto del entendimiento con su substancia ni con su 
modo, que antes le fatigan y cansan las cosas tan sin 
orden y que lo mismo es trasladarlas de la memoria ó 
libros de los naturales, ó lo que los autores dichos es- 
cribieron, que imaginarlos el pensamiento más descon- 
certado del mundo." 

Huracán, Chipocaculha, Baxa-caculha, Ugaxcen, 
creadores, madres y padres, de concierto con otras divi- 
nidades ó seres superiores, dieron vida á los seres en- 
sayando ó tanteando por decirlo así la de los hombres 
actuales. En una confusísima relación en que hablan 
los molinos, platos, tinajas y todos los animales; donde 
las ruedas de los molinos dicen: "holi, holi, huqui, 
huqui" y se remedan otros ruidos, se habla de tres 
creaciones distintas hasta lograr que resultare un hom- 
bre que los reconociera y ensalzase como las demás 
criaturas. Primero se vahan de una sustancia que se 
alteraba con la humedad y deshacía: le desbarataron, 
pues, y volvieron á amasar. Entonces con el consejo 
de Huracán y otros se formó de madera; pero el hom- 
bre de palo se olvidó de dar gracias á Huracán, el co- 
razón del cielo, y se oscureció la tierra y empezó una 
llovizna noche y dia, y todos los animales vinieron y 
acusándole hasta los molinos y los platos y tinajas; le 
mordieron los perros &. &. Eran ya muchos los hom- 



bres de palo que se destruyeron para dar lagar al hom- 
bre actual: el hombre de madera era realmente de 
corcho y la mujer de corazón de espadaña. 

Después que se destruyó el poder de los seres del 
Infierno y que dos de los seres vencedores se convir- 
tieron en el Sol y la Luna, se esclareció el cielo, de- 
terminaron Tepen y Cucumtz en montón, cabildo ó 
consejo hallar lo que pretendían que era carne de hom- 
bre. El gato de monte, el lobo, el chocoy y el cuervo 
presentaron las mazorcas ó espigas de maíz amarillo y 
blanco de Paxil y Cayala, dos pueblos ó lugares riquí- 
simos de lodo género de frutos que era el paraíso. La 
palabra maíz del traductor, es la otra reminiscencia ó 
analogía de tierra de las Antillas; pero allí no se llama 
maíz á este grano. De nueve preparaciones ó bebidas 
que de este grano hizo la Xcumane sacaron Tepen y 
Cucumtz los hombres actuales que se llamaron Balan- 
quitze, Balamacab, Mahucatah é Iquibalan. Más tarde 
se reformaron: no salieron perfectos al crearse porque 
sabian mucho; les echa vaho en los ojos para que no 
vieran; se quedaron dormidos y al despertar se encon- 
traron con cuatro mujeres Cuhapaluna, Chomiha. 
Tzummiha y Caquixaha. 

Cuando llegaron los españoles estaban en la 12? 
generación y las historias á que nos referimos se ex- 
tienden hasta la 14^ y se leen los nombres cristianos 
de Rojas, Corté.3 y Robles entre los descendientes de 
de aquellos antisonoros nombres indígenas. 

La ligerísima relación hecha hasta aqui, demuestra 
que no hay rastro en esas fábulas de la gente taina, 
yucaca y siboney. El huracán y el maís (esta de la 
parte del traductor) son las únicas reminiscencias, ni 
otra cosa hay ni objeto. 

La única palabra, huracán, no se encuentra escrita 
de un modo idéntico en el diccionario galíbi, hiorakan 
es la más parecida; significa lo mismo que maboya ó 
mabuya, espíritu malo, el diablo. 

El laborioso abate Brasseur de Bourbourg ha pu- 



— 68 — 

blicado en París (1861) el Popol Vuh, libro sagrado 
de mitos de la antigüedad americana: creía que el ma- 
nuscrito era inédito, pero solo lo era el original, que 
ya se había publicado la traducción del P. Ximenez, 
cuyo manuscrito vio el escritor francés encomiando 
sus conocimientos en la lengua indígena, y le atribuye 
el descubrimiento del códice á fines del siglo XVI I, 
aunque lo considera poco conocedor de los anales me- 
xicanos, y con las preocupaciones de su tiempo; pare- 
cíale el libro ininteligible y la traducción insoportable. 
En cuanto al Dr. Scherzer dice que desconoce hasta 
los provincialismos. 

La nueva impresión del libro se ha hecho con el 
texto original en quiche, y es su lectura un nuevo apo- 
yo de lo que dejo dicho. Más clara la narración, divi- 
dida en capítulos, y mejorado acaso el original, no hay 
ningún vestigiode antiliana semejanza. Es verdad que en 
esencia los dos libros no son más que uno; hay algunas 
variantes. Donde se colocó la palabra animales para 
dar razón de la tierra del mais amarillo y el blanco, 
nuestro escritor nacional pone bárbaros, mientras que 
los determina el francés; cuando llega á hablar de la 4? 
creación en que se forman los cuatro primeros hom- 
bres, se explica en una nota que es la casta sacerdotal 
y noble de lo que allí se trata; pero ni siquiera se llama- 
ba el mais como en las Antillas; el texto dice: íl c¡ana~ 
haV\ u zaqui-liaV\ 

En la notable introducción que le sirve de comen- 
tario, solo se encuentra la palabra ChieMazthi, en el 
sentido que nuestro chichicaste, (pág XI, nota) palabra 
que suponemos traida de México á Cuba. En las tra- 
diciones Tzendales que comenta Ürdoñez (pág. LX1X) 
dice que un gran número de indios instruidos de Yuca- 
tan, aseguraban que habia sido poblado del Oriente y 
venido de las Canarias por las Antillas (1). 



(1) Colon notó gran semejanza entre los indígenas canarias y los de Hay- 
ti. Berthelot halla parecidos los nombres . que se conservan de amitos 
países. 



— 69 — 

Kl mismo Ordofíez cree que Valun Votan, la tier- 
ra de Votan es Cuba (pág. LXXXVIII.) De esto se 

infiere que unos dicen que de Cuba fueron y otros que 
;i ella vinieron los primeros pobladores; pero ¡y las 
pruebas ! 

Respecto de los caribes observa el abate Brasseur 
de Bourbourg que los españoles encontraron en todo el 
litoral de la América continental que descubrieron en 
el siglo XVI los mismos indios de Caramari, Carta- 
gena y Santa Marta: raza guerrera de quienes se jacta- 
ban descender los paises vecinos. Como los nahuas se 
deprimían la frente, siendo niños, para que se les pre- 
sentasen más salientes los ojos. Poco antes de la lle- 
gada de los españoles se habían visto en las Antillas: 
la etimología de su nombre que significa guerrero en 
guaraní, indica como la palabra naliual el orgullo de la 
raza. Al llegar á este punto no se le ocurre al sabio 
americanista señalar ningún parentesco etnológico en- 
tre Yucatán y los cubanos; por el contrario reproduce 
otra teoría no más fundada: copia á los que dijeron 
(pie los indios meridionales creian haber venido de las 
llanuras de Florida. Para el francés los caribes ejer- 
cieron en la América septentrional la influencia "que 
los nahualts de Méjico." 

; Y qué datos hay para asegurar que sean unos mis- 
mos! ¿quién habla de las tradiciones de Florida? Es, 
pues, una cosa demostrable que no hay nada común 
entre los indios de las Antillas y los del Yucatán y de 
Centro América. El examen de la lengua maya aca- 
ba de destruir la preocupación que he venido comba- 
tiendo. 

El íl Arte de la lengua maga reducido á sucintas re- 
glas, g el lexicón gucatecOj por el padre Fr. Pedro \\r\ 
tran dé Santa Rosa maestro de lengua maya en el 
convento de Han Francisco de Mérida ( México, 1 TIC. )" 
ofrece la prueba material de que ninguna palabra ma- 
ya es usada por los indios haitianos, ni yucayos, ni 
siboneyes, ni con mucha diferencia, Entre las voces 



— 70 — 

antillanas que nos quedan, baile, se dice areito-, y en 
yucateco okol-, cama, hamaca aquí [Cuba] y allá chac, 
chachu-, cesto, macuto, jabuco, y xac en yucateco; todo 
es diferente y hasta para expresar el fenómeno natural 
que llamaban huracán los isleños, dicen los yucatecos 
molayih, xanatjik á pesar de tener á huracán en otro 
sentido. 

¿En que se ha podido fundar la presunción de que 
la lengua de Cuba era la misma maya y- que se* pobló 
por los indios de Yucatán! Personas muy discretas y 
estudiosas han sostenido esa verdadera suposición: pre- 
ciso me será insistir en otro lugar en sostener lo con- 
trario. Yo creo que el único fundamento del error es 
uno que cometió el célebre italiano Pedro Mártir, que 
todos copiaron después, á pesar del desengaño que de- 
bió producir el aserto del verídico cronista Diaz del 
Castillo. Hé aquí la clave. 

Efectivamente: Horn trasladó de Acosta las siguien- 
tes palabras: "la lengua varaguaiana es de todas (las 
de América) extensísima: en todo Paraguay y Brasil 
se entiende como en Yucatán y otros puntos desde el 
estrecho de Magallanes y Santa María." A lo que 
agregó que si se entiende en Yucatán, también en 
Haití, y en Cuba, porque los intérpretes de Cortés que 
llevó de Cuba á Yucatán entendían la lengua del pais, 
que como dice Pedro Mártir, si no era el mismo idioma, 
eran consaguíneos (1) (a). Y no tenia razón Pedro 
Mártir: el ingenuo Diaz del Castillo cuenta que los in- 
térpretes que llevó Cortés eran Melchor y Julián, in- 
dios que trajeron de Cuba de las primeras expediciones 
á la descubierta. U Y estándolos esperando, dice Diaz, 
vino una india moza de buen parecer y comenzó á ha- 



(t) De Oria, gent. American, lib. I, pág. 107. 

(a) Las palabras de Pedro Mártir son las siguientes: "Ubi illuxit acce- 
dunt barban, appellant interpretes Gubenses nostros, quorum idioma, si 
non idem, consanguinenm tamen. — De Ynsulis Nuper inventis, pág. 335. 
Colon 157 í. 



— Ti- 
bial' la lengua de Jamaica y como muchos de nues- 
tros soldados y yo la entendíamos muy bien aquella len- 
gua que es la de Cuba nos admiramos y preguntamos: 
¿cómo estaba allí?" lié ahí que eran lenguas distintas 
y semejantes las de Cuba y Jamaica. Contiene ese 
hecho una prueba de las posibles comunicaciones que 
podían tener los pueblos americanos. La india contó 
que hacia dos años que fué arrojada á aquellas costas 
en una canoa en que iban á pescar indios de Jamaica, 
en número de 10, á los islotes; y las corrientes los 
echaron en aquella tierra en donde fueron sacrificados 
sus compañeros á los ídolos. Véase, pues, qué pronto 
se combatió sin éxito el error de Pedro Mártir que co- 
pia Ilorn, la narración del más verídico de los cronis- 
tas, testigo presencial de los acontecimientos (1). 

Otros escritores lejos de buscar enlaces históricos 
entre Yucatán y las Antillas, los hallan muy distintos 
al explicar la leyenda de Votan: tenemos que comple- 
tar nuestro trabajo de referencias, si bien no ocultare- 
mos la mas favorable á los que sostienen la anterior 
fábula para poner fin á este capítulo. 

D. Pablo Félix Cabrera, de Guatemala, con vista 
de los geroglíficos mexicanos, ha procurado demostrar 
las relaciones entre fenicios y americanos. Teoría 
ingeniosa que merece tomarse en consideración. Ca- 
brera observa que Trípoli se llamó Chivin: asila divi- 
sa de Votan dice: "Yo soy serpiente porque yo soy 
Chivin," debe leerse Trípoli. Cree que Votan es nieto 
de Hércules Tirio; que la isla española es la antigua 
Septimania; que la ciudad de Alceta es Valun; que 
las siete serpientes son las Islas Cananas. Cabrera 
lleva á Votan á Roma y agrega cosas maravillosas, 
concluyendo con que la colonia cartaginesa que vino á 
América fué durante la primera guerra púnica. Habla 



il) Conquista de Nueva España, oap, VJII, pág. !>. (Coleo, üo Kivaüj 
neira t. 28,1 



de la predicación del apóstol Santo Tomás aunque 
con mas estension en otra parte (1.) 

Es pura leyenda mas fantástica que histórica lo 
que queda de Votan: condensa esas tradiciones un es- 
critor mexicano en los términos siguientes: "Según la 
primera versión, Votan era nieto de Noé: asistió á la 
construcción de la torre de Babel, gran casa en que 
cada uno recibió su idioma particular, y Dios los envió 
á tomar posesión de las tierras indianas." 

''Otra versión presenta á Votan como originario 
de Tiro, Trípoli en Siria. El descendia como la na- 
ción Chivin de Helth, hijo de Canaan. Otros, en fin, 
le hacen descendiente de Hércules y de Cadmo." 

"Además en la relación que el mismo Votan cuidó 
de dejar, indica su origen." "Yo soy culebra, dice, 
porque yo soy Chivin perteneciente á una nación céle- 
bre por haber dado nacimiento al gran Cadmo.... quien 
mereció ser mudado en culebra y elevado al rango de 
los dioses. Y con la gloria de su raza entonó un canto 
á siete naciones Tzequitas, que á la vuelta de muchos 
años encontró las siete familias que yo había conduci- 
do á Valun- Votan y á los que distribuí tierras." 

"Diodoro cuenta, agrega el escritor, traduciéndolo 
de un periódico europeo, que Hércules navegó al rede- 
dor del mundo y llegó hasta Septimania, hoy Cuba, 
donde fundó á Alceta, capital déla Isla. De este mo- 
do puede explicarse como Votan nieto de Hércules 
tirio, vino á embarcar en Alceta que llama Valun- 
Votan, su primera colonia en el nuevo mundo (2.)" 

4 'Parece que Votan emprendió viajes al antiguo 
hemisferio y que se hallaba en Roma á tiempo de verifi- 
carse la erección del templo de Rómuloy Remo. Fué 
el primero que suministró á los cartagineses y á los 



(1) Kivero. Antigüedades Peruanas, cap. I. 

[2] Uno de los apéndices de mis Apuntes para la Historia, de las 
Letras é Instrucción Pública de la Isla de Cuba, t. II, pág. 143, contieno 
mi juicio sobre estas tradiciones con motivo de la memoria que escribió mi 
amigo el I)r. Valdés Agm'rrc, 



romanos las primeras noticias de América, á donde 
cada uno de estos pueblos se apresuró á mandar una 
colonia antes de la primera guerra púnica. Habiéndo- 
se prolongado la ausencia de Votan, á su regreso en- 
contró que nuevas colonias se habían reunido á las que 
habia conducido á Cuba." (1) 



i i - ri Museo Mexicano fc. II, pég. 35 (1 13.) 



— 74 



Capitulo VI. 

Investigaciones más recientes. — Tradiciones de las An- 
tillas. — Inconvenientes históricos. — Deducciones geo - 
lógicas. — Codex Chimalpopoca. 



Nada se encuentra especial sobre las Antillas en 
trabajos de investigación y recolección: se refieren á 
demostrar la unidad de origen, suponiendo que la po- 
blación pasó del Antiguo al Nuevo Mundo. Pero si 
los europeos defienden sus tradiciones, también con- 
servan las de los nuevos pueblos en curiosas narracio- 
nes. Según las tradiciones de los caribes de las islas 
menores conforme á los escritores críticos como Cham- 
plain, y descriptivos como Laborde, y lo observa Sou- 
vestre (Au out du monde), Lucho formó el mundo que 
conocemos; los sacerdotes caribes contaban que había 
hecho todas las cosas; que vino de un mundo que se halla 
sobre las nubes, país de los genios y de las almas. 
Creó primero la tierra sin aguas, ni flores, ni montarías. 
No hay puntos de semejanza entre el origen del mun- 
do, según esta tradición y la quiche. 

Más podia relacionarse con la egipcia la teogonia 
en ribe: según los egipeios el sol varia de nombres: al 
mediodía es Ba, de noche Atan; y como autor de la 
vida Kheper. Neitt es la madre del sol; Nub la vaca 
que recibió á lloro-, y Nun el soplo divino mens agitat 
molem (1). En los nombres que se van 4 copiar de 



(l) Itevuc des JJeux Mondes, pág. 182, t. 71 (18G7.) 



las tradiciones americanas, se encuentra algo semejan- 
te: Bacuman (los frutos) contiene la sílaba lia ya co- 
nocida y que entra en la composición de los nombres 
de los faraones, desde que se consideraban como santi- 
ficados ó dioses con el hecho de ser reyes. Pero es la 
verdad que la semejanza se queda en el sonido mate- 
rial, porque tienen las palabras otra significación. 

Los caribes concibieron una idea de Lucuo mas 
levantada que los que le hicieron formar al hombre de 
harina: le bastó tocar el ombligo con su propia pierna; 
de ese contacto nacieron diez grandes caribes, que lue- 
go se elevaron al rango de Dioses. 

El primero se llamó Noiun (astro de la tarde): orgu- 
lloso de su belleza se mostró á la tierra toda; pero 
Ilu'ni (el sol) se presentó á poco y Noum abochornada 
con el paralelo se escondió para no salir más que de 
noche. Los otros grandes caribes se dividieron el pa- 
tronato de los demás fenómenos y cosas notables de la 
tierra: AcJiinaon, presidió la lluvia; Juluco, el arco iris; 
Curumon, las olas; Sábacn, las tempestades; Raciman, 
los frutos; Simacani, los cometas; Cuaima, es el gci'o 
de los semis ó ¿ternes, genios buenos hijos de Lucuo y 
dé las primeras mujeres. 

Esa teogonia contiene sus incidencias característi- 
cas. El arco iris (Juluco) tiene los colores que le dis- 
tinguen porque ese dios se alimentaba de peces, lagar- 
tijas, hojas verdes y colibries; Racionan se representa- 
ba en formado serpiente con cabeza de hombre: vivia 
sobre un árbol llamado calata, desde donde ofrecía 
frutas á los pasajeros y luego se convirtió en estrella. 
Sicomani anunciaba como un cometa la ira del cielo. 

La tierra influida por el sol se [linchó, formando 
montañas y creándose la vejetaeion. Esa fué la épo- 
ca de la creación de los primeros hombres que vivían 
muchos anos sin envejecer porque se mantenían siem- 
pre de pescado joven* Lucuo vivió mucho tiempo con 

sus criaturas y al cabo se marchó al país de los semis 
donde residió en lo adelante. 



— 76 — 

Su ausencia fué causa de que se disminuyese la 

pesca, y se aumentasen las contrariedades de la natu- 
raleza y los hombres vivieron como fieras ó animales 
silvestres. Lucho se compadeció y se apareció á un 
anciano y le reveló los medios de mejorar con el traba- 
jo su situación. Lucuo rompió su bastón en menudos 
pedazos, que enterró encargando al anciano que vol- 
viese á verlos dentro de algún tiempo: á los nueve 
meses encontró el viejo convertidos en yucas los peda- 
zos en que dividió Lucuo el bastón. También en las 
islas mayores hay algo de esta tradición agrícola. 

Cuando los caribes se encontraron felices, olvidaron 
á su dios y no le presentaron casabe ni otra ofrenda 
(alahris). Entonces hizo descender los rios sobre la 
tierra desde el cielo, cuya agua era el sudor de los 
sentís y la tierra fué inundada, no salvándose mas hom- 
bres que algunos en las montañas que son los ascen- 
dientes de los hombres actuales. 

La existencia del diablo ó espíritu malo, con el 
nombre mabuya, es una de las creencias de los indios: 
y tanto los semis como los mabuyas, se multiplican 
constantemente, porque los hay de los distintos sexos. 
Los boyes ó sacerdotes, pueden conjurar al mal espíritu 
que está en guerra siempre con los espíritus buenos; 
4in senti, que se llama cocheixi, asiste á cada sacerdote 
para ayudarle en los trabajos profesionales. 

La calabaza ó higuera en que estaban contenidas 
las aguas, según la tradición haitiana, como las aguas 
provenientes de los sudores de los semis, son ridiculas 
versiones; pero ambas pueden recordar un hecho histó- 
rico' que acaso comprueben los geólogos con el tiempo: 
la separación de las islas del continente, t^~ 

Ño es posible encontrar tradiciones históricas ad- 
misibles, acerca de la primitiva población de las Indias 
Occidentales. Ni las teorías de García [1], ni del oidor 



(1) Origen ciclos Indios del Nuevo Mundo ó Indiis Occidentales 
Segunda impresión. Madrid 1729. 



— 77 — 

Rocha [1], ó la del subió Ilervás [2], están libres de 
objeciones. El ilustre Clavijero lo ha demostrado res- 
pecto de otras [3]; pero el mismo Hervás [4] ha reco- 
nocido á mi anterior propósito la existencia de mi hecho 
escrito en las formas con que se presentan las Antillas 
y Lucayas que indican un cataclismo; las que él atribu- 
ye al hundimiento de\a Atldntida, y autores modernos 
al levantamiento de la cordillera de los Andes. 

•'Las alteraciones, sucesivas en la faz de \u 
tierra, principalmente en lo que en la actualidad ocu- 
pan los mares, que en los continentes que aun du- 
ran, han sido ciertamente pequeñas, han podido se- 
parar naciones que tenian una misma descendencia. 
Así los caribes de la Florida, que parecen convenir en 
origen con los caribes (del continente) de Tierra Firme 
ó del Orinoco, de estos se pudieron separar cuando los 
muchos y grandes rios que desaguan en el golfo mexi- 
cano lo formaron y rebosaron sus aguas é hicieron el 
archipiélago de islas, promontorios, picos y bajíos que 
le rodean Las alteraciones, que en la su- 
perficie terrestre han hecho muchas causas naturales 
y principalmente las que han formado las islas ó han 
separado el continente, han dividido y alejado no pocas 
naciones, que descendian de una misma familia." 

Esto, que es racional y científico, está conforme 
con las tradiciones vaga,s é incompletas de los caribes 
de las Antillas, como lo hemos indicado ya: los de las 
Antillas menores, en efecto, atribuían su formación al 
diluvio causado por los sudores de los buenos genios; 
v en cuanto á las mayores 6 tainos á la ruptura de una 
calabaza que inundó la tierra, de que solo quedaron 
enjutos los puntos mas elevados que ahora son las islas. 



(1) Tratado único y singular $; lo extracto en otro logar de onta 
obra, y publiqué un juicio en periódicos de la Habana, reproduoido »mi [os 
de La Isla do Cuba. 

(2) Catálogo de las lenguas. Madrid 1800. T. I? XI ínt, Trat. i .' 
(:J) Storia Ande, del Messico. 

(4) Catálogo de las Lenguas t. 1" pag. 83, 



— 7S — 
Esto no ha podido Impedir que entre esas islas se 
hayan continuado comunicaciones por las costas del 
continente como las de Paria, que tanto llamó la aten- 
ción del cronista Oviedo desde les tiempos de la con- 
quista. 

Según las tradiciones de las Antillas mayores que 
Pedro Mártir de Angleria (1) conserva 6 extracta me- 
nudamente de la relación del hermano Román (2), que 
por orden de Colon escribió un sumario de los ritos, 
creencias y anticuallas de los indios de Haiti, fueron 
inundaciones las que crearon las islas. Según esas 
tradiciones eran autoctones los haitianos: en dos cue- 
vas llamadas Caxibajaguá y Amaiauna bajo la custodia 
de Macocael, convertido en piedra, encerró Guagoniana 
á los hombres. Salieron las mujeres y los niños, que 
acosados del hambre en la isla de Matutino gritaron 
toa, toa, es decir, madre: entonces fueron convertidos 
en ranas, y toa es la voz con que se designa ese animal. 
De los antros en que vagaban los hombres lograron es- 
capara lgunos buscando mujeres, por un descuido de Ma- 
cocael por el que fué convertido en piedra según que- 
da dicho. Vieron efectivamente una noche ciertos 
seres que les parecieron mujeres y quisieron cojerlos y 
detenerlos, pero se les iban de las manos; y entonces 
buscaron hombres de manos ásperas que habian sufri- 
do lepra y les habian quedado las manos escabrosas y 
se llamaban car acar acoles. Con este medio lograron 
pescar los resbaladizos seres, aunque pocos, pero no 
quedó remediado el mal: las cuatro al parecer mujeres 
que se detuvieron car ere femínea natura comperiunt. 
Por consejo de los viejos encargaron al pájaro que lla- 
mamos carpintero "qui acuto rostro intra ipsarum in- 
guina foramen effodiat" — cuya operación quedó practi- 
cada. He reducido á su última expresión este extracto, 



( 1 ) De Bebus Americanicis et novo orbe Decañis, '.\ pág. 102, Colonia 1574. 

(2) Como introducción á la 2* parte de esta obra pondré íntegra la rela- 
ción por mí traducida, corrigiendo las erratas. 



— Tí) — 
que áerriuestrii que se. creían aborígenes los hombres 
y no venidos de otros climas. Pero el nacimiento de 
los mares fué para ellos posterior al suyo; como el sol 
y la luna que salieron de dos agujeros de las cuevas 
Bithaitél y Maróhu que allí enseñaban. El origen del 
mar dio sus formas al archipiélago como ahora se en- 
cuentra. Habiendo perdido Yaya su único hijo, lo en- 
cerró en una calabaza ó güiro como un sepulcro: im- 
paciente y curioso á los pocos meses abrióla y vio con 
asombro que estaba llena de grandes y pequeños pe- 
ces de muchas especies. Divulgóse la noticia. Cuatro 
hermanos nacidos de un solo parto, euatrigenitos, de 
cuyo alumbramiento murió la madre, quisieron cojer de 
esos peces: tomaron la calabaza en cuyo acto fueron 
sorprendidos por Yaya: huyeron cayéndoseles la calabaza 
de las manos, que se rompió derramándose el agua y los 
animales, llenándose los prados y toda la tierra menos 
la^ cumbres de las montañas que dieron por resultado 
á las islas. No es necesario hablar de los viajes de los 
jóvanes hermanos; del prodigioso nacimiento de la mu- 
jer que les sirvió de compañera y completar sus absur- 
das leyendas, todo será tratado en otro lugar: aquí cons- 
te que se creian originarios de la Isla. 

Muy diversa es la tradición de Haití que en sus 
Fastos Universales inserta Mr. Buret de Longchamps 
(1823) y reproduce Ce'sar Cantú en las ilustraciones de 
su Storia Univefsale (l). "Los habitantes de Haití 
creian que cuanto en el universo existe trae su origen 
de la unión de dos seres llamados Tara.rtailicfontos y 
Tepapa que tenían forma de un escollo. Engendraron 
una hija Tefotrntatatayo (el año y los meses colectiva- 
mente). De la misma manera se reprodujeron las es- 
trellas y los planetas. Entre los hijos de los primeros 
seres los hubo inferiores llamados Fafaas: de dos Fa- 
inas que habitaron de antiguo la tierra vinieron los 



(l) Storia Universale lib. 1'.' Sohiarram. E 



— 80 — 
hombres. Nació el primer hombre redondo como una 
pelota, pero su madre á fuerza de tirones y trabajos le 
dio sus formas, y tuvo por nombre JEotho que quiere 
decir viento. No habiendo mujeres, se unió á su pro- 
pia madre con la que tuvo una hija que solo dio á luz 
hembras de su especie por algún tiempo hasta que lo- 
gró tener un varón, que con sus hermanas pobló la tie- 
rra. Tañe fué el otro hijo de las primeras madres á 
quienes los haitianos consideran muy influyente en los 
sucesos humanos. Tal es lo que se expresa y extracto 
de una para mí errada versión, que por lo menos no es 
indígena de Haití. 

Si se examina la situación de las Antillas, parece 
indicarse que su población, sino ha sido anterior á la 
formación de las islas del archipiélago de ellas y del mar 
caribe, vino por la parte del continente meridional en 
que existian numerosos caribes, é indios semejantes á 
los que hallaron en las islas los conquistadores españo- 
les: todos unos, como dijeron al verlos y con idénticas 
costumbres. 

Las investigaciones históricas de Brasseur de Bour- 
boug han venido á dar un apoyo más á la tradición 
haitiana, que suponía que los hombres habian salido 
de Haití para poblar el mundo; el escritor francés solo 
se refiere á las Antillas, pero le quita esa honra á Hai- 
tí para darla á Puerto-Rico. Sobre esa creencia he pu- 
blicado en mis Tradiciones Indias, insertas en la Amé- 
rica Ilustrada (Nueva York) una idea general: ahora 
copio de mi propio escrito, los siguientes párrafos que 
hacen á mi actual propósito: u el célebre ame- 
ricanista Brasseur de Bourboug ha encontrado nuevos 
datos en su gran descubrimiento arqueológico del Co- 
dex Chimalpopoca, manuscrito mexicano que contiene, 
según él dice, la historia de una larga serie de años. 
El abate piensa que es la historia genuina del género 
humano desde el período glacial. Es un tomo en 8? 
que abraza el texto mexicano y su traducción, ocu- 
pando aquel la parte superior de la página, con certifi- 



-81 — 
ración final de que es copia de un antiguo ejemplar 1 
conservado en México, que autoriza el oficial público 
encargado de su conservación. Lo vio el redactor de 
The Wored, de Nueva York, cuando leyó el discurso 
que aquí procuro dar á conocer. La circunstancia de 
estar escrito en caracteres comunes todo el libro, se ha 
explicado por el descendiente de Mocteczuma, educa- 
do por los españoles, que quiso conservarlas tradicio- 
nes cuando supo por los nobles mexicanos que los ma- 
nuscritos en geroglíficos los iban á quemar: los monjes, 
los 1 railes y soldados querían hacer desaparecer esos 
símbolos ó auxiliares de la idolatría. En 1540 caye- 
ron algunos franciscanos en la cuenta de que esos ge- 
roglíficos contenían la historia del país, y entonces ya 
quedaban pocos. 

''En este libro citado, se lee la historia verdadera 
del período glacial, la de la formación de lámesela del 
Ailantis (donde está el Océano- Atlántico) y su relación 
es conforme con los monumentos que se encuentran 
en Yucatán. El laborioso y entendido abate ilustró 
su lectura ó discursó con la exhibición de dibujos que 
representan las figuras, el rompimiento del hielo y los 
sucesos que siguieron. 

''Yo voy á suprimir todo lo que no se refiera á la 
aparición de las islas en las cuales se hospedó la fuente 
de la humana vitalidad, según el Codex CMmcüpopoca : 
y aunque difieren sus pormenores de la tradición anti- 
llana, con ella coincide la que de las islas se pobló la 
tierra: entre esas diferencias es una que supone á Bo- 
riquen la cuna del hombre, cuando los tainos creían que 
fué en Haití y aún existe; la cueva allí que lo acredita, 
y la isla Matimno ó délas mujeres, que son datos más 
materiales que el simple dicho del uodege. Sin embar- 
go, voy á seguir exponiéndola tradición Chimalpopoca. 
"Las cuatro islas que se formaron al romperse los 
hielos son Cuba, Haití, Jamaica y Puerto Rico, las 
cuales han sufrido grandes convulsiones, v (Mitre oirás 
las que les causó el diluvio: el libro dice (pie se llamó 



— 82 — 
Noachian, lo que se parece á Noé, como si lo hubiera 
puesto el educado de los europeos, príncipe Azteca, 
para inclinar á sus paisanos á recibir como cierta la re- 
velación judaica. Es, no obstante, el diluvio de Noa- 
chiam uno de los períodos históricos: como el causado 
por Yaya-el en la leyenda ó areito antillano. 

"El hombre apareció cuando se descubrieron las is- 
las y fué Puerto Rico el lugar más antiguo de su habi- 
tación, no se explica si como producto de creaciones su- 
cesivas ó un ser formado de súbito como hoy lo conoce- 
mos. El libro habla efectivamente de cuatro islas, pero 
sus nombres son traducción, y traducción libre, del in- 
tréprete como debe suponerse cuando se habla de Puer- 
to Bico: que es castellano puro, que miente por la bar- 
ba porque ni es solo un puerto, ni es rico, que digamos, 
el objeto á que se aplique: en cuanto á los otros nom- 
bres son todos tainos de los indios nobles ó buenos de 
las grandes Antillas y las Bahamas ó Lucayas: pero 
aplicados por Mr. Brasseur de Bourboug. 

"En ambos lados, dice el libro, que se abrió la tie- 
rra en cuatro puntos: en el primer espacio está Acalt 
(Puerto Rico); en el segundo Tepalt (Haití); en el 
tercero, Calli (Cuba); en el cuarto Tochthi (Jamaica). 
Para dar origen á Acalt se reventaron cuatro de las 
siete cuevas de Ozts (las islas Canarias) arrojando to- 
rrentes de fuego que llegaron á Alito (Perú) y están 
esparcidos en ambos lados (el Atlántico)." 

Por más respeto que nos merezcan las interpreta- 
ciones de esas tradiciones, no parecen indiscutibles: 
solo en cuanto al número de las islas, aun cuando no 
les correspondan los nombres antiguos á los modernos, 
son las mismas de estos mares, por la razón muy sen- 
cilla, pero muy doble, de que no hay otras de su impor- 
tancia y estension. 



— 83 — 



Capítulo VIL 



Tradiciones sobre orígenes de la nación caribe del conti- 
nente — Lafiteau, Dutertre, Bristock, Bochefort y otros. 



Entre las poblaciones que encontraron los españo- 
les en su edad de piedra, eran de las más adelantadas, 
las caribes del continente; y su aspecto, y la mayor 
parte de sus cualidades, concuerdan con las descripcio- 
nes contemporáneas, en especial de Oviedo, respecto 
de los naturales de Cuba, y los entusiasmados juicios 
del cronista Torquemada (1): pero á nuestro propósito 
es más allegado á lo expuesto, lo escrito por el Padre 
Gumilla (2): * 'Entre todos ellos (los indios) se hallan 
naciones que se precian de muy entendidas y cierto 
que en el aire del cuerpo, el desembarazo y modo de 
hablar, en la mayor suavidad del lenguaje y en otras 
señales, hay naciones que han manifestado ventajas so- 
bre otras. La sobresaliente y dominante en Orinoco, es 
la nación caribe que se extiende por la costa oriental 
bástala Guyana y aún hoy vive mucha gente de ellos en 
Trinidad de Barlovento y en las tres islas colocadas 
junto ala Martinica: ni sabemos que haya en aquellos paí- 
ses nación que los iguale 6 los exceda. Lo cierto es, co- 
mo después veremos, en valer se tiene, y á veces vence 
á los caribes cuando suben armados Orinoco arriba y 
llegan 6 procuran abordar á los cabe res. 



(1) Monarquía Indiana, cup. 85. 

{'2) Orinoco ¡lastrada, cu v;irios capítulos del primer tomo. 



— 84 — 
é 'Son los cafibes de buen arte, altos de cuerpo y 
bien hechos: hablan desde la primera vez con cualquie- 
ra con tanto desembarazo como si fuera muy amigo y 
conocido." 

Y no debemos omitir las palabras de Torquemada 
con referencia á Haití: ''Hubo hombres, dice, y mu- 
jeres de tan buena disposición y compostura en los 
rostros; que aunque lo tenían algo moreno, especial- 
mente las mujeres, podían ser señaladas y miradas en 
España por ríiuy hermosas y conoció en la Vega mu- 
jeres casadas con españoles nobles y caballeros (que 
ellas eran señoras de pueblos^) que eran de admirable 
hermosura y casi tan blancas como las españolas." 

Agrega que eran de "muy buenos y proporcionados 
cuerpos — dice que era mayor la hermosura en Jaraguá; 
pues la gente de las Lucayas, auna mano así hombres 
como mujeres eran de mucha ' gracia y hermosura. 
Los de la Isla de Cuba y Jamaica, lo mismo." 

Y dijo Colon de los indios de las Antillas: "no se 
lian hallado hombres monstruos como muchos pensa- 
ban antes; es toda gente de muy lindo acatamiento (1)." 
Y esa raza esbelta, hablando lenguas diversas, se en- 
cuentra en toda la América, casi siempre frente al indio 
más parecido á los asiáticos, que han traído los euro- 
peos á América para suplir á los negros. 

Y esa raza esbelta, que no recuerda la mongólica, 
con rasgos caucásicos, hablando lenguas diversas se 
encuentran en toda la América, casi siempre frente á 
frente al indio más parecido á los asiáticos, llevando el 
mais, la yuca, la hamaca y las mismas costumbres. Es- 
to ha sido reconocido por escritores recientes; pero 
que la profunda observación de los primeros cronistas 
dejó trazada en los hechos. Castañedas halló en los 
quiribas, no el tipo indiano ó asiático, sino el morisco: 



(1) Cartas (en castellano,) dft Colon á Rafael Saxis ó Sánchez Biblio- 
teca Rara, vol. XYI, pág. 82. 



— 85 — 
' 'sus mujeres ¡son bien hechas: su fisonomía más parece 
morisca (árabe) que indiana (1.)" 

;Y se puede confundir un caribe ó sus semejantes 
con un yucateco ó brasilero de otras tribus! Los que 
hemos visto los indios del Sur, los de Florida y aun 
varios pieles rojas del Norte, no es posible que los con- 
fundamos. Los (pie no los han visto, que examinen 
las crónicas antiguas y modernas, y notarán la diferen- 
cia. El Padre Lauda dice: "Los indios de Yucatán son 
bien dispuestos, altos y recios .... y comunmente son 
estevados^ porque en su niñez las madres los llevan de 
una parte á otra, van á horcajadas en los quadriles. 
Tienen á gala ser vizcos lo cual hacían, colgándoles del 
pelo un pegotillo (2)." El viajero ingles Bullock ha 
pintado también estevados algunos indios de su viaje á 
Méjico, acaso exagerando el pensamiento del Padre 
Lauda, que él no pudo leer por estar entonces su libro 
inédito [3]. Al lado de esos indios de ojos vizcos ó 
asiáticos medio verticales, rechonchos, estevados ó 
cotorros, están las otras tribus que han creido de indu- 
dable procedencia caribe algunos escritores. Brasseur 
de Bourbourg, pretende haber demostrado que las po- 
blaciones de México y Centro América, que exponía, 
por la prueba que suministran las lenguas y costum- 
bres, hasta las embocaduras del Orinoco son caribes; la 
misma raza que poblaba á Cuba, Haití y las otras An- 
tillas. (4) 

Esos indios aventajaban también en orgullo á los 
demias, no podian comprender que descendían de otras 
tierras, porque se creían los únicos seres dignos de ser 
hombres, cuando se les preguntaba: ¿De dónde vinieron 
sus mayores? contestaban: — "Ana carina roto," que se- 



(l) Voyage de ('¡hola, \\>. 3me. pág. 354. 

Relación de las rosas de Yucatán $ X X pág. ' 12. 
fiil sixilt month ofresid. and Trav, ¡n México. (Lámina^ <!<• las \m 
jiñas 78, 186 y L99.) 

(1) Revue Oriéntale ei Americaine, T. Vil pág. 288. 



— 86 — 
gnu Gumilla, significa: — "Nosotros solamente somos 
gente." Júzganse dueños y superiores de los demás y 
aseguraban sin rodeos de modestia, ni humildad ni 
aparente: — U A macón poporóco itoto nanto" que según el 
propio misionero, significa: — "Todos los demás son es- 
clavos nuestros. 7 ' 

La nación Saliba, que es afín de la caribe, y la Acha- 
gua explican el origen de los caribes de una manera 
que descubre, á ser cierta, que lo dudo, las rivalidades 
de la familia. Dicen los Salibas que Purú envió á 
su hijo á matar una serpiente horrible que desolaba al 
Orinoco, y el demonio fué condenado al infierno con 
júbilo de los habitantes; pero les duró poco la alegría, 
porque la corrompida serpiente produjo unos gusanos 
de dos délos cuales salieron un hombre y una mujer, 
de los que proceden los caribes, que han heredado 
las cualidades sanguinarios del cruel reptil. 

Más genuina es otra versión. Creen los Achaguas 
que los caribes, sus parientes, descienden de tigres: 
para probarlo, de la palabra Chabí que dan en su lengua 
á esa fiera, hacen Chabinabí que es como llaman los 
caribes; otros derivan el nombre de Cliabí (tigre) y 
Chabina (lanza ó chuzo) de cuya unión resulta que son 
hijos del tigre y de la lanza. De esto se deduce que 
por ninguna tradición se trasluce cómo vinieron los 
(¡randes caribes á Tierra Firme, y tampoco los de las 
Antillas dicen nada histórico de su aparición allí: ni 
aún hay acuerdo entre las suposiciones más modernas. 

El siempre citado Pedro Mártir de Angleria expo- 
ne que los caribes de las islas procedían del continente 
de la nación caribanct: "unde caribes insulares origi- 
nen! habere nomenque retiñere dicatur." El nombre 
y la procedencia era continental, en donde se hablaba 
la lengna de las islas hasta Coiba, en donde ya era dis- 
tinta. Las diferencias de vocablos eran pocas: en la 
Española se llamaba casique al régulo ó jefe; en la pro- 
vincia de Coiba Chebin y Tiba en otras partes: el noble 
en la Española taino, y én Coiba saco, y más lejos ¡jura. 



— 87 — 

El insigne llenas, que siempre extrañare no ver 
más apreciado en España por los suyos, en vista de 
los trabajos impresos y manuscritos del respetable Gi- 
lli, dice lo siguiente: "La lengua caribe es la más uni- 
versal de las naciones de Tierra Firme, y fué idioma 
de los indios que poblaban las islas Antillas." Según 
esos trabajos, habia 25 dialectos caribes desde el Ori- 
noco al mar de las Antillas, y según Ruscbing, son 27. 
El abate Gilli entre las reglas que da para conocer los 
dialectos caribes, es el uso de la terminación oto de 
muchas de sus palabras (1.) 

'Todos los autores convienen en que era caribe la 
lengua que se hablaba en todas las Antillas." ^fa duda 
para el Abate Hervás consistia en saber cómo las po- 
blaron: y en verdad no estuvo atinado en adoptar las 
menos probables de las suposiciones, aunque no se de- 
cide definitivamente sin pruebas (2). Los indios de 
la isla de San Vicente dijeron á Mr. Du Montel, como 
se lee en sus Memorias, que la raza dominante en los 
primeros tiempos fue de los arnacos y parte de ellos se 
retiraron á las Antillas, viniendo por Tabago; que los 
Calibitos fueron sus amigos. Los prófugos de la tira- 
nía de Aruacos que dominaban á los caribes, nombra- 
ron sus casiques y fueron amigos de los calibitos y 
enemigos de los aruacos. Esa alianza parece dictada 
por el temor que debian inspirar sus antiguos compa- 
triotas. 

Los habitantes de Haití relataban que sus antepa- 
sados (3) unidos á los calibitos salian de Tierra Firme 
para hacer guerra á los aruacos que habitaban en las 
Islas, y los caribes mataron á todos los varones, y que- 
daron las hembras con ellos, y por eso la lengua de las 
mujeres que se conservó entre ellas, es semejante en 
algunas cosas á las palabras de los aruacos del conti- 



iJ) Hervas, Catálogo de las lenguas, t. 1, pág. 20] (todo el capítulo III.) 
(\!) !«l. pág. 203. 
( :?) Hervás, Ibideiw 



— 88 — 
ncnte ó, Tierra Firme. Es cosa generalmente sabida 
que las mujeres de las Antillas hablaban lengua distin- 
ta que los hombres. 

La facilidad con que los indios corrompían su idio- 
ma y hasta lo olvidaban, se demuestra en casos prácti- 
cos en las misiones y se consignan en los diccionarios: 
en ellos se encuentra boutefaa, por vasija, y es nuestra 
botella; pero, por perro, aplicado á ese animal; camicha, 
por vestido, que es nuestra camisa, que ha viajado de 
Roma á las Indias; caballito, una especie de bote (1) 
por su semejanza al que usan los niños hecho de ma- 
dera; palta (proniinciese paja) por túmulo en Minessota; 
y hasta en las islas Sandwich, que suena capa, por ves- 
tido. Nada tiene de extraño que se mezclase la len- 
gua de los vencedores y de los vencidos, y aún se 
modificase. 

Consta por esas diversas versiones acerca del orí- 
gen de la población de las Antillas, que cuando se 
hablaba de inmigraciones se suponian del lado de la 
que por mucho tiempo se llamó Costa ó Tierra Firme. 
Fácil fuera aumentar las autoridades, Dutertre, Lafi- 
teau, &, porque es lo general. Un escritor únicamente, 
pero de grave autoridad, á pesar de no llevar el libro el 
verdadero nombre de su autor (2) ha creido que los 
caribes todos descienden de los que supone habitaban 
en la America Septentrional cerca de Florida. 

Rochefort, que es el seudónimo aludido, se estasía 
copiando cuanto dice el inglés Bristok de los apálachi- 
uos, y les dedica una digresión notable para consignar 
su estado de civilización (3). Según ese escritor los ca- 
ribes vivían con el nombre de cof achiques ó cofachetis 
cerca de los apaíachinos de Florida. Estos eran adora- 
dores del sol; supersticiosos, pero idólatras los caribes. 



(1) San Nicolás (periódico) Nueva-York [1874) n 5?, vol. IV 

(2) Véase á Pinelo, Biblioteca Occidental *fc 

(3) Histoire uaturelle ct moral des islcs Anlillcs d' Amerique, cao. 
pág. 350. Roterdam 1681. 



— 89 — 
Los cofachites tuvieron guerra con aquellos y termina- 
ron por someterse aceptando su religión y costumbres, 
y se vistieron como sus vecinos. La sumisión no fué 
sincera, pues tuvieron siempre el pensamiento de en- 
lamarlos: un siglo duró ese estado de unión, interrumpi- 
da por guerras, que tuvieron por consecuencia la sepa- 
ración definitiva de una parte de los cochafites que los 
arrojaron sus mismos compatriotas coligados con los 
apalachinos. Aquellos cofachites á quienes hace pa- 
dres de todos los caribes de ambos continentes y de 
sus Islas, pasaron á las Antillas desde donde poblaron 
los extensos lugares en que se encuentran caribes. La 
que supone cuna de los caribes no llevaba ese nombre 
y significa en esa versión hombre añadido, como si di- 
jéramos, recien llegado: así lo dice el mismo Bristok 
cuando explica que caribe en lengua apalachina es lo 
propio que gente añadida. 

No se ha probado que efectivamente eran caribes 
los cofachites, contra los que hay datos más respetables, 
(1) pues como se ve en una obra delinca Garcilaso, el 
intérprete Juan Ortiz, que hablaba la lengua apalache 
que aprendió en sn largo cautiverio, jamás les habló 
de gente vestida, de nada de lo que trae Bristok, el 
mismo Ortiz ú Orotiz andaba desnudo, con un pañete; 
y por poco lo matan los mismos que lo iban á buscar. 
En apalache habló á los cofachites cuando se encontra- 
ron: si hubieran sido caribes ó añadidos, recien venidos 
y unidos ¿i los apalachinos, algo se hubiera indicado; 
pues luego, decia Bristok, crecieron y se multiplicaron 
y separaron finalmente: todo hace creer que los cari- 
bes vinieron de otros puntos en donde se encuentran 
compactas y numerosas poblaciones, que lejos de ser 
cofachites ni sus aunes, hasta desconocen el sonido de 
la /en sus dialectos. Dice Bristok que todavía se 
conservan algunas palabras caribes en la lengua de los 
cofachites que se quedaron con los apalachinos, como 



(l) La Florida por Guroilaso lib. 3, C 3. 



— 90 — 

boutlon, maza; pero esa es palabra de los caribes fleche- 
ros: macana es la que usaban los antillanos y caribes de 
la América del Sur; lo mismo puede decirse de bonarí, 
etoton, allonba, allonani, taonabo, akaruboue. Solo la 
palabra mabuya, aunque aplicada al diablo, figura en el 
caribe del continente, significando una culebra. Agre- 
ga que algunas veces le dan el nombre de earaibc, pero 
no da el fundamento. 

El modo que supone los trajo á las Antillas, es tam- 
bién inverosímil: los que se separaron de sus compa- 
ñeros del continente septentrional se ampararon de las 
naciones ribereñas del mar, donde fueron bien acojidos; 
pero es el caso que arribaron unas canoas ó piraguas á 
consecuencia de un naufragio con 12 hombres de Si- 
guateo, una de las Lucayas, en dos buques, los cuales 
les ponderaron el clima de su isla. Los cofachites 
oyeron con júbilo las noticias, porque estaban disgus- 
tados en su nuevo país: determinaron su hégira ó éxo- 
do y hurtando los barcos ó canoas de sus huéspedes, 
hicieron rumbo á Siguateo, en donde fueron bien acoji- 
dos. Ocuparon luego la isla de Ayai, desierta^ y des- 
de ahí se extendieron por las demás islas y pasaron al 
continente, donde se establecieron en poderosas nacio- 
nes de que luego hemos tenido conocimiento. 

La tradición de Bristok carece de todo fundamento 
y está en contradicción con los hechos geográficos. 
Únicamente se parece á lo que Cárdenas conserva en 
las siguientes palabras: "El nombre de esta región 
[Florida] fué Cantío, tierra famosa entre los indios 
circunvecinos, que según su opinión más cierta, vinie- 
ron de ella á poblar la isla Española, la de Cuba, San 
Juan de Boriquen, Jamaica y otras; y volvieron á ella 
los de la isla de Cuba, antes de la dominación de los 
españoles, á buscar un rio flos de CubaJ ó fuente que 
dicen remozaba. Asentaron un pueblo en la Florida, 
cuya generación aún dura.'' 

La tradición del historiador de la Florida difiere 
completamente de lo anteriormente expresado, y no 



_. 1)1 __ 

se explica el motivo de que se encuentren ó nó voces 
caribes entre las apalachinas, y el confuso hecho his- 
tórico de la existencia de indios de distritos caribes en 
el concepto de añadidos 6 recién llegados. 

La relación de Bernardo de Escalante Fontaneda 
[1] encomiada por Muñoz, también contradice al ingles 
y á su entusiasta traductor. Las relaciones de Cuba 
con Florida descritas por quien vivió entre esos indios 
y sabia sus lenguas, lejos de reconocer puntos de con- 
tacto, acredita que al llegar los cubanos á aquel terri- 
torio arrastrados por una preocupación vulgar, fueron 
íiechos prisioneros. Efectivamente, como aparece de 
la misma certificación de Escalante, salió de Cartagena 
de Indias y naufragó sobre las costas de Florida con 
otros, y como naufragó, sirvió luego de intérprete á 
sus compatriotas, compañeros de infortunio. 

Copiémoslas palabras decisivas en esta tabula: 
'Se había dicho que los indios de Cuba adoraban al 
rio Jordán (de Florida) pero esto no es verdad. Juan 
Ponce de León, fiándose de las relaciones de indios de 
Cuba y Santo Domingo, hizo una expedición para su 
reconocimiento en Florida, sea por la gloria, ó porque 
pensó rejuvenecerse bañándose en el rio. Pero todo 
era mentira de los cubanos y otros isleños que decían 
que el Jordán estaba en Florida. Durante mi perma- 
nencia en el país como prisionero me he bañado en 
cuantos rios encontré sin hallar el buscado. Há largo 
tiempo que un gran número de indios de Cuba abor- 
daron, buscando el Jordán, á la provincia de Cao los 
[otros escriben Calos~\ cuyo padre [pues era el nombre 
del casique] se llamaba Senqueme; los hicieron prisio- 
neros, y con ellos se formó una aldea y sus descendien- 
tes viven todavía. 

"Es ridículo que Juan Ponce de León hubiera ido 
á buscar el Jordán á Florida." En cuanto á los ana- 



(l) Teruaus Compane, Vovages, Belations <$', i. 20, p 



— W2 — 
lachinos, viven como todos los indios según el autor y 
lo que antes hemos visto con el testimonio de Orotiz ú 
Ortiz; todos andan desnudos y se cubren los sexos con 
pedazos de pieles y tejidos de algodón. 

La verdad histórica, en vista de lo expuesto hasta 
aquí, es que los habitantes de Cuba y Costafirme eran 
todos unos, como dijo el Almirante; y que hayan venido 
del continente á las islas, ó por el contrario, son la va- 
riedad misma de la raza india menos parecida á la 
mongólica: iguales en caracteres físicos y costumbres 
á los indios caribes del continente; hermanos ó guai- 
tiaos, como ellos se llamaban. 



<U — 



Capítulo Vil I 



Se insiste sobre los caraetéreá físicos de ios caribes. — ■ 
Huellas de una lengua muy extensa en la América Me- 
ridional. — Caribe tamanaca. — Idiomas de Guayana. 
— Otros estadios. 



Los caracteres físicos de las variedades caribes, si 
se exceptúa el uso del pelo largo que también lleva- 
ban los siguayos, convenían perfectamente con los tai- 
nos que habitaban las Antillas mayores: ellos mismos, 
cuando encontraban españoles, gritaban anunciándose: 
Taino! taino! como si dijeran, no somos extranjeros, no 
nos confundáis con los flecheros de la Caribe, somos 
buenos. Me parece que para los cubanos y antillanos, 
caribe significa extranjero primero que todo. Era pre- 
ciso buscar el origen cubano en donde se encuentren 
palabras que expresen objetos naturales no debidos á 
las conquistas; y el mapa levantado por Codazzi ofrece 
esos nombres de lugares, montes, ríos y tribus ó igua- 
les ó análogos á los que se ven en las Antillas y dc^di^ 
el Paria bástalas riberas del Orinoco, y aún más ade- 
lante: (pie los caribes de las islas menores tuvieron di- 
versas costumbres no les baria más diferentes de sus 
antepasados, que al italiano del Imperio el romano de 
la República. Acaso fueron flecheros y piratas por los 
pocos recursos de sus pequeños territorios. 

Casi la totalidad de las tribus indias (pie cubren el 
Brasil dvsiU^ las fuentes septentrionales del Amazonas 
hasta Para y (Paragua) lia siglos pertenecen á los tupis, 



— 94 — 
guaraníes en la parte meridional; yá caribes enla del 
Norte: aunque hay cien tribus más de lenguas distin- 
tas, éstas no han influido en la lengua introducida 
de Europa, el portugués; pero no ha sucedido así con 
la de los tapuyas; antes numerosos, y en posesión de 
la zona septentrional, que fueron vencidos por los tupis 
y estos por los portugueses. La lengua del Brasil 
contiene mezcladas con la portuguesa hoy muchas pa- 
labras indígenas y la tupí se habla aun por un millón 
de indios (1). 

Aun en cuanto á la ferocidad y antropofagia de los 
caribes flecheros creía Colon que se les atribuia por- 
que el estar armados y su carácter guerrero inspiraba 
temor á sus convecinos: "pero yo formo el mismo con- 
cepto de ellos que de los demás." (2) De la misma opi- 
nión son varios, y eso mismo creen los redactores de la 
Revista Española y Portuguesa (3). 

Las lenguas hermanas, los dialectos son más nume- 
rosos en las Indias Occidentales que en ninguna otra 
parte del mundo: en el curioso cuadro que ofrece el 
encadenamiento geográfico de las lenguas americanas 
y las asiáticas tomadas de los datos de Vater, Hum- 
boldt y Smith Barton se nota en su extructura un 
íntimo parentesco. ¿Pero de dónde proceden las pala- 
bras haitianas y de las Antillas mayores, aparte de los 
sistemas y basándose en hechos, si nó históricos, geo- 
gráficos, naturales? Mi opinión es que proceden de 
las variedades caribes del continente en que hoy se 
encuentran palabras iguales ó análogas, ú objetos seme- 
jantes, aunque no es otro el origen étnico de las Anti- 
llas menores. Si la palabra Antilla no fuera tan arbi- 
traria como otras muchas impuestas por el capricho de 
los hombres, pudiera decirse que las islas se alzaron al 
hundirse el continente cuando se formaron los Andes. 



(1) Bevue Moderne, pág. 90, tomo 35 (1865). 

(2) Carta de Colon á Saxis ó Sánchez. 

(3) Tomo 1 (1857) pág. 128 y 31(>. 



— í)5 — 
En hi lengua baitiana iUi significa hijos sonarían eti- 
mológicamente como las hijas de hs Andes: esto no es 
sino demostrar lo fácil que es abusar de las etimologías 
aisladas, que solo son aceptables por otras considera- 
ciones. 

Por eso me aventuro á creer que vinieron de los 
indios de la América Meridional, y así lo publiqué hace 
muchos años (véase el capítulo en que más adelante 
hablo de mis estudios especiales): esos nombres de ár- 
boles, frutos, rios, montañas y hasta alimentos (cazabe, 
arepa, etc.) que existían allí y en Cuba basta. El que 
desee recibir la misma impresión, que lea la excelente 
obra de Codazzi (Geografía de Venezuela) y en especial 
los cuadros ó listas en que agrupa esos objetos. El cu- 
bano al leer la lista de plantas y otros cuadros, cree que 
se describen los campos de su tierra, y aun los nom- 
bres que desconoce por su significación, tienen la forma 
de su lengua. 

Eran feroces los caribes en los combates, pero solo 
se reputaban los de las islas menores como antropófagos 
y aun no es cosa indiscutible para algunos: pero no eran 
los únicos seres humanos que tuvieron ese vicio abomi- 
nable; lo mismo en Europa que en las demás partes del 
mundo. Los indios comían á sus prisioneros y de las 
víctimas que sacrificaban por razones dignas de execra- 
ción, pero que no constituyen la antropofagia habitual 
que se atribuye á los isleños de las Antillas menores, co- 
mo se discute en otro lugar. 

Aun que respecto de los antillanos de las mayores 
se notaban diferencias, no solo de isla á isla, sino en 
los territorios de cada una: eran los del Occidente de 
Cuba como los siguayos de Haití más valientes, así co- 
mo los de Boriquen. El Et. l\ Tomón de la Orden de 
P. 1\, dice (1) al hablar de los indios de Cuba, que te- 
nían poco más ó menos el mismo carácter que los de 



(i ) Pég. 115, <::{<;, 537, 640 y 641. 



— 96 — 
Haití; que podían confundirse en el mismo origen, 
pero que eran más francos, más capaces; parecían te- 
ner algún conocimiento de la inmortalidad y de las 
penas y recompensas de la otra vida. Cita en refe- 
rencia el desembarco de Colon en 1492; y la conver- 
sación que un casique anciano tuvo con el Almirante, 
en que reconociendo el terror que su venida había 
inspirado, le recordaba la justicia divina y concluyó: 
'si tú crees que has de servir á Dios y que Dios pre- 
mia y castiga conforme á las obras ,que en bien ó en 
mal hayas hecho, te guardarás bien de dañar á los que 
no te han ofendido." 

Los escritores contemporáneos no están de com- 
pleto acuerdo respecto de la identidad de estos pue- 
blos y su lengua y acaso el error común de suponer 
analogías entre la lengua maya y la cubana se funda 
en un error de los que cometió Pedro Mártir de An- 
¡y\evm y que han notado sus críticos. 

Colon en su Diario [1] y lo corrobora el Obispo 
Las Casas que lo copió, cree que "eran todos unos y 
así mismo la lengua y eso lo expresa terminante 
en la carta que escribió á Ilafael Saxis ó Sánchez que 
original se halla en Milán: "en todas estas islas no vide 
mucha diversidad de fechuras de la gente ni en las 
costumbres ni en la lengua, salvo que todos se entien- 
den que es cosa muy singular." (2) Y sin embargo, 
dice el mismo Colon en su Diario que encontró en la 
Española unos indios que por sus señas son los sigua- 
y os que llamaban al oro tuob y no cama como en las 
otras partes de la isla. En San Salvador y en otros 

nosay y que hay mucho tuob en Guanina [isla.] 

Esto indica que expresaban algunos objetos con distin- 
tos nombres y en lo demás se entendían. 

El cura Bernaldez, el amigo de Colon, dice: "En 



(1) Navarrete Colccc. de viajes, t. 1. 

(2) Biblioteca rara, yol. XVI, dettrar. ant. de colombo, pág. «SI. 



todas aquellas partes no hay diversidad de costumbres 

ni eú la hechura de las gentes, ni en las lenguas . 

todos parecía se entendían y eran de una lengua" [1]. 
Lo que atribuye al trato y comunicación. 

( hiedo dice: ''La primera lengua que el Almiran- 
te I>. Cristóbal Colon topó fué la de las islas Lucayas, 
y la segunda la de la isla de Cuba y la tercera la de 
esta isla de Haití, de las cuales ninguna se entiendo 
con la otra." [2] La aserción de Oviedo, que era con- 
temporáneo también á los sucesos, destruiría por com- 
pleto los asertos anteriores, si el mismo no se contra- 
dijese en su propio libro. "La gente de la isla, dice 
en otra parte, de Cuba 6 Fernatídina es semejante á 
la de la isla Española, aunque en la lengua difiere en 
algunos vocablos, puesto que se entienden los unos con los 
otros (3). Si se entendían en la lengua salvo, algunos 
vocablos, es cierto lo dicho por el Almirante; y además 
conviene Oviedo en que eran iguales en ritos y en 
creencias, excepto en cuanto al matrimonio: en este la 
novia se entregaba á los convidados de su clase prime- 
ro que al marido y terminada la ceremonia, exclamaba: 
manicato! manicato! como quien dice esforzada! esfor- 
zada! y que valia para mucho. Lo mismo asegura que 
se practicaba en Jamaica. 

La vastísima extensión que ocupaban las naciones 
que hablaban dialectos caribes es notable: se cree que 
los araguas ó araguacas, aruac 6 aruacos, que de todos 
esos nombres se ha usado, habitaban al principio las 
Antillas, aun las que ocupan los caribes flecheros ó 
antropófagos. No obstante, lo dicho á favor de mi 
creencia sobre el origen de los antillanos, no quiero 
ocultar las opiniones contrarias, aunque no tengan pa- 
ra mí fundamento. Cree Jehan, luego citare su obra, 



(1) Crónica de los Bey €8 Católicos & 

(2) liist. general, y natural, de la,8 Indias lii>. V"I. cap. I-XIII pág 
235ylib. XYII cap. Vlil pág. 41)1). 

(\\) ídem, pág, 27, 98 4226, tomo 29 



— 98 — 
al hablar de las Antillas mayores, que las hay de la 
familia Maya Quiche: dialecto de la misma lengua ma- 
ya: y es lo singular que toma de Humboldt la larga 
lista de palabras de Haití adoptadas por el inundo 
europeo hoy, para prueba, en lo que no se lee una 
sola palabra yucateca; y de este idioma hay numerosos 
diccionarios y aun buenas gramáticas relativamente. 
Tan fácil es copiar errores sin reserva ni obstáculo. 

Antes de los trabajos de Humboldt que han conclui- 
do por dar la preferencia en condiciones físicas á la 
hermosa variedad caribe, y á la extensión de su domina- 
ción, escritores españoles habían recojido los datos, 
muchas palabras indígenas que acreditan su huella en 
casi toda la América, esto aparte de la prioridad de los 
imperecederos trabajos de Hervás, (pie siempre será 
el primero, entre los primeros filólogos. 

Si examinárnoslas obras de Gumilla, el Orinoco Ilus- 
trado, encontraremos en los bosques de Apure un jefe 
de la nación Guanera; que la nación saliba usa de las 
palabras hamaca, chicha, chinchorro; que las naciones 
del Orinoco emplean las palabras bejuco y macana; que 
se llama peramen el lacre de las colmenas; hay seibas, 
así llamadas en las costas de Santa Marta; que en el 
Orinoco tiene el mismo nombre y se llaman canoas y 
piraguas las almadías que formaban los indios, 'rain- 
bien se encuentran las voces mangle, cabuya, tutuma 
en Apure; que se dice bufo á un culebrón temible [y 
según Torquemada se le da ese nombre al diablo en 
las islas de Barlovento], se llama allí jején al insecto 
que todos conocemos; yuayacan, niguas, caima!), jobo, 
tolete (estaca de dos púas) que sus frutos son la yuta, 
hi pifta, ananás y la papaya, la pita. (A anón; y se alteran 
poco otras palabras, como hadare por burén, carozo en 
vez de corojo y se escribió antes coroxo. (1) 

D. Antonio Julián en la Perla de América enume- 



(1) Historia Naíurál ¡/ General ele las tnflias, pág. 27, 93 ;i 266, 

lomo II. 



— 99 — 
ira entre las palabras indígenas del continente ;i siena- 
ga, chicha, curen [1], Lozano en la Mistoriq de la 
Compañía de Jesús del Paraguay referente á los traba- 
jos de los Jesuítas habla de las extensas comarcas en 
que se usaba la lengua guaraní que cultivaban el mais 
y layuca, base de su alimento; que llamaban macana a 
la misma arma que los isleños; que á una especie de 
conejo designaban por el nombro cuí ó cuy en plural 
cuyes (curíeles) que es animal de las Antillas (2) 

En lengua Guaraní se halla la voz maní aplicada al 
mismo objeto que en Cuba. Los salvajes del Brasil 
llamaban manóbí al maní según Lery (3) y no deja de 
ser notable que en Filipinas se llamaba mani-naní á 
una sustancia alimenticia especie de balato 6 gusano de 
mar. (4) Para completar esas rarezas, el nombre 
maní expresa lo mismo que señor en lengua de Angola 
y si hemos de creer la líistolre de Voyages (5) en ella 
se encuentran vegetales que ahora conocemos .en Cuba 
como ñam ó ñame, malanga, guayabas y mandíola 
(yuca); pero con excepción de guayaba que es antillana 
y mandioca que es del Brasil, ninguna de las otras os 
americana. 

En otros parajes de África se registran palabras 
usadas en América, pero que solo se parecen en el so- 
nido, teniendo diversa significación: Managua significa 
en Riff (6) "¿Quien esf Gua es lo mismo que si; guad 
es rio; y una palabra frecuente en nuestra agricultura y 
que tomamos de los Canarios, como he demostrado en 
mi Historia del Azúcar, la voz zoca es del RiíFen signi- 
ficación de vieja y si termina en ¿, es el viejo. 

. Los escritores extranjeros no han contradicho sino 
que s,e han aprovechado de los trabajos de loa espa- 



(1. l'.iir. 92, 117 y 154. 

el) BiO. Univ. de Genéve i. 60 pág. 360. 

(:'») //'•/. a'un VoyoQe, <fpág. ~*¿- r >. 

(4) ])i¡iz Arenas, Memoria sobré el com reio <!<■ Filipinas \ 

(5) Pág. 34 i. v. 

(ti) t'n Prisionero del Riff. — Apéndice. Vocabulario. 



— 1 00 — 
ñoles. Es curiosa la lista que coloca Ilakhuit en él 
t. 3, pág. 687 á 692 de su conocida Colección y com- 
prende los nombres de seis naciones, pueblos y casi- 
ques que encontró Raleigh (1617) en su segundo viaje 
á Guyena: en ella se ve el predominio de la raza Cha- 
ribe,como él escribe el nombre, en esa grande exten- 
sión de terreno. Hé aquí lo que dicen dos polígrafos 
de los más modernos. 

1? Según uno los caribes se llamaban á sí mismos 
carina, calina, calinago. Se hablaba en las Antillas y 
en donde hablan destruido á los araguacas y calibís: en 
la actualidad se habla en Cumaná, Nueva Barcelona, 
las Guyanas y tribus independientes del Orinoco, Cao- 
ni, &. 

2? Los chaimos. 

3? Los cumanagotos. 

4 9 Los tamanacas. 

5? Las guayanas. 

6 o Los araguacos. 

Toda esa extensión comprendía la lengua caribe 
Tamanaca (1). 

Larouse en su gran diccionario dice que los princi- 
pales dialectos caribes que aun existen son (2J. 

1? El araguaco. 

2? El guyané's ó guyano. 

3 9 El cumanagoto. 

4? El palenca. 

5? El guribe.- 

6? El pariacoto. 

7? El tamanaca. 

8? El chaima. 

Los trabajos de Schomburgk (3) sobre las lenguas 
y dialectos de las tribus de la Guyana, han demostrado 



(1) Dictionaire de lisgüísüque pág. 382. 

(2) Palabra caraibe pág. 361. Para la ortografía he seguido á Iler 
vas: este dice que son 50 los dialectos. 

(3) Remark to acompany a comparativo vocabulary of eigliteen lau- 
guages and dialecte of indian tribus/ &. London 1848 . 



— 101 — 
que su origen es caribe, pero que hay tal variedad en- 
tre ellos que esas lenguas y dialectos no tienen mas 
semejanza (Mitre sí que el francés é italiano en Europa. 
Pero las huellas de la lengua caribe de los que decian 
— "Nosotros no unís somos gente." "Los otros son nues- 
tros esclavos" se halla siempre; cuya circunstancia y el 
respeto que aun ahora inspiran sus restos deben á 
juicio de ese escritor llamarla atención de los etnó- 
logos (1). 

Yo he querido hacer también una excursión por los 
trabajos más recientes acerca de los indios en general 
y de los septentrionales en particular: nada encuentro 
que me indique parentesco inmediato con los caribes: 
su (Mía mucho la unidad de la especie, la procedencia 
asiática, pero no hay muestras de la hermosa variedad, 
que variedad es humana, que poblada las Antillas ma- 
yores, varonil, casi caucásica. *En comprobación pon- 
dré ligerísimos extractos de las obras que ennmere, de- 
jando para otros lugares, aun muchas autoridades que 
confirman mi creencia ya expuesta. 

Juan Me. Intosh publicó en Nueva York en 1843 
una nueva edición de la obra The origin ofthe North 
Amerieam Inclian. En ella ha copiado del original de 
varios escritores antiguos y modernos que hacen á su 
propósito en sus lenguas; ha formado cuadros biográ- 
ficos de guerreros de sus tribus; copia el pasaje céle- 
bre de Diodoro de Sicilia que habla de la navegación 
fenicia; pone íntegro el párraío del manuscrito Vati- 
cano firmado por Vespucio, que trae Boullet en sus 
memorias de la lengua céltica; extracta en español de 
Juan Pérez su opinión de que los indios de Groenlan- 
dia y del Labrador parecen ser los mismos; que el dia- 
lecto de los Esquimales es de Groenlandia y tienen 
otras muchas semejanzas. Del Santini trae, en italia- 
no, los párrafos en que asegura que los coriacos de 



1 1 ) Véase el cap. \i y otros Lugares ele la 2! parte do esta obra, ep que 

¡Miau los restos de esas Lenguas, 



— 102 — 

Siberiá, los Tombueses y Kamschadales son de una 
misma procedencia. • Con otras autoridades análogas 
deduce que la población de América viene del Asia. 
Da las mismas razones que Horn y nada nos dice de 
lo que buscamos que no sea repeticiones del propio 
tema de la unidad. 

El Padre Sonét Missions de VOregon et voy ages aux 
Montagnes líocheuses aux sources de la Coló nbie, Aha- 
has & Sascatrliawia (1845-1846) hace la misma deduc- 
ción y traduce al francés lo que dice Me Intosch en 
sus referencias de párrafos originales ó en la lengua 
de otros autores como Santini; copia los cuadros Com- 
parativos de las lenguas indias que forma de Santini, 
Barton y Albernethy (1) semejante á lo que se lee en 
el libro antes citado (2) aunque el francés no mienta 
el libro que explota y parece seguramente un trabajo 
anterior. 

Arturo J. Jolines publicó en 1856 una obra de 
más pretensiones: Philological Proof, of the original 
Unlty and recent origin ofthe Human Race, Redacto 
tablas ó cuadros en que compara las lenguas de todo 
el mundo. Es trabajo curioso y un tanto fantástico. 
Nada de nuevo en la ciencia, porque se limita -á de- 
mostrar el origen asiático de los indios hasta con la 
cita del novelista Cooper, El Ultimo Moliicuno. Com- 
bate á Duponceau y á los que le siguen. Se compla- 
ce en el resultado de su obra que cree demostrativa 
hasta la evidencia de la unidad del hombre del viejo y 
nuevo mundo. 

El hijo del Honorable Kennedy del ya citado, mi 
difunto amigo, ha insertado en los Ensayos y obras suel- 
tas de aquel (1861) un trabajo de 1854 que he indicado 
antes, en el que sostenía que hubo una emigración del 
África de que proceden los caribes. Se funda en que 
hay palabras africanas en el idioma caribe hoy: ¿pero 



(1) Pág. ;'>?r>. 

{■:) Pá|. íoi. 



— 103— 

«•iiáudo se han recogido.' Cuando ya había negros in- 
troducidos en Indias. Esta observación ocurre al ver 
k s esfuerzos de Johnes con el propio objeto aunque 
en otra forma. 

Los trabajos de Hora; como casi lodos los ameri- 
canistas en los primeros siglos del descubrimiento, se 
fundaban en la necesidad de buscar el tránsito de los 
indios á America para conservar el dogma de la unidad 
de la especie. Muchos sabios de nuestros dias admi- 
tieron esa unidad, hasta que los descubrimientos geoló- 
gicos recientes dieron base á la creencia ó suposición 
del hombre prcadamita. con el hallazgo de sus restos 
realmente fósiles. ¡Vcvo no es muy singular para 
honra de llorn. que Mr. Bodier haya llegado por ca- 
minos distintos á casi idénticos resultados al publicar 
en 1868 sus Orígenes de la humanidad^ Pues bien; 
Rodier ha encontrado en America la huella de dos 
razas, la japética de los notos y la escita: ésta empezó 
a. extenderse, según el cree, el año 34,000: "los escitas, 
los hombres cazadores de rengíferos, penetraron en 

Europa Central mucho antes del año 20,000 han 

(Mitrado por Laponia ó por Italia y España. — De esta, 
península pasaron con certeza á la Atlántida, hoy su- 
merjida. En antigua época pudieron pasar de allí «i 
la América solo por analogía podemos remon- 
tarnos á los tiempos en que se verificó el pasaje de los 
hombres á América. Contentémonos con examinar 
las antiguas poblaciones de este continente. . . , . . La 
gramática escita domina todo el Norte de América, 
comprendiendo la región de los lagos, los valles supe- 
riores y los afluentes del Mississippí y el lado del Atlán- 
tico hasta la Florida en las diversas tribus y familias 
esquimales, groelandeses, atacapas, algonquinas, iro- 
quesas. En los mismos valles del Mississipí, por ejem- 
plo, los cheroquíes. En la América Meridional, cordi- 
llera de los Andes, el estudio de las lenguas ofrece el 
mismo resultado: el escilismo sobrepuesto á los otros 
elementos más antiguos que resisten con más vigor. 



__ 104 — 
El abuso de la síntesis en la composición de las pala- 
bras, el polisintetismo se debilita; el uso de preñjos y de 
preposiciones en Chile y Araucania, son por el contra- 
rio, el carácter no exclusivo, pero dominante en esos 
idiomas. En el Sur, en los orígenes de los rios, está 
representado el escitismo por un corto número de desi- 
nencias, descendidas probablemente poco á poco de los 
Andes. En resumen, todo el Norte hasta el grado 40 
de latitud, con las mesetas y montañas, hasta Chile, es 
aproximadamente en América el lote del escitismo ba 
jo el punto de vista gramatical, y aún puede decirse 
etnológico y social. Las lenguas guaraníes y sus se- 
mejantes, se extienden por casi todo el Brasil, tienen 
prefijos y admiten sin polisintetismo un gran número 
de fórmulas desinentes escitas. Yendo al Norte se 
entra en la región de las lenguas caribes que se esca- 
lonan hasta el mar de las Antillas, casi con los mismos 
caracteres de las guaraníes con más tendencia al esci- 
tismo." [1] 



(1) Ucrne Moderne, París, pag. 424 y siguientes, tomo 49. Año 1868; 



ío: 



Capítulo IX. 

Las descripciones geográficas como monumentos de los 

orígenes. — Antropología. — Estudios propios y ágenos 
sobre estas materias en Cala. — Error demostrado. 



Los nombres indígenas geográficos que determi- 
nan montes, rios y localidades, son monumentos que 
ha sabido explotar el ilustrado D. Fermín Caballero, 
respecto á España, en una interesante nomenclatura: 
no es verosímil que los viajeros, los transeúntes, ni los 
conquistadores borren los nombres de los lugares que 
recorran, contemplen ó visiten. Por esa razón el estu- 
dio comparativo de sus designaciones tendrán que ras- 
trear, si no comprobar, la idéntica ó semejante proce- 
dencia de los pueblos. 

Los nombres que nos quedan de los habitantes pri- 
mitivos de Cuba se encuentran en Haití y en más de 
quinientas leguas hacia las islas y la tierra firme de 
Paria, como lo reconocieron conquistadores ó descu- 
bridores ó viajeros primitivos; así los cronistas, lo mis- 
mo Pedro Mártir de Angleria que Torquemada. Nue- 
vos estudios nos revelaron después en la America del 
Sur, voces de las Antillas hasta las orillas del Orinoco, 
y nos lo confirmaron los datos que los precedieron de 
los cronistas de Paraguay. 

Cuando en mérito de este y otros antecedentes 
publiqué por primera vez mis sospechas sobre el origen 
de los indios de Cuba, luchó con la general opinión dr 

que procedían del Yucatán: tuve un discreto impugnador, 



— 10G — 
y no quiero olvidar en este capítulo ninguna circuns- 
tancia. Yo me refería ;ilos caribes del continente, mi 
antagonista á los de las islas menores: de quienes decia, 
con gracia, que fueron de 1490 á 1520 los desplobado- 
res; pero ni aún esos lo fueron tanto que lo lograran 
matando los varones, que pudieron y dejando las 
Jienibrds, que conservaron su idioma, y las islas conti- 
nuaron habitadas. Lo singular es que, también en el 
Pera se encontraron dos lenguas, una para las mujeres, 
otra para los hombres; lo mismo en el Guaraní. (1) 

En cuanto á la etimología de la palabra guagiro, 
se negaba por el crítico la cercania de la península de 
ese nombre á las islas; pero basta ver el mapa para 
comprender que me refería á la posibilidad y aun faci- 
lidad de las comunicaciones y á la noticia general de 
que existían constantes relaciones entre el continente 
y las islas y hasta alianzas entre los calibís y caribes 
contra los aruacos 6 aruages. En las décadas del escri- 
tor milanos, varias veces citado, se encuentra hasta el 
recuerdo del itinerario de esos viajes. Las comunica- 
ciones no solo eran posibles por la vecindad de las islas 
del archipiélago entre sí y el. mismo' continente del 
Sur, sino que constituye esa noticia un hecho histórico. 
Pudiera suceder que también la hubiera "con el conti- 
nente septentrional, pero no existen sino vagas referen- 
cias y la fábula de la fuente del Jordán en el Cantío, 
ni es lo mismo ir que venir; y las tradiciones dicen que 
cú\í fueron y lian quedado hasta hoy. Los marinos creen 
que es mas fácil ir al continente que volver con las 
corrientes que son contrarias. Y este hecho servía de 
fundamento y disculpa para los que creían la suposición 
imaginada por Bristok, como puede verse en Roche- 
fort (2) 

Si esos restos consignados para la memoria de 
unas gentes que ya desaparecieron, se ven escritos ci\ 



(1) Charlevoix, lílat. du ParagtiQ,ij, t. 3,'pág. 371. — Apón/iic©. 

(2) Hidi. nat. ct mor. de les Islcs.cVAmcriqw, 



— 107 — 
os árboles, las sierras, los objetos inanimados; si esos 
nombres se mezclan con otros nombres indígenas en 
cosas que usamos, muebles, alimentos y objetos con- 
fundidos y adulterados ó modificados en las lenguas ac- 
tuales — en ellas tenemos que buscar los orígenes . 

Por eso al estudiar los trabajos del italiano Codazzi 
sobre Venezuela, al leer los periódicos de esa parte 
del mundo, me pareció demostrado, ó por lo menos 
digno de señalar por ese rumbo del Sur la emigración 
de los indios de las Antillas. En el Varo Industrial de 
la llábana de 4 de Marzo de 18 Í2 publiqué un corto 
escrito con ese tema, titulándole: ''Entretenimientos 
históricos sobre la Isla de Cuba. — El idioma primitivo." 
El lijero trabajo fue reproducido por los periódicos de 
la Isla y varios de la América latina y tuvo la honra de 
ser impugnado por un escritor entendido, en él Diario 
de la Habana. 

La impugnación me empeñó en el deseo de pro- 
fundizar el examen de un estudio que inició en Puerto- 
Príncipe en 1838, y desde entonces procuró reunir los 
datos de que es resultado este libro. Mi artículo ínte- 
gro es el siguiente, que tomo del Redactor de Cuba, 
que lo reprodujo: 

EirTREIENIKIEXTOS IWOS SOBRE LA ISLA E CUBA, 

EL IDIOMA PRIMITIVO. 



;( Hial fue el idioma primitivo de los cubanos! El 
idioma de los aborigénes que se nombraban siborieyes, 
¿era acaso especial de Cuba y Santo Domingo, ó se 
extendía ;i otras islas y parte del continente americano? 
Si hojeando libros antiguos y revolviendo bibliotecas, 
pudiéramos tener un exacto conocimiento del lenguaje 
siboney, ¿qué habríamos adelantado! Algo, ciertamen- 
te: conservar las reliquias de un idioma, con rj^ic vemos 
mezclar el nuestro. Apenas hay vallé, rio, sabana. 



— 108 — 
que no lleve un nombae indiano: ¿qué significa para 
nosotros? Los campos mismos están cubiertos de 
aldeas y caseríos, ¿y quienes los habitan! Descendien- 
tes de conquistadores, hijos de europeos introducidos 
en el país: ¿y por qué les llamamos guagirosl Esta 
palabra no es del repertorio de nuestra lengua, tampoco 
pertenece á las europeas, ¡acaso se llamaron así los 
habitantes del campo de Cuba? No; Siboneyes eran 
sus pobladores, y la etimología de la palabra gaxót'ui 
(hombre á quien se llama usted) es harto violenta, si 
puede admitirse el supuesto de que perteneciese á la 
lengua de los Siboneyes. Parece que estábamos con- 
denados á no llegar al conocimiento de estas cosas por 
la confusión de las dos razas española é indiana que 
hoy forman una sola; pero todavía creemos que pueden 
agotarse los esfuerzos, todavía concebimos que hay 
medios de ilustrar algo esas épocas que se pierden en 
la noche de los tiempos. 

Basta examinar el mapa para convencerse de que 
las islas del archipiélago de las Antillas fueron en los 
primitivos tiempos parte del continente americano. 
Desde el tiempo de la conquista, se notó por los histo- 
riadores que habia rasgos de fraternidad, de familia,, 
entre las islas y el continente: hablando de la religión 
de las Indias, dice el célebre historiador Torquemada: 
"Las gentes de la Isla Española y Cuba y la de San 
Juan de Puerto-Rico y Jamaica y todos los Lucayos, 
y comunmente en todas las demás que están qitasi en 
renglera, desde cerca de la Tierra Firme (que se dice 
la Florida) hasta la punta de Paria, que es en Tierra 
Firme, comenzando del Poniente al Oriente, bien por 
más de 500 leguas de mar, las gentes de la tierra 
"firme por aquella ribera de Paria, y todo lo que de 
allí abajo, hasta Veragua, quasi todo era una manera 
de religión." Esta indicación nos hace concebir la 
esperanza de que pueda fijarse la etimología de algunos 
nombres indígenas, y guiados por este deseo ilustrar la. 
historia antigua, 



— 109 — 
Los trabajos del Si\ Codazzi vienen al apoyo de 
estos asertos, ])iies leemos en su obra, digna de todo 
elogio, multitud de nombres que nos son conocidos y 
([iie rectifican y dan nuevo crédito á lo que pudiera 
deducirse de lo expuesto por Torquemada. Puede 
creerse en vista de esto, que los lugares indicados por 
el antiguo historiador y el moderno geógrafo, pertene- 
cieron á unas mismas gentes, por más (pie diversas 
Costumbres y aun dialectos, dividan la gran familia en 
muchas tribus, lieproduciremos los nombres á que 
nos referimos, pero antes queremos hablar de la eti- 
mología de la palabra guagiro. La sílaba gua que en- 
tra en la composición nos hace creer que tenga paren- 
tesco con el idioma caribe, y no debe confundirse la 
nación caribe del continente, con la que ha hecho ce- 
lebre con sus atrocidades á las islas pequeñas del archi- 
piélago de las Antillas. Encontramos en el continente 
una tribu numerosa de indios llamados guagiros, existe 
una península que lleva el nombre de la Goayira. Es, 
pues, evidente, que de ese punto hubimos el nombre. 
Los habitantes del campo aún se molestan en el día 
de (pie se les llame guagiros, ¿pero qué tienen de co- 
mún con los indios del continente hombres descen- 
dientes de Europa? ¿se llamaron así los cubanos alguna 
vez? — Creemos que si supiésemos el significado de la 
palabra, fácilmente resolveríamos la cuestión. Pero 
si acudimos á analogías, desde luego podemos decir 
que los indios llamaron guagiros á nuestros campesi- 
nos, por reconocer que eran semejantes á esos seres 
que sostenian un activo comercio con todas las islas, y 
(pie aún en la actualidad se les reputa por uno de los 
más inteligentes é industriosos naturales. Todos nues- 
tros juicios son comparativos, cuando tenemos térmi- 
nos <pie comparar, y los aborígenes que vieron una 
raza de más poder moral é inteligencia, no pudieron 
dejar de hacer comparaciones con objetos que les eran 
conocidos. De esto mismo puede creerse que nace la 
odiosidad con que nuestros campesinos repugnan el 



- 110 - 
hombre. Nuestros padres no querrían verse compa- 
rar con los indios bravos. 

Desde las épocas inmediatas á la conquista tene- 
mos conocimiento de que los indios forasteros se intro- 
ducían en Cuba: sea un ejemplo la invasión de los Ma- 
curiges, de que hablamos en nuestro artículo sobre la 
Geografía antigua de Cuba. Sabemos, por otra parle, 
que la raza caribe, hermosa y hábil, fué el origen de 
las tribus que poblaron las islas menores, y que influ- 
yeron en gran parte del resto. Ya dijimos la distinción 
que debe tenerse presente. Lo cierto es que en el 
continente se encuentran hoy nombres de territorios, 
rios, árboles y animales, idénticos á los indígenas, y 
que estudiado el idioma que se habla por los indios, 
adquiriríamos las nociones que indicamos. La proxi- 
midad de la península de la Goagira á las grandes An- 
tillas, y la circunstancia de la identidad de nombres, 
confirman nuestros asertos. 

La palabra toa [rana] de la lengua siboney, se 
encuentra en la orilla, enfrente del continente, la isla 
de las Toas: aquí tenemos el rio de la Toa. La palabra 
botuto, la trompa sagrada de los indios del continente 
es nuestro fotuto., adulterada con la introducción de 
una/, que tal- vez no fué nunca letra del alfabeto sibo- 
ney. La terminación bacoa, tan común entre nosotros, 
Guanabacoa, Guasabacoa, se encuentra precisamente 
en la provincia de la Goagira, CJiichibacoa, Cwnanacoa, 
léase además el rio Manatíes, el rio Guay abita, estre- 
cho Yabita, rios Casigua, Yara, Morrocoy, Guara y 
Guama!. Entre los árboles, la palma yagua, icaco, cují 
maguey , gigua, seiba, guásima, mamey, y agrumo, jobo, 
guama, majagua, lairenes, [Yerenes] caimito y guaná- 
bana. 

Muchos más nombres pudieran encontrarse en el 
útil trabajo del señor Codazzi. Cuando leemos ésto no 
podemos dejar de concebir esperanzas de adelantar 
más nuestros estudios. 

Deslindado el parentesco de los primeros habitantes 



— 1 1 1 — 
lie Cuba con las naciones del continente, nuestra his- 
toria antigua será ilustrada ron nociones curiosas y 
tan útiles cuanto pueden serlo los trabajos de esta na- 
turaleza. 

En otro artículo hablaremos de lo que nos queda 
del lenguaje siboney pero esto no pande solo de nos- 
otros, y no sabemos la época en que cumplamos la 
oferta. 

Mi ilustrado impugnador no sólo se ocupó en con- 
tradecir los particulares que comprendía mi artículo, 
en el Diario de la Habana de 15 de Agosto de 1842. 
sino que edificó por su parte lo que creia más funda- 
do: hízolo con muestras de conocimiento y quiero con- 
signar lo que entonces dijo y me luí servido de criterio 
para mis estudios posteriores, procurando llenar el 
programa que me presentó. Esto me proporciona ha- 
blar de los servicios que me han prestado mis amigos 
proporcionándome realizar mis encargos, prestándose 
á satisfacer mis aficiones literarias. La partí 1 de ven- 
sura á que me refiero es la siguiente: 

"Quisiéramos, decía, encontrar esa confirmación, 
pero no la hallamos. ¿Qué prueba el que allí en el 
continente haya nombres cubanos: Que los españo- 
les los han llevado. Los castellanos se establecieron 
en Haití y en Cuba, aprendieron la lengua, y de Cuba 
la trasplantaron á las otras colonias. Todas aquellas 
voces que no tenían equivalente en el idioma de los 
conquistadores, fueron adoptados por estos, como 
caoba, canoa, tnaguei, güayacan, macana, etc., y la intro- 
dujeron en México, Costa Firme, Perú, Chite y Fili- 
pinas. Si; hasta en Filipinas; y en diccionarios mala- 
yos hemos encontrado voces haitianas, llevadas allá 
por los españoles. Los teminoles llaman á sus jetes 
mico; los mexicanos ilatoani) los peruanos caraca-, los 
araucanos toqui; sin embargo, generalmente se les dice 
cacique, voz siboney propagada por los españoles. Los 
aztecas deciañ acal; los españoles han hecho prevale- 
cer la voz cauca también de Haití. Solis dice nue los 



— 112 — 

mexicanos llamaban á las grandes canoas piraguas) 
más este autor de muy prolija dicción, pero de poco 
criterio, ignoraba que esa voz era siboney, y que los 
españoles fueron los que la introdujeron en México, 
y cuya lengua basta haber saludado para conocer que 
no es de su caudal la voz piragua. Alerta contra los 
autores como el citado 

"Mientras no se nos muestre una nación que hable 
la lengua siboney ó haitiana más ó menos pura, nada 
hacemos con alguna docena de voces muestras que se 
usan aquí ó allá. Es verdad que los españolas 'llevaron 
á México la voz pulque araucana; á Chile el tambo 
quichua; á Cuba el allnázote mexicano; pero ninguna 
lengua ha sido propagada por ellos en las Indias como 
la siboney. Las primeras leyes de Indias contribu- 
yeron á esto, y se dijo Naboría en Guatemala, y en 
Chile casabe y pitahaya en California y el Perú. Los 
descubrimientos y conquistas de Costa Firme salieron 
de Haití y luego quedaron aquellas costas dependientes 
en lo civil, eclesiástico y judicialmente de la misma 
Haití. ¿Ño habia de propagarse allí la lengua? 

"Resulta, pues, que se ha creído hallar la etimolo- 
gía de la palabra guajiro en la Guajira de Venezuela; 
y la lengua siboney en aquellas costas y raza caribe. 
Lo primero y lo segundo no hallamos pruebas que 
nos convenzan; lo tercero nos parece referido de otro 
modo en la historia." 

"Concedemos que el estudio de la lengua siboney 
puede ser útil. Hay dos sendas para estudiarla: una 
literal y otra práctica." 

"Olvidemos nuestras preocupaciones y vamonos á 
vivir entre las montañas de Jiguaní ó del Canei, y 
estudiemos sus idiotismos, no castellanos, y ya tendre- 
mos adelantado algo." 

"Copiemos de todos los historiadores de Indios las 
voces no castellanas; agreguemos las provinciales de 
Cuba, y eliminemos luego las extranjeras, y algo ha- 
bremos adelantado." 



— 113 — 
• /he cuántas lenguas sé necesita saber para «slc 
trabajo?" 

"Yo creía provincial la voz fufú, que usan los ne- 
gros; y es inglesa, es el grito ¡food! ¡foodf á comer, 
que les daban á bordo del barco." [1] 

"También la de guasi-guasi (lavar), y es la inglesa 
¡wash, washr 

"También la piquinini (pequeño), y es la gallega 
pequeñino" . • 

"Así mismo la hauizote (perseguidor) y es la me- 
xicana xVhnitzotl, el D. Pedro el Justiciero de las Az- 
tecas, monarca fiero e incansable." 

■'Igualmente la de atol y es del mexicano atoll í; y 
lambiéndote y achiote, y aguacate y cacao, y guajolote 
y zapote y más de otros mil." 

"Y además chinchorro y alcatraz que son españoles 
y antiguos." 

'Y siendo siboneyes las voces papaya, cay aya, pi- 
tahaya, maya, yucaya creí que lo era Zaliumaya [cier- 
ta malanga venenosa]: y luego hallé que derivaba de 
¿ahumar, zahumerio, por los vértigos que causa al que 
la come, especie de embriaguez, lo cual se dice en el 
pais humo, y rústicamente jumo, de donde se derivan 
((jumarse [embriagarse] jumatán [borrachera] y sal/u- 
rna ya [yerba que emborracha.]" 

El crítico pone varios ejemplos de frases vulgares 
anticuadas en Castilla que conservan nuestros campe- 
sinos y continúa sobre los siboneyes: 

"Algunas voces, dice, que los historiadores han 
definido podrán servirnos de norte. Guanin, el oro; 
turei, el cielo; toa, la rana; vacan, el medio; macana, 
el garrote ó bastón; sahína, la campiña; noboría, el 
criado; mato ó nitaino, el noble; conuco, la sementera: 
batei, la plaza; aréito, el baile; canoa, la embarcación; 



(1) Ha encontrado las palabras ñame y fufa <'l viscónda de S. Javier 
en Sierra Morena: — Tres «ños en Fernando /'<">. Lo anoto en i- 



— 11,1 — 

cauque, el rei; behique, el sacerdote; sentí, el ídolo; ca- 
zabi, el pan; hamaca, el lecho; Z>o7?¿o, la casa, etc." 

"Formando lista de voces del país, no castellanas 
ni de otra lengua, se tendrá un vocabulario siboney; y 
siguiendo una especie de criptografía pueden restituir- 
se voces de significación perdida. Así con más de 
tres mil voces á la vista lie podido presuMir que algu- 
nas pueden significar v. g.:" 

"Habana, — pradera ó tal vez bosque. 

(íuanicú, — rio de oro. 

Ji-guaní, — arenas de oro. 

Ciba-nicú, — rio ó arroyo de piedras. 

Ciba-nacan, — pais rodeado de pedregales [y co- 
rresponde exactamente á su situación.] 

Gugi-guani-co, — pais del poniente, de la aurora 
vespertina. 

Jobo-sí, — la piedra del Jobo; ó un terreno pedre- 
goso donde hay Jobos. 

Guaninao, — algo de oro. 

Batabanó, — ciénaga, pantano. 

Guanacaje, — palmeras ó paraje rodeado de palmas. 

Maisí, — pedregal donde hay maiz. 

Pijirigua, — malo, inferior, lugar vil. 

Manicaragua, — sitio de los montes. 

Mayabeque, — algo de pina de ratón (una planta.) 

Mayaglgua, — piñales de ratón, malos, molestos, 
perjudiciales, etc. 

"Estas han sido inferencias muy aventuradas que 
aun no me atrevo á asegurar; pero puede decirse con 
cierto poeta: 

"Se puede; ¡o comprendo; otro h adobe? 

"Esforzándose á estudiar sin pasión, sin preven- 
ción, temiendo siempre errar, y no admitiendo sino lo 
bien demostrado, podremos conocer la lengua siboney 
algo más de lo que hoy se conoce, y en tanto, si no 
hemos podido adelantar nos contentaremos con haber 



hablando sinceramente al lector, inspirándole confianza 

de cuanto pueda causarlo ilusión, á fin de que no nos 
formemos sistema, sobre bases poco examinadas. 
Quizá la obra del Sr. Codazzi, que no conozco, nos 
daría luces sobre esto. El Diccionario caribe de Ro- 
chefort seria útil también; pero no lo he podido exami- 
nar. Entre tanto quien creyere fácil adelantar en 
estas investigaciones, póngase á ello, que se lo agrade- 
cerá muchísimo este aficionado. — A. D." 

Tampoco habia yo leido el diccionario de Róche- 
lo rt que solo contenia el dialecto de los caribes de las 
islas menores, según lo explicaba el sabio Hervás en 
su estudio sobre las lenguas, y habían sido vanas mis 
diligencias para conseguir un ejemplar. Mi querido 
discípulo el distinguido Doctor D. Antonio González 
de Mendoza, fué á Europa y le hice encargo de que me 
lo enviase y sino hallaba la obra, la hiciera copiar de 
la Biblioteca nacional de París, indicándole el número 
con que lo habia visto citada: Mendoza no encontró el 
libro, pero fué á la Biblioteca al punto determinado y 
allí estaba á pesar de que la noticia se referia á una 
época anterior á la revolución de 1789. Se tomó la 
pena de copiarlo y enviarme el manuscrito por el co- 
rreo. Mi excelente amigo y compañero en aficiones 
americanas, el honorable Kennedy me envió de Lon- 
dres después un ejemplar impreso de Rochefort, apén- 
dice á su Historia de las Antillas. 

Su lectura me convenció cada vez mas de que debia 
buscar por el mediodía la procedencia de los indios del 
tipo caribe de raza pacífica ó noble; como ellos mismos- 
se apellidaban: los tainos. Después de publicado mi ar- 
tículo se modificó la opinión que antes era general, 
fundada en la suposición de Bristock: en los textos ó 
compendios de geografía se fué reduciendo á menos 
extensión la. antigua creencia. En vano vi en la obra 
moderna de Jean colocadas las Antillas mayores (Mitre 
los dialectos mayas: Haití, Cuba, Puerto Rico y Ja- 
maica, de la familia mai/a quiche" 



— 11G — 
"Maya 6 Yucatana. Cuba, Haití! 
Puerto liico? Jamaica, etc." (1) 

Como se ve, no estaba muy seguro el autor de su 
doctrina, pues los signos de interrogación que usa lo 
indica: error era común, general en Cuba, que todos 
participaron: no habia para el fundamento ostensible, 
solo el que los indios llamaban maya á la pina de ratón, 
y que venia mucho jeniquén de Campeche y otros obje- 
tos que se llamaban campecherias . 



Cuarenta, y un años después de escritas mis pre- 
sunciones y conjeturas, negadas por los contemporá- 
neos, en 1882 he leido en la apreciable obra del sabio 
alemán Peschel, (The Races oí Man 1876) la siguiente 
confirmación: "Las pequeñas y las grandes Antillas 
como las Bahamas, fueron habitadas antes de 1492 
por una raza en extremo pacífica, que Von Martina 
ha llamado Taini. Los restos de su lengua que nos 
quedan, aunque no dan claro indicio de su origen, se 
lia visto recientemente que están relacionadas con los 
Araguas (Arwaks) de Sud América, que aun habitan 
las Gruyanas." Y como he dicho en el artículo Aragua 
[1852] citando áG. Brett sobre el idioma allí usado es 
dato concluyente. — Véase la palabra Aragua. 



117 — 



( Japítulo X. 



Algunos estudios más Itechos en (Jaba sobre la lengua de 
los habitantes dé las Antillas. 



En nuestra propia isla algunos contemporáneos se 
han ocupado del estudio de los restos de la lengua in- 
dígena. Como van á ver nuestros lectores, no se lia 
determinado nada con fijeza ó han tenido que dar solo 
conjeturas más ó menos fundadas. Las fechas de 
ellas, que procuro fijar, demuestran cpic son posterio- 
res á la corta discusión que provocó el artículo que 
antes publique en el Faro Industrial de la Habana y 
lie reproducido ahora. 

Todos los he tenido presentes y además una co- 
piosa lista de palabras, de cosas, y de objetos forma- 
da y recojida en mis excursiones por la Isla: - he co- 
piado no solo las voces que he creido de origen indio 
que he oido á los llamados indios de las orillas de Ca- 
magüey, á los Holguineros y gentes del Caney, sino 
que he notado los que tienen diversa acepción en el 
( )riente que en el Occidente de Cuba. Algo he perdido, 
pero aún mucho aparecerá en la segunda parte de este 
libro, así como varias voces que se llaman criollas y pro- 
ceden de México, y otras partes como guaracha que de 
allá vino. [1] 

El ilustrado 1>. Tranquilino Sandalio de Xoda, que 



(\) Para esto último uir be valido <!<• un corto vocabulario de LJ 
El Pensador Mexicana, en su célebre /'<ri'i<till<> 8ami{ 



— 118 — 
había sostenido la procedencia yucateca de la lengua 
cubana, modificó en 1857 su opinión y en los Anales 
y Memorias de la Sociedad Económica publicó un curio- 
so estudio "sobre los Guagiros de la Vuelta de Abajo." 
En él convino en que existió una gran nación de que 
son un resto los antillanos y que probablemente ocupó 
las islas, Costafirme y tal vez la costa oriental de Flo- 
rida: que unos la llaman Achagua, otros Arauca, cuyos 
nombres no eran conocidos en Santo Domingo. 

¿Y tal vez? dice, la costa oriental de Florida: yo no 
encuentro en ninguna parte relaciones normales entre 
los antillanos y el continente septentrional como lo he 
razonado hasta ahora; y los escritores contemporáneos 
del descubrimiento explican en sus narraciones la dife- 
rencia de las familias que habitaban el septentrión y 
las islas. Hernando Escalante [1] nos dice que el 
príncipe Calos (Calos) de la Florida poseía dos pobla- 
ciones en las islas mas próximas de las Lucayas, llama- 
das Guaragumbe (pueblo de lágrimas) y Cuchiaga 
[lugar del martirio.] Esos nombres no indican frater- 
nidad ni bien estar. A las lágrimas y el martirio de 
esos infelices habitantes domeñados, agrega Calés sig- 
nifica cruel y ese nombre era el del jefe del territorio 
bárbaro y belicoso mas cercano á los lucayos, pues no 
distaba 20 leguas el, uno del otro país. 

Noda copió ordenadamente los recuerdos de los 
cronistas y en cuanto á sus observaciones propias, hay 
juicios con los cuales no estamos conformes: tanto 
aquí como en la segunda parte de este trabajo expon- 
dré mi parecer leal y francamente. "Yo pienso, dice 
por ejemplo, que el nombre casique era tal vez más 
usado en Haytí y el de guagiro en Cuba, puesto que se 
ha conservado en esta y aquel prevaleció en aquella. 
Oviedo. . . .es el único que yo sepa haya tratado de 



(i) Calece, de Teniaux Compans, Helatíon et r¡>>/ti</cs mr Flori" 
líe, t ^0, 



— llí) — 

este nomine y lo ('([iiipara al de rey, casique ó señor " 

Yo no veo ni concibo esas distinciones gerárquicas que 
oíros y el misino Noda, queriendo encontrar los trata- 
mientos do Excelencia, Usía y aun Majestad en la 
lengua de los humildes y pacíficos antillanos: yo per- 
sisto en creer que la voz guagiro vino del continente, 
en donde la hallaron luego los españoles: y he reunido 
(Mi el artículo Guagiro de mi diccionario enciclopédico 
cuanto he buscado sobre la palabra: Oviedo en térmi- 
nos muy claros dice todo lo contrario que lia enten- 
dido mí ilustrado, pero alucinado amigo; Oviedo 
dice que en Tierra Firmo se dá á los caciques el nom- 
bre de (íuüffho. [1] 

La lista de palabras que formó contiene (i4 voces 
de las cuales no me parecen aceptables algunas, por 
ejemplo, Xicara es mejicana; Tiba es de la America 
del Sur y equivale á geí'e como lo enseña el P. Simón. 
No cree el mismo Noda que sea muy segura la signiíi- 
< 'ación que dá á más de -siete y de ellas tengo que vol- 
ver á ocuparme en otras partes. 

Al hacer esta reseña sobre las antigüedades y res- 
tos indianos, es debido un recuerdo especialísimo á mí 
compañero y amigo 1). Felipe Poey; él copió en su 
bien empleado viaje por Europa todo lo correspondien- 
te á Cuba, y sus enlaces, de las obras inéditas del ve- 
nerable Las Casas. Las Memorias de la Sociedad 
Económica han publicado dos veces esos preciosos do- 
cumentos y otros no menos interesantes del propio 
origen. De esa fuente lian reproducido casi todos los 
(jue se lian acordado de los primitivos dias de Cuba. 
Cuando algunos han querido seguir otro rumbo, antes 
y después han dado nombres semi-moriscos á los indios 
y confundido su mitología con la de Yucatán. Daría 
pruebas sino considerase (pie los poetas á quienes me 



(1) Sumario, pég, 181, cap, X, l. £8 de la Biblioteca de Atdorn 
Españoles, 



— 120 — 
refiero no han tratado exprofeso esas materias; y que 
sus versos no dejan de ser apreeiabilísimos y dignos de 
aplauso porque se hayan equivocado en esas nomencla- 
turas. 

Entre los escritores que han querido fijar su aten- 
ción en estos estudios filológicos, ha sido otro el ilus- 
trado D. Antonio Del Monte, dominicano, autor de la 
Historia de su país, también mi colega y amigo. [1] 
Cree que fué uno el idioma yucayo en todas las islas: 
que era rico, fluido, sonoro, original y de sencillo arti- 
ficio; que un simple monosílabo ó disílabo agregado a 
la voz, altera su significación. Para probarlo se vale de 
los nombres propios únicos que nos quedan, aunque en 
esto me parece equivocado mi respetable decano [2] 
Dichas raices antepuestas ó pospuestas, y aun interca- 
ladas, variaban el sentido. De ello presentaba el 
siguiente cuadro: 

I. 



En 



ana. 



V- Ana-caona, Ana-na, Ana-mú. 

29 M-ana-jú, Guac-ana-gari, M-anatí. 

3- Magu-ana, Igu-ana, sab-ana. 

II. 

En agua. 

V- Agua-cate, Agua-bueña, Agua-jé. 
2 r - C-agua-ma, Gu-agua-sí, Y-agua-sa. 
o ? Dicay-agua, Y-agua, Jac-agua. 

III. 

En coa. 
IV Coa. Coa-ibai, Coa-guatejc. 



(1) Historia de Santo Domingo, 1853, pág. 37Q. 

(2) Fué decano del Colejiio do Abobados de la Habana. 



— 121 — 

2? O-coa-je, G-ua— coa— nejo, Ba-coa-nabo: 

:v: Majiba-coa. (Vivaba-coa. Barba-coa. 

Supone el Sr. Del Monto que las terminaciones en 

ana son aplicables á la agricultura, plantas, frutos y 
sus poseedores: Guanábana; Anana, Guatápana, Anay- 
boa, Guacanaguari, Anacoana. 

La terminación ó" componente agua, se refiere á cor- 
rientes, costas, frutos acuosos, y sus poseedores: Di- 
cay agua, Aniguayagua, Jacagua. Macagua y Magua. 

La apreciación que hace de la sonoridad de la len- 
gua es justísima: el uso de diptongos de que presenta 
ocho combinaciones en ai, ao, ei, ta, ío, /, oa, uá, y la 
abundancia de vocales en las dicciones son datos sufi- 
cientes. El idioma yuca yo, que asi lo llama siempre, 
le parece análogo al italiano cu su formación histórica; 
hasta concibe semejanza entre la gesticulación de yu- 
cayos é italianos. Aquella presunción del historiador 
reducida á la eufonía puede comprobarse efectivamente 
con los restos que nos quedan. Es frecuente el plural 
terminado en i: la palabra casabe se encuentra escrita 
cazabL Aparte de que la z es introducción europea ¿no 
será la terminación i el plural de pan! En esto todo 
tiene que ser conjetural: veremos. 



Don José Gabriel García dominicano lia escrito 
Memorias para la historia de Quisqueya: (1) en el nú- 
mero IV? del Apéndice incluye un catálogo del idioma 
haitiano que conserva el uso, — "enriquecido con la no- 
menclatura de las voces cuyo significado se recuerda 
por tradición".— No es un diccionario ni una teoría re- 
constructora de la lengua: tiene cuatro cortas secciones 
<pie titula: 1, voces que cambian de sentido conser- 
vando enlace con la idea generadora: II. voces termi- 
nadas en una sola vocal, en diptongo y en triptongo: 



(1) Santo Duming<> 



— 122 — 

III, voces que terminan en consonante sin miz cono- 
cida; IV, voces formadas por composición. 

Ejemplos de la 1? "Anaftor; Anacaena, nombre de 
la reina de Yaraguá." 

De la 2? í( Capá. Madera de construcción; Guabá, 
insecto ponzoñoso." 

De la o* u Age, ñame raíz nutritiva; Alcatraz, ave 
indígena/' 

De la 4*? li Ana, ílor, caona oro, Anacaona flor de 
oro, Maniotibél, casi que subalterno." 

De ese modo discurre sin atender á más que las 
combinaciones silábicas, y cometiendo algunos errores 
como sobre la palabra age que ni es el ñame, ni acaba 
en consonante. El trabajo es útil por cuanto conserva 
voces que pertenecen á la naturaleza física de Haití que 
no se conocen en las otras Antillas, que no por ser mu- 
chas dejan de ser interesantes. El Sr. Garcia ha es- 
crito otras obras y figura con distinción entre los 
amigos de las letras y el progreso, á que contribuye 
con su inteligencia, conocimientos y entusiasmo. Co- 
mo lo advierto desde luego, tomo de dicho señor, mu- 
chas palabras topográficas; pongo su apellido en las fi- 
lológicas y todas las que traduce, aun que no piense 
como él, quedando á salvo el criterio de cada cual. 



12;; — 



Capítulo XI. 



( 'arácter polisintético de las lenguas americanas g alibi, 
quiche, mexicana, otomí, ara una y sus análogas. 



Los trabajos especiales sobre la lengua de los abo- 
rígenes de Cuba, se refieren á datos geográficos, é in- 
ferencias y conjeturas; la familia que la habitó, como 
la que ocupaba á las islas hermanas, no nos lia dejado 
más que algunos nombres, y los cronistas nos han con- 
servado el recuerdo de su belleza tísica, y con más de- 
tenimiento el autor de la Historia nafa ral y moral de 
¡os indios [Oviedo]; bien que el venerable Las Casas 
repugnó la parte moral. 

Tenemos que ocurrir á estudios sobre las lenguas 
del continente y demorarnos en las que nos parezcan 
más emparentadas con los que aún conservan nombres 
semejantes á los antillanos en restos de indios que vi- 
sitan aun modernos misioneros. Empezaremos por los 
libros. 

( 'oino han observado el anticuario Squier (l)y an- 
tes que él, 1 lumboldt, Vattcr, Pritchaurt, Gallatin, 
Morton, Duponceau (2) y otros (pie han ilustrado la 
filología americana, la, raza americana es una con 
escasas variedades; y es muy digno de notarse que por 
diferentes caminos todos han venido al mismo resul- 



(\) El símbolo de la serpiente, Sabana, braduooion del Sr, Oaroia, 

15. 
("■i) Duponceau se ha detenido en lo mutiealo. 



.__ 124 — 

lado. En los capítulos anteriores he tenido ocasión 
de citar aun á otras autoridades. 

En cuanto á las lenguas, Duponceau les encontró 
una misma forma gramatical, aunque variasen en las 
palabras y no se entendieran entre sí; Humboldt ha 
confirmado esa observación. Es verdad que lia sido 
impugnada por algunos. 

Efectivamente irnos quieren que el idioma hebreo sea 
el origen de los demás; otros que el sánscrito: y hay 
quien divide el mundo en razas nobles y salvajes. Por 
lo que hace al orbe antiguo, Azara no solo ha encon- 
trado indudable la procedencia hebraica, sino que ha 
descubierto referencias á ese idioma en las lenguas 
americanas: por ejemplo. Jamaica, significa separada 
del mar j pues iam es mar y iaga separar, en hebreo, en 
lo que no hay mas diferencia que la <j en lugar de la e; 
y lo misino dice de Caracas según lo indique en el 
capítulo III; y no es lo único, pues varias partes del 
cuerpo humano y otros objetos son para él derivaciones 
hebreas (1). Su interesante y erudito trabajo se ocu- 
pa más de etimología que de formas gramaticales. 
Mr. Chavé continuando los trabajos de llenan busca 
también en el sánscrito el origen de las lenguas; y es- 
cribió un ensayo de etimología filosófica para desen- 
volver su sistema (2) que precedió al anterior; pero mas 
expresamente sobre tormas en una obra en que se pro- 
puso demostrar que í¿ Dos lenguas radicalmente distin- 
tas, suponen necesariamente dos primitivas y variadas 
organizaciones celébrales propias de nuestra especie." 
El estudió las formas [3] de las lenguas indo-europeas, 
y semíticas en las que encuentra elementos radical- 
mente diferentes, que llamó pronombres simples y sus 
derivados y verbos análogos. El hebreo no es más 
para él que el sánscrito de las razas semiticas [4]. 



(1) Dieu <fc. La Laugue PrimíUee, 1853. 

(2) Essai de Etimologic Philo8&phique f 1 8 V¿ 
{'.i) Les Zangues ctlcs Haces, 1862. 

(4J ídem pag. 39. 



— 1 2r> ~ 

Las formas polisintética y aglutinante, untes enun- 
ciadas, vienen á caracterizar eri un tercer grupo Jas 
lenguas americanas: Renán llama "las dos grandes 
razas nobles" ala ariana ó indo-europea y á la semítica 
ó siro-arábiga; y pueblos salvajes los demás, que no han 
podido encarnar como aquellos las palabras; cuyas 
lenguas aparecen muy inferiores. Un discípulo y ad- 
mirador de llenan, explicando la multitud de lenguas 
americanas, las desprecia por ser vagas, móviles, raras 
é incoherentes "gritos discordantes. 11 

Un escritor católico que se anuncia solo con sus 
iniciales X. O. escribió y publicó en Monreal [Cana- 
dá] una impugnación muy detenida, en que demuestra 
grandes conocimientos [1] impugnando esos asertos, y 
hasta negando que sean aglutinantes las lenguas ameri- 
canas; pero demostrando que tienen formas gramati- 
cales muy notables. No acepta la aglutinación como 
forma, porque dice que sq debe á que suponen mono- 
silábicas esas lenguas y simple superposición de sila- 
bas sus grandes palabras: él trae una de 32 como 
ejemplo del algoquino [2]. 

Es muy común en las lenguas americanas, como se 
lia observado en las Antillas mayores y menores, que 
las mujeres hablen una lengua distinta de la de los 
hombres: [o] son muchas las citas de Rivero, quien 
también se refiere á Azara: dice este que los indios 
Albayas de Paraguay hasta varían de palabras, con- 
forme sea ó no casada la persona que habla. El pro- 
pio Rivero atribuye á todas las lenguas americanas de 
carácter polisintético que les permite con afijos dar á 
una palabra muchas significaciones. 

Antes se ha hecho notar esa singularidad de (pie se 
hablen dos lenguas en un país entre las familias, y se 



(1) Jugement ei'ronec de Mi\ Emest Señan sur Jes l%ngea sduvage 
por X. o. Monreal 1864* 

(2) [dem, pág. 82. 

(:{) Rivero, Antigüedades ¡'mimias, cap. y. 



— 120 — . 
ha atribuido á las guerras en que se destruían los hom- 
bres y se conservaban las mujeres; pero si esto se dijo 
respecto de las Antillas ¿será lo mismo en el resto de 
la America? ¿y lo que dice Azara de esas variedades 
de lenguas, conforme fuesen casadas 6 no las interlo- 
cutoras? En el antiguo mundo solo se recuerda que 
entre los romanos juraban los hombres por Hércules 
(Mehercule) y las mujeres por Castor (Mecastor). 

Voy á presentar algunos ejemplos deluso de alijos 
y formas gramaticales de los americanos. Notan se 
coincidencias curiosas en el paralelo con las lenguas 
del viejo mundo. No me parece tan grande el abismo 
que separa, según llenan, á los que llama salvajes de las 
variedades que califica de nobles; pero tampoco me alu- 
cinan las etimologías. Las formas gramaticales mis- 
mas ofrecen admirables parecidos. El lingüista prác- 
tico N. O. ya citado al impugnar á Renán, y con otro 
propósito, pone tres formas hebreas enfrente de tres 
algonquinas que solo por la anteposición 6 posposición 
de los pronombres difieren, siendo en la esencia extra- 
ordinaria la analogía que ofrecen hasta en los afijos. 

\ SabaktaNI, me has abandonado NI. mi, yo m rA 
\ ladeKA, tu mano KA, de tí, á-J ¡ 

RaqhelO, su pié O, de el, 

NInaganik, me abandonas NI, mi yo, -¿ ¿ 1 
) KInindjata, tu mano KA, de tí, J¡,- j^ \ 

( Osit, su pié ( ), de el ella^ f n J 

En la lengua galibí se distinguen las personas de 
los verbos por solo la adición de una letra consonante 
en las que se encuentra la N. oirá vez aunque para 
distinta persona. Ejemplo: 

Yo hago, S-icassa, 
Tu haces, flfl-icassa, 
El hace, N-icassa. 



— m — 

En donde se ve que las tres leí ras S. M. X. desig- 
nan las personas ( 1). 

En la lengua mosquito la adición es final y no se en- 
cuentran esas letras consonantes radicales y sí como 
excepción la sílaba man 6 ina en la segunda perso- 
na. En el verbo ser /yí/V/, tú eres, man, kam. En los 
verbos regulares las terminaciones son: ne, mtt, a; pero 
hay muchos irregulares y es tanta esa irregularidad, 
que en el mismo verbo citado Jcaia se encuentra que el 
infinitivo es Jcaia; kan el pretérito perfecto; kama el im- 
perativo y sika el participio gerundio (2). Así es que la 
sílaba ma que en las lenguas de origen sánscrito es el 
primer elemento del yo personal, es la segunda perso- 
na en mosquito y cuando es afijo terminal representa el 
ne hebreo. 

En la lengua mexicana se lbrma.ii los verbos con 
anteposiciones 6 posposiciones de letras ó sílabas: así 
es que la letra o se antepone para los tiempos perfec- 
tos: o-nieei/fiiea, yo habia hecho. A veces se les pos- 
pone una letra ó sílaba, á 6 ya: yo hacia Niccihuen/a 
para el futuro una z. niccihuaz. Sin ocuparme de las 
irregularidades del verbo, las personas se expresan 
por alijos iniciales: A7, ti, airi, ún< ed, qui. 

Yo hago, A'i-cchihua. 
Tú haces, 77-cchihua. 
El hace, ^/-cehihua. 

Xosotros hacemos, 77-quiccihua. 
Vosotros hacéis, .[/¿/¿-quiccihua. 
Ellos hacen, Qui-cmlm&. [3] 

El verbo (pie es en tenias las lenguas el elemento 



(l) Gram. gálihi, pág. 9, que precede al Dtottonafre QaUbi. Stalsun 
Rustique. 

(*.*) Andcrsou A Gram. oftlie Afosfcito «v- pág. 23. 

(!5) Guiñe (Irla cmircrsatio.i tu tTOÍ8 hiiit/nrs por Pedro di' Arenas. 

(Trad. <1<* Cirios Romcy) pág 12 



— 128 — 

que indica la acción parece más destinado á servil' de 
huella para calificar la elaboración de la palabra en las 
diversas razas. Duponceau dice respecto de las lenguas 
de los indios de los Estados Unidos: "El verbo es en 
estos idiomas el jefe supremo del lenguaje: atrae á su 
círculo mágico todas las demás partes del discurso y 
las hace obrar, mover, sufrir y aun existir de la mane- 
ra ó en la situación que le agrade. Un sabio profesor 
de los Estados Unidos ha considerado al verbo de los 
indios como el Atlas que lleva el mundo en sus espal- 
das [1]." Por los pocos ejemplos que he transcrito, el 
carácter de las lenguas americanas es el mismo en todo 
el nuevo mundo y así lo dice también Duponceau. [2] 

En los adjetivos varían las terminaciones en algu- 
nas lenguas de que trae numerosos ejemplos Scool 
kraft [3] respecto de los Estados Unidos es una la 
terminación si se califican seres animados; es otra si se 
aplica á inanimados; y especialmente en izzi cuando 
son personales. 

Y esa notable variedad que hace mudar de signili- 
cacion la palabra por la adición ó mudanza de letra, 
se advirtió muy de atrás en las lenguas de Centro 
América: el Padre Ximenes publicó un Tesoro de la 
lengua Quiche que se incluyó en extracto en la gramá- 
tica de esa lengua, impresa por el abate Brasseur de, 
■Bourbourg en que el sacerdote español, anticipándose 
á contestar al desprecio de llenan, encomia la riqueza 
de sus formas: "No es ni Babel, ni confusión, sino un 
método tan regular que causa admiración á quien bien 
lo considera. Pues juzgando todo el alfabeto, desde 
la A hasta la Z, van formando monosílabos, (no lo 
cree así, sin embargo, el editor francés) ya de una, ya 
de dos, ya de ninguna consonante, que es maravilla el 
ver tal orden, y que si alguna lengua puede decir que 



(1) Memoire sur le sisteme grammaticalc $: püg. 19:?. 

(2) itfmpág. 429. 

(?>) The Zmerican Inctians. 1851 pág. '2(!. 



— li>í> — 

es ordenada por el demonio como algunos han dicho. 
por ser enemigo de todo orden y consonancia. " El 
Padre Ximenez reconoce irregularidades que supone 
de Fácil vencimiento. 

La palabra polisintética de que tantas veces hemos 
usado ya, es de origen americano, y la ha aceptado Du- 
ponceau, porque cree que expresa mejor que otras el 
carácter de una lengua, que abunda de palabras com- 
puestas, formadas por la unión ó interposición de sílabas 
en apariencia insignificantes. Así como hay lenguas 
monosilábicas elípticas desnudas deformas, como el 
Chino; así como las hay polisilábicas, sintéticas^ simé- 
tricas, con flexiones y desinencias, como el sánscrito: 
las lenguas que no presentan las formas últimamente 
expresadas como el mexicano,, el algonquino, el iroqués. 
pertenecen á las que los americanos llaman polisin- 
téticas. No pretende Duponceau negar que haya 
puntos de contacto entre los tres grupos; y aun- 
que al principio creyó que todas las lenguas america- 
nas eran polisintéticas, luego se convenció de que no 
lo era la otomí. Demostróselo el mexicano D. Manuel 
N ajera: tenia éste 30 años de edad y temia á la autori- 
dad de quien contaba 75, y era considerado como un 
maestro; pero le animó el mismo Duponceau y creyó 
cumplir con su deber: "Hoc enim et mihi et meo Mé- 
xico debeo" — dijo — y escribió su interesante memo- 
ria (1). El sabio reconoció su error en cuanto á con 
siderar un carácter absoluto en la generalización y lo 
expresó en el prefacio de su obra (2). 

Aun en el otomí, semejante en sus formas al chi- 
no en muchos casos, sin que se pretenda suponer que 
se han tomado del uno ó del otro, se halla un rasgo 
casi general en las otras lenguas americanas: la falta ó 
carencia del verbo sustantivo ser, y el auxiliar haber. 
El mismo Nájera, al traducir una estrofa de Ana 



(l) De Lingua Othomitorwn THsser tatio (Philodelphia. hdccccxxxv 
páu-. 32. Véase en <-st;i obra el cap. 2. 

Memoria) pátr 68 v siguientes. 

!> 



— 130 — 
ereonte, se vio en la necesidad de reconocerlo prácti- 
camente. La primera cosa que choca en el sistema 
verbal americano es la omisión del verbo ser: no hay 
palabra que exprese -el sé r abstracto: Duponceau lo 
dice y lo demuestra con el examen de lenguas de las 
dos grandes secciones del nuevo mundo. En el Ga- 
libí como en el Algonquino no hay palabra que expre- 
se el sustantivo ser ni el auxiliar haber, de las lenguas 
en que se tiene hasta por necesario (1). 

Los nombres suelen ser frases en las lenguas ame- 
ricanas. Duponceau ofrece ejemplos de la lengua chi- 
lena entre otras, tomadas de las obras de Molina. He 
aquí uno. 

Tiluanclovin: Yo no. deseo comer con él. 

Se compone así: 
/en lugar de m, comer; la n signo de la primera 
persona singular del presente de in- 
dicativo puesta al fin de la palabra: el 
resto se forma de las voces significa- 
tivas siguientes: duan, desear; cío y la. 
no; vi; él, w, forma verbal traspuesta 
de la primera sílaba/ , 
He dicho que una sola palabra se une á otras 
muchas y representan distintas ideas, y de esto es buen 
ejemplo lo que llama Duponceau verbos circunstancía- 
les. En la lengua chilena da el ejemplo. 
Eliin, dar. 

Muelen, dar en acción, ser donante. 
Eluqiien, dar más, demás. 
Eluduamen, desear, dar. 
Elullen, dar realmente, de buena fe; 
Elumen, ir por dar, ir á dar. 
Eluyaem, ir dando. 
Clumon, tener ocasión de dar. 



(1) Essai déla grammairc (¡alibi, pág. 11. { París, 17C3).— -Bn un texto 
.'interior escrito en español se dice que tiene el otomi los verbos ser solamente 
y .ser alguna cosa: se tradujo 6 imprimió en francés en 1663 con el título 
Elemente de la gramairc othomi suivies di un voeabulaire comparé otítom i- 
clrinois, se tiraron pocos ejemplares y tengo uno. 



— 131 — 

Elupan, venir para dar, venir á dar. 

Elupen, dudar si dará, 

Elupran, dar sin razón, sin objeto, 

Ehtpun, pasar dando. 

Elunquen, dar en apariencia. 

Eluremun, dar inspiradamente. 

Elulun, venir para dar. 

Eluvalen, poder dar, tener medios de dar. 

Elumeprem, ir para dar en vano. 

El autor, observa Duponceau, agrega una etcétera. 

Los semipronombres y pronombres que son nece- 
sarios, en la lengua mexicana v. g., para darse á enten- 
der, ocupan algunas páginas de la obra, tan rara como 
apreciable, del padre Horacio Carochi (1). El llama 
semipronombres los que entran en la composición co- 
mo afijos de preposición, nombres, adverbios y verbos; 
y pronombres los que tienen significación propia: los 
ejemplos que pone son idénticos en las formas á los 
chilenos, pero es singular que se componen, como se 
llama, á los afijos y son verbos, preposiciones y adver- 
bios: sea no primera persona (mió); plural to (nuestro) 
y la tercera i (suyo) y que esta tenga por plural in ó im, 
que hemos visto antes que en chileno es la primera. 
Es curiosísima la teoría que enseña el capítulo 4? del 
Arte Mexicano en que se aprende prácticamente lo que 
es el carácter polisintético de las lenguas americanas, 
en especial los semipronombres conjugativos. A los 
verbos circunstanciales de Duponceau hay que agregar 
los impulsivos, aplicativos, reverenciales, frecuentativos. 
y coligados: sin embargo, no hay tampoco en ese idio- 
ma ni el sustantivo ser, ni el auxiliar haber. 

Si los araguas ocuparon á Cuba vencedores ó ven- 
cidos, si la lengua de ellos se mezcló con otra proceden- 
té, si los tainos fueron anteriores como lo pretendían en 
Haití, no os dudoso que eran hermanos ó como decian 



(l) Arte de la Lengua Mexicana, (México L645) pág. i<» v siguienti 

oap. 4'.' 



— 132 — 
r/uatiaos, del continente meridional. Como demuestro 
en la segunda parte de esta obra, en el artículo a ra- 
gua ó arawack hoy mismo se encuentran palabras 
haitianas ó cubanas en la boca cíe los salvajes que fijan 
la varia ortografía con que las usamos en español. 
Podemos encontrar ejemplos de sus sencillas combi- 
naciones que producian una verdadera riqueza en el 
habla. Los araguas desconocían los sonidos de la c y 
de \af: en la conjugación variaban la radical n del in- 
finitivo en him; al reflexivo lo terminaban en mina; la 
terminación Jcuttun era signo de hacer. 

Vssalcusun , lava r. 

VssuJcussahim, ser lavado. 

Vssukiissunuua, lavarse. 

V6suh(sunh(tun, hacer lavar. 

La letra m antepuesta al verbo le da sentido nega- 
tivo, akutun, comer; makutun, no comer; ausika, amo; 
mausika, no amo [1]. 

En el gran diccionario de Larouse palabra AráwJcs 
se dice que los principales caracteres de esa lengua 
son la ausencia de la fy la c, en esos sonidos y la casi 
confusión de la r y la /. Fórmanse los sustantivos con 
afijos pronominales, sujetos auna declinación rudimen- 
taria cuyos casos principales son el dativo y ablativo 
que terminan en oiinium y ourla. El plural se forma 
con las terminaciones nonti, enouti ó auti. 

Esta lengua, según el mismo escritor, tiene analogía 
en cuanto á los pronombres, con las lenguas de los cari- 
bes de las islas, y parece que posponen las preposicio- 
nes como las lenguas aglutinantes. Dice que existe 
una traducción de la Biblia en este idioma: yo solo he 
visto y tengo á la mano la de los Actos de los Após- 
toles. 

En el artículo caraiba, antes citado, dice Larousse 
que en los dialectos 6 lengua general de los caribes, se 



(1) Dict. de Linguistiquv, pá<r. :W4 art. caribes tamanaques. 



— loo 

notó mucha semejanza con el italiano; que son armóni- 
cos en sus palabras que terminan en vocal: que los 
sufijos oni, ani, euni unidos á los verbos hacen los sus- 
1 ant i vos; que el sufijo oca indica el instrumento; y ti 
gle personas. Por esa razón abucura significa el que 
lleva una canoa; abucaraca, el timón; apara, matar; 
aparu//, el asesino. 

Además de confundir la / y r como ya se ha dicho, 
y es herencia de las personas poco educadas en Cuba, 
aun en el castellano, también confunden la b y la j), la 
c y la //. y aun otras: esa movilidad de sonidos es causa 
de que se diga» Gálinayo, Calinago, Galibí, Caribe, 
siendo así calina, galina y caribe semejantes en los 
conceptos. 

Los idiomas americanos ofrecen el notable contras- 
te de ser semejantes en las formas gramaticales, varia- 
dísimas en sus vocabularios. Ya lo dije al hablar de 
los diccionarios recojidos por Scoolkraft, pero es idén- 
tico lo que pasa en las demás regiones de Colon. 
Castclnau trae XXVII vocabularios indios; todos se 
distinguen por la variedad. Apenas tienen mas pun- 
tos de analogía que la palabra taita, padre, en Guara- 
ní, el Paraguay y algún otro país; la frecuente termi- 
nación en oto y el artículo gua con perseverancia 
usado. 

Como el P. Carochi respecto del mexicano [1], el 
I \ Montoya [2] en el Guaraní habia llamado la aten- 
ción sobre las formas singulares de las gramáticas 
americanas. El fundamento de esta lengua con sus 
partículas, decia, es que muchas de ellas por si no sig- 
nifican nada, pero compuestas con otras enteras 6 par- 
tidas, (pues muchos las cortan en composición) hacen 
voces significativas; á cuya causa no hay verbo fijo 



(1) Explicad P. Carochi la pronunciación de la ¿dando otra a La A: 
<ii la ortografía azteca. 

(2) Tesoro para la intefigenoia del Guaraní. Ghrestomathia rfi / 
gua Brasileira pelo ¡>. E FjBreira Franca, 



— 134 — 
porque se componen de esas partículas ó nombres con 
otros: ut, a, cvc, ó, yá f fia, pee" Pone en seguida los 
ejemplos. 

Pocos han negado hasta ahora el carácter polisin- 
tético á las lenguas americanas; y sólo uno, que sepa- 
mos, ha demostrado la singularidad de una monosilá- 
bica. Además de los citados Sres. N. O. y Brasseur. 
de Bourbourg, se cuenta en esos pocos al honorable 
Kennedy, entre los que niegan la cualidad polisintética 
á las lenguas americanas; pero no lo han demostrado 
como Nájera en cuanto al otomí. 



— 135 — 



Capítulo XII. 



Restos de ¡os dialectos de Cuba, Haití, Jamaica, Borin- 
quen y las Yucayas. — Trabajos de restauración de 
Rafinesque sobre su gramática. 



Moke ha dedicado un capítulo [1] de su bella His- 
toria de los Pueblos Americanos, á los habitantes de las 
Antillas mayores; y ha levantado un plano de la Amé- 
rica antigua en que señala los límites de la "Raza Pa- 
cífica 1 : — esa región la componen las diedro islas mayo- 
res. Cree por su posición que fueron habitadas más 
tarde que el continente, pero su aislamiento les pro- 
porcionó el que se conservasen y creciesen, á pesar de 
los sacudimientos sociales que las rodeaban, destru- 
yendo y reemplazando otras nacionalidades. Su raza 
lebe ser anterior á las grandes emigraciones que inva- 
dieron y trastornaron el continente indiano. Aunque 
originarios de la misma variedad primitiva del conti- 
nente, parece que se separaron cuando aun era medio 
bárbaro el país. El jesuíta Hervás también cree que 
si proceden del Antiguo Mundo los americanos, cuando 
salieron de el aún no se usaba el hierro; fue* en la edad 
«Je piedra, pues no se halla alusión á ese metal, más 
que en las tribus del Norte: solo cinco que consigno en 
mis Antigüedades Americanas, — las cuales mantuvieron 
relaciones el siglo IX con los europeos que tuvieron 



l) Histtirc des pevplos aniericaiiut, cap, [Ipag, i.' 



— 136 — 

establecimientos en Groenlandia. Moke conviene en 
las cualidades superiores de la raza caribe en los tér- 
minos que hemos visto. 

Las tradiciones de las islas confirman la antigüedad 
de su residencia, pues se creian autoctones y que 
allí fué la cuna del género humano; su numerosa po- 
blación al descubrirla (Jolón, pues Haití tenia para 
algunos un millón de habitantes, lo que es exagerado, 
indica una larga residencia; ésto se confirma aun redu- 
ciendo á 500.000 el número de las almas que le dio el 
testigo y observador Frederman. 

Si este libro, uno de los mas recientes sobre la 
materia, da una antigüedad muy remota á los antilla- 
nos, ya Rafinesque en 1838, habia publicado una obra 
sobre filología y por distintos rumbos, aunque incom- 
pleta, llegó al propio resultado; pues creía que los hai- 
tianos y cubanos tenian fin origen Pclásyico. El mis- 
mo se admiraba de su aserción. 

Deducia también que habia algún parentesco cou 
la lengua maya, en lo cual no me parece que tenia 
razón: no da más prueba que el uso de la palabra 
maya; y la suposición de que macorix 6 macorige es 
corrupción de maya-cor ix: en Cuba hay, y pudo ad- 
vertirlo, Mayabeque, Mayarí y aun otras palabras; pero 
si eso fuera bastante yo diría que los antillanos des- 
cienden de Italia, porque- ella tenia el mes de Mayo, 
llaman mátale al cerdo; tienen á malo árbol adornado 
de flores; usan el adverbio maisí, cierto que sí, que es 
literalmente nuestra punta de Maisí. Podria observar 
que eran vascuences, advirtiendo que la voz mais 6 
maiz en lengua éuscara significa grano suelto, libre; 
que cliichia aunque allá significa pedazo pequeño, es 
nuestra chicha, pues los indios mascaban el maiz para 
prepararla; que canib, es cuchilla, y por lo mismo que 
herían y mataban los indios flecheros se llaman caribes, 
aunque ni conocian el metal que compone el instru- 
mento que les daba nombre. Todo esto es mas fun- 
dado que lo que trae Rafinesque sobre el parentesco 



— .137 — 
de la lengua maya: juegos de palabras que tienen que 
ser arbitrarios. 

Y no obstante lo que en esencia digo sobre el vas- 
cuence y lo que escribí en el Faro Industrial rfe la 
Habana, de 11 de Octubre de 1849, sobre la palabra 
mate, el señor Kennedy, entusiasta cultivador del vas- 
cuence, lo encontraba muy semejante al yucateco; y 
Mr. Maury citado por Michel (\) dice: "La lengua 
éuscara parece ser el eslabón que liga á la familia xujro- 
tártara con la lengua americann. y lo que ésto confir- 
ma es la identidad en las especialidades del vasco y de 
algunos idiomas que se hablan en el Norte de Amt'ri- 
ca á la extremidad de Kamtchatka, desde Hungría 
hasta el Japón/' Antes expone el sistema de declina- 
ciones por las postposiciones, en las conjugaciones y 
la extrema analogía del verbo que les son comunes. 

La procedencia Pelásgica no es tampoco indiscuti- 
ble: podria quedarse en los guanches, pues si se refle- 
xiona bien, siendo los pelasgos anteriores á los griegos 
é italianos, á ellos podrian referirse las semejanzas 
notadas. En cuanto á las otras lenguas americanas sí 
tiene que haber analogías principalmente con las her- 
manas araguacay sus afines hasta los taos de Tucuman 
y aun de la Patagonia. Formula el tanto por ciento de 
esas analogías Eaíinesque, asegurando que es de un 70 
por ciento con los araguas, que es como llama á esa 
nación, y 5G por 100 los caíri. Es mucho menos la 
proporción con otras naciones. 

Como resultado de los estudios filológicos y fonoló- 
gicos deduce que en la lengua taina hay la huella de 
cuarenta y cuatro nacionalidades. Xo me parecen 
indiscutibles ni aceptables muchas de esas huellas, 
sino por el contrario, violentas unas, arbitrarias otras, 
si se exceptúan las varias que se refieren á la América 
Meridional. Las semejanzas casuales de la formación 



/'"' I asque, ir,\<¿. 1 1. 



— 138 — 
de las cuarenta y cuatro palabras antillanas con otras 
muchas, no es suficiente prueba de una procedencia 
singular de una familia humana: no me parecen decisi- 
vas las comparaciones, mucho menos cuando ni es á 
veces aceptable la ortografía que se adopta. La expli- 
cación filosófica de ciertas analogías, especialmente en 
las formas gramaticales, la indica el ilustre autor del 
Cosjtios, por la aplicación de unas mismas facultades de 
seres de la propia especie (1) á los diferentes objetos 
del mundo físico: en lo que los lingüistas modernos 
fundan los grupos de las lenguas monosilábicas, sinté- 
ticas, y los americanistas las polisintéticas. 

De ninguna lengua de las extinguidas hay más 
nombres que de la antillana; pero las frases más exten- 
sas que se conservan, las tenemos en las obras de Pe- 
dro Mártir de Anglería. En cuanto al areito de Ana- 
caona que he copiado en capítulo anterior y cuya músi- 
ca se ha colocado en otra parte de este trabajo, no es 
todo lo auténtico que era de desearse: fué facilitado 
á Scoolkraft por el Reverendo Hamilton Pierson [2] 
quien lo obtuvo de Guillermo J. Simone, de Port-au- 
Prince; era éste vecino de Charleston, a,unque residió 
muoho tiempo en Haití. En lo que hace á la música, dice 
Pierson que es superior á la de las tribus americanas 
de los Estados Unidos; pero D. Joaquín Pérez, domi- 
cano, en sus Fantasías indígenas, [1877], copia la 
parte de una tradición que se conserva referente á ese 
areito, en que puede haber semejanza y la diferencia 
es de explicarse por la de la ortografía de las dos 
partes francesa y española: bombe [española] bombal 
[francesa]. He oido pronunciar á dominicanos gqmbe, 
Lo que cito del Sr. Pérez es un fragmento: 

Igi aya bombó 



(1) La anidad humana es defendida por lluniboldt y otros sabios ale 
manes: véase la introducción del Cosmos por Diaz Quintero 

(2) Segunda parte pág. 309 de la Información. 



— 131) — 

Uno do los elementos más repetidos del haitiano, 
ya lo indicó Pedro Mártir de Anglería, que era el ar- 
tículo (/na que entra en la composición de las palabras. 
Tiene significación propia: este, esta, esto, como los 
demostrativos; otros se hallan en la composición que 
parecen relativos ó indicativos de los primeros, son 
alijos i, My liin, ni, n, zi, (si), ¡i, etc. También figuran 
como artículos en composición ó prefijos las letras o y 
a; aquella significa semejanza, comparación; esta es in- 
dicio de posesión, el genitivo castellano, lo mismo que 
de. Dedúcese, pues, que gua no se traduce el en es- 
pañol y que este artículo es el i indiano en los demás 
ejemplos puestos antes. El articuló o equivale á como 
en el sentido puro que adjetiva al sustantivo: por ejem- 
plo siba, piedra; sibao, pedregoso. 

Demuestra su narración el citado escritor con los 
siguientes ejemplos de artículos. 

Gua-yaba Esta yaba [fruta]. 

Gua-má Este grande. 

Gua-tiaos. . . . Estos hermanos. 
Ma-sa-gua. . . Gran plano igual. 

Bala-gua Mar igual, océano. 

I-gua-na. La iguana, lagarto. 

Ni— taino El bueno, el noble. 

Mi-taino Superior, noble. 

Si-ani Esposa, mujer casada [Eyeri] 

i 1 in-quali Los hijos. 

Siba-o Pedregoso, roquero. 

/Y-na De la flor, del centro. 

A-boria . Del trabajo. 

A-ma De lo grande, agua. 

A-reito De baile, del canto. 

l>e los ejemplos he suprimido el de A-máca } por- 
que so escribe con // y so conserva en los campos de 
('uba, la aspiración que han respetado los europeos 
ribiendo hamaca. Parece que esos artículos ser 



^c 



— 110 — 
viau para suplir las desinencias en las declinaciones; 
como en otras muchas lenguas aún europeas. 

Parécelc á Kafinesque que los femeninos se forma- 
ban convirtiendo la o en a como en español é italiano 
faino, taina, bueno, buena; hito, hita, hombre 6 mujer. 
En la dificultad de tener datos fijos sobre los géneros 
de los nombres, se suponían masculinos los termina- 
dos en i, s, n, u, I, y quizás neutros algunos. 

La duplicación de una sílaba indica amplitud como 
en las lenguas orientales: bi, vida; bibi, madre, y mujer 
casada en los dialectos. Ua, habitación; baba, padre 
[Kafinesque usa de la b ó la v, en esta palabra]. Ma 
grande y mamá, madre. Jan [escrito por los cronistas 
xaii] es torta y jan jan [xauxau] torta grande, refirién- 
dose al casabe. Se conserva plurales en s y en i como 
el español ó el italiano; taino, taini, hito, hitos. He 
hecho sobre esto una ligera observación: hay palabras 
que en singular. acaban en i como semi, y el plural en 
es, semes; cazabe en plural cazabi. Casaba, dice el 
Dr. Fermín y otros, pero cúidese de la diferen- 
te pronunciación de las vocales por los que las escri- 
ben, El, hijo; ili, hijos; diiho, asiento; duhos, asien- 
tos. En el dialecto eyeri muchos plurales terminan en 
um; eyeri, hombre; eyerkun; inaru, mujer; inanun. 
mujeres. 

Los adjetivos se ponen unas veces antes y otras 
después de los sustantivos: 

Hai-tí . Tierra alta. 

Ana-caona De flor de oro. 

Buhui-tihu. . . - Sacerdote. 

Ejemplos de posición inversa; 

Bo-hito Anciano hombre, sacerdote. 

Yaya-el Hijo tierra. 

N-abor-ias . . , Los obreros, trabajadores. 



— 111 — 

Fórmanse algunos adjetivos con el alijo o: siba, 
piedra, roca; siba-o, pedregoso, roquero; siba-y-o mon- 
tana pedregosa. — Tttrey, el cielo; turcy-yua, celeste, 
celestial. Buhos, riqueza. Duihsi, ricamente ó ri- 
queza. 

Los superlativos se forman por la duplicación de la 
sílaba: ua, viejo, tierna, muy viejo. El i ruto co; coco, 
muy fructífero ó fructuoso y es la nuez de una palma. 

El afijo ma, amplifica la significación de la palabra. 

Los pronombres son á su parecer muy sencillos: 

317, m, primera persona en significación de yo. me. 
mi, mió. 

Alúa ¿será lo misino que nuestro* 

77, t, segunda persona tú, vuestro, tuyo, tuya. 

Le /, tercera persona él, este, eso, esa. 

La forma de los plurales es desconocida ó dudosa, 
acaso por inflexiones: la mayor parte de estos pronom- 
bres son italiano puro para el escritor inglés, y pudo 
añadir y español revuelto. 

Poco ó nada dice, que se sabe del verbo: las raras 
muestras que ofreció del verbo ser demuestran que 
seria tan irregular como el inglés. 

Ei, ser; tei, ser tú; bel, siendo. 

Beira, existencia; daca ( (lacha) yo soy. 

El, el es; si {si) este es, esto es. 

Para mí ese verbo lo han creado las traducciones. 
Los españoles abusaban del sustantivo ser; cuando las 
mujeres casadas decían en ciertas circunstancias: ex- 
forzada! exforzada! hubo quien agregara "cómo si di- 
jera soy para mucho." 

Encuéntrase el verbo confundido y mezclado en to- 
da lengua polisintética, esto se ve en el análisis riel 
verbo guártoco-él como lo verifica Uafmesque, para ha- 
llar que el es la espresion del tu en tercera persona: gm- 
roco-cl que traducimos nosotros conocemos e$; supo 
hiendo que VOCO sea conocer yo traduciria: esto- COHOCer- 
hija y en español este es consecuencia, es hija de aquello, 
pero el verbo sustantivo es nuestro: la exige la índole 



— 142 — 

<le la lengua. En algunas lenguas antiguas y en todas 
las americanas es intraducibie el égo siim qui sum: se 
necesita un rodeo y el uso de otras palabras y artificios 
gramaticales. 

Como en otras lenguas la m antepuesta al verbo 
le dá un sentido negativo: macabuca no me importa; de 
manera que acalca debe significar lo contrario aunque 
no se haya ocurrido á nuestro guia. 

Pedro Mártir ha conservado el siguiente fragmento 
que copia el filólogo, aunque con algún error que sal- 
varé con presencia del original latino, pues parece que 
lo tomó de la traducción italiana. Lo haré para dar 
una idea de la sintaxis india mucho más análoga á los 
neolatinos, á su juicio que á la anglosajona. Como en 
su obra latina Pedro Mártir acentuó las palabras, pon- 
dré acentos y rectificaré la ortografía. Conviene que se 
sepa que se trata de un diálogo entre marido y mujer; 
de que resulta un milagro; ó dos; mejor dicho, en que 
se muestra" el espíritu de la época. Exigía el marido á 
la mujer lo que ésta negaba por la santidad del lugar. 

Empieza la mujer: 

ITALIANO. 



1 Teítoca, teítoca. quieto, quieto, tacitu. 

Téquita mucho molto. 

Cynato . . airado irato. 

Guamequína . . el Señor Gran nume. 

2 Guaibá anda . . - - val. 

Cynato airado irato. 

Macabuca no importa . - . non curo. 

Guamequína . . el Señor . - Gran mime. 

i) Aborta sierva serva. 

Baca (dacha) . soy yo sonó. 

EJEMPLOS DE COMPOSICIONES DE LAS PALABRAS 

Ca-sa-bi, pan: ca-sa-bi, suelo, fruto, vida. 



— 143 — 

Manatí, animal de eso nombre; Ma-na-tl, gran- 
cusa- alta. 

Ture y, cielo; T-ur-ey, tu-luz-existe. 

Areiti, canto, ritos; a-rei-tí, de-ritos-alto. 

Naniqui, espíritus; na-ni-qui, cosa-activa. 

Maroyo, la luna: ma-ro-yo, grande—amable- 
mente. 

Cuenta Rafinesque setenta y cuatro radicales que 
figuran en la composición de las palabras: 

A, de, como, semejante. 

Ac, santo, sagrado, religioso. 

Am, agua, raiz; lleno. 

An, masculino, pueblo, gente 

At, primero, único, solo. 

Ba, padres, mayores, morada. 

Bal, mar, onda, notante, habitación. 

¡hm, viento, aire. 

Bao, música, lira, instrumento. 

Bal, paliza, jueiro. entretenimiento, bolo ó pe- 
lota. 

Bou, segundo, doble, gemelo, dos, inmediata 
mente. 

B¿, vida, mujer casada. 

Boa, habitación casa. 

Bar, trabajo, obra, vasallo, servicio. 

Ca, tierra, suelo, terreno, seco. 

( 'an, pez, malo, veloz 6 aceleradamente. 

Chi, activo, espíritu, obra, vivo, viviente, 

( 'Jiom, cálido, caliente, seco. 

Chuc, tornarse, agravar, prender. 

Co t suelo, fruto, fuente, ¡ perro? hilo. 

Coai, alegría, delicia, felicidad. 

Cu, capilla? altar? — corazón, fuego, todo 

Cus, gusano, rastreando. 

Di, actual, din, hora. 

hall, ricos, riqueza, tesoro, propiedad. 

Ei, existencia ¿ser.' 

El, hijo, tribu, muchacho. ;cl es? 



— 144 — 

Furf opaco, oscuro, cercado, furia ( 1 ) 

Gia, pájaro, ave, volante. 

Grúa, tal, este, aquello, estos, ^sos. 

Guey, cascara, concha, hueco, cerrado. 

Ha, sí, cierto, seguro. 

Hi, el, indicación, aquí. 

Hio, casa, choza. 

Htiib, cabeza. 

I, señal de vida,' acción. 

lo? Dios, tipo de la vida. 

In, mujer, femenino. 

Itj hombre, masculino 

Iz (s), ojos, mirada, 

L\ Li, este, el, esto, etc., á veces Y. 

Ma, grande, aumento, ancho: madre, agua. 

Mas, alimento, comer etc. 

Mij m, mi, mió. 

Na, cosa, flor, lagarto, propuesto. 

No, n, tu cosa, mi cosa. 

Núj noa, bote, navegación, ¿noble? 

0, igual semejante, pariente. 

Ob, cobre, amarillo, 

Op, muerte. 

Pit, leña, purpureo. 

lia, ¿rey? ¿real? — rito, evidencia, procedencia, 

Bi, masculino, pueblo hombres. 

Bis, rojo. 

lio, amor querer. 

Sor, poniente, tarde, pasado, lejos. 

Tab, tubo, pino: 

Tai, tiao, hermano, amigo, bueno. 

Ti, levantado alto, eminente. 

Toa, pecho, leche (2). 



(1 ) Aunque me propongo discutir las dudas que se me ofrecen, mas 
adelante, me anticipo á decir que Fur y Furidi y cuantas palabras se escri- 
ben con/no son antillanas de los tainos: aquí es visible la sustitución de/ 
por h; acaso en lugar do la T de Turey. 

(2) Y rana, que lo dicen los cronistas. 



— 145 — 
, restar, paz, quietud. 

Va¡ viejo, anciano(l), cuba, hueco, origen. 

lar, guerra; guerrero. 

Xa», torta, cocida al horno, pan. 

Xí f fuerte; picante, pimiento. 

Yar, fin, postrero, respiradero. 

Vu, blanco, claro. 

Za, (2) fruto, copioso yerba. 

Zem, ángel, deidad, ídolo. 

Zífypiedra, roca. 

Zic, rey, gobernador [régulo]. 
En su oportunidad se discutirán en pormenor las for- 
mas de las palabras que se conservan; las que han adop- 
tado los colonos y sus descendientes y aun en Europa; 
pronto daremos principio á la segunda parte de esta 
obra. 



(1) Creo que es ha 6 na, oomo lapa'abra siguiente es indudablemente bar 

(2) Con s oomo las siguientes. 

to 



— 146 — 



Capítulo XIII. 



Bestos materiales de la época primitiva de Cuba y las 
demás Antillas y Yucayas. (1) 



Mr. Edgar La Selve (de Port au Prince) ha publi- 
cado en Les Archives de laSocieté Americaine de Fr an- 
ee (2) un artículo titulado Haití antes de Colon, que 
exajerado por el amor patrio del autor, aún cree que 
han quedado recuerdos sobre el progreso intelectual 
del país de más importancia de la que tienen para los 
demás: cita al señor de la Borde, encomiando la hospi- 
talidad, la falta de ambición, de avaricia,- del fraude, 
de las blasfemias y mentiras; la sinceridad de los cari- 
bes. 

"Haití, dice, está cubierto de poblaciones agrupa- 
das que le hicieron dar el nombre de Bohío. Depósi- 
tos aglomerados de piedras, mudos restos de grosera 
escultura son monumentos anónimos; vestigios de los 
primitivos habitantes haitianos. Entre esas esculturas 
sus semis (escribe zemis) se ven aún con los ojos azo- 
rados; teniendo una azagaya en una mano en actitud 
de lanzarla y haciendo señas con la otra." 

"Alonso de Ojeda, el vencedor de Caonabo (escribe 
Kaonabo) y Nicolás de Ovando (1504) (3). de Anacao- 
na y Cotubama iniciaron una guerra que terminó á los 



(1) Parte de este capítulo lo he publicado en Nueva York, en The 
Magazine of American Híst&ry. 

(2) 1874 á 1875 pág. 357 1. 1? 
(%) Oviedo lib. III, cap. I. 



— 147 — 
trece años, con la de Enrique en que concluyo la joven 
civilización indiana." 

k 'Sobre estos territorios que corresponden á Ma- 
íz na, Mariai, Iliguey, Maguana brilló la Quisqueya ca- 
ribe; los sumís pronunciaban sus oráculos, los butíos, 
los interpretaban; Iluoiou, el de los relámpagos deslum- 
bradores, se lanzaba de las cavernas sagradas, criptos 
tallados en la roca, rodeados de grandes murallas, que 
encontramos todavía, pero desaparecen en el cielo 
6 Turcy (escribe Thurcy). Espiando la salida de la 
blonda luna, los pueblos salían en tropel de sus ¿aba- 
ñas exclamando: nomn! nouun! El poderoso cacique 
(ruacanagarl bogaba en su canoa sobre el Ifatibonico 
desafiando á Couvoumou, tan potente como Micliabou, 
el genio de las Aguas, el semejante en lo terrible á 
Adamastor, el Huracán genio de las tempestades. Allí 
los siguayos (escribe aguayos) ejercían sus hostilida- 
des sobre todos, y Guarionex reinaba en la vega, la be- 
lla, más que la de Granada que los conquistadores lla- 
maban la real" 

* "A la sombra de sus mameyes, con sus frutos de 
ambrosía, tenían sus letrados y cultivaban la poesía. Las 
artes de los casiques tenían sus cantores, los sambas-, 
la mujer cacique Anacaona (flor de oro) (1) hermana 
de Bohequio, esposa de Kaonabo, hija de Xaragua, uni- 
da ala Ataguana por el matrimonio, debía menos á su 
nacimiento y á su rango que á su talento poético, su 
celebridad y su influencia sobre los guerreros. Una 
de sus composiciones ha llegado hasta nuestros dias; y 
encontramos en ella el perfume de las odas de Tirteoy 
de los cantares de Bertrand de Born." (2) 

Mitigando el entusiasmo del escritor haitiano me 
ocuparé de todos los recuerdos antillanos y lucayos. La 



(1) 7ó*Be -'Anacaona" en élAtmuaire du ('omitid' Arctootogii 
Hcaine 1. 1. pág. 170. 

(2) lliht. des casiques d' naiti, por E. Ñau. Pon ;tu Prinoe; |£3T>. 
llist. de la Lit. Haitiaii p: Edgar La Sel ve. Port au Prinoe L874. 



— 148 — 
dilatada excursión que hemos hecho demuestra que 
como dice Rafinesque: "Asia es la tierra de las fábu- 
las; África la de los monstruos; America la de lo^ sis- 
temas." (1) Si por la filología y la historia se ha discu- 
tido, dudado y vacilado sobre esos sistemas respecto 
de los orígenes americanos; las ciencias naturales, los 
estudios paleontológicos vienen á terciar en el debate, 
presentando restos materiales, fósiles humanos en toda 
la América, que hacen suponer sino anterior, contem- 
poráneo al hombre americano de todos los demás. Es- 
te capítulo reasumirá lo que existe en complexo de la 
época en que los europeos descubrieron las Antillas y 
las huellas preadamíticas, sin perjuicio de más porme- 
nores en los artículos especiales de la segunda parte. 

Los túmulos ó superconstrucciones de diferentes 
formas, que en toda la América existen, están en las 
Antillas reproducidos por lo que en Cuba se llamaron 
Caneyes de los muertos. 

La palabra Caney pertenece al idioma de los indios 
de las Antillas mayores, y por consiguiente, al que ha- 
blaron los cubanos á quienes llamó Siboneyes el vene- 
rable obispo Las Casas: significa habitación cónica y 
por extensión se aplicó en el Oriente y en otros lugares 
más sinuosos: caneyes son en el terreno ciertas eleva- 



(1) Singular pensamiento es hablar de letrados ó literatos cuando el 
país no tenía letras ni signos gráficos que Jas suplieran: poro si Haití no los 
tenía, el ya tantas veces citado Rafinesque en carta dirigida á Mr. Champó- 
Ilion sobre los Sistemas gráficos de América y los glifos de Otolum ó Pa- 
lenque en la América Central, le decías "Según mis investigaciones se 

pueden clasificar en 12 series de lo simple alo compuesto, los medios de fijar 
el pensamiento en América: I a símbolos ó glifos dolos toltecas, aztecas, etc.; 
2 a símbolos abreviados representando objetos; 3? quipos como los peruanos: 
4 a Wampums de conchas y cuentas ensartadas; 5 a caracteres rúnicos seme- 
jantes á los eeltas, etc.; 6 a marcas y signos simbólicos usados por los 'rale- 
gas, Xatchez y otras tribus del .Norte y de México: 7 a símbolos alfabéticos 
explicando sílabas y cornisas como se Vé en Otolum, la Tobas Americana; 
8 a grupos de símbolosy parábolas como se vé en los monumentos Mayas etc. ; 
9 a series de letras que expresan sílabas dispuestas en líneas como los Clero- 
Meé; 10 a alfabetos semejantes en su uso á los do Asia y Europa que se ven 
en inscripciones de las dos Américas; 11 a los signos en medallas, monedas, 
etc., introducidos por los otros pueblos de las demás parles del mundo; 12.'; 
sistema numérico do signos gráficos parecidos á los del continente occi- 
dental."! 



— uo — 
c iones que afectau la ligura de conos truncados: cané- 
ele rio las sinuosidades que á vista de pájaro 
señalan curvas análogas y aún no falta algún pun- 
to ú orilla del mar que lleva ese nombre, como el que 
sirvió para el primitivo puerto comercial de Santi Spi- 
ritus en el mar del Sur. Por lo mismo el caney de los 
muertos no expresa aglomeración de cadáveres ó ce- 
menterio, sino algo parecido á lo que en los Estados 
Unidos se llama j3f<Htn¿, y en castellano sería terraplén 
ó túmulo, construcción sobre el terreno; destinado á se- 
pulturas, el caney es cuando de terreno se trata, una 
elevación artificial, obra del hombre. No es el teocalli 
mejicano, que á tanto no llegaron los indios buenos ^ los 
pacííicos y mansos moradores genuinos de Cuba; pero 
ofrecen de los pocos restos que en Cuba quedaron del 
tránsito de los seres que nos han precedido en la his- 
toria; y digo que quedaban, porque van desaparecien- 
do con grandísima rapidez. 

Publicaba la Keal Sociedad Económica de la Ha- 
bana sus Memorias [1844] cuando los periódicos de 
Puerto Príncipe dieron la noticia de la existencia de 
esqueletos, fósiles humanos, lo que entonces era cosa 
poco importante. Hay en Cuba muchos depósitos de 
osamentas humanas no sólo en caneyes, sino en las nu- 
merosas cuevas que los conservan: allí están revueltos 
los restos de negros simarrones, de indios que en ellas 
se refugiaron y perecieron déla peste de la viruela ó por 
huir del trabajo que les hacían cometer el crimen del 
suicidio. Los negros especialmente los minas; los asiá- 
ticos ó chinos han ocurrido en nuestros dias á ese re- 
medio supremo de poner termino á los sufrimientos de 
la servidumbre. La noticia camagüeyana no era una no- 
vedad: las Memorias las reprodujeron: la existencia de 
esqueletos fósiles era considerada como común: la pa- 
labra fósil era para los más equivalente á cosa oculta, 
enterados de la etimología de ella: fósilis. Los hombres 
dé la ciencia como I). Andrés del Rio, aplicaban el 
sistema de Bercélio á la mineralogía entera con el nom« 



— 150 — 
bre de Orictonocia ó "Conocimiento de los fósiles." 
A nadie ocurrió que la geologia que por sus órga- 
nos más respetables, Cuvier y Lyell, combatia enton- 
ces á los preadamistas iba á abandonar el más deter- 
minado de sus asertos, consistente en que era el hom- 
bre de los últimos seres que aparecieron en la creación 
en las capas dé las formaciones de la tierra. Pero 
veamos lo especial del descrubrimiento cubano. 

No se encontrará quien no haya oido hablar en 
Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico de los depósitos 
de osamentas, cadáveres en cuevas y caneyes de los 
muertos que la tradición enlaza con los indios. "Ha 
muchos años, decian los periódicos citados que había- 
mos oido hablar de los que se encuentran en la juris- 
dicción (Puerto Príncipe). (1) Dio la noticia don 
Bernabé Mola, que la adquirió de su compatriota don 
Francisco Antonio de Agramonte: ambos inteligentes 
y ambos interesados en el estudio y progreso del país. 
La pintura que hicieron de los terrenos es semejante á 
la que trazaron los que hablan de los esqueletos halla- 
dos en la isla de Guadalupe, de que luego me ocupare. 
"El punto en que existe ese que llamaríamos cemen- 
terio, dicen, en que reposan los mencionados esquele- 
tos, está en la costa Sur, inmediato á la batería de 
Santa María Casimba [2] y estero ó sitio llamado por 
este motivo de los caneyes puesto que se ven por allí di- 
seminados varios de estos sepulcros de forma cónica bas- 
tante achatada y presentando vistas de perfil la aber- 
tura de sus ángulos muy obtusa. El rumbo del lugar 

mencionado . es el O. S. O. (de Puerto Príncipe) y 

con más exactitud un cuarto más para el O. franco, 
como á lf) leguas provinciales ó cubanas (de 5000 va- 



(1) Memorias de la Sociedad Económica, pág. 457, nihn. 102 año 1844. 

(2) Casimba es un hueco en las rocas, en la tierra ó árbol en donde so 
deposita el agua: los marinos españoles la escriben con c. Me parece voz in- 
dígena y se encuentra en la lengua general del Brasil, bien que sólo aplicada 
á los depósitos do aguas de las rocas en las costas, pero no se conserva en la 
pronunciación lo mismo que en ceiba, ciba, cibao, etc. 



— lui- 
rás) en línea recta." Se atribuye el hallazgo á ser ba- 
jas y anegadizas las costas del Sur en especial la de 
Vertientes y por el curso de los siglos han sido invadi- 
dos por el mar: "así lo demuestra el hallazgo de los 
esqueletos á que vamos contraidos, pues sólo puede 
vérseles y observárseles mientras permanece baja la 
marea, que queda en seco el expresado Cementerio. 
Descúbrense en el como incrustados en el fondo duro, 
varios esqueletos al parecer de los dos sexos y de ni- 
ños, pues los de éstos se encuentran colocados entre 
las piernas de los que parecen de mujeres. La alta 
talla de los esqueletos nos hace presumir sean de raza 

india extinguida casi totalmente." 

Tampoco era nuevo el supuesto de que en las An- 
tillas habia esos depósitos en la misma forma. En las 
playas de la isla de Guadalupe se habian encontrado, 
incrustados en dura roca caliza esqueletos humanos; 
de ellos habla Zimmermann negándoles el verdadero 
carácter de fósiles. (1) A primera vista era decisivo 
el encuentro de un fósil humano; pero se tuvo por cier- 
to que la materia aluvial y otros objetos recientes que 
allí se hallaron hacia creer que no pasaban de algunos 
centenares de años: se realizó la sospecha de Zimmer- 
mann y aún hubo quien explicó los esqueletos dicien- 
do que eran restos de una batalla allí dada entre cari- 
oes y calibies en 1710. 

Aquellos esqueletos no indicaban pues una época más 
alta que el diluvio de Moisés: la geología apoyábala Biblia 
y la filología venía á buscar análogos argumentos: Joh- 
nes, dos años después escribia sobre esto una obra (2). 
La obra principia invocando á Cuvier y á Lyell en la 
Teoría de la Tierra del primero y Geología del segun- 
do. El sabio Sheuchzer habia publicado desde el si- 
glo pasado una copiosa serie de restos fósiles, que 11a- 



(h Ilitchcock, Elementarv Gteology, pág. loo <184l). 
(2) PkiloliMfica! Proof of too original uuityand rocont origiu oí \hv 
Kan (184a). 



— 152 — 
ma del diluvio, en la expandida Fkisica Sacra, y obras 
especiales sobre la misma materia: al hacerlo extrañó 
que fuesen tan escasos los restos humanos de que sólo 
había encontrado dos vértebras ennegrecidas y una 
gran porción de un esqueleto (1). Tengo á la vista la 
lámina que los representa, excelente por su ejecución 
en dibujo y grabado, como todas las de la obra ante las 
cuales depoco tienen que envanecerse los artistas actua- 
les. Creyó el ilustre médico y sabio profesor, que 
allí estaba petrificado casi todo el espinazo y parte de 
un cráneo humano; pero Cuvier ha demostrado que era 
¡una salamandra!' Hasta una parte del hígado pareció 
fosilificado al sabio antiguo maestro. El homo Diluvii 
testis, ante cuyos restos hizo patéticas reflexiones el 
piadoso Scheuchzer, era un gran lagarto. Los que en 
1844 eran preadamitas lo serían por intuición proféti- 
ca, porprincipios teóricos, como Voltaire y Barthelemy 
que precedieron á Niebourg y Mommsen en criticar las 
fábulas históricas; como Zimmermann que se anticipó, 
a priori, sobre los descubrimientos paleontológicos. 
.Los esqueletos de Guadalupe, que eran dos. se remi- 
tieron á los museos de Europa. No se ignoraba el 
descubrimiento en Cuba en 1844, pues lo cita el arti- 
culista de que he tomado los párrafos antes copiados, 
aún supuso que el orden de su enterramiento le au- 
torizaba para-conjeturar la existencia entre ella (la ra- 
za extinguida) de alguna práctica bárbara, como los 
que ha observado en otras partes." 

Pero esos huesos indianos y otros recuerdos, apa- 
recen no sólo en caneyes sino en las cuevas. Mi amigo 
don Andrés Stanislas los encontró en Puerto Eico y 
me habló de ellos varias veces; los hay en las demás 
islas. Los Estados Unidos están llenos de obras con 
datos geológicos en los cuales halla la ciencia actual 
paleontológicas decisiones para la destrucción de erro- 
res antiguos. Carlos Lyell, el más respetable cam- 



(l) Fhmque Sacrée, i. l c .\ lámiiica XOIX. 



— ids — 

peón de la doctrina de la reciente aparición del hom- 
bre en la tierra, lia reconocido que un esqueleto que se 
ha encontrado en el Delta dr\ Míssissipf, destruía su 
teoría. Calcula el Dr. Douler que téüíú 50,000 [1] 
años. 

Mount Jollid es [2] un gigantesco caney en sus for- 
mas hasta en su achatamiento superior. En Cuba se 
ha demostrado la existencia del hombre fósil también 
por la iniciativa del sabio naturalista don Felipe Poey, 
sobre muestras recogidas por el incansable explorador 
de Cuba don Miguel Rodríguez Ferrer, de que teñe- 
mos que ocuparnos. El hombre prcadamita ha veni- 
do á demostrar un hecho, que el llamado mundo anti- 
cuo no fue poblado primero que America; y que Cuba 
es una parte de ese mundo primitivo, cosa que los ale- 
manes sostienen con científicas razones. 

Las cavernas de las Antillas, como se dice antes, 
han conservado muchos restos de los indígenas y aún 
en las Bahamas se han encontrado huellas de que al- 
gunas veces sirvieron de habitación á los naturales an- 
tes y después de la llegada de los españoles. Alguien 
ha negado la posibilidad de que pudieran ser habita- 
das; pero es que no las han visitado. Las inmensas 
cuevas de Cotilla, Chepa-Lopez, muchas otras de Cu- 
ba son palacios, cuyas gigantescas arquerías ocultan 
senderos y habitaciones no del todo exploradas. La 
mitología de los indios buenos, los Tainos, suponen que 
el sol, la luna, salieron de la cueva de Jobaba, y des- 
pués de su diluvio toda la humanidad vivió en cuevas 
en Haití que ai'm se señalan allí. Respecto de las 
Bahamas, hermanas etnológicas de las grandes Anti- 
llas, ha creido Mr. Eduardo Palmer [The Amcriccui 
Naturalist. pág. 248 vol. 9] "que muchas cuevas. . .'. 
sino han sido habitadas siempre, las ocuparon tempo- 
ralmente, pues se han encontrado en ellas á menudo, 



I i ) \a) Ron, V ilumine fo88Üe, pág. 20. 

Prieat. A nurica a AnüquitioB, pág. 790 | ii,i r . Vi \ 



— 154 — 
objetos de su uso." En Nasau se conservaba en el mu- 
seo un objeto hallado en una cueva de las Bahamas, con 
esta moderna inscripción: "Iridian idol or stool": es de 
madera y aunque tiene esculpida una cara humana, es 
más bien un utensilio doméstico que un semi. Mr. Pal- 
mer cree que es un molino ó mortero: se parece á los 
llamados metates en Méjico, que son de piedra: pero 
participa de la batea, que es de madera en todas las 
Antillas; los que usaban como pasadores los cubanos 
eran de piedra. Se calcula al utensilio de Nasau so- 
bre 300 años de duración. Esos restos son de la edad 
de piedra. 

Los osarios son restos de la misma época casi 
siempre; de hombres y animales perdonados de una 
total destrucción para que sirvan de discusión á los 
geólogos. Hay también restos preadamitas y son raros. 
Para la ciencia hoy tienen mas interés estos datos que 
los groseros objetos de su industria. En Cuba hay mu- 
chos osarios en sus cuevas: allí donde no penetran los 
murciélagos, que cubren con sus excrementos el pavi- 
mento por inmensas capas de guano, se ven á menudo. 
¿A qué época, á que raza pertenecen? 

Alguna muestra ha ocupado la atención de los sa- 
bios. D. Felipe Poey ya lo he citado, > (Bepertorio Fí- 
sico Natural de la isla de Cuba, t. 1?, pág. 150J califi- 
ca de caribe el cráneo fósil que le presentó el Sr. Ro- 
dríguez Ferré r, por la presión del cráneo aunque "sub- 
sisten dudas de que los caribes se aplastaban el cráneo 
con unos aparatos." Pero los caribes no solos, sino otros 
indios de Cuba, se aplastaban la cabeza, según Herre- 
ra que cita á Oviedo [iib. cxv.] bien que los cubanos 
lo hacian de diferente modo: y se les endurecia tanto 
el cráneo, que una espada con frecuencia se amellaba 
ó saltaba al herirle. Labat (Nouveau Voyage aux iles 
(V Ameriqíie, pág. 94, t. 2) dice como testigo que los 
caribes les seguían aplastando el cráneo á sus hijos re- 
cien nacidos. 

La costumbre de desfigurar las cabezas se practi- 



— loo 

caba por los indios y se ha conservado hasta nuestros 
días sin exceptuar á las mujeres: The Fíat Ileaded 
Wotnan que se exhibe en una obra reciente [The incili- 
Races of Man by Woods, t. 11, pág. 1319] es una 
muestra. Clatin y Kane hablan de esa costumbre sin- 
gular, y el segundo con mas detención. Castelnau [Ex- 
pedí tion de V Ameriqxiedu Sud] también es testimonio 
de que en la otra parte de America, corno en el Norte 
v las Antillas, se conservó esa costumbre: esplica [t. 
4.] que los caribes ponen la cabeza del niíio dentro de 
dos tablas, una en la nuca y otra en la frente, durante 
seis meses después de su nacimiento, y celebran con 
una fiesta á la separación del aparato. 



156 — 



Capítulo XIV. 

Cráneos naturalmente prolongados; de otras épocas; 
prehistóricas. 



¿La forma prolongada de los cráneos cubanos era 
suficiente razón para llamar caribes á todos los que los 
tienen? No siempre se debe al arte esa forma. Ob- 
serva el Sr. Rivero (1) que según estudios recientes 
del Dr. Tschudi entre centenares de cráneos antiguos 
del reino de las Incas, distinguió tres razas que prece- 
dieron á su constitución política. Hasta una rarísima 
depresión que en ellos encontró no podia ser artificial 
[3? forma] porque se halla en un feto de siete meses 
que destruye la suposición: se vé en el número VII 
del expléndido Atlas de la citada obra. Esos cráneos 
diversos estaban agrupados en familias en sus Ruacas 
[pág. 28] "á corta distancia." 

La ciencia ha aceptado la división entro los crá- 
neos comunes y los que Morton llama caribes: el pro- 
fesor Retzius ha dividido los cráneos en braquiocéíalos 
y dolicocé* falos, según sean redondos ó prolongados. 
Pero no se pueden llamar europeos ó caribes, pues 
cráneos semejantes á los de las razas rojas y america- 
nas se encuentran en las formaciones de la edad neolí- 
tica, de piedra pulida de Europa, lo mismo en Espa- 
ña [Vizcaya] que en Inglaterra y en Francia, fueran ó 



1) Antigüedades del Perú, pág. 2;J. 



— 157 — 
lió los primeros habitantes; parece que precedieron h 
los Esleimos en la edad paleolítica. [1] 

Otro dato más importante fue' el fragmento de un 
hombre ó de ser humano realmente fósil en Cuba: es 
notable que casi siempre se hayan hallado asL Asegum 
A. Anserin [2] que si bien desde 1847 comenzó Bou- 
elier des Perthes á examinar restos de hombre fósil* 
hasta 186G no descubrió el profesor Cochi un cráneo 
completo, aparte algunos fragmentos discutibles: y ese 
cráneo pertenece al hombre de nuestra raza. U E1 crá- 
neo encontrado en Toscana pone término á las dudas* 
siendo de las proporciones de nuestra cabeza y del 
tipo prolongado " 

Dehese el descubrimiento, ya indicado, de un res- 
to humano fósil en Cuba, al Sr. D. Miguel Rodríguez 
Ferrer, quien no desdeñó las noticias que tuvo de D. Pe- 
dro Santacilia, en un viage de investigación que le en- 
comendó D. Pascual Madoz, para recojer materiales 
para el artículo Cuba en su gran Biccionarrio Geográfi- 
co. Es satisfactorio el encuentro de una mandíbula hu- 
mana en estado fósil. Reconocida por el sabio Poey, 
fue regalada por su poseedor al Museo de Madrid 
en 1850. 

El profesor Graells, como el Dr. Lund, en el Bra- 
sil, halló reparos que le autorizaron para negar que 
fuese humano aquel resto: pero una comisión numero- 
sa, pues se agregaron los Sres. Pérez y Villanueva. 
convino con el parecer del naturalista Poey, honra de 
Cuba y de la Ciencia, á los 22 años de olvido, dice el 
mismo Sr. Rodríguez. [3] 

En los depósitos cuaternarios del Brasil se lian en- 
contrado entre guijarros ó cdscalho del Brasil en los 
placeres auríferos y diamantíferos, restos de industria 
humana. Por ejemplo, hachas de piedra serai pulidas 



(\) Thepresent Phace of prehistoric Archoology. British Quíirtorl.y !. 
wiw: The Ecleotio Magazino. Yol. XVIII pág. 84. 
(2) Curtositd (hila Sc¡( mcia contemporánea Anuo 1 1. 
('A) Naturaleza y civilización ñe la grandiosa isla ñe Cuba, \< < 



— 158 — 
de diorita y granítica como las de sílice en Francia. Así 
mismo morteros ó pilones de la propia sustancia y va- 
sos informes, groseros de alfarería, con gruesas paredes: 
Mr. Liáis recibió varias muestras. Se han encontrado 
puntas de flecha entre los fragmentos de alfarería; hue- 
sos de animales de razas perdidas, el Ptatyonix Cuvie- 
rij tan bien conservado, que aun tenia sus uñas. Con 
esos restos últimos se han encontrado los del hombre, 
lo que no habia sucedido. Los restos humanos, cráneos 
descubiertos por el Dr. Lund son del tipo americano, 
porque dice tienen el frontal excesivamente comprimi- 
do y se manifiesta contrario al pensamiento de que dicha 
compresión sea artificial. Tienen los dientes incisivos 
planos, como ciertas momias egipcias. [1]; pero la con- 
temporaneidad de los restos humanos con los otros la 
ha demostrado Clausen. 

Los restos humanos de hombres y grandes cuadrú- 
pedos fósiles en Cuba como en el Brasil como en el 
continente americano del Norte, podrán ser objeto de 
discusiones; pero son datos incontrovertibles ya: l 9 de 
que vivió el hombre en esos tiempos prehistóricos en 
las Antillas, como en otros países, así como existieron 
los grandes cuacrúpedos extinguidos: 2? de que predo- 
mina en los indios conocidos en ella [Cuba] la raza de 
cráneo prolongado ó dolicoséfalo. 

Y no solo se reduce á lo expuesto lo que nos queda 
de los restos antillanos; se encuentran otros algunos de 
objeto desconocido: de todo hay muestras. En 187G 
decia el juez Daly, en New -York, como presidente de 
la de Sociedad de Geografía: "Se ha encontrado en la 
Isla de Cuba una caverna con restos caribes, que indi- 
can que toda la isla fué habitada antes por los cari- 
bes." [2] 

Los restos que se conservan en las Antillas, de la 



(1) Liáis, Cliniats, Geologie, Fauna et Greognhpie Botanique du 'Bresil. 
p. 241, 1834. 

(2) The Popular Sciencie Monthhj n. LTX. 



— 15í> — 
industria, ó el poder creador del hombre, no pasan de 
la ¿poca de piedra; y aun se cree que no es cosa ave- 
riguada que hubiera llegado á la segunda ni en las 
grandes Islas, ni en las Lucayas, suponiéndose, aunque 
sin fundamento, que los objetos de piedra pulida dura 
se han traido del continente. De las Lucayas* no he 
visto más que uua reliquia de que se habla en el ar- 
ticulo anterior. 

En cuanto á las grandes Antillas, sin ser numero- 
sa es más abundante la herencia que nos han dejado. 
Desde los primeros cronistas tuvimos noticias de los 
dujos, asientos de forma de animales, y hasta con 
adornos de oro en Cuba; de ellos ha llegado hasta nues- 
tros dias el sitial de un casique que describió D. Josc' 
M* de la Torre en el periódico habanero La siempre 
viva. — Nos habló el P. Román de las figuras y mate- 
rial de los semis de Santo Domingo, y aún de sus le- 
yendas: la extravagancia de sus figuras la expresaron 
los cronistas con la palabra caratona, como si digeran 
máscara. El P. Charlevoix adornó su obra con facsími- 
les y semejanzas de esos dioses, talismanes ó amuletos, 
que todo pudo pudo ser, en que predominan las toas, 
las hicoteas ó tortugas. Fueron los objetos mitológicos 
de las Antillas motivo de estudio especial en 1790 
¿poca en que se encontraron algunos en Santo Domin- 
go ó Haití: Mr. Arthaut [1] creyó encontrar muchos 
indicios del culto de Falo entre los indios. En 1810 con- 
firmó ó repitió, que es más exacto, esa observación 
Mr. Walton [2]. El escritor inglés comparó un ídolo 
encontrado en Santo Domingo con otro que se halla 
en el panteón indostánico de Mr. Moore, y lo consideró 
un Lingam completamente semejante. A mí no se me 
parecen, ni después de la explicación: el pudendum fe- 
menino que señala con la letra B no tiene la forma 



(1) Den Divinités Generatrices ches les Anciens et les Mademes. Yol. 2, 
giK.Ufr 
(a) Present State of Spanisk Colonice, pég« i<¡?. 



— IGO — 
con que se representa en la India, en donde el círculo 
es el Sol, lo varonil. Cuando se ponen unidos á Yoni 
(femenino) y Lingam [masculino] ó sean los dos se- 
xos, es otra aún la forma: es el culto de los salvas: 
Mr. Squier ha publicado la figura exacta de un ídolo 
complejo. (1) Podrá ser ó nó el haitiano reminiscencia 
fálica, pero no es el ídolo con cabeza humana colocado 
en un pedestal, cuyo disco no rodea á Lingam en figu- 
ra de argha ó yoni. 

Poseía el Ldo. D. Desiderio Estrada, entre otras 
curiosidades, en Cuba, un ídolo de piedra imico en sus 
condiciones, encontrado en dicha isla: en 1848 le fué 
regalado á D. Miguel Rodríguez Ferrer, á quien se lo 
pidió la Universidad de la Habana, en cuyo gabinete 
se halla conservado. D. Andrés Poey ha publicado esa 
figura análoga á muchas otras encontradas en América 
[2] en 1853. Se ha reproducido en varias partes y tam- 
bién la trac la preciosa obra de Mr. Charton [3] Tam- 
bién ha copiado Charton una de las figuras fálicas que 
copia Walton; y que Poey encuentra semejante en las 
facciones del ídolo dominicano y el cubano, y este le 
parece, ya un perro echado descansando en sus cuartos 
posteriores, ya vé algo de mono en su aspecto; pero 
son impropias las facciones oscuras. Las orejas del 
supuesto lingam tienen cuatro oídos; podrá ser la pru- 
dencia, que debe oir mas que hablar; y el ídolo cubano 
debe tener oídos de mercader como dice nuestro refrán 
á los sordos que carecen completamente de esos órga- 
nos. Al viagero Rodríguez Ferrer se le figura ver el 
demonio en el curioso resto de que hablamos. Otro 
ídolo de piedra se encontró también en Baracoa; en 
forma de pescado, el propio Sr. Rodríguez. Los semis 
antillanos son por lo común de barro de alfarero: y 
hasta nuestros dias se conservó en Gruanabacoa [Cuba] 



1 1 ) El símbolo de la Serpiente pág. 45 trad. del Sr. 

(2) lYansactions of thc American Etnolog ¿cal Socie tí/, yol. VIII. pag. 1! 

(:\) Voyae/e.s Ancíens et Mvdefnee, t. :» pag. 161. 



— 101 — 

la industria de tinajas y jarros de construcción indígena 
con colores oscuros ó rojos morenos. Dicen que en los 
lugares donde visitaban los caribes so encuentran ob- 
jetos de piedra, basáltica y de otra naturaleza. En la 
Española hallo Desconrtilz [1] una hacha que, equi- 
vocándose, destina á los sacrificios sangrientos que 
nunca allí hubo; y una especie de sirena con monstruo- 
sa cara y pechos de mujer. Los mas notables por las 
(orinas, abundancia relativa y hasta ignoradas aplica- 
ciones, se hallan en Puerto Rico. 

El rey de Dinamarca regaló al gabinete de la So- 
ciedad de Anticuarios del Norte en Copenhague, una 
obra admirable hecha en diorita con forma extraña y 
aplicación desconocida. Es una maza ó hacha con la 
figura que los pintores dan á la quijada del asno de 
Sansón [2] En los últimos tiempos se han dedicado 
muchos á la recolección y estudio de la Edad de Piedra 
de las Antillas: en el Gabinete de Antigüedades del 
Parque Central, de Nueva York, existe una colección 
curiosa de esa época. En un periódico mensual se han 
publicado algunas noticias que creo de interés. [3] Allí 
se vé que entre las recolecciones hechas en las Anti- 
llas se remitieron á París [18G7] para la Exposición, 
por el Dr. Chaminier y Mr. Guesde, de Guadalupe, 
varios objetos; sabemos por conocimiento personal an- 
terior que en la sección española figuraron los ídolos 
cubanos en esa fiesta industrial. 

Sir Roberto Schomburg ha recojido muestras ó 
restos en Santo Domingo, de esa época: En todos 
figuran objetos hechos con piedra dura perfectamente 
pulimentados. Hablando de los caribes dice: "Los 
300 ó 400 que quedaron se retiraron con Enrique, el 
último casique, á Boya, población cerca de 30 millas 
de la ciudad. Esos combatidos fragmentos de una 



( i ) Voyage <C un naluraliste. 

(2) Caoinet <C Antiquitéa ámericaines á Copenhague, pag. 27, 

(3) Scribner's Moumlv, Atigust L875- 

íi 



— 1G2 — 
numerosa nación pronto se desvanecieron y disiparon, 
y en 1851 no se encontraba'un indio puro de los mi- 
llones que poblaron á Santo Domingo. Vive solo su 
lengua en los nombres de los lugares, rios y plantas 
todo induce á creer por los nombres del pueblo qué 
los usaba es idéntico á los caribes de Aragua y de 
Guayana." El periódico aludido observa que esos 
objetos de piedra que se encuentran donde no lian vi- 
vido esos caribes, demuestran si no civilización, perse- 
verancia rara en dar sin instrumentos de hierro las for- 
mas deseadas. 

Entre los objetos recolectados son los mas nota- 
bles, como ya indiqué, los que se han llamado collares 
de piedra (stone collars): los hay de varios tamaños y 
peso; pero en toda forma se parecen á los collares pa- 
ra los caballos de los coches. He examinado algunos, 
con otras antigüedades de que di cuenta en la América 
Ilustrada y el Mundo Nuevo de New- York. Si no se 
hubiera descrito antes (1858) en las Memorias de la 
Peal Sociedad de Antiqu arios del Norte de Europa; y 
si no aparecieran en el catálogo de Blackmore en 
Salsburg, hubiera dudado de la autenticidad de tales 
objetos, que nadie ha sospechado á que se aplicaban 
hasta ahora. 

Los collares (de Puerto-Rico) los trajo á Nueva- 
York D. José Ortíz y Tapia (1373) y además una nu- 
merosa serie de restos, fragmentos, jarros, vasijas de 
alfarería y muchas de piedra con labores. Todo lo cor- 
respondiente á la edad de piedra de las Antillas lo 
vendió al Gabinete del Parque Central. El Sr. Ortíz 
se imaginaba que eran los collares aplicados á los pri- 
sioneros que se sacrificaban; pero no daba razón nin- 
guna en su apoyo, ni, ya lo dije, hubo nunca sacrificios 
sangrientos entre los tainos. Los objetos vendidos se 
encontraron en Ponce [Puerto-Pico] en lugares escar- 
pados y entre precipicios peligrosos. Los collares pe- 
san el que menos 25 libras, el que más 80. Son no 
obstante semejantes en el anillo que forman. El de 



— 1 ai- 
mas peso y, por supuesto, mayor tamaño, por el grueso 
del aro ó hueco es próximamente de 12-8 pulgadas 
inglesas en el anillo que ofrece al objeto que habia de 
colocarse. No son esos solos los objetos desconocidos. 
sino otros de piedra basáltica, ó granítica que parecen, 
sin serlo, fragmentos de dichos collares. 

Los antillanos que aún conservan utensilios de orí- 
gen indio, fácilmente conocen los burenes para el casa- 
be y las tortillas de mais, y las piedras para moler ó 
pasar las sustancias que usaban para alimentarse: los 
guayos formados de madera y piedresillas de pedernal 
rodadas de los rios; las generaciones posteriores em- 
plean la hoja de lata y han mejorado su forma: y en 
Cuba aún se llama guayo en el Centro y Oriente; en 
Occidente rayo. Hay piedras acanaladas, en frag- 
mentos que acaso sean guayos mas perfectos. 

Entre las anticualías de Cuba pertenecientes á la 
industria humana, también se han hallado algunas de 
aplicación desconocida; no he tenido ocasión de verlas 
personalmente, pero los curiosos pueden leer las rela- 
ciones parciales que siempre reprodujo el Faro Indus- 
trial de Ja Habana en los varios años en que en él in- 
tervine en la redacción ó dirección que tuve desde 
1841 (Habana): muchas ha reimpreso la Revista de 
Cuba enl877. La más notable se dijo encontrada en 
la Vega de los Almacigos dónde residía D. Rafael 
González. Decíase que al cavarse la tierra solían en- 
contrarse unos objetos, obra del hombre, que tenían la 
forma de montantes ó espadas hechas de piedra de 
amolar, asperón; se han medido hasta de cinco palmos. 
Su aplicación es desconocida por su fragilidad, no sir- 
viendo ni como macana, ni arma capaz de herir ó per- 
judicar. Los muchachos y el pueblo usaban los pedazos 
como piedra de afilar. En el articulo ''Haití" me ocupo 
de] irían "Cercado de los Indios", por Schomburgh. 

En una lectura reciente de la Universidad de 
llaward, el profesor Witney ha manifestado (pie las 
calaveras sometidas á su examen, son 'indudablemente 



— 1G4 — 
de la edad pliocena. El análisis químico ha demostrado 
que son verdaderos fósiles, habiendo perdido por com- 
pleto las sustancias orgánicas y el fosfato de cal reem- 
plazado al bicarbonato. El mismo profesor ha separado 
de los cráneos las sustanciasen que estaban envueltos 
cuando se hallaron en la estrata en que estaban en 
Talle Moutain. [1] 

El Cosmos de la Juventud, de la publicación Alema- 
na, en sus mapas sincrónicos de las primeras forma- 
ciones, coloca parte de las Antillas y en especial á Cu- 
ba, entre los terrenos primitivos: no es, pues extraño 
que en ella hubiera hombres antes que en otras partes. 
No sin fundamento ha dicho Agassiz: "América en lo 
que concierne á la historia física, ha sido falsamente 
llamada el Nuevo Mundo. (2) (Vea se Indios.) 



(1) The popular Science Montkly y. LXXXI (Agosto de 187S.) 

(2) (¡eological Sketches.— Cap. I. 



105 



SEGUNDA PARTE. 



Sección primera. 



Relación sobre las antigüedades de los indios, hecha por 

mandato de Colon, por el hermano Román Pane, 

del orden de San Gerónimo. 



La relación que va á leerse en seguida, la colocó 
el hijo del Almirante en la vida que escribió de su pa- 
dre, de que sólo se encuentra una traducción italiana, 
pues se presume perdido el original castellano: tenía el 
R. P. Sarmiento desde 1731 un ejemplar de esa histo- 
ria, efectivamente traducida al italiano por don Antonio 
Ulloa, que se publicó en Venecia en 1531; se la pidió 
prestada don Andrés Barcia, que se ocupaba en im- 
primir una colección de historiadores primitivos de In- 
dias; tradujo otra vez al castellano ese trabajo y lo in- 
sertó en su colección; pero no devolvió la obra presta- 
da, según lo dice el nunca sufrido escritor, en su me- 
moria curiosísima sobre la antigüedad de las Bubas, 
Tuvo, pues, que comprar un ejemplar de la versión 
castellana. Tal es la historia de lo ocurrido con la 
obra de don Fernando Colon. 

Hasta se ha dudado de la autenticidad del li bro y 
se ha escrito otro para defenderla; pero apócriíó ó nó¡ 
es genuina la relación de Fr. Román que se insertó en 
la susodicha historia. Eli francés se tradu jo en 1 68 1 
con título más extenso; La vio de ChristopJie Colowb 



— 1GG — 
et la dcscouverte qxdil á faite des ludes Occidentales, vid- 
f/ai re mente appeles le Noveau Monde composé par Fer- 
dinad Colomo sonfils et traduit en f raneáis. Yo hago una 
nueva traducción, y como los nombres indios han sufri- 
do grandes alteraciones, según lo indica Hurnboldt, pro- 
curo restituir lo que alcanzo; teniendo presente á Ovie- 
do, P. Mártir, Kafinesque y Brasseur de Bourbourg. 
No he tenido á la vista la traducción de Vcnecia, 
ni he querido adoptar la incorrecta edición de la co- 
lección de los escritores primitivos de Barcia; pero he 
examinado detenidamente la Historia del Sig. don Fer- 
nando ColomJjOj impresa en Milán en 1614 (1 tomo en 
8? menor con 494 págs.) Es una correcta y bella im- 
presión que ha venido á confirmar todas mis sospe- 
chas sobre la desnaturalización de la edición de Barcia 
que ha introducido los errores consiguientes. No creo, 
ni es presumible que puedo resolver todas las dudas, 
sin embargo he creido que debia colocar, los nombres 
indios que trae en su relación el P. Pane: el lector for- 
mará así su juicio propio al ver cuan diversos son de 
los que contiene la rctraduccion española y Francesa, 
inclusa la Revue des Haces Latines. Prestóse á las 
equivocaciones de la wpor la b y de la u en la sílaba 
ana la ortografía de la época. En esa bella edición de 
Milán usa el escritor italiano de la misma rara licencia 
de poner v al principio de la palabra que empezaba con 
w; á colocar la u en la combinación va y resulta así na, 
que es el ha indígena. Lo mismo hacían los españo- 
les. Los Benedictinos franceses en su curioso I)ictio- 
naire Diplomatique, han escrito cuanto puede decirse so- 
bre esa confusión que fué general. Yo no he podido 
ver la edición de Milán hasta que la encontré en la 
gran librería de Astor en Nueva York, pues aún tuve 
tiempo para que sea menos desautorizado mi trabajo 
con su noticia. Ha sido en el año de 1878. (1) 



(1) Hay en la Biblioteca un gran volumen en que se inscribe el noin- 
bre y residencia de los visitadores que lean sus libros; mis últimas visitas 
fueron en 13, 14 y 30 de Setiembre de 1878. 



— 107 — 
'Y<>, el hermano Román, pobre ermitaño del or- 
den de San Gerónimo, escribo por mandato del [lus- 
tre Almirante y vi rey, Gobernador de las islas y de la 
tierra firme de las Indias, lo que ha podido saber de Ja 
creencia e idolatría de los indios, así como sobre sus 
divinidades: es el objeto de este escrito. Cada uno 
adoraba los ídolos (pie tenía en su casa, llamábanlos 
sentís y teniaa formas especiales. Creen que hay en 
el cielo un ser inmortal que nadie ha podido ver; que 
tiene una madre, pero que no lia tenido principio y lo 
llaman Yocauna-Gua-Maonocon; y á la madre Atabeira 
Mamona i Crua*cara-pita, JÁclJa, Gitimasoa, que son cin- 
co nombres. Me refiero á la isla Española, porque 
no he estado en las otras, en que nada he visto. Sa- 
ben del lado que vinieron; dónde tuvieron origen; cómo 
se hizo la mar; á donde van los difuntos. Creen en la 
aparición de los muertos en los caminos, cuando uno de 
ellos vá sólo; cuando muchos van reunidos. 

"I. De donde han venido los indios. — La isla Es- 
pañola tiene una provincia que se llama Caimana, en 
donde se halla una montaña que se denomina Canta, 
en donde hay dos grutas ó cuevas dichas Caji-Bajagaa 
(1) Amayauna. De la llamada Caji-Bajagua salió la 
mayor parte de las gentes que pueblan la isla. Los que 
vivian en la gruta hacían guardias de noche, y se enco- 
mendó ese cuidado á Macocael á quien sorprendió la sa- 
lida del Sol. Viéndole ya elevado, por su poco cuidado, 
cerraron la boca de la cueva. Algunos que fueron á 
pescar quedaron convertidos en árboles, que se cono- 
cen con el nombre de liobi (jobos, hobos) ó mirabo- 
lanos. 

'La razón por la cual Macocael velaba era para" des- 
cubrir el mejor lado á donde debia enviar ó repartir el 
mundo: por desgracia suya tardó mucho tiempo. 



(1) Podro Mártir escribe Cim-Baxagua'. los escritores de la <'i><> ; i 
ban de la x v rio de j, para- evitar los errores á une podio inducir i 
tmnbiacíon [atina de ln Intn 



— 168 — 

'• II. Como los hombres se separaron de las muje- 
res. — Sucedió, pues, que un tal Gaagoniana (1) encar- 
gó á otro llamado Giadrauaua que fuera á buscar yerba 
digo, con que se lavaban el cuerpo cuando querían 
asearse. Fué antes de ser de día, y el sollo sorprendió 
en el camino y lo convirtió en un pájaro parecido al 
ruiseñor que canta como el y se denomina Giahuba- 
Bajiael. Viendo Guagioniona que el que habia mandado 
por digo no volvía, determinóse á salir de la cueva de 
Cajibajagna. 

"III. Giiagogiana (2) indignado con sus enviados 
que no les traían digo, con lo que quería lavarse, dijo á 
las mujeres: Dejad á vuestros maridos; vamonos á otros 
países donde tendréis muchas joyas. Dejad vuestros 
hijos y traédnosla yerba cuando volváis, y nos reunire- 
mos con ellos. 

"IV. Guagugiona partió con las mujeres,buscando 
otros países, y llegó á Matinino (hoy Martinica) en 
donde las dejó; y ól siguió á otra región designada por 
la tierra de Guanin. Dejaron á los niños cerca de un 
arroyo; y cuando tuvieron hambre empezaron á llorar 
llamando á sus madres. Así llorando y pidiendo el pe- 
cho, decían toa, toa (madre, madre) y fueron converti- 
dos en ranas. 

"V. Volvían otra vez de la isla Española que se 
llamaba Ayti por sus naturales que así le nombran; es- 
tas y las otras islas decían Bulii \_BoM, ¿casas? ó ¿habi- 
taciones?] Como no tienen alfabeto ni escritura no re- 
cuerdan bien lo que han oido decir á sus mayores: se 
contradicen y no pueden así escribirse ordenadamente. 
En el tiempo de Giialiagiona [otra forma del mismo 
nombre] en que se llevó todas las mujeres, también lo 
hizo con la de un casique, Ana-cacugia [Ana-flor, ca- 



(1) Vagoniana escribe Pedro Mártir y lo han repetido olios muchos, 
Me parece error, ó se usó de u vocal y se dio causa á él. 

(2) Se vé, pues, que Guaguguiaua, Guamin y Graagiouíaúa es una min- 
ina cosa. 



cugia, cacao] engañándola como ;i las demás. Eran pa- 
rientes Guagoniana y Ana-cacitgia: ambos se embarca- 
ron en una canoa y dijo aquél & este: 'Mira el bello 
cobo 11 [caracol de mar] y siguiendo la designación mien- 
tras lo miraba, Guagoglona lo cogió por los pies y le 
arrojó al agua; y de esta manera se posesionó de todas 
las mujeres para sí y las dejó en Matinino, en que se 
recordará que solo quedaron mujeres; y se fué á la isla 
de Guan'ni que se llamó así por las cosas que llevó á 
ella. 

'VI. Gualiagiona retornó á la montana de Cauta 
de donde se llevó las mujeres. Se dijo que estando en 
la región de donde había venido, notó que se habia 
quedado una mujer en el mar: de lo que se alegró mu- 
cho; pero pronto buscó gran número de bañadores que 
lo limpiasen, pues estaba cubierto de úlceras, que nos- 
otros llamamos mal francés. Estos lo pusieron en una 
Guanara, quiere decir lugar retirado y allí se curó. 
Ella le pidió licencia para seguir su camino y él se lo 
concedió. Esta mujer se llamaba GuabonUo. Guagonia- 
na le mudó el nombre desde entonces y se llamó Bibe- 
rosí- Guagoniana y Gabonilo-, le regaló muchos guanta i 
| joyas de oro de poca ley] y sihas [piedras] para que 
las llevase atadas al brazo: en el país los colesibi son 
piedras parecidas al mármol, que llevan en brazaletes; 
y los guanini en las orejas, que se agujerean siendo ni- 
ños; son de metal del tamaño aproximado de un florín. 
Tuvieron principio los guanini, según dicen, al usar- 
los GuabonUo. Albeborael, Gualiagiona y el padre de 
Afbeborael. Guagoniana se quedó en el país con su pa- 
dre que se denominó Jüanna; su hijo por el lado 
paterno fué Ilia-üi-Guanin que quiere decir hijos de 
ffiauna; pero solo conservó el nombre de Guun'ui has- 
ta hoy. La, taita de escrituras es motivo de confusión, 
mas yo no quiero arreglar á' mi albedrío, sino que ros- 
peto su tábidas como las oigo. 

"VII. De como hubo otra veí mujeres en Haití. 
■Ellos dicen que un dia se fueron á bañar los hom- 



— 170 — 
bres al mar: llovía á la sazón mucho; siempre ansiosos 
de tener mujeres, y así cuando llovía buscaban las hue- 
llas de sus píes con cuidado. Ninguna noticia tenían de 
su paradero; pero el indicado dia vieron ellos, bañán- 
dose, descender de los árboles como cayendo de las 
ramas unos objetos con figura de seres humanos, pero 
sin sexos visibles. Procuraron atraparlos, mas se les es- 
currían como si fueran anguilas [así lo dice Pedro Már- 
tir, otros dicen águilas que no las hay en Haití.] Por lo 
que llamaron de orden del casique dos ó tres hombres 
más á propósito para suplir su poca destreza en retener- 
los: siendo cada cual de estos caracol, que eran los de 
manos ásperas. Encontraron cuatro caracaracol y los 
presentaron al casique [caracaracol es el plural de ca- 
racol.~\Se llamaba así los que sufrían una enfermedad 
que ponía áspero el cuerpo. Fácilmente se apoderaron 
de aquellos seres y tuvieron una consulta sobre el mo- 
do de convertir en mujeres aquellos seres sin sexo. 

"VIII. De cómo hallaron el medio de que fuesen 
mujeres. — Buscaron un pájaro que se llama Inrire, y 
antes Inrire-Caiiuiaicl que perfora los árboles y se dice 
en nuestra lengua pico (es el carpintero: no dáel nom- 
bre indio Pedro Mártir, fuente de la mayor parte de 
los que se han ocupado de este asunto; así es que Noda 
asegura que se ignoraba el nombre indio, y lo repite 
un poeta reciente dominicano). Ataron de pies y ma- 
nos á los seres en cuestión y les ponia sujeto con un 
lazo el pájaro encima: creyendo éste que eran troncos 
usaron de su pico y horadaron donde debían tener el 
sexo las mujeres. Así cuentan los indios que lograron 
tener mujeres, según oyeron á sus mayores. Como es- 
cribo de prisa y hasta sin suficiente papel, no he podi- 
do corregir lo que digo en otra parte, aunque en ver- 
dad yo no hago más que repetir lo que me dicen que 
creen. Veamos cómo explican el origen del mar. 

"IX. Cómo se hizo el mar. — Había un hombre 
llamado Yaya (otros dicen Giagia)t su hijo se llamaba 
Yayaél. El hijo quiso matar al padre y éste lo desferró 



— 171 — 
á un lugar en que estuvo cuatro meses: después de este 
tiempo lo mató su pudre y lo encerró en una calabaza 
(güira) y lo colgó del tocho de sn casa donde perma- 
neció mucho tiempo. Llego un (lia en el cual queriendo 
ver á su hijo, Yaya dijo á su mujer: yo quiero ver á 
mi hijo, y estuvo conforme la mujer. Habiendo bajado 
la calabaza la abrió para ver los huesos de su hijo, pero 
hallaron multitud de peces grandes y chicos en que se 
habían convertido los huesos. Determinaron comérse- 
los. Un dia en que Yaya había ido á su conuco, es decir, 
;i su heredad, vivían cuatro hijos de un solo parto de 
una mujer conocida por Itaba-Taituna, á quien los ex- 
trajeron del vientre porque falleció al parir". El primero 
<pie nació fué caracol, que quiere decir sarnoso, y tuvo 
por nombre los demás fueron innominados. 

"X. Los cuatro gemelos de Itaba-Tahuuna se 
convinieron en examinar la calabaza donde estaba Ya- 
yaél convertido en peces; solo tuvo ánimo para descol- 
garla Dimidián- Caracol. Hartáronse con los peces y 
mientras comian vieron volver á Yaya del couuco y 
quisieron colgar otra vez la calabaza; pero en la preci- 
pitación no la ataron bien; cayó en tierra y se rompió. 
Salió de ella tanta agua y con tal de multitud de pe- 
ces, que se cubrió la tierra y se formó la mar. Partie- 
ron de allí y se encontraron con un hombre llamado 
Con-ely que era mudo. 

"XI. Lo que sucedió á los cuatro hermanos que 
huian de Yaya. — Tan pronto como llegaron á la puerta 
de Basa-Manaco, y que oyeron que traía casabi dije- 
ron: "Ayacaiio-Guaracoel, es decir, conocemos al que 
es nuestro abuelo. Demidian Caracol, viendo delante 
de sí á sus hermanos, pasó delante de ellos y entró 
para ver si podian conseguir algún casabi; casabi es el 
pan que se comia en la tierra, Habiendo entrado Cara- 
col en casa de Ayacauo le pidió casal)}: él se puso la 
mano en la nariz y le lanzó un gaanguio sobre las es- 
paldas, qué estaba lleno de Cújoba (pie tenia para el dia. 
Es el enjoba un polvo cjuc usan pafa purgarse y otras 



— 172 — 
cosas. Lo toman con una caña del largo de medio brazo 
y ponen un extremo en la nariz por donde lo absorven; 
en el otro extremo ponen (el cojiba ó tabaco) polvo y 
los purga completamente. Y también les dio casábi 
aunque se retiró indignado porque se lo pidieron. 

Caracol se reunió luego con sus hermanos y les con- 
tó lo que le habia pasado con Basa-Manaco, quejándo- 
se del dolor que le causaba el golpe recibido con el 
(juanguio. Reconociéronle la espalda los hermanos y 
notáronla muy hinchada y á él moribundo. Intentaron 
aliviarle sin conseguirlo: tomaron una manaya de pie- 
dra y la abrieron saliendo una tortuga hembra viva. 
Cuidaron de ella y fabricaron su casa. Algo más hay 
que decir sobre esto. 

Creen por otra parte que el sol y la luna salieron 
de una gruta del país de uk casique llamado Maquin- 
nec (escrito Macliinnecli por P. Mártir), cuya gruta se 
conoce con el nombre de Yobana-Boina, á la que tie- 
nen en gran estimación. La conservan muy pintada á 
su modo, sin figuras, pero con muchas hojas y adornos 
y cosas parecidas: en la gruta hay dos semis de piedra 
del tamaño de medio brazo con las manos atadas y en 
actitud especial. Son muy estimados y cuando no llue- 
ve los visitan y luego llueve. A uno llaman Boinoel, al 
otro Maroyo (Pedro Mártir escribe Biuthltely Marohu). 

"XII. Délo que estas gentes creen sóbrelos 
muertos. — Piensan que hay un lugar que se llama 
coaibai á donde van los muertos en un punto de la isla 
que le dicen Soraya (país del poniente). El primero 
que se encontró en Coaibai fué Maqnetaurie Guayaría, 
señor que era de ese lugar, casa y habitación de los di- 
funtos. 

XIII. De la manera con que están los muertos. 
— Se piensa que durante el dia están encerrados, pero 
que por la noche se pasean y comen de una fruta que 
llaman guanaba (así lo dice Pedro Mártir:) el texto 
que traduzco dice guabasa, lo que creo error; Charlc- 
voix, en su historia de Santo Domingo, dice que era el 



mamen I a fruta que comían los espíritus ó muertos, el 
texto de Milán dice guabazza de la yrosezza de un me- 
locotof/no. El P. Las Casas expone que el fruto de más 
semejanza con el mamey, de los de Europa, es el me- 
locotón: "Cuanta al calor y manera de la carne de 
ellos; 1 pues son mayores y muy diferentes en lo demás. 
Agrega que sólo se producían espontáneos en Guaca- 
yamariraa, y que los españoles los llevaron á otras pro- 
vincias de la isla etc., si bien degeneraron.) 

Por la noche hacen sus festines en que comunican 
con los seres vivientes. Para distinguirlos basta reco- 
nocerles el vientre con la mano y si no tienen ombligo 
les dicen operito, que es muerto, pues creen que los 
muertos no tienen ombligo. Suelen equivocarse en el 
reconocimiento: si se acuestan con alguna mujer de 
Coaibay desaparecen al estrecharlas entre los brazos. 
Es lo que creen los indios. Cuando una persona vive, 
su espíritu se llama Goeis, cuando muere Ópia: pien- 
san que á veces aparece el espíritu: agregan que cuan- 
do alguno ha querido combatir con ellos en forma de 
hombre ó mujer, desaparecen y si el que lo intentaba 
ponía su mano sobre un árbol, quedaba unido á el en 
ese momento. Grandes y chicos creen que los muertos 
se aparecen en la forma de sus padres, hermanos ó pa- 
rientes ó de otros que tuvieron vida. El fruto que co- 
men los muertos es del tamaño de un membrillo. Solo 
salen los muertos de noche, así es que pocos se aven- 
1 uran á salir solos á esas horas. 

"XIV. Origen de esas creencias y su permanen- 
cia. — Hay ciertas personas que practican la medicina, 
que hacen muchas supercherías y las llaman Bohuti 
(Boití escribe Pedro Mártir que traduce augures: luego 
venimos otras formas) que practican la medicina supo- 
nen con sus artificios que saben los más hondos secre- 
tos y hablan con los semis y cuando enferman les qui- 
tan ó extraen el mal. I le visto por mis propios ojos 
parte de esas cosas y añado lo qué he oido de los ve- 
cinos principales, que creen en estas Rábulas más pro- 



— 174 — 
fundamente. Como los moros por sus escrituras éstas 
tienen sus reglas fijas que les gobiernen. Cantan al 
son de un tambor que llaman Mayonan, hecho con 
tronco hueco de árbol fuerte y ligero; la parte donde 
se toca ; tiene mucha fuerza, en figura de tenazas de 
albeitar: es de un brazo de largo y medio de ancho; del 
otro lado tiene una abertura oblonga, y se toca con un 
bastón ó palo que termina en una bola de goma y pa- 
rece una maza; el todo se asemeja á una calabaza de 
cuello largo. El sonido que produce se oye desde una 
legua y media de distancia. (P. Mártir llama Maguey 
al dicho tambor en la Década 3^ lib. 7; lo mismo en el 
extracto que hizo de la relación del P. 'Román Pane, lo 
denomina así y se publicó en Venecia en 1534. Del 
tambor monstruo Cavarre que usaba en el continente 
trae el dibujo y lo describe Gumilla en su Orinoco 
Ilustrado.) Acompáñanse para cantar su areitos, lo 
que aprenden de memoria: los principales son los que 
tocan, que aprenden desde niños á cantar y tañen se- 
gún sus costumbres. 

"XV. Las prácticas de los bohiques [boitios, otras 
veces tequina, maestro, así escrito por Pedro Mártir 
aun en la traducción italiana antes citada, y no techina 
usando del sonido de la ch italiana] en la medicina y 
enseñanza de las gentes son ¡propias: pero no siem- 
pre sanan los enfermos. Todos, especialmente en la es- 
pañola tienen muchos semis de diferentes formas: uno 
consiste en un hueso de sus padres ó parientes, ó uno 
de piedra ó madera; de estos y aquellos hay muchos. 
Unos hablan otros hacen aparecer las cosas que se comen, 
muchos dan origen á las lluvias, otros á los vientos. To- 
do esto lo creen éstas pobres gentes que se proveen de 
dioses, mejor dicho de diablos, careciendo de nuestra 
Religión. Cuando alguno enferma se le lleva al Bu- 
chu-ilihii [boítio, se confundió mucho la o y la u, hasta 
alguna vez por Las Casas que no era gallego ni catalán] 
que es el susodicho médico. Se prepararon con ayuno, 
pues deben él y el enfermo estar ayunos, al principiar 



— 1 75 — 
la ceremonia: el medico que asiste al enfermo se purga 
simultáneamente con el paciente: aspiran el polvo de 
[cojoba] cohobo, por la nariz hasta embriagarse que no 
puedan darse de sí cuenta; pronuncian palabras extra- 
ñas dirigidas á los semis, que les contestan sobre las 
causas de la enfermedad y siempre atribuyen éstas á 
aquellos. 

XVI. Délo que hacen los B ucJi us-Uíhu— 'Cuando 
van á visitar ti un enfermo, antes de salir de sus casas 
sacan del fondo de sus cazuelas el tizne ó el polvo 
de carbón vegetal y se cubren de negro el rostro y así 
dan la consulta: enseguida toman unos huesecillos ó 
carne, lo envuelven en algo y lo ponen en la boca, ya 
purgado el enfermo entra en la casa otra vez el médi- 
co y se sienta delante de él sólo: antes salen de la casa 
los niños para que no interrumpan y quedan una ó dos 
personas principales. Cuando está sólo toma algunas ho- 
jas de la yerba de la Gioia [parece errata de cojoba es- 
crita á la italiana wjioba que es como está en el texto 
en la relación de Bassa-Manaco] á la hoja grande de Gio 
la que es la que toman por lo común; agregan otra de 
una cebolla, de medio cuartillo de largo, la mojan has- 
ta formar una pasta y la ponen por la noche en la bo- 
ca lo que les sirve de vomitivo arrojando lo que han co- 
mido. Cantan entonces y beben del jugo susodicho 
[falta la referencia en el original]encendiendo una an- 
torcha. 

Descansando algunos instantes el médico se levanta 
y dirige hacia el enfermo que e^tá sentado solo en 
medio de la habitación y lo rodea ó gira á su alrededor 
dos veces, según quiere; y le coje las piernas, palpán- 
dole de la cintura á los pies; y lo estira con fuerza co 
mo si quisiera arrancarlo de su lugar: esto terminado 
sale de la habitación y cierra tras si la puerta. Le 
habla desde afuera así: Yeic para la montaña ó íil 
mar donde (pusieres; se vuelve al lado inverso ponién- 
dose las manos juntas; sopla como por una eervatana 
y colócase ambas manos sobre la boca que cierra: sus 



- 176 — 
manos tiemblan en seguida como si tuviera gran frío; 
sopla sobre sus manos y recoje el aliento como si sor- 
biera la médula de un hueso. Luego aspira al enfer- 
mo en el cuello, ó en el estómago, en las espaldas, 
megillas, el seno, en el vientre y parles en general del 
cuerpo. Concluido lo cual, se saca de la boca lo que 
digimos al principio que se metió en ella: si es comes- 
tible le dice: Ya ves lo que te habia hecho dafio en 
tu cuerpo de donde té lo he sacado: advierte que ha 
salido de donde tu semi lo habia colocado, por que no 
le rezabas ú orabas, ni puesto, ni hecho altar, ni sa- 
crificado nada. 

Si es una piedra (Pedro Mártir hace extensivos á 
otros objetos las virtudes que se atribuían aquí á la 
piedra: cita los granos de Malúz, en la traducción ita- 
liana de Venecia) le dice: consérvala muy cuidadosa- 
mente: suponen que esas piedras son muy útiles en los 
partos de sus mugeres; las guardan como cosa preciosa 
envueltas en algodones y les ofrecen manjares de lo 
que comen como á sus mismos semis domésticos. Los 
grandes dias festivos son los señalados para ofrecerles 
mucha comida como pescado, carne, nan y otras cosas. 
Lo colocan todo en la casa del semi y" recojen al dia 
siguiente lo que han comido; siendo así, Dios nos ayu- 
de, que el semi es cosa inerte, como hecho de piedra 
y madera. 

"XVII. Como los dichos médicos suelen equivo- 
carse.— Cuando han terminado todas sus prácticas los 
médicos, y el enfermo se muere, si tiene muchos pa- 
rientes ó el difunto es señor de pueblos y poderoso, se 
investiga la conducta del Boitío; porque los que quie- 
ren perseguirles y hacerles mal lo verifican así: para 
saber si el el enfermo ha muerto por culpa del médico 
por falta de dieta como le previno, toman una yerba 
llamada gaeyo, que tiene las hojas gruesasy largas, que 
también llaman sacón, Toman el jugo de las hojas, 
cortan al muerto las uñas y cabellos de la frente: lo re- 
ducen á polvo entre dos piedras y lo mezclan con el 



— 177 — 
jugo (lo la yerba para que lo beba el muerto; se le echa 
por la boca ó la nariz. Entonces se le pregunta al 
muerto, si observó el precepto de la dieta. Esta pre- 
gunta la repiten muchas veces, hasta que contesta cla- 
ramente como si estuviera vivo; y viene á satisfacerlas 
preguntas, diciendo que el Boitío no cumplió con su 
dieta y fué causa de su muerte por la inobservancia; y 
luego mandan que pregunte al médico, pues tan claro 
lo culpa el muerto. En seguida entierran de nuevo el 
difunto. 

''Usan otro medio de investigación aveces, que es 
haciendo un gran luego como para formar carbón, y, 
cuando la madera está en brasas, ponen al difunto so- 
bre el brasero y lo cubren con tierra, como para hacer 
el carbón y allí lo dejan por un término voluntario. 
Hacen las mismas preguntas y responde: que nada sabe; 
se repite hasta diez veces después de que habló, sí está 
muerto? pero no responde á esas diez interpelaciones. 

"XVI 1 1. De cómo se vengan los parientes cuan- 
el muerto responde después de tomar el brebaje. — Los 
parientes se reúnen en espera del Boitío al que dan 
una paliza que le quiebra las piernas, los brazos y rom- 
pen la cabeza: queda al parecer molido, en la persuasión 
de haberlo matado. Creen que por la noche vienen 
culebras de todas clases, blancas, negras, verdes y de 
otros muchos colores, que lamen las contusiones y frac 
turas al médico. Dura esto dos ó tres dias al cabo 
délos cuales el médico se levanta, y marcha alegre- 
mente para su casa. Los que lo encuentran le pre- 
guntan ¿no habías muerto"? Y él contesta: los setnis 
en forma de culebra me han socorrido. Los parientes 
del difunto montan en cólera, pues lo creyeron muer- 
to; se desesperan y procuran por hacerlo morir, y si 
pueden atraparlo le sacan los ojos y lo castran: porque 
creen que eg preciso esto iiltimo para hacer morirá un 
médico. 

"Lo que hacen para saber lo que quieren de los 
que queman y como se vengan entonces. 

12 



— 178 ~- 

• 'Cuando descubren el fuego, si el humo se eleva 
hasta el cielo, perdiéndose de vista, y desciende y en- 
tra en la casa del médico: éste si no observó la dieta 
cae enfermo á su vez, se cubre de úlceras y pierdo la 
piel ¿i pedazos: es la señal de que no se abstuvo y la 
razón de que muriera el enfermo. Estos son los en- 
cantamientos que conocen estas gentes. 

XIX. De que modo hacen y conservan los semís 
de piedra ó de madera. — Los que se forman de piedra 
se hacen así: cuando un caminante nota removidas las 
raices de un árbol, se detiene aterrorizado y pregunta 
lo que es. El árbol responde: me llamo Boitío y eso 
dice quién soy. Entonces el hombre busca un Boitío 
le dice lo que ha pasado, y el brujo ó adivino corre al 
árbol que ha hablado: se sienta debajo de él y hace co- 
joba como antes se dijo en la historia de los cuatro 
hermanos. Hecha la cojoba se pone de pié dándole 
los títulos de un gran señor, y le interroga de esta ma- 
nera: ¿Díme quién tú eres, qué haces aquí; lo que quie- 
res? y ¿para qué rhe has hecho llamad Di me si lo 
corto y deseas venir conmigo! Si vienes conmigo 
¿cómo quieres que te lleve! Te haré casa con sus 
pertenencias. El árbol convertido en semi ó diablo le 
contesta del modo que se le antoja: lo corta ó se obser- 
van sus mandatos. Le construye una casa y sus per- 
tenencias, y le hace la cojoba durante el año: la cojoba 
es el sacrificio ó culto para rogarle ó adorarle y com- 
placerle; para preguntarle y saber del semí lo que lo 
conviene así como para pedirle que lo enriquezca. 

"Cuando se trata de obtener victoria de los ene- 
migos entran en una casa, lo cual sólo pueden hacer 
los principales: el jefe es el primero, que hace la cojo- 
ba y toca el tambor, (Charlevoix trae en una lámina 
la representación de esta escena y la figura del tam- 
bor ó maguey, sólo más pequeño que el gran tambor 
que describe Grumilla). Durante esta ceremonia nin- 
guno de los presentes habla hasta que el jefe no ha 
terminado: entonces quedan algunos instantes con la 



1 7!> — 
cabeza inclinad» y los brazos sobro las rodillas. Le- 
vanta la 'cabeza luego; mira al cielo y habla: todos res- 
ponden simultáneamente en voz alta; y después qae 
lodos han hablado, le dan gracias; él cuenta las visio- 
nes que ha tenido en la embriaguez de la cojoba que 
ha tomado por la nariz; díceles lo que ha hablado con 
el se mi; (pie ganarán una gran victoria, que sus enemi- 
gos huirán, ó tendrán gran mortandad; ó habrá una 
guerra ó hambres ó cosas de este género, según se le 
ocurra narrar al embriagado. Considérese cómo esta- 
rá su cabeza cuando aseguran que han visto dar vuel- 
tas desde sus cimientos á los edificios y confundirse, 
y á los hombres andando con los pies en el aire. La 
ceremonia de la cojoba la hacen á los ídolos como á 
los cadáveres según lo he dicho arriba. 

"Los gemís de piedra son de diferentes formacio- 
nes. Dicen unos que se hacen de los huesos ó cuerpos 
disecados de los muertos por los médicos, y los enfer- 
mos guardan los mejores para hacer parteará las mu- 
geres. Hay otros que hablan, siendo de la figura de 
un gran nabo de hojas extendidas por tierra, como la 
alcaparra, y esas hojas se parecen en la forma á las 
del álamo negro. Otras tienen tres puntas y creen 
que ciertamente producen la yuca) tienen raices pare- 
cidas al rábano silvestre. La hoja de la xutola tiene 
seis ó siete puntas que no sé á quien compararla. Aun- 
que he visto algo semejante en España y otras paites. 
El tallo de la yuca es de la altura de un hombre. Ha- 
blemos ahora de sus semis y de los errores en que, 
caen. 

"XX. Buja i) A iba (parecen nombres diversos del 
mismo semi que luego dice se llamaba Baidrama), creen 
los indios que fué quemado por ellos, cuando esla- 
vo guerreando, que les crecieron las brazos, y otra vez 
los ojos; y se aumenta, eorporalmentc si ge le lava con 
jugo de nuca. La yuca era pequeña, y con agua y dicho 
jugo lograron que engruesara; deeian (pie hacia daño 
la yuca á los que habían bocho el semi, porque no lo 



— 180 — 
habían dado á comer de ella. Este semi tenia por nom- 
bre Baidrama [este sustituye como he indicado antes 
los de Arma y Bujay se daban al mismo ídolo]. Cuando 
alguno enfermaba llamaba al Boitío y le preguntaba 
de lo que provenía la enfermedad; y les decían que 
Baidrama lo enviaba á requerirle porque no habia man- 
dado de comer á los que cuidaban su casa, y así les 
trasmitía el Boitío lo que Baidrama le habia dicho. 

"XXI. Dicen que cuando fabricaron la casa de 
Griiamoreto, que era un hombre distinguido, vieron al 
semi sobre el techo de la casa, que se llamaba Coroco- 
to, (Pedro Mártir explica que era hecho de algodón, y 
que los que nacian con alguna señal en la cabeza se 
tenían por sus hijos). Durante una guerra los enemigos 
quemaron la casa de Corocoto y este se fué á tiro de 
arbaleta cerca de donde había agua. Se cuenta que ba- 
jaba á divertirse con las mujeres. Murió Guamoreto, y 
el semi pasó al poder de otro casique y siguió jugando 
con las mujeres. Aseguran que le nacieron en la cabeza 
dos coronas; por lo que suponen que son sus hijos los 
que la tienen. Este -semi fue de otro casique llamado 
Guabancx y el lugar se dijo Glacaba, [Yacaba]. 

a Hubo semi que se llamó Epilegiiaanita, [así lo lla- 
ma P, Mártir: un texto dice Opigielquoiúran que es vi- 
sible errata] de otro personaje nombrado Cauauan Yo- 
bana, que tenia gran número de subditos, JEpüeguaa- 
nita tenia cuatro patas como un perro; era de madera 
y salía de noche de casa para los bosques á donde se 
le iba á buscar, lo que no impedía que se volviera á los 
bosques. Dicen que cuando llegaron los cristianos se 
escapó y se arrojó á un lago, hasta cuya orilla fue se- 
guido, se hundió en el y no se lia sabido mas de él. 
Como me lo contaron así yo lo cuento. 

"XXIII. De otro semi llamado Guabancex. Este 
semi Guabancex, se hallaba en territorio de un casique 
entre los mas distinguidos llamado Aumatex: es hem- 
bra y le acompañan dos semis. [Pedro Mártir agrega 
que Corocoto estaba atado al techo de la casa y se sol- 



— IS1 — 

taba para sus aventuras: que el semi hembra de már- 
mol ó piedra con formas de mujer tenia dos muehachos 
(') semis, como sus mensajeros, teniendo el uno un es- 
pecial cuidado de las aguas, y el otro de convocar á Ins 
semis en los casos necesarios]. Cuando (luabancex se 
incomoda muévelas aguas y los vientos y derriba las 
casas y arranca los árboles. Es el semi hembra hecho 
de piedra del país; los otros dos que le acompañan se 
llaman (¡uatauba (Guatagua) y es el mensagero de 
Gruabancex para llevar sus órdenes á los otros semis. 
para que le ayuden á hacer mucho viento y agua; el 
otro se dice Caotrisqitie [Kafinesque llama á uno (hia- 
taba, y Pregonero al otro, y dice son hijos de Atabex y 
Guatancex: m&8 pregonero es voz castellana y lo de la 
genealogía acaso suposición]: Caotrisquie recoge las 
aguas de las montañas y las vierte donde trastornen ;i 
la tierra. Todo lo creen firmemente. 

' ' XXIV. Lo que creen del semi Famgamol [debe 
ser TaragabaoL como escribe Rafinesquc, ó mejor 
( i uarayoneT]. 

"Este es semi de un gran casique de la Española, 
al que se atribuyen diferentes nombres y fué encon- 
trado del modo que vais á oir: un dia, en tiempos ante- 
riores al descubrimiento, encontraron en una cacería ¿i 
un animal desconocido tras el que corrieron: cayó en 
un foso y allí notaron que era el tronco de un árbol 
que les habia parecido animado. El cazador corrió ¿i 
casa de su principal que era casique y padre de Gma- 
raymel á quien avisó de lo ocurrido. Decían que el ído- 
lo salia muchas veces de casa, volviendo á las cercanías 
y no al lugar de donde salia. El padre y el hijo citados 
lo restituían á su casa y hasta ie ataron y colocaron 
dentro de un saco; y todo era inútil para detenerlo. Es- 
tos pobres ignorantes lo creen cierto. 

"XA'V. De lo que dijeron dos de los principales 
casiqúes de la, Española, llamados uno Gasiuatyiel, pa- 
dre del dicho Quarionel, y el otro (ruamanacoel. | Kali- 
nesque escribe Vasi-Baguel, que quiere decir sefíor 



— 182 — 
Baguel ]. Es un gran señor que creen vive en el cielo, 
y que al comenzar esta relación se dijo Caicihú, el que 
tuvo dias de ayuno y abstinencia, que estas gentes acos- 
tumbran: al efecto se encierran seis ó siete dias sin 
comer nada más que el jugo de las yerbas con que so 
lavan; luego empiezan lentamente á alimentarse. A 
causa de la debilidad en que caen en los dias de absti- 
nencia, que influye en su cabeza, relatan visiones de 
su fantasía conforme á sus deseos. Prepáranse con es- 
tos ayunos cuando quieren saber algo futuro: si- ven- 
cerán los enemigos; si tendrán riquezas. También 
aseguran que su casique habló con Yocauuagama [Yo- 
caguagama] y éste le dijo que después de su muerte 
los que de el viniesen no gozarían mucho tiempo del 
poder; porque vendrían al país gentes vestidas que los 
subyugarían y harían morir de hambre. Ellos pensa- 
ban si serían los caníbales, bien que estos no hacían 
más que robarles y huir; ahora están persuadidos que 
los semis hablaban del Almirante y de los que con él 
trajo." 

Aquí termina en lo correspondiente á la antigüedad 
india, la relación de Pane: en las notas que he puesto 
entreparéntesis y al pié de las páginas, he procurado 
dar claridad á los conceptos. En los artículos espe- 
ciales que completan este trabajo, consignaré las razo- 
nes que me han hecho preferir las formas ortográficas 
de las palabras. 

En el resto del capítulo XXV continúa Pane refi- 
riendo los sucesos de su misión en la Maddalena-ad una 
forteza la qualfece fabricar D. Cristóbal Colombo; en 
ella sólo se refieren á nuestro propósito las frases que 
recuerda de un indio al morir: Dio Aboriadacha; que 
quiere decir "soy siervo de Dios." En cuanto á nom- 
bres indios, dice que Guanaoucanel (hijo de Guanane- 
chin) tenia servidores y favoritos que llamaban Giahn- 
nanarici. Agrega que íué mandado á la provincia Ma- 
roni [Macorif] cerca de Guarionex, y como que se ha- 
bla otra lengua, llevó á uno de dichos favoritos, que se 



— 183 — 
habla convertido, y al P. Juan Pergognone [l>urgui- 
ílon] con Juan Mateo, el primero que recibió el bautis- 
mo en la Española. No hay después más nombre indio 
que Manlatíw, que lo era de un casique. 

El capítulo XXVI contiene numerosas relaciones 
de milagrosas imágenes y el progreso del cristianismo. 
La sencillez del narrador es grande; pero tal su fe y su 
entusiasmo al consagrar su obra al servicio de Dios, 
que le pide que^sino le agrada lo prive de la inteligen- 
cia. "Piaccia á Nostre Signore" "si esto torna in 
giovamento é servicio suo" "darme la gracia de la 
perseverancia de otro modo — k 'tolgalmi lo inte- 
lecto." 

Macho hubiera sentido haber publicado estos estu- 
dios antes de haber examinado el Vocabulario Políglota 
de Hervás, cuyas demás obras conocía en las ediciones 
españolas. Lo tenia encargado á mis amigos de Euro- 
pa y tanto el inolvidable I). Domingo del Monto, como 
Mr. Kencdy, tuvieron la bondad de hacer exquisitas 
diligencias en su busca. Del Monte llegó á escribirme 
que creía que no se hubiera publicado; yo le mande' 
copia de un párrafo en que el mismo Hervás la citaba. 
Al fin en Nueva York pude consultar la obra, la edición 
aparte, puesto que sea el tomo 19 de la colección de 
Cesena según el Dr. Rojas. El ejemplar que existe en 
la Biblioteca de Astor en Nueva York, es también im- 
preso en Cesena, y su título Vocabulario políglota coi 
prolegominlsopra depiu C L lingue ópera del Aba- 
te 1). Lorenzo Hervás &. &. Cesena MDQCLXXXVIL 
En 4? mayor español, con 247 páginas. 

Los prolegómenos llegan á la página 161, y el voca- 
bulario empieza desde ahí y llega al fin del libro. En 
la primera parte habla con admirable acierto de la for- 
mación de las lenguas, sus afinidades, la onomatopeya 
en los sonidos de las palabras, sus correcciones y mo- 
dificaciones. En el vocabulario comienza por ñolas para 
descubrir la primitiva significación de las palabras; so 
principia por vocea americanas: coloca en columnas las 



— 184 — 
palabras; primero el significado, luego la que va á inter- 
pretar; por ejemplo: 

Lengua. Agua, Alma. Animal. 



Araucana. co. am. pulli. lihue. iruri. 

Continúa su viage por la América Meridional; sigue 
por la Central y Septentrional, y pasa por las demás 
partes del mundo, para terminar en África. Ilustra su 
apéndice con trabajos análogos; pero nada hay que 
pueda ser práctico ni utilizable para las Antillas y los 
tainos. 



. ♦ ♦ 



— is: 



Sección segunda. 



VOCABULARIOS. 



Lista enciclopédico alfabética de los nombres histórico* de las tradi- 
ciones c idioma de los indios fainos ó pacíficos. (*) 

A. 

.1.— Partícula que denota cualidad ó posesión. 

Ababcy. — Es una especie de naranja de i as Antillas, según 
Larouse en su Gran Diccionario. 

Ababaya.— Lo mismo que papaya, dice Descourtiitz, en las 
islas menores. 

Abana.— Con esta palabra principia la oración dominical tra- 
ducida al árabe y corresponde á Abin, Abun, en siriaco; Aluna en 
etiópico; Bab en rhétieo; Babú en dialecto sárdico. Mithridates. 
Anno MDLV. Figure excudebat Fuoschoverus. 

Abanatam.— El P. Fr, Pablo de la Concepción llamó así el 
puerto de Carenas.— "Y ahora de la Habana capaz y hermoso, y 
á veinte leguas de Matanzas."— Crónica de la provincia de los ¡San tos- 
Apóstoles San Pedro y San Pablo, 1. 1- pág. 534 ó tomo XV de laBi 
blioteca Histórica de La Iberia (México.) 

Abana. ^-Herrera en su Descriptío Indtac Occidentalís, íbl. (í, 
(1022) escribe Abana al hablar déla ciudad, y puerto de Síntc 
Chrístoffel de Abana; y del Abana dice en otro lugar: pero Síntc es 
errata por San* Ordoñezde Ceballos en las adiciones, fol. 6. con- 
funde su relato llamando isla de la Bacana á Cuba y escribe con 
IT y v la palabra habana. 

Áhcin.— Tres, tercero. 

Ahijas. — Rio de Santo Domingo. 



(*) Las palabras que no se encuentren en esta lista, especialmente do Cub 
'lian en las socoiono* 3? ó 4?. 

i:; 



— 186 — 

Abo. — Gefe, superior. 

Ac— Oree Brasseur de Bourboug que ¡significa en taino cerdo: 
pero no habia cerdos en las Antillas, Según Rafinesque cosa sa- 
grada. 

Ácana, — Árbol de construcción que produce una fruta seme- 
jante al sapote. (*) 

Acaraira,— El ave que se conoce por caraira y que Noda que, 
ria que se le restituyese esa forma como ¿i Mairen su tormi nación' 
en », en la descripción de este pueblo y partido. 
Achiacabo. — Abuelo; narguti en Eyeri. 

Achioto, Achiote. — Planta tintoria con la que se pintaban los 
indios que decian á esto veetirse, en especial los varones para los 
guasábaras ó combates. Es la bija llamada también onoto. 

Acuba. — El sapote, pero debe ser en este caso asúba: aunque 
Braseur de Bourboug escribe acaba, Oviedo dice azuba. García 
escribe acuba y dice que es el zapote mamey de Haití. 

Acul. — Palabra haitiana que designa un puerto que los fran 
ceses se empeñaron en sustituirla por otras, pero sin conseguirlo. 
Los españoles que lo descubrieron no podían persuadir á los natu- 
rales de que eran hombres como ellos: besaban la tierra por donde 
caminaban y se despojaban de cuanto tenían para regalarles. En 
21 de Diciembre de 1492 lo visitó Colon y lo llamó San Tomas, En 
él desembarcó el general Leclerc en 1802, cuando pretendía Fran- 
cia reconquistar al país. La bahía donde está el pueblo lleva tam- 
bién el nombre de Acul. 

Acuzaman. — Lo mismo que calman (véase esta palabra.) 
Adamani. — Hoy dice el Sr. Pérez en sus Fantaéku que es la 
isla de Saona. 

Agapito. — Yeáse apíto. 

Age, ajes, axes. — La mayor parte de los escritores de nuestras 
cosas americanas, han creído que el age, aje ó axe, ene de los 
tres modos se ha escrito, es el ñame-, pero basta leer la descrip- 
ción de Pedro Mártir para salir de ese error. Lo extraño es para 
mí que en él se haya incurrido. Solo el modo de sembrarlo que 
explica, contiaria la suposición. Se sembraban los ages, como 
las batatas, lo mismo que ahora, de sus tallos que nuestros cam- 
pesinos llaman guías muy acertadamente. El ñame de pequeños 
tubérculos ó hijos; que rodean al principal. Oviedo dice que bl 
age y la batata se parecen entre sí como las variedades de la 
manzana. Oviedo no gustaba de ñame y dice de él: "fruta ex- 
tranjera que vino con esta mala casta de los negros." Es, pues, 
evidente que vino de Guinea; no es el age. En la lengua de An- 
gola, ñame significa raíz comestible, como lo trae Prevost en su 
eolecc. de viages, pág. 34 del t, 5. 

Lo que sí es cierto es que lo que ahora llamamos boniatos 



( ¥ ) Las clasificaciones citutificias de los objetos descritos se colocan en la 
sección de nomlres usuales en Cuba, si se conservan. 



— 187 — 
v otros malamente buniatos, y más mal moni-utos, y peor muñía- 
los, son los ages tan parecidos á las batatas, como que sou con- 
vólvulos» Oviedo y Pedro Mártir no los confunden: dice Oviedo 
que son seis las clases de batatas y la mejor se llama anigua- 
mar, Pedro Mártir cree que son infinitas las variedades de los 
ages, pero la mejor se llama anigmmar. "Ages species innuine 
rasunf, dice: y nombra los siguientes: guaganax blanco por 
dentro y fuera; guarágiiey violado fuera y candido dentro; sa- 
sábelos (sasabeyos) rojo por fuera: squíbetcs, blanco dentro y 
fuera; tuna rojo dentro y fuera; kobos, amarillos; atlbunisix, vio- 
lado con carne blanca; anigua mar , lo mismo; guacabacoca :, 
blanco, de piel adentro rojo, y dice que aún quedan muchas 
más. 

En el diario de viajes de Colon publicado por Navarrete, 
1 de Noviembre de 1401», primer viaje, principia á tomar cuer- 
po el error que combato: ''Estas tierras son muy fértiles: ellos 
las tienen llenas de mames," confundió la raiz, "como zanahoria 
que tienen sabor de castañas," con los ñames de África. El 1\ 
Las Casas pone una nota así: "Los ages ó batatas son éstas." 
Navarrete agregó, que Oviedo distinguió los ages de las bata- 
tas que son más pardas y mejores." 

En nota al dia 13 de Diciembre, afirma Navarrete: "Ma- 
mes ó ñames eran los ages, especie de batatas] 1 y cita las relacio- 
nes de los dias 10 y 21 del mismo. Todo esto prueba lo antiguo 
del error; pero Colon habla en el texto de la planta de que se 
hacía el pan ó casabe que sabia cuando asado á castañaj de 
figura de grandes rábanos, y dice que se siembra de ramillos y 
así se cultiva, y en nada de eso se refiere al ñame. El almi 
rante confundía á la yuca y al boniato, de hoy; era muy discul- 
pable. Que él dijese que el age se encontraba en África, "diz 
<iue se encuentra en Guinea" porque también se halla allí la 
yuca con el nombre de mandiolc. El Dr. Chanca también llama 
al age un nabo, "que es como nabo," y cuyo buen sabor encomia, 
y que los caribes "lo llamaban nabi y los indios haje", escribe con 
// la palabra. 

No es posible que se aplique al ñame la variedad de colores 
que se encuentran en los ages ó boniatos. Esto no quita que hu- 
biera otros ñames hasta silvestres en las Antillas, como lo asegura 
Córdovaen su Memoria sobre Puerto Rico, y especialmente en esta 
isla y las Vieques [página 295, edición de Nadrid de 1838. | Abad 
en la Historia de la misma lo supone indígena, como casi todos 
los escritores modernos. 

Eran las antillas muy ricas en raices alimenticias y locouseí 
van hasta sus tradiciones. Cuenta Pedro Mártir en sus Décadas, 
que los primeros habitantes de ellas decían (pie sus antepasados 
vivían exclusivamente de raices, palmas y magueyes, y enumera 
ba: "El guagéijaro, tubérculo de la tierra, el redondo es mejor: 
el guarros como pastinaca; cibalos conio nueces; cabalóos como 
cebollas; macaones semejante; y muchas otras raices. 



— 188 — 

jSo debían ser muy nutritivas y apreciables estas raíces cuan- 
do se estima como uu gran progreso Ja invención de la yuca y el 
medio de sembrarla, que se atribuye á un boitio ó sacerdote, [véa- 
se Hoh>to.\ 

El anciano encontró el cangro a orillas de un rio y lo cultivo 
"éx agres ti fecit hortcnsen" pero morían los que la comían cru- 
da; la asaron y fué menos mortífera; hasta que descubrió que para 
utilizarla debía exprimir su jugo y cocerlo y hacerlo casabe: "eo 
modo, dice Pedro Mártir, exicata, conditaque in eazaby." El se- 
ñor Pichnrdo cree, como los más, que el ñame es el antiguo age, 
describe sus variedades y dice que hay un ñame simarron ó sil- 
vestre: no lo he visto y acaso sea una jiquima ó jicama que si 
presenta tubérculos muy parecidos, es una leguminosa que he usa 
entre las mandas en la Habana con el nombre de volador. Es co- 
mún en algunos bosques, por serlo en Madruga, tal vez se llame 
la Jicama uno de los lugares más cercanos al pueblo. 

La raiz que lleva el nombre de y ame en Surinam se desigua 
por los indios con el de teyes: por la descripción que de ella hacen 
entre otros el Dr. Fermín (JDescrip. de Surinam. pág. 147, t. I o ) no 
es otra cosa que una especie de malanga. u Es, dice, una clase 
de remolacha que pide tierra de mucha calidad . . . su tfiel es bas- 
tante áspera y ruda, desigual, cubierta de filamentos de un color 
violado que tira á negro. Cocida ó cruda, tiene un color blanco 
y sucio que á veces tiende al color de carne: sus hojas son largas 
anchas y terminan en punta el tallo que produce la planta lle- 
va unas espigas con ñores pequeñas de figura de campana cuyo 
pistilo se cambia en una pequeña silicua llena de granos negros, 
pequeños, también para la reproducción y una vez plantado se 
receje mucho, etc.' 1 Por lo visto esto no anuncia lo que aquí lla- 
mamos ñame, y sí parece una malanga. La más grande, la lla- 
mada Manca, produce uu gran tubérculo que hasta en el sabor, 
después de cocida tiene la insipidez del ñame, aunque por su for- 
ma exterior nadie podrá confundir esas diferentes raices. En la 
célebre obra mística de Malón de Chaide, la Conversión de la Mag- 
dalena, ¡pág. 378, en la edición de líivadeneira] dice así: "Es la 
vejez un hospital de enfermedades; allí la reuma le ahoga; la des- 
tilación de la tos; la melancolía se seca; la gota le pone grillos; la 
ijada le enclava; el riñon le hace dar gritos, y tiene hasta que cu- 
rar de sus ajesP Y no es errata porque se repite en otras edicio- 
nes, hé aquí una significación bien diversa de la semejante en hai- 
tiano ó antillano. En castellano, no sólo tendría esa significación, 
sino que, escrito con «r, am% ó a.rones eran unos estantes para li- 
bros, cuadrados hasta el techo de las casas con uu eje fexe] inte- 
rior para que girasen circularmente, de modo que ei que necesita- 
ba un libro, sin variar de posición lo encontraba haciendo girar 
el axc: se aplicaba el sistema á bib iotecas, y ahora recientemente 
ha sido objeto de patente de invención, la idea aplicada á estantes 
para libros, girando en la misma forma, poro sin fijarse en el te- 
cho un extremo del ave. Para más noticias puede acudirse á la 



— 189— , 
página 252 y siguientes de las instructivas Memorias <U la Real 
Academia de buenas letras de Barcelona [1758]* 

Usase la palabra once, aunque rara vez como achaque ó en- 
fermedad: en nuestros dias la trae Ferrer del Rio al ocuparse del 
conde Superunda en la Historia de (Jarlos III. -J narros en su 
Historia de Guatemala, en la descripción de la provincia de 
Vera Paz: "se coge el adisosc, el age \ otras drogas." — (Tomo I" 
p*g.31.) 

Losanotadoresdelacolece.de Documentos del Archivo de 
Indias han ido más allá: sospechan sin fundamento que age sea 
palabra castellana: "acaso por ajete salsa de ajos" pero los indios 
no conocían los ajos y usaban por estimulante análogo el ají 6 axi. 
El Sr. Poey en nota á un pasaje que tradujo de Pedro Mártir, di- 
ce que los indios aplicaban la palabra también á los frutos, 

J. Everhard en su disertación latina, sobre el solanum tubero- 
som, L, que fué premiada en 1825 por la Academia liheno-Trajecti- 
na; dice al hablar del boniato de quien omite este nombre: "íiis- 
panis vocatur batatas, camotes, ages (pág. 1) prelatio.) Los espa- 
ñoles solo han aceptado el nombre de batatas en Europa; de ca- 
motes en México, y de age* al principio del descubrimiento; y 
cuando escribían cu latín, usaban de la x para evitar que se pro- 
nuncie ayos que es el sonido de la j en latín en esapalabra: Ever- 
hard no ha tenido esto presente; pero acertó en el parentesco bo- 
tánico del age y la batata. 

Es cosa notable la confusión de los europeos en la determina- 
ción de plantas americanas: lo prueba esto mismo, pues un espe- 
cialista como Everhard se equivoca respecto de la, papa] y poste- 
riormente (1858) el Sr. Martínez López en el Diccionario español- 
francés en que es responsable de la parte española, dice: "Bata- 
ta... patata,, pome de terre, igname. Planta. Se confunde el 
boniato, la batata con la papa, con el ñame, y para completar la 
vaguedad, con el nombre genérico de planta. 

Agoreros. - Son frutos silvestres de Cuba, que por lo que dice 
el Obispo Las Casas, eran especie de pitahayas-, cuando es rojo se 
llama yaguaraba ó yaguaaraja: los agoreros son verdes. En la cla- 
sificación botánica de esos cardones, el que produce un fruto ver- 
de amarilloso y finalmente amarillo al pasar de su madurez, es el 
que me figuro que se llama agorero. Por la descripción así me lo 
parece: cactus jl age! I/o r mis. Se extiende, con raices laterales, casi 
siempre aéreas por cercas y riscos. 

Agua,— El Sr. Richard, según dice el Sr. de la Torre, obser 
va que los indios mezclaban lá palabra agua en casi todos los 
nombres de riosy pueblos inmediatos á ellos. 

Aguacate.— La semejanza de este nombre con el que se le dá 
en México ha hecho concebir dudas de si seria éste derivado de 
aquel ó vice versa. Según el Museo Mejicano t. I., pág, 17: "Esto 
fruto lleva el nombre de aohuicate entre los caribes; ahocahuitle en 
mexicano y palta en el Perú. Para Bello, el distinguido cantor 
de la naturaleza americana, es el fruto verde el que lleva ese poní 



. — 190 — 
feíie; verde palta. En Cuba se llaman aún aguacates tanto el que 
madura con color verde, como el que se pone morado. 

Aguají caldo claro — en Sto, Domingo (García) 

Aguamany.—TZs el nombre de un rio de Puerto-Rico. Es de 
advertir que aunque la mayor parte de las poblaciones de Puer- 
to-Rico son tan recientes que solo dos se fundaron en el siglo 
XVI, casi todos los nombres de pueblos y barrios conservan por 
mitad los indígenas, tomados casi siempre de los ríos y 
quebradas ó sean confluentes á ellos. Ninguna colonia moderna 
conserva más nombres primitivos que las topográficas de las An- 
tillas españolas. 

Aguas. — Según los adicionadores del gran Diccionario de Mo- 
ren son las om-aguas. El Padre Acuña citado por La Marti nier, 
en su JHctionaire Geograpliíque, cree que es una calumnia de los 
portugueses para disculpar su conducta, que los supongan antro 
pófagos; y sin embargo conviene en que hay algún caribe que se 
come á los enemigos. 

Agüeyband. — A güey naba.— (¿efe indígena de Borinquen (Puer- 
to-Rico), á quien llama Buriehena Pedro Mártir; al casique 
denomina Gomara Agueibana. Recibió, dice, á Juan Ponce, se 
convirtió con su familia al cristianismo, y le regaló á una herma- 
na para concubina, cosa que observa el Padre Gomara, que era la 
costumbre. Agüeybana llevó á Ponce á las Minas de los Bios 
Manatuahon y Sébuco [Cébuco] que corrían sobre arenas de oro. 

Era segundo casique de ese nombre Agüeybana y el principal 
de la tierra: parece que en las antillas mayores había esa esj)ecie 
de federación en que se reconoce un gefe superior ó principal. Es- 
to lo confirman las palabras de los conquistadores y cronistas 
primitivos que hablan de gefes principales y casiques simplemen- 
te. A Anacaona acompañaron más de 300 en su visita á los espa- 
ñoles (véase Anacaona.) Cuando tuvieron lugar los repartimientos, 
(véase Anaboria) se concedió el casique y parte de sus subditos á 
un Encomendero, cosa que no pudo resistir la amistad de Agüey- 
bana ofrecida antes: quiso conspirar y lo hizo (Oviedo) convocan- 
do á los casiques para combinar el medio de oponerse á seres que 
se creían inmortales, Entonces se acordó averiguar bien el supues-. 
toj y se encomendó al casique Broyoan [este nombre es uno de los 
más estropeados por los escritores, en especial por Gomara] . Uno 
de los historiadores primitivos dice que se señaló como prueba 
atentar á la vida de un joven dicho Salcedo: pero los más convie- 
nen en que se acordó matar al primero que se ofreciera al paso en 
su buena ó mala ventura. Tocóle la mala ventura al citado Salcedo 
y lo hicieron sin violencia, como quien tanto dudaba del éxito. Le 
pusieron en hombros para pasar el rio Guarabo, y allí le sumergie- 
ron hasta que perdió la respiración. Ya muerto le pedían perdón 
por haberlo dejado caer involuntariamente en el agua: solo á los 
tres días, y cuando empezaba á corromperse, pudieron creer que 
estaba difunto. Luego que tal cosa descubiieron, ya emx)ezaron 
á aprestarse para la guerra. Detuvo sus primeras manifestado 



— 101 — 
nes de hecho (véase .1 i mamo) el valiente Diego de Salazar, que 
contribuye) luego al triunfo de los suyos. Según la versión del 
Padre Abad, los caribes auxiliaron á los portoriqueños contra los 
españoles, aunque otros no los mencionan. Eran, si los auxiliaron, 
llamados flecheros que usaban pestíferas las Hechas como lla- 
maba (i ornara á esas armas en que ponían el ponzoñoso curare, 
imitando los del continente: á "yerba pestífera y sin remedio", es 
la frase del capitán Cortés. 

(íuarionex y los demás casiques se sublevaron atacando á los 
á los españoles que estaban muy desapercibidos y conliados, y no 
por falta de aviso: era una confianza necia la de Cristóbal de So- 
tomayor que gobernaba; una hermanado Agiieybaná su mance- 
ba, le dio aviso; habiendo González sospechado lo que se tra- 
maba, se embijó ó se pintó de rojo, y estuvo y bailó en el areito de 
(a guerra que celebraron los casiques. Despertó de su letargo en 
apretadas circunstancias, y acudieron á su auxilio el valeroso Sa- 
lazar, y por último, los hombres que vinieron en socorro de los 
españoles, á petición del Gobernador de Puerto luco Juan Ponce. 
Murió Agiieibaná (1511) derribado por el tiro de un arcabuz 
(pie le disparó Juan de León, y desde esa época no hubo trastor- 
no de indios ni se peleó más que con los caribes, que intentaban 
hacer sus correrías en la isla. En esa guerra se hizo célebre Be- 
cerrillo, perro que retrata menudamente el clérigo Gomara expre- 
sando la rareza de sus instintos y conocimiento. Tenía señalada 
paga en el presupuesto, que tomaba su dueño. 

Éntrelos casiques que se señalaron en la rebelión de Agiiai- 
bandj la historia cuenta á Mabadomaca, que á la cabeza de 000 
hombres desafió á siu contrarios; pero fuéle mal en el reto, que 
lo aceptó el invencible y formidable S alazar. Los escritores mo- 
dernos portoriqueños prefieren llamar Agüeinabá al que Oviedo 
y otros dijeron Ag'úeybana. 

Agiieycs charcas de agua según el Sr.Galvan: ¿serán jagüeyes^ 
Agujas. — D. Tomás Pió Betancourt ha escrito la Historia de 
Puerto Príncipe, de que conozco dos ediciones en la Habana, La 
de 1839 inserta en la Memoria de Ja Real Sociedad Económica (to- 
mo VIII,^ y la que ha hecho el Dr. Cowley en s'u colección de 
historiadas tomo III. En esa obra habla de la aguja.' 1 — Usaban 
(los indios) por adorno unas guirnaldas que se ponían en la cabe- 
za compuestas de huesos de un pez que llamaban aguja. En la 
primera edición cita Betancourt á Herrera, D. I. pag. 266, cuya 
referencia no es exacta. En la segunda edición suprimen las 
autoridades. 

Aguti, uguchi, liufi, utia, india, (fuemí, cltnui, (¡uinujes, guubini- 
unina, cori, mohuy. — Todos esos nombres ha recogido Raflnesque, 
y daban los dialectos de las Antillas á sus pequeños cuadrúpedos. 
El Sr, Poey en sus excelentes Memorias sobre la Historia Sutural 
de la Isla de Cuba, dice: "El perro mudo es el oso lavanilero |ur- 
suslotor, proeyon lotor, -mapuche en Méjico y racoon en Florida.) 
El córi, es nuestro curiel, fSus procelaria Líu, caria, oobaya. 



— 192 — 
Margr. cavia apcrm (¡m.); el queml es nuestra hulla conga, (capro- 
mis Fournieri Des.) El guabiniquinar de Oviedo es nuestra hutía 
carabalí. Caprornis Poey, Oro., jwehensibilw, Poep. ); errónea- 
mente descrito en cuanto al color por Poepin. El agutí es el mu- 
saguti Lito, Basiprocto 6 chloronis agutis de los autores modernos. 
El acucM es también un Dasiprocto, cavia, Acushy Gm. 

El pilori y otros no lo determina Poey; espera estudios que lo 
coloquen entre los hutías ó en' nuevas especies de las clasificadas. 
Véase dichas Memorias, pág. 31 1. I. 

Oviedo habla con distinción distribuyendo en Cuba y Haití 
los cuadrúpedos: para la isla de Cuba y Haití el perro mudo, el 
cori, la utia, á el quemi y molmy, para Cúbaselo el agre y guamini- 
quinax ó guaminiquinar: el primer nombre lo usa Las Casas, el se- 
gundo Oviedo, que á veces dice guabiniquinax. (Véase Hutías.) 

Ahia, baba, haMa. — En dialecto eyeri significa antecesor, 
padre. 

Áhiacauo-guaroco (el) Ayauamaco. — Con estos dos nombres se 
determina uno de los personajes de la leyenda del Padre Román, 
al continuar la relación de lo sucedido á los hermanos que huian 
de la casa de Yaya, por habérseles roto la higuera ó calabaza don- 
de se guardábanlos huesos de su hijo. Llegaron á casa de Basa- 
mañoco y exclamaron: ahiacauo guarocoel, es decir, conocemos al 
que es nuestro abuelo. Dimiban caracaracoel viendo á sus her- 
manos entró para ver si había casabe. Caracaracoel ya dentro 
de la casa de Ayauamaco. (Ahiacauo) le pidió casabe y este se 
puso la mano en la nariz, le pegó con un guauguio lleno de cojioba. 
Lo que quiere decir que dio con un talego lleno de polvo de taba- 
co. Era el que aspiraban por un canuto ó tubo de medio brazo 
de largo, cuyo extremo, ponen en la nariz. 

Caracaracoel se volvió á sus hermanos y le contó lo ocurrido: 
le examinaron el lugar donde recibió el golpe, que tenía muy hin- 
chado, y tomando una manaia lo abrieron y saltó una tortuga 
hembra y viva. Fabricaron casa y cuidaron de la tortuga, cojioba 
escrito aquí así está en lugar de cojoba ó cohoba, que es la forma 
española con que se reproduce la voz de los naturales. En ol 
mismo texto, en lugar de Basamanaco se dice una vez Bayamico. 
Como el texto original no existe y yo encuentro en su versión en 
italiano esas contradicciones, ni aiín me es lícita la conjetura, pe- 
ro Bayamicocl sería más indiano, como que diría el hijo de Baya- 
mico. 

Ahiacau. — Por lo que se dice en el artículo anterior esta pala- 
bra también significa abuelo. 

Alba, baidrama, buja. — Semi de Haití que fué quemado en 
guerra; y que hacían creer los sacerdotes que pedia yuca y cosas 
de Comer á los que cuidaban su casa. El Sr. Brasseur de Bourboug 
cree que sea Dios de la guerra y del mal. [Véase -Bonito J 

Aioupas. — Las barracas y espacios que ocupan donde tenían 
las pieles ó cueros de sus cacerías los bucaneros. El nombre 
aioupas pasó de los españoles á aquellos aventureros. • 'Origina- 



— 198 — 

riamente^ venía de los naturales* del país (Santo Domingo*) Así 
lo vemos en Oharlevoix, Msf. de tía uto Dontiiu/o, pag. fifify t. .'5. 

A.isso, (Áiszo).— Vegetal semejante ;i la siempreviva, que 
figura en las tradiciones en la historia del descubrimiento de la 
yuca. 

Ajijiji.--VA miado Parra escribía asi en 1398 {Protocolo de An- 
tigüedades por 1). J. J. García), al hablar del ají-fju<(<juao: el texto 
coya ortografía arregló el editor deeia axi-xixi. 

Ají, <u'¡. — Picante. Fruto de una planta que usaban mneho 
los indios en lugar de pimienta. Hay variedades, y la mas ardiente 

i guayuo, rojo, como cuentas de coral, sobre lustrosas y verdes 
hojas: precioso arbusto pequeño. | Gaeipcum, Bacoatmmi\ 

Á.rí. Se usa en otras partes de América para designar un me- 
dicamento: es un ungüento que se hacia en Amellan con la sangre 
de un gusano (así dice) y con leche de un árbol llamado sácalo en- 
chos montes. Colección de Documentos Inéditos del Archivo de lu- 
días, pág. 310 del t. IX, en donde se indican pormenores para su 
aplicación. 

Ajiaco. — Parece que este nombre indica el estimulante, y 
apreciado ají que entraba en su composición: el Padre Charle voix 
lo llama iracas: (Véase Iracas). Los indios erau parcos en sns co- 
midas, y predominaban en sus alimentos los granos, como el mais 
y las raices. Qne el ajiaco en Cuba se dice así por el ají que lo 
condimenta lo dijo las Casas según La Torre: ''llamado así por el" 
ají con que lo condimentan (Casas 1ÍL y 24), Siempre rica pág. 239 
t. I. Entre las cosas más repugnantes para los europeos comían las 
larvas criadas en los restos de las palmas al podrirse; que he visto 
en troncos averiados de jobos. El vulgo las llama gusanos, pero 
son larvas de copeteros las mayores de su género; inmenso escara- 
bajo que llamó ya rhinoccros el mismo historiador Charlevoix. 
También comían con delicia los panales, tostados, de los huevos 
(pie sacaban de los hormigueros, bibija/fucros, (véase la Secc. 3*) 
los que comen caracoles y ostiones crudos no debían hacer ascos a 
las larvas, que probé Charlevoix, pues dice que son en efecto "una 
grasa dulce y agradable." 

Albcbora,, albeborael. — Padre é hijo que introdujeron el ¡juanin 
ó uso de los f/uaninis entre los de Haití: (véase Üua<ioniona.) 

Alburquerqnc, — El primer repartidor particular de indios fue 
Rodrigo de Alburquerque: consiguió por medio de dádivas despo- 
jar á L>. Diego Colon de esa atribución. Quintana lo llamó "codi- 
cioso y sin vergüenza." Las Casas, "un tirano." (Véase (¡uaibona.) 
Cuando vino en 1 r> 1 I apenas quedaban indios: cu L508 habia re- 
partidos G0,000, 

afraz. — Dice el Sr. Garcia que es voz indígina cu llaíi: no 
os sino española del árabe Alcantar, como dice el insigne elimo 
legista Diez en su Diccionario de origines de las lenguas romanas. 
Aleo. — Es el nombre del perro mudo de (pie antes ge ha habla 
do. ULguii.) Si es un oso, como quiere l'oey, también comían :<»r 
ros los tiéndanos, y ¡¡error, los conquistadores, lo que ayu 



— 194 — 
dó á su desaparición en las Antillas. Herrera halló pueblos más 
civilizados al subir el rio Meta en el continente, pero que se ali- 
mentaban de perros mudos: murió herido por una flecha envene- 
nada con curare. Cita estos hechos Humboldt en su Viaje alas 
Regiones Equinociales. 

Alfaro. — Fue D. Martin Alfaro un indio de la familia del casique 
Baoruco: cristiano y. jefe de los parciales de Enriquillo, el casique 
de Haití. Cuando el jefe español Barrionuevo llevó al casique ale- 
jado en los montes, la carta del Emperador Carlos V. que lo deci- 
dió á volver á su obediencia, se apresuró á mandar á su recibo 
una comisión que precedía Alfaro: Barrionuevo no tuvo espera, 
sino que subió á las escabrosas sienas en cuyo terreno vivía Don 
Enrique, dirigido por el comisionado. Lo molesto del camino, los 
espinos y zarzas molestaron al jefe europeo, D. Enrique llevó á 
mal y se lo manifestó á Alfaro, el que no hubiera preparado el 
tránsito cómodo á quien venía en nombre de tan gran monarca como 
era el español. (1) 

Alguacil del campo» — Este empleo fué creado en Santo Do- 
mingo en 1515, y tenía por objeto perseguir á los naturales que 
huían del servicio. En el ejercicio de su profesión tuvo que em- 
plear los perro* de busca. Lebreles, que luego han figurado en 
mayor escala: por ejemplo en Jamaica contra los negros simarro- 
nes, dirigidos por los ranchadores del Bejucal, pedidos por el go- 
bierno inglés á fines del siglo XVIII, gobernando la isla de Cuba 
el insigne D. Luis de las Casas. [Véase Protector de Indios. \ 
Almiquí. — En Bayamo y Holguin se llama así al ácana. 
Aimamon. — Casique de Borinquen que tomó el nombre de 
casique Salazar. (Véase Solazar.) 
Am-an. — El agua. 
Ama. — El agua. 
Arnaco. — Lecho colgado que usaban los indios y que han adop- 
tado los descendientes de europeos con el nombre de hamacas. El 
padre Las Casas dice amaza, pero lo creo errata: eran por lo regu- 
lar de algodón, pendientes de cordones llamados hieos, que aún 
pronuncian jicos los guajiros. También se hacían de filamentos del 
maguey y de otras sustancias. 
AmaceL — Rio en Haití. 

A maguey.— Provincia de Haití. Es notable el número de locali- 
dades que principian con a en ese país, como se verá en el articu- 
lo; bastaría citar á los menos históricos Amayano, Arabo, A ra- 
in acoa, Atibunico, Asuey, Ayggeroa. 

Amayauna. — Cueva mitológica que figura en las tradiciones 
de las Antillas. | Véase llaiti.] 

América. — Entre las etimologías de la palabra América se ha 
hecho derivar de una voz indígena del grupo relacionado con los 



(1) Las palabras españolas que se incluyen, ó las adoptaron los indios ó pertene- 
cen á personajes hechos históricos de los dias y de la colonización ó destrucción 
de la raza. 



— 195 — 
tainos. El escritor Constancio en su recomendable Historia del 
Brasil lo impugna con razón como extravagante. Fué M. Lue- 
coh quien creyó que venía de marica, que en lengua tupi significa 
linceo, con referencia á los buques que trajeron los europeos. Al 
impugnar esa etimología lo hace de la sujwsiciou, para él, de que se 
le diera ese nombre por Américo Vespucio, que también se supo- 
nía descubridor. Cree que el nuevo inundo fué descubierto en época 
en que las hombres se mudaban los nombres en griego y latin: 
Schawartzerde so llamó Mel a ncton, ^tiervn prieta); así juzgó que 
en América se deriva de meiro, separar en griego, con el aumen- 
tativo a- y la terminación gaia tierra: amcr'njaia, tierra de ultra- 
mar; ó de mirios, mucho, grande, muy extenso y muy distante. 
Tara sostener su opinión, dice que ni españoles ni portugueses 
pudieron darle el nombre de una persona apenas conocida-, ante- 
poniéndola á los ilustres de Oabral , Ojeda, Pinzón , Solis 
y Balboa. u La opinión generalmente admitida que atribuye el 
nombre, concluye, á Américo Vespucio no tiene fundamento." 

Más tarde ha escrito Julio Marión sobre esta etimología se 
parándose de la común creencia: véase el Correo de Nueva- York, 
número 3, segunda serie. Pero la verdad histórica es que la pri- 
mera tierra que sollamó América, fué la provincia del Brasil, que 
acaso el primer documento oficial fué el nombramiento hecho por 
Juan III (1530) de Martin Alfonso, como gobernador de la Améri- 
ca Lusitana, tierras brasílicas. (Constancio, pág. 8, título I. Hist. 
de Brasil,) Tierra del Brasil dicha América la llamó el Burguiñon 
.1 uan de Lery en su muy curiosa Historia de un viaje, de que se 
han hecho varias ediciones, tengo á la vista la 5 a , que preparó el 
autor en 1611. 

El x^rimer libro que llamó América al nuevo mundo fué el 
titulado Cosmographiae Introductio, publicado en Saint Dio en 
1507; fué su autor Martin Waldzceemueller que conforme á la 
manía de la época, tradujo su nombre y apellido en latin Marti- 
n us Hilacomilus. Leclerc ha copiado de la Biblioteca Americana 
Vetustísima, notable publicación (Nueva-York, 1874) la historia 
y variaciones de este libro (pág. 100, Biblioteca Americana.) 

Como observa y prueba Varnhageu eu sus curiosas investi- 
gaciones sobre los viages de Américo Vespucio fué la prensa, la 
imx>renta, quien favoreció y divulgó su nombre, repitiéndolo eu 
todas las ediciones que se hicieron inmediatamente de sus cuatro 
viages eu diversas lenguas y formas: no queda duda que fué pen- 
samiento de Waldzeemuellcr poner el nombre de América al 
mundo nuevo: x>ero la idea no hubiera ocurrido, agrega, "sí las 
cartas de Vespucio no se hubieran propagado más que las de Co 
Ion por medio de la imprenta; esa idea no se hubiera propagado 
sin la reproducción por la imprenta de los dos opúsculos titulados: 
Cosmographiae introductio y Globus Mundi deelaratio que la adop- 
taron y poco tiempo después, lo extendieron por todas partes." Al 
gunas páginas del elogio de Américo Vespucio. Cap. VIL pág. 24.) 
Menos entusiastas por Vespucio sus dos biógrafos Eduardo Les 



— 196 — 
tery Andrés Foster [The Ufe and voyages of Americ Vespuciw, 4 a 
cda New-Haven 1853 j no creen que fuese general el uso de Hu- 
mar América el nuevo inundo, sino hasta 15SI luego que Ortelío 
publicó su Theatrum orbis, y aún después (1612) no fué general la 
adopción, pues citaá Ensl, Pitta, Barbosa y otros. Copia en no- 
ta á los citados escritores portugueses, que aseguran que el nom- 
bro de ¡Santa Cruz se cambió en América y luego en Brasil u por 
ter demarcado as térras 6 costas marítimas della Amerigo Vespu- 
e i, insigne cosmógrafo; é últimamente Brazil pelo produoao de 
madeira que ten cor de brazas.'' 

Por último, reproduzco un párrafo de la American Bevuir 
(Revista Americana de Abril de 1S21): u la fortuna del nombre de 
América no deja de ser singular como prueba de las humanas ve- 
leidades: perteneció primero á una pequeña provincia; luego se 
dio al continente del Sur; ahora se aplica á todo el Nuevo Mun- 
do y hasta á nuestra joven y floreciente república P 

En 1854 publique mis estudios sobre el nombre de u América^ 
dado al Nuevo Mundo, eií donde se encuentran otras indicaciones: 
vieron la luz en los Anales de la, IL Junta de Fomento Oto*, del ci- 
tado año. 

Amcyro. — Nombre de uu casique de Jamaica, según Diego 
Méndez (1536) en su testamento. 

Amina. — Eio tributario del Yaque en Haití. 

An. — Masculino. 

Ana. — Flor: la palabra entra en composición en significación 
de cosa principal á mi juicio, ó centro. Cuba-ana-can significa el 
centro de Cuba. Creo íiatinesque que la misma palabra ana es 
compuesta de la preposición de que se escribe a en concepto de 
pertenencia ó calidad, y así ana será equivalente á de la flor. Se- 
rá extensiva á todo lo que en castellano consideremos como el co- 
razón, el centro, la entraña de una cosa. 

Anaboria, Boria, Naboría. — Anaboria significa del trabajo, 
hombre trabajador; Boria es el trabajo y naboría el trabajar sin 
la calificación a. Durante la duración de los repartimientos se 
"llaman allá en Indias naborías á los indios que tienen los espa- 
ñoles en sus casas, que están registrados por indios de los casi- 
ques/' .Documentos Inéditos del Archivo de Indias etc., pág. 18 t. 
1. No hay mucha exactitud en esta explicación, pero es cierto 
que todos los indios al servicio dedicados tuv.ierou ese nombre en 
algunas tierras de Indias y en especial en Cuba. En Haití tenian 
ese nombre, que allí boria es el trabajo. No habia esclavos en- 
tre los indios, y la organización del trabajo era una especie de co- 
munismo. Los dos italianos más distinguidos, Colon y Vespucio, 
fueron los primeros que quisieron hacerlos esclavos, y merced á 
los instintos cristianos de Isabel no lo consiguieron, pues desapro- 
bó la conducta del primero. Varios sacerdotes españoles comba- 
tieron hasta los repartimientos; pero la ciencia de la época no ra- 
yaba más arriba de lo que enseñó Aristóteles: el sabio Doctor Se- 
púlveda quería restaurar la filosofía aristotélica en su pureza: y 



— 1!)7 — 
tradujo on latín el original griego, y defendía el género do escla* 
vitad que su maestro fundaba en los grados de la inteligencia: ora 

esclavista a! estilo de Ksí aginia, y nada mas lógico en su creen 
cia: pero esa esclavitud griega que chocaba con la redención cris- 
tiana, jamás tuvo más sabio ó ilustre campeen. No obstante, los 
menos sabios, los sacerdotes cristianos, cu especial el veneraMe 
Las Casas, vencieron en una cuestión que tuvo que empeñarse. 
La esclavitud personal repelida, dio origen ala organización de 
las encomiendas ó repartimientos; cuya última forma, las reduccio- 
nes ó misiones, serán la honra de la humanidad. Aunque en los 
repartimientos no excluyeran los c<tsiques prevaleció el nombre de 
naborías en las Antillas, aún en la servidumbre doméstica de los 
indios. 

En el continente se llamaron yanacona* y mitayos, según que 
ios encomenderos fueran dueños de todo el trabajo de sus enco- 
mendados ó de una parte de él. La palabra mita/yo se ha tenido 
por de origen español, por derivarla de mitad: así lo he visto en 
un artículo del. señor Martin de Mousi. 

La conveniencia do los habitantes fué casi siempre hostil á 
las benéficas leyes de la metrópoli: así es que lograron inutilizar - 
á menudo. Limitándonos á las Antillas y en especial á Cuba, 
so vé por las cartas do sus gobernadores que se declaraban escla 
vos á los indios que se huían á los bosques y se consignaban á sus 
aprensores. Esto dio origen á un gran número de especuladores 
que se denominaron recojedores. Uanchadores se llamaron luego, y 
la primera vez que he visto usada esa palabra es en un documen- 
to de 1540 (Historia de Cuba por Sagra, .pág. 48, t. II.) El único 
encomendero que aumentó el número de sus asignados fué Ma- 
nuel de Pojas que no debían pasar de 300 según los repartos 

(Sagra pág. 87,) Como se puede ver en la correspondencia de 
Gonzalo Guzman con el Emperador, así como la de sus oficiales, 
decían en 17 de Marzo de 1528 que había dos meses que una par- 
tida de 30 á 40 indios se habia levantado de Bayamo á Puerto 
Príncipe "que pronto los dominarían, pues siempre ha habido cua- 
drillas de españoles de esta Isla que los aprisionen por sólo el que 
se les permita hacerlos esclavos; pero ya piden salario." 

En Haití nacieron los repartimientos de los indios, de allí 
pasaron á Cuba y luego al continente: se notaron los abusos en 
todas partes. El venerable Las Casas tuvo encomienda en Cuba; 
pero fué el primero que comenzó la cruzada contra los abusos v 
las formas que tenian: otros le siguieron y sus esfuerzos consi- 
guieron la, promulgación de las Leyes Nueras. No solo los seglares 
abusaron de las encomiendas, que frailes y aun Jesuítas fueron 
señalados por los contemporáneos como explotadores de los in- 
dios, olvidando sus deberes cristianos. Prescot en sus notas á la 
conquista del Perú [cap. VII, libro I V|, copia las palabras de un 
contemporáneo (1543) L. Santoya, en que decia que los encomen- 
dados á mercedarios y dominicos los empleaba* en grangorías sin 
doctrinarios: el Arzobispo do Méjico lyorenzami no solo reconoce 



— 198 — 

estas coreabas (pág. 52 á 85, pastorales y edictos, Méjico 1770) de 
los conventuales, xuincipalmente de los Jesuítas, que corcobas las 
llamaba el venerable Arzobispo, sino que tuvo que combatir el 
que aun después no se les dejase el domingo, pues con el nombre 
defama los empleaban la mayor parte del día contra los cánones 
y preceptos divinos. 

Si liubo personas que se opusieron á las encomiendas por sus 
abusos, otras y los más, como interesados, la defendieron. Eu uu 
libro escrito por Bartolomé de Albornoz, estudiante de Tal a vera 
(Arte de contractos, Valencia 1537) cy*e lia reimpreso el barón de 
Juras Reales, se hacia la apología más completa. Aparte las ine- 
xactitudes históricas sobre el descubrimiento, y de reconocer co- 
mo derecho de gentes las encomiendas, conviene en que Hernán 
Cortés llevó á México el sistema de repartimientos que se usaba 
en Cuba por los españoles á reserva de la aprobación del Rey. 
Fué á su parecer el sistema mejor ideado para doctrinar á los idó- 
latras y apartarlos de sus vicios; pero uu clérigo, decia, llamado 
Casas comenzó á hablar contra las encomiendas y consiguió de 
los extranjeros que rodeaban al Emperador, con su hábitoysi 
vehemencia que se dictasen las leyes que las prohibieron. El es- 
critor pone en duda hasta los conocimientos que se atribuían al 
clérigo que pudo asistir como los bancos á la Universidad; y ya 
Obispo, para deprimir su virtud se dice que renunció á una mi- 
tra. Ño obstante, reconoce que hubo abusos notables por otros 
motivos: los empleados se repartían los indios aún estando au- 
sentes, se co asignaban indios á residentes en la península y se 
alquilaban ó subarrendaban por gruesas sumas. 

Sin dar al venerable Las Casas completo asentimiento en sus 
declamaciones, se reconoce el fundamento de ellas en los casos 
que hoy son históricos, tales como la conducta de Vasco Porcayo 
de Figueroa, que ha dejado larga sucesión en Cuba. Era joven y 
en las ideas de la época son horribles los medios de corrección 
que el mismo relata en la causa que le hizo formar el gobierno: 
tenían los indios el vicio de comer tierra que los diezmaba, y con 
la buena intención de corregirlo adoptó el medio de castrarlos, 
con más horribles accesorios. Aún se hará á estos hechos referen- 
cia en este artículo. 

La forma de las concesiones era la siguiente: "Por la presente 
se encomienda en nombre de Su Alteza en vos D. 1S¡ . ÍT.. el señor 
y naturales de la parte (ó tal cuadrilla de indios) para que os sir- 
váis de ellos en vuestros aprovechamientos y grangerías, confor- 
me á la tasación que está hecha ó hiciere, y con que le industriéis 
en las cosas de nuestra Santa Fé católica, con lo cual descarga la 
comisión de la Alteza y nña." Luego hubo en las Antillas un re- 
partidor [Véase Alburqnerque.] Las tasaciones consistían en el 
tiempo que debia darse á los indios para sus propios menesteres, 
consagrándose todo lo demás á lo concesionarios. 

Sensible es que los repartimientos de indios en Cuba fueran 
célebres por los abusos. Ya dije que el gobierno mandó formar 



— 199 — 
causa a Vasco Torcallo: tenia 28 años de edad y no consta la 
pena que se le impuso. En lo que se conserva de la causa existe 
el interrogatorio que le hicieron evacuar los oidores de la Au- 
diencia de la Española y de él aparece confesado, no como delito, 
sino como medio de contenerla propensión de la (jcofobía ó vicio 
de comer tierra que (declaraba en 1522) habia hecho cortar los les- 
tes ó compañones á tres indios enfermos y los quemó después', á un 
muchacho con el mismo vicio hizo que el mismo se castrase y co- 
miese los compañones envueltos en tierra; á otros quemó la boca. 
Para evitar semejantes escesos no es estraño que en las provisio- 
nes de 14 de Setiembre de 152G, se dijese que en lo tocante á Cuba 
era grande el abuso y no habla lugar á dilaciones. 

La autoridad suprema dictó leyes que los interesados no 
cumplían en Cuba: Guzman, á quien se le prohibía repartir in- 
dios como repartidor, lo hizo como justicia. No me extraña que 
hubiera alzamientos de indios que se apalencasen, como los que 
capitaneaba Guama. La resistencia de los interesados habitantes 
y empleados de la isla estuvo en lucha abierta, pero sin tradu- 
cirse en rebelión como en la América Meridional contra las nue- 
ras leyes. Guama vagó por los bosques diez años hasta que lo 
mató Manuel Hojas que lo batió con sus indios y sus negros, con 
algunos blancos. Este liojas tuvo su encomienda en el pueblo 
de (Uianabacoa, prueba de que existia antes de que en él f¡e reco- 
jieran los indios vagantes, de que se habla en otra parte. Se pre- 
vino que no pasasen de 300 los indios de cada encomienda, pero 
no siempre se observó esta ley. Los abusos eran muchos, y cuan- 
do se reunieron" los procuradores de las villas de la isla Fernan- 
dina [1540] para, el procomún de la tierra, hicieron constar que ya 
eran muy pocos los vecinos que tenían 12 ó 15 indios arriba. 

Los males y los bienes ocasionados por los repartimientos 
fueron discutidos por las generaciones posteriores. Osorio conde- 
nó los repartimientos hechos á seglares ocasionados á robos y es- 
torsiones, porque no solían estar dotados de indios los empleados; 
quería que la civilización y doctrina se encomendase á religiosos 
de las órdenes y congregaciones regulares. Ya hemos visto que 
otros lo impugnaban, y al suprimir los Jesuítas hasta se exage- 
raban los inconvenientes. El repartimiento fué, á juicio del distin- 
guido magistrado Campomanes una necesidad de la época. 

Las mitas en el servicio de minas subsistieron hasta 1812 en 
que lo prohibieron las Cortes: el diputado por Guayaquil D. José 
.Joaquín Olmedo les dedicó dos magníficos discursos, el primero 
en 12 de Agosto de escaño en que explicaron los padecimientos de 
los indios por su permanencia: pintó con pasión como correspon- 
día á su alma de poeta un cuadro dolorido; sus oraciones se reim- 
primieron en Londres con entusiastas elogios por Vicente Koca 
fuerte. En las mitas se paga un salario al mitayo conforme á las 
leyes, pero eran víctimas los indios de los explotadores que sabían 
libertarse de- parte la prestación pagando en especies, no en di 
ñero. 



— 200 — 

El nombre de naboría con que se distinguían los indios mer- 
cenarios, fué porque ya he dicho que borla es el trabajo; pero no 
no terminaré este artículo sin agregar que Kafinesque en sus inge- 
niosos anales de Haití, cree que las naborías eran resto de una 
tribu vencida por los tainos, y la tenían á su servicio: también 
crwa que los boitios, médicos y sacerdotes eran una tribu como la 
de Leví: de manera que eran tres casias ó tribus asociadas ala 
época del descubrimiento. ISTo hay fundamento para aceptar esas 
suposiciones, 

Anacaona. — Flor — de — Oro: así se llamó la bella haitiana 
esposa de Caonabó, hermana de Bohequio, (jlcuclno, escribe Pe- 
dro Mártir): poetisa inspirada y oradora elocuente, según los cro- 
nistas; ha dejado entre estos fama por sus espléndidas fiestas; 
hasta Oviedo, poco celebrador, la encomia bajo esos conceptos. 

En su entusiasmo por los españoles, admiraba su civilización, 
con varoniles razones preguntaba por qué abandonaban tantas 
cosas su|)eriores en busca de la rusticidad de Haití. La crónica 
contemporánea la describe en todo su esplendor en el recibimiento 
que hizo, ya viuda de Caonabó, á los gefes europeos. Sabiendo que 
el Gobernador venia por los tributos al casicazgo de Bohequio 
Anacaona (Anachaona escribe Pedro Mártir) en Jaragua que go 
bernaba de hecho, por su superior inteligencia, salió con su dicho 
hermano á recibir lujosamente acompañada al gobernador á algu- 
nas millas de distancia. 

iban por delante hombres y mujeres cantando y bailando: 
luego venían los casiques en ligeras andas que cargaban seis in- 
dios, todos desnudos menos en la parte que debe ocultar el pudor. 
Seguía Anacaona también desnuda de todo el cuerpo, aunque cu- 
bierta de sutilísima tela de algodón de varios colores lo que la de- 
cencia recomendaba ocultar. La piel de todo el cuerpo pintada de 
ñores rosadas y azules; la cabeza, el cuello y brazos ceñidos con 
guirnaldas de olorosas llores naturales blancas y también azules. 
En su rostro se veia que era una señora: "mostraba ser señora." , 

Al encontrar al Gobernador, se apearon de las andas y le hi- 
cieron reverencia acompañándole en su tránsito hacia el pueblo. 
Allí estaban reunidos los contingentes en algodón, y otras espe 
cies de ciento treinta casiques, con una gran cantidad de pesca- 
dos, hutías, casabe, higuanas bien preparadas, es decir, ahuma 
dasj era su presente ó regalo. 

Llegada la hora de la cena, fué servida con abundancia gran- 
dísima; por primera vez comieron los españoles la carne de higua- 
na, que por sus formas llamaban los europeos "asquerosa ser- 
piente." La mesa consistía en una grande tela de algodón de coló 
res extendida en el suelo á cuyo alrededor se calocaron cojines 
formados de yerbas odoríferas, uno para cada convidado: por 
servilletas se ponían y renovaban hojas apropiadas para limpiarse 
las manos. No dicen ios cronistas si eran hojas de caisímou, pero 
las he visto usar y he usado en almuerzos campestres con yuagiros 
en las felices pascuas de Alquízar y la Canoa. 



— 201 — 

llizo los honores de la fiesta la delicadísima Anacaona, que 
obsequió al gobernador de la manera más cordial, encantada de 
poderlo hacer con persona tan recomendable, enamorada del país 
que producia hombres tan bellos: se sucedian los platos de varios 
manjares, pero llegó el momento de servir el plato supremo: la 
h iguana: el supremo manjar de los isleños. Anacaona cortó una 
parte de la cola y con su propia mano puso en la del gobernador 
la extraña fineza: probóla con repugnancia el español y le pareció 
tan bien, que todos los demás comieron y hubo quien la compara- 
se á los mejores faisanes y perdices. 

Minucioso estuvo el cronista que me sirve de guía en conser- 
var hasta los pormenores culinarios del regio festín. El Gober- 
nador comprendió que parte de la bondad del plato supremo, de- 
bía consistir en su preparación y quiso que se le explicase. Dí- 
jose que se colocaba en una vasija de barro, bien limpia de sus 
intestinos; con agua y ají suficiente, que esta es la pimienta del 
país. Se cuece con leña, parece que usaban el carbón también; 
pero debe evitarse el humo; sin más grasa que la propia. Los 
huevos son muy apreciados y un alimento que se conserva por 
varios dias. 

Terminada la comida fué llevado el gobernador á un aposen- 
to en que estaba su lecho: era una hamaca de algodón de muchos 
colores adornada con guirnaldas de flores olorosas: acompañóle 
Anacaona, que luego que lo vio desnudar y colocar en la hamaca 
se retiró á dormir con sus criadas. 

En la relación de esa jornada se encuentran los recuerdos de 
algunos muebles domésticos: los tesoros de Anacaona lo consti- 
tuían los vasos, platos, fuentes y utensilios semejantes, hechos de 
una madera muy negra, con exquisitas labores y figuras talladas 
ó grabadas por los indios de Guanabá, que está al poniente de la 
Española. Usaban vasijas de barro cocido para las cocinas, y 
otros jarros; y fué luego ejercicio de los indios cristianos desde 
los búcaros mejicanos á las tinajas, jarros y demás que se conser- 
vaban casi hasta estos últimos tiempos en las alfarerías de Gua 
nabacoa. Con los indios fué desapareciendo esa industria. 

La fiesta se prolongó con la visita de la reina y su comitiva 
al bergantín, á donde se condujeron sesenta platos y catorce es- 
caños de la dicha madera, preciosamente pintados, que regaló 
antes al gobernador. Una descarga de la artillería derribó de el 
susto al suelo á los visitantes y la reina cayó en brazos del Go- 
bernador como muerta. 

Allí fué el admirarse la reina que creia expontáneo el movi- 
miento del barco, pues no veia remeros que lo impulsasen sobre 
el agua. Anacaona llevada de la mano por el gobernador, le su 
plicaba se demorase algunos dias ó le permitiera que lo acompa- 
ñase á España. ¡Tal impresión hacía en la inteligencia de la poe 
tisa tanta muestra de superioridad! Las palabras del gobernador 
correspondían á la benevolencia de la reina, que abandonó pesa - 
rosa el buque para volver á sus estados, llevando á trueque de 

15 



— 202 — 

sus obsequios, regalos de los objetos europeos, para los indios de 
mucho valor, como las más ricas prendas. 

Fué en otro festin de súbito aprisionada Anacaona, que ha 
venido á ser en la historia americana el tipo del infortunio, de la 
belleza, de la gracia y de la inteligencia .haitiana: llámala Herre- 
ra, prudente, graciosa, y afecta á los españoles. Aprisionáronla 
Diego Velazquez y Diego Mejía por orden del Comendador. Ana- 
caona dio su hija en matrimonio á Hernando Guevara. Sucedió 
á su hermano en el Oasicazgo en que gobernaba ella de hecho; y 
encontró su ruina cuando salia á recibir á Nicolás Ovando con 
mayor pompa, pues la acompañaban trescientos casiques. Tro- 
cáronse en duelo las alegrías y en tristes endechas los plañidores 
areitos. Fué una injusticia según lo expone Herrera. Nicolás 
Ovando hizo ejecutar á Anacaona con varios pretextos: la reina 
católica no sólo desaprobó, sino que produjo en ella gran senti- 
miento su muerte. A lo cruel del suceso contribuyeron sus cir- 
cunstancias. Ovando ordenó que los suyos embistiesen á diestro y 
siniestro, destruyendo cuanto pudiesen, cuando el pusiera su ma- 
no sobre la cruz del hábito. Así fué que al dar la señal comenzó 
el ataque: prendieron y ataron á Anacaona, para luego ejecutar- 
la ahorcándola; le dieron fuego á los edificios con los casiques 
dentro; y los indios se desbandaron y huyeron. 

Guaoracuyá, sobrino de Anacaona, se metió en las sierras de 
Baurúco; y se levantó la provincia de Guanabá y la de Hanigua- 
yagá; pero nada pudo resistir á las armas españolas dirigidas por 
Diego Velazquez, Los que pudieron escapar en canoas se trasla- 
daron á la isla de Guanabá, ocho leguas de Haití. 

Anamuya.— liio de Santo Domingo. 

Ananá. — Es el nombre de la pina: la^or de los frutos, la rei- 
na de las frutas. Oree Mr. Edwards (Hist. of the West Indias; 
cap. IV, libro I,) que el nombre indio de la pina en las Antillas 
es/aw— polo— mié y que es del Este la voz ananá) pero se equivo- 
ca porque fan—polo— mié suena á cosa de África. Pedro Mártir 
refiere en sus décadas que de las pinas enviadas por Colon, sólo 
una llegó comible á España, y el rey le dio á probar de ella: "Ex 

iis ego pomis minimi comedí caeteri ex longa navigatione 

putrefactis". 

Anaiboa. — La flor de la harina de la yuca con lo que se hacía 
por los españoles, mezclada con leche, un manjar blanco. En 
otro lugar se verá lo que hacían los indios con la harina y con el 
jugo de la yuca. Cree el Sr. García que anaiboa es el jugo de la 
yuca* 

Anahí.— Enemigo, en Eyeri. 

Andarax.— (Véase Ayre). 

Ande».— Estas montañas enormes de América derivan su nom- 
bre de anta — anti, cobre: encierran minas de este metal que tem- 
plaban los indios como el acero: "Barthe, Bemte Oriental et Ameri- 
catn v tom. 1, pág. 83. 

Anignamar, — [Véase Age.] 



— 203 — 

Anigua. — Purpúreo. 

Anigajia. Territorio de Jaragua, Haití. 

Aníguayagua.— "Sobrenombre de Higuey." [García]* Según 
el Sr. Ángulo lo mismo que Jaragua. 

Anón. — Árbol y fruta que aún conservan el nombre: le llama 
ban los indios annona (Las Casas.) 

Anoto. La bija con que se pintaban los indios de las Anti- 
llas; también balaban ese nombre los Yaos del continente y lo 
usaban como los Aricuri de Guayana. Eran cinco las naciones 
que colindaban, yaoos, caribes, araguas, mayí y manacones. 
[Véase la voz aricuri del suplemento de Moreri y en este libro la 
palabra Aragua, en que se vé el parentesco de estas tribus con los 
tainos.] 

Antillas. En una biblioteca de San Marcos, en Yenecia, ha- 
bía un mapa ó carta formada por Andrés Bianco, donde figura el 
nombre de la i. Antilla, la del Brasil y la Mar de Satanacio. En 
otro mapa de 1492 figura también la Antílla y fué dirigido por 
Martin Behem, \ u Memoriasde la Real /Sociedad Económica de la 
Habana, pág. 41, t. VIII; 1839.] En la narración de los viajes de 
Américo Vespucio se lee: "Antigüe insulam quam pancis nuper 
ab annis & Columbus discuperit" refiriéndose á Santo Domingo. 
Vespucio escribe la palabra Antilla con la forma italiana como 
conservó otras modernas en su mal latín. Véase la nota del se- 
ñor ISavarrete pág. 261 tom. 3 o de su Colección de viajes, siempre- 
indignado contra Vespucio. 

Según Bosi en sus apéndices á la vida de Colon, la isla Anti- 
lla es la que llamaron los portugueses de Siete Iglesias, que supo- 
nía Toscanelli en sus cartas á Colon que estaba situada en paraje 
distinto del que ocupan las islas que hoy se distinguen por ese 
vocablo. Ese nombre era reminiscencia de la Atlántida. La aser- 
ción de Tiraboschi de que en 1439 se hizo la carta de Andrés 
Bianco es un error, pues debe leerse 1436. 

Es singular que se llamase, antilla á la mujer de mala con 
ducta en el Bajo Imperio; y antillare su vergonzoso ejercicio. 

En cuanto á la designación geográfica todos los escritores 
han copiado una aserción fiel á la tradición. Toscanelli la recordó 
á Fernando Martínez, canónigo de Lisboa, en su carta de 25 de 
Junio de 1474: en esta le decía: "desde la isla AntiUa, que cono- 
céis con el nombre de Siete Iglesias, hasta Cipango {el Japona 
se cuentan diez espacios ó '3,050 millas ó sean 225 leguas." Esto 
solo basta para probar que no fueron nuestras Antillas las enton- 
ces designadas. Prevaleció la suposición de Vespucio como se ha 
sobrepuesto su nombre de Américo á todos los otros: fortuna, y 
nada más. 

Terminada la parte histórica á vueltas de conjeturas, aún es 
más arbitraria la etimológica. Los que han querido buscarla en la 
lengua haitiana, no han hecho más que un esfuerzo ingenioso sin 
ningunfuntlamento: es, pues, una suposición curiosa el decir que 
se deriva de ante — c—illr hijos de los Andes. Con la propia razón 



— 204 — 
podía decir que ante significa cobre y la terminación ílli, que sig- 
nifica hijos, darían por significado hijos del cobre, atendiendo á 
las minas que contienen ese metal, expecialmente en Cuba. 

Los españoles vacilaron en el nombre que habían de darles en 
expecial: islas del mar Océano de las Indias, era la designación 
oficial; algunos quisieron llamarlas Atlánticas. El célebre Solór- 
zano decía: "que Cuba y Habana, la Española, la Boriquena, la 
Jamaica y otras que llaman de Barlovento:*' son las que Platón 
pone delante de la Atlántida (lib. I o , cap. 2, pag. 7, Derecho In- 
diano.) 

La población de las islas Antillas y las Lucayas que eran de 
la misma raza, se calculó con diversidad exagerándose como en 
todo país sin estadística. Rafinesque dio á Haití 1.200,000 habi- 
tantes, 600,000 á Cuba, 100,000 á Puerto Rico; G0,000 á Jamaica. 
Las Lucayas tenían 40,000: pero si hay exageración en los prime- 
ros guarismos, hay disminución en el último, pues se sacaron de 
ellas más de 40,000 esclavos que dieron ocasión á medidas prohi- 
bitivas. (Yéase Lucayas.) En otra parte se determina más este 
particular (Véase Tainos.) 

El Padre Murillo al hablar de las islas de América dice: Las 
primeras que debemos describir son las Antillas ó Ante — islas, 
dichas así por hallarse antes de llegar á la tierra firme de Amé- 
rica." 

Así como fué Horn el más profundo y notable investigador 
de las lenguas americanas en el siglo XVII, iniciador de todos 
los sistemas sobre sus orígenes, así fué de los primeros geógrafos 
elementistas que en su "Georg 1 Horn IOrbis Imperans" (Leisip 
1668) al exponer el cuadro de la América dijo: VII. Insule Haití, 
Cuba, Jamaica, Boriquen suos habuerunt reguíos." Enumera los 
régulos principales que en 1490 tenía Haití, y se lamenta de la 
destrucción de sus habitadores. 

Andar ax. — ( Véase Ayre.) 

Añaneo. — (Véase Boyaca.) 

Aobara. — Lo mismo que Corojo én Borinquen. 

El Padre Abad dice aovara y corozo, pero ni la v ni la z son 
tainas: la forma primitiva con que se escribió la palabra corojo, 
fué coroxo. 

Apito — a. — (Véase Atabex.) 

Aragua, Araguac, Arawach, Arouages, Aragnaco. — Esta na- 
ción india de que tantas veces se habla en la primera parte de 
esta obra, es el tipo del indio pacífico, amigo del progreso por su 
empeño de vivir tranquilo y en armonía con los blancos. Las pala- 
bras que encabezan este artículo no es en ninguna de sus formas 
que le dan los extranjeros, la que usan para designarse ellos mis- 
mos. Locono en plural ó Lo<o, (Loko,) en singular son los que apli- 
can á su pueblo ó á sus pueblos, y así se llaman. Los españoles 
le dicen Araguas y dan otros nombres á este análogos, porque se 
deriva de Arua el Caguar, un animal que habita los mismos luga- 
res: así lo dice el Reverendo Brett, á quien cito más adelante. 



— 205 — 
('asi todos los salvajes se creen los únicos seres humanos y sus 
nombres expresan esa pretensión, aunque la geografía los acepte 
con impropiedad, por las equivocaciones de los viajeros, poco co- 
nocedores ó ignorantes de sus lenguas. Lo observa el mismo mi- 
sionero al hablar de la misión Arawack. 

En los Actos de los Apóstoles publicados en 1872, en Nueva 
York; en los vocabularios de idiomas de la Cayena inglesa (British 
Colonial Librory t. V), se encuentra la prueba de la facilidad y 
presteza con que se adulteran las lenguas de los indios. En esos 
lagares encontramos á bala por disparo de fusil; casaco (casaca) 
por piel ó cubierta; aracabusa por arcabuz ó cañón; cúlvara por 
pólvora; secaruco por azúcar. El catálogo que las contiene no pasa 
de ochenta y dos palabras. 

De la lengua taina sólo vemos estos rastros españolizando la 
pronunciación: Konoko, conuco, que allí significa selva; seeba siba 
piedra; eiveida igüeida, igüera, güira. 

En los A dos de los Apóstoles se lee K aba (Cuba) Kabá ya 
aislada ya aglutinadamente á usanza india. 

En el capítulo III vers. 6 o se halla la palabra plata en la acep- 
ción castellana y Karaculli (caracoli) por el oro. Los genuinos 
nombres de las nacionalidades quedarán extinguidos como sus 
individuos, por donde razas más civilizadas los sustituyen. No 
obstante, algunos misioneros llaman loJco al idioma de los araguas. 

El Eeverendo Guillermo H. Brett en The Indian Tribus oj 
(iuiana (1852] cree (pág. 335) que es probable que la población de 
las Antillas tuvo relaciones con esta nación antes de que la pose- 
yeran los caribes aiin tratándose de las menores, con la que se 
han mezclado. El Reverendo Brett casi un siglo después que el 
ilustre Hervás, encontró ese hecho histórico en las huellas del 
lenguage; y aún extraña que Irving no hubiera llamado la aten- 
ción sobre ello. Brett en solo las palabras que trae aquel en la 
vida de ColoUj encuentra la prueba de su presunción. 

La palabra siba en el lenguage de Haití significa piedra (Ir- 
virg's Columbus, book VI. ch. 5) Cibao es un territorio de la isla 
que se deriva de aquella palabra y expresa lo mismo que roca. 
Los araguas llaman á la piedra siba y síbao & un lugar roquero en 
Demarara. Bohío es un nombre que los cubanos daban á Haití, á 
su población [Book IV. ch. 4.]; y se dá á las casas según el mis- 
mo. Los araguas dicen por abreviar Bohyo, de Baivhuyaho muchas 
casas, aplicable á donde hay muchas habitaciones de seres hu- 
manos." 

"Por la palabra Cubanacan fué designada una provincia inte- 
rior en Cuba, porque nacan significa centro (Book 4 ch. 3); los 
araguas usan de la palabra anaco, en el mismo sentido: anahahon 
quiere decir en el medio." 

u Axi) Ají. — Es el nombre de la pimienta de los indios que los 
españoles supieron que era importada (Book V. c. 2). Los araguas 
llaman aci ó achí (así se pronuncia la c en las palabras, según se 
observa en otra parte." 



— 206 — 

"Guana.Se encontró este reptil en las islas, primero le lla- 
maron con ese nombre. Los araguas lo llaman yuana (y — uaná.)" 

"Los isleños creian en un Dios sirperior pero invocaban dei 
dades inferiores. Los Scmis 6 Zemís eran su nombre y el sacerdote 
butío. Los araguas llaman semi — cici ( semi— chichi) á sus hechice- 
ros y parece derivado de cerní. 

El mismo misionero observa refiriéndose á Oviedo y a Irving 
la semejanza de ritos, ceremonias y. usos entre las islas y los arn- 
guas. Dice que la palabra Mama (dos) qne se usa entre los caribes 
de la Dominica, es una palabra de los araguas. Cree que no es 
exacta la identidad de los caribes y araguas con lenguas diversas 
pero están mezclados en algunos lugares por lo que antes indica. 

Los caribes del continente aun se conservan así como muestra 
en laGuayana: el sabio Peschel dice: "La Guayana está principal- 
mente ocupada por dos pueblos ... los araguas, ó pueblo harina 
(flour) así llamado por relación á su invención de preparar la 
que hacen de yuca (tapioca), y los caribes (erróneamente llama- 
dos caraibes, desde la centuria 17°) á los que atribuyen los espa- 
ñoles todo cuanto era odioso hasta hacer notoria su barbaridad, 
mientras la experiencia de A. Humbolodt y los hermanos Schom- 
burg los figuran como un pueblo de incorrupta raza lleno de im- 
pulsos generosos. 

Arcabuco. — Camino cubierto de árboles. En las Actas del Ca- 
bildo de la Habana del siglo XVI se usa de la palabra arcabuco 
por camino oculto, cerrado de árboles: asi se acordó entre otras co- 
sas, que los negros horros y los indios cerrasen el camino hacia la 
playa, para que no vinieran los enemigos por el arcabuco. 

Arcabucos. — "Montes á que llaman arcabucos, con mucha ar- 
boleda alrededor." Palabras del Ldo. Figueroa en la nota 91 déla 
"Historia de Puerto Rico, del Padre Abad, publicada por el señor 
Acosta." 

Aramaquiquc. — Punto de Jamaica 34 leguas de Maima. Véa- 
se Maima. 

Arcabuquillos. — Usa esta palabra en el sentido que los dos 
artículos anteriores Juan Rodríguez Paula, en su curiosísimo 
Carnero de Bogotá pag. 14G. 

Arcabuto. — Lo mismo que arcabucos. 

Arecibo. — Villa de Puerto Rico á la orilla Norte, de las más 
antiguas. 

Areito, areyto. — Cantares acompañados de bailes en que re- 
cordaban sus tradicciones y celebraban sus fiestas y ritos los in- 
dios de las Antillas: y se llamaban batocos en algunas otras partes. 

Areito cristiano. — El primer areito hecho por los indios de 
Cuba [Herrera] con argumento europeo, fue el Areito de Nuestra 
Señora la madre de Jesús. (Véase el Cacique Comendador.) 

Arepa.— Especie de torta ó pan hecho de maiz con cuyo nom- 
bre lo conocen los indios meridionales. 

La arepa de Santo Domingo (Life in St. Domingo, pág. 147) 
no se parece á la de Cuba: se mezcla maiz tierno' con coco de agua 



— L>07 — 
y se amasa con miel y envuelto en hojas de plátano se pone al hor- 
no el amasijo. 

Arijano, — Extranjero en Haití: el Sr. Pérez en sus Fantasías 
Indígenas. [Véase Guachinango.] 

Arimaisí.— Sierras fragosas donde se amparaban los indios 
alzados que cita Manuel Rojas en 1532 en carta al Emperador, 

Aresibo. — Casique del lugar que ahora ocupa la villa de este 
nombre, que fué dado en encomienda al secretario Conchillos 
en 1515. 

Ar'tmao. — Rio á media legua de Jagua, en la Isla de Cuba, á 
tlonde envió Yelazquez á buscar oro. 

Asua. — Se llama así en el continente americano auna bebida 
que hacen de maiz fermentado como la sambumbia de la miel de 
Cuba: también se escribía azua. La bebida hecha con yuca se lla- 
maba mar/ato; y si de maiz nacido, joba. Todos estos nombres los 
consiguió Guillermo Martes en su descripción de Jaén y su dis- 
trito provincia de Quito. Docum. inéditos del archivo de Indias 
tomo í). 

Atl. Auuque esta palabra no es antillana, entra en la com- 
posición de otras hoy usadas; se habla de ella en la primera par- 
te, y no ocupa mucho lugar para que se suprima por impertinen- 
te. Significa agua en la lengua escandinava y figura en 
muchas composiciones sin alterarse. El monte Atlas que 
que la mitología clásica convierte en columna del Cielo, aunque 
de origen griego puede por su significación de agua soportar 

el aire, el fuego, el cielo Atlántico se llama una parte 

del mar, un océano; Atla es una ciudad antigua americana. Mr. 
Rosni de quien son estas ideas (líevue Americaine, núm. I o segun- 
da serie) hace una incursión en la arqueología comparada y en- 
cuentra en el Oro egipcio, el signo de agua fértil que también 
figura en las ruinas americanas. Nuestro Gomara hace alusión á 
la palabra Atl, al hablar de la Atlántída que supone parte de los 
preliminares de la Historia de las Indias Occidentales. 

At, ata, atu. — Primero, sólo, único. 

Atabeoc, Atabci, Atabeira. Ataba. — El nombre Atabe.r, es Dios 
grande, principal divinidad de los cubanos. Los diferentes nom- 
bres dados á ese Ser Supremo en Haití, son según Ralinesque 
solo atributos en el dialecto de los hombres y el de las mujeres 
que él cree conservados por Pedro Mártir y el Padre Román. 

Román. Mártir. Significa. 



l.Atabei Atabeira Único Ser. 

2. Jemao Mamona Eterno, 

3. Guaca ó Apito Guaca-rapito Infinito. 

1. Agapito ó Liella Lidia Omni pote ni 

5. Zuimaco Guimazoa Invisible. 



— 208 — 
En Cuba se llama Atabex. Como eran masculino ó femenino, 
variaban como sigue: 

Koman Iocahuna Guamaaroca 

Mártir Iocauna Guamaonocon. 

En Cuba Iocahuna Guamaoxocoti. 

En Jamaica Iocahuma 

EnBorinquen Iacana Guamanomocon. 

Oviedo escribe Yovcma y Guamamona y otros Yovavaghama y 
Guamochyna. 

Dejo los nombres con z y con v como los escriben esos auto- 
res, aunque no son sonidos indios. (Véase loeahu-Vagua-Mao- 
roco.) 

Atabina. — El primero de los cinco progenitores de Iocauna y 
Guamacon: los otros fueron Mamona, Guacarapito, Liella y Gui 
maoan. (Véase Haití,) 

Atliebeane-nequena. — La viuda hermosa que se enterraba viva 
en el sepulcro de su marido (Oviedo). A veces se la obligaba: así 
sucedió en el entierro de Beliequio (Bib. Hist. de Puerto Rico, por 
Tapia, pág. 60. Pedro Mártir la llama Guanahatabenequena. (Véa- 
se esta palabra.) 

Aiibunico. — Uno de los cuatro rios mayores de Haití, confor- 
me escribe Pedro Mártir. (Véase Hatibunico.) 

Atibuniex. (Véase Ages.) 

Auc, yac- guaca. Significan cosa, santa según Rafinesque. Por 
esto tal vez llamarían los españoles Palo Santo al Guayacan. 

Augen. Fruta indígena de Santo Domingo según Ángulo. 

Aumatex. (Véase Guabanex.) 

Aura. Esta ave carnívora lleva en chileno el nombre de jóle 
( Vultur Jola) según Molina u Sagio sulla, Hist. Naturalle, pág. 
265:" y es en México conforme á su descripción el sopilote, aunque 
no son idénticas á la antillana. 

Ausubos. Barrio de Puerto Rico. (Véase Macana. ) 

Auyama. Calabaza en Haití, la común comestible. 

Auama. Especie de cangrejo (Prevost.) 

Axi. Esta es la forma con que se escribió al principio la pa- 
labra: Acosta dice que así la llevaron los españoles á otras par- 
tes de la primera tierra de islas que conquistaron al resto de las 
Indias Occidentales (Historia Natural y Moral pág. 60, Barcelona 
1591.) 

Ay-Ay. Isla de las tradiciones Indias, que se cree sea ahora 
Santa Cruz. Hay hay escribe Pedro Mártir. 

Aybonito. Puebio de Puerto Rico de los más recientes, si- 
tuado en localidad tan fresca que se experimentan escarchas, y 
cree el Sr. Córdova que es aparente para el cultivo de muchas 
plantas de Europa. 

Ayre. Uno de los cuadrúpedos que describe Oviedo con al 
guna indeterminación. El señor Pichardo sospecha fuese el Al- 
miquí (ex Poey). Este naturalista en nota á su memoria sobre el 



— 209 — 
dicho animal se inclina á adoptar la sospecha de Pichardo qne 
cree niuv sagaz. El autor áoi Diccionario Provincial Cubano citado, 
piensa que el nombre de ayre puesto por los españoles, fué 
por tener la cabeza en movimiento continuo como las personas que 
padecen de aire. Oviedo lo describe como de color pardo rubio; 
t n nía fío de conejo y duro de comer. (Véase Agutí.) 

A :i«(. Nombre que aún se conserva en la república domini- 
cana, siendo uno de sus municipios ó comunes: fué territorio in- 
dio y en el se fundó la. ciudad de Azua de Compostela, en donde 
estuvo de escribano Hernán Cortes antes de ser encomendero en 
Cuba. 

Azuba. Planta de las Antillas según Oviedo. (Véase Acula ) 

B. 

La letra b se ha confundido con la v y aun con la u por los 
europeos, y creo que las pocas/ que se conservan son efecto de la 
corrupción de otros sonidos antillanos. La palabra botuto que se 
escribe y pronuncia así en donde todavía hay indios en la Améri- 
ca Meridional, la han convertido en fotuto en Cuba. 

Ba. — Padre en Eyeri. 

Baba, Giaga, ó Yaga, Boina, Cova. — Cueva, caverna, antro: me 
parece que los extranjeros han tomado a cova por voz india y juz- 
go que es patente su origen español, tan antiguo como Covadonga. 

Haba. — Asi llaman los indios de la Guayana aún a los padres 
misioneros. La duplicación de la palabra indica aumento de res- 
peto y como abolengo. 

Babarí. — Un rio cerca de Santo Domingo. 

Babeque* — Según Herrera así llamaban los indios pacíficos la 
Tierra ñrme ó Caribana. 

¡labor ico.— Región de sibao. 

JUtbururo. — Sierra de Mariel en Santo Domingo. 

Babiayas, Bambíayas. — El ave conocido por Flamenco. 

Baca nao. — En el desembarcadero de este rio 12 leguas á bar- 
lovento de Cuba, hay pesquerías de tanta abundancia que ni red, 
ni naza, ni anzuelo se necesita, pues en corrales so encierra todo 
el pez que se quiere. (Mensagero Semanal pág. 143 vol. 3? 18,30). 

Baconato. Planta (García]. 

Bagua, — En la Española el mar: "no digo Baygua por que 
baygua es aquel bar basco con que toman mucho pescado, según 
tengo dicho, sino bagua que es el nombre de la mar en esta isla." 
(Oviedo.) 

I laguán ¡moho. — Provincia de Haití en donde se conocían con 
la inicial B otras: Bahabon, Bainoa, Bayohaiqua, Baoruco. 

Ilaítabo. — (Veáse Camoteia. ) 

Jlahama. — Una de las islas Lacayas, que da su nombre al ca- 
nal vecino. 

Bahareqtie. — Casa ó edificio entre los indios, parece que es el 
de menos importancia ó más humilde, como lo confirma la tradi- 

16 



— 210 — 

eion que supone al bohío de más categoría arquitectónica sin lle- 
gar al canei. 

Bahiajá. — Puerto de Santo Domingo (Pto. Del fin.) 

Bahoboní.— -(Véase Camotela.) 

Barrancoli. — "Ave indígena." (fía reía.) 

Baidrama. — (Véase Aiba.) 

Basiagua. — Lengua de Haití. 

Baigua, baygua. — Bejuco que empleaban los indios para em- 
briagar á los peces y tomarlos: lo usaban como ahora suele em- 
plearse el maguey en lugares en que el agua no es corriente, co- 
mo en represas. Él pez se aletarga y sale 8 "flor de agua. Se acos- 
tumbra en algunas provincias de Cuba emplear cuaba* ó antor- 
chas para pescar deslumbraudo ti los peces, á los que ma'an ¡í ma- 
chetazos ó con macanas: ¿será esto de origen indio? ■ 

Baino. — Montaña ó altura. 

Bainoa, — Provincia haitiana que contiene las regiones que se 
expresan en el artículo Haití. Comprendía una extensión triple 
que la de otras provincias. También es conocida en la topografía 
cubana la palabra, como se verá en su lugar, 

Baitoa.— "Madera de construcción." [García.] 

Balo habao. — Lira, rabel. — Sobrenombre de Bohito .'>'.' 

Bairoa. — Rio de Puerto-Rico que desagua en rio Grande, — 
barrio en la misma isla: (Véase Gambo; \ 

Bajabonico. — Rio dominicano. 

Bajuan.— Rio de Haití. 

Bal, — Lo flotante, flotar. 

Balta. — "Tuna" en santo Domingo [García'.] 

Batana, — Mar en Eyeri. 

Balza. — No es palabra haitiana aunque la crea así Rafines- 
que. Los indios del Darían la llaman Pucró según los Sres. Juan 
y Ulloa. 

Banana. — El plátano que supone Oviedo traído de Ganarías, 
á Santo Domingo: el nombre de plátano nada tiene que hacer con 
el árbol clásico que lo llevó antes del descubrimiento de América. 
Acaso se deriva aquí áepalatano con que lo conocen los galibis. 
De cualquier modo, tiene que creerse que habia plátanos en Amé- 
rica donde se designa con las voces banana, bacove y otras: puede 
ser que los de más dimensión los llevaran de Canarias. Los gali- 
bis, le llaman también balatana en la confusión que hacen de la b 
y p. Todavía hay más: bananos, plátanos 6 plántanos dice Me Ai 
llebrune en sus adiciones á ülloa, que es fruto que se llamaba 
amusa por los indios y que de esta palabra, suprimida la alian 
tomado los botánicos la de Musa para su nomenclatura científica. 
En obras inglesas se usa la palabra plantan como algunos campe- 
sinos en Cuba; plantario en el mercado de Nueva York se llaman 
plantan», con », á los grandes que se destinan á la cocina, y ha 
naaos á Jos que se usan como fruta allá como en Cuba. 

Banda ( Véase Ñame.) 

Baní. — Provincia de Cuba. En esta sección solo pongo las 



— 211 — 
provincias de los siete ó más reinos de Cuba, y los nombres his- 
i mieos: dejo pura otra sección los nombres topográficos, de vege- 
tales etc. La provincia de Baní estaba en la parte oriental aun- 
que en la occidental se cree que Bañes territorio sea una corrup- 
ción de aquella palabra. En Haití hay un rio en el camino de 
A sita á la ciudad de Santo Domingo; y hoy una municipalidad 
con el propio nombre. 

Barbacoa. — Piso alto, tablado sobre horcones hecho en las 
casas en que dejaban sin paredes ó sin cubrir los intersticios de 
horcón á horcón: casas exentas las llaman aún en las haciendas 
de crianza en la isla donde se conservan |1838], En los dialectos 
indios se llama nehera y aún hay otras palabras que expresan la 
misma idea. Hacían esas casas por lo regular donde temían inun- 
daciones de los rios. Hay una población en Popayan llamada 
Barbacoas, donde la palabra tiene la misma significación de casa 
alta sobre horcones: en este sentido usa la palabra Frederinau en 
('oro: pag. 193 (de la colección de Ternaux) tomo I o , Iíumboldt 
dice «i ue también significa banco, al hablar del cocodrilo del Uri- 
tuca. También se llama barbacoa el aparato <|iie se forma para 
ahumar las carnes ó tasajos de cerdo. 

Bassa manaco.— (Véase Ahicauo.) 

Batatas, — Oviedo considera las batatas aliñes délos ages ó de 
actuales boniatos (Véase Ages); y se conocían seis variedades: 
anitjaamar, atibuuier, guataco, guacara, cayea y guananagax: la 
primera es la mejor. Con el nombre de batatas había en Tierra 
Firme tres variedades que determina Pisón como cosas distintas 
del ñame. (Véase Ñame.) Que son los ages lo mismo que las bata- 
tas lo dice Herrera, pues expresó "batatas ó ages como zanaho- 
rias é> turnios de tierra: comíanlos crudos en sus necesidades los 
españoles." 

Batea. — En la colección de Documentos Inéditos de los Archi- 
vos de Indias, se describen estas vasijas ó bandejas de madera al 
determinar los objetos necesarios á la vida de los indios en las 
encomiendas ó comunidades en que á estos querían constituirse 
para sacar oro de los rios. Era un utensilio, un trebejo doméstico 
aplicable á recojer arenas auríferas, como cualesquiera otra cosa; 
mueble que hoy conocen los cubanos. Se formaban de nna sola 
pieza en figura de fuente ó bandeja: ahora por extensión se lla- 
man bateas de tarar las formadas con duelas. 

Batey, — Plaza en que se jugaban los batos, 

Batoco, — [Véase areito,] 

Batos. — El juego de la pelota: es singular (pícese mismo nom- 
bre figure en los orígenes de la lengua española aunque en otra 
significación: bato era una medida de dos modios y un congio. El 
modio pesaba más de II libras; el coligió 12. Villar, JI¡.s(<>r¡<< 
General de Jí/.v/m^t continuada por Ghebard, t. 2, pág. LM7. 

Bato, — La pelota misma con (pie se jugaba cu los batos, de 
que eran aventajados jugadores los isleños. 



— 212 — 

Banta. Pió de Puerto Pico y partido rural de Cuba. 

Baya. Calabaza ó güiro. 

Bayg a . [ Véase Baigua. J 

Bayacu.— Dice el Sr. García que es lucero del dia. 

Bayaonda. Nombre de la pica-pica [ruimosa urens] en Santo 
Domingo. Destcourtilz t. 2, pág. 40. Voyages W un Naturalist. 

Bayagan. Kio de Puerto luco en la jurisdicción de Ponce. 

Bayaguana. Ayuntamiento hoy en Haití, antes pueblo de 
indios. Provincia de Higuey. 

Bayahd. Pueblo destruido con el de Yaguana en 1606 en 
Santo Domingo, con cuyos restos se fundó el anterior en un lugar 
de indios. 

Bayamo. Provincia india de Cuba. Yelazquez la fundó con 
el nombre de San Salvador, en memoria de haber vencido en esta 
provincia á Hatuey. Fué la segunda población española en la is- 
la de Cuba; parece que donde está hoy Yara estuvo el asiento 
primitivo fia Torre]. Luego se trasladó á lugar de indios, cuyo 
nombre no ha predominado; era muy poblado, porque al presentar- 
se Panfilo de Narvaez por primera vez, fué atacado mientras dor- 
mía por un ejército de 7,000 hombres repentinamente, para sor- 
prenderle y á los suyos. Fué el caso que se combinaron para 
caer sobre los españoles desapercibidos, y dividieron en dos cuer- 
pos su ejército: estaban durmiendo los españoles y sin la falta de 
concierto de los asaltantes, pues sólo atacó la mitad del grueso 
de ellos, hubieran vencido. Pero más que todo los salvó del pe- 
ligro la ignorancia de los indios. Herido. Narvaez de una pedra- 
da, y atendido, fué animado, aconsejado y ayudado para que mon- 
tase en su yegua que allí estaba: un fraile franciscano le ayudó á 
ensillarla y le puso un collar de cascabeles: así ataviada montó, 
en camisa, Narvaez, y acometió á los indios. Al verse atacar los 
indios por aquel monstruoso ser que tanto ruido hacía, aunque 
eran cascabeles, pusieron en los pies su esperanza de salvación y 
se dieron á huir, en espantoso desorden, y así continuaron, no 
creyéndose seguros hasta verse en el Camagüey, para donde se 
retiraron. 

Bayamon.—- Departamento de Puerto Pico. 

Bayamoneito* —Hato en la misma Isla. Yéase la sección 3? 

Bayaquitiri. Provincia de Cuba que algunos escriben Baya- 
tiquirí) y conforme dice el señor la Torre, se ha confundido por 
Herrera. Estaba entre Macaca y Maisí. También se le ha lla- 
mado Bayatiqueri, y efectivamente Herrera dice que los indios 
llamaban así á la punta que Colon Alpha et Omega; pero 
no á la punta sino á un territorio puso el Almirante el nombre 
griego, pues designó á la punta con su nombre indígena de Maisí. 

Bayoquc. — Es el pañiznelo que cubre á la mujer la parte pu- 
denda y cae como de una faja; así lo nombra el Padre Simón y 
ahora le dá Codazzi otro nombre: guayuco. 



— 213 — 

Bayú, — Significa lugar ó reunión obscena. Cree el señor 
Pichaido que es voz india. 

Bayuca* — Provincia de Cuba. 

Becerrillo, — [Véase Agucibaná,] 

Bei na. — (Véase Baba.) 

Behcquio, Beuehio, Behechío-Anacauchona. — VA casique conoci- 
do por los primitivos escritores por estos nombres, siendo el terce- 
ro el que le consagra Pedro Mártir; se hallaba en guerra con los 
otros al llegar Colon en su segundo viaje á Haití. Era potente y 
reinaba en Jar agua, y era superior de muchos caciques. Los espa- 
ñoles iban en su busca para exigirle contribuciones de que él se 
asombró, creyendo que ellos solo buscaban oro: ''¿cómo quieres 
que te pague cuando en mis muchos dominios no se coje el oro?" 
Cuando se le explicó que era oro lo que lo valía, no tuvo dificul- 
tad en contestar "que daría lo que se pidiera. " 

Pasó el adelantado á la población, según el texto latino de 
las décadas de Pedro Mártir y á donde residía Behequio, y allí 
fué recibido con grandes demostraciones y fiestas. Parécele al di- 
cho cronista que debia describir dos con especialidad ínter cadera 
spectacuia: dos dignas de memoria entre aquellas gentes desnudas. 
1 )e esos espectáculos fué el primero una representación ó baile 
compuesto de oO mujeres del rey, unas aún vírgenes, completa- 
mente desnudas, y las que habían dormido con el rey cubiertas 
solo de las partes vergonzosas para el pudor. Eran extraños y mí- 
micos los bailes: molti lontana del danzare nostro, dice la traducción 
italiana de Venecia. Llevaban palmas en las diestras, suelto el ca- 
bello solo recojido por la frente. El rey dirigía el espectáculo de 
canto y baile. Las bailadoras ofrecían sus presentes ó palmas de 
rodillas al jefe español. "Hermosísimas mujeres como las dríadas 
ó ninfas de las fuentes de que las fábulas antiguas nos hablan." 

Terminada la función se sirvió la comida, y luego se retiraron 
encontrando hamacas tendidas para que durmieran. Al siguiente 
dia fueron conducidos á una casa como teatro (sibí loco theatrl 
construunt) en el cual representaron otros bailes [choreas et salta- 
ñones] y cantos; y esto concluido dividieron en cuerpos como dejejér- 
cito por dos puntos que daban á la planicie, todo al mandato del 
rey, y se entregaron á juegos bélicos, troicos, como cañas. Aquel 
simulacro de combate pronto ofreció cuatro muertos, y muchos he- 
ridos por consecuencia, y á ruego de los españoles no hubo más, 
suspendiéndose la fiesta. El tercer dia fué el de la traslación del 
algodón entregado en la Isabela. Entre los nombres dados al ca- 
sique creo que es el más concreto el de Behequio, 

Behique.— El sacerdote en Cuba. Entre las rarezas humanas 
se cuenta por Herrera, que el behique cubano que acompañaba en 
vida ai casique, y Herrera lo llama su capellán, se daba muerte 
al fallecer a< piel y se enterrabas juntos. 

Bei, — Existencia. 

Beira, — Existiendo. 

Urjas, — Rio de Puerto-lvico: (Véase Uuayo,) 



_ 214 — 
IhjHcal. — Rio de Paerto-Rico: (Véase Guayo y la secc. ;> H ) 
Bejuco, bijuvo. — Planta trepadora, liana: pero se dá en espe- 
cial este nombre á los que suplían las cuerdas y sogas entre los 
indios. Se llaman bejuquillos unas sierpes muy delgadas de Amé- 
rica en los Andes según Ulloa. 

Bejuco. — Rio de Puerto-Rico: (Véase Mayagucz.) 

Beltran. — Fray Luis, beatificado por sus virtudes, al pasar 
por Cuba predijo que los "200.000 indios que entonces contenia," 
serian exterminados por los tratamientos de que eran víctimas; y 
como esta predicación fué por los años de 1555 á L559, época de 
ida y vuelta del santo, esto contradice á Gomara, que supone que 
en 1553 ya no habia indios. Han llamado la atención estos datos 
al célebre Humboldt, y cita á Juan de Marieta en la llist. de los 
Santos de España, lib. Vil, pág. 171, y á El Patriota Americano, 
t. 2, yúg;. 51. 
• Bcm. — Dos ó segundo. 

BcorL — Es cuadrúpedo americano que no se conocía en las 
Antillas, y se equivocó el Sr. Amador de los Rios en el índice de 
Oviedo, cuando llama haitiana y cubana á la palabra. Antes co- 
metió ese error el abate Bourboug. 

Berdecia. — 1). .Lope, según el Sr. Cruz, es el nombre del cas- 
tellano que persiguió y más parte tuvo en el suceso trágico de 
Hatuey. (Véase Casicanú.) 

BeniKJo.— ¥i\ Juan e). — Fraile lego del orden de San Fran- 
cisco, que luego que supo el descubrimiento de América, obtuvo 
licencia de sus superiores para venir á predicar á Haití. Era de 
pocos alcances intelectuales, pero hizo cuanto pudo á juicio de 
Torquemada en unión del Padre Juan de Ferin, ambos de Picar- 
día ó Borgoña, pues al Bermejo se decia también el Bur guiñón. 
Estos dos legos y el Padre Román Pane (véase ese artículo) fue- 
ron los que singularmente se dedicaron íi entenderse con los 
indios; los únicos que pudieron dar á Colon noticias de sus 
antecedentes, ritos y tradiciones. Al abandono de los demás 
atribuye el dicho historiador hasta la pronta desaparición 
de los indios, que el celo de los eclesiásticos conservó en Méjico y 
en otras partes. 

Ilesuchi. — Castañeda en su viaje á Cibola usa de esa palabra 
por bejuco (pág. 327, edic. de Ternaux Compans); pero más la es- 
tropea Federman cuando escribe Weschuco. 

BL—VitU. 

Biantcx. — Casique de Jaragua, residía cerca de donde nace 
el rio Nisao. 

Bibi. — Mujer. (Véase Inuya.J 

BibL— Barrio de Puerto-Rico en Utuado. 

Itihao. — Plantas cuyas hojas se aplicaban á usos domésticos 
y á techos. 

Bijuco. — Corrupción de bejuca. 

Vriminiquinax. — Lo mismo que Guaminiquuui.r. 

Yrimini. — Isla pequeña de las Lucayas donde se suponían la 



— 215 — 
fuente fabulosa que rejuvenecía á los que en ella, se bañaban. 
(Véase Santarán.) 

Hipa. — Nombre de la buba, (Véase Buay tiara.) 

lio. — Elevado, alto. 

Boa, — Habitación, residencia. 

Boba. — Culebra de Iiorinquen; culebra de la América Meri 
dional. — Rio de ¡Santo Domingo. 

Boeabana. — Rio formado délos Toas en Puerto-Rico, que 
desemboca con aquel nombre en el mar. 

Bocina.— Piedra grande,— (García.) 

Bocu8. — Ilio de Santo Dominga. 

lU)<iviai>l.— \h\ ave, un pájaro, y dice líafinesque que se llama 
Jpis en Cuba y era nombre de un mortal que figura en la velación 
de Román Pane: Giahubal-Boguiach 

¡!nl/ a, — Anciano. 

Bohío. — Los indios de Guanahaní daban el nombre de bohío 
á Santo Domingo. Cree el Sr. Gnridi que solo se llamaba así la 
parte septentrional y que significaba Señora del oro. Me parece 
que significaba lugar con casas, poblado. Es lo que significa en 
la lengua arayua, y en Cuba es sinónimo de casa, que cuando era 
circular se decia caney. 

Bohío, bay. — Casa habitación: (Vean Caney.) 

Bohiqne. — El Obispo Las Casas llama así (ilist. Apologé- 
tica pág. 436) al sacerdote indio, que otras veces llama behique, 
especialmente en Cuba. Acaso sea bohiqne el genuino nombre y 
behique una sustitución de la o por e, ó errata. 

Bohito. — íiaíinesque en sus fantásticos pero ingeniosos Anua- 
les de Haití, narra los beneficios hechos por los civilizadores 
liohito 1°, L >0 y :5 o .— -(Números 44, 45 y 40). Según ó 1 , Bohito 1?, 
llegó á Haití yá Cuba, sacerdote, legislador y maestro: Pedro 
Mártir le denomina Boition; introdujo el cultivo del campo y 
enseñó á hacer el casabe: dividió la Xacion en tres rangos ó castas: 
Tainos ó nobles; Bohitos ó sacerdotes; y Anaborias ó trabajadores. 
Pontífice y legislador estableció el culto, señaló las fiestas sagra- 
das, fomentó la enseñanza, las escuelas, dice Kañnesque. Declaró 
el uso déla tierra común como la luz y el agua. Supone que 
hubo tres Pollitos civilizadores de Haití y de Cuba; pero que es 
difícil distinguir lo que cada uno hizo. — Que vinieron del Este o 
de América; que sus nombres se deletrean con variedad en los 
dialectos: Buhnti, Boitio, Boyeto <fe, y equivale á Uoyez. Poyes, 
Biazas, Payes en la America del Sur.— Piachos de Taraanaca, 
Eauti de Dabaiba, Papes de la América Cení ral, lioquica de Las 
Moscas. — Bohíto 2 o ó Puhuitihu (viejo eminente) mejoró el país: 
introdujo la medicina, los encantos, el uso del algodón, las sagra- 
das yerbas yueyo y zoquen, ó sea soquen. — Pollito 3? o Haio-kabao 
(mar-lira) fué el último de los civilizadores. Introdujo la música, 
pero supongo que Raíluesque habla de la instrumenta], pues í;i 
danza y areitos los ha atribuido ya al primer Bohito, al fundar el 
culto. Tal ve/ fué t-1 inventor del bahao, rabel o tiple de ires 



— 210 — 
cuerdas que llamaron también jalao; pero el escritor entusiasma- 
do le atribuye la invención de sagrados instrumentos, y agrega 
probablemente (probably) los ritos de la trinidad de la India y la 
Maya: el trimurti: Bugía (Buya), Alba y Braidama en el semi de 
la guerra. Diserta sobre los nombres de las trinidades del Nuevo 
Mundo y del viejo: y acaba por suponer, que no es más que supo- 
sición, que también trajo á Haití probablemente los Mayorijes; 
pero no tiene presente que hay Macurijes que si se acuerda los 
hace traer por Bohito 3° Es singular que Buthyta significara 
.sacerdote que sacrificaba bueyes según Planto, y trae el Diccio- 
nario de Valbuena por Martínez López. 

Bohito, na, boh, beh, bohique. — Son palabras con que se desig- 
na al hombre viejo. Desde luego na es una subrogación de la u 
en lugar de la ba, pues se pronuncia ba. 

Boitío, boíto* — Médico. 

Bmtion. — Boitio escrito por Pedro Mártir. 

Boinael. — Uno de los semis que habitan en la cueva lobuna 
Boina; el otro es Maroi. Pedro Mártir los llama Binthaitel y 
Marohu. 

Bojío. — Según Garcia significaba casa grande, gran país, y 
se dio á Haití ese nombre. 

Bojoti. — Especie de culebras de las boas en el Brasil según 
Larouse en su gran Diccionario. ¿No tendrá parentesco esta pa- 
labra con lo que se aplica á la variedad llamada en Cuba jubo, 
que difiere del majá (boa) en tamaño y color? , 

Bohuiti, Buhuitihu*—(Vé&se Bohito.) 

Bonao. — Casique superior. 

Bondas.— "Fruta silvestre.' 7 Haití. (García.) 

Boniamá. — Variedad de las pinas en las Antillas que es esto- 
posa según Oviedo y no es la mejor de las ananás.'— Rafinesque 
citando á otro lo supone sinónimo úefanpolini, pero este nom- 
bre no es indio. (Véase Ananá.) 

Boniata. — Nombre de la yuca dulce que no es venenosa y de 
esto se habla en el siguiente artículo. La yuca á gria es induda- 
blemente venenosa en sus jugos. El ilustre mexicano Álzate 
(Qmzeta de Literatura de México, níim. 13 de 1791 pág. 100,) sos- 
tiene que la yuca de México que llama Guacamote no es venenosa: 
cree que por eso no lo son las de las islas occidentales de América. 
No concibe que por una simple cocción pierda su veneno el líquido 
y es que yo supongo que habla de la boniata que no mata, como 
escribió nuestro Cronista, preciso es convenir que el sabio Álzate 
era enemigo de reconocer cualidades venenosas en las plantas, 
pues antes (1788 pág. 33 núm. 4.) "En Nueva España dice: "nos 
alimentamos con plantas y frutos que deberían deputarse como 
venenosos si la legislación de la Botánica fuese cierta, y cita el 
costomate, tomate galtomate que se comen á pasto. 

Boniato. — Así se llama ahora el age ó batata, de Cuba, con 
terminación masculina: se equivoca el Sr. Amador de los Kios 
cuaLdo dice en las notas ó adiciones á Oviedo, que el boniato de 



— 217 — 

la yuca que se llame boniata.~Se dice bunuilo y aun mú- 
ñalo; pero estas son alteraciones hechas por los españoles que en 
algunas provincias convierten la o en a. En !/« iV7m periódico 
de la Habana [pág. 332] publiqué sobre este particular un artícu- 
lo en que contradije la opinión de los que suponían (pie no era 
india la palabra y provenia de bunia y por supuesto de Boma. — 
Es verdad que»Valbuena dice que lo que llama Coluraela bunia 
es el bunion de Pliuio; pero Plinio no dijo ial cosa y conserva 
hasta ia división de esas raices: "Naporum duas differentias in 

inedecina quod bunion vocat." — "Alterum gemís boniada 

appelatur et raphanum et ñapo simile. Historia Natural X\ 
v. XI." — Focid en su Biblioteca, en el extracto de la obra de Aga- 
tarchides, sobre el mar Kojo, expone: "toman los bárbaros una 
yerba que nace en los valles sombríos, dura y (pie tiene una raíz 
nabiforme llamada por ellos buniade [capítulo 213. J La palabra 
bunia no es por lo tanto latina. — Los médicos españoles que han 
traducido ó comentado á Dioscórides no han dado importancia á 
a la raíz alimenticia del bunio como alimento, lie aquí lo que di- 
cen dándole todos un origen no latino. 

El Dr. Laguna enseña que el bunio se llama así del griego 
bunion en italiano na roñe selvático. Dioscórides lo describe y al 
falso bunio como una planta parecida al apio, al culantro y el 
eneldo. — El Dr. Rivera en el mismo lugar que anota presenta 
una sinonimia más extensa: Bunion, trigonion, philtrooles en 
griego; thiphenges los egipcios; napus silcester bunium y bunios 
silvestres los latinos; exupera matricali, herculanea los italia- 
nos; nabo salvaje y bunio los castellanos. (Pedacio Dioscórides, 
anotado 1. 2. pág. 120.) sus aplicaciones son médicas y nada se 
indica de sus cualidades alimenticias. Las láminas que ilustran 
el texto no tiene relación con el boniato de las Antillas aunque 
lo comieran salvajes. 

La palabra boniato es para mí completamente indiana, aun- 
que ni se aplicaba al age; ni tenia terminación masculina. Ovie- 
do pág. 2G2, cap. 2 de su Historia de las Indias dice boniata: 
"Hay alguna (yuca) que llaman boniata, que es como la de Tie- 
rra luirme, y es cierto debe haber venido de allá."— Esa clase de 
yuca no es venenosa y se come asada: "la boniata es yuca que no 
mata.'' 

El expresado quid pro quo no es único; el Dr. Fermín, por 
ejemplo, en su Viaje á Suriuam dá el nombre 'le yame al teje de 
esos indios; tan lejos de ser ñame como éste de ser a-ge como otros 
europeos han creído y segurado. 

Bonao, — Territorio y casicaxgo en Santo Domingo y boy uno 
de sus comunes ó municipios. 

I>e;/m>.— Oasique de este nombre que dio á la provincia de 
su mando el de los conquistadores, asi como á uno de los prime- 
ros Inertes que construyeron. 

Baguel. — Reí de Haití. (Véase Taino.) 
Barahona. — Puerto en Sanio Domingo. 



— 218 — 

Borla. — El trabajo. * 

Borinquen. — Puerto-Rico, de las grandes Antillas, cuya his- 
toria ha escrito D. Iñigo Abad de orden del Exorno. Sr. Conde 
de Floridablanca y se publicó en 1789: la primera de su especie 
por escritor nacional en los tiempos modernos, y la tengo presen- 
te para redactar este artículo. Cuando en 10 de noviembre de 
1493 fondeó Colon en la Bahía que se llamó de Puerto de la 
Aguada, se quedó sorprendido con los suyos al encontrarse ante 
una población numerosa, cuyas casas de madera cubiertas con 
palmas, de terreros y miradores de cañas dejaban en el centro 
una plaza espaciosa de donde salía un camino ancho, recto y lla- 
no hasta la playa á sus lados enverjados de madera con flores y 
enramadas: al extremo del camino se veia un extenso tablado do 
minando el mar y casi sobre él, cubierto de cañas, flores y yerbas 
como las glorietas de España en los jardines; apesar de la admi- 
ración que causó á los descubridores se olvidaron de la isla hasta 
que volvió á ella Ponce. 

Los isleños de Puerto Rico, auuque más belicosos que los de-, 
más, ni eran crueles, ni antropófagos, ni semejantes en sus cos- 
tumbres á los habitantes de las islas menores. Eran indolentes 
y flojos para lo que no eran bailes, cacerías y pescas en que se 
divertían. El campo lo cultivaban las mujeres. 

Las mujeres casadas llevaban un delantal que no pasaba de 
media pierna; y las mujeres de los casiques solían usarlo hasta 
los tobillos. En lo visto se nota alguna diferencia de las naguas 
de Cuba, Haití y Costa firme, pues rodeaba el cuerpo al talle y el 
Padre Abad solo habla de delantal ó del antad illa. Para jugar á 
la pelota se despojaban de este traje. 

Eran polígamos en especial los casiques. Sus ocupaciones 
principales eran la agricultura, hablo de las mujeres; los queha- 
ceres y atenciones domésticas y el adorno de sus maridos á quie- 
nes pintaban y trenzaban los cabellos: parece que los estila! >an 
largos á diferencia de los cubanos y haitianos en su mayor parte. 

Los hombres casados iban en busca de oro á los ríos como 
los demás, pero se abstenían de la cohabitación y trato mujeril 
antes para que no se les turbara la vista. No se casaban los pa- 
rientes en primer grado. 

Sus casas ó buxioj así lo escribe el Padre Abad, eran seme- 
jante á los demás de las Antillas (Véase Bohío, Caney, Boa &) 
Los muebles como en Cuba de madera y del totumo para vasija. 
Para navegar usaban las conoas y cayvyos. Los casiques distri- 
buyan las cargas de la caza y pesca entre sus subditos arbitria- 
mente: sus mandatos se creían inspirados por un semi que hacían 
hablar por sus agoreros y médicos. Su inteligencia limitada per- 
mitía que los engañasen escondiéndose detrás de los ídolos y ha- 
ciéndoles hablar, porque ellos hablaban anunciando los sucesos 
futuros que sino se cumplían consistía en que el semi variaba de 
parecer. 

Los distritos de la isla los gobernaban casiques, pero habia 



— 219 — 

un jefe principal; lo fué Agiieibaná ó Agueynabá que los tenia 

subordinados. 

Les hombres solteros y las doncellas andaban enteramente 
desnudos. Aquellos se pintaban con varias materias todo el 
cuerpo formando figuras horribles, cuando se presentaban en sus 
expediciones guerreras. La pintura se consideraba en esas 
gentes como el vestido y efectivamente sino los cubría les evitaba 
por lo menos de las picaduras de insectos y hasta cierto punto de 
las molestias atmosféricas. En esa pintura se hacia ostentación 
de genio inventivo y era la especie de lujo que se desplegaba en 
las costumbres. — Los casiques llevaban algunos coronas de plu- 
mas, alhajas de oro colgadas hasta en las mejillas, caracoles, 
conchas, pedrexuelas y el retrato ó efigie de su semi titular y sus 
armas Hechas, arco y macana. Sus canoas y cayucos no tenían 
quilla por lo que se volteaban á menudo. 

La religión era singular: sus actos parecían dirijidos no al 
espíritu bueno, sino al malo. Esos seres invisibles de que nos 
habla el Padre Abad, y ese raro culto consagrado al miedo, lo 
encontramos explicado en el Orinoco Ilustrado del Padre Gumilla. 
Dios es bueno y no necesita que ganemos su protección; el Diablo 
es malo y es preciso adorarle para que no perjudique. El culto 
consistía en lo material en sus humillaciones, postración genufle- 
xiones y en echar un polvo especial (Véase Cohobá) en la cabeza 
de sus ídolos con formas tradicionales: guardaban los simulacros 
en a dora torios. 

Sus bailes ó areitos eran } roíanos ó sacros: ó relaciones de 
sus tradiciones, historia ó manifestaciones religiosas y ejercicio 
de la medicina. La música que les acompañaba era el tambor, 
la maraca y el calabazo que aún hoy se usa en el campo. — En 
esos bailes se emborrachaban con chicha y sahumerios de tabaco. 
— Llamaban batos al juego de pelota y hamacas á unas camas he- 
chas de heniquen ó majagua, en donde pasaban la vida fumando. 
]So tenían moneda ni signos de valor y su comercio se reducía al 
cambio ó trueque sin discernimiento mercantil. 

Los borinqueños eran mas aguerridos que los otros tainos, co- 
mo que sufrían mas de los caribes flecheros antropófagos: todavía 
en 1528 desembarcaron con 500 y so llevaron varios vecinos, de 
estos á Cristóbal Guzman, que sufrió entre ellos cruelísima 
muerte. 

Eran los indios corpulentos: se aplastaban la cabeza por de- 
lante y por detrás, como los cubanos, tenían picados ó dañados 
los dientes por lo general, y aunque haraganes, no lo eran las 
mujeres, pues hemos visto que había notable cultivo en el campo, 
que les estaba encomendado, como lo describen los españoles en 
1509, era una estensa huerta. 

Llevaban semis colgados al cuello cuya descripción ha con 
servado J). Julián Acosta: eran de piedra (cuarzo cenicienlo con 
vetas negras) cuidadosamente ejecutados; la cabeza disforme, 
cuerpo y extremos encogidos; una figura humana en cuclillas. 



— 220 — 
El que examinó Acosta pesaba 7 onzas (2 hectógramos.)-— Exis- 
tían machos ídolos borinqueños en el Museo de Artillería de San 
Juan de Puerto-Bico; en el gabinete particular que recojió don 
Jorge Lalimer y en otras partes; violes el propio Acosta, quien 
dice que aunque varían en tamaño y clase de piedra unas margo- 
sas y otras calizas ofrecen la misma disposición y figura. Heme jan 
una serpiente enroscada con semblante ó cara humana. Son 
todos pulimentadas: lo oran con un instrumento de silex de .'> á 
70 centímetros deque~se encuentran muchos ejemplares en Ponoe. 
— Los utensilios de piedra para usos domésticos eran pilones, 
vasijas y objetos análogos: pero usaban del barro de alfarero 
como en Cuba, y tenían cazuelas y vasijas, algunas de formas 
caprichosas. Atravesaba el país el segundo período de la edad 
de piedra, como lo observa el citado escritor: según he indicado 
en otra parte, se conservan en Puerto-Pico muchos nombres 
indios en la topografía; y en los de sus poblaciones es singular 
que habiendo solo dos fundadas en el siglo XVI (la capital y la 
Germán) lo tengan la siguiente: Coamo, Guainabo, (luayama, 
Manatí, TJtuado, Toabaja, Toa-alta, Yauco, Mayagues, Bayamon, 
Caysy, Oaguas, Arecibó, llumacao, Yabucoa, Ñáguabo, Coroza!, 
Luquillo, Mannabo, Camuy, Gurabo, Moriviví, Moca, Ay bonito, 
Sabana (del Palmar.)— De los 58 pueblos que numera el Sr. Cor- 
do va he extractado estos nombres (IV 

Borinquen. — Punta en Puerto Eico, ángulo 2ff. O. E. de la 
isla. 

Borinqueños. — Cangrejos de tierra ó monte en Puerto- Pico: 
dí-cese que se asujuatan ó cnsiguatan, (jomo escribe el Sr. Córdova, 
agregando que ocasiona este mal el fruto de manzanillo. 

Botio. — Valle en Haití (García) y significa gran montaña. 

Botuto. — La trompeta sagrada de los indios de las orillas del 
Orinoco: es la palabra americana que precedió á nuestro fotuto 
hecho del cobo ó caracol de mar ó tritón. — Gumilla y todos los 
misioneros escriben botuto. 

BouhL—Is\a> ó tierra, según Ilrasseur de Bonrboug; para mí 
significa lugar habitado ó con casas. 

Boya. —Lugar de Haití que sirvió de asilo á Enriquillo y á 
100 indios que con el se levantaron en la época de Carlos V. — 
(Véase Enriquillo.) Poya es en el dia común ó ayuntamiento de 
Santo Domingo. 

Boyes. — Sacerdote en Eyeri. 

Boynca.— Isla á 25 leguas de Haití, llamada- también Añancoj 
en donde se suponía existía una noble fuente que daba la juven- 
tud, cuya fábula ha conservado Pedro-Mártir de Anglería. 



(1) En el informe do Air. Masón, incluso en el anual do la Sociedad Snúthso- 
niami de 1S7G, se ven descritos y copiados en láminas los numerosos efectos de 
este museo: las piedras mammííbrmes, los collares de piedras y otros utensilio,; de 
aplicación desconocida son muchas: de sólo los collares hay treinta y cinco. 



o*)! 

Brayas. — Por la relación del padre Las Casas en donde está 
osa palabra, me figuro que es errata y debe decir biayas, comió en 
otro lugar llama al flamenco. 

Brayoan.— Indio de Barinqnon qne.se propuso averiguar si 

{pañoles eran mortales: (Véase Agücband. ' 

Huyú.— Cosa nueva. 

Buaynara, hipas, taynas. — Así se llamaban las bubas por los 
indios de la Española según Ruiz Díaz déla Isla (1634) citado 
por Gapmani ( (Cuestiones criticas sobre varios punios, pág. 161.) 
Largamente se ha disentido sobre el origen del mal venéreo, pa- 
ra cava designación lia predominado el nombre de sífilis. Caos 
han creído que el mal era. desconocido en Europa hasta el des- 
cubrimiento de América: otros sostienen lo contrario y alguno 
luí creído que si bien las bubas se llevaron de Haití á España, 
fueron desconocidas en Indias antes de la venida de los españo- 
les, Al hablar de las propiedades del Guayaran, decía el sabio 
jesuíta Murillo: "es remedio contra bubas, mal contagioso que So 
trajo de las Indias á España, aunque en indias no so conoció has- 
ta (pie fueron los españoles. Eran unos granos que nacían en el 
cuerpo, con dolores, de que morían rabiando según Herrera." — 
(Geog. Histórica libro IX, cap. I, pág. 33.) 

Pero esta descripción de la sífilis en esa forma se encontraba 
cu África con tal frecuencia, que apenas venia un cargamento de 
bozales sin ella, y aun el claro de buba, que por lo regular apare- 
ce en los pies. Esto nos haría encontrar en África el origen del 
mal, de donde vinieron otros á consecuencia de los descubrimien- 
tos portugueses. 

En cuanto ¿i los nombres usados por los indios, llaman la 
atención las palabras taina y hipa: la primera significa buena, 
¡' oble, y es como se llamaban asimismo las naturales de las Anti 
lias mayores: hipa puede ser una errata (3 corrupción de jipa ó 
xipa. Todavía hemos oido llamar en los campos al hablar de un 
enfermo muy pálido jipato; se ha aplicado la palabra álos campos 
«pie palidecen por exceso de agua, por ejemplo: "el maix estñ 
jipato porque se ha cnfjuaehamado." 

En la extensa y erudita disertación del Padre Sarmiento que 
ha publicado mi discípulo y amigo Reinóso [D. Alvaro], se dan 
otros nombres á las buhas con referencia ai mismo Ruiz Diaz de 
la Isla: llámalas f/uj/uoras, ¡tipas, taibas, ¡cas. Como en donde 
Gapmani escribe Buaynara el Padre dice gúynara; donde aquel 
hipa, este hipa (que se accrcaj/jM, que es lo queme parece) (véase 
llipa]) el primer vocablo antes expresado, taina, no parece conve- 
niente á la significación que aquí se le daría, acaso taiba que lo 
sustituye sea el verdadero, y el Padre Sarmiento agrega Uta, que 
es un nombre más de los que bien ó mal representados habia 
(•opiado Capmani. 

Hay en las etimologías raras coincidencias: la palabra sipliilis 
significa en griego diforme si se deriva de siphlos, pero se cree 
(pie sea de sípalos, brido: Marchi, (Diccionario Etimológico) \ jno 



222 

es notable el parecido entre si palos y jipatos? Es también de 
advertirse que en Galicia, como lo observa el Padre Sarmiento, 
las viruelas se llaman boas, y que esta palabra es latina según 
dice, y significa una serpiente ó culebra, que se asemeja á búa y 
que para él todo es uno. 

Iviiiz Díaz no fíjalas fuentes de donde toma sus noticias, pero 
tuvo á su cargo en el hospital sifilítico las bubas que aterrorizaban 
aquella época; solo por ironía pudieron tener el nombre de tainas: 
y los demás indios, ¿por qué no se extendieron con la enfermedad 
por la Europa! Es que el mal ya existía. 

Bl mas notable y vehemente defensor de la América ha sido 
el Padre Sánchez Velarde, nacido en Santo Domingo, en la Amé- 
rica vindicada de la calumnia de haber sido la madre del mal 
venéreo. Habia escrito antes una obra titulada Valor de la isla 
española: tenia reputación de orador sagrado y dio á la estampa 
dos tomos de buenos sermones, imprimió su vindicación en 1785, 
sirviéndole de guia la disertación sobre el mismo objeto del meji- 
cano Clavijero. Valyerde se disculpa al ocuparse de un asunto 
que parece impropio de su profesión; y se escuda con los Benedic* 
tinos Gal me t y Sarmiento, que le dieron el ejemplo. Luego se 
acuerda de Peijóo. Lo que todos dijeron, y aún los extranjeros, 
no convenció a Don Antonio Capmani (pie publicó [1808J un dis- 
curso (question) para probar que es americano el mal: es la III de 
sus sabias y eruditas cuestiones que cito al principio. 

Después no conozco obra especial española; pero ya no debe 
haber duda sobre la antigüedad de la sífilis en Europa, pues se 
han encontrado obras escritas é impresas con fechas anteriores al 
descubrimiento de América y á la época en que se supone de su 
introducción. Capmani quería resolver la dificultad antes, di- 
ciendo que eran erratas; pero esto no puede suponerse de los 
manuscritos. En nuestro siglo se ha anunciado la venta de uno 
de Oilibertus Anglieus denominado Compendium Medicinae (Sur 
pean velin du 13° siecle. Prix 300 fr. 5 o catalogue Schawabe, 
número 11 place de la Bourse á Paris 52.) El manuscrito hecho 
en negro y rojo se calificó de muy interesante para la medicina y 
su historia, por que Gilibert hablado la sífilis [libro V| loque 
prueba que la enfermedad no viene de América. Recomienda 
liara su curación las aguas sulfurosas de Bath en Inglaterra. 

Aquí no hay cajista á quién atribuir el error, ni puede hacer- 
se lo que Mr. Autruc que al tener en cuenta el testimonio de 
Fulgosio, escritor de aquella época, que cree que el mal de las 
bubas viene de Etiopía, á cuyo parecer se adhiere Sydenhan, dice 
tal vez puso Etiopía por América. [Clavijero Historia de Méjico 
tomo 2, pág. 439.] 

La palabra buba, según los académicos de la Lengua, provie- 
ne de Asturias: en esa i^alabra se copia un refrán que dice: — "el 
que tiene la búa ese la estruja" y de esa misma forma se lee en bis 
colecciones de refrane« antiguos (Refranes (¡losados del Comenda- 
dor.)— Lérida 1621; pero en la edición de 1801 en Madrid se varió: 



223 

se puso uba donde se leía búa. lvs probable que la alteración se 
perpetúe y falte esa autoridad filológica, por ser un refrán cosa 
que indica autoridad y tiempo. 

La palabra buba era antigua: Capmani la cree castellana 
aunque para indicar toda pupa 6 grano. Si lo dice no lo prueba. 
No solo se encontraba en la lengua sino en la filosofía vulgar, en 
los refranes. Que esa forma la más gráfica se habla corrompido 
y se decia búa: búa \ no buha dijo el refrán, y búa escribe Oviedo 
la primera vez que usa de la palabra al ocuparse de la enfer- 
medad. 

Fué Oviedo el primero que atribuyó el mal á la América: sin 
acusarlo de embustero como el venerable Las Casas lo hace; de 
calumniador como Clavijero y Valverde, y Sarmiento, q e tam- 
poco lo trata bien, es una verdad innegable que las techas de la 
vuelta de los españoles á Europa están en contradicción con su 
propósito. 

El testimonio de Gilberto Anglico, que ahora, hago valer, es 
decisivo: floreció en principios del siglo XIII reinando en su país 
Juan; Valverde hizo otra referencia no menos tangible: el edicto 
del Parlamento de París de 6 de Marzo de 149t>, en que deter- 
mínala peste sifilítica como reinante desde dos arios á aquella fe- 
cha. Desde Enero ó Febrero de 1404, en cuyo tiempo aún no 
habían vuelto ni el Padre Boil, ni Margarit á quienes atribuye 
Paw la introducción del mal en Barcelona. Oviedo (cap. 14 
lib. 4) lijó esa vuelta en 149fí. Clavijero citando á Fulgosio des- 
de 141)2 se comenzó á sufrir el mal en Italia; Torella asegura que 
lo fué en Auvernia (Francia) en 1493; León Africano, que los 
judíos desterrados de España llevaron el gálico á Berbería. El 
poeta Pacilo Máximo, de Anoli, describió la enfermedad que pa- 
decía en 1479, y son exactamente los síntomas ocasionados por 
sus excesos. El Padre Clavijero no traduce los versos, pero su 
continuador en la defensa, Valverde, lo hace de un párrafo que 
los califica del Dice, histórico que dice: "La enfermedad venérea 
está tan bien pintada en estas poesías, que no deja lagar á duda, 
«pie no estuviera inficionada la Europa antes del viaje de Cris- 
tóbal Colon pues nuestro escritor hace mención del 

mal en 1481), será forzoso adoptar la opinión de los que miran la 
introducción de esta enfermedad como una epidemia que reinó 
en aquel tiempo." 

Hasta entrando en el terreno délas malas intenciones, acu- 
saron los apologistas de América á Paw y los diccionaristas que 
combatían; á Oviedo más directamente de ambicioso. Decia este 
que allí donde estaba el mal habia Dios puesto el remedio en el 
Guayacan ó Palo Sanio de Haití y vendía mucho de él, con reci- 
ñas y preparaciones: pero si el mal existía en América, la Histo- 
ria demuestra que se conocía en Europa y que no fué de Santo 
Domingo al Viejo Mundo. 

Los extranjeros que recientemente se han ocupado del asun- 
to, Mr. Dufour, hademostrado.de una manera indudable la anti 



güedad del mal desde los tiempos más remotos (Historia de la 
Prostitution pág. 331 y siguientes tomo 4.) 

Es curioso leer la sede de nombres del mal; y es singular 
que hayan todos desaparecido, quedando el que le dio un escritor 
de obras inventivas: Frascator. Pura las exigencias de una fá- 
bula poética supone al pastor Syphile víctima del mal de que lo 
hace sufrir por haber ofendido á las dioses, lió aquí el origen 
del nombre: el mismo Dufour cita con encomio á Paracelso cuan- 
do se ocupó de la forma epidémica que tuvo la enfermedad en el 
siglo XV. 

No concluiremos sin copiar lo que dice Solórzano sobre el 
particular. (PoUiiea Indiana libro 1, cap. 4 par. 14.) "Diga lo 

que quiera Scalígero queda asimismo por ridiculo Salta-en 

banco (Saltibanco\ Trujano Bocalini, que pudo negar estas exce- 
lencias (las de Indias) dice las contrapone el mal que llaman 
Francés ó Bubático, que presupone por llano, que pasó á el de 

este Nuevo Mundo siendo así, que no lo es sino muy 

incierto y dudoso, y que antes comunica palos, y yerbas drogas 
para su cura, de que hay libros y tratados particulares.-' 

Bacana. — Rio de Puerto-Rico que nace en litado, y es barrio 
de un pueblo: (Veáse Mayagües.) 

Búcaro. — "Ave indígena" — (García). 

Bucarabon. — Barrio del pueblo Cangrejos de Puerto-Rico. 

Buhaí, buhutí, bohito boliíque, behique, boiíion, boutí, buntio, bo- 
yrto.- -Sacerdote, medico, en los diferentes dialectos de las Antillas. 

¡íuhuytihu.— Sacerdote superior, alto sacerdote. 

Bml ó lioil — El Padre Boil, catalán, vino con otros religio- 
sos en el segundo vi age de Colon para catequizar á los indios. 
Según Torquemada entre los eclesiásticos y Colon, ó sea Boil y Co- 
lon, hubo continuas diferencias y disgustos por dos años, sin pro- 
vecho de la cristiandad. El Padre Boil quería mejor .trato para los 
naturales y usaba de la autoridad apostólica para conseguirlo; y 
mientras Boil ejercitaba sus armas espirituales. Colon las comba- 
tía privándole de la comida, y aún á sus parciales, con el achaque 
de que no obedecían á su jefe. Ei Gobierno Supremo llamó á los 
dos. Según Murillo, el monje de la orden de San Benito trajo en 
una expedición 12 clérigos, y uno de ellos fué Las Casas. Poco 
adelantaron en la doctrina los indios, que descuidaron por aten- 
der á sus intereses, .según el propio Torquemada. 

Bulos. — Casas fijas en el pueblo de los Corazones (Relación 
¡I naufragios de Cabeza de Baca pág. 250.) 

Buja, — Véase Aiba. 

Bujios. — Así suele escribirse y pronunciarse la palabra Bohío 
que significa casa: como Buhíos en Florida según se ve antes: tam- 
bién se llama BaMo una isla. En el Brasil se dicen buxios á unos 
monos, estos buxios los cojian los indios, según dice el célebre 
Viera, con cocos abiertos en donde metían la mano para cojer el 
cebo que les ponían, pero no teniendo instinto para soltarle, que 
daban presos. 



Bimicún.— (Véase cibúj 

Búlioo. — Lo mismo que jabado, según una lista de voces que 
conservo inédita, ignorando su autor 

I ¡único. — En el informativo sobre los servicios de I). Cristó- 
bal Sotolongo, que cito en el artículo Cuba, se halla un lugar lla- 
mado Búnico cerca del rio Jatíbonico. 

Burén. — Aparato ó utensilio para cocinar las tortas de cata- 
be: "piedra, dice Oviedo, de todos conocida." 

Hurón. — Lo mismo que Tiburón. 

Untos. — Significa árbol, 

/iuutios.— VA'n en la Española el nombre de los médicos que 
usaban de artificios para hacer creer á los enfermos que le saca- 
ban el mal: (Véase Haití.) 

Itu.cíos. — Así escribe el I 'adre Abad la palabra bohío en l>o- 
r¡ nquen. 

Un ya.— El abate lirasseur de Bourbourg cree que esta pala- 
bra significa cosa y espíritu bueno, y yo me figuro lo contrario, 
pues si buya es cosa buena no fuera Mabuya el Diablo. Ma es una 
partícula afija que indica grandeza, y por eso unido á buya para 
alimentar su significación, es gran mal. En otras partes buya 
significa culebra. 

O. 

No suenan las combinaciones ce, ci en nada de lo que queda 
de las Antillas. Nuestro naturalista Poey, y al mismo tiempo co- 
nocedor profundo del castellano, ha conservado en lo escrito ci- 
guatera, ceyba y en otras palabras por que asi lo hace la Acade- 
mia, (El Artista, t. 2.pág. 103) "aunque no cecearon los indios". Por 
ese respeto, que no es histórico, le imitaré; pondré en esta sección 
esas corrupciones andaluzas que no hemos conservado sus des- 
cendientes, que por el contrario seguimos hasta el extremo opues- 
to el ejemplo indígena, alterando los sonidos castellanos de esas 
combinaciones, y las de la z. Todos las palabras escritas con c y 
c, en las expresadas combinaciones, en cuanto á las últimas le- 
tras, siempre deben escribirse con s, como ahora se pronuncian 
por los criollos, y por los indios que las usan. Véase la palabra 
Aragua: es verdad que en esta lengua se ve escrito ce, ci, pero se 
pronuncia ¿i lo italiano, che, chi; cerní cid, se dice: chemí, chichi, 
el adivino. Por eso Mr. Schomburgk hasta suprime la o y, usa la A-, 
y advierte (pie la c, conserva sólo aquellos sonidos. Aún en otras 
lenguas indias, la z, ni la c, ante las vocales, la primera ante sólo 
c, i, ni l;i segunda se parecen al español: lo mismo (pie Nájeraque 
Huir, lo misino los otomies, que los botocudos; entre los salvajes, 
([iie los medio civilizados mexicanos, las pronuncian de distinto 
modo: Brasseur de liourboiig ni aún pretende explicar la diferen- 
cia, sino que asegura, (t. I. pág. El X "llisloirc des Nations, X), 
que siempre pronuncian la c, como s. v En cnanto al uso de la <• \ 
z por «, ó por el contrario, dice el sabio humanista 1). Juan de 

1S 



-- re- 
inarte: "Dos célebres provincias que han dado á nuestra lengua 
autores excelentes, la andaluza y valenciana, padecen el general 
defecto de confundir y equivocar, especialmente en la pronuncia» 
cion, las dicciones: la primera pronunciando c, ó z, como s, ó al 
contrario, la 8, como £, y dando á la //, fuerza dé x 6 j- y, la se- 
gunda con perpetuo seseo lo mismo la c y la s ó *, sin perdonar al 
nombre de su patria, ni al suyo j)ropio." 

Ca. — Tierra, suelo, seco,— (Véase Cayos.) 

Cabaicos. —Cebollas, bulbo vegetal; también macaones. 

Cabaioes.—Dohe, ser lo mismo que el anterior: eran raíces de 
que se alimentaban los indios antes de que Bohito inveníase el 
casabe. — Véase Ages,) 

Cabau. — Montaña de Haití, 

Cabao. — Provincia del cacicazgo de Magua. 

Cabayoes. — Otra forma de la misma palabra cabaicos. 

Cabuya. — Cuerda ó cordel que formaban de majagua, man- 
quen, pita, ó con otras sustancias textiles. — " Cabuyas son unas 

pencas como la cavila hay dos maneras dello cabuya y nequen 

(heniquen) ambos son vocablos de. esta isla española.^ — Las 

Casas, Hist. pág. 315, tomo II. 

Cacacubana, Cahagusí, Cahonao, Caisimú, 6 Coizimú, Cañaba- 
coa, Cayabo— Regiones de Haití cuya inicial es c. 

Cacata.— TJna, araña grande de la Española: ¿será la araña 
peluda de Cuba? 

Cacabuya. — Especie de serpiente del Brasil. (Laraousse.) 

Cacheo* — Fruta haitiana. (García.) 

Cachimán. — El marañon, [árbol] según Descourtalizt. 

Cacique, (cauque) — Jefe ó príncipe en las Antillas: es un er- 
ror de Larousse en su Gran Diccionario, el decir, que esta palabra 
caribe se daba ti los príncipes del Perú, México y otras comarcas, 
pues los españoles la llevaron á esos p najes, desde Haití; en don- 
de únicamente, y en las Antillas, fué usada, Si hemos de creer los 
cronistas de la época del descubrimiento, el gobierno de los tai- 
nos, era admirable por lo humano y ordenado. El venerable Las 
Casas, el célebre Pedro Mártir de Angleria, nos dicen «pie las for- 
mas monárquicas, principalmente en las islas mayores y las I. a ya- 
cas, estaban templadas con tanta bondad y piadosa moralidad, 
que era desconocida la soberbia. Amaban á sus príncipes entra- 
ñablemente y su profundísimo respeto, no los privaba de un tra- 
to familiar y de una llaneza tan extraordinaria, que hasta se sen 
taban á la misma mesa, y metían Ja mano en el plato en que co- 
mían. Alguno de esos cronistas asegura el hecho como testigo. 
El padre Torquemada, que más que otros se entretuvo en consig- 
nar estos pormenores, y recojerlos de los primitivos escritores, los 
trae por extenso en la Monarquía Indiana. 

La difícil cuestión de la comunidad de bienes, estaba práctica- 
mente resuelta: todos trabajaban en sus conucos, pero nadie saina 
lo que significaba lo mió, lo tuyo. "El oficio de los reyes, [habla 
de los lucayosj dice Torquemada, es el de los reyes de las abejas, 



— 227 — 
que oo es mñs que tener cuenta y cuidado do cada uno de los súb" 
ditos, como si por aventura fueran hijos de un padre: el mayordo- 
mo de todos. Tenia encargo de mandar á cada uno de por sí, y á 
todos juntos, (jne lucieran sus sementeras .y labranzas en el cam- 
po, para tener pan que comer, y fueran á cazar y pezcar, todo lo 
cual tenían en dicho rey, y él lo repartía. Lo mismo hacían en 
todas las demás cosas en que tenían necesidad."' 

"Cosa maravillosa que estos vocablos mió y tuyo y otros se- 
mejantes que huelen á particular posesión y dominio, no se expre- 
sasen, no se oyeran jamás entre aquellos isleños, ni los conocie- 
ron: de donde se sigue creer el admirable y pacííico gobierno de 
los señores que gobernaban, pues no habia cosa que lo impidiese, 
siendo el interés de las posesiones y dominios, la más ordinaria y 

frecuente causa, de las disensiones y alborotos jSo tenían con 

tiendas ni litigios, contentándose con la posesión común. Todo 
esto refiere Pedro Mártir, en la 7 a Década." 

El gobierno que se describe de las Lacayas, era el mismo é> 
semejante en las islas mayores, comarcanas. A ser ciertos estos 
pormenores, y no hay datos para negarlo, tendríamos el fenóme- 
no ile que en América se anticipé entre los naturales, el régimen 
de comunidad que ensayaron después el obispo Quiroga en México 
y los Jesuítas en el Paraguay. 

Los casiques solían emplear la superstición en sus actos, sc- 
mi-sacerdotales, pues dírijian las ñestas y hasta tenían el privile- 
gio de tocar el tambor, de que se habló en otra parte en los Arei- 
tos. Cuenta Oarlí (Lettres sur VAmerique p. 112, t. I.) que, "un ca- 
sique de las islas queriendo imponer al pueblo, fácilmente imagi- 
nó comunicar con un tubo ó trompa el lugar donde estaba su ídolo. 
Un confidente hablaba por él, y hacia creer que las palabras sa- 
lían del ídolo." 

Casique debe escribirse como se pronuncia, casique, pero desde 
muy al principio se escribió con c, siendo oq invocado hasta el ori- 
gen de la palabra, por uno de nuestros maestros en la lengua 
castellana, el laborioso y entendido Covarrubias [Tesoro de la len- 
gua castellana, 1673,] u (kicique, escribió, vale en tanto en lengua 
Mexicana, como señor de vasallos." Tero si es notoria equivoca- 
ción hacer mexicana la palabra, es curioso y modesto lo que agre- 
ga: "puedo traer origen del verbo hebreo chaza&q [fortitudo] for- 
tín, de donde puede dezir cazique: con todo esto yo me remito á los 
que tienen noticia de la lengua." 

Caciques de Cuba. — Se conservó con ese título el recuerdo de 
su origen á D. Alonso Rodríguez, casado con D ! . 1 María Ma-Cuba, 
naturales de la Isla de Cuba, (pie se quedaron á vivir con los i 
pañoles, desde el principio, y que fueron luego el núcleo de la 
fundación del Caney. D. L. A. Baralt, ha conservado de esos 
antepasados, cariosas memorias. Fueron personas notables, asi 
como 1). MTircos Rodríguez, que lo heredó y lo mismo I>. Alonso 
que 1). Marcos, obtuvieron el título de casiques y comandantes de 
las Milicias. Los poetas \lc Santiago <le (juba, han solido cantar 



— 228 ~- 
á la mujer del casique de Cuba, pero le han suprimido la primera 
sílaba ü/íf, al nombre, que ha quedado sólo Cuba. Ma significaba 
en siboney grande) pero, en este caso, puede ser la contracción de 
mamá ó madre que usaban mucho los campesinos en la isla: Mar 
rancha, Ma*Kosario etc. Los prosistas más ajustados á la ver- 
dad, dicen que, Ma-Cuba, "era bajetona, gruesa, y mal parecida 
de físico." (Baralt.) 

En una composición que se publicó en el Indicador constitu- 
cional, (Habana 18 de Julio de 1820) se Labia de la Gasica de Cu- 
ba y se pone esta nota: "Según la tradición inmemorial, Cuba era 
el nolnbre de la cósica de la parte oriental". "Firma la poesía El 
cubano liberal" y se titula u Al glorioso apresuramiento de la ciudad 
de Santiago de Cuba, por la Constitución. 1 '' 

Cacique de Haití. — En los últimos tiempos de la conquista, es 
te fue el título de uno de los descendientes del casique de Bauru- 
co. Era un joven indio educado por los religiosos de la orden de 
San Francisco, con la escrupulosidad y celo que les tenia reco- 
mendado la Keina Católica, respecto á los naturales. Genera- 
lizadas las encomiendas, fue dado en un repartimiento el mance- 
bo, ya educado y casado, á un español llamado Valenzuela, á 
quien sirvió resignado con fidelidad; pero un hijo del encomende- 
ro le fué intolerable por su mal proceder, y hasta el extremo de 
pretender los favores de la mujer del indio, que en el bautismo 
tenia el nombre de D. Enrique. Corría el año de 1517 cuando can- 
sado de sufrir se alzó metiéndose en los bosques; al año se halló 
acompañado de más de 300 compañeros á quienes enseñó el ma- 
nejo de las armas y disciplinó de una manera, que acreditó la su- 
perioridad de su carácter. Fueron vanas las tentativas que se 
realizaron para reducir á los alzados. Las ventajas de D. Enrique 
ó Enriquilio, como otros le llamaban; sus actos de generosidad; su 
moderación y amabilidad le ganaron simpatías y prosélitos, y de 
aquellas hasta entre sus enemigos: por el ejemplo, tenían sus par 
cíales encerrados en una casa á 81 españoles, á quienes querían 
quemar en ella; pero el jefe se opuso, y les perdonó, libertándolos 
de tal peligro. Su administración hacia reinar la abundancia y 
ella le atraía subordinados, entre otros, negros: todo hizo conce- 
bir serios temores, y se acordó emplear otras medidas, pues eran 
inútiles las de la fuerza, y se nombró de enviado al Padre líemy, 
francés, que había sido su maestro: los soldados le recibieron mal; 
lo despojaron de sus trajes, y tenían aviesas intenciones. Estaba 
por fortuna de él cerca D. Enrique, que corrió hacia su maestro, 
lo abrazó, le hizo devolver sus hábitos, pero los habían despeda- 
zado los indios. A pesar de que las atenciones del casique rebel- 
de, pudieron compensar el mal recibimiento de sus parciales, es 
verdad que el padre volvió sin arreglo, ni esperanzas de sumisión 
ni condiciones, contestándole que para que no hubiera guerra no 
la iniciaran los blancos, pues ellos no hacían más que defenderse: 
que de esto dependía la paz. Es cierto que jamás acometió él 
primero. 



ooo, 

Bn 1538 fué* atacado el Baoraco, (sierras,) por tres divisio- 
nes; pero I). Enrique se retiró á la parte más inaccesible sin que 
se lo pudiesen impedir. El Gobernador, ]). Sebastian Ramírez, 
hecho oargo del mando quiso poner remedio á un peligro que se 
prolongaba, y nombró á un hidalgo de Ledesma, del tiempo de 
Colon, llamado San Miguel, vecino de lionas, para que, con 150 
hombres, sujetasen al alzado. Siguiólo de montana en Montaña, 
y tan de cerca, (pie un día pudieron hablarse los dos jefes en un 
barranco ó hendidura profunda, do dos montañas. Allí, concerta- 
ron una tregua, y tuvieron varias conferencias: faltó á ella San 
Miguel y creyó I). Enrique que iba á ser embestido: sin embargo, 
dispuso que se diera la comida preparada; que se le disculpara 
con un pretexto plausible; que se entregara una cantidad de oro; 
que se protestase el deseo de vivir en paz. 

Hasta 1539, no terminó esta situación: en ese año un comisio- 
nado del Emperador, con una carta suya dirigida á D, Enrique, 
abrió las negociaciones: llamábase Barrionuevo. Alhagado el in- 
dio con tal mensaje, y ayudado por sus deseos de vivir en paz, se 
hizo ésta con grandes demostraciones de alegría. Desconfiaba, 
sin embargo, I). Enrique se cumplieran los capítulos de ella; pe- 
ro se le conservaron religiosamente, habiendo sido declarado 
príncipe de su nación, conservándosele á el y sus sucesores el títu- 
lo de Casique de líaití, con amplias facultades de gobierno y fa- 
cultad de castigar ó resolver en primera instancia los asuntos álos 
suyos. Eran cerca de 4,000 las personas que se le habían unido en 
Boya; más á los cuatro ó cinco años se le habían separado muchos, 
y reducido á tan corto número, que le parecía imposible al Padre 
Charlcvoix. Acompañó á Barrionuevo Martin Alfaro, (Véase. Al- 
faro,) pariente de I). Enrique. Estuvo siempre con éste, y le si- 
guió á Boya J) a Mentía, la mujer del casique, principal causa de 
su rebelión. Antes del bautismo. D. Enrique se llamó Guarocuya. 

Cacicana. — En un fragmento publicado por el Sr. Cruz (La 
Guirnalda núm. 4 o ) se dice que Casicana fué nieto de Ilatuey, é 
hijo natural, de Panfilo Narvaez. No se si el parentesco será par- 
te de la leyenda tradicional que quiso conservar Cruz. 

Caco.— Cacao, según Brasseur de Bourboug, 

Qaeugia, — Cacao conforme al Padre Román, que llama Ana- 
mcugia á la flor del cacao. Los granos del cacao se usaban en Mé- 
xico como moneda menuda: y aunque se prohibió en 1527, so tuvo 
(pie permitir en 1526, vista la tenacidad del pueblo en admitir su 
uso (lirevoort, The Magazin of American History, pág. «>-*>o, Junio 
de L878.) Cuando II umboldt estuvo en México todavía, usaba el 
pueblo esa moneda á razón de 64 granos por medio real. En las 
Antillas no liabia tal costumbre al descubrirse: la moneda pro- 
vincial que se usó fué el oro nativo con mareas impresas de su va 
lor. Pedro Mártir eu la 5* y 81 décadas habla* de los granos del 
cacao como moneda. [Brevoort, en el periódico citado. | 

Caguana, — Sitio en Puerto Rico en donde está la cuera de los 
muertos,. 



— 230 — 

Caguanábo.~ Sitio de Haití. 

Caguane, — Caracol pequeño de donde se llama gavilán ('«(jua- 
nero a una ave e pajaro de Cuba. 

(Jaguaní. — Es un lago de la Española que luego se llamó de 
Enriquiilo, A O. de Neiba. Tiene Unjo y reflujo como el mar, y un 
islote de dos leguas de largo y cuatro de anclio: mide 18 leguas el 
lago en circunferencia. En dicho islote se refugió el casique 
Ouarocuya á quien bautizaron y educaron los españoles con «'1 
nombre de Enrique, de quien se ha hablado antes. 

Cagiiairán.—~Eri algunas parte* de Cuba, el ácana: el colector 
práctico (Jiménez le llama caguirdn y no los confunde. En otra 
sección me ocupo de los árboles con nombres indios. (Véase Al- 
miqíií.) 

Caguarama. — Territorio haitiano. 

('aguaya. — Sitio en Santo Domingo. 

Gaguág. — Puerto de Jamaica al ¿forte. 

Gaguabam.— Lugar, sitio en Santo Domingo. 

Gaguesá —Fruto silvestre en Santo Domingo. 

Gaíwnao. — (Véase Gamoteia.) 

Cahuey. —asombre de un papagayo que se domesticaba por 
los indios. Tienen dos pies y medio de largo: viven como las ga- 
llinas al rededor de las casas de sus dueños. Colon es el primero 
que escribió sobre esta costumbre india de criar en vez de gallinas 
esos seres tan distintos Humboldt los vio en otras tierras ameri- 
canas y los describe como magnífica especie de papagayos ó aras 
en sus viajes en las regiones equinociales, lib. VII, cap. XXI. 

Caica. —Ln cotorra de cabeza negra común en Güayana. (La- 
rousse.) 

Galguan, — [Véase Daiguan i j 

Gaihabo. — Provincia india en Haití contigua á lluhaho, cuyas 
regiones se enumeran en el artículo Haití, 

Calman. — Dice Larousse que es corrupción de acuyaman, que 
es genuino caribe. (Véase Cayman. 

Caimito. — Árbol frutal de Cuba: es singular que en Jamaica 
se conserven, como en las otras colonias inglesas, tan pocos nom- 
bres indígenas en los frutos de uso común: llaman al caimito star 
aple (manzana estrella) y en esta forma de composición el mamón 
es custard-aple y así de las demás. 

Caimoni. — "Fruta silvestre." (García.) 

Caizihu. — Gran señor haitiano. [Véase GuaniacaeoeL] 

Caizimum. — Frente de una casa: nombre de provincia en 
Haití: se escribe también con supresión de la m, eaizimú. 

Cajas, — Provincia de ISanto Domingo. 

Cajaya. — "Tiburón" Haití (García.) 

Calaguala. — Vegetal venenoso en Cuba, especialmente para 
los perros. Hay en las Regiones Andinas una tribu de indios se- 
mejantes á los gitanos de Europa por sus formas sociales que se 
llaman Callaguaya. Azpiazu en su obra con el título aquí indica- 
do antes, trae esa noticia. §. X. Es curioso que ese pueblo erran- 



— 231 — 
te lleve un nombre tan parecido á va-yaya, que es una mariposa en 
Cuba. 

Calalú. — Según E&afinesque, significa un cocido ó sopa: hoy es 
un guiso compuesto de hojas de malanga y oíros vegetales entre 
salsa y potaje. 

Calumet. — No es palabra antillana, pero la lian usado cómo 
tal los cubanos poetas ó poetas cubanos. Qalanot cu vascuence .\ 
Icalano* cu griego significan el tubo de cañuela, parte (Je la pipa, 
que es lo que quiere decir calumet. 

Camocho. — Apellido de un indio cristiano enviado por el en- 
tonces Ldo. Las (Jasas para apaciguar á sus paisanos, aconseján- 
doles que volvieran ti sus casas, donde serian bien recibidos. 

Camagüei) Camagüey, — Populoso distrito indígena en Cuba, 
un pueblo del mismo nombre, 50 leguas de Bayamo. La (pie hoy 
es ciudad de Puerto Principe, se fundó orillas del mar y luego se 
trasladó á Caonao; y en 1516 á Camagüey, que era el pueblo indio 
más extenso. En L534 su población de españoles ó vecinos era, de 
i!) á 20, según carta de Manuel Pojas que publicó D. Ramón de 
la Sagra. Esta antigua provincia ha conservado unas que otras 
huellas indígenas y tradiciones sociales de los primeros días de 
I ¡i colonización. 

Después del tumulto de Bayamo (Véase Éayamo) dispuso 
Velazquez, que Panfilo de Narvaez pasase á Camagüey con el 
Padre Las Casas y bajo la dirección de éste lo visitase y conti- 
nuase un viaje de exploración por la isla; y les dio 100 hombres 
de escolta: Crijalva quedó en Bayamo donde el mismo Las Casas 
había tranquilizado y recibido á los indios alzados. Estos se le 
presentaron ai clérigo, ofreciéndoles sus tesoros que consistían en 
surtas de cuentecillas que estimaban como alhajas preciosas. La 
llegada de los españoles á Camagüey fué un suceso pací íleo co- 
mo podia esperarse de la índole del protector de los indios: para 
evitar abusos, se dispuso que los españoles y 8U8 ludios de Jamai- 
ca y su séquito ocupasen una parte de la población, sin mezclarse 
en lo reservado á los naturales: estos llevaban á sus hijos al Pino. 
Las Casas para que los doctrinase y bautizase y se valia para la 
predicación de interpretes españoles que ya sabían la lengua in- 
dia. -Cuál fué el porvenir de los Camagüeyanos, no es objeto do 
este libro. 

Qaman toe— Según Larousse, es una especie del mfrnioo (pie 
puede comerse sin la previa extracción del jugo venenoso. Camote 
se Huma en Méjico al boniato y boniato se llamaba la yuca blanca 
en Cuba. 

C<( marcó. — VA Sr. i). Joaquín de Miranda v Madariaga en su 
interesante memoria sobre la isla de Pinos, que conservo manus- 
crita, y firmada por é!, dice que el nombre indio de la Isla de Pi- 
nos, que llamaron Evangelista los españoles, era Comarcó. 

Camaréto.— Una variedad de boniato ó uae en Cuba, 

Camaya. — Lo misino que Guacamaya* 

Camayoa. — El pecado nefando. 



. (JamUjuamo. — "Pez áe rio". — Santo Domingo [García], 

Camoís. — En lugar de bananas: ¿pero no se referirá al boniato 
que como hemos visto antes se llama camote en Méjico? 

Camoteia. — Isleta donde se edificó la primera casa de la emi- 
gración Matiniana en la parte llamada Cahanao entre los márge- 
nes del rio Baháboni, en sus aguas: lugar frecuentado de los in- 
dios como tierra sagrada; y como dice Pedre Mártir: "como es pa- 
ra nosotros Jerusalen; para los mahometanos le Meca; para los de 
las Fortunadas en la gran Canaria Tyrina sobre su alta roca. 

Camarreo. — Nombre que tenían los cayos tfe los Jardines y 
Jardinillos en las costas del Sur de Cuba. 

Camba. — Sitio en Haiti. 

Cambao. — Rio de Haiti. 

Canabacoa. — "Provincia de Magua." Haiti. 

Can. — Es como ligero, el pez. 

Canareo. — Pueblo donde residió el venerable Las Casas y el 
piadoso Pedro de la Rentería, á orillas del Arimao. Camarreo 
suelen algunos llamarlo y D. Alejo II. Lanier preferia esta forma. 
Según Diaz del Castillo, fué pueblo de indios, y la Torrre cree que 
no es exacto lo que dice Las Casas de que estaba á las orillas del 
Arimao. Lanier elevó aquí un recuerdo ó pequeño monumento á 
la memoria del obispo de Chiapa, No liay duda de que en el pueblo 
de indias llamado Cañar eo cerca del puerto de Jagua y de la ciu- 
dad de Trinidad que fundó Velazques, se concedió encomienda al 
Ldo. Casas y Pedro Rentería: que con buen golpe de indios se en- 
tregaron á las expeculaciones de la época; pero luego se conven- 
cieron de los peligros para el alma, de seguir explotando los indios 
en su provecho, renunciaron el repartimiento; y fueron los prime- 
ros que repugnaron las encomiendas. La vida entera del que fué 
luego fraile de los Padres Predicadores de Santo Domingo de 
Guzman, luego obispo y siempre protector y defensor de los in- 
dios, sostuvo el combate, consiguiendo ser oido del Gobierno Su- 
premo en tan difícil lucha como lo es la de los intereses materia- 
les. 

Canarí. — Dice el poeta Dominicano Pérez que significa vasija 
de barro en Haití: según Rochefort es en las islas menores el 
mismo objeto, y escribe anary. 

Camuy. — Pueblo ó partido de Puerta Rico en la parte íf. pró- 
ximo á la costa, y barrio del mismo; también un rio. . 

Caney.— La principal acepsion, lo general de esta palabra es 
casa círcídar, habitación de Jefes del país en cuyo concepto se ha 
llamado palacio i>or algún americanista. El Padre Julián llama 
caneyes á todas las chozas de los indios de Cartagena en la Perla 
de la América y que los misioneros contaron 21,000 caneyes á los 
indios tepes en una población que debían calcularse por otras 
tantas familias [pág. 252]. Lleva también este nombre un pue- 
blo de naturales de Cuba á 2 leguas de la ciudad de Santiago: 
De este pueblo habla Larousse en su Gran Diccionario: dice que 
se llama San Luis del Caney, que está á G kilóms. do Santiago y 



— 233 — 

que era el único punto en que so conservaba raza india; que en 
isi i se declararon extinguidos Los privilegios que como á natura- 
les ooncedió Dona Isabel la Católica á los indios do América; que 
los mil habitantes que tenía quedaron eon fundidos con los demás 
del país respecto de derechos y obligacianes. Los caneyes (edili- 
eios) tenían una claraboya ó torrecilla para que saliera el humo y 
entrara la luz. 

Caneyes-arriba. — Población numerosa de indios: apesar de la 
emigración que sufrieron esta población y (Juaicabana, todavía 
quedaron bastantes en número, en especial los que se tenían por 
hidalgos conforme á varias cédulas reales, como descendientes de 
casiques, propietarios de haciendas, y qué se honraban con su as- 
cendencia; hasta unes del siglo XVI I y aun á mediados del XVIII 
hubo compañías de milicias de naturales en Caneyes-arriba, como 
en Caneyes-abajo. Los restos de esos tipos, ya confundidas las ra- 
zas, se veian en la parroquia de San Juan y ermita de Santa Ana 
frecuentados por los indios de Caneyes y Guaicabana, Los in- 
dios de JSan Juan y de Santa Ana los llamaban los bayameses que 
ocupaban otros barrios, como los del Camagüey indios de las ori- 
llas á los que en ellas vivían. 

Gánci. — Creen algunos que eran las casas más grandes en 
que vivían los casiques: dos cosas me parecen verosímiles: la I a , 
(pie si e*s cierto sería Cansí y no con cj y la 2 a ,- que puede ser 
corrupción de Caney convertida e en s, 

Canoa, — El bajel formado de una sola pieza de un árbol en 
que solían colocarse hasta GO personas: almadías las llamó Colon; 
y con ellas se viajaba por todo el archipiélago caribe y se tenían 
relaciones con el continente y en especial con los yuatiaos ó her- 
manos, los (jalibisj por ejemplo. Un escritor americano antiguo y 
poco citado, Llaguno Zapata, sostiene aunque equivocadamente, 
y cree que la palabra no es india, pero es efectivamente antillana, 
pues se usaba en las islas mayores y aun en las menores: la ma- 
yor (pie vio Colon fué en Cuba y tenia 95 palmos; otra en Haití 
de 25 bancos. Para viajes dilatados poníanles una especio de 
toldo: así las usaban los (pie hacían el tráfico entre Yucatán y las 
Cuanajas. Se labraban con fuego. Barquetes de una pieza se 
llaman en el tomo 7 o de la Colección de Documentos Inéditos etc. 

El citado Llaguno Zapata, cree que la Real Academia de la 
Lengua erró al seguir la autoridad de Garivay, de quien copió, 
pues nunca "fué americana la palabra Canoa." En la lengua 
italiana se dice Canoa, Caneca ó Cantina, según se suponía á la 
bodega ó cueva subterránea donde se guardaba el vino. Se figu- 
ra que Colon les imso aquel nombre y de todos adoptados, se per 
petúa; que en francés se encuentra también y que trae su origen 
de Carras y no-as. (Preliminares á las Memorias de América Me- 
ridional pág. 166») Los diccionarios que cita, de Yenemni y Jbn 
bert son modernos, y aun el de Joubert se refiere al uso une hacen 
los salcayes (palabra eanot.) Ahora es indudable su procedencia 

americana como la de piragna, canojcanoua: más razón habría para 



— 234 — 

decir que caica era -arábigo y que parece hermano enerto de cayuco. 

También se dá el nombre de canoa al mismo objeto aplicado 
á usos domésticos, sirviendo para llenarlas de agua por caso para 
abrevaderos. 

Canoa. — En el continente también se llama canoa el bajel in- 
dio, aunque se suele usar de la palabra seiba, ó piragua. Sin que 
por lo dicho dejen de llamar seiba al árbol. Gumilla trae otras 
palabras cubanas allí usadas, como bija ó bixa, embijado, macana, 
cabuya, jobo, caimán, yuca, papagayo, achote. 

Canoua. — Lo mismo que canoa en las autillas menores. 

Cao. — Ave negrísima. 

Caoban. — Así escriben la palabra caoba, refiriéndose al árbol, 
Las Casas y Oviedo. 

Caona, Cauní. — El oro. 

Caonabo. — Significa lluvia de oro, según Scomburgk. 

Caonabo, Caonao, Caonaboa. — De esas maneras se escribe el 
nombre del célebre casique que para unos era lluvia de oro, para 
otros casa de oro en romance. Fué preso por Hojeda durante el 
segundo viaje de Colon á Haití, en donde halló que se habían su- 
blevados los indios por una parte y estaban inquietos por lo de 
más, destruido el establecimiento que antes había formado. Se- 
gún las crónicas, Caonabo resistía la dominación española abier- 
tamente y con astucias. Cuando llegó Colon aparentó sentimien- 
tos pacíficos y que salía á su encuentro voluntariamente. Ya 
preso, pensó noclie y dia en libertarse, según dice Pedro Mártir, 
Quiso hacer creer que no se debían atribuir á él los malos efectos 
de la ausencia del Almirante, sino á que los montes Sibaos de sus 
estados estaban llenos de enemigos de los españoles, infestados de 
los vecinos territorios, y que por allí debían construir algunos 
presidios ó fortificaciones. Mientras tanto tenía comunicaciones 
con su hermano pue lo sustituía y le habia dado orden de que ex- 
terminase á los invasores. Hojeda con tales noticias, y sabedor de 
sus celadas, reunió todo el golpe que pudo de los suyos y atacó á 
más de 500 indios que venían armados de flechas de perdenal "di 
pieltre acuttisime;" divididos en cuatro escuadones embistió el 
español con sus armas y caballos, con las ventajas de estar en una 
llanura: fueron derrotados los indios, que pidieron la paz y entre- 
garon al casique hermano de Caonabo, á quien habia sucedido 
como sustituto. 

Los cinco principales jefes de la Española pretendían echar 
de sus tierras á los recien venidos, y éstos contaban con la fideli- 
dad de Guac'anagarí, rey de Marien: Caonabo, como le llama 
Herrera, ó Caunaboa como escribe Pedro Mártir, era el más pode- 
roso rey de la Isla, que gobernaba en Maguana y tenia tres her- 
manos también potentes. Ya hemos dicho el resultado, pero pa- 
ra prender antes á Caonabo, medió la astucia. Los indios esti- 
maban como cosa del cielo los metales traídos de Europa y apre- 
ciaban más el latón que el oro. — El Almirante dispuso que se en- 
gañase el casique ofreciéndole un presente: le habia pedido una 



— 235 — 
campana, porque hablaba^ y la llamaba Turey } como á los demás 
metales. Encargóse de hacerlo Hojeda.— Los españoles á la pa- 
labra Turey agregaron de Vizcaya y asi decían Turey de Vizcaya 
a los grillos y le enviaron un par de ellos con dos esposas para li- 
gar las manos, lustrosísimas de puro pulidas. Los indios admi- 
rados del regalo, y extrañando la bajada que venia á caballo, 
avisaron al casique anunciando á los guaminiquiní como los lla- 
maban. Recibióles agasajólos el rey besándoles los ojos a los em- 
bajadores. Dispuso Hojeda, otros escriben Ojeda, que Caonabo 
se bañara en el rio Yoqui para presenciar la ceremonia que él le 
decía se verificaba en Españacon sus reyes: luego le puso los gri- 
llos y las esposas y lo hizo montar á caballo para pasearlo, separó- 
se cuanto pudo de los otros indios, rodeando al casique hombres 
á caballo, caballeros castellanos, y acelerando el paso lo llevó asi 
al Almirante, quien lo mandó poner en un barco para remitirlo á 
España con otros indios; pero todos murieron en una grau tor- 
menta que les sobrevino (1494). — Según otra relación que adopta 
la versión italiana del sumario de Pedro Mártir, los presos mu- 
rieron de melancolía en el tránsito. La primera versión está con- 
forme con Herrera, y Las Casas á quien explotó, y aun en la Des- 
truyeion de los Indios, Las Casas, dice que el casique Caonabo no 
se dignó en su resentimiento ni contestar al Almirante los salu- 
dos estando en la prisión; y sí á Hojeda, porque aquel le mandó á 
engañar sin peligros de su persona. 

Las montruas de Sibao y la vega de Maguana se tranquiliza- 
ron en donde reinaba el casique aprisionado, que algunos suponen 
de origen caribe, aunque no es dudoso que era extranjero. — En el 
artículo Haití, se habla do los otros reyes: fué la última D a Inés 
de Guayabacoa, que fué bautizada y gobernaba en Guayabacoa. 

(Jaonaba..-— Personaje déla leyenda del señor Cruz (La Guir- 
nalda, número 0, 1841) cuyo nombre aplicó á una hija de Hatuey. 

Caonao. — Pueblo indio á pocas millas de Camaguey. Habia 
otro cerca de Jagua: sus nombres figuran unidos á los de los con- 
quistadores. Al que llegó ISTarvaez, de ese nombre, con su gente 
después de presenciar una de las repugnantes escenas de la paci- 
licacion de Cubaj era uno de los más grandes: tres leguas antes 
del rio del mismo nombre, allí en el puerto en donde se halla un 
arroyo con piedras de amolar, afiaron sus espadas los soldados 
mientras preparaban el almuerzo: uno sacó la espada sin que se 
supiera el motivo y embistió á los indios que estaban en el batey 
sentados en cuclillas, contemplando y admirando los nuevos ob- 
jetos que veían,— Siguieron otros soldados el ejemplo, acaso cre- 
yendo trabada la lucha (pie nadie pretendió comenzar por parte 
de los indios, que eran sobre 2,000. El que señala esto en- 
cuentro dice que eran tantos, (pie so contaban hasta 500 indios 
en una sola casa del supracitado pueblo, Las Casas y otros de 
los compatriotas no pudieron impedir esta horrorosa matanza; 
pero aquel consiguió que sé fuesen presentando los indios, pues 
todos huyeron á los cayos del Jardín de la Reina. Los espa rióles 



— 23G — 
se- vieron en necesidad por algún tiempo de dedicar los indios ja- 
maiquinos que traían á sembrar yuca para alimentarse. Volvie- 
ron á los hogares todos los que quedaron con vida. 

Capúes. — Quebrada de rio en Puerto Eico (Veáse Jacana.) 

Capron. — Este era el nombre del lugar de la residencia de 
Mayobanéx, por cuyo motivo le llamaron los españoles el casi- 
que Cabrón. 

Car.— Alto, excelente. 

Caracol. — Puerto de llaiti, á quien llamaron Puerto Peal los 
descubridores y que equivocadamente sitúa en Cuba el Padre 
Puente en su Diario Histórico, á lo que hice referencia en El Co- 
librí de la Habana. 

Caracol. — Es nombre hoy aplicado á la concha de varios mo- 
luscos, á las formas enroscadas de varios objetos; pero en Haití 
significaba una enfermedad de los habitantes, semejante á la sar- 
na que les ponía ásperas y poco resbaladizas las manos. Para 
Eaninesque, comentando al Padre Eonian, es una tribu sujeta al 
servicio de los Tainos, pero el mismo Padre Eoman dice que es 
una enfermedad. En Costa Eica y la América Meridional, es una 
composición metálica de oro, más brillante que la tumbaga.— Pe- 
ro parece que la acepción do la palabra era significar lo áspero 
y duro, pues los hombres llamados caracoles, eran de manos áspe- 
ras y rudas, únicos que lograron atrapar los seres misteriosos de 
que se formaron las mujeres, merced al pájaro Inrirc, ó carpinte- 
ro. Los moluscos terrestres casi todos de figura de columnas sa- 
lomónicas irregulares, es la gráfica expresión plástica de esa as 
pereza. 

Caracoli— car acorte. — En esta forma carnearle, so encuentra 
usada como un dije que colgaban las mujeres indias de la nariz, 
en los pueblos que rodeaban la ciudad de Santa Ana: (Colecc. de 
Docamcntos inéditos pág, 390, t. 3.) esto me hace presumir que sea 
una corrupción de caracoli y que esa y otras palabras que usan 
los indios de la América Meridional vinieran á las Antülas de allí; 
— en el mismo tomo citado se leen tabaguc, chicha, yaguas, ají, 
barbacoa, bija y casique. — En las Antillas caracoli es la cosa y la 
material de qué se compone: una mezcla de oro, cobre y plata que 
se traía de Tierra Firme: eran joyas y dijes que nunca se empaña- 
ban y no se han podido imitar. Generalmente los colgaban de las 
orejas y de la nariz en láminas delgadas. 

Caracoli/. — Así llamaban una especie de media luna ó patena 
de plata que llevan los jefes indios. Stademan, Ñarrative etc., pa- 
gina 403. 

También lo usaban en Cuba. (Véase Guaijamaca.J 

Caraguao. — "Sitio de San José de la Mata." Santo Domingo. 

Carahate. — Esta palabra es el nombre de un pueblo de Cuba; 
(véase Cuba) pero como observa Gallatin, los nombres se convier- 
ten en verbos muy á menudo en las lenguas indias; escrita en la 
forma más aceptada hoy (véase AraguaJ Karahatc ó Karajate es 
un verbo entre los caribes de las islas menores, que significa en- 



— 237 — 
¡iciidno'. — En l;i traducción del Evangelio de San Mateo se lee mu- 
chas veces en la generación de Adam hasta Jesucristo. 

Estaba situado el pueblo en donde hoy Sagua la Grande; y 
la población, como en Venezuela, formada en el agua sobro hor- 
cones. Se nombra en la historia porque en dicho lugar fueron en- 
tregadas á los espanulesdos mujeres de su nación M ue salvaron 
con con un hombre, hacia mucho tiempo, de ser asesinados en el 
punto llamado la Matanza: — pidiólas por sus mensajeros Las (Ja- 
sas, y allí le llevaron en el acto al bohío ó barbacoa que ocupaban 
en la hospitalaria Carahate bien adentro del agua. Venían desnu- 
dos y como no pareciera al español, les recomendó Las Casas que 
á su vuelta lo recojeria recomendándolo, — A Carahate han con- 
vertido en Cara Harta menos feliz que Carajatas que prevaleció, 

Caraibes. — "Los Caraibes y los Arrouages (araguas) son las 
dos naciones principales, rivales de esta parte de la América Me- 
ridional" — dice Dan xión Lavayese (véase guajiros "Es preci- 
so, agrega, mirar á los arrouages, los guárannos y guajiros del 
Rio Hacha como descendientes de la nación caribe se aseme- 
ja á los cherokis y á los crik la raza caribe es idéntica á la de 

los indios deTlascala/ 1 

Respecto del origen de los caribes (véase Caribes) hay la mis- 
ma confusión que respecto do los demás indios: después que en 
América se han descubierts osamentas fósiles del hombre prehis- 
tórico y de grandes cuadrúpedos, hasta en Cuba, la vacilación 
científica es mayor: ¿fueron ó vinieron los hombres de América? 
En 1876 ha publicado eu Viena el señor Varnhagen un 'folleto en 
que se do una procedencia cumun á los egipcios y caribes ameri- 
canos: también Kennedy, como se ha visto antes (primera parte- 
de esta obra) los trae de África. El escritor más reciente hasta 
descubre las huellas de una antigua emigración en América, la 
de los Tupís. Ya en 1864 so ocupó Brasseur de Bourbourg en 
averiguar si habia fuentes misteriosas para América en los monu- 
mentos egipcios y de la historia primitiva del viejo mundo en los 
monumentos americanos. 

El nombre caraibe lo lleva en el Brasil el sacerdote; y el 
elegante historiador Moke, presenta esto hecho como prueba de 
que los caribes ocuparon el país, y que los ritos religiosos de esos 
sacerdotes conservan el culto olvidado luego por los caribes. 

Caraniatexio. — Casique de Haití. — (Véase Haití.) 

Carota ó Karata. — El maguey. 

Cares. — Pueblo que, según Éckestein, tuvo gran poder en 
Europa, Asia y África; y que según Brasseur do Bourbourg, lo 
tuvo igualmente en América de que proviene d nombre de Cari- 
be, Caracas, <(-, lo han llamado también Carlos. — 

Cari. — Significa, homlrrc. 

Cariacos. — Pueblo indio que, según Herrera, fué deelarado 
caribe. . 

Cariari. — Pueblo pacífico que entendía la lengua de los 0<f- 
ríacos: pacífico y taino es una misma cosa, 



— 23S — 

Carib.~A8Í se llama el ají para distinguirle del pimiento 
dulce. 

Caribana. — Nombre de Tierra Firme (Década II. 15. 2.) Tam- 
bién debe verse lo que se dice en la palabra Babegue. 

Caribata**- Provincia de Marien. 

Caribes, — Dice Ilumboldt que la primera vez que se usó esa 
palabra fué en una carta de Pedro Mártir de Anglería y se deriva 
de Calina y de Caripana por transformación de la l y p en r y b. 
Respecto do los instintos feroces y antropófagos que se les atribu- 
ye, es cosa discutible; pero desde lm*go muy exajsrada en los ca- 
ribes. Se comia carne humana en el Xuovo Mundo, como se co- 
mía antes en el antiguo, y se solía comer entre las tribus que no 
tenian la costumbre de comerse álos enemigos y sus mujeres cri- 
minales] por veneración á sus mayores tenian algunos la extra van- 
cia de comer un pedacito de su carne momificada y pulverizada r . 
lo que hacían también con las personas queridas que perdían. Pe- 
ro los escitas, mesagitas, hacían lo mismo que los habitantes de las 
Antillas menores. Ilumboldt dice: "El indio de Haití hub era 
creído faltar á la memoria de sus parientes, si no hubiera echado 
en sus bebidas una porcioncilla del cuerpo seco v reducido á pol- 
vo."— 

Los caribes del continente, dice Ilumboldt, de que proceden 
los de las islas, tienen horror de comerse á sus enemigos. Cree 
el mismo autor que sólo existia esa costumbre entre los de las is- 
las menores, que han hecho sinónimas las palabra earibej caníbal. 
Piensa, sin embargo, que hay exajeracion, nacida de errores de 
ios primeros viajeros: esa barbaridad fué epidémica en el siglo 
XIII en Egipto, en donde se extendió el gusto por la carne hu- 
mana, prefiniéndose la do los médicos. Ilumboldt copia lo que 
sobre esa mala manía escribió el contemporáneo Abd Allatid en 
su relación de Egipto. 

En guaraní la palabra caribe significa guerrero, y yo me figu- 
ro que en las Antillas significaba lo mismo, 'con referencia á in- 
dios extranjeros. 

Caribe.— Altura, según se vé en Laet. 

Carica. — Lengua, carica língua: es el nombre que dieron los 
antiguos á la lengua en los países para ellos bárbaros in univer- 
sum, dice Gesnero ( Mithrídatcs pág. 14.) citando el lib, 14 de Es- 
trabón y á Homero que dice llamó á los cares barbarófonos; no 
porque la lengua de Caria fuese brevísima, sino por otros motivos. 

Camos. — Indios que encontró Scheindel en su Viaje Curioso en 
la América. Los que llevaban ese nombre en Asia los describe 
Marenni (I popoli antichi é moderni, pág. 80) — "Estos pueblos se 
creían autoctones (lo mismo que los americanos, observo) habita- 
ban la extremidad del Asia menor cerca del mar y en las islas ve- 
cinas (como los caribes del continente é islas de América, agrego): 
á ellos se mezclaban algunas tribus de otros venidos de fuera. 
Eran subditos del imperio de Asiría en el siglo XII antes de Cris- 
to, Dieron hospedaje á una colonia de helenos dorios, por lo que 



— 239 — 

una parte de su territorio so llamó Dórida, y luego Pentápolis por 
las cinco ciudades que enumeraron; mientras otra colonia de ju- 
nios so establecía al Norte, Existieron como nación solamente 
hasta los 520 años a. de O. Entonces la gobernaban reyes: 
después estuvieron sujetos á loslidios, persas, maeedoniosy sirios 
y al fin en <>1 años a. de O. sometidos coa o aquellos á los 
romanos." 

Carnaboc. — En las adiciones al Diccionario deMoreri artículo 
Anacaona, se llama Carnaboc á Caonabo: me parece errata. 

Carracho. — Se llama en Puerto-Rico á lo que en Cuba cala- 
bazo: instrumento con que allá se acompaña el sanduro, que creo 
sea nuestro buscapié. El calabazo no es una maruga que acompa- 
ña los bailes del campo y que lia solido figurar en las ciudades, en 
las altas sociedades, en la danza criolla al lado de los timbales 
El calabazo se forma de una variedad enorme del güiro blanco, se 
le hacen surcos trasversales que se endurecen cuando seca y se 
produce el sonido por el roce de una tablilla, por lo que los gua- 
jiros decían que rascan el calabazo. — Carrasca se llama en Cauca 
y se supone africano. 

Carrrapa. — El palma cristi (Stedeman). 

Caruqueira, — Isla caribe de las Antillas que hoy se llama 
Guadalupe: figura con aquel nombre ó Carucueira en la historia 
de las invacíones de Borinqueño Pedro Mártir escribe Caraqueira. 

Casa Blanca.— >Así se llamó en Puerto-Rico la casa que fabri- 
co Ponce de León en 1525; y fué la primera de su especie, albergue 
por mucho tiempo de los- gobernadores: Casa Blanca llaman en la 
vecina república Anglo-amcricana á la habitación de sus presi- 
dentes en Washington. En las estadísticas de Puerto líico hasta 
nuestros dias se llamau bojíos las habitaciones pobremente edifica- 
das con materiales menos durables. [Véase loque trae en sus 
Memorias el señor Córdova.] 

Casa de Piedra.— El primero que hizo casado piedra al estilo 
de España en América, fué Francisco Garay, según dice Murillo. 

Casabe. — Lo mismo que cuac y maru en los dialectos es el pan 
de las Antillas y pan le llaman los europeos al describirlo: —y con 
el mismo nombre que hoy en Cuba, so conoce en varias partes de 
la América; allí donde aun conservan los naturales la lengua pri- 
mitiva. Aunque so ha dicho por algunos que se hacia antes de 
los ages y ñames y de la yuca, creo que esto consiste en la algaba 
ría de esos nombres que han formado los europeos al determinar 
los mismos objetos que analizaban: hoy sólo se hace de yuca agria 
o prieta, cuyo jugo es venenoso y casi es imposible que se saque 
la sustancia semi leñosa, que constituye al casabe de aquellas otras 
raices, ni exprimidas con algún encantado Sibuoan, — Érala yuca 
muy abundante en las Antillas, y por consiguiente en Cuba: como 
observa Herrera, una carga, que eran dos arrobas ó 50 libras, ser- 
via de sustento á un indio un mes. En los dias ue la conquista 
escaseó la yuca por consecuencia del abandono del campo hecho 
por les, indios: entonces se buscaron las raices análogas silvestres, 



— 240 — 
como se vé en los Documentos Inéditos publicados recientemente. 
— El Gudyaro ó guaiaros, fué uno, y para usarlo se dejaba antes 
podrir: "Había algunos cristianos que no teniendo ccúzáhí para 
dar á sus indios coxian otras raices que Uaman huaiaro, que son 
unas raices montesinas, las cuales rayadas para se hacer pan, que 
se pueda comer, es menester que primero se pudran y se hinche 
de gusanos y entonces se puede comer sin que mate, y deste pan, 
sin otro cosa alguna, mantenían los iudios para ahorrar costo que 
en el cazabí se podia hacer." (Colección de Documentos Inéditos, 
pág. 410. t. 7.) 

El Sr. Cerón ha determinado todos los productos de la yuca 
pero llevan nombres iudios: el casabe, cuaque, cipapa, cabía, vicú, 
cachui, paya y vua paya. (Industria Forestal agrícola art. yuca. 
Son voces indígenas de la America Meridional. 

Casabillo. — Diminutivo formado por los criollos para designar 
el lugar en que sale en el cuerpo humano una berruga ó cosa 
parecida redonda y blanca, por cuyos motivos le ha parecido bien 
comparado con el casabe. 

Casaisaco, — Parásito regularmente en las palmas: tiene hojas 
anchas y grandes con innervaciones moradas ó rojas. 

Casey. — Eio de Puerto Kico. 

Casibajagua, Caxibaxagua. — La cueva más profunda (la otra 
era Amayauna) en donde tenia encerrados Guagoniana á los hom- 
bres; en la otra estaban las mujeres y los niños. Ambas cuevas 
se hallan en la provincia de Caimana. — La cueva más grande es 
de donde salió el genero humano. 

Casiguaguas. — líio que ahora llaman los poetas Almendares 
y surtía de aguas á la Habana. 

Casic, Casique, Caxiun. — Señor, ó rey. 

Casimba. — El Sr, Pichardo cree esta palabra de origen Afri- 
cano: es una cabidad donde se conserva el agua. Me parece voz 
americana y existe en el Brasil entre las de la lengua general. 

Catauro, Cataure. — Bolsa ó cesto hecho de yagua que se lla- 
ma catauli en las islas menores en donde tienen otros nombres los 
objetos análogos, según la materia de que se forman. 

Catei, Catey. — La variedad más pequeña de los papagayos en 
las provincias de Cuba, menos en la Habana. — En Santo Domin- 
go es también nombre de una de las variedades de las palmas, 
¡según dice el Sr. Guridi. 

Catibía. — La sustancia que deja la yuca después de rayada 
y espriinida con la cuísa, y cuando ha perdido todo el jugo ó nai- 
boa. Con la catibía se hace un dulce en la Habana (mata ham- 
bre) pero no de la yuca agria, sino con la antigua boniata que 
no mata, como dijo Oviedo. Según el Sr. García es en Santo Do- 
mingo una raíz alimenticia. 

Cansí. — El bohio habitado por casiques según el Sr. Amador 
de los Bios; véase cancí. 

Cautío. — Los indios de Cuba hablaban de una tierra que lla- 
maron Cantío, que por las señas supusieron los españoles que era 



* _ 241 — 
Morida. tío fundaron en esto los quo han hablado luego de rela- 
ciones entre el contiuente y las islas. Lo único que hay de cierto 
ea que el reverendo Las Casas, dice que había tradición entre los 
naturales de que existía en Cantío una fuente que daba la juven- 
tud al que tomaba de sus aguas; que era un continente al Norte 
de las islas esa tierra cubierto de oro y por donde corría un rio que 
luego 1 amaron Jordán, con aquella maravillosa propiedad; pero 
según la leyenda, fueron allá, había algunos anos, varios cubanos 
que no volvieron, y esto confirmaba los hechos, pues iba bien cuan- 
do allá se quedaban. (Véase tantarán.) 

Cauta. — Tiene dos significaciones: ó es la sima ó lugar en que 
están en Santo Domingo las cuevas mitológicas de la creación del 
hombre, ó es la piedra que cubría la entrada. 

Cauto. — Rio el mayor de Cuba, jUe riega la jurisdicción de 
Bayamo. 

Cáncana. — Cedro; ¿cúrbana? 

(■aya, caí, cate, caicos. Árbol en Haití la última palabra; las 
otras son cayos de tierra, altura ó promontorio en ella. 

Cay aba. — Lengua de Haití, 

Gayaeoa. — Reina de Haiti, (Veáse Higueyj.—La.s Casas lla- 
ma Cayaeoa * una provincia de Haiti. Es pueblo en Pto. Rico y 
nombre de casique en Santo Domingo (Veáse Inés. ) 

Cayaf/ua yo.— Provincia india de Cuba. 

Cayajabos. —Nombre que aún se da en la parte oriental de 
Cuba á lo que en la occidental se llaman mates. Ed Guayana se 
conocen por cay aliar as á unos indios gente del bosque que han sido 
rechazados del territorio. fBews Hist. del Brasil pág. 235.) 

Cayarima. — Las nalgas, tratándose de seres humanos. 

Cayco. —(Veáse Batatas. ) Caico en centro América significa, 
alpargata ó sandalia: Mongomery, iv. Narrativo pág. 159. 

Cayguani. — Provincia que linda con Baoruco en Haiti. 

Cayman. — El cocodrilo de América. 

Cayo. -En lengua yucaya significaba isla: asi lo dice Las Ca- 
sas citado por Bello en el Repertor-o Americano pág. 199 tomó 3? 
'•Lucayos asi llaman las gentes de estas pequeñas islas, que quie- 
re decir casi moradores de myos; porque cayos en esta lengua son 
islas."— No obstante parece que el nombre de yucayos ó lúea y os 
proviene de la blancura que distingue á esas islas rodeadas de 
arena blanquecina: y yuca significa blanco cuando no se aplica á 
la raiz que tiene el nombre. 

Cayos, Joya, Kaya, Hay, Guaca,— Tierras. 

Cayuco. — Pequeño bajel de una pieza para cruzar los rios; la 
canoa era para pescar en las costas, la piragua para más lejanos 
viajes y la de guerra de mayores dimensiones, pues contenia has 
ta 50 hombres. 

Cayey.— Sierra en Puerto-Rico. 

Cazaví, CazabL— El casabe escrito en diferentes formas por 
los españoles. 



—.212 — * 

Cébano, scbano. — Río aurífero en Borinqucn, que explotaron 
los conquistadores. 

Ceboruco, Seboruco.— "Así se dicen, escribía Díaz del Castillo* 
(Conqnista de Nueva España, cap. VI) unas piedras con unas pun. 
tas que salen de ellas que pasan las plantas de los pies." — Tam- 
bién se lia llamado 8 ¡harneo. 

Ceiba Seiba. — Con c escribió el Padre Acosta la palabra sei- 
ba, lo copió de el la Academia; pero en los antiguos documentos 
de Cuba se leia con s hasta en la inscripción puesCa en la lápida 
para perpetuar la memoria de la primera misa en la Habana: ár- 
bol seiba frondosa. Yalmont de Bomareen su Diccionario cree que 
es voz indígena del Senegal, conocida antes de descubrirse Cuba: 
y efectivamente escrita con c no es la seiba americana Con s se 
escribe en otros puntos de América. (Véase Canoa.) El Sr. Noda 
en los Anales de la Real Junta de Fomento y Memorias de la Socie- 
dad- Económica de la Habana, art. Marien, sostiene que debe escri- 
birse con *, y con c significa cosa distinta. 

Cemi, Semi, CJiemin, Zemi. — De torios estos modos se encuen- 
tra escrita la palabra que se aplicaba á los ídolos de los indios: 
unos los llamaron dioses, otros genios*, otros ángeles en su concep- 
to castellano;. pero eran en realidad simulacros de la religión no 
definida, pero que parece que tenia idea de un Dios superior y 
que todos los demás eran auxiliares de sü providencia. La pro- 
nunciación de las letras z y e en las combinaciones za, ce, ci, zo, zu 
es de origen español á estas palabras: las escriben los misioneros 
modernos de las tribus de la Guayana con s, como senil, siba, etc. 
(Brett The Indian Tribus.) Chalevoix escribía Seibo aunque la lla- 
maba lugar español. — Esos semis, dioses ó seres subalternos que 
habitaban en la tierra, tenían sus devotos especiales; como ellos 
sus protegidos, á quienes hablaban los sacerdotes que hacían creer 
al pueblo que eran esos seres sobrenaturales los que les dirigían 
la palabra. Los tenían los particulares como los antiguos penates; 
y los casiques perpetuaban el culto de sus semis favoritos con 
gran veneración: eran amuletos religiosos, objetos adorables. Las 
sibas ó piedras; los troncos de arbole* de ciertas formas; el algo- 
don en muñecos caprichosos con huellas de todas clases 
de seres. Las.piedras de los casiques se suponían sacadas del 
mar; eran el recurso de las grandes necesidades: tres eran las pie- 
dras veneradas de los casiques, (Véase Turey). En Haití, en Bo- 
rinqucn y en Cuba se han encontrado objetos de alfarería ó barro 
que se suponían ídolos, como lo he indicado al hablar de los res- 
tos materiales que han dejado los tainos. En la costa Norte de Sa- 
maná se han hallado algunos de pedernal; en la jurisdicción de 
San Francisco de Macoris se encontró uuo parecido al que regaló 
el Sr. Eodriguez Ferré** á la Universidad de la Habana, ya des- 
cripto. En las cuevas de Puerto Kico hay gran número de dibujos 
y restos de que me ha hablado el Sr. Stanislas (D. Andrés) mi 
amigo y colaborador en el periodismo cubano. ¿Con qué instru-' 
ineptos se hacían esos objetos de pedernal ó sílice? Acaso eran 



— 243 — 
traídos del continente; acaso eran obras de poblaciones extingui- 
das. — No todos dan el carácter de seres subalternos á los scmisj el 
Sr. Amador de los Rios, sin decir el fundamento, cree que cemi es 
el ser supremo en Cuba y Haití; pero no es exacto: eran seres co- 
mo en otras islas, si hemos do creer á Colon y al venerable Las 
Casas. Se suponían de uno ú otro sexo y ¿i veces se rej>resentaban 
solo en forma femenina. 

Ccp ipi. —Arroyo en que estuvo, según Las Casas, uno de los 
tres mejores ingenios do Santo Domingo. 

Cliacucy.—liio continente de Carmí, Santo Domingo. 
Chamarreta. — El Padre Julián dice que los indios guajiros en 
la provincia de Santa Marta, visten una media camisa que lla- 
man chamarreta: (Perla de América, pág. 190.) 

Chaguala. — Los poetas cubanos han vestido á Cuba con cha- 
gualas de oro: el Padre Simón dice que es adorno que se ponia en 
el cuello y se usaba en el vecino continente. 

Chalí, — Alegría, delicia, bienestar. — Jardín en Eyerí. 
Chapetón. — Significa hombre de lejanas tierras y es palabra 
haitiana sengun el Padre Mier (Historia déla Revolución de Méxi- 
co, pág.. 539, tomo 2?) De ahí trae origen el llamarse chaquetones 
en la América meridional á los españoles; UÍloa habla de la cha- 
petonada, enfermedad que daba á los recién llegados, que' me pa- 
rece que es la fiebre amarilla, que aun no se conocía en la Isla de 
Cuba y llevaba ese otro nombre en el continente meridional. 

Chapapote. — Betún mineral con que adobaron ó calafatearon 
los españoles los buques en el Puerto de Carenas, hoy Habana. 

Chaqué- Chaquc. — Es una frase que significa: Toma y daca 
(Las Casas.) 

ChcmL — Pronunciase Qucmí (Véase Agutí.) 
Chcmí. — En lugar de Cemi debe pronunciarse al estilo moder- 
no como si un italiano leyese la palabra cemi: de otro modo no se 
distinguiría de la anterior, que es cuadrúpedo. 
Chi. — Vivo, activo. 
Ghia.~( Véase Yubccayguaya.) 

Chiapa. — "Famil a etnográfica, dice Marínese. (Véase Garios 
de la variedad americana, raza amarilla ó mongólica ú oriental 
del antiguo mundo. Comprende pueblos que pertenecen al Me- 
diodía de Columbia en la América Septentrional y á la América 
Meridional, esparcidos en México, Guatemala, Antillas, Venezue- 
la, Nueva Granada y Guyana, así como los Tzendales, los Mos- 
quitos, los Cachiquiees, los Caroilcs, Tamanacos, etc." El autor 
no presenta los fundamentos de su creencia, ni aun dice por que 
llama cha/pienses é> chiapeños á tantos y tan diversos pueblos en 
que comprende á los antillanos. 

Chica. — Danza indígena, Haití, (García.) 
Chicha. — Nombre de la bebida hecha con maíz fermentado 
en Santo Domingo |Perez|; lo mismo so llama en Cuba y en la 
América Meridional, como en la nación saliba del continente. El 



— 244 — 
Sr. Amador de los llios confunde la chicha con la Sambumbia , los 
indios no tenían azúcar. 

Gímala. — Parece que ese nombre se daba á los árboles en ge- 
neral. 

Chinchorro.— So llamaba así en Cuba una red hecha para pes- 
car: en el Orinoco es la hamaca grosera para gente pobre: se lla- 
ma hamaca la más fina. Según Gumilla, usa es os nombres la na 
cion Saliba. 

Chipiona.— Población cercana á Yaguaramas. 

Chivl, Chili, Ibar. — Pueblo, hombres. 

Chojoba, Cojoba. —Tabaco escrito con ch, pero que se pronun- 
ciaba como ít. 

Chucha. — No sé que sea nombre antillano, aunque se use en 
Cuba como expresión familiar que se aplica á las que se llaman 
María de Jesús; en Panamá se dice así á las almejas; con termi- 
nación masculina es látigo; y por corrupción de una palabra in- 
glesa son los desviadores de los caminos de hierro. 

Ghuc, *liue — Cojer, tomar, tener. 

Chu, Chuq. — Nombre que dieron los indios á los cascabeles, 
acaso por onomatopeya. 

Ghuran. — Mujer en Eyeri. 

Giba, Siba. — Piedra. 

Cibas, Sibas.— Cuentas. 

Gibaios, Sibaios. — Tubérculos alimenticios en forma de nue- 
ces. | Véase Ajes] 

Giban, — Provincia en Cuba que soñó Colon, donde los hom- 
bres tenían rabo. 

Gibao, Sibao. Provincia y puerto: en aquella abundaba el 
oro, y por ser montañosa y pedregosa se llamó Sibao. Creyó Co- 
lon que era Cipanga y el Padre Charlevoix p ne la palabra Ci- 
panga, siguiendo á Pedro Mártir, como nombre indígena en la 
parte de Haití. Sibao era también un Rio que corría por arenas 
auríferas. Observó Descourtilts que si se descompone el no bre 
[t. 2. pág. 420 1 de etimología céltica se encontraría Ki-bc-aour, 
que significa las montañas de oro; pero no es celta el origen ni le 
veo mucha precisión eufónica. 

Cibaguara. Lugar, sitio, en la isla de Santo Domingo. 

Cibano. — Es lo mismo que S>bao, provincia montañosa desde 
cuyas alturas descienden rios con arenas de oro como el Yuna, 
At ¡bonico , Tachen y Naiba . . . 

C>bayo.— Lo mismo que. Sibaio, tubérculo ó raiz que, con las 
llamadas Caboyes, güáyero y ot os, sir ieron de alimento á los in- 
dios primitivos. [Véase Haití]. 

Cihrí, Sibrí. -Rio de Haití «pie cita Las Casas como á Bumi- 
cún y oatrimecum. 

i bonetes, Siboneyes, Zibunelles.-- Esta palabra escrita de 
esos diferentes modos eutre los que debe, prevalecer la escrita 
con s y con ?/, se ha aplicado á los indios de Cuba. La ha con- 
servado el venerable Las Casas y la han repetido los demás. Eran 



— 215-*- 
U>8 cubanos de muy buenas formas, según lo dicen todos los cro- 
nistas y se consigna en la primera parte do esta obra al hablar 
de los caracteres físicos de los indios. En Cuba como en Haití 
llevaban los hombres el cabello cortado y echado hacia atrás de 
las orejas y pocos lo usaban largo y en trenzas, Así como Ana- 
caona se pintaba flores rojas y azules en el cuerpo para hermo- 
searse más á los ojos de sus contemporáneos; se cubrían el cuerpo 
los guerreros, y para aparecer feroces en la guerra con el rojo co- 
lor de la bija y el negro de l&jagua, que aún hoy se puede usar 
como tinta. Las habitaciones eran como en Haití bohíos, cane- 
barbacoas y de estas habia poblaciones enteras en el agua 
en Ságua. [Véase Qarahate]. 

Los siboneyes no mataban á los prisioneros, ni eran antropó- 
fagos: no tenían más armas que flechas, macanas y lanzas de 
madera dura, y sin más adiciones muchas veces, pues las puntas 
eran por lo regular de la misma madera sin metal, ni pedernal. 
Los de otra forma se limitaban á tener un hu so de pescado. Los 
Jefes llevaban de dia sus adornos característicos de plumas; de 
noche como señal de dirección un cocuyo ó un collar de ello-. Sus 
costumbres y creencias eran sencillas y puras: en cuanto á religión 
tenían ideas de un ser supremo, de la inmortalidad del alma, co- 
mo es de suponerse no bien definidas. Hay quien diga que ado- 
raban til Sol. Los sacerdotes eran médicos simultáneamente y se 
llamaban achiques. En sus formas sociales ó políticas me pare- 
cen exajerados, y lo digo en otra parte; las noticias que nos tras- 
miten los que creen que se daban tratamientos de Majestad, Se- 
ñoría y otros que apenas comenzaban á introducirse en aque- 
lla éj oca, alterándose costumbres menos Orientales en Euro- 
pa. El deseo de buscar semejanzas entre la Europa y las 
indias no puede llevarse hasta ponerse en contradicción con otras 
instituciones más prácticas y populares. El cronista que consi- 
deró á los reyes de las Antillas como ai de las abejas, y habló de 
los consejos de los ancianos á la sombra de los árboles y del ca- 
rácter comunista de esa sociedad pacífica y sin orgullo, ha dado 
las pruebas contra esas pretensiones aristocráticas. 

Bñ los artículos Arcitos, Batey, Batos y otros se ha dicho lo 
concerniente á las costumbres sociales y hasta religiosas comunes 
á las grandes Antillas y las Lucayas. Su agricultura se limitaba 
al cultivo del maiz y raices de que hacían casabe ó comían en 
otras fo mas. Sus labranzas se llamaban conucos. Cuidaban de 
las frutas y en especial de las ananás ó pinas. La pesca les pro- 
porcionaba gran parte de sus alimentos; y tenían grandes cerca- 
dos de rejas que daban paso al agua en las costas para la cria de 
tortugas, lisas, cangiejos y otros animales marítimos. Eran, por 
lo tanto, picicultores. '[Véase G Herrera en el viaje que narra de 
Ocampo.] El maiz se hacía producir en rozas del campo cuyos 
despojos ó brusca quedarla en la tierra ó se quem baj en seguida 
con una coa se habrían agujeros en que echaban los granos. Las 
siembras de raíces se hacían en montones, como hoy los ñames, 



— -24G — 
pero más grandes; por.montones se designaba la extencion de las 
labranzas en los primeros siglos de la dominación de los españo- 
les, así como se introdujo en los cabildos el arelde para la medida 
del ? eso. 

Las manufacturas eran i^ocas: tejidos de algodón para la na 
goas, redes para hamacas de algodón y chinchorros de heniquen; 
coyas ó cabuyas »e majagua, guarna y corojo; jabas, sibucanes, 
jabucos, canastos de bejuco, palma yarey; cosas de alfarería ca- 
zuelas, jarros, canaris y talismanes ó semis. En las cartas del 
gobernador de Cuba, Velazquez, publicadas por D. Eamon de la 
Sagra se consignan los nombres de muchas provincias ó casicaz- 
gos de los Siboneyes. D. José M a de la Torre ha hecho el primer 
trabajo sobre esos nombres y aun trazado, aunque arbitrariamen- 
te los limites de esos territorios, fundándose en los únicos datos 
posibles á las conjeturas: según él, tenía Cuba antigua más del 
triple de las provincias determinadas antes de que él escribiera: 
dijo que hasta entonces eran nueve y él enumera 30. (Yéase lo que 
sobre el mismo asunto dice Poey en el artículo Cuba de esta obra). 

No es opinión sin tropiezos que se llamaran siboneyes los cu- 
banos; consta de documentos auténticos contemporáne s que se 
daba ese nombre convertida la s en ,~, la o en «, Zibuneyes y aún 
Zibunelles á una tribu semejante á las que poblaban los Jardines 
y servían de criados álos demás: (Veáse Guanacahateycs.J 

Cibucán, Cibucán, Sibucan. — Talego hecho de modo que con 
él se expremia la yuca rayada para hacer el casabe. 

Cibuqueira.— Ulü habitada por los caribes, que envenenaban 
las fichas como los del continente; con el curare: también eran 
caribes los habitantes de las otras islas menores y aún se les su- 
ponía cu parte de Borinque ., Tuna, Guarina y que lo eran los ci- 
gayos de Jlaiti. Caonabo e marido de li bella Anacaona, se su- 
ponía caribe.N (Véase Caonabo J. Sibuqueira se escribía Gibucuei- 
ra por algunos. 

Ciénaga, Ciénega, Ciénaga. — -Se conserva la palabra en el mis- 
mo sentido que la usaron los indios: en la Perla de América escri- 
be el Padre Julián con s, la palabra ipág. 240.) 

Qiffua. — Molusco queda, según Poey, nombre á una enferme- 
dad. 

Ciguai. — Provincia de Aragua, Haití. 

Ciguatera. — Enfermedad en los peces y algunos crustáceos, 
como el borinqueño de Puerto-Kico. 

Ciguayo. — Asi llamaban á un casi^ue haitiano que se rebeló 
contra los españoles animado por el ejemplo de Enriquillo. Aun- 
que andaba en cueros, dice el Padre Las Casas, • como los demás 
indios se armó con una lanza española y cree que con una espada: 
peleó valerosamente con obra de 10 ó 12 indios contra los españo- 
les, y murió á sus manos. Entonces otro indio, el terrible Tama- 
yo, continuó peleando lo mismo, pero en su impotencia, tuvo 
el propio fin. 

Cimarrón, Shnarron,— Término haitiano según el Padre Mier. 



— 247 — 
(Historia de la Revolución Mexicana t. 1. pág. ir» i.) Los indios de las 
Antillas menores llamaban marrón como un equivalente á salvaje 
pero solo lo aplicaban álos anímalos y frutas silvestres (lioclie- 
t'orl, palabra Sauvagé). Significa según Edwatlrs (App. .'i. Ilist, 
qf \Y. Iridies,) para los hispano americanos, y cita á Long, ¡www- 
ííor de cerdos. Marrano dice, es en español el ¡echón; y en la 
Ene clopedia art. Marón se lee: "Se llamsn marrons en las islas 
francesas los negros fugitivos. Viene de la palabra simarron que 
es un mono. Creyeron los españoles no honrar con otro nombre 
los desgraciados esclavos fugitivos que llamarles monos, porque 
hnian al bosq e como esos animales de donde saliau para bnscar 
las frutas de ios lugares cercanos.' 7 L i primer* vez que he visto 
la palabra simarron fué aplicada á los indios en las relaci ;nes de 
Velazquez y sus contemporáneos: nació en las Antillas y dobia 
ser indígena no siendo castellana. En el Diccionario de la lengua 
española, por una sociedad de literatos se lee que es una palabra 
<iue se usa en America; el excelente Diccionario portugués-francés 
de laRouquette entre los aumentados ¿i otros vocabularios,, se en- 
cuentra Cimarrao y se advierte que se usa en América para deter- 
minar como calificativo á los hombres y animales que viven en los 
bosques: como casi todas las palabras aceptadas por los europeos, 
en 1 1 época, tiene que ser antillana. 

Los franceses é ingleses usan de la palabra marrón como cor- 
rupción de cimarrón también en sus colonias' americanas No 
obstante, Michel en sus curiosas publicaciones {Hist. dos Races 
Maudites pág. 9G t, 2) dice hablando de los Marrones de V Auverg- 

ne n podemos agregar que el nombre de marrón, que se aplica 

a los negros huidos, ó á los que ejercen, industrias ilícitas, no tie- 
ne otro origen que el nombre de los desgraciados marrones que 
vivían en los lugares escarpados y se rodeaban del misterio para 
entregarse alas prácticas judaicas mucho más que cristianas." 
Sin embargo, el erudito historiador duda de que hubiera esos ma- 
rrones como los describen Francisco Dralet y Laubouraliniese, es- 
critores de nuestros <Ii«s, que son los únicos que aseguran el hecho 
La palabra marrano y marrana castellanas, llevadas á Francia, 
se aplicaban á, los recien convertid s, en especial á los persegui- 
dos judíos t »n hediondos como despreciables para los europeos en 
la edad media. La legislación española coloca entre las injurias 
graves esa palabra dirijida á un cristiano. Duchan ge no cree que 
Marrón se derive de marrano. (Marani et Marranos Qlom/rium 
Mediae et Infimae Latínitatis t. VII.) Sostiene que los marrones, 
(marrones 6 marranea) eran ciertos habitantes de los Alpes de Ma- 
rronea Aguilonari provincia nomeu trawise oúginem, Marrón en 
el sentido de huido es indudablemente derivado de simarron y 
tiene tanta relación con marrano como con castaña que llaman 
marrón los franceses. Los filibusteros tomaron la palabra marrón 
en el sentido de huido cuando la conocieron en las Islas; pero ellos 
creian que era palabra, española que (pieria decir bestia silvestre 
o salvaje (Oexmolin llist. des aceni ' Jilibiistier pág. llí> t. I.) El 



— 248 — 
Ldo. Bartolomé Ortiz al dar cuenta de una sublevación en 30 de 
Marzo de 1539, decía al Consejo de Indias, de naturales de Cuba, 
"y pintándose caras y cuerpos se disimularon cimarrones. Eran 
21 y ya se han ajusticiciado 13. Asi se seguirá." La ciudad de 
Santiago en 22 de Abril de 1540 al emperador decia: ' -convendrá 
que V. M. en cada ano eche de sisa 300 pesos para acabar con los 
cimarrones» De lo contrario podrían ayuntarse los indios man- 
sos con los cimarrones y con ellos algnnos negros de mala inten- 
ción como han ayuntado seis ó siete negros que están presos por 
ello." (Anales y Memorias, Habana, secc. írist. publicada por el 
Sr. Pezuela.) 

La traducción castellana de las Cartas de las Misiones pág. 
130 tomo 12 (Madrid) dice: "El término Marrón, cuya etimología 
no está bien conocida en la misma isla (de Haití) viene de la pa- 
labra española simarron, que quiere decir mono, se sabe que se 
retiran estos animales á los bosques, no salen de ellos sino para 
echarse furtivamente sobre los frutos que se hallan en la Vecin 
dad de sus madrigueras, y en ellas hacen grande estrago; dieron 
los primeros españoles, que vinieron á las Islas este nombre á los 
esclavos fugitivos, y con el tiempo pasó á las colonias francesas. 

Gimú, Zimú. — Esta palabra se escribió así y aun con c, y sig 
nifica cabeza, frente, pico. 

Cinato, Zinato. — Como la anterior, también solía escribirse 
con c, significa ira, furia, molestia grave. 

(Jipanga ó Gibaría, -Eeg on de oro. Algunos escritores como 
Charlevoix y aún nuestro Poey, han aceptado el nombre de Ci- 
panga como el dado por los naturales á Haití en su región monta- 
ñosa, Pedro Mártir dice que efectivamente: "Quisqueya y Haití 
fueron sus antiguos nombres. Gipanga también: por la región mon- 
tañosa y aurífera los más dan á toda la isla ese nombre: como 
nuestros poetas llaman Lacio á toda Italia, tomando la parte por 
el todo." Pero yo creo que Pedro Mártir reprodujo el rumor de la 
época: Creyó Colon que Santo Domingo eraCipango, isla descri- 
ta x>or Marco Polo, rica de oro y sin otro fundamento, no *olo le 
dio el nombre, sino supuso que todos se lo daban. La suposición se 
amplía llamando otpangi á los habitantes de Matinino. Son los 
sueños del genio perpetuados por sus admiradore : es uno de los 
sueños de Colon mal explicados en sus descubrimientos que ha 
csnservado Pedro Mártir; el cura Bernaldez, otros como los de 
Ofir y Ornofay. El mismo Charlevoix, que no contradice el aser- 
to, agrega que debia advertir: "Que ha encontrado á Pedro Már- 
tir poco exacto, siendo su historia cartas que escribía sóbrelos 
primeros rumores que corrían en la corte donde estaba." 

Co.— Suelo fértil, cosa comestible, fruto. Como la duplicación 
es un aumentativo, coco será fruto alto, grande ó elevado. Significa 
agua en araucano. 

Coa. — Fuente: instrumento consistente en un palo endurecido 
por la punta por medio del fuego: era peculiar á los agricultores, 
para suplir el arado. En significación de fuente es sinómima de 



— 210 — 
maca v mía». Como terminación es muy usual en las islas y el con- 
tinente meridional: significa en vascuence de: así Cuinanacoa se- 
na de dimana: | Véase la nota a la pág. 32, lib. II. cap. VI de los 
Viages Intertropicales de Ilumboldt.J Esta terminación tan común 
en la lengua siboney es también vizcaína para Mr. Dauxion La- 
vaysse, y en sus Viages refiere que fueron los vizcaínos los que á 
Cnmaná agregaron la final coa que significa pertenencia de algu- 
na cosa. En los escritos déla época so señalan entre los instru- 
mentos de (pie usaban los indios en sus rudas tareas y que debían 
prohibirse á la coa y al hacha de piedra: "que ni en minas ni en ha- 
cienda, ni en ninguna cosa trabajen los indios con coas de palo, 
que son unos palos do puntas agudas que ellos usaban para ca- 
var con que ahora les hacen los españoles trabajar, y otras 

hachas de piedra porque puesto que ellos los usaban era por 

no alcanzar otras herramientas lo que ahora hacen en una se- 
mana hacían ellos en dos y tres meses porque se quebrantan 

los cuerpos y se muelen los hígados." (Documentos inéditos, pág. 
58, t. 7.J 

Goagualcjc — "Planta silvestre,"-- -Haití. (García, ; 

Cotfi.— Joya, gala. 

Coaiba. —Celeste? 

Goamo.— Tilla de Puerto Rico, costa Sur, tres leguas del mar, 
y también un rio. 

Goamú. Isla en que dice Colon habia mucho oro, allí llamado 
Tuob; como en la isla Matinino, que sólo habitaban mujeres: en 
Santo Domingo era Gaona, y en San Salvador nozay. 

Goatrimcciím. — (Véase < tbú.) 

Goatrischie. — El semi, compañero de Quabanex y (¡uataba. 
(Véase (Juabanex.) 

Goatris, Yara, Yario. — Agujero, hueco. 

Goay, Goaybay. — Lugar en dónele se reunían los muertos en la, 
isla de Haití, en Sor aya. Allí comían un fruto que les estaba 
consagrado. Según la descripción de él por Herrera era el ma- 
mey de Santo Domingo: Pedro Mártir dice que la Guanaba "coto- 
ne símiles' 7 y á este siguen otros. Ouabaza la llama el Padre Ro- 
mán Pane. Los muertos podían tomar las formas humanas con 
todos los miembros menos el ombligo, do modo, que cuando se 
metía en la hamaca de un indio, bastaba buscar el lugar donde 
solía tener el ombligo, y si no lo tenía, era un aparecido: esto 
evitaba el chasco que era consiguiente al que sin advertirlo creía 
tener en brazos una hermosa mujer, y se le desaparecía cuando 
menos se esperaba, 

Codftaco. — Lugar correspondiente al easique Agüeibaná, lia 
mado el easique mayor, en la costa Sur de Uorinquen, en donde 
fué derrotado por Ponce: toma el nombre de un rio que lo cruza. 
Fué la primera acción después de la rebelión do los indios. 

Cobre. — Dice Gil González, citado por Murillo, que todo el 
cobro empleado en piezas de artillería en la Habana y en las in- 
dias, fuera del llevado a España, se sacó de las minas de Cuba. 



— 250 — 

Coba.— Gruta: ¿no será corrupción de cueva? Por cueva se 
pone baba, vara, giaya, beina y podrán significar lo que antes, ca- 
verna, furnia, gruta con la misma razón que cuera. 

Cobo. — Caracol de mar. 

Cobiií. — Rio de Puerto Rico que riega la jurisdicción de Xa- 
guabo. 

Corao. — Barrio del pueblo ó partido de Quebradiila en Puer- 
to Rico. 

Cochio.— Vestido del hombre. 

Cocos, Coquillas. — Los frutos de las palmas en las Antillas: la 
primera palabra se aplica en Cuba á los escoteros ó sus frutos; la 
segunda se usa en Puerto Rico. 

Cocuyo. - Insecto luminoso, en otras partes conocido por los 
nombres de cuinix, siebas, cucuyos y locuyos. 

Cohiba, Cojiba, Cojoba, Cojioba, Cohob.— Tabaco, según los 
cronistas de Indias: esta era la planta; y el tabaco no solo el ins- 
trumento con que se hacían las ahumadas sino las hojas torcidas 
que hoy llevan ese nombre en Cuba y el de cigarros en otras par- 
tes. Era planta muy apreciada en sus prácticas religiosas y en la 
medicina, así como para los placeres. Convertido en polvo figura 
en un suceso de su mitología. (Véase la relación del Pa iré Pane, 
sección I a de este libro, 2 a parte.) En sus ritos sagrados era el in- 
cienso que quemaban á los seniis; sus casiques y sacerdotes se 
embriagaban con sus ahumadas y hasta el jugo de la planta: el 
médico la empleaba en sus sortilegios y purificaciones Era el más 
usado de sus purgantes. El nombre tabaco que hoy aplican los eu- 
ropeos á la planta, lo usaron los indios para llamar como he indi 
cado el miemo objeto que estos llaman cigarro, si bien en Cuba 
siguen llamándose como lo dijeron los indios. La primera vez que 
habló Colon de esta yerba, no dice más, si no que eran hojas secas 
odoríferas que llevaba un indio en una piragua [15 de Octubre de 
1402] en Exuma, una de las Bahamas; creyó que debían tener 
mucho valor, pues se las presentaban como regalo en Guanana- 
ní. La explicación de los tizones que llevaban encendidos los in- 
dios de Boechio (Haití) hecha por el obispo Las Casas, demuestra 
que los tales tizones eran tabacos al uso perpetuado hasta ahora, 
es decir, envolviendo una hoja (capa) sobre un manojo comprimi- 
do [la tripa] como se ve en la frase del obispo: á modo de mosquete 
de papel hecho por los muchachos en las pascuas. Es exactamen- 
te el tabaco torcido generalizado y con un valor que no pudo sos- 
pechar Colon habia de ser mucho mayor que el que le atribuía n 
los indios. Aprovecharon esc feo vicio los europeos y el mismo es- 
critor dice: "Españoles conocí yo en esta Isla Española que los 
acostumbraron á tomar, que siendo reprendidos por ello diciéndo- 
les que aquello era vicio, respondían que no era de su mano de- 
jarlos de tomar." Y es lo más singular que los indios usaban el 
tabaco también como nosotros en polvo: en tabacos torcidos, en 
pipas y además de mascarlo, en los tubos que describe, Oviedo de 
íorma especial. De lo primero es testimonio el que exparcian en 



— 251 — 
sos adoratorios: en estos tenían una mesa ó cosa parecida, redon- 
da en que ponían mucho potro do tabaco y con él cubrían á su Be- 
mi la cabeza en los actos de adoración, y no escaseaban el que 
sorbían por la nariz hasta embriagarse: así lo cuenta Colon en su 
Diario; lo repite Herrera en su Descripción de las Indias Occiden- 
tales, París 1660, refiriéndose al año 1496. Es para mí indudable 
que lo fumaban torcido como abora, y no solamente por medio del 
tubo ú horquilla citada que era su pipa. En pipas lo fumaban 
y basta se ba reproducido la horquilla que dio ¿i luz Oviedo, y 
acabo de citar á que se daba el nombre de tabaco: y hay quien ha 
repetido, que no á la hoja, sino al instrumento dieron el nombre 
actual. Cuando López de Gomara dice que los sacerdotes comían 
tabaco para prepararse, acaso no hacían más que masticarlo: otra 
cosa es cuando hacían una preparación sus médicos para purgar- 
se ellos y sus enfermos. El tabaco se ha encontrado con diferen- 
tes nombres en toda la América; dado el hombre ¿i usarlo de la 
misma manera; empleado como entretenimiento de placer; y como 
una yerba grata á los dioses que entraban en los elementos de sus 
ritos. Luciano Bosni ha escrito una serie de artículos sobre el ta- 
baco y sus accesorios. (Bevue American t. II n. 6 y siguientes) en- 
tre los indígenas de América en donde los curiosos podían hallar 
lo que no atañe á los antillanos. 

Coi ó Cuí. — Es un bastidor de madera cuadrilongo ó cuadra- 
do, con una red ó lienzo y se cuelga de los techos en las casas 
exentas en Cuba especialmente en haciendas de crianza. Seda 
ese nombre á las camas de niños hechas de esa forma en las ca- 
sas de campo. 

Coiba.— Otro nombre del tabaco. En tanto Doringo, cuando 
es en rama, 

Cole-sibí. — Piedras ensartadas que usaban los indios como 
brazaletes de cuentas. 

Ciguatera.— 8q atribuye desde 1582 (La América níím. 1, año 
IX) á que come el pez el fruto del manzanillo, y el pescado ci- 
guato que no mata ai que lo come, le hace perder el pelo:— -"y si 
no mueren peíanse." 

Colon.—- Cristóbal nacido en Genova de la familia de Colom 
bo, cuyo apellido alteró él mismo: no debe figurar en este libro si- 
no como el descubridor de las Antillas Mayores en 1492, pues que 
de ellas se trata. 

Desde que quiso hacer del ilustre marino un Santo el abate 
lioselly de Lorgues, los que son poco amigos de celestes leyen- 
das, se han empeñado en buscar defectos al hombre, que ha sido 
antes elogiado con entusiasmo. Hay una escuela crítica america- 
na que sigue de lejos las alemanas en la reconstrucción de la his- 
toria, Wilson y A. Goodrich la representan achicando y disminu- 
yendo lo que creen misticismo y exageraciones. Goodrich ha escrito 
una Vida de (Jolón que es una acusación apasionada, en la que 
consigue demostrar que el libro del abate francés prueba, que en 
moral como en física el ángulo de reflexión, es igual al «le iu 



cidencia. De Colon quedan las ruinas de su casa en Santo Domin- 
go (1) y se disputan las cenizas la Habana y Santo Domingo. 
Hasta en la Sociedad de Americanistas se han lanzado alusiones 
contra la lealtad de carácter del Gcnovés. 

Colon Diego. — Indio yucayo de Guanahaní fué á España 
con Colon, y habiendo aprendido el castellano, le sirvió de lengua 
(intérprete en Cuba:) por lo que aparece do sus relaciones el yuca- 
yo habló d los cubanos en su misma lengua que era una para ellos y 
el intérprete, pero se encontró con gentes con quienes tuvo que 
hablar por señas, y esto le sucedió por la costa del. Sur. conforme 
se alejaba de Trinidad á Sagua en que el dialecto se separaba de 
la lengua común y era apenas comprendido de Diego. Hay que 
desconfiar dé todo lo que creyó el Almirante y nos relata sobre 
esas partes, más iluso que en otras con sus sueños reflejando á 
Marco Polo. 

Cojui. - Cuadrúpedo indígena. (García.) 

Comején, Comixen. — Insecto que destruye las maderas y sus- 
tancias vegetales. 

Comendador, El Casique. — Un casique de la Isla de C uba 
adoptó el nombre de Comendador al bautizarse, porque quiso lle- 
var el del gobernador Comendador Mayor de Alcántara, y digo 
X>arece, porque ni el venerable Las Casas, que es el que dá más 
noticias sobre esto lo afirma, sospechando que tal vez le pusiera 
ese nombre algún clérigo le los que venian de Tierra Firme afi- 
cionado al Comendador: pero la celebridad histórica del nombre 
de El Casique Comendador se lo ha dado la relación del Bachiller 
Encizo que refleja las ideas religiosas de la época. Dice ésto que 
en el Cabo Cruz hubo un casique que se bautizó y hacía llamar 
Comendador: que un marinero naufragó en aquellas costas, fué 
curado allí y fabricó una casita cerca del bohío del casique y en 
ella tenia una. estampa do la Santa María. El devoto náufrago ex- 
plicó al indio el significado de aquella imagen; y los indios con su 
casique se acostumbraron á invocarla y repetir por las tardes la 
salutación angélica: la colocaron en un altar con adornos de algo- 
don; y experimentaron su protección en sus querellas con otros 
indios. Encizo refiere los milagros que se realizaron; el Padre 
Las Casas manifiesta que se hicieron areitos ó composiciones poé- 
ticas que cantaban en su lengua, acaso por serles difí ii aprender 
'le coro toda la oración angélica; Pedro Mártir escribió sobre el 



[lj El palacio del Almirante cuyas ruinas existen en Santo Domingo, que' lia 
reproducido en lámina ilustrativa en 1801 Guillermin y que han publicado después 
entre otros Cuartón y Hazard ni fué de D. Cristóbal ni este le habitó. La constru- 
yó su hijo Diego. Para que ni en esto haya una sola opinión, ^c ve en la nota de 
Cuartón citando á Ardouiu, que le construyó de 1494 á 1496: lo que no puede sor 
porque en esta focha, no era ni gobernador, ni almirante aún D. diego. Habló Val 
verde do una casa hecha por D. Diego del lado derecho del Ozama, donde ahora, 
está la ciudad que fué trasladada después del huracán de 1502; neo Ardonin quo 
las ruinas están del lado izquierdo "sur la rive gancho de 1' Ozama." Son pues do .-: 
las casas do los Colonos tio y sobrino, ó se han confundido en la "casa do >olon."' 



— Im- 
propio asunto al Pontífice. En la gentilidad fué el oasique de Ma- 
caca. (Véase CueibiL) 

Comisen. — Otra forma en qtte se escribió comején. 

Qomoteya. — Lugar en qne según las tradiciones haitianas se 
edificó la primera casa. 

Gonel.— Bey de Haití. 

Oomwco.— Huerto, labranza. Hoy huerto de esclavos en Cu- 
ba (1868:) y en las haciendas el lagar donde se siembran los vege- 
tales que producen lo que pro vincialmente 1 lámanse viandas. 

( '<)¡H'i. — Árbol de que sacaban pez ó resina los indios para sus 
batos ó pelotas y otros usos. Los cristianos emplearon sus hojas 
como papel para escribir, hiriendo su superficie con un punzón, 
y luego so ennegrecía lo escrito como si fuera tinta. Habiendo 
remitido un español tres hutías cocinadas á un amigo con un es- 
clavo indio y una hoja en que le describia el presente, el indio se 
comió dos y entregó sol^ una; pero como el sujeto lo reconviniera 
con la carta, pues eran tres; y su amo lo castigó, circuló entro los 
indios la noticia que las hojas del copey, otra vez so lee cotoy de- 
cían á los cristianos lo que pasaba: ellos determinaron no hablar 
donde les oyese: el copey es resina, parecida al copal: los botan i- 

i laman al árbol Clusia alba. 

Coqui. — Anixnalcjo de lugares pantanosos, de cauto monóton ) 
y constante (Tapia.) 

Corí.— El curie 1 . Por la descripción quo hace Pisón del Cabla 
Gobaya, de la América Meridional parece el curiel: la figura que 
ilustra esa explicación la continua, aunque dice quo son dos var e- 
dades que se distinguen por el tamaño. (Véase Agutí.) 

Córbana. — Lo mismo que Cúrbana. 

Corocoto. — El semi- protector del casique Guauareto, de quien 
se suponían hijos los niños quo nacian con coronas ó apéndices en 
la cabeza. 

Gorozal. — Pueblo interior de Puerto Pico. 

Coro.— Véase Janjau. 

Cotáí. —Según Pisón, corrupción do agutí. ¿Xo será utíaf 
Acuti dice Clavijero. 

Coíubama, Cotubanama. — Oasique gigantesco que residía en 
Higuey en la isla de Haití (isla de Higucy dice Priest, adjunta á 
la Española). Tenia tres pies de anchura en las espaldas; su arco 
para las Hechas no lo podía levantar fácilmente un hombre; sus 
dardos eran troncos de árboles con puntas de hueso do pescado. 
Solo se le pudo cojer por medio de la astucia y valor de Juan Ló- 
pez en la lucha con el gigante en que hubiera sido vencido; pero 
que socorrido por sus compañeros pudieron prender al casique y 
lo ahorcaroon en seguida. Cotubanama se había distinguido por 
su bravura: vencido por primera vez pide la paz á Juan Esquive! 
y toma su nombre: es decir que se declaró yuaiiao suyo ó berma 
no. Vuelto á encender la guerra la prolongó por mucho tiempo, 
pero se vio en la necesidad de huir con su familia á la isla de Sao 
na, en donde fué descubierto. La lucha del indio fué la última 



— 254 — 

prueba de su valor, pues ya teuieutlo cortadas las dos manos 
oprimía cou peligro de muerte cou sus brazos al contrario y lo abo- 
gaba contra el suelo.— -La orden de aborcarlo la dio Ovando. 

Cotuí. — Lugar en Haití á 10 lenguas de la ciudad de Santo 
Domingo, en donde por haber mucho cobro se estableció la prime- 
ra caSa de acuñación de moneda en Indias. Dispúsose en 1530 y se 
fundó en 1536. Cuando se comenzó á acuñar la moneda de cobre 
en Nueva España, dice el Padre Torquemada, que era un tipo se- 
mejante á los de España y Santo Domingo: pero las monedas de 
cobre no gustaban á los mexicanos. Tampoco agradaron á los an- 
tillanos, ó por lo menos no se perpetuaron; duró poco en Cotuí 
la acuñación de esas monedas pues así se deduce de los documen- 
tos de la época {Documentos inéditos del archivo de Indias, pági- 
na 14 t. 1°| 

Cotoy. — (Véase Copey, 

Cotuy. — Barrio de San Germán en Puerto-Kico. 
Com, — Vasija que se hace con la mitad de una güira ó Mbue- 
ra. Según Bocheíbrt, significa la güira en las islas menores pero 
su mitad para usarla como plato se dice touba (toba con ortogra- 
fía española); si es para beber se dice dita. (Véase Ditas.) 

Couroumon. — El genio ó semi de las tempestades, como Hu- 
racán. 

Cova. — (Véase Baba.) 
Coy aba.— Paraíso. 

Coyba. — Provincia de Tierra Firme en que se hablaba la len- 
gua que en Cuba. 

Coyarcs. — Altas palmas que producen palmiche amarillo, me- 
nos grueso que las reales. Las hay en Puerto-Kico. (Tapiaj. 

Cremación. — Si no era usada la cremación de los cadáveres 
en las Antillas, dice por lo menos til Padre Charlevoix, que dise- 
caban hasta dejar como momias á las personas principales. Con- 
servaban los huesos, y estas prácticas pudieron dar origen á que 
se creyese más general la antropofagia ai encontrarse esos restos 
en los bohíos. 

Cu. — No me parece voz haitiana en significación del templo, 
como quieren algunos, aunque sea americana. Cu se usa como 
pronombre, él, ello, ellos, suyo, etc., y como verbo, estar, dentro, 

ayudar Vocabulatre maya /raneáis en el Archve de la ¡Socic- 

té Americain t. I o (1875). Cu, templo, Sahagun publicado por 
Bustamente, pág. 3 t. I a 1820. Cues. Hay templos en México á 
quien llaman cues que tienen cierta torre toda ciega. {Relación 
del Ldo. Zuazo publicada por el Sr. Izcábalceta). Rafinesque 
primero y Brasseur de Bourboug después, han colocado en sus 
estudios esta palabra en significación de templo en Santo Domin- 
go: el escritor inglés siguió una referencia de Acosta; el francés le 
copió. Y digo referencia por lo que dice Acostar "Le llamaban 
los españoles el cu [al templo en México | y decían ser vocablo toma- 
do de los isleños de Santo Domingo ó de Cuba, como otros muchos 
que se usan y no son ni de España, ni de otra lengua que hoy día 



se usa en Indias como el Maíz, Chicha, Yaquiano, Chapetón y 
otros tales/' No han tenido más fundamento los escritores poste- 
riores: Cu, lugar de adoración, pero no antillano: "Fueron los es- 
pañoles los que importaron en México de las antillas esta palabra 
para designarlos templos. (Dávila Padilla, Historiador de la 
provincia de Santiago do México. Broce: Ternaux Compans, t. 12 
pag. 5 de sus Vayages ct relations. 

Cuaba. — La madera del jiquí hecha astillas y rajas, arde como, 
antorchas; se llama cuaba y cuabear el acto de emplearlos en la 
pesca de Majacas, anguilas y animales de ríos. Entro los Shan- 
gallas de África se llama Ruaba un árbol que produce una flor de- 
nominada Carot de color rojo de fuego: en su lengua se llama así 
al sol. Bruce citado por Cometan fCivilizationes inconnues.J 
Comarca en Haití y una laguna en Tuerto -Rico: [Véase Maruu- 
gueyes. ) 

Cuacara.— caverna de Haití cerca del rio Alaja, 

Cuanto. — liio de Puerto-Kico, cuyas aguas son calientes y 
1 nielen á azufre. La América núm. I a año IX (18G5.] 

Cuancl — Laguna en Santo Domingo, en Bahoruco. 

Cuamo. — Población en que había en 1582, 20 españoles y 
nombraba sus alcaldes el gobernador. La América I o año IX (18G5) 

CucnrclL — Montaña en Santo Domingo. 

Cuaja. —Rio de Santo Domingo. 

Cuái/o. — "Rio tributario del Jaina." 

Cuba. — Al Sr. Noda le pareció que la voz Cuba significa pais\ 
tierra: no manifiesta sin embargo, el fundamento de esa asevera- 
ción. Herrera dice que se llamaba también Bayaquitirí por los 
indios (Década 1*\* La signiíícacion de la palabra no está de 
terminada y denota que sus naturales no eran conocidoe en Haiti- 
con otro nombre que el de cibuneyes ó ciboneyes, [siboneyes) según 
Las Casas; y también se ha querido recientemente buscar la etimo- 
logía do la palabra en el amor á las pedrerías y cuentas de sus 
indios, porque roca y piedra se llaman siba;~ no se lee en las cró- 
nicas que se denominase á la tierra Üiboncy. No fue sólo la isla 
la llamada Cuba, sino que se Ice el mismo nombre aplicado á un 
rio y á una población, como puede leerse en el Diccionario de Geo- 
grafía antigua de la Isla, del Sr. de la Torre. Según D, Francisco 
Javier de la Cruz {Álbum del Yucayo], que escribió también des- 
pués, dio ala tierra de los Siboneyes 30 provincias, que serán ó 
no provincias, pero son nombres tomados de documentos auténti- 
cos, y que no pueden ser los únicos, pues como lo observo 1). Fe 
lipe Poey, más tarde se cita aquí, debieron ennumerarse otros mu- 
chos no conservados por los cronistas. Hasta ahora se han re- 
producido por los escritores citados: Maisí, Baracoa, Bayaquitirí, 
Ságua, Boyuca, Macaca, ( i uaranayabo, Barajagua, l.am, Mania- 
bon, Cay aguayo, Maguana, Maige, Gaimayu, Bayamo, Cneiba, 
Guaímaros, Camagüey, Ornofai, Magon, Gaamuhaya, Sabaneque, 
Jágua, Anamana, Cnbanacan, Macuriges, ¿abana, Marión, Gua 
niguanico y Guanacabibes. 



— 25G — 

Habia federaciones cual en Haití, pues como observa Las Ca- 
sas, tuvo tres lenguas, y un rey poderoso Ermí las costumbres 
de sus habitantes parecidas á las de las otras islas mayores, aun- 
que se les suponían más racionales, es decir más complacientes y 
dispuestos para las nuevas ideas ó civilización europea. A pesar 
de esa semejanza, se diferenciaban en algunos casos respecto de 
trages ó adornos, que vestidos habia pocos que examinar [-Véase 
Anacaona, Borinquen y Haití.) Creían en unj ser supremo, hay 
quien dice que adoraban al sol; aceptaban las penas y recompen- 
sas en la otra vida (Véase Omofai). Se componía su culto de sen- 
cillas demostraciones; sus sémis eran idénticos á los de Santo Do- 
mingo; sus sacerdotes se llamaban beldqucs. Vivían de la pesca, 
pisicultura en grandes corrales de tortugas, como Borinquen y 
TTaití, también de la agricultura (Véase Baigua, Gnaicon, Sibone- 
yes). ITabia la creencia de que se airaban los dioses contra los 
tibios y los indiferentes y hacían sacrificios, es decir, ofrendas 
á los dioses airados contra la conducta de sus adoradores. 

Cuba no ha dejado ruinas numerosas que estudiar; en sus 
campos se han encontrado ídolos semejantes y á veces idénticos á 
los que nos juntan de Haití, huesos antiquísimos en alguaas cue- 
vas; cadaveras prolongadas por el a te de que he hablado en el 
cap. XIII de la I a parte; huellas caribes; y sencillas construccio- , 
nes destruidas por el tiem o como la que fué objeto de mucha cu- 
riosidad y de histórico interés, luego que dio á la estampa la no- 
ticia de su hallazgo mi amigo D. Miguel Eodriguez Ferrer. 

1). Andrés Poey presentó á la Sociedad de Arqueología Ame- 
ricana una memoria sobre Antigüedades Cubanas la que tradujo 
del inglés D. J. de J. Q. García é insertó en la Revista de Ja Ha- 
bana (t. 4 o pág. 12 y siguientes) ilustró la memoria una lámina en 
que trazó 7 ídolos ó semis encontrados en Cuba y Santo Domin- 
go. La semejanza de los semis de barro es tal, que basta tener á 
ía vista el plano curioso en que los colocó Charlevoix en su Histo- 
ria de Santo Domingo y cotejarlos con los publicados por Poey 
para el más completo convencimiento. 

En 18 de Mayo de 1852, halló el Sr. Rodríguez Ferrer en la es 
tancia flguarabó el ídolo más notable en Cuba: se encuentra aho- 
ra en el Museo de la Universidad de la Habana. Es de piedra 
negra muy pulimentada y figura un cuadrúpedo sentado sóbre- 
los cuartos posteriores á manera de perro; pesa 2 arrobas y 2 on- 
zas, tiene o pies de altura. Los otros dos objetos también reco- 
gidos por el mismo Sr. Eodriguez en el propio punto f Departa- 
mento Oriental] es uno de piedra dura rojo-parda y de defícil cía 
sifieacion, aunque se aproxima en su figura (i un pescado; la otra 
es de barro cocido, una caratona que si quiere ser humana, más 
parece de mono. El Sr. Poey observa que las tales formas son 
las más comunes, comn ya la indicó Walton al hablar de les res- 
tos haitianos: esto le hace pensar que si no habia monos en las 
antillas mayores, esos restos tenían que ser extranjeros hechos 
por pueblos que los conocían. Pero acaso esas formas son casua- 



les, aparentes que han querido reproducir los pensamientos de 
imaginaciones acaloradas con imágenes poco agradables. 

Bl Sr. Poey copia varios ídolos (pie publicó Waltou, se 
gun lie dicho antes: W aitón cree que representa uno, los ór 
ganos sexuales (lingam y yonL) El traductor le agrega las figuras 
de Oharlevoix que grabó í) 7 Anville de orden del Rey de Francia 
en 1 731 . Vo no veo representado el falo; el órgano femenino sí se 
ve en otros: el culi o á la fuerza creadora era común á ambas lu- 
dias; vino o fue del Asia á la América; pero en las Antillas hasta 
Dios, es madre, Atabeira fué la primera, causa. Se descompone así: 
Ata primer; beira ser: en Cuba el nombre del semi masculino era 
A tabee ( ) gamos al Obispo de Ohiapa para quien sólo la macera-- 
cion y ayuno riguroso de los indios de (Juba de sus beJiiques: "era 
indicio y engaño de idolatría y no otro que alcanzáramos." (Las 
Casas) "En Cuba, ningún ídolo hallamos, ni ofrecían sacri- 
ficios,, más de aquellos ayunos, y de las mieses que cojian cierta 
parte y no ceremonias, sino aquellas Cohobas con (pie cuasi se 
embriagaban Los más limpios de estos, pues eran la simplísima, 
gente de las Lacayas, ninguna señal de idolatría ni creencia ni 
mala ni buena." 

Además de esos restos también se consignaron los recuerdos 
de oíros en la citada memoria: en 1850 D. Ensebio Jiménez, ve- 
cino de Morón, á cinco millas de la población, se encontró con 
unas ruinas dentro de un bosquecillo de limones. El terreno era, 
algo elevado formando una eminencia oval, con un hueco profun- 
do al pié. Se removió la tierra y se encontraron utensilios, restos 
indígenas, de madera, piedra y barro. Poey recibió ile Jiménez 
varios de esos restas y un ídolo: yo no se que se hicieran nuevas 
investigaciones. Se presumió (pie fuera el sepulcro de algún 
casique. 

En los trabajos especiales que se han hecho sobre algunos 
territorios de la Isla, tampoco se han hallado noticias sobre anti- 
güedades; el autor de la Historia de Puerto-Príncipe nos dice que 
eu Bayamo se conservaba un dujo y que perteneció á un casique 
en poder de una de las familias del país. La frajiiidad de los 
objetos de barro explica su desaparición. 

No repetiré aquí lo (pie se expresa en otros lugares, dada la 
semejanza de todos los indios de las Antillas mayores. Los úl- 
timos indios en forma de tribu de (pie nos habla la historia do 
Cuba, fueron los macurijes, que se aparecieron rebelados en el si 
glo XVII, y fueron dominados y conquistados por I). Cristóbal 
de Sotolongo, como consta de un documento que luego describo 
en este artículo. Mu la organización civil figuran en la parte oc- 
cidental los de G-uanabacoa (Véase Quanabacoa) mandados reco 
jer en loo l; en la parte oriental todavía hasta nuestros dias se 
conservaban sus descendientes en el Caney o San Luis de los Ca- 
neyes y en JiguanU En Ouaisaba o Caneyes Abajo también snb 
sisiian por la protección de las leyes. Tenían milicias de las cua- 
les eran jefes sus principales vecinos. El Caney o sea, San Luis, 



• — 25S — 
¡se fundó en 1514 por los indios de Cuba para que vivieran civili- 
zados y con policía. Su casique se bautizó coa el nombre de D. 
Alonso Rodríguez, y estaba casado con D a María Ma Oubá. El 
último casique fué Marcos Rodrigue/, que ova capitán de las Mi- 
licias y falleció en 1658. En cuanto á Jiguaní, se pobló en 1*01 por 
la cesión que hizo de la hacienda de su nombre Miguel Rodríguez 
para que allí se reunieran los indios dispersos, él era natural, 
para que tuvieran tierras de qué disponer. 

Durante el régimen de encomiendas hasta 1554, o sea el go- 
bierno de Masáriegos antes perpetuado contra las órdenes metro- 
politanas por los habitantes que lo explotaban, hubo continuos 
levantamientos y así alzados cobraron fama por sus excursiones 
v vandalismo: los hubo en la Vuelta de Abajo y en la oriental: 
Guama, á la cabeza de 50 indios, fué el terror del campo. Desde 
1530 comenzó á modificarse el régimen de las encomiendas y 
entonces fueron los indios acercándose á las poblaciones y á vi- 
vir ásn alrededor en los barrios extramuros: todavía en L838 co- 
nocí, especialmente en los arrabales de Puerto -Principe seres de- 
signados con el nombre de indios de las orillas, que me parecía 
que conservaban el tipo indio casi puro. (Véase Encomiendas en 
la palabra Anaboria.J 

Además del famoso Guama, hubo otro indio que recorría pos- 
teriormente la Vuelta de Abajo; pero el último cuya indi vidual i 
dad ha -figurado, en nuestra tierra, es un ente anónimo. El 
Indio Bravo, que apareció en 1800 cerca de Puerto-Príncipe, fué 
el terror del territorio y de él se contaban terribles cosas, dignas 
de Han de Islandia-, asesino y antropófago; para satisfacer su 
extraño gusto se robaba los niños. El Ayuntamiento ofreció un 
premio ai que lo prendiese ó matara. Después de tres años de 
consternación (1803) cesó de aflijir al vecindario: lo mataron don 
Agustín Arias y D, Serapio Céspedes que le quitaron al niño José 
María Alvarez que se había robado un dia antes. Todo esto 
consta de los anales camagiieyanos y puede verse en les Apuntes 
para la Historia de la Isla de Cuba que recojieron los Sres. Cruz 
Castellanos .y C. Jesús Araugo (1843). 

Recordaré algunas costumbres de esa raza, hoy por el tiempo 
confundida con las que sucesivamente han ocupado el país. 

Es notable que la desnudez de los indios solteros no fuese 
repugnante en mayor grado que lo fué á los europeos, que por 
primera vez la presenciaban. Americo Vespucio en sus relacio- 
ne*, atribuye á las formas de los indios, una parte de la impresión 
poco deshonesta que se debia esperi mentar: u y aunque andan 
desnudos, están colocadas sus vergüenzas entre los muslos en tal 
disposición que no aparecen á la vista, además que la parte ante- 
rior llamada empeine, está dispuesta por la naturaleza de suerte 
que nada se ve." Agrega que la vista de esas cosas la misma 
impresión hace que á nosotros la vista de la boca ó de la nariz. 
(En el t. 3? de la Colección de Navarretc,) De Lery uno de los 
primeros escritores de las cosas americanas, dice "que la des 



— 259 — 
nudez de las mujeres americanas tiene méuos atractivo que 4 Jos 
artificios de las europeas." [Sistoire de P Amerigue pág. 131 
odie, de Ginebra de 1 <» 1 1 | Daba lugar esa costumbre de andar 
desnados en ocasión á singulares excesos; como todo su cuerpo 
era como la cara, según la expresión que se hizo vulgar en Méjico, 
observó el mismo Yespucio que ejecutaban acciones para nosotros 
inmundas y desvergonzadas pero no lúbricas. El texto latino 
pudiera servir para este lugar, pero nos parece nimio no usar de 
la traducción de Navarrete, puesto que sólo se trata de inconvr 
nieucias (pie no tocan á la honestidad en su esencia. "Son muy 
limpios y aseados de su persona por las muchas veces que sé la- 
van, y cuando les acontece algún menester mayor (con perdón sea 
dicho) ponen toda diligencia en no ser vistos de nadie: pero todo 
lo (pie en esto son honestos, tanto se manifiestan asquerosos ,\ 
desvergonzados así hombres como mujeres en su menester menor 
porque no pocas veces sucedió que lo hicieron á nuestra presencia 
y estando en conversación con nosotros." 

Usaban trajes y adornos que les eran peculiares. Según el 
cura Bernaldez, los indios que se presentaron á Colon, deseosos 
de irse con él, en la parte occidental de Cuba iban engalanados 
ricamente, á su manera, uno como alférez llevaba uu sayo de plu- 
mas coloradas y una bandera blanca en la mano: él y sus demás 
compañeros, traían pintadas las caras, y unos como jugetes que 
tañían; y plumas, una cada cual, blancas sobre las cabezas, como 
celadas. Sóbrela frente unas tablillas redondas como platos 
pintados de la misma manera. Otros dos indios con diferentes 
misturas traían trompetas de palo muy labradas, y pájaros y otras 
sutilezas con sombreros de palma blancos, al pescuezo una joya de 
arambre, de una isla que hay en aquella comarca que se llama 
Guaní, como una flor del tamaño de un plato: parecia oro de 8 
quilates; pendiente un sartal de cuentas gordas de piedra de mar- 
mol de gran precio, colgando del cuello y cabeza una guirnalda 
<¡e piedras menudas verdes y coloradas; una joya grande sobre la 
frente y tabletas de oro y piedras pequeñas en las orejas. La 
cintura la ceñían, aunque desnudos, con sarta de cuentas verdes 
como las guirnaldas. Traían dice: "en los jubones como los anti- 
guos trances; los otros dos como aquellos encada una pierna como 
ahorcas, también de algodón abajo de las rodillas. La hija, la 
más hermosa, no llevaba más (pié como nná sarta de cuentas ne 
gras menudas en la cabeza.* 1 (Véase Nagua y Anacaona en donde 
sé habla de adornos.) 

Aunque ajuicio de los conquistadores, entre ellos Diego Ye 
lazquez, los isleños do Cuba eran más civiUzabUs al nuevo elemen- 
to europeo, (pie los demás isleños, no todos eran iguales. Como 
en Haití, había Verdaderos salvajes rudos y agrestes: en estas 
condiciones descollaban los dd extremo occidental, (pie hasta 
tenían dialecto de difícil comprensión para, los tainos. Se llama- 
ban Guanacabibc8. 

El comunismo también reinaba, en Cuba: los indios trabaja- 



— 200 — 

biin la tierra en común: ios jóvenes iban al campo al cultivo, y los 
ancianos, que eran- los que gobernaban, se quedaban bajo la 
sombra de los bosques en ocio material. Cada cual tomaba lo 
que necesitaba, ora por que lo permitía la abundancia que para 
todos habia, ó porque creían que el uso de la tierra, como la 
luz y el aire, eran para todos. (Véase Haití y Anáboria.J 

Kespecto déla geografía antigua de Cuba y de las otras islas, 
escribí varios artículos en los periódicos de la Habana, desde 18 10, 
casi siempre ocupáudome de los trabojos de mis compatriotas: en 
el ruimer número del Faro Industrial de la Habana 28 de Noviem- 
bre de 1841, que tengo á la vista, bable de los de mi amigo y 
pariente D. José Maria de la Torre. Con este motivo agregué al- 
gunos datos á sus aserciones, para aumentar el caudal de sus no- 
ticias. Voy á reproducir aquí, lo concerniente á antiguallas. 

"Las reflexiones que hace el joven autor en el documento á 
que se refiere y que indica que la ciudad de la Iladana estuvo 
fundada en la boca de la Chorrera, ó Casiguagas, se robustecen 
con un documento que por más de un motivo debe ser apreciadle 
al señor do la Torre, como el autor de este artículo. En el 
informativo, hecho por Diego Sotolongo, hijo de Diego el viejo, 
que conservo, aunque sumamente apolillado, para que S. M. le 
concediese la facultad de erigir un mayorazgo de 20,000 ducados, 
se léc una declaración del capitán Ginés de Rojas Manrique, ve- 
cino déla ciudad, en cuyo segundo particular expone que, tanto 
Diego el viejo, natural de Madrid, como otros que cita, fueron po- 
bladores" y vecinos en esta Isla, de los pueblos viejos que llamaron 
Llabucna y el do la boca de la Chorrera: y es testigo de vista de 
ojos y no de referencia, como se decia por ese tiempo: la declara- 
ción tiene la fecha de 13 de Febrero de 1603. Si la palabra Lla- 
bucna no es un error del escribiente, (como lo creo,) he ahí otro 
pueblo desconocido, pero parece que quiso ponerse Habana: el 
pueblo viejo en la boca de la Chorrera, no queda duda que exis- 
tió, aún suponiéndose que se aluda al primer asiento de la banda 
del Sur. 

"En el propio expediente hay una refutación del error de 
Charlevoix, que impugna de la Torre. Creía Charlevoix, que Ja- 
l ¡bonico se deriva de Hatobonieo y que por el vicio de pronuncia- 
ción, se adulteró la palabra: en el citado documento, se vé Jati- 
búnieo, en los días de los conquistadores, advirtiendo que el vicio 
andaluz, que tanto se nota en nuestros campos, y á que alude 
Charlevoix, no podia atribuirse á un madrileño como Solo 
longo, ni sus hijos que, de su boca, aprendieron la lengua de Cas- 
tilla. De este modo agregué un hecho á la presunción del joven 
letrado; y otro en la declaración de Sebastian González, vecino 
de Guanabacoa, que vino á estas Indias con D. Juan de Tejeda, 
maestre de campo que gobernó la Isla, y presentó Ambrosio de 
'Soto, regidor de la Habana, en ampliación del informativo do su 
abuelo, que nos da la noticia de que existió un pueblo de indios 
caribes, que se posesionó del llamado Jatibúnico, que conquistó con 



-^Ol- 
ios suyos Cristóbal de Sotolougó, sobre cuyo acontecimiento vio 
el testigo Cédula Real de Felipe IL dándole gracias y haciéndole 
mercedes. En otra declaración se expone la localidad del pueblo: 
es la misma antedicha por Ginés de Rojas Manrique, más anti- 
cuo, diciendo que el pueblo estabaá la banda del Sur orillas del 
rio Bunico, 

-•Nada hemos visto semejante al trabajo del joven de la Tor- 
re; empero, ya que de esto se ocupa, no sabemos hasta qué x^unto 
pudiera convenir (pie se procurase el mapa de que sólo sabemos 
el título: .Mapa general de las ludias Occidentales con los nom- 
bres de las tierras en indio que tenían al tiempo de la conquista 
los españoles; en pliego grande." "Otro con los nombres que 
hoy tienen delineados ambos em forma de corazón según Ja mente 
de Antonio de Herrera y otros cosmógrafos, grabados bajo la di 
reccionde Guillermo de Lisie. 1 ' — Trac la noticia la Biblioteca de 
Tinelo. Según testimonio de Herrera en sus décadas, Diego Ve- 
lazquez hizo un mapa con los rios, puertos, &, de la Isla, que re- 
mitió á España." 

[asta aquí los párrafos del artículo del Faro Industrial de la 
Uabena. 

Dn la curiosa obra del doctor l'ricoecliea titulada Mapoteca 
cohmbiana, descñbe un plano de Cuba de 1566, publicado por 
1\ B (ertelli) en el cual se encuentra la nota que traduzco del ita 
liano: "La Isla de Cuba es más septentrional que la Española y 
es m íy abundante en azúcar [sucaro\ algodón y otras cosas seme- 
jantes.... produce mucho trigo indiano que los del pais llaman 
maiz, el pueblo de la Isla es más humano y apacible que el de la 

Española: tiene mucho betún y brea que produce una fuente 

es muy templado el clima y está situada y configurada como se 
ve". — Urieoehoa no pone los planos y mapas que describe y sólo 
podemos deducir de la nota lo que expresa y ei¡ especial, (pie era 
cosa general y reconocida que los isleños de Cuba aventajaban á 
los demás naturales de Indias en prendas y dotes morales. 

Y ex istia una tribu de indios en la provincia de la Habana 
actual en el siglo XVII que era de áspera condición, acaso de los 
macoríx de Haití, pues es sabido que se trasladaron muchos de 
sus naturales á Cuba huyendo de.su pais. En el expediente cita- 
do so les llama caribes; caribes llamó Noda á los de Marión, des 
pues de mi polémica, contradiciendo el origen Maya; pero vinie- 
ron los macuriges de otra parte é> do, afuera de la Isla (todos los 

testigos usan la frase "vinieron y se apoderaron" 1 "remane- 

eian") y ocuparon la margen del rio Bunico en el territorio de 
Jatibunico 

No pudo llenar Noda sus propósitos de escribir sóbrela I lis 
torií Cuba: públicos y conocidos son los recomendables y satistae 
torios trabajos del señor Pieliardo, consignados en planos y libios; 
del i aturalista distinguido en Ambos ¡Mundos mi compañero, mi 
colega, mi amigo, I). Felipe Pocy: del que lo futí de ambos. 1). Jo- 
sé María de la Torre; del Académico IVzuela; del explotador lío 



— 262 — 
driguez Ferrer que agitó á los contemporáneos coii el noble entu- 
siasmo de una alma llena fó en el porvenir de la ciencia y de la 
humanidad: de todos ellos tengo plácidos y amistosos recuerdos 
por las horas en que hemos departido sobre asuntos cubanos, y uo 
he olvidado citarlos en este trabajo. Para poner un fin á este ar- 
ticulo voy á copiar de una obra de Poey unos párrafos, pero 
perfectamente concebidos para dar una idea completa de la Géo- 
(/rafia antigua de Cuba. Del Comprendió ole la geografía de la 
isla de Cuba (8 il edición) copio lo siguiente: 

Provincias. — Guanacabibcs, hacia el cabo de San Antonio. — 
Guaniguanico, por donde tiene su mayor altura la cordillera de 
los Órganos. — Marien, hoy fflariel. — Rabana. — Maeorixes, hoy Ma- 
curijes. — Hanamana ó Añam, por la Ciénaga de Zapata. — Sabana 
ó Sabanaque, á lo largo de la costa septentrional por Cárdenas, 
San Juan de los Bemedios, Santa-Clara y Sancti-Spíritus.— Cuba- 
nacan, en el centro, por las inmediaciones de la villa de Santa- 
Clara. — Jagua,— Guamuhayaj entre Jagua y Trinidad. — Mogón, al 
E. de Trinidad. — Ornofay, más ai E. por donde desemboca el rio 
de Jatibonico del Sud. — Camagüey, jurisdicción de Puerto-Prínc» 
pe. — Guáimaro, más al E. de la costa del Sud. — Cayaguayo, Boyv- 
ca,) Maniabon, Bani, costa del N. desde Nuevitas hasta Ñipe. — 
Sagua, Baracoa, Mam, siguiendo dicha costa hacia el E. — Baya- 
quitiri, costa del S., por (Juantánaino y Cuba. — Macaca, por el ca- 
llo de Cruz. — Guacanayabo, hoy jurisdicción de Manzanillo. — Cuei- 
bá, i)or las Tunas. — Bayamo,- Maiye, Maguónos, Guaimaya, Bara- 
jagita, en la parte central que corre desde Bayamo hasta Ni] \ 

PtTEBLOS. — Mayanabo, hoy Marianao. — Yucayo, hoy Matan- 
zas.— Hanamañá, lo mismo que Hanábana — Caraliate, que los es- 
pañoles escribieron Casa-harta, en las inmediaciones de Sierra- 
Morena. — Sabana, hoy San Juan délos Remedios. — Canarco, en- 
ire la bahía de Jagua y I rio Árimao. — Caortao, donde existió 
primitivamente Puerto-Príncipe. GamagUey, hoy Puerto-Prínci- 
pe. — Manicanao en la jurisdicción de Bayamo. — Bani, inmediato 
á la bahía de Bañes, departamento oriental. — Macaca, Cueibá,Ba- 
rajagua, en la provincia de su nombre. — Otros pueblos que ex s- 
tian en tiempo del descubrimiento, se han conservado con su 
mismo nombre hasta el dia, y son Guanahacoa, Caonao, Guáimaro, 
Bayamo, Ji guaní y Caney. 

Cabos, puntas y costas.— Cabo de Guauiguanico, hoy <le, 
San Antonio. — Punta Cubana hoy de Lucrecia. — Punta Serafín, 
hoy punta Gorda.— Cabo de Alfa y Omega, lo mismo que cabo de 
Maisí.— Costa de Malamanó, hoy Batabanó, 

Mares, puertos y bahías. — Puerto de Carenas, hoy de la, 
Habana, — Mar de Nuestra Señora, al X. de Cayo-Romano.-— Ba- 
hía de Santa Catalina, hoy del Sabinal — Puerto Santo, por otro 
nombre Baracoa. — Puerto de Palmas, hoy puerto Escondido, en 
el departamento oriental.— Puerto Grande, ó de Guanta ñamo. — 
Puerto de Guacanayabo, hoy Manzanillo.— Puerto de Vasco Por 
callo, hoy Santa Cruz. 



— 20>i — 

Uios. — ICii los ríos está la, mayor riqueza de los nombres in • 
dios que la Geografía nos ha conservado, de acuerdo con la tra- 
diccion. Los que siguen han tenido antiguamente otros nombres: 
Caiyuanabo, hoy San Diego. — Casiguaguas, hoy la Chorrera, ocre,;» 
déla Habana. — Rio de los mares, hoy Caunao, frente al Cayo 
Romano. — San Salvador, hoy Rio Máximo, — Cantó, hoy Cauto. — 
Onicajinal, hoy Mayabeque ó Güines," 

Islas Y C ayos.- "Isla Evangelista, ho\ isla de Pinos. — Los 
Jardines del Rey que se distinguen aun en el dia del grupo de 
rayos donde está Cayo-Romano. — Los Jardines de la lieino, hoy 
Laberinto de las doce leguas, cuyo grupo occidental llevaba anti- 
guamente el nombre de Isla de Santa-Marta — Los* Canarreos, 
hoy Jardines y JardiniHos." 

¡Si admitiéramos las exageradas suposiciones del Obispo Al- 
mendaria en sus cartas, tendríamos que decir que fueron destrui- 
dos los indios antes de su época; pero la historia nos prueba que 
eso no es verdad. (Véase (¡uaisabana, JIotyuin, Jigüaní, y Ti- 
yuiaboj. Según el obispo de díscola lama, en 1612 al hacer sn 
visita sólo quedaban en la ciudad de Cuba una docena de indios 
naturales; mezclados con los 250 habitantes que entonces había, 
. y negros, con aquellos. En Bayamo que contaba con 
L500 sin determinar los indios pero en proporción deben suponer- 
se más que en Cuba. En Camagüey y Santi-Spíritu, de 300 y 
200 habitantes media docena, de seis á siete indios. En Trinidad 
cree que habia una población de 150 aunas, y esos habitantes 
mestizos casi todos de negros é Indios: á Guanabacoa de 170 ha- 
bitantes de ellos 50 indios. La creencia general fundada es que 
hasta el siglo XIX llegaron los restos de la raza pura al Caney, 
Jiguaní y Tiguiábo. 

Cubana. — Región de Haití en que se hablaba dialecto espe 
cial, según Pedro Mártir.— Nombre indio del cabo Lucrecia en 
Cuba. Cabo á quien también se Humó Campana en la Isla de 
(Juba. 

V. abanaran. — Provincia india á la mitad de Cuba, según Las 
Casas. Situada al Xorte de Jagua. La palabra quiere decir 
<-nitro: naüau significa el medio: la situación de la provincia así 
llamada y sus límites no es cosa averiguada y sobre que discuten 
las opiniones emitidas. El venérame Las Casas la supone, co- 
mo digo, en la costa del Norte. 

('libaba. — Lengua de Haití. 

Cubaho. — (Véase Haití.) 

<7tt&aya.—"Sitio"— Haití,— (Garcia.) 

Cubao. — Territorio de Magua en Haití. 

Cuch i ya ya. — ( Vé 1 se Q naca y u m be. ) 

Gurí — á—Mari — ó— Plantas antillanas que nombra Oviedo. 

Cucubano. — El Padre Iñigo dice que oucubano es lo mismo 
(pie cucuyo en Borínquen. 

Gxicato. — (Véase Jucato.) 

Cucuy, — También se llama asi al cucuyo 6 cocuyo, Es nombre 



— 204 — 
de un casique que cita Ruinboldt, de quien se contaba que des- 
pués de otros placeres en su serrallo, engordaba á sus mujeres 
para comérselas, este indio dio su nombre á la sierra del 
Oucwy en la isla San Joséj y el Sr. Miehelena ( Exploración oficial 
pág. 402 18G7) trató á su hijo, que se reía de las fábulas que creyó 
el viajero citado, pues no solo era supuesta la antropofagia de su 
ascendiente sino la de los indios pavitas á cuyo casique le atribuían 
el mismo vicio. "A carcajadas sereyó, nos dice Miehelena, cuando 
le referí lo que se dijo de su padre; y le preguntaba si también 

habia comido carne de sus mujeres y no solamente lo negó, 

sino que me aseguró que ni en aquellos tiempos, ni nunca los in- 
dios habían comido carne humana." 

Cucuyos, — (Véase Locuyos.) 

Cuchi. — Halcón. 

Cueybá. — Población india de Cuba en que veneraban los in- 
dios la virgen María, (Véase Comendador) Esta provincia estaba 
en el distrito de Hobabo donde hubo mina de oro y allí se rebe- 
láronlos negros trabajadores que tuvo Velazquez que aquietar 
conteniendo á los alzados, enviándolcs arrañúiadores contra ellos: 
es la primera vez que se lee esta palabra de un ejercicio que dura 
hasta nuestros dias. Dista 30 leguas de Bayamo y fué refugio 
de Ojeda y sus compañeros en su naufragio: El casique de Ouei- 
ha fué también devoto de la virgen María, por que Ojeda lo doe- 
írinó en las creencias cristianas (Hist. de Cuba por Guiteras pá- 
gina 242) y á tal punto se adhirieron á su culto que \Id. pág. 200) 
al pasar por Cueiba, Narvaez y Las Casas, se huyó el casique con 
su imagen para que no se la llevasen los españoles, por lo que 
continuaron sin demorarse en su viaje al Camagüey para evitar 
un trastorno. 

Cuheii. — Agua corriente, ola, estrecho: [Véase Niguen.] 

CuL — "Vasija hecha con medio higüero". — (García,) 

Cuiba.— Son las Tunas en Cuba según la relación de Alonso 
de Ojeda. Lo cita el Sr, Rodríguez Ferrer {Naturaleza y Civili- 
zación, pág. 7.) 

Cuiníx. — Mosca, cocuyo en algunos dialectos. 

Cusía, — Utensilio de madera con que se oprimía á. la yuca 
rayada ó catibía para hacer el casabe y ha caido del jibe. 

Cujc. —Vara delgada de madera empleada en Cuba en los 
< • ¡layados de los techos y para el embarrado de las paredes, que 
se cubrían y cubren con una mezcla de barro y pajas por lo co- 
mún de espartil'o. 

Gulaona. — Cabuya en los dialectos. 

Culponcas.— Sandalias de lienzo en Haití: así lo dice un autor 
desconocido (incerto autore) en la obra de Rebus uestis Ferdinandi 
Cortesíí que ha publicado el Sr. Icazbalceta, "Culponcas (aliter 
líneas soleas) pedites iñducent," 

Aunque los otros cronistas no hablan del calzado indio, pa- 
rece que á ocasiones solían usurlo. El Padre Simón en la tercera 
parte de sus Noticias Historiales, dice que los urabaes para pre- 



— 2G5 — 
ser\ arsc del calor do la tierra, tenían unos pedazos de cuero ata- 
das con cordelejos, como las a. barcas de Cuenca: llamábanse cam- 
ha reas. 

Cu maya: a. — Rio dominicano. 

Cupcinicú. — l'n cuartón do Guisa. 

Gurbana.—ün vegetal ó árbol de que se dará la clasificación 
en otra parte. 

Cunta. — Ave (Véase la secc. 3 :l ) 

Cusí-— i Insano y probablemente las larvas qne lo parecen ti 
primera vista. Es voz más usada on Jamaica. 

Ciijo ó cuxo. — Fueg •. 

(Unja. — Otra planta antillana qne nombra Oviedo. 

Cuyo. - También está escrito cvjo: tal vez sea esta la verda 
dora pronunciación y ortografía, si se atiende á que cocuyo es un 
insecto luminoso y que todas las palabras indias se descomponen 
«mi elememos significativos. 

IK 

Daca, Daclta. — Esta palabra es considerada como la expre- 
sión ó significación de la acción que indica el ser ó la existencia: 
si no es el verbo ser, lo suplía. El Padre Pane escribe daclia; Las 
O&s&adaca. 

Da// i w.s\— Población en Borinquen, fundada por Diego Colon, 
que destruyeron los caribes invasores. 

fraguado. — Barrio de Puerto Rico. —(Véase Demajagua*) 

Daguay, — Pió de Puerto Pico que con Carey fertilizan a 
Añasco. 

Daguíta. — Cordel como bramante. — (Véase Daguiya en la 
sección 3 fl ) 

Dahabon, Daxabon, Laxahon. — Poblado do Haití sobre €hia- 
l apaña, y un rio tributario del Yaque. 

Daiguani. — Montes de Haití, que con los llamados Caiguani, 
servían de cuenca á un valle de 107 millas do largo y 25 de ancho 
cerca del valle de Maguana, donde estaba el lago del casique Ca 
ramatexio. 

Damajagua. — Nombre que dá Oviedo á la majagua. 

Demajagua. — Barrio do Puerto Rico que con el de tteiho a\ ri 
ba y Daguado, conservan nombres indios 

Dundos.— Esta palabra designa en Haití á los negros aíric;t 
nos ladinos en general: en Cuba no hay palabra especial. No sé si 
dandos tiene procedencia haitiana, pero me inclino á creerlo por 
que la tienen cimarrón, chapetón y otras que se refieren á las per 
sonas que no pertenecían á la sociedad india. La veo en la histo- 
ria do Santo Domingo del Padre Charle voix, pág. ?>62 y 350, t. I. 
No dice Charlevoix si es indígena, pero no es extraño: cuando 
habla de alguna población que tuvo nombre indio la llama es 
palióla. 

Daufías. — Vnimalejo á modo d< i conejo <|iin «lio nombre á l:i 



— 2GG — 
población de Autías, según se lee en una descripción de Puerto 
Rico hecha en 1582 que publicó La América: me parece erra por 
hutías. 

Demora.— So ha creido, y se ha creído mal, que demora equi- 
valía á casa, ( Documentos Inéditos, pág. 41, t. 7;) como fué tam- 
bién un error creer que batea es un instrumento de uso particular 
para cojer oro en los rios. En el mismo libro (pág. 415) se copian 
las siguientes palabras que explican lo que sollama demora. "De- 
mora acá llaman el tiempo en el servicio del oro trabajándoles (á 
los indios) reciamente ó dándoles tan flacos mantenimientos, que 
de ciento que les daban de servicio acaecía no volver sesenta ó 
más ó menos, seguu eran mejor ó peor tratados." 

J)tf£fl.— Para el fomento del cristianismo convinieron los reyes 
católicos en crear tres obispados en las partes más pobladas y lo 
eran al concebirse el pensamiento, ¡Taragua, Lares de Ouahama y 
la Concepción de la Vega. La muerto de la Eeina Católica hizo 
demorar este asunto, y en 1511 volvió á ocuparse de 61 Fernando; 
pero ya habían perdido su importancia parte de esas poblaciones, 
y Julio III aprobó al Padre García de Padilla para la silla de 
Santo Domingo; al Dr. Pedro Deza para Concepción y al Ldo. 
Alfonso Manso para San Juan de Puerto Eico. Fueron los prime- 
ros obispos del Nuevo Mundo. No tomaron posesión inmediata- 
mente: el de Santo Domingo murió en España ya consagrado; va- 
rios accidentes retardaron la llegada de los otros dos: de ello se 
lamenta el historiador Touron, que siempre recomienda la influen- 
cia del clero en el bien de los indios. 

Di. — Ahora, dia. 

Díagoni, — Montes de la provincia de Bainoa, de donde saca- 
han los indios la sal gemina cuando escaseaba la marítima. 

Dicayagua.— Provincia de Higuey, en Haití. 

Diaeanan. — La yuca más productiva en rendimientos. 

Diaz- 31iguel.— Joven aragonés que á causa de un, duelo se 
refugió en un pueblo indio á la embocadura del Osama, donde 
gobernaba una mujer que se enamoró de 61. Le propuso que los es- 
pañoles fundasen allí uno de los pueblos ó establecimientos. Diaz 
se aventuró á volver con el proyecto á los suyos y se encontró 
afortunadamente restablecido á su contrario; y muy bien recibido 
por Bartolomé Colon, que se alegró mucho de la, oferta de la casi- 
ca. Se trazó el plan de una ciudad (1496) y so llamó Nueva Isabe- 
la: dióle el nombre Cristóbal Colon y agrega Charlevoix: "pero o! 
de Santo Domingo ha prevalecido y no se está de acuerdo sobre 
su origen.''— Lo más verosímil para ól es que tomó el nombre de 
la iglesia del Santo Patriarca que se construyó en ella. Diaz casó 
con lá india que se llamó doña Catalina, fué más tarde alcalde y 
gobernador de Puerto Rico; remitido jreso á España, vino re- 
puesto a Santo Domingo, y no dice más la historia. 

Diahacas, guabinas, dallaos, cajes [cajes] mojarras. — Al hablar 
do .la gran variedad de ríceos en las Antillas el E. Padre Las 



— 267 — 
jas enumera todos esos que llevau nombres indios y prescinde 
de los que se designan con nombres castellanos. 

Diáhutía. — Lo mismo que yahutía. — En Puerto luco yautía. 

El señor Córdova infiero que la variedad no blanca sea la camota 

. do .Méjico, y la blanca el ocumo de Caracas. No acierta en su in 

(ereucia respecto del camote que es nuestro age¡ batata ó boniato. 

Tero sí es cierto que se llama malango en Puerto Kico una especie 

de yautia (pie crece dentro de rios y quebrados alimento de 

puercos. — En Cuba unos escribían diáhutía, otros yautía, pero la 
generalidad ahora llama malangas ¿i las tres variedades comesti- 
bles del Sr. Córdova, y a esa que crece cu los arroyos también en 
Cuba. Abunda en la Vuelta de Abajo en donde la sembraban los 
cultivadores franceses en las empinadas sierras en que cultivaban 
el cale, para impedir los deslaves do las aguas, y dar frescura á la 
poquísima capa vegetal del terreno. 

Dimiban Caracaracol. — Personaje semimítico. [Véase Itabo 
Tanltuana.\ 

Dio Aboriadacha. — Frase que dice el Padre Tañe significa 
¿k soy siervo de Dios." 

Dioumbas. — Las cauciones coreográficas de los tainos do Hai- 
tí: cree el Sr. Guridi que tumba con que se llámala danza en San- 
to Domingo procede de aquella. 

Diumba.—Líi danza, según se lee en recientes poesías de do- 
minicanos. (Pérez.) 

Digo— Añil, como presumo RafinesquC: yerba que emplea- 
ban para lavar y lavarse, los indios. 

hiluvio.— líabia en Cuba noticia del diluvio y era casi gene- 
ral en América: no mo parece muy comprobada esta tradición, 
por lo menos en cuanto á Cuba. Yo he buscado el origen de la no- 
ticia y solo encuentro la relación hecha por los cronistas de un 
aserto de Gabriel Cabrera, que lo oyó á un indio do sesenta años 
[Monarquía Indiana, lib. 11, cap. 10, pág. 577 1 y es la siguiente: 
kí Los indios de la Isla de Cuba dicen que tuvieron conocí 
miento, que habiau sido el cielo y las otras cosas creados, y 
decían que por tres personas, y que la una vino por tal parte 3 
las otras dos de otras, y tuvieron gran noticia del diluyio, y que 
se habia perdido el mundo por mucha agua, y decian los viejos 
de más de 70 años y 80 (luego ai principio que estuvieron los 
nuestros en la Isla) que un viejo sabiondo que habia do veuir e! 
diluvio construyó una gran nao y se metió en ella con su casa y 
muchos animales y envió un cuervo y no volvió porquo se puso á 
comer los cuerpos muertos; y después envió una paloma la cual 
volvió cantando y trajo una rama con hojas que parecia hobo (jo- 
bo) pero no ora hobo; el cual viejo salió del navio ó hizo vino de 
parras monteses y se embriagó, y teniendo dos hijos uno se rió y 
dijo al otro: echémonos con él; pero que el otro lo riñó y cubrió al 
padre y que de aquel habían procedido los do aquellas tierras 3 
al otro dio bendición." — Mo hay ni verosimilitud en el relato. 
Dondon* — Distrito de Haití en donde so encuentran cerca del 



— 2G8 — 
cabo Francés las cuevas do donde salieron los hombres quo rc;i 
lizaron los sucesos que uos lia conservado el Padre Pane. Tiene 
la más notable 150 piós de profundidad; su catrada, aunque an- 
gosta, la compara Prcvost á una puerta de cochera: por una cía 
ravoya recibía la luz y por allí salieron el sol y la luna (Véase 
Haití.) Aun se registran en sus antros y bóvedas figuras escul- 
pidas ó grabadas. 

JDosa.— Eios trailutario del Jaina, Llallí. 

Duchos, duela, (hijos. — Con estos distintos nombres se Uauía 
ban los asientos do que usaban los indios en forma de animales, 
con ojos y orejas do oro algunas veces. Don Tomás Pió Betan 
eourt en su Historia de Pucrto-Primipc, dice: que Don Pedro de 
Parrado y Pardo en su libro genealógico de familias de Bayaino, 
escrito en 1775, llamó dujo a uno de esos asientos que conservaba 
Doña Concepción Guerra y habia pertenecido al casiquo de Ba- 
yaino. Duxos escribió el Padro Simón hablando do los do Tierra 
Pirme; y duJw escribe Oviedo describiendo el banco ó asiento que 
llaman así en N caragua. Como los españoles andaluces cscri 
bian con h la palabra que pronunciaban con / y era idéntica en 
este caso la h y la j } me parece quo dujo es nombre genuino 
indiano. 

Buey. — Barrio de San Germán y es nombre de un rio en 
Puerto ÉiOo y en Santo Domingo. 

Duilieymqiicn. — Eio abuadanto ó lia, nombre propio (le 
persona. 

Duigli-niniqucn. — liico en manantiales ó corrientes (Pedro 
Mártir.) 

Duhos, Duytk. — Ortografía del dujo en Beünesque. 

Dup'u — Espíritu. 

JE. 

La letra do que voy á ocuparme no ofrece diñeultades en los so- 
nidos continent les, como dicen los escritores ingleses, Hender- 
son en su gjamática del moslcito, Schomburgk en sus trabajos so- 
bre G uayaua y otros aceptando la ortogralía italiana ó española 
en las vocales no ofrecen dificultad; pero téngase en cuenta que 
varia en la pronunciación inglesa en que casi siempre es i afin- 
qúese escribe c. 

Ei ó tei. — Existencia. 

El—lli — Quali. — Hijo, hijos, niños y aúü tribu. 

Elin. — El sol en Haití, según lo dice el dominicauo Pérez en 
sus fantasías indígenas. 

Etor. — Elmaiz verde, tierno que comían crudo los indios co- 
mo fruta. 

Embijes j embijados. — Así llamaron los españoles á los indios 
que se pintaban con bija y zumo de jagua y aiin otros colores 
(Véase Anacaona i para parecer espantables en la guerra. El lí- 
quido en que disolvían los colores era el aceito de Palma-Cristi 
ó carrapat. 



— 200 — 
¡.'majagua.— llio de Euerto-Bico que entra en el Caüaonito. 

^majagual. — Rio de Puerto-Rico. — (Véaso Guayo). 

Encomiendas. — En el artículo Anaboria se lia explicado lo 
concerniente a repartimientos de indios; más la idea ó pensamien- 
to de la explotación en bcuelicio individual, tuvo origen en 1499, 
siendo impotente el Almirante para impedirlo. (Irán número de 
parciales del rebelde Roldan, autorizados por este, se repartieron 
( ierras en Bonao, en la Vega Real y en Santiago: entonces "obli- 
a los casiques vecinos á que so las cultivasen sus subditos: 77 
aquí se tuvo la idea de los repartimientos de indios. (Touron, 
ífist. General eP Amerique, t. 1, pág. 92). 

Engombe. — Casique que nombra el Sr. Ángulo. 

Enriquillo.— Este diminutivo cristiano de Enrique*, fué usado 
por los contemporáneos del casique Guarocuya que se refugió en 
el lago' Caguán i (Véase la palabra) que por trece anos esquivó el 
poder invasor. El general Barrio Nuevo por orden del Empera 
dor Carlos V., le propuso un tratado de rendición y de paz que 
lúe aceptado. Se le ofreció un lugar ¿i oi) leguas de la capital lla- 
mado Boya donde podia retirarse con sus indios, libres todos des 
de luego. En Boya se reunieron 1,000 indios con que aún conta- 
ba. | Véase Casique de Haití.) 

Epilegaiita, — Figura de madera cu forma de cuadrúpedo que 
recibía culto en las selvas á donde se dice huia y de quien se ha- 
bló en otra parte (semis): habia uno do piedra en forma de mu- 
jer, i Véase Haití.) 

Éracra.— Casa, una palabra genérica que indica kabiL -ion 
(Oviedo.) 

Espirita. — Alma. En esa acepción tcnian alguna idea del alma. 
creían en Ja inmortalidad de una singular manera, pues pensaban 
que solo eran inmortales sus príucipes y sus grandes, y se les tri- 
butaban honores fúnebres en aniversarios por sus sucesores. 

X o tenían signo para la idea, como no sea goies. En cuanto 
á dupi que copio antes no trae más explicación que la allí dada. 

Estatuas.— Hacían los indios estatuas de maderas huecas, en 
que ponían los huesos de sus antepasados (reyes ó señores), y to- 
maban stís nombres. Los sacerdotes se valían de esas circuns- 
tancias para haeer supercherías y responder por los difuntos. 
(Las Casas, pág. 135, t. v, de su Historia). 

Eximia.— Isla de las Bahamas en donde vio el Almirante Co- 
lon, el tabaco (pie hoy conoce todo el mundo. 

EyerL — Xombre de un pueblo de Borinqucn, en cuj a. lengua, 
dialecto taino, se llama así á los hombres. 

No creo que existo en la lengua taina; si que ios viajeros han 
confundido su sonido con el de la t y la //. Tongo, sin embaí 
las palabras que han esculo con aquella letra. 



— 270 — 

Faena. — Según el obispo Lorenzana, significa la cantidad de 
trábalo que se imponía á los indios. 

Faragauacl. — Semí del casique Guáralo, padre de Guaraioel. 
Este ídolo fué encontrado en una cacería: los indios perseguían á 
un animal que cayó en una sima, y al examinarlo se encontraron 
con un tronco de apariencia de árbol; pero con vida y movimiento. 
Lo adoraron; pero se huía. Lo metieron dentro de un saco, y no 
por eso lograron que no se fuese teniendo que vigilarlo. Me pa- 
rece errata el uso de la/ en la obra del Padre Román; Bafiucsuue 
escribe Taraguabael, aunque con v, y parece más correcto. 

Faua. — Nombre que dio el Almirante á una supuesta tierra 
'de Cuba y que vio en sus sueños orientales, por interpretaciones 
del capitán de la Finta: éste decia que Cuba era ciudad y que 
aquella tierra continuaba en continente firme; "que va mucho al 
norte y tiene guerra con el Gran Can, al que llamaban Cauri y su 
tierra ó ciudad Eava." — Muy oscuros andaban todos por no en 
tender á los indios, decia Las Casas. 

Fásoles. — Frijoles (Oviedo). Fejoe, dijo Colon, y la Academia 
acepta la segunda forma como voz provincial En Él Intermedia 
río, 1. IV, página 301 1867) se dan etimologías de la palabra deri- 
vándola de fayottes, fayots, de las latinas f aseólas, óphascolus; pe 
ro también se acudo al género picaresco por sus efectos digestí 
vos. lioquefort dice que fiayo nlc es forma leonesa que remeda ó 
re ucrda el flageóle!, con cuyo nombre familiar so dcsigua el 
harlcot. 

Flg aero. — ( Véase Fag ua.) 
f huracano. — Eenzoni escribe así la palabra huracán (pág. 18 
<!el Mondo Novo) y dice que así lo llamaban los españoles: 
furacano. 

Fiiracán. — Dice Bafinesqtte, que es ei nombre en Eycri de 
huracán. 

Furrídi. — ^Nebuloso, tempestuoso. ¿Será i y no/ la letra ini- 
cial? ¿No se referirá á tureyf 

Fuzidi. — En lugar úafuridí ófurioidi. Como observa el sa- 
bio Humboldt, los criollos han cambiado las letras de la voz hai- 
tiana Biliao haciendo de la b una v y de la h una /. Conste que 
la han convertido amñfao: "conforme á la pronunciación casto 
llana."— (Véase la nota del capítulo VII, lib. 2, de los Viages 
Fquinocialcs.) El hecho me autoriza para que pueda ser que fu- 
ridt, sea huridí ó tur i 'di ', 



El sonido de la g es enteramente igual ai español; pero como 
hubo muchos que emplearon la ortografía italiana, so halla la 
combinación gia por ya en algunos nombres. 

Gabuba. — "Planta Silvestre," Haití. (García.) 

Gala. — Sitio do Santo Domingo. 

Gagüey. — Por la descripción do Oviedo, es el jagüey macho de 



— 271 — 
los labradores de Cuba. Oviedo lo describo, pág. 302, t. 1° de la 
Historia. 

Gandul — indio de guerra, según Oviedo. 

Qarábo. — Pueblo en el centro do Puerto Pico, entre sus ba • 
rrioa aparecen nombres indios. Jagua, Turabo y Pairoa. 

Garábuia.Sitlo en Santo Domingo. 

Giba. — Es una planta en Ouba, cuya simiente es muy gusto- 
sa para las palomas, significa brazo, en lengua del Brasil. (Véase 
;i Laet, en sus notas á Grocio.) 

Gibaros.*— Montaraces, según Pane 

(¡inaudiana. — Sitio do Seibo en Santo Domingo. (García.) 

Giahubanasl — Favoritos, familiares. 

Goanin. — Oro bajo de cierto color muy apreciado, en la Es- 
pañola, según notas del Padre Las Casas, á la relación del primer 
viaje de Col n. 

Goeiz, Opcycm — Espíritu malo: el Padre Boman Pane dice 
otra cosa, que traslado en la palabro ( ¡perito, y es opuesta á Pa- 
íinesque: supone que goeiz ?s el alma del hombre vivo, mientras 
llama con otro nombre los aparecidos, las almas en pena ó en 
gloria de los cristianos. 

Gosqni, Goschi. — La primer palabra creo que es reminiscen- 
cia de gosque, y la segunda de la ortografía italiana: sin embargo, 
se ha aplicado al perro mudo de las Antillas por algunos escrito- 
res. Observa el Padre Charlevoix, que solo ha leido ese nombre 
en las Memorias del misionero monsieur Pers, en las que escribió 
sobre Santo Domingo. 

Goyorí. — Dulce de ajonjolí en Pemedios, en oirás partes ale- 
lí ría. * 

(¡rana. — Palma Peal en Porinquen. 

drillo. — Era el apellido de un genovés que residía en Espa- 
ña, entregado al comercio de esclavos do África, negros, antes de 
que se introdujera el sistsma de concesiones y contratas. "Antes 
que Francia ni Inglaterra tuviesen asiento, este asiento público ó 
vigilado lo tuvieron los particulares, negociantes del comercio de 

Andalucía Entre los que tuvieron esta negociación, fué más 

afortunado un genovés de apellido Grillo, que continuó muchos 
anos y con él se hizo una poderosa casa." — Ulloa, Restableci- 
miento de las fábricas, fraileo y comercio de España L >a parte, capí 
tnlo 4, t. 2? 

(rita. — Artículo demostrativo como lo advirtió Pedro Mártir, 
en las lenguas de las Antillas, y so encuentra en otros paises 
americanos. Es en lengua chilena el mais: "Sagio ¡sulla Storia 
naturale del Chili? j»:ig. 128. Según la página siguiente del mismo 
autor, conservan allí el mais de dos maneras en el invierno: ó le 
dan una corta cocción y le llaman ahuchoca, ó le dejan crudo: del 
primero usan como menestra, y del segundo forman una especio 
do cerveza muy agradable. (Véase Chicha.) 

Por lo que hace el artículo gua, observa también Pedro Már- 
tir, que son pocos los reyes que no lo tienen con su nombre. 



— 272 — 

Gua, (jilc, gu. — En lengua goagira significa nuestro. 

Guaba. — Provincia y rio de Maguan a en Haití. 

Guabá. — Araña, común en Samaná. Único insecto venenoso 
en Puerto Rico que, según el Sr, Córdova, se cura como antídoto, 
felicísimo con el bejuco de Guano. Memoria, pág. 189. (Madrid, 
1888.) 

Guababo.—Iiey de Haití. (Véase Taino.) 

Guaban-iniquin. — Rey de Haití. 

Guabanimo. — Rio de Haití. 

Gnabatico. — Rio de Haití. 

Guabanséx. — El semi de uno de los easiques más distingui- 
dos, llamado Aumatéx. Es la divinidad del género femenino, que 
acompaña á otros dos semis, y Brasseur de Bourborg quiere que 
sea no a trinidad, la del libro sagrado de los Quichés, Guabanséx, 
Guatanbay CoatriscMc (Gua-trix-que) que representaba á Hura - 
can, que preside las nubes, el rayo y la tempestad. Los dos semis 
haitianos tenían por ejercicio, el uno reunir y el otro gobernarlas 
aguas: Guabanséx suele incomodarse y entonces son las inundacio- 
nes, en consecuencia, tala los campos amaneando los árboles y 
los edificios. El dios femenino, ó hembra, es de piedra del pais, y 
de los otros dos solo sabemos que se llamaban Guatanba y üoa- 
trlscliic. 

Guabaza. — Eruto que, según el bermitaño Pane, comían los 
muertos encoayTxiy. 

Guabiníquinar. — (Véase Agutí.) 

Guabonito.—N ombve de la mujer misteriosa que dio á (iua- 
goniaua las sibas y guaninos de que habla su historia. 

Guaca ó Apito, Guacarapito. — Atributos do Dios. (Véase A ta • 
hcx. Significa santo la palabra guaca. 

Guaca. — ( Véase Auc.) 

Guacabacaca. — Raiz. (Véase Ages.) 

Guacacoa. — Nombre indígena de la dagniya, (Lagetta Única- 
ria) según el Sr. Rafael Madrigal, que se ocupaba en Cuba en 
1860 en el estudio do las plantas textiles. Por su poca elasticidad, 
en dirección longitudinal, la preferían los agrimensores en ando 
usaban cuerdas para medir. 

Guacaca.— Raiz. (Véase Ages 6 Patatas. ) 

Guacanamarí, — De esta manera está escrito: es un pariente de 
( í uacanamarí, (Guaeanarí?:) en el segundo viaje de Colon, le dijo: 
u Que el rey do Cuonabó y de Mayrení" eran los que habían des- 
truido el establecimiento español y dádoles muerte." 

Guacariiarillo.—-AsíUamñ l Pedro Mártir al casique de Guaca 
uari. 

Guacara ca. — Una variedad del age. 

Guacanayabo. — Provincia cubana y puerto de esc nombre. 

Guacayarima. — La última región occidental de Haití, cuyos 
h abitantes, dice Pedro Mártir, vivían en las cavernas de los mon- 
tes, contentos con frutos silvestres; sin morada fija, como en la 
edad del oro; y se asegura que carecen de idioma: nos certo ajinii 



idiomate carcre. Ademas de la Guaoayarínia, había con la inicial 
■ ■, las siguientes: Guahabba, Guahagua^ Quanama-j <iuar«J>o, Gua- 
rico y Qtuarizaca, 

(iuacoua.v, — Ivs un bálsamo que sacaban los indios de una 
planta, según Oviedo. (Historia t. l?, pág. 390;) 

Quaauranao. — En escrituras antiguas se leeeste nombre en 
lugar de Bacuraiiao, que prevalece: en una de las cláusulas del 
testamento de Pedro Redondo Villegas, casado con la hija de 
Anión Recio, en la 96, ano de 1611, ante Juan (íuilisasti, á los 5 de 
Agosto, asi llamó lo que ahora se denomina aún Baeuraiiao. Tam- 
bién en Haití unos lian dicho Bagpniana y otros (¡uagouiana aun 
personaje fabuloso, y en la última forma lo trae el Padre Pane. 

Guacha. — El indio soltero que paga con dificultad el tributo: 
ha venido del continente, pero tiene aspecto taino, y lo es en la 
palabra. 

Guachamx. — Lo que está debajo de! agua-abatido por ella: 
cmjuaelia ruada la siembra. 

Guacoancjo. — Madera dominicana, según (lalvan. (Quisque- 
ya.) 

Guadiya. — Significa lugar de flores <> jai-din; en lengua de 
ítorinquen (Abad.) 

Guadoguinaccs. — Animales del tamaño de liebres, que servían 
de alimento á Pizarro, según se lee en la Colección de Viajes, tr«u 
d acción, impresa, en Madrid hasta 1791, en 1*8 tomos en 4? 

Guajiqueros.— Los indios del Guagica en Honduras, que no 
deben confundirse con los guagiros de otras partes. 

Guagiro, — Supone el Sr. Noda que era el significado de la 
palabra el de un rango social inferior al del casique, y lo aplica á 
los naturales de la Vuelta de Abajo: Oviedo, dice, que es sinóni- 
mo de casique en Tierra Firme. (Sumario, cap. x.) Guajiros se lla- 
man en Cuba los habitantes del campo y no les gusta el apodo, 
acaso porque lo atribuyan á una acusación de rusticidad. Si gua 
es un artículo, tal vez parezca compuesta la palabra de gua y (jí- 
baro: perro* (jíbaros, cochinos (jíbaros, se llaman en Cuba los 
silvestres; y (jibaro en Puerto Pico al hombre campesino. 
(Véase la Secc. 3 a ), Hay una nación de goagiros: La i\oa ji- 
ra: si se cree al Padre Simón, eran: "gente desnuda de todo, 
hasta las partes de la honestidad que también traían des- 
cubiertas hombres y mujeres, salteadores y vagamundos, sin po 
blaciones ni hogares conocidos, pues andan, como dicen á noche 
y mesón,*' viven bajo los árboles y no cultivan las tierras, "hol- 
gazanes por bastarle para su sustento las frutas dé loa árboles 
que son muchas." El Padre Simón reconoce su valor que eOStó 
i an>: "y no ha habido quien les haya puesto coyundas de sumi- 
s on."' (N"ot. Historiales.) 1). Antonio Julián forma, de esa nación 
mejor concepto: la caliüca de valiente como su antecesor, pero de 
muy civil con los extranjeros con quienes comercia: que han 
adoptado el servicio de los caballos de que tienen velocísimos, 
llamados aguilillas) no fueron conquistados y aunque cree que 



— 274 — 
los no reducidos andan como nuestro padre en el Paraíso, 
se visten cuando bajan á sus tratos y describe el traje. Le 
parecía su lengua sonora y una de las mejores de América. 
Desgraciadamente no presenta más muestra de ello que la pala- 
bra nape con que llamaban al padre. Historia de la Provincia de 
Santa M arta, Disc. III y siguientes.) Consérvase esa nación en 
nuestros dias y se le suponen 1S,000 almas entre Venezuela y 
Colombia: son laboriosos ganaderos, según Codazzi. ( Resumen de 
la Geog. de Ven., pág. 25G.) 

Al publicar Ternaux Compans el manuscrito del sumario de 
Oviedo, que antes lie citado, y perteneció á Muñoz, en los ISouve- 
lles Anuales des Yoyages se anota la palabra guagiro, "así: pero es- 
ta palabra la han adoptado de los caribes," Los amagas, arrou 
ges ó arroualcasis (formas diversas de una palabra como lo adver- 
tido en otro artículo;) los galibís ó galibitos- los guahiros ó goagl 
ros me parecen tribus de ia bella nación caraxbc? Esas son pa- 
labras, con excepción de lo que agrego entre paréntesis de Daou 
xión Lavayse, Yoyaye aux iles L. t. I o , pág. 287. 

Guacanubié. — Indio catecúmeno que cuidaba un oratorio es- 
pañol, de donde se robaron hasta las hostias consagradas Guario- 
nex, y los suyos que escondieron en un conuco de sus labranzas y 
aquel y sus cómplices fueron quemados. 

Se lee Guaycanabú en otros escritores como Muñoz que cita 
al Padre Pane, (Véase Guaycanabú.) 

Guacanagabá. — Casique déla isla de Haití que huyó al apro 
ximarse Colon, creyendo que eran caribes los europeos, pero de- 
sengañado de sn error fué un gran amigo y fiel aliado del Almi- 
rante. Lloró en las desventuras de sus nuevos amigos y quiso 
evitárselas, y combatió con ellos contra Caonabo. Hospedó á los 
españoles en su propia casa, en la mejor de las suyas; recibió la 
primera vez á Colon con cierta solemnidad enviándole un mensa, 
je con su hermano: formó un estrado en su casa, alfombrado con 
yaguas ó camisas de palma como eneros de buey, como dice Herre- 
ra. Hizo sentar al Almirante en una silla muy bella de bajo es- 
paldar linda y reluciente y le colgó una gran patena de oro al 
cuello: esa plancha ó patena parece ser lo que leo en otros luga- 
res que era señal de supremacía ó majestad. En sus estados 
permitió fundar una fortaleza y fueron brazos indios los emplea- 
dos y se erigió la villa de la Navidad. Estando en ella el Almi- 
rante [30 de diciembre) se presentaron cinco casiques dependien- 
tes de Guacanagarí con coronas en las cabezas y colocados en la 
sala y estrado ya dichos, puso aquel la suya en la cabeza del 
Almirante y cada cual le regaló una plancha de oro no fundida 
porque no sabian hacerlo, si no hecha á martillo ó sea por la pre- 
sión de dos piedras. En ese dia el Almirante puso su capa al 
casique le calzó borzeguíes y colgó al cuello un collar de varia- 
das cuentas y colocó uua sortija de plata en un dedo: con lo que 
quedaron muy contentos. Por él supo en su segundo viaje Colon 
los destrozos hechos durante su ausencia. Murió de tristeza. 



— 275 — 

Algunos escriben Guacanacoric como el barón Emilio Ñau en 
mi Jlistona de los caciques de Haití. — Guacanavillo, dice Pedro 
Mártir de Auglería. 

Guagoníana. — Este nombre haitiano se lia escrito de diferen- 
te forma pomo otros muchos: Vagoniana, por ejemplo. El Padre 
Sarmiento, de los pocos que conservaban la vida del Almirante, 
por su hijo I). Fernando, usa de la ortografía que aquí: GuagoniOi- 
tta, según expresó el hermano Román. Me parece preferible la 
palabra escrita con </, y no Vagonia/na como otros muchos, entre 
ellos los redactores de la Eevue des Races Latines. En la relación 
del citado Román Pane se lee GuaGionana, Gna-h'm-hana, estas 
formas son más indianas «pie Vagoniana, que puede ser un error 
por la semejanza de la pronunciación ua, en nada semejante á la 
sílaba ha. La traducción italiana de la relación ha debido aumen- 
tar los errores del original no estando lija la ortografía por los es- 
panoles: entonces se escribió Betagua y luego prevaleció sin ra- 
zón Veragua, Consignaré aquí lo concerniente al personaje Gua- 
goniana. Es un ser qnc figura en la Cosmogonía haitiana á que 
se llama padre- de los hombres. Según la relación, precedió ni 
diluvio de yaya ó giagia, que es la forma italiana con que allí se 
suele escribir. Después de explicar el nacimiento del sol y la la- 
na y las cuevas de donde salieron, dice el hermitaüo: que Guagn- 
alona dijo á Griadrunama que fuera á buscar la yerba que llama- 
lían digo, con la que se limpiaban cuando se querían lavar. (Pe- 
dro Mártir supone que era su hijo.) Sorprendióle el sol y fué con- 
vertido en pájaro, que cauta por Ja mañana como el sinsonte, y se 
nombró GahuOa-Bagiacl, es decir, hijo de Giahübagia. Mr. 
Jírasseur Bourbong cree que esta palabra última es otra forma de 
Gaugugiona, y asi se conforma con la versión de Pedro Mártir que 
le llama hijo de Guagugiona. Al advertir la tardanza en volver 
del enviado por la yerba, salió de la cueva para ver en lo que 
consistía. Indignado al notar que los enviados no volvían (el tex- 
to habla aquí en plural) con el digo, invitó á las mujeres á dejar 
la cueva y á sus hijos y maridos, llevando solo la yerba, pues ha- 
bían de volver de otros paises con muchas joyas. No fueron sor- 
dos al llamamiento y salieron dirigiéndose á M a ti ni no (hoy Marti- 
nica) llamada Gn aniñe. Los niños quedaron á orillas de un rio ó 
arroyo en donde al experimentar la sensación del hambre clama- 
ron por sus madres: toa! toa! llorando como era consiguiente, 
fueron convertidos en animales parecidos á pequeños enanos, en 
ranas que se conocen con el nombre de toa. 

Guagoniana no se contentó con dejar sin mujeres á los sayos, 
sino que también se llevó engañados en ese tiempo á las del casi 
que Anacacugia (liov del cacao, que eso signiñeaba.) Acompaño 
le éste en una canoa y le paseó por mar, y así entretenidos le hizo 
asomar al borde para que viera un lindo caracol marino, un cobo, 
y al hacerlo lo levanto por los pies y le anoió al agua, y 86 llc\<> 
para sí las mujeres, dejo* las anteriores solas cu Matinino donde 
siguieron viviendo asi, y no las molestaban los hombres, obser 



van una existencia, como se dice de las Amazonas, basta la veni 
da de los Europeos. 

Qcuagoniana volvió á la montaña de Cauta de donde había 
robado las moeres, pe*o se cuenta que estando en la región 
á donde se había ido, notó que había dejado una mujer en el mar, 
de que recibió gran pesar; luego buscó un gran número de baña- 
dores que lo sanasen y limpiasen de las úlceras de que estaba cu- 
bierto (el hermitaño lioman califica de mal francés a esas úlceras, 
cosa que impugnó el Padre Sarmiento y de una manera victorio- 
sa, que por extenso he referido en otra parte.) Se colocó en una 
guanara (lugar escondido) y allí se curó. Qtuabanito, que así so 
llamaba la mujer, se despidió con acuerdo de Guagoniana que se 
llama en lo sucesivo Biberosi-Guahagiona (Guagoniana) regalán- 
dole la mujer, muchas guanmes y ¿ibas para que las usase ligadas 
a los brazos. Aunque guanin es un metal de cierta composición, ya 
explicada en este libro, también se daba ese nombre á joyuelas 
del tamaño de un florín que llevaban los naturales colgados como 
dijes de las orejas. Así es que se atribuye la invención del uso 
de los guaninas a Guabonito, que ya conocemos; á Abeboraei y su 
padre Albebora y Guagoniana. 

Quedóse en el pais Guagoniana con su padre Jña una y ll\a- 
ili-guanin, que quiere 4ecír los hijos [ili| dé Mia una, que quiso 
llamarse Guanin en lo adelante, f Véase Inrire Gahuuaiel.) Las 
deduciones que de esta leyenda hace Baíinesque, son que con ella 
descubre la demostración de una dinastía de Ilia-una ó 77 i o na, 
que supone enlazar con las tribus pelásgieas de los aonasójonws, 
aunque sin más fundamento que el encuentro frecuente de los ra- 
dicales ion, en, ana que se usa en los nombres chinos á menudo. 

Guagua. — Las palabras Nicaragua, Managua y otras de 
la America Central me hicieron recorrer las obras do Squier The 
States of Central América. — No he hallado en vocabularios que 
contiene, que no recuerdan el idioma taino: más que la palabra 
guagua, tan usada hoy, que si gnifiea muchacho ó .niño; la voz ha- 
rana que ha recogido Galindo (pág. 250), que so usa por mar y es 
corrupción de balaua de los dialectos de Cuba y Antillas: pero los 
caribes de esos lugares (pág. 580) han sido llevados en 1790 de la 
isla de San Vicente por el gobierno inglés: mezclados allí negros 
6 indios han producido los caribes negros' (pie pretenden algunos 
que son indígenas. — En lengua maya significa viento, compañero, 
semejante. [Señor Hojas]. 

También significa; caña hueca con lengüeta y agujero que 
lanza sonidos roncos y fúnebres. López, Los caribes de Venezuela, 
pág. 278, t. I. 

Guaguasí.— Significa, según dice el Sr. García, en Santo Do 
mingo: "Yagua nueva. 77 

Guagua.— Según el Ldo. Al mansa, es una planta con virtudes 
medicinales (Véase Macusci.) 

Guahabd. — Provincia de Haití que se alzó cuando se dio 
muerte a la- reina Anacaona.— Se conoce con el mismo nombre á la 



tribu que habitaba en las cuevas de esa isla, de las gentes más fe- 
roces y más salvajes. j 

Guato* — Cancro o cangrejo acuático terrestre del Brasil. (Vea 
se (iiieyes.J 

Guaibd. — Significa lia, va, vaya. 

Guaibona. — Apellido indio de don Andrés Guaibona que to- 
mó aquel nombre al hacerse cristiano. Era casiquo en Santo 
Domingo. Nombrado Albín querque repartidor de indios por la 
Corte, dio á don Andrés al escudero pobre Ñuño do (inzuían en 
encomienda con un naitano ó nitaino Juan de Barona y veinte y 
dos mujeres de servicio y diez y seis indios; más dos naborais de 
casa, varios ancianos y cinco niños. Se los entregó para que los 
empleara en sus agencias y grartgerías por su vida y la de sus hi- 
jos. Las Casas, que copia la concesión, se indigna de que un rey 
con sus nobles que poseia 40 (KM) subditos, se entregara á un pobre 
escudero: clama por el remedio, pues siendo cristiano, y aún no 
siéndolo, era mejor que el encomendero, —En estas cédulas se vé 
que naitano y nitaino eran palabras que expresaban grados civi- 
les y que como lie dicho en su lugar, taino solo significa noble en 
el concepto de bueno. 

>ea. — Tal vez guaira: carátula con ojos y orejas de oro. 

Guaicán. — Era el nombre que daban los indios al pez que de- 
nominaban reverso los españoles, y que les servia para pescar, 
porque atados por la cola se adherían á las tortugas y otras pre- 
sas, (pie no soltaban; prestaban' así un servicio útil. 

Guaimayana. — Provincia de Cuba cerca de Bayamo. 

( 1 uairíía-Jüs un lugar do Puerto Príncipe. Es palabra también 
délos indios de Costa Eirmc de que lian derivado los españoles la 
voz ( 1 uiana ó Cuayana y los franceses la Cayenne. Dice Dauxion 
Lcvayse que el idioma marcitano, de donde procede, se extendía 
hacia el Ecuador, como la lengua caribe en las orillas de Esequi- 
bo y las de Magdalena, Nosotros tenemos la voz guanina, guabi- 
na y otras muy parecidas. 

Guainabo. — Pueblo de Puerto-Rico, que tiene entre sus bar- 
rios á Guarayuea, Guainabo y Mamey, con otros que no llevan 
nombres indios. 

Gnairioner. — Cas i que que se unió á Agücinabá cuando se a - 
zó oo guerra contra ios españoles. 

Guainamoca, — Sitio en Santo Domingo en Jarabacoa. 

( \úaira. — Nombre que lleva en Cuba la vela triangular de l;i 
pequeña embarcación llamada Guairo, Según Lact, palabra pe- 
ruana (notas á Hugo Crocio) y copia en prueba: "El que es me- 
tal rico, habla el Padre Acosta, se beneficia en aquellos hornillos 
que llaman guairas? — Poro es palabra que existe, mas cerca, de 
nosotros como nombre de pais: ha Guaira, 

Guaira. — Barrio pequeño. [ Véuse l¡i Sección Tercera.] 

Guaisabaua, Caney, Jiguaní, Guavf.— -[Véase Cuba,) 

Guaijabon. — Lomado- grandísima, altura cu la, Vuelta Abajo 
en Cuba conocida por Pan de Gnaijabon^ Nada dice que u<> es 



— 27S — 
Guajaibon como se escribe por corrupción si no coino aquí se lee. 
(.. Mem. de la Sociedad Ucón. pág. 140, t. 17). Está lo leguas al 
poniente de la Habana. 

Giiajaba. — Isleta en el jardín del Rey (Cuba) y archipiélago 
donde está Cayo Roinauo (Urrutia). Planta medicinal (Haiti.) 

Guajai. — Territorio Haitiano en que gobernaba Hátuey antes 
de venir á Cuba; y partido y población rural en esta isla que se 
lia convertido en Wajai, por las razones que se quiso mudar en 
v la b de Habana aún que no se lia perpetuado el error ortográfi- 
co si no en los extranjeros. 

Guajarajio. — Salvajes de la América Meridional que tienen 
que ser parientes en el nombre de los antillanos. 

Guajataca. — Barrio del partido de Camy, en Puerto-Rico. 

Guajaibon* — Arroyo que corre la falda de la sierra de Guana- 
jay no lejos de Marien. 

Guaijimico. — Sitio en Santo Domingo. 

Guaíi. — [Véase EL) 

Guama.— Barrio de San Germán, en Puerto-Rico. — Significa 
señor, — Hay un árbol de este nombre que sustituye á la majagua 
en la cordelería; pero tiene mucha menos flexibilidad. — Además 
de ser el nombre de un indio que capitaneó en Cuba la última al- 
teración de naturales, hubo otro, su tocayo, en Haití, que murió 
en los dias de la conquista, peleando, amparándose de los bosques 
de aquella isla. — También dice Rafinesque que guama si guiñea 
maestro. 

Guamacayo. — "Rio trinitario del Camí." — Sto. Domingo. 

Guamo. — Sin acento final significa en lengua goagira con no- 
sotros. 

Guamaicú.— lí l t cx(i coelgo ? 'en portugués, según Pisón. 

Guamanacod. — Los dias de la conquista fueron vaticinados 
en Haití, según sus tradiciones, por dos casiques llamados Gua 
manacocl y Casmael, padre éste de Guarionex. Llamóse el se- 
gundo también Caiziuel y después de una abstinencia ó ayuno de 
tres dias, recibió la revelación que fué materia de uno de los arei- 
tos más célebres. Según esa revelación ,después de su muerte ven- 
drían gentes 'vestidas que los matarían de hambre y subyugarían: 
al principio creyeron que serian los caribes, pero luego conocieron 
que se referia á los españoles con cuyas señales y el ser vestidos, 
coincidían en el vaticinio. 

Guamaní. — Barrio de Puerto-Rico. (Véase Jobos). Rio fér- 
til que riega á Guayana y sale al Puerto- Jobos. 

, G uamaaroca, Gaamaonocon, Guamaoxocoll, Guamanomoca, 
Guamamona Giiamoquina. Nombres de la diosa ó dios femenino 
de los tainos. (Véase Atabex.J 

Guamaya. — Provincia y pueblo de Cuba. 

Guamiqíiina. — Jefe blanco, nombre que dieron á Colon en 
Haití. (Pérez.) 

Guamiquinax.—lMS Casas, (Véase Agutí. j 

Guamo. — Tocar el guamo significa en Bayamo sonar el fotu- 



to. Eista palabra parece onoinatopéyiea. En la América Meri- 
dional se llama botuto según el autor de las Escenas y vistas de 

■i (¡es, Mr. P. Marcoy. 

Guamueo. — Provincia de Marien enSanto Domingo. 

Guanuma. — Lugar ó sitio en Santo Domingo. 

Qtuamujaya. — Provincia en Cubanacan: también se escribe 
Guamuhaya. 

Guana. — En la Jamaica se llama así la higuana ó galliwasK: 
los negros las cogían por la noche hasta en sus bohíos donde se 
entraban, y aunque su mordida no era venenosa, sí molesta por- 
que no soltaban la presa: para matarlos les introducían una paja 
por la nariz y luego que echaban unas gotas de sangre espiraban. 
Tienen los huevos cubiertos de una membrana. Había muchos 
en Jamaica si hemos de creer la historia de Jamaica que tradujo 
del inglés M*** y publicó en Londres en 1775 Xouvel, en dos 
tomos. 

Guana. — Lagartija. — Herrera escribe ¿«ana: la iguana ó hi- 
guana es una especie que comían los indios y de la que se habla 
en el artículo que precede. 

Gutanamoea.—Vn lugar de Santo Domingo, sitio. 

Guanabá. — Isla á ocho leguas de Haití, célebre por sus exqui- 
sitas obras de mano, (Véase Anacaona) en donde se refugiaron 
los indios que escaparon perseguidos por Ovando como subalter- 
no de Velazquez. Pedro Mártir hace mención de los esmerados 
utensilios de mesa que allí hacían de madera negrísima y brillante. 
¿Serian de ébano? — También es nombre de una ave. (Véasela 
Secc ion Tercera ) . 

Guanabacoa. — Pueblo de indios cerca déla Habana, que uni- 
do al de Tarraco constituyeron lo que es hoy villa de Guanaba- 
coa, en donde recojieron los indios que vagaban por estas partes 
de occidente: en esa villa se conservó hasta nuestros dias la fama 
de dos industrias indígenas, la alfarería enjarres para agua, muy 
apreciados, y del mejor casabe. Fueron famosos sus machetes de 
cinta y el temple de sus hojas allí forjados por sus mismos habi- 
tadores. Según el señor Nuñez de Villavicencio, el nombre indio 
significa lugar de muchas aguas. Antes de que se mandasen reu- 
nir los indios en ese punto llevaba el mismo nomine y sus natu- 
rales fueron repartidos como los demás: 300 indios de Gnanaba- 
coa tenia encomendados Manuel de Pojas, Teniente Gobernador 
de la Isla. (Memorias de la Sociedad Económica, pág. 117, t. x\, 
1812.) La recolección de indios se hizo en la época de Ma/ariegos 
(1576). En Guanabacoa comenzaron á criarse las abejas de Flori- 
da: dice Ulloa que varias familias emigradas las trajeron y solo 
algunas colmenas fueron las traídas y se multiplicaron á punto 
de esparcirse pronto por las montañas. 

Guanábana* — Este fruto valioso y apreciado suponían alga 
nos que es el que las tradiciones indias determinaban como el al i 
mentó de los muertos en las reuniones que tenian por las noches. 
Otros le atribulan la preferencia al mamey. (Véase Coibay*) Me 



—-280 — 
parece que la celebrada Guar abana de redro Mártir es esta 
fruta. 

Guanabo. — liio en Borinquen en donde allegaron los indios al 
joven Salcedo para averiguar si eran ó no mortales los españoles. 
— Es también nombre do territorio de Cuba. — Según la Historia 
de los Viajes (edic. trad. en Madrid, pág. 156, t. tlS) es denomina- 
ción del árbol llamado por los franceses carrosolier, — La parte 
<jue hoy se llama Gonairc en Haití al oriente de Leogane, se lla- 
mó Guanabo. 

Gnanaboa. — Territorio de Jamaica, notable, según Sloane, 
por su excelente cacao. 

Guanaca. — Ave indígena. — (García.) 

GuanaeaMbes. — Provincia de Cuba habitada por la tribu mas 
bárbara, al Occidente: semejante á la de Guaceayarima, en Haití, 
(pie decían los españoles que ni hablaban. (Véase Guaccayarima.) 

Guanahatebeyes. — Indios que estaban en lo interior de Cuba, 
''dentro de Cuba," los cuales eran salvajes, que no trataban con 
los otros indios, vivían en cuevas y no salían de ellas sino para ir 
á pescar; y se agrega: "otros hay que llaman Zibuneyes, que los 
indios de la misma isla tienen por sirvientes, y así son casi todos 
los de los dichos jardines (de la Reina y del Rey.") — (Documentos 
inéditos, pág. 35, t. 7.) 

Guanahatabenequena. — La esposa de Behequio que se enterró 
viva con él cuando aquel murió. Era hermana política de Anacao- 
na, bellísima, que no tenia u/ual: u nullam ín universa ínsula ha- 
buisse pulchritudinem. v dijo Pedro Mártir, (Dec. 3, libro IX.) 

Gaauacaric. — ( Véase Manicatex. ) 

GuanaJiani. — Primera isla descubierta por el Almirante Co- 
lon á quien llamó San ¡Salvador, del grupo de las Lucayas. Las 
Casas dice: "Guanahaní, la ultima sílaba aguda, que en las cartas 

se pinta llamada Triango, como ignorantes los pintores tiene 

la dicha isla la figura de una haba." — Ilist. Apolog. t. v. pág. 241.) 
En la América Ilustrada de Nueva York, que luego reprodujo El 
A tentó, aprovechando mi visita á las Bahamas, hablé de la isla 
del Gato. Bancheero, que ha publicado un mapa de los viajes de 
Colon en que puso su derrotero, se decide por los que creen que 
es la Isla del Gato. — Huyeron de los españoles los insulares á to- 
da carrera, dice Charlevoix, al verlos ponerse á escribir el acta 
de posesión: creían que echaban sortilegios sobre ellos y la is- 
la; fué preciso aplacarlos persuadiéndoles, como pudieron de lo 
contrario. 

Guanajas. — Cuando Colon visitó en su cuarto viaje estas is- 
las, se encontró allí con una canoa, que es un dato útilísimo para 
conocer el estado comercial y las comunicaciones incipientes de la 
tierra. Tenia la canoa el largo de una galera y ocho pies de ancho. 
En el centro se habia construido una tienda con petates y bajo ella 
se hallaban los hijos, las mujeres y mercancías que conducían: te- 
gidos de algodón bordados, camisas sin mangas, almaizares ó 
bandas para cubrir los hombres lo que debe ocultarse; espadas 



— 881 — 
de madera ó macanas con ido de guijarro alados con hilos y uni- 
dos con pez, etc. Sus víveres consistían en pan do inais, raices y 
chicha. Dijeron ;i Colon (1520) que venían de Oriente. Parece que 
los habitantes de Yucatán comunicaban por mar á bastante dis 
banoia (Ternanx Compans t. 10, pág. 21). Esta isla en Honduras 
no solo se parece á la Guana ¡a en Cuba, sino que, como se verá, 
tígura en su historia social. 

Uuanijabo. — Barrio de San (¡crinan en Puerto Rico y de 
Mayagüez. 

Guanajos. — Los últimos esclavos indios en Cuba se llamaron 
indios guanajos. {Memorias de la Sociedad, pág. 42, t. 1?., ano 
1854.) * Con esa denominación se encuentran en las actas del ca 
bildo de la Habana. Fue permitido perseguir indios caribes pa- 
ra esclavizarlos: de ellos se surtían suponiéndolos todos de las is- 
las Guauajas descubiertas, como se dice antes, en su cuarto via- 
je por Colon. Cuando se trató de conquistar á México fué uno 
de los proyectos para llevar á cabo el propósito, pagar los gastos 
con el precio de los indios (juana [jos, como los llama Diaz del Cas- 
tillo, que repugnó el arbitrio, no creyendo moral que se esclavi- 
zaran indios libres: el buen sol lado no tuvo imitadores. Con el 
achaque de que eran caribes fueron declarados esclavizables los 
guanajos y luego como guanajos fueron esclavos otros indios, 
mientras pudieron explotarlos. — El Golfo Dulce se llamó de los 
< \ uanajos, según Moren (Suplemento.) 

Guanana. — Nombre dado por los indígenas, según el Sr. Pi- 
chardo, al guacalote. 

Quananagax. — Véase (Ages y Batatas.) 

Guananalá. — Por la descripción de Pedro Mártir, es el anón. 

Guana má, Guariaga — Comarcas de la provincia de Caisimú 
(•Caisimon?) que decían los indios que tenían fuentes, cuyas 
aguas superficiales eran gratas al paladar, siendo amargas las 
del fondo. 

Guanamento' — Montaña de Haití. (Véase Taino.) 

Guananicato. — Pueblo haitiano en el departamento moderno 
do Maridaron. 

Guanava. — El fruto derivado de ana, flor. (Véase Inas.) 

Guanavima. — Eruto del corozo. [García.] 

G uanaca. — Nombre indio de Jamaica, según Pedro Mártir. 

Guaoconel. — Casiquede Macorix de Abajo. 

Guacanayabo. — Provincia y puerto de Cuba. 

Guananiquin.— El padre de Guanaoconcl. 

Guane. — Miel en Cuaima, uanean Tamanaco. En Cuba existe 
el nombre, tomo el dato de una nota de Ilumboldt, respecto de su 
significado. Eemates de Guane. 

( i uanc.— Significa en goagiro, con acento final, uno. 

< \ uancha.— Ensenada en Pucrto-líico. 

Guan Guan. — Una islita. 

Guanguio.-* Saco ó alforja que llevaban lleno do polvo de ta- 
baco, cojaha y los indios de Haití. 



— 282 — 

Guaní. — Es el sunsún ó colibrí llamado tominejo, de tomin, por 
su pequenez. Guanumby era en el Brasil el mensajero que trae y 
lleva las almas. (Almmróguarany, Romance brasileiro, t. 2?, nota 
á la pág. 292.) En el Perú se le dice quende se tenia la preocupa» 
eion de creer que renacia como el fabuloso Fénix á los seis meses 
de muerto; pero Marcuell lo atribuye á una especie de sueño: sus 
pítimas son muy estimadas de los colla*. En La Siempreviva, t. 1°, 
pág. 54, y antes en 1793 en el Mercurio Peruano se insertaron no- 
ticias sobre el colibrí americano. Hombre, varón. (Véase Hito.) 
El Padre Bernaldez, cita con ese nombre una especie de Seda en 
Cuba. 

Cttidniea, — Puerto en Borinquen al Nordeste á 5¿ leguas del 
punto de Águila. También es barrio de San Germán. 

Gnaniguanico. — Parece serla misma provincia de Guanahaca 
vives, por más occidental y salvaje entre las conocidas eu Cuba- 
Los que menos las suponen, si no confundidas, colindantes. Equi- 
vocóse el cronista que á Gnaniguanico llamó Haniguanica. Cabo 
Guaniguanico, boy San Antonio. — Territorio en Cuba ó partido 
rural. 

Guanima. — Puerto que cita Velazquez en sus cartas; hoy 
Guanímar, según de la Torre. Es también nombre de una isla, 
nombre por su semejanza al oro. 

Guanime.— Según un suelto publicado el 14 de Junio de 1868 
en El País, es una composición de plátano como el mofongo, ó 
pasteles y tostones. 

Gwowiw.— Oro de baja ley. [Véase Goanin.] 

Guanina* — Planta con flor amarilla de que tal vez tome el 
nombre por su semejanza al oro. 

Guanines. — Joyas, objetos de guanin. Herrera dice que po- 
nían por hierro de sus azagayas, un metal llamado guanin, el cual 
mandó Colon á los Reyes Católicos, y hecho analizar, se compo- 
nía de 32 partes, 18 de oro, de plata y 8 de cobre- 

Guaninos. — Tablillas de oricalco ó nácar (pie con las sibas sa- 
gradas, semejante al mármol, dio á Guagoniana la mujer que en- 
contró, según la leyenda ya explicada: estos talismanes los con- 
servaban los casique* con esmero extraordinario. 

Guaniquique. — El bejuco llamado de canasto en la parte oc- 
cidental de Cuba y lleva aquel nombre en la parte oriental. Lo 
llama Guaniqueque D. Tomás Betancourt. El Sr. Ossa trae el 
nombre indígena también en su Flora Cubana, pero con una síla- 
ba menos Guaniquí. 

Guano. — Barrio de Puerto Rico. (Véase Mayagüez.) Es tam- 
bién árbol de la propia Isla que se saca lana para hacer colchónos 
con corta diferencia de la manera del seibo. Se llama guano en 
Cuba la fronda seca de la palma con que se cobijan las casas rus- 
ticas. 

Guamema. — Rio de Haití. 

Quao* — (Véase la palabra en la Sección 8 a ) 



— 283 — 

(Jtiutom.— Casique sobrino de Anacaona: murió por liabcr.se 
herido con una Hecha envenenada, 

Giwomíwí/o.— Casique en Haití, sobrino de Anacaona, que 
huyó á Bauruco; y se alzó contra los dominadores cuando ejecuta- 
ron á aquella y fué aprendido y á su vez ahorcado en Bonao. 

Guanaraiba.— Mangle, según Descourtilz: es el mangle negro. 

Guapaito.— "Sitio de coluí."— Sto. Domingo. 

Guara.— Es árbol en Cuba, (Véase la sección 3*) pero sigui- 
iica en lengua aimaraca repitiéndola "Quara — Guara" cruz, y so- 
lo guara estrellas. Guaraguará es cruz de las estrellas. (Aspia- 
¿n Regiones And ñas.) Al hablar de varios signos celeste cita á 
Ja cruz del sud y dice que así la llaman los indios. 

G uara, — Es un pájaro bermejo. Significa, plam, lugar. Con 
las pl urnas de esa ave adornan en el Brasil las maracas; según el 
Padre Viera en la Historia de lo Futuro. 

Qmrabay.— El Río Grande en Santo Doinigo. 

QuareL-r-Siu acento final, un árbol, y con él, prenda de oro, 
en goagiro. 

( ¡ uarabo. — (Véase Tayabon). 

Huaraca, Guaracayea, Guarahaya. — (Véase Batata). 

Girara.— Fusta ó látigo en goagiro. 

( i uaraca. — (Véase Ajes*) 

Guaragua. — El color verde. 

Guara guei. — (Véase Ajes, j 

Guaraguoa. — El gavilán (Oviedo ) 

Guarayome. — Rey de Haití. 

Guarayunbe. — Población de lágrimas: asi llama Escalante un 
pueblo sujeto al casique Calos de Florida. Cuchiyaga era el otro. 

Guareao* — "Ave indígena." — Santo Domingo. (García.) 

Guarico. — Pueblo de Borinquen y otro en Haití. 

G uarionéx, el semi del casique padre de Guarionéx. — Conta- 
ron al Almirante que un semi del padre del casique Guarionéx ha- 
bía predicho su llegada y que después de su muerte sucederían 
graudes acontecimientos: antes se habia puesto á ayunar por cin- 
co ó seis dias, sin tomar más alimento para no morirse que una 
yerba; disciplinóse reciamente, incensó á sus ídolos con grandes 
zahumerios y consiguió saber que dentro de pocos años vendrían 
unos hombres barbudos y vestidos, que de un solo golpe dividi- 
rían á un semejante por el medio; que destruirían los semis ó dio- 
ses; que cautivarían á los indios enseñoreándose del pais. Era 
el asunto de un areito tristísimo. He hablado de ésto en otro lu- 
gar conforme á la explicación del P. Román; pero lo que aho- 
ra extracto es del P. Torquemada, que no está en todo con- 
forme: en esta tradición se habla de hombres barbudos que de un 
mandoble dividían á un sor humano y esas señas no podían refe- 
rirse á los caribes sin ha r has, ni tilles fuerzas en sus armas y según 
antes vimos los tainos creyeron al principio que eran los caribes 
los futuros invasores. 

Guarionéx.— Casique de la Vega Real en llait! que en unión 



— 284 — 
do Manicatéx favoreció á los europeos suministrando recursos 
mientras duró la escasez de víveres, causada por el abandono de 
los cultivos llevado á cabo por los indios para privar del sustento 
a los invasores. La conjuración fué especialmente tramada en los 
montes donde había oro. Tuvieron sus intermitencias las rela- 
ciones de Colon y los indios y hasta Guarionex las tuvo volvién- 
dole la espalda desde que retornó á España: en la segunda veni- 
da del Almirante se reconcilió por algún tiempo, Los indios, no 
obstante, cuando se causaron do sufrir se revelaron nombrando 
de jefe á Guarionex contra la voluntad de este. Descubierta la 
conspiración fueron de improviso muchos presos. El Gobernador 
solo hizo llevar á la Concepción á Guarionex y á 14 presos. Pre- 
sentáronse más de 5,000 personas pidiendo á sus amigos y deudos; 
el ruido de sus voces extremecian la tierra dejando en abandono el 
cultivo y sus quehaceres: temiendo las resultas de la escasez se 
creyó más politico solo castigar á dos y poner en libertad á Gua- 
rinox y los demás, aparentando su deseo de conciliación con pre- 
sentes que le hicieron. Los indios se llevaron cargado sob e sus 
espaldas á los casíques y hubo algunos dias de paz. El Almiran- 
te era respetado por los insulares. 

Volvió el Almirante á España y á su torno ala Española en- 
contró desordenada 1* isla y en abierta rebelión á los indios; á 
Guarionex auxiliado de los siguayos. (Véase Manicatéx.) Toda, 
via era más gravo el desacuerdo de Eoldan con el hermano de 
Colon [1496] aquel informaba á los Eeyes que Colon era un tirano 
usurpador; y Colon a su vez daba cuenta á su regreso con los de- 
sórdenes ocurridos y muy desfavorables á Eoldan, su antigua he- 
chura. De momento Colon mandó á su hermano contra los in- 
dios alzados rebeldes que en número de 0.000, desnudos, pero con 
sus armas habituales y pintados de varios colores, los esperaban; 
procurando impedir el avance de los españoles, con flechas y pie- 
dras. Habiendo los españoles atacado por la espalda con sus ca- 
ballos, los desbarataron sin que quisieran los indios luego soste- 
ner á los casiques que se retiraron á los bosques: allí los descu 
brieron unos españoles que cazaban hutías. Presos los casiques 
y sus familias, se rindieron los pueblos al Almirante. 

La forma con que debían pagar los indios en lo sucesivo las 
contribuciones luego que terminaron los esfuerzos finales de Ma- 
nicatéx, Guarinex y Cotubanama fué general: solo la esquivó Be- 
hequio. (Véase esta palabra.) El gobierno local mandó que se 
exhibiera una cantidad en oro ó en algodón, y para conseguí r 
mejor su objeto, convocó el Almirante á una junta de los casiques 
celebrando una especie de acuerdo. En los territorios en que ha- 
bía oro pagarían cada tres meses una cantidad de oro, donde 
no ; 25 libras de algodón; y Manicatéx á quien miraron como el 
principal de los rebeldes, 150 pesos en oro, cada tres lunas. 
Comprometieron, los indios de Sibao á pagarles esa medida, más 
el convenio no pudo cumplirse por la misma miseria á que habia 



— 285 — 
venido el pais en la carestía artificial que los indios Habían 
formado. 

Ofrecióse en su lugar hacer cultivar á los subditos 25 leguas 
<le tierra á lo largo con la anchara razonable para sembrar trigo 
ú otros granos que escaseaban y no tes fué aceptado. Entonces 
tomaron los indios la resolución de no trabajar y hasta darse la 
muerto antes (141).").) 

Para conocimiento más detenido é histórico del verdadero 
motivo de la primera rebelión de Guarionéx, véase la palabra 
Barahona, y aun á líosely de Lorgues en su historia del Almen- 
dare 

Guarionéx murió ahogado á bordo de un buque frente á San- 
to Domingo, con el comendador Bobadilla y otros pasajeros, en- 
tre los cuales estaba el malquerido Eoldan, fué el ano 1502. Hubo 
otro casique Guarionéx, en Puerto Rico, Véase Jígüeinabá. 

Guarigucu.—Niríi ó ven á ver. (Véase O camá\. 

Guarisaca. — Isla dentro de nn lago en Santo Domingo en que 
tenían los indios la industria de secar los pescados para Conser- 
varlos como alimentos. 

Guaroa.— Aprender, conocer; conocimiento. — Casique sobri- 
no de Anacaona. 

Guarocuya, — (Véase Enrriquillo.) Siendo aquel su nombre 
indio. 

Guasabacoa. — (Véase Caneyes-arriba.) — Planta en Haití 
(García.) 

Guasábara, Guázabara. — Alboroto, somaten, guerra. 

Guásima, Guazuma. — Tomaban los indios dos pedazos de la 
madera de árbol llamado Guásima y con el uno frotaban como 
taladrando el otro con mucha fuerza, puesto el un pedazo entre 
los pies y el aserrin que saiia se encendia como yesca; y ésta es 
la industria conque se procuraban el fuego. [Las Casas, Historia 
pág. 325. t. v.] Aunque, como se acaba de ver, cree el Padre 
Las Casas que era de guásima la madera conque hacian fuego 
los indios de Haití, Charle voix dice que uno de los pedazos era 
madera más compacta y se usaba como el molinillo del chocolate: 
"a peupres comme on brace le chocolat." 

Guasuma, en Haití. — Rio en Puerto-Rico, en Ponee. Lo ha\ 
del mismo nombre en Cuba. 

Guásimas, — En esta forma son las raices del árbol á que eran 
muy aficionados- los cerdos introducidos por los españeles. (Her- 
rera). A mi me parece que lo que buscaban los ceñios hozando 
sobre las raices, eran los frutos que cubren el suelo cuando caen 
ya maduras ó casi secas 

Guasinoel. — Rey de Haití. 

Guataca ó Guahataca.—Wio de la isla de Puerto-Rico. (Véa- 
se la lección 3 a ) 

Guatajaca. — Rio de Puerto-Rico. 

Guatauba, — [Véase G uabanex. ) 



— 280 — 

Guatao. — Isla de las Yucayas. Partido rural con pueblo en 
Cuba. 

Guataca.— Ilio de Puerto Rico. La América, 1°, ano IX.) 

Guatanana.—( Véase Dajabon .) 

Gnaitiaos.— Indios considerados como hermanos ó amigos: la 
palabra se modificó por los conquistadores cuando se mandó por 
la Corte que solo fuesen esclavizados los caribes antropófagos 
(1522): entonces el Ldo. Figueroa declaró guaitiaos, es decir, no 
sujetos á esclavitud los que enumeró, f Ratínesque cree que eran 
Jas tribus araucas) que no eran antropófagos: Haitianos, Cubanos 
Borinqueños, Jamaiquinos, Cáiris de las islas, Araucas, Guyana, 
Cubagua (Paraconas] Orinoco y algún otro. 

Guatidos. — Es palabra que creo corrompida de la anterior, 
que se ve usada en el mismo sentido en la relación que lucieron 
ai Cardenal Cisneros los Padres Gerónimos sobre Santo Domingo 

Guatiguama. — Casique que hizo morir en la Margarita á 10 
españoles: Colon le declaró la guerra donde murieron muchos indios 
le tomó 500 prisioneros que mandó como esclavos á Castilla en 14 
de Febrero de 1495, en 4 uavios. Los Reyes dispusieron venderles 
pero antes de realizarse consultaron con teólogos, se revocó el 
mandato declarando injusta la servidumbre de los indios. (Xa- 
varrete, Introduce, á la Colecc. de viajes.) 

Guatiguaná.— Casique de Haití que murió peleando con los 
españoles su cadáver fué echado á un rio. Las Casas le llaman 
casique de Magdalena y censura la Hist. de D, Fernando Colon 
sobre lo que de él se dice. 

Guatiní. — (Véase Tocororo.) (Sección o : !) 

Guavd. — Así he visto descrito un fruto que supongo la gua- 
yaba. El Padre Acosta lo confunde con la ocagua ó jagua, que es 
otra cosa. 

Guavas. — Apesar de que los extranjeros usan de la palabra 
guaca como sinónimo de guayaba, la explicación que de ella hace 
y la descripción de la fruta del venerable Las Casas, me hace 
creer que es el mamoncillo de Cuba, y lleva aquel nombre en Santo 
Domingo. 

Guavc. — bejuco, bejuco mediciual, según el Licenciado 
Almanza. 

Guavato. — Rio de Puerto Eico que mezcla sus aguas con el 
Bocaba y con el Matón. 

Guaxcri.->Se¡Tior. — (Véase O cama.) 

Guaocito, — Se llama al casique en algunas partes de Tierra 
Firme. [Oviedo.] 

Guayaba, guajaba. — Árbol y fruto de ese nombre en las An- 
tillas. — Es el arayguazu y el ibabiraba de Pisón en el Brasil. 

Guayabin. — En Santo Domingo es un municipio moderno que 
allí llaman común. 

Guaya. — Nombre del goagiro varón, la hembra es auaurc ó 
Ituarica. 



— 287 — 

Guayabo. — Suele llamarse así al árbol que produce las gua- 
yabas.— Es también un rio de Puerto Rico. 

Guayae, Guayacan.— Árbol que se conocía por Palo ¿Santo en- 
i re loa europeos, ora por traducción, como supongo, de indio, ora 
por los maravillosos efectos que se le atribuían. Yo alcancé las 
jarras de guayaran donde purificaban mis abuelos el agua que 
bebían. 

Guayabaeoa, Doña Inés — Hste era el nombre que adoptó al 
bautizarse la reina de Guayabacoa: fué la última que sobrevivió 
de los cinco monarcas ó jefes que encontraron los descubridores 
en Haití. 

Guayacarima. — Tribu de indios salvajes como los de Amiya- 
y alema y Sabana. 

Guayagas. — Raices que nacen entre los tajos y de que forma- 
ban casabe. (Las Casas, pág. 201, Historia t. 5). En la isla de 
Saoua se rayaban y formaban pelotas y cuando están negras se 
cuecen y comen y si las comen antes de esa fermentación mueren 
luego los que las usan. 

Guayama. — Puerto de Boriuquen: rio y pueblo situado en la 
costa sur á un cuarto de legua de la costa. 

Guayaros. — Como rabanillos, raíz que se comía asada, según 
Las Casas. 

Guáyeros — guayara. — Raiz tuberculosa silvestre y comestible. 
I'aíinesque la compara á la chirivia, aúnqua de hojas muy 
elegantes. 

" Gnayai}utca.—( Wayamaca). Es el nombre de la higuana en- 
tre los indios de Surinam. (Stedeman Narratircofajire yeares 
etc. 1. 1, página 1GS). 

Lo mismo que Guayayuco, rio según dice el Sr. Ángulo 

Guáymaro. — Provincia de indios de Cuba. — Pueblo del mis- 
mo nombre. En Cost i Firme se liace un zahumerio para declarar 
la guerra, con ese nombre (Oviedo); y hay un árbol Guaywaro 
que produce unas semillas que se comen como garbanzos. 

Gvayegan. — Fl hongo ó flor de humedad. 

Guayíca. — "Raiz, comestible, guáyiga," (García). 

Guayo. — Rio de Puerto Rico, uno de los 26 que riegan á Ad - 
juntas cuyos nombres indios se expresan en sus lugares. 

Guayanai\— (Véase Age). 

Guáyanos-, — Rio de Pue/to-Rico. 

Guayanilla. — Puerto sur de lJorinquen \ rio de su nombre. 

Gtrayú. — Es el nombre del goagiro en la Península dría, (loa 
-ira. 

Guayabas. — Guerrero en lengua goagira. 

Guaya. — Significa en lengua goagira nosotros (pronombre 
personal) y entra en la composición de voces americanas, exis- 
tiendo en Cuba con terminación masculina, c;on otra significación. 

Guayaaut. — Según se lee en La América núin. 1", año 1 \, el 
palo llamado guaya can se usaba contra bubas, pero se llevaba co 
mo tintorio á Flandes en 1582; mientras el palo sano (santo?) se 



— 28S — 
tiene al efecto como más medicinal. [Véase la Sección Tercera |. 

Guayayuco. — Es el rio que ahora se llama Artibonito, según 
el señor Guridi, que dice que también llevó el nombre de Joca 
hasta las cercanías de Pánica. 

Guayamico. — "Nombre indio do Artibonito." — (García). 

Guaycabanú. — El primer haitiano que recibió el bautismo con 
el nombre do Juan Mateo, | Muñoz, Historia del Nuevo Mundo, 
lib, VI, par. 8). Fué bautizado en 149G: el mejor de los discípulos 
del Padre Pane. 

Guayamuco. — Eio de Haití. 

Guayayuca. — "Sobre nombre de Arti bonito". — [García |. 

Guaygua. — Gente que vive de saltear, según el Padre Simón. 

Guayégaro. — Tubérculo alimenticio. 

Guayuco. — Tejido de las hebras de la palma moriche con que 
cubren su honestidad los indios caribes de Venezuela. — Faldeta 
que cubre á los indios lo que su honestidad exije: los toparitos lo 
cubren con un pedazo de güira ó tapara. López, Los Indios Ca- 
ribes, t. 1, pág. 275. (Véase Boyoque.) 

GuMba. — Pueblo llamado Gunába de Lares en Puerto-Kico, 
en donde redujo y persuadió Enrique á Tamayo que lo siguiera, 
para evitar los males que habría sufrido de los españoles. 

Guasábara. — La guerra. Ya he dicho que tanto esta como 
otras palabras escritas con s, se deben escribir con s como so pro- 
nuncian: los alborotos, los hechos de armas. Esta palabra se 
halla adoptada por el Padre Simón como si fuera española: tiene 
algo de onomotopeya. Dice Juan Eodriguez Eresle | Véase Arca- 
buquillo) que no es la guerra si no el grito do guerra lo que 
expresa. 

Guenibiis.—XGTbii de Puerto-Rico [La América]: me parece el 
revienta caballo. 

Guey.— Concha. También significa en los dialectos un color 
que se dice tuna en general. 

Gueyes. —Cangrejos borinqueños. 
■ Gueyo. — Yerba santa: (Véase Bohito). — Se usaba por los mé- 
dicos y sacerdotes como vomitivo en los enfermos y sus asis- 
tentes. 

G ¡libia. — Playa en Santo Domingo. 

Guia. — Hermano en lengua guamaca, 

Guin. — Hermano en lengua guamaca: guatiao en las Antillas. 
. Güin. — Es el pedúnculo seco de la caña, sosten de su flor; 
significa en lengua goagira agua. ¿Tendrá relación con el terri- 
torio de Güines? ¿y con güin de los guamacos? 

Guiabara. — Uva caleta. — También lo lio visto escrito gulahar, 
( ) viedo escribe guiabara. 

Guirápita. — hombre que dan los guaranís ¿i un pájaro que 
por su descripción me parece el cardenal. La palabra tiene en 
lengua de Haití diversa acepción. No hay voz taina que ten- 
ga esa completa forma: rápita, apila y virita en significación 
de infinita, según Rafinesque, es lo que he encontrado. 



— 289 — 

(¡¡Uro. — Es el iruto do la güira: es especial que en esta planta 
B6 cambia el género de nn modo diverso á la generalidad; el gua- 
yabo produce guayabas; el naranjo naranjas, etc. Se llama güiro 
con preferencia al que se hace para la música, de una planta ras- 
( rcra; el glítro aquí en Cuba es la maraca en Puerto-Rico, un ins- 
trumento lleno de pedrezuelas que se hace con la güira ci marro 
na, ó en lugar de piedras pequeños mates con un palo que la atra- 
viesa por mango: el calabazo es otra cosa, pues se rasca con una 
tablilla y suena por las istrias hechas al filtro macho exterior- 
mente. Ambos acompañan al tiple ó la guitarra. 

(hiisima.— Sitio de Santo Domingo. 

(¡umanacoel. — Rey de Haití. 

(huida. — El volador en Puerto-Rico.— Jicama en Cuba. 

Ouynara. — Las bubas, según el Padre Sarmilento, que amal 
Buayuara Capmaui. — Este copia del profesor Ruiz Diaz como 
sinónima á hipas, taguas é icas: véase Buayuara. 

II. 

No se comprende cómo los españoles y los demás europeos 
han escrito con h las palabras indias, cuando ni suena en español 
sino por vicio andaluz. Decia el ilustre canario D. Juan Iriarte 
"que había hecho el oficio de veinteicuatro del alfabeto, ironía al 
oficio municipal (veinteicuatro) que sirvió poco más ó menos con 
la h que "únicamente ha podido alcanzar del uso el permiso para 
intervenir en las dicciones cha, che, chi, cito, chu, de donde parece 
le vino el nombre. 

Ha. — Significa si. 

Haba. — Sinólnico dejaba — saco de guano de yarey. 

Habana, — Provincia de Cuba: ciudad fundada en la costa sur 
(1515) y luego trasladada á la embocadura del rio de Marianao ó 
sus cercanías (pueblo viejo) y definitivamente al puerto de Care- 
nas. En 1502 obtuvo el título de ciudad.— Territorio compuesto 
de muchos señores indios, que ocupaba de la una á la otra banda 
de la Isla, cuando se presentó en ella Panfilo de Narvaez, huyen- 
do los indios temerosos por los sucesos de Bayamo. Se llamaba el 
casique Yaguacayo, quien recibió favorable el mensaje que le en- 
vió el Pudre Las Casas para que saliera á recibir á ios españoles, 
y les entregase el prisionero español que sabia conservaban (véase 
Carah ata.) Sosegáronse y salieron á recibirá los españoles con 
Ñarvaez y Las Casas, con 20 ó 21 señores y 300 de séquito, car 
gados con trozos de tortugas y otros presentes. — El señor Noda 
(pie hasta copia el despacho que el Padre Las Casas dirigió al 
casique, guagiros y nitainos, advierte que es la última vez que ha- 
blan de guagiros originarios los cronistas del pais. La villa de la 
1 1 abana, luego ciudad, la fundó Velazquez con el nombre de San 
Cristóbal: los ingleses y los estraugeros escriben con v la palabra. 
En uno de los apéndices á mis Apuntes para la Historia de las 



— 290 — 

Letras y de la Instrucción Pública de la Isla de Cuba, he publicado 
lo relativo á esas variantes. 

'• Habaguanex. — Según la carta de Velazquez de 1? de Abril 
de 1514 á S. A. (Apéndice á la Hist. del señor Sagra) se llama 
así á un casique que tenia al prisionero español García Mexía. y 
lo entregó saliendo á recibir á los españoles á diez leguas del pue- 
blo, orillas de un rio, con 50 indios cargados de tortugas, desde 
donde, con gran placer, se fueron al pueblo del casique costa del 
]S r orte á esperar el bergantín enviado á bojear la isla. El mismo 
Velazquez llama principal, délos pueblos de la provincia, á (Ju- 
yacayéx. no le llama Tuayaeageo como el cronista anterior. 

liabas. — Plural de liuba ó jaba. No solo se hacian estos cestos 
ó sacos de yarey, sino de bihai, que creyeron algunos que eran los 
tallos de ciertas plantas. 

Habao. — Instrumento músico á modo de rabel ó tiple. 

Haguay ó liagüey. — Como depósito de aguas. (Véase Jagüe- 
yes.) — Es también nombre de un árbol del que ha dicho mi amigo 
Delio: 

"El jagüey, mudo emblema 

De vil ingratitud nace humillado, etc.' 7 

Hagueygabon. — Lago dentro del cual se halla la isla Guar ¿ca- 
ca que habitaban pescadores dedicados á su ejercicio exclusiva- 
mente: lo llamaron luego Gasino los españoles. 

Iláiba. — Bio al mediodía de Haití de los cuatro que como 
principales describe Pedro Mártir. 

Rale. — Benzoni escribe así el nombre aje, que dice ser serne 
jante á la batata. 

Haití. — La primera en tiempo y de las más importantes co- 
lonias de las Indias occidentales, metrópoli por mucho tiempo del 
Nuevo Mundo. Voy á escribir este artículo teniendo á la vista 
aunque sin olvidar otras fuentes, una obra italiana casi contem- 
poránea, en cuanto hace referencia al modo de ser de los indios; 
se titula la obra: Sumario de la genérale Historia de V Indie Occ- 
dentalí cavato da libri scriti del signor I). Pietro Martíre, del Con- 
siglio delle Indie dellú Macstd de imperadore, e da molti altra par- 
ticulari relatione. — 1534, in Venegia. — Difiere la narración de al- 
gunas de las tradiciones hasta aqui expuestas y aún del relato 
del Padre Román Pane; no es una traducción literal de obras de 
Pedro Mártir si bien es suyo el fondo de las ideas: yo narro á mi 
vez sin dejar de ocurrir á las Décadas del propio autor y á otros 
puntos como dije para ofrecer un conjunto de noticias en que aca- 
so, y sin acaso, se tiene que incurrir en repeticiones. 

Contaban los naturales que la isla de Matinina estaba de an- 
tiguo poblada: que se encendió allí una guerra civil, por lo (pie 
muchas jiersoiias de la facción más débil se fugaron con sus fami- 
lias en canoas á Haití: desembarcaron en Vahouua, cerca del rio 
Bahoboni que rodea la isleta Camoteya, en la cual es fama se cons- 
truyó la primera casa, la que conservaron los indios con gran ve- 



— 291 — 
neracion, y á donde Inician peregrinaciones periódicas para visi- 
(arla como lugar sanio. Al ver la vasta extensión de la isla, cre- 
yeron que era cuanto había de tierra en el mundo y como en 
su lengua todo se decia. quisqueij la llamaron Quisqueya. Así lo 
explican algunos historiadores según Prevost. (Hist. délos viajes, 
*, pág. 66,) Esto que no está de acuerdo con la relación de Ta- 
ñe, que conocía y conservó el mismo Pedro Mártir, no le parece 
bien á Charlevoix, (Historia de Santo Domingo, t. 1, i^ág. 5.) — 
También se suponía que al recorrer los recien venidos la isla y 
sus asperezas y montes, le denominaron Haití, que significa áspe- 
ro; y en recuerdo de las montañas de Matutino llamadas Cipangi, 
la dijeron Cipango. — En verdad que con razón se alarmó el histo- 
riador francos con el nombre de Cipango, liijo legítimo de las ilu- 
siones del Almirante en sus sueños con Marco Polo. Es una de las 
ligerezas históricas del entusiasta italiano, No hubo tales Cipangi, 
ni Vi pango en las Indias occidentales. 

En el lib, 7 o , década 3*, expone Pedro Mártir el nombre de 
las regiones de cada reino ó provincia. 

En Caisimú enumera á lligney, llazóa, Macorix, Caicóa, 
Guaiága, Guanamá, Reyré, Jaguá, Aramaná, Arabo, Baguani- 
máho y los ásperos montes haitianos. Las acentuaciones que re- 
produzco son del autor en la loable costumbre que tuvo de po- 
nerlas. 

Buhábo. — tiene las regiones Xamána, Canabacóa, Cuhábo, y 
muchos que no recuerda. 

Caiabo — tiene á Magua Cacacabáua, siendo sus habitantes 
Macoryxes los que más se distinguieron en la elegancia de la 
lengua general de Haití. Cubana y Baiohaigua son regiones con 
lenguas distintas de las otras. Dahabón, Cybaho, Manapalu, Co- 
toy son también regiones. En Mahaitu están los montes llazúa y 
Neibaimáo. 

En Bianisoa se encuentran las regiones Maguána, Yagohaiá- 
co, Bauríico, Daliágua, Artibuní llamado asi por el rio, Caunóa, 
Buiaisí, Duhabonici Maiaguarití, Marieu, Guaríco, Amaguéi, 
Xarágua, Yaguana, Aticí, Maccacina, Guahábba Anniceri, Azzu- 
rí, Yáqui, Ilonorúco, Diaguo, Camaic, Neibaimáo. 

En Guacanarima, en la última provincia, habia estas regiones: 
Manicaráo, Guahágua, Taquenazábo, Nimáca, Bainoa (menor (pie 
la otra del mismo nombre), Cahayusí, Zamasí, Manabaxáo, Zabá- 
na, Habacóa y Ayqueróa. — Luego se detiene en indicarlas parti- 
cularidades deesas regiones cuyas z y c he respetado hasta en la 
palabra Zahána. 

Los escritores siguientes,;Charlcvoix y Prevost, hacen la di vi 
sion por reinos ó lo que es lo mismo, por confederaciones, c*n don- 
de habia un casique principal y muchos de segundo orden. Toma 
ron SUS nombres de las regiones en que residían los monarcas o 
.¡'•íes principales. Estos eran Magua, que quiere decir Eeino del 
llano, y lo llamaron los europeos Vega, Real, donde Residía Gua 
rionexj Marieu, de que ora jefe Guacanagan y residía en el Cabo: 



— 292 — 
Maguaría, que comprendía á Síbao y toda la corriente del Hatibo- 
nic, cuyo rey era Caonabo; Jar agua, el más elegante y civil que 
gobernaba Behequio, hermano de Anacaona; é Higuey, el más be 
licoso como vecino de los caribes. La reina Oayacoa abrazó el cris- 
tianismo y sus estados pasaron á Cotubama basta su muerte. 

Don José Gabriel García divide en casicazgos mayores y me- 
nores á que llama nitainos y determina el número de éstos, sus 
límites y extensión topográfica (Compendio de la Historia de San- 
to Domingo, 1879); pero la autoridad que cita es el barón de 
Ñau (Historie des casiques <V Haití): se comprende que es una des- 
signacion formada sobre un mapa actual, como lo prueba la mez- 
cla de voces indias, españolas y francesas y aun los nombres de 
Santos cristianos que existen en singular consorcio. 

•No todos los habitantes de Haití se encontraban en el mismo 
estado de civilización, sin embargo, entendían la lengua general 
de las Antillas mayores y Yucayas, como lo dice Las Casas (His- 
toria, pág. 435, tomo 5 o ) una lengua universal y tenían tres dialec- 
tos. — Los indios de Guanacahibes de Cuba, más selváticos, pues 
vivían en cuevas huyendo del trató humano, en rústica behetría, 
si» leyes ni gobierno. No eran antropófagos, y lo acreditó que es- 
tando en una ocasión distraídos unos cristianos de paseo para ver 
unas labranzas en un ameno valle que cultivaban, arrebató uno 
de sus ligerísimos y robustos salvajes á un niño siendo imposible 
alcanzailo, aunque para lograrlo se empleaban perros; el salvaje 
luego que se persuadió de que no podía ser alcanzado, dejó al 
niño ileso á unos pastores de quienes lo recojieron sus padres. El 
autor que cuenta el suceso dice que nada tiene de extraño é 
increíble que hubieran en aquel tiempo esos salvajes en ludias, 
cuando en Hibernia, que es del reino de Inglaterra, habitaban en 
los bosques en idénticas condiciones seres que no habían podido 
dominar las otras gentes, sus víctimas. 

Decían los antiguos habitantes de la isla, y solían vivir 110 y 
120 años, que los primitivos habitantes se sustentaban de yerbas; 
eran como cebollas ó trufas, pero que un viejo (Véase BohitoJ les 
enseñó á cultivar la yuca, los ajes ó batatas. Los europeos en- 
contraron á los habitantes de Haití, como los demás antillanos, 
de natural sencillísimo y bueno. Eran holgazanes como todos 
los que tienen pocas necesidades y vivían de frutos y de la pesca. 
No obstante, no descuidaron las tierras aunque con rudos instru- 
mentos: hachas de piedra, coas de madera endurecida por el fue- 
go: éste que entonces se llamaba uno de los elementos, era el prin- 
cipal auxiliar del indio para preparar el terreno, hacía sus canoas 
y demás utensilios. En el reino de Jaraguá en donde llovía poco 
se traían á los conucos el agua necesaria de regadío por medio de 
canalizos. No eran, pues, tan perezosos y holgazanes por lo vis- 
to y se comprende que no podían serlo, teniendo que mantenerse 
sus numerosos habitantes, que según el más bajo de los cálculos 
eran de 900,000 al descubrirse la isla. 

Entre las costumbres del pais se encontró observada la de la 



— 293 — 
India Oriental, que exijo el sacrificio de la vida á las viadas de 
easiques que fallecen en el poder: no se quemaban pero se enter- 
raban vivas de una manera horrible, porque se ponía en disposi- 
ción de que vivieran algún tiempo en la huesa que se les prepara- 
ba. (Véase Cuba.) Se enterraban sus mujeres y si no se ofrecían 
voluntariamente, dice Oviedo que las enterraban por fuerza. 
Cuando murió Behequio dispuso que se enterrasen con él sus 
mujeres; pero se consiguió que sólo fuese una y se disputó esa 
elección la bella entre las bellas de Haití, la fiel Guanahatabene- 
quena, se enterró ataviada con todos sus adornos y con un vaso 
de agua, casabe, maiz y yuca. 

El hijo primogénito del casique sucedía á su padre (Oviedo); 
si moría sin hijos le sucedía el hijo ó hija de su hermana con ex- 
clusión de su hermano, porque consideraban más seguro el pa- 
rentesco de la una que del otro. Cuando nacía á un casique un 
hijo todas las mujeres entraban á saludrrlo dirigiéndole alguna 
palabra lisonjera relativa al alumbramiento. Si era varón ó hem- 
bra se hacían esfuerzos para celebrarlos contribuyendo con obje- 
tos agradables y con abundantes flores en el segundo caso. Be- 
hequio, el mejor cantor de los areitos, el poeta más popular, tuvo 
así varios nombres: tureyguajobin, rey resplandeciente, como el 
oro; estarei ó starei, flamante como estrella; huibo, alto ó altitud; 
(Uheyniquai rio abundante ó rico. Era preciso repetir esos dicta- 
dos según el orden que se señalaba, pues el olvido de algún re- 
quisito sujetaba al subdito á un castigo. 

En cuanto á creencias religiosas y su culto, como era seme- 
jante en su mayor parte al do las demás antillas, me limitaré á 
exponer generalidades dejando las diferencias para artículos es- 
peciales. El Almirante en su segundo viaje dispuso que nn reli- 
gioso del Orden de San Gerónimo Fr. Román Pane recojiera esas 
tradiciones: santo varón que fué acaso el primer europeo que 
aprendió la lengua antillana. 

Los mismos que han traducido ai P. Román han cometi- 
do equivocaciones haciendo varones á seres femeninos en su sen- 
cilla mitología y á la inversa. Luego han venido los interpreta- 
dores como Brasseur de Bourbong y Rafinesque: este explica la 
diferencia de nombres dados á Dios en significación de atributos: 
apesar de que en su lugar he copiado lo que dice, no me parece 
muy exacto. Era tal la sencillez india que yo no encuentro ex- 
traño que supusieran femenina á la primera causa para concebir- 
la más fértil y fecunda: Atahcira era la madre de los dioses prin- 
cipales á quienes reverenciaban por medio de los semis. [Véase 
Atabeira, Atabex.'] 

Los cronistas no conservan indicio alguno de (pie dieran ibrnias 
al Dios Supremo: Pedro Mártir confirma la suposición de que era 
la fecundidad la representación de la primer» cansa: el sexo fe 
menino en vez áoXfalo de los europeos, era, lo más notable del 
semi ó simulacro. Ese ídolo con formas de, mujer os de mármol; 
y los dos ministros que cumplen sus mandatos tienen grandes 



— 294 — 
atribuciones: p'arecen muchachos y es uno el que le sirve de pre- 
gonero y convoca á los serais para que traigan los vientos, las 
lluvias, etc.; el otro recoge las aguas en las montañas para ferti- 
lizar las siembras. Para obtener sus servios es preciso que el 
hombre haga ofrendas á la mujer representada por el órgano que 
la distingue de los hombres principalmente. 

Las forma de los ídolos, su matrria, eran caprichosos y varia- 
dos: raices, yucas, muñecos de algodón y aún se cree que los gro- 
seros objetos de barro cocido con figuras de hicoteas, earatonas 
espantables, lagartos y otros auineu¿&ua eran semis domésticos, 
sino talismanes misteriosos. Tenían adoratorios, pues se dice 
que los casiques tocaban el tambor ellos mismos en sus ritos y se 
embriagaban con las densas ahumadas del cojoba, mas comun- 
mente llamado cojiba en Cuba fia planta del tabaco:] el casique 
cae en el eueloy cuando comienza á volver en sí, le dá gracias á 
su semi protector y ya sosegado cuenta las revelaciones que ha 
recibido ó lo que ha soñado ó lo que supone haber sucedido. 

Cada casique tiene un protector en su semi i>articular: en las 
letras respectivas he indicado los nombres de los pocos que nos 
han conservado los escritores de la época. 

Los Boitios eran los maestros de los hijos de los casiques y 
señores: enseñaban los areitos ó tradiciones y se acompañaban de 
música y baile: entonces se llamaban tequinas. Llevaban el com- 
pás aunque tocaban el tambor los casiques y principales en las 
fiestas. Sus crónicas están consignadas en sus cantares que com 
servan en la memoria los sacerdotes. Entre ellos habia uno que 
se habia adulterado después de la llegada de los europeos, como 
decía un misionero español respecto de las tradiciones de Centro 
América. Los cronistas dicen efectivamente (Véase Guario?iex) 
que en ese areito se anunció en profecía la venida de los españo- 
les. — Muchos años antes de la venida de los españoles el casique 
padre de Guarionex habia descrito todo lo que habia de suceder 
pintándoles el uso de sus armas y trajes, ceremonias y culto que 
habia de prevalecer. Hizo iguales manifestaciones otro casique 
también anónimo y todo esto es lo menos creíble del areito forma - 
do por los indios seguramente á posteriori sobre los rumores an- 
tiguos. 

Según el Padre Pane los haitianos se creían autoctones, y es 
lo que debia ser, contra los cronistas que dicen que vinieron de 
Matinino; y lo que es más suponían que el sol y la luna salieron 
de sus cavernas como las transformaciones de los Grandes Cari- 
bes de que ya hablé en la primera parte de esta obra. Las cuevas 
hasta se conocen en sus nombres con los de los semis Binthoitel 
y Marahu esculpidos en ellas; y no menos aquella de que salió el 
género humano encerrado por el sol. (Véase Caxibajaguaj Ama- 
y auna.) Más enlazada la narración que la desparramada en ca- 
pítulos por Pane el sol figuraba como un poder que puso de guar- 
dia de sus preceptos á Macocael (Machochael) que pagó su des- 
cuido siendo convertido en roca, que se enseña hasta nuestros 



— 295 — 

(lias á la boca do la cueva. Otros hombres deseosos de ver los 
alrededores de la cueva, salían de noche, pero también les "sor- 
prendió el dia, es decir, el sol, y fueron convertidos en tobos, que 
Pedro Mártir creyó mirabolanos. 

T no do los encerrados á quien se da un carácter extraordi- 
nario por la confusión de las tradiciones según Pedro Mártir, es 
el que hemos conocido en el artículo Guagoniana padre de mu- 
chos hijos, mandó á uno que saliese fuera y fué cambiado en rui- 
señor por el sol y canta todas las noctíes pidiendo á su padre por 
todo el año. Las tradiciones más ordenadas que la confusa nar- 
ración del Padre Román y que sus malaventuradas traducciones, 
dan más neta idea de la superioridad del sol y del pecado que 
castigó de los transgresores de sus preceptos. Lo que se llama 
extracto ó relación de Pane no contiene todo lo que leemos en 
Pedro Mártir y otros: hay en aquel y estos un mandato expreso 
del sol, quebrantado por los hombres; Guagoniana sale en busca 
de su hijo; lo suceden varias cosas y luego es perdodado por el 
sol; encontró en una cueva y no en el fondo del mar á la mujer 
encantadora que lo enfermó y se curó luego: con peligro de algu- 
na repetición yo he debido consignar todo esto. 

Los hombres que quedaron en las cuevas salieron de noche 
para lavarse en los hitabos, poectas de agua de lluvia: y vieron su- 
bir aquellos animales que se les pare ieron á las mujeres de que 
fueron despojados ó se convirtieron en ranas, por los árboles 
como hormigas y aunque quisieron cojerlas, se les iban y desliza- 
ban como anguilas. Entonces se acudió al consejo que dio el 
viejo y cuenta Pane y he referido, y pudieron atrapar á cuatro y 
sus hijos ya lograron vivir á la luz del dia. Guagoniana fué án 
íes perdonado por el sol y pudo continuar las aventuras; tuvo los 
amores con el ser misterioso que inventa, la mujer de ' la cueva, 
el uso de las sibas preciosas y guaninos célebres que fueron talis- 
manes perpetuados después. * 

Si el sol salió y la luna de una cueva; los mares, las ballenas 
y peces de un calabazo ó güiro (Véase Yaya). No explica eí Pa- 
dre Pane el lugar donde puso la güira Yaya con el cadáver de su 
único hijo, pero se agrega que fué en un monte cerc i <le su habi- 
tación, con respeto religioso; pero un dia quiso examinarlo y fué 
grande su sorpresa al ver salir ballenas y grandes peces del cala- 
bazo. La historia de los cuatro mellizos es igual en todos ios re- 
cuerdos: rompióse el recipiente y se formaron los mares poblados 
de peces y las islas tal como están hoy. 

Los hombres no morían del todo: suponían ana, existencia ul- 
terior que les permitía tomar sus formas antiguas y venir al mun- 
do por las noches. Esta idea confusa de la inmortalidad ana era 
relativa: en las palabras en (pie se habla de- espíritu lie procu- 
rado lijar lo que queda «le esas creencias para la Historia. V tan 
confusa era la idea formada, que para exponerla supusieron <im* 
se reunían (Véase Dondon) en el campo y comían frutos quo les 
estaban consagrados: unos dicen que guanábana! 



— 29G — 
amarillos y aún por la relación del Padre Las Casas pudiéramos 
creer que eran lo que en Cuba llamamos mamoncillos. — Aunque 
los muertos podian tomar las formas de los miembros todos, les 
estaba prohibido el uso del ombligo: recuérdenlo mis lectores y 
que para evitar quid pro quo no había más remedio que poner la 
mano allí donde solia estar el ombligo y evitar los males de un 
descuido evitando el hechizo y daño. 

En el artículo Behiques, Boitio y sus análogos, se ha hablado 
de las supersticiones y artificios de los sacerdotes. 

Mr, Schomburgk Revista de la Habana, pág. 38, t. 4 o , tradue 
cion del Sr. García en vista de los trabajos hechos de piedra que 
se hallaron en Haití tanto en cuevas como en el Cercado de los In- 
dios próximo á Maguana, cree que precedieron á las razas 
pacíficas que encontraron allí los españoles que vinieron del con- 
tinente del Sur. Los nombres de los rios, árboles y los que se con- 
servan de Haití, le hacen creer "que la nación que daba sus nom- 
bres era idéntica á la caribe y araguaca de la Guayana." — Esto es 
una confirmación más que acredita el origen que supongo á los 
tainos ó pueblos pacíficos de las Antillas. 

Mr. J, C. Muller, en su Historia de las Religiones Primitivas 
Americanas (Basilea 1867) dice: "Conviene saber que Schomburgk 
ha encontrado en Haití en las cercanías de San Juan de Man gua- 
na, un inmenso círculo de 2,770 pies de circunferencia y 21 pies de 
ancho formado de bloques de granito colocados en orden. Las pie 
dras que están artísticamente unidas á otras parecen por su puli- 
mento haber sido recojidas en la orilla del rio. Casi en el centró 
del círculo hay una piedra de cinco pies siete pulgadas, en parte 
enclavada en su suelo y que verosímilmente estaba en el centro y 
ha sido arrancada de allí. No es posible dejar de conocer tiene se- 
ñales de haber sido cortada á mano y que se trató de representar 
una figura humana. Schomburgk juzga con razón que éste debia 
ser el ídolo á quien estaba dedicado ' el sagrado recinto formado 
por aquel gigantesco círculo ; pero que sin embargo no era de atri- 
buirse aquella obra á los indios que allí encontró Colon, sino á 
una raza civilizada anterior. (Francfort convercsahon sblatt Ma- 
yo 8 de 1852.") — He copiado lo que antecede de nna traducción 
inédita castellana de la obra de Muller, como lo cito: el título en 
alemán es Qeschuhte des Amerikanesclien Urveligienen. 

El estado de las artes era muy atrasado en las Antillas: si se 
exceptúa la máscara ó caratona con ojos de oro que regaló Gua- 
nacari á Colon; los dnjos y guaninos, y las vasijas á que se hace 
referencia al hablar de Anacaona, todo lo demás era patriarcal y 
primitivo. En sus sepulturas ponían figuras de animales y de 
otros objetos que ahora se disputa si son restos que corresponden 
ó no á los pueblos que hallaron los europeos. Las piedras labra- 
das ó sibas que tenían los casiques, no son datos que hagan cam- 
biar de opinión respecto del atraso de la época que atravesaban. 

La más complicada muestra de sus adelantos músicos eran 
los jábaos ó rabeles que en Borinquen tenían tres cuerdas; y la 



— 1>!)7 — 
marimba, si es indio el nombre. En medicina, aparte sus preocu- 
paciones y charlatanismo, carecían de instrumentos quirúrjicos: 
sus lancetas para las sangrías por vía de sacrificio á la divinidad 
o para curarse, eran las púas del maguey. Se sangraban de los lo- 
mos y pantorrillas. Los españoles prohibieron las sangrías (pie 
comprendieron (pie eran una superstición de su culto. 

Va he dicho que eran polígamos: aunque no podian contar 
mas que hasta diez eu aritmética, pasaban de ese número las mu- 
jeres de los casiques y de los magnates. 

Su ajiaco, composición culinaria, era un totum revolutum don- 
de predominaba el ají, de que toma el nombre. — Comían los hue- 
vos de las bibijaguas, las hermosas larvas de grandes coleópteros 
que el vulgo llama {/úsanos y se encuentran en las maderas blan- 
cas poco consistentes al empezar a descomponerse. — Parece que 
los comían crudos, y en otro lugar me ocupo de algunos pormeno- 
res y comparaciones. Las hutías las cocían los indios sin destri- 
parlas, según Las Casas: así corno los pajarillos los cordo- 
veses. 

Las nociones culinarias de los cubanos y haitianos las ha 
completado Labat con los viajeros franceses muchos años des- 
pués, escribiendo sobre el origen, carácter y usos de los caribes: 
"Su modo de guisar es enristrar la vianda á pedazos en un asa- 
dorcillo de madera (pie plantan en tierra delante del fuego, y 
cuando está cocido por un lado, le vuelven simplemente por otro. 
Si es ave de algún tamaño, como papagayo, gallina ó paloma, la 
echan al fuego siu tomarse el trabajo de pelarla ni sacarle el 
vientre, y no bien se ha quemado la pluma, cuando la cubren 
con ceniza y carbones para dejarla cocer de este modo. Sacándola 
después quitan con facilidad una costra que las plumas y la piel 
han formado sobre la carne; sacan las tripas y buche, y comen lo 
demás sin otro requisito. Su ejemplo me ha hecho comer muchas 
veces de este asado y siempre lo he encontrado tierno, lleno de 
jugo y muy delicado." 

Con excepción de los cangrejos, que comían cocidos en agua, 
sin sal, todo lo comían seco ó asado. — La salsa común la hacían 
conjugo de yuca cocido con agrio de limón, quebrando muchos 
ajíes en ella. — (Hist, g. de los viajes, lib. Vil, pág. 40 y 41, t. 28, 
trad. de Terracina.) 

Los primeros indios prisioneros que llevaron de Santo Do- 
mingo á España, fueron los esclavos que mandó Colon en Mí) 1 y 
de que hablo en su lugar. 

llanigagía. — División de Jaragua. (Ángulo.) 

I lañan. — El anón escrito por Oviedo. 

lian y guayaba. — Provincia haitiana. 

Raripo. — Nombre de un utensilio con que se Inicia el pan en 
la América Meridional, que me parece pariente- de- arepa, que es 
un pan do maiz conocido aun en Cuba. E31 casique (íuantar tenia 
uno de oro y una piedra verde de mi ¡cinc. Lo dice Lope de \ r ai ¡ 
lias en su relación sobre Nueva Córdoba. 

27 



— 208 — 
llatibonico. — Dos rios liay en Cuba, y en Haití otro, que lle- 
van este nombre. Se lia escrito también Jatibonico y Jati- 
bunico. 

Hdtiey. — Provincia bellísima por su vegetación que riega el 
Hatibonia. (Las Casas, t. v, pág. 269.) 

Hatuey, Jahatuey, Icabuey, Jacahuey. — todos estos nombres 
dá Velazquez en sus cartas oficiales al casique dominicano que 
aprisionó y que mandó ejecutar en Cuba. Reinaba en Guanabá 
de donde se trasladó á Cuba con los suyos, huyendo de la domi- 
nación española que habia resistido con tenacidad. Creiá «pie 
los españoles adoraban al oro y dispuso que se le dedicasen Wei- 
tos para aplacarlo; que serecojiera todo el (pie se encontrase y se 
echase at rio. No obstante todo esto hizo retirar á puntos leja- 
nos á las mujeres y los niños y formó un plan de res'stencia per- 
judicial á los invasores, pues era una combinación de guerrillas y 
sorpresas que tuvo inquietos y alarmados íi los conquistadores; 
pero los casiques que le ofrecieron auxilios no vinieron en su ayu- 
da y desmembrado de fuerzas tuvo al fin que desfallecer y fué 
aprendido y conducido á Velazquez. El suplicio de Hatuey le pa- 
reció necesario al Adelantado y mandólo llevar á cabo. El vene- 
rable Las Casas ha conservado las palabras que coronaron la vida 
del indio con un carácter histórico, que la posteridad ha repetido, 
desde que Eaynal las insertó en su célebre Historia de Ambas 
Lidias. — Nuestro historiador cubano Valdés, las coló ó (1811) eu 
su obra, Hatuey es un nombre popular en la America, como la 
representación última del patriotismo indígena, luchando con los 
que habían de perpetuarse sobre sus ruinas. É casique de Gua- 
nabá murió quemado en 1512, después de haber lucharlo sin ex i 
te; pero aún dejó quien conservase su espíritu, y como se ve en 
las cartas de Velazquez tuvo sus rezagos la guerra (pie sos- 
tuvo. 

Hauenne. — Como si dijera Havenne. — Así llama Drake á la 
Habana. Voyage du sieur Drach, pág. 25, edit. Aubry. — u Le tresor 
des Fieces vares ou medites.. París 1855."— Por ese estilo es la 
errata del copista en el expediente que se cita en el Faro Iftdus- 
trial | N* 1? de Noviembre de 1841) art. Geografía Antigua. Las 
erratas sobre América son comunes aún en obras de excelentes 
críticos. En el tomo 2, pág. 539 de la excelente F asa yo de una 
Biblioteca Española de Gallardo, correctísima por su autor y sus 
adicionadores, se lee: 

"D. Carlos Suen gobernador de América." 

Es Sucre y no Suen, de quien son sucesores los marqueses 
de San Felipe y Santiago desde el 3? de ese título y el Gran Ma- 
riscal de Ayacucho José Antonio Sucre; y existen muchos deudos 
en Cuba. 

Hay. — (Véase Cayo.) 

Hayna. — Ocho leguas ó nueve de Santo Domingo., dice Las 
Casas que está este rio; y de la otra parte de él se hallaban las 
minas nuevas, descubiertas por una india. 



— 299 — 
Ilai/idi. — De este modo aumenta Torquemada el catálogo de 
los nombres dados & Ilatuey. Es, según él, de un señor indio 
(l.MO) que noticioso de que los españoles iban á Cuba, "llenó un 
cesto de oro y lo dedicó un arcitos"; pero es sin duda Hn- 
tuey. 

Hee. — "Gefo, soberano," según el Sr. (Jarcia cu la isla de 
Haití. 

Henequén. — Según Rafinesque, es palabra que significa cu- 
chillo y cortar: nos parece tanto mas equivocado, cuanto que aún 
se conserva la palabra en el mismo sentido que lo dieron los cro- 
nistas. Es material textil sacado del maguey para hacer hama- 
cas, chinchorros y redes en que so distinguió Borinquen, — Oviedo 
que lo llama henequén, y heniquen, que es como se dice en Cuba, 
distinguía estado la cabuya, en que es de hoja mas delgada: lo 
que induciría á creer que los indios no llamaban heniquen á la 
sustancia textil, sino á la planta que la producía. 

///. — Flor dé una liana llamada jlor de hi hasta nuestros 
dias. 

Uibahasue. — Monte de Haití. (Véase Imizuí.j 
Jlibiz. — El venerable Las Casas, que tan exacto era en la 
acentuación prosódica de las palabras indias, no temia á la z que 
usaba sin mucho escrúpulo, hibiz está usado por él como sinóni- 
mo del jibe de Cuba: se refiere á Haití. — (T. v. pág. 311.) 

' Hicaco. — Se ha confundide por Rafinesque el jobo, el caimito 
y el hicaco: ningún antillano puede cometer ese error. [Véase la 
sección 3*] 

Ricos. — Los cordones de algodón ó de otra materia de 
que se colgaban las hamacas. Significa también cordel, hilo, 
torzal. 

Hicotea, icotea. — Tortuga terrestre por ser el rio y no el mar 
el lugar en donde pasa su vida de anfibio. "Las madres de las 
bubas en los que las comían" — dice Las Casas (T. v, pág. 279.) 
Lo que demuestra que se las tenia por mal sanas. 

Hicunca, IRa-r/ua-ili Guanin. — Padre é hijo que figuran en 
la leyenda de Guagoniana. 

Higua. — Monte dominicano, 

Higuacd. — Cotorra con la cabeza blanca ó una mancha blan 
ca en ella. (Las Casas.) 

1 1 ¡(/nana. — (Véase Iguana.) 

l\i(/uanama.S(5gim Las Casas una reina anciana de Haití cu 
II iguey á quien ahorcaron. Es noticia que trae la Breve Des- 
trucción, 

Kiyuanamota. — La hija de Caonabo y de Anacaona, tenia 
amores con un español llamado Hernando Guevara, á quien en- 
carceló y multó Roldan, por razón i\v esos amores: cuando aque- 
lla supo que su amanté había fallecido acaso á consecuencia dé 
sus sufrimientos, quedó en tal estado de desesperación, que lo 
produjo la muerte. 

Higuanu— Este pueblo de indios de Cuba, que aún existe, 



— 300 — 
conserva muchos descendientes de sus fundadores. Iwane es 
como lo escribe Edwards, (Hist. ofthe W. Indi-es) 1. caí), I» en hi 
nota.) Es que se pronuncia conforme á la ortografía inglesa: 
Iguani. 

Higucy, — El más aguerrido de los indios de Haití en sus en- 
cuentros con los caribes. La reina Cayacoa, como dije, abrazó el 
cristianismo; pero sus estados pasaron á Cotubamana, casi- 
que poderoso, hasta que se destruyó en la Península de Sa- 
ín ana. 

Higuera, hibuera. — La güira en Cuba, que es una corrupción 
de aquella palabra. — Hi — hijo — huerca de la tierra, según Raii- 
nesque . 

Himini ójimini. — El aguinaldo blanco que cubre los campos 
en Diciembre: así lo llama D. Pió Betancourt. 

Hinclia, — Provincia de Santo Domingo en la división in- 
dígena. 

Hio. — Región, lugar. 

Hipa. — Buba según el Padre Sarmiento, hipa conforme á 
Capmani. Me parece mejor hipa enfermedad, palidez del doliente. 
Jipa debe ser la raiz de jipato. 

Hiqui. — El que ¿quién? aquí. — Un árbol muy duro. De ahí la 
frase: a duro como jiquí." 

Hito. — Hombre, y también se dice guaní, cari, magua. 

Hoaxacan, hoajacan, — Dice e,l Padre Sarmiento que éste es el 
nombre del árbol que se aplica á la curación de las bubas; que el 
guayacan es una variedad que es el que propiamente tiene la efi- 
cacia, es el verdadero palo santo. Ruiz Diaz lo denomina palo sa- 
no y no santo; pero santo es lo que significa la palabra, Recomién 
dase el que nace en Puerto Rico. Ouayac, guayaco le dicen los 
franceses. 

Hababo. —Lo mismo que Jobabo, rio y territorio de Cuba. 

Habas. — Amarillo. 

Hobin. — Cobre. 

Hobo. — Árbol y fruto que conserv r a el nombre todavía: es his- 
tórico en Haití por las leyendas: además de lo que hemos visto 
en otros capítulos Priest, refiriéndose á Clavijero (Amer. Antíqui- 
tes, pág. 200) pone en boca de los indios viejos de Cuba la tradi- 
ción del diluvio de Noé, y dice que la paloma que volvió al arca ó 
gran canoa, trajo en el pico una rama de hobo. El mismo repite la 
relación de la embriaguez y la maldición del hijo que se burló del 
padre viejo: y que los indios se suponen los descendientes del hijo 
burlón, y que los europeos descienden del otro, 

Hobos. — Frutos muy apreciados de la planta ya nombrada. — 
Sino es errata de imprenta, se llaman horios en Costa Firme, según 
Herrera. — Una especie de ajes que lleva ese nombre por su se- 
mejanza á las ciruelas del hobo, probablemente por tener el color 
amarillo. 

Holguin. — Este pueblo se formó paulatinamente con los in- 
dios que á él vinieron de Caneyes y Guaisabana, sin. que estos se 



— 301 — 
despoblasen: Holguin comenzó por la agrupación de irnos pocos 
al rededor de la iglesia, á consecuencia de las medidas sobre re- 
partimientos y restos de sublevados contra ellos; pero era tan pro- 
lífloa la raza, que al visitar en la inspección de ordenanza la villa 
en 1711» I), finan Muñoz, regidor del Bayaino, encontró que solo 
una familia cuyo tronco ririu, tenia 185 descendientes naturales, y 
de afinidad por enlace. El tronco era la Era de Holguin de la fa- 
milia Nicree. 

Homo. — "Provincia allá donde agora está el pueblo de Trini- 
dail."— (Relación de Diego Méndez,) 

Mu. — Alto, elevado, — hace oficio de adjetivo. 

liuacani. — Este es el nombre del pescador amigo de Guago- 
niana, aunque lo olvida Pedro Mártir, que fué convertido en rui- 
señor, y por cuya muerte hizo salir de la cueva á mujeres y 
niños, 

\\ narco. — Nombre de un casiqne de Jamaica según el testa 
mentó de Diego Méndez (1536). 

Kubabo.— Entre montes. — Provincia haitiana contigua á la 
oriental llamada Caisimú. 

Ruca. — En la Vida y viajes de Antérico Vespucw, por Lester 
v Foster (New Jlaven 1853) esserita en inglés, dicen: "No tienen 
(los caníbales) granos ni trigo, usan de la raiz de una planta 
de que sacan harina á que llaman linca (supongo que sea 
yuca)) la harina de otra planta se nombra lcazabi; y de otra 
ignami." 

Huarahua, guaragua. — Verdura. 

Jluibo. — Altura, elevación, montaña, cabeza. 

lluhuicc. — Lugar de donde pedia un intérprete el Padre Ko- 
nian, pues sabian las dos leguas de la isla de Haití. 

Huiou.—YA. sol. — El ser que rodeado de relámpagos salia de 
las cavernas para ocultarse en el cielo (turey). (Archives de la So- 
cicté Amer. 1875, pág, 368.) — Los cubanos adoraban al sol: espe- 
raban la salida del sol en las orillas de los rios, y saludaban su 
aparición con reverencias, lavándose las manos y la cara en las 
aguas: así lo dijeron al Almirante por medio de su intérprete. 

Huma. — Tínico, 

Iíumacao. — Casique de Boniquen rebelde por muchos años. — 
Rio y población de Puerto Eico, á la costa S. E. á una legua de la 
playa. De sus barrios tienen nombres indios Mubú y Jagüeyes. Es 
también puerto. 

¡Inmuta. — liio de Puerto Kico. 

Huracán. — En la primera parte de esta obra se ha hablado de 
lo que significa esa palabra. En el mes de junio de l KM experi- 
mentaron los españoles el primer temporal de este genero, des- 
pués de la prisión de Caonabo. Entonces supieron lo que era un 
huracán de las Antillas. Sintióse al medio dia mnelio y furioso 
viento de la parte de levante arrastrando gran cantidad de nubes 
y encontrándose con otro viento de poniente con las misma condi- 
ciones hicieron estragos inauditos. La oscuridad igualaba a la de 



— 302 — 
la noche, aclarándose por las ráfagas de los relámpagos, acom- 
pañados de estampidos de truenos. Arrancaba el viento y 
arrojaba los árboles y objetos á grandes distancias; trastornándose 
la superficie de la tierra. El ruido de la tempestad era horro- 
roso: los hombres solo hallaban seguridad en las cavernas. Las 
tres naves de Colon fueron rotas y averiadas, y tuvo que sus- 
pender su viaje á Europa, mientras construía tres caravelas. Los 
indios atribuían el huracán á castigo del cielo por la tiranía de los 
descubridores. Pasados algunos dias ana no se podía hablar sin 
espanto de las tres horas que duró el huracán, sin recordar otro 
semejante. 

Hurrica. — El diablo, según el escritor inglés que cita Descour- 
tiltz, (pág. 358, t. 2.) Un historiador inglés que antes citamos en 
su historia de Jamaica, dice que en su lengua hurrica es el diablo 
y por eso de él se deriba la palabra huracán. 

llutí, utía, hutía, jutía. — Formas de nombre que se convesa 
con su significación hutía. — En el artículo Agutí he tratado de las 
batías como de los demás cuadrúpedos indígenas de Cuba y las 
Antillas. Para ilustración copio lo que de ellas dice el venerable 
Las Casas: "Eran cuatro especies: una se llamaba queiní, la últi- 
ma luenga, eran las mayores y más duras; la otra especie era las 
que llamaban hutías la penúltima luenga, la que llamaban mohies 
la primera sílaba luenga; la cuarta eran como gazapitos que lla- 
maban curies la misma sílaba también luenga, los cuales eran muy 
sanos y delicadísimos." — Luego habla de los perros mudos que no 
servían más que para comer y que sólo gruñían. 

Huytacu. — (Vea se Yubceayguaya. ) 

Tiyens. — El zumo de la yuca agria, según el propio Las Ca- 
sas: venenoso, pero que cocido lo usaban como vinagre los indios 
sin inconveniente. 



I. 



La Jno ofrece más tropiezo que el uso de la vocal como con- 
sonante y delante de las vocales: en este libro conservo muy po- 
cas de esas libertades ortográficas, prefiriendo el empleo de la 
consonante casi siempre. Así sólo en casos en que dudo si se 
pronunciaba como vocal, acaso por equivocación mia, como laiael, 
que lo he visto casi siempre escrito así. 

2. — Partícula que expresa la acción de la vida (Brasseur de 
Bourbouh;)— artículo el (Rafinesque.)— J, 7¿¿, hin, %i, ni } li— artí- 
culos indicativos, el, etc. 

labano — Guaiabano. — Guanábana. 

laia. — Significa tierra. 

Iba. — Pueblo. (Brasseur de Bourboug.) 

Ibar. — (Yéase Chibí.) 

Ibano. — Sitio en Santo Domingo. 

Jg iiamo. — Rio haitiano. 



— 803 — 

\<ju(i)hu(v. — Provincia do Manen— Santo Domingo. 

[guayagau. — "Sobre nombre de Higuei." — [García.] 

laiael. — El hijo de Iaia: personaje de quien ya lie hablado. 
Eh la Reme Americaine (pág. 319, t". II,) se lee otra versión por 
Oharancey: según este americanista, las brasileros y antillanos 
creían que al principio no había mar. Decían que un hombre lla- 
mado [ata, Jaia 6 O iaia tuvo un hijo: Iata-el. — Quiso este hijo 
matarlo, es decir, matar á su padre, y éste lo desterró, por lo que 
murió á los cuatro meses. Sigue en lo demás la historia de la ca- 
labaza, aunque determina (pie colgó la ras ij a con el cadáver, del 
techo de su casa. Llegaron luego los cuatro gemelos de una mu- 
jer que se nombra Itaba— -Tanhuana— que murió en el parto, ha- 
biéndosele extraído del vientre abriéndoselo. En la continuación 
no hay más novedad que el autor francés llama cónico al conuco de 
Iaia. — El mismo Oharancey llama á Iaia, A§ia-el y Giáia-el. 
Otros en lugar de Itaba llaman itíba.— la madre de los gemelos. 

Idioma. — Variedad de la ananás. 

lea. — Uno de los nombres dados á los granos de las babas 
que conserva Sarmiento, 

icagud. — Sitio de Higuei. — Santo Domingo. 

ican f Guaicán. — Un pez que llamaron remoro los españoles. 

Icota, Icotea. — lia conservado la misma significación pero 
con forma distinta: hicotea, y el pueblo la llama jicotea. (Ilcmys 
rugosa) el macho; (II. decumta) la hembra. 

lemao. — Es uno de los títulos dados á Dios: Raünesque cree 
(pie son sus atributos. 

Igi aya bongbe. — Principio de una canción popular que se 
conserva en Haití, de un areito que cito en otra parte: lo escribe 
así el señor Guridi y dice que es un estribillo indio que significa 
"primero muerto que siervo." Otro escritor posterior, escribe la 
palabra bombe con m y g como está escrita en la primen parte de 
esta obra en el areito de Anacaona, 

[guana. — Es el animal llamado higuana en Cuba, pero escribe 
con aquella ortografía la palabra 1 Pisón al describir la de Costa 
Firme. La mayor parte de los escritores se empeñaron en hacer 
una sierpe al inocente animal que comparó con perros llenera y 
á quien dotó de alas Vespucio. Era no obstante regalado ali- 
mento de los indios y los españoles las compraron á buenos fai- 
sanes en el sabor. (Véase Anacaona,) en cuya mesa se sirvieron 
por primera vez á los europeos. 

íguana-bo. — Iguana grande, literalmente li igua uo-riejo. 

Mi. — Mijos, plural de el. 

1 mas. — Alimento. 

\n. — Hembra, femenino. 

iiiaba. — Gua-inába. — Guayaba. 

Inabon. — Rio de raerlo Rico, jurisdicción de Pouce. 

\iu(s. — El fruto. 

inacu. — Mujer en Kyori. 

indios. — En la primera paite se han extractado lo. las las opi- 



— 304 — 

niones sobre el origen de los indios; pero aquí hay que advertir 
que la palabra indio proviene del error de creerse en Asia Colon al 
descubrir la América, que llegó hasta usar el título de Almirante 
del Asia en sus comunicaciones con los Magistrados de Genova. 
(Véase Ómnibus almanaco ligure, año 184G. pág. 120. [1] Los culti- 
vadores de las ciencias antropológica y etnológica procuraron 
hasta el presente siglo defender la unidad de la especie, traer del 
Asia al hombre americano, ó cuando menos, del mundo antiguo, 
A las confucciones antiguas, han sucedido más serios, pero no 
más decisivos estudios. «Mr. G. Morton ha dedicado muy inten- 
siva atención al examen de los cráneos, como presidente de la 
Academia de Ciencias de Filadelfla: su Crania Americana no es 
su única obra sino que suya es otra la titulada Inquiry into the 
distintlcc characteristics of the aboriginal races of Americana. Pa- 
ra él es una raza la americana esencialmente distinta de la cau- 
casiana y de las demás. Cree, sí, en la unidad de la americana, 
á pesar de sus variedades en las tribus. Ha consignado un he- 
cho curioso: las dimensiones de los cráneos de las tribus más in- 
teligentes ofrecen un cerebro más pequeño que el de las bárbaras. 
En los toltecas 77 pulgadas cúbicas, 84 en las otras. Sus estu- 
dios los han continuado y lleva *siete ediciones la obra llamada 
Types ofmanlcínd (1854,) JSTott, autor de ella con Gliddon ha pu- 
blicado además Indigenous Races y la han acompañado con The 
Cranial caracteristics of the races ofmen. Morton ha hecho estu- 
dios comparativos con relación á razas africanas: se puso en rela- 
ciones con Poey (D. Felipe) y por conducto de este avacuamos to- 
dos los aficionados al estudio del hombre, oportunamente, el inte- 
rrogatorio circular de que aún conservo la copia que me entregó, 
con mis respuestas. — Ya he citado la expléndida obra de School- 
craft con el título de Historia de las tribus indias que llegó á cinco 
enormes infolios y he aludido á otras muchas. De todas ellas y 
del estudio del hombre preadamita americano, se deduce una ver- 
dad innegable que ha formulado Agacis y cito antes: América no 
es el nuevo mundo, sino acaso mas antiguo que el que lleva ese 
nombre. 



[1) Firmó así: 

"El almirante mayor del Oeeauo y virey y gobernador de las Jislas y tierra 
firme del Asia y de las Indias por el rey y por la reina mis señores y su capitán 
general del mar y su consejero— y enseguida su antefirma y nombre. 

S. 
S. A. S. 
X. M. Y. 
XPOFEREÍÍS." 

En las cartas de Indias be lia publicado en nota una curiosa disertación sobre las 
firmas de Colon; que ha traducido al inglés la revista americana The Magazine of 
American Histor y {Enero de 1883) poniendo al fin uu facsímile de los manuscrito.*. 



— 3Q5 — 
\lr. Bfoke se ocupa de la clasificación tle las razas ame 
i -¡(ranas: sigue á D'Obigny y á Humboldt, pero no olvida las 
fuentes originales do esos conocimientos. Aunque su historia 
principia por la raza pacífica de las Antillas, porque por ellas em- 
pezaron sus viajes los europeos, trazados grandes cuadros: Amé 
rica Meridional y del Norte. Ocupan el primer lugar los caribes, 
desde el Amazonas al Mar Caribe; siguen los brasileros y todos los 
demás, eu especial los peruanos. En la parte del Norte figuran 
los indios pacíficos en las Antillas, de bellas formas como los ca- 
ribes, y comienza por los algonquinos en el continente, los pue- 
blos dispersos, las naciones civilizadas (México y Centro Améri- 
ca hasta Nicaragua). La verdad es que la clasificación del hom- 
bre americano de D'Obigny se reduce (i la región meridional: en 
ella encuentra tres razas á pesar de sus caracteres comunes: la 
brasilera, la pampeana y la peruana. lia caribe la confunde con 
la brasilera. Para el escritor belga de esta Historia, esas varieda- 
des siquier razas todas vienen de Asia. Por las huellas del leu 
guaje ó fueron ó vinieron; pero es visible el parentesco, aun cuan- 
do se mezclasen con otras familias antoctonas. 

Hoy se han profundizado en los Estados-Unidos aun más que 
en Europa, los estudios prehistóricos; así lo acaba de publicar el 
Marqués de Nadaillac. Sin que todos acepten las nuevas teorías 
hay quienes defiende aun la unidad especial de Morton, popula- 
rizada por Agassiz, y los que exajeran el americanismo hasta pre- 
tender que todo sea procedencia americana; otros sostienen las 
revelaciones religiosas y son los menos; quienes siguen el movi- 
miento europeo considerando insostenible la unidad de la especie 
humana; algunos y éstos progresan, están por la evolución de la 
naturaleza en las especies. No faltan contradictores á los que si- 
gilen 4 Darwin, y se lia usado entre otras razones la de que el 
hombre no es antocton en América, porque en ella no hay mo- 
nos (antropoides 6 catirrinos) eslabón para su enlace entre los 
géneros. Se ha discutido si en América también procede el 
liombro de un animal inferior: un orador ha hablado en 1881, 
Mr. Miller (The Theory of Evolution) en Eiladelfia, ante una reu- 
nión del Colegio de Farmacia, con filial ternura de sus ante 
pasados los tiburones: nuestros antepasados remotos los tiburones y 
recorre todos los estados de la evolución hasta la célula primi- 
tiva. 

Haeckel, uno de los pensadores más profundos, cree que la 
especie americana es distinta [Homo amerieauus]: es la í) a de las 
12 especies humanas en que distribuye él el género Nomo (11 /.s 
toire <!<■ la CreatUm^ pág. 609.) 

Las obras de Urancorft sobre Las Bazas Primitivas] los Esta- 
dios del Instituto Smithtionano reunidos en prodigioso número, \ 
las investigaciones de los últimos tiempos pueden graduarse en 
los resultados que ofrecen dos excelentes libros: The Nort Ameri- 
cana of Antiqnity, por J* T, Short, Neisr-York 1880, v ÜAmeriquc 
Prchistoriifuv, por el Marqués de Nadaillac. 



— 306 — 
Inés. — La mujer del easique Cayacoa luego que recibió el bau- 
tismo murió poco después en el seno del cristianismo. 

Infante — Fr. Juan, y Er. Juan de Solórzano, del Orden de la 
Merced, redención de cautivos, acompañaron á Colon en su pri- 
mer viaje. Lo dice así el Padre Morales en el sermón que predi- 
có en 24 de Octubro de 1831, con el título de Paneg ir ico á la San- 
tísima Virgen fundadora del Orden, y cita a D. José Trejo in vit 
Christ. Colon y á otros. 

Inima. — La esposa de Guacanari, que murió de dolor, de ce- 
los y pesar. 

Inrire — Cahuuaiel. — Estos son los nombres del pájaro llama- 
do en Cuba carpintero y que han supuesto Xoda y otros que 
se habian perdido. (Véase Guagoniana.) Los hombres de la isla 
se quedaron sin mujeres y estaban deseosos de adquirirlas: y he- 
mos visto en la primera parte de esta obra al hablar de las tradi 
ciones indias, de la manera que ha conservado Pedro Mártir la 
tradición del importante servicio hecho á la humanidad por el 
carpintero, dotando de mujeres al género humano. (Véase Yaya- 
ma y AMacauq Guarocoel*'] Según el Padre Concepción (llist. 
Gen. ne Philipinas, cap. I o pág. 297 t, 1?, Manila 1788] el carpin- 
tero ó herrero, que describe, "ave admirable, se llama Palalaco ó 
Batata. — También la mitología antigua consagró el carpintero á 
los dioses. En las notas escritas por Carlos Stuart Stanford á 
los fastos de Ovidio (pág. 113, edic. de 1831, Dublin) dice que el 
pájaro Picus fué llamado así de Picus, hermano de Fauno, que lo 
cambió Circe en pájaro i>ara contenerlo en sus propósitos ó impe- 
dírselos. Otros deriban la palabra de un verbo griego que signiíi 
ca pegar. Según Plutarco los gemelos Rómulo y Remo fueron ali- 
mentados por una loba y un carpintero (Woodpeekir): si la loba 
amamantaba, el pica-verde traia alimentos. El carpintero fue con 
sagrado á Marte y de aquí el nombre mar tía. A esa fábula se re 
i i ere Ovidio: Martia picus avis.. . 

Inoa. — Rio de Haití. 

\nuya, hita, iti, bibi. — Mujer, esposa. 

Inara, Uamy, churon. — Mujer en Eyeri. 

lo. — La vida por excelencia, Dios. 

íobobaba. — Así llama Herrera la cueva de donde salieron el 
sol y la luna, según los haitianos. 

locahuma, locana, lovana, locarayhama. — Dios masculino de 
los tainos en diferentes dialectos ó lugares: [Véase Atabe e.\ 

Ipire. — Nombre que se dá al flamenco además de bümbaya. 

\pis. — Pájaro: parece que es la voz general. 

Ipis. — (Véase Boguial.) 

It ó ito. — Hombre, masculino. 

Itaba — Tahuana, — La madre de J)im,'bdii—Caracaracol. — 
(Véase laiael.) 

Itabo, — Charco ó poza de agaa dulce: también se dice l itabo 
y prefiere esta forma el señor Noda ( cartas á ¡Silvia, XXI.) Lleva 
el nombre de itabo el del agua trasparente en las sierras y cam- 



— 307 — 
posen donde permanece mucho tiempo; hasta en la temporada de 
las secas. El Sr. Piehardo sospecha que fuese el nombre de las la- 
gunas en el país. 

[ti.— (Véase Inuya.) 

[uoayeques. — " así llamaron sus pueblos los indios." — 

( Documentos inédit, t. 7, pág. 415). 

lumayaí, i/uwai/ei.— Provincia en donde está "el puerto que 
se llama del Principe, que es casi en medio de la isla." — (Docu- 
mentos inéditos ote. pág. 31, t: 1?) 

1:7, m.-T-Ojos. 

.1. 

Muchas de las palabras escritas con j que voy á colocar aqui, 
han sido escritas con h, por manera que si está de más en la len- 
gua taina, aquella es de un uso frecuente y necesario, á veces sus- 
tituido por (i ante e, i y con x ante todas las vocales. — He indicado 
ya los motivos históricos de esas confusiones. 

Jaba, — Lo mismo que haba: suelo verse con v. 

Jábacoa. — Kio de Tuerto lilao: hacienda en Cuba; la palabra 
significa fuente de tajaba. 

Jabial. — Cuando se fundó la ciudad de Trinidad, se dividió 
en barrios que conservaron los nombres de Jabial y Jibabúnico: 
se continuaron llamando así hasta que se adoptó la idea de enu- 
merarlos desde 1 á(3. (Memorias de la 8. Econ. pág. 366, t, 14, 1812). 

Jucagua. — Kio de Puerto Rico. 

Jacana. —Quebrada ó rio de Puerto-Rico de la jurisdicion de 
Yabucoa, que cuenta además á Tabanucos, Capaes y Yuca. 

Jácitba. — Rio tributario del Yaquí en Sto. Domingo. 

Jagua. — Puerto y provincia indias: en cuanto al puerto decía 
el obispo Las Casas: "no creo que pueda haber otro mejor *eu el 
mundo." — Hay en Puerto-Rico rio y barrio [Véase Gambo] de 
este nombre. — Es el de una fruta y árbol de cualidades medicina- 
les que también celebra el obispo de Chiax>a, con su natural exa- 
jeracion, como deliciosa, ai paladar. 

Jagual, — Punto en que hay .muchos jaguas. En Puerto-Rico 
una sierra al Sur de Aresibo. 

Jagüey, — Árbol de que se ha hablado antes. [Véase lia 
guay], — Es un barrio del partido de la Aguada en Puerto-Rico; 
con el aditamento de Qrande, Jagüey Grande, hacienda y terri- 
torio en Cuba. — Jagüey ó Xagiiey es también lo mismo que algibe 
(Las ('asas). Esos algibes indios eran inmensos: Las Casas des- 
cribe uno (pág. 260, tom. V) como de media legua de extensión 
con una boca de tres á cuatro palmos con cuarenta brazas de hon- 
do en la isla Saona. 

Jagüey, — De la Jagüey era, el surtidero de agua de la liaba 
na, del rio Luyanó antes de que se formase la zanja que la trajo 
de Almeudares. El más antiguo cronista [1598J Parra lo ha 
consignado en su descripción de la Habana. Es notable que \y*\ 
ga femenino á Jagüey y llame- así la, Jagüey al Luyauo 



— 308 — 

Jayücyeé. — "Así llamaban en Haití las balsas de agua llove- 
diza y otras aguas gruesas," — El Licenciado Alonso Zuazo en las 
cartas que escribió en 22 de Enero de 1518.— Lo cita y le copia el 
señor Quintana en los apéndices á la vida de Las Casas. Al uso 
de sus aguas atribuye el Licenciado la mortandad de indios que 
se imputaba á los encomenderos que los separaban de sus aguadas 
y territorios. — Así también en plural se conocen las cucb illas de 
Jagüeyes de Puerto-Rico y sus barrios, (Véase Humacao.) 

Jaibas. — Escribe xaybas esta palabra el venerable Las Casas. 
— Es animal acuático crustáceo muy conocido aún hoy en Cuba. 

Jaibon. — Rio de Santo Domingo. 

Jaina. — Rio de Haití que el barón Ñau hace desembocar en 
la bahía de Samaná siendo así que, como observa el señor Gu- 
ridi, sale por el Sur, y Samaná está al Norte. 

Jaircl. — Un bejuco de una leguminosa. 

Jala, — Sitio inmediato á Santo Domingo. 

Jamaica. — Abundancia de aguas y manantiales dice esta pa- 
labra según los señores Arosarena y Baudry en su informe ni 
Real Consulado, [pág. 35]. Es una de las islas mayores que des- 
cubrió el Almirante á su vuelta del continente meridional, y la 
llamó Santiago: de todas las islas mayores fué la más desgracia- 
da, porque desapareció por completo la raza indígena y por 
eso conservaba pocos nombres indígenas que acaba de borrar la 
dominación inglesa. — Al descubrirse— "Estaba la isla de Jamai- 
ca dividida en dos reinos" (Rañnesque). La labranza se hacía 
en común como en los demás islas, siendo muy reputados sus ca- 
siques así como sus bonitos ó sacerdotes ó behiques que eran jue- 
ces y médicos. Esta cualidad de jueces no la reúnen en las otras 
islas á sus otras profesiones. 

Torquemada en su Monarquía Indiana ofrece un cuadro algo 
cargado á mi juicio de la felicidad patriarcal de este pueblo que 
desconocía el mió y lo tuyo: donde casi no habia propiedad pri- 
vada. Paréceseme á Tácito que habla de los germanos con igual 
entusiasmo y tal vez con el propio criterio. Convienen es verdad 
todos en que era pacífico y paternal el gobierno y esto lo probaba, 
que es observación del mismo Torquemada, la gran población 
que contenían las Antillas c*si desprovistas de armas y defensas. 
Era, pues, la edad de oro allí realizada y parecían sueños de la 
poesía para el bueno del cronista. 

Colon descubrió en 1401 á esta isla; y ocho años después fué 
arrojado á ella por un huracán: aunque conocido de momento por 
los naturales entraron en sospechas y le suspendieron los auxilios 
con lo que quedó reducido á grandes apuros, que expresó en una 
carta donde desaparece el hombre de la leyenda, y es la mejor 
impugnancia de los delirantes y poéticos conceptos de Roselly de 
Lorgues. Los indios enfurecidos cometieron algunos excesos: 
anuncióles para impedir su continuación un eclipse, suponiendo 
les que era una muestra de la indignación del cielo contra los na- 
turales por su hostilidad. Realizado el anuncio, se trausforma- 



— 301) — 
ron cu súplicas los actos de hostilidad y varió la conducta de los 
indios, con lo que cesó el eclipse y volvió á verse la hv¿ del sol. 
La luna obedecía al Almirante á, los ojos de los indios. 

Las costumbres de estos, su religión y hasta los animales que 
poblaban á Jamaica, eran, como sus lenguas, análogos ó iguales á 
las otras Antillas hermanas. Erau más civilizados que los cubanos 
cu todo lo conserniente á obras de manos, entalladuras en espe 
cial. En una nota puesta á la carta escrita de Jamaica por Colon 
se Ico: u Debe absolutamente creerse que sea Jamaica y no Jamai- 
ca el nombre de esta isla en el original español aunque parezca 
extraña esa denominación. Es un hecho que Colon arribó á una 
isla llamada por los naturales Jamaica pero como él dice llamada 
por los cosmógrafos Tana mayor (Cap, 15 u Las navegaciones del 
del Rey de España de la isla y tierras nuevamente descubiertas* Ve- 
necia 1504.) 

Los habitantes de Jamaica fueron los más desconfiados de 
los indios con sus nuevo huéspedes: para el comercio ó rescate to- 
maron precauciones que degeneraron en hostilidades: sin la astu- 
cia del Almirante y la oportunidad del eclipse, hubiera perecido 
con los suyos. Aún al oir el vaticinio se burlaron y sólo le creyeron 
ii 1 oscurecerse el cielo: entonces pidieron gracia. 

La destrucción de indios fué tan rápida ó más que en las otras 
Antillas, porque los repartidos ó encomendados se trasladaron á 
Haití y Cuba y aún á otras partes "cuyos tesoros se pagaban 
en sangre'' dice Moke. Mr. Thevet reüriéndosc al año de 1555. 
decia: "ya no hay indios en Jamaica" y no muchos en la Españo- 
la "no se encuentran más que en dos ó tres cantones.' 7 

Acaso persiguió á Jamaica el mal hado que al descubridor y 
sus descendientes. Jamaica que fué Abadía, la primera de Indias, 
que se concedió al italiano Pedro Mártir de Angleria, que la gozó 
desde España; que luego fué el marquesado de Jamaica concedi- 
do á. los hijos de Colon tras luengo y lastimoso pleito en que se les 
quería privar del fruto del trabajo del descubridor, y no cumplirle 
las ofertas hechas. Obedeciendo á una fatalidad que no puede 
explicar la historia, ni la abadía, ni el marquesado subsistieron, y 
ni aún cubre la bandera de Castilla aquellas tierras: ni apenas 
queda alguna palabra que recuerde á los primitivos dueños Crom- 
vvell en 1G85 envió una grande armada á, conquistar á Santo Do 
mingo en donde nada pudo conseguir; pero tomó alguuos puertos 
en Jamaica, y tras una lucha de quince años la lograron los ingle- 
ees conquistar [Murillo]. Es notable que fuese el Protector el 
queconcibiesc el proyecto y Guillermo Penn el (píelo ejecutase 
para luego figurar en la historia como uno de los fundadores 
del poder anglosajón en la que es hoy República de los Estados 
Unidos. 

Jánico, — Lugar cu Santo Domingo, hoy es la jurisdicción de 
José de las Matas. 

Ja jabí (\;i\abi). — Una especie de cotorra de Haití muy inquie- 
ta y traviesa. fL;is Casas/. 



— ;jlO — 

r/c<f/?í^. — lili más septentrional délos cuatro ríos principales de 
Haití que le señala Pedro Mártir. 

Jarabacoa. — Territorio en Santo Domingo próximo á la Vega. 

Jaragua. — El reino de Jaragua era reputado como másadela- 
tado y alegante de Haití. Era su poseedor Behcquio, hermano de 
la poetisa Anacaona. — Había un lago del mismo nombre á quien 
señalaba Oviedo 18 leguas en 1515 cuando lo visitó, aunque ahora 
tenga la verdad que roducirlo á muchas menos. — (Véase Deza.) 

Jaruco. — "Puerto de la banda del Norte [Cuba] segun Diaz 
''el Castillo ocho leguas de San Oistoval... que llamaban así los 
indios." — Este pasaje es importante para la historia de Cuba, aten- 
dida la fecha en que se escribió.— Hoy es ciudad. 

Jaca. — (Véase Guayayuco.) 

Jaojao, Jaujau (xauxau). — Pan blanco que se hacía de las rai- 
ces llamadas itavex, dracoman — imbaja, tabaja ó coro. Extraído el 
zumo se !pasaba la pasta ó residuo por un burén ysalia el pan. 
(Revue Espagnole ct Portug, tomo 1?, significa torta grande (Véase 
Labnsa. 

Jaya. — Tierra ó isla. — Kaya, cayos, hay, guacu. También tie 
nen otras acepciones. — Java es el nombre de un ser poderoso de 
la leyenda de Haití sinónimo de laia. 

Jayá. — (Véase Yuna.) 

Jayuya. — Un cerro en Tuerto Pico donde nace el rio luabon- 

Jcjencs. — La especie más pequeña de los mosquitos cuyas va- 
riedades comprenden desde éste casi microscopio hasta los lanceros 
y zancudos que molestaron á los descubridores y siguen haciéndo- 
lo á sus descendientes. 

Jibabúco. — (Véase Jabia.) 

Jícaros, Xibaros, Gibaros. — Pueblo de la América meridional. 
Según las Cartas edificantes á que se relieren los adicionadores 
del Diccionario de Morery, eran tan bárbaros que los españoles 
que querían doctrinarlos se vieron en la necesidad de abandonar 
la población de Sograma que con aquel objeto habían realizado en 
las montañas inaccesibles que habitan. — Hice el Padre Murillo 
que los criollos y mestizos de la Española, Puerto Kico y otras 
islas se llaman gibaros) parece que sólo ha j)revalecido ese nom- 
bre, si antes fué general, en Puerto Pico, en el campo. 

Jicaco. — Sinónimo de liicaco y por consiguiente de icaco, co- 
mo fruto. — Quebradura ó rio de Puerto Pico Seiba, Tabanucos y 
Piragua que riegan la jurisdicción de Patillas. 

Jicayá. — Ek) de Santo Domingo. 

Jicara. — Aunque el señor $oda le parece sinónimo de higue- 
ra á mi me parece cosa bien diferente y palabra no oriunda de 
Haití. 

Jigua. — En composición kologanjigua, — dedos, en Guamaca. 

Jiguani. — Oréese que fué pueblo de indios: lo histórico es que 
el indio Miguel Rodríguez cedió un terreno para pueblo y se edi- 
iieó; pero la Real Audiencia de Cuba les negó posteriormente el 
derecho y privilegio de naturaleza, como lo trae en su relación el 



— 311 — 
señor La Torre. Pero llámese pueblo ó agrupación, fueron indios 
que habitaron un terreno cedido por un indio y no por el gobier- 
no, que señaló á los naturales do aquella parte terrenos al Norte 
del Bayamo; como en la parto occidental las haciendas de la Ca- 
noa y algunas otras. El Presbítero Jerez fué ei que indicó á Ro- 
dríguez que hiciera la concesión de los terrenos de ó i guaní -arri- 
ba para que se poblasen y entonces el gobierno lo declaró pueblo 
de indios, bajo la descendencia del Protector de indios de Bayamo, 
Aunque sea cierto como es de suponerse (pie haya auto acordado 
<pie declaro lo contrario, la historia demuestra que fué pueblo de 
indios fundado en terrenos que concedió no el gobierno, sino un 
particular á sus compatriotas de raza. — Ei señor ' Noda sospecha 
(pie Jiguaní puede signiíiicar Rio-dcl-An<jet . 

Jiguabo. — Pueblo en donde aún había indios puros en la Isla 
de Cuba en el Siglo XIX. 

Jiconí. — Montana en Santo Domingo. 

Jinia. — Rio de Haití. 

Jipatia. — Resfriado, (Valverde). 

Jiña, — Fruta silvestre, (García). 

J i maní. — Loma en Santo Domingo. 

Jipato. — Amarilloso, pálido, por enfermedad: hipa |o xipáj es 
la raíz y con ese nombre se ha querido americanizar la sífilis. Se- 
gún Valverde acaso se contundió la jipatía con la sífilis por los 
contemporáneos, atribuyendo á Margarit x^or los síntomas que des- 
criben otra enfermedad distinta; los que expone se le parecen al 
P, Valverde á la jipatía. — (América vindicada de haber sido madre 
del mal venéreo.) 

'fio. — País, (García). 

Jóbaba. — Koro-vara. — Cueva de los padres de donde salieron 
los hombres. (Rafinesque). 

Jobo dulce. — Barrio del partido de Aguada en Puerto Rico. 

Jobos. — Es también un barrio de Guayama, como V aniel y 
Guamaní. Puerto de Borinque Guayama.. Jobos es sinónimo de 
kobos, que confundieron los españoles con inirabolams 

Jobabo. — Rio de la provincia de Caribá en las minas de Joba 
bo (pie ahora se pronuncia así y se escribía antes Robaba. 

Jojoto. — El boniato viejo y pasado, ó enfermo: estonces enju- 
to y seco. 

Jobosí. — Es nombre qué se ha dado alguna vez al perro mu- 
do, que los había en (Juba y Santo Domingo. El señor Guridi lo 
usa escrito con z. 

Jovava Boina. — Cueva, de donde salió el sol \ traduce 
Rafinesque, Jehová solar. Paul llama, al sol ¡loriad y El es 
hijo. 

Josibí. — Cuadrúpedo en Santo Domingo. (García.) 

Jovana, Jobana. — Lo mismo que Tooahuma. 

./acato, ( 1 acato. — Bolsa ó saco. 

Julos. — Perros mudos de Haití, muy lides pero sin voz. {Be~ 
vue T8sj>agn¡ Portutf., í. 1") 



— 312 — 
Jucuna. — tino de los cuatro grandes ríos de Haití, (llalli es- 
cribe y acentúa Pedro Mártir,) 

Iv. 

Esta letra que debia figurar en toda las combinaciones con 
las vocales, en el sonido de </, como lo lia lieclio Schombnrgrli en 
las lenguas de Guayana, apenas se lia conservado en las voces 
que nos quedan de los tainos. 

Karapat. — Es el piojillo de las aves, según Deseourtilz, (pág. 
371, t. 2 de los Viajes.) 

Kaya, Khaya. — Lo mismo que cayos, tierras. 

Kuca. — Debe ser yuca, y por error de letra se lee en las cartas 
de Vespució, pág. 37, edic. de Florencia, por Oanobay (1811) < ¿ el 
loro comune uso e mangiare usano una radice de un atbore, della 
cuale fauno fariña ed 6 assai buona et la chiamano Kucaet altre 
le cliiamano cazabí et altre ignamí." Como se vé, aquesta todo 
mezclado y confundido. 

L. 

Labuya. — Pueblo en Eyeri. 

Labusa (Lebisa). — Todavía llaman en Puerto Príncipe guázu- 
ma aunque pronuncian como s la z que escriben, y no guáeima, co- 
mo en el occidente: sucede así con lebisa que lo vemos escrito de 
los dos modos. "Unos cueros de pescados pegados á una piedra 
sobre la que rayaban la yuca." Este aparato lo describe Las Ca- 
sas (pág. 312, t. Y de su Historia.) Las tortas de casabe que con 
él liacian se llamaba JZauxau; con piedras comunes hacían tortas 
más grandes para mantenimiento común. Llamaban labuza ó le- 
bisa al instrumento y á los cueros con que se hacían. 

Lambi. — Caracol de mar, que contiene un gran molusco que 
aún se conie en las Bahamas: la concha sirve de instrumento so- 
noro, que es el fotuto. (Véase Guamo). 

Lares de Guama. — (Beza.) 

Laruna. — Árbol cuyas hojas son blancas por la parte inferior 
sinónimo de y agruma. 

Lerin. — [Véase JÁren y Yantas.] 

Li. — El, lo, ello. 

Liar i . — Mujer en Eyeri. 

Libón. — "Bio tributario de Artibonico." — Haití, 

Libuza. — Lebisa. 

Liela. — Título de Dios que supone Eafinesquo análogo á El y 
á Cielo: es sinónimo de sida. (Véase Atabex.) 

Ligua/ni. — Territorio de Jamaica, luego hato, célebre por el 
número de ganados que criaba, pues en cuatro meses, dice Lecf- 
gewicke, que los soldados ingleses mataron 20000 reses. 

Liren, lairen, yeren. —Son nombres diversos de la misma co- 
sa, que es una raiz comestible, de una maranta. Cree que son pa- 
tatas especiales Brasseur de Bourborg, pero se equivoca. 



Li808 1 xureles, pargos, mojarras, cazones.— Son los uombres 
coa que principia el Padre Las ('asas su enumeración de peces 

antillanos. En cnanto á las lisas, dice Herrera que había infinitas 
(escribía con c la palabra Uvas Jen Cuba, especialmente en Sagú a, 
como en la Española, en Puerto Rico y en otras palles en donde 
las tenían en grandes corrales, según dije antes de las tortugas, 
Bate sistema de tener depósitos de peces en Cuba se conservo 
hasta principios del siglo wni, aunque se limitó el derecho á los 
que obtenían la exclusiva explotación. 

Lisey. — Rio en Haití. 

Loouyos. — Lo misino (pie cocuyos ó cucuyos. Es singular loque 
sucedió en el siglo pasado sobre el nombre de este luminoso esca- 
rabajo. En el interesante periódico publicado en Madrid con el tí- 
tulo de Variedades, al principio del siglo actual, en donde se pu- 
blicaron artículos de Quintana, acaso los primeros que escribía, 
se, insertó la Historia del Cocuyo, ó su noticia descriptiva. (Nu- 
mero XVIil). Fué el caso aludido (pie un escritor francés tradu- 
ciendo a Herrera, donde dice: "Tomábanles de noche con tizones, 
porque acudían á la lumbre y llamándoles por su nombre acudían 
y son tan torpes que en cayendo no se podían levantar." El tra- 
ductor creyó que la palabra acudían era el nombre del insecto y 
no un verbo castellano: llamó, pues, acudían á los cocuyos y el 
nombre pasó al Diccionario de Mr. Eouretier, de la Academia 
Francesa; al Dice, de Trevoux; al de Historia natural de Valmont 
de Bomare, etc., etc. Al publicar la Academia Española su Dice, 
de 1770 hizo la advertencia y sustituyó á Acudían el Locuyos de 
Herrera. Las Variedades al ocuparse de este quíd-pro-quo censura 
al autor de la carta de Paracuellos la dureza con que trata al 
francés de la equivocación: y dice que mejor hubiera sido que el 
censor superase á Herrera con una buena descripción que aun no 
se había hecho después de aquel insigne escritor. Hé aquí expli- 
cado el supuesto insecto Acudían que llevó por algún tiempo el 
cocuyo y ha pasado al panteón de las razas extinguidas. 

Loma del Indio. — Así se llama una eminencia próxima á 
(luanabacoa. Dicen que la habitaba un indio llamado Jusepe Bi- 
chat, en donde fundó una ermita. Allí se le apareció Jesucristo 
y comenzó á hacer milagros adorado por su íiel servidor. Es el 
origen de la imagen del Señor del Votosí que se venera en Guana 
bacoa: los R. P. Dominicos creen que conservan en su iglesia la. 
efigie aparecida y otros creen que está en la actual ermita del 
Potosí: aíío 1665. Yo me ocupé de este asunto en la biografía que 
escribí del Vadre Santo, que se ha reimpreso varias veces. 

\i')'íh¡Ho. — En los tiempos «de la*oonquista de Borinquen se 
llamó asi \\n monte en donde se escondía un casique (pie privaba 
del sosiego á los invasores, y con continuas revueltas iba y venia 
á la montaña en donde se ocultaba. 

\ Atrenzo (Diego). —Canónigo de Cabo Verde qué, según una 
descripción hecha de la Isla de Puerto Etico en L582. [La América 
núm. 1 del año IX) fué el que llevó á la, isla, las gallinas guineas 



— 314 — 

y los cocos (año 1549) y ensenó á usar los ingenios de agua para 
moler caña. 

\¡uca. — Lo mismo que yuca, como raiz y significando blancura. 
Liucayos ó Yucayos. — "Se llamaban de los indios lacayos las 
islas que están al Norte de San Juan. la Española y Cuba, que 
ninguna está poblada de castellanos y se llaman así de únala más 
septentrional que se denomina hucayonerjue ó Yucayoncguc,' 7 a en 
ya parte occidental está situada la isla de Bahama de que toma 
nombre el canal entre ella y Florida y los Mimbres (bajos do los 
"Mimbres dice el impreso) en donde es tanto el ímpetu de las aguas 
que apenas pueden dominarlo las naves en dirección al Bóreas, . . 
Los bajos del Bimini se llaman así porque en medio de ellos está 

Bimini, con cinco leguas de largo y fué la que indujeron á 

poblar á Juan Ponce de León Abaco de doce leguas en medio 

del bajío; Ciguateo de veinticinco leguas; Cenateo pequeña; (Utmu 
ma de quince leguas, y junto á ella Guanaharií primera tierra que 
descubrió Colon á quien denominó San Salvador [y á lo que dice el 
P. Muxillo, agrego yo para la cuestión histórica, que "la trae de- 
lineada Mallet"] Turna 6 Isabela veinte leguas; Yumito quince le- 
guas; Samaná siete leguas de travesía entre Yumito y Guanímú; 
Triángulo ocho lenguas de largo; Tabaque de diez leguas; Mira- 
poreros tres islitas; Mayaguana veinte lenguas; Y nagua diez le- 
guas; los Caicos isla de cinco leguas, y al Norte Ilamaná y Qomi- 
ba; Macarey cercado de bajíos, y Abreojo, bajío de quince leguas.' 7 
(Herrera Novas Orbis [1622] cap. III, f, 7 y vuelta.) Sólo he su- 
primido los grados. 

Los lucayos tenían pobladas todas las islas, cosa que ni la 
dominación española, ni la inglesa posterior, han podido reponer: 
son por millares las islas y los cayos de las que hoy se llaman las 
Bahainas. Cuando estuve en Nassau es 1870 á 1871 tome datos 
estadísticos oficiales, de los cuales resultó que había 24 islas (><>! 
cayos 2,387 arrecifes. De las 19 islas pobladas, las mayores, la 
menor de milla y media, en una superficie de 4,424 millas, era muy 
desigual la densidad de la población: en todas las 19 citadas islas 
habia 35,287 habitantes, y era inapreciable por la exigüedad lo 
del resto. No se hacia en lo publico diferencia de colores ni razas, 
pero era una cosa notoria que habia una tercera parte sólo de 
blancos. Los indios tenían habitadas y conocí an por sus nombres 
á más de cien islas y cayos y, según Herrera, de ellas extrajeron 
los españoles más de 4Ó,00() indios como esclavos para otras colo- 
nias. Cuando el Ldo. Figueroa demostró que no eran caribes, ya 
fue tarde; el venerable Las Casas fundado en que eran indios pa- 
cíficos, tainos, acusó á los jueces de la Española que consentían 
los saltos que hacían en ellas para proveerse de esclavos los es - 
panules. Era, como ya hemos «lidio, de la misma raza' que los de 
las islas mayores. 

Zuqnillo.—Es el nombre que ha prevalecido en Puerto Pico 
en lugar de Loquillo. Hay un rio así llamado 



— 315 — 

M. 
Ma. — (¡raudo, ancho. 

Madobomaca. — Gasique de Borinqueu que se señaló en la re- 
belión de Agúeinabá. 

Mabú. — Barrio de Puerto Bico. (Véase llumaco.J 
Mabuya. — Espíritu malo. El diablo: también mapoyá. Lagar- 
tija de las nocturnas ó salamanquesas. 

Maca. — La cotorra en Cuba y Aragua. La fuente. Macama- 
guaua es frase: Xo está aquí. (B. de BourbongO 

Macaban. — "Rio tributario del Yaqui" — Santo Domingo. 

Macaca. — Poblado y puerto de Cuba: era también provincia: 
allí desembarcó Ojeda. Estaba cerca deBayamo y aun creen al- 
gunos que en esa provincia estuvo primero Bayamo: y plagada de 
hormigas abandonó ese sitio y se trasladó á donde hoy existe. 
Contra esta tradición esta el Ldo. La Torre, por razones de lo- 
calidad que expresa. 

Macaco. — Cotorra . 

Macaguaro. — Planta en Santo Domingo, (García.) 

Macabuca. — Sin cuidado, alegre. 

Macao.— Crustáceo, fpagurus grauulatus). — En Santo Domin- 
go una punta de la Isla. — Cree el Sr. Gunlaeho que hay de aque- 
llos crustáceos terrestres y marítimos. 

Macaones. — Tubérculos alimenticios, (Véase Ages.) 

Macocacl. — El guardián de las cuevas en que se encerró Gua- 
goniana con los hombres y fué convertido en roca por haberse 
descuidado en su empleo y dejado infringir los preceptos del sol. 

Macana. — Arma ofensiva formada de madera dura, y aun es- 
pinas, y pedernales incrustados, como clava que usaban los indios 
Se conserva en Cuba respecto de los bastones gruesos del campo. 

Macana. — Nombre indio de un barrio de Peñuelas, Puerto Ei- 
co, que tiene el mismo origen que los siguientes: Jagua, Ausabos, 
Seiba y Táyaba. 

Macamca.— Provincia de Haití y además con la propia ini- 
cial: Macorix, Maya, Mayaguarita, Manahabo, Mauabqjao, Ma- 
nen, Mabicarao. 

Macanea. — Cuchilla de Macanea en Puerto liico. 

Macagua. — Un árbol. 

Macaguaniga. — Eio de la provincia de Baracoa que citan los 
cronistas y aun conservan su nombre. 

Macaones. --(Vésase Cabaicos.) 

Maco. — Un caracol de cuya concha usan las mujeres para ali- 
sar sus costuras y bordados. El Sr. Pichardo dice que se dá esc 
nombre en otras partes al sapo y á un árbol. 

Macayaí — Montaña dominicana. 

Macoan. — Yerba que comían los haitianos antes de conocer 
la yuca. 

Macorix. — Provincia de la, isla- de Haití.— Se llamo asi tam- 
bién una fuente. 



— 316 — 

Macuaque. — Rio tributario del Macorix, Santo Domingo. 

MacuseL— Planta que según el Lelo. Pedro Nolasco de Al- 
mauza que recomienda el Chimó,, extracto de tabaco, es semejan- 
te en las hojas al Guaguí y es parásita. Tiene á su parecer y con- 
forme su práctica virtudes para curar envejecidas enfermedades. 
(Gaceta de Puerto Rico 4 de Agosto de 1841.) 

Ma-Cubck — Mujer del Casique que fundó el pueblo de Caney. 

Macurabo. — Barrio de San Germán en Puerto Rico. 

Macuriges, indios. — En un expediente formado sobre reduc- 
ción de indios se llaman maou riges los reducidos por varios caudi- 
llos de las primitivas familias de la Habana. Es hoy territorio 
en Cuba y en ella existe el condado de Macuriges cuyo título se 
dio á D. Lorenzo Montalvo. 

Maga. — Árbol que en 1582 se destinaba para muebles en Pto. 
Rico, que tira á negro y echaba grandes flores de color de rosa. 
(La América año 1805, núm. 1°) 

Maga,. — Caoba de Borinqueu. ¿Será el anterior? 

Magua. — Negación, no, según dice Brasseur de Bourboug. 
En Cuba es voz usual magua; y acaso sea indígena puesto que 
indica desencanto, desconcierto, chasco: "tengo magua de que no 
haya resultado tal cosa," y aun se ove el verbo maguar, porque 
hay personas que se maguan ó han manguado. (Véase Daíguasi.) 
"Tierra llana," según García. — Perder en lengua goagira. 

Magua. — Vega, llanura significa la palabra, pero en especial 
se llamó así la llanura en que estaba uno de los reinos de Haití, 
cuyo pueblo principal se deuominó Maguana. 

Magua, La. — Areito de la Magua eran los bailes del reino de 
Marionex. Este enseñó á Mayobanex esos bailes y fué una de 
las razones que alegó para no entregarlo á los españoles. (Véase 
Mayobanex.] 

Mag naca. — [ Vé ase Yun a . ) 

Maguacoquio, Maguacocliios. — 1&\ hombre vestido: así llamaron 
á los europeos y con aquel nombre profetizó Guainaonocon la ve- 
nida de los españoles, en el areito que cantaban los haitianos y 
contenían las tradiciones de los casi qu es. 

Maguana. La provincia de Sibao y corriente de Atibonico. 
(Véase Cao nabo.] 

Maguanos^ — Es provincia de Cuba cercana á Macaca. 

Maguei, Magueheik. — Planta textil cuyo nombre conservaron 
aplicada á una planta de las agaves. También se dio ese nomine 
en México á la planta y á la tierra sembrada de magueyes. (Zu- 
rita pág. 87, t. 11 Les voy ages etc. de Ternaux Compan.) De ma- 
nera que en las Antillas era ó la planta de que se saca el heniquen 
ó pita, ó el tambor de madera hueca que se tocaba con un palo y 
ya queda descrito, y conducían los casiques y tocaban en los arei- 
tos á cuyo compás bailaban y cantaban los concurrentes. 

Magueyes. —Barrio de Ponce en Puerto Rico que además con- 
servan á Tibes, Bayagan, Guano, Sabanetas, Bucaná y Bejo blan- 
co. 



— 317 — 

M.agon y Ornofay. — Lagares que cita Colon, pero que debió 
ser ana de sus ilusiones de hallarse en la India Oriental: la carta 
de Toseanelli que copia el Señor Navarrete, le habla de Mogón ó 
Mango y Catay y Quisay. La geografía antigua de Cuba tiene 
que ocuparse de estas palabras eu beneficio de (a verdad histórica 
pero negando la exactitud filológica. 

Maguayo. — Barrio de Cangrejos en Puerto Rico. 

Ma'haiton. — Monte de Haití. 

Mahiz, maiZy maize, maci, maiji, min/z, maici. — En todas esas 
formas se ha escrito el nombre niais. Maiji lo llama deBry. (País. 
9, America libro 1, cap. XVI, pág. 195), pero de Bry copia la His- 
toria Natural y Moral del I*. Acostar, que escribió los primeros li- 
bros en latín y tradujo él mismo luego al castellano. DeBry según 
su costumbre, y la que más tarde siguió su viuda, no pone el nom- 
bre de Acosta en el libro: pero Acosta escribía maíz, y Acosta tuvo 
la suerte de ser elegido por la Academia para trasladar á su diccio- 
nario el maiz, la ceiba etc., autorizando así el uso de la z y de la c. 
( asi todos los extranjeros escriben mais conservando la pronun- 
ciación india: los franceses han tenido que usar de la diéresis pa- 
ra no pronunciar mes. Los portugueses escriben así la palabra 
mais y la acentúan en la última: mais, que es como se pronuncia 
por todos menos por algunos mexicanos que dicen máis, \)ov la 
misma razón que los vizcaínos pronuncian páis por país. Los bra- 
sileros lo llaman pyry f porque como observa Benzoni, mais es hai- 
tiano. Larramendi cree que la palabra mais la impusieron los 
vascongados a la planta, porque al ver la mazorca con tantos 
granos la denominaron maiz, porque esta palabra es en vascuen- 
sc lo misme que mucho en castellano; pero Oviedo, como otros, di- 
ce que es voz americana de Haití, si bien se pronunciaba mais i, 
lo que ratifica su editor en el índice de la Historia. Yo publiqué 
en el Faro Industrial de la Habana, un artículo sobre filología 
acerca de esta palabra. Se llamó en Europa grano turco. "Traje- 
ronle desde Indias la primera vez á Guipúzcoa; y lo trajo Gonza 
lo Percaistegui." — Larramendi Corografía de Guipúzcoa. 

Mahogani. —Según Herrera, es el nombre que se daba, por al- 
gunos á la caoba: ha prevalecido aquel entre extranjeros. 

Maima. — Lugar en que residió en Jamaica Colon cuando Die- 
go Méndez fué en una canoa á Santo Domingo en busca de socor- 
ros y los mandó. (Testamento del dicho Méndez, L538.) Notas de la. 
traducción inglesa del Cap. Mayor, (Selet letters, of C. Colombus,) 

M.aic(. — lia, punta Oriental de Cuba parte de la provincia, de 
ese nombre. En ella, se posesionió llatiie.v, (Véase Hatuey.J 

Mairení. — "Cacique subalterno. 11 [(Jarcia. | 

Maíz. — Una de las formas de que se ha asado para expresar 
ese grano. Mártir de Angieria notó que los granos del mais eran 
blancos cuando está tierno y que son negrísimos cuando está ma 
dura. El Sr. Poey piensa que el cultivo parece que los lia vuelto 
rubios: acaso fué mala observación del cronista o examino una 
variedad, no el común. 



— 318 — 
Maiabon ó Mai/abon.— Aunque existe un hato llamado Maya- 
bon } fué nombre de uua provincia cercana á Bayamot, 

Matea. — Yuca en los dialectos, si guiñea así misino bosque. 
Mal nía. — Pueblo de Jamaica, cerca de lo que ahora se llama 
bahía de Santa Ana. 

Maineni — Jete haitiano que se mató arrojándose sobre uua 
roca por no ser preso por sus enemigos. 

Mdkmauau. — Instrumento de música como tambor. (Ii. de T». 
ü&aisi. — Es lo mismo que Maici escrito con el sonido indio. 
Maijjc.— Provincia de Cuba; que por inferencias coloca el Sr. 
L% Torre entre Guaiinuya y Bayamo. 

Majafjua, Mahagua, Demajagua. — Planta textil y de construc 
cion. (Véase la sec. o a ) Hay un barrio en Puerto Pico. [Véase 
Maunaba.} Una hacienda y territorio en Cuba, 

Ma/ibacoa. — "Planta silvestre en Santo Domingo.' 1 (García.) 
Majá. — Es estar triste en la lengua guajira: ¡najúa en Cuba 
un pescadillo, la menor de las sardinas que se comen. 
Mamá. — Madre. 

Mamey, — Es nombre indio de dos especies de frutales: ma- 
mey amarillo ó de Santo Domingo, y coíoiado. Es singular que 
su sílaba segunda mey, me'i es nombre de la fruta del árbol del 
Pan en Talmata, Si ma significa grande ¿no será ma-mey lo mis- 
mo que frvita-granüe% Es el fruto más grande de Indias si se ex- 
ceptúa algunas guanábanas. El nombre asiático lo he visto en la 
Ecvue Moderne (pág, 318, año 1867, t. 5°) Los terrenos de Haití 
i tácia el Cayo Tiburón están cubiertos de mameyes, y por eso co- 
locaron allí los indios el Paraíso, por creer que era el alimento de 
los muertos: otros decían que era la guanábana. (Pedro Mártir, 
entre estos.) La semilla del mamey colorado que se llama ¿apote 
en Centro América es un ramo de comercio Como comestible y se 
llama sapuyol. [Juarros, Jlist. de Guatemala t. I, pág. 17.] 

Mambí. — Está palabra se conserva en Santo Domingo y so 
vulgarizó durante la última guerra con España y pasó á Cuba 
aplicada á los insurrectos, cu doude publicaron éstos un periódi- 
co con ese nombre. En el diccionario de la lengua brasílica del 
Sr. Pranea, (pág. 97 j he encontrado la palabra, que significa oreja: 
Coino se llaman orejanos á los animales simarrones de crianza en 
Cuba antes en Santo Domingo, por no tener cortes ó señales en 
las orejas, acaso de ahí provenga el nombre suponiendo á mambí 
la significación del Brasil. En algún diccionario español so lla- 
ma mabís cierto alimento. (Véase .Lambí). Los que en Cuba han 
Usado esa palabra, creen que es un árbol silvestre de Santo Do- 
mingo, ramoso donde se ocultaban los dominicanos y hacían fue- 
go. D. Antonio González escribió un folleto Los Mambises (187 i 
Madrid) y dice que son varias las etimologías de la palabra: para 
uuos es el nombre 'con que se llamaban los indios rebelados con 
ira los casiques que se ocultaban en los bosques: otros que el nom - 
bre de un pájaro acaso corrupción de malvís, que jamás sale del 
bosque; otros que es compuesto de man hombre y bis dos veces 



— 319 — 
Esta última os la monos sos temible para mí, aunque el escritor es 
paüol hasta nombra á los que le dieron estas explicaciones oslan 
do prisionero durante la guerra oivil terminada. 

Mam i. — Pequeña bahía de Jamaica cerca de donde estuvo 
Nueva Sevilla, destruida por una revuelta dé naturales. Así lian 
I rastornado la palabra mamey. 

Mamona. — Eterno, título dado á Dios, según Pedro Mártir. 

Mana, — Moviéndose, movimiento. 

Mañoca, — Una variedad de las palmas. 

Manacuá. — Comarca dominicana. 

Mámele. — Palma dominicana. (García ). 

Managua. — Palabra que se encuentra'en América, y aun en 
África; un fruto muy apreciado en Santo Domingo, según Oviedo; 
territorio en Cuba en donde hay pueblo; quiero decir: ¿qnién esl 
en lengua rifeña en África. 

Manaínneos. — Bateas formadas de las yaguas ó vestiduras 
del racimo de la palma y ora el tipo do medida do los naturales, 
según Oviedo. En Cuba, ¿será sinónimo imnaguaoot (Véase la 
sección o a ) 

Manatí. — Este conocido animal lo recuarda la histoiiu de la, 
conquista por las circunstancias de que habiendo pescado uno pe- 
queño los indios del valle dcMatax ó de Caramatex allí lo hizo es- 
te alimentar con pan ymais y con yuca: venia á tomar el alimento 
cuando se le llevaba; era tan manso que permitía se montaran en 
él y pasaba de un lado á otro á los indios. Allí vivió hasta que en 
un huracán fué arrebatado, lanzado al mar y no se volvió á ver. 
El lago se llamaba Maguana donde tenia su palacio Caramatex 
con infinitas habitaciones: usaba las mejores redes, siempre diver- 
tido en la pescará ese lago fué donde hizo llevar el pequeño ma- 
natí, objeto de la admiración luego por su mansedumbre y domés- 
t icacion, Salia cuando se lo llamaba, sacando la cabeza fuera del 
lago. — 'Pueblo y rio caudaloso de la costa oriental de Puerto Rico. 

Manato. — Lo mismo que manatí: suponen los anotadores de 
los Documentos inéditos del Archivo de ludías (pág. 442 t. \) que 
es derivación de mano, por tener el manatí solo dos manos delan- 
teras. No me parece muy á mano la derivación. | Véase Mato*] 

Manga nagua. — Sitio de Santo Domingo. 

Manicato. — Significa esforzado, según Oviedo; aunque Las 
Casas niega la ocasión en que usa esa palabra el cronista. Era 
también nombre de un hijo del casique Caonabo. 

Maniel. — Valle do UaitL cerca de Pañí [parte española.] 

Maniatué. — Tu casique cuyo nombre trae el Paire Paño al 
bu do su relación. 

ManatUábon. — Rio aurífero de Borinqueií, que enseñó a los 
españoles Agueybana . 

Manaia — Cuchilla de piedra: con ella abrieron la espalda a 
Cara car acoel cuando le sacaron la tortuga hembra, También se 
escribe Manaya. 

Manaia Tiunel. — Casique que reinaba, en e! lugar donde esta* 



— 320 — 
la cueva, de Yobanaboina de donde salieron el sol y la luna. Ma- 
niquineq lo llama Pedro Mártir; escrito á la italiana ManicMnecJr, 
y el Padre Pane Oiououana ala misma cueva escribiendo á la pro- 
venza! con u en lugar de b. 

Manga. Territorio de Sibao, Haití. 

Mangad. — Oasicazgo en Haití. 

Mangle. — Árbol de las playas de Cuba sobre cuyas raices dor- 
mían los españoles. (Herrera.) Las raices forman efectivamente 
cercados que se elevan del suelo á altura conveniente. 

Maní, Manní. — Fruto que se recoje debajo de la tierra: caca- 
huet en México y en Valencia donde se ha generalizado su uso: 
Pea-nut en los Estados-Unidos donde se hace muchísimo consu- 
mo. Las Casas dice que es ni más ni menos que la avellana sin 
cascara. Manobí se llama en el Brasil. "Es bastante notable, dice 
llumboldt que el nombre maní que oí en boca de los indios gali • 
bis, se haya encontrado en Ja vita á 300 lenguas de la Guayana 
francesa," La palabra maní es sánscrita en sentido de joya: el bi 
bliófilo Jacob. (Enigmes et DecouvcrU, pag. 342) trae un verso de 
una oración que traduce: 

"Oiri mani padmi houin!" 
¡O! la joya en el lotus, amen." 

t 

Atañí es lo mismo que señor en Angola; maní— maní es una 
especie de batata en Filipinas (Prevost y Diaz Arenas) Una le- 
yenda del Brasil dice que Mani era el nombre de una linda joven 
en cuya sepultura nació la planta que lleva el nombre ahora. Aun 
hay otra planta de que habla Bompland que lleva ese nombre y 
cree que es la moronobea coccínea. 

Manatibel. — Nombre de un casique antillano. 

Manicarao. — La primera encomienda de indios que eoncedió 
Velazquez á Hernán Cortés, vecino de Santiago en Baracoa, com- 
pañero de Juan Xaarez, su cuñado. Cortés se ocupaba, como 
subalterno de Miguel de Pasamonte de los Quintos del Rey. Fué 
el primero que en Cuba crió ganados poblando haciendas y estan- 
cias: sacó mucho oro y se hizo pronto muy rico, su inteligencia 
era vasta y muy dispuesta, hasta para la dirección de edificios, 
pues lo acreditó en los de la fundición y casa-hospital. La histo- 
ria se hizo luego cargo de sus hazañas para presentárnosle como 
uno de los más grandes capitanes y conquistadores. 

Manicanao. — Parece que es el mismo Maricanao, pues no hay 
otro nombre por es rumbo que indican las crónicas. 

Manicatex, Manicatexio. — Según unos general en jefe, según 
los más casique, hermano de Caonabo, Figura su nombre en las 
crónicas al lado de Guarionex como auxiliares de los españoles 
hasta contribuyendo á su manutención con casabe y bastimentos 
en la escasez que produjo el voluntario abandono de los campos 
de labranza por los indios (1494 ). Luego aparece como hostil des- 
pués de la prisión de Caonabo su hermano á la cabeza de 100 hom- 



— 321 — 

brea para vengarlo. Saliólo al encuentro el Almirante con 1200 
infantes, 20 cabadlos y 20 perros. (Toaron), avisó a (Juaconaric 
para (pie lo acompañase cómo lo hizo. Vencieron los españoles 
v fueron condenados los vencidos á trabajos forzados y 300 se en 
viaron como esclavos á España. (Hist. general, pág. 40, fc.'l?) 
Indignóse la Reina ó hizo volver libres á los indios á su país". No 
quedó tranquila la colonia: Manicatex se retiró ú los montes y Gua- 
rionex lo siguió: pero Manicatex transigió al fin y pagó á Roldan 
su tributo ó contribución, porque este jefe español lo alhagó para 
hacerle esperar que volvería sus armas contra el gobierno del Al- 
mirante. 101 hecho fué el siguiente: Francisco Roldan Ximenez 
fué nombrado alcalde mayor por Colon para el gobierno de la Is- 
la en su ausencia, quedando de adelantado su hermano D. Barto- 
lomé, y castellano D. Diego. Contando con los enemigos del Al- 
mirante en la Corte, lleno de ambición presumiendo que aquel no 
volvería, concibió la idea de apoderarse de los dos hermanos. Su- 
piéronlo los gobernantes, pero les pareció bien el disimulo: encer- 
róse D. Diego en el Castillo en la Isabela y dióse una comisión á 
Roldan para alejarlo. Guarionex demoraba el pago del tributo y 
fué elegido Roldan para que lo fuera á exijir á la cabeza de fuerza 
competente, Pero luego se verificó el antiguo adagio de que fué á 
entregar á la iglesia en las manos de Lutero. Roldan se acercó a 
Manicatex en son de aliado; relajó la disciplina; y hostilizó abier- 
tamente ti D. Bartolomé. En esas circunstancias llegó de Cádiz 
Pero Fernandez Coronel, con recursos y víveres; y apesar de ser 
parcial de los Ooloues y traer nuevas favorables, Roldan continuo 
diciendo á los indios que Colon abusaba del poder y que él los iba 
á libertar, y de los tributos que él mismo cobraba sin embargo. 
Concibieron los indios las esperanzas da sacudir el yugo, pero 
luego comprendieron que no lograrían más que variar de dueños. 
< ¡uacanaric, que fué con sus soldados y había ayudado á los espa- 
ñoles en Marien, no pudo soportar el odio de los suyos, ni quiso 
esperar más ayudando á los opresores: también se fué al campo 
en donde murió miserablemente. Manicatex hizo algo más. 

Roldan mientras tanto trataba de paces con el gobierno legí- 
timo en su ambiciosa actitud, pero sin aceptar condiciones: el go- 
bierno creyó que no debia alentar la insubordinación y peligros, 
consintiéndola retirada de Guarionex: lo hizo perseguir. Gua- 
rionex habia sido recibido por el Casique Mayobanex, que lo era 
de los Siguayos hacia donde estaba el casique Cabrón. La con- 
ducto de Mayobanex amparando á Marionex fue muy digna, al 
oponerse á la entrega de su huésped, y lo fueron hasta las formas 
con (pie lechazo la exigencia. Los principales de los indios no 
concebían posible la resistencia y decían al rey que se comprome- 
tía y aun arruinaba sin esperanza de salvar á Guarionex. Des 
pues de agotar el adelantado los medios de conciliación acometió 
á los indios, que apenas se presentaron los castellanos, cuando se 
vieron poseídos de tal terror que desbaratados v dispersos los n;i 
tárales dejaron abandonados y solos á los casiques. Doce horn- 
eo 



— 322 — 

bres mandados por D. Bartolomé los recogieron sin resistencia y 
á sus familias y vencidos y vencedores tomaron el camino de La 
Concepción. En la numerosa copia de prisioneros sobresalía la 
bellísima hija de Mayobanex; venia casada con un señor muy 
apreciado: el adelantado se la envió sin ninguna retribución. Los 
transportes de gratitud del esposo fueron grandes y se presentó 
con seis mil hombres de los suyos, con coas para una siembra de 
pan para los españoles, realizando en pocas semanas lo (pie mi- 
llares de mercenarios no hubieran hecho: lo hicieron tal que valia 
30,090 ducados. En cuanto á la entrega de Mayobonex se man- 
tuvo inexorable D. Bartolomé y fué ejecutado (1498] en la ciudad 
de Santo Domingo. El inquieto y ambicioso Roldan, que tanto 
contribuyó á las revueltas de los indios en su provecho y dio mo- 
vimiento é impulso más adelante á las desgracias de Colon, al fin 
entró en tratos y fué restablecido en su destino aunque siguió in- 
trigando contra el Almirante. La Providencia se encargó de po- 
ner término á sus iniquidades, pues pereció ahogado (1502) y con 
él se perdieron 21 buques cargados de riquezas y el infeliz Gua- 
rionex á quien se remitía á España. Ya neófito se negó lia reci- 
bir el bautismo por el disgusto pue le causó la conducta que veia 
observar á los conquistadores, habiendo desechado sus buenos y 
primitivos propósitos de hacerse cristiano. A la poca apetecible 
gloria de Eoldan de ser el proto-rebelde español en Indias, á su 
desastrado y merecido fin, hay que agregar que fué el primero á 
quien ocurrió él pensamiento de las encomiendas (Véase Enco- 
miendas), El reino de Manicatex que llevaba este nombre, esta- 
ba sobre el rio Yaqui. Manicautex escribe el hijo del Almirante. 
Manoguayabo.~ Sitio de Santo Domingo. 
Mañov. — La raíz de la yuca que llaman manioc los extranje- 
ros, mandioca los portugueses: pero no es palabra haitiana aun- 
que la confundan los que no la atribuyen á Angola, como puede 
verse en la colección de viajes del abate Prevost, 
Mao. — Rio en Haití. 
Maonocoii. — Atributo de la Divinidad. 

Mapú. — Se ha confundido la lana de la seiba con el algodón: 
creo que los que dicen que es especié de seda ó de algodón el 
mapiíj lo equivocan con la seiba, de que le hacen otro sinónimo, 
si es cierto que el algodón se llam-* saroney, y me tundo además 
en que el abate Brasseur de Bourboug que pone simplemente 
mapa, algodonero, copiando á Raíinesque, pero convirtiendo en a 
la n final: Rafinesque cita á Edward, corno autoridad para el caso 
pero agregado como sinónimo á seiba, si bien escrito con z. 

Mct^m^,— "Raiz nutritiva" — (García.) Fruta según Ángulo 
de Santo Domingo. 

Maqueterie, Guayana (Machete rie.) — Nombre de un casique 
señor de Coibai en la parte de la isU de Santo Domingo, llamada 
Soraya: lugar de los muertos porque vienen á él como se explica 
en otras partes. Dicho casique fué el primero que lo ocupó, se- 
gún el P. Román. 



— 323 — 

Maraca.— Lo mismo que maruga, hecha del güiro ó calabazo 
con pe&rezuelas y un mango para agitarle: conserva ese nombre 
en Puerto Rico y en Ja América Meridional se hace extensivo ala 
güira [Crescentia enjute] el nombre de maraca [Sr. Rojas. J 

Marañan. — Se llama en la Habana uua fruta que en Haití y 
las otras Antillas es pajuil. Maraüon es palabra compuesta de 
marany-abbo resina, y marón rio (Copaivííeraofíicinales,) [Biblioth 
Univ, de Geneve, ¿15, año de 1838). Tal vez la palabra marum 
monte, de donde se deriva el nombre del rio Marañon traiga su 
origen del gran número de árboles del venenoso Manzanillo. 

Marche. — Nombre del casique encomendado á Roldan, en cu- 
ya estancia se reunió con los suyos para hacer la oposición al her- 
mano de Colon. 

Mari-á. — Planta que escribe así Oviedo para que se pronun- 
cie de esa manera y sitúa en las Antillas. 

Marte», — Es el nombre correcto de un pueblo de Cuba que se 
escribe y pronuncia Mariel. También ligura en Haití como reino: 
el señor Ñoda sostiene la n en la palabra respecto de Cuba y no 
hay duda que es como se describe esa voz. El jefe haitiano resi- 
día en el Cabo y se llamó Guacanagaric, Guacanagarixy Guacana- 
gatillo por los españoles. 

Marike. — Maíz en lengua goagira. 

Marinan. — "Ipsi apellant podicum: insulae podicum vocant." 
— Hay en Cuba una hacienda ó lugar en la Vuelta Abajo, llama- 
da así, aunque algunos lo llaman Maniman. 

Marimba. — La Revuc. Espag. Portug. t. I o , llama así á un ins- 
trumento músico en Haití: consiste en un tronco que está hueco, 
al que se le abre una boca en el medio y sobre la abertura se co- 
locan juncos, láminas de oro, láminas delgadas de carey: sacaban 
de este instrumento sones dulces y melancólicos con que acompa- 
ñaban sus cantares. La que usan los africanos es menos compli- 
cada. 

MaroJiu, Maroya, Mona, Marois. — Semi que representa á la 
luna, a quien Pedro Mártir dá el primer nombre. 
Maru coac.— En los dialectos, casabe. (B. de B.) 
Marungueyes. — Laguna en Puerto Rico, que, como Coaba, 
conservan los nombres indios en el territorio de Fajardo. 
Matabanalj Patabaual. — Terreno cenagoso, 
Matamanó, — Territorio indio en Cuba, hoy Batabanó; pero 
que se debe decir Matamanó: lo trae el señor Noda (pág. 551), t. <>, 
Mem. de la 8. Económica.) — Sin embargo el que ahora es pueblo \ 
puerto de Batabanó se lee escrito con b inicial en las actas del 
Ayuntamiento do la Habana. 

Matinino. — Isla en que colocó Guagoniana las mujeres cuan 
do por la muerte de un amigo suyo las sacó do las cuevas. 

Mato, Matum. — Generoso: asi nombraban los indios al masa 
tí doméstico del higo de Guarabo, que se llamó del Manatí y salía 
ó sacaba del agua la cabeza al oií eso nombre. Con esto motivo 
decia Oviedo: "tiene solo dos manos ó brazos cerca (lo la cabeaa 



— 324 — 

cortos é por esso los christianos le llamaban manatí." — Impugnó 
el aserfco Pedro Mártir, que hace también la relación: llama Gua* 
niaba al susodicho lago. De lo escrito por Oviedo tomaron la eti- 
mología que impugnó en el artículo manatí, los coleccionadores de 
los documentos inéditos. — Las palabras indias mato, matum signi- 
fican también manso, blando, doméstico. 

Matute. — Palabra que se conserva en otro sentido, pertenece 
á los dialectos. — En envoltorio hecho de yagua ó cosa parecida: 
por lo común se llama matul y por corrupción mayor matulo. Se 
aplica aun en Cuba en el campo á los bultos de tabaco. 

Maunabo. — Pueblo de la costa. Está una legua del mar en 
Puerto Pico. Entre sus barrios se encuentra Majagua. Es también 
rio. 

islaviaca — Sitio en Santo Domingo. 

Maviatué. — Casique en Sto. Domingo que mostró deseo de ser 
cristianojy prefirieron al territorio los misioneros Eomau y el Bor- 
goñon. 

Maya, Moyana* — No, nada, malo. — En algunos lugares de 
Cuba es una planta textil que en el occidente]se denomina pina de 
ratón. — El Padre Simón dice que los indios del continente llama- 
ban maya al perro mudo, "bueno de comer." 

Mayobanex.— Casique á quien llamaban el cabrón los españo- 
les por que vivia en un lugar conocido por Capron. — Era señor y 
geíe de los siguayos de Haití, que eran valientes y llevaban el ca- 
bello largo como los caribes: recibió á Guarionex y á su familia 
(Véase Municatex) cuando abandonó la Vega por no revelarse 
contra los españoles que divididos en partidarios de Poldan y del 
Gobierno local los empujaban á hostilizar á sus rivales, y ambos 
eran perjudiciales á los indios. Eué tan fiel á los deberes de la 
hospitalidad, que jamás consintió en entregar sus huéspedes á los 
españoles. Abandonado por sus vasallos tuvo que amparar- 
se de los bosques en donde vagaba (Juarionex con sus amigos: 
pronto fué descubierto y en el artículo Manicátex puede leerse lo 
demás. 

Mayábeque.—- Rio y hacienda en Cuba: por corrupción Manir 
beque. 

Mayagóex.— Casique de Boriuquen donde está ahora Maya- 
giiez, 

Mayagiicz.— Pueblo y puerto al Oeste de Borinque. 
Mayanamaca. — No, lo que no es, nada.— No está aquí. 
(B.deB.) 

Mayanabo. — Es el nombre con que los ancianos, cuando el que 
esto escribe no lo era, llamaban á Marianao. De este pueblo y 
los demás de temporada, escribí joven un artículo, que ha poco 
tieinoo se ha reimpreso por nota en la obra sobre la Habana del 
Señor Ferrer: — Así, Mayanabo, se encuentra escrito el nombre del 
pueblo cerca de la Habana en documentos antiguos en los archi • 
vos. Si es el verdarero nombre es menos fundada la arbitraria eti- 



— 325 — 

mología que supone la pérdida de ana nao que teuía una mujer 
llamada Marta, para descubrir el origen de la palabra. 

Mayaban. — Provincia de Cuba: hoy hato y territorio próximo 
¡i Saneti Spíritus. 

Mayáne. — Lo mismo que bueno cu taino y lo propio que nihili 
según Pedro Mártir de Angleria: traducción de algunos fragmen- 
tos de sus Décadas, por el señor Poey. 

Mayaya. — Xonibre indio del Eio Blanco de Haití. 

Maj/iio. — Nuestro tordo negro con cobijas amarillas, se llama 
en guaraní quiruhúnis, según Asara. 

Mayoh uaoá n. — El tambor sagrado de los haitianos, que se oía 
á media legua de distancia, y al que llama maguey Pedro Mártir. 
Con el primer nombre se habla de él en la relación del hermitaño 
Pane. 

May orí. — Provincia india en Haití. 

Maynerí,— Casique do Haití á quien acusaron los indios á Co- 
lon en su seguudo viaje como autor de la muerte de les españoles 
que liabia dejado en Santo Domingo. 

Mencía (Doña.) — Mujer del célebre casique Enriquillo, el Ca- 
sique de Haití. Según el señor Galvan era hija de Higuanota á 
quien llama Higamota, 

Mi. — Mió y á veces su. 

Mieabon, Michabon.—El genio de las aguas. 

Minas.— Las primeras minas se descubrieron en 15onao, en 
Haití, y les puso Colon el nombre de San Cristóbal (Murillo.) 

Mini. — Fuente. — Bimini, fuente de la existencia. — (Véase 
Coa.) 

Mírabolanos. — Creyó Pedro Mártir, y lo dice Oviedo, que esos 
árboles fuerou los que suponían los haitianos sirvieron de sosten 
á ciertos animales que los subían y bajaban de los cuales resulta- 
ron algunas mujeres; — (Véase Inriri) pero el mismo Oviedo ase- 
gura que eran jobos ú hobos. 

Miraguano. — Sustancia vegetal de que se llenan almohadas y 
colchones (Trina-Parviflora)¿ Laguna, sabana y balisa en Santo 
Domingo. De la especie de palmas á que pertenece el miragua- 
no hay variedades. 

M isas. — Las primeras misas celebradas en Indias son notables: 
la dicha en edificio consagrado al efecto la realizó el R. 
Padre Juan Pérez de Marchena, guardián de la Rávida, el pro- 
tector del Almirante, (Véase Pérez). — La primera misa do orde- 
nado en América la cantó el Ldo. Las Casas en Santo Domingo, 
1510. (Murillo.) 

Mitaino. — Noble. 

MoJiaha. — Provincia cubana cerca de IJayamo, según Velaz- 
quez. 

Mohuy. — [Véase A gutí.~] 

Movíala. — Sangre, rojo', 

Mona. — La lima fE). 

Monas. — Cara de monas viejas regañadas^ dice el 1\ Las Ga« 



_32G — 

sas que tenían los ídolos ó semis de madera de Haití: allí no ha- 
bía monas y es que las caras de las viejas son inclinadas á esa 
apariencia. 

Moniatos, buniatos. — Corrupción de boniato. [Véase la pala- 
bra.] Mr. Villebrune en sus observaciones y adiciones á Ulloa di- 
ce que es eljatropha manioth de Lineo, que es la yuca do que se 
forma el casabe. [Véase la Sección 3 a ] 

Montesino. — Así como Roldan fué el iniciador del pensamien- 
to de repartirse los indios los conquistadores, así fné el primer 
opositor á sus abusos y formas el P. Fr. Antonio J/ontesino y su 
compañero, santos religiosos (TouronJ, F. Pedro de Córdoba 1511. 
Los RR, PP. á cuya orden pertenecían siempre fueron hostiles á 
los repartimientos, por eso ingresó en esa religión el insigne y ve- 
nerable Las Casas, de quien se habla en otra parte. La Audien- 
cia de Santo Domingo desaprobó, como es de suponer la predica- 
ción de los dominicos, que no imitaban los franciscanos ni luego 
los jesuítas. Fué condenado .Montesino á retractarse; y en un se- 
gundo discurso dijo que, sin retirar sus ideas, comprendía que los 
magistrados le prohibieran discutirlas, y respetaba su mandato; 
que las personas á quienes su celo podia haber mortificado lo per- 
donasen, que á nadie quería ofender. En esencia fué una ratifi- 
cación. Los que quieran seguir la historia de esas controversias, 
pueden ver en Oviedo el espíritu franciscano; y lo que decían los 
dominicos en la Historia de América de Touron, el pormenor 
de una riña en que se sobrepone la prudencia y templanza del go- 
bierno supremo. 

Moroco. — Pueblo de Puerto Rico. 

Morrocoú — "Testaceo indígena," dice el Sr. García refiriéndo- 
se a Santo Domingo. 

Morrocoyo. — Debe ser el animal anterior que lleva este nom 
bre en Cuba y es común, lis una jicotea terrestre que pasa una 
vida singular, casi sin variar de punto de residencia, de lento an- 
dar y torpes movimientos, sin embargo de lo que dice el señor 
García es dudoso que sea voz indígena. 

Moríche. — Especie de palma que según la tradición de los in- 
dios del continente meridional, sirvió al Creador j)ara la forma- 
ción del género humano: efectivamente Dios arrojaba frutos ó pal- 
miche de esa planta y cada grano era un hombre ó una mujer. 

Muguacana. — "Planta silvestre." — Haití. (García.) 

Mucuras, — Calabazos en donde recojian los indios el jugo de 
los cocos, arrancando los racimos nuevos para hacer aguardiente 
ó un fermento que lo parecía. 

Mucar abones. — Barrio Toa alta en Puerto Rico. 

1 wr. 

N. ó ni. — Artículo el, la. 

iVa.— * Sílaba muy frecuente en muchas voces de las Antillas: 
ana, Guauabacoa, Managua y otras muchas. "¿Puede haber mis- 



torio oii Jos nombres de ríos, deoia ol respetable Jovellaiiox a, I 'o 
sada, que empiezan con Naá Xoí Después de nueve ejemplos 
agrega: Mr. Cour de Gibelin pretende que la sílaba na significa 

agua, cosa perteneciente á ella Pero nuestro lamoso Astarloa 

entiende que significa cosa llana, lisa, sin huecos ni prominencia* . . 
¿quien de los dos tendrá razón? averigüelo Vargas." En la ion 
gna sibonoy, »a, dicen los americanistas, significa eosa. 

X<(b¿.—FA Dr. Chanca en la célebre carta en que describe el 
segando viaje de Colon, dice que es este el nombre del age entre 
los caribes, y encomia al age, que también llamaban al age los an- 
tillanos como mvg cordial fruto en los términos que habló Oviedo 
de la batata ó boniato después. 

Nabima, Guanabima. — Fruto de la palma corojo. 
N abono, Guanabono. — Lo mismo que guanábana. 
Naboría. —Trabajador, el hombre industrial. En la época 
posterior á la conquista ora el indio consignado á un encomende- 
ro. (Véase Anaboría.) 

Xacan. — Según Yrviug significa lo mejor, pero realmente 
quiere decir medio, interior, mitad. Oubanacan es el medio, lo 
interior de Cuba. 

Nae, Nahe.— -Remo, como pagaya. paye, 
Xagua. — Rio de Santo Domingo. (García.) 
Naguabo. — Puerto, rio, pueblo situado al E. de la isla de Pto. 
Rico, cerca de Luquillo. 

Naguas. — Oviedo, Encizo y los cronistas sus contemporáneos, 
hablan de este traje de indias. Copian á Encizo: "usan las mu- 
jeres unas que llaman naguas hechas de manera que las toman 

del cinto á la rodilla, y las vírgenes andan como nacen y si no 

tienen naguas ponen una hoja atada con cuerdas de algodón con 
que se cubren su vergüenza, y llaman á aquella hoja pampanilla." 
Parece que en ciertas clases esa pampanilla era objeto de lujo por 
sus labores, y no era esa forma de cubrirse indicio de escasez de 
recursos. Cuenta el cura Bernaldez que entre los indios que qui- 
sieron irse con el Almirante: "la mujer del casique estaba desnu- 
da y muy aderezada de cuentas y tabletas, y solo cubierto un 

solo lugar que de una cosilla de algodón no mayor que una ho- 
ja de naranjo; tenia tapado. La hija tenia un cordón del que pen- 
día una cosa de hechura de yedra, de piedras verdes y coloradas 
pegadas sobre algodón: el cordón era de piedras negras muy me 
nudas," Eran las naguas el vestido de las indias de Cuba, San- 
to Domingo y tierra firme: en Borinquen solo se cubrían por «le- 
íante, según se deduce de la relación de Fr. Iñigo Abad. 

Xahes. — He dicho que es lo mismo que Nacs en osa palabra: 
u los reinos de las canoas que son palas luengas y las cabezas co- 
mo muleta de cojo, dice Oviedo. Les servía de timón. 1 ' 
Nania. — Alma, corazón (IS.) 
Naiba. — Rio aurífero de Haití. [Véase (Mam»] 
Naiboa. — El jugo sacado do la yuca, do que se hace la entibia 
6 el casabe. Es veneno estando crudo. 



— 328 — 

Naitano, nitaino. — (Véase Quaibona.) 

Naniqui, nanichr.—Cor&zon, espíritu nanico* 

Nanigogigo. — Espíritu de órdeu inferior de los guaicuras en 
relación con el pájaro macollan. (Denis), La palabra ñañigo con 
que los negros criollos de Cuba han designado una asociación que 
se exhibía en los dias de Eeyes entre los DiabUtos, ¿tendrá algu- 
na relación con la palabra nauigógigoft (Véase Ñañigo, 3* Sección.) 

Nara, Guanara. — Lugar oculto, retirado, al otro lado. 

Naragua. — Bahía de Enriquillo. 

Nanguti. — Abuelo. [E.J 

Nasci. — Isaac, Natural de Surinam, de donde jamás salió, 
escribió un diccionario de la lengua galibí, y pretendía probar que 
todos sus sustantivos eran hebreos. A. los treinta años era un li- 
terato profundo que corregía faltas históricas á Boulanger. Sabia 
el árabe, hebreo y caldeo; hablaba y escribía las lenguas moder- 
nas, sin más maestros que su genio. (Malouet Mem. sur les Coló- 
nies, t. 3, pág. 52.) 

Navorias* — Así escribe Fredeman la palabra naboría,, pág. 
187, 1. 1. 

Nayajuco. — Eio al N. Es de cabo Mangón, Santo Domingo, 

Neiba.— "Provincia de Maguana" Haití, (García.; 

Neibo. — Ahora se llama así un común ó municipio en Santo 
Domingo. Eio de la misma isla que nace en los montes Sibayos. 

Neibaimao, ninaco, nizas* — Provincias haitianas. 

Nenequin. — Primogénito. 

Neníquen. — Primogénito. 

Neqtum. — Tela fabricada ó cosida con el hilo de maguey ó 
ixtli, Veitia citado por Ternaux Compans, 1. 12. pág. 50 Voy ages. 
Ni, mi, mo. — Mi, yo, mió. 

M. — Cosa, Pueblo según el Sr. García. 

Niames. — "Pan de ni ames que son unas raices como rábanos 
grandes,' 7 Colon. No solo niames, sino ames, y niame se ha escrito 
al hablar de la yuca. (Véase Ages, Yames.) 

NiantL — Nada en Eyeri, cosa pequeñas, sinónimo de nigua. 

Nicao. — (Véase Ho Iguin . ) 

Nicú — Sospecha el Sr. Noda que esta palabra es equivalente 
á rio. 

Nitit — Provincia ó tierra populosa. 

JSfivee. — (Véase Holguin.) 

Mquen. — Eio, fuente que anega, torrente. En Cuba es sinóni- 
mo de siniquen, cuiten, y agua según Eaftnesque; pero yo creo que 
esta última palabra es española, y dicho escritor, poco conocedor 
del castellano, la aceptó como á pregonero, al hablar de los semis 
como haitiano ó antillano. 

Nigua. — Eio de Santo Domingo.— Frutilla silvestre. Significa 
cosa pequeña y por esto se dá con preferencia al insecto que lleva 
su nombre. En Eyeri niante como nada. El Padre Molina hace 
una curiosa observación sobre el uso de la palabra nigua por los 
chilenos: estos no llaman solamente nigua á la pulga penetrante 



— 3$ — 
(pules penetraus) sino á toda e'ase de insectos. Es inexacto el 
juicio de 1 riloa,]de que las niguas se engendran en tod-ss las costas. 

Nigagua. — Sitio en Santo Domingo. 

Nih iwtit. — (í tierrero (E.) 

Nima-nima—Altarñ, montaña, según cree el Sr. Noda, bien 
que no expone el fundamento. 

Nin, — (iiianin. metal. 

M tai no. — Eran y se llamaban nitainos, Ijs principales como 
centuriones y decuriones ó jurados, que teñan debajo de su corre- 
jimiento otros muchos. (Las Casas.) El Sr. Noda considera esa 
palabra como sinónimo ó equivalente á noble, taino. Taino! Tai- 
no! gritaban los indios, para distinguir los caribes ó extranjeros 
antropófagos, y si algo quería esto decir, era que ellos eran ino- 
fensivos, buenos. Los cronistas no usaron de la calificación de 
noble, sino en su significación filosófica y no gerárq nica: eran no- 
bles porque eran buenos los indios tainos. Yernos, pues, qué era 
preciso agregarles la sílaba Ni para expresar un orden político y 
no heráldico: el,Sr. García dice que significa también gran provin- 
cia, buena provincia y montaña. 

Aizao-Ximo. — Rio de Haití. 

Nonck — Rio tributario del Cama de Haití. 

Nonun. — La luna. 

Xozay.—E\ oro en Guanahaní. (Véase Coanin.) 

Nuctt-qtcile, Nucu- chile. — Padre (E.) 

O. 

Decía 1). Antonio Bastero, que era catalán y de los más eru- 
ditos escritores provenzales, que la o tenía parentesco con la ú: 
harto lo desmuestrau los gallegos y catalanes al hablar el Caste- 
llano. No sabemos, pues, si los cambios de maboya y mabuya y 
otras o por u tendrán por origen ese parentesco, (pie no ha perdo- 
nado ni la voz siboney convertida en zihuney. 

0, — Indica esta letra semejanza [B. de B.] 

Ob. — Cobre, amarillo?; 

Ocama, — Significa mira. — En la palabra llayna indiqué que 
una de las frases más largas que se conservaban de la lengua 
taina, es la que expresó una india (pie trabajando en una mina 
encontró el trozo de oro nativo más grande de que hay noticia. 
La frase es esta: 

Ocania guaxeri guarinquen caona yari. 

Ooama. — Oyes, guaxcri, señor, guarinquen, mira ó ven á ver, 
caona yari, el joyel ó piedra de oro, caona llamaban al oro. (Las 
Cagas, tlittt. pág. 21, tomo 3.) Para celebrar el hallazgo sirvieron 
un cerdo asado sobre el inmenso y rico plato que ningún rey tuvo 
más rico, y dijo Las Casas: «ojalá le hayan dado un bocado a tu 
india, del cochino.» 

Ocoa. — Puerto, río de Haití en donde locaban las Ilotas de hi 
dias. Es ahora uno de los comunes o municipios de Slo Domingo. 



— 330 — 

Ocon. — El inundo, la tierra. 

Oconuco. —Barrio de San Germán en Puerto Kico. 

Ojota. — Calzado como alpargata: parece palabra del conti- 
nente. 

Onicajinal. — Es el nombre indio que se cree que sea del rio 
Mayabeque, pues solo Gomara le da aquel nombre á cuya orilla 
fundó Velaquez la primitiva villa de la Habana. 

Onoto. — Sinónimo de bija: la parte colorante de rocou. Lleva 
el nombre entre los caribes del continente y lo llaman así los de 
Panapana que encontró Humboldt en el Puerto de la Enramada. 
(América Meridional.) 

Opijilcuonirán. — El semi á quien Pedro Mártir llama Epile- 
yuaníta. 

Operito. — Aparecido, fantasma de un hombre sin ombligo. 

Opio» — El alma después de su muerte: lo mismo que apoyen, 
en galibí mabuya (Véase Goiez.) 

Oquij ochi. — El Tigre (B, de B.); pero ¿hubo tigres en Cuba? 
¿habia tapires, como se traduce en otra parte por dicho señor? 

Oráculos. — También creyeron los indios en oráculos: y en la 
Antillas no faltaron supercherías. Cuenta Colon que hacían unas 
estatuas huecas en que colocaban los huesos de personajes, y da- 
ban á la estatua el nombre de aquel cuyos huesos eran. Que tales 
habia en donde cabia un hombre que contestaba escondido á las 
preguntas que se le hacían; y cuando esto no podían, se servían 
de tubos y cerbatanas: con esas artes engañaban á los naturales; 
pero como dice á propósito Torquemada, «como los españoles no 
fácilmente se asombran de gritos de fantasma» dándole con el 
pié derribaban los ídolos y descubrían el artificio - 

Ornofay. — Provincia que solo ha existido en la cabeza de Co- 
lon, fundado en lo poco que entendía la relaciones que le hacían. 
La descripción de la provincia de Ornofay es una de las más arbi 
trarias: el cura Bernaldez ó sea Andrés Bernal ha conservado en 
su narración sobre el viaje de Colon muchas noticias que por mi- 
nuciosas no se hallan en los cronistas. En esta descripción se en- 
cuentra la noticia de los hombres que usaban tánicas blancas; la 
del casique santo que también andaba vestido; las de unos hom- 
bres con rabos, por cuya causa y para ocultarlos se ponían esas 
ropas. Como es de suponerse, tales noticias nunca se comfirma- 
ron. 

No es menos notable la sorpresa con que oyeron los españoles 
hablar allí de la otra vida y las penas y recompensas futuras al 
anciano casique de Ornofay, que presenció la primera misa á ori- 
llas del río á quien llamó de Alisas el Admirante y lo dice el buen 
cura. En la relación del P. Bernal se alambicó más la metafí- 
sica con exfuerzos que no ponen los demás escritores en boca del 
pobre indio: por los mismo aquello de que el alma es la que sien- 
te cuando se impresiona el cuerpo para los sentidos: el alma era 
lo que se dolia. No, eso no lo dicen los indios. Siendo yo presiden- 
te de la Sección de Educación, á cuyo cargo corría la Academia 



— 231 — 
de Dibi\jo y Pintura de S. Alejandro, señalé para unas oposicio- 
nes, como tenia, ese cuadro de la primera misa: desempeñóla bien 
el distinguido Antonio Leclerc aunque algo á la francesa por los 
tipos y pormenores: es decir, que descuidó los últimos en la ver- 
dad de algunos trajes, tales como los ornamentos del celebrante. 

Magon y Ornofay son partes del Colon de la leyenda. En el 
segando viaje de Colon, ni se mienta la provincia de Ornofay, ni 
de Magon. Tampoco la nombra Urrutia, apesar de su lujo de 
erudición. Solo se ven en el cura Bernaldez amigo del Almiran- 
te, desde que lo conoció en Sevilla vendiendo mapas y estampas. 
Sonábale al Almirante cipango cuando oia sibao; y en Cuba cuan- 
do no era Catay todavía, quería enviar mensajeros al rey y señor 
de aquella gran tierra en que había grandes mercaderes. Para él 
I laití era Ophir. Hay en el grande hombre dos seres: el de la le- 
yenda como lo pinta Eoselly de Lorgues; el de la historia qne ha 
procurado lijar Emilio Deschame. 

Oro.— Del primer oro llevado á España de las Antillas, por 
Colon, dispuso el rey se diera á la iglesia de Toledo un pedazo de 
1*0.000 escudos, con que se hizo la custodia para el Sacramento; y 
otro enviaron á Alejandro VI. (Murillo:) en la Española se halló 
un grano de oro tan mostruoso, que nunca vieron" los vivos joya 
tal. Los españoles mataron y dividiendo un cerdo para comer, 
jactándose de haber comido en un plato tan rico que no lo tuvo 
ningún rey. 

Ouroua. (Urua) — Las de Guayana llaman ni aura así: Oruba 
los brasileños, Descourtiltz, pág. 243 t. I o 

Oruabo. — Rio del Puerto Rico que desemboca en el Sur. 

Osaa.— -"Madera de construcción" (Garcia.) 

Ozama. — Rio de Haití á quien se le ha variado en z la s. 

JP. 

Se encuentra usada la p por la b: mabuya y mapuya. Es más 
frecuente el de la v. por b. ¡Es decir que teniendo el provenzal un 
sonido parecido ó semejante, ha debido ser confundido por el que 
primero escribió los nombres de los indios, que fué un catalán y 
varios extranjeros, entre ellos italianos que, como observa D. An- 
tonio Bastero, así los escribían en códices antiguos: u porregioue 
della semiglianza." Pero el sonido indígena era el de b en esos ca- 
sos, como lo prueba que es el que ha prevalecido. El de la p no 
se ha confundido en los siguientes nombres. 

Pagaya. — Remo, aunque también se llama nahe. 

Papaya. — Árbol ó planta frutal. (Véase la sección 3!) 

Palabe.— Sitio en Santo Domingo. 

Pagé8. — Lo mismo que pagaya. 

Pampanilla, —(Véase Naguas*) 

Pan.— >Hacian en jamáioa el pan, no sólo de yuca (casabe), 
sino de plátano y fíame: en I7r>i todavía, dice el autor citado en 
♦•i artículo Guana, qne no había casa cu Jamaica que no tuviera 



— 332 — 
un horno do cocer pan de trigo, pero preferían al que forman de 
los vegetales del pais. 

I-\z //<!. — Apellido del liermitafio Román, á quien casi siempre 
se citaba por el nombre. Según el P. Torqucmada fué un catalán 
muy celoso por el progreso de la religión, y muy simple y limita- 
do de intelijencia. Toda su ciencia religiosa se limitó á ensenar la 
doctrina cristiana en las cosas más sencillas y las oraciones á los 
indios: pero aun así el y otros dos legos, como él, que nunca usó los 
hábitos con más carácter que el de liermitafio, fueron los únicos 
que aprendieron la lengua de los indios, y de ellos, y principal- 
mente déla relación hecha por el primero, se valió Colon para 
dar á los reyes una idea de los ritos y religión de los indígenas. 
Laméntase de este abandono el célebre Torqucmada y atribuye 
á él el flaco suceso de los primeros sacerdotes enviados para la 
enseñanza de los naturales, 

Las Casas llama al Padre Pane el lego Ramón, y cree 
que solo sabia el liermitafio una de las tres lenguas de Haití, la 
más pobre que era la usada en Macorix de Abajo; agrega que era 
catalán y que hablaba mal el castellano; y que los otros eran ex 
tranjeros. JD. Antonio Del-Monte dice que el verdadero nombre 
de este lego era Ramón Ponce (Hist. de Santo Domingo.) 

Papaisio. — Ave de San Thomó y la Española que solo pone 
un huevo. (Oviedo.) 

Paraca. — Cotorra. 

Paya. — Una ensenada en Haití. 

Payaba. — (Véase Yuna) 

Piragua. — (Véase Canoa.) Es el nombre de una quebrada de 
Puerto Rico. (Véase Jicaco.) 

Pitahaya. — Cactus que produce frutas comestibles | Véase la 
3? sección.] Así se denomina un barrio de Puerto Rico. (Véase 
Luquillo) 

Protector de ludios. — Así como los habitantes de Sto. Domin- 
go en 1515 crearon el Alguacil del campo para perseguir y recqjer 
á los fugitivos que excusaban ó repelían el trabajo y aun se suici- 
daba por libertarse de el; así el sabio estadista y gran gobernan- 
te cardenal Cisneros fundó la bella institución de defensor ó Pro- 
tector de los Indios. La lucha del gobierno contra los explotadores 
que no rcpetaban vínculos sociales, ni caridad cristiana, ni las 
prohibiciones legales. El' destino se creó para el hombre más hu- 
mano de la época que ha inmortalizado su nombre en la historia 
hasta por sue exageraciones cuando de caridad se trataba. En las 
conversaciones con Las Casas tuvo ocasión el insigue Cardenal, 
para darle el destino, pues en ellas descubrió: sólido y extenso ge- 
nio; firmeza de alma y elevada sentimiento; celo, piedad y erudi- 
ción; y no ignoraba que los insulares le eran queridos, y él muy 
querido y respetado de ios pueblos sobro los cuales conservó 
siempre el mayor ascendiente. jTouron, | 

Pérez Ala rellena.—- Apellidos del R. Padre Fr. Juan, del or- 
den de San Francisco, prior del convento de la Rábida en España: 



OOQ 

fué decidido protector de Colon á quien hospedó en su convento, 
y a su hijo. Este sacerdote promovió cuanto había a su alcance, 
y hasta impidió que dejase el servicio de España en una de las 
('lindadas veleidades del ya fatigado pretendiente. Pasó á Amé- 
rica con el Almirante y fué el primero que celebró el sacrilicio de 
la misa en América, edificó templo para el culto, (Muidlo ) 

Peojuio.— Eran tortas que se vendían en la Habana en el si- 
glo XVI, confecionadas por los indios, ¿^No será el xaoxao'l 

Perionas. — Los flamencos en Puerto Rico. (Abad.) 

Pesquisor. — El primer Pesquisor que vino á América fué 
nombrado en í) de Abril de 1405, y se llamó Juan de Aguado, era 
repostero de la reina. Le debió su nombramiento á las quejas 
del P. Boyl, catalán, y alas murmuraciones del P. Pedro Marga- 
rita aragonés. La Reina recibió muy bien á Colon en su segundo 
viaje, y después prohibió que pasasen á Indias los que no fuesen 
castellanos. Se atribuyó esta determinación no solo á la gloria 
de Castilla, sino á dar satisfacción al Almirante sobre la conduc- 
ta é informes del P. Boyl y Margarit, el primero catalán y el otro 
vasallo de la corona de Aragón. 1 ' (Prcvost traduc. de Terracina 
pág. Í295, lib, 5, t. XV.) 

Pira.— É\ cogollo de la palma (palmito) que se come cocido 
como la mejor col. 

Pijirigua.— Nod* cree que significa basura, arrabal. Me pa- 
rece pile alude á reunión de gente pequeña ó de poco valor, deri- 
vado de pijirfita 6 bijirita, que es una avecilla que llamamos así, 
ó mariposa. Por eso se designaban de ese modo barrios ó subur- 
bios en algunos pueblos, como en el Cerro cerca de la Habana, 
alejado del centro y del movimiento elegante y veraniego. 

Pijirigua. — Llama Azara á un pájaro que creo es el arriero, y 
también pirinita. 

Pilori. — Según Koquefort, es el nombre déla rata almizclada 
de las Antillas menores. 

Pitios ó pitias. — Hechiceros según se lee en los Amales de la 
B. Junta de Fomento, pág. 354, t I o 18G7. 

Pitirre. — Este pájaro se llama según Azara pipire en Santo 
Domingo; titiri en Cayena; suiciri en Guaraní. Es como se ve 
ono-matopeyieo en su canto: el tirannus de los ornitólogos. 

Plátano. — No es india la palabra, pero la coloco aquí por 
consignar un error y encontrar el origen de los que creían que 
nuestro plátano es el árbol del bien y del mal del Paraíso. "Gar- 
cía atribuye la opinión de que el árbol musa era el del bien y del 
mal, á un religioso de San Francisco. . . ." y Nieremberg (1643) 
de quien son esas palabras confiesa que no deja de tener color los 
que pensaron ser la higuera índica: pero si se refiere al plátano 
árbol, hay una confusión. De todos modos no es original el pen 
Sarniento de Mier sobre el particular. 

Popoto. — La ilor del plátano que pende como una. gran ma 
/orea, que luego 80 abre y queda al ftll como eje del racimo, lvs 

voz dominicana, 



— 334 — 
Pu. — Purpurea ó rojo encendido. 

<^- 

Quemi. — Uiio de los cuadrúpedos de Haití. — (Véase Agutí.) 

Quepa. — Mundo, universo. 

Quiabon. — "Rio que desagua en la costa del Sur de Sto. Do- 
miugo." 

Quíbey. — Azul ó violeta en los dialectos; tuna en lengua ge- 
neral. En Eyeri significa purpúreo según Krasseur de Bonr- 
boug. En Cuba una planta que se conoce vulgarmente por re- 
vienta caballo, y tiene fama de venenosa, (Véase la 3 a sección.) 

Quinigua. — Rio dominicano. 

Quinos. — Lo mismo que t equinos, 

Quis. — Todo. 

Quisqueya. — La isla de Haití por creer sus habitantes primi- 
tivos que era toda la tierra. Encuentra Rafinesque en la palabra 
Coátris-guía la significación de caverna completa aludiendo á las 
cuevas sagradas. Pero no me parece muy completa la aplicación 
la semi que llevaba ese nombre. 

Quisquí. — El todo. 

Ra.~ Lo mismo que guara: un lugar, nacimiento. 

Robu. — Retoño, hijo. (Eyeri.) 

Raqui. — Purpúreo ó rojo. Lo mismo que anigua. 

Rahen. — En Eyeri lo mismo que hija. 

Raima. — Fresco, por lo que gua ratina es también lo verde. 

Rápita, apita, birita. — Títulos dados á Dios como ser infinito, 
que Rafinesque supone semejantes al latin veritas. 

Reiti. — Se ha usado en lugar de areitos. Realidad, ritos. 

Ri. — Masculino. 

Ris, achioto. — Embijado, rojo. 
.Roldan.. — (Véase Manicata.) • 

Ro(}i, Rozi, berosi \rosi debe ser siempre lo escrito de otro 
modo.] Amor, cariño; cariñoso, objeto amado. 



Por lo que se lee en los encabezamientos de las letras y z, 
creemos que todas las palabras indias deben escribirse con s, aun 
cuando se escriban por el uso con otra ortografía por capricho de 
los europeos. M aun para el castellano se perciben esos sonidos 
en el hablar antillano, ni se encuentra en los pocos restos de in- 
dios de Guayana y sus vecinos, á que se alleganotras razones que 
se verán en sus casos. 

Sobaco. — Un pez que dice el Sr. Pichardo que otros llaman 
sobaco. 



— ooo — 

sábalo — lUirño de Mayagüez en Puerto Rico. 

Sabana. — Planice ó llanura. Hay quien cree que no es pala* 
bra india sino corrupción de sabana ó sávana, que es española. 
Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana, usa el plural y 
dice: "son unos lienzos de dos piernas y media ó tres, entre los 
cuales nos acostamos en la cama." Mariana trae varias etimolo- 
gías, una de los godos y la que viene del griego sabanni, "pannus 
asperior defricandis a balneo corporibus accomodatns." Pero en 
el sentido de terreno y no esdrújula se lee sabana, vaha na y zata- 
ña de los primitivos cronistas de Indias. Se llamaba así a una 
extensión grande en Cuba, que luego aceptaron los españoles 
cuando la declararon sinónimo de hato como una medida superficial 
( Véase la sección 3 a ) El erudito Noda ha hecho observar | Dio rio 
de la Habana, 14 de Agosto de 1840,] que la palabra es de Cuba, 
Haití y aun Florida en el dicho sentido: que los seminóles tienen 
sabana; y en Georgia existe la ciudad de Sabana ó Savana, que 
es el numbre indio de la Pradera. Pictet Tablean fies Estast Unis 
1 7í)5. Demuéstrase que es un error de Bergnes, que tradujo ¿i 
Buftbn, quien supone que la etimología de sabana, que pronuncia 
sábana, consiste en la tierra que se cubre de aguas y entonces 
parece una sábana. 

Sabana, Sabanequc. — Provincia cubana á venticinco leguas 
del rio Cauuao, con pueblo de ese nombre. Hay un rio en Puer- 
to Rico y un barrio, aquel costa Norte: sobre este véase Lnqnillo. 
El pueblo indio de Cuba, Sabaneque, lo cita Velazquez en su cé- 
lebre carta. El Sabana cerca de San Juan de los Remedios, te- 
nia los edificios sobre horcones en el agua. 

Sabanas. — En el Nte de América se llaman sabanas (savanes) 
los bosques resinosos: en las islas de la tierra firme de América 
Meridional la palabra sabana designa una pradera. Voyagcs et 
travaux des Mis. de la comp. de Jesús, pág, 107. 

Sabanetas. — Pequeñas sabanas. Hay un barrio en Puerto 
Rico. (Véase Mayagüez.) 

Sablao.—Se hacia un casabe muy delgado con este nombre, 
de la yuca más trabajada. "Esta raíz se apura más para ello," 
decía el Ldo. Echagoin en su relación á Felipe II. 

Sacón.' zachon. — Era una planta que también se llamaba quegio 
decia el Pi Pane que tenia hojas como el basilisco. EL abate Bras 
se, ir cree que es acimum. 

Solazar. — El casique de Borinquen llamado cu su lengua Ai- 
maman: tomó el nombre español por una hazaña singular de Die- 
go Salazar cuando la conjuración de Agueynaba o Agüevbaná 
prendió Airnaman, á un joven hijo de Pedro Suarez, al que hizo 
atar á un árbol para que lo matase, como premio, al que ganase 
un partido de pelota. Avísesele á Diego Salazar, vecino de So 
tomayor, y solo con el indio que le (lió el aviso, su espada en la 
mano y su rodela se presentó en el lugar de la escena y desvára- 
te á más de trescientos convidados, que se esparcieron; y corto 
las ligaduras al preso. < 'uando se retiraba lo hizo detener Aima- 



— 33G — 
man y le dijo que queda ser su amigo: sus subditos gritaron viva 
¡viva el easique Salazar! y según la costumbre en que" cambian 
Jos nombres los amigos, se llamó en lo sucesivo así. 

Saltos, — Se llamaban saltos [asaltos] las expediciones de Jos 
españoles á los yucayos en busca de indígenas que esclavizaban. 
Sacaron más de 40000 basta que el Ldo. Eigueroa probó que no 
eran caribes flecheros, (Herrera, t. I o , pág. 189 Déc.) 

Sama. — Isla de las pequeñas que rodean Haití, es histórica 
porque en ella fué devorado un easique por uno de los perros de 
presa que llevaron los españoles. Este hecho; que uuos supusie- 
ron casual y otros no, diciendo los primeros que quiso ser chanza 
por a.sastar al indio, quedó sin castigo á pesar de las quejas que 
se elevaron á Bobadilla, en consecuencia y para vengarlo se le- 
vantó el easique de Higuey, empezando la sublevación por la 
muerte de ocho españoles desapercibidos. 

Samand. — Célebre península de Haití, hasta por haberse en- 
cargado de ella una colonización Semi oficial americana, es decir 
de los Estados Unidos del Norte. 

Sambas. — Las encargadas de cantar en los areitos. (Edgar, La 
Selve.) 

Sambumbia. — Una bebida fermentada hecha con miel y seme- 
jante á la chicha, se ha usado con ese nombre que no es español, 
desde tiempo inmemoriable. 

Sánate. — Bio en Santo Domingo. (García.) 

Santardn. — El sabio Murillo en su Geografía llistórka, t. 9 8 , 
pág. 34G, dice: "Bimimi es de cinco leguas de largo. La descu- 
brió Juan Pérez Ortulia en 1512 enviado por Juan Ponce de León 

que deseaba averiguar en especial la fuente Santardn, que se 

gan los indios volvia'á los hombres de viejos en mozos." La preo- 
cupación existente en las Antillas sobre la fuente maravillosa, no 
fué so'o creída de Ponce de León y los soldados, sino que los lite 
ratos de la época como Pedro Mártir de Angleria, que escribía á 
León X en una de sus cartas [Opus epistolarum, P. M. Angleria]: 
"Entre las islas situadas al Norte de la Española á cerca de 325 
leguas de distancia, hay una al decir de los que la han ido á bus- 
car en que corre una fuente inacabable, de tan maravillosa virtud 
que cuando se bebe el agua devuelve á los viejos su juventud. 
Debo suplicar á vuestra Santidad que no vaya á creer que este 
es un cuento sin fundamento, porque es tal la creencia que se en- 
cuentra esparcida no solo en el pueblo sino entre hombres, que 
por su educación y su fortuna están fuera del alcance, lo vulgari- 
zan y lo creen con toda fé; pero si me pedís opinión os responde- 
ré que por mí, yo no puedo atribuir á la naturaleza tal poder, pe- 
ro bien puede Dios reservarlo para probar el corazón de los hom- 
bres." (Véase Cantío.) 

Saometo.—(YénsQ Lucayas) 

Saona, Sayona. — "Según García es fruta silvestre" de la 
isla de Haití. 

Sarobey. — El algodón en Haití, según el Sr. Pérez. 



Saraguei. — "Planta silvestre," (García) en Cuba rompe sara- 

Sasabeyos, ¿(cubetos. — ( V é¿ se A ges, ) 

Sayajd. — Lugar de indios' en Bayamo donde habitaron Jos de 
Caneyesarriba. (Gaceta de Puerto Príncipe de IV de Julio de 1S47.) 

Scbano.—{ Véase Oébano], 

Sebucán, Sibucan. — Manga larga y extrecha formada de teji- 
dos muy finos, donde se exprime la yuca. (López pag. 284, t. í. de 
Los caribes de Venezuela, ¡ 

Seckon, secón. — Fiebre, calor [escribe Zechonon, legiones liafi- 
nesque.J 

Seiba, ceiba, zeiba, — Árbol gigantesco cuya lana en la semilla 
la ha hecho confundir eou el algodón, y llamaban mapa (Edwar- 
drs.) Eu el Diario de la Habana 8 de Junio de 1839, se dijo que 
la palabra ceiba, no era indiana porque se conocía en el Senegal 
untes del descubrimiento de América, según Valmont de Bomare 
en su Diccionario. En otra parte se explica esc. supuesto anacro- 
nismo. Quebrada de Puerto-Rico. (Véase Jicaco.) Barrio de 
Puerto Rico. [Véase Demajagua*) 

Seibo. — Barrio de Vega-bajo en Puerto Rico, y rio. Fué ciu- 
dad española en Santo Domingo. Nombre del lugar en que fun- 
dó Esquive! en 1502 un pueblo, allí donde se reúnen las aguas del 
Seibo y el puerto de Soco. 

Semil. — Quebrada que entra en el rio luabou eu Puerto Rico. 

Sereutma.—Se supone un tratamiento equivalente á los que se 
usan en Europa, tal como Serenísima, Podrá significar grandeza 
como en las formas latinas prestantisime, sapicntísime; pero no 
acepto esos tratamientos gerárquicos que han comenzado en gúa- 
xotm (usted) y llegan á la majestad: son delirios de los viajeros en 
pueblos casi infautiles. 

Seboruco. — [Véase Ceboruco.] 

Serra, guL — Trocar ó cambiar (Oviedo.) 

Si, c¿\— Ese, él, esto. 

Siba, sibas, sibaios, sibao.— (Véase Ciba, Gibas,,) Piedras, 
rocas. 

Siboroco, seboruco,— -Parece que así se llamaba el predegal ó 
las piehras que aún llevan ese nombre, y que seboruco es corrup- 
ción; según Koda es una errata la palabra scroruco en El Patriota 
Americano, que luego reprodujeron Valdés y llumboldt. {Memo- 
ria* de Ja Sociedad Económica, título 17, pág. 142 en una nota.) 

Siboyti, —Serpiente enorme del Brasil que puede tragarse un 
ternero. (Jhonson, Historia de los piratas ingleses, cap. 1 1.) 

Sibuco. — líio de Borinquen que descubrió Agüeibaná ¡i Pon- 
ce como uno de los productores de oro eu sus ¡nonas. (Véase Mu 
naborí.) También es puerto. 

Secón, — (Véase Zccliou.) 

Sida, — Licia. 

Siénatja.— Pantano. (Jerea de los Chindas hay un país Ua 



— 338 — 

mado así en el Continente. (Véase á Julián en la Perla de Amé- 
rica). Rio de Puerto Rico. [Véase Guayo.) 

SocatoJ&n. Puerto Rico se llaman socatos Jos boniatos que en 
Cuba se dicen jojotos. En Cuba la voz socatos ó soeatas se aplica 
alas maderas qae han perdido su consistencia, aunque conserven 
sus fuerzas exteriores. 

Soraya. — Es el poniente. 

Sorombí. — Un pequeño pato de bellísimos colores: escribe zo- 
rombí el Sr. Pérez, y yo creo que es nuestro huyuyo. 

Squibetes. — (Véase Ages, Pedro Mártir.) 

¡Stareij huibo. — Estrella. 

Siarey. — Estrella, 

tSuibaja. — f Vé ase Xauxau. \ 

T. 

Tobara. — "Arroyo que entra en Neiva. w — Haití. 

Tubucan. — Especie de yuca más blanca en las ramas que las 
otras. ^Oviedo.) 

Tabaco. — En la palabra cohiba se ha hecho notar que tabacos 
era el nombre que usaron los indios para el uso de esa hoja, hoy 
de general conocimiento: hacer tabacos eran sus zahumerios: taba- 
co el instrumento absorvente cuya figura nos ha conservado Ovie- 
do; y según LaMartinere es el nombre del instrumento conque 
en las Islas de Tabago y Granada fuman electo, que es como 
allí se llama la planta. En Santo Domingo, pipas, cachimbas se- 
gún el Sr. García. 

Tabanuco. — Quebrada de Puerto Rico. (Véase J ácana y Ji 
caco.) Goma incorruptible de la misma isla. 

Taina. — (Véase Buaynaras.) 

Taino, nitaino, mitaino. — Noble, bueno; hay quien le dá sig- 
lieaeion gerárquica. La verdad es que los indios pacíficos se lla- 
maban tainos y los españoles en el contraste con los flecheros, 
malos, los llamaron buenos. Es probable que descendiesen de lo.s 
araguacos, ó aruacos ó de las tribus del continente meridional á 
que llamaban guatiaos ó hermanos. Los lucayos y los antillanos 
de las islas mayores se entendían aunque tenían dialectos; lijando 
hasta tres lenguas en solo Haití el célebre Las Casas. En Cuba 
se hablaron dos lenguas: una áspera y grosera en Guouiguanic , 
otra más civil y sonora. En Haití se llamaban cay aba, cubaba y 
baicagua: „no se referirían á Cuba y Borinquen \as dos últimas? 
El dialecto Eyeri predominó en Puerto Rico: todos tenían enlace 
y tal vez origen en el aragua. 

S. Mery (1787) encontró en Guanaminto una piedra cubierta 
de geroglíficos y en otra parte figuras grabadas en serpentina y 
muchas esculturas en las cuevas: Eerrer del Rio recojió en Cuba 
otras antigüedades de que hemos hablado en los artículos Cuba, 
Haití etc., y en el caí). XIII de esta obra en su primera parte. 
Aquí voy á dar una idea de los tainos emo nación, y conservar 



— 339 — 

lo que pueda de su cronología. Nuestro principal guía os el in- 
geuioso Rafiuesque, y acepto sus conjeturas fundadas en la rela- 
ción que he traducido (sec. 1" de la 2 il parte) del ermitaño Ro- 
mán Tañe. El comentador lija épocas como el año 1150 para 
situar la de las guerras civiles. Supone que el gran rey Ba- 
gual (Caxibaguel) tuvo por sucesores Guamanacoel, Guarionel 

Guabaininiquin, Guababo, Conel, Carametex, Guaramatex 

y que en la guerra con los españoles, reinaba Gúarionex. Desde 
tiempo inmemorial, el gran rey del valle de Maguana parece que 
fué cabeza y centro de organización de los casicazgos que liabia. 
Los cinco reinoe de Haití comprendieron muchas provincias y ca- 
siques. (Véase Haití.) 

En Cuba liabia siete reinos según el citado escritor ( véase 
Cuña, (Kboneyes, Siboncycs), apesar de que otros escriben distinta 
cosa adoptando la suposición de un casique para cada una de las 
muchas provincias, cuyos nombres conserva la crónica. De los 
reinas de Cuba cree que Camagüey es probablemente procedente 
de Coinayagua. Son: Maicí, Bayamo, Cueibá, Camagüey, Sagua 
Macaca, y Guaniguanico ó Ilaniguanico. 

La isla de Jamaica (Véase Jamaica) tenia dos reinos. — Buri- 
quen, Borinquen ó Buquena (Buchena), tenia un reino J compuesto 
ne veintiséis casicazgos. Las Yucayas ó Lucayas, Yuaguas, Ama- 
na, Siguateo, Bahama, Bimini,Yuma, Guanahani, Saometo, Aba- 
co, etc., eran cosicazgos que dependían del Jefe de Saometo. 

Los tainos estuvieron en continuas guerras con los caribes 
(repito que para mí eran los extranjeros) de las islas menores. La 
población de los pueblos tainos ó pacíficos ha sido bien calificada 
por el moderno Monk, á quien cito en otra parte. El cálculo de 
Bafinesque no obstante es el siguiente; 

Haití 1.200.000 habitantes. 

Cuba 600.000 „ 

Borinquen 100.000 ,. 

Jamaica 60.000 „ 

Yucayas 40.000 „ 



2.000.000 



En el artículo Antillas se ba hablado de este cómputo: á mi 
me parece diminuto respecto de las Yucayas, porque habiéndose 
extraído en los saltos (Véase Saltos) más de 40.000 indios, aun 
quedó alguna población cuando se prohibió hacerlos esclavos. 

Apesar de sus luchas y resistencia, los caribes, cáribas y cá- 
nimas hacían irrupciones devastadoras en esos países: aun ocupa- 
ron á Curuqueira (Guadalupe): Matinino (Martinica), Liamaca 
(Antigua), Lian mui ga, (San Cristóbal), Bayaruco [San Vicente], 
Beguía (Granada), etc., llamados colectivamente eaHaguO) islas 
de los (¡alibis. 

Las invasiones de los caribes se repelían, poro eran más t'rc 
cuentes en las playas de Borinquen hasta, con el fin de robar hom 



— 340 — 

bies y niños para comérselo*: esta era por lómenos la creencia de 
los habitantes. Cuando aparecían en las playas de Haití se en- 
cendian candeladas, hogueras que anunciaban el peligro. Las 
comarcas de Higuey y Caisimú se hicieron por esas lachas guerre- 
ras, y adoptaron el uso de envenenar sus Hechas. En las demás 
usaban macanas, dardos y lanzas de madera endurecida al niego. 

También eran invadidos los calíanos y sus playas eran desola- 
das, por lo cual construyeron su pueblos al interior. Eran llama- 
dos canibas y carinas (caníbales), y consiguieron establecerse al 
Sudoeste de Baracoa. (Ratinesque.) 

Jamaica usaba flechas y eran más valientes, por lo mismo fué 
más respetada de los flecheros. Los lacayos no fueron molestados 
á lo que parece, pues tuvieron alianza y ocupaban en prenda de 
ella la isla de Ayay. 

En cuanto á la crónica posterior al descubrimiento hasta la 
consolidación del coloniagc y extinción del elemento indio, he 
colocado en sus lugares respectivos todos los nombres indios ó 
con ellos relacionados estrechamente, aunque españoles que pne 
den ligar la tradición oral á la historia. Con este criterio, que es 
el particular, el único posible, vamos á lijar algunas épocas que 
tomo de Kañnesquo en sus Anales, que ya he tenido ocasión de 
estimar. 

Beroica fué rey de Jamaica por los anos de 1420, y fundó una 
dinastía que tuvo dos sucesores, Ben -Beroica y Ábemberoica, 
como si dijéramos Bembcroica 1° y 2 o En 1503 reinaban Araeyao 
y Huareo al Este y Oeste de la isla. 

Hacia 1450 hasta 1480, Guaramatex fué el gran casique en 
Haití, en Managua residente en Bainoa. 

En 1460 hasta 1494, fué Cayacoa rey de Caisimú ó de Higuey, 
falleciendo en la última fecha. 

En 1470 ocuparon muchos caribes la península de Samaná, y 
los dos hermanos Caonabo y Manicatex, con Mayabonex rey de 
los Mayoris, los recibieron en alianza. Conquistaron á Dahabon, 
Sibaho (Zibaho) y Manababo. Caonabo, (véase este nombre) fué 
célebre y casó con la hermosa Anac ona, hermana del rey de 
Ja ragua, 

Por escaño de 1475, Beuechio fué rey de Guacarima y hasta 
1500 residió en Jaragua. Contaba 32 caciques subditos; tenia 30 
mujeres en su harem, de que era la favorita Guanahata. Era 
ostentoso en sus títulos y Pedro Mártir de Anglería conserva los 
de tureiyiia-hobin, stareihuibo, dugh-sineciuen. 

En 1480 sucedió Guarionex á Guaramatex en el gran reino de 
Haití. 

En 1480 nja el viaje de los indios cubanos á. Cautió (Florida) 
en busca de la fuente que daba juventud perpetua á los (pie en 
ella se bañaban. (Véase Santóran.) Visitaron las islas Pola, 
Mártires, ios cayos y la nación Colas. Según Herrera se estable- 
cieron en Abaibo, población cubana en Florida. Las comunica- 
ciones entre Cuba y Florida se suponen frecuentes. 



— 841 — 

Piensa Uafinesque que el nombre Golas sen acaso derivado de 
caracoleSy que es haitiano: yivian después (1760) muí sus deseen- 

dientes cuando volvieron á Cuba. 

En 1400 hubo una guerra en Ouba entre Cavila, rey déla 
nación cami, y el rey de Colba en la comarca U if;m, cuya capital 
fué Fava. Toda esta historia no tiene mas fundamento que la 
narración de Colon, cuando soñaba que entendía sin intérpretes á 
los cubanos. Queriendo Ratiuesque aumentar esas noticias de 
cuya veracidad no sospecha, cree que Cami es Camagüey, pueblo 
extranjero en Cuba. 

No; Colon no escribía historia sino novela. En su primer 
viaje iba tras las huellas de sus maestros en pos del Asia: buscaba 
el camino mas corto. En un Diario (30 de Octubre)* cuando no 
tenia aún interprete, dijo do otra guerra: (pe' ! ¡>s naturales la 
tenían con el gran Kan á quien llaman Cami y » *u tierra ó ciudad 
Vaha. El jueves 1" de Noviembre dice que al gran Kan llamaron 
Carilla y lSafan á la provincia. El comentador americano qim 
sabe que no hay tal Kan, explica (i su manera que no es aceptable 
ese pasaje, que es pura y simplemente nna de las alucinaciones 
de Colon, que pretendía entender Jo que le decían los indios y eso 
fué causa de verdaderas algarabías, como lo anota el ingenuo 
venerable Las Casas. 

'/airona* — Según Julián, se llama así á la fragua ú horno en 
( 'osta-Firme. 

Tajá. — Ave perteneciente á la especie mas pequeña de los 
carpinteros: se llama en otros puntos pico-verde. [Véase Jaijami, 
Inri re.'] 

Talavera, — Bernardino, fue el primer filibustero de América. 
Viéndose acosado de deudas y teniendo que parar por ellas en la 
cárcel, se ausentó con otros 7() de su clase, así dice el Padre Simón 
en su primera Noticia historial de las conquistas de Tierra Firme, 
y se robaron uft barco genovés que por acaso estaba en punta de 
Tiburón; como el que malas manas luí, tarde ó nunca las perderá 
falté) luego á sus pactos con Ojeda, cuando éste so hizo á la vela 
para Santo Domingo con Talavera y casi los 70 de sus compañe- 
ros. La chusma dio el mando á Talavera, pero éste arribó con su 
gente á Cuba, perdida la dirección do Haití; mas luego so quedó 
en Jamaica flf>01J. Temían el robo allí perpetrado; sin embargo, 
súpolo el Almirante y lo hizo ahorcar en Santo Domingo, Fué, 
pues, el primero de su especio de que se conserva noticia. 

Tale. — El montón (pie hacían los naturales para sembrar la 
yuca. [Castil o, Conquista de Nueva España, cap* 6.1 

Tamayo. — Casiquc rebelde á los españoles. (Vé;ise Qiguayo.) 

Tameme,— Indio cargador. (Carta de Velazquez de I "de Abril 
de 1511.) Se usaba, en Nimva España con la adición de una /: lia 
meme. 

Tanama. — Rio de Puerto Rico. (Véase Quayo.) 

Taquenábaso, — Territorio de Haití. 

7Vrr. — I m lago de la Española, que después se ha llamado de 



— 342 — 

otros modos: es poco inénos extenso que Caguaní. [Véase este iil- 
timo nombro.] 

Taracol, Tarácelas* — Cangrejos. 
/ Taragara. — Uno de los dos semis de que se habla antes. (Véa- 
se Epileguanita.) 

Tarare. — Montaña en Haití. 

Tarraco. — Pueblo indio hoy absorvido por Guanabacoa: es 
nombre vascuense. Esta semejanza y otras con las lenguas ame- 
ricanas y el vizcaíno, son .más aparentes que reales, se^uu G. 
IXumboldt. — "Un examen serio las hace aparecer menos numero 
sas y menos extrañas." (Los Primitivos Habitantes de España 
[18791 párg, 184.) 

Táyaba. — Velazquez escribe Tabaya: es un rio que cruza por 
Trinidad; pero va prevalencio en el uso el nombre que también se 
le da de Gaurabo. 

Tayaboa. — Rio de Puerto Rico. (Véase Macana.) 

Tayba — Buba. (Véase Guyaora.) 

Tayuyo. — Es una especie de pastel hecho de maiz cubierto 
con hojas verdes de plátano ó las telas, entre las tánicas que cu- 
bren la espiga ó mazorca del mismo maiz. En guaraní dice Azara 
que tuyuyú es nombre de un pájaro y que significa barro ama- 
rillo. 

Teburun, Tiburón. — Nombre indio, según Pedro Mártir, del 
animal marítimo que conserva esa misma denominación, común 
en las aguas del mar caribe, especialmente en los pueatos. 

Tei, Tey. — Se supone que significa ser. 

Tequina. — Maeslro, director del areito, profesor que enseñaba 
las tradiciones á los hijos de los casiques. 

Templos. — Tenian casa solo para que cada casique, separada 
de la población, la tuviese sin otra cosa ni objeto que colocar al- 
gunas imágenes de madera labradas en relieve que ellos llaman 
semis para sus ceremonias y oraciones. [Historia del Sig. D. Fer- 
nando Golombo, edic. de Milán, pág. 494.] 

Ti, Te. — Tuyo, tu, vos. Según el Sr. García, tierra en Santo 
Domingo. La interpretación anterior, de extranjeros, puede no ser 
exacta por haberla confundido con las voces castellanas en esa 
forma. 

Tiao.— Hermano, me parece: bueno, según Rafinesque. 

Tiba.— Señor: es voz del continente. El Sr. Noda la cree cu- 
bana. ♦ 

Tibes. — Barrio de Puerto Rico. (Véase Mayagüez.) 

Tibey. — Planta venenosa que se conoce ahora con el nembre 
de revienta caballo. Algunos creen que significa uno de tos colores, 
y de ello se habla antes. 

Tiburón. — Dice el Sr. García que significa ti, tierra; hurón, 
pez. — Tiburón es, pues, pez de tierra según el Sr. García. 

Ticlietu, tiqneta. — Lo mismo que tihu en los dialectos. 

Tihu. — Alto, eminente, faerte, excelente. 

Tihui, liuibo, baino, sibao, liaití. — Alturas, pedregoso, montaña 



- m — 

Tina, — "Montana de, la cadena central," de Santo Domingo 

^(¡arcía.) 

Ti ni mu, — Rio de la Isla de Cuba. (Puerto-Príncipe. ) 
Tinin. — Apellido con (pie fué conocido el lego burguiñon 
Fray .Juan. Fray Juan de Tinini, vino á Haití con Fray Juan de 
Bermejo, y fué uno de los tres que se citan en el artículo Pane, 
cpie se dedicaron á predicar la religión cristiana á los indios, 
aprendiendo sus lenguas con pocos elementos y escasa autoridad, 
no siendo diáconos ni menos sacerdotes. El historiador Torque- 
mada á quien debemos esas noticias, como otras muchas, dice á 
este propósito: "asi de ruines principios se siguieron malos medios 
y peores bienes. 77 — Esto alude al contraste que hacia el celo de 
esos legos con los sacerdotes enviados en el segundo viaje de Co 
Ion, según lo expresa el mismo autor copiado antes. 

To.— Noble. 

Toa, — llana: este animal tuvo ese nombre porque fueron con- 
vertidos en ranas los niños que sacó Cluagouiana de la cueva, que 
gritaban ¡toa! ¡toa! cerca del rio de Haití en que se verificó el 
cambio: ellos pedían de comer, tenían hambre, y parece que toa 
era el nombre de los órganos de la lactancia en la inujej.— Rio 
bastante caudaloso en Cuba en territorio de Baracoa: en su vecin- 
dad residió Hatuey. — btro del mismo nombre hay en Puerto Rico 
en la costa Xorte, con pueblos que llevan los de Toa alta y Toa 
baja. 

Toatua. — " Planta medicinal.' 7 (García.) 

Tobaco. — Lo mismo que tabaco. 

Toca, — Reposo, tranquilízate. 

Tocketa ( toqu eta) . — Mucho. 

Tocoró. — Así llama Parra, el cronista que cité en Juyüey, al 
tocororo. 

Tocorós. — El señor Pérez en sus poesías anota que es un ave 
de vistosas plumas: me figuro que sea el tocororo que los cubanos 
llamaban guatiní. — (Véase la sección 3 a ) 

Tocubanamá. — Eué casique de Haití que no pudieron sujetar 
los españoles: fué preciso prenderlo estando refugiado en Saona y 
lo llevaron á Santo Domingo, en donde fué ahorcado. 

Tocuma. — Totuma: fruta silvestre. — Santo Domingo ((Jarcia.) 

Tomayoit. — Capitán indio que acompañó á Enriquillo y fué 
muy perjudicial á los españoles: se entregó al hacerse la paz v 
recibió el bautismo (1533). 

Tobago, — Una isla. 

Tona. — Me parece que esta palabra que ha explicado cu la 
leyenda de (íuagoniana Rafinesque copiándola dé otro, es una 
errata: se escribió toa por el Padre Román seguramente, pues 
Pedro Mártir de Angleria escribe foa } pero el traductor italiano, 
ó el impresor (pie no lo entendió bien, puso tona. Los que le 
siguieron convirtieron en su "jpetites animaux ó maniere üé Xains 
que se nombran tonas'— y por último Rafinesque creyó que eran 
vulpejas ú opposinns. La autoridad del de Anglena es aquí irre- 



— 344 — 

futable: son pues ranas, toas, y no vulpejas, que no hay en Santo 
Domingo los animales de que habla la leyenda. Las palabras 
copiadas en francés son de Brasséur de Bourboug, que dice que 
toa significa mamá. (Véase Toa.) 

Torolisco. — Yerva conocida por rabo de zorra. 

TotL — Pájaro conocido en Cuba, cuyo nombre conserva; y se- 
gn Azara también se llama en guaraní choní. 

Totuma.— Nuestra güira en Puerto Rico. — Según el señor 
Noda significa cabeza en el idioma cubano. Es verdad que vulgar- 
mente se le da ese nombre, pero me parece (pie por analogía al 
fruto, para hablar de una cabeza llena, pero no de ideas. Los 
mejicanos dicen por la propia semejanza tecomate al que supenen 
vacio do ideas yes alusión á los güiros grandes. 

Topa. — En lugar de toza, cuando está ahuecado para que sir- 
va de abrevadero á los animales. 

Tuana. — Debe ser errata este nombre que pone en notas á las 
cartas de Vespucio su admirador Canovay. El dice: "la serpiente 
Tuana de que se habla por Ramucio," — Éamucio, t. 3?, pág. 130, 
llama tuana á la iguana, el animal que describe Vespucio que 
considera ÍSTavarrete como uno de sus absurdos. Está sin duda 
mal descrita; pero otros que no son Vespucio ¡llamaron especie de 
sierpe á la iguana. 

Tabaya. Tubaga. — Planta americana que otros llama tuatúa, 

Tucubia. — Este es nombre dado á la yuca en la Dominica. 
(Documentos inéditos, pág. 185, t. 4?) ¿Será catibía*! Pero el señor 
Torres de Mendoza, que lo anota, no da luga rá esa interpretación: 
él dice que el casabe es extrac por los indios del magnoc, de la ca- 
tubia ó yuca y otras raices. 

Tuird, — Lo mismo que semi, otros creen que es el diablo. 
[Véase Mabuya] En este sentido dieron su nombre los indios á los 
cristianos españoles. (Oviedo.) 

Tuigarao*—~E\ nombre que dieron á las viruelas los indios, 
según Gomara, citado por el P. Sarmiento, significa gran lepra; 
pero á mí me parece que se refiere á quemaduras, por las huellas 
que quedan. 

TíííwZ^o.—Oasique anciano muerto en los bosques durante la 
conquista de los españoles. 

Tuna.— Cactus que produce los higos de ludias. — Color rojo 
en los ages.-^-liio de Puerto Rico en la costa del Norte — Pobla- 
ción de Puerto Eico (La Isabela). 

Tuuna. — Asi escribe Pedro Mártir la variedad del age de co- 
lor morado. Parece que es exacta la significación del color y se re- 
pité en la tuna que llamamos brava ó espinosa: así liobo ó jobo es 
el amarillo, fruto y color; y el cobre hoTrin. — Azul cerúleo. — Y es 
especie de age. — Tal vez sea el mismo tuna. 

Tunshol-o.— Bohio en Eyeri. 

Tuoh. — Colon escribió que así llamaban al oro algunos indios 
de las Antillas por su color amarillo y en otras al cobre: pero en 



— 'm:> — 
los que nos lia dejado Pedro Mártir, se le llama hopin (Véase 
Ooanw.) 

Turaba. — Rio de Puerto Rieo que desagua en Rio Grande. 
Barrio de la misma isla (Véase Guarabo.) 

'Vurciyuq. — Luz, brillante/. 

TureiguahoMn. — Más brillante que e¡ oro. 

Túreiná. — Luciente. 

Tureí/.— VA ciclo. 

Tur icid t. — (Véase Furieidi.) 

TuruqueiraCeyre y Ayay.— U h&8 islas caribes besriales." (Dr. 
Chanca.) 

Tuyra. — Lo misino que Tuirá. 

V. 

En la letra B se ha dicho lo que creo respecto del uso de la V 
por los indios antillanos, que fué ninguno. Como observa el señor 
l riarte, de los más ilustres académicos de la Lengua, para notar 
los errores de escribir con una ó con otra letra palabras do muy 
diverso sentido se necesita de la vista, pues no alcanza á ello el 
oido: "por tener en nuestra lengua la V. consonante el mismo so- 
nido que la Z», suena a la vista, no al oido." 

No obstante pondré las palabras que se han escrito indebida 
o arbitrariamente con v entre los siguientes. 

Uaná ó gua-nana, — Fruta que cita y no describe el señor Bra- 
sseur de Bourboug: dice especie de fruta. 

Uaquiano. — Según Acosta, significa mal compañero, y Rali- 
nesque lo compara á paquiano en Sicilia. 

Uara, uara. — "Tú: tratamiento familiar." (García.) 

Ubano, — Sitio en Santo Domingo. 

Carneara, Uaraura, — Ejército: yo creo que es corrupción ó 
errata de guasábara. 

/ bec- Líbele. — Arriba, en Eyeri- 

Ubey. — Abajo, de fuera (Ey.) 

Uiens-uieiis.— Según el Sr. Guridi, es usual esa palabra reii 
riéudose á los apalencados en Bohuruco, en cuyas sierras ha.\ 
"hordas estúpidas" de eeres humanos que huían de la esclavitud. 
Oreo que son descendientes de africanos, que en ellas buscaron 
asilo. No se explica la etimología de la palabra, que no me pa- 
rece india. 

Uieques. — Isla de Vieques á tres leguas de Puerto Rico don 
de se recojo el ñame cimarrón para alimentarse sus vecinos, | Es- 
te ñame será la jicama ó el volador de Cuba? 

/ jtamej. — (Véase Uxtamex.) 

Uxtamex — Casiqueó señor que residía en Sibao, que envió 
1G000 auxiliares. 

Uracañ, ¡Trican, — Huracán, tempestad. Según el Sr, García 
también so dice Uracana en Santo Domingo. 

Unicaan,— Vagamundo, 



— 346 — 
Umalcua. — Vagar (Eyeri), 

Usábon. — Rio de Puerto Rico que desagua en Rio (i raudo de 
Oayey. 

Uta. — Puente. 

Utias. —Hutía ó jutía, uno de los cuadrúpedos de las Antillas 
forma de ratón y tamaño de conejo que en otro lugar he descrito. 
Hoy predomina en el uso escribir hutía. Nieremberg adoptó la 
primera forma: "Las utias, animales de Indias de que abunda- 
ba la isla española, dice Antonio de Herrera en su Historia de 
Indias, que ya han perecido."' (Nieremberg, Curiosa y oculta fi- 
losofía, pág. 5, cop. I o ) Lo que ha perecido es el perro mudo. 
Utuado. — Pueblo de Puerto Rico. 

Uxmatex. — Oapitau general en toda la tierra de Üaonabo, se 
gnu Oviedo: muy valiente y tan feo como valiente que era "vizco 
ó visojo." — Oviedo dedica un capítulo á baldar de los capitanes 
tuertos que ha habido en un lugar distinta), 

VejuqníWos, — Así escribe el Sr. Fuentes y (ruzman (Historia 
de Guatemala, t I, pág. 303): el Sr. 1). Justo Zaragoza, dice que 
es un frijol de enradera: no me parece que es un dolichos sino el 
bejuco cubauo tal vez aplicado y adulterada la b á alguna eme 
dadora. 

Veycosi. — Dice el Dr. lírrutia que se hacía una bebida así lla- 
mada con agua que deja almidón de la yuca. Se conservó su uso 
mucho tiempo y lo adoptaron los bucaneros. El autor de los Pi- 
ratas de América por error le llamó veycon y su traductor español 
lo repitió: así se perpectuó la errata en Inglaterra y España. 

Wica. — Es ortografía inglesa ¡¿¡juica] y en caribe significa 
hijo, según Mr. Young, que recojió en Tabágo algunos nombres 
caribes: y este y los siguientes, (An historical survey of Bryan Ed 
icords, pág. 292) tienen huellas tainas: halané, mar; torta, agua; 
cazada!, viento; guatagüi, warawi rayo; güégüi, wewee, data padre. 



Los escritores españoles; y principalmente los que escribían 
en latin, tuvieron que adoptar la x en el sonido de la/ para evi- 
tar que esta reprodujese la pronunciación latina y se leyese como 
si se escribiese con y. 

Xacagua. — Rio de Puerto Rico en cuya ribera habitaban los 
españoles en 1582 y eran robados de los caribes. [América número 
L?, 1805.] 

XagiUL — Fruta: jagua. 

Xaguaguaira. — Región de Haití. 

Xamaica. — Así escribió Pedro Mártir, y decia.que significa- 
ba comarca de abundantes frutos. Oldmixon y otros se equivocan 
en derivar ese nombre indio de James (Jaime ó Santiago) que di- 
cen le puso Colon: es claro que siendo ingleses, corno si fueran ca 
talanes, sería Jaime traducción ó corrupción de Santiago: pero 
con erratas v todo, el mismo Colon llamó Jamaica: á la isla. 

v 7 



— 317 — 

Xamarar. — Agotar el agua do las minas. 

Kagücy, —Jagüey. 

'X.aman. — Territorio de Haití. — Xamaná escribe el Dr. Chanca, 
provincia qnc sigue á Haití y le signe Bohío y desde esta escribía. 

Xarag-ua* — (Véase Jaragua.) 

Xauxau. — Especie do casabe hecho de la ilor de él "que en 
aquellas partes (la española) se precia, y yo preciaría más uu 
pedazo de pan por duro y moreno que fuese (Acosta.) Otro lo 
explica (Véase jaujáu) de otro modo, y hay quien no le llama sino 
galleta ó torta hecha de age ó ñame, lo que era lo raro y especial, 
pues se hacía de yuca. La cita referente á Colon de este asunto 
en que se escribe ákes por ajes debe ser errata. 

Xa xahes. — "Pajarillos pequeños con los codillos y sobacos co- 
lorados y ellos verdes.-' — (Oviedo.) 

Xixen.— Jején. 

X ohos. — Jobos. 

X uca to. — (Véase Juca to.). 

Xvlos. — ( Véase Julos.) 

Xvmuren. — "Que los indios no xumuren" — es recomendación 
contra la ociosidad india, que se iáo en la pág. 9 del apéndice de 
documentos de la Historia de Sagra: no sé lo que significa. ¿Sera, 
xamarar, agotar el agua de las minas? ¿Será errata de no mur- 
murenf 

Xutola. — Planta que se dedica á los parturientes, 

Xus. — Adjetivo que parece significa todo. — (Brasscur de Bor- 
boug,) escríbelo con z. 

Y. 

Y. — Planta muy verde y fresca: es una liana ó enredadera. 
En alguna parte he leido que se aplica al lavado como el jabón, 
aunque los españolee y sus descendientes no se han cuidado de 
esa planta. 

Yahiní. — Madera de construcción eu Santo Domingo. 

Yahon. — "Rio tributario del Y una" en Santo Domingo. 

Yabucoa. — Pueblo en la parte Sur de la isla Puerto Pico á 
una legua del mar. 

Yac, yacan. — Santo. 

Yaco. — "Sitio de San Cristóbal/' Santo Domingo, 

Yachen. — (Véase Cibano.) 

\ r agohayuco, — Región hái lia na. 

Yagua, yaguas* — Así se llaman especialmente las partes de 
la palma que denominaron los descubridores camisas de palma. 
Los indios las aplicaban á muchos usos que se conservan en el 
campo: para tabiques, tedios, puertas, estrados, catauros o vasi 
jas, para empacar frutos que llamamos lerdos, como en el tabaco. 
Ks ó son el pendneulo <lo la penca ó fronde, do la palma que cae 
con ella al miniar la planta. (Véase Borinqitm}, — Dice el Abate 
Brasscur de Bourboug, que significa, rcslido; pero es un ciro:- \u\ 
cido do la analogía que encontraron lo * españoles eutre la cam 



_._ 348 — 
del hombre y la yagua. — Eu Puerto Rico se llama yagua la palma 
y á lo que cu Cuba yaguas, si bien á la que se desprende al abrir* 
se el racimo de frutos se le dice allí figueros, que me parece co- 
rrupción de higuera, por servir de vasija si se quiere. — Yagua os 
el nombre de dos rio en Santo Domingo. 

Yahubias. — Raiz comestible. (Véase Tanta,) 

Yaguacaico. —Ciisique, de la Habana [Véase esta palabra últi- 
tima; Guayacarex.] 

Yaguana — Golfo que hoy se llama Leogane en Haití. (Véase 
Bayalul.)— -Fué ciudad de Haití. 

Yaguanabo. — Rio en Santo Domingo. 

Yaguaraba, yaguaralia. — [Véase Agoreros.} En lajnovincia do 
Yaraguas. 

Yagua-ramas. — Paeblo de indios de que se dice que fué párro- 
co el Ldo. Las Casas: el Pro. D. José Ramón de la Paz Morejon, 
que lo fué después, hizo recojer algunos restos antiguos contempo- 
ráneos de la conquista: acicates enormes, frenos, espuelas inmen- 
sas, restos de vasijas de barro y otros objetos análogos que tuvo 
ocasión de examinar, bondad de mostrarlos á los amgos déla 
Historia. Se depositaron en el antiguo museo de la Sociedad 
Económica parte de esas reliquias. 

Yaguar aparo. — Territorio, sitio, haitiano. 

Yaguasit. — La ensistura del ramo de palmiche que forma una 
especie de vaiya. (Val verde). 

Yaguatc. — Rio tributario del Nisao. — Santo Domiugo. 

Yagueyes (¿Jagüeyes?) — Pozos ó depósitos de aguas entre 
rocas, como para las necesidades de diez personas, según se 
explica en las diligencias formadas sobre el cumplimiento de lo 
mandado por Carlos V, respecto de Enriquillo con el fin de termi- 
nar con él un concierto de paz. 

Yagüica. — Lugar de la comarca de Bruyoan, donde so dio una 
batalla durante la sublevación de Agüeinabá 

Yautía. — Raiz hoy llamada malanga, que es la indígena. 

Yates, Yallahs (pronunciado YaI-lahs). — Lugares en Jamaica 
que si parecen palabras indias, son corrupciones de un apellido 
castellano: Ayala. Asi se nombraba un gran hato que existia 
antes, y establecieron los españoles: lo deduzco de lo que leo en 
Edwards. (Libro 11, cap. 11 de la Hist. of W. Indias). 

Yamaía. — Común ó Ayuntamiento de Santo Domingo hoy. 

Yamasa. — Rio de Haití. 

Yame en Jamaica, y en los países que se habla inglés, es una 
variedad de la malanga blanca, que en Surinam llaman Ignamc 
los europeos y teje los naturales. ¿Quien sabe si yame es voz 
india que se ha confundido con ñame que es africana no lo parece 
sin embargo? 

Ya ñique. ~ll\o tributario del Yaque. 

Yantas. — Me parece errata en la Historia Apologética del 
Rev. Las (Jasas (t. 4°, pág. 300) por poner yautws— dice que es 
hoja á modo de cólj y habla de lerenes y que hay otra raiz comí- 



— U<) — 
ble llamada yahubia», Parece que Se decían yanta* alas hojas 
de los yereues (maranta) más anchas que las de col. (Las Casas.) 

Yahubias. — Raíz comestible, como se lee en el artículo que 
precede. 

Yaque. — Lago de Haití y rio. 

Yaque. — Rio de Haití. Entre este rio y el de Neiba fundó 
Ovando la ciudad de Buenaventura, donde en 1506 habia una 
tundición de oro que solia labrar de 110 á 120 rail marcos, según 
Charlevoix. Este rio tiene entre sus afluentes ranchos con nom- 
bre indio: Bao ó Sibao, Auibaje, Tacagua, Amina, Mao, Gurabo, 
Qniesigna, Jacabo, Macagua, Macabon. 

Yaquino. — Provincia de Taraqna.— -Santo Domingo. 

Yara, — Significa fin ó cola en lengua Tala. (Josiah Pifest 
Amcricaín Antiquities, pág. 310, citando á Rafhíosquc.) — Rio de 
Cuba en cuyas márgenes fué preso el casique llaluey; y en Yara 
se inició la revolución de Cuba (1868) que se terminó en el gobier- 
no del memorable y afortunado General Martínez Campos en 
1878. — La palabra que en otras lenguas tiene la significación ya 
dicha, expresaba en antillano la idea de hueco ó agujero. (Véase 
f>ayamo.)—Yara en Cuba tiene otras significaciones. 

Yara, — (Véase Coatrlr.) 

Yaraví. — Canto ó canción, según el señor Pérez. 

Yarayarasc. — Significa áspero en lengua goajira. 

Yare, — El jugo de la yuca. 

Yariy yario, yaru. — Significa como yará agujero.— Joyel, 
piedra de oro. 

Y a rima. —Remate ó cola, estremidad. 

Y abruma. — Asi llama Las Casas la y agrura a. (Sección 3*) 

Y agruma. — ( Véase Secc. 3 a ) 

Yarmta, — Caña, bambú ^Herrera); ¿pero no serán las ramas 
huecas de la yagrumá? — Árbol en Santo Domingo, 
Xarif/á. — | Véase Haití.] 
Yarica. — Laguna y rio en Santo Domingo. 

Y asnal. —Islas al ÍT, E. de Saraaná. 
Yauco,— Bio de Puerto-Rico. 
\autia. — La malanga indígena. 

Yautilia. — En una obra americana, [Life in Santo Domingo, 
1863,1 se leo la palabra que parece Ütmiñütivó de yauiía, como 
usual en el país. 

Yaurc!, — Rio de Puerto-Rico que desemboca en el Puerto de 
Arroyo. — Barrio do la misma isla. (Véase Jobos.) 

Yaurúma. — Dice Noda que así debe escribirse, y no yagrumn, 
el nombre de este árbol: yitruuta escribe Oviedo. 

Yaya. — | Véase Baba.'] 

Yaya,yaia. — Nombre de uu indígena de Ihiid que ligara en 
primer término en la leyenda do ese país.— | Véase Giaia,] — Árbol 

de que se hacen los rujrs. 

Yayagua, — Bio de Puerto Rico.— (Véase Guayo,)— 



— 350 — 

Rayales. — Pia de Puerto Pico. — Significa en Cuba lugar de 
muchas yayas. 

\ oyania. — La mejor de las pinas, según Oviedo. — En otras 
partes el pajaro llamado carpintero. El célebre d'Orbigni observa 
que todas las naciones americanas dan un nombre especial al 
pájaro conocido en Cuba con el nombre español de carpintero; 
que á todas Jiizo que lo observasen 6 les atrajo la atención; figu- 
rando en la mitología antillana en la formación de la mujer: entre 
esos nombres coloca el deyayama, pero como queda dicho, ¡si&'iii- 
íica otra cosa: la pina. Hada dice d'Orbigni del Perú: allí se 
llama el carpintero cargacli: y es singular que se crea conveniente 
quemar sus plumas en sacrificio para sacar á las mujeres de sus 
trances en los partos: ¿qué analogía tendrá este rito con la creen- 
cia caribe en la creación dé la mujer en las Antillas?— "Usan sus 
pininas para zahumerios para impedir los abortos y facilitar los 
partos {Mercurio Peruano de 29 de Marzo de 1774,) (Véase Inri 
ri, y Tajá.) 

%ay guama* — Pueblo de cien vecinos, uno de los antiguos 
puertos de Haití. (Documentos inéditos,) 

Vavayagua. — Cantón del reino de Higuey. 

Ycgan. — Seta, hongo, ílor de humedad. — El agárico lunigo 
(guayegan.) 

Ycrenes — Lcreues. 

Yerbas. — Los indios de Higuey y sus colindantes de la costa, 
envenenaban con yerbas sus flechas. La razón aparece en el ar- 
tículo Tainos. 

Ymumi, imizui, — Erio. — Montes que recuerda Podro Mártir 
corno á Hybahasuo. 

Yohana. — Título dado á Dios. — También joviana. 

Yobana Boinia. — Cueva mitológica de Haití. Se escribió otras 
veces Tovana Boinia. 

Yocahuna. — Como Yobana. (Véase Atabcx.) Parece que Yoca- 
huna suena á buen Dios. 

Yocahu-bao.ua (vagua) Maorocoti. — El obispo Las Casas dice 
que así se llamaba al Dios fínico conocido por los haitianos, á pe-* 
sar de sus otras supersticiones (Historia, pág. 415, t. 5 o ) — El nom- 
bre que del mismo conserva Pedro Mártires Yocauna-Gua-Mao- 
nacen. Pero hace dos de uno. Los traductores del ermitaño Paue 
ó sus trastornadores, le hacen decir Yocaliura-Gua-Maorocon. Es 
muy difícil fijar hoy lo que debe leerse; pero prefiero el testimonio 
de Las Casas que solo difiere de Pane en lo final de la palabra y 
Maoroco es la luna en otro sentido. Este dice era hijo de Atabcr, 
su madre, y tenia un hermano llamado Guaca. 

La idee de que no hay efecto sin causa, hizo á los indios su- 
poner á un Dios madre: cinco nombres se conservan refiriéndose 
á Dios y no son iguales á los otros que hemos citado. Para Bafi- 
nesque expresan propiedades ó atributos. Si sobra ingenio no hay 
mucha exactitud en este pensamiento. Atabe'*, Atabcx, Aiabcira. 
son los nombres dados cu Cuba y Haití á la madre Dios; según lo 



— 351 — 
que he extractado de Hora en la parte preliminar, eso nombro se 
descompone así: At 7 principio; beira. madre. Lo que es punto de- 
cidido es que todos esos nombres se referían á un Dios madre ó 
uu Dios padre. Para Román ese Dios que creían los indios sobre 

res inferiores era femenino, un Dios hembra; para Pedro 
Mártir ora un Dios, un Dios masculino. Pero masculino ó íemeni- 

• creia que habla Un hijo que vivit en el sol muy poderoso, 
que tenia dos nombres y esos dos nombres tampoco se conservan 
sin oscuridad, pues las dos fuentes indicadas les dan diversos, 
tíaíinesque lia reunido las variantes y ha querido traducir sus sig- 
nificaciones, I Té aquí lo que dice: 



STAÍUN ROMÁN. 


SUCfUN P. MÁRTIR. 


SIGNIFICACIÓN. 


1 Atabe i 
1' Jemao 
'<'> Guacas Api (o 
' A pifo ó siella 
5 Si/ i maco [Zuimaco] 


A lab eirá 

llamona 

Guaca-rapilo 

Siella 

Guimazoa 


1 'nico ser. 
Eterno; 
Infinito. 
Omnipotente. 

invisible. 


Los dos nombres dados al otro dios, ' 


variaban en los di alee- 



tos. También significan atributos, como por ejemplo, Guama-ocon, 
señor del mundo. Los variantes son los siguientes: 



FUENTES. 



PRIMER KOMBRE. SEGUNDO NOMBRE. 



Román 
Mártir 

Eu Cuba 
En Jamaica 
En Borinquen 
Oviedo 
Varios 



Yocáhuna 

Yocauna 

Yocáhuna 

Yocáhuna 

Yacan a 
Yobana 
Yocabayhama 



(íuamaorocon. 
(¡uamaonocon. 
(iuainaoxoeoti, 

(¡uamanoinocon, 
Gúamamona. 

(luamoquina. 



ltaíincsquc compara estos nombres con los de otras naciones 
v encuentra muchas analogías y hasta estrechas semejanzas. 

V raeas. — Yerbas que usaban los indios en las comidas y aun 
que el Sr. La Torre al hablar del agiaco lo considera sinónimo. 
Oviedo lo distingue. El anotador de este dice qué son yerbas en 
general; pero creo que solo son las comestibles como las de la ma- 
langa. 

Y ■Uaná. — La iguana. 

Xvbecnyguaya—i'ltia — lluijlaea. — La Eva de los indios de la 
América Meridional. Fué convertida en murciélago por el mal 
(pie hizo; se casó con el sol y solo sale de noche: otra variedad, la 
casa (ton el diablo. Danxion Livaysseno dice que sea creencia cu- 
bana, pero el nombre se parece tatito á los de las islas, que, por 
eso lo coloco aquí advirtiendolo. 

m. — (Véase \ uea). — \l\o v\\ Haití. 



Ypatcjc. —Es una especie de yuca. 

Yuca, tuca. — Mandioca se llama la yuca en el Brasil, pero en 
las Antillas lleva un nombre que supongo que en lo general se 
aplica á la blancura. No eran una sola su naturaleza y formas: 
además de las boníatas liabia otras; hasta seis variedades solo en 
la Española, según Oviedo: itwpcx que echa unos frutos como 
manzanitas y es de las buenas; diacaman, la mejor de todas; nuba- 
ya, tabaya y coro, esta tiene los astiliejos colorados, y la última os 
tabacan, que tiene las ramas más blancas que las otras. — Las va- 
riedades dulces tienen raices comestibles; la agria se destina á la 
fabricación de casabe. (Véase Casabe, Catibía, Sibucanj Guayo.) — 
Era base con el maiz, de la alimentación vegetal en ias Antillas 
y parte del continente americano: su tallo aun conserva el nom- 
bre de cangre. Los indios cultivaban las dos variedades que aun 
ahora se cosechan: la prieta y la blanca. Sacaban de la agria el 
casabe y guardaban de ella una preparación harinosa que llama- 
ban mañoc en Puerto Eico, según dice Oórdova. Sigue siendo la 
catibía la base del mata-hambre en la Habana, el almidón y el ca- 
mbe. Del jugo preparado se hacia vinagre: crudo el de la yuca 
agria era venenoso para hombres y animales: se llama yare en el 
continente. (Véase Naibona.) 

La mandioca del Brasil tiene también variedades. En la Cró- 
nica do Campanilla do listado do Brasil pág. 150, se enumeran las 
principales: mandijibuzo, mandijibimana, mandijibiya, inaudiji- 
ruzo, apitiuba, aipij; y aun se indican otros diversos nombres. 
Además del easabe hacen beijús delgados como obleas ó barqui 
líos: aipins como bolas "que sobrepujan en buen sabor al pan 
fresco' 7 según Maghanes de Gondayo en su Historia de la Provin- 
cia de Santa Cruz, cap, 5? 

Yucabia. — La planta no separada de la raíz ó yuca. (Las 
Casas.) 

Yoeahiujudina.—\^\ semi que anuncióla venida de los españo- 
les á Haití. 

Yuya.— Quebrada de Puerto Eico. ] Véase Tacana.'] 

Yueaba. — Tubérculo que se comia cocido como espinaca: del 
tamaño de zanahoria. (Las Casas.) Y dice que se parece a la 
batata, crece como la calabaza, pero no es puvescente ni en tallos 
ni en hojas, 

Yucay,—^ Parra, á quien se cita en la palabra ají-jijí, escribía 
yucay en vez de yuca. El señor Cruz al hablar de Yucayo, nom- 
bre de Matanzas entre los indios, cree que seria por las siembras 
de yuca que se hacían: sijfué usual la palabra yucay, es más gráfi- 
co el origen, 

Yucayo. — Es sinónimo de tuca yo: yuca, además de la planta, 
significa blanco. Acaso los blanquísimos arenales de las Baha- 
mas le dieron nombre á esas islas. 

Yucayequcs. — Pueblo ó población. (Documentos, pág. 41o, t. 7) 

Yucuyagua. — En la carta latina que imprimió el señor Quin- 
tana en el Apéndice de la vida de Las Casas, se vé la aplicación 



— 353 — 
de osa palabra á los indios esclavizados en Santo Domingo: "va- 
le mas dejar in suis native locis, quw dictunur Yucayaguas, aún 
sin ser cristianos." Sino es una errata la palabra yucuyaguas, 
pues puede referirse á las islas Yucayos de que se tomaban indios 
para esclavos. * 

Yueayo. — Así se llamó Matanzas y ha vulgarizado aquel nom- 
bre indio el apreciable Álbum del Yueayo de 1848. El laborioso 
escritor matancero D. Francisco Javier de la Cruz, en su Tratado 
de geografía antigua y moderna de Cuba, dice que Yueayo se lla- 
maba el pueblo y los españoles contemporáneos de Las Casas, 
dieron el nombre de Matanzas á su bahía. Atribuye este nombre 
á varias causas, y como observa el señor Alfonso en sus Memorias 
refiriéndose á estudios de D. Ignacio María de Acosta, el nombre 
le viene de que allí se hacia la matanza de cerdos para abastecer 
la tropa. Cerca del pueblo estaba la estancia del Adelantado 
Velazquez de Ayllon. 

Yncuyagua. — "Ranchería." (Calvan.) 

Yumuri. — Eio que cruza la ciudad de Matanzas; para algnnos 
es palabra corrompida del español, "yo morí"; pero el señor Pi- 
chardo y el señor Alfonso (historiadores de Matanzas) demuestran 
que es voz indígena y que es el nombre de otro rio también en la 
parte Oriental. — El último cita á Barcia qae asegura que Yumurí, 
es nombre del oso hormiguero en la America Meridional y signi- 
üca boca chica, es también nombre de un estrecho entre el comi- 
nente y la isla de Santa Catalina en Buenos Aires. 

Yuna. — Rio de Haití cuyas riveras ocuparon los guerreros de 
Caonabo siguayos. Tiene afluentes con nombres indios: Camú, Yu- 
boa, Maguaca, Jayá, Payabo, Guabá y Yucu. 

Yunque. — Vértice de la sierra Yuquillo en Puerto Rico, que 
se puede ver desde 22 leguas de distancia. 

Ya ruma. — (Véase Yaruma.) 

Z. 

La letra z es un sonido que no se encuentra en la mayoría de 
las lenguas indias: á lo dicho sobre el sonido análogo de la c debo 
agregar que la lengua nativa del Padre Pane y de los extranjeros 
sus colegas, como ya lo observó Las Casas respecto del primero 
los confundieron. — La z se pronunciaba en el provenzal, lo mismo 
que en catalán hasta de cuatro modos. (Grusca Provenzal, por 
Bastero, pág. 144 y siguientes.) Pero tenia el sonido de la s en 
primer lugar: "en el provensal tiene solamente el sonido sutil y 
medio (pie hemos señalado á la 8 en rosa y de la última en espo- 
sa: qae es el modo con que hoy pronuncia los griegos l (zita) 
zel, zelador, etc., y llamaba Salviati z simple." — Ese es uno de los 
orígenes de la introducción de la figura do la z que no pronuncia 
ban ni los indios ni los mismos que la usaban, á excepción de los 
andaluces que casi siempre cecean. Tenemos (pie poner aquí las 
palabras que se han escrito indebidamente con s, como liemos 



— 354 — 

hecho en las demás corrupciones y alteraciones de otras letras. 

Zababeyes. — Especie de age. 

Zacon. — (Véase Sacón.) 

Zdbcina. — (Véase Sabana.) 

Zagay.— Pico, bastón: es probablemente corrupción de aza- 
gaya. 

Zechon. — ( V éase ; Secón. ) 

Zembí. — "Sabana en Cibao."— [García.] 

Zemes. — Plural de zemi. 

Zcmies. — Plural de zemim. (Véase Semu) — Nombre de unos 
indios en la relación de Ulrich Schmidel, pág. 203 de su Viaje 
Curioso. 

Ziba. — Piedra. 

Zibao. — Pedregoso. 

Zibuneyes. — u Indios que los naturales de la Isla de Cuba tie- 
nen por sirvientes y así en casi todas los de los jardines." (Docu- 
mentos inéditos, pág, 35, t. 7. 

Zimn.— Cabeza, frente, principio. 

Zieva. — Mosca. 

Zinato. — Airado. 

Zievas. — Coyucos en dialectos. 

Ziniquin. — (Véase Niquen.) 

Zoclien. — Yerva sagrada. (Véase Bohito.) 

Zuruquia* — Lugar en Santo Domingo en que habia unos ana- 
des blanquísimos ó negros, doméstico, menos que anzares. (El I)r. 
Chanca.) 



— ' 355 



Sección Tercera. 



Palabras usuales en Cuba de origen indio, sus diversas acep- 
ciones en los departamentos: vegetales, animales, rios, pue- 
blos, lugares y objetos. (1) 



Lo, the poor Lidian!" 



Pope. 



• • Parece ordenado por la Providen- 
cia, con poética justicia, que muhkas 
razas bue han sido conquistadas ó 
exterminadas por invasores extranje- 
ros, pueden, no obstante, sobrevivir 
por los nombres de los objetos princi- 
pales que constituían su nativo suelo." 

De Verc: Americanismos: The 
Englis of tlie New World. — I 



Son muchos los nombres do 
árboles, rios y lugares que nos 
lian quedado: hay en ellos com- 
binaciones fijas que indican cla- 
ramente un significado que no 
ha llegado casi nunca á noso- 
tros. La sílaba gua se encuentra 
á principio, medio y fin. Hemos 
dicho en la palabra gua lo que 
se ha ocurrido á los americanis- 
tas; coa es otra que significa por 
sí sola el principal instrumento 
de labranza, pero entra en com- 
binaciones como en coabal; al 
final, como en Guanabacoa, se 
supone que significaba algo que 
indicaba pertenencia. — La ter- 



minación abo es muy frecuente, 
y como se conoce el significado 
de algunos nombres á que se fi- 
ja, se trasluce en ello algo que 
indica abundancia: Jiquiaibo, 
Ho&abo, GuanafoOj ¿no signifi- 
carían lugar en qu<s abundan 
jiquíes, jobos, guanos, etc.? Mi 
ilustrado contradictor, que co- 
pio en el cap. IX de la Sección 
Preliminar, hizo algunas infe- 
rencias que allí pueden verse. 
Aba. — Dice el Sr. Fernandez 
que es un arbusto de la Isla de 
Pinos que tiene concepto de 
medicinal aplicándose sus hojas 
á la parálisis 



(1) La Topografía del Sr. Pichardo y el Diccionario (ieográjioo del Sr. Peine, 
la, se han tenido presentes para hacer lo más completa posible esta nomenclatura 
sin omitir otras muchas fuentes. Para la launa de Cuba y demás secciones de his 
loria natural, he tenido á la vinta á especialistas hasta los recientes y actual- 
bajos de mis queridos discípulos ^^w. Reinoso á vilaró. 



356 



Abey. — Se conocen con este 
nombre dos árboles con el adi- 
mamento, que es muy usual en 
Cuba, de macho y hembra. Las 
maderas son íítiles y el llamado 
hembra tiene una resiua pur- 
gante- El Sr. Ossa no dio nom- 
bre á las dos clases: su clasifi- 
cación fué poepigia excelsa. El 
Sr. Fernandez copia la que cla- 
sifica al macho y á la hembra: 
[Jacaranda ccerulea y poepigia 
cxcelsaJ] 

Abonuco. — Rodeta de lienzo, 
lana ó pajas que usan los car- 
gadores en la cabeza para hacer 
más cómodo su ejercicio —Otros 
dicen bobuco ó babnnaco. 

Abuje. — Insecto que se cria 
en las yerbas de las cercanías 
de Holguin, que se adhiere á los 
seres animados y aun se intro- 
duce en la piel del hombre. Lo 
hay en Haití. Dice el señor Pi- 
chardo que algunos le llaman 
babuje. 

Ácana. — Árbol cuya madera 
de construcción, durísima, es de 
un color rojo como almagre y 
ennegrece con los años. Se con- 
sidera incorruptible en buenas 
condiciones. (Bassia albensis 
Gris). — Hay una hacienda de 
su nombre. 

Achiote.—. En Puerto Rico se 
llama así á la bija de Cuba. 

Achote. — En el departamento 
Oriental es lo mismo que bija 
en la Habana. (Bija orellana.) 

Agabama.— Rio. 

Aguacate. — Este nombre, co 
nio hemos visto en la otra sec- 
ción, para unos es de origen ca- 
ribe y para otros mexicano. Lo 
que se llama aguacatillo (Laurus 
borbonia) solo se asemeja en las 



hoj as ai frutal , (Persea gra t is 
sima). — Hay en Cuba pueblo y 
hacienda del Agacuate: y tam- 
bién un rio que lo cruza. (1.) 

Aguají. — Pez parecido á la 
cherna. 

Aguará. — Hacienda y rio. 

Agüinado. — Color de güin. 

Aji. — Se solia escribir axi. — 
Se conserva el nombre y las 
aplicaciones del ají especial- 
mente en el campo. (Capsicum.) 

Ajir-guaguao. — El más bello 
por sus formas y frutos de los 
ajíes, como el más picante: es 
sin duda indígena, aunque no lo 
sean las demás variedades: en- 
tra como elemento indispensa- 
ble en todo buen agiaco. (Cap- 
sicum microcarpum.) 

Aji (árbol del). — Lo cita el se- 
ñor Fernandez como bueno pa- 
ra carpintería rural. 

Ají (monte de). — Es como sue- 
na una de las montañas que se 
llaman montes en la Isla. 

Ajiaco. — Manjar de que se ha 
hablado en la Sección Segunda. 
El señor Pichardo explica la 
composición y aún sus especies. 

Ajotarse. — Significa abochor- 
narse, en la parte Oriental de 
Cuba: me parece efectivamente 
de origen indio. 

Almiqui. — Es nombre de un 
árbol que en otras partes de la 
Isla se llama ácana. En la obra 
del memorable señor Ossa se 
clasifica entre los achras y es 
el Achras almiqui. 

Almiqui (animal.) — El señor 
Poey propuso que se diera eso 
nombre al soldenon paradojo de 
Brandt, llamado por unos tejón 
y por otros tacuache: pero el se- 
ñor Gunlach, cree que es el 



(1) Lo mismo que el Sr. Pichardo, llamó pueble toda* agrupación de habi- 
tantes; hacienda toda referencia ó superficie de rerreno. (Véase Sabana.) 



— 357 — 



que llamaban aírelos indios en 
época de los conquistadores en 
el descubrimiento: cita al señor 
Pichardo que juzga que es el 
que describe con este nombre y 
"parece que sea acertado." El 
almiqui es el solcdodon cubano, 
y el mapiache es clprocyon lotor 

Amasabo. — Hacienda. 

Amiquí.—D. José María Fer- 
nandez y Jiménez, laborioso co- 
lector de los nombres vulgares 
de nuestros árboles, llama ami- 
qui á uno "cuya madera es de 
color de ácana muy subido." — 
El no era botánico y no clasifi- 
có la planta, ni copió la clasifi- 
cación agena, así es que me pa- 
rece el mismo almiqui descrito, 
suprimiendo la /. 

j [ n da ras. — Jutía, ( caprom is 
mclannrus.) 

Anamá. — Hacienda. 

Anamú. — Un arbusto. {Poli- 
veerios octandra.] 

Anchon.—lfin la designación 
topográfica se conservan varios 
ancones en Cuba. En la lengua 
goajira significa chico. 

Ancón. — Una hacienda. 

Anón. — Árbol frutal. {Anno- 
na squamosa. ) 

Antejo. — Planta que solo se 
nombra, sin más explicaciones. 

Arabo. — Árbol aplicable á 
construcciones rurales. [Erytli- 
rbphilum arabo.) 

Amigan. — Un árbol. 

Aralejo. — Es planta que dice 
el señor Fernandez que es útil 
para la carpintería. 

Arepa. — Lo dicho en la Sec 
cion anterior. 

Ariguanabo. — Hacienda, rio, 
vaquería. 

Arique. — La tira que se hace 
do la yagua verde, ó después de 
humedocida si está seca, para 
usarla como cordel. 



Arimao.— Rio, hacienda, pue- 
blo. 

Atabaiba. — Lirio; árbol que 
lleva aquel nombre en Santo 
Domingo. 

Ateje. — Árbol cuyo fruto pa- 
recido á la cereza es alimento 
de muchos animales. El obser- 
vador práctico Fernandez, ha- 
bla de las variedades del ateje 
que considera como cordias y 
cita ocho variedades y luego el 
atejillo. El ateje más común 
es el cordia cóllococa. 

Ahuyama. — Calabaza en Sto. 
Domingo. 

Aura. — El ave descrita por 
Oviedo, de que se hab'a en la 
segunda sección. [Gathartes au- 
ra.] 

Auras (Las). — Hacienda. 

Ansubo. — Lo mismo que áca- 
na en Puerto Rico. El Sr. Cór- 
dova encomia la rectitud de su 
tallo, sus buenas condiciones 
para hacer tejamaní; el Sr. Fer- 
nandez solo le coloca en Cuba 
entre las maderas buenas para 
carpintería. 

Ay. — ün rio y pueblo. 

A yábacanel. — Un árbol. 

Ayúa.— Es palabra que los 
que afectan finura en la dicción 
entre los labriegos, convierten 
en ayuda. El señor Fernandez 
cree que de las siete especies, 
como las llama, son cinco exóti- 
cas y que la indígena es la de- 
signada por ayiia macho (Xan 
thophilum caribeum) y la hem- 
bra (X grandifolium.) No ex- 
pone sus fundamentos. Otra 
clasificación considera más mi- 
tológicamente al árbol, pues lo 
dedica á Hércules (X clava 
Iíercnlis.) Efl Puerto Rico se 
llama emito, 

Aijabadia. — Árbol. (A'antho- 
philumbalua.) 



358 — 
B. 



Babajaguara. — Hacienda. 

Babíney. — Lodazal. — Y es 
nombre de varias haciendas. 

Babujal. — Espíritu malo que 
toma la íbrma de lagarto y se 
introduce sin saber por dónde 
en el cuerpo humano y sale si 
se invoca el espíritu bueno. Es 
una tradicin india. Para apre- 
surar la salida se recomiendan 
unos latigazos. He escrito so- 
bre esto en el Faro Industrial. 

Babujales. — Una laguna. 

Bacagüe. — Árbol de que solo 
dice el señor Fernandez que sir- 
ve para bajos techos y carpin- 
tería rural. 

Bacajama. — Un rio. 

Bacán. — Así se llama en la 
provincia oriental al tamal, que 
es como se designa en la Haba- 
na, tomado de México, al pas- 
tel de harina de maíz y carne. 

Bacona. — Árbol cuya madera 
se aplica á construcciones y es 
"amarillo verdoso," 

Baconao. — Una hacienda. 

Bacuey. — Un bejuco. 

Bacunagua. —Hacienda y rio. 

Bacunayagua. — Hacienda , rio 
y puerto. 

Bacanabaca. — Hacienda. 

J?tra£ra?mo.-^Hacienda, pue- 
blo, rio y puerto. 

Bagá. — Es un árbol que sue- 
le llamarse palo bobo. — Me figu- 
ro que se le dá este nombre por 
su flojedad, frajilidad y ligere- 
za que lo caracterizan: en las 
bahías, en terrenos pantanosos, 
tiene el aspecto del pedúnculo 
de las flores del maguey, en que 
se asientan las navajas de afei- 
tar en el campo y aún se le dá 
la misma aplicación. (Annona 
palustrisj—TI&y un pueblo, una 



: Lacienda y puerto con ese mis- 
! monombre. 

Bagaes. — Hacienda y laguna. 

Bagasal. — Hacienda. 

Baguano. — Hacienda, rio y 
| monte. 

Bayama 6 Bajama. — Canal y 

1 b ;!<•(>. 

Baiquiri. — Hacienda y rio. 

Bajareque. — Choza ínfima co- 
mo antes. Bafinesque trae ci 
tando á Muñoz la palabra Bo- 
harque por equivalente; pero 
me parece errata de bajareque 
trastornado por la pronneiacion. 

Baja. — Hacienda. 

Balsa. — "Un golpe de palos 
amarrados y compuestos con 
los cuales se pasa por .un rio." 
i Vargas Machuca Milicia y des- 
cripción de las Indias (Madrid 
; 1599). Es, indiana la palabra 
í aunque no sea taina. 

Bajonao.— Pez marítimo. 

Bamburanao. — Hacien da. 

Bainoa. — Hacienda y pueblo. 

Bajurayabo ó Gaajurayabo. — 
Hacienda. 

Bamita. — Hacienda. 

Banabacoa. — Hacienda. 

Banagüiscs ó Managiiises. — 
Hacienda. 

Banao.-— Hacienda y monte. 

Bánes ó Bani. — Hacienda po- 
blación. 

Banito. — Españolizaoion de 
Bani. — Una hacienda. 

Baracoa. — Pueblo y puerto — 
Es nombre también de un beju- 
co, 

Baracutey — El natural de Ba- 
racoa en Cuba; en la parte occi- 
dental el solitario, el huérfano, 
el único, el pichón quo está sólo 
en el nido en que debia haber 
dos ó más. 



— 369 



Barajagua, — l : na hacienda. 

Barbacoa. — En el mismo sen- 
tido ya explicado. — Es nombre 
de una hacienda. 

liaría. — Cuenta el señor Fer- 
nandez tres variedades que con- 
servaban el mismo nombre cien- 
tífico (Cordia guascathoides) y 
la que llama carbonera no la de- 
termina. 

Bariari. — Hacienda, rio puer- 
to. 

Báuta. — Hacienda, pueblo y 
puerto. 

Batabanó. — Hacienda, pueblo 
y puerto. 

Batea. — Lo mismo que se ha 
dado á conooer que usaban los 
indios: pero se han hecho ex- 
tensivas á las bateas hechas 
con duelas y zunchos de hierro 
que se emplean en el lavado de 
la ropa. 

Bauta. — Hacienda. 

Baya. — Bivalvo que se en 
cuentra en los manglares, pare- 
cide á la almeja. 

Bayabá. — Cordel más grueso 
que la cabuya en Bayaino. 

Bayabon, — Hacienda. 

Bayabonito. — Hacienda.— Di- 
minutivo de Bayabon españoli- 
zado. 

Bayamo. — Pueblo y rio. 

Bayajá. — Un barrio indio del 
Bayamo. 

Bayataho. — Hacienda. 

lia yaya 6 bayoya. — En la cos- 
ta del norte un lagarto que se 
llama iguana en las sierras de 
Camoa. Perrito de sierra del 
vulgo: lesosephalus vi (tatas de 
(íunlanch. 

Bayito.— -Árbol común en la 
Vuelta de Abajo. (/lemianthus). 

Bayate. — Hacienda, rio puer- 
to. 
Bayúa 6 Banyua. — Es árbol 



de construcción. [Tobimá mar- 

ginata. Des.) 

Bejucal,— Hocicuda, rio, pue- 
blo. 

Bembú. — Una yerba en Cuba, 
que se llama brava en la parte 
occidental. 

Bejuco. — Como lo usaron los 
indios: se conserva. 

Biajaca-biajaiba. — Peces , el 
primero de agua dulce, y el se- 
gundo de mar: del primero se 
hacen salazones en las provin - 
cias, antes Departamento Cen- 
tral. 

Biajaias. (Las) —Hacienda y 
rio. 

Biajaba. — Pez (Lutjanus sy 
nagris), es abundante. 

Biajaní. — La tojosa, paloma. 
(Chamalpeliapasserina }. 

Biaga. — Hacienda y monte! 

Bimanasí. — Hacionda. 

Bibijagua. — La hormiga de- 
vastadora que ataca á las plan- 
tas y cuyos huevos fueron rega- 
lado manjar de los naturales ó 
indígenas. 

Bibijaguas [Las]. — Pueblo y 
puerto, 

Bibona. — Según el señor Fer- 
nandez, suele llamarse palo de 
cachimba. [Sciado philum Jac- 
quimi. Gris.] 

Bicana. —Hacienda. 

Bija. — Se conserva en la par- 
te occidental la significación 
que tenía entre los indios. Se 
dice anoto y achioto en las pro- 
vincias del centro y oriente de 
Cuba. El señor Fernandez es- 
cribe achote. ( Bija O reí lana.) 

Bija (La). — Hacienda y rio. 

Bijabo. — Hacienda. 

P>ija(jua.—Avh<)\ silvestre me- 
dicinal. 

Bijará, — Hacienda y rio. 

Bija guara. — \)\ señor Fernan- 
dez nos habla de tres varieda- 



— aco- 



des. (Golubrina ferruginosa. G. 
recticulata. G. asiática.) Los 
curanderos le atribuyen cuali- 
dades maravillosas para ciertas 
enfermedades. 

Bijurei. — Hacienda. 

Biriji.— Árbol cuyo fruto co- 
me el cerdo. (Eugenia bucifolia.) 

Biragua. — Laguna. 

Bijirita. — Pájaro pequeño: — 
(silvia.) (Véase Bijirita.) 

Bita.— Puerto. 

Bojío, bohío, buhío, bujío. — Es 
la acepción primitiva de casa 
rústica y pequeña que habitan 
por lo regular los negros. Si no 
están sobre horcones, como los 
de los indios, se agrega de vava 
en tierra. 

Boma. -Hacienda, rio, puerto. 

Bomimii. — Árbol resinoso, de 
construcción. 

Bonasí.— Pez que dicen es 
propenso á la siguatera: tanto 
este pez como el aquaji del gé 
ñero Trisotropis, son propensos 
á dicho mal. 

Boniato.— Además de desig- 
narse con este nombre á los an- 



tiguos ajes, (1) hay tres árboles 
con los nombres de B. laurel, 
B. amarillo, B. sigua. El señor 
Fernandez dice que correspon- 
den á tres clasificaciones cien tí • 
ficas: Nectandra orco daphnex; 
N. alba y Lauras martinicensis.) 
Otros clasifican de modo diver- 
so: (Ranfonia canesens.) 

Boyuca. — Voz que llama anti- 
gua el Sr. Pichardo en su lista 
topográfica. 

Brusca, — En Cuba la mani- 
gua ó yerbas secas á que por lo 
regular se da fuego en el cam- 
po. En Santo Domingo un ar 
busto, según Valverde: el señor 
García lo llama arbusto silves- 
tre también; pero acaso no sea 
palabra india sino corrupción 
de la brusca, que se aplicaba en 
España á la vid silvestre ó uva 
cimarrona de Cuba. 

Buniato. — Yoz corrompida de 
boniato y que lleva aún una 
hacienda. ( "Véase Boniato en la 
Sección anterior.) 

Burén. — Usada en el sentido 
explicado en la Sección anterior 
y con el propio destino. 



Cabacú. — Hacienda. 
Gabayon. — Hacienda, tío, 
monte. 

Cabalonga. — Es un vegetal 
que produce un fruto que era 
considerado como un amuleto: 
que lo colgaban al cuello en 
preservación del aire: es de for- 
ma de almendra, y abierto se 
asemeja el interior á Conchitas 
marinas. No sé si él vegetal se 
llamaba así entre los indios ó si 



será de importación el nombre 
y la preocupación. 

Cabaniguan* — Hacienda. 

Gabarnao. — Hacienda. 

Gábima. — Árbol de mucha re- 
sistencia. ( Verticiliara acumina- 
ta). Dice el Sr. Pichardo que es 
más común en Haití. 

Gabónico. — Hacienda, rio y 
punta. 

Cabuya.— Como entre los in- 
dios. 

Cacao. -Hacienda. Árbol {Titeo 



(1) La Real Academia de las Ciencias de Madrid ha aprobado mi Disquisi- 
ción sobre el age y la batata de Cuba. Es, pues, el boniato el age de los indí- 
genas. (1883 J 



36J 



broma canto). (Véase Seco. 4*) 

('acarrales. — Hacienda y 
monto. 

Cacarajicaras. — Hacienda y 
monte. 

CwyHvot.— Hacienda. 

Cacuja. — La nata de la leche 
en liayamo. 

( agacuao. — Hacienda. 

Caji. — Pez de la familia Per- 
8tdi: — ( Lutjam úss cagi.) 

Oagio. — Hacienda. 

Caguaguan. — Rio. 

Caguairán. — Como lo observa 
el señor Pichardo, es nombre 
(]iie no se usa en el departamen- 
to occidental, y en los demás se 
confunde con con el quiebraha- 
cha y el ácana. El señor Poey 
cree que es H, floribunda de Be- 
taneourt. | Véase Caiguaráii.'] 

Caguama. — Animal cuya con- 
cha se parece al carey. (Chelo^ 
nia caguamu ce p halo.) 

Cag ua m o, — Hacienda. 

Caguara. — Concha del mar en 
la parte oriental. 

Caguancro. — El gavilán que 
llaman caracolero. [Rostramus 
social is.\ 

Cag aate. — Es el nombre de 
una gramínea de prados natu- 
rales; y de un árbol que llama 
caguato el Sr. Fernandez. 

Cag uaibas. — Haci enda , 

Caguajosa.— Fruta favorita de 
los sinsontes, es usado en Ba- 
yamo; la produce la pasionaria 
(pie tiene aquel nombre. 

Cag ua nete. — La mota de algo- 
don encendida que suele usarse 
en bromas para asustarlas per- 
sonas dormidas. 

Caguanes, [Los].— Punta y 
puerto. 

( 1 ag nasa i. — Hacienda . 

Caguaso. — Planta acuática. 
(Caree sea bella) -Vial hacienda. 



Caguayo.— Higuana de los fo- 
sos y Juirede. 

Cag'úeybajo. — Hacienda. 

Caguaso. — Lagarto de La 
y amo. 

Caguaso ( Verba de.)— Planta 
la pradera, que sólo comen lo i 
animales en grandes secas en 
que no encuentran otras. 

Caibarieii. — Puerto y pueblo. 

( foicaje. — 11 acienda. 

Caiguanabo.— Hacienda. 

Ca ¿guará n , Cag uaí rá n. — A de - 
más de un árbol, se llaman así 
los huevos de cangrejos en al- 
gunos lugares de Oriente. 

Calman — El gran reptil seme- 
jante al cocodrilo, con quien se 
confunde. Hay dos. (C. Rombi- 
fer y C. Accutus.) 

Caimanes. — Laguna, rio y 
cayo. 

Caimiabos. — Hacienda. 

Caimítal.— Es palabra espa- 
ñolizada, que signiftea lugar de 
caimitos. Es también nombre 
de una hacienda. 

Caimito. — Es uro de los fru- 
tales más apreciables: sus hojas 
verdes en el limbo superior son 
de un aterciopelado carmelita 
en el inferior. Hay una varie- 
dad de menos aprecio y sólo se- 
mejante en las hojas. (Chryso 
phillumc, L.) C cloviformea, 
Lam] El segundo lo especifica 
la forma de aceitunas de sus 
pequeños frutos. Hay hacienda 
de este nombre con rio, pueblo 
y puerto. 

Cairijc. — 1 1 acienda. 

Cairo. — Torzal de algodón; 
pábilo en la parte occidental, 

Caisimú. — Monte: en su ori- 
gen frente, cabeza, altura. Bu 
Bayamo un vegetal parecido a 
la verbena, que es venenoso. 

Caisimon. — Verba de hojas 
anchas, casi arbusto, que usan 



Í62 



los guajiros colocar cu la cabe- 
za para templar los rayos del 
sol, dentro del sombrero. Ségun 
el Sr, La Ossa, lo hay especial 
en Cuba y es el gvper pelétúm. 
{Flora Habanense, pag. 18.) 
Gajarbana. — Mon te . 
Cqjialcs. — Rio. 

Gqjima/ya. — Rio. — Rabia cer- 
ca de Ñipe. 
Gajio, — Hacienda, rio, puerto. 
Gajisel. — Eacienda. 
Gajobabo. — Hacienda. 
Gajuil. — Marafíon en la parte 
occidental. 
Gqjuuaguas. — Hacienda, rio. 
Galaguala. — Planta aplicada 
á usos caseros. [Polipodium phi- 
liiides]; otros le dan diversa cla- 
sificación, (P. adiaut ¡forma.) 

Calalú.— (Iniso con hojas' de 
malanga. 

Galamara. — Madera dura que 
puede emplearse, según el Sr. 
Fernandez, en carpintería. 

Gama. — Paloma llamada boye- 
ro en la Habana. [Véase Ga- 
meto.] 

G arnaco — Paloma. 
Camagua.- Arbusto muy abun- 
dante por Macurijes (G Hacama- 
ri Waíleneis.) El Sr. Fernandez 
dice que hay árbol do madera 
dura con el mismo nombre. 
Camaguasí. — Hacienda. 
Camay üey. — Hacienda, mon 
te. (Véase la Seguuda Sección.) 
Camagaira. — Árbol útil para 
la carpintería. (Fernandez). 
Camaján. — Hacienda,. 
Camajuaní. — Hacienda, rio. 
monte. 
Camajen.— Hacienda, rio. 
Camalotc.— Planta en terre- 
nos pantanosos. (Giperus art'icu- 
latus.) 

Camao. — Lo mismo que cama. 
Columba montiana). 



Camareto. — Ui 
dades existentes 



y no. 

sierras. 

rio. 



a de las va rio - 
dol boniato. 

(Jamar/oca. — Hacienda, rio, 
¡ pueblo, y los montes llamados 
de C amar loca. 

Camboa. — Rio. 

Camasun. — Hacienda 

Camoa. — Hacienda , 

Camujiro. — Haciend; 

Ganduaeoa. —Rio. 

Canabo.-^llio. 

Canarreo.— V oz anticuada de 
lugar. 

Canasí. — Hacienda, rio, pue- 
blo y punta. Los célebres Arcos. 

Caney. — Pueblo. En las lorias 
de éste se llamaban caneicitos 
los ventorrillos, y se hizo la voz 
extensiva á los demás lugares 
en la parte oriental. 

Caney de los muertos. — Lugar 
en que se suponen restos huma- 
nos: especie ¿te túmulo ó monte- 
cilio. 

Cangre. — Hacienda y el tallo 
germinador déla yuca. 

Cansí nar. — Dice el Sr. Pi- 
chardo que esta hacienda se lia 
mó en lo antiguo eaneisnar. 

Canoa.— No sola se llama así 
la que usaron los indios (Véase 
la Sección Segunda), sino se 
aplica generalmente á las abre- 
vaderos de las ñucas rusticas 
donde no los hay naturales. Se 
forman de seibas ú otros mate 
riales, y cuando se deja al tron- 
co ahuecado la corteza de la 
seiba, germina sus yemas y se 
forma uw bosqueeillo que con- 
serva la frescura del agua y 
siempre verde al recipiente de 
ella. He visto muy cerca de la 
Habana una canoa de esa for- 
ma. Es nombre de una hacien- 
da que fué de las mereedadas á 
los naturales de Guanal >acoa. 

Caitoitas. —Rio. Es diminuti- 
vo españolizado de canoa. 



_ 363 



Caoba. — Se usa on el sentido 
que en su origen, Es sin dispu- 
to uno de los árboles más em- 
pleados en la fabricación de 
muebles. El Sr. Fernandez oree 
que la mejor del mundo se ha- 
lla en ('abo Francés en la isla 
de Pinos. (Swieiania m&Jwgani). 
Hay otros árboles (pie llaman 
caobas, según el autor, pero no I 
son de la misma especie: ade- 
más hay una caobilla [Crotu* 
lucidus]. 

Caobas (Las) — Hacienda. 

Caobabo. — Hacienda. 

Gaóbülas. — Hacienda, pueblo, 
rio. Es palabra, como otras, ci- 
tadas, españolizada. 

( )apá, — Es nombre que se con- 
serva, en Santo Domingo, en 
Puerto Rico ven Cuba; pero no 
so aplica á ios mismos objetos. 
En Puerto líico se llama capá á 
la baria. de Cuba {Cor día geras- 
rhantoides). En Cuba trae el Sr. 
Fernandez dos plantas con el 
nombre decapa: blanco y prieto. 
[Bqrronía alba) (Cordia Cantus). 
pero luego en los árboles de 
Puerto Rico determina que es 
prieto el que allí es nuestro ba- 
ria y dice que se conoce con el 
mismo nombre de capá los que 
enumera en Cuba y además el 
capá sabanero. 

Cao— Ave [Corvunacicus] Gris 

< 'traca . — Composición de 
maiz que se parece á la tortilla 
de San Rafael (Bayamo.) 

Caracatey. — Pájaro crepuscu - 
lar, rrequeté. [Gaprimulgus caioli- 
nensis.~] El Sr. Vilaró dice que el 
caracatey es el chordeües minor y 
como el guabaico del género C"- 
primulgus. 

Caracusri. — Pueblo. 

Caraira» — Caraira es un. ave 
rapaz diurna. (Polyborus Aik/u- 
bonis): el Sr. Noda dice que de- 



be llamarse Acaraira, {Memorias 
de la Sociedad 'Económica dc\a 
Habana, 21 serie, t. I, pág. .'501, 
L859). También se dice así á la 
matraca en el centro de la Isla. 
(Véase Corroto.) 

CarapacMbci. — Hacienda y 
punta. 

Carajatas. — Hacienda, puer- 
to. (Véase ia palabra en la Sec- 
ción Segunda ) 

( 'arbajosa. — Monte. 

(jarragúao, — Pueblo. Barrio 
antiguo de los suburbios de la 
I Cabana. Una ave de las rapaces 
en Oriente. {Acciper Gunlachi.) 

Carckillo. — Diminutivo de 
carey: variedad de ese animal. 

Carey. — La tortuga que pro- 
duce la preciosa concha que lle- 
va ese nombre. (Chclonia r ir ga- 
ta.) (Carcttaimbricatu,) Ade- 
más de los quelonios de esa rao- 
menclatura hay un árbol y un 
bejuco con la misma denomina- 
ción. Es el árbol de cortas di- 
mensiones cuya madera tiene 
apariencia de carey, y se aplica 
á bastones. (Curutclla ameri- 
cana.) El bejuco es el que se 
emplea en ligaduras como otros 
de sus formas. 

Cariaco.— Se dá ahora este 
nombre á nn bailo do la plebe, 
poco Usado según el señor Pi- 
chardo, en que suena, las chan- 
cletas llevando el compás, dán- 
dose con los calcañales en las 
nalgas. 

Caricato. — Una sopa hecha 
con imítanos: Vulgar; no india, 
según creo. 

Ctiro. — Los huevos de los 
cangrejos en Cuba. 

Catacubá. — Una ave pequeña 
en el departamento oriental. 

( )asape. — En el mismo sentido 
<pie lo usaban los indios el pan 
de yuca- Se dá el nombre a una 



excrecencia blanca que suele 
salir en la cara. Hay un pez en 
nuestros mares con ese nombre. 

Cascorro. — Rio y pueblo- 

Casitacoa. — Hacienda y rio. 

Casiguas. — Hacienda. 

Casimba. — En el mismo senti- 
do anotado en la Sección Se- 
gunda, 

Catibax. — Hacienda y puerto. 

Catey. — Pequeño papagayo; 
periquito en la Habana. (Psitá- 
cus gnayanensis.) 

Catibo. — Una culebrita anfi- 
bia. 

Cuajan. — Una hacienda. 

Caunabaco. — Hacienda y rio. 

Caumau. — Hacienda. 

Caunao ó Caunau.— Hacienda 
rio y pueblo. 

Caunabaco. — Hacienda. 

Caureje. — liio. 

Cautillo. —Diminutivo deCau- 
to. Es hacienda. 

Cauto.— (Cauto antiguo.) El 
mayor rio de Cuba con puerto 
y desembarcadero. 

Oayagüeyes. — Hacienda. 

Cayajabos.— Es nombre de ha- 
cienda, pueblo y rio. Es tam- 
bién el de los granos ó semillas 
llamados mates en occidente. 

Cayajana. — Hacienda. 

Cay aguí. —Hacienda. 

Cayama. — Ave acuática, ce- 
nic enta, más pequeña que el 
ánade. ( Tantalus loculator.) 

Cacamos.— Hacienda. 

Cayumbo. — Un junco en Ba- 
yamo, en otras partes taycun 

Cayaya. — Es el fruto de la 
planta llamada nigua en la par- 
te occidental y que debe haber 
tomado este nombre del insec- 
to penetrante, que se designa 
así en su completo estado de 
crecimiento en el cuerpo huma- 
no, con la bolsa llena de hueve- 
cilios que lo rodea. 



¡64 — 

I - Cayuco. — En la acepción pri- 
¡ mii'iva. Caico en arábigo siguí- 
! ca pequeña embarcación. 
. Cigua. — Véase Sigua. 

Cimarrón. — En el mismo sen- 
tido expresado en la Sección 
Segunda. "Comen los indios 
frutos silvestres que llaman ci- 
marrones. Vargas Machuca Mi- 
licia y Descripción de las Indias: 
pág. 137 vuelta. 

Coy ojito. — Haciendu, rio di- 
minutivo de Covojo. 

Coyojo.— Hacienda y rio. 

Cobo. — Es el caracol maríti- 
mo que sirve de fotuto ó guamo 
en la parte occidental, se usa el 
primer nombre y en las demás 
el segundo. Aún se llama así 
en las Bahamas: de las poquí- 
simas palabras indias que se 
oyen en las colonias occidenta- 
les de Indias en el extranjero. 
Un cayo. 

Coco. — Árbol frutal, Coccus 
nucífera. — Una ave, un puerto y 
cayo. 

Cocoyitquin ó Cccuyuquin .— Ha- 
cienda y rio. 

Copinua. — Véase jurel. 

Cocuyo ó cucuyo. — Es palabra 
aceptada por la lengua españo- 
la en la significación del objeto 
luminoso que expresa. Dos ár- 
boles cita el señor Fernandez 
con la propia denominación de 
cocuyo. (Bumiha nigra. Bumilia 
retusalba.) A la segunda varie- 
dad agrega en la voz vulgar el 
aditamento de Cocuyo de saba- 
na. 

Cójate. — Flauta cuya, raíz se 
aplica á usos medicinales. ( Amo- 
mum tyrsoideam crectum.) (Een- 
calmia ocidentalis. Gris.) 

Cojoba ó Palo de hierro .-Quie- 
brahacha en Cuba. (Copaifera 
h imenae fo lia li.) 

Cojol. — Lo cita sin mas expli- 



— -M5.— 



caciones como un árbol en Ou- 
b:i, el señor Fernandez. 
Oojotal. — tina hacienda; 

Cojín ú(t. — Tu pez parecido al 
sibí fPichardo.) 

Cojímar. — Hacienda, pueblo, 
rio y puerto. 

Conuco. — En el sentido <jne 
los indios, pero reducido a las 
siembras de los nsgros y á las 
llamadas viandas, conuco de 
viandas. 

Corojo! '. — Hacienda, panto y 
monte. Significa la palabra que 
tiene terminación española: reu- 
nión de corojos. 

Corojito. — Hacienda. 

Corojo. — Palma cubierta de 
púas y de una forma especial. 
(G00CU8 crispatus.) 

Copey. — La misma planta que 
servia para hacer pelotas á los 
naturales: boy los curanderos le 
atribuyen grandes virtudes me- 
dicinales á la histórica resina 
que empleaban los naturales. 
(( )lu8ia rosea, C. minor, C. alba.) 

( 'orral. — (Véase Sabana.) 

Corasí. — Especie de mosquito 
de los mas molestos á la huma- 
nidad. 

Corúa. — Especie de pato sil- 
vestre. {Phala crocorax florida- 
ñus). Es ave de paso. 

Cotuba.— La telilla que cubre 
la semilla del maiz en cada 
grano. 

Cotunto. — El sijú en la parte 
oriental. (Gymnoglaux Law- 
renci.) 

Cuaba. — Árbol de donde toma 
nombre el terreno de cuaba L 
cuaba blanca y amarilla (Ami- 
rt/s siflrafica) [Leuoo crotón 
Wrigktiij (Iris.] Las tiras ó 
rajas de que se sirven para an- 
torchas de labriegos, y para 
cuabear ó pescaren la provincia 
(b'l crudo, lina hacienda. 



Cuabahjo. — Hacienda. ( >tra 
forma española del diminutivo. 

Cor roto. — Matraca en la par- 
te oriental. 

( ¡najará. — Árbol. 

Cuajani.— Es un árbol cuyo 
fruto es venenoso. [Brumviia 
Fallida.) 

Cuba. — Pueblo, isla. 

Cubana. — Antigua. 

Cubatei. — Hacienda. 

Cubainicú. — Vegetal cuyas 
hojas pulverizadas se ponen en 
las llagas para curarlas. 

Cubito. — Hacienda, pueblo, 
monte. 

Cucubá. — Es el sijú de palos 
huecos de occidente; el cotunto 
del Bayamo en donde recojí al- 
gunas tradiciones que publique 
en el Aguinaldo Habanero del 
Sr. Costales. 

Gucubam. — Árbol de Puerto 
Rico. 

Cueibá. — Hacienda. (Anti- 
guo.) 

Cujabd. — Rio, 

Cvjabo. — Hacienda. 

Cuje. — En la misma acepción 
que los indios. Hay un árbol, lo 
describe el señor Fernandez, 
que por esa flexibilidad y las 
formas rectas de su tallo y rá 
mas se llama cuje: se aplica á las 
casas de embarrado para formar 
las paredes y para cruzar los 
techos que reciben el guano y 
yaguas. 

Cují. — El árbol (pie produce 
la aroma amarilla (mimosa Jame- 
ciana odorota.) Se hacia de sus 
semillas aún verdes una negrí- 
sima tinta que usaron nuestros 
abuelos para escribir. 

Ctnna?KVja</ua. —Hacienda rio, 

puerto. 
CmKKjua. — Hacienda. 
( )uneira, — Hacienda. 

Cumien nu . — Canal, estero. 



— 306 



Cupaimecú. — liio. 

Qupey. — En Puerto Rico es el 
copey de Cuba, en donde le lla- 
man algunos también copey. 
Hacienda. 

Guramagücy . — Uno de los be 
jucos mas conocidos. (Cynan- 
chum.) El Sr. Morales determi- 
na tres variedades. "(O. mariti- 
mnn.) (O. tuberosum.) (C. Crispí- 
(lo ruin.) 

Curajaya. — Hacienda, puerto. 

Curasao. — Punta. Uno de los 
antiguos suburbios de la Ha- 
bana. 

Cúrbana. — Árbol cuya corteza 
se parece en el olor á la canela. 
(Caricia alba}. (Winteriana al- 
ba.) 

Cúrcuma. — Dice el Sr. Sagra 
que es y eren, y lo impugna el 
Sr. Pichardo. 

Gurujeyes.— Parásitos, que sue- 
len distinguirse por la belleza 
de sus ñores. (Tillandria.) 

('uriana. — Punta. 

Curiel. — Véase Secc. anterior 
cor l 

Curricán. — Cordel de los pes- 
cadores para poner el anzuelo. 

Curujey. — Plantas parásitas 
de diferentes formas. 

Cusubé, — En el misino sentido 
explicado en la otra sección. 

Cutara. — ¿Será el nombre del 
calzado entre los indios? Así se 
llama .al chanclo en Cuba, y á 
lo que chancleta en la Habana. 

Cuyaguateje. — Kio y puerto. 

Cuyag uaneque. — Haci en d a y 
puerto. 

Cuyaguayo. — (Antiguo.) 

Cuyují. — Piedra durísima de 
que sehan hecho pavimentos 
en las calles en la Habana [ca- 
lle de Bernaza] y en Guanaba- 
coa. 

Chambas. — Hacienda. 

Chamico. — Arbustos cuyas ho- 



jas y ñores se aplican en la me- 
dicina. (Datura Stramoninm.) 

Champola. — Refresco hecho 
con la fruta de la guanábana en 
la parte oriental: allí se llama 
garapiña el refresco de almen 
dras. 

Changüí. — Baile humilde: se 
parece á Cangni, que en grnani- 
ní significa flojo) y un pájaro, 
&V¿uu Azara. 

Chayóte. — Enredadera que 
produce los frutos hortenses de 
ese nombre que no sé si es indí- 
gena, pero que es indio sin du- 
da. (Scchium cdiilc.) 

Chayo.— Planta poco común. 
(Jatropa urens.) 

Charamusca. — Se llama así en 
Cuba á lo que brusca en la par- 
te occidental. 

Chicha. — En Cuba se designa 
de ese modo la garapiña de la 
Habana, que se hace con casca- 



ras de piiia y azúcar, fermen- 
tadas. 

Chichinguaco. — El pájaro que 
se dice Toti timonel, por la for- 
ma vertical de su cola. [Quisca- 
lus baristus.'] 

Chimó. — Medicamento hecho 
con hojas de tabaco, cascaras 
de plátano verde y otros ingre- 
dientes, según el Sr. Pichardo, 
que se usa como anti-espasmó- 
dico. 

Chochito. — Lo mismo que bi- 
jirita: no se usa en la parte 
occidental. 

Chipojo. — El camaleón deja 
Habana: en las otras provincias 
se llama camaleón á un animal 
que tiene la apariencia, según 
lo explican, de un palo ó made- 
ro seco. 

Chacó.— Laguna. 

Choncholí.— El totí en la par 
te oriental. (Quiscalus.) 



;u; 



Chote,— En las otras islas y 
olí la parte oriental, es el cha* 
voto. 



Chubascos! — A los "aguace- 
ros llaman chubascos)* 1 eíi Puerto 
Pico, dice Fr. Iñigo Abad, 



», 



Dagame. — Rs el nombre de nn 
árbol. (Calicophilluin candidissi- 

mton.) 
Dajábó. — Hacienda. 

Daguiya. — Árbol de que con- 
serva ese nombre, aunque se 
designa con el de (juana en al- 
gunas partes de la Isla. (Véase 
Guana.) Son exquisitas las ca- 
pas de su corteza interior de que 
se han hecho objetos de vestir 
que han figurado en nuestras 
pobres exposiciones industria- 
les. (Lageta lintearia). Hay de 
su nombre un monte. El Señor 
García dice que su nombre in- 
dígena es dahili. 



Dajao. — Es un pez de agua 

dulce. (Agonostomus montícola.) 
— Hacienda y rio. 

Damajayabo. — Hacienda 

Damují. — Pió. 

Dayaniguas . — Hacienda y 
puerto. 

Dauniya. — Hacienda. 

Demajagua. — Árbol. ( Véase 
Majagua.) Hacienda, rio. 

Demajagua!. —Lugar poblado 
de majagua. Hacienda, rio. 

DíbiMbí. — Es el guatapaná. 

Díctamo — Planta que se apli- 
ca á remedios caseros: una lla- 
maron itamo rea!. (Origanum 
Diciamum.) 



E. 

Embijar. — Pintar con hi- significa ponerlos en la hamaca. 
ja, EscmábraL— ÍJaciend*, mon- 

Enjicar.— Derivada úc jico, y te y sierra. 



<M 



Gayantes. — Punta. 

Qegenes. — Hacienda, mosqui- 
tos. 

(itbaro. — Silvestre si se habla 
de animales* los guajiros en 
Puerto Pico. 

GóngóH. — Árbol 
Uico. 

(¡ua. — Rio, hacienda. 

(íuubau.—Ei árbol (píese lla- 
ma cabo <lc Itálica en la parte oc- 
cidental de Cuba, en las otras 
provincias. 

Guabá, — Sospecha el Sr. Pi- 
chardo que es la arana peluda. 

Guabairo.- Ave de paso. (Véa- 
se caracatey.) 



Guabajc. — Pió. 

Guabasiabitó. — Hacienda. 

(i uabasiaba . — WiU'U'mhi y rio. 

Guabauo. — Árbol de carpin- 
tería. 

Quábatuaba.— Hacienda y rio. 
dé Puerto Guabinas, — Peces de agua 

dulce, [Phih/phus dormitator.) 
Hacienda, punta. 

Guabico. — Árbol sin explica- 
ción especial. 

Guabiro. — Ultimo mate que 
se pierde en el juego. 

Gnaca.- Lugar en que se es 
conde ó deposita algo. 

Guacabina. — La res de distin* 



368 



ta hacienda que se une á la do 
tacion extraña. 

Guacabibo. — Hacienda y rio. 

G uacabo. — Hacienda. 

Guacamayabo. — Antigua. 

Guacamayas. -Hacienda mon- 
te. 

Guacanayabo. — Hacienda. 

Guacaica. — El pájaro llamado 
arriero en la Habana, [tiauro- 
tkera Merlini.) 

Guaraeoa. — Esta planta ha 
obtenido cierta celebridad por- 
que los antiguos agrimensores 
la preferían j)ara usar su corte- 
za en la formación de los corde- 
les de medir: sedecia que era la 
menos susceptible de encojer ó 
estirarse en diferentes condicio- 
nes atmosféricas. Es mucho más 
blanca que la majagua. (JDap- 
tepsis guacacoa W. E.) 

Guacalote. — Es palabra que 
alguno cree mexicana: produce 
una semilla de dureza córnea de 
que vi formodos dijes en la Ex- 
posición de 187G en los Estados 
Unidos, extraídos de la Florida, 
así como los encarnados mates. 
Lo singular es que el guacalote 
se llama mate en las provincias, 
menos en la occidental de Cuba 
en donde se le llama guacalote. 
(Véase Guanana.) 

G Hacamari.-*- Árbol . ( Walle- 
nía Gliviflora). 

Guacamayo . — Ave preciosa 
género ara-, la más grande de su 
especie. [Macrocercus tricolor.] 

Guacanacúm. — Hacienda. 

Guaco. — Dos bejucos (muca- 
ma): es palabra del continente 
meridional. — Rio en Santo Do- 
mingo. 

Guáchara. — Pez pequeño. Di- 
ce el Sr. Pichardo que se signi- 
fica en estilo vulgar mentiroso. 

Guáchere. — Golpe en la oreja 
con los dedos. (Pichardo.) 



Guachinango. Se llamaba así 
á los mexicanos en el Departa- 
mento occidental: en el central 
parece que tuvo una sigíicacion 
más bélica , pues se habla 
bla de haberse armado los vete- 
ranos, guachinangos y volunta- 
rios en cierta ocasión en Villa- 
clara. (Véase la Historia de Vi- 
Hadara por el Sr. González.) — 
En las frases familiares siguí ü- 
ca apacible, zalamero: es muy 
guachinango. Según Diaz del 
Castillo, es voz indígena en Cu 
ba, que significa extranjero. 

Guagragiie. — Árbol. (Eugen \a 
Barnensis. Jaca.) 

Guagua. — Es i>alabra muy 
usual de la Habana, en donde 
el pueblo la aplica á varios ob • 
jetos. Vivir de guagua, que es 
vivir de balde; ir en guagua, 
que es ir en ómnibus-, le cayó la 
guagua, que es desgraciado al- 
guien, aludiendo al insecto que 
destruye los naranjos á que dio 
ese nombre su mucho número y 
pequenez. Es indudablemente 
de origen indio, pues en Vene- 
zuela, en donde se hablaba el 
caribe afin del cubano, se dice: 
"Leer de guasgua ó guasgua; 
vivir de guasgua son modismos 
venezolanos que equivalen á 
leer de prestado, vivir de pres- 
tado. 1 '' — (Rojas, pág. 99 de sus 
Estudios Indígenas.) Solo hay 
una s de más en la palabra. 

iyuaguasl. — Árbol que produ- 
ce una resina que es purgante. 
(Latia apétala.) — Hay una ha- 
cienda. 

Quag uí. --Planta indígena cul- 
tivada en las Bahamas, donde 
se llama yam ai que se exporta 
de Jamaica (Véase en la Sección 
Segunda Yam) para los Estados 
Unidos. La malanga amarilla 
se designa en Nassau por la pa- 



— 369 



labra edi que 86 escribe á la in- 
glesa adde. El señor Pichardo 
croe que las malangas do Cuba 
son el guagui y la yahutia y las 
otras han venido de África, 

G uaibacoa. — 1 laeienda, 

Guaicamar. — Hacienda mon- 
te. 

( i uáy carne. — Hacienda. 

G ua ¡jabón. — Monte. 

G uaiboso. — Quejumbroso. No 
se usa en la parte occidental de 
la Isla. 

Guainia. — En algunas partes 
el pájaro llamado mayito. 

Gua i ¡Íntico. — Kio. 

Guáimaro. — Pueblo y rio. 

( i ñaniaya. — Antiguo. 

G uainobo* — Hacienda, puerto 
y cayo. 

( } uaguibá. — I laeienda. 

Guaira. — Vela de un buque 
pequeño llamado G uairo. 

G ua i raje. — Planta (Eugenia 
axillaris) cuya madera blanca 
es durísima. 

G najaba. — Canal y cayo. 

(¡najábales. — llacienda. 

Guajabana. — Hacinda y mon- 
te. 

Guajabartci. — Hacienda y rio. 

( i uajacabo. — Hacienda. 

Guajai (Wajai, JJbajai son 
corrupciones de la dicha pala- 
bra.) — Pueblo, partido. 

( 1 uajaíbow — Hacienda. 

Gvajamon. — Color amarillo 
pálido, especialmente en los ca- 
ballos. 

Guajaca. — Planta parásita 
(pie se usa como la lana para 
lien a i* colchones. [ Tillandria us- 
neoitles \ 

G najará. — Es árbol (pie el 
señor l<Yrnandez cali tica do po- 
co conocido. 

Guaginal. — Hacienda. 

(1 najen. —La sustancia de que 
se forman las flores de humedad 



li hongos en las maderas podri- 
das, (pie so aplican á restañar 
la sangro de las heridas. 

Guajiro. — En Cuba hombre 
de campó, 

Guajarayabo ó Faju rayaba. — 
Hacienda. 
( i uajuruyabo.—llíivieuda. 
( 1 uajurey. — ] laeienda. 
Guama. — Árbol de que hay 
dos variedades. [Longoearpus 
tenax, L. Latí/ bita.)— Agrega el 
señor Fernandez el guarna bobo 
y llama á la majagua de Cuba 
guaina de soga (Longoearpus ce- 
rícea.) — Hay una hacienda y un 
rio que conservan ese nombre, 
que lo fué también de indios 
célebres. 

G uamaca.— Árbol do carpin- 
tería. 

Guamaearo. — llacienda. 
Guamao. — Es árbol enya ma- 
dera es resistente á la humedad. 
(Longocarpus V.) 

G uantacao.— Hacienda y rio. 
G uamaja les. — II acienda. 
Guamica. — Paloma [Pctissu- 
ra GaroUnensis.] 

Guamo.— Caracol marino que 
sirve de trompa. 

Guana. — Así so llama la da- 
guiya en la parte oriental. El 
señor Sauvalle la coloca en su 
obra, con la clasificación de una 
Thimelcecease . ( Linodendrou 
Lageta, Gris.) Este árbol naco 
expontáneamento oon especiali- 
dad en las antiguas provincias 
del centro y de oriento. Su cor 
toza se exportó en 1868 para 
Bremen y llamburgo donde lle- 
gó á obtener, como sustancia 
textil, de 30 á 10 pesos por i<¡ 
kilogramos. ( Fl Ingenio, $. L48, 
núm. 12, Habana 1878.)— Kl Si. 
V., autor del articulo, dice que 
aun la corteza que se excluye 

puede suplir al cáñamo v heni 



— 3^ 

quéli para cnerdas y tejidos 
groseros. Se separan tres cla- 
ses délas capas interiores. para 
tejidos linos. [Véase la Sección 

¡Segunda.) 

Vxuamutas. — Hacienda y pue- 
blo. 

Guanabá. — Ave muy chillona 
especialmente en los crepúscu- 
los de la tarde: zancudo (Nicti- 
corax). Hay dos variedades, la 
violácea y la vulgar. 

Guanabacoa. — Hacienda de 
naturales y pueblo. 

(Guanábana. — Una de las fru- 
tas más conocidas en Cuba: tie- 
nen lama de ser más dulces, 
aunque no tan grandes las de 
rto. Kico. (Almona muricata.) 
— También hay un pueblo con 
este nombre. 

Guanábano. — Hacienda. 

Guanábano. — Hacienda. 

Guabanito. — Haciei i da. 

G uanabü¿- Hacienda, pueblo 
y puerto.— ÍEn Santo Domingo 
un aisla. 

Guanacaje. — Hacienda, rio. 

Guandii ó Gandú. — Arbusto 
cuya simiente se usa como los 
chícharos. (Cytisus cajan.J 

Guamabar, — Hacienda. 

Guanaj a.t— Hacici ida, pueblo, 
puerto. 

Guanajacaibes.—r Antiguo. 

Guanacajai. — Hacienda, rio, 
pueblo. 

Guanajayabo. — Hacienda y la- 
guna. 

Guanqjibc, — Hacienda. 

Guanajo. — Una ave domesti- 
ca que se llamó gallo turco en 
Europa y conserva en inglés el 
nombre de turquey. Vulgarmen- 
te se dice guanajo al hombre 
simple. 

Guanamaguilla. — Hacienda. 

Guanamon.— Hacienda, lago, 
puerto. 



— 

(i uanantt. — Ave acuática. [A.n- 
ser hiperboreus.] Dice el señor 
Picliardo que es también el 
nombre, indígena del guacalotc. 
Hay una hacienda asi llamada, 
y pueblo. 

Giíahaní. — Planta de que no 
trae mas clasificación el señor 
Fernandez. 

( 1 uananicú. — Hacienda. . 

( 1 u'anara. — La paloma rabiclie 
conserva ese nombre en el De- 
partamento oriental y que creo 
significa el retiro, la retirada: 
gua, el, y nara, retiro, escondri- 
jo, lugar oculto. La gente preo- 
cupada del vulgo tiene por mal 
agüero la existencia de una 
avecilla como esa en las casas y 
quién sabe si tiene relación con 
el nombre indio. 

< I uanaroca. — Laguna . 

( luanayara. — Rio, monte. 

Guanayú. — Hacienda y rio. 

Guandül. — Mas generalmente 
gandú en la parte occidental; en 
las demás conserva el nombre 
primero, una planta. 

Gúandambil. — Laguna. 

Guane. — Hacienda, pueblo, 
rio, puerto. 

Guanci. — Pueblo. 

Guaní. — liio. El sunsún de 
Occidente que en otras provin- 
cias se llama sumbete: es el coli- 
brí, (TroeJtilos) de que hay va- 
riedades. 

Guaninaguas. — Hacienda. 

GuaniguL — Planta que dice 
el Sr. Fernandez se usa en l.i 
formación de arcos de barril. 
Lo llama bejuco. [Rivina octan- 
dra. Ex Ossa.] Es el bejuco de 
canasta. 

Guaniquiquí. — Una amaran 1 a. 
(Chamisoa altíssima 11. B, K ) 

Guanica. — Paloma rabtehe en 
algunas partes. 

G a nig uanico . — H ac i e 1 1 d a . 



— 371 — 



Guanunar.- 
Quanillas,- 



-llacienda. 

Hacienda. 



Guanima. — Hacienda, puerto 



-Yerba lie Monda. 
•.Monte que acá 



y cayo. 

Guanina. 
{Castia.) 

Guaniguinal. 
so tenga origen de haber sido 
lugar en que se encontraban 
muchos guaniquijes, cuyo nom- 
bro y raza han desaparecido 
ahora. 

Guaní nicú. — Hacienda y rio. 

Guano. — Una palma. (Cha- 
mercppsJ) — Las frondes ó pencas 
de la palma con que se cubren 
las casas del campo. 

Guanimqr. — Hacienda. 

Guanos. — Puerto. 
• Guantánamo. — Hacienda, rio 
y puerto. 

Guao. — Árbol cuyo jugo y 
sombra suelen ser dañosas á los 
hombres, El bello color de sus 
hojas rizadas en los extremos 
de los limbos, su roja madera y 
el azulado tinte de su corteza 
forman un todo que aléjala idea 
del peligro: es una reproducción 
del hipócrita. \ Gommocladia 
d entufa.] El señor Fernandez 
cita el guao de costa. Además 
hay un bejuco. (Eupatorium.) 
Fué árbol que conoció Oviedo y 
conserva el nombre. En Ama- 
tlan se encuentra un árbol con 
las cualidades que el guao ó 
manzanilla, en cuanto á los que 
se duermen á su sombra ó están 
al alcance de su leche: se llama 
yagualachí, según las crónicas, 
y se cita en la pág. 211, t. IX, 
de los Documentos inéditos del 
Archivo de ludias. 

(/naos (Los). — I [acienda. 

Guara, — Árbol común que 

crece rápidamente en las rozas 

de los montes y hace mucha 

brusca, de quien dice el scfior 



I Fernandez que son variedades 
todas las -'eupanias de la misma 
familia de la sapindáceas." — 
[Cupania glabra.] — Hay barrio 
y pueblo con esa denominación. 
( í uaraguarí. — Hacienda. 
( x ua raba, guara iba. — Es el 
Caprimulgus ó querequete, se- 
gún D. Andrés Poey. 

Guara guoa. — Se llama así en 
Puerto-Rico al árbol que en la 
Habana se denomina cabo de 
h a ch a (Guaren-trichiloidcs.J — 
También se llama así en Santo 
Domingo á una ave de rapiña y 
en nuestra parte oriental: en 
otras gavilán. (Buteo.) 

Guaraná. — Planta silvestre . 
[llibiscits guaraná.'] 

Guaracabuya. — Planta utili- 
zarle en su madera. (Poinciana, 
pulcherrima.) — Hay un cabo ó 
punta de ese nombre. 
Guar aguar t. — Punta. 
Guaraguao. — Lo mismo que 
carragua, ave. Un barrio. 
Guarajal. — Laguna. 
Guaramanao. — Haciend a. 
( x uar ano. — Rio .—Árbol cuy a s 
hojas se aplican en la parte 
oriental como papel de lija. 
Guarcas, — Hacienda y rio. 
Guar eirá. — Hacienda y rio. 
Guarimínicu. — En Cuba per- 
sona humilde que vive por las 
orillas ó arrabales. 

Guarico. — Especie de gavi- 
lán. (Aramus Guar auna). 
G uaco. — Rio y pueblo. 
Guasa. — Pez en Cuba y las 
Bahamas donde se llama Few 
Fish ó pez judio, (pie posa cen- 
tenares de libras. (Promcrops 
Guasa.) — Arbolen Puerto Pico- 
Rio en Santo Domingo. 
Guas<(s (Las). — Kio. 
( \ uasdbara , — Que s¡gniiic;i 
guerra; se conserva aplicado (\ 
un árbol de Puerto RjcQ, 



372 



( 1 uasabacoa. — Puerto. 

( i Masábalo . — Rana pequeña» 
muy chillona. (Pichardo.) 

(i uusamacú. — La guna. 

Guasasa. — Nombre de una 
mosca muy pequeña, 

G uasasas — Hacienda, puerto. 

Guásima, — Es un árbol «pie 
se denomina así en la provincia 
occidental y en otras guásuma. 
Hay variedades: la guásima co- 
mún Guásuma tomentosa} la guá 
sima brava y hasta cinco más. 

Guásimas. — Hacienda pueblo 
y puerto. 

Gua simal ó Guasumal.— Lu- 
gar de muchas guásimas,. — Ha- 
cienda, puerto. 

Gasumilla. — Hacienda. 

Guata. — En Bayamo se usa 
esta palabra familiarmente en 
lugar de mentira. 

Guata. — Hacienda. 

Guataca. — Según el señor Pi 
chardo, la oreja grande y tosca 
y es así como se usa familiar- 
mente; pero ha aceptado ese 
nombre la industria agrícola 
aplicándola á un instrumento 
para el cultivo. Se ha formado 
el verbo guataquear, con ella. 

Guatao. — Pueblo. 

Guatapaná ó dibidibí. — Árbol 
cuya resina se cree venenosa y 
cuyas semillas se aplican á tin- 
tes. — Nombre de un rio en Sto. 
Domingo. 

Guatini.— Tocororo, según D. 
Desiderio Herrara, 

Guauro. — Bejuco empleado 
en remedios caseros. 

Guaya. — Monte. 

Guayaba. — Se conserva en la, 
misma acepción que la usaban 
los indios: árbol frutal y fruto. 
Hay muchas variedades espe- 
cialmente en los colores de Jo 
interior del ñuto. [Psidmm |>¿- 
rifervm, P. pomiferum.] 



Guayabal. — Campo con mu- 
chas guayabas. — Hacienda y 
pueblo. 

Guayabo.- Por concordancia 
española de la palabra árbol, se 
llama así al que produce las 
guayabas. — Hay una laguna 
del mismo nombre. 

Guayabos. — Rio y lago. 

Guayabacan. — Árbol de Puer- 
to Rico. 

Guayabito. — Animal roedor. 
(Mus masculus.) 

Guayacan. — Lo mismo que en 
la época primitiva: aún se ha- 
cen vasijas para agua en reco- 
mendación de sus virtudes y se 
aplica á utensilios domésticos 
(pilones). Es empleado en la 
carpintería para obras perma- 
nentes. (Guayacum ofñicinalcs). 
Hay además un guayacan blan- 
co y un guayaconcillo que no 
tienen la reputación que el prie 
to. — Hay una hacienda con es- 
te nombre. 

G?í«;7k?0>i.— Pececillo de agua 
dulce que se llama guajacon en 
la parte occidental. 

G uay acanabo. --TJ na hacienda. 

Guay acamar. — Hacienda. 

Guáy carne. — Hacienda. 

Guayarimis. — Hacienda. 

Guayito. — Fruta rosada en 
racimos, que buscan los paja- 
ros. Nombre usual en Bayamo, 

Guayo. — Se aplica al mismo 
objeto con que lo usaron los in- 
dios; pero en la parte occiden- 
tal se llama rayo y ha variado 
de forma y sustancia, pues se 
hacen de hoja de lata; los ver- 
daderos guayos son de madera 
y pedrezuelas capaces de rayar 
la yuca. Una planta lleva el 
mismo nombre. (Cretia bourrie- 
ra.) 

Gueyba. — Hacienda. 

Guey sabana. ^Aliic'mnhii rio. 



Giiiqui. — Árbol. 

Güije.— KÍ(>. 

Güín, — El pedúnculo de ja 
florescencia de la caña llamada 
de Castilla, cuando está seco. 
Su color amarilloso y tintes lia 
dado á la lengua vulgar el co- 
lor agüinado, especialmente tra- 
tándose de caballos. 

Güines. — Hacienda, pueblo y 
rio. 

Güinía, — Hacienda y punta. 
G ni mira. — Hacienda, 
Giiiníao, — Hacienda. 
Güira.— Lo mismo que higue- 



ra o hibaera en su origen. Hoy 

se conoce con el nombre de güi- 
ra varias plantas: más ó menos 
grandes sus frutos, por lo regu 
lar se llaman vulgar y simple- 
mente güira á la mayor, y ci- 
marrona á la pequeña. {Oblon 
(ja cresecntia cucarbitina] eres- 
cent ¡a cujete.) 

( 1 üirabo. — Hacienda. 

Güiro, — Hacienda, rio puerto 

Guisas o. — Yerba de fruto es- 
pinoso [Triumfeta] que no sé si 
es indígena en su momencla- 
tura. 

Gunagua. — jLunte. 



II. 



Habana. — Conocido puerto, 
provincia y nombre de la capi- 
tal de Cuba. 

Hacienda. — Esta palabra, ha. 
sido aceptada como expresión 
de medida superíicial: es el 
nombre genérico que he adop- 
tado, siguiendo al Sr. Pickardo 
para determinar las que incluye 
esta lista. Los específicos son 
hatos y corrales que soliau lla- 
marse sabanas y sitios, (Véase 
Sabana.) 

Haignan. — Hacienda. 

Hale]!. — Árbol, cuya corteza 
es antiescorbútica. 

llanábana.— Hacienda, rio y 
pueblo. 

Eanabanilla. — Ilio. 

Hatibonico, flatibonieo, — Va 
rios rios. 

Rayabacana, — Espinoso vege- 



tal que se aplica á usos veteri- 
narios. (Pera oppositifollia.) 

Hayajabito, — Planta, cuyos 
usos desconozco. 

Huyuyo, — Ave de los A na li- 
des. (Aixphinia.) 

Hicacos. — Península, punta y 
hacienda. 

Hicotea, Icotea, Jicotca.—Xvd- 
se icotca en la anterior Sección. 

Higuana. — Punta. (Véase 
Iguana*) 

11 ig u ey. — ( Vé ase Jig ucy.) 

Hobo. — El jobo, cuya forma 
predominaba en la escritura. 

Hocuma. — Lo mismo (pie jo- 
cuma. 

Iliuntcú. — Hacienda. 

Hutía. — En el mismo sentido 
<pie la usaron los naturales, en 
toda la Isla. 



Icaco. — Árbol (pie produce el 
(rulo de su nombre, usado en 
¡las confiterías y dulcerías. [6V¿- 
jsobálanus ícclco.) Lo hay rojo 
amarillento y negro. El negro 
peludo do Quba, dice el señor 



Fernandez, (pie lo come el cer- 
do. El negro semejante al rojo 
lo lie visto en abundancia en 
Providencia cercado Nassau. 

Z<7wamc.-*-Alvarez Cabra! di- 
ce del ignarae del Brasil que es 



374 



raíz, el pan que se come. Ií*i- 
musio. t. I, pág. líil. Vespucio 
en su primera carta liace la mis- 
ma descripción. (Véase Haca.) 
líe visto en Nueva York llamar 
y ames de California ó Jamaica á 
Malangas blancas. Vespucio es- 
cribe otras veces iname: llama 
canibí al casabe y le agrega alas 
á la iguana: fué mal observador. 

íguanio. — Pió dominicano. 

Iguana. — La pronunciación 
lia acabado por fijar esta forma 
que algunos al escribir han al- 
ternado (on la histórica 7¿, pero 
se debió escribir así porque de- 
bió aspirarse al ver que los cro- 



nistas la llaman higuana, y al' 
gimo jiguana. Hay cinco espe- 
cies de higuanas. La mayor 
alcanza próximamente 5 pies 
(Ciclura casinataj. A ellas per- 
tenece el caguayo y el bayoyo. 

Iguanabo- — Hacienda. 

Iguanojo. — Rio. punta. 

Ignara, — Haciend a. 

/ 7 as. — Hacienda. 

Ing uñosos. — Hacienda. 

Itabo. — En el mismo concep- 
to que los naturales el agua es 
tancada y limpia, á diferencia 
de babincy, que es turbia- Hay 
hacienda y rio que así se llama. 



Jaba. — Ha predominado en la 
pronunciación la aspiración de 
la h de haba, ^>ero sin variar de 
significación. 

Jabaco. — Hacienda. 
Jobillo, Jucan. — Hacienda. 

Jabí— El quiebrahacha. 

Jobillo*— Es un diminutivo á 
ha española, si se escribe .como 
lo hace el Sr. Fernandez: pavo 
se pronuncia jabiyo, que acaso 
sea el verdadero nombre: se 
aplica á dos árboles, el jabiyo 
prieto y el blanco {llura crepis- 
tans): dice el Sr. Fernandez que 
el aserrín de estas plantas irri- 
ta la nariz al que lo sorbe, de 
un modo particular. 

Jabuco. — Es una especie di; 
jaba, hecha con bejucos de ca- 
nastos, y no de palma como la 
jaba: tiene más profundidad que 
la jaba, y es más estrecho por 
la boca; cuando no se destina- 
ba para conducir huevos, como 
angarillas, que entonces era la 
media carga de una bestia. 

Jacan. — Puerto y "monte. 

Jacana.— Árbol de Pto. Rico, I 



notable por su frondosidad y el 
tamaño de sus hojas, que sue- 
len medir pié y medio de largo. 

Jaco.— Tortuga, en Pto. Prín- 
cipe: dicen algunos que es el 
macho. 

Jagna.-^-YA mismo frutal que 
prefería á la dulcísima breva 
entre las frutas el virtuoso Las 
Casas. (Gcnipa Americana.) En 
la Costa hay otro árbol que lle- 
va el nombre. (Gardenia.) -Mag- 
uí dea bahía y puerto al Sur, 
también elogiado por el mismo 
obispo cronista-hacienda y pue- 
blo. 

Jaguajay, — Puerto. 

Jaguay. — Arbusto, cuya ma- 
dera se usa en ebanisterías ó 
carpinterías de muebles, según 
el señor Fernandez. 

Jaguajaguita. — Madre blanca 
con pintas negras, (¿si será 
la espuela de caballero, en la 
parte occidental? 

Jagüey. — Está descrita en la 
Sección Segunda: se llama ma- 
tapalo en Puerto Pico, aludien- 
do á que nace parásita sobre el 



375 — 



árbol que luego aboga. Hay ha- 
cienda v laguna de su nombre. 
\ ftriedadea más conocidas 
son él jagüey hembra (Ficua hi- 
dica) el macho (Ficus radnla.) 
as dimidiata, en Presas.] 

Jagüel/. — Mosquito zancudo 
blanco y negro. (Bayamo.) 

<J<((juirito. — Hacienda. 

Jagüeyes — Hacienda. 

Jagüica. — Hacienda. 

Jaiba. — Crustáceo de que se 
habló ya por los cronistas: Véa- 
se la Sección Segunda.) Tuerto 

Jáibo, — Hacienda y rio. 

Jaiguan. — Hacienda. 

daimanita. — Rio, pueblo y 
puerto. 

« la imayabo. — I i acienda. 

Jaimiquí. — Algunos pronun- 
cian así este nombre de árbol: 
Almiquíj lo que indica que se 
escribirla con h 6 con j. (Achras 
jaimiqui, Ossa.) 

Jamaica, (La Isla de). — En 
Cuba una hacienda. — Caserío. 

Jamao. — Jicotea (E?nys Jamao) 
cuya descripción puede verse 
en la página 120 á 128 del Re- 
pertorio del Sr. Poey (IX Felipe.) 

Janasí. — Árbol, que dice el 
Sr. Fernandez se asa como el 
cedro. 

Jaiael. — Significa lo que se 
explica en la sección segunda, 
perO el nombre se conserva en 
un bejuco que sirve para atar 
los maderos en las cercas: su 
fruto sirve para tinta. 

Jara.— Árbol abundante cu 
üienfuegos y Camarones. 

Jarahiiina. — | Véase Jarabaea- 
ña.) 

Jaragua. — Hacienda. Árbol 
común en Baracoa. (Phialcan- 
ihus.) 

Jaretgüíca. — Hacienda. 

Jarico, — El macho de l,i jico- 
tea p.h la parte orienta!, según 



allí so cree, pero es, como se ha 
advertido una variedad: [Emis 
Engata.] 

Jaruco. — Hacienda, rio, punta, 
puerto. Se conoció desde los 
primeros tiempos. (Véase la 
segunda sección.) 

Jala, — Nombre de una -palma; 
también de un árbol, según el 
señor Fernandez. La palma.es- 
tá clasificada. (Chameros Jata.) 
Jaüa. — Árbol á quién da cele- 
bridad la belleza de los basto 
nes qne so labran de su madera. 
Hay hacienda y puerto de su 
nombre. 

JatiaL— Hacienda. 
Jatibonico.—llio, monte. Árbol 
cuya madera color castaño be 
toado se aplica á bastones. 

Jayabacoa m — Árbol de buena 
madera y poco tamaño. 

Jayabacaná,—\i\ .árbol que lle- 
va este nombre con el adita- 
mento de amarillo, es según se 
explica Jarabaína en Cuba. 

Jayajabico.—V\'M\U\. ( { V abri- 
ría red ¿nata.) 
Jayao,-— E.s un pez. 
Jayun.— Junco en terrenos ce- 
nagosos. 

Jején. — Mosquitos de los mas 
numerosos en las playas y de 
los mas molestos: casi invisible 
y de esa pequenez aludirá el 
proverbio aplicado al hombre 
sabichoso: "sabe hasta donde el 
jején pone el huevio " 

Jequí ójiqui. — Árbol, (Véase 
Jigui.) 

Jequia. — Arbusto silvestre, 
cuyas flores amarillas come el 
sinsonte. 

Jequüete ó Jiquilcíc. - Algodón 
cimarrón. 

Jequüiry. — (Peonía). Bejuco 
de uso en la terapéutica, legre- 
minosa. (Abras precatorius.) 
./m, — Arbusto de quien se su- 



ponía la fábula que nacía de las 
abispas: la hay brava y blanca, 
por ser más espinosa la prime- 
ra, (Cassía ramiflora y C. alba). 
Es nombre de una hacienda. 

Jíabaco. — Hacienda, tío. 

Jibá. — Planta, que ofrece sus 
frutos á los pájaros. (Erythroxi- 
lum brebipes, Ex Ossa.) 

Jibara. — Hacienda, pueblo, 
puerto, laguna. 

Jibacoa, — Hacienda, pueblo, 
puerto, rio. 

Jibaro, Gíbaro. — Los animales 
que de domésticos se hacen sel- 
váticos como los cerdos, perros, 
etc. En Puerto Rico se aplica á 
los hombres de campo, como en 
Cuba se les dice guajiros. 

Jibara. — Hacienda. 

Jibe, — Un cedazo que se for- 
ma de palma, aunque se hace 
extensivos á los demás: es el 
hibc de los indios. Hay hacien- 
da do ese nombre. 

Jicama. — La planta llamada 
también jiquima. {Phaseolus tu- 
berosus.) El volador vulgar. — 
Loma en Madruga. 

Jicaras.— Es palabra mexica- 
na. Hay una hacienda. 

Jicare. — El Sr. Fernandez da 
ese nombre á un árbol de que 
vio muchos por Sagua la 
Grande. 

Jicotea. — El quelonio que se 
cita en la sección segunda. 
(Emis de ensata.) Hay una ha- 
cienda. 

Jigua. — Nombre de una plan- 
ta cuya madera se usa en mue- 
blajes. 

Jiguagua. — Otros dicen ¡Sigua* 
guai pez común. 

Ji guaní. — Hacienda, rio, pue- 
blo. 

Jigüe. — Se conserva lá memo- 
ria de esos seres misteriosos de 
las aguas que se presentan en 



ÍG — 

| la forma de indios pequeños, 
con el pelo crecido, que mata- 
ban con mirar á los pasajeros. 
Frecuentaban el charco ó lagu- 
na de María Luisa en Bayamo. 
Hoy conservan este nombro 
un árbol y una hacienda y mon- 
te. Escribí una leyenda con el 
objeto de conservar la tradición. 

Jigüy. — Mosquito parecido al 
jején. Una hacienda, rio, puerto. 

Jigitcra. — Lo mismo que güi- 
ra, en la parte occidental. 

Jejira, — Punta. Especie de 
tuna ó cacto que da el nombre 
á aquella. 

Jimagua. — Se da este nombre 
á los gemelos. Es el de una ha- 
cienda y puerto. 

Jimaguayá. — Hacienda. 

Jimaguayabo. — Hacienda y 
puerto. 

Jiminú — Hacienda. 

Jiqui. — Desígnase con este 
nombre á algunas pl antas. Ji- 
qui de ley, común, hediondo. 
(Bumelia nigra.) 

Jiguabo. — Hacienda, rio y 
puerto. 

Jiguana. — Véase Jurel. 

Jiquibú. — Hacienda, monte. 

Jiquima!. — Hacienda. 

Jobo. — Es voz india que se ha 
aceptado por los españoles des- 
de el principio. No así los ing e- 
ses que lo llaman en las Baha- 
mas ciruela de cocltínos (Hog 
plum) y á la ciruela que llama- 
mos campechana^ no sé porqué, 
ciruela de cochino esjuiñola (iSpa- 
nish hog plum.) Hay variedades. 
(Spondias graveolus, 8, luctea, 
S. mirabolanus.)—Ilíiy hacienda 
y monte del Jobo. 

Joa. — Puerto. 

Jobaba. — Hacienda, puerto. 

Jobero. —Color mezclado de 
blanco y negro. 

Jobito. — Hacienda. 



Jobo ni — Hacienda. 
Joca. — Hacienda. 

Jocú.— Pez que se reputa pro- 
penso á la Biguatera, 

Joc nina.— Son tres los árboles 
que llevan esta momcnclatura: 
el prieto, el blanco y el amari- 
llo. — (Sideroxilón mastichoden- 
<lmm. S.palidum. 8, salta [folia, 
finí mela 8a 1 ic tfo lia .) 

Jojó¿ — Hacienda, rio v puer- 
to. 

Juabum. — Árbol poco aprove- 
chado. 

J libaban. — Árbol cuyo fruto 
es semejante ai palmito [Baya- 
ino], — Se usa en los utensilios y 
y los instrumentos para carpin- 
tería. (Triehília spondioides.) 

Jubanicú. — Rio. 

J uca. — Hacienda. 

Jucaibama.— Hacienda. 

Jncaral— -Hacienda. 

Jácaro. — Árbol muy resisten- 
te ¿i la humedad y empleado en 
pilotaje por ser prop o para es- 
tacas: lo hay prieto ó bravo, 



común y de mastelero. El prie- 
to es el más resistente y dura- 
ble. (Bucida Intcero. B. capiíata) 
Se cuentu una hacienda, rio y 
puerto con esa denominación. 
Por pasar por la hacienda un 
camino de hierro se le dá el 
mismo nombre. 

Jtimagua. - Hacienda. 

Jumarú. — Rio. 

Jíirel-'Pez de la familia do la 
' jiguana, cojima y sibí. 

Jurubaira. — Árbol de cons 
truccion y sirve su fruto para 
I alimento de cerdos. 

Juraguá. — Hacienda . 

Jurumú. — Hacienda. 

Jururú. — Hacienda. 

Jutla. — Se conserva la pro- 
nunciación y el nombre por // u- 
ña. (Yéase la sección segunda.) 
Hay un cayo Jutía. 

Sutininí. — Hacienda. 

Jutiuisi. — Hacienda y monte. 

JutinL — Hacienda, rio y puer- 
to. 

Jum, — Árbol de Puerto Rico. 



L, 



habanco.— -De la familia de 
los anátides, ave inmigrante 
( Ma reca americana) . 

Lacunagua. — Hacienda. 

Libisa ó Lebisa. — Pez cay a 
piel seca y áspera sirve para pu- 
lir. Del pez ha tomado el nom- 
bre de papel de lebisa el pre- 
parado que se usa en la carpin- 
tería. — El árbol lebisa es llama- 
do laurel blanco en Cuba, es 
muy apreciado en el empleo de 



I instrumentos de labranza y tiro 
en el campo. (AerodÁquidiumja- 
maicense.) 

Luyanó.-~\l\o y pueblo, boy 
barriada déla Habana.— Este 
nombre ha sido convertido en 
Ligado por los extranjeros/ en 
sus tratados de geografía, que 
luego han copiado algunos es 

i pañoles. De ese rio se surtió de 
aguas la villa antea de que la 
ciudad trajese las de Alinenda 
res ó OasiffUagnas. 



IVI. 



Mabaí. — Hacienda y rio. 
Mabú— En Puerto Rico Be 
llama así una planta: bijaragua 



en Cuba. — (Oólubrina reclínala.) 

Maboa. — Árbol de que so e\ 

trae la leche por su color y apa 



— 378 — 



riencia de que Iiacen la liga los 
cazadores, llamada de pájaros: 
en la parte occidental se usa la 
leche del jagüey. — Etimológica- 
mente significa gran casa—ma, 
grande; boa, habitación. Estos 
árboles se distinguen por su 
localizacion: de sábana y de 
monte (Carnerario, latifolia. Ca- 
rnerario augustifolio.) Los cam- 
pesinos á la liga llaman liria. — 
Hay hacienda de Maboa. 

Mabujabo.— Hacienda. 

Mabujina. — Hacienda. 

Mabuya. — Una lagartija bien 
fea: se llamó así al diablo. — 
Hoy hacienda. 

Maca.— Hacienda y rio. 

Macabí.— Se designa así un 
pez muy espinoso que prefieren 
los negros de las Bahamas para 
sus guisos. Los descontentos de 
Puerto Kico dieron á uno de 
sus jefes españoles el nombre 
de Oran Macabí. 

Macaca.— Hacienda, rio. 

Macagua. — Llevan dos árbo- 
les esta denominación: oscuro y 
amarillo. ( Pseudolmedia spurea. 
Gris. Pseudolmedia.) 

Macagua. — Hacienda. 

Macaguato. — Hacienda. 

Macaguainea . — An ti guo. 

Macambo. Hacienda, rio y 
puerto. 

Macota. Hacienda. 

Macao. El pez soldado, que 
se introduce en las conchas va- 
cías. 

Maco. Hacienda, puerto.— 
Es también nombre de árbol. 
(Ardíria micliranta.) Caracol 
que usan las mujeres para sus 
costuras, como planchas. 

Macurije. Es nombre ahora 
de un árbol cuyas hojas y frutos 
apetecen los ganados. [Ratania 
Apetale. Gris. Cupania opossiti- 
folia.] 



Macurijes. Hacienda. 
Macusey. Bejuco ó parásita 
que por lo regular vejeta en las 
palmas. (Fernandez.) 
Macattbo. Hacienda. 
Macuto. ( Véase Matute.) . 
Maganujos. Dice el Sr. Pi- 
chardo que es nombre de un 
árbol poco conocido. 
Magantiya. Hacienda. 
Magarabomba ó Mayar abom- 
ba. Hacienda. 

Mogón. Antiguo y fantás- 
tico. 

Magua. Es palabra usual en 
sentido de desconsuelo, disgus- 
¡ to por una esperanza burlada, 
Í por ejemplo. Hay puerto con el 
nombre de Magua. 
Maguabo. Hacienda. 
Maguacan. Árbol de quien 
no se dice nada notable. 
Maguaiun. Antiguo. 
Maguarayo,. Rio. 
Maguey. Lo mismo que su 
origen. (Véase la sección se- 
i gunda.) 

Magueyes. Hacienda. 
Magiiiyar. — Hacienda y cié- 
| naga.— Á pesar de pronunciarse 
' así, se escribe magüillar. 

Magilira. — Etimológicamente 
¡ significaría gran güira', pero por 
una de esas ironías de las len- 
guas que hace rabón al que no 
tiene rabo, se aplica á la mas 
pequeña de las güiras. ( Crescen- 
\ tía cucurbitina.J — Según dice el 
I Sr. Fernandez, es la que más 
i virtu es antiespasmódicas tiene 
I y lo cree así el vulgo. 

Maitío. — Hacienda y rio. 
Mais. — El grano y planta que 
lleva ese nombre en el mundo. 
Una hacienda. — Pedro Mártir 
escribe en sus Décadas con s y 
con z esta palabra; y en el índi- 
| ce pone: mais, radix; maizium, 



379 



frumenti f/entts, maizins, panes. 
Lo primero es visible error. 
Maisi. — Hacienda, rio, punta. 

Malyl.— Antiguo. 
Majá. — Culebras de las Anti- 
llas mayores (boa); la variedad 
de menos corpulencia se llama 
jubo. La primera (cpigrcte angu- 
Ufer) suele pasar de siete varas; 
elnt&o, cuatro pies ó menos (dro- 
míen» anguliffer): hay de estos 
cinco especies. El catibo (tropi- 
domotus cubcnsis) es anñbio y 
hay otra especie. 

Majagua , Dem ajagu a. — Son 
varias las plantas que llevan la 
denominación de mayagua y ma 
ja guilla, — Pero la que ántess se 
deeia demajagua ó majagua: se 
conserva con ambos nombres. La 
que vulgarmente se llama macho 
produce la materia pitra corde- 
lejía; la hembra que solo pnede 
utilizarse de las ramas ó vásta- 
los es menos útil. — (Hibiscm ti- 
liaceus. H. clatus. Belotia graefo- 
lia) — Hay hacienda y rio de Ma- 
jagua. 

Majaja. — An tiguo. 

Majano. — Hay hacienda y 
puerto. 

Ma jay ora. — Eio. 

Majibacoa. — Hacienda y rio. 

Majuau. — Hacienda. 

Malanga. — No es cubana: lo 
que ahora se llama así, la ama- 
rilla, es la yautia. 

Maniacas* — Hacienda. 

M a naja . — Hacienda. 

Manjúa. — Pequeñísimas sar- 
dinas muy usuales en las mesas 
criollas. — El señor Pichardo di- 
ce que crece hasta mayor tama- 
ño, y que algunos creen que es 
el mismo manjuarí. — Me parece 
á mi crcncia vulgar csfn. 

Majuanayagua. — Hacienda. 

Mamey. — Bl mismo frutal co- 
nocido desde el principio de la 



colonización: aunque diversos, 
hay un nombre sólo para deno- 
minarlos. El amarillo que es el 
que apreciaban los indios (Mo- 
mea americana) y el colorado 
(Liécuma mammosa.) 

Mamey. — Hacienda. 

Mamoa.— Árbol que produce 
muy útil madera. 

Manabunba. — Un rio zanja. 

Manaca. — Hacienda. 

Managua. — Hacienda, rio, 
pueblo. — Las tetas de Mana- 
gua, de celebridad náutica. 

Managuaco. — Hacienda. — El 
animal que tiene manchas blan - 
cas, y el pió. 

Managuana. — Hacienda.— Co- 
marca en Haití. 

Managüiscs ó Banayüiscs, — 
Hacienda. 

Managüita. — Hacienda. 

Manaja. — Hacienda. 

Manajú — Es un árbol más co- 
nocido por su resina. (Rheedia 
cristata.) Cris.)— Se aplicaba á 
las angarillas ó grandes jubucos 
paaa cargar casabe y se hace 
estensivo á otras cargas. 

Manajai ó Manayuai. — Ha- 
cienda, laguna. 

Manatí.— El mismo cetáceo 
herbiboro que conocían los indios 
con ese nombre. — Su piel ó tue- 
ro curtido de que se hacen bas- 
tones, mangos un inolvidable 
instrumento de humillación , 
y otros objetos. (Manattus au*- 
tralís.) — Es nombre de rio. 

Manantuabo. — Hacienda. 

Mangle. — Se ha dado eso nom- 
bre á las plantas que llevaban 
esa designación por los indios: 
hoy es mayor el número de va 
riedades, pues se buscan con sus 
hojas como curtientes. Hay man 
gle amarillo, blanco, negros, co- 
lorado y de uña. (Ganocarpua 
rucémoste Avicenia* nítida: A. ni 



— 380 



I ida, Go no tarpus erecta; Rizoplto- 
na) Rizopho na mangle.) — Hay un 
lagar con ese nombre: Pauta 
Mangle» 

M antear agua.— J l .adeuda . 

Manicanao. —Antiguo. 

M animaní. — Rio, canal. 

Manigua 8. 7— l¡o misino que te- 
rreno breñoso ó breñas.-— Ha- 
cienda. 

Maninje. — He llama de esta 
juanera un árbol (Cupania oposi- 
tifolia.) — Abunda en Guanabo. 
Comen los attima es sus hojas y 
frutos. 

. Manjuaríes. — Es un pez de 
que lia hecho especiales estu- 
dios nuestro Toe}'. — Hacienda 

y rio. 

Mao. — Hacienda. 
Maralí. — Hacienda, rio, puer- 
to. 

Maraguan. — Hacienda. 

María. — Árbol de Puerto Éi- 
co. — Es el ocuje de Cuba. 

Marien. — Hacienda, rio, pue- 
blo y puerto; generalmente Ma- 
riel. 

Maza, — Resina que se saca de 
un árbol que así se desigua. — 
Lo escribe eos z el .Sr. Fernau- 
dez. Conocida en la parte Orien- 
tal. 

Masatí. — Rio -que es atiente 
del de Jiaraeo. 

Masgiiiro. — La escia-viosa, en 
Oriente de Cuba. 

Masío.— Plantas de las lagu- 
nas, que la suele cegar. Espada- 
ña. Hacienda, laguna, y puer- 
to. (Tipha LatifoHa L.) 



Mata.— Hacienda, 



rio. 



Matabanó. — A hora Botábame; 

Malagua. — Hacienda, y rio. 

Matagnar. — Rio. 

'Mate— (Véase Cayajabo.) Ade- 
más, es nombre de' un árbol. 
(Tobinia tertiata. De*,) 



Matuango. — E l a gai ta caí ina n , 
(Árdea.) 

Mato. — Hacienda. 

Matufie}/.— Rejuco, que se usa 
para las canastas y jabucos. 

Maya. — Se usa ^ara designar 
i a pina de ratón de Occidente, 
en las otras provincias. (Brome- 
liapinguin.) Hacienda, laguna 
y punta. 

Mayaba. — Hacienda 

Mayabeque. — Hacienda, rio y 
puerto. 

Mayaban. — Hacienda y rio. 

Mayanabo. — Hoy Marianao , 
pueblo, rio y ensenada. 

May aquel. — Hacienda. 

MayarL— Hacienda, rio, pue 
blo. 

Mayajigua. Hacienda y pue 
blo. 

Mayito. Pájaro denominado 
solibio en Bayamo. (leterus hu- 
meralis.) Maisíto en el interior. 

Mayo. Ave en la sub familia 
de los cassicinos: los distingue 
Vilaró en solibio y toti. 

Micaró. — Mon te . 

Mije. — Árbol de carpintería, 
I cuyo fruto se come con azúcar, 
I como los berry en los Estados 
| Unidos. Es varia la forma con 
¡que suele escribirse y pronun- 
! ciarse, pues unos dicen miji y 
otros acentúan el final mije. La 
corteza se parece á la del gua- 
yabo. 

Mijial. — Hacienda. 

Míguielo.— Hacienda. 

Moa. — Hacienda, rio, pueblo, 
cayo. 

• Moca.— Es en Puerto Rico lo 
que es ]ayaba en Cuba. (Ard'ira 
racemosa.) 

Moniato. — Corrupción de bo- 
niato. Es el nombre de un árbol 
que perpetuará ese error. 2í"o 
obstante, el sabio San val le lo 
l ¡ama Boniato, y otros escrito 



JSl — 



res educados, que no son vulgo. 
(Waltesia Glabra. Car.) 

Moruro. — Hay dos árboles 
con osa designación, con pro- 
piedades picarescamente astrin- 
gentes para el vulgo, que hu- 
bieran apreciado las dueñas 
remendadoras de honras, de 
Quevedo. (Petophorum adna- 



tutu.) (Acacia Utoralis, Wild.) 

Motembo. — Hacienda. 

limara. — En Cuba el seboru- 
co. Voz usada en Puerto Kico. 
Fr. Iñigo Al id, hablando de las 
comidas de la gente pobre, dice: 
"después de ella cada uno loma 
una miivara ó calabazo de agua/ 

Motembo. — Hacienda. 



TV, 



algu 
el 



• Nabaoo. — Arbusto, según el 
Sr. Pichardo; árbol de carpin- 
tería, según el Sr. Fernandez. 

( Faramea odoratíssima). 

X (dboa. — En el centro 
nos campesinos llaman asi 
mantillo ó tierra vegetal. 

Xa jasa. — Hacienda rio, mon- 
te. Él ilustre cubaro Gaspar 
lietaucourt (Jisneros, tenia eu 
su país, Camagüey, el apodo de 
Xajasa. por ser dueño de una 
quinta de ese nombre: él se en- 
mascaró con el de El Lugareño. 
De su memoria debe todo con 
servarse, hasta esos pormenores. 



Xauyin. — Hacienda. 

Xanyú. -• fia c ion da y rio. 

Xeiba. — H •» Hernia. 

Niabo. — Hacienda. 

Xibaron.— Hacienda. 

Xigua.—llio. Arbusto, cuya 
fruta es muy buscada por los 
pájaros. [Tóurnéfortiá hirsuiis- 
sima, Ossa.) 

X ¿güero. —Lugar en que hay 
mucha nigua, hacienda, rio. 

Ximanima. Hacienda y 

puerto. 

Xipe. — Magnífico puerto, ha- 
cienda. 



sr. 



Same.— Él legítimo ñame no 
es indígena eu Cuba: el señor 
Sauvalle habla do una nueva 
especie encontrada en la loma 
del Retiro, que llama ñame si- 
marrón (D. Scorpioidea.) Los 
voladores gundá de Puerto 
liieo los describe mejor que 
nadie el Sr. Grousordi, que 
los encontró en los bosques: 
i g/ia me honda en Haití y honda 
en Santo Domiugo, según el 
Sr. Pichardo, que dice que es 
gundá en Puerto Rico* El ro 



lador silvestre autes y ahora, 
no es el ñame do África 
I), alata D. \ ñame morado ] 
ni el mapuey (D. Sativa,) que es 
blanco interiormente. 

Xáñigo. — Es palabra vulgar, 
pero no la creemos india, se tía 
bla de ella en otra parte. En 
la historia de los ñañigos impre- 
sa en la Habana en lSSü, se 
dice (pie esta institución proce- 
de de la nación Ga rabal i appa¡ 
y su verdadera forma Xarigui- 
tú a. 



Ocujal, — Espafiolizacion 
ocuje, Hacienda, 



O. 

llfi OcÜje. — Vulgarmente hay 

ocuje macho y hembra: se atri 



— 382 



buyen á su resina, virtudes ex- 
traordinarias para soldar rotu- 
ras humanas. (Calophülum ca- 
laba, Jacq.) Existe hacienda y 
rio que se denominan de Ocujc, 
{Los Ocujes.] 

Ojoto, — Raiz dañada por el 



tiempo en las que son comesti- 
bles: cerca de la Habana se 
llama jojoto, el boniato pasado 
de sazón ó inútil para el uso. 

Onicajinal. — Kio, cuyo nom- 
bre sólo usan los poetas. 



P. 



Papaya. — Es el nombre indio 
que se conserva á una planta, 
que designan por otros menos 
propios, que pretenden ser mas 
castos, dando á la malicia vul- 
gar más atención que la debida: 
1 lámanla fruta bomba, y al árbol 
el lechoso. Papaya dijeron los 
indios y la ciencia lo tiene adop- 
tado, {Carica Papaya.) Hay va- 
riedades y la de menos dimen- 
siones se dice simarrona. Con 
frecuencia se ven plantas de su 
especie con ramos de ñores que 
no fructifican y se llamaa ma- 
chos. Hay un punto llamado de 
la Papaya. En una obra de 
AVaring sobre las plantas de la 
India, se encuentran aplicados 
á esta fruta los siguientes nom- 
bres: Papaw tree, Papayah, Pa- 
paiydy Pappauyí, Boppay, Pap- 
paya, Papaya, Papayí, Pepoi: en 
Bengala, Gunarate é Illas, fue 
llevada de América por los por 
tugueses, según De Candolle, y 
yo explico por la facilidad de 
su cultivo y la prontitud de su 
crecimiento, esa difusión de la 
misma palabra en tan diversas 
formas. 

Papayal. — Hacienda y rio. 

Pajuil. — En Puerto llico el 
marañon. Pavo Eeai en la pro- 
vincia oriental. 

Pataban. — Árbol, que se ve 
con frecuencia en los pataban a- 
les de que tomó origen, (Lagu- 
n va l aria racemosa .) 



megada 



Patabanal. — Tierra 
| y con árboles. 

Pacabanao. — Puerto. 

Patao — Pez que describe mi- 
nuciosamente el Sr. Pichardo. 

Petaca. — Utensilio donde se 
lleva el tabaco: tiene otros sig- 
nificados análogos. 

Pijopo. — Árbol. 

Peniquinichc. — Puerto, punta. 

Perico.— Aunque palabra es- 
pañola, se llama así la cotorra 
en Oriente, (Psitacus.) 

Pipián.-— Hacienda, rio, pue- 
blo. 

Pitaahaya, — Dos plantas de 
que se ha hecho mención en la 
segunda sección. {Cactus pita 
haya.) La llama árbol el Sr. Fer- 
nandez y no habla de lo más co- 
munes en Cuba. La de fruto 
amarillo verdoso. (O. flagelifor- 
mis',) la de fruto rojizo. (0. gran- 
diflora.) Por lo que dice La 
América número 1?, año IX, 
(1865) se llama 'pitahaya íi la 
que tiene carne blanca, encar- 
nada por fuera con muchas pe- 
pitas, suave fruta aunque coléri- 
ca." Las pepitas le sabían á 
mastuerzo al que las describe. 

Pitajayas. — Canal. 

Pitajoni. — Frutal pequeño cu- 
yo fruto parece ál limón (peque- 
ño) ó guayabita. \Eaudia latifo 
lia.] 

Pitajonal. — Hacienda. 

Ponasí. — Planta medicinal 
por sus hojas y flores; cuando 



— 3s;> — 



ora licito el trauco do esclavos 
de África estuvo muy en voga 
por la propiedad que tienen sus 
lociones para curar la sarna do 
que venían plagados los in- 



felices negros. (Duhamelia pa- 
tena.) 

Pinuco.— Rio. 

Purial. — Hacienda. 

Purió* — Árbol silvestre. 



<* 



Quibey.- Yerba; (¿soturna, gran- 
diñora.) Vulgarmente revienta 
caballo (Crebiata cabalco) planta 
venenosa. (Lobelia longiflora.) 

Quimbamba, — Lugar lejano, 
quimbamba del silencio; es pala- 
bra y frase vulgar: la palabra 
no es española y será acaso ar- 



bitraria, pero muy usual en la 
provincia oriental. El Sr. Pi 
chardo cree que se refiere á 
Bámbara, territorio africano: y 
que debe decirse quimbámbara. 
no sé porqué. 
Quibicán. — Hacienda y pueblo 
Quibijan. — Rio y puerto. 



Sobaco, — Un pez. 

Sabana—Y sus derivados es- 
tán en uso general, pero tiene 
varias significaciones. 

Sabanas y sitios.— La, palabra 
sabana fué adoptada por los es- 
panoles en la Isla de Cuba para 
designar las grandes praderas 
de pasto natural: llamaron si- 
tios y aun estancias á los que 
ofrecian menos extensión, y por 
último, conucos á las cultivados 
de maiz y de raices ó viandas. 
Cuando se merced aron los ter- 
renos para poblar, es decir, 
criar ganados, se einpleó la voz 
sabana si era para ganado va- 
cuno ó caballar y si para cer- 
dos, sitios. Luego se introdu- 
jeron los equivalentes de hatos 
ó corrales, prevaleciendo al fin 
el hato para las sabanas y el cor- 
ral para los sitios, que adoptó 
el Ayuntamiento de la Habana, 
y lijó las costumbres y la ley. 
(Véase el capitulo iíl, titulado 
Mercedes y medidas, pág. 1~* de 
mi Vrontuario de Agricultura 
(Jenerat para él uso de los la- 
bradores y hacendados cubano 8.) 



Son muchos los lugares que lle- 
van los nombres de sabanas y 
sabanillas. 

Sabanazo.— Hacienda . 

Sabaneque. — Antigua. 

Sabanilla. — Hacienda pueblo. 

Sabícú. — Árbol muy aprecia- 
ble para las construcciones, es- 
pecialmente navales. (Mimosa 
odo rotissima — Acacia formosa . ) 

Sagua. — Hacienda río, pueblo 
puerto. 

Sahumdya.-~-Se llama la ma> 
languilla por otros {Achenias 
cubensis ,Schatt). No es por lo 
visto corrupción de Zahumerio, 
sino voz cubana. 

Saibubo. — Hacienda. 

Sama. — Hacienda . 

Sambumbia. — La palabra no 
sé si es indígena ó cubana: se 
llama asi aún al fermento de la 
miel con agua. De seguro no 
conocieron los indios uno de los 
ingredientes que produce la ca- 
ña; pero tampoco la, hojo de la- 
ta de que hoy se hacen los gua- 
yos. — Al establecerse en 17(>.~> 
una contribución sobre la sam- 
bumbia He 1»' llamó fntcanaa. 



384 



Sao, — Extensión corta de ter- 
reno dentro de un monte ó ro- 
deado de árboles salteados en 
terrenos áridos cubierta de pra- 
dos naturales ó manigua poco 
elevada. Es nombre de una 
hacienda. En lengua goajira, 
sobre. 

Saraguamacan. — Eio. 

Sa va m ayuyon. — Ave acuática, i 
que se caza al vuelo ó sobre el 
agua, gmes no se la ve por otra 
parte. Aunque todos pronun- j 
cian como aquí lo escribo, todos ¡ 
lo escriben zaramagullón. (Co- 
limbus dominicensis): Hay otras 
variedades. 

Sara. — Rio, cayo, puerto. 

¿Sebiya. — Sino es corrupción 
de Sevilla, es el nombre indio 
de un ave. 

Seboruco. — Clase de piedra 
caliza que se ha explicado en la 
sección segunda. Bio, punta. 

Seiba. — Conserva su propia 
significación aplicada al árbol 
gigantesco de nuestros bosques, 
( Bridendrom anfractuosum) Ha- 
cienda y pueblo. 

Scibabo. — Hacienda y rio. 

Seibon. — Es nombre de uno ó 
más lugares y de una planta 
que se asemeja á la seiba , su 
corteza es aplicable al cordaje. 
( V achira cmargina ta. ) 

Seibon de Cuba. — Se denomi- 
na corcho en Puerto-Rico. 

Senserení. — Yerba que se usa 
pttra hacer refrescos y se em- 
plea en usos domésticos en Pto. 
Principe. (Hibiscus sabdarifja.) 

Serensé.. — Harina gruesa de 
maíz en Cuba y royan en la Ha- 
bano. 

Ser enseren. — Bebida que se 
vendía en la Habana en las ta- 
bernas desde los di as de su fun- 
dación, hasta el siglo XVJTI. 



Sesi ó Jesi. — Pez parecido al 
pargo. 

Síbanacan. — Hacienda. 

S'tbanicú. — Pueblo. 

Sibariini y\ — Puerto. 

Sibí. — (Véase Jurel.) 

Sibítuiti. — Jnguete que usan 
los .muchachos en Bayaino, y 
forman con dos tablitas ponién- 
dole papel o cosa flexible entre 
ellas, para producir el ruido. 

Sibucan. — Usual por macuto 
pequeño. 

Sigua. — Hacienda, Planta de 
que se hacen bellos bastones: 
propia para obras de ebaniste- 
ría. (Neetandra C¡gua.) [Latir us 
mártinicensis.'] [Oectandra san- 
guinea B.) Es también una con- 
cha marina. (Turbo Pica.) 

Siguapa .-Ave nocturna y ere 
puscular y vespertina. Otros la 
llaman síjú, se conserva la pa- 
labra aplicada al mismo objeto. 
[Véase Sijú.~\ [Otus siguapa], — 
Hacienda, puerto y cayo. Lagu- 
na en Haití. 

Siguanea. — Se conserva el 
nombre, pero se cree que se 
aplicó antes á isla de Pinos: 
ahora es una punta, un puerto, 
una laguna y un rio. En Haití 
costa. 

Siguanei. — Hacienda, monte. 

Siguaraga. — Yerba, que se 
aplica en lociones en el reuma- 
tismo: vulgar en Bayamo. La 
semejanza eufónica de este nom 
bre y el de bijaraya, me hace 
sospechar que se confundan co- 
mo en sn aplicación. El seílor 
Fernandez escribe Ctguaralla. 
(Vorteria glabra, Gris.) (Trfchi- 
lla glabra.) 
Siguato.—Biiíermó de sigua- 
! tera: esa enfermedad que causa. 
\ el pescado en Cuba no está es- 
| clarecida en cuanto á su origen. 
El ilustrado icteólogoD. Felipe 



— 385 — 



Poey se lia ocupado do este 
asunto nías que nadie, excitado 
a veces por el Ayuntamiento dé- 
la Habana, Hay un rio con el 
designa nombre. 

Sijú. — A dos aves se llama 
asi y á una también Siguapa. 
Sijú cuco (eotunto). (Véase Sijú 
platanero, (Glaneidium sijú.) 

Simú. — Hacienda. 

Socato. — En las maderas y los 
frutos significa que se empieza 
á perder ó inutilizar: me pare- 



ce que proviene do las Canarias: 
zoca que dejo explicado. 

Soconuco. — No sé si será cor- 
rupción de soconusco, pero lo 
dudo. Hacienda. 

Sajó. — Hacienda . 

Solibio. ~E\ mayito en la par- 
te oriental. 

Súchel. — Árbol del lirio ó su 
flor: es el lirio árbol: me parece 
que súchil es mexicano. 

Súrbana. — Yerba. (Panicum 
color atum. ] 



T. 



Tabaco. — Se ha conservado el 
nombre en Cuba aplicado al ro- 
llo hecho para fumar, que se di- 
ce cigarro en otras partes: se 
conoce con el mismo nombre la 
planta en todo el mundo. 

Tabaiba. — En Cuba, Santia- 
go, el lirio blanco. [Plumería 
alba.) 

Tabanuco. — Es nombre del ár- 
bol que en Cuba llaman Azuca- 
rero, (llduvigia balsamifera.) 

Tabacon. — Árbol de Puerto 
Rico. 

Tacaiban. — Monte. 

Tacamaca. — Haciend a. 

Tacajó. — Hacienda y rio. 

Taco. — Hacienda y puerto. 

Tacotaco. — Rio y pueblo. 

Tagua, — Hacienda. 

Tagua-tagua. — Árbol silves- 
tre, cuya madera, se parece al 
ébano, pues es casi negra, 

Tarasco,— Hacienda y rio. 

Taguayaba. — Hacienda. 

Tahaguas. — Hacienda . 

Tai simú. — Rio. 

Taita. — Es usual en el cam- 
po, generalmente para llamar al 
padre. La creen indígena los 
señores Pichardo y Santacilia, 
y éttte ha escrito sobre el asun- 
to especialmente. [Véase el 



apéndice sobre palabras que 
pasan por indígenas y proceden 
de otras partes]. A los negros 
ancianos se llama taita; Taita 
Tomás se tradujo al Tío Tomás, 
por un cubano. 

Tana.— Hacienda, rio y pue- 
blo. 

Tánamo. — Hacienda, rio y 
punta. 

Tarará. — Rio y punta. 

Taraco ó Tarraco. — Barrio 
hoy en Guanabacoa. 

Tarar acó, —Un lirio cuya Hor 
lleva como la planta ese nom- 
bre. 

Tacuacha. — Mentira. 

Tatagua. —La mariposa gran- 
de nocturna, que llaman brujas 
en la Habana: lleva* el primer 
nombre en las otras provincias. 

Tayabacoa. — Rio. 

Tengue. —Un árbol . ( Foepp i 
g'xa procera.) (Acacia tengue). 

Tesico. — Puerto. 

Ti. — Hacienda y rio. 

Tibe. — Piedra azulosa, (pie se 
usa para afilar instrumentos. 

Tibisi. — Planta, que suple al 
mimbre, aunque mas gruesa. 
[Bamburia minor). Un arroyo 
do la Vuelta. Abajo (pie pasa 
por la loma de ese nombre y el 



— 386 — 



excafetal, Esperanza que fué de 
D, Carlos Govin. 

Tibisial— Hacienda y rio. 

Tínima. — Hacienda y rio. 

Tiguabo. — Pueblo. 

Tinguaro. — Hacienda. Es 
nombre que ha debido venir de 
Canarias. 

Tionucú ó Tüinucii. — Hacien- 
da y rio. 

Toa. — No á la rana, si á una 
hacienda se aplica este nombre, 
a un rio, y á un monte. 

Tocoloro. — Tocororo: la más 
bella de las aves de Cuba por su 
colores: se llama así en el de- 
partamento oriental. 



Torolico. — El rabo de la zorra 
en la parte oriental. 

Totuma. — Güira en Puerto lu- 
co. (Crcscentia cujete.) 

Trincayo. — En Bayanío el gu- 
sarapo. 

Tuá tuá. — Yerba que se llama 
frailecillo en otras partes. 

TuabaqueL — Monte. 

Tábano. — Tabaco torcido en 
Santo Domingo. 

TucunL — Hacienda, 

Tuna. — Conserva el nombre 
la planta que produce el fruto 
rojo vulgar por tuna vrava de 
todos conocidos. (Cactus.) 



Uhimaco. — Hacienda, rio. 
Unique. — Hacienda. 



XJ. 



V. 



Urabo. — Haciend a . 
Ugao.— Hacienda. 



Viajaca. — Dos haciendas en 
que ha j>redominado la v en la 
escritura: (bíajaca.) 

Vijurcy Por bijurcy, hacienda. 



Víja. — Ha sucedido en esta 
hacienda lo mismo. 

Tivanasu — Hacienda. Bib a - 
nasL 



Yaba. — Árbol de buena ma- 
dera que se aplica á constru- 
cciones. • Es bello en especial 
en su juventud, por los cambian- 
tes de sus pimpollos. Se dice que 
el humo de su combustión daña 
á los ojos y que causa ceguera. 
(Ardira incrmis.) Hay una ha- 
cienda. 

Yábüla.— Abundante vegetal 
en Sagua la Grande, de que 
hace elogios el señor Fernandez. 
Produce frutos en forma de hi- 
gos de los que dice el mismo se- 
ñor qne contienen mucho aceite 
y encendida una— "sola semilla 
pelada que contiene, da una luz 



más fuerte que una vela de ex- 
perma." 

Yabason. — Hacienda y rio. 

Yabil. — Hacienda. 

Ydbuna. — Hacienda. 

Yabvnales. — Hacienda. 

Yagua. — Se con ocia esta pa- 
labra en su primitivo acepción, 
la camisa, como antes dijeron, 
de la palma; pero se da también 
á nna planta de que habla el 
señor Fernandez. 

Yaguas. — Hacienda. 

Yaguasa. — Ave de los Anaíi- 
des. (Dcndrocygna arbórea.) 

Yaguabo. — Kio, Hacienda. 

Yaguana l. — Haci en d a . 



— 387 



Yaguarama ó Yantar aguas, — 
Hacienda, rio, pueblo. 

Yamaraguas. — Hoy no sólo 
en el concepto antiguo, sino co- 
mo designación de una hacien- 
da y rio. 

Yaguana. — Jvio. 

Yaguasas. — Hacienda.— Aves 
acuáticas. (Anas arbóreas.) 

Yaguanico.— Hacienda. 

Yag'úcL — Hacienda, rio. 

Yagrama. — Árbol con la divi- 
sión Vulgar de macho y hembra. 
Sus hojas son blancas en el lim- 
bo inferior: su tallos huecos sir- 
ven á los negros para sus instru- 
mentos de viento. (Panax undu- 
lata.) 

Yaimay. — Árbol de grande 
aceptación para horconadura. 
(11. paniculata.) 

Yaigua. — Es el apelativo de 
una planta que escribe Llaigua 
el señor Fernandez, qero que 
á nadie pronuncia así. 

Yaití. — Vegei ales conocidos 
por yaití macho y hembra: útiles 
para la carpintería (Excecaria 
lucida.) — Hay rio de Yaití. 

Yamagua. — Hacienda y rio. 

Yamanes.— Vegetal espinoso. 

Yamao. — También escribe 
j Jamao , Lamagua el Sr. Fer- 
nandez: algunos dicen que el 
fruto de este árbol es el contra- 
veneno del goao: así lo creen 
los hombres del campo. [Gua- 
recí thrichüoides.) 

Yamagücy. — Árbol conocido 
de esta manera y otro con el 
nombre de yamagücy de tres 
hojas. (Belaria mucronata. Gris* 
Pictetia angustifolia. ( í ris.) 

Yamaguabo.—TIiMi'mn] a . 

Yamanigiiíde. — Rio y puerto. 

Yamaqúcyk'— Hacienda. 

Yana.— Laguna, puerto, bo- 
ca. — Un árbol, ((fonocarpm 
erectus.} 



Y and. — J 'lauta. ( Ximmia 
americana). 

Yanilla [ Yaniya? ) — Vege- 
tal: tiene una madera á propó- 
sito para cajas, y se la ha agre- 
gado eso distintivo: yanilla de 
caja ó caja yanilla. Se hacían 
baúles, cajas, etc. ( Smidelía 
communia; 8. macrocarpa.) 

Yao. — Un rio. 

Yáguima. — Hacienda. 

Yara. — Hacienda, rio, pueblo. 

Yarayabo. — Hacienda, rio. 

I araguana. — Hacienda. Una 
variedad de la palma en la par- 
te oriental. 

Yarayó. — Rio. 

Yareniquen, — Haciend a. 

Yarey. — Una variedad de la 
palma. Pueblo, puerto, punta. 
— La paja de que se hacen los 
serones, sombreros y jabas. 
(Chamerops yarey.) 

Yareyes. — Hacienda. 

Yareral. — Hacienda. 

Yaribaco. — Hacienda. 

Yarigua. — Hacienda, rio. 

Yaruga. — Árbol de la paite 
oriental de Cuba, 

Yata. — Una palma. 

Yateras. — Hacienda y rio. 

Yaterita. — Hacienda y rio. 

Yaya. — Se conserva no con el 
primitivo significado, sino para 
señalar este árbol: los vegetales 
ó variedades muy conocidos en 
toda la isla por la rectitud de 
sus tallos ó cujes muy usados en 
las casas del campo en encuja- 
das y en los techos. (Oxandra 
virgata. TJvaria ncglccta. Mou- 
ririaMirtilloides. Monriria acata 
Gris] Yaya en lengua goajiro, 
significa aquí. 

Yayabacoa. — .Hacienda. 

Yayal. — Hacienda. 

Yayabito. — Vegetal. [ (Jolubri 
na reclinata,~] 

Yijiaraccs.— Hacienda, 



— 388 — 



Yguanabo. — Hacienda. 

Yúa — Lo nombra el Sr. Fer- 
nandez como vina especie de 
árbol, pero es el nombre de ayúa 
mal pronunciado, que ha logra- 
do perpetuarse en algunos pa- 
rajes de la Isla. 

Yuca* — Conserva su primer 
significado y es nombre de ha- 
cienda. Plantas comunes hoy 
con los nombres de yuca dulce 
{J atropa manioc) y agria {Toxi- 
cum manioc.) 



Yucayo. — Hacienda. Los 
poetas suelen usar esta palabra 
en un sentido originario, y aún 
algunos escritores aficionados á 
la historia. Hay un libro muy 
interesante, el Álbum del Yu- 
cayo. 

Yuquiya— -Planta. ( Cúrcuma 
longa.) 

Yumurí. — Hacienda y rio. 

Yuraguano. — Variedad de 
palmas. (Chamcrops cintillarum) 
Punta. 



SECCIÓN CUARTA. 

APÉNDICES. 

(A.) 

Lista délas palabras indígenas de Cuba [C], Jamaica [J.] 
y las Lucayas [L.] recogidas por Bafinesque de los 
cronistas y viajeros. 



Tierra, Comarca, Katos, L., 
X<m, J., JSlacan, Guaca. O. 

Isla, cay a, L., cayo, C, caic, J. 

Extranjero, Guachinango, O. 

Casa, Bohío, C. 

Remora, Revés, C. 

Perdiz, Ltzas. C. [Esta siguí 
iicacion que copia, dice de 
Ocamqo, es una equivocación, 
pues ni hay perdices en Cuba 
ni la lisa es un ave, sino pez.] 

Flamenco, Babiayas, C. 

Papagayo, Maxa, C., Maca», 
J., (En Cuba maxa, majá'] no -se 
aplica sino á la mayor de sus 
culebras ú ofidianos.y 

Conejo, Usías. Hutía, Quina - 
xes, C, Hutía, L. 

Opuntia, Tuna, C. 

Señor, Príncipe, Guarní, O, 

Cacao, Cacao, C. 



Sacerdote, Behique, Bohique, 
C. y L. 

Pío, Agua, C. La palabra es 
española y no muy segura su 
aplicación]. 

Trigo, grano, May si, C. 

Pan, zabi, C. 

Dios, Yocahuna, Guama-cotí, 
Guama-exocotio, C. 

Supremo, uno, Attabex, C. 

Alma, Dupi, J. 

Vida, Bi, C. y L. 

Fuente, Mini, C. y L. 

Madera, bosque, Maica, J. 

Cedro, cauvana, C. 

Perro, Aleo, C. (No es exacto, 
Véase Aleo en la primera sec- 
ción de la segunda parte). 

Cocodrilo, Caimán, [C. Escri- 
be Cay aman). 

Bolsa, cuento, J. 



— 389 — 



Cocuyo, Locuyos, C. Zievas, L. 

Noble, To, Mato, O. 

Cascara, cubierta, concha, 
cohobos, C. 

Guayacan, Gnacu-m, C. 

Colorado, ifoí, C. 

Gusano, c««», J. [También 
trae por indígena la palabra 
piojo, como usada en Jamaica; 
pero es un error.) 

Rey, Caxicus, C. 

Dentro, lliqul, Xacan, C. 



Oro, Nucay, C. y L. (Co- 
lon.) 

Ñames, Yames, Ñames, C. — 
Pone Yames porque escribe en 
inglés. 

La última palabra, que supo- 
ne de origen cubana, es uleros 
y á mi me parece hasta ubi de 
origen español, por la semejan- 
za de las uvas de España, que 
aplicaban los europeos á los ob- 
jetos del país. 



Fragmentos de la lengua ó dialecto Eyeri de Borinquen. (E.) 
Dialecto de las mujeres caribes, según la diferencia que 
observa Boche fort. 



Tierra, Kati, E. Ca, Ay, B. 

Noble, Difamo, B, 

Dios, Yocana, Guama-nomo- 
con, B. 

Culebra, Boba, B. (La palabra 
boba no me parece indígena. Es 
palabra castellana y por lo ino- 
fensivo del animal se le aplicó 
por los españoles.) 

Nublado. Furz'uli, B. (En otra 
parte he dicho que no la acepto.) 

Caoba, Maga, B. 

Manzanilla, Manzanila, B. 

Arbo! algodón, Ceiba, B. 

Violeta, Qaibey, B. 

Plátano, Camois, E. 

Coco, Coquillas, B, 

Guayacan, Guaye, B. 

Puerco, Saine, B. (No se co- 
nocía el animal y no puede ser 
original ó primitivo el nombre.) 

Bote, Piraguas, B. 

Leña, árbol, arco, Chima - 
la,E. 

Ángel, Chcmin, ángeles, Che- 
miquem, E, 
Espíritu, Opoyun, E. 
Luna, Mona, Kati, E- 
Tempestad, TJragan, E. 
Sangre, Moinalu, E. 
Cielo ó arriba, Ubeó, E, 



Hombre. Eycri, hombres, Eyc- 
rium, E. 

Mujer, litara, Mujeres, Ina- 
yura, E. 

Enemigo, AJcani, E. 

Casa, TuJwnocOy'E. 

Pequenez, Nianti, E. ¿No será 
el niente italiano? 

Choza, tulionoco, E. 

Bote, Canoa, Payes, E. 

Jardín, Chali, E. 

Guerra, Nihuche, E. 

Padre, Baba, Nucu-chílli, E. 

Madre, Bibi, Nucu-churon, E . 

Abuelo, Naryuti, E, 

Mujer, Liani, E. 

Hijo, Eahe, E. 

Hija, Bahen, E. 

ei, m, n. 

Corazón, Nanichi, E. 
Vasallo, Labuyu, E. 
Mar, Bálana, E. 
Cama, Nekera, E. 
Sol, Kachi, Cochi, E. 
Moneda, Agucat, E. 
Palma, Caico, E. 
Colorado, Pu, E. 
Pueblo, Ibas, P>. Cabres, E. 
Sacerdote, Hoye:, E, 
Diablo, Mabuya, B. 
Tunantes, vagabundos, r»/r 
fctea, B. 



-390 — 

(B.) 



Algunas analogías de la lengua Tupi del Brasil con la de las 
Antillas mayores. 



Aba, criatura, persona, na- j 
cion, familia, ¿Quién?, ¿Cual 1 ? A ¡ 
veces se usa como diminutivo 
en los nombres derivados de 
verbos, por ejemplo: A-u, comer, 
hace q-u-aba. 

Ananá, pina. 

Andirá, murciélago. 

Ara, dia, hora, ocasión, tiem- 
po, mundo. (Se encuentra en 
muchas palabras, como guara.) 

Boya, culebra. (Se asemeja á 
buyo é mabuya.) 

Cacau, Cacao. 

Carai-carai, gaáilan. (Caraira 
se dice en Cuba.) 

Caraiba, árbol de cascara 
amarga. 

Cobo 7 en cualquier parte. 

Cocoi, caer la fruta. 

Cuy eirá, de lo que hacen jica- 
ras, (ascuyas) los indios. 

Giba, cabeza. 

Goanamá, ave. 



Guara, el habitante de un lu- 
gar determinado. 

(ruaja, rio, cangrejo del mar 
qu« nunca sale de él. 

Guajajóvas, indios del Mará 
ñon. 

Guará, ave. 

Guaraná, cebolla, (sijú). 

Guarina, bestia, jíbaro, 

Guaruma, árbol, 

Guaxima, arbusto, que usan 
los lavanderos para blanquear 
la ropa. 

Güira, ave, pájaro. 

Jabao, ausentar, huir, esca 
par. 

Jequí, aparato para pescar, 
de modo que entré el pez y no 
pueda voltearse para salir. 

Maya, madre, es voz tomada 
del portugués maé. 

Mayábé, como, que. 

Taba, aldea. Ytaba, su aldea. 

Vitabo, nadador. 



(O.) 



Etimología de varias palabras 
usuales en Cuba no españolas, 
traídas de las otras regiones 
americanas y de las islas For- 
tunadas. 

Achote. — Aunque para algu- 
gunos es indígina en Cuba por- 
que tal vez es más antigua en 
las Antillas que la conquista di- 
ce el señor Kojas que se deriva 
de Achiolt mexicano. — El señor 
Eufemio Mendoza (Apuntes pa- 
ra un catálogo de palabras mexi- 
canas en español, pág. 15), dice 
que Achiolt ó Aquiolt, significa 



A, agua; guiolt vastago de ma- 
guey. 

Aguacate. — Sin embargo de lo 
que he dicho en los artículos 
que le he consignado, los que 
creen que es palabra de origen 
mexicano dicen que es su raíz 
Ahuacaguahuilt: asilo escribe el 
señor Boj as, que usa de esa for- 
ma en todas las palabras que 
expresan árbol ó frutal y lo com 
prenden: en esta palabra la es- 
pecie es ahuacalt. También el 
señor Mendoza cree que sea de 
origen inexica en cuya len- 



— ;)9i — 



gua significa testículos (pág.15.) 

Anaeah uita. — Palabra mejica- 
na que designa una planta: ár- 
l>ol del papel. 

Apasote. — Palabra mexicana 
que aquí en Cuba señala una 
yerba medicinal. Epazote ó Ipa- 
:otc; pero que significa frij ol en- 
marañado, de elt, frijol, y pazo- 
tie, cosa enmarañada. (Men- 
doza. ) 

Acoquinar. — Dominar en el 
sentido común. Cree el Sr. Men- 
doza que Monatu se equivoca 
en suponer que es del verbo co- 
auinare, y sí del mexicano acó- 
(¡ueatza, duplicar el trabajo. 

Arepa.— Cree mi amigo el Sr. 
Arístides Rojas, en sus aprecia- 
bles Estudios Indígenas, que vie- 
ne de Erepa, que en cumanago- 
to significa maíz — literalmente 
significa varacaña. Es palabra 
usual en Cuba hoy y de tiempo 
inmemorial figura en los archi- 
vos del Ayuntamiento entre los 
comestibles. Hoy se conoce, 
aunque va escaseando, una es- 
pecie de masa de maíz con este 
nombre. 

Atol. — Tiene su origen en el 
mexicano atolli, hecho con maís, 
aunque en Cuba no es sólo el de 
maís sino de otras sustancias. 
Etimológicamente, es Alt, agua 
taolli, maís. 

Bagaso. — El residuo de la ca- 
ña después de exprimida; el de 
cualesquiera fruto después de 
extraídos los jugos. Es voz que 
algunos suponen que es oriunda 
de de gabazo-, pero en la obra 
del célebre Yieira, Arte tk /ar- 
lar, se lee en la edición do ÍSLM 
hecha en Londres, pág. L21. 
"Bagaso de aceituna — como un 
tributo que se pagaba en Portu- 
gal y en España, — nos viene de 



las Canarias con la caña de azú- 
car. 

Buca re. — Palabra car aq u e ñ a 
para designar un árbol que pro- 
teje con su sombra el cacao. 

Butaca. — Es de origen de los 
indios palenques que al asiento 
llaman pataca: eran vecinos de 
los Amanayotas, observa el Sr. 
Rojas. — Los ancianos en Cuba 
llamaban campechanas esas có- 
modas sillas. 

Cacalote. — Palabra usada en 
frases familiares: se le fué un 
cacalote; es decir, un disparate. 
En México es un cuero que ex- 
tendido estalla con estrépito 
(Clavijero) y según otros (Men- 
doza) es el cuervo. 

Cacalote. — Se llama así un 
dulce de rosas de mais con miel. 
De México. 

Cacao. — Se deriva de Caca- 
huaguahuilt mexicano. 

Cdlaguala. — Dice el señor Ro - 
jas que es de origen quechua: 
Kallahualla. 

Chamico. — Planta de Guate- 
mala, según Fuentes v Guzman 
(Hist. t. 1. p. 342.) 

Chapalear. — Andar dentro 
del agua; el ruido que se forma. 
De chapallan, lugar empapado 
(Mendoza). 

Chapapote. — Betún mineral 
que se deriva del azteca Chapa - 
}jotli (Ternaux.) 

Chayóte. — Deriva de cliavotl, 
mexicano. 

Chema, — Nombre de un pee 
de Canaria» 

Chichicaste. — Ortiga ameri 
cana: su origen es azteca: 
chieaolte. 

Chinchal. — j No se derivará 
de Chincual' La etmologia es 
muy alarmante: tzinco ) ano: alt. 
agua. 

CV/o/íf._ Se usa porrabe/a cu 



— 392 



lo familiar y significa cara en- 
tre los viejos peeos en Méjico. 
(Los Gringos, pág. 157.) 

Coconete.— Chico, pequeño,de 
conelt. Hijo ó niño. 

Chocolate. — Viene del mexi- 
cano xocolalt, que significa llo- 
rar agua: xocol, llorar, alt, 
agua. 

La etimología de la palabra 
chocolate no es iinica. El Padre 
Gage. Nonvelle Belation conte- 
uant les cogayes (1625 y siguien- 
tes). Asusterdam 1721) dice: 
del mido que hace el agua en 
el baso, como chocó, chocóchocó } 
cuando se bate con el molenillo 
(pág. 136 t.) 

Cócoras.— Se ha traído de Mé- 
xico: allí se llaman cócoras los 
que molestan con sos burlas y 
sus chanzas y en el teatro son 
los aplaudidores ó silvadores 
(claqueurs). — En Cuba significa 
también en el estilo vulgar mo- 
lestia: tengo cócora, en español 
se usa encocorar por molestia 
(Bretón.) í4 Me fastidian, me 
encocoran." — Es palabra portu- 
guesa en plural — cócoras — agru- 
p.amiento. 

Cucaracha. — Este molesto y 
destructor insecto se supone 
que lleva el nombre quechua: — 
kulmracha. — Dice Oviedo que se 
llaman bétulas en Andalucía, 
hablando délas cucarachas. 

Culantro. — Se dice de origen 
quechua Culantro, que todos co- 
nocemos en Cuba» 

Fotuto. ^-(YénsQ Gamo)* — Pa- 
rece traída de la América Me- 
ridional de la voz bututo — la /y 
la b se sustituyen con facilidad 
en todas las lenguas. 

Fufú. — El Sr. Ai I), cree que 
proviene defood, food: se usa en 
sierra Leona lo mismo que en 
Cuba i>ara indicar un amacijo 



de ñame; en Cauca según el se- 
ñor Yfiaacs (María) es de pláta- 
no. 

Gachupín. — Es una culebra ó 
víbora, y la aplicaron los mexi- 
canos á los españoles. Cree el 
señor D. F. Ramírez que ni es 
mexicana ni es injuriosa: lo con- 
tradice el señor Mendoza. 

Gambusino. — Pescar ó cojer 
gambusinos equivalía á una bro- 
ma de los campesinos á los vi- 
llanos [gentes de villa) que ve- 
nían por primera vez al campo : 
suponíanles que debían madru- 
gar mucho para esta caza, que 
era una simple burla. Es pala- 
bra traída de México á mi juicio 
pues así se llaman los buscado- 
res de oro casi siempre engaña- 
dos por la esperanza. [Véase 
á Ferry, Voyage et Aventuras 
au Mexique, pág. 146.] 

Gofio.-* Harina de maiz tosta- 
do. Canaria. 

Gnacal. — Es palabra muy 
usual y se aplica á grandes re- 
cipientes p ira losa, Es de orí 
gen mexicano. 

Guacamole. — Es caribe para 
el señor Rojas. — Ensalada de 
aguacate. ¿Vendrá del Guau- 
camott mexicano? 

Guacalote. — En la sección an- 
terior se explica su significado 
y se cree que la palabra es me- 
xicana para el señor Pichardo. 

Guaco.— Dice el señor Rojas 
que es de origen caribe. 

Guachinango. -^-Gontva, lo di- 
cho por Diaz del Castillo, hay 
quien dice que proviene de la 
voz guaxinango mexicana. La 
actual inteligencia es la de apli- 
carla á los naturales de México, 

Guájete por guájete. — Frase 
vulgar por expresar que se dá 
lo uno por o otro: guaje en Mé- 
jico significa calabaza, (Lizardi). 



393 



Guaracha. — Cacle o sandalia 
en mexicano (Lizardi.) 

Guarapo. — Se supone de orí- 
gen quechua por el señor Kojas: 
Uñara]) u. 

Guateque, — ¿Xo to derivará 
do guatatiboa, convite en la Go- 
mera * 

Huyuyo. — Es nombre de un 
pato pequeño en Cuba: los cu- 
managotos decían ¡luiri-Huiri. 

JacaZ.rCh.oza, mexicana. (Xa- 
chati.) 

Jicama. — Parece derivada de 
Xicama i /, me x Lean a . 

Jicara. — La vasija formada 
del fondo de una güira [guage] 
en México. Se llama en mexica- 
no Xicallé que es la güira gran- 
de. 

Maguey. — Cree el señor Ho- 
jas que es de origen azteca: ya 
lie dicho lo que alcanzó en otros 
lugares. 

Mecate. — Cuerda ó cordel [me- 
xicano.] 

Múeara. — En cumanagoto va- 
sija ó tinaja.— Se conserva en 
Puerto Rico, (Véase la sección 
tercera.) 

Nene. — En Cuba el niño y en 
sentido irónico el nene , hom- 
bre atendible, notable. En Mé- 
xico significa el sexo femenino 
en su órgano. Se llama nenelt 
\ Lizardi ) todo juguete de niños 
y al hombre cobarde y despre- 
ciable. 

Nopal. — Del mexicano ñopa- 
//¿—árbol que produce la tuna 
ó higo chumbo. 

Patilla.— (¿Paita?)— Es pa- 
labra española, pero se usa en 
racrío Uico para nombrar la 
sandía que en Cumanagoto tie- 
ne el nombre Paita y los cari- 
bes la llaman Batüa. 

Petaca. — Cofre de estera. (IV- 
ttacalli, mexicano.) 



Petate,— Estera (mexicano. | 

Pita. — Se dice por el Sr. Ro- 
jas que desciende del quechua; 
pero otros creen que. es cana- 
ria. — Nombre que se dá á sus- 
tancias textiles vegetales (pie 
se extraen regularmente del ma- 
guey: así se llama también la 
del eorojo. 

Pucha. — Es palabra provin- 
cial, pero tan admitida, que de 
ella usó un distinguido cubano 
en un discurso académico en la 
Universidad de la Habana en 
185G. La Revista Universitaria 
(Madrid) núrn. 89, segunda épo- 
ca, le puso esta nota: '-Voz pro- 
vincial que significa manojo ó 
ramillete."— Es lo segundo y 
bastaba. — No se usa en México, 
según se leo en el Almanaque 
14° de Abraham López (1852 ) 
que publicó la lista de voces 
vulgares, y sin embargo, la for- 
mación de la palabra parece 
yucateca: Puche significa en 
en lengua maya espinoso, plato 
preparado, (D. Eufemio Men 
doza.) 

Socato — Zocato. — La fruta da- 
ñada por el bicho en Méjico; y 
así no se sabe si fué de Cuba 
por analogía ó si vino de Méxi- 
co; puede, como he indicado an- 
tes, ser de origen canario. (Véa- 
se la sección anterior.) 

Soyate.— "Sacar el soyate" es 
apurar lo que se pretende. Pi- 
chardo lo escribe con 11; pero a 
mi me parece que viene de 80 
yate mexicano. 

Sinsonte.-Corvapcioü del me- 
xicano seutsonllle. E\ guatemal- 
teo Puentes y Guzman dice que 

"sesoutle declara que ¿iene un 
sontle de voces que son 400 di 
lerencias." Historia de Guate- 
mala, (. 2?, pág. L3Í, 

Tacuache. — Asi ha solido 



89 



— 394 — 



nombrarse en Cuba al alquimí 
( PoeyJ pero es voz mexicana. 

Taganana* — Así se llama en 
las cercanías de la Habana una 
cueva y es un territorio en Ca- 
narias. 

Tahona. — Piedra de molino, 
como en Canarias. 

Taita. — Pickardo la cree indí- 
gena de Cuba. Boj as de otras 
partes de América; pero puede 
derivarse del vascuence respec- 
to de la lengua castellana. Ai ta, 
padre; Aita Aita, abuelo. Aun 
hoy se usa, como puede verse 
en la leyenda El Gavan inserta 
en el último número de La 
América, de 1807. — En lengua 
goajira, tata es padre. 

TamaZ.-Composicion de maíz 
que liemos aprendido á comer y 
á nombrar de los mexicanos. 

Tecomate. — Por los años de 
1821 hasta poco después, oí á 
una familia mexicana llamar así 
á los criollos. Significa güirio 
pequeña. Está en desuso. 

Timbiriche. — Se llamaron así 
las barbacoas colgantes, las 
construcciones ligeras y provi- 
sionales: los marinos la aplican 
á las camas que se forman en 



los buques costeros que no están 
en los camarotes. Según El 
País (de 30 de Abril de L868) 
se llaman así las camas forma- 
das fuera de las cámaras en los 
vapores costeros. 

Tinguaro. — En Cuba una lo- 
calidad, un ingenio. En las 
Fortunadas el nombre de un 
general guancbe. 

Tomate. — Se dice que provie- 
ne del mexicano tomatl. — Espe- 
cie de solanea cuyo fruto es 
para el P. Álzate /'Véase Bo 
niato) una de las contradiccio- 
nes botánicas, pues no es vene- 
nosa. 

Totuma. — Dice el señor Pojas 
que se deriva de totum, vaso, 
jicara del cumanagoto. — Se usa 
en Puerto Rico por la güira. 

Zapote ó Sapote. — Viene del 
mexicano cochiztzapol. — El sa- 
pote en Puerto Rico y Cama- 
güey se dice níspero. 

Zoca. — En agricultura la caña 
de azúcar cuando está en cir- 
cunstancias especiales después 
del corte y vuelve á cosecharse. 
Viuo de Canarias, como lo de- 
muestro en mi Historia del 
Azúcar. 



(I>.) 



Entre las fiestas realizadas 
en 1839 en la Habana, con mo- 
tivo de la instalación de la Real 
Audiencia Pretorial, hubo dos 
bailes de máscaras, y en la se- 
gunda noche (11 de Abril) re- 
corrió las calles y bailó en el 
Teatro de Tacón una comparsa 
compuesta de varias provincias 
de España, y entre los arago- 
neses, asturianos, etc., apare- 
cieron varios indios represen- 
tando á Cuba. Fué este pensa- 
miento que realizaron los Pro- 



curadores del Tribunal. Las 
loas las pronunciaba ante las 
autoridades una niña de 13 
años, vestida de Artrea, pero 
el jefe de la comparsa de in- 
dios recitó , en lengua indí- 
gena, un discurso que se re- 
partió en castellano, como las 
demás composiciones. No oí la 
arenga, porque no estuve en la 
mascarada ó serenata, aunque 
asistí á la procesión del Sello, 
comisionado por la Real Socie- 
dad Económica de que era Se- 



395 — 



si se pronuncia- 
mai/a en que se 



cretano: no se 
ría en lengua 

escribió: por el error en que en- 
tonces Be estaba; pero con ese 
error y todo, 08 histórico que 
aquí se consérvela arenga, como 
recuerdo de la última repre- 
sentación material de una raza 
estinguida por completo como 
tal, y cuyos restos se bailan 
mezclados con las razas prepon- 
derantes que los absorvieron. 
"Traducción del discurso que 
pron nució uno de los indios que 
formaba parte de la comparsa, 
en la serenata dada al Excelen- 
tísimo Sr. Presidente y demás 
señores que componen la Au- 
diencia Pretorial, por los Pro- 
curadores de la misma:' 1 

"Ciento y veinte y seis mil 
ochenta veces lia venido para 
nosotros el rocío de la noche, 
desde aquel dia en que los blan- 
cos enviados por Fernando é 
Isabel pisaron el país de Cama- 
<l'úcy. Nuestras tribus se alar- 
maron al ruidoso estruendo de 
tan extraños huéspedes. Onio- 
fay, Guáimaro, Mogón, Cubana- 
can, ¡Sabanearle y Hanábana á 
tan inaudita novedad hicieron 
marchar sus guerreros; pero los 
valientes Guama y Marien pron- 
to guardaron sus hondas y sus 
Hechas convencidos de que 
aquellos hombres raros los arro- 
jaba el cielo para nuestro con- 
suelo y provecho. Fijaron los 
blancos su residencia en la tie- 
rra de Matabanó y mas adelante 
por su conveniencia vinieron á 
este abrigado puerto donde 
Eabaguaney recibe los mensaje- 
ros de Isabel con júbilo y con- 



tento. Debajo de una copiosa 
ceiba fronteriza á la marina ha- 
cen sus primeras ceremonias de 
religión y presentes los hijos 
de Guaicananut y Guanaco je 
juran obediencia al brillante 
pendón de Castilla. Los naita- 
nos españoles nos regalan cibas 
y chuchues, y hospedados como 
hermanos en los bohíos, les ce 
dimos las hamacas-, partimos 
con ellos nuestros mariscos, 
tortas y hutías, ofreciendo ante 
el cerní de la ventura ser fieles 
al poderoso Eey de la conquis- 
ta. Jamás fuimos perjuros: paz, 
unión y fraternidad ha sido 
| nuestra divisa y con ella hemos 
í sabido adquirir la opulencia y 
el esplendor que disfrutamos. 
¡ Faltaba á nuestro bienestar un 
I Tribunal Superior de Justicia 
1 que de cerca nos oyese y conso- 
S lase, y al instalarse hoy este 
santuario, compuesto de dignos 
y beneméritos ministros, recibe, 
Habana, el galardón que mere- 
ces, y marca este dia en tu his- 
toria como el más grande y di- 
choso. 

"Indios, pues, somos felices; 
imploremos al misterioso genio 
de los bosques por la Keina 
Nuestra Señora, por las autori- 
dades que nos mandan, nunca 
olvidando que españoles y cu- 
banos son una misma cosa." 

Para esta arenga se reunió 
todo lo que entonces constituía 
el credo maya, en que brilla la 
falta de crítica. La lengua has 
ta la algarabía tradicional de la 
misa, dicha bajo una seiba, he- 
cho que si existió, fué en Care- 
nas mucho tiempo después, 



l-^IIN", 



— 397 



ÍNDICE. 



Congreso Internacional de Americanistas. — Secre- 
taría 6 

Memoria á que se refiere la anterior comunicación'. 7 

Primera parte. — Estudios preliminares y comparar 
tivos 

( Japítulo I. — Del origen de los indios occidentales. 11 

Cap. II. — Caracteres físicos de los indios, y si fué 
antidiluviano el pueblo que construyó el Pa- 
lenque. 26 

Cap. III. — Escritores españoles. — Indios de los Es- 
tados Unidos. — Investigaciones recientes. ,_ . . 38 

Cap. IV. — Comunicaciones inter-occeánicas despue's 

de la venida de Jesucristo 56 

Cap. V. — Los indios de Yucatán no poblaron á 

Cuba 63 

Cap. VI.: — Tradiciones denlas Antjllas. — Deduccio- 
nes geológicas. — Codex Chicm ¡popoca 74 

Cap. VIL — Tradiciones caribes de* continente. ... 83 

Cap. VIII. — Huellas de una extensa lengua meri- 
dional. — Caribe Tamanaco, Guayana y otros 
estudios 03 

Cap. IX. — Las descripciones geográficas como mo- 
numentos de orígenes. — Antropología. — Estu- 
dios propios y ágenos sobre Cuba. — Error de- 
mostrado 105 



Cap. X. — Mas estudios en Cuba sobre su lengua.,. 1 17 
Cap. XI. — Carácter polisintético de la lengua ame- 
ricanas 123 



398 



Cap. XII. — Resto de dialectos. — Restauración in- 
tentada por Rafinesque 135 

Cap. XIII. — Restos materiales 146 

Cap. XIV. — Cráneos naturalmente prolongados de 

otras épocas prehistóricas 156 

Segunda parte. — Sección primera — Relación sobre 
las antigüedades de los indios hecha por man- 
dato de Colon porel hermano Pane 165 

Sección segunda. — Vocabularios. — Lista enciclopé- 
dica alfabética de los nombres históricos, de 
las tradiciones é idiomas de los indios tainos. . 185 

Sección tercera.— Palabras usuales en Cuba de orí- 
gen indio, sus diversas acepciones en los de- 
partamentos: vegetales, animales, rios, pueblos, 
lugares y objetos 355 

Sección cuarta. — Apéndices. — A. B. C. D 388 



— .¡9!> 



ERRATAS FRINCIPALEá 



higinas 


UNÍAS. " 


IHl'E. 


DEN DECIR. 


185 


14 


Figure 


Tiguri 


186 


Nota 


citutificias 


científicas 


193 


29 


copeteros 


coleópteros 


232 


37 


a liar y 


cañar y 


242 


(i 


s iba ruco 


siboruco 


261 


última. 


explotador 


explorador 


290 


12 


h aba 


haba 


300 


31 


] I ababo 


JIobabo 




32 


Habas 


Robas 


211 


44 


Paul 


Pane 


353 


31 


Yuruma 


Yagrurna 


361 


34 (c. 2,) 


chrysoplíllume L. C Cloriforme. 


chaysophiluM Caimito. — Choycophi- 
lum oüvaeforma. 


368 


34 (c.l a ) 


Cliv ¡flora 


Olusiaefolia Gris ) 


371 


40 (c. 2 :l ) 


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